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Libro

Modesto Shen es recono- cido como uno de los tra- ductores de la primera y mejorversiónde Cienaños de soledad en chino. Su

historia de vida ha estado cruzadaporlosexcesosdel

régimencomunista,ladul-

zura de la docencia y lo desafiantedelosnegocios.

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre

lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea…”. Un momento. ¿Aureliano?, ¿fusilamiento?, ¿Macon-

do?

do desconcierto al empezar a leer Cien años de soledad. No hallaba el sentido a tan enredada genealogía ni a sus inge- niosas crónicas, peor a tan enigmático paraje. Perseveró en la lectura. Superado el tercer capítulo, la confusión estimuló su imaginación produciendo el inevi- table efecto mágico de una realidad tan magistralmente relatada. El placer impulsó la primera lectura; las que vinieron después tuvieron un propósito práctico: traducir al chino la volumi- nosa obra, que 30 años después esta- ría entre los 100 libros más vendidos de la historia, con versiones en 35 idio- mas y más de 30 millones de ejempla- res.

Modesto Shen sintió un profun-

Por Albertina Navas desde Shanghai (China)

un profun- Por Albertina Navas desde Shanghai (China) La mágica realidad de traducir Cienañosdesoledad al

La mágica realidad de traducir Cienañosdesoledad

al mandarín

Shen leyó y releyó el libro en foto- copias de la versión original en caste- llano, gracias a su amigo Ignacio Chen, quien las había conseguido en algún via- je. Suena a afrenta leer una joya de la lite- ratura hispanoamericana en semejante formato, pero simplemente era lo úni- co que se podía conseguir en la China

de los setenta, que pretendía prescindir del resto del mundo, desde la óptica del líder Mao Zedong, dirigente máximo del Partido Comunista. Tres profesores de Castellano, Modesto Shen, Ignacio Chen y Fidel Huang, emprendieron la tarea y se divi- dieron la traducción por capítulos.

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Modesto Shen, Ignacio Chen y Fidel Huang, emprendieron la tarea y se divi- dieron la traducción

Cada noche, el trío robaba al menos dos horas a su sueño para reescribir el texto a mano en hojas cuadriculadas, un carácter por cuadro, según los requerimientos de la editorial. Cuan- do hacía falta, se reunían y pasaban revista a la evolución del proceso e intercambiaban dudas e impresiones. Tan demandante labor fue una prue- ba autoimpuesta de su nivel de caste- llano tras cuatro años de estudio y más de una década en la cátedra. El trabajo tomó 24 meses, un tercio más del tiem- po invertido por el autor, Gabriel Gar- cía Márquez, en escribir la novela origi- nal. La satisfacción intelectual lo paga- ba, pero también los 2 000 yuanes que cada uno recibió a la entrega de la tra- ducción completa, en épocas en que el salario mínimo era de 65 yuanes. Editorial de Traducciones Shang- hai, la más grande firma especializada en traducciones al chino, publicó la pri- mera versión de Cien años de soledad en mandarín, en 1982, el mismo año en que El Gabo recibió el Nobel de Literatura. Con la inercia de tan bue- na noticia, en una China en proceso de reforma y apertura, la primera tirada de 50 000 ejemplares se agotó en pocos meses. El éxito se extendió a los años posteriores con siete reimpresiones. Esta traducción no fue la única, pero sí la mejor, según el semanario de investigación Nanfang Zhoumo, con sede en Cantón. La Revista Literatura del Mundo, de la Academia de Ciencias Sociales de China, con matriz en Bei- jing, coincidió con esa apreciación y también relevó el esfuerzo de Shen, Chin y Huang por sobre las traduc- ciones que luego se hicieron a partir de las versiones en inglés y en ruso de la novela de Márquez. Cien años de soledad, además, inspi- ró e influyó a muchos autores locales, a criterio de Shen. Claras evidencias se

encuentran, por ejemplo, en la prolífi- ca producción de novelas y relatos bre- ves de Mo Yan, a quien tiempo después se lo conocería como el Kafka chino. Si bien la convivencia de lo real y lo mági- co es propio de la tradición oral china —de ahí ase deriva aquello de los ‘cuen- tos chinos’—, en los ochenta no era habi- tual en la literatura.

El profesor vuelve a las aulas del lado de los pupitres

A Modesto Shen le encantaba el

francés, pero tras el triunfo de la Revo- lución Cubana en 1959, el Gobierno comunista consideró que resultaría más útil que estudiara Castellano. Ni hablar. El poder de negociación de un joven era nulo en el contexto del régimen comunista chino, así que entre 1961 y 1965 cursó estudios de Castellano en el Instituto de Lenguas Extranjeras de Shanghai, hoy conocido como Uni- versidad de Estudios Internacionales. Eran épocas duras. La Gran Ham- bruna que apagó la vida de millones de chinos aún estaba en la memoria reciente y al poco tiempo se inició la Revolución Cultural de Mao. La devas- tación fue tal que Shen la recuerda como “la etapa en que China ya no había ni ratones”. En su calidad de inte- lectual, fue uno de los blancos acusa-

do de complicidad con la derecha, por

lo que fue dos veces sometido al famo- so ‘examen en aislamiento’… en buen romance, la cárcel.

Si bien no había barrotes, hubo pri-

vación de la libertad y separación de su

familia y amigos. Shen fue confinado

a una estrecha habitación donde solo

cabía una cama. Quemaron sus libros

y el único material autorizado para su

lectura eran los poemas de Mao. Con solo media hora al día para salir de esos escasos metros cuadrados y comer, tras- currieron los cuatro meses más ago-

biantes de su vida, de esos que “ni los peores adjetivos alcanzan a describir”. En 1972, las clases se reanudaron en

el instituto del que fue alumno y luego

profesor. Para finales de los setenta, la muerte de Mao y la toma de mando por parte del líder reformista Deng Xiaoping revivieron la esperanza en un pueblo agotado de sufrir. Entrados los ochen- ta, el prestigio de Shen como uno de los traductores de Cien años de soledad le abrieron la oportunidad de su vida: una

beca del Gobierno chino para estudiar en México. Tiempos alegres. Fue su primera vez fuera de China y dejó a su familia en Shanghai, pero la calidez latinoa-

mericana suplió parte del vacío. Su pri- mera grata impresión fue la abundan- cia de productos en las tiendas a las que tenía miedo de entrar, porque pensa- ba que era obligatorio comprar. Desde afuera preguntaba para sus adentros:

¿cuándo China estará como México? La pregunta retórica halló respuesta en los siguientes 30 años y ahora se la plantea invertida. De México admiró su vasta histo- ria y lo arraigado de su identidad e incluso encontró ciertas convergencias entre los tibetanos y los aztecas. Aun- que nunca se acostumbró a la comida ni al “ahorita”, que en el fondo signi- fica “nunca”, Shen cultivó amistades profundas. Ernesto Yen fue uno de ellos. Este compatriota que en aquel entonces se desempeñaba como corres-

ponsal de la agencia china Xin Hua, lo llama “hermano” y reconoce en él a una gran persona. Fueron dos años de intenso estu- dio de la literatura hispanoamericana

y la oportunidad de ampliar su con-

tacto a otras joyas de las letras latino- americanas. Modesto Shen llevó tam-

bién una agenda personal, pero con un solo ítem: visitar a García Márquez en

americanas. Modesto Shen llevó tam- bién una agenda personal, pero con un solo ítem: visitar a

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su residencia de Ciudad de México. Administrando su timidez se dirigió al barrio El Pedregal de San Ángel… y la vio… era una casa enorme, como un castillo, acordonada por muros altísi- mos. Mercedes Barcha, esposa del maes- tro, lo recibió en la puerta. El visitan- te intentó argumentar el porqué de su presencia pero recibió una retahíla de quejas por el no pago de regalías por la traducción. Fue una escena incom- prensible para un recién llegado de un país comunista, entonces desprovisto de la lógica de derechos de autor. Para colmo de males, García Márquez esta- ba en Barcelona. Shen quedó cual Aure- liano Buendía frente al pelotón de fusi- lamiento.

Todo chino lleva los negocios en las venas En 1987 Modesto Shen volvió a casa. Retomó sus labores de profesor de Castellano y años después, de entre su red de contactos, surgió la opción de mudarse a Uruguay para adminis- trar una clínica de medicina tradicio- nal china. Fue a probar suerte y se que- dó 14 años. Disfrutó de una tempora- da de resultados empresariales en azul y una vida tranquila. En la sociedad uruguaya todos se conocen, por ello, a pesar del paso del tiempo, la ejecutiva Judit Laguardia, oriunda de Montevideo, no ha borra- do de su memoria a la Clínica Naki. “Entre los sitios de acupuntura había mucha charlatanería, pero la clínica de Modesto era seria y respetable. Por eso él fue muchas veces entrevistado por la prensa”. Luego llegaría un emprendimiento propio: el restaurante Luna China. Su esposa fue un puntal en esta etapa empresarial. Los clientes, quienes en buena parte eran invitados de la emba-

jada china en Montevideo, salían satis- fechos. Los resultados halagüeños, pero el trabajo, extenuante. Por ello, en 2005, volvió a su natal Shanghai para recuperarse de una dolencia cardíaca presumiblemente producto de tanto trajín. Se tomó dos años sabáticos y las aulas lo llamaron de nuevo, esta vez como profesor del instituto privado Zhong Qiao, donde se enseñan len- guas extranjeras como castellano, inglés, japonés, coreano, francés y alemán. Luna Zu, Francisco Mao y Diego Lu son tres de sus estudian- tes más dedicados. Practican entre ellos para cumplir el sueño de ir a España. Estos tres jóvenes, de entre 21 años

y 23 años, agradecen la suerte de com- partir con un profesor con tanta paciencia y técnica como Modesto Shen. Pese a sus tres años de estudio, el castellano todavía les representa un reto. La pronunciación de la /r/ les resulta imposible; las conjugaciones verbales, dificilísimas y el sujeto táci- to, un acertijo. Pero siguen a su maes- tro, quien siempre les repite: “No hay que aprender para practicar, sino prac- ticar para aprender”. El castellano siempre ha sido la fuente de oportunidades profesionales

y amistades para Modesto Shen, cuyo

nombre chino es Shen Guozheng, con el apellido por delante,

nombre chino es Shen Guozheng, con el apellido por delante, a la usanza china. Ahora, a

a la usanza china. Ahora, a los 68 años

de edad, afronta un provocador desa- fío: el decanato de la Facultad de Cas- tellano de la Universidad de Shan Da, de Shanghai. De ser una segunda len- gua, el castellano pasa a ser motivo de estudio durante cuatro años a nivel de licenciatura. Con el aval de varias de las mejo- res universidades chinas, las de Bei- jing, Qing Hua, Fudan y Jiao Tong, la Universidad de Shan Da se suma a los 66 centros docentes universitarios de enseñanza de Castellano, ratificados por el Ministerio chino de Educación. En septiembre de este año, arrancó la primera promoción con 67 estudian- tes que están convencidos del mar de posibilidades comerciales y turísticas por explorar entre China y Latinoa- mérica. El interés por el castellano des- puntó en China durante los últimos 15 años, pero esta visión la tuvieron el trío de traductores de Cien años de soledad hace casi tres décadas. De Huang Jin- yan (Fidel Huang) y Chen Quan (Ignacio Chen), se sabe que hicieron de la enseñanza del castellano su for- ma de vida. Ahora, jubilados, Huang sigue en la cátedra de un instituto pri- vado, mientras Chen vive en Perú ense-

ñando chino en el Instituto de Confu- cio en Lima. Aunque todavía Modesto piensa en chino, habla un castellano fluido con un ligero acento extranjero. Su per- manente sencillez esconde con ele- gancia los detalles de una vida de recu- rrentes avatares, pero digna y discipli- nada. Sueña en descansar y dedicarse

a su esposa y sus dos hijos, de quienes

la vida lo separó por largos períodos. Su meta es hacer de su retiro una opor- tunidad de felicidad, pues no quiere

verse condenado a vivir cien años de soledad.

meta es hacer de su retiro una opor- tunidad de felicidad, pues no quiere verse condenado
meta es hacer de su retiro una opor- tunidad de felicidad, pues no quiere verse condenado