CONTRIBUCIÓN DEL FORMADOR A LA CALIDAD
Como formadores estamos obligados a contribuir activamente a la mejora de la calidad
de la formación.
Ningún docente o formador, puede limitarse a adquirir conocimientos y habilidades
docentes y ya está, sino que debe estar atento a los continuos cambios y tendencias
pedagógicas, así como a las exigencias formativas que el mismo mercado laboral y la
sociedad vienen reclamando continuamente.
La FPE ha cobrado en los últimos años una importancia notable, mueve un importante
volumen económico, moviliza a una gran cantidad de personas, establece colaboración
entre distintos organismos y entidades u está presente tanto en políticas activas de
empelo, como de lucha contra el paro, de reciclaje profesional, etc.
Otro factor, tanto o más importante que el anterior, y que está contribuyendo
poderosamente a que la formación profesional para el empleo y el propio formador
jueguen un papel cada vez más importante en nuestras sociedades, es el desempleo.
El paro constituye en España, uno de los principales problemas a resolver, el gran
número de españoles que se encuentran en situación de desempleo, y durante lo s
últimos años, las dificultades para acceder a un puesto laboral han aumentado
considerablemente, especialmente en lo que se refiere a los jóvenes.
La competitividad actual que demanda el mundo laboral, exige estar reinventando
continuamente nuevas propuestas que nos permitan enfrentarnos a los continuos
retos que surgen diariamente, desarrollando nuevas estrategias y comportamientos
ante ellos.
Por ello, la cuestión central que debe plantearse todo docente que pretenda
desarrollar su labor formativa de forma adecuada respondiendo a las exigencias de las
demandas del mercado laboral, es la necesidad de actualizarse (o reciclarse)
continuamente y la de adecuarse a las innovaciones tecnológicas y pedagógicas.
Una buena formación y actualización potencian la eficacia y eficiencia de la actividad
docente, porque reunir un grupo de personas en un aula e impartir una acción
formativa, no es garantía, en absoluto, de éxito.
La formación mal planificada, alejada de la realidad actual, puede llevar a resultados
totalmente opuestos a los pretendidos y hasta contraproducente.
El formador,como cualquier otro trabajador que vive la realidad laboral actual, debe
estar en constante evolución, actualizando sus conocimientos e innovando en su
quehacer diario.
Como competencias profesionales especificar del formador para el empleo, hay una
serie de características o cualidades que identifican a un buen formador en FPE:
a) Conocimientos:
a. Especialista en la materia que imparte
b. Conocimientos del mundo laboral
c. Conocimientos en psicopedagogía y didáctica
d. Buena cultura general
b) Habilidades
a. Buena capacidad de planificación, organización y gestión
b. Destrezas en el manejo de los métodos, técnicas y recursos didácticos
c. Espíritu de análisis: capacidad para clasificar las ideas y estructurarlas.
d. Buena expresión verbal: sencilla, clara, precisa, actitud para convencer
c) Actitudes
a. Mentalidad no directiva, actitud de escucha ante los demás, tolerancia y
por las relaciones humanas.
b. Carácter tranquilo, estable, control de sí mismo, firmeza, amabilidad y
confianza en uno mismo
c. Honradez intelectual y moral
d. Experiencia del trabajo en grupo y la creatividad
e. Respeto a la diversidad
f. Flexibilidad, facultad de adaptación
g. Alto potencial de investigación
Todo ello supone una contribución a la calidad de la formación, en este caso, desde la
perspectiva del formador.