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Cuaderno de Historia No.

81, 1996

Prólogo

Cada día se tienen nuevas evidencias de la necesidad y


oportunidad de ahondar en el conocimiento de nuestra
historia. No es esto ajeno a la confrontación ideológica
agudizada en fechas recientes y que se manifiesta en todos
los campos del quehacer cotidiano.

Para los que nos dedicamos a la salud pública en primer


lugar y para otros interesados en el tema, la historia de la
Administración de Salud (o salud pública), de nuestro país
es fuente de conocimiento de ricas experiencias y de
importantes enseñanzas.

Desde los lejanos esfuerzos de la Real Sociedad Patriótica


de Amigos del País (que ya pensó en cubano) y Tomás
Romay, hasta las importantes contribuciones de Carlos J.
Finlay. Desde las acertadas medidas de saneamiento del
período de la ocupación militar de la Isla por el ejército de
los Estados Unidos de Norteamérica hasta la cesantía al
frente de la salud pública del país del notable científico y
patriota Juan Guiteras Gener por órdenes del embajador
norteamericano. En fin, los más relevantes hechos de
nuestra historia sanitaria son tratados en forma sumaria,
como corresponde a lecciones de un curso que viene a
resolver con este texto la necesidad de contar con un breve
recuento de lo más significativo en el campo de la salud
pública en los más de 400 años de historia del país.

En la abundante obra del doctor Gregorio Delgado García


se encuentran numerosos estudios de más alcance y
profundidad. Pero, esta obra docente es no menos
importante y tal vez más necesaria, por permitir una
primera aproximación al tema, que en muchos casos
espero sea el incentivo para sumar nuevos talentos al
interés en los estudios históricos, donde abundan
problemas pendientes de esclarecimiento.

1
Escrito en lenguaje claro y directo, las lecciones quedan al
alcance de estudiantes y profesionales. La bibliografía que
acompaña cada lección permite continuar el estudio del
tema a quienes así lo quieran hacer, además de acreditar
la validez de lo que sostiene el autor.

Esperamos, los que mantenemos desde hace ya tiempo


interés por nuestra historia, que esta obra deje su huella
sobre todo en las jóvenes generaciones, hacia quienes
principalmente va dirigida.

Prof. Francisco Rojas Ochoa Dr. Cs.


Vice-rector de Investigaciones
Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana

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Cuaderno de Historia No. 81, 1996

Introducción

Lo beneficioso del conocimiento de la historia de las


diferentes ramas de la medicina para los graduados que
realizan su especialización en ellas, no es puesto en duda
en el momento actual, en ningún país de alto desarrollo
científico.

Pero, quizás en la especialidad médica donde esto se hace


aún más evidente es en la de administración de salud
pública, pues el conocer cómo el hombre ha organizado
sus acciones encaminadas a preservar y promover salud
en su medio social, a través de la historia, más que un
componente útil para su cultura médica, constituye una

2
fuente imprescindible de enseñanzas para su ejercicio
profesional futuro; esto lo podemos decir en general para
todo higienista social.

En Cuba nunca se había impartido una asignatura en que


se enseñara tan importante materia a los futuros dirigentes
del Sistema Nacional de Salud.

Iniciada su explicación por quien escribe estas líneas, en el


año escolar 1986-1987, a los médicos residentes del primer
año de los cursos regular y por encuentros de la
especialidad de administración de salud pública, en la
Facultad de Salud Pública, del Instituto Superior de
Ciencias Médicas de La Habana, me di a la tarea, al final
de este período docente, de redactar las doce conferencias
impartidas. En 1987 con la finalidad de que sirvieran de
guía de estudio en el siguiente año escolar, di a la
publicidad, mimeografiadas, las nueve primeras
correspondientes a los períodos colonial y de la república
burguesa, con el título de Curso de Historia de la
Administración de Salud Pública en Cuba e indiqué como
material de estudio para el período revolucionario socialista
el trabajo de terminación de residencia del doctor José Ruíz
Hernández La Salud Pública Cubana: su desarrollo en el
período revolucionario (1959-1980), La Habana, 1986,
realizado en el Departamento de Problemas Teóricos de la
Salud Pública e Historia de la Medicina del Instituto de
Desarrollo de la Salud y en la Oficina del Historiador del
MINSAP, bajo mi directa asesoría.

Redactadas las tres últimas conferencias correspondientes


al período revolucionario socialista y mejoradas ligeramente
las nueve primeras, pero conservándoles su carácter
didáctico, las di a la publicidad en 1990, también en edición
mimeografiada para uso sólo docente, con el título de
Conferencias de Historia de la Administración de Salud
Pública en Cuba.

3
A pesar de las erratas y de los defectos de las dos
impresiones mimeografiadas, la obra fue acogida con
entusiasmo por médicos residentes e investigadores; y ha
servido de fuente bibliográfica en general para diez y siete
trabajos de terminación de residencias y maestrías y para
numerosos estudios de otros investigadores.

Aunque en estos momentos se actualizan las conferencias


correspondientes al período revolucionario socialista con
una nueva periodicidad que incluye los años de nuestra
actual crisis económica, he creído conveniente, por la gran
cantidad de información que contiene, incluir la obra en su
edición de 1990, ilustrada, en la colección monográfica
Cuadernos de Historia de la Salud Pública como su
volumen número 81; para uso ahora no sólo de residentes
sino de todo médico cubano en general.

Dr. Gregorio Delgado García


Director de los Cuadernos de Historia de la Salud Pública.
La Habana, febrero de 1996

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4
La salud pública en Cuba durante el período colonial
español
Conferencia Uno
Conferencia Dos
Conferencia Tres
Conferencia Cuatro
Conferencia Cinco
La salud pública en Cuba durante la primera ocupación
norteamericana
Conferencia Seis
La salud pública en Cuba en el período de la república
burguesa
Conferencia Siete
Conferencia Ocho
Conferencia Nueve
La salud pública en Cuba en el período revolucionario
socialista
Conferencia Diez
Conferencia Once
Conferencia Doce
Afidávit
por el profesor Francisco Lancís Sánchez

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5
Conferencia Uno

La salud pública en Cuba durante el periodo colonial


español

Rasgos principales de la evolución histórica de la


colonia (1509-1898). La práctica médica en Cuba
durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Los cabildos
o ayuntamientos como administradores de la
salud pública (1511-1711).
Sin pretender impartir un curso completo de Historia de
Cuba, es preciso para explicar el desarrollo de la
administración de la salud pública en nuestro país destacar,
en síntesis muy apretada, los principales rasgos que
conformaron los tres períodos históricos que la componen,
éstos son: el colonial, el republicano burgués y el
revolucionario socialista; a partir de esta base podemos
precisar en cada uno de ellos cómo se administró y por
quiénes, la salud pública a nuestro pueblo.

En esta primera conferencia explicaremos muy brevemente


cómo se llevó a cabo el establecimiento del régimen
colonial español en nuestro archipiélago, régimen de corte
feudal asentado en la explotación, primero del indígena
nativo, a quien llegaron a exterminar casi por completo;
después de labradores españoles, canarios y chinos, estos
últimos importados engañosamente, y en todo este período
de africanos sometidos a la más cruel esclavitud y
arrancados de su continente por la fuerza. Seguiremos el
desarrollo colonial en los siglos XVI, XVII y XVIII;
destacaremos ya a finales de éste último, el surgimiento de
la nacionalidad cubana y sus grandes luchas económicas,
políticas y militares en el siglo XIX; hasta terminar en la
frustración de estos empeños con la primera intervención
norteamericana en Cuba.

Pasaremos entonces a estudiar la práctica médica durante


los tres primeros siglos del período colonial o sea hasta la

6
restauración en 1711 del Real Tribunal del Protomedicato
en La Habana y a destacar el papel que jugaron durante
todo este tiempo los cabildos o primeros ayuntamientos en
la administración de la salud pública en el archipiélago.

RASGOS PRINCIPALES DE LA EVOLUCION


HISTORICA EN LA COLONIA (1509-1898)
Al llegar a nuestras islas los colonizadores españoles en
1509, éstas se encontraban escasamente pobladas por
unos cien mil habitantes, cuya forma de organización
económico-social correspondía a la comunidad primitiva.

Sin embargo, dentro de ella, se diferenciaban distintos


grupos étnicos: los siboneyes, los tainos, los subtainos y
los guanahatabeyes, con muy diferente origen, tiempo de
llegada a las islas y desarrollo cultural. Así el grupo más
antiguo de siboneyes, según descubrimientos
arqueológicos recientes, remonta su llegada a Cuba a unos
6 000 años a.n.e. (grupo de Levisa) y se han precisado
otros grupos de dicha etnia, al igual que el anterior con
técnica de fechados por radio-carbono, cuyas llegadas
ocurrieron posteriormente, entre 4000 y 2 000 años a.n.e.
(grupo Cayo Redondo). Los tainos, los más avanzados,
llegados en el siglo XI d.n.e., se encontraban localizados en
las actuales provincias de Ciego de Avila y Camagüey y
toda la antigua provincia de Oriente. Los subtainos, menos
desarrollados, que arribaron en el siglo VI también d.n.e.,
estaban asentados en toda la isla y los guanahatabeyes,
los más atrasados, habitaban principalmente la región
extrema de Pinar del Río.

No le fue difícil a los colonizadores españoles con una


estrategia militar superior y con la posesión de armas de
fuego, someter a esta población indígena a un régimen de
encomiendas tan férreo y abusivo como la peor esclavitud;
a pesar de que por ley del monarca no lo era, se
repartieron sus tierras y emplearon su fuerza de trabajo en
la búsqueda de oro; para ello los mantenían en los ríos de

7
sol a sol, con muy escasa alimentación, en la búsqueda de
granos de dicho metal, procedentes de yacimientos
subterráneos desconocidos.

Este trabajo agotador, las sublevaciones, los asesinatos y


suicidios en masa diezmaron la población nativa y con ello
disminuyó la fuerza de trabajo necesaria a los
colonizadores, por lo que comenzó la importación desde el
propio siglo XVI de cantidades cada vez mayores de
africanos arrancados de sus tierras para sumirlos en la más
inhumana esclavitud.

La conquista y colonización del resto del continente


americano, con posibilidades de explotación muy
superiores a las de nuestras islas, mantuvieron a éstas casi
despobladas de españoles durante los dos primeros siglos
después de la conquista. Los colonos que llegaron a
poseer grandes extensiones de tierras, ganado y esclavos,
convencidos de la inexistencia de metales, muy apreciados
en Europa, comenzaron a incrementar, junto a la
ganadería, el cultivo de la caña y el tabaco principalmente,
para llegar a establecer un régimen feudal basado en el
trabajo esclavo.

El desarrollo comercial de algunos puertos que servían de


apoyo a la travesía de los navíos encargados del traslado a
la metrópoli del producto de la explotación de las riquezas
del continente, dió también a nuestro país un cariz de
factoría con el que llegaría hasta el siglo XVIII.

A partir de este siglo, la más avanzada mecanización


agrícola de los latifundios estimuló en los grandes
hacendados la importación no de mano de obra esclava,
sino de una más calificada, que serán los labradores
españoles y canarios sin recursos propios y los chinos,
estos últimos engañados con contratos que los ataban de
por vida a sus contratistas, y que en el futuro darán origen
a las clases obrera y campesina en la colonia para

8
determinar un divorcio de intereses entre los terratenientes
y los grandes comerciantes de las más importantes
ciudades, cuya principal fuente de riquezas lo constituía el
inhumano tráfico de esclavos.

La poderosa estructura administrativa de la gobernación


colonial, que siempre ha de apoyar a los grandes
comerciantes salvo en escasas etapas, nutrirá sus arcas y
la de la Corona a expensas de los terratenientes que cada
vez sentirán sus intereses más alejados de la metrópoli.
Otros factores de no poca importancia, ya nacionales,
como el que se desprendieran una serie de ramas de la
agricultura en la isla dedicadas a la producción para el
mercado mundial; que se iniciara la formación de una
cultura nacional y se le diera un gran impulso a la técnica;
que el territorio nacional se hiciera común al aumentarse el
intercambio comercial entre todas las regiones del país y se
aumentaran las comunicaciones; a ello se suman factores
internacionales, como la Revolución Industrial que a
mediados del siglo XVIII iniciara en Inglaterra la sustitución
del trabajo artesanal por la máquina y la producción intensa
de maquinarias, la independencia de los Estados Unidos
de América en 1783, la Revolución Francesa de 1789, la
Revolución Haitiana en 1791 y la independencia de las
colonias de España en América entre 1809 y 1812,
despertarán en la clase terrateniente una conciencia
nacional que le hará llamarse a sí misma cubana y que
verá como única salida a su situación la vía de la lucha
armada; esta vía la adoptarán sus individuos más decididos
y progresistas desde comienzo de la segunda mitad del
siglo XIX y que abrazará casi la totalidad de la naciente
burguesía agrícola cubana, principalmente en los
departamentos central y oriental del país en la guerra
indepedentista iniciada en el ingenio azucarero La
Demajagua, actual provincia Granma, el 10 de Octubre de
1868, dirigida por el terrateniente cubano Carlos M. de
Céspedes.

9
Esta larga y cruenta guerra a la que acudirán también
esclavos africanos, sus hijos nativos del país, criollos
descendientes de españoles y canarios y trabajadores
chinos, que buscarán en ella romper sus cadenas,
terminará diez años después con la ruina de la casi
totalidad de los terratenientes cubanos y diezmada la
población del país, principalmente por epidemias
exacerbadas por la guerra; pero traerá pocos años después
la completa abolición de la esclavitud, el nacimiento de la
clase obrera cubana, que obligada a emigrar en gran parte,
preparará desde el extranjero la última de nuestras guerras
contra el colonialismo español y dará a la clase campesina
la conciencia de su profundo deber histórico para que
aporte el mayor contigente de miembros al futuro Ejército
Libertador mambí.

En la etapa entre guerras (1880-1894), llamada de "tregua


fecunda", pues en ningún momento se dejó de conspirar o
de combatir directamente con las armas, si es cierto que se
produce una evidente recuperación económica de la alta
burguesía comercial y agrícola; a expensas por una parte
de la mayor penetración económica de los Estados Unidos,
lo que hace depender cada vez más la colonia de los
intereses del naciente imperialismo norteamericano, y por
otra parte, a una mayor explotación de la clase campesina
y de la incipiente clase obrera nacional.

Todo esto unido a la agudización de la opresión política de


la gobernación colonial completará la coincidencia de las
condiciones objetivas y subjetivas favorables al
independentismo en la situación del país, que permitirá que
un líder genial, de origen humilde, formado en los medios
intelectuales revolucionarios de La Habana, el abogado,
poeta y maestro José Martí, conocedor como nadie en la
América de su época de la problemática económica,
política y social del continente y que tras un largo exilio
revolucionario se pusiera al frente del pueblo cubano e
iniciara el 24 de febrero de 1895 la última de nuestras

10
guerras independentistas contra el colonialismo español; la
que se verá frustrada finalmente por la muerte en campaña
de sus principales líderes y la intervención en la etapa final
de ésta por las fuerzas armadas de Estados Unidos, quien
desconoció nuestra participación en la contienda, después
de servirse de ella para imponernos su dominio militar,
político y económico.

LA PRACTICA MEDICA EN CUBA DURANTE LOS


SIGLOS XVI, XVII Y XVIII
Sin que exista un estudio especial, apoyado en la
arqueología, que nos permita conocer cómo curaban sus
enfermos los miembros de cada uno de los grupos étnicos
que integraban la comunidad primitiva cubana
precolombina, que debieron tener características propias; sí
podemos decir por la lectura de los cronistas de indias y los
trabajos de algunos historiadores médicos, como el doctor
Antonio de Gordon y Acosta, en el siglo pasado y el doctor
José A. Martínez Fortún, en el presente, que en términos
generales la medicina entre ellos era ejercida por los
behíques, o bohiques poderosos personajes que
constituyeron según opinión del sabio polígrafo cubano
doctor Fernando Ortiz, los sujetos más aborrecidos y
calumniados por los misioneros y colonizadores que veían
en ellos un impedimento para sus propósitos de esclavizar
a sus compatriotas y destruir su patrimonio cultural.

Estos primeros médicos cubanos conocieron y trataron


entre otras enfermedades las producidas por vermes
intestinales, las diarreas, la constipación, el asma, las
dificultades para la emisión de la orina, los dolores que
acompañan a las dismenorreas, el acné, las contusiones,
las heridas, úlceras o infecciones parasitarias externas
como las producidas por niguas y piojos.

Sus principales métodos curativos fueron el hidroterápico,


el agua era el tratamiento preciso para ellos en varias
enfermedades; el sugestivo, fue este uno de los medios

11
más empleados por los behíques, quienes atribuían en
general la enfermedad a castigo divino; y el evacuante, en
el que utilizaban numerosas plantas medicinales del país,
como la yerba santa, el manzanillo, las guayabas maduras,
la piña, el bejuco y otros.

Se preocupaban por la atención a las parturientas; en


cirugía realizaban la extracción de los ojos, la castración,
reducían fracturas y hacían pequeñas sangrías y como
medidas preventivas aislaban a los enfermos contagiosos y
enterraban a los muertos.

Con los conquistadores nos llegó muy poco de la medicina


española, pues fueron escasos los graduados que
ejercieron permanentemente en la isla. Esto trajo como
consecuencia que la medicina indígena sobreviviera a su
propio pueblo como un verdadero "préstamo cultural" que
recibieron los colonizadores, obligados por la necesidad,
aún hasta el siglo XVII, como muy importante y ejemplo de
ello lo constituye el hecho histórico, documentalmente
probado, que el ayuntamiento de Santiago de Cuba le
concediera en 1609 a la curandera india Mariana Nava,
licencia para practicar la medicina, con lo cual fue ella la
primera mujer que ejerció legalmente esta profesión en
Cuba.

En pocas palabras diremos que un médico español de la


época de la conquista había estudiado en las obras de
Hipócrates, Galeno, Rhazes, Avicena y otros, algunas de
ellas -como las del primero de estos maestros- escritas
antes de nuestra era, a cuyos textos guardaban tal fidelidad
como si respondieran al dogmatismo religioso.

Su aprendizaje anatómico era deficiente, pues sólo


practicaban contadas disecciones; sus estudios teóricos de
medicina y cirugía estaban casi ayunos de su complemento
al lado de la cama del enfermo y la poca experiencia que
tenían al graduarse, la habían adquirido al lado de algún

12
profesional de prestigio. Casi todos los doctores procedían
de la Universidad de Salamanca, donde además se
graduaban de licenciados y bachilleres en medicina y se
encontraban bajo el influjo de la teoría humoral, según la
cual el cuerpo contiene cuatro humores: sangre, linfa, bilis y
atrabilis, cuya proporción exacta constituye la salud y cuyas
alteraciones o distribución irregular son causas de
enfermedades; además de estar impregnadas de la
filosofía escolástica, la que consideraba como fuente de
toda sabiduría médica las arcaicas obras citadas
anteriormente.

Estos graduados sin embargo, no podían ejercer si antes


no se examinaban ante el Real Tribunal del Protomedicato,
institución encargada de legalizar el ejercicio médico en
España y sus colonias. Ante él se graduaban no de
doctores, licenciados o bachilleres, que ya lo eran en
algunos de estos grados en las universidades, sino de
médico-cirujano, que les permitía ejercer la medicina sin
limitación alguna; de médicos, que sólo trataban afecciones
internas; de cirujanos latinos, que atendían únicamente
afecciones externas hasta la llegada de un médico-cirujano,
y como los anteriores tenían conocimientos universitarios,
aunque no completos y de cirujanos romancistas, que eran
los más incultos, pues no habían realizado estudios en
facultad médica alguna y sólo ejercían donde no residía
ninguno de los anteriores.

También el rey tenía potestad de graduar médicos, cuya


gracia por lo general se debía a alguna labor meritoria
realizada por el favorecido en el campo de la medicina en
tiempos de guerra y se les llamaba por gracia real. De esta
forma se graduó de cirujano romancista en 1760 José
Francisco Báez y Llerena, el primer mestizo que practicó
legalmente la medicina en Cuba.

Durante los siglos XVI, XVII y XVIII la mayoría de los


médicos que ejercieron en la Isla eran cirujanos latinos y

13
romancistas y pocos médicos y médico-cirujanos. La
medicina estaba entonces en manos de herbolarios,
algebristas, barberos, flebotomianos, dentistas,
comadronas y boticarios, que también tenían que
examinarse ante el Protomedicato y de muchos intrusos
que nada sabían del arte de curar.

Con los africanos traídos como esclavos, nos llegó también


junto a otras formas culturales, su arte de curar. El sabio
etnólogo don Fernando Ortiz que tan profundamente
estudió estas culturas, nos ha alertado a la hora de estudiar
su medicina, que se debían separar las características de
las correspondientes a cada una de estas étnias, venidas
de aquel continente y así se debía decir medicina bantú,
semibantú, ararás, yoruba y otras.

Este estudio sin embargo, está por hacerse y mientras


tanto podemos decir en general, que la medicina ejercida
por el médico afrocubano o brujo era fundamentalmente
sugestiva, impregnada de pensamientos mítico-mágicos,
pero también se basaba su terapéutica en el conocimiento
de las propiedades curativas de la flora cubana, que la
supo reconocer como flora tropical muy semejante a la
suya.

De menor importancia será el aporte dado por el grupo


étnico asiático de labradores chinos, quien no podía
encontrar en nuestro medio tropical la flora medicinal que
conocía en su país, pero sin embargo, no fueron pocos los
medicamentos preparados por sus curanderos, muy
utilizados por la población cubana hasta nuestros días,
vendidos en sus propias farmacias. Uno de esos
curanderos, el célebre "médico chino Chambombiá",
alcanzó renombre en La Habana y Cárdenas, en el siglo
pasado.

En resumen podemos decir que durante los tres siglos


posteriores a la conquista, los comerciantes y

14
terratenientes contaron para su curación con los pocos
médicos graduados en universidades y examinados ante la
institución del Real Tribunal del Protomedicato; que la
masa del pueblo integrada por trabajadores españoles,
canarios y chinos y sus descendientes, contaron con
cirujanos romancistas, herbolarios, flebotomianos,
dentistas, algebristas, barberos, boticarios y comadronas y
muy principalmente con el conocimiento que les aportaba la
medicina tradicional india enriquecida con la africana. La
población esclava sólo contó con sus escasos
conocimientos traídos de Africa y el que le dispensaban sus
dueños que, en la mayoría de los casos, sin consulta
facultativa alguna le administraban los tratamientos
contenidos en manuales como El Vademecum de los
hacendados cubanos o guía práctica para curar la mayor
parte de las enfermedades de Honorato Bernard de
Chateausalins.

LOS CABILDOS O AYUNTAMIENTOS COMO


ADMINISTRADORES DE LA SALUD PUBLICA (1511-
1711)
Desde el inicio de la conquista (1509) comenzaron las
fundaciones de las primeras villas o poblaciones: Baracoa
en 1511; Bayamo en 1513; Sancti Spíritus y Trinidad y
quizás también Puerto Príncipe (actual Camagüey) y La
Habana, estas dos últimas donde hoy se encuentra
Nuevitas y en la desembocadura del río Mayabeque,
respectivamente, en la primavera de 1514 y Santiago de
Cuba a fines de ese año.

A estas primeras siete poblaciones se les otorgó el título


honorífico de "villas" en previsión de su futuro desarrollo, a
las que siguieron con el tiempo otras.

El gobierno de cada pueblo quedó a cargo de sus propios


vecinos quienes debían elegir tres de ellos a fin de que se
reunieran cada pocos días y acordaran todo lo que debía
hacerse en beneficio del pueblo.

15
Estos tres vecinos recibían el nombre de regidores o
concejales y su reunión se llamaba Concejo, Cabildo o
Ayuntamiento. El territorio del Concejo tenía un límite fijado
por el gobernador de la isla. Al cabo de un año los vecinos
volvían a reunirse, elegían otros tres regidores en
sustitución de los primeros y así sucesivamente.

Algunas veces los regidores eran cuatro, cinco o seis


porque el rey de España nombraba también algunos,
aparte de los elegidos por los vecinos.

En cada pueblo existía otro funcionario o juez llamado


alcalde. Cuando algún vecino cometía una falta o delito, el
alcalde era el que determinaba qué castigo debía
imponérsele y cuando los vecinos tenían pleitos entre sí, el
alcalde era quien resolvía la cuestión. Además, este
funcionario se reunía con los regidores cuando estos
celebraban concejo y presidía, las juntas o cabildos.

Las actas de estas reuniones o actas capitulares de los


ayuntamientos constituyen la fuente histórica más valiosa
de esta primera etapa colonial de nuestro país.

A falta de otras instituciones puramente médicas, fueron los


cabildos o ayuntamientos los encargados de administrar las
escasas acciones relacionadas con la salud pública que se
llevaron a cabo en Cuba durante los siglos XVI, XVII y
primera década del XVIII o sea hasta la fundación por
segunda vez, en 1711, del Real Tribunal del Protomedicato
en La Habana.

Una cuidadosa revisión de las Ordenanzas para el cabildo


y regimiento de la villa de la Habana y las demás villas y
lugares de esta isla de Cuba del doctor Alonso de Cáceres,
oidor de la Audiencia Real de la ciudad de Santo Domingo
y visitador y juez residente de Cuba, redactadas en enero
de 1574 y de la recopilación de Leyes de los Reinos de las
Indias referentes a los municipios, vigentes en Cuba en la
etapa estudiada, nos ha permitido conocer que las

16
funciones de los cabildos relacionadas con la salud pública
no estuvieron reguladas en dicha época por legislación
alguna.

No obstante esto, por el estudio de las Actas Capitulares


del Ayuntamiento de La Habana, que se conservan desde
el año 1550, es posible determinar cuáles fueron estas
funciones y cómo se llevaban a cabo.

La más antigua de ellas la constituye el recibimiento de


títulos de todos los graduados de las distintas ramas de la
medicina para que pudieran ejercer legalmente sus
profesiones u oficios.

Así en 1552, el ayuntamiento de La Habana recibió a Juan


Gómez, maestro examinado en el oficio de barbero y
cirujano y prohibió bajo multa de dos pesos oro, a todo
aquel que realizara curaciones mientras viviera en la ciudad
el citado cirujano.

También tenían los ayuntamientos la función de mandar a


examinar a aquellos que ejercían sin títulos la medicina;
pues por la escasez que había de titulados, tenían que
legalizar a todo aquel que reuniera alguna experiencia en la
curación de enfermos. Por eso en 1622 se nombró a
Gabriel de Salas para que "examine a los barberos y
cirujanos y dé cuenta del que pueda o no usar".

Hubo momentos que la necesidad era tal, como ocurrió en


Santiago de Cuba en 1609, que el cabildo de la villa
nombró sin necesidad de examen, pues no tenían médico
que lo hiciera, a la famosa curandera india Mariana Nava
como médico de la población, prohibiéndosele que se
ausentara del lugar.

Su preocupación en este sentido llevó a los regidores en


1664 a pedir al Gobernador y Capitán General se sirviera
escribir al rey de España, para que enviara a la isla a algún

17
médico asegurándole que la ciudad garantizaría su
sustento y ganancias.

No fueron pocas sus actividades en relación con los


hospitales; éstas abarcaban desde la donación de dinero
para su construcción, entrega del hospital a personal de
experiencia en la asistencia a los enfermos -como a los
hermanos de la Congregación de San Juan de Dios-,
atención a los enfermos hospitalizados, hasta ayuda
general a la institución.

En cuanto a las farmacias fue una función muy ejecutada la


inspección de éstas.

La escasez de productos medicamentosos para el uso


general de la población, pero en particular para los
enfermos de los hospitales fue siempre muy grande,
contándose con muy pocos recursos por lo que en 1690 el
cabildo autorizó al Prior del Hospital de San Juan de Dios o
de San Felipe y Santiago, para que su Orden cultivara
yerbas medicinales en los alrededores del hospital.

La adopción de medidas frente a las epidemias fue también


otra de las funciones de los ayuntamientos en estos
primeros siglos. En 1598 frente a una epidemia de viruela y
sarampión entre los indios de Guanabacoa, el Cabildo
habanero acordó que el alcalde ordinario de la ciudad se
trasladara a aquel lugar acompañado de un cirujano y del
curador de la población, con dinero y medicinas para la
atención de los enfermos.

No es extraño encontrar en las Actas Capitulares, muy de


acuerdo con la época, junto a disposiciones de acierto que
se tomaban por el Cabildo para enfrentar una epidemia
como: el aislamiento de los enfermos, la cuarentena, la
limpieza y aseo de la ciudad, que se celebraran
procesiones y rogativas con el fin de impetrar la gracia de
Dios para que concediera salud al pueblo.

18
Por último era una facultad de los ayuntamientos la de
pedir ante la Corona el nombramiento de un protomédico
para su ciudad; como ocurrió en 1632, y la de recibir su
título, una vez nombrado como lo fue en 1634, con el del
licenciado Francisco Muñoz de Rojas.

En resumen podemos decir que a falta de otras


instituciones puramente médicas, fueron los Cabildos o
Ayuntamientos los encargados de llevar a cabo las
acciones de salud pública que se realizaron en Cuba hasta
la fundación del Real Tribunal del Protomedicato en La
Habana. Las funciones de los primeros Cabildos o
Ayuntamientos en lo referente a las medidas de salud
pública no estuvieron reguladas por legislación alguna y
estas funciones consistieron en: recibimiento de títulos,
nombramiento de examinadores médicos, regulación del
ejercicio de la medicina, solicitud de médicos al rey,
asistencia de todo tipo a hospitales, donaciones para la
construcción de hospitales, inspección de farmacias,
autorización para el cultivo de plantas medicinales,
adopción de medidas frente a epidemias, ayuda económica
en médicos y medicinas a enfermos de epidemias, control
de barcos sospechosos de traer enfermos contagiosos y
solicitud y recibimiento de protomédicos para la ciudad.

BIBLIOGRAFIA RECOMENDADA
1. Delgado García G. Funciones de los Cabildos o
Ayuntamientos como administradores de la Salud
Pública en Cuba durante los siglos XVI, XVII y la
primera década del XVIII. Cuad Hist Sal Pub No. 72.
Publicación del Consejo Nacional de Sociedades
Científicas, Ciudad de La Habana, 1987, p. 23-31.
2. -----: Apuntes para la historia de la discriminación
racial en el ejercicio de la medi-cina en Cuba. Cuad
Hist Sal Pub No. 66. Publicación del Consejo Nacional
de Sociedades Científicas, Ciudad de La Habana,
1983, p. 28-44.

19
3. Gordon Acosta A. Medicina indígena de Cuba y su
valor histórico. Imp del Gob General, La Habana,
1884.
4. Ibarra J. Historia de Cuba. Dirección política de las
FAR, La Habana, 1967.
5. Le Riverend Brussone J. Breve historia de Cuba.
Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1978.
6. López Sánchez J. La medicina en la Habana. 1550-
1730. Cuad Hist Sal Pub No. 47. Publicación del
Consejo Científico del MINSAP. La Habana, 1970.
7. Martínez Fortún JA. Historia de la medicina en Cuba.
Edición mimeografiada. La Habana, 1956-58.
8. Ortiz Fernández F. Hampa Afro-Cubana. Los negros
brujos. Imprenta de Fernando Fe, Madrid, 1906.
9. Pino Santos O. Historia de Cuba. Aspectos
fundamentales. Editora Universitaria, La Habana,
1964.
10. Rivero de la Calle M y Dacal Moure R.
Arqueología aborigen de Cuba. Editorial: Gente
Nueva, Ciudad de La Habana, 1986.

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Conferencia Dos

La salud pública en Cuba durante el periodo colonial


español

La Iglesia Católica como administradora de la


asistencia médica hospitalaria (1522-1833). El
Real Tribunal del Protomedicato, primera
institución de la administración de la Salud
Pública en Cuba (1711-1833). Sus diferentes
funciones. La enseñanza de la medicina en la

20
Real y Pontificia Universidad de La Habana
(1728-1842).
En la primera conferencia explicamos muy brevemente los
rasgos principales de la evolución histórica de la colonia
(1509-1898); nos detuvimos, también brevemente, en la
forma en que se llevaba a cabo la práctica médica en Cuba
durante los siglos XVI, XVII y XVIII y dedicamos el final de
la clase a exponer cómo los cabildos o ayuntamientos
administraron las escasas medidas de salud pública y en
qué consistieron éstas, las cuales se realizaron en nuestro
país desde la fundación de la institución del gobierno
municipal en 1511, hasta que de manera definitiva quedó
establecido en La Habana en 1711 el Real Tribunal del
Protomedicato; primera verdadera institución de la
administración de la salud pública en Cuba.

En la presente conferencia veremos cómo esta


responsabilidad fue compartida durante todo este tiempo y
aún más, hasta 1833, con la Iglesia Católica, sobre todo en
la asistencia hospitalaria; después explicaremos en qué
consistió la institución del Real Tribunal del Protomedicato,
cómo fue traída a América y su llegada a Cuba en fecha
muy temprana, cuál era su estructura, cuáles sus funciones
y durante qué tiempo estuvo vigente, para terminar la clase
con la explicación de la enseñanza de la medicina en la
entonces Real y Pontificia Universidad de La Habana,
desde su fundación en 1728 hasta su secularización en
1842.

LA IGLESIA CATOLICA COMO ADMINISTRADORA DE


LA ASISTENCIA MEDICA HOSPITALARIA (1522-1833)
Si bien habíamos dicho que a falta de una institución propia
para la administración de la salud pública, fue el gobierno
municipal quien tuvo a su cargo dichas funciones desde la
instauración de la estructura estatal administrativa colonial,
la Iglesia Católica, que formaba parte con el gobierno civil
de la monarquía española, paralelamente estableció su
estructura, con su institución de base correspondiente o

21
parroquia, sostén ideológico de la monarquía, creada en
cada municipio y que compartiría con el gobierno municipal
las funciones de administración de la salud pública desde la
fundación de los primeros hospitales.

Por lo tanto, por tener estas funciones la Iglesia, el


emperador Carlos V ordenó al obispo de Cuba Juan de
Ubite o Witte, en 1522, que fundara el primer hospital de la
isla en Santiago de Cuba junto a su catedral, lo que parece
que se hizo en ese propio año o en 1523. Después le
continuaría uno en La Habana probablemente en 1538, uno
en Bayamo en 1544 y ese mismo año otro en La Habana.

Estos primeros hospitales eran fundamentalmente


instituciones de caridad con muy poca ciencia médica y sus
edificaciones eran de tablas y yaguas de palma, con techos
de guano, como las demás de las poblaciones o villas.

Sin intentar seguir la cronología de la fundación de los


hospitales de Cuba, sí diremos que no fue hasta el siglo
XVII que se comenzaron a fundar hospitales en distintas
poblaciones a las ya referidas (Santiago de Cuba, La
Habana, Bayamo), y que fueron las primeras: Sancti
Spíritus (1712), Remedios (1721), Puerto Príncipe, actual
Camagüey (1728), Guanabacoa (1755) y Bejucal (1776).

También se fundaron, administradas por la Iglesia, las


llamadas convalescencias, donde se atendía a los
enfermos que eran dados de alta de los hospitales sin
haber logrado su completa curación; leprosorios, hospitales
emergentes, originados por las epidemias y los asilos o
casas de recogidas, de maternidad y beneficencia.

Es posible conocer las funciones de la Iglesia relacionadas


con los hospitales por los estudios de sus archivos
parroquiales, que incluyen los registros de nacimientos y
muertes en sus libros de bautismo y asentamientos de
fallecidos y por los informes enviados al rey sobre las
visitas pastorales de los obispos de Cuba. En ellos se

22
recogen los recorridos de inspección a iglesias, conventos
y hospitales de toda la Isla a partir de la primera realizada
en 1544 por el obispo fray Diego Sarmiento. Estas
funciones fueron: fundación y atención a hospitales civiles o
de caridad; cultivo de plantas medicinales para los
hospitales; establecimiento en Cuba de órdenes religiosas
masculinas y femeninas especializadas en el cuidado de
enfermos para laborar en los hospitales; registros de
nacimientos y fallecidos; fundación y atención de asilos
para niños, mujeres y ancianos; enterramientos en las
iglesias; establecimiento y administración de cementerios y
medidas frente a las epidemias.

Figura 1.

El control absoluto de la Iglesia sobre hospitales,


cementerios y asilos fue mermado al crearse la Junta de
Beneficencia de La Habana en 1823, con motivo de los
cambios constitucionales ocurridos en la Metrópoli; pero
esto duraría muy poco tiempo, pues con la implantación
nuevamente del poder absoluto en la península, por el
infausto rey Fernando VII, cerraría sus puertas la Junta de
Beneficencia doce meses después, para no abrirlas de
nuevo hasta 1833, con motivo de la epidemia de cólera de
ese año en que quedó establecida definitivamente.

23
EL REAL TRIBUNAL DEL PROTOMEDICATO, PRIMERA
INSTITUCION DE LA ADMINISTRACION DE SALUD
PUBLICA EN CUBA (1711-1833). SUS DIFERENTES
FUNCIONES
El ejercicio de la medicina en todas sus manifestaciones
estuvo regulado en España por los municipios, cabildos o
ayuntamientos hasta el reinado de Juan II de Castilla
(1406-1454). Dicho monarca extendió mediante real cédula
de 1422, el título de protomédico (médico primero del reino)
con autorización exclusiva para actuar contra "los crímenes
y excesos que cometían los médicos, cirujanos,
licenciados, farmacéuticos, etc. en el ejercicio de la
profesión y con la autoridad suficiente para castigar
conforme a derecho". Estas sentencias no eran apelables
ante ninguna otra autoridad, ni ante el monarca.

Por la Ley Fundamental del Real Protomedicato decretada


por los Reyes Católicos (1474-1516) el 30 de marzo de
1477, se daba forma al Real Tribunal del Protomedicato,
primera institución de la administración de la salud pública
española y las Reales Pragmáticas de 1491 y 1498 vinieron
a completar las ordenanzas de dicho organismo.

El Protomedicato en su constitución y dada su naturaleza,


podía afectar la forma de tribunal complejo y de tribunal
personal. Sus funciones fueron variadas y pueden
agruparse para fijar su estudio en: didácticas, correctivas y
económicas.

Caían dentro de la primera denominación aquellas que


tenían a su cargo la dirección de la enseñanza y demás
asuntos relativos a la medicina y a la farmacia; se les
consideraba correctivas a las que administraban justicia y
su tribunal especial castigaba las faltas y excesos
cometidos por los facultativos y perseguía el curanderismo,
y por último, eran económicas, pues fijaban aranceles en
las visitas a efectuar a las boticas y en los exámenes. Los

24
fondos producto de estos ingresos se distribuían entre sus
miembros o se les daba la aplicación que más convenía.

Las necesidades sanitarias de las colonias de América,


cuya importancia económica era cada vez mayor para la
metrópoli, hicieron que los reyes de España se ocuparan
de estos asuntos en las llamadas Leyes de Indias,
decretándose la Ley de 11 de enero de 1570 en la que se
ordenaban nombramientos de Protomédicos generales
para las colonias americanas.

Mediante esta ley quedó establecido el Protomedicato en


América en los Virreinatos de México y Perú. Dos siglos
después, en 1776 al constituirse el Virreinato del Río de la
Plata, se fundó uno de estos tribunales en Buenos Aires y,
lo mismo ocurrió en 1786 en Santiago de Chile. Otros
Protomedicatos fueron fundados en Cumaná, La Florida,
Louisiana, Panamá, Santa Fe y Veracruz.

Quizás por su importancia geográfica con respecto a la ruta


comercial entre las colonias españolas del continente
americano y su metrópoli, y no por el desarrollo alcanzado
en la isla, Cuba fue una de las primeras colonias hispanas
en ser favorecida con esta institución.

El 6 de febrero de 1632 el médico español, licenciado


Francisco Muñoz de Rojas, presentó ante el cabildo de La
Habana una petición para que dicho organismo solicitara al
rey de España su nombramiento como protomédico de la
ciudad de La Habana e Isla de Cuba, ya que nuestro país
dependía entonces del Protomedicato de México. En esta
sesión se aprobó hacer la solicitud a la corona.

Dos años y medio después en la sesión del 9 de


septiembre de 1634, dicho facultativo presentaba ante el
cabildo habanero la merced por la que el rey lo nombraba
para tan importante cargo. Quedaba constituido ese día el
Real Tribunal del Protomedicato en Cuba como tribunal

25
personal, pues sólo contaba con el licenciado Muñoz como
miembro.

Por muy poco tiempo ejercería su cargo el licenciado


Muñoz, pues falleció en La Habana en 1637 sin que
conozcamos ninguna de las actividades que realizó en tan
breve tiempo.

Setenta y cuatro años tendrían que pasar para que se


reinstaurara esta institución en Cuba; ocurrió hecho tan
importante el 13 de abril de 1711, cuando el doctor
Francisco Teneza y Rubira presentó ante el Cabildo
habanero su título de Protomédico Real de la ciudad de La
Habana y su jurisdicción, en cuya fecha prestó juramento
del cargo.

El doctor Teneza, que alcanzaría renombre en estas


funciones, era doctor en medicina y derecho y familiar del
Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, desempeñó el
cargo de protomédico durante treinta y tres años,
matizados por célebres pleitos que le dieron justa fama
como persona altamente conflictiva, pero muy celoso
guardián de las prerrogativas de su cargo.

Integrado al principio por un protomédico, más tarde lo


constituyeron un protomédico primero, uno segundo y un
fiscal y en sus últimos tiempos un protomédico regente, uno
segundo, uno tercero, un fiscal propietario y uno sustituto.
También llegó a contar esta institución en la casi totalidad
de las ciudades y pueblos del país, con delegaciones,
regidas por un facultativo y encargadas de supervisar el
ejercicio de la medicina y las farmacias.

Desde su inicio tuvo el Protomedicato de La Habana


además de las facultades de regulación del ejercicio
médico en todas sus ramas y de la fiscalización de las
farmacias, todo lo relacionado con las orientaciones sobre
medidas sanitarias y sobre los hospitales, que antes habían
desempeñado los ayuntamientos, ejemplo de los cuales

26
aparecen recogidos en las Actas Capitulares del
Ayuntamiento de La Habana.

Otros organismos, que se fundaron producto del desarrollo


de la organización de la salud pública en Cuba van a tomar
en sus manos estas múltiples funciones; así las Juntas
Central y Subalternas de Vacunación se encargarán de la
aplicación de la vacuna antivariólica a partir de 1804,
cuando se erigió la Junta Central en La Habana con el fin
de propagar el descubrimiento de Jenner, hasta 1849 en
que fueron incorporadas a las juntas de sanidad. Las
Juntas Superior, Provinciales y Locales de Sanidad tendrán
a su cargo todas las acciones de higiene pública o
epidemiológicas a partir de 1813, de forma definitiva; y por
último, las Juntas General y Municipales de Caridad y
Beneficencia se encargarán de los hospitales y asilos
desde 1833 hasta el final de la dominación española.

Con sólo su facultad de regulación del ejercicio médico en


todas sus ramas, aunque participaban sus miembros en las
deliberaciones de las otras instituciones antes citadas,
continuó este tribunal hasta el 24 de diciembre de 1833 en
que delegó esta última función en las Reales Juntas
Gubernativas de medicina y cirugía y de farmacia, para
cerrar con ello definitivamente sus puertas.

En resumen podemos decir que la institución del Real


Tribunal del Protomedicato se fundó en España por Ley
Fundamental de los Reyes Católicos en 1477 y se trasladó
a América por Ley Primera de Indias de 11 de enero de
1570; que en las primeras colonias en que funcionó este
Tribunal en América fueron los Virreinatos de México y
Perú; que en Cuba fue fundado oficialmente por primera
vez el 9 de septiembre de 1634 y dejó de existir con la
muerte de su iniciador en 1637, fue restablecido el 13 de
abril de 1711 y cerró sus puertas definitivamente el 24 de
diciembre de 1833; sus funciones fueron la regulación del
ejercicio médico en todas sus ramas y la supervisión de las

27
farmacias, durante toda su existencia y las de orientación
de medidas sanitarias y otras relacionadas con los
hospitales antes de la fundación de organismos propios
para estas funciones.

Es innegable el paso de avance que significó la


instauración y funciones de este tribunal en el desarrollo
histórico de nuestra salud pública en su período colonial
español.

LA ENSEÑANZA DE LA MEDICINA EN LA REAL Y


PONTIFICIA UNIVERSIDAD DE LA HABANA (1728-1842)
Como dejamos expuesto en la primera conferencia la gran
necesidad que tenía el país de médicos graduados en
universidades y que poseyeran los conocimientos
científicos de la época, todo ello unido a la presencia en la
Isla de la Orden de Predicadores o Dominicos que habían
fundado las primeras universidades del continente
americano, determinó que se gestionara desde el siglo XVII
la fundación de una institución docente de este tipo en La
Habana.

La primera enseñanza médica impartida en Cuba parece


corresponder a la brindada por los Hermanos de la Orden
de San Juan de Dios en su Hospital de San Felipe y
Santiago de La Habana, a los aspirantes a cirujanos
romancistas en fecha aún no precisada, pero posterior a la
reinstalación del Real Tribunal del Protomedicato en 1711,
pues era ante él que se podían graduar estos facultativos
menores de la medicina.

La enseñanza con categoría universitaria no comenzaría


hasta 1726 en el convento de San Juan de Letrán de los
Dominicos, también en La Habana, impartida desde el 12
de enero de ese año por el cubano bachiller en medicina
de la Real y Pontificia Universidad de México, don
Francisco González del Alamo y Martínez de Figueroa.

28
A esta enseñanza se le dió inicio cuando ya la Orden de
Predicadores había sido autorizada por el Papa para fundar
una universidad en dicho convento, pero sin haberla erigido
todavía. No fue hasta el 5 de enero de 1728, dos años
depués, que se funda e inaugura la Real y Pontificia
Universidad del Máximo Doctor San Gerónimo de La
Habana; con ella quedaron formalmente establecidos los
estudios médicos en nuestro país.

No es sin embargo, hasta 1734 al ser aprobados los


estatutos y reglamentos de la nueva institución que entra
legalmente en vigor el primer plan de estudios médicos de
Cuba. Este contaba con cuatro asignaturas que eran:
Anatomía, que también comprendía la Cirugía, hasta 1824
en que se creó esta asignatura independiente como quinta
del plan; Fisiología o Prima, que recibía este último nombre
porque era la primera que se explicaba en la mañana y que
abarcaba un amplio estudio de las ciencias naturales;
Patología o Vísperas, cuya segunda denominación se
debía a ser la última en explicarse en la tarde y Methodus
Medendi o Terapéutica. También tenían que aprobar la de
Astrología, que era en realidad Astronomía, por la relación
estrecha que desde entonces se tenían de las
enfermedades con respecto al clima.

Estas asignaturas, que por cierto son los cuatro grandes


pilares del conocimiento médico, eran enseñadas en cuatro
años de la siguiente forma: Fisiología y Patología en el
primero, estas dos y Anatomía en el segundo, las dos
primeras y Terapéutica en el tercero y de nuevo Fisiología y
Patología en el cuarto.

Esa distribución aunque parezca ilógica tenía su razón de


ser. A los alumnos graduados ya de bachilleres en artes,
que era el título que les permitía ingresar a los estudios
médicos, se les daba desde el inicio de su formación
superior conocimientos de las enfermedades y de las
ciencias naturales en sus semejanzas con las funciones del

29
cuerpo humano, se les explicaba después la estructura de
este último y en años sucesivos se profundizaba más en
sus funciones y enfermedades, a los que se agregaba el
conocimiento de su terapéutica.

Una vez aprobados estos estudios se exigían dos años de


práctica junto a un médico de reconocido prestigio
profesional, para con cuya certificación, se le expidiera
previa realización de los ejercicios de grado, el Título de
Bachiller en Medicina, con el que debía presentarse a
examen ante el Real Tribunal del Protomedicato, para
poder ejercer entonces como médicos con algunos de los
títulos que extendían en dicha institución.

Los graduados de bachilleres en medicina con dos años


más de práctica podían realizar los ejercicios
correspondientes a los grados mayores expedidos por la
Universidad y que eran los de licenciado y doctor, pero es
preciso recalcar que los títulos universitarios no tenían valor
legal para el ejercicio de la medicina si no se examinaban
sus poseedores ante el Protomedicato.

Hemos de decir también que para ingresar a la Universidad


el aspirante debía probar documentalmente que pertenecía
a la raza blanca, a la religión católica y que no era hijo
natural, pues de no poseer alguno de estos requisitos la
férrea discriminación racial, religiosa y social de la colonia
le impedía su acceso a la misma.

El plan de estudio referido estuvo vigente en nuestro


máximo centro docente hasta 1842 en que este fue
secularizado, o sea pasó la institución de manos de los
religiosos a manos de seglares.

La enseñanza de la medicina en esta etapa de Real y


Pontificia Universidad de La Habana tenía el enorme
defecto de carecer de todo tipo de aprendizaje práctico y
sufrir un atraso considerable en lo teórico, que había sido
superado ya por numerosas Universidades de Europa y

30
algunas de América. Su enseñanza era verbalista, formal,
anticientífica y dominada por el espíritu escolástico de la
Edad Media. Contra ella alzaron sus voces, en el momento
del despertar de la conciencia nacional los más preclaros
cubanos, entre ellos el doctor Tomás Romay Chacón, la
más alta figura científica del país en el campo de las
ciencias médicas en la época y que había desempeñado
por seis años la asignatura de Patología.

No obstante estas verdades, la fundación de la Universidad


de La Habana en 1728 y como consecuencia de ello, el
inicio de la enseñanza superior de la medicina en Cuba,
representó para el país un avance tan extraordinario que no
es posible ser comparado con ningún otro ocurrido en todo
el período colonial español.

BIBLIOGRAFIA RECOMENDADA
1. Artiles J. Notas para la historia de la medicina en
Cuba hasta el establecimiento del Real
Protomedicato, Rev Med Cub 1959;70(11):533-38.
2. Cowley Valdés-Machado R. Breves noticias sobre la
enseñanza de la medicina en la Real y Pontificia
Universidad del Máximo Doctor San Gerónimo. Imp.
La Correspondencia, La Habana, 1876.
3. Delgado García G. Desarrollo histórico de la
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etapa colonial española. Cuad Hist Sal Pub No. 72.
Publicación del Consejo Nacional de Sociedades
Científicas, La Habana, 1987. p. 7-22.
4. ---: El Real Tribunal del Protomedicato de La Habana.
Primer organismo de la administración de salud
pública en Cuba. Cuad Hist Sal Pub No. 72.
Publicación del Consejo de Sociedades Científicas, La
Habana, 1987, p. 33-41.
5. ---: Los planes de estudio en la Facultad de Medicina
de la Unviersidad de La Habana. Etapa Colonial
(1728-1898). Cuad Hist Sal Pub No. 72. Publicación

31
del Consejo de Sociedades Científicas, La Habana,
1987 p. 71-9.
6. Le Roy Gálvez LF. Historia abreviada de la
Universidad de La Habana. Separata de la Rev Bib
Nac, La Habana, 1975.
7. Martínez Fortún JA. Cronología Médica Cubana.
Contribución al estudio de la historia de la medicina en
Cuba. Edición mimeografiada, La Habana, 1947-48.
8. --- : Historia de la medicina en Cuba. Edición
mimeografiada, La Habana, 1956--58.
9. Santovenia Echaide E. El Protomedicato de La
Habana. Cuad Hist San No. 1. Publicación del
Ministerio de Salubridad y Asistencia Social, La
Habana, 1953.
10. Zayas Bazán H. Contribución al estudio de las
ciencias médicas en la época del Protomedicato. Rev
Med Cub 1959;70(3):103-26.

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Conferencia Tres

La salud pública en Cuba durante el periodo colonial


español

Real Sociedad Patriótica de Amigos del País de


La Habana: Su importancia en la Salud Pública
Colonial. Juntas Central y Subalternas de
Vacunación. Juntas Superior, Provinciales y
Locales de Sanidad. Juntas General y
Municipales de Beneficencia y Caridad.
En las conferencias anteriores explicamos cómo dentro de
la estructura administrativa de la colonia fueron los cabildos
o ayuntamientos los encargados de regir las actividades de
salud pública que se llevaron a cabo en Cuba durante los
siglos XVI, XVII y primera década del XVIII; como esta
dirección fue compartida en lo tocante a hospitales, asilos y

32
cementerios con la Iglesia Católica hasta el primer tercio
del siglo XIX y por último, cómo se inició la enseñanza
superior de la medicina dos años antes de la inauguración
de la Real y Pontificia Universidad de La Habana en 1728,
regida desde ese año hasta su secularización en 1842 por
la Orden religiosa católica de los Dominicos, para finalizar
con breves consideraciones sobre el plan de estudios y la
calidad de la enseñanza.

En la presente conferencia explicaremos, siguiendo un


orden cronológico de fundaciones, la importancia que para
la salud pública de la colonia representó el traslado a Cuba
de la principal Institución de la floreciente burguesía
manufacturera española, la Real Sociedad Patriótica de
Amigos del País y tres organismos específicos de la
administración de salud pública que funcionaron en un
principio conjuntamente con el Real Tribunal del
Protomedicato y que después lo llegaron a sustituir, las
Juntas Central y Subalternas de Vacunación, las Juntas
Superior, Provinciales y Locales de Sanidad y las Juntas
General y Municipales de Beneficencia y Caridad.

REAL SOCIEDAD PATRIOTICA DE AMIGOS DEL PAIS


DE LA HABANA: SU IMPORTANCIA EN LA SALUD
PUBLICA COLONIAL
El desarrollo alcanzado en España por la burguesía
manufacturera determina que ésta se organice en toda la
península en Sociedades Económicas de Amigos del País.
Esta nueva clase social que acababa de nacer en Cuba
como resultado de la transformación de las relaciones
económicas de producción en la isla, siente también la
necesidad de la creación de instituciones de este tipo y así
el 13 de septiembre de 1787 se establece la primera en
Santiago de Cuba y seis años después por Decreto de
Carlos IV de 6 de junio de 1792 se instala el 9 de enero de
1793 la Real Sociedad Patriótica de Amigos del País de La
Habana.

33
Esta corporación que tenía como principales miras el
promover la educación pública, mejorar la industria y la
agricultura y ofrecer medidas para aumentar el comercio, al
decir de don Fernando Ortiz, va a ayudar a "los países a
convertirse en patrias" desvinculándolos de la
personificación monárquica. La Sociedad va a actuar como
una institución predominantemente cubana, siempre
dispuesta a la defensa de los intereses de la isla, en contra
si era preciso de los privilegios peninsulares y de las
imposiciones del gobierno hispano.

Así, desde sus primeros años se preocupa sobremanera


por los dos problemas principales de la epidemiología del
país: la viruela y la fiebre amarilla.

Sobre esta última enfermedad, endémica desde 1649,


encargaría un estudio al miembro de número doctor Tomás
Romay Chacón, que fue leído ante ella el 5 de abril de
1797 y que al ser publicado ese año con el largo nombre de
Disertación sobre la fiebre amarilla llamada vulgarmente
Vómito Negro, enfermedad endémica de las Indias
Occidentales dio inicio a la literatura médica científica
cubana.

La labor realizada por la Sociedad en el conocimiento e


introducción de la vacunación antivariólica en nuestro país
es de capital importancia. El 4 de febrero de 1802 la
institución encarga al doctor Romay que emita su opinión
sobre una Memoria impresa en Madrid, acabada de recibir,
sobre el uso y propagación de la vacuna. El informe
favorable del doctor Romay dio inicio a activas acciones
que condujeron en 1804 al comienzo de la vacunación
antivariólica en Cuba y a la fundación, por la Sociedad ese
mismo año, de la Junta Central de Vacunación de La
Habana.

Esta Junta Central de Vacunación actuó siempre en


estrecha dependencia con la Sociedad y sus gastos fueron

34
sufragados totalmente por ella a falta de la adecuada
subvención por el gobierno colonial.

El estudio de las aguas medicinales y las enfermedades del


campo fueron también serias preocupaciones de la
Sociedad en las que tomó participación muy destacada el
doctor Romay.

Lo defectuoso de la enseñanza médica en la Real y


Pontificia Universidad de La Habana hizo que la Sociedad
tratara de remediarla en todo cuanto pudo. Así logró
obtener que por Real Orden se le autorizara la creación de
una cátedra de Anatomía Práctica, de que carecía la
Universidad, en el Hospital Militar de "San Ambrosio" en La
Habana, la que se inauguró en 1797.

Figura 2

Cerrada esta cátedra, se logró reabrir en 1819 y unirle en


1825 una de Obstetricia, cuyo estudio no se había tratado
entre nosotros, con demostraciones en cadáveres,
esqueletos y un maniquí construido al efecto.

Esta nueva cátedra daría paso a que el 7 de junio de 1828


y bajo el patronato de la propia Sociedad se inaugurara una
Academia de Parteras en el Hospital de Mujeres de San
Francisco de Paula, con la que se logró una notable
mejoría en la asistencia a las parturientas pobres de La
Habana y sus alrededores, lo que motivó que en el año
1833 se fundara otra en Puerto Príncipe, para tratar de

35
remediar en dicha ciudad el mismo mal, al tomarse como
muy bueno el ejemplo de la capital.

Por la época en que fueron explicadas las cátedras de


Anatomía Práctica y de Obstetricia del Hospital de San
Ambrosio por quien llegaría a ser después una de las
máximas figuras de la medicina cubana, el doctor Nicolás J.
Gutiérrez y Hernández, se le agregaron a partir de 1839,
otros dos cursos sobre Clínica Quirúrgica y Grandes
Operaciones de Cirugía con demostraciones en los
cadáveres.

Desde 1816 la Sociedad estaba interesada en la creación


de una cátedra práctica de Clínica Médica en el propio
Hospital Militar para lo que encargó al doctor Romay en
1818 redactar el plan de ejecución, lo cual realizó y
presentó éste a la institución ese mismo año; no obstante lo
cual, por las dilaciones del gobierno colonial no se pudo
inaugurar hasta 1834, explicada por el propio doctor
Romay.

Un hecho importante para la salud pública de la época lo


fue, también promovido por la Real Sociedad Patriótica, la
fundación del Jardín Botánico de La Habana el 30 de mayo
de 1817, en los terrenos que hoy ocupa el Capitolio
Nacional, sede de nuestra actual Academia de Ciencias.

En esta institución se establecieron cursos de botánica, a


los cuales concurrieron estudiantes de medicina y
graduados, pues después de haber introducido Carlos de
Linneo radicales transformaciones en el campo de las
ciencias naturales y de haberse aplicado esos
conocimientos a la medicina, principalmente como botánica
médica, se hacían éstos indispensables a los que ejercían
esta profesión.

En 1817 la Sociedad nombró una comisión que promovió


en el Jardín Botánico los estudios y la siembra de plantas

36
medicinales que pudieran ser destinadas al tratamiento de
los enfermos en los hospitales.

JUNTAS CENTRAL Y SUBALTERNAS DE VACUNACION


No se sabe con exactitud cuándo y por quién se introdujo
en nuestro país el método de inoculación, pero sí se puede
afirmar que ya en 1795 era conocido, pues una duda
acerca de la eficacia e inocuidad de éste se planteó en el
Papel Periódico de La Habana en ese año, y fue
contestada por el doctor Romay.

Figura 3
El inmortal trabajo en el que Edward Jenner en 1798
anunció al mundo el descubrimiento de la eficaz
inoculación preventiva contra la viruela, avalado con su
experiencia de veinte años de trabajo, no fue conocido por
los médicos cubanos hasta 1802, quienes lograron por sus
propios medios bajo la dirección del doctor Romay,
después que éste obtuvo pus vaccinoso de unos niños
vacunados procedentes de Puerto Rico, comenzar su
distribución a distintas poblaciones de la isla desde febrero
de 1804.

Por eso al llegar a La Habana el 26 de mayo de ese año la


expedición mandada por el rey Carlos IV a traer vacuna a
sus colonias de América, a cuyo frente venía el Cirujano de

37
Cámara Real Francisco Xavier y Balmis, éste quedó
gratamente sorprendido al encontrar propagada la vacuna
en la Isla.

El 13 de julio de 1804 se estableció en La Habana la Junta


Central de Vacunación, de la que fue nombrado el doctor
Romay Secretario Facultativo y figura principal durante toda
la existencia de la institución.

Esta Junta cuya formación fue propuesta por el doctor


Balmis fue creada como ya dejamos dicho por la Real
Sociedad Patriótica de Amigos del País de La Habana.

Su estructura estaba dada por un Director que lo era el


propio de la Sociedad Patriótica, un Secretario Económico
que lo sería quien ocupara el mismo cargo en la Sociedad,
cuatro vocales facultativos de los que uno era elegido para
Secretario Facultativo y tres vocales no facultativos ya que
el cuarto correspondía al Secretario Económico.

La Junta debía reunirse una vez al mes para deliberar y


dos veces a la semana se llevarían a cabo vacunaciones
gratuitamente en la Casa Capitular o Ayuntamiento.

Entre sus funciones estaba la de obtener, conservar y


aplicar la vacuna, remitir el pus vacuno entre cristales a las
distintas poblaciones del país y llevar el control estadístico
de toda esta labor, la que sería informada anualmente ante
la Real Sociedad Patriótica de La Habana.

Otra función de esta junta era la de vacunación obligatoria


a todos los esclavos llegados al puerto de la ciudad antes
de permitirse su venta por el gobierno, a quien debían
informar del estado en que llegaban.

Si alguno hubiera padecido de viruelas naturales durante el


viaje se hacía observar a todos los tripulantes y esclavos la
más rigurosa cuarentena.

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Desde su fundación esta Junta Central de Vacunación
contó para conservar el virus vacuno con Juntas
Subalternas en algunas de las principales ciudades del
país como: Santiago de Cuba, Trinidad, San Felipe y
Santiago (Bejucal), Santa María del Rosario, Sancti-
Spíritus, Santa Clara, Puerto Príncipe y San Juan de los
Remedios, así como vacunadores en muchos pueblos
menores.

La existencia de este organismo de la administración de


salud pública de la colonia llegó hasta el año 1849 en que
pasó a formar parte de la estructura y funciones de las
Juntas Superior, Provinciales y Locales de Sanidad.

Como podemos apreciar en esta breve exposición la Junta


Central de Vacunación estuvo estrechamente unida a la
Real Sociedad Patriótica de Amigos del País de La
Habana, a la cual se debió su fundación y mantenimiento
económico, pues el gobierno colonial no empleó en ella
ningún recurso material durante toda su existencia y es
preciso decir que los cargos desempeñados por todos sus
miembros fueron con carácter honorario tanto en la Junta
Central como en las Subalternas.

JUNTAS SUPERIOR, PROVINCIALES Y LOCALES DE


SANIDAD
Las Juntas de Sanidad fueron creadas en España con la
finalidad de auxiliar al Real Tribunal del Protomedicato
cuyas múltiples funciones le impedían atender con
asiduidad las cuestiones sanitarias. En 1807 se establece
esta institución en Cuba con una Junta Superior en La
Habana y Juntas Subalternas en Remedios, Puerto
Príncipe y Santiago de Cuba. En 1812 al suspenderse en la
metrópoli, por decreto de las Cortes de Cádiz, se
suprimieron también en Cuba las Juntas Superior y
Subalternas de Sanidad.

39
Un año después por decreto de estas Cortes, el 23 de junio
de 1813 se instala nuevamente este organismo de la
administración de salud pública en La Habana, ahora con el
nombre de Junta Provincial de Sanidad, cuyas actividades
dan comienzo el 13 de octubre de ese año.

En su reglamento, aprobado un día después y que


constaba de ocho artículos, se especificaban sus
funciones, que entre otras serían: celebrar sesiones
ordinarias cada quince días y las extraordinarias que se
requiriesen; obligar a los facultativos, bajo su jurisdicción
territorial, informar de los enfermos contagiosos a la Junta y
esta a su vez comunicárselo al Capitán General; disponer
desinfecciones, aislamientos, cordones sanitarios e
inspeccionar las embarcaciones que entraran al puerto.

La Junta estaría presidida por el Alcalde Primero y un


facultativo como secretario, además de otros seis vocales
de los cuales sólo dos eran médicos. Un año después se
dió entrada en la Junta como vocal al Protomédico Primero
con lo que se estrecharon más las relaciones entre ambas
instituciones.

En 1813 se instala otra Junta Provincial en Santiago de


Cuba y en 1814 se crean Juntas Locales en las principales
poblaciones de la isla.

Por Real Orden de 20 de septiembre de 1838, que tuvo


efecto el 9 de enero de 1839, se creó en La Habana la
Junta Superior de Sanidad por lo cual pasaron las demás a
ser subalternas de ésta.

Por Decreto del Capitán General José Gutiérrez de la


Concha de 25 junio de 1857 se creó la Junta Subalterna de
La Habana, por cuyo motivo la Superior quedó solamente
como Consultiva, lo que fue aprobado por Real Orden de 7
de mayo de 1859.

40
Por estas leyes la organización de la sanidad colonial
quedaba estructurada de la siguiente manera: una Junta
Superior, integrada entre otros por dos facultativos de gran
calidad científica, encargada de asesorar sobre medidas
sanitarias de todo tipo a aplicar en la isla y de recibir la
información estadística; Juntas Provinciales en Pinar del
Río, La Habana, Santa Clara, Puerto Príncipe y Santiago
de Cuba y Juntas Locales en los principales pueblos.

A partir de 1833 en que cierra sus puertas el Real Tribunal


del Protomedicato, éste delega sus pocas funciones
sanitarias (en esa época no eran más que consultivas) en
la organización que estudiamos. Sus funciones de
fiscalizador del ejercicio médico, de examinador de
médicos, de cirujanos latinos (los romancistas cesaron ese
año), de comadronas, de flebotomianos, de boticarios,
dentistas y otros, así como supervisor de farmacias,
pasaron a las Reales Juntas Superiores Gubernativas de
medicina y cirugía y de farmacia, creadas ese año, las que
estudiaremos en la próxima conferencia.

En 1842 al cerrarse estas últimas instituciones, sus


funciones fiscalizadoras de farmacias y del ejercicio médico
pasaron a las Juntas de Sanidad al igual que toda la
responsabilidad de la vacunación a partir de 1849, cuando
después de la muerte del doctor Romay, ese año, la Junta
Central de Vacunación quedó disuelta.

Como podemos apreciar a lo largo de esta exposición,


paso a paso se va a centralizar toda la administración de la
salud pública en las Juntas Superior, Provinciales y Locales
de Sanidad y al reorganizarse éstas después de terminada
la guerra de los Diez Años por nuestra independencia
(1868-1878), en que se agregan secciones de higiene,
veterinaria y otras, sus funciones se harán numerosísimas.
Las de higiene y epidemiología abarcarán: orientaciones de
medidas en epidemias y epizootias; supervisión del
Hospital de Higiene de La Habana y de los leprosorios;

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control de barcos, puertos, cementerios, fuentes de aguas
minero-medicinales, mataderos, albeiterías o herradurías y
otros. Y las administrativas comprederán: aprobación de los
reglamentos de las instituciones de salud; aprobación de
apertura de laboratorios y casas de salud; nombramientos
de médicos y farmacéuticos de los ocho distritos de la
ciudad de La Habana, de los médicos de Casas de Socorro
(fundadas a partir de 1871), de los vacunadores, los de
puertos, forenses, municipales, inspectores de higiene,
veterinarios y otros; fiscalización del cumplimiento de la
labor de los facultativos de semana a partir de 1825
(médicos y cirujanos de guardia para la asistencia a
pacientes pobres en los distritos de La Habana) y otras
muchas.

Esta institución, que contó con muy escasos recursos


económicos del gobierno colonial en sus distintos niveles,
realizó, no obstante, labor meritoria durante las epidemias
que nos azotaron a lo largo de toda su historia, pero
principalmente en la epidemia de cólera de 1833.

Su endeblez, sin embargo, se puso de manifiesto


principalmente durante las dos guerras por la
independencia, sobre todo en la de 1895-1898, en que
después de la reconcentración de campesinos en las
poblaciones urbanas, decretada por el sanguinario Capitán
General Valeriano Weyler, fue incapaz con sus pobres
recursos, disminuidos aún más por la guerra, de hacer
frente a los gravísimos problemas higiénicos y
epidemiológicos planteados por tan cruel medida.

Así, completamente desorganizadas llegaron las Juntas de


Sanidad al final de la dominación española en Cuba, para
ser sustituidas por una nueva organización sanitaria
durante el primer gobierno de ocupación norteamericano
(1899-1902).

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JUNTAS GENERAL Y MUNICIPALES DE
BENEFICENCIA Y CARIDAD
El segundo período constitucional impuesto a la monarquía
absoluta española va a traer como consecuencia en la
colonia cambios de gran importancia en los campos político
y docente, que tendrán repercusión también en la medicina
al tratar de sacar del dominio escolástico y religioso de la
Iglesia Católica la enseñanza universitaria y las
instituciones de beneficencia pública.

Así en septiembre de 1822 es electo el primer rector no


religioso en la Universidad de La Habana, el profesor de
Fisiología doctor Antonio Viera e Infante, y se propugna un
plan de reforma de la enseñanza de la medicina.

Al año siguiente se funda en La Habana (1823) una Junta


Local de Beneficencia con la que se pretendió iniciar una
organización que reuniera a todos los establecimientos de
beneficencia (hospitales y asilos) fuera del control de la
Iglesia.

Con la abolición del gobierno constitucional y el


restablecimiento de la monarquía absoluta en España por
Reales Decretos de 3 y 20 de octubre de 1823, recibidos
en Cuba el 9 de diciembre de ese año, cesan todos los
cambios llevados a cabo dentro de la Universidad, se
restablecen los privilegios de la Orden de los Dominicos en
dicha institución, se cierra la Junta Local de Beneficencia y
continúa la Iglesia con su control absoluto sobre hospitales
y asilos.

Diez años después, 1833, la llegada del cólera a la Isla


estremecería de tal modo la organización de salud pública
colonial que determina el cierre definitivo del ya en ese
momento obsoleto Real Tribunal del Protomedicato; será
sustituido por las Reales Juntas Superiores Gubernativas
de Medicina y Cirugía y de Farmacia, se reestructurarán las
Juntas de Sanidad, como dejamos dicho con anterioridad y

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se creará nuevamente, ahora de manera definitiva, la
organización de la beneficencia pública, que aunque
compartida con la Iglesia, no tendrá ya su dominio
completo sobre ella.

La organización de beneficencia pública estará dada por


una Junta General en La Habana, que dispondrá como
sede de un local en el edificio del obispado; su presidente
lo será el Gobernador General de la Isla y su
vicepresidente el Obispo de La Habana; contará además
con tres secciones, Gobierno, Administración y
Contabilidad, de las que formarán parte destacados
médicos, junto a religiosos y delegados de la Universidad,
la Real Sociedad Económica de Amigos del País y el
gobierno colonial.

Se crearán Juntas Municipales en La Habana y en las


principales ciudades y pueblos de la Isla, posean o no
hospitales, presididas en general por los alcaldes
municipales, pero en las que invariablemente figurarán
profesionales de la medicina. También se fundarán en
muchos pueblos y ciudades, como parte de esta
organización, Asociaciones de Beneficencia Domiciliaria,
integradas casi en su totalidad por mujeres, encargadas de
atender y suministrar recursos a los enfermos pobres de
solemnidad.

Además de todos los hospitales de la Isla, de los que se


separarán a partir de 1837 los hospitales militares al ser
creada la Sanidad Militar, estarán también a su cargo como
establecimientos de beneficencia la Real Casa de
Beneficencia y Maternidad de La Habana, la Casa de
Beneficencia de Niños Pobres de Matanzas, la Casa de
Beneficencia de Mujeres de Sancti-Spíritus, la Casa de
Beneficencia de Santiago de Cuba y la Casa de Recogidas
de San Juan Nepomuceno de La Habana.

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Con las Juntas Superior, Provinciales y Locales de Sanidad
y las Juntas Generales y Municipales de Beneficencia y
Caridad como estructura de la organización de la
administración de salud pública en Cuba y con una ínfima
parte del presupuesto económico del gobierno colonial, se
llegará hasta el final de la dominación española en la Isla el
1o. de enero de 1899.

BIBLIOGRAFIA RECOMENDADA
1. Cowley-Valdés R. Breves noticias sobre la enseñanza
de la Medicina en la Real y Pontificia Universidad del
Máximo Doctor San Gerónimo. Imp. y Librería de A.
Pego. La Habana, 1876.
2. Delgado García G. Desarrollo Histórico de la
Administración de la Salud Pública en Cuba en su
etapa colonial española. Cuad Hist Sal Pub No. 72.
Publicación del Consejo Nacional de Sociedades
Científicas, La Habana, 1987, p. 7-22.
3. ---: El doctor Antonio Viera e Infante y la Revolución
Universitaria Habanera de 1821 a 1823. Cuad Hist Sal
Pub No. 72. Publicación del Consejo Nacional de
Sociedades Científicas. La Habana, 1987. p. 161-68.
4. Guía de Forasteros en la Siempre Fiel Isla de Cuba
para el año de 1864. Imp. Gob. General, La Habana,
1864.
5. Guía de Forasteros en la Siempre Fiel Isla de Cuba
para el año Económico de 1880-81. Imp. Gob.
General, La Habana, 1880.
6. López Sánchez J. Vida y Obra del Sabio Médico
Habanero Tomás Romay Chacón. Ed. Librería
Selecta, La Habana, 1950.
7. ---: Tomás Romay en la Sociedad Económica. Cuad
de Cultura. 8va. Serie, No. 6, Ed. Lex, La Habana,
1950.
8. Martínez Fortún JA. Cronología Médica Cubana.
Contribución al estudio de la Historia de la Medicina
en Cuba. Ed. Mimeografiada, La Habana, 1947-48.

45
9. ---: Historia de la Medicina en Cuba. Ed.
Mimeografiada, La Habana, 1956-58.
10. Romay Chacón T. Obras Completas. Academia
de Ciencias de Cuba, La Habana, 1965, t. I.

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