Capítulo I
Nociones preliminares
1. El ordenamiento jurídico.
El ordenamiento jurídico está constituido por el conjunto de imperativos
de carácter jurídico vigentes en una comunidad. Estos imperativos creados o
reconocidos por el Estado y sancionados por él constituyen el ordenamiento
jurídico estatal. No es el único, pues cuando existen más Estados se produce el
ordenamiento jurídico internacional, que sólo puede tener autoridad en el régimen
interno, es decir, en nuestro país en cuanto y en la medida en que el Estado le
reconozca eficacia. También dentro de un mismo Estado pueden existir otros
estatutos que podrán tener valor en cuanto en propio Derecho se los conceda.
Dentro del ordenamiento jurídico interno los preceptos tienen ciertas
características dentro de las cuales resalta, entre otras, la bilateralidad del
Derecho, es decir, que éste regula las relaciones entre los hombres, lo que
constituye la base de la relación jurídica.
Además, la estatalidad del Derecho, donde, por un lado, es el Estado que
crea o reconoce las normas obligatorias, lo cual significa que tales preceptos
pueden ser dictados directamente por el Estado, o bien, que el Estado puede
reconocer los preceptos que derivan de otras fuentes. Esto sucederá, por ejemplo,
cuando se le dé fuerza o valor a la costumbre. Por el otro lado, es el Estado el que
garantiza la observancia del ordenamiento jurídico.
El último caso es la obligatoriedad del Derecho. Esto significa que no es
voluntario para los particulares el someterse o no a las normas del Derecho. En
caso contrario, el ordenamiento jurídico establece diversas sanciones para el
incumplimiento de la norma.
Tradicionalmente se antepone a cualquier distinción la de derecho objetivo
y subjetivo, siendo que significan un mismo concepto constituyendo una unidad
indivisible.
1) Derecho objetivo: Es el orden o regulación, es el conjunto de reglas o normas
establecidas para regular la vida en sociedad.
2) Derecho subjetivo: Significa el poder o facultad de una persona derivada de
esas normas para exigir algo jurídicamente.
Generalmente al ordenamiento jurídico se le asocian solamente las normas
legales y reglamentarias. No obstante, existen otros elementos, como es el
caso de la costumbre según la fuerza que a ella se le asigne como fuente formal
del Derecho. También encontramos ciertos principios de orden general que
establece la Constitución, y que se imponen incluso al legislador. Al enmarcar la
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acción legislativa entran a delimitar y formar parte automáticamente de toda
estructura normativa legal, la que se encuentra así dentro de los principios
generales que una sociedad ha creído esenciales en un momento determinado de
su evolución. Sólo caben estos principios generales que están contenidos en la
Constitución y que a través de ella han delimitado la ley y han pasado a ser parte
indispensable y constituyente del precepto legal.
También formará parte del ordenamiento jurídico la equidad y el espíritu
general de la legislación. Estas se adquieren a través de la labor judicial. Es la
equidad el elemento que deben utilizar los jueces al efectuar la integración de la
ley según lo dispone el art. 170 Nº 5 del CPC al realizar una tarea impuesta por los
arts. 76, inc. 2º de la Constitución y 10, inc. 2º del COT.
Tanto la equidad natural como el espíritu general de la legislación son
elementos que señala el artículo 24 del CC para la interpretación de la ley. Es
importante señalar que el ordenamiento jurídico se complementa y enriquece cada
día mediante la función interpretativa o integradora que realiza el Poder Judicial
apoyada por la jurisprudencia como elemento necesario, sin perjuicio de que los
fallos de los tribunales superiores de justicia no son obligatorios para los tribunales
inferiores.
2. Derecho público y derecho privado.
Esta diferencia en algunas oportunidades no es lo suficientemente clara. Por
lo general se consideran como pertenecientes al derecho público las normas que
regulan la organización del Estado y sus relaciones con otros Estados; también las
que se relacionan con la constitución, organización y determinación de los fines de
los demás entes públicos. Por su parte, el derecho privado es el conjunto de
normas que se refieren a la persona, a la organización familiar y a su actividad
patrimonial.
Esta distinción se remonta hasta el Derecho Romano, donde se sostenía que
el derecho público era el que se refería a los derechos de la ciudad o el que
emanaba de las normas y el derecho privado el que regulaba las relaciones entre
los ciudadanos o tenía como fuente la declaración de voluntad de los particulares.
Con el tiempo han surgido diferentes teorías que tratan de justificar una u
otra posición. Así se ha sostenido que uno cuida el interés colectivo y el otro el
interés individual. Sin perjuicio de ello, toda norma tiene por objeto servir al
interés general, y en tal caso el derecho sería público; en cambio, si se miran
desde el punto de vista del interés propio de un sujeto, todas las normas serían de
derecho privado. Otras teorías atienden a la cualidad del sujeto olvidando que el
Estado en muchas veces actúa frente a los particulares como ente privado,
recibiendo el nombre de fisco, y no comparado por el imperio de una organización
pública.
Finalmente, hay algunos que buscan esta distinción en que si las normas son
renunciables o irrenunciables. Aquí se confunden las normas de derecho público
con las de orden público. Existen en el derecho privado innumerables normas que
son irrenunciables y que no pierden con eso su carácter de privadas.
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Si el Derecho emana de la naturaleza social del hombre, su fin es construir
un instrumento para que haya paz en la comunidad. Para conseguir esta paz,
entre otras condiciones, se debe buscar el establecimiento de la justicia en las
relaciones sociales. En algunas oportunidades estas relaciones no son siempre de
la misma naturaleza, y se puede distinguir dos tipos de éstas:
a. Las que se producen entre las personas entre sí como miembros de una
comunidad: Aquí los hombres están entre sí en la misma posición y en la misma
situación; están básicamente equiparados o coordinados. Sus relaciones serán
necesariamente de intercambio, derivadas de la necesidad que cada uno tiene de
los otros en el conjunto social.
En lo que respecta a la justicia, el fin de las relaciones particulares es el bien
particular: su objeto de intercambio son los bienes para satisfacer las necesidades
que la vida le impone a cada uno.
Para que la igualdad se produzca en este intercambio, debe ser una igualdad
de equivalencia que implicará el trato justo. Esta igualdad de equivalencia es lo
que Aristóteles llama justicia sinalagmática, conmutativa o contractual.
b. Las relaciones que se producen entre la autoridad y el grupo social: En
este caso la autoridad está dotada de un poder de mando y se le han atribuido
poderes de imposición. Por ello, está superordenada respecto de sus súbditos, y
estos últimos no se encuentran equiparados en relación a la autoridad, es decir,
están subordinados.
Respecto a la justicia, la relación de la autoridad con sus súbditos no
persigue ya el bien particular de cada uno de ellos, sino un orden común de
carácter social. Por eso es que esta relación de reparto, de atribución o de
distribución se da, por ende, una igualdad de proporción que implica que los que
se hallen en la misma situación serán tratados igualmente y los que se encuentren
en una situación distinta tendrán un trato diferente. Por lo tanto, la distinción
entre justicia conmutativa y justicia proporcional es la diferencia
fundamental entre el derecho público y el derecho privado.
2.1. El derecho público.
Las funciones constituyente, legislativa, administrativa y judicial que
integran el derecho público tienen fundamentalmente una cosa en común: que
todas estas funciones deben basarse en el principio de juridicidad, que se
refleja en los artículos 6º y 7º de la Constitución1.
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Art. 6º. Los órganos del Estado deben someter su acción a la Constitución y a las normas
dictadas conforme a ella.
Los preceptos de esta Constitución obligan tanto a los titulares o integrantes de dichos
órganos como a toda persona, institución o grupo.
La infracción de esta norma generará las responsabilidades y sanciones que determine la
ley.
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Lo anterior se refleja en el concepto que en el derecho público sólo puede
realizarse lo que esté expresamente permitido o autorizado por la ley.
2.2. El derecho privado.
Hemos indicado que el derecho privado se caracteriza por una justicia
basada en la igualdad de equivalencia que debe presidir en sus actos de
intercambio. Lo anterior no nos debe llevar a la conclusión de que el derecho
privado sólo reglamenta los actos a través de los cuales se produce esa relación de
intercambio. Esto nos conduciría a limitar el derecho privado a la normativa de los
actos jurídicos.
El derecho privado tiene dos partes:
1) Una parte orgánica: Reglamenta a las personas y sus bienes.
2) Una parte dinámica: Regula la voluntad en los actos jurídicos donde estas
personas actúan.
A diferencia del derecho público, en el derecho privado se puede realiza todo
aquello que no esté prohibido. Sin perjuicio de lo anterior, hay que agregar que
existen límites: el orden público, las buenas costumbres, los derechos legítimos de
terceros y la legislación que complementa la prohibición que tienen las partes para
contratar.
3. El Derecho Civil.
El Derecho Civil se ubica dentro del ámbito del derecho privado, al igual
que el Derecho Comercial y otras ramas, y está en contraposición al Derecho
Constitucional, Penal, Tributario, entre otros, que forman parte del derecho
público.
El Derecho Civil es el derecho privado común y general. Sus orígenes se
remontan al Derecho Romano, especialmente al Corpus Iuris Civilis. Tiene un
carácter de permanente y universal que emana principalmente por haberse
formado a través de la resolución adecuada de casos reales presentados en la
sociedad a lo largo del tiempo.
Es general el Derecho Civil porque da su base de carácter dogmático a todo
el Derecho que no sea estrictamente político. Esto se aprecia en el Título
Preliminar del Código Civil, cuyas normas son aplicables, incluso, a toda la
legislación. Por otra parte, las normas conceptuadas y abstractas que contienen la
(Continuación nota 1):
Art. 7º. Los órganos del Estado actúan válidamente previa investidura regular de sus integrantes,
dentro de su competencia y en la forma que prescriba la ley.
Ninguna magistratura, ninguna persona ni grupo de persona pueden atribuirse, ni aun a
pretexto de circunstancias extraordinarias, otra autoridad o derechos que los que expresamente se
les hayan conferido en virtud de la Constitución o las leyes.
Todo acto en contravención a este artículo es nulo y originará las responsabilidades y
sanciones que la ley señale.
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teoría de los actos jurídicos y de las obligaciones configuran la estructura general
de nuestro ordenamiento jurídico.
Al ser un derecho común y general, el Derecho Civil constituye la parte
fundamental y más importan de los estudios jurídicos. No hay institución que no
haga mención al Derecho Civil, pero esto no quita que determinadas materias
hayan adquirido por el tiempo una fisonomía propia y sean objeto de un estudio
independiente. Por ejemplo, en el fondo, el Derecho Civil es el gran Derecho
Comercial, y éste es un derecho especial para determinadas circunstancias dentro
del gran molde teórico e institucional del Derecho Civil. Lo mismo sucede con el
Derecho Laboral.
En resumen, es general porque rige las relaciones jurídicas ordinarias y más
generales del ser humano en cuanto tal, con prescindencia o abandonando
cualquiera otra circunstancia, como por ejemplo, la profesión, la ciudadanía, etc.;
y es común porque todas las relaciones jurídicas privadas de los hombres que no
estén tratadas en una rama especial del derecho se regirán por el Derecho Civil y
porque sus principios y normas generales informan las demás ramas del derecho
privado cuando éstas no mencionen principios. Lo anterior se refleja en el Código
Civil como cuerpo normativo del Derecho Civil en el artículo 4º.
Art. 4º. Las disposiciones contenidas en los Códigos de Comercio, de Minería, del Ejército y
Armada y demás especiales, se aplicarán con preferencia a las de este Código.
4. El Código Civil chileno.
Cuando Chile se independiza del Reino de España, regían hasta ese entonces
el ordenamiento jurídico que había establecido el rey de España, y en particular
regían algunas leyes para Chile; pero en defecto de esa legislación especial regían
en general las leyes españolas. No existía la codificación, de tal forma que la
legislación era frondosa, complicada y confusa: se sobreponían muchas veces
disposiciones unas con otras.
Para tratar de dar una cierta prelación, las leyes que regían eran:
1) Las pragmáticas, ordenanzas y demás decretos del rey, comunicadas por el
Consejo Real de Indias desde el 8 de mayo de 1680. Ahí estaban las
Ordenanzas de Minería de la Nueva España, las Ordenanzas de Bilbao en
materia comercial (1795) y el Reglamento de Libre Comercio (1798).
2) La Recopilación de las Leyes de Indias, que reunían todas las aplicaciones
mencionadas, pero sólo se aplicaban en América. Fue promulgada por Carlos I
el 8 de mayo de 1680.
3) La Novísima Recopilación de las Leyes de España, publicada en 1805 y a la que
se añadió un suplemento en 1808.
4) Las Leyes de Estilo y el Fuero Real, el cual fue publicado en 1255 por Alfonso X
al mismo tiempo que Las Partidas.
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5) El Fuero Juzgo, el Código de los Visigodos que adoptó Fernando III de Castilla y
Las Partidas de Alfonso X, que fueron las más importantes. Las Partidas fueron
un documento jurídico y literario muy importante porque constituyen la primera
y gran recepción del Derecho Romano. Así entonces nace el Derecho Civil a
partir del Ius Civile Romano, de tal manera que suplían o modificaban la
legislación española general, que continuaban siendo la legislación normal.
Una vez que Chile se independiza, vienen los primeros tiempos de la
República y se vio la necesidad de una codificación de la ley civil. En 1826, Chile
tenía una Constitución federal, la cual había un artículo que establecía la creación
de una comisión que debía presentar un proyecto de legislación civil y comercial.
En 1831 el Poder Ejecutivo contesta una consulta del Congreso en un oficio
que llevaba la firma del ministro Diego Portales, que decía que no debía pensarse
en una simple recopilación de las actuales leyes de Castilla e Indias, sino que se
debía hacer una nueva legislación compatible a la nueva situación y normas de
Chile.
En 1840 se crea una comisión mixta de las Cámaras para una codificación de
las leyes simples, y en 1841 se crea una junta revisora, las cuales no hicieron
nada.
Por esa misma época apareció don Andrés Bello, quien trabajaba en la
redacción del Código Civil, que fue terminado en 1852. En ese mismo año se
designó una comisión que revisara este proyecto, la cual realizó más de doscientas
sesiones, pero no se redactaron actas. Sin embargo, y a pesar de ello, fue
terminado en 1855 y fue enviada al Congreso, aprobándolo sin modificaciones.
Luego se dictó una ley que trataba la vigencia del Código Civil, que regiría a partir
del 1 de enero de 1857.
4.1. Fuentes del Código Civil.
El Código Civil chileno se inspiró y tuvo como principal fuente el Código
Civil francés o Código Napoleón, que fue promulgado en 1804. Esta opinión no
es absolutamente exacta porque si bien en materia de obligaciones se siguió de
cerca el Code francés, también se puede decir que en las demás instituciones hay
una creación original en que en parte se sigue al Derecho Romano, se han
estudiado los principios del Derecho inglés, jurisconsultos nobles y en general de
otras ilustres codificaciones en que se inspiró Andrés Bello, como:
- El Código de Baviera.
- El Código de Austria (1814).
- El Código de la Luisiana (1822).
- El Código Sardo (1838).
- El Código de las Dos Sicilias.
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También se inspiró en la antigua institución española, como Las Partidas.
Estudió también un presente proyecto de Código Civil español de García Oyena.
También estudió a Pothier, Domat, Savigny y a los primeros comentaristas del
Code.
En el Código Civil chileno hay un Título Preliminar que trata de los
principios del Derecho Internacional Privado y de la interpretación de la
ley2, cosa que el Código francés no se refiere.
En materia de ley, a diferencia del Code que en su Título Preliminar está
compuesto por seis artículos, el Código Civil chileno contiene 53. En ellos se trata
de la ley, su concepto, promulgación, obligatoriedad, efectos en cuanto al tiempo y
espacio, derogación e interpretación. Se definen además las palabras de uso
frecuente: parentesco y representación, dolo, culpa, fuerza mayor, caución y
presunciones. Se destacan también los artículos 14 al 18, que contienen normas
fundamentales del Derecho Internacional Privado, las que pueden ser consideradas
vanguardistas para la época.
El Derecho Civil, al regular el mundo del Derecho, señala quiénes y qué
cosas, y ambos a la vez, la forma en que pueden actuar en él. Con estos
prerrequisitos se entra al campo de la voluntad como fuerza creadora y
movilizadora del Derecho. La voluntad de las personas hace vivir el mundo jurídico
creando, modificando y extinguiendo relaciones jurídicas, por lo que nuestro
Derecho Civil tiene una parte orgánica y una dinámica, que son fáciles de apreciar
atendiendo la estructura del Código Civil. Esto ya se aprecia en el Título
Preliminar, donde se separan las materias orgánicas en las que no tiene ninguna o
poca cabida la autonomía de la voluntad de aquellas otras en que dicha voluntad
es la fuente creadora de las relaciones jurídicas.
4.2. Libros del Código Civil.
El Código Civil chileno contiene cuatro libros:
Libro Primero: De las personas: Cuando se refiere a las personas, y en especial
de las personas naturales, trata del matrimonio y de la filiación, es decir, de las
relaciones de familia que generan derechos y obligaciones emanados de la ley y en
que la situación de cada uno es a su vez prerrequisito para la actuación en los
actos de la vida civil. Esta materia es totalmente orgánica, porque fuera de la
voluntad de los involucrados, fija obligaciones legales y requisitos para actuar en
la vida jurídica.
También se trata en el Libro I lo referente a los tutores y curadores, es decir,
de los representantes legales y determinados incapaces y de administradores de
ciertos patrimonios.
Libro Segundo: De los bienes, y de su dominio, posesión, uso y goce: Esta
parte es orgánica en cuanto señala las distintas clases de bienes y en cuanto
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Las normas interpretativas de la ley se inspiran en el Código de la Luisiana, pero es un sistema
original de nuestro Código.
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determina cuáles son los derechos reales, fijando su contenido. Pero también
juega aquí la voluntad, ya que se establece cuáles son los modos de adquirir, y
éstos implican siempre un acto voluntario, salvo para el caso de la accesión. La
voluntad incluso se aplica a la prescripción adquisitiva porque la posesión le sirve
de base e involucra un acto de voluntad.
En materia de bienes en general, el Código Civil se aparta del francés, pues
siguiendo la tradición romana y las opiniones de Pothier, el dominio y los demás
derechos reales se adquieren a través de un modo de adquirir. Para los franceses,
el mismo contrato (título) transfiere el dominio; para nosotros, la tradición del
dominio de los bienes raíces y de los gravámenes constituidos en ellos se efectúa
a través de la inscripción en el Registro del Conservador de Bienes Raíces.
Libro Tercero: De la sucesión por causa de muerte y de las donaciones
entre vivos: En el mundo del Derecho, a diferencia del mundo físico, las
relaciones jurídicas subsisten aunque cambien sus titulares o éstos fallezcan.
Si la sucesión es intestada, las normas son totalmente orgánicas: la voluntad
del causante, así como sus preferencias o inclinaciones durante su vida, no tiene
importancia, ya que la ley asigna y distribuye los bienes en una forma rígida e
inmutable.
En la sucesión testada, el causante tiene la facultad de disponer de sus
bienes con las limitaciones que la ley misma le impone. En otras palabras, el
testador, sin perjuicio de tener libertad para disponer de sus bienes debe
someterse a lo que le señala la ley en cuanto a las personas en las que puede
heredar3.
Libro Cuarto: De las obligaciones en general y de los contratos: Este libro
trata de lleno sobre la voluntad al analizar los hechos voluntarios del hombre, ya
se trate de actos o declaraciones de voluntad o contratos, o bien de simples
hechos jurídicos, ya sean lícitos o ilícitos, estableciendo las responsabilidades de
carácter civil que pueden acarrear. Se examina por quiénes y en qué forma puede
manifestarse la voluntad, los vicios de que ésta puede adolecer, la necesidad de
un objeto y de una causa lícitos en los actos jurídicos y la fuerza vinculante que
nace de la declaración de voluntad.
Todas las materias deben complementarse con lo que señalan todos los
libros, porque así se establecen determinados principios que uniforman todo
nuestro Derecho.
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Nos referimos a las asignaciones forzosas, reguladas en los artículos 1167 y ss. del CC.