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CREACIÓN LITERARIA Y AUTOBIOGRAFÍA EN MANUEL AZAÑA

José María Marco Tobarra Director de Tesis: Dr. Andrés Amorós

Universidad Complutense de Madrid. Facultad de Filología.

AGRADECIMIENTOS

11

INTRODUCCIÓN

12

FICCIÓN Y COSTUMBRISMO (1897-1903)

13

I. CONDICIONES DE REDACCIÓN Y PUBLICACIÓN

13

II. ARTÍCULOS COSTUMBRISTAS

14

III.

FICCIÓN

16

DIARIO, 1911-1912, PARÍS, BÉLGICA, MADRID

19

I. CONDICIONES DE REDACCIÓN

19

II. PERIODICIDAD

20

III. REDACCIÓN

21

IV. TEMAS E INTERESES

25

IV.l Horarios

25

IV.2 Trabajo

26

IV. 3 Intereses 29

IV.4 Amistades, amores 34

 

IV.5 Estado de ánimo y vocación

38

V.

Texto privado y texto público: Diario, Cuadernillo de apuntes, artículos

40

 

V.l

El Diario y el Cuadernillo de apuntes

40

V.2

El Diario y los artículos de La Correspondencia de España

45

VI.

LOS CIMIENTOS DEL PERSONAJE

49

CUADERNILLO DE APUNTES DE 1913. DIARIO, MADRID,

1915

52

I. CONDICIONES DE REDACCIÓN

52

II. CUADERNILLO DE APUNTES, MADRID, 1913

53

III. Diario, Madrid 1915

54

III.1 Teatro

55

III.2

Aliadofilia y política

56

III.3 Introspección: recuerdos, proyectos e indecisión

56

DIARIO DE VIAJE, 1918

I. CIRCUNSTANCIAS DE REDACCIÓN

61

61

II.

PERIODICIDAD

61

III. INTERESES

61

III.1 El relato de la jornada

62

III.2 Paisaje

63

III.3 Historia

65

III.4 Lo popular

66

IV. Género del Diario de 1918

67

CUADERNILLO DE APUNTES, PARÍS-MADRID, 1920

69

ENSAYISMO Y CREACIÓN DEL PERSONAJE, 1911-1923

71

I.

EL PROBLEMA ESPAÑOL, 1911. CONFESIÓN E IMPRECACIÓN

71

II.

LOS CIMIENTOS DEL PERSONAJE

73

III. LA CREACIÓN DE LA NACIÓN. LA CREACIÓN DEL INDIVIDUO

77

 

III.

l Breve historia del republicanismo

83

III.

2 El ejército como la nación en armas: el nacimiento de la nación

86

III.

3 Los ideólogos del nacionalismo

88

 

III.

3. 1 Renan

89

III.

3. 2 Taine

89

III.

3. 3 Barrès

90

III.

3. 4 Maurras

91

 

III.4 La oposición ultrarrevolucionaria

92

III.5 Los socialistas y la nación. Jaurès

93

III.6 El coste del esplendor

94

III.7 1919-1920. La decepción

96

IV. La crítica de la República social

98

IV.l La revisión de la guerra

100

IV.2 Caillaux

.102

IV.3 La universalidad de Francia

.104

IV.4 El radicalismo

.106

V. LA CONFESIÓN: EL REDESCUBRIMIENTO DE ESPAÑA (1919-1920) 108

VI. LA CREACIÓN DEL INDIVIDUO. TEORÍA DEL ENSAYISMO

111

CUADERNILLO DE APUNTES, CASTILLA LA VIEJA, 1926 117

EL JARDÍN DE LOS FRAILES (1927)

119

I.

REDACCIÓN, PUBLICACIÓN Y RECEPCIÓN

119

 

I.1

Redacción y publicación

119

I.2

Recepción

121

II.

RESUMEN DE EL JARDÍN DE LOS FRAILES

132

III. ESQUEMA DE INDICACIONES DE TIEMPO Y ESCENARIOS

135

IV. LA NARRACIÓN Y LOS TIEMPOS VERBALES

143

V.

FUNCIÓN NARRATIVA Y CARACTERIZACIÓN DE LOS PERSONAJES

DE EL JARDÍN DE LOS FRAILES

159

V.l

Los padres agustinos

159

V.2

Otros personajes

163

V.2.1 Los amigos del protagonista y los condiscípulos del Colegio

163

V.2.2 Otros personajes

169

V.3

Caracterización de los personajes

172

V.4

El protagonista

175

VI. REFERENCIAS A EL JARDÍN DE LOS FRAILES Y AL ESCORIAL EN

LA OBRA AUTOBIOGRÁFICA DE AZAÑA

176

VII.

REFERENCIAS AUTOBIOGRÁFICAS EN EL JARDÍN DE LOS

FRAILES: LA FAMILIA AZAÑA Y ALCALÁ DE HENARES

184

VIII. REFERENCIAS AUTOBIOGRÁFICAS EN EL JARDÍN DE LOS FRAILES: EL ESCORIAL

186

 

VIII.

1 Las fechas

186

VIII.2 Los estudios de Azaña en El Escorial: asignaturas, notas y profesores

188

VIII.3 El capítulo XVII y los exámenes de Licenciatura en Zaragoza

196

IX.

LOS AGUSTINOS DE EL ESCORIAL. OTRAS REFERENCIAS

198

X. LOS PADRES AGUSTINOS Y EL MONASTERIO DE SAN LORENZO DE

EL ESCORIAL: HISTORIA Y SIGNIFICACIÓN

216

 

X.l El Real Colegio Universitario María Cristina

216

X.2

Los padres agustinos, orden misionera en Filipinas

220

X.3 Los padres agustinos y la independencia de Filipinas

222

XI.

REFERENCIAS A SAN AGUSTÍN

224

XI.1

Referencias explícitas

224

XI.2

Referencias no explícitas

226

XI.3

Otras referencias

232

XII. OTROS ANTECEDENTES: ROUSSEAU, RENAN, PÉREZ DE AYALA

 

238

XII.

1 Jean-Jacques Rousseau

238

XII.2

Ernest Renan

240

XII.3

Ramón Pérez de Ayala

242

XIII. LA CRISIS RELIGIOSA

247

XIV. LA RUPTURA SOCIAL

251

XIV.1 La historia familiar y el destino impuesto al protagonista

251

XIV.2 La educación recibida: la ortodoxia españolista y la miseria moral

254

XIV.3 La primera ruptura: la crisis noventayochista

260

XIV.4 La ruptura definitiva: la "renovación interior"

264

XV. LA SENSIBILIDAD ANTE LO BELLO NATURAL: EL JARDÍN

266

XV.l

El jardín de la infancia: la inocencia

266

XV.2

La quiebra de la unidad: el principio de la escisión

267

XV.3

La

escisión consumada

269

XVI. EL MOTIVO DE LA CONFESIÓN EN EL JARDÍN DE LOS FRAILES 271

271

XVI.2 Significado del tema de la confesión 279

XVI.l Referencias a la confesión

XVI.2.1 La confesión como acto previo a la absolución y reconciliación

280

XVI.2.2 La negativa a la confesión como forma de rebelión

281

XVII. EL GÉNERO DE EL JARDÍN DE LOS FRAILES

284

DIARIO, MADRID 1927

292

I. CIRCUNSTANCIAS DE REDACCIÓN

292

II. PERIODICIDAD

293

III. REDACCIÓN

293

IV. TEMAS E INTERESES

295

IV.1 Recepción de El jardín de los frailes

295

IV.2 Literatura

296

IV.3 Dolores de Rivas Cherif

297

IV.4 Política

298

IV.5 Trabajo y vocación

299

CUADERNILLO DE APUNTES, CASTILLA LA VIEJA, 1928

302

LA CORONA (1928)

304

I.

AZAÑA Y EL TEATRO

304

II.

REDACCIÓN, PUBLICACIÓN Y ESTRENO DE LA CORONA

307

II.1 Redacción

307

II.2 Publicación

309

II.3 Estreno

311

III. ARGUMENTO DE LA CORONA

312

IV. LO AUTOBIOGRÁFICO EN LA CORONA

313

IV.l Creación de personajes

315

IV.2 El episodio sentimental

321

IV.3 El conflicto vocacional y su resolución: el político dramaturgo

323

VIAJE DE HIPÓLITO - RETORNO (1929)

327

I. REDACCIÓN Y PUBLICACIÓN

327

II. ARGUMENTO

327

III. LO AUTOBIOGRÁFICO EN VIAJE DE HIPÓLITO

328

III.1 El personaje de Delfín Sardoal

328

III.2 Hipólito y Azaña

333

III.3. El trayecto intelectual

335

IV. EL TIEMPO Y LA MEMORIA EN VIAJE DE HIPÓLITO

339

FRESDEVAL (1930)

345

I. REDACCIÓN Y PUBLICACIÓN

345

II. RESUMEN DE FRESDEVAL

349

III. REFERENCIAS A ALCALÁ DE HENARES EN FRESDEVAL

351

III.1 El escenario

352

III.2 Personajes 359

IV. OTRAS REFERENCIAS A ALCALÁ DE HENARES EN FRESDEVAL: LA

FAMILIA BUDIA

366

IV.l Ildefonso Budia, "el Brihuego"

366

IV.2 Filomeno Budia

368

IV.3 Bruno Budia (1866-) 369

V.

LOS ANGUIX Y LOS AZAÑA

372

V.l Bernardo de Anguix (1775-1838)

374

V.2 Nicolás de Anguix (1821-1881)

379

V.3 Zenón de Anguix (1859-1893)

383

V.4 Jesualdo de Anguix (1882-)

384

VI.

ALCALÁ DE HENARES EN LA OBRA DE AZAÑA

388

VI.1 Alcalá de Henares en Fresdeval

388

VI.2 Alcalá de Henares en la obra de Azaña

391

VII. LAS TRES PROYECCIONES AUTOBIOGRÁFICAS DE AZAÑA EN FRESDEVAL

401

VII.l Primera proyección autobiográfica: Jesualdo, bastardo de Anguix

401

VII.2 Segunda proyección autobiográfica: Bruno Budia

402

VII.3 Tercera proyección autobiográfica: Trinidad Ledesma

406

VII.4 Tres proyecciones autobiográficas

409

VIII. ESTRUCTURA NARRATIVA DE FRESDEVAL

409

MEMORIAS POLÍTICAS (1931-1933)

414

I. CONDICIONES DE REDACCIÓN. PERIODICIDAD

414

II. PUBLICACIÓN

 

414

III. TEMAS DE LAS MEMORIAS

416

IV. LA INVESTIGACIÓN DEL YO

417

IV.l La familia y el círculo de amigos próximos

421

IV.2 Excursiones y paisajismo

427

IV.3 El restaurador y el artista

432

IV.4 La nostalgia de la nada

438

V. LA CRÓNICA POLÍTICA

445

V.1 La organización del relato (1): linealidad cronológica

445

V.2 Los silencios

448

V.3 La organización del relato (2): El protagonista y el testigo

450

V.4

Contenidos: escenarios

y personajes

452

V.5 Los dos presidentes: el enfrentamiento con Alcalá-Zamora

462

VI. EL PERSONAJE. EL SÍMBOLO

481

VI.1 La oratoria republicana

484

VI.2 La dignidad republicana

489

VI.3

La

política

491

VI.4 Convertirse en

un personaje público

501

VI.5 La función del diario. El político y el artista

510

VII.

RETÓRICA DE LAS MEMORIAS. LA OBRA DE ARTE

516

VII.1 La continuidad con el proyecto literario

516

VII.2 Narración y creación de personajes

522

VII.3 Narración y sumario diegético

536

VII.4 Narración y comentario extradiegético

539

VII.5 Tiempos verbales

546

VII.6 La puesta en escena

560

VII.7 Modos de cita

577

VIII. LA OBRA DE ARTE. EL NARRADOR Y EL PERSONAJE

590

MI REBELIÓN EN BARCELONA (1935)

604

I. REDACCIÓN Y PUBLICACIÓN

604

II. ESTRUCTURA Y RECURSOS EXPRESIVOS

609

III. LA RECONSTRUCCIÓN DE LOS HECHOS Y EL PERSONAJE PUESTO

615

EN ESCENA

MEMORIAS POLÍTICAS (1936). "CRÓNICA DE DOS DÍAS"

 

622

APUNTES DE MEMORIA (1936-1937)

627

LA VELADA EN BENICARLÓ (1937)

646

I. CIRCUNSTANCIAS DE REDACCIÓN

646

II. LA VELADA EN BENICARLÓ EN LA PRODUCCIÓN AUTOBIOGRÁFICA

DE MANUEL AZAÑA

646

III.

LA VELADA EN BENICARLÓ Y SU RELACIÓN CON LA OBRA

LITERARIA DE AZAÑA

647

IV.

EL GÉNERO DE LA VELADA EN BENICARLÓ

648

V.

UNIDAD DE TIEMPO EN LA VELADA EN BENICARLÓ

650

VI.

UNIDAD DE LUGAR EN LA VELADA EN BENICARLÓ

651

VII.

LOS PERSONAJES DE LA VELADA EN BENICARLÓ

654

Laredo

656

Un capitán

656

Paquita Vargas

656

Barcala

657

Blanchart

658

Miguel Rivera

658

Doctor Lluch

660

Pastrana

661

Claudio Marón

663

Eliseo Morales

665

Garcés

667

VIII. LA ARGUMENTACIÓN Y LAS DOS PARTES DE LA VELADA EN BENICARLÓ

667

IX.

ESTILO DIALÓGICO

670

X.

PENSAMIENTO POLÍTICO EN LA VELADA EN BENICARLÓ

671

X.l

Personajes de La velada en Benicarló y conflicto dramático e intelectual

671

X.2

Personajes excluidos de La velada en Benicarló

673

X.3

El público de La velada en Benicarló

674

XI.

AZAÑA EN EL TEXTO DE LA VELADA EN BENICARLÓ

676

XI.1

Los dos trasuntos del autor: Garcés y Morales

676

 

XI.1.1 Garcés

676

XI.1.2 Eliseo Morales

679

 

XI.2

Los demás personajes de La velada en Benicarló

680

XII.

Sentido de La velada de Benicarló en la obra de Azaña

684

MEMORIAS DE GUERRA (1937). "CUADERNO DE LA POBLETA"

690

I. CONDICIONES DE REDACCIÓN. PERIODICIDAD

690

II. PUBLICACIÓN

 

691

III. TEMAS DEL CUADERNO DE LA POBLETA

691

IV. EL YO PRIVADO

 

691

 

IV.

1 La familia y el círculo de amigos próximos

694

IV.

2 Paisajismo y excursiones

696

V.

LA CRÓNICA DE UNA POLÍTICA

707

 

V.l

Barcelona, mayo de 1937

708

V.2

Mayo de 1937. Cambio de Gobierno

713

V.3

Los dos presidentes: Azaña y Negrín

717

VI.

EL TESTIMONIO DE UNA ACTITUD. EL NUEVO PERSONAJE

724

VII.

RETÓRICA DE LA NARRACIÓN

736

VII.

1 Organización del relato. Linealidad cronológica

736

VII.

2

Escenarios y

personajes

739

VII.

3 La puesta en escena: tiempos verbales y modos de cita

742

APUNTES DE MEMORIA (DICIEMBRE DE 1937 - MARZO DE

1938)

748

I. CONDICIONES DE REDACCIÓN. PERIODICIDAD

748

 

II. TEMAS

749

III.

APUNTES DE MEMORIA Y MEMORIAS

751

MEMORIAS (1938), "CUADERNO DE PEDRALBES"

I. CONDICIONES DE REDACCIÓN. PERIODICIDAD

753

753

II. TEMAS DEL CUADERNO DE PEDRALBES

754

III. RETÓRICA NARRATIVA. EL DESIGNIO ESTÉTICO

760

IV. EL GÉNERO DE LAS MEMORIAS

765

CONCLUSIONES

APÉNDICE. TRANSCRIPCIÓN DE LAS CINTAS DE BARCELONA (MAYO 1937)

772

774

Nota sobre la transcripción de las Cintas de Barcelona

BIBLIOGRAFÍA

774

820

AGRADECIMIENTOS

Quiero expresar mi agradecimiento a todos los que han contribuido a la realización de este trabajo.

En primer lugar, agradezco a mi director Dr. Andrés Amorós, su confian- za, primero y su generosidad, después, al aceptar la dirección de esta tesis. Tam- bién, la paciencia por la espera.

Agradezco también a los profesores del Departamento de Filología His- pánica II (en particular a la Dra. Elena Catena, Dra. Sabina de la Cruz, Dr. José Paulino. Dra. Fanny Rubio, Dr. José Luis Varela, Dra. Ana Vián) de la Universidad Complutense de Madrid, su comprensión en los meses en los que cursé los cursos de doctorado.

A Christopher Waddington, vicedecano de la Facultad de Filosofía y Le- tras de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid y a los profesores José Igna- cio García Gutiérrez, Beverly Rising y Joseph Munz, así como a Patricia Vázquez, de la Sección de Traducción e Interpretación de la UPCO, les agradezco su apoyo y su ánimo, que nunca falló.

Sin algunas personas, este trabajo hubiera sido radicalmente distinto. Agradezco a Luis Arranz, Manuel Aznar Soler, Manuel Borrás, José Luis Gómez, Federico Jiménez Losantos, Juan Marichal, Antonio Morales, Carlos Pla, Joaquín Puig de la Bellacasa, Enrique de Rivas y Vicente-Alberto Serrano la generosidad con la que me escucharon y me expusieron sus puntos de vista, que aclararon siempre algún punto del trabajo.

María Tobarra ha sido siempre el punto de apoyo, Paloma Marco mi aliada. Y Pedro Zueco se ha hecho cargo de casi todo.

INTRODUCCIÓN

Manuel Azaña (1880-1940) es conocido por su acción política al frente del Gobierno republicano entre 1931 y 1933, y como jefe del Estado español entre 1936 y 1939. Pero Manuel Azaña también quiso ser escritor, y como tal escribió y publicó diversas obras de ficción —El jardín de los frailes en 1927, Viaje de Hipólito en 1937, La velada en Benicarló en 1939-, llegando incluso a estrenar, en 1931, una obra de teatro, La Corona. Dejó una novela sin terminar —Fresdeval-, y se interesó por el género ensayístico, alternando la dedicación periodística con el estudio histórico, como lo muestran su biografía de Valera (todavía inédita, y cuyos fragmentos han sido publicados como Estudios sobre don Juan Valera).

Todas las obras literarias de Azaña tienen un fuerte componente autobio- gráfico y van inspiradas de circunstancias personales o familiares. La obra ensayís- tica, por otra parte, explora en buena medida preocupaciones que se expresan en la literaria y, luego, en las medidas tomadas durante el Gobierno.

Azaña, además, compaginó su acción en el Gobierno, primero como mi- nistro de la Guerra y luego como ministro y como presidente, con la redacción de un diario. Lo continúa en 1937, siendo ya presidente de la República y con España en guerra civil. El diario político de Azaña, conocido como Memorias políticas y de guerra, constituye un documento de primera importancia para conocer la situación política de la Segunda República. Pero también es una obra escrita con una clara voluntad expresiva, que hace de ella una síntesis de las dos vocaciones —política y literaria- de su autor.

Pero las Memorias políticas y de guerra no son sólo la síntesis de una doble dedicación. También culminan toda una larga serie de diarios y cuadernillos, que Azaña venía escribiendo, con mayor o menor irregularidad, desde 1911.

Este trabajo estudia sistemáticamente la relación entre literatura autobio- gráfica y creación literaria en Manuel Azaña. Se analizan, por orden cronológico, todas las obras de Azaña que se puedan considerar pertenecientes a uno y otro ti- po. Quedan excluidos todos los textos sin designio estético claro (cartas) o aque- llos otros (como los textos políticos o los discursos) en los que el interés se centra sobre todo en el contenido.

Para cada obra o cada texto, se estudian las circunstancias de redacción y la publicación; la relación con la experiencia personal de Azaña; las posibles dis- torsiones que introduce el texto en la verdad de los hechos que relata; los motivos de interés en los que se centra el autor; y los recursos expresivos o estéticos puestos en juego.

En Apéndice, se incluye una fotocopia y la transcripción de las cintas telegráficas que recogen las conversaciones mantenidas entre Azaña y diversos miembros del Go- bierno en mayo de 1937.

FICCIÓN Y COSTUMBRISMO (1897-1903)

I. CONDICIONES DE REDACCIÓN Y PUBLICACIÓN

Azaña abandona la Universidad María Cristina, regentada por los agusti- nos en El Escorial, tras el curso 1896-1897. Vuelve a Alcalá de Henares y, con 18 años funda, junto con sus amigos Joaquín Creagh y José María Vicario, una revista decenal llamada Brisas del Henares, que se publicará entre el otoño de 1897 y la primavera de 1898. En Brisas del Henares aparecerán siete artículos firmados por "Salvador Rodríguez", que es el seudónimo que Azaña utiliza en esta revista. 1

Ya en Madrid, y pasado el examen de licenciatura en Derecho en Zarago- za, empieza a escribir, gracias a la influencia de su tío Félix Díaz-Gallo, en la re- vista Gente Vieja, fundada "como reacción al 'decadentismo' político y estético del 'fin de siglo'" 2 , que exigía a sus colaboradores una edad superior al medio siglo. El "viejo honorario", pues tal será la condición del nuevo colaborador, los firma también como "Salvador Rodrigo". Como los de Brisas del Henares, son obra de tono costumbrista, aunque incorporan tres relatos de ficción. 3 Se publican entre

1901 y 1903.

En el otoño de 1898, Azaña había empezado los estudios de doctorado en la Facultad de Derecho de la Universidad Central. Asiste a los cursos de Giner de los Ríos, frecuenta el Ateneo y, en junio de 1900, recibe un "sobresaliente" por su

tesis, titulada La responsabilidad de las multitudes 4 . Ha iniciado el camino ortodoxo, el más indicado para el hijo de una familia liberal ajena a cualquier radicalismo, como es la suya. A finales de 1900, entra como pasante en el bufete de Luis Díez Cobe- ña, un conocido abogado madrileño. Allí se encuentra también el joven Niceto Alcalá-Zamora, que ha emprendido exactamente el mismo camino. 5 También por entonces empieza a acudir a la Academia de Jurisprudencia, donde en enero de

1902 da lectura a su discurso La libertad de asociación. 6 Desde el año anterior, cola

bora en Gente Vieja, una forma cuanto menos curiosa de empezar una carrera in-

telectual.

1 OC III, pp. 3-13.

2 Juan Marichal, La vocación de Manuel Azaña, Madrid, Alianza, 1982, p. 44.

3 En total, son trece artículos, incluyendo los relatos. OC I, pp. 14-57.

4 OC III, p. 613-641.

5 Niceto Alcalá Zamora, Memorias, Barcelona, Planeta, 1977, p. 48.

6 OC I, p. 58-75.

Ninguno de los artículos que Azaña publica estos años trata, aunque sea por modo alusivo, de la política palpitante. Tampoco en su correspondencia de es- tos años con José María Vicario, su mejor amigo alcalaíno, aparece referencia al- guna, como no sea humorística, a los acontecimientos. En diciembre de 1898 se firma el tratado que pone fin oficial a la guerra de Cuba; pocos meses antes, Fran- cisco Silvela ha publicado su resonante artículo "Sin pulso". Azaña escribe enton- ces:

"(

)

no hago absolutamente nada. Me levanto a las

doce o a la una; almuerzo y a la calle hasta la una y media,

hora de comer. Después salgo gada." 7

y hasta otro día de madru-

Así pasa el tan glosado otoño triste de 1898, como pocos meses antes ha- bía celebrado su licenciatura de Derecho en los burdeles de Zaragoza, sin que el conflicto cubano y la consiguiente crisis de la conciencia nacional parecieran im- portarle mucho. 8 El 19 de mayo de 1902, dos días después de que Alfonso XII fuera coronado rey tras la larga regencia de su madre María Cristina, comenta, sin concederle al asunto la menor importancia: "Yo me he comprado un suspensorio con los colores nacionales y las armas del rey bordadas al realce." 9 Evidentemente, el señorito de buena familia disfrutaba de la vida fácil que le ofrecía Madrid.

II. ARTÍCULOS COSTUMBRISTAS

Entre los artículos de Brisas del Henares y los publicados en Gente vieja me- dian tres años. Los primeros están escritos en Alcalá de Henares; los segundos en Madrid. Pero entre las dos series no hay más diferencia que esa, y la derivada de un mayor dominio de los medios expresivos. Azaña subraya esta unidad al utilizar en los dos casos un mismo seudónimo, "Salvador Rodrigo". 10 En la Alcalá de 1897, no debía de resultar particularmente eficaz a la hora de disimular la identi- dad del autor. En el caso de Gente Vieja, contrasta con la intrascendencia de lo tratado. Azaña parece buscar, más que nada, una forma de distanciarse, irónica- mente, de los "autobautizos mesiánicos" 11 de algunos noventayochistas en ciernes. Aunque tampoco es de desdeñar la voluntad de irrisión que tienen algunos de aquellos seudónimos, por ejemplo el "Pío Cid" de Ganivet o el "Silverio Lanza", que publica sus relatos por estos mismos años. Sea lo que sea, el gesto subraya, a

7 Carta a J. M. Vicario, Madrid, diciembre de 1898, OC III, p. 658.

8 Cartas a J. M. Vicario, Zaragoza, 27 y 30 de mayo de 1898, ibid., pp. 654-656.

9 Cara a J. M. Vicario, Madrid, 19 de mayo de 1902, Ibid., p. 676.

10 Vicario era "El Vicario de Durón" y Creagh, "Colorín Colorao".

11 La expresión es de Juan Marichal, ver La vocación de Manuel Azaña, ed. cit, p. 36.

14

contrario, el aprecio en que su autor tenía a sus primeros escritos públicos: "lilailas y

cosa menor". 12

Como en sus cartas a Vicario, Azaña está dispuesto, en un gesto que pare- ce casi voluntarista, a no adoptar nunca una actitud un poco seria. Preside todos los escritos un humor provinciano, consciente y orgulloso de serlo. En "Tardes madrileñas" 13 , pone en escena a un joven abogado de provincias residente en Ma- drid, Tomás Bermúdez. Este acompaña en una visita al Congreso y al Ateneo a dos paisanos, el cacique del pueblo y su hijo. La ironía es convenientemente res- petuosa, sin voluntad de hacer sangre: en el Congreso, unos diputados republica- nos intentan convertir a su causa a un camarero carlista, y un socio del Ateneo expone en un discurso el "origen, desenvolvimiento, filiación filosófica y porvenir político de las ideas socialistas" (p. 11). Ya Juan Valera, en 1857, se había burlado en términos muy parecidos de Castelar, que pretendía explicar en el Ateneo la historia de la civilización durante los cinco primeros siglos del cristianismo. 14 En Tomás Bermúdez, instalado en Madrid hace poco tiempo, con fuertes relaciones en su pueblo natal (sin nombrar) y con evidentes ambiciones políticas, es fácil ha- llar un trasunto del propio Azaña. Hay alguna complicación, como la presencia, al lado de Bermúdez, de un narrador neutro que es, también él, la voz del propio Azaña. Están además los dos acompañantes, algunas de cuyas afirmaciones po- drían ser suscritas por el autor, en particular las del cacique, que presta su voz a la sensatez rústica:

("Tardes madrileñas") "El amigo de Bermúdez rom- pió el silencio".

"-Estoy cansado —dijo-. Esta grillera me aburre; no sé cómo puede usted soportarla a diario." (OC I, 50)

(Carta a Vicario) "Todo esto es verdaderamente tonto; cuanto antes voy a largarme. ¿Cómo está el campo, cómo va la escarcha? Voy a empaparme de naturaleza, a ver las cosas desde más lejos." 15

Y hay que añadir a "Salvador Rodrigo", obstáculo y al tiempo cebo para la curiosidad del lector, interpuesto por Azaña, que parece querer imbuir todo el texto de ese tono escéptico, de vuelta de todo, que intenta mantener también en su correspondencia.

12 Carta a J. M. Vicario, 1901, OC III, p. 673.

13 "Tardes madrileñas" es una breve serie compuesta de tres escritos: "El Congreso" (10 de marzo de 1902), El coche simón. Historia de un día de carnaval (28 de febrero de 1903) y "El Ateneo" (20 de marzo de 1903), OC I, pp. 39-52. A partir de aquí, todas las citas remiten a esta edición.

14 Juan Valera, "La doctrina del progreso", Obras Completas, Madrid, Aguilar, 1949, t. II, p.

1399.

15 Carta a J. M. Vicario, Madrid, 19 de mayo de 1902, OC III, p. 677.

En un homenaje a Mesonero Romanos titulado "El Curioso Parlante", intenta teorizar su propia actitud, y elogia la benevolencia de Mesonero contrapo- niéndole "las amargas hieles y el desconsolador pesimismo" de Larra. "Sus críti- cas", dice de Mesonero Romanos, "son suaves, correctas, dulcificado su amargor por un humorismo bonachón e inofensivo" (OC I, 21). "Son admirables", sigue escribiendo, "sus retratos de personas y cosas que pasaron; de una sociedad y unas costumbres que él mismo vio desaparecer entre himnos de Riego, incendios de conventos, románticos lamentos de los revolucionarios de la poesía y el estruendo

militar de guerras civiles e insurreccionales". (Ibid.) Ante tal panorama, la placidez del "Curioso Parlante" resulta, cuando menos, sorprendente. Además, Azaña, muy en línea con lo mantenido por la redacción de Gente vieja, elogia el estilo del homenajeado, "sin afectación ni artificios", y lo contrapone al de sus coetáneos,

que "retuercen la frases, truncan las palabras, inventan verbos y (

colorido" (OC I, 22). La voluntad de casticismo estilístico y casi podríamos decir vital, en este Azaña muy joven, se compadece bien con la actitud de simpatía por un mundo que, sin embargo, él mismo afirma que está desapareciendo

) abusan del

III. FICCIÓN

En este conjunto de escritos, hay tres textos de ficción pura, en los que, además de plantar unos personajes ficticios, como es el caso de "Tardes madrile- ñas", esboza un argumento. El último, publicado el 28 de febrero de 1903, es El coche simón y lleva por subtítulo Historia de un día de carnaval: parece haber sido es- crito cincuenta años antes, tal es la fidelidad con que trata dos motivos de venera- ble filiación costumbrista. Agustín Azcona había escrito en 1839: "Es mucho cuento un coche, y si el coche es simón, es un cuento que se parece mucho a un chisme." 16 En eso consiste el relato de Azaña, protagonizado por un respetable funcionario, Tomás Bernáldez, que se ve metido en un enredo amoroso la noche de carnaval, en el Teatro Real de Madrid. Terminará con sus huesos en la comisa- ría. En una carta a Vicario, Azaña celebraba así una escena del carnaval de 1901, también en el Teatro Real:

"¡Ay José, qué noche aquella! Veinticuatro botellas de champagne; seis de manzanilla, la mar de docenas de emparedados, mediasnoches, fiambres, etcétera, etcétera,

un palco bajo y mujeres

¡me callo el adjetivo!

"Vieras allí a los graves doctores y los respetables funcionarios públicos que ocupábamos aquella localidad

olvidarse de todo lo existente y ¡alza pilili!; al señor Ochoa

y al señor Rodrigo (don Salvador) rodando por el suelo del

restaurant con una botella en cada mano, siendo el pasmo y

la admiración de la concurrencia ( )."

17

16 Agustín Azcona, "El coche simón", en Correa Calderón, Costumbristas españoles, Madrid, Aguilar, 1951, t.I, p. 1005.

17 Carta a J. M. Vicario, Madrid, 26 de febrero de 1901, OC III, p. 670.

El gusto por los carnavales y los disfraces no abandonó nunca a Azaña, que en los años veinte protagonizó una escena memorable en su biografía senti-

mental, vestido entonces de cardenal. 18 Es obvio que Tomás Bermúdez es trasunto

del Azaña disfrazado de

don Salvador Rodrigo.

Las otras dos narraciones se alejan del costumbrismo madrileño. Se titulan

Esbozo (publicado el 30 de octubre de 1901) y En el ventorro del Tuerto' (publicado el 30 de enero de 1902). Los dos están relacionados por medio de un artificio narra- tivo. El narrador de En el ventorro del Tuerto', convenientemente entrado en años según el decoro exigido a los colaboradores de Gente Vieja, recuerda sus aventuras juveniles en un pueblo castellano: el ventorro fue "uno de los lugares que más fre- cuenté (salvo la huerta de mi amigo Bañares) durante el invierno que permanecí en Valtierra" (OC I, 35). El protagonista de Esbozo, por su parte, se llama Bañares, nombre bastante próximo a los Bermúdez y los Bernáldez que hemos visto an-

tes

19 Azaña se divierte trazando estos lazos tenues entre la realidad y la ficción.

Los dos relatos comparten, además de estos detalles, un cierto estatismo, mucho más pendientes de la descripción de los personajes que de la peripecia ex- terna. Esbozo se centra en el personaje de Ramón Bañares, un maduro ricacho de pueblo. La boda de su sobrina Verónica le hace comprender, demasiado tarde, que ha perdido el tiempo a lo largo de una vida sin amor. Azaña no consigue res- catar del lugar común esta variación sobre el motivo del viejo y la niña, y los per- sonajes responden más a una caracterización tradicional, bien codificada, que a un intento de estudio original. Bañares, extraviado en disquisiciones metafísicas, se queda a medio camino entre la evocación de Bouvard o Pécuchet y la de un Don Quijote resignado a la existencia discreta y aburrida de Don Diego Miranda: "Su idea", escribe Azaña de él, "era la paz, la tranquilidad, el vivir alegre" (OC I, 27), lo cual puede ser la expresión de un deseo personal. 20 Su amigo Gil Jiménez es el tipo mismo del arqueólogo alucinado por su erudición localista y obsesionado con las restauraciones, imaginarias o no.

En el ventorro del Tuerto' tiene algo más de enjundia que este pálido Esbozo. El núcleo narrativo viene dado, en apariencia, por el relato entre terrorífico y gro- tesco de Alvarito, un personaje calificado de "insignificante". En realidad, el inte- rés se centra en otros asuntos. En primer lugar, en la larga descripción del ventorro, de un realismo que parece esforzarse por renovar la inmemorial tradi- ción venteril de la literatura española, y que está inspirado, como se verá cuando se estudie la novela Fresdeval, escrita casi treinta años después pero de arranque muy parecido al de este relato, en la posada de la Puerta del Vado, de Alcalá de Henares.

18 Cipriano de Rivas Cherif, Retrato de un desconocido, introducción y notas de Enrique de Ri- vas Ibáñez, Barcelona, Grijalbo, 1981, pp. 145 y ss.

19 Ver el capítulo dedicado a Fresdeval, la novela que Azaña escribió en 1931, que incorpora una frase muy parecida a ésta de En el ventorro del 'Tuerto'.

20 También puede ser una evocación de su amigo Vicario. Ver en este caso también el capítulo sobre Fresdeval.

Azaña se centra también en el retrato del ventero, Francisco, cuya aparente fiereza encubre "una fuente inagotable de mansedumbre" y simpatía (OC I, 34). Francisco es el último de una dinastía legendaria de venteros, los "Tuertos". Según algunos, la dinastía se inició con la Guerra de la Independencia, aunque el narra- dor añade que el "Tuerto" genuino "no es un ventero determinado, sino más bien un mito, o idea comprensiva de toda una época" (ibid.). Es por tanto una revisión tardía del tipo, tal como lo describe el dique de Rivas en un escrito de 1843 que Azaña probablemente conocía: "La venta y el ventero son tal vez la cosa y la per- sona que no han sufrido la modificación más imperceptible desde el tiempo de

Cervantes hasta nuestros

alcaldes constitucionales, y sean milicianos y electores y elegibles, son idénticos a

los que alojaron al célebre Don Quijote de la Mancha." 21

) Los venteros que hoy viven, aunque hayan sido

Pero más que la figura característica de un género que a principios de siglo parece un poco agotado, el "Tuerto" viene a ser, en el relato de Azaña, la encarna- ción de un mito aún vivaz en el pueblo español. Desde este punto de vista, el tra- tamiento que le da Azaña, aunque respetuoso con las reglas del género, está bastante cerca de ese redescubrimiento del pueblo en que consiste en buena me-

dida la actitud y la estética noventayochista: "La ralea venteril (

dado de adobar lomo fresco que de perpetuar en mármoles ni bronces los timbres de la familia" (OC I, 34). Hay en este punto una oscilación entre el costumbrismo y el interés por lo popular que Azaña mismo se encargará de fabular más adelante, como si de un aprendizaje sentimental y político se tratara.

) más se ha cui-

Por ahora, está claro que Azaña, a la hora de escribir artículos y ficción, se inspira muy directamente de su propia experiencia vital.

21 Duque de Rivas, "El ventero", en Correa Calderón, Costumbristas españoles, ed. cit., t. I, p.

1258.

DIARIO, 1911-1912, PARÍS, BÉLGICA, MADRID

I. CONDICIONES DE REDACCIÓN

Azaña llega a París después de muchos años de estancia en Alcalá. Más exactamente, entre 1903 y 1911, Azaña había vivido entre Alcalá de Henares, su ciudad natal, y Madrid, donde mantuvo un piso. Desde 1903, cuando cumplió los 23 años preceptivos para hacerse cargo de la herencia paterna, se había ocupado con su hermano Gregorio de los negocios familiares y de otros nuevos fundados por ambos, entre ellos una fábrica de luz. Lo único que consiguieron fue arruinar el patrimonio familiar. Gregorio sacó unas oposiciones a juez, y Manuel otras a la Dirección de los Registros, del Ministerio de Gracia y Justicia. Es entonces, te- niendo asegurados unos ingresos par toda la vida, cuando Azaña, con 31 años, se decide a salir de su país por vez primera.

Azaña accedió por oposición a una plaza en la Dirección de los Registros en junio de 1910. ocho meses después, el 22 de febrero de 1911, solicita una pen- sión a la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. Se propone "ampliar en la Universidad de París sus estudios de Derecho Civil" y la pensión que solicita es "por tiempo de seis meses, a razón de trescientos francos cada mes y seiscientos más para viaje y matrículas". Expone que "conoce los idiomas francés e inglés", y tiene la debilidad de decir que "en los ejercicios de oposición verificados en Junio último para proveer las plazas de oficiales- auxiliares vacantes en la Dirección de los Registros", obtuvo "el número uno". 22 (Azaña fue el número dos de su promoción.)

Una Real Orden de 25 de septiembre de 1911 le concede la pensión 23 , y Azaña empieza a disfrutarla el 1 de noviembre, aunque hasta el 24 de ese mismo mes no llega a París. Según la Memoria de la Junta de Ampliación de Estudios co- rrespondiente al curso 1910-1911, Azaña "hace investigaciones sobre el Derecho civil francés de la Edad Media en la École Nationale des (sic) Chartres, que dirige Mr. Lelong, y estudia principalmente las formas de transmisión de la propiedad inmueble en las provincias de Derecho consuetudinario". 24 Transcurridos los seis meses, remite desde París a la Junta de Ampliación de Estudios una memoria ti-

tulada Ensayo de un plan de estudio de la Historia del Derecho francés, y solicita una pró-

rroga de la pensión por otros seis meses, aduciendo "la insuficiencia de este plazo

22 Instancia de solicitud de 22 de febrero de 1911, firmada por Manuel Azaña, Expediente de Manuel Azaña, Biblioteca de la Residencia de Estudiantes, Madrid.

23 Ver también Antonio Pau Pedrón, Azaña jurista, Ministerio de Justicia, Centro de Publica ciones, Madrid, 1990.

24 Memoria de la Junta de ampliación de estudios, Memoria 1912-1913, pp. 34-35. Archivo de la Residencia de Estudiantes, Madrid.

para hacer algún estudio de cierta amplitud". 25 A pesar de la nota que aparece en la instancia manuscrita conservada en el Archivo de la Residencia de Estudiantes de Madrid, la prórroga se le concede por cuatro meses y veintiséis días.

En esta nueva etapa asiste en la Escuela Nacional de Chartres, dependiente de la Sorbona, a un curso de Historia del Derecho, a otro de Bibliografía jurídica y a otro impartido en la Facultad de Derecho por el profesor Saleilles sobre derecho civil 26 . La memoria que entrega a la Junta de Ampliación de Estudios a su regreso a Madrid se titula

Plan o programa razonado para el estudio de la historia del derecho francés. Las épocas, las fuentes y la bibliografía? 27

Además, Azaña ha empezado a colaborar en el diario vespertino madrileño La Correspondencia de España, un periódico de corte burgués, tradicional. El primer artículo, de polémica sobre Baroja ("Las arriesgadas proposiciones de Pío Baroja"), apareció antes de su salida para Francia. Desde París escribe otros nueve artículos sobre diversos temas, entre costumbristas y políticos.

Sale de París para Madrid el 28 de octubre de 1912.

En total, permanece en París entre el 24 de noviembre de 1911 y el 28 de octubre de 1912, 28 con un viaje a Bélgica entre el 10 y el 23 de septiembre.

Además del Diario, la estancia está documentada por las cartas escritas desde París a su amigo alcalaíno José María Vicario (once cartas, entre el 28 de noviembre de 1911 y mayo-julio de 1912) y por Cuadernillo de apuntes escrito en París, 1912. 29

II. PERIODICIDAD

La estancia de Azaña fuera de España duró entre el 24 de noviembre de 1911 y el 28 de octubre de 1912: 347 días.

El Diario, por su parte, tiene 185 entradas, más una final, escrita en Madrid el 2 de diciembre de 1912, a modo de colofón y cierre.

25 Instancia manuscrita de Manuel Azaña, de 1 de mayo de 1912. En el margen izquierdo, arri- ba, y firmada por J. Castillejo, aparece la siguiente nota: "Sesión 6 de julio de 1912. Denegado. J. Casti- llejo". Expediente de Manuel Azaña, Archivo de la Residencia de Estudiantes, Madrid.

26 Raymond Saleilles (1855-1912), jurisconsulto, erudito y profesor de derecho civil en la Uni- versidad de París.

27 Memoria de la Junta de ampliación de estudios, Memoria 1912-1913, p. 46. Archivo de la Residencia de Estudiantes, Madrid.

28 Diario, 2 de diciembre de 1912, OC III, 789. Todas las citas del Diario de París de 1911- 1912 remiten a esta edición.

29 Para las cartas a J.M. Vicario, OC III, 683-691. Y para el Cuadernillo de apuntes de París 1912, OC III, 793-801. Todas las citas de este carteo y de este Cuadernillo de apuntes remiten a esta edi- ción.

De media, hay una entrada cada 1,8 días, lo que es una periodicidad relati- vamente alta.

Pero la periodicidad del Diario no es completamente regular. Es casi coti- diana entre el 24 de noviembre de 1911 y el 20 de abril. En el mes de mayo hay doce entradas. El mes de junio, otras doce. En julio, cuatro. En agosto, ninguna. Dos en septiembre, en París, para luego empezar otra vez casi diariamente durante el viaje a Bélgica, entre el 10 de septiembre y el 18. En total, en septiembre hay once entradas.

Así pues, en el periodo que va del 24 de noviembre de 1911 al 39 de abril de 1912 hay 146 entradas para 159 días, lo que da una periodicidad media de una entrada por cada 1,09 días, lo que indica una regularidad casi ideal.

En cambio, en el periodo que va del 1 de mayo al 28 de septiembre (vuelta a Madrid), hay 39 entradas, con una periodicidad media de una entrada cada 4,6 días.

Obviamente, Azaña abandonó su Diario con el final del curso académico y justo cuando solicitó la renovación de la pensión a la Junta de Ampliación de Es- tudios. Así lo indica él mismo en la entrada de 8 de septiembre: "Voy a cerrar este diario (que ya no lo es) de mi estancia en París" (OC III, 778), aunque las razones no sean precisamente el haberse dedicado al ocio, como veremos más adelante.

III. REDACCIÓN

La redacción y el estilo del Diario de 1912 van evolucionando a medida que pasan los días.

Al principio, son apuntes muy breves, telegráficos, sin apenas construcción sintáctica, que recogen una gran cantidad de información. Algún apunte indica un estado de ánimo, o una reflexión personal. Véase, por ejemplo, la primera entrada:

"24 de noviembre. Viernes 30

"LLEGADA. El día nublado, blanco y sereno.

"El primer paseo por los muelles.

"Decepción. La rue St. Honoré.

"Compro un Baedecker.

"La Place Vendóme. La rue Royale, la Madeleine, los boulevards. enorme emoción.

30 En este Diario, Azaña apunta en cada entrada el día de la semana, lo que es indicio de meti- culosidad y voluntad, un poco ingenua, de guardar en la memoria un rastro vivido del tiempo transcurrido.

"El primer aturdimiento del forastero: ¿Dónde echo estas cartas?

"El café de la Paix. Los Duval son una cosa ridicu- la. Parece que las sirvientes van a darle a uno de mamar.

"No me decido a entrar en Olympie.

"El Teatro de Cluny junto a mi fonda. Le Canard Jaune; la Cochonnette.

"El hombre que grita al pie de la escalera del fumoir.

"Hermosa mujer." (OC III, 717)

Azaña empieza a cumplir el programa que le expone en una carta a José María Vicario: "En mi divisa está escrito aquello de 'todo lo miró y notó, y puso en su punto', del personaje de Cervantes; yo todo lo miro y todo lo noto, no res- pondo de acertar también la última parte." 31

Poco a poco se van introduciendo apuntes más complejos y articulados, como en la entrada de 3 de noviembre de 1911, en la que Azaña relata un mitin al que ha asistido en la rue Danton:

"Una mujer madura, enlutada, pobremente vestida, tripuda, con un gran bolso raído, sube a la tribuna, entre las risas del público. Dice que es fulana de tal, de Monceau-les- Mines, que ha conocido muchos períodos, la reacción, la libertad, la revolución, la reacción, y que ha pedido la pala-

bra para devolver toda su gloria a Napoleón." (OC III, 719).

Incluso hay alguna reflexión de orden general, más propia de lo que será el

Cuadernillo de apuntes del mismo año:

"Los periódicos afirman que el Parlamento debe aprobar con dignidad el acuerdo con Alemania, puesto que no puede reformarlo ni rechazarlo. ¿En qué consiste esa dignidad? Al parecer, en aprobarlo sin discutirlo. Cómo va reduciéndose la eficacia activa de los Parlamentos. Choque, en este caso, de los principios del derecho público, de los fundamentos de la organización democrática, con la reali- dad política. Relacionar este hecho con otros, para la 'Im- potencia de los Parlamentos para la vida jurídica'." (2 de diciembre de 1911, OC III, 720)

A pesar de estas breves irrupciones de talante más reflexivo, siguen pre- dominando los apuntes telegráficos:

31 Carta a Vicario, París, 11 de enero de 1912, OC III, p. 684.

"La polaca del restaurant. Soirée d'art en la Sala de los Agricultores, rue d'Athènes. Beethoven. Bach. Mendel- ssohn. El clavecino. La dama morena." (9 de diciembre de 1911. OC III, 721)

Así continúa el Diario, con una voluntad cierta de exhaustividad en el relato de lo ocurrido o de lo hecho durante la jornada:

Entro en el Louvre. Los ingleses. Constable. El re- trato del capitán Hay, por Reaburn, frente a Goya. ¡Qué estraño (sic) hombre es Durero! Un retrato de mujer. Jor- daens y Rubens. El color de fuego. Entro después en las salas francesas. Los primitivos. Hay que seguir el rastro a esta escuela franco-española. El retrato de Carlos VII, rey de Francia. Llego hasta Le Sueur." (11 de enero de 1912. OC III, 735)

Otras veces, la jornada es más trivial:

"Anoche desvelado hasta las cinco. Me levanto tar- de. Almuerzo y estoy un rato en el café con Pujol y Daniel. Voy a la Secretaría de la Facultad; cerrado. Compro unos libros y vuelvo a casa. Paso la tarde escribiendo y leyendo. Por la noche veo a M. Y luego me retiro a mi casa. Leo un rato. Hoy ha vuelto el invierno." (10 de abril de 1912, OC III, 763)

Aun así, y por mucho que prosigan hasta el final este tipo de apuntes bre- ves y telegráficos, pronto se va introduciendo una articulación estilística más so- fisticada. Azaña se concentra en algo de lo hecho durante el día, o en algo de lo que ha sido testigo, y reflexiona con más soltura:

"Hoy he ido a ver el salón de los pintores indepen- dientes. Más de tres mil cuadros. Habrá diez o doce que valgan el trabajo que han costado. Uno de Hubert Hessart me gusta.

"El cubismo, el futurismo y el infantilismo hacen estragos. Anoto: El crepúsculo, un hombre que se ha cor- tado él mismo la cabeza sobre un tajo con un hacha. La ca- beza ha caído al suelo (menos mal) y mira al espectador con cara de pocos amigos. El tronco se yergue todavía y con un brazo sujeta el arma mortífera. Los jugadores de damas, cuadro que yo compraría para ponerlo en la alcoba y recibir todos los días al despertar una impresión regoci- jante. ( )

"El público asiste con mucha risa; a ratos me ha pa- recido que con demasiada. No sé por qué; en realidad, esto es absurdo." (8 de abril de 1912, OC III, 762)

Y en alguna ocasión, aunque raramente, describe una escena con la ayuda de diálogos y un inicio de caracterización de los personajes:

"Descendientes de Luis XVI. Un yanqui riñe con su

amiga en un bar: quiere pegarla. Un español se interpone y,

cortésmente, llama a la razón al yanqui. Otro señor, grave, anciano, con monocle, que ha contemplado en silencio la escena, se levanta y felicita al español, estrechándole la mano. '¡Es usted un gentilhombre! Mi opinión vale mucho, porque soy alteza real!' -¿- 'Sí; descendiente de

Luis XVI.' 'Alors, Monseigneur

?

'No, aquí puede usted

apear el tratamiento.' Las filles cacarean: 'Mais oui, mais oui;

c'est vrai! Il des-cend de Louis XVI'" (16 de abril de 1912, OC III, 765)

Esta tendencia a la elaboración larga, articulada y reflexiva, se acentúa, ló- gicamente, cuando Azaña abandona la redacción cotidiana de su Diario. Sobre to- do a partir de junio, las entradas, que recogen algo de lo ocurrido durante varios días, se hacen más selectivas y se centran en un asunto particular: el 7 de junio, una excursión a Suresnes (OC III, 770); el 13 de junio, una excursión a Fontaine- bleau (OC III, 772); el 28 de junio, un paseo por la orilla del Sena (OC III, 774).

Otras veces, la entrada se centra en un asunto que se prolonga varios días,

e incluso varias semanas:

"Se me ocurrió, a finales de julio, matricularme en

el curso de vacaciones de la Alianza Francesa. (

do el mes de agosto he estado preso de esta ocupación, que me obligaba a madrugar y me tenía el día entero 'de clase en conferencia'. Rousselot nos ha dicho cuatro cosas

sobre fonética. Todo ello, poco útil. Su colega, Laclotte, nos ha dado lecciones de pronunciación más prácticas. Dumic ha discurseado sobre el realismo en la literatura

francesa (

) Casi to-

)."

(8 de septiembre de 1912, OC III, 779)

La exhaustividad vuelve con el viaje a Bélgica, entre el 10 y el 20 de sep- tiembre de 1912, pero sólo durante nueve entradas. Aunque también aquí los apuntes se articulan en frases largas, construidas y con tendencia a la reflexión y a la expresión de la subjetividad:

"Ayer estuve en Lieja y hoy en Gante. En Lieja hay pocas cosas notables que ver. La entrada de la población, por al estación de Guillemins, es muy hermosa. Bulevares muy anchos, jardines, terrazas sobre el Mosa. Pasé de largo por Saint-Jacques y entré en la catedral (San Pablo). No tengo ninguna impresión saliente de esta visita." (18 de septiembre, OC III, 786)

Por fin las dos últimas entradas, una fechada en París el 26 de septiembre

y la otra en Madrid el 2 de diciembre (y esta vez sin precisar el día de la semana),

son dos entradas recopilatorias y selectivas, aunque intentan recoger con precisión lo ocurrido en las fechas en las que Azaña no ha escrito su Diario.

IV. TEMAS E INTERESES

Para intentar sistematizar los temas y los intereses personales reflejados en este Diario, se han clasificado los asuntos en los siguientes apartados:

1. Horarios

2. Trabajo

3. Intereses (paisajes; arte y música; teatro; oratoria)

4. Amistades y amor

5. Estado de ánimo y vocación

IV.1 HORARIOS

Hasta el día 14 de diciembre no hay ningún apunte sobre horarios. Azaña, desde el día de su llegada, se ha dedicado a visitar la ciudad, evidentemente des- lumbrado. Este día empieza a volver a su antigua costumbre de levantarse tarde:

"Mal principio de día. He salido a las doce." (OC III, 723) El 25 de diciembre, día de fiesta, apunta: "Me levanto muy tarde" (OC III, 728), y el 29: "Salgo temprano" (OC III, 729). Pero el 31 de diciembre anota: "He perdido el día, no sé si como despedida del año que se va o como anuncio del que viene. Mala noche. Salgo tarde." (OC III, 730)

Pues bien, en las entradas siguientes son raras las anotaciones en las que Azaña se queja. El 4 de enero: "Hoy no ha sido un día muy provechoso. Salir tar- "

de

de enero: "Me levanto temprano" (OC III, 738), para volver, el 23 y el 24 de ene- ro: "Levantarse tarde"; "He pasado mala noche. También hoy salgo muy tarde." (OC III, 739) Después de algún que otro apunte sobre lo tarde que sale, anota, el 28 de febrero: "Cuando salgo a la calle me encuentro con que es mediodía. Desa-

gradable sorpresa. He perdido media jornada." (OC III, 750) En cambio, el 1 de marzo: "Salgo temprano" (OC III, 750); y el 2 de marzo: "Tempranito a la confe-

rencia de Fatio (

(OC III, 732) El 16: "Salgo tarde a la calle." (OC III, 737) En cambio, el 20

)."

(OC III, 751)

Así sigue Azaña hasta abril, y es entonces cuando las cosas empiezan a cambiar. El 4 de abril escribe: "Se me ha ido el día mirando las musarañas. Salgo tarde." (OC III, 760) Y el 5 de abril: "Se va apoderando de mí la pereza. Me le- vanto tarde." (OC III, 761) El 6 de abril: "Muy descontento del día. Esto no pue- de continuar. ¿No me he levantado a la una?" (OC III, 761) El 14 de abril, "me levanto muy tarde" (OC III, 764), y el 19 de abril, "he querido salir temprano, pe- ro es imposible. Hoy he perdido el día por completo." (OC III, 765)

Seguirá así hasta el final: "Esto va de mal en peor. ¡Cómo pierdo estos preciosos días! Son las tres de la madrugada cuando me pongo a escribir estas lí-

neas. He salido de casa muy tarde" (12 de mayo, OC III, 767); "He perdido la ma- ñana, como ya es costumbre" (13 de mayo, OC III, 767); "Salgo poco antes del mediodía" (14 de mayo, OC III, 767).

Pero el diario ya no es tal, como el mismo Azaña ha dicho, y en la entrada del 17 de julio (la primera desde el 3 del mismo mes), escribe:

"Pocas impresiones he recogido en esta quincena. Ha comenzado a hacer calor; hemos pasado tres o cuatro

días muy rigurosos. Tengo mucha pereza; me levanto tarde;

no voy a casi ninguna parte (

)." (OC III, 777)

Ya no habrá más apuntes de horarios, salvo en el viaje a Bélgica, en el que Azaña vuelve a escribir entradas casi diarias, durante diez días.

En resumen: pasados los primeros días de deslumbramiento, Azaña entra en un ciclo de trabajo regular, que va de primeros de diciembre hasta primeros de abril. Luego vuelve a la vida de señorito que cuenta en las cartas de juventud a José María Vicario. Pero ahora lo hace con mala conciencia, y las entradas del Diario dejan constancia de esta incomodidad. Y cuando Azaña abandona el horario re- gular y tempranero, también acaba abandonando el Diario.

IV.2 TRABAJO

Azaña ha ido a París con una pensión del Estado español, concedida por la Junta de Ampliación de Estudios. Tiene que entregar una memoria y cumplir con un trabajo académico que incluye la asistencia a clases y tareas de investigación personal.

El ciclo de trabajo coincide exactamente con lo expuesto en el apartado anterior, excepto en el mes de agosto.

Azaña empieza a asistir a las clases en la Sorbona el 27 de noviembre, a los tres días de su llegada a París. Continúa todos los días, alternando los cursos y las conferencias de la Sorbona con otros en el Collège de France.

Pero el 21 de diciembre, apunta: "Empiezo a cumplir mis deberes oficiales y voy al curso de Mr. Colin" (OC III, 136), de lo que se deduce que lo anterior era pura curiosidad personal. Sigue con las clases después de las Navidades, y el 25 de enero empieza a ir a la Biblioteca de Sainte Geneviève (OC III, 740), que no dejará de frecuentar todas las mañanas, casi a diario, hasta el mes de abril, cuando todo el horario se descompone.

En la entrada titulada "Desde el 20 de abril al 10 de abril" apunta:

"He aquí veinte días que, o los he perdido o me han hecho daño. Durante ellos he terminado la Memoria para la Junta de pensiones; trabajo ingrato, tiempo escaso, apre- suramiento, cansancio y mal humor. Obra chabacana, que me ha perjudicado. He vuelto, por unos días, al estado de opositor. He perdido también el hilo de otras muchas cosas;

ahora, vuelta a empezar, y siempre lo mismo." (OC III, 766. Subrayados en el texto)

Es la primera vez que aparece, en los textos privados de Azaña, el motivo de la discontinuidad, que volveremos a encontrar en múltiples ocasiones. Por ahora, hasta la entrada de 8 de septiembre se acumulan los apuntes ya citados sobre el tiempo perdido.

De hecho, el Diario se interrumpe el 29 de julio hasta el 8 de septiembre, cuando Azaña apunta algo inesperado: y es que ha dejado de escribir su Diario no porque no haya trabajado, sino porque ha tenido mucho que hacer y la rutina le lleva a no tener nada interesante que apuntar:

"Si he dejado pasar todo un mes sin estampar aquí ni una nota es debido a las pocas impresiones recibidas y a las pocas cosas nuevas vistas durante este tiempo, y además, y sobre todo, a la vida especial que he hecho, vida laboriosa aunque infructífera. Se me ocurrió, a finales de julio, matricularme en el curso de vacaciones de la Alianza Francesa. Hoyos me dijo que, según sus noticias, estos cursos son muy intensos y provechosos. He ido a ellos porque, en otro caso, hubiera tenido el remordimiento de no hacer hecho todo lo posible por mejorar mi francés. Casi todo el mes de agosto he estado preso en esta ocupación." (OC III,

778-779).

O sea, que Azaña no escribe su Diario porque está aprendiendo francés. Lo que es seguro es que vuelve a su redacción para el viaje a Bélgica, dos días después, y en el que vuelve a hacer el "touriste", como él mismo dice sobre su vida en París en una carta a su amigo José María Vicario. 32 Vuelven también las entradas diarias y los apuntes precisos acerca de lo visitado:

"Salgo a los muelles; me asomo al 'balcón' del Llo-yd.

El río.

"Voy al museo y paso en él el resto de la mañana. He visto muchas cosas buenas, pero de prisa.

"El tríptico de Memling, que fue de los benedictinos de Nájera.

"La cena, de Jordaens. Las pinturas de asunto reli- gioso de Van Dyck. Los Rubens. La comunión de san Francisco. Algunos están tapados con una tela, porque hay albañiles en la sala. Descorremos la tela, pero no veo a gusto. La lanzada.

.

32 "Ahora hago menos el touriste que al principio. La facultad de ver y de admirar se cansa co- mo cualquier otra, y aun antes que otras." Carta a Vicario, París, 2 de marzo de 1912, OC III, p. 685.

"Un Rembrandt.

"La pintura moderna no me ha atraído." (16 de septiembre, OC III, 785)

Parece claro que uno de los motivos para escribir este Diario es precisa- mente hacer un seguimiento de su trabajo. O incluso utilizarlo para obligarse él mismo a trabajar, como si Azaña, a sus 31 años, requiriera una forma de disciplina exterior, capaz de ahormarle y marcarle una dirección. Sólo por establecer una

comparación, basta con decir que, de entre los miembros de su generación más conocidos, en el año 12 ya habían despuntado muchos: Ortega era ya conocido por sus artículos periodísticos; Pérez de Ayala ya había publicado A.M.D.G.; Al- calá-Zamora, con el que Azaña coincidió de pasante en un prestigioso bufete ma- drileño a finales de siglo, había iniciado ya una brillante carrera política que le llevaría, cinco años después (en 1917) a ser ministro de Fomento con García

Prieto

drid, publicando una revista satírica (La Avispa) en su pueblo, ha pronunciado un único discurso en la Casa del Pueblo de Alcalá, en 1911, y sólo ahora empieza a publicar en un diario nacional, La Correspondencia de España.

Azaña, que se ha pasado casi nueve años entre Alcalá de Henares y Ma-

También la redacción de los artículos para "La Corres", como se solía llamar a este periódico, aparece documentada en el Diario.

Y en algún caso un apunte del Diario aparece luego en forma de artículo, como ocurre con estas líneas, de 28 de enero, que serán el tema de "Palabras y plumas", 33 un artículo publicado por La Correspondencia de España el 19 de febrero de 1912 y que acabará dando título a la recopilación de ensayos que Azaña publicó en 1930 34 :

"Después he ido a visitar la exposición de avicultura en el Grand Palais. Mucha gente, muchas gallinas y muchos conejos. El público contemplaba los animalitos expuestos y se reía. En cambio, los protagonistas del certamen parecía que nos despreciaban. Quisiera yo ver a algunos seres humanos metidos en una jaula y con una tarjeta al cuello. ¿Harían papel más lucido que estos pavos? El mirlo blanco" (OC III, 740-741).

En resumen, que este Diario señala, en la vida de Azaña, un momento de inflexión, como si su autor se hubiera propuesto iniciar una nueva forma de vida, menos indolente, menos dispersa, y pensara que la disciplina diaria de ponerse a escribir lo hecho durante el día fuera a ayudarle.

33 OC l, 100-101.

34 Plumas y palabras, Madrid, CIAP, 1930.

IV.3 INTERESES

Desde el primer momento, desde las dos primeras entradas, aparecen con claridad los asuntos que van a centrar el interés de Azaña durante su estancia en París. París mismo (la ciudad, las calles, los monumentos, los paisajes de los alre- dedores); el arte; y el teatro y la música.

Azaña, andarín empedernido desde joven, cuando salía a cazar por la vega de Alcalá de Henares, se dedica con fruición a flanear, como él mismo dice (OC III, 761) por París y los alrededores. Visita los monumentos (el Panteón —p. 723-), e incluso le sirve de cicerone a algún español menos sistemático que él:

"He ido con Camba a la conferencia de Croisset,

para que conociera estas cosas; (

).

Le je enseñado la Sainte

Chapelle, Saint-Etienne du Mont y el Panteón. Camba ha estado

en parís más de dos años." (Desde el 20 de abril al 10 de mayo, OC III, 766)

Pero también pasea, sin más ("aprovecho la tarde de sol para pasear" —OC III, 723-; "Día despejado, día de holganza. Nada de libros ni de conferencias. Pa- seo hasta la Plaza de la Bastilla y subo a la columna de Julio" —OC III, 727-;"Paseo después de almorzar, por los muelles hasta la gare d'Austerlitz —OC III, 739-). Y cuando llega el buen tiempo, abundan las excursiones por los alrededores, que dan pie a algunos intentos descriptivos y también a algunas reflexiones entre morales y políticas. Así, después de un largo paseo por las orillas del Sena, y habiendo des- crito un paisaje en el que la laboriosidad industrial se compadece bien con la belle- za del campo y la alegría de vivir, escribe:

"El contraste entre las dos orillas: por donde voy hay trabajo, desembarcaderos, un tranvía, gente. En la otra (Croisy) maravillas de luz, de verdor, de regocijo campestre. Esto me agrada. A pesar del tráfico, conserva su distinción y su belleza, su finura. Claro que estos pobres hombres sudan y se mortifican lo mismo, pero esto parece un mundo por venir, en que todo sea fácil, todo se desenvuelva en un ambiente bello.

"Anochecer; oro en el cielo y en el agua. Nubes ro- sas. Alegría del campo que se comunica. ¿Cantar? ¿Llorar? Ser buenos y felices" (20 de julio, OC III, 774-775).

En algún caso, no llega a explicarse ese afán deambulatorio tan caracterís- tico que casi llega a ser una metáfora de su existencia:

"He salido un poco tarde. No sé qué especie de manía ambulatoria me ha atacado hoy. En l'après-midi tomo el camino del Grand Palais para ver una exposición de pintura. He subido tres peldaños de la escalinata y al pisar el cuarto me arrepiento. He subido tres peldaños de al es- calinata y al pisar el cuarto me arrepiento. Sigo la avenida d'Antin. Entro en Saint Philippe du Roule. Salgo ensegui-

da. Rue La Boètie. Boulevard Malesherbes. Rue Madrid. No sé por qué voy por estas calles. Llego a la Plaza de Europa. Me entretengo en ver el barullo de la ¿are Saint-Lazare. Reanudo el paseo, siguiendo la línea. Cruzo Batignolles. Golpe de vista del Sacré-Coeur, todo blanco, sobre los nu- barrones pardos.

"Llego a la Porte d' Asnières; sigo la rue Hugo, ya en Levallois; después por una calzada que no sé cómo se llama. ¿Qué mosca me ha picado? Regreso a la Porte d'Asnières y el autobús me trae al centro." (28 de febrero, OC III, 747)

En Bélgica, vuelve a su vida de turista, como él mismo dice. Y es que, evi- dentemente, la vida de espectador irresponsable, ajeno a la realidad de lo que contempla, le gusta mucho. Lo que no le impide, como ya se ha dicho, ir sacando conclusiones de lo que ve, y contrastarlo con un asunto que le ronda siempre en la cabeza, relacionado con su situación personal de una forma que a veces no parece del todo consciente, como es la vida española:

"Francia nos aventaja por su situación y por su suelo privilegiados. Pero no creo que sea la suya una raza mejor dotada. ¿Y el trabajo? En España se trabaja menos. ¿Tan poco como parece? No se puede medir sólo por los resultados. El esfuerzo rinde menos. ¿Por qué? Hay que pensar si el hábito y el amor al trabajo se pierden por la inutilidad del esfuerzo." (14 de enero, OC III, 736)

El juicio que emite sobre España, a su vuelta, estará saturado de estas sen- saciones, combinación de ética, estética y política, tan típicas, por otra parte, de varias generaciones de españoles:

"¡Qué triste, qué desolada me pareció España al sa- lir de las Provincias Vascongadas. ¡Qué lento el tren! Los campos desnudos y desiertos. Todo agrio. En el vagón, unos sujetos hablando de la temporada taurina." (2 de di- ciembre, OC III, 790)

Las visitas a los museos y galerías de arte constituyen otro gran capítulo de este diario. A Azaña, que está interesado en muchas cosas (Museos arqueológicos, de historia, militares, de escultura, de artes decorativas), le gusta sobre todo la pintura. Y en esto el Diario de 1911-1912 resulta casi un memorándum donde apuntar todo, absolutamente todo lo que va viendo. De hecho, las visitas al Lou- vre son sistemáticas:

"Voy al Louvre. Salas francesas; siglos XVIII y XIX. La

sala de retratos (

)

Queda para más días." (14 de enero, OC III,

736)

"Visito las salas del Mobiliario (en el Louvre). Ojeada a los dibujos, a la colección Thiers, marfiles, etcétera. Hay que volver." (16 de enero, OC III, 737)

Cuando se encierra a leer en la Biblioteca de Sainte Geneviève, las visitas a los museos quedan postergadas, pero vuelven otra vez cuando llega el buen tiem- po:

"Esta tarde he ido a los Inválidos, a continuar la vi- sita del Museo Militar. Vistas las salas de artillería. ¿Mu- chos, muchos cañones!

"En armaduras, etcétera, muchas cosas buenas. Es- padas españolas." (23 de junio, OC III, 775)

Y durante los diez días pasados en Bélgica tiene la ocasión de darse un nuevo festín de pintura, esta vez flamenca, que le fascina:

"Estuve en el hospital San Juan a ver el Museo

Memblin. Es una colección de maravillas. (

)

"Después al Museo Comunal.

"El 'Van Eyck (Juan)', La Virgen, San Donatiano, San Miguel y el donador, Jorge van der Paele.

"Hugo van der Goes: Muerte de la Virgen.

"Memling: San Cristóbal. "Gérard David:

Juicio de Cambises.

"Obras sublimes. Son la perfección de una estética" (26 de septiembre, OC III, 787-788)

Los otros dos ejes de esta educación estética y algo sentimental son la mú- sica y el teatro. En cuanto a lo primero, Azaña hace, con su Diario, lo mismo que con las artes plásticas, aunque algo menos sistemático. El segundo día (25 de no- viembre) apunta un poco enigmáticamente, cumpliendo el Diario su función de memorándum: "La ópera Valkiria" (OC III, 717). El 28 de noviembre: "El Concert Rouge, rue Tournon. Beethoven. Este nos une a todos" (OC III, 718). El 9 de di- ciembre: "Soirée d'art en la Sala de los Agricultores, rue d'Athènes. Beethoven, Bach, Mendelssohn" (OC III, 721). Tras un concierto de la Sociedad Bach en la salle Gaveau, apunta: "La cantata Wachet auf. Me han gustado de ella dos números" (OC III, 746). Y otra vez va a la Opera Cómica: "Orfeo y Les petits riens; baile, con música de Mozart" (OC III, 267-268). Pero la ópera no es lo que más le gusta y sí, en cambio, la música sinfónica romántica, y muy en particular Beethoven, que será siempre su predilecto ("Esa octava Sinfonía!" —OC III, 757-).

Mucho más frecuente y sistemática, más aún que las visitas a los museos y a las galerías de arte, es la frecuentación de las salas de teatro. Aquí Azaña no se

muestra nada selectivo, y ya lo hemos visto apuntar, el primer día de su estancia en París: "El Teatro de Cluny junto a mi fonda" (OC III, 717). Empieza asistiendo a unas piezas cómicas de Bernard y Feydeau (N' t' promène (donc) pas toute nue, ni más ni menos) en el teatro Fémina. Irá a los cabarets (el "Carillon. Divertidísimo" -OC III, 728-), al teatro Antoine (OC III, 751), al teatro Sarah Bernhardt, para ver L'Aiglon (OC III, 752), al teatro Renaissance donde admira al actor Tarride en Pour vivre heureux, a una matinée en el Trocadero donde admira los versos de Corneille (Polyeucte) dichos por los actores de la Comedie FranÇaise (OC III, 755), al teatro de l'Athénée a una función ligera y graciosa, que le gusta, titulada Le coeur dispose, otra vez al teatro Sarah Bernahrdt donde se extasía con la interpretación que la actriz hace de la Fedra de Racine (OC III, 761), y otra vez a la Comedie FranÇaise, a ver Iphigénie, en la que disfruta de la interpretación de Madame Barthet aunque pone algún reparo a la obra (OC III, 764).

La llegada del buen tiempo, como ocurre con los paseos, intensificará aún más la asistencia al teatro. Azaña es obviamente una gran aficionado. Siempre lo será y profundizará y aquilatará sus gustos gracias a la amistad con Cipriano de Ri- vas Cherif. 35 Por ahora, intenta sacar a esta afición algún partido que vaya más allá de la simple afición estética. Son Corneille y Racine los que hacen el gasto:

"Después Polyeucte, por la troupe de la Comedia. Me encanta oír recitar estos magníficos versos por estos mag- níficos actores. Adquieren los alejandrinos una ternura inesperada. Me afirmo en lo que ya sospechaba. Por mucho que se lea a Racine y a Corneille, si no se les oye no se aprecia su valor. Quien no tenga hecho el oído a la proso- dia francesa, ¿cómo se atreve a hablar de ellos?" (17 de marzo, OC III, 755)

La reflexión es típica, y también se aplica a las obras españolas, en parti- cular a Cervantes, que, para el Azaña de estos años, es también intraducibie. Otro dato interesante es que acto seguido, Azaña apunta que la función del Polyeucte fue seguida y aplaudida por seis mil espectadores, ni más ni menos: elogio nada indi- recto de la educación republicana, que hay que poner en relación con otro apunte, en el que se relaciona el clasicismo con la revolución ("La Revolución, época clá- sica por excelencia" —OC III, 737-). Así, entre la reflexión y el placer estético, se va forjando ese republicanismo radical, fascinado por Francia y sobre todo por la imagen de la Revolución francesa.

Más reveladora aún es la fascinación de Azaña por otro espectáculo, rela- cionada con el teatro, aunque no clasificable en el mismo apartado, como es la oratoria. Le dedica uno de sus artículos de La Correspondencia de España, el titulado

35 El 9 de junio, asiste a una función de los Ballets rusos, y aunque admira la "novedad" y el "exotismo", no acaba de "encontrar justificados lose extraordinarios elogios y el engouement del público" (OC III, 771). La influencia de Rivas Cherif le hará cambiar de opinión en 1929, cuando asistan juntos al estreno de El sombrero de tres picos, con coreografía de Massine y decorados de Picasso.

"Los oradores de la Sorbona". 36 Sólo el título es significativo. En aquellos años se discutía con bastante intensidad acerca de la superioridad del modelo universitario alemán (científico, técnico, especializado) sobre el francés (abierto, humanista, ge- neralista). Claro está que la polémica estaba cargada de política. La elección entre Alemania y Francia significaba (por lo menos en parte) la elección entre un modelo democrático y otro aristocrático-autoritario. Azaña ya había mostrado sus preferencias en su artículo en contra de la germanofilia de Baroja 37 , decantándose entonces por Francia y por lo que Francia simbolizaba de republicanismo y de- mocracia. (Al enfrentarse al organicismo de origen alemán, Azaña ni siquiera intenta buscar algunos argumentos en la línea liberal doctrinaria, tan francesa como la republicana, aunque menos fascinante para quien como él pretendía romper con la Restauración, tan doctrinaria en tantos aspectos 38 .) Los oradores de la Sorbona constituyen, desde este punto de vista, un perfecto ejemplo de este saber al alcance de todos, una zona templada entre lo puramente erudito y técnico y el gran público, que

se manifiesta en el público que acude a las conferencias de la Sorbona y a los cursos abiertos del Collège de France, así como en el tipo de retórica utilizada, erudita pero también seductora, entretenida, con frases divertidas que los oyentes esperan

impacientes y la cultura.

Todo un género en el que se mezclan el saber, la cortesía, la curiosidad

Además de este ejemplo entre académico y político, el Diario de 1911-1912 demuestra que Azaña asistía con gran asiduidad, casi sistemáticamente, y como si de un espectáculo se tratase, a escuchar a oradores de todo tipo: académicos (OC III, 721, 722, 723, sobre Bergson en 732 y sobre Pierre Janet en 740), políticos, (sobre Massaguier, 724; mitin antizarista, 725;

36 OC I, 105-107. El origen del artículo, en la entrada del 2 de diciembre, en un comentario so- bre un curso en la Sorbona: "Mr. Strowski, Nouvelle poétique en France au XIX ème siècle. Insignificante señor. Inmensa aglomeración. Reflexiones sobre los oradores de la Sorbona y sobre su público" (OC III,

720).

37 "Las arriesgadas proposiciones de Pío Baroja" contestaba a "¿Con el latino o con el germa- no?", ver Pío Baroja, Nuevo Tablado de Arlequín, en Obras Completas, Madrid, Biblioteca Nueva, 1948, t. V, p. 135. Baroja sigue la línea de la época, que es antifrancesa, con independencia de la adscripción política. Para el organicismo progresista, pero francófobo, ver Juan López-Morillas, El krausismo espa- ñol, Madrid, Fondo de Cultura Económica, 1980, pp. 107-120. La línea se sigue bien en algunos artículos de grandes figuras: Francisco Giner de los Ríos, "Consideraciones sobre el desarrollo de la literatura mo- derna", en Juan López-Morillas (prólogo y selección), Krausismo: estética y literatura, Barcelona, Labor, 1972, pp. 11 y ss.; Miguel de Unamuno, "Afrancesamiento" (1889), Obras Completas, Madrid, Afrodisio Aguado, 1958, t. XI, p. 68 y ss; José Ortega y Gasset, "Las dos Alemanias" (1908), Obras Completas, Madrid, Alianza, 1983, t. X, p. 22 y ss.

38 Ver, Luis Díez del Corral, El liberalismo doctrinario, Madrid, Centro de Estudios Constitu- cionales, 1984, o la edición a cargo de Carmen Iglesias de las Obras Completas de don Luis, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1998.

Pero también religioso 39 :

"Esta tarde en Notre Dame he oído un sermón.

Discreto y como para salir del paso. Muestra del estilo: ha- blaba de lo que debe ser un apóstol y comentó: D'abord, au

sens étymologique du mot

728)

¡Basta! (24 de diciembre, OC III,

Azaña apunta sus reflexiones con meticulosidad: fisonomía, gestos, ento- Es evidente que está aprendiendo, aunque es curioso, y muy significativo,

nación

que, además de interesarse por el hecho en sí de la oratoria, no parezca prestar más atención al hecho político, es decir a las reuniones de los partidos, a los mítines e incluso a la Cámara de Diputados, a la que, por lo que se deduce de la lectura del Diario, no asiste ni una sola vez.

IV.4 AMISTADES, AMORES

El Diario de 1911-1912 no manifiesta una particular exigencia moral en cuanto a la amistad. Azaña, que a lo largo de su estancia en París reside en varios hoteles no muy caros ("fondas", los llama), tiene un amplio círculo de amistades. Después de los cursos o las mañanas en la biblioteca, suele salir con algún amigo más íntimo, como Daniel Alarcón, Pujol, Pastor y luego el alcalaíno Joaquín Creagh. También asiste a tertulias de conocidos, todos españoles, y casi siempre en los cafés (""Café Cluny. Tertulia con los Issastel. A casa" —OC III, 742-), excepto cuando se desarrolla en "casa de Daniel" (OC III, 738).

Azaña lleva una vida muy de "españoles en París", una vida en la que los franceses no existirían si no fuera por los intentos de establecer relación con alguna francesa, con intenciones bastante claras.

A pesar de conocer a un amplio círculo de españoles (Camba, Salmerón, D'Ors, Prieto, Morente, para quien tiene un sarcasmo de los que abundarán tanto en las Memorias de los años 30 40 ) y de tener unos cuantos amigos que parecen muy fieles, y sobre los que no dice absolutamente nada, como si la amistad impidiera cualquier comentario, Azaña lleva una vida bastante solitaria, con largas horas dedicadas a la lectura, a los paseos, a la pura y simple contemplación estética. A partir de una reflexión de su amigo García Martí, que le ha preguntado si se encuentra bien solo, escribe: "No sé cómo decir a este chico que yo nunca me encuentro solo." (14 de diciembre, OC III, 723)

39 En otro apunte dedicado a la oratoria religiosa, esta vez a un mitin de evangelización, apunta algo que tratará en el artículo sobre "Los oradores de la Sorbona": "No podía faltar un detalle. En medio de una conferencia de que hablaba de san Pablo, de Cristo, de la Salvación, ha encontrado manera de ha cer una alusión irónica a Fallieres" (18 de febrero. Domingo) (OC III, 747). Y en el artículo "Los orado res de la Sorbona": "En una conferencia de propaganda calvinista, un señor que explica las epístolas de san Pablo halla manera de colocar una alusión mortificante para Fallieres" (OC 1, 106)

40 "[Le] acaban de hacer catedrático de ética en la Universidad Central. Inexperto, pero muy cargante. También sabe estética; tanta, que adivina los argumentos de los dramas desde el primer acto." (27 de mayo de 1912, OC III, 768)

En realidad, los comentarios sobre los españoles que pasan o residen en París constituyen de por sí una reflexión sobre su generación. El balance no es muy halagüeño, y del repaso no se salva casi nadie, como muestra la larga nota del 8 de septiembre sobre los madrileños que han pasado por París:

"También ha pasado por aquí Alejandro Miquis y

su mujer. Este Miquis me parece, en fin de cuentas, un

)

hombre bastante infeliz. (

"También se encuentra en París Sánchez-ocaña,

que vuelve de Alemania. Este chiquillo es simpático, y si

hablase menos y más despacio, sería encantador. (

ha dicho que Barcia estudia también a Kant y que una

noche descubrió 'que no hay juicios analíticos a priori'. Es

para morirse de risa. (

cuadro en el estilo de Delacroix: Augusto Barcia descubriendo que no hay juicios analíticos a priori. (

Si yo fuese pintor haría un

) Me

)

)

"He ido algunas noches con Ocaña y con Guixé. Este muchacho me desconcierta por la desigualdad de su humor y por la incoherencia de sus gustos literarios. ( No he visto criatura más vanidosa ni destartalada. (

)

)

"He conocido otros españoles: un señor Urbano, y a Ciges Aparicio. Además, los vendedores de botijas, que tienen más agudeza que muchos de estos intelectuales.

"El señor Eugenio d'Ors, intelectual barcelonés.

Han sido necesarias dos presentaciones para que se fije

en mí. (

hacer interesante, unas veces por su vaguedad soñadora, otras por su fijeza perÇante." (OC III, 780) (Subrayado en el texto.)

)

Cuida mucho la manera de mirar, que procura

Como se ve, Azaña no tiene una gran opinión de sus coetáneos.

En cuanto al tema sentimental, Azaña sigue la misma pauta. París le sedu- ce, además de por la historia, la política y la belleza del paisaje, por la libertad de moeurs. Desde el primer día, 24 de noviembre, un apunte lo demuestra: "Hermosa mujer". (OC III, 717) Luego aparece de vez en cuando Renée ("Renée: Je m'amuse follement" -3 de diciembre de 1911, OC III, 720; "Renée s'en va" -7 de diciembre de diciembre de 1911, OC III, 721), luego Eugénie ("Ya sé quién es Eugénie. También recibo carta de mademoiselle Rétif" —16 de diciembre de 1911, OC III, 724), y otra vez Mlle Rétif ("Por la noche voy a la Plaza de la Bastilla y comprendo que mademoiselle Rétif se ha enfadado. Menos mal si no escribe, para vengarse, un libro contra España" —Ibid-). El 20 de diciembre de 1911, rompe con Eugénie, echando mano de una mentira (una "debilidad", OC III, 726).

El 28 de diciembre, Azaña parece algo más alterado:

"Una muchacha alta y morena en el magasin del )

Louvre. (

"El batallón de las midinettes en la Plaza de la Ópera. Vuelvo a casa. El ascensor de la Place Saint-Michel (metro) guarda una sorpresa. Me inhibo desde el primer momento. Daniel también, pero admiramos. En la rue Saint Séverin nos hemos hablado ¿Por qué he hablado yo? Datos para el estudio de un carácter: vanidoso y tímido- Daniel se va.

"La cita es para mañana, Place Pigalle. Esperemos." (OC III, 729)

Y al día siguiente continúa la aventura:

"Voy a la Place Pigalle. ¡Qué bien! Todavía me im- paciento alguna vez. Ha venido y se llama Lucienne. Es ru- bia pajiza. Los ojos muy grandes, de un verde claro. Divino cuerpo. On me dit que j'ai l'air farouche. Cena en la Taverne Alsacienne. El teatro Moderne. Revista: Le boulevard tout nu. ¿Qué es un journaliste? Yo sé lo que me ha gustado esta mujer. ¿Se divertirá conmigo?" (29 de diciembre de 1911, OC III, 729)

Aunque poco después Azaña parece dudar:

"¿Y lo de aquí? ¿Voy yo mismo a echarme la cuerda al cuello? No acierto con la vena de la sinceridad; no sé lo que quiero. Estoy contrariado." (31 de diciembre de 1911, OC III, 730)

Luego Renée desaparece y entra en escena Raymonde, el 2 de enero, pero el 4: "Raymonde; no aparece. Se ha convencido." (OC III, 732) Intenta encontrar algo el 6 de enero pero no lo encuentra y se encierra en casa. A partir de ahí, las salidas son cada vez más raras: Azaña se ha cansado del trabajo que comporta una vida sentimental un poco activa y se retira. El 1 de febrero, tal vez en relación con esta abstención, apunta: "Me parece que, sin querer, me he reducido demasiado." (OC III, 741)

Mientras tanto, ha recibido una carta de P.:

"Carta de P. Disgusto consiguiente. Al parecer nunca me desprenderé de esta cruz. Pero, ¿no tengo yo ra- zón? Ahora estoy pagando el error de un momento. No quise ser sincero entonces conmigo mismo ni examinar los verdaderos móviles. ¿Cómo seré yo? La costra de indife- rencia con que quiero defenderme contra estas preocupa- ciones, ¿es monstruosa, o no llega a la medida corriente y soy más imaginativo y preocupado que la mayoría de los

hombres. Después de todo, ¿qué me importa la manera de ser de los demás?" 41 (3 de enero de 1912, OC III, 732)

Y ha continuado una relación con una tal L., de Madrid, un antiguo amor que le sigue escribiendo:

"Carta de L. Comparo esta impresión con la que me produce la de aquí. 42 Dos mujeres bien diferentes. ¡Qué obra perfecta si pudiera fundirlas en una! Dos caminos, dos vidas, dos hombres diferentes; tal vez ninguno de los dos laudable." (31 de diciembre de 1911, OC III, 730)

Cuando no encuentra nada, piensa en L. (OC III, 733), que le felicita por su cumpleaños: "¡Oh, corazón vigilante!" (9 de enero de 1912, OC III, 734) El 9 de febrero de 1912, olvidadas ya las veleidades parisinas, le escribe a L: "¡Cuántas bobadas le digo! Es difícil sostenerse así" (OC III, 744). Y el 24 de febrero, recibe respuesta:

"Hoy he tenido carta de L. Quiéralo o no, todo el día he pensado en este asunto. ¿Será capaz de liarme? Lo peor de este pleito consiste en que si me retiro, los motivos (algunos) no son muy honrosos para mí (vanidad); y si me entrego, me parece que cedo al cansancio, al compromiso, y esto tampoco es muy laudable. ¡Qué fastidio!" (OC III,

749)

Tiene otra vez carta de L el 13 de marzo, y el 15 apunta: "Lo peor no fue perder el poderío, sino el carácter y la reputación" (OC III, 754). Y tras otra carta de L.: "¡Qué admirable constancia! Pero no quiero reírme, porque la verdad es que esto no me hace gracia" (22 de marzo de 1912, OC III, 756).

Mientras, ha aparecido una tal M., de la que sólo quedan constancia las vi- sitas que le hace Azaña, sin decir nada más, y casi siempre antes de ir a alguna tertulia para luego volver a casa. El 12 de abril de 1912 escribe: "Tenía que ir a ver a M., y por última vez, pero he hecho rabona. Esto era una pesadez." (OC III,

763)

No parece que sea la misma M. que entra en escena después:

"Todo este tiempo M. ha ido ganando dentro de

mí. Algunos días me ha tenido embobado. ¡Qué luz tienen

sus ojos! ¡Qué dulcemente habla y ríe! (

estoy enamorado de ella completamente es que temo que les parezca absurdo a todos, empezando por ella misma.

) Creo que si no

41 Azaña volverá a esta reflexión en su texto narrativo Viaje de Hipólito, y casi con las mismas palabras, atribuidas entonces a Hipólito.

42 Azaña se está refiriendo a Lucienne.

"Desde hace quince días voy todos las tardes a su casa, y hago por encontrarla en el Luxemburgo. Me pasaría

las horas enteras mirándola, oyéndola hablar, sintiendo el r

y venir de su persona cerca de mí. Tengo la seguridad de

que se da cuenta de mis atenciones; verdad es que yo lo di-

simulo poco, y rara vez la confundo, en mis conversacio- nes, con sus hermanas.

"Ayer fui a la gare de Lyon a despedir a su padre, que se iba a Ginebra. Tuve la alegría de encontrarla allí. En la despedida se conmovió y cuando regresábamos tenía los ojos llenos de lágrimas. ¡Qué ojos y qué lágrimas! Es divina. Es la gracia y al pureza juntas." (8 de septiembre) (OC III, 782)

M. es en este caso Mercedes de Hoyos, hija de Luis de Hoyos, institucio- nista y pedagogo entonces destinado en Madrid. Mercedes era casi una niña, y no hará mucho caso a Azaña, que se despedirá de París y de ella con gran sentimien- to. A pesar de que los Hoyos, incluida Mercedes, va a despedirle a la gare d'Orsay, no le contesta cuando el enamorado le escribe desde Madrid (OC III, 790). El ca- so se repetirá casi punto por punto cuando Azaña, en 1928, corteje a otra mujer mucho más joven que él, Dolores de Rivas Cherif, con la que llegará a casarse. Entre la mujer responsable (L.) y la intensidad erótica (Renée) Azaña elige a una niña.

IV.5 ESTADO DE ANIMO Y VOCACIÓN

En un diario concebido como instrumento de mejoramiento personal, no podían faltar las reflexiones sobre el cumplimiento del programa y otras sobre el efecto que ese hecho tiene en el ánimo de quien lo escribe.

El 20 de diciembre de 1911, algo menos de un mes después de iniciado el diario, hay un primer apunte muy revelador sobre hasta qué punto Azaña se ha propuesto seguir una pauta de conducta, una disciplina: "Aplanamiento; disgusto. No quiero perder la línea recta." (OC III, 726)

Por supuesto que, además de apuntar los cursos a los que asiste y las se- siones que se pasa en la biblioteca, también deja constancia de lo que escribe (OC III, 749). No mucho, y es que: "Por la tarde, en casa, quiero escribir y no puedo. Cada día sé peor el oficio." (21 de enero de 1912, OC III, 739). Con lo que en- contramos una nueva función del Diario de París: Azaña se está obligando a escri- bir, o por lo menos a cumplir el ritual que lleva aparejado el ejercicio de escribir

Pero el 1 de febrero de 1912, empiezan las dudas:

"Por la noche, de tertulia con Daniel y mademoiselle Charlotte; me ha asaltado de pronto un despego, una fatiga

y un horror por todo esto, que he tomado la puerta deján-

dolos con la palabra en al boca. No sé lo que podrá ser.

Me he encerrado en casa y he estado leyendo cuatro horas.

Esto es insufrible. Vuelvo al vicio antiguo de roer papel, como si mi destino fuese devorar medio millón de volú- menes." (OC III, 741)

A partir de aquí, y aunque durante bastantes semanas mantenga todavía el ritmo y al disciplina de trabajo, ésta será la sensación que irá impregnando todo el diario, como si las mejores intenciones se diluyeran en una naturaleza irreprimible, incorregible. El 23 de febrero de 1912: "Me retiro pronto. ¿Qué tengo? ¿Es fatiga? Estaría bueno que ya empezase a cansarme" (OC III, 748). Y el 28 del mismo:

"Vengo a casa y leo un poco. Tengo la impresión de que he perdido el día" (OC III, 750).

La crisis llega cuando le toca escribir la Memoria para la Junta de Amplia- ción de Estudios:

"Trazo el borrador del trabajo que he de enviar a Madrid. Esto me ha devuelto el buen humor. Estaba con- trariado porque se me ha ocurrido, cuando andaba por ahí, recapitular, y, en efecto, no he encontrado nada. Y así vamos tirando, ni carne ni pescado.

"El caso es que mañana o al otro día sentiré que se despierta en mí una vocación, que será ya la séptima o la octava de mi vida. Me parece que seré singular en el arte de no hacer nada" (30 de marzo de 1912, OC III, 759) (Subra- yado en el texto.)

Era la indecisión que la práctica del Diario quería remediar, por lo menos en la intención de Azaña. No será así, y a partir de aquí todo el proyecto empieza a derrumbarse, y con él, a partir del 20 de abril de 1912, el propio Diario.

Cuando vuelve a él, el 10 de mayo de 1912, apunta: "He perdido también el hilo de otras muchas cosas; ahora, vuelta a empezar." 43 (OC III, 766) No lo vuelve a encontrar, a pesar de algún esfuerzo intermitente y de sus clases en la Alianza Francesa, y el 18 de junio de 1912 escribe:

"Esta noche, en un café de los bulevares, he pasado

un malísimo rato. ¿Por qué? Lo ignoro. Tenía una tristeza

Nada me parecía digno de inte-

rés, nada me sostenía. Es la consecuencia del despilfarro de las energías, que se dispersan sin concentrarse en nada. ¿Dónde encontraré yo un estímulo? (OC III, 773)

inmensa, un abatimiento

El viaje a Bélgica y el afecto por Mercedes de Hoyos le devuelven a la ale- gría, pero todo se acaba cuando vuelve a Madrid, aunque entonces no está triste

43 En Viaje de Hipólito, Azaña hablará de la "discontinuidad aniquilante" de que adolece su per- sonaje (OC I, 798).

del todo. El Diario termina con un apunte sobre Alcalá de Henares, pero de mayor alcance que el pretexto:

"Estuve un día en Alcalá y no he vuelto; (

energía y el tiempo (¡el precioso e irreemplazable tiempo!) que yo he malgastado allí me pesarán toda mi vida" (2 de diciembre de 1912, OC III, 789).

). La

V. TEXTO PRIVADO Y TEXTO PÚBLICO: DIARIO, CUA- DERNILLO DE APUNTES, ARTÍCULOS

Durante su estancia en París entre 1911 y 1912, Azaña escribe, además de este Diario que deja de serlo a los cinco meses de haber sido iniciado, otras dos clases de textos.

El primero es un Cuadernillo de apuntes 44 , bastante breve (ocho páginas en la edición de las Obras Completas), y una serie de artículos, de los que aparecieron ocho (por lo menos esos son los publicados en la edición de Oasis), que continúan otros cuatro ya publicados, también en La Correspondencia de España, poco antes de su salida para París 45 .

Este Diario de París es, claro está, un texto de índole privada: una especie de memorándum que recuerda lo ocurrido y lo hecho durante la jornada, además de motivo para la reflexión sobre el estado de ánimo y las relaciones sentimentales. Pero, como ya hemos visto, el Diario tiene también otra dimensión, y, aunque ésta es también de índole privada, le otorga una dimensión un poco más amplia. Y es que el Diario de París está concebido como un instrumento al servicio de una empresa de mejoramiento personal a la que Azaña se va a entregar durante algunos meses.

El estudio simultáneo del Diario, el Cuadernillo y los artículos de 1911-1912 descubre la auténtica dimensión de esta empresa, así como sus objetivos y su sen- tido.

V.l EL DIARIO Y EL CUADERNILLO DE APUNTES

El Cuadernillo de apuntes consiste en anotaciones breves (la más larga, dedi- cada a "la literatura del desastre", tiene 67 líneas) sobre motivos variados, aunque casi todos giren en torno a un tema: la crisis de la conciencia española.

Hay tres excepciones. Un apunte que se refiere a la situación personal de

Azaña:

44 OC III, 793-801.

45 OC I, 79-115. A partir de aquí, todas las citas remiten a esta edición.

40

"Delfín. Difícil es medir el valor propio. Digo difícil, y no imposible, por dejar a los vanidosos la esperanza de acertar." (OC III, 795)

También otro lleva la misteriosa indicación Delfín, pero se refiere a Racine y a su perfección poética (OC III, 801). Y otro, finalmente, es una reflexión que mezcla la reflexión lírica, la paisajística y una emoción procedente de la sensibilidad religiosa, todo ello deducido, probablemente, de la contemplación de un cuadro:

"Ante los discípulos de Emmaús'. La alegría de las fiestas religiosas posteriores a Resurrección, la de los cam- pos, y el relato evangélico. Augusta majestad, placidez; todo está hecho. El Señor que se da a ver poco. ¿Dónde esparce su amor? El campo jocundo; las letanías mayores; Pentecostés; los grillos; las flores; las mieses maduras" (OC III,, 795).

En cuanto a este último apunte, continúa algunos relativamente frecuentes en el Diario, a partir de las emociones suscitadas en Azaña por la campiña francesa:

"Anochecer; oro en el cielo y en el agua. Nubes rosas. Alegría del campo que se comunica. ¿Cantar? ¿Llorar? Ser buenos y felices" (20 de julio de 1912, OC III, 775). 46

En cuanto al primero, a partir de Delfín, es, además de extraordinariamente revelador de la psicología de Azaña (que toma una forma de introspección ator- mentada típica de los moralistas franceses como cebo de su soberbia, encontramos reflexiones similares en el Diario, escritas en este caso a partir de sus experiencias sentimentales:

"Carta de P. Disgusto consiguiente. Al parecer nunca me desprenderé de esta cruz. Pero, ¿no tengo yo ra- zón? Ahora estoy pagando el error de un momento. No quise ser sincero entonces conmigo mismo ni examinar los verdaderos móviles. ¿Cómo seré yo? La costra de indife- rencia con que quiero defenderme contra estas preocupa- ciones, ¿es monstruosa, o no llega a la medida corriente y soy más imaginativo y preocupado que la mayoría de los

46 Volveremos a encontrar una emoción idéntica, con recursos expresivos muy similares, en El

jardín de los frailes, en particular en el cap. XIV: "En los mayos de esa vega miraba la corona pacífica de una esperanza anual, el término de los trabajos divinos. No entendía los misterios, pero hallaba concordes la naturaleza y la leyenda. Cuando el mundo renacía, y, bajo un temple suave, era tan bueno

ir mirándolo, correr, gritar, y el simple respiro, ¿podría el Señor estar doliente, muerto? (

de las sugestiones causadas por la doctrina y la liturgia, las más placenteras, y de ellas me servía, a falta de expresión directa y propia, para poblar de imágenes el campo. Retuve los fastos gloriosos, el júbilo

pascual, la inocente albura de la ofrenda. Retuve las promesas confortativas, el bálsamo de misericordia, que no deja cicatriz; la asistencia en un tabernáculo radiante, donde el amor es tan actual

y seguro que se parece ¡oh, descanso! Al olvido." El jardín de los frailes, ed. cit., pp. 120-121.

) Yo retuve

41

hombres. Después de todo, ¿qué me importa la manera de ser de los demás?" 47 (3 de enero de 1912, OC III, 732)

El Cuadernillo de apuntes no está por tanto completamente escindido del Diario, y en las páginas de ambos textos se encuentran asuntos idénticos, tratados casi con las mismas palabras.

Otras veces, el Diario ofrece una reflexión general que sería posible tras- plantar tal cual al Cuadernillo: sobre Francia, por ejemplo (OC III, 736), o una sobre Benavente que aparece idéntica en el Cuadernillo:

Diario: "Es preciso que el público de Madrid fuese idiota hace veinte años para que le pareciesen revolucionarias en la moral las comedias de Benavente. ¡Revolucionarias! Pienso en lo cursi" (24 de marzo de 1912, OC III,

757).

Cuadernillo: "La moral de las comedias de Benavente

parecía revolucionaria

pequeña, o mejor, se ejerce en lo pequeño. Sus atrevimientos

son de chismógrafo. Algunos de ellos parecen de colegialas que empiezan a verdear, y se comunican, muy en secreto, sus primeras picardías. Pero Benavente es hombre ingenioso" (OC III, 795).

¡Qué audaz! Pero su audacia es

Pero lo corriente es que el Cuadernillo, ajeno a la servidumbre del apunte cotidiano, le dé a Azaña la oportunidad de generalizar los asuntos que en el Diario aparecen anotados como una anécdota.

Así, el asunto de los jóvenes españoles, de los que el Diario ofrece una amplia galería de retratos, en un tono entre crítico y sarcástico, aparece aquí tratado con un poco más de amplitud, aunque también mezclando la reflexión con la anécdota:

"Casi todos los muchachos españoles que profesan la intelectualidad me hacen el efecto de viajeros que se han apartado del camino y divagan por los bosquecillos y prados de los alrededores. Sería indispensable volverlos al camino, pero ¿cómo?, ¿de qué modo? Están faltos de todo lo elemental. Habría que limpiar su corazón de los apetitos bajos. Habría que desescombrar su inteligencia por una disciplina que no han sufrido jamás. La ruta verdadera los espanta; tan larga y penosa es. Casi todos tienen las ambi- ciones rastreras, la codicia vulgar de la dañada burguesía. El horizonte amplio, la meta lejana o inasequible, el desinterés, la rectitud, en fin, de la voluntad y del entendimiento no son de su reino.

47 Azaña volverá a estas reflexiones en su texto narrativo Viaje de Hipólito, escrito en 1927.

"A causa de esto nada espero de mi generación. (

)

"Ese mamarrachito de P. dice: '¡Yo no admiro a C.!" (OC III, 795)

Esta reflexión se inscribe en otra más general y, por lo que aparece en el

Diario, obsesiva: se trata de una reflexión sobre España que parte de una sensibili- dad dolorida. La estancia en Francia no hace más que agudizarla y, a lo que se ve, corroborar un diagnóstico previo, ensombreciéndolo aún más. Y es que, de to- marse en serio estos textos de Azaña, todo en España es catastrófico. La larga de-

cadencia, la situación política, la hipocresía, la pobreza, la falta de estímulo

signo que lo resume todo es l898, el "desastre" sobre el que Azaña proyecta un

estudio:

El

"'La literatura del desastre': Lo primero que ha de hacerse en este estudio es delimitar su objeto. Comprende todas las obras escritas en castellano que se han propuesto, como fin principal y directo, analizar las causas de la deca- dencia española, examinar el estado actual de la nación y

señalar un remedio a sus males. (

)

1898 dejó a los españoles mudos de estupor. Si la sociedad española hubiese estado normalmente organizada, la consecuencia inmediata de aquellos sucesos hubiese sido (como un fenómeno reflejo) un gran trastorno interior. No ocurrió así porque la vida colectiva no se manifestaba más que por las falsas ideas y los sentimientos artificiales que acababan precisamente de ser vencidas." (OC III, 799)

Estamos ante un fracaso histórico, de alcance nacional, que plantea cues- tiones a las que Azaña, como buen español, no puede sustraerse. Volvemos así a un asunto que a Azaña parece preocuparle considerablemente, como es el de su propia inserción en la sociedad española. Ahora lo trata desde un punto de vista general, el de la reflexión sobre la juventud española: "Esta cuestión de la juven- tud es aparte. Su pequeñez de alma es tal vez una consecuencia del sistema de 'tente mientras cobro', vigente en España" (OC III, 780). De hecho, en un apunte previo ha previsto un estudio, ya con título:

"Estudio: 'El papel de los españoles jóvenes'. Cuando los grandes de hoy desaparezcan y los huecos so- ciales que llenan queden vacíos. El trabajo oscuro, la prepa- ración del mañana posible. ¿Se trabajará mejor? Pero en la vida, ¿no es necesario el éxito halagüeño inmediato que sir- ve de estímulo?" 48 (OC III, 793)

48 Ver la entrada del Diario, de 14 de enero: ¿Y el trabajo? En España se trabaja menos. ¿Tan poco como parece? No se puede medir sólo por los resultados. El esfuerzo rinde menos.

Y sigue con una reflexión, muy reveladora, acerca de estos proyectos:

"La paradoja universitaria. La literatura nacional actual. Si existe, cómo se caracteriza.

"El Quijote y la conciencia nacional. Posibilidad de rehacer esta conciencia por la fórmula literaria de nuestros días. Lo que se ha hecho.

Hilo que debemos seguir. (Ver 'La obra de la juventud', 'Porvenir de nuestra literatura', etcétera.)" 49 (OC III, 793)

Estos proyectos entre históricos, políticos y literarios de Azaña tienen por tanto tres funciones.

La primera se inserta en la empresa de mejoramiento personal del propio Azaña, porque evidentemente son la materia de la disciplina que Azaña quiere im- ponerse, después de llegar a la conclusión de que hasta entonces ha perdido el tiempo.

La segunda es una empresa de pura y simple investigación y dilucidación de una situación social (aunque también de un estado de ánimo y una cierta sensi- bilidad), que es la del fracaso de España en 1898.

La tercera, finalmente, consiste en solucionar el problema que así se des- cribe, y no de una forma técnica (economía, sociedad, enseñanza, obras públicas) ni siquiera política, sino "literaria". Y es literaria porque el objetivo, tal como lo expresa Azaña, no es "mejorar" la sociedad, o "procurar su enriquecimiento", ni siquiera "modernizarla" o "democratizarla", sino "rehacer la conciencia nacional".

Es un proyecto de índole poético. Y además ambiguo: ¿qué quiere decir exactamente rehacer? ¿Hacer de nuevas o restaurar? 50 ¿Y si es esto último, qué es lo que hay que restaurar? ¿En qué momento del pasado de España hay que reponer la actual, o inspirarse para hacer otra cosa?

Lo que sí está claro es que, tal y como está planteado todo el problema y su posible solución, Azaña ha relacionado su propio caso con el caso de la "con- ciencia nacional", y que para encontrar una solución al problema que plantea ésta, ha de esforzarse por solucionar el suyo propio: ya no podrá perder más tiempo, como el que ha perdido en Alcalá de Henares en los años previos, y tendrá que transitar la senda oscura y laboriosa que conduce al "mañana posible".

¿Por qué? Hay que pensar si el hábito y el amor al trabajo se pierden por la inutilidad del esfuerzo." (14 de enero de 1912, OC III, 736)

49 Azaña parece citar su propio artículo "Vistazo a la obra de una juventud", publicado en La Correspondencia de España poco antes de su viaje a París.

50 El tema de la restauración, entre personal, poético y político, será de enorme importancia en el Azaña posterior, hasta La velada en Benicarló.

Así cobra su verdadera dimensión la empresa de mejoramiento personal llevada a cabo en estos meses en París, y de la que el Diario es al mismo tiempo el rastro y el instrumento: individual, por supuesto, pero con una notable dimensión (o ambición, si se prefiere) colectiva.

V.2 EL DIARIO Y LOS ARTÍCULOS DE LA CORRESPONDENCIA DE ESPAÑA

Los artículos que Azaña publica en La Correspondencia de España durante este tiempo reflejan exactamente las mismas preocupaciones.

El primero, como ya hemos visto, polemiza con Baroja y defiende, frente a lo sostenido por el novelista en "¿Con el latino o con el germano?", la benéfica influencia de Francia en la cultura española. Más que cultural, el asunto es político:

Francia (o la República francesa, más exactamente) representa, frente a la Alema- nia prusiana, la libertad y la democracia. El viaje a Francia y la estancia en París quedan enmarcados, idealmente, en el escenario de la República. A modo de telón de fondo, como se encarga Azaña de recordarlo en el artículo titulado "Las letras:

su templo y su culto", está la Revolución: "El pueblo mismo sabe vagamente que muchas cosas ilustres —también suyas- se albergan en aquella casa. Lo sabe y está satisfecho. Pero esto no le impediría pegar fuego a la casa misma y a todos sus in- quilinos si algún día lo estimase necesario." 51

Para comprender el alcance de lo que está cuajando en estos textos de Azaña, es necesario sin embargo remontarse un poco más atrás, al 4 de febrero de 1911, cuando Azaña sube a la tribuna de la Casa del Pueblo de Alcalá de Henares para pronunciar una conferencia titulada El problema español. Obviamente, el pro- blema al que se refiere Azaña es el que