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LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

Curso 2024-2025

Filosofía del Derecho

Grupo A

Los límites a la profesión de la abogacía, un ensayo revisionista acerca de su significado actual

Marina Pizarro Martínez

Jorge Castañón López

Tomás Jesús Sánchez Pinto

Javier López del Río

Universidad de Oviedo

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LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

ÍNDICE DE CONTENIDOS

1. Preámbulo, ¿por qué resultan relevantes los límites al ejercicio de la abogacía? ........... 4

2. ¿Qué sabemos? Normas jurídicas relevantes a nuestro objeto de estudio ....................... 5

3. La deontología profesional como fuente de deberes y derechos ....................................... 9

a. El abogado y el derecho a mentir ...................................................................................... 9

i. Regulación normativa del secreto profesional ................................................................ 10

ii. Limitaciones y excepciones al mismo .............................................................................. 12

iii. El equilibrio entre veracidad y confidencialidad ............................................................ 12

b. Su antítesis; La obligación de decir la verdad ................................................................ 13

i. El abogado y el dilema de la verdad. .............................................................................. 13

ii. La abogacía como profesión de riesgo moral ................................................................. 14

iii. La importancia del Código Deontológico y el Estatuto de la Abogacía ......................... 15

c. Unión de ambas cuestiones: La Tensión entre el Derecho a Mentir y la Obligación de

Decir la Verdad en la Abogacía .......................................................................................................... 17

i. La obligación de decir la verdad y el positivismo jurídico ............................................. 17

ii. El secreto profesional como límite a la verdad ............................................................... 18

iii. ¿Derecho a mentir o estrategia procesal?....................................................................... 20

iv. Límites éticos al deber de confidencialidad..................................................................... 21

v. Epílogo: Ley Orgánica 5/2024, de 11 de noviembre, del Derecho de Defensa .............. 22

4. Las sanciones y los medios punitivos para la falta de profesionalidad del abogado...... 23

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LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

a. El abogado y su responsabilidad civil, jurisprudencia doctrina y teoría del daño

causado 23

b. Consecuencias del incumplimiento manifiesto de la responsabilidad del letrado desde

las perspectivas civil, penal y disciplinaria ......................................................................................... 29

c. Información acerca del Ilustre Colegio de Abogados de Oviedo .................................... 35

5. La perspectiva de Jürgen Habermas y John Rawls sobre los límites del abogado ......... 37

6. Conclusión y reflexiones finales ...................................................................................... 39

7. Bibliografía ...................................................................................................................... 40

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LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

1. Preámbulo, ¿por qué resultan relevantes los límites al ejercicio de la abogacía?

Hablar de los límites de los abogados nos hace pensar inmediatamente en la figura peliculera

típica de las series americanas donde abogados de grandes bufetes y grandes clientes hacen lo que

sea por ganar sus casos, estirando la ley hasta acciones de dudosa ética o, directamente, rompiéndola

para obtener ventajas frente a su contraparte en el juicio. Mentir, ocultar pruebas o hechos,

inventarlas u obtenerlas ilegalmente son algunas de las acciones típicas de este tipo de historias en

las que, además, el abogado normalmente acaba por ganar el juicio para su cliente.

La realidad, en muchas ocasiones, no se acerca a estas historias espectaculares con grandes

giros de guión y formas inverosímiles de estirar la ley, no obstante, en el momento que te enfrentas a

un juicio y sientes que por los medios legítimos tienes las de perder, la tentación de realizar estas

acciones de dudosa ética o legalidad se vuelve mayor. Al fin y al cabo, ¿qué tiene de malo mentir

acerca de una prueba que crearía una duda razonable y exoneraría de responsabilidad a un asesino

que sabemos que es culpable? ¿No?.

En este trabajo exploramos estas situaciones en el derecho español, especialmente desde el

punto de vista positivo, no tanto ético, tratando de comprender qué dicen la ley o los colegios

profesionales sobre estas problemáticas y si realmente se trata de un problema real que es perseguido

o castigado o, por el contrario, las sentencias al respecto son excepcionales y se trata, una vez más,

de una exageración artística de las series y filmes.

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LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

2. ¿Qué sabemos? Normas jurídicas relevantes a nuestro objeto de estudio

a. Derecho a la legítima defensa y obligaciones derivadas

i. ¿Qué garantías adquiere el cliente? ¿Y el abogado?

Para tratar abordar esta cuestión, los límites del abogado, en un primer momento debemos pensar en

los límites mínimos, es decir, no solo en los abogados que hacen lo que sea por ganar, sino en el

derecho de las personas a recibir asistencia letrada. Para ello, nos remitiremos en primer lugar al art.

24.2 CE: “Asimismo, todos tienen derecho al Juez ordinario predeterminado por la ley, a la defensa

y a la asistencia de letrado” y, en segundo, al art. 119 CE: “La justicia será gratuita cuando así lo

disponga la ley y, en todo caso, respecto de quienes acrediten insuficiencia de recursos para litigar”

y que sirve de base para la Ley 1/1996, de 10 de enero, de asistencia jurídica gratuita, que desarrolla

este mandato constitucional.

Resulta de especial interés el art. 6 de esta ley, que dota de contenido material al derecho, dotándolo

de ciertas prestaciones, especialmente la defensa y representación gratuitas por abogado y procurador

en el procedimiento judicial, cuando la intervención de estos profesionales sea legalmente obligatoria

o cuando, no siéndolo, se den ciertas circunstancias, a saber, “cuando su intervención sea

expresamente requerida por el juzgado o tribunal mediante auto motivado para garantizar la igualdad

de las partes en el proceso” o, cuando “tratándose de delitos leves, la persona frente a la que se dirige

el proceso penal haya ejercitado su derecho a estar asistido de abogado y así se acuerde por el

juzgado o tribunal, en atención a la entidad de la infracción de que se trate y las circunstancias

personales del solicitante de asistencia jurídica.”

Estos preceptos establecen de manera muy clara el derecho de todas las personas que se enfrenten a

un proceso judicial a recibir asistencia de un abogado; una asistencia que, en la mayoría de los casos

es también obligatoria, es decir, no solo todas las personas que lo deseen pueden exigir ser asistidos

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LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

en un juicio, sino que, en la mayor parte de los casos, no podrán acudir al juicio sin dicha asistencia

(excepciones destacables podrían ser los juicios civiles o mercantiles cuya cuantía no exceda los

2.000€ o en el ámbito de lo social donde la presencia del abogado no es necesaria en primera

instancia, solo en caso de recursos).

En el ámbito de lo penal la asistencia letrada cobra una especial dimensión, donde se establece una

obligación de contar con abogado en todas las actuaciones, menos para la interposición de denuncia

(para la querella es igualmente necesario), una obligación que se refuerza en el art. 118 LeCrim que,

en sus apartados d) y e) establece la instrucción “sin demora injustificada” de los derechos a designar

libremente abogado y a solicitar asistencia jurídica gratuita a toda persona a quien se le atribuya un

hecho punible desde que se le comunique su existencia, haya sido objeto de detención o de cualquier

otra medida cautelar o se haya acordado su procesamiento y en el art. 118.3: “Para actuar en el

proceso, las personas investigadas deberán ser representadas por procurador y defendidas por

abogado, designándoseles de oficio cuando no los hubiesen nombrado por sí mismos y lo

solicitaren, y en todo caso, cuando no tuvieran aptitud legal para hacerlo. Si no hubiesen designado

procurador o abogado, se les requerirá para que lo hagan o se les nombrará de oficio si,

requeridos, no los nombrasen, cuando la causa llegue a estado en que se necesite el consejo de

aquéllos o haya de intentar algún recurso que hiciese indispensable su actuación”.

Así, desde el punto de vista del cliente, del ciudadano ajeno al derecho, quedan claras dos cuestiones:

Por un lado, el derecho a la asistencia letrada, siendo incluso esta gratuita y proporcionada por el

estado en caso y, por otro, la obligación de contar con un abogado para la mayoría de los procesos

judiciales.

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LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

Desde el punto de vista del abogado, el derecho fundamental de la tutela judicial efectiva (art.24 CE)

hace que la obligación de defensa cobre también una nueva dimensión, puesto que la asistencia

letrada (derecho que deriva de ella) constituye para el abogado el principal medio de participación

que tiene con el mundo jurídico, al aportar el medio por el que se desarrollan sus funciones de

asistencia y representación jurídicas. Todo esto en el marco de un modo de concepción

neoconstitucional de ver el Derecho, en el que los derechos fundamentales de la Constitución, como

el ya mencionado, constituyen la principal fuente del ordenamiento jurídico.

Por una parte, el modo de entrar del abogado o procurador en el proceso judicial es totalmente

voluntario y se da por la aceptación del abogado después de la solicitud del cliente para que lo

represente o defienda.

Por la otra, en el proceso de asistencia jurídica gratuita, la asistencia letrada se lleva a cabo mediante

el Turno de Oficio, lo que se busca (tal y como afirma la Ley 1/96 de Asistencia Jurídica Gratuita en

su sexto Motivo) es un servicio público, prestado a través de los Colegios de Abogados por la

Abogacía y la Procuraduría, y financiado con fondos igualmente públicos. La naturaleza del

cometido del abogado permanece igual, puesto que sus funciones de asistencia y representación son

las mismas. Tan solo cambia la procedencia de su remuneración, que pasará de manos del cliente

(privadas) a públicas.

La adscripción por parte del Abogado en estos casos también es voluntaria por parte del abogado, tal

y como confirma la edición de 2024 del art.2.1 de las Normas Reguladoras del Turno de Oficio del

Colegio de Abogados de Oviedo (aunque, según las propias Normas Reguladoras, en casos de

necesidad o extrema urgencia se podrá extender a todo el censo colegial).

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LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

b. Garantías inherentes al proceso judicial

En cuanto a las garantías del derecho de defensa que nos otorga el art.24.2 de la Constitución

Española, en él se confirma (entre otras garantías) el derecho a la asistencia jurídica de letrado, con

la obligación del abogado a colaborar con el cliente en el buen uso de las demás garantías descritas

en el mismo artículo: por ejemplo, en el ámbito civil, el asesoramiento y orientación previos al

proceso a quienes pretendan reclamar la tutela judicial de sus derechos e intereses. En cambio, en el

ámbito penal, el ayudar con los medios de prueba pertinentes para su defensa, a que no declaren

contra sí mismos, y a que no se confiesen culpables.

Pero sí que existen unas garantías propias de la asistencia jurídica procesal. La reciente Ley Orgánica

5/2024, del Derecho de Defensa, señala unas cuantas a partir del art.13 hasta el art.18: que el servicio

sea dado por un profesional de la abogacía (titulado y colegiado), cuyas comunicaciones con su

cliente deberán ser confidenciales (salvo caso excepcional), y que se expresará con total libertad. Las

relaciones con el cliente se podrán formalizar en una hoja de encargo profesional o medio

equivalente.

Este profesional de la abogacía, ya mencionado, dispondrá de unos derechos que son francamente

obvios si los analizamos detenidamente: deberá ser tratado en igualdad por los poderes públicos, y

con respeto a la relevancia de sus funciones.

Más tarde a partir del art. 19 se expresan los deberes de la actuación de estos profesionales: deberán

regirse de conformidad con la Constitución Española y las leyes, con la buena fe procesal y

cumpliendo unos deberes deontológicos que garanticen su confiabilidad, de los que hablaremos a

continuación.

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LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

3. La deontología profesional como fuente de deberes y derechos

a. El abogado y el derecho a mentir

Hoy en día la mayoría de estudiantes de abogacía,en testimonio de los propios docentes,

aceptan obviamente que hay un código deontológico que regula algunos aspectos de la profesión y

que, en consecuencia, deben conocer, pero no les parece que esas normas difieran en algo que pueda

considerarse relevante del resto de las normas del ordenamiento jurídico. De manera que,en visión de

Manuel Atienza “Todo se reduce –según ellos- a Derecho positivo, y el abogado no necesita –ni

debe- adentrarse en disquisiciones de carácter propiamente moral”.

Sigue “Si se les aprieta algo más aclararán que a ellos –como a todos los ciudadanos- sí que

les importa, por supuesto, la moral, pero eso es algo que tiene que ver, básicamente, con su vida

privada, no con el ejercicio de su profesión”.

A todo esto, continúa “Si se sigue insistiendo, con lo que uno se encuentra es con un

consenso bastante robusto en torno a una posición que en la filosofía del Derecho se acostumbra a

llamar de positivismo ideológico”. Lo que se expone es que la moral del abogado consiste,bajo el

criterio de Atienza, en cumplir ciegamente con las normas jurídicas, incluidas las del código

deontológico que, por ejemplo, reconocen el derecho que asiste al abogado de defender a su cliente

incluso aunque, para ello, tenga que ocultar ciertas informaciones(protegidas de manera

prácticamente absoluta por el secreto profesional) y ocasionar daños a otros (a quienes no son sus

clientes).

A este respecto,y en acuerdo con lo dicho por el propio Manuel Atienza,el Preámbulo del

Código Deontológico de la Abogacía Española (Del cual expongo el articulado pertinente) parece

avalar esta postura (Subordinar la moral al Derecho,como mí interpretación) cuando afirma, según

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LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

Atienza,que “Como toda norma, la deontológica se inserta en el universo del Derecho”;sigue “Que

las normas deontológicas (las normas morales de la profesión) vendrían a ser también normas

jurídicas, lo que parece por lo menos sugerir que actuar moralmente no puede significar otra cosa

que actuar en conformidad con (o sin infringir) el Derecho”.

Aunque el derecho a mentir no está reconocido formalmente en los sistemas legales, puede

interpretarse en contextos excepcionales donde proteger derechos fundamentales lo justifique. El

Artículo 5 del Código Deontológico(Ya mencionado) se encarga de delimitar el ámbito del secreto

profesional, permitiendo al abogado mantener en reserva información perjudicial para el cliente. Esto

no debería autorizar al abogado a emitir declaraciones falsas o a engañar deliberadamente.

Continúo, en este sentido,con el secreto profesional, que puede ser interpretado como “Una

herramienta que protege al abogado de la presión de revelar información que pudiera interpretarse

como un acto de traición hacia su cliente”. Esto a lo que nos lleva,bajo mi criterio,es a que esto

constituya un límite ético que permite preservar la confianza entre abogado y cliente.

Por último,con respecto a la mentira,y en busca de un mayor desarrollo,es oportuno redirigir

la cuestión a lo expuesto anteriormente por Ferrajoli.

i. Regulación normativa del secreto profesional

Los artículos del Estatuto General y el Código Deontológico subrayan que el secreto

profesional ampara:

- Confidencias del cliente (Artículo 22.1 del Estatuto General).“El profesional de la

Abogacía deberá hacer respetar el secreto profesional a sus colaboradores y asociados,

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LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

así como al personal correspondiente y demás personas que cooperen con él en su

actividad profesional”

- Comunicaciones entre abogados (Artículo 23 del Estatuto General). “El profesional

de la Abogacía no podrá aportar a los Tribunales, ni facilitar a su cliente, las cartas,

documentos y notas que, como comunicación entre profesionales de la Abogacía,

mantenga con el profesional de la Abogacía de la otra parte, salvo que este lo autorice

expresamente. Esta prohibición no alcanzará a las cartas, documentos y notas en que

intervenga con mandato representativo de su cliente y así lo haga constar

expresamente”

- Grabaciones y conversaciones con consentimiento expreso (Artículo 22.3 del Estatuto

General y Artículo 5.4 del Código Deontológico).“Artículo 22.3 : Las conversaciones

mantenidas por los profesionales de la Abogacía con sus clientes, los contrarios o sus

profesionales de la Abogacía, de presencia o por cualquier medio telefónico o

telemático, sólo podrán ser grabadas con la previa advertencia y conformidad de todos

los intervinientes, quedando en todo caso amparadas por el secreto profesional. Están

igualmente amparadas por el secreto profesional, las grabaciones realizadas por el

cliente, no conocidas por su profesional de la Abogacía, incluso si éste no lo era o no

intervino en dicho momento, de conversaciones en que intervenga el profesional de la

Abogacía de la otra parte”

- Asimismo, se establece que el secreto profesional no está limitado en el tiempo

(Artículo 22.5 del Estatuto General) y que la confidencialidad prevalece incluso sobre

el consentimiento del cliente en determinados casos (Artículo 5 del Código

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LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

Deontológico).“22.5 : El deber de secreto profesional permanece incluso después de

haber cesado en la prestación de los servicios al cliente, sin que se encuentre limitado

en el tiempo”

ii. Limitaciones y excepciones al mismo

El secreto profesional,como concepto y su ámbito de aplicación,aunque es amplio, no es

absoluto. Según el Artículo 5.8 del Código Deontológico

“5.8 : El secreto profesional es un derecho y deber primordial de la Abogacía. En los

casos excepcionales de suma gravedad en los que, la obligada preservación del secreto profesional,

pudiera causar perjuicios irreparables o flagrantes injusticias.

“El Decano del Colegio aconsejará al Abogado con la finalidad exclusiva de orientar y, si

fuera posible, determinar medios o procedimientos alternativos de solución del problema planteado

ponderando los bienes jurídicos en conflicto. Ello no afecta a la libertad del cliente, no sujeto al

secreto profesional, pero cuyo consentimiento no excusa al Abogado de la preservación del mismo”

Esto no afecta la regla general, pero supone una gran evidencia de cómo el secreto

profesional interactúa con otros principios (Como el de justicia y defensa propia)

iii. El equilibrio entre veracidad y confidencialidad

El secreto profesional debe o debería establecer límites necesarios para garantizar derechos

fundamentales como la defensa, la intimidad y la confianza en la relación abogado-cliente. Aunque

podría llegar a interpretarse como una barrera para la transparencia total, este deber,más moral

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LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

incluso que profesional,se enmarca en una ética profesional que debería siempre buscar un equilibrio

entre la protección del cliente con la promoción de la justicia.

b. Su antítesis; La obligación de decir la verdad

i. El abogado y el dilema de la verdad.

Es necesario que expongamos cómo el abogado puede enfrentarse a un conflicto entre la

obligación de decir la verdad y el derecho a mentir, entendiendo esto como la salvaguarda de los

intereses de su cliente dentro de los límites legales.

En primer término,la deontología profesional NO obliga al abogado a decir toda la verdad

que conoce, pero sí que le prohíbe mentir activamente o inducir a otros a hacerlo. Nombro en este

caso(Aunque no será la primera mención) a Ferrajoli: “Un abogado no puede aconsejar a su cliente

que jure en falso, pero tampoco está obligado a desmentir si lo hace” preservando así el derecho a

mentir como un recurso procesal legítimo,en principio.

A este respecto,continuando con el propio Ferrajoli y parafraseando a Manuel Atienza en la

obra que adjunto en la bibliografía,decía “La idea es que, por un lado, el abogado es solidario con los

intereses del cliente y por eso, en relación con la posibilidad de causar un daño a un tercero inocente.

Esto,lo que “puede y debe hacer es exactamente todo lo que, con excepción del derecho a

mentir, su asistido haría personalmente si tuviera la preparación técnica necesaria”;Por tanto,en

relación con este apartado y el anterior,existiría una cierta incoherencia del propio autor.

Pero, por otro lado,y en relación directamente con el penúltimo párrafo,la lealtad del abogado

hacia la corrección procesal hace que este se encuentre limitado,en palabras de Manuel Atienza“Por

el deber de lealtad y probidad que no impone propiamente una obligación positiva, sino negativa”;En

este sentido,Ferrajoli,bajo mi consideración creía poder conciliar los dos modelos(Leyendo y

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LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

comprendiendo lo que expone Manuel Atienza) pero reconoce,en palabras del propio Atienza que

“También hay supuestos extraordinarios que plantean auténticos dilemas morales. El caso límite y

dramático sería “cuando el abogado tiene conocimiento de pruebas de culpabilidad de su cliente,

cuyo ocultamiento causaría la condena de un inocente”.

En este sentido entrarían en juego la mentira y la obligación de decir la verdad.

Este aspecto,que de primeras no puede resultar importante o relevante en la abogacía o que es

un “Debate filosófico sin más” sin embargo,lo es. La abogacía,en otros tiempos, fue conocida y en

ocasiones sigue conociéndose como “El ambiente donde el abogado puede emplear ambigüedades o

formulaciones que induzcan al error sin contravenir directamente la ética profesional”.

Por completar,en palabras de Atienza “Ni siquiera Kant, prototipo de absolutista moral,

parece haber dejado de hacer alguna excepción o, por lo menos, alguna matización en cuanto al

carácter absoluto del principio de que no se puede mentir. Y una matización que, además, viene muy

a cuento en relación con la deontología de los abogados”;Esta referencia primera a Kant será

desarrollada con posterioridad,además de dejarnos ver como incluso un fundamentalista moral tiene

excepciones y como la propia naturaleza humana,en mí opinión,carece de blancos y negros morales y

la mayoría (Sería soberbio decir todos) acabamos en amplios márgenes grises,todo esto en relación

ya sea con el ejercicio de la abogacía o en la vida.

ii. La abogacía como profesión de riesgo moral

Bajo nuestro criterio,la abogacía no debería en ningún aspecto ser una profesión inmoral,

pero su práctica está cargada de claros riesgos é[Link] obligación de decir la verdad y el derecho a

mentir “nos muestran” cómo es esta difícil realidad,este complicado equilibrio, en el que el abogado

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LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

debe navegar entre el compromiso con su cliente, el respeto al sistema jurídico y las implicaciones

éticas de sus actos.

Siendo un idealista,el abogado moralista no separaría su vida profesional de sus valores éticos

y reconocería que su labor implica una constante tensión moral.

Por último consideramos que,a través de esta reflexión ética es posible superar la imagen del

abogado como un ser/empleado amoral y se puede consolidar su papel como un intento de guardián

de la justicia,de la libertad y de los derechos fundamentaleswue impregnan nuestros tiempos,todo

ello dentro de una realidad (jurídica) ambigua y extremadamente cambiante.

iii. La importancia del Código Deontológico y el Estatuto de la Abogacía

El Artículo 2.3 del Código Deontológico de la C.C.B.E. (Consejo de los Colegios de

Abogados de la Comunidad Europea) :

“2.3.1. El Abogado es depositario, en razón de su misión, de secretos de su cliente y

destinatario de comunicaciones confidenciales. Sin garantía de confidencialidad no puede haber

confianza de forma que el secreto profesional es considerado como el derecho y la obligación

fundamental y primordial del Abogado”

Y el artículo 5 del Código Deontológico español:

“ARTÍCULO 5 El Secreto profesional:La confianza y confidencialidad en las relaciones con

el cliente, ínsita en el derecho de éste a su defensa e intimidad y a no declarar en su contra, impone a

quien ejerce la Abogacía la obligación de guardar secreto, y

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LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

a la vez, le confiere este derecho, respecto de los hechos o noticias que conozca por razón de

cualquiera de las modalidades de su actuación profesional, limitándose el uso de la información

recibida del cliente a las necesidades de su defensa y asesoramiento o consejo jurídico, sin que pueda

ser obligado a declarar sobre ellos como reconoce la Ley Orgánica del Poder Judicial”

Ambos establecen en este sentido que el abogado tiene la obligación de guardar secreto sobre

toda información conocida en el ejercicio de su profesión, sin que pueda ser obligado a declarar

sobre ella, incluso frente a requerimientos judiciales.

Esto implica que el secreto profesional prevalece sobre la obligación general de colaborar con

la justicia y decir la verdad, siendo entonces un límite ético y legal en situaciones que podrían

comprometer los derechos de defensa e intimidad del cliente.

A pesar del enunciado,esta obligación no significa que el abogado esté exento de promover la

justicia y la verdad. Según el Artículo 7 del Código Deontológico

“ Artículo 7: La lealtad profesional requiere actuar con honestidad, respetando tanto los

derechos del cliente como la integridad del sistema judicial.

Por lo tanto, el abogado debe equilibrar su deber de confidencialidad con su función social de

contribuir a la justicia”

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LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

c. Unión de ambas cuestiones: La Tensión entre el Derecho a Mentir y la

Obligación de Decir la Verdad en la Abogacía

i. La obligación de decir la verdad y el positivismo jurídico

El positivismo jurídico establece una distinción entre Derecho y moral,enfatizando el

cumplimiento de normas sin considerar necesariamente su dimensión é[Link] embargo,esta

perspectiva plantea tensiones cuando se aplica al ejercicio de la abogacía.

Citaré aquí al señor Oliver Wendell Holmes y su teoría del “ "hombre malo” y su punto de

vista,es decir,de manera instrumental” que dice que “El Derecho puede verse como un instrumento

para evitar sanciones,pero NO como un sistema intrínsecamente ético” decir aquí que este

concepto,en palabras de Miguel Atienza

“Nació este célebre concepto en un texto,La senda del Derecho, en el que defiende con gran

énfasis la necesidad de la separación conceptual entre el Derecho y la moral”.

Dicho esto, en palabras de Atienza “El propio Holmes no pretendía animar, ni tampoco

justificar, a los juristas a comportarse de acuerdo con el modelo del “hombre malo”. El problema del

positivismo jurídico está, me parece a mí, en el otro polo, en que esa concepción (en sus formas no

vulgares) parece incompatible con la figura del abogado moralista”.

Volvemos a nombrar a Luigi Ferrajoli, el cual estableció que “El Derecho debería equilibrar

los derechos fundamentales,incluyendo el derecho de defensa,con la búsqueda de la verdad y la

justicia”

Los principios de lealtad y confidencialidad establecidos en el Código Deontológico de la

Abogacía Española ya nombrados pueden llegar a entrar en conflicto con la obligación de decir la

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LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

verdad cuando el conocimiento de ciertos hechos pueda perjudicar a personas inocentes o alterar el

curso de la [Link] relación con esto me gustaría destacar el artículo 7 del Código Deontológico

que nos dice que "El abogado debe actuar con lealtad, honradez y veracidad en su relación con los

clientes, compañeros, la parte contraria y los Tribunales.”

ii. El secreto profesional como límite a la verdad

El secreto profesional, regulado en el artículo 5 del Código Deontológico y en los artículos

21 y 22 del Estatuto General constituyen un pilar del ejercicio de la abogacía.

“Artículo 21. Secreto profesional.

1. La confianza y confidencialidad en las relaciones con el cliente imponen al profesional de

la Abogacía, de conformidad con lo establecido por la Ley Orgánica 6/1985, de 1 de julio, del Poder

Judicial, el deber y el derecho de guardar secreto de todos los hechos o noticias que conozca por

razón de cualquiera de las modalidades de su actuación profesional, no pudiendo ser obligado a

declarar sobre ellos.

2. Lo previsto en el presente capítulo se entenderá sin perjuicio de lo previsto en cada caso

por la Ley Orgánica 6/1985, de 1 de julio, del Poder Judicial, por las leyes procesales y demás

legislación aplicable”.

“Artículo 22. Ámbito del secreto profesional.

1. El deber y derecho de secreto profesional del profesional de la Abogacía comprende todos

los hechos, comunicaciones, datos, informaciones, documentos y propuestas que, como profesional

de la Abogacía, haya conocido, emitido o recibido en su ejercicio profesional.

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LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

2. El secreto profesional no ampara las actuaciones del profesional de la Abogacía distintas

de las que son propias de su ejercicio profesional y, en especial, las comunicaciones, escritos y

documentos en que intervenga con mandato representativo de su cliente y así lo haga constar

expresamente.

3. Las conversaciones mantenidas por los profesionales de la Abogacía con sus clientes, los

contrarios o sus profesionales de la Abogacía, de presencia o por cualquier medio telefónico o

telemático, solo podrán ser grabadas con la previa advertencia y conformidad de todos los

intervinientes, quedando en todo caso amparadas por el secreto profesional. Están igualmente

amparadas por el secreto profesional, las grabaciones realizadas por el cliente, no conocidas por su

profesional de la Abogacía, incluso si éste no lo era o no intervino en dicho momento, de

conversaciones en que intervenga el profesional de la Abogacía de la otra parte.

4. El profesional de la Abogacía deberá hacer respetar el secreto profesional a sus

colaboradores y asociados, así como al personal correspondiente y demás personas que cooperen con

él en su actividad profesional.

5. El deber de secreto profesional permanece incluso después de haber cesado en la

prestación de los servicios al cliente, sin que se encuentre limitado en el tiempo.

6. El Abogado quedará relevado de este deber sobre aquello que solo afecte o se refiera a su

cliente, siempre que éste le haya autorizado expresamente”.

Este principio,digámoslo así,erige una barrera frente a la obligación general de decir la

verdad en aras de proteger la confidencialidad del cliente, y destacaré el artículo 21 del Estatuto

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LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

General que dice que"El abogado no podrá ser obligado a declarar sobre los hechos que conozca por

razón de su actuación profesional”.

En relación con el secreto profesional y la cuestión de la mentira expondré el argumentario o

mejor dicho la exposición que hizo,allá por 2013,Manuel Atienza en el trabajo que expongo como

fuente “El propio Kant afirmó que ni siquiera sería moralmente lícito mentir a alguien que nos

preguntara por el paradero de una determinada persona con el propósito de asesinarla” yo añado que

esto supone una posición totalmente radical e incluso a nivel moral (Como él dice) reprobable y de

un purismo irreal.

Continuando con la moral y lo expuesto por Atienza,sigo “Pero,sin embargo,al menos según

la interpretación de Michael [Link],Kant habría hecho una interesante distinción entre mentir y

decir algo cierto pero que lleva al engaño; pues engañar a otro no diciéndole la verdad no supondría

necesariamente ir en contra del imperativo categórico” Por tanto,estaría validando totalmente el

secreto profesional pero,bajo mi criterio,si podría chocar con la obligación de decir la verdad si

fuéramos muy idealistas.

iii. ¿Derecho a mentir o estrategia procesal?

Aunque el sistema jurídico español no reconoce formalmente un "derecho a mentir" sí es

cierto que existen ciertas estrategias procesales que permiten a los propios abogados mantener una

posición ambigua o discrecional respecto a la verdad.

Añado aquí el artículo 5.1 del Código Deontológico,que viene a expresar que “El secreto

profesional protege todas las confidencias del cliente,incluso después de cesar la relación

profesional”.

20
LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

Sin embargo, esta protección no habilita al abogado a mentir activamente o inducir al engaño,

como lo prohíbe el Artículo 7 del Código Deontológico.

“ARTÍCULO 7 Lealtad profesional: El ejercicio de la Abogacía en régimen de libre

competencia habrá de ser compatible en todo caso con el cumplimiento riguroso de las normas

deontológicas de la profesión”.

Al respecto de esto,se encuentra Ferrajoli,que sugiere que “El abogado no está obligado a

desmentir a su cliente si este presenta un testimonio falso, siempre que el abogado no participe

activamente en la falsedad”.

iv. Límites éticos al deber de confidencialidad

Aunque el secreto profesional es amplio, no es absoluto ni mucho menos. Existen

excepciones recogidas en el Artículo 5.8 del Código Deontológico, que permite al abogado revelar

información en casos específicos, como por ejemplo defenderse frente a acusaciones de

responsabilidad profesional o cumplir con obligaciones legales que exijan colaboración con la

justicia. Todas estas excepciones subrayan “La importancia de equilibrar el deber de

confidencialidad con otros principios éticos, como el deber de evitar daños injustificados a terceros”.

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LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

v. Epílogo: Ley Orgánica 5/2024, de 11 de noviembre, del Derecho de

Defensa

Nos gustaría añadir información relevante sobre la Ley Orgánica 5/2024, de 11 de

noviembre, del Derecho de Defensa y relacionarlo con las 2 cuestiones que se me han dado para

explicar y desarrollar.

En primer lugar, me gustaría destacar que los abogados NO tienen un "derecho a mentir". Al

revés, estos están obligados a actuar con honestidad y buena fe en todas sus actuaciones.

Esto se establece en el artículo 19.1, que exige que “Los abogados guíen su conducta

conforme a la Constitución Española y las leyes, actuando con buena fe procesal y honestidad”.

Además, el artículo 20.1 refuerza este principio al señalar que “Los abogados deben cumplir con

deberes deontológicos que garanticen su confiabilidad y credibilidad”.

En cuanto a la obligación de decir la verdad, los abogados deberían tener siempre este mismo

deber como parte fundamental de su ética profesional. Dicho esto,también deben proteger el secreto

profesional y la confidencialidad de las comunicaciones con sus clientes.

El artículo 16.1 garantiza que “Todas las comunicaciones entre el abogado y su cliente son

confidenciales, salvo excepciones expresamente previstas en la ley”. El artículo 16.4 asegura que

“Las entrevistas entre abogado y cliente también están protegidas por este principio de

confidencialidad”.

Por último, me gustaría decir que el artículo 19.1 insiste en “La obligación de actuar con

lealtad y honestidad,incluso en el ejercicio de la defensa jurídica”.

22
LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

El secreto profesional tiene siempre como objetivo principal salvaguardar la información que

el cliente comparte en el marco de la relación profesional.

Esto se refuerza con el artículo 16.5 “Que protege la inviolabilidad de los documentos

relacionados con el cliente y regula la protección del secreto profesional en casos como registros en

despachos de abogados”.

4. Las sanciones y los medios punitivos para la falta de profesionalidad del abogado

a. El abogado y su responsabilidad civil, jurisprudencia doctrina y teoría del daño

causado

La responsabilidad civil del abogado deriva de su relación contractual con el cliente,

usualmente mediante un contrato de arrendamiento de servicios, pudiendo darse en otros casos

mediante un contrato de obra o u contrato de mandato .

Este contrato debe cumplir por un lado, los requisitos esenciales de su forma contractual,

especificados a partir del artículo 1544 del Código Civil Este tipo de contrato tiene una obligación

de medios, pero no de resultado, por lo que el profesional solo se obliga a la profesionalidad en la

prestación del servicio y a realizar una actividad de asesoramiento o defensa jurídica con la

diligencia exigida y de acuerdo a las condiciones, siendo independiente si logra el resultado preferido

por el cliente. Por otro lado, el cliente se obliga a la retribución económica de los servicios.

La característica más discutida del arrendamiento de servicios es esa obligación de medios, el

Diccionario Panhispánico de Español Jurídico la define a nivel general como “Obligación que

impone al deudor el deber de mantener una determinada conducta o de poner al servicio del

acreedor determinados medios pero sin garantizar un concreto resultado.” . Por otra parte, la STS

3/5/2001 define la obligación de medios del abogado como “el desempeño de la actividad

profesional a quien acude el mismo acuciado por la necesidad o problema, solicitando la asistencia

consistente en la defensa judicial o extrajudicial de los intereses confiados”

23
LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

Otra puntualización que resalta la jurisprudencia, en este caso la STS 996/2005, es que el

contrato de arrendamiento de servicios a que se somete el abogado le obliga a ejercer la dirección del

proceso (medio, no resultado), sin obligarse por ello a que la acción que ejercite sea la que acabe

imponiéndose. Las obligaciones del abogado le comprometen en el ejercicio de la máxima diligencia

y el cumplimiento de las exigencias técnicas, deontológicas y morales especialmente comprendidas

en el EGAE como marco reglamentario de su lex artis.

En este sentido, la doctrina y la jurisprudencia concuerdan en el establecimiento de una serie

de criterios , siendo el principal la noción de diligencia media razonable, entendida como el

adecuado nivel de cuidado necesario para cada caso particular. Esto supone el cumplimiento de todas

las obligaciones contractuales y reglamentarias así como la atención debida al caso, con especial

mira hacia los plazos y su observancia, ejemplos de esto son Audiencia Provincial de A Coruña,

Sección 3ª, Sentencia 267/2013 de 31 May. 2013, Rec. 678/2012 o Sentencia 375/2021 de 1 Jun.

2021, Rec. 2924/2018

Un aspecto importante a destacar es que doctrina y jurisprudencia han realizado

concrecciones acerca de las obligaciones del abogado pero no las han listado con exhaustividad. La

STS de 12 de diciembre de 2003 indica deberes especialmente relevantes como son la debida

información al cliente del riesgo de la acción que pretende ejercitar, los beneficios o alternativas de

la misma o la probabilidad de que su pugna jurídica prospere o por el contrario fracase. Asimismo,

esta sentencia enfatiza la obligatoriedad del estricto seguimiento de la normativa procesal aplicable,

así como respeto a los principios de confianza y honestida y aplicación de los conocimientos

jurídicos y legales necesarios

24
LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

Por otro lado, el Estatuto General de la Abogacía Española, (en adelante EGAE), indica en su

Título IV un conjunto de principios abstractos y obligaciones concretas que deben presidir la relación

del profesional de la abogacía con su cliente.

o Son principios la independencia y la libertad en el ejercicio de su profesión, la

recíproca confianza en la relación abogado-cliente y la máxima diligencia en las

funciones de asesoramiento o de defensa que se encomiendan al abogado

o Son deberes concretos los contenidos en los artículos 48 a 54 del EGAE, relativos a

deberes de información, identificación, reclamaciones, o actuaciones correctas en

posibles conflictos de intereses.

El artículo más importante en este sentido es el 47, sobre independencia y libertad del

personal de la abogacía, que elabora los siguientes patrones de correcto comportamiento profesional:

- Independencia y libertad como principios rectores, tanto en un sentido positivo, influenciando

todo tipo de actuaciones realizadas en el marco de la profesión, como en un sentido negativo

obligando a rechazar todo tipo de actos que pongan en peligro estos principios rectores

- Recíproca confianza como fundamento de la relación entre abogado y cliente

- Máxima diligencia como criterio gobernante específicamente en los servicios de

asesoramiento y defensa jurídica contratada por el cliente así como la satisfacción de los

intereses de este como prioridad.

- Respeto de las exigencias técnicas y deontológicas en sus actividades profesionales

Entonces según lo explicado, la pregunta que debemos hacernos es ¿cuándo existe responsabilidad

civil para el abogado?

Siguiendo la teoría general de la responsabilidad civil y el artículo 1902 del código civil “"El que

por acción u omisión causa daño a otro, interviniendo culpa o negligencia, está obligado a reparar

el daño causado.",. para que se de responsabilidad civil de cualquier tipo, debe existir una acción

25
LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

provocada por una de las partes que provoque a la otra parte un daño estrictamente causal. Estos

requisitos se especifican en el artículo 1101 CC, indicando que existe responsabilidad civil dentro de

una relación contractual y deben pagar indemnización por daños y perjuicios, quienes en el marco de

la misma, incumplan el contenigo de las mismas de cualquier modo o actúen con dolo, negligencia o

[Link] tipo de responsabilidad se considera subjetiva, es decir, que para probarse no es

suficiente con probar que se ha producido un daño, sino que debe existir culpa o negligencia por

parte del abogado en la provocación de dicho daño. Esto se debe a que la naturaleza de la relación

entre abogado cliente se basa en una obligación de medios y en un nivel obligatorio de diligencia y

profesionalidad fijado por el EGAE, la jurisprudencia y la restante normativa aplicable.

- Acción: La acción se refiere a el comportamiento del abogado en su calidad de obligado por

el contrato de arrendamiento, que puede ir enfocada hacia el cumplimiento de sus

obligaciones, hacia su cumplimiento viciado (por dolo, culpa o negligencia) o hacia el

absoluto incumplimiento.

- Daño: El diccionario panhispánico de español jurídico lo define como “lesión económica

causada por acciones u omisiones culposas, negligentes o dolosas que generan

responsabilidad civil o penal” No existe una enumeración exhaustiva de todo aquello que

supone daño, es un concepto abierto. Al ser la responsabilidad del abogado de carácter

subjetivo, no solo es necesario probar un daño real y efectivo sino una actitud negligente,

culposa o dolosa por parte del profesional y responsible del daño producido. El daño

comprende tanto el perjuicio generado (daño emergente), como el beneficio o ganancia que

deja de obtenerse (lucro cesante), ambos como resultado del incumplimiento de las

obligaciones del profesional de la abogacía.

- Nexo de causalidad entre ambos: Como el propio nombre indica, entre la acción y el daño

producido debe haber una relación causal necesaria. Es decir, el nexo que une una causa y su

efecto, y que descarta la relación con fenómenos externos. Con respecto a la causalidad, la

26
LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

jurisprudencia ha establecido los requisitos que deben darse de manera concreta para

considerarla. Estos se explican claramente de la STS 462/2010 del 14 de julio de 2010.

Otra enumeración a tener en cuenta se adquiere por vía jurisprudencial del Tribunal Supremo y

comprende los siguientes requisitos.

- Incumplimiento de sus deberes profesionales: Esencialmente esto supone la falta de

respeto a las normas técnicas del ejercicio técnico de la abogacía en el caso concreto. Como

se indicó previamente, los deberes del abogado son amplios y los listados exhaustivos no

resultan operativos, pero la lealtad, la honestidad, y los correctos deberes de información al

cliente tienen especial relevancia.

- Prueba del incumplimiento: La parte afectada por el daño es la responsible de probar el

mismo, su gravedad y su causalidad, debido al carácter subjetivo y contractual de esta

responsabilidad civil

- Existencia de un daño efectivo consistente en la disminución cierta de las posibilidades

de defensa: El daño efectivo supone de acuerdo a la Real Academia Española de la Lengua

“un daño actual y real en los bienes y derechos del particular, que quede debidamente

acreditado sin posibles dudas sobre su relación eventual o contingente”. En relación con el

derecho a la defensa, implica una disminución tangible de las posibilidades de defensa del

cliente. En este sentido la STS 27 de julio de 2006 indicó que es necesario acreditar la

posición favorable de la pate afectada para tener acceso a las oportunidades perdidas, siendo

normalmente el beneficio económico resultado de la acción frustrada.

- Existencia de un nexo de causalidad valorado bajo criterios jurídicos de imputación

objetiva: El abogado tiene una obligación de medios, no de resultado, eso implica que su

responsabilidad no supone obtener un necesario resultado exitoso de las pretensiones de su

cliente, sino mostrar que el fracaso en la defensa se debe a factores no relacionados con el

27
LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

correcto ejercicio profesional del abogado, por factores como la complejidad del litigio, las

decisiones judiciales no subsanables por medios procesales o la intervención de terceros.

- Fijación de la indemnización equivalente al daño sufrido o proporcional a la pérdida de

oportunidades : Como se ha resaltado previamente, la cuantía de esta indemnización debe

reflejar correctamente bien el daño emergente o bien el lucro cesante, sin ser expreso que se

prueba una relación de absoluta influencia causal del perjuicio causado, sino una relación que

pruebe la reducción principal del fracaso de la acción ejercitada por órdenes del cliente.

Además, la doctrina ha hecho un gran trabajo de aclaración acerca de las clasificaciones o

tipologías de daño que existen y en las que puede incurrir el abogado. Dentro de los posibles efectos

que tenga la acción negligente, culposa o dolosa del abogado sobre su cliente, es posible hablar de

dos tipos de daños.

- El daño moral: Definido por el Diccionario Panhispánico de Español Jurídico como “el daño

que, por contraposición al patrimonial, no reviste carácter material, sino que afecta a bienes

o derechos intangibles, causando afección o perturbación en el ánimo o dignidad de la

persona.”

A este respecto, la jurisprudencia ha concretado en diversas sentencias, entre ellas la STS

25/6/1984, la STS 20/2/2002 y la STS 12/12/2007. En ellas se concreta que el daño moral tiene una

manifestación emocional, espiritual o psíquica en el afectado, pudiendo afectar a personas físicas o

personas jurídicas en su prestigio mercantil. En las personas físicas, el daño moral puede

manifestarse en comporamientos concretos o resultados, y puede ser resultado de una afectación

directamente hacia la persona, su honor y personalidad o a sus bienes materiales. En la noción del

profesional de la abogacía, se refleja en situaciones de vulnerabilidad del cliente en su derecho a ser

oído, asesorado o defendido debidamente. Es un tipo de daño intangible y cuya prueba y

cuantificación indemnizatoria tiene una difícil materialización. La jurisprudencia ha realizado la

28
LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

división entre daño moral objetivo, para cuando las consecuencias del mismo son medibles

económicamente y daño moral subjetivo, para los casos en los que la lesión sobre el cliente no es

susceptible de medirse económicamente, afecta exclusivamente a aspectos de la persona.

- El daño patrimonial: El daño material o patrimonial implica una lesión en el cliente con

respecto a sus bienes o patrimonio, pudiendo cuantificarse económicamente, dividiéndose

como ya se ha indicado, en daño emergente y lucro cesante.

b. Consecuencias del incumplimiento manifiesto de la responsabilidad del letrado

desde las perspectivas civil, penal y disciplinaria

Fuera de la responsabilidad disciplinaria, en ocasiones surgen dudas cerca de cuando un daño

producido por el abogado debe perseguirse por la vertiente civil o por el contrario, debe buscarse la

vía penal.

- La acción civil, se encuentra centrada en la cuantificación del perjuicio causado de acuerdo a

la noción de posibilidades de la acción frutrada esto implica que dentro del litigio civil, se

realiza una cuantificación y valoración autónoma del daño.

- La STS 29/5/2003 y la STS 27/7/2006, establecen y concretan por primera vez el criterio de

pérdida de oportunidad, esta se define como la comprobación de que se ha producido un

perjuicio efectivo en el cliente y que se refleja en una reducción clara de las posibilidades de

defensa del cliente. Se trata de un criterio que requiere una prueba consistente de que el

abogado es responsible de una notoria pérdida de posibilidades del perjudicado, estando este

en una situación idónea para alcanzar sus intereses.

- Otro de los criterios utilizados por los tribunales para determinar la acción civil, es la noción

de daño cierto, esto implica un juicio de probabilidad, en el que debe plantearse la

probabilidad de que, de no haberse producido el comportamiento negligente del profesional,

29
LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

se hubiera producido un claro éxito y beneficio para su cliente, o la ausencia del perjuicio

causado a este. Es especialmente difícil demostrar esto en los casos de daño moral.

- Por último, la STS 19/2/2014 establece el principio de resarcimiento integral, que implica que

la indemnización debe comprender la totalidad del daño causado, incluyendo daño

patrimonial y daño moral si se dan ambos.

Con respecto a la persecución punitiva del comportamiento del abogado, las situaciones más usuales

implican el dolo o el fraude por parte del abogado, especialmente en situaciones de estafa,

apropiación indebida o falsedad documental. Es común además, que se busque junto con la acción

penal, el resarcimiento civil adjunto. Se requiere una clara manifestación de mala praxis profesional

realizada de manera consciente y manifiesta por el profesional, siendo consciente del posible daño

que esto puede ocasionar a su cliente o a terceros. Resulta mucho más usual que el cliente afectado

acuda a la jurisdicción civil, mucho más especializada en las relaciones contractuales entre

particulares y con mayor jurisprudencia dictada acerca de la cuantificación del daño.

Se define como responsabilidad penal del abogado, de acuerdo al Diccionario Panhispánico de

Español Jurídico, “obligación que afecta al abogado que en el ejercicio de su profesión ha ejecutado

una conducta delictiva de tener que soportar la pena que la ley asigne a ese hecho.”

En este sentido, existen una serie de delitos que afectan especialmente a la actividad profesional de la

abogacía:

- Delito de falsificación documental (Artículo 390 del Código Penal)

- Delito de revelación de secretos (Artículo 197.1.2 del Código Penal)

- Delito de estafa procesal (Artículo 250.7 del Código Penal)

- Delito de apropiación indebida (Artículo 253 del Código Penal)

- Delito de cochecho (Artículos 419 y 420 del Código Penal)

- Delito de tráfico de influencias (Artículo 429 del Código Penal)

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LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

- Delito de encubrimiento (Artículo 451 del Código Penal)

- Delito de quebrantamiento del deber ético de no defender intereses contradictorios y delito de

deslealtad profesional(Artículo 467.1 del Código Penal)

- Delito de falso testimonio (Artículo 467.2 del Código Penal)

- Delito de obstrucción a la justicia (Artículo 463.2 del Código Penal).

Otro aspecto relevante, es que, en las condenas que se impongan a los abogados por este tipo de

delitos, la jurisprudencia suele inclinarse por imponer sanciones de inhabilitación profesional para el

ejercicio de la abogacía, pudiendo ser estas de carácter absoluto, que implica una privación integral

de todos los honorarios, cargos y empleos de carácter público, o especial, que implica una privación

de todo tipo de actividades relacionadas con la profesión.

La responsabilidad disciplinaria comprende un completo estatuto jurídico y régimen de infracciones

y sanciones previstas para los profesionales de la abogacía en el ejercicio de sus funciones.

Los abogados están obligados a seguir un conjunto de normativa, que se detalla a continuación:

- Constitución Española

- Ley Orgánica del Poder Judicial

- Ley Orgánica de Derecho a la Defensa

- Ley 1/1996 de 10 de enero de Asistencia Jurídica Gratuita y reglamento de desarrollo

- Orden Ministerial de Acceso al Servicio de Turno de Oficio de 3 de junio de 1997

- Reglamento de Escuelas de Práctica Jurídica

- Ley 34/2006 de acceso a las profesiones de abogacía y procura y reglamento de desarrollo

- Código Deontológico de la Abogacía

- Reglamento de Procedimiento Disciplinario

- Estatuto General de la Abogacía Española

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LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

- Ley 2/1974 de 23 de febrero sobre Colegios Profesionales

- Directivas Europeas 98/5/CE y 89/48/CE

- Reglamento de Régimen Interior del Consejo General de la Abogacía Española

La responsabilidad disciplinaria queda claramente fijada en numerosas normas,

El Título XI del EGAE trata sobre el Régimen de Responsabilidad de los profesionales de la

abogacía y de las sociedades profesionales.

Los artículos 119 y 120 indican que los profesionales de la abogacía y las sociedades profesionales

en las que participen se encuentras sujetos a responsabilidad disciplinaria, pudiendo ser sancionados

por la autoridad judicial, o por el Colegio de Abogados del ámbito territorial al que pertenezcan.

Pudiendo ejercerla también el Consejo General de la Abogacía Española sobre sus miembros y los

Consejos Autonómicos de acuerdo a su legislación.

Para las sanciones previstas, existen cuatro tipos de sanciones ordenadas de menor a mayor

gravedad

- Apercibimiento por escrito

- Multa pecuniaria

- Suspensión del ejercicio de la abogacía

- Expulsión del colegio

La potestad disciplinaria se regula por los principios de tipicidad y proporcionalidad entre el hecho

infractor y la sanción impuesta de acuerdo a los artículos 120 y 123 del EGAE.

En la imposición de infracciones, es común la apertura de un expediente disciplinario, que permite

consolidar la responsabilidad frente a la corporación y frente a las personas afectadas, Es esencial

para garantizar la legalidad y publicidad del procedimiento sancionador y los derechos del acusado

de la infracción.

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LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

Con respecto a las infracciones, estas se dividen en leves, graves y muy graves y se encuentran

enumeradas en los artículos 124 a 126.

Son infracciones leves:

- Aquellas relativas a ofensas a la parte contraria, compromiso de las comunicaciones,

impugnación injustificada de honorarios, falta de diligencia en la atención de vistas o

comunicaciones con otros profesionales, falta de deber de información o identificación con el

colegio o ausencia de diligencia en los asuntos del turno de oficio. Las infracciones leves

causan sanciones de apercibimiento escrito, multa pecuniaria de hasta 1000 euros o

suspensión del ejercicio por un plazo no superior a quince días o la exclusión del profesional

de los servicios indicados por un plazo máximo de seis meses.

Son infracciones graves:

- La vulneración de deberes deontológicos, como quebrantar la confidencialidad, faltar al

respeto a compañeros o clientes, no remitir documentación al abogado sustituto o inducir al

cliente a no pagar honorarios. También lo son la publicidad que incumpla normas éticas, la

incomparecencia injustificada en diligencias judiciales o corporativas, y la defensa de

intereses en conflicto con los de otros clientes. Infracciones relacionadas con la gestión

incluyen retener fondos del cliente sin su consentimiento, no rendir cuentas del encargo

profesional o compensar honorarios con dinero no recibido como provisión. Adicionalmente,

se consideran graves la atribución falsa de encargos, la embriaguez o consumo de drogas que

afecten al ejercicio profesional, la falta de contratación de seguros obligatorios, el pago de

comisiones indebidas y cualquier acto u omisión que atente contra la dignidad de la profesión

o las reglas que la [Link] infracciones graves comportan sanciones de suspensión del

ejercicio en un plazo de entre quince días y un año, o multas pecuniarias con un límite

mínimo de 1001 euros y un límite máximo de 10.000 euros.

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LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

Son infracciones muy graves:

- La condena firme por delitos dolosos relacionados con el ejercicio de la profesión, así como

penas graves conforme al Código Penal. También se incluye ejercer la abogacía

contraviniendo inhabilitaciones firmes, en situaciones de incompatibilidad o vulnerando el

deber de secreto profesional. Otras conductas graves son abandonar o renunciar a la defensa

causando indefensión, negarse injustificadamente a realizar intervenciones obligatorias por

ley, o defender intereses opuestos a los propios o del despacho en que trabaja. Además, se

consideran infracciones graves la percepción indebida de honorarios, la apropiación o

retención de fondos, documentos o archivos de clientes, el quebrantamiento de sanciones

impuestas, y la colaboración con prácticas de intrusismo profesional. Finalmente, también lo

es realizar publicidad profesional que incumpla las normas establecidas en el Estatuto

General. Las sanciones por infracciones muy graves pueden implicar la expulsión del Colegio

al que se pertenezca o la suspensión del ejercicio por un plazo de entre uno y dos años.

Resulta importante resaltar que el artículo 117 del EGAE indica que las sanciones graves o muy

graves relativas al turno de oficio, implican la exclusión del profesional en cuestión del turno de

oficio por un plazo de seis meses a un año y un año a dos [Link] artículo 119 del EGAE

y siguientes, hacen referencia al expediente personal, como documento específico de cada abogado

que indica su situación profesional individual y en el que, en su caso se harán constar las sanciones

disciplinarias impuestas

Además de las infracciones que se cometen por el abogado individualmente, las sosicedades

profesionales también están sujetas a régimen disciplinario, regulado en los artículos 128 a 132 del

EGAE.

Para la imposición de sanciones es obligatorio la apertura de un procedimiento sancionador instruido

en el que el interesado sea claramente informado de los hechos imputados, sus derechos y sus

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LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

posibilidades de defensa, se trata de un procedimiento de oficio llevado a cabo por la corporación

correspondiente, se puede iniciar por iniciativa propia del colegio o por una denuncia previa. Este

procedimiento sigue la legislación administrativa estatal y se desarrolla en las respectivas

legislaciones autonómicas. Cabe destacar que es posible iniciar, de manera previa al procedimiento,

un periodo de información previa en la que se determine si es conveniente o no, iniciar un

procedimiento sancionador.

Las sanciones se imponen por el colegio de abogados correspondiente al quese encuentre inscrito el

interesado por criterio de incorporación una vez que son firmes en vía administrativa, debiendo la

corporación informar al CGAE para que todos los Colegios y los Consejos Autonómicos puedan

saber de sus efectos a nivel nacional.

Dentro del Estatuto General de la Abogacía Española, existen diversas referencias al seguimiento

obligatorio de la deontología profesional:

c. Información acerca del Ilustre Colegio de Abogados de Oviedo

El ilustre colegio de abogados de Oviedo lleva siendo corporación profesional agrupadora de

los abogados en la villa de Oviedo desde 1775. Como normativa única al mismo, cabe destacar sus

estatutos corporativos, vigentes desde el año 2002 y el Estatuto de la Agrupación de Abogados

Jóvenes de Oviedo, vigente desde 2005.

El Colegio se organiza en un decanato, un conjunto de diputados, una tesorería y una

secretaría, posee además un conjunto de comisiones, destacanso las siguientes:

- Servicio de Asesoramiento Interno Colegial (SAIC)

- Comisión de Derecho Animal

- Comisión de Derecho de Familia

- Comisión de Discapacidad y Mayores

- Comisión de Honorarios

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LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

- Comisión de Igualdad

- Comisión de Nuevas Tecnologías

- Comisión de Deontología

- Comision de Relaciones con la Administracion de Justicia

- Comisión de Turno de Oficio

- Comisión de Derecho de la Circulación, Responsabilidad Civil y Seguros

De acuerdo a la normativa vigente, el Colegio es el encargado de los procesos disciplinarios y

la imposición de sanciones sobre los abogados inscritos en el mismo, además de eso, el Colegio es

una institución de apoyo, formación y comunidad jurídica, con una amplia influencia a nivel

autonómico. Cuenta con un Centro de Estudios, una Biblioteca, un servicio deontológico, gabinetes

de comunicación e informática y de atención al ciudadano. Además se encarga de la gestión del

Turno de Oficio en su plano territorial.

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LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

5. La perspectiva de Jürgen Habermas y John Rawls sobre los límites del abogado

El abogado es, ante todo un operador jurídico y su sola presencia en el proceso supone una

garantía del derecho a la tutela judicial efectiva, fundamental en cualquier sociedad que clame ser

justa.

En nuestro trabajo hacemos referencia a determinados aspectos de la función del abogado que

pueden estar sujetos a discusión y sobre los que Habermas y Rawls pueden ayudarnos a clarificar las

posibles alternativas y soluciones con sus respectivas teorías de la justicia.

Por un lado, la sola presencia del abogado contribuye a los derechos de la comunidad ideal de

hablantes ya que, además de los derechos de carácter social o los relativos a la libertad de expresión

o a la máxima extensión de la educación, el hablante no puede existir plenamente si, ante un

conflicto jurídico no tiene derecho a una defensa plena. Además, la ética discursiva de Habermas se

puede observar en el proceso contradictorio propio de cualquier litigio, ya que los abogados de las

partes representan un rol de facilitadores del diálogo racional y fundamentado, más allá de las

opiniones personales e individuales de las partes.

Sin embargo, dentro de la visión de Habermas los intereses del abogado pueden entrar en

conflicto con la distribución de derechos, deberes y cargas propio de un sistema justo, esto puede

observarse, por ejemplo, en el hecho de que el abogado tiene un claro interés de tener éxito en las

causas que defiende, y ello puede verse comprometido en el caso de que utilice para ello medios

poco transparentes de discusión, manipulaciones de la narrativa o presiones externas. Por otro lado,

en nuestro sistema jurídico, el derecho a la asistencia jurídica de un abogado no está garantizado en

todas las jurisdicciones e incluso cuando lo está, la carga de trabajo a la que se encuentran sometidos

los abogados de oficio y la remuneración que reciben por su función no se iguala a las muy

superiores tasas, honorarios y externalidades positivas que recibe un abogado privado. Todo ello

puede crear un verdadero abismo entre los derechos de unos y otros hablantes, eliminando las

posibilidades de una comunidad ideal y de diálogo consensuado y racional.

37
LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

Con respecto a Rawls, uno de los aspectos más relevantes podría ser la obligación de decir la

verdad y la regulación del secreto profesional como una manifestación de la parcialidad y por tanto

de la injusticia, tal vez para Rawls la figura del abogado debería tener una regulación más estricta o

incluso una financiación pública para eliminar la posibilidad de intereses privados y parcialidad,

aunque ello comprendería en sí un desafío autónomo acerca de la propia parcialidad del abogado si

su medio de vida se encuentra estrictamente financiado por fondos públicos. Otro aspecto

relacionado, es la regulación de las prácticas desleales al cliente, como una vulneración clara de su

derecho a la defensa, al ocasionarle externalidades negativas y daños, que especialmente en casos de

perjuicios morales, no llegan a ser satisfactoriamente indemnizados solo con meras cuantías

económicas, para Rawls esto podría suponer una clara vulneración del primer principio de justicia

(que aceptamos si hemos seguido todas las premisas de su procedimiento de construcción), el hecho

de que todos debemos tener el sistema más amplio de derechos y libertades, aspecto que no sería

posible si los abogados no tuvieran un sistema de obligaciones y limitaciones que penara su

actuación negligente hacia el cliente y sus daños al derecho a la tutela judicial efectiva.

Por último, consideramos que Rawls apoyaría la financiación colectiva del turno de oficio

que tenemos actualmente, aquella que solo se permite a quienes no tienen la capacidad económica

para permitirse un abogado privado. Esto se fundamenta por el segundo principio de la justicia que

indica que las únicas desigualdades que pueden permitirse son aquellas que benefician a los más

desfavorecidos de la sociedad.

38
LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

6. Conclusión y reflexiones finales

A modo de conclusión podemos ver que el ejercicio de la abogacía en nuestro país, en España

nos plantea un delicado equilibrio entre la obligación de decir la verdad y el derecho a preservar la

confidencialidad del cliente, tal como se desprende del análisis del marco jurídico y deontológico.

Este trabajo ha explorado cómo estas tensiones éticas y legales moldean la profesión, especialmente

en el ámbito penal, donde los derechos fundamentales, como la presunción de inocencia y la defensa,

se encuentran bajo una protección reforzada.

El objetivo principal era desentrañar los límites entre la ética profesional y la búsqueda de la

justicia, evaluando las garantías ofrecidas por el ordenamiento jurídico español. Partimos de las

garantías procesales reconocidas en la Constitución y en la normativa específica, como el Código

Deontológico y el Estatuto General de la Abogacía, para analizar cómo estas disposiciones intentan

evitar prácticas desleales, como la mentira activa, sin comprometer el derecho de defensa.

Por ende, como resultado de este análisis, se evidencia que, aunque “no existe un derecho

formal a mentir,” el abogado puede recurrir a “estrategias legítimas” que preserven los intereses de

su cliente dentro de los límites del marco ético y legal. Esto incluye la confidencialidad absoluta del

secreto profesional, pero también la obligación de actuar con honestidad y lealtad hacia el sistema

judicial.

La dualidad entre el deber de confidencialidad y la obligación de promover la verdad plantea

preguntas que van más allá del ámbito estrictamente normativo y abordan el compromiso moral de

los profesionales del derecho.

Luego se nos plantea pues una duda: ¿Puede el sistema garantizar una defensa justa sin

comprometer los principios éticos fundamentales?

De cara al futuro, el papel del abogado en la sociedad continuará evolucionando a medida que

los valores éticos y jurídicos se enfrenten a nuevas demandas sociales y tecnológicas. Será esencial

seguir reflexionando sobre cómo equilibrar las exigencias de confidencialidad y veracidad,

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LOS LÍMITES A LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA

promoviendo un ejercicio profesional que no solo respalde los intereses del cliente, sino también

contribuya activamente a la justicia y la equidad en un entorno jurídico dinámico.

Esta conclusión sintetiza las ideas principales y deja abierta la puerta a futuros debates sobre

la dimensión ética y jurídica de la abogacía. ¿Es suficiente el actual marco normativo para gestionar

los dilemas éticos, o será necesario revisarlo para adaptarlo a los nuevos desafíos de la profesión?

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en Revista de la Facultad de Derecho, nº 36, Universidad de la República, Uruguay 2014.

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