50 LA VANGUARDIA

T E N D E N C I A S

DOMINGO, 17 FEBRERO 2013

Rusia busca el meteorito y miles de voluntarios levantan Cheliábinsk
La explosión fue 30 veces más potente que la bomba de Hiroshima

Jaime Serra

La roca
Su tamaño, peso y forma dependen de las circunstancias y del entorno en el que nacemos. Un nacido en España, por ejemplo, puede cargar un peso cercano a 2.000 años.

Al crecer, la mayoría nos confundimos con ella hasta no poder distinguir dónde termina y dónde empezamos nosotros.

El cráter que dejó el fragmento principal del meteorito aparecía ya casi cubierto por el hielo en el lago Chebarkul
GONZALO ARAGONÉS Moscú. Corresponsal

EFE

El “día de los cristaleros”, como gráficamente tituló algún medio local, comenzó ayer sin muchas esperanzas en la ciudad rusa de Cheliábinsk. Los servicios de emergencia anunciaron que no habían encontrado restos del meteorito que el viernes golpeó esta región de los Urales, causando cerca de 1.200 heridos y multitud de destrozos. Los habitantes más afectados por el cuerpo celeste recuerdan invariablemente la misma escena: un destello y un remolino con el centro brillante, un minuto y medio de preguntarse “qué está pasando aquí” y, de repente la onda expansiva de las explosiones sacando puertas y ventanas de sus goznes. Los cristales, disparados en todas direcciones, sembraron el pánico en varias ciudades y destrozos en unos 3.000 edificios, incluidas escuelas, organismos oficiales y oficinas. Unos 200 niños resultaron heridos.

Carta del miedo, desde Cheliábinsk
Tamara Djermanovic, profesora de la UPF en Barcelona, recibió ayer esta carta de su colega rusa Marina Zagidullina, que vive en Cheliábinsk “El meteorito sacudió con fuerza, pero no destruyó. Se rompieron 22 ventanas del nuestro edificio; escapábamos por los trozos del cristal, a la nieve y al frío, donde la temperatura era de -17ºC. Pero lo peor era el miedo de que volviera a impactar algo, digo algo porque en esos momentos nadie sabía qué había sido. En el campus donde vive mi hermana fue terrible; la lluvia de cristales caía a las cabezas de los estudiantes. Mi sobrino, que estaba en la escuela, perdió el conocimiento, le tuvieron que inyectar tranquilizantes para recobrar la conciencia; luego en casa decía: ‘Pensaba que era la guerra’. A su hermana, de 8 años, la evacuaron a otro edificio sin que nadie explicara nada (¿quién podía entender aquel ruido y sacudir tremendos, que rompieron los cristales?); la niña lloraba tanto que la tuvieron que reponer del choque en un hospital. El miedo fue el sentimiento más generalizado, porque no se entendía qué era aquello. La llama parecía del infierno y la fuerza destructiva era terrible. Pero no ha habido víctimas mortales! Hemos tenido suerte: si hubiera explotado un kilómetro más cerca, no nos habríamos salvado tan fácilmente. No obstante, la ciudad ha sufrido un gran impacto psicológico. Imagínate en la nieve, delante de tu casa dañada, con ese infernal rastro de la explosión en el cielo y sin conexión lógica (...) Te deseo amor y paz con los tuyos y contigo misma, también con el cosmos”.

Los cristaleros devuelven el calor a una ciudad que se quedó sin ventanas en un invierno con una media de 10 bajo cero
Tras el shock inicial, ayer los habitantes de Cheliábinsk se lanzaron entusiasmados a buscar los restos del meteorito. Si son pequeños les puede servir como recuerdo, aunque no falta aquel que piensa en sacar beneficio económico de esta búsqueda del tesoro y vender las piedras. Pero no sólo los aficionados buscan meteoritos en Cheliábinsk. Oficialmente, cinco helicópteros bajo la dirección del FSB (los servicios de seguridad) rastreaban la región para hallar restos del impacto. Tras identificar los lugares donde podrían haber caído los fragmentos más voluminosos, equipos de voluntarios intentaban dar con las piedras del espacio.

El fragmento principal parece haber caído en el lago Chebarkul, cerca de la ciudad del mismo nombre, ubicada a 80 kilómetros de Cheliábinsk, que por esas carreteras se cubre en dos horas. Un pescador local observó en el cielo una bola de fuego que explotó. Un pedazo salió despedido en la dirección opuesta a la de su vuelo y se estrelló en el lago helado, formando un cráter de ocho metros de diámetro. Varios buzos inspeccionaron ayer las aguas heladas del lago. Pero sin resultado. Mientras tanto, se procede “a los trabajos de reconstrucción, a acristalar las ventanas de todos los afectados y a calentar los edificios afectados”, explicó el vicegobernador provincial, Ígor Múrog. Ayer la temperatura era de 10 grados bajo cero, la media en pleno invierno en Cheliábinsk, a 1.500 kilómetros al este de Moscú. Más de 20.000 voluntarios trabajaban ayer en la zona afectada, que incluye las provincias de Cheliábinsk, Sverdlovsk y Tiumen. El meteorito de Cheliábinsk entró en la atmósfera terrestre y se desintegró a una altura entre 30 y 50 kilómetros, según la Academia de Ciencias de Rusia. La explosión liberó varios kilotones de energía, el equivalente a una pequeña bomba atómica. La NASA dijo que sería 30 veces más potente que la bomba lanzada por Estados Unidos sobre Hiroshima en 1945. Unas 50 personas permanecen ingresadas en los hospitales, entre ellas dos en coma y dos niños. El meteorito de Cheliábinsk, que impactó en los Urales en la mañana del viernes, coincidió con el acercamiento a la tierra del asteroide DA14, que en la noche del mismo día pasó a una distancia de 27.700 kilómetros, la más cercana nunca registrada para un objeto de ese tamaño. Los expertos han descartado que los dos fenómenos estén relacionados. El gobernador de la provincia, Mijaíl Yúrevich, cifró las pérdidas en 25 millones de euros. Entre los edificios dañados hay 34 centros sanitarios y 361 escuelas y guarderías.c

Deconstuirla nos permite verla de otro modo, pero no nos permite ver otras cosas.

Sólo unos pocos son capaces de mantenerse erguidos en lo alto y, anclados los pies en ella, ver más allá.

@ja_serra

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