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4 San Agustín

Otro gran filósofo fácil de entender.

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LA PSICOLOGÍA DE SAN AGUSTÍN

Esbozo biográfico

Nace en 354 en Tagaste, ciudad de Numidia, actualmente Souk-Ahras (Arge-


lia), hijo de la que llegara a ser santa Mónica. Allí inicia sus estudios, prosi-
guiendo éstos en Cartago, desde el 370; no obstante, se dedicará a la vida li-
cenciosa, llegando a tener un hijo, Adeodato. Leyendo el Hortensio de Cicerón
experimenta una a modo de iluminación filosófica, y en el 373 una crisis espiri-
tual que le conduce la maniqueísmo y a alejarse del cristianismo en el que le
educara su madre. No obstante, tras enseñar retórica en Tagaste, Cartago y
Roma, se ve decepcionado por el maniqueísmo tras encontrarse con Fausto de
Milevi, y se introduce en el escepticismo, pensando que es imposible hallar la
verdad.

En el 384 llega a profesor en Milán, donde oye predicar a san Ambrosio, obis-
po, y se hace catecúmeno católico y lector de autores neoplatónicos, todo lo
cual marcará su posterior desarrollo intelectual. Se retira de su profesión de
profesor de retórica y se dedica a escribir. En 387 es bautizado por san Ambro-
sio y decide regresar a África, pero su madre muere en Ostia (Roma) y se de-
tiene allí por un tiempo, tras el cual regresa a Tagaste, donde se dedica a vivir
monásticamente en compañía de unos pocos amigos.

Es ordenado presbítero en el 391, y consagrado obispo de Hipona (396), prosi-


guiendo su obra filosófica, especialmente orientada a desarticular herejías, que
mantendrá a un nivel frenético hasta su muerte, acaecida el 28 de agosto de
430, cuando ya los vándalos (Genserico) estaban a las puertas de la ciudad.
Agustín es el último antiguo y el primer medieval.

Cuestiones generales

A lo largo de la Edad Media (desde la caída de Roma a manos de los bárbaros


en el 476 a la caída de Constantinopla a manos de los turcos en el 1453), el
problema filosófico central va a ser la existencia misma, tanto del mundo físico
o cosmos como de las criaturas y especialmente del hombre. La Revelación se
constituye en la fuente principal de conocimiento, la cual se hace patente en el
alma.

Podemos distinguir dos orientaciones principales: la desarrollada por san Agus-


tín de Hipona (ss. IV-V) y la desarrollada por santo Tomás de Aquino (s. XIII).

San Agustín marca el límite entre la Edad Antigua y la Edad Media. En los Soli-
loquios se manifiesta su interés central, que es del saber de Dios y del alma, y
de nada más. Todo se explica por Dios y para Dios, y de ahí la necesidad de
conocer la verdad (problema del conocimiento que persigue a Agustín durante
toda su vida).

Desde el conocimiento del alma pretende el conocimiento de Dios, mediante el


repliegue sobre sí mismo, el ensimismamiento, la intimidad más íntima (anhelo
ascensional). Las cosas del mundo interesan en la medida que posibilitan el co-
nocimiento de sí mismo y elevan a uno mismo a Dios, pues la verdad habita el
interior del hombre. Mantiene una actitud de: “intellige ut credas”, pues quiere
entender lo que cree, y aprecia la dialéctica y la filosofía platónica. La filosofía
está subyugada a la fe, pues la única sabiduría auténtica es la religiosa (cristia-
na católica): “praecedit fides, sequitur intellectus”.

Esta intimidad personal es el alma, que es de naturaleza espiritual y puede re-


plegarse sobre sí misma (introspeccionismo), pero no para quedarse en sí mis-
ma sino para elevarse a la contemplación de Dios, para satisfacer su anhelo de
infinitud (introspeccionismo trascendente). La mirada interior es una exigencia y
una urgencia para Agustín, para el cual el hombre es una encrucijada, un mis-
terio, tanto más grande cuanto más se ahonda uno en sí mismo.

Alma y cuerpo

El hombre es, esencialmente, un alma racional (sustancia espiritual) que se sir-


ve de un cuerpo terrestre y mortal (platonismo). El cuerpo (material, mortal),
pues, es un instrumento del que el alma (racional, inmortal) se sirve.

Son dos sustancias diferentes, y no concibe el alma como forma del cuerpo,
siendo su unión un misterio (dualismo). Para unos autores, Agustín entiende
que su unión es sustancial, para otros que es accidental, para unos terceros
que se trata de una unión hipostática. No obstante, el alma es trascendente al
cuerpo.

No obstante, rechaza la pluralidad de almas: sólo tenemos un alma, la cual pe-


netra y vivifica todo el organismo, estando toda ella entera en todas y cada una
de las partes del mismo.

Motivación

El cuerpo es animado por el alma, que lo gobierna comunicándole su actividad


vital. En ello, la voluntad actúa a modo de motor, movida y modulada por los
afectos y los sentimientos. Y es el amor el bien que guía la voluntad, hacia la
verdad y la perfección del hombre, esto es, a Dios.

Conocimiento

El conocer es una actividad del alma, y puede ser tal actividad sensitiva o inte-
lectiva (ésta, a su vez, razón inferior o superior):

a) Conocimiento sensitivo: se produce por la impresión de los objetos a


través de los sentidos, en los que el alma está presente. Lo material
(inferior) no puede actuar sobre lo espiritual (superior), por lo que tal
impresión no es más que una ocasión u oportunidad para que el alma
se forme una imagen del objeto (actividad del alma), explorándolo.

Las sensaciones son acciones que ejerce el alma (no pasiones que
padece), usando como instrumental los sentidos. Con lo que la ver-
dad del conocimiento sensitivo no procede de los sentidos, sino del
interior del alma. La sensación no es ciencia, sino que da lugar a me-
ra opinión, ya que su objeto es lo mutable.

Los sentidos, por otra parte, no engañan en cuanto a la información


que aportan; se equivoca, en todo caso, el juicio que se realiza sobre
tal información. Los sentidos pueden significar una oportunidad para
el error, siendo meros transmisores fieles que informan, y somos no-
sotros los malos jueces.

La memoria reutiliza los datos de la sensibilidad a modo de imágenes


para que sean utilizadas por el pensamiento.

b) Conocimiento intelectivo o inteligible: su objeto son los inteligibles


que la mente percibe, que alcanza sólo el intelecto. El mundo inteligi-
ble es el mundo de la razón eterna e inconmutable por la que Dios
creó el mundo. En el mismo se distinguen razón superior y razón in-
ferior.

La razón inferior consistiría en el conocimiento de las cosas sensi-


bles, temporales, de manera como se nos presentan a, y son capta-
das por, los sentidos. Luego, conocimiento como experiencia sensi-
ble.

La razón superior sería sabiduría, relativa a verdades y razones eter-


nas, a ideas inmutables, necesarias y de naturaleza divina, relativas
al mundo suprasensible e inteligible. El fin al que dice relación la sa-
biduría es la contemplación, que no es otra cosa que el conocer a
Dios. Para ello es necesaria la iluminación divina (Revelación) y no
meramente la inteligencia humana, que es ella misma mutable.

La teoría del conocimiento de san Agustín es de corte neoplatónico, y está cen-


trada en el interior de la persona (el alma). Su psicología es introspeccionista y
tiene como objeto el alma como sustancia espiritual que realiza una actividad
por completo independiente del cuerpo (antípoda de la psicología aristotélica:
filosofía naturalista).

Las ideas psicológicas de san Agustín han sido enormemente influyentes en la


historia del pensamiento medieval hasta el siglo XIII, momento en que irrumpe
en la escena filosófica la figura intelectualmente imponente de santo Tomás de
Aquino.

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