Curso Igualdad
Curso Igualdad
Contenido
1. Igualdad vs Desigualdad ........................................................................................................ 2
1.1 Mujeres y hombres en cifras en Castilla-La Mancha.................................................... 2
2 Conceptos que tenemos que conocer ................................................................................ 10
2.1 Conceptos relacionados con lo social y político .......................................................... 11
2.2 Conceptos relacionados con el ámbito laboral y económico ..................................... 17
2.3 Conceptos relacionados con la conciliación y la corresponsabilidad.......................... 26
2.4 Conceptos relacionados con el ámbito educativo ...................................................... 33
2.5 Conceptos relacionados con la comunicación ............................................................ 34
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1. Igualdad vs Desigualdad
…para reflexionar…
Un repaso a las cifras existentes sobre las desigualdades entre hombres y mujeres a nivel
mundial, estatal y regional nos enseña que dicha desigualdad es un fenómeno
omnipresente. Aunque con niveles y formaciones muy distintas, esta es una realidad
común en todos los países y en todas las esferas y niveles de las sociedades. A
continuación, se presentan diversos datos extraídos de guías publicadas por el Instituto
de la Mujer de CLM.
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Visto lo visto… ¿la igualdad legal, implica la igualdad real?
«En la actualidad existe una igualdad legal entre mujeres y hombres en muchas zonas
del mundo, pero no hay ningún país en el que se haya alcanzado una igualdad real de
oportunidades».
Según la Constitución, mujeres y hombres somos iguales ante la ley, tenemos los mismos
derechos… pero ¿realmente disponemos de las mismas oportunidades?
Si para evaluar la igualdad entre mujeres y hombres sólo se percibiesen los cambios
legislativos alcanzados hasta hoy, se podría afirmar que la igualdad es una realidad,
puesto que existe un marco jurídico y desde las normativas se prohíbe el trato
diferenciado.
Ahora bien, la realidad que vive la ciudadanía es diferente a la que promulga esta
legislación y así lo muestran los datos presentados en el apartado previo.
Igualdad
Igualdad formal
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Igualdad de derecho
Igualdad formal ante la ley. Equiparación de hombres y mujeres mediante medidas
legislativas.
Igualdad real
Requiere la interposición de las medidas necesarias para que la Igualdad sea efectiva,
removiendo los obstáculos que entorpezcan su consecución.
Igualdad de hecho
Equidad de género
Elaborada a partir de González Conde, G. (2011). Guía de formación para la incorporación de la igualdad en la
administración pública. Escuela de Administración Pública de Extremadura.
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La igualdad de género es una disposición que deriva de un derecho humano, mientras
que la equidad de género es una consideración de carácter ético con la que se intenta
aplicar medidas que corrijan el desequilibrio histórico entre los géneros. En este sentido,
uno de los mayores debates en torno a la utilización de ambos términos se produjo en la IV
Conferencia Mundial sobre la Mujer de 1995. Como resultado de la conferencia, a nivel
general, el término igualdad de género prevaleció en la definición de los Derechos
Humanos. No obstante, esto no se produjo de manera homogénea en todo el mundo. Por
ejemplo, América Latina ha seguido utilizando de manera mayoritaria el concepto equidad,
al entender que la igualdad parte del “hombre” como modelo a alcanzar en la consecución
de derechos y oportunidades, sin tener en cuenta los “universos de referencia” de las
mujeres y sus formas de entender y posicionarse en la realidad social.
Así, mientras que la igualdad se ha concebido desde estas posiciones como la construcción
de unos deberes, formas de hacer y “horizontes vitales” iguales para todo el mundo, el uso
del término equidad ha permitido la especificación de las distintas posiciones de partida en
cuanto a recursos materiales, sociales, jurídicos y económicos, según el género. Por tanto, se
entiende que la equidad tiene como fin último contribuir a lograr la igualdad, pero
poniendo el énfasis en las diferencias sociales, desigualdades y las necesidades dispares que
enmarcan a los hombres y las mujeres.
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Los movimientos feministas han conseguido grandes logros en materia de igualdad, pero es
evidente que un marco normativo no es suficiente porque no se ha alcanzado: LA IGUALDAD
REAL Y EFECTIVA.
A pesar de que todavía queda un largo camino que recorrer, existen algunos ejemplos
por parte de algunos ámbitos que se han comprometido con el alcance de esta meta.
Por ejemplo, algunas empresas han comenzado a establecer medidas que promocionan
la conciliación de la vida familiar y laboral de su plantilla promoviendo medidas de
flexibilización de la jornada de trabajo, ampliación de los permisos de maternidad y
paternidad, así como de cuidado de personas dependientes, compensación de costes de
guardería, etc.
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2 Conceptos que tenemos que conocer
Para continuar con los contenidos, es necesario definir varios conceptos que se trabajarán
en los cinco bloques:
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2.1 Conceptos relacionados con lo social y político
Sexismo
Teoría basada en la inferioridad del sexo femenino que viene determinada por las
diferencias biológicas entre hombres y mujeres. La construcción de un orden simbólico
en el que las mujeres son consideradas inferiores a los hombres implica una serie de
comportamientos y actitudes estereotipados que conducen a la subordinación de un
sexo con respecto al otro. Por tanto, es un sistema que define a las personas según su
sexo, las jerarquiza y mantiene unas normas de comportamiento que corresponden a
estas dos únicas posibilidades de identificación. Esta estructura no sólo subordina a las
mujeres, sino que excluye a todas las demás personas con cuerpos, identidades,
expresiones y deseos que están fuera de la norma de género.
Patriarcado
Literalmente significa "gobierno de los padres" pero las interpretaciones críticas desde
el feminismo se refieren a él como un sistema u organización social de dominación
masculina sobre las mujeres que ha ido adoptando distintas formas a lo largo de la
historia.
Se trata de una forma de organización social, política y económica donde a las mujeres
se les asigna como propio el espacio privado y a la función reproductora, mientras que
los hombres se reservan el espacio público.
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Por otro lado, el espacio público, que se identifica con el ámbito productivo, con el
espacio de la actividad, donde tiene lugar la vida laboral, social, política, económica; es
el lugar de participación en la sociedad y del reconocimiento. Es en este espacio donde
se han colocado los hombres tradicionalmente
Alicia Puleo, distingue entre dos formas de ejercer el patriarcado, que conviven de
forma diferente según hablemos de sociedades más tradicionales o más neoliberales.
Así los patriarcados de coerción hacen referencia a las leyes y a las rígidas normas que
marcan lo que es ser mujer y ser hombre en un contexto dado. Nos referimos, por
ejemplo, en códigos de indumentarias que marcan normas bien diferentes para unos y
otras y sancionan a las mujeres cuando no las cumplen (como sucedería en Irán con una
joven que llevase el pelo suelto, sin velo, de forma pública), donde se da una
legitimación racional, ya que son normas que siempre han sido así, y por ello son
respetadas y no cuestionadas.
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Androcentrismo
Es una forma específica de sexismo que se manifiesta sobre todo en la ocultación de las
mujeres y en su falta de definición. Parte del supuesto que considera lo propio y
característico de los hombres como centro del universo, parámetro de estudio y de
análisis de la realidad y experiencia universal de la especia humana.
Confunde la humanidad con el hombre-varón porque aporta una visión del mundo y de
las cosas, desde el punto de vista teórico y del conocimiento, en la que los hombres son
el centro y la medida de todas ellas, ocultando y haciendo invisible todo lo demás, entre
ellas las aportaciones y contribuciones de las mujeres a la sociedad. Una visión
androcéntrica presupone que la experiencia masculina sería "la universal", la principal,
la referencia o representación de la humanidad, obviando la experiencia femenina.
Machismo
Es una forma de sexismo caracterizada por la prevalencia del varón. Comprende, ideas,
actitudes y comportamientos basados en una atribución cultural aprendida de
superioridad del hombre, como macho, sobre la mujer. Se caracteriza por el énfasis en
la virilidad, la fuerza y el desinterés respecto a los asuntos domésticos por parte de los
varones así como en la desigual distribución del ejercicio del poder sobre otros u otras
que conduce a la asimetría en la relación entre ambos.
Participación equilibrada
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factor necesario para el pleno disfrute de los derechos humanos y el buen
funcionamiento de una sociedad democrática.
Con el fin de alcanzar esta equidad en la IV Conferencia Mundial de las Mujeres se votó
y adoptó de forma unánime la Plataforma de Acción de Beijing, que es un referente clave
a nivel internacional que define y expone propuestas sobre la consecución del aumento
de la participación de las mujeres en los procesos de toma de decisiones y acceso al
poder, para que mediante esa participación pudieran contribuir a redefinir las
prioridades políticas incorporando cuestiones, necesidades y puntos de vista que las
representan y legitiman sus derechos.
La Plataforma para la acción de Beijing insta a los partidos políticos a “examinar sus
estructuras organizativas y sus procedimientos a fin de remover las barreras que, directa
o indirectamente, discriminan a las mujeres e impiden su participación” y afirma que los
partidos políticos, los gobiernos, los sindicatos y todo tipo de organizaciones privadas
deben adoptar medidas de acción positiva para conseguir que exista un número decisivo
de mujeres dirigentes, ejecutivas y administradoras en puestos estratégicos de adopción
de decisiones.
Cuotas de participación
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vida pública-política y que su presencia sea activa y no meramente decorativa. De este
modo, se pretende aumentar las estadísticas respeto al número de mujeres que
representan las instituciones políticas.
Democracia paritaria
La paridad no es una acción afirmativa o una meta en sí misma, sino una medida para la
redistribución de las oportunidades, decisiones y del poder en todas las esferas de la
vida; su implementación supone entonces una transformación de las instituciones y de
la vida social y en las familias para que hombres y mujeres gocen de igualdad.
La democracia paritaria, tal como es entendida por los movimientos de mujeres a nivel
europeo, es más que una propuesta de participación equilibrada de mujeres y hombres
en los procesos decisorios políticos, sino un camino hacia la transformación en las
responsabilidades compartidas tanto en el ámbito público como en el privado-
doméstico. En este mismo sentido, el glosario europeo de términos relativos a la
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igualdad entre hombres y mujeres (1998) la define como "un concepto de sociedad
integrada a partes iguales por mujeres y por hombres, en la cual la representación
equilibrada de ambos en las funciones decisorias de la política es condición previa al
disfrute pleno y en pie de igualdad de la ciudadanía, y en la cual unas tasas de
participación similares o equivalentes (entre el 40 y el 60%) de mujeres y hombres en el
conjunto del proceso democrático es un principio de democracia".
Empoderamiento femenino
Por otro lado, como el control que la mujer tiene sobre su propia vida, el logro de la
autonomía personal, que permite su desarrollo, tomar decisiones sobre aspectos de su
vida que considera valiosos gozando de libertad y otorgando su consentimiento
legítimo. Implica tener acceso a los recursos, tanto materiales como simbólicos
(recursos intelectuales e ideológicos).
Desde este enfoque, se constata que, para transformar las relaciones desiguales es
necesario realizar intervenciones estratégicas con un doble objetivo:
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➢ Identificar las necesidades prácticas de las mujeres que, son las derivadas de los roles
de género, es decir, de las funciones y responsabilidades asignadas de forma
diferenciada a mujeres y varones en función de su sexo, para mejorar las condiciones
de su vida diaria, que configuran los modos de vida, y que están relacionadas con la
satisfacción de las necesidades básicas.
➢ Identificar las necesidades estratégicas de las mujeres que, son las que se derivan de
la toma de conciencia y del cuestionamiento de la discriminación de las mujeres, y
de los mecanismos que contribuyen a mantenerla, y que contribuyen a mejorar su
posición social transformando las estructuras y prácticas culturales que perpetúan
su situación de desventaja y desigualdad, que ponen al descubierto las relaciones de
poder entre mujeres y hombres y la capacidad de influir y participar en las decisiones
sociales o políticas.
La división sexual del trabajo se refiere a la manera en que cada sociedad organiza la
distribución del trabajo entre los hombres y las mujeres, estableciendo lo que se
considera apropiado para cada sexo.
La distribución social de las tareas parte del sexo biológico y se divide en trabajo
productivo y reproductivo; bajo esta perspectiva se les asigna a los hombres el espacio
público (trabajo productivo) y a las mujeres, el espacio privado (trabajo de reproducción
y doméstico). La asignación descrita es una construcción social, interiorizada a tal grado
que se considera que los roles tradicionales corresponden, en realidad, a la naturaleza y
capacidades de hombres y de mujeres.
Dado que estos roles tienen una distinta valoración social, la división sexual del trabajo
se traduce en relaciones jerárquicas de poder y por lo tanto en desigualdad. En esta
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ecuación, el trabajo doméstico y de cuidados, asignado a las mujeres, ha carecido de
reconocimiento y visibilidad, siendo además un trabajo no remunerado.
La desvalorización del trabajo que suelen realizar las mujeres se desplaza al espacio
público y al mercado laboral, ocupando los empleos más precarios y de inferior
remuneración. Aun incorporándose a actividades públicas, las mujeres siguen
responsabilizándose del trabajo doméstico y de cuidados, lo que se traduce en dobles
jornadas laborales; de ahí la importancia de que las acciones y políticas públicas vayan
encaminadas a no perpetuar estos roles y a combatir las desigualdades que de ellos se
derivan.
Se establece así, una clara separación entre el espacio doméstico y el espacio público.
De esta forma, lo productivo está masculinizado, genera riqueza, es visible socialmente,
tiene reconocimiento social y proporciona autonomía personal. Por el contrario, el
trabajo reproductivo está feminizado, no está remunerado, es invisible socialmente, no
tiene reconocimiento social ni proporciona autonomía personal y se considera
secundario.
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Con la participación creciente de las mujeres en el trabajo asalariado y en la esfera
pública, pero sin cuestionar el reparto de tareas en la esfera privada y sin que la sociedad
haya tomado en cuenta las nuevas demandas sociales y las exigencias que se derivan de
los cambios en las formas de vida y trabajo, se refuerza la división sexual del trabajo con
graves consecuencias para las mujeres, como precariedad en el empleo, doble jornada,
etc.
Brecha de género
Las brechas de desigualdad de género son una medida estadística que da cuenta de las
diferentes posiciones de mujeres y hombres con respecto a un mismo indicador. Se
calcula restando la tasa femenina y la tasa masculina. Cuanto menor sea la brecha, más
cerca estaremos de la igualdad.
Existen datos certeros y oficiales sobre las brechas entre mujeres y hombres en el
acceso, uso, control y participación en la distribución de recursos, servicios,
oportunidades y beneficios e incluso derechos y libertades en todos los ámbitos de la
vida. Así por ejemplo, en el ámbito laboral las brechas de género se manifiestan en las
mujeres con respecto a los hombres en: menor tasa de actividad, mayor tasa de
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desempleo, ocupación en jornadas parciales y empleos más precarios, brecha digital,
brecha salarial, ocupación en sectores feminizados y desvalorizados, menor presencia
en puestos de responsabilidad, etc., producto de una estructura productiva desigual y
una cultura empresarial en las que todavía está muy presente la división sexual del
trabajo, que sigue asignando a las mujeres los trabajos de cuidados.
En el año 2019, el salario anual más frecuente en las mujeres (13.514,8 euros)
representó el 73,0% del salario más frecuente en los hombres (18.506,8 euros). En el
salario mediano este porcentaje fue del 80,3% y en el salario medio bruto del 80,5%.
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Si se consideran los salarios anuales con jornada a tiempo completo, el salario de la
mujer representaba en el año 2019 el 91,3% del salario del hombre. En la jornada a
tiempo parcial, el porcentaje era del 87,7%. En el trabajo a tiempo completo, el salario
por hora de las mujeres (16,0 euros) en el año 2019 alcanzaba el 94,3% del salario por
hora de los hombres (17,0 euros). Al considerar la jornada a tiempo parcial, el porcentaje
anterior alcanza un valor del 84,5%.
Por otro lado, la brecha en los salarios de género en los salarios por hora según
naturaleza del empleador (sector público, sector privado), en España en el periodo
2010-2019 ha presentado su valor más alto en el año 2012 y 2016, en el sector
público con 14,3. Para el sector privado el valor más elevado fue en el año 2012 con
21,9. En el año 2019 el valor de la brecha salarial alcanzó un valor inferior en el sector
privado respecto al año 2012. (Fuente. INE, 2019).
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Brecha digital de género se define como la diferencia entre el porcentaje de hombres y
el porcentaje de mujeres ante el acceso y uso de las TIC (Tecnologías de la Información
y la Comunicación).
Discriminación
Es casi imposible negar que la existencia de discriminación basada en sexo, raza, edad,
clase social, religión o etnia se ha manifestado desde siempre, lo que la convierte en un
fenómeno muy arraigado dentro de la sociedad, y es por este mismo motivo que,
aunque se ha avanzado en el campo de la equidad y la igualdad en los últimos años, aún
falta mucho terreno por recorrer. Todavía es posible observar innumerables casos en
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los que las diferencias de ciertas categorías de personas hacen que estas tengan
oportunidades significativamente distintas y pueden en alguna medida determinar sus
opciones.
• Discriminación directa:
Es la situación en la que se encuentra una persona que haya sido o pudiera ser tratada
en atención a su sexo de manera menos favorable que otra en la misma situación.
Por ejemplo, salarios diferentes, despidos por embarazo, diferentes contratos, etc.
La discriminación directa por razón de sexo, o por cualquier otra condición, está
prohibida por la Ley.
• Discriminación indirecta:
Es mucho más compleja de probar, pero se sigue produciendo. Ocurre cuando una
persona sufre una situación de desventaja por la aplicación de una práctica, criterio o
tratamiento que aparentemente es neutro. Es una discriminación camuflada que no se
puede comprobar directamente pero que se puede medir por sus resultados. A pesar de
que muchas leyes, normas o prácticas sociales traten de igual forma a hombres y a
mujeres, al final tienen como efecto un resultado negativo o desigual para las mujeres
por lo que no es tan raro encontrar casos de discriminación indirecta.
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• Los sueldos son iguales en una misma categoría, pero se puede verificar que en
las categorías peor remuneradas predominan las mujeres.
• Las mujeres tienen que renunciar a promociones laborales porque se encuentran
con verdaderas dificultades para conciliar su realidad familiar con la laboral.
Como ellas siguen siendo las principales responsables de la atención y el cuidado
familiar, una organización del tiempo de trabajo que implique comidas de
trabajo u horarios excesivos dificultará su carrera profesional en mayor medida
que a los hombres. Las responsabilidades familiares es una de las grandes
razones por las que las mujeres solicitan reducción de jornada o excedencias con
las consecuencias profesionales y económicas que ello conlleva.
• Discriminación múltiple:
La interseccionalidad es una categoría de análisis para referir los factores que confluyen
en un mismo caso, multiplicando las desventajas y discriminaciones, desde una
perspectiva integral.
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Feminización de la pobreza
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Techo de cristal
Algunos ejemplos que ilustran cómo se presenta el techo de cristal son el bajo
porcentaje de cargos ocupados por mujeres en la alta dirección, así como en cargos de
presidencias o vicepresidencias y en el campo político donde la representación de las
mujeres sigue siendo baja. Aunque en forma lenta se ha avanzado, aún falta mucho para
lograr derrumbar el techo de cristal.
Doble jornada
Concepto que hace referencia a la suma de la jornada laboral remunerada más una
jornada complementaria no retribuida y dedicada principalmente a los cuidados de
personas dependientes, como son las hijas y los hijos o las personas mayores, y a las
tareas del hogar.
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en el sentido más amplio posible, incluyendo tanto las necesidades familiares como las
personales e individuales, la gestión del ocio, etc
Es una línea de trabajo que se impulsa como parte de las políticas de igualdad con el
propósito de transformar la desigual distribución de las tareas domésticas y de cuidado
socialmente asignado a las mujeres.
La conciliación se impulsa mediante acciones que coadyuven a que las personas puedan
erradicar las tensiones entre el trabajo, la vida personal y familiar, a través por ejemplo
de: horarios mixtos, compactados o flexibles, guarderías, permisos de maternidad,
paternidad o redes de cuidado comunitario o en la que se corresponsabilicen el sector
público y privado, entre otras.
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• Trabajadores y trabajadoras motivadas, por lo que aumenta la productividad
Ejemplo.
https://www.castillalamancha.es/gobierno/haciendayaapp/estructura/dgpfp/actuacio
nes/ii-plan-concilia-jccm
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• Cocina y tareas domésticas diarias:
Instituto Nacional de Estadística (2016). Cuidado de hijos y tareas domésticas. Madrid: INE
Corresponsabilidad
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configuran la frontera de la desigualdad, más concretamente en el hogar y la familia y
alrededor de las tareas que exige su correcto mantenimiento.
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las mujeres mayoritariamente, no será posible que dediquen el tiempo suficiente a su
formación, a su promoción profesional, y continuarán siendo las que, llegado el caso,
reduzcan su jornada laboral o abandonen su puesto de trabajo si la situación lo requiere.
La corresponsabilidad en el entorno familiar debe permitir que las personas,
independientemente de su sexo, compartan las responsabilidades y dispongan de
iguales tiempos y oportunidades para el trabajo, la formación o el ocio.
La ética del cuidado es una corriente de la filosofía moral surgida a finales del siglo XX
que se centra en las virtudes de la compasión y el cuidado y subraya que se han
menospreciado porque son valores propios de la experiencia histórica de las mujeres en
el ámbito doméstico. Así, aunque la bondad, el amor, la vulnerabilidad, los sentimientos
y los cuidados sean esenciales para el mantenimiento de la humanidad,
tradicionalmente han sido entendidos como debilidades, componentes del carácter
femenino. El cuidado no es abnegación y autosacrificio, la ética del cuidado exige el
cuidado de una misma.
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privadamente de recursos, siendo de difícil acceso para las personas en situación de
mayor vulnerabilidad económica y social. Se suele producir una violación concatenada
de derechos (derechos laborales, a la educación, al tiempo, a la salud, a la participación
política. Es por ello, que se debe apostar por políticas encaminadas a una nueva
organización social y una nueva cultura de los cuidados, dentro de un modelo público-
comunitario.
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2.4 Conceptos relacionados con el ámbito educativo
Coeducación
El modelo coeducativo considera que la escuela, como parte integrante del entorno
social y cultural, es un espacio no neutral en el que se transmiten valores sexistas, lo que
contribuye a mantener las diferencias entre hombres y mujeres. Por tanto, el modelo
coeducativo implica no sólo al alumnado, sino también al profesorado y a toda la
comunidad educativa, así como al currículo escolar.
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Educación segregada
Lenguaje sexista
Sería correcto hablar no de un lenguaje sexista sino de uso sexista del lenguaje, ya que
la lengua, por su variedad y riqueza, ofrece muchas posibilidades para describir una
realidad y para expresar todo lo que nuestra mente es capaz de imaginar. De esas
posibilidades escogemos unas u otras en función de lo que queremos decir y del
contexto en el que estemos, pero sobre todo en función de lo que hemos aprendido, de
las ideas, conceptos, estereotipos... que nos han sido transmitidos culturalmente, es
decir del conocimiento que tengamos de la realidad.
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En este sentido, el lenguaje como transmisor
básico de la cultura de un pueblo, refleja e
interacciona con la realidad de cada momento.
Así pues, hacemos un uso sexista y
androcéntrico de la lengua porque vivimos en
una cultura sexista y androcentrista en la que
se valoran las capacidades y funciones
atribuidas a los hombres, pero no se reconoce
el valor social de aquellas capacidades y
funciones que son atribuidas a las mujeres. A través del lenguaje reflejamos esta
realidad desigual pero también la reforzamos ya que a pesar de la profunda
transformación que ha experimentado el papel social de las mujeres, los mensajes
transmitidos siguen mostrando una imagen parcial y las sitúan en una posición
subordinada respecto a los hombres.
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estableciendo las relaciones de dominación que construyen socialmente el sexo
biológico y que culmina en el estatus inferior de lo femenino.
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