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Psicologia Criminal

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Curso Psicología Criminal .- Tema 1.

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TEMA I FACTORES PSICOLÓGICOS Y OTROS QUE PREDISPONEN LA DELINCUENCIA.TIPOS DE FACTORES Factores psicológicos: Entendemos por éstos los aspectos que hacen a la personalidad del adolescente, especialmente su manera de conducirse. Factores familiares: En este caso nos referimos a la influencia que ejerce la familia en la formación de la personalidad de los adolescentes. La familia es el primer grupo humano que conoce el hombre. Es el medio donde se establecen las relaciones más íntimas y duraderas pero también es el núcleo social donde pueden darse los mayores conflictos y contradicciones. La familia sigue siendo el mayor instrumento socializador del hombre. La familia puede construir la persona o destruirla para siempre. Las raíces familiares son insustituibles. Factores económicos: Aquí hacemos referencia a los recursos y medios económicos, indispensables para satisfacer necesidades básicas. Factores socioculturales: Entendemos por éstos a la influencia que ejerce el contexto o ambiente en el cual se desarrolla y se desempeña el adolescente. Jóvenes y escuela. La escuela sigue siendo la institución que legitima la inserción social, pero en muchos casos deja de cumplir esa función, se "retira" y en su lugar queda un vacío. Aún incluidos en la escuela, los jóvenes al vivenciar una desarticulación tan marcada entre discurso y sistema escolar y su propia experiencia cotidiana, dejan de percibirlo como un factor fundamental, para su desarrollo. Cobra mayor importancia la educación informal, la que surge cotidianamente en las situaciones vivenciales, por medio de mensajes de la familia, amigos, de la barra, de la esquina, los compañeros de trabajo, la calle, el barrio. El tránsito por la escuela primaria (educación primaria) se expresa en una formación de base precaria que generalmente ha dificultado el ingreso en la educación secundaria. De la experiencia de dicho transito y haciendo una lectura crítica, consideramos que se instala al joven de sectores populares muchas veces en una vivencia de autodevaluación, esto se produce a partir de la transmisión de conocimientos desde la ideología escolar. Esta transmisión de conocimientos se implementa en dispositivos de enseñanza y aprendizaje que desconocen la experiencia particular y el saber previo del alumno: no hay sujeto realmente activo en su proceso educativo. En el caso de los alumnos provenientes de los sectores populares, la pedagogía homogeinizadora de la escuela no respeta las diferencias culturales, reforzando su marginación progresiva. Este entorno que lo rodea no contribuye entonces, a esclarecer los problemas que lo afectan desde el punto de vista familiar y social; sino que lo repudia y discrimina, dejándolo sin salida laboral. Les muestra que el estado no existe y que nadie los protegerá. En la sociedad actual se produce un quiebre de los sistemas de ideales. Jóvenes y trabajo. Actualmente el escenario del trabajo en España se redefine a partir de nuevas normas que organizan el mercado laboral. Las nuevas leyes de flexibilización garantizan mayores facilidades para despidos y contrataciones y trabajadores, sin relación de estabilidad; movilidades entre puestos y labores, turnos y fijaciones de ritmo de trabajo, y una drástica de reducción de prestaciones económicas y costos laborales. Como consecuencia de esto, se ha producido una mayor precarización de las condiciones de trabajo. Por otro lado la terciarización del empleo, implica que un mayor número de empleados se ubique en el sector servicios. Aumenta el trabajo por cuenta propia, "cuentapropismo" y la rotación del empleo, el cambio de un empleo a otro en un lapso relativamente corto. Motivado por estas exigencias del mercado, con el correr de los últimos años, surgió, un nuevo perfil del trabajador que se caracteriza por: • Adaptarse a cualquier situación, con tal de trabajar. Aunque este capacitado para determinadas tareas, es necesario, que pueda desempeñarse con eficiencia en otros puestos, "supuestamente" de menor jerarquías (Ej.: muchos jóvenes con títulos universitarios que hoy son empleados de estaciones de servicios, cajeros de supermercado, taxistas, etc.). • Tener interés por el aprendizaje permanente, especialmente en aquellas áreas de trabajo que pide el mercado. • Poseer un alto nivel de compromiso, tener experiencia, buena presencia, ser joven, etc. Esto se agrava en los jóvenes de sectores populares, a los que se les es más dificultoso cumplir con estas exigencias, ya que no pueden tener experiencia si no se les da la posibilidad de entrar a trabajar, y tener buena presencia muchas veces está asociado con factores económicos, como por ejemplo la vestimenta. No solo el individuo desempleado se ve afectado en su subjetividad por esta situación, sino también aquellos que aún tienen empleo. El desempleo genera desconcierto, bronca, miedo, a no volver a estar inserto y hasta a veces, crisis en la autoestima del que ya no se siente útil, ni necesario para la sociedad. El trabajador precario sufre malas condiciones de trabajo, remuneraciones escasas, falta de cobertura social y de salud, stress, etc. Esta situación,

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así caracterizada, afecta a los jóvenes y a sus padres, donde ambos se enfrentan a este panorama de desempleo, subempleo y precarización. ASPECTOS FAMILIARES Y SOCIALES: En cuanto a las características sociales de estos menores el autor hace referencia a que la mayoría suele ser de nivel económico bajo o muy bajo, con muy escaso nivel de instrucción y cualificación profesional por parte de los padres, la constitución familiar suele ser atípica siendo más frecuente que la figura materna esté más conservada, aunque débil, y que la figura paterna esté ausente. Es frecuente el desamparo, el abandono, el maltrato, la ausencia de valores evolutivos, etc. Son familias carenciales y dañadas, con un alto estrés psicológico, donde son frecuentes los conflictos familiares graves y las conductas patológicas. Hay una tendencia a repetir los conflictos no resueltos de los padres y sus delitos porque se produce una identificación de los progenitores como modelos negativos. Todo esto favorece la aparición de conductas y personalidades antisociales. Asimismo en su ámbito familiar y en los propios menores se observa un nivel de conocimientos muy bajo y un desinterés por el conocimiento y la cultura. El interés está puesto en la satisfacción inmediata y el consumo. La trayectoria escolar es de fracaso en el aprendizaje y de inadaptación al entorno escolar. Su lenguaje es empobrecido y poseen una escasa capacidad de reflexión y de análisis. ASPECTOS COGNITIVO-PERCEPTIVOS: El procesamiento de la información de estos menores suele ser poco efectivo ya que sobresimplifican constantemente evitando los estímulos complejos y responden sin pensar demasiado. Esta impulsividad les lleva a entrar en conflicto con su ambiente. A la vez su percepción de la realidad es incorrecta y cargada de prejuicios y la ideación suele ser bastante restringida ya que sustituyen el pensamiento por la acción. Además, no pueden sacar consecuencias de sus acciones dada su impulsividad y falta de reflexión. ASPECTOS EMOCIONALES Y DE PERSONALIDAD: El nivel de estrés suele ser alto en estos menores y su empobrecimiento personal (falta de habilidades sociales, escasos recursos, etc). Hace que no puedan afrontar dicha situación de estrés. Esta tensión a veces se manifiesta a través de ansiedad difusa, de una inquietud que puede llegar a la hiperkinesia y al déficit de atención. Hay también un escaso deseo e interés en procesar los estímulos emocionales lo que les lleva a un retraimiento social, un aislamiento y a mostrarse como personas frías. Se detecta en ellos dos emociones básicas: la rabia y la depresión. Además, las emociones más frecuentes que poseen son: 1. Una intensa necesidad de ser atendido, “mirado”, querido y valorado 2. Un sentimiento de ser utilizado, maltratado y abandonado 3. Un sentimiento de estar solo, indefenso 4. Un sentimiento de fragilidad 5. Un sentimiento de sobrecarga 6. Un sentimiento de maldad Y por todo ello reaccionan con comportamientos narcisistas, con una reacción hostil y transgrediendo los límites. Estos menores presentan un gran sentimiento de inferioridad, no se valoran asimismo cuando se comparan con los demás, no se quieren asimismo porque no se han sentido queridos por sus padres, no pueden tener autoconfianza por que nunca se ha tenido confianza en ellos. Así intentan ocultar su sentimiento de inferioridad a través de una reacción hostil, de una posición de autosuficiencia, de aparente seguridad en sí mismos con una postura muy rígida. La mayoría de estos menores se perciben a dándose cuenta de sus déficit por lo que su autopercepción es muy negativa, lo que les crea el sentimiento de inferioridad. Pero muchas veces la imagen de que tienen de ellos mismos es distorsionada porque se basa en concepciones imaginarias. A veces, como un mecanismo de compensación aparece un sentimiento de autoglorificación. La percepción que tienen de los demás es también fantaseada y cargada de proyecciones. Las relaciones suelen ser pobres y poco gratificantes dada su falta de habilidades por lo que se suelen aislar. Muchos carecen de empatía. ASPECTOS PSICOPATOLÓGICOS: La conducta antisocial de estos menores cuando se repite continuamente y les impide la adaptación se convierte en algo patológico. Asimismo, según Viu Masedo (1995) algunos presentan un déficit estructural de la personalidad, es decir un trastorno del desarrollo que afecta a las funciones del YO. Esto se refleja en la imposibilidad de realizar un autoanálisis real, en la incapacidad de aprender de los propios errores, en la falta de planificación del futuro, en su conducta impulsiva y desenfrenada, en la falta de habilidades sociales y en su carácter vivencial que es indefinido, inseguro sugestionable y versátil. Otro trastorno frecuente en estos menores es la depresión que aparece negada en la mayoría de los casos por los propios menores. Las consecuencias de la depresión serían: 1. Escasa respuesta ante los estímulos y el acercamiento afectivo, inexpresión de los afectos, la inhibición y la apatía, la inhabilidad social, la escasa cooperación, las dificultades para establecer relaciones humanas satisfactorias y en ocasiones el aislamiento social.

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La autodesvalorización, el pesimismo, la falta de ilusión, de esperanza, el no tener expectativas de lograr algo en el futuro, el abandono a la fatalidad, al destino, en una pasividad resignada. 3. El sentimiento de ser víctima de la injusticia de los demás lo que da lugar a continuas quejas, a culpar a los demás sin asumir responsabilidades. 4. Los sentimientos de rabia y cólera por el daño sufrido expresados en ataques a la sociedad. 5. La sobrecarga psíquica, la irritación interna, la ansiedad e inquietud psicomotriz que busca y obtiene alivio en la actuación antisocial. En cuanto a los trastornos de la personalidad, algunos menores presentan si no un cuadro de psicopatía firmemente estructurado sí al menos suficientes rasgos psicopáticos como apreciar que sus infracciones están motivadas por este trastorno de personalidad. Pero es realmente una minoría de estos menores quienes pueden ser evaluados de psicópatas; la mayoría responden, según el autor, mas bien a una personalidad frágil, empobrecida, con muy escasos recursos, en los que la infracción es más el fruto de la inhabilidad que de la personalidad psicópata. Otros trastornos emocionales y del comportamiento que aparecen son el trastorno disocial y el trastorno límite de la personalidad. CRIMINALIDAD INFANTIL Y JUVENIL: La preocupación por la violencia no parece necesario justificarla, y menos en la era nuclear. Recordemos además, que sólo la especie humana es capaz de destruirse y de ejercer su propia fuerza contra sí misma. La violencia es de difícil justificación en nuestra época si se mira al horizonte con las armas nucleares y su capacidad de destrucción total. Domenach lo ha expresado así: "Puesto que ya no se puede contar con la violencia para detener la violencia, es preciso que cada sociedad, y la humanidad entera, si quiere salvarse, hagan prevalecer objetivos ecuménicos sobre los intereses particulares. Es preciso que una práctica del diálogo y una moral del amor, o simplemente de la comprensión, modifiquen las instituciones y las costumbres" Veamos, sin embargo, lo que se entiende por violencia, pues es éste un concepto sometido a muy diferentes interpretaciones. Para Domenach, es una definición poco compleja y de fácil comprensión, violencia es "el uso de la fuerza, abierta u oculta, con la finalidad de obtener, de un individuo o de un grupo, algo que no quiere consentir libremente". Yves Michaud define la violencia como "una acción directa o indirecta, concentrada o distribuida, destinada a hacer mal a una persona o a destruir ya sea su integridad física o psíquica, sus posesiones o sus participaciones simbólicas". Mckenzie define la violencia como el "ejercicio de la fuerza física con la finalidad de hacer daño o de causar perjuicio a las personas o a la propiedad; acción o conducta caracterizada por tender a causar mal corporal o por coartar por la fuerza la libertad personal". Para Curle, violencia es lo mismo que "no pacificada", y para Lain Joxe la violencia "tiene que ver con el intento de controlar a la sociedad mediante la centralización del saber". Estas diferentes interpretaciones del concepto de violencia son, suficientes para hacer comprensible algo elemental: la necesidad de abandonar el concepto limitado de violencia, en el sentido de asimilarlo simplemente a algunos tipos de violencia física. La violencia no es solamente un determinado tipo de acto, sino también una determinada potencialidad. No se refiere sólo a una forma de "hacer", sino también de "no hacer". Transición en lo social La socialización es el proceso de aprendizaje de la conformidad a las normas, hábitos y costumbres del grupo. Es la capacidad de conducirse de acuerdo con las expectativas sociales. Muchos factores contribuyen a las dificultades que tiene el adolescente para reemplazar las actitudes y la conducta social propias de la infancia por otras formas más propias del adulto. Los obstáculos más notables son: Bases deficientes: La preparación insuficiente y la identificación con personas mal adaptadas en los años formativos proporcionan bases deficientes sobre las cuales no es posible construir en la adolescencia las pautas de conducta social propias del adulto. Falta de guía: Padres y docentes creen a menudo que el adolescente se convertirá automáticamente en un individuo mejor socializado. Con frecuencia, los jóvenes a quienes no les gusta ser mandados, rechazan el consejo adulto. Falta de modelos aptos para la imitación: Muchas veces los modelos proyectados por los medios masivos son inadecuados porque sus pautas de conducta no siempre se conforman a las normas grupales aprobadas. La imitación de un compañero que goza de popularidad significa de ordinario el aprendizaje de pautas de conducta que se adaptan a las normas juveniles, no a las adultas. Falta de oportunidades para los contactos sociales: El adolescente que no disfrute de aceptación social y que no tenga tiempo o dinero para participar en las actividades propias de su edad estará privado de oportunidades para aprender a ser social. Diferentes expectativas sociales: Dado que los diferentes grupos sociales cuentan con normas distintas de la conducta aprobada, con frecuencia el adolescente piensa que debe cambiar cuando se enfrente con personas y situaciones diferentes.

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Nuevas clases de grupos sociales: Como las bandas y otros agrupamientos sociales reemplazan a la pandilla infantil, el adolescente debe aprender a adaptarse a los miembros del sexo opuesto así como también a compañeros de distintos valores. En la adolescencia es importante que se superen dos transiciones, una en lo moral en donde el adolescente asuma la responsabilidad por el control de su conducta conformándose las costumbres, normas y reglas de la sociedad.Y otra en lo social donde su conducta se conforme según las normas aprobadas por el grupo, desempeñándose correctamente con respecto a la función social prescrita por el grupo, logrando una satisfacción personal derivada de la conducta social. Desafortunadamente, algunos adolescentes no logran asumir esa responsabilidad por el control de su conducta moral, ni un aprendizaje de su conformidad con las normas, hábitos y costumbres del grupo, (socialización). Esto trae como consecuencia adolescentes agrupados en pandillas, llevando a cabo actos donde se ejerce la violencia, se cometen fechorías constantemente y, aún peor, realizando actos ilícitos llegando, en algunos casos, a convertirse en adolescentes delincuentes. Los jóvenes delincuentes y el medio. Los adolescentes de todo el mundo poseen casi idénticas necesidades biológicas y celulares. Pero es quizás de mayor importancia aún, la comprensión de sus necesidades sociales y de la personalidad. Las necesidades de la personalidad humana especialmente urgentes durante la adolescencia, son las relativas al status, la independencia de autorrealización y una adecuada filosofía de vida, es decir, anhela ser importante, tener preeminencia en su grupo, ser reconocido como persona valiosa, ansía alcanzar el status de adulto y dejar atrás las características de la infancia. Ya es común ver adolescentes fumando cigarrillos (de cualquier tipo, tabaco u otro) imitando de modo sofisticado los gestos del adulto. Para los adolescentes es más importante lograr el status en el grupo de sus iguales, que ante los ojos de sus padres; es sentirse independiente, aspiran a liberarse de restricciones que lo aten. Todo ello lleva a crear una mayor distancia entre la autopercepción íntima del propio "Ser y Valer" y el ideal o pauta modélica del "Que Hacer" al que aspira, de aquí es donde comienza a discurrir los polos de la Ambición (ideal deseado) y la Angustia (realidad actual). No es raro que el adolescente para evitar caer en la duda acerca de su propio valor, necesite someterse a pruebas experimentales, creándose artificialmente situaciones que demanden un especial esfuerzo para ser resueltas. Pero si por estas pruebas, resulta imposible obtener la autosatisfacción, existe el peligro de que se busque autoafirmación en ellas, apartándose sensiblemente de los caminos que normalmente la consiguen. Entonces surgirá una actitud negativista y se presentará una especial obstinación en persistir en una conducta a todas luces perjudicial, y entonces invariablemente observará el medio y será éste quien le dé una respuesta. Los adolescentes cuyas necesidades se ven frustradas, o que viven en conflicto experimentan una tensión y disgusto. Se encuentran en un estado de desequilibrio Habrá que realizar en la medida de lo factible una adaptación para reducir ese estado de hipertensión psicológica y volverlo tolerable para sí mismo. Existen además para estos casos, situaciones en que los adolescentes aplican sus mecanismos de defensa ante el medio, y la situación en particular para cada caso, solo actúa. Analizamos someramente con casos concretos cada una de estas evasiones a la realidad, por medio de "los mecanismos típicos de adaptación". • La agresión: Puede ser directa o indirecta, recordamos para estos casos aquellos docentes que fueron golpeados por sus alumnos, tal vez por una mala nota o por no ser de su agrado, algunos hasta fueron hospitalizados según dicen las crónicas. • La compensación: Todo adolescente tiende a sentirse importante, si no lo logra por un camino lo buscará por el otro. A diario vemos en la actividad Policial o nos enteramos por los medios periodísticos de jóvenes armados y a los tiros, que tratan de dar muestras de fuerza y coraje para ocultar su minusvalía o debilidad. • La identificación: El adolescente marginado o sin éxito, puede obtener de algún modo substitutivo una especie de gloria, vinculándose con delincuentes mayores en los cuales creen sentirse reflejados: son su espejo; menores que desean formar bandas con mayores, terminando generalmente estos menores, como los responsables o a quiénes hacen responsables de los robos, muertes, etc.. • La proyección: Es una de las maneras en que los menores tratan de evitar la responsabilidad, con el dicho "fue el otro", y lo que es peor aún la justificación de sus padres o parientes, al decir "es un buen chico, lo malo es la junta". • El negativismo: Es que, todo lo que sea normal, social o de conducta aceptada, para él es No. • Indudablemente buscará llamar la atención, aunque no lo vean. Es hacer algo que sabe que es No, desde romper un foco, a agruparse y agredir, aunque no se sabe del porque lo hicieron, transformándose para el grupo un positivismo como la frase actual que emplean "todo esta bien loco".

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Hasta aquí hemos analizado algunas situaciones que motivan a menores a entrar en la delincuencia, también podemos observar que en su tarea diaria, la policía, se encuentra frente a hechos que dado a su repetitividad prácticamente ya no les llama la atención. Pero ocurren hechos a nivel internacional que titulan por ejemplo "La masacre que conmovió al mundo": Recordemos cuando se conoció la noticia de que dos niños norteamericanos decidieron descargar una andanada de balas sobre sus compañeros de colegio cuando activaron una alarma de incendio, y aprovechando la carrera de sus compañeros, se transformaron en francotiradores, asesinando e hiriendo a varios de ellos. A medida que transcurren los años, vemos que los hechos delictivos aumentan, descendiendo las edades de los autores, lo que antes reflejaban un promedio de 16 años, en la actualidad lo tenemos con 14 y hasta 11 años. La influencia de los medios Los chicos están absorbiendo de cuatro a seis horas de televisión por día y en determinados programas infantiles, puede haber cada ocho segundos un acto de violencia. En el mundo, una hora de televisión contiene como promedio de cinco a diez escenas violentas, presentadas en su mayoría como agradables o buenas. "Personaje de acción”, como lo conocen los chicos (Terminator), es conocido por el 88% de éstos en el Mundo y el 22 % lo toma como modelo. Para el 44 % de los chicos no existen grandes diferencias entre la percepción de su realidad y lo que ve en la pantalla. El 91 % de los chicos encuestados tiene acceso a la televisión y pasan tres horas diarias frente a la pantalla". Otro hecho que también es preocupaste y lo promueve el medio, son las salas de juegos o de videos, donde en más del 70 % de esos juegos intervienen hechos violents.Existen juegos que directamente afectan derechos personales del ser humano como ser: el derecho a la vida, considerado como valor supremo, por nuestra Constitución Nacional, Constituciones Provinciales y el mismo Código Penal. Como ejemplo, tomemos en cuenta un juego llamado "Carmageddon" que consiste en conducir un vehículo y atropellar peatones, el puntaje es distinto: Los ancianos tienen puntaje menor mientras que las mayores puntuaciones se obtienen atropellando niños, mujeres embarazadas o los que llevan bebes en cochecitos. Para lograr esta cacería humana pueden cometer cualquier infracción de tránsito, lo importante es "Matar". Puede entenderse claramente la deformación que llega a producir en el subconsciente, el hecho de asimilar jugando que se es ganador cuando, con un auto a disposición, se debe salir a matar seres humanos para ser premiados. No olvidemos que los niños aprenden jugando En cuanto al adolescente, vemos con asiduidad que los inadaptados o los delincuentes no andan solos, y surge una pregunta: ¿Cómo se encuentran ...? , de acuerdo a la obra "Grupo de niños y adolescentes" publicada en España en el año 1967 por el Dr. Rene Fan, decía... "El niño inadaptado al término de la edad escolar se va en busca de las bandas o grupos... El delincuente juvenil raramente permanece aislado, siente la imperiosa necesidad de aceptación que anida en el alma, porque sigue joven o niño... está cargado de oposición y agresividad..." El medio condiciona la vida y puede llegar a crear hábitos. Tras una adolescencia difícil se agazapa una familia y una sociedad difícil. El vertiginoso camino que la vida hace recorrer conduce a que los hijos se encuentran desprotegidos, olvidados y hasta relegados a un segundo plano, estando en un primer lugar, la angustia económica: Padre y madre trabajando, el hogar es un lugar de reunión, sólo charlas informales y reposo. De esta manera el adolescente busca refugio en el grupo de pares, gana la calle, se reúne con personas de cualquier tipo, en cualquier lugar; los padres pierden autoridad, los hijos no tienen marco de referencia, están frente al espejo de la desprotección. Además si tenemos en cuenta que el pensamiento del hombre moderno se observa como alérgico a la religión, no tiene aptitud para pensar, parece que la religión le estorba, o no tenemos necesidad de ella. Esta gente, estos adultos, estos mayores, forman parte de una familia, en la cual están educando a sus hijos y desean resaltar en ellos valores que los mismos padres no poseen. Las bandas Los primeros años de la adolescencia y los que la proceden inmediatamente constituyen la época en que el niño toma afición por las bandas y pandillas. En este período los intereses de los varones y de las niñas continúan dilatándose e incluyen mayor cantidad de personas ajenas a su familia. Estos intereses son tan potentes, que la influencia de las opiniones y normas del grupo sobre el adolescente es mucho mayor que en cualquier época anterior. Los compañeros llegan a tener más influencia que el padre o la madre. Si bien las pandillas de niñas no son tan numerosas como las de muchachos, también ellas son poderosamente influidas por las ideas, las creencias y los códigos morales de sus compañeras. El lugar privilegiado y decisivo donde el adolescente consigue ampliar su ámbito de referencia es la calle, porque ahora dispone de una nueva y autónoma solvencia: puede salir solo, cada vez dando menos explicaciones y a veces inventando excusas por cualquier motivo. En la calle de los adolescentes caben el colegio, el club, el trabajo temporal, los entrenamientos, los boliches, los amigos, la soledad, los "jueguitos", el vagabundeo nocturno... Éstas actividades lo mantienen absorto, sumergido de cabeza en un mundo a su medida, renuente a los problemas que le proponen los adultos. Tal vez éste sea "su" mundo, el único capaz de absorberlo, el único que consigue interesarle. Indudablemente la calle es un espacio físico sin fronteras, pero sobre todo sin tutela ni horarios, de modo que parece diseñado a la medida de sus intereses.

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Además de esto, esta el "salir de noche" para reconocerse como los dueños de la calle que de día pertenece a los adultos, los adolescentes suelen aprovechar la salida nocturna para divertirse; claro que esta diversión encubre una nueva excusa para liberar al niño, pero de otra manera (tomar cerveza, gritar por las calles desiertas, hacer graffitis en lugares públicos o sobre autos estacionados...). La pandilla Una pandilla es un grupo de adolescentes y/o jóvenes que se juntan para participar en actividades violentas y delictivas. Se puede distinguir las pandillas asóciales de jóvenes que plantean problemas especiales, tanto por el tipo de individuos que las componen como por sus consecuencias, desde el punto de vista sociológico y del desarrollo psicológico de cada individuo considerado como entidad. Las pandillas están constituidas por jóvenes cuya edad oscila entre 13 y 22 años. Las pandillas formadas por niños más jóvenes son excepcionales. Sin embargo, sabemos que algunos adultos se asocian a veces a las pandillas de adolescentes. Comprenden más chicos que chicas; éstas últimas constituyen más bien un vínculo en el grupo, no tienen responsabilidades importantes. Los lugares de reunión son variables, a veces en la calle, otras una plaza o un jardín, muy a menudo un bar. Frecuentemente, un mismo lugar de reunión puede acoger diferente pandillas sin que existan intercambios entre ellas; otras veces cada pandilla tiene su particular punto de reunión. Además, existen pandillas que suelen organizarse durante las vacaciones y se desintegran después; otras cuyo grupo está formado por la asociación de distintos individuos en trance de desplazamiento y que se disuelven en grupos más amplios, grupos de protección que no son más que una etapa durante desplazamientos sucesivos. En las pandillas bien estructuradas puede existir un líder con autoridad, quien representa al ser corajudo que impone la norma conforme a cierto código de valores de uso interno. En algunas de estas sociedades de adolescentes, hallan ritos de iniciación (tatuajes, heridas voluntarias) que significa el ingreso y la aceptación por la banda. Aunque la mayoría de los miembros de pandillas son hombres es posible que se unan algunas mujeres. Las mujeres pueden ser parejas de los jefes de pandillas o ser intercambiadas en el "servicio sexual" entre los miembros varones de una misma pandilla. En sociedades que tienen este problema desde hace varios años comienzan a verse ya hábiles y feroces pandillas de mujeres. La delincuencia juvenil La delincuencia constituye un grave problema social de difícil prevención y de aún más difícil solución. El término delincuencia es un concepto de carácter legal, social, psicológico y moral. Desde todas estas perspectivas se ha estudiado el tema de la delincuencia con diversos resultados e interpretaciones, y con dificultades para establecer los límites entre la conducta delictiva y la no delictiva. La valoración de la conducta delictiva depende de factores culturales y del establecimiento de las leyes de una sociedad. A lo largo del tiempo se van modificando las leyes, y por lo tanto cambia el carácter delictivo de determinados actos, e incluso varía en la misma época de una sociedad a otra. Por ejemplo, la homosexualidad ha desaparecido como comportamiento delictivo en algunas sociedades, pero en cambio continúa en otras. También los delitos reciben distinta consideración social, hay delitos no exentos de cierto "prestigio", mientas que otros reciben una repulsa social más contundente. Los comportamientos delictivos pueden darse en cualquier edad de la vida, de forma ocasional o continuada. Algunos delincuentes han empezado sus conductas antisociales ya en la infancia y otros lo harán al llegar a la vida adulta; algunos solamente delinquen durante una época de su vida, por ejemplo, durante la adolescencia, y otros, lo hacen empujados por algunas circunstancias, como sucede a partir del consumo de drogas. La delincuencia juvenil ha aumentado de forma alarmante en los últimos tiempos, pasando a ser un problema que cada vez genera mayor preocupación social, tanto por su incremento cuantitativo como por su progresiva peligrosidad cualitativa. La delincuencia juvenil es, además, una característica de sociedades que han alcanzado un cierto nivel de prosperidad. Es decir, en las sociedades menos desarrolladas la incidencia de la delincuencia juvenil en el conjunto del mundo del delito es menos que en las comunidades más avanzadas en el plano económico. En general, en las grandes ciudades latinoamericanas, la delincuencia juvenil está ligada a la obtención -delictiva- de bienes suntuarios de consumo y por lo general no practican la violencia por la violencia misma sino como medio de obtener sus objetivos materiales. Una de las razones de que la delincuencia alcance su punto culminante entre la adolescencia media y la final es que en esa época muchos jóvenes aprenden a realizar adaptaciones sociales sin el auxilio de padres o docentes. La delincuencia está presente en todos los grupos socioeconómicos. Si bien muchos casos no llegan a los estrados judiciales, los delitos de los adolescentes de las clases superiores a menudo superan en gravedad a los que tienen por actores adolescentes de clases inferiores. El motivo principal del aumento de la delincuencia en el sector pudiente es el de "producir excitación". Debido a que los desertores secundarios encuentran difícil obtener ocupación, el índice de delincuencia es mayor entre quienes no completaron el ciclo secundario que entre quienes se graduaron. Cuanto mayor es el desempleo de adolescentes, tanto mayor es el incremento de la delincuencia juvenil.

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De muchas maneras las comunidades han denominado los grupos de jóvenes y adolescentes calificados en "riesgo social" por sus actitudes, costumbres, situación de vida. Esos nombres varían: pandillas, barras, huelgas, gamberros, hooligan, etc.; pero tienen en común dos cosas: por un lado la preocupación y la alarma social que provocan y, por otro, la falta de distinción entre lo que constituye una actividad delictiva propiamente dicha y un comportamiento simplemente desviado de las costumbres y tradiciones, o lo que es peor, "desviado" por los acondicionamientos socioeconómicos en que se encuentran o la ausencia de una familia. Tenemos claro que "seguridad ciudadana" es un concepto bastante difuso, y que hoy se utiliza con muy diversos propósitos, como en épocas pasadas se utilizaron los conceptos de "seguridad nacional" y "seguridad del Estado" en el plano ideológico, que pretendieron constituirse en la razón de ser de la política criminal y justificaron una gran cantidad de atropellos a los derechos humanos. Cuando se habla de las pandillas y grupos juveniles, "seguridad ciudadana" se utiliza, por lo general, como sinónimo de seguridad física en las calles y las casas, olvidándose que un verdadero concepto del vocablo debiera incluir también otras libertades públicas y privadas, conformadas por derechos básicos y fundamentales como los derechos políticos, los derechos económicos y los derechos sociales, los cuales nunca se ven afectados -ni amenazados- por la existencia de esos grupos. La criminología distingue entre delito (constituido por el volumen real de la criminalidad y sus repercusiones) y temor al delito (constituido por la percepción de la criminalidad y el riesgo de ser victimizado). La percepción de la criminalidad y el temor a ser víctima de un delito agiganta y distorsiona la realidad, con un efecto multiplicador desproporcionado, sobre todo tratándose de hechos realizados por grupos de jóvenes y adolescentes, lo cual aumenta la posibilidad de adoptar políticas equivocadas e inconstitucionales en aras de la prevención general. La delincuencia y sus expresiones violentas se explican, muchas veces, por el cuadro social. La sociedad de consumo tiene una especial influencia sobre la juventud con el fin de conseguir cosas. El coche, la moto, el equipo de sonido, ropa de marca, teléfonos móviles, son algunos de los productos que se ofrecen constantemente en el mundo comercial a los jóvenes. Todo esto sumado a los cambios fundamentales de las condiciones de vida, los cambios en los valores sociales, éticos, y morales, la inseguridad sociopolítica y económica, producen tensiones que facilitan el paso de los jóvenes a la delincuencia. Está claro que la pobreza no es sinónimo de delincuencia pero es más probable que lleve a ella por necesidades. Personalidades delictivas Los delincuentes se distinguen entre: -El individuo sano que se convierte en delincuente como reacción a razones educativas, situaciones inadecuadas o experiencias traumáticas. -El individuo sano que se hace delincuente en el curso de una crisis que se confunde con la evolución del estado de pubertad. -El individuo neurótico. La aceptación social otorgada por pandillas juveniles, pero no por camarillas con estatus en la comunidad, significa que el adolescente tiene demasiadas relaciones con la clase inconveniente de pares. Los delincuentes pueden ser populares -incluso pueden ser líderes- en sus propios grupos. Los medios masivos de comunicación son responsables indirectos de actividades delictuosas sólo si refuerzan las otras condiciones ambientales desfavorables que rodean con frecuencia a los delincuentes potenciales. Las condiciones hogareñas adversas, la falta de respeto por los padres, la carencia de relaciones familiares afectivas, la disciplina ruda y las pautas marcadamente atípicas en la vida familiar hacen que el adolescente sienta que no se lo ama y lo predisponen a tomar represalias conduciéndose de manera de herir a sus padres. El patrón de personalidad de los delincuentes potenciales no está necesariamente mal ajustado, si bien muchos de ellos (los delincuentes) tienen conceptos desfavorables de sí mismos, albergan sentimientos de inadecuación e inferioridad. La conducta delictuosa es una respuesta a la frustración de algún deseo. Si únicamente cierta forma de conducta no aprobada por la sociedad sirviera para la satisfacción personal del individuo, entonces éste no encontraría otro camino que la delincuencia. Los estudios de los motivos de la delincuencia juvenil revelan que se tratan de razones propias de jóvenes normales, pero inmaduros. Explotación de los menores delincuentes y de la delincuencia Los menores delincuentes son con frecuencia explotados por los adultos. Explotación que queda más a la vista y que provoca una mayor indignación del público cuando adultos sin escrúpulos utilizan a menores para sus propósitos criminales, tales como la prostitución y otras formas del tráfico sexual, para la venta de estupefacientes o como cómplices para llevarse cosas de negocios y otras formas de robo. Sin embargo, no son solo los criminales quienes explotan a los delincuentes y a la delincuencia. Los explotadores pueden ser miembros respetados de la sociedad que utilizan a los delincuentes para satisfacer necesidades psíquicas. Dentro del marco constitucional y en forma bastante más moderada que las anteriores corrientes, algunos sectores (dentro de los cuales se ubican en su mayoría los mismos órganos represivos del Estado y los

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Tribunales, así como los medios de comunicación colectiva) proponen las "soluciones" tradicionales al problema de la delincuencia en general, y de la delincuencia juvenil en particular. Estas respuestas tradicionales están inspiradas en la idea de "endurecer" el sistema penal dentro de los límites constitucionales, con algunas medidas que son las que siempre se han utilizado con mayor frecuencia para combatir la criminalidad: • Aumentar y militarizar a la policía. • Aumentar y endurecer las penas. • Aumentar el número de personas detenidas. Es cierto que es necesaria una mayor presencia de los cuerpos de policía civil en las calles. Con ello se previenen hechos delictivos y se facilita una intervención rápida para impedir mayores consecuencias, se logra prestar algún auxilio a las víctimas, y además permite realizar de manera más eficiente la labor de aseguramiento y recolección de pruebas, así como también propicia la identificación y detención de los presuntos agresores, entre otras cosas. Sin embargo, el aumento del número de policías o su militarización, no se traducen necesariamente en una mayor "seguridad ciudadana". En primer lugar, porque una gran cantidad de delitos de los que provocan alarma social no se realizan en las calles, pues ocurren en ámbitos de intimidad, interno incluso a las familias o en oficinas y lugares cerrados. En segundo lugar, porque la eficiencia del sistema depende del buen funcionamiento de la totalidad de sus componentes (policía, fiscales, jueces, sistema penitenciario, etc.) y el subcomponente policial no actúa mejor cuando aumenta su número o cuando utiliza métodos militarizados en sus actuaciones contra la criminalidad. En tercer lugar, como ha puesto en evidencia la criminología, no tiene sentido pretender reducir la violencia callejera (en especial las agresiones y los homicidios) aumentando el número de personas armadas en las calles. Algunos afirman que en los países que transitan por esa vía errada no se ha reducido la criminalidad, y se ha generado en cambio un fenómeno circular: los delincuentes sancionados por el sistema penal pertenecen en forma desproporcionada a los grupos más pobres de la población, y la numerosa policía que los persigue, con salarios miserables, pertenece también al mismo estrato. Y ambos grupos interactúan multiplicando una violencia espantosa que, obviamente, no puede detenerse sino multiplicarse cada vez más de esa manera. Lo anterior no significa, desde luego, que descartemos la necesaria intervención policial. Al contrario; es indispensable para una adecuada y correcta aplicación de la ley penal, sin embargo la forma de mejorar su intervención no se reduce a un problema numérico, ni a militarizar sus actuaciones, sino a la profesionalización y a un mejoramiento de la totalidad de las condiciones laborales y sociales en que se encuentra la policía, incluyendo aspectos como el salario, la capacitación, instrumentos de trabajo, etc. Tampoco ha sido eficaz, para disminuir o atenuar los índices de criminalidad, el camino del aumento y del endurecimiento de las penas o el aumento del número de menores presos en prisión preventiva o sentenciados. Al igual que el aumento y el endurecimiento de la pena, el aumento del número de personas detenidas constituye una de las respuestas más populares para combatir la criminalidad popular porque exista una generalizada creencia -sobre todo en sectores externos al sistema penal- de que a mayor cantidad de personas detenidas menor índice de delincuencia existirá en el país. Esta posición tiene dos vertientes. Por un lado se propugna un mayor uso de la prisión preventiva con el fin de "sacar de la circulación" lo más pronto posible a menores que se estima son presuntos violadores de la ley penal desde el inicio de cualquier procedimiento judicial; y por otro también se propugna que la "medida tutelar" definida en sentencia, cuando se determina que el menor efectivamente realizó el hecho delictivo, se aplique en centros cerrados, de manera que también se impida su libre circulación en las calles, para lo cual deben desconocerse todo tipo de beneficios de salida y permisos. Esta es la respuesta que con mayor frecuencia clama la policía frente a los tribunales. Su queja constante es que ellos detienen a los presuntos delincuentes y los jueces los dejan en libertad, lesionando así -en su opiniónla seguridad de los ciudadanos. Los ciudadanos también tienen una gran confianza en la prisión (preventiva o no), pues creen que es posible por ese medio frenar los índices de delincuencia, y por lo general se pronuncian contra todos los programas dirigidos a racionalizar el uso de esa medida represiva, como resultan ser las medidas sustitutivas, la libertad bajo palabra, la prueba, la excarcelación, etc. En realidad no existe ningún estudio técnico que permita afirmar que a mayor cantidad de personas en prisión habrá menor cantidad de delitos, pero sí hay estudios que señalan que los países que han aplicado desproporcionadamente la prisión preventiva no han disminuido los índices de criminalidad, y han multiplicado sus problemas. Ni para adultos ni para menores de edad exacerbar el uso de la prisión parece ser la solución recomendable". En resumen, tampoco la prisión ha constituido un medio eficaz para disminuir los índices de criminalidad, ni para resolver los conflictos provocados por los hechos delictivos, aunque constituye la respuesta más buscada por los ciudadanos para esos fines. CRIMINALIDAD ADULTA Y CARÁCTER DE LA DELINCUENCIA: Personalidad, conducta desadaptada y ambiente

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Podemos relacionar una conducta desadaptada con una personalidad delincuente, y desde una consideración psicosocial se puede invertir la relación, por lo que una conducta antisocial sería la consecuencia de una personalidad delincuente. La respuesta social e institucional al delito influye sobremanera en el proceso de modelado de la conducta y personalidad del inadaptado. La situación de internamiento provoca la creación y desarrollo de nuevas pautas de conducta anormalizadoras y amenazantes, que sirven de defensa para el individuo, pero totalmente ineficaces en otro contexto que no sea el de encarcelamiento. En conclusión, la anormalidad del comportamiento del inadaptado es consecuencia del permanente intento de adaptación a múltiples situaciones anormales. Por eso, definimos al inadaptado como un individuo tan adaptado que se inadapta para adaptarse. El proceso de personalización e institucionalización del conflicto individuo-situación La dinámica social interviene en el primer periodo, ya que durante este periodo el conflicto se plantea a nivel grupal porque el individuo nace y se socializa en un entorno social. Ahora bien si este individuo se socializa en un entorno social desfavorecido puede llegar a desarrollar un comportamiento desadaptado. Por ello mantenemos que la inadaptación a menudo es previa al individuo y el lo verá como una “situación de normalidad”. La conducta inadaptada provoca la intervención de las instituciones de control social, centrándose en el individuo en concreto y no en el entorno, produciéndose una personalización del conflicto. El entorno desfavorecido provoca en el individuo una percepción negativa de la sociedad causando frustración y desvalorización personal sobre todo en plena adolescencia. La personalización y la institucionalización se presentan como dos aspectos inseparables del proceso de inadaptación social. Niveles de inadaptación social. La única forma posible de profundizar en el conocimiento de las motivaciones individuales es desde el conocimiento de la realidad del inadaptado (contexto físico, escolar, laboral,...). De esta manera podremos elaborar estrategias de intervenciones preventivas y recuperadoras. Inadaptación objetiva. El primer nivel de esta inadaptación se basa únicamente en la dinámica social. El fenómeno de la delincuencia es un problema social y político. En este primer nivel el inadaptado se encuentra en una situación de normalidad. A este nivel de inadaptación lo llamamos inadaptación objetiva que se caracteriza por un comportamiento desadaptado de tipo utilitario, tendente a realizar ciertas metas adaptativas por los medios de que dispone el individuo, sin que el individuo presente un determinado tipo de perfil psicológico. Inadaptación subjetiva En el segundo nivel del proceso intervienen las instituciones de control social, pero su objetivo ira encaminado a responder a las expectativas institucionales y no a las demandas reales del menor. Se crea un enfrentamiento entre las instituciones y el individuo, que frente a la superioridad de la institución, habrá de deteriorar adaptativamente su conducta y personalidad. Si el individuo esta recluido y no puede escapar físicamente, escapara emocionalmente aislándose de la relación interpersonal. En esta segunda fase de inadaptación social es cuando el comportamiento desadaptado comienza a perder su lógica cuando deja de ser utilitario y puede llegar a convertirse en una conducta agresiva y destructora de una personalidad deteriorada. El proceso de inadaptación social. Se establecen interconexiones entre el individuo y su entorno socializador. Según si este entorno sea favorecedor o desfavorecedor, el sujeto desarrollara o no sus capacidades intelectuales, afectivas y relaciónales. No podemos plantearnos la formulación de un modelo ya que el patrón de interacción entre el individuo y el ambiente socializador es personal de cada individuo, por ello la psicología puede y debe orientar al profesional hacia la observación del problema. El conflicto anómico entre las expectativas sociales y la carencia de medios para alcanzarlas tiene tres posibles soluciones:

Conformismo pasivo.- este conformismo pasivo se caracteriza por la aceptación implícita del individuo de la imposibilidad de acceder a las metas culturales evitando así el enfrentamiento con las leyes o con las instituciones de control social. Esta aceptación implícita o resignación del individuo a alcanzar un modelo le provoca una frustración y una insatisfacción vital del individuo. Adaptación social a costa de inadaptación personal. Conducta antisocial objetiva.- esta conducta se manifiesta en individuos que no aceptan la imposibilidad de acceder a las metas culturales y sociales, buscando caminos alternativos para alcanzarlos.

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Conducta de retirada.-esta conducta la protagonizan los individuos que abandonan las metas culturales y sociales, y se aísla de la sociabilidad. En este tipo de conducta el individuo necesita vías de escape ante una realidad frustrante. Relación y diferenciación de la conducta antisocial objetiva y la conducta de retirada: -Los individuos caracterizados en ambas conductas se desenvuelven en el mismo ambiente social de marginación. -La droga es una fuente habitual de retirada, introduciéndose el individuo en un conflicto mayor. -El individuo que presenta una conducta antisocial objetiva tiene conocimiento de que la droga esta presente constantemente, además de enfrentarse con las instituciones de control social. -La individualización del conflicto llega en la etapa adolescente para los individuos de ambas conductas, ya que en esta etapa de la vida el individuo es inmaduro e inseguro. Se comienza a institucionalizar el conflicto entre el individuo y el ambiente social, de las características de esa intervención va a depender la recuperación de individuo o la profundización del conflicto. La actuación institucional lo más que puede lograr es una vuelta al conformismo pasivo, a una conducta de retirada o una profundización del conflicto individuo-ambiente. Seria factible otro tipo de actuación institucional, pero para ello es precisa una nueva perspectiva social con un cambio de política de bienestar social. La intervención institucional debe posibilitar el desarrollo del individuo, mediante una adaptación crítica a la realidad a través del desarrollo de sus capacidades. Una vez implantada la institucionalización del conflicto empieza el enfrentamiento y donde el individuo pierde parte de la coherencia de su comportamiento y su personalidad es alterada. Finalmente el proceso de desintegración personal y de anormalización institucional va a cualificar el comportamiento desadaptado del individuo, inadaptándole no solo a los medios sino también a las metas culturales. Así lo que empezó siendo un problema social de desigualdad de oportunidades termina siendo un cúmulo de contradicciones que perjudica al serio problema de la seguridad ciudadana. SALUD MENTAL: Concepto Entenderemos la salud mental como la “capacidad de las personas y grupos para interactuar entre sí y con el medio ambiente, de modo de proveer el bienestar subjetivo, el desarrollo y uso óptimo de las potencialidades psicológicas (cognitivas, afectivas y relacionales), el logro de las metas individuales y colectivas, en concordancia con la justicia y el bien común”. Imputabilidad en el Código Penal La imputabilidad o capacidad de culpabilidad no se define el CP. Para decir que un sujeto tiene capacidad de culpabilidad o que es imputable, es necesario: Que el sujeto tenga un determinado desarrollo y grado de madurez de su personalidad. También se exigen unas determinadas condiciones bio-psíquicas que le permitan comprender y conocer la licitud o ilicitud de la realización de delito y de obrar conforme a este conocimiento. Una persona imputable es aquella que tiene capacidad de culpabilidad y una inimputable es aquella que carece de esta capacidad. Causas de imputabilidad En nuestro CP podemos aludir a causas de inimputabilidad o exclusión de la culpabilidad por las que la persona que comete el delito no puede ser declarada culpable Vienen recogidas en el Art. 20 CP y son las siguientes: Anomalía o alteración psíquica (Art. 20.1.1) Trastorno mental transitorio (Art. 20.1.2) Intoxicación plena por consumo de ciertas sustancias (Art. 20.2) Síndrome de abstinencia (Art. 20.2) Alteraciones perceptivas (Art. 20.3) Personas que carecen de algún sentido desde su nacimiento o infancia. Anomalía o alteración psíquica y trastorno mental (art. 20.1) El Art. 20.1.1 dice: “quedará exentos de responsabilidad criminal el que al tiempo de cometer la infracción penal a causa de cualquier anomalía o alteración psíquica no pueda comprender la ilicitud del hecho o actuar conforme a esa comprensión. El trastorno mental transitorio no eximirá de pena cuando hubiese sido provocado por el sujeto con el propósito de cometer el delito o hubiera previsto o debido prever su comisión”. Se requieren por tanto para declara a alguien inimputable 2 requisitos:

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Un presupuesto psiquiátrico: que pueda comprobarse que la persona padece una anomalía o alteración psíquica Un efecto psicológico: como consecuencia de ese padecimiento mental, el sujeto no puede comprender la ilicitud del hecho o no puede actuar conforme a ese conocimiento.

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¿Qué es anomalía o alteración psíquica? En el antiguo CP se hablaba de enajenación mental. Este era un término poco adecuado porque se ciñe sólo a enfermedades mentales, sin embargo anomalía o alteración psíquica se refiere también a otros tipos de trastornos. En la eximente de anomalía o alteración psíquica estarán comprendidas todas las enfermedades mentales incluidas en la clasificación de la OMS o de la asociación psiquiátrica americana (DSM IV), con excepción de trastornos mentales y de conducta debidos al uso de sustancias psicoactivas, como el alcohol y las drogas (Art. 20.2) Las enfermedades mentales vienen catalogadas en el Diccionario de Salud Mental, que va ya por su edición cuarta (DSM IV). Las podemos clasificar muy brevemente en:

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Psicosis exógenas: trastornos mentales orgánicos como demencia o epilepsia. Psicosis endógenas: esquizofrenia o trastornos delirantes persistentes como la paranoia. Trastornos de humor o afectivos: psicosis maniaco-depresiva, neurosis, oligofrenia (retraso mental)... Trastorno mental transitorio: son perturbaciones mentales pasajeras o de breve duración, de aparición más o menos brusca producidos por causas inmediatas y exógenas (estado febril). El CP dice que este trastorno exime de pena cuando haya sido provocado por el sujeto con el propósito de cometer en delito o incluso cuando podía haber previsto o debido prever su comisión (ACTIO LIBERA IN CAUSA). El sujeto es inimputable en el momento de realizar la acción u omisión típica y antijurídica, pero no lo era en un momento anterior, cuando se provocó el trastorno mental transitorio. Este sujeto sería responsable del delito cometido y además dolosamente.

También estarían incluidos en principio los estados emotivos o pasionales aunque no es fácil que priven por completo al sujeto de la capacidad de comprender el carecer ilícito de la conducta o de obrar conforme a ese conocimiento. Igualmente en la eximente del Art. 20.1 estarán comprendidos también los supuestos de sugestión hipnótica, siempre que el sujeto se hubiera visto privado por completo de la capacidad de comprender la ilicitud del hecho o de obrar conforme a esa comprensión. Intoxicación plena por consumo de ciertas sustancias Art.20.2 : “está exento de responsabilidad criminal el que al tiempo de cometer la infracción penal se halle en estado de intoxicación plena por el consumo de bebidas alcohólicas, drogas tóxicas, estupefacientes, sustancias psicotrópicas u otras que produzcan efectos análogos, siempre que no haya sido buscado con el propósito de cometerla o no se hubiese previsto o debido prever su comisión o se halle bajo la influencia de un síndrome de abstinencia, a causa de su dependencia de tales sustancias, que le impida comprender la ilicitud del hecho o actuar conforme a dicha comprensión”. Antiguamente, la intoxicación por el consumo de estas sustancias se consideraba una forma de trastorno mental transitorio. El TS apreciaba sólo esta causa de inimputabilidad cuando el sujeto se encontrase ante una embriaguez plena y fortuita. El TS distinguía según el grado de embriaguez:

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Embriaguez letárgica: estado total de inconsciencia o sueño (coma etílico). Da lugar a la exclusión directa de la acción. Embriaguez plena: la embriaguez produce una perturbación total de la conciencia que impide al sujeto tener conocimiento de la licitud o ilicitud de su conducta. Es el único tipo de embriaguez que el TS considera que da lugar a la causa de inimputabilidad, ya sea fortuita, imprudente o voluntaria. El sujeto que padece una intoxicación plena, queda eximido de responsabilidad penal.

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Fortuita: cuando la embriaguez se produce sin voluntad por parte del sujeto. Éste no quería embriagarse ni pudo prever que se iba a embriagar (emborracharse a causa de una enfermedad). Imprudente: el sujeto pensaba que la embriaguez no se iba a producir pero finalmente se produce (cuando alguien toma alguna sustancia mezclada con alcohol y aumenta el efecto de éste). Voluntaria: el sujeto intencionadamente busca embriagarse. Es plenamente consciente.

Embriaguez semiplena: perturbación parcial que da lugar a una disminución de su culpabilidad.

Simple excitación: estado de agitación o excitación que se produce al ingerir muy poca cantidad de alcohol. La embriaguez preordenada de delito no da lugar a la causa de inimputabilidad. No se eximirá al sujeto de responsabilidad penal si éste busca embriagarse para cometer el delito (ACTIO LIBERA IN CAUSA). Busca de propósito la situación de inimputabilidad.

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Síndrome de abstinencia: En el CP anterior no se admitía esta causa de inimputabilidad y el TS tenía muchas reticencias a la hora de aplicar esta eximente. A lo máximo que daba lugar el síndrome de abstinencia era a una atenuante pero no a una causa de inimputabilidad. En el CP actual se recoge el síndrome de abstinencia como eximente siempre que se pueda demostrar que a consecuencia del síndrome, se produce una privación completa de su capacidad de comprender la ilicitud de su conducta y de obrar conforme a ese conocimiento. Es irrelevante si el sujeto se provocó el síndrome de abstinencia para cometer el delito. Nuestro CP no recoge la ACTIO LIBERA IN CAUSA para el síndrome de abstinencia. Es una laguna del CP que se olvidó el legislador, si bien es cierto, que la actio libera in causa para el síndrome de abstinencia es bastante improbable. Alteraciones perceptivas Art. 20.3: “queda exento de responsabilidad criminal el que por sufrir alteraciones en la percepción desde el nacimiento o desde la infancia tenga alterada gravemente la conciencia de la realidad”. Hablamos de personas que sufren alteraciones en la percepción de algún sentido desde el nacimiento o desde la infancia y a consecuencia de ésta tiene alterada gravemente la conciencia de la realidad. En 1952 ya se aludía al sordomudo de nacimiento o infancia que careciese absolutamente de instrucción. Actualmente se exigen 3 requisitos para aplicar esta causa de impunidad: - Cronológico: la alteración tiene que existir desde el nacimiento o la infancia. - Biológico: tiene que haberse producido una alteración de la percepción, un déficit en los sentidos. - Psicológico: en el sujeto se debe haber producido una grave alteración de la conciencia de la realidad. Se exige que tenga una incomunicación total con la sociedad. Cerezo considera esta eximente superflua y nunca se ha aplicado en la práctica. Otros autores piensan que esta causa de impunidad debe extenderse a otras situaciones como el aislamiento total, o déficit educativos... CONSECUENCIAS JURÍDICAS DERIVADAS DE LA DECLARACIÓN DE INIMPUTABILIDAD De la declaración de inimputabilidad se derivan dos consecuencias para el sujeto: Se le exime de responsabilidad penal. Se le aplica una medida de seguridad. El Art. 101 CP dice que para los declarados inimputables por la causa del Art.. 20.1, la medida de seguridad a imponer será el internamiento para tratamiento médico o educación especial en un establecimiento adecuado al tipo de anomalía o alteración psíquica que se aprecie o cualquier otra de las medidas previstas en al Art. 96.3 (prohibición de estancia y residencia en determinados lugares, privación del derecho a conducir vehículos a motor y ciclomotores, privación de licencia o permiso de armas, inhabilitación profesional, expulsión del territorio nacional de extranjeros no residentes legalmente en España…). El internamiento no podrá exceder del tiempo que habría durado la pena privativa de libertad si hubiera sido declarado responsable el sujeto. El Art... 102 CP dice que para los declarados inimputables por la causa del Art.. 20.2, se les aplicará, si fuera necesaria la medida de internamiento en centro de deshabituación público, o privado debidamente acreditado u homologado, o cualquiera de las medidas previstas en el Art. 96.3. El Art... 103 CP dice que para los declarados inimputables por la causa del Art.. 20.3, la medida de seguridad a imponer será en internamiento en centros educativos especiales. Para aplicar las medidas de seguridad es necesario que además de ser declarado inimputable, el sujeto haya cometido un delito y que sea peligroso según el juicio de peligrosidad objetiva. Se puede dar el caso en el que el sujeto cuando cometió el delito era imputable, pero con posterioridad le sobreviene alguna anomalía, alteración, enfermedad... Para estos casos la solución será distinta si la enfermedad sucede antes o después de la celebración del juicio. - Antes: el sujeto se enferma después de detenido y antes de condenado. El Art.. 383 de la LEC, dice que en estos casos en sumario se archivará y se esperará a que el sujeto sane para la celebración del juicio y mientras tanto, se le podrá aplicar alguna medida de seguridad. En este caso, las medidas de seguridad serían predelictuales pues todavía no se ha demostrado que el sujeto haya cometido el delito. - Después: el sujeto se enferma una vez condenado, en prisión. El Art. 60 CP dice que se suspenderá la ejecución de la pena de prisión y se le trasladará a un centro psiquiátrico para que allí cumpla la medida de seguridad. Una vez curado, tendrá que cumplir la pena privativa de libertad en prisión, descontando el tiempo de la medida de seguridad o siempre que la pena no haya prescrito. Se dice en este artículo que si la enfermedad se ha producido por la entrada en prisión y se puede demostrar, se le aplicará otra pena más adecuada. TEMA II ELABORACIÓN DE PERFILES CRIMINALES DESCONOCIDOS CON BASE EN LA ESCENA DEL CRIMEN Elaboración de Perfiles de Criminales desconocidos con base en la Escena del Crimen es una técnica de investigación judicial que consiste en inferir aspectos psicosociales del agresor con base en un análisis psicológico, criminalístico y forense de sus crímenes, con el fin de identificar un tipo de persona (no una persona

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en particular) para orientar la investigación y la captura, esta técnica es útil para la justicia porque permite ser aplicada en diferentes situaciones como crímenes violentos, descarte de sospechosos, identificación del tipo de criminal que cometió el delito; también es ventajosa para los profesionales de la justicia como herramienta al preparar interrogatorios, justificar la petición de pruebas; pero sobretodo es de gran utilidad en la aproximación judicial a un delincuente. Después de haber revisado a varios autores, se logró como principal aporte un modelo del proceso de generación del perfil de criminales desconocidos basado en la escena del crimen, en donde se recopiló la teoría de la mayoría de autores que trabajan con perfiles criminales. Es importante tener en cuenta que al perfilar hay ciertos aspectos de la victima o de la escena del crimen que pueden ser observados y de los cuales se pueden extraer inferencias psicológicas, a esto es a lo que se le denominó evidencia psicológica y es una estrategia clave para lograr generar el perfil. DEFINICIÓN DE PERFILES CRIMINALES A continuación se presentan definiciones tradicionales de perfiles criminales emitidas por autores reconocidos y al final del apartado, se propone una definición general que recopila los conceptos de la literatura para unificar el lenguaje y favorecer la comunicación, lo cual constituye un paso fundamental en el avance del conocimiento. El centro nacional de Estados Unidos para el análisis del crimen violento (1990), citado por Knight y colaboradores, (1998), define la investigación analítica criminal como una herramienta investigadora que usa datos de la escena del crimen para generar información descriptiva y probable sobre un ofensor, disminuir el número de sospechosos y ayudar en esfuerzos de aprehensión. Similarmente y de acuerdo con Ressler y colaboradores, (1986), citados por Homant y Kennedy (1998) y Ailt y Reese en 1980, citados por Knight (1998), el uso de perfiles psicológicos en los crímenes puede ayudar a determinar el tipo de personalidad del criminal y sus características conductuales desde un análisis de los crímenes que él o ella hayan cometido; la técnica permite realizar un perfil del agresor tenga o no tenga antecedentes judiciales, si los tiene seria un criterio facilitador para la elaboración del perfil (Homant,1998); esta definición está relacionada a la del FBI (Federal Boureau of Investigation), la cual determina que el perfil criminal es una herramienta que ayuda a obtener información específica del delincuente agilizando la investigación, además brinda información a la policía sobre la manera más adecuada de interrogar sospechosos. Así, Ressler y colaboradores (1.999), aclaran que los perfiles criminales sirven para describir el tipo general de persona que puede cometer un acto criminal, no para señalar a un individuo determinado. APLICACIONES DE LA TÉCNICA Las siguientes son las aplicaciones de la técnica de elaboración de perfiles: 1.Crímenes violentos y seriales 2.Identificación del autor y eliminación de sospechosos 3.Técnicas investigativas con base en la identificación del tipo de criminal 4.Provocar al agresor a través de los medios de comunicación 5.Preparación de interrogatorios 6.Justificación de solicitud de otras pruebas 7.Vincular crímenes Se enuncia el terrorismo dentro de los crímenes para aplicar la técnica porque existen antecedentes del uso de los perfiles en casos de cartas amenazantes, ya que de acuerdo con las palabras que se usen, se puede determinar las características del posible actor de este hecho, su estado mental en el momento de escribir la amenaza e inferir su motivación para encontrar a los posibles implicados y de esta manera salvar vidas. (Ressler, 1999). Así mismo, recurrir a la técnica para identificación del autor y eliminación de sospechosos del crimen es para limitar la investigación a un grupo de “sospechosos”, pero no permite identificar inequívocamente a un solo sujeto, este aspecto lo debe tener presente todo el tiempo el investigador, de manera que no se base la resolución condenatoria en el perfil como único indicador. Cuando la información se complementa con el análisis forense y la evaluación de la declaración de los testigos, se pueden obtener los parámetros de eliminación de sospechosos. Otra aplicación importante es la de las técnicas investigativas con base en la identificación de tipos de criminales debido a que se han presentado casos que han llamado la atención y por tal motivo han sido sometidos a investigación, así mismo ha crecido el interés en la aplicación de la técnica de elaboración de perfiles criminales identificando los tipos de criminales que pueden estar inmiscuidos en el hecho criminal; en este caso, se sigue el siguiente procedimiento: 1.Predecir las características del criminal. 2.Establecer si es parte de una serie de crímenes. 3.Desarrollar sugerencias acerca de cómo tomar ventaja investigativa con base en las características del delito. Dentro de las sugerencias de técnicas investigativas se encuentra el proporcionar guías para el interrogatorio, el uso de los medios de comunicación, la búsqueda de aspectos específicos en los allanamientos, etc. Una manera interesante de provocar al agresor a través de los medios de comunicación consiste en que hoy día, muchos de los usos operacionales se han dirigido al secuestro y a las muertes de índole sexual los cuales son con frecuencia reportados en la prensa sensacionalista. Los medios de comunicación modernos ejercen gran presión sobre la policía encargada de las investigaciones en mención, especialmente sobre los profesionales que

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trabajan aclarando los crímenes; aunque parezca extraño, esta puede ser una forma de establecer contacto con el agresor, por ejemplo, cuando los medios publican un caso de homicidio y le dan un contexto de sensacionalismo y amarillismo, el criminal puede confesar sus actos, es decir; se usan los medios de comunicación como un mecanismo de presión. (Jackson y Bekerian, 2000). Según Porter 1983, Los perfiles psicológicos criminales no solo ayudan a delimitar una investigación, sino que sugieren técnicas de influencia sobre el atacante, con base en las características de su personalidad se pueden emitir informaciones a través de los medios de comunicación con el fin de presionar a que se entregue algún criminal, ya que con ayuda de la prensa se pueden realizar artículos donde se informe del acto delincuencial y hasta agregar información de más, para que así estos se vean envueltos y sean capaces de denunciar su delito. Esta técnica también se le denominó “Proactiva”. Perfilar criminales ayuda al investigador a priorizar en una lista los posibles sospechosos. En este sentido, las técnicas de elaboración de perfiles criminales pueden dar pautas sobre cómo interrogar tanto a testigos como a sospechosos y pueden ayudar en buena medida en investigaciones de crímenes mayores, particularmente donde el rapto precede a un crimen . Algunos de los ejemplos en el éxito de esta técnica fueron reconocidos en Leicestershire (1986), en un caso de homicidio, un psicólogo clínico asesoró para la conducción de un interrogatorio, luego del arresto de un sospechoso, Paul Bostock. El psicólogo le dio a los detectives la estructura de las entrevistas, la cual estaba basada en las debilidades del sospechoso, sus fantasías y su conducta sexual, esta estrategia fue muy exitosa. (Jackson y Bekerian, 2000). Una de las fortalezas de esta técnica es que puede ser usada para justificar la solicitud de pruebas, análisis del ADN, y es aquí donde el investigador, se une a un equipo forense de investigación para buscar correlaciones en el ADN, la sangre y los tejidos. Como se ocurrió en la resolución del caso de Duffy. (Jackson y Bekerian, 2000). Para vincular crímenes según Turvey (1999), los elaboradores de perfiles criminales identifican similitudes entre los crímenes y con base en ello pueden establecer vínculos de autoría, diagnosticar un grupo de delitos como seriales y que posiblemente hayan sido cometidos por el mismo autor; así se unifican los esfuerzos investigativos de las distintas instituciones (policiales o judiciales) o regiones involucradas en estas conductas. Teniendo claras las aplicaciones de la técnica se presentaran a continuación los tipos de perfiles criminales que servirán a manera de información para identificar que perfil es el que se quiere desarrollar en una investigación. TIPOS DE PERFILES CRIMINALES En la investigación criminal existen tres maneras de elaborar los perfiles: 1.Perfiles de agresores conocidos, perfil psicológico o método inductivo 2.Perfiles de agresores conocidos, perfil psicológico o método deductivo 3. Perfil geográfico. 1.Perfiles de agresores conocidos, perfil psicológico o método inductivo Consiste en la caracterización de los agresores conocidos o población carcelaria para extraer características generales; es decir, se parte de lo particular a lo general; por ejemplo: si el investigador esta elaborando perfiles de agresores dentro de una cárcel, entonces entrevistará a un violador y nota que no es asertivo, luego a otro y observa lo mismo entonces, si se repite el patrón, el investigador podrá extraer una característica general de los violadores. Para obtener estos datos, los investigadores realizan entrevistas de criminales violentos condenados sin posibilidades de salir de la cárcel, para que así brinden amplia información y con esta no tengan nada que ganar o perder. Además se basan en la observación conductual y en informes de la conducta del delincuente brindada por otras personas (allegados, víctimas o guardianes penitenciarios). También se nutren los investigadores de datos provenientes del expediente judicial y con base en todas estas fuentes se construye el perfil inductivo. (Ressler, 1999). Homant y Kennedy (1998) sugirieron que este perfil se usó para la estrategia de entrevista y testimonios de individuos, determinando si sus características emparejan con las características de una base de datos de una clase de agresores determinada. La ventaja de este modelo es que es un gran facilitador de características, pues ofrece premisas con características básicas del agresor que permiten perfilarlo y predecir su comportamiento. (Turvey,1999). 2. Perfiles de agresores conocidos, perfil criminal o método deductivo Este método se desarrolla haciendo inferencias con base en el análisis de la evidencia psicológica de la escena del crimen. Se trata de ir de lo general a lo particular; es decir, de premisas generales como la edad del agresor, la raza de la víctima, las agresiones específicas que el criminal hizo a la víctima como cubrirle la cara o dejar algún tipo de simbología, etc, de la evidencia psicológica se extraen rasgos del agresor para dar como resultado un perfil particular. Por ejemplo: agresor adulto, joven y blanco que es psicópata porque siente arrepentimiento. Para realizar este perfil resulta de mucha utilidad hacer comparaciones con las características de otros comportamientos criminales similares de población conocida (penitenciaria o carcelaria) obtenida mediante el método inductivo. (Turvey, 1999). Este método se puede usar como un tipo investigativo y adjudicativo, ya que como primera medida, el análisis de la evidencia conductual puede ser sistemáticamente examinada e interpretada para los hechos del caso, y después de esto puede ser usado para asistir en el proceso que se ponga a disposición en una corte legal (Turvey, 1999). El perfil criminal deductivo no implica un individuo específico ni un crimen específico.

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Puede ser usado para sugerir un tipo de individuo con características psicológicas y emocionales específicas; describe solo las características evidentes en la conducta criminal a la mano, así como las circunstancias de tal conducta. Los encargados de hacer perfiles deductivos, recopilan información de la escena del crimen para analizarla y poder revelar qué tipo de persona lo cometió. Los casos reales de crímenes no se resuelven por pequeñas pistas, sino por el análisis de todas las pistas y los patrones del crimen. El perfil de criminales desconocidos el mismo método deductivo y consiste en el proceso de interpretación de la evidencia forense que incluye observar la escena del crimen, tomar fotografías, reportes de autopsia, fotografías de la autopsia, además del estudio individual del agresor y la victima partiendo de los patrones de conducta se deducen las características del agresor(es), la demografía, emociones y motivaciones (Turvey,1999). El método de perfil deductivo incluye dos fases: -La fase investigadora: en la que como su nombre lo indica se investiga todo lo que tiene que ver con las evidencias ya sean físicas o conductuales. -La fase del ensayo: esta fase involucra el análisis de evidencias conductuales de crímenes conocidos donde ya existe un sospechoso, por esta razón la meta en este caso es ayudar en el proceso de entrevista o interrogatorio y ayudar a desarrollar la visión de la fantasía en la mente del ofensor, para este fin se debe ser imparcial, es decir, tener una mente abierta y un pensamiento crítico, se debe pensar como delincuente, en sus necesidades, experiencias y motivaciones, por último se debe tener en cuenta la experiencia de vida pues esto puede influir de manera determinante en las personas (Turvey, 1999). 3. Perfil geográfico Está relacionado con las características físicas del lugar, podría llamarse perfil de la escena del crimen, ya que intenta generalizar la vinculación de las localizaciones de la escena del crimen con la probable residencia de un agresor desconocido. Aunque este tipo de perfil es primordialmente empírico, emplea el concepto de mapa mental y trata de reconstruir una representación psicológica relevante de las áreas del crimen en donde el agresor se sienta confortable (Homant, 1998). Rossmo (1997) citado por Homant (1998) afirma que un perfil geográfico es de gran ayuda para refinar el perfil de la escena del crimen, ya que lo que se intenta es generalizar la vinculación de la localización de la escena del crimen con la posible residencia del agresor, además de ayudar a formular el mapa mental. PROCESO DE GENERACIÓN DEL PERFIL CRIMINAL Después de haber revisado a varios autores, se logró en este trabajo de grado sintetizar una propuesta de modelo del proceso de generación del perfil de criminales desconocidos con base en la evidencia psicológica de la escena del crimen, en donde estuvieran implicados la recopilación de la teoría de la mayoría de autores que trabajan en perfiles criminales. Así, se dividió el proceso en tres fases: Etapa previa a la elaboración del perfil, que contiene la información del contexto sociocultural donde ocurrió la escena del crimen y la protección de la escena del crimen, la segunda fase consiste en realizar un análisis de la victima, las entrevistas a testigos y obtener Información de la escena o lugar de los hechos, para poder clasificar la información según el tipo y estilo de homicidio y la motivación del agresor todo esto para lograr reconstruir el crimen y como objetivo final de esta fase la descripción del perfil criminal. En la tercera fase se espera que haya una captura, una confesión y una sentencia condenatoria, posterior a lo cual se retroalimenta todo el proceso confrontándolo con los datos reales. Etapa previa a la elaboración del perfil Información del contexto sociocultural donde ocurrió le escena del crimen.. La información que se obtiene de este primer paso será: situación geográfica (clima, vías de comunicación, etc.), idiosincrasia (política, cultura), idioma, religión predominante, situación social, raza predominante, situación económica, índices criminales (estadísticas criminológicas, archivos, etc.) para dimensionar adecuadamente el crimen. Protección de la escena del crimen En primera instancia los Investigadores deben saber que dentro de una escena del crimen existen riesgos biológicos que pueden atentar contra su salud; es por ello necesario que los investigadores conozcan una serie autocuidados con el objetivo de evitar riesgos para ellos. En segunda instancia, se procede a cercar el área donde se halló el cadáver en un perímetro de 150 metros para que en dicha área se pueda reunir información como tomar fotos de la posición del cuerpo, realizar gráficos y tomar notas de los más pequeños detalles que durante la investigación probablemente sean de gran ayuda para la continuidad del proceso. Cada pista, cada evidencia puede ser la clave para resolver el crimen. Durante la elaboración del perfil Análisis y /o entrevista de la victima En el caso de que la victima este viva, de lo contrario se realizará un análisis retrospectivo de ella a través de una autopsia psicológica que permita reconstruir lo más ampliamente posible su personalidad. La información que se debe obtener es: domicilio, reputación en el trabajo y en el vecindario, descripción física hasta de su ropa el día del incidente, su estado civil, hijos, parientes, nivel de educación, situación financiera, datos y antecedentes de la familia, historial médico y psicológico, temores, hábitos personales, hábitos sociales, uso de sustancias

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psicoactivas, pasatiempos, amigos y enemigos, cambios recientes en su estilo de vida, cualquier juicio en tribunales, antecedentes, la última vez que fue vista, edad, etc; y se determina si era una víctima de alto o bajo riesgo (Ressler, 1999). La víctima es la última persona que evidencia el crimen; si esta viva la victima puede dar información relevante acerca de los eventos ocurridos, pero si la victima esta muerta, la escena del crimen y la autopsia psicológica contará la historia. En esta instancia el perfilador debe interesarse en las actividades de la victima ya que estos elementos pueden dar información que acompaña al perfil. Idealmente, el elaborador de perfiles debe tener la siguiente información específica acerca de cada víctima (Holmes y Holmes, 1996). Rasgos físicos de la victima, estatus marital, estilo de vida personal, ocupación de la victima, educación de la victima, demografía personal de la victima, historia médica de la victima, historia psicosexual de la victima, historia judicial de la victima, últimas actividades de la victima. Entrevista a testigos Los investigadores se dedicaran a buscar testigos que brinden información física o psicológica del atacante o sospechoso como la siguiente: si tiene contextura atlética, poco o ningún orgullo en su apariencia física, hábitos nocturnos, no interactúa bien con la gente, sus pasatiempos son solitarios, si es casado, si tiene pareja y ella es más joven, si es empleado o no, además los testimonios recogidos son útiles para validar la información obtenida de la victima. INFORMACIÓN DE LA ESCENA O LUGAR DE LOS HECHOS Evidencia forense y de conducta. En este punto deben reunirse todas las evidencias físicas disponibles así como también las conductas, esto asegura que se analicen todas las características del crimen y de la escena. En estas características se deben tener en cuenta el método de acercamiento a la victima que realizo el ofensor, el método de ataque, el tipo de situación, naturaleza y sucesión de actos sexuales, los materiales que se usaron, la actividad verbal y los actos preventivos, por ejemplo para que no descubran el cadáver.(Ressler,1999). Sería ideal que la persona encargada de elaborar el perfil haya observado varias escenas de crímenes para determinar si existen pautas repetidas, así como también debe conocer los tipos de criminales; en este último aspecto, se tendría en cuenta lo siguiente: fotografías de la escena del crimen (víctima y el área), informe de la autopsia, informe completo de la situación como la fecha y hora, ubicación, el arma, la reconstrucción de la secuencia de los eventos y una entrevista detallada con la víctima sobreviviente o testigos. Criterios de clasificación de la información del delito. Se empiezan a organizar las entradas de información dentro de un conjunto de patrones que tienen sentido. Aquí se encuentran 7 modelos que permiten diferenciar y organizar la información obtenida en la primera etapa (Ressler, 1999). Tipo y estilo de homicidio. Un homicidio simple tiene una víctima. Uno doble tiene dos víctimas, en un único suceso y en un solo lugar. Uno triple tiene tres víctimas que mueren en un mismo lugar durante un único suceso. De tres víctimas en adelante se clasifica como asesinato en masa, donde mueren mas de cuatro víctimas en un mismo lugar y en un solo suceso. Hay dos tipos de asesinato en masa: el clásico y el familiar; en el clásico, el asesino opera en un lugar durante un periodo de tiempo y la descripción del asesino en masa suele ser de un trastornado mental cuyos problemas han aumentado hasta el punto que empieza a actuar contra grupos de personas que no tienen nada que ver con su problema. En el tipo de asesinato en masa familiar es como su nombre lo indica, el asesino mata a los miembros de su familia; si éste mata a mas de tres miembros de su familia y luego se suicida, el crimen es clasificado como asesinato en masa /suicidio y si no existe el suicidio y mata a mas de cuatro miembros de la familia, se llama asesinato familiar. Hay dos tipos adicionales de asesinos múltiples: los “spree murders” o asesinos “itinerantes” y los asesinos en serie. Un asesino itinerante mata en dos o más lugares y no tiene un periodo de enfriamiento emocional. Un asesino en serie comete tres o más homicidios separados entre sí en el tiempo; esto permite que el criminal se enfríe emocionalmente entre uno y otro asesinato, el asesino suele matar con premeditación. Es necesario tener en cuenta que tanto al asesino en masa y al asesino itinerante no les importa la identidad de sus víctimas; al asesino en serie sí, es decir, las clasifica. Teniendo clara esta diferenciación se puede empezar a formar el perfil del criminal. A pesar de la existencia de estos tipos de criminales, Ressler y Burgess en 1985, hicieron una lista de 25 variables para distinguir la personalidad, antecedentes socioeconómicos y conducta de la escena del crimen envuelta en dos tipos de agresores: los organizados y desorganizados (Homant y Kennedy, 1998). Los agresores organizados son descritos como más inteligentes, socialmente competentes, son mas probables de que respondan a algunos precipitantes estresores situacionales, y son mas probables para demostrar cuidado, planeación y control en el acto criminal; por tal motivo, estos son mas difíciles de capturar. La intención primaria del asesino. En un asesinato puede haber tanto intenciones primarias como secundarias. El motivo primario es la meta fundamental que se logra a través de otras que se denominan secundarias. En la motivación primaria pueden incluirse razones emocionales, egoístas o específicas, un individuo puede matar en defensa propia, por compasión o por motivos sexuales. La violencia o las disputas familiares pueden causar los homicidios. Si el asesino tiene un trastorno mental puede cometer un crimen simbólico o tener una crisis psicótica. Los asesinatos que se cometen en grupo tienen motivos como religiosos, de culto u organizaciones fanáticas.(Ressler,1999).

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El riesgo para la víctima. Este concepto se maneja en varias etapas del proceso de generación del perfil y revela datos sobre el presunto asesino en cuanto a su modo de operar. Para calcular el riesgo de la víctima, se usan factores tales como la edad, profesión, estilo de vida y estatura. El riesgo se puede llegar a clasificar como alto (jóvenes y ancianos), moderado (estudiantes) o bajo (cuya profesión y estilo de vida hace que no sean blanco)(Ressler,1999). El riesgo para el agresor. “El riesgo para la víctima está relacionado directamente con el riesgo para el agresor, es decir, el riesgo que corrió el agresor para poder cometer el crimen. Por ejemplo, secuestrar una victima en la calle al medio día supone un alto riesgo, esto también aporta ideas sobre el agresor; indica, que el agresor esta obrando bajo ciertos estresores personales que cree que no lo detendrán, o que necesita excitarse para poder cometer el crimen”. (Ressler, 1999, p. 10). La escalada del crimen “Al analizar los hechos y los patrones de los factores anteriores, se obtiene información sobre el aumento del grado de violencia empleado en el crimen. Los investigadores que hacen perfiles saben deducir la secuencia de los actos y así determinan el potencial del asesino, no solo para aumentar la virulencia de sus crímenes , sino también para repetirlos en serie. Un ejemplo es el caso de David Berkowitz quien comenzó su carrera criminal apuñalando a una adolescente sin matarla y terminó asesinando con un revolver calibre 44”. (Ressler, 1999, p. 10). El estudio del desarrollo de la conducta criminal de los agresores sistemáticos indica que cuando codifican a la víctima, es decir, mantienen un trato impersonal y se comunican poco y solo con fines instrumentales, irán mostrando una mayor violencia a medida que van acumulando asaltos. (Garrido 2.000). Violencia expresiva y violencia instrumental La violencia instrumental es aquella que va dirigida a conseguir los fines del delito, incluye todo aquello que es necesario hacer para controlar a la víctima (Ej. Maniatarla, golpearla). Diferente de la violencia expresiva que son comportamientos superfluos para la consecución del delito, Ej. para asesinar no es necesario torturar antes. Esta violencia permite al agresor expresarse, representa su personalidad e incluye su estilo personal de la ejecución del delito.(Garrido 2.000) El tiempo Se tiene en cuenta el tiempo necesario para: a) matar a la víctima, b) cometer actos adicionales con el cuerpo, c) deshacerse del cadáver; esto para que ayuden a la elaboración del perfil criminal. El lugar La escena del crimen puede no ser una sola, sino varios lugares que sirvieron de contexto a los hechos, por ejemplo puede ser distinto el lugar donde la víctima fue abordada, al lugar donde ocurrió el crimen y también el lugar donde se depositó el cadáver. El hecho de que se usen varios lugares suministra más información sobre el asesino, porque usar varios sitios implica planeación del delito, mayor edad cronológica y mayor tiempo transcurrido en la carrera delictiva. Cuando un criminal selecciona un blanco, el también debe tener cierto sentimiento acerca de si es correcto el lugar de asesinato. ¿Es apropiada esta zona para el asesinato? ¿Contiene suficientes víctimas? ¿Es familiar? ¿Hay riesgo de que lo atrapen? ¿Hay rutas de escape? En una investigación de asesinato, es importante preguntar por qué el asesino escogió un área particular para desechar el cuerpo, y por qué escogió una ruta en particular. El lugar o lugares de los hechos hablan de las preferencias del delincuente, porque simbolizan para él zonas en las que se siente seguro y confortable, zonas que conoció por las actividades que realizaba. Ej. Duffy trabajaba en el tren y depositó los cadáveres cerca de las vías férreas. Rossmo (1994) describe una serie de zonas geográficas, derivadas del modelo de Brantingham y Brantingham, en el cual encuentran las áreas de “hogar”, “trabajo” y “almacenes y entretenimiento”, ya que constituyen las zonas de comodidad que permiten al agresor a cometer su crimen bajo un manto psicológico de protección. La distancia entre un lugar y otro permite inferir la clase y el medio de transporte utilizado por el agresor. Y los lugares de los hechos hablan también del “Mapa mental” del agresor, que involucra las imágenes que él tiene del espacio y de los alrededores, construidos por medio de sus experiencias y de las actividades diarias; estas son principalmente aquellas zonas que se encuentran cerca de donde se desplaza el criminal, tales como el hogar, trabajo, sitios de recreación, entre otros. Teniendo información del mapa mental de una persona, se puede inferir cuál es su rutina o ruta favorita de transporte. Con un análisis de los lugares se pueden descubrir los límites reales o psicológicos del mapa mental del delincuente, encontrar ríos, carrileras de tren, entre otras, las cuales pueden ser una barrera para los agresores o pueden servir para ejecutar el crimen. Incluso el análisis de los lugares de los hechos pueden informar sobre la zona de residencia del perpetrador de los crímenes, se supone que cuando un asesino serial comienza a asesinar, los primeros actos son situados relativamente cerca de la localidad donde vive o trabaja. Afirma Garrido (2.000) que los violadores jóvenes europeos operan en una zona de tres kilómetros a la redonda de su residencia. La reconstrucción del crimen.

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Aquí se reconstruye la secuencia de sucesos y el comportamiento tanto del asesino como de la víctima; además, se indica cómo pasaron las cosas, cómo se comportaron las personas y cómo se planificó y organizó el encuentro. Esta reconstrucción se basa en las decisiones tomadas en la etapa anterior. La descripción del perfil criminal. Trata el tema de la descripción del tipo de persona que ha cometido el crimen y su manera de comportarse con relación al mismo. Se incluyen las características físicas, costumbres, creencias y valores, el comportamiento antes y hasta el momento del crimen, y el comportamiento después del crimen. Se pueden incluir recomendaciones para el interrogatorio o la entrevista con el asesino, su identificación y su detención. El perfil no incluye todo y no todos los perfiles tienen la misma información, en resumen la información que contiene un perfil es la siguiente: La raza del perpetrador, el sexo, edad aproximada, estado civil, ocupación, reacción ante el interrogatorio policial, grado de madurez sexual, si el individuo sería capaz de cometer otro crimen, la posibilidad de que haya cometido un delito similar en el pasado, posibles antecedentes policiales. Etapa posterior a la elaboración del perfil La investigación y retroalimentación del perfil. “Una vez que el perfil criminal tiene congruencia, se remite un informe por escrito a la agencia que lo solicitó y este informe es incorporado a la investigación. Habiendo obtenido la información de la victima y de los testigos se reúnen a los sospechosos que encajan en el perfil y son evaluados. Si este proceso termina con la identificación, detención y confesión del asesino, el perfil ha cumplido su objetivo. Si salen nuevas pruebas o no se identifica a ningún sospechoso, entonces tiene lugar una reevaluación; toda la información es examinada otra vez y se vuelve a validar el perfil”. (Ressler, 1999, p. 13) Cuando se logra una detención o una sentencia condenatoria, se comparan los datos reales con el perfil elaborado; si el sospechoso confiesa, es importante hacerle una entrevista detallada para controlar que todo el proceso del perfil haya sido válido. Evidencia psicológica Durante el proceso de generación del perfil se deben tener en cuenta ciertos aspectos de la victima o de la escena del crimen que pueden ser observados de los cuales se pueden extraer inferencias psicológicas, a esto es a lo que se denomina Evidencia Psicológica. La evidencia psicológica primordial que busca el preparador del perfil, es el motivo; es muy importante que esta técnica se limite a los crímenes en donde no se evidencie motivo alguno tales como financiero, afectivo o sentimiento de venganza y se deben agotar todas las pistas lógicas antes de utilizar esta herramienta ya que las conductas son realizadas por los agresores para darle gusto a sus fantasías y a sus necesidades psicológicas. (Medina y Vergara, 1997). Para lograr esto es fundamental entrenar al policía en captar ciertas pistas que no son físicas pero que son básicas para poder resolver los crímenes; es decir, encontrar los sentimientos, los motivos y actitudes, así los perfiles serían una herramienta facilitadora para las autoridades judiciales (Gudjonsson y Copson, 1997). La mayoría de los crímenes evidencian dos tipos de comportamiento: uno físico y otro verbal, el investigador debe analizar la información del modo en que opera el delincuente y plantearse preguntas como: ¿qué elementos en la escena evidencian fuerza física o verbal? Y qué hechos pudieron haber motivado al criminal para llevar a cabo el hecho, esto significa que es una persona desorganizada e impulsiva y que probablemente vive cerca y llego a pie. (Medina y Vergara, 1997). RECOMENDACIONES PARA LOS PROFESIONALES ENCARGADOS DE LA GENERACIÓN DE PERFILES Algunos de los puntos que se deben tener en cuenta para elaborar un perfil de una manera adecuada son: Formación académica o laboral en áreas afines Es necesario que el perfilador se haya aproximado a la investigación judicial y a este tipo de problemáticas de manera académica o laboral, estos conocimientos serían la base para construir conocimientos específicos de la técnica con base en ellos. Es decir, el perfilador es un especialista, por lo cual tiene como pre-requisito una formación de base que puede ser en derecho, en psicología, en psiquiatría, en investigación judicial y otras carreras que se apliquen al ámbito de la investigación judicial. Turvey, B. (1.999) realiza una listas de trabajadores en el área para poderlos distinguir y conocer su principal labor o desempeño: -Psicólogos forenses: Su labor está en la habilidad de realizar entrevistas con el propósito de hacer diagnósticos, tratamiento y asesorías en competencia / sanidad de las personas. No están capacitados para ciencias forenses relacionadas con evidencia física, ni tienen la experiencia para interpretar conductas de la escena del crimen. -Psiquiatras forenses: Son doctores médicos con entrenamiento en ciencias médicas como ciencias conductuales. Están igualmente preparados para la labor que realizan también los psicólogos forenses. -Criminólogos: Académicos inclinados al trabajo con población agresora. Deben estar dispuestos a la investigación de datos empíricos, de resultados en estadísticas y perfiles inductivos de los agresores. -Detectives e investigadores: En este se incluyen los oficiales de “law enforcement” y perfiladores criminales en sector privado de todo el mundo que se entrenan en técnicas y se asesoran con cursos y seminarios por medio de la

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lectura de libros e investigando, acumulando así una experiencia investigativa. Haciendo énfasis en la psicología; los roles que desempeña un psicólogo en el área de la criminalidad son: -Rol Clínico: los psicólogos interrogan a los clientes y utilizan ayudas como los test psicométricos (Test de Inteligencia, evaluación de funciones neuropsicológicas, personalidad y estado mental) y el análisis de datos conductual. -Rol Experimental: Llevan a cabo experimentos que son relevantes de cierto caso. -Rol Actuarial: Los psicólogos aplican las probabilidades estadísticas a datos conductuales. -Rol de Consejero: Los psicólogos hacen asesorías individuales a las víctimas y testigos cuando tienen que rendir declaraciones con el fin de disminuir la ansiedad y que la declaración sea veraz.(Turvey, 1999) Experiencia forense y en casos de crímenes violentos La habilidad y experiencia de los detectives que investigan crímenes graves han atraído siempre gran interés y muchos comentarios. En años recientes, el papel del detective ha sido sujeto a un intenso escrutinio público, con frecuencia impulsado por reportes de la prensa sensacionalista. Frecuentemente, algún nuevo aspecto de la ciencia que actúa como soporte del trabajo del detective atrae la atención pública e incluso más si es un caso inusual. En contraste, la rutina y los aspectos profesionales de investigación son raramente destacados. Las indagaciones mayores pueden dejar cientos de sospechosos y es muy importante la priorización apropiada para permitir al investigador la utilización de su recurso más valioso, la experiencia. La mezcla de la experiencia de los detectives, la teoría de la conducta y las estadísticas contribuyen a la elaboración del perfil del delincuente desconocido y cubre fuentes como la policía, la academia, las ciencias médicas, psicológicas y forenses. Para que una técnica de perfil criminal sea efectiva, se requiere la habilidad de una agencia que entrene y que responda a las necesidades de los elaboradores de perfiles, es decir, que sea competente, que tenga acceso a la información necesaria para el caso, y que sean lo suficientemente analíticos en el área forense. (Turvey, 1999) Conocimiento del contexto socio-cultural Debido a que nunca se sabe dónde va a ocurrir un crimen, al momento de localizarlo, el perfilador criminal debe tener bases o conocimiento del sitio donde se produjo la tragedia, es decir, se debe empapar y entender los hábitos, los tipos de relaciones, los rituales que se vivan en la población punto a trabajar; debe saber cuál es el comportamiento o conducta que se tiene en este sitio para lograr entender o esclarecer el por qué del crimen. (Turvey, 1999) Trabajo interdisciplinario Al realizar un perfil psicológico se necesita de un arduo trabajo interdisciplinario ya que se debe hacer análisis muy minucioso de toda la escena del crimen lo cual requiere de bastante tiempo; además de tener conocimiento en todo este campo o ámbito laboral, también se debe tener experiencia en el área forense para que sea un poco más fácil hacer todo el análisis que se requiere (Turvey, 1999). Tolerancia y persistencia El trabajo del perfilador es emocionalmente agotador, ya que el profesional se encuentra a diario con situaciones que pueden cuestionar su sentido existencial y resultar muy dolorosas, el perfilador debe estar en la capacidad de tolerar estas informaciones y de modular su actitud frente a las mismas. De otro lado existen informes estadísticos de la efectividad de la técnica pero también existen informes que avisan de la cantidad de casos en los que se ha utilizado la técnica, se ha invertido gran cantidad de tiempo y dinero en la investigación y no dan como resultado la detención del autor. Por ello el perfilador debe ser capaz de afrontar los casos frustrantes. Conocimiento de los allegados a la víctima El policía debe mantener contacto tanto con la familia como los amigos del delincuente para saber sus posibles conductas a tomar y así poder sobrevivir y sobrellevar la relación en esta persona (Ressler, 1999). Además, el perfil se puede seguir construyendo gracias a la información que brinden las víctimas de los delitos, ya que de acuerdo con las características del comportamiento del delincuente, podemos determinar como relacionarnos con este agresor. Sistematizar la información Para valorar un caso y realizar un posterior perfil criminal es de vital importancia clasificar la documentación pues en muchos casos es abundante y esto puede generar problemas en la consecución de los objetivos o en la identificación de patrones; por esta razón se deben usar herramientas para poder clasificarla de ahí la importancia de empezar a generar bases de datos que permitan guardar información y encontrarla cuando sea necesaria. Retomar casos sin resolver La valoración del caso frío según los norteamericanos consiste en un caso que ha estado sin resolver o inactivo por un periodo de tiempo. Se debe tener en cuenta la falta de cooperación entre la víctima y el detective, falta de testimonios o que parecen estar agotadas las estrategias. Para solucionar estos casos fríos se debe tener en cuenta el factor más importante, el tiempo, por esta razón se deben analizar aspectos como la culpa que con el tiempo puede aumentar, las relaciones que con el tiempo se disuelven o cambian, el miedo a denunciar pues con el tiempo es posible que este se reduzca, la nueva evidencia que pueden haber pasado por alto el personal que analizó la escena del crimen, el patólogo, etc (Turvey, 1999).

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Manejo adecuado de los medios de comunicación La publicidad y la opinión pública son importantes y un buen detective las usará como ventaja para obtener el máximo de información a cerca del crimen y el agresor. Sin embargo, los reportajes irresponsables y los relatos ficticios pueden presentar grandes inexactitudes y distorsionar la perspectiva en el trabajo detective y el procedimiento investigativo sugiriendo ciertas habilidades y técnicas que en realidad simplemente no existen. Neutralidad El objetivo de un examinador forense es de ser neutral, tener una participación desinteresada; así mismo lo deben ser los elaboradores de perfiles criminales, ya que trabajan bajo los mismos estándares éticos. Observación e intuición Es importante resaltar que para la optimización de las investigaciones criminales, la deducción es usada para dibujar al perpetrador que es conocido como el perfil criminal. Quienes sean fuertes en la observación y sean intuitivos, pueden aprender este importante conocimiento con el entrenamiento apropiado, guía y campo de experiencia. (Stanton,1997). Así mismo, los perfiles constituyen la aplicación de la teoría e investigación de la ciencia del comportamiento al conocimiento que el preparador del perfil tiene de pautas que pueden haberse repetido en varias escenas de crímenes; es importante que el preparador de perfiles observe muchas escenas de crímenes para que conozca las pautas y que tenga cierta familiaridad con delincuentes que hayan realizado delitos similares. Tapias Saldaña Ángela Avellaneda Castellanos Luisa Moncada Muñoz Melissa Pérez Puentes Irma Referencias Arrigo, B. (1.999). Introduction to forensic psychology. Issues and controversies in crime justice. San Diego: Academic Press Ault, R. y Reese, J. (1.980). A Psychological Assessment of Crime: Profiling. FBI Law Enforcement Bulletin. 49, 22 – 25. Bartol, C. (1999). Criminal Behavior: A psychosocial approach. USA: Prentice Hall Byrd, M. (2001). Hazards and Crime Scene: Another Routine Day at the Office. Disponible en www.crime_scene_investigator.net/index.html. Burgess, A. Douglas, J. Burgess, A. (1997). Classifying Homicides and forensic evaluations. Crisis Intervention. 3, 199 –215. The new detectives. (1996). County Police Department, Lee County Sheriff’s Office. A production in association with Discovery Channel. Garrido, V. (2.000). El perfil psicológico aplicado a la captura de asesinos en serie. El caso de J.F. Anuario de Psicología Jurídica.10, 25-46. Goobar, W. (2001). En la Mente de un Asesino Serial. Disponible en www.lanaciononline.com. Hazelwood, R. (1.983). Entrevista con las Víctimas de Violación para obtener Información acerca del Comportamiento del Violador: La Clave de la Elaboración de Perfiles. FBI Law Enforcement Bulletin. Hazelwood, R. y Douglas, J. (1980). El Asesino Lujurioso. FBI Law Enforcement Bulletin. - Higgins, M. (1997). Looking the Part. ABA Journal. 83, 48 – 52. Holmes, R. y Holmes, S. (1996). Profiling Violent Crimes: And Investigative Tool. United States of America: Sage Publications. Homant, R y Kennedy, D. (1998).Psychological Aspects of Crime Scene Profiling. Criminal Justice and Behavior. 25, 319- 343. Jackson, J. y Bekerian, D. (2000). Offender Profiling: Theory, Research and Practice. England: Wiley. Knight, R. Warren, J. Reboussin, R. Soley, B. (1998). Predicting Rapist Type From Crime – Scene Variables. Criminal Justice and Behavior. 25, 46 – 80. Mc. Cann, J. (1.992). Criminal Personality Profiling in the Investigation of Violent Crime: Recent Advances and Future Directions. Behavioral Sciences and the Law.10, 475 – 481. Medina, M. y Vergara, W. (1997). Aplicación de Fundamentos Psicológicos en el Lugar de los Hechos de Homicidios en Serie para el Caso Colombiano. Tesis de grado. Bogotá: Escuela General Santander. Policía Nacional de Colombia. (1998). Boletín Criminológico, fascículo 34, Santafé de Bogota: Dirección de Policía Judicial, Centro de Investigaciones Criminológicas. Ressler, R. Burgess, A. Hartman, C. Douglas, J. (1999). La Investigación del Asesinato en Serie a través del Perfil Criminal y el Análisis de la Escena del Crimen. En: Trabajo presentado en la Reunión Internacional sobre biología y sociología de la violencia sobre psicópatas y asesinos en serie (pp.1-21). España: Centro Reina Sofía. Skrapec, C. (1.999) Los motivos del asesino en serie. En: Trabajo presentado en la Reunión Internacional sobre biología y sociología de la violencia sobre psicópatas y asesinos en serie (pp.1-17). España: Centro Reina Sofía.

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Stanton, C. (1997). Taking Your Cue from the Clues. Security Management. 41, 123 – 126. Turvey, B. (1999). Criminal Profiling: An Introduction to Behavioral Analysis. San Diego: Academic Press. Turvey, B. (1998). Deductive Criminal Profiling: Comparing Applied Methodologies Between Inductive and Deductive Criminal Profiling Techniques. San Diego: Academic Press. TEMA III EL ASESINATO EN SERIE DEFINICION En la diapositiva primera vemos las principales características del auténtico asesino en serie. Quizá la más significativa sea el período de enfriamiento emocional entre: cada uno de los asesinatos. Estos asesinos no cometen sus crímenes llevados de un único impulso o alteración emocional de duración más o menos prolongada, sino que cada una de sus acciones lleva aparejado un ciclo típico de comportamiento, denominado por Holmes "modelo personal de violencia" en el que en la última de sus cinco fases se produce un estado de "recuperación" y tranquilidad en que el asesino vuelve a su "normalidad psíquica".

También es característica, como veremos, la elección de sus víctimas en función de las circunstancias En la diapositiva segunda tenemos al asesino en masa. Este no se interesa por la identidad de sus victimas, sino que suelen ser personas de su entorno familiar y social que han tenido la desgracia de encontrarse cerca del criminal cuando se produce la explosión de violencia.

Similar al asesino en masa es el denominado "spree killer" o"asesino itinerante" diapositiva tercera. Es aquel que sale a la calle armado hasta los dientes sembrando el terror y la muerte durante su recorrido, que suele terminar en el suicidio o el abatimiento por la policía. Puede llegar a causar muchas muertes en muy poco tiempo, como ocurre con desgraciada frecuencia. Sus víctimas son también puramente. casuales y generalmente desconocidas: simplemente se encontraban en el lugar equivocado a la hora equivocada.

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Así pues, puntos clave para diferenciar estos tipos de asesinos son: la localización geográfica, el tiempo y la elección o no de sus víctimas. Los asesinos en serie no conforman una única categoría. Son varias las clasificaciones y tipologías que de ellos se han hecho, pero es especialmente útil para el proceso investigador por su sencillez y operatividad aquella desarrollada por el F.B.I. y que distingue a los asesinos en serie en tres categorías: organizado, desorganizado y mixto. El tipo organizado es aquel que planea sus crimenes de modo consciente, a diferencia del desorganizado, que comete sus actos de forma improvisada. Esta disparidad entre ambos, premeditación frente a improvisación, queda reflejada en la escena del crimen y en el resultado de su comportamiento diapositiva cuatro y cinco. Algunos asesinos muestran características pertenecientes a ambos tipos incluyéndose entonces en la categoría "mixta".

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De acuerdo a Steven Egger un asesinato serial se define por las siguientes características: • Un mínimo de 3 a 5 víctimas, con un periodo de tiempo entre un crimen y el siguiente • El asesino no tiene relación con las víctimas. Aparentemente el crimen ocurre al azar o sin conexión con los otros • Los asesinatos reflejan el sadismo del criminal, y su necesidad de tomar el control de la víctima • Raramente el asesino obtiene una ganancia material, el motivo siempre es de orden psicológico • Las víctimas tienen un valor "simbólico" para el asesino, esto se entiende tras ver que hay un método específico para matar • El asesino casi siempre escoge víctimas vulnerables, tales como prostitutas, niños, etc. No existen sólo en las películas. La realidad, pasada y presente, ofrece, lamentablemente muchos ejemplos. Hay especialistas en determinar cómo piensan, qué los lleva a matar y cómo seguirles la pista para evitar que cometan nuevos crímenes Hélene Frinking tenía 27 años, era bonita y estudiaba Medicina cuando apareció muerta en su departamento parisiense del barrio de la Bastilla. El asesino la ató a una cama, la violó y le cortó la garganta. La madre de la víctima, Anne Gautier, creyó que nada podría superar el horror de ese crimen brutal. Sin embargo, se equivocaba: la negligencia policial la forzó a convertirse en detective y se horrorizó aún más al descubrir que el ADN y las huellas digitales vinculaban la muerte de la hija con dos ataques previos contra mujeres jóvenes en la misma zona. Sin embargo, la policía no había alertado sobre el asesino serial, hasta que La Bestia de la Bastilla se cobró su cuarta víctima. "Si la policía hubiera hecho su trabajo, dos de estas cuatro mujeres todavía estarían vivas -afirma Anne Gautier-. Francia está en la prehistoria en cuanto a resolver crímenes seriales: no hay un registro nacional de ADN y la policía no se molesta en hacer un perfil psicológico del criminal, que es práctica de rutina en Gran Bretaña y los Estados Unidos." "Si quieren entender al artista, analicen su trabajo." Con esta frase de cabecera, John Douglas dirigió durante 20 años la Unidad de Apoyo Investigativo del FBI, un grupo de elite dedicado al rastreo de los asesinos seriales, e inspiró uno de los personajes de la película El silencio de los inocentes. CARACTERÍSTICAS El asesino serial promedio es un hombre blanco, proveniente de la clase social media-baja, generalmente en sus 20 o 30 años. Por lo común sufrió abuso físico, mental o ambos desde niño. Algunos de ellos resultan muy inteligentes y elevaron grandes expectativas entre sus familiares. También se sabe que muchos tienen fijación por la policía y otras figuras de autoridad. Otros sirvieron en la milicia; algunos trataron de ser policías pero fueron rechazados. VICTIMAS

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Como ya he mencionado, las víctimas aparte de ser personas vulnerables o en situación de desventaja resultan tener un cierto valor "simbólico." Con raras excepciones, pero un asesino serial humilla y convierte en objetos a sus víctimas." El asesino es sádico en extremo, tortura sus víctimas hasta la muerte e incluso es capaz de resucitarlas para continuar con el tormento. Necesitan dominar, controlar y sentir que el otro les pertenezca, en el amplio sentido de la palabra. Muerta la víctima, regresan a su enorme soledad, a la furia y el odio contra si mismos. Este ciclo infernal termina con su muerte o cuando son capturados. MÁSCARA DE NORMALIDAD Debido a su naturaleza netamente psicópata, el asesino serial es incapaz de sentir simpatía ni menos aún empatía con los demás o por sus víctimas. Es completamente incapaz de vivir una relación con alguien mas. Pero en cambio aprenden muy bien a simular que lo logran; de su entorno familiar y laboral toman lo que requieren para desarrollar una actuación magistral. Son consumados actores sin duda alguna. Aman gozar de autoridad y de ejercerla. El caso de John Wayne Gacy, The Killer Clown, es ejemplar: Tras muchos años de trabajo, logró consolidar una buena posición dentro de la sociedad. Tenía su propia compañía contratista, organizaba grandes fiestas temáticas en su casa, se disfrazaba de payaso e iba a hacer labor social con los niños enfermos a los hospitales. Poco antes de ser capturado estaba por acceder a la política. Era un hombre querido y reputado. Para construir el perfil de un asesino serial, los especialistas del FBI analizan el escenario del crimen desde una perspectiva distinta a la de otros peritos en criminalística. Los perfilistas no buscan huellas digitales, muestras de sangre, semen o cabellos que más tarde podrán servir como evidencias para una condena, sino que tratan de identificar en la escena del crimen los rasgos que permitan establece la personalidad del asesino, explica Douglas, que ha escrito tres best-séllers sobre el tema: Cazador de mentes: dentro de la unidad de crímenes seriales del FBI, Unabomber: tras la pista del asesino serial más buscado de los Estados Unidos y Viaje a la oscuridad. "La clave reside en estudiar lo que yo llamo victimología -dice el experto-. Uno debe preguntarse por qué esta persona terminó de este modo... A diferencia de lo que ocurre en el crimen clásico (donde, por lo general, el motivo está fuera del cuerpo de la víctima), en los asesinatos seriales el motivo es el cuerpo. Más de una vez se ha dicho que lo que se hace a la hora de analizar un crimen es muy parecido a lo que hace un buen actor a la hora de prepararse para un determinado papel. Los dos arriban a una escena (en el caso del actor, se trata de la escena de un guión; en este caso es la escena de un crimen) y entonces se concentran en la superficie de las cosas y de las palabras, se intenta ver qué es lo que quieren contar. Aprendemos nuestros parlamentos y, una vez que los sabemos de memoria, empieza la parte más complicada del trabajo." Según Douglas, los asesinos seriales tienen tres ideas fijas -la manipulación, el dominio y el control de la situación- y una personalidad que puede ser dividida en dos grandes categorías: El asesino organizado: es un tipo metódico que planifica cuidadosamente sus crímenes, acecha a su presa, trae consigo su arma predilecta y sólo entonces -una vez que tiene a la víctima en su poder- comete el asesinato, de manera lenta. El asesino desorganizado: está dominado por impulsos súbitos, elige a sus víctimas espontáneamente, las domina y las mata con cualquier arma que esté a su alcance. Indignada por la falta de progreso en la investigación, Anne Gautier se contactó con las familias de las otras víctimas y ha comenzado la cacería del criminal por sus propios medios: durante la última semana de octubre contrató a Stephane Bourgoin, un especialista en asesinos seriales formado en los Estados Unidos y él le pidió que recopilara información para elaborar un perfil del asesino. Anne Gautier comenzó su investigación en un café ubicado frente al apartamento de su hija y le preguntó al propietario si conocía a la joven asesinada en el edificio vecino. Según Gautier, el hombre la miró escandalizado y admitió que nunca había oído hablar sobre el caso. Cuando preguntó en otros bares y comercios cercanos, descubrió que la policía jamás había interrogado a los vecinos. Benoit Chabert, el abogado de las familias de las otras dos víctimas, opina que la policía no destinó personal suficiente para encontrar al asesino. "A fines de 1995, cuando ocurrió el primero de los ataques, había una campaña de atentados terroristas en París -explica-. En el otoño de 1997, cuando se produjeron los otros dos crímenes, un tercio de la Brigada Criminal estaba asignado a la investigación de la muerte de la princesa Diana." Gautier comprende la importancia del caso de la princesa de Gales, pero siente una gran amargura porque no se dedicó la misma cantidad de tiempo y de recursos para encontrar al que mató a su hija. El asesino serial sigue una lógica propia, que casi nunca tiene que ver con la lógica general. De ahí la dificultad para apresarlos. La mayoría de los asesinos seriales tiene coeficiente intelectual superior al promedio, con una destreza y una capacidad sobrenaturales para parecer tan normales como cualquier hijo de vecino. Por eso

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hay tantos casos en que han eludido a sus perseguidores durante años, dejando tras de sí una huella de cadáveres pero ninguna pista con respecto a sus identidades. Por lo general, son varones jóvenes con buen estado físico. Las mujeres -en cambio- prefieren aniquilar a su propia familia antes que matar a desconocidos. ¿Por qué algunos asesinos seriales nunca son atrapados? Es improbable que un asesino compulsivo cambie de hábitos por propia voluntad. Más plausible es la explicación de que algunos asesinos se fuerzan a parar o terminan internados en cárceles o psiquiátricos por otros motivos. La madre de Hélène Frinking descubrió que la policía parisiense tenía muestras de ADN que vinculaban al asesino de su hija con la muerte de Agnes Nijkamp, una diseñadora de 32 años muerta en diciembre de 1994. También descubrió que tenían una descripción bastante precisa del asesino elaborada por otra estudiante de Medicina de 25 años que, al igual que su hija, trabajaba con enfermos psiquiátricos y fue atacada en junio de 1995, cuando volvía a su casa de una fiesta. El asesino repitió el mismo ritual que en los crímenes anteriores: la mujer fue atada a la cama, pero en un momento de distracción consiguió escapar de su victimario. La sobreviviente declaró que su atacante era de aspecto nordafricano, musculoso, de entre 25 y 30 años, bien vestido y que se expresaba correctamente. Dijo también que parecía minucioso, y describió con cuánta puntillosidad le había quitado los zapatos después de atarla. Si un asesino serial es ordenado y prolijo en sus crímenes, es probable que tenga una personalidad rígida, que haya tenido problemas laborales y que haya vivido con sus padres hasta después de cumplir los 30 años. Si cubre la cara de alguna de sus víctimas puede significar que no fue elegida al azar, sino que la conocía y que después de violarla o matarla se sintió embargado por la culpa. La Bestia de la Bastilla aún sigue suelta en París. El 23 de septiembre, el asesino volvió a atacar. Magali Sirotti, una estudiante de 19 años, fue encontrada atada a su cama y violada, con la garganta abierta. La chica vivía a menos de un kilómetro del departamento de Hélène Frinking. Gautier se enteró del asesinato porque su hermano lo leyó en un periódico barrial. "Tan pronto como vi el informe supe que era el mismo hombre." Una vez más, Anna Gautier pidió al juez que se alertara a la población, pero no tuvo éxito. A mediados de octubre, Estelle Magd, una secretaria de 25 años, encontró una muerte similar en el barrio de la Bastilla y la policía finalmente reconoció la existencia del asesino serial. La policía argumenta que no lo publicaron antes para evitar el pánico. FASES DEL ASESINO SERIAL El asesino serial típico sigue un modelo gradual de desarrollo que ha sido descrito en siete fases por el doctor Joel Norris, uno de los principales expertos norteamericanos en el tema. Estas son: 1. La fase áurea. El proceso se inicia cuando un potencial asesino comienza a retrotraerse a su mundo de fantasías. Externamente puede aparecer normal. Pero en el interior de su cabeza existe una zona oscura donde la idea del crimen se va gestando. Su contacto con la realidad se debilita y su mente comienza a ser dominada por sueños diurnos de muerte y destrucción. Gradualmente, la necesidad de liberar sus fantasías dementes llega a convertirse en una compulsión. 2. La fase de pesca. Como un pescador que recorre su espinel, el asesino comienza la búsqueda donde cree que puede hallar el tipo preciso de víctima. Puede elegir el patio de una escuela, una zona de prostitución callejera o una villa cariño. Lo más probable es que allí termine por marcar su blanco. 3. La fase de seducción. En algunos casos, el asesino ataca sin advertencia -atrapa una víctima en la calle o fuerza la entrada en una casa y mata a todos-, pero con frecuencia el asesino siente un placer especial en atraer a sus víctimas generando un falso sentimiento de seguridad, burlando sus defensas. Algunos asesinos seriales son tan seductores y tienen una apariencia tan inofensiva, que no les resulta difícil convencer a una mujer para que suba a su coche. Otros seducen con la promesa de dinero, trabajo o un lugar para pasar la noche. 4. La fase de captura. Consiste en cerrar la trampa. Ver sus reacciones aterrorizadas es una parte del juego sádico. Es el momento en el que una mujer que ha subido al automóvil de un desconocido amable descubre que van en la dirección equivocada y que la puerta sobre el lado del pasajero no tiene manija. 5. La fase del asesinato. Si el crimen es un sustituto del sexo, como es frecuente, el momento de la muerte es el clímax que buscaba desde que comenzó a fantasear con el crimen. Es frecuente que muchos psicópatas experimenten un orgasmo mientras matan. Y así como la gente normal tiene sus posiciones favoritas, los asesinos seriales tienen sus preferencias homicidas: algunos disfrutan estrangulando, otros golpeando o acuchillando. 6. La fase fetichista. Al igual que el sexo, el asesinato ofrece un placer intenso, pero transitorio. Para prolongar la experiencia, durante el período previo al siguiente asesinato, el asesino guarda un fetiche asociado a la víctima. Puede ser desde una billetera hasta un trozo del cuerpo. 7. La fase depresiva. Después del crimen, el asesino serial experimenta una etapa depresiva. La crisis puede ser tan profunda como para intentar suicidarse. Sin embargo, la respuesta más frecuente es un renovado deseo de matar. CAUSAS PARA ESTA CONDUCTUALES ¿Cuál es el detonante? La policía y los investigadores han tratado de "entrar" en la mente del asesino. Así se han derivado una serie de causales para esta conducta. Entre ellas las siguientes:

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Abuso infantil Causas genéticas Desequilibrio químico mental Daño cerebral Padecimiento de injusticia social Exposición a eventos traumáticos Lo dramático es saber que gran parte de la población reúne una o varias de estas características, pero no se vuelven asesinos seriales. Tras mucho estudiar se tiene una conclusión parcial y esta consiste en aceptar que un asesino carece de una especie de "chapa de seguridad" moral que le impide detener sus impulsos violentos. Jeffrey Dahmer declaró que sentía como si hubiera nacido incompleto, que algo le faltaba a su mente. Otro famoso asesino Dennis Nilsen, nunca comprendió la magnitud de lo que hacía. No entendía que hizo mal al asesinar tantos hombres. Talento, intuición y ciencia El asesino serial ejecuta una refinada operación mental, un trabajo artístico que aterra y seduce a quienes lo contemplan. Sin motivos aparentes, y con gran esmero y perfeccionismo, el asesino serial es el prototipo del criminal puro que mata sólo por el placer que le produce el sufrimiento ajeno. En los Estados Unidos se estima que cualquiera de los componentes de una familia tipo de cuatro integrantes tiene un 37 por ciento de posibilidades de cruzarse o conocer a un asesino serial a lo largo de su vida. Más allá de las clasificaciones genéricas, los especialistas en perfiles criminales del FBI siguen parámetros científicos, estadísticos y psicológicos para entender el comportamiento criminal y lograr un retrato del asesino. Es un procedimiento complejo que incluye tanto intuición como ciencia y combina los talentos de Sigmund Freud y Sherlock Holmes para interpretar cada jugada en este ajedrez imaginario. En ciertos casos, los resultados pueden parecer sobrenaturales. Tratamiento eficaz para el psicópata Aunque los expertos coinciden en que la resocialización del psicópata es una tarea muy difícil, o incluso imposible, y reconocen que la mayoría de los programas de tratamiento no resultan eficaces, defienden la idea de aprovechar lo positivo de los pocos programas que han demostrado reducir la tasa de reincidencia. ¿Existe un tratamiento eficaz para la psicopatía? Esta es una de las preguntas que más veces ha sido formulada en la IV Reunión Internacional sobre Biología y Sociología de la Violencia, organizada en Valencia por el Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia. Hay respuestas para todos los gustos. Los más pesimistas consideran que el psicópata es incapaz de aprender de la experiencia y, por tanto, no tiene solución y no puede volver a reintegrarse en la sociedad. Los más optimistas, que aunque reconocen la ineficacia de la mayoría de los tratamientos, defienden la creación de programas que aprovechen todo lo positivo de los tratamientos que se utilizan. Entre estos destacan grandes expertos en la materia como Friedrich Lösel, director del Instituto para la Psicología de la Universidad de Erlangen-Nuremberg (Alemania), y Robert Ross, psicólogo clínico del Departamento de Crimonología de la Universidad de Otawa (Canadá). Eficaces, muy pocos Ross señaló que la inmensa mayoría de los programas de tratamiento no han sido evaluados adecuadamente porque no han utilizado una definición estandarizada de la psicopatía o han incluido en sus muestras una variedad demasiado amplia de tipos de delincuentes, y de los pocos que han sido evaluados correctamente, la mayoría no ha conseguido reducir la tasa de reincidencia. Según Lösel, el análisis de la psicoterapia en general y de las técnicas de modificación de conducta demuestra que, para que un programa sea eficaz, tiene que haber un vínculo emocional, cohesión del grupo, cooperación, una actitud abierta, expresividad, afirmación recíproca y una duración adecuada. No obstante, reconoció que "éstos son precisamente los criterios que los psicópatas no cumplen". Sin embargo, defendió la idea de que las intervenciones deberían aportar experiencias, procesos de aprendizaje y habilidades que les permitan expresar y controlar sus inclinaciones básicas de una manera no criminal. Los dos expertos propusieron que estos programas deberían apoyarse, entre otros principios, en una sólida base conceptual y teórica; evaluar profundamente al delincuente; seguir un tratamiento intensivo; darse en un entorno estructurado y distinto al institucional; desarrollar un clima y un régimen pro social en la institución; cubrir sus necesidades específicas; aplicar métodos basados en el principio de respuesta; seleccionar, formar y supervisar minuciosamente a los profesionales implicados, y ofrecer asistencia después del tratamiento para prevenir las recaídas.

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"Los programas -afirmó Ross- deben enseñar la empatía emocional para que los delincuentes puedan sentir los efectos que su comportamiento tiene en los demás, incluidas sus víctimas. El comprender (la empatía cognitiva) no es suficiente, particularmente en el caso de los psicópatas". TEMA IV DELINCUENCIA SEXUAL INTRODUCCIÓN Es tarea de la sexología y la psiquiatría forenses poder establecer los aspectos de la personalidad de un delincuente sexual y diferenciar un caso de otro al reconstruir con la mayor exactitud posible la génesis y dinámica del fenómeno criminal en particular. La personalidad del delincuente sexual, en este caso con características de modalidad serial, es el centro de nuestra investigación actual. De manera tal que, el examen de todas las manifestaciones del accionar, las motivaciones de la conducta delictiva, etc., deben investigarse en función de la personalidad total del individuo y su inseparable contexto social y el perito médico debe descubrir el valor y la significación que ese mundo adquiere para el delincuente. La significación y la intencionalidad de la conducta constituyen un todo organizado (portador de un sentido) que se dirige a un fin. Diremos entonces, que la conducta sexual delictiva es una conducta concreta del individuo, expresión de su relación con la víctima en un lugar (espacio) y en una fecha (tiempo) determinados. La dificultad del delincuente para aceptar la ley, significa desde el punto de vista social una alteración, violación o trasgresión de la norma establecida que implica una anomalía adaptativa en el desarrollo de su personalidad. El examen psiquiátrico general de los delincuentes sexuales seriales nos ha demostrado que el grupo mayoritario (80 al 90 %) no presentan signos de alienación mental franca, es decir, que son jurídicamente imputables. De ellos, la inmensa mayoría está compuesta por individuos con trastornos de la personalidad, psicópatas antisociales y/ o sexópatas con o sin perturbaciones sexuales manifiestas ya sea disfunciones sexuales y/o parafilias o desviaciones sexuales. Sólo algunos de este grupo, (excepción) hemos visto que presenten alteraciones neuróticas sobre todo de tinte obsesivo-compulsivas. El grupo minoritario, (10 al 20%) está compuesto por individuos que presentan graves problemas de personalidad de características psicóticas enajenantes, es decir, jurídicamente inimputables. La creencia de que el delincuente serial actúa siempre impelido por fuertes deseos sexuales, se ha visto desacreditada en la actualidad, al menos como explicación genérica. Otro tanto ocurre con la aseveración consistente en calificar a los agresores sexuales seriales como enfermos mentales alienados. La ausencia de enfermedad mental alienante sobre todo en los violadores es habitual, y por lo general, lo que se observa son individuos con conductas aprendidas en el marco de una socialización deficitaria. Debemos distinguir el desviado sexual (parafílico) del delincuente sexual (transgresor de normas jurídicas). Así por ej: un exhibicionista puede ser un delincuente y un parafílico; un masoquista puede ser un parafílico y no ser un delincuente, un proxeneta puede ser un delincuente y no un parafílico; un sádico puede ser un parafílico y puede ser o no un delincuente, etcétera. CONDUCTA DELICTIVA Semiología de la conducta delictiva Para poder realizar una pericia médica sexológica correcta sobre un delincuente sexual, en este caso serial, debemos partir de la realización de una buena semiología de la conducta delictiva. Para ello se debe tener en cuenta el actor y el acto delictivo (ver esquema). En el primer caso, por tratarse de un delincuente sexual, se debe hacer el examen de la víctima y el victimario, sobre todo de este último en lo referente a su biopsicogénesis individual y su sociogénesis o factor ambiental (mesológico); para configurar con su personalidad de base más las influencias ambientales, la historia vital que nos permita interpretar la criminogénesis o las causales para delinquir. En el segundo caso, se debe investigar el acto delictivo, para a través de los mecanismos utilizados observar la criminodinamia del delito. El acto delictivo se debe estudiar antes, durante y después del hecho. Por lo tanto, la conducta delictiva surge de la interacción entre un delincuente y un hecho delictivo. Para los fines prácticos se debe tener en cuenta un trípode inseparable:

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a) personalidad psicofísica del delincuente b) criminodinamia c) reacción del medio ambiente Empezamos por el análisis de la víctima y el victimario. La víctima En el examen de la víctima se deben tener en cuenta: Edad La edad no suele ser determinante para ser víctima de un delincuente serial en tanto y cuanto ésta cumpla con las expectativas y motivaciones que requiere el victimario. Número de agresiones. El agresor serial no suele tener un número límite de agresiones, por lo general el límite lo determina su detención o arresto. Cuando las agresiones cumplen con un ritual homicida, el cuerpo de la víctima es el testigo del hecho y lo que permite hacer la interpretación psicodinámica de la agresión. Cuando las agresiones terminaban en lesiones y, sobre todo, en atentados contra la libertad sexual, era un hecho común que las víctimas y testigos no hicieran la denuncia, con lo cual la impunidad del actor se prolongaba en el tiempo. En la actualidad se observa, en los tribunales, mayor número de denuncias que tiempo atrás y, la colaboración más eficiente de los testigos, favorece que el delincuente sea apresado mas rápido. Condiciones físicas No se han detectado condiciones físicas genéricas en las víctimas de los delincuentes seriales. Las características físicas de las víctimas dependen de la psicodinamia delictiva de cada actor. Es habitual observar que son mujeres jóvenes, no necesariamente bellas, con ciertas particularidades que encuadran dentro del ritual del victimario. Así las víctimas pueden ser niñas o niños, púberes, embarazadas, prostitutas, etc. Circunstancias de lugar y tiempo Los escenarios de los sucesos delictivos pueden ser variados y concordantes con la psicodinamia delictiva del delincuente. Así se observa, en general, que los delitos pueden ocurrir en lugares ocasionales o predeterminados. Los lugares ocasionales, son aquellos en que la víctima "aparece" en un momento no buscado pero que dadas las circunstancias y el hecho de cumplir con las "necesidades" del victimario, éste la agrede en el lugar que encuentra más apropiado a sus propósitos. Los lugares predeterminados, son aquellos que forman parte del "programa" que elabora el actor para satisfacer sus necesidades agresivas. Estos lugares pueden ser la residencia de la víctima, lugares exteriores como baldíos u obras en construcción u otros más sofisticados como colegios, conventos, oficinas, ascensores, etc. Con respecto al momento de ataque, se observa que el día de la semana, el momento del día o la hora tiene que ver con el cumplimiento de un ritual que satisface las necesidades del actor, en cuanto suelen ser recordatorios de algún hecho de significación personal, el aniversario de algo que se tiene que reivindicar o vengar, etc. Las lesiones producidas Las lesiones que se observan suelen ser: a) intimidatorias destinadas a acallar a la víctima o a someterla (contusiones en general);

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b) motivacionales del acto violento para satisfacer las necesidades agresivas (que van desde golpes, violaciones, hasta homicidios, etc.) a través de heridas, traumatismos, mordeduras, contusiones, estrangulamiento, etc; c) de ensañamiento como lesiones punzocortantes múltiples, golpes de cráneo, descuartizamiento, etc, así como marcas o leyendas que son como la firma identificatoria del autor, en franco desafío intelectual con los investigadores, o como forma omnipotente de vanidad delincuencial. En los casos en que se observan además lesiones genitales, paragenitales y extragenitales, se puede pensar en la motivación sexual de la agresión o en lesiones específicas de atentados contra la libertad sexual (delitos sexuales o contra la honestidad). En general el delincuente serial casi siempre tiene en forma primaria o secundaria una intencionalidad sexual en su agresión. El daño psíquico emergente Las víctimas que han sobrevivido al ataque de un delincuente serial por lo general suelen padecer por largo tiempo las consecuencias psíquicas al mismo. En la inmensa mayoría de ellas el daño psíquico emergente que presentan se traduce en perturbaciones mentales que requieren tratamiento psiquiátrico. Las secuelas habituales suelen ser fobias con perturbaciones sexuales cuantitativas de tipo disfuncional. Consecuencias de la acción policial y judicial Las denuncias que realizan las víctimas de un agresor serial suelen traerle efectos perniciosos ya que el interrogatorio, las declaraciones, el reconocimiento de sospechosos, el tener que aportar pruebas, los exámenes periciales, etc., la obligan a revivenciar el hecho. La curiosidad morbosa de la gente, de los allegados, conocidos, y hasta de amigos y familiares aunque con buena intención, actúan como factor realimentador traumático que le impiden la elaboración rápida del trauma psíquico. Si el hecho, por tratarse de un delincuente serial, tuvo repercusión pública, el asedio periodístico también suele ser un factor conflictivo para la víctima. Importancia del interrogatorio científico de la víctima Las víctimas de un agresor serial suelen describir mal a sus agresores quizás como producto del impacto del hecho que le ha acaecido. No obstante lo expresado, el interrogatorio de la víctima es de capital importancia para obtener datos que orienten acerca de la personalidad y características físicas del victimario, su estatura, edad, tipo constitucional raza, vestimenta, fisonomía, señas particulares, etc. El delincuente serial suele adoptar un comportamiento similar cada vez que ataca a sus víctimas. Suele vestirse de la misma manera particular, hecho que permite a veces su más fácil identificación, ya que las víctimas suelen coincidir en la descripción de su atuendo, así como con ciertos comportamientos que se reiteran en los distintos hechos que realiza. El victimario Cuando se estudia al actor debemos tener en cuenta los factores individuales (biopsicogenésis) y los ambientales o mesológicos (sociogénesis). Biopsicogénesis Se investigan factores tales como: Edad Los delincuentes seriales suelen ser adultos jóvenes o de mediana edad. Es raro observar a menores de 18 años y mayores de 50. Vestimenta Como se ha dicho, la vestimenta que luce el delincuente serial suele ser siempre la misma cuando realiza el acto agresivo. La vestimenta forma parte de un ritual que tiene un simbolismo particular para el agresor. Cada agresor utiliza un equipo personal. En general no es frecuente que el delincuente utilice un traje, salvo aquel caso en que el modo operandi requiere de tal vestimenta, por ejemplo, para seducir mujeres en confiterías de lujo y luego ir a un Hotel o la residencia de la víctima, drogarlas, robarles y eventualmente violarlas. Lo habitual es que usen pantalón, campera, zapatillas y algún atuendo destacado como pañuelo, bufanda, alguna cadenita, etc., y adopte algún gesto o actitud particular. Así en las crónicas aparece su identificación justo por estos hechos particulares "el de la campera de cuero negra", "el de la bufanda", etc. Estado civil Se observa que predominan los solteros, de personalidad inmadura e inestable, de 30 a 40 años, dependientes emocionalmente y habitualmente hijos únicos que conviven simbióticamente con su madre, por general viuda y dominante. Aspecto psicofísico Difícilmente el delincuente serial presenta la imagen del "perverso lombrosiano"es, por lo contrario, un individuo que a nivel social se comporta en forma cordial, se muestra saludable, seductor, educado, es por lo general inteligente y astuto, con lo cual su criminalidad pasa desapercibida en el ámbito de la comunidad y hasta para los conocidos y, si tiene un trabajo estable, también para sus compañeros laborales.

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Paralelamente, cuando desarrolla su "actividad delictiva", desdobla su personalidad, adopta otra identidad (en realidad la auténtica, ya que la social es una postura) y no sólo cambia su conducta social habitual sino que esta representación da paso a su verdadero comportamiento ritualizado y estereotipado que sigue los designios de su conducta perturbada y delictiva. Así se observa una serie de características especiales que lo identifican y a veces el periodismo lo apoda por ello con alias como "el loco del martillo", "el sátiro de la carcajada", "la viuda negra", etc. A nivel psíquico, suelen ser alfabetos, de buen cociente intelectual, algunos con nivel de estudios secundarios y hasta terciarios. En estos casos por lo general en forma incompleta por alguna frustración o conflicto. Excepcionalmente se han registrado seriales con características "lombrosianas" y de escaso nivel intelectual como el recordado "petiso orejudo". El lenguaje que suelen utilizar durante la ejecución del acto delictivo propiamente dicho es el de las amenazas, insultos, descalificación, agresión, procacidad, auto revalorización, venganza, etc. Ocupación Casi en todos los casos los delincuentes seriales tienen trabajos efectivos y se comportan en ellos en forma responsable, suelen ser puntillosos y cumplidores, obteniendo de los dueños, jefes o autoridades reconocimiento y buenas referencias. Algunos trabajan por su cuenta, otros tienen un buen pasar familiar y se dedican a tareas recreativas, hobbys, coleccionan objetos artísticos, poseen refinados gustos culturales o realizan acciones de beneficencia en la comunidad, en actitud paradojal con sus tendencias delictivas. Los que tienen hijos, suelen ser padres rígidos y autoritarios e imponen una férrea disciplina familiar con total oposición a los comportamientos transgresores que cumplen durante su actividad delictiva. MODALIDAD Modalidad de la actividad sexual La modalidad de la actividad sexual que realiza tiene que ver con la forma de compensar las dificultades sexuales que sabe que presenta cuando intenta una relación convencional. De manera tal que la agresión sexual ya sea violenta o intimidatoria suele ser un estímulo erótico compensador de la hiposexualidad que presenta habitualmente frente a una relación convencional. Si bien se ven ataques bajo la forma de violación, ya sea por vía vaginal o anal, también se observan, con bastante asiduidad, ataques sin acceso carnal, es decir, por ejemplo, a través de equivalentes agresivos sádicos con lo que logran la detumescencia orgásmica. Antecedentes penales Es raro que presenten antecedentes delictivos de otra índole, aparecen debutando con una serie de delitos similares que motivan su detención, a veces luego de largo período de búsqueda. Los que poseen antecedentes suelen ser por hechos similares en otras regiones del país o que fueron recientemente liberados y han reincidido rápidamente. Así como hay delincuentes seriales que presentan una doble vida entre la imagen social y la delictiva, se encuentran también algunos que tienen una doble vida dentro del ámbito delictivo, es decir, presentan una "carrera" delincuencial habitual, casi siempre como ladrones y la "auténtica" de agresor serial. A veces utilizan la primera para lograr la segunda. Personalidad social No es cierto la noción generalizada de que estos delincuentes sean torpes y agresivos o con antecedentes de conductas sociales violentas y meros libertinos sexuales. Es de excepcional observación que las conductas delictivas seriales se den en pornógrafos o "liberados sexuales" o personas que se vanaglorian socialmente de su vida sexual abiertamente. Lo habitual es que se dé en reprimidos sexuales, introvertidos, timoratos, mojigatos, misóginos o dependientes afectivos, sobre todo de la madre. ESTADO MENTAL No es común ver delincuentes seriales francamente alienados (psicóticos), lo habitual es ver trastornos de la personalidad y delincuentes psicópatas instintivos sobre todo a nivel gregario y sexual, es decir, que descargan su agresión contra lo humano del medio circundante al que no se adaptan. Las variantes esquizoide e histeroparanoide son las de mayor prevalencia. El delincuente serial por lo general se mimetiza en el medio social para pasar desapercibido, como ya hemos dicho. Los neuróticos obsesivo-compulsivos si bien están descriptos, no son de observación tan frecuente como habitualmente se cree. Factores ambientales Sociogénesis Se deben investigar también los factores ambientales que han influido para forjar el desarrollo de la personalidad básica del actor. Para ello se debe tener en cuenta: 1) la personalidad del individuo que delinque y 2) su inseparable contexto social. La personalidad del delincuente debe ser el centro de nuestra investigación, porque es la unidad a la que quedan referidas todas las manifestaciones de su accionar: conducta, motivación, etc., por lo tanto el estudio de la

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conducta delictiva debe hacerse en función de la personalidad total del individuo (comportamiento de acuerdo a su historia vital) y su inseparable contexto ambiental, muchas veces socialmente deficitario. La dificultad del delincuente para aceptar la ley implica dificultades en el desarrollo de su personalidad. A su vez, desde el punto de vista social, significa una alteración, violación o transgresión de la norma establecida. En el caso del delincuente sexual serial no siempre se encuentran circunstancias socioambientales desfavorables que hayan influido decididamente para explicar su conducta delictiva. En la inmensa mayoría de los casos se observa que la psicogénesis (traumas psíquicos personales) tiene mayor predominancia que la sociogénesis (factores ambientales). No obstante ello se debe investigar el marco social donde el delincuente se crió, es decir, su grado de educación y escolaridad, su relación parental, el grado de marginalidad social, experiencias laborales, abandono familiar, antecedentes delictivos de menor, etc. Siempre se ha insistido en acentuar la diferencia que existiría entre el individuo delincuente y el hombre socialmente adaptado. Sin entrar en polémicas estériles se puede decir que es evidente que existe en el delincuente una historia personal con determinadas características, un contexto social y ciertas disposiciones que fallan en determinadas circunstancias que explicarían las conductas delictivas en general y las sexuales en particular. Criminogénesis La criminogénesis, o la explicación de las causas que tuvo el delincuente sexual serial para delinquir, es la resultante del estudio de su historia vital, es decir, que tiene importancia capital el perfil de personalidad básica del actor (factor individual o biopsicogénesis) y de las influencias ambientales (factor mesológico o sociogénesis). Así, se observan con frecuencia alteraciones psicopatológicas de cierta significación. Como ya dijimos, son individuos inestables, inmaduros, proclives a la agresividad frente a la frustración, hostiles, reprimidos, con baja autoestima, necesitados de afecto, inseguros, timoratos, temerosos, etc. En el caso particular del violador serial típico se observa habitualmente una personalidad agresiva con fuerte componente sádico y con gran hostilidad consciente o inconsciente hacia la mujer (sentimiento de inseguridad) y temor sobre su masculinidad. Se debe recordar que el violador se diferencia del sádico genuino en que aquél ejerce la violencia para someter a la víctima posesivamente (penetración peneana) a diferencia de éste que puede obtener placer por la violencia ejercida sobre la víctima aunque no medie la penetración, es decir el objetivo es la violencia. El hecho sexual punible está dado por la actividad sexual ejecutada mediante violencia, engaño, coacción física o psíquica a otra persona o con un menor de edad. El violador serial no suele presentar las manifestaciones clásicas del violador ocasional, es decir, las del psicópata impulsivo o explosivo, el alcohólico, el deficiente mental, el psicótico, o los violadores culturales (culto de la fuerza, el poder y el machismo), que ejerce el acto violatorio porque su impulso o las circunstancias se lo posibilitan. El acto violento sexual responde, en general, a la necesidad del delincuente sexual serial de: a) Reafirmar su poder en el sometimiento de la víctima que siente que lo ha traicionado (por lo menos en sus fantasías). El acto violento viene a compensar o reafirmar su dominio (superioridad sexual) frente a la inseguridad sobre su capacidad que lo tortura. (compensación con un "plus" de un "mi-nus"). b) Lograr una gratificación orgásmica libidinal en el sometimiento, es como la "solución última" del violador frente a su conflicto para obtener placer orgásmico. La utilización de la fuerza (agresión) tiene por objetivo la detumescencia, ya que a través del peligro o la violencia logra lo que no consigue en una actividad sexual convencional. c) Afirmación sociocultural machista en forma excepcional ya que habitualmente esta necesidad se expresa a través de violaciones en gavilla como una forma grupal de prepotencia masculina para reafirmar la identidad sexual escudándose dentro de un grupo de protección. En el caso de los delincuentes seriales, esta expresión es poco frecuente ya que casi siempre actúan solos. De manera tal, que las motivaciones más comunes que se observan en los delincuentes seriales para la ejecución del acto agresivo según la personalidad del agresor son: LA HOSTILIDAD El agresor hostil emplea por lo general más violencia de la necesaria para consumar el acto, de modo tal, que la excitación sexual es consecutiva de la propia exhibición de fuerza al tiempo que es una expresión de rabia hacia al agredido, es decir, debe infringir daño físico a su víctima para lograr excitación sexual. Es un agresor por venganza o reivindicación que quiere desquitarse mediante la agresión de todas las injusticias reales o imaginarias que ha padecido en su vida. Puede encontrarse antecedentes de haber sufrido malos tratos en la infancia, ser hijo adoptivo o de padres divorciados. Su percepción de sí mismo es la de "macho", suele estar casado y es descripto por su familia como impulsivo y violento. Es frecuente la observación que cuando estos individuos realizan actos agresivos sexuales, éstos suelen estar precedido por algún conflicto anterior recurrente que les detona la agresión. Luego se descargarán contra la víctima empleando cualquier arma a su disposición y ejecutarán sobre ella (a la que pretenden atemorizar)

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cualquier vejación y humillación y, por venganza proyectada, pueden llegar hasta el asesinato si ésta opone mucha resistencia. Los asaltos pueden tener una ritmicidad de semanas a meses. La afirmación El agresor dependiente utiliza la violencia para afirmar su poder en un intento de elevar su autoestima. Cuando se trata de un minusvalente sexual vemos que se impone como meta la posesión sexual violenta de su víctima como forma de compensar la frustración que siente y vive. Por la sistemática mala elección que realiza del objeto amoroso suele sufrir desaires reiterados bajo la forma de rechazo, burla o desprecio. Este hecho va minando su capacidad adaptativa ya que se frustra ante cualquier acercamiento amoroso que intenta. Luego, frente a la incapacidad de obtener el objeto deseado a través de la seducción, actúa utilizando la violencia para lograr su objetivo y reafirmar así su poder sometiendo a la víctima. Frente al despecho, el actor motivado fundamentalmente por el deseo de demostrar a la "traidora" su competencia sexual, la hace víctima de una agresión reivindicatoria. Como su inadecuación emocional se mantiene, nuevamente "elige" mal a sus presuntas parejas tornándose un agresor serial. Es decir, la violencia sexual es el medio por el cual el sujeto afirma su identidad personal y sexual. No obstante ello, por las características de su personalidad, suele ser el menos violento de los agresores sexuales (premedita y rumea largamente la decisión del acto agresivo) así como también es el menos competente desde el punto de vista social. Este tipo de agresor suele aparecer como un individuo de bajo nivel cultural, tiende a permanecer soltero y a vivir con sus padres. Tiene pocos amigos, no logra pareja sexual estable y usualmente es una persona pasiva, poco atlética. Algunos presentan desviaciones sexuales como el fetichismo, transvestismo, exhibicionismo, voyeurismo o disfunciones sexuales como la impotencia erectiva o la eyaculación precoz. Su agresión sexual es una materialización de sus fantasías, de ahí que opere bajo la idea de que sus víctimas realmente disfrutan de la violencia sexual en forma oculta, razón por la cual, pueden llevar o conservar un diario de sus asaltos. Estos asaltos suelen continuar por sus problemas de personalidad hasta que es atrapado. El sadismo sexual La violencia sádica no suele ser la expresión de una explosión de agresión, sino un asalto premeditado. La perpetración de lesiones a la víctima provocan en el agresor una satisfacción sexual ascendente en modo de espiral a medida que avanza la agresión. La agresión sádica, en la inmensa mayoría de las veces, no tiene expresión coital (verdadero sadismo). Cuando se trata de un violador con características sádicas, vemos que éste utiliza la agresión en forma desplazada, ya que la víctima no suele jugar ningún rol directo en el desencadenamiento de la agresión porque no es la fantasía de posesión sexual la que motiva la agresión inicial. Aquí la violación tiene el sentido de agraviar y humillar a la víctima empleando el sadismo. De todos los tipos de violadores es el más peligroso. El propósito de la violación es la expresión de sus fantasías sexuales sádicas (no por deseo coital) y tiende a dañar a sus víctimas psicofísicamente a través del coito para lograr su fin. Muchos tienen una personalidad antisocial y son agresivos en su vida diaria. Suelen tener antecedentes de malos tratos familiares y provenir de hogares desorganizados y con padres proclives a las desviaciones o represiones sexuales, situaciones por ellos experimentadas. De especial interés resulta el hallazgo de que las personas con trastorno sádico de la personalidad suelen registrar historias de abusos físicos o sexuales en la infancia, de abandono, hospitalización prolongada, de muerte o separación parental, etc. En la edad adulta pueden estar casados y ostentar una posición social de clase media, gozando a veces hasta del respeto de sus vecinos. Se trata de una persona inteligente que planea bien sus asaltos y que no es fácil de apresar. Su agresión está dirigida a disfrutar horrorizando a la víctima, de ahí que utilice parafernalia variada y un ritual de ejecución. Puede ir perfeccionando el mismo y llegar a matar a sus víctimas convirtiéndose en un "serial killer" (asesino en serie). La periodicidad de sus ataques no está establecida y dependerá de los planes que establezca, las motivaciones de los mismos, el uso de drogas, y/o alcohol, etc. La agresión como rasgo de personalidad, está reconocida desde hace mucho tiempo, pero no existe todavía el diagnóstico clínico correspondiente. Los rasgos de personalidad sádica fueron descriptos por analistas como K. Horney y E. Fromm y conductistas como Millon que habla de la personalidad agresiva. El trastorno sádico de la personalidad se encuentra incluido en el DSM IV dentro de las categorías propuestas que requieren estudios ulteriores (trastornos pasivo-agresivos). Para nosotros, la personalidad sádica tiene un patrón de conducta cruel, vejatoria y agresiva utilizada con el fin de establecer una relación dominante.

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Este tipo de conducta, esta "manera de ser" es egosintónica, por lo que el sujeto no buscará atención médica y solamente si se ven envueltos en algún problema con la justicia (por ej., maltrato a la esposa o los hijos o cualquier otra consecuencia derivada de su conducta sádica) serán evaluados médicamente en un contexto forense. Por lo expuesto, pensamos que debe llevarse a cabo un estudio psiquiátrico pormenorizado de la personalidad de estos sujetos para destacar la presencia de un trastorno de la personalidad (antisocial, paranoide, narcisista), si tiene dependencia de drogas o antecedentes de episodios psicóticos de características básicamente esquizofrénicas, así como también la posibilidad de encontrarnos con un caso de simulación (aparentar ser psicótico). El impulso sádico no siempre es la expresión de una personalidad sádica y tendría distintas interpretaciones de acuerdo al diagnóstico del trastorno que presente el actor. Cuando el impulso tiene una intencionalidad determinada se trasunta por una conducta sádica. Así la conducta sádica derivada de un proceso psicótico (por ej., esquizofrénico) siempre que exista relación directa demostrada entre la acción y la patología psicótica debe estar incluida como un síntoma más dentro del más amplio cuadro clínico que se padece (alucinaciones o vivencias delirantes). A veces debuta con crimen inmotivado de inusitada violencia, que en algunos casos puede ser la más extrema, dependiendo del trastorno psiquiátrico al que se encuentre ligada. La impulsividad El agresor impulsivo, no es habitual encontrarlo entre los seriales ya que la acción es el resultado de aprovechar "la oportunidad" que se le presenta en el transcurso de otros hechos delictivos, como por ejemplo, el robo, la violación de domicilio, el encontrar sola a la víctima, etc., hecho que no responde a la modalidad delictiva de los delincuentes seriales. De manera tal, que se debe distinguir el agresor sistemático (patrón de conducta) del agresor ocasional que lleva a cabo su agresión bajo la influencia de un impulso (a veces sádico) o algún tóxico (alcohol y /o drogas) o por alguna circunstancia imprevista o por presentar algún trastorno mental agudo o transitorio. La degradación El agresor degradador, que produce delitos ritualizados y reiterados, somete primero a la víctima a una seducción o acoso iterativo, no se preocupa por ocultar su identidad ya que especula con el temor que despierta en la víctima y hará que ésta calle a través de la intimidación, la coacción o por sentir vergüenza. La violación surge así como inevitable y la violencia puede incrementarse con las violaciones subsiguientes, llegando a planear ciertos aspectos de las mismas como ir armado o ejercer un sinnúmero de coacciones sobre la víctima, la que se siente degradada e indefensa ante cada nueva agresión. El acto delictivo Criminodinamia En el estudio de la criminodinamia se debe tener en cuenta: a) La caracterización del delincuente No se trata de una entidad nosológica propia. Seeling los denomina "delincuentes por falta de dominio sexual" y agrupa a violadores, incestuosos, pedófilos, exhibicionistas, sádicos, masoquistas, homosexuales, zoofílicos, voyeristas, transvestistas, etc. Nosotros observamos que sólo algunos son básicamente parafílicos o desviados pero casi todos son astutos y temerarios. No son frecuentes los cuadros de alienación entre estos delincuentes, así como tampoco suelen encontrarse drogadictos ni alcohólicos. El delincuente sexual serial es peligroso por su "forma de ser", su conducta delictiva es egosintónica con su personalidad anómala (no necesariamente enferma), y la proclividad a la agresión sexual, con secuencias temporales del ataque sin cómplice. Las conductas agresivas son voluntarias y sin compulsiones, con un móvil de gratificación personal y no económica. Es frecuente observar que coleccionan objetos de sus víctimas sin valor económico. Son proclives a la reiteración de delitos similares (patrón de conducta). No realizan otros delitos, y son raros los actos de pillaje. Entre los mecanismos utilizados con más frecuencia por los delincuentes sexuales seriales se encuentran: b) Armas utilizadas El sujeto delincuente serial suele actuar en silencio, de allí lo infrecuente de la utilización de armas de fuego. Lo usual es el empleo de un arma blanca (cuchillo, navajas, destornilladores, etc.) ya sea para amenazar, intimidar, o eventualmente, dar muerte a su víctima. En este último caso es frecuente la utilización de la asfixia mecánica o los golpes en el cráneo. c) Lugar de elección del ataque El delincuente serial actúa casi siempre siguiendo un ritual, dentro de una misma zona a la que estudia puntillosamente y que tiene una significación especial dentro de todo el contexto delictivo.

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Es como un coto de caza que conoce perfectamente y que investiga en sus mínimos detalles y en la cual "elige la presa" que debe encuadrar dentro de su patrón delictivo o cumplir con sus necesidades impulsivas particulares. Para ello algunos agresores seriales llevan un diario de sus víctimas, un plano de los lugares donde van a llevar a cabo sus ataques, o un mapa detallado de los puntos donde ya los hayan realizado. Es común también, que informen a los investigadores de sus crímenes o a los periodistas sobre los hechos que realizan dándoles pistas sobre los hechos que han realizado o avisando sobre los que están por realizar, en abierto desafío intelectual, compitiendo en astucia, hecho que los lleva a exponerse cada vez más peligrosamente "jugando al gato y el ratón" lo que les despierta un enorme placer sadomasoquista y un oculto deseo inconsciente de ser atrapado y castigado. d) Planificación y lugar de acecho No es habitual encontrar (contra la creencia popular) que la reiteración de actos delictivos sean el producto de conductas irrefrenables o compulsivas en estos delincuentes. Todos los casos que hemos observado premeditan cuidadosamente los hechos y se toman todo el tiempo que sea necesario para cumplir con el ritual que satisface sus necesidades. Sólo si fracasan en su plan por algún imponderable, se frustran y hasta pueden llegar a descontrolarse, pero es habitual que controlen sus impulsos para lograr sus objetivos y no se exponen desaprensivamente a ser atrapados (como ocurre con los compulsivos) salvo que en la lucha u obstinación por cumplir con el ritual del plan elaborado egocéntricamente o por presentar un franco desafío con la autoridad, se expongan a ser atrapados en un juego peligroso de vanidad y omnipotencia. Los lugares de acecho suelen ser los vehículos públicos, la calle, las circunstancias de encuentros ocasionales "con la futura víctima", lugares de recreación como bailes, confiterías, bares, etc. e) Medio de movilización Utilizan el medio de movilidad que mejor se ajusta a sus necesidades delictivas. Pueden ir a pie, en bicicleta, moto, vehículos públicos (sobre todo si allí viaja la víctima y desciende con ella), y mucho más sofisticadamente en su automóvil, donde reúne y tiene preparados los elementos que requiere su plan. f) Modus operandi En general se realiza a través del ataque sorpresivo o el traslado de la víctima bajo amenaza de arma al lugar que tiene establecido para consumar el hecho. No obstante, se han observado también formas más sutiles, como la seducción, el engaño, la coacción, etc., siendo una conducta premeditada, anterior a la ejecución del acto delictivo propiamente dicho. Reacción del mundo circundante Cuando el hecho delictivo serial toma conocimiento periodístico o social, se produce el pánico en el ambiente. A veces, aparece la patrulla de vecinos que exigen castigos severos (pena de muerte). La histeria colectiva estimulada por la imaginación favorece las falsas denuncias y acusación a inocentes. En algunos casos se ha visto la atracción sexual de algunas mujeres por el criminal con el que llegan hasta formar pareja (enclitofilia de Loccard). Conducta delictiva De la interacción entre el delincuente y el delito que comete surge la conducta delictiva de ésta debe evaluarse en general el antes, el durante y el después del hecho. El asesino serial que habitualmente se observa, es por lo general un varón introspectivo, tranquilo, reservado, distante, de buenos modales, agradable, sin amigos, solitario en sus decisiones, hipobúlico, tímido, estudioso. Suele ser fácilmente descartado como sospechoso por su historia de persona pasiva que no reacciona frente a la violencia. Ordenado, meticuloso, pulcro, es común que no fume, beba ni consuma drogas y si lo ha hecho, no es un adicto. Suele ser mojigato y condena la obscenidad, la vulgaridad y las palabras soeces. Es particularmente propenso a delinquir cuando ha sufrido una pérdida en su autoestima, se han burlado de él, ha sido rechazado sexualmente o han cuestionado su masculinidad. Compensa con el acto delictivo esta situación de minusvalía recuperando su narcisismo, su egocentrismo y su vanidad hasta estar convencido de su poder al llevar acabo sus delitos y escapar de las investigaciones policiales por ser más inteligente. Quiere ser notorio antes que ignorado, y pasar a la historia como el criminal más importante (vanidad delincuencial). Es por ello que suele hablar, leer y hacer comentarios a personas sobre las noticias que se refieren a su accionar (antes de ser capturado) manifestando opiniones punitivas muy fuertes sobre lo que se debería hacer con el asesino cuando lo detuvieran. Tras una fachada distante existe una profunda agresividad que no puede expresar. Imagina escenas que luego interpreta en sus agresiones. Su inteligencia le permite planear detalladamente el delito con mucha anticipación para luego poder evitar con éxito las investigaciones policiales. En el momento del crimen se excita mucho, se transforma, adquiere la seguridad que le falta y el impulso sexual asume el control de sus acciones.

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Por lo general, luego del hecho no tiene remordimientos, no tiene piedad por sus víctimas ni está preocupado por las connotaciones morales de sus actos a los que alude sin mayor resonancia afectiva. De manera tal que el delincuente serial de modalidad sexual habitual no es un psicótico, ya que conoce la naturaleza y la calidad de sus actos y sabe que son malos. No sólo no cometería el hecho si hubiera alguien que lo viera, sino que tampoco lo haría si pensara que hay alguna posibilidad de ser apresado. Algunos autores hacen hincapié que los asesinos seriales están obsesionados con fantasías sexuales desde mucho tiempo antes de la realización de los asesinatos, hecho que tiene importancia capital, por cuanto, por un lado comparten importantes similitudes con otras parafilias como el exhibicionismo y la pedofilia y por otro, porque nos sitúa en el camino de la comprensión psicodinámica de la conducta del sujeto. No obstante ello en el análisis del delincuente sexual serial se deben tener en cuenta todos los factores y no se debe descartar el estudio completo de su personalidad, debiéndose incluir el examen neurológico de su cerebro ya que puede existir la posibilidad de que presente una desinhibición instintiva consecutiva a una patología cerebral grave. Algunas consideraciones médico legales En psiquiatría forense es de capital importancia tener un concepto claro sobre términos como agresión y violencia, sobre todo para comprender, desde el punto de vista sexológico, la problemática de la violencia sexual. La agresión implica el ataque a una persona con la intención de causarle daño, es decir, es la conducta por la cual una persona inflige daño a otra. Frente a lo objetivable (conducta), surge la necesidad de explicar la intención (motivos). La violencia es, como la agresión, una conducta que produce daño, pero existe la tendencia a utilizar el término violencia cuando la acción es muy intensa e involucra a múltiples víctimas. Toda conducta violenta es mejor comprendida como el resultado de una interacción entre la personalidad previa del actor, su estado actual, su situación interpersonal y el contexto social en que desarrolló el acto agresivo. Los actos de violencia contra las personas por motivos sexuales (al decir de Mayer-Gross, 1958) constituyen una parte importante de todos los delitos serios y pueden llegar a adquirir las formas más inhumanas de asesinato. El crimen por placer constituye casos extremos de sadismo donde la víctima es asesinada y a veces mutilada con el fin de provocarle al ejecutante gratificación sexual (orgasmo por el acto violento y no por acción coital). En ciertas ocasiones un cuadro de automutilaciones puede inducir a error en el diagnóstico diferencial con el homicidio sádico. Aunque las automutilaciones son raras en sus formas letales, pueden representar un problema diagnóstico en medicina legal, puesto que pueden simular un crimen sádico. Lo importante con relación a la asfixia sexual es lo relativo al diagnóstico diferencial, dado que la víctima de asfixia sexual puede serlo de un homicidio secundario. Una agresión sexual (por ej., violación) puede terminar en homicidio por estrangulamiento. La observación de criminales seriales con motivación sádica no es frecuente. Tampoco es habitual encontrar insanos (alienados o enajenados de larga data) entre los seriales. Lo que es frecuente es hallarlos en la literatura y la bibliografía. Allí se citan ejemplos temibles de asesinos sádicos que degüellan, decapitan, estrangulan, o mutilan a sus víctimas con más o menos ciega impulsividad o con un refinamiento llevado al máximo de crueldad. Algunos de estos casos descriptos buscan un tipo definido y concreto de víctima; otros matan en forma indiscriminada y en serie, muchos buscan niños, otros animales. Se trata de individuos que suman, a la tendencia homicida, un auténtico interés sexual sustitutivo de la finalidad sexual adecuada, ya que su sexualidad es deficitaria o permanece insatisfecha. De ahí que los homicidas suplan esta insatisfacción inasequible, como parece ser el célebre caso del Mariscal de Francia, Gilles de Rais, que pasó de valeroso guerrero y pródigo hacedor de conventos e iglesias a un pedófilo que degollaba luego a sus víctimas para utilizar su sangre en prácticas mágicas y luego quemar sus cadáveres. Entre ellos, hay que citar también a aquellos que comen parte de la carne de sus víctimas o que beben su sangre, asociando a su sadismo supervivencias de una sexualidad digestiva (mezcla de los instintos de nutrición y reproducción). Hay casos célebres, como el de Peter Kürten, el asesino de Düsseldorf ,que fue juzgado por nueve crímenes y que confesó muchos más. Había comenzado sádicamente su carrera delictiva torturando animales en la infancia y a los nueve años realiza su primer crimen cuando impidió volver a bordo a un compañerito que se cayó de una balsa mientras se estaban bañando. Fue luego agravando sus crímenes al ver que no llegaba al orgasmo con actos de menor violencia. En general, lo que se observa es que el delincuente sádico usa la violencia como medio para conseguir lo que quiere (dinero, poder, sexo, etc). La humillación de la víctima y el causarle dolor se constituye en el componente integral de su satisfacción sexual (verdadero sadismo).

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El agresor hostil por reivindicación es de frecuente observación ya que estos individuos realizan actos agresivos sexuales seriales por venganza proyectada y puede llegar hasta el asesinato como respuesta agresiva a su sentimiento de perjuicio. El agresor dependiente es también de observación frecuente. Utiliza la violencia para reafirmar su poder porque se trata de un incompetente sexual que necesita ejercerla sobre su víctima como intento de reparar la frustración sexual histórica, que a pesar de las reiteradas agresiones nunca la llega a compensar. El agresor impulsivo, no es habitual encontrarlo entre los seriales ya que la acción es el resultado de una situación ocasional o para aprovechar "la oportunidad", que se le presenta en el transcurso de otros hechos delictivos, por lo que no sigue el patrón habitual que se observa en los seriales. El agresor degradador se observa con cierta frecuencia y produce delitos ritualizados y reiterados para someter primero a la víctima a una seducción o acoso iterativo, y luego planear la acción violenta para degradar y hasta aniquilarla con profundo desprecio. Cualquiera que sea la motivación sexual que lleva al delincuente a reiterar sus agresiones sexuales, al examen pericial que nos solicita el magistrado debemos poder precisar el diagnóstico psiquiátrico forense de las facultades mentales del actor al momento del hecho que se le imputa. La comprensión suele estar conservada en todos los trastornos psicosexuales, salvo el caso de algunos oligofrénicos, en demencias con trastornos orgánicos de la personalidad y ocasionales cuadros psicóticos. También debe valorarse la situación del conocimiento bajo la influencia de sustancias tóxicas como el alcohol y/o drogas. En general lo único que hacen los tóxicos es aflorar la patología de base, por lo tanto, en la mayor parte de las ocasiones, el sujeto conoce lo que realiza y el valor antijurídico de su conducta. Más complejo es el estudio de la actividad de la voluntad de los sujetos que, llevados de su trastorno psicosexual, llegan a la comisión de un delito en situación de compulsión. En estos casos la conducta sexual perturbada se expresa como un patrón de comportamiento que se reitera y se sistematiza frente a los estímulos sexuales que "detonan" la compulsión, hecho que los torna a veces reincidentes y peligrosos. A medida que se tornan inimputables su tratamiento suele ser más dificultoso, a veces estéril y aumenta paralelamente su grado de peligrosidad. La imagen del sexópata agresivo y compulsivo, insaciable en su necesidad de ultrajar y/o asesinar a sus víctimas, no es un hecho habitual o común dentro de la delincuencia sexual. La mayoría de los agresores sexuales no matan a sus víctimas, solamente disfrutan o gozan con el placer que le determina su conducta sexual perturbada. Por lo tanto, deben diferenciarse las perturbaciones sexuales sintomáticas, dadas en una personalidad psicótica o con disturbios mentales graves (oligofrénicos, trastornos de la personalidad con las distintas variantes psicopáticas, la estructura bordeline y los episodios o reacciones vivenciales anormales), de los perturbados sexuales genuinos, cuya disfunción y/o desviación o parafilia configura un patrón sexual impulsivo o una estructura sexopática de difícil modificación. En resumen: el examen pericial psiquiátrico sexológico del delincuente sexual serial requiere un meduloso estudio para llegar a las conclusiones médico-forenses que como asesores nos requiere la Justicia. El Tribunal, en última instancia, es el que decide sobre la imputabilidad o no del delincuente. Dr. Juan Carlos Romi Bibliografia 1. 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20. Karpmann, El crimen sexual, sus motivaciones, Ed. Hormé Bs As, 1972. 21. Karpmann, El delito y los delincuentes sexuales, Ed. Hormé Bs As, 1972. 22. Kolodny y col, Tratado de Medicina Sexual, Ed. Salvat, España, 1982. 23. Lopez Ibor, El Libro de la Vida Sexual, Ed. Danae, Madrid 1966. 24. Mc Cord, El Psicópata, Hormé, 1967. 25. Masters Johnson, Homosexualidad en perspectiva, Intermédica, Bs As, 1976. 26. Mc Cary, Sexualidad Humana, Ed. Manual Moderno, 1978. 27. O.M.S, CIE 10 Trastornos Mentales y del Comportamiento, Madrid, España, 1992. 28. Pellegrini, Sexología, Morata, España, 1966. 29. Poggi V, Bruno A, Romi J.C, Consideraciones médico-legales de las disfunciones sexuales, Revista de Psiquiatría Forense Sexología y Praxis, Año 2 Vol. 2 Nro. 3 pág. 198-207. 30. Romi, Conducta Sexual de los Alienados, Asociación Argentina de Sexología, Bs. As, 1970. 31. Romi, La Relación Sexual Humana, Rev. El Día Médico, Año XLV Nro. 45 Bs. As. 1973. 32. Romi, Enfoque Integral de la Homosexualidad, Rev. Neuropsiquiatría 1975, VI (4), Bs. As. 33. Romi, Delimitación Conceptual de las Per El delincuente sexual serial, J. C. Romi turbaciones Sexuales, Tesis de doctorado Facultad de Medicina, UBA, Bs. As. 1980. 34. Romi, Sexualidad y Alcoholismo, Rev. Neuropsiquiatría, 1982, XIII 1-100(1-2). 35. Romi, Las Perturbaciones Sexuales: Reflexiones sobre su delimitación Conceptual, Rev. Neuropsiquiatría, 1982, XIII 1-108 (3). 36. Romi, Niveles de Prevención para el Bienestar Sexual, Rev. Alcmeón, 4:466-478, 1991. 37. Romi, Curva de Autoevaluación Sexológica, su aplicación en Sexología Forense, Rev. Almeón, Vol. 2 Nro.2 241-266, 1992. 38. Romi, Las Parafilias. Su delimitación conceptual, Rev. Psiquiatría Forense, Sexología y Praxis, Año V, Vol. 1 Nro. 1 pág. 45-49. 39. Romi, Reflexiones sobre la conducta sexual delictiva, Rev. Psiquiatría Forense, Sexología y Praxis, Año 2 vol. 2 Nro. 2 pág. 117-130, 1995. 40. Romi, El agresor sexual, Publicado en el Libro de los Resumenes II Congreso Internacional de Psiquiatria de la AAP, Bs. As. 1995, pág, 30, mes de octubre 41. Von Krafft-Ebing, Las psicopatías sexuales, 2 tomos, Ed. Sagitario, 1970. 42. Von Hentrig, La criminalidad del Homófilo, Espasa Calpe, 1976. 43. Von Hentrig, La Criminalidad de la Mujer Lésbica, Espasa Calpe, 1976. 44. Von Hentrig, El Hombre Necrótopo, Espase Calpe, 1976. TEMA V LA POLICIA ANTE EL ASESINO EN SERIE Y LOS PSICOPATAS “La agresión maligna no es instintiva sino que se adquiere, se aprende. Las semillas de la violencia se siembran en los primeros años de la vida, se cultivan y desarrollan durante la infancia y crecen estimuladas por los ingredientes crueles del medio hasta llegar a formar una parte inseparable del carácter adulto. Los seres humanos heredamos rasgos genéticos que influyen en nuestro carácter. Pero nuestros complejos comportamientos, desde el sadismo al altruismo, son el producto de un largo proceso evolutivo condicionado por las fuerzas sociales y la cultura.” Luis Rojas Marcos, “Las semillas de la violencia”. INTRODUCCION ...” Cielos, la maté demasiado rápido. No me tomé tiempo para disfrutar, para torturarla. Debería haberla atado de una manera distinta, estudiando un modo diferente de asaltarla.” Cuando sigue este hilo de pensamiento, su mente se proyecta hacia delante para ver cómo podría asesinar con mayor perfección la próxima vez; hay un perfeccionamiento continuo. Robert K. Ressler y Tom Shachtman, “El que lucha con monstruos” El investigador hace diligencias para descubrir una cosa, o realiza actividades intelectuales y experimentales de modo sistemático con el propósito de aumentar los conocimientos sobre una determinada materia. Otra definición propia de la labor de investigar es aclarar la conducta de ciertas personas sospechosas de actuar ilegalmente. Desde el comienzo de la historia se han producido hechos deleznables que parecen inherentes a la condición humana, y como tales la sociedad, para protegerse, ha ido creando sus propios medios de defensa para combatirlos y otros para entenderlos aún con el mismo fin. Ante el homicidio la Ley castiga, pero es el último eslabón al que se llega tras una labor de investigación que no siempre llega a buen puerto por motivos varios. El conocimiento de algunas tipologías de homicidios es en ocasiones fundamental para conseguir el fin deseado, que es descubrir al autor de los hechos. En éstos casos conocer la personalidad del autor, cómo piensa, cómo actúa, es parte importante de la labor investigadora, y cómo no, se debe conocer básicamente algunos de los conceptos que ayudarán a realizar un perfil exitoso del criminal.

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Hay crímenes que por sus características y ausencia de un modus operandis, crean un serio problema al investigador al cerrársele las vías de investigación. En los crímenes en serie violentos el motivo es desconocido para éste por lo que tendrá que solucionarlo acercándose en la dirección opuesta, es decir, conociendo perfectamente la conducta del agresor. Cuando se habla de conductas de la personalidad, inevitablemente se dirige la mirada a los expertos en materia de salud mental. En Estados Unidos desde hace muchos años se complementa la labor del investigador con la realización de perfiles de los criminales, y con éste fin se crearon unidades específicas como el BSU (Unidad de ciencias del comportamiento), o el CPRP (Proyecto de investigación de la personalidad criminal). Quizás la sociedad no esté todavía concienciada de la importancia del problema que entrañan estos individuos y solo se produzca la alarma social cuando los medios de comunicación se hacen eco de alguno de los crímenes violentos que se producen, pero hay muchos de ellos que se quedan archivados en los juzgados sin resolver, y que decir tiene de los cientos de personas que siguen desaparecidas. No hace mucho tiempo en una tertulia radiofónica, expertos en la materia hacían referencia a la posible existencia de casi media docena de asesinos en serie en el Estado. Muchas de las definiciones y características siguientes ya han sido estudiadas en temas anteriores, no obstante para mejor fijación a lo largo de este tema se volverán a tratar, desde similar o distinto enfoque. CONCEPTOS. A la hora de abordar el tema de los asesinos en serie, tanto el investigador neófito en éste tipo de hechos como cualquier otra persona interesada en comprender el comportamiento de éstos sujetos y sus hechos, descubre la complejidad que entraña este apartado de la tipología criminal, descubriendo nuevos términos que van desde las meras definiciones policiales a complejas definiciones psiquiátricas y descripción de pautas de comportamiento. Términos como trastorno antisocial de la personalidad, sicótico, psicópata, sociópata, esquizofrenia, DSM IV, etc.. O asesino múltiple, asesino en masa, asesino excursionista. Los medios de comunicación han jugado un papel importante a la hora de descubrir toda una relación de palabras y terminologías que en ocasiones puede llegar a confundirnos si lo que se quiere es tener una idea clara y objetiva de lo que estamos hablando. Aspectos tan importantes como la clasificación de la escena del crimen, del tipo de crimen, o de la forma de actuar del asesino, e incluso el tipo de víctima y su entorno, son importantes a la hora de realizar una investigación con una base sólida. Es entonces cuando empezamos a manejar unos términos característicos de la tipología que nos ocupa, porque la forma de abordarlos es también diferente. En los puntos sucesivos se irán aclarando muchos de éstos términos y conceptos que sin duda alguna ayudarán a una mejor comprensión de las motivaciones y acciones de los llamados asesinos en serie. TIPOLOGIA: ASESINO EN MASA. Esta tipología se adopta en cuanto al número de víctimas, cuatro o más, y su ubicación en un mismo lugar o escena del crimen. Generalmente sus víctimas son de un entorno conocido y puede que tengan o no relación directa con él, también es reseñable que achaque a sus víctimas sus problemas y actúe a modo de venganza o como medio de resolución de éstos. El asesino en masa piensa que está en posesión de la verdad, sufre lo que se denomina un delirio y podrá tener su comienzo en una psicosis, lo que es lo mismo, la pérdida total del contacto con la realidad ya sea a través de una causa endógena (esquizofrenia), o a una causa exógena (drogas u otro tipo de sustancias). Ejemplos de ésta tipología los vemos cada cierto tiempo en la sociedad americana por los medios de comunicación, en los cuales observamos casos como el de jóvenes que irrumpen en su instituto causando varias víctimas para luego suicidarse, o en los casos en que las víctimas se producen en el entorno de una secta destructiva, causando el líder a través de su influencia la muerte de sus adeptos. Más cerca de nosotros recordamos el caso del crimen de Puerto Urraco en el que dos hermanos causan la muerte de numerosos vecinos de su pueblo. En resumen, se trata de una acción límite trazada por el individuo como única salida. ASESINO MULTIPLE. Si antes hemos hablado del asesino en masa como autor de cuatro o más víctimas en un mismo lugar, al hablar de asesinato múltiple nos referimos a la comisión de dos o más víctimas en distintos lugares, y es en éste apartado donde podemos ubicar al denominado asesino en serie y al asesino excursionista. ASESINO EXCURSIONISTA. Esta tipología es la que menos nos encontraremos con toda seguridad. Hablamos en éste apartado de crímenes cometidos en lugares diferentes y en un periodo de tiempo muy breve. El asesino no tiene tiempo para serenarse entre la comisión de un hecho y el siguiente. Se puede decir que todos los crímenes son resultado de un único suceso de inicio, y que puede durar el tiempo en función de los fines del criminal. En cuanto a la personalidad del autor, podemos afirmar con seguridad, que estaríamos ante una forma de esquizofrenia, más cerca de la tipología del asesino en masa que del serial, el cual veremos a continuación. EL ASESINO EN SERIE.

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En principio, para determinar ésta tipología, definiríamos al asesino en serie como aquél que comete tres o más acciones homicidas en periodos de tiempo que van de unos días a semanas, meses e incluso años. La cadena de asesinatos es producto de una urgencia ineludible. Generalmente tienen un patrón o pauta determinada, la cual irán perfeccionado, ya sea en función del lugar, del tipo de víctima o acciones que realiza con ella. Una distinción importante entre los asesinos seriales es la provocada por su personalidad, estamos hablando del psicótico y del psicópata, características que desarrollaremos más adelante, lo cual tiene una gran importancia a la hora de la investigación ya que su forma de actuar es diferente. Centrándonos ahora en el serial con personalidad por ser el más peligroso y difícil de detectar, vamos a ver las características que definen su forma de actuar. En los asesinos seriales se pueden observar unas etapas previas y posteriores al crimen, y así ha sido descrito por el doctor norteamericano Joel Norris, uno de los principales expertos en éste tema. La fase áurea: Todas las personas tienen fantasías como vías de escape temporal, pero para un asesino en serie, lo que comienza como tal evoluciona en algo a realizar. Gradualmente la necesidad de liberar éstas fantasías llega a convertirse en un acto compulsivo, llegando a sucumbir a éstas. La fase de venteo o pesca: Es la fase de la búsqueda de su víctima, una víctima que se adapte a sus preferencias, o un lugar en el que pueda controlar el riesgo que entraña la acción que va a cometer. El acecho: Una vez elegida la víctima comienza el acecho antes de empezar a cortejarla. Sus hábitos, donde trabaja, con quién anda, a donde le gusta ir... El cortejo: Tratan de ganarse la confianza de su víctima para conducirlas hasta su trampa. Algunos son tan seductores que no les resulta difícil convencerla de que suban a su coche transmitiéndolas una sensación de seguridad. La fase del asesinato: Es la culminación de la fantasía del criminal. Es frecuente que muchos psicópatas experimenten un orgasmo mientras matan. La fase fetichista o totémica: El asesinato les ofrece un placer intenso, pero pasajero, por ésta razón algunos se quedan con algún recuerdo del momento, ya sean fotos, objetos personales de su víctima, o incluso partes de su cuerpo. Esto les servirá para revivir posteriormente el momento culminante de su acción. La fase depresiva: El asesino sufre una depresión post-crimen, lo que puede llevarle al suicidio, o sin embargo lo que es más frecuente a un nuevo asesinato, repitiendo de ésta forma el ciclo anterior. La duración de éste proceso a través de sus diferentes fases determinará el espacio de tiempo transcurrido entre un crimen y otro, y solo con la detención del asesino se podrá detener el ciclo. Uno de los problemas más graves con los que se encuentra el investigador es el propio tiempo transcurrido entre la aparición de una víctima y la siguiente, junto con la movilidad de éstos individuos, que a menudo actúan en ciudades diferentes. Tendríamos entonces diferentes tipos de asesinos en serie. Los denominados asesinos móviles que se desplazarían de ciudad en ciudad matando al azar o buscando víctimas concretas, asesinos locales que permanecen cerca de su ciudad e incluso los que matan siempre en el mismo lugar. En Estados Unidos ante ésta problemática se creó el programa de arresto del criminal violento V.I.C.A.P. , el cual consiste en un cuestionario que se realiza ante la aparición de un crimen violento en cualquier parte del país, y un ordenador analiza posteriormente éstos datos. De ésta forma se puede detectar crímenes con similitudes y así detectar al posible asesino en serie actúe donde actúe. Mientras más datos se dispongan menos ardua será la tarea de su detención. CONOCIMIENTOS BÁSICOS DESDE EL PUNTO DE ESTUDIO MEDICO-PSIQUIÁTRICO. Cuando tenemos conocimiento de un horrible crimen por las circunstancias que lo rodean o de una serie de crímenes tras los cuales hay una persona implicada, pensamos que hay algo anormal en ello, algo que no concuerda con la propia naturaleza del ser humano y es por ello que inmediatamente se buscan respuestas que expliquen los comportamientos de éstas personas. La naturaleza humana es violenta de por si, pero hay un límite que algunos traspasan observándose comportamientos anormales que desde el punto de vista médico se ha estudiado se ha estudiado prolíficamente. Desde la psiquiatría se han catalogado éstos comportamientos y en uno de ellos da cabida a los trastornos antisociales de la personalidad que es donde encuadramos a los psicópatas. Los expertos dicen que el psicópata no es un enfermo mental, al contrario que el psicótico, es su personalidad anómala lo que le hace ser peligroso. Así mismo cobran fuerza los planteamientos que asocian la

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personalidad violenta de un psicópata a una biología anormal de su cerebro, y de hecho se encuentran diferencias significativas en el estudio de un cerebro de una persona no psicópata al de un psicópata. ¿ES DIFERENTE EL FUNCIONAMIENTO DEL CEREBRO DE UN ASESINO EN SERIE AL DE UNA PERSONA NORMAL? Es una pregunta que todos nos hacemos y hoy en día a través de técnicas avanzadas se ha podido confirmar algunos extremos. El conocimiento de nuestro cerebro es todavía escaso, pero ahora sabemos que una parte de él regula las respuestas emocionales. En un estudio comparativo realizado sobre un grupo de asesinos psicópatas y otro de personas normales se ha observado que los primeros presentan una menor actividad cerebral en su corteza prefrontal. Hablamos en todo caso del psicópata impulsivo que actúa en un momento bajo una acción descontrolada y que es incapaz de regular sus impulsos. Sin embargo estudiando el cerebro del asesino en serie psicópata, la actividad registrada es mayor a la normal, éstos regulan mejor sus emociones, saben planificar muy bien, pero al servicio de sus objetivos letales. DIFERENCIAS ENTRE EL ASESINO PSICÓTICO Y PSICÓPATA. Es uno de los aspectos más importantes a tener en cuenta a la hora de estudiar un caso, y como veremos más adelante las líneas de investigación difieren de uno a otro. Las variables son muchas y diversas. Estamos hablando de una persona enferma con graves problemas mentales en un caso y en el otro de una persona aparentemente normal, fría y calculadora. Que duda cabe que el criminal psicópata es el más difícil de detectar y apresar. Si en la mente del psicótico todo es confusión y desorden, ésto se verá reflejado en la escena del crimen. El mismo será una persona con unas características precarias tanto en su vida personal como social, y generará una violencia extrema y descontrolada. Sin embargo a veces la línea entre éstos dos tipos de personalidades no está tan definida, lo cual genera un problema importante en cuanto a las consecuencias penales que esto supone. Sin ir más lejos en el caso del crimen del rol ocurrido en 1994 la discusión fundamental una vez detenidos los autores, fue determinar si el principal acusado padecía una psicosis, por lo tanto un enfermo mental e inimputable penalmente, o por el contrario se trataba de un trastorno de personalidad, lo cual le hacía responsable de sus actos e imputable por ellos. EL PSICOTICO La característica principal o lo que le diferencia del resto de asesinos, es que nos encontramos ante un enfermo. La pérdida del contacto con la realidad es lo que genera sus acciones incontroladas y fuera de todo sentido común. Su percepción de las cosas y de lo que sucede a su alrededor se ve de tal forma alterada que su reacciones se ven condicionadas hasta el extremo de que nada ni nadie puede sacarle del error en que se encuentra. Una observación importante es el origen de ésta psicosis, que a grandes rasgos derivaría de una causa endógena ya sea el enfermo típico o por causas exógenas debido al consumo masivo de alcohol o drogas lo cual provocaría ese estado psicótico. Estos individuos presentarían cuadros de alucinaciones, delirios, cambios fuertes de humor o estado de ánimo. Debido a éste desorden mental que se produce en éstos individuos, la escena del crimen la definiríamos como desorganizada, fiel reflejo de lo que sucede en su cabeza. Generalmente actúan en la zona donde se desenvuelven habitualmente dejan numerosas evidencias y su localización resulta menos ardua que si de un psicópata se tratase. Otra de las características importantes es su aspecto descuidado tanto en su aspecto personal como su domicilio, vehículo etc. y desorden en su vida tanto afectiva como social. Suelen ser solitarios y ofrecen una apariencia extraña a los demás. Uno de los casos que encuadraríamos en ésta tipología y del hablaremos más adelante es el del asesino “Matamendigos”. En este apartado tendríamos que incluir a los llamados asesinos en masa, ya que sus acciones son debidas a una reacción generalmente paranoica. EL PSICÓPATA. La Asociación Americana de Psiquiatría ya describía en 1952 a los psicópatas como individuos de comportamiento habitualmente antisocial, que se muestran siempre inquietos, incapaces de extraer ninguna enseñanza de la experiencia pasada ni de los castigos recibidos, así como también de mostrar verdadera fidelidad a una persona, a un grupo o a un código determinado. Suelen ser insensibles y hedonistas, de muy acentuada inmadurez emocional, carentes de responsabilidad y de juicio lúcido, y muy hábiles para racionalizar su comportamiento a fin de que parezca correcto, sensato y justificado. Si antes el término utilizado era el sociópata o personalidad sociopática, hoy en día se define como trastorno antisocial de la personalidad. Karpman dividía a los psicópatas en dos tipos: Agresivo-predadores: Individuos que satisfacen sus conveniencias con extremada agresividad y con una actuación fría e insensible, apropiándose de cuanto desean. Pasivo-parasitario: Obtienen lo que quieren practicando sobre los demás una especie de sangría parasitaria consistente en aparentar desamparo y necesidad de ayuda y de simpatía infinitas.

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Otra de las clasificaciones claramente definidas que podemos hacer en cuanto a su forma de actuar es la del psicópata afectivo y el psicópata depredador. El primero no controla sus emociones y actúa descontroladamente en un momento concreto. El doctor Miguel Angel Rodríguez, ex-director de la Clínica Psiquiátrica del Hospital penitenciario de Madrid, nos comentaba en una de sus clases uno de los muchos casos que atendió, y hacía referencia a un joven que había matado a un hombre. Este que regentaba un puesto de venta ambulante de cintas musicales no le había devuelto el dinero de su compra al comprobar el mal estado de la cinta. Lo mató sin inmutarse y simplemente porque según él, se lo había buscado, todo esto sin mostrar síntoma alguno de arrepentimiento. Sin embargo el psicópata depredador antes de actuar ha preparado el camino para el resultado final, es planificador, actúa fríamente. En lo que todos los expertos están de acuerdo es en que éstos individuos no experimentan sentimientos de culpabilidad, no tienen remordimientos y sufren una falta total de empatía, a demás de una gran capacidad para fingir. De igual forma uno de los términos que más aparecen en las diversas pero coincidentes definiciones es la moral, la ausencia de moral y criterios éticos. Estas características han llevado a algunos psicópatas criminales a fingir enfermedad mental para eludir sus actos, haciendo creer incluso que poseen una personalidad múltiple. La Asociación Americana de Psiquiatría mencionada anteriormente tiene otro instrumento para detectar psicópatas en su sociedad. Entre los menores de quince años, son posibles candidatos a la psicopatía (violenta o no) quienes cumplan tres o más de éstos síntomas: - Frecuente absentismo escolar. - Al menos dos fugas de casa sin retorno voluntario. - Inicios de peleas físicas. - Uso de armas en más de una ocasión. - Crueldad física con animales y/o personas. - Destrucción deliberada de la propiedad de otros. - Participación deliberada en más de un incendio. - Robos con falsificación y enfrentamiento con las víctimas. A partir de los 18 años, una persona es una claro candidato a convertirse en un psicópata violento si cumple al menos cuatro de los siguientes requisitos: - Es incapaz de mantener un trabajo constante. - Actos antisociales frecuentes por los que puede haber sido detenido o no. - Irritabilidad y agresividad. - Incumplimiento de obligaciones económicas. - Incapaz de planificar a medio plazo. - Desinterés por la verdad. Uso repetido de la mentira, alias o bromas a los demás para obtener provecho o placer personal. - Despreocupación por la seguridad física, la propia y la de los demás. - Irresponsabilidad cuando se actúa como padre o cuidador. - Ausencia de una relación monógama durante más de un año. - Ausencia de remordimientos. Encuentra fácilmente justificación para dañar, maltratar o robar a los demás. Robert Hare nos dice del psicópata: Conjuntamente, éste sujeto nos presenta una imagen de una persona preocupada por sí misma, cruel y sin remordimientos, con una carencia profunda de empatía y de la capacidad para formar relaciones cálidas con los demás, una persona que se comporta sin las restricciones que impone la conciencia. Lo que destaca en él es que están ausentes las cualidades esenciales que permiten a los seres humanos vivir en sociedad. LA ESCENA DEL CRIMEN. La escena del crimen es el principio, la base de la investigación, y es primordial sacarle todo el partido posible antes de desvirtuarla. Cuando hablamos de la escena del crimen perpetrado por un asesino en serie, sabemos que no es una escena corriente, y que en ella se van a observar características peculiares, y la psicología juega un papel importante y por ello para una mejor comprensión de ésta cuando el autor que se busca es una personalidad desequilibrada mentalmente se habla de un crimen desorganizado, y por el contrario cuando el presunto autor presenta una personalidad psicopática hablamos con toda seguridad de un crimen organizado. Es fundamental discernir el tipo de criminal al que buscamos, ya que su forma de actuar y su propia personalidad es completamente diferente, y así mismo lo son sus actos y comportamientos, lo que influirá en las líneas de investigación que se marquen así como el tratamiento de los posibles sospechosos. Es fundamental tener una visión completa de la escena del crimen para valorar si el criminal es organizado o no, y cobra una gran importancia la víctima. ¿Qué tipo de víctima ha elegido el agresor, es una víctima de bajo riesgo o de alto riesgo para los fines del criminal?. LA ESCENA DEL CRIMEN DE UN DELICUENTE ORGANIZADO.

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Quizás la característica principal del delincuente organizado es su capacidad para planificar su crimen. Sus víctimas son generalmente desconocidas, y emplea trucos o engaños para ejercer su control, facilidad de palabra, éstos son inteligentes. Al tener un total control sobre sus actos éste adaptará su comportamiento a las circunstancias. Otro de los detalles característicos es la utilización de su propio equipo para la realización del crimen, su vehículo, su propia arma o los utensilios que va a necesitar. Este borrará las huellas que ha dejado, manipulará la escena del crimen para confundir al investigador e incluso trasladará el cadáver de lugar. Así mismo otro de los detalles particulares de las acciones de éstos sujetos es la apropiación de objetos pertenecientes a la víctima o a la propia escena con el objeto de poder recrear a posteriori su acción. El asesino en serie organizado irá perfeccionando sus crímenes y si se descubre una cadena de crímenes con un mismo autor, será el primero de ellos el que nos pueda dar más información acerca de su autor, y seguramente será el más cercano a su lugar de residencia. La escena por tanto, será escueta en contarnos cosas y muchas de las veces lo que se descubrirá será el cadáver al cabo de un tiempo y el autor se habrá encargado de eliminar todo rastro que le pueda indicar como sospechoso, y eso en el mejor de los casos, ya que otras tantas veces ni siquiera se recupera la víctima. Hay que recordar que permanecen cientos de jóvenes desaparecidas en toso el Estado, que quizás hayan sido víctimas de un asesino en serie psicópata. LA ESCENA DEL CRIMEN DE UN DELICUENTE DESORGANIZADO. El delincuente desorganizado es por lo general una persona desequilibrada y por tanto la escena que aparece ante el investigador refleja el desorden de su mente. Este no escoge a sus víctimas de una manera lógica, por lo que a menudo no llega a su fin por que su víctima a podido reaccionar a tiempo y abortar su acción. El no planifica y a veces falla. Son víctimas de alto riesgo. Cuando logra su fin, las víctimas presentan grandes heridas por la resistencia de éstas, el agresor a menudo actúa rápidamente sobre ellas golpeándolas para eliminar toda resistencia y dejarlas inconscientes, les cubre la cara o las desfigura, no le interesa la personalidad de su víctima, al contrario que el asesino organizado. El asesino desorganizado no lleva su equipo y a menudo utilizará objetos a su alcance en el momento de la agresión para consumarla, objetos que luego aparecen en la propia escena del crimen. EL PERFIL DE UN ASESINO EN SERIE. Que sencillo sería para el investigador que el criminal dejase su tarjeta de visita en el lugar de los hechos. Aunque no es lo que sucede, indirectamente el autor deja muchos datos que solo la habilidad del equipo de investigación puede ir reuniendo y completar parte del rompecabezas. Para ello hay que basarse en el estudio pormenorizado de la escena del crimen. Qué tipo de víctima ha elegido, como ha llevado a cabo el crimen, el arma utilizada, cuanto tiempo ha podido llevarle su acción, si ha agredido sexualmente a su víctima y de qué forma, escena organizada o desorganizada, etc. El perfil que se realice del sospechoso indicara las recomendaciones sobre las líneas de investigación a seguir, y en caso de haber un sospechoso, la mejor forma de interrogarlo. La Unidad de Ciencias del Comportamiento del F.B.I. hace un retrato bastante escueto y genérico de un típico asesino en serie: Varón entre 25 y 35 años, de raza blanca. La mayoría de las veces mata personas de su misma raza. La edad de sus víctimas es muy variada, dependiendo de los gustos del asesino. Su nivel intelectual y su nivel social son muy variables, así como los de sus víctimas. Estas son generalmente desconocidas para él, y hasta el trágico momento de su encuentro nada parece haber en común entre ellos. Puede estar casado, tener hijos y un buen trabajo. O puede ser tan inestable que sea incapaz de trabajar o que lo haga muy irregularmente. Puede no ser capaz de mantener relaciones con el resto de la gente, lo que lo convertiría en un solitario. Como ejemplo del trazado del perfil de un asesino vemos como lo realizo Robert Ressler en un caso que presentaba una escena desorganizada y un crimen brutal. El perfil: Varón blanco, edad entre 25 y 27 años; delgado, aspecto desnutrido. Su lugar de residencia debe de estar extremadamente descuidado, y se hallarán en él pruebas del crimen. Historial de trastornos mentales, y seguro que ha consumido drogas. Será un tipo solitario que no se asocia ni con varones ni con mujeres, y posiblemente pasará mucho rato en su casa, donde vive solo. Sin empleo. Recibe quizás algún subsidio social. Si reside con alguien, será con sus padres; sin embargo, esto es improbable. No ha estado enrolado en la marina; fracaso en la escuela secundaria o la universidad. Previsiblemente sufre una o más formas de psicosis paranoide. Según escribe Ressler la esquizofrenia paranoide se manifiesta por primera vez generalmente en la adolescencia. Sumando 10 años a un supuesto inicio de la enfermedad a los quince situaría al asesino en el grupo de veintitantos años. Ressler pensó que el asesino no sería mucho mayor por dos razones. Primera: La mayor parte de los homicidas sexuales tienen menos de veinticinco. Segunda: si era mayor, y su edad se acercaba a los treinta, la enfermedad debía de haber sido tan abrumadora que ya se habría traducido en una serie de homicidios aberrantes sin resolver. Más detalles: El individuo tenía que ser un hombre delgado y larguirucho, los esquizofrénicos introvertidos no suelen comer bien, no se preocupan por la alimentación y se saltan comidas. De manera similar,

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desatienden su aspecto y su aseo. A nadie le gusta vivir con éstas personas, de modo que el asesino debía de ser soltero. Cuando el sospechoso fue detenido se pudo comprobar que el perfil de Robert Ressler coincidía plenamente. Es evidente que un buen perfil realizado en base a los datos obtenidos pueden ayudar en una investigación. Un estudio en profundidad de la escena y todo lo que rodea al caso es fundamental así como la ampliación de la búsqueda a otras localizaciones por la posibilidad de encontrar casos similares que podrían tener relación entre ellos. LA VICTIMA. Las víctimas es un apartado muy importante a la hora de establecer un perfil del criminal, ya que en función del tipo de víctima tendremos una visión más clara de cómo puede ser el asesino. Podemos hacer dos grupos bien diferenciados, víctimas de alto riesgo y víctimas de bajo riesgo. El grado de riesgo viene determinado por el tipo de vida de la víctima, ocupación, o lugares que frecuenta. Así víctimas de alto riesgo serían por ejemplo prostitutas, vagabundos personas que hacen auto-stop, etc. En el segundo grupo, el de bajo riesgo estarían madres de familia que viven en un barrio residencial por ejemplo, con un estilo de vida ordenado o lo que se denomina normal para la mayoría de las personas. El riesgo se evalúa por las circunstancias que rodean a la víctima, y cambios en el estilo de vida podrían colocar a una víctima de bajo riesgo en una de alto riesgo. En éste punto la elección de la víctima por parte del criminal variará en función de su personalidad, y la aceptación del riesgo por parte de éste en función de sus necesidades. Un criminal puede asumir un alto riesgo si está convencido de que no será capturado, de que su situación de tensión es tal que no le permita considerarlo, que sea emocionalmente inmaduro, o quizás busca una excitación de modo vital para cometer su acto. EL RETO DEL INVESTIGADOR. El método más acertado para solventar la mayoría de los crímenes, es la predicción de la conducta basándose en motivos conocidos. En los crímenes en serie violentos, el motivo es desconocido para el investigador, por lo que éste tendrá que solucionarlo acercándose en la dirección opuesta, es decir, conociendo perfectamente la conducta del agresor. Para conseguir la obtención de un perfil del criminal con suficiente entidad para darnos una imagen lo más aproximada a lo que buscamos, hay dos conceptos que deben ser aceptados por el investigador: 1º - Los agresores en serie violentos y de tipo sexual, generalmente ha hecho realidad su crimen en sus fantasías antes que con una víctima real. 2º - La mayoría de las conductas satisfacen un deseo o necesidad. Aceptando estos dos conceptos básicos, un investigador puede deducir lo que el agresor desea, qué necesidades tiene y la conducta que se va a apreciar en la escena del crimen. En los crímenes sexuales violentos en serie, para comprender tanto la escena del crimen como el perfil del agresor, es tan importante la evidencia física como la psicológica. El principio de intercambio: cualquiera que entra en la escena del crimen toma algo de ella y deja atrás algo de él. Se ha demostrado que utilizando principios básicos de psicología y aplicados a las evidencias físicas, nos da la impresión del hombre que cometió el crimen. Lo primero que hay que considerar para trabajar el perfil de un agresor es la escena del crimen. Es un documento viviente de las acciones del agresor y es la base para las interpretaciones objetivas. Hasta el detalle más ínfimo nos puede proporcionar una valiosa visión. Una vez reunidas las evidencias físicas, y la reconstrucción científica del crimen se ha hecho, se puede seguir. Hay que investigar la naturaleza de la conducta del agresor respecto a los elementos físicos del crimen. El investigador no se puede cuestionar la moralidad del agresor, el único problema importante es cómo capturar o neutralizar al individuo responsable. La pregunta para el investigador especializado es ¿Qué visión proporciona en la moralidad del agresor su propia conducta?. La conducta del agresor nos puede indicar lo que ha hecho en el pasado, presente y lo que hará en el futuro. Es evidente que un buen perfil realizado en base a los datos obtenidos pueden ayudar en una investigación. Un estudio en profundidad de la escena y todo lo que rodea al caso es fundamental así como la ampliación de la búsqueda a otras localizaciones por la posibilidad de encontrar casos similares que podrían tener relación entre ellos LOS CASOS REALES. En éste capítulo iremos desgranando varios casos criminales, intentando encuadrarlos en las diversas clasificaciones que se han comentado con anterioridad. Nos encontraremos con criminales psicópatas, sicóticos, casos acaecidos tanto en el Estado español como fuera de él, que nos sirven para ilustrar una amplia galería de

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personajes y circunstancias, así como a sus víctimas inocentes, las cuales se cruzaron en el camino de estos sujetos. el albañil y las ancianas. Ocurría en Santander, el se llama José Antonio Rodríguez Vega. Entre 1987 y 1988 mató a 16 ancianas en sus casas. Es lo que denominaríamos un psicópata desalmado, un asesino en serie. Sus víctimas tenían entre 60 y 90 años, vivían solas en sus casas. Tras su detención todo el mundo decía lo mismo, su familia, los policías e incluso su abogado lo catalogaban de loco peligroso, psicópata, sádico, fetichista, gerontófilo, obsesivo. Los médicos del psiquiátrico penitenciario de Carabanchel concluyeron en su examen que Rodríguez Vega era un psicópata desalmado imputable de los crímenes cometidos y que en ningún caso se trataba de un enfermo mental. Rodríguez Vega actuaba siempre por las mismas zonas. No dejaba rastro, había elegido un tipo de víctima que junto con su modus operandis dejaban pocos indicios de que lo que en principio era una muerte natural se trataba de un homicidio cruel. Los forenses iban certificando las muertes como naturales, cuando la realidad era bien diferente. Vega les tapaba la boca y la nariz produciéndoles la muerte por asfixia o paro cardiaco. Cuando el número de ancianas fallecidas empezó a ser preocupante y la hija de una de las víctimas empezó a alzar la voz en el sentido de que su madre había sido asesinada, la macabra carrera de Vega comenzó su final. Se detectó que las ancianas fallecidas habían solicitado los servicios de una persona para realizar una serie de trabajos en sus domicilios. Se comprobó que tres de ellas habían contratado a Rodríguez Vega para ello. Al investigarle se descubrió que había estado procesado por violación, y tras un interrogatorio y un registro domiciliario se confirmó su autoría en los crímenes. En su casa tenía una especie de museo de los horrores, en donde había recopilado objetos personales de sus víctimas, y un detalle que llamó fuertemente la atención fue su obsesión por el color rojo, el cual presidía toda la habitación. Rodríguez Vega encuadra perfectamente en el perfil de un psicópata desalmado en serie. Catalogado como un chico normal. Procesado por cuatro violaciones, consiguió el perdón de tres de sus víctimas. La exploración psiquiátrica que se realizó entonces, salvo un cierto nerviosismo, no se le apreciaba enfermedad mental alguna de tipo sicótico. Se le conocía por sus buenas maneras y labia, afable, delicado y con excelentes modales. De esta forma se ganaba la confianza de sus víctimas. Sin embargo analizando su pasado se observan problemas de relación con sus padres, casado muy joven y separado con un hijo. En éste caso se hizo evidente la necesidad de una mayor colaboración entre la policía y la medicina forense. Perfil: 'Asesino en serie desorganizado con alto grado de psicópata' El 24 de enero cometió su primer crimen y desde entonces ha asesinado a cinco personas. En alguna de las ocasiones ha dejado un naipe a los pies de la víctima. Es el asesino de la baraja, según informó Fax Press. Mientras la policía interroga a A.G.S., ex militar de 26 años que el jueves 3 se entregó en Puerto llano asegurando ser el autor de los crímenes, los expertos han estudiado el perfil de un asesino que, a ojos de la opinión pública, es digno de la mejor película de terror. Según un estudio al que ha tenido acceso Fax Press, elaborado por los criminólogos Aránzazu Hernández y Abel González, expertos en la elaboración de perfiles criminales y miembros de la Asociación Criminólogos de Castilla y León «estamos ante asesino en serie organizado por lo que nos cuenta la escena del crimen, pero con tintes de desorganizado. El organizado disfruta con el sufrimiento de sus víctimas pero, en este caso, es un hecho rápido: sólo va a matar, no a procurar dolor». El estudio revela que el autor de los crímenes de la baraja tiene un alto grado de psicopatía. «Su principal característica es no sentir remordimientos al realizar sus actos y el buscar únicamente su placer, incluso con hechos tan horribles como el asesinato de personas». Tiene una inteligencia media o alta, es competente socialmente y sexualmente, es más, puede ser una persona «encantadora» cuando se la conoce; a pesar de cometer los crímenes lleva una vida totalmente normal. Hernández y González sostienen que el asesino de la baraja tiene un gran autocontrol y lo demuestra que durante el crimen tiene una disposición controlada; así como los largos periodos de enfriamiento que tiene, en los que domina su deseo de matar.

Según el Manual del crimen del FBI, aplicado por estos criminólogos al caso, el autor de estos asesinatos «se cuida mucho de no ser detenido por la policía, es una escena del crimen sin ningún tipo de

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desorganización, no deja nada al azar, señal de ello es que no se han encontrado vainas en el lugar de los hechos, conoce que esos indicios le pueden inculpar. Además cuida que no haya testigos cerca cuando perpetra los crímenes». Los datos aportados por los testigos apuntan a un hombre de unos 30 años, de raza blanca, lo que coincide plenamente con el perfil de estos tipos de delincuentes. Siguiendo la estadística de los asesinos en serie, lo más probable que es actúe en solitario. Todas las personas cuando realizan una acción siguen un guión que se basa en la experiencia de otras actividades iguales, con el fin de conseguir un ejercicio rápido y eficaz. El asesino del naipe no es una excepción. Su guión persigue la obtención de alicientes de gran importancia para él, según apuntan estos expertos. Así, se basa en el dominio y control de la víctima. «Lo que realmente le guía en sus actos es la sensación de poder, el sentir como es capaz de quitar la vida, y esta obsesión es lo que le lleva a repetirlo una y otra vez», indica. No utiliza violencia instrumental, es decir violencia para reducir a la víctima y después cometer otros actos, «es únicamente violencia expresiva, ya que se trata de disparos certeros en la cabeza». En su cabeza, los asesinos en serie, van creando una fantasía, que normalmente contiene una gran violencia, y esa fantasía es la que desarrollan a la hora de cometer el crimen. Después del primero, la fantasía se va perfeccionando y se va estructurando a fin de mejorar los siguientes. «En este caso ha comenzado a dejar un naipe, simbolizando el juego y que se siente como «Dios» y que no le pueden detener, que puede jugar con la policía. Vemos como comienza sin dejar nada en la primera víctima, pero después cuando siente que ha sido impune comienza a dejar naipes», explican los criminólogos. El «ritual» consiste en dejar un naipe de copas en el lugar de los hechos, excepto cuando los crímenes se han cometido de día. Va dejando cartas correlativas a medida que avanza en sus hechos. Los dos primeros pertenecen a la misma baraja, mientras que el segundo pertenece a otra. «Esto nos puede llevar a pensar que se trata de un imitador en este caso, pero el examen balístico confirma que no es así». Del alto grado de violencia que emplea se deriva que el asesino de la baraja siente odio hacia lo que le rodea, «quizás por experiencias previas desagradables, en las que se ha visto maltratado por la sociedad. Desde su infancia ha estado en contacto con la violencia, lo ha observado en su casa y lo ha ido aprendiendo como una forma de adaptación», apunta el estudio. Probablemente no tenga trabajo estable y haya cambiado continuamente de trabajo, es incapaz de continuar en un trabajo durante mucho tiempo. Es probable que tenga antecedentes de agresiones, ya sea en el colegio o en su lugar de trabajo. La investigación se vuelve más difícil cuando se llega al punto de las víctimas. Son elegidas al azar, por la diferencia de sexos, de profesiones, de nacionalidades. Los expertos de la Asociación Criminólogos de Castilla y León apostaban por buscar a una persona integrada en la sociedad, español o extranjero, que lleve mucho tiempo en Madrid y con un lugar de residencia cercano al primer crimen de cometió. Caso del doble (casi triple) crimen del Mesón del Lobo Feroz. Aquí sin embargo disponía de muchos más elementos que me permitieron predecir con una gran exactitud todo cuanto llevó a la solución del caso. Para realizar este perfil, dispuse de los cuerpos de las víctimas y de fotografías del lugar y del hallazgo de los cadáveres. Y algo muy importante y que olvidan los representantes de la Justicia: personarse el Antropólogo Forense y realizar su propia inspección ocular que difiere en muchos aspectos de la inspección ocular policial, esa inspección en la que fué maestro el famoso Comisario D. Antonio Viqueira. El perfil elaborado, proporcionó detalles que parecieron mágicos al Juez Instructor. En mi informe pericial de la Escuela de Medicina legal señalé la edad, sexo, estatura, raza, las datas de las muertes y la diferente época del año en que murieron (por medio del estudio entomológico), la descripción de las lesiones y su distribución geográfica en el cuerpo, los caracteres del arma homicida (cuchillo con su longitud, anchura de la hoja, la existencia de un sólo filo) el número de puñaladas, la precisión con que habían sido dadas (que me permitió deducir el probable entrenamiento militar del criminal), y la fuerza con que fueron dadas, así como el ensañamiento. El hecho de conservar puestas sobre el torso las ropas, incluso el sujetador que llevaban ambas mujeres en el momento de la muerte (atravesados por el arma mortal), en contraste con la desnudez del esqueleto de cintura para abajo, todos estos detalles me permitieron deducir que el asesino era fuerte, de mediana, más bien corta estatura, que estaba probablemente bajo el efecto del alcohol o de alguna droga, la posición en que se encontraba en relación a las víctimas, su estado de ánimo, el violento deseo de descargar su odio hacia la imagen materna que le atormentaba seguramente desde su infancia. Fueron incluidas en el informe otras numerosas pistas inclusive el barrio donde probablemente vivía habitualmente el asesino. Todo ello permitió a la policía resolver el caso en diez días, detener al presunto culpable, SANTIAGO SANJOSE PARDO "El Legionario", que confesó ser el autor de estos crímenes, juzgarlo poco después y condenarlo a 75 años de prisión. Sin embargo y dado el perfil trazado, probablemente se hallarían más cadáveres de mujeres enterrados por su propia mano si se continuaran las investigaciones. Caso del Mendigo asesino (Francisco García Escalero, conocido por "El Escalero)". Este fué otro caso de asesino en serie perfectamente predecible. Recuerdo que allá por los años 1985-89, habían aparecido varios cadáveres en diversos lugares, siempre con el cráneo fracturado y hundido y quemados, bien con

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gasolina o con otros materiales combustibles (periódicos, ropas, mantas). En algún caso, llamaba la atención que el cuerpo había sido decapitado y faltaba la cabeza. "Sospecho que tenemos suelto un loco peligroso, un asesino en serie, hay varios crímenes que parecen debidos a una misma mano", comenté con varios policías y un periodista amigo, incluso hice un esbozo preliminar de perfil psicológico. Pasó el tiempo y un buen día apareció otro caso similar junto a las tapias del cementerio de la Almudena. Después de la autopsia reglamentaria la policía quiso que yo viese el cadáver y emitiera mi opinión sobre un detalle particular que no había sido señalado dado el estado de carbonización en que se encontraba. Específicamente querían saber si la víctima se afeitaba las cejas. Examiné el cadáver cuidadosamente raspando con un bisturí la costra de sangre y piel quemada de los restos del cráneo y debajo de aquel magma... los pelos del entrecejo aparecían cortados recientemente, con unos dos mm de longitud. Todos los pequeños fragmentos tenían la misma longitud. Además busqué en el área púbica y encontré vello pubiano, también afeitado hacía poco tiempo. Quedó confirmada la sospecha de la policía con lo que lograron la identificación del cadáver. Se trataba de un homosexual escapado del Hospital Psiquiátrico Provincial. El lugar donde fué hallado el cuerpo era una zona habitualmente frecuentada por "Chaperos" y homosexuales. Estos y otros detalles llevaron a la detención del presunto asesino, FRANCISCO GRACIA ESCALERO, mendigo de profesión, sin domicilio fijo. Confesó no sólo aquel crimen sino 14 crímenes cometidos en los últimos años. "El Escalero" era un enfermo mental que se dedicaba a pedir limosna en las puertas de las Iglesias. Había sido detenido por violador de tumbas, necrófilo, sorprendido varias veces durmiendo en los crematorios del mismo cementerio. Era un alcohólico inveterado. Cuando se bebía dos litros de vino y tomaba algunas pastillas de Rohipnol, confesó que sentía una enorme fuerza interior que le obligaba a matar. También confesó que algunas de las cabezas cortadas a sus víctimas las había arrojado a un pozo así como los cuerpos de por lo menos tres de ellas. A otras las abría en canal con su navaja y las arrancaba el corazón, llegando a comer parte de uno. Manifestó una extraordinaria memoria fotográfica para recordar detalles de sus víctimas. Esta particularidad ha sido observada en otros muchos asesinos en serie como Henry Lee Lucas o Ted Bundy. Ha intentado varias veces suicidarse sin conseguirlo. Se trata de un débil mental superior, diagnosticado de "genuina esquizofrenia, alcoholismo crónico secundario, posible injerto psicótico, toxicomanía a las Benzodiacepinas, perversión sexual múltiple, bisexual, necrófilo y caníbal". Tiene ceguera del ojo derecho de nacimiento. El Proyecto para la comprensión de criminales violentos patrocinado por el Dept. de Justicia y realizado por el FBI requería entrevistar a los propios asesinos. Para ello varios agentes especializados fueron recorriendo los penales de E.E.U.U. donde se alojaban los más peligrosos asesinos tales como Charles Manson y Tex Watson, su cómplice, Sirhan Sirhan, Herbert Mullin (asesinó a 14 individuos), John Frazier (6), Edmund Kemper, William Heirens, Ted Bundy, John Gazy y así hasta un centenar de reclusos. El enorme material recogido, parte en cintas magnéticas, parte filmado, a veces sólo notas escritas, pudo ser analizado utilizando computadoras electrónicas, y así se comenzaron a ver las pautas de comportamiento de los criminales en su infancia y adolescencia, sus tensiones previas a los crímenes y la forma de actuar durante la comisión de los mismos. Una comprensión cada vez más profunda y detallada de sus actos podría ser utilizada para prevenirlos. Por regla general, los asesinos en serie tienen una enorme capacidad de manipulación de sus interlocutores, por eso tratar con criminales es tan peligroso como manejar la "ouija" o jugar con dinamita. Manson, por ejemplo, tiene una mirada semejante a la de las culebras: paralizante. Podemos dividir a los criminales en serie en organizados (O) y desorganizados (D). El primer caso corresponde a una personalidad psicótica y el segundo a un desequilibrado. Una tercera categoría la constituyen los mixtos (M), que contienen elementos de los otros dos. Los homicidas organizados (O) tienen como característica la premeditación, una gran capacidad para planear el delito. Este tipo de homicidas pueden llevar sus crímenes en la mente durante años antes de cometerlos en la realidad. Vigilan áreas determinadas donde saben que pueden encontrar el "tipo" de víctima que tienen en mente. SANTIAGO SANJOSÉ PARDO ("El Legionario") buscaba prostitutas de 20 a 30 años a las que reclutaba en los lugares donde este tipo de mujeres se ofrecían a los clientes. Las seleccionan por edad, aspecto, ocupación, estilo de vida y hasta por la forma de peinarse. Para ello planifican y dedican tiempo a la búsqueda y localización de sus víctimas. Actúan con lógica. Tienen un "modus operandi" que permite seguir sus huellas. Cada crimen que cometen lo perfeccionan. Utilizan el llamado "equipo de violador" (cuerdas, esparadrapo, esposas, y algún instrumento contundente para "violar" el cuerpo de la víctima, una barra de hierro por ejemplo. El Organizado conoce mucho de Criminalística. Se ha documentado y puede estar al día en cuanto a las técnicas policiales. Lleva su propia arma, pero no la deja abandonada y procura borrar toda huella que pueda delatarle. Incluso retira la bala del cadáver o recoge el casquillo que pueda haber caído porque sabe lo que es una prueba balística. Limpia la sangre, desnuda el cadáver, lo descuartiza y dispersa y lo destruye o lo entierra en tal

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forma que no pueda ser encontrado. "Prepara" la escena del crimen, la "maquilla" para confundir a la policía. El Organizado se lleva algunos objetos de la víctima como "trofeo" lo que indica su fetichismo. Hace verdaderas colecciones de ellos. Muchos de estos asesinos toman fotos del lugar, de la víctima, antes y después del crimen, o de los fragmentos si la despedazan. El "modus operandi" de los D, su extraña lógica, aparece absurda a los ojos de los investigadores. Herbert Mullin pretendía que asesinaba a la gente para salvar el medio ambiente que la gente deterioraba. Los D no escogen a sus víctimas de manera lógica, no planifican el crimen. Por eso es más difícil seguir su pista. Despersonalizan a sus víctimas, no quieren saber quiénes son. Por eso desfiguran sus caras o cubren su rostro de alguna manera. Utilizan como arma el primer instrumento que encuentran a mano y que pueda servirles para matar (piedra, palo, cuchillo de la casa de la víctima y lo dejan clavado en el cadáver sin preocuparse por las huellas). No se preocupan por hacer desaparecer el cuerpo. Nunca maquillan la escena del crimen. Comparando ambos tipos de criminales puede verse que tienen personalidades muy diferentes, a veces diametralmente opuestas. Esta será una pista de suma importancia para poder predecir cómo es y cómo actuará el criminal. Sin embargo: "No hay dos crímenes ni dos criminales exactamente iguales". Un hecho importante es que cuando se somete a uno de estos sujetos a un examen con "suero de la verdad" o con un "polígrafo", los psicópatas superan estas pruebas porque son capaces de escindir su personalidad, porque el "yo" incontrolado consigue evitar reconocer los crímenes. Cuando en la Escuela de Medicina Legal yo hago un estudio de restos óseos de un sujeto no identificado, lo primero que determino es el sexo, la edad, la estatura, la raza, estigmas profesionales, patología antigua, lesiones causales de la muerte, fórmula dentaria, trabajos dentales, si era zurdo o diestro, retrato-robot. etc. Así voy eliminando población y llego a poder individualizar perfectamente al sujeto, paso fundamental para la identificación policial. La misma técnica se emplea para establecer el perfil psicológico del asesino: reducir poco a poco el universo de potenciales sospechosos, eliminar a los menos probables y permitir a la policía que centre sus investigaciones. Si decimos que probablemente el sospechoso es un varón, hemos reducido la búsqueda al 50 % aproximadamente. Si decimos que es un varón adulto de edad media y soltero tendremos un número menor de sospechosos. Cada nueva categoría reduce el campo. Si logramos determinar que el hipotético criminal está sin empleo, o si es alguien que probablemente ha recibido tratamiento por enfermedad mental, o si vive a corta distancia del lugar o lugares del o de los crímenes, habremos ido poco a poco dejando el reducido campo de investigación a un mínimo espacio. En el centro del rompecabezas está la escena del crimen. Allí están las mejores pruebas de que podemos disponer. Un análisis exhaustivo nos permitirá avanzar en la línea que nos hemos trazado. El criminal deja consciente o inconscientemente en la escena del crimen su "sello particular", su tarjeta de visita. En Medicina Legal sabemos que esta huella puede percibirse en alguna forma en el propio cuerpo de la víctima, pero también en el llamado perimundo que rodea al cuerpo. Por esto, un elemento fundamental es la Victimología, el estudio de la víctima, su estado actual, sus antecedentes, la posición del cuerpo, el arma utilizada para el crimen, una buena y detallada inspección ocular. Los datos para establecer el perfil del criminal están delante de nuestros ojos. Además de las dos categorías expuestas de criminales en serie, organizados y desorganizados puede haber una tercera categoría, los mixtos, en los que se mezclan caracteres de los dos primeros En el caso de Francisco García Escalero ("El mendigo asesino"), ya citado se trata de un tipo de asesino desorganizado (necrofilia, canibalismo) con caracteres mixtos (unas veces ocultaba a sus víctimas tirándolas a un pozo, otras quemaba sus cuerpos o los decapitaba dejándolos en el lugar del crimen). Manuel Delgado Vllegas ("El Arropiero") Historial (1971): Uno de los más peligrosos y desalmados asesinos (esquizofrénico, necrófilo, con múltiples perversiones sexuales) que haya existido en España, Manuel Delgado Villegas, conocido por "El Arropiero". Confesó a su abogado que en total había cometido 48 asesinatos. Cuando fué detenido, le examinaron por varios psiquiatras, que entre otras cosas, le ordenaron un examen genético demostrándose que tenía el Cromosoma XYY. Fué ingresado en el Hospital Psiquiátrico de Font Calent (Alicante) donde sigue bajo custodia y tratamiento. (Sumario 24/78, Juzgado Central nº 2 de la Audiencia Nacional). La enorme publicidad que se les ha dado a este tipo de asesinos, por todos los medios de difusión posibles, es con seguridad la causa de reacciones de imitación por identificación. La pena de muerte ¿es la solución para estos casos? Ningún violento ha sido nunca disuadido de cometer sus crímenes ante la amenaza de la pena de muerte. Antes bien, muchos la han buscado retando a la Justicia y a la Policía a que los detengan y juzguen. Muchos investigadores son partidarios de encerrarlos bajo custodia y tratamiento, en la idea de que así serán "útiles" para estudiarlos y predecir en otros casos similares lo que pueden hacer y evitar así que se cometan otros crímenes.

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"El análisis del crimen, dice Colin Wilson, es desagradable; tanto como el trabajo del forense que ha de practicar la autopsia a un niño de un año. No proporcionará el placer que se obtendría del estudio de Mozart o Beethoven, pero es necesario hacerlo. Se aprende haciendo la disección de un cadáver tanto o más que estudiando un cuerpo vivo. Cadáveres de espíritu son, en muchos casos, los criminales". Yo no siento ya repulsión, sino un vago sentimiento de tragedia y de piedad al estudiar todos estos seres que sacamos de los vertederos humanos. Dios tenga piedad de ellos ya que en sus misteriosos designios ha permitido que lleguen a ser así. TEMA VI ENFERMO MENTAL TRATAMIENTO PENAL Y PENITENCIARIO La promulgación de un nuevo Código Penal ha supuesto, para el enfermo mental que comete un delito y es considerado inimputable, una mayor garantía de que se le someta a un juicio justo y ha mejorado las condiciones de cumplimiento de la llamada medida de seguridad, (alternativa a la pena). La novedad peor aceptada por ciertos sectores de la judicatura o psiquiatría es la limitación temporal de dicha medida de seguridad, por seguir considerando al enfermo mental como una persona peligrosa e incurable, a pesar de estar demostrado que no generan más delincuencia que la población general, ni justifica la alarma de algunos responsables ni la creación de Unidades especiales de «alta seguridad». De todos modos, el Código sigue discriminando al enfermo mental, aplicándole en exclusiva medidas extraordinarias, de defensa social, creyendo que estos enfermos son incapaces absolutos de comprender la ilegalidad del hecho cometido o el sentido de la pena. Tampoco resuelve el tema del lugar de cumplimiento de tales medidas. EL ENFERMO MENTAL ANTE EL CÓDIGO PENAL Como es sabido, el derecho penal considera que no se puede castigar a un delincuente si es enfermo mental, con lo que el problema que se le presenta, ante la comisión de un delito por una persona sospechosa de tener dicha enfermedad, consiste en decidir si esa persona estaba suficientemente perturbada en aquel momento como para ser dispensada de la pena y por tanto ha de ser declarado inimputable. Y una vez resuelto ese dilema, entre punir el delito, responsabilizando a su autor, o tratar la enfermedad y desresponsabilizar al que la padece, la respuesta que el sistema penal ha venido dando a dicho delincuente declarado inimputable, es la llamada medida de seguridad. Esta medida, alternativa a la pena, aparece en los Códigos europeos a finales del pasado siglo, como consecuencia de la preocupación del derecho penal por la cuestión de las reincidencias y fue pensada, en principio, para los graves delincuentes, aunque resultó enseguida de suma utilidad para otra variada gama de problemas sociales, entre los cuales estaba, cómo no, la locura. Eran los tiempos de pleno apogeo de las conocidas ideas degeneracionistas de Morel y Magnan, en que bastaba con ser pobre para ser sospechoso –la pobreza, se relacionaba estrechamente con la inmoralidad y la conducta antisocial–, hasta culminar con la doctrina de Lombroso, y las tesis belgas de defensa social, que tanta influencia tendrían en los Códigos de su época y que institucionalizó ya el término «peligroso», definido como el anormal, el enfermo, el marginal, con pleno desprecio desde ese momento hacia las garantías que deben ser propias de un Estado moderno, mezclando en un mismo saco las personas ociosas, enajenadas, huelguistas, anarquistas, vagabundos, prostitutas, etc. Por su parte, la psiquiatría, influida igualmente por esas ideas degeneracionistas, y largo tiempo sumergida en una etapa de pesimismo y nihilismo terapéutico, piensa también que el loco es un grave problema social. Y así lo define el mismo Kraepelin, cuando defiende en 1922 el internamiento de los enfermos mentales como una tarea del Estado, «para evitar el contagio y las consecuencias de sus actos peligrosos». Paralelamente, esta psiquiatría, en su afán por ganar protagonismo social a través de los foros judiciales, comienza a trasmitir a los tribunales el falso mensaje de ser capaz de penetrar en la psique del imputado, de entender o captar los aspectos más incomprensibles del delito, de predecir en suma el comportamiento humano. Luego, en las décadas 50 y 60, cuando el psicoanálisis y el conductismo se introduzcan con fuerza en el tejido capilar de los más diversos saberes e instituciones, las voces más influyentes de la ciencia penal buscarán en la medida de lo posible desdramatizar el juicio de culpabilidad e incorporarán definitivamente la pericia psiquiátrica, convirtiendo el crimen en conducta desviada y el castigo en tratamiento. La función del proceso penal dejó de ser la simple búsqueda de la verdad y el castigo del culpable, para pasar a ser más la comprensión del sospechoso, porque si no se le encuentra justificación, el crimen parece sólo posible en una mente que funciona mal, ya que la gente normal no sería capaz de cometer delitos. Al final, cualquier delito violento sería pues la expresión de una enfermedad mental, con lo que psiquiatras y psicólogos acabarían convirtiéndose en expertos imprescindibles, con el resultado de una transferencia gradual de poder sobre el crimen y el castigo, de la institución de justicia, pública, hacia los psiquiatras, a menudo privados, que son los que en la práctica se han convertido demasiadas veces en los verdaderos juzgadores de la culpabilidad o inocencia del inculpado.

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Lo peor es que, con una u otra perspectiva, psiquiatría y derecho han ido siempre de la mano para seguir relacionando la locura con el crimen, acunando el binomio loco-peligro, que ha condicionado hasta hoy mismo la relación entre enfermo mental y sociedad moderna, en todos los terrenos. Su inclusión desde principios de siglo en los Códigos Penales, con toda esa serie de variados personajes, particularmente con los más peligrosos delincuentes, se justifica entonces por el deber del Estado de colaborar en la supresión de las deficiencias personales de estos sujetos –razón por la cual se tomarían además otro tipo de medidas aun peores, las eugenésicas y eutanásicas–, quedando por demostrar, como dicen Mapelli y Terradillos, que el método mejor para resolverlas hayan sido las medidas de seguridad. Y, a pesar de que desde el primer momento se pusieron de manifiesto los riesgos que suponía adoptar medidas penales en función exclusiva de la personalidad del delincuente y su repercusión para los principios básicos de un Estado de Derecho, lo cierto es que durante largos decenios tales medidas, sin garantía jurídica alguna, han gozado de un predicamento admirable, porque, en estas medidas ocupa el primer plano la necesidad de seguridad de la colectividad. Por eso dice Jescheck, que el resultado, tras su adopción en Alemania, fue entonces valorado muy positivamente, porque «un Estado autoritario pocas veces tendrá escrúpulos para aprovechar ilimitadamente los medios de poder disponibles», con lo que las medidas de seguridad tendrán un alto grado de «efectividad». Sin embargo, sigue diciendo, en un moderno. Estado de Derecho, con sus estrechos límites y sus garantías, conllevan un enjuiciamiento más escéptico de su eficacia, «ya que hoy no cabe pensar mantener privado de libertad por mucho tiempo a un número realmente significativo de multirreincidentes cualificado– lo que sí ha ocurrido en España hasta hace poco tiempo, con de enfermos mentales, ni siquiera reincidentes–. Como es también sabido, las específicas Leyes de vagos y maleantes o de peligrosidad social, contribuyeron a ejercer con «eficacia» esa labor de limpieza social que el Estado totalitario delegó hasta hace bien poco en la llamada Administración de Justicia. LA EVOLUCIÓN DEL CÓDIGO PENAL ESPAÑOL Ese sistema, que tantos adeptos ha tenido entre muchos juristas, seguramente por su citada eficacia, conocido como dualista por estar basado en la coexistencia de penas y medidas de seguridad, pero acumulándose estas últimas a las primeras, ha regido en el Derecho Penal español hasta el año 1983, en que se introduce el llamado sistema vicarial para los semimputables, por el que el tiempo de cumplimiento de la medida de seguridad ha de imputarse al de la pena impuesta. Algo es algo. Pero la Ley 16/1970 de 4 de agosto, de Peligrosidad y Rehabilitación Social, no se deroga oficialmente hasta la promulgación del nuevo Código Penal. En relación a los apartados que afectaban al enfermo mental, el Código ha seguido casi inmutable desde el pasado siglo –con redacción copiada literalmente por muchos otros Códigos de los países hispanoamericanos–, con la única excepción de la introducción de la palabra enajenado –en lugar de la de loco o demente– en 1933, que pretendía ser una expresión más jurídica que técnica. Puro eufemismo, porque se siguió pensando en el enfermo mental y, hasta hoy mismo, la mayor parte de las Sentencias que he visto, hacían una correlación automática entre enfermoesquizofrénico-peligroso-inimputable, aunque el delito nada tuviera que ver con la enfermedad, como si un esquizofrénico todo lo que hiciera ya en la vida, sus opiniones, sus deseos, sus convicciones o todos sus actos, tuvieran que ser para siempre necesariamente esquizofrénicos. La idea, también asumida desde la propia psiquiatría legal, de que el enfermo mental es incurable, justificaba además que las medidas de seguridad de los anteriores Códigos fueran indefinidas. LAS MEDIDAS DE SEGURIDAD EN EL CÓDIGO PENAL DE 1995 El nuevo Código Penal no hace sino ponerse al día con el de otros Estados modernos, en consonancia con una Constitución vigente, que habla de derechos y libertades, de garantías jurídicas para todos los ciudadanos y por tanto también para el enfermo mental que comete un delito. Era, en fin, una exigencia democrática. Es verdad que en los últimos años el Tribunal Constitucional había liquidado en la práctica las tesis de los anteriores legisladores, que aceptaban la existencia de peligrosidad predelictual, es decir, de simple y llana peligrosidad social sin haber llegado a cometer delito alguno. El nuevo Código acaba ya de manera oficial –y esperemos que definitiva– con los estados peligrosos sin delito y con las medidas de seguridad indeterminadas. Para este Código, la medida de seguridad debe estar fundamentada en la peligrosidad criminal del sujeto al que se le impongan (art. 6), «exteriorizada en la comisión de un hecho previsto como delito», con la novedad de que tales medidas «no pueden resultar más gravosas ni de mayor duración que la pena abstractamente aplicable al hecho cometido, ni exceder el límite de lo necesario para prevenir la peligrosidad del autor». Por lo pronto, estos dos preceptos suponen que sólo se podrán imponer medidas cuando se condene a un sujeto por la comisión de un hecho tipificado como delito, acabando con la imposición de medidas por cosas tan insignificantes como hurtar dos botellas de leche, vender el burro de la abuela en

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un mercado, bajarse los pantalones en la puerta de su casa, insultar a un vecino a través del telefonillo interior, etc., lo que ha supuesto no pocas privaciones de libertad por muchos años. El Código alude expresamente a la peligrosidad criminal del sujeto, entendiendo como tal la probabilidad del delincuente de volver a cometer un hecho delictivo en el futuro, y descartando por fin la presunción de peligrosidad social que ha estigmatizado tan largo tiempo al enfermo mental. Con esta redacción, el médico que sea llamado a dictaminar sobre la posible peligrosidad de cualquier acusado ya no tiene excusa, debe abstenerse por completo de contestar a ello en tanto que se trata de un problema jurídico, pero no médico5, y corresponde exclusivamente al Juez o Tribunal decidirla, valiéndose de cuantos medios estén a su alcance, de los que el informe médico no es sino uno más, aunque a veces pueda ser el más importante. Es de esperar también que al quedar especificado que la peligrosidad es criminal –es decir, en función del delito– y no social, se acabe con la equívoca práctica de decidir tal peligrosidad en función del hecho citado anteriormente de estar etiquetado, por padecer –o haber padecido– una enfermedad incluida en el Manual Diagnóstico DSM –en la mayoría de las sentencias, la esquizofrenia– que ya toda la judicatura tiene encima de su mesa, reproduciendo a veces párrafos del mismo para justificar una Sentencia. En ocasiones, incluso, bastaba sólo con estar incapacitado. La nueva redacción del Código exige poner en relación la presunta enfermedad del sujeto con la comisión del delito y, más que la simple etiqueta diagnóstica, que se tengan en cuenta las múltiples circunstancias que rodean al sujeto concreto, en un momento concreto y con un cuadro psicopatológico concreto. Además, la peligrosidad criminal no puede presumirse ahora por el simple hecho de que se padezca una de las anomalías que eximen de responsabilidad, sino que debe ser establecida en el proceso y puede ser objeto de controversia. De hecho, el nuevo Código limita específicamente la aplicación de las medidas de seguridad sólo a inimputables y parcialmente imputables, es decir, únicamente en los supuestos previstos en los artículos 101 al 104 y eso significa que sólo el Juez o Tribunal sentenciador, tras un juicio contradictorio en que, con todas las garantías se haya acreditado la comisión por el sujeto del hecho delictivo y asimismo, la existencia de alguna de las causas de inimputabilidad, puede imponer alguna de las medidas de seguridad. Y es más, como dice Sánchez Yllera (10), la garantía de jurisdiccionalidad exige que sólo en sentencia se pueda aplicar la medida, pero nunca en fase de instrucción o tras el sobreseimiento de la causa, lo que en teoría acaba también con la relativamente frecuente utilización hasta ahora por los jueces de instrucción de la medida cautelar de internamiento, a pesar de que tal figura no existía en el ordenamiento penal español. Más de una vez se han producido ingresos en centros psiquiátricos penitenciarios, preventivamente, sin informe pericial alguno y sin garantía de ningún tipo, con internamiento en algún caso que ha superado ampliamente los dos años, a pesar de que los facultativos certificaban que no había motivos para tenerlo ingresado. Ahora, de acuerdo con el nuevo Código, el juez instructor carece de facultades para acordar la imposición de medidas de seguridad, pudiendo sólo utilizar las medidas cautelares que le ofrece el proceso penal –prisión preventiva– o, si lo cree conveniente, de acuerdo con el art. 381 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, podrá someter al sujeto investigado a la observación de los médicos forenses si ha apreciado signos de enfermedad mental, en el establecimiento en que estuviese preso o en otro público si lo considerase más a propósito y solo durante el tiempo preciso que dure la investigación. Por las mismas razones, es ya imposible que se produzca el internamiento tras decretar el sobreseimiento libre de la causa en fase de instrucción, procedimiento por el que se podía internar de por vida a un presunto delincuente si se le consideraba enajenado, sin celebración de juicio alguno, es decir, sin saber siquiera si realmente era el autor del delito inculpado, procedimiento que aún ha dado algún que otro ingreso en centro penitenciario hasta fechas muy recientes y por el que había hasta hace poco en el hospital penitenciario de Alicante 23 personas, la mayoría con muchos años de reclusión a sus espaldas. Todas estas garantías afectan igualmente al carácter de la medida que, cuando lo sea de internamiento, sólo es posible cuando la privación de libertad se pone en relación con la peligrosidad demostrada en la comisión del delito (arts. 101, 102 y 103) y en todo caso, sólo se podrá imponer si la pena que le hubiera sido impuesta de no ser inimputable, lo fuera de privación de libertad. Clases de medidas de seguridad El art. 96 distingue entre medidas privativas y no privativas de libertad. Son privativas de libertad: 1. el internamiento en centro psiquiátrico 2. el internamiento en centro de deshabituación 3. el internamiento en centro educativo especial mientras considera no privativas de libertad:

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1. la prohibición de estancia y residencia en ciertos lugares 2. la privación del derecho a conducir vehículos a motor y ciclomotores 3. la privación de licencia o del permiso de armas 4. la expulsión del territorio nacional de extranjeros no residentes en España 5. las demás previstas en el art. 105, que son las siguientes: 1.–Por un tiempo no superior a cinco años: a) sumisión a tratamiento externo en centros médicos o establecimiento sociosanitario b) obligación de residir en un lugar determinado. c) prohibición de residir en el lugar o territorio que se designe. En este caso el sujeto estará obligado a declarar el domicilio que elija y los cambios que se produzcan d) prohibición de acudir a determinados lugares o visitar establecimientos de bebidas alcohólicas. e) custodia familiar f) sometimiento a programas de tipo formativo, cultural, educativo, profesional, de educación sexual u otros similares. 2.–Por un tiempo de 10 años: repite las del artículo 95 ya descritas, sobre prohibición de conducir vehículos y tener licencia o permiso de armas, con la única diferencia de que si se aplica éste, tendrán una limitación temporal concreta. No se termina de entender, como señalan varios autores la razón por la que los legisladores las han dividido entre dos artículos distintos, lo que sin duda se prestará a confusión. Alguna de las medidas del art. 96 son además casi de imposible control, especialmente las de prohibición de estancia en determinados lugares. De todas maneras, el Código distingue con claridad las medidas privativas de libertad y las no privativas, que es lo primero que el juzgador tiene que comprobar en aplicación al delito cometido, independientemente de la cantidad de pena que además pueda corresponder y si dicha pena no fuera privativa de libertad, sólo podrán aplicarse las medidas del art. 105, que son más limitadas que las del 96.3, mientras que si la pena supuestamente aplicable sí fuera de privación de libertad, por tratarse entonces de un delito de mayor entidad, y el Tribunal a su vez no considere necesario imponer medida de internamiento, se puede acudir a las medidas previstas en el art. 96.3, en función de la probada escasez de peligrosidad. Es decir, el internamiento es posible, pero no necesario. La limitación temporal de las medidas de seguridad Quizá sea la limitación temporal de las medidas en el nuevo Código Penal su novedad más importante y que probablemente más pueda chocar a bastantes juristas o médicos, especialmente a un cierto sector de la medicina legal, acostumbrados todos a la tranquilidad que proporcionaba la indefinición de la medida, sin importarles las condiciones en que iba a transcurrir la vida del supuesto enfermo ni, desde luego, sus derechos como persona. A este respecto decía Muñoz Conde que el tipo de medida que venía establecido en el art. 8.1 del Código anterior, «era inaceptable jurídico-penalmente, porque quebraba el principio de seguridad jurídica, al admitir de hecho el internamiento indefinido». El caso es que a partir de ahora, el Código dice en su art. 101 que «el internamiento no podrá exceder del tiempo que habría durado la pena privativa de libertad, si hubiera sido declarado responsable el sujeto» y esto acaba con tantas situaciones injustas que yo mismo he conocido, de cadena perpetua, tanto en centros psiquiátricos provinciales como en centros penitenciarios –situación denunciada en su día por el Defensor del Pueblo (12)–, en muchas ocasiones por la simple falta de contestación del Tribunal a la petición de los facultativos de levantamiento de la medida y no pocas, ciertamente, por la falta de respuesta del Sistema Sanitario. Y ya hemos visto que también las medidas de sometimiento a tratamiento ambulatorio, del art. 105.1.a, tienen un límite que no debe exceder los cinco años, lo que hace imposible lo ocurrido hasta ahora mas de una vez, de que después de varios años de estar en libertad se vuelva a decretar el internamiento, por la misma causa, sin haber cometido ningún nuevo delito –bastaba a veces simplemente con que algún familiar se quejara al Tribunal de que el enfermo no era obediente o no tomaba correctamente la medicación, sin que se exigiera control alguno– o, por otro distinto que hubiese requerido la apertura de una nueva causa. Los arts. 101, 102, 103 y 104 a su vez, hacen referencia a las medidas privativas de libertad que cabe imponer a aquellos que hayan sido declarados total o parcialmente inimputables, de acuerdo con lo establecido en el art. 20. El primero de ellos señala que al sujeto que sea declarado exento de responsabilidad criminal se le podrá aplicar si fuera necesaria, «la medida de internamiento para tratamiento médico o educación especial –esto también es novedad– en un establecimiento adecuado al tipo de anomalía o alteración psíquica que se aprecie», mientras que el 102 hace referencia a que la medida de internamiento se llevará a cabo en centro de deshabituación público, o privado debidamente acreditado u homologado, al imponerse como es lógico a personas en las que la eximente se aplicó por

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algún problema derivado del consumo de sustancias tóxicas. El 103 se refiere específicamente a los sujetos con alteraciones graves en la percepción. La ejecución de la medida. Su revisión, cese o sustitución La limitación temporal que el nuevo Código exige para las medidas de seguridad, tanto privativas como no privativas de libertad, no quiere decir que necesariamente el sujeto implicado haya de permanecer en dicha situación todo el tiempo previsto. En realidad, ya existía jurisprudencia del Tribunal Constitucional en este sentido, recogiendo sentencias de Tribunales europeos y reglamentaciones de organismos internacionales de los que España es miembro. Así, se exige la revisión periódica del estado de salud del internado, impidiendo, al menos teóricamente, la prolongación del internamiento cuando no subsista el trastorno mental que dio origen al mismo. En caso de que el Tribunal no considere suficientes los informes de los médicos que tratan al interno, debe contrastarlos con otros para poder basar con más fidelidad su respuesta. Hasta ahora, sobre todo hasta que han empezado a llegar a los hospitales penitenciarios psiquiatras con formación actualizada, el problema era que ciertos informes médicos podían confundir a veces al Tribunal, en tanto que ciertos cuadros que se describían eran más debidos a los años de aislamiento manicomial y poco tenían ya que ver con el que originó el delito. El Código Penal actual, para evitar el casi total desamparo del interno por parte de muchos de sus respectivos Tribunales, otorga por vez primera un papel primordial al Juez de Vigilancia Penitenciaria, cuya proximidad a los problemas cotidianos de los internados espero que evite muchas de esas injustas situaciones que hasta ahora se han venido dando por falta de respuesta de aquellos. Así, el art. 97 dice que «durante la ejecución de la sentencia, el Juez o Tribunal sentenciador podrá, mediante un procedimiento contradictorio, previa propuesta del Juez de Vigilancia Penitenciaria», desde decretar el cese de la medida de seguridad, sustituirla por otra más adecuada a la situación actual del enfermo o dejarla en suspenso por un plazo también determinado, condicionado a que el sujeto no delinca durante dicho plazo. El art. 98 indica al Juez de Vigilancia que para formular tal propuesta deberá valorar los informes emitidos por los facultativos y profesionales que asistan al sometido a medidas de seguridad, los cuales por tanto pasan a tener relación con este Juez y no directamente con el Tribunal. El Código deja así esta doble vinculación –del Juez de Vigilancia y del Tribunal sentenciador–, lo que podría ser una fuente de conflictos y en cualquier caso no termina de desvincular al enfermo de su Tribunal, que es quien en última instancia ha de decidir sobre todas las cuestiones. Y aunque el Código otorga nuevas garantías en relación con el respeto al derecho de defensa en el control de la evolución del sometido a medida, dada la sobrecarga de trabajo de muchos Tribunales es posible que este indudable logro pueda convertirse en un lastre para muchos enfermos. La revisión de la medida se ha de hacer en un proceso contradictorio, lo que exige que se oiga al interesado antes de dictarse la resolución judicial, y ha de serlo con asistencia de letrado. Como es natural, en el caso de los semiimputables, es decir cuando concurran penas y medidas de seguridad privativas de libertad, el cumplimiento de la medida será siempre anterior al de la pena, que puede quedar suspendida si al finalizar aquella el Tribunal considerara que «la ejecución de la pena pusiera en peligro los efectos conseguidos a través de aquella» (art. 99). Esto beneficiará en especial a las personas con problemas de consumo de drogas o alcohol. Es novedad también el hecho de que el posible quebrantamiento de la medida ya no da lugar a un nuevo proceso, como hasta ahora, sino que simplemente originará «el reingreso del sujeto en el mismo centro del que se hubiese evadido o en otro que corresponda a su estado» (art. 100). Por último, es conveniente añadir que ha cambiado también lo referente a la enfermedad mental sobrevenida durante el tiempo de cumplimiento de una pena que, hasta el último Código Penal, significaba la adopción de una medida de seguridad de internamiento indefinido y la suspensión de dicha pena, que volvía a terminar de cumplirse desde el momento en que se produjera la «curación». Eso suponía, por ejemplo, que si un sujeto penado a dos años de cárcel sufría un problema orgánico cerebral y el Tribunal le declaraba inimputable hasta su curación, pasaba a un hospital penitenciario, probablemente hasta su muerte. Si alguien, en cambio, se daba por curado al cabo de 10 años, tenía todavía que cumplir el resto de la pena que le quedaba. Con todos los respetos, un perfecto disparate. El Art. 60 actual dice: Cuando, después de pronunciada sentencia firme, se aprecie en el penado una situación duradera de trastorno mental grave que le impide conocer el sentido de la pena, se suspenderá la ejecución de la pena privativa de libertad que se le haya impuesto, garantizando el juez o Tribunal que aquél reciba la asistencia médica que precisa. Restablecida la salud mental del penado, éste cumplirá la sentencia si la pena no hubiera prescrito, sin perjuicio de que el juez o Tribunal, por razones de equidad, pueda dar por extinguida la

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condena o reducir su duración, en la medida en que el cumplimiento de la pena resulte innecesario o contraproducente. LOS PROBLEMAS PENDIENTES E3l Código Penal ha mejorado sensiblemente en su conjunto las garantías de que un enfermo mental tendrá un juicio justo, así como las condiciones de aplicación de las medidas de seguridad, terminando con muchas de las situaciones injustas y discriminatorias que se han venido produciendo con los Códigos anteriores. La peor de todas ellas, la desesperanza de no saber nunca cuándo acabaría su condena y la realidad constatada tantas veces de su permanencia en situación de privación de libertad hasta su muerte, con demasiada frecuencia, por delitos leves. Esto sólo, justifica el nuevo Código, por más que siga habiendo voces discordantes que consideran una aberración la limitación temporal de tales medidas, empecinados aun en considerar al enfermo mental como un sujeto imprevisible, peligroso e incurable, estereotipo al que, como decíamos al principio, tanto ha colaborado la psiquiatría clásica y al que ha venido aferrándose una buena parte de la judicatura y de la medicina legal, que no se han enterado de los profundos cambios ocurridos en las concepciones y en la práctica de la intervención psiquiátrica, ni siquiera, por lo que parece a veces, de los avances conseguidos en el terreno de los derechos civiles y humanos de los enfermos mentales. Y sin embargo, son estas anacrónicas concepciones las que constituyen su mayor estigma, haya delinquido o no, estigma que tanta influencia negativa tiene para que el enfermo y sus familias tengan luego cientos de obstáculos para conseguir acceder a viviendas, lugares de recreo, residencias, trabajo, etc. Y a la persistencia de este estigma seguirá contribuyendo el hecho de que el enfermo mental continúe teniendo un estatuto especial dentro del derecho penal, por mucho que ahora se insista en que su peligrosidad sea criminal y no social. Pero ahí siguen las medidas de seguridad, como medidas de excepción. Es inútil que esté demostrado que el término «peligroso» no es científico a pesar de lo cual el derecho penal lo conserva en plena vigencia, y que en todos los trabajos de cierta seriedad se compruebe la escasa significación que para el conjunto de la delincuencia mayor tienen los delitos cometidos por estos enfermos. Baste decir que las cifras de internados judiciales se han mantenido prácticamente constantes en los últimos 25 años –actualmente hay en centros penitenciarios 303 de ambos sexos–, mientras el número global de delincuentes internados en todo el Estado español ha triplicado sus cifras, pasando a 44.0008. Es bien cierto, sin embargo, que en esas abrumadoras cifras de población privada de libertad, ilustrativas de la progresiva transformación del llamado Estado de bienestar en un simple Estado penal, hay incluidos cada día un mayor número de enfermos mentales, no considerados inimputables, problema conocido en todo el mundo occidental, coincidiendo con la progresiva crisis social y económica, pero también con el fenómeno de la desinstitucionalización. Y es lógico que así sea porque antes de que empezara este fenómeno era difícil que los enfermos mentales delinquieran, en tanto que la mayoría de ellos pasaban casi toda su vida internados en un manicomio. A partir del momento en que se produce la tajante separación entre los dos papeles que hasta entonces jugaba el asilo, el de proporcionar tratamiento y el de darles cobijo de por vida, es normal que planteen los problemas del grupo social al que pertenecen, como cualquier otro de sus miembros, problemas fáciles de suponer por la relación tan estrecha entre enfermedad mental y pobreza, agravados en este país por la frecuente falta de apoyos sociales y económicos –cuántas veces un caso estrictamente social se convierte con facilidad en psiquiátrico, requiriendo un ingreso urgente, cuando no en un caso penal–, sin contar con las serias deficiencias del propio Sistema Sanitario –se sabe, por ejemplo, la estrecha relación entre violencia psicótica y abandono de la medicación– Aunque todo el que haya conocido el viejo sistema asilar recordará la poca diferencia práctica que existe entre las personas sin hogar actuales –locas o no locas– y la gran mayoría de aquellos habitantes de los clásicos manicomios, igualmente abandonados a su suerte, con sus atillos bajo el brazo llenos de papeles, como única posesión, asilos cuyos «techos» tenían por desgracia demasiadas goteras. Las mismas que a otros muchos niveles está volviendo a provocar el sistema neoliberal de libre mercado. Por tanto, es necesario resaltar que ese incremento de delitos menores, por parte de enfermos mentales que viven en la comunidad, no depende de la enfermedad en sí, sino de sus condiciones de vida. En general, la impresión que han venido dando bastantes responsables sanitarios es como si la salud de las personas privadas de libertad no les incumbiera. En el caso de los enfermos mentales, so pretexto de la falta de acuerdo entre las Administraciones en el terreno económico –a 10 años vista de la Ley General de Sanidad–, se ha solido conjugar en la práctica la precariedad real de recursos para

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satisfacer la demanda de la población normal, con el nulo interés por colaborar con la institución penitenciaria. Esto suponía, por ejemplo, no sólo la necesidad de contratar psiquiatras de apoyo a nivel privado por parte del centro penitenciario, sino también, que la petición de traslado de personas largamente internadas en un establecimiento penitenciario, a las que se había convencido al Tribunal de que concediera la libertad por carecer ya de peligrosidad, hablando en términos jurídicos, fuera sistemáticamente denegada con los más diversos y a veces pintorescos pretextos. Incluso de personas cuyo delito se había cometido hacía muchísimos años en el interior del propio hospital psiquiátrico que ahora le negaba el reingreso. Al final, todos, administración sanitaria y judicial –incluyendo el Ministerio Fiscal– aceptaban con naturalidad la condena a cadena perpetua del «preso psiquiátrico». Este ha sido un problema inimaginable para un delincuente considerado imputable: el día de cumplimiento de su condena salía incuestionablemente a la calle aunque no tuviera techo donde dormir o fuera a ser con mucha probabilidad reincidente. De todos modos, volviendo a los sujetos considerados inimputables, lo que sí es evidente es que siempre habrá enfermo que de acuerdo con el nuevo Código, una vez cumplida su medida de seguridad seguirá precisando atención especializada en régimen de internamiento, con ingreso acorde ya con la legislación civil, si bien el número absoluto será mínimo, repartido entre todas las CCAA, una vez que ya ha salido el grueso de internos acumulado como consecuencia del Código anterior. Y esta reducida cifra no creo justifique la exagerada alarma de ciertos responsables –el caso de la Comunidad Valenciana ha sido patético– ni debe servir para pensar en Unidades de «alta seguridad», como a veces se oye, que remedarían a las unidades de judiciales de los viejos manicomios, ocupadas enseguida por el aparato judicial, fuente continua de serios problemas, sin que resolvieran nada. Para eso ya están las cárceles. Quizá valga la pena recordar que la plena integración de la psiquiatría en la Sanidad supone abandonar de una vez su papel histórico de agente del orden para pasar a ser un modesto agente de salud. Y por eso, en lugar de pensar en unidades blindadas, lo que cada Autonomía tendrá que reflexionar es cómo mejorar sus recursos, sanitarios y sociales, especialmente para pacientes crónicos, incluyendo aquellos que seguramente necesitan atención intensiva o duradera en el tiempo y que superan las posibilidades de una Unidad de Hospital General, como la forma más efectiva de colaborar en la prevención, desde la perspectiva sanitaria, de posibles acciones violentas o delictivas de este colectivo. En todo caso, habría que estar de acuerdo en que la falta de recursos –o de voluntad política, y en más de un caso probablemente técnica– no tiene por qué pagarla el propio enfermo, tanto más cuanto no existe punto de comparación entre el peligro potencial de ese reducido grupo, cuya capacidad delictiva de reincidencia ya he explicado que no difiere de la de la población penal considerada normal, con el del numeroso colectivo de presos que salen diariamente en libertad con afecciones tan graves como tuberculosis resistentes o sida y que sí que constituyen un riesgo seguro para la comunidad, sin que eso parezca preocupar demasiado. Por otra parte, el legislador no se ha decidido, al redactar el Código, por aclarar de una vez si la medida de seguridad aplicable al declarado inimputable es una medida cautelar, preventiva, cuyo cumplimiento debería hacerse sin excepciones en el sistema penitenciario, o se trata de una medida para tratamiento real de la enfermedad, en cuyo caso correspondería al sistema sanitario la plena responsabilidad, tal y como se viene haciendo en otros países. Véase lo que dice Jescheck al respecto: «el internamiento se produce en Alemania en un centro psiquiátrico normal de la red pública, porque se entiende que el sistema penitenciario no puede proporcionar el tratamiento médico, psicoterapéutico y de asistencia social que estos criminales requieren» El Código alemán, quizá por ello, excluye expresamente a los trastornos de personalidad de la posibilidad de ser declarados inimputables. El caso es que con la indefinición actual, lo normal será que, ante los problemas y dificultades que presenta el sistema sanitario público y la convicción de los juzgadores en la extrema peligrosidad de cualquier enfermo mental, las medidas de internamiento se seguirán cumpliendo en un centro psiquiátrico penitenciario, con todas las contradicciones que ello encierra. De hecho, eso dice la Ley General Penitenciaria en su art. 1: «las Instituciones penitenciarias tienen como fin primordial la reeducación y reinserción social de los sentenciados a penas y medidas penales de seguridad privativas de libertad» y el art. 183 y siguientes del Reglamento penitenciario, aprobado por R.D. 190/1996, señala que los centros psiquiátricos son «aquellos centros especiales destinados al cumplimiento de las medidas de seguridad privativas de libertad aplicadas por los Tribunales correspondientes». Por tanto, es posible que hoy sea el destino más claro, de entrada, aceptando que después, se pueda con facilidad, cuando esté indicado, producir el traslado a un centro de la red sanitaria o social de su provincia de origen. Pero, insisto, la ambigüedad del Código seguirá dejando al arbitrio del Tribunal

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la decisión definitiva, sin que se vea posible la existencia de Comisiones mixtas, sanitarias y judiciales – si no fueran mixtas no servirían de nada–, encargadas de dirimir –o al menos orientar– cual podría ser la mejor solución en cada caso. Y tampoco se termina de entender que el legislador no haya equiparado de una vez al enfermo mental con el resto de penados, dejándolo todavía dependiente de su Tribunal, lo que significa que no serán directamente los equipos técnicos, con el Juez de Vigilancia, quienes decidan los permisos, su programa de rehabilitación, las visitas, o el alta del establecimiento, tal y como ocurre en las prisiones normales, lo cual limita mucho las posibilidades de trabajo con estos enfermos, como sabe cualquiera que haya tenido alguno de estos ingresos penales en su hospital. Se trata pues de un tratamiento discriminatorio, en tanto que un delincuente común obtiene sus beneficios penitenciarios en función de su conducta y a propuesta directa del llamado equipo de tratamiento de cada prisión y del Juez de Vigilancia, sin pasar ya por el Tribunal juzgador. Un problema real también será el control de las medidas no privativas de libertad. Al final del art. 105 se dice que «el Juez de Vigilancia Penitenciaria o los servicios correspondientes del Ministerio de Justicia e Interior o de la Administración Autonómica, informarán al Juez o Tribunal sentenciador sobre el cumplimiento de estas medidas», mientras el art. 106, añade que «el Juez o Tribunal sentenciador dispondrá que los servicios de asistencia social competentes presten la ayuda o atención que precise y legalmente le corresponde al sometido a estas medidas». Ya veremos quienes son en la práctica los servicios competentes y la experiencia viene demostrando la escasa conexión entre los servicios judiciales y sanitarios, con la frecuente falta de información adecuada para estos últimos, a la hora de practicar un control ambulatorio. Sin contar también las dificultades de ciertos equipos comunitarios, con escasa capacidad para mantener dicho control, cuando no la ausencia de compromiso de sus miembros. La Justicia, sin embargo –o la sociedad–, aun tardará en aceptar al enfermo mental como sujeto de pleno derecho. Y en momentos de crisis, en que se están imponiendo otra vez las tesis más biologistas en detrimento de las rehabilitadoras, exigiéndose por doquier el cumplimiento íntegro de las penas o su ampliación, cuando no se pretende volver a primar el orden y la seguridad sobre las libertades individuales, no parecen tiempos en que se puedan esperar políticas sanitarias o criminales que favorezcan al enfermo mental –crónico–, que siempre estuvo en el último furgón de la historia. Por eso, tal vez lo mejor que se les puede desear ahora, a los que cometan un delito, es que los dejen como están. J. Espinosa Iborra TEMA VII LA POLICÍA ANTE EL INTERNAMIENTO PSIQUIÁTRICO. INTRODUCCIÓN. La agresión es un problema que tiene cada vez mayor relevancia en la vida moderna. Frente a la escalada de violencia que observamos en los medios de comunicación de masa y en la creciente inseguridad de las personas ante la eventualidad de un ataque por parte de antisociales, surgen las preguntas: ¿Por qué el hombre es agresivo?, ¿Esta agresividad es innata o aprendida? ¿Puede ser extirpada de nuestras sociedades?. Trataremos de explicar la conducta agresiva a través de los distintos lentes teóricos que entrega las ciencias de la conducta. El principal objetivo es entregar una amplia visión sobre variados aspectos del estudio de la agresividad, por lo que se ha privilegiado la amplitud de enfoques sobre el desarrollo exhaustivo de cada tema. Con relación a los objetivos específicos, podríamos nombrar los siguientes: Describir los principales modelos que han buscado explicar el fenómeno de la agresividad. Entre ellos encontramos la perspectiva psicoanalítica, la etológica o evolutiva, la biológica, los modelos cognitivos, los del aprendizaje social. Incluimos, además, una breve reseña del modelo fenomenológico. Dar a conocer algunos trastornos mentales relacionados con la agresión. Enumerar algunos métodos de medición y evaluación de la agresividad. Para el logro de estos objetivos, se realizó una revisión bibliográfica general, tras lo cual se sintetizó los contenidos recogidos, para lograr un esquema general de contenidos. Posteriormente, se buscó bibliografía más específica para desarrollar los temas presentes en el esquema general. ¿En qué forma puede instarse el internamiento psiquiátrico de una persona que muestra reiterados episodios de violencia? La medida de internamiento psiquiátrico de un ciudadano, en tanto que medida que restringe su libertad deambulatoria y su capacidad de obra, es una medida que sólo y exclusivamente pueden adoptar los Juzgados y Tribunales, de forma motivada. Ahora bien, los órganos judiciales sólo pueden actuar en la medida en que conozcan de la existencia del problema, esto es, en la medida en que se les someta a su jurisdicción la cuestión concreta. La cuestión para este consultorio es así no tanto quien puede decretar el internamiento, que claramente será tan sólo un Juez, como en qué forma deben actuar las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad cuando tengan en sus manos una situación que puede requerir un internamiento psiquiátrico.

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Esta cuestión puede tener distintos enfoques para su solución, definidos por la gravedad de los episodios que protagonice la persona afectada, y de si existe o no daños a las personas y las cosas en los episodios. Con carácter general, la decisión de ingresar a un ciudadano en un centro psiquiátrico viene otorgada a los tribunales civiles, ya que, en tanto que cuestión de capacidad de las personas, son los jueces y tribunales civiles los que de forma esencial o primaria están llamados a conocer del tema. Así, el Código Civil regulaba esta medida en su artículo 211 (incluido en el título dedicado a la incapacidad de las personas), hasta la entrada en vigor de la Ley 1/2000 de 7 de enero, de Enjuiciamiento Civil (lo que tuvo lugar el día 8 de enero de 2001). Señalaba el derogado artículo 211 del Código Civil lo siguiente: El internamiento por razón de trastorno psíquico, de una persona que no esté en condiciones de decidirlo por sí aunque esté sometida a la patria potestad, requerirá autorización judicial. Esta será previa al internamiento, salvo que razones de urgencia hiciesen necesaria la inmediata adopción de la medida, de la que se dará cuenta cuanto antes al Juez y, en todo caso, dentro del plazo de veinticuatro horas. El internamiento de menores, se realizará en todo caso en un establecimiento de salud mental adecuado a su edad, previo informe de los servicios de asistencia al menor. El Juez, tras examinar a la persona y oír el dictamen de un facultativo por él designado, concederá o denegará la autorización y pondrá los hechos en conocimiento del Ministerio Fiscal, a los efectos prevenidos en el artículo 203. Sin perjuicio de lo previsto en el artículo 269, 4), el Juez, de oficio, recabará información sobre la necesidad de proseguir el internamiento, cuando lo crea pertinente, y, en todo caso, cada seis meses, en forma igual a la prevista en el párrafo anterior, y acordará lo procedente sobre la continuación o no de internamiento. En la actualidad y desde el día 8 de enero de 2001 la regulación del procedimiento de autorización de ingreso en un centro psiquiátrico viene dada por el artículo de la ya citada Ley 1/2000, de 7 de enero, de Enjuiciamiento Civil, que señala: Artículo 763. Internamiento no voluntario por razón de trastorno psíquico. 1. El internamiento, por razón de trastorno psíquico, de una persona que no esté en condiciones de decidirlo por si aunque esté sometida a la patria potestad o a tutela, requerirá autorización judicial, que será recabada del tribunal del lugar donde resida la persona afectada por el internamiento. La autorización será previa a dicho internamiento, salvo que razones de urgencia hicieran necesaria la inmediata adopción de la medida. En este caso, el responsable del centro en que se hubiere producido el internamiento deberá dar cuenta de éste al tribunal competente lo antes posible y, en todo caso, dentro del plazo de veinticuatro horas, a los efectos de que se proceda a la preceptiva ratificación de dicha medida, que deberá efectuarse en el plazo máximo de setenta y dos horas desde que el internamiento llegue a conocimiento del tribunal. En los casos de internamientos urgentes, la competencia para la ratificación de la medida corresponderá al tribunal del lugar en que radique el centro donde se haya producido el internamiento. Dicho tribunal deberá actuar, en su caso, conforme a lo dispuesto en el apartado 3 del artículo 75 7 de la presente Ley 2. El internamiento de menores se realizará siempre en un establecimiento de salud mental adecuado a su edad, previo informe de los servicios de asistencia al menor. 3. Antes dé conceder la autorización o de ratificar el internamiento que ya se ha efectuado, el tribunal oirá a la persona afectada por la decisión, al Ministerio Fiscal y a cualquier otra persona cuya comparecencia estime conveniente o le sea solicitada por el afectado por la medida. Además, y sin perjuicio de que pueda practicar cualquier otra prueba que estime relevante para el caso, el tribunal deberá examinar por si mismo a la persona de cuyo internamiento se trate. y oír el dictamen de un facultativo por él designado. En todas las actuaciones, la persona afectada por la medida de internamiento podrá disponer de representación y defensa en los términos señalados en el artículo 758 de la presente Ley En todo caso, la decisión que el tribunal adopte en relación con el internamiento será susceptible de recurso de apelación. 4. En la misma resolución que acuerde el internamiento se expresará la obligación de los facultativos que atiendan a la persona internada de informar periódicamente al tribunal sobre la necesidad de mantener la medida, sin perjuicio de los demás informes que el tribunal pueda requerir cuando lo crea pertinente. Los informes periódicos serán emitidos cada seis meses, a no ser que el tribunal, atendida la naturaleza del trastorno que motivó el internamiento, señale un plazo inferior. Recibidos los referidos informes, el tribunal, previa la práctica, en su caso, de las actuaciones que estime imprescindibles, acordará lo procedente sobre la continuación o no del internamiento. Sin perjuicio de lo dispuesto en los párrafos anteriores, cuando los facultativos que atiendan a la persona internada consideren que no es necesario mantener el internamiento, darán el alta al enfermo, y lo comunicarán inmediatamente al tribunal competente. Respecto de las personas que pueden instar la actuación judicial, fuera de los parientes directamente interesados (cónyuge o pareja de hecho, descendientes, ascendientes o hermanos del presunto incapaz) señala el artículo 757.3 que

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Cualquier persona está facultada para poner en conocimiento del Ministerio Fiscal los hechos que puedan ser determinantes de la incapacitación. Las autoridades y funcionarios públicos que, por razón de sus cargos, conocieran la existencia de posible causa de incapacitación en una persona, deberán ponerlo en conocimiento del Ministerio Fiscal. Por tanto, la iniciativa de solicitar al Juzgado la incapacidad de una persona. y en su caso su internamiento, corresponderá al Ministerio Fiscal. Pero a éste deberán acudir las autoridades o funcionarios que conozcan la existencia de posibles causas de incapacitación. Así, si un miembro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad tiene conocimiento en razón de sus funciones de una situación que pueda requerir el internamiento psiquiátrico de algún ciudadano, deberá, en principio, comunicarlo al Ministerio Fiscal para que éste, en su caso, inste lo pertinente ante el Juzgado de Primera Instancia (civil) correspondiente. Pero el concreto funcionamiento y la coordinación dependerá de cada Cuerpo, de cada situación o lugar, de los protocolos de actuación existentes, de modo que en muchas ocasiones lo que se hará será comunicar la concreta situación al organismo municipal o autonómico que pueda tener competencia en servicios sociales para que sea éste quien inste lo que proceda ante el Ministerio Fiscal. Cabe no obstante, como excepción, aquellas situaciones que requieren, por su gravedad y urgencia, el directo internamiento. Serán, en todo caso, situaciones que deberán valorar los facultativos correspondientes, y ellos deberán ser quienes adopten la decisión de proceder al internamiento urgente. En estos supuestos, y como excepción, a ellos también competerá dar cuenta inmediata al Juzgado competente, y ello sin perjuicio de que el Ministerio Fiscal deba intervenir posteriormente en todo caso. En estos casos, la función policial se limitaría a instar del centro psiquiátrico pertinente que proceda a valorar el internamiento urgente de la persona presuntamente incapaz, sin que pueda obligar al internamiento. Si finalmente no se produjera dicho internamiento urgente, procedería la comunicación al Ministerio Fiscal para que fuera éste quien instara lo pertinente al Juzgado civil competente, salvo que, como más adelante se señala, la persona se encuentre detenida. No resulta legalmente procedente, en cambio, que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad se remitan directamente a los Juzgados o les informen de concretas situaciones para instar el internamiento de estas personas, porque carecen de competencia o capacidad para intervenir civilmente como parte instigadora del procedimiento en estos supuestos, competencia que en exclusiva viene otorgada, insistimos, al Ministerio Fiscal. Esto en lo que se refiere al ámbito civil. Pero no estaría completa la respuesta si no se señalara que en ocasiones, como se ha indicado, la violencia puede suponer no genéricos o potenciales daños, sino concretas lesiones a terceras personas, lesiones que, en principio, serían constitutivas de infracción penal. No puede, por tanto, descartarse que las situaciones descritas exijan actuaciones de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad para la prevención del delito o para el aseguramiento del delincuente, o en otras palabras, la detención del causante del daño o lesión en tanto que autor de un posible o presunto delito en tanto que no se encuentre incapacitado. Sin perjuicio de que pueda resultar prudente en estos casos solicitar de un centro psiquiátrico un internamiento urgente, que como hemos visto, el Centro psiquiátrico puede o no adoptar, caso de que no exista internamiento urgente aceptado por el centro correspondiente, no por ello quedará el individuo necesariamente en libertad. No existe en estos casos regulación distinta respecto de la actuación policial que en otros supuestos de detención, por lo que no existirán especialidades respecto de la actuación policial con otros detenidos más allá que las que se deriven de la particular situación de la persona detenida. En los casos de detención que nos ocupa no será, por tanto, el Juez civil en un procedimiento civil quien adopte, si lo considera adecuado, el internamiento psiquiátrico, sino un Juez penal que debe conocer del presunto delito cometido en un procedimiento penal, quien adoptará lo que por su naturaleza es más una medida cautelar restrictiva de derechos en el seno de dicho procedimiento penal que una decisión civil de internamiento psiquiátrico. En estos casos, por tanto, no se está instando el internamiento no voluntario de un presunto incapaz, sino poniendo a disposición judicial al autor de unos hechos que revisten caracteres de delito en el que concurrirían, acaso, determinadas circunstancias atenuantes o eximentes de la responsabilidad penal que deberán ser comunicadas al Juez para que este en su caso pueda adoptar la medida más adecuada, que puede ser incluso la de decretar la libertad del detenido pero comunicar los hechos al Ministerio Fiscal para que, ya en el ámbito civil, éste inste el procedimiento civil para su ingreso psiquiátrico. TEMA VIII ROL DEL PSICÓLOGO EN EL AMBITO JURIDICO DESARROLLO DE LA PSICOLOGIA JURIDICA 1.- INTRODUCCIÓN: La labor del psicólogo en el ámbito jurídico ha recibido diversas denominaciones a lo largo de los años, entre ellas cabe destacar: Psicología Jurídica, del Derecho, Forense, Judicial, Criminológica, Esta diversidad en su terminología denota tanto una cierta ambivalencia, como una amplia gama de posibilidades de desarrollo. Hoy en día el término más extendido es el de Psicología Jurídica, aunque siguen utilizándose el resto de las denominaciones, dependiendo en cada caso tanto del autor como del contenido de lo tratado. Se podría definir la Psicología Jurídica como: "la aplicación de la ciencia y profesión de la psicología a las cuestiones y temas legales". Evolución internacional:

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Haciendo un poco de historia sobre el desarrollo de las relaciones entre Psicología y Derecho, se distinguen cuatro etapas. En la primera, desde comienzos del siglo hasta los años 30, destacan los trabajos pioneros de Stern, Binet y Münsterberg sobre los procesos psicológicos del testimonio. Münsterberg, en su libro On the Witness Stand, de 1907, propuso la utilización de un Test de Asociación de Palabras que ayudara a establecer la culpabilidad o no de los acusados, lo que le valió durísimos ataques entre los juristas. La 2ª y 3ª de transición Y a partir de los años 70 puede contemplarse el "boom" de la Psicología Jurídica, notándose un notable incremento en el número de publicaciones sobre la materia; el interés crece sobre todo en el área del Derecho Penal y en el de Selección y Decisión de los Jurados. Hay un elemento clave sucedido en Estados Unidos en 1962: el caso Jenkins versus EEUU. El testimonio sobre la enfermedad mental esquizofrénica de un sujeto inculpado, elaborado por tres psicólogos peritos, fue rechazado en primera instancia por los Tribunales. Junto a ello la Asociación Psiquiátrica Americana elevó su protesta en forma y su oposición a la admisión del psicólogo como perito. En el recurso de casación se admitió la pericia psicológica que se comprobó acertada. Desde ese momento el rechazo del psicólogo como experto en su campo de especialización es considerado como un error. En esta misma línea puede que se considere la pericial psicológica en el caso del "Juego del Rol" (1997) como un hito en España en defensa de la peritación de los psicólogos frente a otros profesionales de salud mental. Desarrollo en España: El primer elemento histórico digno de mención no aparece hasta 1932 cuando Emilio Mira y López publica el "Manual de Psicología Jurídica" donde esboza lo que él intuye que puede ser el futuro de la psicología en esta parcela. Pero hasta la década de los 70 no aparecen los dos primeros precursores de este área: Por una parte la denominada Escuela de Barcelona de Psicología Jurídica, donde los trabajos de Ramón Bayés, Muñoz Sabaté y Munné Matamala (1980) que con su recopilación de trabajos aparecidos en años anteriores, bajo el epígrafe de Introducción a la Psicología Jurídica, influyeron notablemente en los psicólogos forenses del momento. Siendo el otro elemento clave para el desarrollo de esta disciplina en España, el efecto de arrastre que consiguió la Psicología Penitenciara sobre los demás aspectos de la Psicología Jurídica. Los psicólogos empezaron a trabajar dentro del ámbito penitenciario a principios de los años 70, siendo los primeros que empezaron a interesar tanto a las universidades como a otras instituciones sobre la labor de estos profesionales en el ámbito judicial. Ya en la década de los 80 el Colegio de Psicólogos ha servido también como potenciador y difusor de esta disciplina. En este sentido cabe destacar los esfuerzos de la Delegación de Madrid que en 1985 promovió el estudio para la elaboración de un Catálogo de Documentos en Psicología Jurídica, cuya primera edición saldría a la calle en Enero de 1986. Así mismo esta Delegación propulsó la creación de la Sección de Psicología Jurídica en 1987, que entre otras actividades se dedicó a la difusión de esta rama de la Psicología, y a formar a profesionales en los diferentes aspectos que engloba. Como dificultades de consolidación de esta disciplina Munné (1996) señala que a pesar de que en nuestro país estamos asistiendo a una notable expansión de la Psicología Jurídica este proceso es más cuantitativo que cualitativo, en el sentido de que el crecimiento que ello supone apenas se produce a expensas de la potencialidad de la materia. Es decir, el mundo del derecho continua permaneciendo casi impasible ante este proceso, como ejemplo de ello nos seguimos encontrando que las puertas de las facultades de Derecho continúan siendo poco permeables a la Psicología Jurídica. En general estamos presenciando un fuerte desarrollo de las intervenciones periciales ante los tribunales por parte de psicólogos, pero sin embargo no encontramos un desarrollo similar de otras áreas de intervención del psicólogo en el ámbito del derecho. CAMPOS DE ACTUACION DEL PSICOLOGO JURIDICO: Investigación Criminológica: En esta área las líneas generales de investigación han estado centradas en estudios como los de Variables de Personalidad y dentro de ellas las descritas por Eysenck; las escalas de Socialización y la Búsqueda de Sensaciones; las Variables Cognitivas, como la orientación, los valores, y las habilidades cognitivas de solución de problemas. etc Psicología Policial y de las Fuerzas Armadas: Los temas que se abordan dentro de estas organizaciones, habitualmente, son los de formación de estos colectivos, selección, organización y relaciones con la comunidad. La intervención psicológica en este área en los países anglosajones ha estado centrada en el estudio de motivaciones, rasgos de personalidad, habilidades exigidas al buen policía, atribución de responsabilidad a los delincuentes, percepciones de la sociedad, estereotipos sobre minorías, etc. Victimología:

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En contraste a la atención recibida por el causante del delito, la víctima queda desamparada ante las consecuencias del daño causado, reclamándose la necesidad de promover programas de asistencia y compensación a las víctimas. En España el interés primordial por este campo se ha centrado en dos colectivos fundamentalmente: la infancia maltratada, apareciendo sociedades para su estudio y prevención y el maltrato de la mujer, siendo en los últimos años un tema muy actual, con continuas noticias en todos los medios de comunicación. Las funciones del psicólogo en este área serían la atención, evaluación, tratamiento y seguimiento de víctimas en sus diferentes grados; y el estudio, planificación y prevención en grupos de riesgo y campañas divulgativas a la población general. Estudios académicos: Psicología Judicial (Testimonio y Jurado): En la aplicación de la Psicología Judicial el psicólogo trabaja en la valoración de los jurados, así como investigando los procesos de toma de decisión, influencia social, etc. Otro campo donde han surgido numerosos estudios ha sido el del Testimonio, este es el conjunto de conocimientos que basados en los resultados de las investigaciones de los campos de la Psicología Experimental y la Psicología Social intentan determinar la calidad (exactitud y credibilidad) de los testimonios que sobre los delitos, accidentes o sucesos cotidianos, prestan los testigos presénciales. Estos ámbitos son los que más desarrollo académico han tenido y mayor número de investigaciones han realizado, al contar con el impulso y respaldo del mundo universitario. Servicios Sociales: Dentro de este área no hay que olvidar la labor que desempeñan los psicólogos que trabajan en los Servicios Sociales de las Comunidades Autónomas, que desde 1987 tienen atribuidas todas las competencias referidas a la protección y tutela de los menores en situación de desamparo o peligro, promoviendo los expedientes relativos a Acogimiento y Adopción de Menores. Así mismo tienen encomendada la labor de llevar a la práctica el Proyecto Educativo que el Juzgado de Menores haya estimado oportuno para los Menores de Reforma, cuyos expedientes tramita. Psicología Penitenciaria: Ha sido la pionera en este campo y comprende la actuación del psicólogo dentro de las instituciones penitenciarias desarrollando las labores de clasificación de los internos en módulos concretos, progresiones y regresiones de grado, estudio de la concesión de los permisos penitenciarios de salida, de los indultos, etc. También se ocupan de la organización general del centro, estudiar el clima social, realizar tratamientos grupales e individuales, etc. Mediación: La mediación es una alternativa a la forma tradicional de acudir a la justicia en busca de solución. La solución no viene dada del exterior, sino que la realizan las propias partes en conflicto con la ayuda de un tercero imparcial, el mediador, que trata de ayudarles para que éstas consigan acuerdos consensuados que les permitan una salida pacífica a la situación conflictiva. La base de esta nueva técnica está en una manera de entender las relaciones individuo-sociedad distinta, sustentada por la autodeterminación y la responsabilidad que conducen a un comportamiento cooperativo y pacífico. En la actualidad esta técnica se utiliza en conflictos diversos: laborales, penales, civiles, comerciales, administrativos, intervención policial, toma de decisiones en organizaciones, etc. En España, la mediación se ha desarrollado en el ámbito familiar fundamentalmente. Psicología aplicada a los Tribunales: La Psicología Aplicada a los Tribunales o Psicología Forense se refiere a aquellas actividades que el Psicólogo puede realizar en el "FORO". J. Urra (93) define la Psicología Forense como la ciencia que enseña la aplicación de todas las ramas y saberes de la Psicología ante las preguntas de la Justicia, y coopera en todo momento con la Administración de Justicia, actuando en el foro (tribunal), mejorando el ejercicio del Derecho. Podemos considerar que en este terreno es donde los psicólogos españoles han alcanzado un mayor reconocimiento, primero gracias a su labor como peritos desde el ámbito privado y segundo como trabajadores en plantilla de la Administración de Justicia con destino en los Juzgados de Menores, de Familia, de Vigilancia Penitenciaria y en las Clínicas Médico-Forense. La labor como peritos está regulada en el campo civil en la Ley de Enjuiciamiento Civil por los artículos 335 al 352, y en el ámbito penal en la Ley de Enjuiciamiento Criminal, en los artículos 456 al 485. Los peritos son terceras personas con conocimientos especializados llamados al proceso para aportar un saber especial que el Juez al ser un especialista en la Ley no tiene porque poseer, necesario para la percepción y apreciación de hechos que no podrían captarse sin tal saber especial. EL PSICOLOGO EN DERECHO DE FAMILIA: La ley 30/81, de 7 de Julio, introdujo en el Código Civil un instrumento auxiliar del enjuiciamiento, el "dictamen de especialistas", en relación con las medidas a adoptar sobre cuidado y educación de los hijos, señalando que "el Juez de oficio o a petición de los interesados, podrá recabar el dictamen de especialistas".

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Los casos más comunes sobre los que vamos a tener que realizar una evaluación psicológica en derecho de familia son: la atribución de la Guarda y Custodia y el Diseño del Régimen de Visitas más adecuado al caso que se estudia. Un informe pericial para un tribunal de familia consiste en la opinión de un experto sobre qué medida será la mejor para un niño en caso de separarse sus padres, o al menos cuál será la menos perjudicial para su desarrollo y equilibrio psicosocial. Las relaciones padres-hijos pueden pasar desde la normalidad, si los padres tienen clara la separación y existe diálogo como padres, hasta el rechazo total de los hijos hacia el no custodio, si el nivel de rivalidad y hostilidad entre los padres es alto e implican a los hijos. EL PSICOLOGO EN EL CAMPO PENAL: La petición de intervención como perito en el campo penal, puede llegar al psicólogo desde cualquiera de los órganos jurisdiccionales competentes: Juzgados de Instrucción, de lo Penal, Audiencias Provinciales, etc. En Derecho Penal se pueden distinguir dos grupos sobre los que puede versar la pericial. El primero es el grupo de los imputados o infractores. El segundo grupo, progresivamente importante, es el de víctimas del supuesto delito. En el primero se nos pueden demandar de forma simplista un "examen psicológico" o bien de forma más elaborada "perfil de personalidad", "si existe psicopatología en su psiquismo", "deterioro mental", "toxicomanía y afectación de su personalidad", y en caso de imputados la pregunta siempre va a ir dirigida a "¿se encuentran afectadas las bases psicológicas de su imputabilidad, es decir conoce la realidad y es libre para actuar conforme a ese conocimiento?". En cuanto a las víctimas de delitos se suele pedir que valoremos su estado emocional actual en relación con el supuesto delito, secuelas que hayan podido quedarle en el orden emocional y pronóstico en la evolución de estas secuelas. En los casos de menores involucrados en abusos sexuales se suele solicitar al perito psicólogo su capacidad para testificar, la credibilidad de su testimonio y las secuelas psicosociales derivadas del delito. EL PSICOLOGO EN LA JURISDICCION DE MENORES Como antecedente de la intervención del psicólogo en los Juzgados de Menores, hay que señalar que en la Ley de 1948 se recogía las funciones del psicólogo en su artículo 73. A finales de la década de los 80 comienzan a transformarse los antiguos Tribunales Tutelares de Menores en los actuales Juzgados de Menores, asistidos por un juez de carrera, a partir de este año comienzan a cubrirse las plazas de los Equipos Técnicos de los Juzgados de Menores compuestos por Psicólogos, Trabajadores Sociales y Educadores. En la Ley Orgánica 4/1992 se reconoce legalmente las funciones que los Equipos Técnicos habían estado desarrollando en los últimos años, siendo preceptivo el informe del equipo, sobre la situación psicológica, educativa y familiar del menor, así como su entorno social y en general sobre cualquier otra circunstancia que pueda haber influido en el hecho que se le atribuye, extendiéndose su intervención a las distintas fases del proceso. Y con la entrada en vigor de la ley Orgánica 5/2000, reguladora de la responsabilidad penal de los menores se ha potenciado la intervención del Equipo Técnico. EL PSICÓLOGO EN EL JUZGADO DE VIGILANCIA PENITENCIARIA Las tareas de los psicólogos en este órgano judicial serán las de emitir informes previos a la resolución de recursos de permisos, grados y pronóstico favorable de reinserción social en expedientes de libertad condicional, así como dictámenes previos a los informes que periódicamente ha de emitir el Juez dirigidos al Tribunal sentenciador para el seguimiento de la ejecución de medidas de seguridad. Normalmente al psicólogo se le pide informe sobre los internos que han cometido delitos graves o muy graves, agresiones sexuales y homicidios o asesinatos, sobre todo por alarma social. La razón que justificaría la existencia de profesionales adscritos al Juzgado de Vigilancia Penitenciaria es dotar a este de un equipo de asesoramiento propio, autónomo e independiente que informe sobre la situación del interno, no teniendo que tener otro contacto con el penado como lo tendrá que tener el psicólogo penitenciario que trabajará en su evaluación y tratamiento CUESTIÓN JURÍDICA Tan unida está la locura a la privación de libertad que el encierro de los dementes fue incluso anterior al de los delincuentes ya que los primeros manicomios datan de 1409 como el que el Padre José fundó en Valencia con una finalidad esencialmente caritativa; más adelante sin embargo se les tiene a los enajenados como seres improductivos e incluso peligrosos lo que les hace compartir el internamiento con vagabundos y mendigos. Eso da lugar a que hasta principios del siglo XIX no se plantee el tratamiento diferenciado del loco delincuente. Desde entonces el tratamiento penal y penitenciario de los enfermos mentales no ha dejado de ser objeto de serias discusiones al no haber unidad de criterio en los siguientes aspectos: -las alteraciones que la forman -su consideración como eximentes en el Derecho Penal - la conveniencia o no de su internamiento en centros psiquiátricos de naturaleza penitenciaria.

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En estos problemas confluye la verdadera esencia del problema como es la coordinación entre los criterios médicos y jurídicos así como los debates que enfrentan a cada uno de estos colectivos, los primeros discuten sobre la definición y catalogación de enfermedad mental y los segundos sobre la existencia o no de la libertad humana. De todo ello resulta que la situación de los enfermos mentales en prisión sin duda es uno de los más graves problemas del sistema penitenciario español, ya que no solo no queda claro que resulte aconsejable el encierro para su sanación sino que incluso en éste surgen nuevas patologías por los efectos perturbadores que las condiciones carcelarias generan en la salud mental. CONCEPTO DE IMPUTABILIDAD. El Código Penal regula en las eximentes del artículo 20 una serie de causas que excluyen la responsabilidad penal, en ellas las tres primeras se refieren a factores individuales del sujeto que denotan unas condiciones psíquicas anormales, lo que da lugar a que se niegue su imputabilidad, es decir la capacidad de que se le pueda culpar para que responda del injusto penal. Aunque históricamente la imputabilidad se consideraba como la capacidad de entender y querer (conocimiento y voluntad) este sentido se ha tenido que modificar porque muchos inimputables pueden conocer y querer (por ejemplo algún tipo de enajenado o el menor pueden saber que matan y querer hacerlo), de hecho si no se sabe en absoluto lo que se hace se puede incluso negar la existencia de comportamiento humano; por eso hoy se suele entender que el inimputable realiza un comportamiento humano (por tanto consciente y voluntario) pero le falta la capacidad de comprender el significado antijurídico de sus actos o de dirigir su actuación conforme a esa comprensión, definición que algunos CP como el alemán recogen en sus textos. Capacidad de comprender el significado antijurídico significa que su situación mental le impide comprender la ilicitud de sus actos, y capacidad de dirigir su voluntad quiere decir que no puede controlar su voluntad a pesar de conocer su ilicitud. Si falta lo primero normalmente falta lo segundo, sin embargo puede faltar lo segundo pero no lo primero, es decir que el sujeto entienda pero no pueda controlar; Ej. un oligofrénico ni entiende ni controla, pero un psicópata o un esquizofrénico pueden entender pero no controlar. La doctrina penal actual discute sobre este segundo elemento si se trata de la libertad de actuar de otro modo, y por tanto el libre albedrío, entendiendo que el inimputable al venir determinado por su enfermedad no goza de esa libertad de elegir y por ello no se le reprocha, o por el contrario si se refiere a la capacidad de motivación normal de las personas ya que al no ser los inimputables motivables ante normas no es necesario castigarles. Hasta la aprobación del CP de 1995 la imputabilidad no se definía en la ley penal, lo que se resolvía a contrario sensu a partir de las causas que la negaban en el Art. 8 anterior: enajenación mental y trastorno mental transitorio, minoría de edad y alteraciones en la percepción: todos ellos eran requisitos psicobiológicos que provocaban una anulación del conocimiento y voluntad, que luego se vino en llamar capacidad de comprender la ilicitud de los hechos o de dirigir la voluntad. Esa definición de imputabilidad parte del reconocimiento del libre albedrío lo que significa considerar la culpabilidad como un reproche personal por haber infringido un deber que el individuo está en posición de poder cumplir, sin embargo tal consideración tiene algún problema y es que no se puede afirmar con rotundidad que existe plena libertad humana, lo que conduce a tener que partir de una genérica libertad de voluntad que le confiere al hombre la conciencia de ser libre. El Código Penal de 1995 ha terminado con su ambigüedad anterior al incorporar en el Art. 20 no solo nuevas causas sino una alusión a la imputabilidad, ya que tanto en la referente a la enfermedad mental como en la de intoxicación plena dispone que en el momento del acto delictivo “no pueda comprender la ilicitud del hecho o actuar conforme a esa comprensión” Esto ha supuesto introducir el concepto de imputabilidad actual que ya no se centra exclusivamente en la inteligencia y la voluntad sino en la capacidad de comprender que su conducta está prohibida o en la capacidad de dirigir su voluntad, dando lugar a que en el caso de los enajenados mayoritariamente se entienda que la norma no les puede llegar por la falta de motivabilidad normal en su comportamiento. DELIMITACIÓN DE LA ENAJENACIÓN MENTAL. La circunstancia nº1 del artículo 20 del CP recoge los supuestos de anomalía o alteración psíquica y trastorno mental transitorio formulados como dos episodios psicológicos idénticos solo diferenciados por la permanencia del primero y brevedad del segundo. La referencia anterior a la enajenación (procedente del CP de 1932) no era muy apropiada por tratarse de un término poco psiquiátrico, aunque había quien pensaba que casi era mejor así para que el Juez pudiera determinar con libertad las enfermedades a las que podía aplicar la eximente. En efecto, entendiendo enajenado como fuera de sí, se estaba haciendo referencia a que el sujeto actuaba con actos no propios y por tanto sin poder responder de ellos, decidiendo los jueces con ayuda de los informes médicos qué determinadas patologías lo permitían y si en el momento de los hechos les había afectado. En el caso de la enajenación al no exigir la ley ningún criterio concreto, los Tribunales podían seguir uno estrictamente psiquiátrico consistente solo en padecer la enfermedad sin atender a sus efectos, uno psicológico recayente en cualquier causa que anule la voluntad y perturbe la conciencia en el momento del hecho delictivo o uno mixto que englobara ambos, lo que era utilizado por la Jurisprudencia de los últimos años.

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El problema de aceptar solo la base patológica es que supuestos como la oligofrenia no podrían justificar la aplicación de la eximente por no ser enfermedad en sentido estricto y por otro lado como antes de la reforma de 1983 el internamiento era obligatorio en la aplicación de la eximente, optar por un criterio solo psicológico era arriesgado ya que si no había enfermedad pero si alteración en la voluntad se estaba conduciendo irremediablemente al encarcelamiento aun sin haber peligrosidad que la indicara. De esta manera las características jurisprudenciales de la enajenación eran: A) base patológica B) privación total de inteligencia y voluntad C) ser duradera y permanente a diferencia del tmt. A) base patológica: Realizar un catalogo de enfermedades que puedan ser entendidas como enajenación no es adecuado porque aunque los profesionales se acojan a las clasificaciones de la OMS no hay listados oficiales y son muchos los motivos de discusión sobre las propias enfermedades y su origen endógeno o exógeno. Normalmente el TS suele entender como tales a la psicosis, neurosis, oligofrenia y esquizofrenia; en epilepsia a veces se hace depender de que sea el momento del acceso; la psicopatías tradicionalmente se han excluido de la eximente tanto completa como incompleta por su no consideración de enfermedad mental. B) privación total de inteligencia y voluntad: Esto ha sido criticado por los psiquiatras ya que este concepto excesivamente clínico de enfermedad mental apoyado en trastorno de inteligencia y voluntad, supone excluir los trastornos de afectividad como las psicopatías o los de motivación como el autismo. C) duradero y permanente: También esto es discutible ya que hoy no se puede afirmar que el enajenado tenga perennemente perturbadas sus facultades mentales(pues de lo contrario afectaría solo a las enfermedades incurables), ya que las ha de tener en el hecho delictivo, siendo posible que después mejore o remita su perturbación. Un problema específico es el que originan los intervalos lúcidos que en Psiquiatría no suelen admitirse. El CP de 1995 con la nueva acepción ha incorporado un sistema mixto en que se ha de apreciar la anomalía o alteración psíquica y además los efectos que produce sobre la comprensión de la ilicitud o el dominio de la voluntad, lo que tiene que hacer cambiar estos criterios: A) la base patológica ya no recae sobre el concepto de enfermedad mental sino de cualquier anomalía psíquica, de esta manera se amplia su ámbito de aplicación no solo a las enfermedades mentales en sentido estricto sino a otras alteraciones de la personalidad, lo que ya no impide la consideración como tal de las psicopatías. STS 16.11.99 (R.8940) desde el CP de 1995 la psicopatía no debe ser tratada como atenuante de análoga significación a las anomalías psíquicas sino que realmente lo es. STS 4.5.2000 (R.3267) la psicopatía hoy llamada trastorno de personalidad puede ser expresión de anomalías psíquicas encuadradas en la eximente incompleta sobre todo si se une a la drogodependencia. B) incapacidad de comprender la ilicitud del hecho o actuar conforme a esa comprensión: no hace referencia nivel de inteligencia y voluntad sino a capacidad de culpabilidad Efectos penales. En atención a la intensidad de los efectos psicológicos de la alteración psíquica el Código Penal dispone de distintas consecuencias: - si la incapacidad es total procede la aplicación de la eximente del artículo 20.1 CP. - si no es total pero sí la limita considerablemente se aprecia la eximente incompleta del artículo 21.1 CP. - si hay una menor intensidad en la imputabilidad por su menor incidencia se aplica la atenuante analógica del artículo 20.9 CP. El problema son los distintos efectos penológicos de las tras vías: - exención de pena y posibilidad de medida de seguridad en el primer caso - atenuación privilegiada de pena y posibilidad de medida de seguridad en el segundo - solo atenuación de pena sin posibilidad de medida de seguridad en el tercero Todo ello provoca diferencias injustificadas ya que la apreciación de la atenuante analógica no debería impedir la imposición de medida de seguridad. El Tribunal Supremo incluso antes de la vigencia del Código Penal de 1995 ya había declarado que las medidas de seguridad previstas para las situaciones de exención completa o incompleta eran también aplicables a los supuestos de análoga significación del anterior Código Penal, STS 13.6.1990(6527)denuncia la incongruencia de que se permitan medidas terapéuticas de internamiento y tratamiento para la eximente incompleta y se nieguen para la atenuante analógica (incluso siendo muy cualificada), consiguiendo además que por la reducción de la pena resulte inoperante cualquier terapia prolongada, ante ello abre la vía para que los jueces y tribunales apliquen si lo estiman procedente medidas sustitutorias de internamiento y tratamiento a la atenuante analógica de enajenación mental ya que su análoga significación con la eximente completa o incompleta no es solo identidad de sustrato fáctico sino también de respuesta punitiva. STS 15.9.1993(8132)ratifica la decisión de la Audiencia de imponer la medida de seguridad de internamiento en un centro de desahabituación por la aplicación de la atenuante analógica de trastorno mental transitorio, que luego ha de abonarse a lo que quede por cumplir de la pena. TS 25.10.94(8353)las consecuencias penales de la atenuante analógica han de ser iguales que las de la eximente menos el Art. 66 CP. Criterios de legalidad, reinserción y resocialización avalan esta extensión.

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Tras las aprobación del Código Penal en 1995 ya ha habido también algún pronunciamiento judicial como el Auto A.P. de Vizcaya 19.2.99 (663) y muy recientemente la STS 11.4 2000 que en el mismo sentido se muestra partidaria de extender las medidas de seguridad a la aplicación de la atenuante analógica, en este caso en un supuesto de drogadicción. El problema de esta línea jurisprudencial es la vulneración que supone del principio de legalidad ya que se está haciendo una interpretación del art. 20.6 CP que va más allá de su sentido literal por muy beneficioso que sea para el reo, además de estar a expensas del criterio judicial produciendo con ello inseguridad jurídica. Vicenta Cervelló Donderis. CONTENIDO SINTÉTICO 1. DEFINICIÓN DE PSICOLOGÍA CRIMINAL. 1.1 Alienación mental. 1.2 Importancia de la psicología en el derecho. 1.3 El examen psicológico ante el Ministerio Público. 1.4 El estudio de la personalidad en reclusorios. 1.5 El Derecho Penal y los enfermos mentales. 1.6 El Derecho Civil y los enfermos mentales. 2. TEORÍAS PSICOLÓGICAS DE LA CONDUCTA CRIMINAL. 2.1 Sigmund Freud. 2.2 Melanie Klein. 2.3 Otho Rank. 2.4 Alexander y Staud. 2.5 Adler. 2.6 Jung 2.7 Ana Feud. 2.8 Lacan. 3. CULPABILIDAD 3.1 Voluntabilidad. 3.2 Imputabilidad. 3.3 Inimputabilidad. 3.4 Incapacidad mental. 3.5 Juicio de interdicción. 4. RETRASO MENTAL. 4.1 Delitos en el retraso mental. 4.2 Imputabilidad y retraso mental. 5. TRASTORNOS MENTALES NO ORGÁNICOS. 5.1 Demencia senil. 5.2 Las drogas y los trastornos mentales. 5.3 Enfermedades orgánicos y trastornos mentales. 5.4 Alcoholismo y trastornos mentales. 5.5 Inimputabilidad en la demencia senil. 5.6 Inimputabilidad y drogas. 5.7 Inimputabilidad y alcohol. 6. TRASTORNOS MENTALES NO ORGÁNICOS. 6.1 Esquizofrenia. 6.2 Trastornos paranoicos. 6.3 Inimputabilidad en la esquizofrenia. 6.4 Inimputabilidad en los trastornos paranoicos. 7. TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD. 7.1 Personalidad antisocial. 7.2 lnimputabilidad en la personalidad antisocial. 8. EPILEPSIAS. 8.1 Inimputabilidad y epilepsias. 9. TRASTORNOS MENTALES TRANSITORIOS. 9.1 Inimputabilidad en el trastorno mental transitorio. Basado en la pagina española http://peticionarios.galeon.com/

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