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Arquidiócesis de Valencia
OFICIAL
MENSAJE DE MONS. JESÚS GONZÁLEZ DE ZÁRATE, ARZOBISPO DE VALENCIA,
EN OCASIÓN DE LA CLAUSURA DEL AÑO JUBILAR Y PRESENTACIÓN DE LAS
LÍNEAS DE ACCIÓN PASTORAL PARA EL AÑO 2026
A los presbíteros y diáconos, miembros de institutos de vida consagrada y a los fieles laicos de
la Arquidiócesis de Valencia
Curia Arzobispal de Valencia, 26 de diciembre de 2025.
Queridos hermanos y hermanas:
El Señor nos ha regalado un año 2025 cargado de experiencias pastorales, a través de las cuales hemos
podido acompañar al pueblo carabobeño que camina, sostenido por la fe, en medio de inquietudes y
esperanzas.
Junto con toda la Iglesia hemos celebrado el Año Santo que nos ha hecho crecer en la esperanza, la
virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra,
poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en
los auxilios de la gracia del Espíritu Santo (Catecismo de la Iglesia, n. 1817). Al concluir este año
renovamos nuestro deseo de continuar siendo Peregrinos de la Esperanza para proclamar, en todo
momento que Cristo es nuestra esperanza, la esperanza que nunca falla (Cf. 1 Tim 1,1; Col 1,27; 2 Tim
1, 12; Ef 1,12; 3,12; Rom 5, 1-8).
Hemos sido testigos de la pascua del Papa Francisco que tanto nos enseñó sobre la misericordia divina
y la conversión misionera, y hemos recibido como un regalo de Dios, al Papa León XIV, mensajero
de la paz para todos los pueblos.
También hemos experimentado el gran gozo de la canonización de los primeros santos venezolanos;
San José Gregorio Hernández y Santa Carmen Rendiles. Junto a ellos hemos reafirmado nuestra unidad
como pueblo de fe, nos hemos sentido sanamente orgullosos de los valores que distinguen a los
venezolanos y reafirmado nuestro deseo de construir nuestras vidas, las de nuestras familias y nuestra
sociedad, conforme a los valores de los cuales ellos son ejemplares testigos.
Como Arquidiócesis hemos vivido estos acontecimientos desde la mitad de este año, en medio del
proceso de traslados de párrocos, en más de la mitad de las parroquias de nuestra arquidiócesis, lo que
ha puesto en evidencia la disponibilidad y entrega de nuestros presbíteros, la comunión entre nuestras
comunidades, los muchos logros pastorales que hemos alcanzado y algunas deficiencias que estamos
llamados a superar.
Nos queda mirar al futuro con esperanza, sirviéndonos de los aprendizajes realizados y sostenidos por
el Espíritu Santo en un nuevo dinamismo evangelizador. Para lograrlo debemos seguir caminando
juntos, en espíritu sinodal.
Pidamos con confianza a la Santísima Virgen, Nuestra Señora del Socorro, celestial patrona de nuestra
Arquidiócesis, nos anime y sostenga en la realización de este Proyecto.
† Jesús González de Zárate Salas
Arzobispo de Valencia
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CAMINAMOS JUNTOS, EN SANTIDAD Y COMUNIÓN, PARA REALIZAR
LA MISIÓN EVANGELIZADORA
Líneas de acción pastoral para el año 2026
INTRODUCCIÓN
Al concluir la rica experiencia del Año Jubilar 2025 y al inicio de un nuevo año, se colocan al servicio
de todas las parroquias y comunidades, asociaciones y movimientos apostólicos, instituciones
educativas y obras de promoción humana y caridad de nuestra Iglesia arquidiocesana las siguientes
líneas pastorales, inspiradas en el magisterio pontificio reciente, las conclusiones del proceso sinodal
y la experiencia vivida en los últimos años entre nosotros.
Son un papel de trabajo inicial que, con el concurso de todos, iremos profundizando y nutriendo en los
próximos meses.
En la elaboración del documento que ahora presentamos se ha seguido el conocido método teológico-
pastoral VER-JUZGAR- ACTUAR
I – LA VIDA DE LA IGLESIA EN VALENCIA
Nacimos como Iglesia particular el 12 de octubre de 1922 mediante la Bula Ad munus ab
Unigenito del Papa Pío XI, pero las raíces más antiguas de lo que hoy somos como pueblo de Dios las
encontramos en la fundación de la Ciudad de Valencia a mediados del siglo XVI. Nuestra Iglesia
particular tiene una valiosa historia de fe que debemos todos conocer y valorar.
El testimonio de fe y santidad cotidianos de muchos hombres y mujeres arraigó la fe en esta región a
lo largo de los siglos venideros. Entre esos testigos debemos destacar el ejemplo caritativo y de entrega
del Siervo de Dios, Mons. Salvador Montes de Oca, por cuya causa de beatificación todos debemos
orar y promover.
Vivimos hoy nuestra fe y desarrollamos nuestra acción evangelizadora en una compleja y difícil
realidad social, económica y cultural. La crisis de valores éticos, el empobrecimiento generalizado,
el deterioro de los servicios públicos, el progresivo debilitamiento de la democracia son fuentes de
muchas y permanentes inquietudes y angustias en nuestro pueblo.
En medio de esta difícil realidad, sin embargo, la vida de nuestra Iglesia particular muestra importantes
signos de fortalezas como son un extendido dinamismo pastoral expresado en múltiples y variadas
iniciativas apostólicas, el sentido de pertenencia y amor que le profesan sus miembros, la comunión y
solidaridad entre sus parroquias y comunidades, diversas iniciativas comunes en varios arciprestazgos.
Nuestra Arquidiócesis participó activamente en el proceso de preparación del camino sinodal del cual
surgieron importantes intuiciones pastorales para nuestra Iglesia particular.
Además, crece en nuestra Arquidiócesis el amor a la Palabra de Dios y a la Eucaristía como fuentes
de vida cristiana, se conserva un generalizado aprecio y respeto de los sacramentos (numerosas
comuniones y confesiones), existe interés por conocer y profundizar el magisterio de la Iglesia, existen
numerosas asociaciones y movimientos de apostolado y nuevas experiencias espirituales y de vida
cristiana.
En las últimas décadas, siguiendo las orientaciones del Concilio Plenario de Venezuela y de la Misión
Continental, se ha promovido la sectorización de las parroquias y se han constituido numerosas
pequeñas comunidades cristianas que hacen presente el rostro cercano y el acompañamiento de la
Iglesia en una multiplicidad de contextos sociales.
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Signo de esa fortaleza es el hecho de que en nuestras parroquias y comunidades se desarrolla una
liturgia viva y participativa, favorecida por una presencia significativa de ministros, monaguillos y
ministerios de música; la vivencia de la fraternidad presbiteral y las diversas iniciativas de formación
laical existentes entre nosotros; la colaboración que se brinda al Seminario Arquidiocesano, y
significativas iniciativas de caridad para la atención de los más pobres y necesitados de nuestro pueblo.
También que en la última década se haya extendido la devoción a Nuestra Señora del Socorro, quien
es para nosotros un signo cercano del amor de Dios para nuestro pueblo y de nuestra identidad eclesial.
El reconocimiento de estos signos positivos no implica que desconozcamos que existen también
algunas debilidades que estamos llamados a superar, como son el hecho de que la mayor presencia y
perseverancia en nuestras parroquias lo constituyen personas mayores y, por lo tanto, la falta de una
mayor presencia juvenil, el envejecimiento y migración de los agentes de pastoral y la insuficiencia
numérica y de formación de agentes en algunas áreas.
Así mismo, hay que reconocer que después de la pandemia, en algunas comunidades, no se retomaron
con el mismo ritmo las actividades que se realizaban en el pasado, lo cual puede estar motivado a las
deficiencias de los servicios de transporte, la conflictividad política y la inseguridad. Además, causa
preocupación el que muchas iniciativas pastorales lucen aisladas entre sí, rutinarias, sin perspectiva
de proceso. Es insuficiente la participación de algunas parroquias en programas e iniciativas pastorales
de la Arquidiócesis y de los Arciprestazgos. Hay pocas iniciativas misioneras destinadas a las zonas
periféricas. Las dificultades que se deben enfrentar cada día han mermado las esperanzas de muchos.
En el plano económico y administrativo se descubre una cierta fragilidad debido a la reducción de
recursos económicos para la acción pastoral, el incumplimiento de algunos procesos administrativos y
la falta de establecimiento de prioridades. Se evidencia el precario estado de conservación de algunas
instalaciones parroquiales.
Los cambios culturales nos hacen ver la necesidad de superar esquemas pastorales desgastados, la
importante incorporación de nuevos agentes pastorales, de emprender nuevas iniciativas,
especialmente en el mundo de la comunicación social, y planificar en función de promover procesos a
corto y mediano plazo.
La canonización de los primeros santos venezolanos, en octubre de este año, el dinamismo que ello
provocó y los logros en la realización del jubileo de la esperanza, han insuflado un renovado espíritu
evangelizador en nuestras comunidades.
II – LA BUENA NOTICIA DE LA SALVACIÓN
Como hombres y mujeres de fe estamos llamados a iluminar la realidad social y eclesial en la que
vivimos con la Palabra de Dios y las enseñanzas de la Iglesia. Ellas nos ayudan a orientar nuestra
acción pastoral y a definir las estrategias que debemos utilizar para evangelizar de manera adecuada el
entorno social en el que vivimos y desarrollan nuestra acción.
No podemos olvidar nunca que la Iglesia arquidiocesana es portadora de la Buena Noticia de salvación
para el pueblo carabobeño. Es un tesoro que llevamos “en vasijas de barro”, pero es ciertamente un
tesoro (2 Cor 4,7)
1 – Somos hijos e hijas de Dios, nuestra vocación es la santidad.
Nuestro Señor Jesucristo nos ha enseñado que Dios no es un ser lejano e indiferente a lo que acontece
en nuestra vida, sino un “Abbá”, un padre bueno: nuestro Padre (Cf. Mc 14,35). Nos ha dicho que
Dios no quiere la muerte del hombre y por eso entra en nuestra historia para salvarnos a todos (cf. Jn
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1,3-4). Jesús también nos revela nuestra vocación como hijos e hijas de Dios. Ésta es una Buena Noticia
que debemos anunciar a tiempo y a destiempo (2 Tim 4,2).
Él nos dijo que el Reino de Dios ya está aquí y que debíamos convertirnos para recibirlo (cf. Mt
4,17). Este Reino se hace presente cuando, con la fuerza del Espíritu que hemos recibido, nos
apartamos del pecado, se anuncia la Buena Noticia a los pobres, se propicia la liberación a los
cautivos y la vista a los ciegos, se brinda libertad a los oprimidos y se proclama el año de gracia del
Señor (Cf. Lc 4,18-19).
Con nuestras palabras, pero, sobre todo, con nuestras acciones y nuestra forma de vivir, los católicos
de la Arquidiócesis de Valencia, debemos hacer presente ese Reino. El encuentro con Jesús y su
Reino es transformador y exige conversión personal y colectiva. No podemos decir que somos
cristianos y seguir viviendo de cualquier forma.
La vocación de todo cristiano es a ser “santos e irreprochables ante Dios en el amor” (Ef 1,3-6). En
este sentido, siguen siendo actuales las palabras de San Juan Pablo II quien afirmó que la perspectiva
en la que debe situarse el camino pastoral de la Iglesia del tercer milenio es el de la santidad (Cf.
NMI 30).
Por eso debemos proponer constantemente y con convicción a todos este “alto grado” de la vida
cristiana ordinaria. La vida entera de la comunidad eclesial y de las familias cristianas debe ir en esta
dirección. Esto exige una pedagogía de la santidad verdadera y propia, que sea capaz de adaptarse a
los ritmos de cada persona. Esta pedagogía debe enriquecerse tanto con las formas tradicionales de
ayuda personal y de grupo, como con las formas más recientes ofrecidas en las asociaciones y en los
movimientos reconocidos por la Iglesia.
Este modo de vivir se alimenta en la liturgia donde el Señor Jesús se hace presente de forma
sacramental (cf. SC 7). De allí que nuestras celebraciones litúrgicas deben educar y llevar al cristiano
a una experiencia viva de Cristo Resucitado y con los hermanos, de forma que sea una experiencia
que vaya más allá de los ritos, toque el corazón y la vida de las personas. Por eso debemos fomentar
en todos los miembros del Pueblo de Dios la participación activa en la liturgia, de una forma
consciente, activa y plena. Debemos enseñarle al pueblo cristiano el sentido de los signos y símbolos
litúrgicos y procurar que la celebración sea expresión alegre de las experiencias y anhelos comunes
(cf. CMF 123-126).
También se profundiza y madura a través de la catequesis, que tiene su fuente en la Palabra de Dios
y hoy es concebida como proceso de iniciación y maduración en la fe. Ella debe brindar una formación
integral, orgánica y sistemática, básica y esencial, que no sólo inicia a los adultos y niños en los
sacramentos, sino promueve una gradual incorporación y compromiso con la comunidad.
2 – La Iglesia es una gran familia de hermanos
Esta afirmación encuentra su raíz y explicación en la comunión Trinitaria, de Dios Padre, su Hijo
Jesucristo y el Espíritu Santo. Por eso el Pueblo Dios unido en la vivencia del amor de Dios promueve
y crea fraternidad entre sus miembros, y con todos los hombres y mujeres de su entorno. Esto hace
posible que la Iglesia no sea una simple estructura institucional más, como otras, sino un “sacramento
de comunión” (LG 1).
Como nos enseña el Concilio Plenario de Venezuela (Cf. CVI 42) la comunión no se decreta, sino
que se construye. En este sentido, es necesario que promovamos en todas las instancias eclesiales una
espiritualidad de la comunión que nos ayude a superar las tentaciones egoístas que continuamente nos
presenta la cultura actual y que engendran en nuestra sociedad (y también en la comunidad eclesial)
un espíritu de competitividad, ganas de hacer carrera, desconfianza y envidias (cf. NMI 43).
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La comunión que hoy necesita la Iglesia de Valencia no se impondrá tan sólo por decretos del
Arzobispo y por las orientaciones de los párrocos, tampoco por planes pastorales muy bien elaborados,
sino por la docilidad al Espíritu que distribuye diversos dones y encomienda variadas tareas, pero
todas ellas orientadas a la unidad. Es sólo en esa docilidad que se generará la responsabilidad,
participación y creatividad, que nos conducirá a la vivencia de una Iglesia sinodal, de comunión,
participación y compromiso de todos en la misión.
Debemos tener en cuenta que la comunión de la Iglesia se vive, en diversos niveles, a través de una
red de comunidades, donde se vive y se anuncia la fe, se celebran las maravillas de Dios y se crece en
el amor. Esta red de comunidades está conformada por la Familia, Iglesia doméstica, las pequeñas
comunidades cristianas (sectores, comunidades de base, casas de oración); la Parroquia,
comunidad de comunidades; los arciprestazgos y la Iglesia particular, comunidad de fe servida por
el Obispo.
Y para que la vivencia de la comunión no se quede en formulaciones atractivas, pero sin concreción,
se hace necesario que desarrollemos de una serie de organismos, opciones y servicios que la hagan que
todos participemos de ella. Entre estos medios se encuentran los organismos y servicios de comunión,
como son los consejos de pastoral y de asuntos económicos, la curia diocesana y los secretariados y
comisiones de pastoral; los ministerios al servicio de la comunión (ordenados y confiados a laicos)
y la comunicación cristiana de bienes, que es una exigencia evangélica y un criterio de autenticidad
de la vida de la comunidad cristiana y la pastoral orgánica y planificada.
3 - La Iglesia vive para evangelizar (EN 14): Esa es su dicha y vocación propia (cf. EN 14). Es decir,
anunciar a los hombres la persona de Jesús, su vida, su doctrina, sus promesas. Por eso, la dimensión
misionera de la Iglesia no puede ser concebida como un apéndice de la pastoral de conjunto, la labor
específica de un Secretariado, sino que debe ser una preocupación de todas las comunidades e
instancias eclesiales y del conjunto de ellas (EN 60). La Arquidiócesis de Valencia está llamada a
ser una “Iglesia en salida misionera”.
Esto nos permitirá, en contextos sociales y culturales nuevos como en los que vivimos, llevar adelante
la misión que Jesús nos ha encomendado en actitud permanente de conversión. En este sentido,
debemos superar una forma de concebir la pastoral como dirigida sólo a los que vienen a la Iglesia
y asumir la actitud evangélica que pide ir tras la oveja perdida (Cf. Lc 15, 4-7). En este contexto, la
misión de los agentes de pastoral será escuchar, convocar, acompañar, revisar y confirmar en la fe,
siendo los compañeros que animan con su fe, constancia y paciencia. Significa además tomar la
iniciativa y atrevernos a presentar la fe cristiana en el interior de una sociedad que se desliza hacia la
indiferencia y el olvido de Dios.
Un recurso para alcanzar este objetivo es el uso evangelizador de los modernos medios de
comunicación. Por eso, como Iglesia debemos tomar conciencia de la importancia de los instrumentos
de la comunicación social para difundir el Evangelio.
También que evangelizar implica transformar desde dentro con los valores del Evangelio los criterios
de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes
inspiradoras y los modelos de vida de nuestro pueblo, y la construcción de una sociedad más justa,
más digna, más humana, más cristiana y más solidaria.
III – UNA IGLESIA SINODAL Y MISIONERA, EN COMUNIÓN Y PARTICIPACIÓN
Se recogen aquí algunas grandes objetivos y orientaciones para la acción que luego se pueden precisar
en programas comunes
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Objetivo general: Hacer de la Arquidiócesis de Valencia una Iglesia sinodal y en salida misionera, a
través de la vivencia de la comunión y la activa formación y participación de sus miembros, en la
acción evangelizadora.
1 — SOMOS DISCÍPULOS MISIONEROS DE JESUCRISTO (LA VALORACIÓN DEL
BAUTISMO)
Objetivo: Promover en los bautizados una conciencia creciente acerca de su vocación a la santidad
y su pertenencia y participación activa en el Pueblo de Dios a través del bautismo.
• Fortaleciendo el anuncio de la persona y el mensaje de Jesucristo (kerigma) en todos los
ambientes de la sociedad carabobeña, y también en las plataformas digitales.
• Profundizando en el amor y el conocimiento de la Sagrada Escritura y haciendo de ella fuente
y motivación constante de la acción pastoral.
• Haciendo de la Eucaristía fuente y culmen de la vida personal y comunitaria.
• Destacando en todos los ámbitos de pastoral la importancia del bautismo y del caminar juntos
(sinodalidad) como elementos fundamentales de la identidad cristiana.
• Acogiendo y acompañando los diferentes carismas, servicios, tareas y ministerios que el Espíritu
Santo suscita en el seno de la comunidad eclesial.
• Reafirmando en todo momento que la evangelización es tarea y responsabilidad de todos los
bautizados.
• Diseñando itinerarios de discipulado misionero que tengan en cuenta los diversos contextos
socio-culturales presentes en la Arquidiócesis (urbanos, rurales, etc.).
• Impulsando la participación activa, fructuosa y consciente en la Santa Misa dominical con su
debida interiorización personal y su proyección social en el mundo.
• Favoreciendo la formación litúrgica de los fieles, la comprensión de los gestos y el significado
de las acciones litúrgicas, a través de un lenguaje asequible y comprensible.
• Aprovechando las riquezas de la religiosidad popular, y en particular la devoción de nuestro
pueblo a la Santísima Virgen.
• Impulsando, como ejemplo de coherencia y fidelidad en la vida cristiana, la Causa de
Beatificación del Siervo de Dios, Mons. Salvador Montes de Oca.
2 — CAMINAMOS JUNTOS COMO PUEBLO DE DIOS (ESPIRITUALIDAD DE
COMUNIÓN Y SINODALIDAD)
Objetivo: Educar en la espiritualidad de comunión y la sinodalidad con el fin de fortalecer las
estructuras de comunión y participación a nivel parroquial, arciprestal y arquidiocesano.
• Promoviendo la fraternidad entre los presbíteros a través de diversas iniciativas formativas que
contribuyan a fortalecer su rol de agentes privilegiados de comunión en la Iglesia local.
• Creando, donde no existan, las estructuras de comunión y su buena organización como un
instrumento necesario para que los planes y proyectos pastorales se ejecuten de manera orgánica.
• Cuidando que la pluralidad de proyectos e iniciativas evangelizadoras se realicen en el
horizonte de la unidad de criterios, evitando la dispersión y los personalismos desintegradores.
• Ayudando a superar posibles tensiones, sectarismos y desacuerdos, en un clima de tolerancia,
escucha mutua y reconciliación.
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• Fortaleciendo la organización de los departamentos de pastoral arquidiocesana y las oficinas
y dependencias de la Curia, de manera que estén al servicio de quienes hacen vida en la
Arquidiócesis.
• Profundizando la renovación pastoral de las parroquias como una comunidad de
comunidades, impulsando su existencia tanto en los diversos sectores territoriales como las
diversas áreas de la acción pastoral.
• Ofreciendo una sólida preparación y acompañamiento de los ministerios confiados a laicos, el
diaconado y el presbiterado, tanto su formación inicial como permanente.
• Promoviendo la progresiva integración del Seminario, los Colegios e Institutos de Educación
Católicos, los Movimientos Apostólicos y otras experiencias de formación de inspiración
cristiana en la planificación, desarrollo, seguimiento y evaluación de la acción pastoral de la
Arquidiócesis.
• Educando de manera continua y permanente a los responsables de las distintas instancias de
comunión en la cultura de la planificación y evaluación, con el fin de evitar el activismo, la
improvisación y el inmediatismo.
3 — SOMOS TESTIGOS DE LA VERDAD Y DE LA VIDA (EL ACOMPAÑAMIENTO Y
FORMACIÓN INTEGRAL DE LOS AGENTES DE PASTORAL)
Objetivo: Promover la activa participación en la misión evangelizadora de todos los miembros del
Pueblo de Dios, especialmente de la familia y de los jóvenes.
• Fortaleciendo la organización de la pastoral familiar y pastoral juvenil en las distintas
instancias de comunión y participación arquidiocesana, y la consolidación del equipo de los
respectivos Secretariados, con delegados de los arciprestazgos, la educación católica y los
grupos y experiencias apostólicas existentes en la Arquidiócesis.
• Promoviendo la formación de familias cristianas que sean verdaderas iglesias domésticas,
favoreciendo su integración a la comunidad eclesial, y a la misión de hacer presente a Jesucristo
en la sociedad, testimoniando los valores morales y cristianos.
• Brindando itinerarios de formación a las familias que ayuden a su crecimiento en la fe y a la
integración en la parroquia
• Favoreciendo experiencias misioneras (campamentos, escuelas) que faciliten el surgimiento de
un nuevo liderazgo juvenil, aprovechando los diversos momentos que ofrece el calendario
litúrgico (adviento, navidad, cuaresma, semana santa).
• Desarrollando, a nivel arquidiocesano, programas de formación de asesores y de liderazgo
juvenil en los que se fomente la conciencia y la acción misionera para enfrentar los retos de los
actuales cambios culturales en la sociedad y el mundo, también en el mundo digital.
• Promoviendo la pastoral educativa y universitaria en las instituciones públicas y privadas, y la
reconstrucción del pacto educativo en Venezuela.
• Creando espacios formativos sobre los medios de comunicación y nuevas tecnologías de
comunicación, en orden a la creación de la pastoral digital para la evangelización e información
eclesial.
• Fomentando programas de voluntariado social y de solidaridad en el entorno juvenil, de manera
que se despierte en ellos una conciencia solidaria que los lleve al compromiso político de
transformar la sociedad y su entorno social.
• Favoreciendo una cultura vocacional que ayude al joven, a través de metodologías actualizadas,
a descubrir la misión a la cual Dios los llama.
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4 — Y, CONSTRUCTORES DE UNA NUEVA SOCIEDAD (DIACONÍA DE LA CARIDAD Y
DE LA COMUNICACIÓN)
Objetivo: Anunciar y defender la dignidad de la persona, fortaleciendo la acción la caritativa y de
promoción humana, particularmente hacia los más pobres, necesitados y excluidos.
• Fortaleciendo en las parroquias y comunidades, y los institutos de educación católica, acciones
para la protección y promoción integral de la dignidad humana.
• Fomentando y favoreciendo iniciativas que tengan que ver con la formación de los agentes
pastorales en Doctrina Social de la Iglesia.
• Anunciando y proclamando los valores cristianos de la igualdad, solidaridad, honestidad,
justicia, paz, rectitud como valores que tienen su principio y fundamente en el Evangelio.
• Consolidando la organización y la acción de la pastoral social y la pastoral de la salud en las
distintas instancias de comunión y participación arquidiocesana a través de programas sociales
que respondan a las necesidades de nuestro pueblo (Iglesia samaritana).
• Consolidando la organización de equipos de Cáritas Parroquial para que a través de todos los
programas que ofrece, coadyuven en la atención de las personas más vulnerables de la
comunidad parroquial.
• Concienciando a todos los agentes e instancias de pastoral sobre la importancia de cumplir los
protocolos de protección de menores y la cultura de buen trato.
• Profundizando la acción que se viene realizando en favor del adulto mayor en situación de
vulnerabilidad.
• Propiciando entre los fieles una actitud de desprendimiento e intercambio de recursos
económicos y talentos (comunión de bienes).
• Haciendo presencia en los medios de comunicación social como un instrumento privilegiado
para la formación y el fortalecimiento de la cultura del pueblo.
• Privilegiando la participación en programas de promoción de los valores humanos y el anuncio
del Evangelio, así como la denuncia de propuestas contrarias a la fe y las buenas costumbres.
• Difundiendo a través de los MCS y las nuevas tecnologías, el mensaje evangélico, la doctrina
de la Iglesia e información sobre la tarea evangelizadora.
Curia Arzobispal de Valencia, 26 de diciembre de 2025.