GARCILASO INCA DE LA VEGA

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BIOGRAFÍA Y OBRAS COMPLETAS.

Por Alvaro Arditi
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EL INCA GARCILASO DE LA VEGA: PRESENTACIÓN.......................................................................3 BIOGRAFÍA DEL INCA GARCILASO........................................................................................................4 OBRAS DEL INCA GARCILASO................................................................................................................11 CARACTERÍSTICAS GENERALES. APRECIACIÓN CRÍTICA.........................................................12 LOS COMENTARIOS REALES. PRIMERA Y SEGUNDA PARTE. OBRA COMPLETA...............15 ARGUMENTO DE LOS COMENTARIOS REALES................................................................................17 LA FLORIDA DEL INCA. OBRA COMPLETA Y ARGUMENTO.......................................................23 RELACIÓN DE LA DESCENDENCIA DE GARCI PÉREZ DE VARGAS...........................................26 ENSAYO: EL INCA GARCILASO DE LA VEGA. POR RAÚL PORRAS BARRENECHEA..........28 APÉNDICE: CAPÍTULOS DE LOS COMENTARIOS REALES DE LOS INCAS..............................52

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arditi2004@hotmail.com Lima, marzo del 2009

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EL INCA GARCILASO DE LA VEGA: PRESENTACIÓN.

Garcilaso de la Vega, el Inca, "primer mestizo biológico y espiritual del Perú", según el decir de Raúl Porras Barrenechea, es para los peruanos el punto de partida de su literatura nacional. Vivió a lo largo de la segunda media centuria del siglo XVI y parte del siglo XVII, dentro de la era de los llamados "cronistas", que eran meros escriturarios que adocenaban voluminosos infolios con cuanto tema o motivo caían bajo su pluma. El cronista inca ocupa, entre todos ellos, un sitial de preferencia, no sólo por el vigor del lenguaje empleado, sino por el hecho de haberse aproximado más a la veracidad de la historia incaica y a los acontecimientos de la conquista, historia y acontecimiento que otros desfiguraron llevados por sus prejuicios culturales y sus pasiones de raza. Pospuso el idioma materno, el quechua —y esto es lo vituperable en él— y domesticó el castellano, alcanzando un dominio completo sobre el habla de Cervantes, tal como acreditan críticos del linaje de Menéndez y Pelayo, Ricardo Rojas, José de la Riva Agüero, Luis Alberto Sánchez y Raúl Porras Barrenechea. Por eso es tan importante para los peruanos: por habernos dejado un bello patrimonio literario, donde podemos ver con nitidez los esplendores del pasado incaico, las dramáticas peripecias de la conquista y la tiránica implantación de la colonia. De ahí que los "Comentarios Reales", su obra máxima, no sólo sea un inventario de crónicas elegantes, sino una hermosa y gigantesca epopeya, pese al desmedro que quisieron imponerle algunos críticos como Manuel González de la Rosa y Marcelino Menéndez y Pelayo. (Anteno Samaniego).

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BIOGRAFÍA DEL INCA GARCILASO E1 inca Garcilaso de la Vega nació en Cuzco el 12 de abril de 1539. Fueron sus padres el capitán español Sebastián Garcilaso de la Vega y Vargas, y la palla o noble incaica Isabel Chimpu Occllo, nieta del Inca Túpac Yupanqui. El capitán, por su parte, descendía de los linajudos Vargas de Hinostroza, de Extremadura, y estaba ligado por la sangre a los no menos ilustres poetas Jorge Manrique y Garcilaso de la Vega, el poeta de las églogas. Fue bautizado como Gómez Suárez de Figueroa, nombre de uno de sus antepasados paternos, según la costumbre de ese tiempo. Se tienen algunas noticias de su infancia y juventud a partir de sus obras. Por esos años le instruyeron acerca del pasado incaico su tío abuelo Cusi Huallpa y los capitanes quechuas Juan Pechucta y Chauca Rimachi, despertando su inquieta imaginación a base de relatos extraordinarios. Paralelamente a ello, el español Juan de Alcobaza, encargado de su educación, fue aproximándole a las excelencias de la cultura occidental mediante la proporción de rudimentos humanísticos. Poco después, el canónigo Juan de Cuéllar lo inició en los conocimientos de gramática y latinidades. Durante la revolución de Gonzalo Pizarro, su casa —el solar de Cusipata, en el Cuzco— fue cañoneada por los rebeldes encabezados por Hernando de Bachicao. Días de angustia mortal vivió el pequeño Garcilaso en compañía de su madre Isabel y su hermana Leonor, durante el asedio de hambre a que fuera sometida la casa solariega donde vivía. Es necesario conocer sobre la conducta de su padre en esos años turbulentos de las guerras civiles de los conquistadores, ya que marcaría muy profundamente en la vida posterior del Inca. El capitán Sebastián Garcilaso había logrado escapar a Lima, donde estuvo a punto de ser capturado y ahorcado por Francisco de Carvajal, lugarteniente de Gonzalo Pizarro. Pero cuando Gonzalo, triunfante, entró en el Cuzco, llamativamente formaba parte de su séquito, no se sabe si por fuerza o convencido a la causa de los insurgentes. Estuvo así en la batalla de Huarina, donde Carvajal y Pizarro derrotaron al capitán realista Diego de Centeno. Se dijo entonces que entregó su caballo Salinillas a un Gonzalo Pizarro herido y fugitivo, contribuyendo así a cambiar el desenlace del encuentro, acusación que años después tendría graves consecuencias para su hijo. La rebelión gonzalista finalizó en Jaquijaguana o Sacsahuana (1548), donde el mismo capitán Garcilaso encabezó a los pizarristas que se pasaron al bando del rey, en pleno encuentro, por lo que mereció el despectivo mote del “leal de tres horas”. No obstante el pacificador La
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Gasca, en premio a dicho servicio, le otorgó una de las más ricas encomiendas, la de Cotanera (Apurímac). Su hijo, testigo de tales acontecimientos, tenía ya diez años de edad y vió con sus propios ojos el castigo severo que se impuso a los rebeldes derrotados, en el Cuzco, coronada con las ejecuciones de Gonzalo y Carbajal. Por esta época (c. 1549), sucedió una de las primeras decepciones que hirieron el corazón del pequeño Garcilaso: la separación de sus padres. Él se casó con la dama española Luisa Martel de los Ríos, y ella con un español de menor rango (tal vez un simple mercader) llamado Juan del Pedroche. Fue también testigo del alzamiento de Francisco Hernández Girón, quien, durante las bodas de Alfonso de Loayza (reunión que había congregado a los vecinos importantes del Cuzco), entró en la mansión propiciatoria, sembrando el pánico consiguiente. En esa oportunidad, el ya adolescente inca ayudó a su padre a huir por los tejados de la casa (13 de noviembre de 1553). Durante la rebelión de Girón, el capitán Garcilaso estuvo del lado real, y tras la derrota del rebelde se le nombró Corregidor y Justicia Mayor del Cuzco, importante y honroso cargo (de 1554 a 1556); su hijo estuvo a su lado en ese tiempo, como "escribiente de cartas". En 1556 llegó el virrey Marqués de Cañete y destituyó en el corregimiento al padre del Inca, de acuerdo con su política de represión a los conquistadores. Despidió también a los soldados que pedían mercedes por sus servicios a la corona durante las guerras civiles; entre ellos, a Gonzalo Silvestre, que llegó a ser un gran amigo del Inca, en cuya compañía compondría, años más tarde La Florida del Inca. Silvestre había llegado al Perú desde más de diez años atrás, luego de haber participado en la jornada de Hernando de Soto en la Florida. Por esa época, el adolescente inca tuvo también la oportunidad de conocer a Sayri Túpac, uno de los incas de Vilcabamba, quien saliendo de su refugio montaraz se sometió a la autoridad del rey de España. Acudió con su familia a verlo y participó en las celebraciones de coronación simbólicas que se realizaron en el Cuzco. El padre del Inca falleció en 1559, víctima de una larga e intermitente enfermedad. Sus bienes pasaron a poder de las hijas legítimas, pero éstas, a su vez, dejaron de existir. Fue entonces que el Virreinato se encargó de administrar las heredades del extinto corregidor. Dícese que, por esa causa y otras, Garcilaso decidió viajar a España con el fin de reclamar ante la Corona el reconocimiento de su derechos, por ser hijo de conquistador y
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descendiente de los incas (1560). Posteriormente, por el hallazgo hecho del testamento (fechado el 3 de marzo de 1559), se ha establecido que el Capitán Garcilaso, ni injusto ni despiadado como lo pintaron algunos cronistas adversos, legó a su hijo la cantidad de cuatro mil pesos para que fuese a “estudiar” a España (por "estudiar" puede muy bien entenderse "seguir estudios de clérigo"). Lo cierto es que, tras un corto lapso después del deceso de su progenitor, el inca Garcilaso, ya por entonces un joven de 21 años, se dirigió a Lima. Antes de partir visitó al Corregidor del Cuzco, Polo de Ondegardo, que le permitió conocer las momias de cinco monarcas, sus antepasados; Garcilaso entró en las piezas en que estaban depositadas y tocó la rígida mano del emperador Huayna Cápac. Tras llegar a Lima, se embarcó en el Callao rumbo a Europa (23 de enero de 1560). Estuvo a punto de naufragar en la isla de la Gorgona. Pasó el istmo de Panamá, llegó a Cartagena de Indias, cruzó el Atlántico por la ruta de los galeones de La Habana hasta las Azores y finalmente desembarcó en Lisboa. Viajó a Extremadura, lugar de origen de sus antepasados paternos, donde visitó a algunos familiares; pasó luego al pueblo cordobés de Montilla, donde residían ilustres parientes, como su tío carnal, el capitán Alonso de Vargas, y los marqueses del Priego, quienes le recibieron con afecto y curiosidad, sin dejar de sentir una cierta incomodidad pues era hijo natural y carecía de títulos legales para acceder a la condición de hidalgo. Luego, en 1561, pasó a Madrid donde al parecer vivió pobremente, mientras realizaba trámites ante la Corona para lograr las mercedes que se debían a su padre; en el ínterin conoció y trabó relación con algunas ilustres figuras de la conquista, como el Padre de las Casas, Hernando Pizarro y Vaca de Castro, y con otros capitanes peruleros, como el ya mencionado Gonzalo Silvestre, quien también realizaba trámites similares ante la Corona. Sus gestiones, que al parecer llegaban a feliz término, fueron entorpecidas por el licenciado Lope García de Castro (quien sería luego gobernador del Perú), el cual, sacando a relucir las crónicas del Palentino y de Gómara, sostuvo que el padre del Inca había sido infiel a la Corona al haber luchado a favor de Gonzalo Pizarro, en Huarina, ayudando a éste a huir y facilitándole su caballo Salinillas. Por más explicaciones y réplicas que hizo a tal acusación, no logró nada. Desengañado, pidió licencia para volver al Perú (27 de junio de 1563), pero no realizó el viaje: probablemente, por juzgar más segura la protección de su tío Alonso de Vargas, que la que hallase en el Perú de esos días. Estuvo en Montilla hasta fines de 1563, desconociéndose su paradero
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en 1564. La teoría de Riva Agüero, en el sentido de que en 1564 partió como soldado de España hacia Navarra e Italia, no ha sido comprobada. Lo cierto es que su estancia en Montilla, al lado de su tío Alonso Vargas, se prolongó por muchos años más, habiendo constancia de su permanencia desde principios de 1565 hasta 1591, solo interrumpidas entre 1569 y 1570 por razones de milicia, como enseguida explicaremos. En esa estancia en Montilla completó sus estudios, cortamente iniciados en el Cuzco. A fines de 1569 se alistó en el ejército español, durante la guerra contra los moriscos sublevados en las Alpujarras. Formaba parte del contingente enviado por el marqués de Priego. Pasó por Sevilla. En esas guerras, el Inca obtuvo grado de capitán, el mismo que luciera su finado padre, sin duda con la satisfacción de haberse hecho un nombre propio en la carrera de armas. En marzo de 1570 volvió a Montilla, y acompañó a morir a su tío, quien lo favoreció en su herencia. A los pocos días, partió de nuevo a la guerra de Granada, guerra conducida por don Juan de Austria, el hermano bastardo del rey Felipe II. Retornó en julio de ese mismo año. A partir de entonces abandonó la carrera de las armas, probablemente por la poca consideración que se le tenía por su condición de mestizo. Por esos años de 1570 y 1571, el virrey Toledo ordenó el destierro del Perú de todos los descendientes, indios y mestizos —como lo era Garcilaso— de sangre real incaica. Por ello, aunque Garcilaso hubiera querido volver al Perú, no le hubiera sido posible. También por entonces falleció su madre en el Cuzco (1571). Permaneció en Montilla, salvo breves viajes a Córdoba, Badajoz, Sevilla y otros lugares, hasta 1591. Fueron largos años en los cuales el Inca se embebió en la lectura, su nueva pasión; aprendió el idioma italiano y se instruyó sobre literatura y filosofía del Renacimiento. De entonces datan sus conocimientos de Plutarco, Séneca, Horacio, Julio César, Maquiavelo, Boyardo, Ariosto, entre otros. Aprovechó su permanencia en Sevilla para hacer trasladar hasta allí los restos de su padre, en la Iglesia de San Isidro. Se entusiasmó con la belleza y hondura de los Diálogos de amor, escritos en toscano por el filósofo judeo-español Yehuda Abrahanel (residente en Nápoles), más conocido como León Hebreo, e inició la labor de traducción. A fines de 1585 debió quedar prácticamente concluida la traducción, realizada en bellísima prosa literaria. El 19 de enero de 1586 dirigió una carta-dedicatoria de los Diálogos al rey Felipe II. Garcilaso esperaba con esta obra literaria —la primera gran labor cultural hecha por un hombre oriundo del Nuevo Mundo—, favores del rey que le permitan vivir de acuerdo con la posición social y la honra que creía merecer.
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Paralelamente, esbozaba otros proyectos literarios de mayor envergadura, que después se cristalizarían en La Florida del Inca y Los Comentarios Reales. De tarde en tarde abandonaba su retiro de Montilla para trasladarse a caballo a la villa de Las Posadas, donde se hallaba el conquistador Gonzalo Silvestre, viejo ya y enfermo de bubas, quien le suministraba datos para su crónica de la expedición de los españoles a la península de la Florida, actual territorio norteamericano. Sin duda, por temer la pronta muerte de Silvestre, adelantó este último libro, y entre 1587 y 1589 concluyó lo que se podría llamar la primera redacción de La Florida. En 1586 murió su tía doña Luisa, viuda de su tío carnal Alonso de Vargas. Así quedó el Inca en posesión de la herencia de don Alonso, consistente, en su mayor parte, en unos censos, impuestos sobre los bienes de los marqueses de Priego. Con el tiempo —sobre todo a la muerte del marqués don Pedro, y su sucesión por el marqués don Alonso— la cobranza de esa renta se hizo difícil y Garcilaso pasó tiempos de poca holganza económica. En 1590 apareció por fin publicada en Madrid La Traducción del Indio de los Tres Diálogos de Amor de León Hebreo, su primer libro, y la primera obra literaria de alto valor hecha por un americano. Ya por entonces firmaba como Garcilaso Inca de la Vega y se presentaba como hijo del Cuzco, ciudad a la que definió como cabeza de imperio. Aparte de ser estimada como la mejor versión de los diálogos y una expresión de la simpatía profesada por el Inca a la filosofía neoplatónica, dicha obra envuelve un implícito repudio a la violencia desplegada por los españoles en la dominación de América. En este tiempo, aproximadamente, empezó a reunir las informaciones enderezadas a superar la general ignorancia sobre el Perú, “república antes destruida que conocida”, materiales que después le servirían para componer los Comentarios Reales. Escribió a sus parientes y amigos del Cuzco, solicitándoles datos de los acontecimientos recientes y pasados, las que obtuvo principalmente a través de sus tíos Francisco Huallpa Túpac (materno) y García Sánchez de Figueroa (paterno); acudió también a los lugares donde podía escuchar noticias de viajeros de Indias. En 1591 se trasladó a Córdoba (probablemente a fines de ese año), donde se estableció definitivamente. Compuso entonces lo que podría llamarse la segunda redacción de la Florida, la cual corrige la primera y la amplía con noticias provenientes de las relaciones de Alonso de Carmona y Juan
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Coles, soldados de la hueste de Hernando de Soto, redacción que concluyó en 1592, tras la muerte de Gonzalo Silvestre. Paralelamente continuó escribiendo en su forma primitiva, los Comentarios Reales de los Incas (primera parte). Esta obra, originalmente, la concibió como una historia de la cultura incaica, poco atenta a los hechos de la historia política, y dedicada preferentemente, a las costumbres, ritos, ceremonias y "antiguallas" de los antiguos peruanos. Pensaba dedicar la Florida a su pariente Garci Pérez de Vargas, para lo cual escribió en 1596 la Genealogía o Relación de la descendencia del famoso Garci Pérez de Vargas —aquel famoso capitán de Fernando el Santo, antepasado del propio Inca, y también del destinatario de la dedicatoria—. Al no aparecer entonces la Florida, la Genealogía quedó inédita y no se publicaría hasta el siglo XX. Por esta época decidió también tomar la carrera eclesiástica y se hizo cargo de la capellanía familiar fundada por el primero de su estirpe en la iglesia parroquial de Granada. En 1598 o en 1599, le llegó a sus manos los restos de la crónica del jesuita peruano Blas Valera —escritos recuperados del saqueo de Cádiz por los ingleses en 1596—, la cual empezó a usar en la redacción de sus Comentarios Reales de los Incas. En 1602 declaró hallarse terminando dicha obra (en lo que sería su primera redacción). Fueron tiempos de sinsabores y mala salud para el Inca. Probablemente en 1603, escribió la parte referente a la historia política de los incas, la cual se insertó alternadamente, con series de capítulos referentes a la historia cultural, ya redactada. A ésto puede llamarse la "segunda redacción", que culminó a fines de dicho año (aunque en marzo de 1604, hizo unas adiciones más — libro VII, capítulo XXV, y al final del libro IX de los Comentarios Reales —). Luego, el 9 de diciembre de 1604, dió poder a Domingo de Silva para que se editasen La Florida y los Comentarios. En 1605 apareció en Lisboa La Florida del Inca, relación histórica de la desgraciada expedición que el adelantado Hernando de Soto, y otros capitanes españoles, condujeron a la península de La Florida entre 1539 y 1543, fundamentalmente basada en el testimonio del soldado Gonzalo Silvestre y que, por la viveza de su estilo y el relieve que hace de las virtudes de ambas razas en conflicto (el espíritu indómito de los indios y el espíritu guerrero de los españoles), ha sido considerada como una epopeya en prosa.

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En 1609 apareció publicada, también en Lisboa, la Primera Parte de su obra cumbre, los Comentarios Reales de los Incas, impreso en una magnífica edición por Pedro Crasbeeck y dedicado a la princesa Catalina de Portugal, duquesa de Braganza. En esta obra, el Inca quiso cumplir la obligación que a su patria y a sus parientes debía, escribiendo sobre sus gobernantes, costumbres, leyes y religión. Es una obra de madurez plena en la que, al mismo tiempo que se enorgullece de su mestizaje, enaltece de tal manera a los incas al punto de crear una imagen idílica, atribuyéndoles una misión civilizadora. En el ínterin, Garcilaso, en deplorable situación económica, aceptó el nombramiento de mayordomo del hospital de la Limpia Concepción de Nuestra Señora para enfermedades venéreas, en Córdoba (1605), y continuó componiendo la Segunda Parte de los Comentarios Reales, dedicados a la conquista del Perú, cuya fecha de inicio de redacción no ha sido determinada. Se calcula que a fines de 1612 dicha obra estaba prácticamente concluida. Por entonces, Garcilaso disfrutaba en Córdoba de general estimación y respeto; su nombre merecía también el aprecio de sus paisanos, y así recibía visitas de peruleros distinguidos, como fray Luis Jerónimo de Oré, autor de obras históricas. De ese año de 1612 data también un prólogo que escribió para un Sermón que publicó del franciscano fray Alonso Bernardino, en honor a San Alfonso (o San Ildefonso) y dedicado al marqués de Priego, don Alonso Fernández de Córdoba (en Córdoba, a 30 de enero de 1612). Por esos días, el mismo marqués de Priego le pagó una suma bastante crecida que le debía. Con ese dinero, el Inca compró, para ser enterrado allí, la Capilla de las Ánimas de la Catedral de Córdoba (18 de septiembre de 1612). Ya anciano, esperaba su próxima muerte. Esta le llegó en el hospital de la Limpia Concepción, el 23 de abril (fecha aproximada, según Aurelio Miró Quesada) de 1616, diez días después de haber cumplido los 77 años de edad. Anteriormente se creía que murió el día 22, pero resulta más probable el 23. Es decir, el mismo día que Cervantes, y cerca del mismo en el que también murió William Shakespeare, coincidentemente los dos más grandes ingenios de la literatura universal. En la capilla de las Ánimas de la Catedral de Córdoba sus albaceas grabaron esta lápida: El Inca Garcilaso de la Vega, varón insigne, digno de perpetua memoria. Ilustre en sangre. Perito en letras. Valiente en armas. Hijo de Garcilaso de la Vega. De las
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Casas de los duques de Feria e Infantado y de Elisabeth Palla, hermana de Huayna Capac, último emperador de las Indias. Comentó La Florida. Tradujo a León Hebreo y compuso los Comentarios reales. Vivió en Córdoba con mucha religión. Murió ejemplar: dotó esta capilla. Enterróse en ella. Vinculó sus bienes al sufragio de las ánimas del purgatorio. Son patronos perpetuos los señores Deán y Cabildo de esta santa iglesia. Falleció a 23 de abril de 1616. Al año siguiente (1617), salió a la venta, editada en Córdoba, la Segunda parte de los Comentarios Reales de los Incas, bajo el título de Historia General del Perú (nombre que arbitrariamente le impuso el editor). La impresión ya estaba concluida desde el año anterior, y existe algún raro ejemplar fechado en 1616. Está obra, publicada póstumamente, está dedicada a la Conquista y las consecuentes guerras civiles entre los españoles, donde el autor incluye una rehabilitación de su padre, calumniado ante los personeros de la corona por sus adversarios. Finalmente cabe agregar sobre la descendencia del Inca. Un documento hallado por Rafael Aguilar y dado a conocer por Aurelio Miró Quesada Sosa, referente a la Capilla de las Animas, con fecha del 6 de marzo de 1624, menciona a Diego de Vargas, al parecer hijo natural de Garcilaso, habido en su criada Beatriz de la Vega, y que oficiaba de modesto sacristán de dicha capilla. Debió nacer hacia el año 1588. OBRAS DEL INCA GARCILASO Ni parca ni copiosa la obra de Garcilaso se concreta en las siguientes: "Los Diálogos del amor", de León de Hebreo, traducción al español, "Genealogía de García Pérez de Vargas", "La Florida del Inca" y los "Comentarios Reales", primera y segunda parte. "La Florida del Inca" o “Historia de la Florida”, que antecede en importancia a los "Comentarios Reales", relata las andanzas de los aventureros españoles en la península de la Florida, encabezados por el capitán Hernando de Soto. En ella critica veladamente la política del monarca español Felipe II. "Araucana en prosa" lo llamó Ventura García Calderón y "epopeya real y efectiva", José de la Riva Agüero, éste último uno de los más fervientes exégetas y defensores del Inca. José Durán Flores, otro historiador, se encargó de difundir los valores más saltantes que encierra la obra.

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"Los Comentarios Reales" constituye el mejor libro de Garcilaso. Este es denso como una novela, vibrante como una epopeya y claro como una tesis. Dividido en dos partes, la Primera encierra en sus páginas el boato y la grandeza del imperio incaico: historia, costumbres, creencias, religión, filosofía, artes, armas, medicina, gobierno, etc. La segunda parte contiene las hazañas de los conquistadores y la instauración de la colonia. Libro ameno y de estilo indesmayable, su lectura completa debería ser ejercicio obligado de todo peruano. Convertido en un “betseller”, el primero de un autor nacido en tierra peruana, fue traducido a todos los idiomas occidentales. En la Biblioteca Nacional de París, una de las bibliografías americanas más completas, el Catálogo razonado sobre América y las Filipinas, elaborado en 1867, enumera una veintena de traducciones al francés, inglés, alemán, italiano, holandés, y hay incluso una edición en latín. La influencia de los Comentarios Reales, ha trascendido más allá de lo estrictamente literario o historiográfico. Su lectura preservó en la memoria colectiva andina el recuerdo del Tahuantinsuyo, actuando como causa de las sangrientas rebeliones indígenas contra el dominio español, hasta que las autoridades dispusieron su prohibición y la recolección de todos los ejemplares (1782). Y aquella obra ejemplar se presenta ante la posteridad como una síntesis de la nueva sociedad que ha surgido desde la Conquista, pues exalta por igual a andinos y a españoles, ingredientes ambos de la nueva realidad mestiza que Garcilaso representa. CARACTERÍSTICAS GENERALES. APRECIACIÓN CRÍTICA. Garcilaso empezó a escribir los "Comentarios Reales" hacia 1590. Valióse para esto, como dijimos, de las jugosas informaciones obtenidas a través de Francisco Huallpa y de García Sánchez de Figueroa, entre otros. Además, valíase de cartas amicales y otros documentos peruleros que le llegaban frecuentemente. Hay que añadir a esto las consultas hechas a las crónicas que se conocían hasta entonces, especialmente las del Padre Blas Valera, de Cieza de León, Gómara y otros. Desde la aparición del libro, hasta la fecha, mucho se ha hablado acerca de la obra y la persona de Garcilaso. Menéndez y Pelayo, sin embargo de reconocer las cualidades de escritor que poseía el Inca, califica peyorativamente de novela fantástica a los "Comentarios Reales". Jiménez de la Espada lo omite al hablar de los cronistas. González de la Rosa lo supone plagiario de Blas Valera y le niega calidad de escritor. Todo el siglo
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XIX se alzó contra él porque su pluma valiente y sin compromisos acusaba la barbarie de las huestes españolas durante la conquista. En el Perú, José de la Riva Agüero, Luis Alberto Sánchez, Raúl Porras Barrenechea, Aurelio Miró Quesada y otros, saltaron a la palestra en defensa del gran mestizo. Desde la Argentina se solidarizó el insigne Ricardo Rojas. Hoy goza Garcilaso, como ninguno, de prestigio universal. La lectura de los "Comentarios Reales" ha influido, aseguran los eruditos, en “La Ciudad del Sol” de Tomás de Campanella, en el "Persiles y Segismunda" de Cervantes, y en "La vida es sueño" de Pedro Calderón de la Barca. Más posteriormente, inspiraría en Marmontel para escribir su célebre “Les Incas” (1777); en Madame de Graffigny para sus románticas “Cartas de una peruana” (1776); en Voltaire para varios de sus cuentos: acaso en Rousseau para su tesis acerca del buen salvaje (1751). El relato del náufrago Pedro Serrano, incluida en el libro primero de la Primera Parte de los Comentarios (que dicho sea de paso es toda una joyita literaria), es muy probable que inspirara a Daniel Defoe para escribir su célebre “Robinson Crusoe”.
Mucho se ha discutido el valor histórico, documental, de la obra de Garcilaso. Desde quienes la consideran trasunto fiel de la civilización incaica, hasta aquellos otros que la motejan de fantasía apologética, la escala de juicios registra todos los matices. La verdad subjetiva, es decir, el deseo de veracidad, es innegable. El Inca mismo refiere cómo buscó, acucioso, las fuentes de información y certifica a menudo de su recuerdo personal, de su visión directa. Sinceramente reconoce las fallas que puede tener su memoria. "...Mis parientes, los indios y mestizos del Cuzco y de todo el Perú, serán jueces desta mi ignorancia, y de otras muchas que hallarán en esta mi obra; perdónenmelas, pues soy suyo, y que sólo por servirles tomé un trabajo tan inconfortable como esto lo es para mis pocas fuerzas, sin ninguna esperanza de galardón suyo ni ajeno." Si la tradición recibida de los viejos incas y de su propia madre tenía más de la epopeya que de la historia, no podemos reprochárselo. Si describió una sociedad ideal más que una sociedad real, no olvidemos que es común achaque juzgar de un pueblo por su constitución y por sus leyes. Si en la vejez idealizó memorias de infancia y de primera juventud; si, cercano ya a la tumba, pensó en su cuna y con ternura filial evocaba la tierra que lo vio nacer, pues nade más humano. Aquella tierra lejana, la suya, era la tierra de su madre, su matria, para hablar justamente, no su patria como al uso la llamaba. Garcilaso acometió la obra de los Comentarios por razones patrióticas, o mejor, de solidaridad étnica, "para dar a conocer al mundo nuestra patria, gente y nación".

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Cuadro que representa al joven Inca Garcilaso de la Vega, escuchando las historias contada por su tío materno.

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LOS COMENTARIOS REALES. PRIMERA Y SEGUNDA PARTE. OBRA COMPLETA. Debo advertir a los lectores que en la web se han difundido unas breves antologías de cien o menos páginas de los Comentarios Reales como si fueran la obra completa (tal como se puede comprobar en la Biblioteca Cervantes y LibroDot). En realidad esta obra es muy nutrida y juntando su 1º y 2º parte consta de 530 CAPÍTULOS, divididos en 17 libros (9 libros de la 1º parte y 8 libros de la 2º parte). En un libro de hojas tamaño a4, en tipo times nº 12, abarca no menos de 1000 páginas, full texto. Otras versiones que circulan por la red, como la publicada por la Biblioteca Ayacucho (que por lo demás solo es la Primera Parte dividida en dos tomos), a pesar de pertenecer a una edición muy respetable (la de Aurelio Miró Quesada) contiene algunos yerros (les falta varios renglones y hasta párrafos enteros), lo cual era de esperarse, pues se trata de una copia a PDF de un libro de edición popular, el cual evidentemente el impresor no ha tenido el cuidado requerido. Otras, como la de la web “memoria de Chile”, GoogleLibros e incluso de la ya mencionada Biblioteca Cervantes, son textos scaneados o facsímiles de las primeras ediciones, las del siglo XVII, es decir, de difícil lectura para los profanos, pues reproducen la tipografía y los modos del castellano antiguo, aparte de su ilegibilidad. A fin de orientar al lector que desea tener a su disposición las obras completas, sin mutilaciones y debidamente corregidas, remito a unas direcciones, recién inauguradas, donde se puede visualizar y descargar los COMENTARIOS REALES del INCA GARCILASO, íntegros, volteados al castellano moderno, con notas explicativas y enlaces interactivos para poder ubicar cada libro y capítulo. Es decir, destinadas para el gran público y no solo para una “elite intelectual”. PRIMERA PARTE Sobre la historia, cultura y costumbres de los Incas y otros pueblos del antiguo Perú. Ver y descargar la obra completa de aquí: Comentarios Reales de los Incas. Obra completa

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SEGUNDA PARTE Sobre la Conquista del Perú. Desde el arribo de los españoles hasta la muerte de Túpac Amaru I (1572). Más conocida como HISTORIA GENERAL DEL PERÚ. Ver y descargar la obra completa de aquí:
Historia General del Perú o segunda parte de los Comentarios Reales

Y no está demás decir que quien quiera bajar esas obras, lo pueden hacer inscribiéndose en el Scribd, que es gratis y toma solo unos segundos. Eso si, esta web pide al usuario que suba previamente algún documento como colaboración, algo que no debe ser mayor problema, ya que basta con subir alguna hoja escrita para luego poder descargar los libros o documentos que se desee.

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ARGUMENTO DE LOS COMENTARIOS REALES. (Por el mismo Inca Garcilaso de la Vega) PRIMERA PARTE DE LOS COMENTARIOS REALES (EN 9 LIBROS y 262 CAPÍTULOS):

Portada de la edición princeps

Primera parte de los Comentarios reales, que tratan del origen de los Incas reyes, que fueron del Perú, de su idolatría, leyes y gobierno en paz y en guerra; de sus vidas y conquistas, y de todo lo que fué aquel Imperio y su República, antes que los españoles pasasen a él. LIBRO PRIMERO: Donde se trata el descubrimiento del Nuevo Mundo, la deducción del nombre Perú, la idolatría y manera de vivir antes de los Reyes Incas, el origen de ellos, la vida del primer Inca y lo que hizo con sus vasallos, y la significación de los nombres reales. Contiene 26 capítulos. LIBRO SEGUNDO: En el cual se da cuenta de la idolatría de los Incas y que rastrearon a nuestro Dios verdadero, que tuvieron la inmortalidad del ánima y la resurrección universal. Dice sus sacrificios y ceremonias, y que para su gobierno registraban los vasallos por decurias; el oficio de los decuriones, la vida y conquista de Sinchi Roca, Rey segundo, y las de Lloque Yupanqui, Rey tercero; y las ciencias que los Incas alcanzaron. Contiene 28 capítulos LIBRO TERCERO: Contiene la vida y hechos de Mayta Cápac, Rey cuarto. La primera puente de mimbre que en el Perú se hizo, la admiración que causó. La vida y conquistas del quinto Rey, llamado Cápac Yupanqui. La famosa puente de paja y enea que mandó hacer en el Desaguadero. La

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descripción de la casa y templo del Sol y sus grandes riquezas. Contiene 25 capítulos. LIBRO CUARTO: Trata de las vírgenes dedicadas al Sol; la ley contra los que las violasen. Cómo se casaban los indios en común y cómo casaban al príncipe heredero; las maneras de heredar los estados; cómo criaban los hijos. La vida de Inca Roca, sexto Rey; sus conquistas, las escuelas que fundó y sus dichos. La vida de Yáhuar Huácac, séptimo Rey, y de una extraña fantasma que se apareció al príncipe, su hijo. Contiene 24 capítulos. LIBRO QUINTO: Dice cómo se repartían y labraban las tierras, el tributo que daban al Inca, la provisión de armas y bastimentos que tenían para la guerra, qué daban de vestir a los vasallos; que no tuvieron mendigantes; las leyes y ordenanzas a favor de los súbditos, con otras cosas notables. Las victorias y generosidades del príncipe Inca Viracocha, octavo Rey; su padre, privado del Imperio; la huida de un gran señor; el pronóstico de la ida de los españoles. Contiene 29 capítulos. LIBRO SEXTO: Contiene el ornamento y servicio de la casa real de los Incas, las obsequias reales, las cacerías de los Reyes, los correos y el contar por nudos. Las conquistas, leyes y gobierno del Inca Pachacútec, noveno Rey, la fiesta principal que hacían, las conquistas de muchos valles de la costa, el aumento de las escuelas del Cozco y los dichos sentenciosos del Inca Pachacútec. Contiene 36 capítulos. LIBRO SÉPTIMO: En el cual se da noticia de las colonias que hacían los Incas, de la crianza de los hijos de los señores, de la tercera y cuarta fiesta principal que tenían, de la descripción de la ciudad del Cozco, de las conquistas que Inca Yupanqui, décimo Rey, hizo en el Perú y en el reino de Chili, de la rebelión de los Araucos contra los españoles, de la muerte de Valdivia, de la fortaleza del Cozco y de sus grandezas. Contiene 29 capítulos. LIBRO OCTAVO: Donde se verán las muchas conquistas que Túpac Inca Yupanqui, undécimo Rey, hizo, y tres casamientos que su hijo Huayna Cápac celebró; el testamento y muerte del dicho Túpac Inca: los animales mansos y bravos, mieses y legumbres, frutas y aves y cuatro ríos famosos, piedras preciosas, oro y plata, y, en suma, todo lo que había en aquel Imperio antes que los españoles fueran a él. Contiene 25 capítulos. LIBRO NOVENO: Contiene las grandezas y magnanimidades de Huayna Cápac; las conquistas que hizo; los castigos en diversos rebelados;
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el perdón de los Chachapuyas; el hacer Rey de Quitu a su hijo Atahuallpa; la nueva que tuvo de los españoles; la declaración del pronóstico que de ellos tenían; las cosas que los castellanos han llevado al Perú, que no había antes de ellos; y las guerras de los hermanos Reyes, Huáscar y Atahuallpa; las desdichas del uno y las crueldades del otro. Contiene 40 capítulos. SEGUNDA PARTE DE LOS COMENTARIOS REALES o “HISTORIA GENERAL DEL PERÚ” (EN 8 LIBROS Y 268 CAPÍTULOS):

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Historia general del Perú, trata del descubrimiento de él, cómo lo ganaron los Españoles, las guerras civiles que hubo entre Pizarros y Almagros, sobre la partija de la tierra, castigo y levantamiento de tiranos; y otros sucesos particulares que en la Historia se contienen. LIBRO PRIMERO: Dónde se verá un triunvirato que tres españoles hicieron para ganar el imperio del Perú. Los provechos de haberse ganado. Los trabajos que pasaron en su descubrimiento. Cómo desampararon los suyos a Pizarro y quedaron solos trece con él. Cómo llegaron a Túmpiz. Un milagro que allí hizo Dios Nuestro Señor por ellos. La venida de Francisco Pizarro a España a pedir la conquista. Su vuelta al Perú. Los trabajos de su viaje. Las embajadas que entre indios y españoles se hicieron. La prisión de Atahuallpa. El rescate que prometió. Las diligencias que por él hicieron los españoles. La muerte de los dos reyes Incas. La veneración que tuvieron a los españoles. Contiene cuarenta y un capítulos. LIBRO SEGUNDO: Contiene la ida de Don Pedro de Alvarado al Perú. La traición y crueldades de Rumiñaui con los suyos. Dos batallas que hubo entre indios y españoles. Las capitulaciones que entre fieles e infieles se hicieron. El concierto entre Almagro y Alvarado. Otras tres batallas entre indios y españoles, y el número de los muertos. La paga que a Don Pedro
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de Alvarado se le hizo, y su desgraciada muerte. La fundación de la ciudad de los Reyes y la de Trujillo. La muerte del maese de campo Quízquiz. La ida de Almagro a Chile: su vuelta al Perú. El levantamiento del Inca. Milagros de Dios en favor de los cristianos. Los sucesos del cerco del Cuzco y de los Reyes. El número de los españoles que los indios mataron. El destierro voluntario del Inca. Las diferencias de Almagros y Pizarros. Los socorros que el marqués pide, y los que envía al Cuzco. La batalla del río de Amáncay, y la prisión de Alonso de Alvarado. Nuevos conciertos y desconciertos entre Pizarros y Almagros. La cruel batalla de Las Salinas. La muerte de Almagro y de otros famosos capitanes. La venida de Diego de Alvarado a España, y la de Hernando Pizarro, y su larga prisión. Contiene cuarenta capítulos. LIBRO TERCERO: Contiene la conquista de los Charcas. La ida de Gonzalo Pizarro a la conquista de la Canela. Los muchos y grandes trabajos que pasó. La traición de Francisco de Orellana. Una conjuración contra el marqués Don Francisco Pizarro, y cómo le mataron. Don Diego de Almagro se hace jurar por gobernador del Perú. Las contradicciones que le hicieron. La ida del Licenciado Vaca de Castro al Perú. Los capitanes que elige para la guerra. Gonzalo Pizarro vuelve a Quitu. La cruel batalla de Chupas. La muerte de Don Diego de Almagro. Nuevas leyes y ordenanzas que en la corte de España se hicieron para los dos imperios, México y Perú. Los buenos sucesos de México por la prudencia y buen juicio de su visitador. Contiene veinte y dos capítulos. LIBRO CUARTO: Contiene la ida de Blasco Núñez de Vela al Perú. Su viaje hasta llegar a él. Lo que hizo antes y después de llegado al Perú. Lo que decían contra las ordenanzas. El recibimiento del Visorrey. La prisión de Vaca de Castro. La discordia entre el Visorrey y sus oidores. La muerte del príncipe Manco Inca. La elección de Gonzalo Pizarro para procurador general. El Visorrey hace gente, elige capitanes, prende por segunda vez a Vaca de Castro. La rebelión de Pedro de Puelles y de otros muchos con él. La muerte del factor Illán Suárez de Carvajal. La prisión del Visorrey y su libertad. Nombran a Pizarro por gobernador del Perú. La guerra que entre los dos hubo. Los alcances que Gonzalo Pizarro dió al Visorrey, y los que Francisco de Carvajal dió a Diego de Centeno hasta deshacerse. La batalla de Quito. La muerte del Visorrey Blasco Núñez Vela, y su entierro. Contiene cuarenta y dos capítulos. LIBRO QUINTO: Contiene la elección del licenciado Pedro de la Gasca para la reducción del Perú. Los poderes que llevó. La llegada a Tierra Firme. Como entregaron al presidente la armada de Gonzalo Pizarro sus propios amigos y capitanes. La navegación del licenciado Gasca hasta
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el Perú. La muerte de Alonso de Toro. La salida de Diego Centeno de la cueva, y cómo tomó la ciudad del Cuzco. El presidente envía a Lorenzo de Aldana con cuatro navíos a la ciudad de Los Reyes. Niegan a Gonzalo Pizarro los suyos y se huyen al de la Gasca. Gonzalo Pizarro se retira a Arequipa. Diego Centeno le sale al encuentro. Dase la cruel batalla de Huarina. La victoria de Pizarro. Su ida al Cuzco. Los sucesos del presidente Gasca y su buen gobierno en la milicia. La batalla de Sacsahuana. La victoria del presidente. La muerte de Gonzalo Pizarro y la de sus capitanes. Contiene cuarenta y tres capítulos. LIBRO SEXTO: Contiene el castigo de los de Gonzalo Pizarro. El repartimiento que el presidente Gasca hizo de los indios; las mercedes grandes que cupo a unos, a las quejas de otros; la muerte desgraciada de Diego Centeno; la paciencia del presidente Gasca con soldados insolentes; los galeotes que trajeron a España el segundo repartimiento que el presidente hizo; la muerte del licenciado Cepeda; la entrada del presidente en Panamá; el robo que los Contreras le hicieron del oro y plata de su majestad; la buena fortuna del presidente para restituirse en todo lo perdido; su llegada a España, y su buen fin y buena muerte; un alboroto de los soldados de Francisco Hernández Girón en el Cuzco; la ida del visorrey don Antonio de Mendoza al Perú; lo poco que vivió; la rebelión de don Sebastián de Castilla; la muerte del general Pedro de Hinojosa, y la del dicho don Sebastián; el castigo que de los suyos hicieron. Contiene veinte y nueve capítulos. LIBRO SÉTIMO: Contiene la rebelión de Francisco Hernández Girón, las prevenciones que hizo para llevar su tiranía adelante. Su ida en busca de los oidores. La elección que ellos hacen de capitanes contra el tirano. Sucesos desgraciados de una parte y de la otra. El alcance y victoria de Francisco Hernández Girón en Villacori. La venida del mariscal Alonso de Alvarado con ejército, en busca del enemigo. Los sucesos de aquella jornada hasta la batalla de Chuquinca, que el mariscal perdió. Los ministros que Francisco Hernández envió a diversas partes del reino. Los robos que los ministros hicieron. La ida de los oidores en seguimiento del tirano. Los sucesos que de ambas partes hubo en aquel viaje hasta la batalla de Pucará. La huida de Francisco Hernández y de los suyos por haber errado el tiro de la batalla. La prisión y muerte de todos ellos. Contiene treinta capítulos. LIBRO OCTAVO: Dice como celebraban los indios y españoles la fiesta del Santísimo Sacramento en la ciudad del Cuzco. Un caso admirable que acaeció en ella. La elección del marqués de Cañete por visorrey del Perú. La provisión de nuevos ministros. Las prevenciones que hizo para atajar motines. La muerte de los vecinos que siguieron a Francisco
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Hernández Girón, y la de Martín de Robles. El destierro de los pretendientes a España. La salida de las montañas por vía de paz del príncipe heredero de aquel imperio, y su muerte breve. Los desterrados llegan a España. La mucha merced que su majestad les hizo. Restituye sus indios a los herederos de los que mataron por tiranos. La ida de Pedro de Orsúa a las Amazonas. La elección del Conde de Nieva por visorrey del Perú. El fallecimiento de su antecesor, y la del mismo conde. La elección del licenciado Castro por Gobernador del Perú. Y la de don Francisco de Toledo por visorrey. La prisión del príncipe Túpac Amaru, heredero de aquel imperio. Y la muerte que le dieron. La venida del visorrey a España y su fin y muerte. Contiene veinte y un capítulos.

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LA FLORIDA DEL INCA. OBRA COMPLETA Y ARGUMENTO. Con “La Florida del Inca” o “Historia de la Florida” se ha cometido en el ciberespacio la misma barbaridad de publicarse solo en forma de antología brevísima o en todo caso en versiones espantosamente mutiladas (como esa de la web de “quedelibros”). En este enlace pueden visualizar la obra completa:
La Florida del Inca

ARGUMENTO DE LA FLORIDA DEL INCA: (Por el mismo Inca Garcilaso)

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Historia del Adelantado Hernando de Soto, Gobernador y Capitán General del Reino de la Florida, y de otros heroicos caballeros españoles e indios, escrita por el Inca Garcilaso de la Vega, capitán de su Majestad, natural de la gran Ciudad del Cozco, cabeza de los reinos y provincias del Perú. LIBRO PRIMERO: Contiene la descripción de ella (La Florida), las costumbres de sus naturales; quién fue su primer descubridor, y los que después acá han ido; la gente que Hernando de Soto llevó; los casos

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extraños de su navegación; lo que en La Habana ordenó y proveyó, y cómo se embarcó para la Florida. Contiene quince capítulos. PRIMERA PARTE DEL LIBRO SEGUNDO: Donde se trata de cómo el gobernador llegó a la Florida y halló rastro de Pánfilo de Narváez y un cristiano cautivo; los tormentos y la cruel vida que los indios le daban; las generosidades de un indio, señor de vasallos; las prevenciones que para el descubrimiento se hicieron: los sucesos que acaecieron en las primeras ocho provincias que descubrieron y las desatinadas bravezas, en palabras y obras, de un cacique temerario. Contiene treinta capítulos. SEGUNDA PARTE DEL LIBRO SEGUNDO: Donde se verán las muchas y bravas peleas que en pasos dificultosos, indios y españoles tuvieron en la gran provincia de Apalache; los trabajos que pasaron en descubrir la mar; los sucesos e increíbles afanes que a ida y vuelta padecieron los treinta caballeros que volvieron por Pedro Calderón; la fiereza de los de Apalache; la prisión de su cacique, su extraña huida y la fertilidad de aquella gran provincia. Contiene veinte y cinco capítulos. LIBRO TERCERO: Dice de la salida de los españoles de Apalache; la buena acogida que en cuatro provincias les hicieron; la hambre que en unos despoblados pasaron; la infinidad de perlas y de otras grandezas y riquezas que en un templo hallaron; las generosidades de la señora de Cofachiqui y de otros caciques, señores de vasallos; una batalla muy sangrienta que debajo de amistad los indios les dieron; un motín que trataron ciertos castellanos; las leyes de los indios contra las adúlteras; otra batalla muy brava que hubo de noche. Contiene treinta y nueve capítulos. LIBRO CUARTO: Trata del combate del fuerte de Alibamo; la muerte de muchos españoles por falta de sal; cómo llegan a Chisca y pasan el Río Grande; indios y españoles hacen una solemne procesión para adorar la cruz, pidiendo a Dios mercedes; la cruel guerra y saco entre Capaha y Casquin; hallan los españoles invención para hacer sal; la fiereza de los tulas, en figuras y armas; un regalado invierno que los castellanos tuvieron en Utiangue. Contiene dieciséis capítulos PRIMERA PARTE DEL LIBRO QUINTO: Donde se hace mención de un español que se quedó entre los indios; las diligencias que por él se hicieron; de un largo viaje de los castellanos, que atravesaron ocho provincias; la enemistad y guerra cruel entre guacoyas y anilcos; la muerte lamentable del gobernador Hernando de Soto y dos entierros que los suyos le hicieron. Contiene ocho capítulos.

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SEGUNDA PARTE DEL LIBRO QUINTO: Refiere cómo los españoles determinaron desamparar la Florida; un largo camino que para salir de ella hicieron; los trabajos incomportables que a ida y vuelta de aquel viaje pasaron hasta volver al Río Grande; siete bergantines que para salir por él hicieron; la liga de diez caciques contra los castellanos; el aviso secreto que de ella tuvieron; los ofrecimientos del general Anilco y sus buenas partes; una brava creciente del Río Grande; la diligencia en hacer los bergantines; un desafío del general Anilco al cacique Guachoya, y la causa por qué; el castigo que a los embajadores de la liga se les hizo. Contiene quince capítulos. LIBRO SEXTO: Contiene la elección de los capitanes para la navegación; la multitud de las canoas contra los españoles; el orden y la manera de su pelear, que duró once días sin cesar; la muerte de cuarenta y ocho castellanos por el desatino de uno de ellos; la vuelta de los indios a sus casas; la llegada de los españoles a la mar; un reencuentro que tuvieron con los de la costa; los sucesos de cincuenta y cinco días de su navegación hasta llegar a Pánuco; las muchas pendencias que allí entre los mismos tuvieron y la causa por qué; la buena acogida que la imperial ciudad de México les hizo y cómo se derramaron por diversas partes del mundo. Contiene veinte y un capítulos.

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RELACIÓN DE LA DESCENDENCIA DE GARCI PÉREZ DE VARGAS Éste opúsculo fue escrito por el Inca Garcilaso de la Vega en 1596 y publicado por primera vez por Miguel Lazo de la Vega, en la Revista de Historia y de Genealogía Española (Julio-agosto 1929, pp. 296-307). Es un manuscrito de 28 páginas con numerosas tachaduras que nació con la idea de servir de prólogo a La Florida del Inca. La obra se centra en la descripción de toda la rama extremeña de los Vargas, familia de la que procedía el padre del Inca, el capitán Garcilaso de la Vega, aunque también menciona a la madre, la palla Isabel Chimpu Ocllo. Ver aquí:
Relación de la descendencia de Garcí Pérez de Vargas

Facsimil de una de las páginas de la Relación de la descendencia del famoso Garci Pérez de Vargas.

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ENSAYO: EL INCA GARCILASO DE LA VEGA. Por Raúl

Porras Barrenechea.
El Inca Garcilaso de la Vega, hijo de un conquistador español y de una ñusta incaica, es no sólo uno de los primeros mestizos americanos sino que es, espiritualmente, el primer peruano. En él se funden las dos razas antagónicas de la conquista, unidas ya en el abrazo fecundo del mestizaje, pero se sueldan, además, indestructiblemente, y despojadas de odios y prejuicios, las dos culturas, hoscas y disímiles, del Tahuantisuyu prehistórico y del Renacimiento español. La síntesis original y airosa de este sorprendente connubio histórico son los Comentarios reales. Con ellos nace espiritualmente el Perú. La crónica seca y notarial de la conquista, vindicativa y laudatoria, se alumbra de amor en las páginas llenas de ternura y suave emoción del Inca Garcilaso, en las que apunta, por primera vez, el sentimiento hondo y subyugante de una patria peruana. Garcilaso pertenece, por su generación, a la época de los cronistas post-toledanos y en cierta manera participa del espíritu de éstos. Los cronistas post-toledanos estudiaron el Incario a base de un mejor conocimiento del quechua, de un presunto estudio de los quipus y de la aceptación y búsqueda de las leyendas más remotas, con cierta tendencia a novelizar la historia, patente en Cabello Balboa, en Morúa y en el desbordado clérigo Montesinos. Garcilaso, descendiente directo de los Incas, hijo de una princesa india y educado en el Cuzco, la sede del quechua imperial, conocía efectivamente el quechua, por haberlo aprendido desde niño. El mismo decía, orgullosamente, que "lo había mamado en la leche materna". Pero el Inca, a diferencia de los demás cronistas posttoledanos no se deja llevar de la imaginación o de la fantasía. Su crónica no es como dijo Menéndez y Pelayo, una fantasía utópica, semejante a la Ciudad del Sol de Campanella o a la Utopía de Tomás Moro, sino que es la tradición viviente de sus antepasados, recogida por el Inca en su infancia de labios de sus parientes viejos y trasladada, en la bruma de los recuerdos y de la lejanía, en su vejez nostálgica, en Córdoba. Sus dichos y afirmaciones tienen siempre el sello de la verdad y de una honesta sinceridad de historiador que huye de la fábula y busca ávidamente la verdad. Garcilaso de la Vega nació en el Cuzco, el 12 de abril de 1539, de la unión libre del capitán Garcilaso de la Vega y de la india noble Isabel Chimpu Ocllo, nieta de Túpac Yupanqui. Por su familia paterna pertenecía
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a una rancia familia de Extremadura, los Vargas de Hinostrosa y se enlazaba con los Manrique, los Mendoza y los Lasso de la Vega. Su linaje era ya preclaro en las letras españolas en las que figuraban los nombres de parientes suyos, como el gran poeta lírico Gómez Manrique, Jorge Manrique el inmortal autor de las Coplas a la muerte del Maestre don Rodrigo y el gran poeta del Renacimiento español, Garcilaso de la Vega, el introductor del endecasílabo en el verso castellano. El niño Garcilaso recibió este nombre de uno de los antepasados maternos de su padre y también el de Gómez Suárez de Figueroa que usó en su infancia. La educación del niño Garcilaso y su mocedad transcurrieron en el Cuzco. El mismo ha recordado en sus Comentarios reales que fue educado por un ayo, don Juan de Alcobaza, en compañía de los hijos mestizos de otros conquistadores entre ellos junto con los hijos de Francisco y de Gonzalo Pizarro. Más tarde un canónigo, Juan de Cuéllar, les enseñó gramática y latinidad, con gran entusiasmo, deseando hacer de todos ellos futuros estudiantes de Salamanca. El ambiente del Cuzco incaico y los recuerdos cercanos de la grandeza imperial influyeron grandemente en el ánimo del infante, a la par que su educación española. En la casa paterna, en la que la madre ocupaba un puesto principal y atendía a los amigos del Capitán Garcilaso, se presentaban también los parientes maternos, el "Inca viejo" de sus relatos, su tío abuelo el Inca Cusi Huallpa, los viejos capitanes de Huayna Cápac, Juan Pechuta y Chauca Rimache y sobre todo su tío carnal, Francisco Huallpa Túpac, quienes le contaban todas las viejas tradiciones de su raza. Aquellas conversaciones familiares, que comenzaban loando las instituciones y los hechos de los Incas, terminaban generalmente en forma melancólica, mezcladas con lágrimas y con esta frase desengañada: "trocósenos el reinar en vasallanaje". El niño Garcilaso recibía, al mismo tiempo, el influjo paterno. Aprendía a montar a caballo, a herrar y cinchar las cabalgaduras y a jugar cañas y sortijas. En el hogar paterno conoció a casi todos los sobrevivientes de la conquista y actores en las guerras civiles, de los que dirá más tarde en su crónica, al nombrarlos: "a quien yo conocí". El padre de Garcilaso, capitán llegado al Perú en 1534, fue amigo y partidario de Francisco Pizarro a quien sirvió con fidelidad en la batalla de Abancay y de quien recibió, como premio, la "entrada" o descubrimiento de la región de Buenaventura. Más tarde, en las guerras civiles, siguió, a buenas o malas, la causa de Gonzalo Pizarro. Primero se escapó del Cuzco, para no seguir a Gonzalo, y se escondió en el convento de Santo Domingo en Lima, donde Francisco de Carbajal le halló debajo de un altar y estuvo a punto de ahorcarle. Entre tanto el bárbaro Hernando de Bachicao
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cañoneaba en el Cuzco la casa del capitán Garcilaso, en cuyo interior permanecían espantados, la ñusta Isabel y sus dos hijos menores Garcilaso y Leonor. Las balas rebotaban, sobre la sillería de piedra incaica, sin destruirla, y, no satisfecho de su cobarde hazaña, sitió por hambre, durante varios meses, a los indefensos moradores de aquel hogar. Después de aquellos días de zozobra, en que la madre y los niños se alimentaron únicamente de maíz, llevado por los indios amigos, se supo en el Cuzco el triunfo de Gonzalo Pizarro en Huarina, contra Diego Centeno. El Capitán Garcilaso acompañó en esa jornada al rebelde Gonzalo, quizás por la fuerza, quizás atraído por la fuerza del movimiento y, en la batalla de Huarina, salvó a Gonzalo, que había perdido su caballo, dándole el suyo que se llamaba Salinillas. El niño Garcilaso salió a recibir esta vez a su padre hasta tres leguas fuera del Cuzco a Quispicanchis. En aquella ocasión conoció de cerca a Gonzalo Pizarro, cuya figura afable y caballeresca atrajo sus simpatías y vio, desde el balcón de su casa, que daba sobre la plaza, trajinar en su mula parda, con su albornoz morado al Demonio de los Andes, Francisco de Carbajal, cuya figura no se borró nunca de su imaginación infantil. El joven Garcilaso haría por esta época sus primeros viajes alrededor del Cuzco, en los que se aprehenderla el paisaje peruano, que habría que describir más tarde en sus Comentarios reales. Visitaría el cálido valle de Yucay, que fue la mansión de recreo de los Incas, el templo de Viracocha en Ccacha al sur del Cuzco, iría a visitar la encomienda de su padre de Cotanera, junto al Apurímac, donde presenciaría las exequias del cacique Huamán Palpa con todos los antiguos ritos de los Incas y haría, por último, un viaje al Collao y a la región de Charcas en que llegaría hasta la villa de Potosí. El Capitán Garcilaso se casó por esta época con una española, doña Luisa Martel, por prescripción real a fin de conservar su encomienda, abandonando a su manceba india a la que casó, según parece, con algún escudero llamado Pedrachi. Fue probablemente el primer dolor y resentimiento del joven Garcilaso, quien continuó viviendo al lado del padre y de la madrastra. Por estos días se produjo la insurrección de Francisco Hernández Girón. El rebelde entró, con la espada desnuda, en la casa en que se celebraban las bodas de don Alonso de Loayza con asistencia del Corregidor, desbaratando la fiesta y prendiendo a sus principales enemigos. El joven Garcilaso ayudó a su padre a escapar por los techos y a huir luego por las callejas del Cuzco en una noche llena de zozobra. La emoción de la guerra civil, recogida en ésta y en las anteriores escenas, dejó su huella impresionante en el ánimo del adolescente, quien la

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reflejó más tarde, con su naturalidad peculiar, en la segunda parte de los Comentarios reales. En 1559, murió su padre, después de haber sido Corregidor del Cuzco. Garcilaso le elogia con la mayor ternura en su historia, que escribió, en gran parte, para defender la memoria paterna de las acusaciones de cronistas tan ligeros y áulicos como Gómara y el Palentino. Se dijo por mucho tiempo que el joven Garcilaso, desheredado por su padre, se fue a España a reclamar alguna merced por los servicios de su padre injusto y despiadado. El hallazgo del testamento del padre de Garcilaso, hecho en el Cuzco el 3 de Marzo de 1559, ha venido a demostrar la falacia de esas acusaciones. El capitán Garcilaso legó a su hijo, Gómez Suárez de Figueroa, cuatro mil pesos, para que fuese a estudiar a España, intuyendo seguramente las disposiciones intelectuales de aquél. Garcilaso viajó a España en 1560. Recorrió la sierra central, la pampa de Villacurí, escenario de una reciente batalla, vio la ciudad de Lima, la isla de la Gorgona, donde estuvo a punto de naufragar, pasó por el istmo y Cartagena y desembarcó en Lisboa, donde cincuenta años más tarde habría de imprimir sus Comentarios Reales. La madre, casada con Pedrachi y habiendo procreado otros hijos quedó viviendo en el Cuzco, donde testó en 1571 según ha descubierto recientemente Aurelio Miró-Quesada. La vida de Garcilaso en España tiene dos etapas. En la primera se dedica a la carrera de las armas y sirve al rey en empresas guerreras obteniendo el título de Capitán de su Majestad que ostenta en la portada de sus obras. Combate en la guerra contra los moros en las Alpujarras, bajo las órdenes de don Juan de Austria y asiste probablemente a campañas en Italia donde aprendería la lengua toscana para traducir más tarde a León el Hebreo. En esta etapa, Garcilaso pretende, también, obtener alguna retribución por los servicios de su padre y la restitución de unas tierras pertenecientes a la ñusta Isabel. Sus pretensiones son rechazadas por el Consejo de Indias porque el Licenciado Castro había leído la historia del Palentino, en que se contaba el lance del caballo Salinillas en la batalla de Huarina y consideraba al padre de Garcilaso como traidor. Por esa época intentó también regresar al Perú. La segunda etapa de su vida en España la dedica a la letras y a Dios. En Sevilla, primero, en Montilla y luego en Córdoba, frecuenta amistades literarias y perfecciona sus conocimientos humanísticos, escasamente alcanzados en el Cuzco de la conquista, "entre armas y caballos". A Sevilla - "encantadora de cuantos la conocen" - traslada los restos de su padre para hacer los reparos en la Iglesia de San Isidoro. Sus propósitos de volver al
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Perú debieron haberse desvanecido ya. En Montilla, al lado de su tío don Alonso de Vargas quien muere en 1570 y le hace su heredero y luego como vecino de la ciudad y propietario de casas, censos y viñedos, transcurren treinta años de la vida de Garcilaso de 1561 a 1591 en que se traslada a Córdoba. Los años de Montilla son de adaptación, de recogimiento y de estudio. Participa en la vida económica y municipal, cría caballos, negocia en trigos y en la casa señorial de don Alonso que ha heredado, cultiva la buena amistad de los clásicos. En Montilla fecha en 1586 la dedicatoria a los Diálogos de León el Hebreo y proyecta La Florida y los Comentarios. Los últimos años de Garcilaso se deslizan en la ciudad de Córdoba junto a la suntuosa mezquita árabe en que habrían de reposar finalmente sus restos, o en los vecinos caseríos de las serranías cordobesas donde iba a reposar a menudo. En Córdoba muere, el 23 de abril de 1616, después de haber otorgado testamento y varios codicilos en favor de sus criadas y ahijados numerosos y es enterrado en la capilla de las Ánimas de la mezquita. LA OBRA DE GARCILASO En los últimos años, pasados los cincuenta, Garcilaso se inicia como escritor. En 1590 publica en Madrid una traducción de los Diálogos de Amor de León el Hebreo. En 1605 publica la Florida, o historia del descubrimiento de aquella península por Hernando de Soto y, en 1609, la Primera Parte de los Comentarios Reales, a los setenta años. Las hojas frescas de tinta de la Segunda Parte, que él no vería impresa, quedarían en la casa del impresor cordobés Andrés Barrera, al tiempo de su muerte. La tardía aparición del Inca en el campo de las letras es a mi modo de ver, el efecto de un innato complejo de timidez. En 1591, publicada su primera obra, vende sus casas y tierras y se traslada a Córdoba. En Montilla Garcilaso aparece como un hidalgo de noble estirpe incorporado a la vida española aunque no pudiera olvidar su melancolía indígena. Al mudarse a Córdoba se acentúa de un lado el sentimiento religioso, pues llega a vestir el hábito de clérigo y dedica largas horas a la oración y de otro reverdece su devoción indianista y comienza a firmarse Garcilaso Inca de la Vega. Es el clima espiritual, dulce, apacible y nostálgico, sin amargura ni rencor en que escribió los Comentarios Reales. El Inca, mestizo, descendiente por su rama materna de una raza primitiva, desconfía de sus fuerzas para la tarea intelectual. Se queja de la pobre educación que recibió en el Cuzco y de las pocas letras que ha alcanzado. Empeñosamente trata, durante largos años, de reparar su cultura y llenar las lagunas de su ilustración. Busca maestros como Pedro Sánchez de Herrera y otros frailes humanistas y se embebe en
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la lectura de libros españoles e italianos. Lee las antiguas crónicas de Castilla que le darán aliento castizo de historiador, las curiosidades de Pero Mexía donde aprenderá amenidad y las epístolas del padre Guevara que escondían los nuevos secretos y elegancias del idioma. Como todo tímido, comienza por una tarea humilde. Se dedica a traducir del toscano al español, un libro que le ha seducido: Los tres diálogos de amor de León el Hebreo o Abarbanel de Nápoles. Declara el mismo, que hizo la traducción, poco a poco, como hombre que no tiene prisa de celebridad ni ambición alguna "para empaparse más de la suavidad y dulzura de su filosofía y lindezas de que trata". La dedicó, al concluirla, al príncipe Maximiliano de Austria en una carta que tiene de autobiografía y de confesión y que anuncia ya la vocación confidencial que es su tónica distintiva y que expansionaría más tarde en los Comentarios reales. El libro llamó la atención de sus amigos por la facilidad y elegancia del idioma. El artista podía estar seguro de la calidad de sus medios de expresión. Menéndez y Pelayo elogia la traducción de Garcilaso por "la belleza y gallardía de la prosa, que tanto contrasta con el desaliño del texto italiano", traducción del original castellano que se ha perdido. Desde 1586 Garcilaso había anunciado en el prólogo de los Diálogos su intención de escribir la historia del Adelantado don Hernando de Soto. Conocía Garcilaso a un capitán amigo de su padre en el Cuzco, don Gonzalo Silvestre, quien había estado en la conquista de la Florida y vivía cerca de Córdoba en la villa de las Posadas. De sus labios había escuchado muchas veces el relato de las aventuras y de las fatigas sin premio de aquella jadeante expedición que terminó sin el acto afirmativo de una fundación. Garcilaso se decidió a trasladar al papel los recuerdos del capitán Silvestre, agregando en su ingénita humildad, que escribía sólo lo que aquél le dictaba sin agregar nada suyo. Es la segunda etapa de la timidez. El Inca está posesionado de su estilo, pero desconfía de sus propias luces para atraer el interés sobre los relatos que todavía guarda avaramente. Ahora, va a contar cosas ajenas en su prosa experimentada y dúctil para el relato, hasta que, ganadas esas dos trincheras de su desconfianza, se siente apto para llevar a cabo la inmortal tarea de escribir los Comentarios reales que serán íntegramente suyos por el alma indígena y la magistral forma española. Garcilaso escribe, pues, la Florida como un ensayo, que resulta, quizás su obra maestra, pero también impulsado por una finalidad que revela el profundo hispanismo de su espíritu. Los hugonotes franceses habían enviado, en 1562, una expedición a la Florida para que fundase ciudades que sirviesen de refugio a los protestantes. Garcilaso escribe su
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libro para recordar a los españoles las hazañas de Soto y sus compañeros e incitarlos a no dejar que se pierdan esas tierras para la fe y para España. "Dios por su misericordia dice los eligió -a los españoles- para que predicasen su Evangelio en el Nuevo Mundo. El mismo, a quien tanto se alaba por su indianismo, declara que iría gustoso, conforme al ánimo y al deseo, a tan necesaria empresa y moriría por ella. "Holgara -dice- gastarla juntamente con la vida en esta heroica empresa". La Florida narra la expedición organizada por Hernando de Soto para conquistar la tierra descubierta por Juan Ponce de León. Describe las peripecias de los conquistadores, su paso desorientado por entre páramos y ciénagas, su lucha contra los indios intrépidos de la región, las calidades guerreras de éstos y los mil incidentes curiosos o bravíos del choque entre las dos razas hasta que los españoles abandonaron la inhóspita tierra, dejando enterrado bajo el lecho del Gran Río -el Mississippi- el cadáver de su capitán don Hernando de Soto. Garcilaso descuella en la Florida principalmente por el arte de narrar y por el primor descriptivo. Los episodios que le contara el capitán Silvestre están, sin duda, animados por el espíritu creador del Inca, que sin inventar nada o agregando sólo lo accesorio o psicológico, los dota de una vida nueva y de una sugestión invencible que proviene principalmente de la técnica demorada del relato, de la gracia de los detalles y de la técnica en cierto modo novelesca con que el autor maneja los personajes y las escenas. El simple paso de dos jinetes a través de una ciénaga en la noche, con el temor de ser descubiertos por los indios, la bondad del indio Mucoso o la fiereza del cacique Irrihigua, el retrato del cacique tullido de Apalache o del cacique gigante Tascaluza, están descritos con tal gracia de pormenor y creciente interés de las circunstancias, que deleitan como una novela y se quedan grabadas indeleblemente en la imaginación, como los cuentos de la infancia. En la Florida demostró, pues, Garcilaso su calidad excelsa de narrador que supera en él a la del historiador y la olvida a menudo, sin gran riesgo de la verdad, antes bien embelleciéndola y rescatando el colorido vital de los hechos. La historia pierde, es cierto, pero se acerca a la épica. El historiador norteamericano Bancroft y otros historiadores han tachado la veracidad de Garcilaso en los detalles, lo que comprueba su respeto a la verdad esencial. Efectivamente, si se compara el relato de Garcilaso con el de otros testigos presenciales, principalmente con el hidalgo de Elvas se descubrirá, inmediatamente, los primores anecdóticos del Inca y su tendencia poetizadora: algunos episodios son menos angustiosos o pintorescos, o más breves de lo que los relató Garcilaso. Los indios de la Florida aparecen en la narración del Inca con cierta hechura de
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atletas helenos y pronuncian arengas de corte clásico; el templo de Cofachiqui tiene mucha mayor magnificencia y riqueza que en las demás crónicas y, en general, el relato es inconfundiblemente más ameno y animado. Pero no escasean tampoco las noticias auténticas, rectificadas más tarde por otros documentos que restablecen la autoridad y el crédito del Inca historiador. Por encima de tales reparos, la prosa de la Florida es de las más bellas prosas narrativas de la lengua castellana y, en el campo de las crónicas, representa la misma excelsa cima que La Araucana entre los poemas épicos de la conquista de América. Desde 1586, Garcilaso anunciaba su deseo de escribir "sumariamente de la conquista de mi tierra, alargándome más en las costumbres, ritos y ceremonias de ella y en sus antiguallas", según declaraba en la dedicatoria de los Diálogos a Felipe II. En 1591 ha terminado el trabajo de la Florida y se ha puesto a sacar, él mismo, en limpio, la copia de ella, por las muchas infidelidades en que incurrían los inexpertos copistas de Córdoba. El Inca está ya viejo y su flaca salud anda ya muy gastada según declara él mismo. En 1602 se halla retocando la Florida para imprimirla y pide favor a Dios para terminar "su historia de los Incas, reyes que fueron del Perú, el origen, y principio dellos su idolatría y sacrificios, leyes y costumbres: de todo lo que está ya la mayor parte puesta en el telar". No se ha aludido por ninguna de los comentadores de Garcilaso a la significación del nombre de los Comentarios reales. La adopción de ese nombre revela, sin embargo, la índole tímida del cronista y su propósito humilde. Entre las diversas formas históricas adoptadas por la historia clásica -historias, anales, memorias, comentarios- la elegida por el Inca es la de menor categoría. "Comentarios, dice Cicerón, son simples notas conmemorativas". El cronista Agustín de Zárate, defendiendo la calidad de su Historia, dice: "No tan breve y sumaria que lleve el nombre de Comentarios". El Inca no se atreve a abordar los grandes géneros históricos y escoge el menos ostentoso. Los comentarios son breves notas o glosas a noticias ajenos que no requieren gran ingenio ni preparación. En ellos se limitará a glosar a los historiadores españoles que han escrito sobre su patria, sirviéndoles únicamente "de comento y glosa", corriendo o ampliando lo que ellos dijeron, aclarando lo que no supieron o no pudieron saber por su desconocimiento de la lengua y añadiendo, donde hubiere falta, "que algunas cosas dejaron de decir". Un propósito oculto y generoso impulsa interiormente al Inca a salvar las barreras de su timidez y a abordar el gran género histórico que le tienta
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desde su juventud. Ese impulso es el hondo sentimiento de amor a su tierra y a su raza. Garcilaso ha leído, con ansiedad, las crónicas españolas sobre el Perú de Gómara, de Zárate, de Cieza, del Padre Acosta y ha hallado cortas para su apasionada admiración las noticias que dan sobre el Imperio de sus mayores. "Escríbenlas tan cortamente, que aún las muy notorias las entiendo mal" declara disgustado y promete escribir, sólo para servir de comento, "para declarar y ampliar muchas cosas que ellos asomaron a decir y las dejaron imperfectas, por haberles faltado relación entera". La misma íntima protesta despiertan en él los duros e incomprensibles juicios de los cronistas para juzgar la conducta de los conquistadores, sin medir la enormidad de sus esfuerzos y penalidades, y sin respetar sus servicios y hazañas. Se indigna contra Gómara por las cosas tan bajas que recoge contra Pizarro y contra el Palentino, que infamó la memoria de su padre, atribuyendole deslealtad al Rey. Para relatar como él los siente, el Imperio de los Incas y la conquista española escribe sus Comentarios, pero sobre todo "para dar a conocer al Universo nuestra patria, gente y nación". En su juventud, en el Cuzco, cuando alardeaba de experto jinete ante el asombro de sus pariente indios, cuando increpaba a estos duramente el haberse dejado vencer por un puñado de españoles, cuando aprendía latín y toda su aspiración se hallaba puesta en ir alguna vez a la Universidad de Salamanca, el joven mestizo Garcilaso se sentía más ligado a la raza de su padre. Sus aspiraciones más hondas le llevaban a España. Cuando estuvo en ésta, cuando palpó de cerca las distancias que le separaban material y espiritualmente de su infancia y a sentir con más intensidad su hermandad con los indios y el atávico reclamo de los recuerdos de la grandeza incaica. Español en Indias, Indio en España, he ahí el dilema de Garcilaso y el dilema mismo del alma peruana atraída por los divergentes reclamos de ambas razas y culturas. Garcilaso se sentirá indio en la primera parte de sus Comentarios y español, en la segunda, pero su obra, es, como lo ha dicho Riva-Agüero, el primer intento de reconciliación entre ambas razas. En la obra de Garcilaso se funden ambas en la síntesis feliz del mestizaje que presiente al Perú. Por ello puso al frente de su obra estos dos títulos significativos de su doble destino: el Inca Garcilaso de la Vega, natural del Cuzco y capitán de su Majestad. Y preludiando esta síntesis, dirá que él "se llama mestizo a boca llena" y afirmará, en la Dedicatoria a Felipe II de los Diálogos de Amor, que escribe para deleite de indios y españoles, "porque de ambas naciones tengo prendas". Inútil, por ésto, querer explotar a Garcilaso en pro de una u otra tendencia exclusiva. Es indio para los que quieren hacerle únicamente español y se descubre hispánico, cuando intentan dejarle únicamente en indio.

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En la Primera Parte de los Comentarios reales, Garcilaso quiso darnos su versión del Imperio de los Incas. En capítulos de una dulce y reposada serenidad, impulsador por el ritmo de sus recuerdos, Garcilaso se puso a escribir, cuarenta años después de haber dejado el Cuzco, la historia y las tradiciones del pueblo incaico que había escuchado siendo niño a sus parientes maternos. Esa versión ha sido tachada, por lo general, sobre todo en el siglo XIX, de falsa, parcial o engañosa. Se ha atribuido a Garcilaso una tendencia imaginativa o novelesca. La crítica peruana novecentista, encarnada en Riva-Agüero, ha desbaratado esa interpretación y restablecido la fidelidad de Garcilaso a sus fuentes de información. Hoy queda establecido que Garcilaso, no inventó ni mintió, sino que recogió con exactitud y cariño filiales, la tradición cuzqueña imperial, naturalmente ponderativa de las hazañas de los Incas y defensora de sus actos y. costumbres. Garcilaso es, en efecto, el representativo de la historia imperial cuzqueña. Esa historia, según han referido otros cronistas, como Cieza, omitía los nombres de los Incas que habían sido ineptos y cobardes y hasta las derrotas sufridas por los Incas. Es lógico que callara también los hechos, los adelantos de las tribus sojuzgadas y sumiera en el silencio toda la historia de los pueblos pre-incaicos. No hubo entre los Incas un Cieza o un Cristóbal de Molina para referirnos las costumbres y los ritos de los pueblos sometidos, como éstos recogieron con profundo amor los de los Incas. De conformidad con esta tradición imperial y no por voluntad propia, Garcilaso silenció o desconoció más bien, los hechos de la historia preincaica y gran parte de la historia provincial. Estos son los defectos que más se han argüido contra su imparcialidad. Para Garcilaso, como para sus parientes cuzqueños, la civilización comenzó con los Incas. "Para concentrar sobre sus antepasados los Incas las glorias de toda la raza peruana, no vaciló en suprimir, a sabiendas y de una plumada, la historia de cuatro mil años", dice el historiador argentino Vicente López. Sabemos sin embargo, que el empeño no fue suyo. En el Cuzco sólo se guardaban las tradiciones que Garcilaso nos ha trasmitido. Para completarlas hubo que levantar las informaciones de Cieza o de Toledo que descubrieron y exageraron, quizás, aspectos de la vida incaica ocultados por la nobleza conquistadora del Cuzco. Garcilaso que vivió dentro de este espíritu, no pudo aceptar, sinceramente, ninguna contribución esencial de otros pueblos a la civilización del Incario. En todas las partes de su obra, restalla su desprecio para los pueblos que antecedieron a los Incas y para las tribus sometidas por éstos, aún las contemporáneas. De los indios de la costa, los Tunpis, los de Pasau o de los belicosos Carangues de la región de Quito,
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habla con desprecio racial, semejante al del Consejero Imperial Sepúlveda el impugnador de Las Casas. Dice que eran "poco mejores que bestias mansas y otras muchas peores que fieras bravas". De los Chiriguanos dice que "viven como bestias y peores, porque no llegó a ellos la doctrina y enseñanza de los Reyes Incas". Acepta para estos indios todos los cargos que rechaza para los Incas: reconoce que practicaban sacrificios humanos, que comían carne humana, aún la de sus propios hijos y que practicaban vicios contra natura. Insiste, cada vez que trata de ellos en usar la palabra "bestia". De los pueblos pre-incaicos dice, contra los datos de la arqueología moderna, que "no tenían calles, ni plazas, sino como un recogedero de bestias". Esta inferioridad de los indios no Incas es para Garcilaso, como para sus parientes cuzqueños, insanable. Al ver a los indios de la región de Pasau, en su viaje a España, reafirma ya su opinión personal y dice: "eran peores que bestias". En otra parte exhibe la opinión de Huayna Cápac, sobre estos mismos indios diciendo: "sería perdido el trabajo que en ellos se emplease". En Huayna Cápac, no obstante la afinidad racial, no apuntaba la caridad cristiana de un Las Casas. Garcilaso, nos ha dado, pues, un Imperio depurado, según la tradición oficial cuzqueña. En esta visión se omiten naturalmente revoluciones, tradiciones, cobardías, crueldades, actos de barbarie, propios de un imperio primitivo. Riva-Agüero dice, por esto,, que la versión garcilasista ha pasado por tres deformaciones: 1° la de los quipucamayocs del Imperio, que omitieron todos los hechos dañosos o desfavorables, al recoger su historia cortesana; 2° la de los parientes de Garcilaso, después de la conquista, suavizando la realidad y haciéndola aparecer como menos dura que, la conquista española y 3° la deformación natural proveniente del temperamento poético de Garcilaso que embelleció el cuadro, desde la lejanía de sus recuerdos, con su intensa nostalgia. Hay que descubrir estas tres capas superpuestas para encontrar la verdad. Dos tesis principales arrancan de la versión de Garcilaso y son objeto de discusión: 1° la de la gran antigüedad del Imperio Incaico y su formación gradual y 2° la del gobierno suave y paternal de los Incas y su conquista, más por persuasión que por las armas. Para Garcilaso la expansión del Imperio comienza desde los primeros Incas, con Lloque Yupanqui y sus expediciones al Collao, en tanto que para Cieza y para otros cronistas, la expansión imperial sólo fue obra de Viracocha o de Túpac Yupanqui. La tesis garcilasista de la formación lenta y gradual del Imperio encierra parte de verdad como lo ha demostrado Riva-Agüero. Lo que existió antes de Pachacutec fue una confederación, presidida por los Incas del Cuzco, la que se convierte en una sujeción imperial a raíz de las grandes conquistas y del poderío del gran Inca conquistador. En cuanto a la
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tesis de la conquista pacífica y persuasiva, no hay duda que los parientes cuzqueños de Garcilaso se guardaron de contarle muchas de las crudezas de la guerra entre los Incas y la supervivencia de muchas de las costumbres bárbaras que ellos imputaron privativamente a los pueblos de la costa. El mismo Garcilaso refiere las crueldades inauditas de la guerra entre Huáscar y Atahualpa, y aún de las conquistas de Huayna Cápac, de las que recibió una formación más directa y menos censurada por la desaparición de los órganos oficiales del incaico, que revelan la dulcificación operada por los informantes cuzqueños de Garcilaso. Llevado por esta corriente, el Inca omite batallas y luchas cruentas, destrucciones de pueblos, que aparecen en el recuerdo sangriento de las tradiciones provinciales, principalmente en Santa Cruz Pachacutic. Huamán Poma de Ayala. Cabello Balboa y Sarmiento de Gamboa. Ahí está todo el aparejo de cabezas-trofeos, de tambores humanos, de cuerpos pisados por los triunfadores, que se han esfumado de la sonriente versión garcilasista. Esto no excluye, por cierto, la existencia de un régimen patriarcal, en el que no obstante el absorbente despotismo del Inca y de la casta real, se hubieran abierto paso algunas ideas altruistas de justicia económica y de asistencia social. La tendencia ponderativa de lo incaico de Garcilaso se revela en muchos otros aspectos, principalmente en el religioso. Garcilaso, como lo anotó Riva-Agüero, se empeñó en demostrar el monoteísmo incaico y la creencia entre los Incas en la idea del Dios invisible, creador y todopoderoso. Negó por ésto, en contradicción con cronistas más imparcial y directamente informados, el politeísmo y el fetichismo incaicos y particularmente los sacrificios humanos atestiguados uniformemente por cronistas indios y españoles. La versión de Garcilaso del Incario, no es sin embargo falsa ni mendaz. Es simplemente unilateral. Oyó y contó principalmente lo favorable, lo que exaltaba la memoria del Imperio perdido y no lo que hubiera justificado su desaparición. En él hay que buscar por lo tanto, lo que él quiso darnos, los méritos y no los defectos, las excelencias y los aciertos que fueron grandes y felices en la mayor y más adelantada civilización indígena de la América del Sur. Y él nos dirá verdad cuando nos hable de los orígenes del Cuzco, de las virtudes y hazañas de la tribu de los Incas, de la grandeza de sus monumentos, de sus dioses y de sus leyes próvidas, del orden y bienestar del Imperio, de las riquezas de la tierra y del trabajo, de las escuelas y de las fiestas, de los haravicus y los amautas. En él hallaremos también la ponderación de los frutos y los metales, de las plantas autóctonas, del maguey, del molle y la coca, de los pacíficos ganados de llamas y de las aves de tierra y agua y sobre todo, el elogio de la tierra y, de la imperial ciudad del Cuzco, intacta en su memoria con sus
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barrios totémicos, su templo del Sol resplandeciente de oro y su fortaleza ciclópea que nadie ha descrito con más admiración y ternura que el Inca nostálgico. Y no es únicamente el elogio lastimero ni la alabanza de la blandura indígena, sino que también, a veces, llevado de su ardor polémico contra los detractores del Imperio, prorrumpe en la alabanza viril que es la que mejor cuadra a aquel recio y magnífico imperio, como cuando dice lleno de justa indignación contra Gómara: "En toda la gentilidad no ha habido gente más varonil que tanto se haya preciado de cosas de hombres como los Incas, ni que tanto aborreciesen las cosas más mujeriles". Por donde podría comenzar a coincidir con la narración épica de Sarmiento de Gamboa. La Segunda Parte de los Comentarios reales comprende el relato del descubrimiento, conquista y guerras civiles del Perú. El Inca declara que escribe esta parte de su historia "para celebrar las grandezas de los heroicos españoles que con su valor y ciencia militar ganaron para su Dios y para su Rey y para si, aqueste rico imperio, cuyos nombres dignos de cedro, viven en el libro de la vida y vivirán inmortales en la memoria de los mortales". Frases como éstas se multiplican en su libro, a la par que la alabanza de su estirpe y su sensibilidad india, demostrando la anchura y generosidad de su espíritu, incapaz de ningún exclusivismo. La relación del descubrimiento y conquista del Perú es la parte más amena y original de Garcilaso. El Inca no tuvo testigos cercanos que le refrescasen los hechos ni recuerdos directos como en sus remembranzas del Cuzco. Los relatos de los antiguos conquistadores como Diego de Trujillo y Mando Serra que escucharla en el Cuzco, debieron haberse desvanecido en su memoria. La glosa de textos ajenos es en esta parte más frecuente y extensa que en las otras, mereciendo bien el título de Comentarios. Reproduce textos de Gómara, de Zárate, del Palentino o del Padre Acosta que ni siquiera fueron testigos presenciales sino de segunda mano, y se abraza con demasiada adhesión al relato inverosímil del padre Valera sobre los hechos de Cajamarca. Es la parte acaso menos leve y hasta fastidiosa de los Comentarios reales. La tesis absurda de que los Incas no combatieron a los españoles porque creyeron que eran mensajeros del Dios Viracocha, según la profecía del Inca Huayna Cápac y de que al verlos llegar se echaron a llorar por el término irremisible de su Imperio, es a la verdad, bastante ingenua y depresiva para la mentalidad india. Los indios eran, es cierto, agoreros y supersticiosos, pero el deslumbramiento inicial causado por la aparición de los españoles fue momentáneo y hay pruebas de que se recobraron y de que consideraron muy pronto a los "viracochas" del primer momento como mortales, capaces de ser convertidos en tambores humanos como Quiliscachi o Atoc.
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La posición histórica de Garcilaso, no obstante su profundo indianismo, no es en manera alguna contraria a Pizarro y a la conquista española, que justifica por la necesidad de atraer a Cristo a los infieles que "perecían en las tinieblas de la gentilidad e idolatría tan bárbara y bestial" (Proemio). No se cansa de alabar en su libro las ventajas que en el orden espiritual reportó la conquista. En su historia de la Florida dice: "Dios por su misericordia los eligió para que predicasen su evangelio en el Nuevo Mundo". Y en otra parte declara: "me precio muy mucho de ser hijo de conquistadores del Perú de cuyas armas y trabajos ha redundado tanta honra y provecho a España". Su juicio sobre Francisco Pizarro está lleno de simpatía y admiración por el conquistador y su retrato, lleno de afabilidad, austeridad y nobleza, difiere del monstruoso divulgado en el siglo XIX por historiadores sajones. Garcilaso recoge testimonios directos de los conquistadores del Cuzco que conocieron y trataron a Pizarro y nos lo muestra no como un chacal sino como un ser humano y sobre todo, en contradicción abierta con los retratos vulgares, como hombre fiel a su palabra y como hombre de gran verdad. Se indigna contra Gómara por su falta de respeto para con unos hombres que habían servido tanto a España y a la humanidad y en alguna parte de su historia parece contestar a los denuestos de Oviedo contra el padre de los Pizarro en esta forma. "Oh descendencia de Pizarro bendígante las gentes de siglo en siglo por padre y madre de tales hijos y la fama engrandezca el nombre de Sancho Martínez de Añasco Pizarro, padre de Diego Hernández Pizarro antecesor de todos estos heróicos varones". La parte más amena y confidencial de los Comentarios reales es seguramente la dedicada a las guerras civiles de Gonzalo Pizarro, Sebastián de Castilla y Hernández Girón, que Garcilaso presenció siendo niño en el Cuzco. Son, en realidad, sus recuerdos de infancia y juventud, conservados por una memoria fidelísima. El cronista vio desde el "corredorcillo de la casa de su padre", que daba a la plaza del Cuzco, pasar a los caudillos alzados contra el Rey, recorrer las calles en su mula parda al Demonio de los Andes o llegar con el aparato ceremonial de la época de los presidentes y a los oidores de su majestad. Vio y trató de cerca al Pacificador La Gasca, a Gonzalo Pizarro y a Carbajal. Ha retenido de su lejana infancia, frases, actitudes y gestos íntimos de estos personajes, de gran sabor. Escenas como la de la proclamación de Hernández Girón y su entrada con la espada desnuda en el salón donde se festejaba las bodas de una ilustre dama del Cuzco o la de la huida de su padre en aquella misma "terrible y desventurada noche" por las callejas oscuras del Cuzco, son cuadros de época inolvidables.

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Pero, lo que más atrae la simpatía hacia el Inca, en esta parte de su relato, es la altiva independencia de sus opiniones, en las que apunta ya la rebeldía criolla. Entre la cohorte áulica de los cronistas de las guerras civiles, Garcilaso es el único que se atreve, no sólo a disculpar, sino a elogiar a Gonzalo Pizarro y a paliar su delito de insurrección, desafiando todos los perjuicios de la época. La rebeldía contra el Rey era, entonces, delito de traición, merecedor del más grande desdén. Garcilaso, sin embargo, sale en defensa del rebelde para levantar los cargos de crueldad y rudeza con que le agobian los cronistas cortesanos y nos dice que Gonzalo era hombre de ánimo piadoso, ajeno de cautelas y maldades, "el más lindo hombre de a caballo" y la mejor lanza que hubo en todas las Indias. Al defender a su padre, por su adhesión a Gonzalo en el campo de Huarina, llega a decir, no obstante de ser una contienda librada contra el pendón real, que no habido una victoria tan importante como aquella, ni hazaña semejante en el mundo. Igual simpatía demuestra por otros rebeldes contra la majestad real, como los Contreras que se alzaron en Tierra Firme, y particularmente, por Francisco de Carbajal cuya memoria defiende y alaba llamándole "aquel bravo soldado y gran capitán". En las opiniones de Garcilaso sobre las guerras civiles hay una contradicción evidente con el amor demostrado hacia los indios. La insurrección de Gonzalo, pidiendo el mantenimiento de las encomiendas y del servicio personal de los indios, debió producir en el ánimo de Garcilaso la misma repulsa que en el del fraile Las Casas. Garcilaso, sin embargo, simpatiza con la causa de Gonzalo, es partidario de la subsistencia de las encomiendas y hasta de su perpetuidad y en alguna parte de su obra, defendiendo los derechos de su padre, y de los encomenderos del Perú la emprende contra el apóstol dominico. "Proponía y sustentaba -dice- cosas que aunque parecían santas y buenas por otra parte se mostraban muy rigurosas y dificultosas para ponerlas en efecto". Y defendiendo a los conquistadores de las acusaciones fulminantes de Las Casas dice que algunos españoles trataban como hijos a los indios (IV, 75). Su posición defensiva de los privilegios de los conquistadores del Perú, entre los que estuvo su padre, se manifiesta no solo en su simpatía por Francisco y Gonzalo, sino también en su condenación de la revuelta de Hernández Girón. Y es que éste representó la reacción demagógica de los soldados pobres y sin repartimientos de indios contra los primeros conquistadores usufructuarios de señoriales encomiendas. Llega, por esto, a aceptar el carácter delictuoso de la rebelión de Hernández Girón y a afirmar, siempre en disculpa de Gonzalo, que pocas veces hubo en el Perú "tiranos tan tiranos". En el relato de ambas revoluciones abundan los episodios amenos las remembranzas sabrosas de su niñez, los apuntes
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felices sobre la ciudad del Cuzco en que él vivió siendo su padre Corregidor y, como en la Florida, las narraciones llenas de gracia y colorido vital, como la de la entrada de Sairi Tupac al Cuzco después de renunciar la borla imperial, la anécdota sutil de la india que respondió "quizás quiero, quizás no quiero" a una propuesta matrimonial, las imágenes románticas o burlescas de doña Menda de Sosa "la reina del Perú" o la del ventrudo conquistador Pedro Cabrera que no cabía en la silla jineta y tenía un buen humor infantil y acaso entre todas, como una joya de antología, la narración del viaje de Rodrigo Niño y de los galeotes, con su filosofía sonriente y benévola. La vena jovial de las Tradiciones de Palma, está, ya, en esa historia menuda y anecdótica en la que, a veces, se refugia, mejor que en las graves y ceñudas historias, el alma inasible de la raza. VERACIDAD Y ORIGINALIDAD La veracidad de Garcilaso ha sido puesta en tela de juicio, en diversas épocas por críticos e historiadores. El más antiguo y apasionado impugnador del Inca fue el clérigo Montesinos quien dijo que "hablaba de memoria" y que recogía patrañas y falacias, dando acaso rienda suelta a su resentimiento por el poco caso que Garcilaso hizo de los tiempo preincaicos en los que el clérigo osunense dio pábulo a su fantasía. Anello Oliva le reprochaba de haber aceptado fábulas y "cuentos de viejas". Tschudi le tachaba de inocente en el siglo XIX, de haber olvidado el quechua y afirmaba que ningún historiador podría tomar en serio la Primera Parte de los Comentarios reales. Garcilaso había inventado a Manco Cápac y a Mama Ocllo y trató únicamente de presentar a los Incas bajo el aspecto más ventajoso. El inglés [sic] Ticknor, totalmente insensible a las bellezas literarias e históricas de la obra del Inca, apuntaba en su Historia de la Literatura Española este juicio incomprensivo: "Es un libro lleno de chismografía y de cuentos, escrito en estilo difuso y en que el autor habla continuamente de sí mismo". Menéndez y Pelayo le trató de historiador anovelado. Por el estilo fueron las obcecadas acusaciones de plagio del erudito Gonzales de la Rosa. Fue necesaria la vigorosa y autorizada voz de Riva-Agüero en el centenario de la muerte del Inca para desvanecer toda aquella crítica falaz y restablecer los valores artísticos, y la sinceridad histórica de Garcilaso. No cabe ya dudar de la buena fe y de la honradez histórica del cronista peruano. En lo relativo a los Incas, que es donde más se le acusa de imaginación y candor, se halla comprobado que no inventó nada sino que recogió fiel y emocionalmente la tradiciones de la nobleza cuzqueña a la que pertenecía. ¡Qué mucho que desconociera, aunque trató de informarse sobre ellas, las tradiciones provinciales y la historia anterior a los Incas, si
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lo que él quería y lo realizó admirablemente era trazar el cuadro apacible y grandioso del Imperio fundado por sus antepasados! ¡El Cuzco y los Incas! he ahí los dos objetivos brillantes y llenos de emoción de su historia. Sobre estos dos motivos alucinantes recogió con veneración todos los recuerdos de su infancia y se informó larga y pacientemente. No son los Comentarios obra de improvisación o de descansada fantasía. El Inca hurgó pacientemente durante largos años en su memoria y en la de los otros, buscando el hilo impalpable de la verdad. Consultó y comparó crónicas -Cieza, Acosta, Zárate, el Palentino, Gómara- escribió cartas a sus antiguos condiscípulos e interrogó a todos los que venían del Perú o sabían algo de él, como lo apunta a cada paso en sus Comentarios. Ya era un canónigo de Quito o un indiano del Perú estantes en Córdoba los que les refrescaban un dato, ya eran las cartas de su condiscípulo el padre Diego de Alcobaza, mestizo como él y cura de indios o cartas de otros antiguos amigos y compañeros del Perú, que le confirmaban o aclaraban recuerdos y le hacían poner con deleitosa seguridad: "Me escriben del Perú...". El afán de fidelidad de Garcilaso en lo que se refiere a la historia cuzqueña está bien retratado en el pasaje de sus Comentarios en que se queja de que sus condiscípulos del Cuzco, no le hayan enviado con la presición que él quería el tamaño de las piedras de la fortaleza de Sacsayhuamán, para reparar el vacío que encuentra en la descripción de Acosta y se duele de que se las hayan enviado en brazas y no en yardas. Con exigente amor de verdad exclama: "¡quisiérala con testimonio de escribano!". La vaguedad o la presunta credulidad de Garcilaso proviene de la calidad misma de la historia que recoge, trasmitida por simple tradición oral o el indicio inverificable de los quipus. El propio Garcilaso reconoce, repetidas veces, la inseguridad y confusión de la tradición incaica. "No se puede decir con certidumbre cuál de los Incas hizo tal o cual ley" apunta y por esto todas se atribuyeron a Manco Capac. Lo mismo declara sobre hechos atribuidos a dos o más monarcas, en los que no cabe pronunciarse entre dos versiones igualmente vagas e inseguras. Garcilaso distinguió bien en su condición de historiador documentado y sagaz, entre la verdad y la fábula, pero su intuición del pasado le enseñaba que ambas eran necesarias para la reconstrucción del espíritu de un pueblo y de una época. Recoge las leyendas o fábulas como él las llama, con calor y simpatía filiales, a sabiendas de que son invención popular y por lo tanto historia anímica de su raza y observa a los historiadores españoles por no "haber mamado en la leche aquestas fábulas y verdades como yo las mamé". He ahí la fórmula histórica de Garcilaso, hecha de intuición y de dato, en que la fábula tiene su sitio al lado de la verdad y con el mismo título que ésta, como dos hermanas legítimas. El Inca nos da un ejemplo feliz de esta convivencia de ambas formas al hablarnos de la piedra cansada, que según los indios se detuvo a la mitad de la cuenta de Sacsayhuamán y abrumada de fatiga,
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lloró sangre y no quiso seguir hasta la cumbre. "Afirmaban esta fábula y yo se la oí muchas veces" dice y agrega luego "la verdad historial tal como la contaban los indios Amautas", según la que la enorme piedra arrastrada por veinte mil indios venció la fuerza de éstos y se soltó matando a tres o cuatro mil hombres. Y hay que reconocer que ambas versiones son tan necesarias para la captación del espíritu incaico como para el hallazgo de la verdad y que de ambas se teje la trama de la historia. Garcilaso cultiva pues una forma histórica que concede valor a las creaciones poéticas y a las concepciones mágicas y vagorosas del alma popular. El traslada a la crónica su sensibilidad de espíritu neo-platónico demostrada ya en la traducción de León el Hebreo. Exagerando quizás la posición especulativa del Inca y desvalorizando excesivamente su exactitud histórica, Mariano Iberico Rodríguez ha calado sutilmente la esencia idealista de la obra de Garcilaso al tratar del Imperio incaico. Garcilaso, nos dice Iberico en su elegante ensayo sobre éste, tuvo una "sensibilidad filosófica y poética impregnada de amor por las esencias ideales". Como buen neoplatónico "construyó para proponerla a la admiración universal, lo que podríamos llamar la forma ideal del Imperio, forma esencialmente estética y platónica, en el sentido de que es arquetípica y perfecta y frente a cuya radiante majestad pierden importancia así las confirmaciones como las rectificaciones de la historia". Podrían citarse textos de los Comentarios en apoyo de esta tesis en los que el Inca demuestra poco interés en dilucidar menudas discrepancias de versiones atribuidas a un Inca u a otro y en que abandona la rígida discriminación histórica. También podría agregarse su falta de interés o su instintiva inhabilidad para la cronología que resalta sobre todo en sus relatos de la conquista. Pero nada de esto arguye falsedad o ficción. El relata lo que le atrae e interesa, lo que ha guardado avaramente en la memoria, para narrarlo después. En esa selección inconsciente de los recuerdos no hay malicia ni adulteración. Ellas no cabían en el espíritu tímido, discreto y cuidadoso de la verdad que fue Garcilaso. "Digo llanamente las fábulas historiales que en mis niñeces oí a los míos", dice en el más puro son de sinceridad, y hay que creerle. Junto con la veracidad del Inca se ha discutido también, apasionadamente, la originalidad de Garcilaso. El erudito peruano don Manuel Gonzales de la Rosa, agobiado por pesares propios de autor despojado de sus hallazgos históricos colombistas por el americano Vignaud, acusó acremente a Garcilaso de saqueador y de plagiario. Para Gonzales de la Rosa, el Inca no hizo nunca obra original: se apropió de la traducción de León el Hebreo, sin saber italiano, arrebató a Gonzalo
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Silvestre la paternidad de la Florida que éste le dictó, y, en cuanto a los Comentarios reales, no son sino la aprobación póstuma o la copia de la obra del padre Blas Valera, cuyos fragmentos confiesa Garcilaso haber utilizado en algunos de sus capítulos sobre los Incas. Gonzales de la Rosa no cree en el dicho de Garcilaso de que éste recibiera únicamente algunos papeles truncos del padre Blas Valera, salvados del saqueo de Cádiz por los ingleses en 1596 y entregados a Garcilaso en Córdova por el padre Maldonado de Torres. Llama a esto "la leyenda de los papeles rotos" y asegura, con pruebas diligentes y nimias, que los ingleses dejaron salir de Cádiz, antes del saqueo a las mujeres y a los jesuitas y que Garcilaso disfrutó íntegramente del manuscrito de Valera, que unas veces cita copiando capítulos íntegros y otras veces copió sin escrúpulos. Sólo por este inusitado presente, pudo Garcilaso emprender a los sesenta años una obra que antes no había intentado realizar. Agregaba el intransigente erudito diversas citas demostrando la supervivencia de las diversas obras de Valera y aún de la propia Historia del Perú después del saqueo de Cádiz y durante el siglo XVII. La réplica certera y y contundente de Riva-Agüero a estas disquisiciones sabihondas y resentidas, desbarató por completo la argumentación anti-garcilasista. Riva-Agüero probó hasta la saciedad la honradez y la veracidad del Inca. Rectificó las circunstancias históricas sobre el sitio de Cádiz, demostrando que la situación fue apremiante y que en esa situación angustiosa pudieron dispersarse los papeles de Valera, quien murió poco tiempo después en Málaga. Arguyó que los jesuitas de Córdoba pudieron desmentir a Garcilaso si éste hubiese plagiado a su hermano de religión y que si Garcilaso hubiese tenido intención de despojar a Blas Valera no le hubiera citado tan contínua y escrupulosamente, en una "extraña mezcla de honradez y perfidia, de lealtad y plagio". Por el contrario es clásica la escrupulosidad del Inca para alegar las razones ajenas. Con prolijidad y honradez meticulosa, no muy frecuente en otros cronistas de la época acostumbrados a plagiarse implacablemente, él cita a Acosta, a Gómara o a Zárate, cuidándose de mencionar el número del capítulo y el punto en que comienza la cita, con la especificación de que es "sacado a la letra" y al terminar el párrafo, la anotación: "Hasta aquí es de Zárate o de Cieza o de Valera". La honradez del Inca es pues inatacable y la respalda, además, el sello de inconfundible originalidad de toda su obra, ese acento de personal emoción y confidencia que es inarrancable de todas sus páginas y que contrasta con el estilo pulcro y seco del padre Valera, en los capítulos copiados por Garcilaso. Hay además entre ellos diferencia de interpretación sobre usos y ritos incaicos y sobre la lista de reyes que también anotó Riva-Agüero. Por último, el propósito de escribir los Comentarios reales fue antiguo en el Inca y muy anterior al saqueo de
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Cádiz, como lo demuestran las frases de la dedicatoria de León el Hebreo. Lo que paralizó el ingenio del Inca y su propósito recordatorio de las grandezas de su raza fue su complejo de timidez y de desconfianza de las propias fuerzas, como ya hemos visto. El prestigio de Garcilaso, después de los desahogos penosos de Gonzales de la Rosa, ha quedado indemne. TIMIDEZ Y CORTESÍA Las calidades espirituales y artísticas de Garcilaso se desprenden espontáneamente del análisis de su obra y de su esquema biográfico. La característica más saltante del Inca -y en esto insurge su esencia india- es la timidez. Ella le hace vacilar largos años antes de emprender su obra definitiva y tantear otros géneros por no atreverse a tomar posesión del suyo que era indiscutiblemente el género histórico-evocativo. Pero su timidez es, en parte, rebeldía reprimida, resentimiento acaso por su postergación, bastardía y mestizaje, y, en el fondo, conciencia íntima de su propio valer. En la Florida y en los Comentarios reales abundan las alusiones a las injusticias de los reyes, a la privanza de los aduladores y a las virtudes que deben tener los que mandan. No obstante el desconocimiento o menosprecio existente en su época por los mestizos, él se jacta de llamarse tal, "a boca llena" porque fue nombre que le impusieron sus padres y está orgulloso de sus dos herencias indígena y española. Como tal irrumpe en el escenario, con su modestia ingénita, por la puerta más pequeña, esbozando tan sólo unos comentarios o glosas, que van a ser no sólo magistral historia, sino la epopeya en prosa de su raza y de sus parientes oprimidos. Al lado de la timidez y como un complemento de ella, otro don de Garcilaso; es la cortesía. En ella se resumen también todas las virtudes de su temperamento moral y el doble imperativo de sus herencias ancestrales. La cortesía es la flor de una civilización y la elaboración de muchos siglos de señoría y dominio. Es, acaso, como quieren los sociólogos, la pantomima simbólica de una antigua relación de siervos y señores pero en los que supervive un código de conducta decoroso y humano. Garcilaso recibe el doble legado de urbanidad y templanza en los modales de Incas y españoles. Los Incas, nos dice el padre Morúa, fueron muy corteses y ceremoniáticos, y en Europa, fue proverbial la etiqueta y el decoro de los hidalgos españoles. Héroe de discretos fue el gran capitán que sabía ser valiente y cortés a sus horas. Esta es también la nota dominante en los Comentarios reales y en el espíritu de Garcilaso. Este se duele de la malevolencia de los cronistas que entregan al deshonor o a la infamia los nombres de algunos caballeros, sin respetar su linaje ni a sus descendientes. Protesta de las mordacidades de Gómara y del Palentino y cada vez que se
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halla frente a una acción deshonrosa o que pueda empañar la buena fama de un nombre, este hidalgo respetuoso y moderado, se recata de decirlo. "Por su honra callamos sus nombres" dice de dos fugitivos en la Florida, y en los Comentarios desdeña poner las versiones apasionadas que "son pláticas de la hez del vulgo". Su técnica de historiador resplandece en las palabras que él mismo puso en los labios del soldado del Perú que increpó a Gómara su malevolencia al hablar de ciertos conquistadores: "Para eso es la discreción del historiador, para no tomar relación de los tales ni escribir mucho sin mirar mucho, para no difamar con sus escritos a los que merecen toda honra y loor". Y se cuidaba por igual de los juicios corno de las palabras burdas, en un aliño espiritual innato, porque habla de dichos que "no se sufre ponerlos" y de cuentos que por ser burlas y donaires no pudo mentar en su historia. En todo tiempo, dice en la Florida, está bien, aún en los caudillos y hombres de guerra, la afabilidad y la mansedumbre y "el usar buenas palabras, que se pueden decir lo que estas ganan y pierden las malas: no siendo de más costa las unas que las otras". "El buen natural, -dice en la Florida- florece en discreciones y gentilezas". Garcilaso traza así un cauce de dignidad a la historia peruana, lejos de la procacidad y la difamación, y es el antecesor de esas cualidades de innato señorío, de humana tolerancia y hospitalidad de ánimo, que son aún, según los viajeros, los distintivos del hombre común en el Perú. Las notas dominantes en los Comentarios reales son para RivaAgüero, la gravedad y la ternura. La resignación, el sosiego, la apacible bonanza de la vejez y del retiro, la suave nostalgia de la infancia y del terruño, se traslucen en sus páginas. Gravedad y ternura que acaso ha recogido de sus años y de sus viajes, pero también de la serenidad del paisaje nativo. "En él -dice Riva-Agüero- sentimos plenamente la eterna dulzura de nuestra patria, la mansedumbre de las vicuñas, la agreste apacibilidad de sus sierras y la molicie de sus costeños oasis". "Sintió -dice Iberico -la magia del paisaje, la resonancia mística de esa acallada música del cosmos que especialmente en nuestra sierra adquiere una tan grandiosa y misteriosa solemnidad". Tuvo, en consonancia con esta vocación poética y virgiliana, más que el don épico, una sensibilidad especialmente tierna y el don de expresar, como Tito Livio, las pasiones, particularmente las pasiones dulces y temerosas, los affectus dulciores y entre ellos, superiormente, el amor a la tierra materna, a la patria en embrión. Es calidad también principal del Inca, su excelsa condición de narrador. Su estilo, dice Riva-Agüero, es el triunfo de la naturalidad, y Menéndez y Pelayo le califica como uno de los más amenos y floridos narradores que en nuestra lengua pueden encontrarse. El encanto de narrar que poseyó a Garcilaso está patente en la Florida donde le deja marchar
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como a una cabalgadura adiestrada, deteniéndose en todos los meandros del camino, para husmear la hierba o contemplar el cielo abierto, pero con el instinto seguro del camino que conduce a la meta. Por esta vocación narrativa se deja llevar afuera del campo histórico y acercarse a las creaciones novelescas o curiosas de época, al anecdotismo que algunos le han reprochado y que es no obstante, su don más sugestivo. En él, como dijera Nerval para Tito Livio, el sentimiento vence a las leyes de la crítica histórica "y siempre que el historiador dura, es el narrador el que decide". Los peyorativos juicios emitidos por los historiógrafos sobre la obra de Garcilaso se compensan con la admiración unánime que produce su obra literaria. "Como prosista, dice Menéndez y Pelayo, es el mayor nombre de la literatura americana". Carlos Pereyra le proclama como uno de los príncipes de la crónica americana, al lado de Bernal Díaz del Castillo y en la crónica de la Florida, acaso por encima de éste. Prescott, aunque objetara la credulidad y la trivialidad de sus relatos "indignos, según él, de la majestad de la historia", reconoce al fin y al cabo el encanto de su sencillez, y lo considera como "una emanación del espíritu indio". Y José Enrique Rodó, declara también haber hallado en Garcilaso la más alta nota de americanismo literario. "Cada vez, dice, que esta nota de americanismo en el sentimiento y en el color se levanta a presidir la armonía de una prosa tan limpia, tan de la antigua hechura -dice refiriéndose a Montalvo- comparece en mi memoria la impresión de aquellos Comentarios reales, donde un mestizo que unió a la nobleza de la calidad el prestigio del estilo, dejó expresados en la más pura lengua del conquistador y en la más rica y gallarda prosa de su tiempo, sabrosísimos candores del alma americana, que semejan allí las huellas de la sangre del indio en el lustre de una hoja de Toledo". Garcilaso representa sobre todo la eclosión del alma peruana. Encarna la fusión o el abrazo de las dos razas formadoras del espíritu nuevo del Perú. Como él mismo lo dijo tuvo prendas de ambas: lealtad y religiosidad, sentimiento caballeresco y patriotismo españoles; gravedad y ternura, timidez y amor al terruño de su ancestro indio. Como tal expresión fundamental del alma peruana le tienen los principales críticos e historiadores peruanos. Riva-Agüero lo considera como el tipo representativo de la inteligencia peruana en lo que ésta tiene de ponderación clásica, de desdén por la vaguedad, la exhorbitancia y la penumbra, de amor a la simetría y al concierto, al orden y al aseo del lenguaje, a la claridad y a la nitidez lógicas y "al predominio de la razón analítica sobre la imaginación plástica". José Carlos Mariátegui, lo considera como el primer peruano, entendiendo como tal al producto de las dos razas, pero con predominio de lo español y considera estéticamente los
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Comentarios reales como la prolongación de la máxima epopeya española de los descubrimientos y conquistas, en las fronteras de la historia y de la épica. Luis E. Valcárcel, ve los Comentarios como una Biblia India y a Garcilaso corno el más grande quipucamayoc que reunió en su obra todas las esencias del arte y la historia cuzqueñas. Como La Araucana de Ercilla para Chile, los Comentarios reales del Inca Garcilaso, recogidos en el Cuzco imperial, escritos en el rincón soleado de una ciudad andaluza y prohibidos en el siglo XVIII, por la sugestión de patria y libertad que contenía, valen sobre todo porque son el anuncio y la promesa de una nacionalidad.
De Los Cronistas del Perú (1528-1650). Edición, Prólogo y Notas de Franklin Pease G. Y. Lima, Banco de Crédito del Perú. Biblioteca Clásicos del Perú/2., 1986, pp. 391-408. Publicado por primera vez en 1946, en Editorial Lumen.

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APÉNDICE: CAPÍTULOS DE LOS COMENTARIOS REALES DE LOS INCAS.

Los Comentarios Reales de los Incas, Primera y Segunda Parte, consta pues de un total de 17 LIBROS Y 530 CAPÍTULOS. Las basuras de antologías o selecciones que circulan por la red, solo publican unos 50 capítulos como si fuese la “obra completa”, y para colmo, muchos de esos capítulos están mutilados y con erratas, lo cual constituye un atentado repudiable contra la cultura universal, que no es patrimonio solo de una elite, como algunos hijos de puta, mercantilistas de porquería, desearían, sino de toda la humanidad. Aquí va la tabla de contenido íntegro de la obra, para que se tenga una idea clara de su amplitud de la obra de Garcilaso. PRIMERA PARTE
LIBRO PRIMERO Cap. I—Si hay muchos mundos.—Trata de las cinco zonas.

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Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap.

II.—Si hay antípodas III.—Cómo se descubrió el Nuevo Mundo. IV.—La deducción del nombre del Perú. V.—Autoridades en confirmación del nombre Perú. VI.—Lo que dice un autor acerca del nombre Perú. VII—De otras deducciones de nombres nuevos. VIII.—La descripción del Perú. IX.—La idolatría y los dioses que adoraban antes de los Incas. X.—De otra gran variedad de dioses que tuvieron. XI—Maneras de sacrificios que hacían. XII. —La vivienda y gobierno de los antiguos, y las cosas que comían. XIII.—Como se vestían en aquella antigüedad. XIV.—Diferentes casamientos y diferentes lenguas. Usaban de venenos y de hechizos XV.—El origen de los Incas Reyes del Perú. XVI.—La fundación del Cozco, ciudad imperial. XVII.—Lo que redujo el primer Inca Manco Cápac. XVIII.—Dos fábulas historiales del origen de los Incas. XIX.—Protestación del autor sobre la historia. XX.—Los pueblos que mandó poblar el primer Inca. XXI.—La enseñanza que el Inca hacía a sus vasallos. XXII.—Las insignias favorables que el Inca dió a los suyos. XXIII.—Otras insignias más favorables con el nombre Inca. XXIV.—Nombres y, renombres que los indios pusieron a su rey. XXV.—Testamento y muerte del Inca Manco Cápac. XXVI.—Los nombres reales y la significación dellos.

LIBRO SEGUNDO Cap. Cap. Cap. Cap. I.—La idolatría de la segunda edad, y su origen. II.—Rastrearon los Incas al verdadero Dios Nuestro Señor. III.—Tenían los Incas una cruz en lugar sagrado. IV.—De muchos dioses que los historiadores españoles impropiamente aplican a los indios.

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Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap.

V.—De otras muchas cosas que el nombre huaca significa. VI.—Lo que un autor dice de los dioses que tenían. VII—Alcanzaron la inmortalidad del ánima y la resurrección universal. VIII.—Las cosas que sacrificaban al Sol. IX.—Los sacerdotes, ritos y ceremonias, y sus leyes atribuyen al primer Inca. X.—Comprueba el autor lo que ha dicho con los historiadores españoles. XI—Dividieron el imperio en cuatro distritos. Registraban los vasallos XII.—Dos oficios que los decuriones tenían. XIII.—De algunas leyes que los Incas tuvieron en su gobierno. XIV.—Los decuriones daban cuenta de los que nacían y morían. XV.—Niegan los indios haber hecho delito ninguno Inca de la sangre real. XVI.—La vida y hechos de Sinchi Roca, segundo rey de los Incas XVII—Lloque Yupanqui, rey tercero, y la significación de su nombre

Cap. XVIII—Dos conquistas que hizo el Inca Lloque Yupanqui. Cap. XIX.—La conquista de Hatun Colla, y los blasones de los collas.

Cap. XX.—La gran provincia de Chucuyto se reduce de paz: Hacen lo mismo otras muchas Provincias. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. XXI.—Las ciencias que los Incas alcanzaron. Trátase primero de la astrología. XXII.—Alcanzaron la cuenta del año y los solsticios y equinoccios. XXIII.—Tuvieron cuenta con los eclipses del Sol, y lo que hacían con los de la Luna. XXIV.—La medicina que alcanzaron, y la manera de curarse. XXV.—Las yerbas medicinales que alcanzaron. XXVI.—De la Geometría, Geografía, Aritmética, y Música que alcanzaron. XXVII.—La poesía de los Incas amautas, que son filósofos, y haravicus, que son poetas. XXVIII.—Los pocos instrumentos que los indios alcanzaron para sus oficios.

LIBRO TERCERO Cap. Cap. Cap. I.—Mayta Cápac, cuarto Inca gana a Tiahuanaco y los edificios que allí hay. II.—Redúcese Hatumpacassa y conquistan a Cac-yavirí. III.— Perdonan los rendidos, y declárase la fábula.

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Cap. IV.—Redúcense tres provincias, conquístense otras, llevan colonias. Castigan a los que usan de veneno Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. V.—Gana el Inca tres provincias. Vence una batalla muy reñida. VI.—Ríndense los de Huaychu. Perdónanlos afablemente VII.—Redúcense muchos pueblos. El Inca manda hacer una puente de mimbre. VIII.—Con la fama de la puente se reducen muchas naciones de su grado. IX.—Gana el Inca otras muchas y grandes provincias y muere pacífico. X.—Cápac Yupanqui, rey quinto gana muchas provincias en Cuntisuyo XI.—La conquista de los aymaras. Perdonan a los curacas; ponen mojoneras en sus términos. XII.—Envía el Inca a conquistar los quechuas. Ellos se reducen de su grado. XIII.—Por la costa de la mar reducen muchos valles. Castigan los sodomitas. XIV.—Dos grandes curacas comprometen sus diferencias en el Inca y se hacen vasallos suyos. XV.— Hacen una puente de paja, enea, y juncia, en Desaguadero. Redúcese Chayanta. XVI.—Diversos ingenios que tuvieron los indios para pasar los ríos y para sus pesquerías.

Cap. XVII.—De la deducción de Cinco provincias grandes, sin otras menores Cap. XVIII.—El príncipe Inca Roca reduce muchas grandes provincias mediterráneas y marítimas. Cap. Cap. XIX.—Sacan indios de la costa para colonias la tierra adentro.—Muere el Inca Cápac Yupanqui. XX.—La descripción del templo del Sol y sus grandes riquezas.

Cap. XXI.—El claustro del templo, y la de los aposentos de la Luna y estrellas, trueno y relámpago, y arco del cielo. Cap. XXII.—Nombre del Sumo Sacerdote y otras partes de la Casa.

Cap. XXIII.—Los sitios para los sacrificios, y el término donde se descalzaban para ir al templo. Las fuentes que tenían. Cap. XXIV.—Del jardín de oro y otras riquezas del templo, a cuya semejanza había otros muchos en aquel Imperio. Cap. XXV.—Del famoso templo de Titicaca, y de sus fábulas y alegorías.

LIBRO CUARTO Cap. Cap. I.—La casa de las vírgenes escogidas dedicadas al sol. II.—Los estatutos y ejercicios de las vírgenes escogidas.

Cap. III.—La veneración en que tenían las cosas que hacían las escogidas, y la ley contra los que las violasen. Cap. IV.—Que había otras muchas casas de escogidas. Compruébase la ley rigurosa.

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Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap.

V.—El servicio y ornamento de las escogidas, y que no las daban por mujeres a nadie. VI.—De cuáles mujeres hacia merced el Inca. VII.—De otras mujeres que guardaban virginidad, y de las viudas. VIII.—Cómo casaban en común, y cómo asentaban la casa. IX.—Casaban al príncipe heredero con su propia hermana, y las razones que para ello daban. X.—Diferentes maneras de heredar los estados. XI—El destetar, trasquilar y poner nombre a los niños. XII.—Criaban los hijos sin regalo ninguno. XIII.—Vida y ejercicio de las mujeres casadas XIV.—Cómo se visitaban las mujeres. Cómo trataban su ropa, y que las había públicas.

Cap. XV.—Inca Roca, sexto rey, conquista muchas naciones, y entre ellas los Chancas y Hancohuallu. Cap. XVI.—El príncipe Yahuar Huacac, y la interpretación de su nombre. Cap. Cap. XVII.—Los ídolos de los indios antis, y la conquista de los charcas. XVIII.—El razonamiento de los viejos, y cómo reciben al Inca.

Cap. XXVIII.—De algunas leyes que el rey Inca Roca hizo, y las escuelas que fundó en el Cozco, y sus dichos sentenciosos Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. XX.—E1 Inca llora sangre, séptimo rey, sus miedos y conquistas, y el disfavor del príncipe. XXI.—De un aviso que una fantasma dió al príncipe. XXII.—Las consultas de los Incas sobre el aviso de la fantasma. XXIII.—La rebelión de los chancas, y sus antiguas hazañas. XXIV.—El Inca desampara la ciudad, y el príncipe la socorre.

LIBRO QUINTO Cap. Cap. sol. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. I.—Cómo acrecentaban y repartían la tierra a los vasallos. II.—El orden que tenían en labrar sus tierras, y la fiesta con que labraban las del Inca y las del III.—La tierra que daban a cada indio, y cómo la beneficiaban. IV.—Repartían el agua para regar. Castigaban a los descuidados. V.—E1 tributo que daban al Inca, y la cuenta de los orones. VI.—Hacían de vestir para los soldados, tenían provisión de armas y calzado. VII.—El oro y plata y otras cosas de estima no eran de tributo, sino presentadas. VIII.—La guarda y gasto de los bastimentos.

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Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap.

IX.—Daban de vestir a los vasallos. No hubo pobres mendigantes. X.—El orden y división del ganado y de los animales extraños. XI.—Leyes y ordenanzas de los Incas para el beneficio de los vasallos. XII.—Cómo conquistaban y domesticaban los nuevos vasallos. XIII.—Cómo proveían los ministros para todos oficios. XIV.—La razón y cuenta que había en los bienes comunes y particulares. XV.—En qué pagaban el tributo. La cantidad de él, y las leyes acerca de él.

Cap. XVI.—Orden y razón para cobrar los tributos. El Inca hacia merced a los curacas de las cosas preciadas que le presentaban. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. XVII.— El Inca Viracocha tiene nueva de los enemigos y de un socorro que le viene. XVIII.—Batalla muy sangrienta, y el ardid con que se venció. XIX.—Generosidades del príncipe Inca Viracocha después de la victoria. XX.—El príncipe sigue el alcance, vuelve al Cusco, véese con su padre, desposéele del imperio. XXI.—Del nombre Viracocha, y por qué se le dieron a los españoles XXII.—El inca Viracocha manda, labrar un templo en memoria de su tío la fantasma. XXIII.—Pintura famosa; y la gratificación a los del socorro. XXIV. Nuevas provincias que el Inca sujeta, y una acequia para regar los pastos. XXV.—El Inca visita su imperio. Vienen embajadores ofreciendo vasallaje. XXVI—La huída del bravo Hancohuallu del imperio de los Incas. XXVII.—Colonias en las tierras de Hancohuallu, el valle de Yucay ilustrado. XXVIII.—Dió nombre al primogénito. Hizo pronóstico de la ida de los españoles. XXIX.—La muerte del Inca Viracocha. El autor vió su cuerpo.

LIBRO SEXTO Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. I.—La fábrica y ornamento de las casas reales. II.—Contrahacían de oro y plata cuanto había para adornar las casas reales. III.—Los criados de la casa real y los que traían las andas del rey. IV.—Salas que servían de plaza, y otras cosas de las casas reales. V.—Cómo enterraban los Reyes: duraban las obsequias un año. VI.—Cacería solemne que los Reyes hacían en todo el reino. VII—Postas y correos, y los despachos que llevaban.

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Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap.

VIII.—Contaban por hilos y nudos: había gran fidelidad en los contadores. IX.—Lo que asentaban en sus cuentas, y cómo se entendían X.—E1 Inca Pachacutec visita su imperio. Conquista la nación Huanca. XI.—De otras provincias que ganó el Inca, y de las costumbres de ellas, y castigó la sodomía. XII.—Edificios, leyes, y nuevas conquistas que el Inca Pachacutec hizo. XIII.—Gana el Inca las provincias rebeldes con hambre y astucia militar. XIV.—Del buen curaca Guamachucu, y cómo se redujo. XV.—Resisten los de Cassamarca, y al fin se rinden. XVI.—La conquista de Yauyu, y el triunfo de los Incas tío y sobrino. XVII.—Redúcense dos valles, y Chincha responde con soberbia. XVIII.—La pertinacia de Chincha, y como al fin se reduce. XIX.—Conquistas antiguas, y jactancias falsas de los Chinchas. XX.—La fiesta principal del sol, y cómo se preparaban para ella. XXI.—Adoraban al sol. Iban a su casa. Sacrificaban un cordero. XXII. —Los agüeros de sus sacrificios, y el fuego para ellos. XXIII.—El brindarse unos a otros, y con qué orden. XXIV.—Armaban caballeros a los Incas, y cómo los examinaban. XXV.—Habían de saber hacer sus armas y calzado. XXVI.—Entraba el príncipe en la aprobación: tratábanle con mas rigor que a los demás. XXVII.—El Inca daba la principal insignia y un pariente las demás. XXVIII.—Divisas de los Reyes y de los demás Incas. Los maestros de los noveles. XXIX.—Ríndese Chuquimancu, señor de cuatro valles. XXX.—Los valles de Pachacamac y Rímac, y sus ídolos. XXXI.—Requieren a Cuismancu. Su respuesta y capitulaciones. XXXII.—Van a conquistar al rey Chimu, y la guerra cruel que hacen. XXXIII.—Pertinacia y aflicciones del gran Chimu, y cómo se rinde. XXXIV.—Ilustra el Inca su imperio y sus ejercicios hasta su muerte. XXXV.—Aumentó las escuelas. Hizo leyes para el buen gobierno. XXXVI.—Otras muchas leyes del Inca Pachacútec y sus dichos sentenciosos.

LIBRO SEPTIMO

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Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap.

I.—Los Incas hacían colonias. Tuvieron dos lenguajes. II.—Los herederos de los señores se criaban en la corte, y las causas por qué III.—De la lengua cortesana. IV.—De la utilidad de la lengua cortesana. V.—Tercera fiesta solemne que hacían al Sol. VI.—Cuarta fiesta. Sus ayunos y el limpiarse de sus males. VII.—Fiesta nocturna para desterrar los males de la ciudad. VIII.—La descripción de la imperial ciudad del Cozco. IX.—La ciudad contenía la descripción de todo el imperio. X.—El sitio de las escuelas, y el de tres casas reales, y el de las escogidas. XI—Los barrios y casas que hay al Poniente del arroyo. XII.—Dos limosnas que la ciudad hizo para obras pías. XIII—Nueva conquista que el rey Inca Yupanqui pretende hacer. XIV.—Los sucesos de la jornada de Musu hasta el fin de ella. XV.—Rastros que de aquella jornada se han hallado. XVI.—De otros sucesos infelices que en aquella provincia han pasado. XVII.—La nación Chirihuana y su vida y costumbres. XVIII—Prevenciones para la conquista de Chili.

Cap. XIX.—Ganan los Incas hasta el valle que llaman Chili, y los mensajes y respuestas que tienen con otras nuevas naciones. Cap. XX.—Batalla cruel entre los Incas y otras diversas naciones, y el primer español, que descubrió a Chili. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. XXI.— Rebelión de Chili contra el gobernador Valdivia. XXII—Batalla con nueva orden y ardid de guerra de un indio, capitán viejo. XXIII.—Vencen los indios por aviso y traición de uno de ellos. XXIV.—Matan a Valdivia, y a cincuenta años que sustentan la guerra. XXV.—Nuevos sucesos desgraciados del reino de Chili. XXVI—Vida quieta y ejercicios del rey Inca Yupanqui hasta su muerte. XXVII—La fortaleza del Cozco, y la grandeza increíble de sus piedras. XXVIII.—Tres muros de la cerca, lo mas admirable de la obra. XXIX.—Tres torreones. Los maestros mayores y la piedra cansada.

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LIBRO OCTAVO. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap, Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. I.—La conquista de la provincias Huacrachucu, y su nombre. II.—La conquista de los primeros pueblos de la provincia Chachapuya. III.—La conquista de otros pueblos y de otras naciones bárbaras. IV.—Conquista de tres grandes provincias belicosas y muy pertinaces. V.—Conquista de la provincia Cañari, sus riquezas y templo. VI.—La conquista de otras muchas y grandes provincias hasta los términos de Quitu. VII—Hace el Inca la conquista de Quitu: hállase en ella el príncipe Huayna Cápac. VIII.—Tres casamientos de Huayna Cápac. La muerte de su padre y sus dichos. IX.—Del maíz, y lo que llaman arroz, y otras semillas. X.—De las legumbres que se crían debajo de la tierra. XI.—De las frutas de árboles mayores. XII.—Del árbol mulli y del pimiento. XIII.—Del árbol maguey y de sus provechos. XIV.—Del plátano, piña y otras frutas. XV.—De la preciada hoja llamada cuca, y del tabaco. XVI.—Del ganado manso, y las recuas que de él había. XVII.—Del ganado bravo, y otras sabandijas. XVIII.—Leones, osos, tigres, micos y monas. XIX.—De las aves bravas de tierra y agua bravas y mansas. XX.—De las perdices, palomas y otras aves menores. XXI—Diferencias de papagayos y su mucho hablar. XXII.—De cuatro ríos famosos, y del pescado que en los del Perú se cría. XXIII.—De las esmeraldas, turquesas y perlas. XXIV.—Del oro y la plata. XXV.—Del azogue, y cómo fundían el metal antes de él.

LIBRO NOVENO Cap. Cap. I.—Huayna Cápac manda hacer una maroma de oro, por qué y para qué II.—Redúcense de su grado diez valles de la costa y Tumbes se rinde.

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Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap.

III.—El castigo de los que mataron los ministros de Túpac Inca Yupanqui . IV.—Visita el Inca su imperio. Consulta los oráculos. Gana la isla Puná. V.—Matan los de Puná a los capitanes de Huayna Cápac. VI.—Castigo que hizo a los rebeldes. VII.—Motín de los Chachapuyas, y la magnanimidad de Huayna Cápac. VIII—Dioses y costumbres de la nación Manta, y su reducción, y la de otras muy bárbaras. IX.—De los gigantes que hubo en aquella región, y la muerte de ellos. X.—Lo que Huayna Cápac dijo acerca del sol. XI.—Rebelión de los Caranques y su castigo. XII.—Huayna Cápac hace rey de Quitu a su hijo Atahuallpa. XIII.—Dos caminos famosos que hubo en el Perú. XIV.—Tuvo nuevas Huayna Cápac de los españoles que andaban en la costa XV.—Testamento. Muerte de Huayna Cápac, y el pronóstico de la ida de los españoles. XVI.—De las yeguas y caballos. Cómo los criaban a los principios, y lo mucho que valían. XVII.—De las vacas y bueyes, y sus precios altos y bajos XVIII.—De los camellos, asnos y cabras, y sus precios y mucha cría. XIX.—De las puercas y de su mucha fertilidad. XX.—De las ovejas y gatos caseros. XXI.—Conejos y perros castizos. XXII.—De las ratas y la multitud de ellas. XXIII.—De las gallinas y palomas. XXIV.—Del trigo XXV.—De la vid, y el primero que metió uvas en el Cozco. XXVI.—Del vino, y el primero que hizo vino en el Cozco, y sus precios allí. XXVII.— Del olivo, y quien lo llevó al Perú. XXVIII.—De las frutas de España, y cañas de azúcar. XXIX.—De la hortaliza y yerbas, y de grandeza de ellas. XXX.—Lino, espárragos, biznagas y anís. XXXI.—Nombres nuevos para nombrar diversas generaciones. XXXII.—Huáscar Inca pide reconocimiento de vasallaje a su hermano Atahuallpa.

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Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap.

XXXIII.— Astucias de Atahuallpa para descuidar al hermano. XXXIV.—Avisan a Huáscar, el cual hace llamamiento de gente. XXXV.—Batalla de los Incas. Victoria de Atahuallpa, y sus crueldades. XXXVI.—Causa de las crueldades de Atahuallpa y sus efectos crudelísimos. XXXVII.—Pasa la crueldad a las mujeres y niños de la sangre real. XXXVIII.—Algunos de la sangre real escaparon de la crueldad de Atahuallpa. XXXIX.—Pasa la crueldad a los criados de la casa real. XL.—La descendencia que ha quedado de la sangre real de los Incas.

SEGUNDA PARTE
LIBRO PRIMERO Cap. Cap. Cap. I.—Tres españoles, hombres nobles, aspiran a la conquista del Perú . II.—Las excelencias y grandezas que han nacido de la compañía de los tres españoles. III.—La poca moneda que había en España antes de la conquista del Perú.

Cap. IV.—Prosigue la prueba de la poca moneda que en aquellos tiempos había, y la mucha que hay en éstos. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. V.—Lo que costó a los Reyes de Castilla el Nuevo Mundo. VI.—El valor de las cosas comunes antes de ganar el Perú. VII.—Dos opiniones de las riquezas del Perú, y el principio de su conquista. VIII.—Almagro vuelve dos veces a Panamá por socorro. IX.—Desamparan a Pizarro los suyos; quedan solos trece con él. X.—Francisco Pizarro pasa adelante en su conquista. XI.—Francisco Pizarro y sus trece compañeros llegan al Perú. XII.—Maravilla que Dios obró en Túmpiz XIII.—Pedro de Candía da cuenta de lo que vió, y vuélvense todos a Panamá. XIV.—Viene Pizarro a España, pide la conquista del Perú. XV.—Trabajos que los españoles padecieron desde Panamá a Túmpiz. XVI.—Ganan los españoles la isla Puná y a Túmpiz XVII.—Una embajada con grandes presentes que el Inca hizo a los españoles. XVIII.—Envía el Gobernador una embajada al Rey Atahuallpa. XIX.—E1 recibimiento que el Inca hizo a la embajada de los españoles.

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Cap. Cap. Cap.

XX.—La oración de los embajadores, y la respuesta del Inca. XXI.—Vuelven los dos españoles a los suyos. Apercíbense todos para recibir al Inca. XXII.—La oración que el padre fray Vicente de Valverde hizo al Inca Atahuallpa.

Cap. XXIII.—Las dificultades que hubo para no interpretarse bien el razonamiento de fray Vicente de Valverde. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. XXIV.—Respuesta de Atahuallpa a la oración del religioso. XXV.—De un gran alboroto que hubo entre indios y españoles. XXVI.—Coteja el autor lo que ha dicho con las historias de los españoles. XXVII.—Prenden los españoles al Rey Atahuallpa. XXVIII.—Promete Atahuallpa un rescate por su libertad, y las diligencias que por él se hacen XXIX.—La ida de Hernando Pizarro a Pachacámac, y los sucesos de su viaje.

Cap. XXX.—Enmudecieron los demonios del Perú con los Sacramentos de la Santa Madre Iglesia Romana. Cap. XXXI.—Huáscar Inca pide socorro a los exploradores.

Cap. XXXII.—Llegan los dos españoles al Cozco, hallan cruces en los templos y casas reales. Cap. XXXIII.—Astucia de Atahuallpa, y la muerte del Rey Huáscar Inca.

Cap. XXXIV.—Llega Don Diego de Almagro a Cassamarca, y las señales y temores que Atahuallpa tiene de su muerte. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. XXXV.—Hernando Pizarro viene a España a dar cuenta de lo sucedido en el Perú. XXXVI.—De la muerte de Atahuallpa por justicia y con engaño, y falsa información. XXXVII.—La información que se hizo contra Atahuallpa. XXXVIII.—Una agudeza del ingenio de Atahuallpa, y la cantidad de su rescate. XXXIX.—Discursos que los españoles hacían sobre las cosas sucedidas. XL.—Los efectos que causó la discordia de los dos hermanos Reyes Incas. XLI.—Lealtad de los indios del Perú con los españoles que los rendían en la guerra.

LIBRO SEGUNDO Cap. Cap. Cap. Cap. Cap. I.—Don Pedro de Alvarado va a la conquista del Perú. II.—Trabajos que Don Pedro de Alvarado y los suyos pasaron en el camino. III—Llevan el cuerpo de Atahuallpa a Quitu, y la traición de Rumiñavi. IV.—Rumiñavi entierra vivas todas las escogidas de un convento. V.—Dos refriegas que hubo entre indios y españoles.

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Cap. Cap. Cap.

VI.—Matan a Cuéllar, y hacen capitulaciones con los demás prisioneros. VII.—Entran los españoles en el Cozco: hallan grandes tesoros. VIII.—Conversión de un indio que pidió la verdadera ley de los hombres.

Cap. IX.—Don Diego de Almagro va a verse con Don Pedro de Alvarado y Belalcázar al castigo de Rumiñavi. Cap. X.—Temores y esperanzas de Almagro. La huída de su intérprete, y la concordia con Alvarado.

Cap. XI.—Almagro y Alvarado van al Cozco. El príncipe Manco Inca viene a hablar al Gobernador, el cual le hace un gran recibimiento. Cap. Cap. Cap. XII.—E1 Inca pide la restitución de su Imperio y la respuesta que se le da. XIII.—Los dos Gobernadores van en busca del Maese de campo Quízquiz . XIV.—Tres batallas entre indios y españoles, y el número de los muertos.

Cap. XV.—Sale el Gobernador del Cozco. Véese con Don Pedro de Alvarado, págale el concierto hecho. Cap. Cap. Cap. XVI.—La desgraciada muerte de Don Pedro de Alvarado. XVII.—La fundación de la Ciudad de los Reyes y la de Trujillo. XVIII.—Matan los suyos al Maese de campo Quízquiz.

Cap. XIX.—Don Diego de Almagro se hace Gobernador sin autoridad real, y el concierto que hizo con el Marqués. Cap. XX.—Don Diego de Almagro entra en Chili con mucho daño de su ejército, y el buen recibimiento que los del Inca le hicieron. Cap. XXI.—Nuevas pretensiones prohíben la conquista de Chili. Almagro trata de volverse al Perú, y por qué. Cap. XXII.—Almagro desampara a Chili, y se vuelve al Cozco. El príncipe Manco Inca pide segunda vez la restitución de su Imperio; y lo que se le responde. La ida de Hernando Pizarro al Perú, y la prisión del mismo Inca. Cap. Cap. XXIII.—Las prevenciones del príncipe Manco Inca para restituirse en su Imperio. XXIV.—El levantamiento del príncipe Manco Inca: dos milagros en favor de los cristianos.

Cap. XXV.—Un milagro de Nuestra Señora a favor de los cristianos, y una batalla singular de los indios. Cap. Cap. XXVI.—Ganan los españoles la fortaleza con muerte del buen Juan Pizarro. XXVII.—Hazañas así de indios como de españoles que pasaron en el cerco del Cozco.

Cap. XXVIII.—E1 número de los españoles que los indios mataron por los caminos; y los sucesos del cerco de la Ciudad de los Reyes. Cap. XXIX.—La huida de Villac Umu. El castigo de Felipe intérprete. El príncipe Manco Inca se destierra de su Imperio. Cap. XXX.—Lo que su autor dice de los Reyes Incas y de sus vasallos.

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Cap.

XXXI.—Diferencias de Almagros y Pizarros, y la prisión de Hernando Pizarro.

Cap. XXXII.— Trabajos que Garcilaso de la Vega y sus compañeros pasaron en el descubrimiento de la Buenaventura. Cap. XXXIII.—Alonso de Alvarado va al socorro del Cozco y los sucesos de su viaje.

Cap. XXXIV.—La batalla del río Amáncay, y la prisión de Alonso de Alvarado y de los suyos. Cap. XXXV.—El Marqués nombra capitanes para la guerra. Gonzalo Pizarro se suelta de la prisión. La sentencia de los jueces árbitros sobre el gobierno. La vista de los Gobernadores y libertad de Hernando Pizarro. Cap. XXXVI .—Declaración de lo que se ha dicho, y cómo Hernando Pizarro va contra Don Diego de Almagro Cap. Cap. Cap. XXXVII.—La sangrienta batalla de las Salinas. XXXVIII.—Lamentables sucesos que hubo después de la batalla de las Salinas. XXXIX.—La muerte lastimera de Don Diego de Almagro

Cap. XL.—Los capitanes que fueron a nuevas conquistas, y la venida de Hernando Pizarro a España, y su larga prisión. LIBRO TERCERO Cap. I.—La conquista de los Charcas, y algunas batallas que indios y españoles tuvieron.

Cap. II.—El Marqués hace repartimiento del Reino y provincia de los Charcas. Y Gonzalo Pizarro va a la conquista de la Canela. Cap. III.—Los trabajos que Gonzalo Pizarro y los suyos pasaron, y cómo hicieron una puente de madera y un bergantín para pasar el río grande. Cap. IV.—Francisco de Orellana se alza con el bergantín, y viene a España a pedir aquella conquista, y su fin y muerte. Cap. V.—Gonzalo Pizarro pretende volverse a Quitu, y los de Chili tratan de matar al Marqués. Cap. VI.—Un descomedimiento que precipitó a los de Chili a matar al Marqués y como acometieron el hecho. Cap. VII.—La muerte del Marqués Don Francisco Pizarro y su pobre entierro.

Cap. VIII.— De las costumbres y calidades del Marqués Don Francisco Pizarro y del Adelantado Don Diego de Almagro. Cap. IX.—La afabilidad del Marqués y las invenciones que hacía para socorrer a los que sentía que tenían necesidad. Cap. X.—Don Diego de Almagro, se hace jurar por Gobernador del Perú; envía sus provisiones a diversas partes del Reino, y la contradicción de ellas. Cap. XI.—Prevenciones que los vecinos del Cozco hacen en servicio de su Rey, y las que Don Diego hace en su favor, y el nombramiento de Vaca de Castro en España por Juez de lo sucedido en el Perú. Cap. XII.—Reciben los del Rímac y otras partes a Vaca de Castro por Gobernador. Perálvarez y los suyos hacen un tratado doble a Don Diego de Almagro, y se juntan con Alonso de Alvarado.

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Cap. XIII.—El Gobernador elige capitanes: envía su ejército delante: provee otras cosas necesarias en servicio de Su Majestad. Cuéntase la muerte de Cristóbal de Sotelo por García de Alvarado, y la de García de Alvarado por Don Diego de Almagro. Cap. XIV.—Don Diego de Almagro sale en busca del Gobernador; y Gonzalo Pizarro, habiendo pasado increíbles trabajos, sale de la Canela. Cap. XV.—Gonzalo Pizarro entra en Quitu, escribe al Gobernador ofreciéndole su persona y su gente; y lo que se le responde, y los partidos que el Gobernador ofrece a Don Diego de Almagro. Cap. XVI.—De la manera que el Licenciado Vaca de Castro y Don Diego de Almagro ordenaron sus escuadrones. El principio de la batalla. La muerte del Capitán Pedro de Candía. Cap. XVII.—Prosigue la cruel batalla de Chupas: un desconcierto que hizo la gente de Don Diego. La victoria del Gobernador. La huida de Don Diego. Cap. XVIII.—Nómbranse los caballeros principales que en aquella batalla se hallaron. El número de los muertos. El castigo de los culpados, y la muerte de Don Diego de Almagro. Cap. XIX.—El buen gobierno del Licenciado Vaca de Castro. La paz y quietud del Perú. La causa de la perturbación de ella. Cap. XX.—Nuevas leyes y ordenanzas que en la Corte de España se hizo para los dos Imperios México y Perú. Cap. XXI.—Los ministros que con las ordenanzas fueron a México y al Perú para ejecutarlas, y la descripción de la imperial ciudad de México. Cap. XXII.—Eligen personas que supliquen de las ordenanzas, las cuales se pregonan públicamente. El sentimiento y alboroto que sobre ello hubo, y como se apaciguó, y la prosperidad que la prudencia y consejo del Visitador causó en todo el Imperio de México. LIBRO CUARTO Cap. I.—Los sucesos del Visorrey Blasco Núñez Vela luego que entró en Tierra Firme y en los términos del Perú. Cap. II.—El Licenciado Vaca de Castro va a Los Reyes, despide en el camino los que iban con él. El alboroto que causó la nueva de la ejecución de las ordenanzas, y los desacatos que sobre ellas se hablaron. Cap. III.—Lo que decían en el Perú contra los consultores de las ordenanzas, y en particular del Licenciado Bartolomé de las Casas. Cap. IV.—Las razones que daban para sus quejas, los agraviados por las ordenanzas, y cómo se aperciben para recibir al Visorrey. Cap. V.—Reciben al Visorrey. La prisión de Vaca de Castro. El escándalo y alteración que en todos y en el mismo Visorrey hubo. Cap. VI.—La discordia secreta que había entre el Visorrey y los Oidores se muestra en público. El príncipe Manco Inca y los españoles que con él estaban, escriben al Visorrey. Cap. VII.—La muerte desgraciada del príncipe Manco Inca. Los alborotos de los españoles sobre las ordenanzas. Cap. VIII—Prosiguen los alborotos. Escriben cuatro ciudades a Gonzalo Pizarro; elígenle por procurador general del Perú, el cual levanta gente para ir con ella a Los Reyes. Cap. IX.—Gonzalo Pizarro nombra capitanes y sale del Cozco con ejército. El Visorrey convoca gente; elige capitanes; prende al Licenciado Vaca de Castro y a otros hombres principales.

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Cap. X.—Los vecinos de Arequipa llevan dos navíos de Gonzalo Pizarro al Visorrey, y los vecinos del Cozco se huyen del ejército de Gonzalo Pizarro. Cap. XI.—Cómo se rebeló Pedro de Puelles de Blasco Núñez Vela, y se pasó a Gonzalo Pizarro, y otros que el Visorrey enviaba en pos de él hicieron lo mismo. Cap. XII—Perdón y salvo conducto para Gaspar Rodríguez y sus amigos; su muerte y la de otros. Cap. XIII.—La muerte del factor Illén Suárez de Carvajal; y el escándalo y alboroto que causó en todo el Perú. Cap. XIV.—Las varias determinaciones del Visorrey, por la ida de Gonzalo Pizarro a Los Reyes, y la manifiesta contradicción de los Oidores . Cap. XV.—La prisión del Visorrey y los varios sucesos que con ella hubo en mar y tierra. Cap. XVI.—Sucesos lastimeros que tuvo el Visorrey. Una conjuración que hubo en Rímac contra los Oidores, y lo que sobre ello se hizo. La libertad del Visorrey. Cap. XVII.—Un requerimiento que los oidores hicieron a Gonzalo Pizarro. El suceso desgraciado de los vecinos que se huyeron con él. Cap. XVIII.—Gonzalo Pizarro llega cerca de la Ciudad de los Reyes. La muerte de algunos vecinos principales porque los Oidores se detuvieron en nombrarle por Gobernador. Cap. XIX.—Nombran a Gonzalo Pizarro por Gobernador del Perú. Su entrada en la Ciudad de los Reyes. La muerte del Capitán Gumiel. La libertad de los vecinos del Cozco. Cap. XX.—Fiestas y regocijos que los de Pizarro hicieron. Perdón general que se dió a los que se le habían huido. El lugar donde estuvo retraído Garcilaso de la Vega, y cómo alcanzó perdón de Gonzalo Pizarro. Cap. XXI.—El castigo de un desacato al Santísimo Sacramento, y el de algunos blasfemos. Pizarro y los suyos nombran procuradores que vengan a España. Cap. XXII.—El alboroto que causó en Gonzalo Pizarro la libertad del Licenciado Vaca de Castro. Hernando Bachicao va a Panamá, y el Visorrey despacha provisiones haciendo llamamiento de gente. Cap. XXIII.—Las cosas que Bachicao hizo en Panamá. El Licenciado Vaca de Castro vino a España, y el fin de sus negocios. El Visorrey se retira a Quito. Cap. XXIV.—Dos capitanes de Pizarro degüellan otros tres del Visorrey, el cual se venga de ellos por las armas. Gonzalo Pizarro se embarca para la ciudad de Trujillo. Cap. XXV.—Grandes prevenciones que Gonzalo Pizarro hace para pasar un despoblado. Da vista al Visorrey, el cual se retira a Quito. La prudencia y buen proceder de Lorenzo de Aldana. Cap. XXVI.—Los alcances que Gonzalo Pizarro y sus capitanes dieron al Visorrey. El hambre y trabajos con que ambos ejércitos caminaban. La muerte violenta del Maese de campo y capitanes del Visorrey. Cap. XXVII.—La muerte de Francisco de Almendras. El levantamiento de Diego Centeno. La resistencia que Alonso de Toro le hizo, y alcance largo que le dió. Cap. XXVIII.—Diego Centeno envía gente tras Alonso de Toro. En la Ciudad de los Reyes hay sospechas de motines. Lorenzo de Aldana las aquieta. Gonzalo Pizarro envía a los Charcas a su Maese de campo Francisco de Carvajal, y lo que fué haciendo por el camino. Cap. XXIX.—Persigue Carvajal a Don Diego Centeno. Hace una extraña crueldad con un soldado, y una burla que otro le hizo a él.

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Cap. XXX.—Gonzalo Pizarro da grandes alcances al Visorrey hasta echarle del Perú. Pedro de Hinojosa va a Panamá con la armada de Pizarro. Cap. XXXI.—Pedro de Hinojosa prende a Vela Núñez en el camino, y el aparato de guerra que hacen en Panamá para resistirle, y como se apaciguó aquel fuego. Cap. XXXII.—Lo que Melchor Verdugo hizo en Trujillo y en Nicaragua, y en el Nombre de Dios, y cómo lo echan de aquella ciudad. Cap. XXXIII.—Blasco Núñez Vela se rehace en Popayán. Gonzalo Pizarro finge irse de Quitu por sacarle de donde estaba. El Visorrey sale a buscar a Pedro de Puelles. Cap. XXXIV.—El rompimiento de la batalla de Quitu, donde fué vencido y muerto el Visorrey Blasco Núñez Vela. Cap. XXXV.—El entierro del Visorrey. Lo que Gonzalo Pizarro proveyó después de la batalla; y cómo perdonó a Vela Núñez, y las buenas leyes que hizo para el buen gobierno de aquel Imperio. Cap. XXXVI.—De un galano ardid de guerra que Diego Centeno usó contra Francisco de Carvajal. Cuéntanse los demás sucesos hasta el fin de aquellos alcances. Cap. XXXVII.—Los sucesos de Lope de Mendoza, y las maneras de ponzoña que los indios echan en las flechas, y cómo Lope de Mendoza volvió al Perú. Cap. XXXVIII.—Ardides de Francisco de Carvajal, con los cuales vence y mata a Lope de Mendoza, y se va a los Charcas. Cap. XXXIX.—Francisco de Carvajal envía la cabeza de Lope de Mendoza a Arequepa, y lo que sobre ella dijo una mujer. Un motín que contra Carvajal se hacía, y el castigo que sobre él hizo. Cap. XL.—Lo que Francisco de Carvajal escribió y dijo de palabra a Gonzalo Pizarro sobre que se hiciese Rey del Perú; y la persuasión de otros en lo mismo. Cap. XLI.—Buenos respetos de Gonzalo Pizarro en servicio de su Rey, el cual saliendo de Quitu va a Trujillo, y a Los Reyes, y la fiesta de su entrada. Cap. XLII.—El autor dice como se había Gonzalo Pizarro con los suyos. Cuenta la muerte de Vela Núñez. La llegada de Francisco de Carvajal a Los Reyes: el recibimiento que se le hizo. LIBRO QUINTO Cap. I.—La elección del Licenciado Pedro de la Gasca por el Emperador Carlos V, para la reducción del Perú. Cap. II.—Los poderes que el Licenciado Gasca llevó. Su llegada a Santa Marta y al Nombre de Dios. El recibimiento que se le hizo, y los sucesos y tratos que allí pasaron. Cap. III.—El Presidente envía a Hernán Mejía a Panamá, a sosegar a Pedro de Hinojosa, y despacha un embajador a Gonzalo Pizarro, el cual sabiendo la ida del Presidente, envía embajadores al Emperador. Cap. IV.—Los embajadores llegan a Panamá, y ellos y los que allí estaban, niegan a Gonzalo Pizarro y entregan su arma al Presidente. La llegada de Paniagua a Los Reyes. Cap. V.—Las consultas que se hicieron sobre la revocación de las ordenanzas, y sobre el perdón en los delitos pasados. Los recaudos que en secreto daban a Paniagua, y la respuesta de Gonzalo Pizarro. Cap. VI.— La muerte de Alonso de Toro. La salida de Diego Centeno de su cueva, y la de otros capitanes al servicio de Su Majestad. La quema que Gonzalo Pizarro hizo de sus navíos, y lo que sobre ello Carvajal le dijo.

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Cap. VII.—El Presidente sale de Panamá y llega a Túmpiz. Lorenzo de Aldana llega al valle de Santa, envía acechadores contra Gonzalo Pizarro, el cual nombra capitanes y les hace pagas, y un proceso que contra el Presidente se hizo. Cap.. VIII.— Gonzalo Pizarro envía a Juan de Acosta contra Lorenzo de Aldana; las asechanzas que entre ellos pasaron. La muerte de Pedro de Puelles. Cap. IX.—Un desafío singular sobre la muerte de Pedro de Puelles. La entrada de Diego Centeno en el Cozco, y su pelea con Pedro Maldonado. Cap. X.—Un caso maravilloso sobre la pelea de Pedro Maldonado. La muerte de Antonio de Robles. La elección de Diego Centeno por Capitán General. La reducción de Lucas Martín al servicio del Rey. La concordia de Alonso de Mendoza con Diego Centeno. Cap. XI.—El Presidente llega a Túmpiz; las provisiones que allí hizo. Gonzalo Pizarro envía a Juan de Acosta contra Diego Centeno. Lorenzo de Aldana llega cerca de Los Reyes, y Gonzalo Pizarro toma juramento a los suyos. Cap. XII.—Envíanse rehenes de una parte a otra con astucias de ambas partes. Húyense de Gonzalo Pizarro muchos hombres principales. Cap. XIII.—Martín de Robles usa de un engaño con que se huye. Cap. XIV.—La huida del Licenciado Carvajal y la de Gabriel de Rojas, y de otros muchos vecinos y soldados famosos. Cap. XV—La Ciudad de los Reyes alza bandera por Su Majestad. Lorenzo de Aldana sale a tierra, y un gran alboroto que hubo en Los Reyes. Cap. XVI.—Al Capitán Juan de Acosta, se le huyen sus capitanes y soldados. Gonzalo Pizarro llega a Huarina; envía un recaudo a Diego Centeno, y su respuesta. Cap. XVII.—Diego Centeno escribe al Presidente con el propio mensajero de Pizarro: la desesperación que en él causó. El Presidente llega a Sausa, donde le halló a Francisco Voso. Cap. XVIII.—Determina Pizarro dar batalla; envía a Juan de Acosta a dar una arma de noche. Diego Centeno arma su escuadrón, y Pizarro hace lo mismo. Cap. XIX.—La batalla de Huarina y el ardid de guerra del Maese de campo Carvajal, y los sucesos particulares de Gonzalo Pizarro y de otros famosos caballeros. Cap. XX.—Prosigue la cruel batalla de Huarina. Hechos particulares que sucedieron en ella, y la victoria por Gonzalo Pizarro. Cap. XXI.—Los muertos y heridos que de ambas partes hubo, y otros sucesos particulares, y de lo que Carvajal proveyó después de la batalla. Cap. XXII.—Gonzalo Pizarro manda enterrar los muertos, envía ministros a diversas partes. La huida de Diego Centeno, y sucesos particulares de los vencidos. Cap. XXIII.—El autor da satisfacción de lo que ha dicho y en recompensa de que no le crean, se jacta de la que los historiadores dicen de su padre. Cap. XXIV.—Lo que Juan de la Torre hizo en el Cozco, y lo que otros malos ministros en otras diversas partes hicieron. Cap. XXV.—Lo que Francisco de Carvajal hizo en Arequepa, en agradecimiento de los beneficios que en años pasados recibió de Miguel Cornejo.

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Cap. XXVI.—La alteración que el Presidente y su ejército recibió con la victoria de Gonzalo Pizarro, y las nuevas prevenciones que hizo. Cap. XXVII.—El Licenciado Cepeda y otros con él, persuaden a Gonzalo Pizarro a pedir paz y concierto al Presidente, y su respuesta. La muerte de Hernando Bachicao. La entrada de Gonzalo Pizarro en el Cozco. Cap. XXVIII.—La prisión y muerte de Pedro de Bustincia. Los capitanes que el Presidente eligió. Cómo salió de Sausa y llegó a Antahuaylla. Cap. XXIX.—Los hombres principales, capitanes y soldados que fueron a Antahuaylla a servir a Su Majestad, y los regocijos que allí hicieron. Cap. XXX.—Sale el ejército real de Antahuaylla, pasa el río Abancay. Las dificultades que se hallan para pasar el río de Apurímac. Pretenden hacer cuatro puentes. Un consejo de Carvajal no admitido por Gonzalo Pizarro. Cap. XXXI.— Lope Martín echa las tres criznejas de la puente. Las espías de Gonzalo Pizarro cortan las dos. El alboroto que causó en el ejército real. Carvajal da un aviso a Juan de Acosta para defender el paso del río. Cap. XXXII—El Presidente llega al río Apurímac. Las dificultades y peligros con que lo pasaron. Juan de Acosta sale a defender el paso. La negligencia y descuido que tuvo en toda su jornada. Cap. XXXIII.—Gonzalo Pizarro manda echar bando para salir del Cozco. Carvajal procura estorbárselo con recordarle un pronóstico echado sobre su vida. El Presidente camina hacia el Cozco. El enemigo le sale al encuentro. Cap. XXXIV.—Llegan a Sacsahuana los dos ejércitos. La desconfianza de Gonzalo Pizarro de los que llevaba de Diego Centeno, y la confianza del Presidente de los que se le habían de pasar. Requerimientos y protestaciones de Pizarro, y la respuesta de Gasca. Determinan dar batalla, y el orden del escuadrón real. Cap. XXXV.— Sucesos de la batalla de Sacsahuana hasta la pérdida de Gonzalo Pizarro. Cap. XXXVI.—Gonzalo Pizarro se rinde por parecerle menos afrentoso que el huir. Las razones que entre él y el Presidente pasaron. La prisión de Francisco de Carvajal. Cap. XXXVII.— Lo que le pasó a Francisco de Carvajal con Diego Centeno y con el Presidente, y la prisión de los demás capitanes. Cap. XXXVIII.—Las visitas que Francisco de Carvajal tuvo en su prisión, y los coloquios que pasaron entre él y los que iban a triunfar de él. Cap. XXXIX.—Los capitanes que ajusticiaron, y cómo llevaron sus cabezas a diversas partes del Reino. Cap. XL— Lo que hizo y dijo Francisco de Carvajal el día de su muerte, y lo que los autores dicen de su condición y milicia. Cap. XLI.—El vestido que Francisco de Carvajal traía, y algunos de sus cuentos y dichos graciosos. Cap. XLII.—Otros cuentos semejantes, y el último trata de lo que le pasó a un muchacho con un cuarto de los de Francisco de Carvajal. Cap. XLIII.—Cómo degollaron a Gonzalo Pizarro. La limosna que pidió a la hora de su muerte, y algo de su condición, y buenas partes. LIBRO SEXTO

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Cap. I.—Nuevas provisiones que el Presidente hizo para castigar los tiranos. El escándalo que los indios sintieron de ver a españoles azotados. La aflicción del Presidente con los pretendientes, y su ausencia de la ciudad para hacer el repartimiento. Cap. II.—El Presidente hecho el repartimiento, se va de callada a la Ciudad de los Reyes. Escribe una carta a los que quedaron sin suerte; causa en ellos grandes desesperaciones. Cap. III.—Casamientos de viudas con pretendientes. Los repartimientos que se dieron a Pedro de Hinojosa y a sus consortes. La novedad que en ellos mismos causó. Cap. IV.—Francisco Hernández Girón, sin razón alguna se muestra muy agraviado del repartimiento, que se hizo: dánle comisión para que haga entrada, y nueva conquista. El castigo de Francisco de Espinoza y Diego de Carvajal. Cap. V.—A Pedro de Valdivia dan la gobernación de Chile. Los capítulos que los suyos le ponen: la maña con que el Presidente le libra. Cap. VI.—La muerte desgraciada de Diego Centeno en las Charcas; y la del Licenciado Carvajal en el Cozco. La fundación de la ciudad de la Paz. El asiento de la audiencia en los Reyes. Cap. VII.—Los cuidados y ejercicios del Presidente Gasea; el castigo de un motín; su paciencia en dichos insolentes que le dijeron: su buena maña y aviso para entretener los pretendientes Cap. VIII.—La causa de los levantamientos del Perú. La entrega de los galeotes a Rodrigo Niño para que los traiga a España. Su mucha discreción y astucia para librarse de un corsario. Cap. IX.—A Rodrigo Niño se le huyen todos los galeotes y a uno sólo que le quedó, lo echó de sí a puñadas. La sentencia que sobre ello le dieron. La merced que el príncipe Maximiliano le hizo. Cap. X.—El segundo repartimiento se publica. El Presidente se parte para España. La muerte del Licenciado Cepeda. La llegada del Presidente a Panamá. Cap. XI.—De lo que sucedió a Hernando y a Pedro de Contreras, que se hallaron en Nicaragua y vinieron en seguimiento del Presidente. Cap. XII.—Las torpezas y bisoñerías de los Contreras con las cuales perdieron el tesoro ganado y sus vidas; las diligencias y buena maña de sus contrarios para el castigo y muerte de ellos. Cap. XIII.—El Presidente cobra su tesoro perdido, castiga a los delincuentes, llega a España, donde acaba felizmente. Cap. XIV.—Francisco Hernández Girón publica su conquista. Acuden muchos soldados a ella. Causan en el Cozco un gran alboroto y motín. Apaciguase por la prudencia y consejo de algunos vecinos. Cap. XV.—Húyense del Cozco Juan Alonso Palomino y Jerónimo Costilla, Francisco Hernández Girón se presenta ante la Audiencia Real. Vuelve al Cozco libre y casado. Cuéntase otro motín que en ella hubo. Cap. XVI.—Envían los oidores Corregidor nuevo al Cozco, el cual hace justicia de los amotinados: dase cuenta de la causa de estos motines. Cap. XVII.—La ida del Visorrey don Antonio de Mendoza al Perú, el cual envía a su hijo don Francisco a visitar la tierra hasta los Charcas, y con la Relación de ella lo envía a España . Un hecho riguroso de un juez. Cap. XVIII.—La venganza que Aguirre hizo de su afrenta, y las diligencias del Corregidor por haberle a las manos: y cómo Aguirre se escapó. Cap. XIX.—La ida de muchos vecinos a besar las manos al Visorrey. Un cuento particular que le pasó con un chismoso. Un motín que hubo en Los Reyes, y el castigo que se le hizo. La muerte del Visorrey, y escándalos que sucedieron en pos de ella.

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Cap. XX.—Alboroto que hubo en la provincia de los Charcas y muchos desafíos singulares, y en particular se da cuenta de uno de ellos. Cap.XXI.—Un desafío singular entre Martín de Robles y Pablo de Meneses. La satisfacción que en él se dió. La ida de Pedro de Hinojosa a los Charcas; los muchos soldados que halló para el levantamiento. Los avisos que al Corregidor Hinojosa dieron del motín. Sus vanas esperanzas con que entretenía a los soldados. Cap. XXII.—Otros muchos avisos que por diversas vías y modos dieron al general. Sus bravezas y mucha tibieza. El concierto que los soldados hicieron para matarle. Cap. XXIII.—Don Sebastián de Castilla y sus compañeros, matan al Corregidor Pedro de Hinojosa y a su Teniente Alonso de Castro. Los vecinos de la ciudad, unos huyen y otros que dan presos. Los oficios que los rebeldes proveyeron. Cap. XXIV.—Prevenciones y provisiones que don Sebastián hizo y proveyó para que Egas de Guzmán se alzase en Potocsí; y los sucesos extraños que en aquella villa pasaron. Cap. XXV.—Don Sebastián y sus ministros envían capitanes y soldados a matar al Mariscal Juan Ramón, que era caudillo de ellos, desarma a don García y a los de su bando: con la nueva de lo cual matan a don Sebastián los mismos que le alzaron. Cap. XXVI.—Las elecciones de los oficios militares y civiles que se proveyeron, y Vasco Godinez por general de todos. La muerte de Don García y de otros muchos sin tomarles confesión. Cap. XXVII.—Los sucesos que hubo en Potocsí. Egas de Guzmán arrastrado y hecho cuartos; y otras locuras de soldados a la muerte de otros muchos de los famosos. El apercibimiento del Cozco contra los tiranos. Cap. XXVIII.— La Audiencia Real provee al Mariscal Alonso de Alvarado por juez para el castigo de los tiranos. Las prevenciones del juez, y otras de los soldados. La prisión de Vasco Godinez y de otros soldados y vecinos. Cap. XXIX.—El juez castiga muchos tiranos en la ciudad de la Paz y en el asiento de Potosí con muerte, azotes y galeras; y en la ciudad de la Plata hace lo mismo. La sentencia y muerte de Vasco Godinez. LIBRO SEPTIMO Cap. I.—Con la nueva del riguroso castigo que en los Charcas se hacía, se conjura Francisco Hernández Girón con ciertos vecinos y soldados para rebelarse en aquel Reino. Cap. II.—Francisco Hernández se rebela en el Cozco. Los sucesos de la noche de su rebelión. La huida de muchos vecinos de aquella ciudad. Cap. III.—Francisco Hernández prende al Corregidor, sale a la plaza, suelta los presos de la cárcel, hace matar a Don Baltasar de Castilla y al Contador Juan de Cáceres. Cap. IV.—Francisco Hernández nombra Maese de campo y capitanes para su ejército. Dos ciudades le envían embajadores. El número de los vecinos que se huyeron a Rímac. Cap. V.—Cartas que se escriben al tirano, y él destierra al Corregidor del Cozco. Cap. VI.—Francisco Hernández se hace elegir procurador y Capitán General de aquel Imperio. Los oidores eligen ministros para la guerra. El Mariscal hace lo mismo. Cap. VII.—Los capitanes y ministros que los oidores nombraron para la guerra. Los pretensores para el oficio de Capitán General. Francisco Hernández sale del Cozco para ir contra los oidores.

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Cap. VIII.—Juan de Vera de Mendoza se huye de Francisco Hernández. Los del Cozco se van en busca del Mariscal. Sancho Dugarte hace gente y se nombra general de ella. El Mariscal le reprime. Francisco Hernández llega a Huamanca. Tópanse los corredores del un campo y del otro. Cap. IX.—Tres capitanes del Rey prenden a otro del tirano y a cuarenta soldados. Remítenlos a uno de los oidores. Francisco Hernández determina acometer al ejército real; húyansele muchos de los suyos. Cap. X.—Francisco Hernández se retira con su ejército. En el de Su Majestad hay mucha confusión de pareceres. Un motín que hubo en la ciudad de Piura, y cómo se acabó. Cap. XI—Sucesos desgraciados en el un ejército y en el otro. La muerte de Nuño Mendiola, Capitán de Francisco Hernández, y la de Lope Martín, Capitán de Su Majestad. Cap. XII.—Los oidores envían gente en socorro de Pablo de Meneses. Francisco Hernández revuelve sobre él y le da un bravo alcance. La desgraciada muerte de Miguel Cornejo. La lealtad de un caballo con su dueño. Cap. XIII.—Deponen los oidores a los dos generales. Francisco Hernández llega a Nanasca. Un espía doble le da aviso de muchas novedades. El tirano hace un ejército de negros. Cap. XIV.—El Mariscal elige capitanes para su ejército. Llega al Cozco. Sale en busca de Francisco Hernández. La desgraciada muerte del Capitán Diego de Almendras. Cap. XV.—E1 Mariscal tiene aviso del enemigo. Envía gente contra él. Ármase una escaramuza entre los dos bandos. El parecer de todos los del Rey es que no se le dé la batalla al tirano. Cap. XVI.—Juan de Piedrahita da un arma al campo del Mariscal. Rodrigo de Pineda se pasa al Rey, persuade a dar la batalla. Las contradicciones que sobre ello hubo. La determinación del Mariscal para darla. Cap. XVII.—El Mariscal ordena su gente para dar la batalla. Francisco Hernández hace lo mismo para defenderse. Los lances que hubo en la pelea. La muerte de muchos hombres principales. Cap. XVIII.—Francisco Hernández alcanza victoria. El Mariscal y los suyos huyen de la batalla. Muchos de ellos matan los indios por los caminos. Cap. XIX.—El escándalo que la pérdida del Mariscal causó en el campo de Su Majestad. Las provisiones que los oidores hicieron para remedio del daño. La discordia que entre ellos hubo, sobre ir o no ir con el ejército real. La huída de un Capitán del tirano a los del Rey. Cap. XX.—Lo que Francisco Hernández hizo después de la batalla. Envía ministros a diversas partes del Reino a saquear las ciudades. La plata que en el Cozco robaron a dos vecinos de ella. Cap. XXI.—EI robo que Antonio Carrillo hizo y su muerte. Los sucesos de Piedrahita en Arequepa. La victoria que alcanzó por las discordias que en ella hubo. Cap. XXII.—Francisco Hernández huye de entrar en el Cozco. Lleva su mujer consigo. Cap. XXIII.—El ejército real pasa el río de Amáncay y el de Apurímac con facilidad. La que no se esperaba; sus corredores llegan a la ciudad del Cozco. Cap. XXIV.—El campo de Su Majestad entra en el Cozco y para adelante. Dase cuenta de cómo llevaban los indios la artillería a cuestas. Llega parte de la munición al ejército real. Cap. XXV.—El campo de Su Majestad llega donde el enemigo está fortificado. Hay escaramuzas y malos sucesos en los de la parte real. Cap. XXVI.—Cautelas de malos soldados. Piedrahita da armas al ejército real. Francisco Hernández determina dar batalla a los oidores, y la prevención de ellos.

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Cap. XXVII—Francisco Hernández sale a dar batalla. Vuélvese retirando por haber errado el tiro. Tomás Vásquez se pasa al Rey. Un pronóstico que el tirano dijo. Cap. XXVIII—Francisco Hernández se huye sólo. Su Maese de campo con más de cien hombres va por otra vía. El general Pablo de Meneses los sigue y prende y hace justicia de ellos. Cap. XXIX.—El Maese de campo don Pedro Portocarrero va en busca de Francisco Hernández. Otros dos capitanes van a lo mismo por otro camino, y prenden al tirano y lo llevan a los Reyes, y entran en ella a manera de triunfo. Cap. XXX.—Los oidores proveen corregimientos. Tienen una plática modesta con los soldados pretendientes. Hacen justicia de Francisco Hernández Girón. Ponen su cabeza en el rollo. Húrtala un caballero con la de Gonzalo Pizarro y Francisco de Carvajal. La muerte extraña de Baltasar Velásquez. LIBRO OCTAVO Cap. I.—Cómo celebraban indios y españoles la fiesta del Santísimo Sacramento en el Cozco. Una pendencia particular que los indios tuvieron en una fiesta de aquellas. Cap. II.—De un caso admirable que acaeció en el Cozco. Cap. III.—La elección del Marqués de Cañete por Visorrey del Perú. Su llegada a Tierra Firme. La reducción de los negros fugitivos. La quema de un galeón con ochocientas personas dentro. Cap. IV.—E1 Visorrey llega al Perú, las provisiones que hace de nuevos ministros. Las cartas que escribe a los corregidores. Cap. V.—Las prevenciones que el Visorrey hizo para atajar motines y levantamientos. La muerte de Tomás Vásquez, Piedrahita y Alonso Díaz por haber seguido a Francisco Hernández Girón. Cap. VI.—La prisión y muerte de Martín de Robles, y la causa por qué lo mataron. Cap. VII.—Lo que el Visorrey hizo con los pretendientes de gratificación de sus servicios. Como por envidiosos y malos consejeros envió desterrados a España treinta, y siete de ellos. Cap. VIII.—El Visorrey pretende sacar de las montañas al príncipe heredero de aquel Imperio y reducirlo al servicio de Su Majestad. Las diligencias que para ello se hicieron. Cap. IX.—La sospecha y temor que los Gobernadores del príncipe tuvieron con la embajada de los cristianos. La maña y diligencias que hicieron para asegurarse de su recelo. Cap. X.—Los Gobernadores del príncipe toman y miran sus agüeros y pronósticos para su salida. Hay diversos pareceres sobre ella. El Inca se determina salir. Llega a Los Reyes. El Visorrey le recibe: la respuesta del Inca a la merced de sus alimentos. Cap. XI—El príncipe Sayri Túpac se vuelve al Cozco donde le festejaron los suyos. Bautízanse él y la infanta su mujer. El nombre que tomó y las visitas que en la ciudad hizo. Cap. XII.—E1 Visorrey hace gente de guarnición de infantes y caballos para la seguridad de aquel Imperio. La muerte natural de cuatro conquistadores. Cap. XIII.—Que trata de los pretendientes que vinieron desterrados a España y la mucha merced que Su Majestad les hizo. Don García de Mendoza va por Gobernador a Chile, y el lance que les sucedió con los indios. Cap. XIV.—Hacen restitución de sus indios a los herederos de los que mataron por haber seguido a Francisco Hernández Girón. La ida de Pedro de Orsúa a la conquista de las Amazonas. Su fin y muerte y la de otros muchos con la suya.

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Cap. XV.—El Conde de Nieva elegido por Visorrey del Perú. Un mensaje que envió a su antecesor. El fallecimiento del Marqués de Cañete y del mismo Conde de Nieva. La venida de don García de Mendoza a España. La elección del Licenciado Castro por Gobernador del Perú Cap. XVI —La elección de don Francisco de Toledo por virrey del Perú. Las causas que tuvo para seguir y perseguir al príncipe Inca Túpac Amaru. Y la prisión del pobre príncipe. Cap. XVII—El proceso contra el príncipe y contra los Incas parientes de la sangre real y contra los mestizos hijos de indias y de conquistadores de aquel Imperio. Cap. XVIII.—El destierro que se dió a los indios de la sangre real y a los mestizos. La muerte y fin que todos ellos tuvieron. La sentencia que dieron contra el príncipe, y su respuesta. Y como recibió el santo bautismo. Cap. XIX.—La ejecución de la sentencia contra el príncipe. Las consultas que se hacían para prohibirla. El Visorrey no quiso oírlas. El buen ánimo con que el Inca recibió la muerte. Cap. XX.—La venida de don Francisco de Toledo a España. La reprensión que la majestad católica le dió y su fin y muerte y la del Gobernador Martín García de Loyola. Cap. XXI.—Fin del libro octavo, último de la Historia.

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