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Tokio blues

de Haruki Mura k a m i

Leda Rendón

Ha ruki Murakami se ha conve rtido en un autodestruirse lleva más de cien ediciones, Wood, la canción clásica de los Beatles, e s t a-
escritor de culto en el mundo entero, y se sintió cimbrada por esta novela suave y bleciendo un viaje rumbo al inconsciente.
Tokio Blues es el libro que cimbró a la so- estremecedora donde el personaje principal, Según Yukio Mishima:
ciedad nipona de fines de los años ochenta atraído por la muerte, elige la vida.
y que convirtió a su autor en un autoexilia- Hay quien se queda atrapado irremedia- En t re las obras de los grandes escritores hay
do, al igual que Toru Watanabe, el perso- blemente en un acontecimiento y está con- algunas que podrían llamarse del anverso o
naje principal de la ficción. denado a revivirlo al compás de las primeras exterior, con su significado en la superficie,
Tokio Blues enloqueció a una sociedad notas de una canción. En estos casos paliar y otras del re verso o interior, con el signifi-
históricamente sometida a la disciplina en las angustias con el fluir constante del di- cado oculto; o también podríamos compa-
lo militar, social y religioso, que orilló a su nero, los viajes, y el trotar acelerado de la rarlas con el budismo exotérico o esotérico.
autor a abandonar Japón después de su pu- vida pueden funcionar muy bien, como una
blicación debido a que el gobierno insistía inyección de heroína, y Watanabe, héroe Sin lugar a dudas, Tokio Blues pertenece
en que trivializaba un problema muy fuer- de Tokio Blues, re c u e rda en el aero p u e rto de a la segunda categoría: obras de una gran
te en la sociedad nipona: el suicidio. La so- Berlín el camino hacia la muerte de sus ami- b e l l eza formal y con un profundo signifi-
ciedad japonesa, donde un manual para gos de juventud al compás de Norwegian cado secre t o. Mishima las compara con el
n e g a t i vode una fotografía:

Su impresión mostraría, sin duda, el con-


junto del mundo diurno en que vivimos,
re velando hasta el último detalle de su plás-
tica y brillante hipocresía.

La gran fuerza de Tokio Blues radica no


sólo en sus temas esotéricos, como el sui-
cidio, la soledad, el viaje, el regreso a casa a
t r a vés de los detalles, la idealización del pa-
sado o el desamor sino en la búsqueda cons-
tante del sentido verdadero de la existencia
más allá de la hipocresía de las apariencias.
Ha ruki Murakami —admirador de
Kafka, Lewis Carroll, Albert Camus,
R a ymond Chandler y Thomas Pynchon—
nos revela en esta narración sus más pro-
fundos deseos, con personajes fragmenta-
rios, impregnados con el hedor de la muert e
y la rutina en cada una de sus acciones.
El evento que rige la novela es el suicidio
de Kisuki, y el último en verlo con vida des-
pués de un juego de billar es Watanabe,
quien se encierra en sí mismo y decide ale-
jarse de todo y negar la existencia del mun-
do. Su vida, poblada de fantasmas, cubier-

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TOKIO BLUES

ta de veladuras, infatigable en el gusto cercana al arte pop y que muy bien


por los compases del pasado, busca podría haber salido de una pintura
recuperar al amigo muerto a través de Andy Warhol. La pregunta laten-
de la convivencia con Naoko, una te a lo largo de la novela es: ¿ha lo-
mujer que parece haber salido de grado el protagonista trascender ve r-
una pintura de Balthus, de una se- daderamente su natural inclinación
xualidad ambigua y un aura para- a la melancolía y al engrandecimien-
disiaca, con quien el protagonista se to del pasado? Él mismo afirma que
ve regularmente y establece una re- durante su re e n c u e n t roconNaoko,
lación pausada y estacionaria. después de la muerte de Kisuki,
Flotar sería la palabra adecuada los detalles en el recuerdo son más
para esta novela, donde Naoko, des- intensos que al momento de vivir-
pués de hacer el amor por primera los. La memoria se convierte, así, en
vez, escapa sin razón y se interna en el único asidero que tenemos para
una casa de reposo donde Watanabe, enfrentar la muerte.
a la manera del más romántico d e Es estimulante leer Tokio Blues
los personajes de Goethe (una espe- ya que al tener una formación tea-
cie de We rther posmoderno) visita al tral logra conve rtir las ideas en accio-
hermoso monstruo en que se va con- nes y las abstracciones en aconteci-
virtiendo esta mujer delicada que l e mientos narrativos. Comparte esta
tiene miedo a las palabras y que inclinación con sus antecesores Ka-
gusta de recordar el pasado con can- wabata, Mishima y Kenzaburo Oe,
ciones de los Be a t l e s, atraida, como lo que permite que el lector se iden-
su novio Kisuki, hacia la muerte. tifique con los personajes y saque
El amor en perpetua conexión con la durmientes, donde el anciano Eguchi —a sus propias conclusiones y de este modo
extinción y la melancolía, que se colapsa en un paso del otro mundo— acaricia a las mu- viva el hecho novelístico como si fuera un
el pensamiento y el recuerdo, es el mejor chachas dormidas de la misma manera en personaje más. El lector se asoma a ver la
placebo para seguir viviendo. Los persona- que Watanabe posee a Naoko con la mira- intimidad de los personajes, deviene de
jes se regocijan en lo ya andado como las da: sin poder alcanzar nunca a esta mujer este modo un voyeur.
abuelas sentadas frente al sol en su mece- que evoca el Desnudo rojo de Modigliani y No es casual que Murakami sea un es-
dora que hablan de sus mejores momen- quien, como un fantasma antiguo y melan- critor tan frecuentado por mujeres. La suya
tos, idealizando la muerte y explicándonos cólico, escenifica su papel de insensibilidad es una prosa pausada y dotada de un amplio
cómo lograron escapar de las garras de los a las caricias del protagonista: registro emocional. El espíritu femenino
espectros del pasado. está presente en la sutileza con que describe
Si bien Haruki Murakami resulta un Las pupilas tenían una transparencia inusi- a sus personajes. En su más reciente novela
tanto occidentalizado, conserva la melan- tada; eran tan claras que parecía que, a tra- traducida al español Crónica del pájaro que
colía de sus predecesores, como Kôbo Abe vés de ellas, podía verse el más allá. Por más da cuerda al mundo explora una amplia
y Yasunari Kawabata. Del primero toma la que miré, no logré ver nada en sus pro f u n- gama de sentimientos. Tokio Blues es la obra
fortaleza y la inteligencia de su personaje didades. El rostro de Naoko quedaba a emblemática de Murakami y en ella se con-
en La mujer de la arena, quien lucha contra treinta centímetros del mío, aunque yo lo densa su universo literario.
la rutina de sacar la arena de su casa para sentía a muchos años luz de distancia.
poder seguir haciendo habitable su mundo;
mientras que del segundo toma la belleza El protagonista logra superar el deseo Haruki Murakami, Tokio Bl u e s, Tusquets, México, 2005,
de la muerte aparente en La casa de las bellas de la muerte gracias a Midori, figura muy 383 pp.

La pregunta latente a lo largo de la novela es: ¿ha


logrado el protagonista trascender verdaderamente
su natural inclinación a la melancolía?
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