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DICCIONARIO JURIDICO - E

DICCIONARIO JURIDICO - E

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Los desplazamientos patrimoniales, el traspaso de bienes de una persona a otra, deben tener una justificación jurídica, una
razón de ser, una causa. Resulta contrario a la equidad que una persona puede enriquecerse a costa del empobrecimiento
de otra, sin ningún motivo legítimo. Cuando ello ocurre, la ley confiere, al empobrecido una acción de restitución
llamada de enriquecimiento sin causa (o in rem verso), en defensa de su patrimonio que ha sufrido un desmedro injusto.
Tan repugnante resulta el sentimiento de justicia y a la lógica la posibilidad de que alguien pueda enriquecerse a costa del
prejuicio de otro, sin causa legítima, que no es extraño que la acción tenga una vieja tradición jurídica.
En el derecho romano, el principio aparece consagrado. En aquel derecho se reconocieron diversas conditio y otras
acciones, particularmente la in rem verso, para obligar al enriquecido a restituir. El principio fue adoptado por las
partidas.
En el derecho moderno, el principio de que nadie puede enriquecerse sin causa a costa de otro en universal. Algunas
legislaciones lo han consagrado en forma expresa (código civil suizo, art. 62 y sig.; Italiano, art. 2041 y sig.;Mejicano,
art. 1882 y sig.; Venezolano, art. 1184; chileno, art. 179; soviético, art. 309); otras, sin consagrarlo expresamente, han
hecho numerosas aplicaciones de el, de tal modo que debe admitirse que tiene el carácter de un principio general,
aplicable también a los casos no previstos. ESta es la técnica legislativa del código civil francés.
Para algunos, el fundamento de la acción derivada del enriquecimiento sin causa es el hecho ilícito en que incurriría el
enriquecido, al pretender quedarse con un bien a costa de otro y sin un motivo legítimo que justifique el traspaso. La idea
no se sostiene, porque para cometer un hecho ilícito es necesario tener voluntad y, por consiguiente, no tienen capacidad
para cometerlo los menores de 10 años, los dementes y los que por cualquier accidente estén privados del uso de razón;
en tanto que la acción por enriquecimiento sin causa es independiente de la voluntad y procede contra cualquier incapaz.
Por lo demás, en los hechos ilícitos la reparación es integral, en tanto que la reparación en el enriquecimiento sin causa
ésta rigurosamente limitada al enriquecimiento (o al empobrecimiento, si este es menor).
Para otros habría una gestión de negocios impropia o anormal; pero no hay tal, porque lo característico de la gestión de
negocios es la intención de administrar los negocios de otro, intención que no existe en la mayor parte de los casos en el
enriquecimiento sin causa; sin contar con que el gestor puede repetir del dueño del negocio todos los gastos que la gestión
le hubiere ocasionado, con sus intereses, en tanto que la acción in rem verso esta limitada al monto del enriquecimiento.
Se ha sostenido también que el fundamento de la acción es el provecho creado. Sería esta una idea paralela a la del riesgo
creado; así como una persona debe responder por sus actividades o por las cosas peligrosas que son de su propiedad,
cuando con unas u otras se ocasiona un daño, de la misma manera es lógico reconocer una acción de reparación en favor
de quien ha creado un provecho. Esta segunda proposición sería la contrapartida y el complemento exacto de la primera:
quien crea el riesgo debe soportarlo; quien crea el beneficio, debe aprovecharse de el. La teoría parece mas brillante que
sólida.
Pone con exceso el acento en el enriquecimiento, en tanto que lo medular de esta acción es el empobrecimiento.
La acción nace porque alguien se ha empobrecido, y para evitar ese empobrecimiento injusto la teoría que combatimos
llevaría a la conclusión de que la acción de reparación debería alcanzar todo el enriquecimiento (puesto que ha sido
creado por otro) aunque excediera el empobrecimiento del actor, lo que contraría la solución clásica en esta materia.
Estas teorías pagan tributo a la tendencia, tan acentuada en los juristas, a asimilar las instituciones atípicas a otras ya
conocidas. Tal asimilación solo tendría sentido si se tratara de aplicarles todo el régimen legal de estas; pero desde que
tienen un régimen propio, toda pretendida identificación carece de sentido. El enriquecimiento sin causa es el
enriquecimiento sin causa y nada mas que eso. Y para fundarlo basta y sobra con recurrir a la equidad: resulta repugnante
a la justicia conmutativa que alguien pueda enriquecerse a costa de otro, sin motivo legítimo alguno; ello vulneraría el
principio que exige dar a cada uno lo suyo.
Condiciones para que proceda la acción de restitución. Para que proceda la acción de restitución, es preciso que se
encuentren reunidos los siguientes requisitos: a) un enriquecimiento del demandado; b) un empobrecimiento del actor; c)
una relación de causalidad entre el enriquecimiento y el empobrecimiento; D) la falta de una causa lícita que justifique
ese enriquecimiento.

Si sobre estos requisitos hay unanimidad en la doctrina y la jurisprudencia, en cambio hay vacilaciones doctrinarias en
torno a otros dos requisitos, también exigido por la jurisprudencia:
1) que el demandante carezca de otra acción; 2) que haya actuado de buena fe.
Producido el enriquecimiento sin causa, nace en favor del empobrecido una acción de reparación. Esa reparación tiene
dos topes, que no puede pasar:
a) en primer lugar, no puede exceder y carecería de fundamento; b) en segundo lugar, no debe exceder del
empobrecimiento, pues en lo que lo excediera, la pretensión carecería de un interés legítimo y el empobrecido vendría a
resultar enriquecido sin causa.
Si, pues, hay un enriquecimiento mayor que el empobrecimiento o viceversa, el límite de la reparación estará dado
siempre por la cantidad menor.
Legislación extranjera. La institución ha tenido diferente tratamiento en los distintos países.
1) Francia. Domat y Pothier aceptaban la existencia del enriquecimiento sin causa en algunos supuestos en que se
concedían acciones de restitución.
El código francés siguió esa línea, y no sentó una regla general válida para todos los supuestos: aplicó el principio en
casos especiales, de los que se extrae -por inducción- la regla general.
2) Alemania. El código alemán, en el parágrafo. 812 consagró la regla genérica de la indemnizabilidad del
enriquecimiento sin causa: I) cuando se trata de un pago que no tiene causa jurídica; II) o cuya causa desaparece; y III) o
si no se realiza el resultado perseguido por medio de la prestación.
3) Suiza. El código suizo de las obligaciones contiene en su art. 62, un concepto genérico de indudable importancia:
"aquel que sin causa legítima se enriquece en perjuicio de otro, está obligado a la restitución. La restitución es debida en
particular, de todo aquello que hubiera sido recibido sin causa valedera, en virtud de una causa que no se hubiese
realizado, o de una causa que hubiese cesado de existir".
Este precepto vigente reitera la norma del art. 70 del código helvetico de 1875, imitada luego por el código alemán, según
hemos visto.
4) Italia. El código de 1942 tiene dos artículos pertinentes al caso. El 2041 que consagra la regla con sentido genérico, y
el 2042, que establece normativamente el requisito de que no haya otra acción reconocida por la ley 5) España. Ya en la
partida VII de Alfonso el sabio existía un principio parecido al de pomponio: "nadie debe enriquecerse contra derecho,
con daño de otro". La jurisprudencia española ha aceptado la acción de enriquecimiento sin causa en un fallo del tribunal
supremo, cuyos hechos merecen destacarse: hay en un pueblo una pareja de enamorados, que 3 años antes hacen sus
planes matrimoniales futuros, y a quienes se les plantea el problema de la vivienda. El padre de la novia ofrece al novio
que edifique ampliaciones de la casa de aquel, a los fines de vivir allí una vez casados. Se realizan estos trabajos y el
noviazgo se rompe. Entonces el novio demanda al padre de ella, por enriquecimiento sin causa, y el tribunal supremo le
reconoce acción contra este porque se había producido un empobrecimiento suyo, un enriquecimiento del demandado,
faltando causa de esa traslación patrimonial, y faltando asimismo otra acción de finalidad semejante. Cabe señalar que el
código español solo se refiere a supuestos aislados y parcializados (conf. Arts. 453, 1518, 1898, etcétera).

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