ORIGEN, DATACIÓN Y POSIBLES SIGNIFICADOS

El desciframiento de las tablillas rongorongo es sin duda uno de los más interesantes desafíos de la investigación del pasado de Isla de Pascua. El significado de sus signos finamente grabados con dientes de tiburón o lascas de obsidiana, supuestamente ideográficos, y escritos en bustrófedon (comienzan a leerse por la izquierda y luego se gira la tablilla para leer la siguiente línea que está en posición inversa), sobre tablillas de toromiro (Sophora toromiro) o palo de rosa de Oceanía (mako’i en rapanui, de nombre científico Thespesia populnea) , es uno de los últimos misterios de la isla que quedan por desvelar. Desde copulaciones cosmogónicas a datos astronómicos y para la navegación, son muchos los datos que se han ido extrayendo parcialmente del exiguo número de tablillas conservadas. Lingüistas, antropólogos y aficionados han dedicado la vida a su estudio, consiguiendo apenas acercamientos incompletos a su interpretación. ¿Cuándo comienzan a escribirse? ¿Cuál es su origen? Y sobre todo, ¿cuál es su significado?

Casi nada sabemos sobre esta enigmática escritura, y las diversas fuentes de las que disponemos (leyendas, crónicas de los primeros misioneros y arqueología), no logran ponerse de acuerdo en sus conclusiones. Hay quienes afirman que la aparición de la escritura en la isla fue inmediata al contacto con los primeros exploradores europeos, y otros que fue un producto ex novo, surgido de forma independientemente. Personalmente, no estoy de acuerdo en pensar que fueron los europeos quienes llevaron consigo la idea de la escritura a la isla. Los que apoyan esta idea, recuerdan la firma de los jefes rapanui en el tratado de anexión de la isla a España, donde aparecen signos similares a los de las tablillas, pero me parece muy osado pensar que la firma fue un invento espontáneo de súbita inspiración del jefe rapanui o ariki, que diseñó unos garabatos que no entendía sobre el papel. Y eso por no mencionar el poco, por no decir nulo, parecido de estos signos con nuestra escritura. Pensar así, sería un insulto a la capacidad intelectual de los rapanui de perpetuar su propia memoria histórica, sus tradiciones y sus leyendas.

Tablilla Grande de Santiago. MNHN. Santiago de Chile

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Tabaquera. Museo del Hombre. París. F rancia Establecer un momento, siquiera aproximado a la aparición de los kohau rongorongo, es extremadamente difícil porque ninguna de las tablillas que se conservan han sido extraídas de contextos arqueológicos controlados que ofrezcan posibilidad de datación, y el análisis radiocarbónico de la madera (llevado a cabo principalmente por Catherine Orliac) sólo nos da la edad del soporte, no del momento en que éste fue grabada. Lo único que sabemos a ciencia cierta es que no se tienen noticias de las tablillas sino hasta 1 864, en que el misionero francés Eugène Eyraud (de la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y María, SS.CC), las menciona en uno de sus escritos. En las crónicas anteriores, que se remontan a 1 722, cuando Jacob Roggeveen llegó a la isla un día de Pascua, y continúan apareciendo durante todo el siglo XVIII y XIX de diversos navegantes, no hay ningún dato sobre las mismas.

Sin embargo, las leyendas son claras respecto al tema, y cuentan que Hotu Matu’a, primer rey o ariki rapanui, llegó a la isla con sesenta y siete de estas tablillas, estableciendo además una importante escuela para enseñar a leerlas e interpretarlas, en la playa de Anakena. Para contrastar esta tradición oral, bastaría con haber encontrado algún resto de toda esta actividad durante las excavaciones en Anakena, profusamente explorada durante años. Pero no es así. Si Hotu Matu’a llegó con aquellas sesenta y siete tablillas, y luego el sitio funcionó como activa escuela de lectura y escritura de las mismas como cuenta la tradición, ¿no sería lógico pensar que debería haber quedado algún vestigio de toda esa actividad? En este caso, la evidente falta de datos empíricos no permite contrastar la información de las leyendas.

Imagen antigua de hombre rapanui

Tablilla Grande de Santiago. MNHN. Santiago de Chile

Lo que sí podemos afirmar es que la escasez de tablillas en la actualidad es consecuencia de la dañina y fatal presencia europea en la isla. A partir de la llegada de los primeros misioneros, la mayoría de ellas fueron quemadas, por ser consideradas satánicas, portadoras de extraños estados mentales y espirituales, mensajes no convenientes para la labor evangelizadora. Los centenares de objetos rongorongo, sobre los cuales da fe -6-7www.alotroladodelmisterio.es

Eugène Eyraud , demuestran la existencia de

una tradición antigua aún duradera, a pesar de los devastadores efectos de las correrías de los esclavizadores peruanos, la viruela, la lepra y otras enfermedades traídas por los repatriados rapanui. Pero fueron los europeos que acabaron con esta tradición y con los vestigios que de ella hablaban, así como con los últimos sobrevivientes que conservaban en su memoria la capacidad de interpretarla. Por otra parte, y volviendo al tema de la datación, existen petroglifos en algunas cuevas, como la Ana O Keke, cuyos signos guardan un inquietante parecido con los de los kohau rongorongo, y serían supuestamente anteriores a la llegada de los europeos. Este hecho, apoya el contenido de las leyendas.

Tablilla Pequeña de San Peter

HISTORIA DE LAS INVESTIGACIONES SOBRE SU SIGNIFICADO
Los primeros estudios sobre las tablillas, que se remontan a la segunda mitad del siglo XIX, basaron sus interpretaciones en aspectos formales de los signos, hoy en día ya descartadas. El Obispo Jaussen (1 871 ), en Tahiti, confió en su informante rapanui Metoro Tau’a Ure, quien probablemente leía los signos como si fueran logogramas (signos palabra) en lugar de lo que son: ideogramas (signos idea), de las tablillas Aruku Kurenga, Tahua, Mamari y Keiti. Además debemos considerar que la sabiduría de leer las tablillas, era una tradición sujeta a inviolables secretos familiares, que quizá Metoro no deseaba revelar.

Ana O Keke

Por otra parte, teniendo presente la carestía de madera en esos años en Rapa Nui, los centenares de objetos rongorongo mencionados por Eyraud, apuntan hacia dos posibilidades: la antigüedad de ellos se remonta a cuando la isla seguía estando cubierta de árboles nativos bien crecidos, suministrando el material para el tallado o el grabado, o la explotación azarosa de la madera abandonada y/o descarriada por los balleneros, los buques de investigación científica, las embarcaciones de línea y de los navíos militares que solían visitar la Isla de Pascua por aquel entonces (siglos XVIIIXIX). -7-8-

Tablilla Aruku Kurenga. SS.CC. Picpus. Roma

Jean-Michel Schwartz publicó en 1 973 un

rsburgo. Museo de S.P. Rusia

Posteriormente, a principios del XX, el húngaro Vilmos Hevesy (Hungría, 1 932) llegó a comparar los rongorongo con los signos de las escrituras del valle del Indo (Mohenjo-Däro), y de China antigua, formal, geográfica y cronológicamente muy lejanas en realidad, por lo que ha pasado a ser algo más bien anecdótico en la historia del desciframiento de los kohau rongorongo. Hevesy es seguido por el investigador ítaloargentino José Imbelloni , que tras aludir sobre varios aspectos y encontrar pruebas que hoy en día carecen de valor científico, termina por mencionar que rongorongo era una grafía perteneciente al área indooceánica.

libro con el propósito de descifrar un manuscrito que consta de trece renglones y de unos 250 símbolos aparentemente rongorongo compilado antaño por un informante rapanui de nombre Tomenika Tea Tea, que había informado a Routledge. Según lo que hace constatar Schwartz, el autor parece haber dado con el significado de los moai, su modo de transporte, su orientación topográfica, el culto del hombrepájaro, el origen de los moai kavakava tallados en madera, el ritual relacionado con el nacimiento de un niño, la procedencia de los rapanui, la transmisión de la escritura, los cantos genealógicos y el culto a los antepasados. Pero se aventura a comparar la escritura rongorongo con la antigua escritura china que como él relata, abre perspectivas inesperadas. Uno no puede pasar por encima la influencia de lo especulado por Hevesy años antes en cuanto a la relación de la escritura de la Isla de Pascua y la de la civilización del Valle del Indo, y sus afirmaciones hoy en día carecen de fundamento.

Manuscrito de principio del siglo XX

Katherine Routledge (1 91 4) se aventuró

Tablillas de Mohenjo Daro

hasta los lugares más recónditos para conocer las tradiciones, a cuevas donde convalecían aislados los más ancianos habitantes, enfermos de lepra, los únicos que aún conservaban en su memoria los recuerdos del pasado: Tomenika Tea Tea y Kapiera. Pero sus interpretaciones son incoherentes, y la población que Routledge encontró, era un grupo desmoralizado que -8-9www.alotroladodelmisterio.es

Al otro lado

conservaba tan sólo un pobre fragmento del inventario formal de su cultura. Su conclusión fue que los signos rongorongo eran códigos mnemotécnicos (sistema para recordar secuencias de datos), y que tenían un significado concreto para quien los grababa, por lo que no constituía una escritura. En mi opinión es incorrecto considerarles un pueblo tan simple que derrochaba su tiempo y su escasa materia prima para grabar simples listas.

Alfred Métraux (1 934), sigue sus teorías y Sebastian Englert (1 935), que entró en la

signos, haciendo numerosas referencias a los rituales y la mitología rapanui, sin ofrecer evidencia explícita de cómo consiguió un valor fonético para cada signo. Tomó como punto de referencia el trabajo de Jaussen, el cual ya hemos visto las carencias que sufre, en lugar de hacer un análisis contextual y comparativo sólido. No obstante su catálogo de signos sigue siendo el pilar para todas las investigaciones, aunque poco a poco se van mejorando o incluso reemplazando algunos aspectos ambiguos del mismo.

orden capuchina de los frailes franciscanos y en 1 935 llegó a la isla para servir en su parroquia, también era pesimista respecto a un significado complejo de los signos. Éste escribió un tercer diccionario, pero el idioma rapanui para entonces ya estaba mezclado con el inglés, el francés, el tahitiano y el castellano, y algunas palabras inventadas por el progreso, para conceptos que antes no necesitaban de un vocablo.
Tablilla Grande de San Petersburgo

Steven Fischer, destacado lingüista, basó

Tablilla Pequeña de Santiago

Thomas Barthel (1 958) estudió todas las

tablillas auténticas existentes, que son veinticinco (entre tablillas, remiro, la tabaquera y otros objetos), en original, foto, dibujo o calco, y realizó un catálogo que ha sido aceptado y usado por todos los investigadores posteriores. Pero el problema es que encaró la interpretación desde el punto de vista de la morfología externa de los

sus hipótesis en el canto Atua Mata Riri (ojos enfadados de dios) estudiado durante la expedición a Tahiti, de Thompson (interpretado como copulaciones cosmogónicas y símbolos fálicos). Pero se cree que lo que el anciano Ure Vae Iko dijo, no fueron más que invenciones de Alexander Tati Salmon, guía de la expedición de Thomson. Eso sin contar con la posibilidad de que lo que el anciano estaba haciendo, era simplemente leer los signos según su morfología, sin entender realmente el contexto. Posteriormente Fischer extrapoló estos datos al estudio del Bastón de Santiago, aunque éste parece ser un canto de la creación, a juzgar por la presencia en él de más de treinta signos relativos a la naturaleza y a la botánica, con datos de árboles que ya no quedaban en la isla de esa época.

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Tablilla Atua Mata Riri-Pequeña de Washington

Irina Fedorova hace una exploración en el

campo de la estadística y la recuperación de la lengua antigua rapanui, el proto-rapanui, llevado a cabo por un equipo de lingüistas rusos, en una manera innovadora de abordar el problema. Su objetivo es establecer un vínculo directo entre el rapanui antiguo y una secuencia de signos rongorongo. El gran problema de este enfoque radica en la difícil reconstrucción del proto rapanui. Jacques Guy y Michael Dietrich afirman que muchas tablillas corresponden a datos astronómicos y para la navegación, y que el secreto reside en escudriñar la sabiduría polinesia transmitida de generación en generación, en el campo de la astronomía. En Roma, se encuentra la tablilla Mamari, y se ha podido comprobar, no sólo el parecido morfológico de algunos signos con los de ciertos petroglifos de indudable índole astronómica, sino que parece haber sido diseñada y ejecutada exclusivamente en tanto que lista de instrucciones para la navegación sideral a través del océano, según estudios de Guy.

Tablilla Mamari. SS.CC. Picpus. Roma

Lorena Bettocchi resalta la importancia de

la tradición oral y su recuperación. Para ella los signos contienen verbos, preposiciones, movimientos, números, y forman frases coherentes con significados complejos. Elaboró una nueva codificación, actualizando el repertorio de Barthel, teniendo en cuenta las distintas familias de signos y la frecuencia de cada signo en las veinticinco tablillas existentes.
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PRINCIPALES PROBLEMAS PARA EL DESCIFRAMIENTO
Pero la falta de un corpus relevante (sólo quedan dos docenas de kohau rongorongo auténticas, repartidas en museos de América, Europa, Asia y Oceanía), la ausencia textos bilingües o trilingües, el desconocimiento del idioma rapanui antiguo, y las casi nulas posibilidades de ampliar el corpus con nuevos hallazgos, hacen de este esfuerzo una tarea de resolución poco probable, casi inútil. El desconocimiento del idioma original rapanui, el proto-rapanui, es el mayor problema al que se enfrentan los análisis desde la lingüística. Está ya perdido y el idioma actual está completamente modificado, con intrusiones, como hemos mencionado más arriba, del inglés, el francés y el tahitiano, como también el español más recientemente y algunas palabras inventadas para la adaptación al progreso (conceptos nuevos para los que antes no existía un vocablo). Nunca sabremos a ciencia cierta si correspondieron a cánticos, lecturas lúdicas, calendarios, informaciones astronómicas o de navegación, actividades bélicas o económicas. Probablemente su conocimiento nos acercaría un poco más a la realidad fascinante de la historia de la isla.

Me gusta pensar que la resolución del enigma de la escritura rongorongo podría desvelarnos parte de los enigmas que aún quedan por desvelar, pero es importante dejar de alimentar las opiniones que insisten, en el caso de la escritura rongorongo, en pensar que la idea tiene que haber llegado de fuera, de los europeos. Es casi como atribuir a los extraterrestres el transporte de los moai. Eso es para mí, negar la capacidad del ser humano, de los rapanui en este caso, de encontrar la manera de perpetuar su memoria. Eso es inadmisible.

Fragmento. Colección Arman. Nueva York

OTRAS ESCRITURAS NO DESCIFRADAS
Lineal A Vinça (este de Europa) Disco de Phaistos (jeroglíficos, palacio en Creta, curiosamente otra isla) Estela de cultura tartésica (signos) Piezas con signos en Huelva

Tablilla La Hendida, Roma

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