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N O r E s t E

configur ación históric a de una región

O c tav i o

H e r r e r a

cartográfico
configuración histórica de una región

El

N orEstE

Gobierno del Estado de Nuevo león
Gobernador Constitucional del Estado

agradecemos a las siguientes instituciones por permitirnos reproducir parte de sus acervos cartográficos Archivo General del Estado de Nuevo león Archivo General de Indias Archivo General de la Nación Archivo Histórico de Monterrey Archivo Histórico de torreón Archivo Histórico Militar, Madrid, España Bibliotèque nationale de France Biblioteca Pública del Estado de tamaulipas ‘‘Ing. Marte r. Gómez’’ British library library of Congress Geography and Map Division Mapoteca orozco y Berra National Aeronautic and space Administration (NAsA) servicio Geográfico del Ejército texas General land office University of texas at Arlington University of texas at Austin Yale University
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IMPrEso EN MÉXICo IsBN: 978-970-9715-46-0

cartográfico
configur ación histórica de una región
o c tav i o h e r r e r a

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N o r E s t E

índice
liminar

7

I Delimitación del Golfo de México

15 37

II Esbozo del noreste colonial durante el siglo XVII y la primera mitad del XVIII .

III las Provincias Internas de oriente

83

IV Definición del noreste mexicano

129

V El noreste ante la conformación de la frontera internacional

181
227
VII

VI El noreste y texas al mediar el siglo XIX

Integración finisecular del noreste y texas

271 335 381

VIII Monterrey a través de la cartograf ía histórica

referencias cartogr áficas y bibliogr afía

l i m i n a r

a definición regional de un territorio es consecuencia de un proceso de construcción histórica y cultural. En su caracterización influye un sinnúmero de variables o perspectivas, teóricas o empíricas, que precisan o amplifican sus alcances y complejidades conforme el punto de vista desde el que se le analiza. si consideramos el caso de nuestro país, es posible afirmar que tanto su configuración histórica como la misma geograf ía esbozaron desde tiempos de la Colonia las regiones que hoy lo conforman, cuyo carácter y diferencias se acentuaron con el paso de los años. la formación de jurisdicciones –reinos, provincias, capitanías– tuvo un papel destacado en este proceso, pues moldeó durante la etapa virreinal un primer bosquejo de divisiones políticas que en el México republicano acabó por afinarse, o por fragmentarse al responder a los factores propios de las autonomías locales emergentes. No obstante, los linderos territoriales de una entidad política no siempre correspondieron con los de una región; para que éstas se establecieran, la principal influencia residió en las condiciones naturales del espacio y la fisiograf ía del territorio, así como su articulación o marginalización respecto al conjunto estructural del país. Así sucedió con lo que hoy conocemos como noreste de México. la naturaleza le brindó una caracterización que ayuda a explicar parte de su origen y diferencia histórica: se ubica en un enorme plano inclinado con límites en lo alto de la sierra Madre oriental y los desiertos del altiplano coahuilense, cuya pendiente desciende hasta el Golfo de México, con algunas eminencias orográficas aisladas en medio de extensas llanuras costeras cubiertas de un matorral espinoso, por las que discurren algunas cuencas subsidiarias de la corriente del río Bravo. Ésta es la descripción geográfica del territorio integrado por tamaulipas, Nuevo león y Coahuila hasta nuestros días, si bien ciertos geógrafos reubican algunos de sus segmentos en otras categorías regionales, como la laguna, o la Huasteca tamaulipeca. En lo que respecta a texas, aunque se originó en el mismo proceso histórico, su segregación política de México a mediados del siglo XIX lo hacen aparecer como un territorio distinto, aun cuando su articulación económica con el noreste mexicano se prolongó hasta principios del siglo XX. A las características del territorio se suman los matices de la presencia humana, que con el tiempo acaba por definir los elementos de una región. De este modo, a pesar de que en la antigüedad no afloró en el noreste una civilización indígena, desde los orígenes del hombre americano hasta el arribo de los españoles imperó en casi todo el territorio el modo de vida impuesto por grupos de cazadores-recolectores, convirtiéndolo en un vasto horizonte de nomadismo arcaico. su espacio permaneció indiferenciado durante milenios, hasta que las avanzadas conquistadoras plantearon las “fronteras de guerra”, apenas más allá del área nuclear de la Mesoamérica recién sometida. Después vinieron los primeros intentos de ocupación, por medio de las capi-

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9

capítulo

I

Delimitación del Golfo de México

5
El punto de arranque con el descubrimiento de América
arto es sabido que el almirante de la Mar océano, Cristóbal Colón, no tenía idea de la existencia de una barrera continental que se interpusiera a su propósito de alcanzar China y Cipango (Japón), para cerrar la circunferencia geográfica de la tierra, conforme a las noticias medievales derivadas del célebre viaje de Marco Polo. también es cierto que el éxito de los navegantes portugueses al bordear el sur del África y abrir la ruta del Asia fue un acicate para que las coronas unificadas de Aragón y Castilla, una vez asegurada la reconquista, se decidieran a apoyar el proyecto de Colón de navegar el Atlántico en un derrotero hasta entonces ignoto y dirigido hacia el poniente. la competencia por el mercado de las especias bien valía la pena el esfuerzo, ya que durante siglos Europa se había visto privada de mayores redes de comercio con Asia, como resultado de la interposición y predomino otomano en el oriente del Mediterráneo. Pero no sólo fue eso. la pronta evidencia de una terra incognita al otro lado del Atlántico profundizó la rivalidad entre las dos emergentes potencias peninsulares, empeñadas entonces en una escalada de conquista, a tal punto que el papa Alejandro VI debió terciar entre ellas. la propuesta para zanjar las diferencias entre ambas naciones se plasmó en la bula Inter caetera, por medio de la cual en 1494 se celebró en tordesillas un tratado que trazó una línea entre ambos polos, a cien leguas al oeste de las islas Azores y el Cabo Verde. Esta línea separaba las posesiones que le corresponderían a cada Corona, producto de los viajes exploratorios próximos a realizarse, de tal modo que las situadas hacia el oriente de ella pertenecerían a Portugal, en tanto que las ubicadas al poniente serían para España. Con esta estratagema, que los lusitanos ajustaron a su favor, Portugal pudo asegurar Brasil para sí. Mientras tanto, ya con el pie firme en las Antillas, y con cabecera en la isla de la Española, Colón continuó sus viajes que lo llevaron a tocar tierra firme, pero sin llegar a reconocer con exactitud su correspondencia con el extremo de Asia, ni su carácter insular o peninsular. De ahí la denominación de estos territorios como Indias occidentales. No obstante, la existencia de grandes masas territoriales, corroborada en 1497 con el viaje de Juan Caboto al servicio de la Corona inglesa por el extremo norte del Atlántico, tuvo su primera expresión cartográfica en la carta portulana de Juan de la Cosa, un compañero de viaje de Colón. En este mapa, que definió claramente las Antillas y le otorgó plena insularidad a Cuba, el rumbo del futuro concepto geográfico del Golfo de México quedó representado con la figura de san Cristóbal, el santo de los viajeros navegantes, quien quizás les haría posible encontrar el ansiado pasaje que finalmente los llevaría al Asia. Pero las cosas fueron distintas. Entre finales de 1508 y principios del año siguiente, sebastián de ocampo circunnavegó Cuba, con lo que se adentró ligeramente en el Golfo de México, surcándolo por el estrecho norte que lo une con el océano Atlántico. Con esta experiencia, en 1511 Diego de Velázquez emprendió la conquista y colonización española de la isla. Dos años más tarde la expedición de Juan Ponce de león fue a toparse con la península de la Florida –conocida entonces como Bimini– donde, basado en las fábulas medievales, pensaba encontrar la “fuente de la juventud”. En cambio descubrió el flujo de la Corriente del Golfo, lo que sería de gran trascendencia para las travesías del tornaviaje a España. Mientras tanto, la ocupación española de

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n o r e s t e

c a r t o g r á f i c o

( I.1 )

El Océano Atlántico visto en una interpretación cartográfica del siglo XIX, cuando ya se tenían bien definidos los relieves de ambas masas continentales situadas en sus bordes: por un lado la dualidad Europa-África, y por el otro la estilizada silueta del Continente Americano. Después de trazar el Mediterráneo y antes de hacer lo mismo con el Índico, la cartografía europea se enfocó a conocer detalladamente el perfil marítimo de América, en virtud del extraordinario descubrimiento efectuado por Cristóbal Colón a fines del siglo XV. Pero ni siquiera entonces se tuvo conciencia de que se trataba de tierras nunca ubicadas en las referencias de la antigüedad, cuyas directrices eran los conceptos geográficos de Ptolomeo.

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Mapa del Océano Atlántico. 1
1802 Anónimo 27 x 18 cms. Mapoteca Orozco y Berra

Mapa de las Indias Occidentales o América trazado en 1550, cuando las exploraciones españolas y portuguesas no dejaron duda de que se trataba de una nueva masa continental, bordeada incluso por su extremo austral para acceder al Océano Pacífico. Lo relevante en este documento es la plena identificación del Golfo de México, de la Florida y, en especial, de la desembocadura del río Pánuco, la gran

corriente que drena la mesa de Anáhuac a través de la Huasteca. Se trata del primer territorio conquistado por los españoles de lo que, en el futuro inmediato sería uno de los puntos de partida para la ocupación del noreste.

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deli mitac ión

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( I.3 )

Primer testimonio cartográfico de la Corriente del Golfo, elaborado en virtud de las pesquisas del científico y político estadounidense Benjamin Franklin cuando, al desempeñarse como funcionario de correos del Imperio Británico, expuso gráficamente las evidencias experimentales y la información de viejos testimonios, sobre todo españoles, que indicaban la existencia de un “río marítimo” que atravesaba el Atlántico norte y se dirigía hacia Europa. Al ser impreso y distribuido en su tiempo, se convirtió en una valiosa aportación de la cartografía a la divulgación de la ciencia.

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Recorrido continental de la Corriente del Golfo. 3
Circa 1768 Benjamin Franklin y Timothy Folger 87 x 97 cms.
( I.2 )

Library of Congress

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Esbozo continental del Continente Americano. 2
1550 Sebastián Münster 25.4 x 34 cms. Library of Congress

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( I.4 )

Al formarse como consecuencia del clima
tropical del Golfo de México, la corriente que lleva su nombre recorre su cuenca en sentido inverso al de las manecillas del reloj y sale al Océano Atlántico por encima de Cuba. Se considera que su descubridor fue Antón de Alaminos, piloto en jefe de la expedición de Ponce de León en 1513. Tan pronto los españoles se consolidaron en América, comenzaron a em-

plear esta corriente como la ruta del tornaviaje a Europa, en tanto que los vientos alisios hacían su parte para emprender la travesía desde el Viejo Mundo.

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El Océano Atlántico y la Corriente del Golfo de México. 4
Circa 1786 James Poupard 21 x 26 cms. Library of Congress

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deli mitac ión

del

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Mé xic o

Mapa que por su temprana elaboración es
considerado el primero de esta cuenca marítima mexicana, atribuido a Antón de Alaminos y a Alonso Álvarez de Pineda. En él se aprecia con claridad la proporción de sus principales relieves geográficos, como las penínsulas de la Florida y Yucatán, así como el amplio cuenco continental en forma de golfo. En términos políticos, el documento advertía sobre los derechos de sus descubridores, lo que Hernán Cortés ignoró al emprender por su cuenta la conquista de México en 1519.

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Esbozo del Golfo de México o Seno Mexicano. 5
Circa 1519 Antón de Alaminos y Alonso Álvarez de Pineda Manuscrito a tinta sobre papel. 17.3 x 12.3 cms. Archivo General de Indias

( I.5 )

Cuba avanzaba, y con ella el liderazgo de Diego de Velázquez, que le permitió recibir el aval del rey Carlos V para convertirse en el patrocinador de los viajes de exploración, y eventual conquista, de aquellos territorios continentales de los que ya se tenía noticia. De este modo Velázquez impulsó, en 1517, el viaje de Francisco Hernández de Córdoba, quien resultó herido mortalmente en una escaramuza con los mayas al desembarcar en la península de Yucatán. Un año después le siguió el viaje de Juan de Grijalva, que bordeó el litoral mexicano y llegó cerca de la boca del Pánuco. Finalmente, un año más tarde tuvo lugar la expedición de Hernán Cortés quien, ante las noticias de un imperio fabuloso tierra adentro, negó la autoridad de Velázquez y decidió aventurarse en una empresa de conquista por su cuenta.

reloj, navegando por el borde interior de la Florida, y comprobó que se trataba de una península, para enseguida descubrir el delta del Mississippi, río al que otorgó el nombre de Espíritu santo. Después, pasó a lo largo de las costas de texas y tamaulipas, para ir a encontrarse con Cortés en la Villa rica de la Veracruz. Cortés lo percibió como un rival; y con razón, puesto que Álvarez de Pineda reclamó para Garay los territorios explorados en el área norte del Golfo, a los que había denominado Amichael. también intentó establecer una colonia en la boca del Pánuco, pero sucumbió al ataque de los indios huastecas. Más tarde una nueva flota al mando de Diego de Camargo, despachada por Garay para auxiliar a Álvarez de Pineda, recogió a los sobrevivientes y ésta acabó por sumarse a Cortés. Más allá de las implicaciones políticas, consecuencia de tales empresas de conquista, para 1519 ya había quedado clara la existencia del Golfo de México o seno Mexicano y, por consiguiente, la inexistencia de una continuidad marítima rumbo al Asia. Así fue plasmado en un mapa por Álvarez de Pineda, el primero en trazar con fidelidad extraordinaria los rasgos distintivos del Golfo, donde los litorales de tamaulipas y de texas hacían acto de presencia. Pero se trata de un mapa que únicamente fue conocido por los cosmógrafos y el piloto mayor de la Casa de Contratación de sevilla. sólo una vez consumada la conquista de México, Hernán Cortés divulgó con amplitud en forma impresa un mapa del Golfo de México, con la segunda de sus cartas a Carlos V, publicada en Nuremberg

Apropiación continental y primer esbozo del Golfo de México

Jamaica y competidor de Diego de Velázquez, en la carrera por la ocupación de la tierra firme. Pero en vez de seguir la ruta de las expediciones precedentes, Álvarez de Pineda emprendió un largo periplo de más de trescientas leguas por el entorno del Golfo de México en el sentido inverso de las manecillas del

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asi al tiempo que Cortés se hacía a la mar, Alonso Álvarez de Pineda se embarcaba por cuenta de Francisco de Garay, gobernador de la isla de

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c a r t o g r á f i c o

Mapa de factura artística italiana, impreso en
grabado a mediados del siglo XVI, unos treinta años después de la caída de Tenochtitlán y el surgimiento de la Nueva España; es decir, con tiempo suficiente para que las expediciones efectuadas hasta entonces aportaran la información necesaria sobre la silueta geográfica de México. Y aunque la desproporción espacial salta a la vista, se destacan bien las penínsulas de Yucatán y Baja California, al igual que el trazo del Trópico de Cáncer, sin dejar de lado la insularidad de la Ciudad de México y las características del norte del país.

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Figura inicial del territorio mexicano. 6
1561 Girolamo Ruscelli Grabado monocromo 22.5 x 30.9 cms. University of Texas at Arlington

( I.6 )

en 1524. No obstante, en este mapa el Golfo se reduce a un contexto geográfico para resaltar la representación de la Ciudad de México-tenochtitlán, cabeza del imperio mexica, al que Cortés derrotó en 1521, dando inicio al virreinato de la Nueva España. lo relevante de este mapa para la región de nuestro interés, es que agrega nuevas referencias geográficas, en especial el río de las Palmas (hoy soto la Marina), debido a los conflictos que se suscitaron en esa época por la ocupación territorial de la tierra firme recién descubierta. En efecto, tras la noticia del éxito de Cortés y del fracaso de sus enviados, el propio Francisco de Garay se hizo a la mar con la firme intención de crear un nuevo reino, al que llamaría la Victoria Garayana. sin embargo, debió enfrentar dos crudas realidades que también lo harían fracasar: por una parte, el inhóspito territorio aledaño a la boca del río de las Palmas, su punto de destino, carente de recursos disponibles para arraigar un pie colonizador y plagado de indios nómadas belicosos –se trataba del litoral de la gran área de Aridoamérica en la que la posterior ocupación española dilataría casi tres siglos en consolidarse–; y, por otro, la perspicacia de Cortés, quien vio venir las intenciones de Garay y se adelantó a organizar en 1522 la conquista de la Huasteca y el aseguramiento de la boca del Pánuco, fundando la villa de santi Esteban del Puerto. Con ello adjudicaba de facto a la Nueva España la jurisdicción de esta región costera, que sería uno de los puntos de partida para el futuro avance hacia el noreste.

2
Identificado por los primeros navegantes españoles, llevó el nombre de río de las Palmas hasta mediados del siglo XVIII cuando, al fundarse el Nuevo Santander se le rebautizó río de Santander o de Soto la Marina. De esta época data el presente mapa. En 1522 desembarcó aquí Francisco de Garay, rival de Hernán Cortés, con la intención de crear el reino de la Victoria Garayana. Sin embargo, lo inhóspito del terreno y la presencia de indios nómadas insumisos, lo hicieron fracasar completamente.

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Desembocadura del río de las Palmas. 7
1750 José de Escandón Manuscrito a tinta y acuarela sobre papel, 55.7 x 41.2 cms. British Library

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20

( I.7 )

( I.10 )

Como área privilegiada de la exploración marítima, el Golfo de México fue minuciosamente registrado en las observaciones astronómicas que permitían trazar las coordenadas geográficas. Así lo demuestra este mapa a detalle, para uso de los navegantes, fechado en 1639, cuyo principal interés es mostrar un segmento caracterizado por sus playas bajas, situado entre la barra del Pánuco y el “mar pequeño” (la bahía de Galveston). En él se identifica con claridad la localización de las barras de los ríos Palmas y Bravo y, entre ellos, la Costa de Pescadores, en alusión a los numerosos indios que se veían a la distancia.

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Mediciones astronómicas y cartografía en el Golfo de México. 10
Circa 1639 Joan Vinckeboons Dibujo a la acuarela en lápiz y tinta 50 x 71 cms. Library of Congress

destronaba el postulado geocéntrico de Claudio Ptolomeo, vigente desde la antigüedad, para colocar en el nuevo escenario científico su teoría heliocéntrica. la tierra, entonces, no era el centro del universo. se trataba de una esfera más en un vasto sistema planetario, compuesta por mares y masas continentales, ahora susceptibles de ser perfectamente trazados en la medida que se acumularan mayores referencias proporcionadas por los exploradores. Aun así, los principios ptolomeicos del trazado de la tierra en una proyección de coordenadas de longitud y latitud, expuestas en la Geograf ía, siguieron vigentes en el trazo de los nuevos mapas, elaborados con base en la información empírica de los descubrimientos. Con elementos como éstos en mano, la Casa de Contratación de sevilla continuó con la compilación cartográfica del Padrón real, dedicado a reunir todos los conocimientos que se acumularan acerca del continente americano. Gracias a ello, se generó una serie de mapas al servicio de la navegación y de las
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del

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Ejemplificada aquí con un mapa de la marina
estadounidense del siglo XIX, la desembocadura del río de Arboledas fue conocida desde el siglo XVI, cuando aún conservaba su condición deltaica y el empuje de sus aguas mar adentro la hacían inconfundible. Tal impulso se debía al cíclico deshielo de las Montañas Rocallosas, o a las aguas de las tormentas tropicales del verano. En esa misma centuria los exploradores del septentrión identificaron el río, sin que quedara duda de que se trataba de un lindero continental natural, lo que contribuyó a la ubicación espacial de las jurisdicciones políticas del norte de la Nueva España.

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Desembocadura del río de Arboledas o Bravo. 11
1854 U.S. Coast Survey Mapoteca Orozco y Berra

Sin duda la trayectoria virtual del Trópico de
Cáncer contribuyó al conocimiento cartográfico del Golfo de México tras el descubrimiento de América. Situado a los 23° 27´ de latitud norte, es el punto más septentrional en que los rayos del sol caen verticalmente –el cenit– en el solsticio de verano, el 21 de julio. A diferencia de otras regiones de su circunvalación terrestre, en México esta línea marca un cambio climático y ecológico, de ahí la aridez de los territorios situados hacia su parte norte. Su propósito responde a los intereses de Francia por legitimar la extensión territorial de la Luisiana hasta el río de las Palmas, en base al establecimiento del Fuerte San Luis por el caballero de La Salle en 1765 en la bahía de San Bernardo.
( I.11 )

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Señalización cartográfica del Trópico de Cáncer. 12
1701 N. de Fer y Vincent de Ginville Grabado coloreado a mano grabado en papel marca 20 x 32 cms. Library of Congress

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( I.12 )

( I.13 )

Mapa en gran formato del Golfo de México
y Mar Caribe realizado en el siglo XIX cuando, luego de tres centurias, en sus aguas había un intenso movimiento marítimo de escala mundial y en sus litorales habían surgido regiones de gran dinamismo. El noreste de México es un ejemplo. A partir del siglo XVI, desde sus costas se proyectó la ocupación territorial de tierra adentro y dos siglos más tarde su área costera debió ser colonizada por razones es-

tratégicas. Tras consumarse la independencia de México, la apertura de puertos fue el rasgo más distintivo de su economía al surgir Matamoros y Tampico, que se muestran en detalle en este documento.

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El espacio marítimo del Golfo-Caribe. 13
1845 E & G.W. Blunt Grabado en papel marca 98 x 218 cms. Mapoteca Orozco y Berra

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decisiones de la Corona española en la administración de su nuevo imperio de ultramar. lo relevante de los mapas producidos en la Casa de Contratación en la época de los descubrimientos, para la región que nos ocupa, fue que la ubicación del río Pánuco quedó fuera de toda duda, más aún tras la conquista de la Huasteca. la localización del Palmas fue conocida en menor medida, pues se había abandonado el interés por su región aledaña, aunque el nombre se mantuvo. la plena identificación del río Bravo tardó en corroborarse, lo mismo que los detalles de la costa baja y arenosa de texas.

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lo que su mapa Gvastecan regnum es la obra cartográfica más destacada del noreste en formación, que contiene, con asombrosa precisión, los principales referentes geográficos de la Huasteca. A este documento se sumó el mapa La Florida, elaborado con los mismos patrones y técnica cartográfica. Ahí quedaron plasmados muchos pueblos cuyos nombres debieron ser transmitidos por los sobrevivientes de la malograda expedición de Hernando de soto, que recorrió el territorio aledaño a la cuenca baja del Mississippi en la década de 1540.

El Nuevo reino de león y el inicio formal de la geografía norestense

A

l contar con mayor conocimiento del territorio, así como de las formas y protocolos para obtener con prontitud una concesión de conquista y

colonización, luis Carvajal y de la Cueva se embarcó a España para tramitar su propósito directamente en la corte situada en toledo. su perseverancia rindió sus frutos en 1579, cuando celebró unas capitulaciones con el rey Felipe II, por las

cuales fue autorizado a establecer el llamado Nuevo reino de león, cuyos linderos comprenderían doscientas leguas en cuadro a partir de la boca del Pánuco. Después de reunir a un grupo de colonizadores en la misma España, entre los que se contaban varios “cristianos nuevos” como él, todos de origen judaizante, emprendió el viaje de retorno. su destino, y punto de arranque de su empresa, eran el río Pánuco y la Huasteca. Desde ahí partió, en 1581, siguiendo el borde la sierrra Madre oriental hasta penetrar tierra adentro para fundar el año siguiente la ciudad de león, al pie de una serranía más tarde llamada Picachos. Nacía así la primera jurisdicción política del noreste mexicano. sin embargo, pronto comenzaron los problemas derivados de la concesión territorial excesiva que se le había otorgado al Nuevo reino de león y, con ello,
( I.17 )

una de las causas que actuaron en contra de Carvajal. Al fundar la villa de san

El Nuevo Reino de León visto en un documento cartográfico del siglo XVIII, obra de Juan Crouset, ceñido por diversas provincias. Cierto es que la territorialidad otorgada de origen comprendía una mayor dimensión, hasta el litoral del Seno Mexicano. Sin embargo, la precariedad de su desarrollo colonial y la resistencia indígena a las congregas lo confinaron a un menor espacio, de tal forma que, cuando a mediados del siglo XVIII la Corona española requirió poblar el litoral, no respetó los antiguos derechos jurisdiccionales del Nuevo Reino de León y, en su lugar, se estableció la colonia del Nuevo Santander, más tarde Tamaulipas.

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El Nuevo Reino de León. 17
1799 Juan Crouset Manuscrito a tinta y acuarela sobre papel, 68 x 43 cms. Archivo General de la Nación

luis rey, al pie de la sierra Madre, se enteró de que una avanzada colonizadora al mando del capitán Alberto del Canto, proveniente de la Nueva Vizcaya, que ya había sentado sus reales desde 1577 en el altiplano vecino, con la población de santiago del saltillo. Desde allí había intentado establecer el asentamiento ojos de santa lucía Mártir sobre un valle al que llamaron de Extremadura, que no es sino el sitio donde se localiza la ciudad de Monterrey. Carvajal se topó con dificultadas similares al pretender reclamar como parte de su reino una zona minera situada al poniente, donde plantó la villa de Nueva Almadén: el área ya había sido identificada como las minas de trinidad, en el valle de Couyla, y los colonos y el gobierno de la Nueva Vizcaya alegaron ser primeros en su posesión. Incluso el sitio en el que Carvajal estableció la ciudad de león ya había sido explorado previamente por Diego de Montemayor, también un colono novovizcaíno, quien lo había denominado las minas de san Gregorio. Al enterarse de estos conflictos, el virrey conde de la Coruña inició un proceso contra Carvajal. Por un tiempo éste pudo librarse de los cargos en su contra.

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( I.18 )

No obstante, los graves desmanes que se cometían en el Nuevo reino de león durante la captura y esclavización de los indios de la región pronto comenzaron a dejarse oír en la corte de México. A todo esto se sumó la acusación de que el gobernador del reino era un judío practicante, con lo que los problemas de Carvajal dejaron de ventilarse en el ámbito jurídico y político: se le instruyó causa en el tribunal del santo oficio, donde no había apelación posible. Carvajal y varios miembros de su familia fueron apresados por la Inquisición. Pudo abjurar de judaizante, pero fue condenado al destierro de las Indias. Murió en prisión antes de que se consumara su sentencia. Con su muerte y la salida de los colonos de las poblaciones que fundó, el Nuevo reino de león quedó en el abandono.

Trazado según el levantamiento cartográfico de Joseph de Urrutia en 1765 –el plano más antiguo de esta ciudad–, cuando habían trascurrido 153 años del traslado de su emplazamiento original, establecido en 1596 al norte de los ojos de agua de Santa Lucía. El asentamiento aún tenía una precaria formalidad urbana, apenas distinguible en los entornos de la plaza mayor y de la residencia del gobernador. Resulta más notable su aspecto rural en los numerosos solares y huertas que daban cuerpo a la población, irrigados por las acequias que los fecundaban.

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Plano de la ciudad y presidio de Monterrey. 18
Circa 1765 Joseph de Urrutia Dibujo coloreado a tinta sobre papel 53 x 43 cms. British Library

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c a r t o g r á f i c o

capítulo

II

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Esbozo del espacio regional norestense en el siglo XVII y primera mitad del XVIII

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Consolidación del Camino de la Plata o de “Tierra Adentro”
on el descubrimiento de las minas de Zacatecas, en 1546, los territorios situados al norte de la zona nuclear de la Nueva España cobraron una singular relevancia, no obstante lo árido de su paisaje y la ausencia de grupos indígenas sedentarios que colaboraran en el esfuerzo de los colonizadores. En el centro-norte del altiplano mexicano, por el contrario, merodeaban bandas dispersas de indios cazadores-recolectores, entre las que destacaban grupos de guachichiles, guamares y zacatecos, reacios a someterse al orden colonial, como antes ya había sucedido con los cazcanes durante la guerra del Mixtón, conflicto que incluso puso en jaque la permanencia de la incipiente Nueva Galicia. Para la década de 1550 la guerra chichimeca predominó a lo largo del llamado Camino de la Plata, ruta trazada con el fin de comunicar la Ciudad de México con Zacatecas, en la que la inseguridad era permanente a pesar de que en esos años se fueron estableciendo algunas poblaciones a su vera, y de que las autoridades coloniales continuamente organizaban batidas y dictaron fuertes represalias que tan sólo sirvieron para incrementar el conflicto. Sin embargo, la necesidad de pacificar este camino se incrementó ante la noticia de nuevos hallazgos mineros en la profundidad del septentrión, entre los cuales se contaban Fresnillo, Sombrerete, Chalchihuites, San Marín, Charcas y Mazapil. Por esta razón, a partir de 1570 se instrumentó una política más decidida cuyo objetivo era pacificar el Camino de la Plata, incluso a costa de implementar una guerra “a sangre y fuego”. De tal política surgió el concepto de la fijación de presidios –puntos militares fortificados, situados de tramo en tramo de la ruta–, que se convirtió más tarde en un sistema que se aplicó en todo el norte de la Nueva España. Al mismo tiempo, y con objeto de atenuar los reclamos de conciencia por el violento trato contra la resistencia indígena, hubo una serie de debates en los que se esgrimieron razonamientos en torno a que se trataba de una “guerra justa”, lo que vino a abrir la posibilidad a una mayor y más activa participación de las órdenes religiosas en el proceso de conquista del norte novohispano. Poco antes de finalizar el siglo XVI, la política virreinal giró en redondo y se planteó la pacificación por medios persuasivos, el arreglo diplomático y la protección y otorgamiento de garantías a los indios que decidieran bajar las armas. Y para llevar a la práctica estos principios, no se encontró a nadie mejor que un personaje de origen mestizo, con sangre chichimeca: el capitán Miguel Caldera, quien logró la pacificación del Tunal Grande, un estratégico bolsón geográfico de indios de guerra. Sólo después de consumada la paz, se pudo fundar San Luis Potosí, en cuyos alrededores pronto se localizaron yacimientos minerales. En los años por venir esta ciudad representó la llave del noreste, pues gracias a su ubicación fue posible trazar una ruta paralela al Camino de la Plata (ruta transformada después en el Camino de Tierra Adentro, que desembocaba en Nuevo México, provincia incorporada en 1598), por lo que incluso jugó un importante papel administrativo esta región en las postrimerías del virreinato. Como producto de la política de negociación, el virrey Luis de Velasco hijo implementó a gran escala el método de incorporar a los esfuerzos de colonización a los llamados “indios madrinas”, como antes se había hecho con los otomíes, pero ahora integrando a un grupo con un nivel de civilización meso-

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c a r t o g r á f i c o

Localizada en la costa meridional de Texas,
la bahía está compuesta por angostas barreras insulares paralelas al litoral, formadas en tiempos geológicos por las corrientes fluviales del interior y la acumulación de sus sedimentos aluviales –fenómeno similar al que formó las dos lagunas madres en ambos lados de la delta del río Bravo. De poca profundidad en sus aguas, no tenía mayor significado estratégico para ser elegida por el caballero de La Salle como punto de desembarco y fundación de una colonia francesa a finales del siglo XVII. En realidad este personaje iba en búsqueda del río Mississippi, pero debido a que desconocía la geografía del

litoral, y a que no deseaba dar marcha atrás, acabó por desembarcar, con lo que empeñó la suerte de su expedición. En la imagen, un plano español de las postrimerías del siglo XVIII.

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Plano de Bahía de San Bernardo o Espíritu Santo. 15
1785 Josef de Evia Papel marca manuscrito coloreado 64 x 60 cms. Mapoteca Orozco y Berra

Esta visión está expuesta en tres ejemplos cartográficos elaborados sobre un mismo patrón, factura técnica y origen autoral (Sanson D´Abbeville), pero muestra distintos linderos de dominio entre las potencias europeas que tenían juego en el te( II.15 )

rritorio, lo que pone de relieve cómo las disputas territoriales entre ellas tuvieron en los mapas otro recurso de argumentación política para justificar sus reclamos y crear precedentes tangibles que les permitieran negociar acuerdos. En este caso, el de arriba a la izquierda extiende el Canadá hasta el río Bravo; su contraparte señala la proporción territorial que tuvo la Florida española antes de la injerencia francesa en el Golfo de México, mientras que el mapa de abajo no asume compromisos y muestra a la América del Norte como un vasto espacio abierto.

noticia arribó a España, por lo que el rey instruyó al nuevo virrey, el conde de Monclova, para averiguar estos hechos. En cuanto llegó a Veracruz, preparó otro reconocimiento naval, con énfasis en el litoral al norte del río Bravo. Sus pesquisas culminaron cuando se encontraron los restos de uno de los navíos franceses en la bahía de San Bernardo, identificada antaño por los españoles como bahía del Espíritu Santo. Después de una segunda expedición naval se corroboró tanto la presencia francesa como su enigmática desaparición, lo que hizo surgir la suspicacia de que los galos estuvieran fortaleciéndose tierra adentro. Las autoridades virreinales se vieron urgidas, pues, a realizar exploraciones terrestres. Ya desde 1686, por órdenes del virrey marqués de La Laguna, el gobernador del Nuevo Reino de León, Agustín de Echeverz y Suviza, decidió buscar a los franceses. Para tal efecto comisionó para encabezar la expedición al capitán Alonso de León, El Mozo, dada su experiencia militar y que era nativo de la provincia e hijo del experimentado capitán del mismo nombre. De León marchó de Cerralvo hasta encontrar el Bravo, cuya corriente siguió por su banda derecha hasta su desembocadura sin encontrar ningún vestigio, lo que da idea de la ignorancia geográfica que prevalecía entre las autoridades del Nuevo Reino de León sobre un territorio que, en teoría, correspondía a su jurisdicción. Al siguiente año, De León incursionó al norte del Bravo, pero sin avanzar a profundidad, por lo que volvió a tener resultados nulos. En 1688, sin mediar búsqueda alguna, un informante tlaxcalteca dijo que al norte del Bravo había un francés a quien los indios reverenciaban “como un rey”. Enterado, De León se aprestó para encontrar al extranjero. En efecto, lo

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La América del Norte bajo la visión francesa. 16
1688 Vizenzo María Coronelli Grabado en dos hojas 60.5 x 54.2 cms. University of Texas at Arlington

Refrendo español de sus posesiones sobre La Florida. 17
1688 H. Jaillot Mapa coloreado a mano Library of Congress

Visión de conjunto de la América septentrional. 18
1650 Vizenzo María Coronelli Grabado en dos hojas, 39 x 55 cms. Library of Congress

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Se trata de un ejemplo de las maneras en que
se podía utilizar un mapa para satisfacer intereses políticos. Al disponerse de un formato básico de información geográfica, se le hacían adaptaciones para hacerlo parecer original y diferente. Esto resulta claro si se coteja con el mapa de enseguida. Ambos fueron elaborados por Johann Baptist Homann en Nuremberg. En este caso, el objetivo es resaltar la legitimidad de la posesión española sobre el territorio de la Florida, explorado por Hernando de Soto a mediados del siglo XVI, que una centuria y media más tarde era disputado por Francia.

Elaborado también en el taller de Johann Baptist Homann, el mapa de la América del Norte y la Luisiana obedece a los intereses de Francia de demostrar su presencia sobre el territorio, que se extiende hasta el río Bravo y reduce la Florida casi a su segmento peninsular. El documento presenta una viñeta con la imagen de las Cataratas del Niágara, así como el trazo de los viajes del caballero de La Salle, tomados de los mapas de Guillaume Delisle (al lado derecho). Como rasgo de su inserción continental, aparece una viñeta en la que se ven unos indios junto a un bisonte americano.

hombres reclutados en la Martinica y Haití, entre los que estaba el corsario Lorencillo, quien le fue muy útil por su conocimiento práctico de los rumbos marítimos del Seno Mexicano. Así, luego de un incómodo encuentro con las tropas españolas estacionadas en Panzacola, Iberville encontró el delta del Mississippi a inicios de 1699 y fundó cerca de allí el fuerte Biloxi. Al año siguiente recibió, a través del río Mississippi, contingentes procedentes del Canadá como refuerzo. Se iniciaba así la configuración territorial de la Luisiana. El viento a favor de Francia se incrementó al morir en 1700 el monarca español Carlos II quien, al carecer de descendiente directo, testó a favor de su sobrino Felipe de Borbón, nieto del rey Luis XIV, que asumió el trono con el título de Felipe V. Esto contravenía los intereses del emperador Leopoldo I de Alemania, quien esgrimía los derechos sucesorios para el archiduque don Carlos, quien como descendiente de un linaje no extinguido del rey Carlos
V, se proclamó Carlos III y se estableció en Barcelona.

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Mapa de la América del Norte y la Florida. 25
1687 Johann Baptist Homann Grabado en lámina sobre papel e iluminado a la acuarela University of Texas at Arlington

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Mapa de la América del Norte y la Luisiana. 26
1737

Johann Baptist Homann
Grabado en lámina sobre papel e iluminado a la acuarela 57 x 48.3 cms. Mapoteca Orozco y Berra

Se desató así la llamada Guerra de sucesión española, que se prolongaría hasta 1713, con la participación de Holanda e Inglaterra a favor del linaje de los Habsburgo. Sin embargo, en medio del largo conflicto murieron

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Leopoldo I y su sucesor, por lo que Carlos III dejó Cataluña para asumir el trono de Alemania, como Carlos VI, lo que ya no gustó a sus aliados, que prefirieron establecer un armisticio con Luis XIV. La paz, que se firmó finalmente en Utrech, generó una recomposición de fuerzas en Europa, que no volvió a modificarse sino hasta la Guerra de los Siete Años, entrado ya el siglo XVIII. Una primera consecuencia de este conflicto fue que Inglaterra aprovechó el momento para obligar a Francia a cederle la Acadia (Nueva Escocia), Terranova y la bahía de Hudson, lo cual comprometió notablemente la capacidad gala para mantener sus esfuerzos coloniales a lo largo del río San Lorenzo, eje articulador de su presencia canadiense. Tal insuficiencia se reflejó en la poca densidad demográfica francesa en el Canadá, apenas visible en el entorno de Quebec. Pero las repercusiones de la Guerra de Sucesión también hicieron posible que los esfuerzos franceses por consolidar la Luisiana no se vieran impedidos por España. En 1708 arribó a esta región su primer intendente, y después un gobernador, Antonio de la Mothe, señor de Cadillac, quien intentó convencer al virrey novohispano, el duque de Linares, para establecer

Obra de Guillaume Delisle, uno de los más
distinguidos cartógrafos franceses a inicios del siglo XVIII, no dudó en crear esta impronta cartográfica que más tarde sería ampliamente utilizada por otros cartógrafos en distintas versiones de mapas sobre la América del Norte. Como instrumento de propaganda política, el mapa magnifica las proporciones geográficas de la Luisiana en el contexto continental. Presenta como eje la corriente del río Mississippi, cuya desembocadura se detalla en un mapa de recuadro. Por su parte, el río Bravo aparece como su límite sur, sin que se haga mención de la provincia novohispana de Texas. No obstante, contiene el trazo de los distintos exploradores que recorrieron la región, españoles en primer término, como Soto, Moscoso y De León, y se le agregan las rutas seguidas por los franceses La Salle y Saint Denis.

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Mapa de la Luisiana, versión francesa. 27
1718 Guillaume Delisle Grabado en tinta sobre papel, 48.5 x 64.5 cms. Library of Congress

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Salvo por los piratas, en el siglo XVII el Golfo de México fue un mar exclusivo de España, hasta que a inicios de la centuria siguiente Francia le disputó su soberanía al establecer la Luisiana. Entonces, el despoblamiento del litoral se convirtió en un grave asunto de seguridad estratégica. Además, estaba ocupado por tribus indígenas que ofrecían una feroz resistencia a cualquier intento de ocupación colonial. Así se refleja en este mapa de alrededor de 1740, que subraya la vulnerabilidad del territorio y la densidad de sus etnias autóctonas. El documento muestra una orientación poco habitual, con el poniente hacia arriba.

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Mapa de la costa del Seno Mexicano. 39
1744 Miguel Custodio Durán Manuscrito a tinta temple sobre pergamino 77.5 x 68 cms. Mapoteca Orozco y Berra

( II.38 )

A principios del siglo XVIII se dejó sentir en
el norte de la Nueva España la presencia de los indios de las praderas, que incidieron en el Bolsón de Mapimí y, de allí, penetraron las áreas nucleares de la Nueva Vizcaya y Coahuila. Esto motivó la recomendación del oidor Juan de Oliván para que se erigiera un nuevo presidio que cubriera el flanco occidental de Coahuila. En 1737 se fundó el presidio de Santa Rosa del Sacramento, que se aprecia en este plano. Fue situado al pie de una gran cordillera que servía de barrera protectora, y se aprovechó en su establecimiento una fecunda ciénega que le proporcionaba agua en abundancia. Para el comandante Juan de Ugalde, esta población debía ser, por su ubicación y recursos disponibles, la cabecera de las Provincias Internas de Oriente, e incluso sede de la mitra del obispado de Linares.

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Presidio de Santa Rosa. 1765 Joseph de Urrutia Dibujo sobre papel, coloreado a mano 53 x 43 cms. British Library
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de crearse un presidio, debía localizarse bajo la gran curvatura que hacía el río Bravo, pues conocía la región al grado de legarnos uno de los primeros mapas generales de ella. También recomendaba que se proveyera al presidio con soldados de la Nueva Vizcaya, con lo que su influencia gravitaría hacia esa provincia. Entre otras cosas, las consultas derivaron en una extensa exploración de muchos territorios hasta entonces ignotos en el entorno de la gran comba del Bravo, a cargo de José Barroterán. Después se cambió de parecer, por lo que los hombres deberían de ser reclutados en El Saltillo y el Nuevo Reino de León, lo que motivó una nueva expedición, esta vez a cargo de los soldados del presidio de San Juan Bautista quienes, siguiendo el Bravo aguas arriba, concluyeron que el mejor sitio eran las márgenes del río de San Diego, afluente de aquél. Con este razonamiento, mejor documentado, el establecimiento del nuevo presidio pasó ahora a gravitar bajo la influencia de la provincia de Coahuila. Así, en 1737 se fundó el presidio de Santa Rosa del Sacramento, siendo su comandante Miguel de la Garza Falcón, miembro de otro tronco familiar con gran influencia en Coahuila, entre los que se contaba a un ex gobernador de la provincia. Sin embargo, a pesar de la estratégica ubicación de este presidio, su aislamiento en un territorio inmenso volvía poco efectiva la contención de las crecientes avalanchas de los indios de las praderas, que fácilmente lo flanqueaban. El núcleo de la provincia de Coahuila seguía siendo
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( III.1 )

El mapa aquí expuesto marca el último episodio en el que España mantuvo su completa hegemonía en todo el litoral de la cuenca marítima del Golfo de México, en las postrimerías del siglo XVIII. Cambios radicales estaban por venir, como los otros acontecidos en los últimos cien años, cuando las disputas imperiales europeas se dejaron sentir en estas aguas. De cualquier forma, el establecimiento de la colonia del Nuevo Santander, a mediados de la citada centuria, había marcado un momento clave en la consolidación territorial del septentrión de la Nueva España, pues hasta entonces había estado muy expuesta ante el despoblamiento de la costa del Seno Mexicano. Entonces comenzó toda una nueva producción cartográfica de factura española que reprodujo en diversas versiones el perfil marítimo del Golfo y de sus relieves costeros más notables. Esto fue resultado de las exploraciones navales que, sumadas a los datos acumulados a través de centurias, generaron magníficos nuevos

mapas de nueva generación, cuyos antecedentes remotos se enclavan en los portulanos de tiempos de la Conquista.

misión, donde sobresalían los poderes militar y eclesiástico. Y es que la plantilla demográfica del Nuevo Santander se integró con colonos de las provincias vecinas, lo mismo que de un contingente llegado de Querétaro, el Bajío y San Luis Potosí, compuesto por personas deseosas de escapar a los estragos de la gran sequía que había generado la llamada “gran hambre de toda esta América”. Para asegurar el reclutamiento, Escandón ofreció estímulos económicos, granos, exención tributaria, dotación de solares y la promesa de obtener tierras. El resultado fue la ocupación simultánea de un dilatado territorio, y la formación de una nueva entidad política novohispana que, a pesar de los diversos problemas que hubo de enfrentar, acabó por consolidarse en poco más de un lustro. Con la prospección geográfica de su recorrido exploratorio, Escandón distribuyó estratégica y escalonadamente un rosario de poblaciones a lo largo de la costa del Seno Mexicano, desde el Pánuco hasta el Bravo, integradas en tres conjuntos regionales. El primero se conoció como “villas del norte”, situadas en las márgenes del Bravo y conocidas como Reynosa, Camargo, Mier, Revilla y Laredo. El segundo fueron las “villas del centro”, compuesto por Güemes,

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Mapa del Seno Mexicano o Golfo de México. 1
1797

Juan de Langara Dibujo manuscrito a tinta sobre papel común Archivo Histórico Militar

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Sin duda uno de los mapas más conocidos
del siglo XVIII novohispano fue el mapa elaborado por el coronel José de Escandón tras su viaje de reconocimiento de la costa del Seno Mexicano en 1747, como paso previo a su colonización definitiva a partir del siguiente año. Ese territorio permaneció ajeno al orden colonial por no poseer riquezas minerales aparentes, así como por ser un importante “bolsón de gentiles”. Originalmente perteneció a la jurisdicción del Nuevo Reino de León, conforme a la capitulación otorgada a Luis Carvajal y de la Cueva. Sin embargo, al fracasar éste en su intento, el restaurado Nuevo Reino de León no pudo nunca ejercer actos reales de dominio sobre las llanuras costeras. Surgió entonces la oportunidad para la amenaza francesa, que desde el Canadá llegó para fincar un simbólico bastión en la costa de Texas, convirtiendo en un asunto estratégico el ejercicio real del poder soberano de la Corona española sobre los litorales del Golfo de México. De ahí la

importancia de la empresa del coronel Escandón, quien por sus méritos como conquistador y colonizador mereció que le fuera otorgado el condado de Sierra Gorda. Sin embargo, esto no lo eximió de ser sometido a un juicio de residencia, tan pronto como se dejaron sentir los vientos reformadores borbónicos.

Aún cuando se desconoce el mapa original
que dio lugar a tantas reproducciones sobre la base de un mismo formato, se puede afirmar que fue un hecho la permanencia del mapa de la Sierra Gorda y la costa del Seno Mexicano en los gabinetes del virreinato, como fuente cartográfica oficial. Esto se puede comprobar al ver cómo fue utilizado por Joseph de Urrutia al elaborar el gran mapa del septentrión hacia

propia provincia del Nuevo Santander, pues refiere los campamentos o “reales” establecidos durante la exploración de 1747, a la vez que sitúa la ubicación de las villas establecidas entre 1748 y 1755, el periodo en el que se forjó dicha provincia.

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Mapa de la Sierra Gorda del AGI.
1747 José de Escandón. Manuscrito a tinta y acuarela sobre papel Archivo General de Indias
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1765. También sirvió en alguna medida para diseñar el mapa que define los límites de la jurisdicción del nuevo obispado de Linares en 1773. Sin embargo, como registro cartográfico su fidelidad es bastante burda, pero tiene la virtud de mostrar todo un conjunto regional que va desde Querétaro hasta Texas, proporcionando la escala de los alcances territoriales de diversas provincias aledañas, entre ellas Tampico, Zimapán, Meztitlán, Valles, San Luis Potosí, Charcas, el Nuevo Reino de León y Coahuila. Además, cabe destacar que el mapa tiene empalmados dos tipos de datos respecto a la

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Mapa de la Sierra Gorda del AGN. 3
1792 José de Escandón Manuscrito a tinta y acuarela sobre papel 80 x 60 cms. Archivo General de la Nación

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interés oficial o particular presente en la zona. Por tanto, todas las decisiones territoriales adoptadas por Escandón fueron autorizadas. Así, con la aparición del Nuevo Santander en el contexto geográfico del septentrión oriental, se completó la articulación de un territorio destinado a funcionar como un conjunto regional. Al mismo tiempo que la colonización de la costa, se estableció un sistema de misiones para evangelizar a los indios naturales e incorporarlos al orden colonial. Los franciscanos del colegio de Propaganda Fide, de Guadalupe, Zacatecas, fueron los responsables de esta tarea. Como las villas de españoles, las misiones fueron creadas en un mismo acto y contaban con el pago de sínodos de la Real Hacienda, con dotación de ganado y aperos de labranza, lo que permitió la prosperidad de algunas de ellas, situadas en lugares fecundos, como las de Camargo, Trespalacios e Igollo. Sin embargo, sus expectativas de contar con un amplio margen de poder se vieron frustradas por el coronel

Al fundarse la villa de San Agustín de Laredo
en 1755 en la banda norte del río Bravo, se completó la estructura política y jurisdiccional de la colonia del Nuevo Santander. Un año más tarde, y por orden de la Corona, las autoridades virreinales enviaron una comisión para constatar los resultados de las acciones colonizadoras del coronel Escandón. Dicha visita estuvo a cargo del capitán Tienda de Cuervo y del ingeniero Agustín López de la Cámara Alta, quienes al reportar su jornada emitieron un dictamen aprobatorio, aunque recomendaron algunas medidas correctivas y bloquear la habilitación de puertos en la nueva provincia. Además, y como parte de sus funciones, el ingeniero Cámara Alta desarrolló una diligente actividad cartográfica que se reflejó en un mapa monumental del Nuevo Santander, en formato rectangular alargado, donde se precisaban numerosos detalles geográficos,

localización de las tribus nativas y se añadían los planos individuales de cada una de sus villas. El mapa que aquí se aprecia es una adaptación del de Cámara Alta. Tiene el mismo formato, aunque su representación orográfica es menos técnica y más estilizada, lo que proporciona gran visibilidad panorámica a todo el conjunto y a las cuencas hidrológicas que discurren hacia el Seno Mexicano.

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Mapa de la colonia del Nuevo Santander. 6
Circa 1758 Autor desconocido Manuscrito coloreado a tinta y acuarela 49.5 x 142.2 cms. British Library

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Escandón, cuya política privilegiaba el orden civil y secular. Incluso se negó a dotarlas formalmente de las tierras de misiones, con lo que se generó una ríspida relación que llegó al punto del rompimiento cuando los religiosos abandonaron el Nuevo Santander en 1766. Las misiones vacantes fueron ocupadas por otros franciscanos, provenientes de las provincias del Santo Evangelio de México, de Zacatecas y de Michoacán. Bajo estas nuevas jurisdicciones, las misiones no alcanzaron mayores progresos, situación que motivó algunos proyectos para la dominación de los indígenas, como la creación de pueblos o repúblicas de indios, que no prosperaron, como tampoco lo hizo el tardío esfuerzo evangelizador de los franciscanos de Pachuca, interesados en pacificar la sierra de la Tamaulipa Vieja. Al no contar con indios, los bienes de misión fueron usufructuados por particulares. Finalmente, se remataron en los primeros años de la vida independiente de México.

Desde la perspectiva indígena, el impacto de la colonización de la costa del Seno Mexicano fue desastroso, pues se fragmentó el espacio vital de cacería, recolección y acceso a las fuentes de agua. Asimismo, los indios padecieron terribles flagelos epidemiológicos, como viruela y sarampión, que causaron entre ellos una catástrofe demográfica. Además, se vieron acosados por los colonos y frailes que los obligaban a sujetarse. En pocos casos, según el tipo de comunidad étnica, algunos grupos indígenas adoptaron las reglas impuestas, como sucedió con los carrizos de orillas del Bravo, o con los pisones de la Sierra Madre. Sin embargo, etnias como los janambres, bocasprietas y los variados grupos de la Tamaulipa Vieja ofrecieron una tenaz resistencia hasta que fueron exterminados. De ahí la presencia de pames como “indios madrinas” en el sur de la colonia, o bien de los antiguos y míticos olives, quienes retornaron en compañía de indios huastecos para establecer en Horcasitas y Altamira (Tancol) los únicos casos estables de pueblos de indios.

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Con la reorganización imperial de los Borbones, las necesidades defensivas de ultramar adquirieron prioridad. El septentrión de la Nueva España era un territorio de límites desconocidos y escaso poblamiento, acosado por las amenazas de los indios de las praderas. Por tanto, hacia 1720 reconocieron sus asentamientos y presidios el brigadier Pedro de Rivera y el ingeniero Francisco Álvarez Barreiro, autor del esta extraordinaria pieza cartográfica llena de precisión y colorido, aunque no traza la península de la Baja California. Más tarde, con la visita de José de Gálvez, el Consejo de Indias decidió la creación de la Comandancia de las Provincias Internas.

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Mapa del septentrión novohispano. 10
1770 Francisco Álvarez Barreiro; reducción de Luis de Surville Técnica: Manuscrito a tinta y acuarela sobre papel 46 x 28.5 cms British Library

Tras la colonización de la costa del Seno
Mexicano y el establecimiento del Nuevo Santander, se integró el septentrión oriental novohispano. Esto incrementó la población, mientras las etnias autóctonas declinaron, acelerando la secularización religiosa. Así, en 1773 se creó el obispado del Nuevo Reino de León, que abarcaba esta provincia y Coahuila, Texas y el Nuevo Santander, como se observa en este mapa: un magnífico ejemplo de la cartografía religiosa colonial mexicana, hecho por Miguel Constansó y por el responsable de demarcar los límites jurisdiccionales, Eusebio Ventura Beleña, alcalde del crimen de la Real Audiencia de México.

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Territorio del obispado de Linares. 9
1779 Miguel Constansó y Eusebio Ventura Beleña Manuscrito a tinta y acuarela Tamaño: 87.6 x 56.3 cms. British Library.

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( III.10 )

Así como el obispado del Nuevo Reino de León reconoció el agrupamiento regional del norte oriental novohispano, una estructura militar definió con mayor énfasis su integridad unitaria, incluso identificada con una nomenclatura propia: la Comandancia de las Provincias Internas de Oriente. Los antecedentes para considerar la creación de una entidad militar que hiciera frente a los complejos problemas del septentrión se remontaban hasta fines del siglo
XVII y principios del XVIII, cuando la gran rebelión de los indios pueblo en

el valioso virreinato de la Nueva España. Con tal encargo hicieron su arribo a la colonia el virrey marqués de Croix y el visitador José de Gálvez, responsable éste entre 1765 y 1771 de evaluar las condiciones imperantes en el septentrión y de proponer soluciones. Gálvez recomendó un mando único para todas las decisiones políticas y militares de este territorio periférico y marginal, con miras a constituir más tarde un nuevo virreinato. Lo anterior produjo la natural oposición del nuevo virrey Bucareli, quien frustró de momento los deseos del visitador. Pero, más allá de las habituales diferencias que, ya fueran fondo o producto de la vanidad, se producían en la élite gobernante española, las circunstancias que gravitaban sobre los dominios españoles en la América del Norte eran lo suficientemente preocupantes como para que la Corona tomara las medidas correspondientes. La presencia de los rusos en el Pacífico norte, la irrupción de los indios de las praderas en el septentrión y la guerra de independencia de Estados Unidos constituían factores que, dada su trascendencia, demandaban una urgente atención. Por otra parte estuvo la actuación personal de los sujetos en juego: José de Gálvez fue nombrado en 1776 miembro del Consejo de Indias, máxima autoridad en todos los asuntos americanos, y desde él dispuso

Nuevo México y la reactivación de la frontera de guerra viva que le siguió por doquier demandaban tomar acciones integrales. Acciones políticas y militares, como la reocupación de Nuevo México, la reforma al Nuevo Reino de León por Francisco Barbadillo y Vitoria, o la visita a los presidios del brigadier Pedro de Rivera, aunque no coordinadas, apuntaban a contar con una autoridad competente situada en estos territorios y dotada de amplias facultades y atribuciones. El momento para concretar una idea con tales alcances vino de la mano del espíritu reformista borbónico. Su origen residió, en parte, en las calamidades sufridas por España durante la Guerra de los Siete Años, que volvieron urgente la profesionalización del ejército en las posesiones de ultramar, sobre todo en

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Con la Guerra de los Siete Años se reconfiguró el diseño territorial de la América del Norte. Fue un conflicto de alcances mundiales, protagonizado por Francia e Inglaterra. Por los “pactos de familia” entre los Borbones, España se alineó con Francia, padeciendo las consecuencias de su derrota, como la toma de La Habana y Manila, las llaves de su imperio. Al final, con el Tratado de París de 1763, Francia transfirió a Inglaterra el Canadá, y la posesión de la Luisiana a España. Además, como compensación a sus propias pérdidas, España cedió la Florida a la emergente potencia inglesa. Así lo muestra el presente mapa, realizado en gran formato y pompa cartográfica, para reafirmar la nueva hegemonía británica sobre la América del Norte. Sin embargo pronto cam-

biarían las cosas, también como consecuencia de este conflicto, al propiciarse el estallido de la Independencia de los Estados Unidos, y la Revolución Francesa.

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Mapa de la América del Norte después de 1763. 29
1763 Anónimo Impreso coloreado a mano, sobre soporte de tela Library of Congress

sucedieron importantes acontecimientos bélicos de escala mundial que repercutirían en todo el conjunto de la América del Norte. Se trata del estallido de la Guerra de los Siete Años, que enfrentó a las principales potencias imperiales europeas. En ella Inglaterra hizo liga con una Prusia emergente y con Hannover para enfrentar principalmente a Francia, aliada de Austria, Sajonia, Rusia, Suecia y España, todas ellas empeñadas en sacar provecho de sus particulares intereses continentales o imperiales. En la América del Norte el conflicto atizó la vieja rivalidad franco-británica por el control del acopio de pieles en las tierras situadas al oeste de los Montes Apalaches y por los derechos de pesca en Terranova. Finalmente, para 1760 la balanza se inclinó del lado de los británicos, quienes conquistaron el Canadá y frustraron la penetración francesa en la India, del otro lado del mundo. En cambio, devolvieron a Francia las islas caribeñas de Guadalupe y Martinica. España, por su parte, sufrió un gran descalabro con la ocupación británica de La Habana y Manila. Al término de la guerra, en 1763, Francia formalizó la cesión del Canadá a Inglaterra, en tanto que, para compensar a su aliada España, y en el marco de un “pacto de familia” entre monarcas Borbones, le entregó la Luisiana. España a su vez cedió la Florida a Inglaterra, que en 1764 la dividió en oriental y occidental. Aunque España obtuvo la continuidad geográfica de sus territorios en la América del Norte, no potenció esta circunstancia estratégica: encomendó la Luisiana a la capitanía general de Cuba, en vez de a la Nueva España, con lo que la hubiera unificado administrativamente con el septentrión justo cuando se instrumentaba el establecimiento de la Comandancia General de las Provincias Internas. Con esta errónea medida se mermó la defensa del

( III.29 )

capítulo

IV

Definición del noreste mexicano

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Resquebrajamiento de la unidad colonial
uando, a inicios de 1820, la rebelión de Rafael de Riego sometió al rey Fernando VII al orden liberal constitucional, se produjo un reordenamiento en la organización política y en la estructura administrativa de todo el imperio español. En consecuencia, se dispuso la reinstalación de las diputaciones provinciales, de los ayuntamientos constitucionales y de la titularidad de los jefes políticos y militares en las diversas regiones y provincias peninsulares y americanas. También se alentó la creación de los órganos necesarios para su gobierno, como nuevas intendencias y audiencias. En lo que respecta a las Provincias Internas de Oriente, estos acontecimientos reactivaron de nuevo sus expectativas de representatividad política, pues se pensaba que pronto se habría de contar con mejores cauces administrativos y de fomento, luego de diez años de perturbaciones y crisis económicas provocadas por la insurgencia y la reacción realista, a cargo del férreo control militar del brigadier Joaquín de Arredondo. Conocidas las nuevas reglas, a fines de 1820 se eligió e instaló la segunda diputación de las Provincias Internas de Oriente. No llegó a celebrar sus reuniones, debido tanto a la oposición de Arredondo como a que, en la práctica, el organismo sólo jugaba un papel transitorio, pues en la primavera siguiente se convocó a establecer una tercera, cuyos diputados se dispusieron a viajar a España, pero nunca lo hicieron. Y no lo hicieron porque en ese entonces se conoció el Plan de Iguala, con lo que quedaron contados los días del régimen colonial. Ante el anuncio del plan, Joaquín de Arredondo quiso fortalecerse en Monterrey. Para ello dispuso el traslado de la caja real que existía en Saltillo, pues la nueva Intendencia para las Provincias Internas de Oriente se hallaba en vías de formalización y él ostentaba la jefatura política. Sin embargo, en el seno de las propias tropas enviadas a traer los caudales afloró la oportunidad de plegarse a los cambios que se estaban suscitando. Así, el cabildo de Saltillo hizo eco al Plan de Iguala, lo mismo que las tropas de Arredondo. El militar quedó aislado en la región, la que finalmente abandonó de manera subrepticia. En reemplazo de la jefatura política de las Provincias Internas de Oriente se designó a Gaspar López, hombre cercano a Agustín de Iturbide, quien debía dar continuidad a la reorganización administrativa que se hallaba en proceso en esta antigua jurisdicción novohispana. Ahora bajo el régimen de un gobierno que se proponía dar continuidad al esquema administrativo del viejo régimen, incluso con una estructura de tipo monárquico. La ubicación de la residencia de la Comandancia General, de la Intendencia autorizada para la región y de la futura Audiencia fue motivo más que suficiente para que, una vez abierto el vacío de poder con la salida de Arredondo, las ciudades de Saltillo y Monterrey rivalizaran con el fin de erigirse en cabecera provincial. Como consecuencia de tal conflicto, López aplazó la instalación de la cuarta diputación provincial, al tiempo que la provincia del Nuevo Santander establecía la suya, con lo que se sustrajo a los futuros proyectos de reordenación unitaria de las Provincias Internas de Oriente. Y si bien estos acontecimientos tenían largas raíces, en el fondo no fueron ajenos a la influencia de personajes concretos, oriundos de la región. En ello destacaron Miguel Ramos Arizpe y Servando Teresa de Mier, ambos con una intensa participación intelectual en el proceso de la independencia, y los dos de igual forma empeñados en favorecer la preeminencia de su lugar de origen, Saltillo y Monterrey, respectivamente. Este fue, asimismo, el caso del presbítero José Eustaquio Fernán-

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Al definirse la organización federal de la República Mexicana en 1824, la antigua provincia de Texas carecía de la población necesaria para adquirir su propia autonomía como entidad federativa, de ahí que decidiera su integración a Coahuila, formando un estado dual, mismo que expidió su propia Constitución Política en 1827 y tuvo como capital, alternadamente, a las ciudades de Monclova y Saltillo. Además, esta medida respondía a una vieja tradición colonial, de cuando ambas provincias estuvieron juntas bajo una sola autoridad política. Sin embargo, con la independencia de México aparecería un nuevo e inédito acontecimiento: el rápido poblamiento de Texas por colonos angloamericanos. Esto se aprecia claramente en este mapa, donde se distinguen las concesiones otorgadas a los empresarios extranjeros y nacionales interesados en ocupar el territorio, bajo la condición de adoptar la nacionalidad mexicana y profesar el catoli( IV.8 )

cismo. Dichas concesiones se localizaron en el núcleo histórico de Texas, dando pie a su pronta articulación política, económica y espacial, aunque, paradójicamente, bajo patrones ajenos a los intereses nacionales.

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Mapa del estado de Coahuila-Texas. 8
Circa 1835 Anónimo Dibujo impreso, coloreado a mano Yale University

Con la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo
en 1848, Coahuila perdió un segmento territorial que se extendía desde el río Bravo hasta el río Nueces y que antaño se prolongó hasta el río de Medina. Se trataba del área por la que discurría el antiguo camino real de tierra adentro que conducía a Texas, desde el presidio de Río Grande, una vez traspasado el “Paso de Francia”. En la imagen se observa una litografía que representa a esta entidad en la posguerra de la intervención americana, cuando comenzaba a adquirir su fisonomía hoy conocida. Sin embargo, mantenía la indefinición limítrofe con los estados de Chihuahua y Durango, de ahí que una simple línea vertical norte-sur represente ese lindero, desde aguas arriba del presidio de San Vicente hasta el área de La Laguna. Por otro lado, es notable la colindancia directa con el estado de Tamaulipas, así como el tope de Nuevo León en las márgenes del río Salado. En un intento de identificación geográfica, el mapa presenta un recuadro con los nombres de las principales montañas de la entidad, las que en conjunto se desprenden de la dispersión continental del gran sistema orográfico de la Sierra Madre Oriental.

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Con la adquisición de la Luisiana por Estados Unidos en 1803, la indefinición fronteriza con la Nueva España se hizo evidente. Para evitar conflictos, en 1806 el comandante español Simón de Herrera y su contraparte estadounidense, el general James Wilkinson, establecieron un terreno neutral entre el río Sabinas y el arroyo Hondo, del Golfo de México al paralelo 32°. Más tarde, con el Tratado Transcontinental o de Adams-Onís, se fijó la frontera en el río Sabinas, que dos años después se convertiría también en frontera de México. Al mismo tiempo, cruzaban por el río Sabinas oleadas de colonos angloamericanos rumbo a Texas, que en 1835 proclamó su independencia, con el evidente apoyo de Estados Unidos: el general norteamericano Gaines cruzó el río y se apoderó de Nacogdoches. El mapa de esta imagen muestra las mediciones realizadas para protocolizar nuevamente una frontera en el río Sabinas, el año de 1840, entre la república de Texas y Estados Unidos, límites que se borraron en 1845, con la anexión de Texas al país del norte.

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Mapa del estado de Coahuila.
Circa 1850. Iriarte y Compañía Litografía 28 x 18 cms. Mapoteca Orozco y Berra
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Plano de la desembocadura del río Sabinas. 9
1840 J.D. Graham Dibujo impreso Yale University

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definic ión

del

nor e ste

me xic ano

Principal empresario colonizador de Texas y
auténtico interlocutor político entre los pobladores angloamericanos y el gobierno mexicano, Esteban Austin acumuló experiencia de todo tipo con los años, especialmente información geográfica. Con ese interés había elaborado un mapa de Texas en 1822, en tanto que siete años más tarde hizo el diseño cartográfico aquí presente, en el que resalta un notable perfeccionamiento en la precisión geográfica. Estaba dedicado al presidente Anastasio Bustamante, a quien Austin conocía y con quien quería refrendar los buenos oficios para continuar con sus actividades en Texas, sobre todo de cara a las perturbaciones que ya se manifestaban allí, como fue el caso de la rebelión que pretendió instaurar la “república de Fredonia”. El

mapa también es valioso por su información etnográfica, al señalar cuál era la territorialidad indígena del momento, destacando entre ellos los comanches, en todo el borde occidental de Texas; los tancahuases, en el centro de ella; y los peligrosos carancahuases, en el litoral del Golfo de México.

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Mapa de Texas dedicado a Anastasio Bustamante. 31
1829 Estevan Austin Papel marca manuscrito a color acuarelado 80 x 63 cms Mapoteca Orozco y Berra

miento mutuo de relaciones diplomáticas, por instrucciones directas de su presidente James Monroe, el plenipotenciario estadounidense Joel Robert Poinsett hizo una oferta para adquirir, por compra, la antigua provincia de Texas. Otro aspecto problemático era el espinoso asunto del empleo de mano esclava que llevaban a cabo los colonos angloamericanos ya asentados en Texas. Las discusiones se inclinaron por principio hacia la abolición absoluta de la esclavitud. No obstante, salió a relucir el derecho de propiedad preexistente. Entonces se acordó la posibilidad de liberar a los esclavos por la vía de la indemnización, y se prohibiría que continuara su importación. Se decretó, asimismo, que los hijos de los cautivos fueran libres desde el momento de su nacimiento. Bajo estas condiciones legales, que eludían mayores cuestionamientos en el orden político y moral, se pudo dar curso a la redacción de la Constitución Federal, considerándose que quedaba indemne del oprobio de la esclavitud. El procedimiento que siguió fue la expedición de la ley de colonización, decretada el 18 de agosto de 1824. Esta ley reunía muchas de las recomendaciones hechas con anterioridad –como la práctica de la religión católica en los colonos–, aunque trató de reafirmar la soberanía de la república al reservar para la nación un área de veinte leguas como barrera fronteriza, así como una franja de diez leguas a lo largo del litoral, zonas donde no podrían realizarse concesiones de colonización. Sin embargo, a pesar del potencialmente peligroso escenario que prevalecía en la frontera con los Estados Unidos, el peso de las entidades federativas en el seno del Congreso hizo que se aprobara que la aplicación de la ley de colonización estuviera a cargo de los estados, ya que éstos eran los responsables de la administración de las tierras baldías. Así, el gobierno federal quedó atado de manos para regular los mecanismos de colonización extranjera, lo que traería graves consecuencias al país. Fue así que, con su dualidad política y administrativa, como entidad federativa Coahuila-Texas tuvo competencia directa en la colonización extranjera, y pronto los empresarios extranjeros, ansiosos de obtener jugosas concesiones de tierras,
Miembro del equipo de la Comisión de Límites que México organizó en 1827, para ir a confirmar los límites con los Estados Unidos, Jean Louis Berlandier se destacó por su actividad. De él ha llegado a nuestros días un legado impresionante de materiales científicos. De origen franco-suizo, se formó como botánico, pero su curiosidad científica tenía todas las cualidades del enciclopedismo. Fue discípulo del célebre botánico DeCandolle, quien lo motivó a acudir a México a recolectar especímenes, sobre todo a partir de la invitación de Lucas Alamán, quien como político ilustrado deseaba que el gobierno mexicano dispusiera de científicos calificados para realizar tareas claves para el desarrollo del país. Tras su arribo al país fue puesto a disposición del general Mier y Terán, jefe de la Comisión de Límites. Ejemplo de la versatilidad de su quehacer como hombre de ciencia es su colección de levantamientos cartográficos, como el que aquí se observa sobre la bahía de Galveston, situada en una posición clave de la geografía de Texas. Terán plantó allí la guarnición de Anáhuac, que bien se aprecia. Sin embargo, la poca profundidad de la bahía y su suelo arenoso la hacían poco accesible a la navegación de naves de gran calado. Así lo consignó Berlandier en su mapa, al señalar la localización de la “Barra de Curvina”, que prácticamente obstruía por en medio a la bahía e impedía fondear naves al abrigo de los vientos y oleajes del mar.
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Mapa de la bahía de Galveston de Berlandier. 32
Circa 1828 Jean Louis Berlandier. Manuscrito a tinta, lápiz y acuarela 31 x 19 cms. Yale University

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Con la conformación de la frontera internacional en el río Bravo, se creó una situación fiscal inédita en el país, al colindar directamente con la economía estadounidense en plena expansión. Esto provocó en lo inmediato el contrabando en el noreste, pues la región seguía desvinculada del incipiente mercado interno nacional. Por tanto, el gobierno estableció altos aranceles y creó el contrarresguardo aduanal, como se muestra en este mapa, con el afán de impedir el comercio ilegal.

Al adquirir por la fuerza una gran parte de
México, los Estados Unidos culminaron su expansión territorial y se asumieron como una potencia continental en pleno ascenso. Esto quedó claro en sus actitudes ideológicas, ya bien permeadas por el Destino Manifiesto, cuyas expresiones fueron múltiples, como lo fue este mapa de la afamada empresa cartográfica Colton y Compañía. En él no queda ya duda de las pretensiones imperialistas de esta nación, sobre el Mar Caribe e Itsmo de Panamá. En tal virtud, México quedaría expuesto a la agresiva política externa que ese país desplegó en la década de 1850.

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Frontera norte y contención aduanal. 1
Circa 1890 Alejandro L. Escalera Litografía en papel común a color 87 x 130 cms. Mapoteca Orozco y Berra

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El gran imperio continental estadounidense. 2
1850 J.H. Colton. Técnica: Litografía a color. Tamaño: 74 x 94 cms. Library of Congress.

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( VII.3 )

integración finisecular del noreste y texas

Resueltos los problemas fronterizos, el gobierno mexicano quiso modernizar al país, por tanto, hizo importantes concesiones a los inversionistas extranjeros. Esto fue tangible en la construcción de las líneas de ferrocarril que enlazaron a México con los Estados Unidos, tuvo especial relieve la empresa International and Great Northern Railroad, al contar con un tendido férreo que iba desde San Louis, Missouri, hasta Laredo, Texas, es decir, desde el interior continental estadounidense hasta la frontera mexicana. Así se muestra en este hermoso mapa, en el que se hace patente la interconexión ferroviaria entre ambos países.

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La conexión ferroviaria México-Estados Unidos 3
Circa 1890 Anónimo Papel común impreso a color 92 x 64 cms. Mapoteca Orozco y Berra

( VII.4 )

después con la importante ruta transcontinental que pasaba por dicha ciudad texana, y aunque sólo cruzaba tangencialmente por el noreste, lo hacía justo por La Laguna, donde la presencia ferroviaria promovió el cultivo intensivo de algodón, pues estaba asegurado su transporte eficaz a los centros fabriles. Este fenómeno, junto con el arribo del Ferrocarril Internacional Mexicano, creó las condiciones para el sorprendente surgimiento de la ciudad de Torreón. El Ferrocarril Internacional Mexicano cruzaba la frontera a través del binomio Eagle Pass-Piedras Negras, lo que estimuló la rápida modernización urbana del asentamiento mexicano, que se convirtió en Ciudad Porfirio Díaz. Por su cercanía con San Antonio –importante núcleo de la expansión ferroviaria en Texas que demandaba fuerza de trabajo–, Piedras Negras actuó como un activo punto de embarque de numerosos migrantes mexicanos, con lo que dio inicio un flujo laboral transfronterizo que no se ha interrumpido hasta nuestros días. Por su trazo, el Ferrocarril Internacional Mexicano se especializó en el transporte de materia prima de extracción minera, pues servía de enlace entre
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Fue construido al amparo de las concesiones
otorgadas por el gobierno del presidente Manuel González, en 1881, aunque sin disponer de subsidios oficiales. Originalmente se desprendía de un ramal del Southern Pacific Railroad, para cruzar la frontera a través del binomio Eagle Pass- Piedras Negras. Después, se internaba en el territorio del estado de Coahuila, como aquí se muestra hasta alcanzar las ciudades de Torreón y Durango. En suma, se desplegó a lo largo de 870 kilómetros, y sus trabajos concluyeron en 1892. Y aunque intentó cruzar la Sierra Madre Occidental y llegar a Mazatlán, no pudo al final vencer esta formidable barrera natural. En 1901 pasó a formar parte del Ferrocarril Nacional Mexicano

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Trazo del Ferrocarril Internacional en Coahuila. 4
1887 Anónimo Papel común impreso 61 x 58 cms. Mapoteca Orozco y Berra

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Como parte de una moda iconográfica de
la época, la representación del principal cruce ferroviario entre México y Estados Unidos no pudo estar ausente. Aquí se observa a detalle el trazo de la ciudad de Laredo, Texas, así como parte de Nuevo Laredo, México, y, en medio de ambas, el curso impresionante del río Bravo, que se podía salvar por medio de dos puentes, uno ferroviario, el otro para peatones y carros de tiro. En la primera de estas ciudades entroncaba el International and Great Northern Railroad, en tanto que del lado mexicano partía el Ferrocarril Nacional Mexicano, que tras internarse al estado de Nuevo León, accedía al altiplano central con rumbo a la Ciudad de México.

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Vista a ojo de pájaro de los dos Laredos. 5
Circa 1892 Anónimo Grabado sobre papel común 42 x 84 cms. Library of Congress

la zona carbonífera del norte de Coahuila y los nuevos centros industriales que requerían de combustible mineral. Este proceso dio pie a la extensión de ramales, o a la presencia de empresas subsidiarias –como el Ferrocarril Mexicano del Norte y el Ferrocarril Coahuila-Zacatecas– que enlazaban otros sitios del norte de México donde existían yacimientos de hierro y diversos minerales de aprovechamiento industrial. De esta forma se tendieron vías hasta Durango, Concepción del Oro, Sierra Mojada y San José de Tamaulipas. Debido al complemento entre minería, transporte e industria, varias ciudades del norte se perfilaron como urbes fabriles, sobre todo Monterrey. La capital nuevoleonesa reafirmaba así su estratégica posición geográfica, como punto nuclear del noreste, situado en las cercanías de la frontera con Estados Unidos y de las áreas extractivas de carbón y de yacimientos minerales, a lo que se sumaba la preexistencia de una cultura manufacturera y los adecuados estímulos fiscales del gobierno local para detonar su desarrollo. El enlace con el puerto de Tampico por medio del Ferrocarril del Golfo fue otro factor en la rápida consolidación industrial de Monterrey: con ello establecía una vía de contacto marítimo con el comercio exterior. Por su parte, el puerto tamaulipeco quedó unido por tren en esas mismas fechas con la ciudad de San Luis Potosí, con lo que se confirmó el histórico eje de comercio entre ambos polos urbanos. En una escala menor, pero no por ello menos importante, el trazo de los ferrocarriles privilegió determinados sitios antes sin relieve, pero que al ubicarse junto a las vías pronto cobraron interés y jerarquía propia. Esto se observó en las estaciones de Sabinas y Frontera, Coahuila, que acabaron como cabeceras municipales, o bien San Pedro de las Colonias, en la misma entidad, donde además se vivió una bonanza algodonera. En Tamaulipas la estación González le arrebató a Magiscatzin la sede de los poderes municipales, en tanto que la estación Colombres se convirtió en cabecera administrativa de la poderosa hacienda de La Sauteña.

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integración finisecular del noreste y texas

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integración finisecular del noreste y texas

Al cruzar los enormes depósitos de carbón
existentes en el norte de Coahuila, el Ferrocarril Internacional Mexicano adquirió un rol especial en el desarrollo de la industria siderúrgica en el noreste del país, a la vez que era esencial para trasportar el carburante necesario para la propia transportación ferroviaria. En la imagen, un plano en el que se muestra el trazo definitivo de esta vía férrea al momento de su construcción, desde Piedras Negras hasta el kilómetro 200 situado en el Paraje de Hermanas. Más tarde se construirían diversos ramales a partir de esta línea, con la finalidad de acceder a los diversos yacimientos minerales y carboníferos de la región.

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Tramo Piedras Negras-Monclova del Ferrocarril Internacional. 6
1884 Sagredo Tela calca manuscrito a colores 43 x 30 cms. Mapoteca Orozco y Berra

( VII.7 )

Mención especial merece el caso de la tardía vinculación ferroviaria de Matamoros, por haber sido, junto con Tampico, un sitio clave en las relaciones mercantiles entre el noreste y el mundo exterior. La causa principal de este retraso residió en que su antigua importancia comercial no fue ajena a las profundas rivalidades con su par fronterizo, Brownsville, sobre todo en la década de 1860, durante el auge del algodón confederado. Ya en la posguerra, Matamoros siguió disfrutando de la franquicia aduanal de la zona libre, lo que agudizó las diferencias, sobre todo con el grupo económico texano que dispuso de la concesión ferroviaria para conectar Brownsville con el resto de Texas, lo que hubiera beneficiado a la vecina ciudad mexicana. Sin embargo, como tenía también intereses en Corpus Christi, dicho grupo invirtió sus esfuerzos en

Al definirse la frontera en 1848, Matamoros y
la nueva población de Browsville se convirtieron en el más importante binomio comercial fronterizo, posición que mantuvieron durante casi cuatro décadas. Sin embargo, con la construcción de las nuevas vías férreas, su enlace con las crecientes redes tanto de Texas como de México fue tardío. Esto hizo que el binomio urbano de los dos Laredos se distinguiera como el nuevo punto de cruce del comercio fronterizo entre ambos países, colapsándose la importancia de Matamoros y Brownsville. Así, cuando llegó el ferrocarril en 1905, ya era demasiado tarde. En la imagen, un plano del cruce internacional entre estas dos ciudades.

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Cruce ferroviario Matamoros-Browsville. 7
1910 International Boundary Commission Litografía impresa a color 38 x 30 cms. Library of Congress.

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Los orígenes de Houston se remontan a
1836, cuando August Chapman Allen y John Kirby Allen promovieron la creación de un asentamiento a orillas del Buffalo Bayou, al que consideraban una corriente capaz de convertirse en un puerto para conectar Texas con Nueva Orleáns y Nueva York. Un año más tarde tomó su nombre en honor de Samuel Houston, vencedor de la batalla de San Jacinto, ocurrida cerca de allí. También fue sede por un tiempo de los poderes de la república de Texas, al tiempo que se creaba el condado de Harrisburg. Al finalizar el siglo XIX, esta ciudad comenzó su vertiginoso crecimiento, llegando a convertirse en la principal ciudad del estado de Texas.

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Vista a ojo de pájaro de la ciudad de Houston. 31
1891 Anónimo Grabado impreso a color 50 x 108 cms. Library of Congress

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Debido a que se situaba por encima de los
mil metros sobre el nivel del mar, donde predominaba un medio ambiente seco y un clima entre caliente y templado, el cultivo del algodón encontró un ecosistema incomparable en la región de La Laguna. La ausencia de las plagas más temidas de este cultivo era una razón, pero también las buenas y extensas tierras de aluvión que permitían las cosechas. Incluso, en terrenos no ribereños al Nazas, como los de la compañía del Tlahualilo, que el agua conducía decenas de kilómetros por medio de canales, hasta donde antes había sido una de las lagunas naturales de este río, que en la década de 1830 se desvió hacia la Laguna de Mayrán.

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La región de La Laguna y el río Nazas. 40
1910 Departamento de Ingeniería de la Compañía del Tlahualilo. Papel común impreso 160 x 104 cms. Mapoteca Orozco y Berra

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Además de las ventajas naturales, La Laguna
pudo pronto despuntar como una rica comarca agrícola algodonera debido a la infraestructura ferroviaria que la vinculó al mercado nacional e internacional. La inversión de grandes capitales, así como la presencia de numerosos pequeños agricultores, la hicieron pronto florecer. Esto atrajo la fuerza de trabajo necesaria, que además contó con la opción de emplearse en la industria y la minería. En la imagen, un mapa coloreado de todo el conjunto regional de la Comarca Lagunera, elaborado por Federico Wulff, un ingeniero alemán que fue contratado por los empresarios que establecieron la ciudad de Torreón, cuyo moderno trazo él diseñó.

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Plano de la Comarca Lagunera de Wulff. 41
1914 Fedrico Wulff Impreso en papel a color Archivo Histórico de Torreón

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producido antes en el noreste. En las cercanías de Matamoros en el primer tercio del siglo XIX, y después en los distritos de Río Grande y Monclova, en Coahuila. Sin embargo, sus cultivos se infestaron con la plaga del picudo, lo que no sucedió en La Laguna debido a su altura sobre el nivel del mar y a las condiciones extremosas propias de un desierto. Ahí, además, el cultivo estaba protegido de los vientos arrasantes por las montañas aledañas. Dada su gran extensión, no toda la superficie de la comarca tenía la misma productividad. Así, en su segmento más alto, enteramente en el estado de Durango –el área del pueblo de Lerdo, antes el más importante de la comarca–, se situaban las haciendas de Santa Rosa y Sacramento, de la familia Luján, y la propiedad del español Santiago Lavín quien, visionario, cedió parte de ella a los derechos de vía férrea, con lo que surgió el asentamiento de Gómez Palacio.

Otras grandes propiedades eran de los hermanos Torres y de Juan N. Flores, propietario veterano de la comarca. Todas ellas tenían suelos relativamente ricos y no se anegaban. Caso singular del sector duranguense de la comarca fue la Compañía Agrícola, Industrial y Colonizadora de Tlahualilo, de capital británico, que sin ser ribereña del Nazas obtuvo concesiones y compró derechos de agua para conducirla a más de setenta kilómetros. Era la única corporación industrial propiamente organizada, formada con la adquisición de terrenos a Juan N. Flores, con el objetivo de crear una treintena de ranchos algodoneros dotados para producir con un uso racional del agua. Ya en Coahuila se definía el segundo sector de la comarca, donde existían mejores terrenos para el cultivo y la disponibilidad de tierra ribereña era mucho mayor, con la presencia de grandes latifundistas y a menor escala que en

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