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S.J. West



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Índice
Agradecimientos

Sinopsis

Capitulo 1

Capitulo 2

Capitulo 3

Capitulo 4

Capitulo 5

Capitulo 6

Capitulo 7

Capitulo 8

Capitulo 9

Capitulo 10

Capitulo 11

Capitulo12

Capitulo 13

Capitulo 14

Capitulo 15

Capitulo 16

Capitulo 17

Próximamente

Info. Redacción y
Realización

Sobre la autora


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Agradecimientos
Moderadora de traducción:

Krispipe

Staff de traducción:
EvaMedina
krispipe
Isane33
Izzi

katiliz94
emi_93
Xiime~
Mais020291
Alelovesweethear
laurasoto
Violet~
Pili
Vafitv

Moderadora de corrección:
Marthatithy1
Staff de corrección:
emi_93
MewHiine
zipzap744
Xiime~
Marthatithy1
Karlix
EvaMedina
judiher
Isane33

Recopilación y Revisión:
Krispipe

Diseño:
Nati bell


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Desde que tenía ocho años, Lilly Rayne Nightingale sentía como el
destino estaba tratando de borrar su existencia a través de una serie de
incidentes extraños, casi fatales. Por suerte, su mejor amigo Will fue siempre un
paso por delante del destino que le impida estar en el lugar equivocado en el
momento equivocado. Will era su caballero de brillante armadura hasta que le
rompió el corazón después de su primer y único beso.

En el primer día de universidad de Lilly, ella cono ce a Brand Cole. Intrigada
por Brand, Lilly tiene que decidir si puede o no renunciar a su fantasía
adolescente de reunirse con Will y permitirle a Brand la oportunidad de
conquistar a su corazón.

No solo se trata acerca del amor de Will y Brand hacia Lilly. Ellos comparten un
oscuro secreto que ninguno quiere que Lilly descubra. Lilly piensa que el
destino esta tras ella una vez más cuando una nueva serie de atentados contra
su vida comienza a tener lugar, pero pronto se entera de que alguien de carne y
hueso está tratando de matarla esta vez.




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Capitulo 1
Traducido por EvaMedina
Corregido por Emi_93

i vida está maldita. No estoy segura de por qué pensé que mi
fortuna cambiaría mágicamente cuando entrara en el sagrado
terreno de la Universidad. Quizá creí el despliegue
publicitario que parloteaba la reclutadora de cómo yo sería capaz de empezar
un entero nuevo capítulo de mi vida, simplemente yendo a la Universidad. De
acuerdo con ella, me sería otorgado el deseo de mi corazón y me convertiría en
una nueva persona con un mar de posibilidades infinitas extendidas a mis pies.
Si de verdad hubiese querido que pasase eso, supongo que debería haberme
mudado a otro continente en lugar de sólo seis millas
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lejos de casa.
Sencillamente, eso no ponía suficiente distancia entre mi vieja vida y la nueva
que ansiaba, especialmente desde que reduje la distancia física entre yo misma
y la única persona en el mundo a la que nunca querría volver a ver, Will
Kilpatrick.

Mientras que iba caminando a mi primera conferencia universitaria, vi a
Will dando folletos de bienvenida a los novatos de la clase del 2012. No había
visto a Will en dos años, pero el que una vez fue mi mejor amigo, todavía lucía
igual, rompecorazonadamente hermoso. Él vestía una camisa celeste con
botones metida dentro de un par de pantalones muy favorecedores. Su corto
cabello rubio estaba cortado a la última moda desgreñada, acentuando su
delgado rostro angular y sus ojos azul brillante. La amistosa sonrisa de
bienvenida que él concedía al grupo de chicas con ojos de luna que tenía
alrededor de él, hizo que mi corazón latiera el doble de rápido.

Queriendo que no me viera, me dirigí velozmente en la dirección opuesta
en la que estaba el chico con el que compartí mi primer beso, alguien con el que
una vez tuve la esperanza de compartir el resto de mi vida.


1 Una milla equivale a 1,60 km. Así que esas seis millas serían casi unos 10 km, por poner un
número redondo.
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Ver otra vez a Will confundía mi espíritu y tenía a mi corazón latiendo
locamente en mi garganta. Silenciosamente me regañé a mí misma por permitir
que Will tenga tanto efecto en mi bienestar físico. Intelectualmente, yo sabía
que, eligiendo asistir a la Southeastern College, podría finalmente encontrarme
con Will, era estadística básica. Fue sólo después de verlo que me di cuenta de
lo tonta ilusoria que había sido, pensando que mi corazón se había purgado a sí
mismo del amor que una vez albergó por Will. Comencé a preguntarme si
alguna vez encontraría una manera de abandonar mis fantasías adolescentes,
protagonizadas por Will como el Príncipe Encantador, y seguir con mi vida.

Mi primer día en la Universidad había empezado mal con la incorporación
de Will otra vez en mi mundo y parecía determinado a ponerse peor desde ahí.

Acabé perdiéndome mi primera conferencia porque no pude encontrar la
clase. El edificio de ciencia era como una versión en la vida real de Relatividad,
de M.C. Esher, con sus escaleras serpenteantes en lugares raros. Finalmente
pregunté a alguien por la dirección y encontré la clase que estaba buscando, era
un de las pocas habitaciones a las que sólo se podía acceder desde un hueco de
la escalera exterior, porque estaba alojada en el sótano del edificio. Cuando
finalmente encontré la habitación, mi clase ya se había despedido. El profesor,
un amable hombre viejo de cabello gris, que se está quedando calvo, me dijo
que no me preocupe por ello.

Siempre hay una persona en cada semestre que no puede encontrar la
habitación, señorita Nightingale. —Dijo el señor Floyd—. No te inquietes por
este único fallo.

Genial. No sólo me perdí mi primera conferencia universitaria, sino que
también estaba segura de que por el tono del señor Floyd, él esperaba que yo
rellenase el fondo de la clase cuando sonase la campana.

Mi segunda clase, Composición Inglesa, fue mucho mejor. Mi amiga de
toda la vida y compañera de habitación, Tara, compartía la clase conmigo y me
guardó un asiento justo al lado de ella. Tara y yo crecimos viviendo justo una al
lado de la otra en el parque de caravanas en el que su abuela, Utha Mae, y mi
madre vivían. Siempre he envidiado la cercana conexión que Tara tenía con
Utha Mae, una que yo nunca fui capaz de conseguir con mi madre, Cora. Cada
vez que quería sentirme parte de una familia real, pasaba a hurtadillas a la
caravana de Tara y fingía que éramos hermanas. No había forma que alguien
creyera que en realidad éramos hermanas, considerando el color oscuro ébano


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de la piel de Tara, contrastando con el marfil pálido de la mía, pero si alguien
miraba más allá de lo superficial, yo estaba segura de que ellos encontrarían
más parecidos.

Tara rió por lo bajo cuando le conté acerca de mi primera clase perdida.

—Suena como algo que harías tú. —ella sólo sacudió su cabeza como si yo
fuera completamente inútil, lo que no estaba tan fuera del blanco si era honesta
conmigo misma.

Después de Composición Inglesa, yo tenía Química General I. Tara había
intentado agarrar la misma clase que yo, pero no había sido capaz por su
trabajo.

Para poder permitirnos vivir fuera del campus en un apartamento por
nuestra cuenta, ambas tuvimos que trabajar en el campus. Tara encontró trabajo
en la biblioteca, y yo encontré una posición como profesora auxiliar para un
profesor en el departamento de química. No daba mucho dinero, pero
juntándolo íbamos a estar bien. Además, Utha Mae había ahorrado algo de
dinero con los años para cada una de nosotras.

Mi madre no estaba tan preparada.

Cora me dio lo poco que tenía en su cuenta de ahorros y me dijo que le
pidiera ayuda si lo necesitaba. Yo no estaba completamente segura, pero tuve el
nítido sentimiento de que mi madre estaba celosa de que yo fuera a la
Universidad, intentando conseguir una vida mejor por mí misma. Supongo que
había habido un tiempo en la vida de mi madre en el que ella se visualizaba
viviendo la perfecta vida familiar con una cerca blanca. ¿Quién sueña con
convertirse en una madre soltera a los 18 años viviendo en un parque de
caravanas, apenas llegando a fin de mes?

Después de mi clase de química, me encontré con Tara en el campus para
comer. Yo nunca fui una gran comedora en la comida, por eso sólo agarré un
paquete de aperitivos y una soda de la máquina expendedora. Eché un vistazo a
la multitud de mesas intentando encontrar a Tara, pero no la pude localizar al
principio. Ella debió haber visto mi rostro confundido entre la muchedumbre
porque se puso de pie y agitó los brazos en el aire como si yo fuese un avión
que necesitara instrucciones de aterrizaje.



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Cuando finalmente hice mi camino a través del laberinto de mesas y
estudiantes, vi que Tara estaba sentada con un par de chicas que reconocí de
nuestra clase de Inglés.

—Ya era hora, chica. —dijo Tara mientras me sentaba en el asiento de al
lado de ella en la mesa. —Ellas son Nora y Michelle.

—Tara dice que ustedes conocen a Will Kilpatrick. —dijo Nora con una de
esos casi fingidos acentos del sur, como algunos actores usan en las películas.
Por un momento pensé que ella iba a desvanecerse de su asiento cuando el
nombre de Will salió por entre sus brillantes labios rosas.

— ¿Qué hay con él? —respondí más secamente de lo que pretendía. No era
culpa de esta pobre chica que hubiera tocado un punto delicado tan pronto en
nuestra relación amistosa.

Nora miró a Michelle un poco insegura, como si ahora estuviera asustada
de hablar de Will.

—Oh, sólo es que Michelle y yo lo notamos en el picnic de novatos. Él
estaba a cargo de eso. —

—Oh, sí. —
Y esa fue la razón exacta por la que Tara y yo no fuimos al picnic que era
para la bienvenida para los nuevos estudiantes del Southeastern, pero no les
dije eso. ¿Por qué debería? Apenas conozco a estas chicas. Además, yo no
estaba segura de que las quisiera conocer más si todo lo que querían hacer era
hablar de Will.

—Bueno, él no fue al único al que notamos. —replicó Michelle para cortar
la evidente tensión que causé.

Michelle era una chica un poco tímida. Baja, delgada con liso cabello
castaño y sinceros ojos marrones escondidos detrás de plateadas gafas de
montura, que sólo la hacían desaparecer incluso más. Ella era un gran contraste
con Nora, que era rubia y hermosa con una conducta aparentemente alegre.

— ¿Ya habéis visto a Brandon Cole? —preguntó Michelle sin aliento.



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—No lo creo. —dije yo, abriendo lentamente mi paquete de aperitivos,
sintiendo mis defensas ligeramente bajas con el cambio de tema—. ¿Cómo es?—

—Oh, lo sabrías si lo hubieras visto. —Dijo Nora. —El conocido alto, oscuro
y hermoso, supongo que no tan oscuro realmente. Él tiene la piel más blanca,
pero es tan bonita, como porcelana, Adonis
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en carne y hueso. —Nora se agarró
su mejilla con una mano con su cabeza inclinada hacia un costado, como si se
comiera con los ojos a este Brandon Cole con su ojo mental.

Realmente, Nora no me estaba cayendo bien. Michelle parecía buena, como
alguien con la que me gustaría salir a pasear fuera de clase, pero Nora estaba
quemando mis nervios rápidamente.

—Bien, a mí me gustan los hombres un poco más oscuros. —dijo Tara
mordiendo su pizza—. Todas ustedes pueden luchar por la carne blanca.

Le gruñí a Tara, pero ella no pareció notarlo, lo usual.

Afortunadamente, la comida fue rápida. Descubrí que Michelle y yo
teníamos la siguiente clase juntas, Física I. solté un silencioso suspiro de alivio
por haber encontrado un compañero de laboratorio, que, en realidad, podría ser
una gran contribución a nuestros proyectos.

Después de que tomamos nuestros asientos en la sala de conferencias en la
que estaba nuestra clase de física, escuché a Michelle exhalar un suspiro
intenso, como si alguien acabase de pincharla en las entrañas.

— ¿Estás bien? —pregunté, preocupada de que ella esté físicamente
enferma.

—Ese es Brandon Cole. —dijo ella en un susurro, como si no fuese capaz de
respirar, discretamente señalando al chico que acababa de entrar a la sala.

Yo seguí la dirección de su mirada y sentí que la tierra debajo de mí cedía,
o, al menos, ese era el mensaje que mi cerebro estaba mandando a las otras
partes de mi cuerpo. Nora había estado en lo correcto. Brandon Cole era Adonis
en carne y hueso: alto, al menos seis pies y una o dos pulgadas
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; brillante y
perfecta piel brillante como si tuviera un permanente foco de luz sobre él;

2 Adonis: en la mitología griega, Adonis era el hijo de Ciniras y su misma hija Mirra o Esmirna. El
joven resultó sumamente hermoso, al grado de que la diosa Afrodita se enamoró locamente de él.
3 6 pies y 2 pulgadas son casi 1,88 m.


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ondulante cabello castaño oscuro en un corte corto y hermoso, bueno, eso de
verdad no parecía ser un adjetivo suficiente como para describirlo.

No lucía como si tuviera dieciocho años, más como si tuviera 22 o quizá 23.
Él debió sentir mi mirada porque justo antes de que tomase el asiento justo
delante de mí, sus ojos de clavaron en los míos. Tenía los ojos grises más
bonitos con plateadas manchitas que parecían absorber la luz de su alrededor e
iluminar su rostro completo. Cuando su mirada se cruzó con la mía, yo quise
mirar a otro lado, pero sencillamente no pude. Todo lo que pude hacer fue
sonreír culposamente como una niña que hubiera puesto sus manos en el tarro
de las galletas demasiadas veces y sus padres acabaran de pillarla.

—Hola. —dijo él, sentándose en el asiento en frente de mí y girándose para
mirarme a la cara. Extendiendo la mano, se presentó. —Soy Brand.

Afortunadamente, todos mis años de hospitalidad sureña salieron a la
superficie y tuve el sentido se estrechar su mano y hacer mi propia
presentación.

—Lilly. —

—Encantado de conocerte, Lilly. —la manera en la que dijo mi nombre
realmente me hizo pensar en la delicada flor de la que me dieron el nombre
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.
Como si necesitase añadir más a la lista de sus perfecciones, él tenía una cosa
que era la kryptonita de todas las chicas americanas, un acento británico.

Escuché un pequeño chirrido a mi lado, de Michelle, lo que fue la única
manera de que mi atención fuese deslizada de Brand.

—Ésta es Michelle. —le dije antes de que Michelle tuviera la ocasión de
hacerse quedar como una completa tonta.

— ¡Hola! —trinó ella, levantando una nerviosamente excitada mano hacia
él en saludo, como una fan conociendo a su actor favorito o a una estrella del
rock.

A Brand pareció no importarle el raro comportamiento de Michelle y le
extendió su mano.


4 Lilly toma el nombre de los lirios/azucenas, que en inglés se escribe lily.


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—Es agradable conocerte, Michelle. ¿Has tenido un buen primer día?—

—Sí. —fue todo lo que ella fue capaz de decir.

— ¿Y qué hay de ti, Lilly? —preguntó Brand, devolviendo su total atención
hacia mí

— ¿Cómo ha sido tu primer día?—

—Bueno, yo en cierto modo me perdí mi primera clase. No pude encontrar
la sala. —Me encogí de hombros. —Hasta que me di cuenta de que Biología
estaba en el sótano del edificio de ciencias, la clase había terminado.

— ¿Lilly Nightingale? —preguntó Brand, un suave risa y un destello de
diversión en sus ojos.

—Sí. —dije vacilante, confundida porque él conociera mi apellido. —
¿Cómo lo has sabido?

—Yo también estoy en esa clase. —dijo Brand con una sonrisa cómoda. —El
Dr. Floys nos pidió que te mantengamos en nuestra vista en nuestras otras
clases para que te podamos decir dónde está la clase.

Yo literalmente colgué mi cabeza de vergüenza.

—Bueno, eso es sencillamente genial, ahora todos en esa clase pensarán que
soy una completa idiota. —

Brand se rió por lo bajo.

—No, nadie va a pensar eso, especialmente después de que salgas
ganadora en el primer examen aquí. —

—Gracias por el voto de confianza. —

—Tengo un presentimiento contigo. —Brand me otorgó una de sus
sonrisas. Por alguna incomprensible razón, yo realmente me sentí como si
pudiera hacer todo, ser cualquiera, ¡conquistar el mundo! De acuerdo, yo estaba
completamente arrasada por Brand en esos pocos minutos. ¿Quién no lo habría
estado?


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Yo sólo era humana.

Al final de la clase, Brand preguntó.

— ¿Puedo llevarte hasta tu siguiente clase, Lilly?—

Por el rabillo del ojo pude ver la mirada de envidia en el rostro de Michelle.
Aunque no era una envidia maliciosa. Era más como la envidia ―por qué no
puedo ser ella ahora mismo‖. No pude culparla. Si las tablas hubieran estado al
revés, yo probablemente tendría la misma expresión en mi rostro.

—En realidad no tengo clase en la siguiente hora. —le dije a Brand—.
Tengo que ir a la oficina del Dr. Barry. Soy su profesora auxiliar este semestre.

—Yo sé dónde está eso, si quieres una escolta.—

—Seguro. —intenté sonar entusiasta sin sonar demasiado entusiasta.

En realidad, mi corazón estaba haciendo volteretas dentro de mi pecho al
pensar en pasear con mi propio dios en carne y hueso. ¿Quién habría pensado
que alguien como Brandon Cole se interesaría por mí? Probablemente él podría
tener a cualquier chica del campus. ¿Por qué estaba interesado en pasar tiempo
conmigo? No era como si yo tuviese chicos cayendo en mi puerta pidiéndome
salir.

—Así que, háblame de ti. —dijo él mientras subíamos las escaleras del
edificio de química. Desafortunadamente, ésta iba a ser una charla corta. La
oficina del Dr. Barry estaba justo arriba de las escaleras y debajo de la entrada
de nuestra clase de física.

—No hay mucho que decir, realmente. —me encogí de hombros. He vivido
en Reeve toda mi vida, fui al instituto South Clark y ahora estoy aquí. Mi mejor
amiga y yo estamos alquilando un apartamento fuera del campus.

Llegamos al segundo piso y lentamente empezamos a caminar la poca
distancia hacia mi destino.

—Tiene que haber más de ti que eso. ¿Por qué no sales conmigo esta noche?
De verdad me gustaría conocerte mejor. —


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De repente sentí que mi estómago estaba lleno de nudos. Antes de que mis
hormonas dominaran mi sentido común, lamentablemente dije. —No puedo
hacer eso.—

Instantáneamente fue obvio que Brand no estaba acostumbrado a ser
rechazado, por la expresión de sorpresa en su rostro.

— ¿Puedo preguntar por qué?—

—Bueno, sé que esto puede sonar chapado a la antigua, pero acabo de
conocerte y no se absolutamente nada de ti. No sería apropiado salir con
alguien a quien apenas conoces.
Brand sonrió como si estuviese orgulloso de mí intentando protegerme.

—Lo entiendo completamente. —Dijo él sin un poco de condescendencia.
— ¿Qué te parece comer en el campus mañana? Habrá muchos testigos
alrededor para estar segura de que me comporte como un perfecto caballero.

No pude evitar sonreír. —Eso funcionará.—

— ¿Las once y media suena bien?—

—Sí, está bien.—

—De acuerdo, te veo luego. —me guiñó el ojo mientras se giraba para irse.
Tuve que admitirlo: él lucía tan bien alejándose y todas las chicas del vestíbulo
parecían estar de acuerdo conmigo.

Tara me asaltó tan pronto como entré en nuestro apartamento cuando volví
a casa después del trabajo esa tarde.

— ¿Cómo pudiste no llamarme? —demandó ella de forma entusiasta. —
¡He oído por algunos extraños que ese chico Brandon Cole te pidió salir!
Cuéntame todo, chica.—

La puse al día en lo poco que había que saber.

—Bueno, me alegro de que hayas mantenido la cabeza. —dijo Tara con un
asentimiento.—Nosotras no sabemos lo suficiente de él todavía.


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Yo sólo le puse los ojos en blanco y fui a la cocina para hacerme un
sandwich como comida ligera.

Al día siguiente, encontré mi clase de Cívica Mundial y la clase de álgebra
universitaria por mí misma. Desafortunadamente, Brand no estaba en ninguna
de ellas. Para cuando llegaron las once y media, me estaba estresando
completamente sobre qué decirle durante la comida. Quiero decir, ¿cuánto de ti
mismo revelas en una cita? No era como si hubiera experimentado mucho de
eso. Me decidí por arrancar una página del manual de estrategia de mi madre y
sólo dejarme llevar. ¿Qué más podía hacer? Esto no era como un examen para el
que podías prepararte.

No fue difícil encontrar a Brand cuando entré en el lugar común a la hora
de la comida. Él estaba sentado en una mesa solo en el medio de la sala, pero
casi todas las féminas de allí estaban tan cerca de su mesa como podían, sin
realmente sentarse en su regazo. Si no hubiese estado tan nerviosa, me hubiera
reído por lo absurdo de su comportamiento. Era como si él fuese literalmente
un imán de chicas.

Cuando Brand me vio entrar, inmediatamente se levantó de su silla, casi
como si estuviese aliviado por mi presencia y caminó hacia mí.

—Luces adorable hoy, Lilly. —dijo él tomando una de mis manos y
besándola ligeramente. Pude jurar que oí suspiros audibles venir de nuestra
atenta audiencia.

— ¿Te importa si comemos fuera en la terraza? Es un poco más privado allí
fuera, pero no estarás completamente sola conmigo. Esto sólo parece un poco
abarrotado hoy.—

La expresión del rostro de Brand me pareció rara. Era como si estuviera
experimentando dolor físico por tener que estar en una sala llena de dispuestas
adoradoras femeninas. La mayoría de los chicos que conocía hubiesen pagado
mucho dinero para tener a tantas chicas adulándolos, pero la expresión de
Brand me decía que él quería desesperadamente salir tan pronto como fuera
posible.

—Está bien. —repliqué. —Más privacidad sería agradable.



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Cuando miré detrás de Brand atisbé a Nora. Lo juro, si sus ojos pudiesen
lanzar dagas, yo estaría muerta aquí donde estoy.

Brand agarró mis libros y puso una mano guiadora en mi codo para
escoltarme fuera.

Allí había sólo un hombre y una mujer sentados en una de las dos mesas de
la terraza. La terraza tenía en frente un jardín de rosas en frente de los edificios
comunes. En medio del agosto de Mississippi, mucha gente prefería estar
dentro con el aire acondicionado soplando aire caliente en sus rostros, pero no
me importó sentarme fuera bajo el toldo. La atmósfera estaba definitivamente
no tan dirigida por los estrógenos.

— ¿Siempre tienes ese efecto en la población femenina a donde quiera que
vayas? —pregunté alegremente, pero bastante interesada en la respuesta.

—Usualmente. —Brand lo dijo como un hecho, tanto que no pude decir si
él estaba bromeando o siendo totalmente serio.

—Pero ellas no son la razón por la que estoy aquí. —Continuó él,
capturándome fácilmente con sus ojos—. Estoy aquí para aprender más sobre ti
y con suerte decirte un poco acerca de mí, así te sentirás lo suficientemente
cómoda para salir en una verdadera cita.

Ahí fue cuando me di cuenta de que no había agarrado nada para comer.
Escarbé en mi pequeño bolso de hombro para encontrar algún cambio para la
máquina expendedora.

— ¿Qué estás haciendo? —preguntó Brand, mirándome con una ceja
alzada, claramente curioso sobre mi reunión de monedas.

—Me olvidé totalmente de agarrar algo para comer en el camino.—

Brand se acercó y tranquilizó mis manos.

— ¿De verdad piensas que te pediría comer conmigo y no proveerte?—

—Oh.— dije ligeramente confundida, mirando a la mesa vacía—. ¿Quieres
volver dentro y traer algo?



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—No, eso no será necesario. —Brand hizo un gesto con la mano hacia
alguien detrás de mí.

Aparentemente, la otra pareja de la terraza estaba allí por una razón. El
hombre sacó una cesta de picnic de debajo de su mesa mientras que la mujer
desplegó un cobertor de mesa y produjo dos copas de vino y una botella de
brillante sidra de manzana de una nevera. En cuestión de momentos, nosotros
teníamos una mesa puesta para dos con pollo asado, pasta al pesto, ensalada y
pan francés enmantecado. Incluso había un pequeño arreglo floral con
margaritas y rosas puestos en el centro de todo eso.

—Gracias, Rose Marie y Carl. —le dijo Brand a la pareja—. Ahora, si no les
importa estar en la puerta para asegurar nuestra privacidad. Lo apreciaría.

—Por supuesto, señor Cole. —replicó Rose Marie con una ligera reverencia
de su cabeza en dirección de Brand. Antes de que se fuera, la vi lanzarme una
mirada repleta de aversión que me puso inmediatamente nerviosa. ¿Qué he
hecho para merecer esa mirada de una total extraña? De todas formas, sean
cuales sean sus sentimientos hacia mí, ella y el hombre hicieron exactamente lo
que Brand pidió.

— ¿Trabajan ellos para ti? —susurré.

—Sí. —susurró él, una sonrisa jugando en la comisura de su boca. — ¿Por
qué estamos susurrando al respecto? Creo que ellos ya lo saben. —

No pude evitar sonreírle avergonzadamente.

—Lo siento. Simplemente no esperaba esto. —Dije bajando la mirada a la
mesa.— ¿Eres rico o algo?—

—Sí, obscenamente. ¿Eso te molesta?—

—No. —dije vacilante.

—No suenas muy segura. —pinchó él cuidadosamente.

—Es sólo que eres la primera persona rica que conozco.—



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Él me sonrió como si hubiese dicho algo gracioso y no pude evitar
devolverle la sonrisa

—Espero que tener dinero no sea algo negativo de mí. —

—Rico, pobre. En realidad, eso no me importa. —

Él me miró por un momento como si estuviera sopesando mi respuesta.

—No, supongo que no. —

—Suenas sorprendido por eso. —

Él se inclinó hacia atrás en su asiento y me miró por un momento antes de
responder.

—A la mayoría de las chicas les gusta conocer a un chico que se pueda
permitir llevarlas fuera y comprarles cosas. Sencillamente es raro encontrar a
alguien a quien de verdad no le importe ni una cosa ni la otra.

—Oh, yo no creo que sea así de inusual. He conocido a muchas chicas a las
que no les interesaba lo rico que era un chico. —

—Algunas mujeres pueden decir eso y querer decirlo, pero en el fondo la
mayoría quieren la seguridad de ser provistas. —

— ¿Y cómo sabes eso? —pregunté, pensando que era la experta de la mesa
en cuanto a lo que pensaban las otras mujeres.

—Supongo que puedes decir que he nacido con un detector de mentiras. —
él sonrió y se golpeteó su cabeza con el dedo índice. —Yo siempre sé si alguien
está diciéndome una mentira o la verdad.

— ¿De verdad? —pregunté, pensando que él estaba tomándome el pelo. —
¿Y nunca ha fallado? —

—Todavía no. —



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—Bueno, de todas formas, yo no miento usualmente. Soy horrible con eso.
Mi mamá dice que puedes leer lo que estoy pensando solamente con mis
expresiones faciales. —

— ¿Qué hace tu madre para vivir? —

—Varía. —Me encogí de hombros—. Ella nunca ha sido alguien que se
quede en un trabajo por mucho tiempo. Ha trabajado mayormente en venta,
pero también ha enseñado Yoga en el Y, limpiado casas, cosas como esa. ¿Qué
hay de ti? ¿Qué hacen tus padres? —

—Están muertos. —

—Oh, lo siento. —bajé mis ojos al plato que estaba en frente de mí,
esperando no haber arruinado nuestra primer comida juntos
involuntariamente.

—No tienes por qué sentirlo. —tranquilizó él. —Es sólo algo que pasó. ¿Por
qué no pruebas el pollo? Rose Marie es una cocinera brillante.

Mientras comíamos nuestra comida, supe que Brand había vivido por todo
el mundo en su corta vida.

— ¿Por qué demonios te quedarías en Lakewood? —pregunté. Era
inimaginable para mí el por qué alguien que ha vivido en París y Londres,
querría quedarse en un pequeño pueblo sin trascendencia como Lakewood.

Brand se encogió de hombros.

—Estaba pasando por aquí y pensé que parecía un agradable lugar en el
que vivir. —

Tuve el presentimiento de que no me estaba diciendo la verdad completa,
pero no lo conocía lo suficientemente bien como para decírselo.

—Así que, ¿simplemente te quedaste y decidiste ir a la Universidad aquí?—

—Sí. Compré una casa en Lake Serenity. —

— ¿Tú compraste una casa?—


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¿Estaba hablando en serio? Sencillamente, ¿cuánto dinero tenía? Yo sabía
que las casas del lago empezaban en el medio millón de dólares, por lo menos.

—Me encantaría que la vieras algún día, cuando estés más cómoda estando
a solas conmigo. —él sonrió. ¿Cómo alguien podía sonreír así? Encantador,
desarmante, totalmente irresistible.

— ¿Estarás en el laboratorio de física esta noche? —le pregunté.

Nuestra primera clase de laboratorio de física empezaba a las cinco de la
tarde y duraba hasta que hayamos terminado con nuestro trabajo. Al principio
no estaba completamente entusiasmada con la idea de tener una noche de
laboratorio, pero ahora que sabía que se presentaría otra oportunidad de ver a
Brand, no me estaba quejando en absoluto.

—Sí. ¿Ya tienes un compañero de laboratorio? —

Mi corazón se hundió un poco. Aunque yo hubiese preferido tener a Brand
como mi compañero, sabía que ya le había prometido a Michelle que sería la
suya.

—Michelle y yo somos compañeras supuestamente. —

—Oh. —ahí había una nota definida de decepción en su voz. —Tenía la
esperanza de conseguir a la chica más inteligente de la clase para mí solo. —

—Me das mucho crédito de ser inteligente. Por lo que sabes, yo podría ser
una completa idiota. —

Él se rió por lo bajo suavemente con mi comentario autodesfigurante,
mirándome con sus hermosos ojos alegres.

—Lo dudo seriamente. Usualmente estoy en lo cierto sobre las cosas. —

—Bueno, tiene que ser agradable saberlo todo. —bromeé.

Normalmente, hubiese sido más sarcástica con mi comentario, pero él
parecía tan sincero. No quise tomarle mucho el pelo. No lo conocía lo suficiente
como para ser mordaz alrededor de él todavía.


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—Es sencillamente tan bueno. —suspiró él con resignación sobre su
pérdida. —Si tú fueras mi compañera, no estoy seguro de cuánto trabajo
habríamos hecho en realidad.

¿Cómo podía hacer eso? Sólo decir algo y hacerme sentir como si me
estuviera derritiendo por dentro. Y no era sólo su acento, aunque eso no
ayudaba mucho. La única persona que me había afectado así había sido Will.

Will. Maldito sea, ¿por qué su nombre tiene que entrar en mi cabeza justo
en este momento? ¿No me había sujetado y llorado por él lo suficiente en los
dos pasados años? Era obvio que él nunca iba a tener los mismos sentimientos
por mí que yo tenía por él. Necesitaba seguir adelante y Brand parecía ser un
candidato dispuesto a ayudarme a reparar mi corazón roto y mi orgullo.

— ¿Tienes clase ahora? —

Su pregunta me sacó de mi ensueño. Miré a mi reloj y noté que estaba
llegando diez minutos tarde al trabajo en la oficina del Dr. Barry y el edificio
estaba completamente en la otra punta del campus.

—No, de hecho, estoy llegando tarde al trabajo. —agarré mis libros y mi
bolso, lista para hacer una salida veloz.

—Déjame acompañarte allí. —Brand le hizo un gesto a Rose Marie y a Carl,
que estaban en la puerta—. ¿Les importaría limpiar esto por mí? Apreciaría que
ambos vinieran aquí para hacerlo.

—Sin problemas, Sr. Cole. —dijo Rose Marie, teniendo cuidado de no
mirarme. — Agradecidos de poder ayudar. —

Brand puso su mano en mi codo otra vez y me guió en la dirección de su
coche. Fue ahí cuando me di cuenta de que Brand ciertamente era
absurdamente rico.

Su coche era un plateado Porsche 911 Carrera Cabriolet convertible. Era el
coche más bonito que había visto en mi vida. La cubierta estaba baja y pude ver
el suntuoso cuero italiano beige del interior, seduciéndome para que entrase y
tomara asiento. Estaba lejos del Toyota Corolla de hace diez años que yo había
adquirido justo antes de venir a la Universidad. Yo había usado algo del dinero


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que mi mamá me dio y cubrí la diferencia con dinero que había ahorrado desde
que tenía 16 años trabajando en una tienda.

Brand abrió la puerta del coche por mí y cuando me senté en el asiento del
pasajero, supe que el cielo tenía que existir en algún sitio. El asiento parecía
fundirse con mi cuerpo, envolviéndome en una completa comodidad.

Por suerte para mí, no había mucho tráfico en las calles de la Universidad
esa tarde. Sólo nos llevó un par de minutos llegar al edificio de ciencias.

Sin siquiera preguntar si yo quería, Brand salió del coche y me escoltó hasta
la oficina del Dr. Barry.

—Bueno, no quiero que llegues más tarde de lo que ya llegas. —dijo él
cuando estuvimos fuera de su puerta de oficina.

Antes de que me diera cuenta, él se inclinó y me besó en la frente.

—Te veré esta noche, Lilly. —prometió él, yéndose antes de que yo fuera
capaz de juntar mis sentidos y responderle.

Puede que haya sido un beso en la frente, pero fue como si una cerilla
prendiera fuego a todos los nervios de mi cuerpo. Me estremecí en lugares que
no me había dado cuenta que tenía terminaciones nerviosas. Forzándome a mí
misma a respirar otra vez, entré en la oficina del Dr. Barry, determinada a
encontrar una manera de entretenerme hasta el laboratorio de esa tarde.




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Capitulo 2
Traducido por Krispipe
Corregido por Emi_93

o salí del trabajo hasta las 4 pm así que tuve que lanzarme
de nuevo al apartamento para tomar un bocado para comer
antes del laboratorio. Mientras estaba parada frente al
microondas esperando que mi comida se cocinara, Tara entró y saltó.

—Chica, creo que todas las mujeres en este campus te odian. —declaró,
echando la mochila sobre el futón que mi madre nos compró para nuestro
apartamento.

— ¿Por qué? —pregunté mirándola por encima del hombro, esperando que
mi plato de raviolis terminara de calentarse.

— ¿Por qué te parece? Tienes al chico más hermoso de la ciudad jadeando
detrás de ti como un perro al que se le ha dado su primer entrecot.

—Estás exagerando. No es así. —Traté de quitarle importancia a lo que dijo,
pero en el fondo secretamente esperaba que ella tuviera razón.

—Cariño, yo estaba allí en el edificio común hoy. Ese chico se sentó en esa
mesa ignorando todas las conversaciones en torno a él, a pesar de que la mayor
parte eran para llamar su atención. Sus ojos estaban fijos en la puerta sólo
esperando que tú vinieras. Tienes a ese hombre enganchado.

—Ni si quiera te vi allí. Si te hubiera visto te lo habría presentado. —Agarré
mi plato de raviolis del microondas y una botella de agua de la nevera antes de
unirme a Tara en el futón. — ¿Qué piensas de él?

— ¡CA—LIEN—TE, caliente, chica! Pensé que Will era el chico más lindo
que conocía, pero Brand lo pone en vergüenza.

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Sabía lo que Tara estaba tratando de hacer. Estaba tratando de convencerme
de que tenía que dejar a Will en mi pasado y mirar hacia Brand para mi futuro.
Era lo mismo que yo había estado pensando aquella tarde. Pero, tanto ella
como yo sabíamos que tan lejos como parecía que estaban, Will y Brand eran
bastantes comparables. Sin embargo, Brand parecía tener un efecto más fuerte
que Will sobre las hembras alrededor de él por alguna razón.

Le conté a Tara sobre nuestro almuerzo privado especialmente preparado,
el coche que conducía y dónde estaba su casa.

— ¿Tan dulce como la miel y también rico? —preguntó fingiendo celos. —
Chica, si no sales con este chico, yo podría tener que agarrarlo para mí.

Laboratorio de Física fue bastante bien. Todo lo que teníamos que hacer era
determinar la densidad de algunos objetos que el ayudante del profesor nos
dio. Me sentí muy mal por Michelle sin embargo. Parecía que cada vez que
Brand se volvía para preguntarnos cómo iban las cosas, ella se congelaba como
un ciervo encandilado por los faros en una brumosa carretera nacional. Decir
que estaba deslumbrada por Brand era el eufemismo del año. La pobre apenas
podía respirar cuando él miraba en su proximidad general.

Alrededor de una hora más tarde habíamos terminado con la tarea del
laboratorio. Brand me preguntó si quería ir a buscar un poco de yogur helado
de la estación TCBY en el edificio común. Acepté pensando que era un lugar
público bastante seguro para ir con él. Las probabilidades eran que no seríamos
los únicos allí.

Al salir de clase, él se apoderó de mi mano con tanta naturalidad que no
hubieras pensado que era la primera vez. Su mano era mucho más grande que
la mía, pero la forma suave en que entrelazó nuestros dedos juntos me hizo
sentir cuidada, casi atesorada. Caminamos tomados de la mano a donde estaba
aparcado su coche. La parte superior convertible estaba levantada esta vez, y
me di cuenta de que era negra como el azabache. No pasó mucho tiempo antes
de que nos encontráramos estacionados en el edificio común. Cuando llegamos
al mostrador del TCBY, pedí un par de cucharadas de camino pedregoso y
Brand consiguió un cono waffle de frambuesa con queso. Nos sentamos en la
mesa disponible más cercana.

Justo cuando nos sentamos, otra pareja se acercó al mostrador para hacer un
pedido. No vi quiénes eran, ya que estaba de espalda a ellos, pero pude oír a la


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chica diciéndole al camarero lo que quería y reconocí la voz como perteneciente
a Nora.

—Tomaré una bola de vainilla. ¿Tú qué quieres, Will? ¡Recuerda que invito
yo así que pide lo que quieras!

Involuntariamente, giré mi cabeza hacia el mostrador.

Y allí estaba él. Después de casi dos años evitándolo a propósito, Will
Kirpatrick estaba a sólo unos metros de distancia de mí.

—Tomaré una bola de camino pedregoso.—le dijo al hombre detrás del
mostrador.

Como si sintiera mi mirada en él, Will volvió la cabeza y me miró
directamente.

La hostilidad en las profundidades de sus ojos azules me sorprendió y
rompió los puntos de sutura que sostenían mi corazón roto junto. Nunca lo
había visto tan enojado antes. Se volvió hacia el mostrador sin decir una palabra
o reconocer mi existencia.

— ¿Lo conoces? —preguntó Brand, obviamente viendo el cambio.

Miré de nuevo a Brand y traté de calmar mi respiración antes de contestar.
—Sí, crecimos juntos, pero no lo he visto en mucho tiempo.

—Permanecería lejos de él, si yo fuera tú. —sugirió Brand bruscamente.

Su tono hostil me tomó completamente por sorpresa.

— ¿Por qué dices eso? Me refiero a que Will no es ningún ángel, pero no es
peligroso tampoco. Lo conozco de toda la vida.

—Él no es quien parece ser. —dijo Brand manteniendo un ojo vigilante
sobre Will y Nora mientras se abrían paso a una mesa en el otro lado de la
habitación al nuestro.

—No hay manera de que puedas hacer un juicio apresurado sobre él de esa
manera. Ni siquiera lo conoces. Acabas de mudarte aquí.


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—Conozco a los de su tipo. —Brand miraba a Will con desconfianza
disimulada. —Podría fingir ser tu amigo, pero te apuñalará por la espalda la
primera vez que te interpongas entre él y lo que de verdad quiere.

No sé por qué, pero mi temperamento se encendió en defensa de Will. Sí,
había sido un completo idiota el último par de años, pero esto no borra el
vínculo familiar que habíamos tenido dese que éramos niños y nadie hablaba
mal de mi familia delante de mí. ¡Cómo se atreve Brand a juzgar a alguien que
ni siquiera conoce bien!

—Lo siento. —dijo Brand. Obviamente mis pensamientos estaban escritos
por toda mi cara otra vez. —No era mi intención molestarte. Es sólo que no
quiero que te hagan daño.

Tomé una respiración profunda antes de intentar hacer una réplica. —
Escucha, Will y yo no hemos hablado mucho en el último par de años, así que
no tienes que preocuparte por si me hace daño. Yo básicamente no existo en su
mundo nunca más.

Brand puso su mano libre en la parte superior de la mía. —Entonces es más
tonto de lo que pensaba. No hay absolutamente ninguna posibilidad de que no
pudiera saber que estabas en mi mundo.

Me sonrió con esa sonrisa encantadora de nuevo. Dios mío, ¿cómo se
supone que debo estar enojada con él cuando estoy siendo asaltada con esto?

En ese momento oí reír a Nora en el fondo. Miré a la mesa y vi a Nora
inclinada hacia Will con una servilleta de papel en la mano secándole un poco
de helado en la esquina de su boca. Rápidamente miré hacia otro lado.

— ¿Te están molestando? —preguntó Brand.

—No es nada. —dije con una sacudida de cabeza, haciendo mi mejor
esfuerzo para bloquear la incesante risa de Nora mirando fijamente mi helado.

Estar tan cerca de Will de nuevo me había impactado más de lo que pensé
que haría. Sabía que iba a tener que soportar su presencia en el campus, pero
esperaba que fuera un poco antes de verme obligada a estar en la misma
habitación que él.


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— ¿Te gustaría irte? —ofreció Brand.

Levanté la vista de mi helado y vi cómo Brand estaba preocupado por mi
bienestar. — ¿Te importaría si lo hiciéramos?

Sin decir una palabra me cogió de la mano, escoltándome fuera del edificio
común y de regreso a su coche.

Brand acababa de poner la llave en el encendido cuando se giró hacia mí y
me preguntó: — ¿Puedo pedirte un favor?

—Bueno, supongo que depende de lo que quieras. —le dije, tratando de
ocultar mi sospecha de su pregunta.

—Hay una tienda de libros cerca a la que me muero por ir, pero odio ir a
lugares como ese solo. ¿Te importaría venir conmigo?

— ¿Ahora?

—Sólo si no tienes nada mejor que hacer. No es una cita. —Él me sonrió y
perdí completamente la pista de por qué debería de decir que no.

—Sólo puedo quedarme un rato. Realmente tengo que leer el capítulo que el
Dr. Floyd asignó antes de la clase de mañana.

La librería terminó estando sólo a unos minutos de distancia. Se encontraba
a un par de calles al sur del campus.

Aparentemente, alguien había remodelado una casa victoriana en una
librería/café. Brand tomó mi mano como si hubiéramos estado saliendo desde
siempre y utilizó su contacto cuando entramos por la puerta principal de cristal.

Siempre me ha gustado el olor de las librerías, especialmente de las que
también venden café. El aroma mezclado de café y libros encuadernados
siempre me hace sentir como en casa por alguna razón. No hay nada igual en el
mundo. Bueno, tan lejos como mi mundo se extiende de todos modos, lo que
tenía que admitir que no era lejos. La mayor parte de los viajes que había hecho
eran un par de viajes a Biloxi. Definitivamente no era la viajera del mundo que
era Brand.


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Brand soltó mi mano, así que pudimos explorar los libros de nuestro propio
interés. Fui directamente al estante de saldos para ver lo que había allí. Utha
Mae me había enseñado desde pequeña que nunca debes comprar nada a
menos que esté de saldo.

—Todo está de saldo eventualmente. —nos diría ella a los niños. —No
tienes sentido pagar el precio completo por algo cuando puedes esperar un par
de meses y conseguirlo por la mitad de dinero.

Vi a Brand caminar hacia los estantes sosteniendo los libros de poesía. No
podía dejar de mirarlo fijamente cuando cogió un ejemplar encuadernado de
algún cuero y hojeó las páginas. Él debió haber sentido que lo miraba porque
antes de darme cuenta estaba mirándome, capturándome con sus
hipnotizadores ojos gris plata. Había una calidez en la manera en que me
miraba que me hizo sentir como si fuera la única persona en el mundo, o al
menos en su mundo. Me sostuvo la mirada haciendo que todo lo demás a mí
alrededor cayera en la nada, lo único que oía era mi propia respiración
entrecortada. Nos miramos el uno al otro durante lo que parecieron minutos
pero fueron en realidad sólo unos pocos segundos. Me obligué a mirar hacia
otro lado, rompiendo el hechizo que él estaba tejiendo a mí alrededor.

¿Quién era él? ¿Qué era? Seguramente era más que humano. Nadie, ni
siquiera Will, me había hecho sentir alguna vez como cada fibra de mi cuerpo
estaba en llamas con un simple vistazo. Todavía estaba tratando controlar mi
respiración cuando Brand llegó a mi lado, poniendo una mano casual en la
parte baja de mi espalda como si nos hubiéramos conocido desde hace años en
lugar de sólo dos días.

— ¿Encontraste algo que despierte tu interés? —preguntó.

Bueno, ese era un punto en cuestión, pero creo que él estaba preguntando
por los libros.

—En realidad no. —respondí. — ¿Tú? —me di cuenta de que aún sostenía el
libro forrado en cuero en la misma mano de hace unos minutos.

—He tenido la intención de leer algo de Lord Byron. Pensaba en tomar uno
de sus poemas. ¿Te gusta la poesía?



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—Algo así. —evadí. —Depende de si tiene algún sentido para mí o no.

—Ven conmigo. —murmuró, extendiendo su mano hacia mí.

— ¿A dónde vamos? —puse mi mano en la suya, sin un solo pensamiento
de preocupación.

Él no respondió si no que me llevó a través de los estantes de libros a una
escalera que conectaba a la segunda planta. Había un sofá de cuero marrón
frente a una gran ventana que daba al parque de la ciudad. Me llevó a su lado
en el sofá para poder sentarnos uno junto al otro.

—Estoy seguro de que has escuchado antes este poema. —dijo, pasando a
una página en particular del libro.

—Ella camina en belleza, como la noche… —comenzó.

El resto del poema fue un poco borroso para mí. No podía apartar mis ojos
de la cara de Brand mientras él leía el poema en voz alta. Su boca no sólo decía
las palabras como lo hace un profesor cuando te obliga a memorizar un poema
para la clase y repetirlo en voz alta delante de los compañeros de clase.
Pronunció las palabras como si sintiera el significado detrás de cada una. Salían
de su boca como si estuviera acariciándolas con la lengua y los labios.

—…un corazón cuyo amor es inocente. —terminó y cerró el libro mirando
la parte delantera de cuero. —Así es como me imagino que eres. —Dijo—
alguien con un corazón inocente. —él me miró. — ¿Alguna vez has estado
enamorada?

Era una pregunta inesperada obligándome a dudar el tiempo suficiente
para evaluar rápidamente cómo Will me había hecho sentir alguna vez.

—Creo que sí. Fue un amor unilateral sin embargo. Él nunca correspondió
mis sentimientos.

— ¿Sería presuntuoso de mi parte asumir que estás hablando de Will
Kilpatrick? ¿Es por eso por lo que verlo con esa chica te afectó de la forma en
que lo hizo?



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—En realidad no fue culpa de Will. Él no sentía lo mismo por mí. No
puedes hacer que alguien te ame sólo porque quieres que lo haga. Tiene que ser
libremente o no significa nada.

—No muchas chicas de tu edad lo ven de manera tan madura.

—Supongo que si has pensado en ello tanto como yo, es la única forma de
verlo.

Brand se levantó, sosteniendo su mano hacia mí. —Probablemente debería
llevarte de vuelta a tu coche. Se está haciendo tarde.

Cuando volvimos al coche de Brand, no podía sino robar miradas hacia él
conduciendo de vuelta. No quería mirarlo sólo como una loca colegiala enferma
de amor, pero su sola presencia me hacía sentir cosas que pensé que nunca
volvería a sentir. Después de haber sido arrojada a la cuneta por Will después
de nuestro primer beso me había hecho, sin querer, construir un muro
alrededor de mi corazón. No estaba segura si alguna vez alguien se sentiría lo
bastante valiente como para intentar romper mi propio mecanismo inducido de
conservación. ¿Sería Brand el que finalmente se abriría paso? ¿Estaría lo
suficientemente interesado como para intentarlo?

Brand me llevó de vuelta al estacionamiento detrás del edificio de ciencias
donde estaba aparcado mi coche. Antes de salir de su auto, tomó una de mis
manos y dio un suave beso en ella.

—Estaré sentado en las escaleras exteriores de la clase de biología antes de
comience mañana. Si quieres unirte a mí, me encantaría pasar un rato tranquilo
contigo.

— ¿A qué hora estarás allí? —pregunté sin aliento.

—Oh, por lo menos treinta minutos antes de que comience la clase.
¿Vendrás?

Mi corazón dio un salto ante el anhelo y la esperanza que vi en sus ojos.

Asentí con la cabeza. —Sí, estaré allí.

Nos despedimos y me dirigí a mi coche.


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Volví a casa entusiasmada con la vida como no había estado en un largo
tiempo. Aparqué delante de mi apartamento. Sólo había cerrado la puerta del
coche cuando oí detrás de mí una persona cerca llamándome por mi nombre.
Girándome vi a Will apoyado en su Honda Civic con los brazos cruzados frente
a su pecho. Si es que era posible, la mirada de hostilidad que vi en su cara más
temprano por la tarde se había intensificado.

Bueno, si planeaba ser grosero conmigo, yo no iba a quedarme allí y
tomarlo.

—No tenemos nada que decirnos, Will. —fui hacia la puerta de mi
apartamento, pero él estaba allí en un instante, bloqueando mi camino.

—Tenemos que hablar. —dijo bruscamente, agarrándome por la parte
superior de los brazos con tanta fuerza que me asustó por un momento.

—Will Allen Kilpatrick, necesitas soltarme…justo…ahora.

Dejó caer las manos a los costados y dio un paso atrás.

—Sólo quiero hablar contigo, Lilly. Por favor.

La mirada de desesperación en su cara me convenció para por lo menos
escuchar lo que tenía que decir. Puesto que él estaba rompiendo más de un año
de silencio, supuse que probablemente era importante.

Le hice un gesto para que se sentara en las escaleras que conducen al
segundo piso del complejo de apartamentos. De pie frente a él con los brazos
sobre mi pecho, esperé a que comenzara.

—Necesitas mantenerte alejada de Brandon Cole. —fue tan estridente en
esta declaración que casi me echo a reír.

Con las cosas así, lo miré fijamente a sus hermosos ojos azules y dije: —Con
quien pase mi tiempo no es asunto tuyo. Perdiste tu derecho a darme consejos
sobre mi vida amorosa hace mucho tiempo. ¡Cómo te atreves a venir aquí
después de casi dos años ignorándome y decirme cómo manejar mi vida! ¿Por
qué no he de salir con él? ¡Es simpático, guapo, y me ha mostrado más cariño en


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los dos últimos días que tú en los dos últimos años! —me volví para irme
cuando sentí a Will agarrar suavemente una de mis manos.

—Lilly, por favor, ¡él no es quien finge ser!

Tiré de mi mano y me giré para mirarlo. —Eso es gracioso. Él dijo
exactamente lo mismo de ti esta noche.

Se puso rígido. — ¿Qué te dijo?

Conocía a Will. Sabía cuando estaba preocupado por algo y estaba
extremadamente preocupado por mi respuesta.

—Nada más que eso. Sólo me dijo que debería mantenerme alejada de ti, lo
cual es un consejo que estoy realmente pensando en tomar.

—No me refiero a eso.

No podía creer que Will realmente se viera herido por mi amenaza. ¿Cómo
era eso incluso posible? ¿No me había evitado como una plaga los últimos dos
años? ¿Por qué estaba fingiendo preocuparse por mí ahora?

Pero Will no fingía sentimientos. Por lo menos, el Will que yo conocía nunca
lo hacía. ¿Era el Will de mis fantasías adolescentes el mismo Will parado
delante de mí ahora?

— ¿Puedes darme una buena razón por la que no debería, Will? Sólo una. —
dije en voz baja, sin atreverme a esperar escuchar la respuesta que había
esperado tanto tiempo.

Abrió la boca para decir algo, pero la cerró de nuevo, obviamente
repensando lo que fuera que iba a responder automáticamente.

—No importa lo que pienses de mí. —dijo con voz controlada. —Aún soy tu
amigo y quiero verte feliz.

Mi corazón se hundió. Podía sentir las lágrimas de mi corazón roto
amenazando con mostrar a Will lo mucho que aún me preocupaba por él. Sabía
que si no entraba en el apartamento pronto él sabría lo mucho que aún me
podía afectar y eso era algo que mi orgullo no podía dejarle ver.


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—Déjame en paz, Will. Si quieres verme feliz, déjame en paz.

Abrí la puerta de mi apartamento y la cerré rápidamente detrás de mí.

Tara estaba sentada en el futón fingiendo mirar la televisión. Sabía que tenía
que haber oído la conversación entre Will y yo fuera porque las paredes del
apartamento no eran tan gruesas.

Las lágrimas que había retenido sacudieron mi cuerpo tan pronto como
apoyé la espalda contra la puerta. Sin decir una palabra, Tara se levantó, me
sentó en el futón y me sostuvo hasta que mi corazón dejó de llorar.

A la mañana siguiente me desperté temprano, así no me perdía mi
encuentro con Brand. Decidí intentar mi mejor esfuerzo para olvidar lo que
pasó con Will la noche anterior y esforzarme por encontrar formas más felices
de ocupar mi tiempo.

Cuando me acerqué al edificio de ciencias, lo vi sentado en los escalones en
frente de la clase leyendo un ejemplar de La Fierecilla Domada.

—Espero que no estés recibiendo ninguna idea de ese libro. —dije mientras
me caminaba hacia él.

Fui recompensada con una de sus desgarradoras sonrisas. —Tú no eres una
fiera, Lilly. De todos modos, no se me ocurriría cambiar ninguna cosa sobre ti.

Me senté a su lado en los escalones y estaba a punto de poner mis libros en
mi regazo cuando él los alcanzó y los puso encima de los suyos al otro lado de
él.
—Entonces, ¿qué hiciste ayer por la noche después de dejarme en mi coche?
—Pregunté, curiosa por saber lo que hizo en su tiempo libre.

—Fui a ver a mi prima Abby por un rato y luego me fui a casa.

— ¿Tu prima? No sabía que tenías familia viviendo aquí. ¿Es parte de la
razón por la que te trasladaste a Lakewood?



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—No, en realidad ella se mudó aquí conmigo. Siempre hemos estado muy
unidos. Recientemente ha perdido a un amigo y necesitaba un cambio de
escenario.

— ¿Dónde vive?

—Había un granero en la propiedad que compré. Restauramos el interior
para ella. Resultó muy bien. Ahora puede tocar la batería sin que tenga que
gritarle para que pare. —rió.

Su risa tenía una cualidad profunda y fácil que instantáneamente me hacía
sentir tranquila y feliz.

—A ella le gusta la acústica allí, también. —Dijo, mientras cautelosamente
tomaba mi mano derecha y la besaba muy suavemente.

Querido Señor, lo que sus labios le hacían a mi piel no estaba bien.
Involuntariamente carne de gallina cubría todo mi cuerpo.

— ¿Tienes frío? —preguntó preocupado, viendo los bultos en mi piel y
tirando de mí más cerca de su lado para ahuyentar el frío que él pensaba que yo
sentía.

No iba a quejarme. El calor de su brazo alrededor de mi cintura envió otro
agradable escalofrío por mi columna vertebral. Hacía mucho tiempo que no
sentía la comodidad de estar en los brazos de un hombre. Me hundí en su
costado deleitándome con la sensación de ser cuidada, confortada.

— ¿Cuántos años tiene tu prima? —pregunté, queriendo prolongar el
momento el mayor tiempo posible.

—Tiene la misma edad que yo.

— ¿Va a la escuela aquí también?

Brand rió entre dientes. —No, no creo que ella se preocupe por la escuela.
Tiene el dinero suficiente para vivir cómodamente. Y cree que lo sabe todo de
todos modos. La escuela no sería más que una distracción de su música.



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Eso llevó a una interesante pregunta. — ¿Por qué estás aquí? Parece que
tienes un montón de dinero. No es como si necesitaras un trabajo después de la
universidad, como el resto de nosotros. Y tú tienes cuantos, ¿veintitrés años?

—Veinticuatro y estoy aquí porque me gusta aprender cosas. —respondió.

—Aunque he leído La Fierecilla Domada cien veces, quiero ver lo que el
profesor y los demás alumnos consideran importante sobre la historia. Todo el
mundo tiene un punto de vista diferente en casi todo. Encuentro a las personas
y a sus ideas diferentes, interesantes. Y en cuanto a encontrar trabajo después
de la universidad —se encogió de hombros—nunca se sabe. Podría encontrar
una chica hermosa, y quiero seguirla allí donde vaya. No me gustaría pasar mis
días sin ella, así que qué mejor que disfrutar trabajando donde ella lo hace.

Sonreí ante eso. Era totalmente dulce y totalmente romántico.

Fue entonces cuando supe que tenía que haber algo mal con Brand.

No había forma de que un chico tan dulce y hermoso pudiera existir en el
mundo real. Pero, ¿me importa lo suficiente para querer encontrar su punto
débil?

— ¿Qué es lo que quieres hacer con tu vida? —preguntó, abrazándome con
más fuerza contra él.

—Siempre he querido trabajar en un laboratorio en alguna parte. Encontrar
una cura para una enfermedad incurable o algo idílico como eso. Me gustaría
conseguir un trabajo con los CDC en Atlanta cuando me vaya, pero no he
decidido si quiero ir directamente a trabajar o ir directamente a la universidad.

—Bueno, me lo haces saber.

— ¿Por qué?

— ¿Cómo más voy a saber qué hacer? —me sonrió con una simpática
expresión en su rostro. Era la primera vez que lo había visto inseguro sobre
algo, como si tuviera miedo de cómo iba a reaccionar a lo que estaba
insinuando.



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— ¿Pero no estás interesado en hacer algo en particular? —le pregunté. —
No todo el mundo está hecho para hacer lo mismo que otra persona.

Él se encogió de hombros. —Estoy interesado en un montón de cosas. Sólo
me ayudarás a reducir lo que realmente quiero hacer.

Fue entonces cuando fuimos interrumpidos por los otros estudiantes
llegando a clase. Nos levantamos de nuestro acogedor lugar en la escalera y
seguimos a los otros al interior. En la habitación había una larga mesa negra con
asientos a su alrededor. Brand y yo nos sentamos uno frente al otro en el
extremo de la mesa.

El Dr. Floyd entró en la habitación y en silencio asintió con la cabeza hacia
mí, obviamente complacido de ver que fui capaz de encontrar la habitación de
nuevo. Jesús, realmente iba a tener que demostrarle al hombre que no era la
tonta de la clase.

Tan pronto como la conferencia comenzó cogí uno de los libros puestos
entre Brand y yo. Supuse que el mío era el de arriba, pero pronto me di cuenta
que no era el caso.

Cuando abrí el libro en el capítulo uno, había un pequeño trozo de papel
con palabras garabateadas en él. No era mi letra, así que supe que el libro tenía
que pertenecer a Brand. En el papel estaba escrito:

En las oscuras sombras de la noche
Escucho a un Ruiseñor cantando una canción para mi corazón

Miré a Brand. Su mirada fue de mí a la hoja de papel en mis manos y sonrió
con aire de culpabilidad. Puse de nuevo el papel en el interior del libro y lo
deslicé hacia él pronunciando la palabra: —Lo siento.

Él se limitó a mover la cabeza en silencio diciéndome que todo estaba bien.
Rápidamente escribió algo en su cuaderno y lo colocó en un ángulo delante de
él para que yo pudiera leer sin llamar la atención del Dr. Floyd:

No estaba preparado para que lo vieras todavía. Me has inspirado para probar mi
mano en la poesía. Tal vez no sea buena poseía, pero por lo menos sabes que es desde el
corazón.



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Le sonreí y traté de escuchar lo que estaba diciendo el Dr. Floyd durante el
resto del período. Después de la clase, Brand me acompañó a Composición
Inglesa ya que tenía un período al lado. Me dijo que estaría esperando por mí
en la terraza del edificio común en el almuerzo. Me preguntó si había algo que
pudiera llevarme para comer. Le dije que no se molestara. Llevaría algo para
picar.

Tara, Michelle y Nora estaban sentadas en un grupo de mesas juntas. Tomé
el asiento vacío al lado de Tara y detrás de Nora.

—De acuerdo, ¿cuándo vas a presentarme al Señor Maravilloso? —dijo Tara
echándose hacia atrás en su asiento para mirar a Brand caminar por el pasillo.
—Sabes que tengo que aprobarlo antes de que esto vaya más allá.

Me eché a reír. — ¿Qué tal el almuerzo? Podrás hacer todas las preguntas
que quieras entonces.

Cuando levanté la vista hacia Nora, ella tenía la mirada de entusiasmo más
falsa en su cara que he visto nunca.

—Ustedes son tan lindos juntos. —mintió, detrás de una perfecta sonrisa
empapada de envidia.

—Gracias.

—Sabes, le pregunté a Will si quería ir a su mesa a saludar cuando me di
cuenta de que ustedes dos estaban en el edificio común la última noche. Pero
fue bastante inflexible sobre no ir a ninguna parte cerca de su mesa. ¿Tienes
alguna idea de por qué?

Sí, hacerte lloriquear un poco, traficante de chismes, pero no hay manera en el
infierno que te vaya a decir nada, pensé.

—No, ni idea. —le contesté en su lugar.

Era obvio que ella sabía que estaba ocultando algo, pero decidió no forzar el
asunto.

—Bueno. —suspiró. —Les puedo decir una cosa: Will realmente va a tener
que acelerar un poco si quiere salir conmigo.


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— ¿Ah sí? —Tara se inclinó hacia delante en su asiento. El tono de su voz
advirtió muerte inminente a alguien llamado Nora. — ¿Y eso por qué?

—Casi no me dijo una palabra en toda la noche y luego se fue antes de que
hubiéramos terminado nuestro helado. Ni siquiera estoy segura de por qué me
pidió que fuera en primer lugar.

—Por lo que he oído, fuiste tú la que lo invitó a salir. —dijo Tara. — ¿O es
que he oído mal?

Nora se rió nerviosamente.

— ¿Por qué tendría que pedirle a un chico para salir? —Nora pasó su largo
pelo rubio por encima de su hombro derecho. —De todos modos, no creo que
vaya a salir con él a menos que me lo pida.

—Sí. —Tara se sentó de vuelta en su asiento con una mirada totalmente
convencida en su cara. —Apuesto a que no lo harás.

Nuestra profesora de inglés, la Sra. Connor, entró en la habitación entonces.
Gracias a Dios, Nora se giró en su asiento y no dijo nada más el resto del
período.

En el almuerzo, Tara se encontró conmigo en el interior del edificio común.
Compré un paquete de merienda y un refresco en el camino. Tara tenía un trozo
de pizza y una Coca—Cola. Nos dirigimos a la terraza donde Brand estaba
esperando en la mesa que él y yo habíamos usado el día anterior. La otra mesa
estaba ocupada por un grupo de chicas lanzando tímidas miradas en la
dirección de Brand, pero él no estaba prestando atención y era completamente
ambivalente a sus bocas abiertas.

—Espero que no te moleste, pero mi mejor amiga quería conocerte. —le dije,
mientras poníamos nuestra comida en la mesa.

Brand se puso de pie como un caballero cuando saluda a las damas. —No
me molesta en absoluto. —dijo con una sincera sonrisa de bienvenida,
sosteniendo su mano hacia Tara. —Es un placer conocerte, soy Brand.



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Tara le estrechó la mano. —Tara. Encantada de conocerte al fin también,
cariño.

Nos sentamos mientras el interrogatorio de Tara comenzó.

—Así que, ¿cuáles son tus intenciones con respecto a Lilly? —Preguntó ella,
mirando a Brand fijamente a los ojos, como si lo retara a tratar de mentirle.

—Tengo la intención de conocerla mejor y dejar que ella me conozca mejor.
Lo que pase después de eso depende totalmente de Lilly.

— ¿Has salido con muchas chicas?

—Unas pocas.

— ¿Has salido con algún chico?

Casi me ahogo con la galleta en mi boca. Podía oír a las chicas de la otra
mesa reírse en voz baja. Miré a Tara con total incredulidad.

— ¿Qué? —Me dijo, completamente ajena a lo escandaloso de su pregunta.
—Es una pregunta honesta. ¿Cuántos chicos magníficos has visto que
terminaban bateando para el otro equipo? —Ella volvió su atención a Brand,
esperando una respuesta.

—No. —dijo con completa tranquilidad. —Nunca he salido con un hombre.

— ¿Alguna vez has estado enamorado?

Brand se removió completamente en su asiento y apoyó las manos sobre la
mesa jugando con la lata de Sprite que había traído. —Sí.

— ¿Por qué rompieron?

Yo estaba cada vez más incómoda con las preguntas de Tara. Me di cuenta
de que Brand no esperaba que el interrogatorio ahondara tan profundamente.
Sin embargo, tenía curiosidad por saber la respuesta a su pregunta.

—No rompimos. —dijo mirándome. Pude ver el dolor en sus ojos antes de
decir las palabras. —Ella murió.


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—Oh. —me di cuenta por la voz de Tara que lo sentía por preguntar y
decidió seguir adelante por su lista de preguntas. Esperaba que no fuera algo
tan personal.

— ¿Te has hecho la prueba del SIDA?

El rostro de Brand se iluminó con una tímida sonrisa. Si hubiera podido
meterme debajo de la mesa en ese momento, lo habría hecho. Pero, pensé que
añadiría más leña a las risitas detrás de nosotros.

—No, pero si alguna vez Lilly decide que quiere llevar nuestra relación tan
lejos, no tengo ningún problema en hacerla.

—Sabes, Lilly y yo hicimos el compromiso de pureza cuando teníamos
dieciséis años. ¿Tienes algún problema por esperar hasta el matrimonio?

—Tara, ni siquiera hemos tenido una cita real todavía. —dije en voz baja,
con la esperanza de no ser escuchada por las chicas detrás de nosotros. No
quería darle falsas esperanzas. — ¿Podríamos salir un poco de tiempo antes de
conseguir que me cases?

—Sólo estoy consiguiendo todo lo de dominio público. —defendió Tara un
poco demasiado fuerte para mi gusto. —Estas no son preguntas difíciles.

—Está bien, Lilly. —dijo Brand. —No me importa responder. —Miró a Tara
y le dijo: —No tengo ningún problema en esperar. Si nuestra relación avanza
tan lejos, me sentiré afortunado de ser el primero en compartir esa experiencia
con ella.

La brigada risitas detrás de nosotros pronto se convirtió en un batallón
suspirando. Y odio admitir esto, pero yo estaba ahí con ellas.

—Creo —dijo Brand sentándose erguido en su asiento, ligeramente
inclinado hacia Tara. —que tienes que saber algo, Tara. Sólo tengo las mejores
intenciones hacia Lilly. Nunca haré algo que ella no quiera que haga. Estoy
seguro de que sabes lo especial que es y que ella no lo ve de sí misma. Lo único
que podemos esperar es que con el tiempo se dará cuenta de lo maravillosa que
realmente es y será capaz de ver lo que veo cuando la miro.



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—Bueno. —Tara se sentó en su asiento completamente desinflada. —No
creo que tenga nada más que preguntar.

Pude sentir a la Tara a la defensiva apagarse, lo que me sorprendió. Si
Brand tenía un detector de mentiras en su cabeza, Tara tenía un detector de
mierda en la suya. Si no sentía que él estaba tratando de apelar a su lado bueno,
entonces tenía que haber querido decir lo que dijo, lo que me preocupaba y me
excitaba a la vez.

Tara tomó un bocado de pizza y golpeó la mesa, como si hubiera olvidado
algo. —Hay una cosa más que tengo que saber. ¿Cuál es tu nombre completo?

El pobre Brand pareció confundido por la pregunta, pero la contestó de
todos modos: —Brandon Austin Cole. ¿Te importa que te pregunte por qué
necesitas saber eso?

—Bueno. —dijo Tara con un bocado de pizza. —Ya ves, siempre hemos
usado nuestro nombre para mostrar lo mal que estamos con la otra. Si estoy
sólo ligeramente molesta, la llamaré Lilly Rayne.

Brand levantó un poco las cejas, al parecer sorprendido por mi segundo
nombre.

—Y si estoy totalmente enfadada, la llamo Lilly Rayne Nightingale.

— ¿Cuál es tu nombre completo, si no te importa que te pregunte? —
Preguntó Brand, volviéndose contra Tara.

—Tarajinka Shovanda Jenkins. Lo sé. —suspiró Tara con resignación. —Es
bastante obvio que mi mamá estaba usando drogas cuando me nombró.

Tanto Brand como yo no podíamos dejar de reír.

El resto de la comida fue bien. Tuve el placer de ver a Tara sentirse tan a
gusto con Brand. Parecía estar aceptándolo con los brazos abiertos… Lo que
realmente me hizo ponerme un poco nerviosa.


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Capitulo 3
Traducido por Isane33 e Izzi
Corregido por MewHiine

espués del almuerzo, Brand nos llevó a Tara y a mí a nuestras
próximas paradas respectivas. Dejamos a Tara afuera de la
biblioteca para su primer trabajo. Antes de que Tara saliera
del coche, se inclinó a mi oído y me dijo:

—Deberías darle una oportunidad e ir a una cita real. Creo que estás lista.

Asentí con la cabeza, porque había estado pensando exactamente lo mismo.
Brand me llevó al edificio de química y me dijo que no sería capaz de llegar a
clase de física ese día. Dijo que tenía que hacer algo por su prima Abby. Cuando
extendió la mano por mis libros en el asiento de atrás, se lo impedí.

—Creo que estamos listos para nuestra primera cita —le dije—. Después de
todo, ahora tienes el sello oficial de aprobación Tara. —

— ¿Estás segura? —Preguntó, obviamente con grata sorpresa—. No quiero
apurarte de ninguna manera.

—No, me gustaría salir, siempre y cuando no sea en cualquier lugar
demasiado sofisticado. No creo que tenga algo que ponerme para un
restaurante de lujo.

— ¿Qué tal el restaurante japonés en la ciudad? He oído que tienen un
sushi excelente.

—Eso está bien para mí.

Planificamos nuestra cita para esa noche y entré a clase con un paso más
ligero, emocionada por la posibilidad de aprender más sobre Brand.

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Cuando llegué a casa, Tara me ayudó a prepararme. Tara siempre había
pensado en mí como en su muñeca Barbie personal. Desde que éramos niñas
había jugado con mi pelo, puesto maquillaje y vestido con vestidos de domingo
de Utha Mae y sombreros de ala ancha haciéndome pavonearme como una
reina de belleza.

Estaba tan nerviosa esa tarde. No creo que yo pudiera haber hecho un buen
trabajo conmigo de todos modos. Era bueno tener a alguien que me mimara
durante un tiempo. ¡Incluso me dio una pedicura!

Escoger algo que vestir fue fácil. Sólo tenía un vestido que era material de
primera cita. Tara y yo habíamos ido a comprar antes de empezar las clases y
cogimos algunas cosas en rebaja. El vestido era uno negro de cuello en ―U‖
hecho de algún tipo de material de poliéster/spandex con mangas tres cuartos,
una silueta de una línea, e interesantes formas geométricas llenas con distintas
tonalidades de color ladrillo y amarillo.

Brand estuvo a tiempo y pasó por el apartamento exactamente a las 6 pm.

—Voy a estar esperando a que vuelvas —Tara le dio a Brand una de esas
miradas que decían: "Si no la traes de regreso a una hora decente, voy a llamar a
la policía‖.

Brand levantó una mano y prometió:

—No más tarde de las diez, lo prometo.

—Está bien, diviértanse, pero no demasiada diversión —nos advirtió.

El restaurante japonés era... interesante. Había una estación de cocina
detrás de una vitrina refrigerada que contenía trozos de pescado fresco donde
los chefs de sushi preparaban los pedidos. Cada vez que completaban una
orden todos gritaban: "¡Banzai!" Al unísono.

Nunca había comido sushi antes, pero no le dije a Brand. No quería que él
pensara que era un total ratón de campo. Sin embargo, cuando nos dieron los
menús, yo estaba completamente perdida. Así que gravité hacia la única
palabra que entendí: ensalada. Cuando pedí la ensalada tako, Brand me miró
con sorpresa, pero no dijo nada hasta que fue demasiado tarde.



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Después de que el camarero se fue, Brand dijo:

—Eres más valiente que yo. Por lo general me pego a los rollos y al sashimi.

—Me gustan las ensaladas —le dije, ahora preocupada de que tal vez una
ensalada aquí no era sólo algo con lechuga y tomate.

Cuando nuestros pedidos llegaron, casi salté de mi asiento. Allí en mi plato,
bellamente expuestos pero totalmente inesperados, había cuatro bebés pulpos
con los tentáculos hacia arriba sobre una pila de algas frescas en tiras y
cubiertos con champiñones y zanahorias ralladas con una pizca de cebollas
verdes y semillas de sésamo.

Supongo que la consternación que sentía se hizo obvia en mi cara porque
cuando Brand me miró, pude ver que estaba haciendo un gran esfuerzo para
contener la risa.

— ¿No era lo que esperabas? —preguntó, ya no tratando de ocultar su
diversión y riéndose abiertamente de mi situación.

—Um, en una palabra, no. —No podía dejar de reír con él. Era una
situación totalmente ridícula.

—Me gustaría que me hubieras dicho que nunca habías comido en un
restaurante japonés antes. Te habría ayudado a encontrar algo con menos
brazos.

—Bueno —le dije examinando el plato tratando de salvar algo de mi
comida—. Me gustan las setas.

Brand hizo una seña al camarero y le habló en lo que tenía que ser japonés.
El camarero sonrió con indulgencia y se llevó mi plato.

—Espero que no te importe, pero te pedí algunos rollos de sushi cocido.
Son generalmente lo que la gente come su primera vez.

Ahora me sentía mal.

—Déjame pagar por la ensalada por lo menos. No deberías tener que pagar
por algo que no pude comer.


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— ¿De verdad crees que te dejaría hacer eso? —Brand se limitó a negar con
la cabeza con decepción—. Esa no es la forma en que trato a mis novias.

¿Novia? ¿Estaba nuestra relación tan lejos ya? No lo había pensado así,
pero tenerlo usando el término con tanta indiferencia lo hacía parecer como que
era la forma natural de ver la dirección en que nuestra floreciente relación se
dirigía.

Los rollos cocidos que Brand había ordenado para mí eran deliciosos.
Algunos estaban rellenos con camarones cocidos, cangrejo y aguacate. Otros
tenían anguila cocida y aleta amarilla. Me quedé agradablemente sorprendida
de que realmente me gustara el sushi.

Cuando salimos del restaurante, estaba llena. Hinchada y feliz habría sido
una expresión adecuada para mi estado de ánimo cuando salimos al
estacionamiento. Por lo menos, hasta que vi a la única persona en el mundo
decidida a arruinar mi felicidad recién descubierta.

Will estaba recostado contra el coche de Brand. Sentí el cuerpo de Brand
endurecer por la imagen de Will y noté su estado de ánimo ensombrecerse a
medida que caminábamos hacia mi mejor amigo de antaño.

—Necesito hablar contigo, Lilly. Ahora—. El ceño fruncido en el rostro de
Will me hizo temblar por dentro.

—Ella no es tu mascota, Will —dijo Brand en mi defensa—. No le puedes
hablar de esa manera. No tiene que hacer nada que no quiera.

— ¿Qué estás haciendo aquí, Will? —le pregunté, completamente
mortificada.

—Tratar de evitar que cometas un error.

Brand se acercó un poco más a Will y estratégicamente colocó su cuerpo
ligeramente por delante del mío para protegerme.

— ¿Y qué error sería? —Brand entrecerró los ojos en Will esperando su
respuesta.



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Yo podía literalmente sentir la tensión entre los dos. Eran como dos cables
con corriente tensándose uno contra el otro combatiendo por el dominio.

—Sabes de lo que estoy hablando —la voz de Will fue tan baja que casi no
la oí.

—Está más segura conmigo de lo que nunca estuvo contigo —respondió
Brand con una seriedad mortal que nunca le había oído antes—. Ahora o
apártate de mi coche o prepárate para demostrarle quien realmente eres.

Will dudó un momento, pero finalmente se fue, lanzando una mirada
mordaz en mi dirección antes de subir a su Civic.

Nos metimos en el coche de Brand y nos marchamos. Cuando llegamos a la
carretera, me di cuenta de que Brand no dejaba de mirar por el espejo
retrovisor.

— ¿Nos está siguiendo? —le pregunté con incredulidad.

—Sí. —la tensión en la voz de Brand era inconfundible.

—Lo siento mucho por esto.

—No es tu culpa. —Brand me miró—. Simplemente está celoso. Lo
superará.

—No sé por qué lo estaría. Él apenas me habló en el último par de años. No
entiendo por qué está actuando como un idiota ahora.

Fue entonces cuando escuché un motor acelerar detrás de nosotros. Era sólo
cuestión de segundos antes de que Will estuviera a nuestro lado en la carretera
de cuatro carriles. Pasé de alto a Brand y miré a Will. Estaba segura de que la
expresión de mi cara le dijo a Will que pensaba que se había vuelto loco por
completo. Él siguió haciendo un movimiento señalando con su mano como si
quisiera que nos detuviéramos a un lado de la carretera. Brand no le hizo caso y
tomó velocidad. ¡Will aceleró también y desvió su coche como si fuera a
golpearnos!



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—Sujétate —dijo Brand. Fue entonces cuando aprendí lo que un Porsche
911 realmente podía hacer. No pasó mucho tiempo antes de que dejáramos a
Will detrás de nosotros. Miré hacia atrás para ver si podía distinguir su coche.

Fue entonces cuando lo vi.

Un pequeño avión zumbaba directamente sobre nuestras cabezas. Si yo
simplemente extendía mi mano a su paso, podría haber tocado su fuselaje.

Sentí a Brand empujar al Porsche a sus límites mientras una ola de calor
azotaba mi piel cuando el avión se estrelló en una bola de fuego detrás de
nosotros. Una vez estábamos bien lejos de peligro, Brand disminuyó la
velocidad y se estacionó a la orilla de la carretera.

— ¿Estás bien? —preguntó volviéndose hacia mí.

Yo temblaba tan fuerte que podía oír mis dientes castañeando. Brand bajó
del coche, abrió la puerta y me llevó a sus brazos protectores. Puse mi cara
contra su pecho cálido y vi cómo el fuego consumía el avión detrás de nosotros.
La gente se había detenido y estaban caminando alrededor de los restos en
busca de supervivientes.

—Lilly —Brand me miró con preocupación—. ¿Estás bien?

Asentí con la cabeza y comencé a llorar. Brand me atrajo cerca y dejó que
manchara la pechera de su camisa con mis lágrimas.

—Creo que estoy maldita —gemí.

Podía sentir su mano en mi pelo frotando suavemente mi cabeza para
calmar mi llanto nervioso.

— ¿Por qué piensas eso? —preguntó con incredulidad.

Allí, en la orilla de la carretera le conté a Brand la historia de mi vida y por
qué el destino parecía decidido a acortarla...

Todo comenzó cuando yo tenía ocho años. Mi mamá se había ido a un
concierto con uno de sus numerosos novios. No recuerdo cuál era. Ella ha
tenido muchos en los últimos años era difícil llevar la cuenta. Me dejó con Tara


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y Utha Mae por la noche. Como vivían junto a nosotros en el mismo parque de
casas rodantes, era inevitable que Tara y yo nos convirtiéramos en mejores
amigas. Su abuela nos llamaba "dos guisantes en una vaina". Siempre pensé que
era una extraña manera de describirnos ya que yo era la persona blanca más
pálida en el bloque y Tara la persona negra más oscura que había visto nunca.
Es posible que hayamos sido opuestas cuando se trata de nuestra apariencia,
pero nuestra amistad trascendió la brecha que nuestra piel podría haber hecho.
He pensado muchas veces que es gracioso que la mayoría de los norteños
piensen que a todos los blancos del Sur le desagradan los negros o los
menosprecien. En su mayor parte, todos nos llevamos bien juntos. Pero siempre
parecen ser los pocos agitadores los que reciben toda la atención.

Will había llegado a jugar twister y ver una película con nosotros esa noche.
William Allen Kilpatrick vivía en lo alto de la calle de nuestro parque de casas
rodantes en un agradable barrio de clase media. Utha Mae prácticamente lo
había criado desde que era un bebé. Rayos, básicamente nos había criado a los
tres en realidad. El padre de Tara la había dejado al cuidado de su abuela,
cuando fue enviado a Parchman por intento de asesinato. Nadie sabía dónde
estaba la madre de Tara y a nadie le importaba. Había sido una adicta a las
drogas y se había enamorado de un chico malo después de que Tara había
nacido. Sólo esperábamos que se mantuviera alejada por tiempo indefinido.

Mi madre, bueno, ella era un espíritu libre. Se cambiaba de un trabajo a otro
y de hombre a hombre. Siempre me dijo que no podía encontrar su vocación en
la vida y que un hombre jamás sustituiría a mi padre, aunque ella lo seguía
intentando.

Mi padre. Tuve que sonreír ante eso. Su identidad era un misterio para mí.
Todo lo que Cora podía recordar era que era el hombre más guapo que había
visto nunca. Había hecho su corazón y rodillas derretirse como mantequilla la
primera vez que le dijo: "hola". Dijo que lo conoció cuando ella tenía dieciocho
años de vacaciones en San Francisco con su familia. Terminó embarazada de mí
y huyó de su casa porque sus padres querían que tuviera un aborto. Ella nunca
miró hacia atrás y nunca me dijo quiénes eran mis abuelos.

—Nosotras no los necesitamos, Lilly —siempre decía cuando los traía a
colación.

Después de un tiempo, dejé de preguntar por ellos. Toda la familia que
necesitaba era Tara, Will y Utha Mae de todos modos.


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Utha Mae nos llamaba de niños los "tres mosqueteros". Ella era así, siempre
poniendo apodos.

Cuando éramos jóvenes, nunca verías a uno de nosotros sin los otros dos. Si
yo era honesta conmigo, tendría que admitir que extraño esos días.

Esa noche habíamos hecho todo un plan secreto para encontrarnos en
medio del puente sobre el lago. Parte del puente simplemente se había
derrumbado en el lago un día. Por suerte no había nadie en él en ese momento.
Se trataba de un viejo puente de madera así que nadie se sorprendió demasiado
al respecto. Casi nadie siguió conduciendo sobre él a excepción de unos pocos
ancianos que se negaban a utilizar la nueva carretera.

En el momento en Utha Mae fue a la cama, Tara se había dormido también.
Déjame decirte algo: tratar de despertar a Tara es como tratar de despertar a los
muertos. En realidad, podría ser más fácil despertar a un muerto. Después de
intentar durante diez minutos para conseguir que se despertara, me fui sin ella.
Monté mi bicicleta hasta el lago donde Will esperaba ya sentado en el extremo
del puente con las piernas colgando por el borde.

— ¿Dónde está Tara? —preguntó cuando me senté a su lado mirando hacia
abajo en las aguas profundas del lago negro. La única luz para ver era la luz de
la luna. Por suerte, era luna llena esa noche.

—Se quedó dormida —le dije poniendo los ojos en blanco con
exasperación.

—Oh, bueno —dijo mirándome con un brillo travieso en sus ojos que había
visto demasiadas veces.

— ¿Qué estás planeando, Will Allen? —Yo estaba arriba desde el borde del
puente y lentamente comencé a caminar hacia atrás.

Se paró también y trató de actuar indiferente.

—Oh, nada —dijo antes de que sacara una serpiente larga y delgada de su
bolsillo—. La vi en el jardín de mi mamá y pensé que podrías querer verla.



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— ¡No te atrevas, Will Allen Kilpatrick! —Sabía que yo odiaba las
serpientes.

Todo lo que no tenía piernas pero podía deslizarse sobre mí era algo con lo
que no quería rodearme.

—Oh, vamos, Lilly, sabes que quieres acariciarla.

Empezó a perseguirme alrededor del puente con esa serpiente estúpida. Y
como la suerte, el Destino, como quieras llamarlo, quiso tropecé, golpeé mi
cabeza contra un poste de madera vieja en la barandilla lateral y caí
inconsciente en el agua. Lo siguiente que recordaba era estar tendida en la orilla
escupiendo el agua de mis pulmones con Will acunándome en sus brazos.

— ¡Lilly! ¡Lilly! —Will estaba tan desesperado, pensé que estaba teniendo
un ataque—. ¿Estás bien? ¿Te duele algo? ¿Cuántos dedos estoy levantando?

Frotando el punto de dolor en la parte posterior de mi cabeza, lo miré como
si hubiera perdido la cabeza.

—Dos, estúpido. No soy ciega. ¿Qué pasó?

—Te caíste y te golpeaste la cabeza.

—Eso lo sé bien. ¿Cómo me sacaste del agua? ¡Es completamente negro por
ahí!

Se sentó en la orilla cubierta de hierba y no habló durante un rato. Me senté
con él y esperé a que me dijera lo que pasó.

—Cuando te vi entrar, me lancé tras de ti. Te encontré y te traje. —Lo dijo
con tanta sencillez, como si no fuera gran cosa. Él era mi salvador y estaba allí
sentado como si sólo fuera algo que pasaba todos los días.

Lo abracé y susurré:

—Gracias.

Ese fue el día que el Destino me notó y cambió a uno de mis mejores
amigos para siempre. A partir de ese momento el Will que había conocido


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desde que era un bebé ya no existía. No sé cómo lo supe, simplemente lo hice.
Tara y Utha Mae también lo sabían, pero no hablamos de ello. Hablar de
nuestra familia a sus espaldas no era algo que hacíamos. Todavía amábamos a
Will, pero sabíamos que el Will que habíamos conocido no iba a volver. Atrás
quedó el niño que jugaba con nosotras con abandono. En su lugar había un Will
más serio que nos observaba con atención, como si tuviera miedo de que el coco
fuera a salir de la oscuridad en cualquier momento y nos llevara lejos. Había
momentos en los que podíamos ver destellos de nuestro Will, pero ellos
llegaron a ser cada vez menos con el pasar del tiempo.

Casi parecía como que Will sabía lo que el Destino estaba tratando de
hacerme después de esa noche. Tal vez por eso siempre estaba ahí cuando lo
necesitaba.

Cuando tenía diez años y Will once, recuerdo haber sido llamada a la
oficina del director antes de la escuela nos dejara salir para el fin de semana. La
secretaria de la oficina, la Sra. Cane, me sacó del juego de softbol que estábamos
jugando por la laguna y me pidió que la siguiera. Me puse nerviosa y deseaba
que Utha Mae no se hubiera llevado a Tara temprano de la escuela para su cita
con el dentista.

— ¿Estoy en problemas? —Finalmente le pregunté, revolviendo mi cerebro
por algo que había hecho mal. Lo único que podía pensar era en el montón de
M & M verdes que Tara y yo habíamos escondido debajo de la estantería en la
clase de ciencias del Sr. Price. Uno de los chicos mayores nos había dicho que
nos haría calientes. Bueno, hemos tenido bastantes problemas. No
necesitábamos cuernos creciendo de nuestras cabezas. Al menos eso es lo que
pensábamos que significaba en aquel entonces. Ahora sólo me hace reír de lo
ingenuas que éramos.

—No, Srta. Nightingale, no está en problemas.

La querida Sra. Cane, ella era la conocida solterona: nunca se casó y no
tenía hijos, sólo ella y sus diez gatos persas en una antigua casa que heredó de
su madre. Vestía siempre con un vestido de cachemira de cierto color y estilo,
zapatos de tacón alto y su pelo blanco peinado tan sólo en la parte superior de
su cabeza. A menudo siendo una niña me preguntaba cómo dormía. Me
imaginé que tenía que dormir en posición vertical. No había forma de que esa
mata de pelo se recostara completamente en contra de almohada.



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Cuando llegamos a la oficina del director, me encontré con Will sentado
frente al escritorio del director Wright con un bote de basura en su regazo y un
rostro tan pálido como un pedazo de tiza. Sus ojos azules me miraban
suplicantes cuando entré. Aunque, tan pronto como lo hice me arrepentí. El
hedor que rodeaba a Will era como un muro golpeándome en la cara.

—Hola, Lilly —me saludó el Sr. Wright. Siempre me ha agradado el Sr.
Wright. Era bajito, gordo, calvo y el mejor hombre en el planeta. Tenía cinco
hijos por lo que siempre sabía cómo hablar con nosotros los niños.

—El pobre Will aquí tiene gastroenteritis. Hemos llamado a sus padres,
pero pidió que te sentaras con él hasta que llegaran aquí.

— ¿Tengo que hacerlo? —le pregunté, tratando de contener la respiración
para no tener que oler lo que había en el bote de basura.

—Por favor, Lilly, —Will me miró con esos ojos azules brillantes y no pude
decir que no. Soporté el olor y me senté allí con él hasta que su mamá llegó. El
papá de Will estaba en la ciudad por negocios, así que tuvimos que esperar
hasta que la mamá de Will saliera del trabajo en el hospital. Ella no podía salir
antes de que su turno hubiera terminado, ya que estaban cortos de personal.
Por lo tanto, nos terminamos quedando hasta casi una hora después de que la
escuela nos dejara salir. Fue entonces cuando llegó la noticia.

Nuestro autobús escolar había tenido un accidente. Al parecer, un hombre
en una motocicleta tuvo un ataque al corazón y se estrelló de frente contra el
autobús. El conductor del autobús se desvió para evitarlo, pero terminó
volcando el autobús fuera de la carretera y haciéndolo dar vueltas un par de
veces en un campo vacío. Por suerte, sólo una persona resultó herida: la
pequeña Emily May.

Siempre había querido sentarse detrás del conductor del autobús como yo
lo hacía cuando viajaba en el autobús. Ella terminó volando por la ventana y
siendo aplastada cuando el autobús se volcó. Si yo hubiera estado en el autobús
ese día, habría muerto.

Después de eso, no pasó nada durante cinco años completos. Pensé que el
Destino se había olvidado de mí. Pero, al parecer tiene buena memoria.



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Will me había "obligado" a unirme al club Beta en la escuela. Yo no quería
porque pensaba que su iniciación era una estupidez. Las chicas tenían que
llevar rulos en su pelo, albornoz y un letrero que decía: "Club Beta" en torno a
su cuello durante un día entero. Era una estupidez. No iba a hacerlo.

— ¿No quieres entrar a la universidad? —Me había pedido él mientras
estábamos sentados en la biblioteca durante el período de estudio—. Esto va a
quedar bien en una solicitud de la universidad. Incluso podría ayudarte a
obtener una beca.

—No tiene que hacer nada que no quiera, Will Allen —dijo Tara en mi
defensa—. ¿Por qué tiene que vestirse como algún tipo de gentuza para unirse a
un club de "honores" de todos modos?

Will puso los ojos en blanco en dirección a Tara.

—No es tan malo. Lo hice el año pasado y ustedes tuvieron un montón de
risas a mi costa.

Era cierto. Tara y yo nos habíamos desternillado de risa la primera vez que
vimos a Will en su traje de iniciación.

Los chicos tenían que disfrazarse como "nerds". Se había peinado hacia
atrás su bonito cabello rubio, pidió prestado un par de lentes de con montura de
carey a su papá y puso cinta blanca en el centro del puente nasal, dobló un par
de holgados pantalones viejos para que le quedaran cortos, con tirantes y
medias negras desgastadas hasta la pantorrilla con sandalias marrones.

Estoy bastante segura de que todavía tengo una foto de él en el disfraz. Era
una enmarcada. La habría conseguido agrandada en un póster, pero mi mamá
no pagaría por ello.

—Vamos, será divertido —dijo con esa dulce sonrisita suya que nunca
pude rechazar—. Tenemos que ir a Biloxi el próximo mes para la convención
estatal. ¿No quieres dar un paseo en la playa?

Ok, tengo que admitirlo. En el momento en que llegué a la pubertad,
desarrollé un serio enamoramiento por Will. No podía decirle a Tara. ¡No podía
decirle a nadie! Era demasiado embarazoso. Había sido mi mejor amigo durante
tantos años. ¿Cómo puedo tener sentimientos románticos por él ahora? En


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cierto modo me sentía casi sucia por ello, como si fuera incestuoso de alguna
manera. ¿Sabes cómo los no sureños siempre están hablando de la gente en el
sur casándose con su hermana o hermano o primo? Habíamos crecido juntos.
¿No éramos casi como hermano y hermana? Pero tan pronto como cumplí trece
años, empecé a ver a Will en una luz totalmente diferente. Todas las chicas en la
escuela lo adulaban. Aunque a él no parecía importarle. Todavía pasaba todo el
tiempo conmigo y Tara. Empecé a preguntarme si él sentía lo mismo por mí
también. Quizás querer hacerme formar parte del club Beta, con la promesa de
un paseo en la playa era su manera de decirlo de manera indirecta.

Por lo tanto, me armé de valor para poder tener esa caminata por la playa
con Will y ver donde iban las cosas después de eso.

Fue a principios de marzo, cuando tuvimos nuestra convención en Biloxi.
¡Era la primera vez que permanecía tan lejos de Tara en toda mi vida! Salimos
esa tarde del viernes de la escuela y llegamos a Biloxi para la hora de la cena.
Nos alojamos en el Super 8 al otro lado de la playa. Las habitaciones estaban
llenas. Había cuatro personas en cada habitación y déjame decirte, cuatro niñas
en una habitación son tres niñas de más. Convencí a Will que me permitiera
prepararme para las festividades de la noche en su habitación. Allí sólo estaban
él y Jake Pugh de todos modos. Además, eran chicos. No es como que tuvieran
que hacer mucho para prepararse. Ducharse y ponerse algo de ropa. ¿Por qué
los chicos lo tienen tan fácil?

Bueno, había planeado hacer mi mejor esfuerzo para que Will me viera de
una manera diferente esa noche. Había madurado muy bien y antes que
algunas de las otras chicas de mi edad. Pedí prestado un vestido del armario de
mi madre. Era un vestido que uno de sus novios le había dado con la esperanza
de calmarla y hacerla lucir normal. Era un pequeño vestido negro de cóctel
ajustado con un corpiño entrecruzado y cuello en ―V‖. Sabía que estaba
tentando al destino si trataba de usar tacones altos, así que me conformé con un
par de zapatos de vestir negros con punta descubierta y sólo una pulgada de
tacón en la parte trasera.

Torcí mi largo cabello castaño oscuro para añadirle rizos suaves y me puse
un poco más de maquillaje del que solía usar. No quería parecer una puta, sólo
más crecida.



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Cuando salí del baño, Will estaba sentado en la pequeña mesa que siempre
tienen en las habitaciones de hotel viendo las noticias y vi exactamente lo que
yo había esperado: me miró de nuevo.

—Te ves, —hizo una pausa durante mucho tiempo mirándome fijamente,
como si no estuviera seguro de qué decir—. Linda.

Ahora que tenía toda su atención, estaba completamente perdida en cuanto
a qué hacer con él. No había tenido un novio todavía, así que estaba
completamente desorientada en cuál debería ser mi próximo paso. Había visto
muchas películas románticas, pero era totalmente incapaz de tratar de actuar
ardientemente de ninguna manera Y no ayudaba que Will parecía tan perdido
como yo porque todo lo que parecía ser capaz de hacer era mirarme sin decir
nada.

Hice lo único que pude pensar. Cogí mi abrigo y me escondí debajo de él.
Salimos de la habitación y bajamos al encuentro de los otros en el restaurante
del hotel.

Durante toda la comida y reunión, podía sentir los ojos de Will fijos en mí.
Cada vez que le devolvía la mirada, no podía decir donde sus pensamientos lo
llevaban porque su expresión facial iba cambiando. En un momento me miró
como si por fin se diera cuenta de que era una chica que se estaba convirtiendo
en una mujer. Luego al minuto siguiente cambiaba a una mirada de asco total,
que era hiriente. Entonces la próxima vez que me atreví a mirarlo vi lo que
quería ver: anhelo.

Después de la reunión, Will caminaba a mi lado mientras todo el mundo se
abría camino fuera del coliseo.

Sin decir una palabra, me cogió la mano y nos dirigimos a la playa en frente
del hotel.

La luna no había salido todavía, pero podíamos ver muy bien por las luces
de la ciudad. Llevé mis zapatos en una mano y dejé la otra mano descansar en
la de Will.

— ¿Por qué usas ese vestido esta noche? —me preguntó Will con voz ronca
y baja.



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Pude sentir mis mejillas sonrojarse y estaba agradecida de que estábamos
en la oscuridad.

— ¿Por qué? —le pregunté tan inocentemente como pude fingir—. ¿No te
gusta?

Se detuvo, lo que me hizo tener que enfrentarlo.

—Creo que a cada chico en ese coliseo le gustó, Lilly —me advirtió,
sabiendo que estaba evadiendo su pregunta lo mejor que pude. Eso es una cosa
mala de enamorarse de tu mejor amigo. Ellos conocen todas tus maniobras
evasivas.

Bueno, decidí, había llegado tan lejos, no debería acobardarme.

—Quería ver cuál sería tu reacción —murmuré bajando la cabeza para no
tener que mirarlo a los ojos. Si miraba vería una de dos cosas: placer o dolor.
Placer si sentía lo mismo por mí. Dolor si no lo hacía y tenía que desilusionarme
gentilmente.

Le oí dejar escapar un profundo suspiro antes de atraerme a sus brazos. No
era la primera vez que me había tenido en sus brazos. Me abrazó cuando tuve
que poner mi primer perro a dormir porque fue atropellado por un coche, me
abrazó cuando tuve la varicela, me abrazó cuando tuve que llorar porque
algunas de las chicas en la escuela me molestan por no tener los pantalones
vaqueros de diseño más reciente y usar los baratos de Walmart porque eso era
lo que mi madre podía permitirse. Me había abrazado numerosas veces en
nuestras vidas, pero este no era uno de esos abrazos.

Esa noche, me abrazó como un hombre que tiene una mujer, muy cerca de
su corazón. Podía sentir sus cálidas manos en mi abrigo deslizándose
suavemente hacia arriba y abajo de mi espalda. Escondí mi rostro en su pecho
aún sin atreverme a mirarlo a los ojos. Antes de darme cuenta, una de sus
manos estaba debajo de mi barbilla obligándome a mirarlo a la cara. Incluso en
la luz de la luna tenue, pude ver la mirada de angustia escrita en las facciones
de Will.

¿En qué estaba pensando? No podía saberlo. Era casi como si estuviera
teniendo una batalla interna consigo mismo. Luchando entre lo que quería
hacer y lo que pensaba que debía hacer.


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Finalmente, un lado ganó y él sonrió.

— ¿Alguna vez te dije lo hermosa que eres? —susurró.

Negué con la cabeza, porque no creía que pudiera hablar con coherencia y
no quería arruinar el momento.

—Sé que es un cliché decir esto, pero realmente eres una de las pocas
personas en este mundo que es tan bella por dentro como lo es por fuera.

Bajó la cabeza junto a la mía y me susurró al oído:

— ¿Estaría bien si te beso, Lilly Rayne Nightingale?

Lo único que pude hacer fue asentir con la cabeza y aguantar la respiración.
Siempre había soñado que mi primer beso sería con Will y ahora por fin se
estaba volviendo realidad.

Ahuecando mi cara entre sus manos, bajó sus labios en forma de corazón a
los míos en una caricia suave. Estaba un poco indeciso al principio, pero pronto
el beso se volvió más apasionado. Después de unos minutos, finalmente se
apartó casi sin aliento.

—Creo que tenemos que parar ahora —dijo con voz ronca.

— ¿Por qué? —No quería que el momento terminara. Había esperado lo
que pareció toda una vida para que esto sucediera.

Seguro que no acabaría tan pronto.

—Lilly —gimió, me di cuenta de que tampoco quería que terminara, pero
que él pensaba que era lo que debía hacer—. Por favor, no hagas esto más difícil
para mí de lo que es. Tengo que llevarte a tu habitación. Por favor.

Suspiré con decepción.

—Está bien.



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Me tomó la mano y me llevó de vuelta a mi habitación. Después de un
casto beso de buenas noches en la mejilla, Will me dejó de pie delante de mi
puerta sólo para ver cómo se alejaba esperando que se diera la vuelta para un
último beso.

Sin embargo, esa fue la última vez que besé a Will.

A la mañana siguiente, mi mundo se puso patas arriba.

Durante la noche, una serie de tornados atravesaron el condado en el que
vivimos. Nuestro instituto fue destruido y varios barrios fueron borrados del
mapa. Tardé una eternidad en conseguir una llamada a mi madre. Estaba en
casa de Tara cuando finalmente me puse en contacto con ella.

—Oh, Lilly, —podía oír las lágrimas en la voz de mi madre, algo que nunca
había escuchado antes.

—Todo se ha ido. Todo se ha ido. —Lloró y lloró mientras trataba de
decirme lo que pasó, pero yo no podía entender nada de lo que estaba diciendo.
Por último, Tara se puso al teléfono.

—Lilly, el remolque de tu madre se ha ido. —Tara no era de los que tienen
pelos en la lengua. Siempre puedes contar con ella para ser brutalmente
honesta, no importa cuál sea la situación—. Fue la cosa más rara que he visto,
chica. Su remolque fue el único golpeado en el parque de remolques completo.
Pasamos por lo que quedó y encontramos algunas de tus cosas, pero
básicamente van a tener que empezar de nuevo.

— ¿Estaba mi mamá en la casa rodante cuando el tornado golpeó?

—No, ella estaba quedándose con un amigo durante la noche.

Pensé que era amable por parte de Tara llamar al último novio de mi mamá
sólo un amigo en lugar de decir que mi mamá había estado durmiendo en la
casa de un hombre.

Le dije a Tara que cuidara a mi mamá por mí hasta que llegara. Todavía
podía oír el llanto de Cora en segundo plano cuando colgué el teléfono.



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Will estaba allí para mí, como siempre. Me abrazó mientras yo lloraba por
las pocas posesiones que había perdido, pero sobre todo llorando de alivio que
mi madre estaba bien.

Estuvimos sin escuela por dos semanas después. Durante ese tiempo mi
mamá y yo estábamos bastante ocupadas instalando un nuevo remolque y
comprando cosas nuevas para el lugar. Afortunadamente, Cora había
mantenido al día los pagos del seguro de nuestro viejo remolque. El seguro nos
pagó para conseguir un nuevo remolque y nos dio dinero para ayudar a
reemplazar una gran cantidad de nuestras posesiones.

Sólo vi a Will una vez, en esas dos semanas. Él y sus padres vinieron a
darnos una tarjeta de regalo de Walmart para ayudarnos. Sentí raro aceptar
caridad de ellos, pero me habría sentido aún peor negándome a su atenta
generosidad.

Pusieron la escuela de nuevo en el gimnasio de una escuela primaria local.
Era una casa de locos. Llegó a ser tan difícil para los maestros para hacerse oír
por encima del alboroto que algunos de ellos se rindieron tratando de enseñar a
todos juntos. Terminamos teniendo un montón de tiempo de recreo en los
últimos meses de ese año escolar. No me hubiera importado tanto si Will no
hubiera cambiado.

Cuando volvimos a la escuela me enteré a través de radio macuto que Will
había estado saliendo con Jessica McCormick. Jessi era la capitana de las
animadoras del equipo de fútbol. Yo estaba tan herida y avergonzada que ni
siquiera podía mirarle. Tara sabía que pasaba algo y finalmente me amenazó
con daño corporal si no le contaba qué estaba pasando entre Will y yo.
Finalmente se lo conté todo.

― ¿Quieres decir que él te besó y luego empezó a salir con Jessi?

― Eso es lo que parece. ―me encogí de hombros, restregándome las
lágrimas con la manga de mi camisa.

― ¡Ni siquiera creía que él hubiese hablado con Jessi más de un par de veces
en toda su vida! ―se podía decir que Tara se estaba enfadando más a cada
minuto. Y para ser honesta, me hacía sentir bien tenerla de mi lado― ¡Voy a
tener que tener un charla con el Señor grande y poderoso Will Allen Kilpatrick
ahora mismo!


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Contuve a Tara de irse bloqueando físicamente el camino a la puerta
delantera de la caravana de Utha Mae. Estaba a punto de escurrirse por una
ventana antes de que finalmente la convenciese de no avergonzarme más de lo
que ya estaba. ¿Cuánto más podría soportar?

Will mantuvo las distancias de nosotras el resto del curso. Utha Mae siguió
preguntando dónde estaba él y por qué ya no estaba alrededor. Le dijimos que
él había encontrado una chica que le gustaba. Aún puedo recordar cómo Utha
Mae me miraba cuando pensaba que yo no podía verla, como si hubiese
perdido una parte de mí que probablemente nunca recuperaría. Ella debía saber
cómo me sentía sobre Will pero nunca dijo nada de ello.

Ese verano tuve un trabajo en una pequeña tienda de conveniencia
propiedad de uno de los amigos de mi madre. No era el trabajo más
emocionante del mundo pero me dejaba un montón de tiempo para ponerme al
día con mis lecturas entre clientes. Un día un chico guapo entró en la tienda
para comprar una Coca—Cola y unas patatas fritas. No le conocía en absoluto.
Tenía unos dieciocho años y el pelo negro azabache, piel bronceada y los ojos
verdes más preciosos que jamás había visto.

― Hola, soy Nick. ―me tendió la mano a través del mostrador.

Le choqué la mano.

― Lilly.

Noté que me miraba de arriba abajo mientras pasaba sus artículos.

― ¿Y a qué escuela vas? ―preguntó

― South Clarks. ¿Y tú?

― Voy a Saint Benedicts en la ciudad.

― ¿Te gusta?

― Me gustaría más si hubiera chicas guapas como tú allí.



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Vale, en mi defensa solo tenía dieciséis años y tener a un chico guapo como
Nick entrando tan fresco en mi vida en el momento exacto en que necesitaba a
alguien que me adulase fue, como mínimo, el momento oportuno.

Me pidió ir con él a la feria del condado ese viernes por la noche. Dije que sí
y en silencio esperé que Will estuviese allí con Jessi. La noche del viernes era la
noche más popular para ir a la feria. Podías montar en todas las atracciones que
quisieras por diez pavos.

Nick me recogió en un Pontiac GTO de 1966 restaurado, azul oscuro con
rayas blancas de competición. Me contó casi cada detalle de la restauración de
camino a la feria. Intenté encontrarlo lo más interesante posible o al menos
fingir convincentemente que lo encontraba interesante haciendo sucesivas
preguntas.

La feria estaba llena a rebosar esa noche, y yo ya tenía asumido que lo
estaría. Creo que debimos haber montado en cada atracción al menos dos veces.
Terminé pasándolo tan bien que olvidé buscar a Will en la multitud. Más tarde
durante la velada, nos encontramos casualmente con un par de amigos de Nick
de su escuela. Le dieron a Nick un vaso de plástico gigante y le dijeron que se
divirtiese.

― ¿Qué es eso? ―le pregunté.

― Es Crown
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y Coca—Cola. ¿Quieres un poco?

― No. ―le dije, mirando atónita cómo había sorbido la mitad a través de la
pajita en pocos minutos. No me gustaba que bebiese, pero no le conocía lo
suficientemente bien para regañarle por ello.

El resto de la noche fue cuesta abajo desde ahí. Nick y sus amigos estaban
bastante pesados una hora más tarde. ¿Por qué la gente se vuelve tan estúpida
cuando bebe? Es casi como si se convirtieran en Neandertales o algo. Un buen
ejemplo: Yo estaba esperando en la barandilla a la siguiente atracción donde
íbamos a montar cuando sentí un leve tirón de mi camisa. Me giré para ver qué
pasaba y encontré a tres inmaduros riéndose tras de mí. Aparentemente, Nick
les había dicho a sus buenos colegas que yo tenía un trasero bonito. Le dijeron
que lo demostrase y por eso él levantó la espalda de mi camisa babydoll para
que pudieran verlo por sí mismos.

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Crown es una marca de whisky.


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Fue cuando le pedí a Nick que me llevase a casa.

― No sé por qué estás tan molesta por eso. ―farfulló, dando tumbos hacia
su coche― Tienes un culo bonito, ¿qué hay de malo en enseñarlo?

Quería abofetearle a lo loco, pero ya que apenas podía mantenerse sobre
sus propios pies como estaba, me imaginé que probablemente no sería lo mejor
para hacer.

― Dame tus llaves. ―le dije sacando la mano.

― ¡De ninguna manera! Nadie conduce a mi nena excepto yo.

― No voy a dejar que me lleves a casa tú mismo. Te llevará a casa y llamaré
a mi madre para que me recoja de tu casa. ¡Ahora dame las llaves!

― ¿Tienes un problema, Lilly?

Giré en derredor y vi a Will de pie justo detrás de mí. Mi corazón pareció
como si se alojase en mi garganta estando tan cerca de él otra vez.

― No quiere dejarme que le lleve a casa. ―dije débilmente.

― ¿Por qué no me dejáis llevaros a ambos a casa? ―dijo Will más para Nick
que para mí― No estás en condiciones de conducir, amigo.

― Tendrás que salir de mi camino. ―Nick se metió en su coche y encendió
el motor― Puedo conducir mi propio coche bien. Mírame.

Antes de que pudiéramos intentar detenerle, Nick derrapó en el
aparcamiento dejándome sola con Will.

― Vamos, Lilly. Te llevaré a casa.

Realmente no había nada que pudiera hacer. Casi era medianoche y sabía
que mi madre ya estaría durmiendo. Tara había ido a pasar un par de días con
alguno de sus primos en Shreveport así que llamarla estaba fuera de cuestión.
Así que, sin decir nada ni mirarle, seguí a Will hasta el nuevo Honda Civic que
sus padres le habían comprado como regalo de último curso.


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El camino a casa fue en silencio en su mayor parte. Después de unos pocos
minutos, finalmente rompí el silencio.

― ¿Y dónde está Jessi? Pensé que estaría contigo. ― ¿me atrevería a esperar
que hubiesen roto?

― Se fue hace un par de horas con algunos de sus amigos.

― Oh. ―eso era raro. ¿Por qué ella no habría esperado y salido con Will?
Parecía una cuestión lógica así que pregunté― ¿Por qué no se fue contigo?

― Porque se estaba poniendo irritable conmigo vigilándote toda la noche.
―odié su tono justo entonces, tan condescendiente, como si yo fuera una niña
que necesitaba que la vigilaran.

― Bueno, definitivamente no recuerdo haberte pedido que me vigilases
como una gallina clueca, Will Allen. Ni siquiera sabía que estuvieses alrededor.
Incluso si lo hubiera sabido, no hubiera esperado que intentases protegerme de
lo que sea que pensases que iba a pasar.

― ¿Qué otra cosa iba a hacer, Lilly? ¡No oíste a ese chico presumir con sus
amigos sobre lo que los dos ibais a hacer después de la feria!

Realmente eso me hizo encolerizar.

― ¡Me has conocido toda mi vida! ¿De verdad crees que me enrollaría con
el primer chico que aparezca y muestre algún interés?

― Sé que no lo harías, pero ese chico estaba borracho y era mucho mayor
que tú. ¿Crees que podría haber vivido conmigo mismo si te dejaba con él? ¿Y
si hubiera intentado forzarte? ¿Habrías sido capaz de luchar con él?

No sabía qué decir. No, no habría podido luchar con Nick. Él era un buen
pie y medio más alto que yo y al menos sesenta libras más pesado. Y además
estaba borracho. Sabía que debería estar agradecida con Will por vigilarme,
pero mi orgullo no lo permitiría.

― Lo siento, Lilly.



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Eché un vistazo a Will entonces y noté el dolor grabado en su rostro.

― ¿Lo sientes por qué? ―susurré, esperando no oír las que sabía que serían
sus siguientes palabras.

― Lo siento por besarte. Si no lo hubiera hecho, todo sería normal de nuevo.

No podía haberme dicho nada peor en ese momento. Pareció como si sus
palabras rasgasen mi corazón en un millón de pequeñas piezas dentro de mi
pecho. ¿Cómo podía mancillar el más bonito de mis recuerdos? Un momento
tan perfecto que fue casi como un sueño. Quería llorar y gritar, y golpearle
internamente, una pizca de su vida por lo que había hecho. Pero, terminé
sentada allí, llorando silenciosamente hasta que paró delante de la caravana de
mi madre. Salí del coche y corrí dentro tan rápido como pude. Me acurruqué en
mi cama y terminé llorando hasta dormirme

La mañana siguiente Cora irrumpió en mi habitación con una mirada
salvaje de preocupación que nunca le había visto antes.

― ¡Oh, gracias a dios! ―arremetió contra mí y me abrazó tan fuerte que
estaba segura de que tendría moretones al día siguiente.

― Vaya, mamá. Me haces daño. ―gruñí intentando quitármela de encima.
Finalmente me dejó sentarme en la cama― ¿Qué pasa?

― Cogí el final de un reportaje de noticias en la televisión. Ese chico con el
que saliste anoche murió en un accidente. Encontraron su coche en el lago pero
aún no han encontrado su cuerpo. Juro por dios que nunca había estado tan
asustada en mi vida. No te oí entrar anoche y no te puedes imaginar lo que ha
pasado por mi cabeza.

Así que, el Destino había golpeado de nuevo. Sólo que esta vez había
quitado otra vida que no era la mía. ¿Había muerto Nick por mi culpa? No
estaba segura. ¿Y por qué parecía como si Will siempre fuese un paso por
delante del Destino? ¿Era mi ángel de la guarda personal o mi talismán de mala
suerte?

El siguiente año de instituto fue una tortura para mí. Casi todos los días
tenía que ver a Will y Jessi actuar como la pareja perfecta en la escuela. Estuve
muy contenta cuando el curso terminó y ambos se fueron a la universidad. Jessi


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acabó yendo a Cornell y Will decidió quedarse cerca de casa e ir a Southeartern.
Siempre lo encontré raro. Me imaginaba que Will querría ir a Harvard o algo
así. Él era súper inteligente. Podía haber ido a dónde quisiese. ¿Por qué se había
decidido por una universidad estatal tan cerca de casa?

***

Después de soltarle la historia de mi vida a Brand, le conté mis sospechas
sobre la inexplicable conexión de Will con las ―salvada por los pelos‖ que había
tenido en mi vida. Nunca le había contado esa parte a nadie, ni siquiera a Tara.

― Incluso esta noche, ―dije― si él no te hubiera obligado a acelerar, ahora
estaríamos debajo de ese avión. Es casi como si supiese lo que iba a pasar.

Brand estuvo en silencio durante mi posiblemente incoherente diatriba,
pero yo podía sentir la tensión en su cuerpo y la sensación de humo sombrío
que mi diatriba había infligido en él.

― Creo que tenemos que llevarte a casa. ―dijo él finalmente acunando mi
cara manchada de lágrimas entre sus manos.

Me besó en la frente como si sus labios pudieran borrar mis malos
recuerdos y me ayudó a volver a su coche.

El camino de vuelta a mi apartamento fue en un mutuo silencio. Yo no
tenía la energía para entablar una conversación normal y educada, y
aparentemente Brand estaba en el mismo estado de ánimo.

Cuando nos detuvimos delante de mi apartamento, Tara salió
precipitadamente por la puerta y voló hasta mis brazos mientras salía del coche.

― Oh, dios mío, estaba muy preocupada porque estuvieses en la autopista.
¿Has oído sobre ese accidente de avión? Es de todo lo que hablan en la
televisión.

Brand explicó que lo habíamos visto estrellarse y le dijo a Tara que yo aún
estaba bastante afectada por ello.



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― Vamos, chica, prepararé un poco de chocolate caliente y galletas. ―Tara
puso su brazo alrededor de mi cintura y se giró hacia Brand― ¿Te gustaría
entrar, cariño?

― No, debería volver a casa. Lilly debería descansar. ―Brand me miró e
intentó sonreír, pero yo podía ver la preocupación en su rostro― Te veré
mañana en el almuerzo.

Asentí con la cabeza y seguí a Tara acompañándola al apartamento.

Tara prácticamente me ordenó ir a tomar una ducha caliente y ponerme mi
pijama de felpa. Cuando volví al salón, podía oler a galletas de chocolate recién
horneadas y chocolate caliente esperándome.

― ¿Sobre qué crees que Brand quiere hablar con Will? ―preguntó Tara
poniendo un plato de galletas delante de mí en la encimera que funcionaba
como un divisor natural separando la cocina del salón.

― ¿Qué te hace pensar que quiere hablar con Will? ―pregunté perpleja.

― Cuando estabas en la ducha volvió y me preguntó dónde vivía Will, pero
todo lo que dijo cuando le pregunté por qué quería saberlo fue que tenía que
hablar sobre algo con él.

Le hablé a Tara sobre la escena fuera del restaurante y el paseo salvaje por
la autopista.

― Bueno, espero que le eche a Will una buena reprimenda. ― Tara lanzó el
molde donde había cocinado las galletas en el fregadero― ¡La próxima vez que
le vea eso es exactamente lo que conseguirá de mí!

No sentí el contarle a Tara que el comportamiento demente de Will
probablemente me había salvado la vida.

Otra vez.

De hecho sabía que tendría que hablar con Will yo misma y descubrir por
qué siempre estaba salvándome, o al menos eso era lo que parecía.





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Capitulo 4
Traducido por Izzi
Corregido por MewHiine

l día siguiente para el almuerzo, fui a la terraza común y esperé a
Brand. Me senté allí sola durante unos quince minutos antes de
que uno de los guardias de seguridad del campus me encontrase
― ¿Eres Lilly Nightingale? ―preguntó bruscamente.

― Sí.

― Toma. ―me dio un trozo de papel y se marchó en silencio.

Abrí la nota. No era la escritura de Brand pero era de él.

Lo siento. No me es posible ir a almorzar hoy. Recuérdame que coja tu número de
móvil la próxima vez que te vea.

Con amor, Brand.

Estaba decepcionada porque no podría verle esa tarde y me preguntaba
cuánto tiempo tendría que esperar antes de verle de nuevo. Lo único que
salvaba la nota era la forma en que estaba firmada.

Después de tirar las sobras de mi almuerzo, comencé a caminar hacia el
edificio de ciencias para trabajar en una presentación PowerPoint que el doctor
Barry necesitaba para una reunión en New Orleans la semana siguiente.
Mientas giraba la esquina del edificio común, vi a Tara de pie en frente de un
hombre que no había visto nunca antes. Tenía un look rastafari con la cabeza
llena de rastas, gorro de lana y ropa colorida al estilo hippie. Le vi darle una
pequeña bolsa hermética con algún tipo de polvo blanco dentro. Rápidamente
ella metió la bolsita en su bolso y le dio dinero. Se separaron sin decirse ni una
palabra el uno al otro.

No creo que me moviese durante al menos cinco minutos. ¿Había visto lo
que creía que había visto? ¿Tara había comprado una bolsa de cocaína? ¿Qué
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otra cosa podía ser? ¿Qué otra cosa compras de un hippie que tiene forma de
polvo blanco y requiere un intercambio silenciosode dinero? Sabía que la madre
de Tara había sido adicta a las drogas, y sabía que algunas adicciones podían
ser hereditarias. Pero, el pensamiento de que Tara siguiera el mismo camino de
su madre me aterró.

El resto de la tarde todo lo que podía pensar era haber visto a Tara
comprando drogas. ¿Qué debería hacer? Tenía que hacer algo. ¿Debería llamar
a Utha Mae y pedirle consejo? ¿Y a mi madre? ¿Sería ella de alguna ayuda en
una situación como esta?

Mientras volvía al apartamento, había decidido un rumbo de acción.

Tara estaba en el apartamento cuando llegué a casa, cocinando huevos y
salchichas para la cena. Había un jarrón con lo que parecían dos docenas de
rosas rojas reposando en la encimera de la cocina.

― Hola. ―Tara me sonrió y señaló las flores― Creo que Brand envió eso. Lo
trajeron y no he mirado aún la tarjeta.

Solté mis libros y busqué la tarjeta. No eran de Brand.

Lamento haberte asustado anoche. Espero que puedas perdonarme.

Tuyo siempre, Will.

― ¿Son del Señor Maravilloso? ―preguntó Tara, sirviendo huevos revueltos
en dos platos.

― No. ―dije poniendo la tarjeta de nuevo en el sobre y metiéndola en mi
bolsillo trasero.

― ¿Entonces de quién son? ―preguntó Tara― ¿No tendrás otro novio del
que deba saber?

― En realidad no importa de quién son. ―dije exasperada― Ahora tú y yo
tenemos que hablar de algo mucho más importante.

La frente de Tara se arrugó con preocupación.
― ¿Qué pasa? ¿Ha ocurrido algo hoy?



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― Sí, ha ocurrido algo hoy. ―sabía que mi voz casi era gritona pero no
podía hacer nada― Te vi comprando drogas durante el almuerzo. ¡Eso es lo que
ha ocurrido hoy!

El rostro de Tara palideció. Nunca la había visto parecer tan incómoda en
su vida.

― Tienes que olvidar lo que viste, Lilly Rayne Nightingale. No quiero
hablar de ello. ―me tendió un plato con huevos y salchichas como si pensase
que eso marcaría el final de la conversación.

― ¿Has perdido la cabeza? ―pregunté histéricamente― ¿Quieres que olvide
que mi mejor amiga está tomando drogas? Bueno, ¡pues eso no va a pasar!
―estampé el plato en la barra de la cocina casi derramando el contenido en el
suelo.

― Lilly, tienes que calmarte, chica. No estaba comprando drogas.

― Dame un respiro, Tara. ¿Qué otra cosa compras de un tipo en la calle que
tiene la forma de un polvo blanco?

― Déjalo… correr…

― Voy a llamar a Utha Mae. ―me dirigí al teléfono que teníamos en la
cocina.

Tara me lo quitó.

― ¡Tú no vas a hacer nada!

― Entonces habla conmigo, Tara. ¿Por qué no debería intentar conseguirte
ayuda? Tú harías lo mismo por mí, si se cambiaran las tornas.

Tara suspiró con resignación y caminó hacia el salón para recuperar su
bolso. Sacó la bolsita hermética y me la tendió.

― Mira por ti misma, no es cocaína. Pruébalo si quieres.

Miré al contenido de la bolsa y noté que no era exactamente polvo blanco
como había creído en la distancia. Eran más como trozos de alguna clase de


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material blanco que se parecía a la tiza. No tenía idea de cómo sabría la cocaína,
pero queriendo saber lo que había comprado, rompí un trozo pequeño entre
mis dedos y lo puse en mi lengua. Bueno, era terroso, con una suave textura de
tiza, que inmediatamente me comenzó a atragantar. Fui al fregadero y lo escupí.

― ¿Qué demonios es esa cosa? ―pregunté después de lavarme la boca y
eliminar cada pizca de mi lengua― ¡Sabe a tierra!

― Es tierra.

― ¿Tierra? ¿Como la tierra del suelo?

― Sí.― ella embutió la bolsita otra vez en su bolso― Ese tío va a su casa en
Alabama una vez al mes y trae la tierra para venderla.

― ¿Por qué querrías comer tierra?

Tara se encogió de hombros.

― No lo sé. Para mí sabe bien.

― ¿Cuándo empezaste a comer tierra? ―nunca en mi vida había visto a Tara
comer tierra. Nunca.

― Vi a una chica comiendo en el edificio común el otro día y me dejó
probarla. Creo que ahora soy adicta a ella. ―dijo Tara completamente
disgustada, una expresión que raramente había visto en la cara de Tara.

Podría decir que estaba avergonzada por haber encontrado su nueva
pasión en comer tierra. Así que no la presioné. Lo dejé pasar como ella me había
pedido antes, pero archivé la información para una tentativa posterior.

Mientras estábamos limpiando la cocina, sonó el teléfono. Tara contestó.

― Bueno, hola, Señor Maravilloso, ¿qué pasa? ―Tara alzó la vista hacia mí y
articuló la palabra ―Brand‖, como si ya no lo supiera. ¿A qué otro se dirigía ella
como Señor Maravilloso?

Lo que fuera que él dijo la hizo reír y me tendió el teléfono.



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― Hola, te eché de menos en el almuerzo. ―le dije.

― Sí, de verdad lo siento por eso. Tenía que ocuparme de algo importante.
De hecho, probablemente tampoco estaré en la escuela mañana. Así que,
esperaba que fuese posible ir a verte un rato esta noche. ¿Está bien?

La incertidumbre esperanzada en su voz me hizo sentir como si yo fuese
alguien importante, al menos para él.

― Realmente me gustaría. ―le dije dejándole oír el anhelo de mi corazón y
así él entendería que no lo estaba diciendo solo por educación.

― Vale, estaré allí en unos minutos. No puedo esperar a verte, Lilly.

― Hasta luego. ―colgué el teléfono.

Me puse de pie lentamente intentando ponerme de acuerdo con el hecho de
que Brand me gustaba de verdad. Tardé unos pocos segundos en darme cuenta
de que Tara me miraba fijamente.

― ¿Qué? ―pregunté limpiándome la cara― ¿Tengo algo?

― Ajá. ―dijo ella cruzando los brazos con una sonrisa de autosatisfacción en
su cara― Creo que podría ser amor.

― Oh, por favor. ―dije sintiendo mis mejillas enrojecerse― No nos
conocemos lo bastante bien como para que sea amor.

― ¿No has oído del amor a primera vista?

― Tara. ―me estaba avergonzando completamente― Para. No puede ser
amor.

― ¿Y por qué no?

― ¡Porque apenas nos conocemos el uno al otro! Sí, me atrae
extremadamente y parece que me gusta, pero no puedes decir que quieres a
alguien basándote en eso.



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― Bueno, creo que es hora de que te enamores de alguien, chica. Esta vez de
alguien que realmente se lo merezca.

No podía discutir con ella. Sabía que Will ya no merecía mi cariño, ¿pero
cómo dejas de amar a alguien que has amado toda tu vida?

Brand llegó al apartamento en pocos minutos. Había adquirido la última
película de acción que había salido en DVD para que la viésemos. Nos
sentamos juntos en el futón con su brazo rodeando mis hombros y conmigo
inclinada sobre su costado, maravillándome de lo bien que quedábamos juntos.
Tara nos hizo palomitas y se sentó en la mecedora enfrente de nosotros.

Si alguien me hubiera preguntado, no podía haberle dicho lo que estaba
pasando en la película. Todo en lo que podía pensar era Brand. Cómo olía,
cómo se sentía, como sus risitas durante la película me hacían sentir feliz en mi
interior. Él era como el hombre de los sueños de toda chica presentado en una
sola persona. ¿Por qué no debería enamorarme de alguien como Brand? ¿Qué
podría ser más natural?

En algún momento, durante la película, Tara se levantó. Pensé que iba al
baño, pero antes de darme cuenta, había un ruido de golpeteo fuerte como un
martillo sobre cemento viniendo de la mesa de la cocina. Brand y yo echamos
una ojeada y vimos a Tara golpeando su bolsa de tierra contra la parte superior
de la mesa.

― Rompiendo los grumos. ―respondió ella continuando el balanceo de la
bolsa hermética sobre la mesa como una loca. Una vez que finalmente rompió
los trozos grandes al tamaño que quería, volvió a la mecedora y se sentó como
si su comportamiento hubiera sido completamente normal.

Notó que Brand y yo aún la mirábamos mientras se comía un trozo de su
tierra.

― ¿Queréis un poco? ―nos preguntó, sosteniendo la bolsa.

― ¿Qué es? ―Brand parecía más intrigado que atónito por el extraño
comportamiento de Tara.

― Es tierra. ¿Quieres probarla?



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― No creo que quieras. ―avisé a Brand.

Él se inclinó hacia delante y tendió su mano hacia Tara. Ella cogió un trozo
pequeño de tierra y lo puso sobre la palma extendida de él. No estoy segura de
si ella cogió un trozo pequeño de tierra porque no quería que Brand también se
atragantase mucho o porque ella era una tacaña con su nueva adicción.

Brand lo explotó en su lengua y masticó.

― No está mal. ―dijo tragando lo que ella le había dado― Pero las he
probado mejores.

― ¿Lo hiciste? ―preguntamos Tara y yo al unísono.

No estoy segura de cuál de las dos estaba más sorprendida.

― Te compraré un poco. Puedes conseguirla online. Hay un sitio en Georgia
que la vende al peso.

― ¿Así que, de hecho te gusta? ―pregunté, completamente confusa de por
qué alguien querría comer esas cosas.

― Personalmente, no es algo que compre. ―explicó Brand― Pero he
conocido gente que la come como base diaria. La geofagia no es tan rara como
puedas pensar, especialmente aquí en el sur.

― Geofagia. ―Tara rodó la palabra por su lengua― Bueno, eso suena mejor
que ―come—tierra‖.

Tara me sonrió con una mirada traviesa en los ojos.

― Chica, si tú no te enamoras de él, yo podría. ―declaró ella, mientras
explotaba otro trozo de tierra en su boca.

Creía que iba a morirme de la vergüenza en el sitio. Miré a Brand y vi que
de hecho también estaba ruborizado. Se volvió a sentar en el futón y retomamos
nuestra postura previa.




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Para cuando la película acabó, eran casi las nueve de la noche. Brand dijo
que debería irse y salí con él hasta su coche.

― Gracias por venir y traer la película. ―le dije de pie delante de él cuando
se reclinó contra la puerta del conductor de su Porsche.

― Me estaba preguntando, ―dijo inclinando la cabeza a un lado mirándome
con esa expresión de incertidumbre que a veces tenía cuando me hablaba― ¿Es
demasiado pronto para invitarte a mi casa?

― ¿Cuándo?

― ¿Qué tal mañana después de que salgas de la escuela? Te recogeré.

― No, dime la dirección e iré con Google Maps.

― ¿Estás segura? No me importa venir a recogerte.

― No, no estoy segura de cuándo terminaré de hacer lo que el doctor Barry
quiera mañana, y preferiría ir directa desde allí.

― Mi casa está en el número 1921 de Walking Horse Lane. Verás el buzón al
abandonar la autopista. Es bastante fácil de encontrar. Hay unas dos millas
conduciendo desde el camino de entrada, así que no pienses que hiciste un giro
equivocado o algo así. ―se inclinó sobre mí y me besó en la mejilla― Llámame
antes de dejar al doctor Barry y así sabré cuándo esperarte.

Brand sacó un trozo de papel de su bolsillo trasero que ya tenía escritos los
números de teléfono de su casa y de su móvil.

― ¿Tienes un número de móvil? ―preguntó.

― No, ahora es demasiado caro para mí.

Dudó durante un momento como si quisiera decir algo más pero pensase
que mejor dejarlo.

― Vale, bien, te veré mañana. ―dijo entrando en su coche.



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Le vi alejarse. No quería que se fuera. Me costó todo de mí no llamarle para
que volviese.







































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Capitulo 5
Traducido por Katiliz94
Corregido por MewHiine

l día siguiente lo sentí como si nunca fuese a terminar. Biología y física
solo fueron lo mismo sin la presencia de Brand. La clase de Inglés fue
casi intolerable con Nora haciendo todo tipo de preguntas sobre él,
haciéndome pensar en él incluso más de lo que ya lo hacía.

— ¿Por qué quieres saber tanto sobre su novio? —Tara preguntó a Nora. —
No es como si él estuviese pidiéndote salir.

Seriamente pensé que la cabeza de Nora iba a explotar su cara al ponerse
tan roja con indignación. —No veo que sea problema tuyo, Tara Jenkins.

—Chica, ¡mejor retíralo! ¡No me obligues a quitarme los pendientes!

— ¿Qué se supone que quiere decir eso? —Preguntó Nora completamente
perdida.

Poco sabía Nora que Tara estaba lo suficiente irritada para amenazarla con
la advertencia de ―quitarse los pendientes‖.

Pronto aprendí que nunca quieres escuchar esas palabras venir de una
mujer negra porque literalmente quiere decir que va a quitarse los pendientes y
una gran pelea está por llegar.

Afortunadamente para Nora, la Sra. Connor vino al cuarto antes de que
Tara pudiese mostrarle lo que su verdadera declaración significaba.

El final del día llegó. Eran alrededor de las 4:30 cuando llamé a Brand para
contarle que estaba en camino,

—Conduce con seguridad y ten cuidado de las personas, —me dijo.

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El viaje a casa de Brad tomó alrededor de 30 minutos, lo cual eran 20
minutos más de lo que debería. El tráfico era más pesado desde que era una
tarde de viernes. Muchos de los estudiantes estaban dirigiéndose a casa y otros
estaban comenzando la temprana juerga de fin de semana. Por el camino, pasé
el lugar donde el avión se había estrellado contra la carretera. Ver las marcas de
quemaduras en la acera, trajo lágrimas a mis ojos. ¿De alguna manera había
causado la muerte de dos personas más?

Había evitado las noticias tanto como fue posible los últimos días pero el
asunto del avión estrellado era todo sobre lo que todos querían hablar en el
colegio. ¿Y por qué no? ¿Con cuánta frecuencia los aviones se estrellan en áreas
populares?

Aprendí mediante la charla de mis compañeras del colegio que la pareja
que murió en el avión estrellado acababa de salir de su luna de miel. La FAA
dijo que hubo un fallo técnico poco después de despegar, el cual causo al avión
perder la altura. Imagino que debería haber sentido alivio de que hubiese una
razón física, pero aún no podía evitar sentir como si el universo estuviera en mi
contra.

Seguí el mapa que descargué de internet dándome las direcciones exactas
hasta la casa de Brand. La carretera no era difícil de encontrar incluso a pesar de
que estaba en un área densamente forestal. Recordé mirar en el satélite la
imagen de la casa de Brand online y notar que había solo una casa cerca de la
suya en el lago. Me preguntaba cuanta tierra había comprado Brand. Tenía que
haber sido al menos 100 acres.

Una milla y media de bajada de la carretera vi lo que se supone que es la
casa de la prima de Brand. Obviamente una vez había sido una granja, pero la
transformación era impresionante. Estaba hecha de cedro con un tejado de tejas
verde—grisáceas y dos ventanas abohardilladas con vistas al porche delantero.
En realidad no se parecía más a una casa que a una habitual granja.

La casa de Brand estaba a otra media milla al bajar la carretera. Era una
gran casa de cipreses grises con un tejado verde oscuro de hojalata y
correspondientes persianas en las ventanas. Había un porche envuelto con
mecedoras y perchas colgando de macetas de plantas, llenas con una variedad
de vegetación y flores de todos los colores. El patio estaba impecablemente
cuidado con altos crepe mirtos, espinosos arbustos y un asfalto circular en la


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entrada de enfrente. Vi el coche de Brand y el amarillo dorado McLaren
Mercedes Benz aparcado en frente de la casa.

Tan pronto como apagué el motor, la puerta del frente se abrió y Brand dio
un paso afuera para darme la bienvenida.

—Pensé que nunca llegarías aquí, —dijo dentelleándome con una sonrisa y
besándome castamente en la mejilla.

— ¿El tráfico era malo?

—Había un montón de personas en la carretera saliendo del colegio para el
fin de semana.

—Espero que estés hambrienta. —Tomó mi mano y me escoltó hasta su
casa.

El interior de la casa era acogedor. La primera planta tenía un suelo de
planta abierta con unas ligeramente manchadas paredes de cipreses y expuestas
vigas de techo. Mientras entrabas desde la puerta del frente, había una escalera
a la derecha liderando la segunda planta y una zona de buhardilla visible desde
la primera planta. A la izquierda estaba la sala de estar con una pared de cristal
mirando fuera hacia el lago con una hermosa chimenea de rocas de rio en el
centro. Tres sofás de ligero cuero marrón estaban situados enfrente del otro
delante de la chimenea. Había una lámpara de araña hecha de astas de ciervos
colgando del techo de catedral. De lo que pude ver, había varias cabezas de
ciervos rellenos montados en torno a las paredes del salón. Había una
inconfundible cabaña de caza al sentir el lugar que no había esperado de Brand.

—Compré el lugar completamente amueblado, —me dijo, viendo mis ojos
vagar alrededor de la primera planta. —Aparentemente eran grandes en la
caza.

—Es acogedor. En realidad de algo de ese tipo, —admití.

—Vamos. Quiero presentarte a Abby.

Pasamos el área del comedor y la gran cocina por las puertas Francesas las
cuales conducían fuera a una terraza con dos blancos y aparentemente cómodos
sofás exteriores al otro lado de una fogata encendida.


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Abby estaba sentándose al estilo Indio en uno de los sofás silenciosamente
rasgando las cuerdas de una guitarra. Ella era pequeña e inmediatamente me
recordó a una elfa con sus ligeramente puntiagudas orejas y el corto pelo negro.

Ella levantó la mirada hacia nosotros con unos vibrantes ojos verdes y
sonrió. Dejando la guitarra en el sofá saltó hacia arriba y me dio un inesperado
abrazo de bienvenida.

— ¡Estoy tan contenta de conocerte al fin! —Su voz incluso sonaba como la
que imaginaba que debía sonar la de una elfa, toda alegre y musical con un
acento Británico como el de Brand.

—Todo sobre lo que ha estado hablando Brand esta semana es de ti, —dijo.

—Lo siento, —repliqué. —Espero que no te aburriese hasta morir.

Ella rió. ¿Cómo era posible reír y tener que sonar como campanillas de
viento? Inmediatamente me gustó Abby.

Brand nos escoltó de regreso a la casa e insistió en que Abby y yo nos
sentásemos en la mesa mientras nos servía la cena. Si había una cosa que
pudiese apreciar, era un hombre que pudiese cocinar. Yo era terrible para eso.

Ese es el por qué Tara ha estado puesta al cargo de toda la cocina entorno al
apartamento.

Para la cena, él preparó lomo de carne salteado con champiñones, cebolla,
pimientos dulces y rematados con una salsa de champán. A un lado había
ensalada y también pan recién horneado. Desde que era menor de edad, bebía
té dulce pero Abby y Brand tenían una copa de vino blanco con la comida.

Durante la cena Abby me hizo todo tipo de preguntas. Actuaba como si
quisiese saber todo sobre mí, lo cual no era mucho o demasiado interesante,
pero para ella era como un territorio desconocido. Al final de la comida ambos,
ella y Brand, sabían tanto de mí como yo. Aunque, ella vino con una pregunta
la cual me hizo retorcerme.

— ¿Quién fue el primer chico al que besaste?


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Pude sentir los ojos de Brand en mí a la espera de mi respuesta. Miré a
Abby y dije, —Uno de mis mejores amigos con los que crecí, sin embargo ahora
me arrepiento de lo que ocurrió.

Abby se sentó en la silla con la copa de vino sosteniéndola en sus manos,
estudiando mi cara con cuidado. — ¿Por qué te arrepentirías de tu primer beso?
¿Era un completo cretino?

—Eso terminó nuestra amistad. —Era doloroso decir las palabras en voz
alta pero extrañamente terapéutico. Contar a unos completos extraños uno de
mis mejores y subsiguientemente peores recuerdos era casi como purgarme de
una mancha en el corazón. Si podía contar algo extraño que me afectó tanto en
el último par de años, seguramente estaría lista para continuar con mi vida.
Levanté la mirada hacia Brand y me pregunté si había venido a mi mundo justo
en el momento adecuado. Quizá ahora era el momento para poner mi pasado
atrás y moverme hacia delante.

—Creo que quizás ya has interrogado a Lilly bastante por una noche, Abby,
—dijo Brand mientras comenzó a limpiar la mesa.

Cogí mi plato para ayudar pero Brand nos ahuyentó a Abby y a mí al
exterior mientras se encargaba de la limpieza.

Cuando salimos al exterior, Abby volvió a coger la guitarra y comenzó a
tocarme una canción que dijo que escribió ella misma.

—Sabes, —dijo después de tocar su canción, rasgando las cuerdas de la
guitarra suavemente. —Nunca he visto a Brand tan emocionado por alguien
antes. —Me miró y sonrió. —Me gusta verle de esa forma. Tenía la esperanza
de que las cosas funcionasen entre vosotros dos.

—Eso es muy amable por tu parte. Imagino que sólo tendremos que ver a
donde conducen las cosas, —me encogí de hombros. —No hemos sabido el uno
del otro durante mucho tiempo.

—Bueno, puedo asegurarte de que prácticamente ya es masilla en tus
manos.

Brand salió un poco más tarde con una mochila llena de enormes
malvaviscos, barras de chocolate Hershey y galletas integrales. Él avivó el fuego


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en el foso e hicimos una hoguera. Era una de las noches más perfectas de mi
vida.

Alrededor de las siete, Abby se despidió de nosotros y me dio un guiño y
una sonrisa mientras se iba de regreso a su propia casa al bajar la carretera.

—No hagas nada que yo no haría, —bromeó ella sobre su hombro antes de
dirigirse por la esquina de la casa a su coche.

Brand y yo estábamos finalmente solos. Me tiró más cerca de él en el sofá y
observamos el fuego arder ante nosotros en un completo y contenido silencio.

—Así que, ¿cuántos novios serios has tenido desde Will?

Podía sentir la sangre correr hacia mis mejillas y siendo la persona atenta
que era, Brand lo notó.

—Tienes que estar vacilándome, —dijo con tanto estupor que me
sorprendió. — ¿Will es el único?

Me encogí de hombros con impotencia. —Los chicos en el instituto nunca
mostraron mucho interés en mí.

—Bueno todos deben haber sido ciegos insensatos para no notarte.

La forma sincera en que Brand hizo su afirmación me hizo sentir bien, si
levemente avergonzada. Nunca nadie me había prodigado con atención y total
adoración como con la que él lo hizo tan rápidamente. ¿Exactamente dónde
había estado él hace dos años cuando desesperadamente necesitaba a alguien
como él en mi vida?

Tendí la cabeza contra su amplio hombro y sentí el calor de su piel debajo
de su nítida camiseta blanca.

—Lilly…

Miré hacia Brand esperando que continuara.

— ¿Aún te importa Will?



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Su pregunta me cogió fuera de guardia. Me recosté contra él e intenté
rápidamente clasificar a través de mis sentimientos por Will antes de responder.

—Siempre me preocuparé por él, —dije. —Crecimos juntos. Hay una
conexión ahí que nunca se romperá.

—Eso no es realmente lo que estaba preguntando, —dijo Brand levemente
frustrado pero aún paciente. — ¿Aún te preocupas por él románticamente, es lo
que quiero decir?

¿Lo hacía? Había soñado tantas veces en los pasados últimos años en Will
siendo el único con el que eventualmente podría casarme, con el que tener
niños y compartir mi vida. Incluso cuando estaba siendo un completo idiota,
tenía la esperanza de que el Will del que me había enamorado podría regresar a
mí un día. Pero, ¿cuentas a tu nuevo novio ese tipo de cosas?

—Sinceramente, no lo sé, Brand, —pude ver su decepción controlada. —No
quiero sentarme aquí y mentirte al decir que aún no tengo algunos sentimientos
por él. Pero, te has dado cuenta de que he conocido a Will toda mi vida y a ti
durante solo una semana. Una gran semana, —le sonreí con desenfadada
alegría. —No puedo siquiera decirte la última vez que me he sentido feliz.

—Entonces, ¿tengo una oportunidad?

—Más que una, —dije tendiéndome contra su hombro una vez más.

Mis ojos se dirigieron por la hoguera hasta el bosque rodeando la casa de
Brand. Podía ver las pequeñas motas de luz volando por este camino y ese en el
espeso follaje.

— ¿Esas son luciérnagas? —Pregunté sentándome un poco más recta,
intentando centrarme en las pequeñas luciérnagas.

— ¿Te gustaría ir a verlas? —Me preguntó.

Asentí y él tomo mi mano conduciéndome fuera del bosque forestal. Nunca
había visto luciérnagas tan de cerca antes.

Cuando nos acercamos, ahuequé una de mis manos y observé su pequeña
cola iluminar sus plumas. La mosca se cernía entorno a mí y pronto aterrizó en


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mi mano. Antes de darme cuenta, ahí debían haber estado una centena de
luciérnagas por todo mi cuerpo. Imaginé que parecía un árbol de navidad.

Miré a Brand. — ¿Qué estás haciendo?

El negó con la cabeza con asombro. —He visto muchas cosas, pero nunca
he visto que esto ocurría antes. Son atraídas por ti por alguna razón.

Traté de pensar en lo que podría tener lo cual podría atraer a las
luciérnagas. No estaba llevando algún perfume así que eso estaba fuera de las
preguntas. Quizá era mi jabón de baño o el detergente. Cualquiera que fuese la
razón, estaba pasándolo bien viendo mi propia legión de insectos seguir cada
movimiento mío.

—Siento interrumpir…

Salté ante el sonido de la extraña voz femenina y las luciérnagas se
dispersaron de regreso al bosque.

Brand giró la cabeza para mirar a la intrusa en nuestra diversión pero no
parecía sorprendido por la intrusión.

Miré hacia la hoguera de fuego y vi a la mujer a la que pertenecía la voz.
Ella era alta con el pelo corto rubio y vestía un ajustado vestido de piel rojo. Sus
tacones eran tan altos que me imaginé intentando caminar en ellos y
rápidamente me visualicé tropezando y rompiéndome el cuello.

—Hola Izzi, —llamó de regreso Brand a la mujer. Tomó mi mano y me
escoltó de regreso para saludar a su nueva invitada. —Veo que recibiste mi
mensaje.

—Sí, —dijo ella mientras llegábamos a permanecer al otro lado de la
hoguera de fuego de ella. —Vine tan pronto como pude.

Pude sentir los ojos de Izzi en mí. Viajaron de mis pies a mi pelo en una
rápida y evaluante manera la cual me hizo sentir como si estuviese siendo
juzgada. Me sentí incomoda bajo su escrutinio especialmente desde que sólo
estaba vestida con vaqueros azules, zapatillas y una camiseta con botones.



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—Lilly, Izzi y yo tenemos algunos asuntos que necesitamos discutir. ¿Te
importaría esperar en la casa mientras hablamos?

—En realidad, creo que debería regresar a casa.

—Está bien.

Estaba un poco decepcionada de que Brand no se opusiese más o peleara
para a hacer que me quedase, pero no me sentía cómoda esperando en la casa
mientras él hablaba tanto con la Sr. Querida del Año.

Brand caminó hacia mi coche y prometió llamarme al día siguiente para ver
si estaba libre para otra cita. Me dirigí a mi coche y me marché preguntándome
qué tipo de negocios tendría Brand con alguien como Izzi.

Nunca es una buena señal cuando la radio de tu coche se apaga
completamente por si sola y las luces comienzan a parpadear y se apagan. Tuve
bastante tiempo para salir al lado de la sucia carretera antes de que el coche
muriera completamente debajo de mí. Maldiciendo bajo mi aliento, salí del
coche e intenté decidir por qué camino caminar. Mirando alrededor, pude ver
las luces brillando a través de los árboles de pino no lejos de donde estaba de
pie. Tenía que estar en casa de Abby.

Era de un tono negro al exterior. Después de un momento de tropezar en
torno a la oscuridad, finalmente llegué a su puerta delantera. Podía escuchar la
melodía de la música clásica tocándose dentro. Golpeé en la puerta principal de
madera y esperé una respuesta. Cuando nada vino, me asomé al interior de una
de las ventanas para ver si podía verla. Sin ver a nadie, examiné la puerta y
encontré que estaba desbloqueada. Cruzando el umbral tentativamente, grité —
¡Abby!

La música era mucho más alta en el interior de la casa. El interior de la casa
de Abby era igual que ella: abierto y lleno de alegría. Habían puesto la pared
seca en el interior la cual estaba pintada de beige. Los muebles estaban
completamente ajustándose a un viejo hogar de estilo country con un
guingánrosa y blanco siendo los principales colores utilizados. El tejado
aparentaba ser el techo original de la granja pero había sido teñido y barnizado
con un brillo satinado. Había una escalera circular de hierro negra la cual
conectaba la primera planta con el segundo rellano. Pude ver la zona del desván


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ya que las paredes no habían sido erigidas en la segunda planta para esconderla
de la primera. Parecía que era el dormitorio de Abby.

No estoy segura de qué música estaba sonando por toda la casa pero era
tan hermosa que completamente me puso cómoda. Aún no podía ver a Abby
por ningún lado pero vi lo que parecía un conjunto de escaleras dirigiéndose al
sótano. Era probablemente donde ella estaba ya que no había escuchado mi
golpe o llamarla por su nombre.

Caminé al frente de las escaleras que estaban justo al lado del área de la
cocina. Estaba a punto de dirigirme a ella cuando escuché lo que sonó como un
gruñido. No era como el gruñido de un perro exactamente sino más como lo
que podría imaginar haciendo a un oso. La siguiente cosa que escuché fue un
par de pies corriendo por el suelo del sótano en mi dirección. Con sólo unos
pocos instantes, vi a Rose Marie correr hacia arriba de las escaleras hacia mí
como alma que lleva el diablo.

— ¿Qué estás haciendo aquí? —Demandó bruscamente

Fui tomada, un poco, por sorpresa ante su tono. ¿Había hecho algo malo?

—Sólo estaba buscando a Abby, —dije tratando de justificar mi
interrupción al no ser invitada. Con certeza no era algo que normalmente
podría hacer pero esto era una emergencia. —Mi coche se averió. —Estaba
esperando que ella pudiese echarme una mano.

Rose Marie me tomó bruscamente por el brazo y prácticamente me arrastró
hacia la puerta. —Llamaré al Sr. Cole y le diré que te pase a buscar. Sólo
deberías esperar al lado de tu coche.

Antes de que pudiese decir algo más, fui depositada fuertemente en el
porche de Abby con la puerta cerrada de un golpe detrás de mí.

¿Qué diablos acababa de ocurrir? ¿Por qué Marie Rose había sido tan ruda
y qué demonios había hecho ese ruido de animal en el sótano de Abby?

Tropecé de regreso con mi coche y esperé a Brand. Sólo tomo unos pocos
minutos antes de que viese las luces de su Porsche al venir rodando abajo por la
carretera.



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—Hey, —dijo, — ¿Qué ocurrió?

Le conté los síntomas del problema de mi coche.

—Probablemente el alternador, —pronosticó. —Vamos, te llevaré a casa.
Carl casi puede resolver cualquier cosa. Le tendré que ver por la mañana.

Subí a su coche. Cuando llegamos al final de su calzada y emergió en la
carretera, se volvió hacia mí y preguntó, — ¿Algo más está mal? Estás
extrañamente callada.

—Creo que hice algo que no debía, —admití. —Rose Marie realmente
estaba enfadada cuando me vio dentro de la casa de Abby.

—No te preocupes. No hiciste nada malo, —dijo tranquilizadoramente. —
Hiciste lo que cualquier persona normal haría en tu situación.

Me senté silenciosamente por un momento, insegura de si debería hacer mi
siguiente pregunta. Pero la curiosidad obtiene lo mejor de mí.

— ¿Mantiene Abby un oso en el sótano?

Brand se rió entre dientes. — ¿Un oso? ¿Por qué podrías preguntar eso?

—Escuché algo que sonaba como un oso ahí abajo.

—Probablemente sólo era la televisión. Tiene un proyector de televisión ahí
abajo.

—Oh. —Percibí que Brand estaba ocultando algo de mí pero no quise
empujar el tema más allá.

—No vi a Abby. ¿Dónde estaba?

—Probablemente estuviera bañándose desnuda en el lago, le gusta hacer
ese tipo de cosas.

No sabía por qué, pero en ese entonces tenía el sentimiento de que estaba
siendo engañada. No me gustaba.



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Cuando nos detuvimos en frente de mi apartamento, Brand se giró hacia mí
y me tendió algo negro y delgado.

— ¿Te importaría tomar esto para que pueda alcanzarte con más facilidad?
No creo que la seguridad del campus me aprecie usándolas como mi servicio de
mensaje personal el otro día, y me sentiría mucho mejor si tienes una forma de
contactar con alguien si alguna vez vuelves a tener el problema del coche.

Miré al teléfono en mis manos.

—No puedo aceptar esto. Es demasiado caro. —Le devolví el teléfono.

—Por favor, Lilly. Pondría a mi mente a gusto al saber que lo tienes.

—Bueno, al menos déjame pagar el recibo mensual.

—Ok, son 15 dólares al mes.

—No hay manera de que sea así de barato. Tasé estas cosas antes de
comenzar el colegio. Es al menos 70 dólares un mes.

—Por el primer teléfono sí, pero este como el quinto teléfono de mi plan y
solo es 15 dólares al mes.

—Está bien, si eso es todo lo que me vas a dejar pagar, al menos es algo.

Sentí divertido el tomar un teléfono de Brand, pero no podía negar que me
haría sentir segura el tener una forma de contactar con personas en caso de una
emergencia, como la de esta noche.

—Ya he programado mi casa y los números de teléfono dentro para ti.

—Gracias. —Cuando miré a la ventana de mi apartamento, vi a Tara
bostezando ahí de pie, observándonos.

—Ahí esta Tara. Mejor ir dentro y dejarle saber lo que está pasando. Te
llamaré mañana.

—Carl probablemente tendrá tu diagnóstico del coche por la mañana, —
dijo mientras yo salía del coche.


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Le dije que llamaría cuando me despertase al día siguiente.











































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Capitulo 6
Traducido por Emi_93
Corregido por zipzap744

la mañana siguiente recibimos una llamada de teléfono de Utha
Mae que nos hizo sentir a las dos, a Tara y a mí, culpables por
no llamarla la primera semana que estábamos lejos de casa. Para
no decir que Utha Mae confió en nosotras solo por compañía. Ella era muy
activa en su iglesia con su club del acolchado, estudio de la Biblia, y agenda
de visitas semanales. Incluso a pesar de que Tara y yo no somos sus hijas
biológicas, ella aún así nos trataba como si lo fuéramos.

Nos preguntó si teníamos tiempo para venir a una cena temprana el
día siguiente a su servicio en la iglesia. La iglesia de Utha Mae era notoria
porque sus servicios de los domingos duraban al menos tres horas. Yo
había ido un par de veces y siempre los encontraba más divertidos que la
iglesia a la que mi madre iría si le diera por ser más religiosa.

Le dijimos a Utha Mae que estaríamos ahí. Tara soltó que yo tenía un
nuevo novio y, por supuesto, Utha Mae dijo que sería mejor traerlo
también. Intenté decirle que solo habíamos salido un par de veces, pero ella
dijo que eso no importaba. Si yo iba a estar pasando tiempo con alguien
nuevo, necesitaba conocerlo. No traté de discutirle, sobre todo debido a que
uno no discute con Utha Mae; ella siempre termina consiguiendo lo que
quiere.

Tara terminó empujándome a ir de compras con ella en vez de pasar
tiempo con Brand.

—Tú has pasado prácticamente toda la semana con ese hombre. De
todas formas, hay un chico llamado Simon en mi clase de álgebra de la
universidad en el que estoy interesada. Necesito conseguir un atuendo que
grite ―¡Hey, tonto, mírame!‖

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Llamé a Brand y le dije que iba a pasar el día con Tara, pero que estaba
libre por la noche y me comentó que Carl había visto mi auto esa mañana y
que creía que podía tenerlo arreglado para esta tarde. Le pregunté cuánto
iba a costar el arreglo, pero me dijo que no me preocupara por eso. Insistí
en pagar algo.

—Al menos déjame pagar por los recambios. —dije yo, sin gustarme la
idea de que Brand pagara por arreglar mi auto.

—Escucha: si quieres devolverme el favor, puedes hacerme la cena esta
noche.

—Creo que el dinero sería mejor. —traté de convencerlo. —Mi cocina
ha sido comparada a la tortura, por más de una persona, debo agregar.

Pude oír la risa en su voz cuando me preguntó a qué hora venía. Le dije
que a las 6 pm estaría bien, y le advertí que tal vez quisiera detenerse en un
Mc Donald‘s de camino hacia aquí, sólo como plan alternativo.

Cuando le conté a Tara que Brand quería que le cocinara, pensé que iba
a sufrir un ataque de lo mucho que se rió, pero prometió ayudarme. Le
haría mantener esa promesa.

Salir de compras con Tara es casi siempre lo mismo. Ella se mueve en
torno a camisetas sin mangas, shorts en el verano, y sudaderas en el
invierno. Así que, me sorprendí completamente cuando ella quiso llevar un
par de vestidos.

—Este chico debe ser algo especial para ti si está haciendo que uses un
vestido voluntariamente.

Recuerdo a Utha Mae teniendo que prácticamente hostigar a Tara sólo
para pasarle un vestido por la cabeza los domingos por la mañana cuando
éramos niñas. Una vez que creció, Utha Mae utilizó la culpa para hacer que
se vistiera apropiadamente para el Señor.

—Simon es muy conservador. —dijo Tara, buscando entre los vestidos
de la sección de rebajas.—Esa es una de las razones por las que necesito tu
ayuda. Tú eres la chica más seria que conozco.



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No pude discutirle eso. Yo era bastante conservadora. Creo que es
porque mi madre era siempre tan salvaje y liberal. Si tengo que ser honesta,
no quiero ser para nada como ella, no me malinterpreten, quiero a mi
madre hasta la muerte pero sus elecciones en la vida no eran las que yo
querría para mí.

Después de una hora, aproximadamente, finalmente nos decidimos por
un par de vestidos. Uno era un bonito vestido a cuadros negro y blanco,
con unas finas tiras negras en los hombros y botones negros, que podía ser
usado en verano sin chaqueta, y en invierno con una. También
encontramos un bonito conjunto de chaqueta y falda que ella podría usar
en invierno y verano.

Cuando terminamos con las compras, fuimos a la zona de comidas y
conseguimos algo para comer. Después de sentarnos miré hacia arriba y vi
a Michelle saludándonos desde la otra punta de la zona de comidas. La
insté a que viniera con nosotras antes de ver que estaba con Nora pero
entonces ya era demasiado tarde para retirar la invitación.

— ¡Hey! —dijo Michelle entusiasta mientras dejaba su bandeja de
comida china y se sentaba frente a mí.

—Hey. —dijo Nora sin entusiasmo. Ella evidentemente no quería estar
sentada conmigo y Tara. No puedo decir que la culpara, después de su
pequeña riña con Tara en la clase de los Viernes, yo tampoco querría estar
con nosotras. Sólo esperaba que no se le ocurriera preguntar sobre Brand
durante el almuerzo y así causar otro fiasco de los ―pendientes‖.

— ¿Qué comprasteis? —preguntó Michelle señalando las bolsas de
vestidos colgadas del respaldo de la silla de Tara.

—Sólo algunos vestidos. —le contestó Tara a Michelle. Pude notar que
Tara estaba tratando de ignorar la presencia de Nora tanto como podía.

—Sí, nosotras estamos aquí para comprar el atuendo para mi cita de
esta noche. — informó Nora con aire de suficiencia.

— ¿Oh? —pregunté yo, intrigada por saber con quién era. Para ser
honesta, quería saber si ella le había pedido de nuevo salir a Will. —
¿Alguien que conozcamos?


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—No lo creo. Él está en mi clase de química. ¿Elliot Manning?

—No, no reconozco el nombre. —confesé aliviada de que no hubiera
dicho Will. Aún así, no sé por qué me preocupaba ya que no era de mi
incumbencia con quién salía cualquiera de los dos.

Esto me hizo pensar de nuevo en la pregunta de Brand acerca de mis
sentimientos por Will. Si no me importara nada, ¿por qué me importaba
tanto que él no saliera con alguien como Nora? ¿Era sólo la preocupación
de una amiga por lo mejor para su amigo, o eran celos? No pude decidir de
qué lado de la valla estaba realmente.

—Creo que hay un chico que me pedirá para salir pronto. —dijo
Michelle tímidamente.

— ¿Qué te hizo creer eso? —la voz de Nora no pudo estar más llena de
incredulidad.

Quise golpear tan fuerte a Nora que de ser verdad ella hubiera perdido
un diente o dos.

—Bueno, él me habló el otro día en clase y estuvo realmente interesado
en cómo estaba yendo mi día.

—Estoy segura de que sólo está esperando a conocerte un poco mejor,
dulzura. —aseguró Tara a Michelle, mientras miraba mal a Nora, como si la
estuviera retando a decir algo diferente.

—Sí, creo que él es tímido como yo. Hace como que está interesado en
esta otra chica, pero creo que no quiere asustarme porque sabe lo tímida
que soy. Él es súper tierno.

—Bueno. —dije. —Estoy segura de que sólo es cuestión de tiempo para
que revele sus sentimientos. A algunos chicos les gusta ir despacio un
tiempo para que no parezca que están desesperados.

—Oh, lo sé. No estoy muy preocupada por eso. —dijo Michelle con una
confianza que nunca había visto en ella antes.



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Afortunadamente, Nora no quiso pasar más tiempo con nosotras del
que nosotras queríamos pasar con ella, entonces arrastró a Michelle a una
tienda de vestidos cercana y Tara y yo nos fuimos a una verdulería para mi
intento temerario de hacer la cena.

Las dos estuvimos de acuerdo en que debíamos hacer una cena simple:
chuletas de cerdo, macarrones con queso y pan de maíz. Compré un té
dulce precocinado ya que nunca pude preparar el mío bien. Siempre estaba
dulce, o soso.

Llegamos a casa alrededor de las tres y decidí tomar una corta siesta
antes de empezar a cocinar.

Alrededor de las 4:30 Tara entró en mi cuarto y empezó a saltar en la
cama.

— ¡Levántate, levántate!

—Santo cielo, ¡deja de saltar en mi cama!. —refunfuñé metiendo mi
cabeza bajo la almohada.

—No, ¡porque tengo noticias que merecen unos cuantos saltos en la
cama! —dijo ella haciendo que me doliera el estomago con el rebote, y
arrebatándome la almohada detrás de la cual me estaba escondiendo.

—Bueno, ¿vas a contarme o harás que adivine?

—Nop, no tengo tiempo para juegos. ¡Simon me acaba de pedir que
salgamos!

— ¿ Simon? ¿El de tu clase de álgebra de la universidad?

—Síp. ¡Y me está invitando a salir esta noche! Me recogerá en una hora.

Ahí fue cuando mi corazón saltó. —Pero tú ibas a ayudarme a cocinar
la cena de Brand.

Tara solo movió sus manos en el aire como si no hubiera nada de qué
preocuparse.—Te ayudaré antes de irme y te dejaré instrucciones de qué
hacer antes de que él llegue. De cualquier forma, vosotros podéis tener


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algún tiempo a solas sin que yo esté arruinando el momento. —dijo ella con
un sugestivo movimiento de sus cejas. —Asumo que aún no os habéis
besado porque no me contaste paso a paso lo ocurrido cuando llegaste a
casa.

—No, aún no nos hemos besado en los labios.

— ¿A qué esperas, chica? No has besado a un chico desde Will; y si hay
alguien en el mundo que necesita besar, esa eres tú.

Yo me encogí de hombros. —Sólo no se ha presentado el momento
indicado. No estoy apurada.

— ¿Esto no tiene nada que ver con Will verdad?

—No. —dije yo, no completamente segura, de que fuera la respuesta
correcta. —Sólo no ha sido el momento indicado aún. La primera cita
terminó con el avión estrellándose y la segunda terminó con mi auto
muriendo sobre mí. No son las más románticas de las situaciones.

—Eso es verdad. Vosotros no habéis tenido mucha suerte esta semana.

Tara me golpeó en el brazo y dijo: —Tal vez esta noche tengáis algo de
acción de labios. —Con lo que Tara empezó a hacer caras de beso y a
imitarme diciendo ―Oh, Brand‖.

Yo sólo puse los ojos en blanco y la empujé fuera de mi cama con mi
pie, ordenándole que metiera su trasero en la cocina para que pudiera
ayudarme a comenzar a cocinar.

Tara me dio las instrucciones básicas y me dijo que leyera las
instrucciones de las cajas si tenía cualquier otra duda.

Mientras ella estaba en la ducha, yo remojé las chuletas de cerdo con la
sal sazonada de Lawry. No estaba segura de estar poniendo suficiente, así
que me aseguré de cubrirlas un par de minutos. Las puse en el horno como
ella me había dicho y empecé a hervir agua para los macarrones con queso.

Para cuando ella salió de la ducha ya eran casi las cinco, y me dijo que
mezclara el pan de maíz. Lo hice y lo coloqué en un molde para tarta y


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después lo puse en el horno con las chuletas. El agua ya estaba hirviendo
para hacer los macarrones con queso, así que los tiré en ella.

Tara salió de su habitación toda enfundada en el vestido a cuadros que
habíamos comprado. Exactamente a las 5:30 pm, Simon golpeó a la puerta.

Fui a abrir y lo invité a entrar para que Tara pudiera hacer su gran
entrada desde la parte trasera del apartamento.

Simon era alto como un jugador de basquet. Él iba vestido con una
camisa blanca de polo y pantalón caqui con mocasines. Me recordó a
alguien que podría pertenecer al club republicano junior. No entendía por
qué Tara estaba tan emocionada por salir con él. No era que Simon no fuera
guapo pero a ella solían gustarle los chicos salvajes. Él era completamente
opuesto a sus citas normales.

Antes de irse Tara me dijo que me asegurara que dejaba las cosas en el
horno hasta que Brand llegara y así no estarían frías. Le dije que no se
preocupara, tenía las cosas bajo control. Pronto aprendí que eso era un
error.

Después de que se fueron, fui a colar la pasta y encontré mi primer
error. Había tirado la pasta sin moverla para nada, lo que había causado
que se cocinara en una sólida masa. Traté de romperla lo mejor que pude,
pero se veía irrecuperable. Finalmente, puse el queso y traté de cubrir cada
parte.

Miré el reloj y vi que solo me quedaban 20 minutos para arreglarme
antes de que él llegara. Retoqué mi maquillaje y cepillé mi cabello. Me
cambié por un par de pantalones caqui y una remera túnica blanca con
bordados en las mangas y el escote.

Exactamente a las seis, Brand apareció en mi puerta.

Me dio un beso en la mejilla y me dijo que estaba ansioso por la
comida.

Fui al horno y saqué las chuletas y el pan de maíz. Ahí fue cuando noté
mi segundo error. Tara había dicho que mantuviera todo en el horno y así


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se mantendría tibio para cuando Brand llegara pero pensé que se refería a
que apagara el horno y dejara las cosas en un horno tibio.

El pan de maíz era una roca y las chuletas estaban tan duras que no
estaba segura de que un cuchillo fuera suficiente para cortarlas.

—Estará bien. —me aseguró Brand.

Armé nuestros platos y los llevé a la mesa con vasos de té dulce.

Voy a decir esto a favor de Brand: él realmente hizo el intento de comer
lo que yo había cocinado. No era solo era que el pan de maíz estaba duro
como una piedra, sino que las chuletas estaban tan quemadas que sabían a
sal pura. Aparentemente, no tienes que usar un montón de saborizante de
Lawry para darle sabor. Cuando lo vi cortar los macarrones con queso con
un cuchillo, perdí el control por completo y empecé a reírme
histéricamente. Me reía tanto que lloré. Brand no pudo ayudarme porque
se unió a mis risas.

Una vez que me calmé le dije: —No puedes decir que no te advertí.

—Bueno. —él miró su plato. —Supongo que debería haber aceptado tu
palabra respecto a tus habilidades culinarias; solo que no esperaba…

— ¿Un completo desastre? —terminé yo por él viendo que tenía
problemas para encontrar una palabra que no me insultara.

— ¿Qué tal si salimos a cenar? —sugirió él.

—Suena como un plan.

Después de tirar nuestras comidas sin terminar a la basura, agarré mi
cartera y saltamos al auto de Brand.

Terminamos en una tienda local y ambos pedimos su ensalada de pollo
grillé.

Durante la cena Brand me contó que Carl había terminado las
reparaciones de mi auto.



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— ¿Has tenido que hacerle algo al auto recientemente? —me preguntó
él con una extraña expresión en su rostro.

—No. —dije. — ¿Por qué preguntas?

—Bueno, Carl dijo que casi parecía que el alternador había sido
manipulado. Sé que algunos mecánicos sin escrúpulos sabotearían partes
para hacerte regresar cuando fallaran así que sólo queremos saber si éste es
el caso.

—Bueno; de hecho acabo de comprárselo a un tipo que no conozco
realmente. No lo tengo desde hace tanto y podría haberle ocurrido antes de
que se lo comprara a él.

—Es probable que sea eso. —dijo Brand, pero no pude descubrir si
seguía inquieto por lo del auto manipulado.

Después de cenar, Brand me llevó a su casa para que pudiera retirar mi
auto.

Eran casi las ocho cuando llegamos allí y Brand me preguntó si quería
un trozo de tarta de chocolate con bourbon y pecanas que había hecho esa
tarde.

Cuando entramos en la casa vi a Abby encima de la encimera curva de
mármol verde de la cocina, comiendo lo que parecía una porción de su
tarta.

— ¡Hey, Lilly! —gorjeó ella.

Sabía que era Abby, pero ella lucía completamente diferente. Su cabello
era color rosa fuerte con flequillo. Cuando miré sus ojos no eran del color
verde vibrante que habían sido la noche pasada, ahora eran lavanda pálido.

Ella estaba usando una remera sin mangas blanca y una minifalda rosa
fuerte con spandex y botas blancas de caña alta.

—A Abby le gusta cambiar su apariencia casi a diario. —me explicó
Brand, viendo mi confusión.



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—Sí, deberías ver todas las pelucas y lentes de contacto que tengo.—
dijo Abby apuñalando el último bocado de su tarta con su tenedor. —Me
gusta vestirme de acuerdo a mi estado de ánimo.

—Veo que te sientes algo rebelde esta noche. —dijo Brand casi con tono
reprobatorio.

Abby se encogió de hombros. —Sólo me siento diferente a los demás.

—Hey. — dijo Abby mirando hacia mí mientras me sentaba en el
taburete que estaba a su lado. —Perdón por Rose Marie la otra noche. Solo
la agarraste con la guardia baja.

—No te preocupes por eso. Debí haber esperado fuera hasta que
alguien contestara a la puerta. ¿Dónde estabas cuando vine?

Vi que Abby le dedicaba a Brand la más breve de las miradas. —Estaba
en el lago nadando, ya sabes, los vecinos no se quejan tanto si nadas
cuando no pueden verte.

Una vez más, estaba bastante segura de que me había mentido, pero no
insistí en el tema. No era tan importante, además, si ellos querían ocultar lo
que Abby estaba haciendo, entonces ella debía estar haciendo algo
extremadamente privado.

—Bueno, necesito regresar a mi casa. —Abby tomó su plato y se
terminó el resto de la leche de su vaso antes de dejar ambas cosas en el
fregadero.

—Que tengas una buena noche. —dijo Brand y besó a Abby en la
frente.

Abby sonrió hacia él con una mirada de adoración en su cara y me dijo
adiós mientras salía por la puerta principal.

Está bien, ¿debo decir lo buen cocinero que es Brand? No solo sus
pecanas estaban caramelizadas a la perfección, ¡sino que era la mejor tarta
que había probado en mi vida! Y eso lo dice alguien que se ha criado con la
cocina de Utha Mae.



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¡Utha Mae! Casi la olvido.

— ¿Estás libre para cenar mañana en la noche? La abuela de Tara
quiere conocerte y ella nos invitó a todos a su casa para la cena.

— ¿Tendré la oportunidad de conocer a tu madre mientras esté allí?

—Sí, ella estará allí. —mi falta de entusiasmo sobre Brand conociendo
mi madre debió haber sido un poco demasiado obvia.

— ¿No quieres que ella me conozca?

—No es eso. Es sólo que ella es muy diferente a mí. Puedes descubrir
que ella está un poco fuera de lo normal.

—Ya veo. —dijo él, pero pude ver que en realidad no lo entendía.

—Utha Mae prácticamente me crió. Ella es más una madre para mí que
mi verdadera mamá. Cora me tuvo a los dieciocho. La mayoría de la gente
cree que somos hermanas y no madre e hija, lo que para ella está bien . No
creo que piense que es lo suficientemente mayor como para ser la madre de
alguien.

—Bueno, estoy seguro de que lo sobrellevaremos.

—Oh no, ella te amará. Eso es lo que temo.

Brand me miró completamente perdido.

Con un suspiro le expliqué. —Mi mamá es mucho del amor libre;
bueno, más bien de amar libremente y solo espero que no te persiga a ti.

Brand se rió. —Dudo que eso suceda, probablemente estará contenta
de que hayas encontrado a alguien que te haga feliz.

Yo esperaba sinceramente que él tuviera razón.

Después de terminar mi porción de tarta, le dije a Brand que debía
volver a casa. Eran casi las nueve para entonces y quería asegurarme de
que Tara volviera de su cita a una hora respetable.


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Brand llamó a Carl para que trajera mi auto a su casa.

Antes de entrar en mi auto, Brand me besó en la mejilla y me dijo que
tuviera cuidado en la carretera.

—Llámame cuando llegues a casa así sabré que llegaste a salvo. —me
pidió.

Le dije que intentaría recordarlo, y si no lo hacía solo debía llamarme al
teléfono del apartamento o al móvil que él me había dado.

De camino a casa me pregunté por qué seguía Brand besándome en la
mejilla y la frente. ¿Por qué ni siquiera había intentado besarme en los
labios aún? Yo sabía que él se sentía atraído por mí. ¿Cuál era el problema
entonces?

Antes de que tuviera tiempo de ahondar en esa pregunta, un grupo de
faros con su brillante resplandor se me echaron encima, casi cegándome.
Torcí el espejo retrovisor lejos de mi cara para apartar la luz de mis ojos.

Realmente odiaba cuando la gente era tan ruda. No era muy bonito.

Lo siguiente que supe fue que sentí un golpe en mi parachoques
trasero. Mirando por el retrovisor de mi puerta pude ver que el auto detrás
de mí estaba justo sobre el mío. Sentí otro golpe.

¿Qué estaba pasando? ¿Qué estaba intentando hacer esta persona?

Asustada traté de acelerar un poco.

La persona detrás de mí aceleró también y picó en la parte trasera de
mi auto con tanta fuerza que mi pecho chocó contra el volante. Mi corazón
martilleaba tan fuerte dentro de mi pecho que pensé que iba a desmayarme
por el golpe de sangre. Apreté el pedal del gas hasta el fondo y fui tan
rápido como mi pequeño Corolla podía ir, alejándome lo más posible del
maníaco de detrás de mí.

Miré en el espejo de la puerta mientras el auto de atrás golpeaba tan
fuerte la parte trasera de mi auto que inmediatamente perdí el control. Lo


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siguiente que supe fue que mi auto estaba patinando por la zanja de cuatro
pies de concreto del lado de la carretera. Perdí completamente el
conocimiento mientras mis airbags se expandían.

Al momento siguiente había unas luces increíblemente brillantes en
mis ojos. ¿Aún era un auto? ¿Era el maníaco forzándome a abandonar la
carretera? Temiendo por mi vida, mi cuerpo saltó involuntariamente
mientras mis ojos se abrían completamente.

— ¡Lilly! —escuché que gritaban Brand y Will al mismo tiempo.

Yo cerré los ojos y puse mis manos sobre mi cabeza para detener el
pitido. —Por favor. —pedí débilmente. —No griten.

Pude oír dos disculpas murmuradas.

Cuando abrí los ojos de nuevo, me di cuenta de que estaba en una
cama de hospital. Era una habitación privada con una TV empotrada a la
pared justo frente a la cama. Brand estaba de pie a un lado de la cama y
Will al otro.

— ¿Cómo te sientes? —preguntó Will, la preocupación era palpable en
su voz.

Hice un rápido inventario mental de mi cuerpo, nada parecía faltar. —
Estoy un poco adolorida y me duele la cabeza, pero lo demás parece estar
bien. ¿Qué ocurrió?

Will miró a Brand dejando que él lo explicara.

—Esperábamos que tú pudieras decirnos eso, Lilly. —Brand se sentó
cerca de mí en un lado de la cama y tomó mi mano cuidadosamente entre
las suyas.

—Cuando entré en la carretera un auto apareció detrás de mí. —
empecé tratando de recordar todo lo que pudiera sobre el accidente a
través de la neblina de dolor en mi cabeza.—Tenía las luces altas
encendidas. Entonces empezó a embestirme por detrás y me empujó fuera
del camino. Recuerdo que los airbags se activaron, y luego nada. ¿Cómo
llegué aquí?


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—Cuando no me llamaste, llamé a tu apartamento. Tara dijo que aún
no habías regresado así que fui a buscarte. El rostro y la voz de Brand se
veían notablemente tensos mientras me contaba. —Cuando te encontré
estabas inconsciente así que te saqué de allí y te traje al hospital.

—Gracias. —le dije apretando su mano.

—Lilly. —dijo Will desde el otro lado. — ¿Reconociste el auto?
¿Llegaste a ver a la persona detrás del volante?

—No, acabo de decir que tenía las luces encendidas. Todo lo que vi
fueron luces.

Will y Brand intercambiaron una breve mirada pero no dijeron nada.

— ¡Lilly!

Tara llegó corriendo a la habitación y prácticamente tiró a Brand de la
cama para llegar a mí. Ella me abrazó tan fuerte que pensé que mis
pulmones iban a estallar.

Tara no dijo nada, solo abrazó la vida fuera de mí. Pude sentir su
temblor en mis brazos y supe que estaba llorando. La dejé llorar y traté de
asegurarle como pude que estaba bien.

—No sabes lo que pasó por mi cabeza chica. —dijo ella secándose las
lágrimas de sus ojos delineados cuando finalmente me soltó. —Nunca me
hagas eso de nuevo, ¿me oyes?

—Está bien. —yo no agregué que no había pedido exactamente que un
maníaco me sacara de la carretera y casi me matara. Ella ya estaba
suficientemente enojada.

Me informaron de que iba a tener que pasar la noche en el hospital
porque mi doctor quería asegurarse de que no tenía contusiones ni
complicaciones que no pudieran ver.

Tara también me informó que Cora y Utha Mae estaban en camino.



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— ¿Te sientes bien como para hablarle a la policía? —me preguntó
Will.

—Ellos querían tomar tu declaración tan pronto como despertaras.

—Seguro. —traté de sentarme un poco más derecha y sentí cuatro
manos detrás de mi espalda a la misma vez. Traté de sonreír como
apreciación hacia ambos, Brand y Will.

El nombre del oficial era Lewis. Él les pidió a todos que dejaran la
habitación antes de tomar mi declaración, pero Tara le dijo que tendría que
hacer una excepción con ella.

—Yo no me voy. —lo informó ella parada al lado de mi cama como si
estuviera plantada allí. —Tendrá que hablar con ella conmigo aquí.

Sin querer armar una escena, el oficial Lewis dijo que estaría bien, pero
les pidió que se fueran a Brand y a Will. Ellos no replicaron, de hecho, tenía
el presentimiento de que ellos querían estar solos para hablar sobre lo que
les había contado.

Alrededor de quince minutos después el oficial finalmente se fue. No
sé de cuántas maneras tuve que contar la misma historia. Él siguió
intentando sacar algo de mi memoria que yo no hubiera mencionado, pero
honestamente, yo no pude recordar más de lo que ya lo había hecho.
Finalmente dijo que probablemente sólo se tratara de un conductor ebrio.
Ellos sólo sacaron un boletín para buscar un auto con la parte delantera
dañada pero no pudieron hacer mucho más con la vaga información que les
di.

Tara se sentó en mi cama sosteniendo mi mano durante todo el tiempo
que el oficial tomó mi declaración. Creo que nunca la vi tan protectora.

— ¿Qué piensa ese idiota? —dijo ella cuando el oficial Lewis
finalmente se fue. — ¿Que hay algo que no le estás diciendo?

—Él solo está haciendo su trabajo Tara. —dejé reposar mi cabeza contra
la almohada de mi cama. Estaba adolorida por todas partes y cada vez más
cansada a cada minuto que pasaba.



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—Espero que no tengamos que poner a esos chicos de nuevo en su
lugar. Si no pueden contenerse mejor les diré que se vayan a casa.

— ¿De qué hablas? —pregunté yo completamente desorientada con el
súbito cambio de tema.

—Will y Brand. —dijo ella como si fuera algo obvio.—Cuando llegué
aquí creí que estaban listos para arrancarse las gargantas mutuamente.

— ¿Por qué? —yo estaba tan adormilada que no estaba segura de
poder mantenerme despierta para escuchar su respuesta.

—Bueno, se estaban culpando entre sí por lo que te pasó.

—Eso es estúpido. Ellos no podrían haber hecho nada.—cerré los ojos y
sentí que me deslizaba de a poco hacia el sueño.

—Lo sé, pero juro que si no hubiera llegado cuando lo hice, uno o los
dos estarían a tu lado en una cama de hospital.

No estoy segura de cuánto dormí, pero cuando volví a despertar, Utha
Mae estaba sentada en una silla a mi lado leyendo su Biblia.

—Hey, niña. —dijo ella marcando la página con la delgada tira roja que
viene en la mayoría de las biblias. Se puso de pie y caminó hacia mí.

Nunca estaba completamente segura de qué edad tenía Utha Mae, pero
asumí que debía estar pisando los ochenta. Ella era una delgada mujer
negra con esponjoso pelo gris. A veces pienso que Utha Mae debió haber
sido una belleza cuando era joven. Incluso a pesar de las arrugas que tenía
ahora, podías ver la delicada estructura ósea debajo.

—Nos tenías a todos preocupados. —ella pasó los dedos por mi pelo
como si enderezara un mechón rebelde.

—Lo siento.

—Niña, tú no tienes nada de que disculparte. Sólo espero que la policía
atrape a quien te haya hecho esto.



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Para entonces mi madre entró por la puerta llevando lo que parecían
dos tazas de café. Iba vestida con un vestido sin mangas con colores
psicodélicos que sólo se extendía hasta medio muslo, con botas de cuero de
caña alta hasta el muslo. Brand mantuvo la puerta abierta para ella.

—Oh, cariño. —dijo ella poniendo la taza de café en la mesa a mi lado
para darme un abrazo. —Estábamos tan preocupados.

—Hey, mamá.

— ¿Te sientes bien? ¿Te duele algo?

Traté de asegurarles a mi madre y a Utha Mae que estaba bien. Ellas se
cernían sobre mí como dos gallinas cluecas.

Brand se paró a los pies de mi cama con un aspecto solemne en su cara.
No pude adivinar qué estaba pensando.

Pregunté dónde se había ido Tara.

—Ella y Will regresaron a tu apartamento para recogerte algo de ropa
para cuando viajes de regreso. —dijo Utha Mae.

Pude adivinar por el modo en que dijo Will, que estaba feliz de poder
verlo de nuevo. Ella no lo había visto más de un par de veces en los últimos
dos años. Si alguien había echado de menos a Will más que yo, esa era Utha
Mae.

Un momento más tarde, Brand convenció a mi madre y a Utha Mae de
que bajaran a la cafetería a desayunar. Él prometió que las llamaría si eran
necesarias.

Pude ver que mi madre estaba encantada con Brand. ¿Qué mujer no lo
estaría? Incluso Utha Mae se enrojeció un poco cerca de él, y eso era algo
que nunca había visto en mi vida.

Una vez que estuvimos solos, Brand fue hacia mi cama. Creí que solo
iba a sentarse en el lado como antes, pero esta vez él bajo uno de los ríeles
de la cama y se tiró cuidadosamente a mi lado, tomándome en brazos para


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que pudiera descansar la cabeza en su hombro. El tibio calor de su cuerpo
contra el mío era confortable y electrizante al mismo tiempo.

Él me besó la frente un par de veces y me acercó a él todo lo que pudo.

Mi pulso se aceleró.

— ¿Por qué haces eso? —pregunté mirándolo sin poder ocultar mi
frustración.

— ¿No te gustan mis besos? —preguntó un poco sorprendido.

Claro que sí!, pero…¿por qué nunca me besas en los labios?
Una tierna y casi melancólica sonrisa curvó las comisuras de su boca.

—Cuando nos besemos por primera vez, tú serás la que deba
empezarlo.

— ¿Por qué? —pregunté yo completamente perdida.

—Cuando tú y Will se besaron, él fue quien lo empezó ¿verdad?

—Sí pero…

Brand me detuvo antes de que pudiera terminar. —No quiero ser el
segundo para ti Lilly. En lo que a mí concierne, él fue el primer chico que te
besó, pero yo quiero ser el primer chico al que tú beses.

—Eso es solo semántica Brand. —protesté yo.

—Eso puede ser verdad, pero significa mucho para mí. No quiero ser el
segundo en tu corazón, Lilly. Eso no funciona para mí. —La forma seria en
que lo dijo hizo que mi corazón diera un pequeño salto en mi pecho. Él
estaba tan serio.

—Si decides que yo soy con el que quieres estar, es cuando quiero que
tengamos nuestro primer beso. Quiero que esto signifique algo Lilly.
Quiero que signifique que ya no guardas ningún sentimiento romántico por
él. Yo aún siento que ustedes dos tienen asuntos sin resolver y él aún se
preocupa mucho por ti, aunque creo que tú no te das cuenta de eso. No


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creo que pudiera soportarlo, si decidieras más adelante que lo quieres a él.
Ya sería suficientemente difícil para mí dejarte ir tal y como están las cosas
ahora.

No sabía que decir y creo que él no esperaba que dijera nada.

Dejé caer mi cabeza sobre su hombro y permití que su calidez relajara
mis adoloridos músculos, incluido mi corazón.

































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Capitulo 7
Traducido por Xiime~
Corregido por Marthatithy1

i doctora entró luego esa mañana y me dio un certificado de salud.
Me pidió que la llamara si sentía el más mínimo desmayo o si
notaba cualquier otra complicación. Aliviada de no tener que estar
en el hospital más de lo necesario, me di una ducha rápida y me vestí con las
ropas que Tara y Will me habían traído de su viaje al departamento.

Utha Mae insistió en que fuéramos a cenar esa noche e invitó a Will para
que fuera también. Bueno, ‗invitó‘ es una agradable manera de decir lo que en
realidad hizo.

—Will Allen Kilpatrick, —le dijo en su tono ‗vas a hacer lo que te diga lo
quieras o no‘. Un tono que ella había usado con nosotros de niños bastante a
menudo—. Será mejor que te vea en mi mesa no después de las cuatro y media.


Todos miramos mientras Will arrastraba los pies, obviamente incómodo
con que le hablaran como si tuviera cuatro años otra vez y finalmente accedió a
estar allí, como si tuviera alguna elección en el tema.

Cuando estuve lista para dejar mi habitación, Brand y Will fueron a por mi
bolso de viaje al mismo tiempo.

—Yo lo llevo, —dijo Brand tirando bruscamente de la correa del bolso
sostenido igualmente en la mano de Will.

—Yo se lo traje. Yo lo llevaré de vuelta, —Will respondió con un fuerte
tirón de su parte.

—Ustedes dos necesitan salir del camino, —dijo Tara arrancando el bolso
de sus manos. — Lilly ya ha pasado por demasiado sin ustedes dos intentando
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molestarse entre sí. Si no pueden comportarse mejor, no dejaré que ninguno de
los dos se le acerque.

Dos hombres peleándose por mi bolso, interesante.

Una mejor amiga de ojos salvajes arrancándoselo a ambos mientras los
pone en su lugar, NO TIENE PRECIO.

En cumplimiento de las leyes del hospital, una enfermera debería
escoltarme fuera en una silla de ruedas. Estaba feliz de ver que Tara ya había
estacionado su auto debajo del toldo. Podía imaginarme a Brand y Will
haciendo una carrera con sus autos intentando ser el primero en llegar a mí,
causando caos en el estacionamiento del hospital. Ambos le dijeron a Tara que
se asegurara de conducir bien. Tara simplemente rodó los ojos y arrancó el
motor.

—Lo juro, si esos dos no se calman, la pregunta de a quién de los dos
quieres no importará. Ambos estarán muertos.

No pude evitar reírme de Tara. Su exasperación había causado que su
atrevimiento fuera en quinta marcha. Me compadecí por Will y Brand por un
breve instante.

Will. ¿Qué pasaba con su comportamiento? ¿Estaban Tara y Brand en lo
cierto? ¿Albergaba sentimientos románticos por mí? Y si lo hacía, ¿Cómo me
sentía yo al respecto?

Tenía una larga historia con Will y me había encaprichado con él desde que
tuve edad para saber que a las chicas les gustaban los chicos. Siempre había
sido mi héroe cuando necesitaba uno. Era alguien a quien solía confiarle cosas,
un mejor amigo.

Pero entonces ahí estaba Brand. Incluso conociéndolo por solo una semana,
no podía evitar que se me pusiera la piel de gallina sólo pensando en él. Él era
el ejemplo de maravilloso y era muy considerado con los que estaban a su
alrededor. Me estaba dando tiempo para que descubriera mis sentimientos por
Will, ¿Pero realmente quería yo que hiciera eso? Algunas veces a una chica
simplemente le gusta que le hagan perder la cabeza. Mi problema era ¿Cuáles
de los hombres en mi vida quería yo que fuera mi Príncipe Azul?



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Brand y Will nos siguieron hasta nuestro departamento. Tara saltó fuera
del auto y vino a mi puerta para ayudarme a salir. Los chicos estaban viniendo
hacia nosotras cuando ella levantó su mano con la palma hacia fuera como un
signo de ‗pare‘.

—Necesitan darle algo de espacio para respirar. Necesita descansar más de
lo que necesita que ustedes dos anden tratando de ponerse por encima del otro
en cada pequeña cosa. ¿Por qué no vuelven alrededor de las tres y media, y
vamos todos a lo de la abuela para cenar?

—Pero… —comenzó Will, pero jamás término ya que Tara sostuvo su
mano en alto otra vez.

—Sin peros Will Allen. Volverán… más...tarde. —Tana pronunció las
palabras lentamente como si le estuviera hablando a un chico lerdo—. Y ni
siquiera piensen en volver antes. No abriré esa puerta hasta las tres y media.

—Volveré, —dijo Brand desafiando la mirada asesina de Tara mientras me
daba un beso en la mejilla.

—Yo también, —Will me dio un pequeño beso en la frente.

Estaba agradecida a la mentalidad de perro guardián de Tara. Aún estaba
cansada a pesar de haber dormido la mayor parte de la noche. La doctora dijo
que el cansancio era en su mayoría debido a que mi sistema estaba en ‗shock‘
por el accidente.

Tan pronto como me acosté en mi cama, me dormí. No desperté hasta que
Tara entró a las dos y media. Me conocía lo suficiente para saber que querría
tomar una ducha y prepararme antes de ir a lo de Utha Mae. Cuando miré hacia
mi cuerpo desnudo en el espejo de cuerpo completo del baño, hice un gesto de
dolor ante el maltratado reflejo devolviéndome la mirada. Moretones azules y
púrpuras me marcaban todo lo largo de mis brazos, pecho, abdomen y muslos.
No había duda de que estaba adolorida. Afortunadamente el airbag me había
salvado de tener moretones en la cara. Con un poco de camuflaje, nadie sería
capaz de decir que había estado en un accidente.

Elegí un vestido de verano holgado y sin mangas y un delgado suéter
blanco para usar en lo de Utha Mae. Lo delgado del material era suficiente para


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no presionar contra mis moretones y el suéter ayudaba a esconder los de mis
brazos.

Will y Brand llegaron a mi puerta exactamente a las tres y media.

Aparentemente Brand había tenido ganas de cocinar algunas cosas él
mismo esa tarde. Trajo una tarta recién hecha con chocolate, whisky y nuez y
un lote de galletitas caseras con chispas de chocolate para Utha Mae.

Brand fue el primero en empezar las guerras de autos. Todos querían
conducir. Pero, obviamente, Tara ganó y todos nos amontonamos en su
pequeño Toyota Camry. Brand y Will se sentaron atrás y yo me senté adelante
con Tara.

El viaje a lo de Utha Mae estuvo mayormente en silencio hasta que recordé
una pregunta que me seguía olvidando de hacer.

— ¿Dónde está mi auto?

—Está en mi casa, —me informó Brand desde el asiento trasero—. Después
de que la policía lo tuvo, hice que Carl lo remolcará hacia allí.

— ¿Cómo se ve? ¿Puede ser arreglado?

—No lo creo, Lilly, —dijo Brand arrepintiéndose de tener que darme las
noticias—. ¿Tenías un seguro sobre él?

—Sí, tengo cobertura completa. Con suerte me darán lo suficiente para que
compre uno nuevo.

Si Cora me había enseñado algo más, era a tener seguro de cobertura
completa en tantas cosas como pudieras permitirte. Eso es por lo que no estaba
preocupada por la factura del hospital que estaba segura que recibiría. No
importaba qué trabajo tuviera mi mamá, ella siempre se aseguraba de que
tuviéramos cobertura médica. Comprar el seguro de cobertura completa para
un auto de diez años probablemente habría sido una pérdida para la mayoría
de la gente, pero para mí era solo algo natural.

Después de un incómodo viaje de casi una hora, finalmente llegamos a lo
de Utha Mae.


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Utha Mae había comprado una nueva casa rodante el doble de grande
después de que los tornados hubieron completamente destruido la de mi
mamá. Parte de la casa rodante de Utha Mae había sido dañada por escombros
que volaban así que ella había calificado para un pequeño préstamo de bajo
interés que FEMA1 ofrecía a la gente que lo necesitaba.

La casa rodante tenía revestimiento de plástico vinílico verde olivo con
tapicería y persianas gris topo, un techo marrón con tejas de madera y cuadros
de zócalos blancos para esconder el espacio entre la parte de debajo de la casa
rodante y el suelo. Utha Mae y Cora salieron a la puerta para darnos la
bienvenida cuando llegamos.

—Justo a tiempo, —dijo Utha Mae dándonos a todos besos en la mejilla
mientras entrábamos.

El interior de la casa rodante tenía instalaciones básicas. Mientras
caminabas en la casa rodante estabas entre la cocina y el área de la sala de estar.
La sala de estar tenía chimenea a gas en la esquina más lejana y estaba decorada
con muebles (sillón, sofá de dos plazas, reclinable, mesa ratona y mesita
auxiliar) en distintos tonos de marrón. La cocina tenía un sentimiento alegre en
ella con su madera de pino pintada y estufa de acero sin pintar, horno de pared,
refrigerador/congelador, microondas y lavavajillas. Al otro lado de la cocina
estaba la mesa de Utha Mae, la cual ya había sido preparada con platos, vasos y
cubiertos de plata. La mesa era sólo lo suficientemente grande para sentarnos
nosotros seis; aunque noté dos sillas que pertenecían al set del comedor de mi
madre alrededor de la mesa.

La vestimenta de mi madre fue una sorpresa agradable. Al contrario del
salvaje atuendo que había usado en el hospital, ahora estaba vestida en una
ordinaria pollera de jean y una sencilla camiseta sin mangas blanca. Me
pregunté qué había causado que bajara tanto el tono.

Utha Mae estaba agradablemente sorprendida con el regalo de Brand de
tarta y galletas. Realmente creo haber visto rubor aquí. Me alucinaba cómo el
encanto de Brand trascendía la barrera de la edad tan fácilmente.

Todos ayudaron a traer la comida a la mesa, excepto yo. Utha Mae me dijo
que me sentara a la cabecera de la mesa y que les dejara hacer a ellos todo el
trabajo pesado. Como es usual, Utha Mae había cocinado demasiada comida, lo


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que incluía algunas de mis favoritas: embadurnadas chuletas de cerdo, col y
panceta fritos, pollo y bollos, judías blancas con jamón, huevos picantes y pan
de maíz frito con calalú. También incluía uno no tan favorito mío pero de los
favoritos de Tara: lengua de vaca y cebollas acarameladas. Creí que Tara iba a
tener un ataque epiléptico cuando vio eso.

Brand y Will terminaron sentándose en ninguno de mis costados. Estaba
agradecida de que Utha Mae tuviera la previsión de hacer mi plato. Podía
imaginar a los chicos empezando involuntariamente una guerra de comida
intentando ser el que me ayudara a llenar mi plato.

Utha Mae fue la que hizo la mayor parte de la conversación durante la
cena. Desde que finalmente tuvo a Will a su mesa le hizo preguntas sobre en
qué había estado el último par de años. Hubo una pregunta que yo estaba
muriendo por saber la respuesta, que naturalmente Utha Mae preguntó.

— ¿Qué pasó contigo y esa chica Jessi McCormick?

—Fue a la universidad en el Estado de Nueva York, —dijo Will picoteando
su repollo esperando a la siguiente pregunta de Utha Mae.

—Ustedes dos parecían terriblemente cercanos. ¿Por qué terminaron?

—Bueno, en parte por el problema de la distancia.

— ¿Cuál es la otra parte? —preguntó Tara saltando ante la oportunidad de
hacerle una pregunta suya a Will.

—No creo que su nueva novia hubiera apreciado que siguiera en contacto
conmigo.

— ¿Intentas decirme que hiciste a Jessi McCormick gay? —preguntó Tara
atónita.

—Uno no hace a alguien gay, Tara, —dijo Will exasperado—. Ella siempre
ha sido así.

— ¿A qué te refieres con ‗siempre‘? Si sabías que ella jugaba para nuestro
bando, ¿Por qué salías con ella?



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—Es suficiente, Tara, —Utha Mae miró a su nieta con sus ojos advirtiéndole
que dejara el tema.

Tara presionó sus labios, teniendo ganas de hacerle a Will más preguntas.
Nadie más en el mundo podía poner a Tara en su lugar como Utha Mae. No
estaba segura de qué haríamos con ella.

—Brand, —Utha Mae cambió su atención hacia él.

Pude ver a Will relajarse visiblemente. Él sabía que esta sesión de preguntas
se había acabado. Era el turno de Brand.

—Cuéntanos algo más sobre ti, cariño.

— ¿Qué le gustaría saber, Sra. Jenkins? —La cara de Brand estaba
completamente abierta. Estaba segura de que él había estado esperando esto.
Me pregunté silenciosamente si la tarta y las galletas no habían sido su manera
de suavizar a Utha Mae un poco.

— ¿Has vivido mucho en tiempo en Lakewood?

Brand pasó a contarles a Utha Mae y a mi madre sobre vivir en todo el
mundo, que sus padres ya no vivían, y que él había comprado una casa en Lake
Serenity para ir a la escuela a Southeastern.

—No hay mucho más que contar, —terminó.

— ¿Has encontrado alguna iglesia ya?

—No voy usualmente a las iglesias, —admitió Brand.

—Ya veo, —dijo Utha Mae con una sonrisa—. ¿Te importa si te pregunto si
crees o no en Dios?

Creo que todos en la mesa estaban mirando a Brand esperando por su
respuesta. Era una que Tara había descuidado durante su interrogatorio a
Brand. Incluso aunque Utha Mae tenía más tacto que su nieta, estaba
ciertamente probando a Brand a su manera.



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—Puedo decir verdaderamente que nunca conocerá a alguien que crea más
en Él que yo, Sra. Jenkins.

Satisfecha con esa respuesta, Utha Mae asintió con la cabeza y dijo
tranquilamente, — Es bueno saberlo.

Antes de que fuera servido el postre, lo que incluía la tarta y galletitas de
Brand y la famosa torta de chocolate de Utha Mae, pedí ser excusada y fui al
baño. El baño principal de Utha Mae era grande para una casa rodante. Diablos,
habría sido grande para la casa de alguien. Tenía una bañera Jacuzzi, cabina de
ducha y lavamanos doble.

Mientras me lavaba las manos en el lavamanos, mi madre entró. Siempre
odié cuando hacia eso sin tocar. Usualmente bloqueaba la puerta cuando iba al
baño para detener ese tipo de cosas pero me había olvidado completamente esta
vez.

—Que el Señor tenga misericordia, —dijo descansando contra la encimera
al lado mío como si le faltara el aire—. ¿Cómo tuviste tanta suerte para
encontrar un hombre así en tu primera semana en la escuela?

—Sólo estuvimos en la misma clase, —me encogí de hombros, secando mis
manos en las toallas de invitado con adornos a crochet de Utha Mae.

—Bueno, no lo dejes ir como hiciste con Will.

Mi corazón cayó a mi estomago ante su insensible afirmación.

—No hay muchos hombres así en el mundo. Puedo decirte eso.

—Bueno, deberías saberlo más que nadie, mamá. Ciertamente has estado
con suficientes de ellos. —Abandoné el baño sin otra palabra hacia ella.

Estuvimos listos para irnos pronto.

Antes de irnos, mi mamá me sorprendió cuando me preguntó si quería
tomar su auto hasta que fuera capaz de conseguir uno de mi parte.

—Utha Mae dijo que podía usar su auto para ir a trabajar. No está
conduciendo mucho estos días de todas maneras.


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—Claro, eso sería de ayuda, mamá.

Era inusitadamente desinteresado de mi madre prestarme su auto,
especialmente cuando apenas lo había comprado hacía unos pocos meses. Su
novio, ese tiempo, poseía un lote de autos usados y le había hecho un buen trato
por un Pontiac Solstice de cinco años.

—Aquí Brand, —mi madre le tendió las llaves—. ¿Por qué no llevas a Lilly
a casa en él?

Brand tomó las llaves—. Me aseguraré de que llega a casa segura, Srta.
Nightingale.

Estaba aliviada de no tener que viajar otra hora en el auto de Tara con
Brand y Will forzados a sentarse juntos en el asiento trasero. Aunque tenía la
marcada impresión que ni Tara ni Will estaban complacidos de no ser capaz de
observarme más.

Cuando llegamos a la carretera, finalmente sentí como que podía respirar.

— ¿Estás bien? —preguntó Brand sintiendo mi tensión.

—Sí, estoy bien, sólo cansada.

— ¿Por qué no te sientas atrás y tomas una siesta? Te despertaré cuando
lleguemos a tu departamento.

Miré hacia Brand y me maravillé ante su compasión. ¿Realmente él existía o
mi cerebro lo había confeccionado completamente en algún desesperado intento
de llenar un vacío en mi vida? ¿Cómo podía alguien que lucía como él lucía ser
tan comprensivo a la vez?

— ¿Sabes cuán increíble eres? —pregunté antes de que mi cerebro pudiera
editar lo que estaba pensando.

Me echó una mirada por la esquina de su ojo y sonrió, evidentemente
complacido por mi pregunta.

—Bueno, estoy feliz de que me veas así.


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— ¿Quién no lo haría? —pregunté. Un pequeño rubor de color tiñó sus
mejillas y le hice conocer mis pensamientos—. Eres todo lo que una mujer
quiere en un hombre.

— ¿Y qué es, en particular, lo que te gusta sobre mi? —Tomó mi mano
izquierda y la alzó hacia su boca, sosteniéndola allí como si respirara mi aroma.
Podía sentir su cálido aliento sobre mi piel antes de que presionara sus blandos
labios contra ella.

—Bueno, me gusta cuando haces eso, —confesé, intentando recordar como
respirar y pensar coherentemente—. Simplemente me gusta lo abierto que eres
con todo. Nunca, ni una vez, actuaste como si estuvieras resentido porque Tara
o Utha Mae te hicieran tantas preguntas personales. Me gusta que siempre
tratas a la gente a tu alrededor con respeto y amabilidad. Me gusta que puedas
cocinar y cuidarte a ti mismo. Me gusta que el conocer a la familia sea
importante para ti. No hay mucha gente que estaría feliz de tener a su prima
siguiéndolo a todos lados. ¿Qué hay que no me guste de ti? Eres casi perfecto—.
Vacilé en la última palabra. Por supuesto, él lo notó.

—Pero algo te preocupa sobre mí, —dijo como un hecho, no una pregunta.
— ¿A qué le temes?

—Nadie puede ser tan perfecto como tú, —confesé—. Supongo que temo
descubrir cuál es tu imperfección y que no me guste.

—Estás en lo cierto, —dijo—. Nadie puede ser tan perfecto como tú me ves.
Espero que cuando encuentres mi defecto no estés muy decepcionada.

—Quizás deberías decirme cuáles son tus defectos ahora y entonces
podemos ponerlos al descubierto.

Brand se rió entre dientes—. No, tendrás que encontrarnos por ti misma.
No te voy a dar una razón para pensar que soy cualquier cosa menos
perfección.

—Bueno, al menos cuéntame algo sobre ti que no sepa ya, —incité—. Algo
de tu pasado.



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Brand consideró mi petición por un momento—. Bueno, hace mucho
tiempo tenía un mejor amigo. Hacíamos todo juntos. Muy parecida a la relación
que tienen tú y Tara. Luego, un día le volví la espalda completamente.

— ¿Por qué?

—Su padre estaba intentando apoderarse de la compañía de mi padre.
Mucha gente salió lastimada y mi padre me dijo que nunca podría verlo de
nuevo. Debía sacarlo completamente de mi vida. —Vi una mirada de tristeza
pasar por la cara de Brand mientras me contaba esta pequeña pieza de su
pasado.

— ¿Eras muy joven cuando sucedió?

—Más de lo que soy ahora, —dijo sin un toque de sarcasmo—. Fue uno de
los peores momentos de mi vida.

—Lo siento tanto. —No sabía que decir. No podía imaginar qué hubiera
hecho yo si alguna vez Cora me hubiera prohibido ver o hablar con Tara
cuando era más chica. ¿Cómo sería mi vida sin ella en mi mundo todos los días?

— ¿Podríamos parar en algún lugar antes de que te lleve de vuelta a tu
departamento? —Me preguntó, apretando mi mano un poco más fuerte—.
Realmente no quiero dejarte ir aún.

—Está bien.

Fuimos todo el camino por la autopista hacia el centro del pueblo. Como la
mayoría de las ciudades actuales el área centro estaba casi vacía excepto por un
par de oficinas principales de bancos, restaurantes y tiendas de encargo. Brand
nos llevó a un pequeño parque en una de las iglesias locales aún conservadas.

Llevó el auto a una parada frente a una glorieta de cedro en el centro del
parque y apagó el motor, pero dejó la batería prendida para dar energía a los
faros y a la radio. Cambió la radio a una estación relajada.

—No te muevas, —dijo cautelosamente saliendo del auto y dando la vuelta
hacia mi lado para abrir la puerta por mí. Tomó mi mano y me llevó por las
escaleras de la glorieta.



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Sin decir una palabra, puso sus brazos alrededor de mi cintura y
comenzamos a balancearnos con la música. No sé qué canción estaba sonando y
no me importaba realmente en ese momento. Puse mis brazos alrededor de su
cuello y descansé mi cabeza sobre su pecho. Podía oír su corazón latiendo a
tiempo con el mío.

La primera canción acabo y una que yo conocía comenzó a sonar, la de Jim
Croce ―Time in a Bottle.‖ Fue entonces cuando añadí algo a la larga lista de
perfecciones de Brand: una voz tan hermosa como él.

Me cantó la letra y fue como si la estuviera oyendo por primera vez:

Si pudiera guardar tiempo en una botella
La primera cosa que me gustaría hacer
Es guardar todos los días
Hasta que pasara la eternidad
Sólo para gastarlos contigo

Si pudiera hacer que los días duraran para siempre
Si las palabras pudieran hacer los deseos realidad
Guardaría todos los días como un tesoro y luego
Otra vez, los gastaría contigo.


No pude evitar lagrimear ante la dulce manera en que cantó esas palabras
para mí. Miré hacia su rostro y desesperadamente quise besarlo, pero no podía.
Me había pedido que sólo le besara cuando supiera a quien pertenecía
verdaderamente mi corazón. No podía hacerlo en un capricho. Se merecía algo
mejor que eso.

Estaba mirándome a los ojos, y supe que podía ver mi confusión. Bajó su
cabeza hacia la mía y susurró en mi oído.

—No luzcas tan triste. —Besó mi oreja y continuó besando lentamente mi
cuello hacia mi clavícula. Estaba encontrándolo increíblemente difícil tomar una
respiración estable. Cuando llegó a mi clavícula, movió mi suéter fuera de mi
hombro. El torturador beso se detuvo, y lo oí tomar una sorprendida
respiración.

—Dios, Lilly. No me di cuenta…—



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—Oh. —Lancé mi suéter de vuelta a mi hombro para esconder los
moretones—. No es nada. Desaparecerán pronto. Me curo rápido.

Brand me acunó contra él en un dulce abrazo, siendo cuidadoso de no
estrujarme mucho.

—Vamos, —dijo, renuente a dejarme ir—. Debería llevarte a casa. Necesitas
descansar.

No quería que el momento terminara pero tampoco podía esconder el
hecho de que estaba ciertamente cansada.

Cuando llegamos al departamento, Tara estaba parada en el umbral con los
brazos cruzados sobre su pecho y golpeteando un pie con impaciencia.

—Bueno, ya era hora, —dijo cuando salimos del auto.

—Es mi culpa, Tara, — Brand estaba listo para tomar lo que sea que Tara
quisiera dar—. Sólo quería estar a solas con Lilly por un rato. Si vas a estar
enojada, grítame a mí y no a ella.

Pude ver la ira de Tara desvanecerse. No había estado realmente enojada,
sólo preocupada. Ella era así. Siempre escondiéndose detrás de su bravuconería
cuando no quería que la gente viera que tan frágil era realmente.

—No te preocupes por eso, —dijo—. Sólo me preocupo demasiado por esa
chica a veces.

Brand me dio un beso en la mejilla y me dijo que me recogería para ir a la
escuela la mañana siguiente. Intenté protestar, pero no aceptaría un no.

Lo vi entrar a su auto y conducir lejos. Me volví para entrar al
departamento y escuché otro auto encenderse en el aparcamiento. Volviéndome
para ver quién era, vi el Honda Civic de Will retirarse del espacio de
aparcamiento unos pocos autos más allá e irse.





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Capitulo 8
Traducido SOS por EvaMedina y Anelynn
Corregido por marthatithy1


rand estaba en el departamento alegre y a primera hora de la
mañana siguiente, exactamente a las siete. Él nos trajo a Tara y a mí
algunos croissants recién hechos rodados con huevo y bacon que
había cocinado él mismo esa mañana.

—Oh, Dios mío. —Dije mordiendo uno de los croissants—. Están
deliciosos.

—Bueno, si ustedes se casan algún día, —dijo Tara con la boca llena del
croissant—. Al menos sabré que uno de ustedes puede cocinar. —

Yo estaba encantada de que fuese lunes. Eso significaba que tendría dos
clases con Brand.

El seco retoque del Dr. Floyd del segundo capítulo en nuestra clase de
biología, hizo poco por distraerme de mirar hacia Brand frecuentemente.
Intenté concentrarme en lo que el profesor estaba diciendo, pero en todo lo que
podía pensar era en la sensación de los labios de Brand sobre mi piel cuando él
me besó la pasada noche. Podía sentir mi corazón empezar a acelerarse y mis
hormonas fluyendo por mi cuerpo como lava fundida. Yo quería
desesperadamente arrastrar a Brand fuera de la clase y hacer el viaje con él
hacia mi departamento. Pero cuando pensé en la razón que me evitaba hacer lo
que quería, fue como una ola de marea de fría realidad llevándose mis fantasías
románticas.

Tenía que descubrir qué es lo que estaba pasando con Will. Tenía que
decidir si me importaba o no que él pudiera tener sentimientos por mí. Incluso
si él decidía que yo le gustaba otra vez, ¿sería eso suficiente para borrar el dolor
que había padecido desde esa perfecta noche en la playa? Cuando pensaba en
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Will, sentía el abatimiento presionar contra mi pecho, sofocándome. ¿Eso era
porque yo todavía lo amaba o eso era porque él había llegado demasiado tarde?

Brand me llevó a mi clase de Composición Inglesa y dijo que estaría
esperándome después de clase, así él podría acompañarme a mi siguiente clase,
que era Química General.

—Sabes que puedo caminar por la calle yo sola. —le aseguré.

—Sígueme la corriente. Me sentiría mejor sabiendo que no estás sola.
Además, —dijo él en un tono apagado, mirándome con sus ardientes ojos gris—
plata—. Me da una buena excusa para pasar más tiempo contigo.

¿Cómo podía discutir con esa lógica?

Tara, Michelle y Nora ya estaban en sus asientos habituales de la clase
cuando llegué. Decidí intentar ser agradable con Nora, por el bien de Michelle.
Me gustaba Michelle y sabía, por una conversación previa con ella en el
Laboratorio de Física, que ella y Nora habían sido amigas por mucho tiempo.
Personalmente, yo pensaba que las razones de Nora para mantener a Michelle a
su alrededor, eran todas egoístas. Ella parecía ser el tipo de persona a la que
sólo le gustaba tener ―amigos‖ que parecían estar por debajo de ella en
apariencia y posición social para aumentar su propia importancia.

Michelle y Nora me preguntaron sobre mi accidente de coche y llegaron a
la misma conclusión que tenía la policía: había sido un conductor borracho. No
queriendo hablar más de mi fin de semana desastroso, redirigí la atención de
todas en Nora, lo que no la molestó en absoluto. Después de todo, ella era su
propio tema favorito.

— ¿Cómo fue tu cita con Elliot? —pregunté.

—Horriblemente. ¿Puedes creer que él quería que pague mi parte de la
comida después de que comimos? Quiero decir, en serio. —

La mirada exasperada en la cara de Nora hizo que quisiera reírme, pero me
contuve a mí misma de hacer eso. Tara, por otra parte, no sentía esa necesidad
de gracia social y se rió hasta que las lágrimas brillaban en sus ojos.

—No es tan gracioso. —resopló Nora y se giró en su asiento.


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La pobre Michelle me miraba suplicante. Podría decirse que ella quería que
hiciera que Tara parara de reírse de su amiga. Así que, golpeé a Tara en un lado
de su cabeza para atraer su atención.

—Para. —le articulé silenciosamente inclinando mi cabeza en dirección a
Michelle.

Tara vio la preocupada expresión en la cara de Michelle. Creo que ella se
dio cuenta de que estaba poniéndoselo difícil a Michelle para diversificarse de
Nora y tener otros amigos.

—Hey, lo siento, Nora. —dijo Tara, sorprendiéndome completamente—.
Qué estúpido pedir salir a una chica y luego salir con esa clase de mierda. —

Nora pareció agarrar esa mano tendida de Tara y nos contó lo que pasó.

—Él se puso muy quisquilloso con eso también. Afortunadamente, nos
encontramos allí en coches separados, así que no tuve que estar alrededor suyo
más de lo necesario. Simplemente lo dejé ahí para que pague la cuenta completa
y me fui a casa. —

Todas nosotras estábamos de acuerdo en que ella hizo lo correcto bajo estas
circunstancias.

La Srta. Connor nos guió a un debate animado sobre la batalla de los sexos
que representaban en ―La fierecilla domada‖ el resto del tiempo de clase. Estaba
tan prendida en las opiniones de todos que me sorprendí cuando la campana
sonó para marcar el fin de la clase. Brand fue fiel a su palabra y me estaba
esperando fuera de clase.

Después de asegurarse de que estaba colocada a salvo dentro de mi clase de
Química General, él me dijo que me estaría esperando después, así podíamos
comer juntos.

Cuando fuimos al lugar Común para comer, vi a Tara sentada con Nora y
Michelle en una mesa. Yo pensé que Nora y Michelle iban a tener ataques al
corazón cuando Brand y yo nos sentamos con ellas. Aunque, finalmente
encontré una manera de alejar a Nora de hablar de sí misma. Bueno, de hablar
en absoluto, realmente. Ella sólo miraba fijamente a Brand en completa


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adoración todo el tiempo. La pobre Michelle sencillamente se encerró en sí
misma incluso más. Intenté hacer que se uniese a la conversación un par de
veces, pero pronto me rendí. Era una causa perdida con Brand por aquí.

Como Michelle estaba en nuestra clase de Física, ella caminó con nosotros
hasta la clase. No pude evitar sentirme un poco mal por Michelle. Ella era
desesperadamente tímida y obviamente pensaba que Brand era de ensueño.
¿Pero a quién estaba engañando? ¿Qué chica en un radio de veinte pies no tenía
sus ojos fijos en Brand?

Cuando nos sentamos en nuestros escritorios, esperando a que el profesor
de física aparezca, Brand se giró hacia mí y dijo:

—Noté que están vendiendo entradas para el baile Blanco y Negro. ¿Te
gustaría ir? —

— ¿Cuándo es? —

—Dentro de una semana, el sábado. —

Yo quería ir al baile desesperadamente, pero sabía que no tenía nada que
ponerme. Aunque yo podría ser capaz de hacer que mi madre despilfarre en un
vestido. Como no fui a mis bailes de promoción junior y senior, ella había
estado libre de comprarme un vestido para esas ocasiones. Además, yo sabía
cómo de pillada estaba ella con Brand. Sólo eso haría que las cuerdas de su
bolso se soltasen.

— ¿Podemos hablar de eso luego? Necesito saber algo primero. —

—Todo bien. —Brand parecía confundido con mi respuesta enigmática—.
¿Qué hay de ti, Michelle? ¿Vas a ir? —

Ella simplemente se encogió de hombros en respuesta, estupefacta, una vez
más, por la atención de Brand.

—Bueno, espero verte allí. —Brand le sonrió a la pobre Michelle. Juro que
pensé que iba a desmayarse.

—Quizá. —replicó ella finalmente—. Eso depende de si las cosas salen
como espero. —


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Después de clase, Brand me llevó de vuelta a mi departamento. Como el
Dr. Barry iba a estar en New Orleans toda la semana, ella me había dado la
semana libre. Yo estaba agradecida por el tiempo extra para descansar.

Estábamos a punto de salir de su coche cuando el celular de Brand sonó.

—Hey, tengo que volver a casa por unos minutos para arreglar algo
importante. —

—Está bien. —le dije—. De todas formas, a mí realmente me gustaría tomar
una siesta. Todavía estoy un poco cansada. —

Él se inclinó y me besó en la mejilla, como siempre.

— ¿Me prometes que no irás a ningún sitio sola? —

—Te preocupas demasiado. Pero, sí, prometo no abandonar mi
departamento sin compañía. —le concedí.

Brand se fue y yo entré en el departamento. No me di cuenta de lo cansada
que estaba hasta que me acosté en mi cama y me dormí instantáneamente.

Tuve unos sueños muy raros en mi siesta. Había muchos gritos y llantos.

Luego, Brand estaba ahí, sosteniéndome en sus brazos, besándome
finalmente en los labios. Pero él sólo presionaba sus labios sobre los mío por
unos cortos pocos segundos cada vez. Pude sentir mi conciencia tironeándome,
intentando despertarme, pero yo no quería hacerlo. Incluso si esto era sólo un
sueño, quería mantener el sentimiento de calor de sus labios presionados contra
los míos. Desesperada por hacerlo durar más tiempo, pasé mis dedos por el
cabello de detrás de su cabeza y lo empujé hacia abajo, hacia mí, tan cerca como
podía. Él respondió del mismo modo y me sujetaba incluso más apretadamente,
besándome tan fuerte que yo pensé que me corazón podría estallar. El beso
pareció durar por siempre hasta que susurré ―Brand‖.

Sentí que se tensaba y me dejó ir.

— ¡Lilly! ¡Lilly, despiértate! —



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El grito histérico de Tara interrumpió lo que había sido un hermoso sueño.
Abrí mis ojos y vi la cara de Will primero. Él estaba acunándome en su regazo.
Tara estaba sobre su hombro con una mirada salvaje en su cara como si algo
fuese mal. Fue entonces cuando noté que estábamos fuera, en el suelo de la
piscina del complejo del departamento.

— ¿Estás bien? —preguntó ella, intentando controlar su histeria.

— ¿Qué...? —intenté encontrarle el sentido a lo que estaba pasando—. ¿Qué
está pasando? —

Fue entonces cuando un par de hombres ETM vinieron corriendo
bordeando el edificio.

— ¿Qué pasó? —preguntó uno de ellos arrodillándose a mi lado.

—El gas estaba encendido cuando entramos en el departamento. —Le dijo
Will con una voz calmada e imparcial—. Intentamos despertarla, pero ella no
estaba respirando. La trajimos aquí fuera y le hice la reanimación cardio-
respiratoria.

—Vamos a necesitar el oxígeno. —dijo el primer EMT al otro, que hizo una
carrera de locura de vuelta alrededor del edificio. Asumí que de vuelta a la
ambulancia.

— ¿Has apagado el gas en el departamento? ¿Alguien más fue afectado? —

—Yo. —Dijo Tara, todavía temblando por la experiencia—. Lo apagué tan
pronto como lo encontramos encendido. Y no había nadie más allí.

—De acuerdo. Bien. —

El segundo EMT volvió con una camilla y un tanque de oxígeno. Ellos
pusieron la máscara de respiración sobre mi nariz y boca en cuestión de
segundos.
—Tendremos que llevarla al hospital sólo para asegurarnos de que ella está
bien. Pero ustedes hicieron lo correcto. —felicitó él—. ¿Quién de ustedes va a
venir con nosotros? —

—Yo iré. —Tara se presentó voluntaria rápidamente.


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—Tengo que quedarme aquí y esperar a la policía. —dijo Will, mirándome
con una rara expresión ilegible.

No nos tomó mucho tiempo llegar al hospital. Extrañamente, terminé
atendida por la misma doctora que me había tratado después de mi accidente
de coche.

—No esperaba verla otra vez tan pronto, Srta. Nightingale. —dijo ella
cuando vino a verme en la sala de emergencias.

Todo lo que pude hacer fue encogerme de hombros porque tenía la
máscara de oxígeno sobre mi nariz y mi boca.

Una enfermera vino y tomó una muestra de mi sangre. No estábamos allí ni
veinte minutos cuando Brand y Will entraron juntos.

—Lo siento tanto, Lilly. —Dijo Brand viniendo a mi lado y sosteniendo mi
mano—. No debí dejarte allí sola. —

— ¿Qué ha dicho la policía? —Tara le preguntó a Will.

—Ellos dijeron que parecía como si alguien hubiese forzado la cerradura de
las puertas de cristal deslizantes del dormitorio de Lilly. No parecía ser un
accidente. —

¿No un accidente? Eso no podía ser correcto. ¿Quién podría querer
matarme, aparte de mi viejo némesis Destino?

— ¿Por qué alguien querría matar a Lilly? —preguntó Tara, poniéndole voz
a mi propia pregunta.

—Bueno, considerando el accidente en el que ella estuvo y ahora esto. Ellos
piensan que alguien podría estar tras ella. —

Un escalofrío pasó por mi espina dorsal y sujeté la mano de Brand incluso
más fuerte.



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—Nosotros no la dejaremos sola nunca más hasta que sepamos quién está
haciendo esto. —dijo Brand con el consuelo en su voz que necesitaba oír en ese
momento.

Ellos tres coordinaron sus horarios para asegurarse de que yo tenía al
menos a uno de ellos conmigo todo el tiempo. Todo lo que pude hacer fue estar
allí tendida en silencio, estupefacta. ¿Así que no sólo tenía al Destino intentando
matarme, sino que ahora tenía a una persona real en carne y hueso que me
quería muerta? ¿Qué he hecho en mi vida para merecer esto?

La policía vino a verme mientras todavía estaba en la sala de emergencias.

El nombre del detective jefe era Joseph Randall. Él era un hombre de peso y
altura corriente con cabello y ojos marrones oscuro. Belleza no—descriptiva, lo
que pensé que era una buena cosa en su línea de trabajo.

— ¿Conoce a alguien que le tenga rencor, Srta. Nighingale? —preguntó él
con un pequeño cuaderno de notas negro y un bolígrafo en sus manos,
preparado para escribir mis respuestas.

—No alguien en que pueda pensar. —dije intentando retorcer mi cerebro
buscando a alguien que me odiase lo suficiente como para quererme muerta—.
Para ser sincera, no conozco a muchas personas aquí. —

— ¿Has notado a alguien nuevo en la Universidad? ¿Quizá un acosador? —

—No, no he notado a nadie así. —

Él cerró su pequeño cuaderno de notas negro y se lo guardó en el bolsillo
de su chaqueta. Sacó un montón de tarjetas y nos dio una a cada uno de
nosotros.

—Me temo que hasta que consigamos una pista, no hay mucho que
podamos hacer aquí. No hemos conseguir ninguna huella digital en la puerta o
en el pomo del gas que no pertenezca a la Srta. Jenkins o a usted. Si piensa en
algo más o algo más pasa, siéntase libre de contactarme a cualquier hora, día o
noche.

Lo único en lo que podía pensar era en que si necesitábamos llamar al
Detective Randall otra vez, yo estaría probablemente muerta.


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Afortunadamente, no tuve que quedarme en el hospital mucho tiempo. Me
fue permitido salir alrededor de las cinco esa tarde. Fui a casa con Brand, en su
coche, y Tara fue con Will.

—Nunca debí dejarte. —dijo Brand con mucha más culpa de lo que debería
tener.

—No había forma que pudieses haber sabido lo que iba a pasar. —intenté
asegurarle—. Yo sólo no entiendo por qué alguien podría quererme muerta.
Apenas conozco a alguien aquí. —

— ¿Tienes algún compañero de tu instituto aquí? ¿Alguno de ellos tiene
algún resentimiento contra ti por algo? —

—Bueno, hay algunos chicos de mi antigua escuela aquí, pero no he
hablado con ninguno de ellos desde que la escuela empezó. De cualquier
manera, no hablaba con ellos tanto cuando estábamos en el instituto juntos.
Dudo que ellos siquiera sepan que estoy aquí para ser honesta. —

—Mi viaje no podría estar pasando en el peor momento —dijo Brand en
frustración—, necesito salir de la ciudad mañana, y no estoy seguro a qué hora
estaré de regreso.

Mi corazón se hundió. — ¿A dónde vas? —.

—Voy a guiar a alguien que necesito ver antes de que él desaparezca otra
vez—.

El raro tono reservado de su voz me preocupó. —Mañana será mi mejor
oportunidad para atraparlo.

No me gustaba la idea de Brand no estando alrededor, pero decidí no hacer
un gran lío de eso.

Era obvio que él no quería dejarme tampoco. No quería culparlo en
quedarse cuando lo que sea que estaba haciendo parecía tan importante para él.

—¿Te quedarías conmigo esta noche? —pregunté.



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—Haré cualquier cosa que quieras, Lily. Ya deberías de saber eso. —

Cuando llegamos al departamento, Tara prácticamente se había quedado a
cargo. Ella me ordenó ir a tomar una ducha mientras llamaba para pedir una
pizza.

Yo estaba contenta de quitarme la ropa. Todavía mantenían un ligero olor
al sulfúrico del gas. Cuando caminé de regreso a la sala, noté que Will se había
ido.

Brand está parado por la encimera de la cocina mirando hacia las rosas que
Will me había enviado como una disculpa por asustarme la noche que el avión
se estrelló.

—Bonitas flores —comentó secamente.

No sentí como que necesitaba decir de quién eran. Estaba bastante segura
que había descubierto esa parte por él mismo.

—¿Dónde está Will? —pregunté.

—Se fue a casa. Él estará aquí vigilándote todo el día de mañana hasta que
regrese de mi viaje. —

Había querido agradecerle a Will por salvarme la vida. Aunque, eso no era
exactamente algo nuevo. Parecía como que había estado tratando de
mantenerme con vida desde que tenía ocho años.

Tara, Brand y yo comimos la pizza que ella ordenó y vimos un poco de
televisión. Mi mejor amiga estaba inusitadamente callada esta tarde.

Terminé dormida en el futón con Brand mientras estábamos viendo una
película. Lo siguiente que supe fue que él estaba llevándome a la cama. Después
de que me acostara y me pusiera una manta sobre mí, se giró para irse.

—No —dije repentinamente, con pánico irracional. —Por favor no te vayas.
¿Te quedas conmigo? —

Brand empujó la puerta abierta tanto como pudo. Sólo pude suponer que
era en beneficio de Tara así ella no pensaría que algo estaba pasando que no


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debería estar en mi habitación. Se quitó sus zapatos y saltó a la cama conmigo,
acunándome con su calor. Él comenzó a tararear la canción que había
escuchado sonando en la casa de Abby la noche que mi carro se averió. No me
tomó micho tiempo para caer en un sueño profundo sin ensueños.

Cuando desperté la mañana siguiente, Brand se había ido. Podía escuchar a
Tara en la cocina horneando golpeando una sartén en la estufa, luego
quebrando huevos contra el lado de un tazón. Con el recordatorio del
desayuno, mi estómago dio un involuntario rugido.

Entré en la sala de estar y me senté en uno de los taburetes de la encimera
de la cocina.

— ¿Cuando se fue Brand? —pregunté, observando a Tara batir los huevos
en el tazón frenéticamente con una batidora.

—No hace mucho. Tal vez hace media hora. —

Tara no levantó la vista hacia mí cuando dijo eso. Toda su atención estaba
entretenida hacia los huevos en el tazón, los cuales había estado batiendo
mucho, a esta hora la espuma estaba apareciendo. Sabía que algo pasaba.

— ¿Qué está mal? —le pregunté.

— ¿Qué está mal? —repitió batiendo los huevos aún más rápido. —Bueno,
déjame ver. Casi he perdido a mi mejor amiga dos veces en esta semana y no
tenemos idea quien te quiere muerta tanto. Eso es lo que está mal. —Ella golpeó
el tazón de huevos en la encimera de la cocina frente a ella.

Sólo tomó un segundo para que las lágrimas aparecieran.

Inmediatamente fui hacia ella y puse mis brazos alrededor de sus hombros.
Ella lloró sin parar por cinco minutos y siguió murmurando que no sabía que
haría sin mí entre sollozos. La sostuve tan apretadamente como podía y seguí
tratando de asegurarle que todo iba a estar bien.

—Además, ellos estarían locos al tratar algo ahora que estamos sobre ellos.




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—Bien mejor que no traten nada cuando yo esté alrededor. —Tara limpió
las lágrimas de su cara en la manga de su camisa—. Ellos estarán más muertos
que una zarigüeya tumbada en la orilla de la carretera después de media noche
si lo hacen. —

Odiaba lo que mi mala suerte le estaba haciendo a mi mejor amiga, mi
hermana. Pero no era como que le había pedido estar acechando a cualquiera
que fuera quien me quería muerta.

Hubo un golpe en la puerta principal. Fui a responder mientras Tara
continuaba aunando esfuerzos para sí misma y terminaba de hacer el desayuno.

Había esperado ver a Will parado en la entrada, pero era un oficial de
policía. Dijo que el Detective Randall le pidió pasar por el departamento y
verificarme para asegurarse que todo estaba bien. Sabía lo que él en realidad
estaba haciendo, verificar si yo había sobrevivido la noche sin otro atentado en
mi vida.

Le agradecí al oficial por pasarse y le aseguré que todo estaba bien. Como el
Detective Randall había hecho, me dijo que lo llamara si algo fuera de lo
ordinario pasaba.

Mientras estábamos teniendo el desayuno, Tara golpeó la mesa
aparentemente recordando algo importante.

—Totalmente olvidé decirte sobre Will. —

— ¿Qué hay con él? —pregunté poniéndole mantequilla a un bollo.

—Besaste e insultaste a ese pobre hombre ayer, chica. —

—Creo que recordaría algo como eso, Tara. —

—Lo harías si hubieras estado consciente. —

—No entiendo. —

Tara estaba completamente confundiéndome. Luego me golpeó. El sueño
que pensé estaba teniendo antes de despertarme en los brazos de Will cerca de
la piscina.


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—Oh Dios. —Mis manos comenzaron a temblar tanto que tuve que bajar mi
bollo al plato. —Pensé que era un sueño sobre mí besando a Brand. —

—Bueno, eso explica porqué le llamaste a Will, Brand —dijo rellenando su
boca completamente de huevo.

—No lo entiendo. ¿Cómo terminamos besándonos? —

—Él te estaba dando el RCP y luego repentinamente agarraste su cabeza y
actuaste como que ibas a succionar su cara. Creo que él lo estaba disfrutando
hasta que lo llamaste Brand. —Tara sonrió y en cierto modo resopló una risa.

—Él te soltó bastante rápido después de eso. —

—Tengo que disculparme. —

—No lo haría si fuera tú. Él salvó tu vida. No deberías avergonzar al chico
así. Si no lo mencionas, pensará que no recuerdas haciéndolo. Sólo pensé que
deberías saber lo que pasó en caso de que saque el tema por sí mismo. —

Tara estaba en lo correcto. Dejaría a Will sacar el tema si decidía que quería
hablar sobre eso. Como era, yo estaba completamente avergonzada que mi
segundo beso con Will pasara de esa forma. Hablando de besar...

— ¿Cómo te fue en tu cita con Simon el sábado en la noche? No lo has
mencionado. —

—Oh, fue bien. —La astuta y pequeña sonrisa en el rostro de Tara me decía
que había sido más que sólo bien.

—Bueno, ¿consigo algunos detalles? —provoqué ansiosamente—. ¿Qué
hicieron? ¿A dónde te llevó? —

—Me llevó al Club Campestre Lakewood para la cena y luego me mostró
como jugar golf en su curso. —

— ¿Tú juegas golf? Eso debió haber sido un espectáculo para ver. —Si
alguien tenía peor coordinación que yo era Tara. —



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—No lo hice tan mal —se defendió—. De hecho, Simon dijo que tenía
talento natural. —

— ¿Así que cuando es la próxima cita? —

—No lo sé —dijo vagamente—, depende. —

—Sé lo que estás haciendo. Will y Brand pueden cuidar de mí simplemente
bien mientras tú sales en una cita. No podrás vigilarme todo el tiempo.
Además, Simon suena como un gran chico. Deberías ver a donde se dirige esto.

—Ya veremos. —

Después del desayuno, conseguimos estar listas para la escuela.

No fue hasta que estaba cerca de marcharme de la puerta que Will apareció.
Sólo me dio el más leve de los saludos antes de preguntarme si estaba lista para
irme. En el camino a la escuela, no dijo una palabra, sólo se sentó detrás del
volante con una expresión melancólica en su cara. Me preguntaba si su actitud
tenía algo que ver con el beso accidental que compartimos ayer.

Cuando llegamos al campus, me acompañó a mi clase de la civilización del
mundo y me dijo que estaría esperando fuera de la puerta hasta que necesitara
ir a mi clase universitaria de álgebra.

— ¿No tienes tus propias clases a las que ir? —

—No seas tonta, Lilly. Sabes que no te quitaremos la vista de encima hasta
que descubramos quién está detrás de ti. Es obvio que no puedes cuidar de ti
misma.

El rumbo de sus palabras cortó a través de mí como el filo dentado de un
cuchillo. ¿No había sido atravesar lo suficiente sin su ridículo comentario
adicional a mi ya frágil estado de ánimo? No pude evitar las lágrimas que
amenazaban con mostrar lo mucho que sus inconsideradas palabras me habían
herido.

Él las noto por supuesto y abrió su boca para decir algo, pero no quería oír
lo que tenía que decir. Le di la espalda y entré en la clase.



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Después de clase, estaba esperando fuera por mí y me acompañó a la clase
universitaria de álgebra. Ninguno de nosotros dijo una palabra. Apenas
reconocí su presencia. Cuando la clase terminó, dejé que todos los demás
salieran antes que yo. Will estaba recargado contra la pared junto a la entrada
esperando pacientemente.

—Es el periodo de tu almuerzo, ¿cierto? —preguntó siguiendo mi ejemplo
al pasillo.

—Sí, pero preferiría ir al trabajo temprano. —

Ni siquiera lo miré. Entre más pensaba sobre su insensible declaración más
temprano esa mañana más enojada me ponía. Seguro como el infierno no quería
pasar todo el periodo del almuerzo con el inconsiderado bobalicón.

Y luego recordé que en realidad no tenía que entrar en el trabajo esa tarde.
El Dr. Barry todavía estaba en Nueva Orleans. ¿Cómo iba a escapar de Will
ahora?

Tal vez podría sólo esconderme en su oficina por un rato. Will no sabía que
ella no estaba ahí.

—Lily, detente por un segundo. Necesitamos hablar —suplicó.

Estábamos afuera del edificio de artes liberales ahora. Comencé a caminar
hacia el edificio de ciencia pero Will agarró mi brazo y me hizo mirarlo, aunque
obstinadamente evité encontrar sus ojos y miré a la acera hacia mis pies en su
lugar.

—Lily, por favor. Lo siento. No quise decir lo que dije más temprano. Sólo
estaba enojado por algo y no debería haberla tomado contigo. —

No era suficiente. Tiré de mi brazo fuera de su mano y comencé a caminar.
No sabía a dónde estaba caminando, pero sabía que tenía que escapar de él
antes que dijera cosas de las que pudiera arrepentirme después. Para cuando
trató de detenerme otra vez, habíamos caminado a un lugar apartado debajo de
la pérgola al lado de la biblioteca. Nadie estaba dentro del alcance para
escuchar.



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Me agarró por el brazo otra vez provocando que tirara de mi brazo para
liberarlo, tirando mis libros al piso.

El rápidamente los recogió y los sujetó holgadamente en una mano en su
costado.

—Lilly, dije que lo sentía. ¿Qué más tengo que hacer? —

Finalmente levanté la vista hacia sus suplicantes ojos azules y básicamente
lo perdí. Toda la frustración de los últimos dos años burbujearon a la superficie,
derramándose antes que tuviera tiempo de pensar bien lo que estaba a punto de
decir.

— ¡No hay nada que puedas hacer, Will! —Escuché la histeria en mi voz
pero no pude evitarlo. — ¿Por qué te importa tanto saber que pienso de ti de
cualquier forma? ¿Por qué finges que en realidad te importo otra vez? ¿Es
porque podría en realidad haber encontrado a alguien más quien pueda
reemplazarte en mi vida?

—No estoy fingiendo —se defendió—. Me preocupo por ti. Más de lo que
tengo derecho. —

—Bueno de seguro tienes una rara forma de demostrarlo. Si te preocuparas
por mí no habrías dicho lo que dijiste esta mañana. La gente no le hace eso a sus
a amigos—.

—Dije que lo sentía sobre eso, Lilly. ¿Por qué no me crees? —.

—Porque ya no sé quién eres, Will. Es casi como que tienes un complejo
Jekyll/Hyde o algo. He visto al Will a quien solía amar más en los pasados
pocos días de lo que he visto en los pasados pocos años. Pero entonces tenías
que ir y arruinarlo por ser un completo idiota esta mañana. ¿Quién eres Will?
¿Cuál personalidad es el verdadero tú?

—No sabes lo que daría por ser ese chico quien te besó en la playa otra vez,
Lilly. Deseo eso más que nada. Quiero que me veas cómo lo hiciste esa noche.
¿Qué tengo que hacer para que me ames otra vez? —La manera torturada en
que dijo esas palabras llevó lágrimas a mis ojos e hizo que mi pecho se sintiera
pesado con el dolor sobre las oportunidades perdidas.



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— ¡Llegas dos años tarde! Rompiste mi corazón. ¿Por qué debería
perdonarte? —.

—Porque te amo, Lilly. Siempre te he amado. ¿No puedes ver eso? —.

— ¿Por qué no dijiste eso hace dos años? —le grité, retrocediendo. Sentí
como si estuviera perdiendo la razón. ¿No había deseado siempre escuchar esas
palabras de Will? Habría dado cualquier cosa porque él hubiera declarado su
amor por mí justo las últimas semanas. Pero ahora, tenía a Brand, alguien que
había hecho nada excepto mostrarme respeto y amabilidad; alguien que trajo la
alegría de vuelta a mi vida. Él era alguien que sabía lo que quería: a mí.

—Llegas muy tarde, Will. Muy tarde —dije sacudiendo mi cabeza hacia él,
continué retrocediendo.

Pude ver el dolor en sus ojos aún a través de mis lágrimas.

—No digas eso, Lilly. Por Dios santo, tú no lo conoces. ¡Lo acabas de
conocer la semana pasada! ¡Me has conocido toda tu vida!—

—No, no creo conocerte en absoluto. Pensé que lo hacía, pero no creo
hacerlo ahora. Realmente necesitas dejarme sola, Will. Ya no puedo estar a tu
alrededor. Duele demasiado. —

Corrí. No sabía a dónde estaba yendo y no me importaba. Sólo sabía que
tenía que escapar.









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Capitulo 9
Traducido SOS por Emi_93
Corregido por Xiime~


o siguiente que supe fue que estaba frente al edificio Común
sollozando incontrolablemente. La gente me estaba mirando raro,
pero no me importó. Podía oír a Will gritando mi nombre detrás de
mí y supe que tenía que seguir. Lo último que quería era estar
cerca de él.

— ¡Hey, Lilly, espera!

Miré hacia mi izquierda y vi a Abby en su auto usando una peluca púrpura
con coletas y lentes de contacto azules, vestida con un mini-vestido blanco,
abriendo la puerta del pasajero para mí. No necesité una segunda invitación.
Tan pronto entré en el auto, apretó el pedal del gas y salimos disparadas. No
creo que haya parado de llorar hasta que estuvimos en la carretera.

—Lo siento. —le dije, buscando en mi cartera un paquete de Kleenex que
siempre llevaba allí―. No debiste verme así.

—No te preocupes, amor. ¿Quieres hablar de ello?

—No. No quiero ni pensar en ello.

Abby estaba silenciosa, dispuesta a darme todo el tiempo que necesitara
para recomponerme.

Supe que si volvía a pensar en Will, terminaría llorando otra vez. Me
devané los sesos por encontrar algo que me distrajera de él.

— ¿Crees que podrías llevarme hasta mi auto? —pregunté—. Brand dijo
que estaba en su casa. Realmente necesito ponerme en contacto con mi
compañía de seguros y ver si pueden encargarse de ello.

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—Seguro, amor, puedo llevarte ahora si quieres.

—Gracias, realmente lo aprecio.

No pasó mucho tiempo antes de que estuviéramos saliendo de la autopista,
hacia la casa de Brand.

— ¿Qué estabas haciendo en el campus? ―pregunté.

—Vigilándote, —admitió Abby con un pequeño toque de culpa bajo su
voyerismo—. Brand me pidió que mantuviera un ojo puesto en ti. No confía
completamente en que Will haga bien el trabajo. Y, por lo que vi, tenía una
buena razón para creer eso.

—Bueno, gracias por estar ahí para mí. No estaba segura de cómo iba a
deshacerme de él de otra forma.

—Siempre estoy lista para una huida rápida. —Enfatizó sus palabras
acelerando su coche un poco, con una sonrisa diabólica en su cara.

No pude evitar reírme de ella. Esto relajó mi tensión y finalmente empecé a
sentir mi cuerpo relajándose.

Cuando llegamos a la casa de Brand, miré desconcertada lo que quedaba de
mi auto.

—Oh, por Dios.

El frente estaba completamente abollado. Ya ni siquiera estaba segura de
dónde estaba el motor. Me sentí afortunada de que no hubiera terminado sobre
mi regazo. La puerta del conductor estaba apoyada contra el costado del auto,
casi como si hubiera sido arrancada. Supuse que debía haberse salido de alguna
forma en el accidente.

Usé el teléfono que Brand me había dado y llamé a la compañía de seguros.
Afortunadamente tenían un agente libre esa tarde para que viniera a ver el
daño. Abby me invitó a la casa de Brand y se ofreció a hacerme el almuerzo.

—Él siempre tiene una cocina bien provista. —dijo—. Sabe que soy
demasiado vaga para hacerme mi propia comida.


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En nada de tiempo, Abby cocinó un par de filetes, patatas asadas, y preparó
una ensalada. Cuando nos sentamos a comer, noté que su filete sangraba tanto
que era como si estuviera casi crudo. Afortunadamente, cuando corté el mío
estaba perfectamente poco cocido
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—Así que, ¿te molesta si pregunto cuánto te gusta mi querido primo? —
preguntó poniendo una gran tajada de carne en su boca.

—Bueno, me gusta mucho. Es una de las personas más agradables que he
conocido.

—Agradable. —Meditó sobre la palabra, como si no sonara del todo bien—.
La mayoría de las mujeres hablan sobre lo guapísimo o mortalmente sexy que
es. Es raro que tú hables sobre un atributo de su personalidad.

—Bueno, él es guapísimo. —admití—. Pero eso es obvio.

—Cierto. —dijo ella—. Sabes, creo que nunca lo vi tan enamorado de
alguien como lo está de ti. De hecho, sé que no lo he visto.

— ¿Pero qué hay de la chica que él mencionó? Su primer amor. ¿Asumo
que te contó sobre el interrogatorio que le hizo mi mejor amiga antes de nuestra
primera cita?

Abby se rió—. Sí, lo hizo. Realmente me gustaría conocer a Tara algún día.

—Dijo que ella murió. ¿La conociste?

Los ojos de Abby se posaron en su plato mientras jugaba ausentemente con
su papa con el tenedor.

—Sí, él la amó, pero yo no estaba cerca entonces.

—Oh. —dije, sorprendida—. Tenía la impresión de que ustedes dos habían
crecido juntos.

—Durante la mayor parte, pero no esa parte. –dijo.


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Es la forma en que algunas personas comen la carne, casi roja pero cocida.


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Dejó su tenedor sobre el plato y colocó sus manos frente a ella antes de
mirarme otra vez.

—Sé que dije que no hablaría de esto antes, pero necesito saber algo.

— ¿Qué quieres saber? —pregunté cautelosamente, preguntándome hacia
dónde estaba yendo esto.

―Amo a Brand con cada fibra de mí ser, y no quiero ver que salga herido.
Sé que esto no es de mi incumbencia, pero si hay algo sucediendo entre tú y
Will, por favor no alientes a Brand y le hagas tener falsas esperanzas. Él merece
algo mejor que eso.

—Yo no le haría eso, Abby. Él sabe lo que significó Will para mí en el
pasado. No he tratado de ocultarle nada.

— ¿Pero qué significa Will para ti ahora? A juzgar por lo que vi, aún puede
afectarte mucho. Escucha… —dijo con un suspiro pesado—. Brand se está
enamorando de ti. Bueno, para ser completamente honesta, creo que ya está
enamorado de ti. Sólo que no quiero que salga herido si se puede evitar.

—No quiero herirlo, Abby.

—No, no creo que quieras, pero lo harás si no decides pronto a quién
quieres. De una forma u otra, alguien se irá con el corazón roto, y no quiero ver
a Brand recogiendo las piezas del suyo innecesariamente.

—Lo sé. Sólo necesito algo de tiempo para resolver todo.

—Sólo quiero que sepas cómo me siento con todo el asunto. No es mi
intención entrometerme en tus relaciones. Es sólo que lo amo. No quiero verlo
herido.

—No quiero ver eso tampoco.

—Está bien, solo sentí que debía dejar salir eso. —Volvió a tomar su
tenedor y continuó comiendo su filete.

Después de eso, Abby volvió a su yo efervescente y me preguntó sobre el
baile de Blanco y Negro al que Brand me había invitado.


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— ¿Por qué no dijiste que sí? —preguntó ella.

—No tengo un vestido. Quería ver primero si mi madre me ayudaría con
algo de dinero para comprar uno.

—Bueno, si necesitas un vestido para usar, puede que tenga algo en mi
guardarropa que te quede bien.

Miré a Abby y dudé seriamente que cualquier cosa que tuviera me quedara
bien. Ella era al menos un pie más baja, y ni de lejos tan bien dotada en el área
del pecho. Una visión de mí tratando de caber en uno de sus vestidos pasó por
mi mente y me hizo desear reírme a carcajadas.

Mientras estábamos lavando los platos del almuerzo, el agente del seguro
apareció. Salí para hablar con él. Sorprendentemente, no tomó mucho tiempo.
Dijo que el auto estaba cubierto y me escribió un cheque por $5000. Me explicó
que ya había fijado el precio del auto esperando que fuera exigida la cobertura
completa, según el reporte de la policía que habían recibido describiendo el
accidente y los daños. Yo estaba gratamente sorprendida por el monto. Había
pagado solamente $3500 por el auto. Le agradecí por venir y hacerse cargo de
las cosas tan eficientemente.

Después de que se fue, me senté en los escalones del porche del frente
mirando el cheque con incredulidad.

—Wow, ¿ya se ha ido? —preguntó Abby viniendo a sentarse a mi lado.

—Sí, y también me dio como $1500 más de lo que originalmente pagué por
él. —Le mostré el cheque en mis manos, aún sin poder creerlo.

Ella silbó—. Bueno, quizás no tengas que pedirle dinero a tu mamá para un
vestido ahora. —Me guiñó un ojo y empujó con el codo.

— ¿Sabes cuándo regresará Brand? —pregunté, ahora ansiosa por darle mi
respuesta a su invitación.

—No, lo siento. No lo sé. Él tampoco estaba seguro. Pero él es seguro, amor.
¿Necesitas ayuda eligiendo un vestido?



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La emoción de Abby me emocionó más aún. —Claro, pero necesitamos
recoger a Tara. Nunca me perdonará si compró algo en este momento sin ella.
Además, ella es algo así como mi balance.

— ¿Balance?

—Por lo general agarraría algo demasiado conservador. Ella me forzaría a
elegir algo más provocador.

—Ahhh, creo que Tara y yo nos llevaremos bien. Suena como mi tipo de
chica.

Abby me llevó a casa poco después. Creo que no debí haberme sorprendido
de encontrar a Will caminando con ansiedad delante de mi apartamento con
mis libros en sus manos cuando llegamos.

— ¿Dónde has estado? —demandó él tan pronto como me bajé del auto.

—Estaba con Abby. —me giré hacia ésta―. Abby, este es Will. Will, esta es
la prima de Brand, Abby. Vive en su casa.

—Hola. —Abby saludó a Will con la mano, pero no recibió una respuesta,
solo una fría mirada de disgusto que pareció totalmente innecesaria.

—Gracias por todo, Abby. ¿Le dirías a Brand que me llame cuando llegue?

—Claro, amor.

—Gracias, te veo más tarde. ―Cerré la puerta del auto y caminé hacia la
puerta de mi apartamento.

Abby se marchó, dejándonos a Will y a mí solos.

—Eso fue estúpido, Lilly ¿Por qué te meterías en un auto con alguien que
apenas conoces? ¿Cómo sabes que ella no es la que está tratando de matarte?

—Bueno, era mejor que tratar de correr de ti, Will Allen.

—Lilly. —Tocó mi brazo tiernamente urgiéndome a que lo mirara. Cuando
lo hice, me arrepentí. Sus ojos mostraban un anhelo que casi había olvidado que


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existía. —¿No podemos hablar de lo que dije? ¿Es tan malo saber cómo me
siento realmente por ti?

Antes de que pudiera contestar, Tara apareció en su auto y saltó fuera.

— ¡Hey!

Tara vino rebotando hacia nosotros satisfecha de sí misma.
Instantáneamente supe que algo bueno había pasado ese día.

—Así que, ¿qué te puso de tan buen humor? —pregunté acomodando la
tira de mi cartera sobre mi hombro en un movimiento que forzó a Will a sacar la
mano de mi brazo al mismo tiempo.

—Oh, nada, solo Simon pidiéndome que vaya al baile de Blanco y Negro
con él. ―dijo saltando arriba y abajo con emoción.

— ¡Genial! Podemos ir a comprar el vestido juntas.

—Debí haber sabido que Brand ya te lo había pedido. ¿Por qué no me lo
dijiste?

Me encogí de hombros. ―No encontré el momento.

—Tengo que irme. —Will me pasó mis libros, se volteó y fue hacia su auto.

— ¿Qué pasa con él? —preguntó Tara, viendo cómo Will aceleraba fuera
del aparcamiento como si los sabuesos del infierno fueran tras él.

—Vamos adentro. No vas a creer el día que tuve.

Después de que narrara todo lo que había pasado entre Will y yo ese día,
todo lo que Tara pudo decir fue:

—Wow.

—Lo sé. —Me senté a su lado en el futón, sintiéndome completamente
abatida.



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—¿Qué vas a hacer? —me preguntó volteándose hacia mí. —Digo, ¡Has
estado enamorada de Will toda tu vida! ¿Y ahora te dice que también te ama?

—Es sólo que me siento…

Confusa era una palabra débil para describir cómo me sentía en ese
momento. ¿Cómo podía explicar mis verdaderos sentimientos hacia mi mejor
amiga?

—Es sólo que me siento mucho mejor cuando estoy con Brand. No lo sé. Tal
vez sea lo nueva que es nuestra relación lo que me emociona. Pero, tengo este
sentimiento intenso cuando estoy con él, como si estuviera predestinado para
mí. Me siento como alguien especial cuando estoy con él. Y Will… bueno, él es
mi pasado, mi amor de la infancia y mi primer corazón roto. Tal vez es tiempo
de que crezca un poco y deje el pasado donde debe estar.

— ¿Puedes hacer eso? —la incertidumbre en la voz de Tara reflejó mis
propios pensamientos.

¿Podía abandonar mis sentimientos por Will en el pasado sabiendo cómo se
sentía él por mí ahora? Mi sueño adolescente de Will profesándome su amor
había realmente sucedido ese día, y aquí estaba yo, completamente deprimida
con la experiencia. Me entristeció darme cuenta de cuánto tiempo perdido había
entre nosotros. ¿Cuán diferente sería yo ahora si él simplemente me hubiera
contado cómo se sentía hace dos años?

—Honestamente, no lo sé. –confesé.

El timbre sonó y Tara se levantó para contestar.

Cundo Brand entró por la puerta, sentí que el peso del día abandonaba mis
hombros aunque hubiera sido un peso psicológico. En ese momento, él era la
luz al final de un oscuro e interminable túnel. No pude evitarlo. Lancé mi
cuerpo fuera del futón y hacia sus brazos en cuestión de segundos. La calidez
de su piel y su aroma hicieron que mis músculos se relajaran de inmediato. Era
como regresar a casa luego de haber estado fuera por un tiempo.

—Lilly, ¿qué está mal? ―preguntó, sosteniéndome con facilidad, como si
fuera la cosa más preciosa en el mundo para él.



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—Sólo sujétame, Brand.

Tara fue a su habitación para darnos algo de privacidad.

No estoy segura de cuánto tiempo pasamos Brand y yo allí parados, pero
finalmente lo dejé ir y miré hacia su hermoso rostro ¿Había notado alguna vez
cómo brillaba la pálida piel de Brand? Bueno, no me refiero a brillar como un
foco, más bien era como si su belleza interior se mostrara en el exterior
iluminándolo con un etéreo sudario de tranquilidad.

La forma tierna en que me miró me hizo desear besarlo hasta que no
pudiera pensar en nada más, hasta que todo lo que había dicho Will se
desvaneciera de mi mente y mi corazón. Pero mi promesa hacia él me detuvo
de hacerlo. Las palabras de Abby resonaron en mi cabeza también. Primero
tenía que asegurarme de que mis sentimientos por Will pudieran quedarse en el
pasado a donde pertenecían.

¿Pero podría hacerlo? ¿Podría dejar ir mis fantasías adolescentes que
habían tenido a Will como centro desde que podía recordar? ¿Podría confiar mi
corazón otra vez y permitirme enamorarme de Brand? Sería tan fácil amar a mi
Adonis en carne y hueso y dejar que me amara.

— ¿Quieres hablar de ello? —preguntó, frotando mi espalda gentilmente
con sus manos.

—Sí y no. —admití. ¿Cómo podía decirle a mi nuevo novio que el que
alguna vez había sido mi mejor amigo me había declarado su amor apenas unas
horas antes? Aún así, ¿por qué mantenerlo en secreto? ¿No me había dicho él
que sabía que Will se preocupaba mucho por mí?

—Will y yo tuvimos una pelea y luego me dijo que me amaba. Que siempre
me ha amado.

—Oh, ya veo. —La sonrisa de entendimiento en su cara me dijo que ya
había esperado que esto pasara—. ¿Y qué dijiste?

—Le dije que era demasiado tarde. Luego huí.

El ceño de Brand se acentuó ante esta noticia—. ¿Por qué huiste?



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—No pude manejarlo. Me había dado por vencida de esperar oírle decirme
eso hace un largo tiempo.

— ¿Te gustó oírlo?

Reposé mi cabeza sobre el pecho de Brand, incapaz mirarlo—. No lo sé.

Dejó escapar un suspiro de alivio. ―Me alegro de oír eso.

Cuando miré su rostro, su expresión era de comprensión.

—Creí que estarías molesto. –admití.

—No, Lilly, tú sólo eres humana. Prefiero oír que no sabes lo que te hace
sentir antes de que oírte decir sí o no.

— ¿Por qué?

—Si hubieras dicho que sí, entonces eso significaría que te perdí. Si
hubieras dicho no, eso probablemente significaría que estás negando tus
sentimientos por él. Pero, el hecho de que no lo sepas significa que te das cuenta
de que aún tienes sentimientos por él, pero no estás segura de si son tan fuertes
como solían ser. Que quizás has desarrollado sentimientos por mí que han
comenzado a profundizarse. Eso es lo que te confunde.

— ¿Y tú estás bien con eso? —pregunté desconcertada ante lo lógico que
sonaba.

—Preferiría verte tomar una decisión con los ojos abiertos a todo. No
confundas el hecho de que acepte esta situación con que me doy por vencido.
Te quiero para mí. No tengo intención de compartir tú corazón con Will. Es él o
yo, pero solo tú puedes tomar esa decisión.

—Gracias. —Volví a apoyar mi cabeza en su pecho.

— ¿Por qué estás agradeciéndome? —preguntó, apoyando su mejilla sobre
mi cabeza, abrazándome más fuerte.

—Por no esperar que sepa todas las respuestas. Por no presionarme a tomar
una decisión antes de que esté lista.


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—Nunca te presionaré a hacer algo que no quieras, Lilly. Me importas
demasiado como para hacer eso. Sólo quiero que seas feliz. Incluso si no soy yo
al que eliges, quiero que sepas eso. Pero…

Esperé que continuara, pero después de unos segundos de silencio, lo miré
de nuevo.

— ¿Pero qué?

—Pero necesito que sepas que… te amo. —Pude ver que le costaba decir
esas palabras. No porque le fuera difícil declarar su amor por mí, sino que, tuve
la impresión, se estaba dando cuenta de cuánto le importaba yo en realidad—.
Puedo decir honestamente que nunca conocí a nadie tan especial como tú. He
buscado por un largo tiempo a alguien como tú, había renunciado a la
esperanza de que realmente existieras. Si hay alguien en el mundo hecho para
mí, esa eres tú, Lilly. Nunca habrá nadie más para mí excepto tú.

No supe que decir. Pero sí sabía que no me sentía con ganas de huir.

— ¿Recuerdas la pregunta que me hiciste ayer en la clase de física?

Pude ver los engranajes de su cabeza girando, tratando de recordar de qué
estaba hablando.

— ¿Sobre el baile de Blanco y Negro? —preguntó.

—Mi respuesta es sí. Hoy conseguí mi cheque de la compañía de seguros
por mi auto y terminó siendo mucho más de lo que creí que sería.

—No entiendo. ¿Qué tiene que ver eso con el baile?

—Bueno, no estaba segura de poder comprar un vestido para ir contigo.
Ahora sí puedo.

—Te habría comprado un vestido, Lilly —me reprendió—. Pero me alegro
de oír que esa era la única razón por la que no dijeras sí cuando te pregunté.

—Sabes que no te habría dejado comprar mi vestido. ¿Y por qué creíste que
no te había dicho que sí?


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—Pensé que estarías esperando una mejor oferta. ―admitió.

La mirada insegura en el rostro de Brand hizo que mi corazón se acelerara
un poco. ¿Cómo podía alguien como él estar inseguro de sí mismo?

Me paré sobre los dedos de mis pies y lo besé en la mejilla—. No hay nadie
con quien prefiriera ir, Brand y esa es la verdad.

Fui recompensada con una sonrisa tan brillante que sabía que había
iluminado la habitación.

El resto de la semana pasó suavemente. Bueno, al menos nadie intentó
matarme de nuevo. No vi a Will para nada, pero Brand me dijo que lo
contactaba al menos tres veces al día para asegurarse de que yo estaba bien.
Estaba agradecida de que Will no tratara de venir a verme. Eso habría
complicado las cosas.

Brand pasó noches en nuestro apartamento, pero Tara tomó su lugar en mi
cama y le hizo dormir en su habitación.

—Lo dejé pasar la primera noche que volviste, pero una vez es suficiente.
No necesita estar compartiendo tu cama a menos que se casen.

Puse los ojos en blanco—. Tara Jenkins, sé con seguridad que tú ya no eres
virgen. ¿Por qué el doble discurso?

—Porque no quiero que cometas el mismo error que yo. —La forma seria
en que lo dijo no me sorprendió.

Sabía que Tara había perdido su virginidad el último año de secundaria.
Ella había estado saliendo con Chris Jones en esos tiempos. Él era uno de
nuestros mejores jugadores del equipo de basketball, y Tara se había
enamorado locamente de él. Después de la promoción, él la llevó a un cuarto de
motel y allí fue donde Tara perdió su inocencia sexual. Después de esa noche,
Chris la evitó todo lo que pudo. Tara tenía el corazón roto. Me hizo prometer
que no perdería mi virginidad en algún cuarto de motel de mala muerte con
una basura como Chris Jones. Trató hacerme prometer que yo sería la que
mantendría la promesa de pureza que habíamos hecho cuando teníamos
dieciséis, pero no pude prometerle eso. Sabía que, si me enamoraba realmente


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de un chico algún día, no sería capaz de mantener una promesa como esa. En
ese entonces, siempre imaginaba que Will sería ese chico, pero ahora todo lo
que podía ver en su lugar era Brand.

Ese viernes a la tarde, Abby, Tara y yo arreglamos una cita para ir a
comprar vestidos. Abby se nos unió en nuestro apartamento. Ya que su auto y
el de mi mamá tenían dos asientos, terminamos tomando el viejo Toyota Camry
de Tara para ir a la tienda de vestidos. Como sabía que harían, Tara y Abby se
agradaron desde el primer hola.

Si quieres un vestido realmente bonito, todos saben que debes ir a lo de
Madame de Pompadour en Lakewood. Cuando llegamos a la tienda había al
menos veinte autos en el pequeño aparcamiento. La tienda misma estaba a
reventar. Estimé que había al menos cincuenta personas dentro del pequeño
espacio. Casi desde que entramos, Tara vio el vestido que quería usar. El
material del patrón era un poco salvaje como ella, pero el estilo era en cierta
forma conservador. Era un vestido sin hombros con una impresión audaz tipo
mosaico en negro, blanco y dorado deslustrado con una cintura negra en ruche
y dobladillo largo. Esto estaba acentuado con una cinta color dorado metálico
en la parte superior.

Miré en algunas perchas, pero no podía encontrar el vestido correcto para
mí. Realmente quería algo completamente diferente a lo que usaría
normalmente. Al final, Abby y Tara arrojaron algunos vestidos a mis brazos y
básicamente me ordenaron que me los probara.

No fue hasta que me puse el último vestido que ambas dijeron:

—Wow

—Ese es el vestido, amor. —dijo Abby, mirándome arriba y abajo con un
suave silbido.

—Estás en lo correcto, chica. Es ese, seguro.

Cuando me miré en el espejo, me sorprendí gratamente de lo bien que me
iba el vestido. Era un vestido simple. Me recordó a algo que podrías ver en fotos
de antiguas estrellas de cine como Grace Kelly o Ava Gardner. Estaba hecho de
seda negra con la parte superior sin mangas con un corte de corazón, lo que
definitivamente hacía lucir mi parte superior. Era delgado en la parte superior y


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sólo un poco acampanado desde la cintura hasta mis tobillos, para hacer más
fácil el caminar. Definitivamente no era algo que yo hubiera elegido para mí.

Mi única preocupación eran los moretones del choque. Se estaban
desvaneciendo con rapidez, pero no estaba segura de que se habrían ido por
completo en una semana. Yo siempre había sido de rápida curación, sin
embargo. Los moretones se habrían ido probablemente en un par de días.

Cuando expresé mi preocupación sobre los moretones a Tara y Abby,
fueron rápidas en encontrar un remedio. Encontraron un bonito chal bordado
que iba perfecto con el vestido.

Estábamos probándonos zapatos cuando oímos una amigable voz
llamándonos.

— ¡Hey, chicas!

Cuando miré, Michelle nos estaba saludando con una carga de vestidos en
sus brazos. Nora estaba a su lado con un solo vestido en las manos.

—Hey. —le dije a Michelle—. ¿Qué están haciendo aquí?

—Estamos buscando un vestido para Nora. —Michelle sonrió y trató de
acomodar los vestidos de forma más cómoda en sus brazos.


— ¿Con quién irás, Nora? —Debo admitir que no me importaba realmente
con quién fuera, pero traté de actuar amigablemente de todas formas.

—Bueno, tengo un par de chicos que me lo pidieron, pero elegí a Ricky
Norris. Está en mi clase de cívica mundial.

— ¿A quién rechazaste? ―preguntó Tara.

— ¿Puedes creer que Elliot Manning trató de que saliera con él de nuevo?
No me tomó ni un segundo decirle que no.

—Bueno, necesito dejar estos vestidos antes de que se me caigan. Las veo
más tarde, chicas. ―dijo Michelle, yendo hacia el probador antes de que cayera
bajo el peso en sus brazos.


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Tara y Abby me hablaron sobre comprar un par de zapatos con tacos de
cinco centímetros. Les dije que probablemente terminaría rompiéndome el
cuello, pero me aseguraron que zapatos planos no se verían bien con el vestido.
Sabía que debía practicar con los tacones antes del baile. De todas formas, sí
compre un par de chatitas, sólo por si acaso.

























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Capitulo 10
Traducido por Mais020291 y Katiliz94
Corregido por Isane33 y Judyher


uando Brand vino esa noche, intentó que modelara mi vestido para
él, pero le dije que tendría que esperar hasta el baile.

— ¿No quieres sorprenderte? —pregunté, acurrucándome a su lado en el
futón.

— ¿Ni siquiera vas a dejarme verte con el vestido? Al menos dame una idea
de cómo se ve.

— ¿Por qué lo quieres con tantas ganas?

— ¿De qué otra manera sabré cómo vestirte en mis sueños?

Si no hubiese sido tan sincero y me hubiese mirado con esos latentes ojos
gris-plateado, podría haberme reído de lo que sonaba como una mala línea.
Como lo era, estaba teniendo un momento difícil de no caerme contra él y
empezar a besarnos. Por suerte, Tara entró a la habitación con el juego de
Monopoly.

—Vamos, Sr. Mucho Dinero. Veamos si puedes vencerme.

Tara ganó como dos horas después. Por supuesto que hizo su pequeño
baile de ―Yo gané‖, en frente de nosotros. Simplemente lancé lo que quedaba de
mi dinero de juego en su dirección y le saqué la lengua. Brand se abstuvo de tal
comportamiento aniñado pero no pudo evitar reírse de nosotras.

Realmente no quería pasar otra noche en la misma cama que Tara. Ella era
una horrible persona con quien dormir. Me compadecía del hombre con el que
se terminaría casando. Cuando soñaba, se revolvía y se agitaba como un pez
muerto en una acera caliente. Sin mencionar todo el mascullo durante su sueño.
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Yo sólo podía captar unas cuantas palabras por aquí y por allá, pero parecía que
ella soñaba con un montón con comida.

Por las once de la noche, finalmente se fue a la cama y nos dejó a Brand y a
mí solos. Nos acurrucamos en el futón con una película reproduciéndose en la
televisión como segundo plano, a la que ninguno de los dos estaba prestando
mucha atención.

—Pensé que ella nunca se iría a la cama —dijo en mi oído, gentilmente
besando la carne sensitiva.

—Esto es tan injusto —gemí, inclinando mi cabeza a un lado, exponiendo
mi cuello para su exploración profunda. Él fue rápido en seguir mi guía.

—Me detendré si quieres —dijo, trazando pequeños besos eléctricos desde
mi oreja hasta mi hombro.

—No. —Tomé una bocanada de aire tembloroso—. No te detengas.

Antes de saberlo, estábamos recostados en el futón. Él estaba de lado y
ligeramente encima de mí. Continuó con su exploración a través de mi garganta
y lentamente hizo su camino hacia mi otra oreja.

— ¿En qué estás pensando? —susurró en mi oído, tomándose su tiempo para
lentamente besar de regreso hasta mi garganta.

—Estoy teniendo un tiempo bastante difícil en sólo recordar cómo respirar
—admití, enroscando mis dedos en su cabello en la parte trasera de su cabeza.
Lo podía sentir sonreír y reír contra mi cuello, ante mi afirmación.

Dejó de besar mi cuello y me miró. Sabía lo que él quería. Yo también.
Desesperadamente quería besarlo con tanta fuerza que ninguno de los dos
tendría duda de a quién amaba. Pero no podía. Su declaración de amor hacia mí
más temprano en la semana me hizo darme cuenta que necesitaba estar segura
que sólo lo amaba a él. Quería ser capaz de darle todo de mí sin tener ninguna
duda persistente sobre mis sentimientos por Will. No quería que nuestra
relación estuviera construida en falsas promesas.

Así que en lugar de besarlo en los labios, traje su cabeza hacia la mía y
lentamente besé cada pulgada de piel en su rostro, menos sus labios.


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Después de un rato, simplemente nos recostamos en los brazos del otro en
el futón.

— ¿Quieres jugar un juego? —preguntó.

—No más Monopoly, por favor. Creo que estoy Monopólicamente fuera. —
Reí.

—No, es un juego donde nos hacemos preguntas hasta que uno de nosotros
se rehúsa a responder. Luego la otra persona gana.

— ¿Qué ganaré? —Estaba bastante segura que ganaría esta. Prácticamente
yo era un libro abierto.

—La persona que gana escoge lo que haremos mañana.

—De acuerdo, iré primero. —Decidí ir con algo fácil para empezar—. ¿Cuál
es tu color favorito?

—Negro. ¿El tuyo?

—Rojo. ¿Cuál fue tu primera mascota?

—Un gato Persa llamado Aphrodite. ¿Cuál es tu comida favorita?

—Pizza. ¿Cuál de los países en los que has vivido te gustó más?

—Inglaterra. ¿Cuál es el mejor recuerdo de tu niñez sobre tu madre?

— ¿Seguro que no tienes otra pregunta por hacer? —pedí.

—Nop. ¿Gané?

—No. Pero necesito un minuto para pensar en uno.

Si tan sólo me hubiese preguntado mi recuerdo favorito con Utha Mae.
Podría haber salido con cientos de ellos. ¿Pero mi madre? Bueno, tenía que
atormentar mi cerebro para intentar recordar uno.



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—Bueno, de vez en cuando ella nos llevaba a Tara y a mí al parque a jugar.
Luego íbamos al McDonald´s. —No pude pensar en un mejor recuerdo de Cora
así que seguí con mi siguiente pregunta. ¿Qué es lo que amas de mí?

Sonrió ante esa pregunta.

—Qué no amo de ti sería más fácil de responder, ¿o realmente quieres que
liste todo?

—De acuerdo, entonces, ¿qué no amaas de mí?

—No confías lo suficiente en tu corazón.

— ¿Qué quieres decir?

—Creo que si confiaras más en tus instintos, me hubieses besado hace unos
pocos minutos atrás.

No podía pensar en nada más qué decir. Probablemente tenía razón.

—Tú turno —dije.

— ¿Realmente planeas esperar al matrimonio antes de hacer el amor con
alguien?

Podía sentir mis mejillas sonrojarse inmediatamente.

—No estoy segura, pero creo que me gustaría esperar.

—Me gustaría verte en tu vestido de matrimonio. —Sonrió—. Haces una
linda novia.

Si es posible, creo que mi cara se sonrojó aún más.

—Tu turno —gentilmente me recordó.

— ¿Me amas?

— ¿Por qué preguntarías eso? Ya sabes que lo hago.



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—Sólo quiero escucharlo —admití.

—Te amo, Lily Rayne Nightingale. Nunca dudes de ello.

Lo besé en la mejilla y dije:

—Tu turno.

— ¿Algún día quieres tener hijos?

—No lo sé. Tal vez. Supongo que sí. Eso está un poco lejos en mi futuro
para responder con seguridad.

— ¿Crees que te molestaría si no pudieses tener un bebé?

—Esas son dos preguntas.

—Me gustaría saber. Puedes hacer más difícil tu siguiente pregunta.

Pensé sobre ello y finalmente dije:

—Bueno, si resulta que no puedo tener hijos por mi propia cuenta por
alguna razón, probablemente buscaría adoptar un niño si realmente quisiera
uno. Pero como dije, eso está muy lejos en mi futuro como para preocuparme
por ello ahora mismo. Ni siquiera pensaría sobre tener un hijo hasta estar
casada y saber que puedo mantenerlo.

Se vio satisfecho con mi respuesta.

—De acuerdo, pregúntame una difícil desde que respondiste mis dos
preguntas.

— ¿Cuál es tu secreto más profundo y oscuro?

La sorpresa en su cara no fue difícil de perder. No había esperado que le
hicera una pregunta como esa.

—Ganaste —dijo.



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—No puede ser tan malo —intenté bromear. Pero su mirada era bastante
seria.

—No es un secreto del que pueda hablar contigo ahora mismo. Lo quiero
hacer, pero no es sólo mi secreto. Otras personas están involucradas y no puedo
quebrar su fe en mí. Así que —dijo—, ¿qué quieres hacer mañana?

—Quiero pasar todo el día contigo. —Acurruqué mi cara contra el lado de
su cuello, besándolo en un lugar que encontré más temprano por la noche, que
parecía hacerlo masilla en mis manos—. Y quiero decir, las veinticuatro horas.

—De acuerdo —dijo, con la respiración entrecortada—. ¿Qué más?

—Quiero que me enseñes tus cosas favoritas. Tu película favorita, tus cosas
favoritas para cocinar, tu hobby favorito, tus deportes favoritos, todo lo que
podamos abarcar en un periodo de veinticuatro horas.

—Puedo hacer eso. —Podía escuchar el tono placentero en su voz. Sabía
que estaba siendo halagado y quería que lo supiera íntimamente.

— ¿El reloj empieza ahora? —preguntó.

—No. —Con un último beso en su cuello, me levanté a regañadientes—. De
hecho, debería irme a la cama. Necesitamos dormir bien para mañana. Tengo la
intención de quedarme despierta las veinticuatro horas. No quiero perderme ni
un minuto. —Me incliné hacia abajo y lo besé en la frente—. Dulces sueños.

—Lo serán —me aseguró.

Cuando me levanté a la mañana siguiente, había una nota en la encimera
de la cocina.

Lily, estaré de regreso a las 9 para empezar nuestro día juntos.

Con amor, Brand.


Sonreí ante la forma simple en la que había firmado la nota. Aún tenía un
tiempo difícil creyendo que había encontrado a alguien tan especial. El
reclutador de la universidad había estado en lo correcto después de todo: la
universidad me había permitido empezar todo un nuevo capítulo en mi vida.


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Tara vino detrás de mí y leyó la nota sobre mi hombro.

— ¿Así que estarán pasando todo el día juntos? —bostezó.

—Sí. Le dije que quería pasar un día haciendo sus cosas favoritas. No me
esperes despierta. Se supone que será una cita veinticuatro horas.

— ¿Veinticuatro horas? —Tara alzó una ceja dubitativa en mi dirección—.
No sé si eso está bien, Lily Rayne.

—Escucha, Tara. Sé que has estado dando lo mejor para asegurar que mi
virtud se quede intacta, pero simplemente vas a confiar en mí. Nada va a
suceder.

—Confío en ti. Sólo no confío en tus hormonas —dijo Tara con una actitud
descarada pero completamente seria—. Sólo asegúrate de estar todo el tiempo
con tu celular en caso que necesite comunicarme contigo.

Prometí mantener mi celular en el bolsillo de mi pantalón. Tara se vio
calmada por esa pequeña concesión.

—Tal vez puedo hacer que Simón venga y estudiemos mientras tú no estás
—reflexionó, una lenta sonrisa expandiendo sus labios ante la perspectiva.

—De acuerdo —dije, cruzando mis brazos sobre mi pecho y ladeando la
cadera. Dos podían jugar descaradamente—. ¿Necesito quedarme aquí como
chaperona?

—No —dijo, indignada—. Puedo cuidar de mí. Él no va a obtener nada de
mí. Puedo mantener a mi hombre en línea.

Fui y tomé una ducha. No estaba segura de qué usar, así que opté por un
par de jeans, zapatillas y una blusa azul de algodón simple con botones. Puse
unas pocas cosas en mi mochila desde que iba a pasar todo el día y noche con
Brand: un conjunto extra de ropa, cepillo de dientes y pasta dental, cepillo para
el pelo, laca para el pelo y una bolsa de maquillaje.

Brand estaba temprano, como siempre y me recogió en el tiempo exacto.



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— ¿Qué vamos a hacer primero? —pregunté, mientras hacíamos nuestro
camino por la carretera hacia su casa.

—Voy a mostrarte mi último hobby favorito.

— ¿Último? ¿Cambias bastante de hobbies?

—Más de lo que crees. Sólo puedes hacer una sola cosa por tanto tiempo.

— ¿Así que cuál es tu hobby ahora?

Sonrió y me miró desde la esquina de sus ojos.

—Tendrás que esperar. Quiero ver tu reacción inicial sin saber nada de
antemano.

Bueno, eso me tenía intrigada. Menos de diez minutos después, estábamos
estacionados en frente de la casa de Brand. Tomó mi mano cuando salí de su
auto y me llevó hacia su casa. Me guió por las escaleras hacia el segundo piso
que no había visto durante ninguna de mis visitas pasadas.

En el rellano del desván, había una larga mesa de billar y un par de sillas.

— ¿Juegas? —preguntó, asintiendo hacia la mesa.

—No muy bien… —me fui por la tangente.

—Tal vez puedo mostrarte unos cuantos trucos después, si tenemos
tiempo.

Pasamos la mesa y fuimos por el pasillo que tenía cuatro puertas en la
apertura del mismo. Abrió la primera puerta hacia nuestra izquierda e hizo un
gesto con su mano hacia mí para entrar antes que él.

Cuando entré a la habitación, lo primero que noté fue el fuerte olor de
pintura mojada. Dispersas por toda la habitación, había numerosas pinturas.
Dos atraparon inmediatamente mi atención porque estaban siendo presentadas
en caballetes a cada lado de las puertas francesas, que miraban hacia el lago.

Ambas eran de mí.


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La primera era como si yo estuviera sentada en mi escritorio en física en el
primer día de clases. La segunda, se veía como yo en el mirador, la noche
después de que cenamos en lo de Utha Mae. Ambas estaban hermosamente
pintadas, recordándome retratos que normalmente uno sólo podía ver en un
museo.

— ¿Te gustan? —Brand vino detrás de mí y colocó sus brazos alrededor de
mis hombros.

—Son hermosas. ¿Así es la forma cómo me ves?

— ¿Qué quieres decir?

—Bueno, amo la forma en que me veo en ellas, pero parecen versiones
fantasiosas de mí, muy perfectas.

—Te pinté exactamente de la forma en que te ves. Desearía que te dieras
cuenta lo hermosa que eres.

Abracé sus brazos.

—Gracias por compartirlas conmigo.

—Esperaba que podría convencerte que te dejes pintar para mí.
Mayormente tengo que hacer éstas con la memoria.

—Claro —dije instantáneamente, esperando jugar como la musa para mi
propio Miguel Ángel—. ¿Cómo me quieres?

—Esa podría ser una pregunta peligrosa. —Podía sentirlo mordisquear mi
cuello.

Me incliné hacia atrás, hacia él, deleitándome en la sensación de su
completa adoración.

— ¿Oh? —suspiré—. ¿Por qué peligrosa?

—Bueno, si por mí fuera, estarías completamente desnuda.



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—Mmm, bueno, eso no va a suceder —dije, alejándome de sus besos
tóxicos y volteándome para enfrentarlo—. Pero sí tengo una idea.

— ¿Cuál es?

—Necesitarás dejar la habitación por un minuto. Lo verás cuando regreses.

Me miró con ojos cuestionadores, pero no pidió una explicación. Me besó
en la mejilla y dejó la habitación, cerrando la puerta detrás de él.

Rápidamente, me quité la ropa excepto por mis bragas. Había una funda
blanca en una silla de la habitación. Rápidamente la envolví alrededor de mi
cuerpo, dejando que la última parte cayera al suelo como una cola y sostuve con
seguridad la parte a través de mi pecho con una mano. Volteé la cabeza para
alborotar un poco mi cabello así los mechones de mi pelo caían naturalmente
alrededor de mis hombros. Podía imaginar cuál sería la reacción de Tara
cuando le contara sobre esto. Probablemente diría que yo estaba actuando como
una mujer erótica intentando tentar a Brand en besarme primero.

De hecho… esa no era una mala idea. ¿Y si lograba que me besara primero?
Luego mi promesa ya no se aplicaría y dejaríamos de negarnos ese placer.
Funcionaría.

—De acuerdo, estoy lista —grité, emocionada por mi nueva misión del día.

Brand entró a la habitación. Cuando sus ojos se posaron en mí, soltó un
jadeo audible. Lo vi tragar fuerte antes de decir:

—Hablando de jugar sucio.

— ¿Cómo quieres que me posicione?

Una sonrisa descarada se expandió por su rostro y simplemente me sacudió
su cabeza.

—Probablemente esa no sea la pregunta apropiada para hacerme en este
momento, Lilly.

Me tomó un segundo captar la idea, pero cuando lo hice, sentí mis mejillas
sonrojarse con vergüenza.


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—Aunque sí tengo una idea. —Abrió las puertas francesas que guiaban
hacia un balcón. La fría y gentil brisa viniendo desde el agua del lago se sintió
maravillosa contra mis flameantes mejillas.

Él trajo una silla de mimbre y la posicionó diagonalmente en medio del
marco de la puerta. Me pidió que me sentara en la esquina de ésta con mi
espalda tan derecha como pudiera. Quitó la sábana de mis piernas y las
posicionó en una pose relajada.

Ya tenía colocado un lienzo, en anticipación a mi pose para él y
rápidamente empezó a dibujar.

— ¿Así que cuánto tiempo has estado pintando? —pregunté.

—Un buen tiempo. Lo encuentro terapéutico.

Con cuidado de no mover mucho mi cabeza, busqué con mis ojos y observé
las pinturas colgadas y apoyadas contra las paredes. Un montón de ellas eran
de Abby durante diferentes estados de su vida. Una foto capturó mis ojos. Era
difícil de decir exactamente qué era. Había un montón de colores y casi se veía
como una pintura abstracta, pero ahí abajo había una cara discernible que no
podía descifrar por completo. Era como si estuviera viendo a esas fotos en 3D
donde tienes que mirar de lado antes que tus ojos se enfoquen en el objeto
escondido en medio.

—Esa pintura —dije, manteniendo mis ojos en ella—. ¿Hay un rostro ahí?

Brand siguió la dirección de mi mirada.

—Sí —dijo—. Estoy sorprendido de que puedas verlo. La mayoría de gente
no puede.

— ¿De quién es?

—Mi padre.

Miré a Brand y vi un breve momento de dolor cruzando su rostro.
Instantáneamente lamenté haber preguntado sobre la pintura. Podía decir por
su expresión que la pérdida de su padre aún le dolía cuando lo pensaba.


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Casi una hora después, Brand dejó de trabajar y cubrió el lienzo con una
lámina.

— ¿No puedo verlo? —pregunté.

—Aún no. No está terminado. Cuando lo acabe, te lo mostraré.

Dejó la habitación así podía ponerme de nuevo mi ropa y me dijo que
bajara a la cocina cuando estuviera lista.

Apenas empecé a bajar por las escaleras, pude oler un aroma maravilloso
viniendo de la dirección de la cocina.

— ¿Estás cocinando tu plato favorito? —pregunté, tomando asiento en uno
de los taburetes de la encimera.

—Sí, es un risotto de langosta con trufas negras.

Mientras observaba a Brand trabajar en la cocina, me maravillé de lo rápido
que podía manipular las cosas con sus manos. Era como cuando lo había
observado trabajar en mi pintura. Se movía con una fluidez y seguridad que
nunca había visto en nadie antes. Nada en la forma en que se movía indicaba
que estuviera inseguro de sí mismo, o de lo que estaba haciendo, sin dudas, sin
malos pasos.

El almuerzo estuvo preparado antes que lo supiera. Nos sentamos fuera en
la mesa que ya estaba establecida con un mantel de mesa blanco y un vaso de
rosas rosadas en el patio trasero. No estaba maravillada para nada de lo
maravillosa que era la comida. La langosta estaba cocinada a la perfección,
suave y jugosa. No esperaba nada menos de Brand.

Brand llevó nuestros platos dentro de la casa y me pidió que me quedara
donde estaba mientras traía el postre. Me incliné hacia atrás contra mi silla y
disfruté de la calidez del día. No podíamos haber pedido un mejor clima.
Estaba soleado y alrededor de setenta grados. La ligera brisa viniendo del lago
casi me arrulló en una improvisada siesta.

—Estás aquí de nuevo.



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Alcé la mirada para ver a Rose Marie de pie ante mí. Parecía que cada vez
que la veía, siempre tenía una mirada de intolerancia ante mi presencia. Me
senté más derecha en mi silla.

— ¿He hecho algo para hacer que te disgustes, Rose Marie? —Realmente
me estaba cansando de sentir como si estuviera haciendo algo malo por tan solo
venir a la casa de Brand—. Lo siento por actuar tontamente donde Abby la otra
noche, pero siento que este sentimiento de disgusto hacia mí es por otra razón.

—Amo a los Cole. No quiero verlos salir heridos.

Para una sirvienta, pensé que ella era extrañamente sobreprotectora.

Brand regresó en ese momento, cargando dos cuencos de cristal con
nuestro postre.

— ¿Está todo bien, Rose Marie? —preguntó, colocando uno de los cuencos
en frente de mí y tomando asiento.

—Sí, Sr. Cole. Sólo vine a ver si me necesitaba para algo.

—No, creo que ya tengo todo bajo control.

—Entonces estaré regresando donde la Sra. Abby. —Hizo una ligera
reverencia y nos dejó.

Brand me miró.

— ¿Estás bien? No te ves tan contenta como estabas cuando me fui.

—Honestamente, Rose Marie me hace sentir como si estuviera haciendo
algo mal por estar aquí. Tengo este sentimiento de que le disgusto y no estoy
segura qué he hecho para hacer que me odie tanto.

—No eres tú —suspiró Brand—. Simplemente ella es demasiado
sobreprotectora con nosotros. Se preocupa demasiado por Abby y por mí. No
dejes que te moleste.

Intenté tomar de corazón las palabras de Brand, pero él aún no podía
captar mis sentimientos de incomodidad concernientes a Rose Marie.


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El postre favorito de Brand resultó ser tiramisú. Por supuesto, estaba
delicioso. ¿Qué cosa había cocinado que no fuera deliciosa?

Mientras estábamos llevando nuestros cuencos a la cocina, pregunté:

—De acuerdo, ahora sé tu hobby, almuerzo y postre favorito para
prepararme. ¿Qué sigue?

—Deporte favorito.

— ¿Cuál es?

—Fútbol americano. Hoy hay un juego que se jugará aquí. Pensé que
podríamos ir.

—De acuerdo, pero te advierto, puede que te avergüence.

Me miró curiosamente.

— ¿Por qué?

—Tiendo a ponerme un poco ruidosa en los juegos. No tengo idea de por
qué, pero simplemente hay algo sobre un juego en vivo que me emociona.

—Bueno, esto tengo que verlo.

Como es usual, había un montón de gente en el juego. Había carro tras
carro, conduciendo pegaditos entre ellos y el olor de costillas asadas, salchichas,
hamburguesas y salsa, colgaba en el aire alrededor del estacionamiento. Fuimos
capaces de conseguir nuestros tickets con bastante rapidez y encontrar sitios
cerca de la yarda cincuenta. A unas pocas filas más abajo, noté a Michelle, Nora
y entre ellas, un chico que nunca había visto.

Cuando el juego empezó, Brand pronto entendió a lo que me refería sobre
ser ruidosa en juegos en vivo. No pude evitar gritar mis comentarios en las
jugadas. Aunque, no era peor que la gente a nuestro alrededor. ¿Quién no le
grita: ―corre‖ al chico con el balón cuando está a punto de hacer una anotación
para tu equipo? ¿Quién no llama al entrenador gallina cuando opta por intentar
un gol de campo cuando tu equipo está en la cuarta oportunidad y con tan sólo


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un par de yardas para llegar a una yarda para avanzar? Por suerte, Brand sólo
se veía extremadamente sorprendido por mi comportamiento y no intentó
esconder su cabeza, avergonzado.

Fue en el cuarto periodo que nuestra diversión se terminó. Nuestro equipo
justo acababa de hacer otra anotación cuando vi que el chico, sentando entre
Michelle y Nora, lanzaba su vaso de gaseosa en el aire y ésta aterrizó golpeando
al frente de la camisa de Michelle. La mirada de mortificación era difícil de
perder en su cara. Casi bajé y abofeteé al chico y a la tonta de Nora por reírse
ante el predicamento inesperado de Michelle. Lo siguiente que supe fue que ella
estaba sosteniendo la blusa mojada lejos de su pecho y corriendo hacia arriba
por las escaleras, con lágrimas cayendo.

—Vamos —le dije a Brand, tomando su mano y siguiendo a Michelle para
ver si podíamos ayudarla.

La vi correr al baño de mujeres y le pedí a Brand que me esperara afuera.

Cuando encontré a Michelle, ella estaba sacando puñados de papel toalla y
desesperadamente intentando secar su camisa entre sollozos.

— ¿Michelle? —dije, acercándome a ella—. ¿Puedo hacer algo para
ayudarte?

—No —lloró—. Está arruinada.

—Espera un segundo. —Corrí a la entrada del baño—. ¿Podrías bajar al
puesto de concesionario y comprarle una de esas camisetas que están
vendiendo? Su camisa está muy echada a perder.

Antes de saber lo que estaba haciendo, Brand se quitó la camisa de polo
negro y me la entregó.

—Toma, dásela para que la use por ahora. Iré a conseguirle una camiseta en
caso ella prefiera usar esa en lugar de esta.

No podía protestar. Ver a Brand medio desnudo era suficiente para dejar a
una mujer sin palabras. Se estaba alejando antes de saberlo.



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Cuando regresé donde Michelle, ella había dejado de llorar y estaba en
frente del espejo con la expresión más lamentable y abatida que había visto.

— ¿Te gustaría usar esta camisa? Es de Brand.

— ¿Por qué me daría su camisa? —esnifó.

—Él es así. —Me encogí de hombros—. Pero no tienes que usarla si no
quieres. Te está trayendo una nueva camiseta del vendedor.

—No, creo que prefiero quitarme mi camisa lo antes posible.

Michelle me quitó la camisa de mis manos e hizo una de las cosas más
extrañas. Alzó la camisa hacia su rostro e inhaló tan profundamente como
pudo. Cuando pude volver a ver su cara de nuevo, tenía la mirada más extraña
de éxtasis en sus ojos. Era como si estuviera drogada o algo. Rápidamente entró
a uno de los baños para cambiarse.

— ¿Así que quién fue el chico que derramó su bebida sobre ti? —Me incliné
contra la encimera, mirando hacia la puerta del baño en la que ella estaba.

—La cita de Nora, Ricky Norris.

—Honestamente Michelle, no sé por qué paras con Nora.

—Sé que a veces puede ser pesada. —Michelle salió del baño con su camisa
mojada en sus manos y con la camisa de Brand puesta—. Pero somos amigas
desde lo que recuerdo. Ella es buena cuando quiere.

—Bueno, sabes que siempre eres bienvenida a hacer cosas conmigo y con
Tara, en cualquier momento que desees.

—Aprecio la oferta. De hecho, estoy bastante segura que tendré a alguien
nuevo con quién parar muy pronto.

— ¿El chico que te gusta?

—Sí. Creo que él será libre de decirme cómo realmente se siente esta
semana.



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— ¿Libre?

— ¡Lilly! —escuché que Brand me llamaba desde la entrada del baño.

Cuando fui hacia donde él estaba, vi que se había comprado una camiseta
para él y la estaba usando. Tengo que decir que estuve un poco decepcionada
por eso. Sostenía una camiseta más pequeña en sus manos.

—Aquí —dijo, entregándome la camisa—. Sólo adiviné la talla.

—Gracias. —Me incliné hacia arriba y lo besé en la mejilla. Realmente era la
persona más considerada que había conocido.

Antes de tener siquiera una oportunidad de voltearme y regresar al baño,
Michelle salió y se situó a nuestro lado.

—Gracias por prestarme tu camisa —le dijo a Brand, mirándolo como si
fuera su propio salvador personal. Creo que fue la primera vez que la había
escuchado decirle una oración completa.

—No hay de qué. Te compramos una camiseta si es que preferirías usar esa.

—No, me gusta la tuya. ¿Te importa si me la quedo?

—Es tuya —le dijo Brand—. De hecho, simplemente puedes botarla cuando
termines con ella.

—Gracias. Bueno, debería regresar con Nora. Los veo más tarde chicos. —
Agitó su mano con un adiós y regresó a las gradas.

— ¿Quieres ver el resto del juego? —preguntó Brand, tomando mi mano.

—No, creo que he tenido suficiente. Prefiero ver otro de tus favoritos.

Para el momento en que regresamos a la casa de Brand, ya eran casi las seis.

— ¿Estás hambrienta? —preguntó.

—Me muero de hambre.



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—Vamos entonces, no podemos tenerte extinguiendo mi reloj.

Caminamos hacia la parte trasera de su casa y hacia la orilla del lago. Como
a unas cien yardas de distancia, pude ver un muelle de barcos con un velero
amarrado a éste. El muelle y el bote estaban alzados con cuerdas de luces
blancas parpadeantes como si fuera Navidad.

—Ni siquiera sabía que esto estaba aquí —confesé.

—Sí, no puedes verlo desde la casa. Pero este es una de mis cosas favoritas
por hacer, ir a navegar.

— ¿No vamos a salir hacia el lago, verdad?

—No, no lo estaba planeando. ¿Por qué?

—No me gusta estar en el agua.

— ¿Qué hay de malo con el agua?

—Nada realmente. Es sólo que desde ese momento en que casi me ahogo
en el lago en casa, nunca me ha gustado mucho el agua.

—Es entendible. No, sólo cenaremos en el bote. No lo sacaremos.

Brand me ayudó a subir a su bote y me sentó en una banca hecha para dos
cerca del timón. Él fue debajo de la cubierta y regresó con una larga caja de
pizza y dos bebidas.

—Pensé que se supone que este día sería el día de tus favoritos. ¿No se
supone que ese es uno de los míos?

—Bueno, pensé que compartiría mi pizza favorita contigo. Sólo puedes
encontrarla en la parte alta del estado de Nueva York.

— ¿Nueva York? ¿Pero cómo…?

—Tuve que volar hoy.



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— ¿Tuviste que transportar una pizza desde Nueva York? — Sacudí la
cabeza con exasperación. — ¿Cómo de rico eres?

— Millonario, recuerda. Te lo revelé en nuestro primer almuerzo juntos. —
Sonrió.

La pizza era la mejor que jamás había tenido. Tenía justo la cantidad de
todo, perfectamente equilibrada con carne, verduras, salsa y quesos. La corteza
era dura y crujiente al mismo tiempo.

Después de que comimos hasta hartarnos, nos sentamos en el banco y
terminamos nuestros refrescos.

— ¿Colgaste las luces? — Pregunté observando las luces oscilar de arriba
abajo y zigzaguear con el movimiento del barco.

— No, Abby lo hizo. Pensó que añadiría un toque de romance

— Estaba en lo cierto, — agregué poniendo mi lata de refresco y decidiendo
probar mi mano para seducir a Brand para besarme. Le quité la lata de la mano
y la situé a mi lado. Me puse de pie y me senté a horcajadas en su regazo
poniendo las manos detrás de su cuello y masajeándolo suavemente con mis
pulgares. Él situó la mano en la parte superior de mis muslos, al no tener otro
lugar en el que ponerlos.

— He tenido un día maravilloso, — susurré en su oreja besando la pequeña
área entre su oreja y cuello.

Vi los ojos de Brand cerrarse obviamente encontrando mi atención
placentera.

— Todavía no ha acabado, — suspiró, — aún tengo un par de cosas que
compartir contigo.

— Pueden esperar un ratito, — dije encontrando la tierna carne en la base
de su cuello con mis labios.

— Si, pueden esperar, — añadió, lentamente frotando sus dedos de arriba
abajo por mis muslos.



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Continué mi asalto y finalmente besé de camino arriba a su cara jugando
entorno a los bordes de sus labios.

— Lilly, — dijo en una voz que advertía que sabía lo que yo estaba
intentando hacer. Antes de que lo supiese, el suavemente me empujo en una
posición recta. — Eso no va a funcionar.

Pude ver en sus ojos que estaba levemente entretenido con mi esfuerzo por
seducirle pero estaba resuelto a no besarme en los labios primero.

Dejé escapar un suspiro de decepción. — Bueno, tenía que intentarlo.

— Fue un intento excelente, — me besó en la mejilla. — Pero no me tientes
más, por favor. Sabes cuánto significa nuestro primer beso para mí.

Me levanté de su regazo sintiéndome un poco avergonzada ante mi fallido
intento de jugar al Mata Hari. Mi incomodidad debía haber estado escrita en
toda mi cara. Antes de que lo supiese, me empujó de vuelta a sentarme sobre su
regazo de nuevo.

— No te pongas así, — susurró. — Sabes que bajo cualquier otra
circunstancia no sería capaz de resistirme a ti. Pero un beso no es sólo un beso
para nosotros. Es mucho más.

— Lo sé. Sólo tenía la esperanza de que podría hacerte olvidar todo eso sólo
unos pocos minutos.

Brand se rió entre dientes. — Me hace sentir bien el saber que lo querías
fuertemente. ¿Esa fue la primera vez que trataste de seducir a un hombre?

No pude encontrar sus ojos. Miré su pecho y asentí.

— ¿Te haría sentir mejor el saber que casi cedí?

Entonces miré a sus ojos y vi que estaba diciendo la verdad.

— ¿Cómo de cerca estuve? — Pregunté, complacida de que ahora lo había
hecho bien.



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— Demasiado, — admitió. — De hecho, creo que es hora de que
regresemos a casa para lo siguiente de mis favoritos.

De mala gana, permití a Brand guiarme al otro lado de la orilla del lago
hasta su casa. Cuando estuvimos allí vi que la hoguera había sido encendida y
una pantalla hinchable estaba de pie frente a uno de los sofás. El otro sofá había
sido apartado para hacer espacio en ella.

— ¿Vamos a ver tu película favorita? — Pregunté.

— Sí. Siéntate mientras la pongo.

No tuve que esperar mucho para ver cuál era la película favorita de Brand:
Casablanca.

Ha pasado mucho tiempo desde que la vi y no estaba sorprendida de que
fuese su favorita. Cuando se sentó conmigo en el sofá, me acurruqué contra él y
observé al personaje torturado de Humphrey Bogart fingir que no le importaba
mucho Ingrid Bergman. A mitad de camino de la película, debí haberme
dormido. La siguiente cosa que recuerdo es que Brand estaba llevándome en
sus brazos a una habitación que nunca había visto antes y me tendió en la cama.

— ¿Terminó la película? — Pregunté, intentando forzar a mis ojos abrirse.
No quería que el día terminase tan pronto. Había intentado permanecer
despierta las 24 horas enteras pero sabía que no iba a ocurrir.

—Sí, mi amor. Terminó.

Acurruqué mi cabeza en la almohada sobre la que estaba yaciendo. — ¿Es
esta tu cama?

— Es mi colchón favorito. De hecho, la Reina de Inglaterra duerme en un
colchón igual que este.

— Umm, — me quejé sintiendo completamente fácil el descansar en la
cama de Brand. Finalmente abrí los ojos lo bastante para verle mirándome y
quitándose los zapatos. Después se recostó a mi lado, me acurruqué a su lado
queriendo su calor.



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Las últimas palabras que le escuché decir antes de quedarme dormida
fueron,

— Te amo.

No sé porque pero esa noche tuve el mejor sueño de mi vida. Quizá era la
cama o quizá fue el pasar la noche en los brazos de Brand. Pero el sueño se
sentía más real que cualquiera que hubiese tenido antes.

Empezó con Brand y finalizó con un beso. La sensación de sus labios contra
los míos era incluso más insoportablemente placentera que lo que podía
posiblemente haber imaginado. Era extraño pero era como si estuviese mirando
fuera de los ojos de Brand y sintiendo sus emociones. La forma en la que él me
veía era la forma en la que me veía en sus pinturas: suave, hermosa, casi etérea.

Su amor por mi era infinito y conocí la verdadera profundidad de sus
emociones con respecto a nuestro primer beso. Era increíblemente importante
para él que me entregase a él libremente sin ataduras, sin dudar de que fuese el
único al que amase. La felicidad que sentí mientras mis labios se movían contra
los suyos era diferente a todo lo que siempre había experimentado en mi corta
vida. Si el verdadero éxtasis existía, él podría experimentarlo cuando le besase
por primera vez y sin reservas le diese mi corazón.

La siguiente imagen era de mí en un vestido de novia caminando por un
pasillo cubierto de pétalos rojos de rosa. Pude sentir cuan orgulloso estaba
Brand de pie en el altar esperándome para declarar mi amor por el frente a Dios
y a todos nuestros amigos. Antes de que lo supiese estábamos haciendo el amor
en la cama en la que dormía ahora. ¿Hacer el amor con Brand podría ser en
realidad como esto? Era gentil y atento con cada reacción que mi cuerpo hacia
contra el suyo. Era importante para él hacerlo una hermosa experiencia para mí
que podría recordar por el resto de nuestras vidas.

El sueño continuó y me vi acunando a una bebé en mis brazos. El orgullo
que Brand sentía era indescriptible. Vi a Brand jugar con nuestra niña,
haciéndola reír mientras jugaba a un juego de perseguirla. La amaba tanto como
a mí y se maravillaba ante como de feliz era ella. En lo que en realidad fueron
probablemente solo unos pocos minutos, observé a Brand y levanté a nuestra
pequeña hasta la edad adulta y la vi caminando por el pasillo para casarse con
el hombre de sus sueños, dejándonos para comenzar una vida por sí misma.



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Pero al final del sueño, Brand y yo habíamos pasado la eternidad juntos,
amándonos el uno al otro y disfrutando de las alegrías y las penas de ser
padres, abuelos, y bisabuelos. Estábamos viejos, arrugados y con el pelo gris
yaciendo lado a lado en una cama. Después de pasar una eternidad juntos,
supimos lo que habíamos vivido.

La muerte era solo un nuevo comienzo para nosotros mientras moríamos
acunados uno en los brazos del otro. La siguiente cosa que supe era que
estábamos ascendiendo a través de las nubes en formas incorpóreas hacia un
borroso remolino de colores como en la pintura del padre de Brand.

Cuando desperté, estaba llorando. Brand despertó poco después de mí e
intentó tranquilizar mis lágrimas.

— ¿Qué está mal? — Preguntó. — ¿Tuviste un mal sueño?

— No, — sollocé. — Tuve el más hermoso sueño que jamás he tenido.

— ¿Quieres contármelo?

Negué con la cabeza. — No quiero gafarlo. Si te hablo de él, podría no
hacerse realidad.

Miré el reloj sobre la mesilla de noche y noté que eran las siete de la
mañana.

— Nuestro día casi ha terminado, — susurré abrazándolo fuertemente, sin
querer que nuestro perfecto día terminase aún.

— Tendremos otros días como este, Lilly. Todo lo que tienes que hacer es
pedirlo.

Sonreí y apoyé la cabeza en su pecho, completamente contenta por primera
vez en mi vida. Las imágenes de mi sueño seguían jugando por mi mente. ¿A
qué estaba esperando? ¿Cómo podía encontrar a alguien más perfecto que
Brand?

Incluso si teníamos la mitad de felicidad que vi en mi sueño, sería suficiente
para mí. Quizá mi subconsciente estaba diciéndole a mi mente consciente lo que
debería saber. En ese momento, supe que mi decisión estaba hecha. Pero,


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¿debería besarle ahora? Sólo no parecía el momento oportuno. Si pude esperar
tanto tiempo, podía esperar un poco más. Le besaría después del baile en
Blanco y Negro. Sería el escenario perfecto. Un momento que recordaríamos
durante el resto de nuestras vidas.






































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Capitulo 11
Traducido por Alelovesweetheart y Laurasoto
Corregido por Judyher e Isane33


eníamos que salir de la cama poco después. Brand se fue a la
cocina para hacer el desayuno mientras yo saltaba a la ducha y
me di un baño rápido. Después de fijar el pelo, poner un poco
de maquillaje y vestirme con el conjunto de ropa de repuesto que había traído,
recordando poner mi teléfono en mi bolsillo trasero en caso necesario de que
Tara se pusiera en contacto conmigo, me fui a la cocina y me encontré con
platos que Brand había hecho de arándanos gofres y tocino.

Mientras estábamos comiendo, Brand recibió una llamada. No estoy segura
de lo que estaba mal, pero parecía urgente. Yo estaba bastante segura de que era
Rose Marie en el otro extremo.

— Escucha, tengo que ir donde Abby por unos minutos. ¿Te importaría
quedarte aquí? Estaré de vuelta.

— Claro, ve. Voy a estar bien.

Corrió hacia la puerta como si la casa estuviera en llamas. Oí el grito de las
ruedas de su Porsche contra el pavimento de la entrada de su casa al salir.

Para ser honesta, yo estaba feliz de estar sola por un tiempo. Desde el
último atentado en mi vida, yo no tenía realmente tiempo para mí. Saliendo a la
parte trasera de la casa de Brand, fui a pie por la orilla del lago.

El aire de la mañana era fresco y agradable. Era septiembre y los primeros
vestigios de la caída se mostraban con mañanas frescas y hojas cambiantes. Me
agaché para recoger una piedra y traté de hacerla saltar
a través de la tranquila superficie del agua. Por supuesto, no funcionó. Sólo se
hundió al fondo. Sin embargo, no dejé de intentarlo. Creo que estaba en mi
cuarto intento cuando sucedió. Algo me golpeó duro en la parte posterior de
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mi cabeza. Lo único que recuerdo es caer al suelo en un charco de oscuridad
con un sonido fuerte, reverberante en el interior de mi cabeza.

Recuerdo a alguien tirando de mis brazos y lanzándome a algún lugar frío
y duro.

Traté de despertarme pero fue recompensado sólo con otro golpe en mi
cabeza que me envió de vuelta a la oscuridad.

— Lilly, — oí la voz pero sonaba como si viniera desde kilómetros de
distancia.

Lentamente abrí mis ojos. Yo estaba en un gran cuarto oscuro,
concretamente atada a una silla con cuerdas. Una luz tenue como de una
chimenea hacía a todo resplandecer de un rojo siniestro. Había una brillante luz
azul parada delante de mí. Traté de enfocar la vista sobre la forma en la luz.

Era Will. Pero era un Will de ocho años. Se veía igual que lo recordaba esa
noche me salvó de morir ahogada en el lago.

— ¿Will? — Le pregunté, segura de que era más que un producto de mi
imaginación.

— Van a estar aquí pronto, Lilly. Resiste. — rogó.

No pude aguantar, yo estaba demasiado cansada. Rápidamente volví a caer
en la inconsciencia.

— Lilly.

¿Era otra vez Will?

Sentí que alguien tocaba mi cara con ternura y me susurraba al oído: —
Lilly, despierta.

Saqué mi mente tan fuerte como pude de la oscuridad. Cuando abrí los
ojos, vi a Will, el Will real, de rodillas ante mí con una mirada torturada de
preocupación en su rostro.

— ¿Will?


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— Resiste Lilly, estarán aquí pronto. No te preocupes.

Desde algún lugar escuché una puerta de metal que se abría y se cerraba.

— Voy a estar aquí contigo. No te preocupes. Ella no puede hacerte daño.
Mantenla hablando hasta que ellos estén aquí.

Y luego desapareció, como si nunca hubiera estado allí en absoluto.

— Oh, no, — oí un gemido voz femenina. — Esperaba que no te
despertaras por el momento. ¡Está casi hecho!

Miré hacia arriba y vi a Michelle. Su rostro estaba iluminado por el
resplandor del fuego donde quiera que estuviera.

Todavía llevaba la camisa negra que Brand le había dado el día anterior.

— ¿Qué estás haciendo Michelle?, — Le pregunté tratando de hacer lo que
Will había dicho, mantenerla hablando.

— Me voy a deshacer de ti y así Brand no tiene por qué seguir fingiendo
que le gustas. Ambas sabemos que yo le gusto más.

— ¿Qué? ¿Estás loca?

— No, — ella realmente tuvo la audacia de parecer ofendida. — Lo único
que necesita es librarse de ti para poder decirme lo que siente sin sentirse
culpable. Contigo fuera del camino, por fin podemos estar juntos.

— ¿Qué te hace pensar que le gustas?

— Bueno, ¿no es obvio? — Fue entonces que vi la jeringa en la mano.

— No para mí, ¿por qué no me lo explicas?

— Es sólo la forma en que me mira con todo el anhelo reprimido. Y ayer
cuando me dio la camisa, bueno, ¿Quién hace eso por alguien que no le
importa?



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— Michelle, no quieres hacer esto. No eres una asesina.

— Normalmente estoy de acuerdo contigo, pero me estoy quedando sin
tiempo. La Fiesta de Blanco y Negro viene y sé que Brand quiere llevarme.
Contigo finalmente fuera del camino, podemos pasar un buen rato. Lilly ¿te
imaginas la cara de Nora cuando me presente a la fiesta con Brand del brazo?
¡Le va a dar un ataque!

— ¿Cómo vas a matarme?

— Oh, — miró a la jeringa en sus manos como si se hubiera olvidado de
ella. Tal vez no debería de haber atraído su atención de nuevo a la tarea en
cuestión tan pronto. — ¿Puedes creer que el laboratorio de biología molecular
aquí tiene los tres ingredientes que se utilizan para las inyecciones letales? Ni
siquiera estaba segura de lo que eran hasta que lo busqué en línea. Mira, yo no
quiero hacerte daño, sólo te mataré.

— ¿Qué vas a hacer con mi cuerpo?

— ¿No sabes dónde estás? — Preguntó ella dando un paso más cerca de mí.

— No.

— Estamos en el sótano del edificio de ciencias. Ya han encendido el horno,
ya que ha hecho frío durante las últimas noches. Yo sólo voy a incinerar tu
cuerpo. Nadie va a pensar en buscar los huesos allí.

— Van a saber que fuiste tú eventualmente, Michelle. ¿De verdad crees que
alguien como Brand querría estar con una asesina?

Una mirada salvaje transfiguró la cara una vez inocente y tímida de
Michelle.

— ¡Cierra la boca! No lo conoces en absoluto. Él estará encantado de
librarse de alguien como tú. Tú puedes ser bonita, pero él sabe lo que es
realmente importante.

— ¿Y qué te hace mejor que yo?



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— Bueno, yo soy más inteligente. ¿Qué más se necesita? Vamos a conectar
en un nivel completamente diferente al que ustedes dos podrían jamás alcanzar.

Ella comenzó a caminar más cerca de mí. Desesperadamente traté de
pensar en algo más, algo más para mantenerla hablando.

— ¿Sabes cuáles son las cosas favoritas de Brand?

Ella se detuvo. — Todavía no. ¿Por qué?

— Me acabo de pasar todo el día aprendiendo cuales son. ¿Te gustaría
conocer algunas de ellas?

— ¿Compartiendo información con el enemigo? — Ella se burló.

— Bueno, es obvio que vas a ganar. Es mejor que aprendas todo lo posible
sobre Brand, mientras todavía estoy viva.

Cruzó los brazos sobre el pecho, con cuidado de asegurarse de que la aguja
de la jeringa estaba apuntando hacia arriba.

— Adelante.

— Bueno, le encanta pintar retratos. Posé para él ayer. Si tienes la
oportunidad de hacer eso, te lo recomiendo encarecidamente.

— Oh, lo haré. Adelante.

— Le encanta cocinar. Él me ha hecho la comida más maravillosa que he
tenido. Él es modesto acerca de su talento, pero es algo que vas a apreciar.
¿Cuál es tu comida favorita?

— ¡Deja de andarte con rodeos!

— Le encanta el fútbol, — le dije rápidamente, sin querer ganar más ira de
la que ya había ganado. — Ese es el por qué estábamos en el partido de ayer. Y
su color favorito es el negro, como la camisa que te dio para llevar.

Fue entonces cuando lo oí, el más leve roce de metal contra el cemento.


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— Le encanta navegar, — dije, esperando que lo que había oído fuera la de
la puerta de la habitación abriéndose. — Él tiene un barco atracado en su casa.

— Sí, vi eso, — una mirada soñadora se apoderó de los ojos de Michelle.

— Probablemente vamos a tener un montón de excursiones juntos una vez
que estés fuera del cuadro. Tal vez me llevará hasta el Mediterráneo. Siempre
he querido ir allí.

— Si él te ama tanto como tú piensas, él hará todo lo que pueda por ti.

Figuras en la sombra se movieron detrás de Michelle, yo no podía entender
cuántos eran, pero yo estaba agradecida de verlos. Sólo tenía que mantenerla
hablando.

— Su película favorita es Casablanca. Sabes, ¿con Humphrey Bogart e
Ingrid Bergman?

— Todo el mundo conoce esa película. ¿Qué más?

— Él duerme en el mismo colchón que la Reina de Inglaterra.

Las manos de Michelle se dejaron caer a sus costados.

— ¿Te acostaste con él? — El tono amenazador en su voz me hizo lamentar
compartir instantáneamente ese pedazo de información.

— Sólo dormimos, nada más.

— Por supuesto. Eso es lo que la gente como tú siempre dice.

— ¿Qué significa la gente como yo?

— Nora siempre les dice a los chicos con los que sale que ella es virgen
también.

— Pero yo soy virgen.

— ¡Mentirosa! ¡Las chicas como tú siempre mienten! ¡No vas a mentir
nunca más!


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Michelle dio un paso más cerca de mí.

Lo que sucedió después fue un borrón de movimiento. Vi al Detective
Randall y otro apurado oficial de policía y a Michelle al mismo tiempo. El
Detective Randal luchó con la jeringa en la mano y el otro oficial pronto la tenía
en sus puños. Ella protestó todo el tiempo diciendo que estaba haciendo un
favor al mundo.

Brand vino corriendo hacia mí y empezó a rasgar las cuerdas que me
ataban a la silla.

—Brand. —Escuché gritar a Michelle—. ¡Brand, dile que me amas y no a
ella! ¡Dile! ¡Suéltame! —Ella intentó tan duro como pudo zafarse de la detención
del oficial que la arrastraba fuera de la habitación. Todavía podía escuchar sus
gritos para Brand incluso cuando ya no podía verla.

Cuando estuve finalmente libre, Brand me abrazó con tanta fuerza que
apenas podía respirar, pero no me importaba. Yo sabía que estaba a salvo.

—Lo siento mucho. Lo siento tanto... —repetía como una letanía.

Finalmente le dije:

—Deja de decir eso. Esto no fue culpa tuya.

Me miró a la cara y vi sus lágrimas por primera vez. Su expresión era de
culpa y dolor.

—No puedes considerarte responsable por una loca —le dije—. Ella se
engañaba sobre ti, Brand. No es tu culpa.

—Pero lo es. Simplemente no lo entiendes. —Me abrazó con más fuerza.
Con el tiempo, poco a poco me dejo ir. Era como si estuviera despidiéndose de
mí en ese momento. Podía sentirlo construyendo un muro entre nosotros, pero
no estaba segura de por qué o a quién se suponía que debía de proteger.

Una vez que Michelle estaba asegurada y en camino a la estación de policía,
el detective Randall me hizo preguntas. Le dije todo lo que pude, pero dejé
fuera la parte de ver a Will, ambos. Cuando miré alrededor de la habitación en


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la que estábamos, no vi por ninguna parte a Will. ¿Lo imaginé? Parecía tan real
para mí y sabía que la ayuda iba a venir. Pero, ¿dónde se había ido?

—Voy a necesitar que vengas a la estación de policía mañana para hacer
una declaración oficial —dijo el detective Randall—. Tal vez entonces vamos a
saber más acerca de por qué ella quería matarte.

—Como he dicho, lo único que me dijo fue que quería deshacerse de mí
para poder estar con Brand. —Sentí el brazo de Brand tensarse alrededor de mis
hombros. Sus sentimientos de culpa por el comportamiento criminal de
Michelle eran comprensibles, pero totalmente fuera de lugar. ¿Cómo era posible
que él tuviera la culpa de su locura?

—Podría ser que ella estuviera simplemente demente y se sintió atraída
hacia los dos. Verlos felices juntos probablemente despertó algo dentro de su
mente y la única manera de ser feliz era sacarla del camino Srta. Nightingale.
No es un hecho infrecuente. Los celos son un motivador poderoso para alguien
que es ya mentalmente inestable.

El detective Randall me dijo que lo llamara a su número privado antes de
llegar a la estación de policía el día siguiente para poder asegurarse de que
estaba allí para tomar mi declaración personal. Le di las gracias y Brand me
llevó de vuelta a mi apartamento.

Cuando llegamos allí, Will y Tara se acercaron corriendo afuera. Tara se
lanzó a mis brazos llorando. Odiaba el hecho de que yo había hecho llorar a
Tara mucho últimamente. Miré a Will de pie detrás de ella y me di cuenta que
tenía la misma ropa en la que lo vi en mi alucinación en el sótano. ¿Cómo era
posible? O tal vez no lo había imaginado allí.

Tara finalmente recobró la compostura.

—Chica, eso es todo. No hay más casi muriendo, ¿me oyes? Mi corazón no
puede soportarlo. —Me abrazó más fuerte no queriendo dejarme ir. Finalmente,
se metió en su modo de cuidado y protección.

Todos nos fuimos al apartamento. Tara se sentó conmigo en el futón, Will
se sentó en la mecedora frente a nosotros y Brand estaba apoyado contra el
mostrador de la cocina con una mirada distante e indiferente en su rostro.



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Le dije a Will y Tara lo que le había dicho a la policía acerca de lo que yo
recordaba. Sin embargo, hice un par de preguntas propias.

— ¿Cómo me encontraron?

—El teléfono. —Estas fueron las primeras palabras que había oído decir a
Brand desde que dejamos al detective Randall.

—Usamos la señal GPS en tu teléfono. Una vez que encontré que no estabas
en la casa, usé mi computadora para ver si tenías el teléfono contigo. Después
de haber determinado dónde estabas, llamé al detective Randall.

Saqué el teléfono que Tara me había pedido que mantuviera cerca de mi
bolsillo trasero y me quedé mirándolo. ¿Quién habría pensado que un simple
dispositivo sería mi salvación?

—Una vez que supimos dónde estabas sólo teníamos que encontrar
exactamente dónde te estaba reteniendo —continuó Brand en un tono apagado,
como si recitara algo de memoria—. Por suerte la vi bajar al sótano.

—Vi algo mientras estuve allí. —Miré a Will—. Vi a Will. Dos veces.

—Estuve aquí con Tara todo el tiempo, Lilly. Debes haber estado
imaginando cosas.

—Te vi en la forma en que lucías aquella noche cuando me sacaste del lago.
¿Te acuerdas de esa noche?

Will se sobresaltó por mi declaración.

—Claro que me acuerdo de esa noche. ¿Quién podría olvidar algo así?

—Entonces volví a verte, vestido igual que como lo estás ahora. Me dijiste
que aguantara porque la ayuda estaba en camino y me dijiste que siguiera
hablando hasta que llegaran.

—Eso no es posible cariño —dijo Tara. Su tono de voz me dijo que temía
que la experiencia me hubiera hecho perder mi mente—. Will estuvo aquí
conmigo todo el tiempo.



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Negué con la cabeza lentamente.

—No, yo sé lo que vi.

Nadie parecía saber qué decir.

—Bueno, no me importa si has visto a Pepito Grillo
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allí —dijo Tara—. Me
alegro de que estés bien.

Ella se aferró a mi mano con fuerza, no estando dispuesta a dejarme ir.

—Will, creo que deberíamos irnos y dejar reposar a Lilly — Brand comenzó
a caminar hacia la puerta con Will siguiéndole de cerca.

Me puse de pie.

— ¿Brand, te vas?

Ni siquiera me miró, dejó su mano en el pomo de la puerta mirándolo.

—Necesitas descansar Lilly. Voy a tratar de llamar más tarde.

Y salió por la puerta antes de que pudiera hacer otro intento de protesta.
¿Qué le pasaba? ¿Por qué estaba actuando de forma tan extraña? ¿Por qué me
dejaba?

—Vamos, cariño. Déjame hacerte un baño de burbujas para ayudarte a
relajarte.

Tara debe haber pensado que estaba en estado de shock después de eso.
Tuvo que desnudarme, bañarme, ponerme ropa nueva y meterme en la cama.
Pero, yo no podía dormir. Estaba en shock. ¿Qué le pasaba a Brand? ¿Por qué no
estaba conmigo cuando más lo necesitaba? ¿Por qué tengo la sensación de que
se estaba alejando de mí y dejándome para siempre?

Una nueva energía recorrió mi cuerpo. Tenía que averiguar lo que estaba
pensando. Me puse las zapatillas de deporte, agarré las llaves del coche de mi
mamá y salí corriendo por la puerta antes de que Tara tuviera la oportunidad
de preguntarme a dónde iba o tratara de detenerme.

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Pepito Grillo: Es el personaje del grillo parlante en la película de Walt Disney Pinocho.


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Llegué a casa de Brand en un tiempo récord. Cuando entré en su casa, lo
encontré sentado en su sala de estar mirando por las ventanas hacia el lago. Sin
luces encendidas, sin televisión, sólo un silencio total y la oscuridad. La única
luz en la casa venía de la luz de la luna que se derramaba a través de las
ventanas de cristal a cada lado de la chimenea en el salón.

Fui a pararme frente a Brand. Pareció que le tomó unos segundos salir de
donde sus pensamientos lo habían llevado y darse cuenta de que estaba allí.

—No deberías estar aquí —dijo con una voz fría que no reconocí—. Es
necesario que te mantengas alejada de mí, Lilly.

— ¿Por qué dices eso? ¿Qué he hecho?

Se inclinó hacia delante, apoyando los codos en las rodillas con las manos
cruzadas delante de él. Se miró las manos, no queriendo o no siendo capaz de
mirarme.

—No has hecho nada. Todo es mi culpa.

Me arrodillé frente a él.

—No, no fue tu culpa. Ella estaba loca eso es todo.

— ¡No entiendes, Lilly! —Se puso de pie, frustración escrita en toda su
cara—. Y no es algo que pueda explicarte. Fue por mí. ¡Es por lo que soy, que
casi te mató!

— ¡Detente! ¡Deja de decir eso!

—Es la verdad —se volvió de espaldas a mí—. Tienes que irte.

La absoluta falta de emoción en su voz me asustó. No podía creer lo que
estaba oyendo. ¿Qué estaba haciendo?

— ¿Estás rompiendo conmigo? —No pude evitar que mi voz se quebrara.
Esto no podía estar sucediendo. Él no me haría esto, ¿verdad? ¿Después de
todas las veces que me dijo que me amaba?



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—Ya no puedo estar cerca de ti. Pensé que las cosas serían diferentes
contigo, pero no puedo ignorar lo que soy. Tienes que irte.

—No —dije tercamente. No iba a permitir que lo mejor de mi vida se fuera
tan fácilmente—. No, no me voy.

— ¿No lo entiendes? ¡No quiero verte nunca más! —Se volvió hacia mí con
una ferocidad que nunca había visto en él antes—. ¡Necesito que te vayas! No
quiero estar contigo Lilly. ¿Qué parte no entiendes? ¡Déjame en paz!

Salí corriendo de su casa con lágrimas corriendo por mis mejillas. Me metí
en el coche de mi madre y corrí por el camino de entrada. Cuando llegué a la
carretera, estaba cegada por el dolor y las lágrimas. Mi pecho se sentía como si
estuviera a punto de explotar de la miseria. Tuve que hacerme a un lado de la
carretera hasta que pude parar de llorar lo suficiente para ver a dónde iba.
Cuando volví al apartamento, me dejé caer en los brazos de Tara. No me hizo
ninguna pregunta simplemente me abrazó mientras mi corazón se rompía.





















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Capitulo 12
Traducido por Violet~
Corregido por Karlix


espués de llorar en el hombro de Tara durante casi toda la
noche, al fin caí en un agotado sueño sobre el sillón.

A la mañana siguiente Tara me hizo comer un pequeño
desayuno antes de llevarme a la estación de policía para que pudiéramos
terminar con esto de una vez. Llamé a Utha Mae y a mi mamá y les conté lo que
había sucedido. Iban a venir a verme, pero les pedí que no lo hicieran. Mientras
menos estrés tuviera en mi vida, mejor.

—Vas a perder tus clases —le dije a Tara.

—Chica —me miró con una de sus manos en su cadera como si estuviera
loca—. ¿Crees que voy a dejarte ir allí por ti misma? De ninguna manera.
Haremos novillos hoy. Con lo que ha pasado tienes derecho a tener un día libre.
Demonios, ¡podríamos tomarnos toda la maldita semana!

Llamé al detective Randall antes de salir de la casa. Dijo que ya estaba en la
estación y que tenía algunas noticias interesantes que contarnos.

Cuando llegamos a la estación, el detective Randall nos acompañó a su
despacho y tomó mi declaración oficial. Después de describir todo lo que pude
con el mayor detalle posible lo que recordaba, se sentó de nuevo en su silla
detrás de su escritorio y nos contó a tara y a mí lo que había descubierto.

—Parece que Michelle estaba detrás de todo lo que te ha pasado en los
últimos días. Confesó sacarte del camino, encender el gas en tu apartamento y
también sabotear tu coche. ¿Algo sobre tu alternador?

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—Sí, salió sobre mí la noche antes de que me hiciera chocar con la vereda.
—Recordé a Brand preguntándome si había tenido recientemente algún trabajo
porqué parecía que mi coche había sido manipulado.

— ¿Cuál era su plan? Quiero decir, ¿por qué forzar el alternador? —le
pregunté.

—Bueno, al parecer ella estaba esperando para seguirte en la carretera
cuando regresaste en él. Planeó desequilibrarte y que necesitaras un paseo.
Entonces ella te hubiese tenido y básicamente habría llevado a cabo los mismos
planes que ayer.

Si su plan hubiese tenido éxito, sabía que probablemente estaría muerta
ahora. Brand no me había dado su teléfono hasta después de que eso sucedió.
El conocimiento de lo cerca que había estado de la muerte finalmente me
golpeó con fuerza.

—También hicimos una prueba de sangre en ella para ver si estaba
tomando drogas. Lo que encontramos fue… extraño.

— ¿Ella estaba tomando drogas? —preguntó Tara.

—No exactamente. Encontramos altos niveles de algo llamado
androstenediona en su sistema.

—No sé qué es eso —le confesé.

—Bueno, los chicos del laboratorio me dicen que es una feromona
masculina humana. Cómo entró en contacto con tanto de ello, no estamos
seguros. Si tiene algo que ver con por qué quiso matarla es un misterio también.
Sólo pensé que podría querer saber.

El detective Randall nos agradeció por venir y dijo que era más o menos un
caso abierto y cerrado. No necesitaría hacer nada más, excepto mostrarle su
audiencia de sentencia, pero eso pasaba para mí.

Salimos de la estación y volvimos a casa. Cuando llegamos allí, Will estaba
esperando fuera de nuestro apartamento sentado en los escalones que conducen
al rellano del segundo piso.



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—Hola, sólo quería pasar por aquí y ver cómo estabas —dijo, poniéndose
de pie mientras hacíamos nuestro camino hacia él.

—Estoy bien. Sólo fuimos a la estación de policía para dar mi declaración.

— ¿Hay algo que pueda hacer? —preguntó él.

Era agradable ver a Will queriendo ayudarme. Era casi como cuando
éramos niños y él siempre había estado ahí para consolarme cuando más lo
necesitaba.

—En realidad no. Creo que sólo quiero tomar las cosas con calma hoy.

—Bueno, si me necesitas, llámame. Estaré aquí en un abrir y cerrar de ojos.
—Él me besó en la mejilla. —Cuida de ella —le dijo a Tara antes de entrar a su
coche y alejarse.

Tara y yo pasamos el día limpiando el apartamento. No tengo idea de por
qué, pero siempre limpio cuando estoy tratando de olvidar las cosas que pasan
en mi vida. Desde que el apartamento era pequeño, terminamos al mediodía.
Llamé a la Dra. Barry y le dije que no estaría ese día. Al parecer, mi experiencia
cercana a la muerte era el tema candente en el campus esta mañana. Ella ya
sabía todo lo que había pasado antes de que tuviera la oportunidad de
decírselo. Me dijo que me tomara mi tiempo y volviese cuando estuviera lista.

El resto de la tarde traté de ponerme al día con mi tarea en mi habitación.
Comencé con el diario que se suponía debía mantener para la Señora Connor en
Literatura Inglesa. En poco tiempo había llenado casi 20 páginas con lo que me
había sucedido en las últimas dos semanas. Algunas eran muy personales, pero
no me importaba. Me ayudó a superar mis sentimientos acerca de casi perder la
vida y la pérdida de Brand.

Brand. Había tratado de no pensar en él. Cada vez que lo hacía me daban
ganas de llorar porque mi corazón dolía demasiado. La alegría que había traído
a mi vida era reemplazada ahora por vacío. ¿Por qué me había vuelto la
espalda? ¿Por qué, cuándo estaba lista para elegirlo sobre Will, me rechaza por
completo y me dice que no quiere volver a verme? ¿Era esa su forma de actuar
con alguien a quien supuestamente amaba?



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Como si sintiera que estaba pensado en Brand, Tara entró con un plato
lleno de una montaña de dulce de chocolate recién hecho.

Miró a mi cara y ordenó—: Deja de pensar en él. No vale la pena el
esfuerzo.

Se sentó en mi cama y tomé un pedazo de dulce de chocolate del plato,
comiéndolo rápidamente.

—No puedo evitarlo. No entiendo lo que pasó.

—Bueno, no soy una experta, pero tal vez él necesita un poco de tiempo.
Quiero decir, odio decirlo y darte falsas esperanzas, pero ese hombre te ama.
Por qué está actuando como un idiota en este momento, no lo sé. Pero lo he
visto como es alrededor tuyo. Nunca he visto a nadie más enamorado que él.
Sólo dale algo de tiempo. Quizás está asustado o algo así.

— ¿Asustado de qué? ¿De mí?

—Estaba medio loco cuando desapareciste. Quizás el casi perderte fue
demasiado para él. Creo que deberías darle un poco de tiempo, Lilly.

Las palabras de Tara me las tomo muy enserio. Tal vez ella tenía razón.
Quizás sólo necesita resolver sus sentimientos por mí.

—Desearía que me hubiera visto en mi vestido.

— ¿Quién dice que no lo hará?

—Bueno, no es como si él me fuera a llevar al baile ahora, Tara.

—Pffft, ¿Quién necesita a un hombre para que te lleve al baile? Voy a
llevarte, chica.

—Pero tú vas con Simon.

Tara sacudió la mano en el aire restándole importancia.

—Chica, él puede reunirse con nosotras allí y sentirse afortunado de dejarlo
bailar conmigo un par de veces. No hay manera de que te deje aquí sola en el


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apartamento un viernes por la noche y dejar que ese vestido se desperdicie. De
todos modos, es un baile en Blanco y Negro. Vamos a coincidir con el tema.

No pude evitar reírme de Tara. Yo realmente quería llevar mi vestido
nuevo. Y tal vez, sólo tal vez, Brand podría aparecer y verme en él.

El resto de la semana en la escuela fue una tortura. Todo el mundo me
miraba como si fuera la atracción de un carnaval. Brand no apareció en ninguna
de las clases que compartíamos esa semana. De hecho, no lo vi en el campus en
absoluto. Fue para mejor. Verlo otra vez me haría sentir mal. Will vino cada
tarde para comprobarme. Se dio cuenta que estaba deprimida pero no me
preguntó qué estaba mal. Me dio la sensación que el ya sabía lo que había
pasado entre Brand y yo.

La noche del baile, sentí como nuestro apartamento se convertía en una
casa de locos. Tara estaba tan ocupada arreglándome que apenas tuvo tiempo
de arreglarse ella misma. Finalmente la obligué a dejar de quejarse sobre mí y
arreglarse su propio cabello y maquillaje.

—No quiero aparecer con alguna chica de pelo greñudo de mi brazo —
bromeé—. Es mejor lucir bien si quieres que te vean conmigo.

Ella me sacó la lengua. —Ve a ponerte ese vestido. ¡Quiero ver esos zapatos
de tacón alto en tus pies también, chica!

Después de ponerme el vestido y los zapatos, me miré a mi misma en el
espejo de cuerpo entero del baño. Tara había hecho un excelente trabajo
haciéndome lucir como una vieja sirena de Hollywood. Había puesto suaves
rizos en mi, de lo contrario, pelo liso y los había separado dejando que estos
enmarcaran mi cara. Luego ella puso un falso broche de diamante para
levantarlo a un lado. El lápiz labial que usó parecía terriblemente rojo para mí,
pero hacía una ilusión de glamour de antaño.

Cuando Tara salió de su habitación, me silbó.

—Bueno, si eso no llama un poco la atención de la población masculina en
este campus, no sé qué lo hará.

—Sólo hay una persona que quiero que me vea, y ni siquiera sabemos si él
estará ahí esta noche.


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—Bueno, si él está allí o no, chica, no creo que tengas un tiempo difícil
encontrando un chico para bailar. ¡Vamos!

El baile se celebraba en el campo de fútbol. Habían traído una pista de baile
hecha de grandes baldosas blancas y negras. El escenario de la banda estaba
iluminado con luces azules y la pared detrás del quiosco de música negro, con
blancas notas musicales flotantes e instrumentos musicales. Había unas cuantas
mesas esparcidas allí, pero la mayoría de las personas estaban de pie.

Cuando entramos en la pista de baile, inmediatamente escruté la multitud
por Brand.

—No lo veo —le dije a Tara, incapaz de ocultar mi decepción.

—Bueno, él se lo pierde. Obviamente tengo la cita más caliente aquí.

— ¿De qué estás hablando?

Ella miró alrededor de la pista de baile y susurró—: ¿Qué chico no está
―mirándote‖ en estos momentos?

Cuando volví la mirada a la multitud, vi lo que estaba diciendo. Lo que
parecía como la mayoría de los chicos, ya fueran con cita o no, estaban
mirándome de arriba abajo. Era inquietante. No me sentía cómoda con toda la
atención.

Un tipo que nunca había visto antes, se acercó a nosotras.

—Oye, ¿no eres tú la novia de Brand Cole?

—Ya no es así —dijo Tara antes de que pudiera responder a la pregunta—.
Es libre si quieres bailar con ella.

Miré a Tara. Sentí como si me estuviera echando.

— ¿Quieres bailar? —preguntó él, sosteniendo su brazo hacia mí.

Durante los siguientes treinta minutos, creo que bailé con más de cinco
chicos diferentes que nunca había visto en mi vida. Todos parecían lo suficiente


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agradables pero no pude dejar de mirar la entrada, esperando ver de nuevo a
Brand.

Y entonces sucedió.

Estaba de pie junto a Tara y Simon cuando lo vi hacer su entrada al baile.
Estaba vestido con un esmoquin negro con una camisa blanca y corbata de lazo
negro. Pensé que me iba a derretir de tan hermoso que se veía. Todas las chicas
en el baile lo estaban mirando.

—Tienes que estar bromeando —oí decir a Tara a mi lado—. ¿Quién es esa
chica caliente?

Me había centrado tanto en Brand que no había visto a Izzi de pie a su lado
en un vestido que me dejó sin habla. Era un vestido de piel en blanco y negro,
ajustado con corte en lugares que parecían inapropiados y una abertura en el
lado que dejaba poco a la imaginación. De hecho, el vestido completo parecía
inadecuado para un baile de la universidad. Todas las chicas estaban mirando a
Brand y todos los chicos se centraban en Izzi. ¿Quién podría culparlos? Parecía
que podría salirse del vestido en cualquier momento.

Cuando volví la mirada a Brand, estaba mirando directamente hacia mí. No
podía leer la expresión de su cara en absoluto. Era como si estuviera hecho de
piedra. Vi los músculos de su mandíbula apretarse, pero eso fue todo. Le di la
espalda no soportando verlo junto con Izzi.

— ¿Quieres bailar? —dijo una voz familiar detrás de mí.

Cuando me di la vuelta, Will estaba de pie en un esmoquin negro y una
delgada corbata negra con su mano extendida hacia mí. Sin palabras acepté su
oferta poniendo mi mano en la suya.

A media que nos balanceábamos con la música, Will dijo: —Te ves hermosa
esta noche, Lilly.

—Gracias. Creo que es el vestido más que nada.

—No, sólo realza la belleza que siempre has tenido.

No sabía que decir a eso.


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— ¿No viniste con una cita? —le pregunté.

—No —sonrió hacia mí—. Quería bailar con la chica más guapa aquí. Pensé
que ya estaba con alguien, pero por suerte me equivoqué.

—No dejes que Tara te oiga decir eso. Se supone que es mi cita.

—Bueno, voy a tener que darle las gracias por haberte traído. Estaba
esperando por mi oportunidad de bailar contigo. Parece que tienes un montón
de pretendientes esta noche.

—No conozco a ninguno de ellos. Si me preguntas, no podría decirte cuáles
eran sus nombres.

Vi a Brand e Izzi bailando en mi visión periférica y giré mi cabeza
ligeramente, un movimiento observado por Will.

— ¿Quieres salir de aquí? —me preguntó.

En silencio, asentí y dejé que me llevara fuera de la pista de baile. Dejamos
el campo y terminamos caminando por el jardín de rosas del edificio común.

— ¿Qué pasó entre tú y Brand, si no te importa que pregunte?

—Me dejó. Dijo que no quería verme nunca más y que tenía que dejarlo
solo. —Decir las palabras en voz alta abría la herida fresca en mi corazón. Me
detuve y puse mis manos sobre mi cara para esconder las lágrimas. Will me
tomó en sus brazos y me dejó llorar silenciosamente en su hombro.

—Oh, Lilly, no llores. No vale la pena llorar por un hombre.

Pensé que esta era una extraña declaración viniendo de alguien por el que
había llorado durante los últimos dos años. Es extraño cómo funcionan las
cosas, que mi primer amor me consuele por perder el segundo amor de mi vida.
Un amor que estaba esperando para declarar esta misma noche. Qué perfecto
entorno habría sido para que Brand y yo compartiéramos nuestro primer beso.
Una luna llena con música sonando de fondo entre un jardín de pétalos de rosa.
La imagen de lo que podría haber sido me hizo llorar aún más fuerte.



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Will tomó mi rostro surcado de lagrimas con sus manos y me besó la frente
y luego en mis mejillas. Miró a mis ojos como pidiendo permiso para continuar.
Todo lo que pude pensar fue, ¿Por qué no? Era obvio que Brand había seguido
adelante. ¿Por qué no podía seguir adelante tan rápido? Dejé su promesas
vacías atrás y traté de encontrar el amor que tenía por Will otra vez. ¿No había
dicho Will qué siempre me había amado? ¿Qué había de malo en tratar de
encontrar la felicidad en sus brazos?

Will empezó a bajar sus labios a los míos.

No. Esto no estaba bien. Brand podía no amarme más, pero yo no había
dejado de quererlo. No podía estar aquí y fingir que lo hacía.

Me aparté y di un paso atrás de Will.

—Lo siento —dije sacudiendo la cabeza—. No puedo.

Cuando miré a la terraza detrás de Will, vi a Brand de pie junto a la mesa
donde habíamos compartido nuestro primer almuerzo, mirándome con una
expresión caída.

Me volví tan rápido como pude y salí corriendo. Oí a Will gritar mi nombre
pero no me importó.

De camino a casa, no me tomó mucho tiempo darme cuenta de que aún
llevaba zapatos de tacón alto. Mi tobillo se torció mientras corría por la calle.
Me quité los zapatos lo más rápido que pude y seguí corriendo. No tenía
intención de parar hasta que regresara a mi apartamento. Estaba a sólo media
milla de distancia. Seguramente podría llegar tan lejos por mi cuenta.

Alrededor de la mitad del camino de vuelta a casa, tuve que dejar de correr.
El frío cemento de la acera contra mis pies descalzos me hizo desear haber
llevado zapatos planos y no los altos tacones del baile. No me gustaba caminar
sola a casa, pero no tenía mucha opción ahora. Había dejado mi teléfono en el
apartamento así que no podía llamar a Tara para que me recogiera. De todos
modos, para cuando ella saliera del baile hasta donde yo estaba, ya estaría en
casa.

Las calles estaban en silencio esa noche. Casi todo el mundo en el campus
había ido a casa por el fin de semana, o estaban en el baile. El único sonido era


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el zumbido de las farolas que cubrían las aceras. Sólo había un lugar donde no
tendría mucha iluminación, el estacionamiento detrás del edificio de
mantenimiento. Tendría que cruzar el asfalto oscuro como boca de lobo para
subir a la calle que conectaba con mi piso.

Estaba a mitad del estacionamiento cuando pisé un pedazo de vidrio. Me
detuve y traté de sentir alrededor con la poca luz que provenía de las dos calles
laterales. Podía sentir la humedad de la sangre en mis dedos mientras quitaba el
vidrio y lo arrojaba al suelo. Casi había cruzado el estacionamiento hacia mi
calle cuando vi a un hombre de pie debajo de uno de los faroles de la calle,
mirándome.

Decir que vestía extrañamente sería un eufemismo. Llevaba un abrigo
negro pero parecía como si estuviera hecho completamente de plumas. Tenía
un largo cabello oscuro que estaba peinado en una cola de caballo que caía por
su hombro. Su piel lucía pálida bajo la tenue luz de la farola. No podía ver sus
ojos pero podía sentirlos en mí. No quería pasar junto a él, así que di la vuelta.

Desde la esquina del edifico de mantenimiento escuché un gruñido. Era
como un gruñido de un perro pero diferente, casi como si tuviera una cualidad
humana en ello. Cuando lo escuché por segunda vez, me di la vuelta. Tendría
que pasar al extraño o enfrentar al animal que fuera que hacía ese extraño
gruñido. Cambié mi trayectoria así no tendría que pasar al hombre
directamente, sino cruzar la calle donde él estaba de pie. Aparté los ojos y traté
de no mirarlo, caminando tan rápido como podía. Cuando llegué a la vereda de
mi calle, sentí una mano agarrando mi codo.

Sobresaltada, me detuve y miré a mi lado para ver al hombre que había
tratado de evitar. Me recordaba a unos de esos hombres que se ven en las
portadas de las novelas románticas. Llevaba un abrigo negro hecho de plumas
negro medianoche. Estaba sin camisa y llevaba unos ajustados pantalones de
cuero negro y botas con hebillas de plata a los lados.

—Hola, Lilly. —Su voz tenía un resonante tono profundo, como si viniera
desde el interior de su pecho.

Tiré mi codo lejos de su mano y retrocedí.

— ¿Qué quieres?



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Incluso yo podía oír el miedo. Estaba segura que él se había dado cuenta.

Bajó la mirada hacía la mano con la que había retirado el pedazo de vidrio.
Todavía seguía empapada en sangre porque no quería arruinar mi vestido
usándolo como una toalla. Él desapareció y apareció justo frente a mí, como si
se hubiera tele-transportado o algo así.

—Veo que te has cortado. —Antes de que me diera cuenta el tenía mi mano
manchada de sangre entre las suyas. Llevó mi mano hacia su cara y cerró los
ojos inhalando la sangre como si fuera un sommelier
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con un vaso de vino.

—Interesante —suspiró, dejando ir mi mano—. Tienes algunos enemigos
poderosos, Lilly.

—No sé de lo que está hablando —¿Estaba relacionado con Michelle de
alguna manera? Si lo estuviera, podría ver por qué ella era una loca total.
Quizás él estaba aquí para buscar venganza. —Oye, no pedí que Michelle
intentara matarme.

— ¿Michelle? —Sus cejas oscuras se fruncieron con confusión—. ¿Quién
podría ser?

— ¿No eres pariente de ella?

—No.

— ¿Quién eres entonces, y cómo sabes mi nombre?

—Puedes llamarme Malcolm —dijo inclinándose por la cintura ante mí, con
un ademán de sus manos como un caballero frente a su dama.

— ¿Qué quieres de mí?

—Bueno, Lilly, no soy de los que se andan con rodeos así que sólo voy a
decirlo. Fui enviado aquí para matarte.


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Sommelier: Persona entrenada y conocedora de vinos profesional, trabaja normalmente en
finos restaurantes, se especializa en todos los aspectos del servicio de vinos.


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Eso era todo lo que necesitaba escuchar. Me lancé a través de la calle para
alejarme de él, pero era más rápido que yo. Un millón de veces más rápido.
Estaba de pie delante de mí antes de que diera cuenta.

—Todavía no —reprendió.

Realmente no era como si tuviera otra opción.

— ¿Qué estás esperando? —Le pregunté, resistiéndome a él mientras podía.
No había ninguna manera de ganar para mí. Ningún lugar para esconderme.

Sonrió a mi valentía.

—Hay algo en ti que es diferente. Tu sangre —dijo mirando mi mano—. No
tiene el aroma habitual de la mayoría de los seres humanos.

—Lo siento si no cumple tus estándares. —Me sorprendió la valentía que
encontré para enfrentarme a él considerando lo que me había confiado. —¿Qué
vas a hacer? ¿Beberla?

—Sí, en realidad.

Me quedé completamente quieta con sus palabras, incapaz de pensar en
una manera de escapar.

Malcolm me miró como si estuviera tratando de averiguar algo sobre mí. —
No estoy seguro por qué él te quiere muerta tan desesperadamente. Pareces
bastante inofensiva.

— ¿De quién sigues hablando? ¿Quién me quiere muerta?

Él sonrió. —Eso no es algo que pueda decirte, querida Lilly. A él no le
gustaría que hablara de él contigo.

— ¿Qué vas a hacer conmigo? —Podía sentir a mi cuerpo comenzar a
temblar.

—Nada que te haga daño. Lo prometo —dijo sosteniendo sus manos hacia
los lados como si me mostrara que no tenía nada bajo las mangas—. Eres una
criatura demasiado extraña para simplemente destruirla.


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Lentamente comenzó a dar un paso lejos de mí. Chasqueó sus dedos en
dirección al edificio de mantenimiento. Oí lo que sonaban como garras
corriendo por el asfalto. Antes de darme cuenta, una criatura que no podría
haber existido en mi pesadilla más salvaje estaba parada junto a Malcolm. Era
más alta que Malcolm por dos pies con el pelo blanco irregular como un perro
sarnoso y una cara parecida a un galgo con altas orejas puntiagudas. Me
recordó a fotos que había visto del dios Egipcio Anubis en mi clase del mundo
de la civilización, excepto que esta criatura era albina, blanco en lugar de negro.

La criatura me miró con ojos curiosos y la oí quejarse, pero no era como un
sonido de dolor, más como nostalgia. Tuve la clara sensación de que quería
acercarse a mí. Malcolm puso una mano reconfortante en el brazo de la criatura.

—Sebastian y yo te dejaremos por ahora. Pero nos veremos algún día. Oh, y
dile a Brand que siento haberme perdido el otro día cuando vino a buscarme.
Va a tener que hacerlo mejor que eso.

Ambos desaparecieron silenciosamente en el aire.

Corrí tan rápido como pude de vuelta al apartamento y tomé el teléfono
que Brand me había dado. Encontré su número de celular rápidamente y lo
llamé.

Izzi contestó el celular.

— ¿Hola? —Me di cuenta que se estaba riendo. La música sonaba en el
fondo.

—Necesito hablar con Brand.

—Oh, cariño. Está un poco ocupado ahora —dijo ella, con una risa
melodiosa.

— ¡Ponlo en el teléfono ahora mismo! —grité tan fuerte que me dolieron
mis propios oídos.

—Como dije, Lilly. —Un borde duro vino de la voz de otra mujer. —Está
ocupado ahora mismo.



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Tomé un respiro y traté de recuperar algún tipo de control sobre mi
histeria.

—Bien. Dile que Malcolm le envía saludos.

Colgué el teléfono.

Esperaba que Brand me llamara de vuelta pero en vez de eso le oí gritar mi
nombre y golpear la puerta como loco.

Tan pronto como desbloqueé la puerta, Brand se precipitó a la sala de estar.

— ¿Dónde está él? —preguntó corriendo de una habitación a otra antes de
que pudiera responder.

No sabía si aún seguía en shock por el encuentro con Malcolm o si era
porque estaba tan cerca de Brand de nuevo, pero no pude hacer otra cosa que
quedarme parada como una idiota y mirarlo en silencio. Después de ver que no
había nadie más que yo en el apartamento envolvió sus brazos alrededor de mí
y me abrazó fuertemente, como si fuera la cosa más preciosa del mundo.

— ¿Te hizo daño? —preguntó mirándome, preocupado. Sus ojos se posaron
en la sangre en mis manos—. ¿Dónde te mordió?

Sacudí mi cabeza. —No me mordió. Me corté el pie con un pedazo de
vidrio de camino a casa.

Una mirada confusa cruzó el rostro de Brand.

— ¿Ni siquiera lo intentó? —preguntó desconcertado.

—No.

Brand me llevó al fregadero de la cocina y lavó con ternura la sangre de mi
temblorosa mano. Me hizo tomar asiento en la mesa de la cocina mientras
llenaba un recipiente con agua y lo traía para remojar mi pie lesionado.

—Dime qué pasó —dijo lavando la sangre de mi pie.

Le dije todo lo que podía recordar sobre mi encuentro con Malcolm.


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— ¿Quién es él? ¿Qué es? —le pregunté.

Brand había terminado de lavar mi pie y lo estaba secando con una toalla
por el momento.

—No puedo creer que te dejara con vida —dijo en lugar de responder mis
preguntas.

—Dijo que mi sangre no olía como la de los otros seres humanos. ¿Qué
quiso decir con eso?

Brand se levantó y sacó su celular. Encontró el número que quería y pulsó
enviar.

—Will, necesitas ayudar a Lilly tan pronto como puedas. Tenemos que
hablar. Malcolm le hizo una visita. —Hubo una pausa. —No te molestes con
eso. Sólo ven aquí.

En cuestión de segundos alguien tocó mi puerta. ¿Qué demonios estaba
pasando? ¿Cómo demonios viajaban tan rápido?

Entonces me di cuenta. Malcolm había viajado con la misma rapidez. El
recuerdo de Will en el sótano volvió a mí. Era la misma cosa. Pero si Brand y
Will podían viajar como Malcolm…

Me puse de pie y corrí a mi habitación mientras Brand dejaba entrar a Will.

Cerré con llave la puerta detrás de mí. Muy bien haría, comprendí. Si ellos
eran como Malcolm podían sólo aparecer en mi habitación antes de que pudiera
parpadear.

— ¡Lilly! —Brand golpeó mi puerta con su puño. —Lilly, ¿qué está mal?

— ¡Los dos son como él! —Mi corazón latía con fuerza en mi pecho. Estaba
teniendo dificultades para respirar. — ¡Aléjense de mí!

—Lilly, por favor. Podemos explicarnos. —Era Will esta vez.

— ¡Aléjense de mí! —grité.


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—Vamos, necesitamos hablar. —Oí a Brand decirle a Will. —Déjala salir
por su cuenta.

Ambos se alejaron del otro lado de la puerta.
Me puse de espaldas a la puerta y me deslicé por ella hasta que estaba
sentada en el suelo. Mi mente corría de un pensamiento a otro tan rápido que
no sabía lo que estaba pensando. Podía oír a Brand y Will susurrando en la
habitación principal. Lo que fuera que estuviesen diciendo sonaba como si
estuvieran teniendo una acalorada discusión.

Me senté en el suelo y puse mi dolorida cabeza en mis manos. ¿Qué
demonios estaba pasando? Desesperadamente traté de ordenar lo que ya sabía,
que no era mucho.

No había ninguna manera lógica de que ambos pudieran haber llegado a
mi casa con tanta rapidez, a menos que tuvieran el mismo poder que Malcolm
me había demostrado. ¿Qué eran ellos?

—Lilly.

Sacudí mi cabeza de mis manos y miré alrededor de la habitación. El aire
repentinamente se volvió muy frío, como si estuviera en un congelador. Podía
ver mi cálido aliento condensándose en el aire. La luz en mi techo parpadeaba
como si se fuera a cortar y finalmente quedé en la oscuridad.

—Lilly, no tengas miedo.

Era una voz que instantáneamente reconocí. En la esquina de mi cuarto, vi
una luz azul aparecer. Lentamente, justo como en el sótano del edificio de
ciencias, la imagen de Will de ocho años de edad tomó forma.

—No tengas miedo, Lilly. —Él cautelosamente se acercó a mí, haciendo
todo lo posible para no asustarme. Se detuvo a poca distancia de mí y se sentó
al estilo indio.

—¿Will? —pregunté, no creyendo en mis ojos, pero extrañamente no
temiendo a la forma fantasmal frente a mí. De hecho, me sentí reconfortada por
mi etéreo visitante.



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—Soy yo, Lilly. —Una triste sonrisa apareció en sus labios.

—No entiendo —dije sacudiendo mi cabeza—. Te ves como un fantasma.

—Lo soy.

—Pero no estás muerto. ¡Estás sentado en la sala de estar! —Señalé hacia la
pared donde la sala de estar estaría en el otro lado como si eso fuera a probar
mi punto.

—Es difícil de explicar.

— ¿Podrías tratar? —supliqué—. Porque creo que podría perder mi mente
si algo no comienza a tener sentido pronto.

—Lo siento por los momentos difíciles que has tenido este último tiempo.
Voy a tratar de explicarte, pero no lo sé todo bien. —Hizo una pausa,
obviamente, tratando de pensar en la mejor manera de explicar lo que estaba
pasando. — ¿Te acuerdas de aquella noche junto al lago?

—Por supuesto que sí. Casi muero.

—Yo morí.

—Entonces, ¿Quién es ese en el salón de mi casa?

—Estaba tan oscuro la noche que caíste en él —continuó con una mirada
distante en sus ojos recordando aquella noche—. Traté de encontrarte, pero no
podía. No era lo suficientemente fuerte. Fui tan profundo en el agua que estaba
confundido y no podía saber cuál era el camino para subir. Él vino a mi
entonces y dijo que ninguno de nosotros sobreviviría a menos que él se llevara
mi cuerpo.

Di un grito ahogado. — ¿Él te mató?

—No exactamente. Ya estaba muriendo. Él sólo me dio una manera de
salvarte.

El Will joven me miró con una sonrisa melancólica, llena de pesar por no
haber sido más fuerte para mí. Quizás debería haberme dejado morir esa noche.


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Tal vez se suponía que debía haber muerto y el destino sólo estaba tratando de
corregir el rumbo de mi existencia.

Will había sido el primero en una serie de muertes inocentes causadas por
mi maldita vida y ni siquiera lo sabía. La realidad de la pérdida, finalmente se
hundió en mí. Había perdido a mi Will, mi mejor amigo esa noche. Su alma
había sido reemplazada con algo que ni siquiera podía imaginar que existía.

— ¿Qué es él, Will?

—Sería mejor si dejas que te lo expliquen. ¿Confías en mi Lilly?

—Siempre he confiado en ti —exclamé.

—Entonces necesitas ir ahí afuera y dejar que te expliquen lo que está
pasando.

— ¿Cómo puedo confiar en ellos? —le dije, con lágrimas derramándose
libremente ahora—. Lo único que han hecho es mentirme.

—Te aman. Eso no es una mentira. Ellos pueden explicarte las cosas mejor
de lo que puedo yo. No llores, Lilly. No estás sola.

La forma fantasmal de Will lentamente comenzó a desvanecerse.

Estiré mi mano hacía él con desesperación. —No te vayas —le supliqué,
incapaz de soportar la idea de perderlo de nuevo—. Quédate conmigo.

—Ojalá pudiera, pero es difícil para mí estar así por mucho tiempo. No
llores, Lilly Rayne. Estaré contigo. Siempre he estado contigo.

Will se desvaneció, dejándome sola en la oscuridad.







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Capitulo 13
Traducido por EvaMedina y SOS por Emi_93
Corregido por marthatithy1


o estoy segura de cuánto tiempo me senté ahí, probablemente
sólo unos minutos. El aire de la sala volvió a calentarse y la
luz del techo finalmente volvió a encenderse. Al final auné
esfuerzos y decidí que necesitaba algunas respuestas. Si lo que dijo el fantasma
de Will era cierto, entonces no tenía nada que temer de Brand y del Will
sentados en mi sala de estar.

Limpié las lágrimas de mi cara y me puse de pie. Mi mano temblaba
mientras agarraba el pomo de la puerta, pero me forcé a mí misma a dejar de
estar asustada. Necesitaba respuestas. Destrabé mi puerta, tomé una profunda
respiración y entré en la sala de estar.

Will detuvo su paseo delante de Brand, que estaba sentado en el futón,
cuando me vio. Brand se puso de pie inmediatamente. Noté que se había
quitado su corbata y su abrigo. Su camisa blanca esta desabotonada en la parte
de arriba.

Ninguno de ellos habló. Supongo que estaban esperando para ver si yo iba
a perder los papeles otra vez.

Crucé los brazos sobre mi pecho.

―Necesito algunas respuestas. ―les dije―. Y no quiero que ninguno de
ustedes dos me mienta nunca más. Necesito saber la verdad.

Will miró a Brand, que estaba mirándome fijamente con una expresión de
ansiedad en su cara.

―Ya hemos decidido contestarte todo lo que quieras saber, Lilly. Lo mejor
que sepamos. ―dijo Will.
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―Me sentiría mejor si ambos se sientan. Me están poniendo nerviosa.
Brand se recolocó en su lugar en el futón y Will se sentó a su lado. Yo me senté
en la mecedora en frente de ellos.

―No estoy segura de dónde empezar. ―dije más para mí misma que para
los dos en frente de mí―. Supongo que necesito saber qué son ustedes dos.

―Sabes, ―dijo Will con una expresión irónica en su cara― creo que tuve esta
conversación contigo en mi cabeza cien veces o más, y en ninguna vez supe
exactamente qué decir a esa pregunta.

―Di la verdad. ―imploré.

Brand tomó la palabra.

― ¿Crees en los ángeles?

― ¿Cómo en la Biblia?

―Sí, ―asintió Brand― has leído esas historias, ¿verdad?

―Sí ―miré a Will y a Brand―. ¿Estás diciéndome que ustedes son ángeles?

―Sí y no. somos ángeles, pero hemos caído fuera de la gracia por diferentes
razones.

― ¿Estás hablando de la gracia de Dios?

―Si ―dijeron ambos al unísono.

― ¿Así que me estás diciendo que ustedes son ángeles caídos? ―pregunté
con incredulidad.

―Sí ―dijo Brand observando de cerca mi reacción.

― ¿Qué hicieron para ser echados del cielo? ¿Fue algo malo? ―pregunté.

―Pecaminoso sería un término más apropiado. ―dijo Brand.



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― ¿Qué has hecho? ―le pregunté enfáticamente.

Él se inclinó hacia delante, con sus codos en sus muslos y enlazando sus
dedos en frente de sí, como si estuviera meditando sus palabras. Era obvio por
su expresión que lo que estaba a punto de decirme era difícil de decir en voz
alta para él.

― ¿Has leído alguna vez el Libro de Enoc?

― ¿Enoc? ―sacudí mi cabeza―. No recuerdo que ese libro esté en la Biblia.

―No, es uno de los libros que se dejaron fuera en la traducción moderna.
En el Libro de Enoc se cuenta la historia de los ángeles que caminaron entre los
humanos en forma humana. Yo era uno de esos ángeles. Éramos llamados los
Vigilantes. Todos nosotros nos enamoramos de humanos, nos casamos y
tuvimos hijos con ellos. Dios estaba furioso por nuestras acciones. Nos prohibió
entrar al cielo otra vez a menos que pudiéramos probar por nosotros mismos
que merecemos su perdón.

― ¿Eso fue todo lo que te hizo? ―pregunté.

Brand se volvió más inquieto.

―Para mí, eso fue lo peor que me pudo haber hecho. Pero nosotros y
nuestros hijos fuimos castigados incluso más por nuestra desobediencia.

― ¿Cómo? ¿Qué hizo él?

―Todos los Vigilantes fueron maldecidos con un ansia casi incontrolable de
sangre humana.

― ¿Como vampiros?

―Sí. Nosotros somos de dónde la leyenda de los vampiros se originó.

―Así que, ―yo era reticente a preguntar lo que quería saber― ¿bebes
sangre?

―No. Yo nunca he bebido la sangre de un humano. Una vez que un
Vigilante hace eso, está completamente maldito. No creo que haya una forma


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de encontrar el perdón en Sus ojos después de un acto tan abominable. La
urgencia de beber sangre humana es otra prueba que tenemos que padecer si
queremos alguna vez ser perdonados. Con los años, he encontrado maneras de
no ansiarla tanto como lo hice en un principio. Hace mucho tiempo, en el
principio, cuando no podía soportar estar alrededor de humanos en absoluto.
Finalmente, encontré formas de vivir entre ustedes otra vez.

―El pasado domingo, dijiste que el atentado contra mi vida de Michelle era
culpa tuya, por lo que eras, ¿a qué te referías?

― ¿No te has preguntado por qué las chicas me encuentras tan irresistible?

―Bueno, eso es fácil. ¿No te has visto en un espejo?
Brand sonrió.

―Pero hay muchos chicos guapos por ahí. ―Brand se recostó en el futón―.
Es otra parte de la maldición que tengo que soportar.

―¿Qué? ¿Estás maldecido para ser irresistible a las mujeres?―La sonrisa de
Brand creció. Casi me quita el aliento. He extrañado verla tanto la semana
pasada.

―Produzco una feromona que atrae a las mujeres. Muchos hombres lo
hacen, pero la mía es mil veces más potente.

―¿Androstenediona?

―Sí. ―dijo él inclinando su cabeza―. Estoy impresionado de que hayas oído
sobre ello.

―El detective Randall dijo que había encontrado una gran dosis de eso en el
sistema de Michelle. ¿Es por eso que se volvió loca?

―Es parte de la razón. ―Brand estuvo de acuerdo―. Ella tuvo que haber
estado ya un poco desequilibrada mentalmente. Yo no ayudé ni un poco.

― ¿Es por eso que me siento como me siento acerca de ti? ― La sonrisa se
desvaneció de su cara para ser remplazada por una expresión que no pude leer.
Como si él estuviese ocultando lo que sentía a propósito.



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―No lo sé. Puede ser.

Esa no era la respuesta que quería escuchar, pero tampoco podía negar que
yo sólo era humana.

―Has estado alrededor de Tara mucho también, pero ella nunca ha
intentado matarme para tenerte.

―Me he preguntado eso a mí mismo. Creo que es su lealtad hacia ti lo que
la protege. Es sencillamente inconcebible para ella incluso pensar en mí de esa
forma por el distanciamiento que eso causaría entre ustedes dos. Tienen un lazo
extremadamente fuerte la una con la otra.

― ¿Así que Malcolm es un Vigilante que cayó en la tentación? Él mencionó
algo sobre beber mi sangre.

―Sí, él se rindió a su sed hace mucho tiempo.

―Parecías sorprendido cuando te dije que él no intentó morderme.

―Lo estaba. A todas luces, deberías haber estado muerta ahora. Malcolm
nunca había dejado a un humano con vida una vez que las caza.

― ¿Por qué crees que me dejó tranquila?

―Honestamente, no lo sé, pero entiendo de lo que él estaba hablando
cuando dijo que tu sangre no era como la de ningún otro humano.

― ¿A qué te refieres?

―Con casi todos los humanos con los que tuve contacto, me verifiqué a mí
mismo y mantuve el muro que había construido para no arrancar sus gargantas
y llenarme. Pero contigo, ―pude oír el asombro en su voz― contigo, no siento el
ansia en absoluto. No tengo que levantar mi armadura cuando estoy contigo.
Puedo ser sencillamente yo mismo. Sólo puedo asumir que es eso lo que sintió
Malcolm. Tú eres... anormal. Estoy seguro que él tiene curiosidad por ti ahora.
―Brand parecía incómodo con su última frase.

―Él dijo que alguien lo mandó para matarme. ¿Sabes quién es?



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―Todavía no. ―apuntó Will―. He estado intentando encontrar la respuesta
a eso por mucho tiempo.

― ¿Mucho tiempo? Así que todas las casi muertes que tuve, ¿eran de
verdad causadas por alguien? ¿No estaba sencillamente imaginando una
conexión entre ellas?

―Es la única forma en la que pueden explicarse. Tuvieron que ser
planeadas por alguien porque me dijeron cuándo iban a pasar.

―Pensé que era raro que tú estuvieses ahí siempre para salvarme. ―esta
pequeña nueva información ayudó a responder lo que me he estado
preguntando por años.

―Así que tú has dicho que ambos quedaron fuera de la gracia de Dios por
una diferente razón. ¿Cuál fue tu razón, Will?

―Mayoritariamente orgullo. Seguí a alguien que me hizo creer que Dios
cometió un error cuando creó a los humanos. ―Will tomó una profunda
respiración antes de continuar―. Lucifer nos convenció de que tu especie estaba
debajo de la nuestra, que no deberíamos haber seguido las órdenes de Dios para
protegerlos y guiarlos. Cuando nuestro Padre pidió que nos postráramos
delante de ustedes, nos rebelamos. He tenido mucho tiempo para arrepentirme
de lo que hice, pero eso no cambia el hecho de que le di mi espalda a Él.

―Así que, ¿qué eres? El Will real dijo que tú tomaste su cuerpo esa noche
en el lago. ¿Eres como un demonio, como en la película ―El exorcista‖? ¿Lo
poseíste?

―Si hubiese habido otra oportunidad, la hubiese tomado. ―dijo Will,
visiblemente a la defensiva―. Pero ustedes dos estaban ahí fuera solos. Nunca
había tomado el cuerpo de un inocente antes, pero era o tomar su cuerpo, o
dejarte morir. Yo no podía dejarte morir.

― ¿Por qué? ¿Yo era más importante que él? ―exigí.

―No lo sé. En ese entonces sólo estaba siguiendo las órdenes que me habían
dado. Supuestamente yo debía protegerte a cualquier precio.

― ¿Órdenes? ¿De quién?


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―Lucifer. Él me mandó para que te vigilara. Él fue el que me dijo cuándo
las cosas de las que necesitaba protegerte iban a pasar.

― ¿Cómo lo supo? ¿Por qué soy tan importante para él?

―Honestamente, no lo sé. Se lo he preguntado miles de veces, pero él
siempre se niega a responderme.

―Entonces el diablo quiere protegerme y algún otro me quiere muerta, pero
ninguno de ustedes sabe quién es ese. ¿Es eso correcto?

―Sí. ―dijo Will―. No sabemos quién te quiere muerta o quién tiene el poder
de hacer las cosas que te han pasado.

―Estamos intentando averiguarlo. ―dijo Brand―. Esa es una razón por la
que fui a buscar a Malcolm el otro día.

Hubo un momento de silencio. No podía pensar en nada más que
preguntar. Necesitaba tiempo a solas. Necesitaba algún tiempo para pensar las
cosas.

Me levanté de la mecedora.

―Me gustaría estar sola por un rato.

―No sé si deberías estar sola. ―dijo Will.

― ¿Por qué no? Michelle está entre rejas y Malcolm no me mató antes. Él no
parece alguien que cambie de opinión por capricho. Ninguno de ustedes tiene
idea de quién es el que ha estado tratando de matarme los pasados años. No
creo que esté en ningún peligro esta noche. Realmente me gustaría tener tiempo
para pensar.

―Vámonos, Will. ―Brand se puso en pie―. Si nos necesitas, todo lo que
tienes que hacer es llamar. Has visto cómo de rápido podemos estar aquí.

―Gracias.



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Me dirigí al cuarto de baño y cerré la puerta detrás de mí. Escuché con
intensidad a cualquier sonido que pudiesen hacer durante su salida, pero sólo
escuché el silencio. Conté hasta diez y abrí la puerta.

Se habían ido.

Fui a la ahora vacía sala de estar. Fue entonces cuando noté que Brand
había dejado su abrigo y su corbata en una de las sillas de la mesa del comedor.
Las recogí rápidamente y las llevé a mi habitación, metiéndolas debajo de mi
cama.

No quería tener que explicar a Tara nada de lo que aprendí esa noche. Ella
probablemente pensaría que había perdido mi cabeza si empezaba a parlotear
sobre ángeles caídos y vampiros. No podría culparla. Lo tenía lo
suficientemente difícil como para creerlo yo misma. Quizá luego de que esté
bien con lo que Brand y Will me han dicho, compartiré mi conocimiento con
ella. Era la primera vez que yo tenía un secreto con Tara a propósito. No se
sentía bien.

Para cuando Tara volvió a casa desde el baile, yo había tomado una ducha
y estaba sentada en el futón, mirando la televisión, pero sin ver en realidad el
programa que estaba en pantalla.

―Hola, chica. ¿Will te trajo a casa?

Ella lucía tan feliz, casi burbujeante. Se dejó caer en la mecedora y empezó a
quitarse los zapatos.

―No, caminé hasta casa.

Ella me miró duramente.

―Desearía que no hubieses hecho eso, Lilly Rayne Nightingle. ¿En qué
estaba pensando Will al dejarte venir caminando? Pensé que después de que él
te llevó fuera del baile, tú encontrarías una manera de olvidarte de Brand por
un rato. ¿Qué pasó?

―Intentó besarme. Yo huí. No tuvo mucha elección. ―me encogí de
hombros.



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―Tendrías que haber vuelto al baile. Yo podría haber venido contigo.

―Para cuando pensé en ello, ya estaba a mitad de camino. De todas formas,
parecía como que tú y Simon estaban pasándolo bien.

Tara volvió a sentarse en su silla. ―Sí, creo que este chico tiene potencial.
―sonrió ella.

Yo me puse de pie. ―Bueno, creo que me voy a la cama. Estoy un poco
cansada. Solo me quedé despierta para asegurarme de que llegabas bien a casa.

―Dulces sueños, cariño. ―bostezó Tara. ―Me voy a duchar, y luego a la
cama.

Fui a mi habitación y me escurrí bajo los cobertores. Sabía que no sería
capaz de dormir pronto, pero necesitaba estar sola. Mi mente corría a mil por
hora. En algún momento de la madrugada, finalmente caí en un sueño
intranquilo.

A la mañana siguiente recibí una inesperada llamada de mi madre.

―Hola, cariño. Quise llamar y ver si estabas ocupada hoy.

―No, no demasiado. ¿Qué pasa, mamá?

― ¿Recuerdas a Bob, mi amigo con el desarmador de autos, donde compré
el Solstice?

En realidad sí recordaba a Bob, un ex―Marín que aún usaba su cabello
rubio en un corte buzz. A veces era difícil mantener recto al novio de mamá.
―Eso creo, ¿por qué?

―Bueno, le conté por lo que habías pasado y sucedió que mencionó que
tenía un auto que podría servir para ti. ¿Tienes tiempo de venir y verlo?

―Seguro. ―De hecho, estaba feliz de tener una excusa para salir del pueblo
un rato.

― ¡Genial! ¿Por qué no vienes cuando puedas? Estaré en casa todo el día.



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―Ok, Mamá. Te veo en un rato.

―Conduce bien, cariño.

Cuando le dije a Tara cuáles eran mis planes para el día, rápidamente
reunió toda nuestra ropa sucia para poder venir conmigo y usar la lavadora y
secadora de Utha Mae en lugar de tener que usar la lavadora en el complejo de
apartamentos.

Cuando llegué a casa, ayudé a Tara a llevar la ropa a lo de Utha Mae y
regresé al tráiler de mi mamá. Ella estaba tan emocionada por mostrarme el
auto que Bob tenía reservado para mí.

―Todos oímos lo que te pasó en las noticias, Lilly. ―dijo Bob, cuando
llegamos a su puesto de autos. ―No sabes cuántos idiotas hay en el mundo.
Realmente lamento que tuvieras que pasar por todo eso.

―Gracias. ―Estaba un poco incómoda cerca de Bob. Él tiene esa sórdida
vibra de vendedor de coches usados. Además, me dio la impresión de que
estuviera sólo tratando de hacerme un favor. O eso, o estaba tratando de
regresar a la tolerancia de Mamá. Nos llevó a un bien mantenido Ford Mustang
de 1965, color rojo manzana, con su cubierta blanca.

―Tengo este auto realmente barato. El tipo necesitaba el dinero rápido y
tomó lo primero que le di. Su abuela murió recientemente y él encontró esto en
el garaje. Es una de esas leyendas humanas, en realidad. Casi nunca ves autos
como estos en tan buen estado. ¿Qué piensas?

―Bueno, se ve muy lindo, pero no creo que pueda pagarlo.

―Te diré que. Te lo venderé por lo que pagué por él. ¿Puedes pagar $4000?

― ¿Estás seguro? Seguramente podrías venderlo por mucho más que eso.
No quiero estafarte pagándote menos.

―Si puedes pagarme $4000, es tuyo Lilly. Sin condiciones, sólo un trato
justo.



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No me tomó mucho aceptar su oferta. Le escribí rápido un cheque a Bob,
antes de que él tuviera la oportunidad de repensar la ganga que me estaba
ofreciendo.

Cuando conduje de regreso al tráiler de Utha Mae, hice sonar el claxon para
llamar su atención. Ellas se impresionaron bastante con el trato que obtuve.

―Bueno, quien diría que Bob Gardner tenía un corazón. ―dijo Utha Mae,
impresionada.

―Él puede ser dulce cuando quiere. ―dijo mi mamá. ―Apuesto que a Brand
le gustará este auto. Es un clásico. ¿Cuándo lo traerás de vuelta para una visita,
cariño?

―No estamos saliendo más, Mamá.

―Oh, no. ―pude oír la decepción en su voz instantáneamente. Me preparé
para la pregunta que iba a venir. ― ¿Qué hiciste?

―Ella ―dijo Tara, viniendo a mi lado. ―no hizo nada. Él sólo es un tonto,
eso es todo.

―Bueno, me pareció lo suficientemente amable cuando lo conocí. Debes
haber hecho algo.

Pude sentir una nube de tensión desarrollándose entre Tara y mi mamá.
Afortunadamente, Utha Mae se metió.

― ¿Por qué no entras un momento, Lilly? Hay algo que quiero darte.

―Bueno. ―dijo mi mamá. ―Necesito prepararme para mi cita. Bob me está
invitando a salir.

―Nos iremos pronto. le dije a mi mamá. ―Agradécele de nuevo a Bob por
el auto por mí.

―Ok, cariño. Te veo más tarde.

Cuando volví al tráiler de Utha Mae, creí que Tara iba a reducir nuestra
ropa a tiras por la forma en que la estaba guardando.


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―A veces no conozco a tu madre, Lilly Rayne. Ella le gana a todo lo que he
visto nunca.

―No sé por qué te sorprendes. Ella ha sido así toda mi vida.

―Lo sé, pero… ―Tara sacudió la cabeza con frustración. ―Es como si ella
creyera que tener un hombre en tu vida te resuelve todos los problemas. No he
visto que solucionara ninguno de los de ella.

―Tarajinka, deja a esa mujer. Ella tiene un corazón. Sólo que no sabe cómo
mostrarlo a veces. ―dijo Utha Mae. ―Como sea, realmente tengo algo que
quiero darte, Lilly.

Utha Mae fue a su habitación y regresó con un pequeño joyero en las
manos.

―Había una mujer vendiendo antigüedades afuera del Wal-Mart el otro
día. Vi esto y pensé en ti.

Cuando abrí la caja, vi que era una cruz con una cadena hecha de plata.

―Es hermoso, Utha Mae. ―Tomé el collar y le pedí que me ayudara a
ponerlo alrededor de mi cuello. ―Gracias. ―dije, tocando la cruz, sintiendo su
delicada estructura entre mis dedos.

― ¿Qué me trajiste a mí? ―preguntó Tara, mirando mi collar con un poco de
envidia.

―No siempre obtienes algo cuando le doy un regalo a Lilly, Tara. Solo
siéntete afortunada de que te estoy dejando usar mi lavadora y secadora gratis.

Tara hizo un mohín hasta que nos fuimos.

Para cuando llegamos a casa, ella ya había superado su envidia.

Simon llamó poco después de que llegamos, para invitarla a salir otra vez.

―Tengo que hacer una investigación en la biblioteca, de todos modos. le
dije. ―Deberías salir con él.


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― ¿Estás segura? Iré contigo si me necesitas.

―No. Ve. Sólo es algo para mi clase de biología. ―Detesto mentirle a Tara,
pero no quise decirle lo que iba a hacer en realidad.

Simon no la recogió hasta casi las seis. Tan pronto como se fueron, corrí
hacia mi habitación y agarré la chaqueta y la corbata de Brand de debajo de la
cama. Me convencí de que estaba siendo políticamente correcta en devolverle
sus cosas. Sin embargo, sabía que, por el modo en que mi corazón estaba
corriendo, mis motivos no eran completamente inocentes. Necesitaba verlo de
nuevo desesperadamente y él me había dado una excusa justificable para volver
a su casa.

No me tomó mucho tiempo llegar al frente de la casa de Brand. Su auto
estaba estacionado en la calle, así que estaba bastante segura de que estaría en
casa. Qué diferente era estar aquí de nuevo. Hace una semana había
experimentado el día más perfecto de mi vida.

¿Pero lo que sentía por él no era real? ¿Sólo estaba sintiendo los efectos del
fenómeno que él dijo que producía? ¿Estaba simplemente engañándome al
creer que lo amaba?

Agarré su chaqueta y su corbata del asiento del pasajero, caminando hacia
su puerta principal y toqué la campanilla. Mi corazón estaba tamborileando en
mi pecho en anticipación por ver a Brand de nuevo. Unos pocos segundos
después, la puerta fue abierta por la única persona que no esperaba ver.

Izzi se paró cuán alta era en el porche, usando nada más que una sonrisa.
―Bueno, mira quien está aquí, Lilly. ¿Qué te trae por aquí?

Creí que mi corazón se había parado. ¿Qué estaba haciendo ella allí, y por
qué estaba desnuda? Si el auto de Brand estaba en la puerta, ¿entonces por qué
estaba él en casa, con una desnuda Izzi corriendo por su casa? La insinuación de
qué estaba pasando probablemente hizo que la esperanza de reconciliación con
Brand muriera en mi corazón.

Sólo quería traerle a Brand su chaqueta y su corbata. Dije yo, tratando
de mantener mi voz firme.



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―Bueno, que lindo de tu parte. ―dijo Izzi, con una sonrisa de conocimiento.
Me aseguraré de que se entere de que pasaste a dejarlas.

Le pasé las cosas y rápidamente me volteé para volver al auto.
Corrí por la carretera tan rápido como pude. Una vez que volví a la autopista,
traté de decidir dónde quería ir. No quería regresar al apartamento aún, hasta
donde sabía. La única persona que conocía en el pueblo era Will, pero no estaba
lista para verlo de nuevo. Él no era la persona que creí que era.

Queriendo estar sola y sin tener adonde más ir, me compré una
hamburguesa con queso y una soda en el local de comida rápida y manejé hacia
el campus, estacionando junto al edificio común. Me senté con mi comida en
una mesa en la terraza. Eran casi las siete, pero las lámparas del lado del camino
del otro lado del jardín de rosas me daban la luz suficiente para poder ver, pero
me mantenían bastante oculta en las sombras.

Tomé un poco de mi soda y pensé sobre la diferencia que una semana
podía hacer. En un día como hoy, hace una semana, estaba tratando de seducir
a Brand para que me besara. Pensar en Brand me hizo pensar automáticamente
en Izzi. Quise llorar, pero no tenía más lágrimas. No había hecho nada más que
llorar la semana anterior, y estaba harta de eso. Si él no me quiere más, entonces
yo debía tratar, y encontrar una manera, de seguir adelante. Me negaba a sufrir
por alguien a quien no podía tener. Había hecho eso con Will, y no iba a perder
el tiempo con alguien como él de nuevo.

―Te ves muy pensativa.

Casi se me cae el vaso de soda de las manos. Mire hacia el otro lado de la
mesa y vi a Malcolm sentado allí, mirándome en las sombras con una mirada
pensativa. Estaba vestido de forma bastante diferente a la última vez que lo vi.
Vestía una camisa azul y pantalones negros. La camisa estaba abierta en el
pecho. Aparentemente, le gustaba mostrar esa parte de piel desnuda. No puedo
decir que lo culpaba. Era muy impresionante. Usaba su largo pelo negro suelto,
en lugar de su cola de caballo que había usado la noche anterior. Tenía una
caída natural, y caía por su pecho y espalda. La forma en que se sentó allí, con
los dedos de una mano sobre las sienes, repantigado en la silla aumentaba el
parecido de modelo melancólico de cubierta romántica que pensé que tenía la
noche anterior.



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― ¿Qué estás haciendo aquí? ―pregunté, poniendo mi vaso de soda en la
mesa antes de que mi mano temblorosa lo dejara caer.

―Tenía un incontrolable impulso de verte de nuevo. ―dijo él, no buscando
una excusa, solamente estableciendo un hecho. ―Espero que no te importe.

―Supongo que eso depende. ―dije, encontrando mi coraje. Estaba cansada
de tener miedo de las cosas. ― ¿Estás aquí para terminar el trabajo?

Él se rió. ―No. Como dije la otra noche, no tengo intenciones de herirte. Tú
eres demasiado única para destruirte.

― ¿Entonces por qué estás aquí?

―Sólo me sentía con ganas de estar contigo. Me haces sentir… contenido.
Es un sentimiento que no he tenido en mucho tiempo. Lo encuentro bastante
adictivo.

― ¿Debería preocuparme por eso?

Él se encogió de hombros de una forma casual, como si sólo fuéramos dos
amigos teniendo una discusión. Asumo que Brand ya te contó sobre mí a
estas alturas.

―Sí, él me dijo lo que eres y lo que haces.

Él se recostó en la silla. ― ¿Eso te molesta?

―Bueno, sí. ―dije yo, como si fuera obvio. ―Eres un asesino.

―Oh, eso suena muy duro, Lilly. No es peor que comerse esa hamburguesa
en frente de ti. ¿No tiene que dar su vida un animal para alimentarte? ¿Cómo se
diferencia eso de mí?

―No puedes comparar una persona con una vaca.

― ¿Por qué no? ¿Acaso no piensan? ¿No tienen hijos?

―Hay una diferencia. Las personas tienen alma. Las vacas no.
Una astuta sonrisa cruzó su cara. ― ¿Qué tal si tú y yo hacemos un trato?


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― ¿Qué clase de trato? ―pregunté suspicazmente.

―Si me dejas verte en cualquier momento que yo quiera, prometo no
alimentarme de más humanos.

― ¿Por qué harías eso?

Él se encogió de hombros como si no fuera la gran cosa. ―Tú tienes un
problema con la forma en que soy. Estoy dispuesto a tratar a tu modo por un
rato. Sería, ciertamente, algo nuevo para mí y después de todo este tiempo aquí,
estoy listo para algo nuevo. ¿Así que, qué dices? ¿Vale tu tiempo como para
salvar unas cuantas vidas?

Estaba completamente sin palabras. ¿Hablaba en serio? ¿Él dejaría de matar
gente si yo era qué? ¿Su amiga?

― ¿Cómo podría saber que cumples tu palabra?

―No podrías, ¿sólo confía en mí?

Sabía que estaba molestándome.

―No realmente. Si quieres ser mi amigo, tendrás que probármelo.
Él sonrió. ― ¿Es eso lo que crees que quiero? ¿Una amiga?

― ¿No es de eso de lo que estamos hablando?

―Sabrás si me alimento por el color de mi piel. ―dijo él, ignorando mi
última pregunta. ―Luce más como tu piel después de alimentarme. Más
rosada.

―No estoy segura de que a Brand o Will les guste que puedas dejarte caer
cuando quieras. No parecen confiar mucho en ti.


―No me preocupa realmente qué piensan ellos de mí. Ellos son la última de
mis preocupaciones.

―No luces como alguien que se preocupe mucho por nada.


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―No lo soy.

Escuché a un grupo de chicas hablando y riendo como si pasaran por el
camino del lado del jardín de rosas.

―Deberás disculparme, Lilly. Si voy a mantener este trato nuestro, debo
mantenerme tan lejos de mi tentación como pueda. él me sonrió y se
desvaneció.

Me volví a sentar y me pregunté en qué acababa de meterme.


















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Capitulo 14
Traducido por Pili y Xiime~
Corregido por EvaMedina

uando llegué a casa, sorprendí a Tara y Simon liándose en el futón.

—No hagáis caso de mí —dije, protegiendo mis ojos y haciendo
rápidamente mi camino hacia mi habitación—. Compañera de cuarto pasando.

Pude oír la risa de Tara. Era un buen sonido. Había pasado por tanto
últimamente que me alegré de ver que era capaz de encontrar algo de felicidad
en el caos en el que se había convertido mi vida.

Una vez que entré en mi habitación, abrí las puertas de cristal corredizas
que llevaban a la piscina de fuera del apartamento. Agarré mi reproductor de
MP3 y me fui a la piscina para tenderme en una de las tumbonas de plástico.
Apreté play y escuché mi lista de reproducción. Levanté la vista hacia el cielo
estrellado y me pregunté cómo debía ser viajar entre ellas. ¿Me sentiría como en
el sueño que tuve en la casa de Brand, libre, totalmente ingrávida?

Cerré mis ojos reviviendo tanto como pude ese sueño. Había sido tan
hermoso, casi mágico por su claridad.

Sentí una mano cálida tocar mi hombro. Cuando abrí mis ojos, vi a Brand
de pie junto a mí. ¿Por qué tenía que ser tan hermoso? Sentí mi corazón
apretarse en mi pecho como si fuera un tornillo. Me saqué mis auriculares,
tratando de actuar tan relajada como podía. Lo último que quería era que él
supiese cuánto me afectaba aún su proximidad.

—Te he estado buscando desde que te marchaste de mi casa. ¿Dónde has
estado?

Era agradable ver la preocupación en su rostro sobre mi bienestar, pero no
podía borrar la imagen de Izzy desnuda en su puerta.

—Estuve en el campus un rato y luego me vine para aquí.
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—Gracias por traerme mi abrigo y mi corbata.

—No hay problema.

Brand se sentó en la silla junto a mí. No estaba segura de qué decir.

—Malcom vino a verme otra vez —solté.

— ¿Qué?— Brand se levantó rápidamente mirando a nuestro alrededor
como si Malcom fuera a aparecer de repente.

—Él no está aquí. Me encontró en el campus antes —le tranquilicé.

Se sentó.

— ¿Qué quería?

—Mi compañía.

— ¿Es eso todo? —preguntó de una manera que implicaba que eso no era
todo para lo que había vuelto Malcom.

— ¿Qué es lo que pretendes decir?

¿Qué derecho tenía él a cuestionar con quién pasaba mi tiempo o por qué
realmente querían pasar el tiempo conmigo? Prácticamente había perdido el
derecho a decir algo sobre con quién me juntaba cuando él me mandó salir de
su vida.

—No puedes confiar en él, Lilly.

—Bueno, a veces tampoco puedes confiar en la gente en la que tú piensas
que podrías. Al menos es honesto acerca de lo que es. Él no finge ser quien no
es.

— ¿Qué era lo que quería? —preguntó Brand, decidiendo ignorar mi nada
sutil burla.



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—Como dije, él quería mi compañía —no estaba segura de si Brand quería
conocer el trato que había hecho con Malcom, pero, aparentemente, podía ver
que no le decía toda la verdad.

— ¿Qué es lo que hiciste, Lilly?

—No es realmente asunto tuyo, Brand —me levanté de la tumbona—. ¿No
tienes a alguien más con quien prefieras estar ahora mismo?

—No realmente.

—Bien, no tienes que preocuparte por Malcom. Sólo quiere una amiga.

Brand se puso de pie.

— ¿Qué hiciste, Lilly?

Enrollé el cable de mis auriculares alrededor del MP3, sin mirarlo a los ojos.

—Hizo un pacto conmigo. Si le dejo verme en cualquier momento que él
quiera, dejará de matar gente.

— ¿Tú qué? —Brand se acercó a mí, agarrando la parte superior de mis
brazos, obligándome a mirarle a los ojos—. ¿Has perdido el juicio? Es peligroso
Lilly. No puedes confiar en que mantendrá su palabra.

—Realmente tienes que soltarme. —dije, sorprendiéndome a mí misma por
cómo de ácido fue mi tono.

Brand dejó caer las manos a su lado.

—Dijo que yo sería capaz de decir que él no estaba bebiendo más sangre
porque, si lo hacía, su piel se volvería del color de la mía. ¿Mentía sobre eso?

—No —Brand todavía tenía un aspecto preocupado en su cara—. Eso es
correcto.

—Entonces no tienes nada de lo que preocuparte. Si me miente, anulo el
acuerdo.



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—Eres demasiado buena para gastar tu tiempo con basura como esa. ¿Te ha
contado ya quién le ordenó matarte? Si fuera tu amigo te lo contaría, ¿verdad?

—Me acordaré de preguntárselo la próxima vez que le vea, que
probablemente será pronto. Dijo que estar a mi alrededor era adictivo. Dudo
que espere mucho tiempo para volver a visitarme de nuevo.

Lo admito. Quise ver si esto provocaría algún tipo de reacción en Brand.

—Lilly —el dolor en la voz de Brand era real—. No hagas esto. Él es
peligroso.

—No tan peligroso como algunas personas que conozco.

—Lo siento si te he hecho daño, pero no creo que estar con Malcom vaya a
traerte ninguna clase de alegría. Su naturaleza es sólo preocuparse por lo que le
satisface. Una vez que se canse de ti, te destruirá.

—Gracias. —dije ahogadamente—. Gracias por tenerme en tan alta estima.
Tal vez él sea diferente y no se canse de mí tan fácilmente como lo hiciste tú. —
le di la espalda y comencé a caminar hacia a mi apartamento.

Brand apareció delante de mí.

—No digas eso Lilly.

— ¿Por qué? ¡Es la verdad! ¿Por qué simplemente no me dejas sola?
Regresa con Izzi. Ella parece más que dispuesta a satisfacer tus necesidades.

Al pasar empujé a Brand, entré en mi habitación y cerré de golpe la puerta
de cristal corrediza. Recuerdo que al inicio de la tarde pensaba que no me
quedaban más lágrimas, pero algunas de ellas aparecieron de repente en mis
ojos. Me acurruqué en mi cama y finalmente me dormí.

Mis sueños esa noche estaban totalmente en contradicción conmigo misma.
Eran transparentes como cuando pase la noche en los brazos de Brand, pero él
no estaba observándome en mis sueños esta vez. Era Malcom. Al igual que
antes, era como si yo estuviera viendo las cosas a través de los ojos de Malcom y
sintiendo sus emociones. Aunque no eran tan románticos como los sueños que
tuve sobre Brand. Estos sueños estaban llenos de lujuria y eran muy crudos en


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su pasión. Hacer el amor era rudo, de naturaleza animal, no había ningún amor
implicado. Eran simplemente acciones para satisfacer una necesidad básica. No
recuerdo hablar en los sueños y cada escena parecía tener lugar en una
ubicación diferente: en una cascada en algún paraíso tropical; en una góndola
flotando en un canal en lo que parecía Venecia; en lo alto de la torre Eiffel en
París.

Cuando me desperté a la mañana siguiente, inmediatamente fui al baño a
darme una ducha fría. ¿Qué demonios había causado esos sueños? Quiero
decir, sí, Malcom era magnífico, pero no había sentido ningún impulso sexual
hacia él en nuestros dos últimos encuentros. ¿Trataba mi subconsciente de
decirme algo que no sabía?

Para mí, la única manera en que podría hacer cosas como esas era si
estuviera enamorada de esa persona. Aún así, algunas de las cosas que hicimos
en nuestro sueño no sabía ni que fueran posibles. Una vez que mis hormonas
llegaron a un nivel decente, salté fuera de la ducha y envolví una toalla
alrededor de mi cuerpo.

—Estoy preparando el desayuno —me dijo Tara desde la cocina cuando
volví a mi cuarto.

—Vale, deja que me ponga algo de ropa e iré a ayudar.

Cuando entré en mi habitación, me encontré con Malcom tumbado en mi
cama, sin camiseta y con los pies descalzos y solamente con la parte inferior del
pijama de seda rojo. Sus ojos me recorrieron lentamente desde mi pelo húmedo
hasta mis pies.

—Bien, —refunfuñó— ¿no pareces deliciosa?

Rápidamente cerré la puerta de mi habitación.

— ¿Qué haces aquí? —susurré, preocupada de que Tara fuera a oírnos.

—Nuestro acuerdo, ¿recuerdas? En cualquier momento, en cualquier lugar.

Por la manera en la que Malcom estaba mirándome, me hizo preguntarme
si él no había cambiado de opinión acerca de devorarme.



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—Creo que tenemos que modificar las normas sólo un poco.

—No, no creo que lo hagamos. Si lo hiciéramos, yo no podría pillarte en tan
inesperado atuendo.

—Exacto.

— ¿Qué sería de la diversión entonces, Lilly? Las reglas son muy dolorosas
para seguirlas.

—Bien, si quieres ser mi amigo, apreciaría que me dieras un poco de
intimidad cuando sea necesario. Como ahora.

—Oh, de acuerdo. Pero volveré. —se fue antes de que pudiera preguntarle
cuándo tenía previsto regresar exactamente.

Me vestí rápidamente por si acaso decidía regresar pronto.

Cuando fui a la cocina, Tara ya tenía nuestros platos hechos y estaba
sentada en la mesa.

—Lo siento, me llevó tiempo. Realmente quería ayudarte.

—Nada, chica. Sólo siéntate y come.

Estábamos en mitad de nuestro desayuno cuando golpearon en la puerta.

—Voy a ver —Tara se levantó antes que yo pudiera ofrecerme a contestar.
Cuando abrió la puerta, oí su grito ahogado por la sorpresa.

Me giré para ver quién era. Era Malcom. Bueno, al menos él tenía puesto
una camisa de vestir blanca, pantalones negros y mocasines. Aunque la camisa
estaba abierta, lo que parecía ser su forma habitual de llevarla, y sostenía un
ramo de rosas rojas y blancas.

—Hola —dijo Malcom—. ¿Resulta ser esta la residencia de Lilly
Nightingale?

—Oh, sí. ¿Quién eres tú?



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Salí de mi asiento. Los ojos de la pobre Tara parecían que iban a salirse de
sus órbitas ante la visión de Malcom.

—Tara, éste es Malcom. Malcom, me gustaría presentarte a mi mejor amiga,
Tara —esperaba que mi énfasis en mejor le dijera que prestara especial atención
con respecto a dónde estaban sus dientes alrededor de ella.

—Un placer conocerte, Tara —dijo él, haciendo una reverencia.

— ¿Cuándo lo conociste? —Tara me preguntó.

—Malcom me acompañó parte del camino a casa después del baile. Se
aseguró de que llegara aquí sin peligro. —eso era prácticamente la verdad.

— ¿Y no me lo contaste? —Tara me susurró. Sabía que ella estaba teniendo
dificultades para mantener su auto control. Lo que realmente quería hacer era
hacerme cientos de preguntas, pero sabía que hacerlo delante de nuestro
invitado sería grosero.

—Adelante, Malcom. ¿Son para mí? —pregunté, estirando mis brazos para
coger el ramo de rosas.

Él me entregó las rosas y me hizo un guiño. Solamente le puse los ojos en
blanco. Supongo que ésta era su manera de aparentar normalidad.

Tara finalmente se apartó de la puerta para dejar a Malcom entrar en el
apartamento.

—Espero que no interrumpiera vuestro desayuno. —dijo viendo la comida
sobre la mesa.

— ¿Quieres algo? —Tara ofreció—. Tenemos de sobra.

—Eso sería muy amable por su parte, gracias Tara.

Mientras que Tara se fue para hacer un plato, susurré a Malcom.
—¿Puedes comer comida de verdad?

—Por supuesto, sólo que no es mi opción de sustento —susurró él.
Volví a mi asiento y Malcom se sentó frente a mí.


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— ¿Así pues, qué te trae por aquí, Malcom? —dijo Tara, posando en la
mesa un plato de bacon, huevos y galletas delante de él.

—Vine a ver si Lilly estaría libre hoy. Tengo algunos asuntos en la costa y
pensé que le gustaría la diversión.

—Oh, eso suena divertido. Deberías ir. —Tara me instó alzando sus cejas—
¿Qué tipo de negocios son?

—Poseo unos casinos allí.

— ¿Tú qué? —preguntó Tara, asegurándose de que no había escuchado
mal.

—Bueno, no soy el único propietario por supuesto, pero mis socios son
bastante silenciosos. Tengo que ir allí de vez en cuando para asegurarme de que
el gerente maneja las cosas a mi gusto.

— ¿Así qué vives aquí en Lakewood?

—No, no —Malcom me miró—. Pero estoy considerando comprar una casa
aquí.

—Entonces, ¿dónde vives?

—Aquí y allí —dijo Malcom vagamente—. Donde el viento me lleva.

—Bien, creo que salir de la ciudad sería bueno para Lilly. ¿Te comentó ella
que ahora mismo no tiene novio?

Puse la mano en mi cara, completamente mortificada.

—No, no lo sabía. Gracias por la aclaración, Tara —dijo Malcom con una
sonrisa de Cheshire9 mientras que daba un mordisco a sus huevos.

—Oh sí, ella es libre como un pájaro. Aunque asegúrate de traerla de vuelta
aquí antes de las diez. Tenemos escuela mañana.

9 Cheshire: es un villano de DC comics que apareció por primera vez en Jóvenes
Titanes -1983.


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—Tu deseo es una orden para mí, Tara. La tendrás de vuelta esta tarde
antes de que tengas que preocuparte por su bienestar —dijo con un guiño
astuto en mi dirección.

Mientras me preparaba para mi día con Malcom, llamé a Tara a mi
habitación.

— ¿Qué pasa, cielo? —dijo saltando en mi cama para sentarse mientras
elegía algo para ponerme.

— ¿Por qué estas tan ansiosa por verme salir con alguien que ni siquiera
conoces? Antes de permitirme salir con Brand, le diste el quinto grado
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. ¿Por
qué se lo estas poniendo fácil a Malcom?

—Brand era diferente.

— ¿Cómo?

—Pude observar algo serio con Brand.

— ¿Y no lo ves como una posibilidad con Malcolm?

—Bueno, no me mal interpretes. Ese hombre es para caerse muerta, para
caerte la baba, para que se te caigan tus magníficas bragas. Pero te conozco,
chica. Todavía estás intentando superar lo de Brand. Sé que todavía amas a ese
hombre. Necesitas a alguien que distraiga tu mente de él por un rato y Malcom
parece ser una buena distracción para ti. Dios sabe que si él no puede distraerte,
nadie puede. Y nunca se sabe, —dijo Tara encogiéndose de hombros— algo
puede ocurrir entre vosotros dos.

—No tienes por qué preocuparte. No creo que Malcom y yo vayamos a
tener ese tipo de relación.

— ¡Tal vez no de tu parte, pero él te mira como si quisiera comerte por
completo!

No pude evitar estremecerme por lo apropiado del comentario de Tara.

10 Idea de brutal interrogatorio.


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—Sólo sal y diviértete, cielo. Pero guarda ese teléfono, sólo en caso que él
resulte ser una mierda. Iré a recogerte si me necesitas.

Me vestí con unos pantalones negros y una camiseta roja.

—Ahora, no olvides traerla de vuelta a las diez en punto —Tara le recordó
a Malcom cuando salíamos del apartamento.

—Tienes mi palabra de caballero que ella estará de vuelta para entonces,
Tara —Malcom le aseguró.

—Vale, divertíos —dijo ella, acentuando la última palabra mientras que me
miraba directamente a los ojos antes de cerrar la puerta.

— ¿Dónde está tu coche? —pregunté al no ver nada en el estacionamiento
que pudiera encajar con la personalidad de Malcolm.

— ¿Por qué necesito un coche? —preguntó, arqueando las cejas con
asombro ante la estupidez de mi pregunta.

—Bueno, no puedo solamente chasquear mis dedos y aparecer en cualquier
lugar. ¿Cómo iré a donde sea que vayamos?

— ¿No te lo contaron?

— ¿Contarme qué?

—Aquí, toma mi mano. Será más fácil mostrártelo.

Dudé por un momento, no estaba segura de si esto era lo más seguro de
hacer. ¿Había perdido por completo mi cabeza? Y luego las palabras de Tara
volvieron a mí: ―Diviértete‖.

Puse mi mano en la de Malcom sin darle otro pensamiento. Él la sostuvo
firmemente. La siguiente cosa que supe es que estábamos de pie en una
habitación frente a una pared de cristal mirando hacia la playa en Biloxi.

—Ni siquiera sentí que nos movíamos —dije con asombro—. ¿Cómo
funciona esto?



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—Podemos plegar el espacio. Así que realmente no te moviste, el espacio
que te rodea lo hizo.

—Supongo que no hemos llegado tan lejos en mi clase de física.

—Yo no me preocuparía demasiado por los detalles si fuera tú, Lilly.
Probablemente sólo hará que te duela la cabeza. Sé lo que te digo —se rió—.
Vamos —dijo, tirando de la mano que todavía sujetaba—. Quiero mostrarte mi
casino.

Tomamos el ascensor privado al primer piso.

Había estado en la costa un par de veces. Tara y yo habíamos hecho un
viaje aquí en su decimoctavo cumpleaños. Intentamos entrar en uno de los
casinos, pero no nos lo permitieron ya que no teníamos veintiuno.

—Sabes que todavía tengo sólo dieciocho años.

—Pero estás conmigo, no es como si ellos fueran a pedirte la identificación.

Cuando llegamos al primer piso pude oír las sirenas distintivas de las
máquinas tragamonedas en juego.

—Pensé que estabas mintiendo a Tara antes. ¿Realmente posees un casino?

—Entre otras cosas, sí. Te sorprenderás por lo que tengo entre manos. —el
modo íntimo en que dijo su última frase me hizo creer que hablaba de algo más
que negocios.

No llevó mucho tiempo antes de que los empleados del casino adularan por
todas partes a Malcom. Supongo que tener el apoyo del jefe no era poca cosa.
Por la manera en que actuaban, me sorprendió que no le estuvieran lanzando
pétalos de rosas a sus pies y abanicándolo con hojas de palmera.

Malcom llamó a uno de sus guardias de seguridad para que viniera a
donde estábamos nosotros. Era un alto hombre negro, calvo y con barriga
cervecera.

— ¿Consigues algunas monedas para mi invitada, por favor Frederick?



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—Claro, Sr. Malcom. —el guardia se fue y se acercó a la ventana del cajero.

— ¿Te importa jugar con las máquinas tragamonedas mientras que manejo
el negocio? No debería tomarme mucho tiempo, pero creo que podría aburrirte.

—No, está bien. Siempre he querido probarlas.

Frederick regresó con un balde lleno de monedas.

—Llévala a las maquinas buenas, Frederick. Asegúrate que se divierte. Y
asegúrate de que ella cobra todo lo que gane.

Malcom besó mi mano antes de salir.

—Por este camino, Señorita —dijo Frederick, indicándome con su mano
que lo siguiese.

— ¿Llevas mucho tiempo trabajando aquí, Frederick? —pregunté cuando
cruzamos la multitud alrededor de la flota de máquinas tragamonedas.
Aparentemente el negocio aún estaba bien, aunque la economía no lo estuviese.

—Me puede llamar sólo Fred, Señorita. Sólo el Señor Malcom me llama
Frederick. Y he trabajado para el Señor Malcom desde hace casi 10 años.

— ¿Te gusta trabajar aquí? ¿Te trata bien?

—Oh, sí, Señorita. Es el mejor jefe que he tenido nunca —Fred se paró
delante de una máquina tragamonedas de dólar—. Es posible que desee probar
suerte en estas, Señorita.

—Sólo llámeme, Lilly, Fred.

—Bien, Señorita Lilly.

Fred estaba parado junto a mí y me instruía sobre el modo de jugar a las
máquinas tragamonedas. Poco después tuvimos en marcha cuatro máquinas a
la vez. Unos veinte minutos más tarde, me saqué el jackpoint en una de ellas.

Era de $ 5.000. Fred me ayudó en la ventana del cajero a reclamar mis
ganancias.


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—Gracias por mostrarme cómo hacerlo —le dije a Fred, sosteniendo la
mitad del dinero para que lo cogiera.

—Oh, no, Señorita Lilly. No puedo aceptarlo. Me despediría.

— ¿Despedirlo por qué?

Malcom llegó a nuestro lado.

— ¿Me has desplumado? —miró sobre mis hombros al montón de cien y de
veinte en mis manos.

—Casi, Señor. Ella es un fenómeno —Fred elogió con una sonrisa.

—No despedirías a Fred por coger algo del dinero que le ofrezco, ¿verdad?
—pregunté.

—Me temo que va contra las normas, Lilly —me dijo Malcom—. Pero no te
preocupes, no me voy a olvidar de la amabilidad de Frederick para contigo
cuando llegue el tiempo de las bonificaciones.

Fred parecía realmente contento por esto así que lo deje correr. Agradecí a
Fred su ayuda y Malcom y yo abandonamos el edificio. Tomó mi mano cuando
llegamos a la playa y la escena pasó del día al crepúsculo. Estábamos
caminando por una vieja calle de ciudad donde el aroma del pan recién
horneado parecía impregnar el aire de nuestro alrededor.

— ¿Dónde estamos? —pregunté, mirando a los extraños edificios a mí
alrededor.

—Venecia, Italia ¿Has estado alguna vez aquí?

—No —dije, recordando el sueño que había tenido la noche anterior. Jamás
había caminado por estas calles en la vida real, pero no impidió la extraña
sensación que estaba teniendo de realmente estar aquí antes.

—Vamos, no has visto la ciudad correctamente si no das un paseo en
góndola por los canales.



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—No me gustan los barcos. No me gusta estar en el agua.

—Oh —parecía un poco sorprendido por este hecho—. ¿Tienes miedo a las
alturas?

—No, ¿por qué?

Tomó mi mano y nos transportamos de inmediato a lo alto de la Torre
Eiffel.

De acuerdo, esto era demasiado extraño. Era como un déjà vu.

—Estás segura que nunca has estado aquí, ¿verdad?

—No, no he estado —decidí no preocuparme por la coincidencia de mi
sueño con el itinerario de Malcom. Tenía que ser sólo un acontecimiento
fortuito. No era como si él pudiera ver dentro de mis sueños, al menos esperaba
que no pudiera.

Miré a la gente pululando alrededor de nosotros, como si nada estuviera
fuera de lugar.

— ¿Cómo es que las personas no se sorprendieron cuando aparecimos? —
pregunté.

—No lo ven conscientemente. Es algo así como saber que algo es diferente,
pero sin saber qué exactamente. Si quisiera que ellos lo vieran, podrían, pero
rara vez quiero asustar a un ser humano de tal modo.

—No entiendo. Sé cuando alguien lo hace. Te he visto a ti, a Will y a Brand
hacerlo.

—Como dije, —metió un hilo díscolo de pelo soplando contra mi rostro
detrás de mi oreja tiernamente— eres diferente.

No estaba completamente cómoda con el modo en que Malcom me miraba.
Al menos cuando hacía sus lascivos comentarios, podía tomarlo como una
broma. Pero la manera tierna, amorosa en la que me contemplaba ahora, me
tomó completamente por sorpresa.



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—Parece que hay mucha gente aquí —dije, buscando una buena excusa
para romper nuestro contacto visual— ¿Estás cómodo con eso?

—Sorprendentemente, sí —dijo examinando a la multitud alrededor
nuestro—. Creo que tenerte cerca ayuda a controlar esa ansia mía particular. Me
tendió el brazo. — ¿Te gustaría recorrer la ciudad, querida?

Malcom pasó mucho tiempo mostrándome las vistas de París. Se sentía
extraño estar recorriendo la ciudad en la noche cuando en casa aún era media
mañana.

—He pasado mucho tiempo aquí —explicó cuando paramos a comer en el
restaurante Café de l´Homme. Nos sentamos junto a las ventanas, mirando la
Torre Eiffel, que ahora estaba iluminada contra el cielo nocturno—. Me encanta
esta ciudad. Nunca duerme.

—Supongo que es conveniente, considerando lo que eres.

—Tiene sus ventajas —admitió con una sonrisa astuta—. Así pues, —dijo
recostándose en su asiento, mirándome—. ¿Qué crees que Brand diría si supiese
que estas aquí conmigo?

—Que no debería estar a tu alrededor. Que eres peligroso.

Los ojos de Malcom se estrecharon en mí, como si estuviera tratando de
averiguar algo.

—Y sin embargo consentiste en pasar el día conmigo.

—Él ya no tiene ningún derecho sobre mí. No puede dictar con quien paso
mi tiempo.

—Entonces, ¿cómo es exactamente la relación entre tú y Brand?

—No existe.

— ¿Lo amas?

—No veo que sea asunto tuyo. Me dejó. Todos me dejan, —di otro
mordisco a mi plato de pasta, esperando que él dejara el tema.


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— ¿Todos? ¿Quién más ha ocupado tu corazón y te dejó?

—Will fue mi primer amor —no estaba segura de porqué le estaba
contando a Malcom sobre mi vida privada. Supongo que era el hecho de que él
sabía lo que realmente eran. Probablemente los conocía mejor que yo en
muchos aspectos.

— ¿Y también te rompió el corazón?

—Sí.

— ¿Pero es Brand a quién todavía amas?

—Oye, de verdad preferiría no hablar de Brand, si estás de acuerdo. Vine
contigo hoy para no disponer de tiempo para pensar demasiado en él.

Malcom sonrió. —Me parece justo.

Inclinó sus codos sobre la mesa. — ¿Por qué no me formulaste la pregunta
que me estuviste preguntando la otra noche?

Me encogí de hombros.

—Lo pensé, pero, honestamente, no creo que tú sepas quién me quiere
muerta más de lo que yo lo hago.

—Perceptiva —dijo, su voz subiendo un tono más alto, como si estuviese
impresionado—. ¿Qué te hizo llegar a esa conclusión?

—No pareces el tipo de persona que mantendría esa pequeña información
para ti mismo. Creo que si lo supieras, ya me lo habrías dicho, aunque sólo sea
por alardear sobre ello. Sabes que fue alguien poderoso, pero no tienes ni idea
de quién. Pero, estoy un poco confundida. Tuviste que haber recibido la orden
de alguien. ¿Quién fue?

—El líder de mi facción de Vigilantes vino a mí personalmente y me pidió
que me deshiciera de ti por alguien a quien él debía un favor.

— ¿Por qué tú en particular?


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—Tengo una tasa de éxito del 100% en lo referente a estos asuntos.
Además, las damas tienden a encontrarme irresistible —dijo con una sonrisa
que me indicó que había conocido a un montón de damas en su tiempo.

— ¿Qué va a decir tu líder cuando descubra que no hiciste lo que te dijo?

—No dijo nada. Sólo pensó que era curioso que dejara pasar un blanco
fácil. Él sabe que es mejor no molestarme. Su petición fue más un favor que una
orden.

— ¿Crees que él enviará a alguien más detrás de mí? ¿Para cumplir su favor
para con quien me quiere matar?

—No. Dejé claro que estabas bajo mi protección ahora, a todos ellos.

—Y si dejamos de ser amigos, ¿enviaría a alguien entonces?

—Tal vez, pero lo dudo. Él no persiste en asuntos como éste mucho. Es
probable que ya se haya olvidado de ti.

— ¿Hay alguna forma para que pudieras ayudarme a averiguar quién
quiere matarme? —no quería rogarle ayuda a Malcom, pero era la mejor
oportunidad que tenía para descubrir quién estaba detrás de esto.

—Lo intentaré, querida, pero no estoy seguro de cuánto podré ayudarte.
Justin no está muy contento conmigo en este momento. No creo que me diera
voluntariamente la información. Pero te puedo decir que estaba un poco
asustado cuando le dije que te dejara tranquila, y no fue por mi culpa. Creo que
tenía miedo a las repercusiones de dejarte con vida.

—Bueno, todo lo que podrías averiguar sería más de lo que Will y Brand
han sido capaces de hacer —me quité la servilleta de mi regazo y la puse sobre
la mesa—. ¿Dónde vamos ahora?

—Bueno, ya que no te gusta el agua, el punto siguiente que quería
mostrarte está descartado —dijo reflexionando—. ¿Quieres ver una pirámide?

—Siempre he querido ver una de esas —dije emocionada.



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—Te llevaré a una que ayudé a construir.

Se puso de pie y me tendió su mano. Puse mi mano en la de él y lo
siguiente que supe es que estábamos parados cerca de la parte superior de una
pirámide. Estaba oscuro, pero había algunos focos alrededor que me ayudaron
a ver dónde estábamos.

— ¿Ayudaste a construir ésta? —dije, aferrada a su mano. La altura era un
poco desconcertante para mí en la oscuridad. La cálida brisa proveniente de la
arena del desierto era agradable y tenía un extraño olor exótico en ella.

—Sí, hace mucho tiempo. Ayudé a diseñarla. Siempre me ha gustado la
arquitectura.

Se sentó en uno de los grandes bloques de piedra y me senté en su regazo.
Maravillada por la pequeña agrupación de las tres pirámides entre las que
estábamos sentados. Nunca pensé que alguna vez estaría tan cerca de una.

— ¿Qué se siente? ¿Viviendo tanto tiempo como has vivido? —pregunté.

—Se pone más y más difícil encontrar distracciones —dijo jugando
distraídamente con una de mis manos que estaban en las de él, mirando hacia el
desierto.

— ¿Soy una distracción?

Mi pregunta pareció romper sus reflexiones porque entonces me miró y
sonrió.

—La mejor distracción. En todo mi tiempo aquí, nunca he encontrado a
nadie como tú. No estoy seguro de que entiendas lo especial que eres, querida.

Era básicamente lo que había dicho Brand. Yo era una anomalía. Quizá no
debiera existir.

— ¿Has construido algo recientemente? —pregunté después de que
hubiésemos estado sentados allí por un rato largo en un confortante silencio.

—Me limité a construir una casa en Hawai. ¿Quieres verla?



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—Sí.

Nos levantamos. Todavía tenía sujeta mi mano y al instante nos hallábamos
en una playa de arena negra. El sol estaba en lo alto del cielo, obligándome a
proteger mis ojos rápidamente de su brillo. Malcom miró por detrás de nosotros
y señaló.

—Ahí la tienes.

Me di la vuelta para mirar detrás de mí y vi la casa de Malcolm, o al menos
una de ellas, supuse. Era una casa moderna de dos pisos de alto, hecha de
vidrio, metal y concreto. Me recordó a un libro de casas diseñadas por Frank
Lloyd Wright que había visto de niña.

—Es espléndida —exhalé. Era realmente la casa diseñada geométricamente
más interesante que jamás había visto en persona.

—Vamos, te mostraré el interior.

Tomó casi una hora para que Malcolm me mostrara todo lo que quería
hacer resaltar sobre esta casa. Podía decir que él realmente amaba su diseño.
Estaba muy orgulloso de cada pequeño ángulo y de cómo las cosas se
complementaban entre sí. No entendí todo de lo que estaba hablando, pero sí
disfruté la diferencia en él. Era como un niño exhibiendo su nuevo juguete
favorito a su mejor amigo.

—Así que, ¿qué piensas? —preguntó mientras terminábamos el tour, yendo
hacia la última habitación en el segundo piso.

—Es maravillosa. Debes estar orgulloso de lo que hiciste aquí.

Una satisfecha, casi tímida sonrisa adornó su cara.

—Gracias.

La última habitación terminó siendo su dormitorio personal. Tomaba una
gran porción del piso de arriba y tenía una gran cama circular en el medio,
cubierta con sábanas de raso blancas. Malcolm apretó un botón en la pared
mientras caminábamos que abrió una gran sección de cristal en el techo, todo de
vidrio, y un par de puertas corredizas de cristal, que llevaban hacia un balcón


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que daba al océano, dejando que el sonido de las olas estrellándose contra la
playa hiciera eco en las paredes de la habitación.

No fui muy lejos dentro de la habitación. Algo simplemente no se sentía
bien.

Malcolm me cogió ambas manos en las de él y las llevó hacia sus labios.

— ¿Te gustaría probar la cama? —murmuró antes de besar la parte de
arriba de mis manos y mirarme en una manera que me decía exactamente lo
que quería.

Recogí mis manos y crucé mis brazos frente a mi pecho.

—Creo que deberíamos volver a casa ahora.

— ¿No me encuentras, al menos, un poco irresistible, querida Lilly? Déjame
ayudarte a eliminar a Brand de tu mente —se acercó más a mí.

—Escucha, creí que sólo íbamos a ser amigos. Si quieres que sea tu amante,
lo siento, pero no puedo hacerlo. Tendría que estar enamorada de ti para que
eso pasara. Y apenas te conozco —me volví para irme pero Malcolm puso una
mano amable en mi brazo para detenerme.

—Espera. Lo siento. —me miró como si fuera una curiosidad—. No eres
virgen, ¿verdad? —lo dijo como si la idea de que yo fuera virgen fuera
completamente absurda.

—No estoy segura de por qué es de tu incumbencia —respondí a la
defensiva.

Comenzó a reírse como si hubiera dicho algo gracioso.

—No entiendo qué es tan divertido.

Intentó recomponerse, pero la risa seguía escapándosele.

—Lo siento tanto —dijo riéndose entre dientes—. Es sólo que no había
conocido a una virgen por sobre la edad de dieciséis por un largo tiempo.



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— ¿Así que sólo porque he decidido esperar, merezco que se rían de mí?

—No, no, me estoy riendo de mí, no de ti. No puedo creer que acabe de
intentar seducir a una virgen. Si lograste salir de la escuela secundaria con tu
inocencia intacta, eres para ser alabada. No mucha gente lo hace. Por favor,
acepta mis disculpas. No tenía idea.

—Pero aún así, —me miró como si estuviera intentando adivinar algo sobre
mí—. Has pasado mucho tiempo conmigo hoy y aún estas completamente
indecisa sobre mi deseo por ti. La mayoría de las mujeres estarían intentando
seducirme a mí a este punto.

—Brand mencionó la feromona que producís. ¿Es eso de lo que estás
hablando?

—Sí. He tenido a mujeres cayendo a mis brazos a los minutos de conocerme
y tú aún pareces ser completamente inmune a ella.

¿Era inmune a ella? ¿Significaba eso que mis sentimientos por Brand eran
reales? ¿No sólo un producto de estar a su alrededor mucho tiempo, respirando
el químico que era parte de su maldición? Esta comprensión me hizo feliz y
triste al mismo tiempo. Estaba feliz de que mis sentimientos fueran verdaderos
y triste porque tendría que olvidarme de ellos naturalmente. Si hubieran sido
un efecto secundario de haber estado mucho a su alrededor, podría haberme
recuperado como hacen los adictos cuando dejan de usar drogas. Ahora, sólo
tendría que esperar hasta que mi corazón se curara a sí mismo.

—Bueno, ya que mis poderes de seducción son inútiles en ti, —tomó mi
mano y me llevó fuera de la habitación—. Vamos, tengo algo en el patio trasero
que puede que te guste ver.

El patio de Malcolm era hermoso. Se veía como un jardín japonés en
miniatura con un giro moderno.

—Es agradable. ¿Tú hiciste esto?

—Lo diseñé, pero no hago el trabajo pesado si puedo pagarle a alguien más
para que lo haga por mí.



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Había un gran estanque de peces koi con un puente oriental rojo y negro
cruzándolo. Malcolm me dio un poco de comida de peces para arrojar. Nos
quedamos allí fuera por un rato alimentando los peces y hablando sobre las
diferentes plantas en el jardín. Fue entonces cuando noté los arbustos con rosas
rojas y blancas.

— ¿Eran las flores que me llevaste esta mañana de aquí? —pregunté.

—Sí, lo eran. Pensé que las disfrutarías. —Tomó una de mis manos—. Ven
conmigo. ¿Sabes jugar ajedrez? He estado muriendo por jugar ajedrez con
alguien aquí.

—Sé lo básico, pero no soy ninguna experta.

—Eso está bien. Me gusta ganar, de todas formas.

No sé cuánto tiempo nos sentamos allí jugando ajedrez, pero al final
Malcolm dijo que era hora de llevarme de vuelta a casa.

—Prometí llevarte a casa para las diez e intento mantener esa promesa. De
otra manera puede que Tara no te deje venir y jugar conmigo otra vez.

Estábamos frente a mi puerta antes de que me diera cuenta, pero no
estábamos solos.

Will y Brand se materializaron instantáneamente a nuestro lado.

— ¿Dónde has estado? —dijeron ambos severamente y al unísono.

Ambos me miraron con ceños fruncidos tan ominosos que instintivamente
di un paso más cerca de Malcolm, quien puso un brazo protector alrededor de
mi cintura.

—Bien, ustedes dos necesitan no volver a hacerme eso, —dije poniendo una
mano sobre mi acelerado corazón—. Y exactamente, ¿por qué es de su
incumbencia dónde estuve? Soy una mujer adulta. Puedo cuidar de mi misma.

—Saben, —dijo Malcolm mirando a Will y a Brand completamente
entretenido con la situación—. Como yo lo veo, ustedes ya tuvieron sus
oportunidades con Lilly, y le fallaron miserablemente, podría agregar. No


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deberían hacerla sentir como si hiciera algo malo por pasar el día conmigo. No
pertenece a ninguno de ustedes. Puede cuidarse ella sola, ya saben. Incluso lo
probó hoy negándose a dejarme seducirla en mi propia habitación. Y puedo
asegurarles que lo estaba intentando de verdad.

Will y Brand se movieron hacia delante como si estuvieran por lanzarse a la
cabeza de Malcolm. Por suerte, la puerta detrás de mí se abrió y Tara salió antes
de que la situación explotara fuera de mi control.

—Bien, escuché suficiente de todos ustedes. Necesitan dejar a Lilly sola. —
Me arrastró por el brazo dentro del departamento parándose entre mí y los tres
que estaban fuera—. Ahora váyanse, y sin pelearse, fuera de nuestro
departamento. Si quieren actuar como idiotas, háganlo en otro lado. —y les
cerró la puerta en sus tres pasmadas caras.

—Lo juro, chica. No sé si podré seguir soportando a tus pretendientes.

—Yo no llamaría a Brand y Will pretendientes. Sólo son imbéciles
sobreprotectores.

—Los hombres no actúan así de estúpido por una chica a no ser que estén
enamorados de ella.

Odiaba admitir que esperaba que esa fuera la verdad en el caso de Brand.
Quería que él peleara por mí. Quería saber que aún me amaba incluso aunque
siguiera alejándome. Si había incluso un destello de posibilidad de que aún me
amara, quería aferrarme a ella.











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Capitulo 15
Tradudido por Vafit y SOS por Pili
Corregido por Xiime~

la mañana siguiente terminé tomando otra ducha fría cuando
me desperté. No tenía ni idea de por qué seguía soñando con
Malcolm en situaciones comprometedoras. Pero al menos esta
vez nos detuvimos entre sesiones de hacer el amor y pasear por la playa y jugar
al ajedrez. No todo fue sexo todo el tiempo como en el sueño de la noche
anterior, pero ese sexo tenía mis hormonas rabiosas.

Me llevó más tiempo de lo habitual prepararme para ir a la escuela esa
mañana, debido a mi larga ducha. Terminé llegando a la clase de biología justo
antes de que sonara la campana. Vacilé un poco cuando vi a Brand sentarse en
su asiento habitual. Me senté en diagonal a él y evité hacer contacto visual.
Podía sentirlo mirándome. Ni siquiera estoy segura de qué estaba diciendo el
Dr. Floyd en clase, pero mantuve mis ojos en él de todos modos. Esto no me
impidió ver a Brand por mi visión periférica. Lo vi garabatear algo en su
cuaderno e inclinarlo hacia mí de una manera agitada.

Tuve que tomar una decisión. Podía fingir que no lo veía o mirar para ver
lo que tenía para decir. Mi curiosidad ganó.

¿Qué demonios estabas pensando pasando el día con esa cosa?

No estoy segura lo que me enojó más: él cuestionando mi capacidad de
tomar decisiones o él llamando a Malcolm una cosa.

Escribí una respuesta en mi propio cuaderno, lo que inició una
conversación corta y silenciosa.

Lo que haga con mi tiempo no es de tu incumbencia. ¡Y Malcolm no es una
cosa!

¿Sabes lo preocupado que estaba por ti? ¡Cuando Will me dijo que se había
pasado por tu casa y Tara le dijo dónde y con quien estabas, pensaba que me
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iba a volver loco! Te buscamos, pero el rastro estaba frío para el momento en
que descubrimos que estabas con él.

¿Por qué sigues actuando como si te preocuparas por mí, Brand? Dijiste
que querías que te dejara en paz y lo estoy haciendo. Así que ¿por qué no me
dejas tú en paz?

Brand tardó mucho en responder. Pensé que iba a ignorar mi pregunta.

Debes mantenerte alejada de él. No es confiable.

Y cerró su cuaderno poniendo fin a la conversación de manera eficaz.

La campana sonó y me fui rápidamente de la habitación para ir a Ingles, sin
querer que Brand me detuviera y me reprendiera por salir con Malcolm.

Le conté a Tara sobre mi conversación con Brand cuando llegué a la clase.

—Lilly Rayne, tendrás que tomar una decisión. —Dijo ella con toda
seriedad—. Tienes que dirigirte a él y ser honesta acerca de tus sentimientos u
olvidarte de él. ¿Cuál puedes hacer?

—Ninguna, —le dije cubriéndome la cara con ambas manos en
frustración—. Supongo que si supiera si él realmente me ama o no, podría
dirigirme a él, pero tengo miedo de hacerlo y que me rechace completamente
otra vez. Dolió demasiado la primera vez. Quizás tengas razón. Quizás tenga
que olvidarme de él por completo.

—No creo que puedas haces eso. Personalmente, —dijo ella inclinándose
hacia mí en su escritorio—, creo que tienes que llevar esto a cabo. No quiero
verte perder en el amor, chica. No cuando esta así de cerca. Creo que él solo se
asustó ese día porque se sentía responsable de que Michelle tratara de matarte.
Arriésgate, Lily. Si lo amas, arriésgate por él.

Me salté el almuerzo y la clase de física de ese día y fui directamente con el
Dr. Barry para poder irme a casa más temprano esa tarde.

Cuando llegué a casa, encontré a Malcolm sentado en mi futón pasando los
canales en mi televisión.



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— ¿Cómo miras esta tontería? —Preguntó deteniéndose en un canal que
estaba dando una de esas telenovelas diurnas.

—No lo hago. —Puse mis libros sobre la mesa y me volví hacia él.

Malcolm se levantó—. Pensé que te gustaría ver mi nueva casa.

— ¿En qué continente está esta?

—Está como a 10 minutos en auto.

— ¿En serio compraste algo aquí en la ciudad? ¿Por qué?

—Apariencias, en su mayoría. Además quería un lugar para ir cuando
estuvieras ocupada, así al menos podría estar cerca.

—Está bien, vamos. —Le ofrecí mi mano. Él la tomó, pero me llevó hacia la
puerta del apartamento.

— ¿Por qué vamos fuera?

—Compré otra cosa para hacerme ver un poco más normal.

No estoy segura de cómo me lo perdí cuándo entré, pero estacionado al
otro lado del aparcamiento estaba un auto deportivo de color rojo y negro que
nunca había visto antes.

— ¿Esto se supone que te hace ver normal? —Le pregunte caminando
alrededor de él—. ¿Qué es?

—Es un Bugatti Veyron. ¿Te gusta? —Se apoyó en el lado del conductor
con una sonrisa de Cheshire en su cara.

—Es uno de los autos más maravillosos que he visto nunca. —La expresión
‗sexo sobre ruedas‘ vino a mi mente, pero decidí mantener eso para mí misma.

— ¡Súbete! —Malcolm sonaba como un niño en la mañana de Navidad.

—Para alguien que nunca necesitó un auto parece que estás disfrutando
éste. —Le dije deslizándome en el lujoso asiento de cuero negro.


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—Oh, he tenido autos antes, pero nada como este bebé.

Me di cuenta de que estaba teniendo problemas para ir al límite de la
velocidad cuando llegamos a la autopista. Mantuvo una mano en el volante y
puso una mano en mi muslo. Antes de darme cuenta, estábamos en otro lugar.

— ¿En serio acabas transportarnos a nosotros y al auto? —Pregunté
mirando por la ventana asombrada ante el cambio de escenario.

—Sip, —dijo, acelerando el motor. Íbamos a 300 kilómetros por hora antes
de que me diera cuenta.

— ¿Dónde estamos?

—Estamos en la Autobahn en Alemania. ¿Viste lo rápido que este bebé
alcanzó los 300?

La alegría en su rostro me hizo querer reír, pero estaba teniendo
dificultades para controlar mi miedo a precipitarnos hacia el espacio.

Después de unos cincos minutos, Malcolm notó cuán fuerte me estaba
agarrando a la parte de abajo del asiento.

Disminuyó la velocidad a 70 y estuvimos de regreso en la autopista en
Lakewood.

—Perdón, no fue mi intención asustarte. Creí que lo disfrutarías.

—Bueno, no fue así. —Admití finalmente soltando mis dedos del fino cuero
negro y deliberadamente sacando su mano de mi muslo.

—Tienes que decirme cuando hago cosas que te hacen sentir incomoda,
querida. Soy nuevo en tratar de complacer a un ser humano.

— ¿Nunca has tenido un amigo humano antes?

—No. Ya es bastante difícil tener negocios relacionados con ellos.
¿Conviertes en mascota a una vaca antes de comértela?



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— ¿Te importa que te pregunte cuántas personas has matado?

—Demasiadas. No es algo de lo que estoy orgulloso, pero tampoco me voy
a sentar aquí e intentar inventar excusas por las cosas que he hecho en mi
pasado.

— ¿Con qué frecuencia te alimentas?

— ¿Al principio? Tanto como podía. Pero, en algún momento del siglo
pasado o así me di cuenta de que ya no me agradaba a mí mismo debido a lo
que me había convertido. Así que trate de limitarme a alimentarme cada pocos
meses.

— ¿Cuánto tiempo pasó desde la última vez que te alimentaste?

—Ha pasado mucho tiempo. Más de un año, creo. Esa podría ser otra razón
de por qué Justin me eligió para cuidar de ti. Él sabía que yo estaría dispuesto a
comer otra vez, y matándote le estaría haciendo un favor, también.

Me di cuenta de que nos dirigíamos hacia Serenity Lake. Pasamos frente al
camino de entrada de Brand y doblamos en el siguiente camino que salía de la
autopista. Comencé a reír.

— ¿Compraste la casa más cercana a la de Brand? ¿Por qué?

—Tenía la esperanza de que le molestara, —declaró Malcolm con un poco
de satisfacción.

—Oh, no tengo ninguna duda de que va a ser precisamente así.

La casa de Malcolm se veía como a las que uno puede ver en Southern
Living. Era una reconstrucción completa de la época de antes de la guerra, con
altas columnas blancas y un porche. Scarlett O‘Hara habría estado orgullosa de
llamarla hogar.

Se sentía raro estar tan cerca de Brand sin verlo. Malcolm nos hizo un poco
de té y nos sentamos en el porche a ver la puesta de sol en el lago.

—Malcolm, ¿te importa si te hago una pregunta?



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—Puedes preguntar lo que quieras, querida. Soy un libro abierto para ti.

—La criatura con la que estabas en la primera noche que nos vimos. ¿Qué
era?

—Mi hijo, Sebastian.

—Cuando Will y Brand me explicaron las cosas, Brand mencionó que los
hijos de los Vigilantes fueron maldecidos, pero no dijo cómo.

—No fue solo a los niños, sino también a sus madres. Ninguna madre ha
sobrevivido al nacimiento de uno de nuestros hijos.

— ¿Por qué?

—El niño drena la vida de la madre, casi literalmente.

— ¿Cómo?

—Algo pasa muy temprano en el periodo gestacional. Incluso antes de que
sepamos que están embarazadas. Para cuando sabemos que están embarazadas,
ya es demasiado tarde. De alguna manera, a la parte exterior del útero le crecen
extensiones que se envuelven alrededor de cada órgano en el cuerpo de la
madre incapacitándola completamente. El niño básicamente se apodera del
cuerpo y lo trata como un manto. La madre se pierde al principio del proceso.
Es el niño el que mantiene el cuerpo vivo hasta que está listo para nacer.
Entonces simplemente desgarra el vientre de su madre, que usualmente solo es
una cáscara vacía para ese entonces.

— ¿Se parecen todos ellos a Sebastian?

—Sebastian es en realidad un chico muy guapo. Sólo cambian a esa forma
cuando sale la luna, pero él no puede controlar eso. Tenemos que refrenarlo la
mayoría de las noches.

— ¿Refrenarlo de hacer qué?

—Matar.

— ¿Personas?


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—Sí.

— ¿Alguna vez ha matado a alguien?

—No, yo no lo permitiría.

—Parece un poco hipócrita ¿no?

—Si él llegara a matar a un ser humano y beber su sangre, estaría tan
maldito como yo. No puedo permitir que eso suceda. No es su culpa ser de la
manera en que es. Es mía.

La determinación de Malcolm de mantener el alma de su hijo pura me
sorprendió.

—Cuando él muera, tengo intención de asegurarme de que tenga la mayor
oportunidad posible de alcanzar el cielo.

— ¿Extrañas el cielo?

—Más de lo que posiblemente puedas imaginar alguna vez, querida.

El ver tan triste a Malcolm parecía extraño. Sin duda era otro lado de mi
complicado nuevo amigo.

—Me gustaría conocerlo algún día, si puedo.

—Voy a hacer los arreglos. —Malcolm parecía satisfecho con mi petición—.
Sé que a él le gustaría verte de nuevo. Cuando volvió a cambiar a su forma
humana dijo que se sentía atraído hacia ti por alguna razón. Pero voy a tener
que tomar algunas precauciones antes de que pueda quedarse aquí a salvo.

Malcolm me convenció de jugar una partida de ajedrez en el porche
durante el resto de la tarde hasta las primeras horas de la noche.

Eran casi las siete cuando recibí una llamada en mi teléfono celular.
—Oye chica, ¿Dónde estás? Tengo la cena lista.



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—Tara, lo siento tanto. Estaré en casa tan pronto como pueda. Malcolm
quería mostrarme la casa que compró aquí en la ciudad. Voy a hacer que me
lleve a casa.

–No trató de enseñarte su dormitorio, ¿verdad? Escuché lo que les dijo
anoche a Will y Brand.

—No, esta noche ha sido un perfecto caballero. Sólo estábamos jugando
una partida de ajedrez. Estaré pronto en casa.

Malcolm estaba detrás de mi silla antes de que cerrara el celular para
acompañarme a su auto. Cuando ya estuve en el apartamento, se inclinó hacia
mí y me besó en la mejilla.

—Dulces sueños, querida. Te veré mañana si eso está bien.

— ¿Te importaría llamarme antes de simplemente aparecerte la próxima
vez? Es un poco desconcertante encontrarte en mi apartamento sin avisar.

Le di mi número y entré en el apartamento.

Tara estaba poniendo la mesa.

—Oye, ¿no lo invitaste a entrar?

—No quería darte la oportunidad de molestarlo con toda la cosa del
dormitorio.

— ¿Y por qué haría yo eso? —dijo Tara obviamente decepcionada de no
poder ponerle los puntos a Malcolm en su propia delicada manera.

—Porque me amas más que a nada, —le dije dándole un beso en la mejilla.

Cuando me fui a dormir esa noche, soñé con Malcolm otra vez. En un
momento del sueño, él me sostenía en sus brazos y me pedía que le dijera que
lo amaba más que a nadie. Mi mente se rebeló contra lo que el yo del sueño
estaba por decir. Después de profesarle mi amor eterno, me forcé a
despertarme, rechazando lo que había soñado.



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Me senté erguida en mi cama tratando de calmar mi acelerado corazón.
¿Cómo iba a decir que amaba a Malcolm? Incluso aunque fuera un sueño, no
pude evitar sentir como que había traicionado mis sentimientos por Brand de
alguna manera.

Oí un profundo gemido venir de mi lado. Mi cabeza se volvió hacia el
sonido y vi a Malcolm durmiendo en el otro lado de mi cama. Salté de debajo
de las mantas y encendí la luz del techo para asegurarme de que no seguía
soñando. Tan pronto como la luz se encendió, los ojos de Malcolm se abrieron.

—Hmm, supongo que finalmente me atrapaste, —dijo alzándose sobre un
codo, bostezando.

— ¿A qué te refieres con finalmente? —Le pregunté con recelo.

—Lo siento, no pude evitarlo. Te ves tan hermosa cuando duermes. No creí
que estuviera perjudicando a nadie al descansar a tu lado.

— ¿Por cuánto tiempo has estado haciendo esto? —Le pregunté.

—Desde la noche en que hicimos el trato. Por favor no te enojes conmigo,
querida. No creí que estuviera haciendo nada mal.

Me senté en la cama mirándolo fijamente, empezando a comprender.

— ¿Tú sueñas, Malcolm?

—En cierto modo, —dijo. Me di cuenta de que no quería hablar de ello, así
que insistí.

— ¿Qué es lo que no me estás diciendo? —Le presioné.

—Bueno, en realidad no necesitamos dormir, pero si lo hacemos, podemos
controlar lo que soñamos. Es como tener tu propio mundo de fantasía donde
cualquier cosa que puedas imaginar es posible.

— ¿Qué has estado soñando desde que empezaste a dormir aquí?

No creía que fuera posible, pero vi un atisbo de rubor carmesí en las
mejillas de Malcolm.


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—Prefiero no decírtelo, querida. Probablemente no te gustará mucho.

—Oh por Dios, —dije poniendo la mano en sobre mi boca. Me senté
pensando rápidamente—. Malcolm, necesito que seas completamente honesto
conmigo. Voy a tratar de describir lo que has estado soñando y necesito que me
digas si estoy en lo cierto.

— ¿Cómo puedes saber lo que he soñado? —Preguntó como si yo no fuera
capaz de adivinar el mundo de fantasía con el que él había estado soñando ni
después de un millón de años de intentarlo.

Cuando describí los sueños que había tenido las últimas noches, el rostro
de Malcolm se volvió rojo y sus ojos se fueron ampliando mientras más
describía mis propios sueños.

Decidí no contarle lo que había soñado tan sólo unos minutos antes. Pensé
que nos ahorraríamos la vergüenza de revivirlo. Cuando estaba por decirle a él
acerca de sus propios sueños, se dio la vuelta sobre su espalda, se cubrió la cara
con sus manos y gimió.

— ¿Cómo puedes saber todo eso y con tan absoluto detalle?

—No lo sé, —estaba tan desconcertada como él, pero mi corazón se estaba
acelerando ante lo que había descubierto—. Tal vez tiene algo que ver con lo
cerca que estabas de mí cuando lo soñabas. Por lo menos espero que esa sea la
razón.

Salté de la cama y busqué en mi armario. Saqué un par de jeans, una
chaqueta azul y zapatillas. Decidí quedarme con la camiseta que llevaba puesta.

—Date la vuelta, —le ordené a Malcolm.

No tuve que pedirlo dos veces. Creo que estaba secretamente aliviado de
no tener que mirarme a los ojos.

— ¿Qué estás haciendo? —preguntó.

—Tengo que ver a Brand, —dije sin aliento. Creí que mi corazón iba a
salirse de mi pecho. Sabía lo que tenía que hacer ahora.


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— ¿Te das cuenta de lo tarde que es? —dijo Malcolm dándose la vuelta
cuando supo que ya tenía mis jeans puestos.

—Realmente no me importa en este momento, —mi rostro se sentía
enrojecido por la emoción. Recogí las llaves de la mesita de noche y me dirigí
hacia la puerta.

Malcolm apareció delante de mí, bloqueando mi camino.

— ¿Qué haces? —le pregunté, sin ánimos para un retraso.

—No voy a dejarte conducir todo el camino hasta allí a estas horas de la
noche.

–Malcolm, realmente debes salir de mi camino, ahora.

—Si insistes en ir allí, te llevare yo mismo. Estoy seguro de que después de
tener tu charla él estará más que feliz de traerte de vuelta a casa cuando estés
lista.

Malcolm me tocó la mejilla con una mano amable.

—Bueno, fue agradable soñarlo de todos modos. Te prometo que intentaré
no fantasear sobre ti de esa manera otra vez.

—Gracias por sentir eso por mí, pero lo máximo que podemos tener entre
nosotros es amistad. Mi corazón pertenece a otra persona.

Antes de darme cuenta, estábamos en el escalón de la puerta de Brand.

Malcolm se inclinó y me besó suavemente en los labios, como si estuviera
diciendo adiós. Se había ido antes de que pudiera decir nada.

Las luces estaban encendidas en la casa de Brand y su auto estaba aparcado
en el camino de entrada. Podía escuchar la música retumbando contra las
paredes de su casa. Tomé una respiración profunda y giré el pomo de la puerta
principal.
El primer piso estaba vacío. Me di cuenta de que la música venía de la segunda
planta, así que subí por las escaleras.


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La puerta del estudio de pintura de Brand estaba entreabierta y pude verlo
sentado en un taburete delante de un lienzo en el que estaba trabajando. Estaba
sin camisa y descalzo, usando solo un par de pantalones vaqueros azul oscuro.
Abrí la puerta sólo lo suficiente para cruzar el umbral. Con la puerta fuera del
camino, pude ver lo que estaba pintando.

Era un retrato mío con el vestido que había llevado al Baile de Blanco y
Negro. Mis ojos vagaron por la habitación y me di cuenta que había cuadros así
esparcidos por todas partes. Cada uno era un poco diferente. Había uno en el
que incluso me veía de pie en medio del jardín de rosas del Edificio Común.

—Es hermoso, —dije desde la puerta esperando a ver cómo reaccionaba
ante mi presencia no esperada.

Su mano se detuvo a la mitad de una pincelada. Lentamente dejó el pincel
sobre la mesa de pinturas a su lado.

— ¿Qué estás haciendo aquí, Lilly?

¿Por qué no se daba la vuelta y me enfrentaba? Entré en la habitación y me
paré detrás de él.

—Necesito saber algo.

Permaneció en silencio con sus ojos clavados en el suelo, a sus pies.

— ¿Qué quieres saber? —Su voz sonaba cansada, casi agotada.

Dudé de hacerle mi pregunta. Más que nada porque temía estar equivocada
y que no fuera a oír la respuesta que tan desesperadamente quería oír.

— ¿Me amas?

Se quedó allí por un tiempo largo sin responder.

— ¿Por qué me haces esto? —Dijo finalmente, negando con su cabeza
ligeramente.



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—Necesito saber si me amas. Porque…. —tomé una respiración profunda—
. Porque creo que sí lo haces. Creo que me amas más de lo que alguna vez has
amado a nadie y eso te da miedo.

Permaneció en silencio, inmóvil.

— ¿Te acuerdas de esa mañana después de nuestro días juntos, cuando me
desperté llorando por un sueño que había tenido?

—Sí.

—Ahora quiero decirte lo que soñé, —tomé una nerviosa respiración
profunda—. Soñé con nuestro primer beso. Soñé con nuestro día de bodas,
caminando por un pasillo de pétalos de rosas rojas. Soñé contigo haciéndome el
amor en tu cama y queriendo que sea un recuerdo que siempre atesorara. Soñé
con nuestra hija y con verla convertirse en una hermosa mujer. Soñé con
nosotros tendidos juntos en una cama en nuestra vejez y muriendo en los
brazos del otro. Sentí el amor que sientes por mí, y no puedes sentarte ahí y
decirme que no sigues sintiendo lo mismo, porque era tu sueño el que estaba
viendo.

— ¿Cómo sabes lo que soñé? —Preguntó sin aliento.

—No importa cómo lo sé. Necesito que me digas si las emociones que sentí
en el sueño son las que realmente sientes por mí. No entiendo cómo puedes
alejar a alguien que amas tan lejos. Alguien con quien quieres compartir tanto
de ti mismo.

—Porque no estás a salvo a mi alrededor.

Finalmente, levantó su cabeza y se volvió hacia mí. Tenía los ojos
ligeramente enrojecidos e hinchados como si hubiera estado llorando—. No
puedo vivir en un mundo en el que no existes. Prefiero vivir contigo
odiándome.

—Nunca podría odiarte, —le dije acercándome un paso más—. ¿Qué te
hace pensar que quiero vivir en un mundo en el estemos separados? Eso no es
vida. Eso es solo existir. Yo te amo.



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— ¿Qué? —Preguntó como si tuviera miedo de haberme oído mal,
buscando en mi cara la verdad.

—Te amo. Te amo sólo a ti. No me alejes. Por favor, no creo que mi corazón
pueda soportar más dolor. Te amo.

Se puso de pie lentamente, como si no confiara en que la tierra estuviera
bajo sus pies.

—Éste no es uno de mis sueños, ¿verdad?, —Preguntó, parándose delante
de mí.

—Espero que no. —Me acerque a él y toqué tentativamente su pecho,
tranquilizándome a mí misma, diciéndome que era real. Dejé que mi mano
viajara hasta su cuello. Lentamente él puso sus brazos alrededor de mi cintura
tirando de mí contra de su cuerpo, mirando mi cara atentamente. Bajé su cabeza
hacia la mía, nuestros labios casi tocándose. El anhelo y la esperanza que vi en
sus ojos reflejaban mis propios sentimientos.

—Te amo, Brand, —susurré contra sus labios, mirando sus ojos,
asegurándome de que me escuchaba—. Nunca lo dudes.

Cuando nuestros labios se tocaron, puse mis brazos alrededor de su cuello
bebiendo tanto de él cómo podía. Sentía como si me fuera a morir de sed si se
apartaba demasiado pronto. Recuerdo que sentí mis rodillas debilitarse pero su
brazo estaba allí para recogerme. Nuestros labios nunca se separaron mientras
me llevaba a su habitación y me acostaba suavemente, poniéndose encima de
mí. La sensación de su cuerpo contra el mío hizo que mi corazón doliera de
alegría.

No estoy segura cuanto tiempo nos quedamos allí en los brazos del otro
besándonos, lanzando lejos nuestras penas y deleitándonos en nuestro amor del
uno por el otro. Eventualmente, tuve que tomar aire. Cuando me aparte, él
rápidamente me atrajo de vuelta, sin intención de dejar que terminara tan
pronto. ¿Quién era yo para discutir?

Cuando fue él quien se alejó, lo miré a los ojos y vi allí un reflejo de mi
propia felicidad.



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—Nunca pienses que me estás haciendo un favor al alejarme de ti, —le dije
acariciando su mejilla.

—No lo haré, —prometió, plantando pequeños besos en mis labios como
un colibrí bebiendo néctar de una flor—. Gracias, —dijo, tocando su frente con
la mía con los cerrados como si estuviera rezando—. Gracias por amarme.

— ¿Cómo podría no amarte? —Sentí lágrimas de alegría caer de las
comisuras de mis ojos. Él con cuidado las besó haciéndolas desaparecer.

—No llores, Lilly. No más lagrimas para ninguno de nosotros, sólo
felicidad.

—Estoy feliz, —declaré todavía llorando—. Son lágrimas de felicidad, te lo
prometo.

Brand besó el costado de mi cuello—. No quiero estar sin ti de nuevo. Me
sentí como si estuviera muerto por dentro.

—No tendrás que hacerlo. No me iré a ninguna parte.

Nos quedamos despiertos el resto de la noche besándose, hablando,
besándonos un poco más. Nunca en mi vida me había sentido tan contenta y
feliz. Me hizo preguntarme si esto era lo que mi madre había estado buscando
toda su vida. Con todos los novios que tuvo, ¿Estaba tratando de encontrar lo
que yo había encontrado con Brand? En ese momento, creo que realmente la
entendí un poco mejor debido a lo que Brand y yo compartimos esa noche. Sin
duda, un amor como el nuestro sólo se encontraba una vez en la vida, si tenías
la suerte de encontrar a la única persona en el mundo que realmente te hacía
estar completa.

—Necesito saber algo, —dije mientras su cabeza descansaba sobre mi
pecho y yo jugaba distraídamente con su pelo, haciendo girar las hebras entre
mis dedos.

—Todo lo que tienes que hacer es preguntar. No quiero que tengamos más
secretos entre nosotros.



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— ¿Qué pasaba realmente entre tú y Izzi? —Tenía miedo de poder echar a
perder la felicidad que estábamos experimentando, pero necesitaba saber dónde
encajaba Izzi en el cuadro.

—Oh, eso, —levantó su cabeza y me miró. En realidad parecía
avergonzado—. Le pedí que hiciera parecer como si estuviéramos juntos. Ella
tiende a ponerse sobre-entusiasta cuando hace cosas a veces.

— ¿Así que no tienes sentimientos por ella? —le dije aliviada—. ¿Nada
pasó realmente entre ustedes dos?

—No. Y lo siento por lo de ella estando desnuda cuando abrió la puerta el
otro día. Es un hada. No les gusta usar ropa. Corren desnudos siempre que
pueden y cuando sí tienen que usar ropa usan tan poco como sea posible. Pensó
que esa pequeña escena sumaría a la ilusión de que algo estaba pasando ente
nosotros.

— ¿Es una hada? ¿Cómo Campanilla?

Se rió entre dientes—. No son exactamente así.

Se detuvo un momento, como si estuviera considerando decirme o no algo.

—Tengo que preguntarte algo también, —dijo finalmente—. ¿Pasó algo
entre tú y Malcolm que necesite saber?

— ¿Importaría si fuera así?

—No, pero me gustaría saber la verdad. Probablemente sea mejor que lo
que ha pasado por mi mente los últimos días.

—No tienes que preocuparte por Malcolm. Sólo es un amigo.

— ¿Lo besaste?

—No, —dije, pero él podía ver que no estaba diciendo la verdad
completa—. Bueno, me besó cuando me trajo aquí anoche, pero sucedió tan
rápido que no tuve tiempo de pensar, mucho menos reaccionar.

Los ojos de Brand se oscurecieron. –¿Qué más hizo?


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—En realidad nada.

Pude ver que estaba esperando que me explayara en lo que no estaba
diciendo.

—Bueno, honestamente le debemos nuestro agradecimiento. Si no fuera por
lo que hizo, yo no estaría aquí ahora.

Eso pareció suavizar a Brand un poco, pero no iba a permitir que me salga
con la mía sin decirle toda la verdad.

—Malcolm ha estado viniendo a mi habitación por la noche y durmiendo
conmigo en mi cama. No sabía que lo estaba haciendo hasta ayer por la noche
cuando me desperté y lo atrapé. Fue gracias a él que finalmente descubrí la
conexión de los sueños.

— ¿Experimentaste sus sueños como hiciste con los míos?

—Sí. Y por favor no me pidas que los describa. Creo que me moriría de
vergüenza si lo hicieras.

Brand tenía el ceño ligeramente fruncido—. Puedo imaginar perfectamente
con lo que estaba fantaseando. No tienes que decirme.

— ¿Son todos los seres humanos capaces de hacer eso? ¿Compartir sueños?

—No que yo sepa, pero creo que ya hemos establecido que tú no eres como
los otros humanos.

— ¿Qué crees que es diferente acerca de mí? No soy nada especial. Soy casi
tan común como ellos.

—Eres cualquier cosa menos común, Lilly Rayne Nightingale, —me besó y
me olvidé por completo de lo que estábamos hablando durante los próximos
minutos. ¿O fueron horas?

El sol estaba saliendo cuando finalmente decidí que tenía que volver a mi
dormitorio. No queríamos que Tara se preocupara por mí al no estar allí cuando
se despertara.


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—No quiero dejarte ir todavía, —Brand me abrazó acercándome a él.

—Será sólo por un rato. —Dije dándole un beso en el que pudiera pensar
mientras yo no estaba—. Sólo tengo que hacer acto de presencia para que no se
preocupe. Le diré que decidí tomar su consejo y hablar las cosas contigo. Va a
estar feliz por eso. Estaré de vuelta antes de que te des cuenta.

Brand me tiró sobre mi espalda, cerniéndose sobre mí con sus manos y
rodillas.

—Vamos a hacer novillos. No quiero compartirte con nadie más, no hoy.
Sólo quiero mantenerte aquí en mi cama y besarte todo el día.

—Suena como un buen plan para mí.

Nos quedamos allí durante unos minutos más y finalmente Brand me llevó
a mi habitación.

—No tardes mucho, —suplicó.

—No lo haré. No podrás saber que te he dejado.

Me besó una vez más antes de obligarse a marcharse.

No pude evitar reír al ver la expresión en su rostro, como un cachorro
frente una ventana de la tienda de mascotas que quiere que lo lleves a casa.

Cuando se fue, me acosté en mi cama con una sonrisa de satisfacción en mi
cara.

—Ahí estas.

Me puse de pie ante el sonido de la desconocida voz masculina en mi
habitación.

Al pie de mi cama se encontraba un hombre con una capa negra
emplumada similar a la que Malcolm había usado la noche en que vino a
matarme. Este hombre parecía tener alrededor de unos cincuenta años con
sólido pelo blanco y pálidos ojos azul hielo.


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Antes de que supiera lo que estaba pasando, agarró mi brazo.

No estoy segura cuántas veces nos materializamos o cuánta gente diferente
me materializaba después de eso. Sólo era vagamente consciente de ser
entregada a múltiples desconocidos y materializada de un lugar a otro. Se
sentía como más de cien viajes cortos en cuestión de segundos.

Finalmente fui depositada dentro de una habitación que se veía como un
calabozo de piedra sin ventanas. Había un pequeño catre contra una de las
paredes, una vela encendida en un taburete en la esquina más lejana y una
habitación más pequeña a un lado que parecía ser un cuarto de baño con un
retrete y un lavabo.

El señor mayor que estaba en mi cuarto me estaba esperando allí.

—Esto debería confundir a cualquiera que trate de buscarte —dijo con una
mirada satisfecha en su rostro.

— ¿Quién es usted? ¿Qué quiere? —Exigí.

—Mi nombre es Justin, Lilly. Y serás mi invitada por un tiempo.

Antes de que pudiera preguntar algo más, desapareció.

El tiempo se quedó inmóvil para mí dentro de ese cuarto. Incluso la vela
puesta en el taburete parecía suspendida en el tiempo. Sabía que tenían que
haber pasado horas pero la vela seguía prendida alegremente con una vida
innaturalmente larga, sin derretirse nunca. Me sorprendió que no estuviese
llorando. Creo que mi temor por la situación en la que me encontraba me puso
en un modo instintivo de supervivencia que nunca me di cuenta que poseía.
Poco bien me hacía. Por lo que yo sabía, no había forma de salir de mi prisión
de piedra: sin puertas, sin ventanas, ni una sola grieta en las piedras
individuales que me rodeaban. Parecía que la única manera de entrar o salir de
la habitación era materializándose.

Además, estaba enojada. Después de la gloriosa noche que acababa de
pasar con Brand, quería desesperadamente estar en sus brazos, no atascada en
Dios sabe dónde esperando por lo que podría presumiblemente ser mi
ejecución.


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Sólo podía imaginar el infierno que Brand estaba experimentando ahora.
Probablemente estaría culpándose así mismo por no quedarse conmigo,
vigilándome. Esperaba que fuera capaz de seguir adelante después de mi
muerte, encontrar algo de felicidad de alguna manera. Imágenes de su rostro
durante la noche y el recuerdo de su cuerpo al lado del mío me propulsaban a
no abandonar la esperanza todavía. Tal vez había una vía de escape por la que
pudiera encontrar mi camino de regreso a él. Tenía que haber una forma. Sólo
tenía que encontrarla. No podía abandonar la esperanza, no cuando tenía tantas
cosas por las que vivir.

Vi a Justin materializarse al lado del taburete.

—Perdón por hacerte esperar —dijo.

— ¿Planeas matarme ahora? —Pregunté.

—Todavía no. Él quiere conocerte antes de que eso pase.

— ¿La persona que te pidió que me matara? ¿Por qué quiere conocerme?

—Creo que siente que te debe una explicación.

— ¿Sabes por qué me quiere muerta con tanta desesperación?

Justin vaciló—. No estoy completamente seguro. Simplemente dijo que una
vida era un intercambio justo por detener lo que está a punto de ocurrir. Que a
veces tienes que hacer sacrificios a fin de proteger lo que más amas.

— ¿Qué cree él que mi muerte detendrá?

Justin sacudió la cabeza—. Me temo que no puedo contestar eso. Nunca
dice más de lo que necesita. —Ladeó su cabeza hacia un lado, mirándome
abiertamente como si fuera una rareza—. Pero puedo ver por qué era Malcolm
tan estridente en su posesividad hacia ti. Tampoco creo haber sentido nunca la
presencia de alguien como tú antes. Si tu muerte no fuera requerida, te
mantendría para mí.

Esas palabras enviaron un escalofrío por mi espina dorsal. No estaba
segura de lo que sería peor, muerte o pasar el resto de mi vida con Justin.


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—Como está la cosa, no tengo elección en este asunto.

— ¿Cuándo se supone que va a estar aquí? ¿Cuánto tiempo tengo?

—No puedo decirlo con seguridad. El tiempo para él es diferente de lo que
es para nosotros. Podrían ser minutos o días. Pero estará aquí antes de que
suceda lo que tu muerte se supone que tiene que detener.

— ¿Me podrías traer algo para comer y beber? Soy humana, —le recordé—.
No soy como tú.

—Oh, mis disculpas. —Se desmaterializó entonces, pero volvió unos
minutos más tarde con un plato de comida y un vaso de agua.

Sin tener otro lugar para ponerlos, se dirigió hacia mí y me lo entregó
directamente.

—Gracias, —dije notando que mi última comida podría ser un filete,
patatas y pan.

—Ya sabes. No tengo ningún deseo de matarte, Lilly, lo que es extraño
teniendo en cuenta lo que soy. Espero que sepas cuánto lamento lo que tengo
que hacer.

— ¿No hay ninguna manera de que puedas no matarme? ¿Sólo permitirme
ir?

—Las consecuencias de una acción como esa serían mucho peores para mí
que cualquier cosa que puedas imaginar.

Podía escuchar el miedo en su voz y verlo en sus ojos. Parecía sentirse
intimidado por quien sea que le haya ordenado matarme. No habría ninguna
manera de que pudiera disuadirlo.

— ¿Podrías contestarme a una pregunta entonces?

—Si es razonable.



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—Cuándo me recogiste al principio, ¿por qué estaba pasando por
diferentes personas y materializándome dentro y fuera de diversos lugares?

—Para que tu rastro no pudiera ser rastrado.

— ¿Rastro?

—Cuando viajamos dejamos un rastro. Sólo uno de nuestra especie puede
detectarlo, pero está ahí de todas formas. No podía simplemente traerte
directamente aquí. Habría sido muy fácil de seguir. He tenido que pedir
algunos favores, pero creo que hemos dejado suficientes pistas falsas para
entretener a tus amigos. Nadie pensará buscarte aquí.

Mi corazón se hundió. Había esperado ser rescatada. ¿No es ese el modo en
que las historias terminan? ¿No se suponía que la doncella en apuros debía ser
salvada por su caballero de brillante armadura al final de la historia?

Por primera vez desde que me encontraba en mi cuarto solitario de piedra,
quise gritar. Creo que Justin vio mi angustia.

—Te dejaré para que comas tu comida.

Cuando estuve sola, puse el plato y el vaso en el suelo, llorando lágrimas
de desesperación hasta que no me quedaron más para derramar.














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Capitulo 16
Traducido SOS por Xiime~ y EvaMedina
Corregido por Judyher

uando volví a casa, me paré en el umbral de mi habitación, incapaz
de moverme. ¿La noche que acababa de experimentar realmente
había sucedido? ¿O había sido un cruel truco jugado por mi mente
tentándome a volverme loco por creer que mi más profundo deseo, mi más
preciado anhelo finalmente se había vuelto realidad? No me atreví a dar un solo
paso de vuelta a la habitación y hacer añicos un sueño tan perfecto que no
podría haber sido real. Forcé a mis piernas a moverse hacia la cama que
habíamos compartido por la mayor parte de la noche. Sabía que me iba a volver
loco si no había algún rastro de ella allí, algo para probar que no había sido una
ilusión.

Mis ojos cayeron hacia el suelo al pie de la cama. Allí en un arrugado
montón estaba la chaqueta azul que ella había usado la noche anterior. Caminé
hacia esta solitaria pieza de evidencia probando que la noche había ciertamente
sido real. No la había imaginado en mi desesperado anhelo de estar con ella. Su
aroma estaba en toda la habitación. Tomé una respiración profunda, ahogando
mis pulmones en su esencia. Con la certeza de que la noche no había sido un
sueño, mi corazón de sentía como si estuviera despojándose de mi yo terrenal y
volando fuera del plano terrestre, ascendiendo tan alto que el calmado velo del
cielo caería detrás en mi estela.

Cuando ella entró en mi estudio la noche anterior, sabía que debía estar
soñando porque la realidad de mi vida no permitiría semejante felicidad. Y
cuando me dijo que me amaba, supe que tenía que estar loco. Nadie tan
maravilloso como ella podría amar a un pecador como yo. No merecía tener el
corazón de alguien tan querido y preciado. Algo con el alma más pura que haya
encontrado alguna vez. ¿Cómo podía seguir amándome después de la manera
en que la había tratado?

Aún así, se quedó allí, declarándome su amor, tocando con sus labios los
míos, compartiendo no sólo un beso sino su corazón. Sabía que no la merecía.
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No merecía ser feliz. Pero no iba a detener el sueño. No podía. Su amor era todo
lo que quería. Ella era todo lo que necesitaba.

Gentilmente posé su chaqueta sobre el borde de la cama. Tendría que ser el
custodio de su lugar hasta que fuera capaz de regresar a mí. Sin su cercanía, mis
brazos vacíos dolían como mi corazón de la soledad.

¿Cómo había vivido tanto tiempo sin ella en mi vida? Era sólo ahora que
me sentía verdaderamente vivo y pleno. Había vivido más de lo que el tiempo
había existido y sabía qué tan preciado y raro era lo que compartíamos Lilly y
yo. Nunca en toda mi existencia había sentido lo que sentía con ella, ni lo había
esperado. Era más que una compañía o una amante. Era el guardia de mi
corazón. Me daba la esperanza de que quizás Él me hubiera perdonado en
alguna pequeña manera, porque sólo podía ser por su gracia el que yo debiera
encontrar tal gozo en mi prisión terrenal.

Quería desesperadamente materializarme frente a su apartamento para
robar un beso más de sus labios empapados en miel, sólo uno más para sacarme
del apuro hasta que ella estuviera de vuelta en mis brazos. Me disuadí de ello.
No quería que pensara que era algún maníaco que no sería capaz de darle
espacio para respirar. Pero sabía que debía hacer algo para mantenerme
ocupado hasta su regreso o me volvería loco de anhelo.

Bajé a la cocina para ver que tenía a mano para mantenerme ocupado.

Seguramente ella estaría hambrienta después de la noche que habíamos
pasado el uno con el otro. Encontré lo que necesitaba para hacerle medialunas.
Había comentado anteriormente cuánto le gustaban. Después de buscar en la
heladera, hice una ensalada en una bandeja con un bol de cristal lleno de
frutillas frescas y una copa rebosante con fresca crema batida. Me materialicé en
el jardín de rosas frente al Edificio Común y recogí una solitaria y perfecta rosa
para simbolizar el amor que compartíamos. Volví a casa y la posé sobre el plato
donde irían las medialunas. Sería la primera flor que le daría. No era tan
impresionante como el ramo que le había enviado Will, pero no importaba. Era
del lugar donde habíamos compartido nuestra primera cita no-oficial. Y sabía
que ella apreciaría el sentimiento.

Casi treinta minutos pasaron. ¿Dónde estaba? Otros treinta minutos
pasaron, las medialunas yacían en el plato con la flor, enfriándose, esperando
su regreso.


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Fue entonces cuando supe que algo iba mal. Nada la habría mantenido lejos
de mí por tanto tiempo.

Mi celular sonó. Lo recogí y miré la pantalla. Era el teléfono del
apartamento de Lilly.

— ¿Hola? — Respondí, esperando oír la dulce voz de Lilly diciéndome que
estaría conmigo pronto.

— ¿Brand? — Era Tara. — Hey, odio molestarte, pero Lilly no estará
contigo, ¿verdad?

Mi corazón dejó de latir.

Sentí la sangre drenándose de mi cara.

— ¿No está allí contigo? — Pregunté, sintiendo las costuras de mi mundo
siendo lentamente desgarradas.

— No, esperaba que estuviera contigo. — Podía oír la preocupación en la
voz de Tara. — ¿Te sabes el número de Malcolm? Quizás él vino y la recogió
esta mañana temprano, o algo.

— Puedo llamarlo por ti. — Necesitaba deshacerme del teléfono rápido. El
tiempo era importante.

— Claro, apreciaría eso. Llámame tan pronto como sepas algo. Creo que
llamaré a Will y veré si ella está con él.

Tan pronto como la llamada terminó, me materialicé en la habitación de
Lilly y encontré lo que esperaba no encontrar. Alguien más había estado aquí.
El rastro que quedaba por su materialización era fácil de ver para mí. Lo seguí
sólo para encontrar tres rastros diferentes. Escogí uno y se encontraba con cinco
rastros diferentes para seguir. Cada rastro llevaba a otra serie de múltiples
rastros. Alguien estaba haciendo imposible seguirlos hacia adonde la habían
llevado.

Iba a necesitar ayuda. Me materialicé en la nueva casa de Malcolm.
La primera vez que supe que había comprado la casa al lado de la mía, casi fui y


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la quemé hasta los cimientos. Él alardeaba con lo que más odiaba yo de mi
mismo. El deseo por sangre humana era un ansia con la que luchaba cada día,
cada minuto. Sólo cuando estaba con Lilly la necesidad se sentía entumecida,
casi como si fuera una persona normal.

— ¡Malcolm!

Rápidamente apareció frente a mí.

— Bueno, bueno, bueno, ¿qué te trae aquí, Brand? ¿Lilly ya ha recobrado el
sentido?

— Lilly está desaparecida, — Le informé borrando la sonrisa engreída de su
cara. — Alguien se la llevó.

— ¿Quién se la llevó? — Me sorprendí de ver genuina preocupación de
parte del mestizo.

— Había un rastro en su habitación. Intenté seguirlo pero quien quiera que
se la haya llevado tuvo ayuda. Hay demasiados rastros falsos para saber cuál es
el correcto.

— ¿Has intentado con Will? No habría sido la primera vez que juega la
carta del traidor.

Saqué en el celular de mi bolsillo y llamé a Tara.

— ¿Lilly? — El desesperado anhelo de Tara de escuchar la voz de Lilly
reflejaba el mío.

— No, es Brand. ¿Ya has hablado con Will?

— Sí, y él tampoco la ha visto. Dijo que vendría aquí.

— Malcolm no la ha visto. Estaremos allí en unos minutos, también.

Tara me agradeció y rápidamente colgó el teléfono. Sólo podía suponer que
ella estaba esperando más allá de la esperanza que Lilly la llamaría para decirle
que estaba bien. Sabía que esa llamada telefónica no llegaría pronto. Puede que
no llegara nunca.


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— Will está yendo al apartamento de Lilly. Probablemente debamos
encontrarnos con él allí. Quizás los tres podamos probar tantos rastros como
podamos. Uno de ellos debe ser el correcto. ¿Tienes un auto?

Debería haber sabido que Malcolm compraría el auto más extravagante que
pudiera encontrar, uno para atraer tanta atención a sí mismo como pudiera.

¿Qué mejor manera para atraer un inocente a su muerte que tentándolos
con posesiones llamativas?

Al menos era rápido. Llegamos al apartamento de Lilly al mismo tiempo
que Will.

— ¿Saben lo que está sucediendo? — Nos preguntó Will mientras
caminábamos para encontrarnos con él en su auto. No quería que Tara supiera
que ya estábamos aquí. Necesitábamos trabajar rápido.

Le expliqué a Will lo que había encontrado y lo que necesitábamos hacer.
Nos materializamos todos en la habitación de Lilly y comenzamos a seguir
tantos rastros como pudimos, pero los rastros estaban demasiado bien
organizados.

Seguían volviendo en sí mismos, llevando a otros rastros que hacían lo
mismo.

Ninguno nos dirigía hacia Lilly. La inutilidad de nuestra búsqueda se hizo
aparente luego de unos pocos minutos. Eventualmente, tuvimos que rendirnos.

Era inútil.

Nos encontramos de vuelta frente al apartamento, todos abatidos ante
nuestra inhabilidad de localizar a Lilly. Golpeé la puerta del apartamento.

Tara la abrió. — ¿Dónde estaban? — Preguntó dejando la puerta bien
abierta y volviendo a la cocina. Levantó el auricular del teléfono.

— Sí, me di cuenta de que han sido solo unas pocas horas, pero ella no es
así, oficial. Tengo una sensación en mis entrañas de que algo está mal. — Hubo
una pausa. — ¿Por qué tengo que esperar 24 horas? ¡Sé que está desaparecida


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ahora! — Se detuvo otra vez escuchando al oficial de policía al otro lado de la
línea telefónica. — Dame el número de tu placa, — dijo agitada, recogiendo una
lapicera de un tarro de ellas al lado del teléfono y escribiendo el nombre del
oficial y el número de su placa en un libro telefónico del aparador. — Será
mejor que no le pase nada. Si falta un pelo de su cabeza cuando la encuentre,
conseguiré que te despidan tan rápido que no sabrás en que planeta estás. —
Estrelló el teléfono hacia abajo y nos miró. — ¿Pueden creer que me harán
esperar 24 horas enteras antes de hacer algo? Para qué diablos les pagamos el
salario si sólo van a sentarse sobre sus traseros así. ¡En 24 horas quién sabe
dónde pueda estar!

Me preocupaba que Tara pudiera hiperventilar. Fui hacia ella y la convencí
de sentarse en una silla ante la mesa de la cocina. Entendía la preocupación de
Tara. Si me permitía detenerme y pensar sobre lo que estaba pasando, sabía que
estaría justo como ella. No podía dejar que eso sucediera. Si iba a ser de utilidad
a Lilly, necesitaba mantener mis emociones bajo control, enterrarlas por un
momento y pensar en qué necesitaba hacerse a continuación.

— ¿Has escuchado algo esta mañana, Tara? ¿Cualquier cosa fuera de lo
ordinario? — Pregunté.

— Bueno, sí escuché su risa una vez. Fui hacia su habitación a ver qué era
tan gracioso y se había ido, como si simplemente hubiera desaparecido en el
aire.

La risa fue la última cosa que yo había escuchado de Lilly antes de dejarla
esa mañana. Lo que sea que se la llevó debió de haberla tomado casi
inmediatamente después de que me hubiera ido yo.

¿Por qué no había vuelto y le había robado ese último beso? Si hubiera…

No, no podía pensar así o seguro que me volvería loco. Debíamos pensar en
una manera para encontrarla.

— Bueno, no puedo sólo sentarme aquí y no hacer nada. — Tara recogió las
llaves de su auto y su cartera yendo hacia la puerta. — Busquen en todos lados
donde puedan. Voy a ir al campus y veré si puedo descubrir cualquier cosa.
Quizás alguien la ha visto allí.



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Ella estaba fuera antes de que cualquiera de nosotros pudiera disuadirla.
Estaba bien así. Necesitaba algo para mantenerse ocupada mientras nosotros
pensábamos en nuestro próximo paso.

Una vez que Tara se fue, le conté a Malcolm y a Will que Lilly había pasado
la noche conmigo y que la había traído a casa solo unos momentos antes de su
aparente secuestro.

— Quien se la haya llevado, la tomó justo después de que me fui. — Las
palabras eran difíciles de decir. Arrepentimiento era una palabra demasiado
superficial para describir el dolor que sentía. Debería haberme quedado con
ella. Debería haber estado aquí para protegerla.

— Bueno, sabemos que tuvo que haber sido alguien de nuestra clase, —
dijo Will.

Había visto la manera en que se veía Will cuando les conté que Lilly había
pasado la noche conmigo. Él supo en ese instante que ella me había elegido por
sobre él. En efecto, sentí pena por él en su momento de comprensión. Si hubiera
sido él al que ella elegía en vez de a mí, sé que me habría sentido hecho añicos
por dentro por la pérdida.

— Intentemos contactar a tantos de nosotros como podamos, — les dije. —
Alguien tiene que saber algo. No hay manera de que una persona pudiera haber
hecho todos esos rastros falsos.

Me tomó el resto del día rastrear tantos de mis compañeros Vigilantes como
pude. No hablábamos entre nosotros regularmente, pero sí manteníamos un
rastro del paradero de los demás. Ninguno sabía dónde estaba ella. Habría
sabido si estaban mintiendo.

Cuando le dije a Lilly ese primer almuerzo que tuvimos juntos que tenía un
detector de mentiras en mi cabeza, era verdad. Podía decir cuando cualquier
criatura, humana o no, no estaba siendo honesta conmigo. Deseaba que
Malcolm y Will tuvieran la misma habilidad, pero sabía que la habían perdido
hace mucho tiempo. Malcolm tuvo que haberla perdido en el momento en que
bebió la sangre de su primera víctima. Will la perdió como consecuencia de
seguir a Lucifer, el gran impostor. Nadie de su tipo hablaría conmigo. Me veían
como un enemigo, alguien que aún tenía la esperanza de volver al favor de
Dios.


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Cuando me quedé sin lugares para ir, volví al apartamento. Me materialicé
justo frente a la puerta. Cuando alcé mi mano para golpear la puerta, oí un
gemido tan alto y lleno de tal tormento que pensé que alguien se estaba
muriendo dentro. Abrí la puerta olvidándome de la formalidad de golpear. En
el suelo estaba Tara. Yacía sobre su costado con sus brazos bajo sus rodillas y
sus rodillas sobre su cabeza. Se mecía hacia atrás y hacia delante, gimiendo el
llanto más rompe corazones y quebrantador de almas que alguna vez hubiera
escuchado.

Fui hacia ella y me arrodille a su lado.

— Tara, ¿qué está mal? — Mi sangre se enfrió. — ¿Pasó algo? ¿Encontraste
a Lilly?

— No, — se lamentó, meciéndose como si intentara encontrar algún confort
en el movimiento. — No puedo encontrarla. No puedo encontrarla… — siguió
repitiéndose a sí misma.

Intenté hacerla pararse pero cada vez que lo hacía, me pegaba con sus
brazos o sus piernas.

— ¡Déjame sola! ¡Aléjate! ¡Aléjate!

Me sentí inútil. Mientras estaba de pie sobre Tara, me vi a mí mismo en su
tormento. Si dejaba que mis sentimientos se volvieran desenfrenados,
seguramente estaría en el suelo con Tara gritando por mi pérdida. Pero no
podía abandonar la esperanza. No aún.

Hubo un golpe en la puerta. Respondí para ver que Malcolm y Will habían
regresado.

— ¿Nada? — les pregunté, pero ya sabía la respuesta por las miradas
atormentadas en sus caras.

De todas formas, ellos sacudieron sus cabezas.

Cuando Will vio a Tara, fue hasta ella y se arrodilló a su lado, susurrando
en su oído. No estoy seguro de qué le dijo, pero pareció abrirse camino entre su
aflicción. Ella levantó la mirada hacia él y agarró sus manos con las suyas,


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todavía llorando, pero ahora quedamente. Él la levantó del suelo con sus brazos
y la cargó hasta su habitación.

— ¿Qué es lo que sabemos ahora? — dijo Malcolm después de que se
fueran. — Todos los míos dicen que no saben nada. Ni siquiera Justin.

— No lo sé — repliqué, sintiendo mi desesperación trepar más cerca de la
superficie, amenazando con atravesar mi frágil máscara de control.

— Bueno, no puedo sencillamente quedarme por aquí y no hacer nada —
dijo Malcolm.

Yo lo miré, sorprendido por su sinceridad por el bienestar de Lilly. Había
conocido a Malcolm desde hace mucho tiempo y nunca había visto ese lado de
él antes, preocupado por alguien más en vez de preocuparse por sus propias
necesidades.

— ¿Por qué te preocupas tanto por ella? — le pregunté, curioso por sus
motivos para con el amor de mi vida.

— Tú sabes por qué — respondió él. — Ella no es como nadie que ninguno
de nosotros hayamos conocido nunca. Me hace sentir como una persona real,
no el monstruo en el que me convertí viviendo en este mundo dejado de la
mano de Dios. No quiero perder ese sentimiento. No puedo.

— No estás enamorado de ella, ¿verdad?

— ¿Importaría eso? Ella te ha elegido a ti. Pero, — una sonrisa astuta cruzó
por su cara. — Mejor que sepas ahora mismo que si tú metes la pata, yo estaré
ahí para ella si me quiere. No tengo reparos en ser su segunda opción.

— No conseguirás tener esa oportunidad — le aseguré. — No la dejaré ir
otra vez.

— Bueno, estaré mirando. Si veo una oportunidad, la aprovecharé.
Sencillamente tuviste suerte de que yo no estuviese por aquí cuando ustedes se
conocieron. Debe ser su amor por ti lo que la hace inmune a mis encantos. Sólo
cuida tu espalda, Brand.



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Creo que es la primera vez en mucho tiempo que Malcolm y yo nos
entendemos el uno al otro.

— Tengo que irme — dijo él. — No puedo quedarme por aquí jugueteando
con mis pulgares cuando ella está ahí fuera en algún lugar. Voy a ir a buscarla
por mi cuenta. Tal vez tenga suerte. — Y se fue.

Estuve solo de pie en la sala de estar. Todavía podía escuchar los torturados
lloros de Tara y el consuelo murmurado de Will de que todo iba a salir bien.

Tuve que irme.

Fui a la casa de Abby. Para ese momento ya era de noche, pero de todas
formas necesitaba verla. Ella nunca quiso que venga así de tarde porque sabía
cómo me afectaba verla después de que la luna subiera. La canción que Abby
había escrito para sí misma se reproducía a través de su casa. Ella dijo que tenía
un efecto calmante en su alter ego. Bajé por las escaleras de la cocina hacia el
sótano. La pared que usualmente ocultaba la celda de Abby estaba abierta y
Rose Marie estaba sentada en frente, leyendo Cumbres Borrascosas.

Rose Marie levantó la vista hacia mí cuando me acerqué.

— Sr. Cole — dijo, cerrando el libro y poniéndolo en su regazo. — ¿Algo va
mal?

Miré a mi hija en su prisión. Mi Abby.

— Lilly está desaparecida. No puedo encontrarla — miré a Abby,
transformada en el monstruo con la que la había maldecido a vivir. — Sólo
necesitaba ver a Abby.

Rose Marie levantó de su silla y puso el libro en su asiento.

— Los dejaré solos.

Le di las gracias y fui hacia los barrotes hechos para que mi hija no dañara a
nadie, incluida ella misma. Ella caminó hacia mí con sus piernas torpemente
torcidas mirándome con pena. Si alguien entendía cuánto amaba a Lilly, era
Abby. Ella conocía la soledad de mi existencia y estaba eufóricamente feliz
cuando le dije que había encontrado a alguien con quien quería compartir mi


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vida. Cuando corté mi relación con Lilly, pensando que estaba haciendo algo
noble y protegiéndola de lo que soy, Abby fue la que me llamó cobarde. Me dijo
que pelease por mi oportunidad de felicidad.

— Ésta es la única vez desde siempre que te has sentido de esta forma por
alguien, incluso mi madre. — Había dicho. — ¿Cómo puedes no luchar por
ella?

Sus palabras me habían hecho sentir incluso peor de lo que ya me sentía. Y
cuando le pedí a Izzi que fingiera que éramos pareja pensando que eso haría
más fácil a Lilly odiarme, pensé que Abby me repudiaría al segundo. Nunca la
había visto tan histérica.

Ahora, mientras miro a mi hija, la culpa por haberla maldecido amenazaba
con consumirme. Había pasado mucho tiempo desde que la vi en su estado
transformado. Las leyendas de hombres-lobo habían venido de los hijos de los
Vigilantes. Si los humanos supieran la verdad del mundo en el que viven,
probablemente correrían y se esconderían en cuevas, demasiado asustados para
salir otra vez.

— La he perdido, Abby.

Abby gimoteó clavando su nariz por entre los barrotes. Pasé una mano por
su hocico e intenté encontrar consuelo en su proximidad.

— No sé qué hacer.

Deseé que Abby pudiese hablarme. Su consejo se había convertido en muy
importante para mí con los años. Siempre tenía una respuesta sabia y
misericordiosa para las situaciones de la vida, la suya y la mía. Cómo deseaba
que ella pudiera hablarme ahora. Necesitaba su consuelo y su consejo.

— Voy a ir fuera y buscarla. — Le dije. — No estoy seguro de cuánto
tiempo estaré fuera, supongo que hasta que la encuentre o pierda toda
esperanza, lo que venga primero.

Ella dejó escapar un aullido lastimero, pero supe que lo entendería cuando
se volviese a transformar en su forma humana.



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Me materialicé y seguí materializándome de un lugar al siguiente. De vez
en cuando llamaba a Will para ver si a ellos habían oído algo, pero nunca hubo
nuevas noticias. Acabé yendo por todo el mundo, a todos los lugares remotos y
tierras distantes que posiblemente pude pensar, pero no encontré nada. Era
como si Lilly se hubiera ido de repente del planeta. Pasé días buscando,
rehusándome a perder la esperanza de que en el siguiente lugar en el que me
materializase me llevaría más cerca de ella. Para cuando se acabó el sexto día,
volví a casa, con la esperanza mermada, con la vida mermada.

Me quedé en el comedor, incapaz de moverme, constantemente teniendo
que recordarme a mí mismo de respirar. Sabía que si me movía el mundo como
lo conocía podría destrozarse a mí alrededor, dejándome atrás en un vacío de
desesperación tan profundo que no habría escapatoria. Así que me quedé ahí,
implorando a Dios para que terminase con mi tormento. Quizá Él no me había
perdonado después de todo. Quizá perder a Lilly era mi verdadero castigo.

Mis ojos vagaban por la bandeja que había preparado para ella la mañana
después de su declaración de amor hacia mí. La única rosa roja todavía estaba
tendida atravesando el plato, esperando a que ella la reclame como lo había
hecho con mi corazón, mi alma, mi entera voluntad de existir. Finalmente hice
que mis piernas se movieran y levanté la rosa, un espejo de mi propio estado.

Ésta había perdido todo su anterior color y su fragancia ahora. Los pétalos
estaban secos, frágiles al tacto. Sujeté la flor en la palma de mi mano. Sólo tuve
que cerrar mis dedos alrededor de su delicada estructura para destruirla y, con
ella, el símbolo de mi nuevo principio con Lilly.

Sentí que los últimos vestigios de esperanza de deslizaban de mis dedos.
Como un hombre ahogado en el mar de desesperanza perdiendo su agarre de
una de las personas que podían salvarlo. Luché por sujetarme a ella, pero las
olas de desesperación estrellándose sobre mi cuerpo me tiraban más abajo, más
lejos de ella, más lejos de mi última oportunidad de felicidad hasta que no
pudiera sentirla otra vez. No podía sentir nada. Mis dedos se cerraron
alrededor de la rosa en mi mano, ya sin ser capaz de fingir que ella estaba
volviendo a mí. Caí en mis rodillas, finalmente liberando la aflicción que me
había estado guardando.

Nunca volvería a sentir su calor contra mi cuerpo ni sus labios tocar los
míos.



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Nunca volvería a tener la oportunidad de oír su risa ni de verla sonreírme,
permitiéndome disfrutar en la calidez de su dulce amor. Dejé que las lágrimas
se derramasen libremente. ¿Cuál era el punto de seguir manteniéndolas dentro?

Ella se había ido. Ido...

— ¡Brand!

Mi cabeza se levantó de golpe por el sonido de su voz. ¿Estaba perdiendo
los últimos trozos de mi cordura? ¿Me importaba?

— ¡Brand! — su grito era más fuerte, más urgente.

Me levanté y caminé hasta el pie de la escalera porque estaba seguro de que
el fantasma de su voz estaba viniendo del segundo piso.

— ¡Brand! — gritó ella, desesperadamente queriendo que vaya a
encontrarla, salvarla. ¿Éste era el infierno que tendría que soportar ahora? ¿Oír
sus gritos asustados una y otra vez en mi mente?

Ella siguió gritando mi nombre. Fui subiendo las escaleras lentamente.
Incluso si me estaba volviendo loco, quizá esto es todo lo que podría tener de
ella otra vez. Eso era mejor que no tenerla en absoluto. Si la locura significaba
que sería capaz de al menos oír su voz, no quería estar cuerdo.

Cuando llegué a mi habitación, tenía miedo de abrirla. ¿Terminaría eso mi
placentero tormento? ¿Dejaría de oírla llamar mi nombre?

Abrí la puerta.

Mi corazón empezó a latir otra vez.








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Capitulo 17
Traducido por Laura Soto
Corregido por Karlix

asaba el tiempo, pero yo no tenía forma de medirlo. De vez en
cuando, Justin venía a traerme algo de comer. No se quedaba mucho
tiempo. Por la forma en que me miraba, me dio la impresión de que se
sentía un poco mal por lo que me estaba haciendo pasar. Lo sentía por la
prolongación de mi tortura.

En uno de mis tiempos de comida, alguien apareció inesperadamente en mi
prisión.

―Hola ―dijo él con un plato de comida en sus manos. Era un hombre alto
con una contextura muscular y cabello castaño ondulado.

De inmediato no me gustó. Había algo en la forma en que me miró con sus
ojos de color verde oscuro que me recordó a uno de esos tipos sórdidos que se
ven en las películas. El que siempre piensa que es un regalo de Dios para las
mujeres. Era, por supuesto, agradable a la vista en el exterior, como la mayor
parte de los ángeles caídos que había conocido, pero su fealdad interior no
podía ser ocultada por su aspecto atractivo. Instintivamente, me aparte de él.

― ¿Te asusté? ―Preguntó intentando sonar interesado, a pesar de que me di
cuenta de que secretamente esperaba haberme asustado con su repentina
aparición.

― ¿Dónde está Justin?

―Él está ocupado en este momento. Al parecer, Malcolm le ha preguntado
sobre tu paradero. No quería correr el riesgo de que Malcolm le siguiera aquí.

Una oleada de esperanza llenó mi corazón ante la mención del nombre de
Malcolm.

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― ¿Quién eres tú? ―Le pregunté, mirando al extraño poner mi plato en el
catre y un vaso de agua en el taburete.

―Soy Robert.

No me gustaba la forma en que Robert me estaba mirando, como si me
estuviera imaginando sin la ropa puesta. Me sentía sucia en el interior de
repente.

―Disfruta de tu comida. ―La forma en que me sonrió me hizo perder el
apetito. Él desapareció.

Justin no volvió a mi prisión. Al parecer, Robert había sido puesto a cargo
de traerme mis comidas durante el resto de mi estancia. Por lo general sólo me
entregaba mi plato y el vaso de agua y salía sin tratar de hacer un montón de
charla. Yo estaba agradecida por eso, sólo estar cerca de él hacía que mi piel se
pusiera de gallina. No sé cuánto tiempo había estado atrapada en mi celda de
piedra, pero sabía que Robert había ido a verme al menos quince veces. Cada
vez que aparecía, esperaba que fuera Brand, pero se hizo evidente que el sueño
no se haría realidad. Decir que extrañaba a Brand no describía adecuadamente
mis verdaderos sentimientos. Cada célula de mi cuerpo clamaba por su toque.
Si tan sólo pudiera verlo una vez más tal vez podría encontrar la muerte sin
tanta pena. Tenía remordimientos por no luchar para estar con él cuando me
empujó lejos al pensar que me estaba protegiendo.

―Hola, Lilly.

Sobresaltada de mi ensoñación, vi a Robert de pie sobre mí. No sólo me
sobresalté con su presencia, sino con su distribución. Sólo había estado aquí
hace un rato para darme mi última comida.

― ¿Qué estás haciendo aquí?

Sus ojos encapuchados bajaron aún más y él sonrió como un hombre no
consciente. ―Pensé que te podrías sentir sola.

―Estoy bien por mí misma ―le dije, poniéndome nerviosa acerca de sus
motivos.



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―Vamos, vamos, Lilly. Los dos sabemos que te encuentro atractiva.
―Caminó cerca de mí.

Salté de mi cama y me paré en la esquina más cercana de mi habitación, de
espaldas a la pared. ¿En serio me está pasando esto a mí?

― ¿Vas a jugar a la difícil de conseguir?

―No difícil ―le dije, tratando de pensar en alguna manera de escapar,
sabiendo que no había ninguna. ―Imposible.

―Bueno, me gusta un desafío en algunas cosas, pero nunca he tenido que
forzar mis intenciones en un ser humano antes. ¿Cómo eres inmune a mis
encantos naturales?

―A Justin probablemente no le gustará lo que estás a punto de hacer ―le
dije aferrándome a la última gota que tenía.

―Justin está ocupado en este momento. No lo sabrá hasta que sea
demasiado tarde. Además ―dijo él encogiéndose de hombros mientras
lentamente se acercaba hacia mí, casi como si estuviera alimentando su ego con
mi miedo―. No va a tomar mucho tiempo. A menos que tú quieras, por
supuesto. ―Me sentí aturdida y con náuseas al pensar que Robert sería el que se
llevaría mi virginidad. Me sentía atrapada, ahogándome en el conocimiento de
la suerte que me esperaba en sus manos.

Cuando por fin se paró frente a mí, en mi esquina, él se acercó y me agarró
la cara con fuerza.

― ¿Qué hay en ti que me hace sentir de esta manera? ―Susurró, más para sí
mismo que realmente esperando obtener una respuesta. ―Si no peleas conmigo,
puedo hacer de esto una experiencia agradable para ti. ―Su mano viajó de mi
cara a mi cuello. ―Te puedo asegurar que nunca he tenido ninguna queja antes.

―La única manera que conseguirás algo de mí es por la fuerza. Prefiero
morir antes que entregarme voluntariamente a una criatura sin alma como tú.

Mis palabras no parecían tener un gran efecto sobre él. Él simplemente
sonrió y me agarró de los brazos. Antes de darme cuenta, estaba encima de mí
en la cama besando mi cuello con tanta presión que pensé que mi cuello podía


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romperse. Intenté luchar, pero él era demasiado fuerte. Empecé a gritar lo más
fuerte que pude, esperanzada de que lo molestaría y lo haría fallar en sus
planes, pero él no se detuvo. En todo caso, sólo lo hizo más decidido. Cerré los
ojos rezando para que todo terminara pronto.

Entonces, su peso se levantó de pronto de encima. Abrí los ojos a tiempo
para verlo volar por la habitación, golpeando la pared del fondo y caer al suelo
en un montón arrugado.

Justin se puso sobre mí.

― ¿Estás bien, niña?

Lo único que pude hacer fue asentir en silencio. Justin se acercó a Robert y
lo levantó por el cuello como si no pesara nada.

―Te doy una tarea sencilla y ¿es así como te comportas? ―Siseó.

―Ella es un ser humano ―dijo Robert, escupiendo la última palabra como si
fuera una maldición.

―Un ser humano bajo mi protección. ¡Fuera de mi vista, Robert! No quiero
volver a verte por un largo tiempo. ―Justin lo dejó ir.

Antes de irse, Robert me miró con un odio que nunca he visto en la cara de
nadie antes. Una vez que Robert se había ido, Justin se volvió hacia mí.

―Lo siento por los malos modales de mi hermano. Nunca ha sido una
persona que se abandona a sus necesidades más bajas, aun cuando la ocasión es
inapropiada. ―Llegó a estar de pie junto a mi catre de nuevo. ―Me temo que
nuestro tiempo juntos está llegando a su fin, Lilly. Él estará aquí pronto.

Había llegado el momento. Era hora de que muriera. Yo sabía que el día iba
a venir, pero enfrentarme realmente a mis últimos minutos de vida era algo
para lo que no estaba preparada. Quería correr, pero no tenía a dónde huir.

―Te daré tiempo para que te prepares. Cuando se vaya, voy a volver y
terminaré el tormento que has sido forzada a vivir.



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Cuando Justin desapareció, me derrumbé. No podía pensar. Apenas podía
respirar. Hacerle frente a la muerte era algo que pensé que no tendría que hacer
hasta que fuera mucho más vieja. Al darme cuenta de que mi vida iba a
terminar en esta sala fría de piedra me dieron ganas de pedir un poco más de
vida. ¿Por qué, después de que por fin había encontrado un amor que podía
nutrir mi corazón y mi alma, mi vida tenía que terminar tan pronto? ¿Qué clase
de justicia es esa?

Me hice una bola en la cama e intente volver a vivir mi noche con Brand en
mi memoria por última vez.

Perderme en esa noche una y otra vez había sido lo único que me mantenía
lejos de estar completamente loca en mi confinamiento. Por lo menos había
tenido una noche perfecta con él. Era todo lo que alguna vez podría conseguir.
Toda la felicidad que yo nunca sería capaz de experimentar en sus brazos.

Y entonces lo sentí en la boca del estómago.

Él estaba viniendo.

La persona que me quería muerta estaba cerca. Podía sentir su aura cada
vez más cerca de mí. Pensé que mi piel y los músculos se derretían de mis
huesos sólo por el calor de su presencia cerca. Se despertó algo dentro de mí.
No estoy segura de si me estaba imaginando cosas o perdiendo el control de mi
mente, pero casi podía oír lo que él estaba pensando. Se repetía a sí mismo que
mi sacrificio era necesario. Él sabía que yo era inocente en lo que iba a suceder,
pero que mi sacrificio preservaría lo que más amaba. Sintió remordimiento y la
justicia sobre mi muerte, todo al mismo tiempo. El poder de sus pensamientos
me asustó. Yo no quería morir. Quería estar con Brand.

Dije el nombre de Brand una y otra vez en mi mente, concentrándome en
su rostro, en el amor que compartimos uno por el otro. Me negué a pensar en
otra cosa. Y entonces sucedió. Me transporté al lugar en el que quería estar.

Supe que ya no estaba en la habitación de piedra casi al instante. Me senté
en posición vertical. Estaba acostada en la cama de Brand, sola.

―Brand.



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No estoy segura de cuántas grité su nombre, con miedo de moverme, pero
no pasó mucho tiempo antes de que oyera pasos que subían las escaleras y el
pasillo. Después de lo que pareció una eternidad, finalmente él abrió la puerta
del dormitorio. Se quedó inmóvil, mirando sin pestañear como si yo pudiera ser
un fantasma de su imaginación y desaparecer si se movía. Me di cuenta de que
había estado llorando, y sus ojos se veían ensombrecidos con un dolor que
nunca había visto en nadie más, excepto por mí.

Me dejé caer de la cama y en sus brazos antes de poder tomar otro aliento.
Me abrazó tan fuerte que pensé que mis costillas podrían rajarse en cualquier
momento, pero no me importaba. No me importa nada excepto estar en sus
brazos. Empecé a llorar sin control.

―Shh, Lilly, estás a salvo. Estás en casa. ―Repitió las palabras para mí una y
otra vez a través de sus propias lágrimas, tratando de tranquilizarme diciendo
que todo estaba bien. Me aferré a él con fuerza, tratando de convencerme de
que no estaba alucinando. Que no estaba soñando otra vez.

Él tocó sus labios con los míos en un beso lleno de una desesperada
necesidad de demostrar que no era una ilusión y que nos hiciera olvidar todo el
dolor de nuestra separación forzada. Envolví mis brazos alrededor de su cuello
y respondí con una urgencia que nunca había sentido antes. Lo necesitaba. Lo
quería y sabía que él me quería demasiado. Nos quedamos en la cama sin
perder nunca el contacto entre nuestros cuerpos. Cuanto más lo tocaba más
viva me sentía. No quería parar. Quería sentir su piel contra la mía para lavar
los recuerdos de la pérdida y el dolor que había sufrido en los últimos días.

Le saqué la camisa de los pantalones y empecé a desabrocharla.
Frustrándome con los botones, un gemido lastimero escapó de entre mis labios.
Sentí las manos de Brand dejar mi cintura. Antes de darme cuenta, rasgó la
camisa él mismo, envío volando los botones por todo el dormitorio. Saqué mi
camiseta por encima de mi cabeza en un movimiento rápido y la tiré al suelo al
otro lado de la cama.

La sensación de la piel desnuda de Brand contra la mía era adictiva. Yo
quería más. Necesitaba sentir todo de él. Puse mis manos en la cintura de sus
pantalones intentando en mi prisa desabrocharlos.

Sentí sus manos sobre la mías antes de poder comenzar.



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―Lilly ―dijo con voz jadeante, ronca―. Lilly, no. No de esta manera.

―Entrelazó sus dedos con los míos, poniéndolos por encima de mi cabeza
entrelazados.

―Te quiero ―le supliqué, besando la línea de su mandíbula hasta su oreja.
―Hazme el amor. Haz que me sienta viva ―le susurré.

Brand encontró mis labios otra vez, apretando mis manos con más fuerza.
Podía sentir su corazón acelerado golpear contra mi pecho. Sus dedos
lentamente soltaron los míos. Los sentí en mi cara suavemente cuando me
empujó de nuevo para romper el contacto de nuestros labios.

Cuando miré a sus ojos de color gris plata, pude ver su deseo de seguir
adelante con mis exigencias, pero sacudió la cabeza suavemente de lado a lado.

―No debería ser así Lilly ―dijo mirándome con más amor de lo que podía
haber imaginado que alguna vez alguien sentiría por mí en un millón de vidas.

―No quiero que tu primera vez que se apresure como esto. ¿Te acuerdas
del sueño que tuve?

Asentí con la cabeza lentamente.

―Entonces sabes lo hermoso que será. Por favor, déjame hacerlo así para ti.
Déjame hacer algo que ambos recordaremos para el resto de nuestras vidas.

Me acosté encima de él, abrazándolo cerca de mí, encontrando satisfacción
en su proximidad. Me abrazó tan fuerte. Después de unos minutos, nuestros
corazones dejaron de correr.

― ¿Puedes contarme lo que pasó? ―Me preguntó suavemente, lentamente
pasando su mano arriba y abajo de mi espalda.

―Justin vino a mi habitación justo después de que me dejaste ―comencé―.
Él me puso en una especie de prisión. No tengo ni idea de dónde estaba. La
habitación no tenía ventanas o puertas para que no pudiera ver nada.

― ¿Ahí es donde has estado todo este tiempo?



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―Sí. ¿Cuánto tiempo he estado fuera?

Hizo una pausa antes de responder, como si fuera difícil para él decirlo.
―Seis días.

Levanté mi cara fuera de su pecho y lo miré a los ojos. ―Estaba esperando
para matarme.

― ¿Qué estaba esperando? ―Apretó los ojos.

―La persona que ordenó que lo hiciera quería verme a mí primero. Dijo que
quería explicar por qué tenía que morir personalmente.

― ¿Lo viste?

―No ―dije tímidamente―. Yo no lo vi, pero lo sentí venir.

― ¿Qué quieres decir?

―Fue como si pudiera sentir el aire que rodeándolo cada vez acercándose
más a mí. Y podía oír lo que él estaba pensando y sentir las emociones que
estaba teniendo. Yo sabía que estaba a punto de morir. ―No pude evitar las
lágrimas que se derramaron libremente ante la memoria de la desesperación
que sentí en ese momento. ―No quería morir. No podía morir sin verte una vez
más. No dejé de repetir tu nombre en mi cabeza una y otra vez, imaginando que
estaba aquí contigo. Y después estaba aquí.

Brand se quedó callado por un momento, obviamente, comprendiendo las
implicaciones de lo que acababa de decir.

― ¿Te transportaste aquí?

Lo único que pude hacer fue asentir. ¿Cómo iba a explicar algo que ni yo
entendía?

Me abrazó con más fuerza. ―Ahora estás a salvo. Juntos vamos a averiguar
qué ha pasado.



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―Pero, ¿Qué significa? ―Miré de nuevo a sus ojos para ver lo que estaba
pensando. Todo lo que podía ver era confusión. Él no tenía ni idea de cómo
podía tener el poder de cualquier transportación.

―No nos preocupemos de eso ahora, Lilly. Estás en casa. Eso es todo lo que
importa.

Después de unos minutos yaciendo juntos, tranquilizándonos a nosotros
mismos de que no estábamos imaginando nuestra reunión, Brand dijo:
―Tenemos que decirle a todos que estás bien.

Nos pusimos las camisas de nuevo y seguí escaleras abajo a Brand. Se sentó
en uno de los taburetes de la barra de la cocina tirando de mí en medio de sus
piernas, poco dispuesto a dejarme estar lejos de él. Sacó el móvil del bolsillo de
su pantalón para encontrar el número que quería rápidamente.

―Will, Lilly está en mi casa. Trae a Tara.

Luego llamó a un segundo número rápidamente. ―Malcolm, está de vuelta.

Antes de darme cuenta, estaba siendo arrastrada en dos fuertes brazos.
Malcolm me abrazó con fuerza contra su pecho, como un niño hace con un
muñeco.

― ¿Dónde has estado, querida? ― preguntó. Pude escuchar la angustia que
había pasado en los últimos días claramente en su voz. Me besó castamente en
los labios y me dejó de nuevo en el suelo gentilmente como si pudiera
romperme.

Brand estaba allí a mi lado colocando un brazo posesivo alrededor de mis
hombros, pero se contuvo de mirar demasiado a Malcolm. Supongo que él
estaba dejando pasar la euforia de Malcolm dadas las circunstancias.

Le conté a Malcolm lo que le había contado a Brand sobre mis experiencias
desde que fui secuestrada.

―Justin va a pagar por esto ―dijo Malcolm con tal venganza que me tomó
por sorpresa.



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Vimos faros de coches brillar a través de las ventanas. Antes de darme
cuenta, Tara y Will estaban corriendo por la puerta principal de Brand y me
envolvían en sus brazos. Ninguno de los dos dijo nada. Se sentía casi como en
los viejos tiempos. Los tres mosqueteros estaban de nuevo juntos.

― ¿Dónde has estado, chica? ―Sollozó Tara abrazándome con más fuerza,
sus hombros temblaban sin control por sus lágrimas.

―Es una larga historia ―le respondí, sosteniendo a mis dos mejores amigos
tan fuerte como pude.

Tara no parecía tener ninguna prisa por escuchar mi historia. Pero creo que
era porque estaba en estado de shock.

―Disculpe.

Miré hacia arriba y vi a un oficial de policía de pie en la puerta de Brand.

― ¿Srta. Nightingale? ―preguntó, caminando hacia nosotros.

― ¿Sí? ― ¿Qué estaba haciendo un oficial de policía aquí?

―Estaba en la casa de la Sra. Jenkins cuando se enteró de que estaba aquí.
Me preguntaba si podría contarme dónde ha estado. Hemos tenido a varias
personas buscándola por algún tiempo.

No sabía qué decir. ¿La policía había estado buscándome? ¿Qué iba a decir
a este buen hombre? ¿Que había sido secuestrada por un vampiro y mantenida
en cautiverio en contra de mi voluntad en una habitación de piedra que existía
en algún lugar en el tiempo y el espacio, pero yo no sabía dónde exactamente?

―Ella estaba conmigo, Oficial. ―Malcolm llegó hasta mí y me puso las
manos posesivamente sobre mis hombros.

― ¿Voluntariamente? ―Preguntó el oficial, mirando a Malcolm con recelo.

Malcolm sonrió. ―Por supuesto. ―Vi venir a Brand junto a nosotros con
una mirada asesina en sus ojos, centrándose por completo en Malcolm. Las
manos de Malcolm comenzaron a masajear mis hombros en un gesto íntimo.



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― ¿Puede decirme dónde han estado ustedes dos los últimos días?
―preguntó el oficial, dubitativo.

―Hemos estado en Las Vegas ―respondió Malcolm―. Quería mostrar a
Lilly todo lo que tenía que ofrecerle. Simplemente perdimos la noción del
tiempo, si usted sabe lo que quiero decir. ―El fácil modo en que dijo la mentira
incluso me hizo pensar en lo que había sucedido. No me gustó lo que estaba
insinuando, y vi la nube de tormenta oscurecerse sobre la cabeza de Brand.

El oficial suspiró con exasperación. ―Bueno, la próxima vez que ambos
decidan tomar unas vacaciones de amantes, ¿Podría decirle a la Sra. Jenkins?
Ella nos ha hecho peinar esta ciudad por la Srta. Nightingale durante casi una
semana.

―Por favor, acepte nuestras disculpas ―dijo Malcolm―. Si hay algo que
pueda hacer para reparar su tiempo yo lo consideraría un honor. ¿Un fondo de
policía, tal vez?

―Bueno, supongo que eso se agradece ―dijo el oficial, que parecía
apaciguado por la oferta de Malcolm.

Malcolm soltó mis hombros y se acercó a él oficial con facilidad mientras
que lo conducía fuera discutiendo cómo hacer para hacer una contribución
generosa a la policía local.

Una vez que el oficial estaba fuera de oído, Tara dijo: ―¿Qué fue todo eso?
―Me miró completamente confundida. ―Sé que tú no estabas con Malcolm.
¿Qué está pasando? ¿Por qué iba a mentir de esa manera?

¿Cómo iba a explicar todo a Tara? Sabía que no tenía fuerzas para decirle
todo lo que necesitaba saber, ahora no.

―Tara, tienes que confiar en nosotros en este momento ―le dije―. Este no es
el momento de explicarlo todo. Te mereces una explicación, pero realmente
necesito que sólo confíes en mí.

―Pero voy a obtener algunas respuestas ¿No? Quiero la verdad, no esa
mierda que Malcolm acaba de escupir.



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―Te lo prometo. Mañana todos vamos a sentarnos y contarte todo. No
tengo la energía para hacerlo ahora mismo.

―Estamos contentos de que hayas vuelto ―dijo Will, tomándome en sus
brazos.

Era la primera vez en mucho tiempo, que Will y yo nos abrazábamos así,
como solíamos hacer cuando éramos niños. ¿Podríamos Will y yo finalmente
conectar así de nuevo y dejar todo lo que pasó en el último par de años atrás?
Eso esperaba. Desesperadamente quería a mi amigo de vuelta, mi confidente. Se
echó hacia atrás y me dio un beso en la frente antes de dejarme ir.

Brand estaba allí tomando una de mis manos entre las suyas. ―Ahora
mismo, creo que deberíamos olvidarnos de todo esto por lo menos una noche.
Tú necesitas descansar un poco ―me dijo.

No podía negar que estaba muy cansada, pero no quería dejar a Brand.

―No te voy a dejar ―le dije con una voz que no pudo argumentar en contra.

Brand miró a Tara y Will como pidiendo permiso para que me quedara la
noche. Creo que me habría reído ante su sentido de la propiedad si no hubiera
estado tan agotada.

―Creo que estaría bien. Por una noche ―modificó Tara. Señaló con el dedo
a Brand. ―Pero tienes que llevarla de vuelta a casa a primera hora de la
mañana. Todos ustedes tienen que dar algunas explicaciones.

La expresión de Will era más difícil de leer. ―Lilly es una mujer adulta. Ella
puede tomar sus propias decisiones. Sólo asegúrate de mantenerla a salvo.

―Yo estaría feliz de pasar inesperadamente para asegurarse de que está a
salvo ―se ofreció Malcolm caminando de regreso a la casa. Pude oír el coche de
policía en marcha.

Brand levantó una ceja en dirección de Malcolm, pero se abstuvo de decir
nada.

Después que se fue todo el mundo, Brand me llevó al cuarto de baño
conectado a su dormitorio. Me hizo un baño de burbujas. Creo que tenía miedo


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de dejarme sola, por lo que sólo me dio la espalda para que me desnudara y no
se volteó de nuevo hasta que estuve segura bajo la gruesa capa de burbujas.

Se apoyó contra la pared para mirar mientras me bañaba. Sus ojos todavía
sostenían la mirada atormentada que había visto la primera vez que abrió la
puerta de la habitación para encontrarme sentada en su cama.

―Soy real ―le aseguré, tratando de borrar su duda.

―Todavía no estoy tan seguro ―admitió.

―Siempre podrías unirte a esta gran bañera si quieres sentir cuán real soy
―bromeé.

Por fin sonrió.

―En otro momento ―prometió.

No me quedé mucho tiempo en el baño. Brand me encontró un pijama para
usar. Una vez que estaba vestida me levantó de mis pies y me llevó a su cama.
Nos acostamos allí por un largo tiempo sin decir una palabra, simplemente
sintiéndonos consolados en los brazos del otro.

― ¿Crees que vamos a ser capaces de averiguar lo que está pasando? ―Le
pregunté, acurrucándome contra su lado en la cama.

―Lo haremos ―dijo―. Tenemos que hacerlo. No voy a perderte nunca otra
vez.

Apoyé la cabeza en su pecho escuchando el latido regular de su corazón.
No había nadie más en quien confiara para que me ayudara a resolver el
misterio en que se había convertido mi vida. Estaba segura de que encontraría
una manera de averiguar quién me quería muerta y por qué. ¿Quién estaba
mejor cualificado que mi ángel personal para ayudarme a encontrar las
respuestas que necesitaba?.
Fin


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En la secuela de Cursed,
Lilly Rayne Nightengale
descubre por qué Lucifer ha
estado protegiéndola de las
fuerzas malévolas empeñadas en
destruirla. Asimismo, se
encuentra cara a cara con la
persona que orquestó las
diversas experiencias cercanas a
la muerte a lo largo de su vida y
se acerca a conocer la verdad
sobre por qué su muerte es tan
importante para ellos.




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La recopilación, redacción y realización completa de
este documento es total y directamente sin ánimo de lucro.
Con esto no se intenta agraviar los bienes o posibles
beneficios de las autoras ni causar inconvenientes a las
partes legales con derecho de autoría. Por el contrario,
intentamos divulgar su trabajo que de otra forma, a causa
de la no publicación de los ejemplares en español, no podría
llegar. También queremos esparcir y difundir la lectura a
todas las personas que sea posible. La dedicación y entrega
que hace posible cada trabajo es gracias a las aportaciones y
ayuda de todas lectoras comprometidas con los proyectos
sin ninguna otra intención que el amor por leer.
Con esto, no ganamos dinero ni tampoco lo
pretendemos. Pero si invitamos a nuestras lectoras a apoyar
a las autor@s con la compra de ejemplares físicos siempre
que les sea posible y así ayudar e incentivar futuras obras.
Este trabajo es únicamente por diversión y aprecio a la
literatura y sin intención de perjudicar a nadie, así que
esperamos no causar inconvenientes a ninguna de las
partes.



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Erase una vez una niña que nació en una fría mañana de
invierno en el corazón de Seúl, Corea.
Fue llevada a América por sus
padres y criada en el Profundo
Sur. Escribió su primera
novela a la edad de ocho
años y continuó escribiendo
durante sus años de
adolescencia. En la
universidad, estudió título
de maestría en bioquímica.
Después de eso se mudó a
Yankeeland donde vivió
durante cuatro años
trabajando en un laboratorio de
la Universidad de Cornell. La
nostalgia y la aversión a la nieve la obligó
a volver al sur donde vive en la tierra que engendró a Elvis Presley,
Oprah Winfrey, John Grisham y BB King. Después de encontrar a su
príncipe azul, dio a luz a un maravilloso regalo llamado Caylin y
todos vivieron felices para siempre.





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