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Lectura 3 de Números 2012

29/07/2012

SERÁN MÍOS LOS LEVITAS

Números 3:1-4:49 V.C. 3:12 “He aquí, yo he tomado a los levitas de entre los hijos de Israel en lugar de todos los primogénitos, los primeros nacidos entre los hijos de Israel; serán, pues, míos los levitas.”

En un pueblo de Escocia apareció un perro chiquito, feo y sucio. Parecía que ese perro era callejero y nadie quiso adoptarlo, al contrario todos se alejaban de ese perro, mientras él estaba buscando algo que comer. Después de pasar muchos días, alguien de ese pueblo vio que el perro tenía una identificación en su cuello, lo cual significaba que tenía dueño, así que lo agarró y vio de quién era el perro. En la identificación estaba escrito: “Este perro pertenece al rey de Escocia.” Esta noticia se difundió rápidamente entre el pueblo y pasando por el gobernador de esa región finalmente llegó al palacio. Prontamente vino un alto funcionario del palacio para buscarlo y le llevó el perro al rey. Hacía un mes atrás, mientras el rey pasaba por ese pueblo sele perdió su perro y no lo había encontrado. El rey se alegró mucho y el perro regresó a su hogar feliz y volvió a ser un perro muy limpio, arreglado y elegante. Cuando el perro estaba en la calle, era un perro miserable y abandonado, pero cuando se identificó quién era el dueño, se convirtió en un perro alegre y elegante. ¿Qué lo cambió tan radicalmente? El perro no hizo nada para eso, solamente por pertenecer al rey de Escocia su vida cambió. La felicidad de un perro depende de quién es su dueño. Nuestra vida es igual. Aunque seamos feos, pobres y poco inteligentes, dependiendo de quién sea nuestro dueño, nuestra vida puede cambiar radicalmente. ¿Quién es el dueño de nuestra vida? Es nuestro Dios el Creador. Si pertenecemos a Dios el Creador, quien es el Rey de reyes y el Señor de señores de este universo, somos preciosos ante los ojos de Dios. En cambio si pertenecemos al diablo quien es homicida y mentiroso, somos muy miserables y tristes. Todos los que recibieron a Jesús como su Salvador pertenecen a Dios el Creador. ¿Perteneces a Dios o todavía al diablo?

En los capítulos 3 y 4 del libro Números podemos ver que Dios escogió a los levitas para el servicio del tabernáculo de reunión. Miren el v6. “Haz que se acerque la tribu de Leví, y hazla estar delante del sacerdote Aarón, para que le sirvan.” Mientras que los hijos de Aarón fueron nombrados como sacerdotes ungidos, a los cuales Dios consagró para ejercer el sacerdocio, la tribu de Leví fue escogida para servir en el

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ministerio del tabernáculo. Leamos los vs. 7 y 8. “y desempeñen el encargo de él, y el encargo de toda la congregación delante del tabernáculo de reunión para servir en el ministerio del tabernáculo; y guarden todos los utensilios del tabernáculo de reunión,

y todo lo encargado a ellos por los hijos de Israel, y ministren en el servicio de

tabernáculo.” El tabernáculo de reunión era el lugar donde estaba el arca del pacto y representaba la presencia de Dios. Por lo cual servir en el ministerio del tabernáculo

era un gran privilegio al servir estando cerca de la presencia de Dios. Pero ¿por qué Dios escogió la tribu de Leví para ese trabajo tan importante?

Leví era el tercer hijo de Jacob, pero él no recibió una bendición por parte de su padre porque Simeón y Leví mataron a muchos hombres por la venganza de su hermana Dina. Jacob antes de morir les dijo: “Simeón y Leví son hermanos; Armas de iniquidad sus armas. En su consejo no entre mi alma, ni mi espíritu se junte en su compañía. Porque en su furor mataron hombres, y en su temeridad desjarretaron toros. Maldito su furor, que fue fiero; y su ira, que fue dura. Yo los apartaré en Jacob, y los esparciré en Israel.” (Gé.49:5-7) Conforme a esa profecía la tribu de Leví fue esparcida

en Israel. Aunque las otras tribus vivían juntos en sus propios territorios, los levitas fueron esparcidos entre todas las tribus. De esa manera la maldición de Jacob fue cumplida, pero Dios tuvo misericordia de la tribu de Leví y los dispersó con la santa misión de servir a Dios en cada tribu. Dios convirtió la maldición de Jacob en la bendición de servir la obra de Dios. ¿Por qué Dios les ofreció misericordia a los levitas? Según el Cap.32 de Éxodo cuando Moisés estaba en el monte Sinaí para recibir los mandamientos de Dios, el pueblo viendo que Moisés tardaba en descender perdió su

fe e hicieron un becerro de oro y le adoraron. Dios se enojó por la idolatría del pueblo y

Moisés les dijo: “¿Quién está por Jehová? Júntese conmigo.” En ese momento se juntaron con él todos los hijos de Leví para matar a los idólatras. Entonces Moisés les dijo: “Hoy os habéis consagrado a Jehová, pues cada uno se ha consagrado en su hijo y en su hermano, para que él dé bendición hoy sobre vosotros.” (Ex.32:29) Por acto de fe, los levitas recibieron la bendición de servir el tabernáculo de reunión. Si nosotros actuamos por la fe, Dios nos bendice y a nuestra familia también. Pero no podemos negar que las bendiciones de Dios nos vienen solamente por la misericordia y gracia de Dios; los pecados que cometemos son suficientes para deshacer nuestras buenas obras. Por lo cual ninguno de nosotros recibimos la bendición de Dios por sus buenas obras, sino solamente por la gracia de Dios. Dios con su soberanía puso sus ojos en la tribu de Leví y los escogió para que sirvieran en el ministerio del tabernáculo de reunión. Ser pastores y líderes de la iglesia es una gran bendición de Dios. Pero debemos estar muy conscientes de que somos siervos de Dios solamente por la gracia de nuestro Señor Jesús a pesar de los numerosos pecados que cometemos diariamente. Porque fuimos

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escogidos por gracia de Dios, aunque cometemos pecados repetidamente podemos ser perdonados y restaurados al arrepentirnos sinceramente. Ex.34:6 dice: “¡Jehová! ¡Jehová! Fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad.” Alabemos a nuestro Dios quien está lleno de misericordia y piedad. Amén.

Leamos el v12. “He aquí, yo he tomado a los levitas de entre los hijos de Israel en lugar de todos los primogénitos, los primeros nacidos entre los hijos de Israel; será, pues, míos los levitas.” Dios le dijo al pueblo por qué él tenía derecho a tomar los levitas. Esta palabra está basada en la historia de la pascua. La última plaga de Dios contra el Faraón para liberar el pueblo de Israel de la esclavitud era matar a todos los primogénitos. Los primogénitos del pueblo de Israel también tenían que morir por esa plaga, pero por la gracia de Dios ellos fueron salvos, porque conforme a las instrucciones de Dios ellos debían matar un cordero y echaron su sangre en los dinteles de la puerta. Porque Dios salvó a los primogénitos de Israel, él le dijo a Moisés:

“Conságrame todo primogénito. Cualquiera que abre matriz entre los hijos de Israel, así de los hombres como de los animales, mío es.” (Ex.13:2) Pero luego Dios no quiso tomar a todos los primogénitos del pueblo a causa de su rebeldía contra Dios, sino que decidió a tomar los levitas en lugar de los primogénitos. Así que Dios dijo: “Serán, pues, míos los levitas.” Luego Dios mandó a Moisés a contar todos los varones de un mes arriba de la tribu de Leví, los cuales eran veintidós mil trescientos en total, pero los primogénitos de Leví eran trescientos, por eso el v39 dice que eran veintidós mil. Luego Dios mandó a Moisés a contar todos los primogénitos varones de los hijos de Israel de un mes arriba, los cuales eran veintidós mil doscientos setenta y tres. Entonces, había una diferencia de doscientos setenta y tres y Dios mandó a Moisés que les pagara a Aarón y a sus hijos el dinero del rescate con cinco siclos por cabeza, en total mil trescientos sesenta y cinco siclos. Un siclo es 11.5g de plata. Para que tengan idea sobre el valor de un siclo, cuando Abraham compró la cueva de Macpela le costó cuatrocientos siclos. Parece que nuestro Dios es un buen comerciante que no pierde ni un centavo. Pero este hecho nos manifiesta el amor de Dios que no quiere despreciar ni una vida rescatada por él. Dios pagó por el rescate de los primogénitos, entonces cada hombre salvo por Dios tiene un valor muy grande, por eso Dios aprecia a cada uno de los rescatados.

En el capítulo 3 de Números aparece tres veces la palabra: “serán míos.” ¿Ustedes aprecian lo que es suyo? Si ustedes compran un nuevo celular smartphone, seguramente le tendrán mucho cariño y amor, y lo cuidarán bastante. Y si lo pierden, se entristecerían grandemente. Dios tiene mucho amor con lo que le pertenecen, cuida a los suyos y los guía perfectamente por el camino de salvación. Is.43:1 dice: “Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque

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yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú.” Dios declaró que los redimidos por él eran suyos. ¿Qué bendición les da Dios a los suyos? Leamos Is.43:2-5. “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador; a Egipto he dado por tu rescate, a Etiopía y a Seba por ti. Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé; daré, pues, hombres por ti, y naciones por tu vida. No temas, porque yo estoy contigo; del oriente traeré tu generación, y del occidente te recogeré.” Somos redimidos por la sangre de nuestro Señor Jesús. Dios pagó nuestros pecados con la vida de su Hijo amado, por lo cual somos rescatados por Dios y pertenecemos a Dios. Por ser redimidos por Dios, como la palabra dice, somos de gran estima, somos honorables ante los ojos de Dios, y Dios nos ama, aunque no merecemos recibir este gran amor de Dios a causa de nuestros pecados. Pero Dios selló su amor sobre nuestros corazones a través del sacrificio y la muerte de nuestro Salvador Jesucristo. Es una gran bendición pertenecer a Dios el Creador. El nos protege de todos los peligros y nos guía a la vida eterna. Alabemos a nuestro Dios, quien es el dueño de nuestra vida. Amén.

En este sentido somos levitas rescatados por Dios. Y como los levitas eran apartados para servir en el ministerio del tabernáculo, fuimos apartados para servir la obra de salvación en esta tierra. En el cap.4, se describe más detalladamente cuáles eran las tareas de los hijos de Leví quien tenía 3 hijos: Gersón, Coat y Merari. Entre ellos los hijos de Coat tenían el oficio de llevar todos los utensilios del santuario, los hijos de Gersón tenían el oficio de llevar las cortinas del tabernáculo, su cubierta y otras cortinas y los hijos de Merari tenían el oficio de llevar las tablas, sus barras, sus columnas y sus basas, etc. Dios le encargó oficios diferentes a cada uno de ellos conforme a su voluntad y a los talentos que tenían ellos. Y Dios puso los hijos de Aarón, Eleazar e Itamar frente a ellos como los sacerdotes. Dios nos encarga oficios, a cada uno diferente trabajo para su iglesia, a unos ser pastores, a otros dirigir fraternidades, a otros servir en la alabanza, a otros administrar bienes, a otros limpiar la casa de Dios, a otros cocinar, etc. Nuestra actitud debe ser aceptar la voluntad de Dios con alegría y servirle con todo nuestro corazón, nuestra alma y nuestras fuerzas para glorificarle a Él, sin compararse con otros. Entonces Dios bendecirá nuestra vida de servir al Señor y nos felicitará por nuestros trabajos y nos encargará trabajos de mayor responsabilidad. Es importante ser siervos fieles y prudentes en los trabajos pequeños que Dios nos ha puesto. Amén.

En estos capítulos vemos que había dos tipos de censos con los levitas: uno era contar todos los varones de un mes arriba y el otro era contar todos los varones de treinta años de edad arriba hasta cincuenta años. El primer censo era por el pago del

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rescate y el segundo era para encargar el oficio en el tabernáculo. Por el pago de rescate todas las vidas tenían valor para ser contadas, en cambio para el servicio a Dios los hombres tenían que ser preparados tanto externamente como internamente. Cuando censaron las demás tribus, fueron contados todos los varones mayores a 20 años de edad porque estaban buscando a los que podían salir a pelear. Pero para hacer el oficio de servir la casa de Dios, no era suficiente solamente con tener fuerza física, sino también se requería estar maduros humanamente. Los jóvenes menores a 30 años de edad son impulsivos y pueden actuar imprudentemente, así que Dios buscó hombres mayores a 30 años de edad. Podemos saber que para servir a Dios debemos estar maduros tanto espiritualmente como humanamente. Jesús también comenzó la obra de salvación cuando tenía 30 años de edad. Entonces, ¿por qué Dios limitó hasta 50 años de edad para su servicio? Porque los mayores a 50 años de edad no tienen suficiente fuerza física para cargar las cosas del tabernáculo y si caen en el camino por no tener fuerza, pueden dañar las cosas del tabernáculo. Podemos saber que no en todos los tiempos podemos servir a Dios con mucha fuerza. Cuando envejecemos, aunque queramos, no podemos servir fuertemente la obra de Dios. Así que debemos servir al Señor con fuerza cuando estamos jóvenes. Hay personas que dice que van a buscar a Dios antes de morir. Ellos son muy egocéntricos. A lo mejor recibirán la salvación, pero ellos no pueden servir mucho al Señor. Debemos servir a Dios mientras estamos jóvenes. Pero los mayores tienen un trabajo importante, lo cual es aconsejar y apoyar a los jóvenes con sus experiencias en el servicio al Señor. Ellos deben ser guías y ejemplos para los jóvenes.

Hoy aprendimos que pertenecemos a Dios y debemos servir al Señor con todo nuestro ser. Oro que Dios nos ayude a ser buenos levitas en la casa de Dios. Amén.

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