Visita a la tumba de Antonio Machado

A JMS En Coilliure murió el poeta. Desterrado de la luz de la niñez, despojado del aire candeal de la patria partida. Días azules que se rompen, días que ya no dejan el recuerdo tibio de Leonor en las manos. El cantor se acerca, pone sus ojos en la tumba, toma su guitarra, trae en su equipaje poemas castellanos, retratos de la infancia, tibios aromas andaluces, señoritos decadentes, turbios, soledades, galerías y otros acentos, versos que canta y que llena de música. Detrás el sigilo de los cipreses, los silencios, los ecos, las pasiones voladas, los rincones del mar donde se queman los sueños, hacer camino sobre la estela de la espuma, cantar lo que se pierde, lo que ya no tenemos, la herida que queda en los brazos del alba. Historias tristes en la voz trémula del cantor, canciones que son el paisaje por el que caminamos, guitarra alzada, poema encendido que llega al pueblo, que deja atrás la España miserable que hiela el corazón, que inapelablemente ofende y mata. En Coilliure la sombra del recuerdo, el exilio, el viejo y cansado gesto del poeta que abre sus manos a la muerte. Y un papel ajado en el bolsillo de la chaqueta, y los días azules retornados en la savia del último verso.

Ausencias
A Luis García Montero. El viento solo y los crepúsculos, el rastro de las muchachas anónimas, el lento declinar del día y las esquinas donde esperaba tu regreso. Cancelas cerradas, besos atravesando la arboleda, las lluvias del invierno, la niñez revelada en las fotografías, el anhelante corazón que aguarda. Lo que el tiempo va deshaciendo, lo que se lleva el paso de cada estación, lo que el silencio murmura, lo que el poema se calla y esconde. Los años despojados y sonámbulos, travesías dolorosas, manos aferradas a la noche, los ojos en la distancia irreversible, perdidos en los muelles. Mirada aquietada que aún recuerdo, pesar que no abandono, láminas de hielo sobre los campos, nieve y punzada que hiere el pecho. Todavía camino por esta ciudad que espera que nos reencontremos, que volvamos a ser lo que un día fuimos, que regresemos al lugar de los besos. Cuando ya se sabe que no hay vuelta, que no hay regreso posible, que inadvertidos van colándose los olvidos por la casa, que la memoria de un cuerpo termina desangrándose. Fuente: http://www.artepoetica.net/luisgarciagil.pdf

ENCUENTROS LITERARIOS

Todo lo perdido
A André Cruchaga ¿Acaso no vemos en los signos del alba, en los ojos que lloran los finales tristes de la vida que pasa? Porque no fluye la eternidad, y la fe se acaba, y bordeamos la muerte cada día. Y zarpamos, brotamos de la tierra y a la tierra volvemos, porque nada somos, nada poseemos, todo es silencio, árbol viejo que espera el golpe seco del hacha, invisible labio torpedeado por el viento, ventanal oscuro desde donde contemplar todo lo perdido.

BREVE ANTOLOGÍA POÉTICA
LUIS GARCÍA GIL

Era pequeño y no sabía
Yo era pequeño y me asustaba la oscuridad, como a todos los niños. Yo recuerdo aquel miedo. Yo recuerdo también la luz cansada de un hospital donde estuve internado. Yo no sé donde empieza el naufragio, cuando uno empieza a perder, cuando a uno se le acaban las cartas que puso sobre la mesa. Yo sé de las sombras sobre los párpados, sé del verso vencido en la hoja, sé también del llanto verdadero, de aquel que estalla en medio de la noche, sé de esquinas amargas y de tangos que sacuden la memoria del aire. Yo era pequeño y no sabía nada. Ajeno a todo lo que estaba por venir, sólo la oscuridad era la enemiga invisible. Pronto supe que al hombre le asustan otras cosas, pronto supe que el sol encierra reveses y su luz es mentira, que detrás de cada vida hay miserias inconfesables, que el miedo cuando es miedo es capaz de horadarte las manos y matarte.

Poética
Una forma de resistir en medio de la fragilidad, de lanzar una botella al mar y buscar quien la recoja al otro lado del océano, azules anudándose en la tibieza del llanto, rojos crepusculares rozando la calima, casco que se hunde en el abismo del agua para hallar los secretos postreros, modo de pintar palabras en el lienzo de la tarde, de derramarse, de refugiarse, midiendo las hojas que sibilinas se desprenden de los árboles. Trazar palabras que se abren como signos, como huellas que fijan su música en los arenales del tiempo y de la duda. forma apasionada de abrirse paso, de preguntar a tu piel desnuda hacia donde extiende sus alas el deseo, el estío fulgurante de los labios, el hombre que camina a solas en medio de los días de lluvia. Un modo de sobrevivir al olvido tenaz que siempre se incorpora y amenaza, un modo definitivo de mirarse en el silencio de las estaciones, en el espejo de la desgajada infancia, en el temblor del aire luminoso, en la garganta por la que se precipitan los sueños, una forma de resistir en medio de la fragilidad.

Luz oculta
Despacio, muy despacio voy buscando esa luz oculta de las infancias que persigo, memorias entreveradas de la casa, del patio, del corazón, del alma sacudida, memorias de uno mismo, encerradas en las travesías de los espejos, en los atardeceres sinuosos, en las sendas que dieron forma al deseo, al dolor, al recelo, a la vida que se va desangrando, poco a poco, sin prisa, lentamente. Me alejo de los desdenes y las dudas que me afligen, que me manchan los dedos, y recuerdo los domingos de misa, los zapatos nuevos apretando con fuerza los pies, el fastidio pero también las ganas de soñar, de crecer, de abrazarme al mundo. Y aquel sol enfermizo cayendo sobre el tapial, los partidos de fútbol en la calle, los juegos luminosos brotando de cada esquina. Y entonces la timidez y el verso descubierto poblando las cuartillas, prendiendo fuego en medio de la soledad de las noches implacables. Y aún no el descubrimiento de aquello que atenaza, aún no la soledad y el miedo, aún no el zarpazo en la cara y la melancolía sorbiendo el agua delicada del estanque. Luis

Biografía
Todo lo incierto, todo lo amargo, todo lo que nos ata y nos sacude. Mudarse, de repente, de la región poblada de fantasmas. Irse a un sitio más claro, lejos de lo que aturde, de lo que duele. Abrir las páginas de un libro y encontrar la verdad de lo vivido. Beberse de un sorbo las penas de tus labios que bucean en la nada. Y que el mar no arrastre consigo las huellas que dejamos en la arena. Ser, por encima de todo, que el amor no nos hunda el navío en las aguas, que nos quede esperanza, lucha, que regresemos siempre al lugar primigenio de los besos.