44 LA VANGUARDIA

TENDENCIAS

DOMINGO, 17 ABRIL 2016

Jaime
Serra

¿La fidelidad
importa?
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Importancia que le otorgo yo (actualmente)

Fotograma del vídeo que pregunta al observador si denunciaría este acoso en el metro con un sí o un no

TFL.

El alarmante aumento de los delitos sexuales en el transporte público
londinense plantea alternativas radicales como los vagones sólo para mujeres

Cuanta más superficie
tenga la gráfica, mayor
es el grado de
exigencia

coincidencia

Inseguridad en el ‘tube’

RAFAEL RAMOS
Londres. Corresponsal

Los casos de acoso sexual en el metro y
la red de transporte público de Lon­
dres se han triplicado en el último
quinquenio hasta superar un prome­
dio de un centenar al mes (el año pasa­
do se produjeron 1.400 denuncias, y la
policía estima que un 90% de los episo­
dios no se reportan). Aunque en parte
responden a una serie de campañas pa­
ra concienciar sobre el problema, las
estadísticas suscitan un debate sobre
las medidas que se deberían adoptar.
El metro londinense mueve 3,5 mi­
llones de pasajeros al día, y a partir del
otoño varias líneas permanecerán
abiertas toda la noche durante los fines
de semana, con lo que aumenta la sen­
sación de inseguridad para las mujeres
que viajan solas. El líder laborista, Je­
remy Corbyn, se ha declarado partida­
rio de que haya al menos un vagón al
que los hombres tengan prohibido el
acceso, pero numerosos políticos y or­
ganizaciones feministas consideran la
idea derrotista y contraproducente.
Prefieren mayor presencia policial,
más cámaras de circuito cerrado y me­
jor iluminación de los andenes y esta­
ciones como elementos disuasorios.

Se cumple ahora justamente un año
de que el diario The Guardian lanzó
una campaña para que las víctimas re­
lataran sus experiencias (el vídeo que
la acompaña ha sido visto por cuatro
millones de personas), y una de las sor­
presas es que la mayor parte de los in­
cidentes no ocurren por la noche,
cuando el alcohol es un factor que te­
ner en cuenta, sino a las horas punta de
la mañana y la tarde, con los usuarios

Por término medio se
denuncian 120 casos al mes,
la mayoría en vagones
repletos a las horas punta
vestidos para ir al trabajo. Una senten­
cia típica por toquetear a una mujer
contra su voluntad aprovechando la
aglomeración de los vagones (el suceso
más frecuente, aunque los hay más
graves) es de seis meses de cárcel con
libertad bajo fianza, y la incorporación
del nombre del culpable al registro na­
cional de delincuentes sexuales.
“Las estadísticas y los descubrimien­
tos de la campaña destruyen el mito de

Un problema internacional
]El transporte público británico

estuvo segregado durante más de
un siglo, entre 1874 y 1977, con
vagones sólo para mujeres, una
idea que ahora se ha vuelto a re­
plantear. En la era moderna, Mé­
xico y Japón fueron los pioneros
en la separación de los sexos a la
hora de viajar como respuesta al
incremento de los delitos y la sen­
sación de inseguridad de las vícti­
mas. En el país centroamericano
los andenes de algunas estaciones
de zonas conflictivas también son
de uso exclusivo para mujeres. El
país que ha llevado más lejos este

tipo de discriminación es India,
donde el problema es endémico y
hay trenes enteros sólo para hem­
bras (los famosos ladies specials)
en Bombay, Calcuta, Delhi y Ma­
drás, aunque existe división de
opiniones sobre sus resultados.
Indonesia abandonó la política al
cabo de tres años por considerar
que era un despilfarro de dinero
que no aportaba nada, lo mismo
que Taiwán. En Brasil, la segrega­
ción es olímpicamente ignorada
por los usuarios. En Dubái, los
primeros asientos de los autobu­
ses están reservados para mujeres.

que los autores de delitos sexuales en
el transporte público son borrachos
que actúan de noche contra chicas que
van vestidas para ir a la discoteca –dice
Sarah Green, directora de la Coalición
contra la Violencia a las Mujeres–. Se
trata de un problema de 24 horas al día,
en el que los perpetradores son con
frecuencia individuos de apariencia
absolutamente normal, vestidos de tra­
je y corbata, de quienes nadie pensaría
alejarse por prudencia”.
El reciente anuncio de que un opera­
dor privado alemán de ferrocarriles va
a introducir vagones exclusivamente
para mujeres en la línea entre Leipzig y
Chemnitz (bastión de la ultraderecha
xenófoba) ha encendido la discusión
en Londres, metrópolis cosmopolita y
gran capital del multiculturalismo,
donde se hablan trescientos idiomas y
–aunque existen los inevitables con­
flictos de integración– la actitud hacia
los inmigrantes es comparativamente
bastante sana y abierta.
“La clave no está en la represión sino
en la educación, no queremos una red
de transporte público segregado se­
xualmente sino que los autores de los
acosos dejen de tener la noción de que
no pasa nada grave por meter mano a
una mujer o rozarse contra ella, mirar­
le las piernas fijamente o clavarle la
vista hasta que se siente incómoda –di­
ce la diputada laborista Liz Kendall–.
La cultura del respeto debe comenzar
en la escuela. Los vagones discrimina­
dos sólo servirían para que al final las
víctimas parezcan tontas por haberse
metido en uno de hombres, cuando
quizá no tenían otra opción porque los
otros iban llenos o viajaban en compa­
ñía de personas del otro sexo”.
La seguridad en el metro es compe­
tencia de la Policía Británica de Trans­
porte, que tiene desplegados 2.000
agentes. El aumento de esa dotación es
una de las soluciones propuestas para
combatir el incremento de estos deli­
tos, junto con la creación de un Minis­
terio de la Mujer, y de una línea telefó­
nica abierta 24 horas y operada por
personas del sexo femenino, para que
las víctimas efectúen las denuncias.c

Importancia que le han otorgado a estos
conceptos cada una de las tres mujeres
con las que he convivido
yo
Ingrid
1984-1989

Cristina
1994-2000

Francisca
2001-hoy

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