Había una vez, en un pequeño pueblo rodeado de montañas, un jardín Rosa pensó en las palabras de Azul y decidió que
decidió que quería ayudar a todos
muy especial llamado El Jardín de la Paz. En este jardín, las flores no solo los animales y plantas del jardín a vivir en paz. Así que, comenzó a
crecían, sino que también hablaban entre ellas. hablar con sus amigos.
Cada una tenía un color diferente y un mensaje de paz para compartir
con los demás.
Primero, se acercó a un grupo de mariposas que siempre discutían sobre
Un día, una pequeña flor llamada Rosa, que era de color rosa brillante,
cuál era la flor más bonita.
le preguntó a su amiga, la flor Azul:
--¿Por qué crees que es tan importante la paz?
La flor Azul, que siempre era muy sabia, le sonrió y dijo:
—La paz es como el sol que ilumina a todas las flores. Sin paz, el jardín
no podría crecer feliz. Si todos nos tratamos con respeto y amor,
podemos vivir en armonía.
Rosa les dijo:
—¿Por qué no dejamos que cada una de nosotras sea especial a su
manera? Podemos ser amigas y compartir la belleza de cada flor sin
pelear.
Las mariposas se miraron entre ellas y comprendieron. A partir de ese
día, volaban juntas, disfrutando de las diferentes flores sin pelear
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—Querido viento, ¿por qué no soplas suavemente para que todas las
flores podamos crecer fuertes y felices?
El viento, que siempre había sido un poco travieso, decidió ser más
suave y gentil. Desde ese día, el jardín se llenó de una brisa fresca y
agradable.
Luego, Rosa se acercó a un grupo de pájaros que siempre competían por
el lugar más alto en el árbol.
Gracias a la valentía de Rosa, todo en El Jardín de la Paz comenzó a vivir
en armonía. Las flores, los animales y el viento entendieron que, si se
Les dijo: respetaban y se ayudaban unos a otros, el jardín sería un lugar feliz.
—El árbol tiene muchos lugares hermosos. Si cada uno se queda en el
lugar que le corresponde, podremos cantar juntos sin pelear. Y así, Rosa enseñó a todos que la paz no solo está en el corazón, sino en
los pequeños gestos de amor y respeto que compartimos todos los días.
Los pájaros entendieron y decidieron respetar el espacio de los demás.
Así, el árbol se llenó de melodías de paz y armonía.
Finalmente, Rosa se acercó al viento, que a veces soplaba fuerte y hacía
que las flores se cayeran. Y colorín colorado, este cuento de paz ha terminado.
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