Modelo del Observador
Observador – Sistema – Acción – Resultados (OSAR)
“Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el desafío de
cambiarnos a nosotros mismos”
Víctor Frank
CONCEPTO
Cuando hablamos de observar, nos referimos a un sinónimo de interpretar. El Modelo del Observador
implica un modelo del ser humano como interpretador del mundo. A partir de lo que observamos,
actuamos, es decir que nuestras acciones devienen del tipo de observador que estamos siendo en
determinado momento.
El modelo del observador ilustra la relación que existe entre nuestras creencias, nuestras acciones y los
resultados que obtenemos en base a ellas. La forma en la que estamos observando la realidad determina
y afecta lo que hacemos y genera ciertos resultados.
Dicho de otra forma, los resultados que obtenemos en nuestras vidas son producidos por acciones
realizadas por un observador particular. Y depende también del entorno en donde nos encontramos. Es
decir:
Todo Resultado depende de 2 factores: Entorno y Acciones.
El observador es el “quién”, es decir el “ser”, desde él, desde ese estar siendo, percibimos algo, lo
interpretamos y de ahí nace la acción que es el “cómo”, es decir el “hacer” y finalmente llegamos
impulsados por la acción al “resultado”, es decir, a “tener” lo que nos proponemos, a acercarnos a los
objetivos propuestos. Y esto ocurre, dentro de un determinado contexto/entorno.
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Clave: Todo lo que hacemos tiene que ver con la forma en que pensamos.
El observador puede ser una persona, un equipo de trabajo, una empresa, un equipo de trabajo, un país,
etc.
Este observador, posee un conjunto de habilidades, conocimientos, experiencias, creencias, valores, etc.
que lo distinguen de los demás. Estos en conjunto, constituyen su marco de referencia desde el cual
interpreta el mundo y la vida en general. A partir de nuestro marco de referencia determinamos lo que
consideramos posible o no, lo que podemos o no podemos hacer al enfrentarnos a una tarea, un reto, un
problema, etc.
Clave: Desde la percepción de nuestras propias posibilidades es que realizamos ciertas acciones así
como también evitamos de realizar otras. Lo que hacemos y/o dejamos de hacer depende del
observador que estamos siendo.
Por acciones, nos referimos a la manera de hacer las cosas, la forma como actuamos y respondemos en
cada situación particular.
Clave: Somos responsables de nuestras acciones y resultados.
Los resultados, son los beneficios, bienes y costos que obtenemos como producto de las acciones que
emprendemos, dependiendo de lo que hacemos o dejamos de hacer.
Ser adulto es tener la capacidad de generar resultados para mí, para mi familia, mi entorno y para la
sociedad.
Rafael Echevarría.
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Siguiendo el modelo del observador, existe la posibilidad de que los resultados que queremos los
alcancemos y logremos obtener aquello que buscamos, si esto es así vamos a sentirnos bien y contentos.
Es posible que esto hasta ahora pase y haya sucedido en varios aspectos de nuestras vidas.
También puede suceder, que nos proponemos una meta, un resultado y no lo logramos. Ante esto, el
observador suele tener 2 opciones:
1. Resignación: nos decimos ‘Yo no puedo, otros pueden’; ‘yo soy así, los otros son así’ (la voz
de Parménides, que observa al ser humano como inmutable).
2. Aprendizaje: cuando no logra los resultados, busca aprender.
Y para aprender existen tres formas para poder hacerlo:
La primera tiene que ver con cambiar nuestra conducta (lo que hacemos, nuestras acciones), la segunda
implica cambiar nuestra manera de observar lo que sucede. La tercera con cambiar el sistema del que
somos parte.
A estas posibilidades las diferenciamos en 3 tipos de Aprendizaje:
1) Aprendizaje de Primer Orden:
Es aquella modalidad de aprendizaje que busca expandir nuestra capacidad de acción, manteniendo
constante el tipo de observador que somos. Modificamos nuestras acciones para alcanzar el resultado
deseado. Podemos lograr cambios en nuestros resultados, pero siempre haciéndolo desde el mismo
paradigma/observador/creencias. Esto incluye todo lo que hacemos para trabajar más eficazmente en
cualquiera de los aspectos y dominios en los cuales intervenimos.
Ejemplo: En el ámbito laboral, incorporar nuevas técnicas de negociación para lograr el objetivo de
mejorar nuestras ventas.
Este aprendizaje de primer orden, en algunas situaciones puede ser muy efectivo. En algunas
oportunidades a lo largo de nuestras vidas seguramente cambiando acciones hemos logrado lo que
necesitábamos lograr y con eso es suficiente.
Algunas veces, aunque realicemos cambios en nuestras acciones, puede ser que nada cambie en relación
a los resultados deseados, y en ese caso, a pesar de cambiar nuestros comportamientos, no obtengamos
lo que queremos. Cuando esto sucede, existe otra posibilidad que determina una forma diferente de
aprendizaje, un aprendizaje más profundo, un aprendizaje de segundo orden.
Si tenemos la capacidad de poder reconocer que el problema observado está afectado por la forma en que
lo miramos, “si cambiamos la forma de observar las cosas, las cosas que observamos cambian.”
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Si nos enfocamos en el tipo de observador que estamos siendo, en los modelos mentales que tenemos,
nos damos la posibilidad de abrir nuestro rango de percepción y ampliamos así nuestra posibilidad de
ver otras y más cantidad de acciones, desarrollando así diversas y nuevas posibilidades para lograr el
resultado deseado.
Preguntas que podemos hacernos para este tipo de aprendizaje:
¿Qué he hecho o qué he dejado de hacer?.
¿Qué hacen otros que sí obtienen los resultados que yo quiero?
¿Qué necesito que hacer que no he hecho?
2) Aprendizaje de Segundo Orden:
Es aquella modalidad de aprendizaje que busca intervenir produciendo una modificación directa de
nuestra capacidad de acción, centrándonos en transformar el tipo de observador que somos. Es una
modalidad más profunda que genera resultados diferenciales. Es una intervención ontológica. Los
griegos lo llamaban Metanoia (más allá de la conciencia).
Dentro de este tipo de aprendizaje, identificamos 2 subniveles de cambio:
2.1. Cambios de conocimientos o capacidades:
¿Qué tengo que aprender para poder obtener otros resultados?
¿Qué capacidades tengo que desarrollar?.
2.2. Cambios transformacionales:
Cuando el aprendizaje llega al núcleo del observador, tras el cambio, soy una persona distinta que observa
el mundo de otra manera. Es decir, este cambio, se produce en nuestras creencias, nuestros valores e
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incluso en nuestra propia identidad. El aprendizaje transformacional disuelve el muro de posibilidad con
el que antes chocaba. Lo que antes parecía imposible, ahora ya no lo es.
En el núcleo duro del observador reside el alma humana, esa forma particular de ser que nos caracteriza
a cada individuo y que llevamos con nosotros de una situación de vida a otra.
Clave: El término “ontológica” implica que compromete y transforma nuestra forma particular de
ser.
Para distinguir nuestras posibilidades, debemos identificar qué tipo de observador estamos siendo. Al
hablar de observador, hablamos como metáfora de los anteojos con los que observamos una situación.
Cambiar de observador implica cambiar nuestros anteojos para ver desde otro lugar. Implica un cambio
de mirada sobre nuestra realidad, situaciones por las que podamos atravesar, sobre los demás con los que
nos relacionamos e incluso sobre nosotros mismos.
Ejemplo: En el ámbito laboral, un vendedor, en lugar de cambiar sus acciones incorporando nuevas
técnicas de venta, cambia su perspectiva acerca de lo que significa el éxito del departamento de ventas ó
acerca de quién es él como vendedor en relación a su cliente; qué significa vender; qué significa cerrar
una venta, etc.
Un ejemplo de transitar por ambos tipos de Aprendizaje y su incidencia:
Si mi objetivo es que mis empleados estén más motivados y creo -desde mi observador- que lo que los
motiva es el dinero, la acción concomitante puede ser aumentar el sueldo. Si los empleados se motivan,
podemos decir que hubo aprendizaje de primer orden ya que cambiando la acción (aumentar el sueldo),
cambió el resultado (motivación).
Si la motivación no se modifica, decimos que falta un aprendizaje de 2do orden.
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El aprendizaje de segundo orden en esta situación, implica preguntarnos creencias vinculadas a la
motivación de empleados. Cómo creo que se motiva alguien? Qué es la motivación para mí? Cuál creo
que es la causa de la no motivación?.
Suponiendo que pensemos que la motivación puede estar vinculada al reconocimiento, pero que ese
reconocimiento no necesariamente implica dinero, sino que puede incluir otras cosas, eso generará un
cambio de mirada respecto de la motivación y a lo que la causa y la genera, y por ende, un cambio en
nuestra acción, pero desde otra mirada (reconocerlos diariamente por su esfuerzo y trabajo, etc, por
ejemplo desde charlas individuales, ofrecimientos y otras cosas que no necesariamente se vinculen a lo
económico).
Si en nuestras vidas sucede que a pesar de nuestro cambio en la forma en la que hacemos las cosas,
seguimos disconformes con los resultados que estamos teniendo y distinguimos que hemos probado
deferentes acciones y llegamos a lo mismo, es probable que nos tengamos que dar la oportunidad de
poder acceder a una mirada desde otro lugar que hasta ahora no hemos experimentado, necesitamos
evolucionar en nuestro aprendizaje.
“Los problemas no pueden ser resueltos en el mismo nivel de pensamiento en el que
surgieron”
Albert Einstein
El modelo de observador, también lo podemos denominar Ser, Hacer, Tener. Nuestra forma de observar
la realidad (Ser), afecta lo que hacemos (Hacer), y genera los resultados (Tener). Para cambiar nuestros
resultados necesitamos cambiar nuestra forma de ser. Para ello necesitamos la autoobservación, es decir,
ser conscientes de lo que pensamos acerca de la vida, de los que nos rodean, de aquellos con quienes nos
vinculamos, de lo que pensamos del mundo y de nosotros mismos.
“El verdadero viaje del descubrimiento, no consiste en buscar nuevos paisajes, sino en
tener nuevos ojos”
Marcel Proust
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3) Aprendizaje de Tercer Orden:
Este tipo de aprendizaje implica accionar sobre el sistema del cual soy parte. Como observadores,
entendemos que siempre estamos siendo parte de un sistema: familiar, social, laboral, etc. Como dijimos
anteriormente, reconocemos que este sistema impacta en nuestros resultados. Y así como estamos
condicionados por el sistema al cual pertenecemos, también reconocemos que podemos accionar para
cambiar de sistema.
Noción de Sistema
Un sistema es un conjunto de entidades, objetos, ideas, en relaciones estables de interdependencia.
Es una forma particular de observar la realidad y por lo tanto, de conferirle sentido. Esa forma de mirar
centra su óptica en buscar las relaciones entre los elementos que a la observación pre-sistémica aparecen
como dispersos y desvinculados.
Preguntas a realizarse:
Qué patrones observo en los sistemas donde estoy?
Se repite algo en varios sistemas?
Ejemplos de cambios en este tipo de aprendizaje:
Vivo con mis padres, y elijo ir a vivir con amigos.
Estoy soltero y elijo casarme.
Vivo en una ciudad, y elijo irme a vivir al campo.
Vivo en un país y elijo irme a vivir a otro país.
Trabajo en relación de dependencia y elijo encarar un emprendimiento.
Etc.
Dominios del observador
Si cuando hablamos del observador estamos hablando de nuestro Ser, de cada uno de nosotros, la
autoobservación es una herramienta fundamental para poder detectar quiénes estamos siendo y desde qué
mirada estamos accionando.
Al hablar del “Ser”, hablamos de la coherencia que existe entre lo que denominamos los tres dominios
del observador, que son Cuerpo, Lenguaje y Emoción.
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Cada uno de estos dominios tiene incidencia en el otro, esto implica que nuestra conversación interna, lo
que decimos a través de nuestro lenguaje impacta en nuestra corporalidad. De igual forma, dadas las
palabras que utilicemos y elijamos para describir lo que pensamos sobre las cosas que nos suceden, será
la emocionalidad que sentimos.
Si nuestro observador se compone de estos tres dominios, el cambio de mirada puede realizarse
accionando sobre cualquiera de los tres.
Todo cambio que hagamos en uno de ellos, tendrá impacto en los dos siguientes.
Nuestra postura corporal incide en aquello que sentimos y eso se traduce en lo que nos decimos a través
del lenguaje.
Tener esta distinción nos ayuda a saber que podemos cambiar la mirada accionando desde cualquiera de
estos tres dominios.
Aprender, desde la mirada del coaching es poder accionar para cambiar nuestro observador,
interviniendo sobre la coherencia desde los tres aspectos:
Distinguir y resignificar las creencias limitantes y el compromiso que manifiesta mi lenguaje
Distinguir, aceptar y accionar desde diferentes estados de ánimo
Reconocer y adoptar diferentes disposiciones corporales
Reconociendo que los Principios de la Ontología del Lenguaje son los postulados en los cuales nos
basamos para sostener los conceptos enunciados en este documento, los recordamos a continuación:
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No sabemos cómo las cosas son. Sólo sabemos cómo las observamos o cómo las interpretamos.
Vivimos en mundos interpretativos.
No sólo actuamos de acuerdo a como somos, (y lo hacemos), también somos de acuerdo a como
actuamos. La acción genera Ser, uno deviene de acuerdo a lo que hace.
Somos seres lingüísticos que interpretamos el mundo y a través de esa interpretación generamos nuestras
propias realidades individuales.
La acción genera ser implica que lo que hagamos reiteradamente en nuestras vidas, aquellas que
generemos de forma continua y reiterada conforma nuestra identidad. Actuamos acorde a lo que somos
y somos acorde a lo que hacemos.
Para reflexionar
Qué acciones seguimos repitiendo en nuestras vidas que nos generan los mismos resultados
inefectivos?
Cómo puedo ver el mundo en forma diferente y obtener resultados totalmente diferentes?
Qué posibilidades se abren al reconocer la capacidad de auto observarme para poder distinguir lo
que deseo cambiar?
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Bibliografía:
Libro “Ontología del Lenguaje” de Rafael Echeverría
Libro “Sentido de Líder” de Alberto Fernández Sanjurjo
Libro “El Observador y su mundo” de Rafael Echeverría
Libro “Del Ser al Hacer, los orígenes de la biología del conocer” de Humberto Maturana
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ANEXO A LA MATERIA
Ser, verdad y poder: el papel del observador
Primer principio:
No sabemos cómo las cosas son.
Sólo sabemos cómo las observamos
o cómo las interpretamos.
Vivimos en mundos interpretativos.
A primera vista, este pudiera parecer un principio inocente, sin mayores consecuencias. Sin embargo,
basta mirarlo con algún detenimiento para comprobar que está cargado de dinamita.
En efecto, si sostenemos que no podemos saber cómo las cosas son, ello implica que debemos abandonar
toda pretensión de acceso a la verdad. Pues, ¿qué otra cosa es la verdad sino precisamente la pretensión
de que «las cosas son» como decimos? Sostenemos que la verdad, en nuestro lenguaje ordinario, alude a
un juicio que realizamos sobre una determinada proposición lingüística que le atribuye a ésta la capacidad
de dar cuenta de «cómo las cosas son».
Ser y verdad son dos pilares fundamentales y mutuamente dependientes de la armazón metafísica. Verdad
y acceder al ser son dos formas de referirse a lo mismo. Si, por lo tanto, se bloquea el acceso al ser (al
cómo las cosas «son»), se bloquea simultáneamente cualquier pretensión de acceso a la verdad.
Nietzsche, hablando sobre la relación entre pensamiento y ser, sostiene: «Parménides dijo: 'No se puede
pensar el no-ser'. Colocándonos en el extremo opuesto, decimos: todo aquello que puede ser pensado es,
con seguridad, ficticio».
Si examinamos el postulado que afirma nuestra capacidad de acceder al ser de las cosas y, por lo tanto a
la verdad, nos encontramos de inmediato con múltiples dificultades. Tomemos, a modo de ejemplo,
algunas situaciones.
Maturana ha argumentado convincentemente sobre las dificultades que encontramos al suponer que
nuestras percepciones corresponden a las entidades que pueblan nuestro mundo exterior. Nuestras
percepciones, nos señala, resultan —y no pueden sino resultar— de las condiciones propias de nuestra
estructura biológica y no de los rasgos de los agentes perturbadores de nuestro medio. En otras palabras,
los seres humanos no disponemos de mecanismos biológicos que nos permitan tener percepciones que
correspondan a cómo las cosas son. Los sentidos, por lo tanto, no nos proporcionan una fiel
representación de cómo las cosas son, independientemente del observador que las percibe.
¿Implica lo anterior negar lo que la filosofía ha llamado «el mundo exterior»? ¿Significa esto que
debemos negar la existencia de un medio y de aquello que lo puebla? Obviamente, no. Negar que
podamos conocer cómo las cosas son, no implica negar su existencia, sean ellas lo que sean. Se trata sólo
de negar el que podamos conocerlas en lo que realmente «son», independientemente de quien las observa.
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Es importante reconocer que desde hace ya mucho tiempo la lógica moderna se ha distanciado de la
noción de verdad relacionada con nuestra capacidad de aprehensión del «ser» de las cosas. Para la lógica
moderna las cuestiones de verdad se limitan a asegurar la coherencia interna entre distintas proposiciones.
Ello implica que sólo podemos hablar de verdad al interior de determinados sistemas de proposiciones.
Lo que no podemos hacer es asegurar la verdad del sistema en cuanto tal por cuanto todo sistema de
conocimiento descansa en supuestos que no son parte del sistema en cuestión, y el sistema del cual tales
supuestos forman parte descansa, a su vez, en supuestos que, nuevamente, tampoco pertenecen a dicho
sistema, y así sucesivamente. La verdad, por lo tanto, es simplemente un juego lógico de coherencias
internas dentro de un sistema «dado». En este contexto, decir que algo es verdadero sólo equivale a
sostener que es coherente con otras proposiciones que aceptamos como válidas. Esto muestra la
circularidad del conocimiento, como lo reconociera la hermenéutica.
El cuestionamiento de la capacidad de los seres humanos de acceder a la verdad plantea, de inmediato,
dos desplazamientos significativos. El primero de ellos implica que el centro de gravedad en materias de
conocimiento se desplaza desde lo observado (el ser de las cosas) hacia el observador. El conocimiento
revela tanto sobre lo observado como sobre quien lo observa. Perfectamente podríamos decir: dime lo
que observas y te diré quién eres. Esta es, precisamente, una de las premisas centrales de la disciplina
que hemos bautizado con el nombre de «coaching ontológico». Ella descansa en la capacidad de observar
lo que alguien dice con el propósito no sólo de conocer aquello de lo cual se habla, sino de conocer
(interpretar) el alma (entendida como la forma particular de ser) de quien habla.
Sostenemos que lo que acabamos de señalar representa una de las intuiciones más geniales de la filosofía
de Nietzsche. Este siempre procura establecer la conexión entre las interpretaciones y el intérprete, entre
lo dicho y quien lo dice (el orador). Nietzsche siempre busca el hilo de Ariadna que permite salir del
laberinto del conocimiento, donde habita el minotauro de la verdad, hacia el espacio abierto de la vida.
Y para comprender la vida Nietzsche se ve obligado a reconocer el papel fundamental que en ésta juegan
las emociones. Nietzsche ha sido el gran filósofo de la vida y del mundo emocional. No en vano se ha
detenido a examinar las consecuencias que resultan del miedo de los seres humanos a la experiencia de
la nada (el nihilismo) y el papel central que en nuestra historia (en nuestras interpretaciones y prácticas)
le ha cabido al resentimiento.
El segundo desplazamiento tiene que ver con los criterios de discernimiento entre interpretaciones
contrapuestas una vez que hemos cuestionado nuestra capacidad de acceder a la verdad. Un primer
aspecto que reconocer en esta dirección es que si aceptamos el postulado según el cual no podemos saber
cómo son las cosas, ello significa que no podemos sostener que esto mismo que postulamos pueda ser
considerado como verdad. Ello equivaldría, obviamente, a comenzar contradiciendo y, por lo tanto,
invalidando el propio postulado que estamos haciendo. Por desgracia no hay recurso dialéctico que pueda
resolvernos esta contradicción. Cabe entonces preguntarse: Si no podemos sustentar que este postulado
es verdadero, ¿qué sentido tiene hacerlo?
Fuente: Ontología del Lenguaje (Rafael Echeverría)
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Mundo: ser-en-el-Mundo
A partir de la noción de observador, hemos podido establecer que no hay un solo mundo, sino tantos
mundos como observadores. Hemos visto, siguiendo los caminos de nuestra historia y de los dominios
primarios, que somos observadores diferentes. Si lo que observamos está condicionado por nuestra
estructura y si aceptamos que ningún observador puede reivindicar para sí la capacidad de acceder a la
realidad exterior tal cual ella es, la idea que existe un solo mundo pierde sentido.
Desde la noción de observador estamos en condiciones de reconocer que lo observado requiere de lo
referido al tipo de observador que observa y no a la realidad exterior a él a la que, por sí misma, no tiene
acceso. El mundo de objetos que observamos los seres humanos está fuertemente teñido por el tipo de
relación que establecemos con ellos. En un mundo sin observadores no existirían mesas, ni casas, ni
obras de arte, ni caminos. No existen caminos por sí mismos, sólo existen caminos para un observador
que es capaz de observarlos como tales, para un observador que a partir de una determinada configuración
de la tierra, distingue “un camino”.
Pensemos que viajamos en un autobús. No encontramos de pronto en compañía de muchas personas en
un reducido espacio. Estamos allí reunidos sin premeditación, y ni siquiera nos anima el propósito de
estar allí juntos. Podemos observar que algunos miran por la ventana, que otros leen. Algunos conversan
con alguien. Otros dormitan. Para cada uno y cada una, el mundo está construido en ese trayecto de
autobús, por su mirada, su atención, sus omisiones, sus recuerdos, sus asociaciones, su emocionalidad.
En un mismo y reducido espacio, múltiples mundos.
En tanto los mundos de diferentes observadores no ocupan espacio, podemos decir que un mismo
universo está poblado por tantos mundos como observadores estén contenidos en él. Una de las grandes
contribuciones de Heidegger ha sido el postular que no podemos separar el ser que somos, del mundo
dentro del cual somos. El fenómeno primario de la existencia humana es “ser-en-el mundo” o, como lo
llama Heidegger, Dasein. Es sólo a partir de ese reconocimiento que podemos proceder a examinar cada
uno de los términos (ser y mundo) de esta unidad primaria. No hay un ser que no esté en el mundo ni un
mundo que no lo sea para un ser. Ambos se constituyen en simultaneidad, uno con referencia al otro.
Cada ser humano comparte espacios y tiempos con otros seres humanos. Sin embargo sus mundos son
diferentes. Los factores que contribuyen a establecer esas diferencias se hacen manifiestos en nuestra
historia y nuestros dominios primarios: la corporalidad, la emocionalidad y el lenguaje. Vimos, por
ejemplo, cómo mediante los juicios que emite, todo observador toma posiciones frente a los hechos,
frente a las personas y frente a su propia vida.
Lo que cada uno de nosotros llama “mundo”, es producto de su mirada de observador. Hemos dicho que
en un pequeño espacio pueden coexistir múltiples mundos. Las diferencias entre ellos no son causales ni
arbitrarias. Tienen su asiento en nuestra historia y en nuestra estructura. Pero esos mundos no son
cualquier mundo. Son mundos interpretativos. Nuestro mundo es siempre una narrativa acerca de las
cosas que nos rodean y acerca de nosotros mismos.
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El mundo de cada uno no es limitado, sin embargo los observadores tienen límites y ellos se reflejan en
los mundos que hacen suyos. (….)
Tenemos también otros límites, que son los que impone aquello que consideramos aceptable o
inaceptable. Ellos constituyen el marco ético de nuestro mundo, y establece límites a nuestro
comportamiento desde lo que entendemos por bien y mal, por correcto e incorrecto. Ellos resultan de
determinados juicios que hacemos sobre el acontecer, juicios que juegan el papel determinante de
nuestras vidas.
Fuente: El Observador y su Mundo (Rafael Echeverría)
Qué es Power Posing?
Amy Cuddy sugirió que nuestro lenguaje corporal gobierna cómo pensamos y sentimos acerca de
nosotros mismos y, por lo tanto, cómo sostenemos nuestros cuerpos puede tener un impacto en nuestras
mentes. En otras palabras, al imponer una postura poderosa, podemos hacernos sentir más poderosos. La
evidencia de la pose de poder provino de un estudio que Cuddy completó mientras estaba en la
Universidad de Harvard, donde los participantes se sentaron en una pose de alto poder (postura
expansiva) o una pose de bajo poder (inclinado hacia adentro, piernas cruzadas) durante dos minutos.
Cuddy descubrió que aquellos que se sentaron en la pose de alto poder se sentían más poderosos y se
desempeñaron mejor en las entrevistas simuladas que los que no lo hicieron.
Es importante comprender que la investigación de Cuddy tuvo dos hallazgos importantes. La primera fue
que las personas que ocupaban posiciones de alto poder se sentían más poderosas que sus contrapartes
de pose de bajo poder. La segunda fue que la pose de poder realmente cambió la química de su cuerpo. El
estudio de Cuddy sugirió que aquellos que adoptaron poses de alto poder demostraron un aumento de
testosterona y una disminución de cortisol. Cuddy interpretó estos efectos hormonales como una prueba
más del aumento de la sensación de poder.
Después de que se lanzó la charla TED de Cuddy, parecía que todos estaban posando
poderosamente. Antes de las entrevistas, los candidatos a un puesto se escapaban al baño para participar
en dos minutos de poses de alto poder antes de reunirse con su entrevistador. Incluso el equipo de las
ligas menores de mi hijo se reagrupaba en el banquillo durante dos minutos en una pose de alto poder
antes de su primera entrada.
El análisis de Cuddy examinó más de 55 estudios y demuestra claramente un vínculo entre las posturas
expansivas y los sentimientos de poder.
Es un hecho consumado que las emociones y el efecto influyen en los resultados cognitivos,
conductuales, fisiológicos y de otro tipo; éste es, de hecho, uno de los principios clave que subyacen a
gran parte de la psicología social, en particular, y de las ciencias sociales en general.
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Por ejemplo, los estados subjetivos y las experiencias, como los sentimientos de agencia, la felicidad y
las evaluaciones del yo, predicen medidas objetivas de comportamiento, salud y bienestar general. Y los
teóricos de la emoción han demostrado durante mucho tiempo la primacía del afecto como precedente y
motivador tanto de la cognición como del comportamiento.
Específicamente sobre la psicología del poder, cientos de estudios realizados por investigadores,
incluidos Fiske, Galinsky, Guinote, Inesi, Keltner, Magee, Overbeck, P. Smith, han establecido
firmemente que los sentimientos subjetivos de poder influyen tanto en la cognición, el comportamiento
y los resultados fisiológicos. incluyendo estereotipos, resistencia a la influencia, creatividad y
autenticidad, desempeño físico y mental, autorregulación, búsqueda de metas, fisiología, salud, bienestar
general y muchos otros.
Además, las teorías de la retroalimentación cuerpo-mente que investigan varios efectos de la conducta
no verbal en los estados emocionales y afectivos de las personas se remontan a las teorías de la emoción
y la acción ideomotora de William James (1896/1994) de finales del siglo XVIII (ver también Laird y
Lacasse, 2014 ). La evidencia de que la adopción de expresiones posturales de las emociones no solo
refleja, sino que también da forma a las emociones, contribuye a un área fundamental de la teoría de la
psicología social.
Fuente: Artículo revista Forbes sobre la investigación de Amy Cuddy mencionada en la charla Ted: “El
Lenguaje corporal moldea nuestra identidad”
https://www.ted.com/talks/amy_cuddy_your_body_language_may_shape_who_you_are?language=es
Sin el observador no hay nada
Lo dicho, bajo ninguna circunstancia puede ser separado del que lo dice; no existe ningún método
verificable para establecer un nexo entre las propias afirmaciones y una realidad independiente del
observador cuya existencia uno a lo mejor da por sentada. Nadie puede reclamar un acceso privilegiado
a una verdad o realidad externa.
Pörksen: Sin embargo, existen innumerables personas que afirman que sus respectivas ideas son
verdaderas y absolutamente válidas.
Maturana: Cierto. Pero el que piensa que sus supuestos son verdaderos en un sentido absoluto, comete
un error decisivo: confunde creer con saber, se atribuye por lo tanto cualidades que como ser vivo
simplemente no puede tener. Por supuesto que en nuestra cultura se ha hecho habitual separar entre el
observador y lo observado, o entre sujeto y objeto, como si existiese una diferencia entre ambos, como
si ambos estuviesen aparte. Si uno lo ve así, entonces necesita describir con mayor precisión la relación
entre estas dos entidades percibidas como independientes. Yo en cambio afirmo que esta separación no
nos Lleva a ningún lado y quiero mostrar qué parte tiene el observador en sus observaciones.
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Pörksen: ¿Qué significa este enfoque para nuestra idea cotidiana de lo que es el conocimiento?
Normalmente suponemos que allá afuera hay un mundo de objetos que determina lo que percibimos y
describimos. Si uno toma en serio su frase clave ¿qué sucede con esta verdad externa?
Maturana: En este caso, la suposición de que esta realidad externa independiente de nosotros existe,
parece una idea absurda y sin sentido: es absolutamente imposible de validar. Claro que hay diversos
filósofos que creen que si bien esta realidad absoluta no es cognoscible, su existencia puede ser supuesta
como dada. Estos no quieren renunciar a la certeza de un punto de referencia independiente del
observador que existe allá afuera.
(…)
Pörksen: ¿Cómo puede estar tan seguro de que no existe nada sin el observador? Una afirmación así
podría entenderse e interpretarse como presentación de una nueva verdad, con lo que estarla
contradiciéndose a sí mismo.
Maturana: No se trata de una nueva verdad, sino que con la concentración en el observador y en la
operación del observar, quiero presentar un tema de investigación y a la vez bosquejar una manera de
enfocarlo. Tenemos que darnos cuenta que la idea de algo dado y existente, la sola referencia a una
realidad o verdad – cualquiera que sea – inevitablemente requiere lenguaje. No importa lo que queramos
decir sobre esta verdad o realidad, no podremos hacerlo sin lenguaje. Lo que supuestamente existe
independientemente de nosotros sólo es descriptible mediante el lenguaje, aparece recién en un acto de
distinción lingüística. E incluso cuando uno está meditando y cree estar en un estado de conciencia pura,
tiene que confesarse que también la reflexión sobre este estado pasa por el lenguaje.
Pörksen: ¿Quiere decir con eso de que no podemos escapar del lenguaje y jamás saldremos del universo
de lo lingüístico?
Maturana: El lenguaje no es una cárcel sino una forma de existir, un modo de convivir. Cuando alguien
dice que no puede escapar del lenguaje, normalmente piensa que por ahí debe haber un lugar, un lugar
más allá del lenguaje, quizás por siempre inalcanzable, pero existente al fin. Este supuesto no lo comparto
ya. No tiene sentido, si uno vive en el lenguaje, reflexionar sobre un mundo más allá del lenguaje. Basta
pensar en la pregunta análoga: "Si todo es parte del universo, ¿puedo salir de él?" La respuesta debe ser:
"Donde yo vaya estará el universo. Va con migo"
(…)
Pörksen: Una pregunta terminológica: ¿Qué es un observador? ¿Cómo definirla el concepto?
Maturana: Entiendo el observar como una operación humana que requiere del lenguaje y presupone la
conciencia de estar observando algo en ese momento. Al gato que está miran do un pájaro no lo considero
un observador. Mira al pájaro y por todo lo que sabemos no está en condiciones de comentar su propio
actuar o de preguntarse si está actuando correcta y adecuadamente; desde nuestra perspectiva, el gato
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puede estar haciendo lo correcto o no, pero el gato mismo no reflexiona sobre su propio actuar. Sólo los
seres humanos hacemos eso.
Pörksen: Quien observa practica la autorreflexión.
Maturana: Exactamente. Toma conciencia de que emplea una distinción para distinguir algo, y tiene claro
que está viendo y percibiendo algo. O sea a alguien que simplemente está mirando por la ventana no lo
llamaría observador. Y eso significa también que la mayor parte de nuestras vidas no operamos como
observadores; simplemente hacemos nuestra vida, sin preguntarnos qué estamos haciendo en ese
momento.
Pörksen: En sus libros, usted habla de un observador estándar y un súperobservador. Eso suena como si
fuera posible detectar distintos grados de comprensión.
Maturana: No, esta distinción hay que verla de otra manera. Cuando la formulé puede ser que haya estado
algo complica do para describir operaciones del observar que son idénticas pero también distintas. Un
observador estándar es cualquiera de nosotros que observa. Pero en el preciso instante en que uno se
pregunta qué está haciendo en ese momento, si bien uno sigue operando como un observador, al mismo
tiempo se encuentra en una posición y situación diferente: uno se convierte, podríamos decir también, en
metaobservador. Este meta o súper observador se trata a sí mismo como objeto, y observa – operando
como observador – las propias observaciones.(….) Cuando se toma conciencia de estar observando, y se
toma conciencia de estar consciente de que es uno quien hace las distinciones, entra a un nuevo dominio
de experiencia. Con la conciencia de la conciencia y el conocer del conocer, aparece la responsabilidad
por lo que uno hace y recién configura mediante las propias operaciones de distinción. Una comprensión
así tiene algo de ineludible: una vez que uno ha entendido eso, ya no puede pretender que no está
consciente del propio conocer, siendo que está consciente de él y tiene conciencia de esta conciencia.
Más aún: el concepto del observador inspira a ocuparse de la operación del observar y a enfrentarse a la
situación circular del conocer el conocer. Porque es un observador quien observa y busca explicar el
observar; es un cerebro que busca explicar el cerebro. A menudo, problemas reflexivos como estos son
considerados como inaceptables y sin solución. En cambio, mi proposición consiste en aceptar
plenamente la situación circular inicial y convertirse uno mismo en instrumento, precisamente para
responder la pregunta acerca de la propia experiencia y el propio hacer mediante el propio hacer. Se trata
de observar las operaciones que surgen de la experiencia que uno quiere explicar.
Fuente: Del Ser al Hacer (Humberto Maturana)
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