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CCC Reproduccion Pericos Ingleses

Este documento proporciona información sobre la cría del perico ondulado australiano "Standard inglés", incluyendo consideraciones sobre el entorno de cría, el tamaño de las jaulas, los métodos de emparejamiento, la temporada de cría, el cuidado de los pichones y la importancia de llevar registros. Se describen varios métodos para emparejar a los pericos y criar a los pichones, así como posibles problemas que pueden surgir y cómo abordarlos. El objetivo principal es seleccionar parejas compatibles y cri

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CCC Reproduccion Pericos Ingleses

Este documento proporciona información sobre la cría del perico ondulado australiano "Standard inglés", incluyendo consideraciones sobre el entorno de cría, el tamaño de las jaulas, los métodos de emparejamiento, la temporada de cría, el cuidado de los pichones y la importancia de llevar registros. Se describen varios métodos para emparejar a los pericos y criar a los pichones, así como posibles problemas que pueden surgir y cómo abordarlos. El objetivo principal es seleccionar parejas compatibles y cri

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AUTOR: JUAN MANUEL ARANA RODRIGUEZ

En la siguiente nota hablaremos de la reproducción del perico ondulado


australiano “Standard inglés" tomando en cuenta consideraciones generales y
no absolutas y en el supuesto de que los pericos utilizados en la cría son
ejemplares vigorosos y sanos, que han concluido la muda, se encuentran
acordes con el citado Standard y a la vez carecen de defectos y vicios que
puedan transmitirse genéticamente o por aprendizaje que perjudiquen
directamente a los pichones que críen. No hablamos del tema de la
alimentación por tratarse de un tema tan extenso como el presente.

Comenzaremos indicando que el entorno de los reproductores es muy


importante, tanto en lo que se refiere al criadero, que debe estar
adecuadamente ventilado e iluminado, en condiciones de asepsia y limpieza,
como a las jaulas de crianza, las cuales se sugiere que sean de metal y no de
madera, con dimensiones no menores de 60 cm. de largo, 40 cm. De fondo y
40 cm. de altura, desinfectadas y aseadas debidamente el final de cada
temporada de cría y antes de ponerse en uso.

Junto con las jaulas de cría debe contarse con jaulas de mayor tamaño
-voladoras o pajareras- que permitan a los pichones desarrollarse y a los
adultos reposar cuando no están en cría. A mayor tamaño de jaulas, mejores
resultados. En particular, el perico responde bien en la cría cuando está
"envuelto" por el "cotorreo" de sus congéneres, sonidos que influyen
positivamente en el apareamiento. A ello se debe que se recomiende a los
principiantes, entre otras razones por igual importantes, iniciarse con no menos
de cinco parejas, considerando además contar con hembras adicionales, pues
a través de la temporada de cría, las hembras están expuestas a problemas
como el de retención de huevo, peritonitis, prolapso y otras cuestiones, como
también a mostrar vicios que obligan a retirarlas de la cría.

La temporada de la cría es el ciclo anual dentro del cual los pichones nacidos a
través de ella serán los que concursen en el siguiente año en el "Campeonato
Nacional". De acuerdo a nuestro hemisferio dicha temporada se inicia el 1 de
abril de cada año y concluye el 31 de marzo del año siguiente, y así
sucesivamente.
Empero los pericos son aves que crían en cualquier época del año, a diferencia
de otras que son estacionarias, y por ello se recomienda hacerles coincidir con
dicha temporada, emparejándolos al final dadas a la zona de procreación para
luego, dos semanas después, ser alcanzadas por los machos. Cada criador
tiene su sistema.
Se sugieren distintos métodos para emparejar a los pericos a fin de mantener y
mejorar su Standard.

Determinados criadores juntan el mejor macho con la mejor hembra, al


segundo mejor macho con la segunda mejor hembra y así sucesivamente.
Otros utilizan la idea de la "compensación" buscando equilibrar las
características de la pareja reunida; se junta así un macho con una cabeza
extraordinaria, pero corto de tamaño, con una hembra de no muy buena
cabeza de gran porte.
Un tercer método es el basado en el estudio del pedigrí de la pareja cuando se
busca fijar ciertas características presentes en los antecesores, relegando
evaluar el genotipo de la pareja pero si omitirlo.

Por otra parte, diremos que algunos criadores suelen juntar un macho de
excelentes cualidades con dos o tres hembras a la vez, ubicando a éstas en
jaulas distintas y rotando al macho cada cierto número de horas y luego que las
hembras empollan retiran al macho o lo dejan con una de ellas para la cría,
mientras que las otras dos criarán a solas o trasladándose los huevos a
nodrizas, se les retira de la cría o se vuelven a aparejar. A la jaula se le
adiciona un nido usualmente de madera colocado según se prefiera dentro de
la jaula o fuera de ella. Este nido es una "caja" rectangular de madera de más o
menos 25 cm. de largo, 16 cm. de fondo y 20 cm. de alto. Hay criadores que
utilizan nidos de mayor tamaño con dos cámaras internas para que la hembra
situada en la cámara interior incube sin ser perturbada por los pichones, los
cuales una vez crecidos se ubican en la cámara que da a la entrada del nido y
en donde los alimenta el macho, de modo que si la hembra se halla
nuevamente empollando los pichones no podrán deteriorar los huevos.

Instalada la pareja y puesto el nido, la pareja no tardará en revisarlo y días


después la hembra pondrá el primer huevo a partir del cual seguirán alrededor
de cinco huevos más y quizás un número mayor en forma interdiaria. Los
huevos eclosionan a partir del 18° día de la postura, de tal manera que al nacer
el sexto pichón, el primero ya tendrá once días de nacido. A veces las hembras
empiezan a empollar sus huevos a partir de la postura del segundo y no del
primero. Las hembras viejas ponen un promedio de cuatro huevos. Los
pichones nacen del verano y concluyendo la cría a fines de diciembre en la
idea de contar con ejemplares desarrollados para el siguiente concurso
ornitológico. A ello se suma la regla de que el perico no críe todo el año y
únicamente realice tres nidadas como máximo para evitarles el desgaste físico,
inhabilitación o debilidad para criar en próximas nidadas y aun la muerte, dado
que los reproductores pierden hasta el 50 de su peso normal alimentando a sus
pichones.
Además, nidadas en exceso dan pichones menos fuertes y de menor tamaño
que sus hermanos mayores.
Ahora bien, el perico Standard inglés se cría por parejas seleccionadas y
ubicadas cada una en una jaula individual. Es decir, no se cría por el sistema
de "colonia" en el cual se dejan varios pericos en una sola jaula grande para
que elijan su pareja y procreen libremente, Este segundo sistema atiende más
fines recreacionales, estéticos o comerciales, mas no a un fin de selección
compatibilidad y competencia.
El sistema de parejas se basa en la posibilidad de controlar el comportamiento
de la pareja, el resultado de la cría y la identidad de los pichones. Así podemos
deshacer la pareja si no estamos conformes con su conducta o no dan los
pichones deseados; elaborar el pedigrí de cada pichón y a la par conocer el
éxito o fracaso del emparejamiento ya que la obtención de "buenos pichones"
nos llevará a repetir la pareja en la misma temporada o en la próxima o
utilizarla con su descendencia para cruces consanguíneos.
Reparemos en la importancia de llevar registros de nuestros pericos. Además
del pedigrí es necesario conocer las características propias de cada uno, su
comportamiento como reproductores el año anterior o, de ser "primerizos",
cómo se portaron sus padres, etc.
Los reproductores hijos de padres que, por ejemplo, no alimentaron bien a sus
hijos, pueden repetir esta conducta.
Seleccionados los adultos y los pichones en edad de criar con no menos de un
año de edad y con un máximo como lo permite el animalito, sabiendo de
machos que a los siete años crían muy bien, aunque las hembras no suelen
pasar de los cuatro años para criar, se colocan en la jaula de cría según el
método que se prefiere, es decir, reuniendo al macho y a la hembra el mismo
día o ubicando al macho primero y días después a la hembra o a la hembra
primero y días después al macho. En Australia, su medio natural, son las
hembras las que llegan en banciegos y sin plumas; durante cuatro semanas
van emplumando y abren los ojos al décimo día de vida. Pasadas las cuatro
semanas los pichones abandonan el nido completamente emplumado y tardan
alrededor de diez días en aprender a comer solos. Dejado el nido por los
primeros pichones de la nidada, la hembra reinicia la postura y así en el Ínterin,
mientras los padres alimentan a sus pichones, la hembra empolla su siguiente
postura. No es raro ver al hermano mayor alimentando a sus otros hermanos.
Cuando los pichones dejan el nido y hasta el momento del "destete" hay que
controlar a los padres, que a veces pueden agredir a uno o a todos los
pichones. Las causas de esta agresión son varias, como por ejemplo una
reacción de los padres que desean acoplarse pero los pichones los perturban
pidiendo comida; el macho ve en el pichón a un rival o sencillamente la pareja
está repitiendo una conducta vista en sus propios padres. Para evitarlo se
coloca dentro de la jaula una tablita apoyada en sus dos extremos, dejando un
espacio entre ella y el suelo de la jaula para que se refugien los pichones en
caso de ataque. La otra posibilidad siempre recomendada es el uso de
nodrizas. Frente a todo tipo de eventualidades hay que tener muy presente la
necesidad de una inspección diaria de rutina, si es posible una por la mañana,
otra por la tarde y a la misma hora para que los pericos se acostumbren. No
faltará la hembra o también el macho que destruya los huevos comiéndoselos o
que desplume al pichón hasta el punto de malograr los folículos y dejarlo sin
plumas en ciertas zonas para toda la vida.
Imprevistos así siempre surgen y descartando que la falta de minerales o
deficiencias nutritivas o vitamínicas no originen los problemas, lo positivo es
siempre tener a mano parejas que sirvan de nodrizas y controlar o retirar los
padres de la cría. Cabe indicar que a las "primerizas" puede dárseles una
segunda oportunidad pues sucede que al segundo año de cría no repiten lo
hecho anteriormente, comportándose como padres ejemplares.
Otra razón para revisar los nidos diariamente obedece al hecho de que no es
extraño hallar algún pichoncito muerto cuya descomposición contamine a los
demás o los huevos por eclosionar.
Además debe vigilarse las patas y dedos de los pichones manteniéndolos
siempre limpios pues lo normal es que se les adhiera excremento que al
secarse puede deformarlos. Los criadores colocamos en una de las patas de
los pichones de más o menos dos semanas, unos anillos de metal cerrados,
imposibles de poner una vez crecidos los pichones y al igual que imposibles de
retirarse, salvo que sean cortados. Dichos anillos contienen información
necesaria para los criadores, a saber: las siglas COM (Comisión Ornitológica
Mundial) y de la Asociación, que muestran el número de asociado del criador, el
año de nacimiento del pichón (temporada de cría) y su respectivo número
correlativo.
Adicionalmente recomendamos cuando se cría una cierta variedad de perico en
gran cantidad, identificar rápidamente en las voladoras cada pareja con un
anillo de color removible junto con sus pichones; la pareja No 1 y sus pichones
tendrán el color azul; la Ño 2 el color verde, etc. Dichos anillos se retirarán
previo a un concurso.
Anillados los pichones, o sea estando ya identificados, es el momento de
reordenar las nidadas en la idea de no agotar las parejas, que generalmente
alimentan bien cuatro pichones pero más es exigirles demasiado.
Se procurará retirar dos pichones de una pareja que críe 6 y ubicarlos con una
pareja que, por ejemplo, tenga uno o dos pichones. Demás está decir que los
pericos son excelentes padres y adoptan sin inconvenientes pichones de otras
parejas, aunque algunos rechazan pichones del todo emplumados. Más de un
criador se habrá visto frente a un pichón emplumado que sus padres ni las
nodrizas quieren alimentar; quizás ellos perciban que el pichón no tiene
capacidad de sobrevivir, aunque debemos admitir la posibilidad de salvarlo
alimentándolo a mano.
Luego de la segunda o tercer nidada es el momento de separar a la pareja
recomendando, cuando la hembra proceda a la tercera o cuarta postura,
dejarla concluir la puesta y luego retirar los huevos y si es posible trasladarlos a
otra pareja. Se retira también el nido y se deja a la pareja descansar en la jaula
por una o dos semanas hasta que luego se trasladan a las voladoras. Cabe
indicar que el desgaste de la hembra en la cría no se da tanto por la cantidad
de huevos que ponga como por la alimentación de los pichones.
Entre nidada y nidada no omitamos limpiar los nidos o sustituirlos. El no hacerlo
permite la aparición de enfermedades que afectan las nidadas por venir. El
cambio o limpieza es un modo de controlar la muda francesa.
Concluida la temporada de cría viene el momento de atender al desarrollo de
los pichones y empezar a seleccionar los que a primera vista serán los
candidatos para concursar.
Los criadores de pericos ondulados "Standard ingles" no deben olvidar que el
perico de concurso es un animal de lento desarrollo que alcanza su mejor
estado luego de un ano y por ello no se aconseja deshacerse de los pichones
antes del ano, pues no vayan a estar separándose de un posible futuro
campeón. Los pericos de colores, sobre todo dominantes, maduran más rápido
como los verdes, verdes grises o grises, frente a los recesivos como los azules,
alas canelas y albinos.
Empero no podemos negar que algunos pichones desde pequeños muestran
las características óptimas y deseadas, pero la regla general es procurar
retener los pichones lo más posible. Una buena idea para establecer cuantos
pericos podemos mantener en nuestro criadero se basa en el espacio y medios
con que contamos para sustentar adecuadamente los pichones nacidos en el
año, hasta que alcancen su madurez.
Por último mencionaremos que los criadores discrepan en la forma de agrupar
a sus pericos en las voladoras. Unos mantienen siempre separados los machos
de las hembras, sean adultos o pichones, juntando solo a los reproductores en
sus jaulas de cría. Evidentemente quieren evitar la formación de parejas
indeseadas que luego serán difíciles de deshacer, retardando la conformación
de parejas predeterminadas en la temporada de cría.
Otros criadores mezclan machos con hembras en la misma voladora, ya sea
adultos con pichones o separados unos de otros, basados en la idea de que tal
congregación es su forma de vida. Al acercarse la época de cría, 4 a 6
semanas antes, separan a los reproductores en otras jaulas machos por un
lado y hembras por el otro, de tal forma que al momento de hacer las parejas
en las jaulas de cría ninguno de los pericos "extrañe a su anterior pareja de
voladora.
Hacemos especial mención de que la crianza del perico ondulado australiano
"Standard inglés' no es fácil ni totalmente exitosa en ocasiones. Los pericos no
son "máquinas reproductoras sino seres vivos que exigen un determinado
tratamiento que debemos respetar según su naturaleza. Cada temporada de
cría presenta sus problemas cuya solución exige paciencia, observación,
experiencia de uno o de terceros y, por qué no decirlo, algo de suerte.
Esperamos que lo expuesto sirva como Información básica a los criadores de
pencos ondulados australianos. La opción por alguno de los métodos
enunciados en los párrafos precedentes, corresponde a cada criador en
particular, atendiendo a su experiencia y a los resultados anteriormente
obtenidos. Ninguno es infalible y por ello cada criador debe vivir su propia
experiencia, sin dejar de informarse y evaluar los consejos oídos y los
resultados.

Common questions

Con tecnología de IA

To minimize breeding-related stress, a variety of strategies can be employed. These include providing properly sized and equipped cages with adequate ventilation, maintaining small breeding groups to ensure social interaction without overcrowding, and implementing a well-balanced nutrition plan . Limiting the number of broods per year is also crucial for emotional and physical health, as is ensuring daily monitoring for early detection of stress signs. Such proactive management helps preserve the birds' energy reserves and prevents physical degradation .

Female budgerigars can face several breeding challenges, such as egg retention, peritonitis, and prolapse. These issues, along with undesirable behaviors that might require the female to be removed from breeding, necessitate having additional females available . Older females tend to lay fewer eggs, and excessive laying can lead to physical exhaustion . Therefore, it's vital to closely monitor females to identify and mitigate these challenges early on.

Feeding frequency and regime are pivotal in maintaining the health of breeding budgerigars. Lack of essential nutrients not only affects the immediate health of the birds but can also result in aggressive behavior towards chicks or eggs, leading to detrimental breeding outcomes . Daily inspections, along with a consistent and balanced diet, are crucial to preventing nutritive deficiencies that could impair breeding success. Proper nutrition supports the birds in sustaining their weight and vitality during the demanding breeding season .

When selecting breeding pairs for the Standard English budgerigar, it's important to evaluate several key factors. Breeders often pair the best male with the best female, or use the compensation method to balance the pair's characteristics—for instance, pairing a small but great-headed male with a larger female with a less desirable head. Another approach is to study the pedigree to fix desirable traits seen in ancestors . Selecting pairs allows for control over parent behavior, offspring outcome, and pedigree tracking. If a pair's results are unsatisfactory, they can be separated, allowing for better control over breeding outcomes .

Overbreeding can have severe long-term impacts on budgerigars, including physical exhaustion, weakened immune systems, and increased mortality rates. Continuous breeding can result in the loss of up to 50% of their normal body weight, significantly stressing the birds . It can cause hens in particular to become ineligible for future breeding due to physical wear or death. Furthermore, chicks from overbred parents often display reduced size and strength compared to earlier offspring from well-regulated breeding cycles . Ethical breeding practices are essential to maintain a healthy and sustainable population.

Artificial interventions become necessary when natural rearing by the parents fails due to reasons such as aggression, poor parenting, or the inability to feed chicks adequately. Hand-feeding is a crucial alternative for ensuring chick survival and can help save individuals not accepted by surrogate pairs . Nurse pairs provide a valuable alternative by redistributing care responsibilities, thus increasing the overall success rates of breeding programs by filling in for unreliable biological parents .

Surrogate pairs, or nurse pairs, play a crucial role in managing unexpected occurrences during budgerigar breeding. They are used to rear chicks from other pairs if the biological parents are unable to do so due to death, illness, or poor parenting behaviors. Surrogate pairs help ensure that all chicks have a higher chance of survival by distributing the workload, especially in cases where the biological parents are exhausted or have too many chicks to care for effectively .

Maintaining individual records for each budgerigar is crucial for several reasons. It allows breeders to track lineage and behaviors related to breeding success. Records help indicate past failures, such as poor parenting skills, and predict potential outcomes based on previous generations . This information is essential for replicating successful pairings or adjusting future mate selections to avoid repeating undesirable traits. Such thorough records also improve overall breeding strategy and help in organizing breeding pairs efficiently.

Social factors, such as the presence of congeners, significantly influence breeding success. Budgerigars respond well when surrounded by the 'chatter' of other birds, which can enhance mating due to increased social stimulation . This social environment provides essential cues and supports natural behaviors that lead to successful breeding, underscoring the importance of maintaining a group dynamic in breeding facilities.

The size and conditions of breeding cages significantly impact breeding success. Ideally, cages should be metal, measuring at least 60 cm in length, 40 cm in depth, and 40 cm in height, well-ventilated, and cleaned after each breeding season . Larger cages provide more space for development and rest, positively influencing breeding outcomes. The presence of congeners also enhances breeding success; thus, starting with no fewer than five pairs is recommended .

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