Triángulo armónico – Vicente Huidobro
Muchos expertos sitúan el nacimiento de la poesía visual en las creaciones del poeta
Simmias de Rodas, que vivió en Grecia alrededor del año 300 a.C. Sus obras estaban
diseñadas para escribirse encima de objetos, que después se obsequiaban.
En la mayoría de los casos, las letras, antes de ser eso, eran más figuraciones o
acercamientos a un objeto. Uno de los máximos exponentes de esta estructura
vanguardista fue el francés Guillaume Apollinaire, quien introdujo los caligramas en el
panorama artístico de inicios del siglo XX, pero ya desde la Antigüedad existían, como lo
viste con Simmias de Rodas, pero es partir de Apollinaire que autores de otros países
siguieron su ejemplo y exploraron la poesía visual.
Apollinaire popularizó esta figura poética a comienzos del siglo XX, en un intento por
innovar la creación literaria que le trajo reconocimiento internacional. En 1918, publicó
una colección de poemas titulada “Calligrammes, Poèmes de la paix et de la guerre”
(1913-1916), que incluía diversos poemas que representaban visualmente varias
situaciones.
Trataba de que la literatura no fuera opacada por el nacimiento del cine. Algunos
caligramas son divertidos y otros son dedicados a amigos, a la guerra, al amor y otras
cuestiones. Cada caligrama se proponía liberar a los lectores de la poesía tradicional.
Él le dio el nombre al caligrama, ya que es una contracción de las palabras caligrafía e
ideograma. Asimismo, desarrolló una forma de expresión que llamaba "el acto de escribir
con belleza".
Los caligramas hacen convivir a la poesía con el dibujo. Esa unión da pie a una variación
sintáctica, distributiva, tipográfica y de lectura. Además, promueve nuevas
interpretaciones y significaciones, y sobre todo, propone una crítica lúdica de la guerra a
partir de la palabra y la imagen.
Al juego sintáctico de Apollinaire se agrega:
El contraste de puntaje tipográfico para resaltar tamaños, es decir, jugar con el
tamaño de las letras.
La variación caligráfica no sólo depende de redondas o itálicas.
También la distribución de las imágenes trazadas, que pueden ser dependientes o
independientes.
El ductus: cuando una misma letra o palabra se emplea para dos versos.
La direccionalidad del texto: cuando se lee hacia arriba, en espiral, de derecha a
izquierda o hacia cualquier otra dirección.
Así como la liberación del renglón: cuando las letras o sílabas salpican el poema y
la lectura comienza donde lo decide el lector.
Tú me quieres alba bebe de las rocas;
Alfonsina Storni duerme sobre escarcha;
renueva tejidos
Tú me quieres alba, con salitre y agua;
me quieres de espumas, habla con los pájaros
me quieres de nácar. y lévate al alba.
Que sea azucena Y cuando las carnes
sobre todas, casta. te sean tornadas,
De perfume tenue. y cuando hayas puesto
corola cerrada. en ellas el alma
que por las alcobas
Ni un rayo de luna se quedó enredada,
filtrado me haya. entonces, buen hombre,
Ni una margarita preténdeme blanca,
se diga mi hermana. preténdeme nívea,
Tú me quieres nívea, preténdeme casta.
tú me quieres blanca,
tú me quieres alba.
La que comprende
Tú que hubiste todas
las copas a mano, Con la cabeza negra caída hacia adelante
de frutos y mieles Está la mujer bella, la de mediana edad,
los labios morados. Postrada de rodillas, y un Cristo agonizante
Tú que en el banquete Desde su duro leño la mira con piedad.
cubierto de pámpanos En los ojos la carga de una enorme tristeza,
dejaste las carnes En el seno la carga del hijo por nacer,
festejando a Baco. Al pie del blanco Cristo que está sangrando
Tú que en los jardines reza:
negros del Engaño -¡Señor, el hijo mío que no nazca mujer!
vestido de rojo
corriste al Estrago.
Tú que el esqueleto La loba
conservas intacto
no sé todavía Yo soy como la loba.
por cuáles milagros, Quebré con el rebaño
me pretendes blanca Y me fui a la montaña
(Dios te lo perdone), Fatigada del llano.
me pretendes casta Yo tengo un hijo fruto del amor, de amor sin
(Dios te lo perdone), ley,
¡Me pretendes alba! Que no pude ser como las otras, casta de
buey
Huye hacia los bosques, Con yugo al cuello; ¡libre se eleve mi cabeza!
vete a la montaña; Yo quiero con mis manos apartar la maleza.
límpiate la boca; Mirad cómo se ríen y cómo me señalan
vive en las cabañas; Porque lo digo así: (Las ovejitas balan
toca con las manos Porque ven que una loba ha entrado en el
la tierra mojada; corral
alimenta el cuerpo Y saben que las lobas vienen del matorral).
con raíz amarga;
¡Pobrecitas y mansas ovejas del rebaño! Gabriela Mistral
No temáis a la loba, ella no os hará daño.
Pero tampoco riáis, que sus dientes son finos El mar sus millares de olas
¡Y en el bosque aprendieron sus manejos mece, divino.
felinos! Oyendo a los mares amantes,
No os robará la loba al pastor, no os mezo a mi niño.
inquietéis; El viento errabundo en la noche
Yo sé que alguien lo dijo y vosotras lo creéis mece los trigos.
Pero sin fundamento, que no sabe robar Oyendo a los vientos amantes,
Esa loba; ¡sus dientes son armas de matar! mezo a mi niño.
Ha entrado en el corral porque sí, porque Dios Padre sus miles de mundos
gusta mece sin ruido.
De ver cómo al llegar el rebaño se asusta, Sintiendo su mano en la sombra
Y cómo disimula con risas su temor mezo a mi niño.
Bosquejando en el gesto un extraño
escozor...
Id si acaso podéis frente a frente a la loba Se desprendió mi sangre
Y robadle el cachorro; no vayáis en la boba Concha Méndez
Conjunción de un rebaño ni llevéis un
pastor... Se desprendió mi sangre para formar tu
¡Id solas! ¡Fuerza a fuerza oponed el valor! cuerpo.
Ovejitas, mostradme los dientes. ¡Qué Se repartió mi alma para formar tu alma.
pequeños! Y fueron nueve lunas y fue toda una angustia
No podréis, pobrecitas, caminar sin los de días sin reposo y noches desveladas.
dueños
Por la montaña abrupta, que si el tigre os Y fue en la hora de verte que te perdí sin
acecha verte.
No sabréis defenderos, moriréis en la brecha. ¿De qué color tus ojos, tu cabello, tu
Yo soy como la loba. Ando sola y me río sombra?
Del rebaño. El sustento me lo gano y es mío Mi corazón que es cuna que en secreto te
Donde quiera que sea, que yo tengo una guarda,
mano porque sabe que fuiste y te llevó en la vida,
Que sabe trabajar y un cerebro que es sano. te seguirá meciendo hasta el fin de mis
La que pueda seguirme que se venga horas.
conmigo.
Pero yo estoy de pie, de frente al enemigo,
La vida, y no temo su arrebato fatal
Porque tengo en la mano siempre pronto un
puñal.
El hijo y después yo y después... ¡lo que sea!
Aquello que me llame más pronto a la pelea.
A veces la ilusión de un capullo de amor
Que yo sé malograr antes que se haga flor.
Yo soy como la loba,
Quebré con el rebaño
Y me fui a la montaña
Fatigada del llano.
Meciendo