Para sembrar tomates, elige una variedad adaptada a tu clima, siembra
en primavera cuando las temperaturas sean cálidas (superiores a 10°C),
y asegúrate de tener un sustrato fértil. Los tomates se benefician de
enterrar parte de su tallo durante el trasplante para que desarrolle raíces
auxiliares, y requieren un tutor para soportar su peso.
1. Preparación (semillero)
Momento de siembra:
Inicia la siembra en semilleros cuando las temperaturas sean cálidas,
preferiblemente en primavera.
Sustrato:
Usa una tierra suelta, ligera, con buena mezcla de arena, compost o
turba.
Siembra de la semilla:
Planta las semillas a una profundidad de aproximadamente 0.5 cm en
macetas pequeñas, manteniendo las plantas separadas.
Cuidado inicial:
Mantén las semillas en sombra y el sustrato siempre húmedo, pero sin
exceso de agua, hasta que germinen las plantas.
2. Trasplante (plantel)
Aclimatación:
Una vez que las plantas tengan 18-20 cm de altura, trasplántalas a una
maceta un poco más grande donde puedan aclimatarse por unas
semanas.
Ubicación definitiva:
Busca un lugar que reciba al menos 6-8 horas de sol directo al día.
Preparación del hoyo:
Haz un pozo grande para tu plantín, el cual debe ser más grande que la
maceta original.
Plantado:
Entierra el plantín hasta donde nacen las primeras hojas, permitiendo
que la parte del tallo se desarrolle en nuevas raíces.
Entutorado:
Coloca un palo o soporte (tutor) junto a la planta para darle soporte a
medida que crece, ya que los tomates pueden volverse muy pesados.
3. Cuidados posteriores
Riego:
Riega la base del tallo para mantener el suelo húmedo, pero evita mojar
las hojas, ya que puede causar enfermedades.
Acolchado:
Cubre la base de la planta con una capa de material orgánico como
paja, periódico o cáscara de arroz para mantener la humedad y evitar
que los frutos toquen el suelo.
Tutorado:
A medida que la planta crece, átala al tutor para que se mantenga recta
y los frutos se mantengan alejados del suelo.