CENTRO DE DEMOSTRACIÓN DEL PODER DE DIOS – CLASE 3
En la clase se dedica a examinar las milagrosas manifestaciones del poder Dios y su razón de ser en la vida del
creyente con miras a su papel en la operación de la iglesia.
Ahora voy a enviarles lo que ha prometido mi Padre;
pero ustedes quédense en la ciudad hasta que sean revestidos del poder de lo alto.
Lucas 24:49
Delimitación de temas: El empoderamiento de la iglesia para el cumplimiento de su función
Competencia específica: Manifestar el poder espiritual de la iglesia en el ejercicio de los dones
BOSQUEJO DE LA LECCIÓN
I. Entender los milagros como anuncio del Reino
II. Fortalecerse en empoderamiento por el Espíritu Santo
III. Demostrar el poder de Dios para infundir fe y esperanza
OBJETIVO DE LA LECCIÓN
Aprender a actuar empoderado con los dones y la energía del Espíritu Santo
I. Entender los milagros como anuncio del Reino
a. Los milagros como prueba de la existencia de Dios
Al contemplar la creación en su estado original, la Biblia nos muestra que en el propósito de Dios todo lo
creado es bueno. Observamos una naturaleza sin trastornos donde el más débil no es presa del más
fuerte, sino donde la tierra misma genera suficiencia en todo aspecto para todos sus habitantes.
• En el estado natural de la creación no corrompida no existe miseria espiritual, ni pobreza, ni hambre.
• En el estado natural de la creación no corrompida no se conoce enfermedad, ni vejez, ni muerte.
• La naturaleza misma está libre de desastres, sin inundaciones ni sequías, sin terremotos, ni tsunamis,
ni erupción de volcanes.
Ese estado natural no necesita de ninguna intervención especial del Creador. Es por la aparición del
pecado que lo natural se pervierte. Los seres humanos que nacemos en este mundo corrompido lo
llamamos “natural”, pero sería mejor reconocer que es lo opuesto a lo natural. Somos impotentes frente a
lo que causa la muerte y frente a los estragos causados por la maldad humana o por fenómenos naturales.
Necesitamos una intervención “sobrenatural”: un milagro.
Lo que es humanamente imposible, el milagro, nos presenta una clara e innegable demostración del
poder de Dios. La iglesia es revestida de poder sobrenatural para comprobar la existencia de Dios.
b. Los milagros como señal de la misericordia de Dios
Los evangelios nos presentan con una impresionante lista de milagros realizados por Jesús. En cada uno
de ellos podemos notar que no sólo da testimonio de la obra sobrenatural de Dios, sino que se motiva en
la misericordia de Jesús con la persona en su estado miserable. Sea la discapacidad de un ciego o
paralítico, la discriminación que experimentan el leproso o la mujer sangrando, sea la preocupación y
aflicción de alguien por causa de un familiar o sirviente enfermo…. el milagro es un acto compasivo. Y al
efectuarse con unos influye esperanza a muchos otros.
La iglesia no existe en un vacío sino en medio de la sociedad de hombres y mujeres que sufren. Es revestida
de poder sobrenatural para demostrar la misericordia de Dios como esperanza para la humanidad
angustiada.
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c. Los milagros como anticipación del Reino de Dios
Al efectuar un milagro Jesús actúa con una intención muy concreta: la demostración de que el Reino de
Dios se ha acercado y que lo ha hecho a través de él por medio del poder del Espíritu Santo (Lc 4:18-19).
Al obrar milagros, Jesús presenta a sus contemporáneos, seguidores y opositores por igual, con un vistazo
adelantado al Reino de Dios. Les muestra que ninguno de los males que afectan al mundo presente tiene
cabida en el reino. El milagro, entonces, es una anticipación de lo que es natural bajo el gobierno de Dios
sobre la creación, mientras que declara la nulidad del estado innatural actual que contradice al propósito
de Dios.
Por medio de los milagros que obra Jesús, él afirma que en el Reino de Dios no habrá ni muerte, ni
opresión, ni enfermedad, ni explotación, ni escasez, ni necesidades insatisfechas. Todas las causas del
sufrimiento humano estarán remediadas. La iglesia es revestida de poder sobrenatural para dar visibilidad
presente a la perspectiva futura.
Juan estaba en la cárcel, y al enterarse de lo que Cristo estaba
haciendo, envió a sus discípulos a que le preguntaran: ¿Eres tú el que ha de venir, o debemos
esperar a otro? Les respondió Jesús: —Vayan y cuéntenle a Juan lo que están viendo y oyendo:
Los ciegos ven, los cojos andan, los que tienen lepra son sanados, los sordos
oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncian las buenas nuevas. Mateo
11:3-5
II. Fortalecerse en el empoderamiento por el Espíritu Santo
Al constatar que Dios reviste la iglesia con poder sobrenatural se entiende que esta dotación se efectúa en y
por medio de sus miembros. Pero no toda dotación a los creyentes tiene como resultado un milagro. Lo
sobrenatural se revela más bien en el empoderamiento en sí, haciendo de individuos común y corrientes
personas con facultades extraordinarias (Hch 4:13).
a. El poder de Dios actuando en el creyente
¿Cuál es el poder prometido por Jesús a los discípulos? El idioma griego usado en el Nuevo Testamento
conoce varios vocablos traducidos como “poder”, pero con significado diferente. Los más frecuentes son:
• El poder kratos. Como sabemos de varias palabras terminando en -cracia, se trata del poder de
gobierno, de autoridad política y militar que se impone con fines egoístas. Jesús rechaza para sí y sus
discípulos esta clase de poder (Mr 10:42-45). La forma en la que el creyente ejerce el poder dominante
es enkráteia, el autodominio (Gá 5:22-23).
• El poder dynamis. Es una capacidad inherente de hacer cualquier cosa, un potencial, una fuerza
energética incesante. De esta clase de poder nos habla Hechos 1:8 describiendo la autoridad espiritual
otorgada por Dios. Pero no solo se muestra como potencial desarrollado, sino también se hace notar
en la resiliencia del discípulo, es decir, le confiere capacidad de aguantar y permanecer fiel en medio
de las adversidades. Así nos lo hace deducir el uso de la palabra griega mártyres, traducido como
“testigos”.
El poder sobrenatural que actúa en el discípulo lo empodera a un lado a actuar como sin Espíritu Santo no
le fuera posible, al otro lado le infunde aliento permanente para no rendirse ante ninguna dificultad.
b. El poder de Dios actuando a través del creyente
Cuando el discípulo comprende y asume su papel como agente de Dios dentro del marco de la iglesia,
sabe también que para alcanzar resultados necesita el empoderamiento por el Espíritu Santo. La
existencia de enumeraciones diferentes con respecto a los dones muestra una gran variedad de
resultados que producen (1Co 12:8-10; Ro 12:6-8; Ef 4:7, 11-12). Solo en esta pluralidad se garantiza que
la iglesia pueda responder a la variedad de necesidades con las cuales se ve confrontada.
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• El creyente debe anhelar un don, es decir, debe descubrir e identificar el don que recibió. La Biblia nos
da a entender que “a cada uno se le da una manifestación del Espíritu Santo” porque el Señor
busca el funcionamiento óptimo del cuerpo que es la iglesia. Por lo tanto, no retiene sus dones, aun
cuando espera que la persona esté en condición de recibirlo.
• El seguidor de Jesús entonces debe buscar “los mejores dones”. Pablo expresa con mucha claridad
que la diferencia de los dones no implica una distinción jerárquica. Los mejores dones serán siempre
los que en determinado momento y situación ayuden a la edificación de la iglesia.
• El creyente debe desarrollar este don específico que le fue confiado y tener claridad absoluta que la
posesión de un don implica la gran responsabilidad de usarlo únicamente a favor de la demostración
del poder de Dios y de la edificación de la iglesia como agente de este poder.
Ahora bien, hay diversos dones, pero un mismo Espíritu. Hay diversas maneras de servir, pero un
mismo Señor. Hay diversas funciones, pero es un mismo Dios el que hace todas las cosas en todos. A
cada uno se le da una manifestación especial del Espíritu para el bien de los demás.
(1 Corintios 12:4-7)
III. Demostrar el poder de Dios para infundir fe y esperanza
Si la demostración del poder de Dios se manifiesta en obras sobrenaturales de los creyentes, se deduce que
la iglesia tiene que dar espacio a la acción milagrosa, no solo clamando por ella, sino también en incentivar el
desarrollo del don específico en cada discípulo. Al mismo tiempo, la iglesia debe afirmar a los discípulos en
apoyarse en la presencia del Espíritu de Dios para que actúen con sabiduría, fuerza y resiliencia donde por
medios propios se sienten impotentes.
En el concepto del José Satirio Dos Santos, pastor misionero, el Centro Cristiano se plantea como Centro de
Demostración del Poder de Dios. Ya que en sus palabras “no se puede hacer la obra de Dios sin Dios”, usar y
hacer visible este poder es un elemento intrínseco de nuestra identidad.
• Declaramos la doctrina pentecostal como elemento primordial de nuestra enseñanza y práctica.
• Escuchamos al Espíritu de Dios como director de la iglesia y buscamos actuar bajo su dirección.
• Anhelamos al bautismo por el Espíritu Santo para todo creyente como señal que edifica al discípulo para
la obra de Dios dentro y fuera de la iglesia.
• Pedimos y obramos milagros para infundir fe y esperanza a los que acuden en busca de soluciones.
¿Cómo se manifiesta ser Centro de Demostración del Poder de Dios de forma visible?
• Vivimos nuestra identidad pentecostal en cualquiera de nuestras reuniones, sea culto congregacional,
encuentro grupal o reunión de planeación.
• Dedicamos tiempo a la oración congregacional pidiendo por dones espirituales.
• Consagramos espacio a reuniones donde ocurren milagros y se da testimonio de lo sobrenatural.
• Respondemos a la necesidad de los creyentes individuales con la petición por la intervención milagrosa
de Dios confiando en que nos haya concedido este poder.
Pido también que les sean iluminados los ojos del corazón para que sepan
a qué esperanza él los ha llamado, cuál es la riqueza de su gloriosa herencia
entre los santos, y cuán incomparable es la grandeza de su poder a favor de los
que creemos.
Ese poder es la fuerza grandiosa y eficaz que Dios ejerció en Cristo
cuando lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a su derecha en las regiones
celestiales, muy por encima de todo gobierno y autoridad, poder y dominio, y de
cualquier otro nombre que se invoque, no sólo en este mundo sino también en
el venidero.
Efesios 1:18-21
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