Patrón de España, Maestro de Nuestra Fe Orar con el Evangelio (C) Francisca Sierra Gómez

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Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para pedirle algo. Él le preguntó: “¿Qué quieres?”. Díjole ella: “Di que estos dos hijos míos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y otro a tu izquierda”. Respondió Jesús: “No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que Yo he de beber?”. Le dijeron: “Podemos”. Les respondió: “Mi cáliz lo beberéis, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre”. Al oírlo, los diez se indignaron contra los dos hermanos, pero Jesús los llamó y dijo: “Sabéis que los que gobiernan las naciones las subyugan y que los grandes las avasallan. No ha de ser así entre vosotros, sino que quien quiera ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y quien quiera ser primero entre vosotros, será vuestro siervo. Del mismo modo que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en redención por muchos”. Mt 20,20-28

Hoy nos presentas, Jesús, el ejemplo de Santiago —Santiago el Mayor—, este hombre que, nacido en Betzaida (en Galilea), hijo de Zebedeo y de María Salomé, era hermano de Juan el Evangelista y, por lo tanto, primos de Jesús. Este hombre fogoso, ambicioso, que en el texto hoy, Jesús, se te presenta una escena, la madre de los zebedeos con sus hijos, que quiere que le ordenes que estos dos hijos suyos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. Y Tú la convences y le dices: “No sabes lo que pides. ¿Son capaces de beber el cáliz que Yo he de beber?”. Y ellos contestaron: “Sí, lo somos”. Y Jesús da la gran lección de la humildad: “No sabéis lo que os espera. No sabéis que tenéis que pasar por la cruz, que tenéis que pasar por todo, que así no podéis estar”. Y les agradece esta ambición por el Reino, esas ganas de transmitirlo, pero les hace ver —y le hace ver a Santiago y a su madre— lo que van a sufrir, el sufrimiento, la incertidumbre. Hoy tenemos que aprender de Santiago esa gran fe que tenía, esa gran fortaleza —este hombre, que es el apóstol de España, porque transmitió su fe aquí; este hombre, el insigne Patrón—. Y Jesús me da a través de Santiago la gran lección: “el que quiera ser más grande, que sea vuestro servidor”.

Yo te pido, Jesús, hoy, este celo ardiente, como él. Yo te pido estas ganas de trabajar, como él. Yo te pido este deseo, esta fuerza y esta ilusión que tiene Santiago. Pero también te pido que comprenda que el camino tuyo es sufrimiento, que el camino tuyo es cruz y que el camino tuyo, lejos de la ambición, tiene que ser saber que transmitir tu mensaje y anunciar tu mensaje supone ser testigos de la cruz, del sufrimiento. “¿Podéis beber el cáliz que Yo he de beber?”. Yo te pido hoy esa fuerza, Jesús, a través de Santiago. La historia de Santiago el Mayor, este hombre pescador, este hombre que tenía tanto ardor y tanta ambición que pidió que entrara a ese Reino y que nadie te despreciara. Pero Jesús, Tú le dices: ”¿Puedes beber el cáliz?”. ¿Y qué cáliz es? El sufrimiento, los contratiempos... Yo te pido llevarlos con alegría y extender este mensaje, pase lo que pase, con esta energía, como él. Y se lo pido también a través de este apóstol Santiago: enséñanos, apóstol y amigo del Señor, el camino que conduce hacia Jesús. Danos el testimonio del Evangelio y la fuerza de amar la vida. Y ayúdanos a cambiar… a cambiar esta ambición en alegría de tu mensaje, saber que tengo que participar de la muerte y que entro en el núcleo más íntimo tuyo cuando entro a través del camino de la fe. Apóstol Santiago, que veneramos con tanta fe, ilumínanos, condúcenos hacia el camino de la vida y hacia el camino del Reino. Apóstol Santiago, ¡llévanos a Jesús! Danos fuerza para ser testimonio de Jesús. Danos fuerza para no dudar, para anunciar con garra el Evangelio de Jesús, el mensaje de Jesús. Pienso en esta figura, estudio toda su historia, Jesús, y me quedo con él como un verdadero amigo, porque vivió el cáliz tuyo también. “¿Podéis beber el cáliz que Yo he de beber?”. ¡Qué difícil es pero qué grande es tu gracia cuando entregamos nuestra vida por ti! Que yo aprenda a entregar mi vida por ti y que aprenda a anunciarte y a comunicarte y a transmitir tu mensaje por donde yo vaya. Ayúdanos, apóstol Santiago, patrono de España, protégenos y ayúdanos en este afán de ser transmisoras y de ser testimonio de tu Reino. ¡Qué ejemplo cómo la Virgen te ayuda con ese pilar de fe! Hombre de fe, hombre de María. María, ayúdanos en este camino y que Santiago, este apóstol, nos ayude a ser fieles hasta la muerte en el camino emprendido de ser tuyos y de ser verdaderos mensajeros de tu Reino.

¡Que así sea!
AUDIO: https://mariamcontigo.opendrive.com/user_ac count/folder/OV8yNDkzNTAxX3FwdU0y

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