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Curso Igualdad

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Principios básicos de la igualdad de género y su aplicación en la Administración Pública

Libro 1. Conceptos básicos

Contenido
1. Igualdad vs Desigualdad ........................................................................................................ 2
1.1 Mujeres y hombres en cifras en Castilla-La Mancha.................................................... 2
2 Conceptos que tenemos que conocer ................................................................................ 10
2.1 Conceptos relacionados con lo social y político .......................................................... 11
2.2 Conceptos relacionados con el ámbito laboral y económico ..................................... 17
2.3 Conceptos relacionados con la conciliación y la corresponsabilidad.......................... 26
2.4 Conceptos relacionados con el ámbito educativo ...................................................... 33
2.5 Conceptos relacionados con la comunicación ............................................................ 34

pág. 1
1. Igualdad vs Desigualdad
…para reflexionar…

1.1 Mujeres y hombres en cifras en Castilla-La Mancha

Un repaso a las cifras existentes sobre las desigualdades entre hombres y mujeres a nivel
mundial, estatal y regional nos enseña que dicha desigualdad es un fenómeno
omnipresente. Aunque con niveles y formaciones muy distintas, esta es una realidad
común en todos los países y en todas las esferas y niveles de las sociedades. A
continuación, se presentan diversos datos extraídos de guías publicadas por el Instituto
de la Mujer de CLM.

pág. 2
pág. 3
pág. 4
pág. 5
Visto lo visto… ¿la igualdad legal, implica la igualdad real?

«En la actualidad existe una igualdad legal entre mujeres y hombres en muchas zonas
del mundo, pero no hay ningún país en el que se haya alcanzado una igualdad real de
oportunidades».

Josefa María Caraballo

Según la Constitución, mujeres y hombres somos iguales ante la ley, tenemos los mismos
derechos… pero ¿realmente disponemos de las mismas oportunidades?

Si para evaluar la igualdad entre mujeres y hombres sólo se percibiesen los cambios
legislativos alcanzados hasta hoy, se podría afirmar que la igualdad es una realidad,
puesto que existe un marco jurídico y desde las normativas se prohíbe el trato
diferenciado.

Ahora bien, la realidad que vive la ciudadanía es diferente a la que promulga esta
legislación y así lo muestran los datos presentados en el apartado previo.

Igualdad

Es un Principio rector de la vida democrática, que supera las diferencias discriminatorias y


eleva a todos los seres humanos a la categoría de personas y ciudadanas sin distinción de
sexo.

La Igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres está fundamentada en el principio


de igualdad, y se refiere a la necesidad de corregir las desigualdades que existen entre
hombres y mujeres en la sociedad. Constituye la garantía de que mujeres y hombres puedan
participar en diferentes esferas (económicas, política, participación social, de toma de
decisiones) y actividades (educación, formación, empleo) sobre bases de igualdad.

Igualdad formal

Afirmación de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres en las normativas.

pág. 6
Igualdad de derecho
Igualdad formal ante la ley. Equiparación de hombres y mujeres mediante medidas
legislativas.

En los países europeos de regímenes democráticos, es después de la primera guerra


mundial cuando se restaura el prinpio de igualdad ante la ley y se reconoce a las
mujeres el derecho a la educación, al trabajo retribuido y al voto.

En España, el principio de igualdad legal no se consagra establemente la constitución


de 1978.

Igualdad real

Requiere la interposición de las medidas necesarias para que la Igualdad sea efectiva,
removiendo los obstáculos que entorpezcan su consecución.

Igualdad de hecho

Se refiere a la paridad entre hombres y mujeres real y efectiva, ya que la sola


promulgación de la igualdad legal no basta para cambiar las costumbres y estructuras
de la desigualdad. Por ello, es necesario introducir mecanismos de acción positiva que
tienen como fin trabajar activamente y contrarrestar las desigualdades de partida para
que la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres sea una realidad.

Equidad de género

La equidad se refiere a que cada persona reciba lo que le corresponde, teniendo en


cuenta las diferencias sociales, desigualdades y las necesidades dispares que enmarcan
a los hombres y las mujeres.

Se refiere a que la justicia en el tratamiento de hombres y de mujeres, la cual implica la


redistribución de recursos y oportunidad entre ambos.

Elaborada a partir de González Conde, G. (2011). Guía de formación para la incorporación de la igualdad en la
administración pública. Escuela de Administración Pública de Extremadura.

pág. 7
La igualdad de género es una disposición que deriva de un derecho humano, mientras
que la equidad de género es una consideración de carácter ético con la que se intenta
aplicar medidas que corrijan el desequilibrio histórico entre los géneros. En este sentido,
uno de los mayores debates en torno a la utilización de ambos términos se produjo en la IV
Conferencia Mundial sobre la Mujer de 1995. Como resultado de la conferencia, a nivel
general, el término igualdad de género prevaleció en la definición de los Derechos
Humanos. No obstante, esto no se produjo de manera homogénea en todo el mundo. Por
ejemplo, América Latina ha seguido utilizando de manera mayoritaria el concepto equidad,
al entender que la igualdad parte del “hombre” como modelo a alcanzar en la consecución
de derechos y oportunidades, sin tener en cuenta los “universos de referencia” de las
mujeres y sus formas de entender y posicionarse en la realidad social.

Así, mientras que la igualdad se ha concebido desde estas posiciones como la construcción
de unos deberes, formas de hacer y “horizontes vitales” iguales para todo el mundo, el uso
del término equidad ha permitido la especificación de las distintas posiciones de partida en
cuanto a recursos materiales, sociales, jurídicos y económicos, según el género. Por tanto, se
entiende que la equidad tiene como fin último contribuir a lograr la igualdad, pero
poniendo el énfasis en las diferencias sociales, desigualdades y las necesidades dispares que
enmarcan a los hombres y las mujeres.

No obstante, la igualdad de género es el término más comúnmente empleado por las


entidades internacionales y como marco de los Derechos Humanos.

Igualdad= a todos por igual (derechos, obligaciones, oportunidades, etc)

Equidad= a todas las mismas oportunidades atendiendo a sus diferencias de partida


(sociales, sexo, educativas, etc)

pág. 8
Los movimientos feministas han conseguido grandes logros en materia de igualdad, pero es
evidente que un marco normativo no es suficiente porque no se ha alcanzado: LA IGUALDAD
REAL Y EFECTIVA.

En este sentido, el objetivo de alcanzar la igualdad de oportunidades y resultados entre


mujeres y hombres se ha ido incorporando en la agenda política de forma progresiva.
De este modo, se han dibujado pequeños trazos hacia un interés en trasladar la igualdad
más allá del hecho de cambiar y crear leyes y normas, hacia un trabajo que trata de
conseguir la igualdad en todos los ámbitos: la vida diaria, la familia, el trabajo, la
educación, etc.

A pesar de que todavía queda un largo camino que recorrer, existen algunos ejemplos
por parte de algunos ámbitos que se han comprometido con el alcance de esta meta.
Por ejemplo, algunas empresas han comenzado a establecer medidas que promocionan
la conciliación de la vida familiar y laboral de su plantilla promoviendo medidas de
flexibilización de la jornada de trabajo, ampliación de los permisos de maternidad y
paternidad, así como de cuidado de personas dependientes, compensación de costes de
guardería, etc.

pág. 9
2 Conceptos que tenemos que conocer

Para continuar con los contenidos, es necesario definir varios conceptos que se trabajarán
en los cinco bloques:

pág. 10
2.1 Conceptos relacionados con lo social y político
Sexismo

Teoría basada en la inferioridad del sexo femenino que viene determinada por las
diferencias biológicas entre hombres y mujeres. La construcción de un orden simbólico
en el que las mujeres son consideradas inferiores a los hombres implica una serie de
comportamientos y actitudes estereotipados que conducen a la subordinación de un
sexo con respecto al otro. Por tanto, es un sistema que define a las personas según su
sexo, las jerarquiza y mantiene unas normas de comportamiento que corresponden a
estas dos únicas posibilidades de identificación. Esta estructura no sólo subordina a las
mujeres, sino que excluye a todas las demás personas con cuerpos, identidades,
expresiones y deseos que están fuera de la norma de género.

Patriarcado

Literalmente significa "gobierno de los padres" pero las interpretaciones críticas desde
el feminismo se refieren a él como un sistema u organización social de dominación
masculina sobre las mujeres que ha ido adoptando distintas formas a lo largo de la
historia.

Se trata de una forma de organización social, política y económica donde a las mujeres
se les asigna como propio el espacio privado y a la función reproductora, mientras que
los hombres se reservan el espacio público.

Se caracteriza por el desarrollo de dos espacios bien diferenciados. Por un lado, el


espacio doméstico, se identifica con el ámbito reproductivo, con el espacio de la
"inactividad" donde tiene lugar la crianza, los afectos y el cuidado de las personas
dependientes, es decir, donde se cubren las necesidades personales. Es en este espacio
donde se ha colocado tradicionalmente a las mujeres.

pág. 11
Por otro lado, el espacio público, que se identifica con el ámbito productivo, con el
espacio de la actividad, donde tiene lugar la vida laboral, social, política, económica; es
el lugar de participación en la sociedad y del reconocimiento. Es en este espacio donde
se han colocado los hombres tradicionalmente

Alicia Puleo, distingue entre dos formas de ejercer el patriarcado, que conviven de
forma diferente según hablemos de sociedades más tradicionales o más neoliberales.

Así los patriarcados de coerción hacen referencia a las leyes y a las rígidas normas que
marcan lo que es ser mujer y ser hombre en un contexto dado. Nos referimos, por
ejemplo, en códigos de indumentarias que marcan normas bien diferentes para unos y
otras y sancionan a las mujeres cuando no las cumplen (como sucedería en Irán con una
joven que llevase el pelo suelto, sin velo, de forma pública), donde se da una
legitimación racional, ya que son normas que siempre han sido así, y por ello son
respetadas y no cuestionadas.

Y los patriarcados de consentimiento, donde se da la igualdad formal ante la ley, y la


propuesta es pasar del uso de la coerción para conseguir un fin al modelo de la adhesión
a través de mensajes seductores que incitan a la imitación y al consumo. Donde se
muestra la falsa libertad de las mujeres y el consentimiento no informado porque la
opresión que se ejerce hacia la mujer se enmascara de una supuesta “libertad de
elección”. Según Ana de Miguel, es solo una herramienta más usada por el sistema
patriarcal para legitimar una estructura de desigualdad donde por ejemplo, se ve la
forma de apropiación de los cuerpos de las mujeres, que va desde la prostitución a los
vientres de alquiler, que aparecen como un razonamiento supuestamente legitimado en
una libre elección individual ignorando cándidamente los contextos de desigualdad
socioeconómica y oportunidades en que se producen, que condicionan nuestra
capacidad subjetiva de opciones reales. Así hoy, al menos ya hemos podido comprender
que las mujeres que soportan malos tratos y violencia en sus relaciones no lo “eligen
libremente” por mucho que aguanten muchos años.

pág. 12
Androcentrismo

Es una forma específica de sexismo que se manifiesta sobre todo en la ocultación de las
mujeres y en su falta de definición. Parte del supuesto que considera lo propio y
característico de los hombres como centro del universo, parámetro de estudio y de
análisis de la realidad y experiencia universal de la especia humana.

Confunde la humanidad con el hombre-varón porque aporta una visión del mundo y de
las cosas, desde el punto de vista teórico y del conocimiento, en la que los hombres son
el centro y la medida de todas ellas, ocultando y haciendo invisible todo lo demás, entre
ellas las aportaciones y contribuciones de las mujeres a la sociedad. Una visión
androcéntrica presupone que la experiencia masculina sería "la universal", la principal,
la referencia o representación de la humanidad, obviando la experiencia femenina.

Machismo

Es una forma de sexismo caracterizada por la prevalencia del varón. Comprende, ideas,
actitudes y comportamientos basados en una atribución cultural aprendida de
superioridad del hombre, como macho, sobre la mujer. Se caracteriza por el énfasis en
la virilidad, la fuerza y el desinterés respecto a los asuntos domésticos por parte de los
varones así como en la desigual distribución del ejercicio del poder sobre otros u otras
que conduce a la asimetría en la relación entre ambos.

Algunos ejemplos, son la desvalorización o el desprecio más o menos evidente o


socialmente aceptado hacia la mujer, la cosificación del cuerpo de las mujeres,
evaluarlas en función de su aspecto físico o por la relación que tienen con algún hombre,
etc.

Participación equilibrada

La participación equilibrada consiste en una toma de decisiones en los ámbitos social y


político que asegure la participación equitativa tanto de mujeres como de hombres,

pág. 13
factor necesario para el pleno disfrute de los derechos humanos y el buen
funcionamiento de una sociedad democrática.

Con el fin de alcanzar esta equidad en la IV Conferencia Mundial de las Mujeres se votó
y adoptó de forma unánime la Plataforma de Acción de Beijing, que es un referente clave
a nivel internacional que define y expone propuestas sobre la consecución del aumento
de la participación de las mujeres en los procesos de toma de decisiones y acceso al
poder, para que mediante esa participación pudieran contribuir a redefinir las
prioridades políticas incorporando cuestiones, necesidades y puntos de vista que las
representan y legitiman sus derechos.

En dicha Conferencia, se consideró la participación igualitaria de la mujer en la adopción


de decisiones no sólo como una exigencia básica de justicia o democracia, sino también
“una condición necesaria para que se tengan en cuenta los intereses de la mujer. Sin la
participación de la mujer y la incorporación del punto de vista de la mujer a todos los
niveles del proceso de adopción de decisiones no se podrán conseguir los objetivos de
igualdad, desarrollo y paz”.

La Plataforma para la acción de Beijing insta a los partidos políticos a “examinar sus
estructuras organizativas y sus procedimientos a fin de remover las barreras que, directa
o indirectamente, discriminan a las mujeres e impiden su participación” y afirma que los
partidos políticos, los gobiernos, los sindicatos y todo tipo de organizaciones privadas
deben adoptar medidas de acción positiva para conseguir que exista un número decisivo
de mujeres dirigentes, ejecutivas y administradoras en puestos estratégicos de adopción
de decisiones.

Cuotas de participación

Las cuotas de participación es un mecanismo utilizado para incrementar la


representación política de la mujer. El objetivo de este sistema es seleccionar mujeres
para puestos en instituciones de gobierno y garantizar que no queden marginadas de la

pág. 14
vida pública-política y que su presencia sea activa y no meramente decorativa. De este
modo, se pretende aumentar las estadísticas respeto al número de mujeres que
representan las instituciones políticas.

El sistema de cuotas implica que la mujer debe constituir un número o porcentaje


determinado de miembros de un órgano, ya sea una lista de candidatos, una asamblea
parlamentaria, una comisión o un gobierno (Uribe, 2013)

Democracia paritaria

La paridad entendida como una participación equilibrada de mujeres y hombres en las


posiciones de poder y de toma de decisiones en todas las esferas de la vida (políticas,
económicas, culturales y sociales), constituye una condición fundamental para la
igualdad entre los sexos. Una presencia equilibrada de mujeres y hombres busca que se
refleje mejor la composición de la sociedad, que se garanticen los intereses de las
mujeres en la elaboración de las políticas públicas y es un signo de funcionamiento
democrático y un derecho. La idea de democracia paritaria parte del reconocimiento
del hecho de que las mujeres constituyen el 50% de la sociedad, y, por ello, su
infrarrepresentación en los puestos de decisión constituye un factor negativo para la
sociedad.

La paridad no es una acción afirmativa o una meta en sí misma, sino una medida para la
redistribución de las oportunidades, decisiones y del poder en todas las esferas de la
vida; su implementación supone entonces una transformación de las instituciones y de
la vida social y en las familias para que hombres y mujeres gocen de igualdad.

La democracia paritaria, tal como es entendida por los movimientos de mujeres a nivel
europeo, es más que una propuesta de participación equilibrada de mujeres y hombres
en los procesos decisorios políticos, sino un camino hacia la transformación en las
responsabilidades compartidas tanto en el ámbito público como en el privado-
doméstico. En este mismo sentido, el glosario europeo de términos relativos a la

pág. 15
igualdad entre hombres y mujeres (1998) la define como "un concepto de sociedad
integrada a partes iguales por mujeres y por hombres, en la cual la representación
equilibrada de ambos en las funciones decisorias de la política es condición previa al
disfrute pleno y en pie de igualdad de la ciudadanía, y en la cual unas tasas de
participación similares o equivalentes (entre el 40 y el 60%) de mujeres y hombres en el
conjunto del proceso democrático es un principio de democracia".

Empoderamiento femenino

Desde organismos internacionales como la ONU se apuesta por el empoderamiento de


las mujeres como estrategia para lograr una sociedad más igualitaria y beneficiosa para
la ciudadanía, además de considerarse un requisito y una garantía para la
transformación social hacia la igualdad de mujeres y
hombres.

Desde el enfoque Género en Desarrollo (GED), se


incorpora como elemento principal para alcanzar la
igualdad de género el concepto de empoderamiento de
las mujeres, entendido desde una doble vertiente:

Por un lado, como un proceso de toma de conciencia por


parte de las mujeres de la situación de subordinación, que
conlleva que modifiquen la imagen de sí mismas, las creencias sobre sus derechos y
capacidades y se desafíen incorporando actitudes y comportamientos de roles no
sexistas.

Por otro lado, como el control que la mujer tiene sobre su propia vida, el logro de la
autonomía personal, que permite su desarrollo, tomar decisiones sobre aspectos de su
vida que considera valiosos gozando de libertad y otorgando su consentimiento
legítimo. Implica tener acceso a los recursos, tanto materiales como simbólicos
(recursos intelectuales e ideológicos).

Desde este enfoque, se constata que, para transformar las relaciones desiguales es
necesario realizar intervenciones estratégicas con un doble objetivo:

pág. 16
➢ Identificar las necesidades prácticas de las mujeres que, son las derivadas de los roles
de género, es decir, de las funciones y responsabilidades asignadas de forma
diferenciada a mujeres y varones en función de su sexo, para mejorar las condiciones
de su vida diaria, que configuran los modos de vida, y que están relacionadas con la
satisfacción de las necesidades básicas.
➢ Identificar las necesidades estratégicas de las mujeres que, son las que se derivan de
la toma de conciencia y del cuestionamiento de la discriminación de las mujeres, y
de los mecanismos que contribuyen a mantenerla, y que contribuyen a mejorar su
posición social transformando las estructuras y prácticas culturales que perpetúan
su situación de desventaja y desigualdad, que ponen al descubierto las relaciones de
poder entre mujeres y hombres y la capacidad de influir y participar en las decisiones
sociales o políticas.

2.2 Conceptos relacionados con el ámbito laboral y económico

División sexual del trabajo

La división sexual del trabajo se refiere a la manera en que cada sociedad organiza la
distribución del trabajo entre los hombres y las mujeres, estableciendo lo que se
considera apropiado para cada sexo.

La distribución social de las tareas parte del sexo biológico y se divide en trabajo
productivo y reproductivo; bajo esta perspectiva se les asigna a los hombres el espacio
público (trabajo productivo) y a las mujeres, el espacio privado (trabajo de reproducción
y doméstico). La asignación descrita es una construcción social, interiorizada a tal grado
que se considera que los roles tradicionales corresponden, en realidad, a la naturaleza y
capacidades de hombres y de mujeres.

Dado que estos roles tienen una distinta valoración social, la división sexual del trabajo
se traduce en relaciones jerárquicas de poder y por lo tanto en desigualdad. En esta

pág. 17
ecuación, el trabajo doméstico y de cuidados, asignado a las mujeres, ha carecido de
reconocimiento y visibilidad, siendo además un trabajo no remunerado.

La desvalorización del trabajo que suelen realizar las mujeres se desplaza al espacio
público y al mercado laboral, ocupando los empleos más precarios y de inferior
remuneración. Aun incorporándose a actividades públicas, las mujeres siguen
responsabilizándose del trabajo doméstico y de cuidados, lo que se traduce en dobles
jornadas laborales; de ahí la importancia de que las acciones y políticas públicas vayan
encaminadas a no perpetuar estos roles y a combatir las desigualdades que de ellos se
derivan.

Se presenta la siguiente imagen a modo resumen:

Se establece así, una clara separación entre el espacio doméstico y el espacio público.
De esta forma, lo productivo está masculinizado, genera riqueza, es visible socialmente,
tiene reconocimiento social y proporciona autonomía personal. Por el contrario, el
trabajo reproductivo está feminizado, no está remunerado, es invisible socialmente, no
tiene reconocimiento social ni proporciona autonomía personal y se considera
secundario.

pág. 18
Con la participación creciente de las mujeres en el trabajo asalariado y en la esfera
pública, pero sin cuestionar el reparto de tareas en la esfera privada y sin que la sociedad
haya tomado en cuenta las nuevas demandas sociales y las exigencias que se derivan de
los cambios en las formas de vida y trabajo, se refuerza la división sexual del trabajo con
graves consecuencias para las mujeres, como precariedad en el empleo, doble jornada,
etc.

Segregación en el mercado laboral

Puede ser una segregación horizontal y se refiere a la concentración de las mujeres en


determinadas ocupaciones y/o familias profesionales que, generalmente, se
caracterizan por tener condiciones de empleo poco satisfactorias, bajos salarios y pocas
oportunidades de formación continua y adquisición de cualificaciones añadidas. Son,
por tanto, empleos feminizados, fuente de desigualdades en el mercado laboral, ya que
el valor asociado a ellos y su remuneración es menor.

Y la segregación puede ser vertical, entonces nos referimos a cuando la concentración


de las mujeres se da en puestos de más baja responsabilidad, a igual cualificación
profesional.

Brecha de género

Las brechas de desigualdad de género son una medida estadística que da cuenta de las
diferentes posiciones de mujeres y hombres con respecto a un mismo indicador. Se
calcula restando la tasa femenina y la tasa masculina. Cuanto menor sea la brecha, más
cerca estaremos de la igualdad.

Existen datos certeros y oficiales sobre las brechas entre mujeres y hombres en el
acceso, uso, control y participación en la distribución de recursos, servicios,
oportunidades y beneficios e incluso derechos y libertades en todos los ámbitos de la
vida. Así por ejemplo, en el ámbito laboral las brechas de género se manifiestan en las
mujeres con respecto a los hombres en: menor tasa de actividad, mayor tasa de

pág. 19
desempleo, ocupación en jornadas parciales y empleos más precarios, brecha digital,
brecha salarial, ocupación en sectores feminizados y desvalorizados, menor presencia
en puestos de responsabilidad, etc., producto de una estructura productiva desigual y
una cultura empresarial en las que todavía está muy presente la división sexual del
trabajo, que sigue asignando a las mujeres los trabajos de cuidados.

La cuantificación de las brechas ha estimulado el desarrollo de estadísticas y la


formulación de indicadores para comprender las dimensiones de la desigualdad y
monitorear los efectos de las políticas sobre su erradicación, así como los avances en la
eliminación de la desigualdad comparativamente a través del tiempo.

Entre las que se puede mencionar, por ejemplo:

La Brecha salarial se refiere a las diferencias salariales entre mujeres y hombres.


Técnicamente se define como la distancia o diferencia entre la remuneración media
bruta por hora (salario base más complementos) entre mujeres y hombres con empleo
retribuido.

En términos generales, las conclusiones revelan que efectivamente existe diferencia de


salarios (tanto en ganancia por hora como en remuneración por rendimiento) entre los
hombres y las mujeres. Así análisis descriptivo derivado de la explotación de la base de
datos se extraen las siguientes conclusiones:

Para poner de manifiesto las diferencias salariales de género, es necesario considerar el


salario por hora y distinguir el tipo de jornada.

En el año 2019, el salario anual más frecuente en las mujeres (13.514,8 euros)
representó el 73,0% del salario más frecuente en los hombres (18.506,8 euros). En el
salario mediano este porcentaje fue del 80,3% y en el salario medio bruto del 80,5%.

pág. 20
Si se consideran los salarios anuales con jornada a tiempo completo, el salario de la
mujer representaba en el año 2019 el 91,3% del salario del hombre. En la jornada a
tiempo parcial, el porcentaje era del 87,7%. En el trabajo a tiempo completo, el salario
por hora de las mujeres (16,0 euros) en el año 2019 alcanzaba el 94,3% del salario por
hora de los hombres (17,0 euros). Al considerar la jornada a tiempo parcial, el porcentaje
anterior alcanza un valor del 84,5%.

Por otro lado, la brecha en los salarios de género en los salarios por hora según
naturaleza del empleador (sector público, sector privado), en España en el periodo
2010-2019 ha presentado su valor más alto en el año 2012 y 2016, en el sector
público con 14,3. Para el sector privado el valor más elevado fue en el año 2012 con
21,9. En el año 2019 el valor de la brecha salarial alcanzó un valor inferior en el sector
privado respecto al año 2012. (Fuente. INE, 2019).

pág. 21
Brecha digital de género se define como la diferencia entre el porcentaje de hombres y
el porcentaje de mujeres ante el acceso y uso de las TIC (Tecnologías de la Información
y la Comunicación).

En un contexto como el actual, en el cual las tecnologías de la información y la


comunicación (TIC) extienden progresivamente su presencia en nuestra vida cotidiana,
existe también el riesgo de que los colectivos con menor acceso a ellas o menos hábiles
en su manejo sufran importantes desventajas en términos de participación social,
política, económica o cultural (Martínez Cantos y Castaño, 2017).

La proporción de empleo en TIC representada por hombres se situó en el 82,1 % en la


Unión Europea en 2019, 0,9 puntos porcentuales menos que en 2011 (Eurostat, 2019).

Discriminación

Es casi imposible negar que la existencia de discriminación basada en sexo, raza, edad,
clase social, religión o etnia se ha manifestado desde siempre, lo que la convierte en un
fenómeno muy arraigado dentro de la sociedad, y es por este mismo motivo que,
aunque se ha avanzado en el campo de la equidad y la igualdad en los últimos años, aún
falta mucho terreno por recorrer. Todavía es posible observar innumerables casos en

pág. 22
los que las diferencias de ciertas categorías de personas hacen que estas tengan
oportunidades significativamente distintas y pueden en alguna medida determinar sus
opciones.

Tipos de discriminación existentes:

• Discriminación directa:

Es la situación en la que se encuentra una persona que haya sido o pudiera ser tratada
en atención a su sexo de manera menos favorable que otra en la misma situación.

Por ejemplo, salarios diferentes, despidos por embarazo, diferentes contratos, etc.

La discriminación directa por razón de sexo, o por cualquier otra condición, está
prohibida por la Ley.

• Discriminación indirecta:

Es mucho más compleja de probar, pero se sigue produciendo. Ocurre cuando una
persona sufre una situación de desventaja por la aplicación de una práctica, criterio o
tratamiento que aparentemente es neutro. Es una discriminación camuflada que no se
puede comprobar directamente pero que se puede medir por sus resultados. A pesar de
que muchas leyes, normas o prácticas sociales traten de igual forma a hombres y a
mujeres, al final tienen como efecto un resultado negativo o desigual para las mujeres
por lo que no es tan raro encontrar casos de discriminación indirecta.

Por ejemplo, en el ámbito laboral podemos observar diferentes situaciones de


discriminación indirecta cuando:

• Se permite que los hombres y las mujeres se presenten a un puesto de trabajo


para el cual, a priori ya se sabe que sólo se seleccionarán uno de los dos sexos.

pág. 23
• Los sueldos son iguales en una misma categoría, pero se puede verificar que en
las categorías peor remuneradas predominan las mujeres.
• Las mujeres tienen que renunciar a promociones laborales porque se encuentran
con verdaderas dificultades para conciliar su realidad familiar con la laboral.
Como ellas siguen siendo las principales responsables de la atención y el cuidado
familiar, una organización del tiempo de trabajo que implique comidas de
trabajo u horarios excesivos dificultará su carrera profesional en mayor medida
que a los hombres. Las responsabilidades familiares es una de las grandes
razones por las que las mujeres solicitan reducción de jornada o excedencias con
las consecuencias profesionales y económicas que ello conlleva.

• Discriminación múltiple:

Al hecho de ser mujer se suman otras variables discriminatorias como la edad, la


orientación sexual, la religión, la discapacidad, vivir en una situación de pobreza, el
origen étnico, etc. Es un fenómeno que ha cobrado notable actualidad a causa también
del surgimiento de nuevos motivos de discriminación como atributos de la persona, que
combinados pueden generar una discriminación no solo plural sino múltiple, y cuyo
tratamiento requiere tener en cuenta los efectos de la combinación en una misma
persona de distintos factores (Piñeiro y Ferrer, 2015).

La interseccionalidad es una categoría de análisis para referir los factores que confluyen
en un mismo caso, multiplicando las desventajas y discriminaciones, desde una
perspectiva integral.

Es necesario que se adopten determinadas medidas especiales de carácter temporal


para eliminar esas formas múltiples de discriminación contra la mujer y las
consecuencias negativas y complejas que conlleva.

pág. 24
Feminización de la pobreza

Fenómeno que da nombre a una situación generalizada en la mayoría de los países y


que visibiliza a las mujeres como colectivo que constituye la mayoría de la población
pobre del planeta.

No es un fenómeno social reciente, lo nuevo es que desde la teoría feminista se ha


acuñado una categoría de análisis para dar cuenta de esta realidad. Según ONU Mujeres
(2019), “las mujeres siguen siendo infravaloradas, siguen trabajando más, ganando
menos, tienen menos opciones y enfrentan diversas formas de violencia en el hogar y en
los espacios públicos”

La pobreza y las políticas de ajuste de los países impactan de manera directa en la


participación de las mujeres en el mercado laboral y en su acceso a los recursos
económicos y sociales que ofrece el Estado de bienestar. Así, por ejemplo, los recortes
en políticas sociales tienen efecto mayor sobre la vida de las mujeres, pues son ellas las
que asumen las funciones de las que ha abdicado el Estado, realizando gratuitamente
las tareas del hogar y de cuidado de personas dependientes, lo que les afecta
sobremanera en el ámbito de la salud, la educación y las pensiones ya que realizan más
trabajo a tiempo parcial, de economía sumergida, trabajos menos prestigiados y
descualificados.

pág. 25
Techo de cristal

Son un conjunto de barreras invisibles que se encuentran las mujeres en un momento


determinado en su desarrollo profesional, de modo que una vez llegado a este punto
muy pocas mujeres franquean dicha barrera, estancando la mayoría su carrera
profesional y que impiden su acceso a los cargos directivos en los lugares de trabajo. Las
causas de este estancamiento provienen en su mayor parte de los prejuicios
empresariales sobre la capacidad de las mujeres para desempeñar puestos de
responsabilidad, así como sobre su disponibilidad laboral ligada a la maternidad y a las
responsabilidades familiares y domésticas, actividades que suelen coincidir con las fases
de itinerario profesional ligadas a la promoción profesional.

Algunos ejemplos que ilustran cómo se presenta el techo de cristal son el bajo
porcentaje de cargos ocupados por mujeres en la alta dirección, así como en cargos de
presidencias o vicepresidencias y en el campo político donde la representación de las
mujeres sigue siendo baja. Aunque en forma lenta se ha avanzado, aún falta mucho para
lograr derrumbar el techo de cristal.

Doble jornada

Concepto que hace referencia a la suma de la jornada laboral remunerada más una
jornada complementaria no retribuida y dedicada principalmente a los cuidados de
personas dependientes, como son las hijas y los hijos o las personas mayores, y a las
tareas del hogar.

2.3 Conceptos relacionados con la conciliación y la


corresponsabilidad
Conciliación de la vida personal, familiar y laboral

La conciliación de la vida laboral y personal consiste en la posibilidad de que las personas


trabajadoras hagan compatibles, por un lado, la faceta laboral y por el otro, la personal

pág. 26
en el sentido más amplio posible, incluyendo tanto las necesidades familiares como las
personales e individuales, la gestión del ocio, etc

No se pueden dirigir exclusivamente las medidas de conciliación a las personas que


tienen responsabilidades familiares o están a cargo del cuidado de otras personas. En
un concepto más amplio, las medidas de conciliación tienen que hacerse extensibles a
cualquier persona que trabaje en la empresa, independientemente de su situación
personal. Supone que tanto mujeres como hombres puedan dedicar su tiempo tanto al
trabajo remunerado como al personal y doméstico y disponer de tiempo propio.

Es una línea de trabajo que se impulsa como parte de las políticas de igualdad con el
propósito de transformar la desigual distribución de las tareas domésticas y de cuidado
socialmente asignado a las mujeres.

La conciliación se impulsa mediante acciones que coadyuven a que las personas puedan
erradicar las tensiones entre el trabajo, la vida personal y familiar, a través por ejemplo
de: horarios mixtos, compactados o flexibles, guarderías, permisos de maternidad,
paternidad o redes de cuidado comunitario o en la que se corresponsabilicen el sector
público y privado, entre otras.

En general, en la actualidad se sigue considerando las políticas de conciliación como


unas palancas fundamentales para incrementar la participación de las mujeres en el
mercado laboral.

Esta medida implica la necesidad de reestructuración y reorganización de los sistemas,


laboral, educativo y de recursos sociales, con el fin de introducir la igualdad de
oportunidades en el empleo, variar los roles y estereotipos tradicionales, y cubrir las
necesidades de atención y cuidado a personas dependientes. Se trata de un requisito
fundamental para alcanzar la igualdad efectiva entre mujeres y hombres.

La conciliación no sólo redunda en la igualdad efectiva y, por tanto, en beneficios para


la sociedad en su conjunto, las empresas también obtienen beneficios apreciables en la
cuenta de resultados. Las empresas que favorecen la conciliación cuentan con:

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• Trabajadores y trabajadoras motivadas, por lo que aumenta la productividad

• Atracción y retención del talento cualificado, tendrán en su plantilla a las/los


mejores profesionales

• Menor índice de absentismo laboral, con el consiguiente ahorro en gastos de


personal

• Mejor imagen de las empresas ante su plantilla, las entidades proveedoras, la


clientela y la sociedad en general, de manera que la imagen de la empresa
repercutirá positivamente en los resultados comerciales de la misma.

Ejemplo.

El II Plan para la conciliación de la vida personal, familiar y laboral de las empleadas y


empleados públicos de la Administración de la Junta de Comunidades de Castilla-La
Mancha, publicado en el DOCM de 21 de junio de 2018, tiene por objeto implantar
una política efectiva de conciliación de las responsabilidades profesionales con la vida
personal y familiar, conteniendo medidas en materia de permisos y licencias,
flexibilidad horaria, excedencias y protección integral contra la violencia de género,
entre otras. PINCHA AQUÍ.

https://www.castillalamancha.es/gobierno/haciendayaapp/estructura/dgpfp/actuacio
nes/ii-plan-concilia-jccm

Sin embargo, la realidad de la efectividad de las medidas de conciliación dista mucho de


ser real en la actualidad, y según el Instituto Nacional de Estadística en todos los Estados
miembros, hay una proporción mucho mayor de mujeres que de hombres que realiza
las tareas relacionadas con el cuidado de los niños y niñas, las tareas domésticas y la
cocina y así se presentan en los siguientes gráficos:

• Cuidado y educación diaria de niñas y niños en los países miembros de la UE:

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• Cocina y tareas domésticas diarias:

Instituto Nacional de Estadística (2016). Cuidado de hijos y tareas domésticas. Madrid: INE

Corresponsabilidad

En los últimos años se tiene producido un avance considerable en el acceso de las


mujeres al ámbito público, a la formación, al empleo y al ocio; sin embargo, continúa
pendiente el acceso de los hombres al ámbito del hogar.
Sin embargo, en el ámbito personal se sitúan una buena parte de los elementos que

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configuran la frontera de la desigualdad, más concretamente en el hogar y la familia y
alrededor de las tareas que exige su correcto mantenimiento.

La corresponsabilidad es el reparto equilibrado de las tareas domésticas y de las


responsabilidades familiares, tales como su organización, el cuidado, la educación y el
afecto de personas dependientes dentro del hogar, con el fin de distribuir de manera
justa los tiempos de vida de mujeres y hombres. Parte del equilibrio en las diferentes
dimensiones de la vida con el fin de mejorar el bienestar, la salud y la capacidad de
trabajo personal, pero va más allá todavía dado que supone la implicación de las
personas en el reparto de las responsabilidades domésticas y familiares, especialmente
los hombres, y alcanza también a otros agentes sociales e instancias públicas y privadas.

La corresponsabilidad se alcanzará cuando se produzca una distribución equitativa y


democrática de las responsabilidades y actividades domésticas, que se traducirá en uno
reparto equitativo entre los dos sexos de los tiempos de producción, cuidado de las
personas, tareas domésticas y tiempo de descanso.

El término corresponsabilidad también hace alusión, precisamente, a que los hombres


reduzcan su absentismo en el ámbito doméstico, se responsabilicen de las tareas
domésticas, del cuidado y atención de hijas e hijos, ascendientes u otras personas
dependientes y, por tanto, se acojan a las medidas de conciliación que ofrecen las
empresas en la misma medida que las mujeres. El objetivo es conseguir una situación
de plena corresponsabilidad doméstica y de una plena paternidad, que implique que
tanto hombres como mujeres asuman por igual la responsabilidad y las tareas que
suponen el mantenimiento del hogar y el cuidado de los/las hijos/las, y que termine con
la tradicional división sexista de las funciones.

Se configura como el contrapunto necesario para conseguir la igualdad completa en el


mundo laboral, puesto que no cabe hablar de una igualdad real mientras la mujer
desempeñe una doble o triple jornada que la obligue a renunciar a su tiempo de ocio.

La corresponsabilidad es un objetivo imprescindible para la participación igualitaria de


mujeres y hombres en el mercado de trabajo. Mientras las responsabilidades de trabajo
y de cuidado de las personas dependientes –mayores, menores- continúe en manos de

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las mujeres mayoritariamente, no será posible que dediquen el tiempo suficiente a su
formación, a su promoción profesional, y continuarán siendo las que, llegado el caso,
reduzcan su jornada laboral o abandonen su puesto de trabajo si la situación lo requiere.
La corresponsabilidad en el entorno familiar debe permitir que las personas,
independientemente de su sexo, compartan las responsabilidades y dispongan de
iguales tiempos y oportunidades para el trabajo, la formación o el ocio.

Derecho a ser cuidado y cuidada y a cuidar

La ética del cuidado es una corriente de la filosofía moral surgida a finales del siglo XX
que se centra en las virtudes de la compasión y el cuidado y subraya que se han
menospreciado porque son valores propios de la experiencia histórica de las mujeres en
el ámbito doméstico. Así, aunque la bondad, el amor, la vulnerabilidad, los sentimientos
y los cuidados sean esenciales para el mantenimiento de la humanidad,
tradicionalmente han sido entendidos como debilidades, componentes del carácter
femenino. El cuidado no es abnegación y autosacrificio, la ética del cuidado exige el
cuidado de una misma.

La reivindicación de un derecho al cuidado pretende revertir la actual situación en la que


la inexistencia de corresponsabilidad convierte a los cuidados en una responsabilidad a
resolver en los hogares (cuidados familiarizados) con los recursos privadamente
disponibles: tiempo para cuidar gratuitamente, con el consecuente impacto en el
ejercicio de otros derechos de quienes asumen esta función, fundamentalmente
mujeres; o dinero para comprar cuidados (cuidados mercantilizados). Históricamente
los cuidados se han vinculado al empleo del hogar, pero esta crecientemente
convirtiéndose en nicho de negocio. Los cuidados mercantilizados, generalmente se
basan en empleos precarios y en la segmentación de la calidad de los servicios ofertados.

Los cuidados están en la base de la desigualdad de mujeres y hombres, y constituyen


en sí mismos un vector de desigualdad socioeconómica, dado que en muchas
ocasiones su acceso está limitado, en todo o en parte, a quienes disponen

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privadamente de recursos, siendo de difícil acceso para las personas en situación de
mayor vulnerabilidad económica y social. Se suele producir una violación concatenada
de derechos (derechos laborales, a la educación, al tiempo, a la salud, a la participación
política. Es por ello, que se debe apostar por políticas encaminadas a una nueva
organización social y una nueva cultura de los cuidados, dentro de un modelo público-
comunitario.

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2.4 Conceptos relacionados con el ámbito educativo

Coeducación

El modelo coeducativo considera que la escuela, como parte integrante del entorno
social y cultural, es un espacio no neutral en el que se transmiten valores sexistas, lo que
contribuye a mantener las diferencias entre hombres y mujeres. Por tanto, el modelo
coeducativo implica no sólo al alumnado, sino también al profesorado y a toda la
comunidad educativa, así como al currículo escolar.

La coeducación es una propuesta pedagógica que da respuesta a la reivindicación de la


igualdad realizada por la teoría feminista, que propone una reformulación del modelo
de transmisión del conocimiento y de las ideas desde una perspectiva de género en los
espacios de socialización destinados a la formación y el aprendizaje. (Instituto de la
Mujer. Guía de coeducación. 2007)

Implica desarrollar propuestas educativas que incorporen el conocimiento, los intereses


y las experiencias de las mujeres al currículo y a la práctica educativa, fomentando por
igual en mujeres y hombres la corresponsabilidad en el espacio privado, los cuidados, la
atención a las demás personas y la participación en todos los ámbitos de la sociedad.

El objetivo último de la coeducación es la transformación de las relaciones entre


hombres y mujeres, en un marco más equitativo superando la jerarquización de género,
dominio- subordinación, para que cada niño y niña se desarrolle conforme a sus
capacidades reales, sin condicionantes sexistas. Para ello, se deben realizar propuestas
educativas desde la infancia que contribuyan a la adquisición de competencias en el
ámbito de la afectividad y sexualidad desde el respeto a la diversidad sexual y la
identidad de género, que construyan unas relaciones basadas en el buen trato, el
reconocimiento mutuo, la autonomía, la responsabilidad y el respeto a las opciones
personales, incompatibles con el control, el acoso, el abuso o violencia de género.

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Educación segregada

La educación segregada implica la constitución de una escuela diferenciada por sexos,


educando a niñas y niños de formas separadas. Los partidarios de este sistema
defienden su postura con el argumento de que la educación diferenciada facilita el
acceso a mejores oportunidades para cada sexo, tratando específicamente a cada uno.

La reciente Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) establece que se


avalará la financiación pública a colegios que segregan por sexo, argumento que ha sido
objeto de numerosas críticas y reivindicaciones, ya que supone un atraso en el camino
hacia la igualdad entre hombres y mujeres.

2.5 Conceptos relacionados con la comunicación

Lenguaje sexista

Sería correcto hablar no de un lenguaje sexista sino de uso sexista del lenguaje, ya que
la lengua, por su variedad y riqueza, ofrece muchas posibilidades para describir una
realidad y para expresar todo lo que nuestra mente es capaz de imaginar. De esas
posibilidades escogemos unas u otras en función de lo que queremos decir y del
contexto en el que estemos, pero sobre todo en función de lo que hemos aprendido, de
las ideas, conceptos, estereotipos... que nos han sido transmitidos culturalmente, es
decir del conocimiento que tengamos de la realidad.

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En este sentido, el lenguaje como transmisor
básico de la cultura de un pueblo, refleja e
interacciona con la realidad de cada momento.
Así pues, hacemos un uso sexista y
androcéntrico de la lengua porque vivimos en
una cultura sexista y androcentrista en la que
se valoran las capacidades y funciones
atribuidas a los hombres, pero no se reconoce
el valor social de aquellas capacidades y
funciones que son atribuidas a las mujeres. A través del lenguaje reflejamos esta
realidad desigual pero también la reforzamos ya que a pesar de la profunda
transformación que ha experimentado el papel social de las mujeres, los mensajes
transmitidos siguen mostrando una imagen parcial y las sitúan en una posición
subordinada respecto a los hombres.

Guía de comunicación incluyente y no sexista en las administraciones:


https://institutomujer.castillalamancha.es/sites/institutomujer.castillalamancha.es/
files/documentos/pdf/20201207/guia_02_05_06_2020.pdf

Medios de comunicación sexistas

Los medios de comunicación contribuyen a la construcción de una socialización


diferencial, justificada en una cultura tradicional patriarcal, a través de la que se van

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estableciendo las relaciones de dominación que construyen socialmente el sexo
biológico y que culmina en el estatus inferior de lo femenino.

Con la legitimación de la cultura patriarcal, se imponen como válidas prácticas


culturales basadas en la dominación masculina, dando lugar a la violencia simbólica.
Una violencia invisible que se da en todas las realidades y que contribuye a reproducir
la violencia contra las mujeres mediante el refuerzo de estereotipos y roles de género.

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