100% encontró este documento útil (1 voto)
62 vistas514 páginas

San Roman

La Biblioteca Fundamentos de la Construcción de Chile busca promover la cultura científica y tecnológica, así como la educación multidisciplinaria, a través de obras de destacados autores que analizan problemas y soluciones para el país. Esta iniciativa, respaldada por la Cámara Chilena de la Construcción y la Pontificia Universidad Católica de Chile, incluye una edición digital y recursos educativos accesibles globalmente. El documento también destaca la vida y obra de Francisco Javier San Román, un ingeniero vinculado a la minería y el desarrollo de la región de Atacama.

Cargado por

Carlos Toloza
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (1 voto)
62 vistas514 páginas

San Roman

La Biblioteca Fundamentos de la Construcción de Chile busca promover la cultura científica y tecnológica, así como la educación multidisciplinaria, a través de obras de destacados autores que analizan problemas y soluciones para el país. Esta iniciativa, respaldada por la Cámara Chilena de la Construcción y la Pontificia Universidad Católica de Chile, incluye una edición digital y recursos educativos accesibles globalmente. El documento también destaca la vida y obra de Francisco Javier San Román, un ingeniero vinculado a la minería y el desarrollo de la región de Atacama.

Cargado por

Carlos Toloza
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Biblioteca Fundamentos de la Construcción de Chile

Cámara Chilena de la Construcción


Pontificia Universidad Católica de Chile
Biblioteca Nacional

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 3 26-09-12 13:20


BIBLIOTECA FUNDAMENTOS DE LA CONSTRUCCIÓN DE CHILE

Iniciativa de la Cámara Chilena de la Construcción,


junto con la Pontificia Universidad Católica de Chile
y la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos

Comisión Directiva
Gustavo Vicuña Salas (Presidente)
Augusto Bruna Vargas
Ximena Cruzat Amunátegui
José Ignacio González Leiva
Manuel Ravest Mora
Rafael Sagredo Baeza (Secretario)

Comité Editorial
Ximena Cruzat Amunátegui
Nicolás Cruz Barros
Fernando Jabalquinto López
Rafael Sagredo Baeza
Ana Tironi

Editor General
Rafael Sagredo Baeza

Editor
Marcelo Rojas Vásquez

Corrección de originales y de pruebas


Ana María Cruz Valdivieso
PAJ

Biblioteca digital
Ignacio Muñoz Delaunoy
I.M.D. Consultores y asesores Limitada

Gestión administrativa
Cámara Chilena de la Construcción

Diseño de portada
Txomin Arrieta

Producción editorial a cargo


del Centro de Investigaciones Diego Barros Arana
de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos

impreso en chile / printed in chile

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 4 26-09-12 13:20


francisco san román y su obra

PRESENTACIÓN

L a Biblioteca Fundamentos de la Construcción de Chile reúne las obras de científicos,


técnicos, profesionales e intelectuales que con sus trabajos imaginaron, crearon
y mostraron Chile, llamaron la atención sobre el valor de alguna región o recurso
natural, analizaron un problema socioeconómico, político o cultural, o plantearon
soluciones para los desafíos que ha debido enfrentar el país a lo largo de su historia.
Se trata de una iniciativa destinada a promover la cultura científica y tecnológica,
la educación multidisciplinaria y la formación de la ciudadanía, todos requisitos
básicos para el desarrollo económico y social.
Por medio de los textos reunidos en esta biblioteca, y gracias al conocimiento
de sus autores y de las circunstancias en que escribieron sus obras, las generaciones
actuales y futuras podrán apreciar el papel de la ciencia en la evolución nacional,
la trascendencia de la técnica en la construcción material del país y la importancia
del espíritu innovador, la iniciativa privada, el servicio público, el esfuerzo y el
trabajo en la tarea de mejorar las condiciones de vida de la sociedad.
El conocimiento de la trayectoria de las personalidades que reúne esta colección,
ampliará el rango de los modelos sociales tradicionales al valorar también el que-
hacer de los científicos, los técnicos, los profesionales y los intelectuales, indispen-
sable en un país que busca alcanzar la categoría de desarrollado.
Sustentada en el afán realizador de la Cámara Chilena de la Construcción, en
la rigurosidad académica de la Pontificia Universidad Católica de Chile, y en la
trayectoria de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos en la preservación
del patrimonio cultural de la nación, la Biblioteca Fundamentos de la Construcción de
Chile aspira a convertirse en un estímulo para el desarrollo nacional al fomentar el
espíritu emprendedor, la responsabilidad social y la importancia del trabajo siste-
mático. Todos, valores reflejados en las vidas de los hombres y mujeres que con sus
escritos forman parte de ella.
Además de la versión impresa de las obras, la Biblioteca Fundamentos de la Cons-
trucción de Chile cuenta con una edición digital y diversos instrumentos, como soft-
wares educativos, videos y una página web, que estimulará la consulta y lectura de
los títulos, la hará accesible desde cualquier lugar del mundo y mostrará todo su
potencial como material educativo.

Comisión Directiva - Comité Editorial


Biblioteca Fundamentos de la Construcción de Chile

-v-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 5 26-09-12 13:20


San Román S., Francisco Javier 1838-1902
918.314 Desierto y cordilleras de Atacama/ Francisco Javier San Román S.;
S196d [editor general, Rafael Sagredo Baeza]. –[1ª ed.]–. Santiago de Chile: Cáma-
2012 ra Chilena de la Construcción: Pontificia Universidad Católica de Chile:
Dirección de Bibliotec ­ as, Archivos y Museos, c2012.

liii, 461 p.: il., facsím., mapa, plano;


28 cm (Biblioteca fundamentos de la
Chile); v. 59
construcción de
Incluye bibliografías.
ISBN: 9789568306083 (Obra completa) ISBN: 9789568306892 (tomo lix)
1. Desierto de Atacama (Chile).– I. Sagredo Baeza, Rafael, 1959- ed.

© Cámara Chilena de la Construcción, 2012


Marchant Pereira 10
Santiago de Chile

© Pontificia Universidad Católica de Chile, 2012


Av. Libertador Bernardo O’Higgins 390
Santiago de Chile

© Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, 2012


Av. Libertador Bernardo O’Higgins 651
Santiago de Chile

Registro Propiedad Intelectual


Inscripción Nº 219.172
Santiago de Chile

ISBN 978-956-8306-08-3 (Obra completa)


ISBN 978-956-8306-89-2 (Tomo quincuagésimo noveno)

Imagen de la portada
Paisaje del desierto de Atacama

Derechos reservados para la presente edición

Cualquier parte de este libro puede ser reproducida


con fines culturales o educativos, siempre que se cite
de manera precisa esta edición.

Texto compuesto en tipografía Berthold Baskerville 10/12,5

Se terminó de imprimir esta edición, de 1.000 ejemplares,


del tomo lix de la Biblioteca Fundamentos de la Construcción de Chile,
en Versión Producciones Gráficas Ltda., en julio de 2012

Impreso en Chile / Printed in Chile

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 6 26-09-12 13:20


FRANCISCO J. SAN ROMÁN S.

DESIERTO Y CORDILLERAS
DE
ATACAMA

Santiago de Chile
2012

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 7 26-09-12 13:20


Francisco Javier San Román S.
1838-1902

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 8 26-09-12 13:20


francisco san román y su obra

FRANCISCO SAN ROMÁN


Y SU OBRA
José Antonio González Pizarro

La vida y obra
de Francisco San Román en Copiapó

U n hombre cuya obra principal va a estar relacionada con el espacio y las cor­
dilleras del desierto de Atacama, no pudo tener mejor cuna, que la ciudad de
Copiapó. El viejo poblado colonial se constituyó en una localidad crucial para la
actividad minera y en asiento de todas las expediciones hacia el desierto de Ata­
cama en el siglo xix. Lo había sido ya bajo el dominio hispano.
Francisco Javier San Román San Román nació en Copiapó en 1838, en el seno
del matrimonio conformado por Francisco San Román Navarro y Presentación San
Román, ambos originarios de Argentina, donde el padre de nuestro autor ha­bía sido
gobernador de la provincia de San Juan en 18251. Al igual que otros ar­gen­tinos, el
progenitor encontró asilo en Chile huyendo de la dictadura de Juan Ma­nuel de Rosas.
Creció en un ambiente cargado de remembranzas trasandinas, dado que su
pa­dre vino acompañado de su hermano Julián San Román, y que la presencia ar­
gen­tina era constante. Así, por ejemplo, la provincia de Atacama, de acuerdo con
el censo de 1854, contaba con una significativa presencia de argentinos –8.389
individuos de 9.682 extranjeros– en el marco de un total de 50.690 habitantes en
la región, representando aproximadamente el 15% de la población2.
Al momento de nacer, Copiapó pertenecía a la provincia de Coquimbo con
capital La Serena, la que había sido sancionada por el Congreso Nacional el 29 de

Pedro Pablo Figueroa, Diccionario biográfico de Chile, p. 232.


1

María Angélica Apey, “Un siglo de minería en Atacama y su impacto regional: 1830-1930”, p.
2

68. No podemos dejar de mencionar la labor de un viejo amigo, ya desaparecido, Oriel Álvarez Gó-
mez, que brindó un panorama de la veta minera como de la contribución intelectual de las tierras de la
provincia de Atacama a la cultura y vida económica del país en su obra Atacama de Plata, no olvidando
la fuerte presencia trasandina como tampoco a Francisco Javier San Román. Cf. Oriel Álvarez Gómez,
Atacama de Plata, pp. 105, 122, 178-179.

-ix-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 9 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

agosto de 1826. Recién el 31 de octubre de 1843 surgió la provincia de Atacama,


que tuvo por capital a Copiapó.
Hasta el año 1865 Copiapó experimentó un crecimiento urbano cuyo corre-
lato se vio registrado en un delineamiento arquitectónico que reflejó la nueva ri-
queza minera, donde carpinteros, jefes de obras y contratistas de Inglaterra y Esta-
dos Unidos de América, traídos por los empresarios de la región durante el auge
minero-metalúrgico, dejaron su impronta en las majestuosas residencias, edificios
de uso público y la construcción de iglesias de estilo neoclásico en su versión an-
glosajona3.
En este ambiente social y urbano se formó y desplegó la personalidad Francis-
co Javier San Román.
Su educación la recibió en su ciudad natal, siendo un destacado alumno del
Colegio de Minería. Cabe hacer notar que Copiapó, gracias al impulso minero de
Chañarcillo, descubierto por Juan Godoy en 1832, y a la visión de sus empresarios,
a través de la Junta de Minería, desde 1848, había hecho esfuerzos por establecer
un colegio de minería4. El modelo observado en La Serena fue un aliciente. Repa-
remos que el industrial Carlos Lambert en 1838 había contratado al polaco Ignacio
Domeyko para impartir los cursos de Química y Mineralogía en el Instituto Na-
cional Departamental de Coquimbo, después transformado en el liceo de hombres
de La Serena. Desde ese lugar, se convirtió en el “padre de la enseñanza de la in-
geniería de minas de Chile”5 . Precisamente, la Junta de Minería de Copiapó logró
contar con su colegio de minería, por decreto gubernamental de Manuel Montt de
11 de abril de 1857. Detrás de la decisión estuvo la influencia de Ignacio Domeyko.
El Colegio de Minería impartió los conocimientos imprescindibles para poder
desenvolverse en las faenas mineras, a través del título de Mayordomos de minas.
Como refiere Edmundo Pérez, los cursos impartidos se dividían en dos, los prepa-
ratorios con una duración de dos años y los especiales con tres6. A partir de 1875
la Universidad de Chile autorizó a la Escuela de Minas para otorgar el título de
ingeniero de minas7.
Premunido de tan sólida preparación minera, prosiguió sus estudios ingenieri-
les “con lucidez en la Universidad del Estado”, obteniendo su título de ingeniero

3
Hernán Edwards-Patricio Gross, “Desarrollo urbano y arquitectónico de Copiapó”, pp. 137-190.
4
La importancia de Chañarcillo en el impulso de Copiapó fue enorme. Carlos María Sayago,
Historia de Copiapó, le destinó el capítulo xvii al mineral.
5
Cf. Claudio Canut de Bon-Antonio Carvajal, “Domeyko en La Serena (1838-1846)”.
6
Edmundo Pérez Z., “Notas para una monografía de la Escuela de Minas de Copiapó”. La ense-
ñanza de las ingenierías en aquel tiempo, mediados del siglo xix, pudo recibir su profesionalización
por la Universidad de Chile, gracias a Ignacio Domeyko, en 1853. Como acota Sol Serrano, Universidad
y nación. Chile en el siglo xix, pp. 208-209: “El nuevo programa comprendía los títulos de ingeniero
geógrafo (que reemplazaba al de agrimensor), ingeniero de minas, ingeniero de puentes y caminos,
ensayador general y arquitecto”. En 1865 el título de ensayador general fue reemplazado por el de
in­geniero de minas.
7
Augusto Millán, La minería metálica en Chile en el siglo xix, p. 67.

-x-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 10 26-09-12 13:20


francisco san román y su obra

de minas8. Empero, retornó a su suelo natal, vinculándose a la docencia en el Co­


legio de Minería de Copiapó, en una de las cátedras del curso de Matemáticas. No
dejó de lado su actividad profesional privada, por lo que se le encuentra ligado tan-
to al mundo minero como a las iniciativas ferroviarias de la zona y en el desierto de
Atacama, donde Chile ejercía soberanía. Durante estos años, Chile va a habilitar al
sur del paralelo 24 la caleta de Paposo como puerto menor el 21 de junio de 1865,
y a Taltal, a instancias del industrial minero José Antonio Moreno, que fue habili-
tado el 12 de julio de 1858 para el comercio de embarque de minerales.
Fue una época que le permitió no sólo aquilatar las diversas leyendas sobre
lo minero, las proezas de hombres ilustres de su tierra, la herencia de inventos e
ingenios para la actividad metalúrgica, sino, también, adentrarse en los diversos y
complejos afanes de la explotación del cobre, de la plata y del oro, que rememoró
en su notable Reseña industrial e histórica de la minería i metalurjia de Chile.
Consciente de que el ámbito minero se nutre de mitos y fabulaciones –los fa-
mosos “derroteros” de principios de la república, el de Tres Portezuelos de Fermín
Guerra y “alimentado” por el manuscrito del cura Prieto o el de Nicolás Naranjo
y Vargas, que se ahogó en diciembre de 1806 que, en la versión de Carlos Sayago,
encontró una veta de oro entre las costas de Cobija y Paposo y cuyo secreto se
perdió junto con él9–. Por su formación técnica, se alejó de aquellas leyendas que
asoció

“a la relación pintoresca y animada de las tradiciones y la leyenda, de la fantasía


y romanticismo en que está envuelta la historia de nuestros descubrimientos y
sucesos mineros, ya transmitida además al conocimiento público por Jotabeche,
Sayago y Vicuña Mackenna, preferimos la simple enumeración cronológica de los
hechos”10.

En las páginas del volumen indicado, hizo un elogio merecido a los hombres
y a las instituciones de las tierras de su provincia. Los cateadores merecen todo
su reconocimiento. A uno de ellos, que sembró fama en el desierto de Atacama,
Diego de Almeida, le dedicó páginas de honor:

“El inolvidable don Diego de Almeida, infatigable explorador y descubridor, en­ri­


quecía al país con otro hallazgo (años 1825) de trascendental importancia a in­me­

8
Comisión de Redacción, “Francisco San Román”, p. 197. Es muy probable que el obituario haya
sido redactado por Luis Riso Patrón, en aquel tiempo ocupado de la demarcación de límites con Boli-
via, para lo cual –se desprende del artículo– conoció los papeles de Francisco San Román y alternó con
él en sus últimos meses de vida.
9
Sayago, op. cit., pp.395-397. Esta leyenda, de la cual se hizo eco Manuel Concha, en su Crónica
de La Serena, con asidero en la realidad, sigue presente entre los habitantes nortinos de la costa. Para
los antofagastinos, el famoso derrotero de “Naranjo o de la caleta” podría ubicarse en las cercanías del
cerro Coloso, al sur de la ciudad de Antofagasta, cuyo primer poblador fue el copiapino Juan López,
en 1866.
10
Francisco J. San Román, Reseña industrial e histórica de la minería i metalurjia de Chile. Escrita
por encargo de la Comisión Directiva de la Exposición de Mineria i Metalurjia, p. 39.

-xi-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 11 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

diaciones del puerto de Chañaral, consistente en un magnífico sistema de filones


reales que hasta el día son objeto de importante explotación y seguirán siéndolo
todavía por muchos años”11.

Salinas Punta Lobos. Después de la tronadura. I Región. Colección Archivo Fotográfico, Museo Histó-
rico, Santiago de Chile.

La figura del llamado “loco Almeyda” trascendió en el tiempo. Entre otras razones
porque ayudó a orientarse al alemán Rodulfo A. Philippi, cuando emprendió su
viaje al desierto de Atacama en el verano de 1853-185412.
A otro hijo de Copiapó, José Antonio Moreno, lo rescata del olvido de haber
contribuido a la transformación de la parte meridional del desierto de Atacama. Y
escribe con pesadumbre sobre su hazaña:

“La época de prosperidad que abrió las puertas del desierto de Atacama a la po­
blación y a la actividad industrial por el año 1853, constituye la parte culminante
de la historia minera del cobre en la provincia de Atacama. En el mismo terreno
donde se vio tanta animación y de donde surgieron tantos valores para el acrece­n­
ta­miento de la fortuna pública de Chile, yacen hoy los restos inanimados de aquella
vida industrial que fue fatal y abandonada de manera prematura en el primer
debilitamiento de su vigorosa actividad. Durante la época de mayor prosperidad
de la minería del cobre en Chile, un inteligente y progresista industrial y minero de
Copiapó, José Antonio Moreno, llevó a cabo con sus propios recursos y con éxito
favorable la atrevida empresa de explorar y poblar el entonces árido territorio de
Atacama. Fundó un pueblo en la bahía de Taltal, otro en Paposo y un tercero en

11
San Román, Reseña..., op. cit., p. 334.
12
Remito a Rodulfo Amando Philippi, Viaje al desierto de Atacama, pp. xxiii-xxiv.

-xii-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 12 26-09-12 13:20


francisco san román y su obra

El Cobre, y desde esos tres puntos de apoyo en la costa marítima, emprendió la


conquista industrial del desierto, construyendo caminos y abriendo aguadas. Envió
expediciones de cateo en todas direcciones, trabajó gran número de minas de cobre
y plata, fomentó el comercio y fundó establecimientos de fundición de cobre. La
riqueza de las minas descubiertas fue excepcional tanto por la abundancia como
por la alta ley de los minerales, en especial en los grupos de Paposo, donde la mina
‘Reventón’ ofreció uno de los casos más extraordinarios en la historia minera del
mundo”13.

La gran contribución de la Junta de Minería de Copiapó, después de llevar


registro de la estadística minera de la zona y sostener un cúmulo de obras públicas,
fue preservar y mantener la competencia ingenieril del Colegio de Minas, donde
se conjugaban teoría y práctica, ambas reconocidas por Francisco J. San Román.
Sobre lo primero anota:

“Son los más notables o únicos trabajos estadísticos sobre minería los que inició y
llevó por algún tiempo a cabo la antigua ‘Junta de Minería’ de Copiapó (en mala
hora suprimida) bajo la dirección de don Juan José Gormaz. Este primer ensayo
dio por resultado la publicación de un importante volumen de 351 páginas en folio,
en que se comprendía toda la estadística minera de la provincia de Atacama desde
1843 a 1873, considerada en todos sus ramos. En 1877, bajo la administración del
intendente de la provincia don Guillermo Matta, la publicación de la ‘Estadística
Minera’ fue reemplazada por otra que llevó por título ‘Anales de la Junta de Minería’
de Copiapó, destinada al mismo objeto de llevar nota del movimiento minero a
la vez que a estimular la afición a los estudios mineros, científicos e industriales, y
ofrecer un órgano de publicidad a los informes periciales y documentos de interés
concernientes a la minería y metalurgia”14.

Gracias al sabio Ignacio Domeyko, escribe:

“la mineralogía de Chile tiene su punto de partida, su propia historia y sucesivo


des­arrollo casi exclusivamente ligado a la sola persona de don Ignacio Domeyko.
Cuan­do el ilustre maestro llegó a Chile, en 1838, apenas dos de nuestras especies mi­
ne­ralógicas, la apetecida plata córnea, analizada por el químico Proust, en Inglaterra,
y la hermosísima atacamita, anunciada por Klaproth en Alemania, constituían el

San Román, Reseña..., op. cit., pp. 351-352.


13

Op. cit., p. 40. Su mayor elogio lo consignó en su obra mayor, Desiertos y cordilleras de Atacama,
14

cuando hizo el parangón entre la Sociedad Nacional de Minería y la Junta de Minería de Copiapó.
Escribe: “Otra pomposa institución, la Sociedad Nacional de Minería, podría ser muy buena, pero au-
xiliada de otras cooperativas como las ‘Juntas de Minería’ provinciales, calcadas sobre el modelo de lo
que por tantos i prósperos años funcionó en Copiapó i a cuya iniciativa se debieron colegios, escuelas,
hospitales, caminos, estadística, policía i administración: todo por las minas i para las minas. Institución
respetabilísima que no costaba ni un céntimo de sacrificio al erario público i gozó de crédito i respeto en
todos los tiempos hasta que la política tomó cartas en ella i la disolvió dejando desde entonces en ruinas
i abandono las benéficas obras del civismo i espíritu público del gremio de mineros que por tantos años
fue fecunda de bienes i recursos para la minería”. Véase más adelante p. 134 .

-xiii-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 13 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

catálogo de nuestra mineralogía en el extranjero. Carlos Darwin había ya tomado


nota de la interesante amalgama nativa de Arqueros, en 1835, pero Domeyko fue
el primero en describirla en 1840, dándole el nombre de arquerita. Toda esta labor
fue resultado del ejercicio de su profesorado en los ramos de química y mineralogía
en el colegio de La Serena, teatro que escogió el sabio por residencia para vivir
allí entregado a la especialidad de sus estudios, compartiendo las tareas de la
enseñanza en la cátedra con la escuela práctica de los viajes a las montañas y los
trabajos químicos en el laboratorio”15.

La escuela teórico-práctica que implementó Ignacio Domeyko en La Serena,


con visitas al Colegio de Minas de Copiapó, fue proseguida en esta última locali-
dad por los sucesivos directores. Esto es lo que valora Francisco San Román. El
método metalúrgico del danés Kröhnke fue desarrollado en Copiapó, alcanzando

“su mayor grado de perfección bajo la dirección técnica del decano de los bene­
fi­ciadores copiapinos Telésforo Mandiola y sus discípulos, entre los cuales, séame
permitido nombrar a don Santiago Muruaga, distinguido ingeniero, a don Néstor
Ramos y don Benito Soto, de quienes más directamente doy los datos de propia
experiencia”16.
De su propio Colegio de Minas, destaca a:

“don Samuel Valdés, distinguido ingeniero de minas que desde su cátedra del Co­
legio de Minería de Copiapó pasó, con su adecuada preparación teórica, a la es­
cuela práctica del beneficiador. Fue otro innovador de aquellos tiempos, 1865, y
el procedimiento que lleva su nombre se extendió a las naciones vecinas a donde
todavía está establecido, con más o menos modificaciones”17.

En este contexto la alabanza al trapiche nacional y su contribución a los lavaderos


auríferos, le exigió algunas páginas18.
Empero, este espíritu pragmático que dominaba en Francisco San Román, lo
hará lamentar el desaprovechamiento de los asientos mineros que habían susten-
tado ciudades, para edificar una sociedad de mayor bienestar tanto material como
intelectual y un entrelazamiento de los beneficios mineros con la inculcación en
los jóvenes de la curiosidad científica y el refinamiento estético. Y fue cuando se
desempeñó como delegado chileno en el Quinto Congreso Geológico verificado

San Román, Reseña..., op. cit., p. 40.


15

Op. cit., pp. 42-43.


16

17
Op. cit., p. 304.
18
Op. cit., p. 290. El trapiche evolucionó desde la Colonia “un tosco madero vertical, mal ajustado
y bamboleante entre sus enclenques soportes; un codo de lo mismo e igualmente desvencijado, para
empujar la mal torneada voladora de piedra que rodaba sobre sí misma y en torno del árbol, compri-
miendo con todo su peso el mineral que se arrojaba a pala sobre la solera o fondo de la taza, hecho
también de piedra –hasta ser exhibido en la Exposición de Chicago, hacia fines del siglo xix– impo-
nente aparato de dobles y enormes voladoras de acero, con soleras formadas de una serie de anillos
concéntricos del mismo duro metal y movido por fuerza de vapor o hidráulica”.

-xiv-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 14 26-09-12 13:20


francisco san román y su obra

en Washington en 1891, que puso en contraste el progreso de la ciudad de Denver


con su lugar de origen, Copiapó. Entonces anota con indisimulada admiración:

“Así Denver, fundada por un grupo de mineros posee cientos de millas de canales
de irrigación y gran número de pozos artesianos e infinitos pozos comunes, con
sus indispensables molinos de vientos. Qué decir del grado adquirido en bienestar
social, en las amenidades de la cultura intelectual que hace agradable la vida, en
el estudio de las ciencias y el cultivo de las artes. ¡He ahí una ciudad minera digna
de ejemplo¡ ¡He ahí la metrópolis nacida de las minas, fomentada por la industria
minera bien entendida y bien aplicada, al pié de los Andes de la América del
Norte y en pleno desierto del Colorado¡ ¡Copiapó! ¡Copiapó! –se repetía para sus
adentros el delegado de Chile– ¡que pudieras haber aprovechado siquiera una
sombra de tus malogradas riquezas!”19.

Contrajo matrimonio con Carolina Orrego Cortés, en Copiapó, el 29 de di-


ciembre de 1864. Tenía veintiocho años y Carolina diecinueve años20. Su esposa
era hija de D. José Miguel Orrego y doña Mercedes Cortés. El matrimonio San Ro-
mán-Orrego tuvo una amplia descendencia, alternando un hombre y una mujer:
Elvira, Alberto, Elena, Julio, Carolina, Horacio, Josefina, José Miguel y Virginia21.
Su principal biógrafo, Pedro Pablo Figueroa, refiere que se trasladó a Argentina,
donde vivió en Buenos Aires hasta 1883, año en que se le encomendó llevar a cabo
la Comisión Exploradora al Desierto de Atacama.
Entre su matrimonio y su residencia en Argentina, acometió algunos trabajos
de mucho interés para su provincia. Es indudable que la suerte no le sonrió en la
búsqueda de vetas o filones que mejoraran su vida personal y familiar, aunque no
cejó en interesarse más allá de la demarcación provincial de Atacama, quizá, en-
trampado, como todo hombre nortino y minero, en el golpe de suerte de la fortuna
minera. Lo suyo, en todo caso, era el de afanarse en trabajos que exigieran método
y rigor. Y los encontró en su tierra.
Durante estos años la región de Atacama debió encarar dos conflictos rela-
cionados con la administración de Manuel Montt: la guerra civil de 1851, donde
Copiapó apoyó a las fuerzas oficialistas contra el levantamiento de La Serena y
Concepción, y la de 1859, donde encabezó la resistencia contra el autoritarismo
de Manuel Montt22. No se sabe de su conducta política en este último aconteci-
miento.

19
Francisco San Román, “Misión a los Estados Unidos. Viajes de Estudio”, pp. 420-421.
20
Archivo Central Diocesano de Copiapó, Obispado de Copiapó, parroquia de Nuestra Señora
del Rosario, libro N° 31, p. 327. Agradezco la gentileza a la encargada del archivo, Srta. Lissett Hidalgo.
21
La información nos ha sido proporcionada por una bisnieta de nuestro biografiado, doña María
Mercedes Zaldívar San Román, académica de la Universidad de Chile, quien, además, nos ha facilitado
las fotografías de Francisco San Román, a quien agradecemos su fina atención en brindarnos noticias de
su ilustre antepasado. Del hijo, Horacio San Román, se encuentra información en Empresa Periodística
Chile, Diccionario biográfico de Chile, p. 591.
22
Sobre ambos conflictos, véase Benjamín Vicuña Mackenna, Historia de los diez años de la adminis-
tración de Montt y Sergio Villalobos, Pedro León Gallo. Minería y política.

-xv-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 15 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

El ingeniero Enrique Kaempffer, que trabajó con él, refiere que poseía “un
carácter afable, era justiciero” y, al parecer, sus ideas políticas no las ventiló más
allá del círculo familiar y de amistades23. Sus convicciones en política económica
se inclinaron, según refiere Enrique Kaempffer, hacia la “nacionalización de la
Industria Salitrera”24. Manifestó ideas liberales y fue crítico de la influencia clerical

23
Enrique Kaempffer, La industria del salitre i del yodo, p. 151.
24
Op. cit., p. 152.

-xvi-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 16 26-09-12 13:20


francisco san román y su obra

en la vida nacional, como lo dejó traslucir en su principal obra. Una excepción fue
su conducta durante la guerra civil de 1891.
La actividad ferroviaria le atrajo sobremanera. No escapó al embrujo de que
el primer ferrocarril chileno fuese el de Copiapó a Caldera –inaugurado el 25 de
diciembre de 1851–, y que uniera los nombres de Guillermo Wheelwright y de la
copiapina Candelaria Goyenechea de Gallo25. A Francisco San Román se le ve vin-
culado a la Compañía Ferrocarril de Copiapó en 1873, cu­ya rentabilidad ese año
se vio afectada por dos factores: el precio del carbón de piedra, que gravitó en los
gastos de explotación de dicho transporte, y el descubrimiento del nuevo mineral
de plata La Florida en Chañaral, que incidió en la merma del flujo demográfico
minero. Aspectos muy sensibles tanto para el comercio de Copiapó, que llegó a
estar paralizado durante julio-octubre de 1873, como por el abandono de las minas
del departamento de Copiapó, todo lo cual hizo disminuir de modo significativo el
tráfico del ferrocarril. Su gestión, en todo caso, dejó utilidades equivalentes al 7%
sobre el capital26. No desmayó su confianza en el transporte ferroviario y durante
la administración de Federico Errázuriz logró el apoyo institucional tanto de la mu-
nicipalidad de Copiapó como de la Junta de Minería de la ciudad, para empren-
der, con mucha visión, una iniciativa que debía unir todo el centro de Argentina
con el ferrocarril de Copiapó y Caldera, o sea, un corredor bioceánico. Para ello,
logró obtener en la nación de José de San Martín la concesión del “proyecto de
ferrocarril trasandino por el norte, vía de San Francisco” y con ella presentó ante
el presidente de la República de Chile su ofrecimiento:

“De encargarnos de la construcción y explotación de la parte de aquel mismo pro­


yecto que corresponde al territorio de Chile, comprendida desde Puquios, extremo
del ramal noroeste del ferrocarril de Copiapó a Caldera hasta tocar el límite ar­
gen­tino sobre la cordillera de los Andes. Esta empresa destinada a establecer la
co­municación interoceánica desde el Río de la Plata y el Paraná por medio del
fe­rrocarril gran central argentino prolongado hasta unirlo con el de Copiapó y Cal­
dera, es la misma que durante muchos años meditó y procuró llevar a cabo Gui­
llermo Wheelwright y a cuyo objeto dedicaba sus esfuerzos cuando la muerte vino
a arrebatarnos con él el poderoso concurso de su influencia y prestigio. Si esta
obra no importara para el país más que la realización de una idea de reconocida
utilidad pública, tendría más que suficiente motivo para esperar el auxilio del Es­
tado. Pero ella envuelve todavía razones de otro género que nos permitiremos
ex­poner brevemente. La industria minera, que en su desarrollo imprime tan activo
movimiento al comercio y a las demás industrias, se sostiene casi exclusivamente
por la facilidad y economía en el acarreo, siendo esta condición la que permite
ob­tener víveres y materiales a precio módico y enviar a poco costo los minerales
has­ta los lugares de expendio. El ferrocarril a Chañarcillo mantuvo por largos
años una abundante explotación de metales que yacían sin valor y dio lugar a la

Ian Thomson y Dietrich Angerstein, Historia del ferrocarril en Chile, pp. 25-29.
25

Noticias sobre esto, se encuentra en Francisco San Román, Informe relativo a los negocios de la
26

Compañía Ferrocarril de Copiapó. Desde enero 1 hasta diciembre 31 de 1873.

-xvii-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 17 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

apli­cación del vapor a las máquinas de extracción. Esta es la obra exclusiva de la


acción particular. Construcción y reparación de caminos, gastos en la admi­nis­tra­
ción pública y en el sostenimiento de la policía en los distritos mineros, de­man­dan
sumas que todavía costea el gremio de mineros”27.

La crisis que afectaba al sector minero exigía el concurso del aval del Estado,
“para procurarse mediante su garantía los capitales que de otra manera no con-
seguirían”, y para ello exhibía la estadística del posible intercambio entre ambos
países: maíz, cebada, pasto aprensado, tabaco, frutas secas, charqui, quesos, jabón,
carbón vegetal y leña se agregaban al movimiento de ganado mayor –cuarenta mil
cabezas por año–, a los que había que sumar todo el ramo de metales y sales mi-
nerales, siendo el rubro más significativo el de los pasajeros –calculado en ochenta
mil al año– todo lo cual arrojaría un ingreso anual de $410.000. El ferrocarril sería
de una sola vía,

“un metro de ancho, con rieles cuyo peso no baje de 25 kilógramos por metro, so­
bre durmientes de madera, y todo el material y tren rodante de buena clase”28.

No obstante, el país se encontraba en una difícil situación económica y finan-


ciera, la caída del precio del cobre y del trigo y la sequía prolongada que afectó a la
agricultura, fijaron un rumbo pesimista en el bienio 1875-1876. La propia actividad
minera se vio afectada en su productividad por la diseminación de sus explotacio­
nes, la falta de innovaciones metalúrgicas y un marco legal insuficiente para las
gran­des inversiones29. La empresa del Ferrocarril de Copiapó debió encarar la
crisis del rubro minero en la provincia de Atacama durante la década de 1870, y,
paradojalmente, su maestranza, situada en Caldera, siguió obteniendo utilidades,
gra­cias a la demanda de los productores mineros sobrevivientes y de otras provin­
cias30. En dicho contexto, el proyecto que representaba Francisco San Román que-
dó frustrado.
Además de su nexo con el ferrocarril de Copiapó a Caldera, también pudo
desempeñarse como perito mensurador para distintos gobiernos provinciales de
la república Argentina. En un informe evacuado en abril de 1876 hace saber al
ministro de gobierno de la provincia de Mendoza, Ángel Ceretti:

“Tengo el honor de contestar a la nota de U.S., fecha 22 de febrero, con motivo


del nombramiento recaído en mi persona para dar la mensura de las minas de la
‘Choica’, en calidad de perito, asociado al señor Diputado de Minas de la Provincia.

27
Francisco San Román, Proyecto de Ferrocarril trasandino por el Norte para comunicar el Gran Central
Arjentino con el de Copiapó i Caldera, pp.1-2. Presumiblemente fue editado entre los años 1874 o 1875.
28
San Román, Proyecto..., op. cit., p. 4.
29
Véase, Luis Ortega Martínez, Chile en la ruta al capitalismo. Cambio, euforia y depresión 1850-1880,
“Una coyuntura difícil, 1875-1879”, pp. 403-428.
30
Julio Pinto Vallejos y Luis Ortega Martínez, Expansión minera y desarrollo industrial: un caso de
crecimiento asociado (Chile 1850-1914), p. 82.

-xviii-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 18 26-09-12 13:20


francisco san román y su obra

Al mismo tiempo me insinúa U.S., a nombre del señor Gobernador de la provincia,


el deseo de tener un informe pericial sobre la importancia de las minas que han sido
objeto de aquellas diligencias. En otra ocasión he tenido el honor de desempeñar
comisiones de la misma naturaleza por nombramiento del Gobierno Nacional
de aquella República, y rogaría a U.S. se sirviera elevar también al conocimiento
del Supremo Gobierno este nuevo trabajo sobre la minería argentina, por cuyo
fomento y progreso me anima siempre el más vivo interés”31.

Una vez descartada, al parecer, su residencia en Atacama, una región sujeta a


los vaivenes de la actividad minera –que estaba en crisis–, y vistas las dificultades
de conseguir apoyo del gobierno a su proyecto del ferrocarril trasandino, conjetu-
ramos que decidió emprender rumbo hacia el país vecino donde tenía familiares.
Pedro Pablo Figueroa asevera que su destino fue Buenos Aires. Se ha hecho
notar, que sus padres estaban “vinculados a respetables familias de la capital de
esa república (Argentina)”32. Sabemos que permaneció por un tiempo en alguna
provincia donde sus servicios periciales fueran conocidos, hasta arribar a la capital
federal. Largos años residió en Argentina, por lo menos ocho, hasta abril de 1883.
Entonces fue llamado por el gobierno chileno para dirigir la Comisión Explorado-
ra del Desierto.

Atacama hasta la obra de Francisco San Román

En los comienzos de la república el desierto de Atacama constituía para los chile­


nos un paisaje sin mayor valor. Era una referencia lejana, carente de concitar emo­
ciones y menos ideas al respecto. En nuestras constituciones políticas, desde 1822,
figuraba como la frontera natural septentrional del país.
Sin embargo, todo comenzó a cambiar. Las relaciones con Bolivia movieron
a litigio sobre el territorio. La ley sobre las guaneras de 1842 permitió tener una
primera visión de la importancia que poseían las costas que bañaban al desierto de
Atacama. El presidente Manuel Bulnes, en su Mensaje al Congreso de 1842 anun-
ció el interés gubernamental de formar una comisión exploradora hacia el desierto
de Atacama. En ella participaron Bartolomé y Constantin Navarrete, que recorrie-

31
Francisco J. San Roman, Informe al Gobierno de Mendoza sobre las minas de la Choica i del cajón de la
Fortuna, en la misma Provincia, p. 3. No deja de ser importante la relación habida entre Francisco San
Román y los más experimentados mineros de Copiapó. Uno de ellos, Tomás Bobadilla, “chileno, anti-
guo y experimentado minero de Copiapó” organizó una compañía de cateo en el verano de 1874-1875
hacia las montañas andinas del sur de Mendoza, descubriendo en “el arroyo de la Choica, Cajon de la
Fortuna, la mina llamada Descubridora, cuyo pedimento fue presentado y proveído en Mendoza ante la
Diputación de Minas de la provincia a los pocos días después”. Y anota que, además de la razón de las
distancias que hacen preferible la vía de Chile para la venta y exportación de los metales, “hay también
a favor de los mineros de la Choica, la circunstancia de ser aplicable para ellos la ley que exime de
derechos de exportación a las pastas procedentes de minerales importados del extranjero”, San Román
Roman, Informe al Gobierno..., op. cit., p. 15.
32
Comisión de Redacción, op. cit., p. 197.

-xix-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 19 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

ron el desierto de Atacama, de la enton-


ces provincia boliviana de Atacama, y
las regiones de Copiapó y Coquimbo.
Era necesario saber de sus recur­sos na-
turales. Esto abrió un conflicto diplomá-
tico entre Chile y Bolivia. Se sucedieron
los tratados internacionales, de 1866 y
de 1874, entre ambos estados, para fijar
los límites en el páramo, ahora con el
co­nocimiento de otro importante recur-
so: el salitre33.
Importa detenernos en la secuencia
del conocimiento científico del desierto
de Atacama, sobre el que se acomodará
la contribución de Francisco San Román.
El desierto vio desfilar una serie de
hombres de ciencia, de distintas discipli-
nas, como también exploradores y via-
jeros que dejaron registros e impresio-
nes de variada índole y disímiles en su
valor científico. Unos llamaron la aten-
ción sobre las condiciones climáticas y
lo adverso del territorio para el hombre.
Otros apuntaron a fijar la mirada en las
ex­plotaciones mineras existentes y en
las potencialidades de nuevos hallazgos.
No faltaron los que repararon en la vida humana esparcida desde tiempos inme-
moriales en la costa –los famosos changos–, como en los faldeos cordilleranos,
agrupados en villorrios tanto prehispánicos como coloniales. Fueron visiones que
respondieron a la cultura de su época. Y en dicho marco, se impusieron las mira-
das y perspectivas europeas.
El territorio del desierto de Atacama era muy conocido por las etnias origina­
rias. Un aprendizaje obtenido en su deambular en esta complementariedad de
pisos ecológicos existentes entre la costa y las tierras altas del páramo. Era un sa-
ber espontáneo combinado con la práctica. Los propios descubrimientos mineros
lo avalaban, tanto en pleno desierto como en la provincia de Atacama. La mejor
expresión era el conocimiento indígena de Chañarcillo que nunca reconoció Juan
Godoy. Lo mismo puede decirse de Caracoles en 1870.
La llegada de los hispanos y, en el período republicano, de los exploradores,
empresarios y hombres de la técnica supuso un cambio epistemológico de lo que
se va a entender por desierto de Atacama. El tránsito de cronistas, exploradores,

33
Cf. José Antonio González Pizarro, “Chile y Bolivia (1810-2000)”, en especial el apartado “El
valor de un despoblado y la herencia de unos títulos”, pp. 341-354.

-xx-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 20 26-09-12 13:20


francisco san román y su obra

viajeros y científicos por el paisaje del desierto implicó la dualidad de apreciar éste
desde dos niveles perceptuales:
a) lo visto y vivenciado y su comparación con el paisaje del cual provenían
éstos;
b) la descripción del paisaje en orden a su utilidad para el ser humano, sus
ras­gos de inhabitabilidad y los criterios de ideal de lo observado.
El cúmulo de informaciones nos revela no sólo el trasfondo de sus periplos
sino el paradigma científico en boga. Va a constituir la diferencia de categorías en
cuanto a la certeza, entre aquellos viajeros que jamás vieron el páramo en su ple-
nitud, el hinterland, de los que tuvieron la experiencia de vivenciarlo y atravesaron
el yermo legando sus relatos. De igual modo, los fines que animan a explorar el
desierto afectan la intencionalidad del relato. Esto se extrema cuando se asiste a un
conocimiento atingente al territorio, como ser los ingenieros de fines del siglo xix
y sus instrumentos, de uno que es un mero registro circunstancial, el diario de un
soldado de la Guerra del Pacífico. Todo esto conjuga la construcción de un discur-
so implícito sobre la naturaleza y cultura del territorio que comentamos.
Las percepciones que pueden inferirse del tráfico de caravanas entre la costa
y la precordillera, estableciendo rutas y señalando, a través de geoglifos y petro-
glifos, el significado de tales senderos, nos refieren a un espacio abordado desde la
complementariedad de pisos ecológicos que es, a su vez, indisociable de la confi-
guración de lo cósmico, parte de la Madre Tierra, la Pachamama. Con ello se inau­
gura la visión genésica que se estrellará con la traída por los ingenieros chilenos, o
los europeos como Aquinas Ried o Johann Jakob von Tschudi. Es la visión donde
lo cósmico y lo hierático acompaña el paso de los pueblos y de las culturas prehis-
pánicas, reputadas en el siglo del “progreso” como expresiones de supersticiones,
leyendas, ejemplo de la ignorancia de la mentalidad primitiva.
Lo epistemológico en cuanto a esta relación hombre/naturaleza nos conduce
a establecer lo que Klaus Eder ha señalado como la construcción social de la tri-
dimensionalidad de la naturaleza cognitiva, normativa o simbólica34. La señalada
relación implica distinguir tres fases en la evolución de la reflexión/hacer del hom-
bre con el espacio:
1. La dimensión cósmico-sagrada, propia de los pueblos y culturas prehispánicas,
o culturas originarias, donde situamos a los atacameños y aimaras, que
cuidaron el equilibrio del uso del suelo en su acepción ecológica, pues el
desierto formaba parte de un orden mayor, el cosmos.
2. La dimensión naturalista-determinista, que aglutinó tanto a los primeros es­
critos que versaron sobre el páramo, los cronistas hispanos, por ejemplo,
Ge­rónimo de Vivar, como a los científicos de la alborada republicana, ma­
ni­festada en la obra de Rodulfo A. Philippi, que en su lectura de la rela­ción
en comento, observaron en general la “negatividad” del desierto, adverso
para la vida humana, dejando abierta, sin embargo, que la even­tualidad

34
Remito a lo expuesto por Klaus Eder, The Social Construction of Nature: A Sociology of Ecological
En­­lightenment.

-xxi-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 21 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

del hallazgo de un recurso natural significativo para la vida econó­mica pu­


diese alterar lo anotado a mediados del siglo xix.
3. La dimensión pragmático-utilitarista, fruto de la recepción de las ideas mo­der­
nas del siglo xix y que se proyectaron con fuerza durante todo el siglo xx. Fue
la establecida por los viajeros con algún interés puntual, por los pio­­neros del
desierto que exploraron su contorno en procura de la veta anhelada, por los
empresarios y trabajadores que arriesgaron sus destinos vi­tales por las enormes
riquezas mineralógicas y posibilidades de su explo­ta­ción sin medida, como
acento dual: de un progreso tecnológico y fe en su ca­pacidad de controlar la
naturaleza y de una inflexión radical en sus vidas y la posibilidad de construir
una nueva sociedad. Constituye la recepción de las ideas del positivismo cien­
tífico, evidenciado en las memorias de los in­genieros chilenos, como Ale­jan­
dro Bertrand o el propio Francisco San Ro­mán.
La visión que se desprende de los cronistas permite sopesar el impacto del
paisaje observado. El despoblado de Atacama se opuso a lo percibido en el valle
de Copiapó. Gonzalo Fernández de Oviedo, en su Historia general y natural de las In­
dias, con noticias allegadas, refiere que Diego de Almagro supo de los dos cami­
nos, siendo informado de “lo despoblado y estéril de la tierra. Y supo que por el de
Atacama habría cuarenta jornadas de despoblado y sin agua”. Pedro de Valdivia,
informó al Emperador en sus Cartas, que Copiapó es la primera población “pa-
sando el gran despoblado de Atacama”35. Lo visto y vivido por Pedro de Valdivia
fue refrendado por Gerónimo de Vivar, que fue testigo de la relación cultura-
naturaleza de la región atacameña. En su Crónica y relación copiosa y verdadera de los
reinos de Chile valoró los modos de ser del pueblo Lican antai, al estampar en su
obra que “era gente dispuesta y bien vestidos, como los del Perú”. En cuanto a la
tierra ponderó la riqueza minera observada:

“Hay en este valle de Atacama infinita plata y cobre y mucho estaño y plomo, y
gran cantidad de sal transparente. Hay mucho alabastro. Hay en sí mismo, muchos
y muy infinitas colores, colorado y azul, dacle ultramarino, que allá se nombra en
Castilla. Hay yodo excelentísimo. De la otra sal que se cría para bastimento co­
mún, hay en gran cantidad de salitrales y azufre”36.

Pedro Mariño de Lobera en su Crónica del reino de Chile alude a la dureza del
desierto de Atacama,

“cuya travesía es de ciento y veinte leguas, donde pasaron trabajos excesivos, por
ser muy estéril y sin género de yerba, ni agua, ni otro pasto para los caballos. Son

35
Cf. Gonzalo Fernández de Oviedo, Historia general de las Indias, p. 147; Pedro de Valdivia, “Car-
tas que trata del descubrimiento y conquista de Chile”, p. 26.
36
Seguimos la versión de Gerónimo de Bibar, Crónica y relación copiosa y verdadera de los reinos de
Chile, tomo 2. Importa tener presente de esta imagen primigenia –y más totalizante– del yermo, ex-
puesta por Gerónimo Bibar, los comentarios de Mario Orellana, La crónica de Gerónimo de Vivar y los
primeros años de la conquista de Chile y el interesante análisis de Sarissa Carreiro, “La crónica de Jerónimo
de Vivar y el sujeto colonial”, pp.31-55.

-xxii-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 22 26-09-12 13:20


francisco san román y su obra

tan ásperos y fríos los vientos de los más lugares de este despoblado, que acontece
arrimarse el caminante a una peña y quedarse helado y yerto en pie por muchos
años, que parece estar vivo, y así se saca aquí carne momia en abundancia”37.

Temprano los cronistas informan de los villorrios existentes, Atacama, Chiu-


Chiu, Toconao, Cobija, y de los accidentes geográficos de mayor significación,
como el Morro Moreno. Junto con relatar cómo se afianzaba su dominio, España
mostró una preocupación por señalar su topografía en los levantamientos que hizo
durante su imperio en estas tierras. Ya en el siglo xvii, la costa del despoblado se da
a conocer por el cronista Antonio Vásquez de Espinoza quien, hacia 1618, refiere
de la existencia de los puertos de Cobija, Tocopilla, el Morro y otros. Desde esa
fecha, Tocopilla va a ser conocida bajo otros topónimos como Bahía Algodonales
o Caleta Duendes.
Como hiciera notar Bente Bittmann, durante el siglo xvi los marinos y corsa-
rios ingleses Francis Drake, en 1579, Thomas Cavendish, en 1587 y Richard Haw-
kins, en 1593, repararon en la costa de la bahía San Jorge y en el Morro Moreno
y sus habitantes changos, no despertando en ellos mayor curiosidad el interior del
continente38.
Detrás de dicho saber se reflejaba la adscripción de los lugares a determinadas
jurisdicciones. Lo funcional del conocimiento geográfico no sólo fue de interés
para las materias de hacienda sino, también, para las político-administrativas. El
desierto de Atacama en lo eclesiástico dependió del obispado de Charcas. En lo
político-administrativo, el imperio español fijó los límites en el río Loa para separar
la jurisdicción del virreinato de Perú de la capitanía general de Chile39.
Los mapas del imperio español que dieron cuenta del desierto de Atacama
consignaron que en el siglo xviii era el límite entre la capitanía general de Chile
y el virreinato de Perú, como lo muestra el “Plano general del reino de Chile en la
América meridional”, elaborado en 1793 por orden del virrey de Perú Francisco
Gil de Tabeada Lemos y Villamaría; más tarde, el ministro de Marina de la corona
española Juan de Lángara ordenó publicar en 1799, en Madrid, la carta esférica de
la costa de Chile, levantada por la célebre expedición de Alejandro Malaspina40.

37
Pedro Mariño de Lobera, Crónica del reino de Chile, pp. 249-250.
38
Bente Bittmann, El Programa Cobija: Investigaciones Antropológico-multidisciplinarias en la Costa Cen-
tro Sur Andina: Notas Etnohistóricas, pp. 104-106.
39
La principal fuente jurídica del Derecho Indiano, Magestad Católica del Rey don Carlos II,
Recopilación de Leyes de los reinos Indias, estableció en su libro ii, título xv, en la ley 5, que la Audiencia
de Lima “tenga por distrito la Costa que hay desde dicha ciudad hasta el Reino de Chile exclusive, y
hasta el puerto de Paita inclusive y por la tierra adentro hasta el Collao exclusive por los términos que
se señalan a la Real Audiencia de la Plata”. Aun más, el Morro Moreno situado en la bahía de San Jorge
–donde se ubica Antofagasta– estaba bajo la jurisdicción en el siglo xviii del corregimiento de Copiapó,
refería Antonio Alcedo, Diccionario geográfico e histórico de América. También, Miguel Luis Amunátegui,
La cuestión de límites entre Chile y Bolivia, pp. 57-60; Miguel Hurtado Guerrero, Memoria sobre el límite
septentrional de la República de Chile, pp. 34-35.
40
Véase. Rafael Sagredo Baeza y José Ignacio González Leiva, La expedición Malaspina en la frontera
austral del imperio español.

-xxiii-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 23 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Tales trazos generales de la geografía fueron acompa-


ñados de las anotaciones de los viajeros. Los del si­glo
xviii, como Amadeo Frezier41 y Cristino y Con­rado
Heuland42, no lograron alterar las im­ pre­siones
des­prendidas de la mapoteca colonial -un pa­
no­rama desolador –como de los cro­nistas– un
pai­saje inhóspito, árido, seco, sin agua ni vege­
ta­ción.
Los registros de los cronistas y viajeros im­
pi­dieron visualizar la “utilidad” del territorio.
El gran legado que entregaron los baqueanos y
ex­ploradores del siglo xix fue de carácter epis­
te­mo­lógico.
Lo que era definido como despoblado con
toda la fuerza simbólica de ello: carencia de lluvia,
flora y fauna; inhóspito, sin mostrar “visiblemente”
algo valioso –en cuanto a recurso natural–, Francisco J. San Román, en tiempo de ser
cómo podía concitar la atención de nuevos llamado a la Comisión Exploradora del De-
exploradores, cuando los cronistas hispanos, sierto.
desde Gerónimo de Vivar y Alonso Góngora Marmolejo, hasta Pedro Mariño de
Lobera, lo habían reputado de “camino infernal” para la existencia humana. El
conocimiento heredado, la autoridad de los primeros andantes por el yermo, estaba
muy arraigado.
Lo realizado por España respecto del desierto fue asumido por los Estados
emergentes después de las guerras de independencia de comienzos del siglo xix,
para argumentar sus pretensiones de aplicación del Utis possidetis iuris que, en gran
medida, correspondió a las soberanías territoriales de los nuevos Estados. Sus in-
terpretaciones jalonaron la historia republicana del siglo del progreso.
Al despuntar el siglo xix, la imagen heredada comenzó a ser puesta en cues-
tión, aunque con relativo éxito. El minero Diego de Almeida y Aracena recorre el
yermo desde 1824 en busca de alguna veta. Francisco O’Connor en 1826 atraviesa
el despoblado con la finalidad de establecer un puerto para Bolivia43. El resultado

41
Amadeo Frezier, Relation du voyage de la mer du sud aux cotes du Chily et du Perou, fait pendant les
années 1712, 1713, 1714, registró la existencia del puerto de Santa María de Magdalena –Cobija– en 1712,
pero no lo visitó, y ésa fue su experiencia con el desierto de Atacama. Véase Amadeo Frezier, Relación
del viaje por el mar del sur.
42
La expedición de los hermanos Cristino y Conrado Heuland hacia el desierto de Atacama, en-
tre abril y junio de 1798, partiendo desde Copiapó hasta San Pedro de Atacama y de allí hacia Potosí,
fue una de las más importantes en cuanto a la recolección mineralógica con destino hacia Madrid. Cf.
Juan Carlos Arias Divito, Expedición científica de los hermanos Heuland 1795-1800. Preparamos un estu-
dio de la expedición Heuland en el desierto de Atacama, sobre la base de la documentación inédita
española.
43
Véase Francisco O’Connor, “Observaciones hechas por el Coronel Francisco Burdett O’Connor
en el reconocimiento que ha practicado de orden del Excmo. Sr. General en Jefe, Gran Mariscal de

-xxiv-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 24 26-09-12 13:20


francisco san román y su obra

es la constatación en 1830 por Alcides D’Orbigny del recién habilitado puerto de


Cobija o Lamar44. El inglés Thomas Bridges alcanza el desierto hacia 1831 en su
labor de colectar plantas. Charles Darwin en 1835 recorre el desierto de Atacama
en las inmediaciones del departamento de Copiapó, y deja noticia de Cobija45.
Cabe enfatizar que en el curso de la primera mitad del siglo xix el puerto de Co-
bija atrajo la mayor atención a través de viajeros estadounidenses, como William
Ruschenberger, que en su Three Years in the Pacific; Including Notices of Brazil, Chile,
Bolivia and Perú, describió el litoral y los asientos mineros de sus alrededores46.
El médico alemán Aquinas Ried logró en 1851 llegar a Chiu-Chiu y al pucará
de Lasana47. El austriaco Johan von Tschudi se adentró por los arenales del páramo
en 185848.
El viaje de Rodulfo A. Philippi, siguiendo el camino del Inca hasta llegar a San
Pedro de Atacama, entre 1853-1854, aunque dio a conocer el desierto, no lo­gró
disminuir la arraigada noción sobre su esterilidad. En su Viaje al desierto de Atacama
hecho de orden del gobierno de Chile en el verano 1853-1854, publicado en 1860, con­
sig­nó:

“La narración de mi viaje ha puesto de manifiesto, que el Despoblado carece de todo


recurso para hacerlo habitable y para permitir que sea una vía de comunicación
y de comercio. Algunos hechos sin embargo, parecen estar en contradicción con
es­te aserto. De este hecho (la búsqueda de pozos en la expedición de Pedro de
Val­divia) se puede deducir con toda certidumbre que las aguas, en aquel tiempo,
eran tan escasas como lo son hoy en día, y de esta circunstancia pende la escasez
de la vegetación, del pasto, del combustible, etc., en una palabra, la falta de agua
produce todas las dificultades y hace que aquel inmenso trecho de la tierra sea un
desierto y no una comarca fértil. ¿Pero tal vez la industria humana, ayudada de los

Ayacucho, en la provincia de Atacama, los puertos de mar que comprende y el camino desde el punto
de Cobija hasta la capital de Potosí”.
44
Remito a Alcides D’Orbigny, Viajes y viajeros: viajes por América del Sur.
45
El científico inglés apostilló en sus observaciones que después de Paposo, “viene el gran desierto
de Atacama, barrera más infranqueable que el mar más terrible”. Cf. Charles Darwin, Viaje de un na-
turalista alrededor del mundo, p. 416, se adentró en el desierto de Atacama hasta el salar de Maricunga
y sus anotaciones de los alrededores de Copiapó, todavía suscitan controversias. Cf. Edgardo Sánchez
Mansilla, “Andanzas de Charles Darwin por el Desierto de Atacama”, pp. 6-16.
46
Véase William Lofstrom, “Cobija y el litoral boliviano”, pp. 15-65. Además, da a conocer los
despachos consulares de Lewis Joel (1858-1866) y lo escrito por el médico Henry Willis Baxley sobre
Tocopilla y Cobija en 1861. El diplomático boliviano Jorge Gumucio Granier, ha dado cuenta de los
distintos oficios e informes norteamericanos relativos al litoral boliviano, en su libro Estados Unidos y el
mar boliviano. Testimonios para la historia.
47
Dr. Aquinas Ried, “A description of Chiu Chiu”, p. 115.
48
Véase Johann Jakob von Tschudi, “Viaje por las cordilleras de los Andes de Sudamérica, de
Córdoba a Cobija, en el año 1858”. El citado autor hizo una donación literaria a la Biblioteca Nacio-
nal, lo que mereció del rector de la Universidad de Chile, Andrés Bello, proponerlo como “miembro
corresponsal de la Facultad de Matemáticas”, además de hacerle llegar, por intermedio de Ignacio
Domeyko, la obra de Claudio Gay y los Anales..., entre otras producciones nacionales. Véase “Boletín
de Instrucción Pública, Sesión de 4 de septiembre de 1858”, p. 125.

-xxv-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 25 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

progresos inmensos que las ciencias naturales han hecho en los últimos años, podrá
cambiar en algo la triste condición del desierto? ¿Se pueden utilizar las aguadas
para formar alrededor de ellas chacras, alfalfales, pequeños pueblos? Los pozos
artesianos quizá darán un medio de regar y de establecer siembras y prados. He
visto que muchas personas esperaban un gran éxito de ellos. Desgraciadamente no
hay ninguna esperanza de poder obtener estos pozos en el desierto. Ahora, no hay
ningún pasto que el hombre cultiva para los animales, ninguna hortaliza que crezca
en tal clima y por eso creo que no se puede sacar provecho de ellas. Me parece
inútil demostrar que es muy difícil, por no decir imposible, construir ferrocarriles
o telégrafos eléctricos por el Desierto”.

Aunque dejaba abierta la posibilidad de rectificar su última afirmación si se

“verificase un día en el centro del desierto el descubrimiento de minas de meta­les


preciosos de una riqueza fabulosa, porque sin eso nadie pensaría en tales empre­
sas”49.

No se modificó mucho la imagen del desierto en los registros llevados por los
miembros de la Comisión Científica Española al Pacífico de 1863-1864. Manuel
Almagro, el encargado de recolectar los antecedentes antropológicos y etnográfi-
cos, nos ha dejado su impresión:

“Anduvo parte del inmenso arenal que, empezando en la costa termina cien leguas
tierra adentro. Al amanecer llegó a la posta de Culupso, descansó allí algunas horas,
y concluyó la jornada en una choza arruinada e inhabitada llamada Chancansi,
donde tuvo que permanecer todo el siguiente día, por haberse extraviado una mula.
Al viento ardiente del desierto se unía la carencia de agua, pues el riachuelo que
por allí pasaba la traía tan salobre y desagradable como la de Loeches. El 25 (abril
de 1864) llegó hasta la posta de Huacate, también sobre el desierto, inhabitado, con
la misma calidad de agua; el 26 llegó al pueblecito de Calama, donde pudo saciar
su sed; el 27 siguió al caserío de Chiu-Chiu distante 45 leguas de Cobija. Practicó
allí muchas excavaciones, de las cuales tuvo el placer de sacar numerosas momias,
que con mucho trabajo han podido ser conducidas hasta Madrid”50.

Importa destacar la labor de Ignacio Domeyko, no sólo como explorador del


desierto de Atacama, aun cuando no se internó hacia el corazón de éste, sino como
observador crítico de los exploradores y científicos que legaron apuntes sobre el

49
Philippi, op. cit., pp. 131-132.
50
Manuel Almagro, Breve descripción de los viajes hechos en América por la Comisión Científica enviada
por el Gobierno de S.M.C. durante los años 1862 a 1866 .Acompañada de dos mapas y de la enumeración de
las colecciones que forman la exposición pública, p. 75.
Una visión del desierto entre los restantes miembros de la Comisión, se encuentra en nuestros
es­tudios: La Comisión científica española al Pacífico en Chile (1862-1865). Diario de Francisco Martínez y Sáez
(Trans­cripción, estudio preliminar y notas de José Antonio González Pizarro); “Los artículos de Rafael Castro y
Ordoñez en El Museo Universal (1863-1864) sobre la Comisión de Naturalistas Españoles en América”;
“La Comisión Científica del Pacífico en Chile, 1863-1864.

-xxvi-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 26 26-09-12 13:20


francisco san román y su obra

gran páramo. Los valiosos antecedentes aportados por Rodulfo A. Philippi para
el estudio mineralógico del desierto de Atacama, fueron examinados por Ignacio
Domeyko al concluir su viaje el sabio alemán51. También se ocupó, en lo relativo al
desierto, el importante volumen del teniente James M. Gilliss, The US. Naval Astro-
nomical Expedition to the Southern Hemisphere during the years 1849- 50- 52, publicado
en Washington en 185552.
Un avance en el conocimiento del Despoblado significó el viaje del francés
Amado Pissis que, por orden del gobierno, reunió varios antecedentes del desierto
de Atacama, toda vez que ya se había descubierto salitre53. La atención hacia lo
físico, lo superficial de lo observado hasta entonces fue corroborado por Amado
Pissis quien, en su Informe sobre el desierto de Atacama, su jeología i sus productos mine-
rales presentado al gobierno chileno en 1877, escribió:

“Se considera generalmente el desierto de Atacama como un extenso llano encerrado


entre dos cordilleras: la de la costa y cordillera de los Andes. Esta idea está muy lejos
de ser exacta. La parte interior del desierto no se compone únicamente de llanuras;
contiene además numerosas serranías que se extienden de una cordillera a otra y la
dividen en grandes hoyas hidrográficas limitadas por cadenas transversales, cuya
dirección es aproximativamente la del noroeste al sureste. Entre los paralelos 23
y 27 existen cuatro de estas hoyas, en las cuales se ven todavía los cauces de los
antiguos ríos que regaban estas extensas regiones”54.

Las impresiones de la costa del yermo de Francisco Vidal Gormaz no hicieron


más que ratificar la imagen del desierto. Sus trabajos en el Anuario Hidrográfico de la
Armada de Chile, como sus valiosas Geografía náutica de Bolivia y Noticias del desierto
y sus recursos55, fueron los textos que tuvo el gobierno para acometer otros esfuerzos

51
A título de muestra, Ignacio Domeyko, “Examen i análisis de las sales que se hallan esparcidas
en la superficie del suelo en el Desierto de Atacama”, pp. 262-264.
52
Ignacio Domeyko, “Jeografía. Estudios geográficos sobre Chile”, pp. 18-61. En este texto alude
a que James M. Gillis, indica que el “ancho del territorio, contado del este al oeste, la (sic) da 97 millas
a la latitud de 34, i solamente 80 en la latitud de 24. Menos exacta i sin duda errónea es la aserción del
autor sobre que el gran cordón de los Andes ocupa las dos terceras partes de la República”, p. 23. En
cuanto a la aseveración de James M. Gillis, “muy poco se sabe tanto de las cordilleras del Norte como
del Sur de Chile”, Ignacio Domeyko cuestionará ese apresuramiento de pasar de un asunto a otras
cuestiones, p. 30, nota 2.
53
Sobre la contribución de Amado Pissis al conocimiento cartográfico, véase José Ignacio Gonzá-
lez Leiva, “Primeros levantamientos cartográficos generales de Chile con base científica: los mapas de
Claudio Gay y Amado Pissis”, pp. 21-44.
54
Citado en José Antonio González Pizarro, “Imaginarios contrapuestos: el desierto de Atacama
percibido desde la región y mirado desde la nación”, pp. 91-116. Cita en pp. 101-102.
55
“Para esto en febrero de 1879, hizo imprimir una segunda edición de la Jeografía Náutica de Boli-
via, acompañándola de un plano de la parte del desierto de Atacama, comprendida entre los paralelos
22° y 26°. En el siguiente mes se completó el trabajo anterior con la publicación de las “Noticias del
desierto i sus recursos”, pp. v-vi.
La difusión de los aportes de Francisco Vidal Gormaz, como el primero de Alejandro Bertrand so-
bre el desierto de Atacama, discurrió a través del Anuario Hidrográfico de la Marina de Chile, dependiente

-xxvii-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 27 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

científicos y exploratorios hacia la zona. Sin embargo, el conocimiento del paraje


en los textos más relevantes de difusión pública, o en los auxiliares de la instruc-
ción, no sufrió grandes cambios.
Reparemos que los datos sobre el desierto, fragmentarios por cierto, estaban
diseminados. E, incluso, una vez descubierto salitre en el interior de Antofagasta,
la repercusión en la opinión pública tardó. Una vertiente interesante, es la confor-
mación literaria del desierto y la descripción que asume la naturaleza y el hombre
en la lírica y en la prosa del siglo xix56. El desierto no incentivó la pintura, por más
que Johann Moritz Rugendas algo hizo o José Santos Ossa trazara algún boceto.
El paisaje, en apariencia monocromático, no estimuló al artista. No obstante, su
poblamiento y fundamentalmente las instalaciones industriales, con maquinarias,
ferrocarriles, inventos y procedimientos metalúrgicos, tuvieron su correlato pro-
gresista, no romántico, en las placas fotográficas57.
En este contexto sobresale la voz de José Victorino Lastarria, severa sobre lo
realizado por Rodulfo A. Philippi y su obra sobre el desierto de Atacama, pero
atenta al sentido que abrigaba la riqueza de Caracoles y el ímpetu observado en
Mejillones. Los chilenos mostraban su capacidad de inventiva y el anhelo de una
sociedad más progresista, guiada por el saber positivista. Su alegato fue un opúscu-
lo titulado Caracoles. Cartas descriptivas sobre este importante mineral dirigidas al Sr. D.
Tomás Frías, Ministro de Hacienda de Bolivia, editado en Valparaíso en 187158.
Un francés, André Bresson legó una serie de ricas impresiones en las décadas
de 1870-1880 referidas tanto al mineral de Caracoles y otros yacimientos, como a
la actividad ciudadana y comercial de los puertos de Cobija y Mejillones59.
Hacia mediados de la década de 1880 se podía contar con una lista numerosa
de autores que habían ofrecido sus comentarios, notas e informaciones, tanto de
carácter oficial como oficiosa, sobre el desierto. Algunos habían sido encomen-
dados, por las circunstancias de la guerra del Pacífico, para estudiar la eventual

de la Oficina Hidrográfica de la Marina Nacional, creada el 1 de mayo de 1874. La publicación, como


ha sido puesto de manifiesto por Zenobio Saldivia Maldonado, contribuyó notablemente a las ciencias
físicas. Véase Zenobio Saldivia Maldonado, La ciencia en el Chile decimonónico, pp. 131-140.
56
Una visión sucinta de esta arista, inaugurada por Carlos Walker Martínez, en 1867, con su poe-
ma “Al Desierto de Atacama”, en nuestro estudio “Breve bosquejo de la pampa y el hombre nortino en
la literatura nortina”, pp. 81-97.
57
Sobre el punto, léase las reflexiones de Manuel Vicuña Urrutia, “Epílogo”, pp. 131-134.
58
Sobre la crítica de José Victorino Lastarria a Rodulfo A. Philippi, véase el estudio introductorio
de Augusto Bruna Vargas- Andrea Larroucau, “La epopeya de un sabio: Rodulfo Amando Philippi en
el desierto de Atacama”, pp. xxxiv-xxxviii.
El geógrafo francés Elisée Reclus, en su obra, La Terre, Paris, 1868, había aseverado: “las riquezas
minerales... harán de aquel despoblado uno de los centros más fecundos de la industria minera, la cual
ha principiado ya varias explotaciones, en ambos extremos del Desierto, como para apoyar en ellas su
futura conquista de toda la región”, citado por José Victorino Lastarria, Miscelánea histórica i literaria, p.
223, nota 1.
59
Véase André Bresson, Bolivia: sept années d’explorations, de voyages et de séjours dans l’Amérique
aus­trale. Hay versiones castellanas: André Bresson, “El desierto de Atacama y Caracoles”, pp. 887-912;
André Bresson, Una visión francesa del Litoral Boliviano (1886).

-xxviii-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 28 26-09-12 13:20


francisco san román y su obra

orga­nización político-administrativa del desierto de Atacama, entre ellos Francisco


Vidal Gormaz60; otros, como el influyente ingeniero de minas, Matías Rojas Del-
gado, que editó la obra de mayor influencia en la zona en el siglo xix, El desierto
de Atacama y el territorio reivindicado, conciliaba su visión técnico-científica sobre
la actividad minera con la mirada política de la defensa de los intereses minero-
salitreros61; para concluir con la sólida obra del ingeniero Alejandro Bertrand, yer-
no de Francisco Vidal Gormaz, que contribuyó a despejar el velo sobre el vasto y
árido territorio en 1885 con su Memoria sobre las cordilleras del desierto de Atacama y
regiones limítrofes; más tarde, en 1900 daría a conocer su Memoria sobre la exploración
a las cordilleras del desierto de Atacama: efectuado en los meses de enero a abril de 1884.

Francisco San Román y el desierto de Atacama

El decreto de 17 de abril de 1883 firmado por el Presidente de la República, Do­mingo


Santa María y su ministro del Interior, José Manuel Balmaceda, señala lo siguiente:

“Art.1. Una Comisión Exploradora del Desierto de Atacama compuesta de un in­


ge­niero en jefe que la presidirá, de dos ingenieros segundos, de los cuales uno se­rá
geólogo y el otro geógrafo, de dos ingenieros ayudantes y de un ecónomo, pro­
cederá a hacer los estudios de que se trata en el presente decreto.
Art.2. Se levantará la carta topográfica del desierto con los detalles de su oro­
grafía e hidrografía, demarcación de las aguadas naturales y de los puntos en que
éstas pueden ser abiertas.
Art.3. Se clasificarán geológicamente los terrenos, habida consideración a su
im­portancia mineralógica, y se reunirán colecciones completas de sus rocas y pie­
dras minerales, detallándose con la precisión posible las corridas y localidades de
for­mación metalífera.

60
Remito a mi estudio, “La provincia de Antofagasta. Creación y consolidación de un territorio
nuevo en el Estado chileno: 1888-1933”.
61
Cf. José Antonio González Pizarro, “Espacio y política en Antofagasta en el ciclo salitrero. La
percepción del desierto y el sentimiento regionalista, 1880-1930”, pp. 251-290.

-xxix-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 29 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Art.4. Se estudiarán y describirán las minas metálicas y yacimientos salinos, los


ingenios metalúrgicos y los tratamientos empleados en ellos.
Art.5. Se trazarán en la carta topográfica los caminos que faciliten las comuni­
caciones del desierto y que mejor se adapten a su fomento y prosperidad indus­trial.
Art.6. Se tomarán, en general, todos los datos que el estudio mismo del desierto
ofrezca al interés de la industria y a la posibilidad de plantearla con ventaja para
las empresas particulares”.

La Comisión Exploradora del Desierto de Atacama estuvo integrada por Fran-


cisco J. San Román, como ingeniero jefe, Alejandro Chadwick, como ingeniero
geó­grafo y Lorenzo Sundt como geólogo. Más tarde, se incorporaron Santiago Mu­­
ñoz, como ingeniero 2° y A. García Quintana, como ayudante62. También la in­
tegraron Abelardo Pizarro y Ángel Lynch. No todos terminaron el cometido de la
Comisión, que comenzó en junio de 1883 y concluyó en 1890.
Fiel a su convicción que la experiencia aquilatada se impone sobre la especu­
la­ción o las abstracciones sobre materias de las ciencias físicas, Francisco San Ro­
mán buscó a una persona experta para incursionar el desierto. Leamos lo que nos
describe:

“El modelo característico de este recomendable tipo de hombre en la honrada


per­sona de don Pablo Torres, cateador de profesión y uno de los más antiguos
prác­ticos y conocedores del Desierto, tan útil, por estas condiciones, para guía, co­
mo necesario para darnos a conocer los nombres geográficos de lugares, minas y
mon­tañas, a lo más en su más antigua y autorizada aceptación y conocimiento no
fácil de poseer en medio de una verdadera anarquía de títulos y nombres propios
aplicados antojadizamente y muchas veces repetido uno solo entre numerosos
puntos o acumulados unos cuantos sobre uno solo”63.

El historiador Oscar Bermúdez Miral, en un magnífico estudio sobre esta Co-


misión, dio cuenta del itinerario de la Comisión que, en una primera etapa, entre
junio-julio de 1883, recorrió la zona de Copiapó para, en agosto, adentrarse en
ple­no desierto. Prosiguió por el camino del Inca con dirección hacia lo que hoy
se denomina cordillera de Domeyko hasta desviarse con destino a Taltal. Una
segunda campaña se inició en el mes de enero de 1884 y se extendió hasta mayo,
partiendo de nuevo desde Copiapó, recorriendo la señalada cordillera de Dome-
yko y las cuencas de Maricunga y de Pedernales, centrándose en

“el estudio orográfico de la alta región que determina el divorcio de las aguas y
separa a Chile de la república Argentina, precisándose así, científicamente, la línea
de los límites internacionales”64.

Véase más adelante, p. 10.


62

Véase más adelante, pp. 9-10.


63

64
Oscar Bermúdez Miral, “Las exploraciones del Desierto de Atacama dirigidas por el ingeniero
don Francisco J. San Román”, p. 314.

-xxx-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 30 26-09-12 13:20


francisco san román y su obra

Una tercera etapa o campaña se verificó entre julio y septiembre de 1884, y


per­mitió concluir el estudio entre el valle de Copiapó y Taltal en la franja costera.
La cuarta etapa que requirió los primeros meses de 1885 se concentró en el reco-
nocimiento de la región de Atacama hasta su límite oriental. La siguiente, entre
abril y junio de 1885, cubrió todos los pueblos precordilleranos y sus accidentes
geográficos hasta llegar al río Loa. En la segunda mitad del año, la Comisión volvió
a revisar las anotaciones surgidas en Chañarcillo, la cordillera Darwin y la que-
brada de Paipote y, en el primer semestre de 1886, destinó su tiempo a estudiar la
composición geológica del valle de Copiapó y al deslinde de los departamentos
de Copiapó y Chañaral. Al hacer el camino de Tocopilla hacia el cantón del Toco,
de ochenta kilómetros, se formó la imagen matizada de la pampa salitrera, descri-
biendo su paisaje:

“Las minas de cobre, exhiben el mismo aspecto de desolación y esterilidad que es


común a todo el desierto, siendo necesario llegar al campo de los trabajos de ela­
boración del salitre y especialmente a las riberas del Loa para gozar un cam­bio”65.

En el mes de abril de 1886 exploró, teniendo como base de operaciones Ca-


lama, todo el interior de las cordilleras hasta la puna de Atacama. En esa oportu-
nidad Francisco San Román no deja de mencionar el cambio experimentado por
Calama desde su inclusión a la soberanía chilena:

“Puerto interior de tránsito para el comercio con Bolivia. De caseríos insignificantes,


esparcido en un mar de vegas saladas y pantanos insalubres, iba pasando a pueblo
donde humeaban chimeneas de fábricas, rodaban carretas y se levantaban edificios
para negocios y escuelas”66.

Una última campaña en la zona de la puna de Atacama la acometió, partiendo


desde Buenos Aires, en abril de 1887, con lo cual el levantamiento de datos del
área quedó concluido. Su tránsito por Pastos Chicos, Susques, lo condujo a consig-
nar la complejidad habida en la puna de Atacama:

“Geográfica o naturalmente, estábamos entonces en aguas argentinas, pero el lími­


te político entre las repúblicas limítrofes, Bolivia y Argentina no había hecho esa
diferencia, y según los tratados y el hecho, estábamos en el territorio boliviano
ad­ju­dicado a Chile, siendo la cordillera orográfica y no la hidrográfica la que los
di­vidía”67.

En 1887, después de emprender la última expedición en la puna, la Comisión


Exploradora, anota Oscar Bermúdez Miral,

65
Véase más adelante p. 143
66
Véase más adelante p. 145.
67
Véase más adelante p. 160.

-xxxi-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 31 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

“dejó de existir como tal al pasar a refundirse en la cuarta Sección de Geografía


y Minas de la Dirección de Obras Públicas. El resto de ese año lo ocupó San Ro­
mán en excursiones mineras y geológicas que realizó solo y sin auxiliar alguno,
ocupando los últimos meses en el estudio de la hidrología del desierto”68.

Lo que avizoró Francisco San Román de esta nueva dependencia, más trabas que
apoyo, se cumplió a la letra.
La estructuración de la nueva dependencia con su consiguiente presupuesto,
afectó al financiamiento de la Comisión y a sus actividades en el año 1888, mas no
cejó de retornar al desierto, ahora, acompañado del ingeniero geógrafo Enrique
Barraza, para examinar, además, la costa al sur de Caldera. En abril avanzó desde
la extremidad austral del yermo hasta el río Loa. El año 1889 retomó los estudios
hidrológicos del desierto de Atacama. La carta topográfica del Desierto y cordilleras
de Atacama fue concluida en 1890, para lo cual contó, desde 1888, con el apoyo de
una comisión presidida por el astrónomo Huber Alberto Obrecht, cuya tarea fue
“la comprobación, por medio de los procedimientos geodésicos, de la exactitud
de los trabajos realizados por la Comisión Exploradora”69. En la segunda mitad de
1890, se concentró en el estudio petrográfico de las colecciones mineralógicas para
después emprender la confección de la carta geológica-minera que, por último,
debió dejar, pues fue nombrado delegado ante el V Congreso Internacional de
Geología en 1891.

68
Oscar Bermúdez Miral, “Las exploraciones...”, op. cit., p. 317. Dicho traslado administrativo
molestó a Francisco San Román, por ser fruto meramente burocrático y no de una reflexión metódica
en cuanto su finalidad, lo que le llevó a consignar sobre el punto: “Porque no hemos entrado todavía
en este terreno de ilustrarnos a nosotros mismos o ilustrar a los demás en el conocimiento de nuestros
recursos y de las circunstancias naturales e industriales que le acompañan. Nuestros ingenieros y mi-
neros no tienen tiempo que ocupar en estos trabajos de interés general y los que el gobierno destina al
servicio de la minería no lo hacen tampoco, porque no hay plan ni concierto, reglamentación ni orden,
ideas ni dirección, y podría agregarse que ni interés ni conocimiento de las necesidades e importancia
de estudios y trabajos razonados para auxilio de una industria difícil en su ejercicio y que tanto necesita
de los ejemplo de la experiencia. Una sección de minas anexa a la Dirección de Obras Públicas es
un absurdo administrativo, pero sin personal y sin elementos para hacerla servir a sus objetos, es una
suprema inutilidad”. Cf. Véase más adelante p. 134.
69
Bermúdez Miral, “Las exploraciones...”, op. cit., p. 319.

-xxxii-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 32 26-09-12 13:20


francisco san román y su obra

En el transcurso de su misión, mantuvo siempre informado al ministro del


Interior de los avances de su trabajo. La primera relación está fechada en Copiapó,
el 24 de octubre de 1883, oportunidad en que da de las operaciones ejecutadas:

“185 vértices de triángulos, casi todos ellos centros de estación.


6 bases medidas directamente.
22 determinaciones de latitud.
68 ozimutes magnéticos.
6 determinaciones de la declinación magnética.
142 observaciones meteorológicas completas.
28 minas visitadas y estudiadas.
9 delineaciones de caminos y quebradas importantes.
1000 rocas, minerales y fósiles catalogados.
75 ejemplares de plantas coleccionadas.
La Comisión no posee más que un solo instrumento de gran precisión, un
teodolito de Troughton comprado a Sohwalb Hermanos y otro prestado”70.

Ya entonces para Francisco San Román la escasez de agua no debía constituir


“tampoco motivo de horror al desierto”, puesto que en las quebradas o cañadas
profundas, en las faldas de montañas o en los distintos pozos que se perforaban, “el
agua surge abundante y exquisita”.
Un segundo informe fue despachado desde Copiapó el 26 de septiembre de
1884, dando cuenta de la gran cantidad de material reunido, lo que exigiría algún
tiempo para su estudio, concluyendo:

“bajo el triple punto de vista de la geografía, geología y metalurgia, bastaría, para


los fines puramente científicos, la exposición razonada de los hechos y de las de­
ducciones que de ellas se desprenden”71.

70
Francisco San Román, “Desierto de Atacama. Informe pasado al gobierno por la comisión ex-
ploradora”, pp. 275-280, cita en p. 275. Véase más adelante pp. 30-32.
71
Francisco J. San Román, “Exploración Científica del Desierto de Atacama. Informe al gobierno
por la comisión exploradora, Copiapó, 26 de setiembre de 1884. Al Señor Ministro del Interior”, pp.
363-370, cita en p. 363. Véase más adelante pp. 74-80.

-xxxiii-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 33 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Un tercer informe, evacuado desde Antofagasta, el 22 de febrero de 1890, dio


cuenta pormenorizada de su estada en la ciudad, entre el 12 y 19 de febrero. La
residencia le permitió interiorizarse del inusitado desarrollo de Antofagasta y apre-
ciar las instalaciones del complejo metalúrgico de Huanchaca en Playa Blanca,
visitar la Compañía de Salitre, el Morro Moreno y las guaneras72.
En Antofagasta, para Francisco San Román, lo más imponente era la Fundi-
ción de Huanchaca, que describió con admiración:

“Construido recientemente por la Compañía de Huanchaca, tiene por base de ali­


mentación los minerales de la mina de Pulacayo de Bolivia, pero puede hacer
fren­te, por la generalidad de sus aplicaciones y la magnitud de sus obras, a toda la
producción minera de la costa. Es el establecimiento metalúrgico más considerable
de la América del Sur, y sus descripciones y fotografías, exhibidas en la Exposición
de Chicago por su constructor y contratista, el ingeniero norteamericano Wendt,
llamaba la atención de los visitantes en las galerías destinadas al ramo de me­ta­
lurgia. El local de las obras dista 6 kilómetros al sur del pueblo de Anto­fagasta y se
extiende desde la orilla del mar, en un plano inclinado y sobre una grande extensión
de terreno, hasta los terraplenes del ferrocarril a Bolivia. En su administración
se ocupan seis ingenieros y como seiscientas personas más entre operarios y em­
pleados de diversas categorías. La fuerza motriz es producida por un motor Corliss
de triple expansión, con cuatro cilindros y fuerza de mil caballos, auxiliado por
otros motores menores con diferentes destinos y dispuestos para reemplazar al
principal en los casos de paralización por accidente u otras razones. La bomba de
alimentación general que levanta el agua del mar, única disponible en el lugar, es
Worthington, de Nueva York, con capacidad para cerca de quinientos mil litros
diarios. La molienda cuenta con 6 chancadoras Blake con poder para 200 toneladas
diarias con su sistema de cilindros, harneros, etc., 20 baterías de pisones, sistema
norteamericano de California, con capacidad para 200 toneladas en 24 horas y
varios otros aparatos especiales para molienda de diferentes materiales. Para la
fundición se cuenta con 2 hornos de manga sistema Denver de forma rectangular,
con 3 anexos de copelación y 1 de refinación de plomos. Para la calcinación hay
una serie de hornos y cilindros giratorios de White y Brückner; 20 kilos para que­
mas piritas y un gran horno Stetsfeldt. Para la amalgamación, 30 tintas de cobre
con capacidad para 2½ toneladas cada una, con sus anexos para lavar, para repasos
y limpiar las amalgamas. Para refogacion de las pellas se dispone de 12 hornos de
quemar, y 6 para fundir la plata en barras”73.

72
Véase más adelante pp. 194-199.
73
San Román, Reseña..., op. cit., pp. 319-320. En esta obra alude que su composición es “un mero
extracto, en su mayor parte, de los manuscritos que desde años ha estoy preparando para la publicación
de las obras que por comisión especial fui encargado de redactar”, aludiendo a la Comisión Explora-
dora del Desierto, p. 1.
La importancia de Huanchaca ha sido puesta de relieve por María Teresa Ahumada, Huanchaca,
perfil de la expresión patrimonial y tecnológica de una época. El complejo Huanchaca cerró al despuntar el
siglo xx, por la inundación de las minas de Pulacayo de Simón Patiño, y fue declarado monumento
nacional por decreto 0009 de 1974, quedando al cuidado de la Universidad Católica del Norte. En la
actualidad, la asociación entre el casino Enjoy y el hotel del Desierto con la Universidad Católica del

-xxxiv-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 34 26-09-12 13:20


francisco san román y su obra

El relato permite sopesar no sólo el impacto visual de la monumental construcción


en el entorno costero, sino también su gravitación en la actividad minero-metalúr­
gica de la zona.
El último informe, redactado en Santiago el 10 de marzo de 1890 y dirigido al
decano de la Facultad de Ciencias y Matemáticas, muestra su experiencia acumu-
lada. En él aparece la visión del ingeniero en cuanto al papel de su disciplina en
contacto con la realidad minera y, principalmente, con los avances tecnológicos
–de punta– de la actividad salitrera, que superaban con creces los laboratorios y
clases universitarias. También habla de la práctica concreta que

“los jóvenes estudiantes de la Universidad han hecho en mi compañía, siguiéndome


en el itinerario de mis excursiones por el norte de la república”.

Escribe:

“el resultado de tres meses de instrucción práctica ha de influir indudablemente con


cierta eficacia en preparar el criterio industrial y despertar en la joven inteligencia
de los estudiantes las ideas de la aplicación de los estudios teóricos al ejercicio de
las operaciones que en la vida profesional del ingeniero constituyen su más activa
labor y fecunda consignación”.

Apreciación fundamentaba en observaciones llevadas a cabo en distintos lugares


del desierto de Atacama como, por ejemplo, del “procedimiento de amalgamación
con el Sr. Darapski en Taltal”74.
Repara en la pujante industria salitrera de Antofagasta –un verdadero labora-
torio tanto natural como tecnológico– para los estudiantes de ingeniería:

“En la industria salitrera, desde la inspección de los terrenos, los métodos de explo­
tación del caliche hasta la elaboración en las oficinas y tratamiento de las aguas
viejas por yodo, todo lo han inspeccionado con brillante atención en Antofagasta,
debido al señor don W. Carvallo”75.

La concepción de la enseñanza-aprendizaje que visualizaba se desprendía de la


pro­pia experiencia vivida en el Colegio de Minas de Copiapó, e iba a ser asumida por
los directivos de la educación de Antofagasta, mas no por la Universidad de Chile.

Norte, ha permitido la creación de la fundación Huanchaca, con vista a la formulación de la preserva-


ción del monumento nacional y la creación de museos de la riqueza mineralógica de la zona.
74
Luis Darapsky, era un ingeniero alemán, que lograba conciliar su interés filológico con lo geoló-
gico, y publicará en Alemania, en 1894 un bosquejo geográfico sobre la puna de Atacama y en 1900 su
importante volumen sobre el departamento de Taltal. El mismo se reedita en la Biblioteca Fundamen-
tos de la Construcción de Chile, tomo 63.
75
Véase más adelante, pp. 205-207. A la época, 1883-1887, por ejemplo, el ingeniero inglés Josiah
Harding, levantó el tendido de la línea férrea desde Pampa Alta hasta el lago Ascotán, alcanzando el
puente la altura de 3.956 m.s.n.m. El famoso viaducto de Conchi estuvo operativo hasta 1918, cuando
se construyó una variante. Cf. Ernesto Greve, Historia de la Ingeniería en Chile, p. 507.

-xxxv-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 35 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

El liceo de hombres de Antofagasta, creado por el gobierno de José M. Balma-


ceda, en 1887, contó con un programa de estudio en 1902 orientado a “cursos de
aplicación práctica”, donde se enseñó:

“Contabilidad comercial y minera, geografía económica, química aplicada, nociones


de metalurgia y explotación de minas, dibujo de máquinas, complementos de una
lengua viva, nociones de derecho administrativo y de minas y de economía política
y trabajos manuales”,

que preparó a los jóvenes para el mercado laboral minero-salitrero76.


Por esta época, el decano de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas,
Diego A. Torres, reparaba que debía hacerse una inflexión en la enseñanza técni­ca
de los ingenieros para orientarlos hacia las necesidades que demandaba la indus-
tria nacional:

“La enseñanza destinada a la formación de ingenieros no debe limitarse solamente


a los conocimientos especulativos de los diversos ramos que la forman, sino que
debe extenderse a la aplicación práctica de todos ellos”,

como lo expuso en su discurso en la tercera sesión general del Congreso de En­


señanza Pública de 190277.
Aun así, ya avanzado los primeros lustros del siglo xx, la sugerencia de Fran-
cisco San Román no surtía efecto y, peor aún, todo el potencial de formación de
capital social en la pampa salitrera, donde se buscaba un plan de investigaciones,
no se aprovechó para el país78.
Los resultados de la Comisión Exploradora al Desierto de Atacama se proyecta-
ron en dos niveles. Uno determinó con exactitud qué se iba a entender por el terri-
torio del desierto de Atacama, y el otro asignó nombres a los principales accidentes
geográficos del páramo, inclinándose por el reconocimiento de los hombres ilustres
que, de una u otra forma, le precedieron en defender, difundir o enaltecer el terri-
torio nacional.

76
Cf. Boletín de Instrucción Pública. Consejo de Instrucción Pública, sesión de 7 de enero de 1902.
Luego, gracias al tesón del ingeniero Augusto Bruna se fundará en 1918 la escuela industrial, que
bajo la dirección del ingeniero Horacio Meléndez, dio forma a la escuela industrial de Minas y Salitres,
para finalmente, en 1929, ser conocida como Escuela de Minas de Antofagasta. De sus aulas salieron
generaciones de técnicos mineros habilitados para proseguir estudios ingenieriles universitarios. Las
diversas prácticas en establecimientos industriales y en especial en las diversas oficinas salitreras, puso
en tela de juicio en la década de 1920 la formación ingenieril de la Universidad de Chile, en el ámbito
salitrero. Véase Juan Panadés Vargas, “Antofagasta y los inicios de la educación técnica”; Alberto Lete-
lier, “Los ingenieros y la industria salitrera”.
77
Cf. Diego A. Torres, “Organización de la enseñanza técnica en armonía con los demás órdenes
de la enseñanza especial”, pp. 299-300.
78
Hemos estudiado esto en “Tecnología y ciencia en la industria del salitre durante el ciclo Shanks. La
búsqueda de un programa de investigaciones”. El gran laboratorio salitrero que funcionó hasta 1931, crea-
do por la Asociación de Productores de Salitres, el laboratorio Chorrillos estuvo ubicado... en Valparaíso.

-xxxvi-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 36 26-09-12 13:20


francisco san román y su obra

Gracias al esfuerzo de Francisco San Ro-


mán se pudo percatar el mundo científico que
la nomenclatura del desierto de Atacama se ha­
bía angostado en cuanto al territorio colonial,
dado que en su obra Desierto y cordilleras de Ata-
cama de 1896 estableció una estrecha rela­ción
entre lo que se entendía por el desierto de Ata-
cama con lo que se conocía a partir de los pue-
blos e industrias establecidos en su planicie. En
la página inicial del volumen i de su obra se lee:

“El largo trecho de territorio chileno que corre


desde el agreste valle del Huayco hasta las pam­
pas salitrosas por donde corre el río Loa, com­
prendiéndose entre ambos límites extremos
to­do lo ancho de Chile que se extiende desde
las costas del Pacífico hasta la cresta de los An­
des, constituye lo que propiamente se toma­
ba por Desierto de Atacama hasta principios del
Francisco J. San Román, ingeniero y pa- pre­sente siglo. Ha venido res­tringiéndose esta
dre de familia. denominación más y más hacia el nor­te a me­
dida que el pro­gre­so general y los des­cu­bri­mien­tos mineros poblaban o hacían
accesibles a la exploración aquellos terri­to­rios, fundándose pueblos y creándose
industrias en ellos; más, como mero título geo­gráfico y sobre todo como significación
de una zo­na de aridez y de producciones exclusivamente debidas al reino mineral,
la tra­dición y la costumbres conservan aun aquella denominación para toda esa co­
ma­rca que hoy abraza dos provincias chilenas, Atacama y Antofagasta”.

Reparemos que en 1904 el director del observatorio astronómico de Santiago,


Sr. Hubert A. Obrecht, manifestó su preocupación por establecer con cierto grado
de precisión los paralelos 23° y 24° hacia el interior del desierto de Atacama. Se
apoyó –como referencia– en la línea del ferrocarril de Antofagasta a Bolivia y
en las pirámides de demarcación de la delegación salitrera, postes telegráficos y
oficinas salitreras en funcionamiento79. Cualquier modificación de las señas refe-
renciales hacía inviable en la época saber dónde se estaba. Aquello equivalía a la
capacidad de orientación de la que hablara el arquitecto José Ricardo Morales, de
que un “hombre orientado adquiere talante dominador”80. La desorientación en el
hombre conducía a empamparse, en su acepción, de perderse en el desierto.
Los estudios de Francisco San Román permitieron despejar de modo defini-
tivo las nomenclaturas y designaciones de los variados accidentes geográficos del
desierto. En el segundo tomo de su obra cumbre, escribe:

79
Sobre la materia, remito a Ernesto Greve, Informe sobre la demarcación de los paralelos de los grados
23 y 24 de latitud meridional, elevado a la Superintendencia del Salitre.
80
José Ricardo Morales, Arquitectónica. Sobre la idea y el sentido de la arquitectura, p. 177.

-xxxvii-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 37 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

“La designación de nombres geográficos a aquellos caracteres físicos más notables


por el papel que desempeñan en el relieve y configuración del terreno, ya que debía
ser distinguido con una denominación que los caracterice y señale con claridad
y precisión, fue propuesto por el autor al Ministerio correspondiente, previa la
venia del Instituto de Ingenieros que la acogió con plena aprobación. El país y los
escritores nacionales y extranjeros, también por su parte, la han sancionado con
unánime aceptación”81.

Haciendo justicia a los hombres que habían escrito sobre algún punto de su
geografía o, bien, se habían internado en el yermo, en procura de fortuna, de ins-
peccionar y cotejar su riqueza mineralógica, de levantar los estudios planimétricos,
de catalogar su flora y fauna, etc., propuso al gobierno designar diversos cordones,
con los nombres de cordillera Darwin, Domeyko, Claudio Gay y D’Orbigny, en
lo que atañe a los extranjeros más notables; sierra Gorbea y altiplanicie Philippi,
monte Pissis, sierra de Almeyda, sierra Vicuña Mackenna, cerro Vidal Gormaz,
volcán Lastarria y sierra Barros Arana, para todos los nacionales, destacándose las
designaciones de los hombres públicos más relevantes del pensamiento liberal82.
Importa destacar la vinculación del nombre de Guillermo Wheelwright –vol-
cán Wheelwright– con la ruta por donde los ingenieros “que obedecían a las órde-
nes del gran empresario sudamericano, trazaron las primeras líneas de un proyecto
de ferrocarril trasandino”. El nevado Jotabeche, en recuerdo a “la fama de don
José Joaquín Vallejo, hijo distinguido de Copiapó, literato, industrial y minero”; el
río Astaburuaga, en reconocimiento a Francisco S. Astaburuaga, meritorio autor
del Diccionario geográfico de Chile.

Francisco San Román y la cultura atacameña

Un aspecto menos conocido de la Comisión Exploradora fue su contacto con los


pueblos indígenas, habitantes de la precordillera andina.
El encuentro con las comunidades andinas constituyó el choque de dos mun-
dos. La expresión ‘chilenizar’ entonces equivalía a ‘civilizar’, fue un axioma. De
esta mentalidad estuvo revestida la Comisión Exploradora. El mundo indígena era
la barbarie, cuando no el salvajismo, en el lenguaje de los militares y de los inge-
nieros, sin entrar en mayores disquisiciones antropológicas.
Francisco San Román anota el contraste entre la habitación de un nativo y la
carpa de los exploradores:

“habitaba aquel ser humano un hueco entre dos piedras, desnudo de todo objeto de
comodidad, como si lo habitara un reptil; los peones levantaban nuestra carpa de
limpia lona coronada con un gallardete tricolor que ondeaba alegre y vistosamente

Véase más adelante p. 337.


81

Véase más adelante pp. 335-339, las nominaciones y sus fundamentos, tanto de nacionales
82

como extranjeros.

-xxxviii-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 38 26-09-12 13:20


francisco san román y su obra

en aquellos aires donde jamás había flotado emblema alguno de idea patriótica,
profana o sagrada”83.

Cabe destacar que el proceso de chilenización del territorio comenzó a operar


temprano en la región a través del ejército y la iglesia católica. En su visita al norte,
en 1890, José Manuel Balmaceda en Antofagasta le señaló al vicario apostólico,
Luis Silva Lezaeta, la necesidad de desplegar sacerdotes en la precordillera y en
la puna de Atacama; lo cual se hizo, llevando instrumentos imprescindibles, como
los textos de lectura de las escuelas primarias chilenas, y también dejando marcas
pictóricas en las iglesias de la precordillera84. Anotemos que el propio Francisco
San Román, al apreciar la vida de los atacameños, mezclada “con mayor propie-
dad aun de las tradiciones bolivianas”, estima que el mecanismo de civilizar debe
ser el mismo que se ha empleado como “medio de reducción” en el pasado: el
catecismo cristiano y las prácticas de culto, aun cuando, apostilla con ironía,

“dejando por lo demás, a los indígenas favorecidos con este necesario pero mera­
mente teórico o platónico servicio, tan brutos y degradados, tan inútiles e infelices
como antes”85.

Se detiene en admirar la semejanza de las construcciones indígenas con las


exis­tentes en los valles Calchaquíes, en Argentina, y nos refiere:

“Basta llegar a los indígenas de Aiquina, Caspana y otras de nuestro itinerario del
sa­lado y sus afluentes para recordar las análogas famosas construcciones de los
ha­bitantes de las laderas y precipicios de montañas en México y Estados Unidos.
Aquí como allí, las habitaciones son en lo esencial de piedras, defendidas por
si solas en sus alturas inaccesibles al borde de paredes verticales o parapetadas
dentro de reductos y fortalezas. No porque aquellas razas primitivas vivieran ex­
clu­sivamente en condiciones de guerra sino porque, de entre las poblaciones que
eran esencialmente agrícolas como las de los ríos y praderas, no queda hoy sino
restos aislados e imperceptibles que es necesario buscar con cierta prolijidad pa­ra
apercibirse de su existencia. En cuanto a la forma de aquellas construcciones y
materiales en suspensión, como nidos de águilas en lo más escarpado de los ba­
rran­­cos, se ven reproducidas las mismas figuras en rectángulos, paralelogramos,
círcu­los y las almerías, parapetos y torres, están construidas con cierto esmero,
pro­bablemente también destinadas a sacrificios u otros servicios del culto religioso

83
Véase más adelante p. 161.
84
Para esto, remito a José Antonio González Pizarro, El catolicismo en el desierto de Atacama. Iglesia
Sociedad Cultura, 1557-1987, el apartado El Vicariato Apostólico y la acción pastoral y cultural en el te-
rritorio precordillerano, pp. 57-66; “Comunidad, espíritu y mundo entre las faenas mineras y el bullicio
urbano costero”.
85
Véase más adelante p 157. En otro lugar, va a considerar que la pobreza de los indígenas ha
sido el resultado de los funcionarios de las contribuciones, y de la “otra plaga” la de las visitas anuales
del cura, p. 255. Cabe hacer notar que tales observaciones refieren –aunque no lo señala– al período
boliviano, donde el tributo colonial indígena fue suprimido por las fuerzas militares chilenas.

-xxxix-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 39 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

y los mismos utensilios, armas, instrumentos, las indispensables puntas de flecha


o arpones hechos de cuarzo, sílex o obsidiana u otras rocas duras y cortantes”86.

En Chiu-Chiu tuvo oportunidad de visitar los cementerios indígenas y obtener


“cuatro momias completas, en buen estado de conservación y adornadas con sus
pintados ropajes y diversos objetos de adorno y utensilios”, que remitió a Rodulfo
A. Philippi para la correspondiente sección del museo Natural87.
Mayor impresión le causaron los cementerios de los changos, en toda la costa
del desierto de Atacama, donde refiere que han sido exhumados varios restos hu-
manos con abundante utensilios de pesca.

“¿Cómo no sorprenderse e interesarse vivamente por estos objetos, cuando inespe­


ra­da­mente volvemos a dar con ellos, iguales e idénticos en otras apartadas, casi
opuestas regiones extremas del globo?”88.

Su reflexión sobre los pueblos indígenas del desierto de Atacama, desliza una
mirada humanitaria hacia la infelicidad de éstos y, a la vez, una crítica sobre el
papel eclesial en la redención de los mismos, al puntualizar:

“No se puede inducir al salvaje a obedecer ni a aceptar los beneficios de la educa­


ción y la moral manteniéndoles al mismo tiempo en vergonzante y aflictiva mise­
ria, con los sufrimientos del hambre y de la desnudez, con la conciencia de su
degradante inferioridad y bajo la paternidad de autoridades eclesiásticas que les
hacen vislumbrar la felicidad y la justicia solo para el otro mundo”89.

Imbuido en el halo ilustrado y en la responsabilidad del hombre civilizado,


destinó parte de su estadía en los faldeos cordilleranos a colectar las voces de la
lengua cunza de los atacameños.
Importa destacar que en sus recorridos por los caseríos de Toconao, Cámar,
Peine y Tilomonte, pudo acopiar una gran cantidad de léxico en su finalidad de
“salvar los últimos restos de esta lengua”, aunque debió vencer la “porfiada reserva
y recelosa cautela con que los naturales ocultan sus tradiciones y esquivan toda
ocasión de ser interrogados”. Para ello contó con el apoyo de un sacerdote, “un
ilustrado y estudioso sacerdote, presbíte­ro C. Maglio que se dedicó con interés al
mismo objeto”. La palabra cunza, escribe, surgió a raíz de que:

86
Véase más adelante p. 149.
87
Véase más adelante p. 146.
88
Véase más adelante p. 148. Aprovecha de señalar que en el museo de Historia Natural de Berna
se encuentran restos de las “extinguidas razas de la costa del Pacífico”.
89
Véase más adelante p. 157. Para una inserción del discurso de Francisco San Román en el ima­
ginario nacional y el contexto entre el pueblo atacameño y el Estado chileno, remito a José Luis Martí-
nez”, Relaciones y negociaciones entre la sociedad indígena de la región atacameña y la sociedad y el
estado chilenos”; Nelson Martínez, José Luis Martínez y Viviana Gallardo, “Presencia y representación
de los indios en la construcción de nuevos imaginarios nacionales (Argentina, Bolivia, Chile y Perú,
1880-1920)”.

-xl-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 40 26-09-12 13:20


francisco san román y su obra

“con motivo de averiguar sus pro­nom­bres


po­sesivos, tuve ocasión de com­pren­­der
que la invariable con­tes­­ta­ción cun­­za que
an­tes daban al ser in­terro­gados acom­­
pa­ñan­do la voz con un mo­vimiento de
los brazos mostrándose así mismos era
sim­­ple­mente el posesivo plural nuestro.
Ca­reciendo pues de una voz responden
len­gua cunza, es decir, nuestra lengua.
Sin comprender estas circunstancias, se
les ha dado a los abo­rígenes y a su lengua
el nombre de cunza”90.

Fue un aporte importante, aunque


suscitó puntuales reparos desde el pun-
to de vista filológico, de parte de Aníbal
Eche­verría y Reyes. Cabe indicar que el
sucesor del presbítero Maglio en la pa-
rroquia de San Pedro de Atacama, fue
el sacerdote francés Emilio Vaïsse, más
tarde conocido en el mundo literario
como Omer Emeth. Emilio Vaïsse, jun­
to con Aníbal Echeverría y Reyes y Fé­
lix Segundo Hoyos, dieron a conocer un
aporte ma­yor a la lengua de la etnia ata­
cameña, cuando en 1896 publicó Glosa-
rio de la lengua atacameña.

La obra de Francisco San Román después de la guerra civil de 1891

Antes de concluir el año 1890, se publicó la

“Carta Geográfica del Desierto i Cordilleras de Atacama. Levantada por la Comi­


sión Exploradora de Atacama. Francisco J. San Román- Ingeniero Jefe- Santiago
Mu­ñoz– Ingeniero ayudante. Dirección General de Obras Públicas. Sección de
Mi­nas i Geografía. Santiago de Chile. 1890”91.

90
Francisco J. San Román, La lengua cunza de los naturales de Atacama, 1890. También fue publicado en
la Revista de la Dirección de Obras Públicas, y reproducido por la Revista Chilena de Historia y Geografía. Fue ree-
ditado por Mario Bahamonde, en la revista Ancora. Francisco J. San Román remitió la publicación hecha en
la Imprenta Gutenberg al Instituto de Ingenieros de Chile, que fue acogida en la sesión extraordinaria del
11 de noviembre de 1890. Una deferencia de su parte al Instituto, al cual, sin embargo, nunca perteneció.
91
Greve, Historia..., p. 156. Refiere Oscar Bermúdez, en su Historia del salitre, desde sus orígenes hasta
la Guerra del Pacífico, p. 361, nota 1 señala que Francisco San Román levantó un “plano general de la
región salitrera comprendida en este territorio”, o sea, de la región del Toco, en 1886.

-xli-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 41 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

El 1 de enero de 1891 se iniciaba la guerra civil. Parte de la marina de guerra


apoyaba la causa del Poder Legislativo que, había destituido al presidente José
M. Balmaceda. Éste encontró en el ejército su mejor baluarte. Todos tomaron po-
siciones en el país. Si el norte se erigió como el territorio de las llamadas fuerzas
constitucionales –la Junta funcionó en Iquique–, el centro-sur del país se mantuvo
junto a las fuerzas presidenciales, que usaron todos los medios represivos para
mantener el orden público.
Francisco Javier San Román mantuvo la lealtad al Presidente de la República. De
otra manera no se comprendería su designación por parte del presidente José M. Bal-
maceda, mediante el decreto número 44, del 19 de junio de 1891, como delegado del

“Gobierno de Chile en el Congreso Geológico de Washington, (y) para que contrate


en el extranjero la impresión de dos mil ejemplares del mapa general ilustrado de
la región comprendida entre Coquimbo y Pisagua”92.

En su viaje se dirigió primero a Europa, con destino a Suiza, donde en Berna


pudo presentar sus trabajos para la Exposición Universal de Geografía, los cuales
constituyeron toda una sorpresa por su originalidad.
Sus labores realizadas en Estados Unidos de América están detalladas en su
obra magna. Cabe apostillar que fue el único latinoamericano en el Congreso Geo-
lógico, y que tuvo el apoyo de las instituciones científicas estadounidenses para
acometer la tarea de la impresión del mapa. Le cupo ser nombrado vicepresidente
del Congreso. Su estada en Estados Unidos sería muy corta, pues la derrota de las
fuerzas balmacedistas en Concón y Placilla, en agosto, significó la dimisión de José
M. Balmaceda y su asilo en la Legación Argentina. Francisco San Román fue des-
tituido. Su vida había cambiado. Sin embargo, hacia fines del año 1891 apareció su
única colaboración para los Anales del Instituto de Ingenieros93.
En el transcurso del año 1892, una vez retornado al país, escribe:

“debí dar cuenta de mis actos y de mis obras como exjefe de la Comisión Ex­plo­
ra­dora de Atacama y de la Sección de Minas y Geografía de la Dirección Ge­ne­ral
de Obras Pública. Mi demanda por devolución del puesto que ocupé en la ad­
ministración pública y del cual fui despojado por los procedimientos de ca­lu­m­
nia y sorpresa que ya he denunciado, al ser atendida con la altura y equidad que
distingue a nuestros hombres de Estado, ha debido producir en los autores del
despojo la inquietud de una severa reacción del interés público perjudicado”94.

92
Véase más adelante p. 211.
93
Francisco J. San Román, “El calor y su conversión en trabajo”, pp. 389-406. En su texto afirma:
“Entre los frutos que nos brinda el generoso suelo, los de origen minero, que nos han enriquecido tan
rápidamente, realizando en medio siglo de existencia las grandezas de una civilización que no habría-
mos alcanzado aun, sin ese recurso extraordinario, son los que más necesitan del auxilio de aquellas
transformaciones del progreso, para poder restituir con la economía, lo que se pierde por el empobre-
cimiento de la riqueza fácil y espontánea de las minas en el primer periodo de su existencia”, p. 389.
94
Francisco J. San Román, Los estudios del desierto y cordilleras de Atacama. Nota del señor Ministro de
Obras Públicas y su contestación por Francisco J. San Román, pp. 1 y 5. El asunto apuntaba a que los libros,

-xlii-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 42 26-09-12 13:20


francisco san román y su obra

Una de las inquietudes que le atrajo de la vida política, y que expresó en rei­
teradas ocasiones, fue la situación de la demarcación limítrofe de Chile con los
países vecinos. Las manifestó a través de la prensa, en el diario La Unión, en abril
de 1893, El Constitucional, en enero de 1895 y La Unión, en febrero de 1895, siendo
muy crítico del entendimiento de los mapas que habían configurado nuestras re-
laciones exteriores95. Refiere Enrique Kaempfer que Francisco San Román, junto
con él, se opuso en 1896 a entregar la puna de Atacama a Argentina.
Atento a las nuevas corrientes ideológicas y a los sucesos dominantes en la es­
cena mundial, escribía en 1895 que había una tendencia a la paz y concordia entre
las naciones, como también a

“mejorar las condiciones de las clases obreras, multiplicar los dones de la caridad,
difundir los conocimientos, morigerar las costumbres, velar por la salud pública y
facilitar en lo posible las dificultades de la vida”96.

En tal sentido admiró la filantropía privada de los estadounidense para aliviar las
necesidades y luchar contra el flagelo del alcoholismo.
Invitado por la Comisión Directiva de la Exposición Nacional de Minería y
Metalurgia, redactó en 1894 el extenso volumen titulado Reseña industrial e histórica
de la minería i metalurjia de Chile. Dos años después, en 1896, se editaban los dos
primeros tomos de su principal obra, Desierto y cordilleras de Atacama97
En 1898 fue nombrado ingeniero en jefe de la Comisión encargada del estudio
del ferrocarril longitudinal que, escribe Enrique Kaempfer, “cruzando el desierto

archivos, muestras geológicas, reunidos por la Comisión no estaban disponibles en la sección de Geo-
grafía y Minas de la Dirección de Obras Públicas, según había denunciado el nuevo jefe, con fecha 30
de agosto de 1892. El Ministro consideraba que todo ese material era propiedad del Estado. Con fecha,
28 de octubre de 1892, desde Puno, Francisco San Román hizo los descargos.
95
En su artículo, “El orijen de las dificultades en la cuestión de límites chileno-arjentino”, afirma
con autorizada palabra: “Se diría que toda nación aspirante a figurar en línea de nivel con las más
civilizadas del mundo o, por lo menos, colocada en puesto culminante en cualquier parte del globo de-
bería, en primer lugar, conocer el propio suelo que pisan sus habitantes, darse cuenta de su extensión,
de sus recursos y exactos límites con relación a los vecinos que la rodean. Hemos celebrado tratados
internacionales en que se designan los nombres y situaciones geográficas al revés, tomando el ocaso
por el levante y dando a la ubicación del límite, por no saber como trazarlo, el carácter de giratorio con
que se distinguen los pedimentos de mineros que no saben por donde va la veta; y así tenemos mapas
que suprimen valles extensos y poblados o figuran otros que no existen; en que se dibujan montañas
sobre plena llanura, etc. No se puede defender, gobernar, ni administrar así convenientemente un país
que tiene cuestiones internacionales con sus vecinos”. Ofreció su ayuda –un deber en su concepto– al
gobierno para la demarcación limítrofe en la cordillera de San Francisco. Cf. Francisco J. San Román,
“La cuestión internacional de límites i el mojón de San Francisco. Todos estos artículos y otros los
reunió bajo el título Estudios i datos prácticos sobre las cuestiones internacionales de límites entre Chile, Bolivia i
República Arjentina, citas en pp.57-58. Posteriormente, esta serie de artículos lo incorporó en el tomo ii de
Desierto y cordilleras de Atacama, agrupados bajo el epígrafe “Transcripción sobre cuestiones jeográficas
aplicables a los límites internacionales”.
96
“El arbitraje internacional”, p .65.
97
Véase p. 5 en adelante.

-xliii-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 43 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

de Atacama, unirá el centro de la república con la provincia de Tarapacá”, y donde


Enrique Kaempfer fue llamado por Francisco San Román para acompañarlo como
ingeniero primero en la sección Chañaral a Taltal98. Fue la postrera contribución
de su competencia técnica al progreso nacional.
Sus últimas actividades las realizó en 1899, haciendo “varios viajes para infor-
mar sobre minas y aguadas por encargo de particulares”99.
En 1902 vio la luz el tomo tercero de su obra, dedicado a la Hidrología. Su
plan comprendía cinco tomos100. Ese mismo año, el 21 de abril, y después de una
prolongada enfermedad falleció en Santiago.
Sobre la vida y la obra de este insigne ingeniero chileno, los juicios son contun-
dentes. El gran historiador del salitre, Oscar Bermúdez Miral, escribió:

“El contenido científico que ella encierra, el tratarse de trabajos hechos por primera
vez en forma completa, enriqueciendo con ello nuestros conocimientos geográficos,
y sobre todo, su gran belleza descriptiva, dan a esa obra valor perdurable”101.

Mientras que el Instituto de Ingenieros de Chile, a través de sus Anales..., afirmó:

“El señor San Román poseía varios idiomas y profesaba un verdadero culto por la
ciencia y a ella dedicó sus mejores años. Era también un artista, su alma vibraba
con las armonías musicales, e interpretaba con acierto a los grandes clásicos. La
ciencia, pierde en el señor San Román a uno de sus más fervorosos adoradores, el
arte uno de sus hijos, y la patria un gran carácter, una clara inteligencia, uno de los
hombres que más han luchado por su engrandecimiento. El Instituto de Ingenieros
de Chile ha visto desaparecer a uno de los más distinguidos ingenieros del país”102.

98
Kaempfer, op. cit., p. 51.
99
Lorenzo Sundt, “Introducción”, p. vi.
100
Algunos de sus apuntes de archivos –las carpetas– del período de la Comisión Exploradora,
probablemente destinados a dar forma a los tomos iv y v del Desierto y cordilleras de Atacama, fueron
reunidos por el diligente ingeniero de minas Lorenzo Sundt, y publicados en 1911 (véase nota 99),
advirtiendo: “no fueron destinados los apuntes del señor San Román a ser publicados en esta forma,
sino después de los estudios de oficina y del perfeccionamiento del mapa y de los perfiles geológicos...
las observaciones geológicas tuvieron para él que ser de un interés secundario. Consecuencia de esto es
que la denominación dada a las diversas rocas ha sido completamente provisoria y hasta algunas veces
errónea”. Cf. Lorenzo Sundt, Estudios jeolójicos i mineralójicos del desierto i cordillera de Atacama por
Francisco J. San Román, injeniero de minas, jefe de la Comisión Esploradora del Desierto de Atacama.
Publicados bajo la vigilancia de la Sociedad Nacional de Minería, p. v. En el artículo necrológico de
los Anales del Instituto de Ingenieros, el redactor afirma: “Preparaba un cuarto volumen, sobre la jeolojía
del Desierto cuando le sorprendió la muerte. Hemos tenido oportunidad de ver aquella obra en prepa-
ración, llena de observaciones hechas con claridad de criterio, que dan idea exacta de su preparación
técnica”, op. cit., p. 198.
101
Bermúdez Miral, “Las exploraciones...”, op. cit., p. 323.
102
Comisión de Redacción, op. cit., p. 198.

-xliv-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 44 26-09-12 13:20


francisco san román y su obra

La nueva edición

El nombre de Francisco San Román está unido a los tres tomos de Desierto y
cordilleras de Atacama. Una obra densa tanto en su calidad científica como por su
extensión. Nunca hubo una segunda edición de esta obra, publicada, como hemos
señalado, entre 1896 y 1902.
Hemos considerado para esta edición los dos
primeros tomos. Del primero, la parte correspon-
diente al itinerario de las exploraciones, donde el
estilo del autor es, a la vez, conciso y bello en de-
leitarnos con los días de campamento y las distintas
vicisitudes de un viaje que se extendió por cerca de
ocho años. Su lenguaje nos introduce en la inmen-
sidad del paisaje desértico, donde la soledad es una
fiel acompañante. También ofrece las descripciones
respecto de los poblados precordilleranos transi-
tados y, por cierto, todos los informes evacuados
por la Comisión. Del segundo, referido a la Geo-
grafía General, se contiene toda la información de
la provincia de Antofagasta, creada en 1888, que
el volumen reseña con prolijidad, con noticias de
interés variado; los antecedentes sobre el levanta-
Francisco J. San Román junto a su miento del mapa geográfico, con los datos técnicos,
padre.
que toma en cuenta lo trazado por Rodulfo A. Phi-
lippi y fundamentalmente la justipreciación científica de lo obrado por Alejandro
Bertrand, con todas las bases de medidas levantadas por la Comisión dirigida por
Francisco San Román. En esta selección de su obra el lector podrá apreciar los fun-
damentos de sus propuestas –aceptadas por el gobierno– para designar diversos
accidentes geográficos y las notas de agradecimientos de familiares y, en algunos
casos, de los mismos personajes que habían sido reconocidos en vida por él. Tam-
bién se ha seleccionado lo relativo a la Orografía, para concluir con un apartado
sobre la Hidrografía del desierto de Atacama. Cabe indicar que el espacio del
despoblado posee un número significativo de hoyas hidrográficas.
El arduo trabajo de campo llevado a cabo por Francisco San Román, con su
competencia técnica, se mantiene vigente en lo relativo a la descripción geográfica
de la antigua provincia de Antofagasta, actual Región de Antofagasta, “Capital
minera de Chile”, con mucha propiedad. A través de su lectura se podrá apreciar
el seco paisaje, con sus peculiares elementos climáticos, que nuestro autor nos re-
lata con objetividad y a la vez empatía. Se apreciará también la proeza humana de
conquistar, vivir y morir en el espacio, tal vez, más árido del mundo. Una empresa
que todavía sigue animando a muchos chilenos, a los cuales esta obra les ofrece
una sucesión de continuidad que redoblará sus esfuerzos.

-xlv-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 45 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Bibliografía

Ahumada, María Teresa, Huanchaca, perfil de la expresión patrimonial y tecnológica de


una época, Antofagasta, Universidad del Norte, 1985.
Alcedo, Antonio, Diccionario geográfico e histórico de América, Madrid, La Imprenta de
Benito Cano, 1786.
Alcedo, Antonio de, Diccionario geográfico de las Indias Occidentales (1786-1789), Ma-
drid, Biblioteca de Autores Españoles, 1967, tomo 205.
Almagro, Manuel, Breve descripción de los viajes hechos en América por la Comisión Cien-
tífica enviada por el Gobierno de S.M.C. durante los años 1862 a 1866. Acompañada
de dos mapas y de la enumeración de las colecciones que forman la exposición pública,
Madrid, Imprenta Rivadeneira, 1866.
Álvarez Gómez, Oriel, Atacama de Plata, Santiago, Editorial Todamérica, 1980.
Amunátegui, Miguel Luis, La cuestión de límites entre Chile y Bolivia, Santiago, Impren­
ta Nacional, 1963.
Anuario Hidrográfico de la Marina de Chile, año vi, N° 6, Santiago, Imprenta Nacional,
1880.
Apey, María Angélica, “Un siglo de minería en Atacama y su impacto regional:
1830-1930” en Juan O’Brien (editor), Fundición y territorio. Reflexiones históricas
sobre los orígenes de la Fundición Paipote, Santiago, Enami, 1992.
Archivo Central Diocesano, Obispado de Copiapó, parroquia de Nuestra Señora
del Rosario, libro N° 31.
Arias Divito, Juan Carlos, Expedición científica de los hermanos Heuland 1795-1800,
Madrid, Ediciones Cultura Hispánica del Centro Iberoamericano de Coope-
ración, 1978.
Bermúdez, Oscar, Historia del salitre, desde sus orígenes hasta la Guerra del Pacífico, San-
tiago, Ediciones de la Universidad de Chile, 1963.

-xlvi-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 46 26-09-12 13:20


francisco san román y su obra

Bermúdez Miral, Oscar, “Las exploraciones del desierto de Atacama dirigidas por
el ingeniero don Francisco J. San Román”, en Revista Chilena de Historia y Geo-
grafía, N° 124, Santiago, 1956.
Bibar, Gerónimo de, Crónica y relación copiosa y verdadera de los reinos de Chile, trans-
cripción paleográfica del profesor Irving A. Leonard, introducción de Guillermo
Feliú Cruz, Santiago, Fondo Histórico y Bibliográfico J.T. Medina, 1966, tomo 2.
Bittmann, Bente, El Programa Cobija: investigaciones antropológico-multidisciplinarias en
la costa centro sur andina: notas etnohistóricas, separata de Shozo Masuda (editor),
Contribuciones a los estudios de los Andes Centrales, Tokio, Universidad de Tokio,
1984.
“Boletín de Instrucción Pública, sesión de 4 de septiembre de 1858”, en Anales de la
Universidad de Chile, tomo 15, Santiago, 1858.
“Boletín de Instrucción Pública. Consejo de Instrucción Pública, sesión de 7 de
ene­ro de 1902”, en Anales de la Universidad de Chile, Santiago, tomo cxi, julio-
di­ciem­bre 1902.
Bresson, André, Bolivia: sept années d’ explorations, de voyages et de séjours dans l’Amé­
ri­que australe, Paris, Challamel Ainé, 1886.
Bresson, André, “El desierto de Atacama y Caracoles”, en La Tierra y sus habitantes.
Viaje pintoresco a las cinco partes del mundo por los más célebres viajeros, Barcelona,
Ed. Montaner y Simón, 1878, tomo i.
Bresson, André, Una visión francesa del litoral boliviano (1886), La Paz, Stampa Grá-
fica Digital, 1997.
Bruna Vargas Augusto-Andrea Larroucau, “La epopeya de un sabio: Rodulfo
Amando Philippi en el desierto de Atacama”, en Rodulfo Amando Philippi,
Viaje al desierto de Atacama, 2ª ed., Santiago, Cámara Chilena de la Construc-
ción, Pontificia Universidad Católica de Chile y Biblioteca Nacional de Chile,
Biblioteca Fundamentos de la Construcción de Chile, 2008, tomo 39.
Canut de Bon, Claudio y Antonio Carvajal, “Domeyko en La Serena (1838-1846”,
en Anales de la Universidad de Chile, sexta serie, N° 14, Santiago, junio de 2002.
Número especial con motivo del homenaje a los 200 años del natalicio de Ig-
nacio Domeyko.
Carreiro, Sarissa, “La crónica de Jerónimo de Vivar y el sujeto colonial”, en Revista
Chilena de Literatura, número 73, Santiago, noviembre de 2008.
Casassas Cantó, José María, Fuentes documentales para el estudio etno-histórico de las
poblaciones indígenas del Norte Grande chileno y tierras adyacentes, Antofagasta, Uni-
versidad del Norte, Centro de Documentación, Serie I Repertorio Bibliográfico
N° 3, noviembre 1974.
Comisión de Redacción, “Francisco San Román”, en Anales del Instituto de Ingenieros
de Chile, año ii, N° 5, Santiago, 15 de mayo de 1902.
D’Orbigny, Alcides, Viajes y viajeros: viajes por América del Sur, Madrid, Editorial
Agui­lar, 1958.
Darwin, Charles, Viaje de un naturalista alrededor del mundo, edición completa, am-
pliada con más de 120 ilustraciones de la época. Seleccionadas y ordenadas por
Joaquín Gil, Buenos Aires, Librería El Ateneo, 1945.

-xlvii-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 47 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Domeyko, Ignacio, “Examen i análisis de las sales que se hallan esparcidas en la


su­perficie del suelo en el desierto de Atacama”, en Anales de la Universidad de
Chi­le, tomo 11, Santiago, 1854.
Domeyko, Ignacio, “Jeografía. Estudios geográficos sobre Chile”, en Anales de la
Universidad de Chile, tomo 16, Santiago, enero de 1859.
Eder, Klaus, The Social Construction of Nature: A Sociology of Ecological Enlightenment,
London, Sage Publications, 1996.
Edwards, Hernán y Patricio Gross, “Desarrollo urbano y arquitectónico de Copia-
pó”, en Juan O’Brien (editor), Fundición y territorio. Reflexiones históricas sobre los
orígenes de la Fundición Paipote, Santiago, Enami, 1992.
Empresa Periodística Chile, Diccionario biográfico de Chile, Santiago, Imprenta y Li-
tografía Universo, 1936.
Fernández de Oviedo, Gonzalo, Historia general de las Indias, edición y estudio pre-
liminar de Juan Pérez de Tudela Bueso, Madrid, Biblioteca de Autores Españo-
les, 1959, tomo 121.
Figueroa, Pedro Pablo, Diccionario biográfico de Chile, Santiago, 1897, tomo iii.
Frezier, Amadeo, Relación del viaje por el mar del sur, Caracas, Biblioteca Ayacucho,
1982.
Frezier Amadeo, Relation du voyage de la mer du sud aux cotes du Chily et du Perou, fait
pendant les années 1712, 1713, 1714, Paris, Chez Jean-Geoffroy Nyon, 1716.
González Leiva, José Ignacio, “Primeros levantamientos cartográficos generales de
Chile con base científica: los mapas de Claudio Gay y Amado Pissis”, en Revista
de Geografía Norte Grande, N° 38, Santiago, diciembre 2007.
González Pizarro, José Antonio, “Breve bosquejo de la pampa y el hombre nortino
en la literatura nortina”, en Anales de Literatura Hispanoamericana, N° 12, Madrid,
Universidad Complutense de Madrid, Facultad de Filología, Cátedra de Litera-
tura Hispanoamericana, 1983.
González Pizarro, José Antonio, “Comunidad, espíritu y mundo entre las faenas
mineras y el bullicio urbano costero”, en Erika Tello Bianchi (coordinación y
editora), Rescate del patrimonio material más antiguo de la región. De las iglesias colo-
niales a los templos urbanos, Antofagasta, Ediciones Universitarias de la Universi-
dad Católica del Norte, Core II Región y Consejo Regional de la Cultura, 2010.
González Pizarro, José Antonio, “Chile y Bolivia (1810-2000)”, en Pablo Lacoste
(compilador), Argentina Chile y sus vecinos, Mendoza, Caviar Bleu, Editora Andi-
na Sur, 2005, tomo i.
González Pizarro, José Antonio, El catolicismo en el desierto de Atacama. Iglesia Socie-
dad Cultura, 1557-1987, Antofagasta, Ediciones Universitarias de la Universidad
Católica del Norte, 2002.
González Pizarro, José Antonio, “Espacio y política en Antofagasta en el ciclo sa-
litrero. La percepción del desierto y el sentimiento regionalista, 1880-1930”,
en Viviana Conti y Marcelo Lagos (compiladores), Una Tierra y tres naciones. El
litoral salitrero entre 1830 y 1930, Jujuy, Universidad Nacional de Jujuy, 2002.
González Pizarro, José Antonio, “Imaginarios contrapuestos: el desierto de Ataca­
ma percibido desde la región y mirado desde la nación”, en Revista de Dialec­to­

-xlviii-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 48 26-09-12 13:20


francisco san román y su obra

logía y Tradiciones Populares. Antropología-Etnografía-Folklore, vol. lxiv, N° 2, Ma­


drid, julio-diciembre 2009.
González Pizarro, José Antonio, “La Comisión Científica del Pacífico en Chile,
1863-1864”, en Rafael Sagredo Baeza y Miguel Ángel-Samper Mulero, Imágenes
de la Comisión Científica del Pacífico en Chile, Santiago, Ediciones de la Dirección
de Bibliotecas, Museos y Archivos, Centro de Investigaciones Diego Barros
Arana, Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España y Editorial
Universitaria, 2007.
González Pizarro, José Antonio, La Comisión científica española al Pacífico en Chile
(1862-1865). Diario de Francisco Martínez y Sáez (Transcripción, estudio preliminar
y notas de José Antonio González Pizarro), Antofagasta, Ediciones Universitarias
Universidad Católica del Norte, 1992.
González Pizarro, José Antonio, “La provincia de Antofagasta. Creación y conso-
lidación de un territorio nuevo en el Estado chileno: 1888-1933”, en Revista de
Indias, tomo lxx, N° 249, Madrid, 2010.
González Pizarro, José Antonio, “Los artículos de Rafael Castro y Ordoñez en El
Museo Universal (1863-1864) sobre la Comisión de Naturalistas Españoles en
América”, en Quipu. Revista Latinoamericana de Historia de las Ciencias y la Tecno-
logía México, vol. 6, N° 1, 1989.
González Pizarro, José Antonio, “Tecnología y ciencia en la industria del salitre
du­rante el ciclo Shanks. La búsqueda de un programa de investigaciones”, en-
Vertiente. Revista de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Geológicas, año 17, N° 17,
Antofagasta, diciembre 2002.
Greve, Ernesto, Historia de la Ingeniería en Chile, Santiago, Imprenta Universitaria,
1944, tomo iii.
Greve, Ernesto, Informe sobre la demarcación de los paralelos de los grados 23 y 24 de
la­titud meridional, elevado a la Superintendencia del Salitre, Santiago, Imprenta y
Li­tografía La Ilustración, 1932.
Gumucio Granier, Jorge, Estados Unidos y el mar boliviano. Testimonios para la historia,
La Paz, Instituto Prisma Plural, 2005.
Hurtado Guerrero, Miguel, Memoria sobre el límite septentrional de la República de Chi-
le, Santiago, Instituto de Investigaciones del Patrimonio Territorial de Chile,
Universidad de Santiago de Chile, 1987 (1859).
Kaempffer, Enrique, La industria del salitre i del yodo, Santiago, Imprenta Cervantes,
1914.
Lastarria, José Victorino, Miscelánea histórica i literaria, Santiago, Imprenta de La
Pa­tria, 1870, tomo iii.
Letelier, Alberto, “Los ingenieros y la industria salitrera”, en Anales del Instituto de
Ingenieros de Chile, año xxiii, N°1, Santiago, enero mcmxxvii.
Lofstrom, William, “Cobija y el litoral boliviano”, en Viviana Conti y Marcelo La-
gos (compiladores), Una Tierra y tres naciones. El litoral salitrero entre 1830 y 1930,
Jujuy, Universidad Nacional de Jujuy, 2002.
Magestad Católica del Rey don Carlos II, Recopilación de Leyes de los reinos Indias,
Madrid, impreso por Ivlian de Paredes, 1681.

-xlix-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 49 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Mariño de Lobera, Pedro, Crónicas del reino de Chile, Santiago, Imprenta del Ferro-
carril, 1861.
Martínez, José Luis, “Relaciones y negociaciones entre la sociedad indígena de la
región atacameña y la sociedad y el estado chilenos”, en Proposiciones, N° 14,
Santiago, 1994.
Martínez, Nelson, José Luis Martínez y Viviana Gallardo, “Presencia y representa-
ción de los indios en la construcción de nuevos imaginarios nacionales (Argen-
tina, Bolivia, Chile y Perú, 1880-1920)”, en Grinor Rojo et al., Nación, Estado y
cultura en América Latina, Santiago, Ediciones Facultad de Filosofía y Humani-
dades, Universidad de Chile, 2003.
Millán, Augusto, La minería metálica en Chile en el siglo xix, Santiago, Editorial Uni-
versitaria, 2004.
Morales, José Ricardo, Arquitectónica. Sobre la idea y el sentido de la arquitectura, Con-
cepción, Universidad del Biobío, Facultad de Arquitectura y Construcción, 1984.
Núñez, Lautaro, Cultura y conflicto en los oasis de San Pedro de Atacama, Santiago, Edi-
torial Universitaria, 1992.
“Observaciones hechas por el Coronel Francisco Burdett O’Con­nor en el reco-
nocimiento que ha practicado de orden del Excmo. Sr. General en Jefe, Gran
Mariscal de Ayacucho, en la provincia de Atacama, los puertos de mar que
comprende y el camino desde el punto de Cobija hasta la capital de Potosí”, en
Revista Chilena de Historia y Geografía, Santiago, tomo lvii, N° 62, 1928.
Orellana, Mario, La crónica de Gerónimo de Vivar y los primeros años de la conquista de
Chile, Santiago, Librotecnia Editores, 2006.
Ortega Martínez, Luis, Chile en la ruta al capitalismo. Cambio, euforia y depresión 1850-
1880, Santiago, Ediciones de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos,
Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, Lom Ediciones, Colección So-
ciedad y Cultura, 2005, vol. xxxviii.
Panadés Vargas, Juan, “Antofagasta y los inicios de la educación técnica”, en Hombre
y desierto. Una perspectiva cultural, N° 8, Antofagasta, 1994.
Pérez Z., Edmundo, “Notas para una monografía de la Escuela de Minas de Copia-
pó”, en Álbum histórico de la Escuela de Minas de Copiapó 1857-1950, www.ingenie-
ria.uda.cl/Historia.htm, consultada el 6 de septiembre de 2010.
Philippi, Rodulfo Amando, Viaje al desierto de Atacama, 2ª ed., Santiago, Cámara
Chi­lena de la Construcción, Pontificia Universidad Católica de Chile y Biblio-
teca Nacional de Chile, Biblioteca Fundamentos de la Construcción de Chile,
2008, tomo 39.
Pinto Vallejos, Julio y Luis Ortega Martínez, Expansión minera y desarrollo industrial:
un caso de crecimiento asociado (Chile 1850-1914), Santiago, Universidad de San-
tiago de Chile, 1990.
Ried, Aquinas, “A description of Chiu Chiu”, in Chamber’s Edimburgh Journal, 8
March, en José María Casassas Cantó, Fuentes documentales para el estudio etno-
histórico de las poblaciones indígenas del Norte Grande chileno y tierras adyacentes, An-
tofagasta, Universidad del Norte, Centro de Documentación, Serie I Repertorio
Bibliográfico N° 3, noviembre 1974.

-l-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 50 26-09-12 13:20


francisco san román y su obra

Sagredo Baeza, Rafael y José Ignacio González Leiva, La expedición Malaspina en la


frontera austral del imperio español, Santiago, Ediciones de la Dirección de Bi-
bliotecas, Archivos y Museos, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana,
Editorial Universitaria, 2004.
Saldivia Maldonado, Zenobio La ciencia en el Chile decimonónico, Santiago, Ediciones
Universidad Tecnológica Metropolitana, 2005
San Román, Francisco J., “Desierto de Atacama. Informe pasado al gobierno por la
comisión exploradora”, en Anales de la Universidad de Chile, tomo lxv, Santiago,
julio de 1884.
San Román, Francisco J., Desierto y cordilleras de Atacama, 2ª ed., Santiago, Cámara
Chi­lena de la Construcción, Pontificia Universidad Católica de Chile y Biblio-
teca Nacional de Chile, Biblioteca Fundamentos de la Construcción de Chile,
2012, tomo 59.
San Román, Francisco J., “El arbitraje internacional”, en La Unión, 27 de febrero de
1895 y en Francisco J. San Román, Estudios i datos prácticos sobre las cuestiones in-
ternacionales de límites entre Chile, Bolivia i República Arjentina, Santiago, Imprenta
de la Nueva República, 1895.
San Román, Francisco J., “El calor y su conversión en trabajo”, en Anales del Instituto
de Ingenieros, tomo i, N°10, Santiago, 15 de diciembre de 1891.
San Román, Francisco J., “El orijen de las dificultades en la cuestión de límites
chileno-arjentino”, en La Unión, 14 de febrero de 1895.
San Román, Francisco J., Estudios i datos prácticos sobre las cuestiones internacionales de
límites entre Chile, Bolivia i República Arjentina, Santiago, Imprenta de la Nueva
República, 1895.
San Román, Francisco J., “Exploración Científica del Desierto de Atacama. In-
forme al gobierno por la comisión exploradora, Copiapó, 26 de setiembre de
1884. Al Señor Ministro del Interior”, en Anales de la Universidad de Chile, tomo
lxv Santiago, semestre i, setiembre de 1884.

San Román, Francisco J., Informe al Gobierno de Mendoza sobre las minas de la Choica i
del cajón de la Fortuna, en la misma Provincia, Santiago, Imprenta del Correo, 1876.
San Román, Francisco J., Informe relativo a los negocios de la Compañía Ferrocarril de
Copiapó. Desde enero 1 hasta diciembre 31 de 1873, Valparaíso, Imprenta del Uni-
verso de G. Helfmann, 1874.
San Román, Francisco J., “Itinerario de las exploraciones”, en Francisco San Ro-
mán, Desierto i cordilleras de Atacama, Santiago, Im­prenta Nacional, 1896, tomo i.
San Román, Francisco J., “La cuestión internacional de límites i el mojón de san
Francisco”, en El Constitucional, 21 de enero de 1895.
San Román, Francisco J., La lengua cunza de los naturales de Atacama, Santiago, Im-
prenta Gutenberg, 1890.
San Román, Francisco J., “La lengua cunza de los naturales de Atacama”, en Revista
Chilena de Historia y Geografía, tomo xli, N° 45, Santiago, 1922.
San Román, Francisco J., “La lengua cunza de los naturales de Atacama”, en Ancora,
N° 3, Antofagasta, 1967.

-li-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 51 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

San Román, Francisco J., “La lengua cunza de los naturales de Atacama”, en Revista
de la Dirección de Obras Públicas, tomo v, Santiago.
San Román, Francisco J., Los estudios del desierto y cordilleras de Atacama. Nota del señor
Ministro de Obras Públicas y su contestación por Francisco J. San Román, Santiago,
Imprenta Gutenberg, 1893.
San Román, Francisco, “Misión a los Estados Unidos. Viajes de Estudio”, en Fran-
cisco San Román, Desierto i cordilleras de Atacama, Santiago, Imprenta Nacional,
1896, tomo i.
San Román, Francisco J., Proyecto de Ferrocarril trasandino por el Norte para comunicar
el Gran Central Arjentino con el de Copiapó i Caldera, Santiago, Imprenta del Fe-
rrocarril, s/d.
San Román, Francisco J., Reseña industrial e histórica de la minería i metalurjia de Chile.
Escrita por encargo de la Comisión Directiva de la Exposición de Mineria i Metalurjia,
Santiago, Imprenta Nacional, 1894.
Sánchez Mansilla, Edgardo, “Andanzas de Charles Darwin por el desierto de Ata-
cama”, en Revista Alicanto. Literatura, Lingüística, Educación, N° 2, Arica, 2009.
Sayago, Carlos María, Historia de Copiapó, Copiapó, Imprenta de “El Atacama”,
1874.
Serrano, Sol, Universidad y nación. Chile en el siglo xix, Santiago, Editorial Universi-
taria, 1994.
Sundt, Lorenzo, “Introducción”, en Lorenzo Sundt, Estudios Jeolójicos i Mineralójicos
del Desierto i Cordillera de Atacama por Francisco J. San Román, Injeniero de minas, Je­
fe de la Comisión Esploradora del Desierto de Atacama. Publicados bajo la vigilancia de
la Sociedad Nacional de Minería, Santiago, Imprenta, Litografía i Encuadernación
Barcelona, 1911, vol. ii.
Sundt, Lorenzo, Estudios jeolójicos i mineralójicos del desierto i cordillera de Atacama por
Francisco J. San Román, injeniero de minas, jefe de la Comisión Esploradora del Desierto
de Atacama. Publicados bajo la vigilancia de la Sociedad Nacional de Minería, Santia-
go, Imprenta, Litografía i Encuadernación Barcelona, 1911, vol. ii.
Thomson, Ian y Dietrich Angerstein, Historia del ferrocarril en Chile, Santiago, Edi-
ciones de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Centro de Investiga-
ciones Diego Barros Arana, Colección Sociedad y Cultura, 1997, vol. xiv.
Torres, Diego A., “Organización de la enseñanza técnica en armonía con los demás
órdenes de la enseñanza especial”, en Anales de la Universidad de Chile, tomo
cxiii, Santiago, julio-diciembre de 1903.

Tschudi, Johann Jakob von, “Viaje por las cordilleras de los Andes de Sudamérica,
de Córdoba a Cobija, en el año 1858”, en Boletín de la Academia Nacional de
Ciencias, tomo 45, entrega 1° a 4°, Córdoba, 1860.
Valdivia, Pedro de, “Cartas que trata del descubrimiento y conquista de Chile”, en
Crónicas del reino de Chile, Madrid, Ediciones Atlas, Biblioteca de Autores Espa-
ñoles, 1960, tomo 131.
Vicuña Urrutia, Manuel “Epílogo”, en Manuel Vicuña Urrutia, La imagen del desierto
de Atacama (xvi-xix). Del espacio de la disuasión al territorio de los desafíos, Santiago,
Editorial Universidad de Santiago, 1995.

-lii-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 52 26-09-12 13:20


francisco san román y su obra

Vicuña Urrutia, Manuel, La imagen del desierto de Atacama (xvi-xix). Del espacio de la
disuasión al territorio de los desafíos, Santiago, Editorial Universidad de Santiago,
1995.
Vicuña Mackenna, Benjamín, Historia de los diez años de la administración de Montt,
Santiago, Imprenta Chilena, 1862.
Vidal Gormaz, Francisco, Jeografía náutica de Bolivia, Santiago, Imprenta Nacional,
1879.
Vidal Gormaz, Francisco, “Noticias del desierto i sus recursos”, en Anuario Hidrográ-
fico de la Marina de Chile, N° 6, Santiago, 1879.
Villalobos, Sergio, Pedro León Gallo. Minería y política. Santiago, Fundación Tierra
Amarilla, 2009.

-liii-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 53 26-09-12 13:20


Desierto y cordilleras de Atacama.indb 54 26-09-12 13:20
Desierto y cordilleras de Atacama.indb 1 26-09-12 13:20
Desierto y cordilleras de Atacama.indb 2 26-09-12 13:20
EL DESIERTO Y CORDILLERAS
DE
ATACAMA

E l largo trecho de territorio chileno que corre desde el agreste valle del Huasco
hasta las pam­pas salitrosas por donde corre el río Loa, comprendiéndose entre
ambos límites extremos todo lo ancho de Chile que se extiende desde las costas
del Pacífico hasta la cresta de los Andes, constituye lo que propiamente se tomaba
por desierto de Atacama hasta principios del presente siglo.
Ha venido restringiéndose esta denominación más y más hacia el norte a me-
dida que el progreso general y los descubrimientos mineros poblaban o hacían
accesibles a la exploración aquellos territorios, fundándose pueblos y creándose
industrias en ellos; mas, como mero título geográfico y sobre todo como significa-
ción de una zona de aridez y de producciones exclusivamente debidas al reino mi-
neral, la tradición y la costumbre conservan aún aquella denominación para toda
esa comarca que hoy abraza dos provincias chilenas, Atacama y Antofagasta.
La configuración general de Chile, con su valle longitudinal recostado sobre la
falda occidental de los Andes y limitado hacia el lado del Pacífico por la cordillera
marítima que se interrumpe de trecho en trecho en su encadenamiento para dar
paso a los ríos y valles que lo surcan atravesándolo, se reproduce en el desierto
de Atacama después de haber desaparecido en las provincias de Acon­cagua y
Co­quimbo, donde los brazos desprendidos de una y otra cordillera, cruzándose y
en­trelazándose en potentes macizos transversales, dan allí al territorio el aspecto
de una serie de zonas o cintos montañosos que lo ciñen de oriente a poniente.
Comienza aquél y termina este último carácter físico del país precisamente en
la línea de división administrativa entre las provincias de Co­quimbo y Atacama,
que sigue las alturas por donde se separan a sus respectivos cauces las aguas co-
rrespondientes a las hoyas hidrográficas de Elqui y el Huasco, más o menos según
el paralelo de 29º y desde la bahía de Chañaral hasta la cordillera de Doña Ana.
Desde aquel nuevo punto de partida, reproduciéndose la configuración de las
dos cordilleras paralelas y el valle central intermedio, continúa éste sin más inte-
rrupción de importancia hasta el Loa y las pampas del Tamarugal.

-3-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 3 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Tales caracteres salientes del aspecto físico del desierto de Atacama determi-
nan diferencias de clima y de condiciones hidrológicas, definen las zonas de com-
posición geológica y los grandes accidentes genésicos, señalan la distribución de
las especies mineralógicas y marcan líneas de orientación al explorador minero.
La desnudez de toda vegetación aprovechable en el suelo, una atmósfera siem-
pre despejada y seca cuando no es en la orilla del mar, y un terreno en todas partes
desnudo y a todas profundidades apto para las explotaciones mineras, son otras
tantas condiciones naturales de la constitución geológica y fisonomía física del de-
sierto que imprimen un carácter especial y determinan propias y privativas peculia-
ridades así a sus producciones mismas como a las industrias que de ellas derivan.
El aspecto físico de un territorio interesa tan vivamente al estudio del investi-
gador científico como al mero explorador industrial, que sólo busca bienes mate-
riales y fuente de trabajo en sus afanes de observar y descubrir.
Las cadenas de montañas, con su composición, su orientación y sus accidentes,
revelan a la ciencia del uno el orden de los misterios de la creación, tanto como
señalan a la sagacidad del otro los secretos del yacimiento y distribución de los
me­tales.
Los fenómenos meteorológicos, que en medio de aquella naturaleza austera
del desierto ofrecen los aspectos del cielo estrellado, que riega las tierras con el ro­
cío, de las noches brumosas y de las mañanas que el sol despoja de sus velos nebu­
losos llenando de luz y calor el espacio, no despiertan en el buscador de fortuna
menos útiles enseñanzas para guiarse en sus indagaciones de descubrir, que en el
sabio ideas y reflexiones sobre las ciencias meteorológicas. Porque sabe aquél, por
su experiencia en el arte de interrogar a la esquiva naturaleza de sus desiertos, que
aquellos fenóme­nos determinan el régimen de las aguas, exteriores o subterráneas,
y con esta clave define los contornos y busca con razonada diligencia los depósitos
de salitre, descubre la salvación y los recursos, encontrando el agua invisible en el
subsuelo, la persigue en las profundidades o la toma como guía en las “humeda-
des” para él reveladoras que se le presentan en el laborío del filón, en el fondo de
la mina.
Los aspectos naturales le son también familiares y lo guían en su inteligente y
fecunda perseverancia de buscar y encontrar la riqueza que impulsa el progreso,
multiplica las fuerzas y labra la felicidad humana.
En la estructura y composición de la montaña indaga el “panizo” revelador,
bus­ca la roca “pintadora”, y no es siempre necesario que el crestón de plata refleje
sus destellos al sol para que la luz de su experiencia lo guíe hacia el lugar del ya-
cimiento.
La profusión y la trascendental importancia de tantos hallazgos así debidos,
en todo el desierto de Atacama, a la sola y espontánea iniciativa par­ticular, con
in­menso beneficio de la riqueza pública que adquiría con ellos nuevos mercados
pa­ra todos los frutos, trabajo y remuneración para todas las clases sociales, actividad
co­mercial, fuerza y poderío para el país y tantos otros bienes, hubieron al fin de
estimular a las autoridades administrativas, al gobierno de la nación, a decretar el
estudio y razonada exploración de aquel territorio, destinando al efecto algo de los

-4-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 4 26-09-12 13:20


el desierto y cordilleras de atacama

recursos y atención que se acordaban a otros intereses y a otras localidades de la


república.
Coincidía el interés de entonces con la reciente terminación de la Guerra del
Pacífico, que reintegraba a Chile en la posesión completa del desier­to y cordillera
de Atacama, abriendo más vasto campo a su jurisdicción y a su actividad indus­
trial, y en esta virtud, e inspirándose el gobierno en la necesidad de tener fiel
co­nocimiento de los recursos de aquella extensa porción de la repú­blica, y a fin
de dictar en su servicio y fomento las disposiciones que su importancia requería,
formuló en el siguiente decreto el completo plan de estudios y exploraciones, que
expresa:

Santiago, 17 de abril de 1883

He acordado y decreto:
Art. 1.º Una comisión exploradora del desierto de Atacama com­pues­ta de un
ingeniero en jefe que la presidirá, de dos ingenieros segundos, de los cuales uno
se­rá geólogo y el otro geógrafo, de dos ingenieros ayudantes y de un ecónomo,
pro­­ce­derá a hacer los estudios de que se trata en el presente decreto.
Art. 2.º Se levantará la carta topográfica del desierto con los detalles de su
orografía e hidrografía, demarcación de las aguadas naturales y de los puntos en
que éstas pueden ser abiertas.
Art. 3.º Se clasificarán geológicamente los terrenos, habida conside­ra­ción a
su importancia mineralógica, y se reunirán colecciones completas de sus ro­cas y
piedras minerales, detallándose con la precisión posible las corridas y lo­calidades
de formación metalífera.
Art. 4.º Se estudiarán y describirán las minas metálicas y yacimientos salinos,
los ingenios metalúrgicos y los tratamientos empleados en ellos.
Art. 5.º Se trazarán en la carta topográfica los caminos que faciliten las comu­ni­
caciones del desierto y que mejor se adapten a su fomento y prosperidad in­dustrial.
Art. 6.º Se tomarán, en general, todos los datos que el estudio mismo del de­
sierto ofrezca al interés de la industria y a la posibilidad de plantearla con ventaja
para las empresas particulares.

Santa María
J.M. Balmaceda

A continuación se nombró el personal superior de la comisión, como sigue:

He acordado y decreto:
La Comisión Exploradora del desierto de Atacama se compondrá del inge­
nie­ro en jefe don Francisco J. San Román, del ingeniero geógrafo don Alejandro
Chadwick y del geólogo don Lorenzo Sundt.
Tómese razón y comuníquese.

Santa María
José M. Balmaceda

-5-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 5 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Este programa de trabajos se realizó inmediatamente, comenzándose por reco-


nocer toda su importancia a la disposición del art. 2º, que ordena el levantamiento
de la carta topográfica del desierto con los detalles de su orografía, hidrografía e
hi­drología.
El art. 3º fue estrictamente interpretado, reduciendo el estudio de la geología
al carácter mineralógico de las rocas en sí mismas y con relación a los yacimientos
y distribución de los minerales, formándose al mismo tiempo las colecciones a que
se hace referencia.
Las minas y la metalurgia, conforme al artículo 4º, fueron en todo lo posible
atendidas y asimismo lo fueron las recomendaciones que se insertan en los arts.
5º y 6º.
El mejor plan de esta obra será el de ajustarse en todo al orden de materias del
anterior decreto.

-6-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 6 26-09-12 13:20


ITINERARIO
DE LAS
EXPLORACIONES

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 7 26-09-12 13:20


Desierto y cordilleras de Atacama.indb 8 26-09-12 13:20
I
JUNIO A DICIEMBRE DE 1883

En Copiapó. Preliminares y leyendas. Puquios. Entrada en campaña. Pueblo Hun­


di­do. El desierto. Nota al Ministerio del Interior. La Florida. Carrizalillo: minas,
es­tablecimientos, etc. Plan de cateo. El agua. Descubrimiento de Esmeralda. Ba­
rran­cales: percance. Poesía de mineros. Minas: Exploradora y Juncal. Fenó­meno
lu­minoso. Camino del Inca. Los aragoneses Leite. Geología. Apremio. Jor­nada
noc­turna. Calicheras de Taltal. Etnología en las cumbres. ¡El mar! Nota al Mi­nis­
te­rio del Interior.

L a ciudad de Copiapó se ofrecía como natural punto de partida y centro nece­


sario de organización, de informaciones y recursos.
Pueblo esencialmente minero, sólo allí era seguro encontrar esa especialidad
de hombres, genuino tipo atacameño, ya perdido o degenerado, en quienes se reú­
nen todas las condiciones físicas y morales, de probada experiencia y natural saga-
cidad de observación que posee el explorador minero del desierto, el buscador de
minas: el cateador propiamente dicho.
Sobrio y fuerte, de espíritu inteligente y fácil locución, acostumbrado al atento
examen del terreno que recorre, a orientarse como el marino, tomando a las cum-
bres por faro y a los astros por brújula, el cateador es, como guía, hombre seguro
en todos los casos, salvador con su prudencia, previsor por experiencia y siempre
ameno con su charla en el inagotable tema de la leyenda minera sobre derrote-
ros y descubrimientos, con sus historias de ilusiones y fantasías, supersticiones y
extravagancias, pero siempre útil también con sus prácticas nociones e ingenioso
empirismo, y aun con su misma inofensiva ignorancia cien veces preferible, como
fuente de información, a la presumida suficiencia de otros que informan y opinan
en todo, sin haberlo visto ni entenderlo.
Se presentó el modelo característico de este recomendable tipo de hombres
en la honrada persona de don Pablo Torres, cateador de profesión y uno de los
más antiguos prácticos y conocedores del desierto, tan útil, por estas condiciones,
pa­ra guía, como necesario para darnos a conocer los nombres geográficos de lu-
gares, minas y montañas, a lo menos en su más antigua y autorizada acepción,

-9-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 9 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

co­nocimien­to no fácil de poseer en medio de una verdadera anarquía de títulos y


nombres propios aplicados antojadizamente y muchas veces repetido uno solo en­
tre numerosos puntos o acumulados unos cuantos sobre uno solo.
Antes de partir de Copiapó la comisión exploradora había completado su per­
sonal con don Santiago Muñoz como ingeniero 2º y don A. García Quintana co­
mo ayudante, y mientras se completaban todos los aprestos del viaje se destinó a
Chañarcillo el tiempo conveniente para algunos trabajos topográficos y visitas a
las minas.
El viejo asiento minero de tanta opulencia era ejemplo clásico del carácter
es­pecialísimo de los yacimientos de plata en su más pura composición mineraló­
gica, y al comenzar los estudios por allí se establecía un punto de partida de don-
de se llevarían las ideas más concretas y los signos más característicos de aquel
maravillo­so criadero de riquezas cuya reproducción convendría investigar en las
remotas y desconocidas regiones que iban a ser exploradas más al norte.
La formación argentífera de Chañarcillo, descubierta como tantas otras, por
casualidad, señaló un nuevo punto de concentración de la plata en el reguero
de manantiales de este hermoso metal que comenzó con indicios en Culunquén,
cer­ca de San Felipe, como si allí naciera su primera fuente alimenticia, y siguió al
norte por Algodones, Rodeíto, Arqueros, Agua Amarga y Chañarcillo.
Anécdotas y leyendas de la tradición, ideas y teorías de mineros, datos ilustra­
tivos y noticias concretas sobre diversas materias de minería fueron motivo de
pro­vechosa discusión y de amena charla en los cortos días de residencia en Cha-
ñarcillo, teniendo por hogar la mina Constancia y por fuente de información la
experiencia de su administrador, el malogrado ingeniero J.M. Osandón Planet, y
de varios antiguos conocedores de aquel emporio de la riqueza mineral de Chile,
digno todavía, en la decadencia de su vejez y en su injustificable abandono, de la
vigorosa acción del capital aplicado con los procedimientos modernos y la conve-
niente economía industrial.
¡La cuarta región! El cuarto Chañarcillo, a 650 metros de hondura está virgen
con sus manifestaciones de inequívoca riqueza a la vista, esperando su cuarto pe-
ríodo de reacción para enriquecer una vez más al país.
En Copiapó otra vez, y dispuesto todo para que los trabajos se llevaran adelan-
te desierto adentro, dejando para otra ocasión este pueblo y sus valles, siempre de
cómodo y fácil acceso para cualquier tiempo, no quedaba ya nada más por hacerse
hacia mediados de julio de 1883.
La medida de una primera base de partida para la triangulación geodésica,
ope­ración fundamental y objeto de todo el interés y preocupaciones del geógrafo
que emprende una campaña importante por su extensión y sus dificultades, se
deja­ría también para más tarde, pero se elegiría el local más adecuado, recorriendo
los contornos y designando los puntos de referencia para encadenar el primer lado
de medición directa con los cientos o miles de otros que iban a ser trazados por el
espacio con las visuales del teodolito.
La cumbre del famoso cerro aurífero de Jesús María se ofrecía bien destacada
al sur, cerrando por ese rumbo el anfiteatro de montañas metálicas que forman

-10-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 10 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. i. junio a diciembre de 1883

como un cinto continuo de cobre y oro en torno de Copiapó, y para servir de


primeros tramos para llegar hasta él encadenando triángulos se presentaban el Ro-
sario, la Cantera, Cápis, Chanchoquín, etc., y llegando hasta ellos para dilatar más
la mirada y divisar los horizontes. Para empezar a orientarse y deducir las líneas
dominantes en el aparente enjambre de cerros que se amontonan y entrelazan o
para examinar los panizos y tomar el rumbo a las corridas de vetas, las relaciones
de la leyenda minera entraban también a jugar su papel, suministrándonos notas y
apuntes para el diario de viaje.
Los criaderos auríferos de Jesús María, de Los Odres y La Bodega se comuni-
can entre sí, y a través del valle hasta Chamonate y Galleguillos: toda una corriente
de oro, decían las historias, misteriosamente vigilada por genios invisibles, comu-
nicada de un extremo al otro por galerías subterráneas de la naturaleza y revelada
ex­teriormente al hombre por luces que se cruzan en las noches y bramidos que
exhala la montaña.
De toda esta relación, el fondo de realidad está, sin duda, en la antigua riqueza
aurífera de estos cerros; los fuegos fatuos tienen su conocido origen y los bramidos
o lamentos constituyen un hecho real y efectivo.
El fenómeno acústico de la leyenda es el simple caso de las arenas sonoras que
en algunos puntos han constatado los viajeros.
El Bramador es uno de esos cerros que la triangulación habría de ligar a la
ba­se geodésica de Copiapó, y su nombre deriva, con razón, del curioso efecto de
so­noridad que justifica la fantástica relación de las tradiciones mineras y que éstas
hacen intervenir en la distribución de la riqueza.
Rocas ígneas muy básicas, de un tinte negro profundo, flancos abruptos y pun-
tas agudas y escarpadas; surcos angostos y hondos formando chimeneas al viento
que levanta las arenas blancas de cuarzo de la base del cerro y la mezcla en la cum-
bre con las negras de hierro, impelidas hacia arriba por la corriente, reproducen la
idea de un cráter de volcán que arroja oleadas de humo.
Con esta ficción, el oído queda mejor preparado para el efecto acústico.
Las circunstancias más propicias al fenómeno parecen coincidir con los días
de mañanas brumosas en que las nieblas mojan las arenas y el sol las seca a conti­
nuación, dejando quizá en los intersticios y alrededor de las limpias partículas
de cuarzo y hierro titanífero, aire en cierto estado particular de densidad y quizá
también en cierto estado de tensión eléctrica, que las agita y las hace vibrar como
láminas metálicas con producción de sonido, al ser puesta en movimiento la masa
de arena.
Pero dejando estos cerros, con sus minas, sus rocas y misterios, para otro día,
la comisión exploradora tomó camino del desierto por el ferrocarril de Copiapó a
Puquios, el 19 de julio de 1883.
Este lugar, término del ramal de ferrocarril que hubo de avanzar mayor trecho
y aun trasmontar las cordilleras para internarse por vía del portezuelo de San Fran-
cisco a las provincias argentinas, tiene el interés de uno de esos puertos de donde
parten y hacia el cual convergen todos los movimientos del comercio y de la vida
en grandes extensiones a la redonda.

-11-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 11 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Los ferrocarriles definen y acentúan más estas condiciones locales de tales pun­
tos, llevando hacia ellos, con gran beneficio público, sin duda, pero con perjuicio
de ciertos detalles, toda la savia y toda la animación del tráfico y los negocios que
antes se repartían en otras direcciones.
Así quedó, por entonces, desde 1871 en que fue inaugurada la línea férrea de
Puquios, abandonado y desierto el antiguo camino que conducía a Tres Puntas por
vía del Chulo, quebrada de Llampos y portezuelo del Inca, vía que anteriormente
había sido explorada y estudiada para internar por allí el ferrocarril al desierto.
Siempre han sido las aguadas, la posesión preciosa de una gota de agua, la cau-
sa determinante de las obras del capital en el árido territorio de Atacama, y no fue
sino por las vegas de Puquios y el pequeñísimo manantial de agua corriente que de
ellas surge que se dio la preferencia a Puquios sobre el Chulo y el Inca, cuestión
que hoy mismo es de actualidad otra vez, con motivo de la necesaria prolonga­
ción del ferrocarril de Copiapó al norte.
Aquellas vegas sirvieron de base a la construcción de un importante es­ta­ble­ci­
mien­to de beneficio de metales de plata para la opulenta mina Buena Esperanza,
y aquel centro industrial debió decidir la cuestión de preferencia entre las vías ri-
vales, más la expectativa del proyecto de ferrocarril trasandino por San Francisco,
el trabajo de las minas de carbón de la Ternera y la explotación de las borateras de
Maricunga, las minas de plata de la Coipa y otras.
Importante es, además, aquel punto en sí mismo como asiento de minas de
cobre, entre otras la Dulcinea, uno de los más poderosos criaderos del mundo.
El nombre de Quebrada de Puquios se da a una simple grieta tortuosa, de tres
kilómetros de extensión, altísimas paredes y en partes sin el necesario ancho para
dejar cruzarse dos carretas.
En su parte más espaciosa se ha conseguido construir el establecimiento de
amal­gamación que antes fue trapiche para oro y que don Bertoldo Kröhnke trans-
formó para plata con aplicación del famoso procedimiento metalúrgico que lleva
su nombre.
Mientras se tomaba razón de todos estos hechos, los ingenieros Chadwick y
Muñoz medían una base en las inmediaciones de aquella localidad, sobre la nive-
lada llanura de Ñangarí o llano de Varas y daban principio a la triangulación del
desierto.
El geólogo señor Sundt se dedicaba a su especialidad, y al instalar el campa­
mento en Tres Puntas se dio comienzo al acondicionamiento y formación del re-
gistro de las colecciones de rocas y minerales.
A principios de agosto se avanzaba paulatinamente hacia el norte destinando
la necesaria atención a Inca de Oro e inmediaciones, hasta llegar a la Finca de
Cha­ñaral, pequeño plantío de árboles frutales que asume las proporciones de un
paraíso en medio de aquella esterilidad y ante aquel contraste del intenso verde del
follaje contra el rojizo matiz de los pórfidos y granitos.
Comenzaba el desierto a tomar posesión de sus viajeros: no más pueblos ni vi­
viendas ni recurso alguno después de aquel oasis reparador, presintiéndose ya las
impresiones de la soledad y cierto curioso deseo de penetrar aún más en ella, como

-12-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 12 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. i. junio a diciembre de 1883

una aspiración del espíritu y una necesidad física de moverse, de medir el espacio
infinito y recorrerlo.
Hasta entonces era grata la animación del pequeño campamento nómade con
sus carpas, su carreta y animales, sus bagajes y la bulliciosa colmena de su per-
sonal: ingenieros, guías, peones y arrieros, que constituían un centro social y un
medio de vida y actividad, pero llegaba la necesidad de separarse, de distribuirse
las tareas y aislarse los unos de los otros en el silencio de aquella naturaleza muerta,
donde empezábamos a sentirnos en la verdadera situación del explorador que se
aventura en el desierto.
El plan trazado para las operaciones de la triangulación se reducía a continuar
avanzando al norte sin abandonar la región central, o sea, el valle longitudinal del
desierto, apoyando la red de triángulos en las cúspides más características del cor-
dón de cerros del lado de la costa y en las que por el lado de la cordillera determi­
naban los contornos orientales del valle.
Así quedaban ya ligados entre sí y con la base provisoria del Llano de Varas
los cerros centrales de Puquios y Tres Puntas, que interceptan en esos dos puntos
la continuación del valle longitudinal subdividiéndolo, y las cadenas de la costa y
de las antecordilleras que corren respectivamente por Cachiyuyo y el cordón del
Chivato las primeras, y por San Andrés, Valiente y cerro de Vicuña las segundas.
A otra aguada, sin árboles y sin la frondosa vegetación de La Finca; con un
mero ensayo de hortaliza y entre barrancos desnudos y terrosos, blanquecinos y
salitrosos, fue trasladado el lugar del campamento a mediados del mes de agosto.
Era Pueblo Hundido.
Lo que en algún tiempo pudo dar pretexto para suponer un pueblo en aquel
lugar, aplicándole después el calificativo de hundido para explicar su total desapa-
rición, no tendría más razón que la relativa importancia de haber existido algún
ser viviente al borde de aquel manantial y haber posteriormente desaparecido él
mismo o su vivienda por la acción del tiempo o de alguna avenida torrentosa que
acabó con todo, hundiéndolo en el fango de aquellas colinas arcillosas.
No se justifica por ningún indicio geológico ni admisible revelación que allí exis-
tiera el “pueblo” de la tradición, con su río y los numerosos rebaños que pastaban
en sus valles, todo sumergido en los escombros de una espantosa convulsión de la
tierra.
Lo único cierto es que Pueblo Hundido conserva el prestigio de su bien mere­
cida fama dando agua dulce al sediento en aquellas sequedades de sal y salitre,
refrescando la mirada y el alma con un destello de verdor y dando todavía lugar
a las faenas de un establecimiento de fundición que allí habría prosperado largo
tiempo si el abatimiento general de los negocios mineros y las dificultades del tráfi-
co, sin caminos ni socorro alguno, no se hubieran combinado para aplastarlo todo
y ahogar hasta la esperanza misma de un porvenir que los recursos minerales de
aquella región prometen próspero y lucrativo.
Es sabido que el ideal constante de los moradores del departamento de Chaña-
ral consiste en la prolongación del ferrocarril de Chañaral al Salado hasta Pueblo
Hundido.

-13-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 13 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Las excursiones en torno del campamento y dentro de un radio tan apartado


de él cuanto lo permitían los escasos recursos, el reducido personal y sobre todo la
de­plorable condición y escaso número de los animales disponibles, se verificaban,
no obstante, con cierta regularidad y satisfactorios resultados.
A falta de lluvias, de torrentes, de insectos y de la impenetrable vegetación
que a los exploradores de otras más felices y privilegiadas regiones atormenta,
obstruyéndoles al paso y desesperándolos de fatiga y sufrimientos, el desierto de
Atacama tiene sus vientos, el calor del día y los hielos nocturnos, la sequedad at-
mosférica y la implacable esterilidad del suelo como principales enemigos.
Avanzar en la árida y monótona llanura, fatigándose la mirada en el horizonte
diáfano a través de un aire que parece hervir y estremecerse de calor; penetrar
por interminables valles emparedados entre murallas de roca desnuda y superficie
pulimentada que refleja los rayos del Sol y los concentra sobre la cabeza del via­
jero; rodear los desfiladeros ásperos de la montaña hasta alcanzar la altura de su
más alta cúspide, desfalleciendo de cansancio y anhelando respiración, son, no
obs­tante, mortificaciones que se compensan con el interés de lo desconocido que
en­cierra aquella solemne naturaleza y de esos inefables efectos de luz y colorido
tan sólo propios de los áridos desiertos.
Así son sus extraños y maravillosos efectos de refracción y espejismo que
trans­for­man y modifican el seco y monótono paisaje, cambiándolo súbita o sucesi­
vamente, como inmenso escenario de teatro, en decoraciones marinas de efecto
fantástico y belleza incomparable; así aparecen en plena luz sus gargantas profun-
das con sus paredes a pique o dilatadas en anfiteatro, con sus columnas y murallas
pintadas de abigarrados colores, y luego, en el espacio libre y en las alturas, la
in­mensidad de la superficie del suelo tendida a los pies del observador como un
interminable lienzo dibujado por primoroso pincel: el real y verdadero mapa de la
tierra que geógrafo alguno será nunca capaz de reproducir o describir sino como
una sombra de la verdad y perfección de los rasgos naturales.
Llegando al pueblo del Salado, estación extrema del ferrocarril de Chañaral,
se pasó informe al señor ministro del Interior por medio de la siguiente nota:

Comisión Exploradora de Atacama,


sábado, agosto 17 de 1883

Señor Ministro:
He llegado a este punto a donde me había precedido el ingeniero Chadwick
pa­ra ligar los trabajos topográficos con la estación del ferrocarril, lo que dejamos ya
ter­minado.
El ingeniero Muñoz ha avanzado hasta el mineral de La Florida, al norte, y
en Pueblo Hundido y sus inmediaciones quedan Sundt y García ocupados en sus
res­pectivas tareas.
En lo avanzado hasta la fecha hemos tenido ya ocasión de rectificar los nu­
me­rosos errores de los mapas que hasta ahora han sido publicados para figurar la
geo­grafía del desierto.

-14-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 14 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. i. junio a diciembre de 1883

Puntos tan importantes como la Finca de Chañaral y Pueblo Hundido, así co­mo
los distritos minerales más interesantes, quedan determinados y fijados en su verdadera
posición geográfica, y detalles indispensables como las quebradas de Chañaral Alto
hasta la cordillera de Vicuña y otras, así como la fijación de los ca­minos, aguadas y
la orientación de las cadenas de montañas, son, como todo lo de­más, objeto de la
observación y del tiempo necesario para que el trabajo que se nos ha confiado sirva
en cuanto sea posible a los fines industriales y científicos que más convengan.
La geología y mineralogía de la región explorada están representadas por
co­lec­ciones de rocas, fósiles y minerales que figuran en número de más de 500
mues­tras descritas y catalogadas con la prolijidad que es posible en estos viajes y
por tales desiertos.
Las observaciones meteorológicas se siguen registrando con la regularidad
que nuestros pocos y deficientes elementos permiten, y para no descuidar nada
de lo que pueda importar una utilidad o un progreso para la ciencia, dedicamos
tam­bién alguna atención a la formación de un herbario de la flora atacamense que
promete ser interesante en la entrante primavera.
Me abstengo, por ahora, de entrar en apreciaciones respecto del porvenir
in­dustrial de la minería en esta parte del desierto que sólo comprende la región
central desde Tres Puntas hasta el paralelo 26, que corresponde a Pueblo Hundido.
Contraído a otras atenciones, no he dedicado aún el tiempo bastante a la inspección
de las minas, lo que haré en breve, pero, a lo menos, puedo anticipar a V.S. que, en
los recursos minerales, el cobre y el oro son los metales que con más profusión se
ofrecerán a las especulaciones del porvenir.
Concluidos los trabajos que nos han traído a este punto, como dije a V.S. más
arriba, volveremos al interior a reunirnos al resto de la comisión y emprender
camino al norte y al oriente.
En cuanto a facilidades para las excursiones y cateos, mucho será posible hacer
y con muy poco sacrificio. El desierto ofrece, en la parte que llevamos explorada,
muchos puntos favorables para la perforación de pozos surgientes y algunos otros
adaptables a pequeñas extensiones de cultivo y plantaciones que serían de una
utilidad infinita en medio de esta interminable esterilidad y desolación.
Seguiré, pues, aglomerando todos estos datos para poder presen­tar a V.S., en
una exposición razonada, los medios de satisfacer a una de las exigencias más aten­
dibles de los viajeros y de los infatigables cateadores, agentes del progreso en estos
páramos.
La necesidad del agua no se limita tan sólo a mantener la vida de hombres y
bestias; es también necesaria como elemento indus­trial; desde este punto de vista
es indudable que todo sacrificio sería ampliamente remunerado con los frutos de la
actividad y constancia del minero.
Dios guarde a V.S.

Francisco J. San Román


Al señor Ministro del Interior,
señor J.M. Balmaceda

La siguiente jornada correspondía al hoy abandonado asiento minero de La


Florida, fragmento de roca que fue tan fecundo en riquezas como en pleitos desde
el día mismo de su descubrimiento en 1873.

-15-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 15 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Cómoda instalación y generosa hospitalidad nos esperaban en la mina Japo-


nesa, pero allí no hay aguada, y una bebida para mula costaba veinte centavos y
hasta cuarenta, según los casos.
Estudios en estas minas de plata, en las de cobre del cerro Negro y otras; si­em­
pre adelante con el trabajo geográfico y enriqueciendo con nuevos y ricos ejem­
pla­res las colecciones mineralógicas; ordenando apuntes y atendiendo a todas las
materias del programa de exploración, allí trascurrieron los días hasta el último del
mes de agosto, pasando enseguida a Carrizalillo.
Esta gran mina de la Compañía de Lota y Coronel era, entonces, un verdadero
pueblo, casi una colonia inglesa de mineros, industriales y obreros que reprodu-
cían allí, con su profusión de máquinas y su enjambre de tubos y chimeneas, la
rea­lidad de un establecimiento de minas en pleno Cornwall.
Almacenes surtidos, provisiones en abundancia y agua a discreción, se ofre-
cían en oportuna ocasión para reponer lo agotado, descansar los hombres y los
ani­males, trabajar siempre y prepararse a nuevas expediciones en lo más árido y
desierto del campo señalado a los trabajos.
La mina de Carrizalillo ofrecía el interés de la es­pecial constitución y forma de
su criadero, de sus métodos de explotación y de los de preparación y concentra-
ción de minerales.
Anexo a ella y comunicado con un ferrocarril de tracción animal, de nueve
mi­llas inglesas de largo, está el establecimiento llamado de Las Bombas, siempre
una aguada del desierto dando lugar a faenas de la industria y aplicaciones del
pro­greso.
Sin esas vegas y sin aquellas máquinas de concentración la mina Carrizalillo
habría sido abandonada, como tantas otras, muchos años antes, cuando el mine­
ral puro de alta ley y a somera profundidad, era la única materia aprovechable
para los recursos del minero que carece de capital y no puede plantear grandes
instalaciones.
Objeto de alguna viveza de la especulación se cuenta que fue la venta de aque-
lla mina a la Compañía de Lo­ta, por un millón de pesos (oro en aquellos tiempos),
quedando todavía fuerte capital por invertir para montarlo todo sobre una base
industrial, construir el ferro­carril y dotar de muelle y las necesarias construcciones
al puerto de embarque en la caleta de Pan de Azúcar.
En las prácticas establecidas, el interés público no tiene acceso a las oficinas de
contabilidad de ciertos establecimientos y la estadística oficial carece de influencias
y autoridad para deducir todos los datos que importan y contribuyen al conoci-
miento de las condiciones industriales de la minería en nuestro país.
Así, sólo encuentra decepción y desaliento el empleado fiscal que en nombre
del progreso público, del interés general y siquiera de las prerrogativas y favores que
se acuerdan en la adquisición de la propiedad minera y el ejercicio de las industrias
que de ellas derivan, se avanza a inquirir datos económicos o resultados fi­dedignos
para conocimiento, experiencia y aprovechamiento de propios y ex­tra­ños.
Muchos y muy interesantes han sido los casos de especulación en concentra-
ción de minerales sobre toda la superficie de la región mineral de Chile, sin que

-16-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 16 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. i. junio a diciembre de 1883

hasta ahora haya podido saberse de ellos algo más que su resultado final y positivo:
el fracaso, lo cual es muy poco saber.
El fracaso puede tener, y tiene, en realidad, infinitas causas, y quizá la razón de
todos esos desengaños y desastres está en ignorarlas, induciendo a cada cual a en-
sayar y plantear procedimientos que se abstendría de aplicar o modificaría conve-
nientemente si la experiencia de otros le mostrara sus resultados y se los explicara.
Si el mal éxito consiste en las máquinas o en el modo de aplicarlas, en inade-
cuadas circunstancias, en falta de capital o en su mala administración, son materias
que deberían ser objeto del mayor interés y deber de los encargados del velar por
los intereses de la minería, ya que la pasada Exposición Nacional de Minería y
Metalurgia, por dejarnos el recuerdo de brillantes espectáculos, nada nos dejó en
este sentido.
El caso de Carrizalillo y de Las Bombas, juzgado exteriormente y sin más da­
tos, habiendo dado lugar al aprovechamiento de considerables existencias de mi-
nerales de ínfima ley que han sido tratados por la concentración y llevados a la
fundición, deja la impresión de resultados satisfactorios en cuanto a los procedi-
mientos, los que serán dados a conocer en el respectivo lugar de esta obra.
Mientras tanto, en estas indagaciones y otras, se hizo urgente aprovechar el
refresco de los animales y tener en cuenta lo angustiado de los recursos disponibles
para aventurarse más adentro del desierto.
Carrizalillo y Las Bombas nos habían desviado un poco del itinerario adopta-
do, acercándonos al mar, pero antes de contramarchar al oriente quedaba cons-
tancia de un hecho que merecía atención y debía quedar marcado con la precisión
necesaria para lo sucesivo.
El interés de seguir atentamente las líneas de distribución de los minerales
exi­gía el trabajo de seguir especialmente, en razón de su particular importancia, el
curso de las formaciones calcáreas y margosas características de Chañarcillo que
se sucedían con manifestaciones de riqueza por Ladrillos, Tres Puntas y La Florida;
y convergiendo desde este último punto al noroeste, se veía continuar aquellos
panizos en esporádicas y pequeñas manifestaciones por Las Bombas al norte, hasta
tomar magnífico y poderoso desarrollo en un alto cerro que los guías designaban
vagamente con los nombres de Cachina, Vaca Muerta y otros.
No se había ocultado a algunos mineros que los estudios de la comisión explo-
radora, con la oportunidad de sus viajes y cruzadas por partes aisladas y descono-
cidas del desierto, llegarían a acertar en descubrir algo importante, y al efecto, una
caravana organizada y de cuando en cuando algunos dispersos, seguían las huellas
o acampaban al lado de la nómade Comisión.
La internación de ésta al oriente, aparte de hacer más difícil para esos busca-
dores de fortuna la tarea de seguirnos, no tenía por entonces las expectativas que
ofrecía la vía del norte hacia Vaca Muerta, cuyos caracteres de formación y estruc-
tura les fueron señalados y recomendados como prometedores signos de algún
importante hallazgo. Pocos días más tarde, en efecto, fue espléndido el éxito de tan
fundadas conjeturas, resultando de ellas el famoso descubrimiento del mineral de
Esmeralda que todavía sigue produciendo importantes valores.

-17-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 17 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

El 8 de septiembre, al dejar Carrizalillo, no se podía tener esperanza de agua


antes de dos días, hasta llegar a La Brea, marchando a paso de viajero y sin destinar
el tiempo necesario para observar el camino, tomar apuntes, trazar croquis o dibu­
jos, coleccionar rocas, etcétera.
Para no marchar así, la expectativa se presentaba con los inconvenientes de diez
días sin bebida para los animales, o sea, lo imposible.
El acarreo del agua por medio de ellos mismos era la interminable tarea de
car­garla sobre sus lomos para alojarla enseguida en sus propias entrañas, lográndo­
se para otros usos apenas una escasa porción que dejaban sobrante, y esto era na-
tural en razón de lo peligroso del camino que hacían las pobres bestias y lo pesado
de la carga.
El medio adoptado consistía en arrear los animales sueltos hasta La Brea, pri-
vándonos por largo tiempo de su uso en tanto ir y venir.
En tales condiciones de viaje se sufre más por el tormento y la destrucción de
las bestias, especialmente cuando falta el agua, que por otra cualquiera de las con­
tra­riedades que pueda sufrir el explorador en el desierto.
La mula sedienta se vuelve una bestia feroz que sería temible y peligrosa si tu-
viera medios de ataque y agresión contra el hombre; pero en cambio, teniéndolos
con­tra los objetos inanimados, destruye todo aquello que puede ceder a sus patas
y sus dientes, siendo principalmente los barriles y todo tiesto destinado a contener
agua lo que primero destroza en añicos con su desesperación y rabia.
Tales eran las circunstancias en que por entonces se proseguían los trabajos a
fines del mes de septiembre, teniendo por residencia los ranchos de las abando-
nadas minas de cobre Colmo, Altamira y otras, cuando acertó a llegar por allí el
viejo cateador Rivera, llevándonos la noticia del descubrimiento de Vaca Muerta,
que ya había recibido su bautismo minero con el glorioso nombre de Esmeralda.
Era en la misma dirección y el mismo cerro que desde Las Bombas se divisaba
como continuación de los panizos de plata de Chañarcillo y que, como interesante
objeto de estudio, veníamos trazando y señalando a los cateadores como punto de
exploración para sus exclusivos fines.
El descubridor del primer filón fue un conocido buscador de cierta sagacidad
y bien adquirida fama entre la gente minera de Atacama, cuyo nombre de pila era
Claro y su apellido Trigo, es decir, se llamaba Claro Trigo, curiosa locución apelativa
con que sus camaradas en el oficio lo bromeaban volviéndola, con maliciosa inten-
ción, que el aludido pocas veces recibía de buen grado, en el apodo de trigo limpio.
En campo de especulaciones y colmena de actividad minera, cuyos ecos nos
llegaban vagamente de tiempo en tiempo al inestable campamento, se volvió bien
pronto aquel descubrimiento, que puede contarse entre los que resultan de la razo­
nada observación y no de la suerte o imprevista casualidad, como generalmente
ocurre y como será ocasión de explicarlo en otra oportunidad.
Dejando la región de las minas de cobre y del salitre de aquellos días en ple­
no valle longitudinal, y para buscar paso hacia la cordillera, se hacía necesario
pasar una de esas profundas zanjas naturales que cruzan por allí agrietando trans­
versalmen­te y formando barrancales en aquellas planicies a nivel que así oponen

-18-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 18 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. i. junio a diciembre de 1883

atajos desagradables y obstáculos con frecuencia insalvables para el viajero que las
recorre en su sentido longitudinal de sur a norte.
Atrás, hacia el sur, habíamos dejado el Salado, a cuya orilla está Pueblo Hun-
dido, después, siguiendo al norte, Doña Inés, El Carrizo y ahora El Juncal, en cuya
margen derecha estábamos a inmediaciones de la aguada de La Brea, a donde
era necesario bajar a refrescar, al mismo tiempo que a buscar salida para la opuesta
margen del mismo barranco, que no habíamos explorado aún.
Son, estos accidentes del suelo, profundas aberturas cuyo fondo corre hasta
cien, doscientos y más metros abajo de la superficie del terreno, como lo que en
México y Estados Unidos llaman cañones, de los cuales hay tan portentosos y co­
losales ejemplos, como el del río Colorado, que abre en las altas llanuras de las
montañas Rocallosas en condiciones análogas a las de nuestro desierto, pero en tal
escala de majestad y grandeza, que allí se encuentran abismos que caen ver­ti­cal­
men­­te hasta dos mil metros de profundidad.
Tales accidentes, aunque en proporciones relativamente diminutas, son en al-
gunas partes insalvables por los caminos ordinarios en aquella sección del desierto
de Atacama, la única en que tales obstáculos se presentan y que han sido sólo a
medias removidos por el caminero para dar paso a las carretas del tráfico.
Al tratar de bajar nuestro único vehículo de esa categoría destinado al acarreo
de forraje, su conductor, taita Higuera, había anticipado ciertos temores respec-
to del “macho tordillo” que siempre se complacía en atormentarlo escogiendo las
oca­siones difíciles y los casos de conflicto para desplegar sus bríos de indómito y
bellaco.
Lo fatigoso de la tarea de un carretero, que hace hasta cierto punto disculpable
su ordinaria intemperancia de carácter, con sus propias maneras y la característica
expresión de su lenguaje, no era para taita Higuera motivo de mal humor y desa-
grado fuera de lo admisible y justo, siendo más bien bondadoso y resignado, y de
tal manera útil y servicial que no era posible exponerlo a un accidente peligroso sin
una suprema necesidad y sólo dejándolo libremente a su propio juicio y voluntad.
Se decidió el buen hombre por la bajada al precipicio después de un atento
examen de cada vuelta del caracoleado camino, no sin nuevas y repetidas protes-
tas de cargarlo todo a cuenta de alguna importuna bellaquería del macho tordillo
si por casualidad ocurría una catástrofe.
Dicho, y empezando a bajar, se le vio rodar, en efecto, en vertiginoso viaje ba­
rranco abajo, aprovechándose de cada enderezada del cuerpo que conseguía afian­
zar en la caída, para gritar a sus espectadores de arriba que había corcoveado el ma-
cho; y todo en medio del torbellino de la carreta tumbándose, de las bestias ro­dando
y de una lluvia de piedras, fardos y equipajes, todos envueltos en una nu­be de polvo.
Tales son los percances del desierto por donde se acarrean las provisiones y se
transportan los metales de las minas.
Taita Higuera salvó ileso, de puro diestro y precavido, pero dos animales muer­
tos, incluso el macho tordillo autor de la avería, y otros perjuicios deplorables en
lugares a donde no hay medio posible de reparación de daños, fueron contratiem-
pos de grave trascendencia en semejantes circunstancias.

-19-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 19 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Donde estos barrancos nos incitaban a bajarlos para examinar la composición


geológica que dejan en descubierto sus paredes, ofreciendo interesantes puntos de
observación, no era siempre posible andar por ellos sino a pie y sirviéndose de las
manos para no rodar.
El aspecto es a veces atrayente por el colorido de las rocas dispuestas en estra-
tificación y fajando las murallas del abismo de un lado y otro con cintas y zonas
pintadas con todos los matices del iris.
Los mineros llaman “jardines” a tales lugares, y con razón, porque a la varie-
dad y viveza de los colores se reúne el perfume de olorosas plantas que, a falta de
lozanía y vigor, tienen la cualidad de exhalar intensa fragancia, sobre todo después
de la puesta del Sol, cuando el aire es tibio, y que impregnándose de suave aroma
hace más fácil y grata la respiración.
La poesía de los mineros tiene también sus imágenes, dando vida y significa-
ción a los objetos y explicándose a su manera los misterios del desierto.
“Doña Inés está de novia”, dicen por el hermoso cono volcánico de este nom-
bre, la culminante y gentil montaña de aquel desierto, cuando la nieve corona su
cumbre y desborda cayendo por sus elegantes flancos en largos paños y ondulados
pliegues, formándole como un verdadero manto nupcial.
“Las amantes del sol”, decía la vieja Tilimaca por las brumas de la mañana que
vienen del mar y avanzan en filas de hermosos copos y extrañas formas hacia el
oriente, como al encuentro del astro del día y para morir y desvanecerse al calor
de sus rayos.
“Lágrimas de la Virgen” llaman a las gotas de rocío que llora el cielo siempre
límpido y sereno de las noches como si se doliera la madre de Jesús de aquella
avidez de la tierra y quisiera vivificarla con las gotas de sus fecundas lágrimas.
“Polvo de oro” llaman a la luz del Sol cuando lo baña todo con sus rayos; pero
el secreto, para el minero, consiste, dicen, en encontrar un arnero bastante fino
pa­ra cernirlo.
Por casualidad se ve también verdear alguna vegetación en aquellos valles de
cordillera, exaltándose con ello la imaginación minera que les da proporciones
desmedidas y les atribuye bienes y beneficios que llegan hasta fantásticas pondera-
ciones, como lo de las pastosas estancias y ganados de la Tilimaca en la Encantada.
Aun algunos de los miembros de la comisión exploradora se habían contagia-
do de credulidad esperando encontrar algo de la realidad que describe la fama de
aquella tradicional pobladora del desierto, presunta agorera de tesoros y descubri-
mientos en sus dominios de Doña Inés y las altas cordilleras.
Quizá la idea de encantamiento deriva más bien de los variados colores de las
rocas, del paisaje geológico, más que del paisaje agreste de las vegas con sus pastos
y sus aguas, ampliada la idea y exaltada más todavía la imaginación del minero
con el conocimiento de que por allí van las formaciones calcáreas del lías con los
amonites de Chañarcillo y las ostras y grifeas de Tres Puntas, panizos que el explo-
rador don Diego de Almeida había cateado, encontrando riquezas que la muerte
de aquel famoso conocedor del desierto había dejado en la ignorancia y el misterio
para todos, menos para la tía Tilimaca que conocía el secreto y lo guardaba.

-20-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 20 26-09-12 13:20


Desierto y cordilleras de Atacama.indb 21 26-09-12 13:20
Pueblo de Pachama. Precordillera de Arica-Parinacota. Pablo Osses, archivo particular.

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 22 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. i. junio a diciembre de 1883

En todo caso, encontrar allí, a lo menos, refresco para las agotadas bestias y
agua en abundancia; poder carnear una oveja, y por ventura regalarse también
con una cazuela de gallina, huevos frescos, leche y quesillos, no deja de ser cosa de
maravilla y encantamiento en el de­sierto de Atacama.
Uno de los más honrados y meritorios extranjeros que habitaron el norte de
Chile en aquellos tiempos de grandes empresas y descubrimientos en el desierto,
don Arturo Siewerts, comerciante de Caldera, había emprendido en aquellas apar-
tadas localidades el trabajo de un poderoso filón de cobre, fundando la mina que
se llamó Exploradora, de antigua fama y de no interrumpida riqueza hasta el día
presente, en que todavía luchan con las adversidades de la época y las dificultades
del desierto sus actuales dueños, los señores Piedra Hermanos.
Es éste uno de los más interesantes casos de correlación geológica en las afini-
dades de ciertos minerales por determinadas rocas que les sirven de criadero.
La fuente de toda la antigua riqueza cuprera de Chile de la cual aprovecha­
mos todavía los restos, se redujo siempre a los cerros y rocas verdes y grises de
diversos tonos, tan conocidas bajo el nombre de dioritas a lo largo de toda la costa
del Pacífico desde Coquimbo al norte.
Pero suele la diorita hacer sus incursiones al interior del desierto, y donde quie­
ra que asoma, entre pórfidos o traquitas, en la llanura o en el enjambre de las cor­
di­lleras, aislada o rodeada de cualquier otro medio geológico y en la vecindad de
cualesquiera otras especies mineralógicas características de tales regiones, siempre
se la encontrará, como es el caso en la mina Exploradora, asociada a las especies
puras del cobre: atacamitas, carbonatos y óxidos; bronces y cobres piritosos amari­
llos y limpios de toda impureza arsenical o antimonial; a veces también con plata
en hojas que tapiza las caras donde quiebra la masa cobriza y con filigrana que
re­lle­na las oquedades.
Fuera de esta excepción, lo general en aquella región del desierto, en riqueza
minera, corresponde a minerales básicos y complejos en composición, como es
más propio de las formaciones metalíferas de las cordilleras.
Pero así, por excepción también, donde abren criaderos de plata dentro de las
zonas calcáreo-jurásicas que por allí corran, los minerales son igualmente puros en
especies del metal blanco, como aconteció en la mina San Carlos.
Abunda especialmente el plomo, naturalmente en estado de galena, pero tam-
bién en las especies oxigenadas, carbonatos y sulfatos, sin ser raros los yoduros,
oxicloruros y combinaciones de éstos entre sí.
El asiento minero del Juncal, descubierto por aquellos tiempos de 1883, se
pre­sen­taba con caracteres halagadores para la especulación industrial, y de tal
ma­nera que, en ningún otro país de la tierra que no fuera el desprovisto y abando­
nado desierto de Atacama, aquello sería hoy centro importante de movimiento y
producción.
Desde la Encantada hasta el Juncal, todo el terreno comprendido es de forma­
ción mineral, abundando gran variedad de especies pertenecientes al hierro, al
plo­mo, al cobre, a la plata y al oro, y todavía al lado del poniente, en el llano cen­
tral, al salitre, al parecer en no escasas condiciones de abundancia y pureza.

-23-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 23 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Por allí termina, en efecto, esa extraordinaria y característica formación del


caliche, llegando a lo menos hasta el Salado y quizá más al sur, pasando de Pueblo
Hundido.
A fines del mes de septiembre, y antes de levantar tiendas para avanzar otra
jornada más al norte de las vegas del Juncal, era el asombro de todos el espectácu-
lo de un extraño y estupendo fenómeno luminoso que aparecía hacia el oeste, al
ponerse el Sol; de tan vivos resplandores rojos y en tan ancha porción del espacio,
que parecía como el incendio del mundo en el lejano horizonte.
El lugar que ocupábamos era en el fondo del profundo barranco de donde
no se veía del horizonte sino una faja estrecha que dejaban en descubierto las pa-
redes del barranco, muy altas en aquella estrechura. Sólo el cuyano Salomón, que
así llamaban a uno de nuestros arrieros, había presenciado el fenómeno desde las
alturas, en el espacio libre de la llanura, y llegó hacia nosotros a decirnos que desde
arriba había visto “la luz de unos grandes volcanes que debían haber reventado a
lo lejos en el mar”.
Dada la inmensa magnitud del fenómeno que revelaba caracteres de origen
cósmico y parecía extenderse al universo entero, la impresión del pobre arriero,
que no fue compartida por nadie, resultó, sin embargo, plenamente confirmada
más tarde: ¡Salomón había presenciado la erupción del Krakatoa!
Misteriosa e inexplicable fue en efecto la causa de aquella iluminación esplén-
dida del espacio que el mundo entero estuvo contemplando durante muchos días.
Es necesario figurarse aquellas tardes primaverales del desierto a la altura de
los primeros escalones de la cor­dillera, con la profunda transparencia del cielo y el
mágico encanto de los colores del crepúsculo cien veces aumentados en intensidad
y extensión durante aquellos días.
La fantasmagoría de las puestas de sol se había modificado, dando un tinte
más vivo a los reflejos que tiñen de púrpura el contorno de las montañas y bañan
de violado y cereza sus flancos; el sol aparecía exagerado en sus dimensiones y
en la intensidad de sus fuegos por efecto de una extraña y excepcional refracción,
oca­sionando, al hundirse en el horizonte, resplandores inusitados por la indefini-
ble hermosura de los colores de rosa envueltos en aureola de oro y anaranjado y
circundado por un verde incomparable que se desvanecía en las alturas hasta con­
fundirse en el cénit con el azul pálido del crepúsculo.
Infundía cierta inquietud y angustia aquel acontecimiento con apariencias de
origen cósmico y de tan inmensas proporciones que parecía extenderse a todo el
universo como presagio de un cataclismo común a toda la creación.
Sólo el arriero Salomón permanecía inmutable y tranquilo en su profunda
con­vicción de que todo aquel aparato no tenía más origen que el volcán reventado
en el mar; y afirmándose él en su modesta idea por no concebir lo inmenso de la
magnitud del espectáculo ce­leste en relación con las pequeñas fuerzas de la tierra,
había tenido razón sobre nosotros, que lo dudábamos por no concebir que de tanta
grandiosidad fuera capaz nuestro pequeño mundo.
Las partículas terrestres desmenuzadas en polvo por las fuerzas de la erupción
volcánica y lanzadas al espacio, mantenidas allí en suspensión y dando lugar a

-24-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 24 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. i. junio a diciembre de 1883

un prodigioso fenómeno, no era idea que podía ocurrir a nuestro arriero; mas su
ignorancia había presentido, con el mero instinto, mejor que la nuestra con sus re­
flexiones, la causa fundamental del estupendo espectáculo.
El día 6 de octubre caminábamos hacia el cerro de Incaguasi, siguiendo el cur-
so del famoso camino del Inca que hasta allí había podido ser satisfactoriamente
trazado de jornada en jornada, recorriéndolo donde era posible, buscándolo don-
de se ocultaba a la vista por los accidentes del terreno o desaparecía borrado por la
consistencia del suelo o la acción del tiempo, y de todas maneras cerciorándonos
de su existencia y de su curso para poder trazarlo, si era posible, palmo a palmo
en toda su extensión.
Tales instrucciones eran comunes a todos los miembros de la Comisión a fin
de no perder un detalle de esta importante e histórica vía de los tiempos incásicos,
tan notable por la rigurosa exactitud de su orientación y por tantos motivos inte-
resante, digna de ser descrita en sus detalles y trazada en los mapas para perpetua
recordación, arrancándola al olvido y a los estragos del tiempo.
No es éste el lugar para ocuparse de ella, sino la mera ocasión de recordarla
como incidente de viaje en esta rápida relación de los principales itinerarios, o
más bien dicho, del itinerario general seguido en el plan trazado a los trabajos de
la comisión exploradora. El camino del Inca arranca de los Tambillos, en Copiapó,
y sigue rumbo general y constante de 22º al E del meridiano astronómico hasta el
pie del Licancabur, a 580 kilómetros de distancia.
El nuevo campamento al pie de Incaguasi sería el centro de excursiones que
abrazaban, como antes, las vertientes de la antecordillera occidental, que más tar-
de llevaría el nombre de Domeyko, y parte del valle central que llevábamos a
nuestra izquierda en el constante rumbo de avance hacia el norte.
Por un lado eran las asperezas, alturas y profundidades de un terreno mon­
taño­so, con sus recursos de agua y combustible para las más apremiantes nece-
sidades de la subsistencia y, por el otro, el desierto llano y uniforme, pero des­
provisto de todo auxilio y perpetuamente árido y seco, con su cascajo terroso
pe­netrado de guijarros y angulosos fragmentos de roca, sus costras de sal y sulfa-
tos alcalinos, sus caliches y riquezas invisibles bajo un suelo de reflejos rojizos y
fan­tásticos mirajes.
Dejando el Incaguasi, el camino ofrece siempre el in­terés de algunas minas que
se encuentran en el tránsito hacia el Chaco, como las de la Ceniza, cuyo descu­
brimiento fue debido al infatigable don José Díaz Gana, cuyo recuerdo se conserva
en el desierto a cada paso en toda su extensión de norte a sur.
Aquel mismo día, 9 de octubre, se cruzaban las grandes vegas del Chaco que
na­cen del grueso macizo de este nombre en la cordillera Domeyko, nombre histó­
ri­co entre la gente de cateos, porque por allí pasaron los misteriosos aragoneses
de la leyenda minera que más románticos sucesos refiere y más extraordinarias
ri­quezas revela.
Apenas salidos de estas vegas los hermanos Leite de la famosa historia, parece
que descubrieron los ricos metales que llevaron a la república Argentina y allí
se­pultaron, ofreciéndolos más tarde en canje de la vida al pundonoroso general

-25-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 25 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Belgrano que antes habría arrostrado el hambre antes que conmutar por plata la
pena capital del delito de espía y traición a la patria que recayó sobre los misterio-
sos mineros españoles.
De este hecho, agregado a sus descubrimientos en el cerro de Famatina y otras
hazañas de gran renombre realizadas por ellos, se desprendieron las ideas de cateo
y las mil supercherías de Aliste por aquellas regiones en que dejaron su dinero y
sus desengaños tantos mineros copiapinos.
En comentarios e indagaciones al respecto y que más adelante habrá ocasión
de relatar, trascurrió aquel día hasta llegar al grupo de minas llamado del Chaco y
también de Vaquillas, siendo la principal de entre ellas la Buena Esperanza, en­ton­
ces en activa explotación por cuenta del inteligente industrial don Manuel J. Vi­cuña.
¿No sería probable que los aragoneses, cruzando por aquel cerrillo en direc-
ción al Chaco, descubrieran en él la famosa riqueza de la leyenda?
Examinadas las minas de Sandón, a inmediaciones de las del Chaco, se caía
por los barrancos coronados de grandes bancos de tufo traquítico hasta el fondo
de una grieta con vegas y un filamento de agua cristalina, como son todas las de
análogo origen en esas cordilleras, aunque no sean siempre puras o potables.
Esa coronación de traquitas, vista desde el profundo fondo con sus suaves co­
lo­res de carne y sus inmensos fragmentos prismáticos, forma que conservan aun
cuando la denudación los ha labrado en esas u otras formas caprichosas pero ordi-
nariamente geométricas, según su natural modo de fractura, se presenta allí, como
en la Encantada, Juncal, Chaco y donde quiera que el terreno ofrece una fractura,
con especiales atractivos de interés y belleza.
Sea que la formación del terreno sobre el que descansa aquel manto de roca
friable conste de estratificaciones más o menos onduladas u horizontales, inclina-
das o trastornadas en todos sentidos por las fuerzas interiores o presiones laterales
que las dislocaron dejando una superficie áspera y profundamente surcada de va-
lles o erizada de alturas, en todo ello se descubre siempre que el papel de los tufos
traquíticos y cenizas volcánicas fue constantemente nivelador, rellenando como
un elemento líquido todos los huecos y emparejando todas las desigualdades hasta
quedarse tranquilo y a nivel como la superficie de un mar sólido.
En vano trata el geólogo de investigar allí la composición y estructura del sub-
suelo: por doquiera lo encontrará oculto bajo potente capa de materiales volcáni­
cos directamente desprendidos de sus cráteres como en las inmediaciones del
Chaco o arrastrados y transportados de uno u otro modo por las aguas, por los
vien­tos, por todos los medios de acción de la naturaleza, siéndole necesario buscar
las grietas y barrancos para averiguar en sus paredes y precipicios las nociones de
lo que interesa a sus estudios.
Y no sufrirá decepciones el observador, porque en el curso de la quebrada de
Vaquillas abajo encontrará cómo investigar aisladamente y relacionar entre sí di­
ver­sos horizontes geológicos, comenzando por los de origen volcánico reciente en
todas sus fases y siguiendo por las calcáreas jurásicas, neocomianas o cretáceas; los
tufos porfídicos de todos aspectos y estructuras, rocas arenáceas, silíceas y jaspea-
das como el ágata, con cintas rojas, grises, verdes y de todos colores; los recientes

-26-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 26 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. i. junio a diciembre de 1883

depósitos pospliocenos cubiertos de tufos traquíticos que parecen de ayer y las


rocas eruptivas que intervienen en todo, dioritas, granitos y pórfidos característicos
del eje de los Andes con las indispensables andesitas de todas variedades y matices.
Llena la cartera de figuras, esquemas, bosquejos, cortes geológicos y perfiles,
lo que era deplorable consistía tan sólo en esa inconveniente premura y apresu­
ra­miento del tiempo que se va, de los recursos de subsistencia que se agotan, de
los animales que se acaban, del dinero insuficiente y de las gentes de servicio que
reclaman el reposo, que sienten las necesidades del poblado, los apetitos de la
cocina y la pulpería, tanto más deseados cuanto mayores han sido las privaciones.
En tales circunstancias era forzoso y apremiante sus­pender las exploraciones
por la falda de la cordillera, terminándolas en las quebradas de Vaquillas y Sandón
para volver apresuradamente al oeste, hacer lo que se pudiera en la región central
y volver bridas a la costa hasta el puerto de Taltal, por donde terminaría, por to­
tal agotamiento de los recursos, esta primera parte de los trabajos del desierto.
Es necesario apurar, tomar apuntes al trote de la mula y quedarse con el consue-
lo y la promesa de volver otra vez, más despacio y más tranquilo, a saciar curiosida-
des y aficiones de geología, descubrir intereses para la industria y abrir horizontes
al progreso público.
Dejando atrás estos valles, con su solemne soledad y silencio, vuelta la cara al
Sol poniente, que nos deslumbra y ofusca con sus arreboles, apurando a la mula
que ya no siente el aguijón de la espuela ni el estímulo del látigo, no ganamos sino
que nos gana tiempo la tarde fría con sus sombras y luego la noche helada y negra
entre incertidumbres y peligros invisibles.
Es el campo llano y parejo en apariencia, donde en el día reverbera el Sol a
40 grados de calor y en la noche se apaga sucediéndole el frío del rocío que se
con­gela; que a la luz exhibe sus estorbos de piedras dispersas, sonoras al golpe y
cor­tantes en sus aristas, como la escoria; que muestra sus zanjas y todos sus obs-
táculos, pero que de noche, todo invisible y misterioso, con sus costras de caliche
agrietadas de donde se escapan ruidos de decrepitación, secos y rápidos, como
detonaciones de fusilería, nada deja ver y todo es tropiezo y tormento.
Si a estos efectos naturales se unen los del trabajo humano que ha removido
las calicheras abriendo minas, tumbando las costras de sal y sembrándolo todo de
inextricable confusión en el día y de pavorosas apariencias en la noche, y que a
todo esto resta por agregar la fatiga y pesadez de la bestia cansada, la eternidad
aparente del tiempo que hace desesperar por llegar algún día al fin de aquel viaje,
y que, al fin llegado, todo está ausente: la caravana dispersa y perdida, rezagados
los que vienen con el pan y la cama; sin fuego y sin lumbre; con riscos escarchados
por lecho y el rocío empapador por abrigo, se tiene alguna idea de una de tantas
de estas jornadas nocturnas, y no de las más toledanas, que impone la misión de
estudiar y explorar un desierto.
El Sol del siguiente día alumbra aquel raro espectáculo que remeda murallas
caídas, bloques tumbados, cimientos vueltos arriba y destrozos en tan confuso des­
or­den revueltos como si un terremoto espantoso hubiera arrancado de raíz y des-
menuzado hasta los fragmentos de las ruinas de un extenso pueblo.

-27-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 27 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Eran las calicheras de la oficina Germania, en las inmediaciones del pique de


agua del mismo nombre que la caravana buscaba para refrescar sus bestias y des­
can­sar su gente al abrigo del fuego.
El agua se buscó y se encontró en aquella pampa a 56 metros de hondura, por
el lugar donde se reúnen los cauces del Chaco y Vaquillas explayados y extendidos
ya hasta casi nivelarse con la superficie del suelo.
La tarea de aquella nueva jornada consistía en recorrer las pampas calichosas
y ligar a la triangulación general todas las oficinas salitreras que antes elaboraban
caliche y que por entonces estaban entregadas al abandono, apagados sus fuegos,
suspendido todo trabajo, desierto todo y muerta toda iniciativa a consecuencia de
las adversas condiciones que para la industria salitrera de Atacama sobrevinieron
des­pués de la anexión de Antofagasta y Tarapacá al territorio y jurisdicción de
Chi­le.
Los cerros circunvecinos, a veces pequeñas colinas de lava que se destacan ais-
ladas, como islas con aspecto de manchas de tinta en la extensa sabana blanca de
la región salitrera de Taltal, contrastando su color negro de rocas volcánicas con los
reflejos de la sal y la tierra calichosa, sirven de buenos puntos de estación para el
teodolito, mientras que las chimeneas apagadas de la Julia, Catalina, Blanca, Flor
de Chile, Alianza, Lautaro, Severin, Salada, entre otras, hacen oficio de puntos de
mira o se­ñales bien definidas.
Características son aquellas pequeñas elevaciones de piedra por su constitución
esencialmente volcánica, sus colores oscuros, negros o rojizos, sus rocas vidriosas
y los testimonios evidentes de existencia humana que acusan los restos de leña,
carbón, utensilios de cobre, puntas de flecha y a veces hasta pequeñas esculturas
que con frecuencia se han encontrado en sus cimas más altas.
En alto grado, curioso es constatar el hecho de que semejantes indicios de la
re­sidencia del hombre en estos territorios o de su transitorio paso por las alturas
cul­minantes de toda serranía, sea en la costa del mar, en el centro del desierto o
en las altas cordilleras, es de general y profusa repetición en cada cumbre más o
me­nos notable.
¿Qué hacían y con qué objeto se instalaban allí los indígenas de estas tierras?
¿Puntos de observación o de mira, señales telegráficas o posiciones estratégicas?
En una penosa tentativa de ascensión a la cumbre del Licancabur, que los inge­
nieros Muñoz y Pizarro lograron realizar hasta casi tocar a la meta, el guía indígena
nos trajo utensilios de menaje y de trabajo que hoy se exhiben en el Museo Nacio-
nal, y con ellos la relación, corroborada además por el subdelegado de Atacama,
don Juan Santelices, que también llegó a la cumbre, de existir en aquel cráter del
altísimo volcán extensas construcciones de habitación y considerable acopio de
com­bustible.
También intenté yo mismo la ascensión del poderoso Llullaillaco, pero encon-
trándolo demasiado arduo por lo escabroso de sus flancos cubiertos de escoria y
vidrios cortantes, acompañé al ingeniero Pizarro en la subida al Chuculai, y apenas
llegado a la cumbre, rayando en los 6.000 metros, el primer objeto que se presentó
a mi vista fue una lámina de cobre en forma de cuchillo.

-28-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 28 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. i. junio a diciembre de 1883

Y así, en grandes alturas de los Andes como en regulares o pequeñas eleva-


ciones de la costa y del desierto, siempre se repite el mismo hecho que atestigua la
predilección de los indígenas por la ascensión a las cumbres, indudablemente con
algún objeto útil, con algún propósito de conveniencia pública, al contrario del in­
dígena del día que jamás muestra interés por nada que no sea dentro del camino
trilla­do de sus vulgares necesidades.
Al lado del oeste de estas regiones del caliche el cerro de la Peineta se levanta,
con su base de diorita y su cum­bre de traquitas y conglomerados volcánicos, atra-
yendo las miradas por su forma característica, como un morro de la costa marítima
que se eleva rápidamente sobre el nivel de las playas arenosas, sirviendo de punto
de referencia, de vigía y de señal a lo lejos y desde todos los rumbos del horizonte.
Pero más al oeste todavía, ascendiendo por los cerros de superficie suave a
cau­sa de lo blando y terroso de sus faldas en que la roca descompuesta y deshecha
en granos se convierte en tierra y arena gruesa que resbala y se dis­pone en ar­cos
concéntricos y guirnaldas, formando como raudas de encajes y bordados de ex­
traño aspecto, se comenzaba a divisar un aspecto de antiguo conocido, familiar y
querido, que volviéndolo a encontrar ahora, después de más o menos larga ausen­
cia, recobraba y multiplicaba a nuestra vista atónita todos sus encantos, como una
novedad y una belleza que jamás hubiéramos antes contemplado y apreciado su-
ficientemente.
Habíamos llegado al pie oriental de las serranías de la costa y ascendíamos a
una cumbre para tomar ángulos y orientarnos en la disposición de los triángulos
del cánevas.
Después de las adustas serranías del interior y del desierto gris con sus reflejos
amarillentos y rojizos, encontrarse de súbito y en momento inesperado con la vista
de ese azul del mar que se confunde en el espacio infinito con el azul del cielo, es
impresión que se necesita haber sentido para comprenderla y deleitarse en ella. El
mar y sus playas tienen un poder de atracción irresistible y parece que sólo llegan-
do a ellas se acaba el viaje y se descansa de sus fatigas.
El efecto óptico que se produce en el ojo cuando se baja por un plano inclina­
do, mirándose en ese espejo delicioso, se aumenta y exagera viendo alzarse el mar
y aparecer como suspendido en el vacío de aquella atmósfera infinitamente diáfa-
na, hasta alcanzar el cielo y confundirse con él en las alturas.
La vista parece penetrar en la inmensidad del firmamento: tal es la pureza del
mediodía en aquellas alturas del desierto. La superficie de inefable azul, inmensa,
aparece como horizonte de esperanzas y se siente más suave y vivificante el aire:
tal es la magia seductora de la naturaleza en aquellas regiones de silencio y soledad.
La última jornada de esta primera serie de excursiones por el desierto se dirigía al
puerto de Taltal, anotando de paso los caracteres generales de la geología de la cos­ta,
sus minas de cobre, aguadas y vegas, etc., llegando al referido puerto para vol­ver al
sur por mar y rehacer la caravana con nuevos aprestos para una segunda campaña.
De vuelta, en Copiapó, el jefe daba cuenta al Ministerio del Interior acerca de
lo realizado por la comisión exploradora en estas primeras excursiones por medio
de la siguiente nota:

-29-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 29 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Exploración del desierto de Atacama


Nota del ingeniero en jefe

Copiapó, octubre 24 de 1883

Señor Ministro:
Dejamos terminados los trabajos de exploración y mensura de la región del
de­sierto, que corre entre las cordilleras de la costa y el primer cordón andino que
for­ma la vertiente occidental de la gran altiplanicie atacameña.
El resumen de las operaciones se reduce a lo siguiente:
185 vértices de triángulos, casi todos ellos centros de estación.
6 bases medidas directamente.
22 determinaciones de latitud.
68 puntos fijados con azimut magnéticos.
7 determinaciones de la declinación magnética.
142 observaciones meteorológicas completas.
28 minas visitadas y estudiadas.
9 delineaciones de caminos y quebradas importantes.
1.600 rocas, minerales y fósiles catalogados.
75 ejemplares de plantas coleccionadas.
Tiempo ocupado en todo este trabajo, tres y medio meses.
En la triangulación de este territorio se han observado cuidadosamente todas
las condiciones que exige todo trabajo de importancia. La regularidad de los trián­
gu­los, las repetidas comprobaciones y verificación de las observaciones, así como
el perfecto estado de conservación de los instrumentos de precisión, garantizan
su­ficientemente la exactitud apetecible para la construcción de la carta geográfica.
La comisión no posee más que un solo instrumento de gran pre­cisión, un teo­dolito
de Throuhton comprado a Schwalb Hermanos y otro prestado.
Para los detalles hemos hecho uso de la brújula prismática, del anteojo
Rochon, del telémetro de reflexión y del pedómetro.
Las observaciones astronómicas han debido reducirse, por la falta de cronómetros,
a la determinación de alturas meridianas, sea con el círculo de reflexión o con el
teodolito de tránsitos.
La falta de aquellos instrumentos indispensables no ha sido, sin embargo, tan
necesaria, porque expresamente he combinado su carencia ahora con su pose­sión
para más tarde, de suerte que, oportunamente y sin desandar camino, los apro­ve­
cha­remos para determinar las longitudes geográficas que no sean con­venientes.
En todo cordón de montañas de alguna importancia, ya por su potencia como
por sus recursos minerales, siempre hemos fijado, a lo menos, el punto culminante,
pero más generalmente además de éste, un segundo y un tercer punto en ambas
extremidades, determinando así con precisión la verdadera orientación de la corri­
da montañosa.
La línea anticlinal y de las más altas cumbres del cordón occiden­tal de los
Andes está determinada en sus puntos más notables, no sólo por las señales na­tu­ra­
les que pueden aprovecharse como puntos de mira, sino también por los linderos
mandados construir expresamente para encadenar esta triangulación central con
la otra que llevaremos por sobre las mesetas andinas.

-30-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 30 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. i. junio a diciembre de 1883

Las observaciones magnéticas que en algunos casos han acusado perturbaciones


locales muy notables nos han hecho constatar la existencia de grandes depósitos y
filones de hierro magnético, no siempre visible a la simple inspección, circunstancia
que interesa tanto para explicar los errores en que viajeros e ingenieros han
incurrido al confiarse en las indicaciones de la brújula, cuanto para constatar que
aquí yace, para la prosperidad futura y engrandecimiento de la industria nacional
en el porvenir, el hierro, en su más favorable estado de composición mineralógica.
Las indicaciones atmosféricas de los instrumentos que nos ha confiado la Oficina
Central de Meteorología demuestran que el desierto está muy lejos de ser inhabitable
por su clima, y al contrario, si el año que transcurre no es excepcionalmente fa­
vo­rable, podría declararse que el desierto, en su región central, posee un clima
templado y agradable en las estaciones de invierno y primavera.
No debe ser tampoco motivo de horror al desierto, como es la idea general, la
escasez de agua. Que ésta no se encuentra a cada jornada del mal montado viajero,
o a corta distancia para el cateador de pocos recursos, es exacto, pero lo es también
que las quebradas o cañadas profundas que surcan las llanuras; que las faldas de
montañas o las gargantas que las circundan, y los pozos que en muchos puntos se
perforan, contienen el agua o surge de ellos abundante y exquisita.
Así, en todas estas formas, existe el agua desde Ñanjarí y Tres Puntas hasta los
secadales de las salitreras de Taltal. La dotación de este elemento tan indispensable
para la vida como para la industria no será nunca un imposible, y en la mayoría de
los casos no ofrecerá dificultades.
Las minas visitadas y estudiadas suministran un acopio de datos y obse­rva­
ciones útiles, tanto para el interés científico cuanto para el conocimiento de los ma­
les que aquejan a la industria y los medios de protección y fomento que requie­re.
Los caminos o vías públicas pueden considerarse también como una de las me­
joras más fáciles de introducir en el desierto.
La huella de la carreta guía y lleva en todas direcciones, ya sea en busca del
agua, del combustible o del mineral, y sin más que pequeñas obras de construcción
para cruzar los profundos cauces y para vencer menos penosamente las cuestas, el
árido territorio quedaría con poco costo habilitado al tráfico en todos los rumbos
convenientes al comercio y la explotación de las minas.
Las colecciones de rocas, de minerales y de productos melalúrgicos serán de suma
uti­­lidad para el conocimiento de los recursos naturales y estado industrial de la
mi­­nería.
La clasificación metódica conforme a la distribución y manera de existir de
los minerales, así como a sus relaciones con los criaderos que les son propicios, es
trabajo que no se ha emprendido aún y que puede contribuir en mucho al progreso
de los conocimientos mineros en el país.
El estado de la metalurgia, que generalmente se cree tan avanzado, está fa­tal­
mente ligado, por las costumbres, por la práctica en las especulaciones y por la falta
de capitales, a un pasado todavía un tanto rutinario.
Será útil señalar los males y denunciarlos, pero en algunos casos también es
grato indicar progresos y tendencias consoladoras en un sentido de mejoramiento
industrial y científico, que, de simples ensayos que penosamente soportan las prue­
bas hoy, pasarán mañana, con un poco de protección y estímulo, a procedi­mientos
perfectos y económicos.

-31-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 31 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Finalmente, entre los recursos del desierto, la flora contribuirá también,


cuanto más estudiada y conocida, a despertar el interés por aquellas regiones.
Ningún tra­bajo omitimos por enriquecer las colecciones de plantas que la sabiduría
del estimable director del Museo nos enseñara a conocer y apreciar.
En el curso de los trabajos hemos sido objeto de atenciones y servicios que
juz­go un deber agradecer y señalar.
El subdelegado de Tres Cruces, señor E. Herrera, y el administrador de la mi­
na Buena Esperanza, señor Manuel Smith, nos obsequiaron con todo lo que su
bue­na voluntad pudo procurarnos. En La Florida, el señor J.M. Pizarro, ad­mi­nis­
trador de la mina Japonesa, nos prestó útil cooperación para el estudio de esas
mi­nas; el ingeniero señor Jorge Tergie nos proporcionó en Carrizalillo to­das las co­
modidades y recursos que aquel hermoso establecimiento posee; los se­ñores Piedra
Hermanos nos han favorecido siempre con oportunos servicios, y por último, en
lo más angustioso de nuestros trabajos, la generosa hospitalidad re­­cibida en los
establecimientos del señor Manuel J. Vicuña nos permitió concluir sin dificultad la
exploración de los lugares más apartados.
De vuelta en esta ciudad de Copiapó, hemos proseguido sin interrupción los
trabajos, procediendo a la medición de una base de dos mil metros para arran­
car desde ella la triangulación de las cordilleras. Para esta delicada operación nos
ha servido como siempre la deferencia de la administración del ferrocarril, es­pe­
cialmente la de su distinguido ingeniero señor Francisco R. Sayago, a quien, en
unión del señor J.A. Vadillo, ingeniero de distrito, debemos importante coope­ra­
ción en estos trabajos preparatorios.
Los recursos económicos para los gastos de esta comisión no alcanzan desaho­
gadamente para equiparnos de nuevo y andar en campaña hasta el fin del año. La
inspección de las cuentas demuestra que las exploraciones en el desierto no son tan
enormemente caras como habíamos imaginado, pero es indispensable aumentar el
personal del servicio y completar el número de instrumentos y demás útiles. Para
conformarme a la estrechez del presupuesto de veinte mil pesos, he necesitado
sa­crificar conveniencias de suma necesidad, como la de doble provisión de ins­
trumentos y suficiente número de hombres y animales, no solo para la rapidez y
pre­visión de los trabajos sino también para mayor armonía en los gastos.
Los industriales y mineros de esta provincia, que con tanto interés se preo­cu­
pan de este trabajo, comienzan a manifestar cierta impaciencia por su más pron­ta
terminación, y si hubiera de pedírseme un plazo, no vacilaría en señalar como
máximo dos años más de tiempo para llegar con los trabajos hasta el Loa, si no
hubiera interrupciones y el presupuesto fuera suficiente.
Por las cuentas y cálculos que adjunto, por el conjunto de operaciones rea­
li­zadas y la extensión del territorio hasta ahora explorado en poco más de tres
meses de campaña, con sólo la mitad de los recursos que se requieren, fácilmente
se penetrará U.S. de la probabilidad de terminar esta tarea en dicho tiempo si la
continuamos en la forma conveniente.
Dios guarde a U.S.

Francisco J. San Román


Al señor ministro del Interior don José Manuel Balmaceda

-32-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 32 26-09-12 13:20


II
ENERO A JUNIO DE 1884

Obstáculos. De Copiapó a San Antonio. Darwin: geología. La electricidad en las


cumbres: accidente. Notas. En los Andes: el primer hito internacional. La primera
ca­
rretera trasandina: Indalecio Castro. Aspectos: fenómenos meteorológicos.
Cam­bio de itinerario: rumores peligrosos. De Maricunga al Azufre: se confirman
los rumores. El diario de viaje. Cumbre de la Coipa: orientaciones. La tarea de
las colecciones. El sistema oolítico: reflexiones geológicas que despierta. El guía
Sal­vatierra. Terremoto. La Piedra Parada. Salinas y yeseras. Lagunas Bravas. El
Pan­teón de Aliste. Palacio encantado. Clasificación de las rocas. Clasificación pe­
tro­gráfica. De Pedernales abajo. El agua: pique de la Buena Esperanza. De Tres
Puntas a Las Ánimas. Caracteres geológicos de la costa en Chañaral. En Chañaral:
vue­lta a Caldera.

S i cada cual pusiera a favor del servicio público y de la economía fiscal todo cuan­
to en el ejercicio y experiencia de los negocios del país aprende y descubre, y,
naturalmente, si los directores de la administración pública oyeran y juzgaran, hi­
cie­ran caso siquiera y tomaran nota para reparar los daños y prevenir su re­petición
y acrecentamiento, ¡cuántos gastos se ahorrarían y cuánto provecho se ganaría!
Exhortaciones continuas y razonadas demostraciones en este sentido eran fre-
cuente materia de argumentos por escrito y de viva voz en aquellos años con mo-
tivo de la exploración del desierto y cordilleras de Atacama.
Meses enteros y hasta la cuarta parte de un año en tramitar la entrega de una
su­ma de dinero en tesorería; ingenieros que esperaban, peones en forzado ocio
que ganaban salario y animales ocasionando gastos sin remuneración y todo a
pu­ra pérdida; tiempo indefinidamente transcurrido en órdenes superiores que los
cambios de la política y la renovación de los ministros de Estado dejaban sin efecto
y se aplazaban mientras que la caravana exploradora bogaba y remaba sin alientos
en el desierto: todo trabajo perdido, abandonándose el terreno porque la estación
propicia expiraba, la gente desertaba y las bestias perecían; paciencia y memoria
que se gastan, esperando la oficina de labor para estampar los recuerdos recientes,
coordinar las ideas todavía frescas y tener a la vista la reproducción del camino

-33-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 33 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

hecho y el campo recorrido: todo frustrado en su oportunidad, todo postergado,


todo interrumpido, todo malgastado y todo el mundo de arriba indiferente. “¡Así
son estas cosas: después se hará, son obstáculos que con el tiempo se remueven!”.
A mediados de enero de 1884 se conseguía emprender la segunda campaña
valle adentro de Copiapó hasta el término del ferrocarril en el pueblo de San An-
tonio, punto de partida para llegar hasta las fuentes del río copiapino en las faldas
y cumbres de los Andes y para continuar por las altas cordilleras hacia el norte,
siguiendo por ellas paralelamente al valle longitudinal del desierto que quedaba
ya explorado.
Se enlazaría así la triangulación ahora arrancada directamente de la base de
par­tida en Copiapó con la antigua y se continuaría por las alturas la aplicación del
plan de estudios en la misma forma y con los mismos elementos de antes.
En esta nueva expedición el ayudante García Quintana había sido reemplaza-
do por el teniente de marina don Ángel Custodio Lynch y se habían adquirido dos
cronómetros Dent de bolsillo que irían a cargo del mismo.
Antes de partir de Copiapó se cambiaron señales telegráficas con el observa­
torio astronómico de Santiago para ajustar los cronómetros y tener con alguna
apro­ximación las longitudes geográficas de Copiapó y Caldera, lo que se consiguió
en una serie de operaciones ayudados también con la inteligente cooperación del
malogrado teniente de marina don Carlos Porter W. y sirviéndonos de su propio
cronómetro, un excelente Jewit, porque los tales Dent de bolsillo no marcaban con
regularidad, y apenas merecían relativa confianza.
También se había enriquecido el material de instrumentos con un excelente
círculo de reflexión y un hipsómetro para las alturas.
El itinerario desde San Antonio comenzaba por ofrecer el interés de las anti-
guas minas de ese nombre, famosas en la historia minera de Copiapó, de propiedad
de la familia Codecido y desde entonces hasta la fecha siempre en producción.
Inmediatas se presentaban también las muy importantes de Lomas Bayas, que
se reservarían para ser visitadas más especialmente en otra ocasión, y la gran mina
de cobre de Amolanas, por entonces en vísperas de ser objeto de una gran especu-
lación que más tarde fundaría en sus inmediaciones un establecimiento metalúrgi-
co modelo para la concentración de sus inagotables minerales de baja ley.
El estudio geológico tenía el vivísimo interés de haber sido objeto aquellas lo­
calidades de las investigaciones profundas del eminente sabio Darwin, que las visitó
por el año de 1835, dejándonos constancia de su admirable erudición y de la exac-
tísima verdad de sus descripciones.
Ir allí a consultar sus opiniones, a compenetrarse de ese espíritu científico en
el más alto grado, que estampa una enseñanza en cada página de su admirable
li­bro de viajes, es para el mero aficionado al estudio de la tierra, así como para
cual­quiera que busque inspiración y ciencia en la naturaleza, fuente fecunda de
in­for­mación, ejemplo de constancia, de amor y vocación por la investigación de la
ver­dad.
Otro sabio, el ilustre paleontólogo don Germán Burmeister, antiguo director
del Museo de Buenos Aires, también estuvo allí y nos dejó la relación de sus cien-

-34-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 34 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. ii. enero a junio de 1884

tíficas impresiones al encontrarse, llegando a Juntas, con la variada y abundante


fauna de fósiles jurásicos que tanto lo deleitaron.
Darwin asevera que estas formaciones calcáreo-yesosas son oolítico-cretáceas
y observa su correlación con los tufos porfídicos estratificados como posteriores a
éstos, destruyendo en el observador la creencia contraria que por un accidente se
ve en las inmediaciones de Amolanas.
En efecto, así se observa, entrando por el río de Jorquera y llegando a la Guar-
dia, que la faja calcárea descansa sobre la formación porfídica y es a su turno opri­
mi­da por estratificaciones de areniscas rojas y conglomerados que por su aspecto
mineralógico han sido tomados en otras partes, para confusión y mayor embrollo
de nuestra oscura geología, por pertenecientes a épocas más antiguas, como el trías
y permo-carbonífero.
Con toda la importancia de estas materias, con la abundante cosecha de rocas
y fósiles, apuntes para la cartera e impresiones para el espíritu, se reunían también
al interés de aquellos valles el alegre verde y los nutritivos recursos para el bienes-
tar de hombres y animales.
Fatigosa se hacia la ascensión a las cumbres a causa de la ya sensible rarefac-
ción del aire y no poco molestaban los chaparrones de agua o granizo, pero las
bestias estaban fuertes y no cansaban al jinete con su desgano; el campamento
es­taba bien provisto y el agua ¡el agua! siempre el agua, la pesadilla constante del
explorador del desierto, corría en abundantes arroyos y se brindaba a discreción
por doquiera en lagunazgos y vegas pobladas de abundante caza.
La gente de servicio, contenta y satisfecha, vuela a sus puestos, obedeciendo
las instrucciones del ingeniero y no se queja, sino que comenta, con despreocupa-
ción y hasta con feliz alegría, los lances sacados al precipicio en las ásperas alturas,
y las escapadas de graves y peligrosos accidentes.
Era el Cadillal uno de los picos más elevados y escabrosos en que debían cons-
truirse señales para la triangulación y servir de puntos de estación a los ingenieros:
se­ñales que consistían en un simple mojón de forma cilíndrica terminado en punta
y hecho de piedra seca.
Dos de los más ágiles muchachos fueron designados y partieron en la mañana
de un día despejado, llegando a la cumbre en la tarde, a hora propicia, pero no
siempre segura en aquella estación y a tales alturas.
Dando por terminada su obra, sólo faltaba coronar la punta cónica del hito con
una piedra larga y aguda que Custodio alcanzaba, empinándose y levantando en
alto los brazos, a Pedro León, que la tomaba con ambas manos para colocarla en la
cúspide.
Custodio y el hito, Pedro León y la piedra, alzada de punta en lo alto, forma­
ban así el pararrayos, y la tensión eléctrica de la atmósfera, provocada por el mis-
mo, lanzó la chispa sobre el grupo.
El uno, caído abajo y tendido en todo su largo, como inerte, gritaba al otro
des­esperándose de no poder él mismo arrancarse espinas, clavos o algo como hor-
miguero de alacranes que le desgarraban el cuerpo; mientras que el otro, medio
de pie y medio sentado, estupefacto todavía ante la impresión del vivo fulgor que

-35-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 35 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

creyó dejarlo ciego y aturdido por la espantosa detonación que lo dejó sordo para
oír los clamores de su compañero, no acertaba a darse cuenta de sí mismo y saber
si su cabeza ardía o su cuerpo se achicharraba, tal era el olor a cacho quemado que
sentía exhalarse de todo su ser.
Indudablemente, el pobre Custodio, arrojado en tierra, sufrió el efecto de ful-
guritas que el rayo le habría formado en el cuerpo, produciéndole la impre­sión
de quemantes picaduras, mientras que a Pedro León le habría chamuscado todos
los pelos, de la cabeza a los pies, dejando al uno y al otro, después del percance,
bastante felices y alegres para volver a deleitar a sus compañeros, a la luz y lum-
bre del campamento, con la relación de los sorprendentes detalles de su curioso
accidente.
Y en verdad, nunca se contará de fenómenos del rayo que no sean de infinita
variedad en sus formas y caprichoso resultado en sus efectos.
La siguiente nota fue remitida desde el campamento de La Guardia al señor
ministro del Interior:

Comisión exploradora del desierto de atacama

La Guardia, febrero 2 de 1884

Señor Ministro:

Puedo condensar en pocas palabras lo hecho y observado hasta hoy en la ex­


ploración de estas cordilleras de Copiapó, pero no podría transmitir a U.S., sino en
una larga y meditada exposición, el resultado de las impresiones recibidas.
En el estudio de cada localidad, de cada distrito de minas, de cada montaña
donde ha habido producción y trabajo o donde los caracteres exteriores lo prometen,
se descubre siempre, en condiciones más o menos variadas, pero resultantes de
una misma causa general o única, el mal que desde tiempo atrás viene minando
por su base y destruyendo por completo el edificio de la prosperidad minera de
otros tiempos en esta provincia.
Donde hubo riqueza espontánea y fácil, como donde ésta se presenta esquiva
y difícil, jamás han presidido los sistemas económicos de previsión y reserva, ni los
métodos industriales del trabajo razonado y reproductivo, ni los procedimientos
científicos de la investigación y el cálculo.
El más opulento cerro mineral de estos distritos no ha contado ni cuenta con
una asociación económica que fomente el trabajo en grande, ni con las cons­­truc­
ciones que lo multiplican y transforman, ni con las obras avanzadas de ex­ploración y
estudio que guían en el presente y señalan el porvenir en esta clase de es­peculaciones.
En vez de asociación, el retraimiento o la dispersión infructuosa de los pe­
queños capitales; en lugar de los grandes talleres, los modestos ingenios de la ini­
ciativa particular y, a falta de una investigación vigorosa y metódica en las ex­plo­
raciones de lo desconocido, la marcha vacilante y a tanteos del que busca a os­curas.
Chañarcillo y Tres Puntas, con el sistema de subdivisión de la propiedad mi­
ne­ra en pequeños rectángulos que son otros tantos obstáculos al trabajo metódico
y administración económica de las minas, han impedido y no conseguirán jamás

-36-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 36 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. ii. enero a junio de 1884

mien­tras no se modifiquen las antiguas prácticas, el impulso salvador y vigoroso de


los capitales que acumulan las asociaciones numerosas.
No ha faltado la iniciativa, pero las fuerzas de las costumbres y la rutina de
las ideas han podido más que los consejos del criterio ilustrado, cuando en alguna
ocasión se ha hablado de una sola empresa, con una sola administración gene­ral
para perforar un socavón real, un pique maestro, una arteria única o principal
por donde puedan circular más desahogada y más abundantemente la vida y la
producción de una montaña entera.
Tres Puntas, abandonado en sus afloramientos; Chañarcillo, horadado con un
enjambre incoherente de labores subterráneas que sus dueños no quieren reunir
en un sistema común y salvador; Lomas Bayas, con la perspectiva de un gran
problema que ni la voluntad concurrente de todos los interesados ha conseguido
resolver, son otros tantos resultados de las pequeñas concesiones y subdivisión de
la propiedad, donde no cabe un orden completo de trabajos metódicos y científicos
y de donde la veta se escapa por la profundidad y por la corrida, y por todos los
rumbos accesibles al vecino de mala fe y al merodeador siempre dispuesto a apro­
vechar del trabajo ajeno.
Los establecimientos metalúrgicos, adaptables a las antiguas condiciones de
riqueza y abundancia, no están hoy día preparados para modificar o transformar sus
procedimientos; las preparaciones químicas son industrias en que nadie piensa, y
el tratamiento mecánico de los minerales y tantas variadas y múltiples operaciones
que derivan inmediatamente del trabajo de las minas no existen tampoco o están
reducidas a meros ensayos y aplicaciones en pequeña escala.
Y los reconocimientos y exploración de las minas en profundidad y en todas
direcciones a donde conviene llevar las investigaciones, si bien es innegable que
han sido emprendidas y proseguidas con constancia y mediante sacrificios valio­
sos, también lo es que esos esfuerzos aislados y dispersos se han esterilizado y
des­vanecido sin resolver los problemas de la continuidad de la riqueza que la acu­
mulación de capitales en un trabajo común habría resuelto hace tiempo.
La minería necesita, señor Ministro, para su salvación de una decadencia alar­
mante y para su subsistencia como industria permanente y regular, descansar sobre
la ancha base del estímulo a la asociación que constituye el capital, y sobre la
seguridad inconmovible de la propiedad minera contra los eventos a que, lo difícil
de su ejercicio y lo precario de su existencia, la tienen constantemente expuesta.
La concesión de la propiedad minera en pequeñas extensiones de forma geo­
métrica con sus líneas rectas imaginarias, y con más los peligros contra su con­
servación y dominio, no está calculada para favorecer la acumulación de los ca­­
pitales, único medio de fundar la minería industrial, el trabajo económico, el sis­
tema razonado y científico de trabajar las minas.
Concédase enhorabuena diez o cien metros de una veta al individuo que lo
so­licite sin más recursos que su fuerza muscular, pero dénsele mil al que ofrezca ca­
pital bastante para explotarla conforme a los métodos que una dirección facultativa
im­pondría, y adjudíquese una montaña o un distrito mineral entero y en propiedad
perpetua a la asociación y a las grandes compañías que suscriban el capital bastante
para promover el desarrollo de la minería en todas sus esferas.
La Sociedad Nacional de Minería, que tan acertadamente ha inaugurado y
sigue llenando su misión, hace muy bien en pedir garantías, facilidades y privilegios

-37-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 37 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

para el minero descubridor, pero debería prestar también atención muy preferente
a la siguiente materia:
Sobre los medios de conceder la propiedad minera para estimular la acumulación de
capitales al trabajo de las minas y demás industrias que de ellas derivan.
Dios guarde a U. S.

Francisco J. San Román


Al señor ministro del Interior

La anterior nota, inserta en el Boletín de la Sociedad Nacional de Minería, fue co-


mentada con el siguiente artículo editorial:

Contestación debida

La nota que el inteligente Jefe de la Comisión Exploradora del desierto de Atacama


ha dirigido al señor Ministro del Interior y que a continuación insertamos, se re­la­
ciona tan directamente con los fines que persigue la Sociedad Nacional de Minería,
que ha llamado vivamente nuestra atención.
Esta Sociedad ha seguido con interés y atribuye grandísima importancia a los
trabajos encomendados al señor San Román y sus animosos compañeros de la Co­
misión Exploradora, y, a nuestro juicio, se relacionan más de lo que a primera vis­
ta parece con los objetos que ella persigue, porque no han de limitarse a la par­te
geográfi­ca y científica sino que han de tener por resultado un inmediato fin in­dus­trial.
Sólo la industria podrá dominar aquellas misteriosas y desoladas regiones y
hacerlas servir a las necesidades del hombre, y esta in­dustria no es ni puede ser otra
que la minería.
Así es como sin esfuerzos la idea de impulsar aquellas regiones dando impulso
a la minería ha podido preocupar la mente del Jefe de la Comisión Exploradora del
desierto y traslucirse esta preocupación en casi todas las comunicaciones en que ha
dado cuenta de sus trabajos al señor ministro del Interior.
Desde luego, ha podido observar el señor San Román que la minería, tal como
está organizada hoy en día, no podría penetrar en el desierto con probabilidades
de fortuna.
Si la minería de suerte, característica de los minerales de Copiapó, ha podido
exis­tir y desarrollarse en otro tiempo, ahora que ha llegado la época, por el empo­
bre­cimiento de los depósitos, de la que llamaremos minería industrial, otra nueva
organización es indispen­sable.
La minería de suerte sólo tenía una exigencia: la facilidad para conceder la
mina. El rico reventón daba para todo, hasta para pagar abogados. Sólo necesitaba
para trabajar que se le concediese unas cuantas varas de extensión sobre la corrida
de la veta.
Pero la minería industrial exige más: exige también seguridad para explotar
y libertad para ocupar la extensión que la empresa requiera. Sin estas condiciones
no es posible armonizar las exigencias del capital.
Sin capital no hay propiamente minería industrial. Esto es obvio.
El digno Jefe de la Comisión Exploradora del desierto de Atacama parece
estar de acuerdo con estas conclusiones cuando dice:

-38-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 38 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. ii. enero a junio de 1884

“La minería necesita, señor Ministro, para su salvación de una decadencia alar­
man­te y para su subsistencia como industria permanente y regular, descansar sobre
la ancha base del estímulo a la asociación que constituye el capital, y sobre la
seguridad inconmovible de la propiedad minera contra los eventos a que, lo difícil
de su ejercicio y lo precario de su existencia, la tienen constantemente expuesta.
La concesión de la propiedad minera en pequeñas extensiones de forma geométrica
con sus líneas rectas imaginarias, y con más los peligros contra su conservación y
dominio, no está calculada para favorecer la acumulación de los capitales, único
medio de fundar la minería industrial, el trabajo económico, el sistema razonado y
científico de trabajar las minas”.

Es precisamente el fin que persigue la Sociedad Nacional de Minería y no po­


demos menos que felicitarnos de encontrar cooperadores autorizados que aboguen
por idénticos propósitos.
Pero la Sociedad, es justo reconocerlo, no se ha limitado, como parece en­ten­
derlo el señor San Román, a pedir garantías y privilegios para el minero des­cu­bridor,
sino que ha prestado también muy preferente atención al tema que él le propone
“sobre los medios de conceder la propiedad minera para estimular la acumulación
de capitales al trabajo de las minas y demás industrias que de ella derivan”.
Es ésta, para nosotros, una necesidad primordial y que será ampliamente sa­
tisfecha adoptando en la organización de la minería los principios en que se funda
el sistema de la patente ya acordado por la Sociedad como base de la reforma.
Con el sistema de la patente se facilitará el medio de adquirir y se da completa
seguridad para explotar; por consiguiente, se estimula el cateo y se garantiza el
capital. El interés particular fija entonces la extensión de la pertenencia a la que la
ley no debe poner límites, como no pone límites a la adquisición de ninguna otra
propiedad.
Que uno pida cien hectáreas sin objeto y pague su capricho, no es un mal para
nadie. Y si las trabaja y las explota será un bien para el país.
Estos principios aplicados en otras partes sólo han producido bienes, impul­
sado la industria y desarrollado la riqueza. ¿Por qué aquí no darían iguales resul­ta­
dos?
Por otra parte, es tan necesario no perder de vista las exigencias del capital,
cuanto que, sólo protegiéndolo y amparándolo, se puede proteger y amparar los
derechos del que nada tiene sino sus piernas, sus brazos y sus ojos.
Esto probará que no hemos olvidado una de las más importantes necesidades
de la reforma que se estudia.

Francisco Gandarillas

Necesario fue abandonar bien pronto el cómodo y confortable campamento


de la Guardia, en la confluencia de los ríos Figueroa y Piuquenes, paraje abrigado
y todavía de pronta y fácil comunicación con los pueblos de abajo, para avanzarlo
más adentro hasta Cachitos; luego más allá y por último hasta el Peñasco de Diego
al pie de la cordillera anticlinal. Es decir, la cordillera propiamente dicha de los
Andes, la única, la que con su línea culminante determina el divorcio de las aguas
y separa a Chile de la república Argentina.

-39-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 39 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Todos los afluentes del río de Copiapó nacen de allí directamente, siendo de-
talle notable de este sistema hidrográfico que su brazo central tiene sus orígenes
en las cumbres y faldas del cerro del Potro, desde cuyo macizo arranca el desvío
de los Andes hacia el NE y comienzan a dibujarse los rasgos orográficos que más
adelante forman la puna de Atacama y después se resuelven en la gran altiplanicie
del continente, o sea, la meseta boliviana.
Era del mayor interés y oportunidad comenzar desde entonces a trazar con
exactitud y precisión aquella cadena de montañas, clara y netamente definible
y que ya empezaba a ser, no obstante, objeto de absurdas y antojadizas teorías o
falsos conceptos, como si se quisiera más bien desfigurar la verdad y perturbar el
criterio pú­blico acerca de la significación inconmovible del tratado Chileno-Ar­
gen­tino de 1881, en vez de ilustrarlo con la verdad geográfica definiendo la línea
de separación de las aguas como límite fronterizo entre ambas repúblicas, única
traducción práctica de aquel documento.
El Peñasco de Diego, gran bloque de conglomerado volcánico desprendido de los
barrancos y que encontró descanso y perpetuo equilibrio en medio del arroyo de Pir-
cas Negras deriva su nombre, según algunos, de D. Diego de Almagro, quien a su som-
bra o a su abrigo dormiría su primer sueño en tierra de Chile, conforme a la versión
de los que sostienen el hecho de haber sido por allí y no por San Francisco y Paipote
el camino de su última y desastrosa jornada antes de llegar a estos valles de salvación.
A una hora de allí está el paso de Pircas Negras, en la línea anticlinal de los
Andes y divisoria de las aguas continentales, a cuyo punto se trasladó el día 28 de
enero de 1884 todo el personal de la comisión exploradora con sus instrumentos
de observación para fijar su posición astronómica y ligarlo al mismo tiempo al cá­
ne­vas geodésico.
Así quedó averiguada la posición geográfica y marcado con un mojón de pie-
dra en el terreno el primer punto de la línea de sus altas cumbres que divide las
aguas chilenas de las argentinas en la cordillera de los Andes.
Hay interés en recorrer todos los afluentes y rincones de aquella localidad, por­
que interesan a la hidrología, a los proyectos de vías trasandinas férreas o carrete­
ras, a la minería, a la geología y a la cuestión internacional de límites.
Todas las esperanzas del mejoramiento agrícola de Copiapó derivan de aque-
llos nacimientos de arroyos y ojos de agua; allí también la minería cuenta con
tradiciones de tesoros no descubiertos aún; la orografía tiene su interés especial; la
geología, el no menos atrayente de sus importantes revelaciones sobre la constitu-
ción de los Andes y, por último, el comercio y la industria tienen ya su principio de
historia en la famosa expedición de D. Indalecio Castro, viejo residente argentino
en Copiapó, emigrado de los tiempos de la tiranía de Rosas, como tantos otros.
Restablecido el orden constitucional en su patria, Castro intentó de los prime-
ros la vuelta a su país natal de San Juan, llevándose, con su gratitud hacia el pueblo
en que gozó cariñosa hospitalidad, sus materiales de negocio y trabajo, consisten-
tes en un tren de carros con todos sus aperos, mulas y gente de servicio, propo-
niéndose cruzar con todo ello la cordillera, abrir el tráfico entre sus dos pueblos
queridos, Copiapó y San Juan, y fomentar entre ambos el intercambio comercial.

-40-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 40 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. ii. enero a junio de 1884

La empresa de Castro fue magna, no habiendo jamás rodado vehículo alguno


de transporte por aquellos valles desprovistos de puentes en los ríos, sin pasos po-
sibles a través de los pantanos y con las ásperas faldas de la cordi­llera en primitivo
estado natural y sin senda preparada para vencer la pendiente hasta la cumbre.
La hazaña fue, no obstante, realizada con éxito satis­factorio y Castro entró a
San Juan siendo aclamado con entusiasmo por el pueblo y premiado por los go-
biernos nacional y provincial.
El gobierno de Chile, a su turno, no quiso dejar borrarse las huellas de los
carros de Castro y decretó la construcción de aquella vía hasta el paso de Peña Ne-
gra, pero tan a medias y con tan poco cuidado por su conservación, que no pudo
ser nunca aprovechado, y poco después, de tal manera abandonado, como antes
de la aplaudida hazaña del carretonero sanjuanino.
Antes de levantar tiendas de aquellos parajes era necesario inspeccionar otros pa-
sos en la línea divisoria de la cordillera a fin de tener exacto y detallado conocimien­
to de su situación y dirección.
Al sur y al norte de Pircas Negras, en Peña Negra, Co­me Caballo, Quebrada
Seca, y otros, convenía inspeccionar el terreno y medirlo.
En dirección al norte se destaca como antecordillera el majestuoso cerro del
Nevado, que desde entonces, para no introducir confusión con otros del mismo
nombre y para honrar la memoria de un insigne escritor copiapino que tanto amó
a su tierra, fue anotado con el nombre de Nevado de Jotabeche.
Todo el escenario de aquellos parajes desnudos de toda decoración que no sea
realzada con la misma roca viva del propio suelo, está pintado de rojo, eternamen-
te rojo: en los muros, los torreones, las almenas; a veces con estrías de verde, de
azulado y otros tintes variados como para hacer destacarse los frisos y molduras
de aquella arquitectura de orden perfectamente natural que resultó de las últimas
convulsiones terrestres.
Desde un punto de la línea divisoria el espectáculo se agranda con la amplitud
del horizonte, entrando en escena los gigantes de la alta cordillera con sus cabezas
pobladas de nieve y sus actitudes imponentes.
Antes del mediodía de los meses de verano el aspecto es de luz, de luz difun­
dida con toda la intensidad del sol y aumentada con la transparencia de una atmós-
fera en calma excesivamente tenue que enciende más todavía la luminosa claridad
del día.
Los vientos del O soplan enseguida, pero el equilibrio atmosférico se destruye
y restablece en las tardes sobre las alturas y en la línea divisoria de aguas que tam-
bién divide los vientos y distribuye sus corrientes. El calor del día ha aumentado la
evaporación, y el fresco de la tarde comienza a condensar los vapores que primero
se dibujan en tenues nubecillas sobre la cabeza de los gigantes.
El campo parece dispuesto para una liza, que el observador contempla desde
un punto neutral viendo a un lado y otro de la línea divisoria los combatientes
que se aprestan esperando la hora del crepúsculo, favorable al despliegue de sus
fuerzas. El Sol se pone al fin y las cumbres se tiñen del adorable tinte rosado que
la semiluz de esas horas refleja sobre el blanco de las nieves. El creciente descen­so

-41-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 41 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

de la temperatura aglomera las masas acuosas y se forman densos cúmulos, esferas


y copos blancos que se escalonan y agrupan como montañas flotantes, formando
penachos y coronas que adornan con gracia y majestad la cabeza de los atletas.
En aquella hora solemne y serena es cuando los vientos reinantes del día em-
piezan a modificar su distribución bajo la influencia de los cambios en la tempe-
ratura y densidad de la atmósfera, sintiéndose aún los últimos soplos del SO que
impulsan la masa de nubes de las cumbres chilenas hacia el oriente, y comenzando
también a pronunciarse las primeras ráfagas del terral o viento contrario que arro-
jan las nubes de las alturas argentinas al lado opuesto, al occidente.
Las masas de nubes avanzan así las unas hacia las otras y se acercan hasta con­
fun­­dirse, estimulando la tensión eléctrica que al fin estalla en horroroso estruendo
y vivísima descarga de rayos y centellas que iluminan por largo tiempo el espacio
con los fuegos cruzados de parte a parte; verdadero colosal combate en las altas
re­giones de la atmósfera, revestido del más fantástico aparato y deslumbrantes es­
plendores.
Terminada aquella campaña de las cordilleras en todo el mes de febrero próxi-
mo, no hubo recursos para con­tinuar por aquella misma zona de los Andes hacia
el norte hasta el volcán Copiapó o El Azufre y de allí a Maricunga, y fue necesario
volver a Copiapó a rehacerse otra vez y emprender por el ferrocarril de Puquios
nuevo viaje hasta alcanzar aquellas alturas por vía de Paipote y portezuelos de Ma­
ri­cunga y Santa Rosa.
Eran los últimos días de marzo, y a medida que se avanzaba haciendo cortas
jornadas para conservar los animales con algún brío antes de entrar a las fatigo­sas
cordilleras donde en breve dejarían sus huesos, cierto rumor había corrido entre la
servidumbre de la caravana, arrieros y carreteros, acerca de un personaje peligroso
de quien ya habíamos sido víctimas poco tiempo antes y ahora nos seguía al desier-
to, cebado, como las bestias de presa, y deseoso de nuevos despojos.
Era el famoso ladrón y bandido Vicente Caballero, a quien la policía de Co-
piapó perseguía por otros crímenes y por robo que nos había hecho de algunos
anima­les, y ahora nos seguía la huella para robarnos otra vez en el aislamiento y
desolación de las cordilleras.
El rumor cundía entre los fuegos del campamento en la noche que alojábamos
al pie del Maricunga y fue la conversación de la gente en esa noche; pero sin po-
derse tener la certidumbre de ello, la noticia corría con el sigilo y misterio que las
gentes de campo usan siempre, con cierta intención de complicidad y simpatía,
cuando se trata de tales personajes.
Nuestra confianza descansaba en Juan Calabacero, antiguo contrabandista de
tabacos, oficio que había desempeñado como simple instrumento de los negocian-
tes que hacían la estafa al fisco aprovechándose de aquel pobre ignorante, más que
como estafador él mismo, su honradez era de todos reconocida y su fidelidad a toda
prueba, al mismo tiempo que su familiar conocimiento de las cordilleras, de donde
era oriundo, lo hacían el hom­bre a propósito y necesario para aquellas excursiones.
Por lo demás, Juan Calabacero era respetado de la gente de aquellos campos
por su fuerza y su destreza para manejar el arma blanca, sobre todo el cuchillo,

-42-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 42 26-09-12 13:20


Desierto y cordilleras de Atacama.indb 43 26-09-12 13:20
Volcanes Parinacota y Pomerape. Arica-Parinacota. Pablo Osses, archivo particular.

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 44 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. ii. enero a junio de 1884

desdeñando el uso del rifle o del revólver. Cuando se le ofrecía alguno de estos
medios de defensa, llevaba instintivamente la mano al mango de su daga y la aca-
riciaba con amor, dejando entender que allí estaban su seguridad y su confianza.
Habíamos trasmontado los portezuelos de Maricunga y Santa Rosa y el 26 de
marzo nos instalábamos en las casas abandonadas del establecimiento de explota-
ción de borato de cal llamado Bórax de Maricunga.
Se exploraban aquellos pantanos salobres y se coleccionaba la interesante va-
riedad de las especies mineralógicas que contienen el ácido bórico y demás ma-
terias salinas de aquellos importantes y valiosos depósitos; se disponía el cánevas
de la triangulación y se distribuían los ingenieros y la gente de servicio en sus res-
pectivas atribuciones, correspondiendo a Calabacero lo más activo de las tareas en
señalar los caminos, indicar los recursos con que podía contarse en las excursiones,
manejando sus perros de caza para proveernos de carne, rondando el campo para
cuidar de los animales, enseñándonos el nombre de los cerros, aguadas, ríos, minas
y pasos de las cordilleras, etcétera.
Guiados por su exacto conocimiento de aquellas alturas, avanzábamos hacia
el sur en busca de los puntos que en las exploraciones de los anteriores meses de
enero y febrero habían sido ya fijados y se plantaban un día las tiendas al pie del
volcán Azufre y orillas de la laguna del Negro Francisco, siendo aquella región una
de las más desoladas y desconocidas.
Había en todo el contorno interesantes materias de observación, pero el tiem-
po de residencia en tales lugares no podía tardar muchos días y el momento de la
partida debía ser aconsejado por el agotamiento de los víveres hasta el consumo
de la última galleta.
Juan Calabacero, que tenía orden de campear y reunir los animales a la madru-
gada del siguiente día a fin de partir sin más demora, había desaparecido. Todos
los emisarios enviados en averiguación de noticias suyas y de los animales vol­vían
a oscuras acerca de lo acontecido; la fuga de las bestias, percance que de ordina-
rio acontece a los viajeros en tales ocasiones, no era admisible, sabiéndose que
todas las precauciones acostumbradas: la yegua madrina con cencerro y manea,
los caballos igualmente bien maneados y las mulas acollaradas, etc., habían sido
cuidadosamen­te tomadas. Con este percance, avanzando el día, los estómagos de la
gente no contaban con más auxilio que el de las oportunas precauciones del tenien-
te Lynch, acostumbrado a rancho de marineros y convertido entonces en maestro
de víveres que todavía podían ser habidos rebuscando en el fondo de ca­jones y
petacas, sacudiendo los sacos de harina y volviendo al revés las vacías al­forjas.
Hacia la puesta del Sol, volviéndose sombría la situación como la noche que se
acercaba, una noticia, un dato revelador, llegaron al campamento traídos por un
arriero, “cuyano al cabo” como dijo uno de los nuestros, que rastreando las huellas
de los animales, encontró una que no pertenecía a ninguno de los nuestros: “uña
gran­de”, con “herradura nueva”, “de caballo braceador”, “pelo negro”...
“¡El de Vicente Caballero!” –exclamaron a una todos los arrieros.
Éramos otra vez víctimas del bandido ¡y en qué circunstancias! Ahora eran 18
animales los robados y 10 personas las que se quedaban a pie, sin alimentos y con

-45-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 45 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

la expectativa de una retirada en que el cansancio y el hambre, el frío y la puna


podrían producir desastrosas consecuencias y también una hecatombe de toda la
caravana si por evento ocurría un temporal de nieve que nos cerrara el paso en la
penosa marcha.
No ocurrió el caso, afortunadamente.
Calabacero apareció de súbito, entrada la noche, con todos los animales, sin
faltar uno solo.
El lance con el bandido había sido breve: se disponía éste a cambiar de cabal-
gadura, en la seguridad de que ya llevaba bastante largo trecho para ser alcanzado
por perseguidores a pie y entre los cuales no dudaba que Calabacero sería de la
partida.
Trotó largo y tendido, y con las precauciones y astucia propias de su oficio,
el ladrón no se había detenido en punto alguno donde pudiera ser tomado de
sorpresa, y al divisar desde la distancia a Calabacero, a quien bien conocía, y que
avanzaba rápido y agazapado en su busca, no se detuvo a esperarlo, y tan veloz
como pudo y saltando sobre su caballo negro, el mismo que por el rastro había
reconocido el cuyano se lanzó a escape abandonando a nuestro héroe toda su presa.
Aconteció que, como dos años después, cuando la policía de Copiapó, cansán-
dose de perseguir a Vicente Caballero en sus impunes depredaciones, robos y ase-
sinatos, confió a Juan Calabacero la humanitaria misión de librar al país de aquel
bribón con cargo de entregarlo vivo o muerto a la justicia. Calabacero lo entregó
en este último estado “para ahorrarle”, dijo, “ese trabajo a la ley”.
Volviendo a reunirse toda la dispersa comisión en Maricunga, hubo de proce-
derse a disponer nuevas excursiones, contándose todavía con la importante coo­
peración del ingeniero don Juan Carabantes, que nos acompañó en toda esta cam­
paña.
En este deber de rendir cuenta del diario de los viajes, tan necesario para la
fis­calización del trabajo realizado como por los comprobantes de gastos para los
efectos de la inversión de fondos, sería interminable y monótono insertar los movi­
mientos de cada día, las diarias operaciones y los diarios percances.
Pero sea, siquiera por vía de ejemplo o de muestra, y para conocimiento de
fu­turos exploradores o interesados en tener una idea de cómo los servidores de la
nación ocupaban el tiempo y lo gozaban en las cordilleras, desglosemos una hoja
del libro de diario, comenzando desde nuestra llegada a Maricunga, y que dice:

Marzo 26

Maricunga: amanece el termómetro de mínima en 14º bajo cero.


Se observan todos los instrumentos meteorológicos.
El hipsómetro (altura por ebullición del agua) da altura de 4.860 me­tros.
A mediodía tomamos alturas de sol, yo con el círculo de Pistor y Martín y
horizonte de espejo; Lynch con el círculo de tres vernieres y horizonte de mercurio.
Ocupamos el resto del día en trazados gráficos de la triangulación.
Sundt colecciona rocas en las inmediaciones.

-46-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 46 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. ii. enero a junio de 1884

El ecónomo experimenta con malos resultados para su cabeza los efectos del
coñac sobre la puna.

Marzo 27

Las mismas ocupaciones de ayer.


El ecónomo sigue haciendo fatales ensayos sobre curación de la puna.

Marzo 28

Chadwick y Muñoz van a Codocedo y mandan colocar linderos en cerro Bra­vo,


la Ola y Colorados.
Continúan las excursiones geológicas y Lynch toma nuevas alturas y distancias
lunares.

Marzo 29

Muñoz va a tomar ángulos en Tres Cruces y Chad­wick a la Ola.


Tomamos alturas simultáneas con Lynch.
Sundt vuelve del Ojo de Maricunga y encajonamos las colecciones hasta aquí
reunidas, números 32, 33 y 34.

Marzo 30

Se prepara la salida de todos para el interior.


Se suspende el viaje por mal tiempo.

Marzo 31

Salgo con Lynch y Carabantes, Calabacero y Torres por guías, entrando por río
Colorado; atravesamos el campo de piedra pómez y salimos a la cuenca de La­gu­na
Verde en dirección a San Francisco. Se nos hizo de noche sin llegar a ésta y acam­
pamos con frío de 16º bajo cero, sin carpas ni abrigo ni fuego. Los animales sin
agua, amarrados con toda seguridad.

Abril 1

Amanecemos medio helados y nos sorprende tempo­ral de nieve.


Estábamos como a dos leguas y era imprudente conti­nuar adelante; volvimos en
completa dispersión, con viento y nieve, a la voz de “sálvese quien pueda”. Yo busco
el abrigo de las cuevas de Río Lamas, con Torres, los demás trotan hasta Ma­ricunga.

Abril 2

Tomo altura = 115º54’20’’ error 4’ +.


Caudal del río Lamas: 3 riegos, más o menos 150 litros por segundo: hice la
exploración del río hasta su origen al pie de Tres Cruces y dibujo los contornos.
Tiempo despejado en la tarde: temperatura + 6º, etcétera.

-47-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 47 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Abril 3

Llegan Calabacero y Veas, mandados por Lynch y Ca­rabantes pidiendo órdenes y


noticias de mi paradero.

Abril 4

Lynch y Carabantes se me reúnen en Ciénaga Redonda, al caer el sol. Altura


93º17’40’’.
Temperatura 5,2º; hipsómetro 189,8º Fahrenheit.

Abril 5

En marcha a la cordillera por las Lajitas, alojando en Toro Muerto.

Abril 6

En el portezuelo de Tres Quebradas, punto anticli­nal de los Andes al sur del cerro
los Patos.
Se toman la altura, la latitud y otros datos.
Volvemos a Toro Muerto.

Abril 7

En las Cuevas, al pie del volcán Azufre.


Alturas de sol por la mañana, variación de la brújula, etcétera.
En viaje a la laguna del Negro Francisco, Carabantes me llama la atención,
sorprendido:
– ¡Señor, el agua se ha vuelto para el sur!
– ¡Cómo, si veníamos contra la corriente!
– Sí, pero vea usted; un pedazo de papel flotaba en la apenas perceptible corriente
siguiendo con nosotros.
En efecto, es el caso curioso y raro de un río comunicante, fenómeno que ob­
servaremos más tarde al volver por aquí.

Abril 8

Expedición al interior en busca de otro portezuelo en­tre el de Tres Quebradas y


Quebrada Seca, para tener otro paso de la línea anticlinal de la cordillera.
Encontramos que ésta se abre para dar paso al río Astaburuaga (así fue bau­
tizado en honor del autor del Diccionario Geográfico de Chile), entre el cerro
Vidal Gormaz (también en honor del distinguido geógrafo, capitán de navío y
antiguo director de la Oficina Hidrográfica en cuya oficina y con su benevolencia
pudimos trazar las primeras líneas de nuestro trabajo) y Dos Hermanas (nombre
que se dio a una cumbre de la cordillera que remata en dos puntas iguales).
Volvimos al alojamiento por el mismo camino y Carabantes por el río para
delinearlo.

-48-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 48 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. ii. enero a junio de 1884

Abril 9

Nos dividimos: mandé a Lynch y Sundt a levantar el croquis de la cuenca Asta­


buruaga. Yo partí por la orilla de la laguna del Negro para contornear todo el
volcán del Azufre; no hubo tiempo de explorar la cumbre.
Me detengo en Vizcachas, grieta basáltica que parece una chimenea del volcán.

Abril 10

Salimos de Vizcachas hasta caer a la hoya del Paton y pasar por el portezuelo de
Santa Rosa hasta el río Coipas y Maricunga.

Abril 11

Del río Pastillitos a casas de Maricunga.


El ecónomo había suspendido sus experimentos sobre efectos de la puna por
haberse agotado todos los líquidos, menos el agua, que no le servía.
Arregla sus bien llevadas cuentas, raciona la gente con las últimas migajas y
descansamos.

Abril 12

Mando a Custodio en busca de Chadwick y Muñoz, y a Calabacero a las vegas


llevando los esqueletos de animales.

Abril 13

Escasez general: ni víveres ni forraje.

Abril 14

Acondicionamos la nueva provisión de rocas en los cajones números 35 y 36.

Abril 15

Llegan Chadwick y Muñoz con animales cansados e inútiles.

Abril 16

Mando a Custodio con correspondencia a Puquios y para traer víveres. Sale Car­
melo en busca de Calabace­ro y animales.

Abril 17

Imposible moverse por falta de todo. Se arreglan apuntes, se trazan croquis y se


tiran líneas de triángulos.
Se consigue aperar la carreta y que salga taita Higuera con ella en dirección a
Puquios para volver con víveres y forraje.

-49-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 49 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Abril 18

Siempre confinados en Maricunga al abrigo de las casas, pero sin la suficiente nu­
trición para el estómago.
Temporal: la situación no es del todo alegre; pero nadie decae de espíritu.
En la tarde llega Calabacero con una oveja y un guanaco: ¡nos salvamos del
hambre!

Y suspenderemos aquí la copia del diario para no eternizar la relación de todo


lo que queda aún por referir.
La nota que va a continuación fue pasada entonces al señor ministro del Inte-
rior.

Comisión exploradora del desierto de atacama

Laguna Maricunga, abril 15 de 1884

Señor Ministro:
La quincena que acaba de transcurrir ha sido fecunda en trabajos de im­por­
tan­cia.
El 31 del pasado mes de marzo distribuí la comisión en dos secciones, destinando
al norte a los ingenieros Chadwick y Muñoz, para avanzar las exploraciones de esta
altiplanicie de las lagunas y ligarlas con las de la región central del desierto ya co­
nocida, mientras que yo me internaba con el resto del personal al interior de las
cordilleras, a fin de descubrir y fijar, en su complicada estructura, el límite de los
territorios de la República y con él el de nuestras indagaciones y estudios.
Hemos aglomerado materiales de importancia para la geografía, datos de al­
gu­na novedad para la geología y observaciones de algún interés para la industria
minera.
Era problema del más vivo interés geográfico la averiguación del punto don­
de la cordillera de los Andes, dejando de ser un cor­dón único que neta y visi­
blemente nos divide con la República Argentina, pasaba a ser un tejido de sistemas
montañosos que en sus intersecciones y rumbos divergentes hacia el norte encierran
estas cuencas incrustadas de materias preciosas para la industria, y dilatan las altas
planicies que conducen hasta la gran meseta boliviana en que parece resolverse la
estructura orográfica de esta sección de los Andes.
El cordón único de la cordillera austral termina por el paralelo de 28º en un
morro prominente, a cuyo frente se interrumpe a su vez el gran macizo trans­ver­sal
del Cadillal y Nevado chileno, pasando al territorio argentino al nivel de la se­gun­da
altiplanicie, donde arranca como punto de partida, en una montaña co­lo­sal y ma­
jes­tuosa, con nieves perpetuas, el potente cordón de San Fran­cisco, que unién­dose
al del Bonete, forman el sistema culminante de esta región de los Andes.
A cierta distancia más al norte continúa el cordón chileno interrumpido por
este accidente, dejando las montañas entre sus flancos, que miran a todos los rum­
bos, una profunda cuenca hidrográfica de donde nace un abundante río que en
su cur­so al norte arroja su precioso caudal, sin fruto y sin destino, en el insaciable
re­­su­mi­de­ro de Maricunga.

-50-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 50 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. ii. enero a junio de 1884

En la necesidad de dar nombres a lugares geográficos de tal im­portancia, pido


la venia de U.S. para llamar Monte Pissis a la gran montaña que dejo indicada, en
homenaje de justicia al distinguido geólogo y geógrafo autor de la gran carta de la
República.
El morro en que se interrumpe el cordón anticlinal andino para dar lugar a la
nueva configuración de la cordillera atacameña llevará el nombre de Vidal Gormaz,
en mérito del laborioso autor de tantos y tan importantes trabajos hidrográficos en
toda la costa me­ridional del Pacífico.
También necesita un nombre, por su papel geográfico como por sus futuros
destinos, el río que dejo mencionado, al que todos los chilenos llamarán con sim­
patía Río Astaburuaga, en honor del profundo conocedor de nuestra geografía na­
cio­nal e ilustrado autor del Diccionario geográfico de Chile.
Con el estudio de estos hechos, queda planteada, señor ministro, y preparada
con los datos fundamentales, la solución científica del problema orográfico indis­
pensable para conocer con precisión la complicada línea de los límites interna­cio­
nales en estas altas regiones.
Por ahora, quedan ya corregidos gravísimos errores que, con perjuicio de la
in­tegridad territorial de la República, exhiben todos los mapas conocidos.
En estos trabajos he sido acompañado por el teniente de marina Lynch, que ha
levantado el croquis de la línea anticlinal; por el geólogo Sundt y por el ingeniero
de minas don Juan Carabantes, voluntariamente agregado a esta comisión, y quien
ha trazado el curso del río Astaburuaga.
Nuestros trabajos no pueden concretarse a operaciones de detalle, a levan­ta­
mientos especiales para demostrar, por ejemplo, la practicabilidad de una obra útil.
Pero tomamos los datos generales y apuntamos las observaciones que pueden más
tarde ser aplicadas a la práctica.
En este sentido, no puedo prescindir de anticipar a U.S. y al conocimiento del
público industrial y especulador la posibilidad de emprender trabajos hidrográficos
en estas alturas para aprovechar en la fertilización del desierto las aguas que la
infiltración absorbe y la evaporación devuelve al espacio por falta de cauces o de
un boquete de derrame.
El hecho aparente, aunque conocido y observado por todos los viajeros obser­
va­dores que se han detenido un momento en estas regiones, no ha sido medi­tado
ni jamás discutido seriamente en el sentido de su probable transformación en una
espléndida realidad.
La Municipalidad de Copiapó hizo un esfuerzo laudable comisionando a un
ingeniero distinguido para estudiar las fuentes que surten el río de ese valle y propo­
ner las obras de construcción que contribuyeran al aumento de su escaso caudal.
El proyecto quedó, desgraciadamente, inconcluso y las indagaciones se limi­
ta­ron a los orígenes más vecinos y accesibles de la hoya hidrográfica, siendo para
mí cuestionable si el presupuesto de las obras estaría en relación con la importancia
de los beneficios que iban a retribuir.
Pero la hoya cerrada de Maricunga, con todos sus tributarios, hace parte tam­
bién de la hoya del río de Copiapó, de la cual está accidentalmente separada por
un obstáculo que la arquitectura hidráulica salvaría dentro de los límites de una
es­peculación al parecer aceptable con relación a la trascendental importancia de la
obra.

-51-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 51 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

El río Lamas, casi igual por sí solo al de Copiapó; el Astaburuaga y tres o


cua­tro arroyos que un canal artificial reuniría en su curso, arrojarían al desierto un
cau­dal que llevaría la fertilización de la tierra hasta las playas de Caldera.
Si en el curso de estas exploraciones al norte tuviéramos la fortuna de encontrar
otros hechos como el de Maricunga, lo que no sería extraño, dada la uniforme
configuración de esta planicie en una gran extensión, no dejaré de llamar, espe­
cialmente como ahora, la atención de U.S., seguro de que se estimará como uno de
los más útiles resultados de estos trabajos, los que prometan alguna esperanza de
fertilidad y oasis de refresco en las áridas llanuras del desierto.
En el ramo de minería, aparte de los depósitos salinos de estas planicies, en
que abundan especialmente los boratos, hay también azufre nativo, salitre de base
de potasa y otras sales alcalinas.
Los panizos minerales son siempre objeto de nuestra especial observación,
pero estas regiones están casi en su totalidad cubiertas de traquitas y otros productos
volcánicos que por razón de su edad, relativamente moderna, se sobreponen a
todos los terrenos, ocultando bajo un manto impenetrable a la vista y al alcance del
minero los caracteres favorables a las producciones metálicas.
Anotamos con especial cuidado todas estas circunstancias para figurarlas en
los mapas y dibujos que construiremos para ilustración y guía de los exploradores
industriales.
Por ignorar estos hechos, los atrevidos cateadores que se aventuran en estos
páramos pierden junto con el tiempo los recursos y la fe que hubieren empleado
más útilmente en las localidades favo­rables al objeto que persiguen.
En lo que resta del presente mes y antes de emprender una nueva entrada a la
cordillera central, a una latitud menor, espero tener la ocasión de visitar e informar
a U.S. sobre localidades inmediatas de alguna importancia mineral.
El estado material de nuestros recursos comienza a ser aflictivo en razón de la
distancia, del completo desamparo y de lo avanzado de la estación.
El termómetro de máxima alcanza hasta 13º, en los días despe­jados, y el de
mínima fluctúa todas las noches entre 10 a 12 grados bajo cero, siendo también
ordinarios a mediodía, en las alturas, los grados de signo negativo.
Con todo, espero que terminaremos la presente campaña conforme al pro­gra­
ma establecido.
Me permitiré volver a rogar a U.S. lo que solicité en mi nota anterior, núm.
30, respecto a entrega de fondos, para mayor economía y más expedición y ahorro
de perjudiciales demoras e inútiles sacrificios.

Dios guarde a U.S.

Francisco J. San Román


Al señor Ministro del Interior, don José M. Balmaceda. Santiago

Era interesante por aquel tiempo el estado de las minas de la Coipa, que traba-
jaba una sociedad anónima formada en Valparaíso entre mineros de Copiapó, de
aquel puerto y de Santiago.
A un día de camino desde Maricunga, entraba dentro del radio de movimien-
tos de aquella excursión y era necesario hacer una visita a aquel punto.

-52-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 52 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. ii. enero a junio de 1884

Estas excursiones daban por resultado, aparte del objeto esencial del estudio
mi­nero, aumentar los datos para los detalles geográficos y enriquecer las coleccio-
nes.
No se podría repetir, en esta relación concisa y comprensiva de los más impor-
tantes incidentes de un viaje, lo que se obtuvo y se hizo en tan diversas ocasiones
análogas, y baste con referir, para ejemplo, alguno que otro caso.
Delinear a brújula los caminos andados, midiendo las distancias con el reloj y
el paso del animal, del troqueámetro o perambulador, no era siempre lo bastante.
Cada importante asiento de minas o minas aisladas, cuando había oportuni-
dad, se fijaba por medio de azimuts magnéticos o referencias angulares a diferentes
puntos ya conocidos y fijados por medio de la triangulación.
Para verificar esto en la Coipa, donde las minas ocupaban la falda y fondo de
una quebrada profunda sin vista al horizonte en ninguna dirección, hube de ascen­
der un cerro alto de 5.200 metros, desde cuya cúspide se ofrecían a la vista, en
un extensísimo radio, numerosos pun­tos ya determinados y cuyas señales demar­
ca­doras, hitos o mojones de piedra se manifestaban al alcance de los anteojos de
mano o del teodolito.
Correspondía esta cumbre a un punto de la cordillera Domeyko, y fue relacio­
nado con otro muy culminante de la misma en el cerro de Tronquitos, muy carac­
terística y de tal modo que el minero o viajero que desde allí desee orientarse
y buscar la situación de puntos que interesen a su objeto, puede guiarse por los
si­guientes datos:
Dirección magnética de Coipa a Tronquitos S 9º O

Ángulo Tronquitos, Coipa, Valientes 105°27’20’’


Ángulo Tronquitos Pingo 79º44’00’’
Ángulo Tronquitos San Andrés 54º35’00’’
Ángulo Tronquitos Guanaca 21º34’40’’
Ángulo Tronquitos Ojo Maricunga 331º58’00’’
Ángulo Tronquitos Volcán Azufre 327º58’20’’
Ángulo Tronquitos Dos Hermanas (E) 320º45’00’’
Ángulo Tronquitos Dos Hermanas (O) 321º20’00’’
Ángulo Tronquitos Pissis (S) 316º43’00’’
Ángulo Tronquitos Patos (O) 301º05’00’’
Ángulo Tronquitos Tres Cruces (S) 282º52’00’’
Ángulo Tronquitos Wehelwright 246º40’00’’

Visual a la mina Oriente S 35º O, distancia 3.800 metros.

Anotadas todas las circunstancias hidrográficas y orográficas de una región


minera, y coleccionadas las rocas y minerales, el trabajo de oficina en el rancho,
en la carpa o al aire libre, se reducía entonces a los bosquejos y apuntes de cartera,
a catalogar y acondicionar las colecciones, como sigue:

-53-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 53 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Mineral de la Coipa, abril 20 de 1884.

Cajón núm. 38

Nº 1 Roca en que abren las vetas; pórfido andesítico 2 muestras


2 Cuarzo que ocupa el centro de la veta Oriente 2 muestras
3 Materias del relleno de la veta 4 muestras
4 Metal cálido al sol, con cloruros y yoduro 5 muestras
5 Metal de transición al frío: rosicler, enarjita, etc., a 15 metros de hondura 3 muestras
6 Cálido rico de la Plata Blanca, con filigrana. 2 muestras
7 Cálido con frío, transición de la veta Plata Blanca, 20 metros 3 muestras
8 Colección de variedades de cobres grises, a 40 metros 6 muestras
9 Fonolitas 2 muestras
10 Conglomerado traquítico 2 muestras

Cajón núm. 37

Nº 1 Colección de salitres del Toro, son 15 muestras


2 Areniscas en que yace el salitre 4 muestras
3 Riolitas, traquita cuarcífera etcétera

No se hacían estas operaciones siempre en condiciones de mucha comodidad,


como se comprende, pero como quiera que fuere, todos esos ejemplares de rocas
y minerales que venían destinados a ser estudiados en el gabinete mineralógico y
que iban a servir para representar en forma gráfica y verídica la composición del
suelo en toda la extensión de los territorios explorados, desde los peñascos de la
orilla del mar hasta las cumbres más inaccesibles, no sólo tienen su valor científico
ines­tima­ble y su natural valor intrínseco sino que constituyen una propiedad tan
importante por su mérito real como por la especial circunstancia de ser la única
que en Chile o en América del Sur se haya formado tan completa y razonadamen-
te para representar la composición mineralógica de una región extensa y en partes
tan difícilmente abordable.
Algunas otras excursiones por aquellas pendientes occidentales de la cordillera
Domeyko tuvieron el interés geológico de reconocer en ellas las formaciones cal-
cáreas tan interesantes por su íntima relación con nuestros más opulentos depósi-
tos de plata bajo la influencia de ciertas rocas introductivas de origen ígneo, siendo
por aquellas alturas la oolita la que con más característicos detalles se presenta.
Razón de sobra hay para felicitarse de las ocasiones de encontrar tan interesan-
tes ejemplos de la única formación geológica y del único horizonte de correlación
estratigráfica que en nuestros territorios del norte se revela con los irrecusables tes-
timonios de los seres orgánicos que determinan la edad relativa de los terrenos.
Ver por aquellos apartados lugares extensamente desarrollado un horizonte
geológico que bajo sus aspectos estructurales nos era familiar desde la niñez; en-
contrarse de súbito con aquellos recuerdos del aspecto físico del terreno en que se
ha nacido, se ha estudiado o se ha contemplado bajo tan variadas impresiones y

-54-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 54 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. ii. enero a junio de 1884

circunstancias diversas de la vida, es como sentir refrescarse la memoria del pasa­


do y avivarse las emociones en una fugaz meditación retrospectiva de hechos y
lugares de otro tiempo.
La Geología es la madre de todas las ciencias y la fuente primera de reflexión
seria y concienzuda en el hombre.
¿Y cómo no ser así cuando el suelo que pisamos es el origen de toda existencia,
la base de toda idea de trabajo y de toda industria, el todo de la estabilidad mate­
rial y humana?
Nos desarrollamos grabando en nuestra vista y en la memoria el aspecto de la
arquitectura y colorido de las montañas agrestes o adustas que nos rodean, del sue-
lo de consistencia húmeda o seca, de rocas desnudas o de tierra fértil; y según esta
constitución geológica de la naturaleza que nos ha rodeado, se engendran las ideas
que más tarde dominan y se apoderan de nuestro espíritu, influyendo en nuestro
carácter y casi determinando nuestras acciones.
Al aspecto y composición geológica de una comarca se unen las condiciones
fí­sicas que determinan su clima, le imprimen su fisonomía, regulan sus aguas y
has­ta prescriben al hombre sus costumbres, su carácter y las industrias de que ha
de ocuparse y subsistir.
Quien ha nacido entre montañas desnudas que reflejan aspecto metálico y las
contempla acribilladas de agujeros, horadadas por la mina y cruzadas de sendas
por donde van y vienen en incesante movimiento hombres y cosas, no podrá ja-
más desprenderse de sus aficiones a la industria minera, ni jamás pasar distraído o
indiferente por donde quiera que a su vista se reproduzcan esos cerros, esas rocas,
esos panizos del cobre, de la plata, del oro, que le son tan familiares y le recuerdan
todo un pasado de trabajo, de esperanzas y desengaños, de felicidades y angustias.
La Geología es hija legítima de los mineros: ellos la inventaron, la elevaron a
ciencia y la hicieron guía y luz de sus exploraciones en las misteriosas profundida-
des de la tierra.
¡Cómo extrañarse que en el desierto árido, en la montaña desnuda, en el silen-
cio de muerte de una soledad absoluta, el minero encuentre recursos, afecciones,
interés, entusiasmo y profunda satisfacción de espíritu en presencia del aspecto
de la roca, del panizo y de las revelaciones de riqueza que para futura fortuna y
porvenir de su patria contempla en aquellos espectáculos!
La división de los tiempos geológicos en tres grandes eras, correspondientes,
según la moderna clasificación, a tres grandes grupos, el primario o paleozoico, de
tipos ya enteramente extinguidos; el secundario o mesozoico en que comenzaron los
representantes de las especies actuales, y el terciario o neozoico en que nacieron los
seres actuales con sus inmensos mamíferos, no está representada en Atacama y
su desierto con algún desarrollo y con sus característicos individuos sino en el se­
gundo grupo, y éste, sólo en dos de sus cinco sistemas: el liásico y el oolítico, perte­
ne­cientes ambos a la serie jurásica, con más profusión el segundo, pero también,
aunque más vagamente, el neocomiano, en que se inaugura la serie cretácea.
Coleccionadas y mal acondicionadas en razón de la premura y falta de medios
las muestras de rocas y fósiles de estas interesantes formaciones, no había más

-55-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 55 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

tiempo que para una rápida investigación y una ojeada de paso hasta poder encon-
trarlas otra vez más adelante volviendo a la altiplanicie, camino al norte.
El día 30 de abril de ese mismo año de 1884 habíamos pasado de la cuenca de
Maricunga a su inmediata al norte, la llamada de Pedernales, llevando a nuestra
izquierda la cordillera que encierra este alto valle por el oeste, destinada ya a tener
el nombre de Domeyko y que más tarde, ¡quién lo hubiera sospechado entonces!,
habría de ser señalada por geógrafos argentinos como el macizo o encadenamiento
principal de la gran cordillera de los Andes.
Maricunga pertenece al sistema hidrográfico del río Copiapó, y Pedernales al
del Salado, que desemboca en el Pacífico por donde está el puerto de Chañaral de
las Ánimas.
Tenemos a la derecha el cerro de la Sal, que ocupa precisamente el dorso
en que se dividen ambas hoyas hidrográficas, y con razón así llamado porque el
indispen­sable mineral de las cocinas y de tantas otras aplicaciones existe allí en
bancos considerables de donde la explotan para las necesidades de una gran parte
del departamento de Copiapó.
Se hace necesario detenerse al pie del cerro Bravo, a orillas del arroyo Pastos
Largos, para esperar allí al tuerto Salvatierra, con perdón del aludido, pues por
aquellos valles es corriente aplicar algún adjetivo calificativo a los apellidos de per-
sona, y el mismo así llamado solía creer que se trataba de algún homónimo suyo
cuando no se le nombraba con el indispensable apodo.
Salvatierra, oriundo de Fiambalá, y argentino de Catamarca, por lo tanto, ha-
bía crecido y llegado a viejo en la puna de Atacama, vagando allí, por costumbre
o por sus negocios, como nómade, con todos sus bienes y numerosa familia; pero
por entonces estaba radicado en las vegas de Río Grande.
Siquiera la tienda del nómade árabe o beduino es de lona, de un trapo cualquie­
ra; pero la de aquellos vagabundos de cordilleras no tienen más envoltura que la
del aire libre, cuando viajan, y la de algún hueco entre las piedras, como el hombre
primitivo de las cavernas, cuando asienta sus reales.
Beduino del Sahara o boliviano de la puna da lo mismo como costumbre y
género de vida; la misma desnudez y la misma inmundicia; el fogón humeante, la
olla asquerosa y en torno figuras negras y enjutas como momias vivientes.
Salvatierra, sin pertenecer a esa casta hacía esa vida; fue nuestro proveedor y
guía; tenía la práctica de los negocios y los hábitos de la caza, tan diestro en lo uno
como en lo otro; discutía las cuentas con nuestro ecónomo, éste con sus números y
apuntes y aquél con una memoria y retentiva que casi siempre acababa por triun-
far contra la partida doble de nuestro contador inglés don Pablo E. Smith.
Explorador o viajero por aquellas soledades altísimas y heladas, nadie se aven-
tura sin Salvatiera; el mismo Calabacero, metido en aquellas gargantas o cruzando
esos páramos de sal y yeso, no llegaba a buen puerto sino por instinto.
Para Salvatierra todo es allí conocido; y cada cumbre, cada piedra, cada vuelta
del camino, todo tiene su nombre y sobre todo da noticias, reales o fantásticas; en
“aquella altura” sabe que están los tres cogotes de guanaco llenos de oro y que un
genio defiende; en “aquella cueva” las luces nocturnas y los brujos de la salamanca;

-56-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 56 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. ii. enero a junio de 1884

sobre “aquel peñasco”, el buitre funesto que causa la muerte a quien lo descubre, y
en “la laguna”, la garza cantora que anuncia fortuna al que la oye.
Salvatierra era el guía para la exploración del río de la Ola, del Leoncito y el
Juncalito, que se internan en profundos pliegues de la cordillera mostrando cauda-
les de agua que despiertan el vivo deseo de recogerlos en sus cascadas, arrebatán-
dolos a los pantanos que los dispersan y a las arenas que los absorben.
Agradable alojamiento fue el de la noche del 4 de mayo con un tiempo hermo-
sísimo en aquellos cajones abrigados, donde se oye el arrullo grave, el canto triste de
la torcaza. El Juncalito se precipitaba con monótono bullicio en una cascadita de 10
metros de altura; la luna formaba sombras profundas alternando con claros de luz
blanco-azulada, y la lumbre de la abundante leña parecía más alegre ante la expectati-
va de dos magníficas pisacas prontas para la olla, que oscilaba como péndulo colgada
de un trípode de hierro.
La pisaca o perdiz de cordillera tiene la cualidad particular de una carne jugosa
del más exquisito sabor, extraordinaria de tamaño, a veces mayor que el de una
gallina, y cuyos huevos, de un morado hermosísimo, son de sabor exquisito.
Aquella noche hermosa y grata a los fatigados viajeros fue súbitamente interrum­
pida en su silencio y quietud por un ruido espantoso y aterrador seguido de violen-
tas y rápidas oscilaciones del suelo, lluvia de piedras, desprendimientos de gruesos
peñascos desde lo alto de las escarpadas faldas de la montaña y densa polvareda
seguida de siniestra oscuridad.
El terror de los animales y el clamor de la gente pidiendo, ¡misericordia!, agre-
gaba no poco pavor al natural que en toda organización humana produce un fenó­
meno en que parece desquiciarse el mundo y como si los abismos se abriesen para
tragárselo todo.
Especialmente en aquellas gargantas que se vuelven horcas caudinas bajo la
ac­ción de las fuerzas de la naturaleza irritada, el peligro es inminente por los aludes
de piedras y polvo, y el efecto es más aterrador por las repercusiones y prolonga-
dos ecos del ruido.
Si la teoría de las posiciones astronómicas de Falb es exacta para la producción
de los temblores, su aplicación al territorio de nuestros desiertos y cordilleras del
norte tendría que admitir una excepción para cada día de los que no están com­
pren­­didos dentro de sus cálculos, siendo un hecho averiguado que la tierra tiembla
cons­tantemente en circunscripciones de corto radio y a veces tan local y reducido
a tan pequeña extensión, que sorprende, como nos sucedió con el de la noche del
Juncalito, el que algunos de los nuestros, dispersos en las inmediaciones a pocas
le­guas, no lo notaron o lo sintieron con poca intensidad.
El hecho orográfico que nos proponíamos resolver pude verlo al siguiente día
dejando el Juncalito y pasando por detrás del cordón que desde frente a Maricunga
se ve correr entre el portezuelo de las Tres Cruces a Colorados, Leoncito y Panteón
de Aliste.
Este cordón resulta no ser continuo, abriéndose para dejar pasar al Juncalito
y de­primiéndose en otros puntos por donde desaguan algunas cuencas interiores
como La Salina y quizá también la Laguna Brava.

-57-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 57 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

La Piedra Parada es un nombre que se hace familiar al viajero oyéndolo a cada


paso con motivo de los caminos a Bolivia, a Salta y a Tucumán, y muy espe­cial­
men­te con motivo de límites y jurisdicciones de nacionalidad, en lo cual el tuerto
Salvatie­rra tenía fama de saberlo todo.
Señalaba la Piedra Parada, que en efecto es una gran roca de dos caras planas
y puesta de pie visiblemente por mano del hombre, como para servir de señal,
asegurando que hasta allí (más o menos en latitud de 26º22’) reconocían los corre-
gidores bolivianos la jurisdicción de su nacionalidad hacia el sur y el oeste.
En estas indagaciones, entonces, tomándolo todo por Chile y sin más objeto
que el estudio, para esclarecimiento de los hechos geográficos, de hechos científi-
cos y de tradiciones históricas, cuentos o relaciones de los lugareños, ¡quién habría
sospechado que más tarde se nos tildaría con todos los epítetos que nos mereció el
juicio de escritores argentinos por haber descrito las verdades vistas y penosamen­
te arrancadas en el enmarañado laberinto de montañas y planicies, cumbres y
abismos, con el lápiz de dibujo y los instrumentos de medir en la mano!
¡Y ellos hablaban y raciocinaban desde su cómoda butaca, con pluma, papel
y tinta a discreción, como si lo hubieran visto de más cerca y lo supieran de mejor
procedencia!
Al cruzar por La Salina no se podría prescindir ni de contemplar su aspecto
ex­traño, como espectáculo curioso, ni de reflexionar sobre el origen y manera de
formación de aquellos vastos depósitos de sales.
Campo extenso, erizado de puntas, flechas y agujas entrelazadas y revueltas a
la suerte o reunidas en simétricas agrupaciones de cristales que reflejan en innume­
rables espejos los rayos del sol, o reciben de noche la luz de la luna dando al con-
junto el aspecto de un mar de plata, es a todas horas interesante y atrayente.
El yeso o sulfato de calcio, selenita o anhidrita de los mineralogistas es mate-
ria que se produjo en el globo terrestre y se encuentra bajo diversas condiciones
desde los remotísimos tiempos silurianos hasta nuestros días, en que todavía sigue
pro­duciéndose.
En el lugar que describimos el color normal del yeso es el blanco, opaco, mate o
transparente, pero en parte teñido de rojo por efecto de las gredas ferruginosas que
le sirven de lecho y que con visible resto del lago que a medida de ir disecándose y
saturándose de sales sus aguas, precipitó primero el sulfato de calcio, después la sal
común y otras de propiedad soluble que pudieron ser arrastradas pos­teriormente.
Varias son las causas que pueden haber dado lugar a estas formaciones que a
veces se presentan con un desarrollo tan colosal por la forma y extensión de los de-
pósitos, siendo en muchos casos admisible que deriven indirectamente de la acción
del ácido sulfúrico, frecuente en las regiones volcánicas, sobre las rocas calcáreas,
o de la descomposición de los sulfuros metálicos en presencia del carbonato de cal,
etc., pero la impresión que más naturalmente deja el examen de La Salina de Pie-
dra Parada es la precipitación del sulfato de calcio contenido en las aguas marinas,
corroborado esto con la presencia de la sal común o cloruro de sodio.
Era un verdadero dolor para el coleccionista el no poder cargar para su museo
con algunos ejemplares de aquellos grupos de cristales resplandecientes de blancura

-58-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 58 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. ii. enero a junio de 1884

o deliciosamente teñidos de rojo claro; a veces de amatista, quizá por betúmenes o


hidrocarburos; de amarillo de ámbar y otros matices, y de magnitudes gigantes que
a veces alcanzaban a un metro de largo en algunos cristales.
Continuar desde aquel interesante lugar en busca de las temibles Lagunas Bra-
vas, apresurando los cansados animales y soportando el frío intensísimo de una
noche de mayo en plena pampa abierta a todos los rumbos del horizonte, no era
promesa de tan buen alojamiento como el de Juncalito, a pesar de su terremoto y
sustos consiguientes.
Las playas de tales sábanas de agua se extienden en curvas interminables y mo-
nótonas que era necesario reconocer un poco y relacionar con las alturas vecinas,
pero perdido el rumbo en la densa oscuridad de la noche y siendo peligroso dejar
aniquilarse los animales por completo, hube de avanzar sólo con Pedro Torres y un
peón del servicio, teniendo al fin que plantar la carpa a las diez de la noche para no
quedarnos petrificados, sin provisiones ni la mula de equipaje que había quedado
perdida o rezagada; sin fuego y sin más que pan duro para el estómago.
El termómetro marcaba 18° bajo cero: invito a Torres y al arriero a refugiarse
dentro de mi carpa, pero éstos sostienen que es mejor esperar el día con los anima-
les de la brida y volver atrás, renunciando a completar el itinerario de la excursión
por las Lagunas Bravas. Por la mañana parecía que no hubiera atmósfera, tal era
de tenue y tal la claridad y transparencia de cristal que permitía ver los objetos
más distantes con nítida preci­sión y en todo su natural colorido. En la tarde del
siguiente día y desandando camino, cruzábamos el cordón de Leoncito al pie del
Panteón de Aliste...
Ya quedó nombrado Aliste, el famoso inventor de cateos y descubrimientos
que jamás se verificaban y personaje de primera nota en la historia minera de las
cordi­lleras.
¿Qué panteón es éste?, ¡pues Aliste no está enterrado en él!
Pablo Torres contó la historia, como testigo ocular en una parte de ella.
Era el tiempo en que se explotaban las minas de barrilla de cobre en San Bar-
tolo, río adentro del pueblo de San Pedro de Atacama, siendo administrador de
aquel establecimiento don Domingo Sainte Marie.
Aliste, hasta entonces desconocido de este señor, había recalado a su estable­
cimiento y procuraba hacer llegar voces de recomendación y noticias de sus des­
cubrimien­tos al administrador, llegando al fin a insinuarse él mismo y con tales
protestas de veracidad y pinturas de realidad sobre sus hallazgos, corroboradas en-
seguida por ricos ejemplares de mineral de plata exhibidos como prueba, que al fin
el señor Sainte Marie hubo de rendirse ante ésta y resolver entregar a Aliste todos
los recursos de dinero, víveres, hombres y animales para una formal expedición.
Partió la bien provista comitiva que avanzó camino al sur de San Pedro andan-
do algunos días hasta llegar al pie del mencionado cerro que debía después llevar
su nombre en conmemoración de una de sus más brillantes hazañas.
El lugar del tesoro estaba próximo y las precauciones debían ser estrictas para
que profanas miradas no ahuyentaran a los genios que vigilan las riquezas y que
las reservan sólo para el dueño a quien están destinadas.

-59-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 59 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

“Cada piedra tiene su dueño”, es el dicho minero.


El campamento se instalaría al pie de ese cerro; sólo Aliste lo abandonaría
para ir al lugar del reventón llevándose las mejores mulas para cargar los metales,
víveres, etc., y todo el mundo se quedaría quieto en su casa.
Aliste volvió el primer día dando signos del cansancio y fatigas del trabajo
realizado: dejó vislumbrar y sospechar a su gente que tenía pruebas de la riqueza
que nadie debía ver, y fue y volvió también el segundo día trayendo una muestra,
como la rama de oliva de la paloma bíblica, y dejando mayor confianza de la efec-
tividad del rico filón en sus servidores y acompañantes, a quienes su aire misterioso
y reservado había acabado por convencer en absoluto.
El tercer día Aliste no volvió, y no aportó más al campamento, como el cuervo
de Noé.
Había encontrado enjuta la tierra, libre el camino para arriar con las mejores
mulas y lo mejor de todo a la república Argentina, seguro de que la confianza de
sus acompañantes no le seguiría la pista antes de llevarles buen trecho adelantado.
Mientras tanto, la gente del campamento esperando, exhaustos de víveres para
ellos y forraje para los animales, fatigados éstos hasta el último grado en las idas
y venidas que al fin hubieron de emprender los expedicionarios para rondar a
Aliste, y alarmados por último con su sospechosa ausencia después del tercer día,
hubieron de tocar retirada y dejar sucumbir gran parte de los animales, dejándolos
en aquel mismo lugar donde los viajeros ven sus esqueletos y llaman el “Panteón
de Aliste”.
Después de tanta noche toledana, dentro de la carpa o a toda intemperie, sin
fuego o con escasa lumbre, fatigado el cuerpo y fatigado el estómago, nos esperaba
al fin una noche de inusitada esplendidez y verdadero encantamiento: ¡Allí en ple­
na cordillera de la Ola, de Pedernales y del Panteón de Aliste!
El teniente Lynch, siempre cuidadoso del rancho y prevenido, se me había
ade­lantado un día, llegando él primero a las borateras de Pedernales, que, según
sa­bíamos, estaban abandonadas de todo trabajo desde ha­cía tiempo.
Nos había envuelto la noche en profunda oscuridad y el camino se hacía des-
esperante y eterno, más por el paso cansado, desigual y fatigoso de las bestias que
por la intensidad del frío y los aguijones del hambre.
La jornada era de aquellas decisivas: o llegar o dejarse desfallecer.
Al fin una luz indecisa y fugitiva creyó ver Torres a lo lejos, y me lo dijo sin
es­tar él mismo cierto, para infundirme ánimos y seguir andando.
Una y dos más, como candelillas, creí yo también divisar poco después, y apli-
cando a mis ojos los gemelos de campaña, sin dejar de aguijonear a la mula, me
pa­reció que se cruzaban como fuegos fatuos muchos puntos luminosos, llegando
a veces a creer que aquello fuera todo ilusión, por efecto de tanto desear y esperar
al­gún reposo y abrigo.
¡Era como para recordar a Cristóbal Colón y sus carabelas en la noche de
aquella luz precursora del descubrimiento de América!
Pronto las cosas comienzan a definirse y una luz real y verdadera se distingue
fija con otra encima y una tercera más arriba, y luego otras más a los lados.

-60-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 60 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. ii. enero a junio de 1884

¿Será que están en la falda de un cerro y nuestras gentes allí escalonadas, cada
cual con su fuego? ¡Será grato llegar, abrigarse, cenar buena sopa y dormirse satis-
fecho en medio de tanta fogata!
“Señor”, me dice Torres, “aquello parece casa grande, y hasta faroles se ven!”.
Luego un destello rojo, otro azul, verde, violado, amarillo...! ¿Era una fiesta
veneciana?
Un rato más y veo que los faroles de Torres eran lámparas: de dos, tres, cuatro
luces, y hasta los bronces se veían ya brillar colgando de los techos, a través de los
cristales y vidrios de colores.
¡Persianas, transparentes, cortinajes!
Las mulas, medio muertas, se vuelven ágiles corceles al olfato del forraje, y de
un solo lance nos ponen al pie de elegante escalinata con acceso a los balcones y
vestíbulo de un magnífico chalet suizo iluminado, ¡a giorno!
El teniente Lynch había dispuesto una fiesta espléndida y hacía los honores de
dueño de casa como en noche de gran sarao.
Todas las chimeneas con lumbre, la mesa con su vajilla, las camas en marque-
sas de jacarandá, espejos y porcelanas, muebles a discreción y todo lo necesario
en el tocador.
Sólo el menú de la cena, valdiviano en pura agua y carne de guanaco, desdecía
de aquella esplendidez orien­tal que en el riñón de la cordillera y en aquellas cir­
cuns­tancias aparecía a nuestra vista asombrada, como cosa de encantamiento y
cuen­to de hadas.
Aquella residencia había sido construida por un inglés a expensas de la casa
Escobar y Ossa de Copiapó, que explotaba las ricas borateras de Pedernales.
Los ingleses merecen siempre estas comodidades a que los criollos no estamos
acos­tumbrados, y parece haber sido el caso, según la tradición o el cuento, que el
negocio, muy bueno para el administrador pero muy malo para los empresarios,
hu­bo de ser desistido y abandonado algunos años antes que venciera el plazo del
con­trato que aquél se había asegurado.
Pero el inglés se aferraba a su escritura y a su derecho de seguir viviendo en la
cor­dillera con todos sus sueldos y prerrogativas, mientras que la casa bancaria de
Co­piapó no se resignaba a tolerar aquella condición a un administrador que tan
poco afortunado había sido en el manejo del negocio que se le confiara.
Se estableció esta disyuntiva: o renuncia buenamente el inglés mediante razo­
na­ble compensación o se apela a procedimientos que tiendan a ese resultado.
En este punto las cosas, ocurrió una noche en el establecimiento de Pedernales
un desorden entre la gente de servicio que comenzó con las apariencias de un tu­
mul­to agresivo; bien pronto continuó con las proporciones de un ataque a mano
ar­mada contra la casa habitación del administrador, haciendo demostraciones y
amenazas furiosas de muerte contra el inglés y de prender fuego al edificio.
El así amenazado, poseído de terror, se lanzó afuera por la única puerta de es-
cape milagrosamente dejada libre por los asaltantes, y acertando a dar con un buen
caballo ensillado que con rara oportunidad le ponía allí la Providencia, montó en
él, y, sin ser perseguido ni molestado, llegó a salvo al puerto de Chañaral a dar

-61-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 61 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

cuenta a la justicia del grave suceso ocurrido, jurando no volver más a la cordillera
y ofreciendo su dimisión del acariciado negocio zorzalino de Pedernales.
El autor de esta ingeniosa estratagema es actualmente intendente de provincia,
y su peregrino procedimiento ha pasado a la historia de las tradiciones mineras.
La permanencia en la cómoda y elegante mansión de Perdenales fue aprove-
chada en una serie de observaciones y salidas por los alrededores, avanzándose
mu­cho en los trabajos de triangulación.
Casi todas las cumbres de una y otra cordillera quedaban ya relacionadas entre
sí y con el desierto del valle central anteriormente explorado entre Copiapó y Tal-
tal, siguiendo siempre el mismo cuidado de fijar con señales o mojones de piedra
las cumbres que servían de vértices o puntos de observación y procurando que
éstos fueran en los ejes y alturas culminantes de los cordones montañosos, a fin de
descubrir y poder trazar después con precisión los sistemas orográficos.
Asimismo, se destinaba toda la prolijidad que era posible, en aquellos penosos
y siempre apurados viajes, al trazado de los sistemas hidrográficos.
Las colecciones aumentaban sucesivamente suministrando una idea bastante
clara y suficientemente exacta de la distribución geológica de los terrenos, confor­
me a una clasificación mineralógica que más o menos se refería a las grandes di­vi­
siones siguientes:
Rocas cristalinas eruptivas.
Rocas cristalinas esquistosas.
Rocas volcánicas.
Rocas sedimentarias no cristalinas.
Rocas sedimentarias metamórficas.
Rocas en diques y vetas.
Dada la gran dificultad que los geólogos han encontrado para arribar a una
cla­sificación sistematizada y de precisión siquiera satisfactoria para no vacilar en
pun­tos muy fundamentales de origen, estructura y composición, lo más acertado y
pru­dente sería referirse a los tipos principales de rocas dominantes en la localidad
que se estudia, antes que aventurarse a darles su lugar correspondiente en la escala
ge­neral de las correlaciones del globo.
El carácter cristalino no hace más que establecer una neta separación de aque-
llas rocas con las estrictamente sedimentarias, distinguiendo entre éstas, a su vez,
las que han pasado a estructura cristalina más o menos pronunciada por medio del
me­tamorfismo.
El origen volcánico, que introduce tan extraordinaria variedad de rocas, ofrece
una de las más difíciles y embrolladas cuestiones petrográficas, pero a lo menos,
para nuestro provisorio objeto y para introducir alguna fijeza en nuestra clasifica-
ción, convenía agrupar granitos y dioritas con traquitas, porfiritas y andesitas, sepa-
rándolas de las volcánicas vítreas, obsidianas, pómez, etc., y de aquellos productos
excepcionales como tufos, cenizas, lavas, etcétera.
Alguna composición de lugar o método, bueno o malo, pero que sirva proviso­
riamente, es por lo menos recomendable y necesario cuando no se puede lo me-
jor.

-62-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 62 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. ii. enero a junio de 1884

Dejando a Pedernales el día 11 de mayo, dando por terminada la exploración


de aquella altiplanicie, quedaba aún mucho de que tomar nota en diferentes puntos
y direcciones del desierto. Bajando la falda occidental de la cordillera Domeyko
por la quebrada de Las Tablas, hasta juntarse ésta con la del Salado, la formación
calcárea ofrece puntos muy interesantes por su desarrollo y caracteres, viéndose en
algunas localidades masas introductivas de diabasa o pórfido augítico como el que
se relaciona en Chañarcillo con la producción de la plata.
Aquellas localidades no han sido debidamente cateadas y son poco conocidas.
El curso del Salado sigue entre las paredes que le forman los estratos mismos
a la formación calcárea, de suerte que este cauce profundo lleno de sal está orien-
tado según la misma dirección que corresponde a las estratificaciones del terreno.
Alguna vez, pero de esto hará por lo menos medio siglo, este cauce arrastró agua
hasta llevarlo a desembocar en el mismo mar, en la bahía de Chañaral.
Dejando esta vía que conduce en derechura a Pueblo Hundido y Chañaral, pa­
ra cortar rumbo al sur y reconocer todos esos faldeos de la cordillera Domeyko, se
hacía necesario andar en zigzag, quebrada arriba y quebrada abajo, trasmontando
los estribos y brazos de montañas que las separan unas de otras y recorriendo así
por San Juan, Pasto Cerrado, La Cortadera, el Asiento Quebrada Larga, que vie­ne
directamente de cerro Bravo, una serie de aguadas, vegas y lugares de minas que
suministraban buen acopio de datos para las respectivas materias de estudio.
Cayendo a Valientes, en el sistema hidrográfico de la quebrada de Chañaral
Alto, ligaba ya mi excursión de esta jornada con las anteriores practicadas en com-
binación con don Lorenzo Sundt, por Agua Dulce, La Tola, Potrerillos y el potente
cerro de Vicuña, en terreno ya explorado y conocido.
Así sucesivamente, y ahorrando descripciones y noticias que no son de este
lu­gar, se presentaban en el trayecto las interesantes formaciones geológicas del
Mos­tazal y el Cajoncito, después la salida al Llano de Varas, minas del Pingo y
po­zo de la Buena Esperanza.
Merece especial mención el ejemplo de constancia, premiado con un esplén-
dido éxito, que dio lugar a uno de los surtidores de agua más considerables y más
fecundos que hayan tenido lugar en el persistente afán de buscar ese indispensable
elemento de subsistencia para la vida y las industrias en el estéril desierto de Ataca­
ma.
Cuando el mineral de Tres Puntas estaba en su apogeo y sólo la mina Buena
Es­peranza mantenía una población de dos mil habitantes, la falta de agua suficien-
te y de buena clase era una dificultad para todo y origen de crecidos gastos.
Se eligió una localidad en la cabecera del Llano de Va­ras entre las tierras del
Pingo y el Humito y se perforó hasta más de la hondura en que generalmente se
encuentra la capa de agua que en la extremidad sur del mismo llano se aprovecha
para las máquinas y las minas de Puquios y Cachiyuyo.
Más tarde se resolvió bajar más allá de los primeros 50 metros perforados, lle­
gándose hasta 100 metros sin haber encontrado indicios de humedad.
Nuevo período de abandono de la idea transcurrió por algún hace tiempo,
hasta que se resolvió intentar otro avance que llegó hasta completar 150 metros de

-63-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 63 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

profundidad, siempre sin promesas ni apariencia alguna que estimularan a ahon-


dar más el pozo.
Enseguida tocó su turno al ingeniero don Carlos Plisson, administrador de
la mina Buena Esperanza, quien por esta vez resolvió imitar la constancia de su
com­patriota el ingeniero King en el pozo artesiano de Passy, y emprendió la con-
tinuación del pique con el resuelto propósito de no abandonar más la obra hasta
dar con el fondo de roca firme, pues hasta entonces siempre se había perforado en
el terreno aluvial que rellena aquella profunda cuenca.
Fue cerca de los 220 metros cuando surgió el agua, de exquisita pureza y en tal
abundancia que jamás acusó merma durante la mayor actividad de su explotación.
Los servicios de esta mina de agua fueron de incalcu­lable valor para aquellas
localidades de plena esterilidad y donde las lluvias no se conocen sino como raro
y casual accidente.
Nunca se insistirá lo bastante en este ramo de la escasez de agua en el desierto,
que no sólo encarece la vida y dificulta las industrias sino que las hace imposi-
bles.
El ingeniero don Samuel Valdés Vicuña, en su libro sobre la Riqueza minera y
agrícola del Loa, refiere de gentes que cabalgan una mula flaca y pequeña porque les
“consume poca agua” y cuenta el caso en extremo característico y bien traído de
uno a quien le pintaban los horrores de un incendio que sería posible en el ba­rrio
donde poseía su casa de negocio; e interrogado acerca de adónde acudiría primero
en tal emergencia, contestó sin pestañear:
–“A salvar el agua”. Tal es, en efecto, el valor del agua en el desierto, y parece
increíble que la atención pública y los poderes administrativos de la nación no se
hayan jamás ocupado de atender a esta primera condición del desarrollo económi-
co de las industrias en aquella zona de Chile, tan fecunda en riquezas y fuente de
su principal grandeza y prosperidad.
Por diferentes caminos, la instrucción para todos era reunirnos en Copiapó a
principios de junio, designando a cada cual el itinerario de su viaje.
Correspondiendo ahora las exploraciones a la región de la costa, y recalando
el jefe a Tres Puntas y la mina Buena Esperanza del Chimbero, tomé desde allí en
dirección al puerto de Chañaral de las Ánimas para recorrer la gran región minera
de cobre de esas latitudes y trazar sus detalles geográficos.
Del Chimbero a San Juan y aguada de la Salitrosa en la quebrada de Flamen-
co; de aquí por las minas del Manto California y del desierto recalando al pozo
de Guamanga, y de aquí al famoso mineral de Las Ánimas, desde cuya cumbre se
domi­na una vista panorámica interesante para orientarse en la distribución orográ-
fica que desde aquella altura se divisa.
Puede el explorador guiarse desde la cumbre del cerro de Las Ánimas por
los siguientes rumbos magnéticos que desde allí envié al ingeniero Chadwik para
acor­dar el cánevas de la triangulación de esta zona marítima del desierto:

-64-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 64 26-09-12 13:20


Desierto y cordilleras de Atacama.indb 65 26-09-12 13:20
Nacimiento río Yuta. Arica-Parinacota. Pablo Osses, archivo particular.

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 66 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. ii. enero a junio de 1884

Estación en el cerro de Las Ánimas

Rumbo al Morado S 6º E
Rumbo al Moradito S 15½º E
Rumbo al San Juan S 37¾º E
Rumbo al Chivato S 70½º E
Rumbo al Portezuelo de Varillas S 54½º E
Rumbo al Volcán Azufre S 68½º E
Rumbo al Ternera S 53º E
Rumbo al cerro Bravo N 85½º E
Rumbo a Mina Limbo, del Salado N 38½º E
Rumbo al Doña Inés N 57º E
Rumbo a la cumbre al sur de Chañaral (lindero) N 63½º O
Rumbo al Pingo, de San José N 1º O
Rumbo a la cumbre del Salado N 38º E

No se abandonan estas cumbres desde donde se vuelve a contemplar –después


de no haberle visto por largo tiempo y sobre todo durante una ausencia en que los
aspectos han sido tan opuestos– ese mar azul, tan deliciosamente azul que en las ma-
ñanas oculta su belleza bajo velos de niebla que se amontonan en densos copos de
algodón, se agitan, se rasgan y se disipan dejando al fin libre de toda sombra aquel
espejo en que se mira el cielo y el hombre descansa su mirada, aliviándose el espí-
ritu de pesadumbres y congojas, como si todas las esperanzas renacieran a su vista.
Después de visitar algunas minas y tomar nota de los caracteres de la forma-
ción del cerro, con la habitual tarea de coleccionar las rocas y minerales, sólo res­
taba llegar a la playa.
El escenario geológico cambia por completo; no más aspecto de volcanes con
sus deyecciones de lavas y tufos; el aspecto cristalino del gneis, del esquisto y de los
granitos es el carácter dominante que nos indica la vecindad de la costa marítima.
El granito blanco y la pegmatita, que constituyen la base fundamental del te-
rreno visible, soportan el peso del grueso manto de las rocas pizarrosas onduladas,
quebradas, tumbadas y dislocadas de su primitiva situación de horizontalidad y
re­poso por la materia fluida, pastosa, de origen seguramente hidrotermal, como
pien­san los sabios, y que cualquier profano comprende y se explica sin más que
mirar a la hermosa decoración geológica que se dibuja en las pendientes de Paso
Malo, donde se ven los más palpables efectos de la roca granítica introductiva.
Las hojas de la pizarra han sido entreabiertas y separadas como por la fuerza
de una cuña, e introduciéndose por entre ellas la masa ígnea desquiciadora, de
granito, se ha producido ese raro aspecto de lenguas o brazos de roca blanca exten-
didos como tentáculos de un inmenso pulpo en la masa negra de la montaña.
Después de algunas excursiones por la costa al sur de Chañaral, en la quebra-
da de Las Ánimas y Punta Infieles hasta quedar a la vista de Flamenco, el resto
del tiempo fue destinado a la visita de los establecimientos de fundición de cobre,
especialmente el de la Compañía de Minas y Fundición de Chañaral, fundado por
don Federico Varela y entonces propiedad de la sociedad anónima de aquel nom-

-67-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 67 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

bre que compró también las minas de este antiguo minero del desierto, situadas en
el mineral de Las Ánimas.
El puerto de Chañaral, en 1850, cuando apenas se iniciaba el trabajo de las
minas de cobre, era un caserío de 100 a 200 habitantes, llegando pocos años des-
pués a tener 2.000 y 3.000 y merecer los honores de un ferrocarril que suspendió
su movimiento con motivo de la baja del precio del cobre, mas no por agotamiento
de las minas.
Ese ferrocarril es hoy propiedad del Estado y todas las esperanzas de aquel de-
partamento están cifradas en su prolongación hacia el interior hasta Pueblo Hun-
dido, y en su unión con el ferrocarril de Copiapó que se trata de prolongar desde
Puquios hasta Tres Puntas e Inca de Oro.
La costa de Chañaral hasta el islote de Pan de Azúcar fue también objeto de
una breve excursión para reconocer sus caracteres geológicos, descubriendo que la
zo­na granítica se desarrolla bastante por allí, caracterizando la composición de la
costa y asociándosele también la sienita, con la misma costra esquistosa de Taltal.
Un arbusto interesante que abunda mucho en esta costa y que da la idea de
que pudiera ser objeto de explotación por el abundantísimo jugo de euforbia que
destila, es el llamado lechero, o sea, la Euphorbia lactiflua del doctor Philippi.
El vapor Mendoza nos condujo a Caldera el día 29 de mayo.
Días de rápida decadencia en todo sentido y de sensible postración de los nego­
cios mineros habían sobrevenido en aquel pequeño pueblo, tan floreciente antes y
que de tanta prosperidad gozó desde su reciente fundación en 1850 con motivo de
haber llegado a ser el punto de partida del primer ferrocarril construido en Amé-
rica del Sur; asiento de importantes establecimientos de fundición suspendidos y
fracasados, no tampoco, como el ferrocarril de Chañaral por el agotamiento de sus
minas sino por el mal crónico de la falta de capitales, de la falta de caminos y de la
falta de todo en nuestro abandonado desierto, sólo digno de recuerdo y atención
cuando sus riquezas se brindan fáciles y espontáneas.
Bajo estas penosas impresiones entraríamos pronto a explorar sus abandona-
das inmediaciones, pero antes necesitábamos de unos días de reposo en Copiapó y
de tramitaciones ante la tesorería fiscal para ver modo de volver al trabajo, termi-
nando así esta segunda etapa de las exploraciones del desierto de Atacama.

-68-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 68 26-09-12 13:20


III
DE JULIO A DICIEMBRE 31 DE 1884

Decadencia y esperanzas. Aspectos orográficos. Excursiones al norte de Copiapó


y Caldera. Percances de la triangulación. Orientaciones. Siempre por la cos­ta al
nor­te. Nota al ministro del Interior. Fin de la tercera campaña.

L a situación de Copiapó, por entonces, sin ser la más satisfactoria, era aceptable
como una tregua de la decadencia; el descubrimiento de la sierra Esmeralda
había reanimado los espíritus y el movimiento general de los negocios mineros,
juz­gado por las entradas y dividendos del ferrocarril como el mejor barómetro in­
dicador, no daba todavía pulsaciones de muerte.
Mientras dure en aquellos pobladores del desierto la expectativa de la cuarta
zo­na de riqueza en Chañarcillo, de la resolución de un problema minero en Tres
Puntas y en Lomas Bayas y mientras tengan la certidumbre de que el oro les reser­
va también sus riquezas y la realidad de que el cobre es base permanente de re­
cursos, sus fuerzas y constancia no cederán ante las dificultades de un presente de
escasez y desconfianzas, de descrédito y abandono.
La falta de los capitales que del norte fueron retirados para venir a buscar en
el centro del país otras colocaciones; la corriente emigratoria que fue consecuen-
cia natural de este desbande de los afortunados de la minería; la esquivez actual
del crédito para acordar sus beneficios a las industrias mineras, acordándolo, en
cam­bio, a las especulaciones del agio que más han contribuido a ultimarla, y, por
úl­timo, la actual emigración de nuestra gente minera en pos de los ilusorios sala-
rios de la opulencia salitrera de Tarapacá han sido las causas provocadoras de la
decadencia de Atacama y de la postración de sus negocios mineros, antes que el
broceo superficial de las minas, de los pretendidos peligros de su trabajo, como
especulación industrial, y del prematuro anuncio de un agotamiento que está aún
muy remoto de sobrevenir a la gran mayoría de los asientos mineros de todo el
norte de Chile.
¿En qué país donde hay capital para trabajos industriales de minería se deten­
dría la prosecución del reconocimiento de Chañarcillo, abandonado a los 600 me-

-69-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 69 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

tros de hondura en plena promesa y aún a la vista de una nueva era de su jamás
desmentida opulencia?
¿Dónde sino en países que han perdido la noción del trabajo de la tierra por la
pasión del juego a los papeles han podido quedar inexplotadas sus minas porque
un trecho de desierto las aísla, como sucede con la mina Exploradora, de la Encan-
tada; o porque un simple ban­co de arena las sustrae al acceso de la carreta, como
es el caso para el Algarrobo y el Morado de Caldera; o porque el salto de Puquios,
pequeño e insignificante tropiezo, no deja expedito el paso a las locomotoras hasta
Cachiyuyo, Tres Puntas y el Inca de Oro?
Es un dolor y una desgracia para Chile que ni siquiera la capital de Atacama,
donde tanta juventud inteligente se educa en la práctica de nuestra más poderosa
industria y se inspira en los abnegados y generosos sentimientos de las tradiciones
de aquel pueblo nacido del trabajo y siempre dispuesto al sacrificio, haya escapado,
sin haberse hecho algo por evitarlo, a una decadencia que la despuebla y aniquila.
Copiapó conserva su liceo repleto de estudiantes; sus escuelas prácticas, donde
se hace la verdadera profesión del trabajo; no ha perdido sus hábitos de altivez,
de defensa de sus derechos, de civismo en el servicio patrio y de actividad en el
pro­greso público, pero no es justo dejarle relegado a mero criadero de fuerzas e
in­teligencias para ser repartidas a todos los vientos de Chile, sino que es necesario
prestar atención a sus propios recursos naturales y devolverlos a la vida y energía
de trabajo que tan poderosa palanca fue en otro tiempo para prosperidad de la
nación entera.
La rehabilitación de la producción minera de Atacama es una esperanza hala-
gadora después de tan largo período de decadencia por la fuga de sus capitales, el
despueble y la baja del valor de los metales; con más razón ahora que restable­cido
el equilibrio de los precios con los medios más activos y económicos de explota­ción
y tratamiento de los minerales, se han restablecido también y quizá con ven­taja las
condiciones favorables de la minería que pueden hacerla próspera y lucrativa, y
sin duda alguna más oportuna y salvadora que nunca para auxiliar con sus valores
al país en las presentes angustiosas circunstancias económicas que atraviesa.
La oportunidad llegará, en el curso de esta obra tantas veces interrumpida
–quie­ro decir, de este pobre libro por tantos años impedido– para insistir en la de­
mos­tración práctica de los hechos que tales reflexiones despiertan.
Las inmediaciones de Copiapó, hacia el lado de la costa y al norte, entrando
por Chamonate, ofrecen el interés de estudios orográficos que definen el sistema
de la llamada cordillera de la Costa, descubriéndose el hecho de que esta cadena
se dispersa y fragmenta al sur del río de Copiapó y continúa al norte del mismo,
formado por un macizo granítico y diorítico desde cuya cumbre culminante, en
Ustaris, se contempla el árido pa­norama de las arenas viajeras que avanzan del
mar y del enjambre de serranías que parecen correr sin orden ni concierto en todas
direcciones.
El surco de valles secos y cauces que señalan el curso que las aguas siguieron
en remotos tiempos, forman de un lado y otro de la cumbre anticlinal delgados fila­
mentos serpenteados que se reúnen, se suman y multiplican aumentando en número

-70-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 70 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. iii. julio a diciembre 31 de 1884

y dimensiones hasta formar conjuntos de venas y arterias que semejan al del sistema
nervioso humano.
La quebrada de Paipote se divisa así, al oriente, recibiendo el concurso inmen-
so de ríos y canales que al unirse a ella debieron formar un ancho brazo fluvial al
cual se agregaba como mero afluente principal el actual río de Copiapó.
Por el otro lado, en la diminuta extensión de una cuenca que baja de los fal-
deos de Ustaris, reuniéndose las corrientes en la estrecha zona de una legua de
an­chura y en un curso de apenas diez leguas hasta el mar, ¡cómo pudieron cavarse
esos hondos cauces que llegan hasta la bahía de Caldera, sin que épocas diluvianas
y lluvias torrenciales hayan precedido hace quizá no largo tiempo al actual aspecto
de absoluta sequedad y pavorosa desolación de esa comarca!
Ascender a otros cerros más altos de los que rodean a Copiapó, a Jesús María, de
donde se abarca gran distancia al sur y norte, o a Ladrillos, desde donde se domi­na
todo el panorama de la costa, del centro y de la cordillera, es como instalarse en el me-
jor observatorio posible para formarse una idea general de la fisiografía del desierto.
Pero es necesario no dejarse engañar por la deformación aparente de los acci­
den­tes del terreno ni desorientarse por las líneas de la perspectiva que tiene por
cen­tro el ojo del observador, si su interés no se limita al mero objeto de recibir
im­presiones y gozar efectos de óptica, sino también al de descifrar en la confusión
y las apariencias, el orden de simetría y las leyes que han presidido y determinado
la definitiva estructura del terreno.
El efecto de la elevación del observador hace aparecer como deprimidos los
objetos, aplanándose las alturas y ondulaciones más suaves; el colorido amarillento
y en partes rojizo bajo los rayos de la luz intensísima del mediodía cayendo a plomo
no contribuye menos a la ilusión, uniformando el aspecto general, que los tintes
vagos y sombras de la tarde a acentuar falsos efectos y engañadoras apariencias.
Esparcidas al azar en grupos o en líneas las alturas, como puntas agudas y co-
nos truncados; cruzándose los ejes de dirección en la superficie sin orden aparente
y acumulándose las cadenas de montañas en el horizonte unas contra otras y como
endentándose sus cúspides y sus claros, respectivamente, el aspecto alrededor es
el de un inmenso circo que aparece sembrado de tiendas de campaña o como
cu­bierto de una inmensa tela levantada en alto aquí y allí por puntas y cabezas a
diversas alturas, circundado este recinto a lo lejos por altísimas murallas y com-
prendido todo dentro de un caos indescriptible de altos y bajos, protuberancias y
depresiones, huecos y planicies, luces y sombras que a medida del descenso del sol
cambian la decoración, y lo refunden todo en una masa gris azulada y rojiza, con
franjas de oro y de fuego hacia el poniente, haciéndose más grandioso y solemne
el desolado aspecto de aquellas tierras.
Y así contempladas, la primera impresión la recibe el ojo como espectáculo de
espacios nuevos que se nos desarrollan todavía hasta el mismo Copiapó, después
de larga peregrinación, agrandando la idea del desierto y como invadiendo el al­
ma de angustia con la afirmación visible de la desoladora realidad que nos acom-
paña hasta las puertas mismas de aquel centro de los negocios y sueños de prospe-
ridad y fortuna; porque el valle regado por el río, serpenteando en la aridez como

-71-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 71 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

cinta de verde esmaltado, no aparece sino como oasis de salvación y refresco allá
a lo lejos, como ilusión de espejismo y apenas perceptible en el fondo del desierto.
¡Qué raro que el ilustre Darwin, haciendo aquella travesía, sediento y ansioso
de alcanzar la frescura del agreste valle de Copiapó, llegara hasta deplorar que el
Sol gastara sus luces en alumbrar aquellas soledades sin objeto ni destino!
Esto no prueba sino la larga distancia a que el sabio se encontraba, embebido
en las altas concepciones de la ciencia pura, de concebir el valor industrial y la
fuente de riquezas útiles contenidas en aquellas tierras que el sol ha seguido alum-
brando, no obstante, para fortuna de Chile y provecho del mundo entero.
El mes de julio hubo de transcurrir en análogas excursiones a los cerros y mi­
nas de la región de la costa, avanzando los trabajos de triangulación y trazando
los deta­lles geográficos, en lucha contra los médanos que por allí son el principal
obs­táculo para la prosperidad de las ricas minas de cobre.
Partiendo desde el mismo Copiapó o entrando por Piedra Colgada y por Mon-
te Amargo, fueron visitados el importante asiento minero del Algarrobo, Lechuzas,
San José, Galleguillos, Morado y Moradito, con la excepcional mina Solitaria que
produjo rico mineral de plata en plena formación diorítica, caso inusitado y raro
para los mineros de Atacama.
Por otro lado, fue necesario recorrer el campo al norte siguiendo por el pie
oriental del cordón de Ustaris y al oeste de Cachiyuyo de Oro, donde se encuentra
el caso de la mina Ema, característico y rico depósito de minerales de cobre perte-
neciente a la corrida de los placeres en masas irregulares y excepcionales.
Siguiendo por allí al oeste se estudiaban las serranías y quebradas de la costa
en­tre las caletas de Flamenco, Obispo, etc., hasta Caldera, volviendo a encontrar
por allí la zona de los esquistos de Chañaral en relación con los granitos y sienitas.
Trascurrieron algunos días en estos viajes y se destinó todo el tiempo en iguales
ex­cursiones hasta principios de agosto.
La tarea de la triangulación sufría sus lentitudes a causa del mortal enemigo de los
geógrafos, el mal tiem­po, o en su defecto las ordinarias neblinas de la costa marítima
que envuelven en densa nube los cerros o interrumpen la transparencia de la atmós-
fera, impidiendo al anteojo de los teodolitos descubrir las señales trigo­nométricas.
Correspondía esta sección de la costa al ingeniero Chadwick y hubimos de
per­manecer ambos una serie de días en Caldera y sus inmediaciones en acecho
de tiempo despejado. Éste se presentó un día; mas, cuando habíamos llegado cada
cual a su puesto, un denso cortinaje de niebla se interpuso entre ambos para frus-
trar una vez más nuestros planes.
Aquí era el caso de los consejos e instrucciones que el almirantazgo británico
da a los jefes de comisiones hidrográficas en tales circunstancias.
“No desalentarse por ninguna contrariedad”, dicen los nobles lores:

“sufrir el hambre, la sed y el frío con espíritu alegre y mente despejada, para con­ser­var
en todos los casos superioridad sobre sus subordinados y constancia en la disciplina”.

¡Muy bien!, señores almirantes: al pie del cerro del Obispo, salpicado de no-
che por las olas del mar y en acecho todo el día a media falda de la resbaladiza

-72-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 72 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. iii. julio a diciembre 31 de 1884

pendiente esperando un rayo de sol; clavado inhumanamente por los espinudos


cactus y fastidiosamente embadurnado todo el cuerpo con la leche pegajosa de la
Euphorbia lactiflua; melosos los dedos y trabados por el frío; trepando a la cumbre
y ser engañado por la persistente y caprichosa niebla, para volver a bajar y subir al
otro día sin tregua ni descanso, es bastante como acatamiento a vuestras augustas
órdenes.
En el interés de los exploradores que acierten a subir a aquel cerro y deseen
orientarse y trazar sus propios mapas y panoramas, daremos los siguientes datos
más principales:

Base Obispo-Moradito

Rumbo magnético de la base: S. 55ºE.


Ángulo Moradito-Obispo-Ánimas = 275º10’20’’
R = N 40º E
Ángulo Moradito-Obispo-cerro Negro = 49º2’0’’
R = S 6º¼ E, cordón de Cabeza de Vaca

Base Obispo-Ánimas

Rumbo magnético de la base: N 40º E


Ángulo Ánimas-Obispo-Salitrosa = 42º47’20’’
Ángulo Ánimas-Obispo-Moradito = 84º50’20’’
Ángulo Ánimas-Obispo-Brea = 24º30’0’’
Ángulo Ánimas-Obispo-Paso Malo = 313º10’40’’
Rumbo magnético de Obispo a Doña Inés = N 54¾º E
Rumbo magnético de Obispo-Punta Infieles = N 16º O (en el mar)

En los primeros días de agosto, tanto en Caldera como en Copiapó y también


en la estación del ferrocarril Monte Amargo –y en este lugar con el objeto de de­
ter­minar el punto por donde pasa allí el meridiano astronómico de Santiago–, se
re­pitieron observaciones astronómicas con la cooperación del señor Porter W.,
usando el telégrafo para los cambios de señales horarias y fijación astronómica,
cuyos datos y procedimientos han sido ya publicados.
A mediados del mismo mes, nuevas excursiones desde Copiapó al sur, al inte­
re­sante cerro y asiento minero de Bandurrias, cerca de Chañarcillo. De allí, cru­
zan­do serranías, hasta las minas del Jardín en el valle, y de allí al importante mine­
ral de los Bordos, volviendo a Copiapó con escala en diversas minas y puntos de
interés geológico.
A principios de septiembre, de vuelta a Caldera para otras expediciones diver-
sas por la costa, haciendo un camino de zigzag hasta llegar otra vez a Chañaral a
to­mar ángulos en Paso Malo y relacionar este punto con Obispo, etcétera.
De Chañaral al interior, nuevamente, pasando por el cerro Vetado hasta La
Florida y de aquí al cerro de Minillas, punto importante de observación para los
mineros y exploradores que pueden desde allí guiarse por los siguientes datos:

-73-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 73 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Base portezuelos blancos-minillas

Rumbo magnético S. 3 1/2º E.


Ángulo P. Blancos - Minillas - Carmen (c. de la mina) = 308º18’40’’
Ángulo P. Blancos - Minillas - Florida (punta del SO.) = 285º44’00’’
Ángulo P. Blancos - Minillas - C. Negro (m. de cobre) = 271º34’20’’

Rumbos magnéticos

Minillas a Paso Malo = S 18¼º O


Minillas a Obispo = S. 9º O
Minillas a Moradito = S 9¾º E
Minillas a Ánimas = S 11¼º E
Minillas a Morado = S 24º E

Base Minillas - Bombas (cerro)

Ángulo Bombas - Minillas - cerro Negro (mineral) = 106º59’40’’


Ángulo Bombas - Minillas - Punta Pastene = 76º33’40’’
Ángulo Bombas - Minillas - Esmeralda (mineral) = 341º30’20’’
Rumbo magnético de Minillas a Esmeralda = N 36¾º O

El lindero que fue construido para señal en la cumbre de Esmeralda existe


to­davía visible desde larga distancia porque se reconstruyó sólidamente y puede
observarse desde a bordo de los vapores con los anteojos ordinarios al pasar por
las inmediaciones de la caleta Esmeralda.
La siguiente jornada, en septiembre 12, fue a Bombas y Pan de Azúcar y desde
allí por Quinchihue al mineral de Esmeralda, llegando aquí al año completo de su
descubrimiento, acaecido en las circunstancias que ya quedan explicadas en otro
lugar y cuyas minas, por aquella fecha, estaban en pleno auge de población, comer-
cio y riqueza.
Su descripción vendrá a su tiempo.
Los ingenieros de la comisión exploradora habían sido ya enviados a la capital
para ocuparse en trabajos de oficina, y vuelto el jefe a Copiapó dio cuenta de los
últimos trabajos realizados con la siguiente breve exposición:

Comisión exploradora del desierto de atacama

Copiapó, 26 de Septiembre de 1884.

Señor Ministro:

Puedo dar ya por terminado en todas sus partes, salvo algunos detalles que no
importan o que conviene postergar, la exploración y estudio de la primera sección
del desierto de Atacama, comprendida entre los valles de Copiapó y Taltal.
Desde que di aviso a U.S. de haber enviado a los ingenieros a esa capital para
emprender el trabajo de cálculos y otras operaciones de oficina, yo proseguí todavía

-74-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 74 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. iii. julio a diciembre 31 de 1884

las excursiones en el desierto para ocuparme más especial y detalladamente de lo


concerniente al ramo de minas y metalurgia.
El considerable acopio de material aglomerado y las reflexiones y consecuencias
que se desprenden de los hechos observados y de los datos recogidos, necesitarán
todavía algún tiempo más de estudio y un meditado plan de exposición y desarrollo.
Desde el triple punto de vista de la geografía, geología y metalurgia, bastaría,
para los fines puramente científicos, la exposición razonada de los hechos y de las
deducciones que de ellas se desprenden, pero no bastaría esto para los fines in­dus­tria­
les, de fomento y de trabajo, que es lo que voy a tratar de explicar a U.S. bre­vemente.

Geografía

Aparte de lo que concierne a los caracteres físicos generales, como las posiciones as­
tronómicas, la climatología, el aspecto del terreno, la estructura de las montañas, la
hidrografía, etc., materias todas que envuelven el más vivo interés en aquellos terri­
to­rios, la geografía del desierto debe ser dada a conocer también en detalles de muy
especial importancia para el explorador minero y para las industrias que derivan
directamente de la minería.
Las relaciones tan interesantes como sorprendentes entre la dirección de las
líneas orográficas y la distribución y naturaleza de los depósitos minerales; las ana­
logías de composición y estructura que parecen descubrirse entre las montañas
favorables a ciertas producciones metalíferas; los datos relativos a la existencia de
las aguas subterráneas y su aprovechamiento para las empresas mineras; el cono­ci­
miento de las vías más convenientes para dirigirse en las indagaciones y viajes con
motivo de especulación minera, así como noticias especiales y detalles de interés
local para ciertos propósitos industriales, son materias de utilidad positiva que de­
bemos consignar y señalar con especial cuidado y circunspección.
Para llenar estos objetos, la carta geográfica del territorio, de mar a cordillera,
deberá ser exacta en todo lo posible, y calculada para prestar los servicios de un
verdadero Guía del desierto.
En cuanto a lo de más general y universal interés de esta parte de los traba­
jos, sabe ya U.S. cuánta atención hemos prestado a la geografía descriptiva de las
cor­dilleras para su mejor conocimiento orográfico y para las soluciones interna­cio­
nales.
Una red topográfica de más de trescientos triángulos y multitud de delinea­
ciones, perfiles y planos de algunos distritos mineros importantes, constituyen el
material aglomerado para el trabajo geográfico.
Desde que lo anuncié a U.S., las operaciones de organización de registros y
cálculos matemáticos se prosiguen con actividad en el local de que hemos podido
dis­poner en la Oficina Hidrográfica mediante la bondadosa acogida que nos dis­
pen­sa su distinguido director.

Geología y mineralogía

Los viajeros exclusivamente científicos no encuentran interés en la geología que no


se comprueba con los testigos irrecusables de los restos orgánicos que han servido
para la clasificación de los terrenos.

-75-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 75 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

El ilustre Darwin deploraba que el sol desperdiciara su luz en alumbrar las


in­gratas soledades del despoblado de Copiapó, desalentado su espíritu de no en­
contrar materia de aplicación a sus investigaciones de naturalista.
Otros viajeros que nos han ilustrado con libros utilísimos no han tenido tam­
poco palabras de aliento para estimularnos en la conquista de esos territorios para
el trabajo.
Son los exploradores de combo y barreta los que han descubierto, junto con
las riquezas para el progreso, fuente fecunda también para la ciencia, y a éstos es
a quienes debemos consagrar más especialmente nuestros estudios, aplicando los
procedimientos cientí­ficos al mejor éxito de sus infatigables esfuerzos y a los ob­je­
tos del cateo o de una exploración más razonada y metódica de los terrenos me­ta­
líferos.
Si la existencia de los minerales obedece o no a ciertas leyes de distribución;
si hay alguna relación entre ellos y la naturaleza del terreno que los contiene; si en
su composición mineralógica influye la composición de las rocas que les sirven de
lecho; si los caracteres tan diversos como complicados que los depósitos minerales
presentan en su estructura, y si las infinitas formas y condiciones de su formación
dejan deducir principios generales o reglas de aplicación que puedan servir de guía
para el descubrimiento de los metales son materias que deben preocuparnos con
especial cuidado y criterio concienzudo.
Las sabias investigaciones del geólogo M. Pissis han establecido bases y puntos
de partida que, en unión con los trabajos mineralógicos del profesor Domeyko, es­
ta­blecen la ciencia geológica en el sentido útil y de aplicación en que puede lle­gar
a prestar servicios de infinito valor.
Damos, por esta razón, preferente atención en el estudio de la geología del de­
sierto a los caracteres mineralógicos de las rocas y sus relaciones con la existencia
y distribución de los minerales.
Y en este sentido, nuestra contracción, por más tiempo y asiduidad que destine
a la observación, jamás podrá ser aplicada en toda la extensión que requiere la pro­
fusión y variedad que ostenta el reino mineral en el desierto.
Es deplorable que nuestros ingenieros, industriales y directores de minas, que
por lo general se limitan a lo material de las operaciones, no contribuyan con su com­
petencia a estos resultados, y será indispensable establecer en una futura regla­men­­
tación oficial de los trabajos mineros las más estrictas disposiciones a este res­pecto.
Las numerosas colecciones que estamos formando, en número de más de cua­tro
mil muestras de rocas y minerales, con la especificación de todas las cir­cuns­tancias
de su existencia en la naturaleza y con la designación exacta de su dis­tribución geo­
gráfica, ofrecerán, para tales objetos, una fuente de estudio y de in­formación verídica
y razonada.
A tales fines hemos aplicado casi exclusivamente, en las exploraciones, los
prin­cipios y enseñanza de las ciencias geológicas.

Minería

Nunca se hará lo bastante en el sentido de encaminar los destinos de nuestra mi­


nería a procedimientos decididamente industria­les y a fines de elaboración y ma­
nufactureros.

-76-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 76 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. iii. julio a diciembre 31 de 1884

Podemos conceder que los casos de riqueza a la vista, al alcance de la mano y


a la luz del sol, hayan sido ya descubiertos y agotados en su totalidad, pero no po­
dríamos jamás admitir que la minería, mediante la acción de capitales suficientes,
dejará de ofrecer nu­merosas ocasiones de segura retribución.
Podemos conceder también que muchas empresas han invertido capitales
fuertes en trabajos, sin resultados favorables, pero no admitiríamos tampoco que
tales resultados hayan sido debidos en todo a las condiciones de la mina en sí misma,
y sí, en mucho, a una administración aparatosa, incompetente o atolondrada, y
también muchas veces a las condiciones de la especulación.
Una mina que se adquiere por su justo precio y que se trabaja con los recursos
que su importancia y manera de ser requiere, rara vez deja de rendir buenas cuen­
tas del trabajo que cuesta.
Los casos ruinosos son provocados por la falta de previsión y de recto criterio
en la estimación del valor de las minas, sobre cuya tasación no recae siempre el
juicio de un examen suficientemente meditado.
Vemos esos casos importantísimos de especulaciones ventajosas por las uti­li­
da­des del negocio en sí mismo, pero que no alcanzan a cubrir el interés del capital
exorbitante y antojadizo en que se valoró la mina.
Al principio de nuestros trabajos hemos llamado la atención sobre el mineral
de Los Bordos. Depósito de apariencia inagotable aunque de muy modesta riqueza,
sigue rindiendo satisfactorios beneficios con sus metales de ley de 10 a 15 diez mi­
lésimos: alimenta con su abundante producción a todas las máquinas del valle y
promete acreditar con sus resultados la importancia de una extensa región mineral
en que pueden prosperar quizá muchas especulaciones del mismo género.
En la minería del cobre, tan desamparada y abatida, vemos reproducirse en
pleno desierto de Atacama, Carrizalillo, con minerales de 2 a 3% de ley, los milagros
que el capital y los procedimientos industriales realizan en el fa­moso emporio
de Río Tinto. Hay que señalar aquello y llevar allí a nuestros especuladores y
afortunados para que vean cómo, mediante la bien entendida economía industrial,
adquiere valor y rinde provechos la mina de ley más ínfima de cuantas yacen
abandonadas en toda la extensión del desierto.
En el mismo valle de Copiapó, a las márgenes de su río y en medio de sus cul­
tivos, habría lugar a numerosas aplicaciones de los mismos procedimientos y con
provechos considerablemente superiores.
En la minería del oro, Cachiyuyo y el Inca, en las inmediaciones de una es­
tación de ferrocarril, el más precioso de los metales se ofrece en condiciones ex­cep­
cionales de aplicabilidad a los procedimientos industriales.
En Cachiyuyo, especialmente en la mina Andacollo y máquina Atacama, mo­
desto establecimiento aurífero de propiedad de un distinguido industrial, estamos
vien­do desde hace tiempo promesas y frutos que son precursores de una futura
actividad y de fecundos resultados.
Es el primero y más notable ejemplo que conozco de mina de oro en produc­
ción regular y estable en extensión horizontal como en profundidad.
En Cachiyuyo hay una red de filones poderosos, en las mismas condiciones,
con los mismos caracteres, quizá con la misma modesta pero positiva y constante
ri­queza de la de Andacollo, y si la inteligente perseverancia de su propietario,
señor don José Ramón Sánchez, hiciera muchos prosélitos, veríamos seguramente

-77-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 77 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

reproducirse en otras tantas veces las remesas de kilogramos de oro que la máquina
Atacama envía mes a mes a la amonedación.
He citado tres ejemplos de especulación industrial minera en condiciones de
riqueza ínfima, a saber: metales de plata de 5, 10 o 15 marcos; metales de co­bre
de 2 a 4%; metales de oro de 2 a 5 onzas por cajón; ejemplos de otros tantos casos
de actividad comercial, de abundancia de trabajo y circulación de valores; ajenos
a las especulaciones violentas del agio que desacredita a las mi­nas y corrompe
al minero; ejemplos que demuestran cómo la minería, fruto tam­bién del suelo
como la agricultura, pero arrancado con más trabajo y mayor int­eligencia, puede
también prestarse al desarrollo tranquilo y reproductivo de las de­más industrias, sin
renunciar por eso a los halagos de imprevista y opulenta trans­formación de que es
siempre susceptible.
El mal éxito de las empresas mineras, de que nos quejamos en Chile, es un
mal muy general en todos los países en que se trabajan minas, pero que aquí, como
en el resto del mundo, no es, en manera alguna, un peligro fatalmente ligado a
este género de industria. Es un mal que deriva más directamente, y muchas veces
exclusivamente, de las condiciones morales de los especuladores y negociantes en
general y de las operaciones en las bolsas de comercio, siendo un hecho de diaria
comprobación que se gana o pierde más dinero en el juego de acciones y en la
exageración de los alcances o broceos que en la verdadera explotación de las minas.
Sentado ya como un hecho establecido que las minas no permanezcan mucho
tiempo en el estado de riqueza fácil y espontánea y que sólo los recursos del capital,
las franquicias y las facilidades de todo género pueden hacerla prosperar por
mucho tiempo, ha llegado la ocasión de dictar estas medidas y todas las demás que
estén en la facultad y en los medios del legislador y de la administración.
Una amplia y general liberación de derechos de internación a todos los ar­
tículos de minas y a las maquinarias para su explotación y tratamiento de sus mi­
nerales es una medida de urgente necesidad.
Artículos como la pólvora y el aceite, que son la fuerza y la luz, o sea, la vida
mis­ma de las minas, están fuertemente recargados como pretexto de protección a
la industria nacional, pero con gran perjuicio del minero, que, no por consumir el
fabricante chileno, obtiene más barato ni de mejor clase la mercadería.
En maquinaria acaba de pagar la Compañía inglesa de minas como 1.500 a
2.000 pesos por internación de una simple máquina de vapor para una mina de
cobre, recargo que ha acobardado a su gerente para repetir estos pedidos sal­va­
dores de la industria.
En este orden de ideas, nuestros esfuerzos en el ramo de minería industrial
se extienden, aparte del estudio de las minas en sí mismas, a la indagación de las
cau­sas que han determinado su abandono, que dificultan su rehabilitación y que
des­acreditan y entorpecen las especulaciones a que podrían dar lugar.

Metalurgia

Este ramo de las ciencias mineras, complemento necesario de la explotación de


minas, debe ser objeto de especial estudio y de la más viva preocupación.
Los procedimientos más elementales y rutinarios en otras partes, encuentran
entre nosotros dificultades insuperables de aplicación, porque hay dos elementos

-78-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 78 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. iii. julio a diciembre 31 de 1884

poderosos de acción, el hierro y el carbón, que no podemos producir a bajo precio.


El carbón, sobre todo, no al precio excepcional del día, sino al tipo corriente, es
demasiado caro para quemarlo en la proporción que la reducción de los metales
en gran escala lo requiere.
Procedimientos hay, por vía húmeda, que podríamos aplicar con ventaja;
pero en ellos entra el hierro, de que nuestros territorios están impregnados, pero
cuya reducción requiere también carbón, y de esta manera nos encerramos en un
círculo vicioso que no tiene más salida que por la baja de precio del indispensable
combustible.
Esta noción elemental de las operaciones metalúrgicas que todos propalan,
porque su evidencia salta a la vista, sugiere también en todos la idea de la de­cla­
ración del carbón entre las sustancias minerales sujetas a denuncio.
Esto y todo lo demás que pueda decretarse para provocar la baja del carbón
de piedra será una necesidad de primera línea y una disposición salvadora.
Estudiar el estado de adelanto y las condiciones en que se desarrolla la me­
ta­lurgia en el país es contraerse a una laboriosa inda­gación de datos y métodos
in­dustriales, tarea de una importancia tan positiva como oportuna.
La experiencia en este ramo interesante, fuente de tanta actividad y de tan vasta
aplicación a todas las artes y manufacturas, enseña a saber que los procedimientos
tienen que adaptarse totalmente a las condiciones locales y modificarse a veces
hasta el punto de convertirse en otros diferentes o diametralmente opuestos.
No basta, por esta razón, conocer y saber aplicar los métodos más perfectos
o más acreditados en otras naciones o en otras localidades o también en lugares
de una misma localidad cuando hay diferencia entre los recursos industriales y na­
turaleza de los minerales de una localidad a otra.
¿Por qué no podemos en Chile fundir y manufacturar el hierro?
¿Por qué no podemos aplicar al cobre los tratamientos económicos, que de­
berían darnos ventajosa superioridad sobre todas las naciones productoras del
mismo metal que lo contienen en con­diciones naturales mucho menos favorables?
¿Por qué no podemos aprovechar el oro y la plata profusamente repartidos en
gran parte del cobre bruto que mandamos elaborar y manufacturar a Inglaterra?
¿Por qué nosotros no hacemos esta misma elaboración?
¿Por qué una sola fuente termal en Toscana provee de bórax a todas las fá­bri­
cas de Europa y nosotros no podemos surtir a todas las del mundo con los boratos
inagotables de las cordilleras?
Y el hiposulfito de soda, que rinde hasta las porciones microscópicas de plata
en nuestros desmontes, y tantos otros productos químicos que sabemos y tenemos
cómo fabricar, ¿por qué los pagamos a precio de droga a los farmacéuticos ex­
tranjeros?
Todas estas preguntas tienen su contestación en hechos de los que podemos
darnos cuenta, que podemos juzgar, discutir y comprobar, y de ellos deducir quizá
fecun­das y provechosas conclusiones.
En metalurgia, más que en muchas otras artes, es dificilísimo y dispendioso
acer­tar con los procedimientos más adecuados, y toda disposición que condujera
a bajar el precio de los productos químicos o a estimular la fabricación en el país
se­ría también eficaz para ayudar a esta industria poderosa, secreto de la fuerza y
prosperidad material de las naciones de primer orden.

-79-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 79 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

En resumen, señor ministro, las exploraciones de Atacama nos han dejado, con
los materiales para un trabajo de bastante consideración, la impresión satisfactoria
de que hay mucho que esperar de los recursos que pueden probarse para plantear
industrias y desarrollar las riquezas del desierto. Pero la tarea es considerable y no
hemos hecho más que recoger los primeros datos y adquirir la experiencia de los
métodos que la exploración de aquellos territorios exigen y el conocimiento de las
materias más dignas de preocupación y estudio.
En la parte económica, las inversiones han sido hechas y apuntadas conforme
a los procedimientos comerciales, en libros donde se han consignado los más mí­
ni­mos detalles.
Las cuentas de gastos, debidamente documentadas, los libros de cuentas y caja,
planillas y todo comprobante, han sido oportunamente enviados a la Contaduría
Mayor por conducto de la Intendencia de Copiapó, dejando allí previamente copia
certificada de todo para prevenir los casos de extravío.

Dios guarde a U.S.

Francisco J. San Román


Al señor ministro del Interior, don José Manuel Balmaceda. Santiago

Al terminar el año de 1884, y concluidas con él en Santiago las tareas de ofici-


na en cuanto fue posible desempeñarse en ellas, sin asilo propio para el trabajo, sin
elementos y hasta sin útiles de escritorio y dibujo, la Comisión Exploradora sufrió
una modificación en su personal y perdió un auxiliar en la persona del teniente 1º
don Ángel C. Lynch, cuyos servicios en la marina fueron requeridos, quedando sus
útiles atribuciones a cargo del jefe, por no permitir la escasez de fondos recargar
los gastos con otro empleado.
Renunció a su puesto el ingeniero 1º don Alejandro Chadwick, siendo reem-
plazado por el 2º don Santiago Muñoz y nombrado en vez de éste el ingeniero don
Abelardo Pizarro A.
Don Lorenzo Sundt continuaba desempeñando su especialidad y andaba a la
sazón otra vez en campaña.

-80-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 80 26-09-12 13:20


IV
DE ENERO A ABRIL DE 1885

La cuarta campaña. Industria mortífera. La ilusión de Remolinos. La quebrada de


Carrizalillo. En la cumbre del Vidal Gormaz. Oporto demasiado hervido. Ex­cur­
sión peligrosa. Dispersión.

E n viaje por cuarta vez, y a una cuarta jornada de exploraciones, el 1 de enero


de 1885.
Muñoz y Pizarro parten con sus respectivos teodolitos; Sundt continúa en com-
binación con el jefe sus excursiones geológicas y este último acude donde más le
interesa y conviene para no perder detalle de importancia y acudir allí adonde sus
ayudantes no han tenido ocasión de llegar, siendo de buena práctica y de conve-
niente táctica en estas campañas contra el desierto, como en las de la guerra con-
tra el enemigo, dividir las fuerzas para concentrarlas oportunamente donde mejor
convenga.
En las anteriores jornadas, como se ha visto, quedaban ligadas en un solo cá­
ne­vas las regiones de la costa marítima, del desierto central y de las cordilleras; en
la presente, el punto objetivo era el norte, la región boreal del territorio de Ataca-
ma, pero no por la costa ni el desierto central sino por lo alto de las altiplanicies
andinas, para aprovechar los meses de la estación de verano, única posible para
semejantes tareas y que ya nos había avanzado demasiado para aventurarnos por
muy largo tiempo en ellas.
Así se interrumpiría, forzosa y desgraciadamente, con peor aprovechamiento
del tiempo, con mayores fatigas y peligros y mayores gastos para el erario público,
una tarea que pudo haber sido continua comenzándola más oportunamente, a lo
menos en octubre de 1884 en vez de enero a febrero de 1885. –¿La culpa? – Siem-
pre aquélla de que el hombre propone y Dios dispone, o sea, porque nunca se
pu­dieron adaptar las medidas de orden, de actividad, de conveniencia y economía
a la marcha fatal y a la lentitud inexorable de los procedimientos administrativos.
La internación a la cordillera sería ahora por otra vía, siguiendo la quebrada
de Cerrillos, que desemboca frente al poblado y estación de ferrocarril del mismo
nombre en el valle de Copiapó y haciendo entradas a las minas más inmediatas,

-81-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 81 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

como las antiguas de Pampa Larga y San Félix que tuvieron sus gloriosos tiempos des­
de antes y después de Chañarcillo.
Se había establecido un horno de manga para fundir los metales de la mina
Alacrán, que eran de arsénico platoso, pero el arsénico nativo en masa, testéceo,
escoriáceo y de todas las variedades; también con rejalgar y oropimente, con anti­
monio, etc., y, por lo tanto, un foco venenoso capaz de haber matado todo lo vi­
viente que allí existiera si otra cosa hubiera que rocas desnudas, tierra y cascajo.
Algunos burros y cabras se ofrecían no obstante como víctimas frecuentes del
ácido arsenioso volatilizado de aquella chimenea mortífera que condensaba sus
hu­mos metálicos a la distancia, cubriendo las piedras y las raquíticas plantas de
pol­vos y sublimaciones de arsénico que las pobres bestias lamían, deleitándose con
su sabor azucarado. La modestia de aquel establecimiento metalúrgico no permitía
la construcción de cámaras de condensación.
Más adelante se llegaba al establecimiento de los Marayes, construido para
beneficio de los metales de oro de la mina Remolinos, criadero en forma de placer
y verdadero remolino de guías, vetillas y cruceros que dieron por resultado un
de­pósito de mineral aurífero de cierta importancia efectiva, pero al cual la fiebre
amarilla del deslumbrante metal dio en un tiempo proporciones de fabulosa exa-
geración.
La roca encajante es sienita y granito, en partes protogina, y a la vez que el oro
en granos y en hojillas o lentejuelas constituía un beneficio de provecho, la idea de
exagerada abundancia creció en la imaginación de sus dueños con la presencia
del cobre amarillo y las engañadoras láminas de la mica, también amarilla, y del
tal­co, también dorado.
No era el caso de una de Aliste; sus honrados dueños, viejos mineros que po-
dían engañarse con las falaces apariencias de lo que brilla como el oro, sin serlo,
no pensaban ni en vender ni en inducir a nadie a negocios o transacciones sobre
un tesoro que querían explotar y gozar solos.
No era de ellos la culpa, por lo tanto, si otros se contagiaban del mismo mal,
viendo, con la fiebre del oro, brillar como el rey de los metales lo que no era en su
mayor parte sino piritas y marmaja.
Es curioso el estudio del minero afectado de tal enfermedad contagiosa.
Era en los días de la efímera fama de Remolinos: nos dirigíamos allí –¡hará de
esto treinta y tantos años!– siguiendo la romería de exaltados y curiosos que iban,
y, topándonos con los que volvían, mohínos algunos y dudosos otros por no haber
sido admitidos en la feria, pues no había espacio para admitir a todo el mundo;
pero dimos también con muchos más, maravillados, porque, “¡lo habían visto!”.
Era de estos últimos, que de allí volvía don Antonio Quijada, no sólo minero sino
minero de oro, quien nos indujo, con aire de consejo, a que no siguiéramos ade­lante.

–“¡Cómo! ¿Se ha broceado la mina?”.


–“No; nada de eso, al contrario, pero aquello no es para contado sino para visto,
y ustedes no lo verán, porque don Rafael está desesperado, loco con la multitud y
los curiosos que no lo dejan...”.

-82-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 82 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. iv. de enero a abril de 1885

Y don Antonio, que mientras aquello decía, tomaba largo resuello para em-
prender su relación de “lo visto” y cruzaba una pierna sobre la cruz de su mula
para asumir mejor actitud de reposo y conciencia, no encontró en su sincera y
verídica emoción palabras con que expresarse, y, renunciando a dar más detalles
y bajando su pierna en disposición de volver a ponerse en marcha, exclamó de un
solo suspiro; “¡aquello es para visto, no para contado!”.
Algunos días después se bajaban, entre mucho acompañamiento y fuerte cus-
todia, 24 cargas de metal de oro de Remolinos a la máquina de Punta del Cobre,
cuyo dueño y beneficiador, minero de sangre fría y de la escuela de Santo Tomás
el incrédulo, no creyó prudente arrostrar la responsabilidad de aquella confianza
encargándose de tan valioso tesoro antes de tomarse todas las precauciones del
caso. Al efecto, a cada costal vaciado, una poruñada en el llampo y una lavada en
la tina le iban revelando sucesivamente la realidad de lo contenido en el metal.

– “¡Señores! –exclamó por fin– yo no me hago car­go de este depósito sin que us­
tedes mismos lo custodien y presencien el beneficio”.
– “Pero, señor don Julián ¡Ud. es el hombre de toda nuestra confianza!”.
– “Sí, pero... pero es que el metal no deja rabo... es decir... el rabo es de marmaja!”.

El resultado del beneficio confirmó la revelación de la bien manejada poruña.


Seguíamos avanzando quebrada adentro de Cerrillos refiriendo el itinerario
del camino a las cumbres ya demarcadas con las señales de la triangulación, como
el cerro de la Plata, el Checo, el Potrillo, etc., y anotando las entradas a Cabeza
de Vaca y Lomas Bayas, al Zapallar, el Plomo, etc., con sus caracteres geológicos,
entre los que descuella la gran zona de granito que corre a través de la quebrada
con rumbo de sur a norte, para entrar enseguida a la potente y desarrollada forma-
ción de los conglomerados porfídicos y los llamados pórfidos estratificados en las
más características condiciones de sus extrañas formas y dudoso origen geológico.
Luego se percibe a la izquierda el encumbrado barranco donde la estratifica-
ción del abigarrado terreno se corta a pique, abriendo estrecha grieta y dejando
ver en la cumbre un peñasco inmenso desprendido de la mole del cerro y que,
per­maneciendo de pie, da la idea de un centinela puesto en eterna guardia. Se hace
así un punto de mira en este cerro de Carrizalillo, que sirve de guía seguro desde
grandes distancias a la redonda, viéndosele envuelto en atmósfera de azul violado
y proyectando sus geométricas líneas sobre el fondo de un cielo siempre hermoso.
Entrar en la angostura de Carrizalillo es engolfarse en reflexiones geológicas
para poder imaginar los efectos de las fuerzas terrestres que tan profundamente
ator­mentaron esta costra de nuestro globo, en tan reciente época también, como si
ayer no más hubiera quizá presenciado el hombre el desmoronamiento de la crea-
ción, con tales estruendos y convulsiones que debieron parecerle el fin del mundo.
Haciendo grecas y semicírculos la mula, saltando y trepando riscos, o tomando
en partes la huella carretera que el leñador ha abierto en aquel precipicio buscan-
do un apostadero a propósito para explotar su campo, se llega al fin a un lugar
donde poder apearse y reposar.

-83-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 83 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Se duerme allí tranquilo, sin embargo, familiarizándose el sobresaltado espíritu


del viajero aficionado a remontarse a las épocas del génesis terrestre, con la quietud
real y efectiva de que aquel salvaje escenario de la naturaleza reposa por ahora.
Tomadas en la tarde y por la mañana las observaciones hip­sométricas y meteo­
rológicas de costumbre, no quedaba sino seguir viaje adelante hasta llegar a los
nacimientos de la quebrada en las faldas de la cuesta del Castaño, por cuyo lado
opuesto corre el río de Jorquera y se extienden las vegas de La Guardia, en el
mis­mo punto de nuestro alojamiento del año anterior, y por el cual pasaremos en
si­lencio ahora para detenernos sólo un momento en el portezuelo de la Lagunilla.
Habíamos vuelto a pasar por la quebrada Seca y el pie del nevado de Jotabe-
che, donde se me reunió el ingeniero don Lorenzo Sundt, que había tomado por
el río de Figueroa, y ascendíamos al portezuelo de la Laguni­lla que divide estas
arroyadas del sur de la cuenca del Negro Francisco. Había el doble interés de fijar
este punto, refiriéndolo a las cumbres ya trianguladas, y de anotar la significación
geográfica que atribuíamos al cerro Vidal Gormaz.
Por el interés que envuelve, y por lo desconocida que es esta región en que se
definen importantes problemas hidrográficos, damos algunos rumbos de orienta-
ción y referencia para el viajero, haciendo presente que el pun­to de estación no es
el mismo portezuelo, sino una pequeña altura al NO, a 500 metros.

Estación en Portezuelo Lagunilla

Rumbo magnético a Cadillal S 73¾º O


Rumbo magnético a Nevado N 53º O
Rumbo magnético al volcán Azufre N 13º O
Rumbo magnético a cerro Amarillo N 5¾º O
Rumbo magnético a punta O. de Dos Hermanas N 13º E
Rumbo magnético a Vidal Gormaz N 53½º E

El viento, furioso y helado, parecía penetrarnos en la médula de los huesos, tal


era el intenso dolor que el estado de casi petrificación de los dedos nos producía;
pero eran las cuatro de la tarde, y no habiendo más oportunidad disponible para
asegurarse de la situación del Vidal Gormaz como punto de la cordillera anticli­
nal, fue necesario darse prisa y abordar aquella altura de observación antes de la
entrada de la noche.
Nuestros abrigos ofrecían tal resistencia al viento y sus sacudidas de tal modo
nos azotaban que fue preferible desprenderse de ponchos y chalinas; Sundt pro-
curaba asir las piernas del teodolito con ambas manos, mientras que, en la ardua
tarea de ajustar los niveles en tales condiciones, la oscuridad de la noche empezaba
a envolvernos en tinieblas y nos hacía peligroso el descenso desde la cumbre hasta
un lugar donde pudiéramos encontrar reposo.
Pero la hora del crepúsculo en aquellas alturas, cuando se mira al ocaso, suele
ser preciosa y de gran auxilio al geógrafo, haciendo destacarse los hitos o señales
con extraordinaria nitidez y precisión sobre el fondo azul verdoso del horizonte
todavía iluminado con los últimos reflejos del día.

-84-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 84 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. iv. de enero a abril de 1885

Los puntos así destacados en tan hermoso y suave fon­do de proyección y au-
mentados todavía en sus dimensiones como por un efecto de refracción, invitaban
a la prueba de los ángulos, ¡pero imposible!... Empañados los vidrios por el aliento
que se condensaba en nubes y agujas sobre los lentes y micrómetros; pegada la
aguja con porfiada obstinación al vidrio fuertemente electrizado y estremeciéndose
todo, piernas humanas y piernas de teodolito en fuertes y agitadas vibraciones, no
era posible ni siquiera una aproximada precisión. Pero probemos la última tentativa.
“¡Firme don Lorenzo... ya tengo el punto!... Nevado de Jotabeche... 288º30’...
volcán Azufre... 343º40’’... Dos Hermanas... imposible!”.
Desprendidos de la caravana que llevaba los recursos, hubimos de pernoctar
en la Lagunilla, introduciéndonos en nuestra carpa, rendidos por la fatiga y entu-
mecidos por un frío que no teníamos cómo combatir ni atenuar. El desayuno de
ese día había sido a las siete de la mañana y nos encontrábamos a las siete de la
noche en el mismo estado de nutrición, habiéndosenos pasado por alto el almuer-
zo y encontrándonos sin fuego ni alimento para la cena.
El resto de una botella de oporto parecía próximo a congelarse, y el sobrante
de otro poco de espíritu de vino en el anafe, venían muy al caso para confortarnos
con un trago de ponche caliente.
¡Qué ponche y qué trago aquél! El vino había hervido hasta consistencia de
jarabe, conteniendo en cada gota tal dosis de energía y fuerzas vivas que nuestro
helado organismo recibía sin reparo ni conciencia de lo que podía convenirle.
Al cabo de poco rato hablábamos demasiado, desde nuestras respectivas ca-
mas, y entrábamos en un grado de calor de que no nos apercibíamos, animándose
nuestra conversación hasta el punto de desabrigarnos y aun hasta ponernos de pie,
sin necesidad alguna para la libre manifestación de nuestras ideas, en el estrecho
recinto de un hueco de lona que apenas daba cabida para estarnos tendidos.
En tal estado de animación, nuestras ideas y concepción científica sobre la edad
de las areniscas rojas o la significación orográfica de Vidal Gormaz, que habíamos
empezado a discutir tranquilamente, entraban a confundirse y ser comenta­das en
sentido de no poder entendernos, hasta quedarnos, por último, sumidos en pro-
fundo silencio.
Al venir del siguiente día nos mirábamos con asombro y extrañeza, tratando
de recordar lo que con tanto calor habíamos discutido durante la noche, sin dedu-
cir de ello otra conclusión que la de los efectos de un oporto demasiado hervido.
Siguiendo nuestro camino de exploraciones al norte, buscábamos el medio
de reconocer los contornos de Vidal Gormaz y faldear al mismo tiempo el cerro
Pissis, mientras que los arrieros nos saldrían al encuentro por otro lado, cayendo
a las vegas de Barros Negros, y de allí directamente al antiguo y conocido aloja-
dero del río Lamas, punto de partida que el jefe se reservaba para partir desde él
la exploración de la parte de puna de Atacama que comienza al norte del cordón
Wheelwright y Juncalito.
Era para él mismo ya desde antes conocida la vía que parte de aquel río hasta
el portezuelo de San Francisco y no teniendo nada de nuevo que ir a ver por aque-
llos lados, comisionó al señor Sundt para que reconociera todo el lado oriental de

-85-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 85 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

la cordillera de Tres Cruces, es decir, rodeándola por el lado argentino, a fin de


conocer mejor su constitución orográfica y geológica.
Muñoz y Pizarro tenían su comisión también por aquella parte austral de la
puna donde yo me les reuniría, mientras que Sundt flanqueaba el San Francisco
por sus vertientes orientales y girando por Antofagasta de la Sierra, se nos reuniría
también en el punto convenido.
La peor parte de este plan tocó al jefe, pues la ruta reservada era impracticable
para pobres exploradores sin recursos y siquiera sin buenos animales para una tra­
vesía totalmente desconocida y de seguro peligrosa por la falta de agua.
Llevaban, en efecto, nuestros animales, dos días com­pletos sin beber, y dentro
del tercer día resultó medanoso el camino y cortado por zanjones que nos hacían
andar y desandar con terrible y abrumadora fatiga para hombres y bestias.
Era el mismo aspecto, la misma apariencia física de los territorios del árido de-
sierto de los montes Rocallosos, en Estados Unidos, a que los primitivos explora­
dores franceses y americanos llamaron sucesivamente mauvaises terres, bad lands y
que nosotros podríamos llamar tierras malditas.
Continuar adelante era tentar a Dios y desafiar a duelo mortal a la misma muer­
te.
El arriero y mi sirviente Demetrio, únicos acompañantes, habían agotado su
provisión de agua al agotar también sus fuerzas en la penosa tarea de cargar y des­
car­gar las mulas en los barrancos, animarlas a gritos y estimularlas a rebenque en el
arenal que las postraba hasta desfallecer.
¿Volver atrás? También era peligroso arrostrar tres días más de camino sin
agua en tales condiciones. Pero, ¿por qué estábamos en esta situación?

– “Ud. erró los nacimientos del Juncalito, patrón” –dijo el arriero.


– “No hombre, no los erré, sino que por ahorrar ca­mino y creyendo que podría
haber agua en aquellos panizos blancos, y sobre todo, por no imaginarme estos
médanos y estas tierras malditas, te indiqué aquel rumbo”.
– “¿Y dónde estamos ahora, patrón?”.
– “Cortando derecho al SO por esos cerros, tendremos 18 leguas no más hasta el
río Lamas”.
– “¡No llegamos nunca vivos, señor!”.

El arriero que se desorienta en el camino es hombre desmoralizado y perdido,


y bajo el tormento de la sed pierde hasta la razón; mi hombre se había vuelto intra­
table y era necesario prometerle agua a todo trance.
Yo estaba seguro de mi posición geográfica, y cierto de que, a rumbo y brújula
en mano, como los marinos, podría dar con las vegas del nacimiento del Juncalito;
mas, ¿y cómo saber si el camino era practicable, si los arenales seguían intermina-
bles en esa dirección y si las tierras malditas nos atajarían el paso?
Tomando un partido, andaríamos un poco, recto al poniente, mirando al sol
has­ta que se nos oculte: allí descansaríamos la noche, y al venir el día resolvería-
mos lo demás.

-86-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 86 26-09-12 13:20


Desierto y cordilleras de Atacama.indb 87 26-09-12 13:20
Yaretas en cerro Taapaca. Putre. Pablo Osses, archivo particular.

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 88 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. iv. de enero a abril de 1885

La oscuridad se hizo impenetrable después que la claridad de la luz zodiacal


nos abandonó como a las ocho de la noche de aquel día, 27 de febrero de 1885.
Era en medio de lomadas que no dejaban horizonte, en el fondo de una caña-
da poco profunda.
La desesperación de las mulas, sedientas, rabiosas y excitadas, como si algo
pre­sintieran o estuvieran viendo, dio infinito trabajo a los dos hombres para poder
ase­gurarlas contra todo riesgo de escape, encontrando poco los látigos disponibles
para amarrarlas contra todo evento.
Imposible era conciliar el sueño con las inquietudes y zozobras de aquella jor­
nada peligrosa.
Un sonido extraño; ruido intermitente y seco, como el efecto de la succión de
alguien que chupa o de un niño que mama, estaba desde largo rato aumentando
mi desvelo e interrumpiéndome el incierto sueño. Era Demetrio, que estrujaba con
sus dientes y labios la lona de mi carpa para ver modo de saciar su sed arrancándo­
le la humedad del rocío.
La tarea de la madrugada, de noche aún, fue ímproba en el trabajo de impedir
que los animales se nos desprendieran de las manos y procurar que se dejaran
cargar y ensillar, tal era su violento y extraño afán de desasirse de los látigos y em­
prender la fuga.
Fue el muchacho Demetrio el primero en montar; mas apenas libre así su bes-
tia, la vi ponerse de un solo salto sobre lo alto del barranco, y de otro más, desapa-
recer detrás del mismo, oyéndose casi al instante gritos y exclamaciones de locura
y arrebato del niño llamando a todos: ... ¡agua!, ¡aa... gua!, ¡aaa... gua!
Habíamos pernoctado, sin apercibirnos de ello a cau­sa de la oscuridad, al lado
de una pequeña vega, pero las bestias, que lo sabían, desesperadas y olfateando
la humedad y pasto verde, ¡habían sufrido durante toda una noche el suplicio de
Tán­talo!
Vuelto al río Lamas, el programa que se imponía era el de reunir todos los
ani­males allí dejados en convalecencia y cargar con los víveres sobrantes para
man­darlos a su tiempo en auxilio de Muñoz y Pizarro.
Encontré el campamento desierto: el cuyano había arriado con todas las mulas,
camino de su tierra, después de proveerse de todo lo ajeno que mejor le cuadra-
ba. Los otros dos peones de nuestra caravana habían partido en su persecución
y volvieron sin haberle dado alcance, recuperando sólo los animales rezagados
que el ladrón no pudo hacer marchar al paso de fuga que le convenía para no ser
atrapado.
Fue éste un nuevo contratiempo y grave percance que me aislaba de mis inge­
nieros y les privaría a ellos de las provisiones que debían serles enviadas en la
opor­tunidad de antemano convenida.
Hube de marchar cordillera abajo precipitadamente y en dirección a las minas
de la Coipa como lugar más inmediato y provisto de algunos recursos que pude
despachar en breve tiempo.
Alcanzaron éstos al ingeniero Pizarro en circunstancias que este esforzado jo-
ven, que hacía entonces sus primeras campañas en la profesión que tanto debía

-89-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 89 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

ilustrar más tarde, había ya enarbolado bandera de auxilio en un alto peñón, cami­
no a Río Grande.
Camino también a Copiapó, hubo de continuar el jefe, en plena derrota y se-
guido del ecónomo Smith, para ver modo de rehacer y reparar el desastre.

-90-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 90 26-09-12 13:20


V
DE ABRIL A JULIO DE 1885

De Taltal a Rio Frío. Chululeras. En el cráter del volcán Lastarria. Ascen­sión al


Chu­culai. Los Andes de la puna. Hecatombe. En Tilomonte. La lengua cunza. Los
pue­blos cordilleranos: Toconao. San Pedro de Atacama. El Fuerte. San Bartolo y
sus minas. Panorama. La gruta de Doña Juana. La travesía del bordo. A Caracoles.
Tra­bajos y reflexiones al caso. El desierto: los cateadores de Díaz Gana. Resumen
y término de la quinta campaña.

L a nueva campaña partiría ahora desde el puerto de Taltal, por cuyas latitudes
más o menos correspondía, en las cordilleras, el campo de las exploraciones sus­
pen­didas en la anterior jornada.
De Taltal, por el ferrocarril hasta Refresco; y de aquí, por las ya conocidas pam­
pas salitreras hasta el portezuelo de Vaquillas, ya nombrado también y que per­te­
nece a la cordillera Domeyko, el viaje se hacía, como se comprende, a lomo de mu­la.
El panorama es aquí de los más interesantes que se contemplan en las cordille­
ras de Atacama.
A sus espaldas ha dejado el viajero el desierto estéril y seco que debe toda la
riqueza de que está impregnado su suelo precisamente a esas mismas condiciones
ingratas que lo hacen inhabitable y refractario a toda idea de civilización, comercio
e industria; a sus pies tiene el alto valle cordillerano, con los últimos restos de las
abundantes fuentes que en pasadas épocas eran lagos alimentados por torrentosos
ríos y abundantes nieves, dando origen su desagüe a los cauces y zanjas que surca-
ron profundamente de oriente a poniente el valle de abajo y vaciaban sus aguas en
el mar; y, asimismo, también en toda su extensión, por doquiera al sur y al norte,
se contemplan los restos de aquella época húmeda, quizá risueña y hermosa que
gozaron los colosales mamíferos de aquellos tiempos: épocas geológicas tan carac-
terísticas por el desarrollo prodigioso de los seres vivientes que sustentaron como
por haber comenzado con ellas la extraordinaria variedad y multiplicación de los
actuales pobladores de la tierra.
En un fondo de lago desecado, que todavía conserva sus residuos de sal y que
acusa en sus otras incrustaciones salinas una serie de fenómenos contemporáneos

-91-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 91 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

o posteriores; que denuncia, en medio de adusto espectáculo de lavas y basaltos,


de volcanes que todavía arrojan humo y de gigantescas alturas coronadas de esco-
ria, y que exhibe todavía tan evidente sucesión de los hechos y transformaciones
profundas verificadas en esta cáscara del globo donde ahora se desarrolla la vida
humana, ¡cuánto misterio se encierra y cuánta reflexión despierta en el observador!
Mas, para el minero, para el industrial, para el simple ingeniero explorador,
allí no hay más que sal común y ácido bórico: tomemos nota, y... ¡adelante!
Bajando las faldas de la cordillera Domeyko al orien­te y contemplando las de la
gran cordillera al poniente, aparece la altiplanicie intermedia como formada de dos
planos inclinados en sentido opuesto y que se intersectan a media distancia, forman-
do una depresión o zanja profunda.
Esta zona más baja corresponde a veces con el fondo de un salar, con un valle
estrecho, álveo de arroyada seca o una simple grieta que ha provocado salida a las
aguas subterráneas y formado lagunajos, vegas y pequeñas corrientes de agua.
Tal es el caso del Río frío, punto que sirvió de reunión y campamento general
durante la segunda quincena de abril de aquel año, a la antes dispersa caravana de
la comisión exploradora.
Entre los caracteres interesantes de aquella localidad figura el camino del Inca,
que hasta allí ha llegado sin interrupción con su línea recta al N 26º E, partiendo
desde el mismo Copiapó.
Al frente, el volcán Azufre, que para distinguirlo de tantos otros azufres de las
cordilleras y en honor del primer autor de un texto de geografía para los colegios
de Chile, llamamos desde entonces Lastarria, ofrece la vista de su alta cumbre
po­blada de una constelación de blancos penachos de vapor que corresponden a
otras tantas fumarolas en actividad; y más al norte el soberbio Llullaillaco, cargado
por todos sus flancos con el peso de inmensas capas de materias fundidas que en
repetidas ocasiones y en contemporáneos tiempos históricos fueron arrojadas desde
su inmenso antro por la espaciosa boca de su inaccesible cráter.
El campamento ocupaba el lecho de la grieta abierta entre murallas de traquita
por donde corre el río Frío y resaltan, con su alegre verde sobre fondo oscuro, las
vegas del mismo nombre.
Arroyo perenne de purísimas aguas que se quisiera levantar de allí, y se levan-
tará algún día, para salud de los pobladores y beneficio de las industrias en el árido
desierto y en el floreciente puerto de Taltal.
Muñoz y Pizarro habían extendido ya sus redes de líneas por las cumbres in­
me­diatas de la cordillera Domeyko ligándolas con las de la Costa y la gran cordille­
ra, y llegando el momento de avanzar, siempre al norte, y de dispersarse otra vez
tomando cada cual sus rumbos y tendiendo hacia el punto común de reunión
previamente designado, los dos ingenieros partieron hacia el Llullaillaco; Sundt
reconocería el trayecto intermedio y el jefe tomaría derecho a la gran cordillera a
investigar su orografía y emprender, si era posible, alguna ascensión importante, al
volcán Lastarria, por ejemplo.
El campo que media entre Río Frío y el pie de la cor­dillera, no es de aquéllos
que se pueden recomendar a nadie sin antes prevenirlo de lo que puede acontecer-

-92-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 92 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. v. de abril a julio de 1885

le, o le acontecerá de seguro, si abandona por un momento la senda más trillada y


se aventura en exploraciones sobre campo desconocido.
El ctenomys fulvus de la ciencia, con su semejante el atacamensis, Mus capito del
Dr. Philippi, roedor, ratón o chululo, que por último lo dice todo, con su antipático
ser y sus irritantes medios de ofensa y merodeo, constituye una de las mayores ca­
la­midades a que el viajero de las cordilleras está expuesto.
Caídas y levantadas de su cabalgadura a cada tranco; a veces hundimiento re-
pentino y súbito del animal en un abismo de tierra y polvo que lo ahoga; cojeando
la bestia de una pata y de la otra; tropezando a derecha e izquierda, cayendo de
bru­ces y atormentándose el jinete en un verdadero infierno de cuevas que no se
ven y precipicios que no sospecha, lo menos que puede sucederle es quedarse a
pie, pues todavía pudiera acontecerle cosa peor.
No hay irritación igual a la que se sufre en aquellas trampas traidoras, infames,
tendidas al inofensivo transeúnte por aquel animalejo oculto que no se deja ver ni
deja siquiera sospechar su presencia en parte alguna.
Hay chululeras nuevas y las hay antiguas, abandonadas: estas últimas son las
te­rri­bles; mas, al fin logramos escapar de ellas y pude descansar de tanta fatiga
mien­tras que los arrieros rehacían las cargas.

– “¡Hay hombres que son una chululera, señor!” –dijo en golpeado catamarqueño
el flemático arriero, tan pronto como hubo terminado sus arreglos para seguir
adelante y alejarnos de aquel purgatorio de cuatro horas mortales.
– “¡No seais bárbaro oh...!” –le replicó Demetrio con cara de asombro y aire de
profunda ingenuidad y candor.

Entrando en vericuetos de cordillera, orillando lagunas, subiendo y bajando


lomas, acampé una tarde al pie del volcán Lastarria.
La transparencia de la atmósfera era infinita, la calma profunda y el juego de
co­lores de la tarde, hermosísimo.
En cuanto a la temperatura de aquella noche de tan inalterable quietud y que
yo no podía apreciar desde mi cama en la abrigada carpa, me la reveló primero el
arriero, cuya barba y bigotes, erizados de agujas de hielo, apenas dejaban entrever
la boca como un agujero en el fondo de una geoda de cristales; enseguida, el ter-
mómetro de mínima me la hizo saber al siguiente día señalando el mercurio en la
última línea de la escala: ¡24º bajo cero!
Barros volcánicos de muy reciente apariencia es lo que primero llama la aten-
ción al pie del cerro, y pudiéndose subir a caballo hasta bastante altura, debido a
lo blando del suelo, compuesto de cenizas y tufos, pronto se llega al borde de las
pri­meras fumarolas.
Los bancos de azufre ofrecen hermosos ejemplares de esta útil materia en esta-
do de pureza y cristalizado en bellas agrupaciones.
El escape de vapor de agua produce un ruido ensordecedor y enteramente
aná­logo al de una máquina de gran presión; y el ácido sulfuroso, transformándose
en sulfúrico, cae como menuda lluvia corrosiva sobre las rocas y sobre el observa-

-93-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 93 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

dor, cuyo sombrero y traje quedan bonitamente agujereados y pintados con salpi­
ca­duras rojas y amarillas.
Algunos de los orificios de escape, en forma de grietas estucadas con lustroso
barniz amarillo jaspeado de rojo, remedan la boca ondulada de esas hermosas con­
chas de gastrópodos que abundan en los mares tropicales.
Subiendo al cráter, los pies se hunden en un polvo fino alcalino y caliente,
compuesto en gran parte de sales aluminosas y también alumbre puro y cristali-
zado, y para bajar al fondo conviene marchar con cuidado para evitar el azufre
fundido que corre entre las rocas. De forma elíptica, como de cien metros de
largo en su eje mayor, el cráter lateral, que mira al poniente, despierta irresistible
in­terés de inspeccionarlo en sus detalles recorriendo las numerosas bocas por
donde se escapan blancos penachos. Fácilmente se llega hasta una cavidad cen-
tral que permanece apagada y tranquila, dando la idea de poder llegar hasta allí
y arrojar una ojeada al fondo del misterioso abismo que se contemplaría desde
sus orillas.
¡Intento vano!, a lo menos por entonces, pues parece que la forma y dimen-
siones de aquellas aberturas circulares, lejos de ser permanentes, deben cambiar
y mo­dificarse constantemente en aquel frágil y deleznable suelo semifundido y
corroído por los ácidos.
Mis pies vacilaban a medida que me acercaba al borde del orificio, y el arriero,
mi único acompañante en esta excursión, me gritaba desde lo alto del cráter que
el suelo era muy delgado, que no avanzara más, o que me tendería su lazo para
ama­rrarme.
Era, en efecto, pavorosa la idea de que aquella débil costra de azufre sobre la
cual marchaba podría romperse bajo mi propio peso y llevarme a satisfacer en el
fondo del espantoso abismo la irresistible curiosidad de mirar demasiado adentro
en los antros de un volcán que todavía respira.
Al salir de aquel recinto caliente y de aquella atmósfera ácida al espacio libre,
la sensación era de infinita calma y dulzura ante el espectáculo siempre nuevo y
eter­namente atrayente de aquellos crepúsculos de mágicos efectos en las altas cor­
di­lleras.
El Sol, rojo y enorme, bajaba hasta el ras de la tierra y se encogía replegándose
sobre sí mismo, como si se suspendiera indeciso antes de sepultarse en el vacío
oscuro.
El hielo penetrante de la atmósfera no había congelado el agua en la laguna:
se sentía en partes tibia, como que bañaba los pies de una montaña en ignición,
y su colorido era delicioso en medio de las montañas que iluminaban los últimos
resplandores del día.
El itinerario trazado me llevaba ahora al norte clavado, derecho al Llullaillaco,
cuyas faldas occidentales debía reconocer y en uno de cuyos valles encontraría el
campamento de mis compañeros y de toda mi gente.
Cortando así a través de estorbos y ramificaciones de cerros desprendidos del
gran macizo de la cordillera, la travesía sería lenta y molesta con sus subidas y ba­
ja­das, pero interesante por sus variados aspectos, por sus paisajes severos y por su

-94-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 94 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. v. de abril a julio de 1885

re­veladora composición geológica; sus lagunas siempre circundadas por estrati­fi­ca­


ciones de útiles materias, como los boratos y carbonatos alcalinos y el sulfato de so­
dio compacto y cristalino, en masas perfectamente puras que se precipitan al ba­jar
extraordinariamente la temperatura del agua para volver a disolverse ensegui­da.
Examinando estos depósitos y tomando muestras de ellos para su estudio en
el laboratorio, trascurrieron algunos días de aquella excursión, no sin algunas vaci-
laciones, idas y venidas antes de acertar a dar, en aquellos parajes completamente
desconocidos, con el río o valle de las Zorras de Guanaqueros, donde estaba acam-
pada la caravana exploradora.
Estaban allí Pizarro y Muñoz, con toda la gente, y don Lorenzo Sundt, quien
tenía alguna novedad que referir sobre su cruzada desde Puntas Negras, que había
hecho solo, en animal cansado, cabalgando enseguida a burro y el resto a pie,
ator­mentado por la sed y hasta tal punto de cruzarse un día por su mente lúgubres
ideas de despedida y adiós a la vida.
No fueron malos días los de Guanaqueros: las excursiones se sucedían sin in­
terrupción, los animales retozaban en las vegas, Salvatierra proveía con abundan-
cia y no faltaba de cuando en cuando una pisaca o una vizcacha para la olla.
Toda idea de ascender a la cumbre del Llullaillaco se desvanecía como una ilu­
sión acariciada en vano: no teníamos elementos para emprenderla y era necesario
conformarse con otra altura más accesible para estacionarse en ella con el teodoli-
to y abrazar un gran horizonte con sus visuales.
La cumbre elegida por el ingeniero Pizarro fue el Chuculai, en la cual se re-
unían las dos circunstancias de ser la más alta posible y tan inmediata al Llullailla-
co cuanto se pudiera.
Larga y penosa fue la ascensión, y una vez más, al llegar a la cumbre, tuve oca-
sión de comprobar lo antes dicho respecto de lo frecuente que es encontrar signos
de la presencia del hombre indígena aun en las más inesperadas alturas, siendo, en
esta ocasión, un cuchillo de cobre el objeto encontrado.
Los aneroides de más alta graduación que llevábamos habían sido dejados aba-
jo para impedir su desarreglo apurándolos hasta su última indicación, y estimando
por otros medios la altura restante, resultó que rayábamos en los 5.800 metros.
Aquella montaña no tenía en su cúspide mucho más del espacio necesario
pa­ra que Pizarro armara su teo­dolito y pudiéramos libremente girar alrededor; su
distancia al norte del Llullaillaco era justamente 9 kilómetros, y tomando el ángulo
de inclinación a la cumbre del gigante resultaba éste unos 800 metros más alto.
Bajar una montaña es, indudablemente, más fácil que subirla, por lo cual se-
guíamos siempre el precepto del gallego: “Para las cuestas arriba, venga mi mulo:
que las cuestas abajo, yo me los subo”. Más hay bajadas que uno cambiaría de
buen grado por una subida, aun cuando no fuera sino por aquello de que el peligro
a la espalda no se ve.
Bajar a pie, rasguñándose uno las carnes por arrastrarse o resbalar a raíz de los
riscos para no irse cuesta abajo; pasar sobre esas tierras movedizas que se dan el
placer de seguirnos en el vertiginoso e involuntario descenso, excediendo a veces
nuestra propia velocidad, arrojándonos por la blanda y precipitosa pendiente co­

-95-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 95 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

mo rollo que rueda y tumbándonos en una y más vueltas de carnero o saltos de


acró­bata verdaderamente mortales no es, en realidad, el mejor de los medios de
bajar para dar envidia al que sube.
La partida desde el cómodo campamento de las Zorras, al norte, no se haría,
estaba visto, con facilidad y sin algún desagradable percance.
Los animales todos, aniquilados con tanta fatiga en aquellas regiones y con las
terribles subidas a lo alto de las cumbres; talado el pasto en las vegas y teniendo la
expectativa de algunos días sin este recurso y quizá también sin agua, y entrado, por
fin, el helado invierno que ya comenzaba con rigor en la primera quincena de mayo,
se hacía difícil y peligroso, pero no imposible ni sin remedio, el viaje ade­lante.
La nueva jornada sería hasta Tilomonte, lugarejo donde moraban algunos in-
dígenas y donde podía contarse con algunos auxilios.
Hasta el Agua Delgada y el característico volcán Socompa, el panorama ofre-
cía vivo interés por sus especialidades como región volcánica, con sus corrientes
de lavas color rojo de sangre y de negros basaltos; la piedra pómez teñida de
ver­de y amarillo, formando como bancos de espuma que refleja colores de iris al
sol, los cráteres oscuros y rojizos con sus bordes erizados de puntas y rocas confu-
samente destrozadas, invertidas, calcinadas, fundidas y semifundidas, vidriosas y
escoriáceas, revelando todos los tormentos y efectos destructores del fuego y de las
fuerzas subterráneas y movimientos seísmicos que en tan colosal escala ejercieron
su imperio en aquella región potente y altísima de los Andes.
El espectáculo de esta real cadena de alturas es incomparablemente bello y
grandioso mirándola desde allí recta al norte hasta el piramidal Licancabur, que la
termina por aquel rumbo.
Un ejército de gigantes con pies de granito, cuerpo de escorias y vientre de
fue­go; nevadas y humeantes las cabezas; enfilados en interminable línea de batalla
so­bre el ancho zócalo del continente que contemplan a sus plantas; destacados en
toda su corpulencia y contornos esos cíclopes y envuelto todo el colosal y sublime
espectáculo en el baño azul de la transparente atmósfera a lo lejos, es un cuadro de
indefinible grandeza y hermosura que pocos hombres habrán contemplado igual y
quizá no otro lugar de la tierra lo ofrece semejante.
Más adelante, en Botijas y otros puntos, se ofrecen hermosos ejemplos geoló-
gicos de la acción de los hielos y las aguas sobre las rocas, labrándolas y dándoles
caprichosas formas de tazas, recipientes pulimentados y huecos relucientes como
conchas nacaradas en forma de bañaderas dignas de hadas y diosas.
Todo esto era muy interesante, pero el mal estado de las cabalgaduras empeza-
ba a dispersarnos y alejarnos los unos de los otros según el grado de extenuación y
cansancio a que iban sucesivamente llegando.
Después de una noche de completa privación para las pobres bestias, les espe-
raba otro día más de trabajo por caminos pesados y a veces medanosos o cubiertos
de escorias y bombas volcánicas, no pudiendo ser sino intercadente y penoso el
viaje, cambiando las cargas de la una a la otra, aliviándolas en lo posible y apu-
rándolas a la vez, pues no había tiempo que perder y la jornada era forzosa en el
último día, hasta llegar a Tilomonte, punto único de salvación.

-96-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 96 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. v. de abril a julio de 1885

Entrada la tarde, y con la expectativa de una noche oscura y siniestra, comenza-


ban los arrieros a apelar al caso extremo –como el capitán de buque cuando ordena
echar carga al agua– de dejar sucesivamente un atado aquí, un cajón más adelante,
y otro y otro hasta dejar a las bestias solas con el peso de su propio cuerpo.
La oscuridad de la avanzada noche aumentaba la angustia con la incertidum-
bre del camino y los tormentos del cansancio que ya extenuaba también a los hom-
bres, mientras que el olor a muerto que despedía el lomo destrozado y putrefacto
de las bestias agregaba a la situación el aspecto fatídico de una postración completa
en pleno desierto de cordilleras.
Entre rocas negras, el fondo de arena blanca producía como una luz fosfores­
cen­te que desfiguraba traidoramente los objetos y engañaba la cansada vista ha-
ciendo ver abismos donde no los había y precipitándonos en ellos donde no se
veían; siempre el tormento de una ilusión y lo incierto de una oscuridad, más
os­cura aún con los reflejos vagos de aquella luz engañosa.
Una mula había caído para no volver a levantarse más, y otra que le seguía,
como envidiando su suerte, se desplomó sobre ella, y siguiéndoles a éstas una ter-
cera y otra más, se aumentaba con todas ellas la fetidez de la muerte, pareciendo
que allí iba a ser la tumba común para toda la caravana.
Los hombres no hablaban: gemían y trataban de desarrollar fuerzas para man­
te­ner el último aliento de las bestias, esperando que la desesperante situación pu-
diera terminar junto con la lóbrega y eterna noche.
Al fin, al oriente se iluminaba el horizonte de un indeciso resplandor de ale-
gría: el alba fría se anunciaba con reflejos de luz plateada, y bien pronto, entre
arre­boles encarnados, destellos de oro y torrentes de claridad deslumbradora, vino
el Sol con su calor, y con el calor la restauración de las fuerzas y la reanimación del
decaído espíritu. La vista, a lo lejos, de una zona oscura del color verde esperanza
de los oasis del desierto anunciaba la salvación.
Era Tilomonte un bosque de corpulentos algarrobos y chañares y un pequeño
prado alfombrado del fresco ver­de de la brea en contraste con el glauco plateado
del cachiyuyo; un arroyuelo, una vega pastosa, potreros alfalfados, algunos árboles
frutales y unas cuantas chozas y ramadones que nos parecieron pasables moradas,
nos sirvieron de cómodo sitio para descansar algunos días.
La mulada había sido más que diezmada por la última terrible jornada, y,
entre los animales del todo perdidos y los inutilizados para continuar sirviendo, la
pérdida era demasiado sensible para poder continuar viaje y distribuirnos todos en
exploraciones demasiado lejanas.
No obstante, toda la importante región occidental de la gran cordillera queda­
ba regularmente explorada hasta Tilopozo, Puquios e Imilac; se habían tomado
los contornos de este salar y del de Pircas Negras, parte del gran salar de Atacama
hasta las vegas de Carvajal y algunos trechos hacia el interior de las cordilleras,
hasta las antiguas minas de Tilomonte y otros parajes.
La triangulación avanzaba sin tregua, habiéndose ya extendido a todo el largo
de la cordillera Domeyko, que terminaba, como natural pirámide demarcadora,
en el cerro del Quimal, notable altura de doble cumbre que se levanta abrupta

-97-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 97 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

sobre la gran meseta atacameña y en las orillas donde termina, al sur, el mar de sal
y de borato de cal que se llama Salar de Atacama.
El panorama de Tilomonte al oeste, abrazando toda aquella extensa superficie,
es de los más desolados por su esterilidad, a la vez que grandiosos por su impo-
nente solemnidad y espantable magnificencia, si pudiera así decirse. Siempre los
tintes pardo-rojizos y amarillentos, con el blanco deslumbrante de los campos de
sal, como si los cubriera la nieve; en parte los fatigosos médanos terribles donde
reverbera el Sol, hiriendo la vista con sus reflejos en el cuarzo y el talco de las are-
nas, y calcinando las carnes del viajero con un calor de 40 grados en la sombra de
la media tarde, para congelarlas enseguida con la brusca transición del frío de la
noche que baja hasta varios grados bajo cero.
Inmediata, al oriente, la cordillera de los Andes, como una muralla colosal eri-
zada de conos y chimeneas, con sus colores oscuros o rojizos y sus orlas de nieve;
y al occidente, a lo lejos, en los horizontes límpidos, de infinita profundidad, los
perfiles de las montañas del desierto central y de la remota región marítima, entre-
lazadas y superpuestas, con los contornos secos y duros que les da la aridez de su
superficie, y que la transparencia de aquella atmósfera deja ver y presentir en toda
la realidad de su absoluta desnudez.
Y en verdad, desde esos parajes se divisan las alturas de Limón Verde y Ca-
racoles, y se creería haber podido ver brillar en ellos sus crestones metálicos y
reventones de plata, antes que el pico del cateador los entregara a la voracidad de
la explotación minera: tal se divisan de claros y perceptibles los detalles en aquella
atmósfera tan intensamente iluminada.
Los días de campamento en Tilomonte, como era de costumbre, se ocupaban
en las observaciones astronómicas de longitud y latitud, en los de declinación mag-
nética, de temperatura, etc., pero en esta ocasión comenzaron también a extender-
se a algunas indagaciones filológicas, tarea en que tuve por auxiliar de aquella pri-
mera tentativa al ingeniero Pizarro, que recogió algu­nas voces de boca del anciano
patriarca de aquel lugar, don Juan Matías Silvestre, entonces de 98 años de edad.
La longevidad ofrece casos muy extraordinarios en aquellas localidades de
vi­da patriarcal, y sólo entre los ancianos de más o menos un siglo de edad se con-
serva la posesión del idioma indígena de aquella región que se circunscribe a la
cuenca geográfica de Atacama propiamente dicha.
Tuve siempre gran interés, ya que se emprendía el estudio industrial y geográ­
fico de aquel territorio, en agregar también todo lo que me fuera posible sobre
el idioma y costumbres de los indígenas que lo poblaron y de los cuales quedan
aún tipos puros que bien pronto habrían de desaparecer sin dejar vestigio de su
pa­­sado.
A fin de salvar y conservar algo de esta reliquia de la filología americana, repetí
mis indagaciones en Peine, lugarejo inmediato y de mucha mayor importancia que
Tilomonte, sirviéndome del anciano Manuel Pachao, que se decía tener 120 años
de edad y que conservaba fresco no sólo el recuerdo de las campanas de Belgrano
sino que, también, se remontaba hasta acontecimientos vecinos a la creación del
virreinato de Perú.

-98-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 98 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. v. de abril a julio de 1885

Entre otros casos extraordinarios de avanzada edad en aquella vida de fruga­


lidad y de tan perpetua tranquilidad de espíritu se hacía referencia a Vicente Lucia-
no, fallecido hacía poco tiempo por entonces, a los 140 años de existencia. Confir-
maba esto el mismo don Martín Silvestre y agregaba Pachao, entre otras pruebas,
la de haberse inscrito uno y otro como soldados, antes de la batalla de Vicalpujio,
este último con 52 años por entonces, mientras que su compañero Luciano podía
por aquella misma fecha haber sido su padre, y era ejemplo en el ejército, agrega-
ba, por lo viejo en años y lo joven en valor y energía.
En Toconao, y así sucesivamente, hasta llegar a San Pedro de Atacama, fui
poco a poco adquiriendo los rudimentos de la lengua Cunza que ya han visto la luz
pública y que han servido de base para nuevos estudios e indagaciones por diver-
sos escritores extranjeros y nacionales, entre éstos, don Aníbal Echeverría Reyes.
El día 12 de mayo levantábamos tiendas de Tilomon­te, tomando los unos por
la orilla del salar y el jefe por el camino del Inca que sigue por la falda de la cor­
dillera, designándose como próximo punto de reunión general el pueblo de Toco­
nao.
Sobre fondo de antigua andesita gris, se ven descansar unas estratificaciones
de rocas calizas, margosas, a veces aragonita, con intercalaciones de sal, yeso, etc.,
residuos de las antiguas orillas del gran lago, hoy disecado o escasamente cubierto
de aguas someras o pantanosas.
En Peine obtuve noticias de las antiguas minas de Lankir, situadas a cierta dis-
tancia al interior y abandonadas por entonces; tuvieron su época de auge por los
ricos metales de plata que produjeron en alguna cantidad y me pareció necesario
deber llegar hasta ellas a dar una vista de ojo y poder transmitir alguna idea acerca
de su importancia. Están estas minas a corta distancia de Peine, y lo poco que de
ellas puede decirse tendrá su correspondiente lugar más adelante, en otro libro.
Un simpático vocerío, el murmullo característico de la escuela, como concierto
de vocalistas de todos los timbres y registros, en todos los tonos y desentonos, pero
con cierto acento rítmico y no desagradable sonoridad, fue el primer ruido que
llegó a nuestros oídos al penetrar en lo más denso del pequeño caserío de Peine.
¡Al fin!, ensayos de ilustración y en tan apartado rincón de las desiertas cordi-
lleras, era un momento de contacto con la civilización y un ejemplo que habríamos
deseado poder estimular con premios y munificencia.
Hombres y niños, pobres lugareños de pura sangre indígena, deletreando el si­
la­bario de Sarmiento y trazando palotes y hasta elegantes planas de caligrafía en el
más puro tipo de letra inglesa, nos pareció portento y maravilla en aquellas alturas.
Y aquella escuela no era fiscal, ni recibía su preceptor más remuneración ni
más elementos que lo procedente de la suscripción de un pueblo que no constaba
sino de 60 habitantes, entre niños, mujeres y viejos.
Adelante de Peine viene Socaire, lugar de recursos también para el viajero, pe­
ro de menor significación que Peine; luego Camar, lugarejo igualmente útil por al-
gunos pequeños cultivos y en situación agradable y pintoresca. Siguiendo la misma
ruta a la vista de la serie de cumbres volcánicas, el Meñiques, el Léjia, el Lackar,
etc., se cruza el camino real de Atacama a Salta y se cae por sobre densos médanos

-99-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 99 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

y cordones de dunas viajeras al zanjón de Sóncor, que también mantiene en su


arenoso fondo algunos cultivos.
Avanzando siempre, se cruza el pequeño río de Aguas Blancas y se llega por
fin, sin salir de médanos, al pintoresco Toconao, el jardín de la puna atacameña
occi­dental, situado a inmediaciones del esbelto Licancabur.
Las puras aguas de un arroyo que se ha cavado hondo cauce en un suelo de
tu­fos traquíticos se precipitan en rápidos y cascadas, con descanso de trecho en
tre­­cho donde se recogen en estanques de caprichosas y variadas formas, reprodu­
cien­do el conjunto un extraño y gracioso remedo de un Edén en miniatura, de
un Niágara diminuto con todos sus accidentes y bellezas, pero engastado como el
dia­mante en bruto, en roca viva, en vez de dilatado en inmensa pradera de verdor
y maravillas de la industria.
Verdadero objeto de juguetería en que todo está reducido a lo más pequeño: el
pueblo, las casas, las proporciones del paisaje y hasta la subdivisión territorial: diez
cuadras de bosque secular, de cultivos, arboledas frutales, de jardines y potreros
al­falfados, lagos y cataratas ¡para trescientos habitantes!
La irregularidad y el desconcierto es la nota dominante en este curioso pueble-
cillo de propietarios urbanos y rurales.
Donde se inicia el diminuto remedo de valle se aglomeran casitas o cuartuchos
de piedra traquítica regularmente canteada, sin orden ni disposición alguna mirando
los unos al poniente mientras que los otros, al lado o al frente, miran a todos los rum-
bos; y desde allí abajo siguiendo la pendiente a saltos, en una sucesión de rápidos y
caídas verticales, se anda un intrincado laberinto de sendas y se tropieza a cada cinco
pasos con algún cercado que debemos salvar por alto, una zanja que es preciso saltar
al vuelo o una ladera resbaladiza que requiere precauciones; y así, hemos recorrido
en media hora las heredades de muchas familias que poseen una o más áreas de te-
rreno, pero que proveen a su subsistencia por el lujoso privilegio de darse allí buena
la uva y excelentes otras frutas tan apetecibles como duraznos, peras, higos, etc., que
encuentran lucrativo mercado de expendio en Atacama, Caracoles y Calama.
De Toconao a San Pedro de Atacama, la antigua capital de la puna, el camino
deja los arenales a poco trecho, costea las orillas más o menos pastosas del gran
salar en su ribera norte y entra en territorio relativamente agreste al acercarse y
penetrar en los aíllos o distritos agrícolas en que está subdividida la considera­ble
extensión de terreno que riegan los ríos Vilama y Atacama.
Llegar, en nuestro estado y condiciones, a un pueblo edificado, con plaza y
calles, con tiendas y almacenes de comestibles, con autoridades administrativas
y judiciales, eclesiásticas y militares, con oficina de correos y telégrafos, iglesia y
escuelas, era realmente llegar a un centro civilizado, de recursos y reparación, aun
cuando todavía estuviéramos en plena región de punas y cordilleras.
La fundación de este pueblo se hace remontar a los tiempos del imperio perua-
no y a la autoridad del inca Yupanqui, el famoso conquistador de Chile, llegando
más tarde, durante la conquista española, a formar parte de la concesión hecha a
Almagro en 1534 bajo el título de gobernación de la Nueva Toledo o Charcas, pa-
sando enseguida, después de la muerte de aquel héroe, a la jurisdicción del virrei-

-100-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 100 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. v. de abril a julio de 1885

nato de Perú instituido por Carlos V en 1542, y por último, en 1776, al virreinato
de Buenos Aires e intendencia de Potosí.
Constituida la nacionalidad boliviana en 1825, Ataca­ma pasó a ser parte inte­
grante de la nueva república, junto con toda la altiplanicie o puna oriental de An­
to­fagasta y Pastos Grandes.
A la fecha de nuestra primera arribada al pueblo de Atacama, ya dentro del ré-
gimen instituido por el pacto de tregua chileno-boliviano de 4 de abril de 1884, era
subdelegado del departamento don Juan Santelices, pa­ra quien todos los que por
allí han pasado en comisiones públicas, han tenido palabras de encomio y gratitud
por sus oficiosos y desinteresados servicios. Para nosotros no será ésta la última vez
que tengamos ocasión de retribuírselos, siquiera con el mero tributo de público re­
co­nocimiento y en homenaje de justicia a un celoso servidor de la nación.
Por lo demás, no siendo de este lugar lo pertinente a los recursos naturales o
industriales de las localidades recorridas en nuestro largo itinerario de explorado-
res, dejaremos, por ahora, todo lo demás concerniente a la capital atacameña, para
otras páginas de este libro.
Después de breves días en Atacama, dedicados a la exploración de los alrede-
dores, y a reparar los desastres de las últimas jornadas, que nos habían reducido
a reemplazar nuestros animales mulares con burros y lla­mas, y habiendo toma-
do todas las observaciones de costumbre, astronómicas y meteorológicas, llegó la
oportunidad de dirigirnos río adentro de Atacama hasta el establecimiento minero
y minas de barrilla de cobre de San Bartolo.
El viaje se encuentra interesante, con sólo la diferencia que va de un paisaje
relativamente agreste y florido a los de campos medanosos o cubiertos de sal que
acabábamos de recorrer con tantos trabajos y fatigas.
No abundaba en los campos la flora vistosa y pintada de vivos colores, pero
es­maltaban agradablemente el suelo la brillantez del verde de la brea y el blanco
pla­teado del cachiyuyo, algunas florecillas alegres y la olorosa rica-rica para em-
balsamar el aire ambiente.
A los grupos naturales de algarrobos y chañares se unen algunos perales e hi-
gueras, alfalfares y trigales, que acaban por halagar la vista y tranquilizar el espíritu
del viajero que logra verse, al fin, como en una tierra prometida donde a lo menos
no faltará el agua ni lo más in­dispensable para la subsistencia.
Es objeto digno de visita el fuerte o reducto de defensa donde se dice que los
naturales se defendieron con­tra los invasores españoles; lugar verdaderamente de-
fendido conforme a la estrategia acostumbrada, con abruptas y verticales paredes
naturales difíciles de asaltar y tomar de frente o por los flancos, y sin más posible
medio de invadir que por su largo rodeo a retaguardia.
Figúrese el lector el famoso Morro de Arica, enorme peñón que cae a pique
sobre la playa desde conside­rable altura y se defiende a sí mismo por sus costados,
siendo sólo vulnerable a mano armada y corazón sin miedo por la meseta desde
donde los soldados chilenos lo asaltaron el 7 de junio de 1880.
Tal es el sistema o modelo de defensas que usaban los antiguos pobladores de
América y de cuyo mismo tipo se ven numerosos ejemplos por doquiera, extrañán­

-101-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 101 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

dose el viajero de ver todavía poblaciones habitadas, como Caspana, en las inme-
diaciones del Loa, así edificadas sobre precipicios casi inabordables.
Es el mismo sistema de construcciones que en el país de los calchaquíes se lla-
ma pucará, como colgadas de los barrancos y altas laderas, y lo mismo, exactamen-
te como las he visto en el antiguo México, ahora estados de Arizona y Colorado
de Estados Unidos de Norteamérica, donde los turistas y hombres de estudio las
visitan con extraordinaria curiosidad y científico interés.
El fuerte de Atacama no es ahora sino un hacinamiento de pequeñas construc­
cio­nes en ruina: murallas de circunvalación de las que apenas quedan restos, to­
rreo­­nes de forma circular y construcciones cuadrangulares sin orden ni concierto
apa­rente, todo sobre terreno de lavas y riolitas con sus reflejos rojo amarillentos.
Río adentro, al camino deja el valle donde éste se encajona y estrecha, para
su­bir sobre los barrancos desde cuyas alturas todo el aspecto es el de una superfi-
cie indefinidamente cubierta de iguales deyecciones volcánicas, alternándose así
los aspectos del paisaje siniestro de rocas áridas y calcinadas por el fuego, con la
re­frescante y alegre vista del campo verde surcado por el arado y las canaletas de
re­gadío.
Donde termina una dilatación espaciosa del valle y empiezan angostas gargan-
tas emparedadas entre altísimas murallas de areniscas rojas, allí mismo comienza
la formación de los depósitos de barrilla de cobre.
Esta extensísima zona de idénticos caracteres geológicos por doquiera, con sus
sedimentos de arenisca cobriza y a veces también con hermosas concreciones de
plata nativa, es la misma donde tiene su asiento característico el antiguo y famoso
Corocoro, de Bolivia.
En la fecha de nuestra visita, 8 de junio de 1885, el establecimiento de adminis-
tración, el trapiche y todas sus rudimentarias máquinas de concentración, existían
en ruinas, y ni un solo habitante había allí de quien tomar informaciones y a quien
aprovechar como guía para dirigirse en la inspección de las minas.
Éstas, por otra parte, habían sufrido las consecuencias de una crecida extraor-
dinaria del río que las inundó, inhabilitando por completo sus labores.
Manifestaciones de la presencia del cobre se descubrían a cada paso en el
exa­men de los estratos teñidos de verde cardenillo y en la frecuente existencia de
la barrilla de cobre metálico en granos, racimos, placas y concreciones, así como
del oxídulo de cobre y la domeykita, aparte del muy significativo signo del intenso
co­lor verde y azul de los filamentos de agua que filtran de entre los estratos y que
van a contaminar todavía con sulfato y cloruro de cobre las saladas aguas del río
Ata­cama.
Aquellas gargantas estrechas y obstruidas por los inmensos escombros caídos
que apenas dan paso saltando por sobre ellos y rozándose contra sus ásperos can-
tos, ofrecen vistas verdaderamente imponentes por la majestad de las proporciones
y por las extrañas formas de una arquitectura verdaderamente portentosa. Los co-
lores oscuros de las areniscas pardas y moradas resaltan por el contraste con el de
la bóveda azul que el cielo forma sobre aquella gran galería natural, y se disuelven
en sombras que afectan formas colosales al venir la semiluz de las horas de la tarde.

-102-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 102 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. v. de abril a julio de 1885

La mirada penetra por entre claros y abismos en que se dibujan los relieves
de gigantescas obras construidas con enormes bloques de piedra superpuestos en
atre­vida sucesión de figuras arquitectónicas del característico estilo que se eleva al
cie­lo en pirámides y agujas, pugnando por excederse en altura y majestad las unas
sobre las otras.
Pórticos y peristilos por donde penetran los rayos del sol dorando los contor-
nos; puertas y ventanas que dejan entrar raudales de luz; basamentos y pedestales
que soportan un tronco de columna, un bosquejo de estatua y otras caprichosas y
fan­tásticas esculturas, se modifican y transfiguran, aumentando todo en solemni-
dad y misterio, cuando el fondo de aquella gran construcción de la naturaleza se
ba­ña en el tinte violado del crepúsculo y comienzan a encenderse una a una las
estrellas en la bóveda azul que la cubre como espléndida techumbre.
El viaje a San Bartolo completaba por aquel lado las exploraciones de la puna
occidental, permitiendo ligar la triangulación con las últimas cumbres que la limi-
tan por el oeste hacia el valle longitudinal del desierto y por el norte con las caídas
a los ríos Loa y Salado.
Para los aficionados y viajeros observadores, y recordando aquí el interés con
que en estos tiempos se habla y discute sobre la puna de Atacama y sus cordilleras,
daremos algunos rumbos de orientación a algunos de los más notables puntos de
referencia.
El panorama es interesante desde cualquier punto arriba de los barrancos, so-
bre las alturas del bordo de Atacama, que es como se llama el cordón de alturas y
eminencias en que empieza la planicie que se extiende al oeste del pueblo.
Desde allí se presenta en espléndido desarrollo la vis­ta de la gran cordillera: al
frente, mirando al este, destacándose como un cono geométrico, por la regularidad
de sus líneas, el Licancabur, la atalaya del pueblo; al sur, el Quimal, con su doble
cúspide y como baluarte o reducto extremo donde termina bruscamente el cordón
continuo de la cordillera Domeyko.
A lo lejos, al norte, los imponentes nevados de San Pedro y San Pablo; más
acá el humeante volcán Machuca, con su cráter pintarrajeado de pinceladas amari­
llas, rojas y blancas; el Hécar, el Laskar, también con sus penachos de vapor en
lo alto; y al extremo opuesto el Pular, con su diadema de reina, el Socompa y el
Llu­llaillaco.
En el fondo, la extensa sábana de deslumbrante sal, tendida como inmenso
sudario sobre aquella naturaleza muerta que no vive sino en el fuego interno de
sus volcanes extinguidos y en los escasos manantiales y pequeñas praderas que
desde lejos parecen como constelaciones de esmeraldas, dejadas como recuerdo y
testimonio de lo que antes fue quizá continua y dilatada alfombra de vistosas flores
y perenne verdor.
Si el viajero parte de Calama, por la vía de San Bartolo, y se detiene un mo-
mento sobre la pirámide allí levantada como punto de observación, precisamente
sobre el establecimiento minero, tomará, mirando al Quimal, rumbo al S 37º O
y con esta base encontrará, midiendo los ángulos correspondientes, los siguientes
puntos:

-103-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 103 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Ángulo Quimal - San Bartolo - Chuschul 112º23’40’’


Ángulo Quimal - San Bartolo - Lila 318º51’20’’
Ángulo Quimal - San Bartolo - Socompa 312º21’20’’
Ángulo Quimal - San Bartolo - Meñiques 290º05’00’’
Ángulo Quimal - San Bartolo - Lejía o Likia 279º20’00’’
Ángulo Quimal - San Bartolo - Torre de Toconao 272º29’40’’
Ángulo Quimal - San Bartolo - Licancabur 239º05’00’’

Ahora, si continúa el viajero el camino real de Atacama a Toconao, puede,


desde este último pueblito, estacionándose a inmediaciones de la iglesia, tomar las
siguientes situaciones con azimuts magnéticos, lo cual lo pondrá al corriente de los
detalles de aquel enjambre de volcanes:

Visual al Nigrigal (Halchajlí: negro) N 14¼º E


Visual al Macón (parte más alta) N 28½º E
Visual al Azufrera (cumbre aguda) N 38º E
Visual al Chucumpurí (mosquitos del agua) N 53º E
Visual al Hécar N 79º E
Visual al Laskar (lengua) S 64½º E
Visual al Tumisa S 44 ½º E
Visual al Lejía o Likia (pelado) S 56º E
Visual al Uttacusis (volteado, caído) S 71º E
Visual al Guaillaquis (pajonal) E
Visual al Yalqui (algarroba) N 76º E
Visual al Chasca N 61¾º E
Visual al Socompa S

Como curiosidad digna de ser visitada, los pobladores de Atacama recomien-


dan, ante todo, una visita a la cueva de Doña Juana, y para satisfacerla es necesario
andar expresamente una buena hora de camino al sur, al costado del bordo, hasta
penetrar en las rugosidades de su falda, donde la infiltración de las aguas ha produ­
cido la mentada caverna.
No ha sido la gota de agua eterna que socava la dura roca y disuelve sus ele-
mentos por acción química llevándolos a largas distancias donde deposita nuevos
sedimentos y concreciones, restituyendo al suelo lo que del suelo fue arrebatado.
En las formaciones de areniscas arcillosas con sal y yeso que constituyen el ca-
rácter geológico de todo el bordo de Atacama desde su extremidad más boreal en
la cumbre de Chuschul, que mira al río Loa, hasta su término austral a los pies del
Quimal, las condiciones son muy aptas y favorables para la formación de cavernas,
pero al mismo tiempo son también desfavorables para su prolongada subsistencia,
en razón de la excesiva solubilidad de la sal común y lo inconsistente del terreno,
razón tal vez por la cual son raros aquellos casos de curiosidad natural tan sorpren-
dentes por sus magnitudes y belleza en otras partes.
Los estratos de arcilla blanda y desmoronadiza, al impregnarse de sal en su su-
perficie por efecto de las aguas que tan profundamente los corroen y tan saturadas

-104-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 104 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. v. de abril a julio de 1885

están de esa materia, al mismo tiempo que de cierta proporción de sulfato de cal-
cio, adquieren al sol y al aire una dureza relativa y solidez que las convierte en un
verdadero conglomerado salino, haciéndolas ásperas y cortantes; agregándose a
los aspectos extraños y fantásticos que de estas circunstancias resultan, un laberinto
inextricable de luces y sombras, de ángulos entrantes y salientes, alturas y precipi-
cios, columnas, pirámides y túmulos de aspecto funerario, a cuyo espectáculo, en
pleno silencio de muerte, se reúne el continuo estallido seco y a veces alarmante
de las decrepitaciones de la sal.
Entrando por entre el claro de estas construcciones que enfilan la entrada de
la gruta, mi sirviente Demetrio y yo, sólo los dos, en medio de solemne quietud y
antes que el Sol comenzara su acción sobre el agua higrométrica de la sal, yo escri-
bía en mi cartera mientras que mi acompañante miraba con recelo aquellas figuras
y aparentaba poca disposición para aventurarse adentro de lo que él tomaba por
si­niestra cueva de duendes y brujos.
Una fuerte y repentina decrepitación, brevísima y seca como el estallido de la
chispa eléctrica, no produjo más efecto que agrandar desmesuradamente la órbita
de sus ojos, pero otra detonación más, y otras, sucediéndose en número y aumen-
tando en intensidad de estampido, acabaron por dejarme solo, huyendo el espanta-
do muchacho a lo lejos con el terror del que ha visto al diablo o presiente estarse a
las puertas del infierno.
No tenía medios de satisfacer el interés de buscar restos fósiles en el piso de
la caverna, lo que bien pudiera haber revelado algún interés arqueológico por lo
menos; lo poco que pude hacer no dio resultado alguno.
A distancia de unos cincuenta pasos de la entrada el cielo de la gruta se ha
des­­plomado hasta el sol, formándose como una gran claraboya por donde entran
to­rren­tes de luz y de agua de las lluvias que en breve modificarán el actual aspecto
en aquel punto que aún ofrece algo de importante a la vista, con sus estalactitas e
incrustaciones salinas de inmaculada blancura.
La inclinación de los estratos entre los cuales está oprimida la sal es bastante
fuerte para poder andar a pie, a lo menos en aquellos trechos donde su separación,
determinando una anchura como la de una galería ordinaria de minas, da espacio
bastante; mas al bifurcarse el cañón principal y estrecharse las paredes, no es posi-
ble seguir cómodamente la exploración y llega entonces el caso de dejarse oprimir,
arrastrarse y vencer todo obstáculo hasta conseguir avanzar algunos cientos de me­
tros en vueltas y revueltas, subidas y bajadas.
Se descubren entonces algunas cámaras, pequeñas y más o menos espaciosas
y altas donde las estalactitas y estalacmitas se corresponden ofreciendo aquel as-
pecto hermosísimo de columnas en embrión empezando a construir por sus dos
extremos, formándose la coronación y la base antes del fuste; otras en que toda la
construcción está terminada, figurando pequeñas salas con intercolumnios, deco-
radas y alfombradas de sal, en agradable contraste de colores con el rojo oscuro
de las murallas.
¡Cuándo se aprovechará la industria de aquellas inmensidades de sal depurada
hasta el estado de química pureza y en cantidad suficiente para abastecer al mun-

-105-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 105 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

do entero! Sin más trabajo que el de levantarla de las orillas del gran salar donde
yace cristalizada en cubos enormes, trasparentes como el cristal de roca, sólo sería
cuestión de hacer llegar el ferrocarril que debe partir de sierra Gorda a Caracoles,
prolongándolo hasta San Pedro de Atacama.
Con sobrada razón, pues, se designa a estas serranías también con el nombre
de sierra de la Sal.
Una vez sobre el bordo y la llanura, la monotonía del espectáculo hace cesar
pronto el interés de observación, con el espacio infinito en todas direcciones, libre
el espíritu para entregarse a abstractas reflexiones o sumergirse en la vulgar y coti-
diana preocupación de las materialidades de la vida.
Errantes y presurosos para matar el tiempo en aquella cruzada de la “pacien-
cia”, que así llaman los viajeros aquellas travesías sin variedad ni tregua, no con-
siguen sino fatigarse la vista en aquellos tintes indecisos y neutros del pleno día o
distraerse en los efectos fantásticos del miraje, hasta que les llegue la hora mágica
de los juegos de luz y espléndidas decoraciones del crepúsculo.
Las líneas endentadas de la cresta de los cerros, a lo lejos, en fondo rojo y ana­
ranjado, que se dibujan puras como el trazo del buril sobre planchas de cobre y de
oro, empiezan a aliviarnos de la nostalgia del ruido, del bullicio, de las comodida-
des y expansiones de la vida civilizada.
A lo menos, detrás de aquellos perfiles iluminados por el Sol poniente, presen-
tíamos para la siguiente noche a Caracoles, con la idea confortadora del descanso,
de la charla social, de los periódicos noticiosos; del estrado tibio y animado, del
le­cho blando y abrigado, de la mesa con cristales y vajilla.
Terminaría entonces con esta jornada la serie de noches dormidas bajo el cielo
estrellado, al aire libre y helado de la puna, y dejamos una vez más transcurrir las ho-
ras al calor desigual de la lumbre del campamento que sofoca y ahoga, al fresco del
rocío que moja y se escarcha en el rostro, al rumor de la invariable jerga parle­ra de
los arrieros en torno del fuego, y a la vista de las espirales de humo blanco que suben
al cielo de intenso azul oscuro hasta confundirse con las claridades de la luz zodiacal.
La helada había cubierto el suelo, las piedras y todos los objetos, incluidas
nues­tras cabezas, de pequeños cristalitos que destellaban colores de iris al sol obli-
cuo de la mañana; pero es privilegio de estas latitudes y alturas, con su sequedad
y la extraordinaria transparencia de su atmósfera, y cuando el aire está tranquilo,
que el frío vigoriza, entona, y bien pronto el calor devuelve con usura al organismo
todo su bienestar y energía.
En tales condiciones dejábamos el alojadero de la Posta, sobre el bordo de
Ata­cama, para pasar la cuesta a temprana hora y descansarnos un poco y almorzar
lo mejor posible en la posada de Aguas Dulces, primera fuente de refresco que los
pri­mitivos pobladores de Caracoles encontraron cavando al pie de aquella sierra,
con tanta fortuna para los descubridores como contento para toda la gente busca-
dora de plata en aquellos tiempos.
Seguir viaje recto al cerro de la Deseada, con el ardiente sol del meridiano en
la cabeza; anotar, de paso, la magnífica recta de un ramal del camino del Inca que
se dirige a Calama; tomar visuales a los cerros del contorno, al Quimal, dejado

-106-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 106 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. v. de abril a julio de 1885

atrás, a Chuschul, a las minas de Moctezuma, a Limón Verde, etc., y entrar, caída
la tarde, a las hospitalarias habitaciones de la mina Deseada, fue la obra del resto
de aquel día, 16 de junio de 1885.
Visitas a las minas y excursiones por los alrededores del extenso asiento mi-
nero bajo la benévola dirección del ingeniero don José Tomás Cortés, el más
constante y estudioso trabajador de Caracoles, debieron ocuparnos algunos días
mientras que, como de ordinario, se alinderaba la región en contorno colocando
señales trigo­nométricas en el cerro de la Deseada, Limón Verde, Centinela, Isla,
etc., volvien­do otra vez, desde la puna y la gran cordillera, a encadenar la red de
triángulos con el desierto central y la cordillera de la Costa.
En los días 17 y 18 se logró tener expedita la línea telegráfica, como en San Pe-
dro de Atacama, para cambiar señales simultáneas de tiempo con el o ­ bservatorio
astronómico y con Caldera, repitiendo numerosas observaciones de alturas sola-
res, de declinación magnética, meteorológica, etcétera.
Largo tiempo hubo de ser dedicado, con don Lorenzo Sundt, al arreglo de las
colecciones de las anteriores jornadas y de las interesantes muestras minerales que
nuestra permanencia en Caracoles nos prometía reunir.
La tertulia de las noches, a veces agradablemente prolongada hasta avanzadas
horas, versaba siempre sobre Caracoles: su descubrimiento, su fabulosa riqueza
de los primeros tiempos, las infinitas anécdotas de sus brillantes días, las teorías
re­lativas a su formación geológica, al carácter y naturaleza de sus depósitos, a los
ex­traños y oscuros problemas geognósticos que suscitaban, a sus diferencias y ana-
logías con Chañarcillo, Tres Puntas y Agua Amarga.
Servía de importante base de discusión una interesante colección del mineral
de Tunas, que allí había sido llevada por don Nicolás Naranjo para estudiar las
ana­logías petrográficas y geognósicas de ambas formaciones.
¡Cuánta revelación importante y cuánta materia digna de consideración en el
estudio comparado, tan interesante como fecundo, de las rocas, gangas, minera­les,
estructura de las vetas o depósitos, influencia de los terrenos encajantes, de su com-
posición mineralógica, de los accidentes que sufren y analogías guiadoras que tanto
enseñan y tan nutrida experiencia infunden en el minero observador y es­tudioso!
¿Son los panizos o zonas productivas de los terrenos estratificados, vehículos
seguros que basta penetrar con la veta en mano para contar sobre ellas beneficio
constante, homogéneo, seguro? ¿O entran otros factores, conocidos, indispensa-
bles y sin los cuales el panizo característico no responde a las esperanzas del mine-
ro? ¿O no hay tales factores influyentes o necesarios a la condensación del mineral
y éste se reparte caprichosa y antojadizamente en zonas o columnas verticales u
oblicuas, sin ley ni regla determinada?
No sabemos qué se haya hecho para formar colecciones ilustrativas y razona­
das que guíen y aconsejen en estas materias; qué libros se hayan escrito para con-
signar las enseñanzas de la experiencia minera de nuestros ingenieros o prácti-
cos en el ramo; qué estímulo oficial y qué procedimientos universitarios se hayan
puesto al servicio de los estudios e indagaciones en el terreno, al aprovechamiento
de tanta práctica y tanta laboriosa e inteligente sagacidad gastada por nuestros

-107-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 107 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

mineros para observar la realidad de los hechos, para el descubrimiento de casos


con­cretos y signos guiadores en la oscura e incierta ciencia, arte o malicia que es
ne­cesario ejercitar a fin de perseguir la riqueza en sus complicadas y múltiples for­
mas, y en sus maneras de distribución en el seno de la tierra.
Ni un solo escrito de nuestros inteligentes mineros prácticos nos ha transmitido
las ideas que les sugirió la experiencia, los hechos que les descubrió la observación,
los procedimientos que les enseñó el constante ejercicio de su imaginación en el
la­boreo subterráneo, en la persecución tenaz y porfiada, atenta y razonada del pa­
nizo pintador, de las gangas y de todos los hilos que conducen al encuentro de la
anhelada riqueza.
Y esos valiosos frutos de la experiencia y preciosas conquistas del trabajo, a
costa de tanto sacrificio adquiridas, no han sido vertidas en descripciones que las
divulguen y en grabados que las perpetúen, para contribu­ción del progreso univer-
sal y lustre de nuestra literatu­ra industrial y científica.
Nuestros ingenieros de minas, que tan vasta y cientí­fica instrucción adquieren
en la universidad y liceos de Chile, ¿qué han hecho para transmitir aquéllos y
sus propios conocimientos a la luz pública, para propagarlos en la cátedra, para
en­tre­garlos al criterio universal, al aprovechamiento de los especialistas, de los
gran­des maestros, de los sabios que tan deseosos y ávidos están siempre de tales
in­formaciones y datos positivos de observación y sobre los cuales se basa hoy todo
pro­greso, toda luz y todo descubrimiento científico?
Los más notables libros publicados hasta la fecha por las más altas autoridades
geológicas de Europa y Estados Unidos en la importante especialidad de los de-
pósitos metalíferos, triste es decirlo, nada deben, nada han tenido que aprovechar,
ninguna contribución útil han debido a Chile para enriquecer sus conocimientos y
aprovecharlos en sus instructivas obras.
Unas cuantas noticias dispersas, vagas, incompletas y hasta erróneas: he ahí,
en medio de nuestra poderosa riqueza minera, de nuestra considerable produc­ción
de metales para todo el mundo, de nuestra experiencia y de nuestra preparación
pa­ra el trabajo intelectual; he ahí todo lo que de nosotros se sabe y se ha podido
aprove­char; y eso, si aquel poco de luz ha sido suministrado por nosotros mismos,
por nuestras propias obras, ¡o por las de los extranjeros que nos visitan!
Con tales temas de discusión se pasaban las veladas en la sala de conversa­ción
de la mina Deseada, reforzándose los argumentos con ejemplos y con el examen
de los planos interiores topográficos del mineral de Caracoles, y animándose con
los interminables episodios de los descubrimientos, de los alcances y broceos, las
esperanzas, las ilusiones y la persistente fe y confianza de los mineros en la vuelta
de la riqueza, y con ella la vuelta de nuevos tiempos de prospe­ridad; halagadora y
verosímil opinión, pero de discutible y problemático éxito, a lo menos para aque-
llas regiones del asiento minero que en profundidad han perdido la continuidad
del terreno estratificado favorable a la condensación de los minerales.
Caracoles no es, como Chañarcillo, de tan homogénea y regular estructura en
su formación, haciéndose por esto más difíciles, más oscuras y más aventuradas sus
exploraciones subterráneas.

-108-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 108 26-09-12 13:20


Desierto y cordilleras de Atacama.indb 109 26-09-12 13:20
Camino a Visviri. Arica-Parinacota. Pablo Osses, archivo particular.

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 110 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. v. de abril a julio de 1885

En esta mera relación del itinerario de nuestras ex­ploraciones, descriptiva de


los cuadros y aspectos naturales, procurando suprimir toda la trivialidad ordinaria
que hace la monotonía de los viajes, pero sin omitir lo indispensable y que es de
obligación para dar cuenta y suministrar una idea del trabajo que se ha hecho,
del camino andado, de los sacrificios sufridos y de las satisfacciones recibidas, no
podríamos entrar en mayores detalles de descripción y en siquiera condensada
relación de los movimientos y plan de distribución de los trabajos, sin alargar de-
masiado el número de páginas de este libro.
Dejando a Caracoles en la madrugada de un día de invierno, con el límpido
azul oscuro del cielo que comenzaba a palidecer a medida de avanzar la aurora;
tem­blando las bestias de frío y helados nosotros y con las manos dolorosamente
transidas y petrificadas; avanzando a pesados trancos sobre el médano muerto
y para recibir más tarde, de esas mismas arenas que entumecen en la noche, los
reflejos de un sol abrasador que mata de fatiga –he ahí una ocasión para recordar
el arrojo y la abnegación de aquellos hombres de Díaz Gana que en tales desola-
ciones se aventuraban, sin rumbo y sin agua, desafiando al desierto en su ignorada
inmensidad y a la muerte con sus más terribles tormentos: el hambre y la sed.

–“Por aquí fue –me decía mi acompañante– donde Méndez divisó las panizadas
de la Deseada y desde allí se destacó el arriero Reyes que tropezó con el primer
rodado de plata”.

Más allá me refería a cómo vacilaban, discutían y se ponían de acuerdo los


ca­teadores acerca de los rumbos que convendría seguir, señalando el uno aquel
cerro, opinando el otro por aquella lomada baja y resolviéndose todos al fin por no
abandonar aquel campo antes de haber agotado todos los esfuerzos humanos para
encontrar en él la acariciada esperanza que los impulsaba.
Y avanzando siempre, marchando más y más por aque­lla interminable aridez
y envueltos en el solemne silencio de una soledad monótona en que ningún ger-
men de vida se anima, transcurren las horas, siempre ardiente el Sol y helado el
viento que sopla con intensidad hacia la caída de la tarde.
Nueva sucesión entre los extremos de calor y frío; nuevos juegos de óptica en
la sucesión de colores y luces del crepúsculo; nuevos fantasmas de la oscuridad con
sus aspectos de murallas y de torres, de templos y ciudades en ruinas; la noche y la
muerte, con sus misterios y silencio.
Nueva luz y nuevo día; nuevas tareas del trabajo; nuevos rumbos del camino
y nuevos cambios en la forma y disposición de las montañas a lo lejos, de los as-
pectos inmediatos, del colorido y la composición del terreno, del horizonte que
se ciñe al frente con franja verde en fondo blanco amarillento: el Loa y sus vegas;
columnas y espirales de humo, fijas y errantes; las chimeneas de la industria y las
respiraciones de la locomotora.
Bajando de las remotas cordilleras, de la puna, y encontrándose en lo más
pro­fundo de las soledades del desierto, encontrábamos por primera vez en aque-

-111-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 111 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

llos páramos de desolación las primeras manifestaciones del progreso patrio y la


transformación de la riqueza de aquellos mismos desiertos incultos y despoblados
reproducida hoy en obras de civilización y fuentes de trabajo: espectáculo consola-
dor y que exalta el patriotismo al mismo tiempo que invade la mente con reflexio-
nes de reproche y descontento.
¿A qué disposiciones de gobierno en materia de fomento a la industria en el
desierto, de facilidades para su exploración y obras para la explotación de sus ri­
que­zas, se debió el descubrimiento de Caracoles y el ferrocarril de Antofagasta a
Bolivia?
¡Al cateador Méndez, al arriero Reyes!
Y mientras no nazcan otros Méndez y otros Reyes, o mientras la casualidad
y el azar no intervengan otra vez para nuevos descubrimientos, no sólo no los
tendremos sino que tampoco veremos aprovecharse lo ya descubierto que lucha
contra la esterilidad y el aislamiento.
Tomábamos entonces por límite norte de las exploraciones, a fines de junio de
1885, la línea del ferrocarril de Antofagasta a Bolivia, y dejando para otra campaña
la ocasión de recorrer más detenidamente la región inmediata, hubo de disponerse
la vuelta de toda la comisión a Copiapó.
Quedaba así el trabajo geográfico encadenado ya por una red continua de
triángulos que enlazaba la costa del mar desde Caldera hasta Taltal, con el desierto
central desde Copiapó hasta el paralelo de Antofagasta, y con toda la cordillera
desde el Potro hasta el Licancabur, abrazando toda la antiplanicie entre ésta y la
cordillera Domeyko hasta sus últimos confines al norte.
Algunas observaciones nos ocuparon en el puerto de Antofagasta por pocos
días, consiguiendo cambiar señales telegráficas con el observatorio astronómico,
y el 26 de junio se embarcaba toda la comisión, parte con escala en Caldera y el
resto a Valparaíso.

-112-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 112 26-09-12 13:20


VI
DE JULIO A DICIEMBRE 31 DE 1885

Observación pertinente. Decadencia y porvenir. Minas de Bordos. Interesante tra­


vesía. Bellezas del desierto. Alrededor de Chañarcillo. Hoya hidrográfica de Garín.
Orografía. El leñador. Excursión por la cordillera Darwin. De Tres Chañares a Co­
piapó. La quebrada de Paipote y su geología. Conclusión del año de 1885.

A principios de julio del mismo año de 1885 nos encontrábamos así retirados a
cuarteles de invierno, más por la falta de recursos para continuar adelante que
por la necesidad de descanso o aglomeración de trabajo para la oficina.
Si siquiera para esto último hubiera tenido la comisión exploradora medios
de instalación en oficina propia, con los elementos necesarios para el arreglo y
estudio de las colecciones, para sus reconocimientos mineralógicos, dibujos, etc.,
hace mucho tiempo habría sido aprovechado y muchos de los trabajos realizados
habrían podido ser dados a luz oportunamente.
Nada había podido ser satisfecho; todo lo previsto y deseado para el más pron-
to y económico desempeño en las tareas se subordinaba a aquella preferente aten-
ción que merecen los intereses de la política y después de ella las obras materiales
que se traducen en más inmediata y visible utilidad. Las obras de estudio y de
tra­bajo, que a nadie interesan directamente, rara vez cuentan con oficiosa coope-
ración y espontánea iniciativa.
La comisión exploradora, a quien tan ancho y dilatado campo de acción se le
tenía señalado en la naturaleza, con la inmensidad de las cordilleras y del desierto
a su disposición, no tenía en la capital de la república un rincón de oficina, un
sobrante de materiales de dibujo y escritorio; el jefe, en su pieza del hotel que lo
hospedaba; los ayudantes, en sus propios domicilios; el ecónomo, con sus libros y
sus cuentas en cualquier parte, y todos en dispersión, debían, no obstante, reunirse
y emprender el trabajo sin tregua de los cálculos, de los trazados y primeros ensayos
de la construcción del mapa geográfico.
Mientras tanto, mucho quedaba aún por inspeccionar e inquirir en otras diver-
sas materias, y esto se haría sin personal de ayudantes que no había cómo costear,
sin servidumbre que no se podría pagar y sólo con el mero interés personal de
ha­cer lo más posible con el menos dinero disponible.

-113-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 113 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

La segunda quincena de julio fue destinada a los centros mineros de Punta


del Cobre y establecimiento de fundición de Tierra Amarilla; el Checo, Ojancos
y Lirios.
Llena de interés es aquella región para el geólogo y de primera importancia en
cuanto a su riqueza minera.
Una de las más antiguas fuentes de producción del cobre era ya productora
de este metal a fines del pasado siglo, y siguió siéndolo de una manera permanen-
te hasta nuestros días, contribuyendo con sus fecundos productos al movimiento
comercial de aquel valle, en otro tiempo poblado de cien chimeneas humeantes
que hoy vemos reducidas a las únicas y exclusivas de la Compañía Industrial de
Atacama.
El monopolio y la estancación han sucedido a la libre corriente de otros tiem-
pos en que la competencia y el estímulo se disputaban los frutos de la minería en
todo el trayecto del valle de Copiapó, desde el pie de la cor­dillera hasta el puerto
de Caldera, que hoy ostenta sólo los escombros de su pasada prosperidad.
No ha sido el agotamiento de las minas, sino el agotamiento de las fuerzas; la
dispersión de los capitales que han huido de una industria que dejaba de ser ali­
men­tada por la riqueza fácil o espontánea, para buscar colocación en las transac­
cio­nes del agio; la emigración de la activa y laboriosa población minera hacia el
norte en busca de las engañosas apariencias de altos salarios, y la culpable indi-
ferencia e imprevisión de todos para dejar cundir el espanto al grito del “sálvese
quien pueda” lanzado en la primera hora del desaliento y las dificultades.
A un paso de Punta del Cobre, apenas separado por el ancho de su angosto
valle, está Ojancos, con sus criaderos portentosos abandonados casi a flor de tierra
y el porvenir de su continuidad relegado a futuras generaciones.
Más allá, Lirios: otro problema para el porvenir.
En torno de Punta del Cobre, otra vez, para no abandonar esta sola constela-
ción de la zona del metal rojo que como la vía láctea recorre nuestro territorio de
sur a norte, brillan con sus regueros de metales otros centros de producción que
dan la vuelta por detrás de sus alturas internándonos entre pliegues y quebraduras
del cerro hacia Ladrillos, Checo, etcétera.
Sobre base de verdosas y oscuras rocas eruptivas de áspera y rugosa superficie
y donde tiene sus criaderos el cobre, la vista se deleita en seguir una línea trazada
como con pincel de artista en el contacto de esta porción de costra terrestre que
engendró el fuego, con la faja de estratificaciones margosas y calcáreas, de cintas
jaspeadas y multicolores que la acción sedimentaria de las aguas depositó ante­
riormente y sirvieron después de criadero y asiento a la plata.
Ladrillos de Cobre y Ladrillos de Plata están allí, respectivamente, este último
con sus leyendas de riqueza deslumbrante para tentación del especulador, y aquél
con sus realidades de positivos recursos para el indus­trial.
Más allá el Checo, también de plata y de cobre: aquél con su historia y sus re­
cuerdos, y éste con sus poderosas minas, cansadas de tanto producir, pero con las
mis­mas probabilidades de tantas otras que, ¡cuánto más serían todavía capaces de
descubrir en nuevas y más profundas regiones!

-114-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 114 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. vi. de julio a diciembre 31 de 1885

Y pasemos de largo por ellas, sin más observación, hasta que en otras páginas
podamos destinarles, en otros términos y con otras demostraciones, la atención
que les corresponde.
Continuando estas agradables excursiones, que tanto interesaban por la satis-
facción de hacerlas en servicio público, para bien y aprovechamiento de la pode-
rosa industria minera y con la esperanza de verlas traducirse en disposiciones útiles
para el país, de verlas aprovechadas en servir de base a medidas de protección y
fomento, llegó su turno al mineral de los Bordos.
Grande fue la excitación y cuantiosos los intereses que se pusieron al servicio
de este ruidoso descubrimiento por los años de 1856 a 59, disputándose el terreno
en porfiados y ruidosos pleitos y litigios judiciales.
La plata blanca, alba, en hermosísimas placas azogadas, hacía presentir gran-
des aglomeraciones de maciza riqueza que no correspondieron, por entonces, a
maravillosas y deslumbrantes expectativas de improvisadas fortunas, pero que es-
tablecieron una era de producción sostenida y de una importancia industrial que
ha valido activa prosperidad y cuantiosos bienes al departamento de Copiapó.
Río adentro, a la vista y a orillas del mismo valle don­de su aspecto es más
agres­te, aquella fuente de constante producción nada sería, de nada habría servido
–co­mo no servirán tantas otras de igual importancia– si el feliz acaso no la hubiera
co­locado en aquella situación privilegiada donde las facilidades se brindaban por
sí solas.
Es donde se desarrolla en potente consistencia la formación de los conglome-
rados porfídicos: éstos han to­mado el color rojo purpúreo y violáceo, formando a
veces macizos de terreno con pórfidos rojos sin estratificación. En concordancia
con esta sedimentación general asoma sus anchos crestones una gran capa de roca
blanca de aspecto traquítico sobre cuyos planos de contacto, así en la caja del piso
como en la del cielo de la grieta que rellena, las arcillas resultantes de los pórfidos
que yacen por debajo de ella, así como los estratos margosos de la formación es-
tratificada jurásica que descansan sobre la misma, se han impregnado de cloruros
y cloro-bromuros de plata en delgadas hojillas y de placas y granos de plata blanca
mercurial.
Grandes masas de mineral arcilloso, penetradas de plata hasta alcanzar una ley
de 15 diez milésimos, han podido ser explotadas económicamente por medio de
importantes instalaciones de maquinarias capaces de una producción de 400 y más
quintales métricos diariamente, dando animación y movimiento a dos estableci­
mien­tos metalúrgicos de amalgamación.
Accidentes y alternativas de dificultades y desaliento han sobrevenido de tiem-
po en tiempo, felizmente sin hacer desmayar a los poseedores de esa fortuna y
dan­do saludable e instructivo ejemplo de lo que puede y vale la constancia en el
tra­bajo de las minas cuando se les destina el capital y la inteligencia que requieren.
El inteligente ingeniero que por entonces, a fines de agosto, administraba el
gran establecimiento metalúrgico de Edwards y Cía. en Tierra Amarilla, don Jorge
Espoz, tuvo la bondad de proponer y acompañarme a una excursión tan agradable
como útil.

-115-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 115 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Partiríamos desde Tierra Amarilla cruzando la región cobrera de Ojancos y


Lirios y la travesía desde allí a Chañarcillo.
Al transmontar así el cordón de montañas que limita y empareda por el oeste
el valle de Copiapó por aquella latitud, se ha tenido ocasión de inspeccionar en
todo su interés la constitución geológica que lo caracteriza, coincidiendo allí mis-
mo, con el aspecto blanquecino del alto cerro de Ojancos Nuevo o las Pintadas,
uno de los ejes de sublevación que Darwin describe como constituidos por la roca
llamada andesita, entonces aplicada a la especie de granito blanco que pasaba a
pórfido andesítico cuando faltaban el cuarzo y la mica: que cuando la creó Von
Buch la refería sólo a ciertas lavas de los Andes, y Humboldt a ciertos pórfidos dio­
ríticos; enseguida a las antiguas traquitas, etcétera.
Los efectos del metamorfismo producido por estas mismas rocas y otras de
origen eruptivo sobre los estratos de la formación calcáreo-liásica, con extraordi-
naria producción de rocas jaspeadas y granates; la abundancia de las variedades
dioríticas en sí mismas y con relación a los criaderos del cobre que abren en ellas y
otros caracteres geológicos dignos de atención, interesan y dan abundante material
para la cartera del observador.
Al lado opuesto de la sierra de Ojancos, en sus vertientes del oeste, yace el mi-
neral de Lirios, importante en tiempos del animoso industrial y minero don Rafael
Garmendia, cuando el rosicler de cobre, con su color rojo sangre, rellenaba todo
el espacio de un ancho filón, como muralla de granates y rubíes.
A los pies de Lirios, la Travesía: esa misma travesía que arrancó ideas lúgubres
e imprecaciones de impaciencia al ilustre Darwin, habiéndola recorrido tan presu-
roso y fatigado que no quiso destinarle ni una mirada de su escrutadora y profunda
observación.
¡Oh si la hubiera visto en la plena primavera de un año de lluvias, envuelta en
las brumas de la mañana, húmedo el suelo con las lágrimas del junco; y enseguida,
a la luz del mediodía más hermoso del mundo, bordado el extenso campo con los
colores de la verbena, el lirio y las mil flores y yerbas aromáticas de aquel suelo
grato e incomparablemente fértil!
Dejada la falda de los cerros y saliendo de entre sus últimos pliegues, comienza
la llanura, y terminada la llanura se suceden las colinas, los altos y bajos, más bien
suaves ondulaciones del terreno que desaparecen al ras del horizonte reproducien-
do siempre la llanura con un tinte gris verdoso, a veces verde de prado, pero ahora
sin ilusiones ni espejismos, sino el real y efectivo verde de pasto, de las hierbas y
del trébol oloroso que germina al favor de una sola lluvia en el año.
Un poco más, hacia donde el barranco y las zanjas recogen el agua, la realidad
se confirma, pudiéndose distinguir los penachos de humo que señalan la vivienda
del pastor y las majadas donde se refugia y abriga el ganado.
La aguada de la Justa: es en el desierto menos estéril y menos despoblado, con
su primavera florida, sus brisas del mar y sus tierras bajas que humedecen casi dia­
riamente las neblinas nocturnas.
Los pobladores de Chañarcillo frecuentan y gozan aquella travesía que se viste
de gala en algunos días del año para amenizar con sus encantos, en pleno aire per­fu­

-116-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 116 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. vi. de julio a diciembre 31 de 1885

mado, la sombría vida del minero que sólo respira pólvora y antimonia en el fon­do
de sus subterráneos.
Aquellas praderas son, por fortuna, de libre uso y aprovechamiento para todos,
y no pocas veces ha intentado la codicia apoderarse de ellas para explotar con
tri­butos y servidumbres al pobre que libremente las disfruta para su subsistencia,
para socorro y recreo del viajero y para proveer de frescos alimentos a las minas
inmediatas.
Siendo intendente de Atacama don Juan Vicente de Mira, se le presentó una
solicitud capciosa que envolvía la posesión y disfrute de los campos de la Travesía
mediante obligación de dotarla de aguas de regadío y trasformarla en fincas culti-
vadas.

“Concedido –fue la providencia del célebre mandatario de la provincia– para


cuando el solicitante exhiba las fuentes del agua que ofrece”.

El cerro de Chañarcillo, así como su travesía, alcanza a ser invadido en sus


par­tes más bajas por las densas neblinas del mar que avanzan durante la noche,
re­llenando las cañadas, contorneando la base de los cerros y formando una super-
ficie nivelada, como blanco océano de vapores y espumas.
Quien se encuentra, antes de la salida del Sol, en altura donde no alcanza aquel
inmenso tapiz de copos de algodón que le oculta toda la superficie terrestre, se
figura encontrarse aislado en un islote que hace parte de algún archipiélago en mar
mis­terioso, como suspendido en el vacío, de blancura deslumbrante, sobre cuya
su­perficie se destacan con aspecto fantástico los contornos de tierras desconocidas
y sombrías.
Al venir el día, cuando las primeras luces comienzan a iluminar aquel velo de
albura tendido a nuestros pies y que nos aísla del resto del mundo; cuando el Sol
enciende las cumbres y arroja torrentes de polvo de oro sobre aquella superficie
que lo recibe agitándose a su contacto, resplandeciendo con más y más blancura
como para ayudar a la espléndida iluminación del espacio, entonces es cuando la
travesía se presenta en toda la plenitud de sus atractivos.
La sombra desmesuradamente alargada que los cuerpos arrojan al ser ilumi-
nados por el Sol naciente proyectan, allá abajo, sobre el océano de neblinas, man-
chas oscuras, grises, que alternan con zonas de luz; y combinándose los colores,
jaspeándose todo de gris a medida que se alza el Sol y se disipa aquella hermosa
ilusión de un mundo aéreo exclusivamente creado para el habitante de las alturas,
se continúan todavía las ilusiones con la transformación del panorama blanco en
panorama azul. El espectáculo es incomparable: despliega en el cielo y en la tierra
sus mejores efectos antes del mediodía, con la magia del espejismo y sus lagos sus-
pendidos, colgantes, sus ríos tentadores, sus reflejos engañosos y todo un mundo
otra vez, de mares, continentes y archipiélagos imaginarios, y por último, la reali-
dad de esos días de primavera con sus transitorias praderas de grama y de flores.
Los alrededores de Chañarcillo ofrecen interés para muchos días de útil estu-
dio y observación.

-117-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 117 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

El portezuelo de la Viuda acribillado de agujeros de minas, con sus rocas ne-


gras, como calcinadas, y el contacto discordante allí visible de la formación es-
quistosa de la costa con la formación calcárea liásica; la base de rocas eruptivas
en que ésta descansa, diabasas o pórfido augítico introductivo; los conglomerados
porfídicos en sus relaciones con las anteriores formaciones; el terreno de origen
eruptivo en que abren las ricas minas de Bandurrias casi en el contacto de las es-
tratificaciones calcáreas; el alto morro de Chañarcillo, con su interés geológico y
su culminante importancia como punto de visual y estación para las operaciones
geodésicas; la sie­rra de Petacas y el Molle, donde el geólogo encuentra los molus-
cos fósiles que le dan la clave de las correlaciones estratigráficas; el curioso cono
volcánico que en Bandurrias se levanta, como ofreciendo también una clave al
minero para sus deducciones sobre el origen de las riquezas allí acumuladas; la
mi­na del Manto Fontecilla, criadero inagotable de minerales de plata clorurados;
el hierro de Picanas; los depósitos galenosos de la Fortuna, etc. y, por último, el
establecimiento de fundición de Bandurrias (hoy en abandono) y las pequeñas
máquinas beneficiadoras por amalgamación y por el método de Pattera.
Nunca será bastantemente lamentado que tan interesantes regiones hayan sido
apenas objeto de una mirada distraída e indiferente, sólo penetradas por el ojo
escrutador del minero, pero jamás examinadas en sus detalles petrográficos y co-
rrelaciones geológicas con aplicación al arte de descubrir los secretos de origen y
manera de distribución interior de los minerales.
La comisión exploradora de Atacama no podía aplicar su escaso tiempo y sus
exiguos y míseros recursos sino al somero examen del viajero andante, tomando
notas al paso, sin destinar suficiente atención a lo que más lo merecía, ni el necesa-
rio estudio a lo más desconocido y apartado; mas así andando y así procediendo,
el itinerario de los viajes seguía su curso de zigzag, a lo largo y a través para no
dejar grandes claros sin una inspección de ojo, ni cosa importante sin alguna obser­
vación; nutriéndose de apuntes la cartera y aumentando en interés y número las
co­lecciones.
Así transcurrido el tiempo hasta fines de septiembre, tocaba su turno de visita,
a mediados de octubre, a la desolada quebrada del despoblado de Paipote en una
de sus más importantes ramificaciones, la quebrada de Garín.
Se deja el ramal de ferrocarril a Puquios en el kilómetro 111, contado desde
Caldera, y el 31 desde la ciudad de Copiapó.
No sin interés es la historia de los descubrimientos por allí ocurridos: en el Cin­
chado, Pérez, Garín, San Miguel, Romero, etcétera.
El primero, con sus engañosos crestones de plata blanca y masas riquísimas de
cloruros, no hizo más que dejar las ilusiones de sus primeras promesas prendidas en
las pintadas rocas de los pórfidos abigarrados; el segundo, también con sus criade-
ros encajados en el mismo panizo, rara vez constante, pero que aquí se excedió en
riqueza hasta que un accidente geológico la desvaneció dejando la duda de un pro-
blema de continuidad que muchos antiguos mineros acarician todavía; el siguiente,
que vivió largos años y también cedió por fin a las dificultades de mayor hondura:
punto final en que termina el período de casi todas nuestras minas y que apenas

-118-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 118 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. vi. de julio a diciembre 31 de 1885

se­ría el punto y coma del descanso ortográfico si viviéramos en otro país de más
constancia y más recursos para industria tan noble y poderosa como la mi­nería.
En la cumbre de Garín Viejo, donde se levanta el lindero de triangulación, se
ofre­ce un punto importante de observación y referencia para orientarse y que los mi-
neros y viajeros pueden aprovechar con facilidad dirigiéndose desde la próxima mina
Descubridora hacia el cerro alto del SE.

Visuales magnéticas desde el lindero vértice de Garín Viejo

Al cerro Japonesa de Garín Nuevo N 71º O


Al lindero en cerro de Ustaris N 78½º O
Al lindero en cerro de Cachiyuyo N 38º O
Al lindero en cerro de Tres Puntas N 23½º O
Al lindero en cerro de Fraga N 1º E
Al lindero en cerro de Ternera, puntilla sur N 43½º E
Al lindero en cerro de Leones N 17º E
Al lindero en cerro de Carrizalillo N 8¼º E
Al lindero en cerro de Buenos Aires N 16½º O
Al lindero en cerro de Morro de Chañarcillo N 33½º O
Al lindero en cerro de Checo N 37¼º O
Al lindero en cerro de Potrillo N 52¼º O
Al lindero en cerro de Jesús María N 66¼º O

De la quebrada de Garín y sus inmediaciones el interés de estas excursiones se


extendía hasta llegar a reconocer las ramificaciones y orígenes de la hoya hidro­
gráfica de Garín y determinar sus deslindes con la del río Copiapó, tocándonos
ha­cerlo en circunstancia propicia para reunirnos con nuestro distinguido amigo, el
abogado industrial y minero don Joaquín Santa Cruz, que por entonces exploraba
la misma región con una caravana de cateo, teniendo por campamento la pintores­
ca aguadita de Sandon, que surge bajo la deliciosa sombra de un bosquecillo en-
gastado como piedra preciosa en la aridez de las rocas conglomeradas.
Por esa impresión tan natural de los contrastes, la vista de aquel grupo de ar-
bustos y el murmullo de un hilo de agua que se precipitaba bajo su sombra entre
las rocas, después de una sucesión de cerros desnudos y de absoluta sequedad,
ad­quiría proporciones de magnitud y atractivos que el viajero aprecia en tanto
más cuanto mayor y más oportuno es el beneficio que recibe con la sombra, con
el agua, con el verde, con el perfume y con la atmósfera que se respira en aquellos
hue­cos del terreno: últimos restos que atestiguan la antigua lozanía de tiempos
pre­históricos en que los dones de más benigna naturaleza fueron quizá sólo apro­
vecha­dos por mastodontes y megaterios.
Nunca se dirá demasiado en favor de los beneficios que las aguadas prestan
al viajero y a las industrias en el desierto, porque su efecto influye así en lo físico
co­mo en lo moral del individuo, restaurándole las fuerzas y dando nuevo aliento a
sus esperanzas o ilusiones para con­tinuar adelante, en busca del propio bien o en
ser­vicio de los demás hombres y de su patria.

-119-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 119 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Viajar entre paisajes muertos en que nada se mueve, nada respira, nada vuela,
ni nada suena, y entrar de súbito bajo una bóveda de arbustos que se entrelazan
para darnos sombra y abrigo, donde destila una gota de agua y verdea el suelo, es
sensación que sólo conoce el explorador de áridos desiertos.
Un descanso así, en aquella aguadita de Sandon, sirvió además, con tan ins-
tructiva y grata compañía, para orientar mejor el plan de la exploración y anotar
algunos útiles datos geográficos y mineros.
Si tan benéficos lugares de recreo y refugio se reprodujeran artificialmente si­
quiera en aquellos puntos de ma­yor desolación del desierto y donde más necesaria
es su existencia para auxilio de los trabajos mineros, la transformación de las con-
diciones actuales se verificaría con una eficacia y facilidad que serán discutidas en
su oportunidad en el curso de esta obra.
No se ha dado a esta materia toda la importancia que le corresponde y no ha
de extrañarse que insistamos en ella cada vez y a medida que las fatigas del ex­
plo­rador encuentran, como en la aguadita de Sandon, grato lugar de refresco y
sa­ludable restauración de las fuerzas y del espíritu.
Por la quebrada del Romero y después por la de San Miguel, el terreno es inva-
dido por las gruesas aglomeraciones de brechas y pórfidos traquíticos, por donde
corre de norte a sur la potente zona del granito azulado que en partes se presenta
como un conglomerado granítico de bellísimo aspecto en el cual abren los anti-
guos filones auríferos que se beneficiaban en un trapiche y son todavía objeto de
al­guna explotación.
Más adelante, las vegas de Monroy, que dejan la ilusión de un vasto potrero
alfalfado y, por último, la laguna Seca sobre la falda de la cordillera que encajona
por el oeste el valle de Jorquera, a inmediaciones del Gato; cordillera a la cual he­
mos dado el nombre de Darwin y que se enlaza más al norte, en Tronquito, con la
de Domeyko, la cual no es sino la prolongación de la anterior desde el punto en
que más netamente se define como anticordillera de los Andes.
Por aquella misma pendiente, en el Salitral, se ve cruzar una faja de zona cal­
cárea que parece no haber sido nunca cateada por plata y cuyas indicaciones ca­
racterísticas llaman la atención.
Una ojeada desde aquellas alturas, al norte, hace observar las ranuras y surcos
profundos que los torrentes desprendidos de esta avanzada de la cordillera han
abierto desde el cerro de Alcota siguiendo por Cañas hacia el Venado y por Agua
Amarga que baja desde el potente cerro de la Ternera y, por último, las numerosas
ramificaciones que se desprenden de esta última formando las nutridas vegas de
este nombre.
Más al oriente, o sea, transmontando el cordón detrás del cual va el valle por
donde corre el río de Copiapó, no teníamos terreno desconocido que explorar, lo
cual nos señalaba como itinerario la molestísima vía al sur, cruzando por sobre las
alturas y descendiendo a las profundidades de las quebradas que se nos interpo-
nían al través.
De San Miguel se cae así al Romero, nombre que se aplica a la quebrada y
tam­bién al potente cordón que arranca de la Ternera y Tronquitos formando una

-120-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 120 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. vi. de julio a diciembre 31 de 1885

serie de alturas que se encadenan en la dirección de la hacien­da de Goyo Díaz en


el río, un poco más arriba del pueblo de San Antonio.
Ascendemos este cordón, para no abandonar el reconocimiento de las faldas
de la cordillera Darwin, contra el cerro de los Leones, y caemos al Carricito, lugar
también de minas de oro sobre la misma corrida granítica de San Miguel, y de
minas de cobre y plata en porfídicos traquíticos.
Otro portezuelo y otra quebrada, la de Cuevitas, que encierra la aguada del
Durazno, cuartel general de mineros y de los leñadores que buscan y arrancan
para el fuego las raíces y troncos de la nutrida arboleda que antes cubrió de verdor
y lozanía aquellas quebradas, laderas y cumbres de montañas.
Se ha objetado por algunos viajeros, entre otros, por el sabio Dr. Philippi, que
el desierto de Atacama haya, en anteriores épocas, sido teatro de grandes lluvias,
de otro clima más húmedo que el actual y de una vegetación frondosa; sostenién-
dose que los cauces profundos o someros, secos todos hoy día, han sido abiertos
por aguas torrentosas periódicas de que todavía se ven ejemplos de tiempo en
tiem­po, convirtiendo aquellos lechos de arena y ripio en ríos eventuales que corren
has­ta el mar.
El hecho de estas inundaciones periódicas y torrentosas, arrastrando turbiones
y desbordando sobre las tierras enjutas de los valles, es exacto, y se reproduce
even­tualmente una vez o dos durante la vida de una generación, pero esto no niega
el hecho también exacto de la existencia de bosques secos e invisibles, formados
de troncos y raíces de árboles o arbustos que yacen enterrados en el subsuelo, ha-
biendo desaparecido todo resto de follaje y a veces hasta la sospecha de existir sus
restos subterráneos, sospecha que es lucrativa en realidad para el leñador que con
afán y codicia los busca, como tesoro de mina, para vender a los ingenios metalúr-
gicos y al consumo doméstico.
El campamento de leñadores en el Durazno es a veces teatro de animadas
escenas de actividad e ingenio, gastándose fatigas indecibles al calor o al frío para
arrancar aquellas raíces casi petrificadas que adhieren como pulpos a la roca, resis-
tiendo al hacha y al mayor esfuerzo de vigor humano.
Estos restos de antigua lozanía se clasifican por su forma y tamaño para dispo-
nerlos sobre el hueco demasiado estrecho de la carreta, procurándose ganar con el
arte y con las leyes del equilibrio de los cuerpos todo el espacio posible al aire.
Una carreta así cargada de leña no exige menos inge­nio en el leñador que en
el contramaestre de buque la buena estibación de la carga.
El centro de gravedad, bien asegurado con la disposición adecuada de los tro­zos
más grandes y pesados; bien ajustado el cálculo de la resistencia y repartición del
peso, que se distribuye por los costados, dejando libre y estricto espacio ne­ce­sario
a las ruedas: y toda la dispareja en inajustable carga, vigorosamente acondi­cionada,
la operación queda al fin asegurada para no perder un intersticio, no oca­sionar
el menor desarreglo de una pieza por efecto de las asperezas del camino y dar al
conjunto una forma que podría decirse artística y conforme a toda regla de simetría.
Antes de partir el convoy de carretas, la animación aumenta en el campa-
mento con el movimiento de toda la gente que corre a sus respectivos puestos; el

-121-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 121 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

bullicio se multiplica con las órdenes a gritos del capataz y las interjecciones del
carretero a las mulas para reducirlas a la obediencia. Al fin todo está listo y los
fuegos chisporrotean con la última ceba de leña levantándose en alto las llamara-
das que ondean como flamígeras; los restos del asado ya no chirrean más sobre
las brasas y se apuran el último bocado, de pie, y el último trago al partir; estallan
los chasquidos del látigo sobre la mula que no arranca con brío y se oye por largo
rato desvanecerse poco a poco el golpe disparejo y seco de la rueda que choca y
cae. Por último, los fuegos se apagan y los humos se enrarecen, se adelgazan, se
extinguen; la soledad y el silencio recuperan su imperio y el desierto vuelve a toda
la plenitud de su soberanía en la grandiosidad y la muerte.
Aun cuando se está entre pliegues y repliegues de las altas serranías del Rome­
ro, del Gato y los Leones, se puede referir la aguada del Durazno a puntos tan
conocidos de la triangulación como el lindero del cerro de Carrizalillo, que se
destaca al S 54º O; su fijación se aseguraba también con el macizo del Tolar, al S
64º E, punto culminante de la sierra del Romero, siendo ésta atravesada en estas
inmediaciones por la quebrada del mismo nombre que la separa del cordón Gato-
Leones de la cordillera Darwin. Allí se determina de esta manera, en el portezuelo
del Tolar, la separación entre las grandes hoyas hidrográficas de Garín, que vamos
a dejar, y la de Carrizalillo, que tiene en aquel mismo punto su más boreal na­ci­
mien­­to bajo el nombre de quebrada de las Chauchas.
El viajero agradecerá estos detalles para poder dirigirse entre aquellos rincones
de cordillera y podrá contraerse a útiles indagaciones geológicas observando la
situación de las estratificaciones porfídicas multicolores y las cumbres graníticas,
corriendo la formación oolítico-cretácea, en trechos dispersos por las faldas.
Ahora bien, dejando nuestro alojamiento del Durazno, tan animado pocas ho-
ras antes por la nómade población leñadora, para pasar la quebrada del Romero,
y otra más y la de Cepones, al pie de San Miguelito que nos hace ascender por
las faldas del Romero, caemos desde allí a Carrizalillo, cerca de la finca, lugar que
ya nos es conocido en anterior itinerario y adonde arribamos, no para reandar el
camino anterior sino para seguir curso al sur rebanando alturas y quebradas, o sea,
tomando al través todas las caídas de la cordillera Darwin, reconociendo los oríge­
nes y distribuciones de los sistemas hidrográficos y montañas conforme al plan
pri­mitivamente establecido.
Bajando a la represa del Sauce y a las canchas del apostadero de carretas leña­
doras, llama otra vez la atención el interés geológico que despierta la abertura
de aquella estrecha grieta a través de rocas felsíticas y al pie del gran macizo del
Carrizalillo, y buscando más abajo una salida en dirección a nuestro objeto, la en­
con­tramos en la desembocadura de la quebrada de Serna.
Alegre arroyuelo de agua clara corre por ella saltando entre las rocas, produ-
ciendo un trecho de vega y sembrando de brea y cachiyuyos el trayecto de toda
la cañada que pronto dejamos junto con sus pórfidos y conglomerados, entrando
otra vez en la zona granítica de San Miguel y con ella en la continuación de la sie-
rra del Romero al sur, que parece seguir el eje direccional de este notable detalle
geológico.

-122-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 122 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. vi. de julio a diciembre 31 de 1885

Aquí toma esta sierra el nombre de Romero de Cabeza de Vaca porque de


sus faldas en estas localidades se desprenden los nacimientos y caídas hacia aquel
antiguo asiento de minas así llamado; se humedecen las cañadas con arroyuelos y
veguitas, y dejando éstas al pie que se divisan desde las alturas con todo el encanto
de sus colores verdes en fondo oscuro y su curso serpenteando entre los abismos,
se alcanza al portezuelo de los Leones, dejándose en esa altura las vertientes de
Carrizalillo para entrar en las de quebradas que son ya directamente tributarias del
río Copiapó por Calquis, San Antonio o Loros.
Siempre pequeñas vegas y humedales refrescan la vis­ta en aquellas serranías
hasta la aguada de los Leones, donde aquéllas toman mayor desarrollo. El terreno
comienza a ofrecer caracteres más pronunciados de mineralización, cruzándolo
diques poderosos que se prolongan a largas distancias y, por último, se manifiestan
filones enteramente análogos a los de Garín Viejo en el cerro de las Tórtolas, inter-
viniendo en partes ciertas rocas introductivas en relación con las estratificaciones
calcáreas, hasta llegar a las minas de Tres Chañares, cuyo asiento minero, refirién-
dolo a la mina Descubridora, puede fijarse bien, como sigue:

Visual al lindero de la Estancilla S 12º E


Visual al lindero de las Vizcachas S 54½º O
Visual al lindero de Calquis N 62º O

Estas minas tenían cierta importancia por entonces y se fundaban muy buenas
expectativas en ellas. Las dificultades de la localidad, a gran y empinada altura so-
bre el nivel del valle, serían vencidas con la construcción de un camino y con ello
podrían emprenderse los necesarios trabajos interiores en las minas.
En Tres Chañares, llegando ya a la cumbre más inmediata al río de Copiapó,
debía cesar el objeto de la anterior excursión y no quedaba más que bajar el valle,
lo cual se hizo tomando cerro abajo en rápido descenso, unos 1.340 metros hasta el
plan y volver por el curso del río hasta la confluencia del río Jorquera con el Pulido
y el Manflas, en el lugar llamado las Juntas; y desde aquí, nada nuevo había ya
de que tomar nota hasta llegar a Amolanas, donde se había construido el estable­
cimiento de concentración de minerales, para el servicio de la mina Descubridora,
que lleva el nombre de Lautaro y que pasaremos por alto para ocuparnos de él en
el lugar correspondiente.
De vuelta a Copiapó, tomando notas al vuelo desde el vagón de un tren de
fe­rro­­carril, medio de observación que siempre deja algo útil para la cartera, refi-
riendo al kilometraje de la vía ciertos detalles geográficos, cambios geológicos, etc.,
ter­minaba ya el mes de octubre de 1885.
Ninguna probabilidad había de poder reorganizar la comisión para una nueva
campaña; los ingenieros continuaban sus lentos trabajos de oficina en la capital; los
sirvientes y arrieros continuaban dispersos, y sólo al jefe correspondía la intermi-
nable tarea de las exploraciones parciales y de detalle, en todos sentidos y a todas
partes, tocándole ahora su turno a la cumbre de Jesús María y sus famosas minas
de oro; a Chamonate, a Chanchoquín, Capis, Ladrillos, etcétera.

-123-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 123 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

En viaje a Puquios, por el lento y parsimonioso tren de subida por esa vía, la
ocasión era propicia para pasar rápida revista y refrescar la memoria de los aspec-
tos geológicos y geográficos de aquel despoblado, relacionando entre sí los puntos
ya conocidos, anotando nuevos datos y encontrando siempre algún interés de de-
talle, algún punto olvidado, un hecho descuidado, una circunstancia imprevista;
alguna revelación inesperada, un error que se rectifica, una nueva duda y tantos
in­cidentes como ocurren en la interminable tarea de observar la naturaleza, tan
variada, y a veces tan complicada y aparentemente contradictoria en sus obras.
Ideas ajustadas a la existencia de un hecho visible, deducciones fundadas en
una realidad evidente y conclusiones sancionadas por la más atenta observación,
sufrirán siempre modificación en algún otro hecho diferente; se limitarán las de-
ducciones ante otra realidad negativa de la primera y aún quedarán sin efecto
aquellas conclusiones que estudios posteriores hayan venido a debilitar y poner en
duda, acabando con las prematuras tendencias a generalizar y sentenciar.
Es lo que ha sucedido con los geólogos que tan someramente han estudiado
nuestro territorio, engañándose con el ejemplo de casos aislados, con hechos sin co-
nexión respecto de otros semejantes y con vacíos y deficiencias en el conocimien­to
de las correlaciones geológicas.
Basta recorrer esa abierta y desnuda quebrada, su despoblado de Paipote y
exami­nar las complicaciones de su estratigrafía, donde las capas de areniscas y
conglomerados han sido arrolladas y replegadas sobre sí mismas como materia plá­
stica, formando como cilindros de capas concéntricas; dispersadas en todas direc-
ciones como los segmentos de un abanico o trastornadas e invertidas, volviendo al
sol lo que yacía abajo y dislocándolo todo en revuelta confusión imposible de res-
tablecer con la imaginación en el orden armonioso que primitivamente ocuparon.
Corrientes de materia introductiva se abrieron paso a lo largo de los meridianos
terrestres, distribuyendo ramificaciones laterales a todos los vientos del horizonte;
y verdaderos mares de roca fundida invadieron la costra terrestre arrancándole
jirones y trozos del tamaño de un templo que flotaron como témpanos de hielo y
quedaron incrustados, para recuerdo y testimonio de las actividades plutónicas del
planeta, en las negras masas de basaltos y porfiditas.
La teoría del progresivo y lento solevantamiento de las tierras tiene una de sus
excepciones locales más no­tables en las profundas convulsiones y evidentísimas
erupciones de que ha sido teatro el lugar de San Felipe de Puquios y alrededores.
Una visita a las minas de oro de Cachiyuyo de Llampos y algunos otros traba­
jos terminaron esta jornada, volviendo enseguida a Copiapó, a fines del mes de
no­viembre.
Terminaba así el año de 1885 y empezaba lo mismo el de 1886: agotado el anti­
guo presupuesto y esperando el nuevo.
Si los creadores de esta gran obra de la vida y de los progresos de la nación
supieran todo lo que ignoran de ella y todo lo que de ella habría que aprender, es-
tudiándola con atención, ¡cuántos ahorros, cuántas reformas útiles y cuántas medi-
das saludables a la moral pública, a la economía y al buen servicio administrativo
se introduciría en ese desgreñado índice de las inversiones fiscales de cada año!

-124-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 124 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. vi. de julio a diciembre 31 de 1885

Pero no nos detengamos en tales reflexiones; no son tampoco de oportunidad


ni deben ser materia de este libro consideraciones que se desprenden de hechos y
cosas que no haremos sino deplorar y... ¡doblemos la hoja!

-125-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 125 26-09-12 13:20


Desierto y cordilleras de Atacama.indb 126 26-09-12 13:20
VII
DE ENERO A ABRIL DE 1886

Geología del valle copiapino. Sobre publicidad y propaganda de la industria mi­


ne­ra. Subdivisión territorial. De Valparaíso a Tocopilla: hidrografía marítima. Geo­
logía de la costa. Cuestiones de estratigrafía. La formación salitrera del Toco.

E l que viaja con la indiferencia de quien meramente lo hace por la necesidad


de transportarse de un lugar a otro; con la despreocupación del que día a día
contempla el mismo paisaje o con la impaciencia del que no tiene tiempo que
per­der en contemplaciones ajenas a las ordinarias tareas de la vida, descuida o
pres­cinde la importancia de hechos y cosas que, por el contrario, son bien dignas
de atención para el viajero que toma notas y se interesa en los detalles del terreno,
ob­servando sus aspectos y los panoramas que le recrean la vista o le despiertan
mo­tivos de reflexión y estudio.
Abre el río de Copiapó, al desembocar en el Pacífico, en una pequeña grieta so-
cavada por los últimos restos de su antiguo caudal en lechos de areniscas ter­ciarias,
conglomerados de conchas pospliocenas y limo arcilloso de carácter pam­peano,
disponiéndose el terreno en graderías de anfiteatro a lo largo de las pri­mitivas ribe-
ras y reproduciendo su conjunto el molde de un magnífico estuario, sin duda alguna
receptáculo de antiguas aguas marinas a la vez que recipiente de ma­jestuoso canal
y torrenteras fluviales.
Si grandes son los contrastes entre ambos litorales, el Atlántico y el Pacífico,
por las diferencias de magnitud del escenario en que se definieron los caracteres
físicos del actual suelo que habitamos y en que se desarrollaron los organismos
ani­males contemporáneos; y si también es mucha la diferencia en la extensión de
nuestras tierras y las proporciones de sus rasgos hidrográficos, respecto de aqué-
llas, no hay, en cuanto a las condiciones de origen genésico y caracteres de correla-
ción geológica, tales contrastes y diferencias, sino que, al contrario, existen ciertas
analogías y semejanzas bastante visibles para no escapar al ojo de quien por un
mo­mento se detiene a contemplarlas.
En el Pacífico, como en el Atlántico; en los disecados estuarios de Coquimbo,
Huasco y Copiapó, así como en las riberas del inmenso Río de la Plata, se exhi­

-127-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 127 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

ben los mismos bancos y conglomerados de conchas diluvianas debajo de la capa


alu­vial semiarenosa de los tiempos históricos, y el mismo limo arcilloso rojo ana-
ranjado que a su turno está cubierto por aquéllos y no es otra cosa que el terreno
posplioceno, pampeano, característico hasta con sus depósitos de tosca, alternando
todo a alturas respectivamente diferentes sobre el nivel del mar, pero sin duda
alguna al impulso de las mismas fuerzas y dentro del mismo período de aquellos
tiem­pos históricos de la creación del hombre.
No duran mucho tiempo estas reflexiones en el viajero que de paso recorre
en tan breves horas el corto espacio que media entre aquellas playas marítimas
y los primeros cordones de montañas que a continuación se le presentan más al
oriente, variando los aspectos geológicos y despertando nuevas impresiones en su
espíritu.
Comienzan a presentarse las rocas andesíticas que por la zona de travesía van
dibujando las líneas más salientes de los diversos ejes de solevantamiento que el
ilustre Darwin señaló, uno por uno, y describió con los caracteres de profunda
verdad y admirable precisión que el insigne sabio acostumbraba en sus estudios y
observaciones.
Llegando a la ciudad de Copiapó la geología pura cede su lugar a la geología
industrial minera, y el viajero olvida sus impresiones acerca de teorías genéticas
con relación a los orígenes del continente, para concentrarlas todas en el génesis
de las formaciones metalíferas, más interesantes y de más práctica y palpitante
importancia para nuestros objetos.
El valle copiapino, hasta aquel punto, y en lo sucesivo hasta el pie de los An-
des, es excepcional por su suave pendiente y su largo curso en el sentido de norte a
sur, favoreciendo esto la construcción de ferrocarriles económicos; y por otra par-
te, abierto como un abismo en la dirección de las fuerzas geológicas que dislocaron
el suelo de las antiguas edades y trazaron los prolongados ejes de solevantamiento,
las aguas subterráneas depositaron a lo largo un reguero de condensaciones mi-
nerales perteneciente a todas las especies del hierro, el plomo, el cobre, la plata y
el oro.
Las dioritas y todas las variedades de rocas verdes son, por doquiera, y en los
cerros mismos que oprimen por un lado y otro la población urbana de Copiapó,
criaderos de innumerables depósitos de cobre y oro que no han sido objeto de más
trabajo que las someras excavaciones de una explotación tan imperfecta como
incompleta.
Más adelante el viajero ve serpentear por lo alto, siempre sobre base poderosa
de rocas eruptivas engendradoras del cobre, las zonas y cintas jaspeadas de las
for­maciones margosas y calcáreas donde abren de preferencia los ricos veneros
de la plata.
Los caracteres generales denuncian así, por lo menos, presunciones y probabi-
lidades de escondidas riquezas en el fondo de las abandonadas minas de Ladrillos;
pero las realidades palpables y las deducciones que dejan de ser elementos de un
problema para pasar a ser corolarios o meros axiomas de la experiencia minera,
también saltan allí a la vista en los filones y rebosaderos de Punta del Cobre y

-128-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 128 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. vii. de enero a abril de 1886

Ojancos, abandonados algunos en su primera transición, olvidados los otros en su


historia de fecunda y larga producción y hasta desdeñados en su presente todavía
generoso y siempre halagador.
El transeúnte minero que no es de nuestra tierra y acierta a dar una mirada
escrutadora a aquellos huecos abiertos como cantera en la superficie y apenas ho­
radados en hondura, se pregunta asombrado si aquellas obras de la industria mi­
nera de Chile son el resultado de nuestra educación y aptitudes en el arte, tan en
oposición a la antigua fama de grandes productores de co­bre que por largos años
hemos gozado, o si son desastrosa consecuencia de nuestros hábitos industriales,
de imprevisión como mineros o de las transitorias dificultades económicas que
atra­viesa el país en general.
Nuestro indagador extranjero, que en este caso que relatamos no es una ficción
sino un hombre que viaja por estudio, reflexiona sobre las condiciones de nuestro
carácter, nuestras costumbres e instintos comerciales: sonríe y sigue adelante.
En Cerrillos, viendo bifurcarse la quebrada del valle, pregunta y sabe que en
esa dirección se distribuyen vías diversas que conducen a otros tantos centros de
pro­ducción minera, llegándose por una de ellas a territorio en que impera la nacio­
nalidad británica: al antiguo Checo de Cobre.
¿Dónde están aquí las manifestaciones de la libra esterlina convertida en obras
del progreso, en facilidades, movimiento y producción?
No las veía, y la razón consistiría en que el inglés, por efecto de vivir entre
nos­otros y en nuestra tierra, asimila nuestra inercia, se impregna de nuestra rutina
o se empobrece a nuestro contacto; quizá también porque nuestro país no es tierra
ad­quirible sin condiciones, conquistable, más bien dicho, como el África Austral,
donde, por estar en casa propia, se estimula más para enterrar sus esterlinas en
pro­fundidades de mucho menos expectativas aún, en pobrísimos conglomerados
aurí­feros donde aventura mucho más que en nuestras montañas de cobre y en
nues­tros filones de oro a la luz del día.
Nuestro viajero comprende que, así como él mismo, el resto de los ingleses
y del mundo entero ignoran también las condiciones industriales y los recursos
na­turales de nuestra riqueza minera; se abstienen de acudir a nuestros desiertos ig­
norados, como acuden, presurosos y resueltos, al África salvaje; prescindiéndonos
no sólo porque no es inglesa ni puede serlo nuestra tierra sino porque no tienen
de ella las noticias verídicas, razonadas y demostrativas que tienen de sus propias
colonias y de otros remotos países.
Consúltense sus libros y sus obras didácticas sobre minería, así como también
las de Francia, Alemania o Estados Unidos y se verá en ellas que de Chile no se tie­
nen más noticias que vagas e incompletas nociones, muy lejos de guardar propor­
ción, respecto de otros países, con el grado de importancia que corresponde a
nuestra pasada grandeza, a nuestros actuales progresos, a nuestra brillante historia
minera y a los verdaderos recursos minerales con que todavía contamos para el
presente y guardamos para el futuro.
Séanos perdonada la digresión: nuestro viajero así pensaba y asombrábase más
de ver que ingleses, toda una compañía inglesa de minas que por allí y en otros

-129-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 129 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

pun­tos del departamento de Copiapó posee poderosas minas y que desde hace tres
cuartos de siglo las explota con provechosos dividendos, no haya extendido sus
capitales y su influencia a mayor radio de acción o aplicado sus recursos a mejor y
más completa inversión, industrial y económica.
Verdadera paradoja, en realidad, que ha subsistido por largos años con perjui-
cio propio y con estériles o nulos efectos para el progreso público.
En éste, como en tantos otros casos en que nuestra riqueza mineral ha sido
conocida por el extranjero, estudiada, palpada y aprovechada, nada debemos a la
propaganda razonada y oficiosa, al poder ilustrativo y universalmente provechoso
de la publicidad, dentro y fuera del país.
Quizá se publican y propalan demasiado los casos adversos en que la desorde-
nada especulación, el lujo ostentoso de recursos mal aplicados y peor administra-
dos, debieran descargar sus ruinosas consecuencias sobre los negociadores, y no
sobre las minas negociadas. Éstas, por lo general, no son objeto de los reconoci-
mientos y preparación que requieren para entrar a ser reproductivas: la inversión
del capital que les fue destinado se disipó en anexos innecesarios, en imprevisión o
en manejos de dudosa conveniencia.
En todo evento, la luz rara vez se hace en cuanto a la materia misma del nego-
cio: cómo se pintó la mina y cómo resultó en realidad; cómo se ofreció reconocerla
y en qué forma y con qué criterio al fin y al cabo fue reconocida.
Esto es lo que no se publica, no se ilustra y nunca se sabe, quedándonos sólo
la fama de que nuestras minas y las condiciones industriales de nuestro país son un
abismo para los capitales que en ellas se invierten.
Cuales sean las razones, cuales las causas o las conveniencias de un sistema que
constantemente nos deja en la oscuridad y en la ignorancia de nuestros verdade­ros
recursos mineros ante el extranjero, no es materia que tiene su oportunidad en este
lugar ni que deba preocuparnos más que las razones de nuestra propia ineptitud o
indolencia para darnos a conocer por nosotros mismos.
Ráfagas de entusiasmo, momentos de reflexión y lan­ces de decisión nos han
im­pulsado alguna vez a estudiar o hacer estudiar nuestra naturaleza o nuestras mi­
nas publicando sus resultados y divulgándolos por el mundo con ilustraciones de­
mostrativas para hacerlas conocer y juzgar; mas, en el carácter nacional chileno y
sus aficiones más predilectas –observaba nuestro locuaz turista con una verbosidad
que lo llevaba hasta invadir el terreno de nuestras susceptibilidades más acaricia-
das– no insistimos lo bastante ni dejamos madurar ni nos preocupamos de saber
más, después de nombrado el sujeto y decretado el gasto, acerca de los frutos que
deberíamos esperar y recoger de tales iniciativas y disposiciones en fomento de
nuestros progresos y de la fortuna pública.
Iba todavía a provocarnos nuestro viajero a otras consideraciones aludiendo
a la Sociedad Nacional de Minería y obras en fomento de la industria; a la bri-
llante Exposición de Minería y Metalurgia y otros hechos elocuentes de la muni-
ficencia con que nuestros poderes públicos gastan los millones del erario nacional
siempre que se trata del desarrollo de nuestra producción minera... pero hubimos
de llamarle la atención a los nuevos aspectos geológicos y panizos minerales que

-130-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 130 26-09-12 13:20


Desierto y cordilleras de Atacama.indb 131 26-09-12 13:20
Bofedal de Caquena. Arica Parinacota. Pablo Osses, archivo particular.

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 132 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. vii. de enero a abril de 1886

comenzaban a desfilar a nuestra vista colocándonos en un centro interesante de


producción y mov­imiento in­dustrial.
La metalurgia de la plata nos debe importantísimos adelantos y verdaderas in­
novaciones que han hecho de nuestros establecimientos de amalgamación verda­
deros modelos en su género.
Los de Totoralillo y Pabellón se contraen por ahora, especialmente al tratamien­
to de los minerales de una gran mina, la Elisa, de Bordos, tan interesante por su
producción como por los caracteres del criadero que la constituyen, subordinado
a un detalle de la gran formación de conglomerados porfídicos en forma de un
es­trato de naturaleza traquítica sobre cuyas caras se ha condensado el mineral de
plata en estado de cloruros y de hermosas placas de amalgama nativa.
El valle se estrecha y sus altas paredes se empinan como murallas dibujando el
curso de las poderosas estratificaciones intervenidas por diversos pórfidos y ande­
si­tas, rocas engendradoras de la plata bajo otras formas y diversidad de composi-
ción que establecen una profun­da diferencia con Bordos.
Desde una cresta a la otra, cruzando el valle por el espacio con las líneas imagi­
narias del geómetra, se completan y reconstituyen los estratos, los diques y las ve­
tas metálicas que el abismo, por donde ahora corre el río y serpentea el verde de
los cultivos, separó rompiéndolas y dislocándolas.
El minero mira y contempla aquellos hechos, los comprende y deduce para sus
cálculos e investigaciones la continuidad de las líneas y de los planos por donde se
distribuyen los metales, desde Punta Brava y la mina Pepa hasta el Altar y Sacra-
mento, por un lado, y hacia Lomas Bayas y Cabeza de Vaca por el otro.
Más adelante, nuestro inglés tomaba vistas y trazaba las ondulaciones de la com-
plicada formación de areniscas rojas, margas, conglomerados y brechas andesíticas,
en relación con otra faja blanca traquítica que reprodu­ce el fenómeno de Bordos
con sus depósitos de plata, pero en diferentes y más variadas condiciones que allí.

– “¡Oh! ¿y por qué no tienen Uds. trazadas sobre una hoja de papel, relacionadas entre
sí y dibujadas en su situación y rumbos todas estas diversas circunstancias en que se
distribuyen los depósitos minerales y los accidentes o fenómenos que los producen?”.

Porque no hemos entrado todavía en este terreno de ilustrarnos a nosotros mis­


mos e ilustrar a los demás en el conocimiento de nuestros recursos y de las circuns-
tancias naturales e industriales que les acompañan.
Nuestros ingenieros y mineros no tienen tiempo para ocupar en estos trabajos
de interés general y los que el gobierno destina al servicio de la minería no lo ha­
cen tampoco, porque no hay plan ni concierto, reglamentación ni orden, ideas
ni dirección, y podría agregarse que ni interés ni conocimiento de la necesidad e
importancia de estudios y trabajos razonados para auxilio de una industria difícil
en su ejercicio y que tanto necesita de los ejemplos de la experiencia.
Una sección de minas anexa a la Dirección de Obras Públicas es un absurdo
administrativo, pero sin personal y sin elementos para hacerla servir a sus objetos
es una suprema inutilidad.

-133-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 133 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Otra pomposa institución, la Sociedad Nacional de Minería, podría ser muy


buena, pero auxiliada de otras cooperativas como las juntas de Minería provin-
ciales, calcadas sobre el modelo de la que por tantos y prósperos años funcionó
en Copiapó y a cuya iniciativa se debieron colegios, escuelas, hospitales, caminos,
estadística, policía y administración: todo por las minas y para las minas.
Institución respetabilísima que no costaba ni un céntimo de sacrificio al erario
público y gozó de crédito y respeto en todos los tiempos hasta que la política tomó
cartas en ella y la disolvió dejando desde entonces en ruinas y abandono las bené­
ficas obras del civismo y espíritu público del gremio de mineros que por tantos
años fue fecunda fuente de bienes y recursos para la minería.
Si no se ha olvidado que la minería es la gran in­dustria de Chile y la única
ca­paz de equilibrar con sus valiosos frutos el alarmante decaimiento de nuestra
pro­ducción; si aún hay recursos en la nación y buena voluntad en sus hombres
pú­blicos para poder resolver algo eficaz y práctico suprimiendo oficinas ociosas
e instituciones de aparatos, en cambio de obras efectivas y juntas trabajadoras,
aún habría tiempo de evitar mayores desastres y detener la ruinosa corriente de
descrédito y penuria que desde tiempo atrás viene invadiendo y cegando nuestras
más grandes fuentes de producción.
Terminábamos esta excursión a lo largo del valle de Copiapó, discutiendo con
el viajero inglés estas materias (que serán motivo de especial consideración en otra
parte) y recogiendo sus útiles observaciones y consejos acerca de la importancia
y eficacia de una propaganda razonada e ilustrativa, como más seguro medio de
llamar la atención y despertar el interés de la especulación minera en el extranjero.
Pero no sólo en el extranjero, agregaremos sino, también, en nuestra propia patria,
donde quizá es más general y más cabal el desconocimiento de los recursos de la
minería nacional.
Continuando las excursiones mineras al norte, fue necesario destinar alguna
atención al estudio de las divisiones territoriales que los intereses del servicio ad-
ministrativo y judicial minero reclamaban con cierta urgencia.
El jefe de la comisión exploradora fue al efecto consultado por la comisión res-
pectiva del Senado nacional para informarse de los detalles geográficos y discutir la
materia; mas por desdicha, sin hacer intervenir en ella argumentos y hechos que le
habrían dado una solución más en armonía con la naturaleza de los intereses com-
prometidos y con la configuración topográfica de los territorios que se deslindaban.
Se discurrió sobre generalidades y se resolvió en términos de mera significa-
ción geográfica cuya aplicación sobre el terreno no podía conducir sino a dificul-
tades e inconveniencias.
En un territorio desierto y donde la única riqueza explotable es la de las minas
y estando repartidas éstas con una desigualdad imposible de subordinar a figuras
re­­gulares para agruparlas entre sí y adjudicarlas a los centros poblados más inme-
diatos o más fácilmente accesibles, no es posible trazar líneas imaginarias y referir-
se a puntos naturales o accidentes topográficos sin proceder a la vista de un mapa
su­ficientemente exacto y con cabal conocimiento de ciertos detalles, tales como las
vías de comunicación y medios de transporte.

-134-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 134 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. vii. de enero a abril de 1886

Mediante la debida apreciación de todas estas circunstancias se descubre que


no son las distancias en abso­luto, sino las relativas condiciones referentes a facili-
dades del tráfico y medios de comunicación, lo que más conviene hacer intervenir
en la designación de los deslindes administrativos, y con mayor razón en nuestros
desiertos mineros.
Trazado el mapa del departamento de Copiapó, se encontró que los errores
en la apreciación de las distan­cias y dirección de las líneas, en que incurrieron los
de­marcadores de la antigua subdivisión del departa­mento en subdelegaciones y
distritos, determinaban desplazamientos imposibles de coordinar, formas extra-
ñas e irregularidades absurdas que jamás pudieron imaginar sus autores al trazar
su plan de límites territoriales. Rumbos expresados en cierta dirección aparecían
desviados de su verdadera situación en casi todo un cuadrante, y localidades asig-
nadas a un distrito aparecían ubicadas en otros, sobreponiéndose y suplantándose
respectivamente los lugares y las líneas.
La comisión municipal hubo de ocuparse en reformar aquella confusa subdivi-
sión y lo hizo en cuanto a los distritos y subdelegaciones, quedando sin alteración
el límite departamental común con el de Chañaral, que ya había sido inconsulta-
mente determinado por “las alturas que determinan por el sur la hoya hidrográfica
de la quebrada del Salado”.
La inaplicable y absurda elección de esta línea divisoria, refiriéndola al curso
de un cordón de alturas cuyo trazado no fue consultado ni tenido en cuenta por
los legisladores y con cuya definición se creía repartir equitativamente entre am-
bos departamentos la extensión de costa marítima comprendida entre los puertos
de Chañaral y Caldera, vino a establecer esa división partiendo desde Chañaral
mismo, donde termina en abrupta caída al mar el dorso de la cadena hidrográfica
a que se hace referencia, resultando así una solución inaceptable por aquel lado e
inconveniente también en todo el resto de la demarcación hasta la cordillera.
Este error no ha sido enmendado hasta la fecha, subsistiendo desde hace diez
años con grave perjuicio de los intereses mineros de uno y otro departamento;
di­ficultando la tramitación de los pedimentos, ocasionando litigios y produciendo
ri­validades de dominio y de percepción de rentas entre ambas comunas municipa­
les.
Ateniéndose al texto de la demarcación sancionada y estando neta y claramen­
te determinada en el mapa la línea, irregular e inconveniente, pero real y verda-
dera que constituye el límite natural que aquel documento prescribe, no tendrían
razón de producirse tales dificultades y dudas de jurisdicción si un espíritu de dis-
currir sin criterio y de resolver sin darse cuenta ni entender la materia en cuestión
no hubiera intervenido para oscurecerla, en vez de resolverla. Así, una vez cons-
truido el mapa y hecha sobre él la demarcación de las subdelegaciones y distritos
del departamento de Copiapó, cuyo trabajo fue confiado al regidor municipal don
Carlos M. Sayago y desempeñado por éste con toda precisión y conveniencia, hu­
bo un intendente de provincia que se permitió desconocer el texto de la ley y pres­
cindir de las claras indicaciones del mapa, introduciendo con ello mayor confusión
y provocando mayores perjuicios al público.

-135-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 135 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

El caso tiene su importancia, por los intereses en ello comprometidos, y se re­


fiere especialmente a la subdelegación Bulnes, Nº 20, cuyo límite boreal está ex­
presado así:

“Al norte, deslinda con el departamento de Chañaral por una línea que parte desde
la cumbre de Merceditas hasta la cumbre de Valientes...”.

Con esta definición y siendo los citados cerros de Merceditas y Valientes pun-
tos pertenecientes a la línea hidrográfica del Salado, no había razón ni pretexto, es-
tando sancionado como límite entre los departamentos esa misma línea de alturas
que determina la hoya hidro­gráfica del Salado, para interpretar y hacer adoptar en
su lugar la línea recta imaginaria que une las dos citadas cumbres de Merceditas y
Valientes, en vez de la línea natural y sinuosa que corre entre estas mismas, según
su significado geográfico y legal.
Estando todavía sin solución definitiva esta materia en cuanto a la reforma de
la ley de deslinde departamental entre Copiapó y Chañaral, hay interés en insistir
en ello y conviene esclarecer y recordar ciertos antecedentes.
En un principio se atribuyó equivocadamente al jefe de la comisión explorado-
ra el haber sugerido la idea del límite según la línea hidrográfica, pero aun después
de desconocida por él mismo la supuesta paternidad, subsistía cierta confusión
na­cida del error de tomar por opinión suya favorable a aquella disposición admi-
nistrativa, lo que no era sino la traducción geográfica de dicho límite tal como la
había deducido del terreno mismo, recorrido en toda su extensión y tal como la
había vertido gráficamente en el mapa.
Se había elevado con tal motivo una solicitud de la municipalidad de Chañaral
al Excmo. Presidente de la República; se preocupó el público y comentó la prensa
el asunto en tales términos que dieron lugar a escritos y polémicas.
Mientras tanto, nada ha sido resuelto hasta la fecha; los juicios contenciosos
entre particulares siguen su curso por cuestiones de jurisdicción y los municipios y
autoridades judiciales continúan en querella por recíprocas invasiones de respecti-
vos derechos y percepción de impuestos.
He aquí dos documentos al respecto:

Límite entre los departamentos de Copiapó y Chañaral

SSEE de El desierto:
Ha circulado en esta ciudad una hoja suelta “Al público”, con un escrito ti­tu­lado
“Límites entre los departamentos de Copiapó y Chañaral”, enviado como co­la­bo­ra­
ción a El desierto.
En el mismo carácter, y puesto que se ventila una cuestión de interés público y
de importancia local para Chañaral, envío a ustedes mi contestación a aquel escrito
anónimo.
Si el que suscribe tuviera el conocimiento de que siquiera uno solo de los mu­
chos ilustrados y honorables vecinos de ese pueblo industrioso figura entre los au­
to­res de ese escrito, habría tenido el más vivo interés en sincerarse de cargos que le

-136-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 136 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. vii. de enero a abril de 1886

afec­taran personalmente, pero en la duda del origen de su procedencia, los dejaré


sim­plemente prescindidos.
Los que manejan la pluma con habilidad y hacen de ello el oficio de escribir, no
siempre contraen su talento o su criterio a la tranquila discusión de la materia misma,
sino al contrario, llevados del deseo de amenizar, entran en divagaciones, se pierden
en conjeturas y se complacen en matizar con tales coloridos que acaban por desfigurar
las cosas en el fondo para despertar sospechas o hacer resaltar su­pues­tas intenciones.
En mi puesto de jefe de la Comisión Exploradora, que tanta circunspección
requiere, no debo entrar en polémicas, pero sí acepto discusión y recibo con interés
y gratitud todo lo que importe para mi objeto un dato útil, una objeción ilustrativa
o una rectificación de mis errores.
Estaré, siempre y con mucho gusto, dispuesto a contestar a los que me con­sul­
ten o interroguen, pero ruego lo hagan, en cuanto interese al bien público, al jefe
de la Comisión Exploradora exclusivamente, prescindiendo de las sombras o luces
que afecten a su vulnerable persona.
Contesto a los señores Vecinos de Chañaral:
1º Que me es penoso y desagradable tener que comenzar por devolverles la falsa
y antojadiza imputación de hacerme autor de la demarcación del límite que la
ley establece entre los departamentos de Copiapó y Chañaral.
No debo yo entrar a probarlo, porque son ustedes quienes deben averiguarlo
para dar satisfacción al público cuya opinión, queriendo ilustrar, han extra­via­do.
2º Mi informe al señor intendente de Atacama, en contestación a consulta sobre
la ubicación de ciertas minas denunciadas, no hace más que trazar la línea
demarcada por la ley, citando algunos de sus puntos más característicos.
Y como en esta enumeración de puntos he cometido un error de palabras,
me es grato agradecer a ustedes el servicio de su útil rectificación.
Tengo anotado en mi cartera de viajes con el nombre de “Varillas” el por­
te­zuelo que se interpone en el trayecto de la Salitrosa a las aguadas de Hua­
manga, y con el mismo nombre tengo designado también el que se trans­mon­ta al
dirigirse de las aguadas hacia la cuenca donde nacen los afluen­tes de la que­brada
Ánimas, cuyo portezuelo es el que he señalado como punto del dorso del Salado.
Es frecuente el ser equivocado por los baqueanos y prácticos a quienes in­
terro­gamos por el nombre de los lugares geográficos.
Si uno de estos casos ha tenido lugar aquí, no tengo sino que rogar el favor
de darme el verdadero nombre; y he aquí un punto útil y plausible del escrito
de ustedes.
3º Los argumentos de ustedes sobre la desembocadura del Salado y sus afluentes
dentro del delta que lo limita por el mar me demuestran otra vez buena in­
tención, pero no me rectifican ni enseñan nada que me sea desconocido.
He dicho que Peña Blanca está al pie de Paso Malo, porque este nombre
doy al punto culminante de ese cerro donde está construido el punto de mira
de un vértice de triángulo, cuyo nombre hago extensivo a todo el macizo; y
dejémoslo así porque a nada daña.
Mejor pensado, gracias a la justa observación de ustedes sobre Punta In­fie­
les, debí haber citado este punto lisa y llanamente, aun cuando no sea es­tric­
ta­mente punto del dorso, pero sí es término austral del delta y cierra por ese
vien­to la bahía de Chañaral.

-137-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 137 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Me confirmo pues, en que, legal y geográficamente, y de acuerdo con ustedes,


es en Punta Infieles donde arranca el límite de Chañaral con Copiapó en el océa­no.
Y todo esto que acabo de decir, lo digo a grandes rasgos, aunque a riesgo
de dejar a ustedes campo a réplicas y argumentos en los detalles en obsequio a
la brevedad y porque estos detalles no importan a la cuestión en lo principal.
4º En el argumento de aquellas minas que un supremo decreto coloca en Cha­
ña­ral, siendo que están al sur del dorso del Salado, la culpa es del decreto que
contraría la ley y los hechos.
Que ello no convenga a esas localidades, lo acepto también como ustedes,
¿pero por qué me culpan a mí de las consecuencias de una ley y de un decreto
de que yo no soy autor?
5º Y para concluir, no viendo otra cosa digna de observación en el resto del
es­crito de ustedes, sólo me resta declarar a ustedes que si llegaran a tener ne­
ce­sidad de mi cooperación o más bien dicho de los servicios de la Comisión
Ex­ploradora para la rectificación de los límites entre Chañaral y Copiapó,
que juzgo también convenientes en parte, nada sería más grato al jefe que la
preside como al in­dividuo que de ustedes se ofrece S.S.

Francisco J. San Román,


Ingeniero jefe de la Comisión Exploradora de Atacama

Excmo. Señor:

La Ilustre Municipalidad de Chañaral en sesión ordinaria de 17 del mes en


curso, tomando en consideración que la línea divisoria entre este departamento y
el de Copiapó, últimamente determinada de una manera definitiva por el jefe de la
Co­misión Exploradora de Atacama, don Francisco J. San Román, a indicación del
señor intendente de la provincia, compromete los intereses de los industriales de
este pueblo, sin que esto importe positivamente una ventaja en favor de Copiapó,
acordó autorizar al infrascrito como su legítimo representante, para que hiciera
valer ante V.E. los fundamentos de su opinión, buscando en su alto criterio una
solución que corresponda al propósito primordial que V.E. mismo tuvo en vista
para pedir la creación de estos departamentos; cuyos fundamentos estrictamente
correspondan al límite sur asignado por la ley, y cuyo punto de partida a la costa
es la “hoya hidrográfica de la quebrada del Salado”.
En cumplimiento de este acuerdo, mi deber es dar conocimiento a V.E. que
del informe aludido surgieron rectificaciones sobre la demarcación que él se­
ñala; rectificaciones que en mucha parte aceptó el citado jefe de la Comisión Ex­
ploradora, como consecuencia de un justo olvido al redactar su informe.
Sin embargo, con la rectificación operada, el señor San Román deja todavía
subsistente mucho de perjudicial a varios centros mineros que quedarían dentro de
la jurisdicción de Copiapó a inmensa distancia, y de ésta al habla, puede decirse,
de sus autoridades naturales.
Tal resultado, Excmo. Señor, procede de apreciaciones diversas en la deter­
minación de continuidad desde el punto de partida a la costa, y por esto la ilustre
municipalidad, vivamente preocupada de este asunto de verdadera importancia para
los industriales de este pueblo, que en nada afecta los intereses del depar­tamento

-138-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 138 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. vii. de enero a abril de 1886

de Copiapó, nombró una comisión conocedora de las localidades, materia de la


división, cuyo informe determina con verdadera claridad la línea que debe adoptarse
porque implícitamente se subordina a la base o punto de partida fijado por la ley.
Resumiéndolo, establece: que la línea debe partir en la ribera del mar, desde
la “Punta del Obispo”, ubicada inmediatamente al sur de la rada de este nombre
si­guiendo por el dorso de los cerros denominados del “Potrero” hacia el naciente
hasta su extinción en el llano de “Piedras de Fuego”; que este dorso de serranía
deja al sur una quebrada conocida con el nombre de “Quebrada del Potrero”, que
desemboca en el mar, formando una división bien marcada; que en el llano de
“Piedras de Fuego” se tomará como límite el inmediato “Portezuelo” que da acceso
por el sur al mineral del Morado, quedando inmediatamente al norte las minas
del “Tropezón” desde cuyo “Portezuelo” seguirá por las alturas de los cerros “San
Diego” y “San Juan” hasta su término en el llano donde se juntan los caminos
carreteros que conducen uno a la mina “Emma” al sur, y el otro al mineral de “Tres
Puntas” al noreste, desde donde se tomará una línea recta imaginaria con dirección
noreste hasta las cumbres de los cerros denominados “Tres Puntas” del mineral del
mismo nombre, siguiendo después las altitudes que circundan la “placilla” de este mi­
neral por el oeste, norte y este, de los cuales se desprenden los afluentes de la “Hoya
Hidrográfica del río Salado”.
Como complemento de lo que precede, la misma comisión concluye por ex­
poner al ilustre cabildo que esta división ratifica el antiguo límite de la subde­le­
ga­ción de Chañaral, que en la práctica reconocen los cateadores y posee­dores
de minas que en la actualidad se trabajan lo que constituye verdadera ventaja y
fa­cilidades a los industriales porque todos los centros mineros de “Los Pozos”,
“Mon­tecristo”, “Remolinos”, “Salitrosa”, “San Juan” y otros quedan al norte con
ca­minos carreteros expeditos tanto para Chañaral, cuanto para Flamenco, ca­
le­ta que dista poco más de treinta kilómetros de la cabecera del departamento,
mientras que estos mismos minerales están separados de Copiapó y Caldera por
enormes distancias de desierto y sin caminos carreteros que pudieran facilitar sus
comunicaciones comerciales; evidenciándose con esta división las facilidades que
daría a la administración pública en todos los ramos de su dependencia.
Demostrados los fundamentos del acuerdo de mi referencia, la ilustre muni­
cipalidad cree que Vuestra Excelencia, haciendo uso de las especiales atribuciones
que le confiere el artículo 82 de la Constitución, puede darle solución inmediata
a este asunto; pero que si esta opinión fuere errónea para el alto criterio de V.E.,
espera, sin embargo, que si V.E. lo estima conveniente se dignará pedir una reso­
lución legislativa que resuelva la situación.
En esta virtud, y a pesar de que pueden hacerse valer consideraciones de otro
orden, el insfrascrito encuentra que sería darle proporciones considerables a esta
solicitud, distrayendo preferentes atenciones de V.E., por cuyo motivo da remate a
ella, y por tanto,
A V.E. suplica, a nombre de la honorable corporación que representa, se dig­
ne prestarle benévola acogida al justo reclamo que se formula ante el recto juicio
de V.E.

Excmo. Señor.
Ruperto Álvarez

-139-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 139 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Como se ve, se trataba, hace de esto diez años, de reformar una ley sobre lí­
mi­tes interdepartamentales y se sigue hasta la fecha insistiendo en lo mismo sin
arribar a resultado alguno todavía.
Un viaje a Santiago, en febrero de aquel mismo año de 1886, siempre por razo-
nes de escasez y diligencias de tesorería para emprender nuevas campañas de tierra
adentro y por las alturas de cordilleras; también por avanzar algo más en nuestras
aspiraciones a obtener una oficina y útiles de dibujo, instrumentos y recursos para
estudios mineralógicos, que ya nos eran indispensables y también por atender a
ciertos trabajos relacionados con intereses salitreros dentro del terreno de las explo-
raciones de la comisión y que se ventilaban por cuenta del Ministerio de Hacienda.
Tales diligencias obligaban, por lo pronto, a tomar pasaje directo a Tocopilla.
Viajes por mar a lo largo de nuestras costas, para quien se ocupa de trabajos
geográficos, tienen siempre su interés y sus especiales objetos y conveniencias.
En los itinerarios terrestres no se descuidaba el trazado y reconocimiento de
las orillas del océano para relacionar los detalles de su orografía y constitución
to­pográfica con las indicaciones prolijas de las cartas marinas, y para ello hemos
podido siempre contar con la benevolencia y conocimientos especiales de los capi­
tanes y oficialidad de los vapores del cabotaje.
Algunos de ellos, por su parte, conocen nuestras señales o hitos de triangula­
ción en la costa y no dejará de interesarles el poseer un ejemplar del mapa del
de­sierto a bordo para completar con el conocimiento de la geografía de tierra
adentro lo que tan familiar es para ellos en el litoral marítimo.
Más de una vez ha aspirado el jefe de estos estudios a poder disponer de alguna
pequeña embarcación de nuestra marina nacional para excursiones por la costa con
el objeto de reconocer la constitución geológica y tomar detalles topográficos de
algunos trechos que son inaccesibles por tierra; que permanecen, por lo tanto, com-
pletamente desconocidos y que sería de interés poder abordar antes de la completa
terminación del mapa geológico que ha de acompañar al presente trabajo.
Si desde estas páginas, anticipadas a la definitiva con­clusión y publicidad del
pre­sente trabajo, consiguiera hacerse oír el autor, se podría todavía agregar un
pun­to más de interés y utilidad a una obra tantas veces contrariada, interrumpida
e impedida de alcanzar su completo desarrollo conforme al primitivo plan de ma-
terias y fines a que fue destinada.
El viaje a la región salitrera del Toco, con motivo de los intereses que allí posee
el fisco, tuvo lugar al mes siguiente, a principios de marzo, destinando de paso
algunos días a nuevas excursiones por el desierto entre Taltal y Antofagasta.
El viaje marítimo desde este puerto hasta Tocopilla permite tomar interesantes
anotaciones geográficas y mineras, siendo una continua revista de minas de cobre
lo que el viajero va observando en las orillas del mar y falda de las montañas hasta
llegar a Tocopilla.
La teoría de los sucesivos levantamientos de la costa del Pacífico, nacida de la
observación de esas graderías en anfiteatro tan notables por su regularidad y su nú-
mero con sus restos de conchas recientes y contemporáneas como si ayer no más,
dentro del período histórico de nuestra humanidad, hubieran surgido esas tierras

-140-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 140 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. vii. de enero a abril de 1886

del fondo del océano, ofrece por allí, desde la bahía Constitución hasta Mejillones,
uno de sus ejemplos de comprobación más interesantes y característicos.
Los geólogos han emitido opuestas opiniones en cuanto al origen de este ex-
traordinario fenómeno que se produjo y sigue produciéndose en una extensión de
más de dos mil millas geográficas de nuestras costas y las de Perú, hasta la ciudad
de Lima, atribuyéndolo unos a fuerzas súbitas y violentas capaces de haber ele-
vado muchos metros el continente a la altura de los respectivos tramos que ahora
contemplamos con asombro, y dándole por razón los otros un movimiento de as­
cen­sión lento y gradual, pero sin perjuicio, por otra parte, de eventuales épocas de
rápido levantamiento.
En el Museo Nacional el Dr. Philippi se complace en mostrar una enorme
ostra de los mares actuales que le fue obsequiada por el distinguido marino y geó-
grafo don Francisco Vidal Gormaz, encontrada por éste en lo alto del Morro de
Mejillones, a cien metros más o menos de altura sobre la actual playa;

“hecho que aquí declaro constatado –agrega nuestro ilustre sabio, haciendo honor
a la pala­bra del obsequiante– pues, sin esta seguridad, nada diría de ello”.

Allí es, precisamente, como en el caso análogo del Morro de Arica, donde el
viajero puede constatar hechos de la mayor importancia para el estudio de esta
cuestión, verificándose en este último histórico peñasco que las conchas adheridas
a la roca disminuyen en antigüedad desde la altura hacia la base, favoreciendo así
la idea del lento solevantamiento, en oposición al hallazgo del señor Vidal Gormaz
que demostraría lo contrario.
No obstante, contra este último ejemplo excepcional, son numerosas las prue-
bas, también biológicas y de otros caracteres, que confirman la opinión de los
partidarios de la gradual y lenta ascensión de nuestras costas.
También ofrecen, la geología minera y la estratigrafía, motivos de observación
y datos para su cartera al viajero que navega por aquellas latitudes auxiliándose de
sus gemelos y abordando la tierra firme en los puertos de estadía.
Cerros fajados de zonas paralelas y pintadas con todos los colores, desde el
verdinegro hasta el verde manzana; el blanco y sus matices amarillentos, bayos o
grises; el rojo de ocre y de chocolate, el violado, etc., representando cada uno de
ellos capas o estratos de rocas diferentes que no pueden significar ni transmitir otra
idea geológica sino la de formaciones características de origen sedimentario. Pero
examinadas de cerca, se diría que aquella forma estratificada es mera apariencia
y que las zonas paralelas de diversos colores son más bien el resultado de fenó-
menos físicos, tal es la homogeneidad general y la uniformidad de composición y
estructura de aquellas rocas tomadas en conjunto y que pasan las unas a las otras
sin más transición que la de sus respectivos colores o meras diferencias en su estado
cristalino y jaspoideo.
La idea del metamorfismo se impone en aquellas formaciones de materiales si-
licatados en que tan pronto se ven los signos de rocas eruptivas como los caracteres
inequívocos del origen sedimentario.

-141-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 141 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Son, sin duda, primitivas estratificaciones de areniscas arcillosas que el meta­


morfismo ha trasformado en dioritas y otras rocas de esta familia, hecho que se
com­prueba con la abundancia de la epidota, y otros, y con la no existencia de ro­
cas introductivas en diques o inyectadas entre los estratos; es decir, que tales diori-
tas no son exóticas sino indígenas u originarias de la formación misma estratificada
que sufrió la acción metamórfica.
Esta teoría, sostenida por célebres geólogos, es la que más satisfactoriamente
nos guía en la oscuridad de nuestras complicadas formaciones donde las alterna-
tivas y transiciones inesperadas de unas rocas a otras tienen tanto que ver con las
indagaciones y problemas del minero.
Al llegar al puerto de Tocopilla se aumenta el interés de estas materias con el
aspecto mineralizado del terreno que hasta aquí no ha cesado de mostrarnos el
en­jambre de veneros de cobre que lo cruzan, vírgenes casi en su totalidad, explo-
tados todavía en Cobija y Gatico y sosteniéndose aún con cierta actividad en este
puerto a que arribamos.
La pequeña bahía de Tocopilla estaba poblada de buques que descargaban
maderas y carbón para recibir en retorno cobres y salitre; los hornos de Carne y
Knocke arrojaban columnas de humo azufrado; los malacates de las minas se veían
desde la cubierta del buque caletero moviendo sus largos brazos de palanca; y todo
el caserío del pueblo, en fin, parecía abrigar activa colonia de obreros, comercian-
tes y mineros.
No se había formado aún la gran sociedad anglo-chilena que hoy explota las
salitreras del Toco, pero los ingenieros se ocupaban ya en trazar el futuro zigzag
y las curvas infinitas que el ferrocarril habría de seguir más tarde para ascender
aquella abrupta serranía de roca viva y profundas desigualdades.
La riqueza y extensión de los terrenos salitrales del Toco valían la pena de la
preocupación e interés que en aquellos días se dejaba ver en todos los habitantes
de la localidad; sin embargo de ser uno solo el individuo favorecido con aquella
riqueza pública mediante una concesión gratuita que equivaldría, como acto de
equidad y justicia en nuestros tiempos, a la soberana despreocupación con que en
otras edades de la historia se regalaban feudos y principados a los buenos servido-
res y favoritos por gracia y antojo del soberano.
El gobierno de la república se proponía, por entonces, después de haber pro-
curado reducir las proporciones del gaje en lo posible, saber lo que correspondería
al fisco en extensión de terrenos útiles después de adjudicar y reconocer como pro-
piedad de don Eduardo Squire cuarenta estacas o millas cuadradas de real medida
inglesa, de entre las sesenta y uno y pico que el aspirante reclamaba como suyas.
Tomando datos y verificando trechos en lo pertinente a los intereses del fisco, se
llegaba a saber que en la caleta Duendes, inmediata a Tocopilla, existían los res­tos
abandonados de un gran establecimiento que alcanzó a vivir algún tiempo como
centro de administración de las oficinas del interior; y junto con saberlo se constata-
ba la depredación de que era presa y el aspecto de ruina que ofrecía todo aquel depó-
sito de maquinaria y útiles, muelle, galpones, edificios y cuanto ele­men­to de trabajo
requiere un gran negocio industrial, revelándose en todo el sello del libre aprovecha-

-142-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 142 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. vii. de enero a abril de 1886

miento y vandalaje que cayó como azote de la guerra y del des­go­bierno sobre bienes
y obras del trabajo que pudieron haber sido protegidos y salvados oportunamente.
Los ochenta kilómetros de camino desde Tocopilla al Toco, después del inte­
rés que ofrecen las minas de cobre, exhiben el mismo aspecto de desolación y
esterilidad que es común a todo el desierto, siendo necesario llegar al campo de
los trabajos de elaboración del salitre y especialmente a las riberas del Loa, que
por allí corre encajonado dentro de honda grieta entre paredes de sal y yeso, para
gozar un cambio de panorama y de más variadas impresiones.
No obstante, aquella naturaleza verde, escondida en el fondo de sinuoso y pro-
fundo cauce y alimentada por caudal que le suministra perpetua frescura y relativa
lozanía, no interrumpe en nada la persistente sequedad del eterno panorama de
desolación, sólo interrumpido por las alternativas de los mirajes azules, las auroras
resplandecientes y los mágicos efectos de luz en los crepúsculos.
El silencio solemne del día y el calor sofocante de un sol que parece infiltrarse
todo entero en un suelo que lo recibe con avidez, como si lo necesitara para las
evoluciones de las materias que en su seno se anidan y transforman perpetuamen-
te, dejan tal impresión de muerte y convicción de inutilidad de aquellas tierras, que
no se modifica sino al caer de la tarde y entrar la noche, en la idea y convicción
innata de que nada hay perdido e inútil en las obras de la creación y ante los fe­
nóme­nos que se producen.
No se necesitaría estar en presencia de los humos y chimeneas de la industria
y en medio del movimiento de una oficina de elaboración de salitre para sentir la
impresión de que aquellas tierras de apariencia ingrata ocultan tesoros o almace-
nan materias útiles al hombre.
La decrepitación nocturna, con sus estallidos ruidosos y nutridas detonaciones
que a veces llegan a producir inquietud en el viajero no familiarizado con el hecho,
es el único rumor que interrumpe el absoluto silencio del desierto, anunciando un
fe­nómeno de vida y actividad interna bastante para hacer presumir que alguna
ma­teria útil y quizá susceptible de fácil aprovechamiento se oculta en el seno de
aquella naturaleza muerta.
Remeda los chasquidos de la leña que arde, como en la hoguera de un incen­
dio, sucediéndose las detonacio­nes a intervalos irregulares y disminuyendo en fre-
cuencia la intensidad a medida que el frío restablece la uniformidad de una tempe-
ratura desequilibrada violentamente en la transición del día a la noche.
Si las partículas de todos los cuerpos están en constante movimiento, como lo
asevera la más moderna teoría sobre la producción del calor, y la naturaleza y can-
tidad de este movimiento dependen del estado físico de los cuerpos, no se podría
dejar de reconocer un ejemplo natural de la más apropiada aplicación en el caso
de las detonaciones nocturnas del caliche; fenómeno en que la idea científica de las
vibraciones moleculares se aviene en muy buena armonía con la de las fuerzas ex-
ternas que obran sobre aquel suelo y la materia de que consta, para producir, por
las expansiones y contracciones sucesivas, el requerido y necesario desequilibrio
que las moléculas deben sufrir en los cuerpos sólidos para excitar el movi­miento
y engendrar calor.

-143-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 143 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Y con esto, si se considera que las causas de semejante fenómeno provienen


de la existencia de sales minerales, que entre éstas figura el nitrato de sodio y que
dentro de esta misma materia se contiene el elemento poderoso de fertilización
de las tierras que más anhelan las plantas y en más asimilable forma se les ofrece,
las ideas se desarrollan más y evolucionan con mayor animación en la mente del
observador, presentándose en todas sus fases el extraordinario acontecimiento de
aquellos depósitos fecundantes en plena esterilidad y desolación; sepultados allí
con sus gérmenes de vida en medio de la muerte y destinados a ser exhumados y
transportados a lo lejos ¡en beneficio de tierras extrañas, distantes y remotas!
Es así como, estudiando aquella naturaleza sin vida del desierto de Atacama,
con su suelo desnudo y su perenne sequedad, sus aspectos de tristeza y su abando-
no sin esperanzas, el viajero llega a cerciorarse de aquellas fuentes extraordinarias
de producción, ¡materia para poderosas industrias y hasta gérmenes de vida para
otras tierras que perecen de vejez y agotamiento!

-144-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 144 26-09-12 13:20


VIII
DE ABRIL A JULIO DE 1886

Nueva campaña a la cordillera: Calama. Aspecto general. Grandezas relativas.


Arqueología. Géiseres: Volcanes de agua y barro. Arquitectura geológica. Nombres
propios del cunza. La puna y sus moradores. Caracteres físicos y geológicos. La
cuestión de límites en la industria boratera. Hidrografía y volcanismo. Extraño tipo
humano: cómo se trata a los indígenas. Impresiones al pie de un volcán. Chorrillos:
hospitalidad chilena. En Caurchari: espejismo doble. Nevada y catástrofe. De Ata­
cama a Calama: espectáculos de la travesía.

A principios del mes de abril del mismo año de 1886 la comisión exploradora
emprendía una nueva campaña partiendo desde el pueblo de Calama hacia
el interior de las cordilleras hasta la puna de Atacama.
No era propicia la época, empezando la estación de invierno, pero no éramos
nosotros sino la acostumbrada marcha de las gestiones administrativas lo que así
dis­ponía de la suerte de nuestras personas y del éxito de los servicios que les esta-
ban encomendados.
Calama, puerto interior de tránsito para el comercio con Bolivia, lugar que
po­co antes tuvo el privilegio de ser el primer campo de batalla con que se inició la
cam­paña del Pacífico, era ya, en los días de nuestra visita, estación del ferrocarril
de Antofagasta a Pulacayo y Oruro.
De caserío insignificante, esparcido en un mar de vegas saladas y pantanos in-
salubres, iba pasando a pueblo donde humeaban chimeneas de fábricas, rodaban
carretas y se levantaban edificios para negocios y escuelas.
Las operaciones topográficas se redujeron allí a ligar el pueblo y sus inmedia­
ciones con la red de triángulos que por entonces terminaba en las cumbres de
Chus­chul, Caracoles, Limón Verde y sierra Gorda, avanzándola hasta las cumbres
ne­vadas de San Pedro y San Pa­blo, Linzor, etc.; a trazar el curso del río Loa, fijar
los asientos de minas y describir la topografía general.
En lo demás, las excursiones geológicas, visitas mineras, indagaciones hidrográ­
ficas y demás materias del plan de estudios, fueron iniciadas conforme a las prácti-
cas y según el orden anteriormente acostumbrado.

-145-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 145 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Dejando los respectivos detalles de cada materia para otras páginas, continua-
remos con nuestro itinerario, abreviándolo en lo posible y relatando, como hasta
ahora, lo indispensable para conocimiento del tiempo ocupado en las exploracio­
nes y su distribución, de los incidentes más notables del viaje y de todo lo que
me­rezca descripción y el trabajo de ser constatado.
El verde prado de las vegas y potreros de Calama sigue ofreciendo al ojo del
viajero su agradable vista hasta la confluencia del río Loa con el Salado, cuyas
aguas, de origen termal y composición altamente mine­ral, dañan por completo la
bue­na calidad de las del primero.
El paisaje es más o menos agreste, ofreciéndose, desde algunos puntos del
trán­sito, majestuosos aspectos de la cordillera y vastos panoramas del desierto en
todas direcciones.
Así, desde las alturas de Ceres, se despierta en el viajero un vivo interés por
orientarse en medio de aquel inmenso escenario de montañas de nombre descono-
cido y también ignoradas en cuanto al papel que les corresponde en la distribución
orográfica del sistema de los Andes.
Por el sur se ven deprimidas, pero levantándose como vigías y señales promi-
nentes del árido desierto, las cumbres de Caracoles y Aguas Dulces, que muestran
el punto de las riquezas que de allí surgieron; hacia el sureste se encumbran las
alturas de la puna atacameña y se levantan como agujas los conos del Licancabur
y Purilanjti y como tenues nubecillas los humos de los volcanes andinos; a corta
distancia al este desfilan los precipicios y profundos barrancos del Loa pintados
de todos colores, y en el fondo de la decoración las cúpulas nevadas y las moles
enormes de la cordillera andina.
He aquí algunos azimuts magnéticos para servir de guía:

A Limón Verde S 10º O


A Aguas Dulces de Caracoles S 7¾º E
A Quimal S 19º E
A Purilanjti S 38½º E
A Licancabur S 67¾º E
A Piquintipa S 73º E
A Volcán Machuca S 83 º E
A Paniri N 57º E
A San Pablo N 30º E
A San Pedro N 30¾º E

En Chiuchiu, lugarejo de unos 500 habitantes, situado en las inmediaciones de


la confluencia de los ríos Loa y Salado, se presentó la ocasión de interesantes visi-
tas a los cementerios de indígenas, consiguiendo obtener cuatro momias comple-
tas, en buen estado de conservación y adornadas con sus pintados ropajes; diversos
objetos de adorno y utensilios, a todo lo cual ha dado colocación el Dr. Philippi en
la correspondiente sección del Museo Nacional.
Internándose desde este punto hacia el oriente, se tiene la oportunidad de ob-
servar los cañones o grietas por donde corre ahora el caudal del Salado: semejantes

-146-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 146 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. viii. de abril a julio de 1886

a una abertura del terreno cuyas paredes han conservado su posición vertical sin
más que mantenerse separadas respectivamente a cierta distancia, con sus planos
paralelos y capas del terreno correspondientes a la misma altura, sin señales de
hundimientos ni dislocaciones.
Es una regularidad y un orden de simetría que impresiona más como modelo
de arquitectura natural que como espectáculo imponente, a menos que el obser-
vador quiera tomarse el trabajo de medir las proporciones y buscar un punto que
puede encontrar a unos veinte o más metros de profundidad desde donde poder
apreciar la relativa majestad de aquel escenario, que a veces se desarrolla en plena
luz del Sol y también se modifica entre semisombras y casi entre oscuridades sub-
terráneas en algunas partes donde el cajón es tortuoso y las pare­des altas.
Interesa sobre todo la vista de estas escenas de la naturaleza a los que han
podido contemplarlas en los ejemplos de mayor grandeza que se ofrecen sobre la
superficie del globo, como en aquellas prodigiosas regiones del Colorado, sobre
las altiplanicies de las montañas Rocallosas de Estados Unidos de Norteamérica;
y les interesan y gozan mucho más desde que aprenden a observarlas, dándose
cuenta de las circunstancias y de los diversos factores que concurren a formar en la
mente la exacta y apropiada concepción de los cuadros naturales. La innata fanta-
sía humana puede imaginarlos muy grandes y muy bellos, pero sólo la tranquila y
reflexiva observación puede revestirlos con su efectiva magnificencia y hermosura.
En grado diferente que en el Salado, el viajero admira los abismos que se pre-
cipitan a gran profundidad desde el famoso puente del Añil, sobre el río Loa, el
de mayor altura que hasta hoy haya cruzado ferrocarril alguno del mundo, pero,
sin darse cuenta de las razones que con­curren a sugerirle ideas de más grandiosa
apariencia en un caso que en el otro, su imaginación divaga y sus impresiones se
amoldan a meras concepciones de su propia mente.
¡Tan cierto es que debemos primero estudiar las cosas y después entenderlas
para sólo entonces poder apreciarlas!
Viajeros que han recorrido medio mundo y realizado sacrificios para satisfacer
el deseo y gozar la realidad del espectáculo más portentoso de la creación, dirigién­
dose al gran Cañón del Colorado, han llegado allí, a sus orillas, al borde de sus
abismos vertiginosos de dos mil metros de profundidad y en medio de las gigantes-
cas arquitecturas de Punta Sublime, para sufrir un desencanto, casi una decepción
en un estado de inconsciente perplejidad, en vez del entusiasmo espontáneo que
despierta la confirmación de un hecho que de lleno se presenta en toda su realidad.
Pero la falsa noción preconcebida, la falta de un concepto fiel y los mirajes de la
caprichosa fantasía empiezan poco a poco a ceder ante esa realidad no siempre
apreciable de las augustas construcciones de la naturaleza, y entrando a apreciar
los detalles en su exacta magnitud y las proporciones del todo en su ar­mónico con-
junto, nos sucede lo que tan a menudo se dice del visitante que por primera vez
en­tra a San Pedro de Roma.
Nuestros ejemplos son relativamente pequeños: no tenemos extensión ­bastante
entre nuestros Andes y la costa del Pacífico para dar cabida a tan inmenso escena-
rio de maravillas de la creación como el que se desarrolla sobre las altas planicies

-147-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 147 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

de América del Norte, donde se ofrece en un solo corte natural del terreno el úni­
co caso en que sea dado al hombre abrazar de una sola mirada el conjunto casi
completo de todos los terrenos geológicos que se han sucedido en la formación de
la corteza del globo, desde la base fundamental de rocas cristalinas primitivas y la
serie de las estratificaciones paleozoicas, secundarias y terciarias, hasta nuestros
días. No podemos aquí, en reducido escenario, contemplar como allí, en tan vasta
extensión, el resultado de todas las fuerzas terrestres obrando sin cesar durante
la eternidad de las edades geológicas para construir y demoler alternativamente,
mode­lando siempre y edificando colosales esculturas sobre las proporciones mis-
mas del continente, tomado éste en toda su extensión y altura, a medida de su lento
crecimiento y definitiva consolidación; no se desarrolla así la naturaleza en la an-
gosta faja de tierra que nosotros ocupamos; pero dentro de sus propias magnitudes,
las proporciones se armonizan y las construcciones ofrecen relativa grandeza sin
perjuicio de la estética que todo lo reviste de gracia y atractivos.
Los cañones del Loa son, así, bastante atrayentes e instructivos para transmitir
ideas de grandeza escultural y revelaciones sobre nuestra historia geológica, como
también lo son los cajones por donde corre silencioso y oculto el Salado, ofrecien-
do ambos, con la simetría y regularidad de sus modestas construcciones, modelos
de provechoso estudio y útil observación.
Siguiendo el curso del Salado arriba, por las vegas y caseríos de Paniri y Aiqui-
na e internándose por algunas de sus ramificaciones, como la de Agua Dulce, se
encuentran repetidas ocasiones de constatar analogías arqueológicas y etnográficas
de notable importancia en relación con otras de nuestra propia América y la del
norte.
Las costas marítimas del desierto de Atacama comprenden algunos puntos, co­
mo en Caldera, Paposo y otros de donde han sido exhumados numerosos restos
de seres humanos acompañados de abundantes utensilios, armas e instrumentos de
pesca, del mayor interés por su variedad y formas.
¿Cómo no sorprenderse e interesarse vivamente por estos objetos cuando ines-
peradamente volvemos a dar con ellos, iguales e idénticos en otras apartadas y casi
opuestas regiones extremas del globo?
Por ejemplo, en el Museo de Historia Natural de Berna se creería estar en pre­
sencia de nuestros propios res­tos de las extinguidas razas de la costa del Pacífico,
de nuestros changos, al examinar las colecciones de reliquias neolíticas de las anti-
guas habitaciones lacustres de Suiza.
Iguales o más idénticas semejanzas ofrecen las construcciones de nuestros anti-
guos pobladores de la puna atacameña y de la región de los calchaquíes al oriente
de esta altiplanicie, desde Catamarca a Tucumán y Salta.
Basta llegar a los lugarejos de Aiquina, Caspana y otros de nuestro itinerario
del Salado y sus afluentes para recordar las análogas famosas construcciones de los
habitantes de las laderas o precipicios de montañas en México y Estados Unidos.
Aquí como allí, las habitaciones son esencialmente de piedra, defendidas por sí
solas en sus alturas inaccesibles al borde de paredes verticales o parapetadas den-
tro de reductos y fortalezas. No porque aquellas razas primitivas vivieran exclu­si­

-148-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 148 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. viii. de abril a julio de 1886

vamente en condiciones de guerra sino porque, de entre las poblaciones que eran
esencialmente agrícolas como las de los ríos y praderas, no quedan hoy sino restos
aislados e imperceptibles que es necesario buscar con cierta prolijidad para aper-
cibirse de su existencia.
En cuanto a la forma de aquellas construcciones, mantenidas en suspensión,
como nidos de águila en lo más escarpado de los barrancos, se ven reproducidas
las mismas figuras en rectángulos, paralelogramos y círculos; las almenas, parape-
tos y torres, éstas construidas con cierto esmero y probablemente también destina-
das a sacrificios u otros servicios del culto religioso; los mismos utensilios, armas,
instrumentos y las indispensables puntas de flechas o arpones hechos de cuarzo,
sílex y obsidiana u otras rocas duras y cortantes.
Por caminos laterales y de circunvalación para evitar las gargantas inaccesibles
del río Salado, se llega con poca dificultad y en menos de dos días a sus orígenes vol-
cánicos al pie de la cordillera de Tatio en los flancos y base de la gran cadena real.
En algunos puntos del trayecto ha podido ya sospecharse el carácter eminen­
te­mente termal de estas aguas, circunstancia que se comprueba en pequeños sur­
gidores de donde se escapan burbujas de gas y agua a borbotones, como en ebu­
lli­ción. Se forma una prolongada planicie dirigida de norte a sur y que baja con
sua­ve declive al oeste hasta dar con un cordón de alturas que se abre para dar paso
a todos los torrentes y pequeños arroyos calientes que se reúnen en un solo cauce
formando el río Salado.
Columnas de vapor de agua que se levantan a diferentes alturas y largos regue-
ros señalados en la primeras horas de la mañana por listas continuas y sinuosas de
blanca neblina que se arrastra, indican netamente, desde la distancia, una región
de aguas calientes, volcanes hidrotermales y géiseres.
Se anda sobre un suelo de traquitas, lavas, riolitas y concreciones silíceas deja-
das como sedimentos por las aguas termales.
El terreno ofrece, alrededor de los pequeños cráteres o bocas por donde sur-
gen las aguas, la vista pintoresca y agradable de los colores vivos, como esmalta-
dos, característico de estas formaciones interesantes y hermosas.
Toda la actividad volcánica de los tiempos terciarios se puede constatar allí, en
la topografía del terreno que rodea los efectos de la acción dinámica, y en las rocas
características correspondientes, como las andesitas básicas, en gran parte desa­
parecidas más tarde por la aparición de las riolitas, obsidianas, brechas y conglo­
merados volcánicos.
Las evidencias del calor subterráneo y de la energía hidrotermal, los efectos de
erosión por un lado y reconstitución del terreno por otro, el aspecto de los bellísi-
mos surgidores del vapor y del agua hirviente, de las fuentes que reflejan profundo
azul de mar y de los ho­rribles huecos en que hierve espeso baño de barros fétidos,
constituyen un conjunto de atractivos y ocasiones de estudio que invitan a quedar-
se allí largos días.
No era esto posible: los recursos de la comisión exploradora no suministraban
a su jefe los medios de contraerse a tales investigaciones y su interés o curiosidad
de­bían darse por satisfechos con arrojar una ojeada casi siempre sin apearse, y re­

-149-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 149 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

duciéndolo todo a las impresiones que pueden quedar constatadas en una hoja de
cartera escrita a pulso o sobre el lomo inquieto de la mula.
Las bocas o respiraderos por donde se escapa el agua en extraordinario esta-
do de agitación lanzando grandes ampollas hirvientes que estallan desprendiendo
columnas de vapor, están repartidas en una extensión de al­gunos kilómetros y se
puede llegar hasta ellas tomando algunas precauciones para no romper la costra de
precipitado químico que en algunos puntos es delgada. Un accidente de esta natu-
raleza podría ocasionar a veces más de un intempestivo baño caliente si se acierta
a dar con huecos invisibles donde el agua es demasiado profunda.
La temperatura de las aguas surgentes es tan alta como puede serlo en estos
casos, 60 a 80º centígrados; su sabor es igual al del agua marina; su color refleja un
verde claro hermosísimo; y las concreciones y sedimentos son más generalmente
silíceas que calcáreas.
La forma de los cráteres o surgidores afecta la característica variedad de dimen-
siones y figuras que es propia de estas interesantes obras de la naturaleza; por lo
general es un cono de más o menos variadas curvaturas, un cilindro, un embudo, a
veces completo y entero o en parte destruido, en cuyo caso el agua se desparrama
tranquila o a borbotones, pero sin arrojar a lo alto esas columnas de vapor conti-
nuas o intermitentes y en diferentes grados de fuerza, volumen y altura que son los
atributos de belleza que los hacen más o menos imponentes y majestuosos.
Si se juzgara de la composición de las aguas de estos géiseres de Copacoya por
lo que sabemos de los otros puntos de la tierra y dada la gran analogía y exactos
caracteres que los asemejan, no habría por qué dudar de la composición de los
sedimentos que acumulan y de la razón de los vivos e irisados colores que exhiben.
El verde, amarillo, blanco y rojo que jaspean los bordes y alrededores de las
fuentes y surgidores termales se atribuiría entonces al arseniato de hierro, de cuya
descomposición resultaría la limonita de colores rojos, ocres o amarillos, entreve-
rándose con el blanco de la sílice.
Pero hay otro origen del color verde, debido a la existencia de algas en tales
aguas, y el cual, por la pro­fusión y característica forma en que se presenta en otros
puntos de la cordillera, como en los géiseres de la Hoyada, se tomaría por induda-
ble que su origen procede también de las mismas materias orgánicas.
Otra forma de estos fenómenos, que se presenta también en Copacoya, es el
de las fuentes cenagosas en el fondo y con sus aguas profundamente azules, como
disolución de sulfato de cobre, tranquilas o en agitación y exhalando fuertes can­
ti­dades de hidrógeno sulfurado que impregna todo el aire a la redonda con su ca­
rac­terístico desagradable olor.
Por último, entre los volcanes de barro hay en Copacoya ejemplos de alguno de
ellos en forma de un embudo por cuyo orificio se escapan con intermitencia variable
enormes burbujas de gas que levantan el pesado lodo proyectándolo con fuerza con-
tra las paredes y hasta fuera del receptáculo donde hierve y se agita incesantemente.
Nuestro destino era llegar cuanto antes a San Pedro de Atacama, hacia donde
tenían instrucciones de dirigirse todos los miembros de la comisión exploradora
siguiendo cada uno su respectivo itinerario.

-150-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 150 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. viii. de abril a julio de 1886

El del jefe estaba trazado a lo largo de la gran cordi­llera, por su pie occiden-
tal, a fin de reconocer, con el más liviano equipaje posible, con un solo peón por
guía, con la montura por cama y una provisión de café y charqui por bastimento,
todo cuanto fuera posible en aquellos desiertos escabrosos y desprovistos de todo
recurso natural o humano.
Una tentativa de ascensión al cráter del volcán Putana o Machuca, que arroja
abun­dantes humos o vapores por sus varias fumarolas y que interesaba en alto gra­do
realizar, quedó frustrada por el lastimoso estado de mi única cabalgadura dis­ponible.
Algunas incursiones dentro de terreno demasiado áspero o escabroso eran
igual­mente desistidas por iguales o parecidas razones.
Desde el portezuelo o altura que separa el río Salado de los nacimientos del Pu­
tana, se podía visiblemente trazar la línea de separación de las aguas entre la gran
cuenca hidrográfica del Loa y la del río Atacama, cuyo curso baja desde allí por
entre gargantas de gran profundidad y en una serie interminable de esos aspectos
de arquitectura natural de tan bellas y grandiosas proporciones que ofrecen los
se­dimentos de las areniscas rojas acumulados y dispuestos en bancos que abrazan
mi­les de metros de espesor.
Raras veces es posible caminar por el fondo de estos precipicios, y a despecho
de los vértigos y del real peligro de deslizarse a lomo de bestia por aquellos sende-
ros colgados en el espacio, forzoso era largarse por ellos y seguir adelante.
Nada de verde; escasas y dispersas plantas de hojas cenicientas y florecillas in­
visibles no alcanzan a introducir un detalle perceptible dentro de aquellas inmen­
sidades de rocas, sobrepuestas en interminable sucesión de pilares en hileras y gra-
derías de anfiteatro que se elevan a uno y otro lado desde el fondo de un abismo,
hasta juntarse en las alturas dejando apenas una angosta cinta del cielo azul a la
vista; todo es lujo de decoración geológica y curiosidades gigantescas; todo rojo a
la luz del mediodía, todo fuego con resplandores de incendio cuando las nubes se
tiñen de grana a la puesta del Sol.
De pronto, en una encrucijada, donde una falla, una dislocación o un salto del
terreno han hecho surgir las aguas subterráneas, el aspecto se cambia en agreste;
el suelo se alfombra de verde y pequeños lagunajos que allí afectan proporciones
de lagos reflejan las altísimas murallas rojas y el cielo celeste multiplicando los her­
mosos efectos del escenario.
Así se recorren los caminos que llevan a San Pedro de Atacama, interesándose
siempre el viajero por las frecuentes manifestaciones de los extraños criaderos de
cobre en forma de barrilla de que ya hicimos mención, respecto de las minas e
ingenios de San Bartolo, en páginas anteriores y con motivo de nuestro primer
viaje por aquellos parajes.
A fines de abril dejábamos el pueblo de Atacama después de varios contra-
tiempos más o menos sensibles o desagradables y propios de viajes que se empren­
den sin contar con todos los elementos y recursos necesarios; entre otros, el muy
lamentable de haberse malogrado todas las planchas fotográficas usadas en el tra-
yecto desde Calama y que reproducían las interesantes vistas del Salado y de la
región de los volcanes de agua de Copacoya y Tatio.

-151-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 151 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Por fin, desprovisto de este utilísimo recurso, mal montados y peor equipados,
la cordillera nos abría paso con buen tiempo y pudimos tomar algunas anotaciones
y recorrer otros puntos que antes no hubo ocasión de visitar.
Encontrando otra vez en Soncor al anciano Juan Silvestre, de quien obtuve
las primeras nociones acerca de la lengua cunza de los atacameños, pude agregar
al glosario de voces algunos nombres geográficos de las últimas regiones explora-
das.
Así resultó que la cordillera de Tátio derivaba su nombre del hecho de ser esta
voz equivalente a ‘horno’, lo cual coincide con la existencia de los conos volcá-
nicos que tienen efectivamente esa forma. El cerro Onar o más bien, aspirando,
Hônar, muy nombrado en la cuestión internacional, pero que desfiguran en Jonal,
significa ‘quemado’.
Los numerosos nombres de ríos que llevan antepuesta la voz puri, agua, expli-
caban que purilanjti es ‘agua corriente’; puripica es ‘agua dulce y potable’; puricújter,
‘agua gruesa o salobre’; puritama, ‘agua caliente’; purilari, ‘agua colorada’; etc.; y
si se pospone la voz se modifica el sentido, como en chucumpuri, ‘agua o río de los
mosquitos’.
Llegaba un viajero de Chajnántur, lugar donde hay algarrobos y se prepara
una bebida que equivale a “aloja dulce”; el volcán que teníamos al frente era el
Láskar, que significa ‘lengua’, coincidiendo esta palabra con la forma algo alargada
y angosta del referido cerro; el Léjia, ‘pelado’, lleva también apropiadamente su
nombre porque en sus flancos verticales y su cumbre, lisa y como pulimentada, no
alcanza a detenerse la nieve y aparece siempre pelado o desnudo.
Es propio de todos los nombres indígenas de lugares que siempre se traducen
en expresiones que describen su forma y aspectos, sus caracteres y rasgos más pro­
minentes.
El punto de aquellas latitudes por donde se transmonta la gran cordillera real
de los Andes que como cordón más continuo y culminante se prolonga desde el Li-
cancabur al sur, se presenta en un portezuelo que se alcanza subiendo suavemente,
sin cuesta elevada y casi sin necesidad de hacer un zigzag para llegar hasta él en la
cresta, línea de mayor altura o de división de las aguas.
Su altura sobre el nivel del mar es de 3.980 metros y su situación es al sur del
volcán Láscar y al pie del Tumisa, correspondiendo su latitud geográfica al para-
lelo de 23º30’’ y su longitud 67º51’ O de Greenwich. Desde este punto de la línea
anticlinal de la cordillera que llamamos real de los Andes, el viajero deja de ver las
planicies del salar y cuenca de Atacama y se despide de ellas para bajar al territorio
que impropiamente se ha llamado puna de Atacama, comprendido entre la cordi­
llera que acabamos de señalar y la que corre paralelamente a ella a distancia de
uno y medio grados de longitud más al oriente, sirviendo de límite internacional
entre las repúblicas de Bolivia y Argentina.
Entre una y otra cordillera corren otras paralelas y ligadas entre sí por sus
res­pectivos contrafuertes o ramificaciones laterales, resultando, de los cruzamien-
tos consiguientes, una red o tejido de cordones montañosos entre cuyas intersec-
ciones se forman correspondientes espacios cerrados que son otras tantas cuen-

-152-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 152 26-09-12 13:20


Desierto y cordilleras de Atacama.indb 153 26-09-12 13:20
Bofedal en altiplano Arica-Parinacota. Pablo Osses, archivo particular.

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 154 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. viii. de abril a julio de 1886

cas hidrográficas, con sus fondos u hondonadas todavía ocupados por el agua o
reemplazada ésta por los sedimentos salinos o limo arcilloso que resultó de su
de­secación.
Atravesar algunos de estos campos de desolación cuando los cubre la nieve es
ocasión poco propicia para el viajero y segura oportunidad de probar las penurias
y molestias de semejantes excursiones en una de sus fases más desagradables.
En estas condiciones bajábamos el portezuelo de Tumisa en dirección y a tra-
vés de la laguna de Léjia, con las sendas ocultas bajo capa de un metro de nieve,
dejándolas a cada tranco para caer en bajos y zanjas de donde no se salía sin gran
fatiga de cabalgador y cabalgadura; a veces dejando allí toda resignación y pacien-
cia para optar por seguir a pie o esperar mejor día para salir de aquel atascadero
helado y desesperante.
Dormir enseguida, cansado el cuerpo y abatido el espíritu en una atmósfera
de 17º bajo cero pero dentro de abrigada carpa y bien confortado el estómago, no
es para despertarse quejoso de la suerte; al contrario, las pasajeras contrariedades
dejan la satisfacción del conocimiento adquirido o por lo menos el provecho de la
experiencia ganada.
A altas horas de aquella noche siberiana, despertóme el eco lastimero de una
voz que parecía querer infundir ánimo a otros sin poder él mismo con su propia
humanidad.
– “¡Es un hombre que va arriando ganado, señor!” –exclamó mi arriero.
La idea de que un hombre sufría y era fácil auxiliarlo ofreciéndole un momen-
to de abrigo y todo cuanto se pudiera para restaurar sus fuerzas debilitadas por
larga y penosa marcha a pie, arriando bueyes a tal hora y en tales circunstancias,
era sentimiento que venía al espíritu al mismo tiempo que al corazón, como natu-
ral impulso hacia el bien.
– “¡Hazlo entrar, pronto; enciende el fuego, pon agua a calentar, etc..!”.
Momentos después asoma por la abertura de mi tienda una cabeza humana,
cubierto el rostro barbudo con una máscara de hielo.
– “¿Y cuánto me va a cobrar por el café y el vino, señor? –¿Cuánto vale, se-
ñor?”.
¡De qué egoísmo no es capaz el hombre que así juzga a los demás!
Estábamos en plena puna de Atacama, en medio de aquella raza indígena de­
ge­nerada, uraña a todo contacto con el hombre social; envilecida por la humilla-
ción; embrutecida por una ignorancia que excluye toda noción de cultura y lleva
cada día más y más a esas pobres gentes al divorcio con toda idea de civilización.
El “cuánto me va a cobrar, señor” no era sino la franca e ingenua manifesta-
ción de natural egoísmo y mal comprimido rencor del indio de la puna contra el
extranjero que llega hasta sus lares, no siempre –en verdad sea dicho– para favo-
recerlo.
La negativa a toda interrogación, pedido o mera insinuación, es de orden sa-
cramental en el indio. –“No hay, ¡señor!” –es la segura respuesta a todo; y quien,
ante la imperiosa necesidad de proveerse, exige y amenaza, habrá de llevar a cabo
en todo lo necesario el uso de la fuerza para ser servido.

-155-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 155 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Entonces viene la segunda fase: la exigencia y la súplica, en pos de la resisten-


cia.
– “¡Pero me has de pagar, pues!” –y si no lo es a medida de su deseo, su ven-
ganza será pertinaz e infatigable en implorar e insistir, hasta obtener por la exaspe­
ración y el fastidio.
Nuestro hombre aceptó al fin la lumbre, el café y el vino, no sin desconfiar, al
parecer, de tanta largueza, repitiendo siempre, a cada nuevo ofrecimiento, su pre­
gunta de si también eso era “de balde”.
Por último, abordó mi arriero la cuestión de si llevaba alguna mula que poder
vendernos o fletar, porque los charcos de la laguna nos habían inutilizado la mejor
de ellas y era grande nuestra necesidad y conflicto para continuar viaje.
– “¡No tengo, señor!”.
Tan seguro estaba mi arriero de la respuesta como cierto de que el indio lleva-
ba animales de sobra; pero infinitos hubieron de ser los rodeos, las indagaciones
del indio acerca de la poca o mucha plata que yo tendría conmigo y si sería mo­
neda boliviana o papel de Chile; interminables las condiciones y cien veces mo­
dificado lo que, como definitivo trato, acababa de ser formalmente estipulado; y
por último – “¡pero si no tengo mulita que fletar, señor!”.
Era el momento de estallar y de apelar a la fuerza: no por arbitrariedad ni
por abuso de superioridad contra un infeliz, sino por la costumbre y necesidad de
proceder así y porque el negocio era, además de bueno, vivamente acariciado por
el mismo que voluntariamente se hacía víctima de atropello.
Mi gente se había dispuesto a proceder sin más trámite, pero hube de conte­ner­
la ante la actitud resignada y sumisa del indio, que dejó una prenda como ga­rantía
de cumplimiento, y se lanzó a largo trote en la oscuridad, desapareciendo bien
pronto su sombra en el torbellino de la nieve que a esas horas caía en abundancia.
El resultado fue para llevar nuestra exasperación a su colmo.
La mula contratada a tan alto precio y con tantos preámbulos y condiciones
era una irrisión, una burla; perdieron los de mi gente toda paciencia, y tomando
de su cuenta y riesgo el asunto, se echaron sobre los bueyes: el más gordo de ellos
sería allí en el acto sacrificado si en el plazo de una hora no se daba completa y
expedita satisfacción a lo convenido.
Escenas como la anterior se repiten a cada paso entre los indios bolivianos y
el viajero que los trata conforme a maneras y procedimientos a que no están ha­
bi­tuados.
Para servirse de ellos y de los recursos que pueden suministrar entre sus bre-
ñas y desiertos, el boliviano civilizado los considera como fuera de toda ley y toda
consideración.
Un odio concentrado, reprimido y como en estado latente para estallar en oca­
sión propicia, parece ser el sentimiento dominante en el alma del indígena bolivia-
no; bajo las apariencias de una humildad resignada que se desquita hostilizando y
se consuela con la ilusoria posesión de un suelo que defiende con su única fuerza,
la inercia, sólo trata de aprovecharlo para sí solo con el no menos ilusorio recurso
de negarse a todo.

-156-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 156 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. viii. de abril a julio de 1886

¡Cuánta útil y bienhechora tarea está reservada al progreso de la civilización


entre aquellas gentes de dulces instintos e indestructible amor a sus tradiciones y
a su mísero suelo!
No debe olvidarse que los instintos morales evolucionan y se modifican lo
mismo que los razonamientos del juicio.
En otros países, aun en Estados Unidos, se ha creído, es verdad, que las razas
indígenas son allí indomables y rebeldes a toda sugestión en el sentido de adoptar
las costumbres de la vida civilizada; pero es verdad también que el indígena boli-
viano no tiene nada de la crueldad y ferocidad de sentimientos que son innatos en
aquellas tribus.
No obstante, grandes conquistas se han hecho en aquel país, pero éstas, debe-
mos tenerlo muy en cuenta, no se han limitado a beneficios morales y del espíritu,
sino a bienes materiales y saludables y a tratamientos en el orden físico que el
paternal gobierno de una gran república les acuerda y mejora de día en día.
Nuestras tradiciones, y diremos con mayor propiedad aún las tradiciones boli­
vianas, no recuerdan otro medio de reducción que por el catecismo cristiano y las
prácticas del culto, dejando por lo demás, a los indígenas favorecidos con este ne­
ce­sario, pero meramente teórico o platónico servicio, tan brutos y degradados, tan
inútiles e infelices como antes.
No se puede inducir al salvaje a obedecer las leyes ni a aceptar los beneficios
de la educación y la moral manteniéndolo al mismo tiempo en vergonzosa y aflic-
tiva miseria, con los sufrimientos del hambre y de la desnudez, con la conciencia
de su degradante inferioridad y bajo la paternidad de autoridades eclesiásticas que
les hacen vislumbrar la felicidad y la justicia sólo para el otro mundo.
Continuando camino al oriente por una sucesión de hondonadas o fondos de
lago, secos o con agua aún, desnudos o vestidos de blanco por los residuos salinos;
tomando alturas de trecho en trecho, en los bajos como en los altos y anotando los
caracteres orográficos del territorio, se va poco a poco descubriendo la configura-
ción topográfica de la puna, caracterizada, como lo anticipamos en páginas ante-
riores, por una red de montañas y alturas de cuyos cruzamientos resultan claros o
huecos que deslindan unos con otros en toda la extensión a la redonda, dejando la
impresión de los cuadrados o casillas de un tablero de ajedrez.
El interés que la cuestión internacional de límites empezaba a despertar en-
tonces nos hacía observar el hecho de las alturas que allí se suceden, encontrando
una de ellas, al pasar el portezuelo del salar de Puntas Negras a la cuenca de Guai-
tiquina, o sea, los altos de Lari, que excedía en elevación al de Tumisa, de la gran
cordillera, siendo aquél un poco más alto que este último. Esta circunstancia, que
puede repro­ducirse en otros casos, será aprovechada para comparar y juzgar más
tarde si el dorso o mayor elevación del continente corre longitudinalmente por el
centro de la puna o corresponde con la gran cordillera continua del Licancabur
al sur.
Una circunstancia importante, que coincide aquí mismo con la configuración
topográfica, es la reaparición de la formación geológica de las areniscas coloradas
con sus estratificaciones discordantes, sus interposiciones de sal y yeso, sus matices

-157-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 157 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

abigarrados y hasta los colores verdes característicos de los minerales cobrizos con
que se tiñen algunos estratos de la formación de barrilla de cobre.
No hay signos visibles de existir estos depósitos mi­nerales en la vertiente orien-
tal del cordón de Puntas Negras a Guaitiquina y en los valles y quebradas de aque-
llos parajes donde se desarrolla extensamente la forma­ción de areniscas; lo que lla-
ma la atención del viajero es su reaparición allí, en simétrica disposición respecto
de igual formación en San Bartolo de Atacama y en la prolongación longitudi­nal
de la misma en el Cobrizo, de Bolivia, donde se presenta con todos sus caracteres
y riqueza mineral, siendo la barrilla, además, rica en plata y oro.
Son localidades adonde la investigación minera tiene extenso campo virgen
pa­ra sus exploraciones.
Desde ellas se asciende a otras lomadas o alturas siguiendo siempre nuestro
ca­mino al E y SE, y desde allí se dominan los valles pastosos de Catua, nombre
que deriva del lugarejo así llamado y que se levanta sobre risueño prado verde.
Una docena de casas de adobe, esparcidas al azar, desmanteladas y sin más
ha­la­gos que el abrigo de su techo y sus cuatro paredes, valen, relativamente, por
to­do un pueblo con sus atractivos y seducciones, en aquellas soledades de la puna.
Cómoda estación fue ésta por algunos días para el campamento de la comi-
sión, lográndose relacionar toda la extensión de esta parte de la puna, por medio
de no interrumpida triangulación, con las cumbres de la cor­dillera real del Lican-
cabur al Llullaillaco, trabajo en que seguían con su incansable y acostumbrado
interés los ingenieros Muñoz y Pizarro.
La geología ofrecía también el interés de la extensa formación estratificada de
areniscas, brechas y jaspes, con sus fenómenos de dislocaciones y contorsiones
des­a­rrollados en gran escala y poderosas formas.
Los lavaderos auríferos, explotados subterráneamente buscando las circas de
los antiguos depósitos, ofrecían también su especial interés a los exploradores.
Desde Catua al oriente corre un cordón longitudinal de montañas que se des-
prenden desde la cabecera boreal de la puna y se ligan por el sur con los grandes
macizos del centro de la misma en Antofalla, punto de la mayor elevación de este
detalle físico del continente.
Entre este cordón y el que sigue, siempre al naciente, siendo éste el límite
orien­tal de la puna, donde se dividen Bolivia y la república Argentina, corre un
valle de norte a sur, ancho de 4 a 5 kilómetros, que determina otro carácter físico
de importancia, tanto por su continua y regular extensión como por sus considera-
bles y valiosos depósitos minerales. Éstos constan de materias salinas que cubren
casi toda su superficie baja con sus concreciones y costras blancas, así como de
mi­nerales metálicos contenidos en vetas o lavaderos.
Las condiciones de la vida se ensanchan y se ofrecen también más gratas en aque-
lla zona oriental de la puna, con sus praderas pobladas de vegetación herbácea y de
arbustos que suministran a lo menos combustible en abundancia, que es cuanto pu-
diera pedirse a la naturaleza en aquella altura de 4.300 metros sobre el nivel del mar.
Los primeros días del mes de mayo nos tomaban en la región de este valle que
enfrenta al puerto seco de Chorrillos en la República Argentina, provincia de Sal-

-158-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 158 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. viii. de abril a julio de 1886

ta, por donde a la sazón se hacía todo el tráfico de entrada y salida a las borateras
de Siberia, nombre que se había dado por los industriales al lugar de las concesio-
nes mineras donde se explotaba el borato de cal.
Lo desierto, árido y frígido de aquellas tierras saladas y pantanosas había traí-
do a la memoria de sus primeros pobladores el recuerdo fatídico de los famosos
páramos de la Rusia asiática.
El descubrimiento de aquellas riquezas, o a lo menos su pública notoriedad, pa-
rece que fue debida en 1876 al joven copiapino don Rafael Torreblanca, de familia
de mineros, asociado a don Ángel C. Roco, chileno también y avecindado desde
largos años como industrial en la provincia de Salta, con residencia en Chorrillos.
La firma de Boden y Cía. había adquirido concesión minera para explotar
aquellos depósitos sobre cuya nacionalidad pretendían introducir confusión y du-
das algunos agentes oficiosos del gobierno de Salta, llegando hasta intentar actos
de dominio estableciendo autoridades y apoyándolas con algún aparato de fuerza
armada.
Lo injustificable de aquella pretensión, tratándose de un territorio reconocida­
men­te boliviano que acababa de ser entregado a la jurisdicción chilena mediante
un pacto internacional, dio bien pronto lugar a gestiones que restablecieron la le-
galidad en los procedimientos administrativos y judiciales, resolviéndose nuestras
autoridades a ocupar de hecho toda la extensión de esos territorios que acababan
de serle adjudicados por su propio dueño y señor.
Las concesiones mineras anteriormente obtenidas de funcionarios argentinos
en Salta, cometiéndose con este acto de antojadiza autoridad un atentado que den-
tro del anterior régimen no se había jamás cometido, ni dentro del nuevo podía ser
tolerable, hubieron de ser revalidadas en Chile, acto que se apresuraron a formali-
zar Boden y Cía., comerciantes alemanes, establecidos en Salta, así como todos los
demás comerciantes de Siberia y Pastos Grandes.
En cuanto al interés de las concesiones en sí mismas, ellas valían la pena de
ser bien y legalmente adquiridas; merecían la atención de que eran objeto y pro-
metían por entonces tal desarrollo de la industria boratera que no fue desmentida
más tarde por las proporciones que alcanzó, pero tampoco fomentada en las pro-
porciones y con los recursos que requería.
Por lo demás, y aun cuando figuraban mineros chilenos en el ejercicio de aque-
lla industria, desarrollada a tal distancia de nuestros centros y a inmediaciones de
pueblos argentinos, las vías naturales y las conveniencias todas hacían de aquellos
parajes una región naturalmente tributaria de la república Argentina para todos los
efectos del comercio y las transacciones.
La extensión de aquellos depósitos salinos en que más o menos abunda el ácido
bórico al estado de borato de cal y otras variedades mineralógicas abraza ca­si toda
la puna de Atacama, extendiéndose lo más útil y más fácilmente aprovechable en
la mitad oriental de ella, es decir, en la parte limítrofe con la república Argentina.
En todos los casos, la existencia del borato dista mucho de ser uniforme, no so-
lamente considerada en su forma de distribución geográfica, por cuencas u hoyas,
sino en sus yacimientos locales.

-159-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 159 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

La formación uniforme, continua, correspondió, al parecer, a los primitivos de­


pósitos de materia calcárea, carbonato de cal especialmente, sobre los cuales reac-
cionaron las aguas cargadas de ácido bórico que surgieron en la época de actividad
hidrotermal, transformándolos en parte, y a trechos, en borato de cal.
A mediados del mismo mes de mayo el ayudante Muñoz había levantado su
tienda al otro lado de un cordón que corre al oriente de Siberia, en una pastosa
llanura llamada de Pastos Chicos, correspondiente a la hoya del río Susques y al
pie de la cordillera limítrofe de la república Argentina. Esta cordillera, dirigida de
norte a sur, en prolongación del no interrumpido curso general del límite geográ-
fico de la puna, sufre por allí uno de esos accidentes que introducen irregularidad
y excepción, fracturándose en profunda grieta y dejándose atravesar por las aguas,
pues aquéllas de Pastos Chicos, como todas las de Susques, son tributarias del río
que toma el nombre de Las Burras, entrando a territorio argentino.
Geográfica o naturalmente estábamos entonces en aguas argentinas, pero el lí­
mite político entre las repúblicas limítrofes Bolivia y Argentina no había hecho
esa diferencia, y según los tratados y el hecho, estábamos en el territorio boliviano
adjudicado a Chile, siendo la cordillera orográfica y no la hidrográfica la que los
dividía, siguiéndose con ello la línea regular y continua de alturas con preferencia
al curso irregular y tortuoso, aunque visible y evidente, de las alturas del divortium
aquarum.
Dejando a Muñoz y su comitiva con sus tareas de triangulación por aquel lado,
y a Pizarro con la suya, por otro, relacionándose ambos entre sí, como de ordinario
y aplazándonos para otro punto y día de reunión, el jefe tomó rumbo al sur para
reconocer los orígenes de aquella cuenca en esa dirección.
El volcán apagado Túzler levantado como un obstáculo en medio del valle, se
presentaba con el atractivo de curiosa envoltura en un verdadero manto de enca­
jes o randas que por todos sus costados había entretejido la lava de sus últimas
erup­ciones, corriendo de alto a bajo, ramificándose y distribuyéndose con cierta
si­metría y regularidad, en negras líneas y zonas, sobre fondo de colores claros.
Estos vistosos efectos no son del todo raros: los ofrece el colosal Llullaillaco
que lleva sobre sus espaldas enormes jirones de una cubierta destrozada, pero
excep­cional es encontrarlos en tan armoniosas y bizarras formas como sobre los
hombros y flancos del Túzler.
A sus pies corren arroyos de agua caliente y en sus inmediaciones, como en
Agua Castilla, se levantan caseríos dispersos de pobladores indígenas en su más
pu­ro tipo de raza, con su idioma, trajes y costumbres conservados por directa su-
cesión, sin mezcla ni contacto extraño a su sangre y tradiciones.
El primer ejemplar y modelo vivo salido a nuestro encuentro correspondía al
género sucio en la más horrible y extraña forma de animal conocido, pasando por
el transformismo de la inmundicia a una casta o variedad de la especie humana no
clasificada todavía por los naturalistas.
Era animal hembra; su cabeza soportaba el peso de una espesa y enorme masa
de materia cabelluda amasada con la grasa, el polvo y la basura de ochenta años;
el hueco de las orejas relleno también de sedimentos allí depositados quizá durante

-160-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 160 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. viii. de abril a julio de 1886

igual transcurso de tiempo; la boca orlada de un anillo verde de coca masticada; los
ojos cubiertos con un tejido amarillento de materia indefinible; las tetas colgantes
en forma de bolsas alargadas hasta el ombligo; y la piel toda, de pies a cabeza,
cubierta de hojuelas duras y relucientes como escamas de pescado.
Cerca de la morada donde habitaba aquel ser humano, un hueco entre dos
pie­dras, desnudo de todo objeto de comodidad, como si lo habitara un reptil, los
peones levantaban nuestra carpa de limpia lona coronada con un gallardete trico-
lor que ondeaba alegre y vistosamente en aquellos aires donde jamás había flotado
emblema alguno de idea patriótica, profana o sagrada.
Nos rodean curiosos espectadores: mujeres, hombres y niños, que nos miran
y observan nuestros aprestos de instalación con interés y negligencia a la vez, con
reserva y desconfianza.
Los que tendrían algo que dar o vender han desaparecido: no quieren saber
nada con los forasteros; todo recurso ha sido puesto en lugar seguro para no ser
visto ni siquiera sospechado; pero nuestra gente lo sabe y ha tomado sus medidas
distri­buyéndose indiferentes por el campo, para volver el uno con una gallina des-
plumada y el otro con un cordero degollado, y tras de ellos unos cuantos dueños
salidos de improviso sin saberse de dónde, protestando en tono lastimero que era
lo único que había y merecía buena paga.
El grupo de nuestros espectadores aumentaba a medida que la confianza vol-
vía a los espíritus, pues tales visitas, como las de los delegados de las autoridades
bolivianas, únicas que de tiempo en tiempo los honran, no son para llevarles cosa
de provecho sino para arrancarles, a guisa de contribución e impuesto, todo lo que
les sobra y lo que no tienen. Más que recolectores de rentas públicas y comisiones
de gobierno, se habla de aquellas visitas como de meros actos de merodeo y de
vio­lento despojo.
A la par de éstos, reciben también las visitas anuales del cura: otra plaga, pero
que al fin y al cabo reciben los pobladores de buena voluntad, contentos de cam-
biar sus pocos bienes terrenales por las infinitas y eternas dichas que sin tasa ni
me­dida las ofrecen para el otro mundo.
La más breve reflexión hace deplorar que a la vez de estos beneficios espiri­
tuales no extienda también el sacerdote su acción, ya que de tanta autoridad y
ascendiente goza entre los indígenas, al mejoramiento material e intelectual que
tanto contribuiría a mejorar las condiciones de la vida entre ellos, haciéndoles
menos salvaje y degradante la existencia, con beneficio propio y de la comunidad
humana.
Mientras tanto, satisfecha la curiosidad de nuestros espectadores, gozándose
las mujeres y los niños en penetrar dentro de la carpa, gesticulando a la vista de un
instrumento y comentando sobre los más usuales objetos de servicio en términos
que el intérprete nos traducía con solemne circunspección, hubo de llegar al fin la
hora de dejarnos en paz y con ella gozar los efectos e impresiones de una natura-
leza nueva en medio de una calma y abandono absolutos.
Era lo más inaccesible de un territorio también casi inaccesible, encumbrado
sobre los hombros de los An­des, cruzado de montañas que interceptan el horizon-

-161-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 161 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

te en todos los rumbos y surcado de profundidades por donde corren aguas hu-
meantes brotando del seno de una tierra muerta en apariencia, pero que conserva
reconcentrado y oculto el germen de pasadas energías y agitada actividad quizá
sólo momentáneamente adormecidas.
No es, a pesar de todo, el aspecto geológico, inquietante en el sentido de una
posible resurrección de convulsiones, sino más bien, al contrario, tranquilizador,
si se repara en que todos los signos exteriores y aspectos físicos del terreno acu-
san remota antigüedad de los fenómenos hidrotermales y sucesiva disminución de
intensidad en las erupciones volcánicas; todo como una naturaleza en que viene
sucediéndose la calma y agotándose las fuerzas, lentísima y paulatinamente en el
transcurso de los tiempos, como tendencia al reposo absoluto.
La sucesiva deposición y consolidación de los terrenos que resultan de la preci-
pitación de la sílice y demás materias que contienen las aguas termales induce, en
razón de la potencia y extensión de tales depósitos, por muy poco que se medite
acerca del tiempo requerido para formar tales acumulaciones, a imaginar períodos
que se remontan en el pasado hasta dejar como sucesos de ayer los más lejanos in-
dicios de los recuerdos históricos de la humanidad.
La estabilidad actual y la presente configuración física del globo terrestre trans-
mite en aquellos parajes, a la mente del observador, fechas que acusan, respecto de
tales épocas de actividad genética, edades demasiado lejanas para preocuparnos
mucho por el temor de eventuales y posibles convulsiones contemporáneas de
carácter general y transformador del actual estado de equilibrio, por más que vea-
mos los efectos del calor interno que despide ruidosos escapes de vapor, humos de
azufre y torrentes de lava.
En cada región del globo donde se presentan estos fenómenos y donde quiera
que se contemplen cuadros de la naturaleza, se observarán diferencias de aspecto
y cierta fisonomía particular para cada caso, pero en me­dio de tales caracteres que
transmiten tantas ideas de variedad y riqueza en las obras de la creación, siempre
se descubren semejanzas de forma y analogías que acusan iguales causas e identi-
dad de circunstancias.
En medio de aquel valle estrecho, emparedado entre montañas que limitan
sus horizontes y suprimen las ho­ras del crepúsculo y la aurora reduciendo su
transición del día a la noche a casi repentinos eclipses y súbitas reapariciones de
la luz, las semejanzas son, no obstante, casi idénticas a las de otras apartadas re-
giones de nuestros Andes y a las mucho más remotas aún de las del Ye­llow Stone
Park y otros de América del Norte que transmiten iguales impresiones y dejan
iguales convicciones en el espíritu, así en sus causas y origen como en sus efectos
y consecuencias.
Es incomparable la transparencia del cielo de Esta­dos Unidos en las alturas
de las montañas Rocallosas: los astros nos parecen más grandes, más luminosos
y la vista descubre mayor número de ellos en las agrupaciones estelares; pero no
sabríamos decir si aquella noche pasada en lo más recóndito e ignorado de la puna
de Atacama, viendo apagarse súbitamente la luz del sol, y encenderse instantá-
neamente las estrellas, a la vez en todos los puntos del cielo, apareciéndosenos el

-162-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 162 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. viii. de abril a julio de 1886

espectáculo con efectos deslumbradores de excepcional intensidad, fue obra de


extraña fascinación visual o especial disposición del espíritu.
No una vez sino muchas, y muy a menudo, acontece al viajero encontrarse en
el caso de lamentar su soledad sin tener con quién compartir sus emociones ni a
quién poner por testigo de espectáculos que merecieran eternizarse.
Observo un hecho geológico nuevo al partir de la base del volcán Túzler si-
guiendo rumbo al sur para salir del valle de Pastos Chicos: es el encontrar en aquel
brazo desprendido de la cordillera argentina el primer ejemplar del granito típico
de grandes elementos, con los cristales de ortoclasia grandes y perfectos como los
modelos en madera de los gabinetes de estudio, con el cuarzo en trozos del tamaño
del puño y la mica en láminas como las hojas de un libro.
El granito característico, en montañas y cordilleras, en toda la variedad esplén-
dida de formas y colores en que la exhiben las provincias argentinas, no se me
había presentado jamás a la vista en aquellas condiciones de desarrollo en toda la
extensión de nuestro desierto de Atacama y cordilleras anexas.
Esta aparición era, por lo tanto, la confirmación geológica de nuestra vecindad
a las formaciones más características del terreno al otro lado de las altiplanicies
de la puna de Atacama, como en la puna de Jujuy, donde el carácter altamente
cristalino de las rocas comunican al suelo su aspecto reluciente y esmaltado con los
vivos reflejos de las piedras preciosas.
Y con esto, nos encontrábamos, en efecto, en tierra argentina; habíamos deja-
do atrás los nacimientos del valle de Pastos Chicos que explorábamos, y el punto
anticlinal del cordón granítico que llamó mi atención, y que siguió desarrollán-
dose en gneis y demás variedades de este tipo de las rocas ácidas de serie antigua
granitoidea, correspondía al divortium aquarum de la cordillera en cuyas vertientes
orientales nos encontrábamos; a una hora del pueblo de Chorrillos, adonde llegá-
bamos como a nuestra propia casa preguntando por don Ángel C. Roco, chileno,
de Chillán, avecindado en aquel punto desde largos años, en activa y honorable
dedicación a los negocios y especialmente a la minería en todos sus ramos.
El patriotismo chileno se exhibe allí en todas sus manifestaciones de amor por
el suelo y de entusiasmo por las glorias de la patria, al mismo tiempo que la bene-
volencia y el cariño se extienden a todo lo que procede de Chile.
De la casa de don Ángel Roco, en Chorrillos, guardan grato recuerdo todos
los chilenos que por allí han pasado, pobres o ricos, nobles o plebeyos, por causas
políticas, por negocios o por cualesquiera diligencias que los llevaran allí, casual
o deliberadamente, como íbamos nosotros, buscando descanso, recursos y útiles
informaciones para nuestros públicos trabajos.
El día 20 de mayo, con dos días de reparador descan­so, dejábamos Chorrillos
para volver a continuar nuestras jornadas por la puna, destinando de paso unas
pocas horas para dar una ojeada exterior a las minas de plata y llegar a tiempo
al portezuelo de la línea limítrofe a tomar en él las anotaciones correspondientes
ligándolo con el punto anteriormente cruzado.
Al penetrar en territorio de jurisdicción chilena otra vez, anotamos nuevamen­
te la circunstancia de las rocas o granitoides en aquel eje de la cordillera más

-163-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 163 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

oriental de la puna, estando éstos superpuestos por una formación estratificada


de areniscas cuarzosas blancas probablemente paleozoicas y la cual suministra,
escogiendo la arenisca blanca más pura, un natural ladrillo refractario que usan los
fundidores de metales en el país.
La parte superior del terreno ha sido invadida por lavas y traquitas.
Se desciende por lomadas que caen a un ancho valle transversal, cuyos princi-
pales orígenes están al sur, en el cerro del Gallo Muerto, formándose la quebrada
y río de Tocomar que se dirige a Caurchari, punto de las salinas y borateras de
Siberia donde nos encontramos nuevamente.
En plena pampa salinosa, limitada a lo lejos, por el norte, con cerros nevados
colosales que se agrupan con los macizos del Coyaguaimas, se gozan aquí en toda
su magnificencia, hacia la hora predilecta de los panora­mas azules, los efectos
fantásticos del miraje en sus más extrañas y extraordinarias condiciones. El ho-
rizonte del prolongado valle lo había transformado en un espejo encima del cual
flotaban las montañas como suspendidas en el aire y reflejaban otra imagen de sí
mismas, invertida, reproduciéndose en el espacio inmenso y lejano, con los más
puros tintes del cielo y en las más fantásticas y bellas formas, dobles visiones que
la refracción y los efectos de luz se encargaban de desarrollar y transformar en
infinitos juegos de fascinación y magia.
Cruzando las colinas en que se prolonga al sur al cordón occidental del valle
de Siberia, nos encontramos otra vez en Catua.
Amenazaba descomponerse el tiempo; el barómetro había anunciado fuertes
oscilaciones y se mantenía muy bajo; los signos del temporal en la cordillera, que
aquí teníamos al oeste, eran ya visibles, y se trató de que dos jóvenes vecinos de
Toconao que se alistaban para partir y que llevaban nuestra correspondencia, sus-
pendieran el viaje. Pero insistieron éstos en partir y se les vio internarse camino
adentro y perderse bien pronto de vista detrás del cortinaje blanco de la nieve que
caía; habían cruzado así la cordillera en otras ocasiones y lo hacían despreocupa-
damente una vez más... ¡la última!
Lo recio y prolongado de la nevada hizo temer a nues­tra gente una desgracia
al notar que no volvieron atrás los esforzados muchachos; fue el tema de toda con-
versación durante dos días, limitándose cada cual a comentar y juzgar acerca de
lo que pudiera haber acontecido como consecuencia de tan deplorable impruden-
cia, pues no había recurso que intentar en semejante estado del tiempo; nuestros
cansados animales eran inútiles para llevar un socorro en tales circunstancias y las
gentes del lugar juzgaban que no había más amparo posible que el de la Providen-
cia mientras no cesara de nevar.
Con el sol del tercer día partieron emisarios, uno de los cuales volvió con una
mula de los expedicionarios, cargada todavía con su peso de provisiones y merca-
derías, y el otro volvió solo más tarde trayendo la mala nueva.
El más joven de los viajeros había ganado una altura, abrigándose contra una
roca al pie de la cual se había sentado, cruzando los brazos sobre las rodillas y
descansando sobre ellos la cabeza: ¡actitud del que se dispone a dormir velando!
Mientras tanto, el compañero, su propio hermano, había perecido luchando
has­ta el último momento; de pie, sumergido en la nieve hasta los hombros, con

-164-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 164 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. viii. de abril a julio de 1886

ambos brazos extendidos hacia adelante como si hubiera tratado de nadar en aquel
mar sólido para ganar la orilla donde yacía inerte el otro pobre niño.
Así cerrada la cordillera, hubo de cesar nuestra campaña, pues estábamos ya
en pleno junio.
Mis inquietudes aumentaron por la suerte del ingeniero don Lorenzo Sundt,
quien tenía instrucciones de reunírseme por aquellos días entrando por el pueblo
de Socaire.
Por fortuna, un percance de viaje, de aquellos que siempre nos ocurrían por
nuestra pobreza de recursos y mal provisto bagaje, había obligado al señor Sundt a
demorarse en aquel lugarejo, ocurriendo el temporal durante aquellos días.
El ingeniero Pizarro, que había hecho, a la par de Muñoz, rudas jornadas, re­
sul­tó con el dedo de un pie quemado, accidente leve, pero lo bastante grave como
para requerir los servicios de la ambulancia y retirarse prudentemente a cuarteles.
Vueltos a San Pedro de Atacama, allí no había más tarea que la del ecónomo:
arreglar cuentas, rematar los animales inservibles y procurarse otros para volver a
Calama, aprovechándonos siempre, en estas tareas, de la oficiosa cooperación del
subdelegado don Juan Santelices, cuyos oportunos servicios en todas partes de su
jurisdicción, acompañándonos en nuestros fatigosos viajes y auxiliándonos con su
autoridad sobre sus gobernados, fueron siempre un servicio público que es deber
nuestro reconocer y constatar.
Al dejar Atacama y subir el bordo para desaparecer detrás de él entre sus on­
dulaciones y profundas quebraduras de las estratificaciones de arenisca con sal y
yeso, nadie se despide sin detenerse a contemplar con una última mirada el pano-
rama del campo verde del bosque atacameño sobre el fondo rojo de sus arcillas
ferruginosas; el serpenteo de su río turbio y salado que se agota fertilizando las
tierras; el salar inmenso que devuelve al espacio en deslumbrantes reflejos toda la
luz del Sol; las manchas y sombras oscuras, cenicientas, azuladas y rojizas que se
suceden alternándose sobre la vasta base de deyecciones volcánicas donde forman
en tan formi­dable línea de batalla los colosos de los Andes; todo inundado de luz
y esmaltado de colores.
Hundirse enseguida entre los pliegues del bordo y volver a desfilar por entre
las columnas y relieves de la arquitectura geológica de las areniscas socavadas y
carcomidas por la erosión sería intentar de nuevo descripciones que ya hemos tra­
tado de bosquejar anteriormente.
Saliendo a la llanura, larga, fatigosa, de aquéllas a que los viajeros han dado
por nombre Llanos de la Paciencia, se repiten las escenas de iluminación intensa,
los seductores espejismos, los contornos armónicos y las crestas endentadas de los
cerros del occidente que ya nos son familiares, que hemos ligado y encadenado
entre sí con las visuales del teodolito y que se nos presentan doradas por el Sol
poniente sobre el azul verdoso del cielo en los últimos momentos del día.
El desierto mudo, solemne, grandioso, es el mismo, y el horizonte vago, azula-
do, envuelto entre brumas, se limita por el frente con una zona de color verdoso:
es el campo húmedo de las mismas vegas de Calama de donde habíamos partido
hace tres meses.

-165-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 165 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Una tarde más entre las magnificencias luminosas del desierto, sumergidos
en la penumbra de las montañas del oeste al resplandor de las cumbres del na-
ciente que el Sol alumbra con fuegos de Bengala; la última noche de esta jornada,
tendidos sobre la arena adormecedora, tibia todavía después de un día ardiente;
la última cena al aire libre, alumbrados por la luz zodiacal que tarda horas en
extinguirse, y la última velada bajo cielo estrellado. Entra la noche y se mata el
tiempo a la luz del campamento y calor del fuego que alternativamente se anima
en llamaradas de incendio y se apoya en brasas y espirales de humo; al rumor de
la charla de los arrieros con sus interminables historias y del perpetuo rumiar de
las bestias que consumen su última ración de paja.
Al sol de la siguiente mañana el villorrio de Calama se nos aparece con las
proporciones de una metrópoli bañada en luz, deslumbrantes los techos de lata,
humeando las chimeneas y vibrando en los aires el eco de los pitos de vapor.
Llegar, por fin, al hotel y volver a los hábitos de la vida civilizada es anhelo y
sensación que domina a los exploradores de las cordilleras en un grado de impa-
ciencia y satisfacción solo de ellos conocido.

-166-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 166 26-09-12 13:20


IX
DE JULIO DE 1886 A 1888

Exploraciones de detalle: lo de siempre. Nueva campaña por la puna. Región vol­


cá­nica de Antofagasta. Campos de lava. Excursión al norte. Antofagasta y su la­
go. Excursiones al sur. Noche de aventuras. Minas y trapiche de Antofalla. Pas­tos
Grandes: mensura de borateras. Siberia: otras mensuras. Región aurífera: el Ro­
sario. De Coyaguaimas a Zapaleri. Término de la campaña y vuelta a Calama. El
Guanaco y sus minas de oro. Termina el año de 1887.

L a segunda mitad del año de 1886 trascurriría sin nuevas campañas de explo­
ra­ción en conjunto, reemplazándolas con frecuentes excursiones parciales a
di­ferentes puntos del extenso territorio ya encadenado a la triangulación y des­ti­
nando el resto del tiempo a trabajos de oficina.
En el territorio de Antofagasta fueron objeto de inspección todos sus principa­
les centros mineros y establecimientos metalúrgicos, las salitreras y oficinas de
elaboración del salitre, combinando en estas diligencias el interés especial de los
ramos de minería y metalurgia con las excursiones geológicas y anotación de de-
talles geográficos.
En Santiago, siempre desheredados, sin oficina propia y sin elementos para
el trabajo; todos los materiales de estudio permanecían acopiados y sin un lugar
se­guro de refugio.
Nada de todo aquello que necesita de los recursos de un gabinete, de un la-
boratorio y de los indispensables instrumentos, pudo continuar ocupando a los
miembros de la comisión exploradora; pero todo cuanto pudo hacerse con una
regla, un compás y una tabla de logaritmos tuvo su respectiva aplicación hasta lle-
gar a traducirse en líneas y resolverse en números todos los ele­mentos del trabajo
geográfico.
A fines de aquel mismo año de 1886 el jefe pudo entonces disponer de una
autorización para volver al lugar de su residencia, Buenos Aires, después de tres
años de ausencia, llevando además de su gobierno la misión privada de hacer valer
el conocimiento geográfico de las regiones de la puna de Atacama y la exactitud
con que habían sido determinados los límites internacionales conforme al pacto

-167-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 167 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

de tregua con Bolivia que nos dejaba directamente colindantes con la república
Argentina en todo el contorno oriental de aquella alta región andina.
Una nueva campaña faltaba aún por llevar a cabo en las cordilleras de la puna de
Atacama para terminar las exploraciones de esta altiplanicie, y para ello se esperaba
que el Congreso insertara una vez más en sus gastos variables, conforme a la pernicio-
sa y antieconómica práctica establecida, la pequeña e insuficiente suma de cada año.
Votada a tiempo, en oportunidad y conforme a las condiciones y especialida-
des de tales estudios y explora­ciones, esa misma deficiente suma habría sido mejor
y más completamente aprovechada; mas en la situación de expectativa y espera,
en la pérdida de tiempo que ocasionaba la tardía aprobación de los presupuestos
públicos y en la todavía mayor demora para gestionar y obtener la percepción del
dinero en tesorería, se malograba la ocasión propicia, se invertía el orden conve-
niente para la buena distribución del tiempo y se ajustaba todo a la inconsciente o
fatal disposición del manejo administrativo antes que a la necesaria ejecución de
un plan meditado y de una organización económica.
Así se ha visto, en la relación de nuestros itinerarios durante los pasados años,
que las exploraciones coincidían, como iban a coincidir también ahora, con los
meses más crudos y peligrosos del invierno, cuando las nieves cubrían las altas
cumbres de montañas a donde necesitábamos ascender con el teodolito a cuestas;
cuan­do los caminos eran más intransitables, los animales se agotaban por el frío y
el hambre, los hombres se resistían al trabajo y todo se dificultaba y encarecía más.
La obra emprendida era muy superior a las fuerzas disponibles, y así sucedió
que la comisión exploradora del desierto y cordilleras de Atacama, compuesta en
su principio de un personal de cinco ingenieros y un ecónomo, fue sucesivamente
reduciéndose hasta llegar a la más simple expresión posible: jefe y ayudante.
En estas condiciones esperábamos, a principios de 1887, en Buenos Aires el
te­le­grama que nos anunciara el momento de partir, de acuerdo con el plan de la
nueva campaña que consistiría en reunirnos, jefe y ayudante, en el riñón de la cor­
dillera, penetrando aquél por el lado argentino y éste por el chileno para encon-
trarnos, llegando por rumbos opuestos, en Antofagasta de la Sierra.
Se realizó el plan sin contrariedad alguna, verificándose la convenida reunión
en aquel punto el día 2 de abril de 1887.
Renunciaremos a describir el itinerario de 28 días de viaje desde la ciudad de
Buenos Aires, por Catamarca y Belén hasta penetrar por el portezuelo llamado
Pasto de Venturas en la puna de Atacama.
La entrada por el territorio argentino tenía el interés del estudio geológico de
las cordilleras por aquel lado y se relacionaba con otras observaciones de carácter
geográfico y minero que tendrán su oportunidad en el lugar correspondiente.
La fisonomía general de aquel territorio es de carácter volcánico, apenas do­
mi­na­da en parte por la base fundamental de los esquistos cristalinos que asoman
en la cor­dillera limítrofe y la del Peñón, al oeste, y por extensiones en que exhiben
su color rojo característico y sus incrustaciones de sal y yeso, los estratos de la
formación de areniscas que por estas alturas aparece con análogos caracteres mi­
ne­ralógicos que en el bordo de Atacama, Guaitiquina, Cauchari y otros puntos.

-168-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 168 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. ix. de julio de 1886 a 1888

Desde grandes distancias al oriente, viniendo de las pampas argentinas por terri-
torio de la provincia de Ca­tamarca, comienza a hacerse notar la presencia de la piedra
pómez en la composición de las arenas del suelo, aumentando en número y tamaño
los fragmentos a medida que nos acercábamos más y más a la región de cordillera.
El carácter de las erupciones más modernas parece haber sido casi exclusiva-
mente silíceo en aquellas localidades, abundando las deyecciones ácidas, vidriosas,
con extraordinaria abundancia de obsidianas y piedra pómez, siendo esta última
sobre todo, por su porosa y liviana consistencia, la que más fácilmente ha sido
arras­trada y llevada en suspensión por las aguas hasta grandes distancias.
Ejemplo imponente de esta naturaleza es el que se ofrece, desde aquella llanu­
ra del peñón, mirando hacia el sur por las pendientes que bajan de las alturas de
Curuto, en forma de un colosal ventisquero, inmensa aglomeración de aquella cla­
se de rocas volcánicas allí transportadas y súbitamente detenidas en su curso como
un río de espuma petrificada.
Sobre el seno blanquecino y arenoso de aquella alta planicie que se extiende al
sur y oeste por Carachapampa, se destacan como puntos negros y manchas de tin-
ta los cráteres de numerosos volcanes extintos circundados en su base por negras
corrientes de lava que destellan brillo metálico.
Entre éstos, el llamado volcán Alumbrera, porque su cráter es una verdadera
mina de alumbre de donde se surten las tintorerías de la provincia de Catamarca,
se presenta rodeado de un lecho todo cubierto de lavas escorificadas y ramosas,
entre cuyos claros era necesario serpentear para llegar hasta los costados del cono
y ascenderlo.
Como punto a propósito para orientarse y observar la topografía de la región,
reuniendo además la circunstancia de estar esta cumbre en las inmediaciones del
camino más frecuentado por los viajeros y de no ser difícil llegar a caballo hasta el
crá­ter, no carecen de interés los siguientes datos.
Estando el caserío de Antofagasta a 3.500 metros de altura más o menos y la
cumbre del volcán a 3.700, el esfuerzo para ascenderla no se reduce a mucho tre-
cho, pudiéndose dejar las cabalgaduras bastante cerca de los fragmentos calcinados
y escoriáceos que circundan como un anillo, de 120 metros de circunferencia, la
boca de un embudo perfectamente regular cuyo orificio se encuentra obstruido por
los escombros.
No poca dificultad presentaban estos restos de peñascos tumbados y estratos dis-
locados para poder instalar sobre ellos con alguna firmeza y seguridad el teo­dolito
de cuyas indicaciones sólo daremos los azimuts magnéticos fáciles de constatar.

De Volcán Alumbrera al nevado de Oiré S 77º O


De Volcán Alumbrera al gran nevado de Mojones N 12½º O
De Volcán Alumbrera a cumbre de Coruto S 16º E
De Volcán Alumbrera a cumbre Martín Moussy S 70¾º E
De Volcán Alumbrera a cumbre San Buenaven­tura S 24º O
De Volcán Alumbrera al volcán Carachapampa S 4½º E
De Volcán Alumbrera al cerro Azul S 5º E

-169-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 169 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Matizando con las oscuras sombras de las deyecciones volcánicas distribuidas


en aquella extensa superficie, lucen también sus alegres y suaves reflejos algunas
man­chas del verde prado de las vegas y del azul celeste de algunas lagunas y pan-
tanos, y rodeado el todo por lejanas cordilleras con sus matices violados y puntas
nevadas, se completa un espectáculo que nadie contemplaría sin darse por satisfe-
cho del trabajo tomado para llegar hasta aquella cumbre.
El Alumbrera y el Carachapampa y los tantos otros de aquella región pertene-
cen, en cuanto a su situación geográfica, a la categoría de los volcanes continenta­
les, distantes más de 300 kilómetros de la costa marítima en el riñón de la alta
pla­nicie atacameña que allí tiene su altura de nivel a 3.500 metros, y en situación,
por lo tanto, de sustraerse a la teoría de las influencias del agua del mar en los fe­
nó­menos volcánicos.
¿Ha sido un gran lago la extensa cuenca de Antofagasta?
Probablemente, y de ello queda como muestra la extensa y profunda laguna
del mismo nombre, pero la lava de los volcanes no ha surgido debajo del agua, ni
la estructura de los conos de erupción acusa semejante origen.
Los volcanes Alumbrera y Carachapampa pertenecen al tipo de los que se han
formado por medio de la acción vertical de fuerzas interiores que obraron sobre
un mismo punto de la corteza terrestre, rompiéndola y levantándola, sin que las
de­yecciones arrojadas se acumularan en su alrededor para formar sus paredes. Su
for­ma es perfectamente regular y simétrica: un cono en cuya cúspide truncada
abre la boca de un embudo cuyo orificio angosto o chimenea del volcán ocupa el
cen­tro matemático de la circunferencia; las capas de la formación sedimentaria de
areniscas que constituían el terreno preexistente se presentan en posición inclina-
da, rotas y dispersas en fragmentos en que se pueden contar sus hojas calcinadas
y hasta completamente escorificadas por la acción del fuego, como si aquel antro
hubiera sido el hogar de un horno de fundición.
La lava, de composición básica y fuertemente cargada de hierro, ha corrido en
estado viscoso, y al rodar pesadamente por la base se ha dispuesto en formas ex-
trañas, aglomerándose en masas uniformes y pelotones que proyectan hacia arriba
figuras de serpientes enroscadas, cuernos de toro, miembros en contorsiones de
do­lor y brazos levantados al cielo como en actitudes de imploración.
Vagando a la luz indecisa del crepúsculo en aquel campo lúgubre, por entre
tan extrañas esculturas y siguiendo las tortuosas avenidas de un laberinto de som-
bras y fantasmas, se impregna de ideas, de terror el espíritu, como si contemplara
un cementerio de malditos y desesperados.
¡Tan cierto es que la naturaleza ofrece, en la infinita variedad de sus cuadros, el
fiel reflejo de todas las impresiones y destinos del alma humana!
El lugarejo de Antofagasta consta de un grupo de casuchas de piedra y barro
di­seminadas en un campo pastoso, a las márgenes de un riachuelo caudaloso y en­
tre potreros alfalfados y algunos cultivos de hortaliza.
El juez Villalobos, chileno, pone a nuestra disposición su casa y todos sus re­
cur­sos para ayudarnos en los trabajos de exploración.
Emprendemos primero una expedición de contornos por el norte y oriente
de la hoya hidrográfica de Anto­fagasta siguiendo río adentro por entre paredes de

-170-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 170 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. ix. de julio de 1886 a 1888

relucientes esquistos arcillosos, cuarcitas y diversas rocas pizarreñas pertenecientes


probablemente al período siluriano, el mismo de las cordilleras en todo el contor-
no de la extensa hoya.
Encontramos restos de antiguos trapiches donde se beneficiaban minerales de
oro cuyos criaderos, en vetas de cuarzo, se ven cruzar por los faldeos y alturas de
los cerros inmediatos.
Se sigue un sistema de arroyos y riachuelos de aguas cristalinas que nos dan
bas­tante trabajo para poder delinearlos toscamente y así llegamos hasta las plani-
cies donde las aguas se extienden en sábanas y han dejado sus depósitos salinos.
Llegamos al pie del gran macizo de Mojones, llamándonos siempre la atención
el hecho geológico de la base esquistosa del terreno cubierto por las deyecciones y
materiales de origen volcánico, lavas, andesitas y rocas de agregación.
Incaguasi, antiguo asiento de minas de oro, ofrece el interés de un pueblo en
ruinas y los restos del terreno transportado en grandes masas y llevado a los luga-
res de beneficio por el procedimiento de las hormigas trabajadoras que acumulan
por el número el gran total de las pequeñas fuerzas individuales.
Por las orillas del gran salar de Ascazoque, a alguna distancia adentro de la
blan­ca sábana, se divisa como una nubecilla gris, que brilla con reflejos metálicos y
apa­rece completamente aislada, como si fuera un conjunto de materiales llovidos.
Era la segunda vez que me encontraba con este interesante fenómeno, cuyo
origen cósmico, como el de los bólidos o aerolitos, tiene la importante y excepcio-
nal circunstancia de que la composición química de los fragmentos corresponde a
la especie mineralógica del manganeso llamada pirolusita.
Desde el alojadero de Hombre Muerto se desprendió el ingeniero Muñoz para
estacionar el teodolito en el cerro del mismo nombre, con instrucciones para vol-
ver a reunirnos en Antofagasta, cuartel general de esta campaña.
La triangulación había hasta entonces avanzado gran parte del plan trazado
emprendido el año antes en combinación con el ingeniero Pizarro y ahora enco-
mendada a la sola actitud y celo del único auxiliar de que me había sido posible
disponer.
Dando la vuelta por el pie de la cordillera limítrofe y reconociendo los naci-
mientos de los diversos ríos que de ellos se desprenden, se encuentran aguas ca-
lientes que se distinguen por las líneas serpenteadas de vapor acuoso que marcan
su curso y se descubren frecuentes manifestaciones de acción volcánica en su más
débil y decreciente período de actividad.
Son pequeñas colinas o simples montoncillos de barro arcilloso, salado, con
pro­ducción de agua tibia o medianamente caliente y escape de gases, especialmen-
te hidrógeno sulfurado o a veces simplemente aire.
Aparecen por aquí las rocas cristalinas en correspondencia de situación con
las de Pastos Chicos y portezuelo de Túzler, con todas las variedades del granito
al gneis.
Estas regiones fueron asiento de una numerosa población indígena sobre cu-
yas causas de desaparición no hay tradición alguna o no he tenido la fortuna de
des­cubrirla.

-171-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 171 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Sus numerosas corrientes de agua, algunos de sus valles relativamente abriga-


dos y extensas praderas cubiertas de abundante pasto ofrecen elementos de sub-
sistencia que justificarían por las solas noticias de la tradición aquel hecho, si no
estuviera también materialmente comprobado por los restos de extensas tamberías
y los surcos todavía visibles del ordenado y nutrido cultivo del terreno.
Por la falda de las colinas inmediatas a Antofagasta se ven aún los canales de
irrigación, y desde las alturas se pueden dibujar las líneas geométricas de los cua­
dros y cuarteles de tierra todavía visibles a pesar de la vegetación natural que ahora
los cubre.
Las piedras pintadas, dibujadas o escritas con los característicos jeroglíficos de
las razas indígenas se ven con extraordinaria profusión alrededor de Antofagasta,
y, entre otras vistas fotográficas, es de las más interesantes la que obtuvimos repro-
duciendo con entera exactitud la cara lisa y casi pulimentada de un gran peñasco
de traquita todo cubierto de inscripciones.
Muchas tradiciones se cuentan sobre los misterios de la laguna de Antofagasta,
su insondable profundidad, sus desaguaderos subterráneos y sus relaciones con los
volcanes inmediatos, cuyas lavas llegan hasta sus riberas formando altos y ásperos pro­
montorios de notable apariencia, siendo de todo ello lo único evidente la in­ne­gable
belleza del paisaje y los hermosos contrastes que a su alrededor resultan del prado
verde pastoso entreverado con los campos negros y adustos del terreno vol­cánico.
A fines del mes de abril dejábamos otra vez nuestro cuartel de Antofagasta
para emprender el reconocimiento de la región austral de esta hoya hidrográfica
in­terna o continental, emparedada entre altas montañas que no le permitirán vol-
ver a recobrar sus comunicaciones hacia uno u otro océano y seguramente hacia el
Atlántico, en primer lugar –sin que un diluvio universal se encargara de inundarla
hasta la altura de sus más bajos boquetes que arrojarían los torrentes a la provin­
cia de Catamarca.
Conocido ya aquello, nuestro camino se dirigía adentro de los afluentes del
NO y O del río de Antofagasta, por Colalaste para tomar desde allí al S, recono-
ciendo las faldas de la cordillera de Mojones prolongada por la de Achi que nos
separaba del salar de Antofalla y llegar hasta el cerro de Puruya pasando por las
vegas y salares de Incaguasi.
Buen alojadero nos ofrecían los cajones de Puruya, resguardándonos de la
intemperie por altas y empinadas murallas de pórfidos verdes feldespáticos.
Al hablar de cumbres en esta región eminentemente volcánica casi es referirse
en todos los casos a un volcán, pero al ascender a la cima del Puruya por sus áspe-
ros desfiladeros erizados de rocas vitrificadas y puntas basálticas, encontramos que
no había cráter en ella y sólo un reducido espacio áspero donde apenas podíamos
instalarnos con el teodolito.
La cumbre del Puruya nos permite divisar todo el panorama del territorio y
de­finir su orografía, viéndose el macizo de San Buenaventura, término de esta
alti­planicie, al sur; desde allí se distribuyen las ramificaciones a San Francisco y
los brazos que contornean la misma altiplanicie por el E y SE, separándola de las
caídas que se dirigen al Cazadero y otros valles catamarqueños.

-172-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 172 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. ix. de julio de 1886 a 1888

Pasando desde las vegas de Cueros de Puruya al lado opuesto del cordón de
Achi, remontando por el río de Aguas Blancas, abandonábamos la hoya de Anto­
fagasta para entrar al prolongado y profundo valle o cajón que constituye el salar
de Antofalla.
En toda esta región se descubren caracteres minerales del mayor interés pro-
ducidos por la abundancia de los pórfidos verdes y sus transiciones a diorita y
variedades andesíticas en relación con toda la cantidad de rocas cristalinas y la ex­
traordinaria profusión de las aguas minerales y toda clase de fenómenos volcánicos.
Por encima de las paredes del salar, al poniente, so­bre la base de altas planicies
que son una inmensa aglomeración de deyecciones volcánicas, se levantan los
altos picos majestuosos de Los Colorados y multitud de otros cuyos nombres ha
sido imposible averiguar y que seguramente no los tienen, a causa de lo desolado
y escabroso de una región por donde jamás ha sido abierta una senda de tráfico.
Por el lado del sur, en el angosto y profundo golfo en que se desvanece el salar
de Antofalla, y formando como una pirámide terminal, demarcadora del extremo
austral de aquel notable accidente físico de las cordilleras, se divisa el más esbelto
entre todos, de cuantos cerros volcánicos se levantan sobre la puna de Atacama: es
el famoso Peinado, así llamado por los viajeros en razón de sus empinadas paredes
con su pulida superficie y contornos de un verdadero cono geométrico.
Su situación estrictamente simétrica en medio del plano inclinado que ascien-
de desde el término extremo del salar; con dos profundas lagunas a sus pies para
mirarse constantemente en ellas; con sus declives empinados en la mayor inclina-
ción que el equilibrio de las fuerzas consiente, y con su cúspide apenas rebanada
en un pequeño segmento a la altura de 600 metros sobre su base, aquella montaña
ofrece el caso de la más excepcional regularidad posible entre las construcciones
de la arquitectura natural.
Éstos y tantos otros motivos de interés y distracción en aquellos lugares donde
los paisajes cambian y se multiplican recreando la vista o asombrándola, me ha-
bían detenido más del tiempo necesario para alcanzar oportunamente, en la jorna-
da de aquel día, el lugar del alojamiento que fue designado en Agua Escondida.
Entre los vericuetos e infinitas entradas y salidas de las laderas que oprimen
aquella grieta emparedada como un canal abierto en viva roca, había perdido de
vista la senda seguida por mi gente y hube de tomar a la suerte por entre precipi­
cios y escabrosidades, aumentándose a lo desagradable del percance el peligro de
la noche que empezaba a envolverme en profunda oscuridad y de la nieve que caía
en abundancia.
Es experiencia de todo viajero que la mula se guía por instinto o por olfato con
más seguridad que el hombre para acertar con el lugar del alojadero, para re­unirse
a la recua y para acertar ella sola con los caminos, siempre que se le deje en com­
pleta libertad.
Apelando a este último recurso y entregándome en absoluto al instinto del
ani­mal crucé abismos y salvé precipicios que me habría abstenido de arriesgar en
pleno día a la vista de tantos peligros y con la conciencia de lo temerario de seme­
jante arrojo.

-173-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 173 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Habían transcurrido horas de oscuridad y de absoluta incertidumbre, siempre


vagando al azar, sin encontrar un lugar propicio para poder apearme y tomar
al­gún reposo, cuando una súbita detención de la bestia y su resistencia a seguir
avan­zando me indujo a esperar el resultado de aquella significativa resolución del
ins­tinto animal.
Algo se movía debajo de la capa de nieve que cubría el suelo, y antes que yo
pudiera explicarme la razón, se escuchó una voz débil como de quien hace esfuer-
zos para hablar y apenas tiene aliento para respirar.
Mi sirviente y guía, un criollo de Antofagasta, se había extraviado también
bus­cándome, y rendido por el frío, la fatiga y la ninguna probabilidad de dar con-
migo, se había resignado a tenderse allí y esperar la luz del día.
No había lumbre posible en aquel despeñadero cubierto de nieve y envuelto
en la más negra oscuridad; ni yo ni mi guía llevábamos un grano de alimento ni
una gota de nada para el estómago; la nieve seguía cayendo, ¡y aún quedaban seis
eternas horas de aquella noche más que toledana!
La tardía luz de la aurora, en aquella estación del año y en medio de aquellas
profundidades, se hizo esperar, pero al fin llegó, generosa y salvadora, con el Sol
en pos, deteniendo la nevada y ahuyentando las nubes para no dejarnos allí inertes
y petrificados.
Convenía trepar por aquellos riscos a pie para hacer circular la sangre casi
helada; poco tardamos en divisar rayos de oro que surgían de entre los claros de
las rocas y nos bañaron con su luz radiante y tibia; un poco más, y por último la
espiral de humo del campamento nos señalaba el lugar de refugio y salvación.
No hay ánimo más resuelto ni estado de energía física mayor dispuesto al traba­
jo y a la actividad, que aquel en que se siente reaccionar el viajero, confortado y
devuelto a sus bríos, después de ruda y peligrosa jornada.
El sol de aquel día y la reparadora nutrición y descanso en el campamento que
bien justificó para mí su nombre de Agua Escondida por lo caro que nos costó dar
con él, me impulsaron a continuar lejos, bien lejos aquel día, pero no sin detener-
me para tomar notas y darme cuenta de los hermosos golpes de vista del salar, de
sus orillas en partes cubiertas de vigoroso pasto y espesos bosquecillos de arbustos
como en Loroguasi, de la situación y caracteres de la quebrada del Diablo, hecho
de notoriedad histórica por los negociadores de pactos internacionales, sin maldita
la cosa ni razón para semejante predilección, sólo explicable por la ignorancia
geográfica de la diplomacia, etcétera.
En Botijuelas pude constatar que el nombre de este lugar derivaba de la forma
de botija que ha resultado de las acumulaciones silíceo-ferruginosas de un géiser
hoy apagado, existiendo aún abierto el orificio, el cual se puede reconocer hasta
algunos metros de profundidad y hasta un punto en que se estrecha demasiado
para poder descender más adentro.
Desde allí se va fácilmente por las orillas del salar y por espaciosas abras al in­
ge­nio de Antofalla donde se beneficiaban los minerales de plata de las minas que
existen al pie de aquel poderoso grupo de volcanes, pero no es tan fácil hacer el
ca­mino que conduce a las minas mismas.

-174-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 174 26-09-12 13:20


Desierto y cordilleras de Atacama.indb 175 26-09-12 13:20
Camino a Caquena. Altiplano Arica-Parinacota. Pablo Osses, archivo particular.

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 176 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. ix. de julio de 1886 a 1888

Recorriendo un campo cubierto de escorias volcánicas, e internándose por


una quebrada angosta, obstruida y tortuosa, se consigue llegar en pocas horas al
abandonado asiento minero, cuyas vetas abren en una formación estratificada que
descansa sobre la base cristalina de esquistos, gneis y granitos.
Sin un guía que pudiera darme noticias y señalarme las minas principales y en
medio de los escombros y destrucción general que el abandono y los torrentes han
producido en ellas, no pude deducir gran cosa acerca de su importancia, la que, a
pesar de todo, no parece estar en relación con la distancia y las infinitas dificultades
para trabajar allí.
Es interesante la variedad de rocas, viéndose serpentinas de hermosos dibujos
y enormes bloques de labradorita en su más bella pureza de colores y reflejos;
gran variedad de obsidianas desde el negro de azabache hasta la transparencia del
vi­drio incoloro.
Aquella agrupación gigantesca de volcanes extinguidos cuya altura culminante
se eleva rápidamente 3.000 metros sobre la base de la altiplanicie que la sustenta,
llegando el cráter del Antofalla a casi 6.400 metros sobre el nivel del mar, es el
ma­cizo más poderoso de la puna de Atacama.
La quebrada entra ancha como de 4 kilómetros, con terrenos muy hermosos
para el cultivo, y su clima, que permite el cultivo de la papa y que se da muy buena
y es nativa del lugar, permite también regularmente el trigo, maíz y porotos.
Volviendo otra vez desde el interior del macizo de Antofalla que no alcancé
a circundar en toda su base por los muchos días que requería y por la razón de
siem­pre –la falta de animales–, tuve que cruzar el salar por Antofallita y remontar
la cordillera de Mojones para reunirme nuevamente con Muñoz en Pastos Gran-
des.
Los mismos aspectos de antes, la misma naturaleza del suelo y siempre la mis­
ma de sus vegas y campos pastosos, alternándose con campos cubiertos de sal y
bo­rato, alargarían esta relación sin agregar mucho de nuevo si intentáramos des­
cri­birla.
Llegados al salar de Pastos Grandes nos esperaba allí don Ángel C. Roco, a
quien, en uso de correspondiente delegación administrativa, debía dársele la pose-
sión y mensura de sus concesiones de borato de cal, cuya operación y formalidades
consiguientes, con arreglo a las disposiciones del Código de Minería, tuvieron lugar
en los días 13 a 15 de mayo.
Al norte de aquí se levanta el nevado de Pastos Grandes, una de las montañas
más imponentes de la puna con su redonda cúpula nevada cuya altura pasa de 5.800
metros y su ancha base aislada en contorno que se une al sur con el Azufre, inme-
diato al pueblito de Pastos Grandes.
Este macizo montañoso es menos potente que el de Antofalla y se presenta
relativamente aislado, ligándose sus estribos por alturas bajas a las cadenas que se
dirigen al norte y casi interceptado al sur por los salares y llanuras.
Sigue siempre desarrollada por aquí la formación de los esquistos silurianos
con las areniscas y arcillas rojas sobrepuestas en discordancia, la misma que se liga
al cordón de Catua y Siberia, donde ya la dejamos antes anotada.

-177-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 177 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Los 50 a 100 habitantes del lugarejo son exclusivamente pastores, y el aspecto


del caserío ofrece una vista pintoresca en medio de sus arroyos, de las colinas rojas
cubiertas de verde y el campo alegre que justifica su nombre por la lozanía y vigor
de sus pastos naturales.
Dejando estos lugares, después de una excursión interesante al Azufre, recono-
cíamos los campos de Quironcolo subiendo el bordo de la cuenca de Pastos Gran­
des y seguimos por las alegres vegas de Quirón, de fresca y lozana verdura; luego
por el salar, anotando las importantes circunstancias geográficas del territorio cuya
triangulación estaba ya terminada por los trabajos en combinación de Pizarro con
Muñoz, hasta llegar otra vez al establecimiento de Siberia, donde también me de­
ten­dría a cumplir un mandato como delegado y perito minero.
Como antes quedara dicho, estas borateras fueron descubiertas por chilenos en
1876 y don Ángel C. Roco pidió concesiones en ella ante las autoridades de Chile
en octubre de 1883, y mediante decreto del Comandante General de Armas de
Antofagasta, en febrero de 1884, se le dio posesión y mensura.
La alta ley del borato, 40 a 50% de ácido bórico, agregado a las fa­ci­lidades
de carguío y recursos que suministraban las inmediatas poblaciones argentinas de
Salta y Jujuy, no sólo hacía posible la explotación de aquella materia en tales altu-
ras sino que cubría con exceso los gastos de flete y transporte, gracias a la ínfima
tarifa de los ferrocarriles argentinos, hasta el remoto puerto del Rosario, donde era
embarcada directamente para Europa.
Algunos otros chilenos comenzaban a prestar atención al desarrollo de aquella
industria allí, y entre otros, obtuvo concesiones don Eduardo Cuevas, a quien, por
la delegación de que el jefe de la comisión exploradora iba investido, le fue otor­
gada posesión y mensura, quedando en formal posesión de los estacamentos de La
Cruz y Turutaire.
No han prosperado, sin embargo, para los industriales de este lado, aquellos
negocios, siendo indispensable constituir faena y ventilarlo todo por la república
Ar­gentina para poder atenderlos convenientemente.
Los que así han podido hacerlo han obtenido consi­derables utilidades de aque-
lla industria.
Mientras tanto quedaba aquí terminado todo el trabajo geográfico de la puna
hasta estos puntos: por el norte ligadas las visuales de Muñoz y Pizarro en Cha-
maca; por el poniente ya estaban enlazados los linderos de Pantas Negras, Tultul,
Pozitas, Incaguasi y Rincón; por el sur Pastos Grandes, Macul y Mamature y por el
naciente toda la cordillera limítrofe argentina hasta San Antonio del Cobre.
El día 25 de mayo emprendíamos viaje al norte, al lí­mite del pacto interna-
cional de tregua con Bolivia que determinaba la recta que une el Licancabur con
Zapaleri prolongada hasta su intersección con el deslinde argentino y cuyos puntos
principales habían ya sido reconocidos por Muñoz.
El punto más inmediato era Achibarca, lugar de abundantes pastos y en cuyas
inmediaciones está el cerro de las Pailas, así llamado por la forma de tazas, calderas
o pailas que han tomado los cráteres de los géiseres o volcanes de agua que tam-
bién hay en esta región y que todavía encontraremos en otros puntos.

-178-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 178 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. ix. de julio de 1886 a 1888

Nuestro itinerario debía seguir desde allí la falda oriental del cordón de Catua,
o sea, la orilla poniente del salar de Caurchari y Siberia, cuyo término o cabecera
al norte nos queda frente a la quebrada de Olaroz Chico, terminándose en una
laguna, pero continuando la pendiente de la cuenca al norte hasta el pie del Tocol,
que es el principio en que tocamos con la gran cadena del Coyaguaimas.
En Olaroz Chico, como en Catua y tantos otros lugares al sur y en la prolon-
gación de la extensa formación siberiana de esquistos arcillosos y cristalinos, nos
encontramos con lavaderos de oro que se prolongan al norte sin interrupción hasta
los confines de la puna, todos los cuales han sido objeto de más o menos activa y
paciente explotación según los más primitivos procedimientos y míseros recursos.
Las vetas o criaderos de cuarzo de donde ha derivado el oro corren a la vista
por interminables distancias y por doquiera aparecen vírgenes de toda tentativa
de explotación.
Por este punto, socorrido con abundante agua y com­bustible de tola y varilla,
buenos pastos y abrigados cajones, pasa un camino muy traficado para San Pedro
de Atacama, cayendo a Léber, lugar de buenas vegas en medio del Campo Negro
y dando contra la falda del cordón de Puripica, entre otros.
Siguiendo nuestra excursión al norte damos con el río Olaco, continuándose
siempre la misma formación geológica con sus caracteres auríferos hasta el Toro,
lu­gar inundado por las lavas del Coyaguaimas, reapareciendo así los terrenos vol-
cánicos que por algunos días habíamos cesado de cruzar.
Estamos en otra cuenca, siendo el Toro un valle que viene de los cerros de Li­
na, al oeste, y desagua hacia el Rosario.
Nuevos lavaderos de oro aquí y en Pairiques hasta el Rosario, pueblo numero-
so que se formó exclusivamente de la gente minera que se dedicó a remover todo
el relleno de un valle completamente aurífero.
Grandes escombros, profundos tajos en el fondo de las quebradas y largos ca­
na­les trazados en la falda de la montaña, y con todo esto los restos de un pueblo de
numerosas rancherías y casas todavía habitables, pero completamente desiertas,
prueban que allí se desarrolló en grande la explotación del oro.
Desde las alturas del Rosario se desarrolla completo el panorama de este límite
boreal de la puna de Atacama.
Orientándose el viajero, para definir la configuración topográfica, según la
pro­longación del salar de Caurchari y Siberia, con el cordón del Morado a Bávaro
que lo limita por el oriente y el de Catua a Lina, que lo encierra por el oeste, se
aper­cibirá que ambos cordones de montañas, que desarrollan alturas más y más
po­tentes a medida que avanzan hacia este núcleo de conjunción, van a reunirse en
el hermoso cerro de Granadas que desde aquí aparece en forma de media luna y
que probablemente, mirado del naciente, deja ver otros picos que pueden darle la
apa­riencia que su nombre expresa.
El centro de la cumbre de Granadas queda al N 18º E y la del Coyaguaimas
al N 74º E.
Dejando aquellas alturas para continuar explorando hacia el poniente se tiene
la ocasión de admirar el desarrollo de las deyecciones traquíticas en la más pode-

-179-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 179 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

rosa escala de extensión y espesor, con curiosísimos ejemplos de los caprichosos


efectos de la erosión donde la consistencia del terreno la ha favorecido.
A veces es un declive que aparece como cubierto de campanas de tierra dis­
pues­tas en serie; en otras son montículos en forma de hongos y también bolas o
esferas achatadas con su superficie acanalada en relieves concéntricos, dando en
todos los casos este singular fenómeno la idea de una acción corrosiva del agua que
ataca y arrastra las partes del terreno intermedio entre fragmentos de rocas duras
dispersas que han escapado a la destrucción; defendiendo estas rocas al mismo
tiempo el subsuelo en que descansaban y formándose con él un pedestal sobre el
cual permanecen en equilibrio los fragmentos y subsistirán así mientras no lleguen
a ser socavados por su base.
Aumenta la singularidad de este fenómeno el hecho de que los cantos rodados
y fragmentos dispersos sobre la arena traquítica son, a trechos, diferentes en forma
y consistencia, comunicando así aspectos diferentes también al resultado de la
erosión, semejando aquí campanas, más allá callampas, pirámides por otro lado y
en otras partes conos o esferas.
El día 2 de junio plantamos tiendas en Zapaleri, nombre hecho famoso en los
tratados internacionales sin que los negociadores de la diplomacia tuvieran idea
siquiera aproximada del papel y significación que tal título, pueblo, río, monte o
vega desempeñara en la geografía de la puna de Atacama.
Entrado el mes de junio, no era posible ni teníamos recursos para permanecer
por más tiempo en aquellas alturas de 5.000 metros, pero lo principal estaba ya
terminado para el perfecto conocimiento geográfico de los territorios anexos a la
jurisdicción de Chile por medio del pacto o tratado de tregua que acababa de ser
celebrado con Bolivia.
Licancabur, Guaillaquis, Chajnantor, Zapaleri, Tinte, Queñoal, Granada, etc.,
puntos culminantes del límite de la puna de Atacama y correspondientes en la
naturaleza a las indicaciones del texto internacional, estaban ya fijos y ligados a la
triangulación general.
Días después dábamos por terminada la campaña de la puna que ahora acabá-
bamos de recorrer por última vez en toda su extensión de norte a sur y tomábamos
camino de vuelta por San Pedro de Atacama hasta Calama.
En clima más templado, región menos peligrosa y entre recursos más fáciles
de obtener, no nos echaríamos todavía a descansar de la reciente ruda campaña
de la puna, y tomando a Calama por punto de partida, empezó la exploración del
río Loa y sus márgenes para trazarlo en todo su curso y terminar en él los últimos
puntos del cánevas geodésico, con lo cual habríamos dado término al levantamien-
to de la carta geográfica hasta el límite que nos había sido señalado por el norte.
Reconocidos los orígenes del río San Salvador que desemboca al Loa en Cha-
cance, agregándole con sus amargas aguas mayor grado de impureza; fijado el ce-
rro de Pan de Azúcar, reconocida la pampa, estacionándonos en cerro Pedregoso y
prescindiendo de la región del Toco ya conocida; explorando el interminable llano
de la Paciencia hasta el cerro Solitario y las alturas de Colupo y Colupito hasta
Cobija, y volviendo a recorrerlo por el sur a lo largo de la vía férrea para rematar

-180-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 180 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. ix. de julio de 1886 a 1888

en Guacate, las minas de Alcaparrosa y sierra Gorda, era todo lo que nos faltaba
por aquel lado para los fines del levantamiento geográfico.
A mediados de julio dejábamos el puerto de Antofagasta, quedándose el jefe
en Taltal para empezar nuevas excursiones hacia el norte de este departamento.
Las minas de oro del Guanaco estaban en toda su opulencia y su interés crecía
a medida que se desarrollaba el campo de su explotación, circunstancia que hacía
presentir, aun a los menos optimistas y menos confiados en la persistencia de los
criaderos de oro, que se tratara ahora de una excepción a la regla general.
Jamás se había visto, en efecto, un conjunto de caracteres y de hechos positivos
más prometedores de estabilidad y duración como los que ofrecían las minas del
Guanaco al principio de su descubrimiento y aun hasta dos años después de prue-
ba y satisfactoria confirmación de las primeras promesas.
Todo descubrimiento tiene su leyenda y la del Gua­naco no carece de interés.
Era el año 1884 cuando la comisión exploradora te­nía su campamento en el
desierto central y recorría la región salitrera de Taltal hasta las minas de Cachinal.
El guía don Pablo Torres fue encargado de construir un lindero o serial en la
cumbre de un cerro aislado en media pampa al norte de la Aguada de Cachinal.
Al volver de su comisión y cumpliendo con la consigna acostumbrada de que-
brar rocas y traerme muestras de ellas, me dio cuenta de su viaje y depositó su car-
ga al costado de mi carpa agregando con desdeñosa indiferencia: “Vienen piedras
buenas para oro”.
Hasta esa fecha los cateadores atacameños tenían profundo desdén por las
mi­nas de oro: de ordinario mezquinas, inconstantes, precarias, jamás hicieron la
for­tuna de un minero y con seguridad casi siempre lo arruinaron, y con semejante
ex­periencia, Pablo Torres no quería nada con ellas.
Por lo demás, entrada la noche, no tuve yo ocasión ni estaba presente don Lo-
renzo Sundt para examinar las piedras, según era la diaria costumbre, y el ecóno-
mo, por su cuenta y riesgo, poniéndoles el número de orden, se había apresurado
a encajonarlas.
Dos años más tarde la producción de oro del Guana­co era un gran acontecimien­
to; la Estrella de Ve­nus figuraba como la más brillante de las minas por su riqueza,
y era ya historia corriente que su pozo de ordenanza coincidía precisamente con
el crestón de veta de donde los emisarios de la comisión exploradora tomaron las
piedras para formar con ellas el lindero de triangulación del territorio.
Cuando el interés y la curiosidad de constatar el hecho me indujeron a buscar,
en el laberinto de cajones que contenían las colecciones de nuestros estudios con
tanto sacrificio formadas y tan desdeñosamente tratadas –el número de orden del
cajón correspondiente–, trabajo costó dar con él en la peregrinación de estos po-
bres bultos desde el uno hasta el otro de los depósitos fiscales de Santiago; pero al
fin apareció el número 22, datado en el campamento de Pique Germania, bajo el
núm. 5: rocas, y minerales auríferos del lindero del Guanaco.
En efecto, algunos trozos de traquita y riolitas, rocas felspáticas y cuarzos te­
ñidos de verde cobrizo y de ocre ferruginoso correspondían exactamente al carác­
ter del cerro en la Estrella de Venus; examinando un poco más se reconocía en

-181-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 181 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

ellas el sulfato de barita y el cuarzo blanco opaco que contiene oro finísimo in-
visible, y aplicando el lente de aumento se descubrían en el acto constelaciones
hermosísimas de estrellitas de oro sobre fondo de hermosa atacamita.
No fue el ojo escrutador de Pablo Torres lo que falló: “Cada piedra tiene su
dueño”, según la máxima minera.
Llegado una hora antes al campamento, cuando de seguro, a la luz del día
nues­tros lentes habrían escudriñado minuciosamente las piedras por él traídas co­
mo “buenas para oro”; o menos impaciente el ecónomo Smith para acondicionar-
las esa misma noche impidiéndonos la oportunidad de examinarlas a la mañana
siguiente: ¡y Pablo Torres habría sido el millonario del Guanaco!
El digno industrial y minero don Camilo Ocaña, dichoso dueño de la Estrella
de Venus, hizo pallaquear el famoso lindero extrayéndole lo que contenía de apro-
vechable, y reconstruyéndolo en el acto sobre más sólida base quedó para siempre
bautizado con el título de: El lindero de la Comisión Exploradora.
Por lo demás, el Guanaco era conocido como asiento de minas de plata, y por
tal metal, que también existía, en efecto, en algunos filones, eran vendidos los mi­
ne­rales de otras minas que daban puro oro, siendo causa del error la pequeñez del
botoncillo metálico que resulta del ensaye en la copela y que no permitía fijar la
atención en sus característicos reflejos amarillos.
Al fin, así, como tantas veces va el cántaro al agua, se rompió un día el misterio
de la plata amarilla del Guanaco por algún imprevisto accidente de ensayador y
resultó descubierta la gran riqueza.
Como resultado de las bonanzas del Guanaco, las exploraciones mineras se
extendían en contorno hasta largas distancias a la redonda, buscando la reproduc-
ción de los mismos panizos y caracteres, de todo lo cual fue necesario tomar nota
y era digno de ser constatado.
Se levantó el plano del distrito mismo del Guanaco y Guanaquito y se siguie-
ron las excursiones mineras al norte, hasta Paposo, por la costa y por los diversos
grupos mineros de aquella importantísima región.
Lo mucho que podría referirse de estos viajes de detalle, con sus accidentes y
per­cances, sus panoramas, impresiones y realidades, puede ser fácilmente imagi­
na­do y lo pasaremos por alto, dejando para otras páginas la cuenta de lo que co-
rresponde a los datos industriales, mineros y geológicos.
Bástenos con dejar aquí constancia de que todo el resto del año de 1887, des-
pués de haber destinado un mes en Santiago a los trabajos de oficina, fue ocupado
por el jefe en excursiones mineras y geológicas, con la lentitud y escasez de recursos
acostumbrada, solo y sin auxiliar alguno para repartir las cargas del trabajo, pero
con perseverancia y resignación para llegar hasta el fin impuesto y aceptado.
La importancia del estudio hidrológico del desierto, para el cual tan deficientes
medios y tan escasos datos de observación se ofrecen, hubo de llevarse todos los me­
ses restantes del verano hasta que, llegado el nuevo año de 1888, fue necesario volver
al sur con motivo de nuevas atenciones por este lado.

-182-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 182 26-09-12 13:20


X
ENERO A DICIEMBRE DE 1888

Se refunde la Comisión Exploradora de Atacama en la Dirección General de Obras


Públicas. Nuevas excursiones. Carrizal Alto. Excursión general. Desde Punta Tetas.
Planes y proyectos.

L a Comisión Exploradora de Atacama había dejado de existir el año anterior,


re­fundiéndose en la 4a sección de Geodesia y Minas de la Dirección General
de Obras Pú­blicas, mero cambio de forma que ninguna ventaja sino perjuicios pro­
dujo en la terminación de los trabajos.
Se pretendía con esto dar alguna forma de organización a las disposiciones del
Código de Minería, que eternamente manda y ordena la creación de un cuerpo de
ingenieros de minas para el servicio del ramo, pero se quería ir con prudencia y
poco a poco en este terreno por temor al considerable gasto que vendría a agre­
gar­se al que ya costaba el mantenimiento de las otras secciones propiamente lla­
ma­das de Obras Públicas y que se encargaban de las obras de la hidráulica, de los
ferrocarriles y de la arquitectura.
Se incluía con evidente buena voluntad, pero con mucha inconveniencia, una
sección de Minas y Geografía como una promesa de protección y fomento a dos
ramos importantes del servicio público, pero bajo el mismo plan y los mismos pro-
cedimientos que la extinguida comisión exploradora había seguido combinando
esos dos ramos en una misma aplicación y haciéndolos servirse mutuamente, con
economía y resultados prácticos; mas para llegar, si no a una obra perfecta en todo
el rigor de la exactitud, por lo menos a una perfección aceptable y conveniente en
lo bastante a los útiles fines de tales obras, no era bien consultada la disposición
de reunirlas en una oficina de construcciones. Equiparar estas artes y sus objetos
materiales a estudios de observación que sólo se ventilan en el orden científico, era
incurrir en el absurdo de poner la geología, las minas y la geografía bajo la depen-
dencia y dirección de hidráulicos, mecánicos y arquitectos.
Se prometía, no obstante, acordar especiales facilidades y recursos de mayor
eficacia para la terminación de los estudios del desierto en una forma más regular
y constante, conforme a un plan establecido, extendiéndolas al norte para incluir a

-183-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 183 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Tarapacá y también al sur abrazando toda la región minera de la república hasta los
confines de Coquimbo; lo que, sin duda alguna, se habría realizado así si no hubieran
intervenido las dificultades de organización material e instalación de las demás ofici-
nas de la Dirección General que se absorbían todo el tiempo y todo el presupuesto.
Así transcurrió casi todo el año de 1888, mientras se agujereaba y se remenda-
ban los altos del edificio del Congreso Nacional, donde se instalaría la Dirección
General sin alcanzarse a disponer, en este reparto general de comodidades para
todo los demás, un local conveniente para la colocación y estudio de los materiales
de la comisión exploradora, ya demasiado numerosos y variados para necesitar de
algún espacio para sus colecciones, de un laboratorio mineralógico, de oficina para
dibujo y escritorio, muebles, instrumentos, etcétera.
No obstante, y mientras se esperaba, se pudo volver al terreno a terminar con
todo lo que faltaba de más importante extendiendo los estudios por la costa ma-
rítima al sur de Caldera, a la travesía entre el río de Copiapó y Carrizal, que fue
recorrida en todos sentidos hasta la cordillera de los Sapos, Rosilla y cerro Blanco,
sirviéndonos de inteligente auxiliar en estas nuevas campañas el distinguido inge-
niero geógrafo don Enrique Barraza.
Hasta entonces no había habido ocasión de emprender una serie de observacio­
nes astronómicas de precisión para comprobar con procedimientos de rigor geodé-
sico la situación geográfica de nuestra principal base de triangulación en Copiapó
y en algunos otros puntos como en Caldera y Antofagasta. Gracias a la coopera-
ción del entonces director del Observatorio Astronómico don J.I. Vergara, a quien
siempre debí franco y decidido auxilio, esto pudo al fin ser llevado a buen término.
Fue comisionado al efecto el distinguido astrónomo don Alberto Obrecht con
dos ayudantes, quienes instalaron su observatorio en un punto inmediato al extre-
mo oriental de la base principal, en Copiapó, repitiendo después análogas opera-
ciones en Caldera y Antofagasta, consiguiéndose con esto comprobar la satisfacto-
ria exactitud de nuestros trabajos.
Los procedimientos y resultados de estas operaciones fueron dados a luz pos-
teriormente en la Revista de la Dirección General de Obras Públicas junto con la expo­
sición completa de todos los detalles y elementos de cálculo de la triangulación
general.
Mientras tanto, por orden superior se me había ordenado extender los trabajos
más al sur del límite primitivamente señalado, incluyendo los departamentos de
Vallenar y Freirina hasta el río del Huasco.
Pudo ser emprendida esta campaña y llevada a término, a lo menos en parte,
mediante los auxilios y benevolencia del señor don Aniceto Izaga, cuyos recursos
materiales para facilitarnos todo movimiento fueron puestos a nuestra disposición,
y junto con ellos los mucho más estimables y valiosos de la personal compañía del
mismo señor Izaga para ilustrarnos con su experiencia y cabal conocimiento de
los negocios y condiciones naturales de una región que tantos bienes le debe y le
es tan perfectamente conocida.
Durante estas nuevas excursiones, además del ya citado ingeniero Barraza, ha-
bía ingresado también a la 4ª sección de Obras Públicas el ingeniero de minas don

-184-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 184 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. x. enero a diciembre de 1888

Alejandro Torres Pinto, cuya cooperación, en la oficina o en campaña, fue siempre


inteligente y contraída.
De esta manera, bien acompañados, y encargándose siempre de su especial
atribución en las operaciones de triangulación el ingeniero 1º señor Muñoz, aque-
lla campaña se llevó a cabo con felicidad y sin más contrariedad que la de haberla
suspendido, por falta de recursos, antes de su total terminación y para recomen-
zarla más tarde.
La historia de esta sección del desierto atacameño es una de las más instructivas
como ejemplo de la riqueza minera de nuestro suelo y de los esfuerzos del trabajo
y la inteligencia puestos al servicio del progreso y de las industrias de minería. La
decadencia general, que para tantos otros lugares de minas ha sido de abandono y
postración, no ha sido sino de relativa intensidad en Carrizal, gracias a la previsora
inteligencia que allí ha presidido en la administración de los negocios industriales.
Carrizal Alto, como distrito productor de cobre, después de haber sido una de
las grandes fuentes de la prosperidad de Chile, ha continuado hasta nuestros días
siendo centro de actividad minera y punto de partida para otras expediciones y
fo­mento de la industria en todo el departamento, como en la Jarilla, Astillas, cerro
Blanco y otros puntos donde la firma de González e Izaga, especialmente, ha lle-
vado la acción de sus capitales y de su inteligente iniciativa.
La aridez característica del desierto ha sido atenuada en Carrizal por algunas
manifestaciones de humedad que desde las playas mismas del océano ofrecen el
atractivo de sus verdes matices, en contraste con el fondo oscuro de un paisaje en
que rocas esquistosas de áspera estructura y adusto aspecto se levantan sobre la
base de arenas y cascajo de la más desolada apariencia.
En Canto del Agua estas humedades llegan a transmitir la ilusión de praderas
y vergeles que los moradores de las minas aprovechan para su solaz y recreo y la
industria para sus aplicaciones.
Hacia el interior corren también por el suelo de la pampa seca sábanas de agua
a poca profundidad y fáciles de extraer a la superficie por medio de bombas que
no necesitan mayor fuerza motriz que la de los ordinarios motores de viento.
La riqueza mineral abraza todo el territorio que está cubierto de montañas:
hacia la costa, en las rocas dioríticas y graníticas, el cobre y el oro; en las calcáreas,
la plata y el manganeso; en las porfídicas y andesíticas, el plomo y el cobre argen-
tífero o aurífero.
El cobre, especialmente, es privilegio de aquella rica zona, produciéndose en
gran­des sistemas de vetas reales: en estado de pureza dentro de los terrenos de
la costa co­­mo en Pajonales, Carrizal Alto, Astillas, y en estado complejo, hacia
la cordi­llera, co­mo en cerro Blanco, notándose la Jarilla por sus condensaciones
también puras co­mo en la costa, con producción de bronces morados y amarillos
en grandes cantida­des.
A fines del mes de marzo había sido ya recorrida toda la extensión de Va-
llenar y Frerina en lo principal de esos departamentos, reservándose para otra
opor­tunidad y para cuando se pudiera disponer de nuevos recursos lo que había
quedado sin explorar por el lado de la costa marítima desde el puerto de Carrizal

-185-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 185 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

hasta el del Huasco y algo de la región de cordillera en los orígenes del río de este
nom­bre.
Quedaba al jefe la tarea de una inspección general de toda la extensión abraza-
da por las exploraciones tan frecuentemente interrumpidas durante los años tras-
curridos desde 1883.
Unir los puntos dispersos, por trazos continuos, y ligar entre sí los hechos que
se relacionan y clasifican naturalmente por sus analogías, es operación que se im-
pone como una condición final indispensable para deducir las leyes o principios
generales a que obedecen los hechos en la naturaleza.
Para un solo hombre era excesiva tarea que no podía ser sino lenta, careciendo
de elementos de viaje y medios cómodos, seguros y expeditos para lanzarse en los
áridos y desolados puntos del desierto que expresamente habían sido reservados
pa­ra los últimos días.
Apenas terminadas, a fines de marzo, las excursiones por el Huasco y estando
así en la extremidad austral del territorio explorado en diferentes épocas y por
diferentes puntos, según las necesidades y exigencias de una situación que siempre
fue precaria o incierta, hubo de ser iniciada el 1 de abril la excursión a lo largo del
desierto, siguiendo su eje longitudinal y sin interrupción hasta llegar a las márge-
nes del Loa.
Esta excursión serviría también para describir el trazo continuo de la línea cen-
tral del desierto y destruir o rectificar las falsas ideas que acerca de sus condiciones
topográficas abrigaban muchos hombres públicos de Chile, que opusieron tenaz y
sitemática resistencia, en nombre de supuestas dificultades y tremendos obstáculos
imaginarios, a la idea de un ferrocarril a lo largo del desierto hasta Tarapacá, obra
que sería salvadora de las industrias que más han contribuido al progreso material
del país, a la vez que protectora de su defensa e integridad.
Las huellas de mi vehículo parambulador han quedado marcadas, para tes­ti­
mo­nio material de la natural continuidad de un terreno sin obstáculos ni insalva-
bles atajos, en toda la travesía del Huasco hasta Copiapó; desde aquí hasta Tres
Pun­tas, el Incay Pueblo Hundido; desde este punto hasta lugares por donde se po-
día salvar los profundos zanjones que cruzan a nivel la llanura en el Salado, Doña
Inés y Juncal y que un ferrocarril ahorraría en parte o cruzaría con viaductos de
poca importancia; entrando desde aquí en una región constantemente salitrera y
llana en todo el departamento de Taltal sin interrupción por Aguas Blancas; desde
aquí sin tropiezo alguno a Cuevitas u otro punto de estación del ferrocarril de An-
tofagasta a Bolivia; por Salinas y por las pampas que van de allí al Loa, recorriendo
las planicies salitrosas de sus márgenes hasta el Toco, y desde aquí a través del río
por cualquier parte hasta penetrar en Tarapacá: todo llano o ligeramente ondula-
do, todo fácil o poco costoso y todo rico.
Total desarrollo de una vía férrea, mil kilómetros; y costo de su construcción,
estimado a la gruesa ventura y por exceso, un millón de libras esterlinas.
Algunas extensiones de esta larga travesía del desierto atacameño ofrecen ac-
tualmente un aspecto de inutilidad y desolación que puede cambiarse, con las fa­
cilidades del ferrocarril, en realidades de trabajo y actividad in­dustrial.

-186-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 186 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. x. enero a diciembre de 1888

Desde Taltal a Aguas Blancas, por ejemplo, la región salitrera tiene apariencias
favorables a la existencia del nitrato de sodio en muchos puntos hasta hoy poco
explorados o completamente desconocidos.
Los caracteres geológicos indicativos de la presencia de los metales, los pa-
nizos acariciados de los mineros y hasta la evidencia misma de algunos mine-
rales des­cubiertos, parece que hubieran hecho vislumbrar a los pocos atrevidos
explora­dores tiempos de prosperidad que no esperaban para ellos, a causa de la
lejana pro­babilidad de ver habilitadas para el trabajo aquellas regiones; y como
si se con­solaran siquiera de la idea de una tierra prometida para la generación que
los suce­diera en su posesión, apelaban a las tradiciones bíblicas y designaban las
sierras de su predicción con los nombres de Profeta, Milagro, Providencia, Pascua,
Palestina, Calvario, etcétera.
Describir los panoramas de esta región sería repetir lo que ya hemos tratado de
dar a conocer en páginas anteriores.
Los mismos efectos de la abudantísima luz del Sol como si polvo de oro flotara
en la atmósfera multiplicando con sus destellos la espléndida iluminación del ple-
no día; las mismas horas azules del mágico miraje que reproduce el cielo sobre la
tierra o la baña con reflejos del océano; los mismos juegos deliciosos de los colores
del iris en las claridades de la aurora y las semisombras del crepúsculo; los mismos
misterios de la soledad y el silencio...
Seducidos por la atracción irresistible de las cumbres, desde donde se divisan
los paisajes, se dibujan los panoramas, se descubre la estructura y se ven los múscu­
los y articulaciones de la costra terrestre, hemos de invitar todavía una vez más
al lector y al viajero a treparse con nosotros a otra altura desde donde podamos
tomar rumbos de orientación y los puntos del horizonte que más interesan por su
significación natural o sus realidades materiales.
Las primeras salitreras de Aguas Blancas que comienzan, como es caracterís-
tico de las formaciones del caliche, recostándose contra la suave pendiente de la
base de los cerros, se encuentran hacia la extremidad sur, por donde está la Flo-
rencia, contorneando una cadena de colinas que van poco a poco elevándose hasta
enlazarse por la extremidad naciente del nudo del cerro de las Tetas.
Esta doble cumbre así llamada con razón porque desde largas distancias a la
redonda se divisa terminada en dos puntillas gemelas como ubres de ternera, sirve
de excelente punto de observación para abrazar de una sola ojeada las líneas sa-
lientes y puntos culminantes que dibujan la orografía del desierto central.
Extensas llanuras de colores claros, salpicadas de manchas oscuras deprimidas
o protuberantes y como esparcidas al acaso, pero en realidad alineadas en la direc-
ción general de un meridiano conforme a la orientación característica de nuestros
sistemas de montañas, allí entrecortadas y caprichosamente interrumpidas éstas en
su curso, con profundas ensenadas, canales, golfos y estrechos, ofrecen en conjunto
el aspecto de un verdadero archipiélago en tierra firme.
Pero el verdadero mar también se ve a lo lejos, en el horizonte brumoso contra
los negros contornos de Morro Moreno, y así ensanchado el campo de vista, el ob-
servador contempla de una sola ojeada una extensión que abraza fecunda región
de recursos aprovechable al presente y que se disfrutará mejor en el porvenir.

-187-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 187 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

El cerro de Palestina, con sus minas de plomo y plata se destaca como una isla;
San Cristóbal con sus filones de oro; el Centinela de Caracoles; Pascua por otro
lado, y las interminables minas de cobre de la sierra Vicuña Mackenna, Reventón,
Paposo y el Cobre por el sur y oeste; y en medio de todo esto el campo calichoso
y los puquios de frescas y abundantes aguas.
– ¡El agua!–: al amparo de cada gota se levanta algún establecimiento de la in­
dus­tria en toda la extensión del desierto; en Cuevitas, un ingenio para beneficio de
metales de oro; en Cachinal, una gran máquina de amalgamación, en el Juncal, en
Pueblo Hundido, en el Inca, en Cachiyuyo, o Puquios, por todas partes, las oficinas
salitreras son otros tantos centros de actividad y producción de riquezas cuya exis-
tencia es debida a sólo una gota de agua que surge por sí sola o arranca el hombre
con sus brazos.
¡Oh, los beneficios que el agua puede producir en aquellos abandonados de-
siertos y los medios que pudieran conducir a su multiplicación y aprovechamiento,
no han merecido ser objeto de la predilección de nuestros gobiernos!
El segundo semestre de 1888 transcurría en Santiago esperando que llegara el
turno de las obras de carpintería a nuestra oficina en los altos del Congreso donde
ya estaban instaladas las demás, y por lo tanto, nada más que en tarea de cálculos,
dibujo y redacción se podía avanzar, compartiendo todavía estas atenciones con
otras que las especialidades y atribuciones de la sección de Minas obligaban a ser­
vir y atender.
En tal situación y con semejantes obligaciones, con una enorme acumulación
de materiales que darían a la obra descriptiva un excesivo desarrollo y con las
ex­pectativas de un trabajo que convenía y se deseaba extender a toda la región
mi­nera de la república, la tarea de estos trabajos había dejado de ser transitoria o
temporal para pasar a ser de estable y permanente labor.
Esto se habría continuado según un plan de trazado provisorio de la carta geo­
gráfica en gran escala, de 1/250.000 o de 1/200.000, dividida en hojas que abra­
zarían un grado de latitud cada una y grabándolas en cobre para ir sucesivamente
corrigiendo y aumentando detalles en ellas, completándolas por partes y perfeccio-
nándolas hasta su definitiva terminación.
El figurado de los contornos geológicos y de las indicaciones mineras o distri-
bución de los minerales se habría verificado poco a poco con la posible precisión
y a medida que el estudio y clasificación de las colecciones de rocas y minerales
hubiera ido suministrando las indicaciones necesarias.
Conforme a este plan, comenzaban a dibujarse las grandes hojas del mapa pro-
visorio y se preparaba la redacción definitiva de las diversas materias del estudio
que empezaba por la minería y la metalurgia, dejando la geología y ramos anexos
para después de la definitiva terminación de los trabajos geográficos.
En tal estado de proyectos y promesas, y cargando con todo ello como bagaje
de ilusiones, el autor pudo disponer de dos meses de licencia con permiso de ir a
Buenos Aires a arrancar de allí sus raíces de algunos años y volver a arraigarlas en
la grata tierra de su patria.

-188-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 188 26-09-12 13:20


XI
ENERO A DICIEMBRE DE 1889

Hidrología. Cerro Blanco. El manganeso de Chile. El principio de algo.

“D ar de beber al sediento” quiere decir, en nuestros días, la aspiración a una


de las más grandes obras de la higiene pública y de los progresos que la
al­ta civilización humana ha realizado en el presente siglo.
La caridad evangélica quedaba satisfecha en otros tiempos con sólo la cister-
na y el cántaro de la samaritana; en los presentes, es el desagüe de los lagos y las
cañerías de hierro lo que la caridad del capital nacional necesita poner al servicio
de los pueblos.
Las exigencias cada vez más apremiantes de las industrias que se multiplican y
del sustento público que encarece hace que no haya lo bastante con los ríos; toda
agua es poca, tomando en conjunto a todas las tierras habitables o de cual­quiera
manera aprovechables, y hasta la que el suelo absorbe para humedecer sus propias
entrañas la requiere también el hombre para las infinitas necesidades de la vida
moderna.
La Hidrología, y en general el estudio de los recursos de agua para la irriga-
ción, para las industrias mineras o para el mero sustento de los pobladores del de-
sierto que perecen de sed para suministrar al progreso de su patria los metales que
la enriquecen, fue siempre una preocupación permanente del jefe de la Comisión
Exploradora; después de no haber descuidado el tomar nota acerca de cuanto a se-
mejante materia se refería en los desiertos, creyó de interés prestarle más especial
atención en lo que se relacionaba más directamente con tan importante cuestión,
destinando al departamento de Copiapó y su río preferente atención.
Así, en diversas ocasiones del año de 1889, sus excursiones abrazaban de prefe-
rencia las regiones montañosas donde se contienen las fuentes y por donde corren
los pequeños caudales que fertilizan el valle copiapino y alimentan las dispersas
aguadas de gran parte del desierto.
Descripción hidrográfica, cuadros de observaciones meteorológicas, estima-
ción de los canales, causas de agotamiento o desperdicio, medidas preventivas, etc.,
ten­drán su necesario desarrollo en el lugar correspondiente de la presente obra.

-189-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 189 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

En tales diligencias, y combinándolas, naturalmente, con la preferente aten-


ción a las minas, pasábamos a principios del mes de febrero de aquel año, desde
los profundos valles en que nace el río Montosa, afluente austral del río Copiapó, a
los de la quebrada de Yerbas Buenas, que corre entre los altos cerros de Potrerillos
y cerro Blanco, nombre también este último del famoso distrito minero que tantas
for­tunas ha dado al país y tanto tiene aún reservado en sus profundidades.
Un enjambre al parecer inextricable de montañas que se cruzan y atropellan,
sin orden ni concierto, es la impresión que primero deja en el espíritu la vista de
aquella región cordillerana; mirada desde su altura culminante en la cumbre del
cerro de la Plata, a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar.
Bien descifrada la orografía y averiguado el curso que siguen las líneas hidro­
gráficas, la confusión se despeja bien pronto resolviéndose en el cordón de monta­
ñas que cierra por el poniente el cajón o valle del río de Montosa, que viene co-
rriendo de sur a norte en sentido diametralmente opuesto al de Jorquera, el cual, a
su turno, está cerrado hacia el mismo lado del poniente por la cordillera Darwin,
que ya hemos bosquejado; resultando de esto que el potente cordón de Potrerillos
a cerro Blanco y La Plata es prolongación simétrica, al sur del río Copiapó, de la
cordillera Darwin, que corre al norte del mismo.
Será de interés, por lo tanto, para orientación de los que se den el gusto de ins-
truirse en estos detalles, subir a la cumbre del cerro de La Plata, donde encontrarán
el hito de triangulación, y tomar los siguientes rumbos para mejor información:

Al Morro de Chañarcillo N 45º O


Al cerro Leones N 35º E
Al cerro Calquis N 28º E
Al cerro Potro (cumbre más alta) S 60º E
Al cerro Antibillaco S 58º E
Al cerro Punta Áspera de la Rosilla S 20º O
Al cerro Punta culminante de Potrerillos S 50º O
Al cerro Peineta S 30º E

El viajero, si se ocupa de minas y geología, encontrará gran interés en exa-


minar los grandes bancos de brechas y la formación porfídico-arcillosa, así como
la estructura de los filones metálicos de la Mina Vieja, Coquimbana, que ofrecen
especial interés por los caracteres de su relleno y distribución del mineral en ellos.
Volviendo a Carrizal Alto con motivo de haberse dispuesto a avanzar otro poco
en lo iniciado el año anterior para extender los estudios hasta el valle del Huas­co,
se presentó el caso de hacer una visita de inspección a las minas de manga­neso que
el empeñoso industrial señor Trippler había conseguido llegar a trabajar en gran
es­cala y con provechosos resultados.
El manganeso ocupa en Chile una zona de distribu­ción que coincide con el
curso que sigue la formación calcáreo-jurásica, siendo especialmente en la provin­
cia de Coquimbo donde corresponde a su mayor grado de condensación y des­
arrollo.

-190-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 190 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. xi. enero a diciembre de 1889

En Carrizal, los depósitos son irregulares, en gradas, nidos o huecos disemina­


dos, sin conexión aparente y con tendencia a ocupar siempre espacio entre los
es­tratos calcáreos de la formación.
La fuerza de estos minerales, sin fósforo y con poca sílice, había llamado la
atención de los fundidores de Estados Unidos y aun había llegado a ser motivo de
preocupación para el poderoso Mr. Carnegie, el dueño de las colosales fundiciones
de Pittsburg que tiene repartidos fuertes capitales en fomentar la explotación del
man­ganeso en Cuba, en España y el Cáucaso, y quien habría, de seguro, dedicado
especial interés a Chile si la falta de informaciones y el desconocimiento de nues­tros
recursos minerales que se tiene en el extranjero no lo hubieran dejado a la luna de
Valencia respecto de las condiciones industriales que afectan a nuestros man­ganesos.
Hemos de tener siempre razón de lamentar nuestra insuficiencia o nuestra
es­­toica despreocupación en creernos muy conocidos de todo el mundo, porque
desgraciadamente lo somos de Rothschild, de Armstrong y de Krupp.
En los tiempos de ilustración que han llegado para la humanidad, los triunfos y
el éxito son frutos de la ciencia y del estudio, y mientras permanezcamos nosotros
mismos en la ignorancia de lo que poseemos y mantengamos al resto del mundo
en la misma oscuridad, no nos tendrá en cuenta el extranjero sino por nuestra
“valentía” –que es un gran tesoro– y por nuestros depósitos de “salitre inglés” –que
más bien no hubiéramos tenido nunca.
No hemos dado a conocer nuestros recursos industriales en minería por medio
de estudios y publicaciones que las hagan conocer en forma didáctica y descripti-
va, razonada e ilustrada en lo bastante para probar y convencer.
La idea general que de nuestra riqueza minera se tiene, por su antigua produc-
ción de cobre y plata, no es bas­tante estímulo para que se venga a nuestra tierra
expresamente a averiguarlo, así como no es en lo bastante ilustrativa la noción que
de ella da la literatura científica que corre por el mundo:

... “¡Chile es productor de metales...”. –“En Chile se produce el hierro, la plata y el


cobre”... – “Chile, en el desierto de Atacama, es una sola mina de cobre...!”.

Entre ambos extremos, como se comprende, nada se dice ni nada se enseña.


No se costean universidades, ni se hacen especialidades en ciencias físicas y
ma­temáticas en ellas, por gracia y favor del Estado, para guardarse la sabiduría
obtenida sin retribuirla en beneficio público con trabajos que nos acrediten como
hombres de estudio, con provecho propio y al mismo tiempo como cooperación
de una nación civilizada al adelanto universal.
Menos todavía deberían costearse iniciativas de acción y dictarse solemnes
de­cretos de estudio y trabajo para abandonarlos, enseguida, a las veleidades de la
in­diferencia, de la ignorancia y de vulgaridades que a la sombra de manejos admi­
nis­trativos irresponsables impidan, estorben y maten lo poco que haya podido
ha­cerse de provecho.
Vienen estas consideraciones a propósito del caso elocuente y práctico sobre el
manganeso de Chile a que acabamos de hacer referencia, a saber: que la Carnegie

-191-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 191 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Steel Company, de Pittsburg, en su afán de mandar emisarios por todo el mundo en


busca de manganeso, guiándose por informaciones y datos de la publicidad de todo
el mundo, no los mandó a Chile por falta de tales datos e informaciones.
Llevados los trabajos de este año hasta agotar los escasos medios disponibles
y terminadas otras exploraciones de detalle en diferentes otros puntos del desierto
todavía ignorados, a causa de la inaccesible situación de algunos de ellos, estaban
ya listos para su publicidad, en gran parte, especialmente en los ramos relativos al
levantamiento de la carta geográfica, a la hidrología, a la metalurgia y a las minas.
La base casi fundamental de todo el trabajo, el del mapa minero-geológico, de-
pendía, como desde años atrás había estado reclamándolo el jefe y ha sido consta-
tado en diversas páginas del presente libro, de la terminación del estudio geológico,
ordenando las colecciones de rocas y minerales y sometiéndolas al necesario estu­
dio; labor larga y paciente, pero digna de cuanto trabajo hubiera sido necesario por
cuanto de ella habría resultado el conocimiento exacto y fiel de la composición geo­
lógica y distribución mineralógica de una vasta región de Chile, precisamente la que
más importa ser descrita y conocida en tales ramos.
Mas, hasta mediados del citado año de 1889, no era todavía grata la situación
para tales obras, y nuestro ingreso a la Dirección General de Obras Públicas, lejos
de servirnos de alivio y ayudarnos, nos pesaba siempre con todos los inconvenien-
tes de su estado de organización e instalación material.
Mejoró esta situación con el nombramiento del distinguido ingeniero don Justi-
niano Sotomayor como di­rector general, a lo menos en cuanto al interés especial y
buena acogida que tales trabajos podían merecerle, tratándose de la sección a cuyas
atribuciones pertenecía profesionalmente y que poseía con las ventajas de larga y
laboriosa experiencia sobre base de sólida ilustración y estudiosa perseverancia.
Se pudo, entonces, contar con algunos elementos, comenzando por papel y
ti­pos de imprenta, para empezar a dar a luz algunos materiales bajo la forma de
una publicación mensual que llevaría el título de Revista de la Dirección General de
Obras Públicas, órgano destinado a dar cuenta razonada de los proyectos, estudios e
intereses afectos a las diversas secciones de la Dirección.
Grata y satisfactoria ocasión fue aquélla en que, al fin y al cabo, y, aunque en
forma inadecuada e incompleta, permitía a lo menos al autor comenzar la publica­
ción de sus obras y corresponder con ellas a los fines de la misión que le había sido
confiada.
Mas, estaba fatalmente dispuesto que no sería sino pasajera esta satisfacción.
Se presentó cierto día a nuestra oficina un empleado del Ministerio de Obras
Públicas.
“– Señor: ¿de dónde se deducen los fondos con que se publica la ‘Revista de la
Dirección de Obras Públicas?’.
– Si le importa a Ud. eso, vaya a averiguarlo de quien corresponda, yo no soy más
que redactor”.

Desde el siguiente día, los fondos emigraron a mejores tierras.

-192-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 192 26-09-12 13:20


XII
DE ENERO A DICIEMBRE DE 1890

Revista de la Dirección General de Obras Públicas. Viajes de instrucción de los estu­dian­


tes de Matemáticas de la Universidad. Estado de los trabajos a fin del año.

E n enero de 1890 apareció la primera entrega de la referida Revista en 110 pá­


gi­nas en octavo mayor y 23 cuadros numéricos, conteniendo el texto la des­
crip­ción de todos los procedimientos geográficos usados en el levantamiento del
mapa, los tipos de cálculo, etc., y exhibiendo los cuadros los elementos de 473
triángulos principales, con todos sus lados y ángulos, que formaban el cánevas del
territorio explorado; con los resultados del cálculo en coordenadas rectilíneas re­
la­cionadas con el origen en el extremo de la base a inmediaciones de la estación
del ferrocarril de Copiapó; las longitudes orientales y occidentales con relación
al meridiano del mismo punto, y las coordenadas geográficas de los 473 vértices
de triángulos, refiriéndose las longitudes al meridiano de Greenwich y también al de
nues­tro improvisado observatorio astronómico de Copiapó.
Con esto, quedaban desde entonces entregados al público los elementos fun-
damentales de la construcción del mapa, los que de mucha utilidad podían ser por
lo pronto, y lo fueron mientras salía a luz la hoja dibujada con todos sus detalles
e indicaciones, la misma que habría sido entregada a la circulación entonces si se
hubiera contado con los medios indispensables.
En febrero y marzo salieron a luz las tres entregas correspondientes que con-
tenían la descripción hidrológica del desierto, suspendiéndose enseguida la publi-
cación de otros por falta de fondos en la secretaría de la dirección o porque fueron
dispuestos, por orden superior, para otra cosa, como queda ya explicado.
En estas circunstancias se me comisionó para conducir a los estudiantes del
cur­so de ingenieros de minas de la universidad en viajes de instrucción práctica
por el norte de la república.
Eran cinco estos viajeros estudiosos: Guillermo Fritis M., Julio Lazo J., Jorge
Porter, Guillermo Yunge y A. Martínez, todos ellos inteligentes, entusiastas y de­
seo­­sos de arrostrar y conocer las fatigas y privaciones del desierto, a fin de adquirir
la experiencia de cómo se trabaja y se sufre para arrancar al suelo las riquezas que
forman la fortuna pública y dan lustre y poderío a la patria.

-193-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 193 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Nos acompañaba también Enrique Barraza, encargándose de agregar nuevos


datos y detalles geográficos para el mapa de la antigua comisión exploradora.
El programa de viajes y estudios abrazaba un plan de campaña bastante exten-
so y materias de exclusiva aplicación a la profesión del ingeniero de minas.
Se recorrería el desierto al sur de Antofagasta hasta San Cristóbal, Lomas Ba-
yas y la Palestina, en cuyas travesías los animosos jóvenes soportaron las privacio­
nes y accidentes de semejantes viajes con resignación y siempre en excelente esta-
do de vigor y espíritu.
Otra excursión por el arenoso desierto de Mejillones, Naguayán y cerro Gordo
se hizo en las condiciones del explorador que todo lo arriesga y a todo se ex­pone
para alcanzar sus fines de progreso y sacrificio por la humanidad y la cien­cia.
En cambio y recompensa, el plan de campaña abrazaba también gratísimas
expectativas para los expedicionarios, ofreciéndoles los medios de trasladarse a
lar­gas distancias en condiciones excepcionales de amenidad, como las que nos
fue­ron ofrecidas para llegar hasta Huanchaca de Bolivia, en rápido tren expreso,
y gracias a la benevolencia de los señores David Sims y Enrique Villegas, por en-
tonces administrador del ferrocarril de Antofagasta el primero e intendente de la
provincia el segundo.
El interés y utilidad de estos viajes de instrucción, para los estudiantes de inge-
niería, nos induce a recordar algunos de sus detalles que constan de las siguientes
notas; siendo también razón para ello la circunstancia de que tales viajes importa-
ban nuevas indagaciones y nuevos datos y materiales para los trabajos del desierto.

Antofagasta, febrero 22 de 1890


Señor Ministro:

Desde el día 7 del presente, fecha en que salí de Valparaíso en compañía de los
jó­venes estudiantes de la universidad, hasta el día de hoy, el programa de trabajos
y estudios ha sido cumplido sin entorpecimiento alguno.
En la creencia de que la forma de diario usado en viajes para llevar la relación
exacta de los hechos informará mejor a U.S., a la vez que servirá más fácilmente
para constatar el trabajo realizado por los jóvenes, así como para responder a otros
diversos fines, me permito usarla precediéndola de una breve observación.
Al aceptar la grata misión de instruir a estos aventajados estudiantes en el
conocimiento práctico de las aplicaciones que los estudios a que se contraen reciben
en el ejercicio de las industrias mineras en nuestro país, no podía imponerme, como
tuve el honor de exponerlo verbalmente a U.S., un itinerario de viajes adaptado a
un plan metódico de estudios prácticos.
Mi único plan estaba forzosamente trazado por la obligación de cumplir con
las incumbencias del puesto que me está confiado y la conveniencia de acumular
nuevos y más numerosos datos acerca de la naturaleza y condiciones industriales
de este desamparado desierto, llenando así con la actividad de los trabajos prácticos
en el terreno, el vacío que me rodea en la oficina pública donde la acumulación de
tantos materiales de estudio contrasta en desalentadora proporción con los medios
e llevarlo a cabo y los recursos para darlo a luz.

-194-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 194 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. xii. de enero a diciembre de 1890

Sin embargo, señor ministro, la línea de movimiento que me obliga a seguir


en desordenadas direcciones, buscando puntos oscuros donde queda algo por acla­
rar o hacia donde la incesante actividad minera ofrece siempre algo nuevo o algo
digno de ser observado, no perjudica a los fines de la instrucción práctica que se
busca para los jóvenes aspirantes al título de ingenieros geógrafos o de minas que
U.S. se ha servido confiar a mi experiencia.
Quizá al contrario, un plan especialmente dispuesto habría andado más en
rela­ción con las comodidades que con las fatigas que impone la observación de la
naturaleza en su seno mismo y el estudio de las producciones del suelo donde más
convenga ir a buscarlas.
Con estos fines, los estudiantes tendrán los mismos de lo que contiene y de
lo que importaría para la riqueza pública esta vasta y desolada región del país, si
siquiera en parte fuera realizado el programa de estudios y construcción de obras
pú­blicas que el Supremo Gobierno de la nación ha propuesto a la aprobación del
Poder Legislativo.
La riqueza mineral del suelo de este árido desierto será materia de fecun­da
meditación para los jóvenes estudiantes, y el conocimiento personal de las cir­
cunstancias industriales que la rodean los preparará para aprender a juzgar, con el
conocimiento que infunde la propia observación y el razonado cri­terio, acerca de
los hechos en la naturaleza, interpretándolos con inteligente cir­cunspección y apre­
ciándolos en lo que valen y significan como promesas de fortuna y pros­peridad
para su patria, sobre todo tratándose de esta olvidada sección de la re­pública.
La adquisición de los ferrocarriles por el Estado encuentra resistencia de Co­­
quimbo al norte; su construcción se consideraría más absurda aún, y hasta la simple
operación de estudiar una vía longitudinal levantó protestas en el Senado nacional
y se declamó contra ella en el grado en que se lamentan las calamidades públicas.
Yo espero que estos niños, haciendo la aplicación de sus estudios a la natu­
raleza de los territorios que van a recorrer, sabrán refutar victoriosamente tan
irre­flexivas impresiones y fundarán sobre la base de sus propias observaciones la
opi­nión favorable que todos los que conocen este desierto abrigan respecto de su
porvenir y de su decisiva influencia en la prosperidad de Chile en lo futuro, así
como lo ha sido en el pasado.
Entro a exponer ahora, señor ministro, el itinerario de los estudiantes.

Febrero 8 a 11

Abordo del vapor Aconcagua.


La complacencia del capitán del buque nos permite seguir el curso de la na­
ve­gación a la vista de las cartas marinas, observando la topografía de las costas y
dibujando su aspecto panorámico.
Se lleva nota de la marcha de los instrumentos y se hacen obser­vaciones de
com­­probación en los puertos de arribada.

Febrero 12

Desembarcados temprano en Antofagasta, hay tiempo para ocupar la tarde en


ve­ri­ficar la declinación magnética en los instrumentos de brújula, haciendo obser­

-195-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 195 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

va­ciones en las señales astronómicas construidas por el director y ayudantes del


ob­servatorio nacional.

Febrero 13

Se ocupa parte del día en la visita del establecimiento salitrero de la Compañía de


Salitres, mediante la bondadosa deferencia de su gerente, señor Carvallo.
La circunstancia de que los aparatos están sin movimiento y en estado de lim­
pieza y reparación permite observar los detalles de su construcción y ofrece más
fa­vorable ocasión para el estudio.
Los estudiantes constatan en sus carteras las informaciones suministradas.
El resto del día se ocupa en ordenar y sacar en limpio los apuntes.

Febrero 14

Vuelta a la Compañía de Salitres a inspeccionar especialmente los motores a va­


por, las bombas y demás máquinas.
En la tarde se toman ángulos desde la plataforma del faro para explicar a los
alumnos la manera cómo ha sido geodésicamente determinada la posición geo­grá­
fica de Antofagasta por la Comisión Exploradora.

Febrero 15

Viaje de inspección a los trabajos del gran establecimiento de la Compañía de


Guanchaca en Playa Blanca.
Se estudia la geología del terreno y se coleccionan rocas.

Febrero 16

A las tres de la madrugada se emprende viaje a caballo en dirección al mineral de


cerro Gordo.
Se traza a brújula y se mide por el tiempo y con troqueámetro todo el itinerario
del camino; se examina la composición del te­rreno y se llega al punto de destino a
las cuatro de la tarde.
Hay tiempo para medir una pequeña base y preparar los trabajos para el día
siguiente.

Febrero 17

Se ocupa todo el día en operaciones topográficas y mineras, levantándose el plano


de la sección principal del cerro.

Febrero 18

A las cuatro de la madrugada se continúa viaje a las minas de Naguayán; se hace


una breve inspección de éstas y a las tres de la tarde se continúa viaje al puerto de
Mejillones a donde se llega, los unos en pos de los otros hasta las nueve de la noche.

-196-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 196 26-09-12 13:20


Desierto y cordilleras de Atacama.indb 197 26-09-12 13:20
Oasis de Niebla Patache. Tarapacá. Pablo Osses, archivo particular.

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 198 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. xii. de enero a diciembre de 1890

Febrero 19

Se estudian los caracteres geológicos de las playas de tan espléndida bahía y la


tarde se destina a la visita del Morro y las guaneras.
Esta clase de extrañas formaciones llama extraordinariamente la atención de
los practicantes y coleccionan interesantes muestras para estudio.
A las nueve de la noche llegábamos de vuelta al puerto y se resolvió continuar
el viaje inmediatamente en razón de haberse agotado el agua para los animales.
Al efecto, dos horas después, a las once, se emprendió viaje de trasnochada.

Febrero 20

Al aclarar el día se comienza a trazar el itinerario del camino y a las tres de la tarde
estábamos de regreso en Antofagasta.

Febrero 21

Se ocupan los jóvenes en redactar sus apuntes de cartera y calcular los datos del
plano de cerro Gordo.

Febrero 22

Hoy continúan los trabajos de oficina.

Febrero 23

Día domingo
En las atenciones y servicios recibidos, nuestra primera gratitud es hacia el
in­tendente, señor don Enrique Villegas.
En la dirección del ferrocarril el gerente, señor Sim, y el ingeniero señor Mar­tí­
nez Gálvez, nos prestan, en sus respectivas atribuciones, las más oportunas aten­cio­nes.
Al señor Eleazar Miranda, en la expedición a cerro Gordo y a don Emilio
Ne­ves en Mejillones, debemos asimismo toda clase de auxilios y facilidades.
Y en cuanto a los jóvenes estudiantes, señor ministro, guardan disciplina en
las horas del deber y observan en todos los casos irreprochable conducta.
Dios guarde a U.S.

Francisco J. San Román

A bordo del Laja, 28 de marzo de 1890

Señor Ministro:
Me es grato dirigirme por segunda vez a U.S. con motivo del viaje de instruc­
ción que los jóvenes estudiantes de la universidad emprenden en mi compañía a lo
largo y a través de estos desiertos.
Numerosas ocasiones de observación y estudios prácticos se han presentado a
estos aspirantes a ingenieros durante el mes trascurrido desde mi última nota a U.S.

-199-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 199 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

La vista de montañas impregnada de valiosos o de útiles metales, donde el de­


sierto se ostenta en toda su aridez, haciendo penosísima la implantación de trabajos
ordenados o imposible e inútil toda tentativa de especulación industrial en ellas, ha
cho­cado tanto al criterio de su naciente experiencia como extrañeza y desaliento ha
despertado en sus generosas ideas de progreso y legítimas esperanzas de prosperidad
en el porvenir de la profesión a que aspiran, la consideración de las razones de tanta
negligencia y tanto abandono.
Porque no es, señor ministro, una negación en absoluto de todo recurso para el
sostenimiento de la vida y del trabajo la impresión que deja el desierto de Atacama
en los que lo conocen y estudian; no es tampoco esa desoladora apariencia de
condenación a una perpetua esterilidad lo que ha privado la historia de la reciente
actividad industrial que tanta fortuna y tanta prosperidad han valido para la nación
entera.
El agua, subterránea en la región central, ha surgido casi donde quiera que se
le ha buscado; y en forma de vertientes o de arroyos que corren perennes, la ofre­
cen las faldas o mesetas de las cordilleras por doquiera.
¿Por qué hay entonces tantos trabajos industriales en abandono, y por qué no
se exploran las regiones vírgenes aún de cateo minero?, preguntan los estudiantes.
El esfuerzo privado ha llegado hasta donde la abnegación y los recursos pecuniarios
han podido sostenerlo; pero los medios poderosos del Estado, que podrían realizar
con tan fecundo éxito la dotación de aguas del desierto, no han venido jamás en
su auxilio.
Y el Estado, sin embargo, que dota de aguas a los pueblos ribereños de nues­
tros grandes ríos, no ha creído aún de su deber auxiliar con una gota a los que
pe­recen de sed en los desiertos.
Han visto los estudiantes, señor ministro, lugares de minas donde un balde de
agua cuesta un peso, y donde, sin embargo, la perforación del terreno la daría gratis
a moradores y viajeros.
Han visto minas en explotación y establecimientos metalúrgicos en actividad
donde una tonelada de carbón cuesta sesenta pesos.
Han visto las dificultades infinitas y los sacrificios de fuerza y constancia con
que aquí se procura mantener el desarrollo de la producción minera, y han podido al
mis­mo tiempo juzgar de cuánta eficacia sería la acción de los recursos del Estado para
de­tener la decadencia y contener el despueble alarmante que sufren los lugares mine­
ros.
Han comparado así, los jóvenes alumnos, la extensión de los re­cursos na­tu­ra­
les que el desierto encierra con las circunstancias industriales que los rodean y los
medios que proveerían a su desarrollo; y si no el desaliento, es a lo menos alguna
impresión de desconfianza en el porvenir lo que invade sus espíritus ante la idea
de que los poderes públicos de la nación continuarán todavía por mucho tiempo
despreocupados en todo cuanto concierne a los grandes intereses de las industrias
mineras.
Porque han tenido ya ocasión de saber que no consiste la principal riqueza
en los casos aislados y remotos de los grandes hallazgos en que el oro y la plata se
brin­dan sin trabajo y sin condiciones, como el tesoro oculto que el acaso descubre,
sino en el filón metalífero de materias útiles que el capital, el arte y el fomento pú­
blico hacen provechoso y fructífero.

-200-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 200 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. xii. de enero a diciembre de 1890

Aquéllas son las raras y casuales excepciones; éstos, son la regla general, la
extensión y la prodigalidad por doquiera en los desiertos de Atacama y Tarapacá.
En el diario que a continuación transcribo, encontrará quizá el señor ministro
la ocasión de juzgar que en el breve espacio de un mes puedan haber visto los estu­
diantes algo nuevo para ellos, y oído en la sociedad de los hombres de ex­periencia
con quienes procuro siempre ponerlos en último contacto, lo bastante para fundar
sus propias apreciaciones.

Febrero 26

Salida de Antofagasta por ferrocarril hasta la estación Cuevitas para continuar


desde aquí hacia las minas de Lomas Bayas y San Cristóbal.
Por la dificultad de conseguir cómodos medios de viajar en aquellos parajes se
hace el viaje en carreta y durante toda la noche.

Febrero 27

Se pasa la mayor parte del día en viaje.

Febrero 28

Divido a los alumnos en dos grupos por no aglomerar demasiadas personas en las
pequeñas faenas de las minas de San Cristóbal.
En este distrito de minas de oro, en actual prosperidad y estado de bonanza,
ocu­po a los alumnos Martínez y Fritis en el levantamiento del plano interior de la mi­
na Bolaco por medio de la brújula de suspensión, además de otros trabajos exte­rio­res.
Se informan de las condiciones económicas del trabajo de minas en la loca­
li­dad, siendo el precio del agua variable entre 80 a 120 centavos la medida de un
barril de arroba.
Hay probabilidad de que un pozo profundo en las inmediaciones del cerro
daría agua potable favoreciendo el desarrollo de numerosos trabajos mineros.

Marzo 1 a 5

Dejo a los alumnos ocupados entre San Cristóbal y el mineral de cobre de Lomas
Bayas mientras me interno al desierto en compañía del ingeniero Barraza a verificar
trabajos geográficos y visita al cerro de Palestina y otros.

Marzo 6

Los estudiantes han verificado todos sus trabajos durante los días de mi au­sencia y han
sido esmeradamente atendidos en la mina San Jorge, de los señores Barnett Hnos.

Marzo 7

Se emprende de trasnochada el viaje de vuelta a Cuevitas, en carreta; seguimos por


ferrocarril a la estación de sierra Gorda y en la tarde se emprende otra vez viaje de
trasnochada en carreta a Caracoles.

-201-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 201 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Marzo 8

Llegados por la mañana, se distribuyen los jóvenes entre las minas Deseada y Ca­la­meña.
Se inspeccionan las máquinas de ambas minas y se ocupan todo el día en ob­
ser­vaciones exteriores.

Marzo 9

Se ocupa todo el día en excursión geológica a las canteras de mármol alabastrino y


alrededores de todo el cerro de Caracoles.

Marzo 10

Visita interior a la mina Resurrección y levantamiento del plano de sus labores


principales, en cuyo importante trabajo se ocupan todos los alumnos usando en las
operaciones el teodolito de Breithanpt.

Marzo 11

Mediante la benevolencia del señor administrador de la Calameña, don H. Poblete, los


es­tudiantes tienen la feliz ocasión de ejercitarse en operaciones fotográficas de cam­paña
y obtener por el mismo procedimiento vista de las máquinas y faenas de las minas.
Todos los días se ocupan en este útil ejercicio las horas de descanso.
La fotografía instantánea ha llegado a ser un auxiliar de preciosas aplicaciones
para el ingeniero.

Marzo 12 a 13

Viaje a la Isla, al Centinela y regiones inmediatas, alcanzando el ingeniero Barraza


hasta el Quinto Caracoles.

Marzo 14 a 18

Me ausento de Caracoles dejando a los jóvenes bajo la inteligente y bondadosa


di­rección del ingeniero don José F. Cortés, con quien completan el programa de
vi­sita interior a las minas más importantes del distrito.
Nuestra permanencia en Caracoles ha sido tan fecunda en práctica ense­ñan­za
como grata y agradable por las atenciones recibidas de las personas ya nom­bra­
das, así como también del digno subdelegado don A. Silva Whitaker, quien par­ti­
cularmente nos ha favorecido con los más oportunos servicios.
Sería nombrar a todo un pueblo si insertara los nombres de cuantas personas
han empeñado mi gratitud y la de mis jóvenes acompañantes durante nuestra re­
sidencia en Caracoles.

Marzo 19

Embarque en el vapor Mendoza con destino a Iquique.

-202-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 202 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. xii. de enero a diciembre de 1890

Marzo 20

El desembarcadero en el opulento puerto por donde el erario público recibe la mi­


tad de sus rentas nos produce extraña impresión y arranca oportunas ocurrencias
a los jóvenes viajeros.
Al saltar en tierra el terreno que pisamos oscila y se agita como la embarcación
que acabábamos de dejar en las espumosas olas, más expuestos ahora que entonces
a un desastroso naufragio.
El único muelle de Iquique es ya presa segura del mar: su adherencia al con­
ti­nente está pendiente de un hilo.
En el mismo día el intendente de la provincia señor Blest Gana y el delegado
de las salitreras señor Salinas nos facilitan en breves momentos los medios de em­
pren­der marcha al interior.
Provisto de amables recomendaciones del señor don E.H. Romaní para ser
re­cibidos en las minas del señor don Juan Mackenna, en Huantajaya, pudimos par­
tir a ese destino en la madrugada del siguiente día.

Marzo 21

El antiguo y opulento cerro despierta vivo interés en los estudiantes por la novedad
de sus minerales y sus analogías con otras formaciones mineras que acababan de
conocer.
El ejercicio en los métodos de observación los va familiarizando con el co­
nocimiento de las rocas y los variados caracteres de las vetas.
Ya no necesito recomendarles el uso del martillo de geólogo: este elemental
instrumento es ahora el compañero inseparable en sus excursiones de estudio.
El señor Díaz Gana nos permite visitar interiormente la mina Margarita.

Marzo 22

Se destina la mañana a la mina María, y en la tarde el señor Amor se sirve acompa­


ñar a los practicantes en la visita interior de la importante y rica mina Descubrido­
ra.

Marzo 23

Día domingo, descanso en Iquique.

Marzo 24

En viaje a las salitreras.


Instalados en la amena residencia de la oficina Primitiva, los empleados su­pe­
rio­res nos acompañan en la inspección de las diversas operaciones y los estudiantes
aumentan con nuevos datos los conocimientos ya anteriormente adquiridos en el
tratamiento de los caliches y todas sus operaciones anexas.

-203-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 203 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Marzo 25

Se ocupa todo el día en la inspección de las calicheras llegando hasta las oficinas
del Abra y Puntunchara, donde el inteligente ingeniero señor Pattinson nos acom­
paña hasta las minas y gruta natural que los jóvenes examinan con el mayor inte­
rés.

Marzo 26

Trascurre todo el día en el viaje de vuelta a Iquique, debiendo siempre al señor


Luis B. Beausire toda clase de atenciones y factibilidades.

Marzo 27

Embarque a bordo del vapor Laja con destino a Antofagasta.


Siguiendo el método de observación a que procuro habituar a los jóvenes
prac­ticantes, van haciendo sucesivamente el acopio de sus materias de estudio
colec­cionando rocas y minerales de todos los parajes que visitan y constatando en
sus carteras los datos que han de servirles para la exposición escrita a que los obliga
el programa universitario.
Hay una deficiencia sensible en la falta de hábito para servirse del dibujo
co­mo medio de reproducir aquellas impresiones que sólo mediante los medios
grá­ficos es posible conservar y apreciar con fidelidad.
En la observación de los cuadros de la naturaleza, en los detalles geológicos y
topográficos del terreno, así como en la inspección de las máquinas y aparatos de
las artes e industrias, el uso del dibujo es tan indispensable o más necesario aun que
la escritura misma.
Me permitiría llamar con la más viva instancia la atención de U. S. hacia la
conveniencia de generalizar el uso del dibujo en todas partes donde se estudia,
desde la escuela hasta la universidad.
Es inadmisible que un ingeniero sea incapaz de reproducir los objetos por
me­dio del lápiz, corrientemente manejado, a grandes rasgos pero con maestría.
Pero es mucho más inadmisible aún que el dibujo, en vez de ser enseñado al mis­
mo tiempo o mejor antes aun que la caligrafía, sea al contrario, en nuestros cole­gios,
considerado como ramo de adorno y objeto de lujo o pasatiempo que se pa­ga extra.
La mejor descripción literaria deja dudas y vacíos donde unas cuantas líneas,
re­produciendo el mudo lenguaje de la naturaleza, exponen a la simple vista la rea­
lidad del objeto.
Estoy constatando diariamente las dificultades con que tropiezan estos jóve­
nes a cada paso por su falta de hábito en el uso del lápiz y ojalá que U. S., si con­
si­dera atendibles las razones que dejo expuestas, pudiera prestar a la juventud el
va­liosísimo servicio de imponerles la obligación del dibujo correcto que enseña a
conocer y a copiar la naturaleza, así como a imaginar y a crear las obras del arte.

Saluda al señor Ministro.

Francisco J. San Román

-204-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 204 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. xii. de enero a diciembre de 1890

Santiago, mayo 10 de 1890

Señor decano:
En dos ocasiones anteriores, con fecha 22 de febrero, en Antofagasta, la pri­
mera, y a bordo del vapor Laja, volviendo de Iquique a Antofagasta, la segunda,
me he dirigido, en ausencia del señor decano, al señor ministro de Instrucción
Pública con motivo del viaje que los jóvenes estudiantes de la universidad han
he­cho en mi compañía siguiéndome constantemente en el itinerario de mis excur­
siones por el norte de la República.
Volviendo ahora ante la autoridad correspondiente a quien debo mis infor­
ma­ciones, ruego al señor decano se sirva acoger las referidas notas, publicadas
am­bas en el Diario Oficial, y aceptarlas, para sus efectos, en el mismo carácter de la
presente que tengo el honor de dirigir directamente al señor decano.
Coincidiendo con los días de feriado de la Semana Santa que empezaba en
los momentos de nuestra vuelta de Tarapacá a Antofagasta, la feliz oportunidad
de poder conducir a los practicantes en pocas horas y sin gravamen alguno hasta
las minas de Pulacayo y establecimiento metalúrgico de Huanchaca, no vacilé en
acep­tar la oportuna ocasión que me ofrecía el bondadoso favor del señor don
David Sims, administrador del ferrocarril de Antofagasta a Bolivia y la cooperación
tan­tas veces útil y servicial del señor intendente de aquella provincia, don Enrique
Villegas.
Una vez en aquel centro de tan considerables trabajos y fecunda actividad
in­dustrial, su digno gerente, el señor don Guillermo Leiton, puso a mi disposición
todos los medios y facilidades conducentes a hacer provechoso y fructífero el viaje
que nos llevaba hasta aquellas altas y apartadas regiones.
En el curso del diario de que doy cuenta a U.S. para que conste la distribución
y uso del tiempo así como el trabajo útil realizado por los alumnos, expondré a
U.S. los detalles importantes del viaje, pero séame permitido antes repetir aquí el
público testimonio de gratitud debido a personas que tan en alto grado estiman y
acogen los propósitos del supremo gobierno y Universidad de Chile en favor de
nue­stra estudiosa juventud, contribuyendo a ello con su ilustrada cooperación y sus
recursos.
Igual manifestación debo hacer, por su cariñosa hospitalidad e instructiva en­
se­ñan­za, hacia el señor don Luis Darapsky, el distinguido profesor que hoy dirige
impor­tantes operaciones industriales en Taltal, y hacia nuestros jóvenes ingenieros
don Pedro L. Escribar y don Enrique Cavada, quienes en Tierra Amarilla, activo
ce­ntro de fundiciones metalúrgicas, y en Bordos, mina de plata montada a la altura
de los adelantos modernos, han favorecido a los estudiantes con el concurso de su
expe­riencia profesional a la vez que con sus personales atenciones.
El resultado de tres meses de instrucción práctica ha de influir indudablemente
con cierta eficacia en preparar el criterio industrial y despertar en la joven inteli­
gen­cia de los estudiantes las ideas de aplicación de los estudios teóricos al ejercicio
de las operaciones que en la vida profesional del ingeniero constituyen su más ac­
tiva labor y fecunda consagración.
Infundirles el interés por los estudios geográficos del territorio en que se ex­
tien­de el campo de sus aplicaciones; habituarlos a la atenta observación de los ca­
rac­teres geológicos para el cateo razonado del terreno; recomendarles la práctica

-205-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 205 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

constante y metódica en el examen de los criaderos minerales; inducirlos a indagar,


en materia de datos económicos, todo cuanto puede contribuir al conocimiento
industrial y práctico de los procedimientos en uso, analizando los hechos con el
raciocinio y fijándolos en la mente con el procedimiento gráfico e indeleble del
dibujo lineal.
Trabajos topográficos exteriores en relación con los de mensura interior de
algunas minas importantes; observaciones geológicas del terreno en los distritos
mi­neros: atento estudio de la composición y estructura de los filones; inspección
cui­dadosa de las máquinas a vapor y aparatos mecánicos usados en las minas:
tales son las especialidades a que los alumnos han podido dedicar más detenida
aten­ción, siendo Huantajaya, Caracoles, Lomas Bayas, San Cristóbal y Pulacayo
de Bolivia los puntos que han servido para la práctica en tales estudios, como
tam­bién, aunque ya menos detenidamente, la mina Arturo Prat de Cachinal; Ema
Luisa, Huáscar y Tres Marías del Guanaco; Bordos de Copiapó y algunas otras.
En procedimientos metalúrgicos, la benevolencia y competente autoridad del
señor Darapsky fue ocasión propicia para que los jóvenes pudieran estudiar el
pro­cedimiento de amalgamación, así como en Tierra Amarilla el señor Escribar
les proporcionó toda la personal cooperación y facilidades bastantes para que
pudieran informarse de los métodos diversos de fundición en reverberos y hornos
de soplete que allí se usan, así como en la copelación por el método inglés, prepa­
raciones mecánicas, etc.
En la industria salitrera, desde la inspección de los terrenos y los métodos
de explotación del caliche hasta su elaboración en las oficinas y tratamiento de
las aguas viejas por yodo, todo lo han inspeccionado con bastante atención en
Antofagasta, debiendo al señor don W. Carvallo todas las facilidades al efecto: en
Tarapacá, oficinas Primitiva y Puntunchara, mediante la espléndida hospitalidad
y competente información de sus directores, y finalmente en Taltal, con la franca
y generosa espontaneidad de don Alfredo Quatfaden, han podido los alumnos
informarse de todo en las oficinas Lautaro, Catalina y Santa Luisa.
Finalmente, en el examen de aparatos mecánicos para las minas y fundición
de hierro colado, la gran maestranza de Caldera, con su arsenal de modelos y
archivo de planos acumulados por la experiencia de tantos años en el centro de las
operaciones mineras del país, ha contribuido también a despertar ideas prácticas
de aplicación en los estudiosos alumnos.
Debo hacer a este respecto especial mención del ingeniero mecánico director
de aquellos famosos talleres que surten a toda la costa de nuestros mares con las
máquinas perfeccionadas que allí se construyen.
El señor don Ricardo Jacques ha fundado efectivamente en Caldera una es­
cuela de industria nacional en construcciones mecánicas aplicables a la minería y
metalurgia.
Por lo demás, señor decano, me es otra vez satisfactorio declarar que los jó­
venes confiados benévolamente por Ud. a mi experiencia, han debido dejar en
todas partes recuerdos de simpatía por la contracción asidua a sus deberes y las
condiciones de carácter propias de su educación y de su clase, pudiendo agregar,
en cuanto a lo que a mí concierne, que en el ejercicio de mis propias tareas durante
tres meses de excursiones, me fue constantemente tan útil su compañía, como grata
y amena es siempre la sociedad de la juventud inteligente.

-206-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 206 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. xii. de enero a diciembre de 1890

Falta tan sólo que los excursionistas exhiban ante U.S. y ante sus maestros en
las aulas, la prueba escrita en que deben constar los trabajos a que se han contraído.
Saluda a U.S.

Francisco J. San Román.

El segundo semestre de 1890 transcurrió en medio de las convulsiones políti-


cas precursoras de los sangrientos sucesos que se preparaban para el advenimiento
del funesto año de 1891.
Terminada la reproducción de la carta geográfica en cinco grandes hojas, escala
de 1/250.000; dibujada otra con ilustraciones en escala de 1/2.000.000, destinada
a usos de escritorio; preparados algunos manuscritos para continuar su interrum-
pida publicación tan pronto como fuera autorizado; expedito, al fin, el laboratorio
mineralógico para el estudio de las colecciones y contratado al efecto el petrólogo
doctor Pöhlmann para el análisis microscópico de las rocas; organizada una oficina
de dibujo geográfico en que figuraba un eximio artista, don Nicanor Bolonia, y
dispuestos así todos los elementos para la terminación y publicidad de tan largos y
contrariados trabajos, nada habría impedido que el país hubiera empezado a apro-
vecharlos si los acontecimientos políticos y la peligrosa situación de aquellos meses
no se hubieran interpuesto con las desastrosas consecuencias que entonces todo lo
desquiciaban, así en los servicios públicos como en los negocios privados.
Sin esperanzas, pero impulsado por el sentimiento del deber con que cada cual
se cree obligado a cumplir, sirviendo intereses públicos, nada fue omitido para ase-
gurar la salvación o el completo aprovechamiento de tantos sacrificios y trabajos,
procurando interesar a todos, autoridades de la administración o miembros del
Congreso Nacional, en el propósito de no prolongar por más tiempo, en aquella
amenaza de naufragio universal, la definitiva terminación y entrega al país de todo
cuanto hasta entonces estuviera listo y en estado de ser puesto en sus manos para
sus propios usos y servicio.
Quedó de ello constancia en documentos, diligencias y demostraciones que se
perdieron en el vacío, terminando al fin con todo y con sus funestos augurios el
año de 1890.

-207-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 207 26-09-12 13:20


Desierto y cordilleras de Atacama.indb 208 26-09-12 13:20
XIII
ENERO A JULIO DE 1891

El principio de 1891. El cumplimiento del decreto de 1883. Delegación al Congreso


Internacional Geológico de Washington.

S obrevino al fin la explosión de los ánimos y con la exaltación de éstos el es­ta­


llido de la pólvora al principiar el año de 1891.
En el desquicio general y llamamiento a las armas del Soberano Congreso
con­tra el Poder Ejecutivo y de éste contra aquél, la Dirección General de Obras
Públicas continuó en sus inofensivas tareas con todas sus dependencias, incluida la
sección de Minas y Geografía, de atribuciones aun más inofensivas y ajenas a las
causas y complicaciones del conflicto.
Las perturbaciones y lentitudes consiguientes al estado de guerra civil no alcan­
zaban a impedir la continuación más o menos regular de las diarias tareas en los
diversos ramos de estudio que poco a poco avanzaban en sus detalles y conjunto.
Estaban ya terminados y listos para ser entregados al grabado o la piedra li-
tográfica los mapas a que ya dejamos hecha referencia, y pronto también para la
prensa los materiales correspondientes a uno o dos tomos de la obra descriptiva.
Es decir, se había ya dado cabal y definitivo cumplimiento a gran parte del
pro­grama de los trabajos encomendados a la antigua Comisión Exploradora de
Atacama conforme al decreto supremo de 17 de abril de 1883 que se inserta en las
primeras páginas del presente libro.
El mapa, en cuanto a sus destinos y objetos generales como instrumento geo-
gráfico, estaba en estado de ser entregado a la circulación, quedando así satisfecho
lo relativo a lo dispuesto por el artículo 2° del decreto.
Lo correspondiente al artículo 3° del mismo, referente al mandato de formar
colecciones geológicas y mineralógicas, estaba satisfecho en cuanto al trabajo
ve­rificado en el terreno, disponiéndose a esa fecha, en oficina, de unos diez mil
ejem­plares de rocas y minerales que serían aumentados en breve al doble de ese
cre­­cido numero. El estudio de estas colecciones debía necesariamente preceder
al trabajo de trazar la carta geológico-minera y a la redacción de lo concerniente
a este ramo, objeto principal de las exploraciones cuya condición y aplicaciones

-209-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 209 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

eran esencialmente calculadas para el estudio de los recursos minerales, fomento e


intereses de la industria minera.
Este estudio era precisamente lo que el autor más empeñosamente anhelaba y
había insistido en reclamar desde el primer año de sus campañas por el desierto,
instancias siempre desatendidas y sin eco en el vacío que siempre se hace alrede-
dor del servicio y trabajos cuyo objeto material inmediato no se comprende por no
ser de aquéllas que se ven y se palpan como las obras de construcción.
Era la verdad también que durante ese tiempo todos los servicios de ingenie-
ría se multiplicaban, con el activo progreso material de entonces, aumentando sus
ne­cesidades y sus exigencias y elaborándose con ello paulatinamente la idea de la
creación de un ministerio especial, de una nueva secretaría de Estado destinada
ex­clusivamente a las obras públicas. Se esperaba ésta y se dejaba transcurrir el tiem­
po en expectativa; llegó la realidad y fue necesario esperar la oportunidad, la or­
ganización reglamentaria y por último la definitiva instalación material, apenas so-
brevenida para nuestras obras, cuando estallaron los sucesos políticos de 1890 a 91.
En el mes de mayo de 1891, fue propuesto al señor Director General de Obras
Públicas, don Justiniano Sotomayor, por el Ministerio de Relaciones Exteriores,
que el jefe de la sección de Minas y Geografía se trasladara a Estados Unidos de
Norteamérica como delegado de Chile ante el Congreso Internacional Geológico
de Washington, deseando al señor ministro don M.M. Aldunate Solar, aprovechar­
se al mismo tiempo de esa ocasión para dar principio a la publicación de los traba-
jos del Desierto y cordillera de Atacama.
De todas maneras, en semejantes circunstancias, la misión del autor al Con-
greso Geológico de Washington, verificándose en medio de un desquicio que di-
ficultaba todo servicio público, venía en oportuna ocasión para dar principio a la
publi­cación de sus obras en lo que de ellas estaba terminado, con más la importan-
te circunstancia de poder ilustrar su experiencia y aprovechar las enseñanzas de
un certamen científico que iba a tener por teatro el inmenso territorio de Estados
Unidos, cuyas correlaciones geológicas con el nuestro y sus innumerables distritos
minerales le ofrecían feliz oportunidad de estudios comparativos. Semejante so-
lemnidad científica, que tendría por actores a las más eminentes autoridades geoló-
gicas del mundo y por gabinete de estudio a la misma naturaleza en su más variado
y vasto desarrollo, era una escuela bien digna y necesaria de ser aprovechada.
El delegado de Chile dejaría en su oficina bien determinadas sus instrucciones
para la continuación del estudio petrográfico de las colecciones y en dibujo la edi­
ción del mapa destinado a las indicaciones mineras y contornos geológicos, mien-
tras que en su equipaje de viaje llevaba dos reproducciones del mismo mapa para
el grabado y su archivo de manuscritos y carteras para la prensa.
El mapa ilustrado, en pequeña escala, habría sido distribuido; el de escala de
1/250.000, en cinco hojas, sería grabado en cobre para conservarlo como patrón
o dechado de muestras para futuras ediciones hasta completar y perfeccionar más
los detalles aumentándolo y corrigiéndolo sucesivamente.
Con este plan, aceptado el cargo y previamente aprobado por el decreto gene-
ral don Justiniano Sotomayor, expidióse el siguiente decreto:

-210-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 210 26-09-12 13:20


itinerario de las exploraciones. xiii. enero a julio de 1891

República de Chile
Ministerio de Relaciones Exteriores

Núm. 3.636.

Santiago, 19 de junio de 1891.

S.E. decretó hoy lo que sigue:

“Núm. 444. Vista la nota que precede,

Decreto:
Se autoriza al ingeniero don Francisco J. San Román, Delegado del Gobierno
de Chile en el Congreso Geológico de Washington, para que contrate en el extran­
jero la impresión de dos mil ejemplares del mapa general ilustrado de la región
comprendida entre Coquimbo y Pisagua, en la forma indicada en la nota adjunta.
El señor San Román deberá proceder en el desempeño de esta comisión, de
acuerdo con el Ministerio de Chile acreditado en la nación en que se contrate el
trabajo.
Tómese razón y comuníquese.

Balmaceda.

M.M. Aldunate”.

Lo escribo a Ud. para su conocimiento y fines consiguientes.


Dios guarde a Ud.

Guillermo V. Rivera C.

Al ingeniero don F.J. San Román, delegado del gobierno de Chile en el Congreso
Geológico de Washington.

-211-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 211 26-09-12 13:20


Desierto y cordilleras de Atacama.indb 212 26-09-12 13:20
GEOGRAFÍA GENERAL

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 213 26-09-12 13:20


Desierto y cordilleras de Atacama.indb 214 26-09-12 13:20
GEOGRAFÍA GENERAL

E l territorio abrazado por los estudios de la Comisión Exploradora del Desierto


y Cordilleras de Atacama comprende parte de la provincia de Atacama, desde
el río del Huasco al norte, y toda la provincia de Antofagasta, incluso el alto terri­
to­rio llamado la puna de Atacama.
Así dispuesto, los trabajos geográficos abrazarían, por la costa del Pacífico,
des­de el puerto del Huasco, en latitud 28°27’30”, hasta la desembocadura del Loa,
en latitud 21°27’45”, casi 7° grados completos de latitud; y entre mar y cordillera,
1°34’ de longitud, a la altura del Huasco, por 4° de longitud en las inmediaciones
del paralelo 22°.
La extensión encerrada dentro de estos límites matemáticos, y reducida estric­
tamente a los contornos naturales y, en detalle, desde la costa marítima hasta la
cor­dillera limítrofe con la república Argentina, y entre los ríos Huasco y Loa, pro-
longado este último por el Salado, representa una superficie efectiva de 240.315
ki­lómetros cuadrados, de los cuales 78.640 pertenecen a la puna de Atacama.
La población, desigualmente diseminada sobre esta considerable extensión,
apenas alcanzaría los 100.000 habitantes.

Límites

La provincia de Antofagasta deslinda en el norte con la de Tarapacá, por el río Loa,


desde su desembocadura hasta el lugarejo de Quillagua, que está en el codo que el río
hace al tomar rumbo al oeste en dirección al mar, y desde este punto de Quillagua por
una línea recta imaginaria a los volcanes Miño, Olea y Tua; al es­te, sigue la frontera con
Bolivia por la cordillera de los Andes, desde el Tua al Olla­gua, cruzando enseguida el
salar y borateras de Ascotan y continuando por el vol­cán Cabana hasta el Licancaur;
desde esta cumbre, una línea imaginaria que va a Sapaleri y que se prolonga al oriente
hasta interceptar la cordillera li­mí­tro­fe ar­gen­tina, cerca del portezuelo de Mojones;
desde aquí continúa el lími­te oriental se­gún la misma cordillera argentina, cuyas
alturas culminantes se su­ce­den por Galán, Co­valonga, Incahuasi, Pucas, San Antonio

-215-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 215 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

del Cobre, Trancas, ce­rro Negro, po­r­te­zuelo de Chorrillos, Capilla, Ciénaga Grande,
Jueregrande, cerro Blanco, cerro Gordo, Aguas Calientes, Diamante o Mecara,
portezuelo de Vi­­cuñorco y nevado de La­guna Blanca, hasta el portezuelo de Pasto
de Ventura; al sur continúa por la misma cordillera, que desde aquí toma rumbo
al poniente, y va por las cumbres de Curuto, Azul, Robledo, San Buenaventura y
Chucula has­ta el cerro de Dos Conos, desde cuya cumbre el límite sigue el contorno
de la puna, que es común con la provincia de Atacama, y se dirige al Juncalito y
Piedra Parada, hasta las alturas frente a Lagunas Bravas, y la continuación de este
cordón hasta entroncar con la gran cordillera en Aguas Calientes, por el portezuelo
del ca­mino a Taltal frente a la Laguna Amarga, que es el punto por donde arranca
el límite austral de Antofagasta con Atacama entre los respectivos departamentos
de Taltal y Chañaral. Este límite sur parte, pues, desde dicho punto cruzando obli­
cua­mente al Chaco, cuya dirección coincide casi en todo su trayecto con el camino
de Antofaya a Taltal, coincidiendo, además, con el dorso de la cuenca de Puntas
Negras o Rio Frío, la cual se abre paso a través de la sierra de Gorbea por su mitad,
entre ambas cordilleras, y por lo tanto no es esta sierra prolongada hasta el volcán
Las­tarria, como se ha creído antes, la expresión del límite administrativo entre los
departamentos de Taltal y Chañaral, sino desde la altura de la cordillera limítrofe
entre los salares de Laguna Amarga y la Isla.
El resto del límite austral de Antofagasta y Atacama parte del Chaco, siguiendo
la línea de cumbres del dorso derecho de la hoya de Juncal y Pan de Azúcar, que
va por el cerro del Agua de la Piedra, Juncal, Pólvora, Guanaco, sierra Overa, San
Cristóbal, Carmen y Bombas hasta la punta Cachina, en el Pacífico.

Población y subdivisiones

Este vasto territorio de la provincia de Antofagasta, tal como fue creada por ley de
12 de julio de 1888, se subdivide en tres departamentos:
Tocopilla, al norte, limitado por el Loa hasta Miscante y de allí a lo largo de la
pampa hasta el cerro Solitario, al sur.
Antofagasta, al centro, abrazando todas las cordilleras y la puna de Atacama.
Taltal, al sur, desde punta Dos Reyes, en el Pacífico, hasta la de Cachina.
Todos reunidos, es decir, la provincia, comprende 33.636 habitantes, correspon­
diendo respectivamente a Tocopilla 4.664, a Antofagasta 16.549 y a Taltal 12.423;
y si de toda esta población se tienen en cuenta los indígenas de la puna y cordille-
ras, resulta que la proporción de los que saben leer y escribir es de un 50%.
El departamento de Tocopilla se subdivide en las subdelegaciones de Peñaflor,
Duende, Toco y Cobija, con dos circunscripciones del Registro Civil en Tocopilla
y Cobija y una municipalidad en la capital: Tocopilla.
El departamento de Antofagasta se subdivide en 9 subdelegaciones: Chimba,
Comercio, Prat, Maipú, Sierra Gorda, Caracoles, Calama, Ascotan y San Pedro de
Atacama, con parroquias, circunscripciones del Registro Civil y municipalidades
en Antofagasta, Calama, Caracoles y Atacama.

-216-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 216 26-09-12 13:20


geografía general

El departamento de Taltal se subdivide en 9 subdelegaciones: Taltal, Esmeral-


da, Santa Luisa, Paposo, Refresco, Cachinal, Vaquillas y Guanaco, con una sola
circunscripción del Registro Civil, Taltal, y municipalidades en Taltal, Santa Luisa
y Aguada.

Puertos y costas marítimas

Desde la desembocadura del Loa hasta la punta de Pan de Azúcar, se suceden


pun­ta Chileno, punta Arenas y Paquica, que abrigan caletas más o menos aptas
pa­ra fondeadero, hasta la bahía Algodonales que comprende la caleta de Duendes,
don­de existió un gran establecimiento para el servicio de las salitreras del Toco.
Hoy está en ruinas.
Inmediata a ésta está el puerto y pueblo de Tocopilla, capital del departamen-
to, en latitud sur 22°06’ y longitud 70°13’05” al oeste de Greenwich, con más o me-
nos 2.000 habitantes y regularmente edificado sobre una playa inclinada, angosta,
pero de bastante fondo.
Posee un muelle con pescantes y grúas de gran poder, y en comunicación con
la estación del ferrocarril que parte desde allí al interior hasta las salitreras del To­
co, siendo su largo de 50 kilómetros, la mitad de cuya distancia se desarrolla en un
zigzag de innumerables y pequeñas curvas trazadas en pleno granito y otras rocas
aná­logas.
Su importancia no es solamente debida a las salitreras del Toco sino a sus pro-
pias minas y fundiciones de cobre.
La exportación de salitre varía entre 500.000 a un millón de quintales españo-
les por año y el valor total de su comercio de importación y exportación fluctúa,
más o menos, de 1.500.000 a 2.000.000 de pesos.
Siguen al sur, Gatico, caleta que da entrada al lugar de minas de cobre del
mis­mo nombre, con 600 habitantes, y Cobija, antiguo puerto principal de Bolivia,
con una población poco mayor a los 400 habitantes, situado en 22°34’ de latitud.
Desde aquí a Mejillones, las puntas prominentes de la costa son Tames, Gua-
laguala y Chacaya.
Mejillones es una espléndida bahía, hermosísimo fondeadero e inagotable cria-
dero de pescado y mariscos, donde habría prosperado un hermoso pueblo si se
hu­biera continuado el ferrocarril que fue empezado con dirección a Caracoles y
Bo­livia y suspendido por preferir en su lugar el detestable desembarcadero de An-
tofagasta.
En su entrada sur está la famosa punta Angamos y el Morro, formando la pe-
nínsula de Mejillones, con morro Moreno y punta Tetas, comprendiéndose en ella
las caletas de Herraduras, Bandurrias, Constitución y Errázuriz.
Entre morro Moreno y el Coloso se encuentra, en latitud 23°38’36”, el impor­
tante puerto y pueblo de Antofagasta, capital de la provincia, comienzo del gran
ferrocarril internacional a Bolivia, asiento de grandes establecimientos metalúrgi-
cos, entre ellos el de Playa Blanca, el más considerable de América del Sur; una

-217-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 217 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

gran oficina de elaboración de salitre y yodo; algunos regulares edificios públicos y


particulares y todas las comodidades y exigencias más indispensables del progreso
y bienestar social. Su población es de 9.000 a 10.000 habitantes y su comercio de
importación y exportación es de alrededor de 5.000.000 de pesos por año.
Al sur de punta Coloso sigue la caleta Bolfin y el morro de Jara, en latitud 23°
52’ sur; y de aquí Agua Dulce y Agua Salada; la caleta del Cobre, con muy buen
fondeadero y con algunos pobladores que viven del trabajo de minas de cobre, en
plena esterilidad y desamparo.
A continuación se encuentra la caleta Remiendos o Blanco Encalada, la punta
Dos Reyes, aguada Miguel Díaz, caleta Colorada, puntas de Plata y Panul, Rincón
y punta Grande, estando entre estas dos últimas la rada de Paposo.
El nombre de Paposo, quizá en razón de sus abundantes y frescas aguadas, su
relativa vegetación de espesos arbustos, flores y grama, es de fama y renombre
histórico desde los días de la conquista española.
Se fundó allí un obispado para bien y cuidado de la raza indígena costera, que
se designaba con el nombre de Changos, pero la mayor y más lucrativa protección
fue la que les trajo el descubrimiento de sus grandes minas de cobre, mediante la
actividad y los capitales de mineros de Copiapó, especialmente de don José A.
Moreno, quien fue el gran bienhechor de aquella región del desierto que él cruzó
de caminos y pobló de faenas mineras.
A continuación de Paposo viene la caleta de Cascabeles, por donde se hacía
antes todo el movimiento de las oficinas salitreras de Santa Luisa, que hoy se dirige
a Taltal por medio de un ramal de ferrocarril que comunica con la línea férrea de
este puerto al interior.
La caleta de Hueso Parado, frente a la cual desemboca la quebrada de Ramón,
abundante en aguadas, también tuvo su renombre histórico con motivo de deslin-
des y jurisdicciones civiles y eclesiásticas.
El pueblo y puerto de Taltal tiene la importancia de ser excelente fondeadero,
de su ferrocarril al interior, de sus oficinas salitreras y grandes minas de cobre,
pla­ta y oro.
Su población alcanza a 6.000 habitantes y su importancia material, social y co-
mercial, hacen de ese puerto uno de los más adelantados de la costa. Su comercio
de importación y exportación es de unos 5.000.000 de pesos.
Punta de San Pedro, caleta de Cifuncho, Ballena y Esmeralda son los puntos
más notables de la costa marítima de la provincia de Antofagasta hasta su deslinde
con la de Atacama.

Poblaciones del interior

En el departamento de Tocopilla, con motivo de los trabajos salitreros y de la


actividad que reina en las oficinas de elaboración de una industria que ocupa tantos
brazos y mueve tantos elementos de trabajo, se ha aglomerado una población que
lleva el nombre de El Toco y que no contiene menos de 1.500 habitantes.

-218-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 218 26-09-12 13:20


geografía general

En Quillagua, a la orilla del Loa, hay un grupo de habitantes, en su mayor


par­te indígenas, dedicados a la agricultura, y en Colupito, camino a Cobija y Toco-
pilla, algunos residentes que viven del hospedaje o socorro que suministran a los
viajeros de esos desiertos estériles.
El departamento de Antofagasta, en su vasta extensión, abraza numerosas po-
blaciones interiores, comenzando por las de las oficinas salitreras y estaciones del
ferrocarril, que en su primitivo objeto tuvo esa base de explotación aparte de la del
mineral de Caracoles. Estas poblaciones son el Carmen, Salinas, Pampa Central,
Pampa Alta y Sierra Gorda, punto de partida, esta última, para el mineral Caraco-
les, al mismo tiempo que placilla del asiento minero del mismo nombre.
Caracoles, el famoso asiento mineral cuyos restos mantienen todavía una po-
blación de más o menos 2.000 habitantes.
Aguas Blancas, asiento de explotación salitrera sobre el cual se fundan proyec­
tos de ferrocarril y construcción de nuevas oficinas de elaboración, pero al presen-
te reducido a muy insignificante número de pobladores.
Calama, antiguo caserío sobre las vegas del río Loa, hoy importante estación
de ferrocarril y centro de transacciones mineras. Su población es de 1.000 habitan-
tes y se dedican, en parte, a las pequeñas faenas agrícolas a las que se prestan los
recursos del lugar.
Chiuchiu, con unos 300 habitantes, caserío de indígenas bolivianos dedicados
al cultivo de alfalfares y hortaliza.
Ascotán, en pleno salar de este nombre, contiene unos 500 habitantes que de­
pen­den de los trabajos de explotación del borato de cal.
Aiquina, lugarejo situado entre las vegas del mismo nombre, adentro del Sala-
do y Caspana, su vecino en el arroyo de Aguas Dulces.
En la altiplanicie atacameña: la capital San Pedro de Atacama, de antiguo origen,
fue visitada por los primeros conquistadores Almagro y Valdivia en sus viajes a Chile.
Situada sobre el río del mismo nombre y del Vilama, y en medio de una extensa lla-
nura cubierta de grama silvestre, de arbustos y de denso bosque de algarrobos y cha-
ñares, ofrecería recursos para la subsistencia de una población mucho más numerosa
si la inversión de algún capital diera más ensanche a la agricultura, aprovechando
toda el agua disponible y preparando convenientemente su aplicación a los terrenos.
El pueblo por sí solo, edificado de tierra y paja, conforme a todo lo que se
cons­truyó durante la época colonial, no contiene gran cosa de algún interés y su
po­blación poco excede de 350 habitantes, pero su campiña, dividida en cantones
rurales que los indígenas llaman ayillos, contiene unos 1.000 habitantes.
La industria principal es el cultivo de la alfalfa, el cual sirve maravillosamente
en aquellas alturas para los ganados argentinos que han hecho la larga travesía de
la puna.
Toconao es un pintoresco lugarejo situado en la base del Licancaur, con unos
100 habitantes, todos ellos dedicados al cultivo de árboles frutales, que dan exce-
lente fruto a pesar de una altura de 2.600 metros sobre el mar.
Socaire, al pie del volcán Tumisa, con 80 habitantes dedicados al pastoreo y la
caza de vicuñas.

-219-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 219 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Peine, Camar y Tilomonte, también pequeños caseríos con algunos pobres


po­bladores.
Por último, en la puna de Atacama, Antofagasta de la Sierra, en medio de su
vol­cánica región, con abundante río, praderas pastosas y hermosa laguna: contiene
un caserío con unos 60 habitantes, estancieros y cultivadores de alfalfa, que se da
re­gularmente a esa altura de 3.500 metros.
La antigua población indígena, a juzgar por las extensas tamberías en ruinas y
los vestigios de extensos cultivos que aún se notan, debió ser numerosa y trabaja-
dora, siendo probable que durante la conquista se dispersara o fuera exterminada
por los invasores españoles.
Pastos Grandes es un pequeño caserío situado en una pintoresca cañada de
fron­dosos pastos naturales y cruzada por arroyos que los indios bolivianos y algu-
nos criollos aprovechan con pequeños cultivos.
En sus inmediaciones hay borateras en explotación, fomentadas por industrio-
sos mineros chilenos establecidos en la vecina provincia de Salta.
Por último, Antofaya, Calua, las borateras de Siberia, Achibarca, Susques, Ola-
roz y el Rosario, y otros puntos, son residencia de pastores, mineros o cazadores,
en pequeños grupos o familias, estables o más o menos nómades y andariegas,
se­gún los tiempos o estaciones del año.
El departamento de Taltal contiene también en su región salitrera sus princi-
pales centros de población.
Santa Luisa, con sus 500 pobladores y otras oficinas como Lautaro y Atacama
con algunos más, están todas comunicadas entre sí y con Taltal por medio de ferro-
carriles salitreros. Exporta más de 3.000.000 de quintales de salitre y el valor total
de su comercio de exportación e internación asciende a unos 5.000.000 por año.
La Verde, Canchas y Refresco son estaciones de donde parten caminos a las
minas y salitreras y mantienen alguna población, al igual que Catalina del Norte.
La Aguada, que es la placilla del asiento minero del Guanaco.
Cachinal, de mayor importancia, contiene 1.500 habitantes, en gran parte
mine­ros y comerciantes que viven principalmente de los trabajos de la gran mina
Arturo Prat.
Por el lado sur del departamento, la Placilla del mineral Esmeralda es lo único
que constituyó una planta de población.
Extensos campos de formación calichosa no reconocidos aún y numerosos cria-
deros metálicos de cobre, plata, oro y plomo que tendrían mucho que producir aun
si se mejoraran las vías de comunicación y se extendieran ramales de ferrocarril,
constituyen un porvenir de importante desarrollo industrial para este departamento.

Límites

La provincia de Atacama deslinda por el norte por las líneas que ya hemos de­fi­nido;
por el oriente reconoce la cordillera de San Francisco hasta Tres Cruces, y desde
este macizo, también anticlinal respecto de las respectivas pendientes al Pa­cífico y al

-220-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 220 26-09-12 13:20


geografía general

Atlántico, por la continuación de la cordillera de los Andes, que si­gue por la cuesta
Colorada, Patos y Tres Quebradas (portezuelo). Dos Hermanas, Pissis, quebrada Seca
y Pircas Negras (portezuelos); Come Caballo, Peña Negra (por­tezuelo), Cacerones,
Potro y portezuelo de las Yeguas, a donde suspenderemos nues­tra relación por ser
el término austral de nuestros trabajos, siguiéndose para és­tos, desde allí, el río del
Huasco hasta el Pacífico. El resto de la provincia se com­pleta hasta la cordillera de
Doña Ana y desde allí hacia el oeste hasta la punta del Apolillado en el océano.

Población y subdivisiones

Esta provincia fue creada por ley el 31 de octubre de 1843 y se subdivide actual­
mente en cuatro departamentos:
Chañaral, al norte.
Copiapó, al centro.
Freirina, al suroeste.
Vallenar, al sureste.
Entre todos comprenden 64.000 habitantes, distribuidos respectivamente en
5.500 para Chañaral, 30.000 para Copiapó, 13.000 para Freirina y 15.500 para
Vallenar.
Departamento de Chañaral: se subdivide en las subdelegaciones de Chañaral
Norte y Sur, Ánimas, Salado y Pan de Azúcar, con una sola municipalidad y una
sola circunscripción civil.
Departamento de Copiapó: se subdivide en las subdelegaciones de Caldera y
Ramadilla al oeste; las urbanas de Bodega, Chimba, San Francisco, Arturo Prat y
Hospital; las rurales de San Fernando, Tierra Amarilla, Totoralillo, Pabellón, Bor-
dos, Loros y San Antonio a lo largo del río; y las mineras de Lomas Bayas, Cerro
Blanco, Chañarcillo, Garín, Puquios y Bulnes; con seis municipalidades y circuns-
cripciones del registro civil en Copiapó, Caldera, Tierra Amarilla, San Antonio,
Chañarcillo y Puquios.
Departamento de Freirina: se subdivide en Freirina, Huasco Bajo, Puerto, San
Juan, Chañaral, Carrizal Alto y Carrizal Bajo, con municipalidades y registro civil
en Freirina, Huasco y Carrizal.
Departamento de Vallenar: se subdivide en O’Higgins, Comercio, Frontera,
Camarones, Carmen, San Félix, Tránsito, Pampa, Agua Amarga y Jarilla, con mu-
nicipalidades y registro civil en Valle­nar, San Félix y Tránsito.

Puertos y costa marítima

Chañaral de las Ánimas, uno de los más antiguos embarcaderos de cobres para la
exportación, en latitud 26°23’ sur, puerto sin abrigo y detestable desembarcadero.
El desarrollo de sus minas de cobre y establecimientos de fundición lo han hecho
prosperar hasta mantener una población de 2.600 habitantes.

-221-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 221 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Es punto de arranque de un ferrocarril al interior, que ha vivido entre la para-


lización y el movimiento, siendo al fin adquirido por el Estado con la idea de pro-
longarlo hasta alcanzar a Pan de Azúcar, caletilla de buen fondeadero por donde
se hace el comercio con la zona minera de la hoya del mismo nombre. Su entrada
está resguardada por el islote de Pan de Azúcar, uno de los puntos más caracterís-
ticos de la costa.
Al sur de Chañaral, cerrando por ese lado la bahía, está la punta de Infieles,
y más allá la bahía de Flamenco, desembocadura de la hoya del mismo nombre.
Flamenco tuvo su tiempo de actividad y animación durante la antigua prospe-
ridad de la industria del cobre y con motivo de las ricas minas del desierto. Hoy
sólo quedan las ruinas de su pasado.
Vienen en seguida las caletas del Obispo y Obispito, sin importancia, y la pun-
ta de Cabeza de Vaca, en la que comienza la hermosa bahía y puerto de Caldera.
Caldera, en latitud 27°3’, fue elegida para ser el punto de arranque del primer
ferrocarril construido en la América latina, en 1850, y puerto mayor de la provin-
cia de Atacama, que antes tuvo hasta 5.000 habitantes, pero que hoy han emigrado
casi en su totalidad.
Fue próspero en sus primeros años y comenzó a decaer a medida que la baja
del cobre y la decadencia general de la minería, al mismo tiempo que la falta de ca-
minos mineros provocó el abandono del Algarrobo y otros distritos de importantes
minas de cobre que algún día podrían regresarle su pasada actividad.
Calderilla y Bahía Inglesa terminan estas playas desiertas y arenosas hasta el
pie del gran muro de granito que las cartas marinas llaman Morro de Copiapó, por
el nombre del antiguo puerto de la boca del río o Puerto Viejo de Copiapó, que
termina en punta Dallas.
Sigue la caleta de Barranquillas y la grande y arenosa Bahía Salada hasta punta
Pajonales y la caleta Totoral, en la desembocadura de la importante hoya de este
nombre.
Continúan Matamoros y otras caletillas hasta el puerto de Carrizal Bajo, centro
de todo el movimiento comercial de esa rica región minera, en latitud 28°4’20”.
Sigue al sur, como punto más característico de la costa, la punta de Lobos, y
en seguida el puerto del Huasca, que ofrece al viajero que viene del norte, después
de espectáculos de perpetua aridez y sequedad, la primera ocasión de recrear su
fatigada vista con el aspecto de un campo verde y de frondosas arboledas.

Poblaciones del interior

En el departamento de Chañaral, como en todo el resto del desierto de Atacama


al norte, no podría haber otra base de población que la del trabajo de las minas.
Así, dentro de Pan de Azúcar, el establecimiento de concentración de metales
llamado Las Bombas, donde se aprovechan para tales operaciones metalúrgicas
las abundantes vegas del lugar, y la mina Carrizalillo, constituían un centro de
po­blación de más de mil habitantes hasta hace poco tiempo, pero reducido hoy

-222-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 222 26-09-12 13:20


Desierto y cordilleras de Atacama.indb 223 26-09-12 13:20
Payachatas. Altiplano Arica-Parinacota. Pablo Osses, archivo particular.

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 224 26-09-12 13:20


geografía general

a muy poca cosa por haber disminuido los trabajos. Más adentro, en el Juncal y
Exploradora, la minería ocupa unos 500 habitantes, y por el centro, en la Florida
y cerro Negro, apenas quedan las ruinas de otro tiempo.
En las inmediaciones del puerto de Chañaral, el asiento minero de Las Ánimas
mantiene cierta actividad con su base de población que alcanza a 300 habitantes.
El Salado, término del ferrocarril y placilla de ese asiento minero, ha quedado
casi desierto.
Pueblo Hundido sólo consta de los cuidadores de la Aguada; la Finca, famoso
y salvador oasis del desierto, no brilla sino por su grupo de higueras y perales; y
las minas de Remolinos, Isla e Inca de Oro, no son por lo pronto sino promesas
de futura prosperidad.
En el departamento de Copiapó, la capital minera del desierto y el antiguo cen­
tro de activo comercio, de movimiento industrial y cuantiosas transacciones mi­neras
en otro tiempo, conserva aún, dentro de su recinto urbano, unos 10.000 ha­bitantes.
Su movimiento en valores de exportación e importación es de 1.700.000 pesos,
más o menos.
Su situación geográfica, tomada en el pilar del observatorio construido en la
estación del ferrocarril, desde donde fue medida la base de partida con la que se
calculó toda la triangulación del desierto y cordilleras de Atacama, corresponde a
las siguientes coordenadas geográficas:
Latitud sur, 27°21’33”50.
Longitud oeste, de Greenwich, 70°21’22”50.
El largo de la base, medida directamente, fue de 2 mil metros.
La dirección magnética, norte 48°14’37”50
Declinación magnética, 12°35’3 este, en 1888.
Inclinación magnética, 28°52’ sur, en 1888.
A continuación de la ciudad de Copiapó sigue el pueblo de San Fernando y
río adentro el pueblo de Tierra Amarilla, con 1.500 habitantes; Nantoco, con 400;
Pabellón, con 400; Bordos, asiento minero y estación de ferrocarril, con 900; Lo-
ros, con 350 y San Antonio, con 800; además de otros muchos pequeños centros
agrícolas distribuidos a lo largo del mismo valle.
Como asientos mineros se cuentan: Punta del cobre y Ojancos, con 500 habitan-
tes; Chañarcillo, el famoso mineral de plata, descubierto en 1832, y su pueblo de Juan
Godoy, nombre del descubridor, fundado en 1847, con más o menos 2,000 habitantes;
Cerro Blanco, mineral de cobre, con 400; Lomas Bayas, de plata; Cabeza de Vaca,
Pampa Larga, Zapallar, Checo, Ladrillos y Jesús María, inmediato a Copiapó, etcétera.
Al norte, la estación de Puquios y sus minerales de cobre, a lo sumo unos 1.000
habitantes; Cachiyuyo de Oro y los ingenios adyacentes, y por fin Tres Puntas y el
Chimbero, etcétera.
Su descripción detallada, industrial y minera, junto con la del resto de los terri-
torios explorados, será materia de necesario desarrollo en otro libro.
Departamento de Freirina: su pueblo capital lleva el mismo nombre, compues-
to con el del ilustre general Freire, contiene más de 2.000 habitantes y está situada
en un pintoresco local sobre el margen izquierdo del río Huasco.

-225-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 225 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Carrizal Alto, arriba del puerto de Carrizal Bajo y por el mismo valle, es el
famoso asiento de minas de cobre que por algunos años mantuvieron considera-
ble producción y la sostiene todavía en regular escala. Está ligada por ramales de
ferrocarril al puerto y a otros importantes distritos minerales como Astillas, Man-
ganeso, Jarilla, Sapos, Rosilla y Cerro Blanco. Consta de 1.500 habitantes
El movimiento de exportación e importación por el puerto de Carrizal Bajo es
de 1.500.000 pesos por año.
Por el sur del río, frente a caleta Peña Blanca, existen los distritos mineros de
Fragüita, Labrar y Sauce, con unos 2.700 habitantes en total.
También el Morado, riquísimo lugar de minas, unido a Peña Blanca por un
ferro­carril de sangre.
Departamento de Vallenar: su capital es un pueblo importante de 5.500 habi-
tantes, en medio de toda la riqueza agrícola del valle del Huasco y de las transac-
ciones mineras del departamento.
Hacia el interior siguen las pequeñas poblaciones del Carmen, San Félix y
Trán­sito, y fuera del valle los importantes asientos mineros de Agua Amarga, Tu-
nas, Viscachas, Jarilla, Camarones, etcétera.
Las generalidades geográficas que anteceden bastan como datos preliminares
para tener una idea del territorio abarcado en los estudios de la comisión explora-
dora, el cual habría que tener en cuenta para el levantamiento del mapa geográfico
según el orden y plan de trabajos que serán descritos en el capítulo siguiente.
Los ríos, montañas, etc., y en general todo lo que pertenece a la geografía físi-
ca meteorología, etc., será desarrollado a continuación en capítulos por separado
para cada materia.

-226-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 226 26-09-12 13:20


LEVANTAMIENTO
DEL
MAPA GEOGRÁFICO

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 227 26-09-12 13:20


Desierto y cordilleras de Atacama.indb 228 26-09-12 13:20
LEVANTAMIENTO
DEL MAPA GEOGRÁFICO

Santiago, abril 17 de 1885. He acordado y decreto:


Art. 2°. Se levantará la carta topográfica del desierto
con los detalles de su orografía e hidrografía,
demarcación de las aguadas naturales y de los
puntos en que éstas puedan ser abiertas.
Santa M aría
J.M. Balmaceda

Plan general de los trabajos. Para la historia. Documentos geográficos. Objeto prin­
cipal y de aplicación. Medición de la base de partida. Sistema de triangulación
adoptado. Los instrumentos usados. Cálculo de los triángulos. Observaciones astro­
nó­micas. Otras posiciones geográficas. Cálculos de las coordenadas geográficas.
Re­gistro de coordenadas rectilíneas. Latitudes y longitudes. Detalles topográficos.
Alturas sobre el nivel del mar. Declinación y azimutes magnéticos. Enlace del ma­
pa del desierto con la carta general de la república. Trazado del mapa. Los con­tor­
nos geológicos. Sistemas orográficos. Designación de nombres propios.

E n cumplimiento del anterior decreto se nombró el modestísimo y reducido


personal que debía proceder al levantamiento de la “Carta topográfica del
desierto”, sin previa formación de presupuesto, sin un fondo monetario para gastos
ni recursos de movilización en el desierto que bastara para más de dos meses, como
si la breve y compendiosa redacción de su art. 2° no envolviera en su texto toda
la significación y trascendencia de las disposiciones que el documento supremo
contiene y sólo se hubiera querido dar a entender con ello un mero ensayo, una
ten­tativa para tener el bosquejo de lo que pudiera llamarse “Carta geográfica del
de­sierto”, dentro de la amplia latitud y apartados extremos en que cabe esta expre­
sión.
El jefe de la comisión exploradora trazó su plan basándolo en el principio de
aplicar los pequeños recursos disponibles, sujetos a condiciones de una pobreza
franciscana y subordinando la extensión del trabajo hasta donde pudiera ser bien

-229-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 229 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

llevado en lo principal y fundamental, entendiéndose por esto la preferencia, entre


las diversas materias del estudio, al levantamiento geográfico dentro de un grado
satisfactorio de aproximación a la exactitud, tal como conviene a los fines indus-
triales y de práctica utilidad que las exploraciones y estudios ordenados deben
con­sultar especialmente.
Convencido el jefe, por experiencia adquirida en nuestros propios territorios,
de que con tales elementos no se emprendería en favorables condiciones la obra
su­mamente laboriosa y delicada del levantamiento del mapa geográfico de una
na­ción o de una porción importante de ella, su plan lo ajustó al principal propósito
de realizar, en primer lugar, la obra indispensable que le permitiera tener trazados
sobre el papel los lugares, los sistemas orográficos y los contornos geológicos en su
verdadera situación.
Sólo así es posible deducir conclusiones útiles para las ciencias de observación
que suministran a las aplicaciones de la industria los datos y leyes que éstas necesi­
tan para su uso y aprovechamiento.
Si el mapa no es exacto nada de lo que en él figura sirve bien a sus destinos:
los deslindes entre los terrenos geológicos perturban y confunden al geólogo, desfi­
gurando la verdad de los hechos; las indicaciones para el minero lo exponen a fal­
sas deducciones y lo llevan a perjudiciales conjeturas sobre lo que conviene a sus
intereses, mientras que al geógrafo, al viajero y a todo el que necesita guiarse en sus
excursiones o proyectos, le producen confusión y oscuridad en vez de luz y auxilio.
Las correlaciones estratigráficas u horizontes geológicos, la orientación exacta
de los ejes montañosos o accidentes físicos del suelo y, más que todo para nosotros,
la manera de distribución de los depósitos metalíferos o corridas minerales, no tie-
nen aplicación útil ni sirven fielmente a sus destinos en mapas tan erróneos, falsos
y deficientes, hasta en sus más característicos rasgos, como los que circulaban en
representación de la geografía de Chile.
De imprescindible necesidad fue, por lo tanto, subordinar todas las demás dis­
posiciones del decreto al levantamiento del mapa, y así, la marcha de la carava­na
exploradora, escasa de personal y de elementos, para poder distribuirse en separa-
das expediciones al servicio de las respectivas especialidades, se reconcentró toda
en un pequeño grupo que seguía las marchas y acampaba en los puntos impuestos
por las conveniencias del plan adoptado para las operaciones de la triangulación.
Esta obra, así llevada y así realizada, tiene su historia, que ya hemos hecho, de-
jándola suspendida donde los acontecimientos políticos de 1891 acabaron con ella,
pero que debemos reanudar ahora para dejar la necesaria constancia de que de todo
servicio público debe quedar, como indeleble testimonio, en los archivos nacionales.
Hemos dejado hecha la sucinta relación de los trabajos geográficos de Estados
Unidos, de los procedimientos que las diversas naciones usan y los recursos que
ponen al servicio de semejantes obras que tan poderosamente sirven al progreso
universal; y no puede ser sino del más imprescindible deber el seguir también para
nosotros mismos tan necesario procedimiento, dejando para la historia de nuestros
trabajos científicos los documentos que han de hacer fe en ella, acreditando la for-
ma y circunstancias, los elementos y grado de precisión con que fueron originados.

-230-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 230 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

En el anterior volumen de esta obra, con motivo de la relación de los itinera-


rios seguidos en las exploraciones del desierto de Atacama y de la misión del autor
a Estados Unidos, se ha dado cuenta de los hechos que mediaron para entorpecer,
impedir o aplazar la publicación de las dos ediciones de la carta geográfica y de la
obra descriptiva que debía acompañarlas respectivamente.
Aquello aconteció en Washington, entre 1891 y 1892, y regresando entonces a
Chile, el autor, para dar cuenta a su gobierno de aquellos intereses que le estaban
confiados, no fue más feliz en sus gestiones, a pesar del natural deseo público y
con­ciencia de su deber que las altas autoridades administrativas abrigaban para no
de­jar malograrse esas obras del país, decretadas y realizadas para su uso y aprove-
chamiento.
Cinco años completos, todo un período presidencial ha trascurrido impidién-
dose la terminación y publicación de los estudios del desierto y cordilleras de Ata-
cama, sin que la constante iniciativa del autor y el patriótico apoyo y amparo de
las altas autoridades nacionales en protección de los bienes públicos hayan podido
contra la inercia de autoridades de segundo orden y contra la impunidad de los
vi­cios arraigados en ciertas esferas de la administración.
Baste esto para experiencia y ejemplo y para que en la historia de nuestros tra-
bajos geográficos conste la razón de tan largo tiempo trascurrido y el mérito de los
esfuerzos hechos para salvar del olvido y de un completo abandono, e irrevocable
pérdida, trabajos que han costado dinero a la nación y sacrificios a sus autores;
que el país y sus autoridades han favorecido y las industrias mineras del norte han
re­clamado; que los intereses internacionales han aprovechado y el progreso cien-
tífico del mundo ha de tomar en cuenta para abonarlos al crédito de la nación que
los ha puesto a su servicio.
Como fuentes de información para tener conocimiento de todos los mapas y
do­cumentos relativos a la geografía del norte de Chile que pudieran servir para
trazar la historia geográfica de los territorios señalados al estudio de la comisión
exploradora del desierto de Atacama, se ofrecieron, en primer lugar, la Oficina Hi-
drográfica, con la valiosa cooperación y consejos de su ilustrado director, capitán
de navío don Francisco Vidal Gormaz, y la completa colección del etnógrafo don
J. Toribio Medina, autor de la Mapoteca Chilena.
Parece que la fecha histórica del primer trabajo geográfico sobre el desierto de
Atacama se remonta nada menos que al tiempo de su descubrimiento, y a medida
que la planta audaz de los conquistadores españoles dejaba en pos de sí un reguero
de víctimas de la fatiga y de las inclemencias del tiempo.
Refiere, en efecto, don J. Toribio Medina en su importante y laboriosa obra
titulada Mapoteca Chilena, que en la legendaria expedición de Almagro figuró un
sacerdote llamado Cristóbal de Molina, quien, en una animada descripción de las
materias que abraza su obra, hecha al Rey, en carta de 12 de junio de 1539, se re­
fiere también a un dibujo que la acompaña.
Es preocupante que, por encontrarse perdido ese documento o ignorado su
paradero, no haya venido a decidir, con su irrecusable testimonio, sobre el punto
dudoso de si Almagro cayó al desierto de Atacama por el paso de San Francisco,

-231-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 231 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

como lo establece el historiador don Diego Barros Arana, o por Pircas Negras al
río de Copiapó, como lo presumen algunos escritores que han hecho estudios his­
tó­rico-geográficos sobre el norte de Chile.
En el pueblo argentino de Tinogasta hay al respecto algunas tradiciones, dán-
dose por punto de su itinerario ese mismo pueblo y el curso del río adentro, pe-
netrando por la Troya, cruzando el Majiaco y siguiendo el camino a Copiapó por
la Estanzuela y paso de Pircas Negras, a cuyo pie, cayendo a Chile, se encuentra
el tradicional Peñasco de Diego, que se supone lleva ese nombre en recuerdo del
lugar donde el conquistador descansó por primera vez en tierra chilena.
Un siglo más tarde, en 1646, el sacerdote chileno Alonso de Ovalle, de la
Com­pañía de Jesús, acompañaba a su famosa Historia de Chile el conocido mapa
que de tanta popularidad gozó en su tiempo.
Este curioso documento apenas alcanza a penetrar en Atacama, pues termina
en un supuesto río cuya situación correspondería al extremo sur del gran Morro
de Copiapó, por donde desemboca al mar un profundo zanjón seco que tiene su
origen en las barrancas terciarias inmediatas a la costa.
Allí coloca, errando por más de dos grados geográficos, el paralelo 25°, sobre
el cual está escrito lo siguiente: Peruani et chilensis regni Conpinia.
Medio grado más al sur figura la desembocadura del río de Copiapó, hacia
donde llama la atención con insistencia, porque las olas del mar arrojan sobre las
playas cantidades de aromático ámbar.
Entre Copiapó y Huasco figuran terrenos húmedos y campo cubierto de bos-
que, sin duda correspondientes a las vegas del Totoral y Carrizal, de las que aún
quedan restos, y con una inscripción en el intermedio que dice: hic lapides protiosi
turquese.
Otro siglo después, según dice el señor Medina en la obra ya citada, el presi-
dente don Manuel de Amat había enviado al Rey, con carta del 8 de mayo de 1757,
el trabajo de un fraile dominico, Ignacio de León Garavito, maestro en sagrada
teología y catedrático de Matemáticas en la Real Universidad de San Felipe, un
mapa que contenía multitud de datos del mayor interés.
Debo al favor del mismo señor Medina la ocasión de haber podido consultar
sus manuscritos del derrotero y de la obra que el mismo Amat envió a su soberano,
con datos curiosísimos y del mayor interés histórico para nuestra región atacameña.
Figura un largo catálogo de puntos de la costa marítima y del interior del de­
sierto, siguiendo al naciente por sobre la altiplanicie andina, que considera de un
grado de ancho en longitud, dentro de los paralelos 24° y 27°, y pasa hasta la pro­
vincia del Tucumán.
El derrotero de la costa comienza en puerto Betas, probablemente correspon-
diente, por la latitud que le asigna, a la Caleta de Blanco Encalada o al puerto del
Cobre.
Las longitudes parece que tienen el origen de su meridiano en algunas de las
islas Canarias y el sentido en que las cuenta es de oeste a este, contrario, por con-
siguiente, al hoy acostumbrado, pero conforme con las decisiones del Congreso
Astronómico de Washington que ha dispuesto lo mismo.

-232-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 232 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

He aquí algunos de los puntos anotados:

Latitud Longitud

Puerto Betas. 24°36’ 316°24’


Baquillas, alojamiento con agua de serranía y
la última del poblado de Copiapó. 24°27’ 311°48’
Este punto es, sin duda alguna, el mismo de las
vegas de Vaquillas, en la cordillera fren­te a
Taltal.
Paposo, monte a la mar, es alojamiento con agua. 25° 6’ 310°30’
Carrizalillo, cierto ciénago que da poco agua. 25º48’ 310º42’
Esté ciénago que se cita corresponde al lugar
llamado hoy Las Bombas donde está el es-
tablecimiento de concentración de los mi-
nerales de la mina Carrizalillo.
Pueblo Hundido es alojamiento, por una y otra
parte del río de Chañaral, y la tradi­ción es
que a la parte norte del río hubo un pueblo
que se hundió a causa de un terre­moto. 26°18’ 311° 6’
Villa de Copiapó, nombrada San Francisco de
la Selva. 27° 5’ 310° 8’
Mina de los Candeleros de Plata. 26° 311° 6’

Aquí pararán mientes los mineros copiapinos al ver la contradicción de estas


situaciones de lugar respecto de Copiapó, con lo conocido hasta ahora acerca de la
misteriosa mina tan buscada y tanto tiempo soñada.
Si mediaban 55° en latitud entre Copiapó y la mina, la ubicación del portento­
so tesoro no corresponde a Ladrillos ni a ninguno de los otros derroteros de la
tra­dición, sino más bien a Tres Puntas.
Pero en este cerro de tanta opulencia tampoco se encontró al tiempo de su des­
cubrimiento ningún signo de antigua explotación.
¡Nuevo misterio y nuevas conjeturas para los del oficio de minero!
Vino enseguida el gran mapa del conocido geógrafo español don Juan de la
Cruz Cano y Ormedilla, del Real Observatorio de San Fernando, en forma de un
álbum espléndido por el lujo decorativo que lo adorna, desde su portada alegórica
del descubrimiento y la conquista de este continente por el cristianismo, hasta los
emblemas científicos y heráldicos profusamente distribuidos en todas sus páginas.
Ya el insigne Mercator había iniciado los progresos de la cartografía con su tras-
cendental invención de la capta plana de meridianos paralelos y latitudes crecien-
tes, a la vez que con el esmero y elegancia en el dibujo, pero entre él, por los últimos
años del siglo xvi y Cano y Olmedilla en 1775, no ha figurado nuestro desierto de
Atacama sino en el tosco bosquejo de Alonso Ovalle y en el derrotero de Amat.
Cano y Olmedilla es el resumen y recopilación de todo lo anteriormente cono­
cido, bueno y malo, y de aquí viene que en nuestra diplomacia se hayan hecho

-233-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 233 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

va­ler con tanto tesón, según el grado en que respectivamente favorecía a las partes
con­tendientes, la importancia de los rasgos geográficos y las líneas de demarcación
política y administrativa que de ese imperfecto documento se pretenden deducir.
Después de estos trabajos históricos, siquiera bien intencionados y fundados
en observaciones propias de sus autores, vienen los mapas de especulación y de
me­ra fantasía, entre los cuales, uno muy en boga por algún tiempo, publicado en
Londres el año 1843 bajo la firma de Arrowsmith, ha quedado con razón relegado
al olvido y a una absoluta prescindencia.
Felizmente para las ciencias y el progreso de Chile, el ilustre Claudio Gay
ade­lantaba ya, a la sazón, en el trabajo de su magna obra, y aun cuando sus bene­
ficios no alcanzaban hasta nuestras latitudes del norte, el camino, sin embargo,
comenzaba a abrirse en aquella dirección, y en 1848, el gobierno contrataba, con
el geólogo don Amado Pissis, el levantamiento del único mapa de la república
que hasta ahora poseemos, el cual alcanzó a pasar de Copiapó hacia el norte y fue
continuado después hasta deslindarnos con Bolivia.
No es extraño que después de ese vigoroso ensayo, trabajo de aliento para la
época en que fue emprendido, nos hayamos quedado estacionados sin dar un paso
más durante veinte años, pero es inadmisible que ahora, en pleno desarrollo del pro-
greso material y de una prosperidad fiscal que permite la multiplicación de las vías de
tráfico por mar y tierra y alienta a realizar la red de ferrocarriles en todo el ancho y
largo de la república, no veamos emprenderse con nuevo vigor aquel mismo trabajo
indispensable para esas mismas obras y para las múltiples necesidades de la agricultu-
ra, la minería, las industrias diversas y también para integridad del territorio nacional.
La gran carta geográfica de Pissis, que no pudo ser ni perfecta, ni siquiera satis-
factoriamente adecuada a los fines que debería llenar, ha llegado a ser hoy desde
todo punto de vista insuficiente, como lo prueban las diarias necesidades y las con-
tinuas dificultades con que los progresos del país luchan a cada paso para suplir la
falta de una representación gráfica del territorio, siquiera en un grado aproximado
a una mediana exactitud.
¡Con cuánta razón preveía estos hechos la experiencia y sabiduría de Gay!
En una carta a don Manuel Montt, que oportunamente trascribe el señor Me-
dina en su Mapoteca, decía el ilustre naturalista:

“...Sin duda vale mucho más alcanzar la perfección en todo; pero respecto de las
ciencias de observación es tan difícil que sólo a la larga podrá llegarse a ella, si es
que se llega. Así, persuádase usted que la carta de Mr. Pissis, necesariamente mucho
más exacta que la mía, correrá la misma suerte cuando más tarde se quiera hacer
levantar otra verdaderamente topográfica y susceptible de servir a las diferentes
combinaciones del Gobierno”.

El desierto de Atacama, que por su aridez y sus peligros no alcanzó a ser ob-
jeto de aquellos trabajos geográficos sino en grado de exactitud muy inferior al
del resto de la república, fue, no obstante, favorecido por la sabiduría del ilustre
na­turalista, que el país conserva todavía, para fortuna de su progreso científico, al
cuidado del Museo Nacional.

-234-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 234 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

Pero la obra clásica del doctor Philippi, tan valiosa y estimable por su mérito
científico, no nos dejó sino un rasgo del maestro en la vaga fisonomía geográfica
del desierto y cordilleras atacameñas.
El distinguido geógrafo don Alejandro Bertrand hace, en su libro titulado Me-
moria sobre las cordilleras del desierto de Atacama un completo y razonado examen del
mapa que acompaña a la referida obra, y encontrándolo de interés y oportunidad,
nos permitiremos reproducirlo:

“El mapa del desierto de Atacama que acompaña al libro del doctor Philippi ha sido
construido por el ingeniero geómetra don Guillermo Döll, quien fue encargado
de la parte geográfica de la exploración. Este mapa, que fue publicado antes de la
aparición de la obra en los Geographische Mittheilungen del Instituto de Gotha, el año
1856, es el que ha servido de base durante más de veinte años para todos los que
comprendían esa región. Se han propagado así los notables errores que contienen,
y es de extrañar que nadie hasta hoy notara que algunos están en discordancia con
los datos originales del mismo doctor Philippi. Entre éstos enumeraremos:
1° La orientación de la gran salina de Atacama, desde su extremo norte a Tilo­
monte, es, en el mapa del que se trata norte, 30° oeste. Puede verse en nuestra
minuta que esa orientación es norte 5° oeste, es decir, casi norte-sur. Si el se­ñor
Döll hubiese utilizado para formar su plano el panorama que el doctor Phi­
lippi dibujó en Tilopozo no podría haber cometido ese error, pues según los
rumbos que en él se marcan, el volcán Licancaur (de Atacama) queda al norte
18° este de Tilopozo en vez de norte 8° oeste, como resulta del mapa.
2° Igual cosa sucede en la colocación de Rio Frío, desde cuyo punto se arrumba
el volcán Llullaillaco, según la página 78 del Viaje al desierto, a los 41½° de la
brújula, o sea, al norte 53° este y, según el mapa, al norte 30° este.
3° De las latitudes enumeradas en el capítulo 7° de la obra del señor Philippi,
só­lo aparece el origen de una de ellas, la de Tilopozo, que según dice el autor,
des­cansa en ‘una excelente altura de luna calculada por el doctor Moesta’,
di­rector entonces del Observatorio de Santiago. Esta latitud resulta ser según
ese dato 23°19’, siendo así que la que obtenemos por los rumbos del pa­no­ra­
ma al que hemos aludido no puede bajar de 23°46’, valor que más bien nos
in­clinaríamos a aumentar en un minuto o dos, por los datos itinerarios a Peine
y Tilomonte, cuyas latitudes hemos determinado con exactitud.
En cuanto a las latitudes de los otros puntos que menciona la lista del doctor
Philippi, adolecen también de notables errores como se ve en el cuadro siguiente:

Localidad Latitud según Philipi Latitud verdadera Diferencia

San Bartolo1 22°08’ 22°44’ 30” 36° 30”


Atacama 22°26’ 22°54’ 50” 28° 50”
Aguada Carvajal 22°52’ 23°23’ 31°
Toconao 22°38’ 23°11’ 30” 33° 30”
Ciénaga redonda 23°13’ 23°44’ 31°
Tilopozo 23°19’ 23°46’ 30” 27° 30”

1
La latitud de este punto la hallé inscrita en un cuadrante solar colocado en el establecimiento y
concuerda con mis resultados.

-235-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 235 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Puede decirse que todos los puntos enumerados están situados en el mapa del
Via­je al desierto algo más de ½° en latitud, o sea, unas trece leguas más al norte del pa­
ralelo que realmente ocupan.
Los errores en longitud son también notables, pero esto no es de extrañar por
la falta de instrumentos apropiados en esa exploración:

Localidad Latitud según Philipi Latitud verdadera Diferencia

Atacama 69°00’ 68°11’ 49’


Volcán Miñique 68°12’ 67°44’ 28’
Tilopozo 68°34’ 68°12’ 22’
Volcán Llullaillaco 68°46’ 68°32’ 14’

Se ve, pues, que los puntos están señalados al poniente de su verdadera situa-
ción y el error aumenta a medida que se va al norte, de manera que Atacama está
colocado en el meridiano que ocupa realmente Caracoles.
A pesar de estos errores, y no considerando la situación absoluta de cada pun-
to, el mapa de la obra de Philippi es un buen guía itinerario, y las distancias a vuelo
de pájaro de uno a otro de los puntos recorridos son bastante exactas:

Según Philippi Según nuestros datos

De Copiapó a Tilopozo 440 km 436 km


De Tilopozo a Atacama 95 ” 97 ”
De Atacama a Copiapó 530 ” 510 ”

Una circunstancia digna de mención es que la topografía del desierto está mu-
cho mejor representada en la reducción del mapa de Philippi que aparece en los
Geographische Mittheilungen de 1856 que en el mapa grande que acompaña al libro.
El doctor Philippi ha deducido de alturas barométricas observadas con un ins­
trumento imperfecto la altitud de 2.404 metros sobre el mar para Atacama, valor
que se acerca mucho al que hemos obtenido con quince días de buenas obser­
va­ciones. No hemos dejado de notar que la edición alemana del doctor Philippi
asigna a la salina de Atacama la altitud de 6.928 pies franceses, o sea, 2.307 metros,
valor muy inferior al que hemos obtenido.
En suma, hemos podido utilizar el mapa del libro del doctor Philippi para
fi­gurar en el nuestro la topografía de la falda occidental de la cordillera, entre el
cerro de Doña Inés, Imilac y Puquios, rectificando la posición del Llullaillaco, la
de Rio Frío y otras aguadas con datos posteriores.
Más tarde, después de los últimos trabajos de don A. Pissis, y fundándose en
un bosquejo de triangulación del desierto que tenia más de imaginario que de real,
don Augusto Villanueva trazó un mapa abundante en detalles y rectificaciones que
pudo introducir con motivo de exploraciones mineras e industriales que el supre-
mo gobierno confió a la competencia del distinguido ingeniero.

-236-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 236 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

Este trabajo sirvió, por algún tiempo, de único guía del desierto, prestando
muy oportunos y útiles servicios.
Finalmente, don Alejandro Bertrand trazó, con mano diestra y erudición de
geó­grafo, los itinerarios de una interesante excursión, en la que determinó, con
no­table exactitud, algunos contornos de la altiplanicie boliviana.
Hay que agradecer al autor de este importante trabajo un mérito que lo realza
y recomienda todavía más. La honradez científica al exhibir las pruebas de lo que
se afirma y suministrar los elementos con que se construye, es como la cartera
abierta del ingeniero, que nada oculta ni disfraza, o como los elementos del trián-
gulo que no admiten más solución que la verdad.
En el procedimiento usado por el señor Bertrand, que debería ser de uso co-
rriente en trabajos de tal naturaleza, la duda no encuentra asilo, y bueno o malo el
resultado, basta el sello de la verdad que refleja para ser estimado en todo su valor
y merecida confianza.
La Memoria de don Juan del Pino Manrique, fechada en 1787, muy importante
e ilustrativa para las regiones del sur de Bolivia y norte de la república Argenti-
na, abraza hasta el partido de Atacama como extremo occidental y austral de la
provincia de Potosí, deslindándola al norte con Tarapacá y Lipes, por el sur con el
reino de Chile, por el este con la provincia de Tucumán y por el oeste con la costa
del Pacífico, que entonces se llamaba mar del sur.
Al referir este autor los caracteres geográficos del partido de Atacama, dice
que los lugarejos de Peine y Susques están en “situación inmediata a la cordillera
de Chile”, dato que el lector interesado en el estudio de la cuestión internacional
puede aprovechar inspeccionando, en nuestro mapa de aquellas regiones, la alu-
dida situación de esos puntos con respecto a una y otra cordillera, tanto la que
corresponde a la inmediación de Susques como la que se relaciona con Socaire.
Agrega que Peine tiene un temperamento “más benigno por la mayor cerca-
nía a la costa”, como si entendiera el autor, por esta circunstancia, que la llamada
cor­dillera de Chile existiría bastante apartada al oriente de aquel caserío, en cuyo
ca­so no sería la del Lincacaur-Llullaillaco sino probablemente la de Antofaya, o
la que deslindaba entonces, como ahora, al partido de Atacama con Tucumán y
Sal­ta.
Refiriéndose al centro aurífero de Incahuasi, cuya situación, respecto de la
cor­dillera de Antofaya, y aún la de Mojones, es al oriente, dice que este lugar de
mi­nas de oro está hacia los confines de la provincia de Salta, es decir, que quedaría
al occidente de la cordillera de Chile, lo que con más claridad señala como tal la
limítrofe del partido de Atacama en Salta y Tucumán.
Este importante documento deja vaguedad e incertidumbre acerca de lo que
llama cordillera de Chile, pero confirma con toda la plenitud de la evidencia la
inexistencia de un título de la república Argentina respecto de un solo palmo de
terreno en la puna de Atacama, dentro de la cual se comprenden los territorios de
Susques, Pastos Grandes y Antofagasta.
Otra memoria de gran notoriedad fue la que muchos años después, en 1851,
publicó don José María Dalence con motivo de estudios estadísticos sobre Boli­via.

-237-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 237 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Este autor ensalza, como el anterior, los recursos pastoriles e importancia de la


puna de Atacama como región habitable y útil, abundante en riqueza mineral y de
algún valor para la agricultura.
En cuanto a límites geográficos, pierde el escritor los rumbos y se confunde en
la situación geográfica de los lugares al citar el deslinde de Bolivia con Chile: sola-
mente es explícito al definir el límite oriental de la puna con la Argentina, citando
el cerro de Galán y la Puerta de las Burras.
Viene enseguida, como enseñanza geográfica, la gran obra de Tschudi, más
interesante, en verdad, por sus lujosas y abundantes ilustraciones que por el conte­
nido de su absurdo mapa, el cual, no obstante, ha hecho fe y autoridad entre los
cartógrafos alemanes.
Contemporáneo al anterior, entre 1858 y 1859, salía a luz en Nueva York el
gran mapa mural de Bolivia, que por espacio de quince a veinte años ocupó a sus
au­tores Ondarza, Mujía y Camacho.
Esta gran hoja de papel dibujado es lo que más ha influido para desorientar
y confundir a los diplomáticos negociadores de pactos y tratados internacionales,
pues de allí se dedujo el falso papel que ha desempeñado el punto de Sapalegui, y
la importancia de El Diablo como punto culminante, siendo simplemente aplica-
ble este nombre a un pequeño valle o quebrada insignificante y sin circunstancia
alguna que le diera prominencia para ser siquiera citado como lugar geográfico
ca­racterístico o de algún detalle digno de mención.
El ingeniero alemán don Hugo Reck, bien conocido entre nosotros por sus
considerables trabajos y largos viajes, fue quien trazó el mapa más aceptable de
Bolivia para acompañarlo a un libro sobre geografía y estadística del mismo país,
pero el autor no recorrió la puna de Atacama y sólo nos da de ella el rasgo orográ-
fico de las perturbaciones que sufre la cordillera de los Andes entre los paralelos
21° a 22°, distribuyéndose en varios brazos, uno de los cuales,

“el oriental y principal hace un salto de cerca de 60 kilómetros al sudeste, y


describiendo un arco converge después al sudoeste hasta el límite chileno boliviano
frente a Copiapó. –Y agrega–: los brazos occidentales son estrechos y bajos; el
más oriental se llama serranía de Purilanjti. Corren divergentes hasta la latitud de
Calama, y de aquí van en dirección paralela hacia el sur y se juntan en Salina de
Punta Negra con un segundo ramal, que a su vez se reúne cerca de Copiapó con el
tronco principal de los Andes, cuya dirección es norte sur”.

Estos grandes rasgos son regularmente exactos y a su tiempo serán completa-


dos con sus detalles y demostraciones en el curso del presente libro.
El sabio paleontólogo doctor German Burmeister, antiguo director del Museo
de Buenos Aires, también acompaña con un mapa de las regiones cordilleranas de
Atacama al primer tomo de su gran obra Description physique de la Republique Arjen-
tine, edición de 1876, pero trazado algún tiempo antes, con datos tomados por el
mismo autor, en su famoso viaje a Copiapó, en 1860, y los suministrados por una
memoria de don Nicolás Naranjo sobre las cordilleras de San Francisco.

-238-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 238 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

Como mapa geográfico, el trabajo del doctor Burmeister nada aclara o más
bien, al contrario, confunde más y no corrige nada de las incertidumbres y vague­
dades de antaño, conservando solamente el inestimable valor geológico de sus
sabias y profundas observaciones.
El gran atlas de Mr. Martin Monssy que acompaña a su luminosa obra sobre
la república Argentina, trabajo oficial que prestó a aquella nación en su tiempo,
como sucedió con el mapa de Pissis entre nosotros, el gran servicio de ser lo prime-
ro como bosquejo geográfico de los respectivos países, no avanza tampoco nada
para nuestro objeto, pero suministra datos interesantes en relación con la orografía
general de los Andes, a sus cortes y perfiles, descartando todo lo que contiene de
pura imaginación y mera fantasía del dibujante.
Enseguida vienen los diversos trabajos parciales o de detalle que con motivo
de exploraciones mineras, de indagaciones sobre guanos y salitres, de expedicio-
nes militares y de trazado de ferrocarriles, habían aumentado considerablemente
el conocimiento de la parte más septentrional del desierto de Atacama, quedando
el resto, desde el reciente puerto de Antofagasta y el distrito minero de Caracoles
al sur, siempre totalmente a oscuras y desconocido en sus regiones interiores.
Emprender la conexión de todos estos trabajos entre sí habría sido tarea fati-
gosa e inútil, tratándose de emprender un levantamiento general y sistematizado
como el que iniciaba por entonces la comisión exploradora de Atacama, abarcan-
do con sus excursiones y estudios, en conjunto y según un plan determinado, toda
la extensión del vasto territorio del desierto y de las altiplanicies andinas, desde la
costa marítima hasta la última cordillera del oriente por donde serpentea, en las
nevadas alturas, la frontera anticlinal que limita nuestra soberanía nacional.
Habría que fijar con las líneas de la red trigonométrica esa raya fronteriza y
se­ría necesario dejarla señalada con los hitos materiales o los puntos de mira carac-
terísticos y netamente definibles, habría que definir el dorso continental que separa
nuestras vertientes que vienen al Pacífico de las opuestas que corren al Atlántico:
tarea demasiado vasta para ser acometida con exiguos recursos e insuficiente per-
sonal, pero que pudo continuar avanzando y logró al fin verse terminada, ofrecién-
dose al fallo de la opinión que juzga y a la sanción benévola del país que debía
aprovecharla.
Difícil, si no imposible, es trazar marcadas líneas de separación entre los méto­
dos y los medios que respectivamente corresponden a los diversos ramos de las
ciencias que tratan de la medida del espacio.
Desde los estrechos horizontes de la topografía, que acumula los detalles, hasta
la geodesia, que liga entre sí a las naciones y los continentes, y desde ésta hasta
la astronomía, que nos señala el punto céntrico del universo, de dónde derivan la
fuerza, la luz y el calor que engendran la vida sobre este planeta, hay graduaciones
y tintas intermedias que no permiten decidir donde cesa la una para dar lugar al
dominio de la otra, variando así el grado de perfección en los procedimientos y
aumentando el rigor de la exactitud matemática, desde la plancheta al teodolito y
al anteojo meridiano, como aumenta de esplendidez el sol desde los albores del
horizonte hasta la plena luz del mediodía.

-239-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 239 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Tratándose de un territorio desierto y árido, desnudo de toda vegetación, pero


profusamente cubierto de materias minerales de gran valor industrial, o a lo menos
de útil aplicación y fácil aprovechamiento; cruzado de sistemas montañosos que
se relacionan por la dirección de sus prolongaciones con el curso o corrida, según
rumbos determinados a los que obedecen los criaderos de minerales metálicos, y
comprobada la existencia de la riqueza de este reino de la naturaleza en numero-
sos y opulentos lugares de producción, el objeto de un levantamiento geográfico
de semejante suelo no podía ser sino el de servir principalmente a fines de interés
industrial y de naturaleza tal que, en sus demarcaciones, se encontraran fielmente
expresadas todas aquellas circunstancias que importan al mejor y más completo
conocimiento de los sistemas orográficos que señalan la situación exacta de las mi-
nas y de los veneros metálicos, y demarcan los caracteres y contornos geológicos
del suelo y de sus diversos aspectos físicos.
El trabajo así realizado no es fruto de la aplicación de los métodos minuciosos
y de extremo rigor de exactitud, ni tampoco es el resultado de aquella falta de mé-
todo que desfigura las distancias y adultera la verdad topográfica en indicaciones
de importancia: es un término medio entre el levantamiento minucioso que se es-
mera en los detalles y el sistema de formación de mapas de grosera aproximación
o de fantasía, que no responden de la exactitud de los hechos que consignan.
El mapa del desierto y cordilleras de Atacama expone con fidelidad y señala
con precisión los caracteres más importantes del terreno, como la colocación de
los lugares, la distribución y curso de las montañas, la situación de las minas princi­
pales, la dirección de las líneas anticlinales que determinan las cuencas hidrográfi-
cas, así como las sinclinales por donde corren las aguas, los contornos geológicos
más notables y la ubicación precisa de las aguadas y puntos de refugio y salvación
en las soledades del desierto.
Con tales elementos, la fijación de los puntos de existencia mineral, de cual-
quier naturaleza, pueden responder con fidelidad y certidumbre a las necesidades
científicas e industriales de la geología minera y de la trascendental cuestión de la
distribución de los minerales.
En la ciudad de Copiapó, partiendo desde el extremo occidental de la estación
de ferrocarril en la calle de Borgoño, con rumbo norte 61°0’40” oeste, y aprove-
chando el terraplén casi horizontal y la disposición favorable que ofrecía la vía
fé­rrea, se midió directamente una base de 2.000 metros.
Entre los errores de mayor trascendencia a los que el ingeniero está expuesto
en las operaciones geodesias son, sin duda alguna, como lo demuestra el cálculo,
los que resultan de la delicada operación de medir una base.
Dada la naturaleza, el objeto y las condiciones del trabajo geográfico que se iba
a emprender, no se creyó necesario usar las rigurosas precauciones y esmeradísi-
mas prolijidades que se acostumbran en trabajos de precisión matemática.
Tal grado de exactitud no cabía aquí, ni era posible ni necesario.
Los extremos de la base, una vez hecha la primera medición, quedaron aproxima­
damente fijados con dos fuertes postes de madera, enterrados a bastante profundi-
dad, paralelamente a los rieles de la vía y a cuarenta centímetros distante de ella.

-240-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 240 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

La cabeza de los postes estaba protegida por una plancha de hierro sólidamen-
te afianzada y, sobre ellas, quedaron marcados por la intersección de dos líneas
trazadas con buril los dos puntos extremos que determinaron la exacta dimen-
sión de 2.000 metros, medida tres veces consecutivamente dentro de un límite de
aproximación menor de un milímetro.
Comprobada con los teodolitos la perfecta alineación del riel, determinada su
inclinación al horizonte y verificada su superficie continua, según un mismo plano,
se escogieron para la medida tres reglas de madera cuidadosamente rectificadas,
terminados sus extremos en planchas de bronce y bien dispuestas para que en sus
contactos se adhirieran lo mejor posible.
No siendo el caso de medir estos contactos con nonios, ni de apreciar dilatacio­
nes, estando, por otra parte, demostrado y admitido por los geómetras que las
re­glas de madera aceitadas y barnizadas no sufren alteración apreciable en sus lon­
gitudes por los efectos ordinarios de temperatura, hubo de aceptarse como de bas­
tante y satisfactoria exactitud el error menor de un milímetro que dio por resulta­do
la medición de la base.
No habiendo línea quebrada tampoco se hizo necesaria la reducción a un mis-
mo arco de círculo máximo.
Todavía, ni aun la reducción de la base al horizonte de uno de sus extremos
entraba en la necesidad de ser considerada.
He aquí, para comprobación, los datos de este elemento de cálculo:

Base medida = 2.000 metros

B−b = 2 sen2 12 a
Siendo d, ángulo de inclinación = 0° 26’ 50”
B = base medida
b = base reducida al horizonte del extremo oriental
log. 2 = 0.3010300
log. B = 3.3010300
2 log. sen 12 a = 5.1827392
log. B−b = 8.7847992
B−b = 0.0609 metros
B = 2000
B—b = 0.0609
b = 1999.9391

Para la reducción de esta magnitud al nivel del mar, dada la mejor altura cono-
cida de Copiapó 369m, la fórmula:

) Rh − Rh h3 − h4
)
2
B−b=B + + .......
2
R3 R4
log. B = 3.3010167
log. h = 2.5489787
log. Bh = 5.8499954
log. R = 6.8050086

-241-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 241 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

B−b = 0.11091
B = 1999.93910
−(B−b) = 0.11091
b = 1999.82819

Base reducida al nivel del mar

Tomando el primer triángulo A B y que arranca de esta base:

A = 58° 26’ 20”; B = 92° 4’ 20”; i = 29° 29’ 20”


que da para el lado Ai = 4.060m 28
log AB = 3.3009928
log sen 92°4’20” = 9.9997159
3.3007087
−log sen 29°29’20” = 9.6921899
log Ai = 3.6085188
Ai = 4.059.93

Ahora bien, tratándose de trabajos de mera exploración, con instrumentos de


regular exactitud y apenas con medios y recursos de viajeros y observadores a vue-
lo de pájaro, no había para qué entrar en la apreciación de errores de tal magnitud
y se aceptó para el cálculo de los triángulos, lisa y llanamente, la base de 2.000
me­tros, tal como resultó de la exacta medición directa.
Sin hacer más que mencionar, por respeto y admiración, los estupendos traba­
jos geodésicos y maravillosos resultados de las cartas de Alemania, Francia e Ingla-
terra, sólo posibles en la generosidad de los recursos y la grandeza de tales nacio-
nes, séanos a lo menos permitido pretender que podemos acercarnos y aspirar a un
gra­do de exactitud satisfactorio, equivalente al de segundo orden y prácticamente
lo bastante para la fiel y útil aplicación de un mapa a los usos ordinarios y a las
con­veniencias del Estado.
En este orden y en tal necesidad: nada de pilares de mampostería para la
cómo­da y sólida instalación del teodolito, ni de heliógrafos y construcciones esme-
radas para la nitidez y pureza de las imágenes hemos podido disponer.
Era forzoso conformarse con simples castillejos o mojones de piedra seca de
1,50 a 3 metros de altura, según los casos, a veces coronados con una banderola,
p­ero generalmente sin apéndice alguno y sin aprovechar las formas naturales o
pun­tas agudas de las cumbres sino cuando, por muy características y netas, podían
servir de bien definidas miras.
Por lo general, los lados de los triángulos variaban entre 5.000 y 10.000 metros,
para cuyas distancias, como se comprende, las miras de 1,50 a 2 metros eran lo
bas­tante para dar buenas imágenes.
En la altiplanicie, donde los triángulos eran mayores, las señales de 2 a 3 metros
bastaban, al ojo ejercitado en tales operaciones, para conseguir buenas punterías.
El método seguido desde el principio de los trabajos para la colocación de las
miras de observación, mejorado más tarde con la constante y laboriosa práctica del

-242-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 242 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

ingeniero, a la vez que con la destreza y sagacidad de ojo adquirido por los ayu­
dantes auxiliares para la estimación aproximada de las distancias y de la amplitud
de los ángulos, ha consistido en distribuir los puntos de primer orden según los ejes
de las montañas que corren de sur a norte y los de cordones transversales que las
ligan entre sí.
Las cumbres más altas han sido siempre las elegidas, por inaccesibles que pare­
cieran y, en todos los casos, además de llenar las prescripciones relativas a la forma
conveniente de los triángulos, se procuró en todo lo posible distribuir los puntos
accesorios o de segundo orden por donde mejor respondían al propósito de solu-
cionar el problema orográfico de la orientación de los sistemas de montañas.
Conviene tener esto en cuenta al examinar el cánevas así trazado, para explicar­
se así la razón de lo que pudiera parecer irregular o poco simétrico en cuanto a la
uniformidad de los órdenes de triángulos y a su encadenamiento.
Tan cierto es que el geógrafo no se hace en las aulas de la universidad como
que todavía no es bastante tampoco para hacerlo el campo de experiencia en don-
de se forma el agrimensor.
La percepción de las magnitudes y de la disposición relativa de los objetos en
los cuadros de la naturaleza es un hábito que sólo se adquiere en el teatro mismo de
aque­llas grandes realidades. Allí donde los efectos engañosos de la visión porfían
obs­tinadamente en dar las proporciones de lo culminante y principal a lo que ape-
nas es mediano y secundario, y viceversa, es donde se aprende a percibir y a juzgar
las verdaderas proporciones del paisaje. En los desiertos es donde se acostumbra la
vista a distinguir entre la realidad y los efectos perturbadores de la refracción, entre
la verdad desnuda y los falsos halagos del miraje, entre las apariencias que adul-
teran el relieve topográfico del terreno y la percepción geométrica que aprecia las
salientes aristas y pendientes abruptas de una montaña piramidal donde la visión,
al contrario, percibe declives y contornos redondeados.
La desnudez del terreno, por otro lado, la esterilidad por doquier, la extensa
su­perficie desierta, lo escabroso y empinado de las cumbres y los obstáculos y
pri­vaciones, han dificultado pero no impedido que al fin quedaran, como testigos
irre­chazables del trabajo y como instrumentos fieles para su comprobación o rec­
ti­ficación, las modestas señales que el tiempo destruirá pero que el cálculo y el
teo­dolito sabrán en cualquiera ocasión descubrir y comprobar.
El método de triangulación adoptado ha consistido en procurar el encadena-
miento de todos los puntos culminantes y términos o extremidades de los cordones
de montañas para determinar sus ejes de dirección y la manera como se distribu-
yen y enlazan entre sí, tanto desde el punto de vista del problema orográfico como
del de interés y atención que merecía el de los contornos geológicos.
De esta manera, los vértices de triángulos de la cadena de la costa marítima
se ligan con los de la cordillera occidental de los Andes, los de ésta con los de la
cor­dillera Real y los de esta última, a su vez, con los de la cordillera oriental donde
li­mita por aquel viento la altiplanicie atacameña, y todos éstos entre sí y con los de
cordones transversales y contrafuertes que corren en sus respectivas direcciones o
empalman y entrelazan con los ejes principales, forman una simétrica red de líneas

-243-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 243 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

geodesias que dibujan con exactitud los caracteres más salientes del esqueleto ro-
calloso de aquel gran detalle de nuestro continente.
Más de quinientos triángulos son los que se encadenan en esta red, y si su
for­ma no es tan regular y armónica como las que muy fácilmente se trazan con la
ima­ginación en el papel, llenan no obstante la prescripción de las convenciones
to­pográficas y satisfacen al rigor de las exigencias del cálculo así como a las conve-
niencias del trazado gráfico.
Los instrumentos usados para la medición de los ángulos han sido dos magnífi-
cos teodolitos de la acreditada casa de Schwalb Hnos., de Valparaíso, construcción
de Throughton, sistema concéntrico y con aproximación de 20” en ambos limbos
azimutal y vertical.
De construcción sólida, hasta el punto de haber resistido estos exactos instru-
mentos las más duras y destructoras pruebas, viajando largas distancias a lomo de
mula, no sufrieron jamás otro deterioro que el desgaste natural e indispensable del
eje vertical después de constante uso en cuatro años de servicio.
An­teojo astronómico con retículo provisto de cinco hilos verticales y uno ho-
rizontal, formando cuerpo rígido con el limbo zenital.
Su peso total, en su caja, de cincuenta kilogramos más o menos, permitía el uso
portátil sobre su trípode de madera.
Con finísima división en plata, excelentes niveles y microscopios para la lec-
tura en ambos limbos, no era necesario más que para las condiciones del trabajo
que iba a emprenderse.
Para la estación del instrumento en los vértices se ha prescindido del error
de excentricidad, cuidando de disminuir todavía más su pequeñez, con la conve-
niente colocación del teodolito respecto de los puntos visados y la limitación de su
distancia al centro de estación a no más de un metro, por lo general.
Para la lectura de los ángulos ha sido necesario conformarse con las circunstan­
cias generales del trabajo, como en todo lo demás. Los huracanes, el hielo excesi-
vo, la premura del tiempo, la inestabilidad del suelo, la vibración del trípode del
ins­trumento y el estado de agitación natural del observador en medio de condicio-
nes difíciles y en el corto tiempo disponible, no podían permitir la multiplicidad
de lecturas, ni por la repetición ni por el excelente sistema de reiteraciones, pero
las anotaciones se han hecho siempre con cuidado, con atenta observación y con
el detenimiento necesario para no incurrir en equivocaciones injustificables, sino a
lo sumo en los errores consiguientes y dentro de los límites permitidos y acepta­dos.
Y así ha sucedido que la suma de los ángulos se ha verificado muchas veces en
el rigor de los 180°, en otras se ha mantenido inferior a la suma de los errores de
20” para cada ángulo, es decir, a una o dos divisiones del nonio, y en muy raras
ocasiones el error ha excedido del maximum de 1’.
En los ángulos verticales o de inclinación se ha tenido el mismo cuidado de
observación, pero la mucho mayor significación de los errores en este sentido no
ha podido, necesariamente, dar para las alturas de los puntos sino resultados de
menor exactitud aunque de importancia y utilidad, como datos de comprobación,
para el conocimiento de esas magnitudes adquirido por otros medios.

-244-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 244 26-09-12 13:20


Desierto y cordilleras de Atacama.indb 245 26-09-12 13:20
Cercanías caleta Sarco. Atacama. Pablo Osses, archivo particular.

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 246 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

Los errores de refracción, dadas las horas obligadas de observación, siempre


después de las 10 A.M., hasta las 3 P.M. eran, por lo tanto, lo menor y lo más seme­
jantes posible.
Para la clara percepción de las visuales, las nieblas tan constantes en la costa
daban lugar a pérdidas de tiempo y a más o menos vagas punterías, al contrario de
lo que acontecía en el desierto central o en las regiones andinas, donde la pureza
de la atmósfera y a veces la belleza de las tardes permitía aprovechar, aun para las
visuales más largas de los grandes triángulos, el límpido y hermoso fondo azul y
aurora en que se dibujaba la silueta de las montañas, destacándose de ella en sus
característicos contornos las señales geodesias.
Lo necesario era siempre, sobre todo en las grandes alturas, despacharse pron-
to, aprovechando muy bien el tiempo, porque además de la lectura de los ángulos
había siempre el trabajo de dibujar el aspecto topográfico, observar los instrumen­
tos de altura, tomar notas geológicas y coleccionar rocas, hacer anotaciones diver-
sas y trazar el camino recorrido.
En las altas montañas del desierto y cordilleras la dificultad no consiste única­
mente en llegar a las cumbres, sino en mantenerse sobre ellas. Llevar allí los re-
cursos para la subsistencia del hombre y pasar las noches al abrigo de una carpa es
po­sible, pero lo que no es fácil, y a menudo imposible, es llegar hasta allí con las
bes­tias y mantenerlas.
Raras veces se ha podido repetir una ascensión: la del Licancaur costó una
pe­nosa trasnochada, malográndose el objetivo de hacer estación geodesia en su
cúspide empinada y escoriácea, a 6.003 metros sobre el nivel del mar, y a 3.000 de
abrupta elevación sobre su base. Intentar por segunda vez este camino de espiral
en torno de un perfecto cono surcado de grietas profundas abiertas en terreno de
cortante vidrio volcánico, habría sido precipitar el resultado final de la expedición
por el agotamiento de los animales.
El registro para la formación del cánevas consta simplemente del encabezamien­
to en que se anota el lado del triángulo que se toma por base y el punto extremo del
mismo que se toma por estación, y en seguida cuatro columnas en que se anotan:
1° los lados del vértice,
2° las lecturas en el limbo azimutal,
3° las inclinaciones en el círculo vertical y
4° las observaciones.

Ejemplo:
Base C D = 1.360 m: estación en C: en Llano
de Varas, frente a máquina Atacama, distancia
119 m al sur 53°45’ este.

Dirección astronómica de C D = 34°31’


Dirección magnética = norte 21°45’ este.
Inclinación al horizonte = 0°01’20” B.

-247-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 247 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Ángulos Ángulos Ángulos Observaciones


en los vértices azimutales verticales

DCI 280°51’20” 2°57’20” Cumbre morro de Cachiyuyo


3 315°40’00” 1°02’00” Palomar de la Posada
Base C D: estación en D:
CDI 68°16’20” 2°51’40” Cumbre morro de Cachiyuyo.
CD4 285°16’40” 2°51’40” En la llanura, camino a Tres Pun-
tas
Base, lado D I:
ID2 38°8’40” Cerro Chico: arranque del cor-
dón Ca­chi­yuyo

Con los datos así anotados se han calculado los lados de los triángulos y con
éstos las coordenadas rectilíneas.
Partiendo de la base de Copiapó, comienza la red topográfica con los elemen-
tos siguientes:

Cálculo del azimut de un lado

Y H

Base medida A−B = 2.000 metros

Dirección astronómica A−B = 311°45’22” 5


Dirección magnética A−B = 298°59’20” 0

Triángulo A−B−I (Linderos cerro Chanchoquín)

Ángulo en A = 58°26’20”
Ángulo en B = 92° 4’20”
Ángulo en I = 29°29’20”
A−B sen. 87º55’40”
sen. 29º29’20”

Dirección A−I desde A 10° 11’ 40” 3.301,0300


+ x = 718,63 para I +9.999,7159
13.300,7459
+ y = 3.996,18 desde A −9.962,1899
log. A−I = 3.608,5560

-248-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 248 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

360
311 45 20
58 26 20
— 48 14 40
direc = 10º 11’ 40”

Seno Coseno
3.608,5560 3.608,5560
+ 9.247,9470 + 9.993,0890
2.886,5030 3.601,6450
Nº 718,63 Nº 3996,18

Triángulo A – B – 4 (Lindero frente a máquina Gallo)


Ángulo en A = 73°50’00”
Ángulo en B = 45°18’40”
Ángulo en 4 = 60°51’20”
dirección A – 4 desde A = 237°55’20”
A−B sen. 45º18’40”
A–4
sen. 60º51’20”

x = H sen D y = H cos. D
3.301,0300 3.211,6498 3.211,6498
+ 9.851,8304 9.928,0515 9.725,1518
13.152,8604 3.139,7013 2.936,8016
− 9.941,2106
log. A−4 = 3.211,6498 N° 1.374,43 N° 864,57

− x = 1379,43 para 4
− y = 864,57 desde A

Cálculo para base 4 – 1


+x = 718,63 +y = 3.996,18
−x = 1.379,43 −y = 864,57
x = 2.098,06 y = 4.860,75

fórmula para dirección de 4 – 1: tang. D =

fórmula para largo: 4−1 = x2 + y2

x2 = 4.401,630 log. x = 3.321,8067


y2 = 23.626,400 log. y = 3.686,6992
x + y = 28.028,030
2 2
log. tan D = 9.635,1075
log. (x2 + y2) = 7.447,5921 Ang D = 23° 21’ 00”
log. (x2 + y2) = 3.723,7960 lag. de base 4−1 = 5.294,mts25
N° 5.294,mts 25 dirección 4−1 = 23°21’00”

-249-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 249 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Triángulo 4 – 1 – 6 (Lindero C. mina Chanchoquín)

Ángulo 4 = 30°18’40”
Ángulo 1 = 59°52’00”
Ángulo 6 = 87°49’20”
dirección 4−6 desde 4 = 55°39’40”
4−1 sen. 59º52’00”
4–6 =
sen. 87º49’20”

div.: 4−1 = 23°21’


+ 32°18’40”
div.: 4−6 = 55°39’40”

3.723,7960
+ 9.936,9456 seno coseno
13.660,7416 3.661,0554 3.661,0554
− 9.999,6862 + 9.916,8305 + 9.751,3458
log 4−6 = 3.661,0554 3.577,8859 3.412,4012
+x = 3.783,43 mts para 6 N° 3.783,mts43 N° 2.584,mts65
+y = 2.584,65 desde 4

Más adelante, en el lugar correspondiente, se insertará el registro general don-


de consten los resultados de estos cálculos para todos los puntos de la triangulación.
Así conocidas las coordenadas de los vértices respecto de los ejes rectangula-
res formados por el meridiano y paralelo que se cruzan en el punto A, extremo
oriental de la base de Copiapó, tomado por origen, se procedió en seguida a la
trans­formación de aquellas líneas rectas a coordenadas esféricas, o sea, a los ele-
mentos geográficos de latitudes y longitudes, refiriendo estas últimas al meridia-
no de Greenwich para ajustarse a las resoluciones del Congreso Astronómico de
Washing­ton.
Y ya que se presenta la ocasión de citar aquel acontecimiento científico, cuyas
decisiones hacen ley y deberían ser acatadas y definitivamente observadas, séanos
permitido una corta disertación acerca de las conclusiones decretadas por aquel
tribunal científico que se refiere al sentido en que deben ser contadas las longitudes
terrestres.
¿Conviene y está sancionado como un deber de homenaje al progreso científi-
co el numerar la graduación de las longitudes en sentido de oeste a este?
Los defectos de este sistema son evidentes, y a pesar de la unanimidad que, en
nombre de la indisputable conveniencia de uniformar y perfeccionar los procedi-
mientos geográficos, recayó sobre las decisiones del sabio Congreso, no se resuelve
el criterio científico ni menos el sentido práctico del ingeniero ni del marino a con-
tar las distancias de longitud en dirección opuesta al movimiento diurno de la tierra.
Y con mucha mayor razón si se considera que la incuestionable ventaja de la
hora universal, tan sabiamente sancionada por el mismo Congreso, se ve afectada
por los molestos cambios de fecha y procedimientos de cálculo más engorrosos.

-250-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 250 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

Acostumbrar el espíritu a admitir que el sol pasaría por las horas mayores antes
que por las menores, es decir, por el meridiano de dos horas antes de culminar
en el de una hora, o sea, considerarlo por los meridianos de 20 horas en el Río de
la Plata, antes de tenerlo sobre los de 16 horas de nuestras costas del Pacífico, es
someterlo a una mortificación tan inútil como inconducente.
Por tales razones, y por seguir también la práctica adoptada todavía por los
marinos chilenos, la graduación de las longitudes, en el mapa de que tratamos, se
ha hecho partiendo del meridiano de Greenwich y en el sentido acostumbrado de
oriente a occidente.
La determinación de la longitud geográfica de Copiapó, de donde arranca la
base principal de la triangulación y en cuyo extremo oriental fue decidido el ori-
gen de las coordenadas relativas, ha sido objeto de repetidas pruebas y numerosas
observaciones, ya que la imperfección de los instrumentos y la dificultad de los me-
dios disponibles así lo ameritaban. Y sólo después de tanteos y verificaciones diver-
sas se ha logrado al fin tener, con la seguridad de los procedimientos astronómicos,
el punto de partida bien definido y los medios de comprobación bien establecidos.
Para las observaciones se ha hecho uso de un círculo de reflexión de Pístor y
Martins con horizonte de mercurio; de un teodolito de los mismos constructores, de
apreciación de 10” y de un sextante de igual aproximación, perteneciente al oficial
de marina don Carlos Porter W., con la valiosísima cooperación de ese ilustrado pro-
fesor, cuya prematura muerte, acaecida poco tiempo más tarde, ha sido una pérdida
muy sensible para la marina nacional; dos cronómetros de bolsillo Dent, números
30.567 y 40.587, que jamás justificaron, por su marcha irregular, la fama de su autor,
y uno excelente de Jewit número 1.150 perteneciente al mismo señor Porter.

Latitudes

Comenzando por el puerto de Caldera, las latitudes anteriormente conocidas eran


las siguientes:

Latitudes sur Autores

27°05’08” A. Pissis (embarcadero)


27°03’46” Almt. Cloué (semáfora)
27°04’00” Cartas marinas (faro)
27°03’25” (?)

La del señor Pissis está indudablemente equivocada por exceso, la del almiran-
te Cloué del Atalanta se refieren a la semáfora del puerto y la última es la latitud
del faro.
El señor Porter tenia varias observaciones, pero con motivo de estos estudios
del desierto verificó una interesante serie de alturas de sol durante 30 días consecu-
tivos, dando el promedio de todos los cálculos: 27°02’34” de latitud sur.

-251-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 251 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Posteriormente verificó el mismo trabajo una comisión del observatorio astro-


nómico, debido a la benévola cooperación del malogrado matemático, su antiguo
director don José I. Vergara, que siempre prestó su ilustrada experiencia al buen
éxito de estos estudios.
Presidida esa comisión por el competente actual director del observatorio se-
ñor A. Obrecht y tomando por punto de observación el pie de la torre de la iglesia
parroquial de Caldera, cuya cúspide es el vértice principal de la triangulación, su
resultado fue, calculada para dicha cúspide:

27°04’05” 9

Comparada esta latitud con la del marino Porter W., la diferencia asciende a
1’31” 9, pero teniendo en cuenta la distancia de norte a sur que separa a ambos
pun­tos de observación, los resultados se aproximan hasta no exceder esa diferen-
cia de 50°.
Comparando ahora con la latitud que resulta de la triangulación, la diferencia
es mucho menor:

Obrecht 27°04’05” 90
Cúspide de la torre
Com. Exploradora 27°04’17” 67
Diferencia 11” 77

Siendo tan admisible un error de esta magnitud se dio por aceptada la diferen-
cia, la que, seguramente, resulta de un desplazamiento en el ángulo de la dirección
astronómica aceptada para la base e introducida en el cálculo del primer azimut
de un lado.
Ahora, por lo que respecta a la ciudad de Copiapó, el mismo señor Pissis y
el astrónomo americano Gillis son los únicos autores que habían determinado su
latitud antes de los presentes estudios:

Pissis 27°22’30”
Gillis 27°22’23”

El capitán de marina don A.C. Lynch, que por algún tiempo estuvo agregado
a la comisión exploradora, obtuvo como promedio de una serie de observaciones
meridianas de sol:

Lynch 27°19’36,6

cuyo valor introducido como elemento en los cálculos de longitud y en las com­
pro­baciones de la triangulación resultó ser una cifra un tanto baja.
La siguiente observación, el 23 de julio de 1885, vino a restablecer la mayor
proximidad de la verdad al resultado de Gillis:

-252-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 252 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

Var., hor. de la Decl 31,”00


Dif. De merids. 4,689
46,89
1496,7
145,359
Decl. N 20°0’16,”7
Corrección 2’25,”4
Decl.n a o.h t. v. de Copiapó 19°57’51,”3
Alt. merid. o
inst. doble 84°36’40”
Error del inst. +12’ 40”
Altura doble ob.s 42°24’40”
R−P −58”
Alt. verd. 42°23’42”
Semid.tro +15’47”
Alt. v. 42°39’29”
D. Z. 47°20’31”
Decl. N 19°57’51”
Latitud S 27°22’39”7

Nuevas observaciones solares y de Júpiter dieron resultados más o menos apro­


ximados, basta quedar en los límites siguientes:

San Román 27°22’24” 8


Porter y San Román 27°22’16”

He aquí el tipo de cálculo aceptado para esta última (véase cuadro en página
siguiente).
Aceptando esta última latitud como la que mejor comprobaba, comparándola
con la latitud Porter para Caldera, la diferencia de paralelos Copiapó-Caldera con
la diferencia de ordenadas de la triangulación, previa corrección de las distancias
entre los lugares de observación, no se creyó necesario proceder a nuevas deter-
minaciones de este elemento mientras no se pudiera disponer de más perfectos
instrumentos y medios más adecuados.
Llegado, por fin, este caso, mediante el envío de la comisión del observatorio,
el señor Obrecht instaló sus trabajos en un punto inmediato al extremo oriental A
de nuestra base fundamental, y relacionando a este mismo punto, según la dispo-
sición que explica la figura, obtuvo por latitud: 27°21’33” 5 sur.
El cálculo de la ordenada del campanario de la iglesia parroquial de Caldera
da, transformándola en arco de meridiano, para latitud de aquel punto, como ya se
ha dicho antes, 27°04’17” 67. Agregando a este valor el valor de la ordenada

+y = 31.969

metros reducidos a arco de meridiano, o sea, 17’18”, según la fórmula 10.800 para
el minuto de las diferencias en latitud:

-253-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 253 26-09-12 13:20


Latitud por dos alts. de y el intervalo

Observaciones en Copiapó – julio 21 de 1885

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 254


Argumentos

1.ª h. Den. 5.h 32.m 7.s 5 Intervalo 7.m 47s 1.ª alt. v. 36°33’53”
Dif. 0°49’7”
2.ª h. Den. 5. 39 54 5 = 1°56’45” 2.ª alt. v. 37. 23. 00
72. 2. 0
H. ª media 5. 36. 1. 0 S 73°56’53”
1
Est° ab Dent −2. 23. 385 S 36°58’26” 5
2
H. Gr. 3. 12. 22. 5 Declin N° 20°24’27” 4
= 3h 206 Variac. en 3h 206−1’33” 9

-254-
Decl. N con 20°22’53” 5

Cálculos
desierto y cordilleras de atacama

Dif. alts. sen × R18.154,940 Ang. ectl. cos −9.957,689 Ang. ecuatl. cos 9.657,689
Interv. sen − 8.530,899 Declin. sen × R 19.541,905 Alt. ecuatl. cos 9.704,833
Ángulo ecuat. sen 9.624,041 I sen 9.584,216 Latitude sen. 9.662,522
Ángulo ecuatl. = 24°52’59” I. −22°34’31” Latitud
1
2S 36 58 26,5 27°22’16”
Alt. ecuatl. 59°32’57”,5

26-09-12 13:20
levantamiento del mapa geográfico

Latitud iglesia de Caldera, 27°04’17” 67, calculada por triangulación.


Dif. latitudes Caldera-Copiapó, 17’18” 00, calculada por triangulación.
Lat. Copiapó, extremo A de la base, 27°21’35” 67, calculada por triangulación.

Comparación

Obrecht, latitud de Copiapó, 27°21’33” 5, en el extremo A de la base.


Comisión exploradora, latitud en Copiapó, 27°21’35” 67, en el extremo A de
la base.
Diferencia: 2” 17.
Esta aproximación, tan cerca de la exactitud matemática e inesperada para los
medios y naturaleza del trabajo de la comisión exploradora, resulta de que nuestra
latitud para Caldera excede en 11” 67 a la de la comisión de astrónomos, como ya
se dijo en el lugar correspondiente.
La cuestión de las latitudes queda, en consecuencia, establecida definitivamen-
te como sigue:

Por observaciones astronómicas Por triangulación

Lat. sur de Copiapó 27°21’33” 5 Lat. sur de Copiapó 27°21’35” 67


(estación del ferrocarril) (estación del ferrocarril)
Lat. sur de Caldera 27°04’05” 9 Lat. sur de Caldera 27°04’17” 67
(iglesia parroquial) (iglesia parroquial)
Dif. 17’27” 6 Dif. 17’18”
Es decir:
Diferencia en arco = 9” 6
Diferencia en metros = 274mts

Ya queda dicho que esta diferencia debe tener su origen en la pequeña abertu-
ra o amplitud del ángulo adoptado en la orientación de la base para el cálculo del
1
primer azimut de un lado. Este error, en la mayor escala de 250.000 es sensible a un
mi­límetro, pero dados los usos a que está destinado el mapa del desierto y cordi-
1
lleras de Atacama, si hubiera de construirse en escala de 500.000 el error sería pres-
1
cindible, y nulo en el caso y escala de 1.000.000 , que será, dada la extensión del terri-
torio que comprende, la que convenga al uso manual e industrial a que debe servir
especialmente el mapa.
Sin embargo, debe observarse aquí que este error es el más considerable que
aparece en todo el cánevas y no se repite para los mismos puntos de Copiapó y
Caldera en el sentido de la distancia en longitud, porque nuestros resultados, para
esta magnitud, arrojan un error totalmente nulo respecto de los obtenidos por los
astrónomos, como se verá más adelante.

-255-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 255 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Longitudes

Para el puerto de Caldera se conocían las siguientes:

Pissis (centro del pueblo) 70°49’58” O. de Greenwich


Almirante Cloué (semáfora) 70°52’07” 82 Ídem
Buque Atalanta (semáfora) 70°51’12” 8 Ídem
Porter W. (estación del ferrocarril) 70°51’30” Ídem

Al tratarse de comprobar estas longitudes con motivo de los trabajos de la co­


misión exploradora, el señor Porter W., siempre deferente y dedicado a observa­
cio­nes de este género, prestó, como antes, el contingente de su correcta experien-
cia y de sus buenos instrumentos astronómicos del uso corriente en la marina.
Se trataba de cambiar señales telegráficas con el observatorio astronómico y
las operaciones se hicieron en la noche del 6 de diciembre de 1883, en buenas con-
diciones atmosféricas y en perfecto estado de la corriente eléctrica en el telégrafo
para la transmisión matemática de las horas respectivas.
He aquí el tipo del cálculo según las conocidas reglas de Ducon:

Sexta lectura en Santiago 9h 51m 20s


Adelanto del cromtro de Santiago 36,64
Hora media de Santiago 9 50 43,36
Long. del Obs. de Santiago 4 42 42,40
Hora de Greenwich temp. M 2 33 27,76
Hora Jewit correspodt. a lect. 6a 9 55 19
Atraso de Jewit esto absto 4 38 6,76 al tiempo medio de Greenwich

Por su parte, en el observatorio, el señor Wickmann también, al mismo tiempo


que el señor Porter y llevando a su última expresión el cálculo anterior, determinaba
la parte proporcional de la marcha de su cronómetro en el intervalo comprendido
entre la una y media horas trascurridas en el momento de las observaciones y el
del golpe telegráfico de la 6ª trasmisión adoptada, como sigue:

H. Gr. tom. en el momento medio de las observaciones 8h 54m 56s 26


H. Sant. tomada en el momento de la 6ª transmisión 9h 50m 43s 36
Long. de Sant. O. de Gr 4h 42m 42s 40
H. Gr. tm. en el momento de la 6ª transmisión 14h 33m 25s 76
Intervalo, 5h 64 = 5h 38m 29s 50

Marcha del cronómetro Jewit = 5s 06, luego:


5,64×5,06
= 1s 19
24
Agregando este valor a la long. obtenida:

4h 43m 12s 98
1 19
Long. de Caldera 4h 43m 14s 17

-256-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 256 26-09-12 13:20


Longitud de Caldera según cálculo del mismo día

6 de diciembre: 4h 43m 12s 98


Diferencia entre Santiago y Caldera 30s 58
El cálculo para la determinación de la longitud de Caldera fue el siguiente:
Hora Jewit 4h 16m 25s alt. 63°31’10” Decl. S. 22°29’59” 9

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 257


4h 17m 14s 63°9’40” Pfe. Prop. + 2’43” 4
8h 33m 39s 40’ 50” Decl. correg. 22°32’43” 3
Estado abst. atr 4h 16m 49,05s 63°20’25”
+
4h 38m 6,76s 31°40’12,5”
h m s
Hora Greenwich tp. m. 8 54 56,26 = 8h 91 R P 1’27” Dif. 1h 18,03
Ec. tp + 8m 41,39s 31°38’45,5” 9,06
10818
Hora Greenwich tp. v. 9h 3m 37,65s =9h 06 Semid. 16’16,5” 162270
31° 22’ 29” 2m 43s , 3 = 16335,8
Altura verdadera 31°22’29”
Ec tp.° (mean non) 8m 50s 84 DP 67º27’16’’,7 com. sen 0,034527

-257-
Parte propcl 9s 45 latitud 27º2’30’’,0 com. cos 0,050280
8 41 39 S 25º52’15’’,7
S2 62º56’7’’,8 cos 9,658004
Diferencia p. 1h = 1.061 S alt. verd. 31º33’38’’,8 sen 9,718837
2
8,91
1.061 2 sen P
2
19,461648
9549 sen P 9,730824
2
levantamiento del mapa geográfico

8488
9,45351
712
112|24
4,666
Caldera, hora verdadera 4h 20m 24s 67 Ducon TVIII
Greenwich hora verdadera 9h 03m 37s 65
Longitud de Caldera 4h 43m 12s 98
Longitud de Santiago 4h 42m 42s 40
Diferencia de longitud 30s 58

26-09-12 13:20
desierto y cordilleras de atacama

Así quedaba corregido un error prescindido que acerca mucho el resultado al


de Wickmann, que va a verse a continuación.
Conviene advertir antes que este astrónomo introdujo como elemento en sus
cálculos e interpolaciones la antigua long. de Porter 4h 43m 26s en vez de la poste-
riormente mejorada, como queda dicho.
La diferencia podría consistir en la mayor exactitud de la apreciación de la
ho­ra y corrección de la declinación, pero probablemente más que en esto estará
aquélla en la razón del mayor rigor de los instrumentos y medios que se disponen
en un observatorio astronómico.
Omitiremos dar aquí el tipo de cálculo que ya hemos dado a conocer en otro
libro.

Resultados de los cambios de señales con el observatorio astronómico:


6 de diciembre de 1883

Long. de Caldera O. de Santiago 32s 38


Long. de Caldera O. de Greenwich 4 43 14s 70
h m

Aquí conviene observar que la longitud 4 h 42 m 42 s 4 dada para el observato-


rio de la Quinta Normal de Agricultura, adolece del error propio de los medios de
observación que su antiguo director, el distinguido astrónomo señor Moesta, podía
disponer en aquel tiempo, muy distantes aun de la época moderna de los telégra-
fos submarinos que nos trasmiten ahora instantáneamente la hora matemática de
todos los péndulos del mundo.
Al método de las distancias lunares le sustituyó el de la transmisión eléctrica
de la hora, bajo la acción de la competencia científica del sabio director de la co-
misión del pasaje de Venus en Chile, Mr. de Bernardiéres en 1883.
Por la doble vía de Panamá y de Buenos Aires obtuvo el ilustrado astrónomo
los siguientes interesantes resultados:
Diferencia entre el poste meridiano del cerro de la Artillería en Valparaíso y el
poste meridiano de la Escuela Naval de Buenos Aires: 53m 0s 11 al oeste de París.
Diferencia de longitud entre Valparaíso (palo de la Bolsa) y Panamá (catedral):
0h 31m 35s 92 O.

Diferencia entre París y Bolsa de Valparaíso

Por vía de Buenos Aires : 4h 55m 54s 11 O


Por vía de Panamá : 4h 55m 53s 83 O
Latitud de Valparaíso, palo de la Bolsa = 33°2’10” 1

Luego respecto de Greenwich:

Longitud de Valparaíso 4h 46m 33s 15 O

-258-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 258 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

Calculada con estos elementos la longitud de nuestro observatorio de la Quin-


ta Normal, da Mr. de Bernardiéres:

Observatorio Nacional de Chile 4h 42m 46s 3 O de Gr.


o sea 70°41’34” 5 O de Gr.

Corregida entonces la longitud encontrada para Caldera del mismo error que
afectaba al meridiano adoptado para Santiago, aquella se reduce así a:

Longitud Caldera: 4h 43m 18s 69 = 70°49’40” 35 O de Gr.

Hagamos ahora referencia al resultado de las prolijas observaciones de Obrecht,


dejando a un lado las longitudes que se refieren a la semáfora y a la de Porter W.,
rectificada después; agreguemos a la longitud anterior 2”65, que corres­pon­de a la
diferencia del local, y dejemos sin modificación la de Pissis, cuyo punto de ob­ser­va­
ción nada dista del de Obrecht.

Longitud de Caldera O de Gr.

Obrecht 70°50’09”
dif. 11”
Pissis 70°49’58”
dif. 15”
Porter San Román 70°49’43”

Como se ve, la longitud del señor Pissis, bastante aproximada a la verdad, di-
fería sólo en 11” con la determinada últimamente por la comisión del observatorio,
pero como en el tiempo de nuestros trabajos se carecía de este medio de referen-
cia, se hizo necesario repetir frecuentes operaciones, especialmente en el sentido
de determinar la diferencia de tiempo entre Copiapó y Caldera.
Para el cálculo de las coordenadas geográficas de todos los vértices de la triangu-
lación, se había tomado una longitud no comprobada y se hacia indispensable descu-
brir el error que ese elemento iba a introducir en los laboriosos cálculos de cánevas.
Había razón para desconfiar de las antiguas longitudes determinadas para la
ciu­dad de Copiapó y las únicas dos conocidas se apartaban bastante una de otra.
En efecto:

Pissis (plaza) 70°22’20” O de Gr.


Gillis (plaza) 70°28’07” 5 O de Gr.

Para rectificar estos elementos y descubrir la diferencia de longitud entre los


dos puntos requeridos, no se disponía sino de los cronómetros Dent de bolsillo, de
tan poca merecida confianza, pero que el señor Porter se encargó de estudiar en
su marcha diaria por medio de comparaciones con su excelente Jewit núm. 1.150.
En la noche del 10 de enero de 1885 las recíprocas trasmisiones telegráficas
entre Copiapó y Caldera daban para Dent núm. 30.567 una marcha diaria de 96s

-259-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 259 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

37, atrasado; y procediendo a los cambios de hora, resultaron bastante felices para
que en una serie de diez señales, sólo en una faltó la rigorosa igualdad en las uni-
dades de segundo.
Apuntemos a continuación los datos y el cálculo usado, advirtiendo que la me­
jor latitud de Copiapó que entonces se disponía era la resultante de la latitud Porter
pa­ra Caldera, aumentada en el valor de la ordenada de la triangulación reducida
a arco.
Una serie de observaciones posteriores dio lo siguiente el 22 de marzo de 1885:

Long. Copiapó 4h 41m 19s 75 O de Gr.


Long. Copiapó 4h 41m 21s 59 O de Gr.
Long. Copiapó 4h 41m 17s 22 O de Gr.
Long. Copiapó 4h 41m 20s 22 O de Gr.
Long. Copiapó 4h 41m 20s 87 O de Gr.
99,65
4h 41m 193s 93 = 70°19’58” 95

Aproximándose el promedio de esta serie al del anteriormente obtenido por


ob­servaciones del 16 de enero del mismo año, con pequeña diferencia relativa-
mente, sólo faltaba aún obtener una determinación directa de Copiapó con Santia-
go. Al efecto, en la noche del 19 de julio del mismo año 85, estaba todo dispuesto
para las transmisiones cronométricas, prestándose siempre obsequioso el señor
Ver­gara, como asimismo el señor Cabrera Gacitúa, que en todas las anteriores
oca­siones había prestado a los trabajos su inteligente contribución y los oportunos
ser­vicios de su especialidad como electricista.
Resultado:

Longitud Copiapó 4h 41m 19s 96 O de Gr.

Estos resultados, comparados entre sí y con el de la triangulación, conducen a


con­clusiones muy satisfactorias.

Observaciones del 10 de enero del 85 4h 41m 21s 1


Id. del 22 de marzo del 85 19,93 dif. 1s 17
Id. del 19 de julio del 85 19,99 dif. 0s 06

Tomando como la aproximación más exacta, 4h 41m 20S, comparemos con la


longitud encontrada para Caldera por los mismos medios 4h 43m 14s 79, sin intro-
ducir las explicadas correcciones:

Dif. de long. entre Copiapó y Caldera: 1m 54s 79


Es decir: en arco de paralelo 28’41” 85 = 47.181 m
Abcisa Copiapó-Caldera –x = 47.271 m
90 m

-260-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 260 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

Pero mucho mayor es aún la aproximación de nuestro trabajo geodésico con el


definitivo y riguroso trabajo de los astrónomos, cuya longitud se refiere a los pun­
tos mismos de la triangulación, desapareciendo, por este hecho, toda vaguedad o
duda respecto de las pequeñas diferencias de local, etcétera.
Según los datos trasmitidos por el señor Obrecht, la misma figura trazada al
tratar de las latitudes explica la manera en como se ha relacionado el lugar del
observatorio con el punto extremo A de la base.
Este punto y el de la torre de la iglesia de Caldera son los determinados por los
cálculos, cuyos resultados van a continuación:

Longitud de Caldera 4h 43m 20s 6 O de Gr.


Longitud de Copiapó 4h 41m 25s 5
Diferencia en arco L−L’ = 1.725” 3
Latitud Caldera 27°04’05” 9
Latitud de Copiapó 27°21’33” 5

Diferencia en arco — ’ = 1.047” 6


cos. (L—L’ ) = 1.534” 3

Radio de curvatura de la tierra entre Copiapó y Caldera:

(
R = a e − 3 e2 cos 2
(
2

4 4
a = 6.378,393 metros
e2 = 0,0068395

Se calcula:

R = 6.348,453 metros

El arco de círculo que une a Copiapó y Caldera es:

1. 857”2

Y se encuentra para D:

D = 1.857” 2 x R sen 1” = 57.161m 2

Esta distancia se descompone en dos:

y = 32.243,2 diferencia en latitud


x = 47.223,5 diferencia en longitud

Ahora bien: es sabido que la triangulación da por abcisa Copiapó-Caldera,


x = 47.271 metros.

Diferencia = 48 metros

-261-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 261 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Por lo expuesto, se comprende cuanto se ha hecho por comprobar y establecer


el grado de exactitud y confianza que debía corresponder a este mero ensayo de
ma­pa geográfico, que no debió ser, según el plan primitivo y según los medios y
recursos destinados al efecto, sino un simple croquis del desierto de Atacama, sin
incluir las altiplanicies andinas ni los distritos mineros de Carrizal y cerro Blanco,
agregados posteriormente al objeto de las exploraciones.
Para reasumir y fijar mejor los datos comparativos para los puntos de Copiapó
y Caldera, que resultan del doble procedimiento de la observación astronómica y
de la triangulación geodésica, los consignamos en el siguiente cuadro:

Latitud sur

Localidades Observatorio Comisión Diferencia


Astronómico (por triangulación) Exploradora

Copiapó: extremo oriental


A de la base 27°21’33” 5
Caldera: cruz del campanario
de la iglesia matriz 27°04’05” 9 27°04’17” 77 11” 87

Longitud O de Gr.
Copiapó: extremo oriental
A de la base 70°21’22” 50
Caldera: cruz del campanario
de la iglesia matriz 70°50’09” 00 70°49’58” 04 10s,96

Muchos puntos del desierto central, de las cordilleras y de la costa marítima


han sido así astronómicamente determinados, pero en todos los casos ha quedado
es­tablecido como la mejor solución y más exacta determinación la que resulta del
cálcu­lo geodésico.
Para ilustrarlo con ejemplos, se pueden preferir algunos puntos de aquellos
que por su importancia han sido objeto de varias observaciones.
Sea el puerto de Antofagasta, que ha sido visitado por marinos y geógrafos y
está ligado a la base de Copiapó, y calculado con ella a lo largo de una extensa
ca­dena de triángulos:

Autores Latitudes Longitudes

Cartas marinas 23°39’00” 0 70°26’00” Bahía (fondeadero)


Vidal Gormaz 23°39’00” 0 70°22’19” Patio de la Aduana
Bertrand 23°37’53” 7 70°22’04” Compañía de Salitres
Comisión de la Pilcomayo 23°38’53” 9 70°24’01” 62 Aduana
Obrecht 23°38’39” 3 70°23’42” 9 Estación del Ferrocarril
Comisión exploradora
(por triangulación) 23°39’58” 35 70°26’36” 78 Faro

-262-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 262 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

Entre las latitudes, las que más se aproximan en cifras son también, lógicamen­
te, las que corresponden a lugares menos separados. Así resulta como la más aus-
tral de todos la de la comisión exploradora, en el Faro, siguiéndole un 1’4” más
al norte la de la comisión de la Pilcomayo, que corresponde a la aduana situada en
efecto más al norte, aunque no a tanta distancia lineal como el valor de 1’.
El resultado de los marinos ha sido obtenido directamente con todos los recur­
sos y medios que se disponen a bordo; el de los exploradores del desierto lo ha
sido mediante la larga cadena de triángulos que liga, cubriéndolo con su red, todo
el territorio que media entre Copiapó y Antofagasta, como queda dicho.
Las latitudes de la Pilcomayo y de Obrecht tienen menos razón de separarse un
cuarto, estando los lugares de observación distantes entre sí por más del ancho de
una calle.
La de Bertrand, la más baja, coincide bien con el lugar que le corresponde en
el establecimiento de la Compañía de Salitres.
Por último, la de las cartas marinas que se refieren a un punto del fondeadero
a una altura un poco menor que la del faro, coincidiría casi exactamente con la de
la comisión exploradora.
En cuanto a las longitudes del mismo puerto de Antofagasta, razón tiene tam-
bién de ser más occidental que todas las otras de la comisión exploradora, por que
el faro, sobre las rocas mar afuera, dista bastante trecho más al oeste de los demás
puntos de observación.
Por esta misma circunstancia concuerda muy bien nuestra longitud, para ese
pun­to, con las de las costas marinas que la dan en el fondeadero.
Mucho más discrepan entre sí Obrecht con Bertrand y Vidal Gormaz, y mu-
chísimo más todavía Obrecht con la Comisión de la Pilcomayo.
Lo que llama, pues, la atención en estas comparaciones de las coordenadas de
An­tofagasta, es la notable coincidencia que dan las coordenadas de la triangula-
ción respecto de las de las cartas marinas.
En Caracoles, nuestras diferencias en latitud como en longitud, con el señor
Ber­trand, casi no exceden el límite de error dentro del cual este ingeniero se supo­
ne fluctúa.
Un poco mayores, pero siempre aceptables, son las diferencias en San Pedro
de Atacama, donde con sobrada razón los errores aumentan con las dificultades
de observación.
También hay aproximaciones muy notables y que se repiten con frecuencia
en los puntos observados en el interesante itinerario del señor Bertrand en 1884.
Por ejemplo:

San Pedro de Atacama

Bertrand (teodolito) 22°54’52” 68°11’25”


San Román (círculo) 22°55’02” 68°12’38”
C.ª Explorad. (triangulación) 22°58’07” 24 68°14’00” 48

-263-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 263 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Tilomonte (Altiplanicie)

Bertrand 23°47’48” (Canis nyoris)


San Román 23°47’50” (Sol)

Pero hay todavía coincidencias interesantes que se desprenden de estas compa­


raciones, tal como la que acusa en las longitudes de Bertrand un error constante
y siempre en el mismo sentido, pero corrigiéndolas previamente del error que las
afecta en razón de la diferencia que resulta entre la antigua y la nueva longitud del
Observatorio Astronómico, error que no afecta a las nuestras.
Así, uniformadas, las confrontaciones resultan como sigue:

Localidades Bertrand Comisión exploradora


Latitud Longitud O Latitud Sur Longitud
Sur de Gr. O de Gr.

Playa de Caracoles, iglesia 23º02’48” 04 69°00’55” 00 23°04’34” 12 69°03’15” 44


Pampa Alta ... 69°26’16” 62 23°03’26” 98 69°28’59” 85
San Pedro de Atacama 22º54’52” 00 68°12’19” 00 22°58’07” 34 68°14’53” 28
Toconao 23º11’33” 07 68°00’54” 00 23°15’07” 91 68°03’25” 59
Antofagasta de la Sierra
(casa del juez) 26º05’11” 00 67°21’49” 00 26°07’39” 44 67°28’14” 29

Tomemos ahora el punto más austral de la costa marítima, el puerto de Carri-


zal Bajo, calculado también con la red trigonométrica de Copiapó al sur.
Carrizal Bajo:

Cartas marinas Comisión exploradora


Latitud Longitud Latitud Longitud

28°5’15” 71°11’20” 28°04’47” 76 71°09’10” 45

Las coordenadas de las cartas corresponden al fondeadero y las de la Comi-


sión al semáfora del extremo del muelle.
Puntos importantes, sea de la costa o del interior, que no han podido ser fijados
directamente, han sido relacionados a los puntos geodésicos por diversos medios
e instrumentos, por ejemplo: Puerto de Chañaral de las Animas, desde el vértice
del triángulo situado en la cumbre de Paso Malo, que está en latitud 26°23’17” 87
y longitud 70°38’15” 74, se midió directamente la distancia de este punto a la Esta-
ción del ferrocarril, y con este elemento, 4 kilómetros, y el arrumbamiento 28°30’,
se determinaron las coordenadas 0°2’20” norte y 0°0’40” oeste respecto del punto
de Paso Malo, resultando así para el puerto de Chañaral:

Latitud S 26°20’57” 87
Longitud O de Gr 70°38’55” 74

-264-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 264 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

Siendo para el mismo puerto las coordenadas que dan las cartas marinas:

Latitud S 26°21’05”
Longitud O de Gr 70°40’25”

Las diferencias resultan aún en este caso muy aceptables, llegando en la latitud
a solo 7” y en longitud a 1’29”.
Tomando puntos de tierra adentro, como Pueblo Hundido, ha sucedido que
su construcción por medio de las coordenadas geográficas ha correspondido den-
1
tro del error inapreciable en la escala de 250000 al construirlo gráficamente con los
recientes datos de la delineación de un trazado de ferrocarril, llevado a ese punto
desde la estación del Salado, término del ferrocarril de Chañaral, habiendo sido a
su vez el Salado enlazado por medio de una base al vértice más cercano del cáne-
vas general, en el cerro del mismo nombre, con muy satisfactoria aproximación.
No ha sucedido igual cosa con otros extremos y puntos intermedios de ferroca­
rriles, cuando se ha querido hacer el enlace construyendo la figura semejante del
trazado, deduciéndola de los planos de esas líneas.
Debido a una defectuosa orientación de éstos y a errores de la reproducción
de las curvas en el papel, ha sido imposible hacer la conexión, como en la estación
del ferrocarril de Juan Godoy, que ha sido necesario relacionar directamente con
el vértice inmediato en el Morro de Chañarcillo, y modificar en conformidad el
tra­zado de la figura para adaptarlo a las verdaderas formas.
Hacemos la más encarecida recomendación a los ingenieros de caminos res­pecto
de la conveniencia de orientar sus trazados con todo el rigor posible al ver­dadero
meridiano o de rectificar cuidadosamente sus brújulas magnéticas, deter­mi­nan­do su
variación en cuantas ocasiones lo requieran la extensión y dirección de sus líneas.
La posición geográfica de todos los vértices de triángulos se ha hecho en fun-
ción de las coordenadas rectangulares topográficas referidas al meridiano y per-
pendicular que se cruzan en el origen A, extremo oriental de la base de Copiapó
según el procedimiento ordinario que queda ya explicado.
Las fórmulas de A. Germain adoptadas como las más cómodamente aplicables
al caso son:
1 1
y
sen. 1’’ ’ sen. 1’’
donde y ’ son respectivamente el radio de curvatura del meridiano en un punto
de cierta latitud aproximada y ’ la normal en el mismo. Los logaritmos de estos
valores los dan las tablas anexas al libro de dicho autor.
Los valores de y ’

a (−1e2) a
= ’=
(1−e sen.2 L) 32 (1−e sen.2 L) 12

siendo a = 6,378284 metros, radio ecuatorial


e2 = 0,006.67437 metros excentricidad

-265-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 265 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Introduciendo las coordenadas x e y de cada punto en las fórmulas para las


latitudes y longitudes L y M, se han adoptado las siguientes:
y x
L’−L
’ sen. 1’’

sen. 1’’
2 ( )
sen. 1’’
tang. L

x i
M’−M = .
’ sen. 1’’ L’cos.

Al introducir los elementos de L y M del origen no se disponía, al tiempo de


emprender estos cálculos de transformación, de los datos más exactos adquiridos
posteriormente, pero no siendo necesario introducir los reformados, han quedado
las coordenadas definitivas sin esa insignificante modificación.
He aquí el tipo del cálculo aplicado a las coordenadas ya deducidas de los
primeros triángulos que arrancan de la base A B.

Base A B 2.000 metros


Dirección astronómica 311°45’22” 6
Declinación magnética 12°46’2”
Dirección magnética 298°59’20”

A = punto origen, extremo oriental de la base en la Estación del ferrocarril de Co­piapó


1 = vértice en cumbre Chanchoquín.
4 = id. frente a máquina de Gallo.
6 = id. en el mineral de Chanchoquín.

Cálculo para determinar coordenadas geográficas

Punto A de partida:
Latitud L = 27° 22’ Sur, Longitud M = 70°35
x = 718,63 E
Punto 1 y = 3996,18 N

x
Y sen 1’’
( )
2
Fór.: L’−L = − tanj. L. para la latitud
sen 1’’ 2 sen 1’’

Latitud Longitud

x I
Fór.: M’−M =
log. y = 3.601,6363 sen 1’’ cos L’

1
log. = + 8.511,7348 log. x = 2.856,5053
sen 1’’
y 1
log. = 2.1133711 log. = 8.509,4070
sen 1’’ ’ sen 1’’

x
N.° 129” 89 = 2’ 9” 89 log. = 1.365,9123
’ sen 1’’

-266-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 266 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

L = 27°21’ Ct. log. cos L’ = 0,0514049


− 2’9”89 log. (M”−M) = 1,4173172
L’ = 27°19’50” 11 N° 26” 14

Coordenadas para el punto 1 L = latitud.

Latitud = 27°19’50” 11 L’ = Latitud por determinar


Longitud = 70°34’33” 86 M = Longitud conocida
M’ = Longitud por determinar
M = 70°35’00”
– 26” 14
M = 70°34’33” 86
−x = 1.379,43
Punto 4....
−y = 864,57

Latitud Longitud
log. y = 2.936,8002 log. x = 3.139,6902

1 1
log. = 8.511,7348 log. = 8.509,4070
sen 1’’ ’ sen 1’’
y x
log. = 1.448,3550 log. = 1.549,0972
sen 1’’ ’ sen 1’’
N.° 28” 08 Ct. log. cos L’ = 0,0516725
L = 27° 22’ log. (M’ – M) = 1,7010697
L’ = 27° 22’ 28” 08
N° 50” 24
M = 70°35’
Coordenadas para el punto 4 M’ = 70°35’50” 24
Latitud = 27°22’28” 08
Longitud = 70°35’50” 24
+ x = 2.404,08
Punto 6....
+ y = 1.720,13
Latitud Longitud
log. y = 3.235,5537 log. x = 3.380,9345
1 1
log. = 8.511,7348 log. = 8.509,4070
sen 1’’ ’ sen 1’’
y x
log. = 1.747,2885 log. = 1.890,3415
sen 1’’ ’ sen 1’’
N° 55” 88 Ct. log. cos. L’ = 0,0514811
log. (M’ - M) = 1.941,8226
N° 87” 46 = 1’27” 46
Coordenadas para el punto 6 M = 70°35’00”
Latitud =27°21’ 4” 12 1’27” 46
Longitud =70°33’32” 54 M’ = 70°33’32” 54

-267-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 267 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

El registro de todos los puntos ligados por la red de triángulos, cuyo número
excede de quinientos, comprendía lo siguiente:
En la primera columna el número de orden de los vértices o puntos diversos
del cánevas y en la última los nombres propios de los mismos, introduciéndose la
pa­labra lindero en cada uno de ellos donde se ha construido señal geodesia.
En la segunda se anotan las designaciones geométricas de los lados de los
trián­gulos.
En la tercera el valor de estos lados en metros.
En la cuarta las direcciones astronómicas de los lados para la determinación de
las distancias a la perpendicular y el meridiano.
En la quinta, dividida en 3 columnas, van los tres vértices de cada triángulo.
En la sexta están calculadas las coordenadas parciales de cada punto.
En la séptima se anotan las abcisas y ordenadas referidas al punto origen en el
extremo oriental A de la base fundamental.
En la octava y novena figura el cálculo de las latitudes y longitudes geográficas
sur del Ecuador y oeste Greenwich.
En la décima se expresan las longitudes con relación al meridiano astronómico
que pasa por el punto A, extremo de la base, por cuanto esos datos son de interés
para los exploradores y mineros que viajan por el desierto.
Omitiremos la reproducción íntegra del anterior registro tal como ya fue publi-
cada en la Revista de la Dirección de Obras Públicas en enero de 1890, reduciéndolo a
los datos esenciales que pueden servir en la práctica y que se reducen a las colum-
nas 1a, 7a, 8a, 9a y 10a.

-268-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 268 26-09-12 13:20


Desierto y cordilleras de Atacama.indb 269 26-09-12 13:20
Oasis de Niebla Patache. Tarapacá. Pablo Osses, archivo particular.

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 270 26-09-12 13:20


Parte del registro general de la triangulación

Base medida en Copiapó sobre los rieles del Ferrocarril (A B) = 2.000 metros. Dirección de A B desde A astronómica = 311º45’22’’5
Dirección magnética = N. 48º14’37’’5 O

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 271


Coordenadas generales
respecto al punto A, Copiapó
Latitud sur Longitud al O Longitud Observaciones

Vértices
Longitudes Latitudes de Greenwich referida a Copiapó
x y
metros metros

0 27º21’33’’50 70º21’22’’50 0º00’00’’ – Copiapó (extremo A de la base).


1 + 718,63 + 3.996,18 Lindero cerro Chanchoquín.
4 − 1.379,43 − 864,57 Lindero frente a máquina de Gallo.

-271-
6 + 2.404,08 + 1.720,13 Lindero minas de Chanchoquín.
7 + 12.269,97 − 5.554,06 27º24’33’’75 70º13’55’’82 0º07’26’’65 E Lindero Ladrillos.
8 + 4.558,71 − 9.492,05 27º26’41’’77 70º18’36’’51 0º02’45’’99 E Lindero Cantera.
10 − 4.720,28 − 10.325,52 27º27’08’’98 70º24’14’’39 0º02’51’’89 O Lindero Jesús María.
12 + 3.478,74 + 2.482,98 27º20’12’’84 70º19’15’’96 0º02’06’’54 E Lindero alto de Chanchoquín.
13 + 25.348,72 − 17.499,00 27º31’01’’20 70º05’58’’86 0º15’23’’64 E Lindero cerro Checo.
14 + 7.328,82 − 1.870,47 27º22’34’’20 70º16’15’’80 0º04’26’’70 E Lindero cerro Capiz.
levantamiento del mapa geográfico

15 + 30.552,42 − 7.478,23 27º25’35’’24 70º02’50’’17 0º18’32’’33 E Lindero cerro Potrillo.


17 − 2.516,48 − 20.967,30 27º32’54’’71 70º22’54’’21 0º01’31’’71 O Lindero cerro Pintadas.
18 + 9.646,02 + 16.947,28 27º12’22’’01 70º15’32’’01 0º05’50’’49 E Lindero cerro Ustaris.
20 − 18.776,88 + 13.567,58 27º14’13’’06 70º32’44’’95 0º11’23’’45 O Lindero cerro frente a Ramadilla.
21 + 4.037,92 − 43.752,35 27º45’14’’99 70º20’44’’60 0º00’37’’90 E Lindero morro Chañarcillo.
22 + 23.876,04 − 30.713,05 27º38’10’’60 70º06’51’’57 0º14’30’’93 E Lindero cerro La Plata.
23 + 43.776,34 − 27.717,23 27º36’31’’51 69º54’46’’07 0º26’36’’43 E Lindero cerro Carrizalillo.
24 + 48.766,04 − 51.723,95 27º49’30’’88 69º51’40’’57 0º29’41’’93 E Lindero cerro Leones.

26-09-12 13:20
Coordenadas generales
respecto al punto A, Copiapó
Latitud sur Longitud al O Longitud Observaciones

Vértices
Longitudes Latitudes de Greenwich referida a Copiapó
x y
metros metros

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 272


26 + 31.421,74 − 44.541,68 27º45’39’’35 70º02’15’’02 0º19’07’’48 E Lindero cerro Lomas Bayas.
28 + 37.085,44 − 56.923,09 27º52’21’’10 69º58’46’’80 0º22’35’’70 E Lindero cerro Calquis.
30 + 44.269,92 − 46.461,74 27º46’40’’46 69º54’25’’57 0º26’56’’93 E Lindero cerro Romero Cabeza de Vaca.
31 + 22.363,24 − 76.525,05 28º03’01’’39 70º07’43’’64 0º13’38’’86 E Punto en cerro Blanco.
32 + 45.627,30 − 80.773,95 28º05’15’’08 69º53’31’’21 0º27’51’’29 E Lindero cerro Estancilla.
33 + 60.629,23 − 65.674,95 27º57’02’’44 69º44’24’’52 0º36’57’’98 E Lindero cerro Las Maulas.
36 + 68.997,94 − 50.862,23 27º48’59’’76 69º39’21’’49 0º42’01’’02 E Lindero cerro Las Maulas.
37 + 70.313,61 − 36.939,65 27º41’27’’18 69º38’36’’39 0º42’46’’11 E Lindero cerro Cárdenas.
38 + 61.616,92 + 9.764,76 27º16’21’’22 69º44’02’’30 0º37’20’’20 E Lindero cerro La Ternera.

-272-
39 + 80.457,16 − 14.886,99 27º29’28’’69 69º32’31’’53 0º48’50’’97 E Lindero cerro Salitrosa de San Miguel.
40 + 76.019,26 − 25.579,18 27º35’16’’98 69º35’10’’76 0º46’11’’74 E Lindero cerro Gato o Ponchito.
42 + 91.705,51 − 47.778,08 27º47’14’’77 69º25’32’’57 0º55’49’’93 E Lindero cerro Cadillal.
46 + 120.064,02 + 5.228,86 27º19’02’’50 69º08’35’’58 1º12’46’’92 E Lindero cerro del Azufre.
49 + 100.253,36 − 16.616,03 27º30’20’’18 69º20’29’’90 1º00’52’’60 E Lindero cerro Paredones.
desierto y cordilleras de atacama

50 + 80.190,11 − 61.50 ,98 27º54’45’’82 69º32’29’’96 0º48’52’’51 E Lindero cerro Plaza.


52 + 101.809,11 − 66.493,80 27º57’20’’28 69º19’17’’87 1º02’04’’63 E Lindero cerro N. de Pircas Negras.
54 + 92.195,82 + 13.941,47 27º14’11’’68 69º25’31’’63 0º55’50’’87 E Lindero cerro Tronquitos.
55 + 101.946,35 − 3.497,13 27º23’13’’51 69º19’32’’21 1º01’50’’29 E Lindero cerro Monardes.
56 + 114.252,62 + 18.954,90 27º11’34’’76 69º12’11’’59 1º09’10’’97 E Lindero cerro Lastillitoz.
57 + 112.728,22 + 38.478,57 27º00’59’’99 69º13’13’’42 1º08’09’’08 E Lindero cerro Ojo de Maricunga.
62 + 54.643,07 + 34.156,86 27º03’07’’67 69º48’19’’77 0º33’02’’73 E Lindero cerro Fraga.
63 + 138.863,42 + 43.797,16 26º58’15’’80 68º57’27’’44 1º23’55’’06 E Lindero cerro Colorado de Maricunga.
64 + 129.303,72 + 21.987,97 27º10’01’’02 69º03’05’’87 1º18’16’’63 E Lindero cerro Pastillos.
65 + 130.908,62 + 61.218,87 26º48’46’’97 69º02’22’’51 1º18’59’’99 E Lindero cerro La Sal.

26-09-12 13:20
Coordenadas generales
respecto al punto A, Copiapó
Latitud sur Longitud al O Longitud Observaciones

Vértices
Longitudes Latitudes de Greenwich referida a Copiapó
x y

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 273


metros metros

66 + 140.960,52 + 9.645,87 27º16’46’’13 68º55’57’’29 1º25’25’’21 E Lindero cerro Ciénega Redonda.


67’ + 149.347,92 + 7.337,27 27º18’04’’33 68º50’51’’26 1º30’31’’24 E Lindero cerro Patos.
68 + 125.970,45 + 72.657,67 26º42’33’’67 69º05’25’’47 1º15’57’’03 E Lindero cerro Pastos Largos.
69 + 115.350,06 + 54.872,67 26º52’08’’13 69º11’43’’80 1º09’38’’70 E Lindero cerro Codoceo.
70 + 110.545,13 + 59.356,37 26º49’41’’04 69º14’39’’31 1º06’43’’19 E Lindero cerro Coipa.
71 + 143.666,92 + 23.223,18 27º09’26’’02 68º54’24’’61 1º26’57’’89 E Lindero cerro Tres Cruces.
72 + 106.043,20 + 75.396,07 26º40’58’’65 69º17’27’’24 1º03’55’’26 E Punta O. cerro Bravo.
72’ + 109.388,18 + 76.676,77 26º40’17’’98 69º15’26’’65 1º05’55’’85 E Punta E. de cerro Bravo.
73 + 96.916,52 + 45.036,96 26º57’22’’57 69º22’48’’86 0º38’33’’64 E Lindero cerro Huanaca.

-273-
74 + 123.317,54 + 40.682,17 26º59’51’’68 69º06’50’’06 1º14’32’’44 E Casa de Borateras Maricunga.
76 + 72.229,57 + 66.472,34 26º45’40’’67 69º37’48’’35 0º43’34’’15 E Lindero cerro Pingo.
77 + 75.855,00 + 84.971,08 26º35’40’’36 69º35’41’’16 0º45’41’’33 E Lindero cerro Vicuña.
78 + 92.889,80 + 71.851,18 26º42’50’’39 69º25’22’’04 0º56’00’’46 E Lindero cerro Valiente.
81 + 133.557,62 − 18.462,64 27º31’09’’98 69º00’15’’89 1º21’06’’61 E Lindero cerro Dos Hermanas.
83 + 121.590,77 − 28.213,84 27º36’30’’79 69º07’28’’35 1º13’54’’15 E Cerro Bayo al E. laguna Negro Franco.
86 + 115.822,42 + 73.833,87 26º41’52’’14 69º11’33’’01 1º09’49’’49 E Lindero al E. en cerro Bravo.
levantamiento del mapa geográfico

87 + 125.415,88 + 86.410,87 26º35’06’’65 69º05’50’’46 1º15’32’’04 E Lindero cerro La Ola.


89 + 149.089,88 + 104.529,27 26º25’26’’50 68º51’42’’53 1º29’39’’97 E Lindero cerro Leoncito.
96 + 129.047,21 + 91.165,29 26º32’33’’39 69º03’40’’97 1º17’41’’53 E Campamento La Ola.
97 + 128.316,10 + 107.061,56 26º23’56’’68 69º04’13’’16 1º17’09’’34 E Lindero cerro cenizo llano Pedernales.
98 + 122.200,00 + 143.479,76 26º04’11’’47 69º08’06’’28 1º13’16’’22 E Lindero cerro Gemelas.
99 + 134.422,24 + 133.545,36 26º09’38’’33 69º00’42’’82 1º20’39’’68 E Lindero cerro al norte de Agua Helada.
100 + 157.950,25 + 89.967,56 26º33’23’’17 68º46’16’’23 1º35’06’’27 E Punta alta cerro Juncalito.
103 + 202.865,80 + 125.703,26 26º14’23’’36 68º19’33’’64 2º01’48’’86 E Puntos desconocidos de la cordillera.

26-09-12 13:20
Coordenadas generales
respecto al punto A, Copiapó
Latitud sur Longitud al O Longitud Observaciones

Vértices
Longitudes Latitudes de Greenwich referida a Copiapó
x y
metros metros

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 274


104 + 181.548,30 + 138.420,80 26º07’19’’44 68º32’28’’27 1º48’54’’23 E Puntos desconocidos de la cordillera.
105 + 184.254,10 + 185.627,06 25º41’47’’03 68º31’14’’80 1º50’07’’70 E Puntos desconocidos de la cordillera.
106 + 104.539,90 + 151.126,56 25º59’57’’78 69º18’43’’88 1º02’38’’62 E Lindero N. de doña Inés Chica.
107 + 96.626,90 + 140.145,26 26º05’52’’47 69º23’25’’46 0º57’57’’04 E Lindero N. de doña Inés Chica.
108 + 108.028,80 + 104.785,98 26º25’04’’33 69º16’24’’44 1º04’58’’06 E Lindero cerro Pedernales.
109 + 142.620,40 + 148.911,21 26º01’22’’08 68º55’53’’70 1º25’28’’80 E Cerro al E. del 99.
110 + 133.183,50 + 163.390,46 25º53’28’’25 69º01’38’’42 1º19’44’’08 E Cerro N.E. del 99.
111 + 116.302,54 + 141.559,67 26º05’12’’00 69º11’37’’84 1º09’44’’66 E Punta sur de Doña Inés.
112 + 30.479,65 + 30.049,97 27º05’18’’40 70º02’56’’18 0º18’26’’32 E Lindero cerro Cachiyuyo.

-274-
113 + 46.014,72 − 300,89 27º21’40’’50 69º58’28’’21 0º27’54’’29 E Garín Viejo.
114 + 41.107,72 + 4.223,27 27º19’18’’51 09º56’25’’11 0º24’57’’39 E Garín Nuevo.
115 − 39.396,62 + 49.285,50 Buena Esperanza del Chimbero.
116 − 8.761,05 + 50.622,67 26º54’08’’89 70º26’39’’97 0º05’17’’47 O Lindero cerro Morado.
117 − 20.453,57 + 35.329,98 27º02’26’’10 70º33’44’’59 0º12’22’’09 O Lindero cerro Algarrobo.
desierto y cordilleras de atacama

118 − 35.212,78 + 22.442,10 27º09’25’’99 70º42’41’’40 0º21’18’’90 O Lindero cerro mineral de Roco.
119 − 40.802,48 + 34.302,90 27º03’01’’10 70º46’04’’00 0º24’41’’50 O Lindero cerro morrito al N. de Caldera.
120 − 47.270,98 + 31.968,90 27º04’17’’77 70º49’58’’04 0º28’35’’54 O Iglesia de Caldera.
121 − 50.206,38 + 33.834,30 07º03’17’’54 70º51’44’’29 0º30’21’’79 O Faro de Caldera.
122 + 26.839,45 + 7.985,47 26º46’35’’67 70º05’11’’59 0º16’10’’91 E Lindero cerro del Chivato.
123 + 37.604,14 + 56.983,37 26º50’44’’00 69º58’40’’52 0º22’41’’98 E Lindero cerro Tres Puntas.
124 + 6.723,74 + 55.812,06 26º51’20’’26 70º17’18’’95 0º04’03’’55 E Lindero cerro de San Juan.
125 + 50.285,74 + 72.647,27 26º42’16’’53 69º51’03’’47 0º30’10’’03 E Lindero cerro 2 de Finca.
126 + 35.648,01 + 82.437,75 26º36’56’’79 69º59’53’’98 0º21’28’’52 E Lindero cerro Angostura.
127 + 13.873,25 + 110.219,17 26º21’52’’78 70º13’02’’14 0º08’20’’36 E Lindero cerro del Carmen.

26-09-12 13:20
Coordenadas generales
respecto al punto A, Copiapó
Latitud sur Longitud al O Longitud Observaciones

Vértices
Longitudes Latitudes de Greenwich referida a Copiapó
x y

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 275


Metros Metros

128 − 11.811,85 + 94.146,17 26º30’34’’91 70º28’29’’05 0º07’06’’55 O Lindero cerro Las Ánimas.
129 + 50.387,35 + 91.782,47 26º31’54’’83 69º51’02’’55 0º30’19’’95 E Lindero cerro Caballo Muerto Sur.
130 − 47.436,61 + 81.096,06 26º37’41’’66 69º52’47’’69 0º28’34’’81 E Lindero cerro Finca Chañaral.
131 + 866,15 + 70.846,41 26º43’11’’73 70º20’51’’17 0º00’31’’33 E Lindero cerro Salitrosa.
132 + 26.509,23 + 94.840,87 26º30’13’’08 70º05’25’’24 0º15’57’’26 E Lindero cerro Chañarcito.
133 − 15.633,15 + 55.837,47 26º51’19’’69 70º30’48’’76 0º09’26’’26 O Lindero cerro Moradito.
134 − 14.042,91 + 116.346,07 26º18’33’’73 70º29’48’’74 0º08’26’’24 O Lindero cerro Portezuelos Blancos.
135 − 28.087,85 + 107.624,07 26º23’17’’87 70º38’15’’74 0º16’53’’26 O Lindero cerro Paso Malo.
136 − 34.858,70 + 76.775,62 26º40’00’’70 70º42’23’’05 0º21’00’’55 O Lindero cerro Obispo.

-275-
137 − 9.679,65 + 137.065,57 26º07’20’’42 70º27’10’’89 0º05’48’’38 O Lindero cerro Minillas.
138 + 41.278,06 + 92.042,47 26º31’45’’31 69º56’31’’60 0º24’50’’90 E Lindero cerro Islote.
139 + 29.820,76 + 100.467,23 26º27’10’’53 70º03’26’’14 0º17’56’’36 E Lindero cerro Santo Domingo.
140 + 32.945,05 + 107.020,71 26º23’37’’87 70º01’33’’98 0º19’48’’52 E Bandera al N. del Pueblo Hundido.
141 + 30.816,36 + 113.922,20 26º19’53’’46 70º02’51’’37 0º18’31’’13 E Lindero N. del Manto Tres Gracias.
142 + 13.226,35 + 125.657,41 26º13’32’’18 70º13’26’’04 0º07’56’’46 E Lindero S. de la Florida.
143 + 16.414,41 + 132.056,91 26º10’03’’38 70º11’31’’49 0º09’51’’01 E Lindero N. de la Florida.
levantamiento del mapa geográfico

144 + 30.462,95 + 132.170,59 26º10’00’’55 70º03’05’’67 0º18’16’’83 E Lindero al N. del 141.


145 + 8.981,76 + 132.920,20 26º09’35’’09 70º15’59’’13 0º05’23’’37 E Lindero cerro Negro.
146 + 9.802,77 + 143.205,48 26º04’00’’95 70º15’29’’85 0º05’52’’65 E Lindero sierra Pastenes.
147 + 5.761,85 + 138.643,85 26º06’29’’07 70º17’55’’15 0º03’27’’35 E Lindero sierra Pastenes.
148 + 2.514,82 + 148.135,16 26º01’20’’67 70º19’52’’07 0º01’30’’43 E Chimenea en Carrizalillo.
149 + 15.614,72 + 157.005,40 25º56’32’’78 70º12’01’’36 0º09’21’’14 E Lindero al N. de quebrada Carrizalillo.
150 − 10.865,35 + 150.634,17 25º59’59’’61 70º27’53’’15 0º06’30’’65 O Lindero cerro Las Bombas.
151 − 20.360,69 + 144.830,60 26º03’08’’56 70º33’34’’87 0º12’12’’37 O Lindero cerro Quinchihue.

26-09-12 13:20
Coordenadas generales
respecto al punto A, Copiapó
Latitud sur Longitud al O Longitud Observaciones

Vértices
Longitudes Latitudes de Greenwich referida a Copiapó
x y
Metros Metros

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 276


150 − 10.865,35 + 150.634,17 25º59’59’’61 70º27’53’’15 0º06’30’’65 O Lindero cerro Las Bombas.
151 − 20.360,69 + 144.830,60 26º03’08’’56 70º33’34’’87 0º12’12’’37 O Lindero cerro Quinchihue.
152 − 22.457,55 + 150.964,71 25º59’49’’39 70º34’49’’92 0º13’27’’42 O Lindero sierra Cachina.
153 − 22.810,35 + 167.287,17 25º50’59’’10 70º35’01’’57 0º13’39’’07 O Lindero mineral Esmeralda.
154 + 4.076,20 + 188.409,05 25º39’32’’19 70º18’56’’37 0º02’26’’13 E Lindero cerro Pingo.
155 − 17.108,54 + 158.534,30 25º41’15’’76 70º31’35’’98 0º10’13’’48 E Lindero cerro Mantos de Agua.
156 + 21.958,90 + 154.275,35 25º58’01’’79 70º08’13’’21 0º13’09’’29 E Lindero cerro San Cristóbal.
157 + 22.809,93 + 167.844,15 25º50’04’’10 70º07’43’’47 0º13’39’’03 E Lindero sierra Overa.
158 + 35.721,80 + 171.683,15 25º48’37’’26 70º00’00’’22 0º21’22’’28 E Lindero sierra Overa.

-276-
159 + 43.068,20 + 161.972,41 25º53’53’’52 69º53’35’’36 0º25’47’’14 E Lindero cerro Negro al este del 158.
160 + 28.935,75 + 158.350,35 25º55’49’’86 70º04’02’’76 0º17’19’’74 E Malacate mina Colmos.
161 + 45.686,53 + 175.125,61 25º46’46’’48 69º54’02’’95 0º27’19’’55 E Lindero en cerro Pardo al O. del 168.
162 + 53.756,14 + 169.878,67 25º49’38’’00 69º49’12’’58 0º32’09’’92 E Lindero bajo en cerro Huanaco.
163 + 46.611,39 + 156.141,47 25º57’03’’37 69º53’27’’33 0º27’55’’17 E Lindero cerro del Toro.
desierto y cordilleras de atacama

164 + 53.664,16 + 163.336,19 25º53’10’’55 69º49’14’’92 0º32’07’’58 E Lindero agua de la Brea.


166 + 177.527,89 + 177.871,67 25º45’21’’80 69º36’48’’44 0º44’34’’06 E Lindero cerro de la Pólvora.
167 + 38.588,39 + 184.029,71 25º41’56’’41 69º58’18’’62 0º23’03’’88 E Lindero al N. de sierra Overa.
168 + 54.073,09 + 171.520,59 25º48’44’’70 69º49’01’’44 0º32’21’’06 E Lindero alto en cerro Huanaco.
169 + 69.679,95 + 192.430,19 25º37’27’’89 69º39’45’’15 0º41’37’’35 E Lindero cerro Negro al N.O. de la pólvora.
170 + 93.898,99 + 183.565,67 25º42’21’’08 69º25’14’’83 0º56’07’’67 E Lindero mineral del Juncal.
171 + 102.800,80 + 168.700,00 25º50’26’’35 69º19’51’’38 1º01’31’’12 E Lindero Exploradora.
172 + 106.588,55 + 165.302,12 25º52’17’’77 69º17’35’’25 1º03’40’’25 E Lindero Exploradora.
173 + 116.362,95 + 141.705,27 26º05’07’’29 69º11’35’’71 1º09’46’’79 E Punta N. Doña Inés.
174 + 51.311,99 + 206.480,47 25º29’48’’48 69º50’45’’42 0º30’37’’08 E Lindero cerro La Peineta.

26-09-12 13:20
Coordenadas generales
respecto al punto A, Copiapó
Latitud sur Longitud al O Longitud Observaciones

Vértices
Longitudes Latitudes de Greenwich referida a Copiapó
x y

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 277


metros metros

175 + 85.679,95 + 160.208,37 25º54’58’’01 69º30’04’’14 0º51’18’’36 E Lindero cerro Agua del Carrizo.
176 + 79.763,55 + 123.167,57 26º15’00’’17 69º33’28’’52 0º47’53’’98 E Lindero cerro Indio Muerto.
177 + 76.033,91 + 133.597,57 26º09’20’’54 69º35’45’’13 0º45’37’’37 E Lindero sierra Miranda.
178 + 111.632,59 + 187.811,30 25º40’07’’91 69º14’40’’06 1º06’42’’44 E Lindero cerro Agua de la Piedra.
179 + 89.666,57 + 208.118,47 25º29’02’’36 69º27’52’’58 0º53’29’’92 E Lindero al O. de Santa Ana.
180 + 110.479,39 + 197.859,27 25º34’41’’12 69º15’24’’41 1º05’58’’09 E Lindero al N. del 178.
181 + 100.838,94 + 199.948,27 25º33’30’’59 69º21’10’’39 1º00’12’’11 E Lindero Morro Inca-Huasi.
182 + 105.134,19 + 206.598,27 25º29’55’’69 69º18’38’’40 1º02’44’’10 E Lindero minas Inca-Huasi.
183 + 94.294,04 + 189.491,84 25º39’08’’64 69º25’02’’18 0º56’20’’32 E Lindero N. mineral Juncal.

-277-
184 + 124.442,29 + 174.187,60 25º47’34’’50 69º06’56’’13 1º14’26’’37 E Lindero cerro Bolzón.
185 + 126.901,99 + 196.318,88 25º35’36’’28 69º05’35’’47 1º15’47’’03 E Lindero anticlinal entre 184 y 186.
186 + 130.080,79 + 211.928,40 25º27’10’’20 69º03’47’’02 1º17’35’’48 E Lindero nacimiento Chaco.
187 + 98.612,48 + 217.430,00 25º24’02’’03 69º22’34’’77 0º58’47’’73 E Lindero al O. de mina Buena Esperanza.
188 + 83.517,90 + 236.833,47 25º13’28’’02 69º31’39’’11 0º49’43’’39 E Lindero cerro Las Pilas.
189 + 110.956,06 + 243.152,57 25º10’09’’70 69º15’20’’76 1º06’01’’74 E Lindero Los Sapos.
190 + 61.172,90 + 229.251,97 25º17’30’’11 69º44’56’’10 0º36’26’’40 E Lindero La Ballena.
levantamiento del mapa geográfico

191 + 78.816,82 + 245.437,00 25º08’47’’49 69º34’28’’83 0º46’53’’67 E Chimenea Beneficiadora Cachinal.


192 + 66.034,90 + 219.062,67 25º23’01’’96 69º42’00’’52 0º39’21’’98 E Lindero cerro La Isla.
193 + 68.915,62 + 221.565,78 25º21’41’’15 69º40’17’’94 0º41’04’’56 E Pique Germania.
194 + 37.031,71 + 209.036,97 25º28’23’’77 69º59’16’’95 0º22’05’’55 E Lindero cerro Cachiyuyal.
195 + 50.880,69 + 219.089,51 25º22’58’’77 69º51’02’’58 0º30’19’’92 E Lindero cerro al S. del Refresco.
196 + 51.728,11 + 225.284,37 25º19’37’’61 69º50’33’’13 0º30’49’’37 E Chimenea Bella Vista inmediata al Refresco.
197 + 147.589,97 + 80.980,47 26º38’11’’01 68º52’26’’79 1º28’55’’71 E Lindero al S. del 89.
198 + 160.116,48 + 60.702,58 26º49’14’’88 68º44’44’’54 1º36’37’’96 E Lindero cerro Weelwright.

26-09-12 13:20
Coordenadas generales
respecto al punto A, Copiapó
Latitud sur Longitud al O Longitud Observaciones

Vértices
Longitudes Latitudes de Greenwich referida a Copiapó
x y
metros metros

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 278


199 + 168.282,14 + 79.502,17 26º39’07’’60 68º39’57’’88 1º41’24’’62 E Lindero en puntita aguda al E. del río Juncalito.
200 + 173.384,38 + 62.713,11 26º48’15’’35 68º36’45’’01 1º44’37’’49 E Punta cónica al N. en cordón del 198.
201 + 185.621,78 + 82.476,47 26º37’39’’01 68º29’32’’37 1º51’50’’13 E Cerro Colorado al E. del 199.
202 + 197.252,58 + 79.204,47 26º39’31’’14 68º32’29’’98 1º58’52’’52 E Cerro Negro nevado al E. del 199.
203 + 203.013,58 + 34.887,77 27º03’33’’99 68º18’35’’62 2º02’46’’88 E Punta alto en cerro San Francisco.
204 + 150.893,67 + 118.174,17 26º18’03’’90 68º50’43’’23 1º30’39’’27 E Lindero cerro Panteón de Aliste.
205 + 151.977,69 + 129.962,97 26º11’41’’31 68º50’09’’16 1º31’13’’34 E Lindero cerro Colorado al N. de 204.
206 + 170.252,58 + 117.211,57 26º18’43’’32 68º39’04’’82 1º42’17’’68 E Lindero cerro Laguna Brava.
207 + 187.028,78 + 144.045,47 26º04’19’’35 68º29’13’’90 1º52’08’’60 E Puntilla N. cerro Colorado al N. 206.

-278-
208 + 202.945,18 + 125.638,07 26º14’24’’06 68º19’30’’77 2º01’51’’73 E Cerro cónico al S. del 211.
209 + 168.531,62 + 103.139,07 26º26’19’’76 68º40’00’’19 1º41’22’’31 E Lindero cerro Plomizo al S. del 206.
210 + 188.049,38 + 102.964,97 26º26’34’’54 68º28’15’’55 1º53’06’’95 E Lindero cerro Colorado al N. del 203.
211 + 195.596,08 + 130.373,37 26º11’47’’84 68º23’58’’17 1º57’24’’33 E Lindero cerro Los Colorados.
212 + 177.782,98 + 149.191,97 26º01’27’’73 68º34’40’’13 1º46’33’’37 E Lindero cerro Colorado O. vega. León Muerto.
desierto y cordilleras de atacama

213 + 211.736,18 + 189.687,67 25º39’49’’36 68º14’51’’29 2º06’31’’21 E Lindero cerro Quebrada Honda.
214 + 244.706,58 + 194.370,27 25º37’36’’93 67º55’11’’94 2º26’10’’56 E Lindero cerro Volcán de Antofaya.
215 + 226.770,68 + 209.610,97 25º29’10’’69 68º06’04’’32 2º15’18’’18 E Lindero cerro Achibarca.
216 + 177.813,18 + 210.588,97 25º28’12’’97 68º35’17’’80 1º46’04’’70 E Lindero cerro nevado al O. Ag. Caliente.
217 + 278.951,88 + 171.495,57 25º50’23’’61 67º34’26’’63 2º46’55’’87 E Lindero cerro Hachi.
218 + 255.333,08 + 207.055,97 25º30’51’’75 67º48’59’’68 2º32’22’’82 E Lindero cerro de Onas.
219 + 310.677,98 + 188.987,27 25º41’19’’82 67º15’41’’67 3º05’40’’83 E Puntita alta con nieve cerro Mojones.
221 + 271.421,48 + 199.633,89 25º35’03’’98 67º39’17’’91 2º42’04’’59 E Puntita S. cerro Agua Negra.
216’ + 177.137,06 + 214.707,57 Lindero al N. del Agua caliente.
222 + 183.556,96 + 291.922,97 24º44’14’’18 68º32’31’’49 1º48’51’’01 E Punta Alta cerro Llullaillaco.

26-09-12 13:20
Coordenadas generales
respecto al punto A, Copiapó
Latitud sur Longitud al O Longitud Observaciones

Vértices
Longitudes Latitudes de Greenwich referida a Copiapó
x y

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 279


metros metros

223 + 125.778,36 + 253.495,95 25º04’38’’25 69º06’34’’91 1º14’47’’59 E Lindero barranca Rio Frío.
224 + 132.049,66 + 212.124,07 25º27’04’’53 69º02’36’’62 1º18’45’’88 E Punta alta cerro Chaco.
225 + 147.448,06 + 219.426,77 25º23’12’’89 68º53’28’’35 1º27’54’’15 E Cerro N.E. del 224.
226 + 160.451,96 + 230.447,47 25º17’20’’18 68º45’47’’85 1º35’34’’65 E Cerro al N.E. del 225.
227 + 181.896,26 + 227.522,87 25º19’04’’73 68º32’59’’87 1º48’22’’63 E Cerro Bayo al S. del 228.
228 + 185.117,76 + 255.035,07 25º04’12’’40 68º31’18’’15 1º50’04’’35 E Cerro Volcán Lastarria.
229 + 124.667,26 + 275.836,77 24º52’32’’04 69º07’21’’84 1º14’00’’66 E Lindero S. sierra Varas.
230 + 120.468,61 + 289.763,77 24º44’58’’22 69º09’55’’04 1º11’27’’46 E Lindero N. sierra Varas.
231 + 179.802,21 + 301.337,67 24º39’04’’51 68º34’49’’47 1º46’33’’03 E Lindero cerro Chuculai.

-279-
232 + 99.941,66 + 290.266,77 24º44’35’’94 69º22’06’’38 0º59’16’’12 E Lindero cerro La Chilca.
233 + 26.570,46 + 351.132,17 24º11’26’’32 70º05’41’’21 0º15’41’’29 E Punta S. cerro Aguas Blancas.
234 + 170.707,56 + 334.817,97 24º20’53’’57 68º40’27’’46 1º40’55’’04 E Lindero cerro Pajonales.
235 + 143.119,96 + 353.354,07 24º10’40’’03 68º56’52’’80 1º24’29’’70 E Lindero cerro Imilac.
236 + 208.872,46 + 323.570,77 24º27’17’’97 68º17’47’’44 2º03’35’’06 E Punta alta cerro Socompa.
237 + 222.095,16 + 340.942,57 24º18’01’’01 68º10’07’’70 2º11’14’’80 E Punta alta cerro Pajonales N. del 236.
238 + 259.746,36 + 387.109,07 23º53’24’’87 67º48’22’’15 2º33’00’’35 E Punta cónica cerro Miniques.
levantamiento del mapa geográfico

239 + 167.380,73 + 467.518,97 23º09’00’’72 68º43’19’’84 1º38’02’’66 E Lindero cerro Quimal.


241 + 197.160,56 + 389.791,57 23º51’20’’26 68º25’16’’02 1º56’06’’48 E Lindero cerro Lila.
242 + 236.794,96 + 374.119,27 24º00’12’’27 68º01’45’’98 2º19’36’’52 E Lindero cerro Toloncha.
243 + 177.314,56 + 601.559,57 21º56’40’’09 68º26’48’’13 1º54’34’’37 E Cerro nevado al N. de San Pedro.
244 + 203.394,63 + 595.467,57 22º00’01’’22 68º23’13’’51 1º58’08’’99 E Cerro tronco cónico nevado S. E. 243.
245 + 213.959,36 + 582.340,57 22º07’13’’46 68º16’58’’97 2º04’23’’53 E Cerro nevado al S.E. del 244.
246 + 226.399,06 + 573.416,57 22º12’10’’60 68º09’40’’39 2º11’42’’10 E Punta alta E. cerro nevado S.E. 245.
247 + 249.976,06 + 537.638,57 22º31’47’’72 67º55’36’’96 2º25’45’’54 E Punta alta cerro Chaxar al N.O. Licancaur.

26-09-12 13:20
Coordenadas generales
respecto al punto A, Copiapó
Latitud sur Longitud al O Longitud Observaciones

Vértices
Longitudes Latitudes de Greenwich referida a Copiapó
x y
metros metros

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 280


248 + 254.059,16 + 494.452,47 22º55’13’’50 67º52’48’’70 2º28’33’’80 E Cerro grueso al E. Licancaur.
249 + 252.381,26 + 438.034,37 23º25’45’’39 67º53’13’’84 2º28’08’’66 E Punta alta cerro Onar.
250 + 269.195,96 + 411.117,97 23º40’31’’38 67º43’03’’87 2º38’18’’63 E Punta cónica N. cerro al N.E. de 254.
251 + 263.735,16 + 402.762,47 23º44’59’’04 67º46’11’’25 2º35’11’’25 E Cerro Ipira o Miscanti.
252 + 254.585,56 + 426.528,17 23°32’00”69 67°51’49”12 2°29’33”38 E Cerro Tumiza.
253 + 259.088,06 + 415.954,27 23°37’47”26 67°49’03”72 2°32’18”78 E Cerro Negro.
254 + 165.820,36 + 413.563,47 23°39’09”59 67°45’04”61 2°36’17”89 E Cerro Chiliques.
255 + 272.292,86 + 402.270,77 23°45’21”12 67°41’08”67 2°40’13”83 E Punta cónica negra, c.º nev. sur 251.
256 + 209.575,43 + 522.546,77 22°39’33”73 68°19’03”50 2°02’19”00 E Lindero cerro Chuschul.

-280-
257 + 217.939,37 + 493.005,77 22°55’38”18 68°13’55”59 2°07’26”91 E Lindero barranca río Vilama.
258 + 212.869,82 + 488.211,16 22°58’11”11 68°16’51”13 2°04’31”37 E Lindero barranca río Vilama San Pedro.
259 + 216.229,38 + 488.385,03 22°58’07”34 68°14’53”28 2°06’29”22 E Bandera cuartel de San Pedro de A.
260 + 235.325,17 + 457.319,87 23°15’07”91 68°03’25”59 2°17’56”91 E Iglesia pueblo de Toconao.
261 + 248.527,28 + 496.225,25 23°54’12”26 67°56’03”89 2°25’18”61 E Volcán Licancaur.
desierto y cordilleras de atacama

262 + 253.051,68 + 494.638,77 22°55’06”77 67°53’24”17 2°27’58”33 E Punta N. volcán Juriques.


263 + 253.425,78 + 493.730,39 22°55’36”55 67°53’10”51 2°28’11”99 E Punta S. volcán Juriques.
264 + 250.621,48 + 470.718,33 23°08’02”35 67°54’35”37 2°26’47”13 E Lindero cerro Macón.
265 + 267.419,08 + 438.051,73 23°25’55”07 67°44’24”03 2°36’58”47 E Cerro Aguas Calientes.
266 + 261.699,98 + 437.707,23 23°26’02”30 67°47’45”32 2°33’37”18 E Cumbre volcán Lascar.
267 + 259.194,88 + 483.447,52 23°01’14”50 67°49’41”77 2°31’40”73 E Lindero cerro del Toco.
268 + 254.515,38 + 427.325,63 23°31’34”74 67°51’52”08 2°29’30”42 E Punta de los cerros de Tumiza.
269 + 272.034,09 + 450.750,83 23°19’05”74 67°41’49”71 2°39’32”79 E Cumbre del volcán Colachi.
270 + 260.501,06 + 451.878,33 23°18’21”07 67°48’36”40 2°32’46”10 E Punta N. cerro Pótor.
271 + 265.159,59 + 449.547,73 23°19’39”99 67°35’50”95 2°35’31”55 E Lindero cerro Pótor.

26-09-12 13:20
Coordenadas generales
respecto al punto A, Copiapó
Latitud sur Longitud al O Longitud Observaciones

Vértices
Longitudes Latitudes de Greenwich referida a Copiapó
x y

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 281


metros metros

272 + 274.586,89 + 445.177,93 23°22’08”64 67°40’16”18 2°41’06”32 E Cumbre id. Hécar.


273 + 261.426,09 + 429.888,63 23°30’16”14 67°47’50”04 2°33’32”46 E Pegote del cordon Túmbres.
274 + 265.416,29 + 465.768,06 23°10’53”17 67°45’52”16 2°35’30”34 E Punta S. alta cerro Putas.
275 + 249.007,62 + 496.370,02 22°54’07”89 67°55’47”12 2°25’35”38 E Punta Negra cerro Licancaur.
276 + 278.032,98 + 489.825,90 22°58’00”54 67°38’44”22 2°42’38”28 E Lindero cerro Aguas Calientes.
277 + 252.242,02 + 526.139,62 22°38’02”80 67°54’11”01 2°27’11”49 E Volcan solfataras cerro Putana.
278 + 267.941,47 + 437.644,52 23°26’08”67 67°44’05”37 2°37’17”13 E Punta N. cerro Ags. Calientes del Sur.
279 + 274.547,98 + 445.212,72 23°22’07”47 67°40’17”57 2°41’04”93 E Punta N. cerro al N. del Ags. Calientes del Sur.
280 + 281.366,38 + 504.163,02 22°50’17”17 67°36’56”60 2°44’25”91 E Lindero C. nacimiento río Guaiyaques.

-281-
281 + 331.560,68 + 456.428,51 23°16’48”34 67°06’58”33 3°14’24”17 E Punta alta al sur de Chajnantor.
282 + 305.216,88 + 506.513,26 22°49’19”14 67°23’01”56 2°58’20”94 E Lindero cerro nacimiento río Chajnantor.
283 + 337.973,88 + 513.585,10 22°45’56”97 67°03’57”98 3°17’24”52 E Nevado de Tinte.
284 + 342.044,68 + 482.609,52 23°02’46”99 67°01’10”49 3°20’12”01 E Nevado de San Pedro.
285 + 333.992,78 + 472.729,12 23°08’00”87 67°05’45”65 3°15’36”85 E Nevado de Poquis.
286 + 248.856,18 + 496.211,17 22°54’12”95 67°55’52”33 2°25’30”17 E Medio de cráter cerro Licancaur.
287 + 320.395,58 + 496.549,00 22°54’55”31 67°14’01”68 3°07’20”82 E Lindero cerro al O. de Sapaleri.
levantamiento del mapa geográfico

288 + 326.051,61 + 506.503,16 22°49’36”70 67°10’59”69 3°10’31”81 E Lindero cerro Sapaleri.


289 + 334.653,28 + 522.282,26 22°41’11”48 67°06’01”15 3°15’21”35 E Nevado al N. del 283.
290 + 329.067,38 + 532.546,66 22°35’33”14 67°09’24”68 3°11’57”82 E Nevado al N. del 289.
291 + 323.783,28 + 534.218,36 22°34’34”31 67°12’30”99 3°08’51”51 E Nevado al N. del 290 termina cordón.
292 + 341.247,48 + 503.382,36 22°51’31”37 67°01’55”09 3°19’27”41 E Lindero cerro al S. de Tinte.
293 + 332.426,68 + 501.010,05 22°52’40”67 67°07’02”79 3°14’19”71 E Lindero vega Sapaleri.
294 + 355.831,58 + 489.270,76 22°59’23”17 66°53’11”56 3°28’10”94 E Lindero cerro Lucho.
295 + 340.191,51 + 486.493,66 23°00’39”13 67°02’18”72 3°19’03”78 E Lindero cerro San Pedro.

26-09-12 13:20
Coordenadas generales
respecto al punto A, Copiapó
Latitud sur Longitud al O Longitud Observaciones

Vértices
Longitudes Latitudes de Greenwich referida a Copiapó
x y
metros metros

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 282


296 + 376.281,68 + 492.867,89 22°57’45”90 66°41’16”33 3°40’06”17 E Punta N. cerro Coyaguaima.
297 + 378.574,88 + 491.093,66 22°58’45”82 66°39’54”20 3°41’28”30 E Punta del medio cerro Coyaguaima.
298 + 380.255,38 + 489.692,26 22°59’33”03 66°38’53”93 3°42’28”57 E Punta S. del medio cerro Coyaguaima.
299 + 378.112,18 + 523.676,86 22°41’06”74 66°40’39”11 3°40’43”39 E Punta cerro Caucana.
300 + 386.349,38 + 523.452,46 22°41’22”29 66°35’50”17 3°45’32”33 E Punta cerro Granada.
301 + 381.043,18 + 513.153,86 22°46’51”55 66°38’47”10 3°42’35”40 E Lindero cerro Bayo.
302 + 376.405,28 + 495.273,93 22°56’27”86 66°41’14”10 3°40’08”40 E Lindero bajo cerro Coyaguaima.
303 + 376.488,08 + 494.213,00 22°57’02”41 66°41’10”27 3°40’12”23 E Lindero alto cerro Coyaguaima.
304 + 397.876,48 + 506.778,15 22°50’35”86 66°28’50”72 3°52’31”78 E Cerro del Galán.

-282-
305 + 404.482,98 + 499.004,76 22°54’55”37 66°24’51”53 3°56’30”97 E Cerro Cavalonga.
306 + 362.970,84 + 531.257,76 22°36’45”75 66°49’36”15 3°31’46”35 E Cerro del Queñual.
307 + 409.846,58 + 474.464,16 23°08’18”39 66°21’19”54 4°00’02”96 E Cerro Incahuasi, Morait o Coranzol 1.ª punta.
308 + 408.220,78 + 472.624,56 23°09’16”42 66°22’14”95 3°59’07”55 E Cerro N. Incahuasi, Morait o Coranzol 2.ª punta.
309 + 352.716,26 + 470.315,86 23°09’36”11 66°54’45”23 3°26’37”26 E Lindero cerro Lina.
desierto y cordilleras de atacama

310 + 389.005,36 + 442.782,06 23°25’05”94 66°33’03”19 3°48’19”31 E Lindero cerro Lares o Bávaro.
311 + 376.427,26 + 406.044,46 23°44’46”91 66°39’52”97 3°41’29”53 E Lindero cerro Hornillos.
312 + 402.812,26 + 399.490,46 23°48’46”78 66°24’14”18 3°57’08”32 E Lindero cerro Trancas.
313 + 413.266,86 + 432.864,64 23°30’53”64 66°18’38”13 4°02’44”37 E Lindero cerro Púcas.
314 + 397.705,85 + 352.239,96 24°14’16”56 66°26’28”03 3°54’54”47 E Lindero cerro Negro.
315 + 409.092,26 + 407.581,76 23°44’30”57 66°20’40”26 4°00’42”24 E Punta N. C.º S. Antonio de los Cobres.
316 + 331.408,36 + 429.237,49 23°31’31”63 67°06’42”06 3°14’40”44 E Puntita S. cerro al O. de Olaroz.
317 + 394.171,26 + 390.637,96 23°53’25”37 66°29’11”08 3°52’11”42 E Lindero cerro Pastos Chicos.
318 + 386.995,27 + 357.416,66 24°11’17”37 66°32’52”95 3°48’29”55 E Lindero cerro Tuzler.
319 + 372.935,76 + 361.067,56 24°09’04”76 66°41’14”84 3°40’07”66 E Lindero cerro Morado.

26-09-12 13:20
Coordenadas generales
respecto al punto A, Copiapó
Latitud sur Longitud al O Longitud Observaciones

Vértices
Longitudes Latitudes de Greenwich referida a Copiapó
x y

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 283


metros metros

320 + 341.142,36 + 383.541,46 23°56’24”85 67°00’20”66 3°21’01”84 E Lindero cerro cerca de Catua.
321 + 264.967,87 + 442.644,57 23°23’24”15 67°45’53”32 2°35’29”18 E Lindero en cordón de Tumbres.
322 + 277.938,27 + 433.455,23 23°28’31”92 67°38’10”32 2°43’12”18 E Lindero en punta S. alta, C.º R. Negro.
323 + 299.626,17 + 422.621,03 23°34’40”33 67°25’18”01 2°56’04”49 E Lindero en cerro cónico de Chamaca.
324 + 267.419,08 + 438.051,73 23°25’55”07 67°44’24”03 2°36’58”47 E Punta S. aguda de cerro al N. 266.
325 + 265.233,04 + 414.158,17 23°38’49”84 67°45’25”73 2°35’56”77 E Punta alta E. del cerro Légia.
326 + 269.088,34 + 411.876,77 23°40’06”65 67°43’08”17 2°38’14”33 E Punta alta cerro A. Calientes, al E. del 273.
327 + 298.264,37 + 472.930,17 23°07’24”75 67°26’41”97 2°54’40”53 E Cumbre del cerro nevado Rosario.
328 + 320.469,27 + 496.774,47 22°54’48”04 67°13’59”26 3°07’23”24 E P. Negra cerro nevado al N. del 323.

-283-
329 + 323.703,87 + 345.289,93 24°16’52”44 67°10’06”71 3°11’15”79 E Lindero en cerro Tultul.
330 + 281.226,47 + 395.184,13 23°49’17”74 67°35’48”22 2°45’34”28 E Lindero en cerro Puntas Negras.
331 + 306.105,82 + 438.333,23 23°26’14”98 67°21’41”05 2°59’41”46 E P. delgada en barranca al N.del 323.
332 + 280.868,97 + 444.009,53 23°22’51”16 67°36’34”14 2°44’48”36 E P. alta del cordón ant. al E. de Arakar.
333 + 294.846,12 + 392.403,03 23°50’58”37 67°27’44”87 2°53’37”63 E P. alta E. cordón A. Calientes C. Laco.
334 + 298.770,62 + 376.670,33 22°59’32”58 67°25’14”53 2°56’07”97 E P. rojiza al S.E. de cordón Ags. C.
335 + 280.547,17 + 395.372,43 23°49’11”12 67°36’12”36 2°45’10”14 E Punta en costado O. de P. Negras.
levantamiento del mapa geográfico

336 + 272.298,47 + 403.128,33 23°44’53”17 67°41’09”04 2°40’13”46 E Punta del cordón anterior.
337 + 260.053,27 + 415.734,23 23°37’55”06 67°48’29”52 2°32’52”98 E Cumbre del cerro Socaire.
338 + 379.071,97 + 491.817,63 22°58’22”79 66°39’37”39 3°41’45”11 E Punta de cerro nevado.
339 + 380.634,47 + 429.391,70 23°32’12”54 66°37’45”94 3°43’36”56 E Punta del nevado al S. del anterior.
340 + 381.250,47 + 483.893,93 23°02’42”40 66°38’13”78 3°43’08”72 E Cumbre del cerro al S. del 339.
341 + 331.860,07 + 456.641,33 23°16’41”69 67°06’47”96 3°14’34”54 E Punta alta cerro cónico.
342 + 289.223,00 + 428.828,03 23°31’10”64 67°31’29”33 2°49’53”17 E Lindero en cerro Chamaca.
343 + 356.266,07 + 321.244,53 24°30’23”32 66°50’29”79 3°30’52”71 E Lindero cerro Azufre Pastos Grandes.

26-09-12 13:20
Coordenadas generales
respecto al punto A, Copiapó
Latitud sur Longitud al O Longitud Observaciones

Vértices
Longitudes Latitudes de Greenwich referida a Copiapó
x y
metros metros

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 284


344 + 340.664,27 + 384.767,53 23°55’44”59 67°00’38”61 3°20’43”89 E Lindero en cordón Cátua.
345 + 305.264,37 + 368.031,83 24°04’18”37 67°21’18”16 3°00’04”34 E Punta N.E. de los cerros del Rincón.
346 + 280.423,07 + 364.894,93 24°05’41”23 67°35’55”59 2°45’26”91 E Punta alta de cerro Inca-Huasi.
347 + 335.221,47 + 337.851,23 24°21’04”06 67°03’11”84 3°18’10”66 E Lindero en cerro de Pocitas.
348 + 307.692,47 + 315.088,26 24°33’00”44 67°19’11”08 3°02’11”42 E Lindero cerro de Macon.
349 + 465.921,07 + 356.149,83 24°13’26”70 65°46’12”31 4°35’10”19 E Nevado al naciente.
350 + 393.404,67 + 333.053,13 24°24’35”49 66°28’41”53 3°52’40”97 E Punta N. nevado al E. de Caurchari.
351 + 306.837,17 + 271.853,13 24°56’24”44 67°19’07”21 3°02’15”29 E Lindero cerro Laregrande.
352 + 339.866,97 + 243.105,03 25°12’26”43 66°59’03”60 3°22’18”90 E Lindero cerro Copalayo.

-284-
353 + 392.831,57 + 271.738,93 24°57’46”95 66°27’59”87 3°53’22”63 E Cumbre cerro Ciénega Grande.
354 + 393.864,07 + 260.624,53 25°03’49”13 66°27’11”56 3°54’10”94 E Puntanevada de Cachi.
355 + 372.791,37 + 261.247,93 25°03’07”71 66°39’44”56 3°41’37”94 E Lindero cerro Jueregrande.
356 + 298.942,57 + 233.810,13 25°16’54”17 67°23’18”75 2°58’03”75 E Lindero cerro Las Cortaderas.
357 + 270.569,97 + 220.551,73 25°23’43”76 67°40’03”65 2°41’18”85 E Punta central cerros de Navarros.
desierto y cordilleras de atacama

358 + 344.044,87 + 228.325,53 25°20’30”35 66°56’20”76 3°25’01”74 E Lindero cerro Ratones.


359 + 295.213,82 + 183.501,63 25°44’05”76 67°24’52”11 2°56’30”39 E Lindero cerro Mojones.
360 + 359.903,97 + 196.330,93 25°38’04”47 66°46’22”30 3°35’00”20 E Cumbre del cerro Blanco.
361 + 327.258,97 + 237.094,79 25°15’30”68 67°06’29”00 3°14’53”50 E Lindero cordón Tolar Grande.
362 + 349.113,17 + 195.498,03 25°38’21”51 66°52’48”59 3°28’33”91 E Cerro Negro al S. del 360.
363 + 341.116,57 + 192.204,73 25°40’01”27 66°57’32”39 3°23’50”11 E Cerro Negro al S. del 362.
364 + 336.664,47 + 176.103,93 25°48’40”42 66°59’56”36 3°21’25”14 E Cerro grande con 3 puntas al S. del 363.
365 + 335.763,87 + 175.451,93 25°49’00”81 67°00’29”10 3°20’53”40 E Cerro próximo al anterior.
366 + 302.120,35 + 270.213,63 24°57’13”94 67°21’54”10 2°59’28”40 E Cerro corpulento cerca de Ags. Calientes.
367 + 136.066,23 + 507.643,77 22°47’04”63 69°01’53”31 1°19’29”19 E Lindero cerro Limón Verde.

26-09-12 13:20
Coordenadas generales
respecto al punto A, Copiapó
Latitud sur Longitud al O Longitud Observaciones

Vértices
Longitudes Latitudes de Greenwich referida a Copiapó
x y

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 285


metros metros

368 + 151.106,63 + 474.489,37 23°05’07”47 68°52’54”36 1°28’28”14 E P. alta de c.º Ags. Dulces de Caracoles.
369 + 136.609,13 + 557.981,77 22°19’49”37 69°01’50”03 1°19’32”47 E P. aguada cerro del Inca.
370 + 198.181,63 + 600.961,97 21°56’59”99 68°26’17”65 1°55’04”85 E P. alta volcán San Pedro.
371 + 203.797,33 + 602.095,97 21°56’26”07 68°23’02”46 1°58’20”04 E P. alta volcán San Pablo.
372 + 155.087,53 + 585.749,97 22°04’54”24 68°51’14”07 1°30’08”43 E P. alta cerro grande al E. del 369.
373 + 126.924,63 + 462.487,67 23°11’28”58 69°07’00”31 1°14’22”19 E Lindero cerro del Centinela.
374 + 134.921,21 + 474.201,67 23°05’10”75 69°02’22”90 1°18’59”60 E Lindero cerro Deseada de Caracoles.
375 + 98.536,03 + 492.353,67 22°55’09”86 69°23’54”34 0°57’37”16 E Lindero S. cerro sierra Gorda.
376 + 67.019,43 + 454.893,27 23°15’20”10 69°42’05”22 0°39’17”28 E Lindero al S. de Salinas.

-285-
377 + 72.976,59 + 473.990,17 23°05’00”75 69°38’38”98 0°42’43”52 E Lindero al N. de Pampa Central.
378 + 26.182,73 + 437.845,77 23°24’28”98 70°06’00”53 0°15’21”97 E Lindero en c.º negro al N.O. de Carmen Alto.
379 + 26.592,14 + 412.563,87 23°38’10”41 70°05’44”47 0°15’38”03 E Lindero al S. de Mantos Blancos.
380 + 26.544,63 + 510.744,37 22°45’00”57 70°05’52”34 0°15’30”16 E Punta N. del cerro frente a Chacaya.
381 + 36.208,43 + 543.605,77 22°27’13”71 70°00’16”43 0°21’06”07 E Punta aguda al N. del 380.
382 + 31.162,53 + 473.960,97 23°04’55”99 70°03’07”84 0°18’14”66 E Punta aguda al S. del 384.
383 + 79.846,83 + 493.199,57 22°54’38”02 69°34’41”24 0°46’41”26 E Lindero cerro Solitario.
levantamiento del mapa geográfico

384 + 25.367,03 + 508.489,27 22°46’13”75 70°06’33”47 0°14’49”03 E Punta S. cerro alto frente a Chacaya.
385 + 59.625,16 + 424.555,27 23°31’44”54 69°46’20”98 0°35’01”52 E Punta O. cordón al S. del 376.
386 + 43.194,13 + 369.062,97 24°01’45”25 69°51’54”22 0°25’28”28 E Punta cerro San Cristóbal.
387 + 59.748,13 + 458.957,53 23°13’06”85 69°46’21”56 0°35’00”94 E Lindero cerro bajo N.O. Carmen Alto.
388 + 78.531,23 + 466.681,77 23°08’59”29 69°35’22”50 0°46’00”00 E Bandera en Pampa Central.
389 − 15.724,57 + 388.323,47 23°51’17”37 70°30’38”11 0°09’15”61 O Lindero cerro Wolfin.
390 − 25.374,17 + 429.393,07 23°29’03”56 70°36’16”53 0°14’54”07 O Lindero Morro Moreno.
391 − 17.621,28 + 392.380,87 23°49’05”62 70°31’44”95 0°10’22”45 O Lindero cerro Jorgillo.

26-09-12 13:20
Coordenadas generales
respecto al punto A, Copiapó
Latitud sur Longitud al O Longitud Observaciones

Vértices
Longitudes Latitudes de Greenwich referida a Copiapó
x y
metros metros

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 286


392 − 8.907,57 + 409.213,07 23°39’58”45 70°26’36”78 0°05’14”28 O Faro del puerto Antofagasta.
393 + 100.874,94 + 501.576,27 22°50’10”83 69°22’25”44 0°58’57”06 E Lindero N. de sierra Gorda.
394 + 97.137,97 + 536.304,97 22°31’21”56 69°24’44”26 0°56’38”24 E Lindero cerro Pan de Azúcar.
395 + 75.765,67 + 540.238,27 22°29’08”92 69°37’12”65 0°44’09”85 E Lindero cerro Pedregoso.
396 + 58.345,47 + 540.207,37 22°29’06”86 69°47’21”92 0°34’00”58 E Lindero cerro Ramaditas.
397 + 36.064,87 + 543.704,67 22°27’10”48 70°00’21”46 0°21’01”04 E Punta alta al N. de portezuelo Culupo.
398 + 333.119,32 + 196.734,73 25°37’27”03 69°02’23”42 3°18’59”08 E Lindero cerro del Hombre Muerto.
399 + 345.674,62 + 177.102,63 25°48’16”03 66°54’34”64 3°26’47”86 E Lindero cerro del Agua Caliente.
400 + 322.102,42 + 161.651,33 25°56’17”42 67°08’27”66 3°12’54”85 E Nevado Cancha Argolla.

-286-
401 + 346.960,22 + 187.708,23 25°24’32”62 66°53’58”49 3°27’44”01 E Cerro Gordo.
402 + 309.662,62 + 139.555,23 26°08’05”10 67°15’36”02 3°05’46”48 E Lindero cerro Ilanco.
403 + 337.097,99 + 154.644,73 26°00’18”01 66°59’21”90 3°22’00”60 E Nevado del Diamante o Mecara.
404 + 289.751,32 + 130.719,75 26°12’36”44 67°27’26”00 2°53’56”50 E Lindero en volcán Alumbrera.
405 + 280.247,60 + 95.605,75 26°31’30”18 67°32’40”76 2°48’41”74 E Lindero en volcán Carachapampa.
desierto y cordilleras de atacama

406 + 245.273,90 + 87.659,91 26°35’24”27 67°53’38”89 2°27’43”61 E Lindero cerro Cueros de Poruya.
407 + 245.548,42 + 132.462,37 26°11’08”83 67°53’59”98 2°27’22”52 E Lindero cerro Cueros de Oire.
408 + 293.545,20 + 61.499,15 26°50’08”29 67°24’11”59 2°57’10”91 E Lindero cerro Cueros. Curuto.
409 + 226.546,82 + 65.078,75 26°47’26”34 68°04’41”22 2°16’41”28 E Extremo N. cerro San Buena Ventura.
410 + 317.733,62 + 87.318,15 26°36’28”81 67°09’58”57 3°11’23”93 E Lindero cerro Laguna Blanca.
411 + 246.847,90 + 65.119,45 26°47’37”61 67°52’26”04 2°28’56”46 E Cerro Robledo.
412 + 253.643,70 + 61.239,45 26°49’48”13 67°48’17”09 2°33’05”41 E Portezuelo Robledo.
413 + 288.817,72 + 139.834,84 26°07’39”44 67°28’14”29 2°53’08”21 E Pco. en pblo. Antofagasta de la Sierra.
414 − 15.595,18 − 40.528,22 27°43’29”92 70°30’51”83 0°09’29”33 O Lindero cerro Guías.
415 + 22.400,57 − 74.482,85 28°01’52”76 70°07’42”42 0°13’40”08 E Lindero en Punta Plata de cerro Blanco.

26-09-12 13:20
Coordenadas generales
respecto al punto A, Copiapó
Latitud sur Longitud al O Longitud Observaciones

Vértices
Longitudes Latitudes de Greenwich referida a Copiapó
x y

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 287


metros metros

416 − 29.057,46 − 73.195,29 28°01’10”48 70°39’06”17 0°17’63”47 O Lindero cerro del Paico.
417 − 53.674,88 − 54.514,12 27°51’00”87 70°54’04”25 0°32’41”75 O Lindero cerro del Veladero.
418 − 42.040,45 − 50.982,59 27°49’07”59 70°46’58”58 0°25’36”08 O Lindero cerro Cuestecillas.
419 − 52.780,69 − 78.681,93 28°04’06”19 70°53’35”47 0°32’12”97 O Lindero al N.E. de Carrizal Alto.
420 − 59.343,66 − 77.784,65 28°03’36”08 70°57’35”66 0°36’13”16 O Lindero cerro Cachina Grande.
421 − 31.657,58 − 49.062,67 27°48’06”21 70°40’39”03 0°19’16”53 O Cerro aislado al N.E. del 418.
422 − 26.809,51 − 53.293,69 27°50’24”05 70°37’42”26 0°16’19”76 O Cerro aislado al N. del Bayo Grande.
423 − 54.255,93 − 104.220,40 28°17’55”72 70°54’32”68 0°33’10”18 O Lindero cerro mina Cielo.
424 − 28.189,49 − 93.809,08 28°12’20”27 70°38’36”20 0°17’13”70 O Lindero cerro Jaula.

-287-
425 − 56.503,94 − 67.677,75 27°58’08”14 70°55’49”92 0°34’27”42 O Lindero cerro Montosa.
426 − 47.019,40 − 61.447,25 27°54’47”00 70°50’02”00 0°28’39”50 O Piques de las Norias.
427 − 48.293,83 − 64.987,69 27°56’41”87 70°50’49”12 0°29’26”62 O Lindero al sur del 426.
428 − 55.508,00 − 59.721,10 27°53’49”78 70°55’12”13 0°33’49”63 O Punta al E. del Totoral.
429 − 58.228,37 − 84.240,52 28°07’06”00 70°56’55”97 0°35’33”47 O Lindero cerro Pan de Azúcar.
430 − 51.752,65 − 113.408,06 28°22’54”58 70°53’03”39 0°31’40”89 O Lindero cerro al O. del Manganeso.
431 − 19.546,78 − 121.489,80 28°27’20”15 70°33’20”96 0°11’58”46 O Cerro Chehueque.
levantamiento del mapa geográfico

432 − 60.269,60 − 121.435,59 28°27’14”14 70°58’17”73 0°36’55”23 O Cerro del Sauce.


433 − 55.479,36 − 112.646,45 28°22’29”30 70°55’20”16 0°33’57”66 O Cerro de Aguilar.
434 − 44.873,29 − 103.296,04 28°17’26”91 70°48’49”30 0°27’26”80 O Cerro La Barilla.
435 − 21.935,84 − 100.826,48 28°16’08”68 70°34’47”36 0°13’24”86 O Cerro al S.E. del 424.
436 − 76.693,28 − 88.964,33 28°09’36”21 71°08’13”62 0°46’51”12 O Lindero C.º Negro al S. de Carrizal B.
437 − 53.506,02 − 90.237,97 28°10’21”54 70°54’03”94 0°32’41”44 O Lindero C.º Chorrillos de Chañarcitos.
438 − 67.781,64 − 84.518,49 28°06’13”45 71°02’46”05 0°41’23”55 O Lindero cerro Algodones.
439 − 74.896,74 − 79.420,91 28°04’26”51 71°07’05”57 0°45’43”07 O Lindero cerro al N.E. Puerto Carrizal.

26-09-12 13:20
Coordenadas generales
respecto al punto A, Copiapó
Latitud sur Longitud al O Longitud Observaciones

Vértices
Longitudes Latitudes de Greenwich referida a Copiapó
x y
metros metros

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 288


440 − 78.302,22 − 80.096,24 28°04’47”76 71°09’10”45 0°47’47”59 O Palo muelle en Puerto Carrizal.
441 − 49.235,88 − 85.224,47 28°07’39”23 70°51’26”64 0°30’04”14 O L. C.º Yerba Buena cerca C. de Agua.
442 − 54.602,28 − 87.392,64 28°08’48”95 70°54’43”65 0°33’21”15 O Oruz al N. de Canto de Agua.
443 − 56.582,04 − 87.331,76 28°08’46”68 70°55’56”19 0°34’33”69 O Kilómetro 28 de Ferrocarril Carrizal.
444 − 41.528,56 − 77.764,95 28°03’37”79 70°46’43”27 0°25’20”77 O Lindero cerro del Chañar.
445 − 55.095,31 − 78.760,03 28°04’08”41 70°55’00”25 0°33’37”75 O Portezuelo de Carrizal Alto.
446 − 55.033,57 − 81.270,00 28°05’29”97 70°54’58”41 0°33’35”91 O Iglesia de Carrizal Alto.
447 − 54.442,41 − 80.678,35 28°05’10”82 70°54’36”66 0°33’14”16 O Chimenea mina Portezuelo.
448 − 54.150,43 − 80.507,41 28°05’05”31 70°54’25”94 0°33’03”44 O Chimenea mina Mondaca.

-288-
449 − 19.762,39 − 83.286,61 28°06’38”92 70°33’26”53 0°12’04”03 O Lindero cerro Chuschampe.
450 − 71.700,33 − 82.803,45 28°06’17”02 71°05’09”25 0°43’46”75 O Lindero cerro del Carrizo.
451 + 5.589,21 − 116.464,63 28°24’37”34 70°17’57”15 0°03’25”35 E Lindero cerro del Cobre.
452 − 11.577,46 − 123.230,63 28°28’17”04 70°28’28”10 0°07’05”60 O Cerro Grandón.
453 − 3.601,66 − 106.660,25 28°19’18”83 70°53’34”71 0°02’12”21 O Cerro del Jote.
desierto y cordilleras de atacama

454 − 10.787,57 − 133.431,73 28°33’48”49 70°27’59”41 0°06’36”91 O Cerro del Toro.


455 − 4.413,01 − 81.836,31 28°05’52”30 70°24’04”16 0°02’41”66 O Cerro Los Sapos.
456 + 15.826,37 − 89.309,07 28°09’54”80 70°11’42”37 0°09’40”13 E Lindero cerro del Panul.
457 + 4.153,98 − 117.834,32 28°25’21”86 70°18’49”87 0°02’32”63 E Mina Bronce de Jarilla.
458 + 26.593,34 − 95.078,23 28°13’01”63 70°05’07”23 0°16’15”27 E Cerro del Gallo.
459 + 27.699,18 − 101.272,03 28°16’22”78 70°04’26”14 0°16’56”36 E Cerro de la Fortuna.
460 + 16.772,19 − 120.287,36 28°26’41”42 70°11’06”09 0°10’16”41 E Cerro Veragua.
461 + 11.644,80 − 90.430,83 28°10’31”39 70°14’15”62 0°07’06”88 E Sierra Miguel.
462 + 3.017,90 − 109.503,07 28°20’51”19 70°19’31”69 0°01’50”81 E Cerro San Bartolo.
463 − 19.333,64 − 12.356,40 27°28’14”46 70°33’06”67 0°11’44”17 O Lindero cerro Chicharra.

26-09-12 13:20
Coordenadas generales
respecto al punto A, Copiapó
Latitud sur Longitud al O Longitud Observaciones

Vértices
Longitudes Latitudes de Greenwich referida a Copiapó
x y

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 289


metros metros

464 − 29.470,09 − 24.877,60 27°35’00”62 70°39’16”96 0°17’54”46 O Lindero cerro Normilla.


465 − 39.961,75 − 26.493,98 27°35’52”18 70°45’39”67 0°24’17”17 O Lindero cerro del Chascón.
466 − 58.180,39 − 23.236,63 27°09’02”99 70°56’35”45 0°35’12”95 O Morro de Copiapó.
467 − 25.123,00 + 18.880,85 27°11’20”89 70°36’35”21 0°15’12”71 O Lindero cerro Negro de Plaza.
468 − 23.390,48 + 8.108,08 27°19’09”31 70°33’18”65 0°14’10”51 O Cerro al N. de Ramadillas.
469 + 360.791,77 + 331.806,45 24°24’43”77 66°47’58”65 3°33’23”85 E Nevado de Pastos Grandes.
470 + 133.437,90 + 475.313,70 23º04’34’’12 69º03’15’’44 1º18’07’’14 E Cruz de la iglesia pueblo Caracoles.
471 + 89.480,31 + 476.991,97 23º03’26’’98 69º28’59’’85 0º52’22’’65 E Casucha N. pueblo Pampa Alta.
472 + 282.550,78 + 433.822,52 23º28’23’’36 67º35’27’’99 2º45’54’’51 E Carpa en vega de Río Negro.

-289-
473 + 281.056,57 + 365.374,23 24º05’26’’16 67º35’34’’41 2º45’48’’09 E P. E. al S. E. de Puntas N. cº Incahuasi.
474 + 368.046,67 + 314.893,12 24º34’09’’19 66º43’25’’20 3º37’57’’30 E Lindero en morr. N. de iglesia P. Grands.
475 + 389.872,77 + 332.938,63 24º24’35’’57 66º30’46’’90 3º50’35’’60 E Punta S. del cordón de Gallo Muerto.
476 + 386.368,27 + 272.945,52 24º57’01’’16 66º41’51’’70 3º49’30’’80 E Farellón cerrit. cón. en línea anticlinal.
levantamiento del mapa geográfico

26-09-12 13:20
desierto y cordilleras de atacama

Entre los numerosos instrumentos portátiles o de bolsillo, se ha hecho uso


del anteojo Rochon, del telémetro de reflexión Gaumier, de la brújula prismática,
del pedómetro y de otros igualmente estimables y cómodos en ciertas ocasiones,
cuando no era breve el tiempo en la premura de los viajes o cuando los detalles
topográficos se imponían por el interés especial de una localidad o la importancia
industrial de un asiento de minas.
Es cómodo tener la distancia directa que con una simple lectura señala la esta-
día, como interesante es el uso de esas alhajas científicas que recrean, ahorrándonos
fatigas; pero siempre se encuentra que el teodolito, sea para las grandes operaciones
o para las pequeñas, cuando se adapte por su disposición, su peso y su tamaño a los
objetos que se persiguen y a las circunstancias en que se opera, es el instrumento uni-
versal, expedito y exacto en todas las ocasiones, tratándose de trabajos geográficos.
Con la agregación casi indispensable de la aguja magnética, el teodolito ha
sido siempre para el levantamiento, para las mensuras subterráneas o para las
observaciones celestes, el instrumento usado con preferencia en las exploraciones
del desierto y cordilleras.
Ya queda dicho que Schwalb Hermanos han proporcionado los excelentes trán-
sitos de 20” y es, asimismo, satisfactorio señalar a D. Germán Eich, de Santiago, a
quien se deben también servicios de la mayor estimación por algunos instrumentos
suministrados.
El círculo de reflexión y el horizonte artificial de mercurio han tenido, natural-
mente, su aplicación acostumbrada.
La delineación de los caminos carreteros en el desierto debía tener en este
trabajo una importancia muy especial.
Emprender su levantamiento por itinerario, sirviéndose de instrumentos de
precisión, habría sido tarea interminable y fuera de los límites de este trabajo.
Asimismo, respecto de las sendas y caminos de cordillera, en que no era po-
sible dejar al tanteo ni a la fantasía el cuidado de figurarlos, debían también ser
objeto de algún medio para determinarlos.
Todo geógrafo explorador sabe que en tales casos, el caballo o el carruaje en
que se viaja, el reloj y la brújula de bolsillo, son los instrumentos por excelencia, y
bastante ventajosos para suplir a todo instrumento portátil y de precisión cuando
la experiencia enseña su uso y la práctica acostumbra a aplicarlos discretamente.
Donde las prescripciones del trabajo geodésico o topográfico no pueden tener
lugar, el geógrafo debe apelar a los procedimientos compendiados, y rápidos a
la vez, que dé segura y fiel apreciación dentro de los límites del plan trazado, de
la índole de su trabajo, del dinero y tiempo disponibles, sin distraerse en detalles
que no aprecia la magnitud de su escala ni necesita para los fines de su obra,
pero sin sacrificar la verdad de los grandes rasgos de la naturaleza ni desfigurar la
disposición real de los objetos que representan interés en el orden físico o en las
transacciones humanas.
Según este orden de ideas se ha procurado que las aguadas en el desierto, los
alojaderos en la cordillera y las minas aisladas por doquier, cuando no han podido
ser referidas con precisión a los vértices de triángulos, se figuren a lo menos en

-290-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 290 26-09-12 13:20


Desierto y cordilleras de Atacama.indb 291 26-09-12 13:20
Acantilado costero sur de Iquique. Tarapacá. Pablo Osses, archivo particular.

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 292 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

si­tuación de distar de la verdadera localización sólo en cuanto no contribuyan a


desorientar en la dirección ni a equivocar groseramente al viajero en las distancias.
Instrumento adecuado y precioso donde quiera que un par de ruedas o una
sola puedan rodar sobre el terreno, lo que en condiciones no muy excepcionales
siempre se consigue, es el aparato que los ingleses llaman con mucha propiedad
pe­rambulador, o sea, el odómetro o rueda Wittmam con un troquiámetro para
me­dir el número de vueltas.
Si se dispone de un liviano vehículo para hacerlo servir al mismo objeto, se
ga­na además la ventaja de tener al mismo tiempo que un medio de trasporte,
la facilidad de disponer libremente de ambas manos para el trabajo de cartera,
las observaciones de brújula aneroide, etcétera y la conveniente comodidad para
con­ducir los instrumentos, especialmente el barómetro de mercurio, que sólo así
puede precaverse contra las frecuentes ocasiones de inutilizarse.
La medición de las distancias por este medio, cuando se viaja por caminos
tolerables, es aproximada en cuanto puede desearse, y así es como han sido traza­
dos algunos de los caminos del desierto, sin haberse conseguido, por desgracia,
siempre que se hubiera deseado, ese excelente recurso.
Como ejemplo de comprobación del trabajo general y de la manera como los
planos y levantamientos locales o de detalle han sido enlazados con los puntos geo-
désicos, insertamos a continuación el caso de la formación del plano topográfico
de Caracoles, importantísimo distrito minero confiado al ingeniero don Alejandro
Torres, quien lo relacionó con los vértices Deseada e Iglesia de Caracoles.

Comprobación de una base medida en caracoles

8 = Lindero del cerro de la Deseada.


34 = Iglesia de Caracoles.

Base medida ( ) = 666,56 metros.

Triángulo 8

= 74° 35’ 2.823,8392


= 87° 27’ + 9.999,5697 sen 87’27
8=
8 = 17° 58’ 12.823,4089 sen 17º58
— 9.489,2040
log ( 8) = 3.334,2049

Triángulo - -34

= 13°55’ 2.823,8392
= 148° 2’ + 9.723,8051 sen 148º2’
34 =
34 = 18° 3’ 12.547,6443 sen 18º13’
— 9.491,1471
log 34 = 3.056,4972

-293-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 293 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Después se resolvió el triángulo (8 34) en el que se conoce los lados ( 8)y ( 34)
y el ángulo comprendido = 60°40’.
Por la fórmula tanj. 12 (34 8) = 13 02 19 97 86 39 cot. 30º20’se determinaron los otros
dos ángulos, y enseguida por la fórmula de los senos se determinó el lado (8 34),
de la manera siguiente:

1ª fórmula

= 60°40’00” 3.008,5277
8 = 31°48’34” +0.232,7450 1.0119,83
tan. 12 (34 8) = cot. 30º20
34 = 87°31’26” 3.241,2727 3.297,69
13.274,6140
− 3.518,2099
log tan 12 (34 8) = 9.723,0628, cuyo ángulo = 27°51’ 26

2ª fórmula

3.334,2049
+ 9.940,4091 −8 sen 60º40’
8 34 =
sen 87º31’26’’
13.274,6140
− 9.999,5943
log (8 34) = 3.275,0197
lado (8 34) = 1.883,73 metros

Este mismo lado (8 34) fue determinado por la triangulación general de la ma­
ne­ra siguiente:

Triángulo 373 374 470

373 = 7°25’00” lindero cerro Centinela


374 = 92°33’20” lindero cerro Deseada
470 = 80°01’40” iglesia de Caracoles
4.151,7742
373 374 sen 7º25’’
+ 9.110,8726 374 470 =
sen 80º1’40’’
13.262,6468
− 9.993,3885
log (374 470) = 3.269,3583
lado (374 470) = (8 34) = 1.858,91 metros

Tenemos, pues, para el lado Iglesia Deseada un valor de 1.883,73 metros con la
base directa de Caracoles, mientras que para este mismo lado con la triangulación
general es de 1.858,91 metros, cuya diferencia asciende a 24,82 metros, lo que da
para la base medida directamente de 666,56 metros, un error de 8,6 metros.
Ahora, tomemos otro ejemplo en plena cordillera.

-294-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 294 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

Comprobación de una base medida


en San Pedro de Atacama

Para el lado (258 257) = lindero Barranca río San Pedro y lindero barranca río Vilama, se
obtuvo por la triangulación general un valor de 6.977,65 metros.
Este mismo lado se calculó con la base A B medida directamente de 2007 metros, de
la manera siguiente:

Triángulo A B 258

A = 92°35’40”
B = 64°21’20” 3.302,5474
258 = 23°03’00” + 9.954,9643 A B sen 64º21’20’’
A 258 =
13.257,5117 sen 23º3’

− 9.592,7698
log (A 258) = 3.664,7419

Triángulo A 258 257

A = 83°20’00” 3.664,7419
258 = 55°00’30” + 9.997,0535
A 258 sen 83º20’
257 = 41°39’30” 13.661,7954 258 257 =
sen 41º39’30’’
− 9.822,6173
log (258 257) = 3.839,1781
lado (258 257) = 6.905,23 metros

Tenemos para el lado (258 257), por la triangulación general, un valor de 6.977,65
metros, y por la base de comprobación 6.905,23 metros, cuya diferencia asciende a
72,24 metros, dando para la base medida un error de 21 metros y para una distancia
de 666,56 metros (base medida de Caracoles) un error de 6,97 metros.
De estos resultados deduce el ingeniero Torres la siguiente conclusión:

“Aquí es necesario hacer notar que en Caracoles el error de la triangulación general es


por defecto, es decir, los lados son menores que los que da la base medida; mientras
que en San Pedro de Atacama el error es por exceso. Esto indica que los errores se han
producido ya por defecto o ya por exceso y siempre en proporciones tan pequeñas
que han establecido verdaderas compensaciones para los datos obtenidos. Ahora, si
se considera que el trabajo general es un gran levantamiento topográfico, cualquier
escala que se elija para su construcción será buena y los errores serán inapreciables,
deduciéndose de esto que la carta que se obtenga será ver­daderamente exacta”.

Alturas

Las dificultades inherentes a la determinación de esta magnitud se han hecho sentir


durante el curso de todos los trabajos en el desierto y cordilleras.

-295-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 295 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

La determinación de los ángulos de inclinación de los lados con el teodolito


requiere tiempo, tranquilidad y prolijidades de observación que en raras ocasio-
nes era dable conseguir en las altas cumbres azotadas casi constantemente por el
hu­racán, impedidas por el frío penetrante y con las molestias y dificultades consi-
guientes en observaciones a toda intemperie y en angustiado tiempo disponible.
Lo poco que ha sido posible conseguir a este respecto, ha necesitado la compro­
bación de otros medios de cálculo de las alturas con los instrumentos acostumbra-
dos y mejor adaptables al caso.
No se disponía de las comodidades y medios de precaución en tan largos y pe­
nosos viajes, para poder usar los barómetros de mercurio, y los de sistema metálico
que tan irregular y traidoramente acusan sus indicaciones en las alturas considera­
bles, no podían ser usados por el método de observaciones simultáneas, sino me-
diante sus indicaciones absolutas, jamás dignas de mucha confianza.
Uno solo de estos instrumentos, de doce centímetros de diámetro, construc-
ción de Negrettii Zambra, comprado al señor Eich, de Santiago, probó excelentes
con­diciones hasta la altura de 3 a 4.000 metros, pero en el resto de su graduación
hasta 5.000 no daba las seguridades necesarias. En este sistema de barómetros, éste
fue el último que prestó constantes servicios hasta el final de los trabajos.
Las indicaciones termométricas, por otro lado, imposibles de hacerse en condi­
ciones apetecibles al aire libre, acusan siempre incoherencias inapreciables, y aun
cuando se hagan simultáneas, no corresponden las temperaturas con las anotadas
al abrigo de influencias perturbadoras en las estaciones de comprobación.
Se ha preferido confiar en las indicaciones del hipsómetro de construcción in-
glesa, precioso y utilísimo instrumento, con los termómetros de grandes divisiones
en décimos de grados Fahrenheit de los que Schwall Hermanos nos han suminis-
trado magníficos modelos.
En resumen, los ángulos de inclinación de Throuhgton de 20”, en algunos
casos el barómetro de mercurio de Gay-Lussac, con mucha frecuencia el hipsóme­
tro y de ordinario el aneroide de 0,12 centímetros de Negretti y Zambra como,
asi­mismo, los inconsecuentes aneroides de bolsillo, son los instrumentos que han
ser­vido para el cálculo de las alturas sobre el nivel del mar.
Necesariamente, se han aprovechado también las alturas de nivelación de los
ferrocarriles del Huasco, Taltal, Antofagasta, Carrizal, Copiapó, Chañaral y Toco-
pilla como datos seguros de referencia.
A veces con diferencias inaceptables o disparatadas, en no pocas ocasiones con
regular aproximación y en otras con satisfactoria exactitud, el cuadro de las cuo­tas
del nivel puede estimarse, con benevolencia, en grado de probable aproxima­ción,
sin negar que hay muchos casos de verdadera exactitud.
El vehículo pernambulador ofrecía un medio excelente para trasportar el Gay-
Lussac, colocándolo verticalmente y bien asegurado por sus extremidades, pero en
muy reducida proporción han sido aprovechados sus magníficos servicios y nunca
con comparaciones simultáneas.
De comparaciones hechas entre el barómetro Gay-Lussac y el hipsómetro, so­
bre cuotas de 500 en 500 metros y entre los extremos de 0 a 5.000 de altura so­bre

-296-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 296 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

el mar, se deduce lo siguiente en cuanto al grado de apreciación de ambos ins­tru­


men­tos:

Apreciación Apreciación
Alturas sobre el nivel del mar del barómetro del hipsómetro

De 5.400 metros a 5.000 metros 20. 10 m 17. 60 m


De 5.000 metros a 4.500 metros 19. 00 m 17. 45 m
De 4.500 metros a 4.000 metros 17. 85 m 17. 25 m
De 4.000 metros a 3.500 metros 16. 75 m 17. 10 m
De 3.500 metros a 3.000 metros 15. 75 m 16. 95 m
De 3.000 metros a 2.500 metros 14. 80 m 16. 80 m
De 2.500 metros a 2.000 metros 13. 90 m 16. 55 m
De 2.000 metros a 1.500 metros 13. 05 m 16. 40 m
De 1.500 metros a 1.000 metros 12. 20 m 16. 35 m
De 1.000 metros a 500 metros 11. 50 m 16. 15 m
De 500 metros a 0 metros 10. 85 m 15. 90 m

Este cuadro demuestra que hasta los 4.000 la división más pequeña del baró­
metro de mercurio aprecia más que la del hipsómetro, pero desde esa misma altu­ra
para arriba, la más pequeña división del hipsómetro aprecia más que la del ba­ró­
metro.
Por otra parte, las variaciones del hipsómetro en las grandes alturas son casi
insensibles hasta permanecer como fijo, a cuya ventaja se agrega la de ser tan có-
modo y portátil su uso, dando a la vez una notable aproximación a la exactitud.
Así se deduce también de sus comparaciones con las alturas según el procedi-
miento trigonométrico.
Dadas las poco favorables condiciones de observación de las alturas, no se ha
es­timado necesario corregir las de este último origen, de los errores de disminu­
ción que producen la esfericidad y la refracción y, a lo más, sólo se ha hecho apre-
ciar prudentemente esta causa de inexactitud en los casos importantes.
Las anotaciones de Gay-Lussac, no disponiéndose de comparaciones simultá-
neas, tampoco merecía el rigor de las fórmulas de gran aproximación.
En cambio, las temperaturas de la ebullición del agua, corregidas del grado ter­
mo­métrico del aire-ambiente, han sido calculadas empírica o analíticamente con
el cuidado posible.
Procediendo así, y tomando el promedio de los diferentes resultados admisi-
bles para cada punto, se ha llegado a formar el siguiente cuadro de alturas.
En este cuadro aparecen 66 cumbres mayores de 5.000 metros dentro de una exten-
sión de 4°44’18” en latitud, pero se puede estimar, agregando las cúspides no medidas,
que esas alturas no son menos de cien, lo que basta para tener una idea de la potencia
de una cordillera que a cada 5 kilómetros lanza al cielo una cumbre de 5 a 6.000 metros
El cuadro fue formado por el ingeniero primero don Santiago Muñoz, quien lo
precedió de las siguientes observaciones para acompañar a esta descripción cuan­
do empezó a ser publicada en la Revista de Obras Públicas.

-297-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 297 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

A continuación indicaremos de una manera somera los resultados obtenidos


por los instrumentos antedichos, después de haber discutido entre nosotros, eli-
giendo para nuestros registros las observaciones que más fe nos merecían y des-
preciando aquéllas que adolecían de defectos.
Se han aprovechado todas las alturas de las nivelaciones directas de los ferroca­
rriles construidos o en construcción, del Huasco, Carrizal, Copiapó, Chañaral, Tal-
tal, Antofagasta y Tocopilla que atraviesan el desierto de Atacama del oeste al este
más o menos, o más bien dicho de mar a cordillera.
Las alturas obtenidas han sido ahora aumentadas en gran número y determina­
das por los métodos indicados anteriormente, al mismo tiempo que muchas de
ellas corregidas por medio de nuevas comprobaciones.
Si a estas últimas agregamos las primeras, tendremos un total de alturas mucho
ma­yor que el antiguo y que podremos ahora aprovechar mejor para trazar en la car­
ta definitiva algunas curvas de igual nivel.
A continuación reproduciremos alturas de los picos más notables de la cor-
dillera de los Andes, que se elevan sobre un nivel de 5.000 metros sobre el mar,
indicando sus respectivas latitudes para las más altas cumbres que hay entre ellas:

Alturas
Cumbres sobre el mar Latitudes

Volcán Licancaur 5.997 m 22°54’ 12” sur


Volcán Aguas Calientes 5.928 m 22°58’ 00” sur
Cumbre al O. de Sapaleri 5.838 m 22°54’ 55” sur
Cumbre de Hecar 5.882 m 23°22’ 9” sur
Pico Aguas Calientes 5.954 m 23°25’ 55” sur
Pico 1.° Puntas Negras 5.903 m 23°49’ 11” sur
Pico 2.° Puntas Negras 6.049 m 23°49’ 17” sur
Cumbre Pastos Grandes 6.404 m 24°24’ 44” sur
Cumbres del Azufre 5.992 m 24°30’ 23” sur
Cumbres Tuzler 5.833 m 24° 11’ 17” sur
Cumbres Incahuasi 5.860 m 24° 5’ 41” sur
Cumbres Llullaillaco 6.600 m 24°44’ 13” sur
Cumbres Ciénaga Grande 6.364 m 24° 57’ 46” sur
Cumbre Mojones 5.925 m 25°44’ 5” sur
Nevado de Cancha Argolla 5.867 m 25°56’ 17” sur
Nevado de Miniques 6.030 m 23°53’ 24” sur
Volcán Láscar 5.900 m 23°26’ 2” sur
Volcán Púlar 6.500 m 24° 18’ 00” sur
Volcán Socompa 5.980 m 24° 27’ 17” sur
Volcán de Antofaya 6.370 m 25° 37’ 36” sur
Portezuelo de Lagunillas 4.985 m
Cerro Coipa 5.110 m 26°49’ 40” sur
Cumbre Dos Hermanas 5.613 m 27” 31’ 09” sur
Cumbre Doña Inés 5.500 m 26° 5’ 11” sur
Cumbre Leoncitos 5.160 m 26°25’ 26” sur

-298-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 298 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

Alturas
Cumbres sobre el mar Latitudes

Cumbre Cerro Bravo 5.274 m 26° 41’ 52” sur


Cumbre Panteón de Aliste 5.360 m 26° 18’ 3” sur
Cumbre Juncalito 5.660 m 26°39’ 7” sur
Portezuelo Pastos Grandes 5.313 m
Cumbre Hombre Muerto 5.175 m 25° 37’ 26” sur
Cumbre Ilanco 5.386 m 26° 8’ 4” sur
Cumbre Laguna Blanca 5.579 m 26°36’ 28” sur
Cumbre Cueros de Poruya 5.343 m 26°35’ 24” sur
Portezuelo Negro Muerto 5.200 m
Portezuelo Laguna Blanca 5.200 m
Portezuelo Sapareli 5.100 m
Portezuelo Chajnantor 5.300 m
Portezuelo Aguas Calientes 5.300 m
Vega Chajnantor 5.000 m
Vega Aguas Calientes 5.000 m
Cumbre Chajnantor 5.572 m 22°49’ 19” sur
Cumbre Sapareli 5.404 m 22°49’ 36” sur
Cumbre cerro Bajo 5.084 m 22”46’ 51” sur
Cumbre cerro Lucho 5.017 m 22°59’ 23” sur
Cumbre cerro Lina 5.149 m 23° 9’ 36” sur
Cumbre Ratones 5.269 m 25”20’ 30” sur
Cumbre al SE de Aguas Calientes 5.888 m 23°59’ 32” sur
Cumbre de Pótor 5.515 m 23” 18’ 20” sur
Volcán Colachi 5.717 m 23° 19’ 5” sur
Volcán Putas 5.534 m 23° 10’ 53” sur
Volcán Tumisa 5.692 m 23° 31’ 34” sur
Cumbre cerros de Tumbres 5.309 m 23”30’ l6” sur
Cumbre cerros de Río Negro 5.130 m 23°28’ 31” sur
Cumbre cerros Chamaca 5.303 m 23°34’ 40” sur
Cumbre al norte del anterior 5.154 m 22°54’ 47” sur
Cumbre Catua 4.961 m 23°55’ 44” sur
Cumbre Tultul 5.501 m 24° 16’ 52” sur
Cumbre Incahuasi 5.710 m 24° 5’ 26” sur
Cumbre Rincón 5.500 m 24° 4’ 18” sur
Cumbre Mancón 5.622 m 24°33’ 00” sur
Cumbre Pocitas 5.322 m 24° 21’ 3” sur
Cumbre Gallo Muerto 5.379 m 24°24’ 35” sur
Cumbre Jueregrande 5.655 m 25° 3’ 7” sur
Cumbre Toco 5.339 m 23° 1’ 14” sur
Cumbre Vicuña 5.010 m 26°35’ 40” sur
Cumbre Nevado de Cachi 6.500 m 25° 3’ 49” sur

Para dar alguna idea del relieve del territorio se han distribuido las alturas cla-
sificándolas por su elevación sucesiva sobre el nivel del mar, de 100 en 100 metros.

-299-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 299 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

No figuran las alturas menores de 100 metros y muchas otras en puntos desier­
tos, sin nombre y que no tienen más interés ni más objeto que el de servir a la for­
mación de perfiles transversales del terreno.
Estos perfiles han podido ser trazados con alguna aproximación a la altura de
di­versas latitudes, como en el paralelo de 28°, correspondiendo más o menos a
la quebrada de Carrizal Bajo, siguiendo al interior según la línea del ferrocarril a
cerro Blanco y cruzando el río de Manflas hasta terminar en la cordillera limítrofe,
siempre por el mismo paralelo.
Un segundo perfil en la desembocadura del río de Copiapó, continuando tam-
bién el mismo paralelo hasta los Andes.
Un tercero por Pan de Azúcar, otro por Taltal, etcétera.
Rebanado así el terreno por planos verticales, perpendiculares al meridiano,
los cortes demostrarán la configuración exacta del terreno en razón del curso en
que corren todos los ejes de montañas, siempre de Norte a Sur.
Pero no es aquí sino en la descripción orográfica y en el libro sobre geología
correspondiente a esta obra, donde se tratará de este importante detalle.
He aquí el cuadro de alturas sobre el nivel del mar que damos, para muchos de
los puntos indicados, con la natural desconfianza de la imperfección de los métodos
y de los instrumentos y sólo como aproximados dentro de la tolerable aceptación.

100 a 200

Metros
100 Kilómetros 3 (F.C. de Taltal).
100 Kilómetro 12 (F.C. de Caldera a Copiapó).
120 Kilómetro 9 del F.C. de Mejillones.
129 Alto del Fraile (F.C. de Caldera a Copiapó).
132 Carpa núm. 2 del F.C. de Copiapó.
134 Barraquillas (F.C. de Carrizal).
135 Kilómetro 12 del F.C. de Mejillones.
137 Monte Amargo (F.C. de Caldera a Copiapó).
157 Portezuelo Burro Muerto (entre Caldera y Algarrobo).

200 a 300

200 Kilómetro 5 (F.C. de Taltal).


225 Carpa N° 3 (F.C. de Copiapó).
*
225 Canto del Agua (F.C. de Carrizal).
240 Freirina.
242 Reverso, inmediato a mina Crimea (F.C. de Tocopilla).
245 Posada (kilómetro 20 del F.C. de Mejillones).
254 Piedra Colgada (F.C. de Copiapó).
264 Cumbre Morro de Copiapó.
264 Chorrillos (F.C. de Carrizal al Manganeso).

*
Vértice de triángulos.

-300-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 300 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

Metros
290 Toledo (F.C. de Copiapó).
*
292 Cerro de Montevideo, llanos de Caldera.
295 Loncomilla (F.C. Huasco a Vallenar).

300 a 400

300 Kilómetro 9 (F.C. de Taltal).


307 Cumbre y lindero del Morro de Copiapó, S de Caldera.
311 Carpa N° 4 (F.C. de Copiapó).
336 Mina Flor de María: cerro Gordo de Mejillones.
351 Agua de la Negra (Antofagasta).
352 Milla 30 (F.C. de Carrizal).
*
356 Algarrobal (Carrizal).
369 Copiapó.
383 Vallenar.
388 Cuesta de Perales, Paposo.

400 a 500

400 Kilómetro ii (F.C. de Taltal).


403 El Salado, término del F.C. de Chañaral.
422 Mina Manto de Ossa, Algarrobo de Caldera.
434 Punta Díaz (F.C. de Carrizal).
438 Paipote (F.C. de Copiapó).
440 Vegas de la Cachina, en la máquina de resacar agua, Taltal.
*
477 Carrizal Alto, mineral.
478 Arranque del ramal a Astillas, F.C. de Carrizal al Manganeso.
489 Tierra Amarilla (pueblo y estación del F.C. de Copiapó).
491 Posada de la Varilla (al S de Canto de Agua, Chañaral).
500 Posada de Luján (al pie de Canto de Agua).
500 Punta del Cobre (F.C. de Copiapó).
509 Mineral del Algarrobo, de Caldera.

500 a 600

500 Kilómetro 13 (F.C. de Taltal).


*
Salar del Carmen (Antofagasta).
523 Galena (F.C. de Carrizal).
539 Nantoco (F.C. de Copiapó).
*
539 Ladrillos (F.C. de Copiapó).
545 Posada de Cascabeles.
548 El Diablo, cerrito al S de Chañarcillo.
553 Punta del Viento (F.C. Carrizal a Jarilla).
555 Milla 17 (F.C. de Antofagasta).

*
Vértice de triángulos.

-301-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 301 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Metros
562 Aguada de Marañón.
579 Cerrillos (F.C. Copiapó).
592 Cerro Negro, Llanos de Caldera.
595 Llano de los Lirios.
597 Estación, camino a Quillagua (F.C. de Antofagasta).

600 a 700

600 Mina Astillas, Carrizal.


600 Posada de Escaleritas, quebrada de Santa Luisa.
604 Mina Paraguaya, extremo del F.C. de Chañaral en Las Ánimas.
*
606 Mina Portezuelo (Carrizal).
608 Punta Carmen (al O del Pueblo Hundido en la prolongación
del F.C. a Pueblo Hundido).
609 Las Breas (F.C. de Taltal).
610 Totoralillo (F.C. de Copiapó).
620 Posada de Paposo.
622 Punta Corrientes (F.C. Carrizal a Jarilla).
628 Aguada Cachina (Esmeralda), en los Piques.
630 Refresco de Pastenes (Carrizalillo).
636 El Churqui ( Juan Godoi).
645 Chulo (Carpa Nº 11, F.C. de Copiapó).
668 Pabellón (F.C. de Copiapó).
682 Punta de Marañón.
684 Carpa Nº 9 (F.C. de Copiapó).
693 Potrero Seco (F.C. de Copiapó).
*
695 Punta de los Salineros.
695 Mina Carrizalillo.

700 a 800

710 Estación del Algarrobo (F.C. de Carrizal a Jarilla).


715 Portezuelo de Picanas, Punta de Díaz a Chañarcillo.
728 Aguada del Chulo (Copiapó).
730 Aguada Salitrosa (quebrada de Flamenco).
746 Garpa Nº 7 (El Yeso).
750 Aguada de Adentro (Quebrada de Botijas).
*
753 Cerro de Roco, Caldera.
761 Pajonales (Carpa Nº 10 del F.C. a Chañarcillo).
764 Llano del sur del Portezuelo de la Viñita.
765 Refresco, en la prolongación del F.C. Salado a Pueblo Hundido.
769 Mantos Blancos (F.C. de Antofagasta).
*
792 Garín (F.C. de Copiapó a Puquios).
792 Cerro Negro, Carrizal.

*
Vértice de triángulos.

-302-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 302 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

Metros
790 Pueblo Hundido, Chañaral.
799 Hornito (F.C. de Copiapó).

800 a 900

800 Kilómetro 25 (F.C. Taltal.)


*
818 Placilla de la Florida (al pie del mineral).
820 Encrucijada Matancillas (Paposo).
*
820 Algarrobo (Carrizal).
825 Rosilla (F.C. de Carrizal)
825 Pampa Larga (Minas).
830 Quebrada Juncal, abajo de Arenillas.
836 Quillagua.
*
840 Lindero (cerro de Ustaris).
851 Portezuelo de la Viñita (Copiapó).
857 Tres Puentes (F.C. a Copiapó).
862 Angostura de Chañarcitos a Inca (Chañaral).
864 Juan Godoy.
885 Cuevitas o San Jorge (F.C. de Antofagasta).
*
898 Cerro de Capis, Copiapó.

900 a 1.000

900 Kilómetro 36 (F.C. de Taltal).


900 Merceditas, término del F.C. Carrizal a Jarilla.
900 Refresco de Arenillas (Pan de Azúcar).
*
904 Corro Cantera, Copiapó.
910 Portezuelo de Cardones (Copiapó).
915 Oficina frente a Cuevitas de Aguas Blancas.
916 Mina Dolores 1ª (Chañarcillo).
*
925 Lindero cerro Paso Malo.
945 Portezuelo camino de Chañaral a la Florida.
948 Loros (F.C. de Copiapó).
*
958 Cerro cortado.
960 Portezuelo de Bombas a Cachina.

1.000 a 1.100

1000 San Antonio y río de Copiapó, término del ferrocarril.


1000 Barriles (F.C. de Tocopilla).
1004 Portezuelo de Pueblo Hundido a Chañarcitos.
1005 Carpa núm. 12 (Venado F.C. Copiapó a Puquios).
1017 Cerrillos de Antofagasta, línea del ferrocarril, antes del Carmen Alto.
*
1021 Cerro de la Jaula.

*
Vértice de triángulos.

-303-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 303 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Metros
1023 Cerro de Chanchoquín, Copiapó.
*
1035 Mineral del Carrizalillo
1040 Las Canchas (F.C. de Taltal).
1040 Frente a linderito al sur de Colmos.
1050 Toco, salitreras Buena Esperanza.
*
1052 Lindero cerro Perales (Taltal), inmediato al pueblo.

1.100 a 1.200

1105 Placilla del mineral Esmeralda, al pie del cerro.


1106 Estación Santa Isabel del Toco.
1120 Llanura, bajando de Altamira, 3 kilómetros más abajo del núm. 1.180.
1125 Lindero cerro Minillas.
1130 Maralles (Solo).
*
1140 Establecimiento Lautaro de Amolanas.
*
1143 Cumbre de Chicharras, Copiapó.
1165 Oficina Esmeralda de Aguas Blancas.
*
1170 Cumbre del Algarrobo, Caldera.
1178 Yerba Buena (Carrizal) término del ferrocarril.
*
1175 Cumbre de Ladrillos, Copiapó.
1180 Llanura, bajando de Altamira, frente a sierra Overa en el bajo
(F.C. longitudinal).
1183 Marayes, quebrada de Cerrillos a Carrizalillo.

1.200 a 1.300

1200 Mina Abundancia de Paposo.


1225 Mina Japonesa (Florida).
1230 23 kilómetros más adelante de Angostura (Chañaral).
1225 Mina Abundancia (Paposo).
1237 Puquios (Copiapó), término del ferrocarril.
1256 Molle Bajo (F.C. de Chañarcillo).
*
1258 Chacance, río Loa.
1262 Cerro Bandurrias (Chañaral).
1285 Puntilla, salitreras del Toco.
1290 Carmen Alto (F.C. de Antofagasta).
1292 Kilómetro 48 (F.C. de Taltal).

1.300 a 1.400

1314 Ojancos (cerro).


*

1327 Miscanti, río Loa.


1336 Casas de Pulido, río Copiapó.
1338 Salinas (F.C. de Antofagasta)

*
Vértice de triángulos.

-304-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 304 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

Metros
*
1338 Cumbre de Jesús María.
1364 Molle Alto (F.C. de Copiapó).
1365 Juntas (Copiapó).
*
1368 Cerro del Pingo (Taltal).
1375 Central (F.C. de Tocopilla).
*
1382 Pampa Central (Antofagasta).

1.400 a 1.500

1400 Kilómetro 55 (F.C. de Taltal).


1425 Hacienda Pulido, río de Copiapó.
1425 Salitrera Florencia de Aguas Blancas.
1446 Aguada de Flamenco, cruzamiento con el camino del Inca.
1447 Pampa Alta (F.C. de Antofagasta).
1460 Pique de San Jorge de los Barnett, seco.
1476 Agua Verde (F.C. de Taltal).
*
1480 Cumbre de Ustaris, Copiapó.
1487 Estación de Caracoles (F.C. de Antofagasta).
*
1490 Mina Colmos.
1494 Finca de Chañaral.
1495 Ojeda (F.C. de Tocopilla) cumbre del cordón de la costa.
1397 Alto del Camino del Inca, al sur de Chimbero.
1490 Frente al mineral del Inca de Oro.

1.500 a 1.600

1506 Cerrillos al norte de Pampa Central (Antofagasta).


1510 San Pedro (salitrera, camino Abundancia a Reventón).
*
1512 Cumbre del Morado, Caldera.
1520 Encrucijada del Camino de los Ingleses (Copiapó a Chañaral).
1520 Vaguada al caer en Salinas, (camino San Jorge).
1524 Portezuelo del Inca, camino por el Chulo a Tres Puntas, al O
de Cachiyuyo.
1536 Confluencia del río Montosa.
1550 Mina Altamira.
1556 Casas de la Hacienda Manilas.
1560 Portezuelo Chañaral a Chimbero.
1580 Oficina de Dos Amigos (Taltal).
1590 Pan de Azúcar (del Loa).
1594 Casas de Manilas, río Copiapó.

*
Vértice de triángulos.

-305-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 305 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

1.600 a 1.700

Metros
1600 Mineral cerro Negro.
1600 Quebrada de Caballo Muerto.
1612 Mineral Inca de Oro, en la llanura.
*
1615 Sierra Gorda (F.C. de Antofagasta).
1615 Máquina de Puquios.
1638 Llano del Inca.
1640 Portezuelo del manto Hediondo, Puquios de Copiapó.
1646 Barranca (quebrada Chañaral, frente a Finca).
1648 San Andrés, confusión de las quebradas San Andrés y Paipote.
1658 Máquina Atacama, llano de Varas, Copiapó.
1650 Cerro del Carmen.

1.700 a 1.800

1725 Mina Chiquitita (quebrada de Garín).


*
1725 Lindero (cerro Pedregoso) llano de Colupo, cerca del Loa.
1730 Mina Tres Chañares ( Jorquera).
1740 Oficina Catalina del Sur, Taltal.
1743 Junta del Salado con Pasto Cerrado, entre Chañaral y Copiapó.
1746 Llano de Varas, puntilla en el camino a Tres Puntas.
1760 San Cristóbal, cerro al este de la mina Carrizalillo.
*
1760 Frente a las Minas de Coria, camino Reventón, Reventón
a Aguas Blancas.
1764 Dorso de Salinas (Antofagasta) a mina San Jorge.
1770 Vega de Guacate, río Loa.
1780 Valles, río Manflas.
*
1790 Portezuelo Villanueva, al este del Inca de Oro.

1.800 a 1.900

1811 Romero Cabeza de Vaca (Placilla).


1815 Pintadas (Copiapó).
1816 Inca de Oro, mina Edelmira.
1818 Puerta Paipote, quebrada Paipote y Maricunga.
1830 Llano de Catalina del Sur a Refresco Seco.
*
1848 Refresco (F.C. de Taltal).
1850 Cerro (al SO de Colmos).
1864 Portezuelo Monte-Cristo, entre Chimbero y Tres Puntas.
1865 Agua de la Brea (cerro).
1877 Morro de Chañarcillo.
1880 Jorquera, río de Copiapó.

*
Vértice de triángulos.

-306-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 306 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

Metros
1890 Mina Reventón de Paposo.
1890 Pique Reyes Martínez.

1.900 a 2.000

1900 Llano Manto California.


1902 Molinos cerca de Puerta de Paipote, camino a Maricunga.
1926 Pampa Salitrera (Callejas).
1950 Mina Descubridora de Garín Viejo.
1950 Finca de Carrizalillo.
1950 A 17 kilómetros al este de Mina Reventón (camino a Aguas Blancas).
1970 Chehueque, al norte de Vallenar.

2.000 a 2.100

2006 Finca de Carrizalillo, quebrada de Cerrillos.


2010 Arranque de ramal a Salitrera Julia, Taltal.
2009 Salitrera Atacama, Taltal.
2020 Cerro Cabeza de Vaca.
2032 Lautaro, salitrera.
2041 Morro Punta de Varas.
2054 Mina Buena Esperanza del Chimbero.
2054 Salitrera Chilena-Española.
2056 Placilla del mineral de Tres Puntas.
2080 Pique de la anterior.
2085 Salitrera Rosario.
*
2090 Lindero cerro Ramaditas.
2098 Portezuelo entre Tres Puntas en Inca de Oro, camino de los ingleses.

2.100 a 2.200

*
2100 Mina Altamira.
2115 Portezuelo del Inca de Oro en la mina Buena Suerte.
2116 Cerro de los Frailes.
2133 Aguada (Finca Buena Esperanza del Chimbero).
2135 Casas de Jorquera.
*
2140 Mina Reventón del Paposo.
2140 Refresco Seco (Camino a mineral Juncal).
2144 Cerritos Bayos (F.C. de Antofagasta).
1250 Tapiales (Maricunga).
2164 Catalina del Norte, salitreras de Taltal.
2180 Mina Principio.
2199 Cortes Blancos (F.C. de Antofagasta).

*
Vértice de triángulos.

-307-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 307 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

2.200 a 2.300

Metros
2220 Finca de Carrizalillito.
2240 Abajo de Oficina J.A. Moreno (camino a Reventón).
2250 Casa de San Andrés.
2253 Vega de Tilopozo.
2255 Mina Armonía de Iscuña.
2255 Puente de Calama (F.C. de Antofagasta)
2263 Resguardo de Ramadas, río Copiapó.
2265 Estación de Calama (F.C. de Antofagasta).
*
2265 Pueblo de Calama.
*
2265 Sierra Overa.
2271 Morro Bajo de Cachiyuyo, frente a Máquina Atacama.
2287 Nacimiento quebrada de Carrizo.
2290 Mina Amolanas.

2.300 a 2.400

2300 Arranque del camino a mina Inesperada (F.C. de Taltal).


2304 Salto del Salado.
2340 7 kilómetros más al O de Refresco Ratones, dorso
para caer a Reventón.
2369 Refresco Ratones, dorso para caer a Reventón.
2370 Agua de la Cebada, al pie de sierra Argomedo, camino
a Cachinal.
2376 Morro avanzado del Mineral delinca.
*
2376 Cerro del Chivato.
2385 Agua de la Providencia, al norte de sierra del Profeta.
2389 Falda del Portezuelo para caer al río Manflas.
2390 Pueblo de Chiu-Chiu.
2396 Punta más alta, corrida de Varas.

2.400 a 2.300

2400 Primera Guardia (F.C.T. de Copiapó).


*
2400 Tilomonte.
2400 Nacimiento del río Manflas.
2401 Casas de San Andrés.
*
2420 Plaza de San Pedro de Atacama.
*
2425 Lindero N sierra Matancillas, Paposo.
2426 Milagro (F.C. de Antofagasta).
2430 Vega de Chañaral Alto, nacimiento de Mocobí.
*
2484 Checo de Plata.

*
Vértice de triángulos.

-308-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 308 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

2,500 a 2,600

Metros
*
2503 Lindero en cerro Tres Puntas.
2510 Portezuelo de El Dorado y Amarillos.
2529 Aguada de Cachinal (F.C. de Taltal).
*
2539 Pueblo de Toconao.
*
2540 Cerro de la Descubridora del Reventón (Paposo).
*
2543 Morro del Panteón (Tres Puntas).
2555 Aguada de Cachinal al pie de sierra Argomedo.
2579 Embocadura del río Potro.
2580 Salitrera Sudamérica.
*
2581 Morro estratificado al NE del Panteón.
2590 Resguardo de Jorquera.
*
2597 Farellón en cerro Tres Puntas.

2.600 a 2.700

*
2602 Punta del Medio en cerro Tres Puntas (M.).
2608 Vado de la Lucha (río Salado del Loa).
2620 Agua de la Encantada.
2630 Vegas del Toro (río Manilas).
*
2632 Cerro de Buenos Aires.
*
2642 Punta P. de las Tres Puntas.
2643 Estación de Cere (Antofagasta)
2649 Portezuelo para caer a río Manflas.
*
2651 Cerro Juana del Norte (E)
*
2660 Lindero bajo de Guanaco.
2660 Establecimiento nuevo Juncal.
2670 Pie del Castaño, río de Copiapó.
2670 Última guardia (cerrillo entre Caracoles y Calama = 2600).
2689 Ceres (F.C. de Antofagasta).
2695 Aiquina.
*
2698 Cachinal de la Sierra.

2.700 a 2.800

2705 Cumbre de El Dorado.


2706 Vegas de Monroy.
2724 Cañería de Pastos Largos en Punta Pailas
2728 Vegas del Cadillal, río Copiapó.
2751 Estación 5a cañería de agua Arturo Prat.
2758 Placilla de Caracoles.
2760 Ojo de Agua (F. C. de Copiapó).
2760 Agua Limón Verde.

*
Vértice de triángulos.

-309-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 309 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Metros
2760 Mina Arturo Prat, Cachinal.
*
2767 Morro Alto (C. de la Dulcinea de Puquios).
2770 Ingenio Mercedes (F.C. de Taltal).
2790 La Guardia, río de Copiapó.

2.800 a 2.900

2800 Entrada de la Coipa.


2800 Cacerío de Peine.
2800 Aguada Indio Muerto.
2805 Vegas de Doña Inés Chica.
2807 Estación 4a cañería de agua Arturo Prat.
2810 Finca de Carrizalillo.
*
2820 Lindero Alto del Guanaco del Sur.
2825 Agua del Castaño.
2835 Agua de San Juan (?)
2848 Minitas del río Turbio.
*
2852 Cerro del Guanaco, lindero Mineral.
2860 Mina Calameña de Caracoles.
2865 Soncor.
2880 Portezuelo Mercedes, entre Guanaco y Cachinal.

2.900 a 3.000

2900 Vaguada de Pastos Largos y Sapos, Taltal.


2930 Tres Chañares, Mina Elisa, Copiapó.
2931 Estación 3a cañería de agua Arturo Prat.
2940 Finca de Carrizalillito.
2947 Corral de Yáñez, río Copiapó.
2959 Vegas de Aiquina.
2960 Salar de Puntas Negras, cordillera, extremo sur donde cae
el cauce de Rio Rrío.
2960 Caspana.
*
2962 Punta cerro San José de Tres Puntas (C.)
2977 Puente del Añil (Ferrocarril de Antofagasta).
2990 La Llave, cañería Arturo Prat, camino a Portezuelo Carretas.

3.000 a 3.100

3000 Punta de Cachitos.


3009 Puente núm. 1, Conchi (F.C. Antofagasta).
3010 Puente núm. 2, Conchi (F.C. Antofagasta).
3012 Cachitos (Valle Copiapó).
*
3017 Cerro Blanco.

*
Vértice de triángulos.

-310-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 310 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

Metros
3025 Finca de San Bartolo
3028 Agua de la Cruz.
3030 Vegas de Mostazal.
*
3045 Lindero cerro alto (4 leguas al S de Iscuña).
3056 Valle Maricunga.
*
3057 Lindero al M. de Guanaco.
3065 Río Guanchatoco, confluencia con Salado.
*
3066 Cumbre del cerro Deseada de Caracoles.
3072 Agua de Incahuasi.
3075 Portezuelo de San Guillermo, cordillera Domeyko, camino
carretero de Cachinal al Salar de Puntas Negras.
3085 Estación 2, cañería agua Arturo Prat.

3.100 a 3.200

3100 Falda del Indio Muerto.


3112 Establecimiento San Bartolo.
3115 Agua de Acerillo.
3125 Machuca.
3150 Montosa, Copiapó.
3158 Vegas de Imilac.
*
3166 Lindero sierra Fraga.
3170 Portezuelo del Loro, cordillera Domeyko, al sur de San
Guillermo.
3181 Llano de la Exploradora.
3193 Llano de Vaquillas, al occidente de la cordillera Domeyko.

3.200 a 3.300

3150 Piuquenes, río Copiapó.


3207 Portezuelo del Castaño (Valle Copiapó).
3231 Estación 1, cañería agua Arturo Prat.
3234 Estación San Pedro (F.C. Antofagasta).
3240 Puente (F.C. Antofagasta).
3240 Vegas de Carachapampas.
3245 Cerro del Bordo (Atacama).
3255 Peñón, Caserío, cordillera Antofagasta de la Sierra.
3260 Agua de las Tablas (Pedernales).
3272 Portezuelo del Potro.
3275 Agua de la Teca.
3290 Valle Moreno (vía Puquios).
3295 Embocadura del río Ramadilla, Copiapó.

*
Vértice de triángulos.

-311-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 311 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

3.300 a 3.400

Metros
3307 Pueblo de Socaire.
3309 Vega de Onas.
3330 Aguadas Dulces, de Caracoles.
3333 Confluencia río Piuquenes con Nevado.
3350 Vegas del Caulón.
3355 Cueros de Poruña (entrada F.C. de Antofagasta).
3360 Obispito (valle de Copiapó).
3377 Puerto de Piuquenes.
3391 Cueros de Poruña (salida F.C. de Antofagasta).
3398 Tronquitos, de río Manflas.

3.400 a 3.500

3400 Mina Buena Esperanza (de Vaquillas).


*

3410 Agua de Varas.


3415 Agua del Juncal Arriba.
*
3426 Establecimiento Pedernales.
3428 Juntas del Pan y Mondaca.
3434 Punta de San Pedro (F.C. Antofagasta).
3435 Portezuelo de Valiente.
3444 Vega de Pajonales.
3450 Alojadero de Monardes, río Figueroa.
3456 Alojadero de Antofaya.
3465 Cumbre Limón Verde, entre Caracoles y Calama.
3468 Botijuelas Camino a Antofaya.
3477 Vegas de Quebrada Seca, cordilleras de Copiapó.
3494 Peñasco de Diego.
*
3406 Vega Incahuasi, al O de Olajaca.

3.500 a 3.600

3500 Primeras vegas de Sapos, Taltal.


3500 Bloc (quebrada de Maricunga).
3505 Refresco de Carretas en el camino a la Sal, de Cachinal
al Salar de Puntas Negras.
*
3515 Agua del Bolsón.
*
3516 Peñasco, pueblo de Antofagasta de la Sierra.
3530 Confluencia quebrada del Bolsón y Juncal.
3544 Punta de Polapi (F.C. de Antofagasta).
3554 Lindero C. Pastillo.
*
3564 Aguas Calientes (antiguo establecimiento San Pedro).
3925 Mina Descubridora de la Coipa.

*
Vértice de triángulos.

-312-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 312 26-09-12 13:20


Desierto y cordilleras de Atacama.indb 313 26-09-12 13:20
Valle de Copaquilla. Precordillera de Arica-Parinacota. Pablo Osses, archivo particular.

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 314 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

Metros
3570 Vegas de Puntas Negras.
3575 Vegas del Chaco.
*
3588 Vegas del Rio Frío.
3597 Vega del cerro Bravo.

3.600 a 3.700

3604 Vega de la Zorra, falda O del Llullaillaco.


3610 Quebrada de las Pircas, río Vizcachas.
3617 Lagunillas del Nevado.
3642 Vega de Pajonales al N de Guanaqueros, pie del Llullaillaco.
3635 Primer alojamiento de la Gallina.
3645 Portezuelo de Pedernales.
3550 Pozo Luis Sandoval, detrás del portezuelo de las Carretas.
3680 Pozo de Pasto de Ventura (línea)
3685 Río Tocomar, alojadero, O del Llullaillaco.
3688 Carcote (entrada al lago).
3694 Carcote (salida del lago.).
3695 Frontera, línea de frontera chileno-boliviana.
3696 Estación Alcagui.
*
3699 Lindero volcán Alumbrera.

3.700 a 3.800

3700 Mina Sandon.


3700 Mina Coipa.
3710 Polapi.
3715 Agua de la Encantada.
3720 Portezuelo.
3729 Estación de Cebollar (F.C. de Antofagasta).
3730 Cumbre del cerro Indio Muerto.
3743 Vega de Pozuelos.
3747 Vega de Socompa.
3750 Chorrillos (argentino).
3750 Portezuelo para ir a Agua de la Teca.
3758 Estación de Polapi (F.C. de Antofagasta).
3764 Vega de la Ola.
3765 Volcán de Agua (nacimiento del Salado).
3783 Vega Juncal (orilla E. Salar de Arizaro).
3760 Minas del Chaco.
3790 Pie de la cordillera Maricunga.

*
Vértice de triángulos.

-315-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 315 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

3.800 a 3.900

Metros
3800 Laguna Maricunga.
3800 Alojamiento de Pircas Negras.
3803 Carcote, estación F.C. de Antofagasta.
3805 Casa administración de la cañería de Sapos, Taltal.
3810 Cascada en río Juncal hacia Leoncitos.
3811 Vega de Quirón.
3812 Pueblo del Rosario (altiplanicie Atacameña).
3827 Puquio, alojamiento en camino a Tiloposo.
3830 Vega Tola.
3838 Vega de Macón.
3840 Aguas minerales en quebrada Gallina.
3848 Vega de Caurchari.
3850 Mina Exploradora.
3857 Vega del Tolar Chico.
3859 Cerca de Laguna Minique.
*
3860 Laguna de Maricunga.
3860 Portezuelo de Vicuña, cayendo a Mocoví.
3863 Vega de Potrero Grande.
3870 Río Lamas.
3871 Segundo alojamiento, río Gallina.
3877 Ciénega Redonda, al pie del Azufre.
3882 Vega, Falda Ciénega al sur de Catua.
3883 Vega de Pastos Chicos.
3895 Laguna de Lejía.
3.900 a 4.000

3900 Laguna del Negro Francisco.


3900 Vega de Choschas.
3910 Vega Ojo de Colorados.
3915 Quebrada de Codocedo.
3920 Últimas vegas de Sapos, Taltal.
3930 Vega Aguas Coloradas, pie Este, sierra Macón.
3930 Lindero cerro Bayo.
3934 Cacerío de Pasos Grandes.
3940 Extremo norte de la Meseta.
3944 Vega de Cori.
3445 Vega Agua Caliente (camino a Vaquillas).
3813 Vega del Tolar Grande.
3950 Vega de Lagunillas.
3950 Alojamiento de Pircas Negras.
3960 Estación de Ascotan (F.C. de Antofagasta).
3975 Vega de quebrada Seca.

*
Vértice de triángulos.

-316-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 316 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

3976 Vega de Cortadera.


3980 Vega de Hécar.
3980 Pie del volcán Tumisa.
3980 Llanura del Yeso, más al N de Piedra Parada.
3990 Quebrada Seca, al pie de la cordillera.
3995 Vega de Cavi.

4.000 a 4.100

4000 Portezuelo de Sapos, cordillera Domeyko, Taltal.


4002 Lindero en barranca de vega de Rio Frío.
4004 Peña Negra, quebrada de Antofagasta.
4004 Vega de Leoncitos.
4010 Boratera de Siberia.
4010 Laguna Brava.
4013 Los corrales del río Juncalito.
4014 Chagsa, al N de Licancaur.
4015 Portezuelo de Vaquillas, cordillera Domeyko, Taltal.
4020 Llano hacia Piedra Parada, frente a lindero 100.
4025 Portezuelo de las Carretas, cordillera Domeyko, frente a
Cachinal.
4030 Portezuelo de Caurchari a Catua.
4032 Lindero cerro Curuto.
4038 Ranchos, al O de portezuelo de Codocedo.
4040 Río Onas.
4042 Lindero cerro de la Ternera.
4064 Vega de Pozo Bravo al E de Catua.
4065 Portezuelo de Vicuña.
4068 Caserío de Catua.

4070 Vega de Samenta.


4073 Portezuelo de Mondaca.
4092 Laguna al pie del Volcán.

4.100 a 4.200

4100 Vega de Mojones, casa del Comisionado.


4115 Portezuelo Anticlinal de Mojones.
4120 Portezuelo Agua Helada.
4120 Ramal de la Gruta, Gallina.
4120 Guaitiquina, vegas.
4123 Meseta de Monardes.
4125 Llano más al N., frente al lindero 89.
4142 En Pircas Negras, F.T. de San Antonio.
4150 Portezuelo Panteón de Aliste.
4155 Lagunilla.
4160 Cerro del Quimal.

-317-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 317 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Metros
4168 Vegas de Olaroz Grande.
4171 Vega de Barros Negros.
4175 Quebrada del Salin.
4177 Laguna del Negro Francisco.
4178 Vega de León Muerto.
*
4187 Lindero Morrito al N del pueblo de Pastos Grandes.
4190 Portezuelo de Maricunga, cordillera Domeyko.
4193 Vega alojamiento de Toro.
4190 Las Heladas, río Ramadas.
4197 Alojamiento cerca de laguna Negro Francisco.

4.200 a 4.300

4200 Vega de la Hoyada (falda cerro Robledo).


4215 Portezuelo de Chorrillos (línea).
4220 Peña Negra (Copiapó) portezuelo en la cordillera de los Andes.
4223 Vega de Hécar (otro alojamiento).
4229 Alojamiento de Piedra Parada (en río Juncalito).
4250 Lindero volcán Carachapampa.
4250 Vega de Acazoque.
4250 Ciénega Redonda.
4255 Vegas de Macón.
4260 Vega Umorchota.
4266 Vega Pili a río Negro.
4278 Carpa vega río Negro.
4285 Vega de Pairiqui Chico.
4296 Ojo de Agua (F.T. vía Puquios).

4.300 a 4.400

4300 Lindero cerro de la Exploradora.


4305 Vega laguna de los Patos.
4310 Vega Losló.
*
4313 Lindero cordón Tolar Grande.
*
4326 Cumbre de Chaschas.
4330 Vega de Achibarca, al N de Catua.
4330 Vega de Chamaca.
4335 Vega de quebrada Honda.
4340 Vega Ciénega Redonda.
4356 Campo de Tres Cruces.
4369 Río Lamas.
4376 Vega al pie del cerro Bayo, frontera boliviana en la puna.

*
Vértice de triángulos.

-318-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 318 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

4.400 a 4.500

Metros
4400 Lagunas de Montosa.
4432 Valle al pie de Vidal Gormaz.
4450 Portezuelo del Cajón.
4450 Lindero en Punta N del cerro Coyaguaima.
4470 Cuevas del río Aguas Calientes, al S de Ratones.
4477 Vega de la Panilla cerca de Mojones.
4477 Agua de las Perdices.
4478 Vega del Agua Delgada.
4497 Vega de Los Colorados, al N de Potrero Grande.

4.500 a 4.600

4500 Portezuelo Robledo.


4500 Vegas de Barros Negros, río Astaburuaga.
4504 Cumbre Codocedo.
4515 Portezuelo de Acerillo a Salitre.
4520 Portezuelo de quebrada Seca.
4532 Cumbre cerro de Onas.
4536 Laguna Verde, de Licancaur.
4540 Tres Cruces, portezuelo.
4581 Laguna Verde, de San Francisco.
4591 Lindero cerro Bávaro o Lares.
4363 Vegas de Olayaca.

4.600 a 4.700

4606 Laguna Brava.


4015 Lindero vega de Sapaleri.
4634 Altura de la Gallina.
4637 Portezuelo desde Laguna Negro Francisco para caer a Viscachas.
4650 Lavaderos del Carmen al NO de Siberia.
4663 Vega de Guaiyaques.
4670 Portezuelo de la Coipa.

4.700 a 4.800

4705 Cumbre del cerro de los Sapos.


4715 Laguna seca de Portezuelo.
4728 Tres Cruces.
4735 Vega de Los Colorados, cerca de cuevas de río Aguas Calientes.
4740 Cerro Vidal Cormaz.
4785 Lindero cerro Hornillos.

-319-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 319 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

4.800 a 4.900

Metros
4800 Pie E. cerro de Licancaur.
4819 Lindero cerro Gemelas.
4837 Portezuelo de Tres Quebradas (línea).
4870 San Francisco (Copiapó) F.C.T. vía Puquios.

4.900 a 5.000

4906 Lindero cerro Macón.


4961 Lindero en cordón E de Catua.
4975 Mina Incahuasi, costado O de Pastos Grandes.
4085 Portezuelo de la Lagunilla.

5.000 a 5.100

5000 Vegas de Chajnantor.


5000 Vegas de Aguas Calientes.
5010 Lindero cerro Vicuña.
5017 Lindero cerro Lucho.
5084 Lindero cerro Bayo.

5.100 a 5.200

5100 Portezuelo de Sapaleri.


5110 Lindero cerro de la Coipa.
5123 Cerrito cónico en la línea divisoria.
5130 Lindero en punta S. alta cerro Río Negro.
5149 Lindero cerro Lina.
5154 Punta en Barranca al N. del 323.
5160 Lindero cerro Leoncito.
5175 Lindero cerro Hombre Muerto.
5188 Punta rojiza al S. E. del cordón Aguas Calientes.

5.200 a 5.300

5200 Portezuelo entre Laguna Blanca y Sapaleri.


5200 Portezuelo del Negro Muerto.
5269 Lindero cerro Ratones.
5274 Lindero cerro Bravo.

5.300 a 5.400

5300 Portezuelo de Chajnantor.


5300 Portezuelo de Aguas Calientes.

-320-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 320 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

Metros
5303 Lindero cerro cónico de Chamaca.
5309 Lindero cordón Tumbres.
5313 Portezuelo de Pastos Grandes con Selto Pujio.
5322 Cumbre cerro Pili.
5322 Lindero cerro Pocitas.
5339 Lindero cerro Toco.
5343 Lindero cerro Cuero de Poruya.
5360 Lindero cerro Panteón de Aliste.
5379 Punta sur, cordón Gallo Muerto.
5386 Lindero cerro Ilanco.

5.400 a 5.500

5404 Lindero cerro Sapaleri.

5.500 a 5.600

5500 Pico de Doña Inés.


5500 Punta NE de los cerros del Rincón.
5501 Lindero cerro Tultul.
5515 Lindero cerro de Potor.
5534 Punta alta cerro Putas.
5572 Lindero nacimiento río Chajnantor.
5579 Lindero cerro Blanco.

5.600 a 5.700

5613 Lindero cerro Dos Hermanas.


5622 Lindero cerro Macón.
5655 Lindero cerro Jueregrande.
5660 Cerro del Juncalito.
5692 Punta de los cerros de Tumisa.

5.700 a 5.800

5810 Punta alta cerro Incahuasi.


5817 Volcán Colachi.

5.800 a 5.900

5833 Lindero cerro Tusler.


5838 Lindero cerro al O de Sapaleri.
5847 Puta alta cerro Aguas Calientes al E del 273.
5860 Cerro de Incahuasi.
5867 Nevado de Cancha Argollas.
5867 Cumbre de cerro Héctar.

-321-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 321 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

5.900 a 6.000

Metros
5903 Puntitas O de Puntas Negras.
5925 Lindero cerro Mojones.
5928 Lindero cerro Aguas Calientes, al O del Cajón.
5954 Punta cerro Aguas Calientes.
5992 Lindero cerro Azufre de Pastos Grandes.
5997 Cerro Licancaur.

6.000 y más

6049 Lindero cerro Puntas Negras.


6364 Cumbre cerro Ciénega Grande.
6404 Nevado de Pastos Grandes.
6600 Llullaillaco.

Entrando a dar cuenta de las observaciones de declinación y azimutes magné-


ticos, se hace necesario volver a repetir lo dicho sobre los cronómetros de bolsillo
Dent.
En las ciudades, donde las ocasiones de estudio de sus irregularidades y deter-
minación de su marcha diaria podían repetirse, esos instrumentos pudieron utili-
zarse muchas veces, como se ha visto, pero en las cordilleras y en los viajes que no
se hacían en condiciones de comodidad para el trasporte, su marcha desordenada
y sus movimientos imprevistos, deteniéndose cuando el frío era excesivo, hacían
inseguro e inútil su uso, careciendo, por otra parte, de medios apropiados para
determinar nuestra hora con bastante exactitud.
Con observaciones circunmeridianas del Sol o de las estrellas, la operación de
determinar la variación magnética se ha repetido en numerosas ocasiones cada vez
que las circunstancias han sido favorables.
Algunas anotaciones de variaciones diurnas han acusado, como en Copiapó,
una amplitud de ángulo que llegaba hasta 1’30” y en las altas cordilleras llamó más
de una vez la atención una notable diferencia en las lecturas magnéticas de los
di­versos instrumentos comparados con las análogas diferencias de los mismos en
otras circunstancias.
La falta de estabilidad en los observatorios o estaciones, y las molestias consi-
guientes a la intemperie en los campamentos del explorador, no permitían reducir
a observaciones sistematizadas ciertos fenómenos que despiertan interés y podrían
conducir a resultados importantes.
Una serie de observaciones, verificadas en Copiapó para la mejor orientación de
la base, habían dado un promedio de 12°46’ para la declinación magnética orien­tal.
Los trabajos de la comisión de astrónomos presidida por el señor Obrecht, y
verificados con instrumentos adecuados, dieron los siguientes resultados para las
constantes magnéticas en Copiapó, Caldera y Antofagasta, usando el magnetóme-
tro de Meyertein:

-322-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 322 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

Declinación

Copiapó 12°35’3 E: 3 de setiembre de 1888


Caldera 13°38’1 E: 18 de octubre de 1888
Antofagasta 12°1’5 E: 16 de diciembre de 1888

Inclinación

Copiapó 28°52’ S: 26 de octubre de 1888


Caldera 28°18’ S: 5 de noviembre de 1888
Antofagasta 24°29’ S: 17 de diciembre de 1888

Fuerza horizontal

Copiapó 0,2768: 4 de setiembre de 1888


Caldera 0,2758: 19 de octubre de 1888
Antofagasta 0,2775: 19 de diciembre de 1888

Las componentes horizontales de la fuerza horizontal magnética están expresa­


dos en los tres elementos de materia, espacio y tiempo de que dependen los fenó-
menos físicos, es decir, la masa para la cantidad de materia, la unidad de longitud
para comparar los espacios y la unidad de tiempo para estimar la duración del
fenómeno.
Las tres unidades constituyen el sistema llamado C.G.S., centímetro, masa y
segundo, pero modificando la teoría de Gaus con la sustitución del gramo-masa.
En Copiapó se ha fijado el meridiano astronómico en el terreno por medio
de una cruz griega pintada de negro y blanco contra la roca en la falda del cerro,
del Rosario que mira al norte, entre las calles de Talcahuano y Yumbel, dispuesto
de tal manera que basta con instalar un instrumento en el pilar de observaciones
con­tiguo al extremo A de la base de triangulación, basta apuntar a la cruz buscán-
dola diagonalmente al lado opuesto del valle, en aquella dirección, para tomar la
posesión matemática del sur astronómico.
En Antofagasta, el pilar de observaciones está colocado dentro de la estación
del ferrocarril inmediato a la puerta de entrada para el tráfico de carros, dando vis-
ta al cementerio, en cuya inmediación hay una señal de mampostería que sirve de
mira, según un ángulo horizontal de 89°15’13”4, contado desde el S astronómico.
Por la circunstancia de estar este punto inmediato a los paralelos de los desvíos
del ferrocarril y otros motivos de desviación que abundan en tales lugares, debe
preferirse, para la rectificación de las brújulas, el pilar inmediato al cementerio.
En algunos puntos de la alta cordillera donde no ha habido ocasión de determi­
nar la declinación de la aguja magnética con precisión, se ha insistido siempre en
repetir y asegurarse del valor de este ángulo para los efectos de los itinerarios de
caminos y otros datos tomados con la brújula.
Y así se puede dar para ciertas localidades como Maricunga, Pedernales de la
Ola, San Pedro de Atacama, Tilomonte y otros, el promedio de varias operaciones,

-323-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 323 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

a veces en distintas épocas y con agujas de diferentes instrumentos, confrontando,


además, las alturas circunmeridianas por medio de observaciones con el círculo de
reflexión y horizonte artificial.
Los resultados así obtenidos, como los de San Pedro de Atacama, Zorras de
Gua­naqueros, Copiapó y otros, merecen a este respecto especial confianza.
La variación obtenida en Guanaqueros es el promedio de cinco operaciones
verificadas simultáneamente por dos observadores con sus respectivos instrumen-
tos: de siete operaciones en la misma forma resultó la que se da para San Pedro
de Atacama.

Cuadro de declinaciones magnéticas

Localidades Declinación Latitudes Longitudes Alturas


oriental

Copiapó 12°33’ 27°21’33” 5 70°21’22” 5 369


Caldera 13°38’ 27°04’05” 9 70°49’05” 24 –
Máquina Atacama, Cachiyuyo 13°23’ 27°04’28” 69°56’17” 1.745
Maricunga 13°15’ (?) 26°59’58” 6 69°06’50” 6 3.860
Pedernales de la Ola 14° 1’ (?) 26°19’21” 69°15’29” 3.420
Mineral de Carrizalillo 12°41’ 26°01’20” 6 70°19’52” 1.035
Mina Altamira 13°07’ 30” 25°50’02” 69°52’26” 2.100
Vaquillas, mina Buena Esperanza 12°28’ 25°23’37” 69°18’49” 3.400
Mina Arturo Prat 13°23’ 25” 24°59’44” 69°32’56” 2.712
Vegas de Guanaqueros 12°03’ 5” 24°33’43” 68°35’41” 3.983
Tilomonte 11°51’ 8” 23°50’42” 68°10’15” 2.400
Antofagasta (puerto) 12°01’ 5” 23°38’39” 3 70°24’39” 15 –
San Pedro de Atacama 11°07’ 22°58’7” 3 68°14’53” 2 2.420

Rumbos magnéticos

El uso de los azimutes magnéticos, a pesar de la poca exactitud de las lecturas, las
va­riaciones imprevistas, las perturbaciones locales y tantas otras causas de error,
son siempre útiles y prestan oportunos servicios al viajero y al explorador minero
sobre todo, que usa siempre la brújula como único medio de guía y orientación.
Del siguiente cuadro se podrá aprovechar un gran número de direcciones
mag­néticas, habiéndose escogido para formarlo aquellos puntos o lugares pobla-
dos o de minas que más interesan al minero u otros que, por el vasto horizonte
que abrazan, ofrecen ventajosos puntos de mira y orientación. Si el viajero lleva
consigo el mapa se ahorrará este trabajo, pero a falta de él bastará llevar en cartera
los datos que contiene este escrito.
No figuran en el mismo cuadro la latitud, longitud y altura, porque en los cua-
dros correspondientes se encuentran ya expresados estos elementos.

-324-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 324 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

Estación en El Obispo
(cerro de la costa inmediato al puerto Obispito)

Moradito (lindero) S 55° E


Ánimas (de Chañaral) id. N 40° E
Cerro Negro (de Cabeza de Vaca) id. S 6° ¼ E
Doña Inés N 54° ¼ E
Paso Malo (Chañaral) id. N 7° O

Estación en Paso Malo

Ánimas (lindero) S 64° E


Minillas (lindero) N 18° ¼ E
Pan de Azúcar (isla) N 25° ½ O
Obispo (lindero) S 1° ¼ E

Estación en Minillas

Paso Malo (cumbre de lindero) S 18° ¼ O


Portezuelos Blancos (quebrada Chañaral) S 3° ½ E
Esmeralda (lindero) N 36° ¾ O
Florida (lindero) S 70° ½ O
Bombas (lindero) N 18° ¼ O

Estación en cerro de las Vacas


(frente a Monte Amargo)

Tía Ramos (cerro lindero) N 72° E


Rocos (cerro lindero) N 28° E

Estación en Algarrobo
(Caldera, lindero)

Ustaris (lindero) S 70° E


Morado (lindero) N 25° E

Estación en El Toco
(cerrito de la Casualidad)

Centinela de Caracoles (lindero) S 37° ¾ E


Limón Verde (lindero) S 46° ¼ E
Inca, de Calama S 83° E

Estación Ballena

Refresco (estanque de la estación) S 55° O


Catalina del sur (Chimenea) S 5° ¼ O

-325-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 325 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Pique Germania S 58° ¾ E


Máquina beneficiadora de Cachinal N 34° E
Oficina Lautaro S 66° E

Estación cerro Pedregoso


(llano)

Cerro Solitario (lindero) S 30° ¾ E


Sierra Gorda (lindero) S 58° ¾ E
Limón Verde (lindero) S 87° E
Pan de Azúcar (Guacate) N 74° ½ E
Calama N 68° E
Cerro Colupo (lindero) S 69° O
Cerro Ramaditas (lindero) S 64° ½ O

Estación Coipa
(lindero)

Tronquitos (lindero) S 9° O
Pingo (lindero) S 88° ¾ O
San Andrés (lindero) S 63° ½ O
Tres Cruces S 67° E
Nevados de Jotabeche S 13° E
Monte Pissis S 78° ¼ E
Volcán Copiapó S 22° E

Estación Barranca
(San Bartolo)

Quimal (lindero) S 37° O


Licancaur S 84° E
Socompa S 11° E
Chúschul (lindero) N 85° O

Cerro Blanco
(cumbre de la Plata)

Morro Chañarcillo (lindero) N 45° O


Leones (lindero) N 35° E
Calquis (lindero) N 28° E
Potros S 60° E
Antibillaco S 58° E
Punta Áspera de la Rosilla S 20° O
Punta de Potrerillos S 50° O

-326-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 326 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

Alto de Pajonales
(Chañarcillo)

Mina Castillo N 85° O


Punta de Bayo Grande (lindero) S 70° O
Punta Picanas S 10° E

Estación cerro de la mina Restauradora

Lindero en Chicarras N 4° E
Lindero Normilla (lindero) O
Punta N de Hornillos (lindero) S 70° E
Cumbre de Pinuño S 20° O
Lindero de cerro Fritis S 40° E
Cumbre de Loma Grande S 30° E
Cerro Tajado N 15° E

Estación en cumbre del volcán Alumbrera


altiplanicie de Antofagasta de la Sierra

Lindero de cerro Oiré S 77° ¼ O


Lindero cumbre Mojones S 12° ½ O
Cumbre Curuto (lindero) S 16° E
Cumbre de Peñón (cordillera anticlinal) S 60° E
Lindero laguna Blanca (cordillera anticlinal) S 46° E
Lindero cerro Robledo S 21° ¼ O
Cerro San Buena Ventura S 31° ½ O

Estación en Lindero Garín

Lindero cerro Ustaris N 78° ½ O


Lindero cerro Cachiyuyo N 38° O
Lindero Tres Puntas N 23° ½ O
Lindero Fraga N 1° E
Lindero Ternera N 43° ½ E
Lindero Leones S 17° E
Lindero Carrizalillo S 8° ¼ E
Lindero cerro Buenos Aires S 16° ½ O

Estación en Lindero Garín

Lindero Morro Chañarcillo S 33° ½ O


Lindero Checo S 37° ¼ O
Lindero Potrerillo S 52° ¼ O
Lindero Jesús María S 66° ¼ O

-327-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 327 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Estación en Tres Cañares


(mina Descubridora)

Lindero Calquis N 62° O


Lindero Viscacha S 34° ½ O
Lindero Estancilla S 12° E

Estación en lagunillas
(cordillera del Nevado)

Lindero Cadillal S 73° ¾ O


Nevado de Jotabeche N 53° O
Dos Hermanas N 13° E

Estación en Ustaris
(Copiapó)

Lindero Morado N 42° ¼ O


Lindero Galleguillos N 41° ½ O
Lindero Chamonate S 72° ¼ O
Lindero Cachiyuyo de Oro N 44° ¼ E
Lindero Jesús María S 14° ½ E
Lindero San Juan N 32° O

Estación de Botijuelas
(cordillera de Antofaya)

Lindero de Achi S 85° ¼ E


Cerro Nevado de Colorados S 35° ½ O
Cerro Peinado S
Cerro de San Francisco S 8° O

Los siguientes acimutes han sido tomados con teodolito:

Estación en Máquina Atacama

Lindero cerro Vicuña 28°4’20”


Lindero cerro Pingo 41°45’40”
Farellón junto a punta sierra San Andrés 52°38’00”
Lindero sierra Fraga 65°40’00”
Morro sur de Puquios 123°23’00”
Lindero sierra Ternera 137° 4’00”
Aguada Buena Esperanza del Chimbero 12°58’20”
Morro Chico de Cachiyuyo 553°27’00”

-328-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 328 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

Estación en Máquina Atacama

Morro Alto de Cachiyuyo 305°13’00”


Punta alta corrida de Varas 344°30’00”
Abra frente a Vicuña 26°56’00”
Punta alta al E. de Portezuelo Llampos 205°20’20”
Punta culminante de cerro Dulcinea 183°21’40”
Punta culminante hacia el E. corrida Dulcinea 147°37’00”

Estación en cerro Florida, al sur

Lindero cerro al N. de Florida 13°45’00”


Lindero en morro blanquecino, detrás de
cerro Negro 316°58’20”
Lindero mal alto en sierra Carmen 164°23’20”
Lindero N de corrida Tres Gracias 110°57’00”
Lindero en el llano al N del anterior 56°31’20”
Bandera NO de cerro Negro 32°14’20”

Estación en lindero N de Tres Gracias

Lindero cerro N de la Florida 309°00’00”


Lindero cerro S de la Florida 291°15’00”
Farellón más alto en sierra Carmen 244°40’00”
Lindero cerro Santo Domingo 171°45’00”
Estación en Tres Gracias

Doña Inés 55°04’40”


Indio Muerto 71°40’20”
Vicuña 100°30’20”
Peineta (cono plomo) 123°59’00”
Peineta (cono pronunciado) 128°53’60”

Estación cerro San José de Tres Puntas

Aguada de la Buena Esperanza 103°52’20”


Chimenea de la Buena Esperanza 138°35’20”
Lindero morro alto de Cachiyuyo 157° 7’00”
Mina Andacollo (puerta del medio) 165° 9’40”
Lindero de Cachiyuyo, de gran triangulación 177° 9’40”
Punta cerro Ojancos 191°40’00”
Cerro del Chivato 312°57’40”

Estación en Cuevitas, cerro volcán Copiapó

Lindero cerro Tronquitos 280°28’20”


Lindero cerro Salitrosa de San Miguel 203°05’40”

-329-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 329 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Punta cerro del Azufre 90°59’20”


Pastillitos 46°41’00”

Estación en Cuesta de Maricunga

Lindero cerro Huanaca 300°28’20”


Lindero cerro Colorados 52°35’00”
Lindero cerro Pastillos 100°43’40”

Estación en Cerrillo de Siberia


(Caurchari)

Lindero Pocitas S 3° E
Lindero Pastos Grandes S 13° ¾ E
Cumbre culminante de Pastos Grandes S 19° E
Cumbre al NE del anterior S 34° ¾ E
San Antonio de los Cobres S 65° ½ E
Punta más oriental del gran cordón Nevado N 1° ¼ E
Punta Coyaguaimas N
Abra del Toro N 2° O
Punta de Olaroz N 9° E

Estación cumbre del Profeta

Llullaillaco N 80° E
Punta del Viento S 20° E
Puntilla sierra Áspera S 28° O
Cerro de Aguas Blancas N 45° O

No ha sido posible procurarse los elementos necesarios para ligar estos traba-
jos con los de la gran carta geográfica de Chile del señor Pissis.
En operaciones de esta naturaleza los datos de construcción son indispensa-
bles, ya que sin tales elementos científicos para la verificación e indagación de los
pun­tos nada se puede comprobar. Tampoco han quedado las señales materiales en
el terreno.
Si, no obstante, las hojas de ese mapa hubieran sido esmeradamente construi-
das, siempre servirían para los fines de comprobación y referencia requeridos, pero
es por desgracia evidente que la gran carta del señor Pissis ha sido desfigurada, sea
por los dibujantes o sea por los litógrafos, pues los cálculos del distinguido geógrafo,
que hay razón para suponer perfectos o exactos, no concuerdan con las indicacio-
nes figuradas en el papel, sucediendo así que entre las indicaciones del mapa, para
la situación geográfica de los puntos y los resultados del cálculo en sus registros o
cuadros de latitudes y longitudes, se descubren notables y chocantes contrariedades.
Tómense como ejemplos los puntos más cercanos a la ciudad de Copiapó.

-330-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 330 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

Nombres Coordenadas de Pissis Coordenadas de la


comisión exploradora
Latitudes Longitudes Latitudes Longitudes

Copiapó (plaza de Armas) 27°22’30”00 70°22’20”05 27°22’16”00 70°19’59”00


Jesús María (cumbre) – – 27°27’08”98 70°24’14”39
Pintadas (cumbres) 27°36’53”90 70°29’14”00 27°32’54”61 70°22’54”21
Checo (cumbres) 27°30’31”30 70°10’58”00 27°31’01”10 70°05’58”86
Morro de Chañarcillo (cumbres) 27°44’47”70 70°27’35”00 27°45’14”89 70°20’44”60
Ternera (cumbres) 27°12’58”00 69°45’21”00 27°16’21”12 69°44’02”30
Punta Plata de cerro
Blanco (cumbres) 28°01’25”20 70°13’52”00 28°01’52”00 70°07’42”42

Se observa en este cuadro que las latitudes de Pissis son todas, a excepción de
las de Copiapó y Pintadas, inferior a las nuestras, afectadas de errores por defecto,
al paso que las longitudes del mismo, al contrario, están excedidas o afectadas de
erro­res por exceso sobre las de la comisión exploradora.
Las aproximaciones satisfactorias que resultan para algunos de los puntos se-
ñalados no se comprueban, como dejamos dicho al principio, para las coordena-
das del señor Pissis, con las indicaciones gráficas de las mismas en el mapa.
Deduciendo las diferencias que resultan del anterior cuadro, aparecen éstas
co­mo siguen:
Nombres Diferencias
En latitud En longitud

Copiapó (plaza de Armas) + 0°00’14” 00 0°02’21”50


Jesús María – –
Pintadas + 0°03’59” 29 0°06’19”79
Checo – 0°00’29” 80 0°04’49”14
Morro de Chañarcillo – 0°00’27” 19 0°06’50”40
Ternera – 0°03’23” 12 0°01’18”70
Punta Plata de cerro Blanco – 0°00’26” 80 0°06’19”79

Tomando ahora las distancias correspondientes sobre el mapa resultan las si-
guientes inaceptables discordancias:

Nombres Distancias Distancias Diferencias


Pissis Comisión Expl.
Metros Metros Metros

Copiapó a Pintadas 29.375 21.117 8.258


Pintadas a Checo 32.125 28.169 3.956
Jesús María a Checo 34.375 31.000 3.375
Jesús María a Pintadas 21.750 10.876 10.874
Pintadas a Morro de Chañarcillo 14.625 23.060 8.435

-331-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 331 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Se observa que todas las distancias de Pissis están excedidas, menos las dos
úl­timas, lo que parece resultar de un error tipográfico que ha cambiado los nom-
bres de dos puntos, invirtiéndolos, pero aun cuando así desaparece la enormidad,
siem­pre subsisten para los mismos puntos los chocantes errores que afectan a los
de­más.
Estableciendo estas comparaciones para otros lugares más distantes de Copia-
pó, al norte, los errores son aun mucho más considerables, llegando muy a menudo
a 10, 20, 50 y más kilómetros de magnitud, pero como no se trataba sino de ligar un
mapa con otro por el extremo sur, no se considera de interés ni necesidad el consig-
nar las demostraciones de tales diferencias, bastando con lo dicho para evitar que
en el futuro se reproduzcan tales enormes errores y saber que debe prescindirse
en absoluto de consultar una carta en que todo está desfigurado, tanto los grandes
rasgos geográficos como los de detalle, la situación de los pueblos, minas, etcétera.
En la necesidad de que las extensiones de la superficie del globo que se desea
figurar en el papel no sufran alteración en cuanto sea posible, ni en los ángulos,
ni en las dimensiones lineales, ni en el área comprendida, buscando al efecto el
medio de hacer desarrollable la forma esférica como se desarrolla un cono o un
ci­lindro, se ha consultado, entre los numerosos medios de proyección imaginados
por los geógrafos, aquel que más conviniera a esas necesarias condiciones, procu-
rando a la vez atender al objeto, a la naturaleza y a los usos para los cuales el mapa
en cuestión está destinado.
El mapa geográfico del desierto y cordilleras de Atacama, encerrando la ex-
tensión de superficie terrestre comprendida entre los paralelos de 21°30’ a 28°30’
S, queda dentro de las alturas meridionales donde sin inconveniente se puede re-
presentar un cuadrilátero cualquiera del esferoide terrestre por un paralelogramo
rectilíneo equivalente, sin alterar sensiblemente las superficies ni las direcciones ni
las distancias.
Entre los diversos sistemas de proyección conducentes a este fin, que es el con-
veniente a una carta destinada a usos prácticos e industriales, a guía de viajeros y
exploraciones mineras, a usos vulgares a la vez que a indagaciones científicas, el de
las cartas reducidas de Mercator o del cilindro recto de Lambert, que reproducen
las coordenadas geográficas en latitud y longitud por medio de rectas perpendicu-
lares entre sí, son las que mejor responden a tales fines.
Las proyecciones cilíndricas, aun cuando no tienen como las cónicas la ventaja
de figurar las distancias medidas sobre los paralelos en su verdadera magnitud, en
relación a sus respectivas latitudes, ofrecen, no obstante, la posibilidad de guardar
la exactitud de las longitudes en el paralelo medio, sirviéndose del cilindro secante
en este círculo, dando lugar a muy poca desfiguración en las longitudes extremas
de una carta como la presente, que teniendo su media en 25° sólo se extiende hasta
4° hacia sus extremos N y S.
En cambio, las distancias contadas sobre el meridiano guardan su verdadera
magnitud, igualándose la proyección con el desarrollo del arco correspondiente en
la esfera, correspondiendo así para cada grado en longitud, en función del radio
del paralelo y del coseno de su latitud, el valor

-332-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 332 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

2 a’ cos. l
360
En consecuencia, tomando 100.925 metros por valor del grado de paralelo me­
dio en 25° de latitud, la magnitud del minuto de longitud corresponde a 1.682 me­tros
constantes, al paso que la del minuto de latitud poco o nada se aparta de 1.846 metros.
1
En la escala adoptada de 250.000 las dimensiones están así representadas por
7.384 milímetros para el minuto de meridiano y 6.728mm milímetros para el mi-
mm

nuto de paralelo, y para facilitar el uso general de la carta, se figura en el margen a


la doble escala geográfica y kilométrica, a razón, esta última, de 4 milímetros por
kilómetro.
Así graduado el papel del mapa, se han trazado sobre él, por sus coordenadas
geográficas, todos los puntos de la triangulación, y por intersección todos los de-
más que completan la triangulación, haciendo en total más de mil puntos fijados
con precisión o con satisfactoria exactitud.
La escala de 250.000 1 , necesaria para aprovechar los detalles que en escala me-
nor no figurarían, da al mapa una magnitud demasiado grande para el uso común,
1
y aun reduciéndola en una mitad, a 500.000 todavía no se prestaría cómodamente
al uso portátil, en cuya forma está destinado a servir a los viajeros y mineros.
No tanto por la ostensión en latitud que abraza 6°30’, sino, también, por la que
abraza en longitud, entre los meridianos 66°33’ a 71° próximamente, casi tres ve-
ces el ancho medio de Chile central y meridional, la dimensión más cómoda pa­ra
1
el viajero será la de 1.000.000 .
En los días de 1891, antes de la partida del autor para Europa con motivo de
la publicación de estas obras, dejó en dibujo esta edición que fue trazada según el
sistema policónico, tal como se describe en el Report of the Coast Survey of the United
States, que ya dejamos explicado en el tomo i, al describir los procedimientos geo-
gráficos seguidos en aquel país.
Dentro de tales líneas, el mapa tiene, como se comprende, para la escala de
1 , 1
250.000 casi 3 metros de largo por 2 de ancho; para la de 500.000 1,50 m por 1 m y
1
para la de 1.000.000 corresponde 0,75 x 0,50.
Habría sido conveniente conservar la primera edición grande en la oficina,
para consultas y futuras agregaciones, la del tamaño medio se habría hecho litogra-
fiar para el uso general y la menor acompañada a un opúsculo cuyo título de Guía
del cateador en el desierto y cordilleras de Atacama explica suficientemente su objeto.
Ya se sabe adonde vino a parar todo esto, mientras que el autor, en su misión a
Estados Unidos, esperaba instrucciones para proceder conforme a esta determina-
1
ción. El mapa en 1.000.000 había quedado en Europa y el grande fue obsequiado a
una oficina pública de Washington, que lo reprodujo reducido a escala de un tercio.
El trazado del mapa geológico, para el cual se han reunido bastantes elemen-
tos, exhibirá con alguna aproximación los contornos de las diversas formaciones
que constan en todo el territorio explorado, y que, más o menos, podemos explicar
en un breve bosquejo que en otro libro será ampliamente desarrollado.
A la costa marítima, un cordón de rocas sieníticas y dioríticas, y en parte for-
mación esquistosa; por el límite oriental, las cordilleras con sus traquitas, andesitas

-333-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 333 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

y lavas de moderna época; y en el eje central rocas cristalinas estratificadas o erup-


tivas y faldas cubiertas a trechos y como esporádicamente por corridas de forma-
ciones de sedimentación calcárea de la época del lías; y la oolita, accidentadas o
más bien alternadas éstas con rocas verdes diabásicas, augíticas o serpentinosas:
tal es en el gran conjunto la composición general geológica en la zona que cubre el
territorio del desierto y cordilleras de Atacama.
La relación entre las grietas o filones y las corrientes de rocas eruptivas indu-
cen con fuerza a sospechar la conexión entre éstos y aquéllos, atribuyendo a las
ve­tas un origen contemporáneo o un resultado directo de las fuerzas volcánicas o
de las dislocaciones que resultaron de sus erupciones producidas según sistemas de
líneas paralelas al meridiano.
Si mientras el continente sudamericano ofrecía el aspecto de un mero archi-
piélago de islas graníticas prolongadas de N a S , bordeabas en sus contornos por
los sedimentos calcáreos, las fuerzas interiores del planeta frágil que habitamos
pugnaban brusca o lentamente por solevantar la cáscara terrestre desde el fondo
del océano, las tierras emergentes debieron sufrir varias veces las alternativas de
exposición al aire o sepultación en los abismos oceánicos, haciendo así alternar
con los sedimentos del lías las extrañas formaciones en que las psamitas o arenis-
cas, de diversas coloraciones y estructuras, alternan a su vez con la extraordinaria
formación del terreno metamórfico de conglomerados y pórfidos.
Pero estos movimientos de la época del génesis planetario se operaban en sen-
tido de N a S y según esta dirección se agrietaba el terreno y preparaba la época de
la condensación o depósito de las materias minerales.
Por qué éstas se han abierto dentro de los sedimentos calcáreos con preferen-
cia y por qué en estos mismos, a su vez, han venido las rocas diabásicas y augíticas
a provocar las ricas y poderosas condensaciones de plata en sus variados com-
puestos mineralógicos, es cuestión de alta geognosia, cuya discusión no cabe en
este lugar, pero se impone a la curiosidad científica y viene al caso por la íntima
relación con la especialidad geográfica que trata de los contornos geológicos del
ma­pa.
Véase si no cómo las playas y fondos que surgieron de los antiguos mares jurá­
sicos se ven ahora distribuidos en el desierto, ofreciendo, sobre el campo oscuro
del terreno que los rodea, quizá el mismísimo aspecto que ofrecieron primitiva-
mente cuando se destacaban con sus contornos de brillante blancura sobre el azul
verdoso de los océanos primitivos. Y buscando las alineaciones a las que obede-
cen, tomemos unos pocos grados al E del N magnético y nos encontraremos en el
trayecto, en cuantas islas abordemos, siguiendo sin interrupción el mismo arrum-
bamiento, con otros tantos centros de opulencia, como Chañarcillo, Ladrillos, Tres
Puntas, Cachinal y Caracoles.
Tomemos otra zona más al O, y en la dirección del meridiano astronómico
daremos, donde quiera que un islote calizo se muestre en esa línea recta, con La
Flo­rida, que produjo millones en un simple peñasco de formación calcárea, y en-
seguida la reciente Esmeralda y después el Gritón, donde termina la serie para ir a
reaparecer otra vez, opulenta también, en Huantajaya,

-334-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 334 26-09-12 13:20


Desierto y cordilleras de Atacama.indb 335 26-09-12 13:20
Atrapanieblas en Oasis de Niebla Patache. Tarapacá. Pablo Osses, archivo particular.

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 336 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

Buscando, asimismo, las zonas geológicas que están en relación con la produc-
ción del cobre, se encuentra también la íntima conexión de los depósitos de este
me­tal con el cordón montañoso que bordea las orillas del Pacífico, abriendo sus
cria­deros en la diorita o en el granito que corona las cumbres, desparramándose el
mi­neral por sus planos y por doquier en sus diversas modificaciones, pero siempre
dentro de un paralelismo constante con la dirección de las grandes líneas orográ-
ficas de rocas eruptivas.
Esto determina hechos característicos que la representación geográfica pone
de manifiesto, despertando el interés del estudio y de la deducción de las leyes im­
portantes a las que obedecen.
Por ejemplo, la serie de los depósitos de hierro especular cobrizo en mantos,
placeres y rebosaderos, que parecen preceder a toda formación estratificada neo­
zóica o del grupo terciario, por cuanto las rocas porfídicas, diabasas y dientas en
que abren pertenecen a las edades del jura y van hasta el cretáceo, corresponden
al pie oriental de la cadena de la costa y se ven distribuidos según una línea que
arranca al sur de Astillas, en el departamento de Freirina, y sigue según una zona
que abraza como 30 kilómetros de ancho con rumbo al N magnético, encerrando
dentro de sus términos o límites los grandes rebosaderos y filones ferruginosos
de Castillo, Restaudora y Chañarcillito; San José Lechuzas y Galleguillos; Ema,
Sa­litrosa, Salado, California, Limbo y Tres Gracias; cerro Negro, Carrizalillo, Are-
nillas y Colmo; se prolonga más adelante esta misma zona en dirección siempre
constante, y coincidiendo con la región salitrera, hasta reaparecer en sierra Gorda
de Antofagasta y desaparecer otra vez dejando el campo al dominio exclusivo de
las pampas calicheras hasta más allá del Loa.
Los criaderos, en forma de grandes filones, de donde procede la producción
co­brera de Chile, obedecen también a arrumbamientos definidos siguiendo las
cum­bres y contrafuertes de ambos lados de la cordillera marítima.
Allí están Carrizal Bajo, Quebrada Seca, Algarrobo y el Morado al NE de
Caldera; Las Animas en Chañaral; Canchas en Taltal; Paposo, El Cobre, Cerro
Gordo y toda la serie de minas que sigue hacia Cobija y continua hasta Tocopilla.
¿Y las minas de plomo argentífero, galenas o carbonatos obedecen a una ma-
nera distinta de distribución que la de los criaderos de las especies puras de plata?
He aquí que, en el curso demostrado por el mapa, para las importantes minas de
La Galena en Carrizal y Caballo Muerto en Chañaral, la línea que las une aparece
como el límite occidental de otra zona que se extiende desde esa línea hacia la
falda de los Andes, comprendiendo en su centro otra corrida notable, señalada por
las minas más características del Pingo, Juncal, Ceniza, Árbol, etcétera.
Acercándonos al moderno período de erupciones volcánicas, ¿qué minerales
parecen haber surgido en conexión con este gran fenómeno geológico? También
las líneas de distribución minera del mapa los señalan en los cobres grises argentí-
feros y auríferos de Cerro Blanco y La Coipa.
Y por fin, si en vez de buscar la distribución de los minerales según su naturale­
za mineralógica, se persigue la relación de éstos con ciertos panizos o rocas de
determinada composición, como las felsitas, los pórfidos cuarcíferos, o si se sospe-

-337-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 337 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

cha que cierta forma de criaderos obedece también a ciertas leyes de distribución,
¿cómo describirlo?
Veamos todavía en el mapa una indicación que guíe en la investigación, y a la
vez, consultemos las colecciones que están en relación con esas indicaciones y se
encontrará, por ejemplo: mina Amodanas: en el contacto de la formación cal­cárea
con las psamitas ferruginosas, criadero de cobre acerado salpicado en un gran
dique de pórfido cuarcífero: igual formación a 75 kilómetros más adelante en río
Figueroa, y un tercer caso análogo en las del Azufre, todavía más al norte, a 30
kilómetros más o menos y en la misma línea de los dos primeros.
También hay puntos de una interesante formación carbonífera, conocida hasta
ahora en dos puntos del desierto, y cuya disposición, ligándose estas localidades
con otras análogas de la república Argentina, darán puntos de relación del mayor
interés científico. En efecto, las formaciones carboníferas de la Ternera y de Amo-
lanas, de gran celebridad e interés para nosotros, esta última por haber sido visita-
da por el ilustre Darwin, equivalen, al parecer, punto por punto, a las de Rioja, San
Juan y Mendoza, bien caracterizadas como pertenecientes a la formación rhética.
Así, los trabajos geográficos, combinados con la indagación minera y el estu-
dio geológico, indican, en el descubrimiento de ciertas vaguedades sobre la mane-
ra de existencia de los minerales, que prometen, con más atentas y multiplicadas
ocasiones de observación, llegar a resolverse en realidades que traerían acierto y
más segura retribución en esta oscura, difícil y penosísima ciencia del minero que
indaga con sagacidad penetrante y busca sin tregua los indispensables metales en
que tiene su origen todo el progreso material del mundo.
Es sabido cuántas dificultades se oponen a la determinación siquiera aproxima­
da de los contornos geológicos de un territorio y cuánta sagaz y minuciosa investi-
gación, tiempo y fatiga exigen semejantes estudios.
No es posible, por lo tanto, prometer gran cosa a este respecto en nuestro ma­
pa, pero a lo menos todo en ello será nuevo, y si no exacto en los detalles, será fiel
y verdadero en los grandes rasgos.
Mr. Pissis ha atribuido importancia práctica a la teoría de Mr. Elie de Beau-
mont, que define la dirección de un sistema montañoso como equivalente a la
di­rección del gran círculo máximo que mejor coincide en situación y orientación
con el promedio de los accidentes paralelos cuyo conjunto constituye el sistema.
Este círculo queda determinado por la latitud y por el ángulo que hace, en un
lu­gar dado, el círculo máximo con el meridiano del mismo lugar.
Pero el geólogo, que tanto ha estudiado la orografía andina, ha podido incurrir
en los errores consiguientes al desconocimiento de la verdadera dirección de los ejes
de las montañas en la parte más complicada y extensa del desierto atacameño y alti-
planicies inmediatas donde el rigor de las direcciones de un mismo cordón sufre inte-
rrupciones y cambios bruscos, así como también sucede que en sistemas de una mis-
ma orientación hay diferencias muy marcadas en sus respectivas edades geológicas.
Si se admite que la costra terrestre ha sido de composición regularmente homo­
génea, la idea de sus dislocaciones y rupturas, según contornos geométricos como
el de un polígono pentagonal, se impone sin gran resistencia al espíritu.

-338-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 338 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

Pero, en cuanto a los rasgos más prominentes de la orografía andina en la re-


gión atacameña, sería necesario apelar a concesiones muy convencionales y poco
acep­tables para hacerlos coincidir con los lados de un polígono regular.
Aun cuando la aplicación de la ingeniosa teoría del gran geólogo francés en-
cuentra, en cuanto a su aplicación en la corrida de las vetas metálicas, algunas coin­
cidencias interesantes, no las aceptamos como razones suficientes para generalizar
y, por nuestra parte, renunciamos a la tentación de aplicar la bella teoría a los re­
lieves orográficos de nuestro mapa, prefiriendo dejarnos la libertad de deducir lo
que las líneas por sí solas puedan revelar.
Aun cuando no corresponda a este lugar ni sea todavía oportunidad de descri­
bir el sistema orográfico del desierto y cordilleras es, sin embargo, aquí donde
corres­ponde hacer la clasificación necesaria de algunos grandes rasgos geográ-
ficos que necesitan nombres y deben llevarlos para la clara inteligencia de las
descripcio­nes y teorías a las que pueden dar lugar.
A la altura del gran cerro del Potro, en latitud S 28°18’30” y longitud 69°40’41”,
potente macizo de nieves perpetuas, adherido como colosal clavícula al esqueleto
montañoso de la línea anticlinal de los Andes, sigue según la alineación general
de la gran cordillera, un cordón altísimo también, pero que por su origen, su com-
posición geológica y sus caracteres orográficos, no corresponde a la real cordillera
Andina.
Esta comienza desde aquí a dirigirse hacia el NE hasta el gran macizo de San
Francisco, en latitud 27°03’34” y longitud 68°18’35”6, sirviendo como vértice o
tronco de dos inmensos brazos, extendido el uno hacia el O en busca del rumbo
y locación de la abandonada gran cordillera real y lanzado el otro hacia el E para
formar por ese lado el borde oriental de la altiplanicie atacameña hasta el cerro de
Granadas, en latitud 22°41’22” y longitud 66°35’50”.
En el largo curso de esta distancia, la naturaleza ha dado lugar al nacimiento
de las infinitas corrientes que bajan hacia las pampas argentinas y la inmensa cuen-
ca del Plata, determinando con las líneas de su espina dorsal el límite de aquella
república por el O.
Volviendo al punto de partida, el Potro, los brazos transversales que éste des-
prende, se anudan en los cruzamientos con otros cordones horizontales paralelos
al nuevo curso de los Andes, hacia el NE, y al verificarse esto con las cadenas
que encajonan el río de Figueroa, prolongado con el Jorquera hasta reunirse al de
Copiapó en las Juntas, se prolonga por el margen derecho de aquéllos un cordón
importante y continuo hasta el macizo de Tronquitos.
Existe, entre sus paralelos extremos de latitud, la distancia de 116 kilómetros
y proponemos que lleve el nombre de cordillera Darwin, en honor del eminente
na­turalista que primero la ilustró con las profundas observaciones de su vasta sabi­
duría.
Desde dicho macizo de Tronquitos, constituido así en el extremo norte de la
cor­dillera Darwin, continúa su prolongación al norte de la misma cadena montaño­
sa, definiéndose con ella un gran rasgo de la orografía andina, que forma como un
cor­dón o grada de ascenso a la importante llanura o alto valle que corre al pie de

-339-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 339 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

la puna de Atacama y que necesita también llevar un digno nombre que la defina
y caracterice.
El sabio que primero enseñó la mineralogía en Sudamérica, iniciándonos a la
vez en los rudimentos de la ciencia geológica que él dedujo de aquellas mismas
cordilleras y, que durante cuarenta años de sacerdocio científico se consagró ex-
clusivamente a Chile, es el que debe subsistir para siempre, recordado en aquel
rasgo notable de la geografía patria que proponemos llamar cordillera Domeyko.
Su situación queda determinada por el cerro de Tronquitos, en latitud
27°14’11”63, y el cerro del Quimal, que bruscamente la termina sobre la llanura
que bordea por el oeste la gran salina de Atacama, en latitud 23°9’0”9 y longitud
68°43’19”8, recorriendo, así, en su curso por las cumbres intermedias de Maricun-
ga, Codocedo, Cerro Bravo, Doña Inés, Bolsón, Chaca, Los Sapos, Varas e Imilac,
550 kilómetros de distancia.
Otros sabios extranjeros, a quienes la gratitud nacional y la ciencia universal
están obligadas por sus trabajos en aquellas mismas cordilleras y desiertos, deben
también quedar allí perpetuados con sus ilustres nombres.
Altiplanicie Philippi llamamos a la región que el director de nuestro Museo
Na­cional ilustró con los estudios de su científica especialidad y reprodujo con los
di­bujos tan exactos de la característica fisonomía de aquella solemne naturaleza.
Corre, esta alta llanura, entre la cordillera de Domeyko y la codillera Real de los
Andes, limitando al sur por el borde que la separa del salar de Infieles y hacia el
nor­te por la salina de Atacama.
Cordillera D’Orbigny es el gran lazo de unión, que cerrando por el norte toda
la región atacameña, liga la cordillera Real desde el Licancaur con la cordillera
oriental en el cerro de Granadas.
Cordillera Claudio Gay habíamos llamado al trecho de cordón montañoso
que corre en los 95 kilómetros de largo que corresponden a la interrupción de la
cordille­ra Real, entre los picos de Tres Cruces y Juncalito, pero que hoy prolonga-
mos a mayor extensión al norte para simplificar descripciones que haremos más
adelante.
Sierra de Gorbea, en nombre del insigne matemático que enseñó primero la
mecánica razonada en Chile, es un cordón transversal que establece la interrup-
ción más pronunciada que se interpone en la continuidad de la altiplanicie ataca-
meña, por el oeste, pero con profundas depresiones al centro.
Monte Pissis, en recuerdo y honor del geógrafo y geólogo que varias veces he-
mos debido nombrar, es una potente montaña que determina un punto notable de
la cordillera Real, en el límite argentino, sin nombre hasta ahora conocido y que se
encumbra terminando en cúspide de forma cuadrangular en el paralelo 27°45’20”
y longitud 68°41’17”.
Posteriormente, el naturalista argentino don Francisco B. Moreno, comentan-
do nuestras descripciones de la orografía andina dice que este cerro debe corres-
ponder con el llamado Pabellón de la Laguna. En tantas veces de andar por allí
y de consultar a diversos guías o viajeros, nunca habíamos oído citar ese nombre
geo­gráfico, pero si él existe, lo que es muy probable, es seguro que no corresponde

-340-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 340 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

al cerro que lo lleva, con el que nosotros señalamos con sus coordenadas geográfi-
cas bajo el nombre de Pissis.
Volcán Wheelwright, en latitud 26°49’14”8 y longitud 68°44’44”5, llamamos
a un cerro volcánico situado en el mismo trayecto por donde los ingenieros, que
obedecían a las órdenes del gran empresario sudamericano, trazaron las primeras
líneas de un proyecto de ferrocarril trasandino.
Entre los geógrafos nacionales y escritores que han trabajado en la difusión
de los estudios de la geografía patria, el nombre ilustre de don José Victorino
Lastarria, autor de un texto en que han aprendido las generaciones, debe quedar
para siempre esculpido en alguna de las cumbres humeantes de esos Andes que él
describió con magistral maestría y que parecen señalar desde lo alto los derroteros
que el ardoroso minero-abogado buscó en persecución de noble ideal y generosos
fines.
Volcán Lastarria, en la cordillera Real, latitud 25°04’12”3 y longitud 68°31’18”15.
El historiador profundo y concienzudo, bibliófilo y sabio enciclopedista, a
quien la instrucción pública de Chile debe, entre tantas otras obras, un estimable
tratado sobre Geografía Física, será igualmente recordado por la posteridad en la
sierra de Barros Arana, continuación de la interrumpida cordillera Domeyko al
norte del Quimal, cordón de montañas que limita y separa la cuenca del río San
Bartolo en la meseta atacameña, de la del Salado, afluente del Loa.
La sierra Barros Arana, levantándose insensiblemente sobre la planicie del
Bordo de Atacama, gira al NE por las alturas de Chuscbul hasta entroncar con la
cordillera Real, sobre los flancos de Tatio, donde dividen las hoyas del Salado y
Atacama. La altura culminante en el pico de Chuschul está en latitud 22°39’33”6
y longitud 68°18’10”7.
Lleva el nombre de Río Astaburuaga un arroyo de origen antes enteramente
desconocido, al que se le reúnen pequeños anuentes de las faldas del monte Pissis
y corre por profundo cauce a formar las vegas de Barros Negros, frente al volcán
Copiapó, y continúa hasta desembocar en la laguna de Maricunga.
Es sabido que don Francisco S. Astaburuaga es autor del importante Dicciona-
rio geográfico de Chile, trabajo de mérito y de gran utilidad, que ha sido reproducido
por su autor en una segunda edición considerablemente aumentada.
Al tiempo de emprender estos estudios del desierto y cordilleras de Atacama,
la comisión exploradora debió útiles servicios y oportuna cooperación al distingui-
do hidrógrafo, director de la Oficina Hidrográfica, don Francisco Vidal Gormaz,
y la gratitud de sus miembros lo recordó en los primeros momentos del trabajo,
dando su nombre al cerro en que se define un interesante detalle geográfico.
Cerro Vidal Gormaz: latitud 27°45’0”, longitud 68°58’56”.
La fama de don José Joaquín Vallejo, hijo distinguido de Copiapó, literato, in­
dus­trial y minero, quedará recordada con su célebre seudónimo en el Nevado de
Jo­tabeche, punto culminante de la cordillera Darwin, en latitud 27°42’0” y longitud
69°13’33”.
La sierra de Almeida, en mérito del esforzado minero y célebre explorador
del desierto, don Diego de Almeida, el guía y compañero del señor Philippi, es un

-341-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 341 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

brazo de cerros que se desprende del volcán Socompa y va a terminar en la altura


de Lila, frente a Tilopozo, orillando por el sur el gran salar de Atacama.
Por último, la espontánea gratitud de los chilenos, de todas las clases y con-
diciones, hacia el ilustre Benjamín Vicuña Mackenna, se había anticipado ya a
recordar su esclarecido nombre y querida memoria en varios puntos del desierto,
pero donde con más insistencia y definitivamente se le recuerda es en el cordón
de montañas y distrito minero que da frente a la región salitrera de Aguas Blancas.
Sancionando con gusto el voto de la más sincera y merecida popularidad, de-
jamos con el nombre de Sierra Vicuña Mackenna la que corre formando el límite
occidental de la región salitrera, desde las alturas que se levantan al norte de la
mina Reventón de Paposo, hasta el cordón transversal de Aguas Blancas.
La anterior designación de nombres geográficos a aquellos caracteres físicos
más notables, por el papel que desempeñan en el relieve y configuración del te-
rreno, ya que debían ser distinguidos con una denominación que los caracterice y
señale con claridad y precisión, fue propuesta por el autor al ministerio correspon-
diente, previa venia del Instituto de Ingenieros, que la acogió con plena aprobación.
El país, y los escritores nacionales y extranjeros, también por su parte, la han
sancionado con unánime aceptación.
Véanse a continuación las cartas intercambiadas al efecto:

Casa de Ud., 12 de octubre de 1889

Mi estimado señor y amigo:

Su carta-tarjeta me hizo buscar el número de El Ferrocarril a que Ud. se refiere,


y leer allí los fragmentos publicados de su memoria sobre la Geografía del norte de
la República.
Esos fragmentos se refieren sólo a los nombres que Ud. propone dar a algunos
accidentes físicos de aquella parte del territorio; y allí vi que Ud. me hacía el honor
de dar el mío a una cadena de cerros, como un testimonio de aprobación a mi
gusto por los estudios geográficos. Esta distinción es seguramente superior al mé­
ri­to de mis trabajos; y más que un premio de éstos, veo en ella una prueba de su
be­nevolencia y de su amistad.
Aceptándola en este sentido, y agradeciéndola sinceramente, me creo en el
de­ber de manifestárselo y de repetirme su afectísimo amigo y S.S.

Diego Barros Arana

Santiago, 10 de octubre de 1889

Señor Francisco J. San Román.

Muy señor nuestro:

Agradecemos a Ud. sinceramente la denominación que Ud. ha dado con la


anuencia del Instituto de Ingenieros, a una de las cordilleras del desierto de Atacama,
en honor y recuerdo del nombre de nuestro padre.

-342-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 342 26-09-12 13:20


levantamiento del mapa geográfico

Es una manifestación que se añade a las ya habidas en su memoria y que la


familia no puede menos de agradecer, reconocida, al autor de ella.
De Ud. atentos y SS. SS.

Hernán Domeyko
Casimiro Domeyko

Señor Francisco J. San Román

Mi estimado señor:

Nada más grato para mi corazón, que aceptar el delicado recuerdo que el
Instituto de Ingenieros hace a la memoria de “Benjamin”.
Ruego a Ud. se sirva manifestar a dicha Institución mis agradecimientos muy
sinceros, que a la vez, tengo el honor de trasmitir a Ud.
Aprovecho esta oportunidad para saludar a Ud. atentamente.
Victoria Subercaseaux de Vicuña M.

Colmo, 13 de octubre de 1887


Señor Francisco J. San Román

Estimado amigo:

Las preocupaciones de estos días me han impedido contestar su benévolo pe­


dido de autorización para recordar el nombre de mi padre, dándolo a uno de los
volcanes del desierto.
Nosotros recibimos su ofrecimiento con verdadera gratitud, ya que la memoria
que Ud. hace de los pocos servicios que prestase al país, puede ser motivo para que
otros también no los olviden.
Soy su afectísimo amigo y S.S.
Demetrio Lastarria

Octubre 18 y viernes

Santiago, 18 de octubre de 1889

Estimado señor:

El Instituto de Ingenieros me hace un alto honor aprobando la designación de


un detalle geográfico del mapa del desierto de Atacama con mi nombre, por cuyo
honor le quedo muy agradecido. Ya figura mi nombre en la orilla de la “Laguna
de Llanquihue”, y aun un glaciar en la helada Spitzbergen me está dedicado. Este
me hace tiritar de frío cuando pienso en él, y me es mucho más grato que puntos
en mi patria adoptiva den la prueba, que los servicios que le pude prestar, han sido
juzgados suficientes para hacer vivir mi nombre en los mapas de Chile
Soy siempre de Ud. su más A. S.S. y amigo.
Dr. R. A. Philippi

-343-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 343 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Santiago, 2 de noviembre de 1889

Señor Don Francisco J. San Román

Muy estimado amigo:

Un involuntario olvido me ha hecho cometer la falta de no haber contestado


antes a Ud. sobre el asunto de geografía de que Ud. ha tenido a bien ocuparse, y lo
hago ahora expresándole que me es muy honroso aceptar la designación que se ha
hecho de mi apellido para la denominación de un río en la región del norte de Chile,
que con tanta inteligencia y con tan laborioso estudio ha explorado Ud. últimamente.
Agradezco, pues, a Ud. muy sinceramente el merecimiento que por este acto
debo a la buena amistad de Ud., así como también al Instituto de Ingeniero por la
aprobación que ha prestado a la propuesta de Ud. sobre el indicado nombre.
Le saluda finamente su muy atento y obsecuente amigo.

F.S. Astaburuaga

-344-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 344 26-09-12 13:20


OROGRAFÍA

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 345 26-09-12 13:20


Desierto y cordilleras de Atacama.indb 346 26-09-12 13:20
OROGRAFÍA

Bases y definiciones. Cordillera marítima. Serranía de la costa o litoral. Secciones:


re­sumen. Valle longitudinal: carácter físico general. Secciones: resumen. Los An­
des atacameños y la cordillera Darwin-Domeyko. Secciones: resumen. La puna
de Atacama: su sistema montañoso. Conclusión: arrumbamiento general de los
sis­temas montañosos.

L a división física de Chile en tres zonas transversales: minera al norte, agrícola


al centro y forestal al sur, corresponde también, en el sentido longitudinal, a
tres zonas orográficas: cordillera Marítima, valle intermedio y cordillera de los An­
des, pero dilatándose esta última, desde los nacimientos más australes del río de
Copiapó, por la latitud 27½°, hasta los nacimientos del Loa, cerca del paralelo 21°,
se produce otro hecho que da lugar a la existencia de un segundo valle longitudinal
andino, en región cordillerana y por lo tanto a mayor elevación.
Así, los Andes septentrionales de Chile se levantan sobre una base más ancha,
for­mándose un pedestal con las mayores elevaciones del continente, hacia lo más
alto de sus regiones interiores, hasta la meseta boliviana que resulta de la conjun-
ción de todas las ramificaciones andinas.
Sometida la corteza terrestre a las fuerzas poderosas de la contracción ocasio-
nada por el enfriamiento sucesivo del núcleo central, ha debido fracturarse, dando
lugar a las arrugas o pliegues que la surcan en forma de valles y montañas.
Las diferentes épocas o edades geológicas de nuestro globo en que éstos profun­
dos accidentes físicos fueron producidos, se ven señaladas sobre su superficie en
los caracteres de estructura y composición de los terrenos que lo constituyen, en las
fallas o quebraduras que a éstos dislocan o desplazan y en las situaciones respec­ti­
vas que ocupan.
Estudiar y descubrir estas situaciones, definir y trazar con precisión las leyes y
los sistemas de distribución en que se agrupan o clasifican naturalmente aquellos
diversos accidentes o relieves más culminantes del suelo de una nación o comarca,
es hacer su Orografía, o sea, describir sus sistemas de montañas.
Estrecha y reducida como es, con relación a los grandes contornos del conti-
nente, la zona que así nos corresponde delinear y definir, no necesitamos referir

-347-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 347 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

nuestras líneas a las magnitudes del globo terrestre, ni buscar en éste la coinciden-
cia, de sus arrugas o fracturas, con determinados círculos máximos de la esfera que
permitan clasificar aquellas líneas entre los sistemas de la red pentagonal de Mr.
de Beaumont u otros de poco más o menos ingeniosa concepción, pero debemos
considerar lo que conviene al establecimiento de los rasgos fundamentales de la
oro­grafía atacameña, en sus situaciones absolutas, y con relación a sus partes com-
ponentes y conexiones entre sí.
Los caracteres generales del relieve que afectan a los continentes han sido expre­
sados por Dana en la simple definición de costas montañosas, correspondiendo las
más elevadas de éstas al más vasto océano que baña sus pies, y con un interior de-
primido compuesto de una o muchas cuencas separadas entre sí por cadenas inter-
mediarias. Modificando Lapparent esta comprensiva definición para generalizarla
más, establece que los pliegues disimétricos de la superficie del globo se producen
pre­sentando siempre una vertiente abrupta, la cual forma la ribera de un mar o la­
go en el cual se sumerge, guardando relación la importancia del pliegue, o cadena
mon­­tañosa formada, con la del lago o depresión oceánica que sirve de margen.
Es de interés, además, observar que este hecho, de un flanco abrupto mirando
siem­pre a una depresión, se produce también en el perfil de las montañas, resul-
tando de esto que la disimetría se verifica, en todo caso, no sólo en cuanto a la
po­­sición geográfica de las líneas de relieve, sino en cuanto a las faldas opuestas de
ca­da especial o determinado cordón de montañas, cuyas pendientes respectivas
son siempre diferentes en inclinación.
Reproduciendo estas leyes generales de orografía en nuestras latitudes de Ata-
cama, tanto en el conjunto como en los detalles, se puede definir este territorio
co­mo formado por una serie de serranías que corren de norte a sur con más o me-
nos intermitencias de continuidad, alternadas con valles o llanuras longitudinales
que van sucediéndose como graderías o tramos de una escala, que empieza en el
ni­vel del mar y asciende hasta las majares alturas de los Andes, mirando siempre
las pendientes abruptas hacia el inmenso océano y cayendo suavemente las caras
opuestas como planos inclinados hacia el interior del continente.
Sin incluir los cráteres aislados o grupos de volcanes, que tienen su origen y
for­ma especial, ni aquellas alturas o serranías que deben su configuración más a
los efectos de los agentes exteriores que a las causas interiores que dan su estructu­
ra propia a las cadenas de montañas, propiamente dichas, se puede establecer
que el desierto de Atacama, comprendiendo la puna del mismo nombre, satisface,
en conjunto y en los detalles, a aquella definición general. Definición que cuadra
con una clasificación orográfica de distribución lineal y paralela, sin perjuicio de
sua­ves curvaturas en la dirección y de ramificaciones oblicuas y transversales que
no determinan rasgos importantes de la fisonomía general, sino que contribuyen,
junto con la discontinuidad de las serranías secundarias, a complicar y confundir
con sus discrepancias de detalle, la simetría o regularidad general de las grandes
líneas directrices del conjunto.
El abuso que de la simetría se hace, con mucha frecuencia, para ajustar a ellas
las partes salientes de una región geográfica, no se consentiría tampoco, sin des-

-348-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 348 26-09-12 13:20


orografía

figurar un tanto la verdad, en el desierto de Atacama, y como las demostraciones


gráfi­cas son las mejores para explicar, en estos casos, la más aproximada a la rea-
lidad, véase lo que demuestran los cortes transversales que figuran en el dibujo
adjunto.
Basten las figuras como demostración suficiente del constante y general para-
lelismo que domina en la constitución orográfica del desierto de Atacama, parale-
lismo que se produce sin interrupción entre la costa del mar y los diversos trozos o
secciones de la serranía del litoral, así como entre éstos y el valle longitudinal; a su
vez entre éste y la cordillera Domeyko, y así sucesivamente; el alto valle que a ésta
sucede con la gran cordillera real, y ésta con otros valles y serranías que se siguen.
Sea que los diversos segmentos se prolonguen en línea continua o se corres-
pondan lateralmente y desprendan brazos y ramificaciones en todos sentidos,
siem­pre dominará en la aparente confusión una orientación predominante, ajusta­
da al general paralelismo y, de tal manera persistente, que no baste en algunos
cor­dones de atravieso su mayor prolongación, de oriente a poniente, para hacer
des­aparecer aquel carácter en la estructura general del terreno.
Por eso el gran valle longitudinal del desierto, aunque estrechado y subdividi-
do, no es jamás interrumpido en su continuidad sino por suaves y bajas protube-
rancias, en los portezuelos o collados, que separan unas de otras las diversas hoyas
hidrográficas.
La descripción en detalle, tratando separadamente cada uno de los grandes
rasgos: cordillera de la Costa, cordillera Domeyko y cordillera de los Andes, rela­
cio­nándolos entre sí y con los valles que encierran, nos permitirá demostrarlo y
es­tablecer, sobre esas líneas concretas y bien definidas en su posición geográfica,
la completa y bastantemente aproximada verdad de los relieves orográficos del
de­sierto y cordilleras de Atacama.

Cordillera Marítima,
Costa o Litoral
llamada también serranía de la

Después de la interrupción producida por el río del Huasco, arranca la primera sec­
ción de la cordillera Marítima o serranía de la Costa, entre los pueblos de Freirina y
Vallenar, con su altura culminante en el cerro del Sauce, y continúa con su línea de
cumbres paralelamente a la orilla del mar, a una distancia de 25 kilómetros, hasta
terminar bruscamente en la de Cuestecillas, sobre las llanuras de la Bahía Salada,
a los 80 kilómetros de su curso, el cual se conserva en dirección del meridiano
con muy pequeño desvío al oriente. Sufre antes una interrupción para dar paso
a la quebrada de Carrizal y otra para la del Totoral, pero correspondiéndose sus
al­turas y su continuidad en una misma línea de dirección, que va por las cumbres
del Sauce, Aguilar, Ciclo, Chinches (quebrada Carrizal), Pan de Azúcar, Cachina
gran­de, Montoso (quebrada del Totoral), Veladero y cerros de Palmita, doblando
allí un poco al naciente como para seguir el contorno austral de la Bahía Salada,
hasta Cuestecillas.

-349-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 349 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Dividida, así, en tres fragmentos, esta primera sección de la serranía marítima,


sin abandonar su eje central, o línea de cumbres, su característico paralelismo con
la costa, y siendo producidas estas interrupciones que sufre, por depresiones o
que­braduras del terreno, que tienen sus orígenes en serranías que se relacionan, a
través del valle longitudinal, con la cordillera de los Andes, su clasificación orográ-
fica queda netamente comprendida dentro del cordón litoral, sin complicaciones
con otros sistemas de montañas y conservando, además, inalterable su unidad de
composición geológica, con predominio del granito y de las rocas dioríticas, y su
es­pecialidad de producción mineral, con particular predilección por las especies
pu­ras del cobre.
Las subdivisiones de esta primera sección obedecen a la disposición paralela
general, siguiéndose por la costa, desde las inmediaciones del puerto del Huasco,
un cordón de alturas que empieza en los cerros de Bella Vista, y se dirige por las
cumbres de Lobos, Clavel, cerro Negro (quebrada Carrizal), Carrizo, Panul, Es-
tancilla (quebrada Totoral), Pedregoso y la prolongación de éste hasta enfrentar a
Pajonales, caleta situada al S de Bahía Salada.
Entre esta serranía y el mar corre una playa de cierta elevación, interrumpida
en algunos puntos por brazos o estribos que avanzan hasta formar cabos o puntas
salientes de la costa, como Punta Lobos, que corresponde a la extremidad del
cordón transversal que divide y separa respectivamente las aguas entre la hoya del
Huasco al S y la de Carrizal al N. Este cordón transversal tiene su altura culminan-
te en el cerro de la mina Cielo, de cuyas faldas hacia el naciente se desprenden las
caídas para Astillas, y hacia el poniente, en el portezuelo Taisana, para Barranqui-
llas, o sea, la quebrada de Carrizal.
El segundo cordón transversal, divisorio de las aguas de Carrizal y Totoral,
arran­ca de las cumbres del Panul y Estancita y desprende estribos diversos que ha­
cen escabrosa la costa del mar, siendo el más característico de todos el que termina
en Matamoros.
Por último, el tercer cordón transversal, divisorio de las aguas entre Totoral y
Bahía Salada, arranca del Veladero, desprendiendo ramificaciones al naciente que
terminan en Cuestecillas, y también al poniente por Pajonales, rematando en la
entrada S de la caleta de este nombre.
Las ramificaciones orientales de estos tres fragmentos de la serranía marítima
de Huasco a Bahía Salada no forman, como del lado de la costa, cordón continuo
paralelo al principal, sino que desprenden las colinas que bordean el llano longitu­
dinal desde la ribera del río Huasco, arrancando de Loncomilla, por Marañan
hasta Varilla, y encerrando al oeste las quebradas, de norte a sur, por donde están
distribuidas las minas de manganeso. Sigue, a continuación, al norte, la pampa de
Tololo, que remata en la punta de Chorrillos, cerro abrupto que forma el término
oriental del cordón que limita, por el sur, la quebrada de Carrizal.
Pasando la planicie que ésta interpone, se presenta el arranque de otra serie de
cerros, que empiezan en la cumbre de Yerba Buena y se prolongan siguiendo el
pa­ralelismo orográfico general al norte hasta los cerros de la Noria, interceptado
allí por la quebrada de Totoral y correspondiéndose, a través de ésta, con las rami-

-350-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 350 26-09-12 13:20


orografía

ficaciones longitudinales de Cuestecillas, que ofrecen una línea principal de alturas


por los cerros de Mostaza y Lagunillas.
Una ramificación más oriental y todavía también más discontinua e irregular,
aunque sin dejar de obedecer a la distribución paralela, es la que arranca al NE del
anterior cerro de Yerba Buena, en el Chañar, y que se prolonga, desde este cerro,
corto trecho al norte, por Rincones Blancos, para interrumpirse por completo en
la abierta llanura por donde convergen diversas líneas de vaguadas, que afluyen
por el E y NE, a reunirse más abajo a las del boquerón, que bajan del SE, y volver
a continuarse o corresponder en dirección y composición geológica con el grupo
de cerros de Palo Negro, que se junta por sus faldas de oeste y se enlaza, por el
por­tezuelo de Lagunillas, al cordón de Cuestecillas.
Aquí debemos dar por terminado todo lo que se refiere a esta primera sección
de la serranía marítima, comprendida entre el río del Huasco y las llanuras de la
Bahía Salada, en extensión de 80 kilómetros de largo, como queda dicho, y que de
ancho abraza hasta 40 kilómetros de sus extremidades más orientales, la Varilla y
el Chañar.
Algunas cumbres aisladas, que se distribuyen a continuación de este último
cerro, como el de los Pajaritos y el de Paico, al lado naciente, y los de Bayo Grande,
Bayo Chico y Castillo al norte, son como islas dispersas que obedecen a otro siste-
ma de distribución o que quedan segregadas sin conexión directa con el conjunto.
La segunda sección de la cordillera Marítima corresponde a una zona abierta,
desde el mar hacia el interior, solamente interrumpida en su superficie arenosa por
cerros aislados y bajos, grupos o pequeños cordones que parecen conservar su dis-
tribución paralela, pero escalonándose los unos después de los otros, en dirección
oblicua al NE, hasta apartarse a una distancia de 50 kilómetros del océano, como si
esta situación obedeciera a igual desvío que la costa reproduce en la Bahía Salada
desde Punta Cacho hasta Punta Talquina, que forma la caleta de Barranquillas.
Esta serie de alturas, partiendo de los extremos de Cuestecillas y Palo Negro,
sigue por Piñuño, Loma Gruesa, Hornillas y las Tórtolas, hasta anudarse con las al-
turas de Jesús María y Chicharras, en el portezuelo de los Cardones, punto desde el
cual comienza a dibujarse una nueva línea de vertientes que arrojan sus desagües
hacia el mar, y que se prolonga hacia el norte, partiendo de la cumbre de Jesús
María, según una línea de crestas con caracteres de composición y orografía que
determinan una situación y curso bien definido a la serranía de la costa.
Volviendo ahora a la región costanera de esta zona de la Bahía Salada, o segun-
da sección de la cordillera Marítima, nos encontramos con que los carros aislados
que por allí corren, representando, a su turno, la continuidad de la línea de alturas
inmediata al mar que terminamos en Pajonales y cerros de Palmira, también obe-
decen, siguiéndose por cerro Chascón y de aquí al de Totoralillo, que bordea por
el S el río de Copiapó, frente a Monte Amargo, al mismo cordón, y han sufrido
también el mismo desvío de inclinación al NE que hace la orilla del mar y que
arrastró en el mismo sentido al eje principal desde Cuestecillas a Jesús María.
Buscando las causas de esta dislocación general del territorio, pudieran quizá
encontrarse en algunas grandes fallas, dos de las cuales, señaladas por hundimien­

-351-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 351 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

tos que se relacionan con los grandes diques de sienita, corren en dirección per-
pendicular, respectivamente, a cada uno de los extremos de aquel accidente geo-
gráfico. Uno de ellos está visible en el brusco desvío que sufre el río de Montosa,
en la quebrada Áspera, al pie de los Andes, y el otro, más al norte, era el cañón
del río Pulido, repitiéndose todavía otros que pudieran corresponder al término de
este desvío de la cadena entre Cachiyuyo y Tres Puntas.
Los hechos, mientras tanto, reproducen al norte del río de Copiapó la continua-
ción de las mismas orientaciones: en el eje central de la cordillera Marítima, desde
Jesús María, por Ustaris, hasta enfrentar a Cachiyuyo; y en el cordón de la costa,
desde Totoralillo, por Punta de las Vacas, cerro Negro de Plaza, Pastene, Algarrobo,
Morado y Moradito, hasta Salitrosa, en el margen austral de la quebrada de Flamen-
co; mientras que por las playas mismas del océano se continúan, también al norte,
las llanuras arenosas de Bahía Salada, por los llanos de Caldera, con sus mismas
areniscas terciarias y conglomerados de conchas contemporáneas y sus análogos
cerros aislados y dispersos, como restos de antiguo archipiélago, en Alto del Fraile,
Roco, Montevideo, etcétera. Por último, hundiéndose en el océano y formando
valla abrupta al continente, comienza a dibujarse, en los riscos de la serrezuela de
Halcones, contigua al característico Morro de Copiapó, y saltando de allí al cerro
Negro de Cabeza de Vaca y al del Obispo, hasta interrumpirse en Flamenco, la alta
muralla o escarpa de áspero declive, que más adelante ofrece el aspecto de potente
cordón montañoso y que en realidad no es sino como el talud del paramento o base
sobre la cual se eleva el valle longitudinal del desierto, formando el primer escalón
de la gradería que remonta hasta las grandes alturas del continente.
Dejamos, así, establecida una tercera sección de la cordillera Marítima que
no haremos comenzar en la cumbre de Jesús María, dejando esta altura anticlinal
como término de la segunda sección, correspondiente a las costas de Bahía Salada,
para contarla desde el margen opuesto, al otro lado del río de Copiapó, en las
alturas de Chanchoquín, a cuyo pie se extiende el centro de la ciudad cabecera de
la provincia de Atacama.
Arrancando, así, del cerro de Chanchoquín, la línea anticlinal de la serranía
Marítima, corre siempre en la misma orientación, de unos pocos grados al nacien-
te, como la costa, pasando por su altura culminante en Ustaris, para ir a desapare-
cer en las caídas que bajan a la ancha llanura y quebraba de Flamenco, contra el
cerro Medanoso, al oeste, de donde se desprende el cordón a Galleguillos, hacia
la costa, y caen en el mismo sentido las corrientes de la quebrada del Corralillo.
En aquella misma conjunción está el portezuelo del Gato, y entre éste y el
Me­danoso se prolonga la extremidad en que termina esta tercera sección de la cor-
dillera litoral. Contra el mismo Medanoso, al naciente, con el portezuelo del Inca
de por medio, corre el cerro de Cachiyuyo, y más al oriente aun, el de Puquios,
segregados lateralmente del cordón principal, pero conservando con él el general
paralelismo orográfico.
Quizá, más bien se diría que este cordón de Puquios, por su situación, su es-
tructura y composición geológica en sus flancos orientales, que caen del lado de
Paipote, adhiere más bien a las serranías de cordillera, aunque por sus rocas diorí-

-352-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 352 26-09-12 13:20


orografía

ticas y diabásicas, y sus minerales puros de cobre de la falda opuesta, corresponda


a las formaciones del litoral, pero su término medio, por quedar entre una y otra
región, y apartarse demasiado de la del mar, adhiere mejor del lado opuesto.
También diríamos, de Cachiyuyo, que su situación, aislada y sin conexión oro-
gráfica con la cordillera Marítima, queda mejor clasificada desligándola de ésta.
Pero otra razón más fundamental aún es la del sistema hidrográfico, cuyas ver-
tientes se deslindan respectivamente en el referido portezuelo del Gato, en direc-
ción a las bahías de Caldera y de Flamenco, sin conexión ninguna en el gran valle
longitudinal, cuyos desagües corresponden de lleno a la región andina.
Otros cordones transversales se desprenden, también, del macizo de Galle-
guillos: el que gira al sudoeste, tomando por el alto de las Cucharas, y va a morir,
en los llanos de Caldera; el que se enlaza con el Algarrobo, ramificándose de aquí
por Leones y cerro Negro, respectivamente, a los puntos de Cabeza de Vaca y
Pun­ta Blanca de Obispito, y otro que pasa por la cumbre del mismo nombre, al
sur de puerto Flamenco. Siempre del mismo Galleguillos se desprende, también,
otro cordón longitudinal, es decir, al norte, el cual termina bruscamente sobre la
pla­nicie donde comienza a encajonarse la quebrada de Flamenco y es muy cono-
cido con el nombre de San Juan, constituyendo también este mismo cerro el límite
oriental de la serranía de la costa (que desde allí se extiende al naciente hasta Tres
Puntas, Chimbero y Cachiyuyo), pero ocupando una situación más occidental que
no pertenece a la cadena central o línea anticlinal de la serranía marítima, sino a la
de Galleguillos, y éste, a la vez, a una línea intermedia entre la principal y la secun-
daria, más a la costa, a la cual no hemos hecho aún referencia y que arranca desde
Chicharras y sigue por Monardes (ambos al sur del río Copiapó, como Jesús María)
saltando al cerro de Chamonate, Pajas Blancas y al ya nombrado de las Cucharas.
Por lo tanto, el cerro de Galleguillos, cuya altura anda por el término medio de
1.500 metros sobre el nivel del mar, que es el que alcanzan las principales cumbres
de estas serranías litorales, forma un núcleo notable desde donde se reparten mu­
chos cordones montañosos en distribución radiada. Está a corta distancia, unos 15
kilómetros al oeste del cordón Ustaris a Medanosa, o sea, la línea anticlinal diviso-
ria de las aguas litorales a la cual es muy superior en importancia y, no obstante,
na­da autorizada a establecer que el cerro de Galleguillos está en la “línea de las
más altas cumbres que dividen las aguas”, según sería el caso aplicando el criterio
de los geógrafos argentinos para dirimir nuestra cuestión internacional de límites
con arreglo al tratado de 1881 y siguientes.
Este ejemplo se refiere, naturalmente, a las secciones en que está dividida la
se­rranía Marítima, puesto que ésta no forma cadena de curso continuo.
Podemos ahora salvar la llanura por donde corren las vaguadas, que desde los
grupos de Tres Puntas y el Chimbero, desde los portezuelos del Inca y Gato por
el sur y otros por el norte, concurren a desaguar por la quebrada de Flamenco, y
tomando así el mismo rumbo general hasta encontrar la primera extremidad de
un cordón de cerros, contando 16 kilómetros desde el Gato y Medanosa, daremos
con el principio de la sierra del Chivato, que corresponde a la cuarta sección de la
cordillera Marítima.

-353-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 353 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Comienza esta nueva orientación de serranía con la misma dirección del meri­
diano astronómico y corresponde su punto de arranque al norte, enfrentando al
cordón de Tres Puntas por el oriente, con la línea transversal divisoria de las aguas
entre la hoyada Flamenco y la del Salado o Chañaral.
Su extensión, entonces, queda determinada por la distancia de 52 kilómetros, que
me­dia entre estas dos vaguadas secas; su distancia al mar es de 70 kilómetros y sus fal-
das orientales y brazos, de corta extensión, con algunos trozos dispersos de se­rra­nías
que corren a lo largo de su base por este lado, caen al valle longitudinal, aquí ancho y
despejado, sólo cubierto de islotes después de interceptado por el cordón transversal
de Tres Puntas. Estos islotes son los pequeños cerros donde abren los nu­me­rosos filo-
nes de cobre aurífero que hacen la bien merecida fama del mineral del Inca.
El cordón de Tres Puntas, el Humito y los cerrillos dispersos del Inca están,
oro­gráficamente, en el mismo caso que apuntamos por Cachiyuyo y Puquios, y
con mayor razón exceptuados de ser comprendidos como pertenecientes al siste-
ma de la cordillera Marítima.
Volvemos entonces a la línea anticlinal de ésta que comenzamos en la extremi-
dad sur de la sierra del Chivato, la cual continúa por el punto culminante de ésta,
que lleva el mismo nombre, y sigue por Chañarcitos, haciendo allí un corto desvío
al oeste hasta San Jerónimo, que prolonga sus brazos al norte, cayendo a la ancha
quebrada del Salado, para continuar al otro lado por Luján y el Carmen hasta los
cerros de la Florida, donde corresponde la otra línea de separación de las aguas
entre la anterior hoya del Salado y la siguiente de Pan de Azúcar.
Así, de dorso a dorso, la cadena sigue bien definida en una ostensión de 76 ki­
ló­metros de largo y 45 de distancia a la costa, por término medio.
Tomemos ahora el ya citado cerro de San Juan y anotemos en su prolongación
al norte los de Salitrosa y Merceditas, que se enlazan con el San Jerónimo y no son
sino respectivas alturas culminantes de brazos desprendidos del Chivato; viene
en­seguida, siguiendo el lado sur del río Salado, una depresión en frente de la cual,
por la estación del Salado, siguen el macizo de este mismo nombre y la sierra Ás-
pera, llegando ambas sierras a interrumpirse a las mismas alturas de la Florida, que
corres­ponden al dorso que dejamos explicado y caracterizan esta sección cuarta
de la cordillera Marítima.
En línea más al oeste, y siguiendo la prolongación que terminamos en Mora-
dito, de la tercera sección, se enfilan, al otro lado de la quebrada de Flamenco, los
dos gruesos macizos costaneros de San Carlos y las Ánimas, uno y otro asientos
importantes de la minería del cobre y que respectivamente caen al mar por sus
extremidades en Punta Brava y Paso Malo, lugar característico, este último, por su
precipitosa caída, sus interesantes ejemplos geológicos y su prominente papel en
la hidrografía marítima.
Saltando desde Paso Malo a través de la ancha desembocadura del Salado, que
forma la bahía de Chañaral, entra a dibujarse el relieve característico de la costa
que aludimos antes, en forma de una muralla abrupta bañada en su base por las
olas del océano y que sólo veremos interrumpida más adelante en las desemboca-
duras de Pan de Azúcar, de Taltal y en la península de Mejillones.

-354-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 354 26-09-12 13:20


orografía

Como alturas más centrales, y en relación con las de San Carlos y Ánimas, si­
guen al otro lado del Salado, en esta misma sección, las de Portezuelos Blancos y
el Peralillo hasta el cerro de Minillas, que con toda precisión se levantan en la línea
divisoria de las cuencas del Salado y Pan de Azúcar, que determinan los extremos
de esta cuarta sección.
Entramos a la quinta sección en que también se determina, con caracteres de
uniformidad, el cordón marítimo, extendiéndose desde el dorso de la hoya hidrográ-
fica de Pan de Azúcar o Juncal en la Florida, hasta el dorso de la hoya de la Cachina
en la extremidad de sierra Overa, en una extensión de 45 kilómetros y a 50 kilóme-
tros de la costa. De los portezuelos y bajas de la Florida (lugar del famoso asiento
de minas de plata de ese nombre), el cordón anticlinal sufre pequeñas inflexiones e
irre­gularidades hasta resolverse, otra vez, regular y característico, en el cerro Negro
(mineral de cobre), siguiendo por la sierra de Pastene hasta la punta de este nombre,
donde sufre otra interrupción más para dejar pasar la anchurosa vaguada de Juncal
al puerto de Pan de Azúcar. Crucemos este corto espacio con un ligero desvío al
NE y encontraremos la característica punta de San Cristóbal, que seguiremos sin
interrupción por sierra Amarilla y sierra Overa, donde encontramos las vaguadas y
ancho paso de la quebrada de la Cachina y, por lo tanto, la línea divisoria de aguas
de ésta con la anterior del Juncal o Pan de Azúcar, terminando aquí para seguir, más
complicado en adelante, la quinta sección de la cordillera Marítima.
En cuanto a la estructura montañosa de esta quinta sección, en su parte costa-
nera hasta el océano, sólo habría de notarse el cerro mineral del Salado, la sierra
Áspera, que corre corta distancia hasta la altura de la Florida, y las ramificaciones
que se desprenden del cerro Negro, al oeste, por donde existe la gran mina de Ca-
rrizalillo y que se tocan con las serranías del lado del mar en el cerrito de Minillas.
Del lado opuesto, sólo hay de notable en esta zona el cordón de Bombas hasta
lle­gar a la Cachina, contra la sierra del Difunto.
Entremos a la sexta sección partiendo de la extremidad de sierra Overa y sal-
vando el ancho de la vaguada de la Cachina hasta tomar el cordón de cerro Negro,
que se enlaza, por medio de cadenas bajas y depresiones, al cerro extremo de la
Peineta, que determina un punto característico y culminante en la orilla occidental
del valle longitudinal que por estas latitudes se constituye en plena región salitrera,
al mismo tiempo que por el oeste da origen a los nacimientos de la quebrada del
Pingo, tributaria de la de Cifunchos, que a su turno nace del cerro Negro.
Llevamos hasta allí la línea de cumbres anticlinales de la cordillera Marítima,
porque en toda esta sección satisface también a la regla de distribución de las aguas
directamente tributarias del Pacífico que hemos aplicado a nuestro sistema de dis-
tribución orográfica, siguiendo en ésta el curso regular y simétrico de la cadena
litoral en su papel de distribuir, así, las aguas oceánicas por sus vertientes del oeste
y de formar con las opuestas del oriente la pared continua del gran valle longitu-
dinal; sólo interrumpida aquélla por los ríos o quebradas secas que nacen de las
regiones andinas, y que se abren paso atravesándola, lo cual le quita su carácter de
divortium aquarum continental —o regional para el desierto de Atacama— que en el
caso de no ser atravesada así le correspondería.

-355-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 355 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Estamos, pues, con nuestra línea de cumbres anticlinales de la cordillera Ma-


rítima en la cumbre de la Peineta, pero extendiéndose abierto y espacioso hacia el
norte el campo de la región salitrera, no se ofrece más vía de continuidad de nues­
tra cadena que la del cordón que sigue desde la mina Peineta, girando unos 16 kiló­
metros hasta la cumbre de Cachiyuyal, frente a la Estación de la Verde y distan­te
del mar 50 kilómetros; desde allí, cruzando la quebrada de Taltal a la serranía
opuesta, y por el naciente del ramal del ferrocarril a Santa Luisa, correspondería
quizá a una línea muy quebrada y sinuosa que desprende diversas quebradas hacia
la costa, como San Ramón, cuyos nacimientos coinciden bien, pero no así las de
Perrito Muerto, la misma Santa Luisa, y más al norte Bandurrias, Tunas y otras,
hasta ascenderlas alturas de las minas del Reventón y Descubridora de Paposo.
Con esta línea irregular y con frecuencia interrumpida, que clasificamos en
una sexta sección de la cordillera litoral, seguimos la línea de cumbres que mejor
sa­tisface la condición de dividir las aguas que se desprenden al oeste, directamente
has­ta el océano, y de conservar los relieves orográficos más salientes.
Se diría, también, que podría coincidir esa línea con algunas alturas de la pam-
pa, partiendo desde la Peineta hasta los cerros de la Lautaro y seguir por ésta a
la Gorra, el Toro, los Amarillos y Tórtolas; y desde allí, en el portezuelo Ratones
(divisorio más oriental de Paposo), enlazar, por medio de la sierra del Muerto, a
Vicuña Mackenna; pero es más conciliable la primera.
Ahora bien, al oeste de ésta, volviendo a su arranque en la quebrada Cachina,
no tenemos más series de alturas intermedias que las ramificaciones del Difunto,
que se enlazan oblicuando al naciente por medio de serranías bajas e interrumpi-
das, al cerro de San José del Pingo, y a la aguda cúspide del Pingo propiamente
dicha y que, a su turno, se enlaza con el cerro de Canchas en la estación y mineral
del mismo nombre.
Más al occidente de éste, y por las mismas alturas de la costa, los cerros que,
como un laberinto de altos y bajos, forman el costado sur de la quebrada Cachina,
no ofrecen relieves notables del terreno, pero del lado norte se levanta el potente
cordón transversal de Vaca Muerta y cerro Esmeralda (mineral de plata), que ter-
mina en altos declives hacia el mar, en Guanillos, continuándose por los altos de
Cifunchos, Gritón y San Pedro hasta la Argolla, y más adentro, desde Cifunchos,
por Mantos de Agua y sierra Velásquez hasta el salto de la Brea.
Al otro lado de la quebrada de Taltal, la misma configuración; el alto cerro
granítico del Peral, como baluarte del pueblo y las cumbres de la alta muralla marí­
tima que se continúa hasta Paposo y adelante, y al costado de éstas, al naciente,
el notable cerro de la Brea y las alturas de la sierra Coronel Vergara, prolongadas
hasta las cumbres de los grandes asientos mineros del Reventón y Descubridora
de Paposo.
To­memos ahora la continuación de nuestra cordillera desde Ratones, donde
em­pieza una alta región, a 2.350 metros sobre el nivel del mar, y que se confunde
con el llano longitudinal que aquí se ensancha al oeste. Cerros, o más bien pe-
queñas colinas aisladas y repartidas a la distancia en orientación más o menos al
norte, es lo único que en esta elevada meseta se ve como distribución orográfica,

-356-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 356 26-09-12 13:20


Desierto y cordilleras de Atacama.indb 357 26-09-12 13:20
Belén. Precordillera de Arica-Parinacota. Pablo Osses, archivo particular.

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 358 26-09-12 13:20


orografía

resultando que el portezuelo de Ratones queda al naciente como el fondo de una


cavidad o punto avanzado como 70 kilómetros distante del mar, desde el cual el
eje de la cadena marítima vuelve sobre sí misma, declinando al NO por la sierra
del Muerto hasta encadenarse con la sierra Vicuña Mackenna, cuya distancia a la
costa queda reducida a 30 kilómetros.
Arrancando de allí, a la altura o paralelo de Ratones, la cadena Marítima toma
su curso al norte clavado, siguiendo aquella sierra hasta su término en punta Bateas,
a cuyo pie pasa el camino de caleta Blanco Encalada a Aguas Blancas; sigue sin in-
terrupción, pasando frente al cordón transversal de Punta Tetas, que queda al este,
y va a interrumpirse, aproximándose, más hacia la costa, en Agua de la Negra de la
quebrada de Mateo, al sur de Antofagasta. Pero aquí nos encontramos con nuestra
cordillera arrojada al mar y confundida con la costa misma en su mismo macizo de
alturas y corazón granítico, con sus dioritas, diabasas y pórfidos característicos cu-
biertos por gruesas estratificaciones de areniscas y conglomerados rojos arcillosos.
Es así, en efecto, pues la sucesión de cerros aislados y colinas dispersas que se
distribuyen al oriente se esparcen en plena llanura longitudinal y no guardan dis­
tribución que las coloque en la característica situación de arrojar sus aguas direc­
tamente al océano.
Así, acercándose y confundiéndose en una sola cadena, las diversas de la serra­
nía Marítima, que antes dejaban entre sí valles o cañadas longitudinales más o me-
nos importantes, cordones transversales y grandes quebradas que se abrían paso
desde las cordilleras andinas hasta el mar, queda naturalmente terminada en la
quebrada de Mateo o Agua de la Negra, la séptima sección de la cordillera Maríti-
ma que veníamos describiendo, abrazando una distancia de 120 kilómetros.
La alta muralla de la costa alcanza, por estas latitudes, su más alto desarrollo,
especialmente en las inmediaciones de Paposo, donde su altura culminante, el Pa-
rañave, alcanza una elevación de 2.300 metros, que se cuentan casi verticalmente
sobre la ribera del mar.
Los declives que desde las cumbres bajan suavemente hacia el oriente, encon-
trándose con otros opuestos que bajan del cordón anticlinal de Vicuña Mackenna,
forman valles altos interrumpidos por sierras de atravieso como Izcuña y Remiendos
y, más a menudo, complicados conforme se avanza al norte, como por las latitudes
del puerto Cobre, más allá del cual se levantan los morros Jorjillo y Bolfín, que
precipitan sus flancos a pique como en el Coloso, al sur del puerto de Antofagasta.
Aquella región de escabrosidades es inaccesible por sus profundas desigualdades, no
habiendo noticia de viajero que se haya aventurado en ella sin perecer en la jor­nada.
Así, simplificada la orografía marítima desde la quebrada de Antofagasta o
Mateo al norte, resulta que la última sección que nos resta por definir se reduce a
la distancia que la cordillera Marítima recorre desde allí, siempre al norte astronó­
mico, hasta la desembocadura del Loa, a los 250 kilómetros de curso continuo,
con una sola interrupción o irregularidad en la península de Mejillones, pero en
ninguna parte atravesada su alta y maciza construcción por quebradas o valles que
no sean los muy escarpados y torrentosos que se forman en su vertiente que cae
al mar, y las muy someras y suaves que se vierten del lado opuesto. Esta línea de

-359-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 359 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

cumbres, que por término medio se eleva a más de 1.000 metros y arranca de las
inmediaciones de Antofagasta en el Agua de la Negra, sigue por el Farol, la Fortu-
na, Naguayan, Medanoso, Chacaya, Colupo, Gálico, Tocopilla, etcétera.
Como excepción de esta regularidad y sencillez de la orografía marítima en
la sección boreal del desierto de Atacama, sólo se ofrece la referida península de
Mejillones, que se deprime en la ancha quebrada Medanosa y desprende al oeste
la baja llanura que fue canal de comunicación entre las colinas de Antofagasta y
Mejillones y avanza al mar el característico morro Moreno, con su extremidad sur
en Punta Tetas; el morro de Mejillones que termina al norte en la histórica punta
Angamos y, entre ambos, las playas escalonadas como anfiteatro, señalando los
sucesivos levantamientos del continente que acabaron por dejar en seco el antiguo
canal de comunicación interior. La quebrada de la Medanosa, que abre al de punta
Chacaya, podría determinar una sección especial, cortada desde la de Mateo, pero
no es de bastante importancia su curso al interior.
En resumen, considerada en toda su longitud y en su disposición más regular
y acentuada, la cordillera Marítima, Litoral o de la Costa se distribuye en todo
su curso desde el Huasco al Loa, en diversos trozos o segmentos que guardan
constante paralelismo con las playas oceánicas y forman otros tantos cordones
montañosos que se corresponden a través de las interrupciones que los separan
entre sí, conservando caracteres de composición y estructura que le son comunes
y dan a su conjunto las condiciones de continuidad y proporciones de relieve que
corresponden a un bien definido sistema orográfico.
Reasumiendo lo dicho, éste resulta dividido, en secciones, como sigue:

Primera

Desde el río del Huasco, entre Freirina y Vallenar, comenzando desde el cerro del
Sauce y continuando por Aguilar, Cielo, Molle, Chinches, Pan de Azúcar, Cachina
grande, Montoso, Veladero y Cuestecillas, donde termina bruscamente sobre las
llanuras de Bahía Salada. Largo de la cadena, 8o kilómetros y distancia media al
mar, 25 kilómetros.

Segunda

Desde Cuestecillas, a través de las llanuras de la travesía con desvío al NE, serie
de serranías interrumpidas hasta dar contra el cordón de Jesús María. Largo, 55
kilómetros, contra 50 kilómetros de distancia al mar en el extremo norte.

Tercera

De Jesús María, por las alturas que desde allí caen al río de Copiapó y se corres­
ponden con las del margen opuesto en Chanchoquín, siguiendo por Ustaris hasta
terminar con las serranías de la Medanosa. Largo 52 kilómetros y distancia a la
costa 50 kilómetros. Interrupción a lo largo de la llanura del Inca, 20 kilómetros.

-360-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 360 26-09-12 13:20


orografía

Cuarta

Desde punta del Chivato, siguiendo este recto cordón por la altura culminante del
mismo nombre hasta Chañarcitos y San Jerónimo, cuya base cae al Salado frente
al cerro Luján, siguiendo por Carmen hasta las alturas de la Florida, que miran al
lla­no longitudinal por donde se establece el divorcio de las aguas de la anterior
hoya del Salado con la siguiente de Pan de Azúcar o Juncal.
Esta sección, de dorso a dorso del Salado, tiene 76 kilómetros de largo y por
tér­mino medio 45 kilómetros de distancia al mar.

Quinta

Desde la Florida, en el dorso del Salado, Pan de Azúcar hasta el siguiente divorcio
de las aguas en el dorso Pan de Azúcar, Cachina: por cerro Negro (mineral de
cobre) y sierra Pastene; desde aquí a través de la vaguada de Pan de Azúcar al cerro
de San Cristóbal y su prolongación por sierra Overa, abrazando 45 kilómetros de
largo por 50 de distancia a la costa.

Sexta

Desde sierra Overa, a través de una serie de interrupciones e irregularidades, que


fracturan la cordillera Litoral en varios fragmentos, se puede convenir en llevarla
hasta los altos cerros de las minas del grupo de la Descubridora y Reventón de Pa­
poso, tomando con regularidad por el cerro Negro y Peineta hasta Cachiyuyal, y de
allí cortando las quebradas de Taltal y Santa Luisa hasta las referidas cumbres de las
minas de Paposo. Esta línea recorre 140 kilómetros y dista 30 kilómetros de la costa.
La línea más oriental que antes queda descrita es menos aceptable.

Séptima

Desde el principio de la sierra Vicuña Mackenna, sin interrupción hasta el Agua de


la Negra, en la quebrada de Mateo, en un trayecto de 120 kilómetros.

Octava

Desde quebrada de Mateo, formando la cresta de la misma costa marítima, hasta


la grieta por donde desemboca el Loa, 250 kilómetros.

El valle longitudinal

En toda la extensión que comprende el desierto de Atacama, desde el Huasco al


Loa, el valle central o longitudinal, comprendido entre la cordillera de los Andes
y la de la Costa, que todos los autores describen como el rasgo más característico

-361-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 361 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

de la geografía física de Chile, no sufre interrupciones que lo intercepten tan brus­


ca­mente como las sierras transversales de Aconcagua, ni siquiera como la cuesta
de Chacabuco y apenas como las angosturas de Paine y Rigolemo, en dos o tres
puntos dentro de su largo trayecto de siete grados geográficos o setecientos cin­
cuenta kilómetros.
Las interrupciones del valle longitudinal atacameño corresponden a las altu-
ras que determinan la separación de las diversas hoyas hidrográficas entre sí y a
la interposición de algunos cordones de montañas, casi siempre dispuestos en la
orientación general de norte a sur, estrechándolo sin obstruirlo y, muy rara vez,
si por acaso alguna, interceptando por completo su curso entre mar y cordillera.
Este importante carácter físico de la fisonomía orográfica del desierto, determi­
na condiciones y circunstancias de trascendencia y decisiva influencia en los des-
tinos comerciales y desarrollo industrial de la minería en las diversas secciones de
su extensión desde el Huasco al Loa.
Como ancha y expedita vía de comunicación, facilita el trasporte interior de
los puertos de la costa entre sí y con las poblaciones o minas distribuidas entre las
escabrosidades de la región andina, y como cauce natural de circulación y desaho-
go, determina movimientos atmosféricos que intervienen en la climatología, uni-
formando la temperatura y dando también carácter de uniformidad a su aspecto
físico y composición mineralógica.
No es su suelo de consistencia arenosa (siendo más bien la costa marítima la re­
gión de los médanos y dunas viajeras) sino de limo arcilloso amasado con pedris­co
anguloso o poco desgastado, arena fina conchífera en algunas partes y más gene-
ralmente, hacia el norte, tierras alcalinas y salitrosas.
Según todos los autores, el desierto de Atacama consta de un plano inclinado
que baja más o menos uniformemente hacia el océano, debido este hecho al aca-
rreo de piedras y tierras que arrastraron las aguas de lluvia y los torrentes de las
cordilleras, rellenando los bajos y nivelando las asperezas primitivas del suelo has-
ta dejarlo trasformado en las pampas y anchas cañadas, que a lo largo y al través
del territorio ofrecen continua y pareja superficie; apenas interrumpida ésta, en su
uniformidad por cauces y tajos que en algunos trechos interceptan su continuidad,
y por saltos o rápidos, cerros o meras protuberancias transversales que alteran el
declive, ya en un solo sentido como en doble pendiente.
El Dr. A. Philippi, en la época de su memorable viaje científico de hace ya medio
siglo, observaba las grandes diferencias de aspecto físico entre las cordilleras y valles
del sur de Chile y las cordilleras y valles de Atacama, inclinándose a negar, por
esto, que aquí se reprodujeran los mismos relieves orográficos que allí. Para nuestro
ilustre sabio era cuestión de proporciones y de estética: la alta cordillera nevada por
un lado, con sus flancos abruptos y precipicios, sus profundos valles o cajones y sus
cumbres endentadas con puntas y agujas, sus crestas inaccesibles y pasos apenas
abordables para el viajero, y a continuación el valle continuo, ancho y encajonado
contra la vertiente opuesta, también abrupta y saliente, de la cordillera Marítima.
Estas alturas, que en el sur de Chile nos parecen tan encumbradas respecto
del nivel del mar y de las bajas elevaciones que alcanza el valle en el desierto, se

-362-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 362 26-09-12 13:20


orografía

van escalonando sobre sucesivas graderías hasta hacer perder en el viajero, que
poco a poco las asciende, la noción de las alturas relativas en que se encuentra,
tomando en absoluto las proporciones del medio que lo rodea y viendo, además,
deprimidas las cumbres y crestas de las montañas, en razón de sus flancos más sua-
ves y formas más redondeadas y planas, debidas a sus rocas arenosas y fácilmente
desagregables.
No obstante, cuando Doña Inés está de novia, como dicen los mineros, es decir,
ataviada de su diadema y velos de nieve, y que todas las demás alturas, a ambos
lados de esas pampas salpicadas de islas dispersas, como un archipiélago en tierra
firme, entonces la estética ayuda a los efectos del relieve orográfico y se dibujan
mejor los aspectos físicos.
Por otra parte, el Dr. Philippi no tenía por qué conocer con alguna precisión la
orografía del desierto en aquellos tiempos en que nada medianamente aproxima-
do a la verdad se había aún dibujado sobre el papel.
La clasificación de las diferentes secciones en que está dividido el valle o llanu­
ra longitudinal de Atacama, se determina por sí sola en las alturas transversales
donde se divorcian las aguas hacia sus respectivas hoyas hidrográficas, pudiéndose
comen­zar por establecer que en ninguna de ellas se comprenden cuencas u hon-
donadas sin salida, o que no tengan directo o continuo desagüe al mar. Comienza
la primera del Huasco a Carrizal, o sea, la Travesía enfilada al norte astronómico
entre sus bien definidos márgenes formados al oeste por las caídas orientales de la
serranía Marítima, desde Vallenar, por puntas Marañón, Varilla, Chorrillos, Yerba
Buena y Pajaritos, que ya hemos descrito, y al oriente por el cordón del Toro a
Grandón, Chehueque, Jaula y Punta de Díaz, comprendiendo, por término medio,
25 kilómetros de ancho.
El cerro de Pajaritos y su inmediato, el Paico, no hacen más que interponerse
como islotes y corresponder con la divisoria de aguas entre Carrizal y Totoral, al
paso que, del lado oriental, la llanura se extiende y ensancha más, pasando de
punta Díaz, siendo apenas sensible o, más bien, nula la altura de la línea divisoria
de las aguas, produciéndose a simple vista el efecto de continuar la llanura sin
in­terrupción hacia el norte, abriéndose al oeste hasta las playas de Bahía Salada,
si­guiéndose el límite oriental por el cordón transversal de las Atlánticas, que se
liga con cerro Negro, etcétera, en dirección a Chañarcillo, sembrado el campo con
alturas aisladas, como el Diablo, Picanas, sierra de Fritis y otros más al poniente,
como Castillo y los otros que ya hemos nombrado en la descripción orográfica de
esta sección. Así llegamos a los cerros que encajonan el río de Copiapó, por el sur,
y que interceptan la prolongación del llano enfrente de esta ciudad, con los cerros
de Jesús María y Chicharras, ya conocidos también.
En esta disposición, flanqueando a Jesús María por el oriente, frente al porte­
zue­lo de los Cardones, continua por allí un ancho dorso que constituye el porte­
zue­lo de la Viñita, oblicuando la dirección al NE como la costa Marítima y co­rres­
pon­diendo, al otro lado del río, al despoblado de Paipote, entre los estribos de la
cordillera del litoral que se desprenden de Chanchoquín y Ustaris, y los del cordón
de Ladrillos al oriente.

-363-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 363 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Entre ambas corridas de cerros, que dejan entre sí un espacio de unos 10 kiló-
metros como representación del valle longitudinal, se levanta más adelante, frente
a la estación del Venado, la extremidad sur de la sierra de Puquios, que lo divide
lon­gitudinalmente, y más al oeste de ésta se levanta otra, la de Cachiyuyo, que
produce otra subdivisión contra el ya conocido cerro de Medanosa, que termina
el cordón de Ustaris.
Así, subdividido el valle del despoblado en tres gargantas, su continuidad des-
aparece a la vista, sobre todo en la más oriental o de Puquios, que sigue la línea
férrea hasta el áspero tajo, del mismo nombre, que la comunica al norte con el gran
llano de Varas; desaparece también en los del medio, que también se subdivide
entre los cordones de Puquios, frente a la mina Dulcinea y de Cachiyuyo, al pie de
las minas de oro de este mismo nombre y, por último, se continúa en forma de un
llano regularmente abierto y parejo, por el portezuelo del Inca, entre Cachiyuyo
y Medanosa, continuándose más abierto al norte, siguiendo la pendiente de las
aguas hacia la quebrada de Flamenco, como ya quedó explicado en su lugar. Este
llano se separa del de Varas bruscamente por el áspero cerro de Cachiyuyo, pero
se unen ambos por lomadas bajas, más adelante, antes del Chimbero y Tres Pun-
tas, produciendo, este último cordón transversal, una nueva interrupción, hasta
estrecharse contra el cordón del Chivato por el oeste, según la línea de altura del
divorcio de las aguas, entre la hoya del Salado, con la del despoblado de Paipote o
Copiapó, por el dicho llano de Varas.
En esta disposición, la continuidad del llano longitudinal, considerado en su
ter­cera sección desde el portezuelo de la Viruta hasta el tajo de Puquios, el porte-
zuelo de Cachiyuyo o de Llampos, y el del Inca, abraza hasta allí 45 kilómetros de
largo y entra, así distribuido, a una cuarta sección, donde se extiende más despeja-
do y característico, abrazando como 40 kilómetros de ancho desde los despuntes
de la serranía Marítima hasta el pie de la serranía de San Andrés, que forma el
pri­mer contrafuerte del sistema andino por aquellas latitudes.
Al mismo tiempo, la llanura longitudinal ha ido aumentando en altura: desde
el Huasco hasta el dorso del Totoral, entre 350 y 400 más o menos, y desde allí,
más rápidamente hasta el portezuelo de la Víñita, a 850; bajando de aquí al río
Copiapó, el despoblado entra con 440 metros y se eleva, según un plano inclinado
continuo, hasta 1.250 en la entrada de la quebrada Puquios, y 1.660 por Cachiyuyo
y 1.530 por el Inca.
Arriba del Llano de Varas, la altura continúa subiendo desde 1.640 más o me-
nos hasta 2.000 al pie del cordón transversal de Tres Puntas y un poco menos por
el lado oriental de éste, contra las faldas del Humito.
Entrando la quinta sección con las alturas de la hoya del Salado, el valle se
extiende por el campo llamado del Inca y de la isla, donde están las importantes
mi­nas de oro, dilatándose con más o menos ondulaciones y cerrillos o colinas dis­
persas, en unos 30 kilómetros de ancho, desde las faldas del Chivato hasta la sierra
de Varas y llano más oriental del mismo nombre, pero hacia este mismo lado se
levanta la serranía de la Finca de Chañaral, que lo estrecha, dejando al oeste el
campo llamado Llano de San Pedro, el cual, a su turno, y en la parte norte de la

-364-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 364 26-09-12 13:20


orografía

vaguada de la Finca, es interrumpido por el cerro aislado de Santo Domingo, fren-


te al Pueblo Hundido, mientras que, por el oriente, la serranía de la Finca se pro-
longa, también al otro lado de la misma vaguada, por la sierra de Caballo Muerto
hasta la orilla del río Salado, formándose siempre una división longitudinal que
determina un valle oriental contra las serranías andinas y otro occidental que va
contra la serranía litoral.
De esta manera, podemos interrumpir aquí, en el margen sur de la quebrada
o río del Salado, el término de la quinta sección de la llanura o valle longitudinal
del desierto, para entrar, a continuación, en una sexta división que entra en campo
abierto y despejado con 45 kilómetros de ancho.
Mas, otro carácter físico de opuesta naturaleza, no ahora de relieves o alturas
que corren sobre la superficie interrumpiéndola con sus elevaciones, sino depresio­
nes o tajos profundos que la interceptan con sus abismos sin ofrecer aparente sos-
pecha de discontinuidad.
Son los cañones o tajos abiertos desde el nivel de la superficie hasta las profun­
didades de 150 a 200 metros, o más, en precipicios casi verticales y que cortan
trans­versalmente la llanura, oblicuando y desvaneciéndose poco a poco a medida
que bajan la pendiente del plano inclinado del desierto, buscando hacia el NO su
salida al mar por la quebrada de Pan de Azúcar.
Estos zanjones, después del cauce del mismo Salado, que también es notable
por sus barrancos y sus concreciones de sal, son el de Doña Inés Chica, el de Ca-
rrizo y del Juncal, abrazando una extensión total de 70 kilómetros en sentido de
norte a sur. Sus límites longitudinales van siempre al oeste, por los despuntes de
la serranía litoral, prolongada por San Cristóbal hasta sierra Overa, y al oriente
por cordones adyacentes a las serranías andinas, como la del Indio Muerto y de
Miranda, de Doña Inés Chica y el Carrizo y, a través de la quebrada del Juncal, las
del mismo nombre y de Santa Ana contra el Incahuasi, por donde se divorcian las
aguas de esta hoya de Pan de Azúcar y Juncal con las de Chaco y Taltal.
Constante y sin interrupción hasta la quebrada del Juncal, se intercepta al otro
lado por los cerros del Toro, el Guanaco del Sur y la pólvora, y los de sierra Overa,
Pardo y Veraguas, que determina las divisiones con la Cachina. Es notable toda
esta sección por sus caracteres de formación calichosa, que allí acaban, al parecer,
señalando el término austral, hasta el mismo Salado, de la región salitrera de Tara­
pacá.
Entre la divisoria hidrográfica de la Cachina con Pan de Azúcar, desde sierra
Overa, Guanaco Sur y la Pólvora, y la de Taltal, no hay carácter físico notable y
puede pasarse sin interrupción por uno y otro lado del cerro Chicoteado, que se
interpone en el eje del valle longitudinal frente a la Peineta; se puede continuar,
entonces, a través de las pampas salitreras de Taltal, desde Catalina del Sur a Ca-
talina del Norte, y más al oriente por las pampas del Chaco y Vaquillas, pasando
por entre las faldas de la cordillera Domeyko y el cerro de las Pailas hasta el porte-
zuelo de Mercedes, donde se dividen las aguas de Taltal con las de Aguas Blancas
y Antofagasta; mientras que por el otro lado, frente a la estación de Refresco, por
los despuntes de la serranía Marítima o cordón transversal de Taltal y pampas de

-365-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 365 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Calleja, que siguen hasta el otro lado de Santa Luisa; y por el centro, en la Lautaro,
arranca el cordón longitudinal que separa las pampas de Sudamérica de las de
Lau­taro, Atacama y José Antonio Moreno, verificándose, un poco más al norte,
por los Amarillos y el cerro de las Tórtolas, el divorcio de las aguas de Taltal y
Aguas Blancas, que por el oriente dejamos en el portezuelo Mercedes.
Es de 95 kilómetros la distancia de esta región salitrera que, así, corre desde los
por­tezuelos de sierra Overa y Altamira hacia el norte, abrazando la llanura, más
o menos cruzada de cerrillos y cortas serranías, unos 50 kilómetros de ancho por
tér­mino medio.
Sigue, a continuación, desde los puntos que dejamos anotados, la extensa sec-
ción de Aguas Blancas, que desagua por la quebrada de Mateo, reuniéndose con
los de Limón Verde y Caracoles, también tributarias de Antofagasta.
Entre la cordillera Domeyko, por las cumbres de Punta del Viento, Varas, San
Gui­llermo e Imilac, hasta rematar en el Quinal, y la cordillera marítima que se
enfila por el cordón Vicuña Mackenna, entroncando en un solo macizo montaño­
so, con las alturas de la costa, corre la superficie que podemos tomar por valle
longitudinal en toda su anchura de 70 kilómetros, más o menos. Por su costado
oriental corren, más bien estribos o brazos desprendidos de la cordillera Domey­
ko, serranías longitudinales que se tocan o escalonan paralelamente, como las de
Argomedo o Profeta con Providencia y, más adelante Pascua, el Árbol, Palestina
y la Ballena, San Cristóbal y el Buitre y los cordones diversos al sur de Caracoles,
sin nombres conocidos, y a continuación prolongados por el Centinela, Deseada y
Limón Verde, etcétera.
Aquí se cierra la extensa hoya y se limita el horizonte de sus llanuras al norte,
uniéndose las vertientes occidentales de Limón Verde con las serranías de donde
se desprenden las caídas al Loa, como las de Reyes y Guacate, prolongándose al
SO por sierra Gorda, el Solitario y otras dispersas alturas hasta estrecharse contra
la serranía marítima por los paralelos de Naguayán y cerro Gordo de Mejillones.
Vastos salares, serranías onduladas y campos cubiertos de caliche, con más
cerros impregnados de vetas y depósitos metalíferos de todos los metales nobles
y útiles, dan a esta hoya hidrográfica gran interés industrial al mismo tiempo que
el interés geográfico consiguiente a su considerable extensión y complicada topo-
grafía.
Por fin, pasando de este último límite al norte, el llano central se extiende
sin obstáculos hasta los márgenes del Loa, que cambia bruscamente su curso al
po­niente, para seguir por su eje longitudinal en la región del Toco hasta volver a
re­cobrar, en Quillagua, su dirección hacia la costa, por el paralelo de 21½ grados.
Suelo arenoso, impregnado de sales alcalinas, costras visibles del caliche por
doquier, soledad, silencio y absoluta esterilidad, son los caracteres de esta región
en que termina, a los siete grados geográficos de latitud, contados desde la línea de
partida, la gran llanura central o calle longitudinal del desierto de Atacama.
Reasumiendo, para reunir sus diversas secciones conforme a la constitución
física del territorio, se forma el siguiente cuadro:

-366-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 366 26-09-12 13:20


orografía

Primera sección

Río del Huasco a hoya de Totoral: campo abierto, en forma de un verdadero valle,
par­cialmente interceptado al norte por los cerros aislados de Paico y Pajaritos, sin
producir disconformidad en el curso de la llanura. Altura media de 420 metros
sobre el mar.

Segunda sección

Hoya de Totoral a hoya de Copiapó en el portezuelo Viñita: campo abierto hacia la


costa y limitado al naciente por las serranías que encajonan el río de Copiapó por
su margen izquierda. Altura ascendente desde 420 metros hasta 750 por término
medio hasta la base del portezuelo Viñita.

Tercera sección

Hoya de Copiapó a hoya Flamenco y cerros de Puquios: entra por la quebrada del
Despoblado y se ramifica al oeste por el portezuelo del Inca, donde se divorcian
las aguas de Copiapó y Flamenco, tomando otro ramo central por Cachiyuyo hasta
los portezuelos del llano de Varas, y el tercero al NE, siguiendo la quebrada de
Paipote, por donde corre el ferrocarril de Puquios hasta el tajo del mismo nombre
por donde se penetra al llano de Varas. La altura asciende uniformemente desde
440 metros, a la entrada del Despoblado, hasta 1.200, 1.500 y 1.600 por el otro
extremo, hasta ascender al llano de Varas.

Cuarta sección

La constituye, por el oeste, la llanura de Flamenco hasta el divorcio de las aguas


del Salado entre el Chivato y Tres Puntas, y por el naciente el llano de Varas, que
asciende hasta el pie del anterior cordón transversal y se abre paso despuntándolo,
por el oriente, entre las sierras del Humito, Pingo y Varas. La altura media aumenta
desde 1.600 hasta 1.800 metros.

Quinta sección

Desde Tres Puntas o divorcio de las hoyas Flamenco y Copiapó con la del Salado,
hasta la divisoria de las de ésta con Pan de Azúcar: comprende, por el naciente y
centro las llanuras del Inca de Oro, a Pueblo Hundido, y, por el poniente, las del
llano San Pedro y Chañarcitos hacia el mismo punto, prolongándose la llanura
a través de la vaguada de Chañaral Alto, o finca de Chañaral, hasta más allá del
cauce del río Salado, donde insensiblemente se dividen las aguas para Pan de
Azúcar, en plena superficie igual y continua. En el Inca de Oro, la inclinación es
fuerte hacia el oeste, desde 1.500 hasta 850 metros, quedando por término medio
en 1.000 metros hacia Pueblo Hundido y los márgenes del Salado. Aquí está el
principio de la región salitrera hacia el norte.

-367-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 367 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Sexta sección

Hoya del Salado a hoya de la Cachina, abrazando ambas vertientes de la del Juncal
y Pan de Azúcar: llanura abierta, surcada por profundos zanjones o cañones de
oriente a poniente; ascendiendo la altura sobre el nivel del mar entre 1.100 a 1.800
metros; terreno calichoso en toda su extensión.

Séptima sección

Desde las caídas a la Cachina, sin interrupción por las salitreras de Taltal hasta el
dorso donde se divorcian las aguas de Taltal y las de Aguas Blancas y Antofagasta:
extensión que abraza también, como las anteriores, desde el Salado, todo el ancho
comprendido entre los despuntes de la serranía litoral hasta el pie de los de la
cor­dillera Domeyko, surcada de norte a sur por serranías longitudinales de poca
duración y corta corrida. Es el centro de la formación y explotación del salitre,
siempre a la misma altura de 1.800 a 2.000 metros como término medio.

Octava sección

De hoya Taltal en la divisoria con Aguas Blancas y Antofagasta, a hoya del Loa:
la misma configuración de la anterior, más extendida la llanura hacia el oeste, por
donde se recoge la cordillera Marítima: siempre el terreno calichoso de antes. Des­
ciende la altura media, por Aguas Blancas, a 1.000 metros, más o menos, por el
costado occidental, pero asciende al naciente por el plano inclinado general del de­
sierto y se corresponde con las pampas calichosas de Salinas y Pampa Alta a alturas
hasta de 1.800 y 2.000 metros.

Novena sección

Por último, desde el divorcio de las aguas de Antofagasta, por las caídas al Loa,
hasta el margen izquierdo de este río: siempre terreno calichoso, campo abierto al
norte a través de las fatigosas travesías del Llano de la Paciencia, Colupo y las pam­
pas del Toco hasta deslindar con Tarapacá por el cauce del Loa. La altura media
des­ciende, por estas pampas del Toco, a más o menos 1.000 metros.
Dada esta configuración topográfica del desierto de Atacama, será fácil al lec-
tor darse cuenta de las facilidades que un terreno, así dispuesto, ofrece para las
comunicaciones, por medio de caminos, carreteras o ferrocarriles.
El suelo natural, el piso de cascajo y tierras alcalinas ha sido el único camino, la
única vía que la industria minera ha podido aprovechar en el desierto de Atacama
para sus acarreos y tráfico de viajeros. Algunas huellas de carreta existen, como
también existen ferrocarriles, debidos únicamente al capital privado del industrial
minero y a donde éste no ha podido llegar, allí está la mina descubierta o el venero
por descubrir, abandonado por lo inaccesible e improductivo a causa de esa falta
inexorable de medios para el acarreo.
Esto es materia que desarrollaremos más adelante con sus necesarios detalles.

-368-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 368 26-09-12 13:20


orografía

Los Andes atacameños y la cordillera Darwin-Domeyko

Secciones: resumen

Los nacimientos extremos de los ríos de Copiapó y el Huasco se desprenden, res­


pectivamente, al norte y al sur, desde las vertientes opuestas de un estribo o con­
trafuerte de la cordillera de Los Andes, que se desprende del alto de las Yeguas a
la misma latitud de la ciudad de Vallenar y se dirige al poniente por las cumbres
del Colimai, Placetón y Toro. De esta extremidad occidental dobla al norte, en
án­gulo recto, el cordón que limita el valle central por Chehueque hasta la Jaula,
como ya queda descrito, pero antes de éste y desde la referida cumbre del Colinai,
que sólo dista unos 15 kilómetros de la cordillera, se desprende, también al norte,
otro cordón más alto, comprendiéndose entre éste y el del Toro a Jaula, una ancha
serranía erizada de alturas tales como Veragua, la Jarilla (asiento de minas de co­
bre), el Cobre, San Bartolo, el Jote y el Salitral, quedando todavía entre ésta y el
cordón del Chehueque a Jaula, la sierra de la Totora a Chuschampes, cuyo último
cerro contiene en sus caídas a la quebrada de Yerba Buena, por donde pasa el
ferrocarril a cerro Blanco, las antiguas minas de plata del mismo nombre de Chus­
champes y las de la Galena.
El ramal de ferrocarril a la Jarilla penetra por entre las extremidad sur de la
Totora y norte de la Jaula.
Hay todavía, al oriente de Chuschampes, y en prolongación de las alturas del
Cobre y San Bartolo, grandes hacinamientos de montañas, que tienen sus alturas
más culminantes en las llamadas Cuñas y Sapos (importante asiento de minas de
oro), y Potrerillos y el Panul al naciente de ambas y, al pie de Potrerillos las minas
de plata de la Rosilla, terminando todos estos grupos de cerros en la quebrada de
Yerba Buena, rozados sus pies por los rieles del ferrocarril a cerro Blanco.
Digno de ser observado como detalle es el cordón de Cuñas a Panul, que for-
ma la sierra Miguel y se estrella contra la pared del río Manflas, en la Papela, en
exacto paralelismo con el cordón transversal ya descrito, desde Colimai al Toro,
formándose así un verdadero cuadrado de montañas, cuyo centro está ocupado
por el cerro del Cobre, asiento de las ricas minas de la Jarilla y sólo abierto por su
esquina del NO para dar salida a las aguas que desde el mismo cerro se despren-
den en todas direcciones. Tal es la configuración orográfica de esta primera sección
de las serranías que se desprenden de los Andes en esta primera sección de su
curso entre el Huasco y Carrizal.
Para completar ahora la descripción en los Andes mismos, debemos partir del
más notable carácter físico de la región y verdadero punto de partida de nuestros
trabajos y estudios; en los nacimientos del río Manflas, el afluente austral del río
de Copiapó, que se separa del afluente más boreal del río del Guanaco en el con-
trafuerte ya citado, que va desde el alto de las Yeguas, sobre la cuesta de los Andes
hasta el cerro Colimai, no más de 15 kilómetros al oeste.
En esta garganta, así formada por la gran cordillera al naciente, que corre
des­de las Yeguas por Tronquitos, unos 40 kilómetros hasta enlazarse con el gran

-369-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 369 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

macizo del Potro, y por el alto cordón al poniente que desde Colimai continúa por
el portezuelo del Gaucho, Chillón, Vaca Seca, Bolsito, Panilla, Tres Morros, la For­
tuna, el Gallo, y desde aquí a la Papela, ya nombrada como arranque de la sierra
Miguel a Cuñas, formándose desde este mismo Cuñas al norte, la sierra de los
Sa­pos. En esta garganta, así formada, decimos, se encajona el río de Manflas, con
su curso recto al norte, y se define con claridad y evidencia el sistema orográfico.
Las extremidades de esta primera sección andina, terminando en el Potro y
la Papela, determinan una línea oblicua dirigida al NO, según la dirección que es
común, a importantes fracturas y fallas del terreno, y sobre las cuales hemos ya
llamado la atención con motivo de ciertos cambios de dirección en la costa del mar
y la serranía Marítima correspondiente que le sigue paralelamente, ofreciendo al
mismo tiempo aquellas dos extremidades los puntos de arranque de una nueva
orientación del sistema orográfico de los Andes.
Para la necesaria claridad y método de nuestra descripción, dividiremos tam-
bién ahora el terreno, como hemos hecho para la serranía Marítima y el Llano
Lon­gitudinal, en secciones que correspondan a relieves notables de la topografía,
a caracteres físicos salientes o hechos importantes de origen geológico, abrazando
en cada sección, a lo ancho, toda la ostensión montañosa que se desprende de la
alta cordillera anticlinal del continente o se liga de cualquier modo con ella hasta
donde llega a morir o terminar sus puntos avanzados, al oeste, formando la pared
oriental del valle longitudinal.
De esta manera, y teniendo nuestro mapa a la vista, podrá el lector seguir y
des­lindar netamente esta segunda sección, que es de gran importancia en la oro-
grafía andina y que empezamos a contar desde el Potro, cruzando los valles de
Montosa y Manflas hasta la Papela. Desde aquí continúa por la quebrada de Yerba
Buena hasta aproximarse a Punta de Díaz, envolviendo las pequeñas sierras que
se ligan al cerro Negro y despuntando las extremidades de las que se continúan, al
norte, como estribos o remates que se desprenden desde las vertientes o paredes
que encajonan el río de Copiapó. Esas puntas o remates son los contornos y orilla
naciente del valle longitudinal, en su segunda sección, que terminamos en el por-
tezuelo Viñita.
Estas extremidades, con sus ángulos entrantes y salientes, y sus fragmentos
dis­persos, no son sino los arranques australes de un sistema de cordones que se
han levantado al impulso del dislocamiento característico que desde el macizo
del Potro y sus inmediaciones se dibuja en profundas fracturas, la principal de las
cuales arranca por la grieta de Pulido y continúa por el mismo valle Copiapó, con
rumbo al NO, hasta llegar al valle longitudinal frente al citado portezuelo Viñita,
en la desembocadura del despoblado de Paipote. Sigamos esta quebrada, con su
rumbo al NE, perpendicular al anterior; doblemos con ella al E por la Puerta
hasta la cuesta de Maricunga y desde allí por sobre la altiplanicie hasta el pie del
macizo de Tres Cruces, de la gran cordillera limítrofe que dejamos en el Potro, y
tendremos completado el circuito en nuestra segunda sección de orografía andina.
En sus rasgos generales, el contorno de esta sección se representaría por un
rectángulo, cuya base sería el valle de Copiapó, desde el Potro hasta el despoblado,

-370-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 370 26-09-12 13:20


orografía

levantándose respectivamente desde ambos extremos las perpendiculares en el Po­


tro, siguiendo la cordillera de los Andes, y en el despoblado, según la quebrada de
Paipote, por Puquios y San Andrés, hasta en cerro Bravo, desde cuya extremidad
se correría la figura geométrica por el dorso que va por el cerro de la Sal y de Co-
lorados al pie de Tres Cruces.
Pero no necesitamos preferir estos rasgos generales de los grandes contornos a
los demás tangibles y de evidente realidad, que los han modificado determinando
subdivisiones y detalles más marcados y más fáciles de apreciar y describir, y así,
en vez de continuar la prolongación de Paipote al NE, por San Andrés, tomamos
su bifurcación a Maricunga, cerrando, por allí, la figura rectangular con un lado
oblicuo, dirigido de E a O, clavado en vez del S.
Estando así dispuestas las grandes líneas orográficas, los hechos se revelan por
sí solos y los detalles se explican fácilmente.
La cordillera de los Andes, que desde las latitudes australes de Chile se dirige
al norte, entre los meridianos 75° y 74°, al oeste de Greenwich, oblicuando ense-
guida al este hasta acercarse al 72° por el paralelo 34°, continúa desde aquí siempre
al norte astronómico conservando en todo su curso el carácter de cordón único,
es decir, de una sola línea de cresta o eje anticlinal, hasta llegar al gran macizo del
Potro, cuya cumbre más culminante corresponde a la intersección del meridiano
69°42’10” con los paralelos 28°17’55”.
Por macizo, y en orografía no puede entenderse otra cosa que el cuerpo entero
de una montaña que se levanta sobre el nivel medio del sistema o cordón al que
pertenece, lo que siempre se define muy netamente en la naturaleza por medio de
esos altos y abultados relieves que sobresalen del término medio de potencia en
un sistema de montañas.
Los argentinos suelen decir, por macizo, clavillo, como el clavillo de Aconqui-
ja, etcétera.
Los macizos pueden encadenarse unos con otros, según el eje anticlinal del sis-
tema montañoso, o por sus contrafuertes.
El macizo de Aconcagua, tan característico, como tal, se liga así a la cordillera
anticlinal, y de una manera análoga lo está el Potro en sentido opuesto.
Así, también, puede decirse en la república Argentina, que las sierras de Velaz-
co y Aneaste, potentes como son, no tienen ningún macizo; que el macizo colosal
de Famatina no se encadena con nadie y que, en la larga sierra de Catamarca a
Tu­cumán, los macizos de Ambato y Aconquija están encadenados en el mismo
cor­dón que los une.
Desde aquella notable altura, el Potro, del cordón único de los Andes que hasta
allí conserva su orientación media de norte a sur, la dirección del eje anticlinal de
la cordillera hace un brusco cambio de 56°15’ al este, alineándose según las cum-
bres de Cacerones, Come Caballo y Colorado de Pircas Negras, hasta la potente
cumbre cuadrangular de Monte Pissis cuyo más alto pico se levanta a los 68°48’18”
de longitud y 27°45’48 de latitud.
Si se prolonga matemáticamente la línea de El Potro a Monte Pissis, según el
referido rumbo de N 56° 15’ E, esta prolongación resulta tangente al arco o codo

-371-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 371 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

saliente al este, determinado por las cumbres de Curuto y Pasto de Ventura situadas
en el ángulo que la cordillera oriental de la puna de Atacama forma para dirigirse al
norte; pero si trazamos la dirección hacia el macizo de Tres Cruces en derechura, por
las prolongaciones de quebrada Seca a Dos Hermanas, entonces ese ángulo se redu-
ce a más o menos 45°, siempre dentro de la orientación general que afectan las que-
bradas longitudinales y los ejes de montañas dentro de la sección que describimos.
Este arrumbamiento al NE es el que sigue en estricto paralelismo a la cordille-
ra el profundo valle por donde corre el río Jorquera, prolongado por el Figueroa,
hasta sus nacimientos en las arroyadas que bajan del Azufre, y por su parte, el
Jorquera, al recibir al Figueroa, toma al naciente con el nombre de Turbio y Piu-
quenes hasta su origen andino en Pircas Negras, abriéndose también como grieta o
tajo transversal que arranca perpendicularmente a la dirección NE y, por lo tanto,
corre al NO, en paralelismo con el río Copiapó, desde las Juntas, o más bien, desde
su origen en el Potro, hasta el despoblado.
He aquí, con tales cruzamientos de fallas y quebraduras, la aparente confusión
de los cordones montañosos que aparecen, como siguiendo indistintamente una u
otra de las direcciones fundamentales o de las intermedias, pero que en realidad se
distribuyen en líneas más o menos paralelas al eje de la gran cordillera anticlinal,
las mismas seguidas por las corrientes de rocas eruptivas, por las plegaduras del
terreno, la orientación de las estratificaciones dislocadas y el rumbo general de los
diques y de los filones minerales.
Los cordones transversales, que determinan divorcio de aguas entre hoyas par-
ciales de un mismo sistema hidrográfico, pueden afectar cierta importancia, como
el que, desde Come Caballo va por Pulido, Plaza y Vizcachas, forma la abrupta
vertiente de Piuquenes y Turbio por el norte, y las caídas de los numerosos afluen-
tes del Ramada por el sur; pero, si se trazan los ejes generales del sistema montaño-
so, se encuentra que aquellas alturas culminantes corresponden, con más o menos
precisión y exactitud, a aquellas líneas de dirección NE.
No se diga, por lo tanto, como puede decirse del cordón de Colimai a la Pape-
la, tan característico, que la serie de alturas que corre por uno y otro margen del
río Co­piapó son cordones o series de alturas que obedecen a un eje determinado
de di­rección, sino, al contrario, tengan en cuenta que el valle copiapino es cruzado
transversalmente, casi en dirección perpendicular a su curso NO, por una serie de
alturas y a veces bien definidas cadenas de cerros importantes que corren al NE.
Comenzando por el más inmediato a la cordillera, puede citarse uno de poca
im­portancia que sirve de contrafuerte a la gran cadena anticlinal fronteriza, y
arranca de Pircas Negras, saltando la quebrada Seca, para ir a formar cajón, por
el oriente, a la quebrada y río de la Gallina y se enlaza por medio del cerro Bayo,
fren­te a la laguna del Negro Francisco, al cordón de las Lajitas, y éste al de la Cié-
nega Redonda y a continuación al de Tres Cruces, no el de las grandes cumbres
nevadas de la cordillera limítrofe, sino un grupo de cerros bajos inmediatos al por­
tezuelo de este mismo, de donde aquellas derivan el suyo.
A continuación, siempre en avance al oeste, y amarrado al Potro por medio de
uno de los potentes brazos radiados que este macizo desprende, se levanta el cerro

-372-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 372 26-09-12 13:20


orografía

de Pulido, doblándose un poco al NO para encajonar al río Cachitos por el SO


hasta la cumbre de Plaza y distribuirse como una T, con un brazo en esta última
dirección, para formar la caja naciente del río Pulido de Vizcachas y el otro al NE,
que se quiebra en el tajo del río Turbio y continúa alzándose a gran altura en el
Cadillal, Acerillos, Aguas Blancas y el poderoso Nevado de Jotabeche, desde cuyas
faldas opuestas se desprenden, respectivamente, arroyadas que desaguan por el
naciente, en el Turbio y, por el poniente, en el Figueroa.
En este detalle orográfico que comprende la parte medianera entre los Andes,
desde el Potro a Pissis, y el río Figueroa-Jorquera, que corre en perfecto parale-
lismo con aquel segmento de la gran cordillera, se produce el interesante hecho
de corresponderse, en prolongación al NE, la profunda fractura del Pulido de las
Vizcachas con la alta elevación del cordón Nevado de Jotabeche, o sea, una línea
sin­clinal continuándose con una anticlinal, es decir, un valle, prolongándose en
una cadena de alturas para producir, por opuestos procedimientos y con perfecta
si­me­tría de disposición dos hechos hidrográficos, convergiendo las aguas a una lí­
nea común sinclinal en el primer caso y divorciándolas, en el otro, según una línea
an­ticlinal.
Viene, enseguida, más al oeste, el segundo carácter físico notable en esta sec-
ción, determinado por las dos cadenas de alturas que encajonan el río Jorquera-
Fi­gueroa hasta sus orígenes en Tronquitos y Santa Rosa, siempre en el estricto
sis­tema paralelo del NE.
Los valles de nuestras cordilleras son anticlinales o sinclinales, es decir, que
las estratificaciones son respectivamente divergentes respecto del fondo o línea
de vaguada, o sea, inclinadas a cuerpo de cerro, como dicen los mineros; o son
convergentes hacia la misma, es decir, que inclinan a flaqueza, según la apropiada
expresión de los mismos, pero en el caso del Figueroa, muy general en nuestros
Andes, el valle no es ni anticlinal ni sinclinal, sino de falla, flexión o quebradura,
que es el caso de las estratas inclinadas en la misma dirección, con más o menos
declive al horizonte y más o menos interrumpidas, verticalmente, en la continui-
dad de sus planos o caras, según la acción contemporánea posterior de las fuerzas
dis­locadoras.
Se combinan estos hechos de fractura longitudinal, que aquí es al NE, como
constantemente lo confirmamos refiriéndonos al rumbo local que desde el Potro
siguen los Andes, hacia el norte, con las fracturas transversales que las cruzan en
zigzag y corresponden a las líneas de menor inclinación de las estratas, correspon-
diendo, el más notable caso de este hecho geológico, al punto de reunión de los
tres principales afluentes del río Copiapó, que se reúnen en las Juntas.
Allí termina otro brazo del Potro por el cual enfilan las alturas transversales
que encajonan, por su margen derecho, el río del mismo nombre y el Pulido, re­
matando en el empinado cerro de la Estancilla, colocado frente a frente de su al­
tura simétrica de Puntas Negras y alto de Vizcachas, al otro lado del río Jorquera,
formando, así, entre ambos, su entrada y comenzando, en uno y otro, las cadenas
que lo emparedan hasta sus orígenes en los nacimientos del Figueroa, por Tron-
quitos y Santa Rosa.

-373-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 373 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

La primera de estas cadenas, que sigue el río por su margen izquierdo, enfila
las cumbres de Mulas y Vizcachas de Jorquera, saltando el río Turbio, para conti-
nuar el Figueroa contra el Cadillal hasta Paredones y Monardes, que circundan la
laguna del Negro Francisco por el oeste, y por fin hasta el ya nombrado macizo de
Santa Rosa, tocándose antes con el cono volcánico del Azufre o volcán Copiapó,
que por allí se levanta aislado y sin conexión aparente con los elementos orográfi-
cos que describimos.
La segunda cadena, que arranca del alto de Vizcachas en el ángulo agudo que
forma el Jorquera con el Copiapó, es la que hemos designado con el nombre de
cordillera Darwin, y corre desde allí por Tres Chañares y los altos picos de Leones,
Cárdenas, Gato, San Miguel y Tronquitos, en latitud, este último, de 27°14’11” 68
por 69°25’31” 63 de longitud O de Greenwich.
El resto de esta sección del sistema andino, con su característica orientación
general al NE, se define, también, con relieves que obedecen a igual disposición
de los ejes montañosos. Los arranques de éstos parten de alturas más o menos
pro­nunciadas sobre el margen izquierdo del río Copiapó, a veces tan prominentes
como cerro Blanco o cerro de la Plata, que forma como clavillo de distribución,
enlazándose con la Papela por el sur y con todos los demás cordones del cuadran-
te desde el NO al NE. Las brechas y demás rocas características de su formación
geológica se prolongan al norte según las alturas de la cordillera Darwin, como en
Leones, y pudiera aquel cerro ser considerado como el verdadero punto de arran­
que de esta cadena.
Desprendiéndose de cerro Blanco al NO, siguiendo el margen del valle Copia­
pó, las alturas de la Dichosa, Yerba Buena y cerro de los Frailes, se observa que
estas pueden relacionarse, desde Dichosa al noreste, con el bien definido cordón
del Romero, que desde el cerro de Calquis, inmediato al pueblo de San Antonio,
sigue por el Romero de Cabeza de Vaca, San Miguelito, el Tobar y Monroy hasta
enlazarse con Tronquitos por su costado poniente.
Otra cadena que se ve alineada en la misma dirección y parece corresponder a
eslabones que forman continuidad orográfica, a pesar de profundas interrupciones
en el sentido transversal, es la que arranca del referido Yerba Buena y se dirige al
otro lado del valle Copiapó por Lomas Bayas, Carrizalillo y los Azules hasta el
gran macizo de la Ternera, hermoso y robusto cerro de doble cumbre que se eleva
has­ta 4.000 metros sobre el nivel del mar.
El morro de Chañarcillo es otra eminencia importante, que corre al norte clavado
y se relaciona geológica y orográficamente con Ladrillos, mientras que, a media dis-
tancia entre ambos, se levanta el cerro de las Pintadas, correspondiéndose al NE con
el Checo, Potrillo y el Gigante de Garín hasta estrellarse por Alcota contra la Ternera.
A continuación, siempre al oeste, ya no tenemos sino la quebrada del despo-
blado de Paipote, y su continuación, por la Puerta hasta Maricunga y desde aquí
por el valle cordillerano hasta Tres Cruces, por donde hemos limitado esta segun-
da sección del sistema montañoso andino de Atacama.
Empezamos la cuarta sección en Puquios, término de la línea del ramal del fe­
rro­carril y frente al rajo que antes tomamos por límite oriental de la serranía Marí­

-374-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 374 26-09-12 13:20


orografía

tima y de las del sistema andino, siguiendo como base y línea de partida austral la
misma quebrada que desde allí continúa por la Puerta hasta Maricunga, en exacta
dirección al naciente.
El ramo principal de esta gran quebrada de Paipote es, sin duda, el que se diri-
ge al NE por San Andrés hasta cerro Bravo; mas, tanto la cordillera de los Andes,
en su prolongación al norte, más allá de Tres Cruces, como la cordillera Domeyko,
desde su arranque en Tronquitos, recobran el rumbo general de norte a sur, como
lo recobra también, por las mismas latitudes, desde el puerto de Chañaral, la costa
del Pacífico.
Estando, ahora, sobre el primer alto valle longitudinal al pie de la gran cordille-
ra, es oportunidad de repetir lo que en otras ocasiones hemos dicho acerca de la oro-
grafía de estas regiones, con motivo de la cuestión internacional chileno-argentina.
Siguiendo ambas márgenes del río Jorquera-Figueroa, va la cordillera Darwin,
que termina en Tronquitos, por el poniente, y la otra cadena, del margen opuesto,
va por el naciente, terminando en Santa Rosa, entre cuyas dos alturas cierran ese
valle por su cabecera boreal y caen sus pendientes que miran al norte, a la llanura
de Maricunga, formando, a su turno, respecto de ésta, su cabecera austral.
Entre esta cadena de montañas y los Andes limítrofes de aquellas latitudes, se
levantan algunas cumbres notables que los errores de los mapas y las incompletas
observaciones de los viajeros científicos han colocado fuera de su lugar, equivocan-
do las situaciones y las circunstancias orográficas.
Así ha sucedido que el majestuoso cerro que se levanta más al oriente, el Ne-
vado de Jotabeche, ha podido equivocarlos con los destellos de su nieve eterna,
pero su situación es tan evidentemente chilena como la nacionalidad del autor de
“Los artículos” de J.B. Ch.
Asimismo, los ha equivocado El Azufre o Volcán de Copiapó de todos los mapas,
que el doctor Burmeister coloca al oriente de los Andes, en territorios argentinos, y
Pissis figura en muy falsa situación también. Este esbelto cono volcánico, perfecto
tipo de la estructura ígnea estratificada, se ha levantado posteriormente a la forma-
ción de los cordones andinos ya descritos: el oriental, que determina netamente el
límite argentino y el divortium aquarum del continente, hasta el punto que más adelan-
te se explicará, y el occidental, de la cordillera Darwin desde Cárdenas a Tronquitos.
Esta característica altura, El Azufre, ha de llamar, como un faro, la atención
de las comisiones internacionales de límites en la oscuridad aparente del sistema
orográfico, y conviene, por lo tanto, explicar el papel que hace en la cuestión.
La posición geográfica exacta de su aguda cumbre corresponde al meridiano
69°8’35”58, en la latitud 27°19’2”50; su prolongación al sur termina, a corto tre-
cho, en el borde septentrional de la Lagunas del Negro Francisco, y su extensión
al norte no va más allá del borde meridional de la laguna de Maricunga; por su
contrafuerte transversal, al oeste, se liga con Tronquitos, y por el este se liga invisi-
blemente, a través de un valle al parecer continuo, con el cordón andino oriental,
en el macizo correspondiente a la doble cumbre de Dos Hermanas. El dorso re-
sultante de este hecho no salta a la vista ni se encuentra si no se busca, pero existe
como línea de separación de las aguas del río Astaburuaga, que corre al sur hacia

-375-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 375 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

el Negro Francisco, y el de Barros Negros, que baja en sentido opuesto a la laguna


de Maricunga, produciéndose el caso de un canal de comunicación de ambos ríos
con sus respectivos receptáculos.
Digamos ahora que estas aguas, aun cuando no se levantan de su somero lecho
lo bastante como para vaciar los sobrantes de su escaso caudal en los afluentes del
río de Copiapó, pertenecen a la hoya hidrográfica de este mismo.
Tal como existe actualmente, la laguna del Negro Francisco es un fondo de
lago disecado, en parte, como todos los que cubren la altiplanicie andina, y se dis-
tribuyen sobre su extensa superficie, como los cuadros de un colosal tablero de aje-
drez, y pertenece a una verdadera cuenca encerrada entre los brazos entrelazados
de El Azufre, Monardes, Paredones, Nevado de Jotabeche, Pissis y Dos Hermanas.
El perímetro así formado por la sucesión continua de las líneas anticlinales corres-
pondientes, encierra una superficie total de quinientos setenta y seis kilómetros
cuadrados, dentro de la cual, las aguas meteóricas, así como las de infiltración,
se recogen en esa misma laguna del Negro, de donde la ingeniería hidráulica ha
derivado proyectos para hacerlas ingresar al caudal del río Copiapó.
Por lo tanto, dentro de tales líneas orográficas, así como por toda la extensión
de aquella región, las comisiones internacionales de límites pueden ahorrarse todo
motivo de preocupación por aquel lado, y aceptar como el divortium aquarum de
los Andes todo el cordón continuo desde El Potro a Pissis. Los diferentes afluentes
del río Copiapó, que nacen de sus cumbres, las llevarían como de la mano a los
portezuelos que median entre el Potro y Pissis en Peña Negra, Comecaballo, Picas
Negras y quebrada Seca, desde donde verían, como estela de cristal, la cinta sinuo-
sa de las aguas del Salado y el Río Blanco argentinos, que destellan los rayos de un
sol siempre radiante.
Son las mismas aguas que más al sur van a constituir el río Bermejo de la pro-
vincia de San Juan y que todos los mapas existentes, argentinos o chilenos, hacen
derivar directamente de las faldas de El Azufre o volcán Copiapó, suponiendo a
éste en la línea anticlinal de los Andes: error geográfico de gran magnitud y cuya
rectificación, importando un progreso en la geografía de América, importará tam-
bién interesantes revelaciones a la ciencia geológica universal.
Definidas así las cosas, en lo que se refiere al punto de arranque de las ramifi-
caciones de la real cordillera de los Andes, y volviendo a apoyarnos en El Azufre y
los brazos que lo unen a Dos Hermanas y Tronquitos, límite boreal de la hoya del
Negro Francisco, se hace necesario explicar el detalle hidrográfico del que ya dejo
hecha mención y mediante el cual esta hoya y la que le sigue en la constitución de
la altiplanicie, Maricunga, se unen casi como vasos comunicantes, estando el dorso
aparente donde se tocan las estribaciones del Azufre y Dos Hermanas.
Sin embargo, este problema hidrográfico se define con toda precisión conside-
rando un punto de la cordillera anticlinal inmediato al cerro Vidal Gormaz, desde
donde arranca un contrafuerte, que va al oeste por el portezuelo de la Jarilla hasta
el Nevado de Jotabeche, y se prolonga de éste al norte hasta el cerro Bayo.
Ahora, partiendo de Pissis, la cordillera real anticlinal toma un poco al NO
hasta Dos Hermanas, de suerte que, siendo Pissis el vértice de un ángulo agudo

-376-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 376 26-09-12 13:20


orografía

sa­liente al este, su brazo izquierdo por Vidal Gormaz y Jarilla, Nevado y cerro
Bayo, donde termina, y su derecha, que va casi recta a Dos Hermanas, encierran
una cuenca desde cuyos flancos parten los nacimientos del río Astaburuaga, que
se escapa de allí por entre los pies de cerro Bayo y Dos Hermanas, para dirigirse
al norte contra la falda oriental de El Azufre, donde es sustituido por el de Barros
Negros, que entra a ser tributario de la laguna de Maricunga.
Queda, entonces, determinada la línea austral de cumbres de ésta, es decir,
de su cuenca hidrográfica, mediante el cordón que oblicuamente se dirige desde
Monte Pissis, en la cordillera real anticlinal, por Vidal Gormaz, Jarilla, Nevado, ce-
rro Bayo, Azufre y Santa Rosa, e inmediato este último a Tronquitos, término de la
cordillera Darwin y principio, al mismo tiempo, desde aquel punto al norte, de la
antecordillera o cordillera occidental, que por este rumbo determina el borde tam-
bién occidental de la altiplanicie andina y a la cual, interpretando un sentimiento
de gratitud en todos los chilenos, he dado el nombre de Domeyko.
Y ya que estamos en ella, prolonguemos este límite occidental de la hoya de
Maricunga, siguiendo de Tronquitos, por Portezuelo de Mandinga, Ojo de Mari-
cunga, Codocedo, Coipa y cerro Bravo, desde cuya cumbre baja un contrafuerte
al SE, que muere en la altiplanicie y se liga por una baja protuberancia al cerro de
La Sal, y por éste al cordón Claudio Gay en el cerro Colorado.
Y ya que tenemos también datos y cálculos de precisión para demostrar la ver-
dad y exactitud de los puntos que nos sirven de referencia, digamos que las coor-
denadas geográficas de estos puntos principales son: para Tronquitos, longitud
69°25’31”63 y latitud 27°14’11”68; para cerro Bravo, longitud 69°15’26”65 y lati-
tud 26°40’17”98; y para cerro Colorado, longitud 68°57’27”44 y latitud 26°58’15”8.
Aquí desaparece la regularidad de las líneas y se presenta un caso algo compli-
cado y que merece discusión.
Se trata de cerrar la hoya de Maricunga por el oriente, y nos encontramos con
los puntos extremos: Colorado al norte, que acaba de ser citado, y Dos Herma-
nas2 al sur, que ya conocemos, colocados ambos casi en un mismo meridiano y
en un mismo cordón que corre contiguo a la cordillera real anticlinal, desde Dos
Hermanas hasta el macizo de Tres Cruces, interrumpiéndose allí para dar paso al
río Lamas y continuando enseguida hasta Colorado, principio del cordón Claudio
Gay, que se continúa al norte.
Este cordón, que así está cortado por el río Lamas y que corre en sus dos seg-
mentos a uno y otro lado de este río, perpendicularmente a su curso, el cual corre
de E a O, no es la cordillera anticlinal. Pero los orígenes del Lamas no están sino
a una muy corta distancia más al E y NE, al pie del macizo de Tres Cruces, el cual
consta de tres cumbres alineadas de norte a sur, arrancando la primera en la real
cordillera, que hasta allí ha venido regular y única desde Dos Hermanas, por Tres
Quebradas, Patos y Puesta Colorada, y en sentido opuesto al norte, donde a muy
corto trecho se abate bruscamente para dar paso a la prolongación del valle seco,

2
Para conformarse a mayor precisión en la descripción detallada, dígase más bien, en lugar de Dos
Hermanas, cerro Bayo y su prolongación al sur, como antes ha sido ya definido.

-377-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 377 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

que ha sustituido al río Lamas, y reconstituirse después por pequeñas alturas, di-
vidiéndose en dos brazos que toman, el del oeste por el Campo de Piedra Pómez,
y el del este por Barrancas Blancas, hasta corresponder con el cerro volcánico de
Wheelwright.
He aquí otro segmento o rama de la cordillera de los Andes, o a lo menos de
su prolongación orográfica, desde Tres Cruces a Wheelwright. Por entre ambos
macizos, el viajero que sigue el suave ascenso de la prolongación del valle seco de
Lamas en su curso al NE, no ve detrás de las sierras que va dejando a su izquierda
los nacimientos de otro río, el Juncalito, que va a desaguar por el norte a la hoya
de Pedernales, que es la que sigue, después de la de la Maricunga.
Mientras tanto, la prolongación de la cordillera de los Andes, que desde Tres
Cruces a Wheelwright no ha dejado de ser tal, pero ha dejado de ser netamente an-
ticlinal entre el Pacífico y el Atlántico, entre ambas repúblicas, chilena y argentina,
divisoria de las aguas divortium aquarium, etcétera, ha sufrido la misma interrupción
que la de las Tres Cruces a Colorado, por interposición de la misma ensenada que
se interna al Oriente hasta sus orígenes en San Francisco.
El volcán Wheelwright levanta su más aguda cúspide en la enrarecida atmós-
fera de aquellas alturas, a los 68°44’44”54 de longitud y 26°49’14”88 de latitud, y
para seguir y terminar este detalle del curso de los Andes, digamos que éstos, desde
Wheelwright, toman dirección al este hasta tocar el gran cordón de San Francisco,
que pronto describiremos, formando allí un agudo ángulo, para retroceder al oeste
y colocarse otra vez en su antigua dirección meridiana contra el segmento Claudio
Gay en la cumbre del Juncalito, dejando pasar al través de profundo tajo abierto,
en aquel punto, el torrentoso río del mismo nombre cuyo origen dejamos señalado.
Dejaremos aquí a nuestros Andes, porque ya se alejan de la cuestión que me
propongo esclarecer y porque no nos ofrecerá más depresiones, tajos o quebradu-
ras profundas de aquellas que tanta desazón produce a los geógrafos de la diploma­
cia.
Desde Juncalito sigue la real y bien definida cordillera de los Andes, por Piedra
Parada, Laguna Brava, Nevados de Aguas Calientes, Volcán Lastarria, Llullaillaco,
Socompa, Miñiques, etcétera, hasta el piramidal Licancaur, baluarte y atalaya de
los aborígenes de Atacama, con su cúspide de escorias, su cráter lleno de hielo y
los restos misteriosos de la existencia del hombre, allí, sobre un peñasco de vidrio
volcánico con nieve eterna, a 6.000 metros sobre el mar.
Y descansemos aquí, ante el espectáculo colosal de aquellos gigantes de la
na­turaleza alineados en batalla, como dispuestos a sacudir sus melenas de hielo y
volver a arrojar al espacio, en torno de todo un meridiano terrestre, los resplando-
res de luz que en la época de su antigua actividad debieron dar a nuestro globo el
aspecto de un mundo circundado de brillante aureola.
Detengámonos a considerar cómo se distribuyen las corrugaciones de la altipla­
nicie andina resultantes de las fuerzas de compresión interior, y veamos cómo he-
mos de acomodarlas para que nos definan, entre las indicaciones de buena fe de
los tratados internacionales y las direcciones de fuerza a los que los geógrafos de
ima­ginación y gabinete quisieran ajustarlas.

-378-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 378 26-09-12 13:20


Desierto y cordilleras de Atacama.indb 379 26-09-12 13:20
Salar de Surire. Altiplano Arica-Parinacota. Pablo Osses, archivo particular.

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 380 26-09-12 13:20


orografía

Y ya que estamos trascribiendo nuestros propios escritos, sigamos con ellos


mien­tras sean pertinentes a la descripción orográfica que nos ocupa.

La cuestión de San Francisco

Entramos en esta materia con el conocimiento del terreno en sus rasgos generales,
en cuanto a la distribución orográfica de las montañas, en plena seguridad con
relación al curso de las líneas hidrográficas y con los datos hipsométricos bastantes
para darnos cuenta de la exacta solución en la interpretación del tratado de límites,
sobre la base de las más elevadas cumbres que dividen las aguas y según la línea
que va por entre vertientes que se separan a un lado y otro.
Quedamos en la cumbre más austral de las Tres Cruces, punto de donde una
gran ramificación de la cordillera se desprende al este para doblar en seguida, otra
vez, al norte, formando el poderoso macizo de San Francisco, que va, después de cor­
to trecho, a entroncar con el extremo oriental del cordón Wheelwright, en el án­gulo
agudo que éste forma, allí, para volver al oeste, como ya quedó explicado más arriba.
Volviendo ahora al río Lamas, en sus nacimientos, para continuar al NE, por
el campo de Tres Cruces y de la Piedra Pómez, hasta ascender la depresión de los
Andes en las bajas lomadas frente a Wheelwright, se desciende al cajón de Barran-
cas Blancas y se asciende otra vez, suavemente, a las orillas de la Laguna Verde,
ca­vidad profunda, especie de Mar Muerto que semeja una inmensa esmeralda en­
gastada en oscuras lavas y relucientes andesitas.
Pocos paisajes más adustos y solemnes por el silencio, la desolación, el colori-
do, la salvaje arquitectura de las montañas de escoria y los huesos dispersos en un
re­guero de muerte, que el viajero, misteriosamente impresionado, anhela seguir
rá­pido, sin mirar atrás y sin detenerse ante espectáculos que no hay tiempo de
con­templar con espíritu tranquilo.
Es necesario ir allí con el interés del geógrafo, animado de la curiosidad inda­
ga­dora del explorador, y quedarse allí en el mediodía cuando deslumbran los des-
tellos del cristal en la roca ignea, y en la medianoche, cuando la oscuridad del caos
o los reflejos de la luna arrancarían ideas de pavor y misterio al Dante y rasgos de
inspiración al lápiz de Gavarni.
Los viajeros que de allí avanzan al oriente, divisan como una estrella de espe-
ranza la cumbre nevada del majestuoso San Francisco, que cierra por el fondo el
imponente escenario y les promete sus generosas y reparadoras filtraciones en las
alegres vegas del mismo nombre. Es necesario avanzar aún, ascender la pendiente,
tramontar los 4.870 metros del portezuelo y llegar, al fin, como a tierra prometida,
a aquel paraje de restauración de las fuerzas y la vida, en plena e indisputable tierra
argentina.
No se estimularía, seguramente, en esta travesía, el egoísmo patriótico del emi-
nente y afable doctor Irigoyen por la teoría de las más altas cumbres, para echarlas
siempre de nuestro lado, ni se interesaría el brillante doctor Zeballos por hacer
cubrir con el tesoro de su patria la garantía de los kilómetros del ferrocarril que
algún día pudiera correr por allí.

-381-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 381 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Hay, pues, por lo que queda descrito, la evidencia de dos hechos concretos:
1° que la real cordillera de los Andes, al deprimirse profundamente al pie de las
Tres Cruces, sigue, no obstante, su curso continuo, aunque irregular, por San
Fran­cisco, Wheelwright, o, más bien, directamente hacia el Juncalito, etcé­tera,
o según una cadena más prominente que se dirige al Colorado, etcétera y
2° que desde el mismo macizo de Tres Cruces, se desprende perpendicular­
mente, al curso de los Andes, un brazo colosal que en seguida busca,
volviendo como herradura, su entroncamiento con aquélla.
Este brazo sigue determinando, para la república Argentina, la línea anticlinal
de cumbres y vertientes de las aguas que, inexorablemente, le pertenecen en su
curso desde allá hasta el Atlántico, cuyo visible hecho sigue produciéndose por la
prolongación de la misma cordillera San Francisco, según otro rápido o brusco
desvío al este por B. Ventura, Curuto, etcétera. Ésta ya deja de ser, sin duda alguna,
la cordillera real, pero sigue siendo, para la república Argentina, su línea anticlinal
y de vertientes orientales.
¿Cual es, entonces, la nacionalidad de la cuenca hidrográfica que media entre
Tres Cruces, Weelwright y San Francisco y cuya línea sinclinal está ocupada por la
profunda Laguna Verde?
Por las apariencias, yo la he tomado, durante mis primeros viajes con motivo
de un proyecto de ferrocarril trasandino y, hasta mucho después, por argentina.
Por los hechos, después de haber levantado la carta geográfica del territorio y
es­tudiado sobre ella, cuidadosamente trazada, la distribución de los sistemas oro-
gráficos, la tengo por chilena.
Por la teoría de las más altas cumbres, la Laguna Verde quedada tan chilena
como la de Aculeo.
¡Pero cuidado con las más altas cumbres de aquí en adelante!
Las encontraremos en cada intersección y por todos los lados o contornos de
las mesetas, cuencas u hoyas en que, a la manera de un tablero de damas, como
dejo dicho, aunque de casillas muy irregulares por la forma, está dividida la altipla-
nicie andina, a uno y otro lado de la cordillera real.

El pacto de tregua chileno-boliviano

Dejamos de tenerla ahora con la república Argentina, salvo que la diplomacia ha­
ya dispuesto otra cosa.
Entramos en un territorio limitado por líneas definidas y evidentes como los
lados de un rectángulo: con la cordillera real de los Andes, que lo recorre longitu-
dinalmente, más cerca del lado occidental, y de las respectivas cordilleras paralelas
que sostienen como muros de fortificación la ancha base que la levanta al cielo.
La que, así, le sirve de apoyo por el oeste, es la cordillera Domeyko, que des-
de Tronquitos a cerro Bravo, ya citados, sigue su curso por Pedernales, la esbelta
Doña Inés y Las Gemelas, Bolsón, Chaco, Los Sapos, Imilac y cumbre del Quimal,
donde termina bruscamente sobre la nivelada planicie de Atacama y su inmensa
sábana de sal gema.

-382-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 382 26-09-12 13:20


orografía

Pero los contornos de la altiplanicie, convergiendo al NE, siguen bien carac-


terizados por la sierra de Barros Arana, Chuschul o San Bartolo, hasta estrellarse
contra la cordillera real más allá del Licancaur y del volcán Putaña, por los cerros
de Tatio, de donde se desprende el principal anuente del Loa.
Así dejamos definida la línea limítrofe occidental de la altiplanicie andina des-
de el punto en que comienzan a dibujarse sus contornos, complicándose el sistema
montañoso, pero destacándose siempre en el conjunto armonioso de la red, el cur­
so regular y simétrico de las líneas directrices.
Desde la línea culminante o de crestas de esta precordillera occidental del
sis­te­ma andino, las aguas de infiltración o meteóricas, que corren por sus flancos
de aquel rumbo, son directamente tributarias del Pacífico, las del flanco opuesto
u oriental, toman pendiente abajo en el mismo sentido hasta confundirse en el
fon­do sinclinal de las cuencas correspondientes con las que en sentido opuesto se
desprenden de las vertientes occidentales de la cordillera real de los Andes3.
Vamos ahora al otro lado, donde ya sabemos que, desde San Francisco, el con-
torno oriental de la altiplanicie está netamente definido por la cordillera ya citada,
en sus alturas culminantes, hasta el cerro de Granada, de cuyos flancos orientales,
salvo excepciones de pequeños detalles, las aguas corren en toda su extensión por
tierras argentinas hacia el Atlántico. En cuanto a las que bajan en sentido opuesto,
éstas no se confunden, en los bajos de la altiplanicie, con las aguas orientales de la
cordillera real, porque ésta se halla muy distante y en el tránsito se interponen y
entrecruzan los infinitos contornos de las casillas del ajedrez.
Así, construidos los lados largos del rectángulo de la altiplanicie, igualmente
fácil es cerrarlo por sus bases, y para regularizar y descartar territorios como el de
la Laguna Verde, que ya hemos discutido y que está fuera de la cuestión con Boli-
via en que vamos a entrar, prescindamos también de toda la extensión occidental
de la altiplanicie que corre entre la cordillera real y la cordillera Domeyko.
Porque es evidente que Chile no restituirá lo que de ésta fue boliviano, como
San Pedro de Atacama, a menos que le restituya el litoral del Pacífico, ni lo reclama­
rá tampoco Bolivia, que no piensa más en ello, ni menos terciará en ese campo la
república Argentina.
Baste, entonces, con recordar que los brazos abiertos del San Francisco, hasta
Juncalito, por el oeste en la cordillera real, y hasta Curuto y Ventura por el este en
la cordillera argentina, cierran herméticamente el territorio en cuestión por el sur.
Veamos ahora, por el norte, a cuyo respecto el pacto de tregua entre Chile y
Bolivia, que lleva fecha 4 de abril de 1884, dice:

“La República de Chile, durante la vigencia de esta tregua, continuará gobernando,


con sujeción al régimen político y administrativo que establece la ley chilena, los
te­rri­torios comprendidos desde el paralelo 23° hasta la desembocadura del río
Loa en el Pacífico, teniendo dichos territorios por límite oriental una línea recta
que parte de Sapalegui, desde la intersección con el deslinde que los separa de la
República Argentina hasta el volcán Licancaur”.

3
No tiene relación con lo que en Bolivia se llama también cordillera real.

-383-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 383 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

En primer lugar, conviene observar que los negociadores internacionales del


pacto no tuvieron otros mapas a la vista que los muy inexactos e incompletos que
en aquellos tiempos podían disponer.
Los trabajos de la comisión exploradora, bajo mi inmediata dirección, no ha-
bían llegado aún a aquellas latitudes, y el geógrafo don Alejandro Bertrand, que
fue expresamente enviado al efecto y que había suministrado datos ilustrativos
exac­tos, llegó a Santiago de vuelta de sus viajes después que el pacto había sido ya
so­lemnemente ajustado,
No importa, por lo tanto, que los negociadores hayan designado como “límite
oriental” de los territorios que entregaban a la exclusiva jurisdicción de Chile, una
línea que no corre de norte a sur en todo su curso, dirigiéndose, al contrario, de
oeste a este, en la parte determinada por

“una línea recta que parta de Sapalegui desde la intersección con el deslinde que los
separa (a los territorios cedidos) de la República Argentina hasta el volcán Lican­caur”.

Tenemos, pues, en el texto del pacto, una línea continua que pasa por Lican-
caur y por Sapaleri, y cuya prolongación se intersecta con el deslinde argentino.
La verdad geográfica no hace más que poner las cosas en su exacta colocación
y permitir explicar al derecho lo que el documento internacional explica al revés.
Ya hemos dado la situación astronómica del Licancaur; la de Sapalari, que es
como pronuncian los naturales, en vez de Sapalegui, es de 67°10’59”69 de longi-
tud por 22°49’36”70 de latitud, y la prolongación de esta recta se intersecta con el
deslinde argentino en un punto cuya situación no habríamos podido fijar material-
mente, como se comprende, para determinarla con precisión, pero sus coordena-
das, en longitud y latitud, muy aproximadamente deducidas, son 67°32’ y 26°46’.
Y por casualidad, y para más clara inteligencia, resulta que esa misma línea
recta pasa también por una tercera cumbre característica, el cerro Bayo, y además
por uno de los pasos más frecuentados en el tráfico comercial entre bolivianos y
argentinos, el portezuelo de Mojones.
Pero todavía hay algo más que robustece la idea del claro discernimiento con
que los negociadores bolivianos, conocedores y prácticos del territorio de su pa-
tria, pero sin los medios gráficos para describirlo con precisión, firmaron el docu-
mento de paz indefinida. Porque, en efecto, la línea recta Licancaur Sapaleri hasta
su intersección con el deslinde argentino, casi coincide con la línea de cumbres de
la cordillera D’Orbigny, que arranca del licancaur y sigue en un cordón continuo
por Guaiyaques, Chajnantor, Nacimiento de Sapaleri y Queñual hasta granada,
donde entronca con el deslinde argentino en punto inmediato al referido portezue-
lo de mojones, donde cae la recta imaginaria del pacto de tregua.
Así deslindada y encerrada la altiplanicie oriental, natural y diplomáticamente,
por su extremidad boreal, nadie se dará cuenta de cómo ha podido nuestra canci-
llería, si es verdad lo que se dice y se afirma, desconocer el legítimo y solemne de-
recho de Chile a la conservación de ese territorio donde a la sombra de su bandera
y al amparo de sus leyes se desarrollan intereses de chilenos.

-384-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 384 26-09-12 13:20


orografía

Si concedemos que estos intereses prosperarían y seguirían igualmente ampa­


rados bajo la autoridad y las leyes argentinas, queda siempre de pie la ninguna
razón de ceder ese territorio a quien no lo necesita y con evidente perjuicio de su
actual ocupante.
No veo qué interés puedan tener para los argentinos aquellas tierras que en
nada aumentarían relativamente la inmensidad de las praderas y estancias de Ca-
tamarca, Tucumán y Salta, donde pastan sus infinitos ganados de toda especie.
Para nuestras provincias atacameñas, donde, al contrario, se perece por falta de
una gota de agua y se complican las dificultades del trabajo minero por no haber
donde mantener o descansar una mula, aquellas altas praderas pastosas y sus valles
abrigados, susceptibles de cultivo, serían un refugio y un recurso.
No se citen, por el contrario, las circunstancias de hoy.
La falta de caminos, de abrigo y de recursos, hacen peligroso e imposible el
tránsito a través de la gran cordillera y alejan el tráfico de los moradores de la alti-
planicie hacia nuestros áridos desiertos y viceversa.
La actividad del minero atacameño y los recursos que éste extrae de las minas,
sacudirían la indolencia del indígena boliviano, que no arranca al suelo un grano
más de lo que su mísera existencia le impone.
El borato de calcio en aquellas tierras altas, como el nitrato de sodio en las ba­jas,
es también un privilegio exclusivo que algún día necesitaremos explotar como pro-
ducto nacional, sin competencia. Las exploraciones descubrirán aquella im­portante
materia por doquier, y la madre naturaleza, que la ha creado dentro de límites defi-
nidos y circunscritos en condiciones físicas que imprimen carácter, de uni­dad y si-
metría a toda aquella región, parece imponerla al dominio de una sola nacionalidad.
Si no ha de ser chilena, por querer decretar nuestros diplomáticos que Chile
debe estar inexorablemente condenado a no salirse de la vaina en que quiso ajustar-
lo don Félix Frías, que vuelva a Bolivia, señora y reina de las altiplanicies del conti-
nente, pero que no se trepe innecesariamente a ellas la república Argentina. Así, a
lo menos, seremos todos lógicos con la configuración geográfica de nuestras tierras.
Y lo que digo de las aguas, de los pastos, de los ganados y del borato, puedo
decirlo también de sus minerales útiles y preciosos.
Desde el famoso Incahuasi, donde yacen las ruinas de un pueblo que fue opu-
lento por su riqueza aurífera, hasta el hoy abandonado caserío del Rosario, donde
los desmontes han vaciado un cerro y rellenado un valle, el mapa minero de la co­
misión exploradora señalaría al minero el curso no interrumpido de una suce­sión
de lavaderos de oro en el trayecto de 60 leguas que media entre ambas extremi­
dades.
Pero es frecuente, y casi una fatalidad de las cosas humanas, que han de predi­
car en desierto aquellos que saben lo que dicen o dicen lo que saben, y no serán
mis demostraciones las que desvíen el curso de las negociaciones, en el sentido de
qui­tar a los chilenos lo que les hace falta para dar a los argentinos lo que no piden
ni necesitan.
Y para cuando llegue el caso, ni nuestros vecinos hermanos lo desean, nada
me será más grato que destinar a su buen uso y aprovechamiento todo cuanto mi

-385-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 385 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

memoria y mis recuerdos puedan poner por figurado y por escrito en lo que se
refiera a los territorios que les serán adjudicados.
Las anteriores digresiones nos ahorran el repetir los rasgos generales que des-
criben la región cordillerana y sólo haremos referencia a ellos para relacionarlos
con las serranías que les están subordinadas, siguiendo el mismo método descrip-
tivo desde un principio adoptado.
El relieve de más importante consideración es el que resultó del levantamiento
de la cordillera que hemos llamado Claudio Gay y que introduce un elemento in-
dispensable de discusión en la orografía de los Andes, propiamente dichos, porque
se eleva sobre la misma base, se orienta en sus mismas prolongaciones y se com-
bina en su curso al norte con otros caracteres que aumentan su interés geográfico;
mas no forma, con toda evidencia, en la línea fronteriza divisoria de las aguas, cuyo
curso ya hemos definido, pues la cordillera Claudio Gay está flanqueada por el na-
ciente en gran parte de su curso, por el río Juncalito, y es atravesada por el mismo,
faltando así, con este solo hecho, a una condición fundamental de hidrografía.
Además, esta sierra corresponde muy bien en su prolongación orográfica y
composición geológica con la que antes hemos descrito como primer contrafuer-
te de los Andes fronterizos, desde Pircas Negras, saltando la quebrada Seca, y
continuando al naciente de la Gallina por cerro Bayo, Lajitas, sierra Redonda y
portezuelo Tres Cruces, que hemos prevenido no confundir con el alto macizo del
mismo nombre.
Pasado el río Juncalito, la cordillera Gay se prolonga con el nombre de cor-
dillera de La Ola, nombre que preferimos conservar por su antigüedad y por el
papel que hace en la historia de los descubrimientos mineros; mas, sin perjuicio
de esto, extendemos ahora el nombre del sabio naturalista e historiador de Chile a
todo el resto de esa sierra que se prolonga por las cumbres de Panteón y Colorado,
donde desprende brazos por Agua Helada a Doña Inés y Las Gemelas, cerrando
el Salar y borateras de Pedernales por el norte y de Infieles por el sur, uniéndose
por el oriente con la gran cordillera de Piedra Parada y Lagunas Bravas a Aguas
Calientes, etcétera, y prolongándose todavía al norte un poco y en seguida oblicua-
mente al N. O., cerrando por aquel lado la cuenca de Infieles hasta entroncar con
la cordillera Domeyko en la cumbre del Bolsón.
Así, sin perjuicio de considerarla dividida en dos segmentos, que llevarán los
nombres de Juncalito y La Ola, la cordillera Claudio Gay se considerará prolonga-
da sin interrupción desde el río Lamas al cerro Bolsón.
No tomamos en consideración ahora, por su poca importancia, la pequeña ele-
vación que separa, con los despuntes del cerro transversal de la Sal, las cuencas de
Maricunga y Pedernales que, respectivamente, corresponden a las grandes hoyas
hidrográficas de Copiapó y el Salado, haciendo de ambas cuencas, salares y bora-
teras andinas, una sección para nuestro plan descriptivo de la orografía.
Dejando, pues, el alto valle cordillerano en su límite occidental, determinado
por la cordillera Domeyko, desde Tronquitos al Bolsón, situado este último en la-
titud 25°47’34”5, no tenemos más rasgo característico que la continuación, desde
Puquios al NE del cordón que forma la pared o límite occidental de la quebrada

-386-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 386 26-09-12 13:20


orografía

San Andrés, siguiendo dicho cordón por Fraga y San Andrés hasta Valiente, donde
entronca con el cerro Bravo. Entre este cordón, la quebrada de Maricunga y la par-
te de la cordillera Domeyko hasta dicho cerro Bravo se forma, como se comprende
por las respectivas orientaciones, un triángulo rectángulo, dentro de cuyos lados se
levanta la sierra transversal, que corre en confusas estribaciones, pero dividiendo
netamente las caídas a las respectivas hoyas de San Andrés y Maricunga, y contra el
lado de la cordillera un pliegue del terreno que forma con las despedazadas estratas
de las calcáreas jurásicas, como un contrafuerte que se prolonga desde las Juntas de
Maricunga, por el cerro de la Guanaca, y saltando la quebrada San Andrés por la
Coipa hasta cerro Bravo. Lo demás no son sino las estribaciones que se prolongan,
de uno y otro lado, rellenando el resto de este recinto de forma triangular.
Desde cerro Bravo al norte se levantan las ya conocidas cumbres entre las cua­
les descuella la elegante Doña Inés de Suárez, mediando desde aquella primera
cum­bre que desempeña el papel importante de dividir las aguas entre Copiapó y
Chañaral y el Bolsón, unos 95 kilómetros.
Al pie occidental de esta distancia corre también un contrafuerte de montañas
caracterizadas por la constante serie de las estratas jurásicas que corren en la mis-
ma dirección y que, en algunos puntos, han justificado su fama como criaderos de
la plata, donde están en directo contacto con rocas eruptivas. Así se ven correr,
desde Valiente por el Hueso, Potrerillos y Las Tablas, donde saltan la quebrada del
Salado, para continuar hacia el norte hasta la quebrada de Doña Inés y, a través
de ésta, volver a destacarse en un cordón más definido y más distinto al pie de la
cordillera: tal es el Doña Inés Chica, que a su turno se interrumpe en el profundo
tajo o cañón del Carrizo, continuando en seguida por los cerros de la importante
mina Exploradora, del mineral de este nombre y hasta el Agua de la Piedra, por
donde se enlaza con las estribaciones del Bolsón y a corto trecho más al norte de
las del culminante cerro del Chaco.
Entre esta interrumpida serie y la llanura central del desierto, donde más espa­
cio libre se abre, y partiendo otra vez desde la altura de Valiente, a ambos lados
de la quebrada del salto de Chañaral, no tenemos sino el Pingo, que se prolonga al
otro lado de esta quebrada en el importante macizo de Vicuña, que se desvanece
bruscamente sobre la meseta que se levanta entre el salto de Chañaral y el Salado,
ofreciendo un notable detalle de las serranías andinas en aquellas latitudes que
median entre los correspondientes paralelos de los puntos marítimos de Flamenco
y Chañaral y del cerro Bravo por la cordillera.
Potente y culminante como es, este macizo del desierto, sus estribaciones avan-
zan hacia el oriente hasta los altos de la Finca de Chañaral, dejando algún espacio
libre como llano longitudinal, por donde corre el camino del Inca, entre ellas y la
sierra de Caballo Muerto frente a Pueblo Hundido.
Más al norte, siguiendo el eje de Vicuña, ya no se cuentan sino como islas en
la llanura las sierras de Indio Muerto y de Miranda4.

4
Nota del autor. Observaremos aquí, ya que hemos nombrado a Vicuña e Indio Muerto, entre
cuyas moles se abre paso el río Salado, la ninguna razón y el provocador antojo de los cartógrafos de

-387-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 387 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Otras serrezuelas corren orillando la misma llanura entre las quebradas de


Doña Inés Chica y el Carrizo que, al otro lado de la del Juncal, se prolongan por el
mineral del mismo nombre, el del cerrito Incahuasi y los de las minas de la Ceniza
que se pierden al nivel de la caja izquierda de la quebrada del Chaco.
Lo de más al oeste nos es ya conocido como dominio de las pampas calichosas
de Taltal.
El resto de la orografía andina de Atacama se simplifica, aún mucho más, en
lo que resta de su curso hasta el río Loa y su afluente el río Salado, a raíz de cuyos
nacimientos más australes termina el alto valle andino de Maricunga y Atacama.
Por el lado de la gran cordillera dejamos la anterior sección en el cordón Clau-
dio Gay, desde su entroncamiento contra el cerro Bolsón por el poniente, y pro-
longación opuesta por un brazo recto al naciente, que desde San Francisco hemos
traído hasta el Juncalito desentendiéndonos del curso que la línea divisoria de las
aguas continentales pudiera seguir en la ancha planicie de la puna de Atacama;
que desde el Juncalito sigue su curso tangible y continuo por la Piedra Parada, ha­
ciendo una corta inflexión y dirigiéndose frente a las lagunas Bravas, a donde se
anuda con el cordón de Claudio Gay, formando en el ángulo noroeste un salar de
nombre desconocido.
Desde aquí al gran nevado de Aguas Calientes, que se prolonga poderoso y
siempre al norte astronómico hasta el volcán en actividad que lleva el nombre
de Lastarria en vez del de Azufre, que se aplica a tantos otros; y por último, al
Llu­llaillaco. Haremos notar que en todo este gran segmento de la cordillera de
los Andes, desde el Juncalito al Llullaillaco, como de 200 kilómetros de largo,
el arrumbamiento coincide con el meridiano astronómico según el meridiano de
68°30’ al O de Greenwich.
Esta colosal y majestuosa montaña determina otro cambio de orientación en la
gran cordillera, lanzándola, según una curva, al NE hasta el Socompa y despren-
diendo por el altísimo Chuculai una cadena al norte hasta enfrentar a Imilac sobre
el bordo de Atacama, desde donde bajan las orillas del gran salar de Atacama. Esta
cadena abraza, con sus estribaciones, un ancho espacio por Guanaqueros, Zorras,
Pajonales y Puquios; forma por el oeste la orilla oriental del alto valle y deja tam-

Buenos Aires, que han trazado un mapa en el cual hacen figurar esas dos alturas como puntos de la
cordillera de los Andes, haciendo llegar todavía hasta ellos el límite occidental de la puna de Atacama
y también la soberanía argentina, invocándola con gruesos caracteres rojos en una inscripción que dice:
“Territorio argentino según tratado de límites con Bolivia, de 10 de marzo de 1893”.
Esta hoja de papel dibujado lleva fecha de 1896 y se dice que es copia del “mapa general que se
edita destinado al uso de la Guardia Nacional de la República Argentina”.
No siendo éste el lugar para refutar errores, efectivos o simulados, queremos, a lo menos, dejar
cons­tancia de protesta en contra de procedimientos que introducen informalidades y chanzas en do-
cumentos destinados a ilustrar y enseñar, en vez de embrollar y engañar, como si los publicadores de
tales patrañas vivieran en un país donde impunemente se sacrifican a negocios de libreros o litógrafos
los respetos que a sí mismas se deben las oficinas públicas de información.
Antes de ver el sello oficial en ese mapa que se dice destinado al uso de la Guardia Nacional
Argentina –con el divortio de las aguas, la puna de Atacama y la soberanía argentina en las cumbres
de Vicuña e Indio Muerto– seguiremos creyendo que esa hoja de papel es escandalosamente apócrifa.

-388-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 388 26-09-12 13:20


orografía

bién abierto espacio al oriente, por Agua Delgada y Choscha, resultando de esta
disposición una forma de península.
El volcán Socompa lanza, también, una cadena más angosta, pero más prolon-
gada que se dirige sin intermisión hasta la cumbre de Lila y se interna largo trecho
dentro del salar de Atacama, separando un golfo de éste hacia el pie de la cordillera
Domeyko. Hasta aquí constituye lo que hemos llamado sierra de Almeida, en mé-
rito de lo ya explicado antes; pero más adelante, pasado gran trecho de la salina, se
corresponde en dirección con el cordón de la Sal, que forma la orilla occidental de
aquel mar alcalino, hasta San Pedro de Atacama y se continúa siempre al norte con
el río del mismo nombre hasta San Bartolo, Machuca y Putaña, terminando por fin
contra la prolongación de Chuschul a Tatio, donde se divide la hoya de Atacama,
con los nacimientos del Salado, y termina el alto valle longitudinal andino.
Volviendo al Socompa, la gran cordillera se alinea siempre al NE, por otro
cor­to trecho que enlaza las reales alturas del Púlar, Coranzoque y Meniques, para
recobrar desde aquí la dirección del meridiano por Miscanti, Léjia, Laskar, Pótor,
etcétera, hasta el característico Licancaur y, a continuación de éste, por Puritama,
Machuca y Chaxar hasta Tatio.
La estructura de la cordillera en estas latitudes del territorio atacameño, como
puede juzgarse, no es de una continua uniformidad ni tampoco de tales desarreglos
o irregularidades que la hagan perder su carácter de cadena principal y culminante.
En su más notable irregularidad, al sufrir el término de su continuidad la línea
directriz, desviándose al oriente desde el macizo de Tres Cruces para levantarse
más potente y culminante en el de San Francisco, no se interrumpe ni se aísla sino
que se levanta más y define más netamente su carácter de dividir las aguas intero-
ceánicas, para volver, después de este mero desvío en su dirección, a replegarse
sobre sí misma y distribuirse sobre la ancha y alta base de la puna en sus condicio-
nes ordinarias de estructura y arrumbamiento.
Verificándose esta distribución más al norte de San Francisco, desde el cerro
de doble cumbre al que se ha dado el nombre de Dos Conos, la prolongación del
dorso continental sigue su arrumbamiento ordinario, con sus caracteres de conti-
nuidad y potencia en dirección a la gran mole de Los Colorados, pero sus estriba-
ciones desprendidas al oeste se ligan por este lado con el segmento de cordillera
Claudio Gay, desde el cerro de Juncalito a la Piedra Parada, formando el contorno
occidental del territorio propiamente dicho de la puna de Atacama. Desde la Pie-
dra Parada, al norte, esta sierra se continúa con pequeñas inflexiones frente a la
cuenca de las Lagunas Bravas, juntándose a la gran cordillera que se desarrolla
poderosa por Aguas Calientes hasta el macizo colosal del Llullaillaco.
Aquí se quiebra y se disloca lateralmente la real cadena por su flanco oriental,
y como fatigadas las fuerzas interiores de tan supremo esfuerzo, emprendieron
nuevo empuje levantando a su lado el Socompa y continuando la gigantesca mu-
ralla al norte.
Más adelante, entre Meniques y Miscanti, en el abra de Socaire en Tumisa, et­
cétera, hasta el Cajón, al pie del Licancaur, no son sino cuellos o depresiones más
o menos importantes los hechos que la afectan.

-389-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 389 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Si volvemos ahora a la cordillera Domeyko, desde el Bolsón al Chaco, la vere-


mos prolongarse continua por Vaquillas, Sapos, Punta del Viento, Varas, etcétera,
hasta el Quimal, que señala su término boreal como hito, levantado con tal objeto
sobre la superficie nivelada de las llanuras que se extienden sobre el Bordo de San
Pedro de Atacama, y siguiéndose por la caja occidental de éstas la sierra Barros
Ara­na por las cumbres de Chuschul hasta Tatio.
En cuanto al valle andino, que dejamos a continuación de la cuenca de Peder-
nales, se continúa según el mismo aspecto físico de salares y lagunajos hasta las es­
tri­baciones del Chaco que desprende un corto cordón de conos volcánicos en direc-
ción al volcán Lastarria, pero interrumpiéndose para dar paso a la Laguna Amarga,
y sus prolongaciones por el salar del Volcán y otras depresiones más al oriente, que
determinan el principio de la gran cuenca del río Frío y salar de Puntas Negras.
A este brazo prolongado del Chaco, según la divisoria de dichas cuencas, he-
mos llamado sierra de Gorbea.
Caemos a la cuenca por donde corre el río Frío, pequeño arroyo que abre
hondo cauce por su costado poniente, en las capas de rocas andesíticas que bajan
de las faldas de Vaquillas a punta del Viento, y se extiende espacioso hasta los con-
trafuertes del Lastarria, abrazando su anchura como 50 kilómetros.
Continúa el río Frío su cauce con unos 30 kilómetros hacia el norte hasta des-
embocar en el salar de Puntas Negras, también recostado al lado poniente de la
llanura, frente al macizo Llullaillaco, hacia cuyo lado sigue igualmente espacioso el
valle, arenoso y árido, a lo largo de todo el salar, que se extiende 45 kilómetros al
norte hasta el pie de las alturas desde donde empieza el salar de Imilac.
Hasta aquí, contando desde el cordón de Gorbea, toda esta alta cuenca lleva
en nuestros mapas el nombre de altiplanicie Philippi, en honor del respetable sa-
bio que la recorrió, en 1850, ilustrándola con sus interesantes estudios y dibujos.
El salar de Imilac ocupa una pequeña extensión recostada contra la cordillera
Do­meyko como Puntas Negras, mientras que hacia el naciente, despuntando la ex­
tremidad de la península del Llullaillaco, que se interpone, se comunica la llanura
con el rincón de Socompa y se ensancha hasta la sierra de Almeida, que el camino
del Inca atraviesa oblicuamente para penetrar en los pueblos de la costa oriental del
gran salar de Atacama, que corre por otra llanura más entre Almeida y los Andes.
Además, como éstos han hecho un desvío al NE, el campo aumenta extraordi-
nariamente en anchura, alcanzando el gran salar, en la medianía de su largo entre
Socaire y Camar, no menos de 60 kilómetros de naciente a poniente, por 80 de
largo que abraza su margen húmedo desde su extremidad sur en Tilopozo hasta su
orilla boreal por los Tambillos de Toconao y frente al cerro Macón, en que termina
un brazo desprendido de la cordillera.
Por estas latitudes, avanzando un poco más hacia el norte hasta enfrentar al
Licancaur, que desprende el cordón de Vilama hacia el SO, y reuniéndose sus
estribaciones con las del bordo de Atacama, que las extiende hacia el NE, queda
interceptada y totalmente cerrada, al norte, la serie de cuencas y fondos de lagos,
todavía húmedos o incrustados de sales que constituyen esta altiplanicie o alto
valle andino, que corre desde la laguna del Negro Francisco hasta las orillas bo-

-390-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 390 26-09-12 13:20


orografía

reales del lago de Atacama, o sea, desde donde termina el cordón del nevado de
Jotabeche hasta donde desprende sus brazos volcánicos el Licancaur, 4½ grados de
latitud, es decir, más o menos, 500 kilómetros.
Bajando, ahora por las alturas del Chaco a la llanura longitudinal del desierto,
entramos en plenas pampas de caliche y bien poco nos queda para terminar con
las serranías paralelas o estribaciones de la cordillera Domeyko, que terminan el
sistema de montañas de los Andes por el occidente.
Frente a Vaquillas y los Sapos, dejando un ancho espacio plano intermedio, se
levanta el cerro de las Pailas, por el sur y el norte, entre las vaguadas que respecti-
vamente bajan de esas alturas de la cordillera.
A continuación de los Sapos, el pequeño islote aurífero del Guanaco, rodeado
de colinas andesíticas, también todas de carácter aurífero.
Más allá Cachinal, cordón que desprende algunas alturas interrumpidas hacia
el norte, en la dirección de las corrientes a Aguas Blancas, que se separan de las de
Taltal entre el Guanaco y Cachinal. Entre este último, que contiene las famosas mi-
nas de plata y las cumbres de Varas, se levanta la rugosa sierra de Argomedo o del
Profeta, en forma de tres cuerpos paralelos que se tocan lateralmente, avanzando
el más oriental hasta la Providencia, sin tocarse con la cordillera.
Aquí la gran vaguada, que nace de ésta en San Guillermo, frente al salar de
Pun­tas Negras, interrumpe en largos trechos la continuidad de estos contrafuertes,
por donde sigue su curso la misma zona de rocas calcáreas jurásicas que venimos
observando desde el Huasco y que en diversos puntos ha continuado manifestan-
do sus riquezas minerales, precursoras de las grandes aglomeraciones de plata que
más adelante exhibe en Caracoles.
Estos contrafuertes se apartan en partes hacia el centro del desierto, formando
sierras como el Árbol, Pascua y otras muy vagamente designadas con varios nom-
bres contradictorios, pero todos ellos limitados en su curso por las interposiciones
de anchos espacios abiertos, sólo estrechados en forma de angostos valles o gar-
gantas al recostarse contra la cordillera Domeyko. Contra ésta siguen, así, algunas
líneas de relieve que se pronuncian al poniente del Quimal, en los cerros de Aguas
Dulces, y oirás por donde corre más pronunciada la zona calcárea que se recuesta
a lo largo del cordón del Centinela y se desarrolla al pie de los cerros que consti-
tuyen el mineral de Caracoles.
A continuación los Mellizos, Limón Verde, Cerrillos Bayos y sierra de Cuáca-
te, acaban, junto con el desierto de Atacama hasta el río Loa, todo cuanto podemos
citar como rasgos o detalles importantes del sistema orográfico de los Andes en sus
más avanzadas líneas hacia el occidente.
El resumen descriptivo del sistema montañoso de los Andes, en el desierto de Ata-
cama, queda reducido, como se comprende, a breves y bien definidas conclusiones.

Primera sección
Desde la línea divisoria hidrográfica entre las hoyas Huasco y Copiapó, la cordillera
limítrofe de los Andes corre hacia el norte, según su curso general hasta el macizo

-391-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 391 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

del Potro, llevando, paralelamente, hacia el poniente el cordón Colimai-Papela y


comprendiendo entre ambos el río Manflas. De Colimai y la Papela se desprenden,
respectivamente, brazos transversales en estricta dirección al oeste, cerrándose el
espacio comprendido en forma de un rectángulo que abraza en su centro el cerro
de la Tarilla y al norte el de los Sapos.
Esta sección es notablemente simétrica, en la forma, con la correspondiente
sección de la costa al sur de la quebrada de Carrizal, corriendo entre ambas el valle
longitudinal en sus más características condiciones.

Segunda sección
Desde el macizo del Potro, la cordillera de los Andes toma rumbo al NE hasta Tres
Cruces, por cuyo pie corre la ensenada o recodo de San Francisco, extendiéndose
al oeste las alturas que por los mismos paralelos determinan el arranque sur de la
cuenca de Maricunga, y siguiéndose por la quebrada de este mismo nombre el
límite boreal de esta sección hasta Puquios; desde aquí, la misma quebrada, con
el nombre de Paipote, establece el limite por el NO, y a partir del río Copiapó,
las alturas de su margen izquierdo lo establecen por el SO hasta el Potro otra vez.
Dentro de estos límites, los relieves orográficos se subordinan a la dirección
general de la cordillera hacia el NE; así, el contrafuerte de la Gallina adhiere a ella
por todo su pie occidental hasta el portezuelo de las Tres Cruces; a continuación,
el cordón del Nevado de Jotabeche afecta la misma dirección, el que, partiendo
de la Estancilla, forma la pared izquierda del río Jorquera-Figueroa hasta la altura
de Santa Rosa; el que desde Vizcacha forma la pared opuesta, o sea, la cordillera
Darwin hasta Tronquitos; y así sucesivamente los que tienen su base de arranques
en el margen izquierdo o sur occidental del río Copiapó y continúan siempre al
NE, como el cordón del Romero, que se relaciona al sur con los Frailes y Yerbas
Buenas; de Yerbas Buenas a Lomas Bayas y Ternera, etcétera.

Tercera sección
El límite occidental de esta sección se prolonga siempre, según el arrumbamiento
al NE, por el cordón de San Andrés hasta el cerro Bravo, pero en la alta región
cor­dillerana de Maricunga, desde Tres Cruces y Santa Rosa, en que limitamos la
anterior sección, los relieves orográficos vuelven a recuperar su general dirección
al norte, a excepción de la gran cordillera, que hace un considerable desvío al
oriente hasta San Francisco, sección que describimos por separado.
Continúa como prolongación simétrica de la gran cordillera, al norte, la cadena
que hemos llamado Claudio Gay; arranca de Tronquitos la antecordillera Do­mey­ko
hasta cerro Bravo, y de aquí por Doña Inés y Bolsón hasta el Chaco, recobrando tam-
bién, todo por el oeste, en la llanura central, el rumbo del meridiano astronómico.

Cuarta sección
Por último, esta sección abraza la prolongación de la altiplanicie entre ambas cor­
dilleras, Real de los Andes y antecordillera Domeyko, terminando ésta neta­men­te

-392-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 392 26-09-12 13:20


orografía

en el Quimal, pero prolongándose en su lugar el bordo y una serie de serra­nías que


convergen al norte a la altura de San Pedro de Atacama para cerrar y terminar por
el norte, contra la gran cordillera, entre Chaxar y Tatio y en el dorso divisorio de
las hoyas de Atacama y Loa, el curso de este notable e interesante carácter físico
de los Andes atacameños.

La puna de Atacama

Se ha dado por extensión el nombre de puna de Atacama al alto territorio que, co­
mo meseta cerrada y sin desagües directos o fácilmente determinables, se levanta
a espaldas de la gran cordillera de los Andes, que hemos descrito y se apoya sobre
otra que le es paralela por el oriente. Desde la línea de cumbres, de una y otra
cordillera, se desprenden las aguas sin intermisión, por las respectivas vertientes
del continente hasta el Pacífico y el Atlántico, quedando sin salida y sin línea de
distribución regular, las que se recogen sin orden ni sistema dentro de la región
intermedia, o sea, la referida puna, la que también tiene, por sus extremidades del
sur y del norte, límites infranqueables al curso de las aguas que se distribuyen en
todos los sentidos dentro de este territorio completamente mediterráneo.
Ya se ha visto que, de estos límites extremos, el boreal es la llamada cordillera
de D’Orbigny, que arranca como un brazo del Licancaur, encerrando por el norte
la cuenca de Laguna Verde y siguiendo al oriente por las cumbres de Guaiyaquis y
Chajnantor, los nacimientos del río Sapalari, el cerro de Tinte, Queñoal y Grana-
da, donde se intersecta con la cordillera Oriental y límite de la puna por ese lado.
En cuanto al límite por el sur, arrancando éste del Juncalito al naciente, con
un cordón que limita, por el norte, la hoya de los nacimientos del río así llamado,
y pasando por cerros de nombres desconocidos, que en nuestro registro de coor­
denadas se llaman Colorado y Negro, y enlazándose con brazos de otras serra-
nías que parten del norte del portezuelo de San Francisco, como del Ermitaño a
Wheelwright y otros hasta formar el nudo de Dos Conos o Chucula, al norte de
dicho portezuelo, nudo muy característico como altura anticlinal del continente a
la vez que como punto de partida de importantes cadenas longitudinales, se sigue
el límite por el portezuelo de Chucula al Negro Muerto hasta San Buenaventura,
Robledo y Curuto, doblando desde allí con rumbo al norte para formar la cadena
oriental de la puna hasta Granadas, como está ya explicado.
Para preferir otro curso más directo de la real cordillera de los Andes desde
San Francisco o más bien desde su prolongación en el clavillo de Dos Conos o
Chucula, se puede tomar por línea directriz la que pasa por el gran macizo de los
Colorados, dejando la cuenca de Lagunas Bravas al occidente y prolongándose
por León Muerto a formar un solo tramo, casi en el mismo paralelo 26° o un poco
al sur, con el segmento cordillera de Aguas Calientes donde ya lo hemos descrito.
Ésta es la misma dirección que antes habíamos tomado como más concordante
con los caracteres arcifinios, regularidad y potencia de la cordillera de los Andes,
siendo ésta la misma que le dimos al trazar la primera edición del mapa en escala

-393-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 393 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

de 1/250.000 que llevamos a Europa y Estados Unidos para su publicación, que


fue abandonada por orden superior y recogida entonces por una oficina pública
de Washington que la mandó grabar con gran esmero y exactitud, reduciéndola a
la escala más manual de 1/750.000.
Consultando esta carta geográfica, se verá en ella que el título de cordillera de
los Andes arranca desde el mismo San Francisco, por Dos Conos y demás puntos
cuyos nombres no figuran porque aquel mapa no contenía dibujados sus últimos
detalles, figurando sólo las señales trigonométricas del cánevas.
Insiste el autor en estas explicaciones para contribuir al esclarecimiento de
ciertas discusiones orográficas que los escritores sobre la materia internacional de
límites han suscitado en diversas ocasiones.
Esta línea de alturas es muy saliente, correspondiendo a las Lagunas Bravas
el lugar de la más elevada altiplanicie de la puna y, por lo tanto, de toda la parte
austral del continente, así como al cerro de los Colorados corresponde un lugar
prominente por su potencia y majestad y al portezuelo del mismo nombre, que
liga las grandes hoyas de Lagunas Bravas y Antofaya, por medio de una de los más
encumbrados pasos de los Andes, quizá el más alto de esas latitudes.
Y ya que estamos en esta materia, séale permitido al autor hacer referencia a la
parte que le ha correspondido en la laboriosa y prolongada tarea que a geógrafos,
escritores y diplomáticos ha merecido la cuestión de límites con motivo de defini-
ciones geográficas.
Por nuestra parte, hemos sostenido, constantemente, el carácter de frontera
natural única, de línea divisoria de las aguas continentales, sin dudas ni soluciones
de continuidad, que corresponde a la gran cadena que en todo el largo de Chile
nos divide con la república Argentina hasta el nudo mismo de los Dos Conos; y
aun cuando desde los flancos, y en todas direcciones de esta doble cumbre, se
dis­tribuyen elementos geográficos que complican y dificultan la designación de
un relieve único, como aquél y capaz de definir y señalar con igual precisión la
fun­damental condición de determinar, en aquellas alturas de la puna, el divortium
aqua­rium del tratado internacional, hay, no obstante, líneas características por don-
de el geógrafo, sin grandes dificultades, podría encontrar y trazar tangiblemente el
dorso continental.
Al respecto no hemos hecho sino deslindar los respectivos límites de Chile y
la república Argentina con Bolivia en la puna de Atacama, señalando las líneas
opuestas de esta alta meseta que desde Dos Conos se abren y vierten sin inter-
misión las aguas hacia uno y otro océano, dejando como altiplanicie culminante
o vasta cuenca neutral sin salida ni desagües, a uno ni otro lado, toda esa región
inextricable que hemos definido como un rectángulo comprendido entre dos cor-
dilleras paralelas, en el sentido longitudinal, y amarradas fuertemente entre sí por
dos costados transversales que con ellas completan sus bien definidos y caracterís-
ticos contornos hidrográficos.
Parte de este contorno del lado del Pacífico es el que se dirige de Dos Conos,
desprendiendo un ramal a Wheelwright y contorneando las arroyadas y cuencas del
Juncalito hasta la Piedra Parada, sin perjuicio de que, por dentro de la puna, la pro-

-394-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 394 26-09-12 13:20


orografía

longación de Dos Conos a Colorados y Aguas Calientes, rebanando el ángulo SO


de ella, sea la más definida y característica continuación de la gran cordillera Real.
O bien –y así entramos ya de lleno en las divagaciones y conjeturas del proble-
ma–, en vez de estrellarnos con la mole de las prolongaciones del Colorado contra
Aguas Calientes, se puede continuar con la ramificación del mismo hacia el NNE
por el cordón de quebrada Honda, que a su turno se estrella con la alta cumbre de
Achibarca, contra el poderoso núcleo volcánico de Antofaya, verdadero centro de
alturas y de culminante importancia geográfica en la región puneña.
Su situación corresponde al meridiano 68°, en su intersección con las inmedia-
ciones del paralelo de 26°35’, correspondiéndose, así, con el Licancaur al norte y
el San Buenaventura al sur en los opuestos límites extremos de la puna, mientras
que al oriente y al occidente coincide, al contrario, con las mayores depresiones
que respectivamente corresponden a los portezuelos, vegas y fondos de lagos que
se suceden hasta los pies del Chaco y nacimientos del Juncal en el camino a Chile,
y a más profundas quebradas, todavía, hacia la república Argentina por el valle de
los Patos.
Nada impide prolongar todavía este considerable macizo de alturas al norte
costeando por el poniente la orilla del extenso salar de Arizaro, aunque interrum-
pido en altura y continuidad en los valles de Caví, Gori y Samenta, hasta enfrentar
y comunicarse con la cuenca de Socompa, dejando hacia el lado de la cordillera
Real, en estas latitudes, ancho campo abierto, más o menos ondulado o escabroso;
y nada impide tampoco ligarlo desde la cumbre Guanaquero a la de Chibinar con
el cordón opuesto y mucho más potente del costado oriental de Arizaro, abarcar
con ellos la cuenca de Incahuasi y reunidos también al norte de ésta en la cumbre
del mismo nombre que se enlaza con los flancos del Miniques en la cordillera Real.
He aquí, por lo tanto, otra solución admisible para encadenar los Andes de San
Francisco con la prolongación directa al norte, hasta entroncarse a la cordillera
Real en Miniques con desvíos de dirección, fracturas transversales análogas de la
misma cordillera Real en ciertos puntos como el de Llullaillaco. Pues, en efecto,
la misma apariencia de falla y dislocación que ya notamos entre esta montaña y
el Socompa, se produce también en quebrada Honda con el Antofaya. Veamos,
ahora, por dónde nos conduce el relieve orográfico del Antofaya, continuándo-
lo, también, por el sur naciente de Arizaro, siguiendo los altos picos de Navarro,
Cortaderas, Laregrande y Macón, con desvío a Chibinar, otra vez, o con directa
continuación a la notable montaña del Rincón, que también podríamos prolongar
desde aquí por el muy característico cordón de Puntas Negras al NO, para tener
un tercer entroncamiento con la cordillera Real en los picos del Léjia y otro del
grupo de Socaire.
No hay prolongaciones simétricas que puedan continuarse más al norte de los
paralelos del 24° al 24°30’, como suposición de la cordillera de los Andes.
Desde el Rincón sólo se desprenden dos estribaciones de alguna importancia
hacia el NO, y este, para terminar sobre la llanura en las extremidades del cordón
de las Perdices y Losló; y en cuanto al cordón transversal de Puntas Negras, des-
pués de entroncar, como queda dicho, con la cordillera Real, desprende un arco

-395-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 395 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

de semicírculo por el este, envolviendo el cerro de Chamaca con las vegas y salar
del mismo nombre, para ir a entroncar también con la cordillera en el grupo de
volcanes inmediatos al Hécar.
Así termina la orografía del territorio de la puna, partiendo del nudo de Dos
Conos a Colorado.
La vertiente oriental de esta sierra forma un rápido plano inclinado que baja
hasta el profundo tajo que ocupan las aguas, vegas y salares de Antofaya. Serían
necesarios algunos meses de residencia en aquellos lugares para definir el intrin-
cado laberinto del detalle montañoso, trazando sus espacios abiertos, gargantas y
alturas diseminadas, al parecer, sin orden ni concierto.
De las alturas de Chucula y Negro Muerto, al oriente de San Francisco, y por
lo tanto en la divisoria entre territorios argentinos y la puna atacameña, baja, tam-
bién, un plano inclinado que se combina con el anterior formando el declive, don-
de se levanta el hermosísimo cono volcánico del Peinado, jamás con nieve en su
erguida cumbre, porque no la consiente la rápida caída de sus flancos. Más abajo y
más al norte del Peinado, y estrechándose más el espacio contra la empinada falda
del cordón oriental, empiezan algunas lagunillas hasta el profundo lecho donde se
extiende, casi indefinidamente hacia el norte, el interesante espectáculo del salar
de Antofaya: verdadero río de sal que serpentea con deslumbrantes reflejos en el
fondo oscuro de rocas lávicas y traquíticas.
Emparedado por el poniente, como ya está explicado, por los planos inclina-
dos y barrancos que bajan del Colorado y de las moles de Antofaya, lo encajona
también por el naciente, una cadena que parte de las prolongaciones orientales de
la Chucula y Negro Muerto, en dirección del cordón San Buenaventura, formando
muralla al gran espacio plano de Carachampa y Antofagasta de la sierra y teniendo
como más altas cumbres las de Cueros de Poruya, Oiré y el cordón de Colalaste,
que avanza una estribación al norte por donde gira el salar al NE, y enlazándose
dicho cordón lateralmente con el encumbrado cerro de Mojones, de cuya unión
nace el río de Antofagasta; desde aquí, más abatido, al NE, bordeando el ancho
salar de Ratones por el O hasta enfrentar a Cortaderas, dando término a sus pies
al prolongado salar de Antofaya, en cuyo punto también se distribuyen tres ramas
principales: el de Cortaderas a Macón, ya descrito arriba; uno intermedio que
deja entre el mismo y el anterior el Salar alargado de Pocitas, siguiendo con este
rumbo al NE, por el Ojo de Colorado, que endereza después al N, clavado hasta
quebrada Honda, desde cuya altura converge otra vez al NE, se levanta más alto
en el Azufre y se desarrolla en el poderoso macizo del Nevado de Pastos Grandes,
el más conspicuo grupo montañoso de la puna de Atacama después de Antofaya.
En cuanto a la tercera ramificación, ésta se desprende más directamente en
prolongación del cordón de Mojones, siguiendo el salar de Ratones hasta cerro
Gallego y prosigue al NE por el Tolar, Belquebil y la sierra de Copalaya, que se
anuda con el Jueregrande de la cordillera oriental limítrofe de la puna con Argen-
tina, frente al alto macizo salteño de Cachi.
Definiendo con más concisión y trayendo otra vez esta cadena de alturas desde
su origen en las vecindades de San Francisco, arrancándola de la Chucula y San

-396-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 396 26-09-12 13:20


orografía

Buenaventura a lo largo de la costa oriental del salar de Antofaya y formando con


sus vertientes orientales los declives que dan vista al vasto campo de Carachapam-
pa y Antofagasta; prolongándola al norte hasta Mojones y de aquí, por entre el
salar de Antofaya en su extremidad y el de Ratones en todo su curso hasta Gallego,
y de aquí hasta el entroncamiento en Jueregrande, tenemos limitada con toda clari-
dad la segunda mitad austroriental de la puna, que desde Jueregrande se separa de
la Argentina por la cordillera limítrofe que corre al sur por cerro Blanco, Mecara,
etcétera, y Curuto para formar allí el límite austral hasta nuestro punto de partida
en la Chucula y Negro Muerto.
Se encierran en este perímetro, como queda dicho, las cuencas y planicies de
Carachapampa, Antofagasta y, además, la de Ratones, y en cuanto a la orografía
interior de esta región así limitada, tenemos el cordón que arranca, al sur, en el
Peñón y sigue por el Jote, Ilanco y Cancha Argolla, frente a Mecara o Diamante,
donde se dividen las aguas del río del Peñón, tributario de Carachapampa y el de
Aguas Calientes, de Ratones.
Este cordón, como se ve, es un contrafuerte de la cordillera oriental, y en más
pe­queñas proporciones lo es, también, por el oeste, el Incahuasi, respecto de la
gran cadena de Puruya, Oiré y Mojones.
Lo demás que pudiera decirse de alguna importancia para la orografía se redu­
ciría al cordón transversal de Ilanco a Mojones, cuya altura culminante es el Ni-
riguaco, y, por lo demás, los numerosos conos volcánicos de reciente data que se
destacan como puntos negros sobre la superficie rojiza y amarillenta, aislados y
sin conexión alguna con las cadenas montañosas. En otra parte hemos descrito, y
en futuras páginas insistiremos aún más en estos interesantes restos de las últimas
agitaciones del planeta, en su secular afán de reposo y equilibrio.
Volvamos al nevado de Pastos Grandes, de cuyos flancos se desprenden al
nor­te, hasta los confines de la puna, los dos cordones longitudinales que encierran
entre sus vertientes el largo salar de Caurcharí. Su situación, en longitud, corres-
ponde al mismo meridiano de Jueregrande y hacia él desprende al sur un corto
estribo a cuyo pie se ha formado la laguna de Pastos Grandes y se extiende el salar
del mismo nombre, con el de Pozuelos al oeste.
Su estribación al norte es más larga y su línea de cumbres continúa según el
eje longitudinal del salar y borateras de Caurcharí; su otra estribación se liga con
las cumbres de Pocitas, Tultul y Rincón, en rumbo al NO, desprendiendo su brazo
longitudinal al norte, según la línea meridiana de 67”, y por la sierra de Cá­tua,
Achibarca, Olaroz y Lina, donde se empalma con su paralelo del lado opuesto,
dando paso al río del Rosario, que desagua en el extremo norte del salar de Caur-
chari y, por último, se estrella y se confunde con los nevados que se desprenden
de Sapaleri y Tinte y de toda la cordillera D’Orbigny desde Queñoal a Granada.
La tercera estribación de Pastos Grandes se lanza al oriente a estrellarse con
la cordillera oriental de la puna, en Gallo Muerto, determinando la separación de
la hoya de su nombre con la de Caurcharí por Tocomar, y desprende su segundo
cordón al norte, paralelo al anterior y siguiendo, por lo tanto, la brilla oriental de
Caurcharí por el Morado, Hornillos y Lare Bávaro hasta prolongarse por el Coya-

-397-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 397 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

guaimas, que se amarra al Incahuasi de la cordillera oriental a Covalonga, Bayo,


etcétera, formando el margen izquierdo del mismo río Rosario y confundiéndose,
también, por lo tanto, con las altas ramificaciones de la cordillera D’Orbigny.
Como detalle, no nos queda por citar sino la hoya Susques, que tiene sus naci­
mientos en las vertientes orientales del cordón que antecede, entre el Morado y
Bávaro, cuyas aguas se reúnen con las que descienden de la cordillera limítrofe
desde las inmediaciones del Incahuasi, al norte y de Tocomar, volcán Turler y
cerro Negro, al sur, para reunirse en el río de las Burras que corta la cordillera li­
mí­trofe entre Pucas y Trancas, pasando a territorio argentino.
Los rasgos generales de la puna de Atacama, así definidos en sus detalles, sumi-
nistran la idea de una distribución hidrográfica que se reduce a unas pocas líneas.
Entre las dos cordilleras limítrofes de la puna hemos visto que arranca, desde
la prolongación de San Francisco hasta el dorso austral que la limita por el sur, des-
de Dos Conos o la Chucula, una tercera cordillera, potente y continua, que adhiere
y se confunde directamente por dos o tres puntos diferentes con la cordillera real
del Licancaur y Llullaillaco.
Esta cadena separa del resto de la puna una superficie de forma triangular que
representa el espacio encerrado por el SO.
Un poco más al oriente de Dos Conos, en el punto medio del límite austral,
y partiendo de los macizos del Negro Muerto y San Buenaventura, arranca una
segunda cordillera longitudinal que, corriendo por Oire, Mojones, Cortaderas o
Tolar hasta el gran macizo de Pastos Grandes, en una dirección al NE que la acerca
fuertemente a la cordillera oriental, se prolonga de aquí al norte clavado según dos
ramales paralelos que se reúnen en las inmediaciones del Rosario y entroncan la
cordillera D’Orbigny por el ángulo NE de la puna.
Ninguna de estas dos cadenas, como se ve, divide longitudinalmente a la puna
en partes iguales y simétricas.
Pero si, desde el referido cerro de Cortaderas, entre los salares de Arizaro, y
Ratones, se toma la ramificación que se prolonga al norte por Laregrande, Macón
y Rincón, que va a desvanecerse más allá de las Perdices, en las llanuras que se su-
ceden, su continuidad al norte, siguiendo la vaguada del terreno hasta la laguna en
que desagua el río Sapaleri, y su prolongación por éste hasta sus lejanos nacimien-
tos en la cordillera de D’Orbigny, darían esa división en dos mitades casi iguales y
simétricas a lo largo del eje central de la puna.
La misma división, más fácil y mejor definida aún, es la que resultaría llevando
la línea divisoria por el eje de los salares.
Esta arrancaría del centro del portezuelo del Negro Muerto o Chucula por la
cumbre del Peinado y seguiría el eje del salar de Antofaya hasta donde termina
éste al pie de Cortaderas; se continuaría por el Tolar a través del portezuelo de este
nombre para tornar por el eje del salar de Pocitas; de éste, por el portezuelo entre
los cerros Tultul y Pocitas, se seguiría por el salar del Rincón y saliendo de éste por
el portezuelo Losló, se tomaría esa derechura a la laguna y río de Sapaleri hasta
sus nacimientos.

-398-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 398 26-09-12 13:20


orografía

Conclusión

Arrumbamiento general de los sistemas montañosos

Tomando en conjunto el gran escenario del continente sudamericano en su región


andina, se observa que los fenómenos orogénicos, resultantes de la dirección de las
fuerzas dislocadoras del planeta, cruzándolo de grietas y líneas de relieve, dieron
lugar a la formación de ciertos puntos de concentración o centros de aplicación de
dichas fuerzas, cuyo resultado se contempla en las altísimas y poderosas moles de
donde surgen, como brazos o radios, los ejes de dirección que determinan otros
tantos cordones o cadenas de montañas.
El principio elemental de la geología moderna, que atribuye las fracturas y dislo-
cación terrestres a los esfuerzos mecánicos repetidos en diferentes épocas, según una
línea de dirección, en vez de la antigua idea de una impulsión vertical, se demuestra
evidente a cada paso en nuestros Andes y ha podido verse claramente explicado en
la subscripciones orográficas que de ellos hemos hecho en las anteriores páginas.
No es necesario, para la verificación de tan fundamental principio, que la dis-
tribución de las cadenas de montañas haya de afectar una dirección constante e
invariable, o sea, conforme a una orientación continua, puesto que no hay perfecta
homogeneidad en la composición y consistencia de la costra terrestre para exigir
su ruptura según líneas perfectamente rectas y sin interrupción.
Y tanto más necesario es no olvidar esta circunstancia, ya que, precisamente,
se presentan con frecuencia casos de aparente continuidad entre segmentos mon-
tañosos que pertenecen a distintos sistemas.
No es aquí, donde solamente trazamos demostraciones graneas, la ocasión de
discutir sobre los elementos de dislocación que produjeron nuestros valles o rup-
turas, montañas o elevaciones de terreno, y por ahora no haremos sino dejar esta-
blecidos los arrumbamientos generales que resultan predominantes en el sistema
de nuestros Andes atacameños y serranías de la costa marítima.
A las diversas secciones de ésta corresponde invariablemente un cordón más
o menos distante de sus playas, pero siempre en estricto paralelismo con ellas o
en perfecta coincidencia, confundiéndose la ribera misma del mar con la vertiente
abrupta que según la ley orogénica le hace frente.
Este arrumbamiento de la costa marítima y de los cordones litorales se mantie-
ne en dirección de 11° a 12° al NE astronómico desde la punta del Huasco hasta la
entrada de la bahía de Taltal, en punta San Pedro, desviando un poco, desde aquí,
su rumbo, para tomar la del meridiano mismo hasta Punta Tetas, la cual conserva
la costa en su continuación al norte, hasta los límites de nuestro estudio.
Ahora, en cuanto a los arrumbamientos generales de las cordilleras andinas,
sus ejes directivos obedecen al sentido de las fuerzas cuya resultante corresponde
con las potentes aglomeraciones de montañas, núcleos o macizos dominantes, que
son como los grandes eslabones de la cadena de los Andes.
La alta meseta que ocupa la ciudad de Quito es uno de estos macizos, desde
donde la gran cordillera desprende tres ramificaciones al norte, por Panamá y por

-399-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 399 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

el Magdalena, y dos al sur por el Cotopaxi y el Chimborazo, reuniéndose en su


prolongación en una sola hasta el Titicaca, nuevo centro, desde donde se continúa
simétricamente con su paralelismo a la costa marítima, por un lado, hasta el Lican-
caur y, por el otro, hacia el Ilimani y el Sorata, en la altiplanicie boliviana.
El Licancaur, sobre su alta base y desde sus elegantes flancos, por el oriente y
el sur, distribuye las ramificaciones que ya hemos descrito sobre la puna de Ata-
cama y se enlaza por el SE con otro colosal eslabón de la cadena: el Llullaillaco.
En otro meridiano más oriental, el San Francisco e Incahuasi; y, por último,
en la extremidad sur, el Potro, punto inicial y de arranque del sistema atacameño,
desde cuyos flancos arranca hacia el NO la línea de ruptura por donde corre el
profundo valle de Copiapó, producido en dirección perpendicular al sentido de los
ejes del sistema montañoso de los Andes que desde allí corre al NE.
Este nuevo rumbo general termina con otra dislocación transversal del terreno
que corre por la quebrada de Maricunga, en sentido de oriente a poniente, y de-
termina la vuelta del arrumbamiento general de las cadenas de montañas, al norte
otra vez, pero no de una manera continua sino según las secciones o segmentos
que ya dejamos definidos y que se ligan entre sí, como de Tres Cruces a San Fran-
cisco, del Chaco al Llullaillaco y de éste al Licancaur, por medio de sus estribacio-
nes de atravieso, más o menos oblicuas respecto del arrumbamiento general, y que
acaban por imprimir a éste, tomando las direcciones medias, un desvío de más o
menos 12° a 14° al NE astronómico.

-400-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 400 26-09-12 13:20


HIDROGRAFÍA

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 401 26-09-12 13:20


Desierto y cordilleras de Atacama.indb 402 26-09-12 13:20
HIDROGRAFÍA

C onocida la distribución orográfica del desierto y cordilleras de Atacama en


sus rasgos fundamentales y detalles de más importancia, tal como la dejamos
descrita, la tarea de explicar su distribución hidrográfica se simplifica y facilita.
Seguiremos el mismo orden, de sur a norte, describiendo por separado las
grandes hoyas con sus respectivas subdivisiones.

1. Hoya del Huasco Superficies Superficies


parciales totales
No daremos de esta hoya sino su límite boreal, que en hectáreas en km2
la deslinda de la hoya de Carrizal Bajo, en razón de
que nuestros estudios quedaron suspendidos en esa
región sin terminar por completo su exploración
hasta el río mismo del Huasco.
Dicho límite empieza en Punta sur de la bahía
Herradura, de Carrizal Bajo, y se prolonga al in­te­
rior por el cerro Negro, Clavel y portezuelo Tai­sana,
cerro de las minas Plomiza y Cielo, desde don­de
toma al sur por Aguilar y portezuelo de Venus, y de
aquí hasta punta de Maradón, atravesando desde
allí, oblicuamente, el valle longitudinal al sur este
hasta el Chehueque.
Entre esta línea y el río del Huasco se encierra
una superficie de 58.345 583,45

2. Hoya de Carrizal

Esta hoya no es principal y sus aguas casi se con­


funden en las llanuras del valle longitudinal con las
de la hoya del Totoral, que le sigue inme­diatamente

-403-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 403 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Superficies Superficies
parciales totales
al norte. Sus nacimientos no derivan desde las cor­ en hectáreas en km2
dilleras, sino de la misma llanura de la falda occi­
dental del cordón de la Jaula al Chehueque, que la
limita por el naciente.
Esta misma distancia es su límite este y cierra
por el norte desde la Jaula, atravesando la llanura
al noroeste hasta el cerro del Chañar y de aquí por
las alturas que divorcian sus aguas con las del Toto-
ral: portezuelo de Carrizal Alto, Cachinar Grande,
Panul, Algodones, Carrizo y Punta Matamoros, al
norte de Carrizal Bajo, en el Pacífico. El límite por
el sur es el ya descrito y común con la parte de la
hoya del Huasco que consideramos.
Esta cuenca consta de un suelo arenoso muy
per­meable, de origen marino, y donde el terreno ba­
ja con cierto declive al oeste al estrecharse contra
los cerros de la quebrada, en tres Chorrillos y Cha-
ñar, alumbra el agua a la superficie formando ojos
y vegas de alguna extensión, como las de Canto del
Agua, Perales, Chorrillos, Chamar, Algodones, Zan­
jón y Yerbas Buenas.
Entre las quebradas laterales que desembocan
en ella, la más notable por su extensión es la que
del sur se desprende del portezuelo de Taisana y
des­emboca frente a Barranquillas.
Carrizal: encierra su superficie 129.099
Siendo la punta marítima de Matamoros el pun­
to más culminante de la costa, a donde se determi-
na más netamente la separación entre las hoyas de
Carrizal y Totoral, corresponden a la primera las si-
guientes pequeñas cuencas costaneras que se si­guen
de sur a norte:
Higuera: cae de las faldas del Panul y tiene de
superficie 14.570
Quebrada Honda: nace también de las estri-
baciones del Panul al norte 4.715 1.483,89

3. Hoya del Totoral

La rugosa y áspera costa de Carrizal no da abrigo a


las embarcaciones hasta pasar la referida punta de

-404-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 404 26-09-12 13:20


hidrografía

Superficies Superficies
parciales totales
Matamoros, al norte de la cual está la caleta de este en hectáreas en km2
nombre, con buen fondeadero y desembarcadero.
Matamoros: la cuenca a la que pertenece mide 2.056
Los Burros: con aguada en la quebrada, mide 2.552
Quebrada Mala: deslinda en punta del Totoral
con la caleta y desembocadura de este mismo nom-
bre, que lo lleva toda la hoya total. La superficie de
quebrada Mala es 2.766
Totoral: el límite sur comienza en la costa con
el contiguo de quebrada Mala, por Pedregoso, y la
de Carrizal hasta la Jaula y Chehueque; desde aquí
continúa por Grandón, Toro, Placetón y Colimai, y
toma su límite al este por el cordón que la separa
del río Manflas, desde Colimai a la Papela, abra-
zando todos los derrames de la Jarilla, siguiendo
por los portezuelos de Antivillaco y la Era, cum-
bre de cerro Blanco y Dichosa (que arrojan todas
sus aguas por la gran quebrada de Yerba Buena a
Punta Díaz), los Frailes, el Alto del Molle y Morro
de Chañarcillo hasta portezuelos Blancos; empie-
za, desde aquí, su límite por el noroeste y norte,
pasando a la cumbre de sierra de Fritis a cerro de
Castillo, Palo Negro, Cuestecillas, Veladero y cor-
dón a la costa hasta cerrar por el norte la caleta de
Totoral Bajo.
El terreno es análogo y de igual origen que el
de la hoya Carrizal. El agua buscada en el subsuelo
se encuentra a una profundidad de muy pocos me­
tros, como en el pique del Algarrobal, estación del
ferrocarril.
No tiene, tampoco, sus nacimientos en la cordi-
llera de los Andes, como se ha visto, sino que bajan
éstos de las alturas que forman el margen izquierdo
del río Copiapó, abrazando el ancho espacio por
donde desaguan importantes quebradas como las
de la Jarilla, Sapos y Yerba Buena, que se reúnen
para penetrar al Boquerón, por entre los cerros de
Rincones Blancos y cordón de la Noria, mientras
que por el lado norte de este mismo le entran las
corrientes que nacen del Alto del Molle, Pajonales
o Chañarcillo, todas las cuales embocan en la an-
gosta grieta de Totoral Bajo, formando, antes, ex­

-405-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 405 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Superficies Superficies
parciales totales
tensas y pastosas vegas, abundando, en ciertas oca- en hectáreas en km2
siones, el agua lo bastante como para aprovecharla
en cultivos de hortaliza.
Es, también, abundante el agua en diversos
ca­ñadones de la Jarilla, en la quebrada de los Sa-
pos, en la de Yerba Buena y sus afluentes, en la de
Pajonales y la famosa Agua de Urbina, inmedia­ta
a Juan Godoy, etcétera. La caleta de Totoral Bajo,
receptáculo común de este ancho sistema hidrográ-
fico, contiene en sus playas estanques con agua de
carácter litoral o almajares, y tanto por esta facili-
dad de recursos como por su proximidad al mine-
ral de Chañarcillo, muy a menudo servía de auxilio
a los contrabandistas y cangalleros para sus fraudu-
lentos negocios.
En cuanto a la caleta misma, como fondeadero
y lugar de desembarque, es de lo peor posible.
La superficie de la hoya de Totoral es 554.785 5.621,60

4. Hoya de Bahía Salada

Por el sur y el este, abrazando la caleta de Pajo­na­


les, deslinda con Totoral hasta la citada sierra de
Fri­tis, prolongada a guías y portezuelos Blancos,
desde donde arranca al oeste por las cumbres
del margen derecho del río Copiapó a portezuelo
Vi­ñita, Cordones y siguiendo el cordón de Chi­
cha­ rras a portezuelo de Poblete, Crucecitas, To­
to­ralillo, cerro Bayo y cordón de Lomas a punta
Dallas, encerrando por el sur la caleta y hoya de
Ba­rranquillas que abrazamos en la de bahía Salada.
Es decir, que el límite norte de ambas hoyas, es­
tre­chamente ligadas entre sí, es la misma línea de
alturas de la hoya hidrográfica de Copiapó.
Bahía Salada. La superficie de bahía Salada es 192.332
Bahía Salada y Barranquillas constituyen el an-
cho espacio arenoso y estéril, hacia la costa, que ya
hemos descrito en la orografía. Su aguada más im-
portante es la de la Justa, también ya citada; la del
Chanchero, atrás de la sierra de Fritis; la de Casti-
llo, al sur de la misma; la de Gertrudis a las caídas

-406-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 406 26-09-12 13:20


hidrografía

Superficies Superficies
parciales totales
del Veladero, frente a Pajonales, y otra más en la en hectáreas en km2
costa, bahía del Medio.
Barranquillas: está separada de bahía Blanca
por las alturas aisladas del Chascón, sierra Grande
y Normilla, hasta estrecharse más adentro contra
Pe­tacas y faldas de Chañarcillo. Su superficie es de 35.150 2.274,82
En la costa marítima que abraza estas hoyas,
desde punta Totoral a Punta Lomas, es notable por
su forma característica la de Pajonales, vista desde
el mar, apareciendo aislada en las extensas playas
bajas; su fondeadero es excelente y ofrece fácil des-
embarco.
Sigue la punta Cachos, tan conocida, no sólo de
los marinos, sino de los viajeros que desde a bor­do
observan sus dos puntas en forma de verdade­ros
cuernos.
Desde aquí abre la gran Bahía, con desvío de
la costa al NE, comprendiendo la caleta Chascón,
muy peligrosa por sus arrecifes y bajo fondo, pero
muy bonita. En seguida, la bahía del Medio, es se-
gura, abrigada al sur, pero abierta al norte, por lo
general.
La punta del Salado ofrece a la vista cerros
muy escarpados.
Barranquillas no presenta seguridad alguna; el
mar bate contra las rocas furiosamente.
Por último, punta Dallas, principio de la hoya
copiapina.

5. Hoya de Copiapó

Por el sur tenemos ya definido el límite desde punta Dallas y Lomas hasta los
nacimientos del río Manflas, desde el Alto de las Yeguas en la cordillera de los
Andes; por el naciente, ya hemos definido, también, el curso continuo de ésta
hasta el macizo de Tres Cruces y desde allí al oriente hasta San Francisco y vuelta
al occidente por Dos Conos y Ermitaño, con estribaciones hasta Wheelwright,
y por el dorso de donde se desprende el Juncalito, al cerro Colorado de la cor­
dillera Claudio Gay y, por ésta, en dirección oblicua al cerro Bravo de la cordillera
Domeyko, según el dorso que divorcia las aguas de aquellas alturas entre Maricunga
y Pedernales, y, por extensión, entre las hoyas de Copiapó y el Salado. Desde
cerro Bravo, conocemos también la línea de alturas que baja por Valiente y San

-407-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 407 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Andrés, atraviesa el dorso Copiapó-Salado por el llano de Varas, en dirección al


Humito, Bonete y Panteón de Tres Puntas, completándose aquí el límite norte,
para definirse el del poniente por Chimbero, punta de Varas, Cachiyuyo de Oro,
Medanosa, Ustaris, y de aquí a la costa otra vez por Chamonate, Ramadilla, Tía
Ramos y punta de Vacas, frente a Monte Amargo, y por punta Negra y los llanos
del Alto de la Angostura hasta la Isla Grande.

Superficies Superficies
parciales totales
La descripción hidrográfica de esta extensa ho­ en hectáreas en km2
ya nos tomaría demasiado espacio en esta breve
enu­meración, y mereciendo alguna prolijidad por
su importancia general y agrícola, la reservaremos
para otro lugar más adelante.
Mientras tanto, entremos a definir y deslindar
sus subdivisiones en la sección de sus nacimientos,
dentro de la región andina al pie de la frontera inter-
nacional, comenzando por la más alta y distante al
oriente, en el famoso portezuelo de San Francisco.
San Francisco: siguiendo los contornos ya co-
nocidos por el sur, este y norte, sólo observaremos
que ella se cierra por una línea que prolonga las es-
tribaciones de Tres Cruces hasta enfrentar a las de
Wheelwright. No se encontraría región más desola-
da y estéril; todo en ella es adusto y silencioso y todo
calcinado y muerto por el fuego de las deyecciones
volcánicas. En un profundo embudo o depresión,
emparedado entre altos barrancos de escorias y la-
vas, la vista descansa sobre un fondo de verde esme-
ralda, que forman las aguas densas y muertas de la
Laguna, con un pequeño río salado que la alimenta
por el lado del noroeste. Sus dimensiones se extien-
den de este a oeste unos 6 a 7 kilómetros y su altura
sobre el nivel del mar es de 4.550 metros.
La superficie de esta cuenca abraza
Maricunga: esta cuenca recibe el importante cau- 187.655
dal de diversos arroyos que allí parecen ríos, como el
Lamas y el Colorado, que le entran por el na­ciente y
los de Ciénaga Redonda, Pastillos, Pastillitos y Santa
Rosa, que le penetran por su cabecera sur.
Ya sabemos como está circundada esta intere­
sante hoya, cuyos escasos caudales de agua son mo­
tivo de permanente preocupación en los habitan­tes

-408-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 408 26-09-12 13:20


hidrografía

Superficies Superficies
parciales totales
de Copiapó, que quisieran verlos precipitarse cor­ en hectáreas en km2
dillera abajo hasta sus sedientos campos, y no me­
nos por sus depósitos salinos y de borato de cal,
et­cétera. Su extensión, cubierta por aguas o panta-
nos, comprende 26 kilómetros de largo de norte a
sur, por 8 de ancho. Su altura es de 3.800 metros.
Su superficie es de
Astaburuaga: desprende sus nacimientos de las 161.212
caídas occidentales de monte Pissis e inmediacio-
nes, formándose un arroyo que, al abrirse paso al
pie del doble pico Dos Hermanas, se distribuye va-
gamente en el valle que corre contra el cordón del
volcán Copiapó o Azufre, distribuyéndose hacia
el norte por Barros Negros y Ciénaga Redonda a
Ma­ricunga y por el opuesto hacia Negro Francisco.
Otro pequeño arroyo se le agrega procedente de la
que­brada de las Lajitas.
Su superficie es
Negro Francisco: encerrada entre las estribacio- 171.463
nes del Nevado de Jotabeche y del Azufre y las de
la cordillera y cordón de Monardes y Paredones
por el oeste, recibe pequeños contingentes de agua
que bajan del Azufre y cuyo aprovechamiento, por
canalización y desvío hacia el río Figueroa, ha sido
también uno de los recursos que se han intentado
para aumentar las aguas del río Copiapó.
Las aguas de la laguna, que son de profundidad
muy somera, depositan incrustaciones salinas que
las hacen impotables, como acontece con todas las
que en iguales condiciones existen en aquellas re-
giones. Su largo ocupado por el agua es de unos 8 a
10 kilómetros por 4 a 6 de ancho y su altura sobre
el nivel del mar 4.200 metros.
Superficie de la cuenca
Copiapó: la hoya propiamente dicha de Copia- 57.655
pó, que comprende el sistema de sus tres ríos Mani-
las, Pulido y Jorquera, que corren, respectivamen-
te, del sur, del naciente y del norte para reunirse en
las Juntas, recibe, además, dos grandes quebradas
secas que se le reúnen más abajo: la de Carrizalillo,
frente a la estación de Cerrillos, y la de Paipote en
la estación del despoblado.

-409-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 409 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Superficies Superficies
parciales totales
Reunidas todas ellas y el resto de su curso hasta en hectáreas en km2
la desembocadura del río Copiapó en el mar, for-
ma una superficie de 1.779.050
Caldera: deslindando esta hoya con la de Copiapó, según el límite descrito des-
de el cerro de Ustaris hasta la isla Grande y tomando desde Ustaris mismo al norte
hasta la Medanosa, el límite septentrional se define, también, muy claro, volviendo
por el portezuelo del Gato y el cordón transversal que vuelve al oeste y la limita
por el norte hasta Galleguillos, el Algarrobo y de aquí por cerro Negro a punta
Cabeza de Vaca, que cierra por el norte la bahía de Caldera.
Queda comprendida dentro de estos límites la quebrada del Corralillo, que
re­coge todas las laterales de uno y otro cordón transversal y desemboca en plena
llanura de Caldera a distancia de 25 kilómetros del mar, frente al cerro de Roco,
que se eleva como un islote en medio de otro mar de arena que avanza sus dunas
viajeras como olas que se estrellan contra aquellos cerros de cobre, dejándolos
inaccesibles al trabajo y a la especulación industrial minera.
Tenemos, ahora, la costa marítima desde punta Dallas hasta Cabeza de Vaca
para abrazar la hoya entera de Copiapó con el antiguo puerto Viejo de Copiapó,
si­tuado al sur de la desembocadura del río, caleta rodeada de arrecifes y todo lo
peor posible como apostadero para naves. Por allí está la roca Anacachi, bien
conocida de los marinos; Caja Grande y Caja Chica, peligrosas rocas ocultas, y la
Isla Grande.
El famoso morro de Copiapó, que cae con sus murallas a pique sobre el mar,
que los marinos ven desde 35 millas de distancia. A continuación el puerto In­
glés, larga playa arenosa, que encierra muchos caletones con buen desembarca­
dero.
El puerto de Caldera, hermosa y bien abrigada bahía, protegida hasta del vien-
to norte por la punta Cabeza de Vaca.

Superficies Superficies
parciales totales
en hectáreas en km2
Caldera fue fundado con motivo de la construc-
ción del ferrocarril de Copiapó en 1850, en plena
aridez del desierto; tuvo sus tiempos de prosperi-
dad cuando se trabajaban las minas del Algarrobo,
hoy abandonadas a causa de la ruina general de la
minería, ocasionada por el agotamiento de la rique-
za superficial y la falta de capitales para trabajarlas
en profundidad.
Superficie total de la hoya de Caldera
188.075 25.451,12

-410-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 410 26-09-12 13:20


hidrografía

Superficies Superficies
parciales totales
6. Hoya de Flamenco en hectáreas en km2

En la hoya de Flamenco se incluyen la pequeñita


Totoralillo y las importantes del Potrero y Morado,
por el sur, y la de las Ánimas por el norte.
La hoya de Flamenco deslinda con la de Cal-
dera, según el límite boreal de éste ya citado, desde
Cabeza de Vaca, en el Pacífico, hasta la Medanosa,
y de aquí a través del portezuelo del Inca, que se in-
terpone entre este cerro y el de Cachiyuyo de Oro
formando, además, el dorso divisorio de las aguas
entre Copiapó y Flamenco; por el este continúa el
límite de ésta, por las alturas de dicho Cachiyuyo y
Varas hasta el Chimbero, pasando por el patio mis-
mo de la famosa mina Buena Esperanza y desde
allí por los contornos orientales del mineral de Tres
Puntas, desde el volcán y monte Cristo, hasta el
panteón y portezuelo del Membrillo, que divorcia
sus aguas con las del Inca de Oro, o sea, el salado
de Chañaral; empieza aquí, entonces, el límite nor-
te desde dicho portezuelo del Membrillo, tomando
hacia el oeste por las cumbres de Tres Puntas y las
es­tribaciones de este cordón que avanzan en la lla-
nura del Inca hasta enfrentar con las del Chivato,
volviéndose límite oriental, otra vez, este cordón
hasta la cumbre de Chañarcitos, donde dobla nue-
vamente al oeste, dividiendo las aguas del Salado
y Flamenco, por la cuenca de Guamanga, el porte­
zuelo del mismo nombre y de allí por el cordón de
las Ánimas, del gran mineral de cobre, terminan­
do por un lado en las precipitosas escarpaduras de
Paso Malo y por el otro en su más avanzada es­tri­
bación hacia el mar en punta de Infieles.
Así deslindado el contorno general, sus detalles
son como sigue:
Totoralillo: pequeño rincón que sigue de Cabeza
de Vaca y desprende sus orígenes del inmediato ce-
rro Negro y el de los Leones, con una superficie de 15.637
Morado: corre esta angosta hoya, socorrida por
algunas aguadas, entre el anterior cordón de cerro
Negro prolongado hasta Galleguillos, donde tiene
sus nacimientos, y el del Morado y Moradito, que

-411-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 411 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Superficies Superficies
parciales totales
se prolonga hasta el mar, levantando la altura del en hectáreas en km2
cerro del Obispo. Su superficie abraza 84.725
Potrero: con el mismo rumbo general que siguen
estas hoyas, del sureste al noroeste, corre también
la del Potrero, como igualmente de las faldas de
Galleguillos y portezuelo de San Juan. Es abundan-
te en vegas, contiene algún pasto, brea y pajonales,
a lo cual debe su nombre.
Su superficie comprende 35.967
Flamenco: abraza en su parte oriental todo el
circuito que hemos descrito, desde el portezuelo
del Inca y Cachiyuyo por Tres Puntas a Chivato y
Chañarcito, encerrando Guamanga, subiendo a las
Ánimas y, desde esta cumbre, por una estribación
importante que va a rematar al mar en Punta Bra­
va. Abraza, pues, toda la llanura del Inca y de la
mina Emma, entre los cerros de San Juan y Cachi­
yuyo de Oro hasta Chimbero; recibe las caídas del
volcán y de toda la cuenca de Tres Puntas que van
a reunirse entre el término austral del cordón Chi-
vato y el boreal de San Juan.
Comienza a formarse allí la quebrada de Flamenco, recibiendo las caídas del
mineral de oro de la Salitrosa, por el norte, y del llano de las Piedras de Fuego por
el sur. Más abajo recibe la importante quebrada de San Agustín, que arroja todas
las corrie­ntes o arroyadas secas de la hoya tributaria de Merceditas y Varilla.

Mucha esterilidad es uno de sus caracteres más Superficies Superficies


distintivos, después del de una asombrosa abun- parciales totales
dancia de depósitos minerales de cobre en forma en hectáreas en km2
de rebosaderos, de filones y poderosas zonas que
contienen inagotable metal rojo, pero reservada su
explotación para futuros y más dichosos tiempos.
Se encuentra agua natural en la aguada de San
Juan y se obtiene de pozos a poca hondura, como
en la Salitrosa, que es mala como potable, y la de
Gua­manga, mucho mejor.
En el puerto mismo de Flamenco, que antes tu­
vo cierta actividad con motivo de los grandes em­
bar­ques de cobre, los pozos dan agua salobre, pe­ro
aprovechable para los animales.
La superficie de Flamenco, propiamente dicho,
es 275.292

-412-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 412 26-09-12 13:20


hidrografía

Superficies Superficies
parciales totales
Las Ánimas: ésta es la única cuenca marítima en hectáreas en km2
que se cuenta al norte de Flamenco; abre entre la
punta Brava y la de Infieles, nace de los flancos del
cerro del mismo nombre, era el antiguo embarca-
dero de sus cobres. Superficie 16.675
Recorriendo ahora el límite marítimo, o del
oeste, encontramos en la caleta de Totoralillo una
cos­ta pedregosa y en Obispito otra más abordable
pa­ra embarcaciones y carguío. El Obispo no es me-
jor que la anterior, pero, en cambio, Flamenco, que
si­gue a continuación, es bien abrigada contra los
vien­tos del sur y mejor aún contra los del norte.
Las Ánimas es rocosa y de difícil desembarcadero.
La superficie total de la hoya de Flamenco es 4.282,96

7. Hoya de Chañaral o del Salado

Ya está descrito su límite austral, que la separa de


la hoya de Flamenco, desde punta Infieles hasta
el portezuelo del Membrillo; y desde aquí lo está,
tam­bién, siguiendo las alturas que divorcian sus
aguas de las de Copiapó por Bonete, Humito, San
Andrés y Valiente hasta cerro Bravo; de aquí, por
el dorso que la separa de Maricunga, por la Sal,
a los Colorados y las estribaciones de éstos, abra­
zan­do los nacimientos del río Juncalito hasta la
cum­bre Wheelwright y por la rinconada que este
cordón forma enlazándose al oriente con el cordón
Negro, Colorado y Plomizo hasta el pico Juncalito;
de aquí a la Piedra Parada, siguiendo la gran cor­
dillera, por el poniente de las Lagunas Bravas al
cerro Colorado, de donde cruza el alto valle andino
por el norte de Agua Helada, abrazando el salar
de Infieles y hasta entroncar entre Gemelas y Bol­
són, así cerrando todo el gran salar y boratera de
Pe­dernales.
Ahora bien, el punto de la cordillera Domeyko,
al sur de Doña Inés y frente al lago de Pedernales,
desde donde arranca el límite y dorso divisorio de
las aguas del Salado con las de Pan de Azúcar, ha
que­dado sin determinarse con precisión, sea por-

-413-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 413 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Superficies Superficies
parciales totales
que no hay allí altura característica que lo determi- en hectáreas en km2
ne o por un olvido bastante disculpable y que de-
masiado se explica con tan numerosas atenciones y
con la suma escasez de recursos y personal con que
aquellas exploraciones se hacían, a veces tan preci-
pitadamente y en condiciones tan apremiantes y en
todo sentido adversas.
No obstante, se puede estimar que ese punto
está, tal vez, exactamente a media distancia entre
la cumbre de Pedernales y el cerro de Doña Inés.
De aquí, pues, arrancamos el límite norte de la
ho­ya del Salado en su divisoria con la de Pan de
Azúcar; tomando al oeste por la cumbre de Indio
Muerto y atravesando la llanura del valle longitu-
dinal, penetra por la Florida, siguiendo sus alturas
por cerro Negro y Minillas a los nacimientos del
Agua Salada hasta el Pacífico frente a la isla de Pan
de Azúcar.
Las subdivisiones de esta extensa hoya comien­
zan, por la costa, con dos pequeñitas cuencas a con-
tinuación de su arranque desde la punta Infieles.
Chañarala: corre esta cuenca por el pie de Paso
Malo, al sur, áspera y empinada y sólo notable por
la aguada que contiene.
Toro: más pequeña aún que la anterior, corre al
lado norte de Paso Malo.
Ambas cuencas suman una superficie de 8.122
Chañaral o Salado: dentro de los límites ya
descritos, se ha visto que esta hoya comprende la
cuenca de Pedernales y del río Juncalito, al oriente
de la cordillera Domeyko.
El río nace entre las arenas lávicas y andesíti-
cas de la alta región volcánica de la Laguna Verde
y del cordón Wheelwright; forma, en sus naci-
mientos, alegres veguitas, que son un refugio sal-
vador después de la penosa travesía de San Fran-
cisco, servicio que el autor mismo recibió de ellas
en las peligrosas circunstancias que en otra parte
ha descrito. Precipitándose del sur al norte, dobla
bruscamente al pie del encumbrado y agudo cerro
del Juncalito, donde se le reúne un afluente que
baja de la Piedra Parada, forma extensas vegas y

-414-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 414 26-09-12 13:20


hidrografía

Superficies Superficies
parciales totales
sá­banas de agua que favorecen la evaporación de en hectáreas en km2
su considerable caudal, mayor que el del río de
Copiapó.
De algo más al sur, por las faldas de la cumbre
de Leoncito, de la cordillera Claudio Gay, se des-
prende el río de la Ola, también abundante, que
en­gendra vegas y pantanos y va, como el Juncalito,
a vaciar sus sobrantes a la laguna de Pedernales,
por infiltración en gran parte de su curso.
Por último, de las vertientes del cerro Bravo y
Pastos Largos, también se desprenden arroyos que
forman vegas pastosas y contribuyen a los recursos
y facilidades del viajero y nómades pobladores de
aquellas alturas.
Comencemos la estimación de las superficies
parciales de toda la hoya del Salado por estas cuen-
cas de cordillera.
Pedernales: dentro de los límites ya descritos,
incluyendo los nacimientos del Juncalito, ríos de
la Ola, Pastos Largos, etcétera, su superficie es de 424.071
De esta total extensión corresponde a la super-
ficie húmeda de la laguna, comprendiendo sus ori-
llas de sal, yeso y borato de yeso, no menos de unas
30.000 hectáreas.
Infieles: adhiere esta cuenca a la anterior, por
el norte. Se extiende en el mismo sentido en árida
y frígida planicie alta. Es importante por sus ricos
boratos y sales, que ocupan unas 2.500 hectáreas.
Comprende su superficie 52.981
Piedra Parada: según el límite que hemos dado
a la hoya y el curso que sigue la gran cordillera,
desde Juncalito y Piedra Parada, por el poniente de
las Lagunas Bravas, resulta incluido también este
salar, notable por sus incrustaciones de yeso con
agrupaciones de enormes cristales de selenita.
La superficie es de 67.578

Bajando, ahora, del alto valle andino al valle central del desierto, la hoya del
Salado nos ofrece el primer ejemplo de una constitución hidrográfica especial y
característica.
La llanura central ha dejado de ser una zona más o menos alargada y tortuosa,
cortada transversalmente por estribaciones de ambas cordilleras, que se acercan,

-415-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 415 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

se tocan o se enlazan, o subdividida longitudinalmente por cordones secundarios


o accidentales que la complican y reducen su condición de valle continuo a una
serie de cuencas o planos inclinados, con pendientes y contrapendientes que sólo
conservan su disposición de continuidad comunicándose entre sí y prolongándose
las unas a continuación de las otras.
Desde el Salado, adelante, hasta la altura del puerto de Taltal, incluyendo esta
hoya y la de Pan de Azúcar, el llano longitudinal forma un campo libre en toda
la anchura de ambas cordilleras, cuyos brazos no se prolongan a través de ella,
dejando mediar una distancia de 50 a 60 kilómetros.
El declive general del suelo del desierto hacia la costa marítima se conserva,
en toda su zona, sin alcanzar a ser interrumpido por notables desigualdades to-
pográficas, pero con la circunstancia importante de que éstas, en sus rasgos más
característicos, se interponen en el subsuelo, debajo de la superficie en apariencia
unida a la llanura.
Ya no es la cañada o el valle comprendido entre montañas, sino el cañón ser-
penteado, la grieta o quebradura del terreno abierta, como abismo a los pies del
transeúnte.
Se les designa, también, a falta de una voz apropiada que nuestros pobladores
del desierto no han inventado, con el nombre genérico de quebradas; pero debe-
mos prevenir que no se deben tomar por tales las que en adelante nombraremos,
como la Encantada, Doña Inés, Carrizo, Juncal, Chaco, etcétera, y el mismo Sa-
lado.
Tenemos, pues, que esta hoya tiene su gran vía de desagüe por una serie de ca-
ñones tortuosos y aculebrinados que han labrado su fondo en el subsuelo, abrien-
do zanjas que bajan de entre las alturas que separan a Doña Inés de Pedernales,
hasta formar en la llanura un cauce hondo, de paredes verticales, en un terreno
de acarreo y de sedimentos modernos, y en parte, también, a través de roca viva.
El nombre de Salado deriva de las inmensas incrustaciones de sal común que
las antiguas aguas saladas del lago de Pedernales dejaron allí, formando, como es­
cul­turas de mármol, cinceladas por la mano maestra de la naturaleza.
El Salado forma un salto o caída al salir de las rugosidades de la cordillera, co­
rres­pondiendo este accidente a un hecho general de carácter geológico, a una falla
o dislocación longitudinal que abraza larga distancia y se repite en el desierto en
to­das las quebradas de este a oeste.
Por aquí le caen los desagües de una hoya importante, que nace de las faldas
occidentales y boreales del cerro Bravo, desde donde corre hacia el norte por el
pie de la cordillera Domeyko, una serie de arroyuelos y quebradas pastosas con
los nombres de Asiento, quebrada Larga (por dentro del portezuelo Mocobí y
cerro de Vicuña) y dobla entre los cerros del Huasco y Pedernales, al oeste, con el
nombre de Pasto Cerrado, reuniendo las quebraditas de Cortaderas y Agua Dulce
y otras hasta su desembocadura. Son los lugares de refugio y alivio para la gente
minera que catea o trabaja minas por esas regiones.
Al llegar enfrente de Pueblo Hundido, comienzan a bajar de altura sus paredes
hasta desembocar en la gran quebrada abierta de Chañaral, contra la punta del

-416-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 416 26-09-12 13:20


hidrografía

cerro de Tres Gracias, primera roca de la cordillera litoral, que determina su curso
directo al mar.
Le caen diversas huellas de arroyadas secas, que bajan de los barrancos de
Pueblo Hundido y de las faldas de Caballo Muerto, y más largas y profundas del
alto macizo de Vicuña; pero su afluente más considerable es el que le cae más aba-
jo de Tres Gracias, por el pie de Chañarcitos, donde se reúnen los desagües de la
cuenca del Inca de Oro con los de la extensa hoya de Chañaral Alto.
La primera se reduce al espacio de las llanuras de San Pedro, Inca e Isla, pe­ro
la segunda abraza un sistema hidrográfico más importante, que nace en el por­
tezuelo de Mocobí, que liga la sierra del cerro Bravo y Caliente con el macizo
de Vicuña, y del portezuelo del Pingo, que divide con la hoya de Copiapó por el
lla­no de Varas. Entre ambos nacen pequeñitas corrientes de agua dulce que, junto
con sus pastos y vegas, forman un tesoro de recursos, como las vegas de Valiente,
Mos­tazal, Cajoncito y el Salto, perdiéndose allí toda humedad debajo del álveo de
la quebrada para ir a alumbrar en la angostura de la Finca de Chañaral, el lugar
encantado del desierto.
Sigue desde la Finca, abajo, el cañadón seco que va a reunirse, al pie de Cha-
ñarcitos, con el del Inca, que allí toma aquel nombre, y continúa abierta, plana y
espaciosa, la quebrada del Salado, sin recibir más afluentes de importancia que su
embocadura al pie del cerro Vetado, por donde le caen las corrientes o arroyadas
secas de la Florida. En el resto de su curso, hasta el mar, en la desabrigada bahía
de Chañaral, sólo recibe la contribución de las Ánimas.
El río Salado suele tener sus avenidas periódicas, volviéndose su cauce seco e
incrustado de sales, verdadero río impetuoso, como acontece en todos los desiertos
de tiempo en tiempo.
Superficies Superficies
parciales totales
La superficie de la hoya del Salado abraza en hectáreas en km2
A continuación, al norte, siguen las de: 696.532
Agua Hedionda: pequeña cuenca y aguada de-
trás de la punta de Chañaral
Peralillo: todos los cauces secos que nacen de 4.062
las faldas occidentales de la Florida, cerro Negro,
ex­tremidad sur de Pastene y más abajo de Minillas,
se reúnen al pie del cerro de Portezuelos Blancos
para precipitarse al mar por un salto que allí forma
la serranía de la costa, muy empinada y compacta,
como se sabe.
Superficie 63.250
Castillo: inmediata al salto de Peralillo, com-
prende una pequeña quebrada fragosa.
Superficie 1.875
Coquimbo: lleva este nombre, el mismo de la ca-
leta en que desemboca la hoya que nace, como la

-417-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 417 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Superficies Superficies
parciales totales
anterior, del mismo cordón costanero y desemboca en hectáreas en km2
al pie de la punta que termina en el islote de Pan de
Azúcar, uno de los más característicos derroteros
de estas costas.
Superficie 5.312
Sumando ahora, tenemos que la total superficie
de la hoya del Salado, que en su límite por el Pacífico
abraza desde punta Infieles hasta Pan de Azúcar y
comprendidas las cuencas de la región andina, es de 13.237,83
Nada bueno hay que decir de las condiciones
marítimas de la costa de Chañaral: el puerto de este
nombre ofrece uno de los más molestos desembar-
caderos de la costa.

8. Hoya de Pan de Azúcar

Se tiene ya su límite austral, común con el boreal de


la del Salado en toda su extensión hasta la cor­dillera
real en las alturas frente a las Lagunas Bra­vas. Por
el este sigue la gran cordillera de Aguas Calientes
y vuelve al oeste cruzando otra vez a la cordillera
Domeyko hasta la cumbre del Cha­co, que distribuye
las aguas para Taltal y Pan de Azúcar. Esta línea
divisoria, que constituye el límite boreal de la última,
va por las estribaciones del Chaco, al sur, hasta el
cerro del Agua de la Piedra y sigue por las alturas
de cumbres aisladas como el Juncal, la Pólvora,
el Guanaco y el cerro Pardo o Veraguas hasta el
portezuelo de sierra Overa, cuya serranía sigue
hasta San Cristóbal, y desde aquí, paralelamente a
la ancha quebrada de Pan de Azúcar, por Carmen,
Mercedes, Bombas y Cachi­na hasta un punto de la
precipitosa costa más o menos exactamente situado
sobre el paralelo 26°, no ofreciéndose por allí rasgo
alguno característico, ni cerro elevado sobre la tierra
firme ni punta o peñazco notable del mar, al cual
hacer referencias como signo material situado en el
divorcio de las aguas entre ambas hoyas.
Para comenzar siempre por los orígenes, vea-
mos como se distribuyen las hoyas hidrográficas en
el alto valle o altiplanicie andina.

-418-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 418 26-09-12 13:20


hidrografía

Superficies Superficies
parciales totales
en hectáreas en km2
Bolsón: contra la falda oriental de esta sección
de la cordillera Domeyko, comprendida entre el
Bolsón y el Chaco, se levanta una protuberancia
en forma de meseta, que se inclina al SE y termina,
allí, en un rincón de la gran cordillera frente a las
ve­gas de Colorados, difícil de explorar por lo es-
condido y apartado de toda vía de tráfico y por la
ex­tremada aridez del suelo.
Toda esta región, meseta y salar, sin nombre
co­nocido, abraza una superficie de 301.999
La Isla: al norte del anterior salar, recostado
tam­bién al pie oriental de la gran cordillera, cono-
cida por sus ricos boratos. Su límite boreal deslinda
con la laguna Amarga, determinando con él el de-
partamento de Taltal.
Su superficie mojada o salinosa tiene unas 3.800
hectáreas y su superficie total
Pasando ahora a las hoyas de la costa, encon-
tramos la primera pequeña cuenca de: 22.141
Agua Salada: que desemboca en la misma que-
brada de Pan de Azúcar, a inmediaciones del puer-
to, con superficie de 10.017
Pan de Azúcar: dentro de los ya señalados lími­
tes por el norte y por el sur, cierra por el naciente
con la cordillera Domeyko, que va hasta el Chaco
en sus declives australes. Nacen, así, de los flancos
sudoccidentales al sur de este alto cerro, las arroya-
das más o menos pastosas y húmedas que bajan por
el Agua de la Piedra y se reúnen más abajo con las
que bajan directamente del Bolsón y también de la
Exploradora, formando en su conjunción el Juncal.
El Juncal consiste, ya desde aquel punto, en la
profunda grieta o cañón de paredes verticales que
se ha cavado debajo del nivel de la llanura longitu-
dinal y continúa su curso, al oeste, con alternativas
de completa sequedad y pequeñas manifestaciones
de humedad. Estas son más abundantes en el Jun-
cal, donde el agua corre en pequeños arroyuelos;
se manifiestan en pequeñitas vegas por la Pólvora
y en la Brea, para desaparecer en seguida por com-
pleto; un poco más abajo de esta misma aguada de

-419-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 419 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Superficies Superficies
parciales totales
la Brea le cae la llamada quebrada del Carrizo: otro en hectáreas en km2
zanjón profundo, cavado hasta 100 y 150 o más me-
tros verticales.
El Carrizo tiene también sus nacimientos en los
flancos sudoccidentales del Bolsón y, al estrechar-
se contra la extremidad norte del cordón de Doña
Inés Chica, forma las importantes vegas de la Cruz
y recibe algún tributo de la misma serranía Inés
Chica.
Juncal y Carrizo corren juntos por ancho cau-
ce, bajando a las tierras donde entran a nivelarse
con la superficie, por el frente de la mina Arenillas,
donde se les reúne el otro gran cañón de Doña Inés
Chica, que nace directamente del volcán de Doña
Inés, formando en sus inmediaciones las famosas
vegas de la Encantada, de Vicuña, del Salitral y
Acerillos, y más abajo, al despuntar por el sur el
cor­dón de Doña Inés Chica, las abundantes, tam-
bién de este mismo nombre, y donde están las mi-
nas de oro Áureo y otras.
Todo este sistema de arterias hidrográficas va,
pues, a reunirse en la sola quebrada ancha de Pan
de Azúcar, pasando al pie de sierra Pastene, que, allí
termina, y continúa completamente seca hasta que,
en el salto de las Bombas, vuelve a reaparecer el
agua en las abundantes vegas que allí se aprovechan
para la concentración de metales de Carrizalillo.
Más abajo las vegas de Quinchihue y, por últi-
mo, las áridas playas del mar.
La superficie de la hoya Pan de Azúcar, propia-
mente dicha, abraza 626.706
En la pequeña extensión de límite occidental,
que corresponde a esta hoya por el mar, no hay
nada de interés que anotar o que no esté ya en otra
par­te descrito.
La superficie total de toda la hoya comprende 9.608,63

9. Hoya de la Cachina

Esta hoya es de importancia secundaria, como la


de Flamenco, sin derivar directamente desde las

-420-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 420 26-09-12 13:20


hidrografía

Superficies Superficies
parciales totales
cordilleras; pero, con todo, de extensión bastante en hectáreas en km2
para ser descrita por separado y clasificada como
hoya independiente.
Desemboca por medio de un gran salto, como
ocurre con la del Peralillo y otras de esta costa, que
se levanta abrupta y como una muralla desde las
playas, tal como ha sido ya explicado.
Su límite por el sur es el mismo de Pan de Azú-
car hasta el Juncal, desde el cual, hasta el Incahuasi
al norte, se forma su límite por el este, y desde aquí,
cruzando la pampa calichera de la Rosario del Lla-
no en dirección al cerro Negro, frente a sierra Ove-
ra, sigue el límite hacia el norte, por el cordón San
José del Pingo, Cifuncho y sierra Esmeralda, pro-
longada hasta Punta Ballena en el Pacífico.
Cachina: No reúne otras hoyas y quebradas
im­portantes sino pequeñas quebradas que le caen
del lado del Pingo, del lado del Difunto y las Bom-
bas y del de Esmeralda, hasta precipitarse al mar
por el Salto, como queda dicho.
Sus aguadas son importantes por los eficaces
servicios que prestan a la minería, especialmente
al importante mineral de Esmeralda. Consisten és-
tas en las pantanosas vegas de la Cachina, lugar de
majadas, cerca del Salto, y en los abundantes pozos
o piques frente a Esmeralda, de la mina Carlota y
otros.
Su superficie consta de 203.160
Guanillos: a continuación del Salto viene la ca-
leta Esmeralda, desembocadura de la hoya costa­
ne­ra de Guanillos, que en un tiempo estuvo habili­
tada para cargar de metales de plata y que, en los
pliegues y escabrosidades de sus altos cerros, con-
tiene abundantes aguadas.
Su superficie es de 4.950
Tigrillo: tiene sus nacimientos, como la ante-
rior, en las caídas de Guanillos y Esmeralda, y por
el norte, Cifunchos. Tiene aguada y desemboca en
la caleta del mismo nombre.
Superficie 8.075
Total de la hoya Cachina 2.161,85

-421-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 421 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Superficies Superficies
parciales totales
10. Hoya de Cifunchos en hectáreas en km2

Su origen va menos al oriente que la anterior, te­


niendo su límite sur común con la Cachina, sólo
hasta el cerro Negro; desde aquí a la Peineta, como
límite por el este, y desde la Peineta por Ca­chi­yu­
yal, Manchado, Portezuelo, Bandera, cumbre de
Ve­lásquez, Argolla y Gritón hasta punta San Pedro
en el mar.
Leoncito: inmediata al norte de Punta Ballena,
existe esta pequeña hoya marítima, con muy buena
aguada, pero escabroso terreno, como es general
en toda esta costa.
Su superficie mide 6.704
Cifunchos: deduciendo la anterior, todo el
resto de los límites señalados encierran la hoya de
Ci­funchos, que reúne al oriente los cauces secos
que se desprenden de la Peineta y cerro Negro, por
el poniente de estos cerros, y pasan por el pie sur
del agudo y característico cerro de Pingo; se abren
camino por entre la sierra Velásquez y se reúnen a
otras vaguadas que bajan de Mantos de Agua y de
Hidalgo, dirigiéndose, después de hacer un fuerte
ángulo, a desembocar en la bahía Lavata o Cifun-
chos.
Su superficie comprende 231.718
No contiene vegas ni hay mucho que decir de
sus aguadas: sirven de utilísimo recurso las de Man­
to de Agua, Hidalgo y la Isla, , a pesar de su ma­la
calidad.
Lavata es el nombre de las costas de Fitz-Roy:
la famosa Beagle estuvo por largos días fondeada en
sus tranquilas aguas.
Gritón: es como un rincón de cerros que se abre
entre punta Tórtolas y la de San Pedro: superficie 4.115 2.425,37

11. Hoya de Taltal

Su límite austral, desde punta San Pedro, es común con Cifuncho hasta la Peineta:
desde aquí por Rosario del Llano, en las pampas salitreras, el cerro del Chicoteado,
el llano de Refresco Seco al sur hasta el cerro Juncal, el Agua de la Piedra y la

-422-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 422 26-09-12 13:20


hidrografía

cordillera Domeyko en las cumbres del Chaco; em­pieza con esto el límite por
el este, siguiendo la cordillera Domeyko hasta la cumbre de los Sapos y Pastos
Lar­gos, cuyas estribaciones, prolongadas a través de la llanura por portezuelo
Mer­cedes, producen el divorcio de aguas con la gran hoya de Aguas Blancas, si­
guiéndose esta línea por el cerro del Relincho, salitrera Sur América, alturas de
Lau­taro y José Antonio Moreno, por la Gorra y el Toro, girando al oeste por los
Amarillos y las alturas que siguen en el mismo rumbo hasta caer en la costa en
punta Grande, que cierra la bahía de Nuestra Señora por el norte, así como San
Pedro la cierra por el sur.
Superficies Superficies
parciales totales
Infieles: entre éstas y otras pequeñas rincona- en hectáreas en km2
das, que bajan directamente al mar al lado norte de
la punta San Pedro, comprendiéndose la quebrada
de los Changos, se entera una superficie de 9.200
Taltal: desde la punta del semáfora y por las
alturas que rodean al pueblo de Taltal por el sur, de-
jando aparte la quebrada de los Changos y toman-
do por el cerro de la Argolla, la hoya se ensancha,
desde aquí hacia el sur, por una llanura, buscando
la altura de Velásquez para seguir, desde aquí, el
mismo límite boreal de Cifunchos hasta la Peineta
y, desde aquí, al de la Cachina hasta el Chaco.
Entre este volcán apagado y el Juncal, se le-
vanta el pequeño cerro característico del Incahuasi,
que distribuye algunas corrientes y pequeñas vegas
que van a juntarse más abajo a la quebrada del Cha-
co, la cual tiene sus abundantes nacimientos en las
faldas del mismo. Esta es del mismo carácter de la
Encantada y otras que ya hemos citado en la hoya
de Pan de Azúcar, y corre ancha y emparedada por
barrancos que van disminuyendo de altura hasta
nivelarse con la llanura en las pampas salitreras.
Se le reúne, por aquí mismo y en las mismas
condiciones la quebrada de Vaquillas, que se forma
de la de Sandón y la de los Sapos, despuntando,
reunidas, el cerro de las Pailas por el sur, al mismo
tiempo que, por el lado opuesto de este mismo ce-
rro, que se levanta aislado en plena pampa, pasan
otras vaguadas que nacen en parte también de los
Sapos y de Pastos Largos, y forman las quebradas
de la Aguada, que a su turno recibe, entre el Gua-
naco y Guanaquito, la vaguada que baja del porte-
zuelo Mercedes, en el divorcio con Cachinal. Estas

-423-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 423 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Superficies Superficies
parciales totales
reunidas, siguiendo al oeste hasta la parte baja de en hectáreas en km2
las pampas, entre Refresco y Dos Amigos, forman
juntas el cauce de Taltal, que baja hasta el mar reci-
biendo el contingente de la Brea y otras vaguadas
menores hasta su desembocadura.
Encierra todo esto una superficie de 512.195
Todos los nacimientos de quebradas principa-
les o tributarias de esta hoya, contienen vegas y
agua aprovechable que la industria salitrera aplica
a sus elaboraciones, conduciéndola por medio de
ca­­ñerías de fierro.
El subsuelo, en toda la región de las pampas,
con­tiene agua potable, a mayor o menor hondura,
que llega hasta 90 metros en algunos puntos.
Como más adelante detallaremos estos hechos,
no daremos aquí mayores informaciones al respecto.
Potrero: húmeda y relativamente pintorezca, esta
hoya desemboca como una estrechísima grieta en la
playa de Hueso Parado, derivando sus nacimien­tos
en la serranía que separa la quebrada de Taltal de
la de Santa Luisa por las faldas de Canchas, Brea y
San Ramón.
Superficie 25.375
Cascabeles: desemboca por otra grieta en la
caleta del mismo nombre por donde se hacía, o se
hace aún, algún tráfico de carguío para las oficinas
salitreras de Santa Luisa que están repartidas en
toda la extensión de esta hoya, ofreciendo este caso
el ejemplo único de importantes depósitos de sali-
tre a tan corta distancia de la costa, circunstancia
que tendrá su explicación al tratarse de tan impor-
tante materia, en el curso de esta obra.
Reúne esta hoya la quebrada de Perrito Muerto,
con vegas, y otras de poca importancia que le caen des-
de sus nacimientos en terreno de la oficina Atacama.
Otra vaguada baja de las pampas al sudoeste de
la Lautaro y se reúne con otras más abajo del Pi­que
VIII.
Su límite por el norte termina en punta Ban­
durrias y su superficie comprende 175.500
Bundurrias: esta trae su origen desde el cerro
del Toro a inmediaciones de la oficina J.A. Moreno

-424-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 424 26-09-12 13:20


hidrografía

Superficies Superficies
parciales totales
y se precipita en el océano por un salto profundo en hectáreas en km2
cerca de Estancia Vieja.
Tunas: sigue de la anterior, pero nace de corta
distancia en las serranías de la costa
Quebrada Grande: última cuenca de las que se
comprenden dentro de la bahía de Nuestra Señora.
Entre estas últimas suman una superficie de 39.275
En algunas costas marinas se ve el nombre de
Paposo enfrente de isla Blanca, en la ensenada de
San Pedro, en razón de tradiciones de una ciudad
que por allí se decía existir y que con afán buscaron
los tripulantes de la Beagle.
Total de la hoya de Taltal 7.615,45

12. Hoya de Paposo

Comenzando en punta Grande y ascendiendo por las


cumbres de Matancillas y Descubridora hasta la me­
seta de Ratones, en el portezuelo del mismo nom­bre,
y ligando éste con el pequeño cerro de las Tór­tolas,
se tiene el límite sur, que la separa de Tunas al mismo
tiempo que el divorcio de sus aguas con San­ta Luisa,
por un lado, y Aguas Blancas por el otro. Doblando al
oeste, se continúa por la sierra del Muer­to hasta que
las extremidades de este pequeño cor­dón de cerros,
interrumpidos y de poca altura, se enlazan con el
prin­cipio de la sierra de Vicuña Ma­ckenna, frente al
grupo de las minas del Reventón y Descubridora; to­
ma al norte elevado hasta el cerro de Bateas, que da
vista a la quebrada de Remiendos y vuelve al oeste
por el cordón transversal de Izcuña has­ta la punta
Dos Reyes o Miguel Díaz, de las car­tas marinas, pero
más directamente hasta punta Tragagen­te.
Resulta de esto una forma muy irregular, debi-
da a la grande altura y desarrollo que toma aquí la
sierra Marítima, que no se deja cruzar en ninguna
par­te de este trayecto de costa, donde se levanta el
Pa­rañave bruscamente a 3.000 metros sobre su ba­
se al nivel del océano.
Entre esta cordillera y el cordón de Vicuña Ma­
cke­n­na, baja de los faldeos australes la vaguada de

-425-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 425 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Superficies Superficies
parciales totales
Izcu­ña, de este nombre que viene a desembocar en hectáreas en km2
fren­te a las salitreras de San Pedro, en la vaguada
trans­ver­sal que baja de Ratones y más abajo, desde
la mi­na Abundancia, comienza a recibir las quebra­
das húmedas que bajan de Matancillas y más abajo
la de Perales, que con su huerto de árboles frutales
ha­ce la de­licia de los viajeros. Su desembocadura
en la caleta de Paposo se produce también por me-
dio de un gran salto.
Paposo: su superficie encierra 158.975
Rinconada: muy pequeñita, sigue detrás de la pun­
ta Rincón. Superficie 2.550
Leoncitos: al lado opuesto de la misma punta Rin­
cón 3.675
Médanos y Cañas: contiguas y de muy corta ex­
ten­sión adentro de la serranía 8.800
Panul y Cordón Quemado: nacen directamente de
Parañare y desembocan entre punta Panul y Punta
de Plata 3.171
La Plata y Colorada: nacen de las rugosidades
del cerro costanero, formándose la quebrada de la
Plata, con aguada y la Colorada; en su desembo-
cadura existe la aguada submarina de la Follanca 13.675
Izcuña: abraza su desembocadura al mar hasta
la Punta Tragagente y por las alturas hasta Batea,
co­mo queda dicho; comprende las minas de plata y
cobre del mismo nombre, apenas accesibles por el
altísimo camino de innumerables vueltas y revueltas
que suben desde la playa en la aguada de Bo­tijas.
Su superficie se extiende hasta 101.525
Termina esta escabrosa sección de la costa, des­
de Paposo en punta Tragagente, sumando todas estas
pequeñas cuencas, junto con la de Paposo, un to­tal de 2.923,71
El agua abunda en las quebradas de la costa,
pero el resto es desesperantemente seco en esta re-
gión. Paposo es una rada sin abrigo, pero tiene un
regular desembarcadero.

13. Hoya de Remiendos

Con la sola excepción de la quebrada de Remiendos, que se introduce al naciente


hasta el portezuelo Bateas, todo lo demás de la serranía marítima, altísima y em­

-426-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 426 26-09-12 13:20


hidrografía

pinada como una muralla, que corre desde punta Tragagente hasta Punta Coloso,
donde empieza la bahía de Antofagasta, es una serie de pequeñas hoyas, quebradas
o pliegues, más o me­nos profundos, que internan corta distancia tie­rra adentro.

Superficies Superficies
parciales totales
Remiendos: su límite sur es el que corresponde en hectáreas en km2
al norte de Izcuña desde Tragagente a Bateas, desde
don­de vuelve al oeste por las alturas del cor­dón trans-
versal de Remiendos, que constituye su deslinde por
el norte hasta punta Chascón en el mar, pero la cum-
bre del cordón costanero sigue des­prendiendo, en su
curso hasta Coloso, las nu­me­rosas quebradas precipi-
tosas y ásperas, como se dijo arriba, mientras que para
el lado opuesto a la costa las desprende más suaves y
pro­longadas en busca de las vaguadas de Antofagasta.
Su superficie es de
Lobo Muerto: termina por el norte con la punta 51.862
de Agua Salada, que encierra la linda caleta del Co-
bre, la mayor de todas las de la costa, antes frecuen-
tada por embarcaciones que iban a cargar metales
y hoy en completa paralización de todo.
Bolfín y Agua Dulce: comprendidas entre la ante­ 18.662
rior punta Salada y la de Jerjillo, envuelven una serie
de ásperas e inaccesibles rinconadas en la mon­taña y
ofrecen desde el mar el aspecto de una muralla con­
tinua que corre en línea recta por un gra­do entero
de latitud.
En toda esta región el agua escasea y no es bue-
na, excepción hecha de Agua Dulce, que es el úni­
co punto de recursos para la vida en medio de la
de­so­lada aridez de aquellas tierras.
Históricos derroterros de oro, tradiciones de gran­
des criaderos de cobre y depósitos de guano han
pre­­­ocupado siempre a los mineros, subsistiendo aún
la duda de su efectividad por no haberse consegui-
do nun­ca organizar por allí una expedición formal.
Superficie
23.700 942,24

14. Hoya de Antofagasta

Su extensión marítima abraza desde punta Jorjillo


o el Coloso hasta punta Lagarto en la península

-427-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 427 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Superficies Superficies
parciales totales
de Mejillones, encerrando la gran bahía Moreno o en hectáreas en km2
Playa Brava y la bahía de San Jorge en la ensenada
que forma el morro Moreno, a sus pies por el S. E.,
dominándolo todo con su respetable altura de 1.750
metros; pero su extensión mediterránea es vastísima,
extendiéndose al naciente hasta las cordilleras y
encerrando gran trecho de las alti­planicies hacia el
sur, a lo largo de todo el departamento de Taltal y
parte de Chañaral, con río Frío y los nacimientos de
la gran laguna del Volcán.
Comencemos con la primera hoya marítima que
nace en las vertientes del morro Jorjillo, también de
respetable potencia con sus 1.700 metros de altura.
Jorjillo: desemboca al pie norte del Coloso y
su dirección viene del sur y SE, reuniendo algunas
quebradas tributarias de poca importancia.
Su superficie es 27.437
Antofagasta: para definirla en todo su contor-
no total, arrancando del Coloso, por el sur, siga-
mos sus irregulares límites volviendo con ellos por
Jorjillo, los altos del Cobre, cordón de Remiendo,
por­tezuelo Bateas, Vicuña Mackenna, el Muerto,
Ra­tones, Tórtolas, Amarillos, Toro, Sudamérica (sa-
litrera), Relincho, portezuelo de Cachinal y porte-
zuelo Mercedes hasta las cumbres de Pastos Largos
y Sapos en la cordillera Domeyko, continuando por
la línea de cumbres de ésta hasta el Chaco y sus es-
tribaciones al SE, que se prolongan por lomadas y
los cerros que después separan los salares de la isla
y laguna Amarga hasta entroncar con la gran cor-
dillera frente al salar y las termas de Aguas Calien-
tes. Por el este sigue el gran contorno con esta real
cordillera hasta el volcán Lastarria y el Llullaillaco,
y la prolongación de un estribo de éste al NO por
Guanaqueros y Pajonales, borde de Imilse y cerro
del mismo nombre en la cordillera Domeyko, que
se continúa hasta el Quisnal; y de aquí por Aguas
Dulces, Limón Verde, sierra Gorda, Pampa Central,
cerro Negro, portezuelo del Farol y alturas de este
cordón costanero al cerro Gordo, en plena penínsu-
la de Mejillones, al alto de las Yeseras, al morro de
Bandurrias y, por último, de aquí a punta Lagarto.

-428-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 428 26-09-12 13:20


hidrografía

Superficies Superficies
parciales totales
Las subdivisiones de esta considerable exten- en hectáreas en km2
sión, comenzando por sus orígenes en la altiplani-
cie cordillerana, son también por sí solas de gran-
des proporciones.
Pajonal o Laguna Amarga: comprende las rinco­
nadas que quedan entre la gran cordillera y las
es­tribaciones del volcán Lastarria al SO donde se
contiene un salar de poca extensión, el cual se co-
munica, según detalles vagamente conocidos, con
el de Laguna Amarga o Pajonal y las prolongacio-
nes de éste al NO según la larga cuenca de la lagu-
na del Volcán, que forma la hondonada central que
se abre paso a través de la sierra Gorbea y comien-
za a formar la altiplanicie Philippi.
La superficie ocupada por estos contornos es de 146.905
Puntas Negras y Rio Frío: prolongándose la alti-
planicie al norte, a continuación de la laguna del
Volcán y contra las faldas del Chaco y Vaquillas, Sa-
pos y Punta del Viento, de la cordillera Domey­ko,
abre la grieta dirigida de sur a norte por donde corre
el arroyo llamado Río Frío, que se infiltra en lecho
arenoso después de un curso de 5 kilómetros, hasta
desembocar más abajo en el salar de Puntas Negras,
al mismo tiempo que por el lado opuesto, contra
la cordillera real, se forman al pie otros salares y
lagunillas, arroyos y riachuelos que se alimentan del
Llullaico y corren, también, de naciente a poniente,
a desembocar en el mismo salar de Puntas Negras.
Éste es, por lo tanto, el receptáculo central de
esta gran cuenca andina, cuyo desagüe correspon-
de a la mayor depresión que la cordillera Domey­
ko forma por aquellas latitudes en el portezuelo de
San Guillermo.
Sucede, en efecto, que la cordillera Domeyko
va declinando de altura hacia el norte hasta nive-
larse casi en un mismo plano horizontal con la su-
perficie del salar, cuyas aguas desbordarían por di-
cho portezuelo hacia la Providencia, y desde aquí,
despuntando el Profeta y corriendo por la boca de
la sierra de Argomedo, irían a reunirse a las vagua-
das de Cachinal, con declive a Aguas Blancas hasta
la quebrada de la Negra y Antofagasta.

-429-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 429 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Superficies Superficies
parciales totales
Así limitada, esta gran cuenca andina tiene de en hectáreas en km2
superficie 689.723
El salar de Puntas Negras, por sí solo, abraza
una superficie de 45.000 a 50.000 hectáreas, siendo
su forma alargada como de 50 kilómetros de largo
por 15 a 20 de ancho y a una altura de 3.400 metros.
En su margen del sur se cavan pozos que dan
agua potable, siendo saladas las que corren por la
superficie.
Sus incrustaciones salinas son principalmente
de sal común.
Por el lado naciente y noreste, los arroyos que
le envía el Llullaico son de agua potable, como
el Tocomar, que es el mayor y, sucesivamente al
nor­te, el Llullaillaco, el Salado, Guanaqueros, Las
Zorras, muy abundante este último pero de buena
clase, el pajonal y otros.
Guanaqueros: entre dos estribaciones del Chu-
culai, se prolonga hasta las puntas de Pajonales y
comprende los referidos arroyos de las Zorras de
Guanaqueros
Superficie 13.000
Imilac: ocupa la cabecera norte de la gran cuen-
ca, dividiendo con el salar de Atacama; limita con
la cordillera Domeyko por el poniente y las sierras
de Puquios y Pajonales por el naciente; superficie 45.730
Bajando a la llanura central, ya hemos descrito
que los nacimientos de Aguas Blancas bajan de Ca-
chinal (mineral de plata Arturo Prat) y de los porte-
zuelos inmediatos, del de Mercedes y caídas de la
cordillera Domeyko por Pastos Largos, Punta del
Viento y Varas hasta el portezuelo del Loro, desde
cuyo trecho se desprenden como abanico las agua-
das, vegas y aguadas importantes que sucesivamen-
te llevan los nombres de Mulas, Chascón, Punta
del Viento, Quemado, Chépica, Vizcachas, Profeta
o Monigotes, Fariñas, Varas y el Loro; muchas de
ellas bastante abundantes, han aumentado su cau-
dal por medio de arenagas y han sido aprovecha-
das conduciendo sus aguas por medio de cañerías.
Al pie de Argomedo, al oeste, está el agua de la
Cebada, y en la extremidad norte de ésta y el Pro-

-430-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 430 26-09-12 13:20


hidrografía

Superficies Superficies
parciales totales
feta, la aguada de la Providencia. Bajan, pues, to- en hectáreas en km2
das estas vaguadas, al norte, reuniéndoseles las de
Pascua, más abajo, y numerosas otras que cruzan
el árido campo hasta reunirse en Aguas Blancas,
don­de existen las abundantes, de excelente agua,
que sirven para los trabajos de la industria salitrera
en aquella región, y marchan por el pie de Cuevi-
tas, formando un estrecho cauce que las conduce
hacia los salares enfrente y al sur del Carmen, jun-
tándosele por allí otra vaguada importante que se
desprende en contornos del cerro de Tetas, a cuyo
pie se labró el pozo de Barazarte, que da excelente
y abundante agua.
Cerca de la quebrada de la Negra se reúnen al
mismo álveo las vaguadas de la región norte, con pro­
cedencia de Lomas Bayas y Palestina, que desembo­
can por San Jorge, de Caracoles y Limón Verde.
Reunido todo este sistema de arterias, que en los
días de humedad y tiempos torrenciales se abrie­ron
paso, socavando una profunda grieta en la quebrada
de la Negra, se precipita al oeste hasta des­embocar
en la gran bahía por el punto llamado Playa Blanca,
donde hoy se levanta el más grande de los estableci-
mientos metalúrgicos de Sudamérica.
La superficie comprendida mide 2.951,887
Bahía Jorge: comprende la caleta Chimba al SE
y la Constitución al norte del morro Moreno, reu-
niendo, en dirección a ambos, todas las diferentes
arroyadas secas, que desde la parte media y austral
de la península y caídas de la serranía de la costa,
se recogen hacia el mar. Comprende 67.125
Reasumiendo los totales parciales, tenemos:

Hoyas de la altiplanicie Philippi 895.358


Hoyas del llano central o cuenca
de Antofagasta 2.951,887
Hoyas de la costa marítima 94.562 39.418,07

La rada de Antofagasta es detestable por no


contar con abrigo y exposición a los vientos cons-
tantes del SO, aunque su fondo de barro y arena es
bueno. Los buques deben entrar a ella con muchas

-431-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 431 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Superficies Superficies
parciales totales
pre­cauciones, según la recomendación de los mari­ en hectáreas en km2
nos, por las muchas rocas encubiertas y arrecifes
que se extienden hasta tres cables de la playa, los
cua­les, no obstante, dan lugar a una poza de regu­
lar desembarcadero y dentro de la cual pueden
abri­garse buques menores.
La Chimba es mucho mejor puerto, capaz de
abrigar algunos buques y servir en todo tiempo.
La bahía Constitución, distante 6 millas de
punta Tetas, es pequeña, pero de excelente fondea-
dero y utilizable para carenar buques, sin los incon-
venientes de la fuerte marejada que en todos los
puer­tos de esta costa impiden esa clase de repara­
cio­nes.
Hay al sur de Constitución, otra pequeña cale-
tita muy abrigada y llamada Errázuriz.

15. Hoyas marítimas diversas

Éstas comienzan con la pequeñita de Bandurrias y


en seguida viene la punta Jorgino y el característico
cerro del mismo nombre, abrigándose a su pie la
caleta Herradura. Notable es esta costa, como he­
mos dicho en otra parte, por sus costas en gra­de­rías
y cortadas, en rápido declive y formando pla­nicies
ho­rizontales encima del último tramo.
La opuesta extremidad boreal de la península,
en disposición simétrica respecto de morro More-
no, llamada morro de Mejillones, ofrece el aspecto
de un cono o pirámide truncada, colocada sobre un
pedestal de varios tramos o escalones en gradería,
con altura de 800 metros sobre su base al nivel del
mar. Hubo aquí importante explotación de guano.
Termina el morro Moreno en Punta Angamos,
nombre hecho célebre en la historia naval de Chi-
le y del mundo entero por el sangriento y heroico
combate que dio por resultado la captura del moni-
tor Huáscar de la marina peruana.
Entra, a continuación, la espléndida y hermosí­
sima bahía de Mejillones, que se prolonga hasta
punta Chacaya, donde termina lo que en conjunto

-432-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 432 26-09-12 13:20


hidrografía

Superficies Superficies
parciales totales
podemos tomar como extremo opuesto de la hoya en hectáreas en km2
de Mejillones.
Hoya de Mejillones: así limitada por la costa y ex-
tendida al oriente hasta las cumbres de la prolonga-
ción del cordón litoral por la Fortuna y Naguayán,
su superficie es de 166.565
Chacava: encierra de superficie 52.725
Panizos Blancos: más pequeña y menos profun-
da, inmediata a los Hornos y otros lugares de anti-
gua producción cobrera 24.050
Leoncito: inmediata a la caleta de Gualaguala,
que antes sirvió también de punto de embarque
para grandes cantidades de cobre 18.012
Cobija, Támes y Gótico: otras tantas caletas y que-
bradas del mismo nombre, socorridas por aguadas
na­turales y agua de pozos, suman una superficie to­
tal de 125.575
Tocopilla a Loa: bajo el nombre de bahía Algo-
dones, entran tres caletas: Bella Vista, Tocopilla
y Duendes; en seguida vienen Mamilla, Paquica,
Lautaro y Huelén, hasta el Loa 152.720
Total de las hoyas marítimas 5.396,47

16. Hoya del Loa

Comprende, por el oeste, la línea de alturas del cor­


dón marítimo desde cerro Negro (la ya cono­ci­da
cumbre divisoria con Antofagasta frente al sa­lar del
Carmen) por Chacaya, Colupo, Ojeda (punto an­
ti­clinal del ferrocarril de Tocopilla al To­co), Tolor,
portezuelo de Quillagua y altos de Hua­chán, sobre
el margen izquierdo del Loa; desde aquí sigue el
curso de este río por Quillagua hasta su intersección
en el Toco con el paralelo de 22°, cerrando con esta
línea matemática el límite de la hoya, por el norte,
hasta su intersección con los Andes cerca del Cajón.
Continúa el perímetro, al sur, por la línea cumbres
de la real cordillera hasta el portezuelo de Tatio
(ya conocido como divisorio entre el Salado y el
río Atacama) y vuelve por Chuschul y sierra Barros
Ara­na hasta Aguas Dulces y el Quimal, punto ex­

-433-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 433 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Superficies Superficies
parciales totales
tre­mo de la cordillera Domeyko, cerrándose desde en hectáreas en km2
aquí el contorno por Limón Verde, según el curso
ya descrito, por sierra Gorda hasta el punto de par­
tida en cerro Negro.
El límite asignado a los trabajos de la comisión
exploradora fue el río Loa, y aunque las explora-
ciones no alcanzaron a seguir este río hasta sus orí-
genes, abrazaron, en cambio, un poco al norte de
su margen derecho por la región central, regulari-
zando la figura por medio del paralelo 22°, desde
el paso del Toco, en el río mismo hasta el referido
cajón en la cordillera.
Meseta del Quimal: comprende el rincón de al-
tiplanicie que baja hacia Aguas Dulces, Caracoles
y Limón Verde por el poniente, abrazando una su-
perficie de 156.625
Todo el resto de superficie constituye una parte
integrante del Loa, como el río Salado, que baja
desde la región termal de la cordillera de Tatio y
de Copacoya, al pie del Litizón, recibiendo como
afluente el río Caspana, cuyas buenas aguas se ma-
logran al mezclarse con las muy amargas del Sa-
lado; más abajo, con las vegas de Aiquina, se le
reúne el Huiculuncho, que le cae del NE desde sus
nacimientos en el Paniri.
El Salado termina en las inmediaciones del
pueblo de Chiuchiu, cayéndole y atravesándole el
caudaloso Loa, cuyo curso procede desde las fal-
das del Miño, en la dirección del meridiano astro-
nómico, recibiendo a la altura del paralelo 22° el
afluente San Pedro, que tiene su origen en el Cajón
y recibe numerosos contingentes de los volcanes
San Pedro, San Pablo y otros.
Las aguas dulces del Loa se vician también, en
la confluencia de Chiuchiu, con las aguas comple-
tamente minerales del Salado, y se aumenta aún
más el daño con las salitrosas vegas de Calama que
dan nacimiento al río San Salvador, que se vacía al
cauce común en los barrancos de Chacance.
Comprendiendo, pues, toda la hoya del Salado
y la parte de la del Loa, que rebana el paralelo 22°
hasta el paso del Toco, y abrazando también la rin-

-434-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 434 26-09-12 13:20


hidrografía

Superficies Superficies
parciales totales
conada que va hasta Quillagua por el poniente del en hectáreas en km2
río, la superficie de la hoya abraza 2.157,804 23.144,29

El curso del Loa, naciendo de las faldas del volcán Miño, por las inmediacio-
nes del paralelo 21°20’ y precipitándose al sur astronómico sobre el Salado, para
seguir con éste al poniente, según el paralelo 22°30’ y volver otra vez al norte
astronómico en demanda de las latitudes de su origen, para arrojarse nuevamente
al oeste hasta el Pacífico, forma una verdadera U, cuyo largo total suma 365 kiló-
metros.
Es, por lo tanto, el río más largo de Chile.
Podría decirse que esta es la región relativamente fértil y agrícola del desierto
de Atacama, aun cuando sus cultivos ocupan una extensión tan pequeña y sean tan
poco variadas las producciones que el suelo, el clima y la naturaleza de las aguas
permite.
Fuera de los ríos, la región seca es muy escasa de aguadas, pero se cuentan la
de Ceres, al noreste de Calama, que sirve a la estación del ferrocarril de ese nom-
bre y la de Chug chug, en plena llanura central al norte de Chacanal y oriente del
Toco.
Las necesidades industriales de la minería han hecho apelar a los pozos y a la
destilación solar que condensa el vapor de agua dentro de cajas de vidriera, donde
no alcanza el carbón un precio soportable para su destilación en calderos.
Se ha pensado en desviar el curso del río Salado, pero más fácil y más comer-
cial se ha encontrado la conducción del agua potable por una cañería de fierro,
que la empresa del ferrocarril ha realizado a gran costo y con fortuna, dotándose
ampliamente de agua para sus propios usos y los de la ciudad de Antofagasta.

17. Hoya de San Pedro de Atacama

Es la más importante de toda la alta región atacameña, por su considerable extensión


como por el contenido inmenso de sales que cubren las 280.000 hectáreas de su
superficie húmeda, y por los pobladores y pequeños pueblos, cultivos y ganadería
que constituyen su riqueza pública.
Sus contornos han sido ya definidos: por el oriente y norte, desde el Imilac y
Quimal por las serranías del bordo hasta Tatio; por el este, la gran cordillera hasta
juntarse con Socompa; desde aquí al noroeste, por la sierra Diego Almeida hasta
internarse dentro del salar mismo y volver al sudeste con una estribación hacia los
altos de Imilac.
Las buenas aguas de los Puquios de Tilopozo y los cultivos de Tilomote, Pei-
ne, Socaira, Camar, Soncón, y Toconao, en sus respectivos arroyos cristalinos; las
vegas que circundan el salar por Carvajal y Tambillos; el río Vilama y el río San
Bartolo, que riegan extensos campos, son algunos recursos para mantener alguna

-435-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 435 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

vida y producción en esas estepas y rincones de cordillera, a 2.300 metros, más o


menos, sobre el nivel del mar.
El sistema del río de San Pedro abraza los afluentes, que dentro de una angosta
grieta abierta en profundas moles de areniscas, andesites y traquitas, corren desde
sus nacimientos al pie del volcán Machuca o en las rugosidades mismas al terreno
volcánico, con los nombres de Putaña, río Grande, Machuca, Nélon, Chuschul y
el citado Vilama.
Todo este caudal desemboca en las inmediaciones del pueblo de San Pedro de
Atacama para ser sólo en una pequeña parte aprovechado en el cultivo de la alfal-
fa, que allí es un recurso salvador para los ganados que se importan de la república
Argentina.
Las aguas del río San Bartolo, que recorren un terreno arcilloso y salado, son
de mala calidad, buenas, apenas, para ciertos cultivos, como el de la alfalfa, pero
en cambio las aguas del Vilama son excelentes.
El suelo, en partes arenoso, absorbe gran parte del caudal, y en lo demás, arci-
lloso, requiriendo por esto mucha agua, constituye condiciones desfavorables que
serían mejoradas con la aplicación de algún capital para canalizaciones y drenajes.

Hoyas de la puna de Atacama

Hemos definido y deslindado hasta aquí todo el territorio de Chile propiamente


dicho, que media entre las costas del Pacífico y la cresta de los Andes, incluyendo,
respecto de la república Argentina, todo lo que netamente adhiere a Chile desde
la línea fronteriza en toda su ostensión, partiendo del origen austral del río de
Co­piapó, en el alto de las Yeguas, hasta su término al norte de San Francisco, con­
tra el cerro de Dos Conos o Chucula, donde empieza el territorio de la puna de
Atacama.
Los límites y contornos de esta alta región, que abraza 70.000 kilómetros cua-
drados de superficie y cuya altura media sobre el nivel del mar excede los 4.000
metros, han quedado ya bien definidos y explicados en páginas anteriores y nada
habría necesidad de agregar, bastando, por otra parte, dar una ojeada a los mapas
que se acompañan.
Comenzando por el norte y enumerándolas de izquierda a derecha, vamos a
ver cómo se distribuyen las cuencas de esta altiplanicie comprendida entre dos
cordilleras, por los costados, y otras dos por los extremos y cruzada, a lo largo y a
través, por numerosos cordones y cadenas montañosas que forman como un tejido
de piedra sobre su superficie.
Conviene tener presente que todas estas hoyas que adhieren a la cabecera
norte de la puna y derivan de las alturas de la cordillera D’Orbigny, son rebanadas
por el límite internacional del pacto de tregua de 1884 celebrado entre Chile y
Bolivia, por cuya razón indicaremos lo que respectivamente corres­ponde de tales
hoyas a cada nacionalidad.
Estas hoyas son las más altas de la puna; puede que su término medio sea de
4.500 metros.

-436-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 436 26-09-12 13:20


hidrografía

Superficies Superficies
parciales totales
1. Hoya de Laguna Verde en hectáreas en km2
Al pie oriental del Licancaur, en una honda de­
pre­sión rodeada de altas cumbres, como Juriques
al sur, Puritama al norte y Guaillaquis al este, por
cu­yo rumbo la rodea también el cordón de Aguas
Ca­lientes, que desprende un arroyo de agua termal
tri­butario de la laguna, cuyo contenido de sales au­
menta constantemente en ella. Su extensión en su­
perficie se reparte como sigue:
Sección chilena 25.000
Sección boliviana 368.750 3.937,50

2. Hoya de Guaillaquis y Chajnantor


Corren por ésta dos arroyos del mismo nombre, que
convergen respectivamente del poniente y del na­
ciente, para reunirse en uno solo que deriva al sur y
se desvanece en lagunas y pantanos como a los 25
kilómetros de su curso.
Esta hoya forma como un anfiteatro, apoyado
en sus dos montañas extremas y abierto al campo
libre hacia el sur. Su superficie es de:
Sección chilena 102.551
Sección boliviana 14.812 1.173,63

3. Hoya de Sapaleri
El nombre que lleva esta cuenca, hecho ya fa­mo­
so en la historia de los tratados y discusiones in­ter­
na­cionales, se aplica cuatro veces al cerro, al valle,
al río y al lugarejo de Sapalegui o Zapalegui de los
ma­pas antiguos, pero que los naturales pro­nuncian
cla­ra y distintamente Sapaleri.
Sus contornos son: el ancho y morrudo cerro de
Sapaleri, que por el sur se liga al cordón de Chaj­nan­
tor que termina en la entrada occidental de la hoya,
y por el norte se prolonga largo trecho, for­­mando
también la pared occidental de un valle que se in-
terna como una manga hacia la provincia de Lipes.
En el rincón que forma el nacimiento de este valle
se levantan altos picos nevados, de donde se des-
prende una estribación que forma su pared orien­tal
y contiene la alta cumbre de Tinte, que se prolonga

-437-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 437 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Superficies Superficies
parciales totales
larga distancia al sur por el cerro y portezuelo de en hectáreas en km2
San Pedro y termina con el Póquis, en plena llanura.
Así, desde sus nacimientos en latitudes próxi-
mas al paralelo de 22°30’, corre el angosto valle
de Sapaleri recto al sur astronómico y con él su río
de igual nombre, unos 50 kilómetros hasta salir al
campo abierto, donde se extiende en vegas y sába-
nas de agua como el anterior de Chajnantor.
Además de sus nacimientos principales, el río
Sa­paleri, que es caudaloso, recibe otros afluentes
prin­cipales de excelentes aguas, que le bajan de los
ma­cizos de Tinte y San Pedro.
Su superficie comprende, considerada en su ex­
tensión orográfica:
Sección chilena 92.636
Sección boliviana 22.450 1.150,86

4. Hoya X
Ha quedado sin ser determinada con la necesaria
precisión una corta extensión de terreno com­pren­
di­da entre los cerros Chajnantor y Sapaleri, cuya
ma­ yor depresión está ocupada por una extensa
la­guna que el límite internacional rebana por su
ex­tre­midad sur. Parece que ésta desagua hacia el
norte, a terreno boliviano, pero en todo caso, tan­
to por el hecho hidrográfico como por el lado del
des­linde internacional, la solución es aceptable ad­­
ju­dicando a la puna nada más que la pequeña su­
per­ficie que la línea divisoria del pacto de tregua
deja bajo la jurisdicción de Chile.
Esta superficie sólo abraza 9.375 93,75

5. Hoya de las Lagunas


Corresponde este nombre a una ondulada e impor­
tante cuenca que se encierra en los cerros de Tinte,
Queñoal y Granada, este último en la cordillera li­
mí­trofe argentino-boliviana que limita la puna por
el naciente y que se completa por ese rumbo y el
austral tomando por cerro Bayo, extremidad norte
del Coya­guaima y Lucho hasta el ya citado San Pe­
dro.

-438-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 438 26-09-12 13:20


hidrografía

Superficies Superficies
parciales totales
Su interior ha permanecido inexplorada, pero en hectáreas en km2
estando bien determinados sus contornos, la esti-
mación de su superficie resulta exacta como sigue:
Sección chilena 63.762
Sección boliviana 66.250 1.300,12

6. Hoya del Coyaguaima


En el ángulo o rincón que forma la cordillera Ar­
gen­tina de la puna con la prolongación de Granada
a cerro Bayo y Coyaguaima, se comprende una
cuenca que por la dicha cordillera, partiendo de
Gra­nada por el abra de Mojones (que queda en na­
cionalidad boliviana) y siguiendo por Galán y Co­
valonga, termina en Incahuasi, y se cierra por el sur
entre las estribaciones de este cerro al poniente y
las del Coyaguaima al naciente.
Sección chilena 96.944
Sección boliviana 5.222 1.021,66
Con ésta terminan las hoyas hidrográficas de la
cabecera norte de la puna de Atacama que la línea
del pacto internacional distribuye entre Chile y Bo-
livia y que la naturaleza deslinda con sus fronteras
orográficas por medio de la cordillera D’Orbigny
que corre entre el Licancaur y el Granada.

7. Hoya del Toco


Volvamos ahora otra vez a la cordillera Real para
to­mar otros paralelos, comenzando por dar el nom­
bre de Toco o Tenar, del nombre de una carac­te­
rística cumbre de aquella cordillera, a la cuenca que
sigue inmediatamente al sur de la de Laguna Ver­de.
Desde el arranque del cordón Aguas Calientes,
que dimos como límite austral, de aquella laguna
hasta el arranque del cordón que desde Colachi y
Hécar forma el de Chamaca, queda un espacio ári-
do, nunca frecuentado por los viajeros y que con-
tiene algunos salares. Las prolongaciones de Chaj­
nantor y Sapaleri al sur, la limitan por el este en
aquella frígida y desolada región.
Comprende su superficie 175.334 1.753,34

-439-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 439 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Superficies Superficies
parciales totales
8. Hoyas de Lina en hectáreas en km2
Deslindando con éstas por el poniente, se extiende
al naciente hasta la cordillera de Achibarca a Olaróz
y Lina, el mismo campo abierto y estériles páramos
del Toco, en terreno ondulado, que comprende tres
hoyas que se suceden desde el norte, arrancando de
Lina, San Pedro y Poquis hasta las alturas de Catua.
Su superficie total comprende 134.336 1.343,39

9. Hoyas de Caurchari
Esta hoya es importante por sus recursos minerales:
cobre, plata y oro en filones; numerosos lavaderos
de oro y ricos placeres auríferos; grandes depósitos
de borato de cal, etcétera, arroyos de agua dulce y
fuentes termales; pastos y alguna vegetación que
suministra buen combustible.
Su forma es la de un valle muy alargado, cuya
cabecera norte arranca de vertientes del cordón de
San Pedro a Lucho y Coyaguaima, encajonándose
allí el río del Rosario que baja hasta el salar, des-
pués de recoger en su curso los afluentes del Toro,
que baja de Lina y el Pairique Chico, que nace del
nevado de San Pedro.
El salar de Caurchari corre al sur como 80 kiló-
metros, con un ancho medio de 10 kilómetros y por
aquel término opuesto recibe del naciente —proce-
dentes directamente de la cordillera Argentina, por
las alturas de Gallo Muerto—, las arroyadas que for-
man el río de Tocomar, cuya desembocadura da al
punto de las vegas y antigua pascana, propiamente
dicha, de Caurchari.
Según esta configuración hidrográfica, la hoya
de Caurchari hace un martillo en su extremidad
austral, limitada sin interrupción por el oeste con
la cordillera que arranca desde el nevado de Pas-
tos Grandes hasta el nevado de San Pedro; por
el oriente con el cordón que de Coyaguaima se
prolonga al sur separando la hoya de Susques y
siguiendo por Toco, Bávaro o Lares, Hornillos y
Morado, haciéndole aquí el codo al naciente para
entroncar con la cordillera Argentina hasta Gallo

-440-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 440 26-09-12 13:20


hidrografía

Superficies Superficies
parciales totales
Muerto, uniéndose este cerro por Catay a Pastos en hectáreas en km2
Gran­des para cerrar la hoya por el sur.
Las explotaciones de borato de cal han dado lu-
gar a la formación de un pequeño grupo de pobla­
ción a la que se le ha dado el nombre de Siberia,
situado en la orilla poniente del salar.
Por este mismo lado se desprenden otros pe-
queños arroyos como Achibarca, con su cacerío,
las Pailas con sus termas y Olaróz Grande y Chico
con sus lavaderos de oro.
La superficie total de la hoya es de 543.003 5.430,03
Las alturas sobre el nivel del mar andan por
los 4.300 en la cabecera norte del salar y 4.000 en
el salar.

10. Hoya de Chamaca y Río Negro


Partiendo otra vez del poniente contra la gran cor­
dillera, tenemos esta hoya bien conocida de los
viajeros y amadores de ganado que trafican entre
la provincia argentina de Salta y el pueblo de San
Pedro de Atacama.
Por la cordillera corre su límite occidental des-
de el Hécar al Lejía, Socaire a Puntas Negras, cu-
yas estribaciones al SE la limitan por ese viento,
enlazándose con las del cerro Chamaca, al NE, y
de aquí al NO hasta volver al Hécar otra vez, ence-
rrándose, así, como un espacio circular cuyo centro
está ocupado por el salar de cerro Negro y las vegas
del mismo nombre, además del arroyo y vegas de
Chamaca, que corren al mismo centro por el lado
SE de la hoya.
Por el poniente bajan también otros arroyuelos
de aguas dulces que los viajeros y cazadores apro-
vechan.
El salar de Río Negro tiene como 25 kilómetros
de largo por 3 a 4 de ancho y, detrás de éste, al na-
ciente, existe otro más pequeño. Las alturas varían
entre los 4.200 y los 4.350 en estos lugares bajos, y
la superficie total abraza 124.889 1.248,89
Al oriente de esta hoya se suceden los campos
abiertos de Lina que ya hemos descrito y luego

-441-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 441 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Superficies Superficies
parciales totales
las alturas de Caurchari. Volvamos entonces otro en hectáreas en km2
tramo al sur contra la gran cordillera, deslindando
con esta misma, hoy de Río Negro y Chamaca, y
encontramos la

11. Hoya de Puntas Negras


Páramo desamparado que corre al SE, emparedado
entre las altas cumbres que la hacen sombría y
helada, obligando a los viajeros a cruzar por ella tan
de prisa como lo permiten sus medios de movilidad.
Se define muy bien por medio del cordón que se
desprende de Miscanti, en la gran cordillera, y corre
al SE por Puntas Negras hasta enlazarse con Rincón,
para volver desde aquí al NO por el Incahuasi hasta
la gran cordillera, otra vez en el Miñiques
Su superficie comprende 107.088 1.070,88
Hacia el NE de esta hoya abre un campo, entre
las de Río Negro y Rincón, que comunica con los
campos de Lina. Por no ser bien definida la agrega-
remos a Puntas Negras 153.438 1.543,38

12. Hoya del Rincón


El viajero que se dirige desde el poniente al nacien­te, o más bien, desde el NO al
SE, que es la orientación de los caminos más frecuentados que comunican entre sí
a San Pedro de Atacama y la región del Loa con las provincias argentinas, dejada
a Puntas Negras por el lado sur o por el la­do norte de este cordón para caer a la
cabecera norte del salar de Rincón o, más arriba, pasando los altos de Lari, por los
valles de Guaitiquina, pero siempre caerá dentro de más agrestes aspectos en­tre las
arroyadas procedentes de las serranías que circundan aquel gran salar.
Superficies Superficies
parciales totales
Al describir la orografía de esta región, hemos en hectáreas en km2
hecho notar el rasgo saliente de estos cordones obli-
cuos de montañas, que vienen del sur, recorriendo
longitudinalmente la puna y tirando al NO para em-
palmarse con la gran cordillera real de los Andes.
De este rasgo general resulta la orientación obli-
cua de SE a NO, que afectan también estas hoyas
hidrográficas y que así mismo sigue la del Rincón, la
cual, en todo su límite occidental, está definida por la
cadena montañosa que se desprende del nevado de

-442-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 442 26-09-12 13:20


hidrografía

Superficies Superficies
parciales totales
Pastos Grandes por Azufre, Pocitas, Tultul, Rincón en hectáreas en km2
y altos de Lari y hasta el portezuelo de las Perdices.
Ahora, cerrándose por el norte con los bordos
y ondulaciones de los campos de Lina ya citados, la
hoya se cierra por el naciente con el cordón de Ca­
tua, al sur, que vuelve al punto común de parti­da,
el gran nevado de Pastos Grandes, desprendiéndo-
se riachuelos y vegas como los de Catua, los de Fal­
da Ciénaga y otros.
El salar de Rincón, propiamente dicho, tiene
unos 46 kilómetros de largo por 16 de ancho, con
una superficie mojada de 46.078 hectáreas.
La superficie total de la hoya encierra 325.627 3.256,27
Con la extremidad sur de esta hoya estamos
en las mismas latitudes en que termina la hoya de
Caurchari hasta la cordillera Argentina.

13. Hoya de Umorchota


Contra la cordillera real, entre las cumbres de Mini­
ques a Cápur, y al naciente entre el límite austral de
Pun­tas Negras y el boreal de Arizaro, existen las aguas
ter­males de Umorchota, dentro de una cuen­ca que
comprende varios salares y lagunas, co­mo Mi­niques,
Aguas Calientes, Tuyagto y otros, for­man­­do como un
hue­co de caldera trepado en ple­na al­tura de las cordi­
lle­ras.
Es complicado e incierto el definir sus límites,
pero refiriéndolos a las alturas inmediatas se deter-
mina una superficie total de 90.657 906,57

14. Hoya de Arizaro


Se diría del gran salar de Arizaro que es el mar de la puna de Atacama, cubriendo
sus sábanas de agua, sus costras de sal y sus pantanos arcillosos una extensión de
casi 100 kilómetros de largo por 50 de ancho.
Apoya esta vasta cuenca hidrográfica su cabecera norte contra las alturas o
mesetas de Umorcho­ta e Incahuasi, según la cadena oblicua que desde la cumbre
andina de Miniques corre al SE hasta Tultul; al este se deslinda con la cadena de
Macón, Laregrande y Cortaderas; al sur desde este cerro por Navarro y las lomas
de Cavi; al oeste, desde estas mismas lomas, por las de Cori y, de aquí, a la gran
cordillera por el volcán Socompa, Pajonales, Púlar y Coranzoque.
La altura del salar es muy inferior al término medio de 4.000 metros y por sus
orillas se constata siempre entre 3.750 a 3.790 metros sobre el mar.

-443-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 443 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Superficies Superficies
parciales totales
El detalle más importante de esta hoya consiste en hectáreas en km2
en el salar de Incahuasi, que existe en su cabecera
norte y que es lugar de aguas potables, de buenas
vegas y asiento de lamberías; en seguida son nota-
bles algunos arroyos de agua dulce y vegas de gran
utilidad, como Cavi, Cori y Samenta por el ponien-
te; Cortaderas, Laregrande, Olajaca y Chachas, que
corren, en parte, longitudinalmente por el costado
naciente, sin llegar siempre el agua hasta las orillas
del gran lago de sal; en el contorno del mismo y en
sus mismos márgenes, pero con preferencia en las
del naciente, hay otras vegas importantes, como las
del Juncal, Tolar grande y las Burras.
Por último, aparte de la cuenca central y hacia
la cordillera, corre desde los pies del volcán So-
compa al sur, por espacio de 15 a 20 kilómetros,
un arroyo con numerosas vegas y que se extiende
for­mando una laguna y salar del mismo nombre
La superficie total de la hoya de Arizaro es de 1.026,492 10.264,92

15. Hoya de Pocitas


Pasando el límite oriental de Arizaro, desde Tultul
al norte, por Macón y Laregrande hasta Cortaderas,
al sur, y volviendo de aquí al norte otra vez por
Ojo de Colorados, Quebrada Honda y Pocitas
has­ta el mismo Tultul, se encierra entre ambas
cordilleras un largo y angosto salar que mide de 75
a 80 kilómetros de largo por 8 a 10 de ancho, con
numerosas vegas y aguadas en sus contornos, tam­
bién aquí más abundantes del lado oriental, como
las de Pocitas, Quirón, quebrada Honda y el río
Colorado al sur. Por el lado opuesto las de Macón
y Agua Colorada
Superficie de la hoya 329.709 3.297,09

16. Hoya de Pastos Grandes


Desde el límite oriental, de Pocitas hasta la cordillera
Argentina, se extiende en todo su ancho la hoya de
Pastos Grandes, con su cabecera norte en el potente
nevado de su nombre y sus estribaciones al este y
al oeste hasta Gallo Muerto, que ya hemos descrito

-444-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 444 26-09-12 13:20


hidrografía

Superficies Superficies
parciales totales
como límite de la hoya Caurchari. Desde Gallo en hectáreas en km2
Muerto, la cordillera Argentina va por la cumbre
de Capilla, Ciénaga Grande y Jueregrande, desde
donde se desprende una estribación al oeste que
cierra la hoya por el sur hasta la sierra de Copalayo.
Pastos Grandes constituye una hoya de impor-
tancia, con su indispensable cuenca o cavidad cu-
bierta de sal y, también aquí, con abundante borato
de calcio como Caurchari. El salar mide unos 30
kilómetros de largo por 15 de ancho.
De Gallo Muerto se desprenden arroyadas, frías
y termales, que se reúnen para formar el río de Pas-
tos Grandes que da lugar a lagunas de alguna im­por­
tancia por su profundidad y extensión.
Por el ángulo NO de esta hoya, cuya forma es
casi cuadrada, hay las vegas y laguna Colorada y
las de Quiron.
Su altura llega a los 4.000 metros en la parte
plana donde está el pueblo de Pastos Grandes
Superficie de la hoya 313.937 3.139,37

17. Hoyas de Pozuelo y Telar


Es una concavidad que queda hacia la parte sur,
entre Pocitas y Pastos Grandes, más baja que esta
última y como si formara parte de la misma
Su superficie es de 68.025
Siguen, siempre al sur y como desagües de la
hoya anterior, una serie de concavidades que se
pro­longan por el lado occidental del cordón de Co­
palayo; y el oriental de Ojo de Colorado a Corta­
de­ras, formando vegas y salares angostos y de corta
extensión que llevan los nombres de Tolar, Tolar
chico y Tolillar, encerrando entre todos una super-
ficie de 86.875 1.549,00

18. Hoya de Río Grande


Esta hoya deriva su nombre de un estero o arroyo
re­lativamente abundante que baja de la gran cor­
dillera y se consume en el respectivo salar. Esa
re­gión es de suma esterilidad y de difícil explo­
ración, casi del todo desconocida y que ningún

-445-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 445 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Superficies Superficies
parciales totales
interés des­pierta en los moradores de la puna para en hectáreas en km2
aventurarse en ella.
Está deslindada al oeste, por la gran cordille-
ra, desde el macizo de Aguas Calientes por el vol-
cán Lastarria hasta el Llullaillaco; desde allí sigue
el deslinde sur de Amaro y éste del mismo hasta
Achi­barca, cuya cumbre se liga hacia el oeste con
el mismo Aguas Calientes
Superficie 481.744 4.817,44

19. Hoya de Aguas Calientes


También en la misma región cordillerana de la an­
te­rior, pero más conocida, porque por ella cruzan
los caminos que desde la Argentina y Antofagasta
de la sierra buscan las oficinas salitreras y puerto
de Tal­tal.
Deslinda, pues, al norte, con Río Grande; al
oeste, con la gran cordillera de Aguas Calientes
has­ta el punto intermedio entre el salar de la Isla y
la Laguna Amarga (al oeste de la cordillera y fuera
de la puna), de donde arranca el límite del departa­
mento de Taltal; desde aquí se cierra por el sur
contra el cordón de quebrada Honda que la limita,
tam­bién, por el este.
Comprende un angosto salar y lagunas que se
ex­tienden de sur a norte y que reciben corrientes
de aguas termales ferruginosas muy visitadas como
baños medicinales.
Superficie 600,578 6.005,78

20. Hoya de Lagunas Bravas


Es el largo y frígido páramo que los viajeros de uno
de los más antiguos caminos entre Copiapó y Salta
se veían obligados a seguir por ser más corto y más
directo.
Deslinda también con la gran cordillera que al
oeste corre por la Piedra Parada hasta el Juncali-
to, pero se encierra también entre ésta y el cuerpo
principal de la cordillera de los Andes, que arranca
de San Francisco hasta Los Colorados, cuyas estri-
baciones se unen con la gran cordillera de Llullai-

-446-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 446 26-09-12 13:20


hidrografía

Superficies Superficies
parciales totales
llaco por Aguas Calientes, conforme lo hemos ya en hectáreas en km2
descrito en la orografía.
Sin embargo, así deslindada por el sur, desde el
Juncalito al entroncamiento de las prolongaciones
de San Francisco al norte, forma parte integrante
de la puna y ocupa su ángulo o rincón del SO.
Comprende cuatro lagunas de aguas saladas que
se comunican entre sí, formando figuras y contornos
muy irregulares.
Su altura es de 4.000 metros y su superficie 157.118 1.571,18
A esta hoya podemos agregar la alta meseta
que se extiende al naciente hasta deslindar con An-
tofaya y que arranca desde el sur en los nacimien-
tos limítrofes con la vega de San Francisco 194.346 1.943,46

21. Hoya de León Muerto y Colorado


Se extiende oblicuamente al NE de Colorados,
contra la vertiente oriental del cordón de quebrada
Honda y al poniente de Antofaya. Dos arroyos de
agua dulce que bajan del oeste, vegas y algún abri­
go, son sus mejores condiciones.
Superficie 64.646 646,46

22. Meseta de los Colorados


Al SO y sur de la hoya anterior se extiende un te­
rreno elevado, barrido por los vientos en todas las
direcciones y de una inclemencia y esterilidad ab­
soluta.
Esta llanura ocupa la parte sur y central de la
puna
Su superficie abraza 58.826 588,26

23. Hoya de Potrero Grande


La cordillera de Antofaya por el este, la sierra de
quebrada Honda por el oeste, las estribaciones de
Co­lorados por el sur y las de Antofaya y quebrada
Honda por el norte, encierran una cuenca impor­
tan­te por sus recursos y sus valles abrigados y pas­
to­sos.
Alguna vegetación, cachiyuyos y breas de her-
moso verde plateado; un arroyo con pretensiones

-447-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 447 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Superficies Superficies
parciales totales
de río, vegas extensas y aguas excelentes, hacen ha- en hectáreas en km2
bitable aquel paraje no sólo para transeúntes, sino
también para moradores permanentes que allí vi-
ven de la crianza de ganados, de la caza de vicuñas
y de algunos cultivos.
Superficie 63.295 632,95

24. Hoya de los Patos


Todavía queda un hueco más en esta sección sud­
occidental de la puna de Atacama: una pequeña
cuenca encerrada al norte de la anterior, al pie del
Achibarca, de los nevados de Antofaya y de la que­
brada Honda por el oeste.
Comprende en su centro la laguna de los Pa-
tos, que es salada, pero a la que le entran pequeños
arroyos de agua dulce.
Superficie 46.125 461,25

25. Hoya de Antofaya


Esta hoya corresponde a la gran grieta longitudinal
que recorre toda la extensión de la puna en direc­
ción al norte NE, en exacto paralelismo con la cor­
dillera Argentina que la limita por el oriente. Esta
gran grieta longitudinal arranca al pie del volcán
Peinado y continúa a lo largo de todo el salar y
valle de Antofaya, después por el de Pocitas y por
úl­timo al de Caurchari. Así, no habría más que re­
banar los dos istmos que los separan entre sí para
tener a toda la puna dividida longitudinalmente
por un solo canal o profundo valle. Los límites de
la hoya de Antofaya se reducen a las dos cordilleras
ya descritas que la encajonan por el este: desde el
por­tezuelo de la Chucula por Cueros de Poruya,
Oi­re, Calalaste o Achi e Incahuasi y, por el oeste,
por la cordillera de Antofaya y sus prolongaciones;
al sur, casi por un punto, detrás del Peinado, y al
nor­te igualmente por un pliegue entre los cerros de
Navarro y las Cortaderas.
El salar toma como 135 kilómetros de largo
por 5 a 6 de ancho, y por sus pendientes bajan a
su profundo cauce numerosos riachuelos y arroyos

-448-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 448 26-09-12 13:20


hidrografía

Superficies Superficies
parciales totales
que forman vegas y pastales extensos en sus márge- en hectáreas en km2
nes de uno y otro lado. Así se encuentran, primero
por el oriente, comenzando por el sur, el río Agua
Dulce, la Brea, las abundantes vegas de Loroguasi,
Quinoa y Botijuelas, con lozanos pastos y arbus-
tos; el río de Antofaya que baja del gran macizo
volcánico, Cuevitas, Onas, Puntas Negras, etcétera,
y por el este, comenzando también por el sur, son
importantes el río de las Minas, Agua Escondida,
río Colorado y Cortaderitas, etcétera y, por último,
la quebrada del Diablo, hecha famosa en mapas
erróneos e incompletos que le han dado un carác-
ter de importancia geográfica y notable punto de
demarcación natural que no tiene absolutamente
y ha servido, así, como referencia necesaria en las
cuestiones internacionales.
Superficie 460.135 4.601,35
Al pie del gran macizo del volcán se extiende
hacia el sur una altiplanicie estéril y completamen-
te volcánica, ocupando una superficie de 20.892 208,92

26. Hoya de Ratones


Deslindando por el norte con Pastos Grandes, se ex­
tiende por el este hasta la cordillera limítrofe ar­gen­
ti­na, la cual, así como en Susques, pero en sen­tido
con­trario de la corriente de las aguas, que aquí no
salen, sino que entran a la puna, corta por ella dis­
tri­buyendo su extensión a uno y otro lado de la mis­
ma, pero siendo muy reducida la del lado ar­gentino.
De esta manera, los contornos de la hoya son:
por el norte, desde Copalayo hasta Jueregrande;
por el este la cordillera argentina desde Jueregran-
de a cerro Blanco, cerro Gordo, Aguas Calientes y
nevado de Diamante y Mecara; por el sur las altu-
ras del Diamante por Cancha Argoya a Hombre
Muerto, y por el oeste Falda Ciénaga, alturas de
Incahuasi y la serie de cerros que sirven de bordo
al salar por Gallegos, Tolar grande, Chuculai, Bel-
quebil y Copalayo.
Hombre Muerto y Acazoque son los nombres
locales que los viajeros han dado a la parte oriental

-449-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 449 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Superficies Superficies
parciales totales
norte y a la orilla occidental sur del salar, que son en hectáreas en km2
las de mejores recursos y abrigo.
Como río importante figura el de los Patos, que
tiene sus nacimientos cordillera adentro, en territo-
rio argentino, el cual recibe las aguas termales del
Aguas Calientes, cuyos orígenes nacen en el Dia-
mante, con dos afluentes principales: el Ojo Gran-
de y el Ojo Chico, donde se encuentran las termas.
Al pie del Diamante hay una laguna pequeña
que lleva el mismo nombre, alimentada por un
arroyo de agua dulce.
El salar es de forma cuadrada y mide por sí so­lo
88.600 hectáreas, siendo de 4.260 metros su al­tu­ra
sobre el nivel del mar.
Superficie total de la hoya 405.076 4.050,76

27. Hoya de Icara


Contigua a la de Ratones y, al oeste, existe una pe­­
que­ña cuenca con su correspondiente salar, en­ce­
rra­da entre el Incahuasi, la Falda Ciénaga y el gran
ma­­cizo de Mojones.
Por un portezuelo bajo que existe al oeste del sa­
lar, va el camino real a Antofaya, formándose, a la al-
tura de dicho portezuelo, una meseta que arran­ca del
pie de Mojones y corre al norte hasta la ex­tremidad
del salar de Antofaya.
La hoya de Icara tiene superficie de 30.048 300,48
La meseta de Mojones tiene superficie de 59.406 594,06

28. Hoya de Antofagasta


Tal es el nombre de la más importante región de la
puna de Atacama, que era asiento del corregidor y
principal grupo de población, de cultivos y transac­
ciones entre ganaderos, estancieros y cazadores.
El presidente boliviano Melgarejo, durante el pe-
ríodo de su vergonzosa dictadura, exhibió pretensio-
nes a la posesión de ese territorio, y con títulos bue-
nos o falsos quiso legitimarlas. Ocurriendo esto por
los años del descubrimiento de Caracoles, cuando se
echaban los cimientos de un puerto marítimo en el
Pacífico, inmediato a la caleta de la Chim­ba, ordenó,

-450-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 450 26-09-12 13:20


hidrografía

Superficies Superficies
parciales totales
en corroboración de sus derechos al feudo de Anto- en hectáreas en km2
fagasta, que llevara ese mismo nom­bre el flamante
puerto que hoy es asiento de numerosa población y
considerable movimiento co­mercial e industrial.
Deslinda al norte con la hoya de Ratones y al
es­te con las sierras de Hombre Muerto, Cancha
Ar­go­lla, e Ilanco; al sur corre por estribaciones y
pe­queñas alturas que de esta cumbre se dirigen al
vol­cán Alumbrera, encerrando la laguna y pueblo
de Antofagasta hasta el cerrito la Falda, y desde allí
has­ta las alturas al sur del portezuelo del Diablo;
por el oriente la cordillera de Calalaste.
De las alturas que la limitan por el norte se
des­prenden arroyadas de abundantes y excelentes
aguas, como las que nacen de Ilanco, formando el
arroyo de Putas, con curso al oeste hasta el mismo
pue­blo donde se reúne el río principal; las que deri-
van del Niriguasa, que desemboca por el arroyo de
este nombre en el Trapiche; las que vienen desde el
Toconque y Cancha Argolla y se juntan en Chorri-
llos con los de la Panilla.
Por otro lado, hacia el oeste, los nevados de
Mojones dan origen a otro riachuelo que se aumen-
ta con pequeños afluentes que bajan de Calalaste,
dando lugar a grandes vegas que son criadero de
ganados y a la laguna Colorada.
El arroyo y vegas de la Falda y, por último, los
extensos campos cubiertos de pastos y su grande y
her­mosa laguna al pie de los bancos de lava, comple-
tan un paisaje pintoresco y una región cordi­llerana
capaz de dar asiento a una población de re­gular im-
portancia y a transacciones de alguna con­sideración.
Se da bien la alfalfa; se logra el maíz y el trigo,
la hortaliza se cultiva sin inconveniente y la papa
común encuentra allí su propio clima y suelo.
Superficie 249.541 2.495,41

29. Hoya de Carachapampa


Se extiende sobre el mismo campo de la anterior,
al sur, deslindando por el este con toda la cordillera
limítrofe de la puna, desde el Diamante que gira al

-451-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 451 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Superficies Superficies
parciales totales
SO y sur hasta las estribaciones del gran nevado en hectáreas en km2
de San Francisco, al norte, en la Chucula, Negro
Muerto y Buenaventura. Por allí parte su límite
occidental según el cordón de Antofaya al naciente,
donde se extienden las vegas de Cortaderas, Inca­
hua­si, Aguas Blancas, Cuevas de Poruya y diver­sos
salares y lagunajos.
Semejante al volcán Alumbrera, hay también
en su centro el Carachapampa, igualmente apaga-
do y que no es sino uno más en la constelación de
conos volcánicos de reciente data que cubren toda
esta alta región de los Andes.
Del norte y NE bajan hacia este punto central
del volcán y de las grandes vegas de Carachapam-
pa los ríos del Peñón, el Jote y Colorado.
Superficie 625.110 6.257,10

Resumen general
con indicación de la hoya principal y de las que le son anexas

Superficies Superficies
parciales en hectáreas totales en km2

1. Hoya del Huasco (al norte del río) 58.345 583,45


2. Hoyas de Carrizal:
Carrizal 129.099
Higuera (en la costa, al norte) 14.570
Quebrada Honda (en la costa, al norte) 4.715 1.483,89
3. Hoyas del Totoral:
Matamoros (en la costa, al sur) 2.056
Los Burros (en la costa, al sur) 2.552
Quebrada Mala (en la costa, al sur) 2.766
Totoral 554.786 5.621,60
4.— Hoyas de Bahía Salada:
Bahía Salada 192.332
Barranquillas 35.150 2.274,81
5.— Hoyas de Copiapó:
San Francisco (cordillera) 187.655
Maricunga 161.212
Astaburuaga 171.463
Negro Francisco 57.657
Copiapó 1.779.050
Caldera 188.075 25.451,12

-452-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 452 26-09-12 13:20


hidrografía

Superficies Superficies
parciales en hectáreas totales en km2

6. Hoyas de Flamenco:
Totoralillo 15.637
Morado 84.725
Potrero 35.967
Flamenco 275.292
Las Ánimas 16.675 4.282,96
7. Hoyas de Chañaral o del Salado:
Chañaral y Toro 8.122
Pedernales 424.071
Infieles 51.981
Piedra Parada 67.578
Salado 696.532
Agua Hedionda 4.062
Peralillo 63.250
Castillo 1.875
Coquimbo 5.312 13.237,83
8. Hoya de Pan de Azúcar:
Bosón 301.999
La Isla 22.141
Agua Salada 10.017
Pan de Azúcar 626.706 9.608,63
9. Hoyas de la Cachina:
Cachina 203.160
Guanillos 4.950
Triguillos 8.075 2.161,85
10. Hoyas de Cifunchos:
Leoncito 6.704
Cifunchos 231.718
Gritón 4.115 2.425,37
11. Hoyas de Taltal:
Infieles 9.200
Taltal 512.195
Potrero 25.375
Cascabeles 175.500
Bandurrias, Tunas y Quebrada Grande 39.275 7.615,45
12. Hoyas de Paposo:
Paposo 158.975
Rinconada 2.550
Leoncitos 3.675
Médanos y Cañas 8.800
Panul y Cordón Quemado 3.171
La Plata y Colorada 13.675
Izcuña 101.525 2.923,71

-453-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 453 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Superficies Superficies
parciales en hectáreas totales en km2

13. Hoyas de Remiendos:


Remiendos 51.862
Lobo Muerto 18.662
Bolfin y Agua Dulce 23.700 942,24
14. Hoyas de Antofagasta:
Jorjillo 27.437
Pajonal o Laguna Amarga 146.905
Puntas Negras y Rio Frío 689.723
Guanaqueros 13.000
Imilac 45.730
Antofagasta o Quebrada de la Negra 2.951,887
Bahía Jorge 67.125
15. Hoyas marítimas diversas:
Mejillones 166.565
Chacaya 52.725
Panizos Blancos 24.050
Leoncito 18.012
Cobija, Tames y Gatico 125.575
Tocopilla, Manilla, Pagnica hasta el Loa 152.720 5.396,47
16. Hoyas del Loa:
Meseta del Quimal 156.625
Loa 2.157,804 23.144,29
17.— Hoya de San Pedro de Atacama 1.510,323 15.103,23
Gran total en kilómetros cuadrados 161.674,97

Resumen de las hoyas de la puna de Atacama

1 Hoya de Laguna Verde 393.750 3.937,50


2 Hoya de Chajnantor y Guaillagno 117.363 1.173,63
3 Hoya de Sapareli 115.086 1.150,86
4 Hoya X 9.375 93,75
5 Hoya de Lagunas 130.012 1.300,12
6 Hoya de Coyaguaina 102.166 1.021,66
7 Hoya del Toco 175.324 1.753,34
8 Hoyas de Lina 134.336 1.343,36
9 Hoya de Caurchari 543.003 5.430,03
10 Hoyas de Chamaca y Río Negro 124.889 1.248,89
11 Hoyas de Puntas Negras 260.526 2.605,26
12 Hoya del Rincón 325.627 3.256,27
13 Hoya de Urmochota 90.657 906,57
14 Hoya de Arizaro 1.026,492 10.264,92
15 Hoya de Pocitas 329.709 3.297,09
16 Hoya de Pastos Grandes 313.937 3.139,37

-454-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 454 26-09-12 13:20


hidrografía

Superficies Superficies
parciales en hectáreas totales en km2

17 Hoya de Pozuelos y Tolar 154.900 1.549,00


18 Hoya de Río Grande 481.744 4.817,44
19 Hoya de Aguas Calientes 600,578 6.005,78
20 Hoya de Lagunas Bravas 351.464 3.514,64
21 Hoya de León Muerto y Colorados 64.646 646,46
22 Meseta de los Colorados 58.826 588,26
23 Hoya de Potrero Grande 63.295 632,95
24 Hoya de los Patos 46.125 461,25
25 Hoyas de Antofaya 481.027 4.810,27
26 Hoya de Ratones 405.076 4.050,76
27 Hoya de Icara 89.454 894,54
28 Hoya de Antofagasta 249.541 2.495,41
29 Hoya de Carachapampa 625.110 6.251,10
Total de kilómetros cuadrados 78.640,48

Resumen general

Desierto y cordilleras de Atacama 161.674,97


Puna de Atacama 78.640,48
Gran total en km2 240.315,45

Las partes de hoyas hidrográficas que la línea del pacto de tregua con Bolivia
deja fuera de la jurisdicción chilena, y que están incluidas dentro del gran total
anterior, suman una superficie de 2.262,45 kilómetros cuadrados.

-455-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 455 26-09-12 13:20


002 Mapa encarte.indd 1 12-07-12 14:02
ÍNDICE

Presentación v
Francisco San Román y su obra por José Antonio González Pizarro ix
EL DESIERTO Y CORDILLERAS DE ATACAMA 3
Itinerario de las exploraciones
I Junio a diciembre de 1883. En Copiapó. Preliminares y leyendas. Pu-
quios. Entrada en campaña. Pueblo Hun­dido. El desierto. Nota al Mi-
nisterio del Interior. La Florida. Carrizalillo: minas, establecimientos,
etc. Plan de cateo. El agua. Descubrimiento de Esmeralda. Barranca-
les: percance. Poesía de mineros. Minas: Exploradora y Juncal. Fenó-
meno luminoso. Camino del Inca. Los aragoneses Leite. Geología. Apre-
mio. Jornada nocturna. Calicheras de Taltal. Etnología en las cumbres.
¡El mar! Nota al Ministerio del Interior. 9
II Enero a junio de 1884. Obstáculos. De Copiapó a San Antonio. Dar-
win: geología. La electricidad en las cumbres: accidente. Notas. En los
Andes: el primer hito internacional. La primera carretera trasandina:
Indalecio Castro. Aspectos: fenómenos meteorológicos. Cambio de iti-
nerario: rumores peligrosos. De Maricunga al Azufre: se confirman los
rumores. El diario de viaje. Cumbre de la Coipa: orientaciones. La ta-
rea de las colecciones. El sistema oolítico: reflexiones geológicas que
despierta. El guía Salvatierra. Terremoto. La Piedra Parada. Salinas y
yeseras. Lagunas Bravas. El Panteón de Aliste. Palacio encantado. Cla-
sificación de las rocas. Clasificación petrográfica. De Pedernales aba-
jo. El agua: pique de la Buena Esperanza. De Tres Puntas a Las Áni-
mas. Caracteres geológicos de la costa en Chañaral. En Chañaral: vuel-
ta a Caldera. 33
III De julio a diciembre 31 de 1884. Decadencia y esperanzas. Aspectos
orográficos. Excursiones al norte de Copiapó y Caldera. Percances de
la triangulación. Orientaciones. Siempre por la cos­ta al norte. Nota al
ministro del Interior. Fin de la tercera campaña. 69
IV De enero a abril de 1885. La cuarta campaña. Industria mortífera. La
ilusión de Remolinos. La quebrada de Carrizalillo. En la cumbre del

-459-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 459 26-09-12 13:20


desierto y cordilleras de atacama

Vidal Gormaz. Oporto demasiado hervido. Excursión peligrosa. Dis-


persión. 81
V De abril a julio de 1885. De Taltal a Rio Frío. Chululeras. En el cráter
del volcán Lastarria. Ascen­sión al Chuculai. Los Andes de la puna. He-
catombe. En Tilomonte. La lengua cunza. Los pueblos cordilleranos:
Toconao. San Pedro de Atacama. El Fuerte. San Bartolo y sus minas.
Panorama. La gruta de Doña Juana. La travesía del bordo. A Caraco-
les. Trabajos y reflexiones al caso. El desierto: los cateadores de Díaz
Gana. Resumen y término de la quinta campaña. 91
VI De julio a diciembre 31 de 1885. Observación pertinente. Decadencia
y porvenir. Minas de bordos. Interesante travesía. Bellezas del desierto. Al-
rededor de Chañarcillo. Hoya hidrográfica de Garín. Orografía. El leña-
dor. Excursión por la cordillera Darwin. De Tres Chañares a Copiapó.
La quebrada de Paipote y su geología. Conclusión del año de 1885. 113
VII De enero abril de 1886. Geología del valle copiapino. Sobre publici-
dad y propaganda de la industria minera. Subdivisión territorial. De Val-
paraíso a Tocopilla: hidrografía marítima. Geología de la costa. Cuestio-
nes de estratigrafía. La formación salitrera del Toco. 127
VIII De abril a julio de 1886. Nueva campaña a la cordillera: Calama. As-
pecto general. Grandezas relativas. Arqueología. Géiseres: Volcanes de
agua y barro. Arquitectura geológica. Nombres propios del cunza. La
puna y sus moradores. Caracteres físicos y geológicos. La cuestión de lí-
mites en la industria boratera. Hidrografía y volcanismo. Extraño tipo
humano: cómo se trata a los indígenas. Impresiones al pie de un volcán.
Chorrillos: hospitalidad chilena. En Caurchari: espejismo doble. Neva-
da y catástrofe. De Atacama a Calama: espectáculos de la travesía. 145
IX De julio de 1886 a 1888. Exploraciones de detalle: lo de siempre. Nue-
va campaña por la puna. Región volcánica de Antofagasta. Campos de
lava. Excursión al norte. Antofagasta y su lago. Excursiones al sur. No-
che de aventuras. Minas y trapiche de Antofalla. Pastos Grandes: men-
sura de borateras. Siberia: otras mensuras. Región aurífera: el Rosario.
De Coyaguaimas a Zapaleri. Término de la campaña y vuelta a Cala-
ma. El Guanaco y sus minas de oro. Termina el año de 1887. 167
X Enero a diciembre de 1888. Se refunde la Comisión Exploradora de
Atacama en la Dirección General de Obras Públicas. Nuevas excursio-
nes. Carrizal Alto. Excursión general. Desde Punta Tetas. Planes y pro-
yectos. 183
XI Enero a diciembre de 1889. Hidrología. Cerro Blanco. El manganeso
de Chile. El principio de algo. 189
XII De enero a diciembre de 1890. Revista de la Dirección General de Obras
Públicas. Viajes de instrucción de los estudiantes de Matemáticas de la
Universidad. Estado de los trabajos a fin del año. 193
XIII Enero a julio de 1891. El principio de 1891. El cumplimiento del decre-
to de 1883. Delegación al Congreso Internacional Geológico de Washing-
ton 209

-460-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 460 26-09-12 13:20


índice

GEOGRAFÍA GENERAL
Geografía general 215
LEVANTAMIENTO DEL MAPA GEOGRÁFICO
Levantamiento del mapa geográfico 229
OROGRAFÍA
Orografía 347
HIDROGRAFÍA
Hidrografía 403

-461-

Desierto y cordilleras de Atacama.indb 461 26-09-12 13:20


Desierto y cordilleras de Atacama.indb 462 26-09-12 13:20

También podría gustarte