CUANDO SOMOS AUTENTICOS?
El ser auténtico, se define como aquella persona que no pretende mostrarse diferente de
cómo es, no aparenta ser otra cosa distinta a la que en realidad es, piensa o siente y en
consecuencia actúa con absoluta coherencia en función a sus valores y creencias más
íntimas.
Las características principales de las personas auténticas son estas.
No ocultan su nerviosismo. ...
No temen mostrar sus opiniones. ...
No ocultan su tristeza. ...
No les avergüenza ofrecer cumplidos espontáneamente. ...
Expresan enfado de manera directa. ...
Expresan sus creencias sin tratar de racionalizarlas. ...
No juzgan a los otros.
El punto de reflexión que el evangelio de hoy nos ofrece gira en torno al comportamiento
que el hombre en general, y el cristiano especialmente, deben seguir. Cristo nos pide algo
sencillo: hagamos el bien, pero que no sea por presunción. Cualquier acto bueno, sin dejar
en sí de ser bueno, produce en el agente efectos negativos si la intención del mismo es
hacerse notar en la comunidad. Dios enaltece a los humildes y rebaja a los soberbios.
El Maestro nos invita a realizar el bien de una forma discreta, sin que la mano derecha
sepa lo que hace la izquierda. Se trata obviamente de una metáfora, pero muy
afortunada. Todos los seres humanos tenemos, al menos, un punto de vanidad y puede
que nos guste ser conocidos, admirados, incluso imitados por nuestro entorno social o
religioso. De ahí la necesidad de reflexionar un poco sobre el “ser auténtico” al que Cristo
nos llama.
Auténtico es sinónimo de verdadero, opuesto completamente a lo falso o aparente. El
que obra por vanidad o por notoriedad, principalmente, no es una persona auténtica,
porque busca algo distinto a lo que dice o hace. La persona auténtica no busca ser
elogiada, aplaudida y, menos todavía, compensada. Trata de discernir lo recto, lo
prudente en cada situación, y, al margen de posibles ingratitudes, malas caras y
manifiestas reprobaciones, obra en consecuencia. En su actuación prevalecen la
transparencia, la lealtad y la verdad.
En la vida cristiana se debe manifestar la fe desde la caridad; tal es la condición
indispensable para ser testigo del Evangelio de Jesús y del Reino de Dios. Un corazón
convertido al Señor es la fuente donde brota el significado y el valor de la conducta.
Solamente así será ésta una expresión válida de la auténtica religión que da culto a Dios
en espíritu y en verdad.
La savia del tronco no se percibe desde el exterior, pero es lo que da vida a la planta y
crecimiento al árbol. La semilla del reino actúa calladamente y, con frecuencia, a partir de
comienzos insignificantes, pero su eficacia se evidencia en su expansión, capaz de
transformar las estructuras y el corazón de los humanos.
En este tiempo hemos de dirigir la mirada en nuestras posibilidades de fe y compromiso
por Dios, que nos alienta al servicio de la caridad. La pandemia ha generado pobreza,
desempleo, muerte, soledad, una crisis económica de grandes dimensiones, entre otras
cosas. Por eso, nuestra presencia y nuestras maneras de nombrar a Dios serán desde la
solidaridad y la alegría del compartir. Adoradores en espíritu y en verdad, es decir,
cumplidores incondicionales de su voluntad, servidores alegres de su plan de salvación,
“auténticos cristianos”.
Mateo 6:1-6
Mateo 6: 16-18
Dios quiere que seas autentico, te ha hecho único y te creo para que tú seas tú. Hay
personas que pretenden ser lo que no son, imitan a los demás, se visten como los demás,
e incluso hablan como otras personas.
Pero realmente no tienes que pretender que eres alguien más, ni tampoco tienes que
esconder quien eres realmente. El Señor ha designado todo para que tengas éxito siendo
tú mismo, es exactamente esto lo que Dios quiere de ti. Al aceptarlo reflejarás la gloria de
Dios puesto que esto te llevara a ser una persona autentica, que actúa, piensa y vive
siendo quien Dios determinó que fueras .
Tienes la libertad y la oportunidad de decidir quién eres en realidad, puedes imitar a otros,
o también - y este es mi consejo, puedes ser libre para usar los dones y talentos que Dios
te dio para que seas una persona única.
Hoy te invito a creer que eres lo que Dios dice que eres.
Te pregunto: ¿En qué áreas de tu vida todavía no estás actuando como tú
mismo(a)?. Pídele a Dios que te ayude a ser esa persona única que él creó.
Una vez que el Apóstol Pablo tuvo un encuentro con Jesús su vida cambió definitivamente,
al punto que su manera de pensar fue totalmente opuesta a la que tuvo antes, todo
porque el Señor cambia a todo aquel que le entrega su vida a él.
En esta carta al pueblo de Corintio Pablo les dice que él es tal y como Dios designó que
fuera, y que éste nuevo ser era un reflejo de la gracia de Dios. Aseguró también que el
trabajo fuerte no era en sus fuerzas sino también por la misma gracia de Dios que
habitaba en él.
Versículo: "Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para
conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios
conmigo." 1 Corintios 15:10 (RV60)