Resumen Parcial Mio
Resumen Parcial Mio
TP 2. La perspectiva histórica de la orientación y las teorías de la elección para introducir la concepción actual de esta
especialidad.
La orientación es una práctica que acompaña, promueve y posibilita la construcción de proyectos vitales, que involucran
cuestiones académicas, laborales o de tiempo libre. Proyectos que puedan vincular a cada sujeto con su deseo en los
diversos momentos y contextos de su vida.
Primera afirmación: pensamos la orientación desde el paradigma de la complejidad planteado por Edgar Morin. Desde este
paradigma los elementos se interrelacionan de modo tal que nada puede pensarse separadamente. Hay complejidad
cuando son inseparables los elementos diferentes que constituyen un todo y cuando existe un tejido interdependiente
entre el objeto de conocimiento y su contexto, entre las partes y el todo. El paradigma de la complejidad, al plantear la
multidimensionalidad, aporta la realidad de sistemas abiertos y no cerrados. Sistemas en permanente intercambio, cada
uno de sus componentes puede cambiar y esto actúa sobre los otros componentes o es influido por ellos. Toda teorización,
toda intervención y todo sujeto deben ser pensados en estos términos. Ejemplo sencillo: pensar intervenciones en escuelas
vulnerables, ofertando opciones educativas o laborales, sin considerar la distancia y los costos de ese recorrido para esos
sujetos, puede ser –más que alentador y fuente de información- una intervención que genere frustración.
Segunda afirmación: el centro de nuestra tarea es el sujeto. Él es el protagonista en tanto son sus inquietudes, deseos,
movimientos, posibilidades los que trazan nuestro trabajo. Abordamos la subjetividad desde una perspectiva
desustancializadora, esto implica pensar en términos de fluidez y multidimensionalidad de los procesos y los movimientos
de constitución subjetiva, alejándonos de una concepción esencialista, estática y totalizadora. Esta concepción hace pie en
lo relacional, como efectos de los procesos de intercambio, donde lo intrageneracional e intergeneracional son factores que
producen identidad. Así, pensamos lo joven, lo adolescente y lo adulto, como expresiones de un devenir subjetivo
constituido por historia, memoria, identificaciones, inscripciones. Devenir, no lugares estancos o puntos de llegada. En
tiempos de fluidez y cambio, los proyectos son tramos del recorrido vital, sujetos a modificación y revisión en cada
momento. La subjetividad se construye en relación con el otro y en la diferencia. El trabajo de la orientación es entonces
apostar a aquello que el sujeto pueda revisar, reflexionar, cuestionar para trazar el recorrido de cada momento,
considerando todos los aspectos que hacen a su realidad y como se vincula con ella.
Tercera afirmación: tarea del orientador, legalidades y oportunidades. El orientador es un trabajador de la salud y su
quehacer se enmarca en la ley nacional de salud mental (y otras leyes más, ejemplo genero). La salud mental es un derecho
y la prioridad preservarla promoviendo espacios de integración, no de exclusión, cuidando la libertad del sujeto y su
posibilidad de elección a la vez que garantizar las condiciones para que esto se desarrolle. Entiende como prioritario en esta
tarea el abordaje interdisciplinario e intersectorial basado en la atención primaria de la salud. Esta interdisciplinariedad e
intersectorialidad nos reenvían al paradigma de la complejidad, a la necesidad de trabajar con otros, en distintos contextos,
intercambiando lenguajes, estrategias, miradas. El orientador es el lugar de quien acompaña, desde un bagaje profesional,
que permitirá esclarecer, destrabar, abordar opciones en ese recorrido. Este rol implica formación, actualización y sobre
todo la posibilidad de hacer una lectura e instrumentación de todas las variables que intervienen.
Cuarta afirmación: la orientación incluye diferentes ámbitos y niveles de intervención. Desde el modelo teórico operativo se
proponen distintos niveles de intervención en relación a la demanda y alcances de cada intervención. Desde el concepto de
proceso, con sus diferenciaciones: macro, micro y proceso especifico. En relación a lo macro, hablamos de contextos,
significaciones, identificaciones que caracterizan, enmarcan, delimitan e influyen determinada realidad que vamos a
abordar. Por ejemplo: características, expectativas, roles, legalidades, valores. Esta población atraviesa cambios diversos,
comunes a todos y particulares a la realidad que transitan, a saber retiro o jubilación, aquí hablamos de microprocesos.
Estos microprocesos nos abren oportunidades para intervenir, permiten espacios de reflexión y anticipación. En estas
situaciones puede haber demandas institucionales, explicitas o no, que nos convoquen a trabajar. Por último, tenemos el
proceso especifico o abordaje clínico de la orientación, que solo se inicia a partir de una demanda personal de un sujeto que
requiere ayuda para poder decidir o construir un proyecto.
Distintos autores han llevado a cabo diferentes clasificaciones de periodos o etapas en el proceso de la orientación
vocacional. Estas estructuraciones de cada autor confirman que no hay criterios totalmente objetivos a la hora de delimitar.
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Comprende los años desde los principios de siglo hasta la primera guerra mundial y se caracteriza por la aparición de una
orientación basada en la práctica y con una preocupación humana, social y educativa, de sesgo filantrópico (de ayuda). Se
trataba de afrontar toda una reforma social que comportaba grandes cambios de tipo social y económico provocados por la
industrialización, los avances tecnológicos, la reconversión, la higiene y seguridad en el trabajo, la inmigración, etc. Todo
ello creo el contexto propicio para la aparición de la orientación profesional como actividad de ayuda con atención especial
a los jóvenes desempleados que tenían dificultades en su integración y en su adaptación social.
En este contexto de carencias sociales aparece en Norteamerica (EEUU) la figura de Parsons, persona preocupada por las
desigualdades sociales. La situación social le decide a ayudar a los jóvenes de medios desfavorecidos a elegir una profesión.
Se da cuenta de que el problema es que la escuela no proporciona la ayuda que los jóvenes necesitan en su elección
ocupacional y busca atenderlos. Con ello, pretendía paliar los efectos de la industrialización. Creía que la educación podría
ser un elemento primordial donde se podrían integrar los conceptos vocacionales. Parsons presenta los tres supuestos
sobre los que se basa su modelo de la orientación profesional: a) autoconocimiento de sus aptitudes, habilidades, intereses,
expectativas, limitaciones b) conocimiento del mundo profesional y ocupacional c) relación entre el autoconocimiento y el
conocimiento de todo lo que le rodea a nivel profesional y ocupacional. El no pretendía un mero ajuste hombre-ocupación
son al contrario, que la ocupación se adaptara a las características del propio individuo. Al modelo de Parsons se le
atribuyeron dos aportaciones: 1) la gran importancia que dio al análisis y diagnóstico de las potencialidades del individuo
ante la elección vocacional a través del autoconocimiento y mediante la utilización de una gran variedad de materiales y
técnicas 2) el considerar la orientación profesional como un hecho puntual que tenía lugar cuando se tenía que efectuar una
elección profesional.
Durante este periodo se produjeron eventos que contribuyeron al desarrollo y afianzamiento de la orientación profesional,
aun sin unas bases científicas y teóricas claras, que había que buscar en otras disciplinas para diseñar las intervenciones.
Tanto en EEUU como en Europa la orientación profesional aparece muy vinculada a factores sociales y económicos. Se ha de
destacar que desde los inicios en EEUU se la denomino orientación vocacional y en Europa orientación profesional,
denominaciones que se mantienen en estos momentos.
Este periodo viene marcado por una serie de acontecimientos bélicos (las dos guerras mundiales) y socio-económicos, que
además de producir cambios en la sociedad, dieron lugar a nuevas concepciones del proceso orientador representadas en
tres A) la orientación como selección profesional B) la orientación como ayuda individualizada C) la orientación como
proceso educativo.
A) la orientación como selección profesional. Esta concepción viene representada por el movimiento psicométrico
americano y el desarrollo de la psicotecnia en Europa, que experimenta su expansión y consolidación durante la primera
guerra mundial. Su desarrollo se ve acelerado por las circunstancias de las dos guerras (selección y reclutamiento de
jóvenes para el ejército, escasez de mano de obra y reinserción de los veteranos de guerra). La orientación se basaba en
adecuar a los individuos a sus ocupaciones, es decir seleccionar y ajustar gente a puestos de trabajos. En consecuencia, se
ponía énfasis en las dimensiones diagnosticas (test colectivos y factores de aptitudes) y en la información profesional y
ocupacional, desestimándose la dimensión del proceso de reflexión y de relación orientadora. La orientación se alejaba de
su papel de ayuda y de reforma social y simplificaba su función al ajuste y selección.
B) la orientación como ayuda individualizada. Comienza la preocupación por la evolución que iba experimentando el
individuo y en consecuencia sus problemas personales. Esto trae la necesidad de servicios se asesoramiento personal, de
adecuación y de selección profesional. Comienza a tomar carta de naturaleza el movimiento del counseling, considerado
como una técnica de ayuda individual en el proceso de orientación profesional. Es decir, que la orientación además de
seguir con sus funciones de adecuación y selección profesional, amplía su campo de acción e incorpora el asesoramiento
individual para aquellos individuos que necesitan algún tipo de ayuda o asistencia psicológica. Esta concepción
experimentará un fuerte impacto con la llegada de los veteranos de la segunda guerra mundial, que necesitaban asistencia
psicológica a sus problemas de neurosis, inadaptación, traumas físicos y psíquicos. Así, la relación de ayuda pasa a ser
función prioritaria y da lugar al desarrollo de técnicas en psicoterapia, de ayuda y de asesoramiento, poniendo el énfasis en
lo personal. Se pasa de dar un diagnostico basada en tests a dar un gran protagonismo a las entrevistas y a las relaciones
personales. El centro del proceso orientador es el sujeto y se empieza a tener en cuenta sus necesidades y problemas.
C) la orientación como proceso educativo. Fue un movimiento en donde se buscaba acerca la orientación a la educación.
Algunos autores sostenían que no debía reducirse a la información ocupacional, sino también ayudar al alumno en su
opción de estudios. Se incorpora el proceso de ayuda individualizada a su función orientadora de distribución de los
alumnos en las diferentes materias. Otros autores sostenían que la orientación era sinónimo de educación, y que se trataba
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de preparar al sujeto para la vida adulta, para ello nada mejor que utilizar el curriculum para introducir conceptos
vocacionales, personales y educativos. El orientador aparece como un educador.
Durante este periodo fueron dos los enfoques teóricos que representaban a dos concepciones de la orientación profesional
distintas: el enfoque racional y directivo (rasgos y factores, exponente Williamson) y el enfoque no directivo (exponente
Rogers).
Es un periodo de rápida expansión de la orientación y una diversidad de planteamientos que producen conflictos de
identidad. El orientador dejará de considerarse un técnico en psicometría, en diagnóstico, etc para considerarse un
profesional, una persona formada para ayudar al sujeto a afrontar su proceso, donde la realidad personal, educativa y
vocacional estará presente. Se divide este periodo en dos etapas.
A) década de los cincuenta: la orientación adquiere mayor amplitud, pasa de ayudar a una persona a elegir una ocupación, a
desarrollar en el sujeto elementos de reflexión que le permitan afrontar su propia orientación a través de la relación
personal. El movimiento del counseling individual influyo en el desarrollo de la orientación personal, incidiendo sobre la
problemática emocional y afectiva del individuo a través de técnicas psicodiagnósticos y terapia. Igualmente se produce un
cambio profundo, se pasa de interpretar la elección vocacional como un hecho puntual y estático a una concepción de
orientación profesional como proceso de ayuda durante toda la vida del individuo. Los trabajos de Super marcaron una
nueva etapa a la hora de afronta el proceso orientador. Se generó así la aparición de nuevos enfoques teóricos basados en
el desarrollo vocacional preocupados por aspectos de tipo personal, educativo y profesional. Esta nueva perspectiva
contribuyó a integrar los enfoques de rasgos y factores y el no directivo. Super será quien intente incluirlos en su modelo
comprensivo e integra que denomino socio-fenomenológico. A su vez, en este periodo se insiste en el carácter educativo de
la educación, con el objetivo de mejorar la calidad de la educación y buscar personas bien dotadas que una vez formadas
puedan contribuir a cambiar la sociedad.
B) década de los sesenta: esta década supuso la definitiva expansión de la orientación en EEUU y en Europa. Dos factores
facilitaron este desarrollo: la fuerte crisis de esta época que creo la necesidad de una ampliación de los servicios de
orientación y el sueño americano de alcanzar la libertad, felicidad y la realización personal. Esta crisis social desencadeno la
demanda de orientación tanto en lo educativo como en lo social. Se centró prioritariamente en los alumnos con dificultades
para seguir su escolaridad y en los que abandonaban y necesitaban asesoramiento para entrar al mundo laboral. En esta
época se afianzan las teorías de Super y se mantiene la teoría del no directivismo de Rogers. En esta época se gestan la
mayoría de las teorías de la orientación profesional que contribuyeron a clarificar un poco más su conceptualización.
Aumentaron los servicios de orientación, el número de profesionales dedicados a esta tarea y los planes de formación. En
Argentina se reciben los primeros profesionales en Psicología. Todo ello hace que se produzcan intentos de una cierta
profesionalización de la orientación.
En este periodo la orientación adquiere gran reconocimiento social. Como consecuencia de ello, esta se ha
institucionalizado en un gran número de países, pero todavía no se ha producido sincronía entre la teoría y la práctica. Se
divide en dos etapas.
A) década de los setenta: toma protagonismo el enfoque educativo de la orientación profesional sobre el modelo de
counseling individual. Se va hacia una orientación más abierta, preventiva y de desarrollo, ligada cada vez más a
presupuestos educativos y a los enfoques de desarrollo vocacional, sin desestimar la intervención orientadora en aquellos
momentos críticos en que se ha de intervenir sobre el problema. Aparece un elevado reconocimiento social de la
orientación lo cual supone la reivindicación del papel de orientador como profesional. Comienza a prestarse ayuda
orientadora a grupos especiales, como minorías culturales.
B) década de los ochenta: se reafirman los movimientos de educación para la carrera y de educación psicológica. Es decir,
sin desestimar el counseling individual, se consolida la orientación como un planteamiento educativo y con un enfoque de
desarrollo vocacional. Se pone énfasis en el desarrollo personal, educativo y vocacional de los orientados. Durante este
periodo se amplía el ámbito de la orientación, y cada vez se va haciendo más evolutiva, más integral y comprensiva. Se
empieza a tener más en cuenta el contexto, se prioriza la prevención.
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Trilogía orientadora. Es un concepto complejo que intenta hacer girar circularmente tres nociones fundamentales alrededor
del eje de la orientación. 1) la noción de proceso 2) la noción de imaginario social 3) la noción de prevención . Estas tres
nociones se retroalimentan de manera recíproca.
Primer eje: noción de proceso. Este concepto nos permitirá examinar tres niveles de la actividad vocacional: macroproceso,
Microproceso y proceso especifico.
1.Macroproceso: son los factores que directa o indirectamente influyen en nuestros sistemas de vida, valores,
representaciones sociales que en un contexto y una sociedad determinada encuadran nuestros futuros proyectos
educativos, personales y laborales. Dentro de este contexto adquiere gran relevancia la familia y el rol que se le ha asignado
al hijo para su futuro desempeño ocupacional a través de la novela familiar. Esto nos demuestra como el individuo al
pertenecer a varios sistemas sociales, está influido por el entorno, la cultura y el nivel macrosocial. Todos los aspectos del
macroproceso actúan como un continuum a través de los agentes sistemáticos y asistemáticos de la cultura.
2.Microproceso: son los momentos evolutivos o sociales entre los que debemos optar por una cultura, como ocurre por
ejemplo en el pasaje de la escolaridad a los estudios universitarios o del proceso productivo al retiro. Son cortes
significativos dentro del continuum. Aquí el sujeto debe optar por un proyecto educativo, laboral, personal, social. En estos
microprocesos es donde el sistema educativo, productivo, o de las políticas sociales, deben implementar planes, estrategias
y tácticas para llevar a cabo las acciones orientadoras. En estos niveles de intervención las acciones orientadoras son
colectivas, están dirigidas a los diferentes grupos y se llevan a cabo mediante programas que responden a ciertos objetivos
específicos y también a los objetos de la institución convocante. La metodología puede ser: talleres, grupos operativos, o
grupos de reflexión. Dentro del Microproceso, para poder elaborar un proyecto de orientación vocacional, laboral, etc
desde la prevención debemos realizar en primer término un análisis de la educación donde se llevará a cabo dicho proyecto,
porque cada realidad institucional es única.
3.Proceso específico: es la acción orientadora que se lleva a cabo de forma individual o grupal, con aquellos sujetos que
necesitan una intervención más personalizada en el momento de elección. Este tipo de proceso se realiza con un
profesional en orientación vocacional que, en forma conjunta con el consultante, elabora un encuadre de orientación, con
el objeto de lograr una identificación vocacional ocupacional como parte integrante de la identidad personal de este sujeto.
Muchas veces en este proceso vienen consultantes adolescentes que ya se habían incluido anteriormente en un programa
de orientación dentro del Microproceso pero a pesar de ello no pudieron elegir, por lo que necesitan una intervención más
profunda y personal.
Uno de los autores más significativos en las teorías de la elección es Rodolfo Bohoslavsky. Uno de los aspectos más
importantes dentro de su encuadre de trabajo lo constituye la elaboración del primer diagnóstico a través de: manejo del
tiempo; momento que atraviesa el sujeto en cuanto al proceso de decisión; ansiedades predominantes; carreras como
objetos y sus características; identificaciones predominantes; situaciones que atraviesa el sujeto; fantasías de resolución;
deuteroelección. El diagnóstico inicial se realiza en la primera o primeras entrevistas.
El rol del orientador consiste en ayudar a elaborar los conflictos que impiden la elección, facilitar una interpretación
correcta de la realidad socioeconómica y cultural, posibilitar el completamiento o corrección de imagines distorsionadas o
fantaseadas. Dicho de otra forma, se hará cargo de ayudar al sujeto a elaborar su identidad vocacional en términos de roles
vocacionales ocupacionales. Desde esta modalidad se percibe al sujeto como constructor de su elección, protagonista activo
a lo largo del proceso. Cada orientador acompaña a los orientados, piensa con ellos pero no por ellos, les ofrece tiempo,
espacio y un método para conocerse a sí mismos y a la realidad social, y de este modo realicen eventualmente la elección
de un proyecto. Promueve un ámbito de reflexión y elaboración de la problemática vocacional, proporciona a los orientados
la posibilidad de aprender a elegir.
Dentro del proceso especifico, en encuentro entre orientador y orientado va a depender de donde tenga origen la demanda
(padres, docentes, directivos, el mismo sujeto) y el lugar desde donde se realice el pedido de asistencia (escuela, hospital,
consultorios, centros de orientación). La entrevista es el principal instrumento de trabajo para el orientador.
Mencionaremos los momentos del proceso específico, que no son estáticos sino que interactúan dinámicamente:
La primera entrevista o primeras entrevistas de orientación: permiten establecer el diagnóstico sobre el grado de
orientabilidad del sujeto. Llamados grado de orientabilidad al compromiso del joven con su situación de elección.
Tendremos que plantearnos cuál es la problemática que trae el orientado a la entrevista y qué le impide llegar a una
elección. El objetivo de este primer encuentro es describir como llega el joven al proceso de orientación, que busca de la
orientación, cuales son los verdaderos móviles de la demanda manifiesta.
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Entrevistas de profundización: se apunta a vincular aspectos pocos claros en relación con sus identificaciones, fantasías y
proyecciones que vayan apareciendo durante el transcurso de las primeras entrevistas y que puedan obstaculizar los
procesos de selección y elección. Se trata entonces de investigar y explorar todas aquellas situaciones de esta historia
personal, escolar y social que puedan interferir en la situación de elección.
Entrevistas de esclarecimiento: tienen como objetivo descifrar los motivos por los cuales el orientado no puede elegir,
cuales son las identificaciones que obstaculizan la elección y los mecanismos que implementa para no tomar decisiones.
Entrevistas de administración de técnicas de exploración: incluimos las técnicas de exploración, que en el proceso de
orientación vocacional son una parte del mismo. Estas técnicas ganan relevancia a través del análisis del dato y en función
de una historia personal y una situación presente. Todas las técnicas pueden aportar datos significativos sobre la elección
de carreras o trabajo si el orientador tiene buena experiencia y practica sobre ellas.
Entrevistas de información: el rol del orientador es también brindar al orientado, los caminos alternativos para la búsqueda
de información. La información educativa y laboral adquiere gran relevancia pues en ambos casos se trata de indicadores
validos a la hora de la toma de decisiones. El sujeto concurre al proceso de orientación con un bagaje informativo que
muchas veces esta distorsionado o influenciado por imaginarios sociales. Por lo tanto el orientador debe corregir esto y
colaborar con la búsqueda.
Entrevistas de integración y síntesis: es el momento del proceso en el cual el orientador verbaliza aspectos no hablados por
el orientado, pero de gran significación en su conflictiva elección y brinda el espacio para que el orientado reflexione sobre
sus dudas en la elección. En esta última etapa se incluyen numerosos aspectos: la situación demandante, los caminos
transitados, los obstáculos encontrados, las vivencias del sujeto, los interrogantes y las respuestas alcanzadas, el estado en
que se encuentra en la actualidad y grado de decisión vocacional.
Las diversas formas de sociedad que conocemos están definidas esencialmente por la creación imaginaria. Estas formas,
creadas por cada sociedad, hacen que exista un mundo en el cual la sociedad se inscribe y se da lugar. Mediante ellas es
como se constituye un sistema de normas, de instituciones, de valores, de orientaciones y de finalidades de la vida. En el
imaginario de estas formas se encuentran siempre las significaciones sociales, creadas por la sociedad y que las instituciones
encarnan. El imaginario se instala a partir de coincidencias, usos, discursos y prácticas de la sociedad. La magnitud del
imaginario tiene relación con el grado de influencia que ejerce sobre las diferentes individualidades, en un momento
histórico y en una cultura determinada.
Castoriadis distingue entre el imaginario social efectivo y un imaginario social radical. El primero es el que mantiene unida a
la sociedad, es un legitimador de un orden existente, es en definitiva lo instituido. En cambio, el imaginario social radical
tiene la capacidad de transformar el universo de significaciones adoptado, mediante novedosas propuestas imaginarias, es
decir es lo instituyente que se encarga de la producción de nuevas formas de significación.
Nosotros señalamos que algunos conjuntos sociales imaginan, fantasean y sostienen que acontecen cosas que en realidad
no suceden. Esto pasa con supuestas situaciones respecto del empleo, ocupaciones futuras, los saberes que serán exigidos,
las capacidades necesarias, etc. Podemos preguntarnos ¿qué saberes, fantasías y mitos familiares y sociales están
interviniendo en las elecciones juveniles?
La autora sostiene que se está gestando un imaginario social de signo “economista” en paralelo al modelo socioeconómico
dominante, que provoca un impacto en las elecciones vocacionales de los jóvenes. Este impacto se bifurca en dos vertientes
1) vertiente principal: lleva a sostener elecciones y vocaciones relacionadas directamente con carreras de neto perfil
económico y de supuestas garantías del éxito y status 2) vertiente complementaria: se manifiestan elecciones afincadas
puramente en el deseo y en la realización personal, desvinculadas de consideraciones sociales, económicas.
El termino prevención está implícita o explícitamente incluido en todos los enfoques de la orientación. Cada uno de los
modelos de orientación tiene o ha tenido un objetivo preventivo, que fue diferente según su marco conceptual e ideológico.
La prevención es el proceso activo y asertivo de crear condiciones y atributos personales que promuevan el bienestar
colectivo e individual.
Niveles de prevención:
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Prevención primaria: incluye a la comunidad e implica las estrategias que se llevan a cabo en una población para evitar que
aparezcan determinadas situaciones anómalas.
Prevención secundaria: son las acciones que se realizan para reducir un trastorno o disminuirlo.
Prevención terciaria: se trata de reducir en la población las consecuencias derivadas de padecimientos físicos, psíquicos y
sociales y estimular en los individuos sus propias competencias. Trabaja sobre el problema ya instalado y sus consecuencias.
Nos enfocaremos ahora en nuestro campo específico de acción, la psicologia preventiva. La misma constituye un campo
interdisciplinario de investigación y acción que desde una perspectiva proactiva, ecológica, ética, y una concepción del ser
humano en su contexto socio comunitario real y concreto, trata de utilizar los principios y la tecnología de la intervención
actualmente disponible, en cualquier disciplina que resulten útiles para la prevención de la enfermedad y la promoción de la
salud física y mental y la calidad de vida.
Para esta especialidad de ls psicologia, un bienestar aislado no existe, como tampoco existe una salud mental sin la salud
física, biológica, social, etc. El campo de la salud es un espacio interdisciplinario. En definitiva busca diseñar, implementar y
evaluar estrategias activas de intervención, que permitan prevenir la enfermedad y promover la salud y la calidad de vida.
La orientación vocacional ocupacional desde el enfoque preventivo: actualmente entendemos la prevención como la
capacidad que posee el ser humano y su grupo social para anticiparse, con diferentes estrategias, a situaciones que puedan
provocar diversos tipos de daño, posibilitando así crear y fortalecer los conocimientos, actitudes, habilidades y valores que
ayudarán a impedir o minimizar daños.
El término “elegir” está unido a optar. Quien opta por un proyecto educativo o laboral, adquiere más seguridad e
independencia, y se aleja de posibles caídas en dependencias o marginaciones psicosociales. La orientación vocacional
ocupacional, desde la perspectiva de la prevención, es un proceso integrador que se da a lo largo de toda la vida e
interviene de diferente manera de acuerdo con el nivel de la acción preventiva: primaria, secundaria y terciaria. Si bien cada
una de las intervenciones tiene sus objetivos específicos, debemos decir que la fundamental y más abarcativo es la
prevención primaria en orientación, que debería incluirse en forma sistemática a partir del ingreso del alumno al sistema
educativo formal. Poder elegir un ámbito educativo, laboral, da posibilidades de ensayar otras elecciones, de amigos,
pareja, participación comunitaria. De esta manera, se generan acciones de prevención.
Desde la cátedra de psicología preventiva se habla un sistema integral de prevención que abarca dos modelos:
Modelo epidemiológico social: establece sus unidades de análisis en las poblaciones y sus diversas escalas. De esta
manera permite contextualizar las respuestas individuales en términos del medio social donde se desarrollan,
detectar situaciones de riesgo biopsicosocial y llevar adelante técnicas de movilización para enfrentar dichas
situaciones.
Modelo educativo formal y no formal: se apoya en la llamada educación básica formal y no formal. Tiene como
contexto a la comunidad educativa considerada como eje de la prevención primaria.
A partir de estas consideraciones, creemos conveniente la constitución de un modelo integral de prevención que combine y
articule los aportes de los dos modelos. En las praxis preventivas se tienen en cuenta dos grandes modalidades:
Prevención específica: apunta a la prevención a partir del síntoma. Las consecuencias directas o indirectas que
influyen en las diferentes problemáticas incluyen diversos niveles informativos y apuntan al temor.
Prevención múltiple inespecífica: está orientada a modifica aspectos que hacen al estilo de vida de los grupos.
Apunta a trabajar aspectos que subyacen a la multicausalidad, para modificar hábitos y actitudes, y tender al logro
de una mejor calidad de vida.
Las dos modalidades son necesarias en prevención, pero por la modalidad de nuestro planteo integral nosotros ponemos
énfasis en la modalidad inespecífica que denominaremos múltiple.
Del análisis de los tres ejes mencionados se desprenden los campos y saberes que deben tenerse en cuenta en el proceso e
orientación vocacional ocupacional.
Los campos:
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Un campo es un espacio de conocimientos y practicas relacionadas con una misma problemática y con un conjunto de
temas que se desprenden de la misma. Los campos pueden dividirse en: educativo, salud, laboral-económico, y por ultimo
políticas sociales.
Campo educativo: comprende el estado de educación en que se encuentra cada grupo poblacional; grado de desarrollo;
inserción en el sistema formal o no formal de enseñanza; nivel de deserción; accesibilidad; calidad educativa. También
incluye como se instrumentan las respuestas a las diferentes demandas, que estrategias se utilizan para poder incluir a
todos los sujetos en el logro de los objetivos educacionales y en las posibilidades de orientación educativa y laboral. Desde
este campo podemos ver como el estado formula y aplica diferentes políticas educativas para dar respuesta a la igualdad de
oportunidades.
Campo de la salud: es el conjunto de programas, objetivos, acciones y estrategias tendientes a lograr un relativo estado de
bienestar físico, psíquico y social y no solo la ausencia de enfermedad. El campo de la salud incluye la promoción, la
prevención y la asistencia para el mejoramiento de la calidad d vida. Comprende además el mejoramiento del medio
ambiente, la higiene, la vivienda y la salubridad. Las acciones generadas en este campo dependen de las políticas
gubernamentales, a través de hospitales, centros de salud, planes y programas.
Campo laboral-económico: corresponde al estado en que se encuentran todas las actividades relacionadas con lo laboral. La
inserción; desocupación; inestabilidad; reconversión. El campo del trabajo muestra el estado en que se encuentra la división
social del trabajo.
Campo de las políticas sociales: abarca los conocimientos, actividades, planes, recursos y objetivos en forma de estrategias,
cuya articulación permite impactar sobre el medio social elegido. Las políticas sociales son, en consecuencia, conjuntos de
estrategias que apuntan a lograr resultados esperados sobre sectores o segmentos sociales discriminados según recortes.
Dichas políticas son llevadas adelante tanto por instituciones específicas que integran el estado, como por diversas
organizaciones sociales de la comunidad.
Los saberes:
Encarar este espacio implica referirnos en principio al valor de las nociones de disciplina, interdisciplina y transdisciplina,
que reside en la capacidad para abordar, separada y conjuntamente, una serie de problemas, y que tienen en cuenta la
diversa complejidad que adquieren en su desarrollo problemático. Hemos denominado saberes a estas maneras de trabajar
conjuntos restringidos y conjuntos complejos, donde se articulan diversas disciplinas en nuevos espacios de saber.
La disciplina es el campo de conocimiento específico de una porción de la realidad. Es el conjunto de estrategias, métodos,
saberes y prácticas, relacionados sistemáticamente, que establece un objeto de conocimiento sobre un área determinada
del mundo.
La interdisciplina propone un mayor acercamiento a enfoques vinculados con objetos de conocimiento más complejos e
interrelacionados con respecto a diversos referentes reales. La interdisciplina realiza movimientos de yuxtaposición e
integración entre sujetos formados disciplinariamente cuando descubre que varios problemas a resolver exigen criterios y
formaciones originados en campos de saber distintos. Este planteo implica un enriquecimiento del abordaje frente a
problemas complicados y difíciles. La formación de equipos y redes con sujetos provenientes de diferentes espacios
disciplinarios origina una nueva manera de trabajar para resolver problemas.
La transdisciplina se considera como una etapa de fusión y difusión del saber, donde varias disciplinas se amalgaman y
construyen un objeto de conocimiento común. La transdisciplina supone un paso más y dificultades mayores, pues implica
crear saberes y prácticas con problemas y recorridos propios. La transdisciplina reconoce el aporte de las disciplinas y la
interdisciplina, pero sostiene que estas no bastan para resolver los problemas novedosos, complicados y complejos. La
transdisciplina abre nuevos campos de saberes y prácticas antes desconocidas. Se construyen objetos, métodos y técnicas
que permiten investigar y realizar productos originales totalizados, complejos y globales.
Este escrito ha surgido como inquietud del equipo de cátedra de orientación vocacional al revisar sus prácticas y los
conceptos que la sostienen. Sostenemos que es imprescindible ser sensibles a la novedad del acontecimiento y a la
necesidad de generar conceptos nuevos que puedan explicar la complejidad de los hechos que suceden. Hay que renovar
conceptos, operando para abrir posibilidades. Las prácticas, las circunstancias socio-históricas, como por ejemplo la
pandemia, ponen sobre la mesa la caducidad de los conceptos, sus limitaciones, la necesidad de instrumentarnos y poder
habitar cada vez nuestros espacios de trabajo, utilizando la creatividad y la adaptación al cambio como fortalezas. Este
escrito propone la necesidad de revisar todo lo que hasta hace un tiempo eran certezas.
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En orientación el modelo teórico operativo ha sido y es una herramienta para abordar nuestros modos de intervención,
poniendo eje en el sujeto, en tanto inmerso en una trama social, desde una perspectiva compleja y transdisciplinaria. No
hablaremos de niveles, sino de conceptos que se yuxtaponen y que en un determinado momento de la vida del sujeto que
tiene que tomar una decisión producen un acontecimiento. En orientación ese acontecimiento que buscamos acompañar es
una elección que de por resultado un proyecto. Sin embargo, este entramado no puede pensarse aisladamente de las
condiciones de producción de subjetividad que habilitan los espacios institucionales, sociales, políticos.
En este sentido, lo macro, entendido como los factores que influyen directa o indirectamente en nuestros sistemas de vida
e incluyen lo histórico, político, económico, social, cultural, forman parte de un orden sistémico, que junto con lo micro,
como el momento de corte en que lo colectivo y lo individual se yuxtaponen, se entrelazan en un aquí y ahora que toma
determinada forma en un proyecto concreto. Estos momentos de cambios, de cortes en la vida confrontan al sujeto con la
necesidad de tomar decisiones. Cada momento de cambio o de corte, sea anticipable (cierre o comienzo de una etapa
escolar, laboral, familiar) o no (tormentas, pandemia, accidentes personales) abren la oportunidad de intervenir en
orientación.
¿Cómo comprender nuestras intervenciones? Nuestro marco para abordarlas es el paradigma de la complejidad, las
conceptualizaciones en relación a la elección vocacional, los derechos humanos y las leyes. Nuestro trabajo deberá
contemplar, los múltiples saberes de las disciplinas, en singular y en permanente intersección. Nos interesa pensar nuestras
intervenciones como practicas no excluyentes sino más bien interdisciplinarias. Pensar de este modo nuestras
intervenciones amplia y delinea cada vez el costado operativo de nuestro modelo. No se trata solo de conceptos que
intentan hacer comprensible lo que ocurre en cada situación, sino también, de incluir modos de operar que den cuenta de
la complejidad de las situaciones, al oportunidad de hacer un aporte, acompañar, subjetivar y la necesidad de no separar al
sujeto de su contexto.
En el caso de que la demanda sea específica, es decir que un sujeto formule una pregunta sobre su elección y la dirija a un
orientador ubicaremos aquí lo que en el modelo teórico operativo se describe como proceso especifico.
Independientemente que trabajemos individual o grupalmente y las técnicas que utilicemos, hay distintas teorías y
herramientas para abordarlo. Lo que no varía es la centralidad en el sujeto y la posibilidad de construir una respuesta al
desafío de decidir y armar un proyecto.
En el caso de que haya una demanda inespecífica, es decir que no haya un pedido del sujeto, sino que la misma surja de
una institución, comunidad, docente, familiar, o incluso desde un espacio profesional que ofrece una intervención,
podemos pensar en los dispositivos que ofrecen otro tipo de abordaje, que incluyen todo tipo de estrategias pensadas en el
trayecto y espacio educativo, formal y no formal. Puede abarcar momentos de cambios, transiciones, cierres. Promover
intervenciones allí nos posibilita ubicarnos acompañando trayectorias, itinerarios, diferentes momentos de construcción de
proyectos.
Una de las intervenciones en orientación es el llamado proceso específico. Se caracteriza por ser un trabajo que se inaugura
con un pedido personal y de ayuda para resolver alguna dificultad en torno a la toma de decisiones o armado de un
proyecto. Así, se parte de una demanda, ya no institucional o familiar, sino una demanda personal, en la que un sujeto
puede implicarse y trabajar. Esta característica es central, porque si no hay pedido no estamos habilitados a intervenir sobre
la situación de ese sujeto.
A diferencia de las intervenciones en un microproceso, en el que trabajamos con la situación común de cambio que
atraviesa un grupo sin profundizar en lo personal, en el proceso específico profundizamos en la historia personal, escolar,
familiar en relación a las elecciones de trabajo, carreras e intereses.
Rodolfo Bohoslavky diferencia entre una modalidad actuarial y una modalidad clínica. En el primer caso, el lugar de
orientador es el de experto, el que tiene el saber respecto de cómo interpretar lo que le pasa a ese sujeto a través de los
test y las técnicas. El orientado es quien viene a realizar una serie de pruebas que le permitirán saber qué le conviene hacer.
El test es la herramienta fundamental para conocer intereses y aptitudes. Este enfoque hace énfasis en la psicotecnia. En el
segundo caso (al que adherimos) el orientador es un co-pensor, y el orientado es el protagonista del proceso. No hay
verdades a develar, sino procesos a realizar para ampliar el autoconocimiento y descubrir modos funcionamiento y decisión.
Es diferente el lugar el saber entre uno y otro: el primero tiene el saber sobre las herramientas para trabajar con cada sujeto
y tomar decisiones, el segundo tiene el saber, consciente o no, sobre sí mismo, sus metas, inquietudes, desafíos y miedos.
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Es un trabajo en equipo donde ambos aportan elementos esenciales desde roles diferentes. La entrevista es la herramienta
fundamental y las técnicas y test son recursos auxiliares en tanto pueden facilitar el trabajo a realizar.
Sin embargo, no toda demanda es demanda de orientación. Ejemplo: a veces es más simple realizar una consulta por un
problema con la carrera que solicitar un espacio psicoterapéutico. Por ello la primera o primeras entrevistas se basan en
recibir a ese sujeto, escucharlo y poder discriminar que está pidiendo y cuál sería el camino más oportuno para ese
momento. Siempre es importante su recepción, abrir un espacio de escucha atenta, en la que utilizaremos la entrevista
semidirigida. Necesitamos que configure el espacio de entrevista con su modalidad y posibilidades de enfrentar una
situación nueva, pero también debemos indagar algunos aspectos como situación actual, académica, vital y otros para
completar nuestra evaluación. Bohoslavsky plantea una serie de criterios que colaboran en la discriminación del
diagnóstico de situación, estos son en realidad disparadores para pensar cómo trabajar.
Es muy importante el espacio con otros para intercambiar impresiones y opiniones, sean de la misma disciplina o de otras.
Esta interdisciplinariedad depende del equipo que conforme el espacio de trabajo. Si se trata de una consulta en privado,
se puede apelar a colegas compañeros o supervisores. El espacio para los otros y con los otros es parte de la
interdisciplinariedad de nuestro marco en orientación.
En las primeras entrevistas evaluamos el “grado de orientabilidad” es decir qué posibilidad de trabajo y de implicarse en lo
que pide tiene ese sujeto. Los procesos una vez iniciados tienen un tiempo de encuentros presenciales (que se definen en el
encuadre de trabajo) pero esta es una intervención acotada en el tiempo, es decir que el orientado sabe que comienza y
que termina, hay un objetivo claro. Esto permite diferenciarlo con otros espacios o modos de abordaje. Estas primeras
entrevistas nos permitirán evaluar, diagnosticar y armar estrategias sobre cómo seguir. El recorrido que se realice a lo largo
de las entrevistas no podría estar predeterminado, en el sentido de que nuestra escucha está abierta a lo que el consultante
trae y propone en cada encuentro, siempre con el objeto trazado y explicitado al comienzo. Ello nos permite acotar,
redireccionar y proponer trabajos nuevos.
Lo que no puede dejar de indagarse en las entrevistas es: que le pasa al sujeto que no puede decidir, como decide, como
es su historia de decisiones y su historia escolar/vincular, como es la historia e imaginario de la familia en la que vive, que
profesiones/oficios lo preceden y cuales son valorados, que expectativas hay en relación a su proyecto tanto de forma
personal como desde su entorno, que espacios/personas/ideas sostienen y caracterizan a este sujeto.
Estas preguntas son algunos disparadores que delinean las entrevistas tanto de profundización como de esclarecimiento.
No siguen un orden secuencial, pero si son esenciales para conocer al orientado y para que él pueda reconocerse en sus
dichos. El conocimiento y autoconocimiento son dos ejes fundamentales del proceso y ambos posibilitaran un mejor
posicionamiento a la hora de decidir.
Por otro lado, es central el trabajo con la información ocupacional. La información, que suponemos objetiva, esta
mediatizada por nuestros imaginarios de los que muchas veces no estamos advertidos. Muchas veces esos imaginarios sin
trabajar son los principales obstáculos en la toma de decisiones. El trabajo con la información incluye abordarla desde un
punto de vista subjetivo (interrogar esos imaginarios) como desde el punto de vista objetivo (búsqueda de información).
En cuanto al cierre del proceso, en general hay muchas expectativas, como si en él se pudiera develar el misterio o las
respuestas a las preguntas del consultante. No hay respuestas, porque ellas son únicas y propias de cada sujeto. Las últimas
entrevistas se destinan al trabajo que tiene que ver con el reconocimiento del camino transitado, los elementos que ha
podido conocer y construir, las dudas, los obstáculos, lo que aún no se define. Si bien no hay “un resultado” el sujeto
construye en este proceso saber sobre sí, preguntas, reflexiones, certezas. Este hilo se va tejiendo a lo largo de todas las
entrevistas.
Las intervenciones en el proceso son siempre prospectivas, apuntan a lo que vendrá, a partir de lo que ocurrió, poder
armar hacia adelante, disminuir el riesgo conociendo las coordenadas con que actuamos. La orientación es un espacio de
apertura, de reflexión, conocimiento, decisión. La orientación es un espacio de recepción, recepción de otro que busca
ayuda, un espacio donde desplegar lo que le pasa. La orientación es un espacio de exploración, cada consulta es una nueva
oportunidad de poner en marcha nuestras herramientas y recursos para acompañar a otro mientras se va descubriendo y
conociendo.
Existen en el campo de la orientación vocacional dos modalidades estratégicas, tácticas y técnicas. Una es la modalidad
actuarial y otra la modalidad clínica. En este texto se analizará la modalidad clínica.
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El primer diagnóstico: es la comprensión a la que el psicólogo puede arribar respecto de la persona que se propone asistir.
El primer diagnóstico es una respuesta a las siguientes preguntas: quien es esta persona, que le ocurre, porque elegir una
carrera o un trabajo le acarrea dificultades. De la respuesta a estas preguntas dependerá que el psicólogo decida o no trata
de ayudar a quien se lo solicita y al mismo tiempo dar una primera definición de los obstáculos que habrán de eliminarse
antes de que el joven pueda llegar a una decisión con respecto a su futuro. Del primer diagnóstico surge por lo tanto un
pronóstico relativo a la “orientabilidad” del entrevistado y es por ello que le permite al psicólogo formularse una estrategia
en cuanto a la tarea que emprenderán juntos. El primer diagnóstico no es más que una aproximación, una tentativa
supeditada a continuas reformulaciones. La explicitación del psicólogo sobre la estrategia o proyecto de trabajo en común
constituye la consigna y esta, junto a la fijación de extensión, horarios, honorarios y roles de trabajo, constituye el contrato
de trabajo.
La primera entrevista: el objetivo fundamental de la primera entrevista lo constituye la elaboración del primer diagnóstico,
eventualmente la formulación del contrato de trabajo y también eventualmente la derivación del entrevistado. La primera
entrevista no es un interrogatorio, por lo que asume un carácter abierto, de modo que tendrá que evitarse que las peguntas
que el psicólogo formule impidan ver como configura la situación el entrevistado. Es de primordial importancia el análisis
del primer planteo que formula el entrevistado, ahí está condensada toda su problemática vocacional. Al final de la primera
entrevista se establece el contrato, esto solo se puede hacer si se tiene ya cierta claridad en cuanto al primer diagnóstico. Si
no es así, conviene realizar un pequeño número de entrevistas, a fin de completar ese primer diagnóstico.
Criterios para la elaboración del primer diagnóstico: estos criterios tienden a facilitar la comprensión de la identidad
vocacional del entrevistado. La identidad vocacional es la “autopercepción elaborada a lo largo de la vida del sujeto en
términos de trabajo o estudio”.
1. Manejo del tiempo. La elección no es un momento detenido en el desarrollo de una persona. Al respecto resulta
significativo el tipo de manejo del tiempo que hacen los adolescentes. Sus planteos pueden centrarse en el presente,
pasado o en el futuro, o en varios sentidos. Además la dimensión temporal puede “estirarse o acortarse”. En ambos casos
puede darse una mayor o menor adecuación al tiempo real y es importante detectar eso, ya que toda elección implica un
proyecto y un proyecto no es otra cosa que una estrategia en el tiempo.
2. Momento que atraviesa en cuanto al proceso de decisión. Por momento se entiende las operaciones que caracterizan a la
elaboración de la conducta en una situación de cambio. Hay tres momentos, el de selección, el de elección y el de decisión.
El momento de selección pone en juego la función yoica de discriminación. El momento de elección implica el
establecimiento de vínculos diferenciales con los objetos, concierte a la capacidad de establecer relaciones satisfactorias y
estables con los objetos. El momento de decisión compromete un proyecto de relativo largo plazo y por lo tanto
componentes de acción ligados a la función yoica de regulación y control de los impulsos.
3. Ansiedades predominantes. Toda primera entrevista, al tratarse de una situación nueva, desencadena en el sujeto
ansiedad. Sin embargo, en el transcurso de la misma entrevista el sujeto pasa muchas veces por estados de ansiedad. Más
que el tipo de ansiedad, importa más el monto, el objeto con el cual está ligada, la persistencia o movilidad y el tipo de
mecanismo defensivo que desencadena. Según el objeto implicado las ansiedades pueden ser: referidas a la imagen de sí,
referidas al futuro, referidas a la vida universitaria, referidas a la escuela secundaria.
4. Carreras como objetos y sus características. Por lo común en la primera entrevista el sujeto se centra en el temario de las
carreras. Menciona las que prefiere y las que rechaza. Las liga con situaciones de éxito o fracaso, facilidad o dificultad. Las
carreras constituyen el qué de su conducta de opción. En este sentido las carreras pueden ser analizadas como objetos de la
conducta del adolescente. Estos objetos pueden acompañar, perseguir, proteger, confundir, frustrar en la fantasía del
sujeto, independientemente de lo que la profesión es en realidad. Por eso en la primera entrevista nos interesa comprender
el tipo de vínculo establecido con el objeto carrera.
5. Identificaciones predominantes. Me refiere a las conductas predominantemente cognitivas del adolescente referidas al
identificar. Se trata de conductas de conocimiento y reconocimiento de la situación de oportunidad que atraviesa. Una
buena elección depende de identificaciones no distorsionadas. Esto depende de funciones yoicas como la adaptación a la
realidad, la interpretación de la realidad y el sentido de realidad. La identidad vocacional no se reduce a un ajuste
satisfactorio de esas identificaciones, pero estas constituyen una condición necesaria. Por eso deben ser diagnosticadas por
el psicólogo lo antes posible a fin de prevenir malas identificaciones o de resolverlas mediante la información o el
esclarecimiento.
6. Situaciones que atraviesa. Como toda situación de cambio, la elección de futuro implica siempre un incremento de
conflictos. El conflicto se manifiesta como una duda que es necesaria resolver. Ante esa duda los adolescentes pasan por 4
situaciones: predilematica, dilemática, problemática, resolución.
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La situación predilematica es aquella por la que pasa el adolescente que no se da cuenta que tiene que elegir. Estos son los
casos en los que el adolescente es traído a consulta y una vez en ella no comprende que se espera de él, la orientación
vocacional no parece preocuparle y su ansiedad es baja. La situación dilemática es aquella cuando la persona si se da cuenta
de que enfrenta una duda, una dificultad en un momento de cambio, lo que provoca un gran monto de ansiedad. La
situación problemática es cuando el adolescente está preocupado. Sus funciones yoicas se encuentran al servicio de un
análisis de la situación. Se revela como un individuo disponible, que puede usar su capacidad para mirar, pensar y actuar en
lo que concierte a su futuro. La situación de resolución se caracteriza por la calidad y el monto de ansiedades vinculadas a la
elaboración normal de un duelo, una perdida. Es capaz de reconocer su miedo y su tristeza.
7. Fantasías de resolución. Son fantasías de curación que corresponden a las expectativas conscientes o inconscientes ante
el proceso de orientación vocacional. El adolescente siente que para elegir y decidir necesita alcanzar metas y superar
obstáculos, para ello puede buscar una o más de las siguientes situaciones: 1) libertad 2) apoyo 3) permiso.
8. Deuteroelección. Con este término se define el proceso de como eligió elegir el adolescente. Puede resultar peligroso
diagnosticar a partir del primer planteo, como es la pauta típica de elección ante situaciones nuevas a la que ciñe su
conducta el entrevistado. Sin embargo, es licito suponer que habrá cierta regularidad en los modos en que cada individuo se
trace una estrategia de opciones ante situaciones que le permitan tomar decisiones.
El pronóstico en orientación vocacional: la funcionalidad de un diagnóstico es inferior un pronóstico sobre la conducta del
entrevistado. Para el pronóstico es necesario tener en cuenta los siguientes ítems: estructura de la personalidad; manejo de
la crisis adolescente; historia escolar; historia familiar; identidad vocacional y ocupacional; madurez para elegir. Teniendo en
cuenta estos ítems se elabora el pronóstico con respecto a la orientabilidad del consultante. Por orientabilidad
entendemos la posibilidad de adecuarse al encuadre de trabajo. El pronóstico permitirá al psicólogo decidir no solo cual
será la estrategia de su trabajo, sino también si va a encarar o no la orientación con ese sujeto.
Las problemáticas vocacionales son aquellas implicadas en la elección de un hacer junto a todos los procesos relativos a la
construcción de los recorridos vitales relacionados con las diversas actividades que los sujetos realizan en su trayectoria
vital, en particular las laborales y académicas. Subrayamos la centralidad que en nuestras sociedades tienen el trabajo y el
estudio como actividades que producen anclaje social e inclusión.
Define lo vocacional como el campo de problemáticas del ser humano y la elección-realización de su hacer. El campo
vocacional da cuenta del amplio conjunto de actividades que un sujeto realiza a lo largo de su vida: estudiar, trabajar, viajar.
En fin, se trata de todo lo que hicimos, hacemos o nos proponemos hacer en la vida. Es la relación con el hacer en diferentes
tiempos: pasado, presente y futuro. Lo vocacional es a la vez, elección, acto y proyecto. Decimos que supone una trama, ya
que la vida subjetiva está entrelazada con la época, con las posibilidades y limitaciones propias de la estructura y
organización social y cultural en la que vivimos. La configuración de dichas problemáticas, es decir lo que podríamos
denominar “lo vocacional” es necesariamente un resultado de una compleja trama en la que se conjugan variables sociales
y subjetivas.
La dimensión subjetiva considera que lo vocacional está directamente vinculado con la dialéctica del deseo. La búsqueda de
objetos vocacionales es incesante, dado que no hay un objeto que satisfaga completamente al sujeto. El sujeto que elige y
construye trayectorias de vida es un sujeto de la falta. El psicoanalisis nos enseñó que solo si algo falta es posible desear.
La dimensión social supone entender la elección y realización de un hacer, como efecto de un particular escenario social,
económico, político, cultural. El contexto opera como determinante de las configuraciones que adquiere el trabajo, el
aparato productivo, y el sistema educativo en cada sociedad y en cada momento histórico.
El hacer está sujeto a los condicionantes de la vida social. De este modo las posibilidades de cada sujeto estarán
relacionadas con los procesos de desigualdad existentes en cada momento histórico. Estas limitaciones no dependen
exclusivamente de aspectos singulares, sino que están amarradas a lo social. Si los puntos de partida son desiguales tendrá
que haber un actor que intente regular e igualar oportunidades. Este actor no podría ser otro que el Estado. Por ello,
cuando se recortan variables subjetivas como las únicas existentes señalamos esa maniobra como una ideología al servicio
de invisibilizar esta problemática como fundamentalmente social y advertimos sobre la necesidad de construir políticas
sociales entendidas como herramientas para revertir un destino previsible. Si todos tenemos derecho a elegir y a desear, es
responsabilidad colectiva, en particular de las políticas del Estado, crear las condiciones para que ello ocurra.
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Las elecciones vocacionales son un proceso y un acto de elegir “objetos” a los que definimos como vocacionales. Elegir es
un proceso, ya que se trata de un recorrido inacabado, a través del cual el sujeto busca, reconoce, encuentra, algunos con
los que establece vínculos singulares. De estos vínculos espera obtener algún tipo de satisfacción, una satisfacción de
carácter parcial, ya que no hay un objeto único y absoluto para el sujeto. Por ello, la idea de elección entendida como
proceso se une a la noción de itinerario vital. Vivimos eligiendo, aunque pueden reconocerse momentos “clave” en la vida
de un sujeto, es decir tiempos en los que la elección de qué hacer se juega de una manera más significativa.
El proceso y el acto de elegir tienen aspectos cc e icc. Podemos dar cuenta conscientemente de lo elegido aunque
desconozcamos los móviles inconscientes de ello. Por eso, sostenemos que somos elegidos por el otro. Que hay algo del
orden cc que organiza nuestras inclinaciones, nuestras preferencias. Los aspectos cc se ligan a valores, expectativas que se
ponen en juego, tales como obtención de empleo, dinero, reconocimiento social, poder y los aspectos icc nos permiten
ubicar a un sujeto sujetado al deseo de otro.
¿A qué nos refiere la palabra taller? A un lugar de trabajo, un espacio donde se crean, se arreglan o modifican cosas. Es un
lugar de producción. Por eso, al referirse al taller en el ámbito de la educación, se identifica este espacio como un lugar de
trabajo grupal, donde existe una producción grupal, dentro de un marco creativo y participativo.
¿Cómo se hace un taller? Ante todo, se prepara previamente, se planifica. En esta actividad se clarifica:
Esta etapa de planificación nos orienta durante la ejecución del taller. Nos permite tener un hilo conductor, una
organización interna que posibilitará al grupo ingresar a los distintos momentos de la tarea. Pero también es cierto que una
característica esencial de la propuesta del taller es la flexibilidad, esto es que la planificación puede ser variada según las
necesidades y posibilidades el grupo, así como también por emergentes grupales o externos. Pero deben poder reconocerse
los objetivos centrales que se habían propuesto. El ritmo para alcanzar dichos objetivos depende del modo en que el grupo
aprende y produce.
Las formas de accionar que se utilizan para llegar a los objetivos en el taller se llaman técnicas o dinámicas. Son los
instrumentos que facilitan la apropiación del conocimiento. Pero el taller, si bien se vale de las técnicas como herramientas,
ellas no son el taller, deben ser utilizadas en función de un tema específico, de un objetivo concreto y en función de los
participantes. Las técnicas facilitan el “aprender haciendo”.
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Inicio: es la primera parte del taller. Tiene por objetivo la presentación de los participantes, la creación de un ambiente
distendido, “romper el hielo” favoreciendo condiciones para que todos participen, profundizar el conocimiento grupal
desde algún aspecto no explorado y la clarificación de la finalidad del encuentro y de algún otro elemento de la
convocatoria que fuera necesario explicitar.
. Análisis del problema: se comienza a buscar las distintas partes del problema.
. Interpretación del problema: se buscan distintas explicaciones sobre las causas del problema.
. Formulación de alternativas de acción: se trata de rescatar elementos reconstruidos e interpretados que pueden orientar
el accionar cotidiano. Puede llegarse a consensuar una forma de actuar organizada para enfrentar la situación problemática.
Cierre: en este momento se realiza con el grupo una síntesis de lo trabajado, un repaso de las conclusiones o alternativas de
acción planteadas, la evaluación donde todos opinen sobre la dinámica grupal, la calidad de la producción del taller y la
coordinación. También es conveniente realizar alguna actividad para cerrar el encuentro desde la afectividad a modo de
despedida.
Los recursos informativos constituyen un aspecto importante de la orientación vocacional. Para elegir es indispensable
conocer las opciones entre las cuales se decide. Por lo común, quienes consultan solicitan ampliar su información respecto a
estudios, profesiones y ocupaciones, como elemento necesario para realizar su elección. A veces, se presentan
demandando información, describiendo como problemática su carencia o insuficiencia de datos.
El conocimiento de la realidad ocupacional no es ni puede ser nunca totalmente objetivo. Se encuentra motivado por las
disposiciones de cada sujeto, revestido de significaciones y asociaciones subjetivas, condicionado por las ideas e imaginarios
personales, familiares y sociales acerca de los estudios y profesiones. Por lo tanto, esta información debe ser reflexionada
en forma crítica, elaborada y confrontada dialogalmente.
La información es operativa no solamente cuando esclarece las alternativas. Lo es también cuando crea interrogantes o
posibilita cuestionamientos, mediante los cuales los orientados se movilizan para obtener nuevos datos, incorporarlos
activamente y elaborar conclusiones. Nuestra intención es que la información sea reconstruida subjetivamente, para
transformarse en conocimientos que den espacio al pensar, a las hipótesis, a nuevas preguntas, a la preparación de
elecciones. La orientación le propone al consultante revisar y cuestionar esa información para profundizar y ampliar sus
alcances.
Algunos recursos informativos son: lectura de guías de estudios y ocupaciones; concurrencia a consulta en centros de
documentación; entrevistas y reportajes a personas que desempeñan diversas ocupaciones; visitas a instituciones
educativas o lugares de trabajo; intercambio con estudiantes, docentes o graduados de la carrera o con personas que
desempeñan ocupaciones que interesan; concurrencia a ciclos informativos.
Los jóvenes se encuentran altamente confundidos y parcialmente informados en lo que respecta al mundo del estudio y del
trabajo. Esto está determinado por dos factores: el primero es la casi inexistencia de servicios de información y el segundo
es que en general la tarea de informarse se les presenta como difícil y abrumadora, por ello la reacción más común del
sujeto cuando se le plantean tareas informativas es la evitación.
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El orientador debe tener la formación que el habilite para acompañar al joven sin adelantársele en la exploración del
universo ocupacional. En forma paulatina y metódica deberá asesorarse al joven en la construcción de un esquema de
referencia sobre bases objetivas. Esto se consigue poniendo orden en sus conocimientos, promoviendo el cuestionamiento
de esquemas estereotipados y distorsionados respecto de las profesiones, ayudándoles a valorizar sus conocimientos y
experiencias.
El asesoramiento informativo debe progresar a lo largo de una escala de información graduada en niveles de profundidad
creciente y extensión decreciente. Niveles de información:
Nivel 1 “visión de conjunto”: se presentan todas las posibilidades de formación que existen en nuestro medio. Su contenido
es la descripción sintética de cada rol ocupacional y de la formación necesaria para acceder al mismo.
Nivel 2 “visualización por sectores”: la realidad ocupacional debe ordenarse y presentarse por sectores, en base a
semejanzas en el objeto de estudio.
Nivel 3 “acercamiento vivencial”: se hace necesario encarnar la información, humanizarla y esto se logra a través del
encuentro con el otro ejecutante del rol que interesa. Ejemplo: charlas y entrevistas con profesionales, realización de
talleres, visitas a lugares de estudio o trabajo.
En cuanto a este tercer nivel, en la universidad de Buenos Aires la profesora G. Canessa viene desarrollando tareas de gran
valor que pueden constituir una referencia útil para su implementación. Ella propuso un ciclo de charlas de información
sobre carreras, destinado a estudiantes, con el objetivo de ofrecer información actualizada de planes de estudio, las
especialidades y la salida laboral. Sin embargo, se propuso algo más, producir un encuentro entre docentes y estudiantes,
que permitiera abrir un dialogo a través del relato de las historias de vida de los profesionales. Estas charlas les permitieron
a los alumnos participar con libertad, dialogar en grupo, preguntar y ser respondidos.
Canessa se propone formular un cuestionamiento a la idea de que la información deba ser brindada con objetividad, de
modo de no influir en la decisión del sujeto, afirmando que la información vocacional no puede ser objetiva. Desde esta
concepción se rescata la dimensión subjetiva de la verdad de la información, ubicando a los protagonistas – estudiantes e
informadores como sujetos portadores de sus verdades que se encuentran en un determinado punto del acontecer
histórico de una sociedad. El estudiante que está eligiendo su carrera está buscando hoy construirse un futuro, apoyándose
en su pasado. Así, es desde su propia historia que escucha la información que se le ofrece. Lo que equivale a decir desde la
transferencia que establece con quien esté dispuesto a brindársela. Y el informador no es ajeno a ese juego.
Por último, es importante reflexionar sobre el particular vínculo que se establece en la tarea informativa. El adolescente
suele establecer una relación de dependencia transfiriendo sobre el orientador la figura de un padre que todo lo puede y
todo lo sabe. Es importante que el orientador no encarne ese rol, que no decida por el joven, sino que lo invite a pensar
juntos, para que el mismo defina su problema y fabrique su propia solución.
Hurlebaus, Pastorino, Pires. Caos y posibilidad de sostener un espacio de información orientada cuando todo está al alcance
de un clik.
El trabajo aborda la experiencia del servicio de información orientada perteneciente al Centro de Orientación Vocacional
Ocupacional (COVO) de la secretaria de extensión de la Facultad de Psicología (UNLP). Es una herramienta de consulta
fundamental, gratuita y abierta a toda la comunidad. Brinda el acceso al material informativo educativo y laboral, siendo el
orientador un mediador entre este material y el consultante. De esta forma, la entrevista al consultante se presenta como
un punto de posibilidad de construcción conjunta.
Estas acciones orientadoras en información deben ser pensadas desde el paradigma de la complejidad, invitando a
reflexionar sobre los múltiples atravesamientos entre lo singular y lo colectivo, y como el poder determinada el acceso a la
información entendida como posibilidad. La información en el contexto de la orientación vocacional aparece como creadora
de oportunidades.
Estamos en un tiempo donde la información es de fácil y rápido acceso. Sin embargo las oportunidades no son las mismas
para todos. Reconocer la importancia de la equidad en el sentido de que todos accedan a todo tipo de información es el
punto de partida.
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En las elecciones vocacionales se pone en juego un circuito de desinformación/sobreinformación. Quienes están
desinformados quedan sometidos a una elección condicionada por el alcance del contexto, son excluidos de conocer
opciones posibles para construir otras trayectorias. Quienes están sobreinformados acceden a un mundo donde la
información se presenta como caótica y superficial. Ambas cosas son dos caras de una misma moneda, que condicionan un
campo de opciones, con formatos prefabricados por el sistema, donde se termina eligiendo entre “lo mismo” y “lo mismo”.
En la práctica nos encontramos por un lado, con sujetos de clase media alta, que buscan carreras universitarias y
tradicionales. Los ideales son los del “éxito” hegemónicos, invisibilizando otras ofertas educativas/laborales que se
peyorativizan en términos de éxito y que podrían incluir sus intereses. Por otro lado aparecen personas de sectores más
vulnerables, que eligen proyectos con el énfasis puesto en el trabajo. Se juega la inmediatez de la supervivencia. La
búsqueda apunta a opciones con rápida salida laboral, donde muchas veces los intereses personales son relegados.
Un pobre manejo de la información lleva a la persona a permanecer aislada, marginada, vacía de argumentos, de
posibilidades para elegir. Supone el desconocimiento de opciones, ayudas y dificultades que el medio le presenta para
orientar y dirigir sus intereses vocacionales y profesionales, y consecuentemente, poder preparar proyectos personales más
ligados a la particularidad del sujeto. Sin la intervención de un tercero especializado, se corre el riesgo de que el encuentro
con la información sea casos y no posibilidad, y que el sujeto quede atrapado en los lugares que la sociedad le ha asignado y
premoldeado.
El servicio de información orientada permite que el orientador produzca un corte entre el sujeto que se informa y la
información en sí, posibilitando así hacer una lectura de las distorsiones imaginarias con las que el sujeto cuenta y trazar
nuevos sentidos. El orientador a su vez acompaña, ya que el sujeto llega con temores, ansiedades que lo afectan, y en este
espacio encuentra un lugar de escucha y alojamiento.
Para llegar a elegir es indispensable conocer las opciones por las cuales se decide. El conocimiento de la realidad
ocupacional no puede ser nunca totalmente objetivo. Se encuentra motivado por las disposiciones de cada sujeto, revestido
de significaciones y asociaciones subjetivas. Por lo tanto, esta información requiere ser reflexionada en forma crítica,
elaborada y confrontada dialogalmente.
El trabajo informativo debe apuntan a que los jóvenes puedan conocer y reconocer los distintos recursos informativos que
se encuentran disponibles, promoviendo un trabajo gradual que implique cada vez mayor autonomía. Hay distintos niveles
de información:
Primer nivel: información general, global. Teniendo en cuenta la mayor cantidad de opciones posibles en los distintos
niveles de estudios.
Segundo nivel: información específica. Profundizamos en la información ya habiendo agrupado la misma por áreas.
Tercer nivel: contacto directo con la realidad. Se promueve la salida de los jóvenes al encuentro de adultos o instituciones
que resultarán fuentes vivas de información ocupacional.
El análisis de las consultas adolescentes relativas a los problemas de orientación vocacional revela que gran parte de los
conflictos se refieren a la carencia de información con respecto a su futuro. Para satisfacer esta necesidad de información la
orientación vocacional debe contemplar distintos recursos y técnicas, ya que ningún proceso de orientación vocacional
puede considerarse completo si no incluye en alguna etapa del mismo el suministro de información.
Los objetivos de la información ocupación son dobles: por un lado, un objetivo más bien pedagógico de transmitir
información sobre el mundo ocupacional, y por otro lado, corregir las imágenes distorsionadas que ya tiene el adolescente
sobre el mundo adulto. Estas distorsiones se deben no solo a la falta de información sino a otros factores:
3) transpersonales o culturales (por su relación con una comunidad o grupo que valora las profesiones de cierta forma, con
determinado contexto social del cual forma parte).
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Sin embargo es necesario aclarar que el adolescente no carece de información, sino que esta aparece distorsionada, parcial,
confusa o prejuiciosa, por lo que es imprescindible un trabajo de esclarecimiento a la par que el suministro de nueva
información.
Esta nueva información se convierte en fuente de ansiedad para el adolescente, incluso pueden aparecer conductas de tipo
fóbicas. Además pueden aparecer conductas como demandas sobre exigentes respecto a la información que puede
suministrar el orientador, lo cual lleva a generar un vínculo de extrema dependencia con él. El psicólogo es identificado
como una fuente de sabiduría, como poseedor de “la verdad”.
Es necesario tener en cuenta a quién informar, cómo informar y qué informar. Si nos centramos en quien será el receptor
de la información, vemos que el adolescente posee más información de la que cree. Su paso por el secundario le ha
brindado contacto parcial y teórico con las distintas áreas del conocimiento científico. Este contacto se ha dado sin embargo
de modo pasivo. Si nos centramos en cómo se debe informar la información deberá suministrarse en lo posible de modo tal
que exija la participación activa del adolescente. Esta participación activa deberá darse tanto dentro del contexto de las
entrevistas informativas como fuera de ellas, estableciendo contacto con lugares de trabajo, facultades. En cuanto a qué
informar, el adolescente necesita conocer las distintas actividades profesionales, la relación entre ellas, la organización de la
enseñanza y de las carreras. Sin embargo, es imposible que el psicólogo disponga de todos los conocimientos necesarios, su
tarea consistirá entonces en suministrar la información que considere necesaria.
El rol del orientador vocacional responde a una modalidad clínica. En primer lugar, porque observa el contacto del
adolescente con la realidad ocupacional. En segundo lugar, porque realiza una tarea diagnostica al observar las distorsiones,
las tergiversaciones y estereotipias del adolescente. En tercer lugar, porque determina intervenciones de tres maneras 1)
informando respecto de las ocupaciones y esclareciendo lagunas informativas 2) motivando al adolescente para que
establezca un contacto con otras fuentes de información 3) esclareciendo motivaciones, actitudes, prejuicios que el
adolescente tiene. Al aplicar la modalidad clínica al suministro de información ocupacional la labor deja de ser una situación
asimétrica donde el psicólogo habla y el adolescente escucha y se convierte en una situación de interacción, cooperación y
coinvestigación.
La información ocupacional está conformada por el conjunto de datos relativos al universo de ocupaciones y a la
preparación básica que exige para ejercerlas.
Siempre se debe empezar por considerar la información que los jóvenes posean. Al iniciar el trabajo informativo, debido al
aumento de ansiedad que genera, los jóvenes pueden manifestar actitudes como resistencias o reacciones de tipo fóbicas.
Algunos pueden rechazar participar del trabajo informativo por temor a confundirse. Otra reacción que puede ocurrir es
que los jóvenes se vuelvan muy demandantes y se origine una marcada dependencia, en este caso el orientador debe
señalar el vínculo transferencial que se ha establecido, evitando quedar en este lugar de líder omnisciente. Comenzar el
trabajo partiendo de la información que poseen los jóvenes es una forma eficaz de trabajar evitando desde el inicio que se
instale una dependencia excesiva en los jóvenes.
El trabajo informativo puede entenderse como una progresión que se desarrolla a partir del pasaje de una escala de
información donde la profundización será creciente y la extensión decreciente y será graduada en tres niveles. El acceso
gradual colabora en la regulación del monto de ansiedad, minimizando la intensidad de las resistencias.
Promover la incorporación de información nueva. Pese a que los jóvenes cuentan con información esta es
insuficiente. El trabajo apunta a promover la incorporación de información desconocida.
Operar sobre las imágenes distorsionadas que los jóvenes tengan sobre las ocupaciones y el mundo del trabajo.
Promover la participación activa de los jóvenes. Incorporarlos al proceso de búsqueda y promoverlos a realizar una
integración critica de la información.
Vincular a los jóvenes con otras fuentes de información. Se apunta a que puedan ir entrando en contacto directo
con la realidad. Para ello pueden concurrir a instituciones educativas y laborales.
Primer nivel “visión general o de conjunto”: se presenta una primera visión de conjunto, con esto se busca que los jóvenes
entren en contacto con todas las posibilidades de elección, ya que ellos manejan un conjunto muy acotado de ocupaciones.
Se busca fomentar el cuestionamiento de los esquemas distorsionados y estereotipados sobre las ocupaciones y el mundo
del trabajo. Intenta promover que los jóvenes puedan reconocer y valorizar los conocimientos y experiencias que tienen,
compartiendo aquello que saben. En este nivel se busca evitar la información detallada de cada ocupación, ya que
significaría enfrentar a los jóvenes con un panorama complejo y podría generar ansiedad o que se abrumen ante tantos
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datos. Por ello se considera más efectivo que en un principio el orientador opere sobre los prejuicios y los vacíos
informativos que los jóvenes poseen con una guía donde solo se describan los diversos roles ocupacionales.
Segundo nivel “visualización por sectores”: se trabaja profundizando la información sobre las ocupaciones pero agrupadas
por áreas. Es decir, se apunta a que los jóvenes puedan ir enfocando su mirada en diversos agrupamientos ocupacionales
para que profundicen su búsqueda de información en las ocupaciones que los integran. Estos agrupamientos son realizados
por los mismos jóvenes en función de aspectos comunes que las ocupaciones tengan, como el objeto de estudio, la
metodología de trabajo, etc. También se busca consolidar la noción del universo ocupacional como un conjunto de
ocupaciones en interrelación. En este nivel se podrá ir integrando información con mayor complejidad y profundizando en
ella ya que los jóvenes han acotado el número de ocupaciones en función de preferencias e intereses personales.
Tercer nivel “contacto con la realidad”: es el tramo final del trabajo informativo. El objetivo es que los jóvenes puedan
realizar una exploración y observación directa a partir del contacto con la realidad. Lo que se busca es que indaguen como
trabajan y viven quienes se dedican a las ocupaciones que les interesan, abandonando el contacto exclusivo con
publicaciones y folletos, para comenzar a “humanizar” la información. Para ello los jóvenes irán al encuentro de adultos e
instituciones que resultarán fuentes vivas de información ocupacional.
Al culminar el pasaje por los tres niveles que integran el proceso informativo los jóvenes deben haber podido aumentar su
caudal de información ocupacional, acotar y profundizar en aquellas que resultan de su interés, identificar y operar con
distintas fuentes informativas, contando con un incremento del nivel de autonomía que resultará de gran utilidad para
obtener nueva información en el futuro.
Lachalde, García, Castignani. La importancia de la información ocupacional en la elaboración de los proyectos para la vida.
La información ocupacional es considerada dentro de la orientación como un eje fundamental para poder elaborar
proyectos para la vida. El termino ocupación no solo se refiere a las elecciones que se realizan en un ámbito educativo o
laboral sino a los diferentes roles que como sujetos podemos asumir a lo largo de la vida. A lo largo de la vida los humanos
desempeñamos diversos roles, y no solo educativos-laborales, podemos ser estudiantes, madres, profesionales, viajeros,
etc.
Un proceso de orientación vocacional y ocupacional debe atravesar tres etapas. En primer lugar, el conocimiento de sí
mismo, es decir la exploración y reconocimiento de gustos, intereses, deseos, miedos que promueven u obstaculizan la
toma de decisiones. En segundo lugar, una etapa relacionada con la información o conocimiento del contexto general que
vincula al sujeto con ese proyecto de vida imaginado. Aquí el objetivo es que los orientados se informen sobre las distintas
opciones posibles. Este momento debe ser transitado escalonadamente, porque el caudal de datos puede ser extenso y
abrumar al sujeto. Por último, es necesario que el orientado logre describir y proyectar como imagina y piensa ese futuro,
de manera que visualice las acciones que lo llevarán a concretarlo.
Si se define a la “información ocupacional” como el conocimiento del conjunto de datos relativos a las profesiones y
ocupaciones, ¿qué sucede en proyectos personales, familiares o sociales? Si bien los proyectos educativos y laborales
funcionan como ejes transversales de nuestra vida, ya que estamos insertos en una sociedad con un sistema económico y
capitalista, estos otros proyectos pueden confluir con otros deseos que merecen la atención de la orientación para
acompañar a los sujetos en dichas transiciones. En este sentido, los orientadores desde una praxis preventiva deben
trabajar en el realce de competencias para que el sujeto desarrolle habilidades y destrezas, reforzando sus capacidades para
el logro de las mejores condiciones de vida.
Ningún proceso puede considerarse completo si no se incluye un momento de información ocupacional, ya que es
imprescindible para la toma de cualquier decisión conocer las posibles opciones. Esta búsqueda de información lo posiciona
ante lo extraño y desconocido, encontrando gradualmente información nueva. Este encuentro con la oferta ocupacional
puede generar dudas, nuevas preguntas, corrección de distorsiones.
El conocimiento de la realidad ocupación siempre supone un orientado con conocimientos previos, identificaciones
familiares que influyen en la decisión, pero además tiene una necesidad de encontrar nuevos posibles. Esta búsqueda será
graduada en niveles de profundización creciente y extensión decreciente. Un primer nivel que ofrece un panorama general
de las distintas opciones que pueden elegir, un segundo nivel de profundización de opciones preseleccionadas, un tercer
nivel de contacto directo con instituciones donde se desarrollan esas actividades, las “fuentes vivas de información”.
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