EL IMPACTO PSICOLÓGICO DE LAS EMERGENCIAS Y
DESASTRES
3 minutos de tiempo para cada uno en la exposición
1. ¿Qué es una emergencia y qué es un desastre? (Liset)
● Definiciones desde la psicología y organismos internacionales (OMS, OPS, UNDER).
Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), un desastre es: "Un acto de la naturaleza
de tal magnitud que da origen a una situación catastrófica en la que súbitamente se
desorganizan los patrones cotidianos de vida y la gente se ve hundida en el desespero y
sufrimiento. Como resultado de ello las víctimas necesitan víveres, ropa, vivienda, asistencia
médica psicológica y de enfermería.
Para la Organización de Naciones Unidas dedicada a la coordinación de la reducción del
riesgo de desastres. lo define como la interrupción grave del funcionamiento de una
comunidad o sociedad que causa pérdidas humanas materiales, económicas o ambientales
generalizadas, que exceden la capacidad de la comunidad o sociedad afectada para hacer
frente a la situación utilizando sus propios recursos. Un desastre es función del proceso de
riesgo. Resulta de la combinación de amenazas, condiciones de vulnerabilidad y capacidad o
medidas insuficientes para reducir las consecuencias negativas y potenciales del riesgo.
Para la Organización Panamericana de la salud Un desastre es un evento inesperado y de
gran magnitud, como un huracán, terremoto o inundación, que causa daños significativos a la
vida humana, la infraestructura y el medio ambiente, superando la capacidad de respuesta de
una comunidad o país, y generando una alteración profunda en las condiciones normales de
vida, lo que puede agravar problemas de salud pública, como la propagación de
enfermedades, especialmente en contextos vulnerables.
La Organización Panamericana de la Salud define la emergencia como una situación
inesperada o peligrosa que pone en riesgo la salud, la vida o el bienestar de las personas y que
necesita una respuesta rápida. Esto puede ser, por ejemplo, un desastre natural (como un
terremoto o una inundación), un brote de enfermedad, un accidente grande, o un conflicto.
Las emergencias son eventos que suceden de forma repentina y requieren acciones
inmediatas para proteger a las personas y minimizar los daños. Además de ser un evento al
cual se puede responder mediante el uso de recursos ya disponibles localmente, lo cual
implica que no hay necesidad de solicitar asistencia externa.
La UNDER define a la emergencia como una emergencia es una situación adversa que,
aunque puede representar una amenaza significativa para la vida, la salud, los bienes o el
medio ambiente, puede ser gestionada eficazmente mediante el uso de los recursos
disponibles localmente, sin necesidad de solicitar asistencia externa.
La Organización Mundial de la Salud considera una emergencia médica todas aquellas
situaciones en las que se requieren acciones y decisiones médicas inmediatas. Dada la
complejidad de la situación o afección estos ponen riesgo de vida en los involucrados.
Cuando nos referimos a emergencias médicas no hay suficiente tiempo, por eso los
socorristas o encargados de la situación deben tratar al paciente en el lugar que se encuentre
con la intención de sacarlos del peligro en el que se encuentran. Posteriormente a estabilizar
el riesgo de vida, será necesario trasladar al o los afectados a un centro médico para los
siguientes pasos requeridos en la mejora de su salud física y mental.
● Diferencias entre ambos términos y su relevancia para la intervención
psicológica.
Las emergencias y los desastres se diferencian principalmente por su magnitud y la capacidad
de respuesta que requieren. Una emergencia es una situación inesperada que representa un
riesgo para la vida, la salud o el bienestar de las personas, pero que puede ser controlada con
los recursos locales disponibles. En cambio, un desastre es un evento de gran escala, como un
terremoto o huracán, que causa una alteración profunda del funcionamiento social, supera la
capacidad local de respuesta y requiere asistencia externa. Esta diferencia es crucial para la
intervención psicológica, ya que en las emergencias se aplican principalmente primeros
auxilios psicológicos, contención emocional y apoyo inmediato, mientras que en los desastres
se necesita una respuesta psicológica más compleja, sostenida en el tiempo y coordinada
entre distintas instituciones.
2. Importancia de abordar el impacto psicológico en contextos de desastre (Ara)
● ¿Por qué es fundamental la salud mental en emergencias?
La atención a la salud mental en situaciones de desastre es esencial para cuidar la vida
emocional de las personas y fortalecer su capacidad de recuperación. Esta necesidad quedó en
evidencia tras el terremoto del 19 de septiembre de 2017 en México, de magnitud 7.1, que
dejó cientos de fallecidos y miles de damnificados en diversos estados del país.
El desastre ocurrió en un contexto social complicado: altos niveles de pobreza, violencia,
desconfianza institucional y un tejido social ya fragmentado. Por ello, los afectados no solo
enfrentaban pérdidas materiales, sino también un fuerte impacto emocional. En este
escenario, la salud mental se volvió una prioridad urgente, ya que las personas necesitaban
herramientas para gestionar el trauma, tomar decisiones seguras y evitar que el sufrimiento
psicológico se transformara en un problema más profundo.
Una respuesta ejemplar vino de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, que
organizó brigadas de apoyo psicológico de emergencia. En solo siete días, se capacitaron 400
voluntarios entre psicólogos, estudiantes y ciudadanos. Se formaron brigadas que visitaron
las zonas más afectadas para brindar primeros auxilios psicológicos: escucharon con empatía,
ofrecieron contención emocional y ayudaron a las personas a recuperar la calma y el sentido
de seguridad.
Estas acciones demostraron que cuidar la salud mental en emergencias no solo alivia el
sufrimiento inmediato, sino que también fortalece la resiliencia comunitaria y previene daños
mayores. Cuando se atiende la mente con el mismo compromiso que el cuerpo, se siembra
esperanza en medio del caos (Palacios & Bernarda, 2017).
● Consecuencias de no intervenir: cronicidad del trauma, colapso social, aumento de
problemas de salud mental.
La falta de intervención ante situaciones de trauma o crisis puede desencadenar
consecuencias profundas y duraderas tanto a nivel individual como colectivo. Una de
las principales consecuencias es la cronicidad del trauma, lo que significa que el
dolor emocional no se supera y se vuelve permanente. Durante la pandemia por
COVID-19, muchas personas que no tenían problemas mentales previos empezaron a
sufrir de ansiedad, depresión, insomnio y otros trastornos debido al encierro, el miedo
y la incertidumbre constante (Alarcón et al., 2022).
Otra consecuencia importante es el colapso social. Cuando no hay apoyo psicológico
adecuado, aumentan los problemas dentro de las familias, como la violencia y las
discusiones constantes. También se pierde la confianza entre las personas, se debilitan
las relaciones sociales y muchos sienten que están solos en medio de la crisis.
Además, durante la pandemia, los servicios de salud mental fueron considerados "no
esenciales" y se interrumpieron, dejando sin ayuda a quienes más la necesitaban
(Femat & Ortiz, 2020).
También se ha visto un aumento de los problemas de salud mental, sobre todo en
niños, adolescentes y personas que han vivido situaciones difíciles como conflictos
armados. En estos casos, la falta de apoyo puede afectar su forma de pensar, de
relacionarse con los demás y de enfrentar el futuro. Pueden aparecer síntomas como
miedo constante, tristeza profunda, agresividad o dificultad para concentrarse, lo cual
puede afectar su desarrollo y su vida diaria (Piñeros et al., 2021).
No intervenir a tiempo puede dejar heridas emocionales que duran muchos años,
debilitar a la sociedad y generar más enfermedades mentales. Por eso, es fundamental
ofrecer apoyo psicológico desde el inicio de cualquier crisis, para proteger tanto a las
personas como a la comunidad en general.
3. Factores de riesgo y factores protectores psicológicos (Angeles)
El impacto psicológico de las emergencias y desastres está condicionado por varios
factores de riesgo que incrementan la vulnerabilidad emocional de las personas. Entre estos,
destacan la edad, el género, las experiencias previas traumáticas y el nivel de apoyo social.
Edad
La edad influye significativamente en la forma en que se perciben y enfrentan los
eventos críticos. Los niños suelen tener dificultades para comprender y procesar
adecuadamente las situaciones traumáticas debido a su desarrollo emocional aún en
formación. Por su parte, los adultos mayores pueden experimentar sentimientos de abandono,
miedo o impotencia. Según Umaña y Zárate (2014), “la edad condiciona la forma en que se
comprende y se enfrenta una situación de emergencia; los niños pequeños y los adultos
mayores requieren apoyos diferenciados para procesar la experiencia”.
Género
El género también representa un factor importante. Las mujeres, en particular, tienden
a reportar niveles más elevados de ansiedad, estrés postraumático y depresión después de un
desastre. Esto puede deberse a una combinación de factores biológicos, sociales y
estructurales, como su rol frecuente como cuidadoras o su mayor exposición a situaciones de
vulnerabilidad (Umaña y Zárate, 2014).
Experiencias traumáticas previas
Las personas que han atravesado eventos traumáticos previos presentan una mayor
probabilidad de desarrollar reacciones psicológicas intensas frente a nuevas crisis. “Las
experiencias traumáticas acumuladas debilitan la capacidad adaptativa del individuo,
haciendo más compleja su recuperación” (Umaña y Zárate, 2014).
Apoyo social
El apoyo social es un elemento clave para enfrentar adecuadamente una emergencia.
Su ausencia agrava el malestar emocional, mientras que su presencia puede tener un efecto
protector importante. Tello (2023) afirma que “la presencia de vínculos significativos que
brinden apoyo, validación y seguridad incrementa la percepción de control y reduce la
intensidad del malestar emocional”
Factores Protectores Psicológicos
En contraposición a los factores de riesgo, existen factores protectores que ayudan a
las personas a enfrentar mejor las situaciones de emergencia. Entre ellos destacan la
resiliencia y la autoeficacia.
Resiliencia
La resiliencia se refiere a la capacidad de afrontar la adversidad, adaptarse
positivamente y salir fortalecido de la experiencia. No implica negar el dolor, sino
reorganizar los recursos personales y sociales para afrontarlo. Tello (2023) señala que “las
personas resilientes no niegan el dolor o el trauma, pero logran construir un sentido sobre lo
vivido”. Esta capacidad puede desarrollarse a través del tiempo, mediante experiencias de
afrontamiento y vínculos significativos.
Autoeficacia
La autoeficacia es la creencia de una persona en su capacidad para resolver problemas
y manejar situaciones complejas. Quienes poseen alta autoeficacia suelen mostrar mayor
persistencia, confianza y control emocional en momentos difíciles. Según Tello (2023), “la
autoeficacia se vincula con una mayor perseverancia, regulación emocional y pensamiento
positivo ante eventos estresantes”. Este factor fomenta una actitud proactiva, lo cual favorece
la recuperación psicológica tras un desastre.
4. El rol del psicólogo en la primera respuesta (Sergio)
En la primera respuesta a emergencias y desastres, el psicólogo desempeña un papel
crucial al mitigar el impacto psicológico agudo y facilitar la recuperación de los afectados.
Sus funciones principales son:
● Proporcionar Primeros Auxilios Psicológicos (PAP) para reducir el estrés inicial y
prevenir trastornos a largo plazo (Dirección Nacional de Salud Mental y Adicciones &
Dirección Nacional de Emergencias Sanitarias (DINESA), 2015; Unidad Interna de
Protección Civil del Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS),
Universidad de Guadalajara, 2014).
● Evaluar necesidades psicosociales y priorizar la atención (Dirección Nacional de
Salud Mental y Adicciones & Dirección Nacional de Emergencias Sanitarias
(DINESA), 2015).
● Ofrecer apoyo emocional y un ambiente seguro (Unidad Interna de Protección Civil
del Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS), Universidad de
Guadalajara, 2014).
● Promover la resiliencia (Sandoval-Obando & Sandoval-Díaz, 2024).
● Canalizar a las personas afectadas hacia los recursos necesarios.
● Contribuir a la gestión del riesgo de desastres (Sandoval-Obando & Sandoval-Díaz,
2024).
● Primeros auxilios psicológicos.
Los Primeros Auxilios Psicológicos (PAP) son una intervención de apoyo a corto
plazo que se brinda a personas que han experimentado un evento traumático o una
crisis. Los PAP tienen como objetivos principales reducir el estrés inicial, prevenir el
desarrollo de trastornos mentales a largo plazo y facilitar la adaptación de las personas
a la situación (Dirección Nacional de Salud Mental y Adicciones & Dirección
Nacional de Emergencias Sanitarias (DINESA), 2015; Unidad Interna de Protección
Civil del Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS), Universidad de
Guadalajara, 2014).
Los principios clave de los PAP incluyen:
Contacto: Establecer una conexión con la persona afectada de manera empática y
no intrusiva.
Seguridad: Garantizar la seguridad física y emocional de la persona.
Estabilización: Ayudar a la persona a recuperar la calma y el control emocional.
Recopilación de información: Obtener información sobre las necesidades y
preocupaciones de la persona.
Apoyo práctico: Ofrecer ayuda concreta para resolver problemas inmediatos.
Conexión con recursos: Vincular a la persona con redes de apoyo y servicios de
salud mental si es necesario.
● Coordinación con equipos de salud y rescatistas.
La coordinación con equipos de salud y rescatistas es esencial en la respuesta a emergencias y
desastres para proporcionar una atención integral a las personas afectadas. Los siguientes
puntos destacan la importancia de esta coordinación:
● Intervención integral: La coordinación entre los psicólogos y otros profesionales de
la salud (médicos, enfermeros, etc.) asegura que se atiendan tanto las necesidades
físicas como las psicológicas de los afectados (Dirección Nacional de Salud Mental y
Adicciones & Dirección Nacional de Emergencias Sanitarias (DINESA), 2015).
● Apoyo a los intervinientes: Los equipos de salud mental también brindan apoyo a los
rescatistas y otros intervinientes, ayudándoles a manejar el estrés y prevenir el
desgaste profesional (Sandoval-Obando & Sandoval-Díaz, 2024).
● Canalización de recursos: La coordinación permite conectar a las personas afectadas
con los recursos y servicios de apoyo disponibles, como albergues, asistencia médica
y servicios de salud mental a largo plazo (Unidad Interna de Protección Civil del
Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS), Universidad de Guadalajara,
2014).
● Trabajo en equipo: Se enfatiza la importancia de establecer relaciones horizontales,
de confianza y de trabajo en equipo entre los diferentes equipos de intervención para
optimizar la respuesta y el apoyo brindado (Sandoval-Obando & Sandoval-Díaz,
2024).
5. Impacto psicológico en los trabajadores de primera línea (Fabian)
Los trabajadores de primera línea policías, bomberos, personal médico y voluntarios están
expuestos a altos niveles de estrés emocional y físico durante las emergencias, especialmente
en el contexto de desastres relacionados con el cambio climático. Esta exposición constante
puede desencadenar burnout, caracterizado por agotamiento emocional, despersonalización y
baja realización personal (Maslach & Leiter, 2016), y fatiga por compasión, un tipo de
agotamiento que surge al empatizar continuamente con el sufrimiento de otros (Figley, 2002).
La OPS (2020) reportó que más del 40 % del personal de salud en América Latina mostró
síntomas de ansiedad o depresión durante la pandemia, y la Cruz Roja Internacional (2021)
encontró que el 73 % de los voluntarios en desastres climáticos experimentaron estrés
traumático, aunque pocos recibieron apoyo psicosocial.
Ante esta realidad, el autocuidado profesional es esencial para preservar la salud mental.
Incluir pausas activas, apoyo psicológico, entrenamiento en regulación emocional y espacios
seguros para hablar es parte del trabajo preventivo que debe promover el psicólogo en
contextos de emergencia.