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Historia de la Sanidad Militar en Chile: Siglos XIX-XXI.

En
torno al gran proyecto del Hospital
Militar de Santiago

Francisco José Ocaranza Bosio


Alfredo Gómez Alcorta
Autores
Francisco José Ocaranza Bosio
Alfredo Gómez Alcorta

Edición
Francisco José Ocaranza Bosio
Alfredo Gómez Alcorta

Asesoría Académica
Dr. Víctor Rojas Vásquez

Ayudantes de Investigación
Vittorio Sarno Hafemann
Felipe Miranda Valero

Comité Editorial
Dr. Juan Durruty Ortúzar
Dr. Alejandro Mandujano Bronfmann
Dr. Miguel Orriols Winter
GDD (R) Roberto Arancibia Clavel
Coronel (R) Hernán A. Hernández Soto

Universidad Bernardo O’Higgins


Marzo de 2018
Avenida Viel N° 1497
Santiago, Chile
ISBN: 00-0000-000
Inscripción: 000000000
Todos los derechos reservados
Impreso en Santiago de Chile. Talleres Instituto Geográfico Militar.

1
Índice General

Introducción………………………………………………………………………………..4

Capítulo I. Antecedentes históricos de la medicina: Desde la Antigüedad a la


Época Moderna……………………………………………………………………………6

Antigüedad Mediterránea………………………………………………………………...6

De la Edad Media a la primera Modernidad (siglos V-XVIII)……..…..……….…….21

Capítulo II. Los cuidados de la salud en América Hispana y Chile durante el


período colonial (siglos XVI-XVIII)………………………………………………….….40

Capítulo III. La medicina y la sanidad militar en el Chile decimonónico……….….63

De la Independencia a la Guerra contra España (1810-1866)……………………..63

El Servicio de Sanidad durante la Guerra del Pacífico (1879-1883)………….……71

Capítulo IV. La primera etapa del Servicio de Sanidad del Ejército y del Hospital
Militar (1882-1977)……………………………………………………………………….85

Los inicios del Servicio de Sanidad del Ejército (1882-1962)……………………….85

Los primeros aprontes del Hospital Militar (1898-1930)……………………………101

La creación del Hospital Militar de Santiago (1932-1977)…………………………107

Capítulo V. La modernización del Hospital y del Servicio (1978-2018)…………..121

El gran salto del Hospital hacia la modernización (1978-1989)……………...……121

El Hospital Militar y su tránsito hacia el siglo XXI: De la década del 90 al 2007..125

El Servicio de Sanidad y su caminar hacia el siglo XXI (1980-2003)………….....130

El Hospital Militar cambia de casa: El viaje de Los Leones a La Reina (2009-


2018)………………………………………………………………………………….….143

2
El Comando de Salud del Ejército (COSALE) en la actualidad……………..…….160

Conclusión…………………………………………………………………………..…..164

Bibliografía………………………………………………………………………………165

I. Fuentes primarias…………………………………………………………………....165

II. Fuentes secundarias: Libros, artículos, tesis………………………….…………166

III. Recursos electrónicos: Bases de datos y sitios web………………………..….181

Anexos………………………………………………………………..…………………182

Anexo N° 1: Decreto N° 874 del 8 de abril de 1932. Organización del Hospital


Militar…………………………………………………………………………...………..182

Anexo N° 2. Directores y Jefes del Servicio de Sanidad del Ejército…………….184

Anexo N° 3. Comandantes del Comando de Salud del Ejército…………….…….185

Anexo N° 4. Directores del Hospital Militar de Santiago…………………………...185

3
Introducción

Con profunda satisfacción la Escuela de Historia y Geografía, perteneciente a la


Facultad de Educación de la Universidad Bernardo O’Higgins pone a disposición
del estudioso interesado, una historia actualizada hasta nuestros días, del Servicio
de Sanidad del Ejército y del Hospital Militar de Santiago. De hecho, el relato se
vertebra alrededor de este último, objetivo primordial de este estudio, el cual
pretende, por un lado, hilvanar una historia comprendida en un amplio marco
temporal (desde la Antigüedad Mediterránea hasta el presente), relacionar entre sí
los elementos esenciales de esta historia, describir con la mayor minuciosidad
posible el devenir del servicio sanitario y del hospital, desde el siglo XIX, y servir a
un propósito enciclopédico, que permita ilustrar con el mayor nivel de detalle
posible a quien lo consulte.

Con casi 200 páginas de extensión, algo más de 60 imágenes ilustrativas, y un par
de tablas informativas, cada uno de sus cinco capítulos se centra en torno a algún
aspecto relevante a la hora de construir este relato. Tanto el primero como el
segundo tienen por propósito aportar los antecedentes históricos de larga duración
relativos a la evolución de la medicina desde el período de la Antigüedad y la Edad
Media (capítulo 1), hasta el período colonial en América y Chile (capítulo 2). A su
vez, los tres capítulos que les siguen centran su atención en el proceso histórico
del servicio y del hospital, desde el siglo XIX (capítulo 3), a la organización y
fundación de ellos mismos (capítulo 4), hasta llegar a la consolidación en la
actualidad (capítulo 5).

La obra está dotada de un aparato crítico ampliamente referenciado en las


numerosas citas a pie de página, las que, más que importunar, constituyen una
oportunidad para que el lector pueda profundizar sus conocimientos y orientar
nuevas investigaciones que complemente y, a la larga, superen el libro que se
tiene entre las manos. Junto a ello puede consultarse la nutrida Bibliografía hacia
el final del texto, la que ha sido ordenada en torno a tres tipos de fuentes:
primarias o epocales, secundarias (estudios especializados), y recursos
electrónicos.

Cabe destacar que en la elaboración de este trabajo han participado dos


entusiastas y esforzados estudiantes de la carrera de Pedagogía en Historia y
Geografía de la Universidad Bernardo O’Higgins, Vittorio Sarno Hafemann, quien
hoy ya se encuentra titulado como profesor, y Felipe Miranda Valero, actualmente
en Cuarto Año de la carrera, quienes a lo largo del proceso demostraron su
compromiso, creatividad y sentido de superación, tanto en el trabajo realizado en

4
los archivos, como en el de la exigente labor de confección de fichas de
información.

Finalmente, pero no por ello menos importante, quisiéramos agradecer la


confianza y el apoyo brindado a nosotros por parte de las autoridades de nuestra
Universidad, Dr. Claudio Ruff Escobar, Rector de la misma, Jorge Arias Garrido,
Vicerrector Académico, Ana Olga Arellano Araya, Decana de la Facultad de
Educación, así como de las autoridades médico castrenses, General de Brigada
Juan Durruty Ortúzar, Director del Hospital Militar de Santiago, Brigadier Miguel
Orriols Winter, Jefe de Sanidad del Ejército, y del Coronel (R) Hernán A.
Hernández Soto, Periodista Jefe del Departamento de Comunicaciones
Corporativas del Hospital Militar.

5
Capítulo I
Antecedentes históricos de la medicina: Desde la Antigüedad a la
Época Moderna

Antigüedad Mediterránea

Las sociedades agrícolas neolíticas, desarrolladas a las orillas del río Nilo hace
más de cinco mil años, ya poseían un amplio y avanzado conocimiento de la
naturaleza que les permitía disponer de diversos recursos que contribuían a
conservar la salud de la población, así como mantener e incrementar su
alimentación. La práctica médica en el Antiguo Egipto era una síntesis entre el
conocimiento obtenido sistemáticamente con la experimentación de elementos
naturales y un conjunto complejo de creencias mágico-religiosas. Nace el
conocimiento de la anatomía humana refrendado por el hallazgo de papiros de
naturaleza médica. Entre ellos, algunos de éstos describen la importancia
fundamental del corazón en el origen de los sentimientos y los conocimientos, y
muestran importantes nociones de fisiología humana al plantear que éste poseía
treinta y seis canales, denominados met, por los cuales circulaban los fluidos del
cuerpo. Se creía que el corazón hablaba y que los médicos o sun-un o "el hombre
de los que sufren o están enfermos", podían entender sus mensajes. Los médicos
ganaron enorme prestigio dentro de la sociedad y conformaron parte del mundo
sacerdotal consignado en el denominado papiro de Ebers, que explicita la
existencia de tres tipos de médicos, a saber, aquellos que utilizaban pócimas y
medicamentos en el tratamientos de sus pacientes, quienes utilizaban rezos y
sortilegios dentro de la función sacerdotal, y aquellos que manejaban antiguos
conjuros mágicos invocando la voluntad de los dioses para sanar a los enfermos.1

Ya desde el imperio Antiguo existía una jerarquía compleja de médicos de las más
diversas especialidades, desde dentadura, estómago, ojos, órganos sexuales,
etc., incluyendo jefes, inspectores y superintendentes médicos integrantes de una
compleja organización académica-litúrgica que se extendía a todo el territorio.
Aquellos que abrazaban la medicina disciplinaria se integraban a verdaderas
academias denominadas per-ankh o “las Casas de la Vida”, donde se desarrollaba
tanto la medicina experimental como la organización de verdaderas bibliotecas
donde se acopiaba el saber médico.

1
Laín, Pedro. Historia de la Medicina, Barcelona, Salvat Editores, 1978, pp. 16-21.

6
Figura 1. Imagen de curación en el campo de batalla. Según el historiador José María de Mena,
puede representar a Aquiles atendiendo a Patroclo. Copa de Sosias. Siglo V a. C. Museo de Berlín.

En otro contexto, la cultura hebrea utilizó las referencias de la Torá donde se


explica la enfermedad y la salud como una intervención divina, ya que Yahvé
proveía de salud o imponía sacrificios expiatorios mediante las enfermedades,
para restaurar la moral. El médico formado en la atención de pacientes se
denominaba rophe, en tanto el cirujano, poseedor de un mayor grado de
especialización, se denominaba rophe umman. No existían espacios destinados a
los enfermos, ya que cada quien era atendido en su hogar, pero las sinagogas
disponían de espacios para la atención de enfermos ya que se entrecruzaban
aspectos propios del culto y el manejo sanitario de las cirugías al disponer de una
infraestructura de mármol que facilitaba la higiene.

Así pues, las sociedades humanas que habitaron la cuenca del Mediterráneo
debieron compartir un bagaje común en materia de conocimientos médicos. Las
más importantes disociaciones de este saber se muestran en torno a sociedades
monoteístas, como la hebrea, y las politeístas, como los egipcios y los griegos,
donde las claves religiosas y los aspectos litúrgicos eran especialmente
gravitantes en el tratamiento de los enfermos. Hacia la época Clásica del mundo
griego se observa una importante taxonomización de la práctica médica, a saber,
la práctica tan extendida como antigua –o tradicional- de una medicina arcaica
religiosa – también llamada medicina teúrgica- y una medicina pseudo científica de
base racionalista. Es posible que estas vertientes del pensamiento médico sean

7
tributarias de la cosmovisión griega de rasgos divergentes en torno a una fuerte
religiosidad popular y una reconocida tradición antropocéntrica y racionalista que
pervive hasta la actualidad y que constituye uno de los fundamentos del mundo
Occidental.

Así las cosas, la medicina pre hipocrática se caracterizó por atribuirle importancia
a la expresión de la voluntad de los dioses sobre el destino de las personas, así
como al poder de encantamientos y hechizos. El dios Apolo encabeza la práctica
del arte de la cura de las enfermedades, en tanto el semidiós Asklepio (llamado
Esculapio por los romanos) representaba una fuerza sanadora, aunque
originalmente se le atribuía el poder de la resurrección al rescatar a los enfermos
del propio Hades y su símbolo fue el báculo con una serpiente enrollada. A este
dios se le atribuyó el poder de enseñar el cuidado de los enfermos, así como el
poder de la sanación, y sus templos se extendieron en toda Grecia, donde los
enfermos y sus familias peregrinaban y realizaban ofrendas en busca de la
sanación. No obstante, la mayoría de los templos terminaban acogiendo a
enfermos y menesterosos que recibían la beneficencia pública, transformándose
en hospicios que, en los momentos más dramáticos de la historia griega, se
transformaron en verdaderos focos de epidemias.

Asklepio tuvo amplia descendencia, dentro de los que se cuentan a Higeia, de


cuyo nombre deriva el concepto higiene y dirige la limpieza de los instrumentos
médicos, a Egle la partera, a Laso la enfermera, a Panakeia –que posee el poder
de curar todo mal mediante las hierbas medicinales-, y sus hijos Telésforo que
representó la recuperación de los enfermos mediante el tratamiento de fármacos,
a Godalirio, Polidoro, y Macaón conocidos como médicos mencionados en los
poemas de la Iliada, representantes de la cirugía.2 Esta prolífica familia ya
representaba ramas de la práctica médica que en el mundo griego alcanzaron
gran especialización. Todo hace pensar que tras la Época Oscura y los eventos de
la Guerra de Troya, la guerra sistematizó la práctica médica y la orientó hacia una
fuerte institucionalización en los siglos VI y V a.C. La formación de las Asklepias
terminó por proporcionar el escenario de verdaderos hospitales y academias para
la difusión del conocimiento de la medicina que terminó por fomentar la formación
de una medicina especializada y la formalización de un Colegio Médico que
regulaba sus prácticas así como normalizaba sus saberes y procedimientos. Los
tratamientos realizados por los médicos -llamados iatrós- y sacerdotes,
comprendían la administración de medicamentos naturales, masajes o unciones,
dejando descansar a los enfermos en las proximidades de los altares, en la cama

2Grimal, Pierre. Diccionario de Mitología Griega y Romana, Buenos Aires, Editorial Paidós, 1999,
pp. 55-56.

8
muy simple, llamada cline, desde donde deriva el concepto “clínico”. Quienes
obtenían la cura a sus males, elaboraban modelos del órgano comprometido,
llamados donaría o exvotos, elaborados en arcilla en señal de agradecimiento al
médico tratante, el que actuaba como un receptáculo de la enfermedad y que era
depositado en el templo.3

Figura 2. Higiea, sentada junto a su padre Asclepio, da de comer a una serpiente. Este animal,
emblema del dios, era empleado en los rituales curativos de sus santuarios.

La salud pública comenzó a ser una cuestión de preocupación ante la sucesión de


epidemias, consideradas como un acto de los dioses para castigar colectivamente
las ofensas producidas por un comportamiento humano alejado de la conducta
virtuosa. Los textos homéricos, en particular la Ilíada, contienen importantes
referencias a la práctica médica como la traumatología, referenciando igualmente
el uso de yerbas medicinales y pócimas. Asimismo, posee abundantes referencias
de términos médicos y anatómicos como pleurai, sternon, ostea, y describe
funciones fisiológicas como la physis (dominio físico), la psykhé (la mente
comprendida como el aliento vital), el oneiroi (la dimensión onírica), y el phrénes
expresada en la inteligencia. En medio de la guerra ya se puede apreciar en el
relato de Homero la intervención especializada de cirujanos y la atención de

3
Laín, Pedro. Historia de la Medicina, Barcelona, Salvat Editores, 1978, pp. 43-58.

9
heridos por médicos en el campo. Las Asklepias constituyeron el escenario
propicio para el desarrollo de una verdadera filosofía médica con bases científicas
a pesar de las reflexiones de naturaleza especulativas de filósofos como Thales de
Mileto, Animaxandro de Mileto, Jenófanes de Colofón, Heráclito de Efeso,
Anaxágoras de Clazomene, Pitágoras y Anaxímedes de Mileto.

Figura 3. Vasija griega del 480-470 a. C. Representa una intervención quirúrgica. Museo del
Louvre.

El quiebre con la medicina teúrgica fue realizado por Hipócrates (460-377 a. C.),
hijo del médico Herakleides, considerado el padre de la medicina no solo por sus
aportes en los campos de la anatomía y la fisiología humana, y por el quiebre que
representa su interés científico por la salud humana así como el abandono de las
ideas convencionales asociadas a la magia y la religión, negando el origen
sobrenatural de las enfermedades. Junto a las obras que se le atribuyen y que
conforman el corpus hippocraticum, sus aportes y visión se cristalizan en el
Juramento Hipocrático, expresión de un profundo sentido social de su labor, el
cual versa en los siguientes términos: “Juro por Apolo, por Asklepios, Higeia y
Panakeia, y pongo por testigos a todos los dioses y a todas las diosas, cumplir
según mi poder y mi razón este juramento cuyas cláusulas son las siguientes:
estimar igual que a mis padres a aquel que me enseñó este arte, hacer vida
común con él, y si es necesario dividir con él mis bienes. Considerar a sus hijos
como mis propios hermanos, enseñarles este arte sin salario ni contrato escrito.
Comunicar los preceptos, las lecciones y todo lo demás de la enseñanza a mis
hijos, a los de mi maestro, a los discípulos inscritos y obligatorios según los

10
reglamentos de la profesión, pero a nadie más”.4 Tales expresiones no solo
expresan la naturaleza más profunda del pensamiento antropológico y la génesis
de un humanismo primitivo asociado a una idea moral de la ciencia y sienta las
bases de la ética médica.

La medicina hipocrática difunde en el mundo grecolatino la concepción de los


humores como elementos que conforman el cuerpo humano. El ejercicio de
diagnóstico médico y la búsqueda tanto de la cura como de las causas de las
enfermedades por vía terapéutica, son atributos de este nuevo enfoque del arte de
la medicina.

Figura 4. Mujer enferma atendida por Asklepio e Higiea. Sobrerelive del santuario El Pireo, IV a.C.

Figura 5. Una visita al templo de Asklepio. John Willian Webster.

4De Mena, José María. Historia de la medicina universal, Bilbao, Ediciones El Mensajero, 1987, p.
757.

11
La enorme experiencia adquirida en la Antigüedad también se encausa en la
cultura Etrusca, en la península Itálica desde el siglo VIII a. C., y constituye el
antecedente fundamental del mundo romano. Los etruscos desarrollaron un vasto
conocimiento de plantas medicinales aplicadas a la farmacología y al uso
cosmético. De importancia fundamental son el desarrollo del alfabeto, su arte
plástico en el ámbito mortuorio, su religión y sus técnicas militares. Algo opacado,
entonces, dentro de sus logros se encuentra la herbología medicinal entrañada en
un conjunto de saberes y prácticas tradicionales que se expresan en la actualidad.

El conocimiento de la biogeografía de la antigua Etruria les permitió desarrollar


productos medicinales para la circulación, los problemas intestinales y musculares.
Igualmente, algunos productos buscaban regular la fase menstrual, las molestias y
la tensión nerviosa. Plantas aromatizantes eran utilizadas para curar afecciones
respiratorias como el catarro, así como otros productos tenían propiedades
antihemorrágicas y antiinflamatorias. Sin embargo, como contemporáneo y
heredero del mundo griego, desarrolló la medicina racional y su expresión se
evidencia en el hallazgo arqueológico de complejo instrumental médico elaborado
en bronce destinado a procedimientos quirúrgicos de gran complejidad. Dentro de
este instrumental se encuentran cauterizadores, cuchillos quirúrgicos de hoja
redondeada, pinzas y alicates, cucharas y espátulas, raspadores, agujas y tubos
sonda. Igualmente poseían instrumental quirúrgico para la práctica odontológica
que incluía extracción y reemplazo de piezas, así como la corrección de
traumatismos.

Figura 6. Atención de enfermos en el Asklepeion. Grabado de Robert Thom, en Bender, George A.


Great moments in medicine: a history of medicine in pictures, Detroit, Parke Davis, 1961.

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La tradición médica de la Edad Antigua encuentra a uno de sus mayores
exponentes en Galeno de Pérgamo, quien en el siglo II sistematizó los saberes
médicos en diversas obras a las que se le ha tribuido su autoría. No solo crea una
verdadera academia en torno a sí mismo, sino que también representa una
expresión del saber médico al servicio del Estado al ser médico de varios
emperadores desde Marco Aurelio a Septimio Severo, transformándose en
protagonista del desarrollo de la medicina y la farmacología.

Si bien los romanos también desarrollaron la medicina religiosa en el culto a


Esculapio, la superstición y el fetichismo hizo que en el marco de una cosmovisión
politeísta las enfermedades no estuvieran exentas de la creencia de que
representaban a dioses de muy distintivas particularidades como Angura, diosa de
los dolores de garganta, Mena, diosa de la menstruación, Febris, la diosa de la
malaria en los ambientes insanos, Scabies, diosa de la sarna, entre otros. Los
avances de la técnica médica, así como la necesidad de mantener la salud pública
en forma eficaz y sostenida en el tiempo dentro de las ciudades, hicieron que su
culto fuera reemplazado progresivamente por la medicina racional.5

Catón el Censor (234-146 a.C.) se transformó en el representante de la herbología


tradicional, aun cuando recurrió a los rituales y la magia, en tanto Asclepíades de
Prusa (siglo I a. C.), crea una escuela médica con bases filosóficas y teóricas que
lo llevaron a postular algunas teorías sobre la composición de la materia
organizada y la necesidad de mantener el equilibrio de los humores para el ser
humano. El concepto de masa u oncos da origen al vocablo oncológico. Uno de
sus discípulos más destacados, Themison de Laodisea, creó la denominada
“escuela metódica”, que orientaba el tratamiento de las enfermedades hacia la
observación y tratamiento del estado de los vasos, creando una taxonomía
de status strictus o de tensión, status laxus o de relajación, y de estado intermedio
o status mixtus, formulando consecuentemente tratamientos constrictores o
dilatadores que representaban procedimientos terapéuticos sistematizados. Otros
aportes relevantes para la disciplina médica fueron realizados por Areteo de
Capadocia (siglo I a. C.), quien elaboró uno de los primeros manuales clínicos con
claros procedimientos médicos titulado Sobre las causas y los síntomas de las
enfermedades promoviendo la observación y el diagnóstico fundamentado desde
la medicina hipocrática, reconociendo los síntomas de enfermedades de
naturaleza cardíaca, la apoplejía, la lepra, el asma y la gota, entre otras.

5
Laín, Pedro. Historia de la Medicina, Barcelona, Salvat Editores, 1978, pp. 59-65.

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La cultura romana fue escenario, hacia el siglo III a. C. del desarrollo de escuelas
médicas bien definidas, a saber, la escuela dogmática de naturaleza especulativa
y tradicionalista, la escuela empírica de naturaleza experimental, y la escuela
metódica, que abogaba por la búsqueda del origen de las enfermedades desde
métodos pragmáticos y poco nocivos.

Diversas son las personalidades que la historia romana consigna como tributarios
de las artes médicas. Aulio Cornelio Celso (25-50) realiza la primera recopilación
del desarrollo histórico de la medicina dentro de una recopilación enciclopédica de
las artes donde uno de los textos fue titulado De Medicina (o Sobre la medicina),
que comprendió temas como la alimentación, la farmacología y la cirugía,
abarcando las tradiciones de la medicina hipocrática, y tradujo al latín los
conceptos griegos. Cayo Plinio (Plinio el Viejo) redactó su Historia Natural, entre el
23 y el 79, dejando un espacio significativo de su obra al desarrollo terapéutico y
representa la realización de la primera obra pseudo científica al utilizar un sistema
de referencias de obras preexistentes como fuentes bibliográficas. Pedáneo
Dioscórides Anazerbus (40-90) fue cirujano de oficio y se desempeñó como
cirujano militar al servicio del emperador Nerón. Su aporte se define en el campo
del conocimiento (descripción y clasificación) de un amplio herbolario medicinal y
de las patologías que curaban en el tratado de farmacopea denominado De
Materia Médica.6 Su obra es traducida a múltiples idiomas y trasciende en el
tiempo hasta llegar a los tiempos modernos con la traducción del Andrés de
Laguna (1510-1559) a manos de Felipe II e incorporarse a la enseñanza de la
medicina moderna en la academia de Benedictus Textos en la Facultad de
Medicina de París en 1550.

6Watson, Peter. Ideas. Historia intelectual de la humanidad, Barcelona, Editorial Crítica, 2011, pp.
317-345.

14
Figura 7. Curación a Eneas. Pictografía parietal de la Casa del Citarista. Ciudad de Pompeya.
Museo Arqueológico. Nápoles.

Dioscórides relevó la importancia del medio ambiente, el correcto manejo de las


plantas y de su uso medicinal, realizando tal descripción en forma metódica en su
obra, destacando los usos de hierbas como hipnóticos y anestésicos para realizar
intervenciones quirúrgicas. Cabe mencionar que su experiencia de campo procede
tanto de las campañas en las que participó como en la recolección de una dilatada
tradición médica que recoge e incrementa. La medicina militar, en consecuencia,
comenzó a nutrirse desde muy temprano en la Historia Antigua, de los recursos
disponibles en la naturaleza. En sí, la obra representa la capacidad de transmitir
saberes tradicionales que se refrendan por la práctica empírica del trabajo médico,
proporcionándole a la farmacología y a la botánica farmacéutica un primerísimo
lugar en la medicina. La obra de Dioscórides trascendió cuando en el siglo X, bajo
el gobierno de Abderramán III (891-961), se tradujo al árabe y fue adoptada por el
conocimiento islámico. Es por esta vía que ya en el siglo XVI, Antonio de Nebrija
realizó la primera traducción al latín en 1518, en España. En Amberes, hacia el
año 1555, Juan Latio publicó la obra ampliada, corregida y traducida al español
por Andrés Laguna, médico de cámara del papa Julio III y poseedor de amplios
conocimientos de herbolaria médica y farmacología.

15
Figura 8. “Acerca de la materia medicinal y venenos mortíferos”. Obra de Dioscórides. En 1518,
Antonio de Nebrija realizó la primera traducción al latín en la Escuela de Traductores de Toledo,
España. En 1555, en la ciudad de Amberes, el editor Juan Latio (circa 1524-1566) publicó una
traducción del latín al español, realizada por Andrés Laguna, médico del papa Julio III.

La medicina romana encuentra su fuente en Galeno de Pérgamo (129-216), de


padre terrateniente, pero con oficio de arquitecto que le orientaba en sus primeros
pasos en la comprensión de los fenómenos naturales. Afianzó sus estudios
filosóficos tempranamente en escuelas de Esmirna, Corinto y Alejandría. Sus
primeros pasos en la medicina los realizó como médico de gladiadores en
Pérgamo, ganando prestigio entre amigos y familiares del emperador Marco
Aurelio, haciéndose en los años posteriores médico personal de Cómodo.
Igualmente, su trabajo demostró parámetros de un moderno pensamiento
antropológico al realizar diagnósticos que buscaban causas certeras para las
afecciones de sus pacientes. Le tocó enfrentar contingencias complejas en la vida
de los romanos, como el desarrollo de la “Peste de los Antoninos”, así como las
vicisitudes políticas y guerras civiles. Sus avances en fisiología humana se vieron
coartados por la prohibición de trabajar en cadáveres humanos y los errores
producidos al realizar una incorrecta anatomía comparada con animales como
cerdos, caballos y corderos.7

7
Ibíd., pp. 341-343.

16
Figura 9. Volumen de la obra de Claudio Galeno editada hacia 1826, demostrando la extendida
difusión de su tradición médica, así como de sus concepciones pseudo-científica de la salud
humana.

Sin embargo, fue certero en descubrir la importancia del cerebro y de la columna


vertebral y el sistema circulatorio, junto a las funciones de los pulmones y el
corazón. Se aventuró a comprender la naturaleza y causas de las enfermedades y
anticipó que una vida disipada podía precipitar serios trastornos que podían
combatirse con vida sana y el consumo de vegetales y minerales, además de
fármacos, junto con la práctica de la higiene, la gimnasia, y los ejercicios
saludables. La obra intelectual de Galeno se distribuye en más de 400 volúmenes
que concentran enciclopédicamente los conocimientos y la experiencia recogida
por la medicina antigua de la tradición hipocrática, el pensamiento platónico y
aristotélico, así como las tradiciones de diversas escuelas médicas, mostrando un
fuerte énfasis por la medicina experimental y el desarrollo de cirugías.

Otro fundador de la medicina romana es Sorano de Éfeso, quien en el siglo II se


transformó en el representante de la medicina de la escuela metódica,
consolidándola por el camino de la ciencia al guiar los primeros pasos de la
ginecología y sentar las bases históricas del pensamiento médico en la biografía

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de Hipócrates. Los cuidados de la madre como del nacimiento de los niños son
parte de los aportes de Sorano, quien sistematizó prácticas como la ligadura del
cordón umbilical, el lavado del recién nacido y la atención post-parto a la mujer
para evitar complicaciones.

Estos conocimientos no solo facilitaron el nacimiento de los niños, sino que dieron
un verdadero sustento disciplinario y técnico a la práctica de las matronas
llamadas obstetrix, nombre por el que se conoció a las parteras romanas.
Cualquiera con suficientes conocimientos, pero debidamente acreditado y deseoso
de hacerse un nombre, podía practicar libremente el oficio. Pero no todo era
bonanza, ya que los médicos de origen griegos eran poco cotizados a pesar de la
fuerza de su tradición médica helenística, por razones étnicas y por el prejuicio
cultural ya que a los griegos se les consideraban parte de una cultura dominada
colonialmente. Los aportes de diversos médicos populares e intelectuales, como
Andrómaco en el área de la farmacología, hicieron que esta imagen fuera
cambiando en el tiempo.

Desde el siglo primero los médicos asumieron un rol preponderante en la


sociedad, más aún ante la urgencia de mantener la salubridad y la higiene dentro
de populosas ciudades expuesta a la rápida difusión de enfermedades. Los
médicos, ahora valorados por la sociedad en su conjunto, no pagaban impuestos,
comprendiendo el sentido social de su rol y accediendo al pago en especies por
parte de la población. Estaban exentos del servicio militar forzoso, aun cuando
podían ser llamados a servir al monarca de turno. Su nombre cotidiano fue docti,
caracterizado por sus estudios regulares y su actitud intelectual. En la Grecia
Antigua la atención de los médicos se realiza en recintos denominados iatreion y
caracterizados por amparar la práctica privada de la medicina. Si bien,
generalmente las mujeres no participaron en la práctica médica a excepción del
nacimiento de los niños, ya que las matronas, llamadas onphalotamai, cortaban el
cordón umbilical. Peros las mujeres romanas se involucraron en este ámbito,
llegando a asumir un rol preponderante entrada la era cristiana, cuando las
mujeres diakonissae atendían a los enfermos en los templos.

En Roma no obstante, este lugar lo toman los tabernae, pudiendo acceder a ellos
la población que requiriera el apoyo de estos profesionales. Los logros culturales y
la profundidad de los fundamentos de la civilización occidental contribuyen a
apuntalar la herencia de la medicina griega y romana, proyectándola durante los
siglos del medioevo, sobrellevando el cambio cultural y siglos de profundas
transformaciones sociales y lingüísticas. Buena parte de esta herencia se arraigó
en prácticas tradicionales o etnocientíficas que se vertebran en la sabiduría
popular de los pueblos y se incrementan en los procesos de expansión y

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ocupación territorial. Curanderos y sanadores continuaron proyectando saberes
ancestrales cuyo origen se puede encontrar en el neolítico europeo, y que
trascendieron con éxito y eficiencia a los tiempos históricos, evadiendo el olvido y
la banalización de sus saberes más destacados: la herbolaria como base de una
medicina natural ancestral que compartieron los pueblos de la civilización del
Mediterráneo.

Figura 10. Galeno atendiendo a un paciente. Grabado de Robert Thom, en Bender, George A.
Great moments in medicine: a history of medicine in pictures, Detroit, Parke Davis, 1961.

Un aspecto fundamental que nace en el seno de la sociedad romana es la práctica


de la medicina en los campos de combates de las campañas de los ejércitos
imperiales. En tiendas de campañas, aguerridos médicos realizaron los primeros
pasos por la higiene y la salubridad militar. La formación de enormes contingentes
que requerían una eficiente logística para su manutención, también demandaban
eficaces medidas de sanidad militar y mantención de la higiene del grupo, ya que
el éxito de la guerra dependía de ello. Los médicos romanos llevaron al servicio
del cuidado de los soldados la cirugía, la creación de hospitales de campaña y la
creación de obras sanitarias. Con la ayuda de abundante instrumental médico
metálico se habilitaba el servicio de cirugías en terreno. Los médicos y sus
ayudantes podían practicar toda gama de procedimientos para atender fracturas,
heridas penetrantes, traumatismos y laceraciones. Su instrumental incluía fórceps,
sondas, espátulas, cuchillas, horcas, pinzas y tijeras, conjunto que se proyectó a
través del tiempo. Los cirujanos aplicaban torniquetes, compresiones arteriales y
ligaduras. También practicaban amputaciones para evitar gangrenas. Todo ello
con métodos de higiene y asepsia rudimentarias pero efectivas, como hervir el

19
instrumental en agua y el uso de acetum como antiséptico en heridas. Las
campañas de expansión del Imperio y la creación de cuerpos médicos activos
llevaron a que se hiciera popular la nomenclatura medicus para el médico de
combate.

Igualmente se difundieron los hospitales, denominados valetudinaria, procedente


del latín valetudo que significa “de buena salud”, y que se orientaron
fundamentalmente a la atención de los soldados. Su personal incluía médicos,
asistentes, aprendices farmacólogos, escribas, secretarios e inspectores. La
administración del hospital estaba en manos del optio valetudinarii, un funcionario
que oficiaba de delegado del praefectus castrorum o líder militar.

La generación de sistemas de prestaciones de sanidad militar asociados a


infraestructura especializada y compleja marca el inicio de la sanidad militar con el
fin de mantener el buen estado de las fuerzas romanas, fundamentales para la
conservación del orden y de las fronteras romanas. Bajo el amparo de los
hospitales se inició en el siglo I el desarrollo de escuelas de medicina militar para
la formación de sus cuadros médicos. Era el inicio de las Escuelas de Medicina.
Los médicos militares formalizaron su existencia bajo el emperador Augusto (s. I a
C.), al crear un cuerpo médico militar profesional especializado en acciones
orientado a asistir a las fuerzas en el campo de batalla. Pero la sanidad no era el
único propósito de estos cuerpos. También debían procurar acciones de higiene
para el contingente, no solo para evitar la transmisión de enfermedades, sino para
evitar la contaminación de aguas a alimentos destinados al consuno de los
soldados. Se intentó evitar zonas insalubres y pantanosas, promoviendo el
desaguado de lagunas, drenajes y la construcción de sistemas de absorción de
agua potable. El hospital militar se ubicaba dentro de los campamentos militares y
poseían una estructura compleja con salas especializadas en la atención de
diferentes afecciones, poseyendo calefacción y baños para los soldados enfermos.

20
Figura 11. Hospital militar o Valenturiana romana, era un edificio de planta cuadrangular que podía
albergar entre 300 y 400 pacientes, correspondientes al 5% de los soldados del contingente. Era
un complejo edificio de madera de abundantes compartimientos con fundaciones de piedra que le
brindaban solidez. Imagen de un modelo de Valenturiana de Vindonissa (Suiza), Siglo I.

De la Edad Media a la primera Modernidad (siglo V-XVIII)

La Edad Media (siglos V a XIV) puede entenderse como una amplia etapa en que
la civilización occidental sienta sus fundamentos en medio de una potente
retracción económica y cultural. El abandono de las grandes ciudades romanas, la
destrucción de la unidad imperial y la disolución de la población urbana en un
proceso de ruralización y lenta transformación hacia el predominio de una
economía natural autárquica caracterizan este período. En esta lógica, las
instituciones culturales se transforman y la iglesia toma el rol que antaño el estado
imperial poseía. En los largos siglos del medioevo solo queda el prolongado sueño

21
de la restitución de la unidad imperial, y los retazos de la cultura de la antigüedad
lograra perdurar en donde se cultive la plegaria y el estudio de las lecturas
clásicas. La Edad Media se caracteriza igualmente por el advenimiento de
epidemias, a saber, la peste del período de Justiniano en el siglo VI y la llamada
Peste Negra en el siglo XIV. Pero el deterioro de la vida campesina, las
hambrunas, la imposibilidad de comerciar por la inseguridad en las otrora rutas
comerciales hacen de este período una etapa marcada por la precariedad y la
difusión de enfermedades como la lepra y la sífilis.

Figura 12. Soldado romano herido, atendido en el interior de una Valenturiana. Ilustración de
Agnus McBride.

La medicina tuvo escasos causes de desarrollo dado las cuestiones filosóficas y


religiosas que hicieron abandonar el pensamiento antropológico de la antigüedad
por el pensamiento religioso que prohibía las disecciones humanas y buscaba las
explicaciones de los hechos cotidianos en los escritos bíblicos. Aunque se
mantuvo la influencia de la obra de Galeno, sus propias limitaciones y la ausencia
de desarrollo experimental llevó a un retraso sensible de la medicina en un
período de más de mil años. La práctica médica fue influenciada fuertemente por
la filosofía de San Agustín, en los siglos V y VI, que asociaba la salvación eterna
del alma con la liberación de las ataduras terrenales y el cuerpo. La corrupción del
cuerpo, en consecuencia, era resultado del pecado, por lo que no merecía
atención su sanación sino mediante el arrepentimiento. La liturgia cristiana,

22
igualmente, ocupó las preocupaciones sacras y mundanas, dejando escaso
espacio al desarrollo de la medicina. La búsqueda de la fe llevó a que se
atribuyera poderes de sanación a reliquias religiosas y amuletos, así como a la
encomienda de la intervención de santos o de la propia voluntad divina. Se
difundió la creencia de la actuación de santos con dones curativos, como los
hermanos Cosme y Damián, quienes fueron torturados, quemados vivos y
decapitados por orden del emperador romano Diocleciano en el año 300. Se
extendió la creencia de que la invocación de la acción sanadora de algunos santos
podía generar la cura de enfermedades, llegando a formulas absurdas que no
hacían más que precipitar la muerte de las personas. Lo que podríamos llamar
como un largo período de oscuridad para la ciencia médica comienza a
transformarse en el siglo XI con las definiciones de San Anselmo y el principio
fides quaerens intellectum, vale decir “la fe que busca al intelecto”, abriendo las
puertas a la búsqueda de las causas de las enfermedades en lo mundano. Si bien
la práctica médica se asocia a diversas profesiones, lo cierto que estaba
abiertamente vedada a los intelectuales de la época: los clérigos. El famoso edicto
del Concilio de Tours, en el año de 1163 prohibió a los religiosos practicar
cirugías, exclusión que se formalizó el año 1215. La prohibición se fundamentaba
en que un religioso que causara la muerte de un hombre no podía seguir en el
ejercicio sacerdotal.8

Igualmente, la filosofía tomista asimiló la apariencia física de las personas a los


rasgos del alma. Una enfermedad era expresión del castigo de los pecadores, más
aun, el uso y elaboración de brebajes exóticos podía representar la práctica de la
brujería. En el siglo XIII (Baja Edad Media), Santo Tomás abrió la posibilidad de
que la razón humana comprendiera parte de la naturaleza divina, dando pie al
trabajo racional para comprender el mundo y alcanzar la comprensión de Dios. Se
abrió las puertas a la medicina monástica, siendo sus expresiones más tempranas
las del Monasterio de Montecasino fundado por los Benedictinos en el año 529.
Con las décadas, los lugares de peregrinación cristiana en países como España,
Francia y Alemania fueron creando edificios para la atención y albergue de pobres
y menesterosos enfermos, los llamados hospitale pauperum. Hacia el año 537 San
Benito presenta el texto Regula Benedicti, estableciendo dentro de la ética del
religioso el imperativo del cuidado a los enfermos. En el siglo VII el monasterio
benedictino de San Gallen ya posee la infraestructura necesaria para la atención
adecuada de pacientes pobres y peregrinos en viaje. También los ricos y
mercaderes acaudalados acceden al domus hospitum para su atención y cuidado.
Proveen atención orientada pobres y particularmente a los ancianos, poseyendo

8Ariés, Philippe. Morir en Occidente desde la Edad Media hasta nuestros días, Buenos Aires,
Grafinor, 2008.

23
en el interior del hospital lugares de alojamiento, bodegas, espacios de atención y
boticas fundadas en la tradición de la herbolaria de la antigüedad.

Figura 13. El Maestro Antonio da Budrio enseñando en la Universidad de Bolonia (siglo XV).

Tempranamente comenzó a expresarse una tendencia en el pensamiento cristiano


en que la vida religiosa debía consagrarse al servicio de los más humildes y
menesterosos de la sociedad. El llamado a servir a Cristo mediante la
consagración a la vida de los pobres fue representado por Casiodoro (490-583),
quien viera entre los más desvalidos a los enfermos sin herramientas ni ayuda
para atender sus afecciones. Él describió en los siguientes términos una vida
dedicada al servicio a otros: “Lo que ofrezcáis, pues a los enfermos es ofrendado
a aquel que reina en los cielos”. Su vida monacal la dedicó a acopiar la
información disponible sobre el tratamiento de las enfermedades, difundiendo la
práctica de la enseñanza de la medicina en forma rudimentaria entre los monjes
en el monasterio de Vivarium, en Italia. Hacia el 545 expresaba: “¡Tarea
bienaventurada! ¡Trabajo digno de elogio! Predicar con la fatiga de las manos,
abrir con los dedos las lenguas mudas, llevar silenciosamente la vida eterna a los
hombres, combatir con la pluma las sugestiones peligrosas del mal espíritu. Sin
salir de su celda, a una larga distancia, desde el lugar en que está sentado, el
copista visita las provincias lejanas; se lee su libro en la casa de Dios; las

24
multitudes le escuchan y aprenden a amar la virtud. ¡Oh, espectáculo glorioso! La
caña partida vuela sobre el pergamino, dejando la huella de las palabras celestes,
como para reparar la injuria de aquella otra caña que hirió la cabeza del Señor”.9

Los monasterios no solo fueron un escape de la dura vida medieval, sino también
el único espacio para el encuentro y cultivo de la cultura. En los años de crisis
alimentaria y sanitaria de la población, la vida monacal era la forma de evadir el
azote de pestes como la del siglo VI. El ejercicio de la medicina y la
experimentación en el campo de la herbolaria médica comenzó a extenderse
desde Italia. La medicina encontró como cause la labor caritativa, caminos que
bien se habían comprendido dirigían a la santificación y la salvación. Se fue dando
espacio a los hospitales de caridad con el fin de contribuir a evitar el dolor en los
pobres, transformándose la asistencia a los pobres en un principio religioso. Los
hospitales religiosos, muy pronto, comenzaron a ganar su apoyo en esta materia,
adquiriendo el derecho a entierro sin el pago de impuestos, encaminándose una
práctica propia de los primeros lineamientos de una idea de higiene pública en el
tratamiento de los restos de los enfermos.10

En el interregno medieval destacan los aportes de la farmacopea de Lorsch (795)


junto a las obras atribuidas a Galeno ampliamente difundidas en el siglo IX en
bibliotecas monacales. Los textos médicos encontraron una amplia acogida en el
mundo intelectual del período, pero su difusión no se equiparaba a las limitaciones
que el rigor teológico impuso a su práctica. En el año de 842 Walahfrid Strabo, que
oficiaba de abad del monasterio de Reichenau, escribió en latín una extensa obra
dedicada a la herbolaria medicinal y la construcción de jardines con plantas
medicinales como para el uso culinario, pero uno de los aportes más destacados
se atribuye a Hildegarda de Bingen (1098-1179), cuya obra consistió en la
redacción de tratados médicos y farmacéuticos, abordando el uso terapéutico de
plantas, así como la descripción de posibles causas y síntomas de las
enfermedades. Su obra intelectual abordó una dimensión teológica-simbólica, sin
abandonar las cuestiones mundanas como las enfermedades de índole sexual y
los cuidados del embarazo, representando uno de los más significativos pasos de
la medicina medieval hacia una medicina científica. Aun mientras pesaban las
prohibiciones de la práctica médica a los monjes, cuestión que se extendió hasta
el Concilio de Clermont en el año 1150, la medicina encontró caminos piadosos
para su desarrollo. Aún hacia el año 1215, en el contexto del Cuarto Concilio de
Letrán, la prohibición pesaba so pretexto de la perturbación que causaba en la

9 Casiodoro, Las Instituciones de las Letras Seculares y Divinas, en Pérez de Urbel, Justo. Historia
de la Orden Benedictina, Madrid, Editorial FAX, 1941, p. 40.
10 Rosen, Georges. De la política médica a la medicina social. Ensayos sobre la historia de la

atención a la salud, México Editorial Siglo Veintiuno, 2005.

25
vida monástica al introducir las cuestiones carnales dentro de vidas de
observancia religiosa. Pero los hospitales de los monasterios se formalizaron junto
a la vida monástica bajo el ideario de san Benito de Nursia, haciéndose
fundamentales para la concreción de la vida piadosa de los religiosos, alcanzando
un desarrollo superior en infraestructura a aquellos conocidos en el período
romano, como el hospital medieval de Montpellier, que llegó a transformarse en un
centro de convergencia de pobres y peregrinos.

Figura 14. Tratamiento para enfermedades genitales (Sloane MS 1977, f. 7v). Autor: Roger Frugard
(1300-25), Chirurgia magistri Rogeri, Manuscrito. 235 x 160 mm. Museo Británico. Londres.
Catalogue of Additional Manuscripts: Sloane 1900-1993 (London: British Museum unpublished
manuscript of unedited descriptions, no date), N° 1977.

Hacia el siglo XIII el hospital se formaliza como un centro de atención a enfermos


ante la necesidad de segregar a la población enferma de la sana. Los
contingentes militares al servicio de la fe también observaron la necesidad de
crear hospitales para la atención de sus combatientes, siendo un ejemplo de ello
la Orden de los Caballeros de San Juan que construyó un hospital para sus
contingentes y la atención de la población en la ciudad de Jerusalén. La
reestructuración de la vida urbana y el fuerte incremento demográfico
tardomedieval también se expresó en la aparición de epidemias como la lepra en
Europa en el siglo XII, dejando muy afectada a la población por el escaso
conocimiento sobre esta afección. Se crearon leprosorios o lazaretos, y hospitales

26
para enfermos mentales como los de la Orden de San Alejo. Al distinguirse la
separación de las enfermedades mentales de los males de posesión ya se crearon
los primeros manicomios como el de Bethlem en Londres en 1403 y Valencia en
1409, ad portas del inicio de la época moderna que daría paso al desarrollo
renovado de la ciencia. En el siglo XVI se expanden en Europa los hospitales para
dementes, llegando a fines de la centuria a sumar el de Barcelona creado en
1412, Zaragoza de 1425, Sevilla en 1436 y Toledo en 1483.

Tempranamente entre los siglos IX y XV se materializa el advenimiento de la


medicina laica sustentada en el desarrollo del pensamiento antropológico y el
pensamiento protohumanista y humanista. En Italia los aportes bizantinos y la
recuperación de los clásicos griegos del mundo árabe llevó a que en la ciudad de
Salerno se fundara una escuela de medicina (considerada la primera Universidad
de la historia) de inspiración hipocrática, donde encontraron espacio el cultivo de
la medicina y la cirugía, y que llevó a la ciudad a la formación de prestigiosos
hospitales de tradición laica. La herbología médica también encontró nuevos
límites para fines terapéuticos y se formalizó una farmacología experimental. Italia
estuvo abierta a las influencias próximo orientales y árabes, por lo que durante los
siglos XI y XII la medicina recibió los aportes de Ponto el griego, Salernus el
cristiano, y del hebreo Helino. Las escuelas médicas, ya libres del censo religioso,
recibieron los aportes de textos médicos como los del Antrorarius y Antidotarius
(primera obra de farmacopea medieval). A estas obras se suman casi los
doscientos tratados de anatomía, fisiología, patología, higiene, farmacología y
herbología médica de Galeno de Pérgamo. En el año de 1231 se decretó la
primera ordenanza médica en el reino de Sicilia, estableciendo para la certificación
médica la prosecución de cursos de lógica, medicina y trabajo práctico que debían
sumar más de ocho años de formación, a fin de obtener el diploma de Médico y el
título de doctor. Este proceso de formalización de estudios y certificación se
extendió por las universidades europeas, adoptándose en la Universidad de París.
En el siglo XII Ruggiero Frugardi, también llamado Roger de Salerno, redacta la
obra Chirurgia magistri Rogeri, considerado el primer tratado de cirugía proto-
moderno, consistente en un manuscrito decorado con abundantes miniaturas
mediales que intentan propiciar un buen conocimiento de las enfermedades para
favorecer el diagnóstico y el tratamiento quirúrgico de las mismas.

El renacimiento de la cirugía experimental tiene lugar en la escuela médica de


Salerno al difundirse la práctica quirúrgica de la limpieza y de curaciones
periódicas de heridas, sobre todo aquellas que podían generar un profuso
sangrado como las intervenciones intracraneales. Se difundió el uso de complejo
instrumental médico metálico para el retiro de fragmentos de hueso de las heridas
traumáticas, así como la limpieza quirúrgica de las mismas para evitar la muerte

27
del paciente. El mismo instrumental debía ser sometido a rigurosos procesos de
limpieza, evitando su utilización en más de un enfermo. Si bien, estas medidas
eran de larga data, ante el desconocimiento de la existencia de agentes patógenos
microscópicos, las medidas de higiene del instrumental quirúrgico resultan
revolucionarias para el período en mención, y un paso en la conservación de la
salud pública al evitar que los propios hospitales fueran centros de difusión de las
enfermedades o de las pestes que afectan con dramática periodicidad las
ciudades europeas.

La transmisión de los saberes clásicos dentro de ambientes académicos


encuentra su escenario más elevado en el trabajo realizado por los sabios de la
Escuela de traductores de Toledo en el siglo XII, quienes se dieron la titánica tarea
de recoger textos médicos de las culturas mediterráneas y traducirlas. El líder de
esta empresa fue el francés Raimundo de Sauvetat, por cuanto se le puede
atribuir la recuperación y conservación tanto de los textos médicos de la
antigüedad como de la tradición clásica, así como el mundo árabe y hebreo. Otro
aporte tardomediaval al desarrollo de la medicina lo realizaron las escuelas
catedralicias, las que hacia el primer milenio de la era cristiana difundieron las
artes liberales dentro de las cuales se le dio un creciente espacio al cuidado de los
pobres y de los enfermos como parte de la asistencia espiritual y religiosa que
requerían, transformando a éstas en centros de desarrollo intelectual como los de
Chartres y Reims, entre muchos otros. Las Universidades también fueron abriendo
espacios para el desarrollo de la medicina, aunque originalmente estaban
fuertemente normalizadas por un currículo de “estudios generales” que fue dando
paso a nuevos intereses y necesidades de la sociedad. Bajo el amparo de la
autonomía, las universidades no tardaron en crear facultades de medicina, aún
cuando las restricciones de la cultura de la época eran notoriamente sensibles.

Las primeras universidades del siglo XI como Bolonia (1088), París (1110), y en el
siglo siguiente la de Oxford (1167) desarrollaron cátedras de medicina inspiradas
originalmente por la experiencia de religiosos. Consta que en la Universidad de
Bolonia se realizó la primera disección de un cadáver humano en forma
sistemática, aunque ella no se realizó formalmente motivada por intereses
puramente científicos, ya que fue encomendada por un juez a causa de un crimen,
representando la primera autopsia legal realizada en 1302. Consecuentemente
con estos eventos, se realizó la obra Anathomia por Mondito de Luzzi en 1316,
también en Bolonia, introduciendo una innovación tan extraordinaria como
alucinante, ya que incorporó al estudio de la medicina una dimensión didáctica-
empírica, al establecer el método de la disección como parte fundamental del
estudio y práctica de la anatomía. Este modelo de trabajo experimental impone un

28
modelo didáctico plenamente vigente que se extendió rápidamente en todas las
universidades europeas no sin controversias.11

Figura 15. El cirujano. Jan Sanders van Hemessen 1550.Museo del Prado, Madrid.

Dentro del memorial tardomedieval se encuentra la obra del florentino Tadeo


Alderotti (1222-1303) quien emprendió la redacción de la obra Consilium, un
tratado que intentó recoger toda la experiencia referida a la taxonomía de las
enfermedades y sus aparentes causas, a fin de entregar un tratado que
contribuyera al diagnóstico y tratamiento de las mismas. Henry de Mondeville
(1260-1320) fue profesor de anatomía y cirujano del rey Felipe el Hermoso, y es
sabido que recomendaba lavar y suturar las heridas con sumo cuidado. El
valenciano Arnau de Villanova (1240-1311), por su parte, tras la realización de sus
estudios en medicina y una práctica brillante que lo llevó a la cámara de Pedro III,
abogó por la práctica sistemática de la observación clínica y el abandono de la
especulación y la superstición. No solo intentó taxonomizar las enfermedades,
sino que también intentó describir las causas de su difusión, atribuyéndolas a
cuestiones ambientales y hereditarias. Muy tempranamente tiene una idea
genérica de epidemiología sugiriendo medidas para el control de enfermedades
altamente contagiosas.

Las universidades europeas comenzaron a propiciar el desarrollo científico de la


medicina desde el siglo XIII como antesala al Renacimiento y el desarrollo
11 Laín, Pedro. Historia de la Medicina, Barcelona, Salvat Editores, 1978, pp. 192-209.

29
humanista. Uno de los precursores de este desarrollo es el denominado Doctor
Universalis, el bávaro Alberto Magno, quien establece un modelo intelectual al
hombre religioso y desarrolla a lo largo de su vida, pródiga en estudios y
austeridad, una obra de dimensiones enciclopédicas que buscó el acopio y
progreso del conocimiento científico. El avance de su pensamiento y sensibilidad
generó un interregno para la mejora de la química y la práctica pedagógica de
disecciones, las que fueron autorizadas hacia 1478. Tras una canonización fallida,
el modelo intelectual de San Alberto es prolífico y lo transforma en patrono de los
estudiantes abocados a la comprensión de las ciencias naturales, la química y las
matemáticas. Su figura supone el fin del divorcio entre ciencia y fe que caracterizó
a la Edad Media en un tono más formal que en la práctica consuetudinaria de la
vida pía de clérigos y sacerdotes.

En las cátedras de Oxford, el padre franciscano Rogelio Bacon (1214-1294),


también llamado Doctor Miravilis, también trabajó en torno al afianzamiento de
este modelo intelectual, tanto promoviendo el desarrollo de la química y la
farmacopea, como el perfeccionamiento de inventos como la brújula. Fue un
acérrimo defensor del experimento, describió la brújula, la pólvora y fue un
consumado alquimista. Este modelo también es seguido por reyes europeos como
Alfonso X (1221-1284), quien desarrolló una extensa obra literaria, científica,
histórica y jurídica, involucrándose con la Escuela de Traductores de Toledo, en el
interés de acceder a valiosos conocimientos de medicina que pudieran servir al
mejoramiento de la disciplina en su reino. Promulgó el denominado Fuero Real de
Castilla que obligó a los médicos y cirujanos a acreditar formalmente sus estudios,
estableciendo que: “Ningún hombre no obre de física [medicina], si no fuera
aprobado por buen físico por los físicos de la villa do hubiere de obrar y por
otorgamiento de los alcaldes, e sobre estos haya carta testimonial del concejo; y
esto mismo sea de los maestros de las llagas [cirujanos] y ninguno de ellos no
sean osados de tajar, ni defender ni de sacar huesos, ni de quemar en ninguna
guisa”. Esto no solo contribuía a la formalización de la ciencia médica, también
quitaba del escenario de practicantes informales que por tradición atendían las
necesidades de la gente común en los poblados sin acceso a médicos con
instrucción. Don Alfonso I de Aragón dispuso en 1329 la exigencia de una licencia
para la práctica médica y, más tarde, los Reyes Católicos formalizaron la creación
de un Tribunal del Protomedicato en 1477 para la regulación de la medicina. Estas
medidas terminaron por convertir a la medicina en un asunto de estado y
colocaron la higiene y la salud pública en el centro de las preocupaciones de los
florecientes Estados Nacionales modernos. Era el inicio de una nueva época en
que emerge la medicina moderna amparada por la formación bajo el alero de las
universidades y procesos de titulación y certificación académica regulados por
exigentes marcos legales.

30
Figura 16. Gerrit Dou (1613-1675). El Médico (1653). Detalle Kunsthistorisches Museum. Viena

No podemos situar el origen de la concepción antropológica humanista, ya que en


la Baja Edad Media se pueden identificar múltiples causas que convergen en su
desarrollo. Los antecedentes grecolatinos nutren el mundo intelectual medieval y
no podemos saber que su valorización significa un cambio de paradigma, sobre
todo aquello que podríamos llamar una actualización del pensamiento platónico y
aristotélico. Más bien, podemos considerar su origen en la restauración de los
valores humanos que requieren al hombre como centro del cosmos y que
vislumbran como esperanza el encuentro de su potencial. Los antecedentes
humanistas del propio tomismo y del pensamiento agustiniano, y luego la
reactualización de los valores culturales clásicos posibilitaron el rescate de la
dignidad de la persona, el deseo de construcción de la civitas y la búsqueda de un
ideal de sociedad; todos elementos claves para el desarrollo del pensamiento

31
universal del Quattrocento italiano y que representan los antecedentes esenciales
del humanismo.12

Pero hemos omitido hasta este momento un acontecimiento que determina la


suerte de la práctica de la medicina en los siglos venideros, así como propicia las
condiciones que dan origen al mundo moderno. La peste negra, una de las más
letales pandemias que han afectado a la humanidad, entró en suelo europeo entre
1347-1348. Los antecedentes de la denominada crisis máxima tardo medieval no
hacen más que agravar el panorama y facilitar la difusión de esta mortal epidemia.
El flagelo de las guerras, la crisis productiva de la agricultura, las crecientes
tensiones sociales, el sentimiento de cambio de época sumaron fuerzas
propiciando un evento de dimensiones apocalípticas para los europeos del
período. Boccaccio en el Decamerón relata el quebrantamiento de la sociedad, en
que: “Con tanto espanto había entrado esta tribulación en el pecho de los hombres
y de las mujeres, que un hermano abandonaba al otro y el tío al sobrino y la
hermana al hermano, y muchas veces la mujer a su marido, y lo que mayor cosa
es y casi increíble, los padres y las madres evitaban visitar y atender a los hijos
como si no fuesen suyos”. La expansión de la peste negra cobró, se estima, cerca
de 48 millones de vidas, muchas de ellas segadas por el contagio y otras por el
temor y la violencia que se precipitó sobre los más desvalidos que buscaron
auxilio en ciudades y aldeas donde fueron lapidados. El impacto demográfico fue
de tal severidad que tomó varios siglos para recuperar su crecimiento,
normalizándose hacia fines del siglo XIX. La peste negra se tornó endémica y no
abandonó suelo europeo sino hasta cinco siglos más tarde. La población se hizo
resistente al virus y los gobiernos comenzaron a tomar medidas cada vez más
eficientes para la mantención de la salud pública. La seriedad de las medidas
garantizó la sobrevivencia de la población de las ciudades ante la devastación que
desataba cada cuatro o cinco años. El efecto más inmediato fue el desplazamiento
de la población rural a las ciudades en busca de salud y alimentación, causando la
desocupación del campo, dejando a la vieja aristocracia terrateniente sin su
sustento. Las poblaciones urbanas mejoraron sus condiciones, incrementándose
las riquezas de las poblaciones burguesas y aumentando el valor del trabajo
asalariado. Los siglos XV y XVII son sinónimo de crecimiento y bonanza, ya que
las ciudades se transformaron en las protagonistas del progreso material,
económico y cultural. Los ayuntamientos comenzaron a tomar medidas de higiene
y salubridad cada vez más efectivas. Venecia, por ejemplo, se abocó a la inversión
de obras públicas y la mantención de sus canales, plazas y puentes. Su carácter
de ciudad abierta al comercio le obligó a tomar medidas pragmáticas para la

12Garin, Eugenio. “Historia del pensamiento renacentista”, en Medioevo y Renacimiento, Madrid,


Editorial Taurus, 1983, pp. 140-152.

32
conservación de la salud de la población, ya que en 1576 había llegado a perder
50.000 almas. Hacia 1630, un nuevo azote de la peste hizo tomar medidas de
control público, obligando desde 1468 que los comerciantes permanecieran 40
días en la isla del Lazzaretto Nuovo, en espera de la manifestación de algún
síntoma de la enfermedad, tras lo cual se les daba acceso a la ciudad. El cuerpo
médico del ayuntamiento había tomado una medida de control sanitario
descubriendo el período de latencia e incubación de la enfermedad, y
comprendiendo que el aislamiento contribuiría a salvar vidas.

Figura 17. “La lección de anatomía del Dr.Tulp”. Rembrand 1632 Mauritshuis, La Haya. Primer
retrato encargo por el gremio de los cirujanos de Ámsterdam, entre los cuales el Dr. Nicolaes Tulp
oficiaba como representante. El cadáver pertenece al criminal Aris Kindt de 41 años, ajusticiado
por la horca.

En el siglo XVI Europa enfrentaba una transformación radical en sus dimensiones


sociales, culturales, económicas y políticas ante la fuerza renovadora de la
reactualización de los preceptos del mundo clásico y el desarrollo de un espíritu
renovado que hizo que los hombres de su época se auto proclamaran como los
nuevos griegos o romanos de una época de fulgor intelectual. Era el
Renacimiento, fundado en bases intelectuales y estéticas en los clásicos
grecolatinos que aún fascinan a la humanidad. La rearticulación económica, el fin
del autarquismo productivo y la reapertura de rutas comerciales marítimas y
terrestres, que produjeron una nueva organización de la economía, permitiendo la
reorganización de la vida urbana, el agro y el trabajo artesanal. La actividad

33
mercantil contribuyó a ampliar las fronteras geográficas, y los límites intelectuales
de este hombre ávido de aventuras y con un impetuoso espíritu empresarial que
contravenían la obediencia y resignación del periodo medieval. El fin de la Edad
Media puede establecer en la destrucción de los vestigios del Imperio Romano de
Oriente a manos de los turcos en 1453 y la caída de Constantinopla. La huida de
intelectuales y artistas, como consecuencia, iluminó los primeros pasos de los
humanistas en ciudades como Florencia.

El desarrollo humanista llevó a la sistematización de diversas disciplinas como las


matemáticas, la astronomía, la química y la medicina, entre otras, propiciando el
desarrollo de la ciencia bajo el alero de las universidades europeas. La máxima
del pensamiento antropológico se expresa en obras como el David de Miguel
Ángel, así como el genio humano se expresa en construcción de la cúpula de la
Catedral de Florencia, y a cuya obra Filippo Brunelleschi agrega la genialidad de
diseñar embarcaciones especiales para el transporte de materiales desde el río
Arno y grúas para la elevación de los materiales de esta obra de albañilería. El
surgimiento de una inteligencia inquisitiva y superior se expresó en la vida de
Leonardo da Vinci (1452-1519) cuya actitud humanista se expresa en todas las
esferas de su desempeño intelectual y artístico, elaborando a través de sus años
de experimentos y observaciones varios cuadernos que constituyen verdaderos
tratados. Destaca dentro de su extensa creación el Manuscrito Anatómico (1510-
1511) que, si bien, surge por inquietudes estéticas, vuelca en él conocimientos
que se adentran en un pormenorizado trabajo descriptivo de la anatomía humana
como nunca antes se realizó en la historia de la humanidad, sentando las bases
de las disciplinas de la osteología y la miología. La obra de Leonardo termina
adentrándose hacia descripciones positivas de la fisiología humana desde una
perspectiva científica renovada para su época. Sus aproximaciones a la anatomía
humana las realizó con el trabajo en cadáveres del Hospital del Espíritu Santo de
Roma en 1513, lo que representó en su época un verdadero escándalo que ni los
médicos del siglo XVIII pudieron evadir. Tras años de ventas, traslados y su
consecuente dispersión, los manuscritos de Leonardo quedaron en manos del
conde Galeazzo Arconati, quien los donó en 1637 a la Biblioteca Ambrosiana
(actualmente están en el Institut de France de París y desde 1690 otro tanto
pertenece a la Colección Real Británica). En busca de realismo Leonardo registró
en sus dibujos la vastedad de la condición humana, consignando el deterioro de
las personas por la edad y el asedio de las enfermedades. En forma meticulosa
representó la anatomía humana, de huesos, músculos y de órganos como el
corazón, además del sistema reproductivo y el sistema vascular, a pesar de que
no los comprendió a cabalidad. Destacan por su belleza y realismo el dibujo de
un feto humano alojado aún el útero materno, primera representación moderna de

34
la reproducción humana que se separó abismalmente de sus antecedentes
medievales.13

Figura 18. Los dibujos de Leonardo Da Vinci representan en forma realista y detallada órganos
como el cerebro o el corazón; la estructura músculoesquelética,mostrando proyecciones de la
disección de un cráneo y del sistema reproductor masculino y femenino. La figura “El feto en el
útero” (1511), es la primera representa realista y anatómica de un feto humano, presumiblemente
fallecido por las dificultades al nacer por su posición podálica.

Dentro de las figuras de la medicina moderna encontramos a Paracelso (1493-


1541) quien ya estuvo a la altura de cuestionar a los clásicos de la Antigüedad, por
sus conocimientos prácticos y dilatada experiencia clínica, desarrollando sus
planteamientos en sus obras Opera Omnia Médico Chemico Chiriugica, y Magna
Chirurgia, este último dedicado a la cirugía, estableciendo los procedimientos
fundamentales para los actos quirúrgicos y los tratamientos a los enfermos.
Paracelso nació en Zurich, a sus tempranos 16 años inició sus estudios en

13 Basta con recordar los rasgos de las miniaturas que acompañan el tratado medieval de cirugía
Practica chirurgiae de Ruggero Frugardi (1170), y su característica ingenuidad y escaso apego a la
realidad.

35
la Universidad de Basilea, doctorándose en la Universidad de Ferrara. Se
desempeñó como cirujano militar al servicio de Venecia, por lo que adquirió un
notable acervo de experiencia práctica en materia de traumas por golpes y heridas
por armas de fuego que lo hicieron establecer la disciplina del tratamiento poco
invasivo, a fin de dejar actuar al organismo en su recuperación natural. En este
recuento destaca la figura histórica de Andrés Vesalio (1514-1564), de origen
belga, quien engrosa la lista de médicos modernos que ampliaron las fronteras de
la medicina y la cirugía, estudió en París, para arribar a Padua, como explicator
chirurgiae, dirigiendo la cátedra de cirugía y anatomía. Entre sus obras podemos
mencionar De Humani Corporis Fabrica (1534)14 y Tabulae Anatomicae Sex
(1538), constituyendo un referente por siglos de la cirugía y la anatomía humana,
junto con ser uno de los más conocedores de la obra de Galeno.15 En palabras
del mismo Vesalio, su obra se propone decir “algunas palabras sobre el arte
instituido en pro de la salud de los hombres, siendo éste, de todos los demás que
ha creado el ingenio del hombre, lejos el más beneficioso, necesario, difícil y
laborioso”.16

En España, el aporte renacentista lo representa la figura de Juan Valverde de


Amusco (1525-1587), quien emprendió estudios en Italia transformándose en
anatomista y médico. Sirvió como médico personal al Cardenal Juan Alvarez de
Toledo, Arzobispo de Santiago. Sus esfuerzos intelectuales se volcaron hacia la
docencia por lo que enseña medicina desde 1555en el Hospital del Espíritu Santo
de Roma. Los años de trabajo experimental en los ámbitos de la cirugía y la
medicina los vuelca en su obra Historia de la Composición del Cuerpo Humano,
publicada en 1556 siendo una de las primeras obras de su género elaboradas por
un español.

14 Tenenti, Alberto. La Edad Moderna: XVI-XVIII, Barcelona, Editorial Crítica, 2011, pp. 17-18.
15 Ver Watson, Peter. Ideas. Historia intelectual de la humanidad, Barcelona, Editorial Crítica, 2011,
pp. 751-784.
16 Vesalio. Humani Corpis Fabrica, en Chuaqui, Claudia; y Benedicto Chuaqui. Prefacio a De

Humani Corpis Fabrica, Santiago, Ediciones Universidad Católica de Chile, 2003, pp. 91-92.

36
Figura 19. Juan Valverde, oleo de la Galería Walters, Baltimore. De la obra de Valverde destacan
su trabajo gráfico, grabados de proyecciones anatómicas de los cuerpos humanos desprovistos
piel y que se asemejan a interpretaciones artísticas de la imagen de San Bartolomé en El Juicio
Final de Miguel Ángel.

Figura 20. Grabados de anatomía humana. Historia de la composición del cuerpo humano de Juan
Valverde de Amusco, 1556, (Roma), Grabado de Nicolas Beatrizet basado en el
dibujo atribuido a Gaspar Becerra.

37
A los avances inaugurados por Valverde se pueden sumar los aportes de Antonio
Pérez en su obra Summa y Examen de Chirurgia (1568), inspirada en los
planteamiendos de Hipócrates y Galeno, y una de las obras más importantes
impresas en Madrid con fines pedagógicos; Luis Mercado (1525-1606) cirujano
autor de la obra Institutiones Chirurgicae, médico de cámara de Felipe II y de
Felipe III, además de catedrático en Valladolid; Juan Fragoso (1530-1597), quien
estudió en la Universidad de Alcalá de Henares obteniendo el grado de bachiller
en Medicina en 1552, para dedicarse a la labor médica en Sevilla, hasta
transformarse en Cirujano Real en 1570 en Madrid; y Bartolomé Hidalgo de
Agüero (1530-1597), sevillano que se desempeñó en su terruño como profesor de
Cirugía y médico del Hospital del cardenal, donde ordenó los procedimientos
quirúrgicos en busca del bienestar de sus pacientes y la optimización de sus
cuidados traumatológicos.

El siglo XVII supone un período de mayor inmersión dentro del devenir histórico de
la verdadera revolución científica que vive la sociedad occidental. Los estudios
naturalistas y el creciente carácter experimental de las ciencias naturales impulsan
con renovada fuerza la expansión de las bases del pensamiento científico, el cual
es el hipotético-deductivo en desmedro del razonamiento especulativo con base
en la intuición.

Los aportes de los pensadores Descartes, Locke, Spinoza y Bacon imponen la


duda metódica y el uso de la razón como único medio para alcanzar la verdad
sobre las cosas. El racionalismo científico entra al panorama científico, si no es
que le proporciona forma y sentido, con el racionalismo cartesiano y la difusión de
la esencia del método científico al exigir la comprobación de las ideas.

En paralelo se difunden las sociedades científicas en toda Europa, la mayoría bajo


la tutela de los monarcas deseosos de ampliar su comprensión del mundo y de
instrumentalizar el conocimiento con fines imperiales. Dentro de estas destaca la
Tertulia Hispalense Medico-Chimica de Sevilla fundada en 1697 y la Regia
Sociedad de Medicina de Madrid, fundada en 1700, verdaderos puntales de
progreso no solo por la sociabilidad científica que se creaba, sino por la fundación
de publicaciones periódicas de especialidad destinadas a difundir los
conocimientos científicos dentro de la comunidad científica que se estaba creando.

Los aportes de este nuevo siglo son tan abundantes como complejos, destacando
la creciente complejización y especialización de la labor médica. Aportes como los
de William Croone (1633–1684) en la comprensión de la estructura muscular y
de Thomas Willis (1621-1675), en las causas de movimiento muscular, utilizando

38
el método científico; William Harvey (1578-1657), a quien se le atribuye tanto la
descripción sistemática como una adecuada interpretación del sistema circulatorio.

Figura 21. William Harvey (1578-1657) fue un médico inglés a quien se le atribuye describir
correctamente la circulación y las propiedades del corazón y de la sangre humana.

En los Países Bajos, la figura de Hendrik van Deventer (1651-1724) destacó por la
publicación de su obra Operationes Chirurgicae, proyectando su trabajo en la
comprensión del procedimiento quirúrgico ortopédico y el cuidado de los
pacientes. Destacó en este período Nicholas Andry de Boisregard (1658-1759),
doctor en medicina, y profesor de la Facultad de París, quien utilizó el concepto
ortopedia en su obra Orthopaedia: o el Arte de Corregir y Prevenir Deformidades
en Niños por métodos que pueden ser fácilmente aplicados por los mismos padres
y los encargados de la educación de los niños (1741), proyectándole una
dimensión social a la labor médica de Andry, al colocar a los niños en la
centralidad del trabajo médico.

Figura 22. Nicholas Andry de Boisregard (1658-1759), médico y parasitólogo francés, atendió con
renovado interés las afecciones de niños como una verdadera especialización médica y proyectó
los primeros pasos del tratamiento ortopédico.

39
Capítulo II
Los cuidados de la salud en América Hispana y Chile durante el
período colonial (siglos XVI-XVIII)

Hacia el siglo XVI España inició el período en que viviría una época de oro en su
proceso de consolidación y modernización (en fase temprana) del Estado-nación,
bajo los reinados de los monarcas Carlos V y particularmente con Felipe II,
quienes impulsaron la conquista de suelo americano por contingentes integrados
por soldados acompañados por sacerdotes y médicos que también oficiaban de
cirujanos ante la complejidad del esfuerzo de colonización de las nuevas tierras.
Hacia la primera mitad del siglo XVI, la medicina hispana entraba en una etapa de
apogeo, mostrando entre sus representantes a Luis Mercado, Francisco Valles
como médico de cámara de Felipe II, Francisco de Arceo y Dionisio Daza
especialista en cirugía, y a Juan Valverde primer anatomista español cuya obra se
transformará en la primera obra de anatomía humana moderna titulada Historia de
la composición del cuerpo humano. Esta reactualización del pensamiento
hipocrático y de la abundante obra de Galeno le dio consistencia y base teórico-
metodológica al desarrollo renovado de la medicina en universidades como la de
Salamanca. Si bien, en un comienzo la medicina y el trabajo de los médicos con
ciertas especializaciones podían ser solventadas por los más privilegiados de la
sociedad hispana, a saber, su aristocracia, el Estado Monárquico fue tomando
conciencia de la necesidad de conservar la “salud pública” del reino. Los años del
renacimiento europeo fueron un período de resurgimiento del pensamiento
humanista y del interés por el estudio de la dimensión biológica del ser humano.
La reactualización del pensamiento antropológico hizo que los clásicos griegos y
romanos ocuparan su sitial como referentes del conocimiento médico. Galeno y el
pensamiento de los clásicos griegos como Aristóteles y Sócrates se utilizaron en el
proceso de refundación de las académicas de medicina en Europa.

La consolidación del Estado Nacional requería de fuerzas armadas y ejércitos


operativos y bien apertrechados, haciéndose fundamental los servicios de sanidad
e higiene debido al aumento de los contingentes y a su distribución en suelo
europeo como extra continental. Uno de los desafíos más notables fue, sin duda,
el lento desarrollo del conocimiento experimental de afecciones procedentes de
otros continentes, así como la expansión de las enfermedades endémicas
europeas en el Nuevo Continente en forma tan inesperada como descontrolada.

Rápidamente se desarrollaron cuerpos médicos y de cirujanos, bajo del alero de


universidades como la de Salamanca, formando especialistas para la atención de
los soldados del ejército. Se hizo necesaria una política sanitaria para su
implementación en el proceso de descubrimiento y colonización de los nuevos

40
territorios, en la implementación de hospitales atendidos originalmente por los
religiosos de las iglesias aledañas. En primera instancia, la atención de estos
recintos fue entendida como una dimensión de la vida piadosa de los religiosos, y
con los años se fue profesionalizando. En 1541 el rey Carlos V estableció que los
procesos fundacionales comprendieran la implementación de entidades públicas
que sirvieran a la mantención de la salud de la comunidad, proyectándose
hospitales que, en primera instancia en el siglo XVI, sirvieron como recintos para
recibir a los enfermos que buscaban un cobijo para el “buen morir”. Los hospitales
no eran comprendidos como lugares en que se proveía de salud, sino más bien de
los cuidados necesarios para la contención de las enfermedades a fin de que el
resto de la comunidad no se viera afectadas por ellas.17 La organización civil que
se fue dando en el Nuevo Mundo del proceso de colonización y,
consecuentemente, el de urbanización, hizo que los hospitales quedaran bajo los
auspicios de los cabildos de cada una de las ciudades, siempre asistidos por
religiosos de diversas congregaciones.18

Figura 23. Diego Almagro y Francisco Pizarro, en Felipe Guamán Poma de Ayala. Nueva Corónica
y Buen Gobierno. Desde los inicios de la conquista, la hueste indiana fue muestra de un
contingente de gran versatilidad y capacidad de coordinación, incluyendo el servicio a los enfermos
y heridos mediante las acciones de religiosos, indígenas con conocimientos de herbolaria y las
mujeres que acompañaban a los soldados.

17 Sagredo, Rafael; y Cristián Gazmuri. Historia de la Vida Privada en Chile. El Chile Tradicional de
la Conquista a 1840, Santiago, Editorial Taurus, 2005.
18 Izquierdo, Gonzalo. Historia de Chile, Volumen1, Santiago, Editorial Andrés Bello, 1989.

41
El “encuentro de dos mundos” fue portentoso en logros culturales, pero también
abundante en términos de sufrimientos y muerte, dado que la unión de indígenas y
españoles en las poblaciones generó consecuencias impensadas tanto a nivel
demográfico como sanitario. La difusión de varias enfermedades infecciosas
desconocidas en suelo americano en una población sin anticuerpos hizo que la
catástrofe demográfica sobreviniera en el siglo XVI en forma vertiginosa.

A través de los años la presencia del Estado monárquico se tornó poderosa y


opaca progresivamente las atribuciones del Cabildo, el que tuvo, por ejemplo, un
importante grado de autonomía en lo relativo a la administración de la vida de su
comunidad. Esto se observa en la capacidad de gestión del Cabildo durante los
siglos XVI y XVII. Pero, entrado el siglo XVIII, esta verdadera sociedad vecinal se
concentra en el desarrollo urbano y cívico de la ciudad. Su sentido comunal, más
propio de un villorrio colonial, es abandonado a fuerza del crecimiento y de
cambios en la sociedad. El Chile de la Conquista dio paso a una sociedad
multiétnica (de muchas etnias y el consecuente mestizaje) y policultural (mezcla
de diversas culturas, como la indígena y la hispana) de gran complejidad, y este
estado de cosas se trasluce en la diversidad de asuntos que debe dirimir el
Cabildo.

Respecto de la evolución de la ciudad de Santiago, las Actas del Cabildo muestran


su permanente dificultad en encontrar los recursos para emprender sus mejoras,
mantener el aseo y la salud pública, así como su reconstrucción después de varios
sismos altamente destructivos. A pesar de ser una entidad que defiende los
intereses de la elite hispano-criolla, el tamaño y complejidad de sus necesidades
la muestran como una institución de pocos recursos, que requiere de una lenta
planificación para la realización de sus proyectos, pero preocupados por el
bienestar y el progreso de la comunidad.

La conquista de Chile se concreta con la expedición y ocupación del territorio por


la hueste indiana de Pedro de Valdivia, quien asume como gobernador articulando
un proyecto colonial que implica el ordenamiento territorial y económico de la
población indígena,19 la organización del trabajo minero, el incipiente trabajo
agrícola y el proceso fundacional de nuevas ciudades que intentarán proveer de
infraestructura al poblamiento de la población occidental. En diciembre de 1540,
Valdivia entró al valle del Mapocho, lugar donde proyectó fundar la primera ciudad.
La elección del sitio obedeció a la naturaleza del suelo, sano y fértil, regado por
diversas acequias de origen incaico que salían del río Mapocho, lo que permitía

19 Jara, Álvaro. Guerra y Sociedad en Chile, Santiago Editorial Universitaria, 1990.

42
criar animales y sembrar.20 El 12 de Febrero de 1541 decretó don Pedro de
Valdivia la fundación de la ciudad, que recibió el nombre de Santiago del Nuevo
Extremo.

En la etapa fundacional, Santiago no fue más que un conjunto de casas de barro y


paja. El mal trato hacia los indígenas y la imposición del trabajo compulsivo en los
lavaderos de oro de Marga-Marga exasperó a los originarios, quienes al mando de
los lonkos Tanjalonco y Chalgalmanga cayeron sobre el Marga-Marga y el
improvisado astillero de Concón matando a los españoles. Valdivia enfrentó el
primer levantamiento indígena atacado por la totalidad de los valles del
Aconcagua, Mapocho y Cachapoal, marchando al Cachapoal con cien soldados
para amagar la rebelión. En Santiago, aguardó un contingente próximo a los 50
soldados bajo las órdenes de Alonso de Monroy, quienes fueron atacados desde
el norte del valle por las fuerzas de Michimalongo, el 11 de septiembre de 1541,
quemando el campamento y destruyendo los escasos abastos con los que
contaban los españoles. Ante el ataque de miles de guerreros y parapetados en
las dependencias de la casa de Valdivia, Inés de Suárez, única mujer española de
la hueste, cogió a los lonkos apresados dentro de la cárcel y les dio muerte ante
sus atacantes en una acción tan desesperada como cruenta, generando el pavor
de sus adversarios y eliminando el propósito del ataque indígena. Monroy puso en
fuga a los indígenas, dejando atrás el campamento en llamas y decenas de
muertos y heridos. De aquí en adelante, la ciudad hispana no pudo dejar fuera de
sus planes la construcción de un hospital para enfermos y heridos en combate. La
guerra sería un estado en que se forjaría la conquista del territorio.

Figura 24. Inés de Suárez (1507-1580) en defensa de Santiago. Óleo de José Mercedes Ortega.
Museo Histórico Nacional. El primer ataque indígena sobre la ciudad de Santiago (1541) y su
consecuente destrucción impuso la necesidad de proyectar un hospital para los enfermos y heridos
de la ciudad

20 Galdames, Luis. Historia de Chile, Santiago, Editorial Universitaria, 1996.

43
En este período Valdivia cuenta con Gonzalo Bazán, quien oficia como primer
médico que entra al territorio atendiendo a las fuerzas del conquistador. El estado
fundacional de las ciudades, cabe decir, su consecuente estado provisional al ser
poco más de campamentos militares formados por rancherías y empalizadas, no
dio espacio para la formalización de hospitales en forma como el Imperio Español
venía sugiriendo. Recién en 1552 Pedro de Valdivia toma los recaudos necesarios
para iniciar las primeras acciones tendientes a fundar el hospital de Santiago en
honor de la Virgen del Socorro.21 En ese año, se hace una formal solicitud ante el
Cabildo, por el Licenciado Hernando de Castro, para practicar medicina en la
ciudad de Santiago, coronándose este esfuerzo inicial con la construcción de
boticas.22

Figura 25. Pedro de Valdivia (1500-1554). Óleo de Francisco Mandiola. Biblioteca Nacional de
Chile. Siendo Gobernador de Chile inician los oficios de los primeros dos médicos en Chile.
Igualmente ordenó la construcción del Primer Hospital de la Virgen del Socorro, que pasó a
llamarse Hospital Real de San Juan de Dios.

21 Barros Arana, Diego. Historia General de Chile, 16 volúmenes, Santiago, Editorial Universitaria,
2000.
22 Cruz-Coke, Ricardo. Historia de la Medicina Chilena, Santiago, Editorial Andrés Bello, 1995.

44
Ya en 1568, el Cabildo de la ciudad de Santiago mandaba: “Que se le dé un
mandamiento a Pero Martín Alguacil, para que desembarace la plaza de la
Merced. Este dicho día, en este dicho Cabildo, se acordó que se le dé un
mandamiento formado de todo el Cabildo á Pero Martín Alguacil, para que vaya a
la plaza que está frontero de la Merced, y la desembarace de todos los bouhíos
que tiene la dicha plaza y demás cosas y embarazos que en ella hay, para que
quede libre y desembarazada toda […]. El Cabildo comisionó al alguacil Pero
Martín para que quite los bohíos cercanos a la Plaza de la Merced”.23 Y de este
modo se ordenaba quitar el poblamiento espontáneo de indígenas en los espacios
destinados a las plazas, en cuidado de la higiene pública. De igual forma, los
antecedentes documentales muestran que el Cabildo de la ciudad se ocupaba
permanentemente del servicio y la infraestructura del Hospital Real,24 ya que en
1636 consta que éste se ocupa de los “adobes para el hospital. Este día, de
pedimento del hermano mayor del Hospital Real de esta ciudad, se le dio licencia
para que en la placeta de junto al río y molino del hospital, para reformarlo y
hacerlo de nuevo el dicho molino, hagan la cantidad necesaria de adobes para
ello, sin pagar tercio y, con que sean sin perjuicio del daño que el río puede
hacer”.25

La construcción de los hospitales también estuvo a cargo del gobierno civil del
Cabildo en los primeros siglos coloniales, como consta en sus registros, en razón
de los daños generados por el terremoto de 1647 en Santiago, se dispuso que:
“En la noble y muy leal ciudad arruinada de Santiago de Chile, después de
diferentes juntas que el cabildo de esta ciudad y particularmente de ella han fecho
en la plaza de esta ciudad, por no haber donde juntarse, por haberla arruinado
toda el terremoto pasado, en la dicha plaza se juntó este día la justicia y
regimiento de esta ciudad que abajo firmarán sus nombres, en catorce días del
mes de junio de mil y seiscientos y cuarenta y siete , donde el capitán don
Francisco de Urbina y Quiroga, procurador general de ella, propuso lo siguiente.
Cuánto importaba que Su Señoría los más días de la semana se juntasen a
cabildo los capitulares de él para tratar de el bien de la república, vecinos y
moradores de ella y de las religiones, hospital y cárcel, como extrajudicialmente se
ha hecho, y para la reedificación de la cárcel, casa de cabildo y molinos, y demás
efectos que conviene, para saber los mantenimientos y cosas que han quedado y
que en todo tiempo haya claridad, y de los papeles y recaudos de esta ciudad, y
que en todo y otras cosas que propuso, Su Señoría ordene lo que más convenga

23 Sesión de 2 de julio de 1568, Actas del Cabildo, Tomo XVII, vol. II, p. 234.
24 De Ramón, Armando. Santiago de Chile (1541-1991). Historia de una sociedad urbana.
Santiago, Editorial Sudamericana, 2000.
25 Cabildo de 19 de febrero de 1636, Actas del Cabildo, Tomo XXXI, vol. XI, p. 165

45
al bien de la república; y que sobre los censos de la ciudad, casas de cabildo y
tiendas se vea lo que se puede reedificar y reparar […]”.26

Gracias a las mensuras que Gines de Lillo realizó en las estancias y chácaras
próximas a la ciudad, en los años 1603 y siguientes, tenemos conocimiento de la
de los terrenos pertenecientes al Hospital del Socorro, predecesora del Real
Hospital de San Juan de Dios, realizada en 1604. Debido al extravío de los títulos
del hospital sobre sus terrenos, se vuelven a medir, deslindar y amojonar, dándole
un nuevo título. En esta mensura se hace mención de “que después que los
españoles desta ciudad, entraron en esta ciudad y la poblaron está el dicho
hospital en quieta y pacifica posesión de la chácara y tierras donde está fundada
la casa y viña y ranchería de yanaconas del dicho hospital”, está ubicada entre la
heredad y chácara de Andrés de Torquemada, que poseen los padres de la
Compañía de Jesús, hacia el este, y por el monasterio de San Francisco, por el
oeste. Posee un frente de 160 varas de 25 pies, y se sabe que el fondo llegaba
hasta el actual Zanjón de la Aguada.27

De hecho, la provisión de agua para el consumo humano fue una preocupación


permanente para los cabildantes de la ciudad, por lo que consta en sesión del
Cabildo de octubre de 1664, donde se menciona la necesidad de operativizar el
molino del hospital de la ciudad de Santiago: “Este día el dicho procurador general
como hizo llamar al maestre de campo don Antonio Calero Carranza para saber el
estado que tenía el trato que con el señor Presidente tenía hecho sobre traer el
agua de Ramón por cantidad de quinientos pesos, hasta la cruz del molino del
hospital, y hecha esta propuesta al dicho señor maestre de campo don Antonio
Calero, dijo: que yendo con dicho señor Gobernador á Vitacura a ver el agua de
un manantial que hay allí, le dijo el señor Gobernador: ¿qué le parece a V. M. el
poner esta agua en el molino del hospital? y le respondió el dicho don Antonio:
paréceme que se puede poner con quinientos pesos; y dijo el señor Gobernador
¿por qué piensa que le pregunto esto? y dijo el dicho don Antonio: si es porque yo
lo haya de hacer y si a Vuestra Señoría le parece, la haré yo hacer, y se entiende
que no he poner ninguna cal ni ladrillo, porque yo no tengo caudal para ello, por
estar pobre, y que es eso cosa de tres o cuatro mil pesos; y después se resolvió
que fuese el agua de Ramón y juntamente con el señor Gobernador lo fueron a
ver y aunque se acrecienta más instancia, la hará traer hasta aquel paraje que se

26Cabildo de 14 de junio de 1647, Actas del Cabildo, Tomo XXXIII, vol. XIII, p.190-191.
27
Prado B. Claudia Mario Henríquez U. Julio Sanhueza T. y Verónica Reyes A. “Ocupaciones
históricas en “La Pampilla”: antecedentes arqueológicos y documentales (Santiago, Región
Metropolitana)” En: Gómez, Alfredo; Francisco Ocaranza Bosio, (editores). Reflexiones históricas
para el bicentenario: 1810-2010. Universidad Bernardo O’Higgins. LOM Ediciones, Santiago, 2010.

46
necesite la cal y ladrillo, que es a la boca de la cañada, y esto dio por su repuesta
y que siente no tener otro empeño”.28

Es sabido por las gestiones realizadas por el Cabildo en 1758, que los restos de
infraestructura del mercado de abasto de la ciudad era destinado al auxilio de los
enfermos del Hospital Real, de forma que el cabildo menciona en sus registros
que: “Igualmente acordaron los dichos señores que atento a que los toldos que
servían a los abastecedores de la plaza se hallan del todo inservibles y
despreciables, y que están embarazando ociosamente un cuarto sin esperanzas
de que se puedan vender por estar todas las jergas podridas, que se le entreguen
al señor Procurador General para que apartando aquello que le pareciere
necesario para los pobres enfermos de la cárcel, lo demás los mande remitir al
Hospital Real del Señor San Juan de Dios, para que el reverendo Padre Prior les
de la aplicación que fuere de su agrado para alivio de aquellos pobres
enfermos”.29

El Cabildo debía desarrollar acciones ejecutivas en torno a la obtención de los


recursos alimentarios para la mantención de la salud pública. Algunas de sus
acciones constan en sesión de febrero de 1760 donde: “continuos clamores que
esparcía el público emanados de las violentas y graves enfermedades que padece
[…], así por lo pernicioso de las comidas de viernes que continuadas es natural
aumenten la epidemia que hoy se padece con pérdida de mucha gente, como
porque la escasez de miniestras sobre que pide informe al señor Juez de Abasto)
no es regular pueda mantener al vecindario. Y estando presente dicho juez de
Abastos informó in boze que desde que se le diputó por este Ilustre Cabildo para
que visitase las Casas de Abasto lo ha practicado diariamente y ha reconocido la
suma escasez de miniestras y verduras.”

El llamado Hospital Real del Señor San Juan de Dios atendió indistintamente a
enfermos civiles como militares en los siglos coloniales. El cuidado del recinto
estaba en manos de los religiosos de la orden de San Juan de Dios,30 -que
frecuentemente es confundida con la franciscana-, pero su manutención estuvo a
cargo del erario público administrado por el Cabildo de Santiago. Si bien no fue
una prioridad, el Cabildo tomó cartas en la administración de problemas públicos
como la higiene de calles y acequias,31 el control de plagas de enfermedades y
animales, así como de la circulación del ganado dentro de los lindes de la ciudad y
el asentamiento espontaneo de población indígena en ramadas o bohíos que eran

28 Cabildo de 25 de octubre de 1664, Actas del Cabildo, Tomo XXXVI, vol. XVI, p. 412-413.
29 Cabildo de 9 de junio de 1758, Actas del Cabildo, Tomo LV, vol. XXXII, pp. 203-204.
30 Sánchez, Marcial. Historia de la Iglesia en Chile, Tomo 1, Santiago, Editorial Universitaria, 2009.
31 Mellafe, Rolando. Historia Social de Chile y América, Santiago, Editorial Universitaria, 1995.

47
vistos como espacios de “mal vivir” y centros de propagación de enfermedades.
También abogó por la distribución de la alimentación, y de su obtención en
períodos de carestía y enfermedad.

En algunos aspectos la medicina en la América Hispana avanzó


significativamente, en tanto los conocimientos ancestrales y la etnociencia de los
pueblos originarios comenzaron a depositarse en sus descendientes mestizo, lo
cual fue traspasado al mundo colonial. Los descubrimientos geográficos y
naturalistas de muchos viajeros y conquistadores engrosaron la lista de
conocimiento sobre la herbolaria americana, las que con el tiempo se utilizaron
tanto en la medicina como en la alimentación de la población.32

Obras de interés científico y médico salen a la luz recogiendo los conocimientos


ancestrales sobre las plantas medicinales del Nuevo Mundo en obras como la de
Nicolás Monardes, denominada Cosas de nuestras indias Occidentales que sirven
al uso de la Medicina, en que se menciona los aportes a la salud de plantas como
la coca, la quina, el curare, entre muchas otras.

Los conocimientos médicos renacentistas traspasan las fronteras físicas y llegan


al Nuevo Mundo en el año de 1578 cuando en la ciudad de México se funda la
primera escuela de medicina. Las publicaciones periódicas dedicadas a la difusión
de estos saberes se comienzan a difundir desde 1570 con la publicación de libros
sobre medicina como el Opera Medicinalis en México.

En nuestro país no fueron significativos los avances en esta materia, aunque


fueron sincrónicos a toda América el desarrollo de una herbolaria indígena que
formó parte de los nuevos saberes coloniales, debido a que el estado de guerra y
la precariedad económica del proceso colonial hicieron más lento el desarrollo de
la salud pública y la formalización de la salubridad y la higiene militar. Durante los
primeros dos siglos de vida hispano-colonial chilena los ámbitos civil y militar no
estuvieron del todo separados,33 la mantención de los hospitales y el trabajo
incipiente de los médicos de la colonia se realizaba indistintamente para la
población civil como para quienes se ocupaban de la guerra contra los indígenas
desarrollada en la denominada Guerra de Arauco.

32 Villalobos, Sergio; et. al. Historia de Chile, Santiago, Editorial Universitaria, 2006.
33 Jara, Álvaro. Guerra y Sociedad en Chile, Santiago, Editorial Universitaria, 1990.

48
Figura 26. Lautaro, (1535-1557), Obras Ilustradas. Colección: Biblioteca Nacional de Chile. El
mundo indígena aportó con un amplio repertorio de saberes etnobotánicos que contribuyeron al
desarrollo de la herbolaria médica nacional, como un ejemplo de síntesis colonial de los saberes
etnocientíficos y la disciplina médica hispana.

La enseñanza de la medicina en España y el Nuevo Mundo adquirieron un espíritu


renovado gracias al aporte del monarca Felipe II (1556-1598), quien ordenó la
normalización en la instrucción de los médicos, estableciendo un examen
fundamentado en la lectura de los clásicos como Hipócrates, Galeno y Avicena,
junto a un examen práctico en que se evaluaban conocimientos fundamentales en
forma empírica, con una práctica de cuatro años para el oficio de cirujano. Se
institucionalizaron escuelas de medicina en España, en tanto, se creaban en
América en el siglo XVII, como la de Lima (1635) y Nueva Granada (1636),
además de Guatemala (1681), y en Quito (1693).

Durante el gobierno del gobernador García Hurtado de Mendoza (1557-1561) se


intentó resguardar el proceso de conquista del territorio y poner en orden a la
población indígena, tanto como propiciar el orden político de la sociedad hispano-
49
colonial. Ampliando el esfuerzo fundacional, Hurtado de Mendoza fundó Cañete y
Osorno, además de promover la construcción de iglesias y hospitales para la
atención de la población y la evangelización de los indígenas. Atendiendo al
proceso colonizador y a la necesidad de prestar apoyo al proceso de sujeción del
territorio y su población indígena, médicos y cirujanos españoles que participaban
de la colonización del Perú incásico decidieron pasar a Chile para probar suerte y
ver las bondades del territorio. Precursores como el cirujano Alonso de Villadiego
–a quien el propio Cabildo de Santiago de Santiago lo nombrara protomédico en
1566-,34 y Alonso Pacheco, dieron los primeros pasos para que otros médicos
como Hernán Pérez, Bartolomé Ruiz (barbero que oficiaba de cirujano) y Diego
Cinfontes (futuro médico del Hospital del Socorro) se aventuraran en este
territorio. Hurtado de Mendoza fundó en la ciudad de Osorno en 1558 el hospital
de San Cosme y San Damián, y en el año 1559 fundó en la ciudad de Concepción
el Hospital de Nuestra Señora de la Misericordia, desempeñándose oficiosamente
en él los médicos Mendieta y Cifontes de Medina (Mayordomo del hospital).35

Dentro de los rasgos distintivos de estos profesionales, que en primera instancia


se reconocen como letrados y tempranos buscadores de las causas científicas de
las afecciones, se destaca el espíritu humanista y cristiano de Alonso de Castillo,
que oficiando de cirujano del hospital, atendía también a los indígenas
menesterosos. Desde 1576 ejerció en el hospital como médico cirujano y se
desempeñó como un destacado boticario de la ciudad. Caso distintivo y que
amplía las fronteras de la práctica médica es el de Doña Isabel Bravo, quien en
1568 recibe las licencias para oficiar de partera, gracias a los auspicios del
protomédico Francisco Gutiérrez.

El primer hospital del que se tienen antecedentes históricos en Chile es el de


Nuestra Señora del Socorro, fundado en Santiago por Pedro de Valdivia en 1552,
y solo siete años después el de Nuestra Señora de la Asunción, fundado en 1559
en la ciudad de La Serena.36

34 Cruz-Coke, Ricardo. Historia de la Medicina Chilena, Santiago, Editorial Andrés Bello, 1995, p.
104.
35 Laval, Enrique. Noticias sobre los médicos en Chile en los siglos XVI, XVII y XVIII, Santiago,

Universidad de Chile, 1958.


36 Laval, Enrique. Hospitales fundados durante el período de la colonia, Santiago, Imprenta

Universitaria, 1935.

50
Figura 27. Don García Hurtado de Mendoza, Gobernador de Chile entre 1557 y 1561. Pintura
anónima del siglo XVII. Galería de los Virreyes del Museo Nacional de Arqueología, Antropología e
Historia de Lima, Perú.

En la ciudad de la Serena nació en 1567 Juan Guerra de Salazar (1567-1619), el


primer chileno en recibir el grado de bachiller en medicina y título de médico en la
ciudad de los Reyes. En el siglo XVII destacó el médico Manuel de Fonseca,
jesuita, quien administró el hospital Real de Santiago hasta 1617, año que pasa a
la administración de los Hermanos de San Juan de Dios. En 1615 el corregidor
Pérez de Urasandi, solicitó a fray Francisco López, superior de la hermandad de
San Juan de Dios, que enviara a sus hermanos de la orden para encargarse de
los hospitales reales de Santiago y Concepción. El Hospital del Socorro quedó, en
consecuencia, bajo la administración religiosa, denominándose Hospital de San
Juan de Dios. El Cabildo tuvo, no obstante, el poder de licenciar y contratar

51
médicos y cirujanos, así como aportar a su financiamiento. El siglo XVIII llegaron a
Chile médicos y cirujanos franceses, ingleses, italianos, alemanes, judíos,
lusitanos y españoles,37 representando su aporte una mejoría ostensible en la
calidad de vida de la población colonial.

Figura 28. El Hospital San Juan de Dios. El primer Hospital de llamado Hospital del Socorro, que
en los inicios del siglo XVII pasó a llamarse Hospital San Juan de Dios por la orden que tomó su
administración. Imagen de calle Alameda de Santiago, c. 1930

No obstante el proceso de colonización se afianzó con el crecimiento de las


ciudades con sistemas de aducción de agua potable y organización del trabajo
indígena por el Cabildo para la mantención e higiene de calles, pontazgos y
acequias.38 Los avances antes descritos contrastan fuertemente con el panorama
de la segunda mitad del siglo XVI de la medicina hispánica, la que mostró
progresivamente una fuerte impronta laica, ya que las órdenes religiosas no
mostraron un interés específico en materia de salud e higiene, quedando esta
esfera de la vida social bajo el arbitrio del Estado Monárquico, recayendo en
manos de los gobernadores de turno y del Cabildo de la ciudad. En 1600 ya había
más de una centena de religiosos en la capital, pero para ninguna orden era
prioridad la atención de los menesterosos en los hospitales. La primera orden

37 Laval, Enrique. Noticias sobre los médicos en Chile en los siglos XVI, XVII y XVIII, Santiago,
Universidad de Chile, 1958.
38 Thayer Ojeda, Tomás. “Santiago durante el siglo XVI: Constitución de la propiedad urbana i

noticias biográficas de sus primeros pobladores”, en Anales de la Universidad de Chile (CXVI),


enero a junio, Santiago. 1905.

52
mendicante y hospitalaria,39 de San Juan de Dios, se estableció en Chile en 1616
y –como lo hemos adelantado- se hizo cargo del hospital de la ciudad sin mayores
reparos. Este aparente retraso se debió al escaso conocimiento que poseía el
común de la gente y particularmente, los cabildantes, quedando muy al margen de
las acciones de gobierno quienes poseían conocimientos en estas materias.

Las pestes y epidemias eran problemas cotidianos con los que debía combatir el
Cabildo. Sus medidas de mitigación eran, regularmente, infructíferas, debido a que
su naturaleza no se separaba de la mentalidad de la época, así como de las
primeras causas a las que el vulgo atribuía los eventos como pestes o catástrofes.
Ellas comprometían severamente la salud pública, como la que consta en sesión
de Cabildo santiaguino de febrero de 1652 sobre los ratas, comentando: “Este día
se trató del grave daño que los ratones hacen a las cementeras y viñas y lo mucho
que amenaza la inundación que hay de ellos y la peste en los ganados, y
acordaron que se suplique al señor ilustrísimo sea servido de que se hagan
rogativas y maldigan, en conformidad a lo dispuesto, y que el señor procurador
general haga en razón de ello todos los pedimentos que convenga, y que el señor
maestre de campo Don Gaspar de Ahumada y el señor procurador general hablen
al señor Obispo para que se haga lo que su señoría acordare”.40

Pero la tragedia terminó por llamar la conciencia pública de la necesidad de un


hospital en forma para la ciudad. El terremoto del lunes 13 de mayo de 1647 inicia
una nefasta secuencia de catástrofes que sufrió la población colonial del centro de
Chile en el siglo XVII. Fue un golpe para el crecimiento material de la ciudad y el
asentamiento de más población. La infraestructura de la misma, a saber,
viviendas, estancias, galpones y edificios públicos sufrieron una verdadera
devastación, tal como lo menciona el obispo de Santiago, Gaspar Villarroel, en su
carta al Presidente del Supremo Consejo de Indias.41 En adelante, la historia de la
colonia es una que prodiga eventos catastróficos, como las pestes de viruela de
1645 y 1646, que arrojó como resultado la muerte de cientos de personas y la
conversión de quienes se salvaron al culto mariano, nombrándola patrona de una
ciudad. El Cabildo de Santiago, en su sesión del 7 de enero 1645, acordó hacer
una solemne procesión y novena a San Sebastián, patrono de los apestados, para
atacar la pestilencia. Le siguieron pestes de viruela en los años de 1657,1658,
1660 y 1663, algunas traídas por los marineros de embarcaciones del Viejo

39 Muriel, Josefina. Hospitales de la Nueva España. Tomo II. Fundaciones de los siglos XVII y XVIII,
México, Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México,
1991.
40 Cabildo de 15 de febrero de 1652, Actas del Cabildo, Tomo XXXIV, vol. XIV, p. 213.
41 Barros Arana, Diego. Historia General de Chile, 16 volúmenes, Santiago, Editorial Universitaria,

2000. Ver: De Ramón, Armando. Santiago de Chile (1541-1991). Historia de una sociedad urbana.
Santiago, Editorial Sudamericana, 2000.

53
Mundo. Este historial de calamidades continúa con la plaga de langostas de 1665
y la peste de chavalongo (fiebre tifoidea) desarrollada entre los años 1669 y 1677.
El corolario de los desastres los encontramos en terremotos e inundaciones que
asolan las ciudades, como la destrucción de los tajamares del Mapocho en 1687 y
1688, el terremoto de Santiago del año 1690.

La medicina en Chile en el siglo XVII vive lentos pero consistentes avances en


materia filosófica como científica, ya que se desarrolla una lenta transición entre la
mentalidad barroca hacia la edad de la razón. La herencia renacentista y los
golpes de la reforma religiosa precipitaron un profundo cambio en el pensamiento
filosófico científico y médico. En el siglo XVII las transformaciones culturales se
hermanan de una profunda crisis de la conciencia española,42 cristalizada en la
decadencia del Imperio y la crisis económica. En el siglo XVII la medicina europea
se enriqueció por los aportes de Francisco Bacon (1561-1626), así como el
método de la razón crítica de René Descartes (1596-1650), instalando la
deducción como paradigma para obtener el conocimiento de la verdad a través de
la razón. Estos hitos marcan el advenimiento de la ciencia moderna y la
hegemonía del método experimental en la pesquisa del mundo natural como en el
estudio del hombre.

El gobernador Cano y Aponte inicia la implementación de una serie de medidas


que apuntaron a la mejora de los servicios médicos y sanitarios, a pesar de los
azotes de epidemias de disentería en 1718 y 1724, tifoidea en 1724 y viruela en
1720. El siglo XVIII no se caracterizó por los desastres naturales, sino por las
enfermedades, ya que el aumento de la población urbana y la precariedad de la
higiene pública43 aumentaron la incidencia de la viruela,44 transformándose en una
enfermedad endémica durante el siglo con brotes en los años 1704, 1705, 1711,
1718, 1731, 1737, 1743, 1745, 1751, 1753, 1764, 1765, 1768, 1775, 1776, y
desde 1787 a 1790 asoló de norte a sur, afectando a miles de personas,
golpeando la capacidad productiva del campo y amagando los vestigios de la
población indígena reducida en los “pueblos de indios”. Ante la preocupación de
controlar el mal los cabildos siguieron las instrucciones de médicos de oficio que
orientaron a la población en el uso del agua para hacerla potable, así como el
desarrollo de medidas para mantener la higiene de los espacios públicos y de las
acequias; dando paso a la inoculación contra la viruela como primera medida

42 Romano, Ruggiero. Coyunturas Opuestas. La Crisis del Siglo XVII en Europa e Hispanoamérica,
México, Fondo de Cultura Económica, 1993.
43 De Tezanos, Sergio. Breve historia de la medicina en Chile, Valparaíso, Editorial Universidad de

Valparaíso, 1995.
44 Ejército de Chile. La medicina y el servicio de sanidad militar. 1520-2004, Santiago, Instituto

Geográfico Militar, 2004.

54
sanitaria. Las inundaciones de Santiago de 1722, 1743, 1744, 1745 y 1764,
sumados a los terremotos de 1722 y 1790, y la sequía de los años 1790 y 1799
contribuyen para contextualizar la precariedad de la vida colonial y las dificultades
que sobrellevaron sus habitantes; no obstante, todo ello fructificaron y su esfuerzo
y tenacidad junto a la valentía y la perseverancia son nuestras mejores herencias
ante la fisonomía de un territorio con riesgos climáticos ambientales siempre
presentes.

En 1738 se fundó la Universidad de San Felipe en Santiago, foco de progreso


intelectual y científico para el país, ya que en sus aulas se inicia el surgimiento del
período de la Ilustración intelectual, alcanzando a la ciencia médica. Su máxima
expresión la encontramos en 1756, momento histórico en el que se creó la cátedra
de medicina bajo la rectoría de Don Domingo Nevin, 45 quien consta hacia el año
de 1764 como protomédico del reino chileno, cargo que ejerció por 15 años,
representando un progreso significativo en la ciencia médica ilustrada en Chile.46
Su severidad y espíritu científico se puso a prueba al prohibir la práctica médica en
el año de 1767 a los sacerdotes franciscanos por no poseer la adecuada
instrucción para tales propósitos. Bajo el alero de la Universidad de San Felipe se
formó fray Pedro Manuel Chaparro, doctor en medicina en 1772, quién aplicó la
“variolización” en medio de la rápida difusión de pestes en la población. 47 De su
trabajo se hace mención que: “comenzó las inoculaciones con tanto acierto que
fue el iris que serenó aquella terrible tempestad. Excedieron cinco mil las personas
inoculadas y ninguna pereció”.48 Durante el gobierno de Juan Andrés de Ustáriz
quien manda construir un edificio para el Hospital San Juan de Dios con
instalaciones adecuadas para acoger a más de cincuenta camas junto a una
capilla para sus religiosos.49

45 Laval, Enrique; Ignacio Duarte. “Enseñanza de la medicina en Chile colonial durante el siglo
XVIII: El catedrático Domingo Nevin y su alumno Pedro Manuel Chaparro”, en Revista Chilena de
Infectología, 33 (5), 2016, pp. 565-569.
46 Medina, José Toribio. La medicina y los médicos en la Real Universidad de San Felipe (capítulo

de un libro inédito), Santiago, Sociedad Imprenta y Litografía Universo, 1928.


47 Ferrer, Pedro Lautaro. Historia general de la medicina en Chile: (documentos inéditos, biografías

y bibliografías): desde el descubrimiento y conquista de Chile, en 1535, hasta nuestros días, Talca,
Imprenta Talca de J. Martín Garrido, 1904.
48 Laval, M.E. Vida y obra de Fray Pedro Manuel Chaparro, médico chileno del siglo XVIII, Discurso

de incorporación a la Academia Chilena de la Historia, leído en junta pública el 16 de mayo de


1957.
49 Barrera Ponce, Fernanda. El hospital San Juan de Dios de Santiago durante el siglo XVIII: el

buen gobierno de un espacio de acogida, Informe de Seminario de Grado para optar al grado de
Licenciado en Historia, Santiago, Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile,
2016.

55
Figura 29. Dr. Domingo Nevin, en Laval E M. Historia del
Hospital San Juan de Dios de Santiago, Santiago, Asociación Chilena de Asistencia Social,
1949, p. 112.

Los estragos que sufrió la población general también afectaron a los contingentes
armados del reino. En 1773 se realizó la primera autopsia para conocer la causa
de muerte de un soldado muerto por disentería, por los cirujanos militares Don
Dionisio Roquant, Esteban Justa y Juan Ribera.50 Con avances y retrocesos, la
práctica de la medicina tenía una sanción social dada la mentalidad religiosa de la
época, y prueba de ello es que en 1778 Carlos III “había prohibido que en sus
reinos los médicos fuesen rectores de universidades, y el Virrey Abascal, desde
Lima en 1809, intentó clausurar la instrucción médica en nuestra Universidad de
San Felipe”.51 El pago de los médicos, controlado por el Cabildo de la ciudad, fue
evolucionando en la medida en que su importancia social se hizo incuestionable.
La consolidación de la vida urbana y el aumento demográfico de la población,
junto con los avances de la ciencia médica permitieron tal validación social en el
transcurso del siglo XVIII.52

50 Ejército de Chile. La medicina y el servicio de sanidad militar. 1520-2004, Santiago, Instituto


Geográfico Militar, 2004.
51 Piwonka, Gonzalo. “Estado y salud en Chile”, en Dimensión Histórica de Chile (10), 1993-1994,

Santiago, Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, pp. 9-55.


52 Vicuña Mackenna, Benjamín. Los Médicos de antaño en el Reino de Chile. Buenos Aires/

Santiago, Editorial Francisco de Aguirre, 1974 [1877].

56
Figura 30. Plan de la ville de Santiago capitale du Chili. Autor: Jacques Nicolas Bellin. Mapa de
1764. Bibliothèque Nationale de France. En el costado de la Cañada constan los terrenos
destinados al edificio del Hospital San Juan de Dios.

El siglo se cierra con especiales medidas de mitigación de la falta de salubridad


pública en la ciudad de Santiago. Los pozos negros contaminan las napas y las
iglesias no pueden contener la pestilencia de los difuntos. La historia del Hospital
San Juan de Dios,53 se vincula al planeamiento de un campo santo denominado
“La Pampilla”,54 destinado a sus difuntos, ya sean soldados o población criolla,
proyectado hacia 1801, manteniéndose en uso entre los años 1805 y fines de
1821. Ubicado en la esquina sur poniente de las actuales calles Santa Rosa y Av.

53 Laval, Enrique. Historia del Hospital San Juan de Dios de Santiago, Asociación Chilena de
Asistencia Social, Santiago, 1949.
54 Antecedentes del cementerio del Hospital San Juan de Dios que funcionó durante los años

postreros de la Colonia los encontramos en los textos de Vicuña Mackenna; León Echaíz; Peña
Otaegui; De Ramón; Zañartu; y Thayer Ojeda, referenciados en la Bibliografía de este trabajo.

57
Alameda Bernardo O’Higgins, fue reedificado por los constantes daños generados
por los sismos del período, y los oficios de Don José de Santiago Concha su
Ministro Protector, quien buscó “el formal arreglo de un hospital consiste en la
buena administración y empleo de sus rentas y en la más exacta curación de sus
enfermos”, para lo cual elabora el Reglamento del Hospital San Juan de Dios en
1802,55 mencionando a la vez la creación y uso del cementerio: “por quanto hemos
dado cumplimiento a lo mandado por Su Magestad y por esta Real Audiencia
Governadora en auto de 1° de Octubre de 1801. Sobre que se dispusiere un
Campo Santo para que a el sean llevados a enterrar los cadaberes de los
enfermos que muriesen en el Hospital, haviendose concluido en efecto con su
capilla y demas aderentes en el sitio llamado Combentillo distante siete quadras
de la Cañada en despoblado y onze de la Plaza consiguiendose mediante esta tan
util y necesaria Providencia el asegurar la salud Publica desterrando la infestación
del Ayre que se causaria por la diaria humacion de los cadaveres en el recinto del
propio Hospital que se halla al viento reinante de la ciudad y casi dentro de ella por
la mucha población que lo circunda”.56 Fue designado como un cementerio de
pobres, ya que no solo estaba asegurada la sepultación de los pacientes que
fallecían en el hospital, sino también de los pobres que fallecían dentro de los
lindes de la ciudad y a los ajusticiados o muertos por enfermedades epidémicas.

La literatura sobre la funebria colonial en Chile es abundante en lo referido al


relato de los ritos fúnebres del período tardo colonial,57 mencionando todos ellos el
patrón de entierro dentro de las Iglesias y el deterioro progresivo de la vida de los
feligreses por lo insalubre del ambiente al interior de las iglesias y las infecciones
de ratas en torno a los campo santos ubicados en sus patios. La creación del
cementerio del Hospital San Juan de Dios es una medida que muestra el
advenimiento de la modernidad en materia de salud pública, remontándose a
mediados del siglo XVIII la necesidad de mejorar la administración y rápida
sepultación de los cadáveres. José Toribio Medina y Diego Barros Arana
mencionan el lugar elegido fuera de los lindes de la ciudad para crear un
cementerio apropiado para inhumar a los pobres que habitaron la ciudad. La
antigua Casa Correccional del sector sur de la ciudad funcionó hasta el año 1871,

55 Archivo de Historia de la Medicina (A.H.M.) de la Universidad de Chile, Caja 10, Documento 3.


56 Reglamento del Hospital San Juan de Dios, 1802, Capitulo 6°, Archivo de la Historia de la
Medicina. [A.H.M], citado por Prado, Claudia; Mario Henríquez; Julio Sanhueza; y Verónica Reyes.
“Ocupaciones históricas en ‘La Pampilla’: Antecedentes arqueológicos y documentales (Santiago,
Región Metropolitana)”, en Gómez, Alfredo y Francisco Ocaranza (editores). Reflexiones históricas
para el Bicentenario: 1810-2010, Santiago, Universidad Bernardo O’Higgins, 2010.
57 Rosales, Justo Abel. Historias y tradiciones del Cementerio General de Santiago, Santiago,

Imprenta Victoria, 1890. Además, ver Barros Arana, Diego. “El entierro de los muertos en la Época
Colonial”, en Obras Completas, tomo X, Estudios Histórico – Bibliográficos, Santiago, Imprenta
Cervantes, 1911, pp. 227-253

58
siendo destinado el terreno al entierro según la legislación vigente,58
correspondiente al reglamento para el traslado de los muertos desde el Hospital;
de los entierros, que se realizarán por un sacerdote; y de la existencia de un
osario para depositar los huesos.

Hacia la primera mitad del siglo XIX la ciudad de Santiago comenzó a evidenciar
un proceso de urbanización que socio demográficamente estuvo refrendado por
un aumento de la migración campo–ciudad producto de la evolución de la
población mestiza y la lenta transformación social del agro. Durante las primeras
décadas del siglo XIX Santiago experimenta un acentuado crecimiento en el radio
urbano y en el crecimiento de una población flotante que se cuadriplica con
relación a los doce mil habitantes de fines del siglo XVII. 59 Aunque fue un
problema recurrente en los siglos anteriores, la ciudad mostró derroteros con una
nueva fisonomía social ante el surgimiento de rancherías en sus áreas periféricas,
configurándose un escenario de gran riqueza social en que se encontraban
mestizos, peones cesantes, gente sin oficios, vagabundos y “mal entretenidos”,
además de desertores del ejército.60 En este panorama social se encuentran
madres solteras que conforman una nueva realidad social familiar, con hijos
ilegítimos de poblaciones tanto blancas como mestizas,61 que engrosaban las
listas de los menesteroso de la ciudad, un calificativo negativamente adjetivado
dado a que los vagabundos, ociosos y viciosos no solo son criminalizados sino
que representan a una porción significativa de la población colonial también
denominada “bajo pueblo”.62

Autores como Diego Barros Arana y Benjamín Vicuña Mackenna se refieren a la


constitución social del “bajo pueblo” haciendo referencia a un componente
multiétnico y cultural integrado por población mestiza, indios, resabios de

58 Prado, Claudia; Mario Henríquez; Julio Sanhueza; y Verónica Reyes. “Ocupaciones históricas en
‘La Pampilla’: Antecedentes arqueológicos y documentales (Santiago, Región Metropolitana)”, en
Gómez, Alfredo y Francisco Ocaranza (editores). Reflexiones históricas para el Bicentenario: 1810-
2010, Santiago, Universidad Bernardo O’Higgins, 2010.
59 Muñoz, Francisca. Sociabilidad popular durante la primera mitad del siglo XIX. Santiago desde la

mirada de la elite. Tesis para optar al grado de Magister en Estudios Latinoamericanos. Facultad
de Filosofía y Humanidades, Departamento de Estudios Latinoamericanos. Universidad de Chile.
2003
60 León, Leonardo. “Reclutas forzados y desertores de la patria: el bajo pueblo chileno en la guerra

de la independencia, 1810-1814”, en Historia (35), 2002, pp. 251-297.


61 Mellafe Rolando; y René Salinas. Sociedad y población rural en la formación de Chile actual: La

Ligua 1700-1850, Santiago Ediciones de la Universidad de Chile, 1988.


62 Araya, Alejandra. La vagancia Colonial: ociosidad, vagabundería y mal entretenimiento. Chile:

1683-1814. Seminario de Investigación para optar al grado de Licenciado en Humanidades con


Mención en Historia. Universidad de Chile, Facultad de Filosofía y Humanidades, Departamento de
Ciencias Históricas, 1995.

59
población negras y españoles criollos pobres, estigmatizada como viciosa y
delincuencial por vivir asociada a medios informales o ilegítimos para ganarse la
vida como la venta de contrabando o el robo, que el historiador Mario Góngora 63
caracteriza como una nueva subjetividad historiográfica o “sujetos históricos”
relacionados con el proceso de desarrollo urbano e industrial, así como la
evolución tecnológica en el escenario agrícola de mediados del siglo XVIII hasta
inicios del XIX, en que emergen como protagonistas de la historia moderna,
siempre caracterizados por problemas sociales, violencia, enfermedad y
alcoholismo, que sobrellevó la vida colonial en medio de pobres condiciones de
salubridad e higiene junto a una carencia casi absoluta de vacunas y de
antibióticos que redundó en una altísima mortalidad y una acentuada fragilidad
biológica de la población infantil por el estrés alimentario. Acceder a los servicios
de un médico debió representar un verdadero dilema, no obstante el marcado
compromiso ético social de los médicos del período colonial.

En el contexto popular que intentamos caracterizar, “familia popular” de los siglos


XVII y XVIII no fue regulada por aspectos religiosos o litúrgicos de la Iglesia
Católica, sino por estrategias de subsistencia a modo de un pacto productivo
según el cual se organizan tanto cónyuges como los hijos e hijas, para hacer
posible la subsistencia colectiva. En su interior se articulaba una expresión de la
división del trabajo en que el hombre atiende las demandas del trabajo agrícola y
las ocupaciones suplementarias de albañilería o trabajo en acequias o molinos, en
tanto las mujeres se ocupan del trabajo doméstico ya sea en la cocina como en la
atención de los hijos, atendiendo igualmente trabajos artesanales en la cerámica,
el trabajo textil o el comercio informal.

Las mujeres se ocupaban de la producción de los alimentos, contextualizadas por


una activa vida social y un desgaste mayor por el esfuerzo físico y la precariedad
alimentaria, siendo tempranamente presas, por lo mismo, de enfermedades
causadas por las condiciones de insalubridad y hacinamiento, en el que se
desempeñan y viven. Igual suerte comparten los lactantes y los niños menores de
cinco años, quienes muestran una alta mortalidad en ambos sexos, causada
fundamentalmente por el destete y las infecciones intestinales en los niños y niñas
producto de las deficitarias medidas higiénicas en la elaboración y mantención de
los alimentos.

63Góngora, Mario. “Estratificación social urbana en Chile Colonial”, en Revista Cruz del Sur (1988).
También del mismo autor, Vagabundaje y sociedad fronteriza en Chile (siglos XVII a XIX), texto
mimeografiado, 1966.

60
Figura 31. Hallazgos de osamentas humanas del campo santo colindante al antiguo edificio de la
Catedral de Santiago (Siglo XVIII). El colapso del subsuelo del Templo Mayor demandó la
búsqueda de un Nuevo Campo Santo para la ciudad. El cementerio de “La Pampilla” fue una salida
provisoria por 24 años, tras lo cual se debió buscar un nuevo recinto para la inhumación de los
muertos de la ciudad. Gentileza: Claudia Prado Berlien, arqueóloga.

En torno a un afán modernizador e ilustrado, el gobierno de Ambrosio O´Higgins


proporcionó a la ciudad de Santiago un nuevo rostro mediante un conjunto de
medidas orientadas al control de la salud pública y al desarrollo de obras
coloniales de gran monumentalidad de estilo clásico, desarrolladas por el
arquitecto italiano Joaquín Toesca. Respecto de las dimensiones de la ciudad
colonial, la figura 30 muestra el límite oriente de la ciudad en el peñasco de Santa
Lucía y la prolongación Sur de la calle del Carmen. El poniente de Santiago tiene
su límite en la calle de Negrete (hoy Avenida Brasil); por el sur el límite de la
extensión urbana lo constituyen algunas cuadras de más allá de la Cañada. El
norte de la ciudad es el río Mapocho, extendiéndose después huertas y chacras.

61
Sobre la vida santiaguina de fines de siglo podemos agregar que la vida tenía sus
sobresaltos por los embates de la naturaleza, las pestes y los problemas propios
de un espacio urbano consagrado como el centro de poder real y simbólico del
orden colonial. La liturgia del poder se desenvolvió con gran desarrollo escénico y
la arquitectura contribuía poderosamente en esto. El estado colonial debía
canalizar todos los requerimientos de la sociedad, así la necesidad de policía en la
ciudad y mano de obra en trabajos públicos redundaba en una férrea coerción
sobre el bajo pueblo. En este sentido el gobernador Ambrosio O’Higgins “dispuso
que los alcaldes de barrio que acababa de constituir por un bando sobre arreglo
de la policía, pasasen lista de los casados en otros domicilios, para que fuesen
expulsados, comisión que dio al oidor don Juan Suárez Trespalacios. Dispuso
igualmente, que para minorar el gran número de mendigos, los alcaldes se
pusieran todos de acuerdo á fin de que en días señalados se les reclutase en sus
casas, se informasen sobre su método de vida y les incitasen á obtener cédula de
permiso. Además de los jueces del Cabildo, con motivo de este bando, instituyó
encargados especiales de su cumplimiento, ya para rondar de noche los portales y
plazas, ya para estorbar ciertos mercados”.64

En estos mercados había un incesante tráfico nocturno de productos de


contrabando traído desde la costa, la venta de alcohol y el ejercicio de la
prostitución. Se pretendió proveer de policía y orden social, cuestión que en las
décadas postreras del letargo colonial quedó como una aspiración banal ante los
años de agitación revolucionaria anticolonial que sobrevienen antes que termine la
primera década del siglo XIX.

Figura 32. Botellas de vidrio de medicamentos, siglos XVIII y XIX. Excavaciones arqueológicas en
Plaza Santa Ana, Santiago (Gómez y Prado, 2012).

64Medina, José Toribio. Cosas de la Colonia. Apuntes Para la Crónica del Siglo XVIII en Chile,
Santiago, Imprenta Cervantes, 1910, pp. 13-14.

62
Capítulo III
La medicina y la sanidad militar en el Chile decimonónico

De la Independencia a la Guerra contra España (1810-1866)

En Chile, durante los primeros años de la guerra de emancipación (1813-1814)


existía ya el Hospital San Juan de Dios, en el cual se atendió a la mayor parte de
los heridos en el combate. De acuerdo a Ricardo Cruz-Coke: “El Hospital San
Juan de Dios de Santiago era el centro médico del país. Era médico jefe el doctor
Eusebio Oliva, que había sucedido al padre Chapano, y cirujano mayor, José
Gómez del Castillo. Completaba el equipo profesional del hospital el boticario don
José María Cuevas, y de ‘sangrador’, el maestro Miguel Zamorano. Finalmente, el
director religioso era Fray Antonio Robles, de la Orden Hospitalaria de San Juan
de Dios”.65 Por esos años se había decretado que para fines de atención sanitaria,
“los pudientes contribuirán con cuatro reales por cada visita desde la aurora hasta
las once de la noche, con doce reales desde esta hora hasta la una y con dos
pesos desde allí en adelante, […] y el infeliz por su pobreza está exento de
contribución alguna”, y que además al interior de “todos los cuarteles y cuerpos de
guardia, estarán siempre prontos dos hombres para que todo ciudadano pueda en
cualquier hora pedir al Comandante de la Guardia y custodiar con ello al médico
que solicita, siempre que el solicitante no sea un hombre de probidad conocida por
el médico, en todo caso que deberá salir sin la custodia de soldados y el
interesado que lo lleva, debe acompañarlo a su regreso”.66

Tres años después, en el verano de 1817, durante el cruce de los Andes, gesta de
unión americanista en pos de la liberación del continente, el Ejército Libertador
contó con un servicio sanitario liderado por el cirujano inglés Diego Paroissien y
por el médico chileno Juan Isidro Zapata, además de los cirujanos graduado en la
Universidad de San Felipe, Candia, Mendoza y Tello, los que con la mayor
diligencia posible organizaban a los enfermeros de guerra, a las ambulancias,
administraban medicamentos, botiquines y servicios en general a la tropa. Con
posterioridad a la batalla de Chacabuco se integran al servicio sanitario del
Ejército los doctores Juan Green, José Delgado y Juan de la Rueda, asimilados
con el grado de Capitán, mientras que el doctor Paroissien lo fue con el de
Teniente Coronel.

65 Cruz-Coke, Ricardo. Historia de la medicina chilena, Santiago, Editorial Andrés Bello, 1995, p.
271.
66 Ejército de Chile. La medicina y el servicio de sanidad militar. 1520-2004, Santiago, Instituto

Geográfico Militar, 2004, p. 42.

63
Por ese tiempo se fundó el Hospital Militar San Rafael, bajo la administración de
Bernardo O’Higgins (en el año 1817). El 7 de marzo de ese año, Paroissien eleva
al Jefe del Estado Mayor “la relación de las especies que se necesitan para el
Hospital Militar”. La descripción es explícita y pragmática, referida al
apertrechamiento básico de una sala de atención básica para los enfermos. La
nómina en mención comprende 300 colchones, 600 camisas, 600 pares de
sábanas, 600 almohadas, 600 frazadas, 600 gorros o pañuelos, 600 pares de
pantalones. Igualmente termina enfatizando que para la atención de: “el número
de 20 oficiales enfermos”, requiere de 40 camisas, 40 pares de calzoncillos, 40
almohadas, 40 colchones, 40 frazadas y 20 colchas. El mencionado oficio termina
en los siguientes términos: “y advierto a V.S. que he estado en la dolorosa
precisión de echar a la calle varios enfermos por no tener camas en que
acomodarlos”.67

En un nuevo oficio del doctor Paroissien que consta con fecha de fecha 20 de
marzo de 1817, dirigida al Director Supremo O’Higgins, expone: “los clamores de
los infelices heridos y enfermos por ropas con que taparse, me hace otra vez en
cumplimiento de mi deber y a pesar de saber lo preciosos que son los momentos
que tiene V.E. dedicados a otros muchos importantísimos objetos, reclamar de
nuevo a V.E. por los efectos que se necesitan para el mejor servicio del hospital
cuya nota tuve el honor de remitir a V.E. el día 6 del que corre; pues hasta ahora
no se me ha entregado sino noventa colchones sin sábanas, frazadas ni demás
necesario para dicho fin”.68

A los pocos días, el 24 de marzo, el doctor Paroissien, transparentando la


dramática situación sanitaria de la época, oficia al jefe del Estado Mayor del
Ejército que: “Es con el mayor dolor que tengo otra vez de representar a V.S. el
estado infeliz de los heridos y enfermos de este hospital. ¡Es posible, Señor
General, que unos hombres que han derramado su sangre con tanto valor, han de
padecer o a lo menos aumentar las dolencias por no tener con que taparse? Se
aproxima ya la estación rigorosa del invierno y yo protesto ante Dios y V.S. mi
responsabilidad a la patria, por la vida y salud de sus bravas legiones, entregadas,
es verdad, nominalmente a mi cuidado, pero privado como estoy en este
esqueleto de hospital de los medios necesarios para cuidarlos como es debido no
puedo evitar las funestas consecuencias que pueden sobrevenir. Tenemos ya
varios soldados enfermos de disentería, en consecuencia del frío de las noches.
Yo he reclamado varias veces al Excmo. Supremo Director y sé que hay
comisionados nombrados, para comprar las especies que he pedido hace mucho
67 Archivo de don Bernardo O’Higgins, Tomo XVI, Santiago, Instituto Geográfico Militar, 1956, pp.
74 y 75.
68 Ibíd., pp. 90 y 91.

64
tiempo; pero, señor, mientras deliberan cuál es el más aparente, se mueren los
soldado”.69

Más adelante, el 26 de marzo, el Comisario General de Guerra don Domingo


Pérez, hace presente al Director Supremo: “de primera urgencia la organización y
arreglo del hospital del Ejército, por hallarse esta casa mal servida por falta de un
contralor de las cualidades que son consiguientes a su delicado manejo y
caritativo servicio, es de necesidad que el sujeto que se encargue de aquel sea de
la más acendrada conducta, patriotismo y desinterés, que entienda de cuentas
para llevar los libros de cargo y data, formar estados y relaciones mensuales de
todos los empleados, jornaleros y demás menudos gastos que son anexos en la
expresada casa Hospital, se permite recomendar para el desempeño de estas
funciones al ciudadano Pedro Fernández Niño”. Luego agrega que es asimismo
“urgentísimo un fiel Mayordomo que sea incansable en las continuas labores de su
cargo”.70

Las condiciones del Ejército en el sur, en el mes de mayo de 1817, fueron dadas a
conocer por el mismo doctor Paroissien, a la sazón apostado en Concepción,
quien en carta a O’Higgins le da a conocer “la lista de las personas que han
mandado camas para este hospital; en lugar de cien (y tenemos cerca de 200
enfermos), no hay sino cincuenta, y éstas generalmente muy malas; y en lugar de
dos sábanas para cada una, de tres varas de largo y dos de ancho, nos han
mandado dos cortes de rebozo, insuficientes para hacer una sábana regular.
Tenemos muchos enfermos de reumatismo, y según la estación del tiempo, si V.E.
no me facilita como cuidar mejor a los enfermos y heridos prontamente, no tendrá
la Patria quien defienda, a lo menos en el Ejército de Sud”.71

Hacia fines de 1817 el Jefe del Estado Mayor, General Brayer daba a conocer la
composición de un germinal Servicio de Sanidad del Ejército, en el cual los
doctores Paroissien y Green actuaban como cirujanos mayores, Delgado y De la
Rueda como cirujanos, Fray Antonio de Saint Albert, los Subtenientes Manuel
Molina y Juan Briceño como ayudantes de cirujanos, el Teniente Juan Mendoza
como boticario mayor, y Tomás Cruz como practicante mayor.

La situación de la medicina en la naciente República de Chile dejaba bastante que


desear por aquella época. Un periódico local describía la situación de manera
bastante detallada al decir que: “Santiago nos ofrece el cuadro más lastimoso,

69 Ibíd., pp. 94 y 95.


70 Ibíd., p. 93.
71 Carta de Paroissien a O’Higgins, 21 de mayo de 1817, en Archivo de don Bernardo O’Higgins,

Tomo XXI, Santiago, Editorial Universidad Católica, 1960, p. 243.

65
presentándonos el contraste de la abundancia de su suelo, la benignidad de su
clima y la bondad de sus hijos, con sus hospitales desaseados, mal administrados
y careciendo los pacientes de las cosas más necesarias aun para los que gozan
de perfecta salud. Al aproximarse percibimos un ambiente fétido; y al entrar en
ellos vemos sufrir bajo el peso de la desnudez y frío aquellos seres afligidos por la
naturaleza y atormentados por las necesidades”.72

La salubridad era desatendida en los espacios públicos. Los hospitales eran


considerados como lugares para ir a morir más que para recurrir a ellos para
obtener cura y salud. Los antecedentes referidos al Hospital San Juan de Dios,
situado en la Cañada en la locación del actual edificio del Ministerio de Bienes
Nacionales, recibía en medio de la guerra de Independencia a los soldados
heridos de ambos bandos, con la finalidad de acogerlos en su agonía y administrar
su muerte dentro de los parámetros de la higiene pública de la época, ya que sus
cuerpos eran procesados de la forma en que eran tratados la gran mayoría de la
población santiaguina, enviándolos al cementerio de “La Pampilla”, un camposanto
destinado a los menesterosos de la ciudad ubicado fuera de los lindes de la misma
en la calle de “Las Matadas”, actual Santa Rosa, perteneciente al propio Hospital
San Juan de Dios.

Si bien la pobreza rayaba en la miseria, lo cierto es que la salubridad se


administraba al interior de los hogares como dimensión de la vida privada tanto de
las familias como de las personas. No existía una idea difundida y formal de la
salud pública, ya que las ideas ilustradas aún no permeaban en todas las áreas de
administración del Estado. Muchos de los malogrados soldados que lucharon en
las batallas que nos proporcionaron la libertad no solo descansan en las fosas
destinadas para acoger sus cuerpos en los propios campos, sino en el recinto
fúnebre del Hospital San Juan de Dios, en la actual cuadra comprendida entre las
calles Santa Rosa, Porvenir, San Isidro y Coquimbo, donde podemos estimar que
en los años de funcionamiento del mismo se acogió a más de 25.000 habitantes
de Santiago.

En 1818 una sala correspondiente al Hospital San Borja, se unió al hospital militar
fundado el año anterior, gracias al cual se pudo atender con algo de mayor
dedicación a los soldados heridos tras la Batalla de Maipú, decisiva dentro del
proceso. Más tarde, en 1821 se fundó un hospital militar en Concepción, a la vez
que “se habían dispuesto ambulancias regularmente montadas, provistas de un

72 El Argos, 1818.

66
considerable depósito de medicinas y dotadas de siete cirujanos y doce
enfermeros”.73

En la doblemente centenaria historia de la medicina militar en Chile el nombre de


Manuel Julián Grajales cumple un rol fundamental. Súbdito de la corona española,
médico de profesión y un verdadero visionario, capaz de entender las necesidades
de su tiempo, dentro del contexto que le toca vivir, -el proceso de Independencia
de América, el primer impulso mundial (occidental) hacia la modernización de sus
instituciones políticas, jurídicas y sociales, y la amenaza constate de la guerra-,
propone a Bernardo O’Higgins la construcción de un recinto especialmente
dedicado a la atención de efectivos militares en el momento en que patriotas y
realistas se encontraban sumidos en constantes y permanentes escaramuzas. Es
en 1823, año de transición en la historia institucional de Chile ya que culmina el
gobierno del Libertador O’Higgins y se abre paso al período conocido como
anarquía o también años de formación y aprendizaje político, en que tras
presentar un proyecto de organización, Grajales queda a cargo de la organización
y administración del recinto tan anhelado.74 En palabras de Enrique Laval: “Con
motivo de la guerra de la independencia y sus secuelas, se organizó el Hospital
Militar de Santiago (que funcionó en el antiguo edificio del Hospital San Francisco
de Borja) y Grajales fue su cirujano hasta 1825, fecha de su regreso a España”.75

El trabajo de este establecimiento se vio regulado, en parte, a través de la


organización de un cuerpo de cirugía del Ejército, el cual, de acuerdo a su decreto
fundacional, “se compondrá de un Cirujano Mayor, dos cirujanos de primera clase,
dos de seguridad, cuatro practicantes y dos boticarios”,76 a la vez que se disponía
que utilizaran uniformes y distintivos diferentes a los del resto de los miembros de
la fuerza militar, cuestión bastante entendible debido a la necesidad de señalar de
manera inequívoca su misión dentro del campo de batalla.77 Con el fin de hacer
algo más llevadero el gasto que la salud significaba en el erario familiar es que en
1825, se decretó una rebaja dirigida al “soldado, cabo y sargento que entrare en

73 Ejército de Chile. La medicina y el servicio de sanidad militar. 1520-2004, Santiago, Instituto


Geográfico Militar, 2004, p. 48.
74 Figueroa, Virgilio. Diccionario Histórico, Biográfico y Bibliográfico de Chile, Tomo III, Santiago,

Establecimientos Gráficos Balcells y Compañía, 1929, p. 372.


75 Laval, Enrique. “Manuel Julián Grajales. Propagador de la vacuna antivariólica en América del

Sur. Anatomista y cirujano”, en Revista Chilena de Infectología 2014; 31 (6), p. 743.


76 Decreto llamado Cirujanos Militares, de 24 de julio de 1827, en Recopilación de Leyes y

Decretos.
77 Decreto llamado Distintivos de los cirujanos y boticarios del Ejército, de 24 de julio de 1827, en

Recopilación de Leyes y Decretos.

67
los hospitales, tres pesos mensuales por individuos, que son los mismos que
descuentan para el rancho los respectivos cuerpos”.78

Figura 33. Retrato del Capitán General Bernardo O’Higgins Riquelme [1820]. Óleo sobre tela, 210
x 135 cm. José Gil de Castro. Museo Histórico Nacional.

Debido al fin de las batallas y a la aparente calma experimentada en la zona


central del país, hacia 1828, en un contexto de máxima estrechez económica y
problemas para el erario nacional, conflictos entre el Estado y las órdenes
religiosas (que de hecho estaban siendo despojadas de sus bienes por parte del

78Decreto llamado Rebajo de Hospitalidades, de 29 de julio de 1879, en Recopilación de Leyes y


Decretos.

68
primero para así recaudar), y las dificultades para ser reconocidos en el concierto
internacional como una nación independiente, se decide finalizar con el trabajo del
hospital de Santiago, pero mantener el de Concepción. Esta última decisión no
constituye un mero antojo sino que se justifica si se tiene en cuenta que hasta
1826 la zona estuvo amenazada por las fuerzas leales al rey de España,
especialmente en la isla de Chiloé, lo que hacía de aquel espacio una zona de
guerra, condiciéndose en este sentido la existencia y conservación de un hospital
militar con el motivo primigenio de los mismos.

Poco más de quince años después de los sucesos de 1810, Chile se vio inmerso
en una nueva guerra. Esta vez contra las fuerzas de las Confederación Perú-
Boliviana entre 1836 y 1839. Si bien el resultado de ésta fue favorable para los
chilenos, la cantidad de bajas y de heridos reflotó la problemática de la sanidad
militar, la necesidad de contar con espacios especialmente dedicados a la
atención de las heridas y laceraciones propias de la guerra, así como a los
asuntos de higiene asociados a esto mismos. El mutismo casi total del Estado a
este respecto puede deberse a la gran cantidad de energías que se estaban
dedicando a la conformación y afianzamiento de la República, a la implementación
de los preceptos e ideas contenidas en la Constitución Política de 1833, y a llevar
a cabo el ideario instalado por el Ministro Diego Portales. Cabe agregar que
durante este episodio bélico destaca el papel jugado por las mujeres, en especial
de las llamadas cantineras, es decir las que manejaban una “cantina” o botiquín en
lenguaje actual, recordándose hasta hoy la figura de la “cantinera Candelaria
Pérez, que además de luchar codo a codo con los soldados, actuaba como
abnegada enfermera de guerra. Estas patriotas servidoras no contaban con
uniforme reglamentario, y sencillamente lucían la tenida que mejor les parecía y
que en cierto modo presentaba cierta similitud con el uniforme militar y llevaban
una cantina como símbolo distintivo de su labor en combate. Ellas debían socorrer
a los heridos y manejar la provisión de víveres”.79 Hacia el final de la guerra, en
1839, la Ordenanza General del Ejército, en su título XXVII, regulaba con algo de
minuciosidad la labor de los cirujanos, incluido lo referido a su vestimenta. Tal
meticulosidad, meramente preceptiva, no se condecía con la precaria realidad
material, lo que limitaba profundamente su labor bienhechora.

79Ejército de Chile. La medicina y el servicio de sanidad militar. 1520-2004, Santiago, Instituto


Geográfico Militar, 2004, p .50.

69
Figura 34. Irene Morales Infante (1865-1890), de oficio de costurera y luego de enviudar, se
disfrazó de hombre para reclutarse en el batallón del 3º de línea, destacándose como soldado en la
batalla de Dolores, además de las campañas de Tacna, Chorrillos y Miraflores. El General Manuel
Baquedano la nombró oficialmente cantinera del regimiento.

El tiempo pasó y no será sino hasta la década del sesenta del siglo XIX, en que se
decreta la organización de un recinto de salud militar al interior del Hospital San
Borja, decisión que a la larga se vería refrendada por los eventos bélicos en los
cuales el país se ve inmerso hacia mediado del mismo decenio, al enfrentarse,
esta vez del mismo lado que el Perú, contra los españoles, quienes aún no
renunciaban definitivamente a la idea de volver a controlar el continente. Es en
este sentido que las conversaciones en torno a la construcción o instalación de un
recinto de características estables es retomada con algo de fuerza, toda vez que

70
se conoce a través de algunos testimonios de época, que la sanidad militar siguió
deambulando de lugar en lugar sin encontrar aún un espacio definitivo. De hecho,
el joven Constancio Silva, estudiante de la carrera de medicina da cuenta de que
el hospital militar desarrollaba sus funciones hacia la década del setenta, en las
salas de un simple, incómodo y oscuro convento, en condiciones bastante poco
favorables para el desarrollo de la actividad médica, la atención de los pacientes, y
la recuperación de los mismos.80 En este sentido puede afirmarse que durante
este período: “La medicina militar aún no había iniciado su despegue y el servicio
de Sanidad en el Ejército no tomaba forma, limitándose exclusivamente a
considerar médicos para la atención de su personal, pero sin una organización ni
una planificación orientadora para el servicio”.81

Figura 35. Servicios Logísticos. Medios de acarreo. Año 1861. Fuente: “Historia del Ejército de
Chile”. Tomo IV. “Consolidación del Profesionalismo Militar Fin de la Guerra de Arauco 1840-1883.”
Ejército de Chile. EMGE, 1980, p. 241.

El Servicio de Sanidad durante la Guerra del Pacífico (1879-1883)

Tanto se dilataron las conversaciones y eventuales decisiones en torno a la


instalación de un hospital militar definitivo, lo que hace pensar razonable y
legítimamente que no existía hasta ese momento una verdadera voluntad por
80 Silva, Constancio. “Algunas consideraciones sobre los hospitales de Santiago. Memoria de
prueba para obtener el grado en la Facultad de Medicina”, en Anales de la Universidad de Chile
(XXXVIII), Universidad de Chile, Santiago, 1871, p. 63.
81 Ejército de Chile. La medicina y el servicio de sanidad militar. 1520-2004, Santiago, Instituto

Geográfico Militar, 2004, p. 53.

71
llevarla a cabo, que hacia fines de la década del setenta, cuando Chile se ve
envuelto en el que es, probablemente, su máximo desafío bélico, la Guerra del
Pacífico, la cual se extiende entre los años 1879 y 1883, encontrándose por
segunda vez a los mismos adversarios a los que había hecho frente hacía poco
más de treinta años, debió afrontarse sin un servicio de sanidad militar que
contara con el mínimo de condiciones aceptables y necesarias como para
enfrentar el desafío. De hecho, se decía que la autoridad gubernamental habría
manifestado que durante los eventos de Loncomilla, acaecidos durante la
Revolución de 1851, aún sin servicio sanitario, se había salido adelante,
desconociéndose la evolución de la medicina de guerra. Junto a esto hay que
agregar que, al despuntar la guerra, el Ejército solo contaba con un maltrecho
hospital apostado en la localidad sureña de Angol, y otras instalaciones en sus
alrededores. Es así como en “marzo de 1879, el Ejército no tenía más que una
ambulancia, para seis mil hombres. Era algo así como un hospital de campaña,
con capacidad para 50 camas, a cargo del Dr. Teodosio Martínez -único cirujano -,
junto con cuatro practicantes”.82

Figura 36. Álbum gráfico militar de Chile: campaña del Pacífico (1879-1884). Universo. Santiago
1909.

Inicialmente la presencia de médicos en la guerra se debió a la conducta altruista


y patriótica de los mismos galenos. Recordado es el caso del doctor Nicanor

82Ejército de Chile. Historia del Hospital Militar de Santiago del “General Luis Felipe Brieba Arán”
en la comuna de Providencia. 1932-2009, Santiago, Instituto Geográfico Militar, 2009, p. 28.

72
Rojas, quien ofreció al gobierno recursos, su saber y su presencia. Vale en este
sentido recordar sus palabras, las que quedarán en lo más alto de la historia de
Chile: “El que suscribe, profesor de cirugía de la Universidad, tiene el honor de
ofrecer al Supremo gobierno, para la ayuda de los gastos de la guerra, la
asignación de $ 800 de que goza por la asistencia clínica de los hospitales.
También pongo a su disposición los pequeños trabajos que ofrecí al Ministro de
Guerra y que creo de gran utilidad, pues en ellos trato de la organización del
Servicio Sanitario en Campaña y sobre Higiene Militar. Además de estas
pequeñas ofrendas, creo de mi deber, prestar gratuitamente mis servicios en
cualquier puesto que se señale en el Ejército del norte, o en otra parte, ya sea
como médico o como ciudadano”.83 La iniciativa del Dr. Rojas fue seguida
valientemente por el claustro de la Escuela de Medicina de la Universidad de
Chile, el cual manifestó que se encontraban dispuestos a acudir al campo de
batalla junto a los soldados, “y mientras las bayonetas defienden a la patria,
defenderemos nosotros ese Ejército de sus enemigos naturales y contrarrestemos
la naturaleza en su beneficio. Y por fin, si fuera necesario, tomemos el fusil y
empuñemos la espada en defensa de la Patria”.84

Las palabras del gobierno no se hicieron esperar, siendo el Ministro de Relaciones


Exteriores, Fernando Alejandro Fierro, quien le manifiesta al Decano Dr.
Wenceslao Díaz que: “S.E. el Presidente de la República se ha impuesto con vivo
interés de las resoluciones que han adoptado el cuerpo médico y la escuela de
medicina, tan dignamente representados por ustedes. Por ella se ha confirmado
que el sentimiento del patriotismo existe ardiente, tanto en las corporaciones
científicas del Estado, como en todas las clases que componen la sociedad. El
ofrecimiento del cuerpo médico y de la escuela de medicina, así como sus nobles
y desinteresados propósitos, son un timbre de honor para sus autores, y una
consoladora esperanza para los que deben exponer su vida en defensa de la
dignidad y los intereses de la Patria. En este sentido el Gobierno les estima y
agradece sinceramente”.85 Como consecuencia, la Facultad nominó a los 34
primeros profesionales que partirían a incorporase a la tropa, quienes se dividirían
en tres secciones: una apoyando a los regimientos y batallones, otra en las
ambulancias (suerte de hospitales de campaña y transporte de heridos),86 y la
tercera en el hospital de Antofagasta.

83 Citada en Ejército de Chile. La medicina y el servicio de sanidad militar. 1520-2004, Santiago,


Instituto Geográfico Militar, 2004, p. 58.
84 Citada en Ibíd., p. 58.
85 Citada en Ibíd., p. 60.
86 “Las ambulancias estaban constituidas por 5 o más carpas de doble cubierta de lona, que le

servían de aislador de frío y del calor; tenían formas de tijeras firmemente adosadas al suelo, a fin
de resistir el viento y sus dimensiones aproximadas eras de 20 metros de largo, 3 de ancho y 3 de
alto. Cada carpa contaba con una capacidad de 20 camas, cada una con equipamiento de 2

73
Figura 37. Personal sanitario de la ambulancia Valparaíso N° 1 en Antofagasta. 1979. Fuente: “La
medicina y el Servicio de Sanidad Militar 1520-2004”. Ejército de Chile. 2004, p. 73.

El contingente que partía al campo de batalla iba premunido de un pequeño


instructivo titulado Guía del soldado en campaña, escrito por los doctores Díaz,
Miquel, Aguirre, Gutiérrez, Saldías y Rojas, texto que tenía por objeto enseñar a
los soldados a realizar ellos mismos “la primera cura, en las avanzadas i
reconocimientos principalmente;-2.° Colocar un vendaje provisional en las
quemaduras;- 3.° Detener una pérdida de sangre (hemorragia abundante;-4.°
Evitar los accidentes mortales que pueden venir mientras llega el cirujano;-5.°
Servir de ausiliares después de las batallas cuando los cirujanos siempre son
pocos”.87

Durante la primera quincena de mayo de 1879, se nombró una comisión en apoyo


a la Intendencia General para desarrollar un “Plan General del Servicio de Sanidad
del Ejército en Campaña”, que fue aprobado el 9 de mayo, iniciando su trabajo el
mencionado servicio, designándose como su Cirujano Jefe, con el grado de
Teniente Coronel, al Dr. Nicanor Rojas,88 quien tenía experiencia de combate tras
haber participado en la Revolución de 1851 y en la incorporación de los territorios
de la Araucanía. Hay que destacar el papel jugado por el General Justo Arteaga
Cuevas, quien al iniciarse la guerra hizo ver la necesidad de conformar un servicio
sanitario en la medida de las necesidades. De acuerdo a lo planteado por él, el

frazadas, 2 sabanas y dos camisas”. Ejército de Chile. La medicina y el servicio de sanidad militar.
1520-2004, Santiago, Instituto Geográfico Militar, 2004, p. 61.
87 “Guía del soldado en campaña”, en Ríos, Conrado. El Servicio Sanitario Militar en Chile. Su

historia, su organización; lo que es i lo que debe ser, Santiago, Imprenta Mejía, 1896, p. 245.
88 Estado Mayor General del Ejército. Historia del Ejército de Chile. Tomo V. El Ejército en la

Guerra del Pacífico. Ocupación de Antofagasta y Campaña de Tarapacá: 1879, Santiago, Impresos
Vicuña, 1981, p. 354.

74
Cirujano Jefe del Ejército que se encontraba a su cargo, le planteó que el
contingente médico “no se encuentra en aptitud de prestar el servicio a que se le
destina”, y que esto se debe a que “no hay cirujano, farmacéuticos y practicantes
necesarios”, y que en consecuencia han debido “emplear a soldados para la cura
de heridas, que se descomponen y gangrenan por la falta de atención debida”.
Además del problema humano o relativo al personal, hacía hincapié en la falta de
insumos (“medicinas, instrumentos y provisiones”) e infraestructura, ya que a este
último respecto “no se han establecido aún los hospitales fijos, ni preparado los
elementos para los hospitales de campaña”, para luego solicitar se envíen
urgentemente “instrumentos, medicinas, […] mantas, capotes y frazadas”, además
de “10 cirujanos de primera clase, 20 cirujanos de segunda clase, 10
farmacéuticos, 40 contralores o ecónomos y 40 practicantes”. La misiva finalizaba
recalcando que “las necesidades que se menciona en ella, son tan notorias como
urgentes y si no se les proveyera pronto y favorablemente, la salud del Ejército se
pondría al paso que va, en serio peligro”.89

Figura 38. Hospital de Antofagasta. Álbum Gráfico Militar de Chile. Campaña del Pacífico: (1879-
1884), del historiador chileno Juan Antonio Bisama Cuevas.

89 Citada en Ejército de Chile. La medicina y el servicio de sanidad militar. 1520-2004, Santiago,


Instituto Geográfico Militar, 2004, pp. 193-194.

75
Figura 39. Hospital de campaña en Antofagasta. Álbum Gráfico Militar de Chile. Campaña del
Pacífico: (1879-1884), del historiador chileno Juan Antonio Bisama Cuevas.

Mientras se organizaba el servicio de campaña, la ciudad de Santiago también se


preparaba a paso rápido. Con el fin de ampliar la capacidad de atención de los
soldados, se fundaron dos centros hospitalarios, el de El Carmen y de la
Exposición, además de habilitarse una quinta ubicada en la Alameda y Brasil, con
el objeto de tratar a los heridos, y que quedó bajo la dirección Guillermo Puelma
Tupper.

Figura 35. Compañía sanitaria con sus carros para transportar heridos. Fuente: “Historia del
Hospital Militar de Santiago del General Luis Felipe Brieba Arán” de la comuna de Providencia
1932-2009. Ejército de Chile. 2009.

76
Conforme la guerra avanzaba, crecía también la cifra de muertos, heridos y
enfermos, pero no solo a consecuencia de los eventos bélicos, sino que existía
también otro motivo, nos referimos a la transmisión de enfermedades venéreas,
asunto que no distingue entre la guerra y la paz. En este sentido, el jefe de la
Comisión Sanitaria del Ejército en Campaña, planteaba que se encontraban al
tanto “de que las enfermedades venéreas se han propagado en el Ejército del
norte de una manera lamentable y cree de absoluta necesidad para contener su
desarrollo progresivo y los males consiguientes. Asimismo, juzgaba “de suma
importancia se hagan observar las disposiciones de la ordenanza del Ejército en
esta materia, para que no se hagan enganches de personas enfermas, ni se
embarquen tropas para el norte sin previo reconocimiento de su estado sanitario.
Cualquier principio de enfermedad venérea, tiene por necesidad que tomar un
desarrollo considerable con el temperamento del norte y, según todos los informes
que tengo, ese mal ha sido inoculado de aquí. Me permito, pues recomendar a Ud.
el que se tomen desde luego todas las medidas preventivas que aconseja la
prudencia para evitar el desarrollo de un mal que puede tomar proporciones
considerables”.90

Debido a las exigencias propias de la guerra, a lo cual se sumaban las duras


condiciones del desierto (teatro de operaciones de la misma), los soldados
desarrollaban cierto tipo de enfermedades con especial rapidez y frecuencia. Tal
fue el caso de las tercianas, el catarro bronquial, el reumatismo, la fiebre tifoidea,
la disentería y las paperas, para lo cual, se encomendó a enrolar, principalmente a
jóvenes en buena condición física, lo cual exigía la realización de controles
preventivos bien organizados y certeros. De hecho, se calcula que entre 1879 y
1884 se licenció a 4.081 soldados por “causas de no combate”, donde “la
tuberculosis y el reumatismo fueron las principales causas”, y que “es posible
establecer que los casos de tuberculosis se mantuvieron constantes, lo que
probablemente es indicativo de una realidad de salud del chileno de la época. En
cambio, en el caso del reumatismo se nota un incremento manifiesto a partir de
1879, lo que sería denotativo de enfermedad adquirida en un medio ambiente
extraño”.91

Junto a lo anterior, debía prestarse atención a la alimentación del soldado y de la


conservación de los víveres, ya que se presentaban múltiples problemas al
respecto. La Jefatura del Estado Mayor disponía que “el soldado en campaña

90 Ejército de Chile. La medicina y el servicio de sanidad militar. 1520-2004, Santiago, Instituto


Geográfico Militar, 2004, p. 69.
91 Rodríguez, [Coronel] Sergio. Problemática del soldado durante la Guerra del Pacifico, Santiago,

Impresores Edimpres, 1984, p. 69.

77
debe llevar para su marcha, para 4 días de ella, 4 libras de charqui, 4 libras de
galletas, 1 libra de harina tostada, 4 cebollas y 8 ajíes”, 92 alimentos claramente
insuficientes para aportar la cantidad de energía necesaria al soldado puesto en el
contexto de la guerra en el desierto.93

Dado todo lo anterior y comprendiendo el gobierno de la nación la importancia del


servicio sanitario, fue que se ordenó al General Escala “dar autonomía a la
Sanidad Militar, bajo la dirección del jefe responsable, dependiente de la
intendencia General de Valparaíso, y sin autoridades intermedias que retarden su
accionar”,94 tras lo cual, el 8 de diciembre de 1879, se nombra Jefe de dicho
Servicio al doctor Ramón Allende Padín, de entonces 34 años.

El Dr. Allende Padín, ampliamente recordado por su misión en la guerra,95 había


nacido en la la ciudad de Valparaíso, un 19 de marzo de 1845. Hijo de José
Gregorio Allende Garcés y Salomé Padín Ruiz, estudió en el Liceo de Hombres de
Valparaíso y luego en el Instituto Nacional de Santiago, para más tarde cursar
estudios de Medicina en la Universidad de Chile, donde se especializó como
obstetra y cirujano. En 1870 es designado médico jefe del Hospital de Sanidad y
en 1873, Jefe del Hospital San Borja. Entre fines de 1879 y de 1880 ejerció como
presidente del Consejo de Higiene Pública, y tras ello, como Superintendente del
Servicio Sanitario en campaña durante la Guerra del Pacífico. Murió un 14 de
octubre de 1884. Respecto de su cometido durante la Guerra del Pacífico,
Conrado Ríos Venegas dijo que: “El doctor Allende Padín correspondió
dignamente a las aspiraciones jenerales i a la confianza del Gobierno, i desde el

92 Ejército de Chile. La medicina y el servicio de sanidad militar. 1520-2004, Santiago, Instituto


Geográfico Militar, 2004, p. 77.
93 Los estudios científicos relativos a la alimentación del soldado no comenzarían a darse a

conocer, sino que dentro de la década del treinta del siglo XX. Al respecto puede consultarse:
Pérez, [Mayor] Aliro. “El problema de la alimentación en el Ejército”, en Memorial del Ejército de
Chile, noviembre-diciembre 1937, pp. 1049-1061; Meza, [Coronel] Flaviano. “La alimentación en el
Ejército”, en Memorial del Ejército de Chile, septiembre-octubre 1942, pp. 1773-1781; Rojas,
[Mayor] Huberto. “Importancia de la alimentación y necesidad de crear la escuela de cocineros en
el Ejército”, Memorial del Ejército de Chile, julio-agosto 1950. Pp. 81-90; “Foro sobre alimentación
en el Ejército”, en Memorial del Ejército de Chile, enero-febrero 1960, pp. 115-126; Larraín,
[Capitán] Arturo. “Ecos del primer congreso nacional de nutrición, bromatología y toxicología.
Ventajas de una organización estandarizada en los servicios de alimentación colectiva”, en
Memorial del Ejército de Chile, noviembre-diciembre 1963, pp. 84-99.
94 Ejército de Chile. La medicina y el servicio de sanidad militar. 1520-2004, Santiago, Instituto

Geográfico Militar, 2004, p. 77


95 Las referencias biográficas relativas al Dr. Allende Padín están recogidas de la obra de Armando

De Ramón. Biografías de chilenos. Miembros de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. 1876-
1973, Volumen I, Santiago, Ediciones Universidad Católica de Chile, 1999, p. 62.

78
primer momento estimuló con ejemplo i con la actividad incansable de su espíritu
superior, a sus subordindos i colegas”.96

Figura 40. Doctor Ramón Allende Padín (1845-1884). Integrante de la 2° Cia de Bomberos
“Esmeralda” de Santiago presidente de la Sociedad Médica de Santiago. Jefe del Servicio de
Ambulancias en 1879 y jefe del Servicio Sanitario en Campaña (1880), Superintendente Servicio
Sanitario en Campaña y fundador del Comando de Sanidad del Ejército de Chile.

A lo largo de la guerra el servicio, y todo el Ejército, debió aprender a enfrentar los


que ésta significaba. Tal fue el caso de las ambulancias, a las cuales hubo que
conferirles la posibilidad de moverse con algo de velocidad con el fin de atender a
los heridos, o de la de amputación de miembros, procedimiento bastante frecuente
en el contexto del que hablamos, el cual se presentaba sumamente riesgoso
debido a las condiciones de asepsia limitada en las cuales se trabajaba (como
pasó durante y tras las batallas de Chorrillos y Miraflores), o bien en el tratamiento
de los cadáveres, muchos de los cuales eran tirados al mar y al día siguiente
devueltos por éste, como ocurrió tras la toma del Morro de Arica.

96Ríos, Conrado. El Servicio Sanitario Militar en Chile. Su historia, su organización; lo que es i lo


que debe ser, Santiago, Imprenta Mejía, 1896, p. 266.

79
Sin perjuicio de los denodados esfuerzos realizados por los médicos durante la
campaña, la organización del servicio aun dejaba bastante que desear, y no cabe
dudad de que se encontraba en estado germinal, en constante prueba de ensayo
y error, respecto del modo en que se articulaba (si de un modo más o menos
independiente de la autoridad central del Ejército). En este sentido, son elocuentes
las palabras del General Patricio Lynch, quien planteó que: “El Servicio Sanitario
es el único que adolece de graves defectos y se encuentra en mal estado, debido
a la independencia que se le ha dado del cuartel general, y que no permite adoptar
medidas que pongan término a ellos. Sus gastos son excesivos, sus atribuciones
muy amplias y su régimen y servicio deja mucho que desear. Si circunstancias
especiales muy poderosas pudieran aconsejar en un tiempo la organización de
este servicio en una forma independiente, esos motivos personales han
desaparecido y debe volver al camino normal de todos los otros que componen la
administración civil y militar de este territorio”.97

En esta lógica es posible plantear que el mayor problema de la sanidad militar


durante la guerra, no tenía que ver con la calidad profesional y técnica de los
médicos, ni mucho menos con falta de voluntad de su parte (baste recordar los
acontecimientos antes narrados en el claustro de la Universidad), sino que tenían
más bien relación con la inmadurez en el área de la gestión administrativa. En tal
sentido, son claras las palabras que el delegado de la intendencia General del
Ejército envía a la Comandancia en Jefe: “Estimo que el Servicio Sanitario ha
debido tener un superintendente meramente administrativo que tomara sobre sí la
pesada carga del servicio de ambulancias y hospitales. Me ha dado pena ver al
esforzadísimo doctor Allende Padín, en días de batalla, cubierto de polvo y sudor,
jadeante de fatiga, con el bisturí en la mano operando a los heridos y teniendo que
atender al servicio de hospitales y ambulancias, recoger los heridos, embarcarlos,
ver partir por todas partes camas, catres, carretas, mozos, vendas, medicinas, etc.
El servicio médico indudablemente que necesita a su cabeza un doctor inteligente;
pero el servicio administrativo ha debido estar a cargo de un hombre de
administración, que no tuviera que ocuparse en cortar piernas, brazos, etc., sino
en hacer preparar camas, camillas, alimentos, vestidos, medicinas, recoger
heridos, embarcarlos y correr con la contabilidad y administración general de todo
aquello que no corresponde al papel de un médico”. 98 Sin perjuicio de todo esto,
también existen matices, tal y como lo daba a conocer el doctor Juan Manuel
Salamanca, quien en una carta dirigida a su hermano Samuel, de diciembre de

97 Ejército de Chile. La medicina y el servicio de sanidad militar. 1520-2004, Santiago, Instituto


Geográfico Militar, 2004, p. 93.
98 Ibíd., p. 100.

80
1880, plantea que: “El servicio médico está aquí [en Ica, Perú], perfectamente
establecido”.99

Figura 41. Imagen y ficha médica del soldado Tránsito Díaz, con indicaciones del comité de
cirujanos para el uso de prótesis, c. 1882.

99Ibarra, Patricio. “Documento: Un cirujano en la Guerra del Pacífico: Carta de Juan Manuel
Salamanca (Ica, diciembre de 1880)”, en Autoctonía (I) 1, enero 2017, p. 192.

81
Hacia el penúltimo año de la guerra y debido a los estragos que ésta causaba en
los combatientes, se organizó una comisión de cirujanos (presidida por el doctor
Allende Padín), que se encargaría de estudiar la situación de los mutilados, y de
establecer condiciones y métodos que permitieran relacionarse con aquellos
interesados en fabricar aparatos de ortopedia. En este sentido, es pertinente
mencionar que recién en 1910 el país establecerá cuatro clases de incapacidad,
como consecuencia de la guerra, con el fin de poder determinar el tipo de
asistencia a recibir. La primera de éstas era la invalidez temporal (incapacidad
transitoria que no impedía ejercer el trabajo), la segunda, la invalidez relativa
(dotados de capacidad de trabajar pero afectado de forma periódica o
permanente), luego la invalidez semiabsoluta, y finalmente la absoluta (que
privaba la realización de cualquier forma de trabajo).100 Quienes se encontraban
en esta última condición obtuvieron del Estado el derecho a recibir aparatos
ortopédicos con el fin de suplir el miembro mutilado, consecuencia de lo cual se
debieron gastar $ 1.200.000,00, en razón de que cada aparato ha de haber
costado $ 60,00 en promedio, para un total de dos mil beneficiarios. 101 En términos
específicos, el valor de una mano ortopédica ascendía a $ 49,52 (el valor
promedio del tratamiento o individual), un brazo $ 69,21, un pie $ 84,35, un
antebrazo $ 47,15, un muslo $ 104,50, y una pierna o un brazo $ 95,87.102

100 Méndez, Carlos. Desierto de esperanzas. De la gloria al abandono: Los veteranos chilenos y
peruanos de la Guerra del 79, Santiago, Centro de Estudios Bicentenario, 2009, pp. 80-81.
101 Ibíd., p. 82.
102 Méndez, Carlos. Héroes del silencio. Los veteranos de la Guerra del Pacífico (1884-1924),

Santiago, Centro de Estudios Bicentenario, 2004, p. 61. Un listado pormenorizado de los lisiados
puede encontrarse entre las páginas 102 y 110, con descripción de su nombre, lesión, y lugar de
ocurrencia de la misma.

82
Figura 42. Tiendas cónicas de la Cruz Roja, para Jefes, Oficiales y soldados. Fuente: Tratado de
Higiene Militar” por el Dr. Pedro Mallo. Tomo Segundo. Buenos Aires. 1883. Pág. 210 .

Dentro de las personalidades más destacadas en las operaciones de la guerra se


encuentra el en ese entonces estudiante de medicina, Victor Körner Anwandter,
quien se desempeñó como ayudante de cirugía, y más tarde, como cirujano 2° del
Ejército Expedicionario y Director de la Ambulancia N° 1. Körner participó en las
campañas de Antofagasta, Tarapacá y Tacna, y posteriormente en la ocupación
del Perú). Al regresar a Chile continuó sus estudios de medicina, titulándose de
médico cirujano en 1881 y prosiguiendo sus estudios de ginecología entre 1881 y
1883. Tras la guerra, y siguiendo la ideología liberal, incursionó en la política
siendo electo para integrar la Cámara de Diputados en el período 1885-1888, para

83
ser reelecto para el periodo 1888-1891.103 Sus memorias consignan en forma
vívida el arrojo con el que el equipo de médicos y practicantes debía enfrentar los
avatares del conflicto, así como el esfuerzo para brindarle apoyo eficaz a los
heridos en combate en condiciones de desempeño de máxima vulnerabilidad ante
las fuerzas enemigas.

Figura 43. Victor Körner Anwandter (1856-1946). Bachiller en Medicina en la Universidad de Chile
e interrumpió sus estudios para ingresar al servicio de Sanidad del Ejército en la Guerra del
Pacífico. Se desempeñó como cirujano 2° del Ejército Expedicionario en las campañas contra el
Perú, 1879-1880. Se tituló de médico cirujano y estudió ginecología en Europa, para
desempeñarse en la administración del Hospital Barros Luco, Hospital San Vicente de Paul y del
Hospital San Francisco de Borja.

103De Ramón, Armando. Biografías de chilenos. Miembros de los poderes Ejecutivo, Legislativo y
Judicial. 1876-1973, Volumen II, Santiago, Ediciones Universidad Católica de Chile, 1999, pp. 258-
259.

84
Capítulo IV
La primera etapa del Servicio de Sanidad del Ejército y del
Hospital Militar (1882-1977)

Los inicios del Servicio de Sanidad del Ejército (1882-1962)

En plena Guerra del Pacífico, y luego de su creación el 9 de mayo de 1879, el 31


de marzo de 1882, y en relación al servicio médico quirúrgico del Ejército de
Frontera, se dispuso que éste: “dependerá en la parte administrativa, del
Intendente del Ejército del Sur y en lo profesional, del Cirujano en Jefe de dicho
Ejército”, además de lo anterior, se ordenó que en “los fuertes donde juzgare
necesario el intendente del Ejército del Sur, atendido el número de tropas de su
guarnición, habrá una enfermería que contará del número de camas necesarios,
con sus útiles respectivos, destinados a los enfermos más graves que no pudieron
ser atendidos en las cuadras de sus cuarteles”.104

Seis años después, en 1888, el recién nacido Servicio Sanitario del Ejército daba
un paso adelante en pos de su afianzamiento administrativo y funcional, toda vez
que el Ministerio de Guerra presentaba ante el Congreso Nacional una serie de
requerimientos considerados pertinentes y esenciales para el debido cumplimiento
de esta tarea, una que tan costoso había salido al país durante la última guerra
librada hacía solo unos años atrás. Es así como se plantea que
administrativamente: “La intendencia General que tan cerca ha intervenido en la
administración de este servicio, observando atentamente el régimen a que ha
obedecido en su marcha, considera que su organización debe basarse en la
creación de un departamento o sección que, dependiendo de la intendencia
General, sin embarazarlo en su acción facultativa, ejerza la dirección técnica y
profesional del ramo, tanto en el Ejército como en la Armada, reservando la
Intendencia General la parte económica administrativa, como privativa de su
cargo”. Del mismo modo, en relación a los pertrechos propios del servicio se
establece la creación de “un parque sanitario destinado a preparar, conservar y
destinar todos los efectos que constituyen el consumo y el material sanitario del
Ejército y de la Armada en sus diversas dependencias”, para luego determinar que
durante la “campaña, la dirección técnica del Servicio Sanitario se confía al
Cirujano en jefe del Ejército, asistido de un Consejo consultivo reservado, como en
el caso de la dirección, la administración económica y disciplinaria a la intendencia
General”.105 En esta lógica es pertinente afirmar que el recuerdo fresco de la

104 Recopilación de Leyes, Ordenanzas, Decretos Supremos y Circulares concernientes al Ejército,


Tomo VI, 1884.
105 Memorias de Ministro de Guerra, presentada al Congreso Nacional en 1888, pp. 245-256.

85
guerra hacía “ver con claridad la necesidad de mantener organizaciones de
sanidad durante la paz, para encontrarse en condiciones de servir al elemento
combatiente con prontitud y oportunidad”.106

Pocos años más tarde, por medio del Decreto N° 1.112 de 10 de junio de 1889 se
crea la Dirección del Servicio Sanitario del Ejército, la que queda integrada por un
cirujano mayor, un cirujano, un secretario, un guardalmacén, un farmacéutico, un
escribiente y un portero, y que hasta 1891 fue dirigida por el doctor Patiño Luna.
Además, se dotó al servicio de otros quince cirujanos de cuerpos, de dos cirujanos
auxiliares, de un sargento enfermero por batallón, de un soldado enfermero por
compañía y, también de algunos músicos, pertenecientes a diversos cuerpos, los
cuales fueron designados para cumplir la labor de camilleros. Junto a lo anterior, al
“Director del Servicio se le asignó el grado de Coronel y el de Teniente Coronel al
cirujano secretario y los médicos de cuerpo tuvieron el rango de Capitán. De esta
manera el personal de sanidad entraba a formar parte del escalafón militar y los
empleados civiles que trabajaban en la Dirección de Sanidad quedaban sujetos a
las disposiciones de la Ordenanza General del Ejército”.107 Con posterioridad, en
1906, la distribución de los grados variará, analogándose a los cirujanos mayores
con el de Teniente Coronel, y los cirujanos de cuerpo como Mayores. Por medio
de la Ley N° 2.644 de 22 de febrero de 1912, estos cirujanos pasaron a ser
reconocidos como Oficiales de Sanidad, haciéndose beneficiarios de los mismos
derechos y prerrogativas que un Oficial de Ejército.

106 Estado Mayor General del Ejército. Historia del Ejército de Chile. Tomo VI. El Ejército en la
Guerra del Pacífico. Campañas de Moquegua. Tacna y Arica, Lima, la Sierra, Arequipa y término
de la guerra, Santiago, Impresos Vicuña, 1982, p. 403.
107 Ejército de Chile. La medicina y el servicio de sanidad militar. 1520-2004, Santiago, Instituto

Geográfico Militar, 2004, p. 106.

86
Figura 44. Camilla o angarilla sobre ruedas, sistema prusiano. Fuente: Tratado de Higiene Militar”
por el Dr. Pedro Mallo. Tomo Segundo. Buenos Aires. 1883. Pág. 389.

Figura 45. Teniente Coronel Leoncio Tagle, del Batallón Movilizado Lontué y personal
de ambulancia, emplazados en Lima, 1882. Fuente: Historia del Hospital Militar de
Santiago del General Luis Felipe Brieba Arán” de la comuna de Providencia 1932-2009, p. 29.

Junto con el desarrollo orgánico del servicio, en los últimos años del siglo XIX
comienza a desarrollarse un pequeño corpus ilustrado de obras relativas a la
materia. Es así como en 1896 ve la luz un texto señero en la historia de la sanidad
militar de Chile. Nos referimos a El Servicio Sanitario Militar en Chile. Su historia,
su organización; lo que es i lo que debe ser, obra de Conrado Ríos Venegas, la

87
que en sus casi 500 páginas da cuenta de la historia y proyección de la sanidad
militar chilena en tiempos de paz (primera parte, comprendida entre el capítulo 1 y
6), y de guerra (segunda parte, entre el capítulo 7 y 14). Dada la gran cantidad de
información citada y referenciada (fuentes primarias como leyes, reglamentos y
cartas, así como experiencias comparadas, en especial de Argentina y Francia),
no nos cabe duda de que este trabajo constituyó un pilar esencial en el desarrollo
de lo que hacia fines del siglo XIX era la sanidad militar.

Al año siguiente, Enrique Moore expone en la escena nacional que los servicios de
salud eran considerados como una parte esencial de los ejércitos más civilizados y
una responsabilidad estratégica que había de emprenderse en tiempos de paz.
Inició sus estudios de medicina en la Universidad de Chile, en 1882, y se tituló
como médico cirujano en 1888, luego de haber servido como médico en el
lazareto de Llay Llay en el año de 1886. También se desempeñó como cirujano
primero en la Guerra Civil de 1891. En su obra Cirugía de la Guerra comentó que
su trabajo se realizó bajo el convencimiento de que su obra aportaría eficazmente
a la organización estratégica del ejército, sobrellevando la falta de recursos y
preparación, adquiriendo en contrasentido la capacidad de adaptación e
improvisación creativa, comentado: “no se crea que la improvisación quirúrgica es
un asunto de imaginación de los cirujanos y que se puede fabricar un aparato de
fractura con cualesquier elemento o improvizar un aparato de transporte siguiendo
las ideas de tracción vulgar: muy al contrario, la improvisación es una rama de la
cirugía de la guerra absolutamente científica, que como otros capítulos de ella
posee sus reglas y está basada sobre principios que debe el cirujano militar
conocer de antemano: se improvisa pero no se inventa. Se improvisa en la
evacuación de heridos, como se improvisa el material sanitario desde el bisturí
hasta el carro de transporte, desde la cocina de la ambulancia hasta la mesa de
operación; pero repetimos: todo ello es siguiendo principios previamente
adquiridos. La improvisación científica deberá adquirir un lugar preferente entre los
estudios de nuestros cirujanos militares, porque ellos tendrán mil veces que luchar
contra la escasez de elementos: nuestro país desgraciadamente no solamente
carece de las benéficas instituciones de la Cruz Roja repartidas hasta en los
pueblos menos civilizados, sino que nuestro parque sanitario no existe, parque
que para prestar servicios en la guerra debe ser confeccionado en tiempo de
paz”.108

En este afán proyecto una obra de gran profusión de procedimientos e


instrucciones, destinando su primera parte a traumatología, y de forma específica
a “generalidades sobre las heridas por armas de fuego”, para abordar en segunda

108 Moore, Eduardo. Cirugía de la Guerra, Leipzig, F.A. Brockhaus. 1897, p. 311.

88
instancia la “cirugía de los hospitales militares”, tratamiento de las afecciones
médicas y el servicio sanitario en campaña. La finalidad declarada de Moore fue
crear una obra “destinada a ser consultada no solo en los momentos de duda
profesional y en los hospitales militares, sino también puede ser un guía en las
ambulancias, en la posta de socorro, es decir, bajo el fuego mismo, cuando no se
encuentran colegas a quien consultar, ni se puede abandonar al enfermo. Se ha
hecho lo posible para que pueda ser entendida por la tropa sanitaria y por los
profanos. Lo que urge consultar son los procedimientos operatorios: a menudo
basta conocer la línea de incisión señalada en una figura clara, para que el
cirujano pueda ejecutar la operación. Este requisito está salvando por medio de
las láminas explicativas intercaladas en el texto y que van acompañadas de una
pequeña indicación sobre la manera de operar. Hemos expuesto el tratamiento de
las afecciones quirúrgicas y de las más generales de la medicina interna,
convencidos de que en los hospitales de campaña el cirujano tendrá que echar
mano a su libro, y para completar esta necesidad hemos agregado una tabla con
las dosis máximas y mínimas de los medicamentos. Al tratar de las formaciones
sanitarias hemos dado a conocer los deberes del personal sanitario desde el
angarillero hasta el jefe del servicio, de una manera muy sucinta, tanto respecto a
los quehaceres del médico, como a los que les crea la Convención de Ginebra,
porque esas disposiciones corresponden más bien a los reglamentos sanitarios.
[Así] hemos preferido ocuparnos ligeramente de la composición militar de un
ejército, porque de su constitución depende la del servicio sanitario, Ha sido una
constante preocupación de nuestra parte la cirugía de urgencia, es decir, los
primeros socorros suministrados a los malheridos en el campo — que
consideramos el asunto de mayor importancia. Es la parte dedicada al cuidado
que debe suministrarse a los heridos de cualquier especie durante y después del
combate, señalando para cada caso los medios que la ciencia pone a nuestro
alcance”.109 Su organización en forma de manual la transformaron en un texto
imprescindible para el aprendizaje de la medicina militar y la réplica de
procedimientos de higiene y salubridad en contextos de campaña.

109 Ibíd., pp. 311-312.

89
Figura 46. Eduardo Moore Bravo (1865-1941), se desempeñó como médico y cirujano del Ejército,
para más tarde ser comisionado a Europa por la Universidad de Chile. En su obra intelectual
destaca su desempeño como Director del Museo Nacional de Historia Natural entre 1910 y 1927.

Dos años después, en 1889, el Cirujano Jefe doctor Cornelio Guzmán organizó el
Servicio Dental, el cual se instaló inicialmente en la Escuela Militar, destacándose
en esta primera etapa de su historia, la labor realizada por el Mayor Luis de la
Barra Lastarria. Luego, en 1912, y según lo dispuesto por el Decreto N° 2.644 de
22 de febrero del mismo año, se crea el Servicio de Dentística. Lamentablemente
en 1914, debido a estrecheces financieras, éste es suprimido y los profesionales
pasan a desempeñarse como empleados civiles, para que casi veinte años
después, en 1937 se volviera a completar la planta mediante la incorporación de
veintitrés Subtenientes Dentistas.

La poca disponibilidad de médicos militares hizo que a principios de 1914 se


limitara su actuar a la atención de oficiales, alumnos de la Escuela Militar y de

90
Suboficiales, y a los empleados de los hospitales y salas militares, suprimiéndose
la atención a las familias de los mismos. A pesar de ello, dos años después el
servicio crece, mediante la creación de una Sub Sección Experimental de Higiene,
consistente en una estación bacteriológica, una red radiológica, y seis
esterilizadores, para lo cual se aumentó el contingente en un Sargento Primero, un
Vice Sargento Primero, ocho Sargentos Segundos, y ocho Soldados Contratados.

En materia orgánica, el servicio continuaba con su complejización. Así queda de


manifiesto según lo dispuesto por el Decreto N° 1.390 de 28 de abril de 1925, el
cual determina la existencia de cuatro secciones dependientes del Servicio de
Sanidad: la médica, la de higiene y profilaxis, la de dentística, y la de farmacia.

Desde el punto de vista de su accionar, en 1927 el servicio desarrolló una


campaña de cloración del agua, con el fin de evitar infecciones masivas; comenzó
a construir carros ambulancia en acuerdo con la Fábrica y Maestranza del Ejército;
en 1928, con el fin de prevenir una epidemia de tifus, se ordenó realizar una
vacunación obligatoria en las diversas unidades desplegadas a lo largo del país, y
ese mismo año participó activamente de las labores sanitarias y de higiene tras el
terremoto que afectó a la zona centro sur del país. En relación a esto último, el
diario El Mercurio informaba que “Talca está literalmente en ruinas”,110 y que tras
la acción liderada por el cirujano militar Manuel Torres Boonen: “Se acumuló
material en carpas tortugas: catres de campaña, colchones, camillas, material de
curaciones, mesas de operaciones, instrumental quirúrgico y demás elementos
necesarios. […] El Hospital de Campaña fue dotado además, de un apartado
propio para su alumbrado eléctrico y de tres camiones, uno de rayos X, uno de
transporte de heridos y uno de carga. […] El Hospital Militar ha funcionado
operando continuamente día y noche”. 111 En un hecho que no constituye mayor
novedad para Chile, dado su carácter sísmico, el servicio volvió a ponerse a
prueba en 1939, tras un nuevo terremoto ocurrido prácticamente en la misma zona
antes descrita, pero esta vez con especial dolor para la ciudad de Chillán.

110 El Mercurio, 3 de diciembre de 1928.


111 El Mercurio, 6 de diciembre de 1928.

91
Figura 47. Compañía sanitaria con sus carros para transportar heridos. Fuente: Historia del
Hospital Militar de Santiago del General Luis Felipe Brieba Arán” de la comuna de Providencia
1932-2009, p. 115.

En enero de 1929, en la ciudad de Valparaíso, se llevó a cabo el Primer Congreso


de Medicina y Cirugía Militar y Naval de Chile, gracias a un esfuerzo conjunto del
Ejército, la Armada y la Universidad de Chile. El objetivo del mismo consistía en
que los “servicios sanitarios de las instituciones armadas, nacidos al impulso de
unos cuantos hombres amantes de la ciencia y del progreso, se encuentran
afectados de un mal que, desgraciadamente, es muy común en las organizaciones
nuevas, donde aun la experiencia no ha trazado normas inamovibles; hay falta de
correlación entre los servicios sanitarios de las instituciones armadas y se deja
sentir la necesidad de procedimientos standard, todo lo cual traerá
necesariamente como su consecuencia lógica, un mayor rendimiento en beneficio
de la humanidad doliente, y una mayor economía en el manejo y administración de
los servicios sanitarios de las instituciones armadas”.112 Los temas a tratar se
organizaban alrededor de los siguientes tópicos: organización sanitaria de las
instituciones armadas, higiene, selección del personal, enfermedades de
trascendencia social, ética profesional, química y farmacia, además de otros
temas libres.

112Primer Congreso de Medicina y Cirugía Militar y Naval de Chile. Santiago, Imprenta Kromos,
1928, p. 2.

92
Figura 48. Rutina de ejercicios. Escuela Militar. Fuente: “Álbum gráfico del Ejército:
centenario de la Independencia de Chile: 1810-1910”. Santiago de Chile: Sociedad
Imprenta y Litografía Universo, 1910.

A inicios de la década del cuarenta el Departamento de Sanidad era dependiente


de la Dirección de los Servicios, y se encontraba constituido por el recientemente
fundado Hospital Militar, por el Instituto de Biología y Farmacia, y por el
Departamento Odontológico. Respecto de este último, hay que destacar el papel
que algunos de sus miembros jugaron por su profesionalización, así como por la
difusión del conocimiento relativo a su materia. Tal fue el caso del Capitán
Clodomiro Contreras, quien en solo un año publicó tres trabajos especializados,
acerca del cáncer de la cavidad bucal, sobre la tuberculosis bucal, y otro relativo a
la sífilis bucal, todos en el Memorial del Ejército de Chile correspondiente al año
1934.113 De igual modo, durante los años inmediatamente siguientes, Leonardo
Panatt114 y el Mayor Alberto González publicaron acerca de la historia e
importancia del servicio dental del Ejército, respectivamente. De acuerdo a este
último oficial: “Las condiciones de vida en el medio militar hacen que los individuos
se encuentren especialmente predispuestos a adquirir enfermedades. Es
necesario contribuir con la profilaxia dental a hacer desaparecer cualquier causa
que pueda ser el origen de males futuros para nuestros soldados. Es fácil
113 Contreras, [Capitán] Clodomiro. “Cáncer de la cavidad bucal”, en Memorial del Ejército de Chile,
enero-febrero 1934, pp. 131-135; Conferencia sobre tuberculosis bucal”, en Memorial del Ejército
de Chile, julio-agosto 1934, pp. 814-817; “Conferencia sobre sífilis bucal”, en Memorial del Ejército
de Chile, septiembre-octubre 1934, pp. 997-999.
114 Panatt, Leopoldo. “Breve reseña sobre la utilidad del Servicio Dental en el Ejército, en Memorial

del Ejército de Chile, enero-febrero 1935, pp. 100-105.

93
comprender que un soldado o conscripto afectado de una crisis dentaria, pues, las
periodontitis, las pulpitis, las neuralgias dentales, que suelen provocar los dolores
más violentos que puede soportar el hombre, no permite al enfermo que los sufre,
la menor actividad ni el más mínimo esfuerzo de atención ni de reflexión”.115

El mismo Mayor González publicó en 1935 y 1936, dos trabajos acerca del
servicio dental y su papel en las campañas,116 así como otro relativo a la creación
del hospital dental del Ejército, en el cual, de acuerdo a sus planteamientos, “será
atendido el personal militar, como asimismo, los padres, esposas e hijos de éstos
que sufran de enfermedades, accidentes, anormalidades o deficiencias dentales y
que no hayan podido ser tratados por el profesional de la Unidad a que
pertenecen, por falta de elementos u otros motivos. Quedarán hospitalizados
solamente aquellos que, por la gravedad de su lesión u otra causa, se vean
obligados a guardar cama. El Hospital Dental funcionará con su personal propio de
dentistas, médicos, ayudantes, enfermeras y estadísticos, etc., y los servicios
serán independientes, unos de los otros, tanto por lo que respecta a su personal,
como en lo referente a local e instrumental”.117 Además de estos trabajos, el
Subteniente Juan Fuentes,118 y luego el doctor Enrique Del Campo,119 publicaron
obras referidas a la importancia de la ficha dental en cuanto medio de
identificación y fiscalización, y diez años, después, hay que destacar la síntesis
histórica que el Teniente Juan Cordaro realiza del trabajo de los dentistas militares
en el Ejército de Chile.120 Sin duda todas estas obras, correspondientes al período
histórico de los treinta y los cuarenta, contribuyeron a la profesionalización y
fortalecimiento del servicio de salud dental de la institución.

En término formativos, la carrera del médico militar se iniciaba gracias al acervo


intelectual y práctico que hubiera recibido en la Escuela de Medicina de su propia
Casa de Estudios. En este sentido, se trataba de un galeno que luego de

115 González, [Mayor] Alberto. “Importancia del servicio dental en el Ejército”, en Memorial del
Ejército de Chile, mayo-junio de 1935, p. 512.
116 González, [Mayor] Alberto. “Servicio dental en campaña”, en Memorial del Ejército de Chile,

noviembre-diciembre 1935, pp. 1127-1133; “El Servicio de Sanidad en Campaña en relación con el
Servicio Dental en el primer escalón”, en Memorial del Ejército de Chile, mayo-junio de 1936, pp.
427-438.
117 González, [Mayor] Alberto. “Creación del Hospital Dental en el Servicio Sanitario del Ejército. Su

importancia en la paz y en la guerra”, en Memorial del Ejército de Chile, septiembre-octubre 1936,


p. 775.
118 Fuentes, [Subteniente] Juan. “La ficha dental como medio de identificación y fiscalización del

servicio”, en Memorial del Ejército de Chile, septiembre-octubre 1935, pp. 965-967.


119 Del Campo, Dr. Enrique. “La ficha dental colectiva e individual como medio de identificación y

fiscalización del Servicio”, en Memorial del Ejército de Chile, septiembre-octubre 1936, pp. 779-
782.
120 Cordaro, [Teniente Dentista] Juan. “Síntesis histórica de la profesión dental en Chile y en el

Ejército”, en Memorial del Ejército de Chile, noviembre-diciembre 1945, pp. 98-105.

94
desarrollar una primera noble vocación, la medicina, atendía al cumplimiento de un
segundo llamado tan elevado como el anterior, servir en el camino de las armas.
Nos atrevemos a plantear que es probable que tal sentido del cumplimiento del
deber, sumado a los talentos culturales y técnicos ampliamente reconocidos en un
médico, hayan significado el primer impulso en el desarrollo del servicio, a la
espera de la tecnificación del mismo en materia formativa especializada. De todas
formas, valga decir que el mismo Hospital Militar organiza los primeros cursos
relativos a la formación sanitaria y a la atención de heridos y enfermos como
producto del combate, y la Academia de Guerra hacía lo propio en materia de
organización y despliegue del servicio en campaña.

Relacionado a lo anterior, debe destacarse que en el lapso de tiempo ocurrido


entre 1935 y 1947, el Memorial del Ejército de Chile publicó una serie de trabajos,
casi en razón de dos por año, tomados de publicaciones sanitarias extranjeras
(mayormente de Argentina y España), producidas por eminentes médicos
militares, y que versaban de temas propios del servicio. En este sentido, la
institución, se hacía cargo de una parte de la formación y actualización de sus
profesionales de la salud, dando a conocer experiencias militares ocurridas en el
transcurso de algunas guerras libradas en el extranjero (la del Chaco, la Segunda
Guerra Mundial, la ítalo-etíope),121 el trabajo de prevención de enfermedades,122 y
el tratamiento de las mismas y la organización del servicio.123

121 “El Servicio de Sanidad en el Chaco”, en Memorial del Ejército de Chile, marzo-abril 1936, pp.
263-270; Abente, Fernando. “La recloruración precoz de los heridos graves del cráneo”. Revista de
Sanidad Militar del Paraguay, en Memorial del Ejército de Chile, mayo-junio de 1936, pp. 447-451;
Vasconsellos, Dr. Cándido. “Sanidad del Ejército en campaña durante la Guerra del Chaco Boreal”.
De la "Revista Militar y Naval", Montevideo, 1944, en Memorial del Ejército de Chile, julio-agosto
1945, pp. 109-117; “Al margen del conflicto ítalo-etíope. La aviación sanitaria italiana en la batalla”.
Traducido de la Revista Francesa L'Air, en Memorial del Ejército de Chile, enero-febrero 1936, pp.
99-102; Casanueva, [Teniente] Manuel. “La medicina va a la guerra nuevamente”. Traducción de la
Conferencia del Coronel-Cirujano H.W. Jones, del Ejército de EE.UU. en 1942, en Memorial del
Ejército de Chile, julio-agosto 1945, pp. 117-127; Casanueva, [Teniente] Manuel. “La medicina va a
la guerra nuevamente” (conclusión). Traducción de la Conferencia del Coronel-Cirujano H.W.
Jones, del Ejército de EE.UU. en 1942, en Memorial del Ejército de Chile, noviembre-diciembre
1945, pp. 90-97; Webster, [Teniente Coronel] P.A. “Labor de la sanidad militar en la campaña de
Birmania”, en Memorial del Ejército de Chile, noviembre-diciembre 1945, pp. 77-79.
122 Sainz, Pedro; y Manuel Bermúdez. “Depuración de las aguas en los diversos escalones del

frente, desde la línea de fuego hasta el comienzo de la zona de etapas”. Tomado de la Revista de
Sanidad Militar Española, en Memorial del Ejército de Chile, mayo-junio de 1936, pp. 441-445;
Sainz, Pedro; y Manuel Bermúdez. “Depuración de las aguas en los diversos escalones del frente,
desde la línea de fuego hasta el comienzo de la zona de etapas” (continuación). Tomado de la
Revista de Sanidad Militar Española, en Memorial del Ejército de Chile, julio-agosto 1936, pp. 639-
654; Vedia, Enrique. “La profilaxis de la sífilis en el Ejército”. Tomado de la Revista Militar de
Sanidad Argentina, en Memorial del Ejército de Chile, noviembre-diciembre 1936, pp. 981-1000.
123 Ontaneda, Luis; Ernesto A. Rottjer; y Rodolfo Q. Pasqualini. “Las formas clínicas de la

tuberculosis en el soldado argentino”, en Memorial del Ejército de Chile, marzo-abril 1935, pp. 291-
292; “Ficha de salud para Cadetes del Colegio Militar”. Tomado de la Revista Argentina, Memorial
del Ejército de Chile, noviembre-diciembre 1936, pp. 1001-1005; Mazza, Dr. Miguel Ángel. “Servicio

95
Sin duda que, durante este período de la historia, la tan temida y mortal
tuberculosis, enfermedad que azotaba al mundo sin excepciones, movilizó a las
fuerzas de sanidad a tomar medidas. Es así como el 30 de abril de 1942 fue
inaugurada la denominada Casa de la Salud de Guayacán, dirigida al cuidado de
los oficiales, y para lo cual se adquirió un equipo de rayos X móvil, gracias al cual
pudo realizarse por primera vez el examen de Abreu a todo el personal. En esta
lógica es que el mismo año se conformó la Comisión de Medicina Preventiva del
Ejército. Poco después, el 2 de marzo de 1946 comienza a construirse el
Sanatorio Militar, en los terrenos del fundo Quiayal, ubicado en la comuna de San
José de Maipo, con el fin de brindar los cuidados debidos y recuperar la salud del
contingente perteneciente a la institución y que se encontrara afectado de esta
enfermedad. En noviembre de 1948 la casa de Guayacán pasa a llamarse
Sanatorio Militar "Franklin D. Roosevelt”, el cual fue erigido por el Departamento
Cooperativo Interamericano de Obras de Salubridad, como parte “del programa de
salubridad y saneamiento que realiza el Departamento Cooperativo con fondos
cedidos por los gobiernos de Chile y de Estados Unidos, por medio de su Instituto
de Asuntos Interamericanos”,124 y tenía como principal propósito el brindar reposo,
tratamiento y control de la tuberculosis. Junto con ello cabe considerar los estudios
realizados por el Dr. Arturo Rodríguez, quien entre los años 1943 y 1946, publicó
en el Memorial del Ejército de Chile, dos trabajos relativos a la materia
(tuberculosis), dando cuenta de la preocupación existente al respecto dentro de la
institución.125

sanitario de, montaña. Transporte de heridos”. Tomado de la "Revista de Sanidad Militar


Argentina", en Memorial del Ejército de Chile, noviembre-diciembre 1940, pp. 951-959; Babdil,
Teniente Alejandro. “La influencia de la táctica sobre él Servicio Sanitario de Montaña”, en
Memorial del Ejército de Chile, enero-febrero 1941, pp. 31-42; Servicio Sanitario del cuerpo de
Ejército en la ofensiva”. Tomado de la Revista española "Ejército”, en Memorial del Ejército de
Chile, septiembre-octubre 1941, pp. 797-806; Volpi, [Capitán Cirujano] Jorge. “Tareas quirúrgicas
en campaña”. Tomado de la "Revista de Sanidad Militar" Argentina, 1945, en Memorial del Ejército
de Chile, enero-febrero 1946, pp. 49-56; Barbien, Pedro. “Estrategia, Sanitaria”. De la "Revista de
los Servicios" del Ejército Argentino, en Memorial del Ejército de Chile, mayo-junio 1946, pp. 97-
109; “Investigaciones científicas de ocho países, utilizables en una guerra bacteriológica”, del
Journal of Immunology, en Memorial del Ejército de Chile, septiembre-octubre 1947, pp. 171-172.
124 “El Sanatorio Militar Franklin D. Roosevelt”, en Memorial del Ejército de Chile, noviembre-

diciembre 1948, p. 161.


125 Rodríguez, Dr. Arturo. “Lucha anti-tuberculosa en el Ejército y Medicina Preventiva”, en

Memorial del Ejército de Chile, enero-febrero 1943, pp. 17-30; “La tuberculosis en el Ejército y la
Ley de Medicina Preventiva”, en Memorial del Ejército de Chile, noviembre-diciembre 1946, pp. 80-
90.

96
Figura 49. Sala de enfermería del Regimiento de Artillería N° 1. “Tacna”. Fuente: “Álbum gráfico
del Ejército: centenario de la Independencia de Chile: 1810-1910”. Santiago de Chile: Sociedad
Imprenta y Litografía Universo, 1910.

Hacia la segunda mitad de los años cuarenta, la institución desarrolló una


campaña de “ayuda colectivo”, consistente en un aporte que los miembros de la
misma darían mensualmente con el fin de sostener las futuras prestaciones de
salud que pudieran requerir, ellos mismo, o sus cargas. En 1948, un año después
del requerimiento, el Subteniente Raúl Barpo explicó detalladamente, en el
Memorial del Ejército de Chile, en qué consistía la política: “La ‘Ayuda Colectiva’
es, por sobre todas las cosas, un verdadero seguro de enfermedad pues, a
semejanza de las instituciones aseguradoras, procura un beneficio en el momento
oportuno a aquellos que han desembolsado mensualmente una cierta cantidad de
dinero”.126 Más delante explica que: “El pago de esta erogación asegura un
descuento que alcanza al 60% para el erogante, su esposa y los hijos que vivan a
sus expensas y al 40% para los padres y hermanos del mismo, que también vivan
a sus expensas. Estas rebajas se refieren a los gastos de hospitalización,
entendiéndose por tales: el servicio de ambulancia, cama, régimen alimenticio,
derecho a pabellón, medicamentos, laboratorio, material clínico, rayos X e
investigaciones complementarias. Y también a la adquisición de anteojos y
126Barpo, [Subteniente] Raúl. "Ayuda Colectiva del Hospital Militar”, en Memorial del Ejército de
Chile, mayo-junio 1948, p. 174.

97
aparatos ortopédicos prescritos por médicos del Ejército y cuya compra se efectúe
por intermedio de la farmacia del Hospital”.127 Y finaliza recalcando el especial
espíritu que anima, dentro de la historia del Ejército, una medida como ésta, al
decir que “no olvidemos que nuestra Institución tiene una tradición de
compañerismo jamás desmentida y que nunca mejor que en el caso de una
enfermedad, se presenta la ocasión de llevarla a la práctica. La ‘Ayuda Colectiva’
proporciona los medios para que este compañerismo sea algo efectivo”.128

Gracias al Pacto de Ayuda Militar (PAM), convenio de apoyo “técnico, económico y


militar” firmado entre Chile y los Estados Unidos de América, el 9 de abril de 1952,
se reciben dos hospitales de campaña completamente operativos, los que
aportaron al mejoramiento de las condiciones de trabajo de los profesionales de la
materia, cumpliendo labores de alto impacto social durante el terremoto y
maremoto ocurrido en el sur del país en 1960,129 así como también durante la
década del setenta lo hiciera en ayuda de los damnificados y heridos de los
terremotos ocurridos en Arequipa, Perú (mayo y junio de 1970), y en la zona
centro norte de Chile (julio de 1971).130 Respecto del mencionado desastre de
1960, y poco después de que ocurriera, el Teniente Coronel Santiago Polanco,
publica en el Memorial del Ejército de Chile correspondiente a los meses de julio y
agosto del mismo año, una descripción de lo que fue la labor sanitaria en aquella
ocasión: “En cada campamento se instaló una carpa enfermería, donde, con la
cooperación de un médico del Servicio Nacional de Salud, se presta atención
sanitaria a los pobladores. Además, se ha vacunado a todos con vacuna antitífica
y antivariólica; a los niños menores se les ha inoculado la vacuna mixta
antidiftérica y anticoqueluche. Se dictan conferencias sobre higiene, embarazo,
preparación de alimentos para los niños, etc. Brigadas formadas por soldados
alumnos procedieron a la desinfección de las personas y refugios, para evitar
epidemias. Se proporcionaron medicamentos a las personas que viven en los
campamentos”.131

En términos de producción académica, el Memorial del Ejército de Chile publicó


una importante cantidad de estudios entre las décadas del treinta y del cincuenta,
los que sin ninguna duda contribuyeron al desarrollo de los profesionales de la
medicina militar, al mismo tiempo que han de haber contribuido a la obtención de
una sólida convicción alrededor de la noble labor que llevaban a cabo. Es así

127 Ibíd., p. 175.


128 Ibíd., p. 176.
129 Ejército de Chile. La medicina y el servicio de sanidad militar. 1520-2004, Santiago, Instituto

Geográfico Militar, 2004, pp. 135-136.


130 Ibíd., pp.138-140.
131 Polanco, [Teniente Coronel] Santiago. “Labor del Ejército con ocasión de los sismos del sur del

país”, en Memorial del Ejército de Chile, julio-agosto 1960, pp. 107-108.

98
como en tal espacio de tiempo se dieron a conocer artículos referidos a tópicos tan
variados, como interesantes, tales como la respiración,132 la guerra química,133 la
geografía médica,134 la previsión social,135 la psiquiatría militar,136 la biotipología
militar,137 el papel de la educación física,138 el contacto con servicios de sanidad
de países diversos,139 algunas necrologías alusivas a antiguos camaradas de
armas y del servicio, en justo reconocimiento a la abnegada labor realizada,140 e
incluso la reconstrucción de una historia relativa a un episodio vivido por un
médico en plena Guerra de Secesión norteamericana en 1844.141

En términos orgánicos, los últimos años de la década del cincuenta y los primeros
del sesenta constituyen un momento clave en la conformación y denominación del
servicio. El 13 de febrero de 1957, según lo dispuesto por el Decreto Supremo N°
51, se dispone que el Servicio de Sanidad pase a llamarse Departamento de
Sanidad e Higiene,142 denominación que tendrá muy corta duración en el tiempo,

132 Del Fierro, [Capitán] Jorge. “La respiración y los ejercicios respiratorios”, en Memorial del
Ejército de Chile, enero-febrero 1943, pp. 31- 50.
133 Terraza, [Capitán] Julio. “Guerra química”. Traducción del Manual Sanitario del Ejército Italiano,

en Memorial del Ejército de Chile, enero-febrero 1944, pp. 155-216.


134 Rodríguez, [Mayor] Gregorio. “Geografía Médica”, en Memorial del Ejército de Chile, noviembre-

diciembre 1945, pp. 52-54.


135 Ganda, Guillermo. “La previsión social y la medicina”, en Memorial del Ejército de Chile, marzo-

abril 1946, pp. 148-149.


136 Téllez, [Capitán] Agustín. “Psiquiatría militar”, en Memorial del Ejército de Chile, enero-febrero

1953, pp. 63-73.


137 Téllez, [Capitán] Agustín. ”Biotipología militar”, en Memorial del Ejército de Chile, noviembre-

diciembre 1953, pp. 63-76.


138 Herrera, [Capitán] Oscar. “Labor de educación física en bien de la raza”, en Memorial del

Ejército de Chile, septiembre-octubre 1939, pp. 679-684. Pereda, [Capitán] Electo. “Cultura Física
en el Ejército. Sus proyecciones sociales”, en Memorial del Ejército de Chile, septiembre-octubre
1940, pp. 661-664.
139 Concha, [Teniente] Miguel. “Sobre visita a los servicios de sanidad del Ejército del Brasil”, en

Memorial del Ejército de Chile, enero-febrero 1950, pp. 57- 65; “La décimo tercera sesión de la
Oficina Internacional de Documentación de Medicina Militar”, en Memorial del Ejército de Chile,
enero-febrero 1951, pp. 21-26; Rabdil, [Capitán] Alejandro. “Algunos organismos del servicio
médico de los Estados Unidos de Norteamérica”, en Memorial del Ejército de Chile, julio-agosto
1954, pp. 101-130.
140 “Necrología: El General de Sanidad Sr. Eduardo J. Ostornol Varas”, en Memorial del Ejército de

Chile, julio-agosto 1942, pp. 1641-1642; “Necrología. El Coronel de Sanidad (R) Dn. Marcos
Donoso”, en Memorial del Ejército de Chile, septiembre-octubre 1948, p. 187; “Necrología: El
Mayor de Sanidad don José S. Salas”, en Memorial del Ejército de Chile, enero-febrero 1956, pp.
122-124
141 Folch, Dr. Mario. "Mi General: Un médico desea hablar con Ud.”, en Memorial del Ejército de

Chile, marzo-abril 1949, pp. 11-14.


142 En relación al tema de la higiene, el Teniente Arturo Larraín se encargó de publicar un trabajo,

distribuido en dos volúmenes consecutivos del Memorial, acerca del tema de la higiene militar.
Larraín, [Teniente Cirujano] Dr. Arturo. “Aspectos modernos de la higiene militar”, en Memorial del

99
ya que a través del Decreto Supremo N° 17, de 20 de enero de 1961 se dispone
que pase llamarse Dirección de Sanidad del Ejército, dependiente del Ministerio de
Guerra. Pocos días después, el Decreto Supremo N° 51, de 8 de marzo de 1961,
crea el Departamento Odontológico, y con posterioridad, el Decreto Supremo N°
181, de 4 de julio de 1962, crea la Central Odontológica del Ejército, bajo
dependencia del Departamento Odontológico, con lo cual dejaba de depender del
servicio dental de Hospital Militar.143

Desde mediados de la década de los setenta el Servicio de Sanidad incrementa su


desarrollo a pasos agigantados, a la vez que a comienza a “beneficiarse con
cuantiosas transformaciones derivadas de cambios profundos en la legislación, en
infraestructura, incorporación a la docencia, diferentes sistemas organizacionales
que buscan mejorar la efectividad al interior de la Institución, incorporación de
tecnología de avanzada en sus instalaciones, junto con mejorar la atención al
personal institucional como asimismo una apertura hacia la participación en
eventos científicos internacionales como a participar en operaciones de paz”.144 Lo
anterior constituye el fruto de una planificación adecuada, de un elevado sentido
del cumplimiento del deber sanitario en beneficio de la sociedad, y del logro de un
estado de madurez organizacional dentro del complejo tejido de las
organizaciones de salud.

Ejército de Chile, mayo-junio 1957, pp. 98-122; “Aspectos modernos de la higiene militar”, en
Memorial del Ejército de Chile, julio-agosto 1957, pp. 78-104.
143 Ejército de Chile. La medicina y el servicio de sanidad militar. 1520-2004, Santiago, Instituto

Geográfico Militar, 2004, pp.137-138.


144 Ibíd., p. 140.

100
Figura 50. Sala de enfermos. Fuente: La medicina y el Servicio… 1520-2004, p. 103.

Los primeros aprontes del Hospital Militar (1898-1930)

La victoria en la Guerra del Pacífico, así como sus consecuencias más nefastas
(muertos y heridos por doquier) constituyeron el gran impulso, en la mente de los
hombres de Estado, en orden a construir un recinto hospitalario de carácter
especializado en materia de sanidad militar. Es así como la Ley N° 2.408 de 1898
dispuso la creación de un hospital militar dependiente de la Dirección del Servicio
Sanitario Militar. Al mismo tiempo se encomendó a un grupo de profesionales de la
medicina formar un comité especializado con el propósito de decidir en torno a
todo aquello que tuviera que ver con la instalación y organización del naciente
hospital. El grupo estuvo integrado por el Decano de la Facultad de Medicina de la
Universidad de Chile, Dr. Ventura Carvallo, por los doctores Gregorio Amunátegui,
Daniel Rioseco, Waldo Silva, por el Director del Servicio Sanitario, Dr. Ramón E.
Vega, y por los cirujanos militares, Cornelio Guzmán y Eduardo Moore.145

145 Cubillos, Lorenzo. “Los cirujanos en la historia de tres Facultades de Medicina tradicionales”, en
Revista Chilena de Cirugía (56), febrero 2004, pp. 74-89. El Decreto disponía que: “Una comisión
compuesta del Jefe del Estado Mayor General, que la presidirá: del decano de la Facultad de
Medicina, el doctor don Ventura Carvallo E.; del Jefe de la segunda Zona Militar, General de
Brigada don Fernando Lopetegui; del Intendente General del Ejército, don Domingo de Toro H.; del
Director del Servicio Sanitario, doctor Cornelio Guzmán; del Capellán Mayor del Ejército, presbítero
don Francisco Lisboa, y del Cirujano Jefe del Servicio Sanitario de la Segunda Zona, doctor Waldo
Silva P., que hará de Secretario, se encargará de hacer los estudios necesarios para la mejor
instalación del referido hospital, proponiendo al gobierno por conducto del Ministerio de Guerra, el

101
Sin perjuicio de esta buena disposición producto de los eventos del pasado
reciente (la guerra y sus consecuencias), de lo mandatado por la ley (argumento
importante dado el carácter legalista de la sociedad chilena), y de la conformación
del comité de expertos, aún faltarían poco más de tres décadas para que el
Hospital Militar de Santiago se constituyera como un hecho tangible.

A inicios del siglo XX el tan anhelado proyecto de contar con un hospital militar
seguía siendo más un sueño que una realidad. Con el fin de matizar las profundas
necesidades que esta situación generaba es que en 1900 el Hospital San Vicente
de Paul permitió acoger una sala militar en su interior. El clamor por contar con un
centro especializado se dejaba sentir, tanto por parte de las autoridades civiles
como militares. El General Elías Yáñez, Comandante General de Armas de
Santiago146 ofició ante el Ministerio de Guerra manifestando la necesidad de
contar con un hospital militar, mientras que el titular de la cartera, don Wenceslao
Bulnes lo transmitió al Congreso Nacional.

Al despuntar la segunda década del siglo XX, la atención de salud de los


miembros del Ejército continuaba siendo una sentida necesidad a resolverse. Los
pensamientos de muchos seguían estando centrados en la construcción de un
hospital militar, capaz de brindar atención de salud a los efectivos de la institución.
Tal fue el caso del Teniente Coronel Alfredo Schönmeyer, Director de la Escuela
Militar, quien en 1911 planteó la necesidad imperiosa de contar con un servicio de
salud dirigido específicamente al bienestar de los cadetes, estudio que fue
encomendado al Dr. José Santos Salas.

Del mismo modo, en el recordado año de 1914, cuando los cañones de la Primera
Guerra Mundial ya asolaban la aparente paz vivida en Europa, y bajo el gobierno
de Ramón Barros Luco, se determinó mediante un Decreto,147 la creación de un
comité de búsqueda y recolección de recursos destinados a la construcción de un
hospital militar. Ésta funcionaría bajo la supervigilancia y dependencia del
Ministerio de Guerra, que por ese entonces estaba encabezado por el Dr. Ramón
Corbalán Melgarejo. Se planteaba que: “La atención medica de los enfermos
graves del Ejercito se ha hecho hasta el presente en condiciones que no
corresponden a sus verdaderas necesidades i conveniencia, debido a la falta de

local en que debe instalarse, el personal, los instrumentos, medicinas, útiles, y, en general los
artículos que sean necesarios para su funcionamiento”.
146 El Mercurio, 30 de septiembre de 1910.
147 Decreto del Ministerio de Guerra, de 1° de agosto de 1914, en Boletín Oficial del Ministerio de

Guerra (29 de agosto de 1914), citado en Ejército de Chile. Historia del Hospital Militar de Santiago
del “General Luis Felipe Brieba Arán” en la comuna de Providencia. 1932-2009, Santiago, Instituto
Geográfico Militar, 2009, p. 42.

102
un establecimiento adecuado a este objeto”.148 Al mismo tiempo, que el
presupuesto del Ministerio de Guerra no contemplaba la glosa relativa a la
mantención de salas especialmente asignadas a personal militar en el Hospital
San Vicente de Paul, y se reconocía abiertamente que “el retardo inmotivado de
curación de los individuos del Ejército ocasiona grave perjuicio, sustrayéndolos del
servicio de la filas”, y que tales daños podrían verse resueltos mediante la
“creación de un Hospital Militar, el que al mismo tiempo serviría para preparar
convenientemente el personal de practicantes i enfermeros militares, que carecen
de establecimiento apropiado para su instrucción”. Además, se esperaba que éste
cumpliera también funciones complementarias a lo antes mencionado, por medio
de la “fundación de un laboratorio destinado a exámenes técnicos en caso de
simulación de enfermedades, como para los Cirujanos del Ejército, completaran
sus conocimientos, especializándose en los estudios médicos militares”.
Finalmente se disponía que la mentada comisión estaría compuesta por el Jefe del
Estado Mayor, General Arístides Pinto Concha, el Subsecterario del Ministerio de
Guerra, Francisco Donoso Carvallo, el Director de la Escuela Militar, Coronel
Roberto Dávila, el Vicario General Castrense, Rafael Edwards, el Cirujano Jefe del
Servicio, Luis Ábalos, el Comandante del Regimiento Cazadores, Teniente
Coronel Rafael Toledo, y el Cirujano 1° José Salas, quien haría las veces de
secretario.

148 Ministerio de Guerra. Decreto A.I. N° 1.058, 7 de junio de 1915, citado en Historia del Hospital
Militar de Santiago del “General Luis Felipe Brieba Arán” en la comuna de Providencia. 1932-2009,
Santiago, Instituto Geográfico Militar, 2009, p. 42.

103
Figura 51. Frontis del Hospital Militar de Santiago. C. 1980.

En lo fundamental los fondos provendrían de las donaciones que los ciudadanos


más adinerados de la sociedad pudieran realizar motivados por su espíritu
filantrópico, en agradecimiento y valoración del rol que los militares cumplían en
beneficio de la patria, además de contar con la venta de entradas a las tribunas
durante la Parada Militar de cada año, al menos entre 1915 y 1929. Los fondos
serían administrados por una comisión conformada en 1916, y la cual estaría
presidida por el General Luis Felipe Brieba Arán. Gracias a su labor es que se
pudo adquirir el antiguo sanatorio Charlín, ubicado la zona sur poniente de la
ciudad, en Avenida Beauchef, además de algunos terrenos anexos, los que
sumaban la nada despreciable superficie de 20 mil metros cuadrados. Invirtió en
ello más de medio millón de pesos, “capital conseguido por sus propios esfuerzos
y por las influencias de su rango”.149 De todos modos, la instalación de un hospital
en los mencionados terrenos no se concretaría, implicando una postergación más
en el proyecto de su fundación.

La precariedad de la infraestructura sanitaria nacional (como atributo general) y la


nula posibilidad de contar hasta el momento con un espacio propio para la

149Figueroa, Virgilio. Diccionario Histórico, Biográfico y Bibliográfico de Chile, Tomo II, Santiago,
Establecimientos Gráficos Balcells y Compañía, 1928, p. 261.

104
atención y curación de los miembros del Ejército, hizo que en 1915 la autoridad del
Estado los facultara para ser atendidos en cualquiera de los hospitales que se
encontrara en la misma localidad que la unidad de los militares150. Si bien es cierto
que esta decisión implicaba un beneficio a la vez que una solución al problema,
estaba claro de que era solo temporal, ya que no se consideraban la cobertura de
las necesidades específicas que un militar pudiera presentar como consecuencia
del ejercicio de su deber profesional.

Lo mencionado anteriormente encontraba un matiz en el espíritu de los miembros


del Departamento de Sanidad de la institución, quienes desde muy temprano en la
historia demostraron su compromiso y creatividad. En 1916 participaron de la
Exposición Industrial llevada a cabo en el país, dando cuenta de la preparación de
medicamentos elaborados por ellos mismos, además de vendas y compresas
necesarias para su uso en los contextos de preparación militar. Lo anterior los hizo
merecedores del primer premio otorgado en la ocasión.151 Es muy probable que
esta misma voluntad de superación haya contribuido al logro final del proyecto de
fundar un hospital.

La concreción del tan ansiado recinto hospitalario comienza a ver la luz a partir del
año 1924, tras la fundación del Instituto Militar de Higiene Social. Fue gracias a la
filántropa Martina Barros, quien donó al Ejército unos amplios terrenos ubicados
en la plazuela Los Leones, que el Instituto pudo instalarse y comenzar a cumplir
con su cometido. Las características de aquel espacio, su ubicación y
accesibilidad, contribuyeron a convencer a los interesados en la construcción de
un hospital militar, que constituía el lugar ideal para la concreción del tan
postergado sueño.152

Dos años después, en 1926 Francisco Javier Díaz, quien ejercía como Arquitecto
Jefe del Ministerio de Guerra, comenzó a elaborar los planos del hospital militar
que se instalaría en los terrenos antes mencionados, comenzándose la
construcción en 1927. Solo la obra gruesa tuvo un costo de superior a los
$350.000, monto que era administrado por el Comité Pro-Hospital Militar.

150 Ministerio de Guerra. Decreto A.I. N° 1.058, 7 de junio de 1915, citado en Ejército de Chile.
Historia del Hospital Militar de Santiago del “General Luis Felipe Brieba Arán” en la comuna de
Providencia. 1932-2009, Santiago, Instituto Geográfico Militar, 2009, p.42.
151 Huneeus, Teresa. Cuidad, hospital y cuerpo: arquitectura higienista para recuperar la salud: el

Hospital del Salvador en Santiago de Chile (1870-1910). Tesis para optar el gado de Licenciada en
Historia, Pontificia Universidad Católica de Chile, Instituto de Historia, 2006. Inédita.
152 Ejército de Chile. Historia del Hospital Militar de Santiago del “General Luis Felipe Brieba Arán”

en la comuna de Providencia. 1932-2009, Santiago, Instituto Geográfico Militar, 2009, p. 47.

105
Los desafíos no cesaban, y las emergencias y requerimientos tampoco. Es por ello
que durante aquel tiempo se envió a un grupo de cirujanos militares en misión a
Francia, específicamente al Hospital Militar Val-de-Grace, en París, con el fin de
capacitarse en materias propias de su quehacer, así como para también adquirir
insumos para la institución.153 En buena hora el Ejército demostraba su capacidad
y altura de miras en orden a potenciar y mantener su servicio de sanidad, cuando
lo inesperado ocurrió. En las primeras horas del 7 de julio de 1927 el tren que
transportaba a una delegación de la Escuela Militar con rumbo a Buenos Aires,
descarriló tras colisionar con un convoy a la altura de la estación de Alpatacal,
Argentina. El saldo fue de 12 muertos y 31 heridos, una delegación de jóvenes
militares chilenos diezmados mas no vencidos, quienes tras el accidente
continuaron hasta la capital argentina, y en medio de los vítores de la ciudadanía
fueron ovacionados como los héroes que verdaderamente eran.154 Pero por otro
lado hubo que avocarse a la atención de los heridos, tarea para la cual se
organizó un hospital de carácter militar en las dependencias del Hospital del
Salvador. El peso de la tragedia que conmovió no solo a un país, sino que a dos, y
sensibilizó a las autoridades de aquel hospital, quienes autorizaron la instalación
provisional de un hospital militar en el Pabellón Cousiño, el cual funcionó hasta
agosto de 1932, siendo sus directores los Tenientes Coroneles Manuel Torres
(1927-1928), José María Lorca (septiembre de 1928), Arístides González
(diciembre de 1928 a marzo de 1932), y el Mayor Flaviano Meza (marzo a agosto
de 1932).155

Aún sin haberse inaugurado el Hospital Militar, desde un cierto punto de vista éste
crecía al alero de los avances que experimentaba el Instituto Militar de Higiene
Social, el cual en 1928 incorporó tres servicios clave para su gestión. Se trataba
de un laboratorio clínico, un servicio de urología, y otro de radiodiagnóstico, los
cuales constituirían pilares fundamentales en el devenir del futuro hospital militar
de Los Leones.

En 1929, y a pesar de la crisis económica que azotó a todo el mundo, y de la que


Chile fue el país más afectado después de los Estados Unidos, las labores de
construcción del hospital militar no se detuvieron. Una voluntad férrea, unida a una
correcta y previsora administración financiera, permitió acercarse al cumplimiento
del sueño. Dos años después, en 1931, se inicio la construcción del pabellón de
cocina y sus anexos, y se instaló una comisión encargada de la recepción final de

153 Ibíd., p. 48.


154 Sánchez, Jaime. Alpatacal. Desvío hacia la gloria, Santiago Ediciones Nueva Universidad, 1978.
155 Ejército de Chile. Historia del Hospital Militar de Santiago del “General Luis Felipe Brieba Arán”

en la comuna de Providencia. 1932-2009, Santiago, Instituto Geográfico Militar, 2009, p. 49.

106
la obra gruesa, con lo cual el hospital se transformaba en una realidad cada vez
más real y tangible.156

La creación del Hospital Militar de Santiago (1932-1977)

El Hospital Militar se crea propiamente tal el 13 de agosto de 1932, mediante el


Decreto N° 874 de la Subsecretaría de Guerra.157 En éste se dispone que debe
realizar prestaciones en forma amplia desde el punto de vista de sus destinatarios,
debiendo abarcar “no sólo al personal del Ejército, sino también al de la Armada
Nacional, Aviación y Carabineros, en servicio activo y en retiro, y a sus familias”.
Además, se dispone que funcione en forma independiente del Departamento de
Sanidad, quedando sujeto “directamente al Ministerio de Guerra”, esto con el fin
de poder actuar con “autonomía” y así desarrollar del mejor modo posible su “labor
técnica y social”, además de contar con “entradas propias para su mantenimiento”
económico, y de contar con el Instituto de Higiene Social como anexo del mismo.
También se disponía con meridiana precisión la dotación de personal
administrativo (cinco oficiales), médico (nueve oficiales de sanidad), de apoyo (una
treintena de sargentos, cabos y soldados, además de una enfermera y una
matrona), y también, cosa curiosa, los vehículos (cuatro “carruajes” entre los que
se consideran ambulancias y motocicletas), con que el hospital debía contar para
su correcto funcionamiento.

Pocos días después, el 30 de agosto, se nombró al General en retiro Luis Felipe


Brieba Arán como su primer director,158 quien antes de que acabara el año logró
implementar un pabellón de operaciones, una sala de cirugía (Torres Boonen) y
una de medicina interna (Cornelio Guzmán), con las cuales el hospital engalanaba
su naciente accionar, hasta que el 22 de diciembre de 1932 se inaugura
definitivamente su edificio, haciéndose realidad el tan postergado anhelo.

156 Ibíd., p. 51.


157 Decreto N° 874, del 13 de agosto de 1932.
158 A.H.L.F.B.A., Subsecretaría de Guerra, N° 1048, 30 de agosto de 1932, B/O, N° 37, 1 de

septiembre de 1932, p. 1014, citado en Ejército de Chile. Historia del Hospital Militar de Santiago
del “General Luis Felipe Brieba Arán” en la comuna de Providencia. 1932-2009, Santiago, Instituto
Geográfico Militar, 2009, p. 56.

107
Figura 52. Luis Felipe Brieba Arán (1870-1945) (General de División) Primer Director del Hospital
Militar de Santiago, nombrado en 30 de agosto de 1932. Fuente: Historia del Hospital Militar de
Santiago del General Luis Felipe Brieba Arán” de la comuna de Providencia 1932-2009, p. 56.

El General Brieba Arán estuvo al frente del hospital por un breve período. De
hecho, el 16 de octubre de 1933 renunció a su cargo. Sin perjuicio de esto su labor
fue ardua y fructífera, ya que bajo su gestión se inauguraron las salas Ramón
Allende Padín, Candelaria Pérez, y Pensionados, además de empezar a funcionar
los servicios de cirugía menor, otorrinolaringología, oftalmología, medicina interna,
neurología, y electroterapia, y establecerse un servicio de ambulancia para el
traslado de enfermos a los diversos hospitales de la capital, e incluso fuera del
radio urbano. En relación a este último servicio, no cabe duda de que abrigaba un
doble propósito: servir y recaudar. Se sabe que: “Las tarifas variarían según grado
militar y destino. Dentro del radio urbano, los oficiales pagarían $ 15; y la tropa, $
5. Fuera del radio urbano, el costo mínimo sería de $ 20 y $ 10, respectivamente,
con un recargo de $ 0,50 por kilómetro recorrido. El servicio sería extensivo a los
miembros inmediatos de las familias de todo el personal del Ejército. Los fondos

108
recaudados se destinarían a la adquisición de combustible, repuestos y gastos
relacionados”.159

Las necesidades económicas hicieron que durante el mismo año se estableciera el


pago de una cuota voluntaria por parte de los efectivos del Ejército con el fin de
sustentar los inmensos gastos en los que necesariamente debía incurrir el
hospital, dado que como fruto de las dificultades administrativas que padecía el
Estado, no se había considerado ninguna glosa presupuestaria dirigida a
mantener el hospital. Ya bajo la dirección del Teniente Coronel de Sanidad Carlos
Cortés, en octubre de 1933, el hospital pasó a depender de la Dirección de los
Servicios, esto con el fin de proceder a una reorganización de la planta, y para
poder agilizar el estudio del Reglamento de Organización y Funcionamiento que
se encontraba pendiente según lo dispuesto en el Decreto fundacional. Esto llevó
a que en 1935 se reorganizara el funcionamiento del hospital, pasando la dirección
a manos de un oficial superior de Sanidad, al que corresponderían potestades
análogas a las de un Comandante de unidad.

Figura 53. Dr. Manuel Mella en la sala de radioterapia. Fuente: Historia del Hospital Militar de
Santiago del General Luis Felipe Brieba Arán” de la comuna de Providencia 1932-2009.

Hacia 1937 el hospital continuaba creciendo y contaba con pabellones de


hospitalización, un policlínico, un laboratorio, y un servicio de urgencia, más otro
de electroradiología y uno de dentística. Lo anterior se sostuvo financieramente

159Ejército de Chile. Historia del Hospital Militar de Santiago del “General Luis Felipe Brieba Arán”
en la comuna de Providencia. 1932-2009, Santiago, Instituto Geográfico Militar, 2009, p. 61. No
puede dudarse de la importancia atribuida al servicio de ambulancias. En febrero de 1934 se
adquirió una ambulancia Dodge, en 1935 una Studebaker, y en 1940 una Ford.

109
gracias al alza de los precios cobrados por cada servicio y se desarrolló bajo la
dirección del Teniente Coronel de Sanidad Enrique Pacheco (quien había asumido
en su cargo el 11 de julio de 1935). Para el caso de todos los efectivos que se
encontraran entre Sargento 2° y Soldado, la medida alcista solo se mantuvo por
un año, puesto que ella afectaba notoriamente su presupuesto personal, dañando
gravemente su calidad de vida y las de sus familias, consecuencia nefasta y poco
aceptable para una institución cuyo propósito esencial es el de servir, motivo por el
cual se les liberó del pago correspondiente a la atención médica en el policlínico.

Figura 54. Sala de Cirugía. Fuente: Historia del Hospital Militar de Santiago del General Luis Felipe
Brieba Arán” de la comuna de Providencia 1932-2009, p. 56.

Entre los años 1938 y 1939 el hospital cubrió la atención de 1.595 pacientes
hospitalizados y de 15.302 personas que recurrieron a éste en materias vinculadas
al uso de laboratorios, botica y policlínico,160 debiendo tomarse en cuenta que
ambas cifras cubren a los heridos tras el devastador terremoto ocurrido en Chillán
en enero de 1939.161

La vida del hospital continuó desarrollándose con normalidad hasta 1942, año en
que se proyectó su primera ampliación, dadas las crecientes necesidades que el

160 Memoria de Guerra, 1938-1939, citado en Ejército de Chile. Historia del Hospital Militar de
Santiago del “General Luis Felipe Brieba Arán” en la comuna de Providencia. 1932-2009, Santiago,
Instituto Geográfico Militar, 2009, p. 65.
161 A.H.L.F.B.A., Min. De Defensa Nac., Sec. De Guerra, S. 1. N°235. Exp. 1828, Santiago 8 de

marzo de 1939. Fdo. A. Cabero, citado en Ejército de Chile. Historia del Hospital Militar de Santiago
del “General Luis Felipe Brieba Arán” en la comuna de Providencia. 1932-2009, Santiago, Instituto
Geográfico Militar, 2009, p. 64.

110
servicio requería (incluso en 1941 se inauguró un policlínico especializado en el
tratamiento de alergias). Es así como bajo la dirección del Coronel Víctor Labbé
(asumido el 26 de julio de 1940), se expropiaron algunos terrenos contiguos al de
Los Leones con el fin de construir nuevos edificios que no verían la luz sino hasta
un par de años después. Junto con las legítimas pretensiones de crecer, en 1941
el Ejército se encontraba preocupado por el mejoramiento de la cobertura, para lo
cual se fijó un nuevo sistema tarifario transitorio, además de organizarse una
colecta interna con el fin de recaudar fondos dirigidos a costear los gastos en que
incurrieran los pacientes de más limitados recursos económicos.

Figura 55. Pasillo del ala central del antiguo Hospital Militar de Santiago y Central de Esterilización.
Años 30 Fuente: Historia del Hospital Militar de Santiago del General Luis Felipe Brieba Arán” de la
comuna de Providencia 1932-2009, p. 63.

En 1945, mientras el mundo vivía con algo de esperanza el fin de la Segunda


Guerra Mundial, en Chile, bajo la dirección del Teniente Coronel Aliro Pérez, el
hospital fue bautizado con el nombre del, ya varias veces mencionado, General
Luis Felipe Brieba Arán, su primer Director y uno de sus más entusiastas
impulsores, en muestra de gratitud, homenaje, y recuerdo de uno de sus
principales artífices. En esta lógica, justo es decir quién fue él.162 Nacido un 18 de
mayo de 1870 en la ciudad de Copiapó, fue hijo de Remigio Brieba Brieba y de
Micaela Arán. Recibió su educación en el Seminario, en el Instituto Nacional de

162La información que sigue está tomada de Estado Mayor General del Ejército. Galería de
hombres de armas de Chile. Tomo III. Períodos de las influencias alemana y norteamericana:
1885-1952, Santiago, Impresores Barcelona, 1987, pp. 97-98.

111
Santiago, y entre los años 1883 y 1886, en la Escuela Militar. En 1891 se vio en
medio de la Guerra Civil, organizando la compañía del Batallón Navales de
Pisagua, luego de lo cual fue tomado prisionero y sometido a un tribunal militar en
Iquique. A fines del mismo año fue ascendido al grado de Sargento Mayor,
sirviendo en el Batallón de Infantería N° 3, y años más tarde, en 1901, ascendió a
Teniente Coronel, para comandar los Regimientos Carampangue en Concepción,
el Valdivia en Tacna y el Buin en Santiago. Luego, en 1905, y tras ser Jefe del
Estado Mayor de la II División por un lapso de dos años, fue designado agregado
militar en la Legación de Chile en Francia. Coincidente con el Centenario de la
Independencia, en 1910, es ascendido al grado de Coronel y Comandante de la
Cuarta Brigada de Infantería, correspondiente a la guarnición de Valparaíso. Tan
solo dos años después fue designado Director de la Academia de Guerra, cargo
en el que se mantuvo por los siguientes cinco años, para luego de ascender al
grado de General de Brigada, y partir a España con el objeto de liderar la
incorporación de oficiales que viajaban a incorporare a institutos técnicos. Antes
de ascender a General de División en 1921, le correspondió ejercer como
Comandante de la II División del Ejército y como Jefe del Estado Mayor General
de la Institución, instancia en la cual le cupo proponer al Gobierno los principios
para reformar el Ejército. A fines de 1924, el Presidente Arturo Alessandri Palma lo
nomina como su Ministro de Guerra y Marina. Tras una larga y fructífera carrera
militar, el General Brieba Arán falleció un 21 de mayo de 1945, pero su nombre
forma parte innegable de la historia del Ejército de Chile, la Sanidad Militar y del
Hospital Militar de Santiago.

Figura 56. Bautizo de ambulancia Ford, en 1940. Fuente: Historia del Hospital Militar de Santiago
del General Luis Felipe Brieba Arán” de la comuna de Providencia 1932-2009, p. 56.

112
La segunda mitad de la década del 40 significó un gran impulso en el desarrollo
del hospital, en especial en lo que tuvo que ver con el aumento en los servicios
ofrecidos a sus pacientes.163 Es así como bajo la dirección del Coronel Aníbal
González (1946-1953) se organizó un pabellón odontológico en el cual se llevaron
a cabo servicios de cirugías, conductoterapias, odontopediatrías, ortodoncias,
parodoncias, prótesis dental, prótesis maxilofacial, traumatología dental, rayos X y
atención general en el policlínico.

A su vez, la sección de farmacia vio crecer sus posibilidades gracias a la


inauguración de un Laboratorio Fenwal, lo que permitió contar con una producción
interna de la gran mayoría de los compuestos inyectables necesarios para la
realización de su noble cometido, además de otras formulaciones tales como
vitamina C, complejo B, y clorhidrato de Tiamina. En 1949 Cecilia De Cervantes
explicaba, en el Memorial del Ejército de Chile, que este tipo de laboratorio lleva el
nombre de su creador y que actualmente “es una marca industrial que da nombre
al equipo y artículos ya experimentados, aprobados y modelados, para la
preparación de sueros de aplicación permanente, destinados al uso clínico y
quirúrgico. Tenemos pues, que el principal objetivo consiste en la preparación de
sueros en gran escala y sin intervención manual, con el fin de que su esterilización
sea perfecta”.164

163 Para esta época se habían publicado trabajos relativos a variadas enfermedades, tales como el
tétanos, la sífilis y la gripe, con lo cual tendemos a pensar que el personal médico del hospital se
encontraba en un permanente estado de atención y preparación. Al respecto pueden consultarse
los siguientes: Del Campo, Dr. Enrique. “El Tétanos”, en Memorial del Ejército de Chile, noviembre-
diciembre 1936, pp. 1007-1008; Dorr, Otto. “Estado actual del tratamiento de la sífilis y su
aplicación en el Ejército”, en Memorial del Ejército de Chile, marzo-abril 1945, pp. 197-201;
Donoso, [Teniente Coronel] Rodrigo. “Consideraciones sobre la epidemia de gripe en Antofagasta”,
en Memorial del Ejército de Chile, marzo-abril 1946, pp. 56-68.
164 De Cervantes, Cecilia. “¿A qué se llama Laboratorio Fenwal?”, en Memorial del Ejército de

Chile, mayo-junio 1949, p. 83.

113
Figura 57. Personal trabajando en el Laboratorio Fenwal. Fuente: Historia del Hospital Militar de
Santiago del General Luis Felipe Brieba Arán” de la comuna de Providencia 1932-2009, p. 74.

En esta misma lógica, un par de meses antes, el mismo Memorial, afirmaba que
“lo que representa el mayor adelanto y que ha colocado al Hospital Militar a tono
con las mejores Clínicas de Chile y de América, es el reemplazo que se ha hecho
de los tubos con fluidos para uso parenteral por frascos especiales con
dispositivos adecuados, en los que se cuida desde la calidad del vidrio, que debe
ser neutro, el lavado, que se hace por medio de detergentes y la preparación de
las soluciones, que se hace en forma totalmente automática. No existe peligro
alguno de shock por pirógenos, los que son secuela de las aguas añejas
contaminadas y con materia orgánica, ni existe peligro por reacciones secundarias
debidas a impurezas de las materias primas, por cuanto éstas son
cuidadosamente seleccionadas y sometidas previamente a los ensayos de
identidad y de pureza que determinan las Farmacopeas Chilenas III Edición y de
los EE. UU., XI Edición”.165 En la tabla que sigue puede observarse el detalle de la
producción del laboratorio hacia el año 1950.

165“Una obra de progreso y de beneficio”, en Memorial del Ejército de Chile, marzo-abril 1949, pp.
145-146.

114
Tabla N° 1: Producción detallada entre enero y diciembre de 1950
Elaboración Unidades
Suero Fenwal 1.000 c.c. 1.859
Vitaminas C, B1, B6 11.537
Solución Tzanck 635
Soluciones inyectables varias 39.728
Envases de Unidades
Sulfatiazol (tubos) 98
Sulfadiazina (tubos) 640
Aceite de Bacalao (frascos) 169
Colonia (frasco) 710
Fuente: Ejército de Chile (2009). Historia del Hospital Militar de Santiago del “General
Luis Felipe Brieba Arán” en la comuna de Providencia. 1932-2009, p.74.

Cabe considerar además la inauguración de un Banco de Sangre en 1948, capaz


de sustentar las necesidades propias del hospital, así como las que provinieran de
la guarnición de Santiago, o bien de otros lugares del país, así como la
modernización del servicio de rayos X, cuyas instalaciones anteriores ya habían
quedado algo obsoletas (provenían de la primera etapa del hospital), y finalmente,
el mismo año, la creación de un servicio de neurocirugía, dotado de una sección
de diagnóstico, otra de tratamiento, un laboratorio de histopatología y otro para la
realización de electroencefalografías, a lo cual se sumaba un proyecto para la
articulación de un pabellón especializado en neurocirugías, que originalmente
debía inaugurarse al año siguiente, aunque lo hizo con un año de desfase, recién
en 1950, junto al tan necesario servicio de anestesiología. Solo durante su primer
año de funcionamiento se realizaron casi doscientas intervenciones por parte de
este último servicio, dando cuenta de la relevancia social que el mismo revestía y
del profesionalismo con que el Hospital Militar siempre ha acometido sus nuevos
desafíos para con la sociedad. Lo anterior consta en la tabla que sigue, debiendo
tomarse en cuenta que las operaciones mayores y las menores se realizaron tanto
en el Hospital Militar como en el Hospital del Salvador, en cantidades que no ha
sido posible determinar.

Tabla N° 2: Servicios prestados por el Servicio de Neurocirugía en 1950


1. Operaciones Mayores
Cráneo y cerebro 9
Columna vertebral y médula espinal 12
Denudación de la carótida 1
2. Operaciones Menores
Pneumo – encefalografías 12
Arteriografías 2
Alcoholizaciones del trigémino 6
3. Atención a enfermos hospitalizados (no 17
operatorio)
4. Atención en Policlínico 85
Fuente: Ejército de Chile (2009). Historia del Hospital Militar de Santiago del “General Luis
Felipe Brieba Arán” en la comuna de Providencia. 1932-2009, p. 78.

115
En el área de neurología y neurocirugía del hospital son recordados los nombres
de los doctores Eduardo Fuentes, quien pocos años después (en 1954) fundó el
Servicio de Neurocirugía del Hospital Militar de Santiago, y el de Sergio Ferrer,
quien luego de realizar estudios de especialidad en Francia, asume como jefe de
la sección de neurología y electroencefalografía. Solo un año antes de la
inauguración del servicio de neurocirugía, el doctor Fuentes había publicado en el
Memorial del Ejército de Chile correspondiente a 1949, un trabajo titulado
“Neurocirugía Militar”, el cual era descrito por su propio autor como el “primero de
una serie de publicaciones de difusión científica, referentes a la especialidad de
Neurocirugía”166, basada en la descripción pormenorizada de las lesiones y
procedimientos cráneo-cerebrales sufridos por los soldados durante la Primera y la
Segunda Guerra Mundial, tal y como se expresa por medio de la imagen que sigue
a continuación.

Figura 58. Traumatismos craneocerebrales. Fuente: Fuentes, [Subteniente] Eduardo. “Neurocirugía


militar”, en Memorial del Ejército de Chile, noviembre-diciembre 1949, p. 64.

166Fuentes, [Subteniente] Eduardo. “Neurocirugía militar”, en Memorial del Ejército de Chile,


noviembre-diciembre 1949, p. 57.

116
Los enormes avances que experimentaba el hospital hacia la segunda mitad de
los años cuarenta, invitaron a pensar en la necesidad de construir un nuevo
inmueble capaz de sostener la creciente demanda de servicios, así como su
natural y esperable expansión y complejización. En 1948 el Coronel González, su
director, manifestaba que con apenas 136 camas el hospital era incapaz de
atender adecuadamente las “las justas solicitaciones del personal”,167 haciéndose
necesario adquirir nuevos terrenos dotados de las condiciones apropiadas para la
comisión de la labor curativa que correspondía a éste. En sus palabras, lo mejor
sería comprar “cinco o seis hectáreas de terreno, a buena distancia de los barrios
industriales o fabriles, lejos del bullicio de la ciudad, con facilidades de acceso y,
dentro de lo posible, con una hermosa perspectiva panorámica”. 168 De hecho en
1949 se planteaba que: “El Hospital Militar fue concebido y edificado hace ya más
de veinte años. La técnica de su construcción, su emplazamiento, su capacidad,
etc., correspondieron seguramente al criterio y a las necesidades de la época. El
tiempo, en su marcha incesante hacia el progreso, ha cambiado substancialmente
los términos del problema [refiriéndose en tal sentido al presente del hospital]”.169
A pesar de lo coherente del plan, éste fue desechado por un comité creado para el
estudio de su factibilidad. En consecuencia, diez años después, en 1958, se
decidió ampliar y mejorar el edificio del hospital en Los Leones.

Bajo la dirección del Coronel González, en 1951 comenzó a funcionar la


maternidad del hospital, gracias a un esfuerzo económico que implicó que, por
cada kilo de pan y carne vendidos por el comité de bienestar social al personal
militar, 20 centavos pasarían a formar un fondo ad hoc. Si bien este servicio
constituyó desde siempre uno de los más caros deseos del Ejército, dada la
tremenda significación y complejidad del mismo, es que mientras se esperó por su
inauguración efectiva, gracias a un convenio, sus servicios se prestaron en el
Hospital del Salvador y en las maternidades Carolina Freire y Ángel Custodio, en
tanto que los servicios prenatales sí fueron desarrollados por el Hospital Militar.
Hacia el año 1953 el Coronel González renunció a la dirección, sucediéndolo en el
cargo el General Juan Bertossi, y dos años más tarde el General Pedro Calderón.

167 Ejército de Chile. Historia del Hospital Militar de Santiago del “General Luis Felipe Brieba Arán”
en la comuna de Providencia. 1932-2009, Santiago, Instituto Geográfico Militar, 2009, p. 87.
168 Ibíd., p. 88
169 Dirección del Hospital Militar. “El problema del Hospital Militar”, en Memorial del Ejército de

Chile, mayo-junio 1949, p. 53.

117
Figura 59. Sala Cornelio Guzmán a mediados de los años 30. Fuente: Historia del Hospital Militar
de Santiago del General Luis Felipe Brieba Arán” de la comuna de Providencia 1932-2009.

Es claro que la complejización del hospital acarreaba nuevos costos y presionaba


permanentemente su presupuesto. Es por este motivo que en 1957, bajo la
dirección del Coronel Rafael Urzúa (1957-1960) se reajustaron las tarifas de
atención, además de reafirmarse el hecho de que solo se “atendiera al personal en
servicio activo, en retiro y en goce de montepío de las Fuerzas Armadas y sus
cargas familiares”.170 Sin perjuicio de las complicaciones propias que se
encontraban presentes a diario, de la constante y creciente necesidad de
aumentar los recursos invertidos en el hospital, así como de la demanda por más y
mejores servicios, es sabido que por aquellos años, la condición de trabajo de los
500 empleados del mismo era evaluada positivamente, desde el punto de vista de
lo emocional. En palabras del señor Ángel Cancino Briceño, quien ejerció diversas
labores a lo largo de cincuenta años, existía un “ambiente muy familiar, lleno de
espíritu de compañerismo y unión”.171

La pretensión por mejorar no cesaba y fue así como durante la segunda mitad de
los sesenta se encomendó al TCL. (OSS), Dr. Patricio Silva, quien ejercía la
función de residente jefe, organizar un servicio que estuviera a disposición de los
pacientes las 24 horas del día, ya que hasta ese momento la labor del hospital se
circunscribía a un muy restringido horario: después del almuerzo y por las tardes,
además de que los servicios de rayos, anestesia, y transfusiones lo hacían solo
durante las horas de trabajo, así como un “servicio de urgencia débil”.172 Del
mismo modo, se diseñó una ampliación del hospital, mediante la construcción de

170 Ejército de Chile. Historia del Hospital Militar de Santiago del “General Luis Felipe Brieba Arán”
en la comuna de Providencia. 1932-2009, Santiago, Instituto Geográfico Militar, 2009, p. 83.
171 Ibíd., p.89
172 Ibíd., p. 90.

118
un pensionado, el cual se erigiría en paralelo a la calle Holanda. Para este trabajo
el TCL. (OSS) Silva se hizo acompañar de los doctores Atilio Piera, subdirector
médico, y Raúl Campusano, más tarde director del hospital entre los años 1960 y
1966.

Este verdadero plan de modernización, fue encabezado por el General Armando


Conlledo, Director de los Servicios, quien administró los recursos procedentes del
Estado y del Ejército. Como consecuencia se inauguró la primera unidad de post
operados, una sala compuesta por siete camas en la que convivían desde un
General a un Soldado, según la necesidad. En palabras del mismo TCL. (OSS)
Silva: “Eran módulos con observación directa desde la enfermería. La Unidad de
Cuidados Intermedios era algo nuevo en Chile”. 173

La primera parte de la ampliación vio la luz en agosto de 1962, mediante la


construcción del ala sur del edificio (en paralelo a la calle Holanda), el que contaba
con siete pisos y 80 camas. El alto costo asociado a la ampliación y modernización
del hospital obligaba a que la tarea se desarrollara estrictamente por etapas bien
calculadas. La inauguración de este edificio se retrasó hasta fines de la década
de los sesenta, debido a la quiebra de la empresa constructora, y fue posible, en
buena medida, gracias a la gestión del TCL (OSS) Silva, quien entre 1966 y 1970
ocupó el cargo de Subsecretario de Salud, posición en la cual veló porque se
hicieran llegar los recursos necesarios a un proyecto del que había formado parte
durante tantos años, y cuyo valor social conocía desde cerca.

Así como el hospital crecía por un lado, también se empequeñecía por el otro. En
1969 un fatídico incendio destruyó el segundo piso de la casona original,
perdiéndose una cantidad importante de documentación relativa a la vida del
hospital, pero su primer piso siguió albergando los policlínicos, y las dependencias
de medicina interna y farmacia hasta 1975. Para hacer frente a la pérdida de
espacio, varias dependencias debieron ser trasladadas al ala sur, entre ellas la
dirección del hospital, el departamento de finanzas, la ayudantía general, el
auditorio, informática, las subdirecciones de administración y médica, y la oficina
de las máquinas de contabilidad.174

A principios de los setenta se continuó con el plan de modernización y ampliación.


En este sentido le correspondió al propio Ministro de Obras Públicas, Pascual
Barraza gestionar el nuevo equipamiento con el cual se dotaría al hospital, así

173Ibíd., p. 92.
174Ejército de Chile. Historia del Hospital Militar de Santiago del “General Luis Felipe Brieba Arán”
en la comuna de Providencia. 1932-2009, Santiago, Instituto Geográfico Militar, 2009, p. 94.

119
como fiscalizar el avance y cumplimiento de los diversos trabajos 175. De esta
forma el hospital estuvo casi listo en 1973, momento en que se suspendió un
crédito ofrecido al país por la Alemania Oriental, el que más tarde fue asumido por
la Alemania Federal, a lo cual se sumaron los aportes que hizo el mismo Ejército,
gracias a lo cual, hacia 1976, pudo concluirse el trabajo. Los avances en materia
de infraestructura no fueron los únicos que destacaron al Hospital Militar durante
esta época, sino que también lo hizo la incorporación de médicos militares y civiles
que, al paso del tiempo, tendrían una destacada carrera profesional, tales como:
Cap. (OSS) Juan Hepp, Cap. (OSS) Luis Fernando Coz, May. (OSS) Alejandro
Mandujano, y los Dres. Arturo Salas, Domingo Videla, Leopoldo Suárez, Horacio
Ríos, Sergio Gajardo, Eduardo Wainsteins, Agustín Espejo, Wilfredo Calderón,
Humberto Del Fávero, Domingo Godoy y Julio Rodríguez, entre otros.

Figura 60. Vista del Hospital Militar de Santiago por Avenida Providencia, década de 1930. Fuente:
Historia del Hospital Militar de Santiago del General Luis Felipe Brieba Arán” de la comuna de
Providencia 1932-2009, p. 57.

175 Ibíd., p. 95.

120
Capítulo V
La modernización del Hospital y del Servicio (1978-2018)

El gran salto del Hospital hacia la modernización (1978-1989)

Hacia fines de la década del 70 se inaugura el Laboratorio de Hemodinamia


(1978), lo cual permitió que en febrero del año siguiente se realizara el primer
procedimiento de cateterismo cardíaco, y un par de años después, en 1987, la
primera angioplastia coronaria transluminal percutánea con balón. Para esta
época ya se había creado el Servicio de Angiografía Periférica.

Junto a los avances en hemodinamia, el año 1978 marcó otro hito en la historia del
Hospital Militar, ya que en el mes de mayo la Dra. Pilar Gazmuri logró detectar el
primer caso de cáncer de mama a través de medios no invasivos ni palpables,
sino que gracias a “un aparato para oído que estaba para la baja”,176 el cual
adaptó, junto a la tecnóloga Jefe de Rayos, Sonia Capetillo, para así lograr su
cometido.

El cambio de decenio encontró a un hospital en crecimiento y volcado a la


innovación. No es posible realizar esta aseveración si no tomamos en cuenta la
abnegada labor desarrollada por sus directores: el General Roberto Bonilla (1976-
1978), El Coronel (OSS) Juan Lombardi (1978-1981); el Coronel Hans Zippelius
(1981-1986), y el General German Kuhlman (1986 – 1989). Es así como en los
años 80 comenzó la realización de trasplantes de riñón e hígado. En 1982 el Cap.
(OSS) Dr. Fernando Coz viajó a Francia con el fin de especializarse en el campo
del trasplante renal, con lo cual, a su regreso en 1983 pudo iniciarse el programa
dentro del hospital, dando cuenta de la vocación pionera de la institución, así
como de su compromiso para con la sociedad. El equipo estuvo compuesto por los
nefrólogos Eugenio Gehrung, Pedro Figueroa y Juan Carlos Flores, así como por
los urólogos Cap. Cristián Wholer, Dr. Marcelo Bustos y el ya mencionado Cap.
Luis Fernando Coz.

El año 1983 los otorrinolaringólogos Marcos Goycolea y Gumaro Martínez


realizaron el primer implante coclear tipo Alfa, no solo de Chile, sino que de todo el
subcontinente. Si bien se trató de un implante de primera generación (monocanal),
fue una intervención de vanguardia, respecto de la cual aún existían importantes
dudas, pero que, sin el apoyo de las altas autoridades institucionales, no habría

176Ejército de Chile. Historia del Hospital Militar de Santiago del “General Luis Felipe Brieba Arán”
en la comuna de Providencia. 1932-2009, Santiago, Instituto Geográfico Militar, 2009, p. 104.

121
sido posible su desarrollo, ni el hecho de que su primer paciente (un voluntario)
hubiera recuperado la audición tras haberla perdido luego de padecer una
meningitis.

Como si no fuera suficiente, el progreso del hospital no se detuvo ahí, ya que el


año 1982 el Dr. Federico Gili, del servicio de traumatología, llevó a cabo la primera
menisectomía artroscópica, luego de lo cual, el año 1983, creó el policlínico de
rodilla, conformado por los Dres. Luis Valenzuela y el Tte. (OSS) Juan Eduardo
Durruty, quien más tarde llegaría ser Director General del Hospital Militar, dando
origen a uno de los centros especializados de mayor reconocimiento a nivel
nacional en materia de artroscopia. A este centro hospitalario, acudirán a formarse
médicos nacionales y extranjeros. Ese mismo año, los doctores Federico Gili,
Arturo Salas, Luis Valenzuela y Francisco Capponi, realizaron el primer implante a
nivel nacional, de prótesis de rodilla Insall Burstein. Sin duda, la historia que se
inicia en este ámbito ha marcado profundamente el presente, donde el hospital
“sigue a la vanguardia, con vasta experiencia en el uso de los nuevos modelos de
prótesis, como las modulares, las unicompartamentales y las patelofemorales”,177
hoy con una destacada participación de los doctores Mario Orrego y José Matas.

Figura 61. Hospital Militar de Santiago. Ala sur (2008). Fuente: Historia del Hospital Militar de
Santiago del General Luis Felipe Brieba Arán” de la comuna de Providencia 1932-2009, p. 92.

Los grandes avances llevados a cabo durante ese año no se detuvieron ahí, ya
que se realizó la primera operación a corazón abierto, a cargo del Mayor (OSS)
Domingo Godoy Ibáñez, quien en ese entonces se desempeñaba como parte del

177 Ibíd., p. 112.

122
equipo de cirugía cardíaca del Hospital del Tórax,178 además de inaugurarse la
maternidad del hospital. Y en un verdadero espiral de desarrollo, al año siguiente
(1983) se inauguró la torre quirúrgica, edificio de siete pisos y once pabellones, un
helipuerto, gimnasios para rehabilitación, zócalo y subterráneo, con lo cual el
hospital continuaba creciendo materialmente, haciéndose capaz de albergar una
mayor cantidad de servicios y prestaciones de alta calidad y complejidad en
materia de prevención, curación y rehabilitación. Esto último se vio confirmado con
la adquisición del primer tomógrafo axial computarizado (TAC) en el mes de julio,
luego de que el año anterior (1982) el departamento de imagenología fuera dotado
de un ecotomógrafo. Estos grandes avances se vieron coronados con la
inauguración del servicio de urgencia pediátrica, bautizado con el nombre de la
Sargento Segundo Cantinera Irene Pérez, el 3 de septiembre de 1984.

Un noble espíritu y una ilustrada capacidad para entender la realidad seguían


guiando al hospital, el que durante los años ochenta se dedicó a estudiar las
posibilidades de desarrollar trasplantes hepáticos. Es así como un equipo liderado
por los doctores Cap. (OSS) Juan Hepp y el Dr. Hernán Arancibia, junto a varios
profesionales del Hospital Militar, y al que se unieron seis internos de cirugía
procedentes del Hospital del Salvador, se abocaron al estudio y diseño de un
programa de cirugía experimental en animales, con miras a perfeccionar la técnica
del trasplante de hígado. De esta forma, el 14 de agosto de 1985, el equipo
dirigido por ellos, más los doctores Horacio Ríos, Leopoldo Suárez, y Mario
Guevara, los anestesiólogos Marta Quiroga y Gabriela Rodríguez, la hepatóloga
Mónica Zaror, arsenaleras, enfermeras, tecnólogos y la colaboración de los
funcionarios del banco de sangre y de pabellón, se efectuó el primer trasplante de
hígado en Chile (y segundo en Latinoamérica). El receptor padecía de un cáncer y
sobrevivió dos semanas al procedimiento, pero las cartas ya se encontraban sobre
la mesa: el Hospital Militar y sus especialistas habían dado un paso trascendental
para el bienestar del país.

En este sentido, habiendo transcurrido solo dos años del primer intento, en 1987
se realizó un segundo trasplante, esta vez a una mujer aquejada de una grave
enfermedad, presentándose complicaciones durante el postoperatorio, lo que más
tarde la llevaría a la muerte. Sin perjuicio de estos reveses, el hospital continuó en
la senda trazada en esta materia, realizándose en 1989 un tercer procedimiento,
ahora a un hombre que padecía hepatitis clase B, quien sobrevivió cuatro años a
la operación, y fallece a consecuencia de una reinfección en el órgano
trasplantado. Ese mismo año se realizó una cuarta operación. La beneficiaria,
178Los autores agradecen la información brindada para efectos de la escritura de este libro al GDB
(R) Ricardo Felipe Imperatore, Jefe de Sanidad del Ejército entre los años 2000 y 2004.
Comentarios y aportes al proyecto de Historia de Medicina Militar, Santiago, Documento, 2018.

123
padecía hepatitis clase C, y tuvo una sobrevida de 19 años, falleciendo en febrero
de 2008. Como puede verse, en menos de diez años, el hospital había conseguido
altos niveles de eficiencia y eficacia en el desarrollo de este tipo de
procedimientos, transformándose en un puntal a nivel nacional y continental en
ésta compleja cirugía.

Junto al desarrollo de los trasplantes, es ampliamente probable que, dada su


complejidad técnica, su significación ética y filosófica, y el gran interés periodístico
generado, la fertilización in vitro, haya constituido uno de los hitos más relevantes
de la historia del hospital. El proyecto, liderado por el Dr. Alberto Costoya, e
integrado además por trece médicos y diversos profesionales de la salud,
comenzó a funcionar en 1982, como parte del área de esterilidad conyugal (un
verdadero problema de los tiempos contemporáneos), parte del servicio de
ginecología. Es sabido que la idea “de llevar adelante este proyecto no estuvo
carente de polémica”.179 Existían al menos dos tipos de cuestionamientos: el
financiero y el moral. De hecho se pensaba que los recursos destinados al estudio
y ejecución del plan “podían ser mejor utilizados”.180 Una inquietud aún más
compleja y profunda que aquella relativa a los recursos materiales decía relación
con el “destino incierto que tendrían los óvulos fecundados”.181 Sin perjuicio de lo
anterior, y existiendo otro grupo que aprobaba el proyecto, éste siguió adelante, a
consecuencia de lo cual en enero de 1985 en la maternidad del Hospital Militar
nació el pequeño Aliro Franco Garrido, un niño de 38 semanas de gestación, 48
centímetros de altura y dos kilos 880 gramos de peso, siendo éste el primer
nacimiento a nivel nacional y latinoamericano, de un ser humano concebido a
través del sistema in vitro y por transferencia embrionaria.182

La segunda mitad de los años 80 estuvo marcada por el desarrollo de las


unidades de combate al cáncer, terrible flagelo que acompaña a la humanidad
desde que se tiene memoria, y cuya sola mención estremece aún a los más
estoicos. Es así como en 1985 se creó la primera unidad de quimioterapia,
además de darse los primeros pasos relativos al procedimiento de trasplante de
médula ósea alogénico del país. Para lo anterior es que se buscó capacitar a un
altísimo nivel al personal, los hematólogos Humberto Del Fávero y Cap. (OSS)
Hernán Figueroa fueron enviados a Estados Unidos (1987) y a Israel (1990)
respectivamente, mientras que la enfermera universitaria Flor María Espinoza se

179 Ibíd., p. 120.


180 Ibíd.
181 Ibíd.
182 La historia de Aliro, quien hoy es abogado, tiene tres hijos y vive en Santiago de Chile, puede

revisare en el portal del diario La Tercera: http://www2.latercera.com/noticia/primer-nino-probeta-


chileno-cumple-25-anos/ (revisada el 10/04/2018).

124
convirtió en la primera enfermera oncológica, tras recibir capacitación en el ámbito
de las quimioterapias. Gracias a todo esto, en 1988 el hospital comenzó a realizar
los primeros trasplantes de médula ósea, los que a la fecha ascienden casi a
doscientos.

El Hospital Militar y su tránsito hacia el siglo XXI: De la década del 90 al 2007

Al despuntar la década del 90 el hospital mantiene su ya conocido y bien


sostenido interés por mejorar. De esta manera en el mes de mayo de 1990 se
remodeló el servicio de urgencia dental, y luego, en agosto, se inaugura la Unidad
de Cuidados Intensivos (UCI), emplazada en la torre quirúrgica.

En el mes de septiembre fue el turno de la gran renovación de los procedimientos


relativos a la extracción de cálculos renales, con la inauguración de la unidad de
litotricia extracorpórea, implementándose el sistema de cirugía laparoscópica,
mediante la cual se reemplazaba el tradicional sistema de la cirugía convencional.
Así comenzó a utilizarse un sistema no invasivo, se trataba de la destrucción de
los cálculos a través de ondas de choque, gracias a lo cual se disminuyeron los
riesgos y los costos asociados a la intervención, evitándose el sufrir (por parte de
los pacientes) grandes incisiones y horas de postoperatorio. La unidad fue
originalmente dirigida por el TCL. (OSS) Dr. Fernando Coz, quien ha planteado
que: “El Ejército de Chile a través del Hospital Militar de Santiago, puso en 1990 a
disposición de todos los chilenos una tecnología que evitó muchas cirugías y alivió
mucho sufrimiento”.183

El mismo año 1990 se inaugura la unidad del dolor, la primera en su especie en el


país, la cual se encontraba compuesta por un equipo multidisciplinario y altamente
especializado, integrado por los anestesiólogos doctores Agustín Espejo, el cual
se había especializado en la Unidad del Dolor del Hospital Valle Hebrón de
Barcelona, Maritza Velasco, y Juan Francisco Asenjo, además de la enfermera
universitaria Ximena Hernández y la técnico paramédico Soledad Mella, quienes
encaminan sus esfuerzos al alivio del dolor crónico en pacientes con cáncer u
otras patologías.184 Además, propicia la formación de futuros expertos en la
materia, dictando un postítulo único a nivel nacional, brindando así, otro ejemplo

183 Ejército de Chile. Historia del Hospital Militar de Santiago del “General Luis Felipe Brieba Arán”
en la comuna de Providencia. 1932-2009, Santiago, Instituto Geográfico Militar, 2009, p. 130.
184 Para el año 2010 la proporción de atenciones de este servicio era de un 70% relacionado a

paciente con dolor no oncológico y de un 30% oncológico. Velasco, Maritza. “Servicio de Dolor
Hospital Militar: A 20 años del comienzo”, en Revista El Dolor (53), 2010, p. 58.

125
del desarrollo conseguido por el hospital en el ámbito de la innovación en salud y
de la formación continua.

La aplicación de las técnicas laparoscópicas continuó su sorprendente desarrollo


en el hospital, esta vez con la colecistectomía laparoscópica, procedimiento que a
partir de agosto de 1990, permitió la extracción de la vesícula biliar mediante una
operación mínimamente invasiva, con un limitado dolor, un postoperatorio de corta
duración y una reincorporación rápida al hogar. El equipo que integraban sus
pioneros, los doctores Hepp, Mandujano, Ríos, Diaz-Valdes, Suarez, Sepúlveda,
Videla, Villalón, Gho, Guevara, Plass y Wainstein, obtuvieron el premio del
Capítulo Chileno del American College of Surgeons, por su trabajo titulado
“Colecistectomía laparoscópica: su actual dimensión en la cirugía de la litiasis
biliar”, en 1992. Este mismo equipo participó activamente en la difusión del
procedimiento y en el entrenamiento de futuros especialistas a nivel nacional,
tanto a través de viajes que se organizaron por todo Chile, como por medio del
trabajo docente realizado con becados en el Hospital Militar.

En 1998 el hospital dio un nuevo paso hacia la tecnologización gracias al uso de


un Sistema Estereotáxico de Leksell, el primero con tecnología computarizada de
Chile, aplicable por el equipo conformado por el neurólogo Eduardo Larraechea, y
los neurocirujanos Dres. Luis Palma, Claudio Lühr y Raúl de Ramón, a los
tratamientos de neurología estereotáxica y funcional. Como consecuencia de esto
y con el fin de tratar un caso de Parkinson, el mismo año se realizó la primera
palidotomía mediante la técnica estereotáxica computarizada a nivel nacional. El
Dr. Lühr, quien a fines de los noventa se capacitó en Suecia, gracias al apoyo
brindado por el Director General de la época, CRL. (OSS) Alejandro Mandujano
(1998-2000), recuerda que el avance de esta técnica permitió el futuro desarrollo
de la neurocirugía psiquiátrica y de la radiocirugía cerebral.185 Durante el mes de
noviembre de 1999, el Hospital Militar realizó en sus dependencias, el 1er
trasplante de pulmón (3° a nivel nacional), por el equipo de cirugía torácica
compuesto por los Dres. Marcial Peralta, MAY (OSS) Jaime González, Carlos
Czischke y el médico internista Hernán Cabello.

El inicio del siglo XXI encuentra al hospital en buen pie administrativo y


profesional, con lo cual sus ansias por continuar acrecentando su colaboración al
desarrollo de la nación toman nuevos bríos a través de la organización y ejecución
de un plan de formación docente para estudiantes de pre y posgrado. Según
recuerda la Dra. Patricia Muñoz, ex jefa de docencia, “tradicionalmente, este
Hospital era más bien de carácter asistencial: realizaba escasa docencia, solo en

185 Ibíd., p. 139.

126
forma esporádica y con muy pocos alumnos. Sin embargo, esta situación comenzó
a revertirse a partir del año 2000”.186 De esta forma, y bajo la dirección del ya
mencionado Crl. Mandujano el hospital abre sus puertas a la formación de
estudiantes pertenecientes a diversas carreras del rubro de la salud,
pertenecientes a la Pontificia Universidad Católica de Chile, a la Universidad de
Concepción, a la de Santiago, de Valparaíso, Mayor, de los Andes (400 alumnos e
internos, y 30 becados hacia el 2008), y recientemente, de la Universidad
Bernardo O’Higgins.

En 2008, el Dr. José Matas Naranjo, jefe del Departamento de Docencia y


Extensión Académica, el cual tiene por misión “organizar, crear y gestionar las
actividades de Docencia, investigación y extensión que se desarrollan en el
Hospital Militar de Santiago”,187 planteaba que en esta materia el “objetivo
fundamental es transformar al Hospital Militar de Santiago en un gran centro
formador”,188 además de dar cuenta del verdadero giro experimentado durante los
últimos años en la institución a este respecto y del inmenso valor que ésta cifra en
la formación de profesionales y técnicos de la salud, así como en el rol que le cabe
dentro del quehacer de la nación. En sus palabras “se ha asumido un compromiso
docente, que tiene que darse en forma transversal a toda la organización; no de
manera aislada. Y en cada departamento, además de la asistencia, se tiene que
hacer extensión, investigación, y docencia, para conseguir posicionar el Hospital
como el mejor de nuestro país”.189

Actualmente y de acuerdo a su propia declaración, que es de público acceso y


potencial conocimiento para cualquier interesado, el departamento de Docencia
“se preocupa de facilitar los procesos de Enseñanza-Aprendizaje tanto para los
usuarios internos como para los diferentes alumnos que buscan en el Hospital un
centro de excelencia para su formación. Ayudamos a formar profesionales de gran
nivel técnico que tengan valores éticos y morales concordantes con los valores
institucionales. Nuestros alumnos se distinguen por sus competencias
profesionales, su solidaridad, espíritu de servicio responsable y su ética en cada
una de las actividades que realizan”,190 declaración que se encuentra en completa
consonancia con lo que hace casi veinte años se planteara como derrotero y
desafío en materia de formación de profesionales de la salud.

186 Ibíd., p. 144.


187 Hospital Militar de Santiago. Docencia: http://www.hms.cl/?page_id=122 (revisada el
11/04/2018).
188 Ejército de Chile. Historia del Hospital Militar de Santiago del “General Luis Felipe Brieba Arán”

en la comuna de Providencia. 1932-2009, Santiago, Instituto Geográfico Militar, 2009, p. 145.


189 Ibíd., p. 145.
190 Hospital Militar de Santiago. Docencia: http://www.hms.cl/?page_id=122 (revisada el
11/04/2018).

127
Bajo la dirección del CRL. Antonio Cordero (2000-2004), el 2002 se inauguró el
pensionado de pediatría, y el 2003 la Dra. Josefina Jofré dio inicio, tanto en Chile
como en Sudamérica, al trabajo con imágenes moleculares, gracias a la
adquisición de la llamada cámara de PET (tomografía por emisión de positrones),
revolucionando el trabajo de diagnóstico, etapificación, medición de recurrencias y
evaluación de tratamientos de enfermedades altamente complejas, en especial del
cáncer. La implementación de esta última innovación requirió realizar ingentes
esfuerzos de coordinación con la Comisión Chilena de Energía Nuclear (CCHEN),
responsable de implementar un ciclotrón mediante el cual producir los
radioisótopos necesarios para la cámara PET (F18-FDG).

El banco de sangre, que funcionaba en el hospital desde la ya lejana fecha de


1948, el año 2004, y bajo la dirección de la Dra. Gloria Rubio, obtuvo un
importante reconocimiento relativo a la calidad de sus procedimientos y
transfusiones, alcanzando la certificación de acuerdo a la norma ISO 9001-2000,
posicionándolo a un nivel internacional en materia de seguridad y calidad. Es
interesante constatar la evolución técnica y el gran sacrificio que significó el
desarrollo y profesionalización de este servicio, toda vez que aún es posible
escuchar las solicitudes que a mediados de la década sesenta se hacían por
conseguir donantes y explicarles que, en tal acto, no se perdía la propia salud. Tal
y como lo narrara en ese entonces el Coronel Raúl Campusano en el Memorial del
Ejército de Chile de la época en comento: “Estas necesidades son también las del
Banco de Sangre del Hospital Militar, por lo cual nos permitimos solicitar de
nuestros lectores acudir a este servicio con el objeto de hacer una donación de
sangre que en nada perjudica su salud y que redundará en un gran provecho y
seguridad de los numerosos enfermos hospitalizados”.191

Los desafíos y compromisos adquiridos por el hospital en beneficio de la sociedad


condujeron a que, en 2006, bajo la dirección del CRL. Werther Araya (2004-2008),
se implementara la oncología ocular al departamento de oftalmología, con el fin de
estudiar y tratar tumores oculares y otros de tipo secundario como consecuencia
del cáncer, dedicándose con especial énfasis y éxito al tratamiento de tumores
oculares pediátricos (retinoblastomas) mediante la utilización de la termoterapia
transpupilar, a la colocación de implantes oculares móviles (Bio-Eye) en pacientes
que hubieran perdido sus globos oculares, y en el manejo conservador en casos

191Campusano, [Coronel] Raúl. “Transfusiones y dadores de sangre”, en Memorial del Ejército de


Chile, julio-agosto 1964, p. 95.

128
de melanoma intraocular por medio del uso de la placa de yodo 125 y de la
termoterapia transpupilar.

En el ámbito de la traumatología y la ortopedia, el hospital ha dado cuenta de un


complejo y macizo desarrollo a lo largo de los últimos años. Es así como en 2006
se implanta la primera prótesis de codo en Chile, poniendo a la institución a la
vanguardia del tratamiento de extremidades superiores, con el manejo de fracturas
del extremo proximal de húmero por medio del uso de placas bloqueadas de bajo
contacto, y utilización de prótesis y recubrimientos para combatir la artrosis de
hombro y la necrosis avascular. El notable trabajo realizado en materia de prótesis
óseas se vio bien reconocido toda vez que, durante las jornadas científicas del
hospital celebradas en 2005, se premió como el mejor trabajo presentado, a aquél
que daba cuenta de la primera prótesis de superficie de cadera realizado en el
país, en octubre de 2001, con lo cual se reafirmaba el notable historial del Hospital
Militar en este tipo de materias. Un par de años después, en 2007, la institución
fue reconocida por la Sociedad Chilena de Ortopedia y Traumatología (SCHOT), al
mejor video de ese año por su trabajo en artroscopía de cadera. En 2006 comenzó
a utilizarse el concentrado plaquetario que actuó como acelerador biológico para
los casos tratados mediante la artroscopía de rodilla y reconstrucción anatómica
de ligamentos cruzados, esto último el año 2007. Dada esta tecnología, el año
2010 se inició una investigación elaborada por los Dres. Orrego, Rosales,
Valenzuela, Sudy y Durruty y publicada en “The Arthroscopy Journal” que hasta
hoy continúa siendo muy citado. Cabe agregar el gran trabajo realizado por el
equipo de columna, el cual ha perfeccionado una serie de procedimientos de
carácter mínimamente invasivos como la fijación e instrumentalización
percutáneas, vertebroplastías e instalación de prótesis discales.

En materia de colaboración con otras instituciones no es posible dejar pasar el


trabajo realizado junto con el Hospital Clínico de la Pontificia Universidad Católica
de Chile y la Universidad de los Andes, en el ámbito de la ingeniería de tejidos con
aplicación en el tratamiento de lesiones condrales terminales, cuyo primer caso es
del año 2006.

Dando cuenta de su permanente interés por la innovación y el mejoramiento


continuo, así como de la voluntad por brindar la mayor cantidad de oportunidades
al paciente, en 2007 el hospital creó un servicio de acupuntura, el que ha sido bien
evaluado por el personal médico y sus pacientes, luego de que en 2005 y 2006 se
desarrollara un curso de capacitación con un médico especialista del Ejército de
China, ocasión en la que se llevó a cabo el primer procedimiento con esta técnica.
Lo que podría parecer exótico, deja de percibirse así, no solo en el contexto de la
globalización y la multiculturalidad, sino que además en relación a las creencias

129
más profundas que inspiran el quehacer del hospital. Esto se ve refrendado en las
palabras del Dr. Rodrigo Santelices, quien planteaba: “lo más relevante es el
enfermo a quien hay que darle todas las opciones, con una intervención: eficiente,
oportuna y segura. Para ello, es necesario la comunicación y el trabajo en
conjunto de las distintas especialidades médicas, quirúrgicas y de apoyo”.192

El año 2007 el hospital implementa la técnica de la neuroendoscopía, aplicación


mínimamente invasiva en el campo de la neurocirugía del encéfalo y de la
columna vertebral. En el caso de esta última y de la médula espinal también se
comienza a tratar mediante técnicas de radiofrecuencia. Junto con todo esto, se
organiza un equipo altamente especializado y selecto para la realización de
neurocirugías vasculares de urgencia.

El Servicio de Sanidad y su caminar hacia el siglo XXI (1980-2003)

El Hospital Militar no era el único que daba el paso hacia la modernización


mientras entraba hacia el siglo XXI, sino que toda la Dirección de Sanidad
caminaba por la misma senda. Es así como en materia de integración académica
de carácter internacional, una delegación presidida por el jefe de sanidad, General
Roberto Bonilla Bradanovic, e integrada por los directores de sanidad de las
diversas ramas de las FF.AA, participaron del Congreso Internacional de Medicina
Militar organizado en Corea del Sur en 1978, instancia en la que Chile obtuvo la
sede del siguiente congreso. Éste se llevó a cabo en Santiago, en diciembre de
1980.

Desde al punto de vista de la ampliación de los servicios médicos, en 1986


comienza a funcionar el Hospital Militar de Antofagasta, según lo dispuesto en el
Decreto Supremo N° 1.266, de 12 de noviembre de aquel año, con lo cual un
antiguo requerimiento del personal desplegado en el extremo norte del país, se
veía satisfecho a un nivel de calidad apropiado. El objetivo primordial de este
establecimiento era “satisfacer las necesidades de atención de salud del personal
de la defensa nacional activos y pasivos y sus grupos familiares […], como
también del contingente que cumplía con su Servicio Militar”, que se
desempeñaran o residieran en las regiones del norte del país. 193 Junto a esto, en
septiembre de 1990 se creó el Centro de Rehabilitación Infantil (CRIE), el que

192 Ejército de Chile. Historia del Hospital Militar de Santiago del “General Luis Felipe Brieba Arán”
en la comuna de Providencia. 1932-2009, Santiago, Instituto Geográfico Militar, 2009., p. 154.
193 Ejército de Chile. La medicina y el servicio de sanidad militar. 1520-2004, Santiago, Instituto

Geográfico Militar, 2004, p. 143.

130
tenía por misión brindar tratamiento médico, fisiátrico, y psiconeurológico a
menores pertenecientes a la familia militar y que así lo requiriesen.

En el ámbito orgánico también se experimentaron cambios. Mediante el Decreto


Supremo N° 717, de 30 de agosto de 1982, se modifica la denominación Dirección
de Sanidad del Ejército, por la de Jefatura de Sanidad del Ejército, y pasa a
depender del Comando de Apoyo Logístico. Por esa época, la jefatura prestaba
servicios a través del Hospital Militar, la Central Odontológica del Ejército, el
Consultorio Rosa O’Higgins, el Consultorio San Luis, y en las provincias, por
medio de las enfermerías apostadas en cada regimiento, y en los centros de
atención sanitaria.194

Dentro de la misma lógica de la organicidad, en 1990 se aprueba el Reglamento


Orgánico de las Comisiones de Sanidad del Ejército, con el fin de regular y
entregar fundamentos comunes que permitieran “constatar, evaluar, declarar o
certificar el estado de salud, la capacidad de trabajo o recuperabilidad de los
estados patológicos del personal del Ejército”.195

La última década del siglo XX encuentra al Servicio de Sanidad abocado a


reflexionar en torno a su propio presente y a cómo proyectarse hacia el futuro. Lo
hizo por medio de la elaboración de un informe denominado Proyecto Hipócrates,
iniciativa encomendada en 1993 por el entonces jefe de sanidad, General Manuel
Vitis Engelsberg, a un grupo de expertos en la materia, quienes luego de estudiar
los diversos aspectos del servicio (finanzas, gestión de salud, situación
demográfica de los beneficiarios, entre otras cosas), concluyen que “a pesar del
buen pie alcanzado […], llama la atención sobre la necesidad de optimizar el
funcionamiento, pero principalmente, destaca la urgencia de un cambio radical en
la organización del Sistema de Salud”.196

Como consecuencia, y en materia de financiamiento, en 1994 se crea el Fondo de


Salud Familiar del Ejército (FOSAFE), con el fin contribuir al pago de los servicios
médicos no cubiertos mediante la normativa vigente en esa época, lo cual se
conseguiría por medio de aportes individuales del personal, otros tantos
procedentes de la Institución, más un cargo fijo de $ 600 por cada carga familiar.
Dos años después, según lo dispuesto por la Ley N° 19.465, que establece el
Sistema de Salud de las FF.AA., se controla el desfinanciamiento del sistema de
salud del Ejército, gracias al aumento en las cotizaciones de salud. Junto a esto, el

194 Ibíd., p. 142.


195 Ibíd., p. 143.
196 Ibíd., p. 144.

131
mismo año, se realiza un convenio con las Isapres, con lo cual se aumentan los
recursos captables por el sistema de salud.197

Los resultados de la evaluación efectuada como consecuencia del informe


Hipócrates, daban clara cuenta de que el sistema de salud del Ejército requería
urgentemente un proceso de modernización. Fue así como en marzo de 1998, el
Comandante en Jefe de la Institución, Teniente General Ricardo Izurieta
Caffarena, ordena la creación del Proyecto Integral de Modernización del Sistema
de Salud del Ejército (PIMSSE), planteando que el desafío consistía en:
“Desarrollar un sistema de salud que dé satisfacción a las necesidades de salud
de la institución y de su personal, tanto en la paz como en la guerra, poseyendo
además la capacidad para actuar ante situaciones de catástrofes en apoyo a la
población afectada, debiendo quedar finalizado en un plazo no superior a los
cuatro años”.198 Es pertinente agregar que el PIMSSE se encontraba dentro de un
contexto mayor de tránsito complejo hacia una modernización total del Ejército,
emprendida por la institución hacia fines de la década de los noventa. En tal
sentido, podría plantearse que el proceso se consideraba “inevitable y las
organizaciones y en especial un ejército, deben darle cauce para que tenga un
efecto deseado en la propia estructura, si no sus efectos se pueden diluir y el nivel
de gasto aumentar sin límites, por cuanto los adelantos van a una velocidad y
magnitud inconmensurables de la misma manera que las necesidades son
crecientes, por ello que un plan modernizador es necesario, ya que más que crear
o idear un determinado mejoramiento, provee de un ordenamiento a base de
programas, proyectos y presupuestos, de acuerdo con los fines de la organización,
en este caso, un ejército”.199

La ejecución del proyecto, que queda en las manos del Mayor General Juan Emilio
Cheyre Espinosa, se divide a su vez en catorce sub proyectos específicos, a
saber: reglamentación y doctrina del servicio de sanidad; personal; sanidad de
campaña; difusión y comunicación del Sistema de Salud del Ejército (SISAE);
medidas remediales; medidas preventivas; desarrollo del primer nivel de atención;
desarrollo del segundo nivel de atención; convenios de salud; atención
odontológica; instalaciones de salud de la Región Metropolitana; edificio
corporativo del Comando de Salud; Hospital Militar de La Reina; y remodelación
del Hospital Militar del Norte.

197 Ibíd., pp. 144-145.


198 Ibíd., p. 153.
199 Urbina, Javier. “La modernización y transformación de un Ejército”, en Memorial del Ejército de

Chile (477), junio 2006, pp. 47-48.

132
Como consecuencia, y con el fin de organizar y llevar adelante la propuesta de
modernización general, es que en marzo de 1999 se crea el Comando de Salud
del Ejército (COSALE), el que a través de una organización departamental
multidisciplinaria, cumple la función de “clarificar” y “asesorar” en todos los
aspectos propios de la “ejecución y gestión de la acción sanitaria y de todas
aquellas funciones que la complementan”.200 Asumió como primer Comandante
del COSALE el General Eduardo Arriagada Rehren, quien a su vez ejercía como
Jefe de Sanidad, y tuvo a su cargo a oficiales de sanidad, de sanidad dental, de
Estado Mayor, Ingenieros Politécnicos Militares, de Armas y de los Servicios, y a
personal civil capacitado en las áreas propias de la gestión de salud. Bajo
dependencia del COSALE se creó el Fondo de Salud Previsional del Ejército
(FOSAPRE), con el objetivo de mejorar el manejo administrativo de los recursos
financieros.

En 1999 se amplía y remodela el Hospital Militar de Antofagasta, ya conocido


como Hospital Militar del Norte, con lo cual pasa de 22 a 55 camas, con un mayor
espacio para separar los diversos niveles de complejidad que requiere la atención.
En 2001 se crea la Unidad de Tratamiento Intermedio y, posteriormente, el
Servicio Dietético de Leche.201 Del mismo modo, y con el fin de ampliar la
cobertura de salud en las diversas regiones del país, se construye el Centro
Clínico Militar de Iquique, luego de sufrir un incendio se reconstruye el de Valdivia,
y se moderniza y amplía el Hospital de las Fuerzas Armadas en Punta Arenas
“Cirujano Guzmán”. En Santiago se habilitan los Centros Médicos Militares
Cordillera y Maipú, y se erige el edificio corporativo del COSALE en el centro de la
capital, en el cual se incorpora una nueva Central Odontológica, el Centro Médico
Militar Santiago Centro, y el Servicio de Medicina Preventiva. 202

Uno de las más destacadas contribuciones del Ejército a la sanidad es su hospital


modular de campaña, el cual nace como una necesidad de modernizar una parte
de la Sanidad en Campaña, toda vez que el Ejército carecía de equipos e
instalaciones campales modernas y actualizadas para proporcionar atención en el
campo de batalla, mejor dicho, en la zona de comunicaciones. El último hospital
militar de campaña, como tal, tenía su origen en la donación realizada por parte
del gobierno de EE.UU., con ocasión del terremoto que azotó a la ciudad Valdivia,
el año 1960. Lo que existía eran más bien sus restos que estaban repartidos en el
Regimiento Ferrocarrileros de Puente Alto, Regimiento de Infantería de Montaña
N° 18 “Guardia Vieja” y Escuela Militar, que consistían en algunas malogradas

200 Ejército de Chile. La medicina y el servicio de sanidad militar. 1520-2004, Santiago, Instituto
Geográfico Militar, 2004, p. 154.
201 Ibíd., pp. 146-147.
202 Ibíd., p. 171.

133
carpas, estantes de fierro, mesas e instrumental quirúrgico obsoleto, además de
un grupo electrógeno que funcionaba muy bien. Todo bajo la custodia de la
asesoría de sanidad de la II División de Ejército. Lo precario de estos elementos,
sumado a la iniciativa de la Dirección de Sanidad del Ejército concordantes con las
políticas sociales de colaboración a la ciudadanía, más el irrestricto apoyo del
entonces Comandante en Jefe del Ejército Ricardo Izurieta Caffarena y sus
sucesores, dio pie para evaluar la adquisición en el país o el extranjero, de un
moderno hospital de campaña, con capacidad para resolver patologías propias del
trauma en combate, es decir, resolutividad quirúrgica a menos de una hora de
evacuación (hora dorada).

Con estas orientaciones se inicia el proceso de adquisición, en donde participa el


entonces Mayor de Sanidad Guillermo Uslar Goverts, comisionado por el General
Juan Emilio Cheyre Espinosa, cuyo resultado fue la primera parte del Hospital
Modular de Campaña del Ejército, de procedencia alemana, marca Zeppelin
Mobile Sisteme.

Esta primera instalación móvil, consiste principalmente en 8 contenedores de 20


pies, los cuales se interconectan entre sí, de forma modular. Se incluye pabellón
quirúrgico, esterilización, recuperación, rayos, urgencia y laboratorio.
Complementando lo anterior, se agregan grupos electrógenos, tableros de
distribución eléctrica y acopio de agua.

Cinco años después se adquiere la Segunda Fase, concebida principalmente para


satisfacer necesidades logísticas del personal. Manteniendo el concepto modular
de conteiner, llegaron módulos de procedencia española (ARPA), tales como:
cocina, lavandería, cámara frigorífica y de hospitalización con capacidad para 20
camas.

Por último, en el año 2006 se agrega un módulo dental y otro pabellón quirúrgico
también de procedencia alemana (DREHTAINER).

En la actualidad, el HMCE es una instalación móvil de tercer nivel de atención,


asentada en el Regimiento Logístico N° 1 “Bellavista”, con capacidad de atender
tanto patología médica como quirúrgica, constituyendo una unidad versátil,
transportable ya sea por tierra, aire o mar, lo que permite la independencia
logística y sustentabilidad operativa.

Como misión brinda apoyo sanitario integral a una Unidad de Armas Combinadas,
participa en Operaciones de Paz, apoya a la población civil en situaciones de

134
desastre-catástrofe, y mantiene alistamiento operacional de Enfermeros Militares
de Combate, a nivel nacional.

Desde sus inicios del 2001 y bajo la Dirección del entonces General de Brigada
Ricardo Felip Imperatore, más el importante apoyo del HMS, facilitando el recurso
humano especialista, el HMCE ha venido desarrollando durante 18 años intensa
actividad asistencial y de colaboración social, participando en 36 despliegues
operativos médico quirúrgicos, que buscan apoyar a los distintos servicios de
salud a lo largo de Chile, desde Arica hasta Punta Arenas, interviniendo en la
disminución de listas de espera de patologías quirúrgicas prevalentes de la
población, como por ejemplo: cálculos a la vesícula, hernias, cataratas y cirugías
traumatológicas menores. Sus primeros despliegues fueron en Santiago a cargo
del Mayor (OSS) Germán Pacheco Chávez, quien lideró su primera salida fuera de
la guarnición, acompañado de la (ECP) EU Berta Oliveros Venegas quien se
desempeñó por 17 años como enfermera coordinadora. Mención especial del
Mayor (OSS) Néstor Gho Barba quien tuvo la difícil misión de trasladarlo hasta
Punta Arenas, poniendo a prueba la logística en la combinación del transporte
terrestre-marítimo. Durante el período 2005-2007 bajo la dirección del Mayor
(OSS) Jaime González Fuentealba se realizaron diez despliegues entre Arica por
el norte y Lonquimay por el sur, consolidando a esta instalación como una opción
válida de resolución quirúrgica. Posteriormente entre los años 2008 y 2010 le
corresponde al MAY (OSS) Marco Schulz Santibañes desplegar el hospital en la
compleja situación de catástrofe que significó el 27F/2010. Entre el 2011 y el 2015,
a cargo del MAY (OSS) Francisco Matamala Pérez participó en diferentes
operativos, destacando el apoyo a la comunidad en el terremoto del 2014 en la
guarnición de Iquique. Su director desde el año 2016 en adelante es el TCL
(OSS) Iván Larrazábal López quien le da énfasis a la atención traumatológica.

Esta experiencia quirúrgica, de más de 3.400 intervenciones, instala al Ejército, su


Servicio de Sanidad y HMCE, en una dimensión inédita, toda vez que no se
conocen experiencias similares de otros ejércitos, a nivel continental, y porque no
decirlo mundial, situación que es ampliamente reconocida por la civilidad y
autoridades de gobierno.

Respecto de la sanidad de campaña, es decir la “atención del personal militar en


terreno, [y] en condiciones adversas”, se definen sus tres niveles de atención
propios, siendo el primero el Sistema de Evacuación Médica de Combate
(SEMEC), el segundo el Puesto de Atención Médico Especializado (PAME), y el
tercero, el Centro de Atención Médico Especializado (CAME) u Hospital de
Campaña (HCE) y el cuarto nivel, Hospital Militar de Santiago y Hospital de
Antofagasta. Esta dimensión de la sanidad militar es de vital importancia ya que

135
se reconoce que en ella radica “en esencia, lo fundamental en la medicina
militar”.203 Cabe mencionar que ésta cuenta con dos áreas: una de protección y
otra de atención de la fuerza. Mientras la primera abarca la promoción y
prevención en la salud, la segunda incluye el rescate, estabilización, recuperación,
evacuación y rehabilitación.204

Mención aparte merece la formación de enfermeros militares de combate, cuadro


esencial en el desarrollo de la sanidad militar.205 Las promociones egresadas de
Escuela de Suboficiales, previo al año 1998, no contaban con el curso de Auxiliar
Paramédico de Enfermería otorgado por el Ministerio de Salud, ni tampoco con
conocimiento de Trauma. En lo referido a la docencia y formación del personal de
enfermero militar, la responsabilidad de la formación de este personal recaía

203 Ibíd., p. 171.


204
En relación a la protección de la fuerza, se entiende por Promoción en salud, aquellas
actividades tendientes a mantener un óptimo estado de salud físico y mental de la fuerza terrestre,
de manera tal, de evitar la presencia de enfermedades que afecten la maniobra. Esto incluye las
áreas de salud mental, actividad física, seguridad alimentaria, higiene ambiental y prevención de
drogas. Mientras que, por Prevención en salud, las medidas activas de prevención, que son
aplicadas a todo el personal empleado en las operaciones militares ha objeto de fortalecer los
factores protectores. Entre estas medidas, se encuentran las campañas de vacunaciones y de
quimioprofilaxis.
Respecto de la atención de la fuerza, se comprende el Rescate como el conjunto de acciones
necesarias para llegar al herido con personal sanitario especializado, se inicia donde ocurre la
demanda y los primeros en comenzar esta cadena, es el propio herido y sus compañeros;
Estabilización: una vez rescatado el herido, es llevado a un lugar “campal” donde existen el
personal médico y equipamiento necesario para lograr dar la primera atención necesaria para
corregir las lesiones inmediatas que amenazan la vida y así ganar tiempo para su tratamiento
definitivo, lo cual se materializa en el LEAM, que se define como Lugar de Estabilización y Atención
Médica; Recuperación y Atención: acción sanitaria es llevada a cabo en instalaciones desplegadas
en terreno que presentan una mayor capacidad resolutiva, como lo son los PAMES (Puesto de
Atención Médico Especializado) y HMCE (Hospital Modular de Campaña del Ejército), con
capacidad quirúrgica y de hospitalización, que permitan articular de buena forma la evacuación
definitiva al tercer nivel y definitivo que corresponde a nuestra mayor instalación de salud, esto es
nuestro Hospital Militar de Santiago; Evacuación: los procedimientos necesarios para realizar un
correcto rescate del personal herido desde la Zona en Contacto hasta la Zona del Interior, fuera del
Teatro de Operaciones, donde estarán las instalaciones sanitarias definitivas, encargadas de los
cuidados definitivos que incluyen la rehabilitación de aquellos pacientes secuelados. Esta
evacuación se puede dividir en tres fases; Táctica: aquella realizada por medios convencionales
(MEDEVAC) y no convencionales (CASEVAC) desde la zona en contacto, hasta los lugares de
recuperación (PAMEs o HMCE); Operativa: aquella realizada por medios convencionales de
traslado, terrestres o aéreos, desde las instalaciones de 2do nivel, PAMEs o HMCE, hacia el punto
de reunión de HEs dispuesto por el Centro Coordinador Logístico Conjunto; Estratégica: es aquella
evacuación realizada desde el punto de reunión de HEs Conjunto, hasta la zona del Interior. Esta
evacuación es de responsabilidad institucional de la Fuerza Aérea de Chile y coordinada por el
Centro Coordinador Logístico Conjunto dependiente del EMCO. COSALE. La sanidad en campaña
y su empleo en el teatro de operaciones, Santiago, Documento, 2018.
205
El crédito del relato relativo a la formación de enfermeros militares de combate que sigue,
corresponde íntegramente al texto preparado especialmente para la ocasión, por el Coronel
Francisco Silva junto al SOM Manuel Rivera, a quien los autores agradecen el permiso de su
utilización.

136
directamente en la Escuela de Suboficiales, en la cual los alumnos después de un
año común, elegían la especialidad de enfermero de hombres.

Los enfermeros tenían como docentes a Enfermeras Universitarias las cuales


efectuaban las clases teóricas en aulas de la Escuela de Suboficiales y la práctica
que se realizaba en distintos servicios asistenciales de la capital, tales como:
Asistencia Pública, Hospital Salvador, Hospital Barros Luco Trudeau, Consultorios
del Servicio Nacional de Salud.

A partir de los últimos decenios se han concretado nuevos cambios en la Escuela


de Suboficiales. En 1995 se incorporaron a este Instituto Matriz las alumnas
femeninas, dándose inicio al proyecto de reestructuración de la malla curricular de
la Escuela, según lineamientos de modernización del Ejército del Comandante en
Jefe de la época, incorporándose en el escalafón las primeras mujeres en el
escalafón de sanidad, egresadas de este Instituto matriz.

A partir del año 1998 y de acuerdo a las necesidades institucionales, la Escuela de


los Servicios y Educación Física, que es el estamento ejecutivo responsable de la
formación, capacitación y especialización del personal sanitario de la Institución, a
través de la Secretaría de Estudios de Sanidad, integra el Curso de Auxiliar
Paramédico de Enfermería reconocido por el Ministerio de Salud, a sus cursos
formativos, II Año y Especial Aspirantes a Clases de Sanidad (Enfermero Militar de
Combate), siendo el primer Secretario de Estudios de Sanidad, el entonces MAY
(OSS) Leonardo Rodríguez R., y como asesor Técnico el SOM. (S) Juan
Hernández V.

Los Cursos Especiales Aspirantes a Clases de Sanidad, egresados a partir del


año 1998, eran seleccionados dentro del Personal de Soldados Conscriptos que
se encontraban cumpliendo con su Servicio Militar en las distintas Unidades
Operativas y Tácticas, debían tener 4to. Enseñanza Media rendida, un Test
psicológico especial, y consideraba un período básico de 1 mes en la Escuela de
Suboficiales. Por la escasa carga horaria que cuentan estos Cursos, sólo pueden
realizar el Curso de Auxiliares de Enfermería, con 1.710 horas, el que es
reconocido por el Ministerio de Salud. Una vez egresados como Clases, cubrían
las necesidades de Auxiliares de Enfermería en los distintos Centros Sanitarios de
segundo y tercer nivel de la institución.

En el año 2000 comienza a funcionar la Secretaria de Estudios de Sanidad


(SESAN) en dependencias del antiguo Hospital Militar, ubicado en Providencia,
anexando a personal de Enfermeras Universitarias docentes que se
desempeñaban en ese Nosocomio.

137
Los Cursos Regulares para Enfermeros se diferenciaban con los Cursos
Especiales por el sistema de postulación, duración, malla curricular y destino que
tendrán una vez egresados como Cabos Enfermeros; ya que los primeros tienen
que realizar un período básico de 6 meses en la Escuela de Suboficiales,
contaban con una carga horaria de 2.674 horas, en su malla curricular estaba
considerado: los contenidos de los Curso de Auxiliar de Enfermería, entrenamiento
en Manejo Básico del Trauma y Emergencias Médicas, módulo de Administración
de Sanidad Militar, que los capacitaría para efectuar una atención adecuada y pre
hospitalaria de heridos y enfermos además de cumplir sus labores administrativas
en las Enfermerías Regimentarias, siendo su principal destino las diferentes
Unidades de Combate del Ejército.

Los postulantes a los Cursos Regulares de Enfermería, debían pasar una


exigencia distinta que el resto de los postulantes de la Escuela de Suboficiales que
optaba a las distintas Armas y Servicios: 4to. Enseñanza Media rendida, con notas
sobre 5 en las asignaturas de Biología, Castellano y Matemáticas, Examen
psicológico especial, orientado a detectar vocación y aptitudes, una entrevista
personal que estaba a cargo de las Enfermeras Universitarias de la Secretaria de
Estudios de Sanidad.

El proceso de selección para los Cursos Regulares de Enfermeros en la Escuela


de Suboficiales era cerrado, la base era sólo los que ya habían quedado en este
Instituto (promedio anual de 700 alumnos), lo que reducía mucho la cantidad de
alumnos interesados en efectuar el examen para postular a los Cursos de
Sanidad.

Los alumnos de los Cursos Regulares y Especiales de Enfermeros Militares,


realizaban sus experiencias clínicas intra hospitalarias en los servicios de Cirugía,
Medicina, Pediatría, y Maternidad del Hospital Militar de Santiago y la práctica de
atención primaria en los diferentes Consultorios del Área Oriente.

Una vez aprobada todas las asignaturas teóricas y sus experiencias clínicas, los
alumnos se presentaban a dar un examen ante una Comisión del Ministerio de
Salud. El examen constaba de una fase teórica y una experiencia clínica, que
debe ser aprobada en forma independiente cada una de ellas para optar al título
de Auxiliar de Enfermería que otorgaba el Ministerio de Salud.

En el año 2000 y considerando las exigencias que impone el nuevo Sistema de


Salud Institucional al Personal Sanitario de la Institución, los cuales deben contar
con una mayor y mejor preparación profesional, que les permita atender

138
adecuadamente en los tres niveles de atención que posee la Institución, así como
contar con las competencias en el ámbito de la atención del trauma
prehospitalario, se considera incorporar en la malla curricular el módulo de trauma
para los cursos Regulares de II Año de Asp a Enfermeros Militares y de Aplicación
para SG2 de Sanidad. Además, paralelamente se comienzan a efectuar cursos de
nivelación en trauma para aquellos Enfermeros Militares tanto en Santiago como
en regiones.

El año 2005 otra vía de ingreso a la Escuela: la admisión de jóvenes que poseen
Título Técnico en nivel superior, y a partir del 2006 se reformuló el proyecto
educativo desde un modelo curricular por competencias. En la actualidad la
Escuela de Suboficiales continúa creciendo en infraestructura y aspectos
educativos que se proyectan para aportar al futuro Cuadro Permanente del
Ejército de Chile.

A partir del año 2008 se realiza el primer Curso de Aspirante a Clase Técnico
Profesional Especializado de Sanidad (Enfermero Militar de Combate), el que se
realiza durante 3 meses (1 mes y medio en la ESCSOF y 1 mes y medio en la
ESCSERV en donde se le entregan las competencias en trauma prehospitalario y
Sanidad Militar).

La duración del proceso formativo del Curso de Aspirante a Clase Técnico


Profesional Especialista de Sanidad (1 mes y medio), hasta este año, se enfocan
exclusivamente en entregarles las competencias que ellos no reciben en la
Universidades ni Centros de Formación Técnicas reconocidos por el MINEDUC y
que son necesarios para su desempeño en la Institución.

En septiembre del 2008 la Secretaría de Estudios de Sanidad se traslada de las


antiguas dependencias del Hospital Militar en Providencia a las actuales
dependencias ubicadas en el Campo Militar La Reina, las que consideran salas de
procedimientos, sala de clase y salas de procedimiento de enfermería adulto y
pediátrico.

En el año 2011 y por una iniciativa del entonces SESAN, MAY. (OSS) Guillermo
Figueroa, se implementa un gabinete de trauma, que permitirá a los alumnos
interactuar y practicar con pacientes virtuales casos clínicos, preparando al
alumno para cuando se encuentre con una situación real o bien para poder
observar como un colectivo se enfrenta a un caso clínico, para poder sacar
conclusiones de si se está actuando correctamente, siguiendo el protocolo de
actuación establecido.

139
En agosto del 2011, se realiza en la Guarnición de Arica, el primer Curso CITREC
(Curso Itinerante de Trauma y Estrés de Combate), efectuándose posteriormente
en Iquique y Antofagasta. Curso que está orientado a preparar al personal
sanitario a desempeñarse en el primer y segundo nivel de atención en campaña.

En el año 2013 se incorpora a la malla curricular de los Cursos de Aplicación para


SG2 de Sanidad, el Curso PHTLS, y en el año 2015 a los Cursos de Aspirante a
Clase de Sanidad (Enfermero Militar de Combate).

A partir del año 2014 y en consideración a la nueva malla curricular y su carga


horaria de los cursos de formación de Enfermeros Militares de Combate, se deja
de dar examen ante el MINSAL, considerando sólo el título como TENS otorgado
por la Escuela de Suboficiales, conforme con lo dispuesto en la Ley 18962
“Orgánica Constitucional de Enseñanza”, en los Artículo 71 al 74, estipula que lo
títulos que otorgan las Escuelas de Armas y Especialidades de las FF. AA. y de
Carabineros, son equivalentes a los títulos técnicos de nivel superior de los
establecimientos de educación técnica superior, reconocidos como tales por el
Ministerio de Educación para todos los efectos legales

Durante el año 2015 se realiza en la Escuela de los Servicios, el primer Curso


Tactical Combat Casualty Care (TC3) para Oficiales de Sanidad y Enfermeros
Militares de Combate, dictado por Instructores del Comando Sur del US Army. En
el año 2016 se comienza a realizar la Unidad de Aprendizaje de Cuidado Táctico
de Heridos en Combate a los Cursos de formación de Sanidad.

El día 23 de marzo 2018, se realizó la acreditación de la Escuela de los Servicios


como Centro de Capacitación de la NAEMT (National Association of Emergency
Medical Technicians). La ESCSERV como Centro formador de la NAEMT queda
habilitada para impartir los siguientes Cursos: PHTLS, TCCC, TECC, entre otros.

Esta acreditación permite contar con una importante capacidad de formación para
el personal sanitario y para la totalidad de la Fuerza Terrestre entregando
competencias actualizadas por instructores acreditados por la NAEMT para
incrementar la sobrevida y reducir las bajas, tanto en el desarrollo de operaciones
militares como de apoyo a la civilidad en situaciones de catástrofes.

Los días 12 y 13 de marzo de 2018, se llevó a efecto el primer curso PHTLS


impartido por instructores de la ESCSERV y el primer curso de TCCC, ambos
cursos validados por la NAEMT.

140
A partir del año 2019, la Escuela de Suboficiales recibirá solo postulantes con el
título de Técnico de Enfermería de Nivel Superior (TENS), ya que poseen las
competencias técnicas para integrarse al equipo de salud, colaborando con los
profesionales del área en la ejecución de procedimientos y en acciones de
promoción, protección, recuperación y rehabilitación de la salud. Podrán postular
hombres y mujeres. Este curso tendrá la duración de 1 año ( 6 meses en la
Esc.Sof. y 6 en la Escuela de los Servicios), entregándoles las competencias que
potenciaran las ya recibidas en los Institutos Profesionales a lo largo del país, tales
como Cuidado Táctico del Herido, PHTLS, Trauma, Sanidad Militar; preparación
que les permitirá en primer lugar, desempeñarse en cualquier de los 3 niveles de
atención de salud institucional, tanto hospitalario como en el ámbito pre
hospitalario y situaciones de catástrofes.

En materia de apoyo internacional, el servicio ha estado presente en diversas


misiones de paz en las que ha participado el Ejército de Chile.206 A partir del año
1996 y hasta 1999 en la frontera del Perú y el Ecuador, tras el fin de la guerra que
los enfrentó en 1995; desde 2001 y hasta 2003 en Timor Oriental (misión ONU-
UNITAET, en la cual se participó con ocho enfermeros de combate); en 2003 y
2004 en la Republica Democrática del Congo (en la misión ONU-MONUSCO,
donde participaron tres enfermeros reservistas); entre marzo del 2004 y el mismo
mes del 2018, en Haití (misión ONU-MINUSTAH, participando con 60 oficiales de
sanidad, 168 enfermeros de combate, y 52 higienistas ambientales);207 y desde
2004 hasta el presente en Bosnia Herzegovina (misión UE-EUFOR-ALTHEA, con
58 enfermeros de combate).208

En el plano académico, le correspondió a la Jefatura de Sanidad organizar el III


Congreso Panamericano de Medicina Militar, que entre el 18 y el 21 de noviembre
de 2003, acogió a los representantes de 17 países del continente, ocasión en la
que se pudo participar de exposiciones altamente especializadas. Del mismo
modo, en septiembre de 2004, un grupo de expertos participó en la ciudad de
Washington D.C., Estados Unidos, en el XXXV Congreso Internacional de
Medicina Militar.209

206 Ejército de Chile. La medicina y el servicio de sanidad militar. 1520-2004, Santiago, Instituto
Geográfico Militar, 2004, pp. 148-152.
207 La presencia del Ejército durante los primeros años en Haití puede revisarse en el trabajo de

Vargas, Rodrigo. “Participación de las fuerzas chilenas en misiones de paz en Haití”, en Memorial
del Ejército de Chile (481), diciembre 2008, pp. 49-68. También puede consultarse Goñi, Paula; y
Raúl Placencia. “Nueva visión para la MINUSTAH”, en Memorial del Ejército de Chile (487),
diciembre 2011, pp. 15-33.
208 Los autores agradecen especialmente la precisa información brindada a ellos por parte del

Departamento de Comunicaciones Corporativas del Hospital Militar de Santiago.


209 Ejército de Chile. La medicina y el servicio de sanidad militar. 1520-2004, Santiago, Instituto

Geográfico Militar, 2004, pp. 160-161.

141
Finalmente, cabe describir el trabajo realizado por el COSALE y la Jefatura de
Sanidad, durante la emergencia que significó el terremoto ocurrido en la zona
centro-sur de Chile, la madrugada del sábado 27 de febrero de 2010, cuando
buena parte del país se encontraba disfrutando del verano, y a las puertas de
iniciarse los festejos (que durarían todo ese año) del Bicentenario de la
Independencia. Casi inmediatamente, el día 28 se desplegó el Puesto de Atención
Médico Especializado (PAME) hacia la ciudad de Talca, una de las más afectadas
por el sismo, siendo la avanzada para la posterior instalación, al tercer día, del
Hospital Modular de Campaña del Ejército (con una capacidad de 20 camas de
hospitalización, 4 camas UCI, sala de operaciones, rayos, laboratorio y
esterilización). Este hospital tiene la capacidad de trabajar de modo autónomo, y
es capaz de realizar cirugías, atenciones de urgencia y hospitalizaciones en su
interior.210. Asimismo. En la tabla que sigue se muestra el despliegue de las
diversas instalaciones sanitarias, en algunas ciudades del sur del país, operación
que estuvo coordinada por el GDB. Oscar Boettiger, Director de Sanidad, y su
Cuartel General dirigido por el MAY. (OSS) Francisco Silva.

Tabla N° 3: Despliegue de instalaciones sanitarias (Terremoto de 2010)


Tipo de instalación Unidad de origen Lugar de despliegue Fecha despliegue
PAME RLE Nº 1 (Santiago) Talca 28 febrero
PAME RL Nº 6 (Arica) Cauquenes 9 marzo
PAME RR Nº 24 (Huamachuco) Constitución 2 marzo
PAME RL Nº 1 (Antofagasta) Curicó 1 marzo
HMCE RLE Nº 1 (Santiago) Talca 1 Marzo
Fuente: Cuartel General de la Autoridad Militar Institucional de Apoyo Humanitario (AMIAH). “El Ejército y la
Reconstrucción”, en Memorial del Ejército de Chile (485), diciembre 2010, p. 126.

En estas cinco unidades sanitarias se desplegó una total de 107 camas, de 135
efectivos del personal militar, y se realizaron 5.358 hospitalizaciones, de acuerdo
al detalle que puede cotejarse en la tabla que sigue.

Tabla N° 4: Camas, personal y hospitalizaciones (Terremoto de 2010)


Unidades sanitarias Ubicación Camas Personal militar Hospitalizados
HMCE Talca 20 28 1.016
PAME RLE N°1 Bellavista Talca 12 8 1.065
PAME RL N°1 Tocopilla Curicó 22 24 1.447
PAME RL N°6 Pisagua Cauquenes 27 26 628
PAME RR N° 24 Huamachuco Constitución 26 29 1.202
Fuente: Cuartel General de la Autoridad Militar Institucional de Apoyo Humanitario (AMIAH). “El Ejército y la
Reconstrucción”, en Memorial del Ejército de Chile (485), diciembre 2010, p. 127.

210 Cuartel General de la Autoridad Militar Institucional de Apoyo Humanitario (AMIAH). “El Ejército
y la Reconstrucción”, en Memorial del Ejército de Chile (485), diciembre 2010, p. 126

142
Para mayor detalle del trabajo realizado por la sanidad militar en el desastre de
2010, puede mencionarse que en ello se contabiliza un total de 16.638 días cama
ocupada, que se practicaron 2.969 cirugías, se atendieron 204 partos, y se
llevaron a cabo 7.035 atenciones ambulatorias. El desglose de esta información
puede consultarse en la tabla que sigue a continuación.

Tabla N° 5: Días cama, cirugías, nacimientos y atenciones ambulatorias (Terremoto 2010)


% Tipo de Camas Días cama Cirugías Nacimientos Atenciones
Ocupación instalación ocupadas ambulatorias
92.55% HMCE Talca 20 3.521 888 0 3.890
91.58% PAME Talca 12 -- 294 0 235
82.58% PAME Curicó 22 5.628 613 179 1.246
85.56% PAME 27 4.199 473 1 628
Cauquenes
94.69% PAME 27 3.390 701 124 1.036
Constitución
TOTALES 107 16.738 2.969 304 7.035
Fuente: Cuartel General de la Autoridad Militar Institucional de Apoyo Humanitario (AMIAH). “El Ejército y la
Reconstrucción”, en Memorial del Ejército de Chile (485), diciembre 2010, p. 127.

Al trabajo realizado por la sanidad del Ejército se unió el noble esfuerzo efectuado
por países amigos, los que también aportaron con la instalación de servicios
móviles. Tal fue el caso de Rusia, Perú, España, Cuba, Brasil, Argentina, y de
Estados Unidos e Italia, quienes pusieron sus hospitales de campaña a
disposición del personal de sanidad chileno, el cual los gestionó en las ciudades
de Angol y Talca respectivamente. Puede afirmarse que el “Ejército y en especial
el servicio de Sanidad, cumplió satisfactoriamente con las tareas que le fueron
encomendadas producto de una de las catástrofes, más grandes vividas por el
país, su rápido accionar permitió llegar en forma oportuna a aquellos lugares más
afectados por la catástrofe, incluso antes que se dispusiera la movilización de las
tropas terrestres”.211

El Hospital Militar cambia de casa: El viaje de Los Leones a La Reina (2009-


2018)

El 1° de septiembre de 2004, en los faldeos de la Cordillera de los Andes, en la


comuna de La Reina, sobre un predio de diez hectáreas emplazado en el campo
militar General René Schneider Chereau, comenzó a construirse un nuevo edificio
que albergaría el Hospital Militar de Santiago. El proyecto respondía a la
necesidad de brindar mejores condiciones operativas a la institución, lo cual se
había decidido a partir de 1998 por medio del Plan de Modernización del Ejército
211
COSALE. Apoyo institucional al terremoto del 27 F 2010. Experiencias y lecciones aprendidas,
Santiago, Documento, 2018.

143
“Alcázar”, dispuesto por el entonces Comandante en Jefe de la institución, General
Ricardo Izurieta Caffarena, y a partir del cual surge el denominado Proyecto
Integral de Modernización del Sistema de Salud del Ejército (PIMSSE), cuya
implementación recayó en el General Juan Emilio Cheyre Espinosa, y de aquél el
Subproyecto de Instalaciones de Salud de la Región Metropolitana (ISREM), a
partir del que surge el Proyecto Hospital Militar en La Reina (PHM).

Durante el año 1999 comienza a desarrollarse la fase de pre inversión y el estudio


de factibilidad, para luego, entre el 2000 y el 2001 llevarse a cabo el proyecto de
arquitectura e ingeniería de detalle, el que fue llevado a cabo por la Dirección de
Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas (MOP), al que se le entregó
detalladamente el listado de requerimientos pertinentes para la construcción,
equipamiento técnico, médico, clínico, industrial y administrativo del hospital.

Entre agosto de 2004 y noviembre de 2008, durante el gobierno del Presidente


Ricardo Lagos Escobar, se desarrolló la etapa de inversión, adjudicándose la obra
la empresa española Obrascón, Huarte y Laín (OHL). En diciembre de 2008, bajo
la dirección del CRL. Luis Alberto Pérez Ojeda, el MOP entregó al Ejército el
nuevo edificio de la comuna de La Reina, iniciándose el 2009 el proyecto de
cambio desde Providencia, mediante la revisión de los detalles y de los equipos
médicos, industriales y otros propios de la administración general, siendo de vital
importancia, el manejo de los pacientes hospitalizados en las unidades de
tratamiento intensivo (UTI-UCI), del Hospital de Providencia, las que debieron
seguir funcionando por 12 días plazo en que entró en funcionamiento la totalidad
del Hospital Militar de la Reina.

Las nuevas instalaciones, que cuentan con 85.154 metros cuadrados construidos,
están conformadas por tres edificios interconectados mediante un eje diagonal que
une con el acceso principal, y están dotados de alta tecnología, como el sistema
de aisladores sísmicos que permiten darle continuidad a su funcionamiento aún
cuando esté ocurriendo un movimiento telúrico, tendiente a poder enfrentar con
solvencia y eficacia los requerimientos de atención de salud a escala humana que
el mundo actual exige. El llamado edificio denominado Plaza Técnica cuenta con
cinco niveles además de un piso mecánico en 41.000 metros cuadrados, y acoge
once pabellones quirúrgicos, dos pabellones de gineco-obstetricia, tres salas de
procedimientos especiales (hemodinamia, electrofisiología, y litotricia), 72 salas de
procedimientos, 117 boxes médicos, 40 camas UCI-UTI, y 24 camas de
recuperación, albergando los servicios de diagnóstico por imágenes, medicina
nuclear, radioterapia, urgencias (pediátrica, de adultos y gineco-obstétrica), el
laboratorio clínico, el banco de sangre, kinesiterapia y otras especialidades,
además de las oficinas de tipo administrativas. El segundo edificio es el de

144
Hospitalización, cuenta con siete niveles y 16.818 metros cuadrados, 225
habitaciones de una o dos camas, con lo cual suma 357 camas, que le permiten
acoger las salas de pensionado y semipensionado, orientadas hacia la cordillera
de los Andes. Finalmente, el tercer edificio es el Académico, el cual cuenta con
dos niveles y 1.450 metros cuadrados, destinados al desarrollo de las relevantes
actividades académicas que se llevan a cabo en el hospital, y que en consonancia
con esto, cuenta con una biblioteca, un auditorio para 159 personas, varias salas
de clases y un anfiteatro al aire libre.212 Además, de estos el hospital cuenta con
un helipuerto y 25.886 metros cuadrados de estacionamientos subterráneos a los
que en 2013 se sumarían 270 estacionamientos exclusivos para el personal que
labora en el hospital.213 En términos arquitectónicos cabe destacar que al interior
del primer edificio se diseñó una gran plaza central de casi 1.300 metros
cuadrados, que permite la distribución, integración y orientación, y que por su
luminosidad, amplitud y la calidad de sus materiales, ha sido pensado como el
espacio “que quedará en la retina del visitante”.214

El 27 de marzo de 2009 comenzó el proceso de cierre y suspensión de


hospitalizaciones para, el 17 de abril, realizar el traslado hacia sus nuevas
dependencias en La Reina, gracias al arduo y comprometido trabajo de todo el
personal del Hospital. Los viajes se realizaron en doce camiones de 15 metros
cúbicos cada uno, en cuatrocientos viajes para transportar unos seis mil metros
cúbicos de carga aproximadamente. Lo anterior, consideró, no solo el material
médico y administrativo, sino que también una serie de objetos de carácter
histórico y patrimonial, que componen la memoria y herencia del hospital, tales
como “la imagen de la Virgen ubicada en el patio, la placa con la nómina de
Directores, la antigua pileta de fierro, la pérgola, y el monolito de piedra que se
ubicaba junto a la Guardia Militar, por Avenida Vitacura”,215 con lo cual se
experimentaron instantes de gran emoción entre los presentes quienes veían en
éstos un trozo de la larga y noble historia del hospital, además de la suya propia.

El 22 de abril se firmó el acta de entrega, a partir de la cual el Hospital Militar de


Santiago entregaba en comodato el edificio de Providencia al Servicio de Salud
Metropolitano Sur Oriente, con el fin de que en las mismas instalaciones
funcionara el naciente Hospital Metropolitano (HOSMET). Unas horas después, los
médicos, enfermeras, técnicos, paramédicos, administrativos, soldados, y todos
aquellos vinculados al hospital, con más de alguna lágrima en los ojos y las

212 Ejército de Chile. Comando de Salud. Memoria COSALE 2008-2009, pp. 57-58
213 Ejército de Chile. Comando de Salud. Memoria COSALE 2013, p. 19 y 23.
214 Ejército de Chile. Comando de Salud. Memoria COSALE 2008-2009, p. 58
215 Ejército de Chile. Historia del Hospital Militar de Santiago del “General Luis Felipe Brieba Arán”

en la comuna de Providencia. 1932-2009, Santiago, Instituto Geográfico Militar, 2009, p. 189.

145
gargantas apretadas, se despedían para siempre de un pedazo de la historia, y
posaban sus ojos y esperanzas sobre el imponente macizo de los Andes. A los
cinco días, el lunes 22 de abril, el edificio de La Reina abrió sus puertas para
pacientes que requirieran de atención ambulatoria, hospitalizados, cinco
pabellones, laboratorio, para una semana después, completar su capacidad con la
UTI, UCI, UCO y los servicios de Urgencias.

El 2 de julio de 2009, con la presencia de la Presidenta de la República, Michelle


Bachelet Jeria, el Comandante en Jefe del Ejército, General Óscar Izurieta Ferrer,
y las altas autoridades del Estado y del Ejército, el nuevo hospital se inauguró
oficialmente.

Es así como se informaba que entre los “servicios del nuevo Hospital Militar”,216 en
el ámbito de la cardiología, se encontraban los estudios vasculares, vasculares
periféricos, el tratamiento y detección de fibrilación auricular y de taquicardia
ventricular; en la de imagenología digital, los estudios de estructura ósea, de
tejidos con alta absorción fotoeléctrica, y alta densidad de masas, estudios de
tejidos blandos con predominancia de hidrógeno, estudios mamográficos
complejos, y gestión de imágenes en forma digital en todo el hospital; en relación
al procedimiento de litotricia, el tratamiento no invasivo en base a ondas de sonido
para la disolución de cálculos; en el área de unidades críticas (UCIs y UTI),
cuidado intermedio e intensivo de pacientes con sistemas de monitoreo
centralizado remoto; en el de medicina nuclear, detección precoz y tratamiento
efectivo de pacientes oncológicos; en el de medicina física, diagnóstico y
tratamiento de rehabilitación física; y en relación a los pabellones inteligentes, el
funcionamiento de espacios capaces de soportar procesos quirúrgicos básicos
hasta los de alta complejidad, conectados al sistema de de administración de
imágenes médicas, al sistema informático de laboratorio y a la ficha electrónica
digital. Como queda de manifiesto, durante el año 2009, se destacaban
especialmente un conjunto de servicios médicos que ponían a la institución en la
vanguardia del quehacer hospitalario a nivel nacional.

Como es sabido por todos, la atención médica ha tenido un desarrollo tecnológico


exponencial en los últimos tiempos, ya sea por la aplicación de nuevos
conocimientos, como también por la tecnología asociada al quehacer médico. En
este contexto, los Servicios de Apoyo Clínicos, constituyen una herramienta
fundamental en el diagnóstico y tratamiento de nuestros pacientes. Hoy el contar
con un servicio de laboratorio expedito, confiable y seguro, es requisito

216 Ejército de Chile. Comando de Salud. Memoria 2008-2009, p. 60.

146
indispensable en todo recinto asistencial, transformándose en un pilar fundamental
en la gestión clínica de nuestros pacientes.217

Un elemento relevante a considerar, es que, de cada 10 consultas médicas, 8


generan solicitudes de exámenes de laboratorio; esto nos obliga a estar
permanentemente revisando nuestra oferta de prestaciones para dar cabal
cumplimiento a lo que se nos demanda, de manera tal, que la incorporación de la
ingeniería robótica, inteligencia artificial y tecnología informática variada, ya no es
algo lejano, sino muy por el contrario, elementos permanentes de nuestro accionar
en nuestros procesos.

En el año 2009, el Laboratorio Clínico del HMS, cumplió el gran objetivo planteado
en una lejana planificación estratégica realizada en el año 2003. Esta planificación,
se llevó a cabo reuniendo al grupo de profesionales y técnicos de este Servicio de
Apoyo Clínico, fijándose como tarea principal, la incorporación de la Biotecnología
a nuestros procesos. La implementación del LAB CELL, en mayo del 2009, al
llegar a este nuevo hospital, nos permitió el acceso definitivo a una Plataforma de
Automatización Total (PAT) proporcionado por la empresa Siemens, dando así
inicio al Lab Core como Laboratorio del Futuro.

Hoy, el HMS se encuentra terminando la implementación de APTIO, en la versión


más avanzada, reemplazando a LAB CELL e incorporando fortalezas de este
nuevo Sistema de Automatización Total, lo que le permite contar con la mejor
tecnología disponible en el mundo.

Durante el año 2014, se automatizó el Laboratorio de microbiología, cambiando


completamente la organización del trabajo lo cual permitió acortar los tiempos de
respuestas hacia los médicos tratantes de 72 a 24 horas. El impacto en el área
clínica, al recibir la identificación del agente etiológico junto a la susceptibilidad
antimicrobiana tan precozmente, supone alcanzar una mejoría temprana de la
enfermedad y de esta manera disminuir costos de tratamientos y mejorar el
pronóstico y sobrevida de nuestros pacientes. En términos de Salud Pública, el
contar con un Servicio de Laboratorio moderno, con altos estándares de calidad y
bioseguridad, nos permite disminuir las complicaciones médicas, acortar la estadía
hospitalaria y darles la mejor salud posible a los pacientes.

217El texto relativo al laboratorio clínico, corresponde íntegramente al material preparado


especialmente para la ocasión, por el Coronel Francisco Silva, a quien los autores agradecen el
permiso de su utilización.

147
Figura 62. Edificio actual del Hospital Militar de Santiago en la comuna de La Reina. Fachada
principal.

Durante los años 2008 y 2009 el hospital presentó 25.790 egresos hospitalarios,
realizó 16.970 intervenciones quirúrgicas y 1.062 partos, atendió a 148.911
consultas de urgencia, y a 512.822 consultas médicas, cifras que pueden
consultarse de modo desagregado en la tabla que sigue a continuación.

Tabla N° 6: Prestaciones realizadas en 2008-2009


Egresos Intervenciones Partos Consultas Consultas
hospitalarios quirúrgicas de urgencia médicas
2008 14.070 9.474 651 76.809 267.513
2009 11.720 7.496 411 72.102 245.309
Fuente: Ejército de Chile. Comando de Salud. Memoria 2008-2009, pp. 20-21

A inicios de 2010, y como consecuencia del terremoto que en el mes de febrero


azotó la zona central del país, los profesionales del hospital prestaron una valiosa
ayuda, tanto en Santiago, como a través del despliegue, hacia la zona centro sur,
la más afectada de todas, de catorce enfermeras, cinco enfermeros militares de
combate y un auxiliar de enfermería.218

EL 27 de diciembre de 2010 se inauguró el Centro de atención psiquiátrico diurno


infanto juvenil (CAPDIJ), unidad que con una superficie de 1.204 metros
cuadrados es capaz de albergar a treinta pacientes, y que tiene por objetivo “dar
solución integral en cuanto a tratamiento y rehabilitación a los hijos de los
218 Ejército de Chile. Comando de Salud. Memoria COSALE 2010-2011, p. 59.

148
beneficiarios del Sistema de Salud del Ejército, que padecen problemas en salud
mental”,219 gracias a lo cual se verán beneficiados niños y jóvenes de entre 7 y 16
años de edad. Junto a este centro fue inaugurada también la sala cuna
“Hosmilandia”, la cual brinda atención a los hijos de los funcionarios del hospital,
que tengan entre uno y dos años de edad, dando cuenta el hospital de su
preocupación constante por el mejoramiento de las condiciones laborales y
familiares de su propio personal.

En mayo de 2011 el hospital inauguró su sistema de cirugía Gamma Knife, el cual


permite brindar un tratamiento mediante la emisión de una dosis de radiación
gamma a un objetivo previamente seleccionado en el cerebro, favoreciendo una
alta precisión en la cirugía. La incorporación de esta tecnología fue posible gracias
al apoyo de la empresa Scandinavian Care y de su filial Gamma Knife Chile,
además del Estado sueco.

Los primeros años en su sede de la comuna de La Reina no solo vieron la


implementación y mejora de los servicios médicos directos, sino que también del
sistema de administración. En este ámbito, durante los años 2010 y 2011 se inició
el desarrollo del proyecto HIS (Sistema de Información Hospitalaria), el cual dota
al hospital de un moderno sistema de información que automatiza todos los
procesos clínicos y los administrativos, a través de una herramienta de integración
que permite optimizar la gestión de las camas, pabellones, atenciones
ambulatorias y hospitalarias, así como además los aspectos relativos a la
administración contable, financiera, de abastecimiento y de recursos humanos. El
sistema HIS se encuentra conformado por un sistema clínico (CIS-Clinical
Information System), un sistema administrativo (ERP-Enterprise Resources
Planning), y un sistema de Inteligencia de negocios (BI-Business Intelligence), que
permite el trabajo con los datos de los diversos sistemas administrativos y clínicos,
con lo cual se cuenta con valiosa información para el levantamiento de
estadísticas y estudios relativos a la toma de decisiones en el hospital. El CIS
permite la creación de un Registro Clínico Electrónico (RCE), con el cual se
reemplaza la tradicional ficha clínica en papel el 2012, gracias a lo cual se unifica
la historia clínica del paciente, mejora el acceso y disponibilidad de la misma, se
evitan problemas de ilegibilidad en relación a lo prescrito por el médico, mejora la
regulación al acceso a la información, se cuenta con respaldos de la misma,
permite su uso en el ámbito de la investigación y de la docencia, facilita la

219 Ejército de Chile. Comando de Salud. Memoria COSALE 2010-2011, p. 30.

149
coordinación entre especialistas, y se transforma en el elemento central para la
gestión del sistema de salud.220

El complejo sistema de administración del hospital ha sido incluso motivo de


interés por parte de visitas extranjeras. Tal fue el caso en 2012, cuando un grupo
de 22 estudiantes del programa de MBA de la Universidad de Berkeley (EE.UU.)
tuvieron la oportunidad de adentrarse en los detalles del mismo gracias a una
visita en la que pudieron conocer su funcionamiento.221 El ERP se integrará al
registro clínico electrónico en septiembre del 2018, completando el funcionamiento
integral del sistema informático hospitalario.

Junto a lo anterior, y como parte de su política de responsabilidad social


institucional (RSI),222 cada mes de diciembre se ha venido desarrollando en
dependencias del hospital, la celebración de la Navidad para los niños del
Complejo Educacional La Reina, establecimiento de alta vulnerabilidad social
emplazado en las cercanías, dando cuenta del alto sentido de compromiso social
que la institución manifiesta más allá de sus pabellones y procedimientos, en
especial dentro del contexto de su propio territorio espacial, con lo cual consigue
vincularse de modo efectivo con la comunidad aledaña, en aspectos que superan
lo propiamente esperado.223 Esta escuela no solo se ve beneficiada mediante
este tipo de actividades recreativas y lúdicas, sino que también por medio de
acciones académicas, tales como la “conferencia patriótica alusiva a las historia y
glorias de la institución” dirigida a 150 alumnos, y que se llevó a cabo en 2014,
instancia formativa que se ha repetido los años siguientes.224

En atención al total de prestaciones realizadas por la institución durante los años


2010 y 2011 se observa que hubo 24.864 egresos hospitalarios, 14.284
intervenciones quirúrgicas, 162.256 atenciones de urgencias, y que se llevaron a
cabo un millón 823.796 exámenes de laboratorio clínico. Los detalles
correspondientes a cada año individualmente considerados pueden revisarse en la
tabla que se presenta a continuación.

220 Ejército de Chile. Comando de Salud. Memoria COSALE 2010-2011, pp. 32-37. La Memoria
COSALE 2012 vuelve a informar acerca de los avances del sistema HIS en sus páginas 24 a 26.
221 Ejército de Chile. Comando de Salud. Memoria COSALE 2012, p. 61.
222 O’Ryan, Guillermo. “La responsabilidad social como eje de acción institucional”, en Memorial del

Ejército de Chile (487), diciembre 2011, pp. 210-219.


223 Ejército de Chile. Comando de Salud. Memoria COSALE 2010-2011, p. 60. Ejército de Chile.

Comando de Salud. Memoria COSALE 2012, p. 53.


224 Ejército de Chile. Comando de Salud. Memoria COSALE 2014, p. 42.

150
Tabla N° 7: Prestaciones realizadas en 2010-2011
Egresos Intervenciones Servicio de Exámenes de
hospitalarios quirúrgicas urgencia laboratorio
clínico
2010 12.760 7.326 82.389 910.681
2011 12.104 6.958 79.867 913.115
Fuente: Ejército de Chile. Comando de Salud. Memoria COSALE 2010-2011, pp. 70-73.

Como ha sido tradición en el hospital, la tecnología sumada a una buena


planificación y a la legítima ambición, han permitido la instalación y puesta en
marcha de la telerradiografía, un procedimiento que permite a los radiólogos de la
institución informar desde cualquier lugar los exámenes imagenológicos de los
pacientes, con lo cual se maximiza el uso del tiempo de todos los involucrados
(médicos, pacientes y administrativos). Esto se logra mediante el uso de la
plataforma RIS-PACS con que cuenta el hospital, y por vía del sistema VPN. Junto
a esto, en septiembre de 2012 comienza a operar el sistema de entrega de
resultados de laboratorio en línea, a través de la página web de hospital.

En mayo de 2012 el Centro de atención diurno infanto juvenil (CAPDIJ) se fusionó


con el Servicio de psiquiatría infanto juvenil, fortaleciendo en consecuencia el
Departamento de salud mental del hospital. El trabajo realizado por un equipo
integrado por tres psiquiatras infanto juveniles, seis psicólogos infanto juveniles, 4
psicopedagogos, un terapeuta ocupacional, un musicoterapeuta, un asistente
social y una profesora de Educación Física, permite realizar atenciones
individuales, desarrollar terapias familiares, mantener un programa de trastornos
de la conducta alimentaria, y organizar talleres psicopedagógicos grupales.225

A partir del mes de agosto de 2012 en el servicio de anatomía patológica se


realizan prestaciones relativas a inmunohistoquímica (IHQ), procedimiento que se
basa en el uso de anticuerpos específicos para la identificación de marcadores
antigénicos, propios de distintas líneas de diferenciación celular. Este examen,
que es de apoyo al diagnóstico histopatológico, se utiliza para resolver casos
altamente complejos o bien para establecer pronósticos de la evolución de
neoplasias, tales como el cáncer de mama.

Ese mismo año, comenzó a desarrollarse un tratamiento para el reemplazo de las


válvulas cardíacas. Se trata del reemplazo percutáneo de la válvula aórtica dirigido
a pacientes que padecen de estenosis aórtica, con lo cual el hospital se trasforma
en uno de los pocos espacios donde se lleva a cabo dicha intervención en el país.

225 Ejército de Chile. Comando de Salud. Memoria COSALE 2012, pp. 26-27.

151
En agosto de 2013 comenzó a operar en el hospital un moderno mamógrafo, el
cual gracias a sus características permite un considerable ahorro de espacio. El
aparato cuenta con una unidad de mamografía de 350 kilogramos, una estación
de adquisición con mampara de rayos X, consola de operador con regulación de
altura y teclado de control.

Respecto de su espíritu de responsabilidad social y medioambiental, este mismo


año el hospital llevó a cabo un proyecto de eficiencia energética gracias al cual ha
podido ahorrar un total de 3.485 MWh/año, lo que en dinero asciende a $
148.789.819. En relación a lo mismo, en 2014 se comenzó a desarrollar el
proyecto denominado “Iluminemos Vida”, por medio del cual se implementó
tecnología LED de bajo consumo dentro de las dependencias del mismo. Esto,
sumado a un proyecto de climatización eficiente permitirá reducir el gasto de
energía mensual en $ 2.300 millones, lo que equivale al 48% de la facturación
correspondiente a cada mes en ese rubro. El año 2015 se eliminó la generación
de residuos asimilables a domiciliarios, gracias al reciclaje de 9.1 toneladas de
papel, cartón y vidrio.226

A la vez, en 2013 se inició un ciclo anual de charlas relativas a tópicos propios de


la “educación en salud”,227 en las cuales son los mismos profesionales de la
institución quienes llevan a cabo la charla para luego dialogar con los asistentes a
las mismas, las que tuvieron entre sus temas el pánico y las obsesiones, la
lactancia y los cuidados del recién nacido, la detección y prevención del abuso
infantil, el cáncer a la próstata, el desarrollo emocional en hijos de padres
separados, el envejecimiento saludable, y cómo enfrentar el duelo, entre otros.
Durante el año siguiente se continuó con la organización de las charlas, las que se
difunden por medio de afiches, volantes, correos electrónicos dirigidos a
municipalidades aledañas y a los contactos que forman parte de la base de datos
del hospital.

Respecto de las prestaciones generales realizadas en el hospital durante los años


2012 y 2013, puede decirse que se llevaron a cabo 12.726 cirugías y
procedimientos de pabellón, 21.057 hospitalizaciones, 204.067 procedimientos de
diagnóstico por imágenes, 139.949 servicio de urgencia, y un millón 129.061
procedimientos de laboratorio clínico, cuyo desglose puede observarse en la tabla
que sigue a continuación.

226 Ejército de Chile. Comando de Salud. Memoria COSALE 2015 p. 36.


227 Ejército de Chile. Comando de Salud. Memoria COSALE 2013, pp. 22-23.

152
Tabla N° 8: Prestaciones realizadas en 2012-2013
Cirugías y Hospitalizaciones Diagnóstico Servicio Laboratorio
procedimientos por de clínico
de pabellón imágenes urgencia
2012 6.662 10.064 104.421 67.662 563.545
2013 6.064 10.993 99.646 72.287 565.516
Fuente: Ejército de Chile. Comando de Salud. Memoria COSALE 2012, pp. 63-67;
Ejército de Chile. Comando de Salud. Memoria COSALE 2013, pp. 52-55.

En 2014 el hospital continuó avanzando en la incorporación de nuevas tecnologías


tendientes a brindar un mejor y más avanzado servicio a la comunidad. Es así
como la unidad de imagenología adquirió un ecógrafo IU-22 para el diagnóstico de
enfermedades mamarias; la de cardiología un ecógrafo VIVID E9, un equipo de
ultrasonido cardiovascular capaz de brindar imágenes 4D; y la de ginecología un
ecógrafo UGEO WS80A, con tecnologías 5D, MPI, y ElastoScanTM.228 Sin
perjuicio de los importantes avances experimentados en la incorporación de
tecnologías al servicio de la medicina, este arte continua estando en las manos de
los médicos y profesionales vinculados a ella. Tal y como lo planteó en 2007 el Dr.
Marcelo Castro, por ese entonces jefe del departamento de diagnóstico por
imágenes, “sigue siendo necesario contar con profesionales de alto nivel para
obtener el mayor rendimiento [del] equipamiento”.229

Desde el año 2011, a objeto de mejorar el acceso a la salud de todos los


beneficiarios del SISAE, sea en su condición de activos, retiro y sus respectivas
cargas familiares, se creó un sistema de evacuación aeromédica, para el cual, el
hospital coordina y recibe, en sus diferentes unidades de paciente crítico, las
mencionadas evacuaciones desde distintas partes del país y del extranjero,
mediante un protocolo estricto que define su correcta utilización (paciente en
riesgo vital y/o emergencias médicas), las que a julio de 2018 sumaban 300, con
lo cual el hospital ratifica su posición como el cuarto nivel de apoyo a la fuerza
terrestre. Desde su implementación a la fecha, el coordinador institucional ha sido
el Crl. (OSS) Helmuth Schweizer. En mayo de 2018, el COSALE extendió el
contrato para evacuación aeromédica a los soldados conscriptos y alumnos de las
escuelas matrices institucionales.

En el ámbito de la formación interna, durante 2015 se capacitó al 27% del


personal del hospital, en diversas materias propias de su quehacer (seminario
TENS, prevención de riesgos y recursos humanos, banco de sangre, infecciones),
con lo cual la institución busca potenciar a quienes se desarrollan

228Ejército de Chile. Comando de Salud. Memoria COSALE 2014, p. 25.


229Ejército de Chile. Historia del Hospital Militar de Santiago del “General Luis Felipe Brieba Arán”
en la comuna de Providencia. 1932-2009, Santiago, Instituto Geográfico Militar, 2009, p. 171.

153
profesionalmente en ella, así como fortalecer su compromiso con la atención a los
pacientes.

A partir del año 2012, con el objeto de preparar al personal de la fuerza terrestre,
para actuar en operaciones militares, se han llevado a efecto diferentes Cursos de
Tripulaciones Aero-Sanitarias (TAS), alcanzando a la fecha 5 versiones. Éstos,
son dirigidos a médicos, enfermeros militares, enfermeras, y paramédicos, de las
diversas unidades militares desplegadas de Arica a Linares, además de
profesionales pertenecientes a centros médicos del orden civil, tales como la
Clínica las Condes, la Clínica Alemana, la Clínica de la Universidad de los Andes,
y las Ambulancias Aéreas Los Cedros y Aerocardal.230 Con el fin de aumentar las
posibilidades del sistema es que durante el 2013 se capacitó a un total de 55
alumnos, entre ellos oficiales de sanidad, sanidad dental, enfermeros militares y
enfermeras universitarias, mientras que al año siguiente se capacitó a 34 alumnos.
El curso tiene por objetivo “preparar, capacitar y entregar competencias
específicas a estos profesionales en el manejo de pacientes ante una evacuación
aéro-médica, con conocimientos como fisiología, medioambiente y emergencias
durante el vuelo, efectos fisiológicos de la altura en el cuerpo humano,
planificación de la evacuación aéro-médica y evacuación aéro-médica militar entre
otros temas”.231

Durante el año 2015 se inauguró una nueva plataforma microbiológica, la cual se


basa en sistemas modulares automatizados, que permiten “el manejo robotizado
de las muestras, disminuyendo la posibilidad de error y aumentando la eficacia,
bioseguridad y trazabilidad de los procesos”,232 con lo cual la entrega de
resultados al equipo de salud se verá, además, reducida de cinco días a tan solo
48 horas.

Como parte del fortalecimiento de sus vínculos con el entorno circundante, en el


mes de agosto del mismo año, el hospital firmó un Convenio de Cooperación con
la Municipalidad de La Reina, con el fin de implementar una serie de programas
sociales que vayan en beneficio de los habitantes más desfavorecidos de la
comuna, además de controles médicos, odontológicos, cursos de capacitación
dirigidos a profesionales y técnicos del área de la salud, y charlas de autocuidado
para vecinos.
Se estableció un convenio, sin costo para el HMS ni para sus usuarios, el cual
tiene como propósito el desarrollo de escuelas hospitalarias, con el propósito de
darle continuidad a los estudios de los niños que presentan una enfermedad
230 Hospital Militar de Santiago. Noticias: http://www.hms.cl/?p=3263 (revisada el 20/04/2018).
231 Ejército de Chile. Comando de Salud. Memoria COSALE 2014, p. 26.
232 Ejército de Chile. Comando de Salud. Memoria COSALE 2015 p. 33.

154
crónica o transitoria que les impide asistir a su establecimiento educacional
habitual. El colegio hospitalario del HMS en alianza con la fundación Carolina
Labra Riquelme ha atendido a la fecha más de mil alumnos. En este sentido, la
labor realizada por el hospital queda graficada en la opinión vertida por uno de los
alumnos de la misma, un joven de 16 de años, que producto del acoso (bullying)
sufrido en su colegio de origen, ha recibido tratamiento a raíz de un cuadro de
depresión severa. De acuerdo a su testimonio: “En este colegio me he sentido
mejor, es muy diferente a otros, hay más libertad, nos enseñan según nuestras
capacidades. Acá he estado mucho más feliz y he cursado Segundo y Tercero
Medio. Aquí todo es agradable y vivimos momentos especiales con nuestros
compañeros y profesoras”.233

En 2016 vio la luz la nueva unidad de trasplante de médula ósea con el propósito
de tratar a pacientes aquejados de leucemia, mielodisplasia y linfoma, los cuales
son remitidos a salas de aislamiento y atendidos bajo los cuidados más delicados
debido a su situación de extrema debilidad a lo largo del tratamiento. Las
dependencias se bautizaron en honor al médico que en 1988 realizó el primer
trasplante de médula, Dr. Humberto del Fávero, quien aún cumple funciones como
jefe de servicio en este hospital.234

En el área de la cirugía otológica se adquirió y puso en funcionamiento un nuevo y


altamente sofisticado microscopio Zeiss OPMI Vario 700, el cual cuenta con
iluminación xenón e incorpora una cadena de video HD, con lo cual el hospital se
pone en la vanguardia de esta materia.

Otro de los grandes hitos médicos se vivió en 2016, cuando al paciente, Sargento
Primero (R) Luis López, le fue insertado un dispositivo mecánico de asistencia
ventricular, el cual suple las funciones dañadas del corazón, en este caso del
ventrículo izquierdo. La operación la llevó a cabo el equipo del Hospital Militar en
las dependencias de la Clínica Alemana, gracias a un convenio existente entre
ambas instituciones.

Respecto de infraestructura, el hospital inauguró un espacio al aire libre,


denominado Jardín de la Vida, como un homenaje a los donantes de órganos y de
tejidos, los que desde 2006 suman trece. El objetivo del espacio, que en sus 400
metros cuadrados cuenta con juegos para niños, una fuente de agua una pérgola,
y una escultura que representa el noble acto de la donación de vida, es honrar a

233 Hospital Militar de Santiago. Noticias: http://www.hms.cl/?p=3060 (revisada el 20/04/2018).


234 Ejército de Chile. Comando de Salud. Memoria COSALE 2016 p. 47.

155
los donantes y brindar paz y contención a los familiares de todos los involucrados
en este acto de amor y entrega.

En atención a la actualización académica de sus profesionales, como cada año, el


5 de octubre de 2016, se llevaron a cabos las XXX Jornadas Científicas de
Actualización, en las cuales también participaron expertos procedentes de
diversas universidades y establecimientos de salud. Entre las temáticas tratadas
se encuentran la resistencia bacteriana, los probióticos, los medicamentos
bioequivalentes, el cáncer cervicouterino, el cáncer de mama, y las novedades
acerca del trasplante de riñón.235

En el plano de las atenciones generales entre los años 2014 y 2016 se llevaron a
cabo 25.208 cirugías y procedimientos de pabellón, 35.698 hospitalizaciones, dos
millones 742.149 exámenes, 263.604 atenciones de urgencia, y 598.194
atenciones ambulatorias, las que se desglosan por cada uno de los tres años
comprendidos en el arco de tiempo mencionado, en la tabla que sigue a
continuación.

Tabla N° 9: Prestaciones realizadas en 2014-2016


Cirugías y Hospitalizaciones Exámenes Servicio Atenciones
procedimientos de ambulatorias
de pabellón urgencia
2014 8.047 11.784 907.049 74.593 213.081
2015 8.487 12.027 914.032 79.058 192.893
2016 8.674 11.887 921.068 78.953 192.220
Fuente: Ejército de Chile. Comando de Salud. Memoria COSALE 2015, pp. 37-40;
Ejército de Chile. Comando de Salud. Memoria COSALE 2016, pp. 53-56.

Dentro del ámbito de las innovaciones y de los procedimientos, durante el primer


semestre de 2017 se realizó por primera vez en el hospital una esofagectomía
mínimamente invasiva, la cual consistió en “resecar un tumor cancerígeno del
esófago de un paciente con técnica laparoscópica, tanto por vía abdominal como
torácica, evitando así realizar grandes incisiones”.236 La técnica fue traída por el
Dr. Andrés Navarrete, quien se especializó en la materia en el Hospital Clinic de
Barcelona, España, y luego en el Hospital Severance de Seúl, Corea del Sur.

En materia de actualización y formación, en las dependencias académicas del


hospital, entre el 29 de mayo y el 2 de junio de 2017, se desarrolló un Curso Militar
de Enfermedades Tropicales, dirigido a oficiales de sanidad de las FF.AA., así
como a profesionales civiles ligados a la salud, dando cuenta de la vocación de

235 Hospital Militar de Santiago. Noticias: http://www.hms.cl/?p=3011 (revisada el 20/04/2018).


236 Hospital Militar de Santiago. Noticias: http://www.hms.cl/?p=3328 (revisada el 20/04/2018).

156
diálogo técnico que impera en el hospital. En palabras del Director General del
Hospital Militar de Santiago, “el valor de este tipo de actividades radica en el papel
que desempeñan las componentes de las Fuerzas Armadas en las diferentes
misiones de paz en el mundo, las que, insertas en la política actual de defensa
implican una acabada preparación para cualquier escenario, y para lo cual, el
aspecto sanitario es fundamental en el logro de cada uno de los objetivos que la
fuerza empleada persigue en su quehacer diario”.237

Figura 63. Autoridades en el Curso Militar de Enfermedades Tropicales para las FF.AA. De
izquierda a derecha, Brigadier Miguel Orriols, General de Brigada René Palavecino, General
de División Luis Chamorro, Mayor Reynaldo Rosas, Contralmirante Julio Lagos y General de
Brigada Juan Durruty Ortúzar.

En la misma lógica antes mencionada, se desarrollaron las XVI Jornadas de


Técnicos Paramédicos y Quintas Jornadas de Pacientes Oncológicos, instancia en
la que se puso especial énfasis en el enfoque relativo a pacientes que padecen de
cáncer, a lo largo de las distintas etapas de la enfermedad, así como en todo lo
que tiene que ver con las consecuencias que ello genera en su entorno personal y
familiar. En la ocasión expusieron médicos y técnicos paramédicos, tanto del
hospital, así como del Hospital del Trabajador, de la Fundación Arturo López
Pérez, de la Clínica MEDS, entre otros.238

237 Hospital Militar de Santiago. Noticias: http://www.hms.cl/?p=3289 (revisada el 20/04/2018).


238 Hospital Militar de Santiago. Noticias: http://www.hms.cl/?p=3393 (revisada el 20/04/2018).

157
Siguiendo lo que ya constituye una larga e interesante tradición, han sido varios
los profesionales de la sanidad militar que han participado en calidad de
expositores especialistas, en instancias de tipo internacional. Es así que, el año
2003 se realiza el Congreso Panamericano de Medicina Militar, con sede en
Santiago y en cual se desempeñó como Presidente el GDB. Ricardo Felip. La
participación de estos profesionales se encuentra en la lógica del desarrollo
profesional en una doble lógica: médico y militar, sin perjuicio de que en ello
también concurren factores de legítimo crecimiento personal. En este sentido, no
cabe duda de que este equipo hace gala de todo lo que tiene que ver con la
investigación militar y el desarrollo de la misma.239

Con el fin de desarrollar un adecuado y eficiente control, es que el hospital cuenta


con una Contraloría Interna, que depende directamente de la dirección general,
cuya misión es conseguir máxima transparencia y probidad en los complejos
procesos administrativos, clínicos y asistenciales. En esta lógica, la Contraloría
General de República ha realizado diferentes auditorías en los años 2016 y 2017,
respectivamente, tanto en las áreas financiera como logística, “sin ser observado”
el hospital, además de ser “felicitado por los auditores”.240 Del mismo modo,
durante el segundo semestre del 2017, la Contraloría del Ejército también realizó
una inspección del hospital, la que concluyó sin observaciones. “La fiscalización y
buen gobierno corporativo se ha mantenido [en 2018] a través de monitoreo de
gestión, auditorías y controles de seguimiento periódicos y planificados, con el
firme propósito de asegurar la sana administración el debido resguardo del
patrimonio institucional y la probidad administrativa”.241

Durante el primer semestre de 2018, y producto de la licitación por siete años,


autorizada por la Contraloría General de la República, se implementó la primera
plataforma de automatización total en Latinoamérica, Aptio 2.0 de Siemens, para
el funcionamiento del laboratorio clínico. En concordancia con la tecnologización
de la institución, se espera que prontamente se encuentre completamente
operativo y de modo integrado, el sistema administrativo (ERP-Enterprise
Resources Planning), lo cual situará al hospital en el primer nivel nacional.

Actualmente, la capacidad de recursos humanos y equipamiento tecnológico


permite responder a las emergencias y enfermedades relacionadas con todas las

239 Neira, Alfonso. “La investigación militar, un real valor agregado en los procesos de
modernización del Ejército”, en Memorial del Ejército de Chile (478), diciembre 2006, pp. 145-157.
240 Durruty, GDB Juan. Discurso del DGHMS con motivo del octogésimo sexto aniversario del

Hospital Militar de Santiago, Santiago, Documento, 2018, p. 15.


241 Ibíd.

158
especialidades médicas, además de estar en posición de aportar al nivel primario
institucional de las macrozonas, con telemedicina en las áreas de psiquiatría y
dermatología, y conexión las 24 horas del día, los siete días de la semana, por
medio del servicio de urgencia con la mayor parte de las enfermerías de las
unidades de la fuerza terrestre ubicadas entre Putre y la Antártica.

Todo lo anterior se enmarca en la lógica de la calidad, concepto que debe


entenderse como “una cultura organizacional de mejora continua, que abarca cada
uno de los procesos y protocolos que se manejan en los centros de salud de alta
complejidad” como es el Hospital Militar de Santiago.242 En este sentido, cabe
agregar que en el último año la ejecución de la actividad presupuestaria alcanzó el
97,5%, demostrando con ello la eficacia en el proceso de planificación y ejecución
del presupuesto, junto a lo cual cabe destacar un proceso de mejora continua de
los procedimientos de compra, abastecimiento y distribución, con estricto apego a
la ley de compras públicas, todo en beneficio de los pacientes del hospital.

El Hospital Militar de Santiago es hoy en día un “hospital seguro”, vale decir uno
“cuyos servicios permanecen accesibles y funcionando en su máxima capacidad
instalada, inmediatamente después de un fenómeno destructivo de origen natural,
sin daño de su infraestructura y equipamiento, gracias al sistema antisísmico y su
capacidad de reserva de agua y producción de electricidad propia”.243 Además,
aspira a ser reconocido como un “hospital verde”, mediante la obtención de una
certificación voluntaria con el IDIEM de la Universidad de Chile. Es también una
institución abierta a la comunidad, con independencia del régimen previsional de
que se posea (ISAPRES y FONASA), lo cual se suma a la existencia de otros
convenios, tales como el Seguro Escolar de la Clínica Las Condes, y el de la
Santa María, Dipreca, el IST, Oncovida, entre otros.

Al finalizar el primer semestre de 2018 el hospital cuenta con una cantidad de


2.295 funcionarios, de los cuales el 65% se encuentra directamente contratado por
éste, mientras que el otro 35% está conformado por empleados dependientes del
Ejército de Chile, en sus diferentes formas de contrato.

Valga reconocer que la exitosa gestión del hospital se sostiene en gran medida
gracias al apoyo, orientación y preocupación permanente del Comandante en Jefe
del Ejército, del Comandante General del Personal y del Comandante de Salud, lo

242 Ibíd., p. 8.
243 Ibíd., p. 13.

159
que no sólo se concreta en recursos humanos, económicos y tecnológicos, sino en
un permanente respaldo.244

Figura 64. Emprendiendo el proyecto de esta obra por el equipo de historia de la Universidad
Bernardo O´Higgins (2015) -Desde la derecha- General de Brigada, Dr. Juan Durruty Ortúzar,
Director General Hospital Militar de Santiago; Ana Olga Arellano, Decana Facultad de Educación,
UBO; Francisco Ocaranza Bosio, Director de la Escuela de Historia y Geografía, UBO; Alfredo
Gómez Alcorta, Docente UBO; Coronel (R) Hernán A. Hernández Soto, Periodista Jefe del
Departamento de Comunicaciones Corporativas del Hospital Militar.

El Comando de Salud del Ejército (COSALE) en la actualidad

Hoy día el Comando de Salud del Ejército (COSALE), que tiene por Comandante
al GDB. Ernesto Tejos, se encuentra bajo la dependencia del Comando General
del Personal (cuyo Comandante es el GDD, René Palavecino) y de él dependen, a
su vez, la Red de Salud que se encuentra constituida por los diversos Centros
Clínicos Militares ubicados a lo largo de todo el país, desde Arica a la austral
Punta Arenas, los Centros Médicos Militares instalados en la Región
Metropolitana, la Central Odontológica del Ejército, el Centro de Rehabilitación
Infantil del Ejército, y los Hospitales Militares del Norte en Antofagasta y de
Santiago. Su Misión consiste en: “Proveer ‘atención de salud’ en forma integral,
oportuna y de calidad al Ejército, beneficiarios y usuarios en general, mediante
una gestión eficiente, en un entorno seguro, con un sistema sustentable y sujeto al
marco regulatorio vigente”, mientras que su Visión consiste en “Alcanzar un alto
nivel de atención de salud para nuestros usuarios, con una organización moderna,
sustentable y adaptable a los cambios, sobre la base de un sistema en red con
óptimos estándares de calidad y seguridad”.245

244 Ibíd., p. 17.


245 COSALE. http://www.cosale.cl/nuestra-vision/ (revisada el 19/03/2018).

160
Su estructura es altamente sofisticada y se encuentra bien articulada, en razón de
la misma complejidad que implica el logro de su cometido. El diagrama que sigue,
informado a través del sitio web del Comando, da cuenta de lo antes mencionado.

Diagrama: Estructura organizacional del COSALE

Fuente: COSALE. http://www.cosale.cl/estructura-organizacional/ (revisada el 20/04/2018).

En relación al presente del Sistema de Salud del Ejército (SISAE), es necesario


decir que éste desarrolla su actividad en base a tres niveles de atención y
prestación de servicios. El primario se encuentra compuesto por los Centros
Médicos Militares (CC.MM.MM.), los Centros Odontológicos de primer nivel
(dependientes del COSALE), y las enfermerías regimentarias (con doble
dependencia: en organización y administración de las Unidades Tácticas, en
aspectos técnicos del COSALE); el nivel secundario se compone de los Centros
Clínicos Militares (CC.CC.MM.), los cuales se encuentran distribuidos a lo largo
del país, por la Central Odontológica del Ejército (COE), y por un Centro
Odontológico de segundo nivel; mientras que el nivel terciario corresponde al
Hospital Militar de Santiago y al Hospital Militar del Norte. Además de éstos, se
considera que el Centro de Rehabilitación Juvenil del Ejército (CRIE) constituye un

161
nivel especial de atención.246 Los desafíos en torno a la mantención y mejora de la
atención en salud, llevaron a que durante el año 2016 el COSALE levantara un
Censo en la materia, con el objeto de mejorar la “planificación y gestión del
sistema”,247 el cual estuvo dirigido a todos los beneficiarios del SISAE (miembros
activos y pasivos de la institución, además de sus respectivas cargas familiares), y
poder de tal forma contar con la información necesaria para construir nuevos y
actuales objetivos estratégicos de futuro, en materia de planificación, gestión y
ejecución.

En el ámbito de la vinculación con instituciones académicas, el 31 de julio de


2017, el COSALE y la Universidad Bernardo O’Higgins firmaron un convenio
específico, en virtud del cual se permite que esta Casa de Estudios Superiores
pueda utilizar las instalaciones de la Jefatura de Instalaciones de Salud (JIS), en
forma de campo clínico con objetivos docentes y asistenciales. Si bien la relación
funcionaba hace cinco años, la firma del convenio, firmado por el Comandante de
Salud, GDD. René Palavecino, el Rector de la Universidad Bernardo O´Higgins,
Dr. Claudio Ruff, y el Comandante de la División de Educación, GDB. Esteban
Guarda, permite ampliar la cantidad de especialidades puestas en acuerdo, ya
que, según informa el mismo COSALE, “producto de los buenos resultados
obtenidos durante los años anteriores con las carreras de Kinesiología y
Enfermería, se incluyen en el actual convenio las carreras de Nutrición y Dietética,
Tecnología Médica con mención en Imagenología y Física Médica, Tecnología
Médica con mención en Oftalmología y Optometría, Fonoaudiología, Obstetricia y
Puericultura”.248

Figura 65. Autoridades firmado el convenio entre el


COSALE y la Universidad Bernardo O’Higgins Fuente: http://www.cosale.cl/

246 Ejército de Chile. La medicina y el servicio de sanidad militar. 1520-2004, Santiago, Instituto
Geográfico Militar, 2004, p. 165.
247 Hospital Militar de Santiago. Noticias: http://www.hms.cl/?p=2726 (revisada el 20/04/2018).
248 Comando de Salud del Ejército de Chile (COSALE). Noticias: http://www.cosale.cl/cosale-firma-

convenio-con-la-universidad-bernardo-ohiggins/ (revisada el 21/04/2018).

162
A principios de 2018, el Comandante de Salud, GDB. Ernesto Tejos, expuso ante
un nutrido público integrado por personal perteneciente a los Comandos de Salud,
Bienestar y Personal, acerca del “Plan de Salud del Ejército y Nuevo Modelo de
Salud Institucional”, en el cual se proyecta su funcionamiento y desafíos hacia el
año 2026, y que actualmente se encuentra en ejecución, en pos de conseguir un
servicio más eficiente y efectivo, tendiente a brindar la mejor prestación de salud
posible a sus beneficiarios a lo largo de todo el ciclo vital. En sus palabras: “El
Plan de Salud, llegará a todas las UACs y a los Comandos, por lo cual tenemos
que comprometernos con llevar a cabo las iniciativas que ahí se encuentran
incorporadas y hacer el seguimiento para su cumplimiento”.249

249Comando de Salud del Ejército de Chile (COSALE): http://www.cosale.cl/comandante-de-salud-


expuso-sobre-el-plan-de-salud-y-nuevo-modelo-de-salud-institucional/ (revisada el 21/04/2018).

163
Conclusión

A lo largo de estas páginas se ha realizado un trabajo tendiente a dar cuenta, por


medio de un relato histórico, del devenir del Servicio de Sanidad del Ejército y la
creación, evolución y consolidación del Hospital Militar de Santiago, tanto desde
una perspectiva estructural y orgánica, como desde los principales hitos que han
constituido su trayectoria, la cual ha constituido un ejemplo de superación,
organización, y profesionalismo que vincula su historia con lo más antiguo de la
civilización humana.

Es imposible no mencionar lo satisfactorio que resulta por un lado conectar la


historia nacional, y en especial de un trozo de su Ejército, con la gran historia
mundial, esa de griegos, romanos, medievales, y modernos, ya que a partir de la
revisión de las fuentes es posible darse cuenta del sentido de historicidad, ese que
da una carácter de relación al pasado, el presente y el futuro, que infunde a
nuestros protagonistas, algunos bien identificados en esta obra, otros tantos
anónimos, pero que sin ninguna duda han contribuido al desarrollo de la misma.

A la vez, es pertinente destacar el esfuerzo realizado por el brazo sanitario del


Ejército, el cual impulsado por la fuerza de la realidad, en especial tras las guerras
del siglo XIX y las múltiples catástrofes que frecuentemente azotan al país, debió
perfeccionar cada día su organicidad, a la vez que fomentó el desarrollo del saber
científico, en especial a través de las muchas publicaciones aparecidas en el
Memorial del Ejército de Chile, texto que se ha publicado desde el año 1906, y en
el cual se da cuenta de los intereses por el conocimiento general y militar que la
Institución ha demostrado cultivar a lo largo de más de un siglo, y donde la
medicina, la salubridad, la higiene y la educación física nunca dejaron de ocupar
un lugar de privilegio.

Hoy en día, de la mano de una administración estable y seria, y de un manejo


altamente profesionalizado en el ámbito de la salud, donde además confluye la
vocación de sus integrantes por la carrera de las armas, la historia concluye con
un final lleno de proyección hacia el futuro al servicio de un “Ejército que avanza,
decididamente, hacia un futuro cada vez mejor” y “Que pertenece a todos los
chilenos”.

164
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Ejército de Chile: https://www.ejercito.cl/home

Hospital Militar de Santiago: http://www.hms.cl/

Museo Nacional de Medicina Dr. Enrique Laval: http://biblio.uchile.cl/client/es_ES/museomedicina/

Revista Armas y Servicios: https://www.ejercito.cl/?HistoricoRevistas&publicacion=8

Sociedad Chilena de Historia de la Medicina: http://historiamedicina.cl/

Universidad de Chile. Museo de Farmacia Profesor César Leyton Garavagno:


http://biblio.uchile.cl/client/es_ES/museodefarmacia/

181
Anexos

Anexo N° 1
Decreto N° 874 del 8 de abril de 1932. Organización del Hospital Militar.

Considerando:
a) Que el Hospital Militar debe prestar atención médica no sólo al personal del
Ejército, sino también al de la Armada Nacional, Aviación y Carabineros, en
servicio activo y en retiro, y a sus familias;
b) Que dicho Hospital cuenta con entradas propias para su mantenimiento;
c) Que para llenar la misión que le corresponde y a fin de que pueda desarrollar
debidamente su labor técnica y social, es indispensable darle autonomía,
independizándolo del Departamento de Sanidad, y
d) Visto lo propuesto por el Comandante en Jefe del Ejército,

Decreto:
1) El Hospital Militar, constituído por el Hospital propiamente dicho y el Instituto de
Higiene Social, como anexo, dependerá directamente del Ministerio de Guerra.
2) El Hospital Militar tendrá la siguiente dotación:
Personal:
1 General o Coronel de armas en retiro, Jefe.
1 Oficial superior de Sanidad, subjefe.
1 Teniente o Subteniente de Sanidad, ayudante.
1 Oficial de Administración, a cargo de la administración de caja.
1 Subteniente farmacéutico.
9 Oficiales de Sanidad:
2 Médicos residentes.
2 Jefes de servicio, uno de medicina interna y otro de cirugía general.
2 Médicos de sala.
1 Jefe de clínica en el Instituto de Higiene Social.
1 Jefe de bacteriología.
1 Jefe de Rayos X.
Estos 9 médicos podrán ser de los de la planta o contratados.
5 Sargentos 1°s:
1 De armas a cargo del personal de tropa y del edificio.
4 De sanidad, 1 de ellos guarda-almacén.
5 Vicesargentos 1°s. de sanidad.
9 Sargentos 2°s. de sanidad, 1 de ellos dactilógrafo.
1 Sargento 2° mecánico-electricista.
5 Cabos 1°s. de sanidad.
9 Cabos 2°s. de sanidad:

182
6 De sanidad.
1 Enfermera-jefe.
1 Matrona-jefe.
1 Chofer.
10 Soldados 1°s. enfermeros, 2 de ellos mujeres.
12 Soldados 2°s. enfermeros.
Carruajes
1 Automóvil de pasajeros; jefatura.
1 Camión automóvil ambulancia.
1 Camión automóvil de trasporte.
1 Motocicleta con side-car.
3) Los médicos contratados a que se refiere el presente decreto deberán ser
profesionales que no hayan recibido desahucio ni goce de pensión de retiro fiscal
o semi-fiscal.
4) El Reglamento Orgánico del Hospital Militar determinará las disposiciones
necesarias para regular su funcionamiento.

Tómese razón, comuníquese y publíquese en el Boletín Oficial.- Dávila.- Pedro


Lagos L.

183
Anexo N° 2
Directores y Jefes del Servicio de Sanidad del Ejército

 Doctor Nicanor Rojas (1879).


 Doctor Ramón Allende Padín (1879-1881).
 Doctor Wenceslao Díaz (1883-1890).
 Coronel Ramón Vega (1891-1898).
 Coronel Cornelio Guzmán (1898-1910).
 Coronel Waldo Silva Palma (1910-1914).
 Coronel Luis Ábalos Plaza de los Reyes (1914-1924).
 General de Brigada Juan Ostornol Varas (1924-1927).
 Coronel Raimundo Ortiz Vega (1927-1932).
 Coronel Arístides González Campos (1932-1935).
 General de Brigada Carlos Cortés Díaz (1935-1941).
 General de Brigada Enrique Pacheco Vega (1941-1944).
 General de Brigada Samuel Molina Barros (1944-1951).
 General de Brigada Jorge Castro Ladrón de Guevara (1951-1956).
 General de Brigada Roberto Salinas Donoso (1956-1958).
 General de Brigada Rafael Urzúa Casas-Cordero (1958-1960).
 General de Brigada Luis Tornero Rodríguez (1960-1967).
 General de Brigada Jorge Rodríguez Véliz (1967-1973)
 General de Brigada Ricardo Sepúlveda Contreras (1973-1974).
 General de Brigada Eduardo Díaz Carrasco (1974-1978).
 General de Brigada Roberto Bonilla Bradanovic (1978-1982).
 General de Brigada Jorge Verdugo Álvarez (1982-1988).
 General de Brigada Jorge Castro Avaria (1988-1989).
 General de Brigada Germán Kuhlman Holtz (1989-1992).
 General de Brigada Manuel Vitis Engelsber (19923-1997).
 General de Brigada Eduardo Arriagada Rehren (1998-2000).
 General de Brigada Ricardo Felip Imperatore (2000-2004).
 General de Brigada Alejandro Mandujano Bronfmann (2004-2009).
 General de Brigada Óscar Boettiger Bacigalupo (2009-2013).
 Brigadier Miguel Orriols Winter (2013 a la fecha).

184
Anexo N° 3
Comandantes del Comando de Salud del Ejército

 General de Brigada Eduardo Arriagada Rehren (1999-2000).


 General de Brigada Álvaro Guzmán Valenzuela (2000-2003).
 General de Brigada Alejandro Mandujano Bronfmann (2003-2004).
 General de Brigada Antonio Cordero Kehr (2004-2005).
 General de Brigada Alejandro Mandujano Bronfmann (2006-2009).
 General de Brigada Luis Pérez Ojeda (2010-2011).
 General de Brigada Humberto Oviedo Arriagada (2012).
 General de Brigada Óscar Bustos Carrasco (2013-2014).
 General de Brigada René Palavecino Ponce (2015-2017).
 General de Brigada Ernesto Tejos Méndez (2018 la fecha).

Anexo N° 4
Directores del Hospital Militar de Santiago

 General Luis Felipe Brieba Arán (1932-1933).


 Coronel Carlos Cortés Díaz (1933-1935).
 Coronel Enrique Pacheco Vega (1935-1937).
 Teniente Coronel Samuel Molina Barros (1937-1940).
 Coronel Víctor Labbé Vidal (1940-1944).
 Coronel Aliro Pérez Fernández (1944-1946).
 Coronel Aníbal González González (1946-1953).
 General Juan Bertossi Yetri (1953-1955).
 General Pedro Calderón Valencia (1955-1957).
 General Rafael Urzúa Casas-Cordero (1957-1960).
 Coronel Raúl Campusano Koster (1960-1966).
 Coronel Atilio Figueroa (1966-1970).
 Coronel Sergio Araneda Bravo (1970).
 General Ricardo Sepúlveda Contreras (1971-1973).
 Coronel Juan Herrera Díaz (1974).
 Coronel Guillermo Yupanqui Yupanqui (1974-1976).
 General Roberto Bonilla Bradanovich (1976-1978).
 Coronel Juan Lombardo Borgoglio (1978-1981).
 Coronel Hans Zippelius Weber (1981-1986).
 General Germán Kuhlman Holtz (1986-1989).
 Coronel Atilio Jara Salgado (1990-1994).
 Coronel Domingo Godoy Ibáñez (1994-1998).
185
 Coronel Alejandro Mandujano Bronfmann (1998-2000).
 Coronel Antonio Cordero Kehr (2000-2004).
 Coronel Werther Araya Menghini (2004-2008).
 Coronel Luis Alberto Pérez Ojeda (2008-2009).
 Coronel Sergio Rivas González (2009-2011).
 Coronel Erick Strömbäck Cerda (2011-2013).
 General Juan Durruty Ortúzar (2013 a la fecha).

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