Práctica
del amparo
Colección
CÓDIGOS Y LEYES
1
OTROS TÍTULOS DE LA COLECCIÓN
9 Hábeas data: La protección jurídica de los datos
personales / Luis R. Carranza Torres
10 Derechos intelectuales / Gabriel B. Ventura
11 Digesto minero / Claudia R. Palacios de Battistón
12 Amparo. Análisis y jurisprudencia / Ana María Rojas de Anezin
13 El procedimiento administrativo en la Ciudad
de Buenos Aires / Luis R. Carranza Torres
14 El amparo en la provincia de Córdoba / María del Pilar
Hiruela de Fernández
15 Código Procesal Civil y Comercial de la Provincia
de Córdoba. Ley 8465 / Supervisión de Edgar D. Gribaudo
16 Ley Registral Inmobiliaria 5771 y disposiciones
técnico-registrales / Daniel E. Ahumada
17 Conferencias Especializadas Interamericanas sobre
Derecho Internacional Privado / Carlos E. Echegaray de Maussion
18 Tentativa y participación. Estructura del crimen y del delito
en el Código Penal de Paraguay de 1997 / Justo Laje Anaya
19 Código Procesal Penal de la Provincia del
Neuquén / Supervisión de Daniel Gustavo Varessio
20 Código Procesal del Trabajo de la Provincia
de Córdoba. Ley 7987 / Supervisión de Edgar D. Gribaudo
21 Procedimiento Prevencional en la Ley Nº 9053 de Protección Integral
del Niño y el Adolescente / Jorge Luis Carranza
Sobre el autor
Abogado (U.N.C.). Doctorando en Ciencias Jurídicas (U.C.A.). Docente uni-
versitario. Regular Member of The Supreme Court Historical Society (Was-
hington, D.C.). Miembro del Col.lectiu per la Investigació del Dret Pràctic
(Valencia, España). Mención especial Premio “Joven Jurista 2001” de la Aca-
demia de Derecho y Ciencias Sociales de Córdoba. Ex director ejecutivo del
Instituto de Estudios Políticos, Económicos y Sociales de Córdoba (1991-
1994). Ex asesor (ad honorem) en la Convención Constituyente Municipal de
Córdoba (1995).
LUIS R. CARRANZA TORRES
Práctica
del amparo
Doctrina
Jurisprudencia
Apéndice normativo
Segunda edición
ampliada y actualizada
Asesores editoriales
Armando S. Andruet (h.)
Manuel Cornet
Raúl E. Fernández
Edgar Domingo Gribaudo
Justo Laje Anaya
Julio C. Sánchez Torres
Guillermo P. Tinti
ISBN 987-1145-07-1
COPYRIGHT © 2004, ALVERONI EDICIONES
Duarte Quirós 631 - P.B., L. 1 - Tel. (0351) 4217842 (5000) Córdoba
E-mail: alveroni@arnet.com.ar
República Argentina
Queda hecho el depósito que prevé la ley 11.723
Se terminó de imprimir en la ciudad de Córdoba
en el mes de febrero de 2004
A mi esposa Florencia, a quien le tocó trabajar con
los primeros borradores de ambas ediciones.
Y cumplió admirablemente.
A mi hijo Luis Arturo,
el primero de un siglo nuevo,
y una bendición navideña que adelantó su llegada.
PRESENTACIÓN
Cuando conocí a Luis R. Carranza Torres, que entonces era
muy joven, prometía una significativa carrera literaria. La
cumplió con Yo, Luis de Tejeda. Siguió alguna biografía de buen
estilo, pero ahora se afirma en el comentario del derecho posi-
tivo. Ha trasladado a su producción jurídica el espíritu siste-
mático, la claridad y la interpretación lúcida que se advertían
en él. Contratos agrarios usuales es un manual para abogados
y productores que, por mi propia experiencia, se puede usar
para llegar a certezas con facilidad. Ahora nos acerca a la prác-
tica del amparo.
Para simplificar la frase conocida de la Revolución Fran-
cesa, diríamos que sin amparo no hay Constitución. Todavía
recuerdo la emoción que despertó en la Corte Suprema su
creación jurisprudencial, y las explicaciones y aplicaciones
que le siguieron. Ahora sólo el Congreso está en retardo, y
no me extraña porque su ineficiencia es un hecho natural;
pero además, el amparo se ha convertido en una práctica com-
plicada que nos puede desconcertar.
La tarea de Carranza Torres es ordenar, sistematizar, dar
sentido a la jurisprudencia y a la doctrina, sin descuidar la ac-
ción en Córdoba.
La exégesis resulta superadora y logra la dinámica que
se ha propuesto. La vida se acelera y el Derecho debe estar a
su velocidad, sin vaciar su capacidad de reflexión, de media-
ción y de equidad en el caso particular. Creo que el autor lo
logra una vez más.
Pedro J. Frías
PREFACIO A LA SEGUNDA EDICIÓN
Pocos pueden imaginar la gratificación para un autor cuan-
do uno de sus libros desborda las expectativas con las que fue
elaborado. La cálida y extensa recepción que Práctica del
amparo tuvo desde su aparición, no sólo es motivo de la más
profunda gratitud a todos los que tomaron la obra en consulta
o referencia; al mismo tiempo, impone responsabilidades, las
que se han procurado cumplir en esta edición.
Corresponde agradecer también a todos quienes dieron su
parecer y opinaron sobre esta obra. Los elogios, y más aún las
críticas que valiosamente permiten detectar las falencias y
procurar corregirlas.
Se ha realizado en esta edición una revisión general de la
obra, actualizando y aumentando su contenido sin perder de
vista el objetivo en mente al escribirla, cual es el de brindar un
panorama respecto de esa acción denominada entre nosotros
“amparo”, tanto en su forma general como en sus derivaciones
particulares, con especial hincapié en la problemática que
surge de su actuación práctica.
A estos fines se ha reproducido la principal normativa re-
lativa al amparo, incorporado modelos de escritos judiciales y
revisado la jurisprudencia, tanto para incorporar la surgida
luego de la aparición de la primera edición, como reelaborando
alguna de la ya existente, para dotarla de una mayor claridad
y simplicidad conceptual. Por tanto, en ambos casos puede ha-
ber diferencias en cuanto a la redacción respecto de la fuente
de la que fueron tomadas, diferencias que no afectan en ningún
caso su sentido conceptual.
12 LUIS R. CARRANZA TORRES
Lo que comenzó siendo una actualización ha devenido, por
la producción doctrinaria y de jurisprudencia de los últimos
tiempos, casi en una obra nueva, que ahora queda presentada
en sociedad y abierta al juicio del amigo lector.
L.R.C.T.
Charata, pedanía Los Molinos, Calamuchita,
diciembre de 2003
PREFACIO A LA PRIMERA EDICIÓN
A todos quienes enfatizamos, haciendo particular hincapié,
más allá de las declaraciones de derechos, en la existencia y
real efectividad de garantías que protejan la dignidad y atribu-
tos de la persona humana, como presupuesto de la legitimidad
de un Estado, no nos es ajena ni indiferente la acción de amparo.
La doctrina ha estudiado con gran amplitud la cuestión del
amparo, por lo que nuestra labor se orienta en otra dirección. La
reforma constitucional de 1994 ha venido a cerrar viejas dispu-
tas en materia de amparo, pero plantea el problema de realizar
una adecuación de las normas legales a esta nueva realidad
constitucional.
Una finalidad eminentemente práctica nos ha guiado en la
realización de la presente obra: llevar a los interesados en la
materia una vista general del amparo, tanto el general cuanto
los de naturaleza específica, acentuando de manera especial la
dinámica de su ejercicio. Asimismo, se ha puesto especial cui-
dado en tratar la materia del amparo en la Provincia de Córdo-
ba, procurando marcar similitudes y diferencias con el vigente
para el orden federal, y poner en relieve sus propias caracte-
rísticas.
De acuerdo con tal meta hemos incluido una selección de la
jurisprudencia sobre el particular, que muestra la aplicación
en la actividad del foro al respecto, tanto federal cuanto provin-
cial.
Esperamos, en la medida de las posibilidades de la presen-
te, clarificar la práctica de este fundamental instituto de nues-
tro Estado de Derecho, que al decir de Sagüés, por la dispersión
14 LUIS R. CARRANZA TORRES
normativa “concluyó por ser una figura intrincada, múltiple y
con un alto grado de diversificación” en nuestro Derecho (De-
recho procesal constitucional, p. IX). Realidad que plantea a los
actuarios de la actividad forense, en espera de la sanción de
una legislación superadora, el desafío de neutralizar en la prác-
tica tales limitaciones.
L.R.C.T.
Córdoba, mayo de 1997
INTRODUCCIÓN
EL AMPARO COMO GARANTÍA GENERAL
DE LOS DERECHOS
“Toda sociedad en la cual la garantía de
los derechos no esté asegurada […] no
tiene Constitución”.
Declaración de los Derechos
del Hombre y del Ciudadano,
art. 16, Francia, 1789
1. DERECHOS Y GARANTÍAS
Podemos definir a los derechos fundamentales como las
facultades o prerrogativas reconocidas a las personas, ya sea
de manera individual o colectiva, por su sola calidad de seres
humanos. Como bien lo expresa Sagüés, “[…] el constituciona-
lismo y el derecho constitucional nacen, entre otras metas esen-
ciales, para reconocer ciertos derechos personales básicos y
para poner topes al Estado”1.
Tales derechos surgen de la naturaleza misma de la perso-
na humana, siendo intrínsecos a ella e inescindibles de la mis-
ma. Su reconocimiento por parte del Estado, al decir de Pérez
Luño, resulta ser una condición de legitimidad del Estado de
Derecho.
Pero tal reconocimiento, aun cuando sea de rango constitu-
cional, no pasaría de una mera declaración teórica si no se dis-
pusiera de los necesarios resguardos para asegurar su vigencia
real. Es a estos fines que nuestra carta constitucional, a la par
de tales derechos, contempla determinadas garantías respecto
de ellos.
Las garantías son aquellas instituciones y procedimientos
de seguridad o resguardo, creados a favor de los titulares de de-
rechos, con el fin de asegurarles su efectivo goce, o para repo-
1
Elementos de derecho constitucional, t. 2, Buenos Aires, Astrea, 1997, p. 225.
16 LUIS R. CARRANZA TORRES
nerlos en dicho goce cuando se les ha privado en forma indebi-
da del mismo.
Entre las garantías dispuestas a los fines de restablecer en
el goce pleno de sus derechos a los titulares de los mismos, en-
contramos la acción de amparo, ya fuere en su forma general o
en alguna de sus tipificaciones especiales.
La diferenciación entre derechos y garantías no siempre se
presenta en los campos de la vigencia material con una clari-
dad absoluta. Con todo, existen elementos teóricos para efec-
tuar la distinción. Creemos a este respecto que el derecho es lo
principal, y la garantía lo accesorio, cuya razón de ser está en
función de proteger o restablecer dicho derecho, y sin posibi-
lidad de una existencia independiente del mismo. Como expresa
Lazzarini, “El derecho es lo protegido, la garantía es la protec-
tora”.
Sánchez Viamonte ha apuntado en aras de una efectiva
diferenciación de ambos conceptos: “es necesario distinguir en
el léxico constitucional la expresión garantía de la expresión
derecho, constantemente confundidas como sinónimas. Garan-
tía es la institución creada a favor del individuo, para que, ar-
mado con ella, pueda tener a su alcance inmediato el medio de
hacer efectivo cualquiera de los derechos individuales que cons-
tituyen en conjunto la libertad civil y política”2.
Bidart Campos, por su parte, diferencia en este tema res-
pecto de la oponibilidad: “En tanto los derechos que inviste quien
es sujeto titular o activo de los mismos se reputan ambivalentes
o bifrontes, en cuanto aquel sujeto los puede hacer valer ante dos
sujetos pasivos (ante el Estado y ante los demás hombres), las ga-
rantías sólo dan origen a pretensiones que el hombre puede
hacer valer ante el Estado exclusivamente. Los derechos son
oponibles, entonces, erga omnes (contra todos), mientras que las
garantías existen solamente ante el Estado”3.
2
Citado por Linares Quintana, Segundo V., Tratado de la ciencia del derecho
constitucional, t. 6, 2ª ed., Buenos Aires, Plus Ultra, 1980, p. 162.
3
Tratado elemental de derecho constitucional argentino, t. I, Buenos Aires, Ediar,
1992, p. 211.
PRÁCTICA DEL AMPARO 17
2. EVOLUCIÓN DEL AMPARO EN EL DERECHO ARGENTINO
Podemos distinguir cuatro momentos en este tema: a) El de
desconocimiento, hasta 1957. En tal período, la Corte Suprema
había sentado posición a través de sus fallos en el sentido de no
admitir acciones que no estuvieran reguladas legalmente. Sin
olvidar su función de ser la última esfera de protección de los de-
rechos constitucionales, tal protección debía ser requerida en
forma excluyente a través de las acciones o recursos instituidos
por la ley4; b) El judicial o pretoriano, de 1957 a 1966. En el caso
“Siri” la Corte realiza un cambio copernicano en materia de
protección de derechos. Frente al hecho de la clausura del dia-
rio “Mercedes” por autoridad policial, que no adujo motivo alguno
para realizar tal medida, recepta el principio de que las garan-
tías individuales consagradas constitucionalmente (en este
caso, la libertad de imprenta y de trabajo) existen y protegen a
los individuos en forma independiente de la existencia de leyes
reglamentarias. Un año después, en el caso “Kot” se plantea un
caso de amparo contra particulares, concretamente un grupo de
obreros que ocupaban el establecimiento fabril de la parte
actora. Se fundaba el accionante invocando la libertad de traba-
jo, de propiedad y de libre actividad. La Corte Suprema no en-
contró motivos para circunscribir la protección de derechos
constitucionales tan sólo contra actos de autoridad, extendiendo
de esta forma la materia del amparo también a las agresiones en
los derechos constitucionales provenientes de sujetos no esta-
tales; c) El legislativo, de 1966 a 1994. En esta etapa se sanciona
la ley nacional 16.896, que reglamenta a la acción de amparo, en
medio de críticas cruzadas de la doctrina sobre si este instituto
debía ser o no objeto de tal regulación. La ley de amparo es con-
cebida con un criterio restrictivo para el uso de la acción, en el
temor de que paralice la actividad estatal o lleve al desconoci-
miento de la autoridad pública. El amparo contra actos de par-
ticulares fue incluido en el Código Procesal Civil y Comercial de
la Nación, y en posteriores ordenamientos se fueron introdu-
4
Vgr., “Benedicta Dora Flores s/ inscripción en padrón electoral-1930”.
18 LUIS R. CARRANZA TORRES
ciendo los distintos tipos de amparos especiales, y d) El de su re-
cepción constitucional expresa, a partir de la reforma constitucio-
nal de 1994. Tal consagración vino precedida en el tiempo por la
recepción de la figura en el ciclo constituyente provincial inicia-
do a partir de 1985, que influyó en forma importante en la pos-
terior reforma nacional. El texto constitucional recepta los
aportes de la doctrina y jurisprudencia de treinta años, dejan-
do a un lado muchas de las restricciones establecidas en la ley ge-
neral de amparo.
3. SUBSISTENCIA O NO DE LAS LEYES DE AMPARO POSTERIORES A LA
REFORMA CONSTITUCIONAL
Tanto la ley nacional como la de nuestra provincia plantean
una cuestión sobre la que conviene apuntar algunas palabras:
ambas normas legales han sido dictadas con anterioridad a la
constitucionalización expresa del amparo, por lo que no recep-
tan determinadas pautas de tales reformas, pero tampoco han
sido derogadas las cláusulas dejadas de lado o simplemente no
contempladas en el texto constitucional, o dictadas nuevas le-
yes de amparo.
Obviamente, la Constitución está por encima de cualquier
otra norma de nivel inferior, haya sido dictada con anterioridad
o posteriormente a su sanción. También es clara la directa ope-
ratividad de las cláusulas constitucionales en esta materia, aten-
to a ser mecanismos de resguardo de la vigencia de derechos.
A este respecto, la respuesta jurisprudencial de la Corte
Suprema de Justicia de la Nación5 ha establecido que una mo-
dificación en la Constitución sólo importa la derogación de le-
yes dictadas con anterioridad a tal reforma, en el supuesto de
que las mismas sean verdaderamente incompatibles con el
nuevo sistema constitucional6.
5
Fallos 253:469 y 258:267, entre otros.
6
Vallefín, Carlos A., “El amparo: desde la Constitución a la jurisprudencia”,
JA, Panorama de Derecho Constitucional (número especial), edición del 18-06-
1997, ps. 48-49.
PRÁCTICA DEL AMPARO 19
Es decir que continúan vigentes las leyes anteriores, pero
en caso de oposición de alguna de sus normas a las nuevas dis-
posiciones constitucionales, éstas prevalecen. Sin embargo, tal
inaplicabilidad es parcial, y no afecta al resto de la normativa,
la que puede y debe ser armonizada con el texto constitucional.
4. EL AMPARO EN EL DERECHO COMPARADO E INTERNACIONAL
De acuerdo con la finalidad de esta obra, trataremos breve-
mente el amparo en el derecho comparado e internacional.
La inmensa mayoría de los países han instituido mecanis-
mo de aseguramiento de lo previsto en sus textos constitucio-
nales. Del cotejo de los mismos surge casi inmediatamente que
el particularismo es la nota distintiva en el tema. Aun dentro
de un mismo sistema jurídico, lo que entre nosotros denomina-
mos “acción de amparo” adquiere rasgos distintivos en cada or-
denamiento jurídico. Ello pese a que se ha diseñado para
resguardar una serie de derechos (de expresión, de intimidad
personal y familiar, de comercio, de enseñar y aprender, etc.)
que, por su calidad de resultar ínsitos a la condición humana en
su inmensa mayoría, no difieren de país en país, y resultan uni-
versales. En este tópico, en lo sustancial, no difieren los textos
constitucionales.
Como nos expresa Díaz Solimine7, el origen hispano de la
voz “amparo” queda revelado en diversas acepciones, siendo
utilizado como recurso o medio de impugnación de las resolu-
ciones judiciales. En las Siete Partidas se habla ya de “ampa-
ro” o “amparamiento”. También se lo utilizó para designar los
interdictos posesorios y a las acciones para conservar las tie-
rras de los indígenas. Sirviendo para designar la tutela de
derechos en general, como en el Reino de Aragón, o para desig-
nar al instrumento protector de los derechos de la persona
humana.
7
Juicio de amparo, Buenos Aires, Hammurabi, 2003, p. 35.
20 LUIS R. CARRANZA TORRES
En el derecho anglosajón se revelan una serie de institutos
de protección, situados al margen del sistema ordinario, que
abarcan toda una gama de derechos e intereses de las más
variadas jerarquías. El “writ of injunction”, por caso, es un man-
damiento prohibitivo que paraliza la realización de un acto, la
aplicación de una ley y hasta la ejecución de una sentencia
firme que no ha cumplido adecuadamente con los requisitos
procesales esenciales. En cambio, el “writ of mandamus”, a di-
ferencia del anterior, es la solicitud presentada a un tribunal
con el fin de lograr que el mismo expida un mandamiento diri-
gido a compeler a una autoridad para que proceda a ejecutar un
deber al cual está legalmente obligada.
La Constitución Federal de Brasil de 1988, en su art. 5º,
inc. LXXI, recepta bajo el nombre de “mandado de injunção” un
instituto protectivo influenciado por el “writ of mandamus”,
dable a favor de titulares de derechos, libertades y prerro-
gativas que son de ejercicio inviable a causa de una ausencia
normativa exigida de forma expresa o implícita por la Consti-
tución. A su vez, el “mandado de segurança” puede ser ejerci-
do por el titular de un derecho cierto y líquido agraviado, no
amparado por el hábeas corpus, con el fin de resguardar al
mismo.
En general, podemos decir sobre el amparo en América La-
tina, que pese al evidente influjo de las ideas al respecto pro-
venientes tanto de Estados Unidos como de Europa, presenta
una personalidad jurídica propia y emancipada de sus fuentes.
Desde luego, la institución presenta una variedad muy amplia
de un país a otro, incluso respecto a su denominación. Dentro
de dicha variedad podemos agruparlas en: a) las que equiparan
el amparo al hábeas corpus (Constitución de Chile antes de
1973), limitándolo a cuestiones de libertad personal; b) las que
lo instauran como acción de posibilidades múltiples, ya de pro-
tección de derechos o control institucional (México, país que
admitió por primera vez la acción de amparo en un texto cons-
titucional en el año 1841, con la Constitución del Estado de
Yucatán), y c) Por último, las que lo conciben como una garan-
tía de protección de los derechos constitucionales de las per-
PRÁCTICA DEL AMPARO 21
sonas, con la sola excepción del hábeas corpus (Argentina, Perú,
Costa Rica, etc.).
En el orden del derecho internacional, el amparo se halla
admitido en la Declaración Universal de Derechos Humanos,
aprobada por la Asamblea de la Organización de las Naciones
Unidas en 1948, que en su art. 8º establece que “Toda persona
tiene derecho a un recurso efectivo, ante los tribunales naciona-
les competentes, que la ampare contra actos que violen sus de-
rechos fundamentales reconocidos por la Constitución o por la
ley”. Sobre el particular, el Pacto de San José de Costa Rica dis-
pone que “aunque sin perfilar los rasgos típicos procesales del
amparo, propios de cada derecho interno […], alberga innomi-
nadamente un proceso judicial que da cabida al amparo”8. En
su art. 25, inc. 1, el Pacto de referencia expresa: “Toda persona
tiene derecho a un recurso sencillo y rápido o a cualquier otro
recurso efectivo ante los jueces o tribunales competentes, que la
ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales re-
conocidos por la Constitución, la ley o la presente Convención,
aun cuando tal violación sea cometida por personas que actúen
en ejercicio de sus funciones oficiales”.
Los Estados parte del Pacto se comprometen, de acuerdo
con lo establecido en el inc. 2 de dicho art. 25: “[…] a) A garan-
tizar que la autoridad competente prevista por el sistema legal
del Estado decidirá sobre los derechos de toda persona que
interponga tal recurso; b) A desarrollar las posibilidades de re-
curso judicial, y c) A garantizar el cumplimiento, por las auto-
ridades competentes, de toda decisión en que se haya estimado
procedente el recurso.”
La acción de amparo toma en España el nombre de “recur-
so de amparo constitucional”, y al igual que entre nosotros, re-
sulta ser una de las garantías que la Constitución establece
para la protección de los derechos fundamentales de las per-
sonas y de las libertades públicas, de acuerdo a lo normado en
los arts. 161 y 53.2 de la Constitución Española.
8
Bidart Campos, Germán, Tratado elemental de derecho constitucional argenti-
no, t. I, p. 499.
22 LUIS R. CARRANZA TORRES
Resulta interesante destacar algunos aspectos básicos de
la normativa española en materia de amparo, atento al hecho
de que si bien cumple idéntica función que la nuestra, sus ca-
racterísticas de actuación difieren en grado sumo de nuestro
sistema.
A grandes rasgos, puede conceptualizarse como un instru-
mento procesal de carácter extraordinario, en el sentido que
“[...] sólo procede por motivos específicamente determinados
por la ley que los limita. Su fundamento debe estar asentado
en causales taxativas, las que no pueden extenderse mientras
no medie un interés superior que deba ser protegido [...]”9, y
se halla establecido dentro de la especie de los recursos judi-
ciales.
Procede contra violaciones de aquellos derechos origina-
dos por actos jurídicos, o simple vía de hecho de los poderes
públicos del Estado, las comunidades autónomas y demás en-
tes públicos de carácter territorial, corporativo o institucional,
así como de sus funcionarios y agentes. Sólo puede interponer-
se contra disposiciones, actos y vías de hecho de la Administra-
ción, una vez que se haya agotado la vía judicial procedente y
contra actos u omisiones judiciales, siempre que se hayan ago-
tado los recursos utilizables dentro de la vía judicial.
Respecto de su procedimiento, el mismo resulta gratui-
to y de simple trámite. Se inicia mediante demanda, en la
que deben expresarse con claridad y concisión los hechos que
la fundamenten, citando los preceptos constitucionales que se
estimen infringidos y fijando el amparo que se solicita para
preservar o restablecer el derecho o libertad que se considere
vulnerado.
Se presenta el mismo por ante el Tribunal Constitucional,
órgano judicial especializado que centraliza el control de cons-
titucionalidad de las normas y actos, teniendo el mismo juris-
dicción en todo el territorio español y siendo competente para
entender (art. 161, Constitución Española) sobre:
9
Gernaert Willmar, Lucio, Manual de recursos, Buenos Aires, Abeledo-Perrot,
1985, p. 30.
PRÁCTICA DEL AMPARO 23
a) El recurso de amparo por violación de los derechos y li-
bertades referidos en el art. 53.2 de esta Constitución, en los
casos y formas que la ley establezca.
b) El recurso de inconstitucionalidad contra leyes y dispo-
siciones normativas con fuerza de ley. La declaración de
inconstitucionalidad de una norma jurídica con rango de ley,
interpretada por la jurisprudencia, afectará a ésta, si bien la
sentencia o sentencias recaídas no perderán el valor de cosa
juzgada.
c) Los conflictos de competencia entre el Estado y las comu-
nidades autónomas o de éstas entre sí.
d) Las demás materias que le atribuyan la Constitución o las
leyes orgánicas.
Puede presentar recurso de amparo toda persona natural
o jurídica que invoque un interés legítimo, así como también el
Defensor del Pueblo y el Ministerio Fiscal. Su conocimiento
corresponde a la Sala del Tribunal Constitucional que toque en
turno, que puede rechazarlo in limine si no concurren de modo
manifiesto los supuestos habilitantes del mismo.
Admitida la demanda de amparo, la Sala requiere con ca-
rácter urgente al órgano o a la autoridad de que emane la de-
cisión, el acto o el hecho, o al juez o tribunal que conoció el
procedimiento precedente, que en un plazo no superior a diez
días remita las actuaciones o testimonio de ellas.
La Sala puede pronunciar una sentencia de otorgamiento
de amparo, o una sentencia o auto de denegación de amparo.
La sentencia que otorga el amparo contiene alguno o algu-
nos de los pronunciamientos siguientes:
a) Declaración de nulidad de la decisión, acto o resolución
que haya impedido el pleno ejercicio de los derechos o liberta-
des protegidos, con determinación, en su caso, de la extensión
de sus efectos.
b) Reconocimiento del derecho o libertad pública, de con-
formidad con su contenido constitucionalmente declarado.
c) Restablecimiento del recurrente en la integridad de su
derecho o libertad, con la adopción de las medidas apropiadas,
en su caso, para su conservación.
24 LUIS R. CARRANZA TORRES
En el supuesto de que en el caso la ley aplicada lesione de-
rechos fundamentales o libertades públicas, la Sala elevará la
cuestión al Pleno, que podrá declarar la inconstitucionalidad
de dicha ley por sentencia, con los efectos ordinarios previstos
en los arts. 38 y siguientes de la Ley Orgánica del Tribunal
Constitucional.
De acuerdo a lo previsto en el art. 164 de la Constitución
Española, las sentencias del Tribunal Constitucional se publi-
carán en el Boletín Oficial del Estado con los votos particulares,
si los hubiere. Tienen el valor de cosa juzgada a partir del día
siguiente de su publicación, y no cabe recurso alguno contra ellas.
Las que declaren la inconstitucionalidad de una ley o de una
norma con fuerza de ley, y todas las que no se limiten a la estima-
ción subjetiva de un derecho, tienen efectos erga omnes.
5. AMPARO GENERAL Y AMPAROS ESPECIALES
A partir de su reconocimiento pretoriano y posterior san-
ción de una norma legal que regule la acción de amparo, hasta su
expreso reconocimiento en el texto constitucional nacional con
la reforma de 1994, paralelamente a éste, que aquí denomina-
mos general, han ido surgiendo en nuestra legislación otros
amparos con más reducido marco de aplicación, muchas veces
con distinta mecánica procesal, destinados a asegurar la pro-
tección de derechos de los ciudadanos frente a situaciones mu-
cho más específicas.
Frente a tal hecho, a los fines expositivos de la presente
obra, la hemos dividido en dos partes: la primera se refiere al
amparo general, y la segunda, trata cada uno de los amparos es-
pecíficos.
6. EL FUTURO DEL AMPARO
La creciente multiplicidad de los amparos especiales o es-
pecíficos, tal como los denominamos aquí, le sugiere a Sagüés
PRÁCTICA DEL AMPARO 25
la necesidad de agruparlos sistemáticamente en un código de
derecho procesal constitucional10. Cita como ejemplos la ley
7135 de Costa Rica, o la ley 8369 de la Provincia de Entre Ríos.
En igual sentido, el entonces diputado Jorge Gentile presen-
tó ante el Congreso Nacional, durante su mandato, un proyec-
to que se denominaba “Código de Garantías Individuales”.
El amparo, instituido como un medio de defensa ante el cer-
cenamiento de derechos de los particulares por parte del Es-
tado o de otros particulares, últimamente es empleado cada vez
con mayor asiduidad, por ejemplo, por las minorías en los ór-
ganos políticos (legisladores de la oposición, por lo común),
para enervar decisiones gubernamentales que a su juicio resul-
tan violatorias de lo establecido constitucionalmente.
Asimismo, hoy en día, la revolución tecnológica plantea
nuevos desafíos a la efectiva protección de los derechos de las
personas. Uno de los que se ha ubicado en un primerísimo pla-
no desde hace ya algún tiempo es el referente a la protección
de la intimidad frente a la globalización de los medios masivos
y el cruzamiento de gigantescas bases de datos, públicas y pri-
vadas. Y en éste, como en otros aspectos de la realidad, el re-
medio del amparo mantiene toda su vigencia protectiva, ya sea
por sí mismo o como punto de partida para el desarrollo de otra
garantía de resguardo más específica.
En todo caso, seguirá cumpliendo su misión de ser la garan-
tía general por excelencia, para el restablecimiento de los de-
rechos personales afectados.
El surgimiento de las denominadas medidas autosatisfac-
tivas, en opinión de cierta doctrina, parece converger al espa-
cio del amparo. Boulin11 manifiesta que en tanto las mismas, a
su entender, resultan de naturaleza autónoma —no cautelar—,
tal circunstancia trae aparejada una consecuencia ineludible:
la definitividad de la resolución que acoge la pretensión de tu-
tela urgente, a diferencia de las providencias cautelares acce-
10
Elementos de derecho constitucional, t. 1, p. 255.
11
“Medidas autosatisfactivas y acción de amparo”, en Revista de Derecho Proce-
sal, Nº 4, Buenos Aires, Rubinzal-Culzoni, 2000, ps. 369 y ss.
26 LUIS R. CARRANZA TORRES
sorias de un proceso, y por ende provisorias y sujetas a lo que
en definitiva resuelva la sentencia de mérito.
Ello pues, la autosatisfactiva resuelve el fondo o mérito de
la cuestión debatida, en forma definitiva y mediante una cog-
nición reducida —de igual modo que en las acciones de ampa-
ro: art. 43, CN—, pero se discute en la doctrina si además de
breve, la bilateralidad debe o puede desplazarse hacia una eta-
pa posterior a la resolución, o debe ser previa a ésta. ¿Hasta
qué punto la urgencia de la situación flexibiliza la bilateralidad
que integra la garantía del debido proceso?
Celeridad, sentido protectorio, intervención judicial. Has-
ta en la discusión sobre el momento de su bilateralización, la
autosatisfactiva se asemeja al amparo.
Así las cosas, vemos que la medida autosatisfactiva no re-
sultaría estructuralmente muy diferente al amparo.
Frente a esto, en la opinión de Boulin, la acción de amparo,
nacida para resolver conflictos necesitados de solución urgen-
te, es la vía procesal adecuada para sustanciar las medidas
autosatisfactivas, aunque sería conveniente, en su opinión,
revitalizarla y ajustarla al nuevo rol que a su entender le ha sido
asignado por el art. 43 de la Constitución Nacional, en la defen-
sa de las garantías constitucionales.
¿Cómo se conectan autosatisfactiva y amparo? ¿Resulta la
primera una instancia superadora del segundo o son institu-
tos diferenciados? Las respuestas a esto dependen del curso
que tome la autosatisfactiva. Una mecánica procesal propug-
nada por cierta doctrina, reflejada en algunos fallos judicia-
les, pero no contemplada ni estructurada en el orden procesal
vigente.
En todo caso, la autosatisfactiva no diferiría en mucho de
los planteos que abogan por la unilateralización del amparo
(véase infra punto 3.1).
Nuevas legitimaciones, ampliación del elenco de derechos
resguardados, reducción de la zona no justiciable del Estado,
aparición de nuevos sujetos no estatales susceptibles de lesio-
nar derechos. Todos ellos, desafíos que lleva en nuestra opinión
al convencimiento de que, en su versión originaria o modifica-
PRÁCTICA DEL AMPARO 27
da, el amparo mantiene hoy, como nunca, una vigencia necesa-
ria para procurar el respeto de los derechos básicos.
GRÁFICO I
TIPOS DE AMPARO
⎩ ⎩ ⎩
⎪ ⎪ Nacional ⎨ CN, art. 43
⎪ ⎪ ⎩ LN 16.986
⎪ General ⎨ ⎩
⎪ ⎪
⎪ ⎪ Provincial ⎨ CPCba., art. 48
⎪ ⎩ ⎩ LP 4915, mod. ley 5770
⎪ ⎩
⎪ ⎩ ⎩
⎪ ⎪ ⎪ Adm. Púb. (LNPA 19.549, art. 28) ←
⎪
⎪ ⎪ ⎪ ⎪ Previsional (LN 24.463, art. 26)
⎪ ⎪ ⎪ Nacional ⎪ ⎩
⎪ ⎪ Por mora⎪ ⎨ DGI (LN 11.683, art. 182 )
⎪ ⎪ estatal ⎨ ⎪ ⎪
⎪ ⎪ ⎪ ⎪ Trib. Fiscal ⎨ ⎩
⎪ ⎪ ⎪ ⎪ ⎪
⎪ ⎪ ⎪ ⎪ ⎪ Aduana ⎨ LN 11.683, art. 182
⎪ ⎪ ⎪ ⎩ ⎩ ⎩ CA, art. 1160
⎪ ⎪ ⎪ ⎩
⎪ ⎪ ⎪
⎪ ⎪ ⎪ Provincial ⎨ Adm. Púb. (CPCba., art. 52; ley 8508; ley
AMPARO ⎨ Especiales ⎪ ⎩ ⎩ 8835, art. 4º, inc. d; arts. 118 y 119, CT)
⎪ ⎪ ⎩
⎪ ⎪ Contra Nacional (CPCCN, art. 321, inc. 2)
⎪ ⎪ ⎨ Provincial (LP 4915, mod. ley 5770)
⎪ ⎨ particulares
⎩
⎪ ⎪ ⎩ ⎩
⎪ ⎪ ⎪ Amparo derechos electorales (CEN, art. 10)
⎪ ⎪ ⎨
⎪ Nacional ⎩ Amparo retención doc. cívico (CEN, art. 11)
⎪ ⎪Electoral ⎨
⎪ ⎪ ⎪ ⎩
⎪ ⎪ Amparoderechoselectorales(CEP,art.10,1er pár.)
⎪ Provincial ⎨
⎪ ⎪ ⎩ ⎩ Amparo retención doc. cívico (CEP, art. 10, 2º pár.)
⎪ ⎪ ⎩
⎪ ⎪
⎪ ⎪ Sindical ⎨ Amparo derechos (tutela) (LN 23.551, art. 47)
⎪ ⎪ ⎩ Amparo exclusión (LN 23.551, art. 52)
⎪ ⎪ ⎩
⎪ ⎪
⎪ ⎪Hábeas ⎪ Nacional (CN, art. 43, 2º párrafo)
⎪ ⎪ data ⎨ Provincial (CPCba., art. 50; ley 8003 para información
⎪ ⎪ ⎪ pública)
⎩ ⎩ ⎩
Referencias
CA Código Aduanero (LN 22.415) CPCCN Código Procesal Civil y Comercial de la Nación
CEN Código Electoral Nacional CT Código Tributario
CEP Código Electoral Provincial LN Ley nacional
CN Constitución Nacional LP Ley provincial
CPCba. Constitución de la Provincia de Córdoba LNPA Ley Nacional de Procedimiento Administrativo
PRIMERA PARTE
ACCIÓN GENERAL DE AMPARO
(nacional y provincial)
1. Caracterización del instituto; 2. Su
objeto y condiciones de ejercicio; 3. Legi-
timación y competencia; 4. Medidas cau-
telares posibles; 5. Demanda, informe y
prueba; 6. Sentencia, recursos y costas.
1. CARACTERIZACIÓN DEL INSTITUTO
1.1. CONCEPTO DE AMPARO
Los derechos subjetivos, como nos dice Argüello12, otorgan
a sus titulares un cúmulo de facultades que deben ser ejercidas
en la vida de relación, saliendo así del marco de lo meramente
potencial para concretarse en la realidad de los hechos. Tal
ejercicio no depende en exclusivo de la voluntad de sus titula-
res, sino que requiere el respeto y acatamiento de otras perso-
nas, públicas o privadas, que con actos positivos u observando
una conducta negativa, son las que en definitiva permiten
hacer eficaz las facultades jurídicas que tales derechos impli-
can. Cuando dicha cooperación se logra, se produce el supuesto
ideal de un cumplimiento espontáneo y normal del derecho;
mas si no es así, desconociéndose la existencia de los derechos
o perturbándose su libre ejercicio con actos que violen o vulne-
ren la situación jurídica de sus titulares, es menester arbitrar
medios que conduzcan a la protección de los derechos subjeti-
vos.
En tal contexto, podemos definir al amparo como la garan-
tía instituida para protección de los derechos y garantías reco-
nocidos por la Constitución, un tratado o una ley, consistente
en la acción, rápida y expedita, de naturaleza constitucional,
12
Manual de derecho romano. Historia e instituciones, Buenos Aires, Astrea,
1990, p. 531.
32 LUIS R. CARRANZA TORRES
dable a favor de toda persona que, sin disponer de otro medio
más idóneo, vea en forma actual o inminente lesionado, restrin-
gido, alterado o amenazado, con arbitrariedad e ilegalidad
manifiesta, un derecho o garantía personal o grupal, por un
acto u omisión de autoridades públicas o particulares.
La necesidad de la misma surge, además de por lo ya dicho,
por la realidad contemporánea que “Tanto la autoridad públi-
ca como otros sujetos, con personalidad jurídica o sin ella, que
acumulan un enorme poder material o económico, asumen frente
a los simples particulares una concentración desproporciona-
da de poder. Frente a ellos, los individuos están expuestos a que
mediante actos u omisiones lesionen los derechos o garantías
constitucionales de que gozan”.13
Resulta criticable la inclusión de las garantías dentro del
ámbito del amparo, ya que éste resulta una. Sánchez Viamon-
te aclara sobre el particular: “Estamos acostumbrados a dar el
nombre de garantía a la proclamación de la inviolabilidad de la
persona, del domicilio y de la defensa en juicio, como asimismo
a otras declaraciones que hemos clasificado por grupos en nor-
mas éticas, limitaciones al poder público y precauciones proce-
sales. Eso es protección teórica. La garantía, en cambio, es
protección práctica. No se puede hablar de amparo de garan-
tías. Lo que necesita amparo jurídico no es la garantía propia-
mente dicha”.14
1.2. FUNDAMENTO CONSTITUCIONAL DEL AMPARO
Luego de la reforma constitucional de 1994, el sustento de
la acción de amparo surge fundamentalmente de su consagra-
ción expresa en el art. 43 de la Constitución Nacional15.
13
Salgado, Alí Joaquín, Juicio de amparo y acción de inconstitucionalidad,
Buenos Aires, Astrea, 1987, p. 3.
14
Citado por Linares Quintana, Segundo V., op. cit., p. 162.
15
Véase el apéndice normativo.
PRÁCTICA DEL AMPARO 33
Anteriormente tal garantía se desprendía en forma im-
plícita de los arts. 28 (no alterabilidad de los derechos por
vía reglamentaria) y 33 (derechos y garantías implícitos), cir-
cunstancia reconocida por la doctrina y jurisprudencia hasta
su formulación expresa. Era lo congruente con el principio
lógico de que el constituyente no podía haber consagrado de
forma tan amplia toda una serie de derechos en el texto cons-
titucional, para dejarlos luego desprotegidos en el marco de la
realidad.
Es por ello que, expreso o no, los mecanismos de protección
como el amparo son una necesaria y natural consecuencia del
reconocimiento en el texto constitucional de derechos funda-
mentales.
A nivel provincial, en el art. 48 de la Constitución de Cór-
doba, se recepta este instituto en líneas generales, de acuerdo
a lo ya estipulado en la ley de amparo provincial, resultando
similar en su caracterización, si bien anterior, al texto nacio-
nal (véase infra punto 2.8).
1.3. NATURALEZA JURÍDICA DEL AMPARO
Arbonés16 entiende que atento a que el amparo no es un me-
dio de satisfacer derechos subjetivos, sino de restablecer el
orden jurídico alterado, resulta un procedimiento de natura-
leza objetiva, más cercano a una providencia cautelar o medi-
da cautelar innovativa que a un conflicto contencioso. Por ello,
para el antes citado autor se trata de un proceso unilateral de
protección constitucional.
También se ha dicho que la vía tutelar del amparo cumple
una función jurisdiccional bifronte: por un lado es proteccional
—ello es, busca como fin específico la tutela de derechos y ga-
16
“Amparo y derechos humanos”, en Foro de Córdoba, Nº 71, Córdoba, Advoca-
tus, 2001, p. 133.
34 LUIS R. CARRANZA TORRES
rantías constitucionales—, y por otro lado es dirimente —es
decir, resuelve un conflicto con base en el proceso17.
Para Arbonés obviamente la faz predominante y teleológica
del amparo es la tutelar-proteccional-garantista de una situa-
ción objetiva de amparo, cuya urgencia tutelar la da la sola
vulneración de un derecho fundamental (urgencia objetiva), no
requiriendo ponderaciones de premura subjetivas, ya que aquí
prima el derecho a la tutela oportuna del derecho.
Salgado expresa respecto de la naturaleza del instituto del
amparo: “Evidentemente, tal como está legislada [en la ley nacio-
nal, que por su casi identidad de contenido con la respectiva nor-
ma provincial de Córdoba, puede aplicarse este concepto sin
mayores problemas para ambas], presenta características de
una acción, a pesar de que cuenta con algunas analogías con los
recursos, ya que reserva esta regulación sólo respecto de la au-
toridad pública y se prevé un plazo breve para promover el am-
paro (art. 2º, inc. e). El amparo constituye por tanto el trámite de
un verdadero proceso contencioso, y a su vez, dentro de él cabe el
recurso de apelación (art. 15)”.18
Dos observaciones nos merece la anterior transcripción
respecto de las analogías del amparo con los recursos: a) el am-
paro no siempre se ejerce contra una autoridad pública, tal
como lo establece el texto constitucional: “todo acto u omisión
de autoridades públicas o de particulares” (art. 43, CN). Que en
la ley 16.986 se lo determine así es sólo una cuestión de técnica
legislativa, que ha preferido regular por separado el instituto,
atendiendo al carácter del legitimado pasivo, configurando el
amparo contra actos de particulares dentro del Código Proce-
sal Civil y Comercial de la Nación. Podría haberse seguido la
postura contraria, tal como es el caso de la ley provincial 4915,
que los regula conjuntamente. Es nuestra opinión que éste
debería ser el camino a seguir en el orden nacional luego de la
17
Pérez Ragone, Álvaro J. D., “Prolegómenos de los amparos colectivos. Tutela
de las incumbencias multisubjetivas. Parte especial”, en Revista de Derecho
Procesal, Nº 5, Buenos Aires, Rubinzal-Culzoni, 2000, p. 125.
18
Op. cit., p. 20.
PRÁCTICA DEL AMPARO 35
reforma, y b) respecto de la cuestión de la brevedad del plazo,
esto no autoriza por sí a asimilarlo a un recurso. Si bien el
amparo es la acción de más breve plazo de nuestro Derecho,
guarda tal hecho relación directa con su nota de celeridad y
urgencia. Y no es el único caso de una acción de plazo breve, en
relación con sus fines, que contiene nuestro Derecho. Más aún,
la llamada “aceleración de la historia”, que se refleja en todos
los aspectos de nuestra sociedad actual, ha llevado desde hace
ya tiempo a que, en materia legislativa, se acoten los plazos
para accionar, de modo general.
Creemos que el amparo resulta ser, de manera clara, una
acción. Así es como el texto constitucional lo ha consagrado, y
más allá de una mera cuestión de denominación, la misma se co-
rresponde con lo normado. No es un recurso, ni un tipo de juicio
o proceso, como puede verse en el amparo contra particulares.
Allí se ponen de manifiesto tanto la inexistencia de una deci-
sión previa contra la cual se recurre a una instancia superior
(lo que deja de lado su consideración como recurso), cuanto la
clara diferencia entre la acción (art. 321, inc. 2, CPCCN) y el pro-
ceso donde la misma debe entablarse (el sumarísimo, en este
caso, art. 498, CPCCN), el cual a veces reviste un carácter mar-
cadamente particularista que puede inducir a tal confusión.
Bidart Campos19 ha marcado con claridad la diferencia exis-
tente entre la acción de amparo como ejercicio del derecho de
los individuos a la jurisdicción, y el juicio de amparo, que es el
tipo de proceso jurisdiccional donde se pone en movimiento
dicha acción.
Es evidente, como nos dice Spota20, que el art. 43 de la
Constitución Nacional lo instrumenta como acción expedita
y rápida. Pero también es cierto que si se supera el planteo
nominalista que surge del uso en un caso de la palabra “dere-
cho” y en otro del término “acción”, y se va a la esencia de las
19
Régimen legal y jurisprudencial del amparo, Buenos Aires, Ediar, 1968, p. 338.
20
“Ensayo sobre la doble naturaleza jurídica del amparo constitucional”,
en Revista de Derecho Procesal, Nº 4, Buenos Aires, Rubinzal-Culzoni, 2000,
ps. 13 y 14.
36 LUIS R. CARRANZA TORRES
instituciones en análisis, se llega con sincera claridad al con-
vencimiento de que la mención de “acción” en el art. 43, por su
propia dinámica operativa, excede toda forma instrumental. En
opinión del citado autor, entonces tenemos que se la denomi-
na “acción al amparo”, pero aparece con las mismas consecuen-
cias que si se lo mentara como derecho. De ello entiende que el
amparo es tanto una acción cuanto un derecho constitucional
preexistente en sí mismo, asentado este último fundamental-
mente en el art. 18 de la Constitución Nacional; es derecho y
garantía básica del Estado contemporáneo, sin que esté enun-
ciado formalmente como tal; el amparo, aunque calificado en el
art. 43 como acción, goza de la condición de derecho constitu-
cional preexistente en tanto que enuncia, garantiza e importa
por sí mismo la capacidad de recurrir en forma análoga y simi-
lar al derecho constitucional denominado “acceso a la jurisdic-
ción”.
Por nuestra parte, si bien concordamos en lo general con lo
dicho por tal postura, en lo atinente a su consideración como
derecho, entendemos en cambio que se inscribe dentro de la ca-
tegoría de las garantías constitucionales de tipo procesal,
antes que en los derechos, a mérito de lo desarrollado en el
punto 1 de la introducción de la presente obra.
La doctrina se ha encargado de esbozar cuanta conceptua-
lización ha entendido necesaria, a los fines de identificar al
amparo, pero siempre introduciéndolo dentro de estándares tra-
dicionales, al decir de Rojas21, a quien seguimos en esta parte.
Por el camino que lo analicemos, expresa Rojas, partiendo
de los conceptos tradicionales en que se apoya nuestra discipli-
na, siempre concluiremos en que asiste razón a todos los que
sostienen una u otra postura (acción, derecho, proceso, etc.).
Él, por su parte, lo entiende como un mecanismo —ahora
constitucional— que está a disposición del justiciable para res-
guardar los derechos y garantías que consagra nuestra ley fun-
damental.
21
“Un ‘nuevo molde’ para el amparo”, en Revista de Derecho Procesal, Nº 5, Bue-
nos Aires, Rubinzal-Culzoni, 2000, ps. 66 y 67.
PRÁCTICA DEL AMPARO 37
Es cierto —afirma— que es una acción, una garantía, una
pretensión, un proceso, pero la pregunta que se formula es si por
esa vía nos adentramos en el espíritu final con que el amparo ha
sido concebido, pues siempre va a “fotografiarse” un aspecto, sin
advertir quizá que hay varios elementos que coadyuvan a su
cristalización.
Por eso, expresa Rojas, las apreciaciones que se hagan so-
bre el amparo tienen que apuntar a su mayor utilidad y efica-
cia, en lugar de detenerse a analizar concepciones de carácter
dogmático, que por su abstracción pueden desvirtuarlo.
1.4. CARACTERES DEL AMPARO
Existen dos posiciones respecto del carácter de este insti-
tuto: una que afirma el carácter subsidiario de la acción de
amparo, y otra que sostiene su rol directo22.
Néstor Sagüés, que se encuentra entre los mentores de la
primera posición, expresa: “En resumen, el art. 43 de la Cons-
titución debe entenderse así: ante un hecho lesivo proveniente del
Estado o de particulares, el afectado debe, en principio, recurrir
al proceso ‘más idóneo’, que habitualmente será el ordinario. Sin
embargo, por excepción (vgr., en función del factor tiempo, de la
inexistencia de medidas cautelares en el procedimiento común,
o de su producción improbable, etc.), el amparo puede presentar-
se como el proceso ‘más idóneo’ (o ‘tan’ idóneo) que el regular, en
cuyo caso sí será admisible. Pero ello tendrá que ser alegado y
demostrado siquiera prima facie por el promotor del amparo, ya
que es un hecho notorio que los trámites ordinarios son más ge-
nerosos, en plazos, radio de conocimiento y material probatorio,
que la acción de amparo”.23
22
Conf. Vallefín, Carlos A., “El recurso de apelación en la acción de amparo y la
cuestión de la validez constitucional de los efectos con que se concede”, en Revis-
ta de Derecho Procesal, Nº 5, Buenos Aires, Rubinzal-Culzoni, 2000, p. 50.
23
“Amparo, hábeas data y hábeas corpus en la reforma constitucional”, en LL,
1994-D-1151, y “Nuevamente sobre el rol directo o subsidiario de la acción de
amparo (A propósito de la voluntad del constituyente)”, en LL, 1995-D-1517.
38 LUIS R. CARRANZA TORRES
De la segunda tesitura participa Lino E. Palacio, que dice:
“En presencia de un acto u omisión que lesione o restrinja con ar-
bitrariedad o ilegalidad manifiesta, derechos reconocidos por
la Constitución, un tratado o una ley y siempre, desde luego, que
tales circunstancias sean alegadas y acreditadas por el intere-
sado siquiera prima facie, el proceso ordinario no puede en nin-
gún caso ser considerado un remedio judicial más idóneo que el
amparo”.24
De nuestra parte, aun tras la reforma de 1994, lo entende-
mos como subsidiario, pues siendo un instrumento de resguar-
do de los aspectos fundamentales que hacen a los derechos de
las personas, su procedencia se halla supeditada a un grado de
magnitud en la lesión o amenaza, lo que deja fuera a los entor-
pecimientos menores o aquellos que, en virtud de poder ser re-
sueltos en un nivel más simple, incluso no judicial, carecen de
la nota de gravedad esencial que debe revestir la situación de
agravio.
Es por ello que se ha dicho que “incurren en un grave error
quienes interpretaron, a raíz de la reforma constitucional, que
el amparo se ha constituido en un medio procedimental ordina-
rio, pues continua siendo un remedio extraordinario, y por ende
excepcional”25.
Se trata asimismo de una acción breve y expedita. En vir-
tud de ello, la celeridad del procedimiento que la tramite obliga
a reducir la intervención de las partes en el proceso (Bidart
Campos), pero no al punto de hacerle perder las notas típicas
del contradictorio, ya que “La acción de amparo es una garan-
tía constitucional de carácter jurisdiccional y, por tanto, en el pro-
ceso judicial correspondiente habrá actor, demandado y juez […],
en el amparo [entendido como proceso] existe la contradicción
24
“La pretensión de amparo en la reforma constitucional de 1994”, en LL,
1995-D-1237.
25
Sentencia de primera instancia en autos “Falcionelli c/ Organización Veraz
S.A.”, citado por Vallefín, Carlos A., “El amparo: desde la Constitución a la
jurisprudencia”, op. cit., p. 51.
PRÁCTICA DEL AMPARO 39
propia de un juicio, y que en manera alguna se trata de un proce-
dimiento unilateral”26.
El carácter de expedito, en tanto, supone la ausencia de
obstáculos de carácter dilatorio al progreso de la acción, lo que
ha llevado a proscribir la recusación sin causa, los incidentes
y las cuestiones previas (véase infra punto 3.12).
Tanto la doctrina como las decisiones de los tribunales han
calificado al amparo de excepcional, residual o heroico, tan sólo
utilizable “para las delicadas y extremas situaciones en las que,
por falta de otros medios legales, peligra la salvaguardia de de-
rechos fundamentales”27.
Como apunta Vallefín: “Se trata de un acción de carácter
rápido y expedito. No es una acción procesal más, sino una es-
pecial de trámite urgente”28. Pero tal urgencia de trámite no
alcanza a desnaturalizar su bilateralidad, nacida de la garan-
tía del debido proceso, carácter del amparo sobre el que trata-
remos con mayor extensión en el punto 3.1. del presente.
El tipo procedimental (sumarísimo) asignado a la acción de
amparo, sin perjuicio de las diferencias que rigen entre la ley
16.986 y art. 321, inc. 1, del Código Procesal Civil y Comercial
de la Nación, constriñe a las partes a un juego de abreviacio-
nes29:
a) En la pretensión, pues se limita a los actos u omisiones
ostensibles de autoridad pública o de particulares que en for-
ma actual o inminente produzca un acto lesivo a un derecho o
garantía constitucional, o reconocido en leyes y tratados.
b) En el procedimiento, al tener escasas alternativas para la
alegación y réplica, como para ampliar la producción de la
prueba disponible (principio de celeridad procesal).
26
Lazzarini, citado por Mooney, Alfredo Eduardo, Derecho público provincial,
3ª ed. correg. y act., Córdoba, Advocatus, 1997, p. 212.
27
CSJN, LL, 1985-C-140, citado por Sagüés, Néstor P., Derecho procesal cons-
titucional, t. 3, 3ª ed. act. y ampl., Buenos Aires, Astrea, 1991, p. 176.
28
“El amparo: desde la Constitución a la jurisprudencia”, op. cit., p. 48.
29
Gozaíni, Osvaldo Alfredo, “Presupuestos del proceso de amparo”, en Revista
de Derecho Procesal, Nº 4, Buenos Aires, Rubinzal-Culzoni, 2000, ps. 72 y 73.
40 LUIS R. CARRANZA TORRES
c) En el tiempo que insume el trámite, por la brevedad de
plazos y términos.
d) En las limitaciones a recursos y demás impugnaciones,
soportando únicamente el derecho a recurrir de la sentencia,
el rechazo in limine del amparo, o las que dispongan medidas
de no innovar o la suspensión de los efectos del acto impugna-
do (art. 15, ley 16.986).
Sin embargo, la brevedad descripta no afecta el conoci-
miento del juez sobre el foco litigioso, en tanto el amparista no
sufre cortapisas en su derecho de alegación, siempre que con-
duzca la denuncia al problema constitucional. Por su parte, el
sujeto pasivo tampoco sacrifica el derecho de responder a la
actora, ni de actuar en un plano de igualdad en el contradicto-
rio, e incluso de ventaja, en lo que respecta a la producción de
pruebas (véase infra punto 5.7.3).
Sobre la cuestión del contradictorio volveremos al tratar
en el punto 3.1 las doctrinas sobre bilateralidad o unilaterali-
dad del amparo.
1.5. AMPARO NACIONAL, AMPAROS PROVINCIALES.
ÁMBITOS DE APLICACIÓN DE LOS MISMOS
Procede el amparo reglado por el ordenamiento legal na-
cional en los supuestos en que el hecho se cometa en un lugar
federalizado, o cuando el acto impugnado configure un caso
sometido a la jurisdicción federal, ya por ser cometido por una
autoridad federal o un particular (extranjero que opte por el
fuero federal).
Es de aplicación la legislación y jurisdicción provincial
cuando se esté frente al agravio de un derecho contemplado en
la Constitución de la Provincia de Córdoba y, en general, en
todos los demás casos, por ser la jurisdicción federal limitada
y de excepción. En este sentido, la ley provincial de amparo
4915 establece (art. 18): “La presente ley será aplicada por los
tribunales ordinarios en todo el territorio de la Provincia, en sus
respectivas jurisdicciones […]”, remitiendo, en la segunda par-
PRÁCTICA DEL AMPARO 41
te, a la legislación de la ley de amparo nacional cuando el acto
proviniera de una autoridad nacional.
1.6. SELECCIÓN DE JURISPRUDENCIA
1.6.1. Nacional
I. El amparo es una garantía constitucional implícita que
opera ante la comprobación inmediata de que una libertad
constitucional se halla evidentemente restringida, sin orden
de autoridad competente ni expresión de causa que la justifi-
que, siendo suficiente para que la garantía constitucional in-
vocada sea restablecida por el Poder Judicial en su integridad,
sin que pueda alegarse en contrario la inexistencia de una ley
que reglamente dicha garantía [CSJN, 27-12-1957, en autos
“Siri, Ángel”. Fuente: Archivo del autor].
II. Las garantías individuales existen y protegen a los indivi-
duos por el solo hecho de estar consagradas en la Constitución
Nacional e independientemente de las leyes reglamentarias,
las que sólo son requeridas para establecer en qué casos y con
qué justificativos podrá procederse a su allanamiento y ocu-
pación, como dice el art. 18 de la Ley Suprema [CSJN,
27-12-1957, en autos “Siri, Ángel”. Fuente: Archivo del autor].
III. Los preceptos constitucionales tanto como la experiencia
institucional del país reclaman de consuno el goce y ejercicio
pleno de las garantías individuales para la efectiva vigencia del
Estado de Derecho e imponen a los jueces el deber de asegurar-
las [CSJN, 27-12-1957, en autos “Siri, Ángel”. Fuente: Archi-
vo del autor].
IV. La distinción según que la restricción ilegítima provenga
de la autoridad pública o de actos de particulares no es esen-
cial a los fines de la protección constitucional. Admitido que
existe una garantía tácita o implícita que protege los diversos
aspectos de la libertad individual (art. 33, Constitución Na-
cional), ninguna reserva cabe establecer de modo que exclu-
ya la restricción que emane de personas privadas [CSJN,
42 LUIS R. CARRANZA TORRES
05-09-1958, en autos “Kot, Samuel S.R.L.”. Fuente: Archivo
del autor].
V. Es un remedio excepcional de protección de los derechos
humanos, como medio extraordinario de salvaguarda de los
derechos esenciales de las personas [CSJN, 05-09-1958, en
autos “Kot, Samuel S.R.L.”. Fuente: Archivo del autor].
VI. El amparo es un remedio excepcional de protección de los
derechos humanos, es decir, un medio extraordinario de sal-
vaguarda de los derechos esenciales de las personas (Fallos
245:435; 247:462; 248:837, entre otros) [Cám. Fed. Salta,
07-11-1994, en autos “Pérez Alsina, Juan c/ PEN s/ acción de
amparo”. Fuente: ED, 161-545].
VII. El amparo instituido por la CSJN como garantía implí-
cita fue plasmado normativamente en la ley 16.986, cuya vi-
gencia subsiste luego de la consagración expresa de aquél en
el art. 43 de la Constitución Nacional, atento a que, en gene-
ral, en nada lo contradice [Cám. Fed. Salta, 07-11-1994, en
autos “Pérez Alsina, Juan c/ PEN s/ acción de amparo”. Fuen-
te: ED, 161-545].
VIII. No puede extenderse el amparo a cuestiones abstractas
o genéricas, sino únicamente a aquellos casos concretos don-
de sea necesaria una decisión judicial respecto de una contro-
versia o litigio entre partes [Cám. Fed. Salta, 07-11-1994, en
autos “Pérez Alsina, Juan c/ PEN s/ acción de amparo”. Fuen-
te: ED, 161-544].
1.6.2. Provincial
I. El rol institucional de la acción de amparo exige atender a
la trascendencia de derechos humanos esenciales, debien-
do admitirse sin más la tutela jurisdiccional a través de la
acción expedita y rápida del amparo siempre que no exista
otro medio judicial más idóneo [Del voto de la mayoría, Dres.
Álvarez de Varas y Rampini, Cám. 1a Civ. Com. Córdoba, en
autos “Asociación Bancaria Seccional Córdoba c/ Banco Pro-
vincia de Córdoba y otro - amparo”, A.I. Nº 106, del 22-04-1998.
PRÁCTICA DEL AMPARO 43
Fuente: Foro de Córdoba, Nº 58, Síntesis de Jurisprudencia,
ps. 226-227].
II. La acción de amparo es un proceso constitucional autóno-
mo, caracterizado como una vía procesal “expedita y rápida”
[TSJ, Sala Penal, en autos “Acción de amparo presentada por
Dante Hugo Prosdocimo - recurso de casación”, Sent. Nº 27, del
28-04-1998. Fuente: Repertorio Foro de Córdoba, Año 1998,
p. 26].
III. El amparo es una vía excepcional, pero siempre debemos
estar al caso concreto, para adecuarnos a las particulares cir-
cunstancias de cada asunto [Cám. Civ. Com. Fam. Trab. Cont.
Adm. Río Tercero, en autos “Giménez, Nelson Osvaldo y otro
c/ Soc. de Bomberos Voluntarios de Villa del Dique y Villa
Rumipal y otro - amparo”, Sent. Nº 4, del 23-05-1997. Fuente:
Semanario Jurídico, t. 76, 1997-B-129].
IV. El amparo es acción principal, y no subsidiaria, ya que a
mayor jerarquía de los derechos e intereses personalísimos,
y sobre todo si revisten trascendencia comunitaria, mayor
debe ser la celeridad en su protección. El rol institucional y no
sólo individual de la acción de amparo exige atender a la tras-
cendencia de derechos humanos esenciales, por lo cual, debe
admitirse sin más la tutela jurisdiccional [Cám. 8ª Civ. Com.
Córdoba, Sent. Nº 10, del 24-02-1997. Tribunal de origen: Juzg.
15ª Civ. Com. Córdoba, en autos “Bonetto, Rodolfo Antonio y
otros c/ Superior Gobierno de la Provincia de Córdoba y otro -
acción de amparo”. Fuente: Semanario Jurídico, t. 76, 1997-
A-371 y 372].
V. Tratándose de derechos comprendidos entre las garantías
implícitas de la Constitución Nacional y expresamente en el
art. 66 de la Constitución de la Provincia de Córdoba, como
es el derecho a la preservación y conservación del medio
ambiente con incidencia en la salud e integridad física de las
personas, no puede confundirse con las meras molestias enun-
ciadas en el art. 2618 del CC, tendientes esencialmente a res-
guardar el derecho de propiedad, mediante restricciones y
límites al dominio [Cám. Civ. Com. Villa María, en autos
“Zuchetti, Héctor H. c/ Coop. Agropecuaria Pozo del Molle Lda.
44 LUIS R. CARRANZA TORRES
- amparo”, A.I. Nº 82, del 01-07-1994. Fuente: Semanario Ju-
rídico, t. 71, 1994-B-441].
2. SU OBJETO Y CONDICIONES DE EJERCICIO
2.1. PRESUPUESTOS SUSTANCIALES PARA EL AMPARO
La reforma de 1994 a la Constitución Nacional ha establecido
modificaciones para caracterizar el acto agraviante que motiva el
amparo, respecto de lo establecido en la ley nacional 16.986. Por
una parte, extiende el ámbito de la protección a los derechos pro-
venientes de tratados internacionales y de las leyes. Respecto de
los constitucionales, suprime la parte de “explícita o implícita-
mente reconocidos”, cuestión que nos parece correcta, pues bas-
ta con lo expresado en el art. 33 de nuestra carta magna respecto
de que “Las declaraciones, derechos y garantías que enumera la
Constitución, no serán entendidos como negación de otros derechos
y garantías no enumerados, pero que nacen del principio de la so-
beranía del pueblo y de la forma republicana de gobierno”, para
aventar cualquier duda sobre la aplicación de la protección del
amparo respecto de los derechos que surgen del art. 33.
A continuación, pasaremos a examinar cada uno de los as-
pectos de la conducta lesiva en las normas generales de amparo,
ley nacional 16.986 (de acuerdo con la Constitución reformada)
y ley provincial 4915 (véase el punto 2.8).
2.2. ACTO U OMISIÓN
El término acto goza de una interpretación amplia en ma-
teria de amparo, abarcativa de hechos, actos propiamente di-
46 LUIS R. CARRANZA TORRES
chos, acciones, órdenes, entre otros. Es, en suma, comprensi-
ble de todo actuar positivo.
En lo que respecta a la omisión, podemos caracterizarla
como una abstención en el actuar, una inactividad frente al
deber30. Para ser procedente el amparo por tal causa deben dar-
se dos supuestos de manera conjunta: a) la autoridad pública
debe estar incumpliendo un deber a su cargo, ya que uno sólo
puede omitir algo a lo que se está obligado por determinado or-
denamiento jurídico, y b) mediar una demora razonable, la que
deberá ser apreciada de acuerdo con las circunstancias parti-
culares de cada caso en concreto.
2.3. CARACTERÍSTICAS QUE DEBE REVESTIR
LA CONDUCTA AGRAVIANTE
2.3.1.Lesión, restricción, alteración o amenaza
“La lesión importa un concepto amplio, que comprende los
más específicos de restringir o alterar. Así, la restricción importa
una limitación y alteración, una modificación. Ambos compor-
tan una lesión”. La norma pretende cubrir la mayor cantidad de
supuestos posibles31.
Concordamos con ello. La palabra lesión es utilizada en el
amparo para denominar cualquier tipo de menoscabo o daño
que se inflija a un derecho amparado. Los siguientes vocablos
enumerados no son más que especificaciones de los modos en
que tal lesión puede producirse. La restricción importa una re-
ducción en la amplitud del derecho. Alterar es “Modificar la
sustancia o la forma de algo; sinónimo de bastardear, desnatu-
ralizar”32. La amenaza consiste, básicamente, en el anuncio de
30
Garrone, José Alberto, Diccionario Jurídico Abeledo-Perrot, t. II, Buenos Ai-
res, Abeledo-Perrot, 1986, p. 634.
31
Salgado, Alí Joaquín, op. cit., p. 27.
32
Garrone, José Alberto, op. cit., t. I, p. 138.
PRÁCTICA DEL AMPARO 47
un mal futuro. Tal anuncio puede tomar formulación expresa
o tácita. “[…] Si el mal futuro no depende de la voluntad del au-
tor, no puede hablarse de amenaza. Tampoco se configuran las
amenazas si el mal amenazado no es de realización posible o no
lo es para el autor y el sujeto pasivo lo sabe”33.
En suma, debe haber en el acto un daño real y tangible. Es
el elemento material que necesariamente debe estar unido a
uno jurídico: recaer sobre uno o más derechos amparados.
2.3.2.Arbitrariedad o ilegalidad manifiesta
La arbitrariedad es el “Acto contrario a lo que es justo o le-
gal, inspirado sólo en una actitud caprichosa o malintenciona-
da. En un sentido más estricto, aquella interpretación de la ley
que se realiza parcial o caprichosamente”34. Denota también
irracionalidad, una conducta desproporcionada en la relación
medio-fin. La razonabilidad (entendida como la proporción
debida, en las circunstancias particulares del caso concreto,
que deben guardar los medios empleados con el fin persegui-
do) de los actos se encuentra incorporada a nuestro Derecho
no sólo respecto de los producidos por autoridades públicas
(art. 7º, inc. f, ley 19.549), sino que también alcanza a los parti-
culares, que deben ejercer sus derechos en forma debida para
no caer en el denominado “abuso del derecho” (art. 1071, Códi-
go Civil, reformado por la ley 17.711).
Ello pues el principio o regla de proporcionalidad que re-
sulta de los arts. 28 y 99, inc. 2, es un principio general aplica-
ble a toda la actividad estatal, y al accionar privado por la vía
de la proscripción del abuso del derecho antes explicitada.
Dentro del concepto de ilegalidad se encuentra compren-
dido todo aquello que se aparta del orden legal establecido, no
sólo por la Constitución Nacional, sino también por las normas
de nivel inferior dictadas en consonancia con la norma funda-
mental.
33
Garrone, José Alberto, op. cit., t. I, p. 142.
34
Garrone, José Alberto, op. cit., t. I, p. 182.
48 LUIS R. CARRANZA TORRES
Para tornar procedente al amparo, estos vicios deben estar
presentes en el acto de manera clara y evidente, exigencia que
guarda directa relación con la celeridad del proceso, que sus-
trae del conocimiento del mismo a aquellas causas en que para
determinar la invalidez del acto se “requiriese una mayor am-
plitud de debate o de prueba” (art. 2º, inc. d, primera parte, le-
yes 16.986 y 4915; véase infra punto 2.6.4).
La jurisprudencia ha exigido en tal sentido que los vicios en
el acto sean ciertos, ostensibles, palmarios, entre otras califi-
caciones, quedando fuera del marco cognoscitivo del amparo
las cuestiones opinables.35
Para Rivas36, la arbitrariedad o ilegalidad son vicios jurídi-
cos y no de hecho, pues una cuestión es la conducta lesiva y su
prueba (comprobación del hecho), y otra distinta la calificación
de la misma de acuerdo a derecho, ya que por aplicación del
principio iura novit curia el juzgador conoce el derecho, y por
tanto constituye un sin sentido jurídico imponerle que aprecie
con gradación el ajuste o apartamiento de tal conducta con res-
pecto al ordenamiento normativo.
Entiende por ello que lo manifiesto no es la conducta lesiva,
sino lo arbitrario o ilegal de la conducta lesiva, algo claramen-
te distinto, por lo que a su entender el concepto de manifiesto
sólo podría referirse a la certidumbre del derecho y no al vicio
jurídico ni a la existencia de la conducta. De nuestra parte,
entendemos que se requiere claridad en el agravio, lo que con-
lleva la necesidad de certidumbre tanto en los aspectos fácticos
como en los jurídicos, y si bien sólo los primeros deben probar-
se sumariamente, ello no releva de fundamentación jurídica
respecto de los segundos; todo ello sin perjuicio del encuadre
jurídico y de la plataforma fáctica que el juzgador entienda
acreditada en su resolución.
35
Conf. Sagüés, Néstor P., Acción de amparo, Buenos Aires, Astrea, 1988, p. 115.
36
“Perspectivas del amparo después de la reforma constitucional”, en Revista
de Derecho Procesal, Nº 4, Buenos Aires, Rubinzal-Culzoni, 2000, ps. 40/44.
PRÁCTICA DEL AMPARO 49
2.3.3.Actualidad o inminencia
El acto violatorio de derechos amparados debe ser cierto y
actual, o manifestarse en forma de una amenaza a concretarse
en un futuro sumamente próximo, de magnitud suficiente para
constituirse en peligro efectivo respecto de tales derechos.
Pues el interés de haber promovido el amparo reposa en una
“situación actual de peligro” en el cual se encuentra el derecho
principal, en virtud de la cual el peticionario se halla ante la
certidumbre de que la actuación normal de la justicia llegue
tarde. Tal situación debe implicar la impostergabilidad de dar
una solución jurisdiccional al titular del derecho lesionado, ame-
nazado, restringido o alterado, debiendo juzgarse la situación de
acuerdo con parámetros de valoración objetivos, en conexión a
hechos que puedan ser apreciados de modo uniforme por terce-
ros. Si bien no es necesaria una plena certeza propia de la cog-
nición ordinaria, debe surgir clara de la consideración objetiva
de la base fáctica de la situación, no bastando para su configura-
ción la simple expresión o temores del amparista.
2.4. ALCANCE DEL CONCEPTO DE AUTORIDAD PÚBLICA
Al igual que como acontece en relación al concepto de “ac-
ción”, la presente es una expresión que debe ser ponderada con
amplitud, comprendiendo no sólo a los funcionarios investidos
de autoridad, sino también a cualquier agente integrante de los
planteles de personal estatales.
Por lo dicho, reúne carácter de autoridad pública todo orga-
nismo dependiente de los órganos legislativo, ejecutivo y judicial
del gobierno, la Administración Central, las entidades autárqui-
cas, las sociedades del Estado, los concesionarios de servicios
estatales, y todos los funcionarios, agentes y empleados estata-
les que, en el ejercicio de su rol institucional, incurran en actos
u omisiones lesivos para los derechos constitucionales.37
37
Badeni, Gregorio, Reforma constitucional e instituciones políticas, Buenos Ai-
res, Ad Hoc, 1994, p. 238.
50 LUIS R. CARRANZA TORRES
Es evidente que la ley de amparo, tanto nacional cuanto
provincial38, ha determinado la legitimación pasiva en el pro-
ceso de amparo, tomando por base la referencia a un concepto
tanto orgánico (pertenencia a la estructura estatal) como fun-
cional (ejercicio de potestades públicas), siendo tal forma la
que fija la mayor seguridad jurídica en el resguardo de los
derechos constitucionales de los ciudadanos.
Concordamos con la amplitud que establece el presente
artículo, especialmente en cuanto abra las puertas a los fines
de mejorar las posibilidades de atención respecto de los dere-
chos de los usuarios y consumidores, en estos tiempos de des-
concentración estatal39.
2.5. NATURALEZA DE LOS DERECHOS PROTEGIDOS. JERARQUÍA
Es interesante diferenciar los distintos tipos de derechos
que el amparo acoge en el art. 43 de la Constitución Nacional,
de aplicación operativa a los demás ordenamientos inferiores
que regulan el amparo. En dicha norma se habla de “derechos
y garantías reconocidos por esta Constitución, un tratado o una
ley” (art. 43); entendemos que la misma impone una jerarquía
en los mismos, de acuerdo con el orden de enunciación (el que,
por otra parte, se compadece perfectamente con la jerarquía de
nuestro ordenamiento jurídico), de capital importancia para
los casos en que el motivo del amparo sea la colisión en el ejer-
cicio de dos distintos derechos. Otras normas de la Constitu-
ción reformada muestran claramente tal jerarquía (art. 75, inc.
22) en materia de derechos. Por lo demás, la Corte Suprema y
la generalidad de la doctrina han establecido hace tiempo que
no todos los derechos (incluso los constitucionales) tienen
idéntica jerarquía, y que los de relevancia menor ceden ante los
de mayor importancia.
38
Respecto de la presente cuestión, pues ella también es susceptible de dirigir-
se contra particulares.
39
Carranza Torres, Luis, Procedimiento y proceso administrativo en Córdoba,
vol. 2: El proceso administrativo, Córdoba, Alveroni Ediciones, 2000, p. 204.
PRÁCTICA DEL AMPARO 51
Respecto de las garantías, se ha cuestionado su inclusión
junto a los derechos como materia amparada. Remitimos aquí
a lo expuesto supra (punto 1.1), sin dejar de advertir que la
íntima vinculación entre ellas y los derechos ha llevado al le-
gislador a plantearse dudas acerca de la posibilidad de poder
amparar efectivamente a unos sin hacer lo mismo con otros,
decidiéndose por ello su inclusión en forma conjunta en los
textos legales, criterio que adoptó también la Convención Na-
cional Constituyente para la redacción del art. 43 del texto
constitucional.
2.5.1.Constitucionales
Abarca tanto los derechos reconocidos en la Constitución
Nacional, expresos o implícitos, cuanto los consagrados en tra-
tados internacionales que han sido constitucionalizados en for-
ma expresa (art. 75, inc. 22, segundo párrafo, CN), o lo sean en
el futuro en virtud de una decisión del Congreso, de acuerdo
con el procedimiento fijado en el párrafo siguiente, que estable-
ce mayorías especiales tanto para su ratificación cuanto para
denunciarlos. Compartimos con Colautti40 que para dar jerar-
quía constitucional a una eventual reforma en dichos acuerdos
debe seguirse igual procedimiento al de su incorporación.
Por lo demás, entendemos que le es aplicable lo normado
constitucionalmente para los derechos constitucionales esta-
blecidos en la parte dogmática, pudiendo ser reglamentados,
por ejemplo, en las condiciones del art. 28.
Son tratados de jerarquía constitucional, en las condiciones
de su vigencia (con las reservas y declaraciones con que hayan
sido ratificados por nuestro país): a) la Declaración America-
na de los Derechos y Deberes del Hombre; b) la Declaración
Universal de Derechos Humanos; c) la Convención Americana
sobre Derechos Humanos; d) el Pacto Internacional de Dere-
chos Económicos, Sociales y Culturales; e) el Pacto Internacio-
nal de Derechos Civiles y Políticos y su Protocolo Facultativo;
40
Derechos humanos, Buenos Aires, Universidad, 1995, p. 28.
52 LUIS R. CARRANZA TORRES
f) la Convención sobre la Prevención y la Sanción del Delito de
Genocidio; g) la Convención Internacional sobre la Eliminación
de todas las Formas de Discriminación Racial; h) la Conven-
ción sobre la Eliminación de todas las Formas de Discrimina-
ción contra la Mujer; i) la Convención contra la Tortura y otros
Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, y j) la Con-
vención sobre los Derechos del Niño.
Adicionalmente el Congreso, por mayoría de dos tercios,
puede otorgar rango constitucional a otros tratados.
Los derechos consagrados en tales tratados deben ser en-
tendidos como complementarios de aquellos reconocidos en la
Constitución Nacional, no pudiendo derogar o ir contra ningu-
no de los establecidos en la primera parte de nuestra carta
magna. En rigor, los derechos con fuente en un tratado consti-
tucionalizado no son de por sí derechos constitucionales autó-
nomos, ni se ubican a igual nivel que los consagrados en la parte
dogmática de la Constitución, debiendo ser entendidos y apli-
cados como derechos accesorios de tales, que complementan o
aclaran el sentido de los mismos, no pudiendo entrar en coli-
sión a causa de su propia naturaleza secundaria. Es de esta
forma como debe ser entendida su operatividad.
2.5.2.Derechos subconstitucionales supralegales
Éstos no son otros que los derechos provenientes de trata-
dos internacionales que no han sido constitucionalizados, pero
que en virtud de lo dispuesto por el art. 75, inc. 22, primer pá-
rrafo, de nuestra Constitución Nacional, gozan de jerarquía su-
perior a las leyes.
Siguiendo a Colautti41, podemos diferenciar en los tratados
internacionales tres tipos de cláusulas: a) las que se refieren a
derechos civiles que se derivan de principios de humanidad que
forman parte del fondo común de la humanidad, que por lo co-
mún se encuentran consagrados, de manera explícita o implí-
cita, en el texto constitucional (vgr., libertad de expresión,
41
Op. cit., p. 30.
PRÁCTICA DEL AMPARO 53
derecho a circular, a peticionar). La protección de los mismos
puede lograrse en virtud de los derechos establecidos en el
propio texto constitucional, sin necesidad de acudir a lo esta-
blecido internacionalmente; b) las que generan, por parte de
los Estados firmantes, un compromiso de procurar en forma
progresiva la plena efectividad de determinados derechos
(vgr., de bienestar y cultura), y c) por último, aquellos derechos
que conforman un estatus de protección diferenciada que al-
canza a determinadas minorías (vgr., indígenas).
La operatividad de estos derechos subconstitucionales su-
pralegales dependerá de cómo se hayan establecido en el ins-
trumento internacional. A partir del caso “Ekmekdjián, Miguel
A. c/ Sofovich, Gerardo s/ amparo”, la Corte Suprema estable-
ció la directa operatividad de las cláusulas de derechos huma-
nos contenidas en los tratados constitucionales. Respecto de
aquellas que establecen el deber de adoptarlo hacia el Estado
parte, en la opinión de Colautti42, para el supuesto de no rea-
lizarlo dicho Estado entraríamos en “la materia compleja de la
inconstitucionalidad por omisión. De hecho, casi todos los tra-
tados dejan puntos diferidos o bien a lo que las partes contratan-
tes concuerden con posterioridad o a lo que disponga el derecho
interno. En este último caso, y cuando los tratados no están in-
corporados a la Constitución, parecería que es preciso interpre-
tar que las modalidades del cumplimiento han sido delegadas
a la forma y oportunidad que decidan los órganos políticos en
ejercicio de funciones que les son propias”.
Rige respecto de ellos idéntico marco de “armonización”
(supra, punto 2.5.1, última parte) al texto constitucional que el
establecido para los provenientes de tratados constituciona-
lizados, no muy distinto de la teoría armonizante receptada por
la Corte Suprema para el derecho interno (infra, 2.5.3, última
parte).
42
Op. cit., p. 33.
54 LUIS R. CARRANZA TORRES
2.5.3. Derechos subconstitucionales de origen legal
¿Qué ocurre con los derechos que no están contemplados ni
explícita ni implícitamente por la Constitución, sino que ema-
nan de fuentes subconstitucionales como leyes o decretos? Res-
pecto de los derechos con origen en la ley, no cabe duda de que
están abarcados por la protección de la acción de amparo, pues
han sido previstos expresamente en el texto constitucional. En
cuanto a los que sólo surgen de reglamentaciones sublegales o
decretos internos, la situación resulta, a falta de específica re-
gulación, algo más compleja, pero entendemos que si fueran ne-
cesaria consecuencia o especificación de otros, de carácter más
general o no, contemplados en leyes, su protección por la vía
del amparo sería, en principio, conducente.
Respecto de su articulación dentro de los derechos de las
personas, debemos recordar que “La dimensión y operatividad
de un derecho subconstitucional deriva de la norma subconsti-
tucional que lo creó, y de la voluntad de su autor (por ej., el Con-
greso), que puede a su vez extinguirlo o cambiarlo”43.
La doctrina de la interpretación armonizante, seguida por
la Corte Suprema, postula que el derecho subconstitucional,
emergente de normas de derecho interno, debe ser entendido
y ejercido de modo que concuerde con los principios, derechos
y garantías que la Constitución Nacional consagra.
2.5.4. Derechos especialmente contemplados
Los derechos referentes a cuestiones de discriminación,
protección de ambiente, competencia, consumidores y usua-
rios, han sido objeto de una especial contemplación en la
Constitución Nacional con el amparo (art. 43), en vistas de la
legitimidad para articularlos, la que inviste el carácter de am-
plia (véase infra el punto 3.2). Tal deferencia está en directa re-
lación con lo establecido en los arts. 41 y 42, que consagran los
43
Sagüés, Néstor P., Elementos de derecho constitucional, t. 2, p. 228.
PRÁCTICA DEL AMPARO 55
derechos a un medio ambiente equilibrado y la protección de
consumidores y usuarios.
Natale44 critica la inclusión de “contra cualquier forma de
discriminación”, por tratarse de una tautología, pues la discri-
minación quiebra la idea de igualdad establecida desde el mis-
mo preámbulo y en forma específica por el art. 16 del texto
constitucional. Concordamos con dicho autor en que tal salva-
guardia era suficiente, tal como se ha demostrado en la prácti-
ca a través de la jurisprudencia y la doctrina.
2.5.5.Derechos de incidencia colectiva
(colectivos y difusos)
Por su marcada conexión con la cuestión de la legitimación
activa, diferimos la caracterización en particular de esta clase
de derechos, para ser tratada de manera conjunta con aquélla
(infra, puntos 3.2.3 y 3.2.4). En este punto sólo nos detendremos
en las generalidades del tema.
Entendemos que, aun cuando no se desprenda de la Cons-
titución, comprende tanto a los llamados derechos colectivos
cuanto a los difusos. No estamos aquí frente a una categoría de
derechos distinta de los individuales. Todo derecho sólo pue-
de tener como titular a una persona. La creencia de la existen-
cia de derechos de un grupo o colectividad, de los que adolecen
los individuos que las forman, resulta contraria a la filosofía po-
lítica de nuestra Constitución, constituyéndose en una varian-
te contemporánea del supraindividualismo45.
En tanto los derechos colectivos corresponden a todas las
personas de una categoría determinada (vgr., los trabajado-
res, el derecho de huelga), más o menos extensa pero identi-
ficable.
En el caso de los derechos difusos, su titularidad es aún más
extensa, llegando a abarcar en una u otra forma a la comunidad
44
Comentarios sobre la Constitución. La reforma de 1994, Buenos Aires, Depal-
ma, 1995, p. 66.
45
Natale, Alberto, op. cit., p. 67.
56 LUIS R. CARRANZA TORRES
toda, y a diferencia del interés simple, la afectación en esta
clase de derechos provoca un perjuicio ponderable y concreto
en el cuerpo social.
La norma debe entenderse tal como se encuentra redacta-
da. Nos habla la misma de “derechos de incidencia colectiva”.
Lo común es lo que traduce el ejercicio (o no) del derecho en la
práctica, no su titularidad, que sigue siendo individual. Exis-
te tal identidad entre tales derechos, que el ataque al de una
persona provoca consecuencias en el resto, y consecuentemen-
te toda decisión jurisdiccional respecto de cualquiera de ellos
aprovecha a los demás.
Se ha señalado que el constituyente, al tutelar los derechos
de incidencia colectiva en el art. 43, hace referencia a intere-
ses típicamente sociales o grupales, como los vinculados con el
medio ambiente y la salud pública.46
Por lo tanto, en el art. 43 de la Constitución Nacional se re-
conoció una acción para proteger los derechos de incidencia
colectiva que ya había sido admitida con anterioridad en algu-
nos pronunciamientos judiciales en los que se cuestionaban ac-
tos de la Administración vinculados con el medio ambiente
(“Kattan”), con valores históricos, culturales, científicos, arqui-
tectónicos y paisajísticos de la Ciudad de Buenos Aires (“Car-
tañá”), o religiosos de la comunidad (“Ekmekdjián”).
2.6. SUPUESTOS DE IMPROCEDENCIA
2.6.1. Existencia de otras vías o remedios
La reforma de 1994 ha restringido los caracteres que deben
reunir los recursos o remedios a que hace mención el art. 2º,
inc. a, de la ley 16.986. Se desprende del texto constitucional
que el amparo sólo podrá ser declarado inadmisible cuando
exista un medio judicial de mayor eficacia para la protección
46
Cfr. Quiroga Lavié, Humberto, Amparo colectivo, Buenos Aires, Rubinzal-
Culzoni, 1998, p. 42.
PRÁCTICA DEL AMPARO 57
del derecho agraviado en el caso concreto. La reforma consti-
tucional ha removido, de esta forma, los medios o vías de carác-
ter administrativos que pudiera haber como obstáculo para la
interposición del amparo.
La mayor eficacia de la que habla el texto de la carta mag-
na estará dada en función de ser un medio más rápido o apro-
piado para lograr la salvaguardia del derecho en cuestión. Ya
la jurisprudencia había establecido, desde hacía tiempo, que
aun la existencia de medios alternativos no excluía el amparo
cuando su empleo ordinario, de acuerdo con las características
que presentara el problema, pudiera ocasionar un daño irrepa-
rable que brinde una protección judicial pero posterior a la rui-
na del peticionante47.
Es decir, no sólo debe existir una vía, sino que ésta debe ser
de naturaleza judicial, en la que un juez, de tribunal uniperso-
nal o colegiado, recepte la acción, le imprima (o no, desechán-
dola) procedimiento de ley, y sea un magistrado judicial quien
decida sobre lo peticionado. La existencia de una vía o medio
judicial no presupone por sí una improcedencia del amparo,
sino que debe estar de manera esencial a la protección que pue-
de brindar la misma, no valorada en abstracto o de manera
puramente formal o ritual, sino de forma real y efectiva, y que
a resultas de tal ponderación se denote en la misma, aprecia-
da integralmente y para determinada situación, una mayor efi-
cacia protectiva respecto del amparo.
Si tal remedio judicial existiese, descarta el amparo, se
haya o no utilizado. Si fuese de naturaleza administrativa, en
cambio, no obsta a la promoción de la acción, siempre —claro
está— que se esté frente a la situación de desamparo que habi-
lita la acción.
La decisión judicial que determine la exclusión del ampa-
ro alegando esta causal deber ser el resultado de una valoración
judicial en concreto, fundada y con punto central de sus refe-
rencias en las reales posibilidades de una vía alternativa para
la situación sometida a su estudio, ya que de otro modo se es-
47
Sagüés, Néstor P., Derecho procesal constitucional, t. 3, p. 180.
58 LUIS R. CARRANZA TORRES
taría ante una desprotección de los derechos fundamentales
por caracteres rituales del procedimiento.
En el grueso de los casos, la mayor eficacia de una u otra
estará determinada por la posibilidad de rapidez en el resta-
blecimiento del derecho afectado.
La eliminación de las vías previas administrativas suminis-
tra un acceso directo si bien facultativo al amparo cuando no exis-
tan trámites jurisdiccionales que soporten idénticas cuestiones
planteadas48, ya que tal como expresa Gozaíni siguiendo a
Rivas49, “que si el particular encuentra que la Administración le
brinda un medio tuitivo suficiente podrá recurrir al mismo optan-
do por no usar del amparo. Pero también es claro y esperamos que
el legislador no lo desvirtúe, que no le será obligatorio utilizar los
caminos burocráticos en detrimento de su derecho de ampararse”.
No obstante, el antes citado autor entiende que de optarse
por la senda administrativa, para habilitar el amparo debe
agotársela, es decir haber llegado al punto en donde cada esta-
mento haya tenido la intervención que el procedimiento esta-
blezca y dictado las resoluciones correspondientes a su
instancia. La pendencia de actos pertinentes priva de actuación
al juez, pues de otro modo sucumbiría la estructura organiza-
cional del Estado con el gobierno de los jueces dentro de ella,
salvo, claro está, supuestos de demora irrazonable.
En conclusión, se sostiene que la vía previa, que no está
mencionada en la norma constitucional, debe interpretarse en
la medida del reclamo que se peticiona, evitando que el juez in-
tervenga cuando:
a) La decisión administrativa que se ataca de inconstitucio-
nal no revista la condición de definitiva.
b) El reclamo administrativo previo pueda aportar solucio-
nes útiles en la instancia que se formula, dando oportunidad al
órgano estatal de producirse en un sentido u otro respecto de
la denuncia.
48
Gozaíni, Osvaldo Alfredo, “Presupuestos del proceso de amparo”, op. cit., ps. 54-56.
49
“El amparo y la nueva Constitución de la República Argentina”, LL, edición
del 13-12-1994.
PRÁCTICA DEL AMPARO 59
c) El procedimiento administrativo no presente disfuncio-
nes manifiestas ni una morosidad tal que evite la acción rápi-
da y expedita que el amparo promete.
Debe remarcarse que la reforma constitucional, al dejar
de lado la obligación de transitar previamente las vías admi-
nistrativas, lo ha hecho a los efectos de liberar a la acción de
requisitos de admisibilidad puramente formales o claramen-
te ineficaces. Sin embargo, en razón de lo expuesto en el pun-
to 1.4, por el carácter mismo del amparo, la existencia de vías
más simples o rápidas de solución obsta a su interposición, ya
que sigue manteniendo su carácter de acción subsidiaria.
De igual manera, pensamos que si el amparo se dirige con-
tra actos de particulares, el juzgador puede ponderar, a los
fines de su admisión, la conducta del actor que peticiona direc-
tamente sin arbitrar alternativas anteriores y de mayor sim-
plicidad de solución con su eventual oponente.
2.6.2.Actos judiciales y en virtud de la ley de defensa
nacional
El art. 2º, inc. b, de la ley 16.986, descarta al amparo contra
actos del poder judicial o por aplicación expresa de la ley 16.970.
¿Qué tipo de actos del Poder Judicial resultan alcanzados
por este supuesto? La doctrina discrepa acerca de si se remi-
te tan sólo a la materia específicamente jurisdiccional, como el
dictado de sentencias, autos interlocutorios o decretos, o si es
extensiva a los actos administrativos. Salgado50 comparte tal
posición sobre la base de la imposibilidad de que se ejerza
amparo contra la actividad jurisdiccional propiamente dicha;
el autor entiende que las leyes no legislan sobre lo obvio, y el al-
cance de actos judiciales se aplica específicamente a los admi-
nistrativos emanados del Poder Judicial. En contra, y a favor
de la tesis restrictiva, Bidart Campos.
“Por su propia naturaleza, el acto jurisdiccional si bien es
también un acto de autoridad —desde que contiene la voluntad
50
Op. cit., p. 48.
60 LUIS R. CARRANZA TORRES
o imperium del tribunal— comprende la facultad de resolver
conflictos por aplicación del derecho con virtualidad de cosa
juzgada, elemento que le es propio e insusceptible de formar
parte de la conducta de los otros poderes. De tal manera, debe
distinguirse el decisorio judicial del acto de autoridad al que se
refiere el art. 43 y contra el cual se establece la protección”51.
En nuestra opinión, es claro que nunca el amparo podrá ser
utilizado para interferir o dejar sin efecto lo resuelto en un
proceso judicial, finalizado o en trámite. Distinto es el supues-
to en que el acto no sea dictado en uso del poder jurisdiccional,
dentro de un proceso, sino en ejercicio de facultades adminis-
trativas. Tales casos, aun cuando la medida se adopte dentro
del órgano judicial del Estado y aun por un tribunal, son alcan-
zados por el ámbito de actuación del amparo.
En cuanto a lo establecido en la segunda parte del inciso,
para que este supuesto de improcedencia del amparo quede
configurado se requiere que el acto haya sido dictado en virtud
de la ley de defensa, declarándose expresamente tal hecho si
no surgiera de manera manifiesta del mismo. El alcance del in-
ciso se extiende a las leyes que son directo complemento de la
misma, como la 17.192 del servicio civil de defensa, sustituida
por la 20.318, las 17.649 y 18.734 de movilización, y la 23.554 de
defensa nacional.
Cierta doctrina ha sido hostil a este supuesto de inadmisi-
bilidad (Robredo, Fiorini; a favor de su admisibilidad, Bidart
Campos, Lazzarini). Creemos, en virtud de lo establecido en el
art. 43 de la Constitución Nacional, que es congruente con los
principios que establece la misma que todo acto está, en prin-
cipio, sujeto al contralor judicial por la vía del amparo, si fue-
ra susceptible de afectar derechos amparados por tal acción.
La normativa de la ley 23.554, que estructura un nuevo siste-
ma de defensa, establece en su art. 29 que incluso en los teatros
51
Gozaíni, Osvaldo Alfredo, “Presupuestos del proceso de amparo”, op. cit., ps.
54-56, citando a Rivas, Adolfo, “El amparo y la nueva Constitución de la Repú-
blica Argentina”, op. cit.
PRÁCTICA DEL AMPARO 61
de operaciones previstos para el caso de conflicto armado in-
ternacional, el Poder Judicial mantendrá la plenitud de sus
atribuciones, lo que implica la consideración de los amparos
que pudieran presentarse. Por su parte, Díaz Solimine entien-
de que el art. 38 de la ley 23.554 dispone la derogación de la
parte del inciso en tratamiento. Esto de acuerdo con una inter-
pretación de tal norma, que deroga la ley 16.970 y la remplaza
por la propia 23.554. De nuestra parte, entendemos que como
principio general, luego de la sanción de la 23.554, la exclusión
absoluta en la materia de la defensa nacional no es proceden-
te, si bien —como ha expresado la doctrina— tampoco puede
dejar de atenderse que “en materias delicadas y graves, como
son las relativas a la seguridad nacional, son siempre exigibles
la cautela y circunspección. Los requisitos habituales en una ac-
ción de amparo ordinaria, deben extremarse en asuntos que
atañen a la defensa colectiva, donde puede operar el llamado
estado de necesidad, factor legitimante de medidas excepciona-
les y drásticas”52.
Asimismo, en rigor, siendo el art. 2º, inc. b, de la ley 16.986,
no más que una especificación de lo normado en el inciso pos-
terior respecto de las actividades esenciales del Estado, resul-
tan aplicables a la cuestión lo establecido respecto de dicha
categoría de actos públicos (véase infra punto 2.6.3).
2.6.3. Si comprometiera servicios públicos
y actividades esenciales del Estado
El art. 2º, en su inc. c, establece que no será admisible cuan-
do “la intervención judicial comprometiera directa o indirecta-
mente la regularidad, continuidad y eficacia de la prestación de
un servicio público, o el desenvolvimiento de actividades esen-
ciales del Estado” (ley nacional 16.986 y provincial 4915).
La norma trata de compatibilizar el interés general con el
individual en materias indispensables para la vida en comuni-
52
Sagüés, Néstor P., Derecho procesal constitucional, t. 3, p. 226.
62 LUIS R. CARRANZA TORRES
dad, resguardando el principio de que “el derecho de uno ter-
mina donde empieza el derecho de los demás”, pero la ampli-
tud de su formulación deja la posibilidad cierta de sustraerse
por parte del Estado al control jurisdiccional de la materia
constitucional alegando en modo irrestricto la presente causal.
Sagüés postula la inconstitucionalidad del presente inciso,
alegando que el principio de supremacía, constitucionalidad y
legalidad del art. 31 rige también en la esfera de los servicios
públicos y actividades esenciales que realiza el Estado.
En última instancia, la actitud frente al inc. c estará en re-
lación con las ideas que se tengan sobre la finalidad del Esta-
do. Si se sostiene la tesis del Estado-fin, que llega a imaginar
al aparato estatal como meta en sí mismo, es seguro que el inc.
c se constituirá en un obstáculo insuperable frente a casi cual-
quier amparo contra el Estado. Si, por el contrario, se recepta
la concepción del Estado-medio, que explica la existencia del
mismo para el logro de determinados fines, que podemos en-
globar en actuar como “servidor del bien común”, y que dicho
servicio es debido a toda la comunidad, nos llevará a realizar
una interpretación restrictiva del inciso, que por otra parte es
la debida, de acuerdo con los principios de organización cons-
titucional de nuestro Estado. Ésta ha sido la solución de la ju-
risprudencia en los casos de amparos conectados con servicios
públicos, “un discreto retraimiento”, al decir de Sagüés.
“Resumiendo, prima facie las voces servicio estatal y servi-
cio público deben, axiológicamente, ser sinónimos. El Estado no
existe para no prestar servicios, o para prestar servicios que no
sean públicos (para el público)”53.
Respecto de qué debe entenderse por servicio público, “[...]
dicha noción es harto controvertida en el terreno doctrinario,
donde se observan concepciones antagónicas —por un lado la
orgánica y por otro la sustancial, funcional o material—”54. En
pocas palabras, podemos decir que la primera de las corrien-
53
Sagüés, Néstor P., Derecho procesal constitucional, t. 3, p. 237.
54
Garrone, José Alberto, op. cit., t. III, p. 385.
PRÁCTICA DEL AMPARO 63
tes caracteriza o define al servicio público por la persona que
lo realiza, por lo que resulta ser el mismo toda actividad des-
plegada por la Administración Pública, por sí o mediante ter-
ceros. La segunda, en cambio, toma como referencia para sus
consideraciones la índole de la necesidad que se intenta satis-
facer con la prestación de tal servicio.
Coincidimos con Garrone en que “[...] el elemento público de
la locución servicio público no se refiere al ente o persona que lo
realiza o presta: se refiere al destinatario del mismo, es decir, a
quien dicho servicio va dirigido. Servicio público no es otro que
servicio para el público”55.
Dentro de los servicios públicos podemos diferenciar los
esenciales y los no esenciales. Esta distinción, habida cuenta
del texto de la norma a la que hicimos referencia primeramente,
resulta de crucial importancia en la materia del amparo.
Esenciales son aquellos servicios que se vinculan de modo
directo a la subsistencia de las personas (servicio de agua, de
seguridad), como así también aquellos que, sin revestir tal
característica, tienen una influencia fundamental en la vida de
la comunidad (transporte, educación, comunicaciones), al ex-
tremo de que la no prestación de los mismos es causa directa de
distorsiones graves en el cuerpo social.
Por el contrario, los servicios públicos no esenciales, tam-
bién denominados “secundarios”, hacen a un mayor confort y
elevan la calidad de vida de una sociedad, cubriendo necesida-
des de menor imperiosidad para el día a día de la vida huma-
na (bibliotecas, museos, etc.).
La afectación que la ley menciona obra sobre el funciona-
miento general del servicio (por ejemplo, la energía eléctrica,
el transporte ciudadano, la provisión de agua corriente, la asis-
tencia social, etc.), por lo que afectaciones puntuales son admi-
sibles en vinculación a la tramitación del amparo.56
55
Op. cit., p. 386.
56
Gozaíni, Osvaldo Alfredo, “Presupuestos del proceso de amparo”, op. cit., p.
70.
64 LUIS R. CARRANZA TORRES
2.6.4. Necesidad de mayor amplitud de debate y
prueba y de declarar la inconstitucionalidad
de normas
Se encuentra este supuesto en directa consonancia con el
hecho de que la arbitrariedad o ilegalidad del acto se eviden-
cie en forma manifiesta, es decir, de modo claro y notorio, com-
probable de manera inmediata casi por la sola referencia de los
pormenores del suceso en cuestión. Por otra parte, la mayor am-
plitud de la discusión o prueba resulta incompatible con la natu-
raleza sumaria del proceso en que se actúa la acción de amparo.
Esto es así pues el amparo no es la vía para remediar el agra-
vio de cualquier derecho, sino el agravio manifiesto a derechos
básicos. De ahí que se reduzca un tanto la posibilidad de conoci-
miento, en aras de una mayor celeridad procesal. Consecuencia
natural de este diseño procesal es su inaplicabilidad a cuestio-
nes de naturaleza compleja o discutida.
Como necesaria consecuencia de esto, la situación sobre la
que pretende actuar el amparo deberá poder ser comprobada
con una actividad probatoria reducida y de pronta sustancia-
ción. Quedan fuera, pues, aquellos sucesos que requieran de una
extensa prueba o de compleja producción.
La veda de poder efectuar la declaración de inconstituciona-
lidad dentro del proceso, criticada por la doctrina y superada por
la jurisprudencia, ha venido a quedar hoy en día sin efecto algu-
no, habida cuenta de la expresa autorización en sentido afirmativo
que la reforma constitucional ha colocado en el texto del art. 43.
Respecto de la cuestión del control de constitucionalidad en
el amparo, tal como nos dice Palacio de Caeiro, para Sagüés el
art. 43 no distingue acerca de que la descalificación judicial de
la norma podrá realizarse de oficio o a petición de parte, puesto
que los amplios términos empleados permiten comprender las
dos alternativas. “En el caso de actuar de oficio, no se trata aquí
de un deber del juez, sino de un acto discrecional suyo” (indica el
precepto que el juez “podrá declarar”)57.
57
“El amparo y la acción declarativa de inconstitucionalidad en la realidad ju-
rídica argentina”, en Semanario Jurídico, t. 73, 1995-B-208. Seguimos a esta
PRÁCTICA DEL AMPARO 65
Por su lado, Rivas coincide con tal opinión, agregando que es
partidario de la declaración oficiosa siempre que ella no importe
una reformatio in peius del amparista, y pese a reconocer que ésa
no ha sido la opinión de la Corte, hoy, por imperio de la Conven-
ción Americana sobre Derechos Humanos de San José de Cos-
ta Rica, el Estado está obligado a remover todo ordenamiento o
acto que afecte los derechos allí consagrados, so pena de caer en
“incumplimiento internacional”. Agrega Rivas que en tanto lo
dicho no afecte la prevalencia de la ley suprema, ya que de lo
contrario el acatamiento al tratado deja de ser una cuestión
disponible para el particular, para convertirse en un tema de
orden público, de aplicación ineludible por los jueces.
No obstante, se han hecho sentir a este respecto opiniones
contrapuestas. Así, Barra señala que para la declaración de in-
constitucionalidad es imprescindible el planteo del agraviado,
no diferenciando el caso del amparo que suscite cuestión cons-
titucional, de las situaciones procesales ordinarias, conside-
rando que el ámbito de conocimiento del juez está limitado al
caso concreto, caso que sólo se forma o integra con las preten-
siones oportunamente esgrimidas por las partes en una cues-
tión controvertida.
A esta altura de la cultura jurídica, coincidimos con la Dra.
Palacio de Caeiro en que difícilmente la magistratura pueda
válidamente resolver un caso planteado mediante el recurso
de amparo, sobre la base de disposiciones que estime lesivas o
violatorias de derechos de los habitantes, ni que sea factible
admitir un acto u omisión arbitraria so pretexto de algún res-
paldo normativo que, obviamente, participará de igual carác-
ter antijurídico.
Pues más allá de consideraciones formalistas o dogmáticas,
debe tenerse en cuenta que el ordanamiento jurídico y su aplica-
ción judicial deben acoger en su seno la evolución de la sociedad,
y en tal sentido, la actual visión humanizada del derecho posibi-
lita en todos los casos el acceso a la verdad jurídica objetiva.
autora en la comparación de las distintas posiciones de la doctrina respecto de
la cuestión.
66 LUIS R. CARRANZA TORRES
Al decir de Palacio de Caeiro, el amparo no se podrá llegar
a tal veracidad sin examen constitucional y declaración juris-
diccional de oficio por el órgano jurisdiccional de legislación
descalificable. En esto radica la interpretación del art. 43 del
texto constitucional.
En la actualidad, al provenir del vértice supremo del or-
denamiento —la Constitución Nacional—, la consideración
judicial acerca de la invalidez de las leyes en punto a su repug-
nancia con la ley fundamental, los tratados u otra ley superior,
se ha tornado en un postulado esencial que en adelante los
jueces no podrán ignorar sin riesgo de violentar la carta mag-
na. La innovación emergente modifica y completa la función
judicial en el orden público y privado, alterando en primer
término el criterio restrictivo plasmado en el art. 2º, inc. d, de
la ley de amparo 16.986, al posibilitar con amplitud el control
constitucional del juez sobre legislaciones reputadas incons-
titucionales58.
De nuestra parte, si bien coincidimos con la autora señala-
da respecto de las facultades en materia de control de consti-
tucionalidad, entendemos también que es una ultima ratio a
utilizar sólo cuando resulta de imprescindible necesidad para
resolver el amparo, y que además sólo puede ser dictada fren-
te a una inconstitucionalidad grave y manifiesta, en virtud del
reducido marco cognoscitivo que impone el amparo.
2.6.5.Interposición fuera del plazo de quince días
hábiles a partir de cometido o que debió
cometerse el acto
El exiguo plazo para la interposición del amparo es necesa-
ria consecuencia de la fundamentalidad de los derechos en jue-
go. En este sentido, se entiende que “La inactividad del afectado
pone de manifiesto que no necesita del remedio excepcional y
expeditivo del amparo, sino que puede reclamar por los proce-
58
Palacio de Caeiro, Silvia B., “El amparo y la acción declarativa de inconstitu-
cionalidad en la realidad jurídica argentina”, op. cit., ps. 203 y 204.
PRÁCTICA DEL AMPARO 67
dimientos típicos”59. En los términos de su redacción, el inc. e
constituye un caso de caducidad. El plazo es de orden público
y, por tanto, debe ser aplicado incluso de oficio, no pudiendo ser
dispensado por la parte accionada (Rivas, Sagüés).
A Fiorini le costaba “comprender cuál es el beneficio que pro-
duce esta caducidad impuesta, que convalida la arbitrariedad
y la ilegalidad”60.
La finalidad de la norma ha sido entendida en el sentido de
otorgar firmeza a los actos y asegurar la consolidación jurídi-
ca con su consecuente vigencia. Guarda relación con el consa-
bido tema de la seguridad jurídica, que tiene en el amparo
tantas discontinuidades como lecturas, y aparece en el texto
legal acordando un plazo de caducidad que, prima facie, pare-
ce demasiado breve para la importancia del tema que se deba-
te 61.
La cuestión que origina dificultades de inmediato es a par-
tir de qué momento se cuenta este plazo. Cuando se trata de
actos concretos (vías de hecho) no existen problemas, pues hay
un tiempo preciso desde el cual comienza el cómputo. En cam-
bio, si fuesen omisiones, la norma indica que ha de estarse a la
fecha en que el acto “debió producirse”, dejando sin esclarecer
el tiempo hábil correspondiente.62
No obstante, la norma determina el comienzo del cómputo
del plazo “a partir de la fecha en que el acto fue ejecutado o de-
bió producirse”, y afirma que éste debe contarse desde que el
agraviado tomó conocimiento del acto, tal como lo estableció la
Cámara 2ª en lo Civil y Comercial de Córdoba, en autos “Ataide,
Carlos R. y otro”, del 23 de mayo de 1969.
Se discute si la mera amenaza es susceptible de iniciar el
cómputo de tal plazo, y si frente a tal situación quien no hace uso
del amparo entonces puede interponerlo luego si se concretan
59
Salgado, Alí Joaquín, op. cit., p. 71.
60
Citado por Sagüés, Néstor P., Derecho procesal constitucional, t. 3, p. 275.
61
Gozaíni, Osvaldo Alfredo, “Presupuestos del proceso de amparo”, op. cit.,
p. 74.
62
Ídem, p. 74.
68 LUIS R. CARRANZA TORRES
los hechos, si tales hechos ocurren tras los quince días conta-
dos desde la amenaza. Entendemos que nada obsta para que,
no obstante la falta de articulación del amparo en forma pre-
ventiva, pueda utilizárselo luego cuando se consuma la lesión,
pues la acción es una facultad acordada a los ciudadanos, y no
un deber jurídico impuesto a ellos. Asimismo, ciertos fallos ju-
risprudenciales han establecido que, respecto de los actos con-
tinuos, no procede dicho plazo, atento al hecho de que el
perjuicio a los derechos amparados se continúa en el tiempo.
No se encuentran en la jurisprudencia causales de inte-
rrupción del plazo, ni la ley las contempla. Rivas postula analó-
gicamente la del art. 3986 del Código Civil (interposición de
una anterior demanda). Sagüés la comparte, salvo que se hu-
biera articulado ante juez palmariamente incompetente.63
2.7. EL AMPARO Y EL ESTADO DE SITIO U OTROS ESTADOS DE
EMERGENCIA
Durante la vigencia del estado de sitio, los derechos perso-
nales sufren una restricción razonable en función de las circuns-
tancias que llevaron al dictado de esta medida de emergencia.
Siendo el amparo una garantía de derechos y, por tanto, un ac-
cesorio de tales principales, resulta obvio que su eficacia decae-
rá en forma paralela a la restricción o suspensión de los mismos.
Sin embargo, aun frente a tales situaciones, queda incólu-
me su función protectiva, especialmente para cuestionar el en-
cuadre de actos u omisiones, en particular del Estado, dentro
de las necesidades del estado de sitio. Queda en pie, asimismo,
la importante función de control de constitucionalidad respec-
to de un acto en concreto a que la acción de amparo puede obli-
gar al juzgador.
Tal es la solución que el legislador constitucional ha adop-
tado para el procedimiento del hábeas corpus en la última par-
te del art. 43, que resulta en todo procedente aplicar en forma
63
Derecho procesal constitucional, t. 3, p. 281.
PRÁCTICA DEL AMPARO 69
análoga respecto del amparo, ya que tal posición es la más con-
gruente con lo establecido por la Convención Americana sobre
Derechos Humanos, de jerarquía constitucional y cuyo con-
tenido complementa e interpreta el de la parte dogmática de
nuestra Constitución, que en su art. 27, al tratar el punto de la
posibilidad de los Estados parte de suspender las obligaciones
derivadas de tal tratado, lo autoriza “en la medida y por el
tiempo estrictamente limitados a las exigencias de la situa-
ción” (inc. 1), a la vez que determinados derechos no pueden ser
suspendidos ni en tales circunstancias de excepción (vgr., de-
recho a la vida, personalidad jurídica, integridad personal,
protección de la familia, libertad de conciencia y religiosa), ni
tampoco podrán dejarse sin efecto “las garantías judiciales
indispensables para la protección de tales derechos.” Esto de-
viene en favor de la vigencia del amparo, circunscripta a una
esfera más reducida pero vigente al fin, que sostenemos.
Pues el reconocimiento de derechos y garantías no resulta
suficiente para un Estado de Derecho si no se asegura al ciuda-
dano la garantía jurisdiccional para remediar las situaciones
de injusticia que pudieren presentarse, aun en tiempos de
emergencia o excepción, como lo es el estado de sitio.
Dicha intervención de la jurisdicción judicial resulta im-
prescindible a la hora de salvar diferencias entre los ciudada-
nos y el Estado, ya que resulta el único poder del Estado con
capacidad para evaluar los conflictos particulares, entendien-
do y resolviendo los mismos de modo imparcial, ajustado a
preceptos constitucionales garantistas de derechos y liberta-
des, y que asimismo tenga en consideración los intereses públi-
cos comprometidos en el tema.
Es por ello que se ha dicho que el delicado equilibrio entre
el interés público y el aseguramiento de los derechos individua-
les sólo puede garantizarse asumiendo el juez para sí la tarea
de ejercitar el control acerca de la pretensión pertinente64.
64
Carrica, Enrique - Soler, Osvaldo, “La medida cautelar del embargo preven-
tivo en materia fiscal”, en Ámbito Financiero, edición del 02-05-2000.
70 LUIS R. CARRANZA TORRES
Esta tutela judicial en general, nos explica Uckmar65, ha
sido consagrada como derecho subjetivo tanto por el derecho
constitucional europeo posterior a la Segunda Guerra Mun-
dial (vgr., Constitución Italiana de 1947, Ley Fundamental de
Bonn de 1949, y Constitución Española de 1978, entre otros
textos), como por instrumentos internacionales (Declaración
Americana de los Derechos y de los Deberes del Hombre; De-
claración Universal de Derechos Humanos; Convención Ame-
ricana sobre Derechos Humanos, suscripta en San José de
Costa Rica, y Pacto Internacional de Derechos Civiles y Polí-
ticos, entre otros), e importó encontrar una adecuada respues-
ta del Estado ante los litigios jurídico-privados y los procesos
penales; hoy adquiere trascendencia en una modalidad nueva
de tutela judicial en sentido estricto, donde asumen una mayor
intensidad y efectividad las técnicas del control judicial sobre
las acciones de la Administración, haciendo frente a amplias
zonas de su actividad que, hasta épocas cercanas, se encontra-
ban inmunes o exentas de revisión judicial.
Admitir tal “tutela judicial en sentido estricto” implica
pues eliminar las limitaciones a la habilitación de la instancia,
e incluso otorgar un plus de protección judicial para que ésta
se torne real y efectiva, intensificando el control de la acción ad-
ministrativa y protegiendo al ciudadano de posibles desviacio-
nes en el ejercicio de prerrogativas exorbitantes.
Se trata de un reaseguro ante posibles violaciones a la
Constitución, en un tiempo en que su vigencia se acota a fin de
salvar hacia el futuro su existencia, reconvirtiéndose de un
simple precepto indicativo de una obligación de respeto del
derecho de defensa, a un deber positivo a cargo de los magistra-
dos judiciales, en la idea de que el proceso no tiene exclusiva-
mente un fin ordenador, sino que sirve de instrumento para la
realización de los derechos fundamentales.
65
Uckmar, Víctor, “La legislación tributaria en un Estado de Derecho”, en
http://www.salvador.edu.ar/ual1/4/5e.htm, que seguimos en esta parte.
PRÁCTICA DEL AMPARO 71
No debe olvidarse, como expresan Zunino y Fanchin66, que
es en situaciones de emergencia, en las que la Administración
tiende a desbordar los límites que la normativa le ha impuesto
para desenvolverse en ese marco, que se revalorizan algunos
institutos jurídicos concebidos, como el caso del amparo, para
asegurar los derechos esenciales frente a los abusos del po-
der.
Es por ello que en tales períodos, la función del poder juris-
diccional se agiganta y aparece con total nitidez su valor fun-
damental como último resguardo de los derechos ciudadanos,
pues en tales situaciones sólo el Poder Judicial puede resguar-
dar el principio de legalidad mediante los remedios jurídicos
adecuados a tal fin.
Consecuentemente, por ser vía de acceso a tal jurisdicción,
la acción de amparo agranda también su valor en estos con-
textos de emergencia, como herramienta eficaz ante la lesión,
alteración, restricción y amenaza, con arbitrariedad o ilega-
lidad manifiesta, de derechos o garantías constitucionales
reconocidos. Ello es así toda vez que la vertiginosidad de la bús-
queda de soluciones inmediatas a la crisis, provoca, en muchos
casos, un accionar lesivo y en desmedro de la norma legal, que
no resulta susceptible de remediarse por las vías ordinarias,
y que requiere por tanto el remedio “heroico” del amparo.
2.8. EL AMPARO GENERAL EN EL ORDEN PROVINCIAL
El amparo en la Provincia de Córdoba reviste rango cons-
titucional (art. 48) en los siguientes términos: “Siempre que
en forma actual o inminente se restrinjan, alteren, amenacen
o lesionen, con arbitrariedad o ilegalidad manifiesta, derechos
o garantías reconocidos por esta Constitución o por la Consti-
tución Nacional, y no exista otra vía pronta y eficaz para evi-
tar un grave daño, la persona afectada puede pedir el amparo
66
“El abuso del derecho de la emergencia”, en Semanario Jurídico, t. 75, 1996-
B-199.
72 LUIS R. CARRANZA TORRES
a los jueces en la forma que determine la ley.” En este caso, la
remisión constitucional es a la ley provincial 4915, modifica-
da por la 5770, anterior a la Constitución Provincial reforma-
da en 1987. En su art. 1º, dicha norma establece que “La acción
de amparo será admisible contra todo acto u omisión de auto-
ridad pública o de particulares —ya sea que actúen individual
o colectivamente y como personas físicas o jurídicas— que, en
forma actual o inminente lesione, restrinja, altere o amenace
con ilegalidad manifiesta las libertades, derechos y garantías
reconocidos y acordados por las constituciones de la Nación y
de la Provincia, con excepción de la libertad individual tutelada
por el hábeas corpus.”
Como puede apreciarse con una simple lectura, dicha nor-
ma guarda, más allá de modificaciones en la redacción, una
casi total identidad con la ley nacional 16.986, por lo que es
aplicable lo dicho de la misma (supra, puntos 2.1 a 2.7).
Respecto de los derechos amparados, suma a los estableci-
dos a nivel nacional los provenientes de la Constitución de la
Provincia, e incluye la palabra “libertades”, además de “dere-
chos y garantías”, como materia de amparo. Consideramos que
tal inclusión debe ser entendida como facultad del sujeto, lo que
en definitiva comporta un derecho, lo que no hace sino reafir-
mar, más allá de las comprensiones del caso respecto a que la
redundancia que se observa es fruto de una voluntad protecti-
va, lo dicho oportunamente (véanse supra los puntos 1.1 y 2.5)
respecto a que tan sólo los derechos, en sentido amplio, pueden
ser materia de amparo.
Repárese asimismo que en cuanto a la disponibilidad de
otras vías, adopta un criterio de eficacia y prontitud, sin distin-
guir entre las de naturaleza administrativa y las judiciales, en
lugar de referir sólo a estas últimas como hace la norma cons-
titucional nacional.
La arbitrariedad, si bien no aparece en la norma legal, está
consagrada en la Constitución Provincial, e incluso si no lo es-
tuviera, de acuerdo con lo expresado supra (véase el punto 2.3.2),
puede considerarse dentro del concepto de ilegalidad en sen-
tido amplio.
PRÁCTICA DEL AMPARO 73
Por último, no debe olvidarse al tratar los aspectos genera-
les del amparo provincial, que en esta materia el art. 43 de la
Constitución Nacional establece un piso que no pueden desco-
nocer los ordenamientos provinciales, siendo inconstitucional
todo lo que se disponga en contrario. Quedan sí las provincias
en libertad de establecer un plus sobre tal marco. Este piso se
refiere más a la efectividad de la protección que se dispense a
los derechos constitucionales establecidos en el marco nacio-
nal, que a la estructuración propiamente dicha de tal sistema,
sobre el cual, a condición de respectar la efectividad del piso
nacional, gozan de amplitud para determinar.
2.9. SELECCIÓN DE JURISPRUDENCIA
2.9.1. Nacional
I. Ni el control del acierto con que la administración desem-
peña las funciones que la ley le encomienda válidamente, ni el
razonable ejercicio de las atribuciones propias de la autoridad
administrativa son bastantes para motivar la intervención ju-
dicial por vía del amparo, en tanto no medie arbitrariedad de
los organismos correspondientes [CSJN, en autos “Balleste-
ros, José s/ amparo”, Sent. Nº B697, del 04-10-1994. Fuente:
SAIJ, sumario Nº A0030690].
II. Es admisible el ejercicio de acciones directas de inconstitu-
cionalidad como medio idóneo —ya sea bajo la forma del am-
paro, la acción de mera certeza o el juicio sumario en materia
constitucional— para prevenir o impedir las lesiones de dere-
chos de base constitucional [CSJN, en autos “Ravaglia y otros
c/ Provincia de Santa Fe s/ amparo”, Sent. Nº R55, del 06-10-
1994. Fuente: SAIJ, sumario Nº A003800].
III. La existencia de procedimientos aptos para la efectiva
tutela del derecho que se dice vulnerado basta para el recha-
zo de la acción de amparo, máxime cuando el apelante no ha
demostrado la ineficacia de las vías previstas por la ley o los
estatutos para alcanzar la finalidad perseguida, ni se advier-
74 LUIS R. CARRANZA TORRES
te la inminencia de un daño de ilusoria reparación que justi-
fique la procedencia del amparo intentado [CSJN, en autos
“Freca S.A. c/ SENASA-Estado Nacional s/ amparo”, Sent. Nº
F489, del 16-06-1994. Fuente: SAIJ, sumario Nº A0030136].
IV. Debe rechazarse el amparo si el mismo objetivo seguido
mediante esa acción podría alcanzarse a través de una medi-
da cautelar dictada en un juicio ordinario donde el marco de
debate y prueba resultan más adecuados a los puntos en dis-
cusión [CSJN, en autos “Freca S.A. c/ SENASA-Estado Nacio-
nal s/ amparo”, Sent. Nº F489, del 16-06-1994. Fuente: SAIJ,
sumario Nº A0030137].
V. Es formalmente inadmisible la acción de amparo inter-
puesta con posterioridad al plazo establecido en el art. 2º de
la ley 16.986 [CSJN, en autos “Freca S.A. c/ SENASA-Estado
Nacional s/ amparo”, Sent. Nº F489, del 16-06-1994. Fuente:
SAIJ, sumario Nº A0030141].
VI.Es ajeno al amparo el planteo de cuestiones en las que están
en juego actos u omisiones relativos a órganos del poder judi-
cial en ejercicio de la función jurisdiccional, máxime si las
normas procesales ordinarias prevén suficiente tutela para los
eventuales agravios que puedan aquéllos irrogar [CSJN, en
autos “Kesselman, Pedro Jaime y otros c/ Estado Nacional Ar-
gentino s/ amparo”, Sent. Nº K14, del 29-06-1994. Fuente:
SAIJ, sumario Nº A0030181].
VII. Si bien los jueces deben prevenir todo empleo inapropia-
do del amparo, para evitar su degradamiento como garantía
de derechos constitucionales lesionados con arbitrariedad o
ilegalidad manifiesta, por actos u omisiones de autoridad pú-
blica; la actividad judicial que lleve al exceso el rigor de las for-
mas, corre el seguro riesgo de desnaturalizar tan potente
garantía, tornándola de casi imposible actuación entre los es-
trados judiciales [Voto en disidencia, Dr. Fayt, CSJN, en au-
tos “Sindicato de Constructores Navales de la República
Argentina c/ Estado Nacional - Ministerio de Economía y Obras
y Servicios Públicos - Secretaría de Transportes s/ recurso de
hecho”, Sent. Nº S90, del 09-12-1993. Fuente: SAIJ, sumario
Nº A0027764].
PRÁCTICA DEL AMPARO 75
VIII. Si desde que se inició la acción de amparo contra la pro-
vincia, no se ha logrado la integración del tribunal al que le
compete entender en las situaciones, corresponde hacer lugar
a la queja por retardo de justicia y disponer que los órganos ju-
diciales que deben decidir en todo lo concerniente a la integra-
ción de la cámara contencioso-administrativa local, se
pronuncien sin dilación alguna [CSJN, en autos “Rougés, Mar-
cos Aníbal c/ Provincia de Tucumán s/ recurso de hecho-dene-
gación de justicia”, Sent. Nº R116, del 08-09-1992. Fuente:
SAIJ, sumario Nº A0029275].
IX. El recurso de amparo no fue previsto para remplazar las
vías procesales que no fueron empleadas oportunamente por
el interesado [CSJN, en autos “Bielli, Enrique Jorge c/ Fernán-
dez, Juan Pedro (hijo) s/ recurso de hecho”, Sent. Nº 287, del 17-
11-1992. Fuente: SAIJ, sumario Nº A0022695].
X. El remedio singular del amparo está reservado sólo a las de-
licadas y extremas situaciones en que por la carencia de vías
legales aptas peligra la salvaguarda de derechos fundamentales
[CSJN, en autos “Jáuregui, Hugo René Mario y otros c/ Superior
Gobierno de la Provincia de Entre Ríos s/ recurso de hecho”, Sent.
Nº C37, del 06-10-1992. Fuente: SAIJ, sumario Nº A0022335].
XI. Resulta inoficioso el pronunciamiento de la Corte en el
recurso de amparo interpuesto con el objeto de impugnar el de-
creto por el cual se resolvió ampliar la intervención federal al
poder legislativo del Estado provincial si con posterioridad a
la demanda el acto impugnado fue dejado sin efecto [CSJN, en
autos “Romero Feris, José Antonio y García Enciso, José Enri-
que s/ recurso de amparo”, Sent. Nº R436, del 04-03-1993. Fuen-
te: SAIJ, sumario Nº A0025289].
XII. No constituye un supuesto de las llamadas “cuestiones po-
líticas no justiciables” la acción de amparo por la que se impug-
na la competencia del presidente de la nación, y se solicita se
resuelva en el sentido de que el Congreso de la Nación tiene fa-
cultades excluyentes de intervención federal a los poderes legis-
lativo y judicial de una provincia [Voto en disidencia, Dr. Fayt,
CSJN, en autos “Olivo Nogueira, Julio s/ extradición”, Sent. Nº
O73, del 14-08-1992. Fuente: SAIJ, sumario Nº A0020873].
76 LUIS R. CARRANZA TORRES
XIII. Si invocando la representación del presidente del Supe-
rior Tribunal de Corrientes en mérito del art. 48 del Código
Procesal, se interpone una acción de amparo a fin de impug-
nar la competencia del presidente de la Nación para interve-
nir el Poder Judicial de la provincia, dada la naturaleza de la
cuestión, su tratamiento no puede verse impedido por aprecia-
ciones meramente formales resultantes de una interpretación
rígida de las disposiciones rituales [Voto en disidencia, Dr. Fayt,
CSJN, en autos “Olivo Nogueira, Julio s/ extradición”, Sent. Nº
O73, del 18-04-1992. Fuente: SAIJ, sumario Nº A0020877].
XIV. No procede la acción de amparo interpuesta a fin de que
se ordene reponer un espacio semanal utilizado por una enti-
dad radial pues no se ha acreditado en debida forma la arbi-
trariedad manifiesta exigida por el art. 1º de la ley 16.986,
máxime cuando su apreciación debe resultar especialmente
cuidadosa en supuestos en que el derecho cuya revocación se
cuestiona fue otorgado a título precario y, como tal, resulta-
ba susceptible de ser dejado sin efecto por razones de oportu-
nidad, mérito o conveniencia (art. 18 de la ley 19.549) [CSJN,
en autos “Consejo de Presidencia de la Delegación Bahía Blan-
ca de la Asamblea s/ amparo”, Sent. Nº C437, del 23-06-1992.
Fuente: SAIJ, sumario Nº A0021525].
XV. Es arbitraria la sentencia que, al hacer lugar al amparo,
dejó sin efecto el traslado del agente público, pues lo resuelto
implica desconocer la fuerza ejecutoria de que gozan los actos
administrativos que facultan al Estado a ponerlos en prácti-
ca por sus propios medios e impide que los recursos que inter-
pongan los administrativos suspendan su ejecución y efecto
(art. 12 de la ley 19.549) máxime cuando no surge de modo
alguno la existencia de un caso de arbitrariedad o ilegalidad
manifiesta que requiere el art. 1º de la ley 16.986 [CSJN, en
autos “Mosquera, Roberto Lisardo c/ Administración Nacional
de Aduanas s/ recurso de hecho”, Sent. Nº M629, del 17-09-
1992. Fuente: SAIJ, sumario Nº A0022457].
XVI. Es improcedente el recurso de amparo interpuesto con-
tra el pronunciamiento que desestimó el pedido de declaración
de inconstitucionalidad del art. 286 del Código Procesal y re-
chazó el recurso de queja, pues el art. 2º, inc. b, de la ley 16.986
PRÁCTICA DEL AMPARO 77
prohíbe cuestionar por tal medio los actos jurisdiccionales
emanados del poder judicial [CSJN, en autos “Bielli, Enrique
Jorge c/ Fernández, Juan Pedro (hijo) s/ recurso de hecho”, Sent.
Nº 287, del 17-11-1992. Fuente: SAIJ, sumario Nº A0022692].
XVII. Resulta indispensable para la admisión del remedio ex-
cepcional y sumarísimo del amparo que quien solicita la pro-
tección judicial acredite, en debida forma, la inoperancia de
las vías procesales ordinarias a fin de reparar el perjuicio in-
vocado [CSJN, en autos “Compañía de Perforaciones de Río Co-
lorado S.A. c/ Dirección General Impositiva s/ recurso de
hecho”, Sent. Nº C471, del 24-08-1993. Fuente: SAIJ, sumario
Nº A0026710].
XVIII. La declaración de inconstitucionalidad de normas
generales en un proceso de amparo es inadmisible cuando
la invalidez de éstas reviste carácter manifiesto [CSJN, en
autos “Cocchia, Jorge Daniel c/ Estado Nacional y otro s/ am-
paro”, Sent. Nº C802, del 02-12-1993. Fuente: SAIJ, sumario
Nº A0027481].
XIX. Si bien el juicio de amparo no es un proceso ordinario
sino uno especial, ello no impide, a los tribunales requeridos
al respecto, juzgar la procedencia de su intervención con arre-
glo a las normas sobre competencia por razón de la materia,
o del lugar, cuando existe el peligro de que sobre un mismo
punto distintos magistrados dicten pronunciamientos con-
tradictorios [CSJN, en autos “Estado Nacional - Ministerio de
Economía c/ Juzgado Federal de la Provincia de Catamarca s/
inhibitoria”,Sent. Nº COMP222, del 25-08-1992. Fuente: SAIJ,
sumario Nº A0022058].
XX. El art. 2º, inc. e, de la ley 16.986, en cuanto impone la ne-
cesidad de presentar la demanda de amparo dentro de los 15
días hábiles a partir de la fecha en que el acto fue ejecutado o
debió producirse, no es un escollo insalvable cuando con la ac-
ción incoada se enjuicia una ilegalidad continuada, sin solu-
ción de continuidad, originada tiempo antes de recurrir a la
justicia, pero mantenida al momento de accionar y también
en el tiempo siguiente [Voto en disidencia, Dr. Moliné O’Connor,
CSJN, en autos “Video Club Dreams c/ Instituto Nacional de
78 LUIS R. CARRANZA TORRES
Cinematografía s/ amparo”, Sent. Nº V103, del 06-06-1995.
Fuente: SAIJ, sumario Nº A0032442].
XXI. Es improcedente el amparo destinado a cuestionar las
intervenciones decretadas en un trámite cautelar y a obtener
el apartamiento del juez de grado, en tanto ello importa ata-
car por esa vía actos jurisdiccionales emanados del Poder
Judicial [Cám. Nac. Com., Sala A, en autos “Brait, Herminio
y otros c/ Grasso Molina y otros”, sentencia del 16-05-1996.
Fuente: JA, Nº 6039, edición del 28-05-1997].
XXII. El perjuicio que pueda ocasionar la dilación de los pro-
cedimientos corrientes no importa otra cosa que la situación
común de toda persona que peticiona mediante ellos el reco-
nocimiento de sus derechos y no habilita la vía del amparo
[Cám. Nac. Com., Sala A, en autos “Brait, Herminio y otros c/
Grasso Molina y otros”, sentencia del 16-05-1996. Fuente: JA,
Nº 6039, edición del 28-05-1997].
XXIII. Resultan excluidas del ámbito del amparo las cuestio-
nes opinables y las que requieren debates y prueba (Fallos
300:688 y otros). En igual sentido, no resulta admisible la vía
intentada cuando los perjuicios que puede ocasionar su recha-
zo no son otra cosa que la situación común de toda persona que
peticiona el reconocimiento judicial de sus derechos por los
procedimientos originarios (Fallos 297:93), ni cuando existen
otras vías judiciales más aptas (Fallos 300:642; 308:2068, en-
tre muchos otros) [Cám. Nac. Cont. Adm. Fed., Sala IV, en au-
tos “Grande, Daniel Antonio y otro c/ Estado Nacional - Fuerza
Aérea s/ amparo”, sentencia del 27-08-1998. Fuente: Archivo
del autor].
XXIV. El amparo no tiene por objeto cumplir el papel de la
medida cautelar de no innovar [Cám. Nac. Civ. Com. Fed.,
Sala 3, 16-11-1999, en autos “Ger Med Int S.A. c/ Instituto Na-
cional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados”.
Fuente: Barbado, “Jurisprudencia agrupada”, JA, 2001-IV, fas-
cículo Nº 2, p. 31].
XXV. El amparo es un proceso sumamente simplificado en sus
dimensiones temporales y formales, con la finalidad funda-
PRÁCTICA DEL AMPARO 79
mental de reparar, con la mayor urgencia posible, la lesión de
un derecho constitucional [Cám. Nac. Civ. Com. Fed., Sala 3,
29-12-1998, en autos “Fulione, Domingo M. y otro c/ Obra So-
cial M. Personal Civil de la Nación”. Fuente: Barbado, “Juris-
prudencia agrupada”, JA, 2001-IV, fascículo Nº 2, p. 31].
XXVI. Sólo procede el amparo en caso de agravio manifiesto
y directo por acto concreto y en ausencia de otra vía legal
(Fallos 259:196 y doctrina allí citada) [Cám. Fed. Salta, 07-11-
1994, en autos “Pérez Alsina, Juan c/ PEN s/ acción de ampa-
ro”. Fuente: ED, 161-545].
XXVII. Por la vía del amparo se tiende tanto a remediar el
agravio presente, como a prevenir una futura lesión que resul-
te de indudable cometido: es decir que debe existir en este
último supuesto, más que una mera posibilidad, una verda-
dera certeza de agravio [Cám. Nac. Civ., Sala E, 15-08-1979,
en autos “Pacífica S.R.L. c/ Municipalidad de la Capital”. Fuen-
te: ED, 186-586].
XXVIII. El juicio de amparo es viable aun habiendo otros pro-
cedimientos legalmente previstos, cuando su empleo ordinario
frente al agravio pudiera ocasionar un daño grave e irrepara-
ble, es decir, cuando se corra el riesgo de brindar al recurren-
te una protección judicial, pero posterior a su ruina [Cám.
Nac. Civ. Com. Fed., Sala 3, 29-12-1998, en autos “Fulione,
Domingo M. y otro c/ Obra Social M. Personal Civil de la Na-
ción”. Fuente: Barbado, “Jurisprudencia agrupada”, JA, 2001-
IV, fascículo Nº 2, p. 32].
XXIX. El amparo no viene a sustituir los cauces regulares o
especiales de tutela jurisdiccional, sino que configura un auxi-
lio al sistema procesal común únicamente cuando éste no
pueda dar respuesta eficaz [Cám. Nac. Electoral, 02-09-1999,
en autos “Parra, José”. Fuente: LL, 2000-B-710].
XXX. La acción de amparo protege al recurrente contra actos
tanto actuales como futuros, siempre que impliquen una ame-
naza cierta e inminente a sus derechos [Cám. Nac. Civ., Sala
E, 15-08-1979, en autos “Pacífica S.R.L. c/ Municipalidad de la
Capital”. Fuente: ED, 186-586].
80 LUIS R. CARRANZA TORRES
XXXI. La mera existencia de opiniones contrarias al interés del
accionante emitidas en el procedimiento preparatorio de la
voluntad administrativa, excluye la admisibilidad del ampa-
ro, por ausencia de acto y de inminencia en el agravio, resul-
tando un planteo puramente conjetural [Cám. Nac. Cont.
Adm. Fed., Sala III, 22-08-1988, en autos “Banco Alas Coop.
Ltda. c/ B.C.R.A.”. Fuente: LL, 1989-B-240].
XXXII. El art. 43 de la CN establece como recaudo para la
admisibilidad de la acción que no exista otro medio judicial
más idóneo, por lo que resulta inconstitucional la exigencia de
transitar o agotar las vías administrativas [Cám. Nac. Civ.
Com. Fed., Sala 1, 23-05-2000, en autos “Márquez, Santiago J.
y otros c/ Ministerio de Desarrollo Social y Medio Ambiente y
otros”. Fuente: Barbado, “Jurisprudencia agrupada”, JA,
2001-IV, fascículo Nº 2, ps. 32-33].
XXXIII. Uno de los presupuestos del amparo es la existencia
de un derecho cierto y líquido, determinable sin un amplio
debate y prueba, sino tan sólo por la verificación de la conducta
lesiva y el agravio que ésta produce [Cám. Nac. Civ., Sala A,
10-09-1998, en autos “Arias de Álvarez c/ G.C.B.A.”. Fuente:
LL, 1999-B-767].
XXXIV. La vía del amparo debe ser reconocida en forma am-
plia cuando el derecho conculcado nace directamente de la
Constitución [Cám. Nac. Electoral, 23-11-1998, en autos
“Povich, Carlos y otra”. Fuente: LL, 1999-F-616].
XXXV. La acción de amparo no es admisible cuando existen
recursos o remedios judiciales o administrativos que permi-
tan obtener la protección del derecho o garantía constitucio-
nal de que se trate (art. 2º, inc. a, ley 16.986; Fallos 308:76 y
2078; 310:1542 y 1548) [CSJN, 04-07-2003, en autos “Barrio-
nuevo, José Luis c/ Juzgado Electoral y Minas de Catamarca”,
comp. 117-XXXIX. Fuente: Archivo del autor].
XXXVI. El requisito acerca de que el acto u omisión resulte
manifiestamente arbitrario no implica que su evidencia sur-
ja sin mediar tipo alguno de análisis, debiendo considerarse
cumplido si la restricción de derechos se halla individualiza-
PRÁCTICA DEL AMPARO 81
da por la actora, se indique con precisión el derecho afectado,
resulte verosímil tanto su existencia como la del agravio, y
pueden ambos ser acreditados en el curso de un mínimo de-
bate [Cám. Nac. Cont. Adm. Fed., Sala III, 08-09-1981, en
autos “Borensztein y Gicovate S.A. c/ O.S.N.”. Fuente: ED, 97-
292].
XXXVII. La acción de amparo no tiene por fin obviar los trá-
mites legales ni alterar las jurisdicciones vigentes (Fallos
310:1927; 313:836), ni autoriza a los jueces a irrumpir en asun-
tos ajenos a la competencia que por ley tienen conferida [CSJN,
04-07-2003, en autos “Barrionuevo, José Luis c/ Juzgado Elec-
toral y Minas de Catamarca”, comp. 117.XXXIX. Fuente: Ar-
chivo del autor].
XXXVIII. No es procedente la acción de amparo si la actora
puede satisfacer sus derechos por otros medios, ya sea judicia-
les o en el caso por la revisión en sede administrativa del acto
sancionatorio de un empleado público, salvo que la sede admi-
nistrativa resulte inútil por su lentitud, por no prever medi-
das cautelares indispensables para el caso o ello causare
agravio irreparable [Cám. Fed. Corrientes, 23-05-2000, en
autos “Rodríguez, Ángel c/ Disposición Pers. PS9 Nº 16 ‘C’/99
del Prefecto Nacional Naval”. Fuente: LL Litoral, 2001-166].
XXXIX. Es improcedente el amparo promovido sin que se haya
dictado el acto presuntamente lesivo o amenazante, por el solo
temor de que no sean debidamente considerados por la auto-
ridad administrativa los intereses de los reclamantes [Cám.
Nac. Trab., Sala III, 06-12-1996, en autos “Palachi, Susana y
otros c/ Ministerio de Salud y Acción Social y otro”. Fuente: DJ,
1997-II-471].
XL. Lo atinente a la organización y funcionamiento de los
servicios comporta un tema ajeno a los poderes de revisión
de los jueces, y sólo si incurriera en arbitrariedad o ilegali-
dad manifiestas en tales actividades, lesionando o amenazan-
do derechos o garantías reconocidos por la Constitución
Nacional, tratados internacionales de ese rango o leyes dic-
tadas en su consecuencia y que hacen a la directa operativi-
dad de esos derechos o garantías, de modo excepcional será
82 LUIS R. CARRANZA TORRES
pertinente reparar por la vía del amparo —con la mayor urgen-
cia posible— la lesión o amenaza al derecho constitucional agre-
dido [Cám. Nac. Civ. Com. Fed., Sala 2, 30-12-1998, en autos
“Amin, Nadíne y otros c/ Obra Social de Seguros”. Fuente: Barba-
do, “Jurisprudencia agrupada”, JA, 2001-IV, fascículo Nº 2, p. 35].
XLI. Una exigencia fundamental para la procedencia de la ac-
ción de amparo es que exista un daño concreto y grave, actual
o inminente (Fallos 248:443; 272:52; 295:132; 301:1061, entre
otros) [Cám. Fed. Salta, 07-11-1994, en autos “Pérez Alsina,
Juan c/ PEN s/ acción de amparo”. Fuente: ED, 161-454].
XLII. La prohibición contenida en el art. 2º, inc. d, de la ley
16.986 no tiene carácter absoluto, pues conforme lo tiene de-
cidido la Corte Suprema, cede en el caso de que las violaciones
de los derechos o garantías sea palmaria [Cám. Nac. Civ. Com.
Fed., Sala 3, 07-07-1995, en autos “Ferreiro, Daniel R. c/ Banco
Hipotecario Nacional”. Fuente: Barbado, “Jurisprudencia
agrupada”, JA, 2001-IV, fascículo Nº 2, p. 35].
XLIII. La ilegalidad o arbitrariedad manifiesta del acto, como
presupuestos de admisibilidad del amparo, se presentan a tra-
vés de conductas contrarias a derecho, que se enfrentan con
las normas positivas (ilegalidad), o como nota subjetiva carac-
terizada por el mero voluntarismo apuntado a la violación del
derecho (arbitrariedad). Su carácter manifiesto implica que
el juez debe advertir sin asomo de duda que se encuentra fren-
te a una situación palmariamente ilegal o resultante de una
irrazonable voluntad del sujeto demandado [Cám. Nac. Civ.
Com. Fed., Sala 1, 12-10-1995, en autos “Gulzamburu, Isabel
c/ I.O.S.”. Fuente: LL, 1996-C-509].
XLIV.El representante sindical que acciona contra el sindica-
to por el cobro de sus remuneraciones durante la licencia gre-
mial debe emplear la vía ordinaria, no siendo procedente para
ello la acción de amparo [Cám. Nac. Trab., Sala II, 04-11-1985,
en autos “Rodríguez, Horacio A. c/ Sindicato de Empleados de
la Construcción”. Fuente: DT, 1986-A-321].
XLV. Si se admitiera la posibilidad de revisar las decisiones
jurisdiccionales de los tribunales de justicia por medio de una
PRÁCTICA DEL AMPARO 83
acción autónoma, ello no traería aparejado un mayor resguar-
do de los derechos fundamentales reconocidos por la Consti-
tución Nacional, sino que, por el contrario, conducirá a una
situación donde prácticamente no se podrá garantizar un
nivel mínimo e indispensable de seguridad jurídica, pues la
sociedad entera se vería sometida a la reanudación permanente
de los litigios ya resueltos [Cám. Nac. Civ. Com. Fed., Sala 2,
02-11-1999, en autos “Acir S.A. en liquidación c/ Juzgado Na-
cional de Primera Instancia en lo Civil y Comercial Federal
Nº 5, Secretaría Nº 10”. Fuente: Barbado, “Jurisprudencia
agrupada”, JA, 2001-IV, fascículo Nº 2, p. 35].
XLVI.Luego de sancionada la reforma constitucional de 1994,
mantiene su vigencia el art. 2º, inc. e, de la ley 16.986 [Cám.
Nac. Civ. Com. Fed. en pleno, 03-06-1999, en autos “Capizzano
de Galdi, Concepción c/ Instituto de Obra Social”. Fuente: JA,
2000-II-57].
XLVII. Cuanto mayor sea la gravedad de la afectación cons-
titucional o legal del derecho, no parece irrazonable sostener
la consiguiente diligencia, prontitud o celeridad procesal del
legitimado para acudir y accionar en sede judicial a fin de ob-
tener su restablecimiento, o bien preservar su inminente afec-
tación, consecuentemente con ello, se ha sostenido que quien
demora considerablemente el inicio de la demanda de ampa-
ro no puede luego invocar el gravamen irreparable que le sig-
nifica el largo trámite ordinario [Cám. Nac. Civ. Com. Fed.,
Sala 1, 12-10-1995, en autos “Guezamburu, Isabel c/ Instituto
de Obra Social”. Fuente: JA, 1996-III-37].
XLVIII. El vencimiento del plazo de caducidad para promover
acción de amparo no se configura si se impugnó una serie de
actos concatenados sin solución de continuidad, cuyos efec-
tos se han agravado y subsisten en la actualidad [Cám. Fed.
Córdoba, Sala A, 21-08-2002, en autos “Lema, Armando c/ P.E.
N.”. Fuente: ED, 199-97].
XLIX. De acuerdo con la interpretación establecida por el tri-
bunal en pleno, in re “Capizzano de Galdi c/ IOS” —cuyo
acatamiento resulta imperativo (art. 303, CPCCN)— la moda-
lidad con que se producen los efectos del acto lesivo no incide
84 LUIS R. CARRANZA TORRES
en la forma de computar el cumplimiento del plazo estableci-
do en el art. 2º de la ley 16.986 [Cám. Nac. Civ. Com. Fed., Sala
2, 30-12-1999, en autos “Danile, Dora c/ Instituto de Obra Social”;
en el mismo sentido: Cám. Nac. Civ. Com. Fed., Sala 2, 30-12-
1999, en autos “Noya, María E. c/ Instituto de Obra Social”.
Fuente: Barbado, “Jurisprudencia agrupada”, JA, 2001-IV,
fascículo Nº 2, p. 36].
L. El examen de admisibilidad de la acción de amparo hecho
de oficio por el juez al recibir las actuaciones no impide a la con-
traria oponer la caducidad de la acción, desde que lo contra-
rio sería comprometer su derecho de defensa en juicio al
vedarle la introducción al pleito de una defensa que se funda-
menta en una norma legal [Cám. Nac. Civ. Com. Fed., Sala II,
30-12-1999, en autos “Danile, Dora c/ I.O.S.”. Fuente: LL,
2000-C-896].
LI. Toda la actividad del Estado es susceptible de ser califica-
da como servicio público en sentido amplio, por lo que de no
adoptarse alguna calificación, el inc. c del art. 2º de la ley 16.986
implicaría la derogación lisa y llana de la ley que lo contiene
[Cám. Nac. Trab., 24-01-1997, en autos “CGT c/ Estado Nacio-
nal - PEN”. Fuente: DT, 1997-A-506].
LII. No es posible sostener, con carácter general, que la úni-
ca oportunidad para desestimar el amparo por caducidad sea
al proveer el escrito de inicio, puesto que también puede sur-
gir de los planteos de la accionada o bien que la prueba pro-
ducida pueda provocar, aun de oficio, una decisión del juez
en este sentido, no habiendo contado con los elementos su-
ficientes para ello en la primera oportunidad en que intervi-
no [Cám. Nac. Civ. Com. Fed., Sala 1, 17-08-1999, en autos
“Stomi, Arminda O. c/ Instituto de Obra Social”. Fuente:
Barbado, “Jurisprudencia agrupada”, JA, 2001-IV, fascículo
Nº 2, p. 36].
LIII. A los fines del cómputo del término para interponer la
acción, el art. 2º, inc. e, de la ley 16.986, establece que princi-
pia a partir de la fecha en que el acto fue ejecutado o debió
producirse, es decir que propone una suerte de ejecución con-
creta de aquél, a los efectos de la consideración acerca de la
PRÁCTICA DEL AMPARO 85
caducidad de la acción [Cám. Nac. Civ., Sala G, 17-06-1998, en
autos “Demaría, Alicia c/ G.C.B.A.”. Fuente: DJ, 1999-III-345].
LIV. No procede el amparo cuando la determinación de la
eventual invalidez del acto requiere una mayor amplitud de
derecho a prueba (art. 4º, inc. 1, ley 16.986), como se da en las
acciones declarativas de certeza, distintas, por su naturaleza,
a esta acción expedita y rápida que sólo persigue salvaguardar
el derecho constitucional desconocido en forma palmaria
[CSJN, 04-07-2003, en autos “Barrionuevo, José Luis c/ Juzga-
do Electoral y Minas de Catamarca”, comp. 117.XXXIX. Fuen-
te: Archivo del autor].
LV. Si bien es cierto que la existencia de otros procedimientos
reglados impiden la admisibilidad del amparo, no lo es menos
que si no resultan idóneos para conjurar el acto lesivo, queda
despejado el camino para la acción [Cám. Fed. Bahía Blanca,
23-10-1992, en autos “Bertoncelo, Héctor c/ Telefónica de Argen-
tina”. Fuente: LL, 1993-A-389].
LVI. Resultan excluidos del ámbito del amparo dos actos o
hechos que comporten cuestiones opinables (Fallos 250:772;
252:64; 270:69; 297:65; 310:622, entre otros) [Cám. Fed. Sal-
ta, 07-11-1994, en autos “Pérez Alsina, Juan c/ PEN s/ acción
de amparo”. Fuente: ED, 161-545].
LVII. La existencia de arbitrariedad o ilegalidad manifiesta
supone que la lesión a los derechos o garantías constituciona-
les debe aparecer en el acto u omisión de modo claro e inequí-
voco, sin necesidad de un largo y profundo estudio [Cám. Fed.
Rosario, Sala B, 14-07-1994, en autos “Alsogaray, Álvaro y
otros”. Fuente: ED, 158-577].
LVIII. La acción de amparo no constituye una acción suma-
ria, creada con el objeto de canalizar la defensa de todos los de-
rechos imaginables [Cám. Fed. Salta, 07-11-1994, en autos
“Pérez Alsina, Juan c/ PEN s/ acción de amparo”. Fuente: ED,
161-545].
LIX.Obsta a la procedencia de la vía elegida, si no se ha demos-
trado la insuficiencia, a los efectos perseguidos, de la promo-
86 LUIS R. CARRANZA TORRES
ción de las acciones ordinarias previstas en el Código Proce-
sal y, eventualmente, las medidas cautelares allí contempla-
das, pues la posibilidad de que por medio de estas vías el
recurrente pueda probar con mayor amplitud los extremos que
hacen a su derecho —lo cual está vedado en el amparo— de-
termina que ellos sean más idóneos para la tutela que aquí se
persigue [Cám. Nac. Civ. Com. Fed., Sala 1, 17-06-1999, en autos
“Dutra, Carlos M. c/ Banco de la Nación Argentina”. Fuente:
Barbado, “Jurisprudencia agrupada”, JA, 2001-IV, fascículo
Nº 2, p. 37].
LX. La simple circunstancia de no invocar el demandante
lesión a un derecho concreto suyo (Fallos 248:580) basta para
desestimar el amparo [Cám. Fed. Salta, 07-11-1994, en autos
“Pérez Alsina, Juan c/ PEN s/ acción de amparo”. Fuente: ED,
161-544].
LXI. Las pautas jurisprudenciales que informan acerca de
los recaudos de admisibilidad de la acción de amparo no
han variado con el actual texto del art. 43, primera parte,
de la Constitución Nacional [Cám. Cont. Adm. Fed., Sala 1,
21-12-1995, en autos “Toscano S.A. c/ E.N. - M.E.O. y S.P. y
otros”. Fuente: LL, 1996-C-41].
LXII. La facultad que reconoce la nueva Constitución no puede
limitarse por una norma inferior, como la ley 16.986, siendo
evidente que debe prevalecer el precepto constitucional, supe-
rior en jerarquía y posterior en el tiempo [Cám. Fed. Paraná,
16-11-1994. Fuente: Seró, “Acción de amparo”, en Revista de
Derecho Procesal, Nº 4, Sección de Jurisprudencia Temática,
ps. 385-386; ED, 161-371].
LXIII. El alto tribunal ha delimitado la viabilidad del ampa-
ro a situaciones donde surja la imprescindible necesidad de
utilizar esa vía sumaria (Fallos 270:384; 295:281 y 308:2632)
[Cám. Fed. Salta, 07-11-1994, en autos “Pérez Alsina, Juan c/
PEN s/ acción de amparo”. Fuente: ED, 161-545].
LXIV. El amparo es un proceso utilizable en las delicadas y ex-
tremas situaciones en las que, por carecer de otras vías aptas,
peligra la salvaguarda de derechos fundamentales; por esa ra-
PRÁCTICA DEL AMPARO 87
zón su apertura exige circunstancias muy particulares ca-
racterizadas por la presencia de arbitrariedad o ilegalidad
manifiesta, frente a las cuales los procedimientos ordinarios
resultan ineficaces [CSJN, 15-07-1997, en autos “García
Santillán c/ ANSeS”; Cám. Nac. Cont. Adm. Fed., Sala 1,
27-02-1998, en autos “Cichello c/ Colegio Público de Abogados
de Capital Federal”; ibid, Sala 5, 24-02-1997, en autos “Galle-
gos c/ ANA”. Fuente: Seró, “Acción de amparo”, en Revista de
Derecho Procesal, Nº 4, Sección de Jurisprudencia Temática,
p. 387].
LXV. La existencia de una vía legal apta para el resguardo de
los derechos presuntamente lesionados, en principio excluye
la vía del amparo, desde que ésta no altera el juego de las ins-
tituciones vigentes [Cám. Nac. Cont. Adm. Fed., Sala II, en
autos “Acosta, Erminio c/ J.E.M.G.E.”, resolución del 14-04-
1994. Fuente: LL, 1994-E-715].
LXVI.No es manifiestamente arbitrario o ilegítimo el acto ata-
cado si a tal descalificación sólo podría llegarse eventualmente
con mayor debate y prueba [Cám. Fed. Cont. Adm., Sala 4,
18-07-1997, en autos “Galli c/ Fisco Nacional”. Fuente: Seró,
“Acción de amparo”, en Revista de Derecho Procesal, Nº 4, Sec-
ción de Jurisprudencia Temática, p. 489].
LXVII. Reconocer un derecho y a la vez negarle un remedio
apropiado equivale en los hechos a desconocerlo, por lo que
declarada la inconstitucionalidad del art. 3º del Código Elec-
toral, corresponde urgir al Poder Legislativo y al Poder Eje-
cutivo a que adopten las medidas necesarias para hacer
efectivo el derecho a votar de los detenidos no condenados,
y fijar plazo para ello [CSJN, 09-04-2002, en autos “Mignone,
Emilio s/ promueve acción de amparo”. Fuente: ED, Suple-
mento de Derecho Constitucional, Nº 10.543, edición del 12-
07-2002, p. 1].
LXVIII. El establecimiento de un plazo perentorio para la in-
terposición del amparo como presupuesto de admisibilidad de
esta vía excepcional, no se exhibe como expresamente incom-
patible frente al actual texto constitucional y los tratados in-
ternacionales que lo integran [Cám. Nac. Cont. Adm. Fed.,
88 LUIS R. CARRANZA TORRES
Sala I, 02-08-2002, en autos “Manzolido, Ángel c/ P.E.N.”.
Fuente: DJ, 2003-II-361].
LXIX.No constituye el amparo un proceso destinado a discutir
derechos en abstracto (Fallos 270:367), ni tampoco un medio
para allanar la no justicialidad de determinados actos (Fallos
252:153) y menos para analizar cuestiones de gravedad insti-
tucional (Fallos 263:222) [Cám. Fed. Salta, 07-11-1994, en autos
“Pérez Alsina, Juan c/ PEN s/ acción de amparo”. Fuente: ED,
161-545].
LXX. La acción de amparo tiene por objeto hacer efectivo el
reconocimiento de un derecho acordado en la Constitución
—excepto la libertad corporal— cuando no existen otras vías
procesales aptas y ha sido violado o amenazado por un proce-
der manifiestamente arbitrario o ilegal [Cám. Nac. Civ., Sala
A, 15-02-1989, en autos “Radiodifusora Buenos Aires S.A. c/
A.F.A.”. Fuente: LL, 1989-C-340].
LXXI. La vía del amparo requiere de circunstancias de muy
definida excepción, tipificadas por la presencia de arbitrarie-
dad, irrazonabilidad o ilegalidad manifiesta que configuren,
ante la ineficacia de los procesos ordinarios, la existencia de
un daño concreto y grave sólo eventualmente reparable por
esta acción urgente y expedita [Cám. Fed. Cont. Adm. Capi-
tal, Sala 5, 24-02-1997, en autos “Gallegos c/ ANA”. Fuente:
Seró, “Acción de amparo”, en Revista de Derecho Procesal, Nº
4, Sección de Jurisprudencia Temática, p. 399].
LXXII. La exclusión del amparo por la existencia de otros re-
cursos no puede fundarse en una apreciación meramente ri-
tual, ya que con él se busca una efectiva protección de derechos
por sobre una ordenación o resguardo de competencias [CSJN,
08-07-1997, en autos “Mases de Díaz c/ Estado de la Provincia
de Corrientes”; 10-12-1997, en autos “Magistrados del Poder
Judicial de Jujuy c/ Estado Provincial”. Fuente: Seró, “Acción
de amparo”, en Revista de Derecho Procesal, Nº 4, Sección de
Jurisprudencia Temática, p. 401].
LXXIII. Resulta improcedente que tramitando un remedio
administrativo se interponga un amparo judicial para inter-
PRÁCTICA DEL AMPARO 89
ferir dicha tramitación [Cám. Fed. Resistencia, 23-12-1993.
Fuente: Seró, “Acción de amparo”, en Revista de Derecho Pro-
cesal, Nº 4, Sección de Jurisprudencia Temática, p. 404; ED,
160-584].
LXXIV. Toda vez que el plazo del art. 2º, inc. e, de la ley de am-
paro se establece al único efecto de posibilitar la promoción
de una demanda ante los tribunales judiciales, el mismo debe
ser computado en días hábiles judiciales [Cám. Fed. Cont.
Adm. Capital, Sala 1, 11-09-1997, en autos “Coviello c/ Admi-
nistración de Parques Nacionales”. Fuente: Seró, “Acción de
amparo”, en Revista de Derecho Procesal, Nº 4, Sección de Ju-
risprudencia Temática, p. 407].
LXXV. Resulta procedente el amparo sin requerir mayor am-
plitud de debate o prueba, si la cuestión es sustancialmente
una cuestión mayor de puro derecho [CSJN, 09-04-2002, en
autos “Mignone, Emilio s/ promueve acción de amparo”. Fuen-
te: ED, Suplemento de Derecho Constitucional, Nº 10.543,
edición del 12-07-2002, p. 1].
LXXVI. A los efectos de la viabilidad de la excepcionalísima
acción de amparo, deben concurrir conjunta e imperativa-
mente: la violación de un derecho o garantía de raigambre
constitucional; que dicha violación sea manifiestamente ile-
gal o arbitraria, carente de todo fundamento o razón; que
no existan otros remedios judiciales o administrativos; y
por último, para el caso de darse la existencia de tales reme-
dios, que la remisión del caso, produzca o pueda producir
un grave e irreparable daño a los amparados. La ausencia
de alguno de estos presupuestos, torna improcedente la
acción. La excepcionalidad de la vía de amparo, como tui-
tiva de los derechos y garantías constitucionales afectados,
por manifiestas ilegitimidades, torna imprescindible que no
sea utilizada para suplir los recursos o remedios judiciales
o administrativos que permitan obtener la protección busca-
da (art. 2º, inc. a, ley 16.986) [Cám. Fed. Córdoba, Sala B, en
autos “García, Cristóbal y otros c/ Ministerio de Trabajo de la
Nación y otra - amparo”, Sent Nº 119, del 06-08-1998. Fuen-
te:Foro de Córdoba, Nº 53, Síntesis de Jurisprudencia, ps. 353-
354].
90 LUIS R. CARRANZA TORRES
LXXVII. La institución del amparo no tiene por finalidad otor-
gar a la justicia un método para supervisar el accionar de los
organismos administrativos, ni para controlar el acierto o el
error con que ellos desempeñan las funciones que la ley les
encomienda, sino la de proveer un remedio rápido y eficaz
contra las arbitrariedades de sus actos cuando lesionen de
forma manifiesta e irreparable por otra vía, los derechos y
garantías reconocidos por la ley fundamental (CSJN, 29-09-
1987) [Cám. Fed. Córdoba, Sala A, en autos “Galizzi, Juan Au-
gusto c/ Universidad Nacional de Córdoba - Facultad de Ciencias
Exactas, Físicas y Naturales - amparo”, sentencia del 17-12-1996.
Fuente: Repertorio Foro de Córdoba, Año 1998, ps. 23 y 24].
LXXVIII. De una visión amplia y de los criterios de la ley 16.986
que tenga en cuenta preferentemente la finalidad de la acción
allí regulada, no puede menos que encontrarse razonable y
ajustada a derecho la vía elegida por el actor —el amparo— ya
que al regularse la vía de excepción se buscó evitar que la jus-
ticia llegue tarde [Cám. Fed. Córdoba, Sala B, en autos “Agulla,
Eduardo y otro c/ DGI - amparo”, sentencia del 22-08-1997.
Fuente: Foro de Córdoba, Nº 46, p. 167, fallo Nº 84].
LXXIX. La Corte Suprema de Justicia de la Nación ha decla-
rado que no es acogible el amparo si el régimen legal respec-
tivo admite recursos administrativos contra el acto que se
reputa ilegal, o contencioso administrativo, o jerárquico o los
previstos en las resoluciones aduaneras. También ha soste-
nido que el amparo no altera el juego de las instituciones vi-
gentes, si se ha planteado en sede administrativa un recurso
que se encuentra pendiente de decisión, el amparo es impro-
cedente, pues una acción de este tipo no puede ser utilizada
para sustraer la cuestión debatida del conocimiento de la au-
toridad que interviene por recurso del propio interesado
(“Hughes Tool Company c/ Gobierno Nacional”) [Cám. Fed.
Córdoba, Sala B, en autos “García, Cristóbal y otros c/ Minis-
terio de Trabajo de la Nación y otra - amparo”, Sent. Nº 119,
del 06-08-1998. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 53, Síntesis de
Jurisprudencia, p. 353].
LXXX. El traslado intempestivo del actor a la ciudad de San
Luis y lo exiguo y perentorio del plazo otorgado para presen-
PRÁCTICA DEL AMPARO 91
tarse en esa localidad, no admitía en modo alguno intentar la
discusión por vía ordinaria, ya que de entendérselo así cual-
quier decisión tornaría ilusoria la posibilidad de lograr una
solución en tiempo útil, y no tiene asidero la afirmación de la
DGI en el sentido que si no se trasladaba el actor, se ponía en
peligro la subsistencia del Estado, pues sería sostener que
nadie habría entre todos los abogados dependientes de la re-
partición capaz de realizar la tarea que se le encomendó a aquél
[Cám. Fed. Córdoba, Sala B, en autos “Agulla, Eduardo y otro
c/ DGI - amparo”, sentencia del 22-08-1997. Fuente: Foro de
Córdoba, Nº 46, p. 167, fallo Nº 84].
LXXXI. El control de constitucionalidad encuentra como lí-
mite las razones de mérito, oportunidad y conveniencia que
han guiado a los órganos políticos Legislativo y Ejecutivo, para
su dictado; por lo que los procesos iniciados con la única fina-
lidad de conseguir un pronunciamiento judicial acerca de la
constitucionalidad de normas o decisiones políticas dictadas
por los demás poderes del Estado, carecen de controversia real
y en consecuencia resultan inoperantes para provocar la aper-
tura de la jurisdicción [Cám. Fed. Córdoba, Sala A, en autos
“Abella, Miguel Ángel c/ Estado Nacional (MEOSP) - amparo
- ley 16.986”, Sent. Nº 136, del 28-08-1998. Fuente: Foro de Cór-
doba, Nº 49, p. 144, fallo Nº 122; Repertorio Foro de Córdoba,
Año 1998, p. 27].
LXXXII. La demanda intentada sólo constituye una manifes-
tación de la discrepancia que el actor mantiene contra las de-
cisiones del Poder Ejecutivo en el asunto del peaje, pero tal
disconformidad con las decisiones de los otros poderes, en
abstracto, no constituye una causa judicial, lo que es óbice para
que el Poder Judicial realice el control de constitucionalidad
que se ha requerido, ya que esta facultad no permite actuar en
reemplazo de los poderes políticos [Cám. Fed. Córdoba, Sala
A, en autos “Abella, Miguel Ángel c/ Estado Nacional (MEOSP)
- amparo - ley 16.986”, Sent. Nº 136, del 28-08-1998. Fuente:
Foro de Córdoba, Nº 49, p. 144, fallo Nº 122; Repertorio Foro
de Córdoba, Año 1998, p. 27].
LXXXIII. El principio de división de poderes en que se asien-
ta toda actuación del Estado impide que el órgano judicial se
92 LUIS R. CARRANZA TORRES
introduzca en cuestiones propias y discrecionales de los demás
poderes, salvo cuando aparezca un obrar normativo o fáctico
contrario a normas de la Constitución Nacional, los tratados
internacionales o las leyes de la Nación [Cám. Fed. Córdoba,
Sala A, en autos “Abella, Miguel Ángel c/ Estado Nacional
(MEOSP) - amparo - ley 16.986”, Sent. Nº 136, del 28-08-1998.
Fuente: Foro de Córdoba, Nº 49, p. 144, fallo Nº 122; Reperto-
rio Foro de Córdoba, Año 1998, p. 27].
LXXXIV. De lo establecido por el mencionado inciso del art.
13 de la ley 23.898 se deriva que las acciones de amparo —cuyo
objeto es la preservación de la vigencia de la Ley Fundamen-
tal (conf. art. 43 de la Constitución Nacional y la doctrina de
Fallos 247:462; 253:29; 256:54; 259:196; 263:296; 267:165,
entre otros)— pueden promoverse sin que ello genere a quien
lo hace la obligación de pagar la tasa de justicia. Tal tributo sólo
deberá ser abonado en el supuesto de que el amparo fuese re-
chazado y con posterioridad a la sentencia que así lo decida
[CSJN, A.6.XXXIX, en autos “Aría, Estela c/ Poder Ejecutivo
Nacional”, resolución del 19-06-2003. Fuente: Archivo del
autor].
LXXXV. No existe pues, con respecto a las acciones de ampa-
ro, una exención objetiva, lisa y llana, de la tasa de justicia,
como sí la hay, por ejemplo, respecto de las peticiones formu-
ladas al Poder Judicial en el ejercicio de un derecho político,
las motivadas por aclaraciones o rectificaciones de partidas del
Registro Civil, las derivadas de las relaciones de familia que
no tengan carácter patrimonial y las ejecuciones fiscales (conf.
incs. c, g, i y j del art. 13 de la ley 23.898 modificada por la ley
24.073) [CSJN, A.6.XXXIX, en autos “Aría, Estela c/ Poder
Ejecutivo Nacional”, resolución del 19-06-2003. Fuente: Archi-
vo del autor].
LXXXVI. Lo establecido por el art. 13, inc. b, de la ley 23.898
se trata, por lo tanto, de una norma que sólo procura tutelar
a quien promueve una acción de amparo, y con el alcance antes
indicado. La expresión “[...] cuando no fueren denegados”
constituye una pauta indudable del carácter subjetivo y con-
dicional de la exención. En consecuencia, no puede valerse de
ella la contraparte —o quien recurra una decisión favorable a
PRÁCTICA DEL AMPARO 93
la actora— para pretender eximirse del pago del depósito que
determina el art. 286 del Código Procesal Civil y Comercial de
la Nación [CSJN, A.6.XXXIX, en autos “Aría, Estela c/ Poder
Ejecutivo Nacional”, resolución del 19-06-2003. Fuente: Archi-
vo del autor].
LXXXVII. No corresponde acoger el amparo si se trata de un
problema atinente a la determinación de las órbitas de com-
petencia entre los poderes del gobierno federal y los de un
Estado provincial, ya que la acción declarativa es un medio ple-
namente eficaz y suficiente para satisfacer el interés de la ac-
tora con una declaración de certeza [CSJN, en autos “Santiago
del Estero, Provincia de c/ Gobierno Nacional s/ amparo”, Sent.
Nº C1119 XXXI, del 12-09-1996. Fuente: SAIJ, sumario Nº
A0036902].
LXXXVIII. La razón de ser la vía excepcional no es someter a
la vigilancia judicial el desempeño de los funcionarios y orga-
nismos administrativos, ni el control del acierto con el que la
administración desempeña sus funciones [CSJN, en autos “Del
Canto, Ysmael Aldo y otro c/ Ministerio de Trabajo y Seguridad
Social s/ recurso de hecho”, Sent. Nº D387, del 07-07-1992.
Fuente: SAIJ, sumario Nº A0021663].
2.9.2.Provincial
I. Los presupuestos propios del amparo son: a) certidumbre del
derecho invocado y al cual se busca proteger; b) actualidad de
la conducta lesiva; c) carácter manifiesto de la ilegalidad o ar-
bitrariedad de esa conducta, y d) origen constitucional de los
derechos afectados [Cám. 2ª Apel. Cont. Adm., en autos “Gó-
mez Ochoa, Juan Carlos y otro c/ Provincia de Córdoba s/ am-
paro por mora”, Sent. Nº 49, del 07-06-1993. Fuente: SAIJ,
sumario Nº R0010078].
II. No procede la acción de amparo contra actos administra-
tivos que han sido consentidos, al no haber agotado el accio-
nante los recursos con que contaba en sede administrativa;
para la viabilidad de la acción de amparo es menester que el
acto administrativo atacado adolezca de ilegitimidad mani-
94 LUIS R. CARRANZA TORRES
fiesta, lo que no se encuentra configurado en la especie. Las
medidas tomadas por el IPAM se encuentran suficientemen-
te justificadas, a los fines del amparo, con la existencia de una
denuncia penal contra el accionante, aunque hasta la fecha no
se haya instruido o dictado resolución en la causa penal [Juzg.
1ª Inst. y 5ª Nom. Civ. y Com., en autos “Roque Molina, Mar-
tín Héctor c/ Instituto Provincial de Atención Médica de la Pro-
vincia de Córdoba s/ amparo”, Sent. Nº 124, del 13-08-1987.
Fuente: SAIJ, sumario Nº R0000733].
III. Tratándose de derechos comprendidos entre las garantías
implícitas de la Constitución Nacional y expresamente en el
art. 66 de la Constitución de la Provincia de Córdoba, como
es el derecho a la preservación y conservación del medio am-
biente con incidencia en la salud e integridad física de las per-
sonas, no puede confundirse con las meras molestias
enunciadas en el art. 2618 del CC, tendientes esencialmente
a resguardar el derecho de propiedad mediante restricciones
y límites al dominio.
La contaminación ambiental no tiene fronteras de simple ve-
cindad y no se resuelve indemnizando como autoriza el art.
2618 del CC, por lo cual es necesario adoptar soluciones que
en tiempo razonable restablezcan el equilibrio ecológico, in-
dispensable para el equilibrio psicofísico del hombre. Por con-
siguiente, en el evento denunciado, es menester recurrir al
trámite sumarísimo regulado por la ley 4915, pues siendo dis-
tinto el objeto de la acción impetrada, a la que informa el art.
2618 del CC, no corresponde la vía del juicio verbal, por correr
el riesgo de brindar protección judicial posterior al agrava-
miento de las enfermedades que se denuncian [Cám. Apel. Civ.
y Com. Villa María, en autos “Zuchetti, Héctor c/ Cooperativa
Agropecuaria Pozo del Molle Ltda. s/ amparo”, A.I. Nº 82, del
01-07-1994. Fuente: SAIJ, sumario Nº R0009809].
IV. Los derechos o intereses difusos, como es sabido, no tienen
destinatarios específicos o individualizados, sino que residen
en la generalidad de los miembros de la comunidad o un sec-
tor indeterminado de ella, debiendo encontrarse allí la razón
de que la tendencia sea reconocerle a cualquier individuo de
dicha comunidad la titularidad de la acción para frenar la agre-
sión a que ésta pueda verse expuesta. Los derechos que se pre-
PRÁCTICA DEL AMPARO 95
tenden hacer valer en este amparo, por el contrario, adquie-
ren la categoría de verdadero privilegio concedido a personas
perfectamente individualizadas, lo que, por oposición a los de-
rechos difusos, hace pensar más bien en ser rigurosos y estric-
tos en la interpretación de quiénes son los titulares de ese
privilegio y quiénes los habilitados para venir en amparo a de-
mandar su reconocimiento o conservación [Voto del Dr. Bus-
tamante, Cám. 2ª Apel. Civ. y Com. Río Cuarto, en autos
“Sindicato del Personal de Obras Sanitarias de la Ciudad de Río
Cuarto c/ Municipalidad de Río Cuarto s/ amparo”, Sent. Nº 5,
del 26-10-1994. Fuente: SAIJ, sumario Nº R0009831].
V. El amparo presupone la lesión o amenaza de lesión de dere-
chos y garantías; no es en cambio, una acción resarcitoria, que
requiera la acreditación de algún daño; menos aún, que éste sea
concreto y grave. El objetivo esencial de dicha acción radica en
preservar los derechos amenazados o en restablecer los concul-
cados, al margen de todo perjuicio específico [Cám. 8ª Civ. y
Com. Córdoba, Sent. Nº 10, del 24-02-1997. Fuente: Zavala de
González, Doctrina judicial. Solución de casos 2, p. 31].
VI.Son presupuestos —entre otros— que deben concurrir para
la procedencia de esta vía de excepción: a) ineptitud de los re-
medios ordinarios en relación con el grave daño que se gene-
raría de sujetarse a ellos, y b) ilegitimidad manifiesta. La
ilegalidad, irregularidad, ilegitimidad y arbitrariedad son tér-
minos que la doctrina y jurisprudencia han utilizado para
calificar el acto lesivo y si bien cada uno de ellos encierra con-
ceptos diferentes, todos apuntan a mostrarlo “ostensiblemen-
te” como una “grosera violación” al derecho constitucional que
el impetrante invoca [TSJ, Sala Civ. y Com., en autos “Cornet,
M. s/ amparo - revisión”, Sent. Nº 59, del 02-12-1989. Fuente:
SAIJ, sumario Nº R0004040].
VII. El amparo no es vía apta cuando los hechos, actos y omi-
siones que se dicen lesivos tienen sustento en la ley, porque
erigirlo en el medio ordinario sería evitar la aplicación de
aquélla. Pero el principio no es absoluto cuando las disposi-
ciones legales resultaren palmariamente —sin necesidad de
un amplio estudio o debate— arbitrarias y violatorias de de-
rechos esenciales; en cuyo caso se impone el restablecimien-
96 LUIS R. CARRANZA TORRES
to inmediato en el ejercicio de aquéllos [TSJ, Sala Civ. y Com.,
en autos “Cornet, M. s/ amparo - revisión”, Sent. Nº 59, del 02-
12-1989. Fuente: SAIJ, sumario Nº R0004041].
VIII. La acción de amparo no procede cuando existe otra vía
legal que permite obtener la protección del derecho invocado
por el impetrante, situación contemplada por el art. 2º, inc. a,
de la ley 4915. La Corte Suprema de Justicia de la Nación ha
señalado que este procedimiento excepcional no está destinado
a sustituir los medios normalmente instituidos para la deci-
sión de las controversias judiciales. Su exclusión lisa y llana,
por la existencia de otros recursos administrativos y judicia-
les, no puede fundarse, sin embargo, en una apreciación me-
ramente ritual, toda vez que la institución tiene por objeto una
efectiva protección de derechos más que una ordenación o
resguardo de competencias [TSJ, Sala Civ. y Com., en autos
“Cornet, M. s/ amparo - revisión”, Sent. Nº 59, del 02-12-1989.
Fuente: SAIJ, sumario Nº R0004038].
IX. Aun siendo exacto que ninguna disposición ordinaria del
Congreso o de la legislatura puede suprimir la atribución de
los jueces de declarar la inconstitucionalidad de las leyes —
que no es sino la necesaria consecuencia del principio de su-
premacía de la Constitución (art. 31, CN)— tal facultad debe
ejercerse en forma restrictiva y rigurosa en el proceso de am-
paro para evitar que ésta y la expeditiva pueda utilizarse ca-
prichosamente como expediente para eludir el cumplimiento
de las leyes u obstaculizar la actividad del Estado. Consi-
guientemente, la declaración de inconstitucionalidad por
este medio debe limitarse a los casos en que la disposición
legal cuestionada resulte abiertamente contraria a una ga-
rantía consagrada en la Ley Fundamental y siempre que tal
situación se encuentre acabadamente demostrada [TSJ,
Sala Civ. y Com., en autos “Video Visión c/ Municipalidad de
Córdoba s/ amparo”, Sent. Nº 34, del 11-12-1987. Fuente:
SAIJ, sumario Nº R0002467].
X. El amparo está abierto en aquellos supuestos en que los
recursos o remedios no permiten obtener la protección del de-
recho constitucional, no bastando pues, que haya una vía pro-
cesal de cualquier índole, para desestimar el amparo: hay que
PRÁCTICA DEL AMPARO 97
considerar, inexcusablemente, si tal trámite es auténticamen-
te operativo para enfrentar el acto lesivo, pues resultaría harto
fácil rechazar una demanda de amparo por la simple razón de
existir acciones judiciales y administrativas que contempla-
ran el problema litigioso, ya que con tal criterio, todo ampa-
ro resultaría desechable [Cám. Apel. Civ. y Com., en autos
“Formica, Jorge Luis y otro s/ amparo”, Sent. Nº 23, del 03-07-
1987. Fuente: SAIJ, sumario Nº R0001844].
XI. Conforme el art. 2º, inc. e, de la ley 4915, la acción de am-
paro no será admisible cuando “la demanda no hubiese sido
presentada dentro de los quince días hábiles a partir de la fe-
cha en que el acto fue ejecutado o debió producirse”, tal dis-
posición no puede regir cuando el proceder que se ataca, no
lesivo de derechos o garantías constitucionales, no está des-
tinado a consumarse o anotarse en un cierto momento sino
que, por el contrario, puede conformar una situación conti-
nuada o con reiteración intermitente y pervivencia temporal
[Voto en disidencia, Dra. Zavala de González, Cám. 8ª Civ.
Com. Córdoba, en autos “Ronca, Héctor c/ Telecom Argenti-
na s/ amparo”, Sent. Nº 104, del 06-05-1991. Fuente: SAIJ, su-
mario Nº R0007277].
XII. El recurso de amparo es una medida excepcional que sólo
se justifica cuando aparece, de un modo claro y manifiesto, la
ilegitimidad de una restricción a los derechos de una persona,
así como el daño grave e irreparable que le causaría remitien-
do el examen de la cuestión a los procedimientos ordinarios,
o sea que lo básico de este tipo de acción o proceso es su cele-
ridad para evitar los inconvenientes de un procedimiento
largo y tedioso. Pero es de notar que ello no es aplicable en el
caso de corte de energía por la Empresa Provincial de Energía,
pues el acto administrativo, pese a la dualidad de respuestas
que presentarían las notas enviadas, tuvo oportunidad de ser
evitado, cumpliendo acabadamente los principios que emanan
del derecho administrativo, pues este remedio, sólo puede
suplir la carencia de medios regulares de defensa de los dere-
chos y garantías constitucionales. Es evidente que si la afec-
tada, procede por la vía administrativa, sin perjuicio de iniciar
las acciones ordinarias posteriores, a breve plazo podrá recu-
perar el derecho que ahora dice perdido, pues la existencia de
98 LUIS R. CARRANZA TORRES
remedios y peticiones administrativas en trámite, es circuns-
tancia que autoriza por sí sola el rechazo de la acción de am-
paro (LL, 127-573), de donde se denota que el remedio procesal
que se pretende carece por ende de las necesarias notas que ca-
racterizan al amparo, porque existen los medios suficientes
para la consecución de los fines pretendidos, o sea el inmedia-
to (tipo de proceso, vía ordinaria para la discusión amplia de
la situación creada) y el mediato (bien de la vida que se preten-
de conculcado, a través del pago de lo que se dice adeudado,
bajo la consecuente protesta si fuere menester). Es por ello que
esta Excma. Cámara ha sostenido que “Los jueces deben ex-
tremar su ponderación y prudencia a fin de no decidir por la
vía sumarísima del amparo, cuestiones susceptibles de mayor
debate y que corresponde resolver por procedimientos ordina-
rios” [Cám. 2ª Civ. Com. Córdoba, en autos “Carranza Rey de
Rossi, Susana del Carmen s/ amparo”, I. Nº 121, del 28-05-
1992. Fuente: SAIJ, sumario R0006121].
XIII. Corresponde darle trámite a la acción de amparo, de con-
formidad con lo dispuesto por la ley 4915 —modificada por ley
5770— pues el hecho denunciado consistiría en la clausura
preventiva, por el término de cinco días de un establecimien-
to, y pese al pago parcial de la deuda reclamada por el Muni-
cipio y de una multa por clausura, esta medida sólo fue
levantada provisoriamente, por lo que se trataría de un acto
administrativo injusto (concepto amplio de ilegalidad mani-
fiesta —art. 1º, ley 4915, modif. ley 5770). La aplicación del art.
3º de la ley 4915 (modif. 5770) requiere la inexistencia de duda
sobre el hecho cuestionado o sobre la norma aplicable; es de-
cir, debe ser básicamente indiscutible la inadmisibilidad de la
acción, lo que no ocurre en el caso, por lo que corresponde
imprimir el trámite fijado en el art. 8º de la norma legal cita-
da [Cám. Acus. Penal Córdoba, en autos “Acción de amparo
presentada por Eugenio Lago (en representación de la firma
Impulsora S.R.L.) s/ amparo”, I. Nº 177, del 16-11-1995. Fuen-
te: SAIJ, sumario Nº R0014332].
XIV. El amparo presupone la lesión o amenaza de lesión de
“derechos y garantías”; no es, en cambio, una acción resarci-
toria, que requiera la acreditación de algún daño; menos aún,
que éste sea concreto y grave, según erradamente postula la
PRÁCTICA DEL AMPARO 99
apelante. El objetivo esencial de dicha acción radica en preser-
var los derechos amenazados o en restablecer los conculcados,
al margen de todo perjuicio específico [Cám. 8ª Civ. Com.
Córdoba, 24-02-1997, Sent. Nº 10 (Aclaratoria A.I. Nº 31, 06-03-
1997). Tribunal de origen: Juzg. 15ª Civ. Com. Córdoba, en au-
tos “Bonetto, Rodolfo Antonio y otros c/ Superior Gobierno de la
Provincia de Córdoba y otro - acción de amparo”. Fuente: Sema-
nario Jurídico, t. 76, 1997-A-372].
XV. La legislación de amparo vigente en el país, dictada sobre
distinto basamento constitucional, en lo que hace a requisitos
formales de admisibilidad, ha resultado tácitamente derogada
por el art. 43 de la CN, que lo regula de manera autosuficiente
[Cám. Civ. Com. Bell Ville, en autos “Las Repetto y Cía. S.R.L.
c/ Municipalidad de Bell Ville - acción de amparo - apelación”,
Sent. Nº 8, del 14-05-1999. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 59,
Síntesis de Jurisprudencia, p. 267].
XVI. El art. 43 de la CN impone como recaudo para la admi-
sibilidad de esta acción “que no exista otro medio judicial más
idóneo”, tornando así inconstitucional la exigencia de transi-
tar previamente las vías administrativas, y así lo ha conside-
rado, tempranamente, la jurisprudencia que ha juzgado que
la existencia de aquellos medios idóneos, no puede ser obstá-
culo para la admisibilidad de la pretensión [Cám. Civ. Com.
Bell Ville, en autos “Las Repetto y Cía S.R.L. c/ Municipalidad
de Bell Ville - acción de amparo - apelación”, Sent. Nº 8, del 14-
05-1999. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 59, Síntesis de Jurispru-
dencia, p. 267].
XVII. El art. 43 de la CN ha producido cambios importantísi-
mos en la acción de amparo, tanto que hoy no resultan exigi-
bles algunos de los recaudos de admisibilidad contenidos en
leyes de jerarquía inferior. Esas normas han perdido vigencia,
sea porque se consideren tácitamente derogadas, sea simple-
mente por resultar inconstitucionales [Del voto de la mayoría,
Dres. Álvarez de Varas y Rampini, Cám. 1a Civ. Com. Córdo-
ba, en autos “Asociación Bancaria Seccional Córdoba c/ Banco
de la Provincia de Córdoba y otro - amparo”, A.I. Nº 106, del 22-
04-1998. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 58, Síntesis de Jurispru-
dencia, p. 226].
100 LUIS R. CARRANZA TORRES
XVIII. Bajo la nueva óptica del amparo brindada por el art. 43
de la CN de 1994, para habilitar esa vía es suficiente con que
“no exista otro remedio judicial más idóneo”, dándose así una
mayor amplitud a su procedencia que el acotado marco de la
“inexistencia de recursos y remedios judiciales o administra-
tivos que permitan obtener la protección del derecho o garantía
constitucional de que se trata” que fijaba el art. 2º, inc. b, de
la ley 4915, desplazado en este aspecto por la indudable supe-
rior jerarquía de la nueva Constitución Nacional. Ahora el am-
paro ya juega como alternativa principal y no subsidiaria: “sólo
de existir otras vías mejores” (quiere decir más idóneas, efica-
ces, útiles, efectivas) que el amparo y, únicamente, si por ra-
zón de la complejidad del objeto se necesitara de mayor
conocimiento o gestión probatoria (de la que razonadamente
tolera la singularidad del trámite del amparo), se estaría ante
supuestos en los que debería éste dar ingreso a otros continen-
tes, pero ello sería siempre excepcional y no el principio o la
regla [Cám. 2a Civ. Com. Cont. Adm. Río Cuarto, en autos “Di
Santo, María Ester c/ Gobierno de la Provincia de Córdoba -
acción de amparo”, Sent. Nº 69, del 29-10-1998. Fuente: Foro
de Córdoba, Nº 56, Síntesis de Jurisprudencia, p. 303].
XIX. El art. 43 de la CN, reformada en 1994, en tanto prevé como
condicionamiento del amparo la inexistencia de “otro medio
judicial más idóneo”, no deroga el art. 2º, inc. a, de la ley 4915,
ni hace que la acción de amparo deje de ser una acción subsidia-
ria, viable sólo ante la inexistencia de otra vía que posibilite el
adecuado resguardo del derecho invocado. Al respecto se ha
dicho que “incurren en un agrave error quienes interpretan, a
raíz de la reforma constitucional, que el amparo se ha constitui-
do en un medio procedimental ordinario, pues continúa sien-
do un remedio extraordinario y por ende excepcional” (Cám.
Nac. Cont. Adm. Fed., Sala 5, 13-11-1995, reseñado en JA, Nº
6030, del 26-03-1997, p. 32, Nº 17). Vía judicial “más idónea”, en
los términos del art. 43 de la CN, es la adecuada a la naturale-
za de la cuestión planteada conforme al régimen procesal vigen-
te, con lo cual el amparo queda reservado a los supuestos en que
exista arbitrariedad o ilegalidad manifiesta y, además, las vías
ordinarias carezcan de idoneidad para otorgar al justiciable una
tutela judicial efectiva del derecho invocado [TSJ en pleno, en
autos “Miranda, Liliana y otros c/ Municipalidad de Córdoba - am-
PRÁCTICA DEL AMPARO 101
paro - cuestión de competencia - recurso directo”, Sent. Nº 57, del
18-05-1999. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 54, p. 177].
XX. Mientras en el sistema anterior el amparo presuponía la
inexistencia de otra vía, administrativa o judicial, más efi-
caz debiendo ser el “único” medio con estas características,
hoy la cuestión se invierte, y el amparo es desplazado sólo si
hay otra vía “judicial” más rápida, quedando desplazada la
comparación entre el amparo con cualquier vía administra-
tiva. Por tanto, “a igualdad de medios judiciales”, podrá
recurrirse al amparo “y” solamente podrán desplazarlo si re-
sultan de mayor utilidad para el particular damnificado,
pero nunca si tienen una igual o menor [Cám. 8ª Civ. Com.
Córdoba, 24-02-1997, Sent. Nº 10, del 06-03-1997). Tribunal
de origen: Juzg. 15ª Civ. Com. Córdoba, en autos “Bonetto,
Rodolfo Antonio y otros c/ Superior Gobierno de la Provincia
de Córdoba y otro - acción de amparo”. Fuente: Semanario Ju-
rídico, t. 76, 1997-A-372].
XXI. El ejercicio de la acción de amparo requiere que el acto
impugnado “[...] restrinja, altere o amenace [...]” los derechos
y garantías reconocidos por las constituciones de la Nación
y de la Provincia (art. 1º, ley 4915). Por esto, para la admi-
sibilidad del amparo debe patentizarse el interés legítimo de
quien demanda [Del voto de la mayoría, Dres. Álvarez de
Varas y Rampini, Cám. 1ª Civ. Com. Córdoba, en autos “Aso-
ciación Bancaria Seccional Córdoba c/ Banco de la Provincia de
Córdoba y otro - amparo”, A.I. Nº 106, del 22-04-1998. Fuente:
Foro de Córdoba, Nº 58, Síntesis de Jurisprudencia, p. 226].
XXII. El art. 1º de la ley de amparo determina el acto lesivo,
su arbitrariedad o ilegalidad, los derechos y garantías ampa-
rados por la acción, el sujeto de quien debe provenir y la exclusión
de la protección de la libertad individual; sus presupuestos
esenciales son: a) violación y amenaza por acto u omisión de
autoridad pública en forma actual o inminente de un derecho
o garantía explícita o implícitamente reconocido por la Cons-
titución Nacional; b) arbitrariedad o ilegalidad manifiesta del
acto lesivo, y c) inexistencia de otro remedio legal o posibilidad
de inferir un daño grave o irreparable si se desviara la recla-
mación a los procedimientos comunes [Del voto de la mayoría,
102 LUIS R. CARRANZA TORRES
Dres. Rampini y Sársfield Novillo, Cám. 1ª Civ. Com. Córdoba,
en autos “Ovelar, Silvana Andrea c/ Superior Gobierno de la
Provincia - amparo”, Sent. Nº 63, del 18-05-2000. Fuente: Foro
de Córdoba, Nº 71, Síntesis de Jurisprudencia, ps. 240-241].
XXIII. Si el recurso a que hace referencia el art. 2º de la ley 4915
no permite, por su complejidad o lentitud, obtener la protec-
ción reclamada, el amparo es admisible, quedando librado al
prudente arbitrio de los jueces determinar si la vía judicial o
administrativa resulta o no idónea o efectiva para proteger los
derechos del accionante. No basta que haya una vía procesal
de cualquier índole para desestimar un pedido de amparo: hay
que considerar de manera inexcusable si tal trámite es
auténticamente operativo para enfrentar el acto lesivo [Cám.
5ªCiv. Com. Córdoba, en autos “Tarquino, Ovidio Pablo c/ Mu-
nicipalidad de Córdoba - amparo”, A.I. Nº 457, del 21-12-1999.
Fuente: Foro de Córdoba, Nº 65, p. 173].
XXIV. La procedencia de la acción de amparo se halla condi-
cionada a la efectiva adecuación entre el acto u omisión res-
pecto de los que se invocan la protección jurisdiccional y las
exigencias establecidas en los aludidos plexos normativos,
que son: a) que emanen de una autoridad pública o de un par-
ticular; b) su arbitrariedad o ilegalidad manifiesta, y c) que
impliquen una restricción, lesión o amenaza de un derecho
o libertad de rango constitucional, nacional o provincial, con
excepción de la libertad individual que cuenta con la tutela
específica del habeas corpus. Siempre que resulte conculcado
o amenazado, de manera manifiestamente ilegal o arbitra-
ria, el ejercicio de un derecho esencial, la del amparo resul-
tará, en principio, la vía judicial apta para restablecer el
orden violado o impedir que la violación ocurra [Cám. Civ.
Com. Villa Dolores, en autos “Ramallo de Zárate, Silvia Ofelia
c/ Dirección de Vialidad de la Provincia de Córdoba - amparo
(y acumulados)”, Sent. Nº 1, del 21-02-2000. Fuente: Foro de
Córdoba, Nº 65, p. 173].
XXV. Arbitrariedad significa un acto o proceder contrario a la
justicia, la razón o las leyes, dictado sólo por la voluntad o el
capricho. En principio, no revisten tal carácter los actos que
cuentan con respaldo normativo, pues todo acto ejecutado
PRÁCTICA DEL AMPARO 103
dentro de la esfera de las facultades atribuidas por ley, goza
de una presunción de legitimidad que sólo puede ser destrui-
da de comprobarse que la aludida conformidad no existe. La
arbitrariedad como requisito habilitante del amparo descansa
sobre una idea binaria, pues ha de fluir no exclusivamente del
examen y valoración intrínseca del acto administrativo invo-
lucrado sino, principalmente, del resultado injustificadamente
perjudicial que de éste se deriva para el pretenso amparista.
La mera circunstancia de que el acto no cumpla debidamente
algunos de los recaudos formales atinentes a su dictado no ha-
bilita el amparo, sino en tanto y en cuanto tales deficiencias re-
percutan viciando en forma decisiva la resolución consagrada,
afectando disvaliosa e irrazonablemente los derechos fundamen-
tales que se dicen vulnerados [Cám. Civ. Com. Villa Dolores, en
autos “Ramallo de Zárate, Silvia Ofelia c/ Dirección de Vialidad
de la Provincia de Córdoba - amparo (y acumulados)”, Sent. Nº
1, del 21-02-2000. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 65, p. 173].
XXVI. El nuevo espíritu protector que inspira a la norma cons-
titucional, no ha querido que los derechos de tal raigambre de-
pendan de la existencia de plazos exiguos para reivindicarlos.
Corresponderá al juez en el caso concreto, el establecer cuán-
do por el transcurso del tiempo se pueda interpretar que ha
mediado una abdicación del derecho tutelado. No puede pre-
tenderse que tenga que ocurrirse a la vía ordinaria cuando se
trata de la puesta en marcha de un negocio que requiere de con-
siderable inversión, cuya recuperación depende en gran par-
te de la celeridad en la ejecución [Cám. Civ. Com. Bell Ville, en
autos “Las Repetto y Cía. S.R.L. c/ Municipalidad de Bell Ville
- acción de amparo - apelación”, Sent. Nº 8, del 14-05-1999.
Fuente: Foro de Córdoba, Nº 59, Síntesis de Jurisprudencia,
ps. 267-268].
XXVII. Cabe reparar, además, que la procedencia del amparo
está condicionada a que el acto u omisión impugnado, en for-
ma actual o inminente, lesione, restrinja, altere o amenace, el
derecho o garantía constitucional, con arbitrariedad o ilega-
lidad manifiesta, la que debe presentarse como algo palmario,
ostensible, patente, claro o inequívoco, es decir visible al exa-
men jurídico más superficial (Palacio, Lino Enrique, “La pre-
tensión de amparo en la reforma constitucional de 1994”, LL,
104 LUIS R. CARRANZA TORRES
1995-D, Sección Doctrina, p. 1238) [TSJ en pleno, en autos
“Miranda, Liliana y otros c/ Municipalidad de Córdoba - amparo
- cuestión de competencia - recurso directo”, Sent. Nº 57, del 18-
05-1999. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 54, p. 177].
XXVIII.La calificación de arbitrariedad o ilegalidad manifies-
ta, que a veces en la doctrina y en la jurisprudencia es reem-
plazada por la de ilegitimidad, revela que el acto lesivo debe
demostrar fehacientemente, en su primera apariencia, la vio-
lación grosera y ostensiblemente visible del derecho subjeti-
vo de quien promueve el amparo (Bidart Campos, Germán J.,
“El control de constitucionalidad en el juicio de amparo y la
arbitrariedad o ilegalidad del acto lesivo”, JA, 1969-II-169 y
ss.). Asimismo, la acción de amparo presupone la existencia
de un derecho o garantía incontrovertido, cierto. Este extre-
mo no se halla sujeto a un amplio debate o prueba sino a la mera
verificación de la conducta u omisión lesiva y el agravio con-
siguiente [TSJ en pleno, en autos “Miranda, Liliana y otros c/
Municipalidad de Córdoba - amparo - cuestión de competencia
- recurso directo”, Sent. Nº 57, del 18-05-1999. Fuente: Foro de
Córdoba, Nº 54, p. 177].
XXIX. Se frustra la procedencia del amparo cuando la arbitra-
riedad o ilegalidad que se invoca, no surge con total nitidez,
resultando, por lo tanto, ajenas a esta acción todas aquellas
cuestiones que sean opinables o bien requieran de un mayor
debate y aporte probatorio, excediendo las posibilidades
cognoscitivas propias de esta acción (art. 2º, inc. d, ley 4915).
La acción de amparo no tiene por finalidad facultar a los jue-
ces a sustituir los trámites y procesos ordinarios, en tanto no
se verifiquen los recaudos condicionantes para su proceden-
cia. Tales extremos no se encuentran reunidos desde que la ar-
bitrariedad e ilegalidad del acto que se denuncia, no aparece
de modo manifiesto a los fines de habilitar la excepcional vía
del amparo [TSJ en pleno, en autos “Miranda, Liliana y otros
c/ Municipalidad de Córdoba - amparo - cuestión de competen-
cia - recurso directo”, Sent. Nº 57, del 18-05-1999. Fuente: Foro
de Córdoba, Nº 54, p. 178].
XXX. En el marco del nuevo art. 43 de la CN, de vigencia ope-
rativa para todos los jueces nacionales y provinciales, perfila
PRÁCTICA DEL AMPARO 105
con un matiz diferencial a esta vía procesal de obvio carácter
iuspublicista, destinada a la tutela de los derechos y garantías
fundamentales. Dicho precepto no obsta a la vigencia de las
normas reglamentarias anteriores, en tanto éstas no se opon-
gan a la letra, al espíritu o resultan incompatibles con el reme-
dio judicial instituido en el citado precepto constitucional,
como un instrumento ágil, eficaz y expeditivo para asegurar
la vigencia cierta de los derechos constitucionales [TSJ en
pleno, en autos “Acción de amparo presentada por Marta Edith
Chaar de Flores, Laura A. Guell de Dottori y otros - recurso de
inconstitucionalidad”, Sent. Nº 75, del 11-12-1997. Fuente: Re-
pertorio Foro de Córdoba, Año 1998, p. 24].
XXXI. Si bien es cierto que, aun cuando hoy, frente al texto del
nuevo art. 43 de la carta magna, no pueda sostenerse ya como
requisito de procedencia la “inexistencia” de una vía idónea
para la tutela del derecho que se invoca como conculcado, sin
embargo, no cabe admitirlo cuando esa protección es suscep-
tible de ser obtenida a través de otro procedimiento adminis-
trativo o jurisdiccional que, frente a las particularidades del
caso, se presente como “el más idóneo”. La invocación y acre-
ditación de esta aptitud es, por lo tanto, de inexcusable obser-
vancia por parte de quien acude a esta vía [TSJ en pleno, en
autos “Acción de amparo presentada por Marta Edith Chaar de
Flores, Laura A. Guell de Dottori y otros - recurso de inconsti-
tucionalidad”, Sent. Nº 75, del 11-12-1997. Fuente: Foro de Cór-
doba, Nº 43, p. 74, fallo Nº 57].
XXXII. El art. 43 de la CN reformada en 1994, en tanto prevé
como condicionamiento del amparo la inexistencia de “otro
medio judicial más idóneo”, no deroga el art. 2º, inc. a, de la
ley 4915, ni hace que la acción de amparo deje de ser una ac-
ción subsidiaria, viable sólo ante la inexistencia de otra vía que
posibilite el adecuado resguardo del derecho invocado. Vía ju-
dicial “más idónea”, en los términos del art. 43 de la CN, es la
adecuada a la naturaleza de la cuestión planteada conforme
al régimen procesal vigente, con lo cual el amparo queda reser-
vado a los supuestos en que existen arbitrariedad o ilegalidad
manifiesta y, además, las vías ordinarias carezcan de idonei-
dad para otorgar al justiciable una tutela judicial efectiva del
derecho invocado [TSJ en pleno, en autos “Acción de amparo
106 LUIS R. CARRANZA TORRES
presentada por Marta Edith Chaar de Flores, Laura A. Guell
de Dottori y otros - recurso de inconstitucionalidad”, Sent. Nº
75, del 11-12-1997. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 43, p. 74, fa-
llo Nº 57].
XXXIII. En el sub lite, no se advierte la insuficiencia del pro-
ceso ordinario (art. 1º, ley 7182), dentro de cuyo marco y a tra-
vés inclusive del instituto de la suspensión de la ejecución del
acto, ya sea en sede administrativa como en la jurisdiccional
(art. 91, ley 6658, y art. 19, ley 7182), podría lograrse —de darse
los requisitos de procedencia— una protección inmediata
tendiente a evitar que se operen los efectos derivados de su
ejecutoriedad. Si bien resulta opinable la viabilidad formal de
la vía de amparo elegida por las demandantes para obtener la
protección jurisdiccional del derecho que se invocó como
conculcado, cierto es que habiéndosele dado trámite —a punto
tal que la causa se encuentra a conocimiento de la máxima
instancia jurisdiccional de la provincia— a lo que se suma que
no surge que esta circunstancia haya vulnerado el derecho de
defensa de la accionada, y en especial teniendo en cuenta que
este Tribunal ya tiene expuesto criterio sobre la materia dis-
cutida, se presentaría como un rigorismo formal, negatorio de
la adecuada prestación del servicio de justicia, anteponer
óbices o valladares adjetivos por sobre la verdad jurídico-ob-
jetiva que, en este momento del proceso, es susceptible de ser
declarada en el marco del nuevo art. 43 de la CN, de vigencia
operativa para todos los jueces nacionales y provinciales, el
cual perfila con un matiz diferencial a esta vía procesal de
obvio carácter iuspublicista, destinada a la tutela de los dere-
chos y garantías fundamentales [TSJ en pleno, en autos “Ac-
ción de amparo presentada por Marta Edith Chaar de Flores,
Laura A. Guell de Dottori y otros - recurso de inconstituciona-
lidad”, Sent. Nº 75, del 11-12-1997. Fuente: Foro de Córdoba,
Nº 43, p. 74, fallo Nº 57].
XXXIV. Si bien es cierto que frente al texto del nuevo art. 43
de la carta magna, no pueda sostenerse ya como requisito de
procedencia la “inexistencia” de una vía idónea para la tutela
del derecho que se invoca como conculcado, sin embargo, no
cabe admitirlo cuando esa protección es susceptible de ser ob-
tenida a través de otro procedimiento administrativo o juris-
PRÁCTICA DEL AMPARO 107
diccional que, frente a las particularidades del caso, se presente
como “el más idóneo”. La invocación y acreditación de esta
aptitud, es por tanto de inexcusable observancia por parte de
quien acude a esta vía [TSJ, Sala Penal, en autos “Acción de
amparo presentada por Dante Hugo Prosdocimo - recurso de
casación”, Sent. Nº 27, del 28-04-1998. Fuente: Foro de Córdo-
ba, Nº 45, p. 85, fallo Nº 73].
XXXV. Vía judicial “más idónea”, en los términos del art. 43
de la CN, es la adecuada a la naturaleza de la cuestión plan-
teada conforme al régimen procesal vigente, con lo cual el
amparo queda reservado a los supuestos en que existen arbi-
trariedad o ilegalidad manifiesta y, además, las vías ordina-
rias carezcan de idoneidad para otorgar al justiciable una
tutela judicial efectiva del derecho invocado [TSJ, Sala Penal,
en autos “Acción de amparo presentada por Dante Hugo Pros-
docimo - recurso de casación”, Sent. Nº 27, del 28-04-1998. Fuen-
te: Foro de Córdoba, Nº 45, p. 85, fallo Nº 73].
XXXVI. La procedencia del amparo está condicionada a que el
acto u omisión impugnado, en forma actual o inminente, lesio-
ne, restrinja, altere o amenace, el derecho o garantía constitu-
cional, con arbitrariedad o ilegalidad manifiesta, la que debe
presentarse como algo palmario, ostensible, patente, claro o
inequívoco, es decir visible al examen jurídico más superficial
[TSJ, Sala Penal, en autos “Acción de amparo presentada por
Dante Hugo Prosdocimo - recurso de casación”, Sent. Nº 27, del
28-04-1998. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 45, p. 85, fallo Nº 73].
XXXVII. La acción de amparo no puede operar simplemente
como una medida tutelar a fin de enervar los efectos de un acto
administrativo denegatorio de una pretensión —traslado
integración de grupo familiar— tendiente al reconocimiento
de un derecho subjetivo de carácter administrativo del cual no
se encontraba gozando el actor [TSJ, Sala Penal, en autos
“Acción de amparo presentada por Dante Hugo Prosdocimo -
recurso de casación”, Sent. Nº 27, del 28-04-1998. Fuente: Foro
de Córdoba, Nº 45, p. 85, fallo Nº 73].
XXXVIII. Si bien se admite como principio general que el am-
paro no resulta procedente si existen otras vías idóneas para
108 LUIS R. CARRANZA TORRES
la protección del derecho afectado, al mismo tiempo admite la
viabilidad del amparo si esas vías aunque existentes causan
gravamen serio e irreparable, teniendo presente además que
el trámite administrativo previo es innecesario cuando ello
constituya un ritualismo formal. En el caso, la normativa
aplicable son los arts. 24, 25 y 26 del reglamento de la ACF.
Dicho reglamento no prevé ninguna vía recursiva alguna a las
decisiones de los clubes acerca del otorgamiento o no de los
pases libres, como así tampoco para el pedido de transferen-
cias. Es por ello que se considera que la admisión procesal del
amparo por el a quo ha sido correcta legal y jurídicamente
[Cám. Trab. Córdoba, Sala 10, en autos “Piozzi, Elena del C. y
otro por sí y en representación de su hijo menor c/ Club Atléti-
co Racing - amparo - apelación”, A.I. Nº 49, del 12-03-1998.
Fuente: Foro de Córdoba, Nº 45, p. 167, fallo Nº 80].
XXXIX. Existen diferencias entre la inconstitucionalidad y el
amparo. El primero se trata de un instituto destinado a atacar
las leyes contrarias a la Constitución, mientras que el amparo
fue creado para atacar los actos u omisiones de entes públicos
o privados que vulneran derechos individuales garantizados
por la Constitución, es decir destinado a la defensa de los dere-
chos y garantías constitucionales, que prevén la Constitución
Nacional y las Constituciones Provinciales. De modo que las
expresiones doctrinarias son claras para dar por sustentado el
criterio de la no necesidad de declaración de inconstituciona-
lidad de las normas cuando se ejerce acción de amparo por
violación a derechos y garantías constitucionales provocados
por acciones u omisiones del Estado o particulares [Cám. Trab.
Córdoba, Sala 10, en autos “Piozzi, Elena del C. y otro por sí y en
representación de su hijo menor c/ Club Atlético Racing - ampa-
ro - apelación”, A.I. Nº 49, del 12-03-1998. Fuente: Foro de Cór-
doba, Nº 45, p. 167, fallo Nº 80].
XL. El amparo es una vía excepcional, pero siempre debemos
estar al caso concreto, para adecuarnos a las particulares cir-
cunstancias de cada asunto. En los juicios de amparo debe
atenderse a la situación del momento en que se decide. Sobre
esa base, en este pleito es procedente el amparo porque la le-
sión tiene actualidad y la vía contenciosadministrativa es
inexistente o ha caducado y la ordinaria es ilusoria. Además,
PRÁCTICA DEL AMPARO 109
la ilegalidad de la medida adoptada en contra del actor es ma-
nifiesta, como es ostensible su arbitrariedad y palmaria su nu-
lidad, de tal manera que los intereses que están en juego tales
como la imposibilidad de un haber previsional a corto tiempo,
la imposibilidad de pago de tasas municipales y el no disfrute
de cobertura médica, tienen entidad suficiente y gravedad
trascendente para que la vía heroica sea el carril adecuado para
encauzar sus pretensiones [Cám. Civ. Com. Fam. Trab. y Cont.
Adm. Río Tercero, en autos “Giménez, Nelson Osvaldo y otro
c/ Soc. de Bomberos Voluntarios de Villa del Dique y Villa
Rumipal y otro - amparo”, Sent. Nº 4, del 23-05-1997. Fuente:
Semanario Jurídico, t. 76, 1997-B-129].
XLI. No es la existencia de otra vía la que cierra indefectible-
mente el amparo, sino su ineptitud la que lo abre, pues si aqué-
lla no atiende idóneamente al problema, es decir, si su trámite
por uno u otro motivo no es lo suficientemente útil para pro-
teger el derecho vulnerado y puede, por ende, ocasionar un gra-
vamen irreparable, el interesado puede articular al amparo
directamente [Cám. Civ. Com. Fam. Trab. y Cont. Adm. Río
Tercero, en autos “Giménez, Nelson Osvaldo y otro c/ Soc. de
Bomberos Voluntarios de Villa del Dique y Villa Rumipal y otro
- amparo”, Sent. Nº 4, del 23-05-1997. Fuente: Semanario Ju-
rídico, t. 76, 1997-B-129].
XLII. Para determinar la admisibilidad de la acción de am-
paro el magistrado debe analizar no sólo la existencia de otras
vías legales alternativas a dicha vía, sino la idoneidad de las
mismas para evitar graves daños. Así, si la demora en los trá-
mites de la vía alternativa pudieran tornar ilusoria o gravosa
la decisión que en definitiva se dicte, ésta resulta ineficaz
[Cám. Civ. Com. Fam. Trab. y Cont. Adm. Río Tercero, en
autos “Giménez, Nelson Osvaldo y otro c/ Soc. de Bomberos
Voluntarios de Villa del Dique y Villa Rumipal y otro - ampa-
ro”, Sent. Nº 4, del 23-05-1997. Fuente: Semanario Jurídico,
t. 76, 1997-B-129].
XLIII. El amparo es acción principal, y no subsidiaria. A ma-
yor jerarquía de los derechos e intereses personalísimos, y
sobre todo si revisten trascendencia comunitaria, mayor debe
ser la celeridad en su protección. El rol institucional y no sólo
110 LUIS R. CARRANZA TORRES
individual de la acción de amparo exige atender a la trascenden-
cia de derechos humanos esenciales, por lo cual, debe admitir-
se sin más la tutela jurisdiccional [Cám. 8ª Civ. Com. Córdoba,
24-02-1997, Sent. Nº 10. Tribunal de origen: Juzg. 15ª Civ. Com.
Córdoba, en autos “Bonetto, Rodolfo Antonio y otros c/ Superior
Gobierno de la Provincia de Córdoba y otro - acción de amparo”.
Fuente: Semanario Jurídico, t. 76, 1997-A-371 y 372].
XLIV. El amparo no queda excluido por la circunstancia de que
la actuación impugnada se base en una ley, ni porque se tra-
te de actividad administrativa reglada y concretamente des-
envuelta acorde con una reglamentación vigente, pues
también cuando la norma vigente que se invoca se opone a
otra de rango superior [Cám. 8ª Civ. Com. Córdoba, 24-02-
1997, Sent. Nº 10. Tribunal de origen: Juzg. 15ª Civ. Com. Cór-
doba, en autos “Bonetto, Rodolfo Antonio y otros c/ Superior
Gobierno de la Provincia de Córdoba y otro - acción de amparo”.
Fuente: Semanario Jurídico, t. 76, 1997-A-372].
XLV.Con relación a la supuesta afectación de un servicio públi-
co alegada por la demandada, ésta olvida que aun admitiéndose
subsistente dicha restricción contenida en la ley provincial
sobre amparo, la educación no es sólo una función estatal, sino
también un derecho constitucional de los habitantes de la
Nación (art. 14, CN: derecho de enseñar y de aprender); ade-
más, que sin perjuicio de la “responsabilidad indelegable del
Estado” al respecto, debe respetarse “la participación de la fa-
milia y la sociedad” (art. 75, inc. 19, apart. 3º, de dicha Consti-
tución) [Cám. 8ª Civ. Com. Córdoba, 24-02-1997, Sent. Nº 10.
Tribunal de origen: Juzg. 15ª Civ. Com. Córdoba, en autos
“Bonetto, Rodolfo Antonio y otros c/ Superior Gobierno de la Pro-
vincia de Córdoba y otro - acción de amparo”. Fuente: Semana-
rio Jurídico, t. 76, 1997-A-371 y 372].
XLVI. El amparo presupone la lesión o amenaza de lesión de
“derechos y garantías”; no es una acción resarcitoria, que requie-
ra la acreditación de algún daño; menos aún, que éste sea con-
creto y grave, pues el objetivo esencial de dicha acción radica en
preservar los derechos amenazados o en restablecer los concul-
cados, al margen de todo perjuicio específico [Cám. 8ª Civ. Com.
Córdoba, 24-02-1997, Sent. Nº 10. Tribunal de origen: Juzg. 15ª
PRÁCTICA DEL AMPARO 111
Civ. Com. Córdoba, en autos “Bonetto, Rodolfo Antonio y otros c/
Superior Gobierno de la Provincia de Córdoba y otro - acción de
amparo”. Fuente: Semanario Jurídico, t. 76, 1997-A-371 y 372].
XLVII. Sostener que el amparo es una acción directamente
operativa en todos los casos, llevaría al absurdo de que el
amparo arrasaría con todas las vías procedimentales ordina-
rias para el restablecimiento de los derechos constitucionales
lesionados o amenazados [Cám. 3ª Civ. Com. Córdoba, en autos
“Jockey Club de Villa Carlos Paz c/ Provincia de Córdoba -
amparo”, Sent. Nº 131, del 18-10-2001. Fuente: Foro de Cór-
doba, Nº 76, Síntesis de Jurisprudencia, p. 257].
XLVIII. Luego de la reforma constitucional de 1994 el ampa-
ro procede “siempre que no exista otro medio judicial más
idonéo”. Por ende, la existencia de otras vías administrativas
o judiciales no puede ser obstáculo para la procedencia formal
del amparo si su uso pudiera ocasionar la frustración del
derecho presuntamente lesionado o un daño grave e irrepara-
ble [Cám. 1ª Civ. Com. Córdoba, en autos “Fabricio, Héctor y
otra - amparo”, A.I. Nº 627, del 30-11-2000. Fuente: Foro de
Córdoba, Nº 76, Síntesis de Jurisprudencia, p. 257].
XLIX. El amparo es un procedimiento judicial de tipo suma-
rísimo, cuyo objeto es la protección rápida y eficaz de los de-
rechos constitucionales y que de acuerdo al art. 2º de la ley
4915, sólo resulta viable cuando los restantes remedios judi-
ciales existentes no sean suficientes para evitar la producción
del daño al perjudicado por un acto u omisión arbitraria [Cám.
5ª Civ. Com. Córdoba, en autos “Aita Tagle, Eduardo y otra c/
Municipalidad de Villa del Totoral - amparo”, Sent. Nº 92, del
13-08-2001. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 76, Síntesis de Juris-
prudencia, p. 258].
3. LEGITIMACIÓN Y COMPETENCIA
3.1. BILATERALIDAD O UNILATERALIDAD
Ha sido motivo de discusión en la doctrina la bilateralidad
o unilateralidad del proceso en el que se actúa el amparo. Vale
decir, si son dos las partes que intervienen en la sustanciación
del proceso o si, por el contrario, presentada la acción de am-
paro, en forma de demanda, el juez resuelve sobre la misma sin
intervención de la parte contra la que se dirige la acción.
A favor de la tesis de la unilateralidad resultaba la natu-
raleza del amparo: ser un remedio de urgencia o heroico. La
celeridad del trámite debía redundar, en opinión de esta co-
rriente, en la necesidad de simplificar el proceso e impedir el
riesgo de que la mayor complejidad de la bilateralidad proce-
sal perjudicara la inmediata protección del derecho.
La bilateralidad es sostenida con base en el art. 18 de la
Constitución Nacional, que declara inviolable la defensa den-
tro de cualquier proceso. Bidart Campos67 advierte que la su-
mariedad o brevedad del amparo, si bien justifica la reducción
tanto de los plazos como de la intervención de las partes, de
manera alguna excluye al accionado, siendo obligación del juez
oírlo y darle oportunidad de actuar en el proceso. Lazzarini68
concluye que si la acción de amparo es una garantía constitucio-
67
Régimen legal y jurisprudencial del amparo, p. 389.
68
Citado por Sagüés, Néstor P., Derecho procesal constitucional, t. 3, p. 349.
114 LUIS R. CARRANZA TORRES
nal, “va de suyo que tiene que ser bilateral con la contradicción pro-
pia de un juicio, si bien conforme a su naturaleza sumarísima”.
Pues si el amparo es una acción puesta en movimiento por
vía de una demanda, ello supone la existencia de un actor, un
demandado y un juez. El juicio de amparo, en consecuencia, trae
aparejada la contradicción bilateral de todo juicio.69
Entre los defensores de la unilateralidad encontramos la
postura de Arbonés70 y Rodríguez Juárez, para quienes tal ca-
rácter es necesaria consecuencia de la naturaleza del institu-
to, al que entienden como un interdicto de constitucionalidad
destinado a resguardar no derechos subjetivos, sino situacio-
nes jurídicas objetivas, en el que no existe un verdadero contra-
dictorio, pues el peticionante reclama protección al órgano
jurisdiccional sin existir demandado ni contraparte.71
En esta posición se lo entiende como un remedio urgentí-
simo (festinum remedium, en palabras de lord Coke), en que el
juez actúa con mayor discrecionalidad que la habitual, y con un
gran marco de iniciativa.72
De nuestra parte, nos enrolamos dentro de la tesis de la
bilateralidad, en el entendimiento de que mal puede imponér-
sele una conducta a una persona, privada o pública, de parte de
una autoridad judicial, sin admitirla como parte en el pleito y
darle una mínima capacidad a su defensa, previo a dictar una
resolución susceptible de imponerle algún tipo de conducta.
Por otra parte, y aun cuando a comienzos de su etapa preto-
riana fue visto como de naturaleza unilateral (Orgaz, D’Hers),
las leyes 16.986 y 4915 lo han inscripto en forma clara dentro de
un contencioso limitado, lo que a nuestro parecer resulta lo
más adecuado a los fines de satisfacer la garantía, no sólo del
69
Lazzarini, José, Juicio de amparo, Buenos Aires, La Ley, 1988, p. 279.
70
Arbonés, Mariano, Interdicto de constitucionalidad, tesis doctoral, Córdoba,
Universidad Nacional de Córdoba, 1972, ps. 99, 101 y 107.
71
Rodríguez Juárez, Manuel E., Procedimientos generales y especiales en el Códi-
go Procesal Civil y Comercial de Córdoba, Córdoba, Alveroni Ediciones, 1999,
ps. 193 y 194.
72
Orgaz, Alfredo, “La legislación sobre amparo, la ley 102-1072”, citado por
Lazzarini, José, op. cit., p. 279.
PRÁCTICA DEL AMPARO 115
debido proceso y la defensa en juicio, sino de mantener un ade-
cuado equilibrio entre intereses particulares y de orden públi-
co, susceptibles de contraponerse en la actuación de la figura.
3.2. LEGITIMACIÓN ACTIVA
El concepto de legitimación presupone que no toda perso-
na con capacidad procesal puede ser parte en un proceso o
procedimiento, sino únicamente las que se encuentren en
determinada relación con la pretensión, por lo que se ha enten-
dido que la misma resulta el problema procesal más íntima-
mente ligado con el derecho material, habiéndose llegado a
considerar como una cuestión de fondo y no meramente proce-
sal. No es el derecho a poner en actividad a un órgano público,
pues el derecho a excitar la tutela del Estado lo tiene todo ciu-
dadano a través del derecho de acceso a la jurisdicción. La le-
gitimación es un requisito de admisión de la pretensión en
cuanto al fondo, no de la existencia del procedimiento73.
Merced al texto del art. 43 de la Constitución Nacional, la
legitimación procesal se ha extendido a un núcleo superior de
interesados. Se ha receptado allí lo que la doctrina ha denomi-
nado “legitimaciones extraordinarias”, que permiten acceder
al proceso (en este caso, por la vía del amparo) en “condición de
‘parte’ a quienes, aun sin resultar ‘dueños’ del derecho subjeti-
vo, acreditan un ‘interés’ importante, que actúa como soporte
para la legitimación”74.
Así, en los derechos de incidencia colectiva (derechos colec-
tivos y derechos difusos) prima una amplia legitimación, ya que
“Podrán interponer esta acción contra cualquier forma de dis-
criminación y en lo relativo a los derechos que protegen al am-
biente, a la competencia, al usuario y al consumidor, así como los
73
Conf. González Pérez, Jesús, Manual de derecho procesal administrativo, Ma-
drid, Civitas, 1990, ps. 141-142
74
Gozaíni, Osvaldo A., El derecho de amparo. Los nuevos derechos y garantías del
art. 43 de la Constitución Nacional, Buenos Aires, Depalma, 1995, p. 67.
116 LUIS R. CARRANZA TORRES
derechos de incidencia colectiva general, el afectado, el defen-
sor del pueblo y las asociaciones que propendan a esos fines,
registradas conforme a la ley, la que determinará los requisitos
y formas de su organización” (art. 43, segundo párrafo).
Tanto para interponer una acción como para contestarla es
necesario “estar involucrado” en la cuestión en debate, como
condición necesaria para avocar al caso a la autoridad judicial.
Se puede estar en dicha situación de diversas maneras, que en
razón de la diferenciación respecto del resto de la comunidad,
de mayor a menor, podemos citar: derecho subjetivo, interés
legítimo e interés de incidencia colectiva. Todos ellos resultan,
en principio, hábiles para legitimar la participación en un
amparo. Existe una cuarta categoría, la del interés simple (vgr.,
el general cumplimiento de la ley en una comunidad), que no
provee legitimación alguna, ya que en estos casos dicho interés
no se haya conectado por una relación causal —aun mediata—
a algún tipo de afectación, la que sólo se presenta como una po-
sibilidad remota o eventual, y no concreta.
Por su parte, la Corte Suprema ha exigido75, como presu-
puestos de la legitimación: a) la existencia de un caso conten-
cioso, esto es una controversia entre partes que afirmen y
contradigan sus derechos subjetivos, provocado por parte le-
gítima; b) la inexistencia de una cuestión abstracta, por care-
cer el que promueve la acción de interés económico o jurídico,
y por último c) el agravio alegado debe recaer sobre el peticio-
nante y no sobre terceros.
Si bien con anterioridad a la reforma constitucional de 1994
la legislación y los tribunales sólo admitieron legitimación pro-
cesal a favor de los titulares de derechos subjetivos, siempre que
acreditasen un acto u omisión ilegítimo y un daño o perjuicio
diferenciado del resto de los habitantes76, a partir de la recep-
ción constitucional expresa del amparo, la legitimación se ha
visto notablemente ampliada.
75
Balbín, Carlos F., “Sobre la legitimación en el proceso de amparo”, LL, 2001-
B-1173.
76
Ibíd., p. 1189.
PRÁCTICA DEL AMPARO 117
También, por vía de la teoría de las incumbencias multisub-
jetivas, que desbordó el tratamiento y el reconocimiento tradi-
cional del derecho subjetivo del cual partía el presupuesto de la
individualidad, ha posibilitado igualmente la extensión de la no-
ción tradicional de legitimación, a los fines de resguardar y de-
fender valores similares de todos los miembros de la comunidad
y de cualesquiera de otros bienes que respondan de forma idén-
tica a los grupos humanos a los fines de salvaguardar la calidad
de la vida social77.
Es por ello que la reforma de 1994 ha significado una am-
pliación en el proceso de acceso y control judicial, por la vía de
reconocer capacidad de legitimación a nivel colectivo a los
conceptos de interés potencial y daño eventual, además del re-
conocimiento amplio de dicha capacidad a favor de las asocia-
ciones intermedias78.
3.2.1.Damnificado
El término “afectado” resulta por demás enigmático y ha
dado lugar a diversas interpretaciones79.
Por una parte, una visión restringida estima por afectado
sólo al que es titular de un derecho subjetivo. En sentido opues-
to, la posición amplia entiende de la conjunción de los términos
“afectado” y “derechos de incidencia colectiva en general”, una
consagración de la legitimación para actuar a cualquier afecta-
do en reclamo de derechos colectivos.
Sagüés, Morello y Bidart Campos entienden que con la pa-
labra “afectado” se cubre la legitimación para amparar intere-
ses difusos (de incidencia colectiva general), pero para ello
77
Pérez Ragone, Álvaro J. D., “Prolegómenos de los amparos colectivos. Tutela
de las incumbencias multisubjetivas. Parte especial”, op. cit., ps. 94-106.
78
Conf. Balbín, Carlos F., “Sobre la legitimación en el proceso de amparo”, op.
cit., p. 1190.
79
Sabsay, Daniel Alberto, “El amparo como garantía para la defensa de los de-
rechos fundamentales”, en Revista de Derecho Procesal, Nº 5, Buenos Aires,
Rubinzal-Culzoni, 2000, ps. 33-34. Seguimos a este autor en cuanto a la expo-
sición de las distintas posturas respecto de la cuestión.
118 LUIS R. CARRANZA TORRES
debe acreditarse un mínimo interés razonable y suficiente.
Entienden que el derecho subjetivo está reservado para la pri-
mera parte del artículo; en cambio, en la segunda es evidente
que en tanto no se trata de agresiones o daños de carácter per-
sonal o particular, se está aludiendo a derechos de incidencia
colectiva, pudiendo en tales supuestos accionarse aunque no
sean afectados diferenciados. Claro está, siempre que prueben
de su parte una relación de involucramiento que justifique razo-
nablemente su pedido.
En cuanto a la doctrina restringida, asimila al afectado con
el titular de un derecho subjetivo y por lo tanto exige como re-
quisito, para el acceso al proceso de amparo individual, que sea
una persona que haya sufrido una lesión sobre sus intereses
personales y directos, dejando en las manos del Defensor del
Pueblo y asociaciones de interés público la legitimación de los
intereses difusos o colectivos80; en el mismo sentido Barra81.
Como puede verse, la discusión gira en torno a la delimita-
ción del concepto de afectado al que se refiere el art. 43 de la
Constitución Nacional82. Esto es, si sólo debe ser el personal y
directo o si otros también se encuentran legitimados para de-
mandar. La extensión del concepto —que comienza paulatina-
mente a ser acotada por la jurisprudencia— y su relación con
la exigencia de un caso o controversia que autorice la interven-
ción del Poder Judicial —de acuerdo con el art. 116 de la Cons-
titución Nacional—, son áreas en las que aún no se ha logrado
consenso.
De lo dicho podemos entender que el titular de un derecho
subjetivo que sufre un perjuicio cierto —actual o futuro
próximo— diferenciado del resto, estará legitimado a los fines
80
Cassagne, Juan, “Sobre la protección ambiental”, LL, edición del 04-12-
1995, p. 3, citado por Sabsay, Daniel Alberto, op. cit., p. 34.
81
“La acción de amparo en la Constitución reformada”, LL, 1994-E-1043, cita-
do por Sabsay, Daniel Alberto, op. cit., p. 34.
82
Vallefín, Carlos A., “El recurso de apelación en la acción de amparo y la cues-
tión de la validez constitucional de los efectos con que se concede”, op. cit., p. 51,
nota 5.
PRÁCTICA DEL AMPARO 119
de la interposición del amparo, siempre que exista una relación
de causalidad entre el acto u omisión impugnado y el daño
ocurrido o a ocurrir83.
En resumen, tanto en la Constitución cuanto en la ley se es-
tablece que podrá deducir acción de amparo la persona (indi-
vidual o colectiva) que “se considere afectada”.
Reúne tal calidad quien se ha visto lesionado, restringido,
amenazado o alterado de modo arbitrario o ilegítimo en uno o
más de sus derechos. Resulta de capital importancia destacar
que, en definitiva, si bien el derecho es lo afectado, el daño de
tal acto recae sobre la persona. Puede invocar un “daño diferen-
ciado”, distinguiéndose de otros legitimados por su mayor
capacidad pretensiva (vgr., indemnizaciones) respecto del he-
cho, aun cuando gran parte de ella no pueda ser sustanciada por
el amparo.
Para ser reconocido como tal, entonces, debe existir un gra-
vamen directo y particular sobre sí. “Significa tener una rela-
ción directa e inmediata con los perjuicios que provoca el acto u
omisión inconstitucional. No está vinculado al hecho por pertenen-
cia a un grupo o sector, sino porque él sufre las consecuencias da-
ñinas […]”.84
De acuerdo con el art. 43 de la Constitución reformada, la
condición de afectado no sólo resulta del agravio a un derecho
de incidencia propia, sino también respecto de los derechos de
incidencia colectiva, en los cuales, si bien la afectación no se en-
cuentra tan concretamente direccionada hacia un sujeto en
particular, lo alcanza en algún aspecto desfavorable (volvere-
mos sobre ello infra, en el punto 3.2.3), por lo que la condición
de afectado no necesita que la relación con el daño sea plena,
ni mucho menos exclusiva.
“El recaudo del derecho subjetivo como habilitante […] se
funda en la utilidad que puede reportar al interesado el resul-
83
Balbín, Carlos F., “Sobre la legitimación en el proceso de amparo”, op. cit., p.
1189. Allí se da como ejemplo el usuario de un servicio público de transporte de
pasajeros que acciona contra una suba indebida de las tarifas.
84
Gozaíni, Osvaldo A., El derecho de amparo. Los nuevos derechos y garantías del
art. 43 de la Constitución Nacional, ps. 77-78.
120 LUIS R. CARRANZA TORRES
tado del proceso, evitando de este modo declaraciones dogmáti-
cas o genéricas que no tienen un beneficiario directo”85. Tal ex-
tremo es el peligro que debe evitarse, especialmente en materia
de incidencia colectiva.
3.2.2.Organizaciones de bien público
La legitimación para interponer amparo en los casos de las
organizaciones de bien público resulta tanto de la Constitución
Nacional como de la ley de amparo, y tiene relación directa con
los derechos o intereses colectivos, que resultan ser aquellos
que “corresponden a un conjunto definido de personas [por con-
traposición a los difusos, cuya nota típica es la generalidad] que
se congregan en derredor de una unidad jurídica que los vincu-
la […] no quiere decir que se expanda a todos sin lograr identi-
ficar ni particularizar un solo interesado; tan sólo significa que
el interés radica en varios, de modo tal que el problema a desci-
frar no es la existencia de éste, sino evidenciar la titularidad de
quienes lo alegan para ver si tienen posibilidad jurídica de ac-
tuación en el amparo”86.
Respecto a la legitimación, la relación con esta categoría de
derechos (sin perjuicio de incidir también sobre los derechos
difusos, como se verá en el punto siguiente, ya que la Constitu-
ción no diferencia, y agrupa a ambas clases bajo la fórmula de
“derecho de incidencia colectiva”) es que se reconoce capacidad
de actuación a las asociaciones, mediante la llamada fórmula
del “ente exponencial”, en virtud de la cual la entidad promo-
tora del amparo asume la representación ideológica de un cier-
to grupo o categoría de personas (determinado), aun cuando las
mismas no formen parte de dicha institución87.
85
Gozaíni, Osvaldo A., El derecho de amparo. Los nuevos derechos y garantías del
art. 43 de la Constitución Nacional, p. 70.
86
Gozaíni, Osvaldo A., El derecho de amparo. Los nuevos derechos y garantías del
art. 43 de la Constitución Nacional, ps. 83-84.
87
Nosete, citado por Gozaíni, Osvaldo A., El derecho de amparo. Los nuevos de-
rechos y garantías del art. 43 de la Constitución Nacional, p. 85.
PRÁCTICA DEL AMPARO 121
Natale88 alerta sobre los recaudos que debe imponer la ley
respecto de estas organizaciones al reglamentar la expresión
“registradas conforme a la ley, la que determinará los requisi-
tos y formas de su organización”, a fin de no contradecir el es-
píritu tenido en miras al legitimar a tal categoría de sujetos.
Entendemos que ante la ausencia de norma legal, el juez podrá
prudencialmente apreciar si se cumple con el requisito cons-
titucional, todo ello en vistas de evitar que “se pueda habilitar
procesalmente no sólo a las que tengan un acreditado interés en
la materia, sino a muchísimas otras que sean fantasmas al ser-
vicio de cualquier interés”, o caer en el extremo expresado
supra, en la última parte del punto 3.2.1.
En este punto se impone esperar lo que la ley reglamenta-
ria establezca al respecto. En particular, qué exigencias de
registración, entre otras, les impone a estas personas para
poder constituirse en legitimadas activas de este tipo de ac-
ción. En relación con la necesidad previa de una ley que fije el
tipo de asociaciones y el modo como deben registrarse, de con-
formidad con lo establecido en el art. 43, segundo párrafo, la ju-
risprudencia ha tendido a abrir con amplitud el acceso de estas
organizaciones a la justicia.89
De este modo, Natale considera que se las ha legitimado
aunque la ley a que alude el constituyente no se ha sancionado.
Asimismo, en la práctica jurisprudencial, siguiendo a
Sabsay, vemos que se ha concedido ese carácter tanto a organi-
zaciones del tipo asociativo no gubernamental defensoras del
ambiente, de los consumidores o de tipo cívico, entre otras,
como así también a organizaciones intermedias tradicionales,
como son los sindicatos. Incluso en algunos casos el juzgador no
se detuvo en el análisis de las características de la asociación
accionante, como por ejemplo en “Fauna Marina c/ Ministerio
de la Producción de la Provincia de Buenos Aires”90, donde el
88
Op. cit., p. 68.
89
Sabsay, Daniel Alberto, “El amparo como garantía para la defensa de los de-
rechos fundamentales”, op. cit., ps. 34-35.
90
Juzg. Fed. Nº II Mar del Plata, 05-08-1996, ED, edición del 10-10-1997.
122 LUIS R. CARRANZA TORRES
amparista no contaba con personería jurídica al momento de la
interposición de la demanda.
En cuanto a las asociaciones intermedias, entendemos que
su legitimación, luego de la reforma, es tanto a título propio (en
iguales términos que lo visto para el afectado), o en defensa de
los derechos colectivos particulares a sus asociados, como el
que asuman en defensa de derechos de incidencia colectiva
(fundamentalmente los que tengan que ver con la protección de
los usuarios, los consumidores o el medio ambiente), siempre
que puedan alegar y probar un daño actual o eventual con re-
lación a un interés público de un colectivo, el cual necesaria-
mente debe guardar relación con el objeto, las actividades
desarrolladas y los fines asociativos de tal organización.
3.2.3. Legitimación respecto de derechos difusos
El derecho o interés difuso, también denominado “frag-
mentario” (Morello), es el que admite más de un titular o nin-
guno en particular. “Aparece algo así como un bien indivisible,
que permite cuotas identificadas en cada afectado. Estos últimos
se hallan en unión tal que la satisfacción de uno solo implica, en
principio, la del grupo; así como la afectación a uno solo, lo es
también a la clase”91. Podemos decir que estamos frente a un
“condominio de derechos” de la comunidad en su conjunto. Lo
difuso no es el derecho, ni la titularidad de los mismos, que co-
rresponde a todas las personas que integran tal sociedad, como
no podría ser de otro modo (véase supra el punto 2.5.5), sino las
vicisitudes de su ejercicio, que se relacionan y afectan entre sí
de forma clara e inescindible, ya que comparten el mismo mar-
co de actuación común.
Antes de que la reforma de 1994 lo estableciese en forma ex-
presa, la Corte Suprema, en el caso “Kattan, Alberto c/ Poder
Ejecutivo Nacional”, reconoció la legitimación para incoar ac-
ción de amparo de aquellos que lo hacían con el fin de mante-
91
Barbosa Moreira, citado por Gozaíni, Osvaldo A., El derecho de amparo. Los
nuevos derechos y garantías del art. 43 de la Constitución Nacional, p. 85.
PRÁCTICA DEL AMPARO 123
ner el equilibrio del medio ambiente, ya fuera a título personal
o en representación de sus familias. Se está frente al llamado
“amparo colectivo”, “porque el interés se difunde al grupo que lo
detenta sin tener un ‘dueño’ en particular, y la protección favo-
rece al conjunto, otorgando un derecho a la sentencia favorable
que no es individual”92.
En la Constitución provincial, el art. 53 establece que “La
ley garantiza a toda persona, sin perjuicio de la responsabilidad
del Estado, la legitimación para obtener de las autoridades la
protección de los intereses difusos, ecológicos o de cualquier ín-
dole, reconocidos en esta Constitución.”
Parte de la doctrina, sobre todo la que ha propugnado por
superar la diferenciación entre derechos subjetivos e intere-
ses legítimos en la órbita del derecho administrativo, entien-
de que cualquier incidencia en el ámbito vital de un sujeto, así
como cualquier actuación por parte de la Administración esta-
tal, que incida en el ámbito vital de un sujeto y se aparte de la
legalidad, habilita inmediatamente a ese sujeto con una acción
impugnatoria para defender la integridad de su ámbito vital93.
Ello guarda directa relación con la problemática del ampa-
ro de los derechos difusos o amparo colectivo. En el nivel pro-
vincial, no hay dudas de su legitimación: se halla expresa en el
art. 53 de nuestra carta magna provincial, antes transcripto.
Atento a la operatividad ínsita de tal norma, las personas com-
prendidas en tal categoría de derechos se hallan legitimadas
para accionar.
También tímidamente la jurisprudencia federal ha co-
menzado a aceptar acciones de amparo en resguardo de tal ca-
tegoría de derechos. Sobre todo con base en los art. 41 y 42 de
la Constitución Nacional, en lo referente a la protección de con-
sumidores y usuarios, y en materia de defensa del medio am-
biente.
92
Salgado, Alí Joaquín, op. cit., p. 87.
93
García de Enterría, Eduardo, Hacia una nueva justicia administrativa, Ma-
drid, Civitas, 1989, p. 60.
124 LUIS R. CARRANZA TORRES
La modalidad más novedosa para nuestro derecho público
en materia de garantías, incorporada por la reforma constitu-
cional, al decir de Sabsay, es el denominado “amparo colectivo”
que prevé el art. 43, segundo párrafo. Se trata de una amplia-
ción del amparo individual o clásico, a partir de dos elementos
de la relación susceptibles de suscitar el ejercicio del amparo:
los derechos atacados o restringidos y los sujetos legitimados
para su interposición. En cuanto a lo primero, la nueva norma
constitucional amplía el ámbito de la garantía del amparo para
que sea utilizada en la defensa de los derechos del medio am-
biente, de usuarios y consumidores, así como para asegurar
situaciones de competencia y de remover supuestos de discri-
minación. Respecto de lo segundo, el ensanche legitimante se
opera al permitir promover la acción a quienes se hallan en una
relación de afectación menor y no exclusiva del hecho agravian-
te.
El colectivo se configura además, tanto por el objeto único
e indivisible materia de la prestación o del bien objeto del goce,
como por el acto único, administrativo o no, generador de per-
juicios individualizables y divisibles sufridos por sus respec-
tivos titulares. El caso del medio ambiente es el ejemplo típico
del primer supuesto, y el caso de los servicios públicos y de las
relaciones de consumo, el ejemplo típico del segundo94.
“Ahora bien, la protección de los intereses difusos no puede
ser ilimitada, irrestricta o indiscriminada, sino que debe exis-
tir una relación de causalidad dada por el efecto reflejo de la
objetividad en la subjetividad; es decir, que el interés colectivo
debe traducirse en alguna afectación [y ello, a nuestro entender,
marca una de las diferencias con el simple interés], aunque
fuere indirecta o refleja [no remota o de conveniencia, como en
el simple interés], respecto del accionante. Será vecino, será
usuario, radicado o turista, pero siempre deberá experimentar
una vinculación por razón de consumo, vecindad, habitabilidad,
u otra equivalente o análoga”95.
94
Quiroga Lavié, Humberto, Amparo colectivo, p. 132.
95
Dromi, Roberto, Derecho administrativo, 4ª ed., Buenos Aires, Ciudad Argen-
tina, 1995, p. 442; lo entre corchetes nos pertenece.
PRÁCTICA DEL AMPARO 125
En caso de no darse tales supuestos, no estaremos en pre-
sencia de un interés difuso, sino de un simple interés, que no
proporciona a su detentante legitimidad alguna para accionar.
Es importante destacar que el mero interés en el cumpli-
miento de la ley o la observancia del orden jurídico no es causa
de legitimación para la interposición del amparo, entendido
éste como comprensivo de todas aquellas situaciones en que hay
tan sólo una relación de causalidad remota entre un determina-
do comportamiento o abstención y el perjuicio invocado. Este
supuesto no se encuentra tutelado en nuestro ordenamiento
jurídico.96
A los fines de la actuación en el proceso, los legitimados
activos podrán hacerlo por sí o por intermedio de apoderados
o representantes; rige a este respecto (véase infra punto 3.4)
la normativa aplicable a tales cuestiones por el código de rito
correspondiente.
Cabe destacar que el titular de un derecho de incidencia
colectiva —titularidad no exclusiva con un agravio indirecto—
representa en su actuación a otros sujetos en iguales condi-
ciones, en cuyo caso la sentencia tendrá efecto erga omnes. Aquí
la relación causal que debe verificarse entre la conducta lesiva
y el daño es mediata.97
En relación a los efectos de la cosa juzgada, en tales ampa-
ros por derechos de incidencia colectiva, Pérez Ragone98 pre-
senta las siguientes hipótesis: a) un pronunciamiento favorable
para el peticionante multisubjetivo difuso, en donde no caben
dudas de que todos los interesados podrán aprovecharse del
mismo, es decir que el pronunciamiento reviste la calificabili-
dad de ser invocable y oponible erga omnes; b) un pronuncia-
96
Balbín, Carlos F., “Sobre la legitimación en el proceso de amparo”, op. cit., p.
1190. Allí se da el ejemplo de un habitante que no solamente no utiliza el ser-
vicio, sino que además tampoco vive o trabaja en su radio de prestación.
97
Conf. Balbín, Carlos F., “Sobre la legitimación en el proceso de amparo”, op.
cit., ps. 1189 y 1190.
98
“Prolegómenos de los amparos colectivos. Tutela de las incumbencias multi-
subjetivas. Parte especial”, op. cit., p. 125.
126 LUIS R. CARRANZA TORRES
miento favorable para el peticionante multisubjetivo colecti-
vo, donde el efecto del pronunciamiento sería ultra partes, pero
limitado a los miembros de la colectividad; c) cuando se estu-
viera delante de un peticionante multisubjetivo pluriindivi-
dual, el mismo será eficaz erga omnes pro utilibus, es decir en
la medida del beneficio y de los beneficiados, y d) cuando la de-
cisión fuera desfavorable al actor, en virtud de que una plura-
lidad de sujetos se podrían ver privados o afectados por un
proceso en el cual no tomaron parte, es decir, los que se encuen-
tran en la misma categoría pero no ingresaron procesalmente,
habrá que distinguir si el pronunciamiento califica de legítimo
el acto que el peticionante impugnó como contrario a derecho
o fue desestimado por otras razones (vgr., improcedencia de la
vía); frente al primer supuesto, el autor citado entiende que la
sentencia adquiere el efecto de cosa juzgada erga omnes.
3.2.4. Defensor del Pueblo
En el caso del Defensor del Pueblo, su habilitación para
actuar en el amparo es una resultante del papel que cumple
este nuevo actor institucional como instancia pública de defen-
sa de los intereses generales. La doctrina le ha dado un alcan-
ce diferente en función del ámbito territorial y funcional
dentro del cual sus actividades resultan hábiles. Quiroga Lavié
extiende su accionar a los poderes, tanto nacionales como pro-
vinciales, interpretación que también comparte Maiorano. Por
el contrario, Bidart Campos considera que su competencia se
restringe al ámbito federal de la Administración Pública.99
Rossi100 destaca que la misión del Defensor del Pueblo com-
prende, a la luz del precepto constitucional:
99
Sabsay, Daniel Alberto, “El amparo como garantía para la defensa de los de-
rechos fundamentales”, op. cit., p. 34.
100
“El Defensor del Pueblo y el amparo colectivo en defensa de los usuarios y
consumidores”, en Diario Judicial, Sección Artículos, http://diariojudicial.com/
default.asp?Estilo=1&Pagina=nota.asp?ID=9137, a quien seguimos en esta
parte.
PRÁCTICA DEL AMPARO 127
a) La defensa y protección de los derechos humanos y
demás derechos, garantías e intereses tutelados en esta Cons-
titución y las leyes, ante hechos, actos u omisiones de la Admi-
nistración.
b) El control del ejercicio de las funciones administrativas
públicas.
Por lo que siendo la función del ombudsman nacional la pro-
tección de los derechos de los habitantes de nuestro Estado
contra hechos, actos u omisiones de la Administración cuando
están en juego derechos humanos y otros de incidencia colec-
tiva protegidos por la Constitución, los tratados internacio-
nales y las leyes, de ello se sigue que el Defensor del Pueblo
tiene plena legitimación para actuar cualquiera sea el agente
provocador de la violación del derecho, sea el Estado o parti-
culares, de modo individual u organizado.
En razón de ello, al interponer la acción de amparo no bus-
ca defender un caso particular, sino a un colectivo, más o me-
nos extendido de personas. Esto es decisivo a los fines de
establecer tanto su legitimación procesal en concreto como las
consecuencias del proceso en que tome parte.
Coincidimos con Rossi en que nada impide que el Defensor
del Pueblo de la Nación tome intervención tanto contra actos de
cualquier nivel del Estado, como en los actos u omisiones de par-
ticulares que afecten los derechos de los consumidores, siempre
que sea un caso de incidencia colectiva, esto es, cuando se esté
afectando en forma actual o inminente tal clase de derechos.
Entiende asimismo Rossi, que contra de su postura de ad-
mitir la legitimación procesal contra actos de particulares que
afecten derechos de incidencia colectiva puede argumentarse
que, originalmente, la figura del Defensor del Pueblo u om-
budsman estuvo pensada y limitada a controlar la disfunciona-
lidad en la Administración Pública. Más aún, en su inicio, en los
países nórdicos, el ombudsman carecía de legitimación proce-
sal, característica que se mantiene en esos países en la actua-
lidad.
Pero esto no quita que la figura evolucione y se adapte a
otras realidades sociales, políticas y económicas, pues en nues-
128 LUIS R. CARRANZA TORRES
tra realidad negarle al Defensor del Pueblo legitimación sería
equivalente a convertirlo en una figura totalmente decorativa,
por lo que la Constitución Nacional le otorga legitimación pro-
cesal, en los casos de una acción de amparo, para proteger los
derechos colectivos de los habitantes, no distinguiendo respec-
to de la calidad de estatal o no en el autor del daño.
Natale se muestra escéptico sobre el ejercicio de su legiti-
mación procesal. “Con la marcha veremos si esta interpretación
no termina transformándose en la quinta rueda del carro, como
ya calificaba Hugo Alsina a la participación del fiscal en los pro-
cesos civiles. ¿Acelerará o retardará los juicios de amparo la
presencia del Defensor del Pueblo, con acciones, traslados, etc.?
Me inclino por la segunda perspectiva”.101
Pareciera que las dudas de Natale se relacionan no con su
legitimación funcional para iniciar amparos, sino respecto de
su actuación en acciones de amparo iniciadas por otros sujetos.
Entendemos, a este respecto y por lo antes expuesto, que la
participación del Defensor del Pueblo se limita a los derechos
de incidencia colectiva dentro del marco de su competencia. La
descartamos dentro de un proceso en el que exista ya un actor,
atento a que incidiría negativamente en la celeridad del ampa-
ro, manteniendo este tema similares puntos de vista a los que
sostenemos respecto de la participación del Ministerio Público
(véase infra el punto 3.9).
Por su parte, la Constitución de la Provincia de Córdoba, en
su art. 124, al establecer la figura del Defensor del Pueblo a
nivel provincial (reforma de 1987), lo designa “como comisiona-
do para la defensa de los derechos colectivos o difusos, la super-
visión sobre la eficacia en la prestación de los servicios públicos
y la aplicación en la administración de las leyes y demás dispo-
siciones […]”. Aun cuando no lo dice la norma en forma expre-
sa, se infiere del contenido de la misma, y de su compatibilidad
con el art. 53 (“sin perjuicio de la responsabilidad del Estado
[…]”), su legitimación procesal opera dentro de la órbita de sus
101
Natale, Alberto, op. cit., p. 68.
PRÁCTICA DEL AMPARO 129
competencias, a semejanza de lo que ocurre con su homólogo na-
cional.
3.3. PLURALIDAD DE ACTORES
Debe disponerse la acumulación de autos si los distintos
casos presentados evidencian una conexidad suficiente para
ello, a fin de dar un pronunciamiento único, siguiendo un ele-
mental principio de economía procesal, en vista de la celeridad
que debe ponerse en la protección de los derechos atacados.
En caso de intervenir dos o más tribunales, deberán acu-
mularse los autos en el primero que previno, por aplicación del
art. 4º de las leyes 16.986 y 4915.
A los fines de determinar el grado de vinculación, el énfa-
sis debe ponerse, a nuestro entender, en la identidad de la
conducta agraviante antes que en sus efectos últimos o desti-
natarios, pues si el amparo es una vía para restablecer la vigen-
cia de derechos fundamentales, lo crucial no es tanto quién
acciona como el acto u omisión agraviante que debe hacerse
cesar.
El trámite individual dado a la avalancha de amparos inter-
puestos con motivo de las restricciones bancarias a partir de
diciembre de 2001 y durante la primera parte del 2002 quizá sea
el ejemplo más cabal acerca del error de sustanciar en múlti-
ples trámites un acto agraviante único.
3.4. APODERADOS
El art. 5º de la ley (nacional 16.986; provincial 4915) recepta
en modo expreso que la acción de amparo pueda interponerse
en representación del titular agraviado. En cuanto a su acre-
ditación y facultades habrá de estarse a lo normado en la legis-
lación procesal del fuero, en virtud de la remisión establecida
en el art. 17. Respecto del modo para “importarlas” al amparo,
véase infra punto 6.9.
130 LUIS R. CARRANZA TORRES
“Dada la jerarquía de los derechos protegidos por la vía del
amparo, el criterio de admisión de la acreditación de la perso-
nería debe ser amplio”102. En caso de urgencia, podrán acompa-
ñarse luego de la comparecencia los instrumentos pertinentes
que la acrediten, bajo apercibimiento de desestimar sin más lo
actuado. En tal caso el gestor, además de indicar en beneficio
de quién litiga, deberá justificar debidamente su pedido.
En el orden provincial, siguiendo el antedicho principio
amplio para acreditar la personería, el párrafo primero in fine
del art. 5º de la ley 4915 prevé que en los casos en que se actúe
la acción por apoderados, los mismos podrán actuar mediante
poder apud acta, es decir por actuación judicial que conste por
acta unida al expediente principal del proceso.
3.5. GESTORES SIN PERSONERÍA
¿Puede interponerse acción de amparo a nombre del afec-
tado sin justificar la representación? La ley, tanto nacional
como provincial, nada dice sobre el punto.
El art. 48 del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación
y el 91 del Código Procesal de Córdoba, por su parte, admiten
en el proceso las presentaciones por gestores sin personería
atribuida, cuando se trate de actos procesales urgentes. Ambos
ordenamientos resultan, asimismo, legislación supletoria a mé-
rito de lo establecido en el art. 17 de la ley de amparo.
La ley nacional de hábeas corpus, por su parte, legitima a
cualquier persona para interponer dicho recurso (art. 5º, ley
23.098). Tal precepto tiene recepción constitucional en los
arts. 43 de la Constitución Nacional y 47 de la Constitución de
Córdoba. Sin embargo, no debe perderse de vista que no obstan-
te ser ambas acciones (hábeas corpus y amparo) mecanismos de
resguardo de derechos constitucionales, las diferencias en su
naturaleza, consecuencia directa de lo distinto de los agravios
que pretenden remediar, dificultan sobremanera realizar una
102
Salgado, Alí Joaquín, op. cit., p. 90.
PRÁCTICA DEL AMPARO 131
aplicación analógica entre ambas. Y por si fuera poco, la doctri-
na de la Corte Suprema tradicionalmente ha mantenido una
tajante línea de separación entre ambas.
En nuestra opinión, entendemos que interponer en repre-
sentación un amparo sin acreditar tal condición, no puede dar-
se sino como circunstancia de excepción, que el tribunal
actuante valorará en cada caso. Su procedencia, más que subor-
dinada a una regla general, estaría en directa relación con la je-
rarquía del derecho que se pretenda defender y con la urgencia
de la situación. De admitirse, debe el tribunal emplazar para
que en plazo perentorio y breve se acompañe la justificación de
la representación invocada, o sean sus actos ratificados por el
afectado. Entendemos también que el plazo de cuarenta días
del art. 48 del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación
no resulta procedente en el caso, habida cuenta de la natura-
leza expedita y rápida del amparo, quedando diferido al arbi-
trio del tribunal, como establece el art. 91 del Código Procesal
Civil y Comercial de Córdoba.
Mutatis mutandi, resulta aplicable a este punto lo estable-
cido con respecto a la procedencia excepcionalísima de los ter-
ceros (véase infra apartado 3.7).
3.6. EL ESTADO COMO ACTOR EN EL AMPARO
Esta actuación es negada por algunos sobre la base de que
el amparo se concede sólo a las personas que sean titulares de
derechos subjetivos103, y aceptada por otros que, aduciendo su
carácter de persona jurídica de derecho público, la compren-
den dentro del art. 5º de la ley de amparo (nacional 16.986;
provincial 4915).
Nos inclinamos por la segunda posición, congruente con la
de brindar una amplia legitimación para actuar el amparo,
operada tras la reforma constitucional de 1994, pudiendo dar-
103
STJ Entre Ríos, en autos “Fiscal de Estado, doctor Rodolfo Niederle”, 15-03-
1968.
132 LUIS R. CARRANZA TORRES
se tal actuación tanto respecto de las relaciones de derecho pri-
vado como las de carácter público. Especialmente en este últi-
mo supuesto le asignamos una capital importancia, respecto de
la relación Estado nacional-provincias, con miras de asegurar
el federalismo normado por la Constitución.
Entrando en las causales de una posible legitimación acti-
va del Estado en el amparo, encontramos la posibilidad de
protección por la vía del amparo a las garantías generales de
nuestro sistema constitucional (división de poderes, sistema
federal, prohibición de delegación de facultades extraordina-
rias, poderes reservados, etc.), instituidas como reaseguros
globales de una sociedad libre, y no tan sólo respecto de dere-
chos específicos. 104
3.7. TERCEROS
Si bien alguna jurisprudencia ha admitido la participación
de terceros en el juicio de amparo105, y Diez parece conceder-
la, entendemos que la misma no es procedente como regla, en
razón de la celeridad del amparo. No hay en él otra parte que
actor y demandado. Para el caso de que un tercero se vea per-
judicado, deberá interponer la pertinente acción, que de diri-
girse contra el mismo legitimado pasivo, por igual acto o
conexo, podrá acumularse al proceso en cuestión, de darse los
supuestos para ello.
Sagüés106 considera posible que, cuando se demuestre un in-
terés legítimo en la cuestión, se justifique la participación de
quien, si bien no es parte inicialmente, puede resultar benefi-
ciado o perjudicado por la resolución.
104
Carranza Torres, Luis, “El Estado como titular de la acción de amparo”, Se-
manario Jurídico, t. 79, 1998-B-346.
105
Caso “Produtex”, citado por Diez, Manuel María, Derecho procesal adminis-
trativo (Lo contencioso-administrativo), texto ampliado, corregido y actualizado
a 1996 (con la colaboración de Tomás Hutchinson), Buenos Aires, Plus Ultra,
1996, p. 348, nota 31.
106
Derecho procesal constitucional, t. 3, ps. 384 y ss.
PRÁCTICA DEL AMPARO 133
Bidart Campos también lo entiende procedente, ya que “la
ley 16.986 no adopta previsión especial sobre el tercero perjudi-
cado, pero como en su art. 17 dice que son supletorias de las nor-
mas precedentes las disposiciones procesales de rigor [...] debe
acudirse al Código Procesal Civil y Comercial de la Nación en
el que el Libro I, Capítulo VIII, contempla y regula la interven-
ción de terceros [...]”.
La Corte Suprema ha sentado posición respecto del tema,
entendiendo que la intervención de terceros en el proceso ju-
dicial es de interpretación restrictiva107, más en el amparo, a-
tento al carácter de mecanismo urgente, rápido y expedito que
de él resulta. Como principio general, pues, la intervención de
terceros se encuentra vedada en el amparo, y tal prohibición
general cede únicamente en casos excepcionales, y ante la com-
probación de un interés jurídico de relevancia directamente
comprometido que asista a quien solicite tomar parte del pro-
ceso. Tal interés, en nuestra opinión, debe ser por lo menos apto
para impetrar una acción de amparo al respecto.108
3.8. LEGITIMACIÓN PASIVA
La legitimación pasiva en la acción de amparo recae sobre la
autoridad pública causante del acto. No siempre será el autor
material del acto lesivo, sino quien decidió el acto. Siendo la ac-
ción de amparo un medio de protección de derechos, el resguar-
do de los mismos no quedaría asegurado si tan sólo se dirigiera
contra quienes lo realizaron materialmente, dejando fuera de
ella a quien ordenó dicho acto y podría repetir tal decisión.
Debe destacarse que el art. 6º, inc. b, de la ley de amparo
(nacional 16.986; provincial 4915), a los fines de viabilizar la
demanda de amparo, “sólo exige la individualización, en lo
107
Fallos 311:2725.
108
Para un mayor detalle, véase Palacio de Caeiro, Silvia, “La acción de ampa-
ro y la intervención de terceros. Situación actual”, Doctrina Judicial, 2000-II-
643 y ss.
134 LUIS R. CARRANZA TORRES
posible”, del sujeto o sector estatal que da lugar a la acción. Se
fija así un estándar más flexible que respecto de los procesos
ordinarios, en consonancia con esa finalidad primordial de
resguardar o restablecer derechos, antes mencionada.
Esto lleva a que, en similar sentido a lo que ocurre con el
polo activo de la relación procesal, la legitimación pasiva en el
amparo se vea ampliada para alcanzar a sectores o áreas del
Estado sin capacidad para estar en juicio, de ordinario.
Respecto de los alcances de la expresión “autoridad públi-
ca”, estamos a lo ya expresado en el punto 2.4.
La ley de amparo provincial (art. 1º, ley 4915), por su parte,
la extiende a los supuestos en que la conducta agraviante de
derechos proviniese de particulares. Respecto de los sujetos no
estatales demandables por vía del amparo, véase infra el capí-
tulo 11 del presente.
3.9. INTERVENCIÓN DEL MINISTERIO PÚBLICO
Sagüés propugna la intervención del Ministerio Público en
orden a los valores en juego del orden público constitucional.
La ley no la contempla, tampoco la prohíbe; pero de haber sido
ésta la intención del legislador la habría contemplado expre-
samente, atento a la importancia del punto. Sin duda que la
participación del Ministerio Público en el proceso acarrearía
demoras, y es por ello que en nuestra creencia la bilateralidad
del proceso alcanza, dentro de las características del mismo, a
ser garantía suficiente para tales valores, sobre los que el juez
debe apreciar y decidir, precisamente en su resguardo.
Rivas109 entiende que debe darse intervención al Ministe-
rio Público cuando se tache de inconstitucional una normati-
va, desde que el Estado en su informe se hallará obligado a
defenderla.
109
“Perspectivas del amparo después de la reforma constitucional”, op. cit.,
p. 47.
PRÁCTICA DEL AMPARO 135
Consideramos una excepción a lo dicho anteriormente, de
nuestra parte, el caso de que en el thema decidendum del am-
paro estuvieran o pudieran estar afectados derechos de meno-
res, caso en el que deberá darse intervención, dentro de los
límites del proceso, al Ministerio Pupilar (entendemos que
debería instrumentarse de manera análoga al pedido de infor-
me a la autoridad demandada), a fin de no colocar el proceso
incurso en la nulidad del art. 59 del Código Civil.
3.10. COMPETENCIA
Si la jurisdicción es un poder, y como tal único e indivisible,
definir a la competencia como una porción o un límite de la
jurisdicción no esclarece el concepto, sino que lo confunde,
haciendo aparecer a la jurisdicción como fragmentada en com-
petencias.
Siguiendo el razonamiento de Garrone110, siendo que la ju-
risdicción es un presupuesto subjetivo de la competencia, en
tanto ésta significa el grado de aptitud que la ley confiere a un
órgano jurisdiccional para el ejercicio de sus funciones, existe
entre ambos conceptos la misma relación jurídica que existe
entre persona y capacidad desde el punto de vista civil. Sin
embargo, si éste fuese el único presupuesto de la misma, la
institución de la competencia no solamente carecería de auto-
nomía, sino también de sentido. Por ello es que debe sumársele
el presupuesto objetivo de la competencia, cual es la pluralidad
de órganos jurisdiccionales, que hace necesario delimitar y re-
gular las relaciones de los tribunales entre sí.
Uniendo ambos conceptos, subjetivo y objetivo, el antes
citado autor define entonces a la competencia como el grado de
aptitud que la ley confiere a un órgano jurisdiccional frente a
otros órganos de la jurisdicción, delimitando y regulando las
relaciones entre uno y otros.
110
Op. cit., t. I, p. 420.
136 LUIS R. CARRANZA TORRES
En cuanto a los caracteres de la misma, podemos enunciar
de modo general los siguientes111:
a) Su improrrogabilidad: la competencia atribuida a los tri-
bunales es por principio improrrogable; este principio general
opera siempre, cualquiera sea el criterio territorial, objetivo
o funcional de la competencia, aunque reconoce excepciones en
el supuesto de prórroga de la competencia territorial por con-
venio de partes.
b) Su indelegabilidad: la competencia tampoco podrá ser
delegada, pero razones de auxilio judicial permiten la delega-
ción de la comisión de actos determinados (delegación de la fun-
ción).
c) Es de orden público: como atributo del órgano de un po-
der del Estado, la disponibilidad de la competencia por los par-
ticulares es relativa y excepcional.
d) Finalmente, en su aspecto negativo, es aplicable de ofi-
cio, pues el órgano jurisdiccional es el primeramente legitima-
do para defender la competencia propia, y en lo que respecta
al amparo, es indiscutible en el curso del proceso.
El amparo se interpone ante la primera instancia judicial.
Ya hemos hablado en otra parte (punto 1.5) de la competencia
federal y provincial. Sólo nos resta añadir a ello que la Corte
Suprema puede conocer amparos referidos a su competencia
originaria, atento a que en tales casos resulta ser un tribunal
de primera (y única, por otra parte) instancia judicial.
En el art. 4º (ley nacional 16.986, ley provincial 4915) se sien-
tan los siguientes principios al respecto: a) como principio ge-
neral, es competente el juez con jurisdicción en el lugar donde
se efectivice el acto, o tuviere o pudiere tener efecto; b) si se ex-
teriorizase en varias jurisdicciones, el de la que primero haya
actuado (principio de prevención); c) respecto de la competen-
cia material, se observarán las reglas de la misma, salvo que en-
gendraran “duda razonable”, en cuyo caso deberá conocer el
que fuese requerido, y d) si afectase a varias personas de dis-
111
Conf. Garrone, José Alberto, op. cit., t. I, ps. 421-422.
PRÁCTICA DEL AMPARO 137
tintas “jurisdicciones”, será competente aquel tribunal que pri-
mero hubiera conocido, disponiendo éste, si fuera pertinente,
la acumulación de los autos para sustanciarlos de manera con-
junta. Respecto de este último aspecto, véase lo dicho supra en
el punto 3.3.
3.11. CUESTIONES DE COMPETENCIA
La posibilidad de plantear conflictos de competencia en un
proceso determinado, en miras a una aplicación estricta de las
reglas de competencia, beneficia a la especialidad del magis-
trado pero conspira contra la rapidez, de capital importancia
en el amparo. Por el contrario, “la amplitud de conocimiento con
prescindencia estricta de las reglas de competencia elimina
aquella eventual demora, pero se resiente la especialidad del
juez”112. En contra de tal relación inversamente proporcional
se ubica Sagüés113, para quien, en la práctica, la especialización
no ha perjudicado la celeridad en el tema del amparo.
Las leyes de amparo (tanto la nacional como la provincial)
adoptan una posición ecléctica; prohíben a las partes la articu-
lación de cuestiones de competencia (entendemos que de for-
ma previa, sin que obste a que se aduzca oportunamente y se
resuelva en la sentencia), sin perjuicio de la que de oficio rea-
lice el magistrado, ya que el examen de la propia competencia
es el primer ejercicio de su función jurisdiccional, siempre que
la incompetencia se presente de manera clara. De otra forma
estaríamos frente a un caso de “duda razonable”.
3.12. RECUSACIÓN SIN CAUSA Y CUESTIONES PREVIAS
Como expresa Leguizamón, la recusación sin causa es la
facultad que tiene el litigante de desplazar a un juez del cono-
112
Salgado, Alí Joaquín, opus citatus.
113
Derecho procesal constitucional, t. 3, p. 320.
138 LUIS R. CARRANZA TORRES
cimiento de un trámite judicial sin explicar las razones que lo
motivan. Su planteo no implica que éstas no existan, sino que
no se las manifiesta. Se funda en última instancia en una ver-
dadera causal legal que el recusante prefiere silenciar, o bien
en causales que el legislador no puede prever sin darles una
extensión inusitada y que el litigante no podría expresar, pero
que resultan suficientes para hacerle temer por el destino de
sus derechos.114
La doctrina hostil al instituto de la recusación sin expre-
sión de causa, alega que generalmente sólo sirve para fines
exclusivamente dilatorios o especulativos, lo que la torna in-
compatible con la celeridad de un proceso sumario como lo es
el de la acción de amparo. Es por ello que las leyes nacional y
provincial (art. 16) la declaran improcedente, teniendo en mi-
ras la rapidez procesal.
Casi está de más decir que la recusación con causa resulta
perfectamente admisible en el amparo, en razón de ser una for-
ma de garantizar la independencia e imparcialidad de la actua-
ción jurisdiccional.
Lo referente a la prohibición de articular incidentes o cues-
tiones previas, se halla en conexión con el carácter expedito de
la acción, que veda la posibilidad de planteos que obstan al
progreso de la acción, a fin de concentrar el impulso procesal
en una dirección única, desembarazada y libre de toda actua-
ción procesal que no sea de inexcusable necesidad para dictar
una resolución judicial respecto del amparo.
Consecuencia de tal proscripción resulta la imposibilidad
de suspender plazos en el trámite, o supeditar su reinicio o
continuación al cumplimiento de actos de marcado carácter
formal o extraños al curso del proceso; incluso imponiendo por
ley tales situaciones, atento a surgir la exigencia de ser una vía
expedita del propio texto constitucional (art. 43, CN).
En este sentido, la exigencia de oficiar la existencia del
pleito a la procuración del tesoro, que plantea el orden provin-
114
Leguizamón, Héctor, “Procesos ejecutivos. La recusación sin causa”, en Abo-
gados. Revista del Colegio Público de Abogados de la Capital Federal, Nº 68,
agosto de 2003, sección “Actualidad y Doctrina”, p. 38.
PRÁCTICA DEL AMPARO 139
cial en leyes como la 9078, devienen marcadamente inconsti-
tucionales, por su abierta contradicción con el principio antes
desarrollado.
3.13. LEGITIMACIÓN EN EL ORDEN PROVINCIAL
En razón de haber sido tratado de modo conjunto a la legi-
timación nacional, remitimos a lo dicho en los puntos anterio-
res (véase supra 3.2 a 3.9).
3.14. COMPETENCIA EN EL ORDEN PROVINCIAL
Con la salvedad que seguidamente expondremos, remiti-
mos a lo ya dicho supra en los puntos 3.10 y 3.11. La misma surge
del art. 4º de la ley provincial de amparo, que fija la competen-
cia del juez de primera instancia “cualquiera fuere su competen-
cia por materia y que esté de turno […]”. No obstante que en tal
norma pareciera existir una libertad irrestricta de interponer
el amparo ante cualquier juez, siempre que esté de turno, no
importando en absoluto la materia del mismo, entendemos que
siempre que no obste a la celeridad del instituto deberá ponde-
rarse prudentemente la distribución por materia, habida cuen-
ta de que el principio de la especialización del juez también
integra, cada vez con fuerza mayor, la garantía constitucional
del debido proceso.
El Tribunal Superior de Justicia, por acuerdo reglamenta-
rio 318 - Serie A, resolvió respecto del tema de la competencia:
“En las acciones de amparo iniciadas cuestionando la constitu-
cionalidad de las leyes de emergencia provincial 8472 mo-
dificada por ley 8482 y del decreto del Poder Ejecutivo nacional
1777/95, el juez ante quien se interpongan, si no invoca una
fundada causal de excusación, procederá a su inmediato avo-
camiento, no pudiendo, en tales supuestos, operar el des-
plazamiento de competencia establecido en el art. 4º de la
ley 4915”.
140 LUIS R. CARRANZA TORRES
Tal acordada ha sido dictada de acuerdo con lo normado por
la Ley Orgánica del Poder Judicial (Nº 8435), que en su art. 12,
inc. 10, confiere la facultad, al más alto tribunal de nuestra pro-
vincia, de reglamentar el remplazo de magistrados y funciona-
rios en casos de recusación o inhibición, y proveerlo cuando se
está frente a una licencia, impedimento o vacancia, “con suje-
ción a las leyes vigentes”. Es de destacar que dicha norma fue
declarada inaplicable por un fallo de la Cámara 3ª en lo Civil
y Comercial de Córdoba (véase infra el punto 3.15.2, jurispru-
dencia VIII).
Asimismo, mediante acuerdos reglamentarios Nº 540 - Se-
rie A, del 6 de abril de 2000, y Nº 548 - Serie A, del 27 de junio de
2000, aclaratorio del primero, el Superior Tribunal de Justicia
reglamentó un sistema especial de turnos para la distribución
de las causas de amparo en diversos tribunales, principalmen-
te de primera instancia.
En virtud de dicha normativa se estableció tal distribución
temporal de turnos, de una semana cada uno, que comprendía
a juzgados de Control, de Conciliación, cámaras Contencioso
Administrativas y juzgados Civiles y Comerciales. Se dispuso
asimismo, por resolución Nº 106, de fecha 4 de abril de 2001 (BO
del 11-04-2001), que durante la feria entendiera en los ampa-
ros incoados en tal tiempo el juzgado de feria, debiendo remi-
tirlo, al concluir el receso, al tribunal que le correspondiera
entender en virtud del día de acaecimiento del hecho.
Con fecha 10 de abril de 2001 (BO del 30-04-2001) se dictó
el acuerdo reglamentario Nº 592 - Serie A, por el cual se dis-
puso excluir del turno de amparo resuelto por las normas
supra citadas a las cámaras con competencia en materia Con-
tencioso Administrativa de las circunscripciones judiciales
segunda a décima. Fundaba el Tribunal Superior su determi-
nación en que tales tribunales colegiados simultáneamente
ostentaban competencia de alzada en otras materias (civil y
comercial, familia y trabajo), a la par de la de amparo que se
les asignaba.
Extremos de tal naturaleza, a su entender, resultaban inade-
cuados en orden a la celeridad y agilidad que deben presidir la
PRÁCTICA DEL AMPARO 141
tramitación de los procesos de amparo, generando inconvenien-
tes de índole práctico, toda vez que la instancia recursiva obli-
ga al desplazamiento de la causa fuera del ámbito territorial
pertinente, con las consecuentes dificultades y mayores recau-
dos a que ello obligaba.
Por nuestra parte, entendemos que lo crucial para la deter-
minación de la exclusión reside en el hecho de que se le estaba
asignando a las mismas un carácter de tribunal de primera ins-
tancia, que si bien puede ser tal en las causas contencioso ad-
ministrativas en las que la provincia resulte parte, no resulta
tal respecto de la materia del amparo, como el propio Tribunal
Superior lo había determinado ya entre otros fallos (“Rosatto”,
véase infra punto 3.15.2, jurisprudencia IV), por lo que tal asig-
nación vía reglamentaria suponía un desplazamiento del juez
natural, incompatible con el principio constitucionalidad del
debido proceso.
Por último, en el acuerdo reglamentario Nº 609 - Serie A, de fe-
cha 25 de junio de 2001 (BO del 05-07-2001), el Tribunal Superior
excluye del turno de amparos también a las cámaras Contencio-
so Administrativas de la Primera Circunscripción Judicial.
Para tomar dicha medida entiende que tal exclusión impli-
ca asimilarlas al sistema vigente en las restantes circunscrip-
ciones, al margen de la mayor agilidad operativa de un tribunal
unipersonal, el que resulta conveniente en la atención de casos
como los de amparo, en los cuales se requieren a menudo reso-
luciones urgentes, en horas o días inhábiles. Todo ello, enten-
día el Tribunal Superior, sin mengua de los derechos de los
amparistas, ya que se trata de tribunales que no son elegidos
habitualmente para la promoción de acciones de amparo.
Repárese en que la última consideración, que fundamenta
la exclusión, se había utilizado para justificar la instrumenta-
ción del régimen especial de turnos del amparo.
Posteriormente se dictó alguna otra normativa, excluyen-
do a otros tribunales especializados, como los con competencia
tributaria, del turno de los amparos115, subyaciendo como en la
115
Art. 6º del Acuerdo Nº 677, de fecha 06-08-2003.
142 LUIS R. CARRANZA TORRES
anteriormente expuesta, la consolidación de la regla que afecta
al turno de amparos, únicamente a tribunales de primera ins-
tancia de los fueros comunes. Dicho esto, haremos un examen
de las mismas en el siguiente apartado.
A modo de síntesis, puede decirse que la intervención del
Tribunal Superior en la cuestión se fundamenta en los siguien-
tes puntos116:
a) Como habilitación normativa, en el marco de la atribu-
ción conforme al art. 12, inc. 25, de la Ley Orgánica del Poder
Judicial (Nº 8435), corresponde al Tribunal Superior de Justi-
cia reglamentar los turnos para la distribución de causas entre
los tribunales con idéntica competencia material y territorial.
Es de su atributo asignar a tribunales, salas o juzgados, dentro
de la competencia general atribuida por la ley y conforme a las
necesidades de especialización, competencia excluyente para
conocer la materia o determinadas dentro de cada circunscrip-
ción judicial (art. 12, inc. 24, ley 8435).
b) Como fundamento fáctico, en la evaluación de la informa-
ción estadística a disposición de dicho tribunal, la que le per-
mitió advertir que operadores judiciales encaminaban sus
pretensiones de amparo hacia ciertos sectores o parcelas de la
magistratura local, existiendo otras en las cuales, de hecho, no
se presentaban requerimientos de tal naturaleza, como era el
caso de los juzgados de Familia, de Concursos y Sociedades y
Menores. El dato, al entender del alto tribunal, revelaba que
otros ámbitos jurisdiccionales afectados potencialmente a
dicho sistema de reparto de la labor judicial, no son requeridos
por los justiciables —tal el caso de los tribunales encargados
del control judicial de la función administrativa de los poderes
del Estado provincial.
Dos preguntas se imponen por tanto: ¿actuó el Tribunal
Superior dentro de sus facultades? El fundamento de la medi-
da, ¿reviste carácter de razonable para resolver la situación
fáctica que provoca la normativa?
116
Conf. Carranza Torres, Luis, “La competencia en el amparo”, en LLCba.,
Año 18, Nº 11, diciembre de 2001, ps. 1202-1203.
PRÁCTICA DEL AMPARO 143
En referencia a la primera cuestión entendemos que el art. 4º
de la ley de amparo provincial ha instituido en la materia una
competencia indiscriminada o indiferente del fuero, pudien-
do el justiciable impetrarlo en cualquier tribunal de primera
instancia que, de acuerdo al turno ordinario propio de su fue-
ro, esté habilitado el día que se efectiviza la presentación. Tal
es la solución legal, que no puede ser reglamentada en contra-
rio, por imperativo del principio constitucional de la suprema-
cía de las normas.
No compartimos la solución adoptada por la ley, ya que la
especialización del tribunal actuante integra también el núcleo
blando de la garantía del debido proceso. Y a nadie escapa que,
más allá de que el respeto o restablecimiento de las garantías
constitucionales justifica de por sí la actuación de cualquier tri-
bunal, tiene mayor posibilidad el afectado de obtener un pro-
nunciamiento efectivo cuando concurre ante un juez, a más del
tema constitucional involucrado, es el especializado en la
materia o porción jurídica en que ocurrió tal hecho (relaciones
del trabajo, relaciones civiles con particulares, etc.).
Sin embargo, que no nos guste la norma y que hubiésemos
preferido para ella una redacción idéntica a la de la ley nacio-
nal, y que asimismo hemos propugnado una aplicación razona-
ble del precepto en relación a la naturaleza de la pretensión
involucrada, no puede implicar justificar lisa y llanamente su
inobservancia, por el medio que sea. Las leyes legítimas están
para cumplirse, o para cambiarse, si entendemos que puede
normarse de un modo mejor el asunto, y en este último caso, por
las vías que la Constitución establece: otra ley.
Por ello es que entendemos que las acordadas, en tanto se
apartan de la norma legal que pretenden reglamentar, no se
ajustan a un criterio de legalidad.
En cuanto a la segunda pregunta, y apreciando de modo ob-
jetivo el régimen de turnos dado para los amparos, no podemos
menos que concluir que el mismo no resulta solución al proble-
ma de base que se pretendió solucionar, pues no garantiza que
haya una distribución uniforme de causas entre los tribunales.
Tampoco se advierte lo disvalioso de que los justiciables pre-
144 LUIS R. CARRANZA TORRES
fieran a determinados tribunales respecto de otros, si resultan
igualmente competentes. Y crea un problema potencial de com-
petencias en caso de darse alguno de los supuestos del art. 165,
inc. 1, de la Constitución Provincial.
Asimismo, no debe dejarse de lado la especial importancia
que reviste la cuestión, ya que en cuanto se refiere al funciona-
miento práctico de un instrumento procesal que garantiza y
protege los derechos fundamentales de las personas, surge con
toda nitidez el valor que ha de asignarse a la regulación de tal
“proceso”. 117
Barrera Buteler118 entiende que el Tribunal Superior de Jus-
ticia, al modificar la disposición del art. 4º de la ley 4915, se
aparta del marco establecido por el art. 12, inc. 25, de la ley 8435
orgánica del Poder Judicial, excediendo claramente los lími-
tes de la potestad reglamentaria y de superintendencia que in-
voca como fundamento de la decisión.
En primer término, la medida que nos ocupa explícitamen-
te procura excluir del conocimiento de las acciones de amparo
a los juzgados de Familia, Electoral, de Concursos y Socieda-
des y de Menores, lo cual —más allá de su conveniencia o incon-
veniencia— no podría nunca haber sido dispuesto por el
Tribunal Superior de Justicia, sino que, en todo caso, hubiera
requerido una decisión legislativa, ya que el texto del art. 4º de
la ley 4915 es claro cuando establece la competencia de “el juez
de primera instancia [...] cualquiera fuere su competencia por
materia”.
Para el antes citado autor, es claro que el establecimiento
del “turno especial” altera el espíritu del art. 4º de la ley 4915,
que evidentemente ha querido poner a disposición del justicia-
ble una pluralidad de jueces competentes para entender en el
amparo con especialización material diversa. Sería tema para
117
Conf. Gozaíni, Osvaldo A., El derecho de amparo. Los nuevos derechos y garan-
tías del art. 43 de la Constitución Nacional, p. 103.
118
“Inconstitucionalidad del Acuerdo Reglamentario Nº 540 - Serie ‘A’ del Tri-
bunal Superior de Justicia”, en Foro de Córdoba, Nº 61, Córdoba, Advocatus,
2000, ps. 99-100.
PRÁCTICA DEL AMPARO 145
otro análisis más profundo el pronunciarse respecto de si el
sistema es bueno o es malo, si conviene que el justiciable pue-
da elegir entre varios tribunales dónde va a presentar su de-
manda, o si, por el contrario, es preferible que se establezca uno
solo por vez, pero no resulta opinable que si hay que cambiar el
sistema, sólo el Poder Legislativo puede hacerlo. La acordada
que nos ocupa parece ser un típico ejemplo de la conducta pro-
hibida en materia de reglamentaciones, ya que tal actividad,
como bien se expresa en el art. 99, inc. 2 in fine, de la Constitu-
ción Nacional, debe ser llevada a cabo “[...] sin alterar su espí-
ritu con excepciones reglamentarias”.
El exceso en el ejercicio de la potestad reglamentaria en
que incurre la acordada se pone también de manifiesto tan
pronto se advierte que la atribución que se invoca, esto es la del
art. 12, inc. 25, de la ley 8435, se refiere a “turnos para la distri-
bución de causas entre los tribunales con idéntica competencia
material”, y en el caso se está estableciendo un único turno es-
pecial para distribuir causas entre tribunales con distinta com-
petencia material.
Parece claro entonces que la acordada invade el ámbito
reservado por la Constitución Provincial al Poder Legislativo,
resultando por lo tanto carente de validez, por lo que, ante el
planteo de parte interesada en caso concreto, cualquier juez de
primera instancia, que esté de turno ordinario para las causas
de su competencia material, podría declararla inconstitucio-
nal y admitir la acción, sin que la decisión pueda ser controver-
tida en principio en virtud de la expresa prohibición del art. 16
de la ley 4915, que veda —en el curso del procedimiento del am-
paro— la articulación de cuestiones de competencia.
3.15. SELECCIÓN DE JURISPRUDENCIA
3.15.1. Nacional
I. En el campo de los “intereses difusos” es evidente que no es
sólo la cosa pública la que aparece directamente dañada, sino
que es el conjunto de los habitantes de una manera personal
146 LUIS R. CARRANZA TORRES
y directa, la víctima respecto de la cual el derecho objetivo tie-
ne necesariamente que acordar un esquema de protección,
dando legitimación para obrar al grupo o individuo que ale-
gue su representación sin necesidad de norma específica al
respecto […] El controlador general comunal tiene legitima-
ción activa para interponer una acción de amparo en defen-
sa de los intereses difusos que estima afectados [Cám. Nac.
Civ., Sala K, Capital Federal, en autos “Cartañá, Antonio y
otro c/ Municipalidad de la Capital”, sentencia del 28-02-1991.
Fuente: JA, 1991-II-501].
II. Es competente el Juzgado Contencioso Administrativo
Federal para entender en la causa donde el actor interpuso de-
manda de amparo por mora contra el Banco Central de la Re-
pública Argentina debido a la falta de pronunciamiento
respecto del trámite iniciado ante dicho organismo, por pre-
suntas irregularidades constatadas en la situación del crédi-
to que licitó, en el marco de un concurso para la adjudicación
de créditos de entidades liquidadas [CSJN, en autos “Pustil-
nik, Héctor Rubén c/ Banco Central de la República Argentina
s/ amparo”, Sent. Nº OMP45, del 17-11-1994. Fuente: SAIJ,
sumario Nº A0031183].
III. Es competente la justicia federal para conocer en el amparo
contra una empresa telefónica, si se trata de precisar el senti-
do y los alcances de normas federales y sus respectivas regla-
mentaciones reguladoras del sistema de precios y de las
categorías del servicio público telefónico, disposiciones ema-
nadas y fiscalizadas por el Estado Nacional en ejercicio de las
facultades que le confieren los arts. 1º; 3º, inc. c; 4º, inc. e; 15;
16 y concordantes de la ley nacional de telecomunicaciones Nº
19.798 [CSJN, en autos “Lottici, Emilio C. c/ Telefónica de Ar-
gentina S.A. s/ amparo”, A.I. Nº COMP000887, del 07-04-1992.
Fuente: SAIJ, sumario Nº A0019777].
IV. Corresponde a la justicia federal conocer en las demandas
de amparo que tienen por objeto examinar la validez de actos
emanados del gobierno nacional [CSJN, en autos “Cané,
Bernardo s/ denuncia s. av. infr. leyes 24.051 y 23.771”, Sent.
Nº CO41XXXII, del 10-10-1996. Fuente: SAIJ, sumario Nº
A0037187].
PRÁCTICA DEL AMPARO 147
V. La naturaleza procesal de la acción de amparo torna impro-
cedente la intervención solicitada con apoyo en los arts. 90 y
91 del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación [CSJN,
en autos “Siutti, Atilio Alfredo c/ Administración Nacional de
la Seguridad Social s/ amparo”, Sent. Nº S441, del 11-04-1995.
Fuente: SAIJ, sumario Nº A0031820].
VI. Las acciones de amparo pueden tramitarse en la instancia
originaria de la Corte Suprema, en la medida en que se veri-
fiquen las hipótesis que la surten, ya que de otro modo queda-
rían sin protección los derechos de las partes en los casos
contemplados por la ley 16.986 [CSJN, en autos “Asociación del
Magisterio de la Enseñanza Técnica —AMET— c/ Poder Eje-
cutivo Nacional y otro s/ amparo”, Sent. Nº OMP10, del 28-07-
1994. Fuente: SAIJ, sumario Nº A0030343].
VII. Es competente la justicia federal y no la provincial para
entender en el amparo promovido contra la empresa de elec-
tricidad recientemente privatizada por la facturación del
servicio eléctrico. Ello porque los reclamos de la actora en-
cuadran en los términos de la ley 24.065 y su complementa-
ria, la ley 15.336 de eminente carácter federal [CSJN, en
autos “Compte, Carlos Federico c/ Edenor S.A. s/ amparo”,
Sent. Nº OMP97, del 09-08-1994. Fuente: SAIJ, sumario Nº
A0030380].
VIII. En principio, el hábeas corpus y las demandas de ampa-
ro no autorizan a sustituir a los jueces propios de la causa en
las decisiones que les incumben [CSJN, en autos “Miscioscia,
Domingo Ramón s/ hábeas corpus —causa Nº 14.823—”, Sent.
Nº OMP163, del 18-08-1994. Fuente: SAIJ, sumario Nº
A0030465].
IX. Sólo la invocación del menoscabo de derechos o garantías,
efectuadas por quienes resulten efectivamente legitimados
para requerir su amparo judicial, puede autorizar la interven-
ción de los jueces [CSJN, en autos “Sindicato de Constructores
Navales de la República Argentina c/ Estado Nacional - Minis-
terio de Economía y Obras y Servicios Públicos - Secretaría de
Transporte s/ recurso de hecho”, Sent. Nº S90, del 09-12-1993.
Fuente: SAIJ, sumario Nº A0027758].
148 LUIS R. CARRANZA TORRES
X. Procede el amparo para cuestionar todo acto que, de modo
manifiestamente ilegal, imponga una reducción sustancial en
los haberes que les corresponde percibir a los magistrados
jubilados [CSJN, en autos “Argüello Varela, Jorge Marcelo c/
Estado Nacional - CSJN s/ amparo”, Sent. Nº A621, del 30-06-
1993. Fuente: SAIJ, sumario Nº A0026345].
XI. La acción de amparo contra actos de la autoridad pública
es inadmisible cuando no median arbitrariedad o ilegalidad
manifiestas y la determinación de la eventual invalidez del acto
requiere una mayor amplitud de debate o de prueba o la decla-
ración de inconstitucionalidad de leyes, derechos y ordenan-
zas[CSJN, en autos “Del Canto, Ysmael Aldo y otro c/ Ministerio
de Trabajo y Seguridad Social s/ recurso de hecho”, Sent. Nº
D387, del 07-07-1992. Fuente: SAIJ, sumario Nº A0021662].
XII. La acción de amparo es un remedio excepcional que no
tiene por objeto obviar los trámites legales ni alterar las juris-
dicciones vigentes [CSJN, en autos “Del Canto, Ysmael Aldo y
otro c/ Ministerio de Trabajo y Seguridad Social s/ recurso de
hecho”, Sent. Nº D387, del 07-07-1992. Fuente: SAIJ, sumario
Nº A0021664].
XIII. Ante la negativa del requerido de difundir la respuesta,
la vía sumarísima del amparo resulta adecuada frente a la na-
turaleza del derecho de ser protegido judicialmente, ya que las
garantías individuales existen y protegen a los individuos por
el solo hecho de estar consagradas en la Constitución e inde-
pendientemente de las leyes reglamentarias [CSJN, en autos
“Ekmekdjián, Miguel Ángel c/ Sofovich Gerardo y otros s/ re-
curso de hecho”, Sent. Nº E64, del 07-07-1992. Fuente: SAIJ,
sumario Nº A0021728].
XIV. De acuerdo con lo previsto en el art. 4º de la ley 16.986,
para la radicación de un amparo, debe estarse en primer tér-
mino al lugar efectivo de la exteriorización o efectos del acto
impugnado, y sólo en segundo término aquel en el que pudie-
ra tener efectos, los cuales sólo resultarán operativos cuando
no pudiera comprobarse el lugar de producción de los prime-
ros[CSJN, en autos “Estado Nacional - Ministerio de Economía
c/ Juzgado Federal de la Provincia de Catamarca s/ inhibito-
PRÁCTICA DEL AMPARO 149
ria”, Sent. Nº COMP222, del 25-08-1992. Fuente: SAIJ, suma-
rio Nº A0022059].
XV. Si la actora funda el derecho que invoca para incoar la
acción de amparo en el contrato en virtud del cual sostuvo
haberse incorporado como inversionista de una de las partes
contratantes, no puede pretender desconocer la cláusula re-
lativa a la prórroga de jurisdicción pues importaría ponerse
en contradicción con los propios actos, conducta incompati-
ble con su posición anterior, deliberada, jurídicamente rele-
vante y plenamente eficaz [CSJN, en autos “Estado Nacional
- Ministerio de Economía c/ Juzgado Federal de la Provincia de
Catamarca s/ inhibitoria”, Sent. Nº COMP222, del 25-08-1992.
Fuente: SAIJ, sumario Nº A0022062].
XVI. Teniendo en cuenta que el Defensor del Pueblo no actúa
ejerciendo un derecho propio sino en representación de los
derechos de incidencia colectiva de los usuarios afectados por
un decreto que es de aplicación en todo el país, la sentencia a
dictarse como la medida cautelar que tiende a asegurar su
cumplimiento deben tener ese alcance [Cám. Nac. Apel. Cont.
Adm. Fed., Sala III, en autos “Defensor del Pueblo - incidente
III c/ Estado Nacional s/ amparo”, 23-09-1997. Fuente: Rossi,
El Defensor del Pueblo y el amparo colectivo].
XVII. La legitimación procesal del Defensor del Pueblo que se le
confiere genéricamente en el art. 86 de la CN, en el art. 43 de ésta,
se regula de manera específica su habilitación para intervenir en
los juicios de amparo en casos de servicios públicos. Su partici-
pación lo es en defensa de un derecho de usuarios y consumido-
res: el de participación en el control de los servicios públicos, que
se vería afectado por una ilegítima omisión de la Administración
[Voto del Dr. Uslenghi, Cám. Nac. Apel. Cont. Adm. Fed., Sala IV,
23-06-1998, en autos “Youssefian, Martín c/ Estado Nacional -
Secretaría de Comunicaciones s/ amparo ley 16.986”. Fuente:
Rossi, El Defensor del Pueblo y el amparo colectivo].
XVIII. Puede (el Defensor del Pueblo) [...] defender derechos
individuales en tanto y en cuanto ellos correspondan a dere-
chos colectivos garantizados por la CN. Esto necesariamen-
te nos lleva a establecer en la norma la posibilidad de actuar
150 LUIS R. CARRANZA TORRES
ante la justicia, en función de lo que establezca la reglamenta-
ción legal para los casos en que precisamente no exista otra
forma de representación y defensa de los intereses a que se tiene
que abocar el Defensor del Pueblo [...] —Lorenzo, convencio-
nal por Santa Fe— [...] Se le da legitimación procesal para que
pueda actuar en los casos [...] referidos a intereses colectivos
y a ejercitar la representación de aquellos que no tienen forma
de defender sus intereses [...] —Díaz Araujo, convencional por
la Provincia de Mendoza— [Cám. Nac. Apel. Cont. Adm. Fed.,
Sala II, 26-08-1997, en autos “Nieva, Alejandro y otros c/ Poder
Ejecutivo Nacional - decreto 375-97 s/ amparo ley 16.986”, causa
Nº 7154-97. Fuente: Rossi, El Defensor del Pueblo y el ampa-
ro colectivo].
XIX. El art. 86 de la CN le confiere legitimación procesal en todo
cuanto hace a las cuestiones de su competencia; debiendo exten-
derse esta legitimación a toda clase de procesos judiciales o
administrativos —confr. Bidart Campos, Tratado elemental de
derecho constitucional argentino; Rodolfo Barra, “La acción de
amparo en la Constitución Nacional reformada. La legitima-
ción para accionar”, LL, revista del 14-11-1994—. Para llevar
a cabo la misión que le ha sido encomendada, el Defensor pue-
de actuar de oficio o por denuncias, en cuyo caso la legitimación
que le ha sido constitucionalmente reconocida lo autoriza a
ostentar representación suficiente. Si la acción se intentara
solitariamente, su legitimación para obrar no admite discusión
técnica por estar respaldada en la CN; sin embargo, el interés
que movilice la pretensión no podrá ser personal porque la fun-
ción es preventiva y sancionatoria de conductas negligentes o
imprudentes que afecten al ciudadano —Osvaldo Gozaíni, “Le-
gitimación procesal del Defensor del Pueblo”—. Sin perjuicio de
la legitimación procesal que genéricamente le confiere el art. 86
de la CN, el art. 43 regula de manera específica la legitimación
del Defensor del Pueblo para intervenir en los juicios de ampa-
ro, cuando se encuentren presuntamente involucrados derechos
de incidencia colectiva. Señala la norma que [...] podrán inter-
poner esta acción contra cualquier forma de discriminación y
en lo relativo a los derechos que protegen al ambiente, a la com-
petencia, al usuario y al consumidor, así como a los derechos
de incidencia colectiva en general, el afectado, el defensor del
pueblo y las asociaciones que propendan a esos fines [...] [Cám.
PRÁCTICA DEL AMPARO 151
Nac. Apel. Cont. Adm. Fed., Sala II, 26-08-1997, en autos “Nie-
va, Alejandro y otros c/ Poder Ejecutivo Nacional - decreto 375-
97 s/ amparo ley 16.986”, causa Nº 7154-97. Fuente: Rossi, El
Defensor del Pueblo y el amparo colectivo].
XX. El interés difuso, llamado también fragmentario, colec-
tivo o supraindividual, ha sido caracterizado como aquel que
no pertenece a una persona determinada o a un grupo unido
por un vínculo o nexo común previo, sino que corresponde a
un sector de personas que conviven en un ambiente o situación
común. Es decir, se trata de un bien que pertenece a todos y al
grupo, pero que es indivisible, por lo que la satisfacción del
interés respecto de uno de ellos importa la de todos [...] [Cám.
Nac. Civ. Com. Fed., Sala I, 16-03-2000, en autos “Defensoría
del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires c/ EDESUR S.A. s/ res-
ponsabilidad por daños”. Fuente: Rossi, El Defensor del Pue-
blo y el amparo colectivo].
XXI. En lo que concierne a los derechos que protegen al usua-
rio, alcanzados por la tutela constitucional del amparo, la
redacción del art. 43 de la CN exige hacer una aclaración. Al
respecto, se ha precisado, con razón, que la ubicación
contextual de la regla en el ámbito de protección de los dere-
chos de incidencia colectiva determina que la tutela se encuen-
tra dispuesta en relación con los derechos públicos de la
sociedad y no con el de los particulares damnificados —que en-
cuentran protección en el primer párrafo del artículo—, pues
la utilización de la expresión “en general” pone de manifiesto
que los supuestos mencionados anteriormente —como el de
los usuarios—, son especies de derechos de incidencia colec-
tiva (cfr. Humberto Quiroga Lavié, “El amparo, el hábeas data
y el hábeas corpus en la reforma de la Constitución Nacional”,
en el libro La reforma de la Constitución explicada por miem-
bros de la Comisión de Redacción, Rubinzal-Culzoni, p. 143)
[...] [Cám. Nac. Civ. Com. Fed., Sala I, 16-03-2000, en autos
“Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires c/ EDESUR
S.A. s/ responsabilidad por daños”. Fuente: Rossi, El Defensor
del Pueblo y el amparo colectivo].
XXII. Para incluirse dentro de la categoría de “afectados” es
suficiente que un derecho o interés se altere de manera direc-
152 LUIS R. CARRANZA TORRES
ta o refleja para que alguien que se cree razonablemente me-
recedor de protección pueda requerir la calidad de parte pro-
cesal [Cám. Nac. Civ. Com. Fed., Sala 2, 12-10-1999, en autos
“Wang Ching Shih y otro c/ Aguas Argentinas S.A.”. Fuente:
Barbado, “Jurisprudencia agrupada”, JA, 2001-IV-31].
XXIII. Siendo el art. 137 la norma constitutiva de la defensoría
del pueblo de la ciudad de Buenos Aires —que no es contradic-
toria con las previsiones de la Constitución Nacional, sino que
tiene por finalidad otorgar una protección mayor de los dere-
chos de los usuarios de los servicios públicos de la ciudad de
Bs. As., garantizados por ambas constituciones y por la ley
24.240 de Defensa del Consumidor (arts. 1º y 25), que en este
supuesto resultaron afectados por la interrupción en el sumi-
nistro de energía eléctrica que originó el presente juicio— no
se advierte impedimento alguno para reconocer su aplicación
al caso y admitir la legitimación invocada por la accionante
[Cám. Nac. Civ. Com. Fed., Sala 1, 16-03-2000, en autos “De-
fensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires c/ EDESUR
S.A.”. Fuente: JA, 2000-II-223].
XXIV. La legitimación del defensor del pueblo, para interpo-
ner la acción de amparo prevista en el art. 43 de la CN es sólo
para los supuestos en que se encuentren comprometidos de-
rechos de incidencia colectiva, con el alcance recién precisado
[Cám. Nac. Civ. Com. Fed., Sala 1, 16-03-2000, en autos “De-
fensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires c/ EDESUR
S.A.”. Fuente: JA, 2000-II-223].
XXV. Cuando no se afectan intereses comunitarios o genera-
les sino un derecho subjetivo, de modo que el damnificado se
encuentra en condiciones de reclamar judicialmente, el defen-
sor del pueblo no puede invocar la legitimación del art. 43 de
la CN para interponer las acciones que su titular exclusivo dejó
de utilizar [Cám. Nac. Civ. Com. Fed., Sala 1, 16-03-2000, en
autos “Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires c/
EDESUR S.A.”. Fuente: JA, 2000-II-223].
XXVI. La acción puede ser interpuesta contra “cualquier for-
ma de discriminación” por el “afectado, el defensor del pueblo
y las asociaciones que propendan a esos fines”, en la medida
PRÁCTICA DEL AMPARO 153
que están registradas y autorizadas para funcionar. Esta for-
ma receptada por la reciente reforma constitucional en nada
discrepa con el criterio previo establecido en la ley 16.986, que
en su art. 5º legitimaba también a las asociaciones que no con-
trariaran una finalidad de bien público. Al respecto —y como
lo ha manifestado este tribunal con anterioridad— la ley
16.986 no ha sido derogada expresamente por la reforma de
1994, en tanto no se oponga a la letra y espíritu de aquélla,
subsiste la vigencia de los recaudos de admisibilidad de la
acción de amparo establecidos por ésta (conf. esta Sala in re
“Soñez”, del 22-12-1994; “Ositiansky”, del 26-10-1995;
“Toscano” y “Ruiz de Arechavaleta”, ambas del 22-12-1995;
“Aydin”, del 22-05-1996; “Asociación Bancaria”, del 11-10-
1996, Corte Suprema in re “Servotti”, del 10-12-1996) (Cons.
IV) [Cám. Nac. Cont. Adm. Fed., Sala I, 05-03-1998, en autos
“Asociación Benghalensis y otros c/ Ministerio de Salud y Ac-
ción Social - Estado Nacional s/ amparo ley 16.986”, causa Nº
33.629-96. Fuente: Archivo del autor].
XXVII. A la luz de lo decidido por la Corte en Fallos 320:690,
“Asociación de Grandes Usuarios de Energía Eléctrica de la
República Argentina”, y en Fallos 323:1339, “Asociación
Benghalensis y otros”, corresponde concluir que la actora se
encuentra legitimada para demandar solicitando la declara-
ción de inconstitucionalidad del art. 3º del Código nacional,
pues la misma ha operado dentro del derecho que le asiste para
el cumplimiento de las finalidades de su creación [Del voto de
los Dres. Fayt y Petracchi, CSJN, 09-04-2002, en autos “Migno-
ne, Emilio Fermín s/ promueve acción de amparo”. Fuente: ED,
Suplemento de Derecho Constitucional, Nº 10.543, del 12-07-
2003].
XXVIII. Actos que, conjeturalmente ilegales o arbitrarios, le-
sionen, alteren, restrinjan o amenacen alguno de los derechos
colectivos reconocidos por la Constitución Nacional, leyes o
tratados, afectan en un doble sentido a una pluralidad de per-
sonas, dando lugar a la protección que el art. 43 de la carta
magna ofrece en los supuestos de lesión de derechos de inci-
dencia colectiva general: directamente a los sindicatos legiti-
mados para ejercer dichos derechos y, mediatamente, a los
trabajadores cuyas condiciones de trabajo son reguladas por
154 LUIS R. CARRANZA TORRES
la acción de esas entidades [Cám. Nac. Trab., 24-01-1997, en
autos “CGT c/ EN-PEN”. Fuente: DT, 1997-A-506].
XXIX. La incorporación de intereses generales o difusos a la
protección constitucional, en nada enerva la exigencia de
exponer cómo tales derechos se ven lesionados por el acto
considerado ilegítimo o por qué existe la amenaza concreta de
que ello suceda, a los efectos de viabilizar la acción de ampa-
ro [CSJN, 07-05-1998, en autos “Consumidores Libres Coop.
Ltda.”. Fuente: LL, 1998-C-602].
XXX.Quien interpone un amparo, en busca del restablecimien-
to de un derecho, a los efectos de su legitimación, es menester
que la pretendida violación de ese derecho lo afecte de mane-
ra “suficientemente directa” (Fallos 306:1125 y los allí citados)
[Cám. Fed. Salta, 07-11-1994, en autos “Pérez Alsina, Juan c/
PEN s/ acción de amparo”. Fuente: ED, 161-544].
XXXI. Aun respecto de derechos difusos, no puede fundarse la
legitimación para accionar en el interés general en que se
cumpla la Constitución y las leyes [CSJN, 07-05-1998, en autos
“Consumidores Libres Coop. Ltda.”. Fuente: LL, 1998-C-602].
XXXII. La condición de diputados nacionales no confiere legiti-
mación a quienes deducen una acción de amparo tendiente a que
se declare la inconstitucionalidad de un decreto de necesidad y
urgencia, pues su ejercicio encuentra su quicio constitucional en
el ámbito del Poder Legislativo [Cám. Fed. Cont. Adm. Capital,
Sala 1, 14-07-1999, en autos “Garré y otros c/ Poder Ejecutivo
Nacional”. Fuente: Seró, “Acción de amparo”, en Revista de De-
recho Procesal, Nº 4, Sección Jurisprudencia Temática, p. 418].
XXXIII. El art. 4º de la ley 16.986 no es de aplicación para
situaciones donde existe válidamente pactada una prórroga
de jurisdicción y donde se plantea una cuestión derivada jus-
tamente de una relación contractual [Cám. Fed. Rosario, Sala
B, 19-10-1972, en autos “Guimarbo S.R.L. c/ YPF”. Fuente: JA,
Reseñas. Serie Contemporánea, 1973-675].
XXXIV. La ley 16.986 dispone de modo expreso que no pueden
articularse cuestiones de competencia (art. 16) y la decisión
PRÁCTICA DEL AMPARO 155
del juzgador por la que tácitamente asumió el conocimiento
de la causa es irrecurrible en atención a lo establecido por el
art. 15 de la referida ley [Cám. Nac. Trab., Sala III, 05-08-2000,
en autos “Oltra, Estela c/ EN”. Fuente: DT, 2001-B-1734].
XXXV. El art. 18, segunda parte, de la ley 16.986 limita su
aplicación por los jueces federales con jurisdicción en las
provincias a los casos en que el acto impugnado mediante
la acción de amparo provenga de una autoridad nacional
[CSJN, 26-03-1996, en autos “Macasa S.A. c/ Caja Popular de
Ahorro y Seguridad de la Provincia de Santiago del Estero”.
Fuente: Seró, “Acción de amparo”, en Revista de Derecho Pro-
cesal, Nº 4, Sección Jurisprudencia Temática, p. 412].
XXXVI. La intención del constituyente plasmada en el art. 43
ha sido crear una categoría especial de legitimados para pro-
mover amparo, cuya nota distintiva reside en la proyección del
agravio (protección de derechos difusos o colectivos) y no ne-
cesariamente en la concurrencia o gran número de perjudica-
dos [Cám. Nac. Civ. Com. Fed., Sala I, 16-03-2000, en autos
“Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires c/
EDESUR”. Fuente: LL, 2000-C-399].
XXXVII. Las normas que regulan el régimen legal del ampa-
ro reconocen una legitimación pasiva para ser demandadas en
este tipo de proceso a “autoridades” como resulta un policía
provincial, aun cuando carezcan de personalidad jurídica
genérica [CSJN, 03-09-1987, en autos “Centurione, Jorge”.
Fuente: LL, 1988-A-559].
XXXVIII.La nuda violación de garantías constitucionales pro-
venientes de autoridades de provincia no sujeta por sí sola las
causas que de ella surjan al fuero federal, salvo cuando se in-
voque violación de garantías constitucionales o contra una
autoridad nacional (doctrina Fallos 307:2249; 311:2154;
313:1047) [CSJN, 04-07-2003, en autos “Barrionuevo, José Luis
c/ Juzgado Electoral y Minas Catamarca”, comp. 117-XXXIX.
Fuente: Archivo del autor]
XXXIX. Es de competencia civil y comercial federal la acción de
amparo promovida con el objeto de que se declare la nulidad del
156 LUIS R. CARRANZA TORRES
proceso licitatorio según el nuevo régimen de cobertura
médico-asistencial aprobado por el Instituto Nacional de Ser-
vicios Sociales para Jubilados y Pensionados, pues tal cues-
tión resulta ajena a los principios y normas del Derecho
Administrativo, pues los actos o decisiones de los órganos de
tal instituto, en tanto entidad de Derecho Público no estatal,
no son administrativos [Cám. Fed. Cont. Adm. Capital, Sala
2, 13-04-1999, en autos “Torello c/ INSS”. Fuente: Seró, “Acción
de amparo”, en Revista de Derecho Procesal, Nº 4, Sección Ju-
risprudencia Temática, p. 413].
XL. Es competente el fuero federal de la seguridad social en la
acción entablada por una empresa privada de medicina
prepaga si se cuestiona una ley que deben cumplir las obras
sociales[Cám. Fed. Cont. Adm. Capital, Sala 2, 05-05-1998, en
autos “Asociación Francesa Filantrópica y de Beneficencia”.
Fuente: Seró, “Acción de amparo”, en Revista de Derecho Pro-
cesal, Nº 4, Sección Jurisprudencia Temática, p. 414].
XLI. Como contrapartida de la legitimación activa para obrar
también es principio rector de la jurisdicción federal, la exis-
tencia de un proceso concreto como de una controversia o
causa justiciable (arts. 116 y 117, CN, y art. 2º, ley 27). La
acción de amparo al requerir para su procedencia la presen-
cia de un acto u omisión que lesione, restrinja, altere o ame-
nace derechos reconocidos por la Constitución, un tratado
o una ley, no hace más que exigir la existencia de una causa
o cuestión justiciable, a fin de permitir el ejercicio por parte
del Poder Judicial del control de constitucionalidad, legali-
dad y legitimidad sobre los actos emanados de los demás
poderes del Estado [Cám. Fed. Córdoba, Sala A, en autos
“Abella, Miguel Ángel c/ Estado Nacional (MEOSP) - ampa-
ro - ley 16.986”, Sent. Nº 136, del 28-08-1998. Fuente: Foro de
Córdoba, Nº 49, p. 144].
XLII. Una sociedad anónima, al ejercer su actividad habitual
en una provincia, se halla en las mismas condiciones normales
en que puede hallarse un vecino de la misma provincia, tenien-
do el arraigo suficiente en una determinada provincia que tor-
na inútil su amparo frente al fuero federal [CSJN, 31-10-1997,
en autos “Monzón c/ Ferrocarril Mesopotámico Gral. Urquiza
PRÁCTICA DEL AMPARO 157
S.A.”. Fuente: Seró, “Acción de amparo”, en Revista de Derecho
Procesal, Nº 4, Sección Jurisprudencia Temática, p. 414].
XLIII. El a quo rechaza la falta de legitimación activa opues-
ta por la accionada en atención a que los actores invocan in-
tereses colectivos que afectan a todas las personas que
integran una comunidad, y cuya violación podría afectarlos
también de manera general. A la hora de resolver el fondo se
contradice su propia aseveración, ya que afirma que el Insti-
tuto es una persona pública no estatal y, por ende, se encuen-
tra exento de control alguno, equiparándola a una persona
privada. La contradicción rompió el silogismo propio del ra-
zonamiento judicial, ya que, al reconocer la legitimación pro-
cesal de la parte, le estaba admitiendo la facultad de control
del contrato y de las cláusulas abusivas que superan la noción
de derecho privado [Cám. Fed. Córdoba, Sala B, en autos
“Viqueira, Horacio Gustavo y otros c/ INSSJP - amparo”, Sent.
Nº 122, del 13-08-1998. Fuente: Repertorio Foro de Córdoba,
Año 1998, p. 25].
XLIV. La plataforma del ejercicio de la jurisdicción exige la
legitimación activa de quien peticiona, situación jurídica que
se conecta estrechamente con la presencia de una causa judi-
cial o caso concreto contencioso, cuya verificación debe inexo-
rablemente estar presente en todos los procesos, no
constituyendo la acción de amparo una excepción a la regla.
El principio de legitimación activa se reafirma en el hecho de
que está autorizado para demandar en juicio aquel que pueda
alegar en concreto y forma probada, encontrarse sufriendo un
daño o inminencia de sufrir un menoscabo a un derecho pro-
pio, por una situación concreta y no meramente eventual o hi-
potética, y este agravio debe provenir de la conducta activa u
omisiva de la contraparte [Cám. Fed. Córdoba, Sala A, en autos
“Abella, Miguel Ángel c/ Estado Nacional (MEOSP) - amparo
- ley 16.986”, Sent. Nº 136, del 28-08-1998. Fuente: Repertorio
Foro de Córdoba, Año 1998, p. 25].
XLV. El pliego de bases y condiciones del concurso público
abierto Nº 16-00 que regula el objeto, la modalidad, los requi-
sitos, etcétera, del procedimiento de preselección y adjudica-
ción para la contratación de las prestaciones médico
158 LUIS R. CARRANZA TORRES
asistenciales, determina de manera explícita que serán com-
petentes los tribunales nacionales de la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires en las controversias que pudieren suscitarse. Las
cláusulas del pliego son la fuente principal de los derechos y
obligaciones de la administración y de los cocontratantes
[Cám. Fed. Córdoba, Sala A, en autos “Corpus Agrupación de
Colaboración Empresaria c/ INSSJP - amparo”, Sent. Nº 195,
del 18-09-2000. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 67, Síntesis de Ju-
risprudencia, p. 228].
XLVI. Corresponde otorgar participación al Bank Boston NA
puesto que aun cuando expresamente la acción no ha sido di-
rigida contra esa entidad, la cautelar fue dictada en contra
del recurrente, y de no otorgarse la debida participación a la
citada entidad, podrían afectarse sus derechos, tornando
ilusoria su intervención [Cám. Fed. Córdoba, Sala A, en autos
“Chernicoff c/ PEN s/ amparo”, Sent. Nº 409, del 20-11-2002.
Fuente: Foro de Córdoba, Nº 82, Síntesis de Jurisprudencia,
p. 276].
XLVII. La posibilidad de intervención de terceros en el ampa-
ro, no estando expresamente consagrada, resulta una cues-
tión de interpretación restrictiva, para no resultar obstáculo
a la marcha de dicho rápido y comprimido proceso [CSJN, en
autos “Zofracor c/ Estado Nacional s/ amparo”, resolución del
14-12-1999. Fuente: DJ, 2002-2-643].
XLVIII. Si bien tras la reforma constitucional de 1994, nues-
tra carta magna ha ampliado el espectro de los sujetos le-
gitimados para accionar por la vía del amparo, que
tradicionalmente estaba limitada a aquellos que fueran titu-
lares de un derecho subjetivo individual, esta amplitud no se
ha dado para la defensa de cualquier derecho, sino sólo en
relación a los mecanismos tendientes a proteger ciertos dere-
chos de incidencia colectiva [CSJN, 26-08-2003, en autos “Co-
legio de Fonoaudiólogos de Entre Ríos c/ Estado Nacional s/
acción de amparo”. Fuente: Archivo del autor].
XLIX. No se halla legitimada una asociación para interponer
amparo, cuando no se trata de un tipo de derecho subjetivo
de incidencia colectiva en general, sino de puramente indi-
PRÁCTICA DEL AMPARO 159
viduales, cuyo ejercicio y solicitud de tutela corresponde, en
exclusiva, a cada uno de los potenciales afectados y, por lo
tanto, fuera del ámbito de la ampliación de la legitimación
que ha realizado la citada norma constitucional [CSJN, 26-
08-2003, en autos “Colegio de Fonoaudiólogos de Entre Ríos c/
Estado Nacional s/ acción de amparo”. Fuente: Archivo del au-
tor].
L. Si el colegio amparista no ha actuado tampoco en defensa
de derechos y obligaciones que incumban exclusivamente a los
fonoaudiólogos por su condición de tales, o en procura de
justicia frente a disposiciones que regulen esa actividad pro-
fesional en exclusiva, supuesto en que, en todo caso, gozaría
de una mejor posición para actuar ante la justicia, sino lo hizo
sólo con relación a derechos individuales de parte de sus aso-
ciados, en su calidad de contribuyentes, supuesto que, a mi
juicio, demuestra un standing insuficiente para formular un
reclamo como el de autos [CSJN, 26-08-2003, en autos “Cole-
gio de Fonoaudiólogos de Entre Ríos c/ Estado Nacional s/ ac-
ción de amparo”. Fuente: Archivo del autor].
LI. Admitir la legitimación en un grado que la identifique con
el “generalizado interés de todos los ciudadanos en el ejerci-
cio de los poderes de gobierno”, deformaría las atribuciones del
Poder Judicial en sus relaciones con el Ejecutivo y con la
Legislatura y lo expondría a la imputación de ejercer el gobier-
no por medio de medidas cautelares. Y agregó que la protec-
ción de los contribuyentes o de los ciudadanos, dada su base
potencialmente amplia, es precisamente el tipo de influencia
que en una democracia debe ser utilizada ante las ramas del
gobierno destinadas a ser sensibles frente a la actitud de la
población, modalidad de naturaleza política a la que es ajeno
el Poder Judicial. Tal supuesto equivaldría a una acción po-
pular, a una defensa abstracta de la legalidad, inadmisible en
nuestro ordenamiento federal [CSJN, 26-08-2003, en autos
“Colegio de Fonoaudiólogos de Entre Ríos c/ Estado Nacional s/
acción de amparo”. En igual sentido, Fallos 321:1252, conside-
rando 25. Fuente: Archivo del autor].
LII. Teniendo en cuenta que el defensor del pueblo no actúa
ejerciendo un derecho propio sino en representación de los
160 LUIS R. CARRANZA TORRES
derechos de incidencia colectiva de los usuarios afectados por
un decreto que es de aplicación en todo el país, la sentencia
a dictarse, así como la medida cautelar que tiende a asegu-
rar su cumplimiento deben tener ese alcance [Cám. Fed. Cont.
Adm. Capital, Sala 3, 23-09-1997, en autos “Muñoz c/ Estado
Nacional”. Fuente: Seró, “Acción de amparo”, en Revista de
Derecho Procesal, Nº 4, Sección Jurisprudencia Temática,
p. 421].
3.15.2. Provincial
I. Si bien el recurso de amparo puede interponerse ante cual-
quier juez de primera instancia y que según el art. 16 de la ley
4915 no admite recusaciones ni planteos de incompetencia, no
menos cierto es que la cuestión a tratar —conflicto entre una
municipalidad y las autoridades de la provincia—, es de aque-
llas que la Constitución expresamente declara la competencia
del tribunal que deberá entender en la causa (art. 165, inc. 1-
c), razón por la cual debe hacerse lugar al planteo de los deman-
dados teniendo en cuenta el principio básico de “supremacía
de las leyes” y el de “juez natural”, por ser estos principios, entre
otros, los que abonan e impregnan el derecho procesal penal,
y por último el respeto irrestricto a las normas de las consti-
tuciones nacional y provincial [Juz. Civ. Com. Conc. y Fam.
Deán Funes, en autos “Acción de amparo interpuesta por Fran-
cisco S. Benchetrit c/ Superior Gobierno de la Provincia de Cór-
doba y Caja de Jubilaciones, Pensiones y Retiros de la Provincia
de Córdoba”, sentencia del 18-03-1997. Fuente: Semanario
Jurídico, t. 76, 1997-A- 516].
II. El art. 4º, segundo párrafo, de la ley provincial de amparo,
acoge el “principio de prevención” para el supuesto de que un
mismo acto u omisión afectare el derecho de varias personas,
disponiendo que deberá entender en todas las acciones que se
susciten, el juzgado que hubiere prevenido. De ese modo la
competencia es desplazada hacia el juez que primero intervi-
no en el tiempo, anticipándose a otro a quien pertenecía igual-
mente la causa, el que queda excluido para continuarla. Se ha
procurado así satisfacer razones de conexidad, concentración
y economía procesal, por mediar una única situación de hecho
PRÁCTICA DEL AMPARO 161
y para lograr un pronunciamiento judicial también único. La
naturaleza de la acción de que se trata requiere evitar cuestio-
nes que atenten contra su celeridad y lograr la pronta solución
del problema que se debate. Lo dicho se sigue del art. 16 de la
ley 4915 en tanto prohíbe articular cuestiones de competencia.
Las razones que explican el principio de prevención receptado,
no pueden ser desvirtuadas por la invocación de demandas in-
terpuestas en distintas circunscripciones judiciales, la
teleología de la norma persigue mantener la unidad de crite-
rio frente a la identidad de objeto y causa que motivan los dis-
tintos reclamos [TSJ, Sala Civ. y Com., en autos “Pignani, M.
E. y otro c/ Superior Gobierno de la Provincia de Córdoba s/ am-
paro-competencia”, Sent. Nº 188, del 05-07-1988. Fuente: SAIJ,
sumario Nº R0002612].
III. De conformidad con lo dispuesto por el art. 4º, segundo
párrafo, de la ley provincial 4915 (acción de amparo), deben re-
mitirse las actuaciones iniciadas en el juzgado de conciliación
de turno, al juzgado civil en el que se tramita un juicio con el
que se verifica conexidad por identidad de objeto y causa. Los
demandados, todos en función docente, solicitaron amparo
frente a una medida gubernamental que consideraban perju-
dicial. Dicho tribunal es el que ha prevenido y conserva su
competencia, pues aún no ha resuelto la cuestión de fondo. El
citado dispositivo legal acoge el “principio de prevención”, para
el supuesto de que el mismo acto u omisión afectara el derecho
de varias personas. En virtud de este principio, la competen-
cia se desplaza hacia el juez que primero intervino en el tiem-
po, anticipándose a otro a quien pertenecía igualmente la
causa, el que queda excluido para continuarla. Se ha procurado
así satisfacer razones de conexidad, concentración y economía
procesal, por mediar una única situación de hecho y para lo-
grar un pronunciamiento judicial también único [TSJ, en
autos “Frandino, Edgardo José y otros c/ Superior Gobierno de
la Provincia de Córdoba s/ amparo - competencia - conexidad”,
Sent. Nº 176, del 23-06-1988. Fuente: SAIJ, sumario Nº
R0001857].
IV. La acción de amparo debe ejercerse de acuerdo con las
normas de la ley 4915, debiendo ser conocida por un juez de
primera instancia, con jurisdicción territorial y temporal li-
162 LUIS R. CARRANZA TORRES
mitada y de cuya decisión cabe apelación. La cámara conten-
cioso-administrativa carece de competencia para entender
una acción de amparo, ya que no se trata de un juez de prime-
ra instancia en el sentido exigido por el art. 4º de la ley 4915,
la que ha sido delegada expresamente a aquellos con compe-
tencia en lo civil y comercial, de conciliación y de instrucción,
conforme la normativa aplicable supletoriamente y prevista
en el art. 17 de la ley citada, según el fuero en el que se hubiere
iniciado la acción [TSJ, Sala Cont. Adm., en autos “Rosatto,
José c/ Instituto Provincial de Atención Médica s/ contencioso
administrativo - amparo”, Sent. Nº 123, del 30-12-1987. Fuente:
SAIJ, sumario Nº R0001510].
V. El recurso de amparo solicitado, que está basado en la su-
puesta arbitrariedad cometida por la empresa proveedora del
fluido eléctrico, no es procedente, atento a que en la especie, por
ser un acto administrativo de un ente autárquico de la provin-
cia, el principio que rige es el de solve et repete, es decir, que pre-
viamente, a fin de impedir el corte de energía, la usuaria debió
abonar, bajo protesto si lo consideraba necesario, el importe
presuntamente debido y luego iniciar los trámites administra-
tivos o judiciales necesarios para dilucidar el conflicto plan-
teado, por lo que surge que tuvo en sus manos impedir el
supuesto acto que la privó de su derecho [Cám. 2ª Apel. Civ. y
Com., en autos “Carranza Rey de Rossi, Susana del Carmen s/
amparo”, Sent. Nº 121, del 28-05-1992. Fuente: SAIJ, suma-
rio Nº R0006120].
VI. Los jueces deben extremar la ponderación y la prudencia
a fin de no decidir, por el sumarísimo procedimiento de esa
garantía constitucional, cuestiones susceptibles de mayor de-
bate y que corresponde resolver conforme a los procedimien-
tos ordinarios. Si no puede admitirse la eficacia de la acción
de amparo a fin de enervar un secuestro dispuesto por el juez
competente, tampoco procede ordenar el diligenciamiento de
un exhorto librado por el juez que acogió indebidamente dicha
situación [TSJ, Sala Penal, en autos “Juez en lo civil y comer-
cial de segunda nominación de Río Cuarto solicita al TSJ orde-
ne el diligenciamiento de exhorto librado por el juez de
instrucción de segunda nominación s/ amparo”, Sent. Nº 30, del
17-10-1960. Fuente: SAIJ, sumario Nº R0006978].
PRÁCTICA DEL AMPARO 163
VII. Entendiendo que el art. 48 de la Constitución de la Provin-
cia de Córdoba debe aplicarse conforme a la ley 4915 que regla-
menta su ejercicio, no caben dudas de que el juez tiene dos
oportunidades para resolver la inadmisibilidad de la acción de
amparo. Una, al ser promovida, en cuyo caso si ella “fuere ma-
nifiestamente inadmisible”, el magistrado la “rechazará sin
sustanciación”. Otra, cuando a juicio del juez la inadmisibili-
dad no surgiere evidente luego de su presentación, al pasar los
autos al estudio y resolver en la sentencia. Ello se encuentra per-
fectamente legislado y contempla la ley situaciones diversas. El
art. 3º de la ley 4915, para el supuesto de que la acción fuere ma-
nifiestamente inadmisible; el art. 2º cuando no surgiere esa evi-
dencia inicial [Cám. 5ª Civ. y Com. Córdoba, en autos “ORPISA
c/ Municipalidad de Córdoba s/ amparo”, Sent. Nº 108, del 10-09-
1991. Fuente: SAIJ, sumario Nº R0005080].
VIII. La facultad de reglamentar el remplazo de magistrados
en caso de apartamiento por recusación o inhibición y, en su
caso, proveer a su remplazo, la tiene el Excemo. Tribunal Su-
perior de Justicia (art. 12, inc. 10, de la Ley Orgánica del Po-
der Judicial, 8435), con el límite del último párrafo de la norma
citada “con sujeción a las leyes vigentes” en este caso la norma
del art. 4º, segundo párrafo, de la ley 4915. Ese límite ha sido
rebasado por el acuerdo reglamentario Nº 318, serie A, de fe-
cha 17 de abril de 1996, ya que lo que éste reglamenta contra-
ría la norma reglamentada, en definitiva, reglamenta con
violación a la norma de que se trata y, en consecuencia, resulta
inaplicable [Cám. 3ª Civ. y Com. Córdoba, en autos “Zavala,
Julio c/ Caja de Jubilaciones, Prestaciones y Servicios de Cór-
doba s/ amparo”, A.I. Nº 108, del 20-05-1996. Fuente: Mooney,
Derecho público provincial].
IX. De conformidad al art. 4º de la ley 4915, la competencia del
juez en el amparo, corresponde al “juez de primera instancia,
con jurisdicción en el lugar en que el acto se exteriorice o tuviere
o pudiere tener efecto, y cualquiera fuere su competencia por
materia y que esté de turno”. Es acertada la interpretación que
considera que la expresión primera instancia, se refiere a la
etapa o grado del proceso que va desde la promoción del jui-
cio hasta la primera sentencia definitiva. Conceptualmente esa
interpretación implica que sólo pueda considerarse juez de
164 LUIS R. CARRANZA TORRES
primera instancia a aquel cuyas resoluciones resultan
recurribles en apelación. Trasladado a la organización del
Poder Judicial de la Provincia en materia penal, el juez correc-
cional no es un juez de primera instancia, toda vez que la pro-
pia ley lo define como de única instancia (art. 37, CPP). En tanto
juez de única instancia, no se ha diseñado un órgano judicial
para el grado de apelación, lo cual revela también lo inadecua-
do que resultaría considerarlo competente en el juicio de ampa-
ro [TSJ, Sala Penal, en autos “Acción de amparo interpuesta por
Simeone, Javier c/ Municipalidad de Las Perdices y/o OIBCA -
recurso de casación”, Sent. Nº 55, del 13-08-1998. Fuente: Reper-
torio Foro de Córdoba, Año 1998, p. 24].
X. La sustitución del concepto de primera instancia que se ha
expuesto por la del órgano judicial colocado en el lugar infe-
rior de cada fuero, ha llevado a considerar competente al juez
correccional con error, porque no puede decirse que éste ten-
ga un grado inferior al de la Cámara en lo Criminal, sino que
se trata, en ambos casos, de tribunales de instancia única pero
de distinta competencia material [TSJ, Sala Penal, en autos
“Acción de amparo interpuesta por Simeone, Javier c/ Munici-
palidad de Las Perdices y/o OIBCA - recurso de casación”, Sent.
Nº 55, del 13-08-1998. Fuente: Repertorio Foro de Córdoba,
Año 1998, p. 24].
XI. Es legal la acción de amparo intentada por los padres del
menor adulto —de dieciséis años de edad— jugador de fútbol,
con el propósito de obtener su pase libre, pues no es más que
el cumplimiento de los deberes establecidos por el art. 263 del
CC y conc. Es un derecho natural y legal de los padres procurar
para sus hijos menores las mejores condiciones posibles para el
futuro de ellos [Cám. Trab. Córdoba, Sala 10, en autos “Piozzi,
Elena del C. y otro por sí y en representación de su hijo menor c/
Club Atlético Racing - amparo - apelación”, A.I. Nº 49, del 12-03-
1998. Fuente: Repertorio Foro de Córdoba, Año 1998, ps. 24-25].
XII. La interpretación literal de la ley 4915 puede llevar en la
actualidad a un resultado equivocado. Cuando el art. 4º dice:
“Será competente para conocer de la acción de amparo el juez
de primera instancia [...] y cualquiera fuere su competencia por
materia [...]”, significa que el órgano competente es el órgano
PRÁCTICA DEL AMPARO 165
judicial colocado en el lugar inferior de la organización de cada
fuero. La múltiple y compleja realidad hace necesario que nos
aferremos a las jurisdicciones especializadas atento su idonei-
dad específica en la materia, su experiencia sobre la temática
abordada y la coherencia liminar que podrán tener sus pronun-
ciamientos. Cuando la materia a resolver en una acción de
amparo se relaciona con cuestiones que atañen al derecho
público, el fuero competente para resolverlas es el contencio-
soadministrativo [TSJ, Sala Cont. Adm., Sent. Nº 50, 21-11-
1996. Tribunal de origen: Cám. Civ. Com. San Francisco, en
autos “González, Guillermo Eduardo y otro c/ César Pascual
Pérez - amparo - recurso de apelación”. Fuente: Semanario
Jurídico, t. 77, 1997-B-204].
XIII. La legitimación es la situación especial en la que se en-
cuentran las partes respecto del objeto de la pretensión pro-
cesal, y que la ley garantiza sólo a quienes estén en esa
posición, el derecho a obtener una decisión sobre el fondo de
la cuestión. La reforma de la Constitución Nacional de 1994
a través del art. 43 consagró una sustantiva innovación en
relación a los derechos de “incidencia colectiva” al habilitar
la acción de amparo y otorgar legitimación sólo a quienes
acrediten encontrarse en alguna de las siguientes tres hipó-
tesis: a) El propio afectado; b) El defensor del pueblo, y c) Las
asociaciones que propendan a esos fines, registradas confor-
me a la ley [TSJ, Sala Cont. Adm., Sent. Nº 50, del 21-11-1996.
Tribunal de origen: Cám. Civ. Com. San Francisco, en autos
“González, Guillermo Eduardo y otro c/ César Pascual Pérez
- amparo - recurso de apelación”. Fuente: Semanario Jurídi-
co, t. 77, 1997-B-204].
XIV. Cuando quien interpone el amparo es el “afectado”, pre-
tendiendo tutelar incluso derechos de incidencia colectiva, la
legitimación para accionar sólo está asignada a quien acredi-
te la preexistencia de un derecho subjetivo, esto es, de un
agravio propio, directo, y concreto de un derecho o garantía
constitucional [TSJ, Sala Cont. Adm., Sent. Nº 50, del 21-11-
1996. Tribunal de origen: Cám. Civ. Com. San Francisco, en
autos “González, Guillermo Eduardo y otro c/ César Pascual
Pérez - amparo - recurso de apelación”. Fuente: Semanario
Jurídico, t. 77, 1997-B-204].
166 LUIS R. CARRANZA TORRES
XV. En los casos en que no aparece un afectado individualiza-
do, sólo pueden interponer el amparo los otros legitimados
especiales creados por el constituyente: el Defensor del Pueblo
y las asociaciones [TSJ en pleno, en autos “Consejo de Circui-
to de Pozo del Molle - amparo - recurso de casación”. Fuente:
Foro de Córdoba, Nº 84, Síntesis de Jurisprudencia, p. 187].
XVI. Tratándose de lesiones con eventual repercusión grupal,
la Constitución no exige que la acción sea promovida por to-
dos los miembros de la colectividad respectiva, sino que es
suficiente que se accione a título individual, por el o los afec-
tados[Cám. 8ª Civ. Com. Córdoba, Sent. Nº 10, del 24-02-1997.
Tribunal de origen: Juzg. 15ª Civ. Com. Córdoba, en autos
“Bonetto, Rodolfo Antonio y otros c/ Superior Gobierno de la
Provincia de Córdoba y otro - acción de amparo”. Fuente: Sema-
nario Jurídico, t. 76, 1997-A-371].
XVII. La circunstancia de que “los valores en juego afectan a
la comunidad toda” no enerva el amparo promovido por los
particulares a quienes aquéllos también afectan sino que con-
fiere trascendencia a la cuestión propuesta [Cám. 8ª Civ. Com.
Córdoba, Sent. Nº 10, del 24-02-1997. Tribunal de origen: Juzg.
15ª Civ. Com. Córdoba, en autos “Bonetto, Rodolfo Antonio y
otros c/ Superior Gobierno de la Provincia de Córdoba y otro -
acción de amparo”. Fuente: Semanario Jurídico, t. 76, 1997-
A-373].
XVIII. En la presente acción se han ejercido derechos con in-
cidencia colectiva (art. 43, CN), a través de una acción colec-
tiva tutelar del bien común del grupo afectado. Por tanto, la
presentación de los amparistas afectaría a la mayoría de los
educandos del colegio (concretamente que, de acogerse la
pretensión de un diez por ciento, ella repercutiría en el 90%
restante). La sentencia de primera instancia confirmada por
este Tribunal condena a “respetar el sistema federal de educa-
ción, incorporando la modalidad técnica para la Escuela Nacio-
nal de Educación Técnica Nº 2 Ing. Carlos A. Cassaffóusth en
todos sus ciclos y carga horaria” y este alcance no fue motivo
de agravio. Por ello, carecen de base las preguntas a propósi-
to de cómo reencauzar educativamente a los hijos de los
amparistas, o sobre cuáles serán sus condiciones futuras,
PRÁCTICA DEL AMPARO 167
como si se tratase exclusivamente de situaciones individua-
les suyas [Cám. 8ª Civ. Com. Córdoba, Sent. Nº 10, del 24-02-
1997. Tribunal de origen: Juzg. 15ª Civ. Com. Córdoba, en autos
“Bonetto, Rodolfo Antonio y otros c/ Superior Gobierno de la Pro-
vincia de Córdoba y otro - acción de amparo”. Fuente: Semana-
rio Jurídico, t. 76, 1997-A-374].
XIX. Aun cuando se considere el remedio intentado como un
simple amparo que procura tutelar los intereses de naturale-
za colectiva, la conclusión no varía, desde que el actor también
carece de legitimación a la luz de las nuevas normativas cons-
titucionales (nacional y provincial). El segundo apartado del
art. 43 de la CN dispone que la acción de amparo en materia
de “derechos de incidencia colectiva en general” otorga legiti-
mación sólo a quienes acrediten encontrarse en alguna de estas
tres hipótesis: a) El propio afectado; b) El Defensor del Pueblo;
y c) Las asociaciones que propendan a esos fines, registradas
con forme a la ley. Cuando quien interpone el amparo es el
“afectado”, pretendiendo tutelar incluso derechos de inciden-
cia colectiva, la legitimación para accionar sólo está asignada
a quien acredite la preexistencia de un derecho subjetivo, esto
es, de un agravio propio, directo y concreto de un derecho o
garantía constitucional [TSJ, Sala Cont. Adm., Sent. Nº 51,
del 21-11-1996. Tribunal de origen: Cám. 2ª Cont. Adm. Córdo-
ba, en autos “Molina Herrera, Adonis R. s/ amparo por mora de
la Administración (Fiscal de Estado) - recurso directo - hoy ca-
sación”. Fuente: Semanario Jurídico, t. 76, 1997-A-319].
XX. La medida impetrada por el actor en nada mejora o per-
judica su esfera de derechos y garantías que tutela el orden
constitucional, y que viabiliza el amparo. No se advierte cuál
es la lesión o restricción que repercute en su esfera interna; no
hay “parte” en sentido jurídico estricto. Aceptar incluso la le-
gitimación del actor en el carácter tic habitante o ciudadano,
implicaría la aplicación lisa y llana de la “acción popular” que
está excluida de nuestro ámbito jurídico; la exclusión de la
acción popular del orden jurídico argentino surge del art. 22
de la CN, en virtud del cual el pueblo sólo delibera y gobierna
por medio de sus representantes; y lo dispuesto por el art. 1º
de la CN en cuanto dispone que el gobierno de nuestro país es
“representativo” [TSJ, Sala Cont. Adm., Sent. Nº 51, del 21-11-
168 LUIS R. CARRANZA TORRES
1996. Tribunal de origen: Cám. 2ª Cont. Adm. Córdoba, en autos
“Molina Herrera, Adonis R. s/ amparo por mora de la Adminis-
tración (Fiscal de Estado) - recurso directo - hoy casación”.
Fuente: Semanario Jurídico, t. 76, 1997-A-319].
GRÁFICO II
PLAZOS EN EL AMPARO GENERAL HASTA EL DICTADO DE LA
SENTENCIA EN PRIMERA INSTANCIA
Motivo Plazo Artículo que Momento en que
lo establece comienza el
cómputo
Caducidad 15 días Art. 2º, inc. e Desde que el acto
de la acción fue ejecutado o
debió producirse
Producción del Plazo prudencial Art. 8º Notificación
informe del art. 8º (5 días
generalmente)
en el orden
nacional;
3 días en el orden
provincial
Realización de la 3 días Art. 9º Vencimiento del
audiencia de plazo para
prueba contestar el
informe
Dictado de la 3 días, Art. 11 Desde el
sentencia ampliables por vencimiento del
igual término plazo para
(si existiese contestar el
prueba informe o la
pendiente de finalización de la
producción) audiencia, si se
hubiera abierto a
prueba
4. MEDIDAS CAUTELARES POSIBLES
4.1. RELACIÓN ENTRE EL AMPARO Y LAS CAUTELARES
Podemos definir a las medidas cautelares procesales como
aquellas de carácter precautorio que cumplen la función de
significar un anticipo asegurativo de la garantía jurisdiccional,
para impedir que el derecho cuyo reconocimiento se pretende
obtener por medio del proceso, pierda su virtualidad o eficacia
hasta el pronunciamiento de la sentencia definitiva.119
Concordamos por ello con que la medida cautelar se otor-
ga, más que en interés del solicitante de la misma, en el de la
administración de justicia120, ya que “[...] cuando el Estado pone
su autoridad al servicio del acreedor en peligro, no actúa sólo en
defensa de la satisfacción de un interés privado, sino en benefi-
cio del orden jurídico en su integridad. La jurisdicción, también
en este caso, no funciona uti singulo, sino uti civis. Tales decisio-
nes se dirigen más que a defender los derechos subjetivos, a ga-
119
Carranza Torres, Luis - Carranza Torres, José, “Procedencia de las medidas
cautelares en el hábeas data provincial”, en Tribuno, Año VI, Nº 22, p. 687; conf.
Cám. Nac. Civ., Sala A, en autos “Di Paolo c/ Burstyn y otros”, JA, Nº 6176,
edición del 12-01-2000, p. 73.
120
Conf. Mercader, Amilcar, Estudios de derecho procesal, La Plata, Platense,
1968, p. 196; Acosta, José, El proceso de revocación cautelar, Buenos Aires, Ru-
binzal-Culzoni, 1986, p. 14.
172 LUIS R. CARRANZA TORRES
rantizar la eficacia, y por así decirlo, la seriedad de la función
jurisdiccional, el imperium judicis”.121
Por tanto, hay siempre en la cuestión un “orden público cau-
telar”, al decir de Acosta122, que lleva a que el acto de la ponde-
ración y concesión (o no) de las mismas trascienda el mero
interés particular, circunstancia que se acentúa en la materia
del amparo, atento a su especial carácter de instituto de res-
guardo de derechos personales básicos, de cuño constitucional
y universalmente reconocido.
Como nos dice Sanmartino123, en el ámbito específico del
amparo, el derecho a la tutela judicial rápida y expedita lleva
ínsito el derecho a la protección cautelar como modo de asegu-
rar el resultado práctico de la sentencia de mérito. Asimismo,
tal tutela cautelar eficaz en el juicio de amparo adviene como
una garantía constitucional adjetiva que se encuentra com-
prendida implícitamente en el derecho reconocido por el art.
43 de la Constitución Nacional.
Pues con la reforma de 1994, el amparo no sólo ingresa a for-
mar parte expresa de nuestro derecho constitucional, sino que
lo hace con alcances que invalidan muchas de las previsiones
normativas que —aunque formando parte de leyes todavía vi-
gentes— devienen ahora claras limitaciones a la operatividad
garantista de la figura. Pues el garantismo concebido por la
voluntad del constituyente, además de no poder ser coartado
por la tarea reglamentaria, contiene una pauta esencial y obli-
gatoria para la hermenéutica y la posterior aplicación de la
figura en cada caso, siendo inconstitucional la interpretación
que tienda a la limitación del marco protectorio cuando es
posible sostener un criterio amplio en pos de la defensa de los
derechos mediante el instituto en análisis.124
121
Couture, Eduardo, Estudios de derecho procesal civil, t. I, 2ª ed., Buenos Aires,
Depalma, 1978, p. 499; Mercader, Amilcar, op. cit.; Acosta, José, op. cit., p. 14.
122
Op. cit., p. 14.
123
“La suspensión de los efectos del acto administrativo y el daño irreparable”,
en ED, 177-773.
124
Camps, Carlos E., “Medidas cautelares en el amparo”, JA, 1999-I-946.
PRÁCTICA DEL AMPARO 173
Tal hecho se presenta asimismo en nuestra legislación cons-
titucional local en el art. 48 de la primera norma de los cordo-
beses.
Como bien expresa Camps125, el referirnos a la vinculación
entre la acción de amparo y las medidas cautelares nos coloca
frente a dos trascendentales parcelas del mundo jurídico. Por
un lado se encuentra el amparo, valioso mecanismo garantis-
ta de los derechos de los individuos, y por el otro la amplia
materia constituida por las medidas cautelares, a través de las
cuales es posible mitigar las consecuencias negativas que el
paso del tiempo en el proceso acarrea en la resolución defini-
tiva del pleito.
No obstante el carácter sumarísimo del instituto, la bilate-
ralidad que en su tramitación se ha impuesto (véase supra pun-
to 3.1) trae consigo el peligro de que, ínterin, es sustanciada la
acción, se consume el daño a los derechos constitucionales que
por esta vía se procura evitar, bien sea por una modificación de
la situación fáctica o jurídica imperante al tiempo de su inter-
posición, bien sea por una estabilidad en ella que resulta per-
judicial al amparista. Es tal realidad la que justifica la admisión
de medidas cautelares en el amparo.126
De la confluencia de ambos institutos, el sistema ágil de
protección de los derechos que constituye la acción de ampa-
ro no puede menos que salir robustecido, desde que una apro-
piada interpretación y utilización de la materia cautelar hará
que sea más eficaz al tener efectos inmediatos, brindándole una
coraza procesal que lo pondrá al abrigo del accionar del paso
del tiempo, factor corrosivo y hasta frustratorio en el ámbito de
la justicia de nuestros días.127
No debemos dejar de expresar que lo cautelar alcanza no
pocas veces en el amparo una importancia tal que puede llevar
125
“Medidas cautelares en el amparo”, op. cit., p. 946.
126
Fazio, Javier, “Efecto no deseado. A propósito del efecto suspensivo con que
debe concederse el recurso de apelación deducido en contra de una medida cau-
telar ordenada en un amparo”, LLCba., 2001, ps. 652 y 653.
127
Camps, Carlos E., “Medidas cautelares en el amparo”, op. cit., p. 946.
174 LUIS R. CARRANZA TORRES
a confundir los contornos entre la pretensión principal y la
accesoria.128
Pero si bien la acción de amparo y las medidas cautelares
son institutos susceptibles de presentar algunas similitudes,
de ello no se sigue una asimilación que no fuere remota, pues
al presente han sido superadas las posturas doctrinarias que
pretendían ver en el amparo una forma de prohibición de inno-
var, considerando junto a Camps que las diferencias entre
ambas parcelas jurídicas son nítidas y bien delimitadas, pues
el amparo es un proceso principal y autónomo —si bien abre-
viado—, mientras que las medidas cautelares son —por defi-
nición— accesorias a otro procedimiento. También los
diferencian los disímiles grados de conocimiento exigidos para
su acogimiento en cada caso, y la existencia o no de cosa juzga-
da. 129
Es cierto que los plazos en el amparo son breves, pero ello
no significa que el juicio sea, en definitiva, todo lo rápido que
el legislador imaginó. Puede tardar varios meses, y si va a la
Corte Suprema de Justicia de la Nación no es difícil que la tra-
mitación supere el año.130
Resulta procedente entonces, dentro del proceso de ampa-
ro, toda medida cautelar, en cuanto fuera pertinente a los fines
de resguardar el derecho constitucional agraviado en tanto se
sustancia la acción, pues sería una tremenda contradicción ins-
tituir una garantía para proteger los derechos constituciona-
les, y reglar un expeditivo procedimiento para la misma, si no
se admitieran en el mismo ciertas medidas precautorias ten-
dientes a resguardar la integridad del derecho, o evitar el
agravamiento de su lesión, durante el trámite procesal, hasta
tanto se logra una sentencia decisoria definitiva.
128
Peyrano, Guillermo F., “Las medidas cautelares en la acción de amparo: sus
relaciones con la acción principal. Los distintos despachos cautelares. Los re-
caudos exigibles”, ED, 188-914.
129
Camps, Carlos E., “Medidas cautelares en el amparo”, op. cit., p. 947.
130
Gambier, Beltrán, “El peligro de la demora en la medida cautelar en el jui-
cio de amparo”, LL, 1997-A-69.
PRÁCTICA DEL AMPARO 175
Pero, como nos apunta Camps con palabras de Sagüés, ta-
les medidas son viables dentro y para dicho juicio; no resultan-
do procedente un amparo destinado a decretar una medida
de no innovar referida a otras actuaciones judiciales o ad-
ministrativas.131 Es decir, no es posible usar al amparo como
medida cautelar en sí mismo, respecto de otras acciones em-
prendidas o a emprenderse.
4.2. AMPARO Y REMISIÓN A LA LEGISLACIÓN PROCESAL COMÚN.
IMPORTANCIA DEL TÓPICO
Respecto de las normas subsidiarias, debe tenerse especial-
mente en cuenta que en la presente materia se aprecia sobre-
manera la importancia, tanto de la norma que habilita la
remisión, como de la forma en que la misma se efectúa (véase
infra punto 6.9). Es por ello que resultan procedentes medidas
cautelares no expresadas en la ley de amparo, y también tal
legislación supletoria es uno de los elementos a tener en cuen-
ta en la discusión, respecto de los efectos con que se concede la
apelación respecto de ellas.
4.3. CAUTELARES EXPLÍCITAS Y CAUTELARES IMPLÍCITAS
Dada la peculiaridad de lo que se ataca mediante la acción
de amparo, las medidas precautorias de más utilidad habrán
de ser aquellas destinadas a evitar que la situación de hecho o
de derecho cambie frente a la inminencia de que ese acto per-
judicial de derechos básicos se cumpla, o bien aquellas que, ante
la consumación del acto u omisión contrario a derecho, modi-
fiquen la situación provisoriamente (volviendo o no al anterior
estado de cosas) hasta que recaiga sentencia definitiva sobre
el fondo del debate.132
131
Camps, Carlos E., “Medidas cautelares en el amparo”, op. cit., p. 947.
132
Ibíd., ps. 950 y 951.
176 LUIS R. CARRANZA TORRES
La ley (art. 15, ley nacional 16.986; art. 15, ley provincial
4915) nombra expresamente, si bien de modo indirecto, y sin
perjuicio de la remisión supletoria a las normas procesales que
habilitan el pedido e imposición jurisdiccional de las demás, a
dos de ellas: a) la de no innovar, y b) la suspensión de los efec-
tos lesivos del acto.
La suspensión de los efectos, en tanto anticipo material de
los efectos de la pretensión de amparo promovida, exigía del
interesado el cumplimiento de una carga: demostrar que la
“lentitud” del proceso rápido y sencillo de amparo provocaría
un daño irreparable sobre su esfera jurídica, y que la suspen-
sión de los efectos del acto constituía la única manera de pre-
venir y eliminar el riesgo de una sentencia ilusoria.133
Respecto de la medida de no innovar, este instituto “opera
dentro del llamado proceso cautelar ‘conservativo’, o sea que
tiende a inmovilizar una determinada situación fáctica y jurí-
dica”134, que podemos hallar al momento en que la medida
precautoria comienza a surtir efectos —esto es, a partir del
momento en que es notificada a la parte que debe cumplirla—,
o bien inmediatamente antes de acaecido el acto que motiva la
acción de amparo intentada.
Para Pozo Gowland, la prohibición de innovar con motivo
de una acción de amparo comparte el carácter restringido con
el cual es considerada la procedencia de toda acción fundada
en la ley 16.986.135
Ciertas peculiaridades se observan en la prohibición de
innovar cuando el amparo se dirige contra un acto emanado de
los poderes públicos136:
a) La mera interposición de la demanda de amparo no sus-
pende los efectos del acto administrativo que se estima lesivo.
133
Sanmartino, Patricio Marcelo E., “La suspensión de los efectos del acto ad-
ministrativo y el daño irreparable”, op. cit., p. 785.
134
De Lázzari, Eduardo, Medidas cautelares, p. 542, citado por Camps, Carlos
E., “Medidas cautelares en el amparo”, op. cit., p. 951.
135
Pozo Gowland, Héctor M., “La suspensión de los actos administrativos”, LL,
1993-B-426.
136
Camps, Carlos E., “Medidas cautelares en el amparo”, op. cit., ps. 951 y 952.
PRÁCTICA DEL AMPARO 177
Ello puede acaecer recién a partir del dictado —por parte del
juez— de una medida cautelar.
b) Su concesión exige al magistrado una mayor severidad en
la evaluación de los recaudos básicos, que son la verosimilitud
del derecho, el peligro de la tardanza y la prestación de contra-
cautela, en virtud de la presunción de legitimidad y fuerza
ejecutoria de que gozan estos actos.
A esto debe agregarse la consideración de los requisitos
propios de las medidas cautelares respecto de actos públicos,
y que se derivan del principio de ejecutoriedad (daño al admi-
nistrado, ilegitimidad prima facie del acto administrativo, e
inexistencia de una lesión al interés público).
En relación a la medida innovativa (contracara de la prohi-
bición de innovar), también ella es procedente dentro del am-
paro, pues surge del poder cautelar genérico brindado por los
arts. 232 del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación y
484 de su similar de la provincia, por el que se modifica la rea-
lidad creada a partir de un accionar lesivo —acto u omisión—
que motiva el dictado de la medida precautoria, surgiendo una
situación fáctica o jurídica distinta, ya que justamente el per-
juicio derivaría de mantenerse el previo estado de cosas.137
Como adelantáramos supra, resultan asimismo proceden-
tes —dentro del proceso de amparo— las demás medidas cau-
telares de la legislación procesal, incluso las de naturaleza
genérica e innominada (si las previstas legalmente resultan in-
suficientes o excesivamente graves respecto de la situación
concreta), en cuanto fueran pertinentes a los fines de resguar-
dar el derecho constitucional agraviado. Pues sería una tre-
menda contradicción instituir una garantía para proteger los
derechos constitucionales, y reglar un expeditivo procedimiento
para la misma, si no se admitieran en el mismo ciertas medidas
precautorias tendientes a resguardar la integridad del dere-
cho, o evitar el agravamiento de su lesión, durante el trámite
procesal, hasta tanto se logre una sentencia decisoria defini-
137
Camps, Carlos E., “Medidas cautelares en el amparo”, op. cit., ps. 952 y 953.
178 LUIS R. CARRANZA TORRES
tiva. La admisibilidad de las mismas dependerá de la verosimi-
litud del derecho reclamado y el peligro que represente res-
pecto de su integridad y ejercicio la demora de una decisión
jurisdiccional, aun cuando sea la mínima obligada dentro de un
procedimiento de amparo caracterizado por su celeridad.
Claro está que deberá existir congruencia entre la materia
de las pretensiones principal y cautelar, ya que por el carácter
de esta última, en relación al proceso principal, debe existir una
coincidencia y correlación entre los contenidos de ambas.138
Por supuesto que en los casos de cautela material, esto es
en los que mediante una medida innovativa se reclama provi-
sionalmente lo que se persigue —en forma definitiva— con la
sentencia de amparo, los recaudos ya mencionados habrán de
ser ponderados con estrictez. En particular, la prueba del
periculum in mora deberá acreditar que el daño es inminente
e irreparable por otros medios.139
La interposición de una acción de amparo, impugnando un
acto u omisión lesivo, puede reconocer tres supuestos diferen-
ciables en la relación temporal entre la impugnación y lo im-
pugnado; a saber140:
a) El acto que se impugna se está ejecutando o es de inmi-
nente ejecución.
b) El acto ha concluido definitivamente.
c) Lo que se cuestiona es una omisión.
En el primer supuesto la prohibición de innovar o suspen-
sión de efectos, impedirá que el accionar continúe, aunque sin
retrotraer la situación al estado de cosas precedente.
En el segundo, ante una situación agotada, la suspensión de
efectos o prohibición de no innovar carece de sentido, al igual
138
Peyrano, Guillermo F., “Las medidas cautelares en la acción de amparo: sus
relaciones con la acción principal. Los distintos despachos cautelares. Los re-
caudos exigibles”, op. cit., p. 922.
139
Camps, Carlos E., “Medidas cautelares en el amparo”, op. cit., p. 953.
140
Conf. Peyrano, Guillermo F., “Las medidas cautelares en la acción de ampa-
ro: sus relaciones con la acción principal. Los distintos despachos cautelares.
Los recaudos exigibles”, op. cit., ps. 916 y 917, con cita de Morello y Vallefín, El
amparo. Régimen procesal, La Plata, Platense, 1992, p. 139.
PRÁCTICA DEL AMPARO 179
que cuando lo que se impugna o ataca es una omisión. Frente a
tales situaciones, la única cautelar procedente resulta la
innovativa.
4.4. SOLICITUD Y DESPACHO
Las medidas cautelares pueden ser solicitadas conjunta-
mente con la demanda o después de deducida la misma.
En los casos en que fuere presentada la acción ante magis-
trado que se declare incompetente, debe hacerse una puntua-
lización. Atento a que el trámite de remisión de los autos
insumirá, por breve que sea, un tiempo que puede resultar vi-
tal a los intereses del amparista, se sigue de tal hecho la nece-
sidad de que juntamente con esa declaración de incompetencia,
previa consideración y constatación de que se hallan reunidos
en el particular los extremos que hacen a la procedencia del pe-
dido, se proceda a la consideración de la medida cautelar. Este
criterio se configura como una de las excepciones a la regla que
manda que los jueces deban abstenerse de decretar medidas
precautorias cuando el conocimiento de la causa no fuera de su
competencia.141
Lo dicho máxime cuando la ley de amparo (tanto la ley nacio-
nal como la provincial), adopta una particular y ecléctica posi-
ción en materia de competencia (véase supra punto 3.11).
Respecto de los efectos de la resolución del tribunal en re-
lación con la medida, concordamos con Fazio142 en que de los tér-
minos de los arts. 2º, 3º y 8º de la ley de amparo surge con toda
claridad, y así lo ha entendido la doctrina, que en los procesos
de este tipo existe una etapa inicial donde el tribunal intervi-
niente realiza un examen de admisibilidad de la acción.
141
Camps, Carlos E., “Medidas cautelares en el amparo”, op. cit., p. 953.
142
Fazio, Javier, “Efecto no deseado. A propósito del efecto suspensivo con que
debe concederse el recurso de apelación deducido en contra de una medida cau-
telar ordenada en un amparo”, op. cit., ps. 655 y 656.
180 LUIS R. CARRANZA TORRES
El juicio de admisibilidad previo al que se somete la deman-
da implica que al momento de resolverse acerca de la proceden-
cia del despacho cautelar, la acción ha sorteado ya ese valladar
de la “admisibilidad” predispuesto por la ley. Ello implica que
al haber considerado el tribunal “admisible” la demanda de
amparo y dado trámite a la misma, la procedencia de la caute-
lar por lo menos ha recorrido una parte importante del cami-
no para su libramiento.143
Y si bien dicho análisis, aun cuando generalmente se rea-
liza en forma simultánea, es independiente de aquel que nece-
sariamente debe efectuar el magistrado para pronunciarse
acerca de la procedencia de una medida cautelar, en el caso que
ella haya sido solicitada en la demanda. Es por ello que la con-
cesión del resguardo pedido conlleva un doble análisis de la
cuestión, y se ha arribado a la conclusión de que no sólo la ac-
ción es prima facie admisible, sino que también existe un peli-
gro cierto de que el derecho invocado —cuya verosimilitud se
ha examinado— se vea frustrado si no se adopta la medida re-
querida por el accionante.144 Esto tiene no pocas consecuencias
respecto de los efectos de la interposición de apelación en re-
lación con la cautelar (véase infra punto 4.6).
Coincidimos con Peyrano145 en que si bien las medidas cau-
telares en las acciones de amparo se despachan en principio
únicamente a instancia de parte —pudiendo concretarse su
petición en cualquier estado de las tramitaciones— , y tenien-
do en consideración la esencia del amparo como medio predis-
puesto por la Constitución para la tutela urgente (“expeditiva
143
Peyrano, Guillermo F., “Las medidas cautelares en la acción de amparo: sus
relaciones con la acción principal. Los distintos despachos cautelares. Los re-
caudos exigibles”, op. cit., p. 924.
144
Conf. Peyrano, Guillermo F., “Las medidas cautelares en la acción de ampa-
ro: sus relaciones con la acción principal. Los distintos despachos cautelares.
Los recaudos exigibles”, op. cit., ps. 922 y 923.
145
Peyrano, Guillermo F., “Las medidas cautelares en la acción de amparo: sus
relaciones con la acción principal. Los distintos despachos cautelares. Los re-
caudos exigibles”, op. cit., p. 922.
PRÁCTICA DEL AMPARO 181
y rápida”) de derechos amenazados, lesionados, restringidos
o alterados, lo dicho no se contrapone con la posibilidad de des-
pachar de oficio medidas cautelares con el objeto de “reestable-
cer de inmediato el derecho afectado”, máxime cuando no
caben dudas de que en materia cautelar (y de resguardo de
derechos constitucionales), los tribunales cuentan en la acción
de amparo con amplias facultades, pudiendo desplegar, en vis-
ta de las especiales características de esta acción, en determi-
nados supuestos de gravedad, un protagonismo judicial más
intenso, y aun de oficio. Pero también frente a dichos supues-
tos particularísimos deberán ponderarse los requisitos de pro-
cedencia, y de modo estricto, habida cuenta del carácter de
excepción en que se inscriben.
4.5. PRESUPUESTOS
Sin perjuicio de los caracteres especiales que en el ampa-
ro asumen las medidas cautelares, debemos tener en cuenta
que, como punto de partida, las reglas que resultan aplicables
son las establecidas por la legislación procesal común, en vir-
tud de la remisión del art. 17 de la ley amparo, cuestión que ya
tratáramos supra en el punto 4.2.
Estos recaudos no difieren de los exigidos en otro tipo de
procesos, con el objeto de habilitar el libramiento de medidas
de carácter precautorio respecto de actos públicos. Los tribu-
nales deben ponderar el cumplimiento de estos requisitos cau-
telares en el caso puesto a su decisión, y fundar debidamente
sus interlocutorios en esta materia, quedando descartada la
posibilidad del libramiento de medidas precautorias de modo
automático y sin cumplimentarse estos recaudos146, aun fren-
te a un excepcionalísimo supuesto de dictado de oficio.
Observando la jurisprudencia encontramos que el princi-
pal obstáculo a la concesión de cautelares en el amparo resul-
146
Carranza Torres, Luis - Carranza Torres, José, “Procedencia de las medidas
cautelares en el hábeas data provincial”, op. cit., p. 687.
182 LUIS R. CARRANZA TORRES
ta ser la aplicación de la tradicional jurisprudencia respecto de
la imposibilidad de dictar medidas en tal carácter que se con-
fundan con el objeto perseguido en el litigio.
Pero tal ponderación no puede constituirse sin más en una
valla para la procedencia de las mismas, atento al hecho de que
todo lo referente a las medidas cautelares no debe ser interpre-
tado con carácter restrictivo, por resultar comprometido en las
mismas ese orden público cautelar al que hiciésemos referen-
cia en el punto 4.1 del presente.
Asimismo, el hecho de que el objeto de una medida caute-
lar coincida —total o parcialmente—con el objeto de la preten-
sión principal, no invalida por sí la cautela solicitada. Sí, en
cambio, exige un mayor análisis de los elementos en que se
funda la solicitud.147
Por principio, quien solicita una cautelar en el proceso de
amparo debe acreditar la existencia de sus presupuestos de
procedencia, de modo y con los alcances impuestos a cualquier
peticionario de una cautelar.
Sin embargo, debe destacarse a este respecto, como nos
dice Peyrano, que el análisis de “admisibilidad” previo de la
acción habrá exigido verificar que se esté impugnando un acto
u omisión que verosímilmente tenga entidad para amenazar,
restringir, etc., derechos tutelables a través de la vía del am-
paro (como modo de poder discernir si éste resulta prima facie
el medio judicial con mayor idoneidad al efecto), por lo que tal
extremo se encuentra en gran medida transitado al admitir-
se la demanda.
Sin embargo, aclara el autor, de la verificación de tales
circunstancias —que implican la admisión de la acción de am-
paro— no puede ni debe seguirse ineludiblemente dar por
cumplidos los recaudos exigidos a las medidas cautelares, por
cuanto si bien puede existir una similitud —e incluso una par-
cial superposición— entre ambos análisis, no se da una comple-
ta identidad.
147
Peyrano, Guillermo F., “Las medidas cautelares en la acción de amparo: sus
relaciones con la acción principal. Los distintos despachos cautelares. Los re-
caudos exigibles”, op. cit., p. 924.
PRÁCTICA DEL AMPARO 183
Ello conlleva, como ya hemos expresado antes, que sea in-
eludible para el despacho cautelar la expresa consideración de
sus recaudos, sine qua non.148
Entendemos que el estándar de procedencia de las caute-
lares en el amparo resulta de la ponderación acerca de si la per-
manencia en el tiempo de la situación de hecho aparentemente
irregular, hasta el dictado de la sentencia, puede convertir en
ineficaz los términos de la misma. Ello se halla en directa re-
lación con la capacidad de estos términos para influir de modo
definitivo, con perjuicio del derecho que se aseguraría en la
sentencia, en tanto el proceso se sustancia.149
En esto no debe perderse de vista que el daño debe ser de
magnitud y definitivo, o de muy difícil reparación, y no las sim-
ples molestias o inconvenientes por los que todo ciudadano
usualmente transita cuando, entendiendo estar agraviado en
un derecho, acude a la justicia y debe estar a sus tiempos pro-
cesales.
En el amparo, la indebida lesión, restricción, alteración o
amenaza de derechos puede ser actual o inminente. En el pri-
mer caso, el peligro en la demora se da en la continuación de ese
estado de mengua, de limitación, lo que lleva a que —con el
paso del tiempo— se agrave el detrimento a las prerrogativas
del reclamante. En el segundo supuesto, el peligro consiste en
que lo potencial se torne actual: que se pase de una amenaza
posible a una afectación concreta.150
Resulta obvio que la urgencia ínsita en la acción de ampa-
ro está implicando la impostergabilidad de dar una solución ju-
risdiccional al titular del derecho lesionado, amenazado,
restringido o alterado.
148
Carranza Torres, Luis - Carranza Torres, José, “Procedencia de las medidas
cautelares en el hábeas data provincial”, op. cit., p. 687. Conf. Cám. Nac. Com.,
Sala B, en autos “Yusin, Mauricio G. c/ Organización Veraz s/ sumarísimo s/
inc. de apelación”, ED, edición del 20-06-1997.
149
Camps, Carlos E., “Medidas cautelares en el amparo”, op. cit., p. 949.
150
Peyrano, Guillermo F., “Las medidas cautelares en la acción de amparo: sus
relaciones con la acción principal. Los distintos despachos cautelares. Los re-
caudos exigibles”, op. cit., p. 926.
184 LUIS R. CARRANZA TORRES
Peyrano151 destaca la íntima relación existente entre la ac-
ción de amparo y lo cautelar, en tanto y en cuanto ambos insti-
tutos encuentran su misma justificación en el periculum in
mora. En tal sentido, la “actualidad” o “inminencia” de la afec-
tación a derechos y garantías, exigida por el art. 43 de la Cons-
titución Nacional para el amparo, configura a su criterio el
mismo “peligro en la demora” requerido para el despacho de
medidas cautelares.
De nuestra parte entendemos que la celeridad del amparo
obsta prima facie a la configuración del peligro en la demora,
pero ésta dista mucho de ser una regla absoluta o infranquea-
ble.
Por su parte, Beltrán Gambier entiende que la pondera-
ción de dicho requisito por el juez no podrá ser establecida
mediante una evaluación del perjuicio posible desde una
perspectiva material o económica, sino configurarse sólo con
la falta de vigencia de la garantía constitucional conculcada.
Así, por ejemplo, si un acto administrativo se emite con una
clara violación a la garantía de defensa constitutiva de una
ilegalidad o arbitrariedad manifiesta, no parece dudoso que
el juez considere configurada la exigencia de la verosimilitud
en el derecho. Sin embargo, a la hora de considerar el peligro
en la demora, el juez tenderá —siguiendo los criterios esta-
blecidos para las medidas cautelares en los procesos ordina-
rios— a evaluar el perjuicio desde una perspectiva material
o económica cuando ello, desde este punto de vista, no sería
correcto. Dicho perjuicio debe evaluarse considerando que
durante la tramitación del amparo la garantía debe tener vi-
gencia. De lo contrario podría ocurrir que cuando la senten-
cia quede firme, ya no resulte útil la tutela judicial por haberse
cumplido los efectos del acto atacado, inutilizando al amparo.
Al particular podrá interesarle o no demandar los daños y per-
juicios generados por el acto, pero eso es otra cuestión. El or-
151
Peyrano, Guillermo F., “Las medidas cautelares en la acción de amparo: sus
relaciones con la acción principal. Los distintos despachos cautelares. Los re-
caudos exigibles”, op. cit., p. 926.
PRÁCTICA DEL AMPARO 185
denamiento debe proveer una tutela judicial efectiva, y ella
sólo se produce si los remedios procesales sirven para dete-
ner la ejecución o los efectos de un acto manifiestamente ar-
bitrario o ilegal.152
Asimismo, al igual que en otro tipo de procesos, para obte-
ner diligencias precautorias en el seno de un amparo es menes-
ter la prestación de contracutela.
4.6. APELABILIDAD DE LAS CAUTELARES
Camps expresa que un primer asunto que se plantea en
cuanto a la vía recursiva en el amparo y en referencia a las
cautelares, es determinar si el alcance del poder revisor de las
partes se limita a lo que estrictamente dice la letra de la ley, o
si la interpretación de estas normas debe ser amplia, abarca-
tiva de otros supuestos de las medidas precautorias a las que
no se alude en forma expresa.153
En tal sentido, entiende que si aceptamos que por vía de
aplicación supletoria pueden adoptarse otras cautelas fuera de
las que muy escuetamente menciona en la ley de amparo el
legislador, asimismo y con base en idénticos fundamentos, la
apelabilidad de las medidas cautelares alcanza a todas las que
se dicten en este contexto, tal como lo señala el inc. 4 del art.
496 del Código de procedimientos de la Nación al referirse ge-
néricamente a “las providencias que decretan medidas precau-
torias”.
Un segundo tema a tener en cuenta es cuando la ley de
amparo (art. 15, ley nacional 16.986, y ley provincial 4915) es-
tablece que sólo es apelable la resolución que “dispone” medi-
das de no innovar o la suspensión del acto impugnado, en
algunos casos se lo ha entendido en el sentido de que está ve-
152
Gambier, Beltrán, “El peligro de la demora en la medida cautelar en el jui-
cio de amparo”, op. cit., p. 70, citado también por Camps, Carlos E., “Medidas
cautelares en el amparo”, op. cit., p. 949.
153
Camps, Carlos E., “Medidas cautelares en el amparo”, op. cit., p. 955.
186 LUIS R. CARRANZA TORRES
dando la posibilidad de que se recurra el auto que la rechaza.
Esta interpretación restrictiva es criticada entre otros por
Vallefín en razón de que desde un punto de vista semántico es
cuestionable asimilar “disponer” con “conceder” (acoger favo-
rablemente) por tener diferentes significados, y aún así no co-
rresponde el uso del argumento a contrario sensu ni descartar
el principio de analogía. Es por ello que se ha dicho que tal in-
terpretación restringe la garantía de defensa en juicio, lesio-
na el principio de igualdad ante la ley y se opone a una
interpretación del art. 43 de la Constitución Nacional que ar-
monice con la totalidad del ordenamiento jurídico.154
Es decir que el art. 15 (ley nacional 16.986, y provincial 4915)
ha establecido una regla procesal para cuestiones recursivas.
Por la sumariedad comprometida, legítimamente ha circuns-
cripto la admisibilidad de la apelación a contadas hipótesis.
Pero luego, en forma general, se han mencionado los efectos de
la concesión del recurso, y esta cuestión aparece englobada
para todos los supuestos (concesión o denegación) sin formu-
larse diferenciación alguna.155
Pero el tópico más discutido, no sólo de las cautelares en el
amparo sino asimismo de la vía recursiva de dicho juicio, es si
concedido un recurso respecto de una cautelar, el mismo debe
concederse con idénticos efectos a los que de ordinario, se
operan en el recurso de apelación contra la sentencia del pro-
ceso.
En este sentido, en el art. 15 (tanto de la ley nacional como
de la provincial) se expresa que la apelación debe ser concedi-
da en ambos efectos.
El hecho de que sea posible que una medida precautoria
que —por definición— debe actuar desde el momento mismo
en que se inicia el trámite ante la justicia, so riesgo de que la
amenaza al derecho se concrete o se agrave el perjuicio que ya
154
Camps, Carlos E., “Medidas cautelares en el amparo”, op. cit., p. 955.
155
Morello, Augusto M. - Vallefín, Carlos A., “Los efectos de la concesión de la
apelación contra el auto que dispone el otorgamiento de una medida cautelar
en el proceso de amparo”, JA, 1993-II-132.
PRÁCTICA DEL AMPARO 187
se está padeciendo, pueda ser suspendida en sus efectos por
medio de un recurso de apelación, se ha dicho que implica tanto
como negar operatividad a las medidas cautelares dentro del
amparo.156
Corresponde, pues, al intérprete distinguir los supuestos
de acuerdo con la naturaleza misma de las cosas. La esencia de
lo cautelar no tolera la suspensión de la vigencia de la medida
precautoria, de allí que la concesión “en ambos efectos” resul-
ta aceptable para la apelación de la sentencia definitiva o de
las providencias denegatorias in limine de la acción, pero no
para las medidas cautelares que poseen una regulación espe-
cial, particular y propia que excluye aquel tratamiento.
Es así como buscando armonizar la letra de la norma con las
finalidades perseguidas por esta garantía constitucional ha
entendido Camps que, para el caso de las medidas cautelares,
el efecto de la apelación no puede ser otro que el devolutivo
exclusivamente.157
Morello y Vallefin158, por su parte, sientan la posición en el
sentido de que el art. 15 debe entenderse, cuando menciona la
concesión del recurso en ambos efectos, referido a la apelación
deducida contra la sentencia definitiva o las providencias
denegatorias mentadas en el art. 3º, mas no a las cautelares,
pues estas últimas poseen una regulación especial, particular
y propia que excluye aquel tratamiento. Pues es la totalidad del
ordenamiento jurídico que rige cada caso judicial y a la que se
acude para su resolución, y nunca a una sola de sus partes, tal
como todo el peso de una esfera gravita sobre la superficie que
la soporta, aunque sea uno solo el punto por el que toma contac-
to, máxime cuando el art. 17 de la propia ley 16.986 en la Nación
y de la 4915 de nuestra provincia —que autorizan la aplicación
supletoria de las normas procesales en vigor— permite confe-
rir efecto devolutivo al recurso de apelación en virtud de lo es-
156
Camps, Carlos E., “Medidas cautelares en el amparo”, op. cit., p. 955.
157
Ídem.
158
“Los efectos de la concesión de la apelación contra el auto que dispone el otor-
gamiento de una medida cautelar en el proceso de amparo”, op. cit., ps. 132/134.
188 LUIS R. CARRANZA TORRES
tablecido en el art. 198 del Código Procesal Civil y Comercial
de la Nación y el art. 458 de su homólogo en nuestra provincia.
Vallefín159, respecto de un fallo dado por la Cámara Fede-
ral de La Plata160, en este sentido, entiende que dos son los ar-
gumentos que se destacan a favor de la apelabilidad al solo
efecto devolutivo de las cautelares:
a) El primero referido al régimen de las providencias
apelables, ya que la ley 16.986 ha establecido un sistema limi-
tado de apelación, ya que sólo son recurribles la sentencia —
favorable o no al acogimiento del amparo—, la resolución que
rechaza in limine la demanda y las que dispongan o denieguen
medidas de no innovar y la suspensión del acto cuestionado.
Pero aquí la Cámara no se enfrentaba con ninguna de estas
hipótesis, pues la providencia cuestionada no era otra que la
que insistía o instaba al cumplimiento de una medida cautelar
dispuesta con anterioridad. No halló, sin embargo, inconve-
niente el tribunal en este punto, pues sostuvo que “en última
instancia las modalidades, pormenores y matices derivados del
cumplimiento de una medida cautelar, pueden asimilarse a la
medida misma”.
b) El segundo involucra la interpretación del art. 15. A jui-
cio del tribunal, “cuando menciona la concesión del recurso en
ambos efectos, ha podido referirse a la apelación deducida con-
tra la sentencia definitiva o las providencias denegatorias re-
glamentadas en el art. 3º, mas no a las cautelares, pues estas
últimas poseen una regulación especial, particular y propia que
excluye aquel tratamiento”.
Tal razonamiento gravita en un doble sentido: negativo y
positivo. En el primero, habilitando a que aquellas disposicio-
nes procesales se apliquen siempre que no desvirtúen o hagan
inoperante la finalidad que anima a la ley. En el segundo —en
casos fronterizos que conducen a una solución sentida como
159
“El recurso de apelación en la acción de amparo y la cuestión de la validez
constitucional de los efectos con que se concede”, op. cit., p. 55.
160
Autos “Cipriano, Marcela S. y otros c/ Pres. Universidad de La Plata”, del 17-
03-1992
PRÁCTICA DEL AMPARO 189
disvaliosa—, a hacerlo respecto a aquellos aspectos que poten-
cien la efectividad del amparo.
Como apunta Fazio, es un principio de hermenéutica seña-
lado insistentemente por la Corte Suprema de Justicia de la
Nación, que la inteligencia de las leyes “debe practicarse te-
niendo en cuenta el contexto general y los fines que las informan
y a ese objeto la labor del intérprete debe asegurar un examen a-
tento y profundo de sus términos, que consulte la racionalidad
del precepto y la voluntad del legislador, extremos que no deben
ser obviados por las posibles imperfecciones técnicas de la ins-
trumentación legal, precisamente, para evitar la frustración de
los objetivos de la norma”.161 Advierte asimismo la Corte que la
máxima prudencia que ha de aplicarse en la exégesis de las
leyes, ha de cuidar que la inteligencia que se le asigne no lleve
a la pérdida de un derecho, o que el excesivo rigor de los razo-
namientos no desnaturalice el espíritu que ha inspirado su
sanción.162
Se propicia así, partiendo de una visión finalista, respetuo-
sa del ampliado plexo garantista luego de la reforma constitu-
cional de 1994, e integradora de todo el ordenamiento jurídico,
“la necesidad de aprehender lo cautelar exclusivamente con
base en sus propias fuentes normativas y en sus características
definitorias esenciales”.163
Coincidimos con Fazio164 en que habiendo efectuado el tri-
bunal que hace lugar a una medida precautoria en un amparo
un doble análisis de la cuestión (véanse supra puntos 4.4 y 4.5
161
Fallos 308:2246; 310:572 y 1390; 311:2751; 312:1484.
162
Fallos 312:1489. Fazio, Javier, “Efecto no deseado. A propósito del efecto
suspensivo con que debe concederse el recurso de apelación deducido en contra
de una medida cautelar ordenada en un amparo”, op. cit., p. 657.
163
Camps, Carlos E., “Medidas cautelares en el amparo”, op. cit., p. 956. Si-
guiendo también lo resuelto por la Cám. Fed. La Plata, Sala 4, en autos
“Cipriano, Marcela y otros c/ Presidente de la Universidad de La Plata”, reso-
lución del 17-03-1992, JA, 1993-II-128.
164
Fazio, Javier, “Efecto no deseado. A propósito del efecto suspensivo con que
debe concederse el recurso de apelación deducido en contra de una medida cau-
telar ordenada en un amparo”, op. cit., ps. 655 y 656.
190 LUIS R. CARRANZA TORRES
del presente), y habiendo arribado a la conclusión de que no sólo
la acción es prima facie admisible, sino también que existe un
peligro cierto de que el derecho invocado —cuya verosimilitud
ha examinado— se vea frustrado si no se adopta la medida
requerida por el accionante, resulta lo más razonable mante-
ner la vigencia de la medida acordada hasta tanto el tribunal
de alzada la revoque, si así lo considera pertinente, y no adju-
dicarle tal fuerza rescisoria a la simple interposición del recur-
so de apelación.
Máxime cuando, como señala Gambier, para que la senten-
cia del amparo importe una tutela judicial efectiva, ésta debe
hacerse efectiva. A ello obsta la concesión del recurso de ape-
lación en ambos efectos, que está regulada en el art. 15 de la ley
16.986. Esta situación debería corregirse por vía de interpre-
tación o de reforma del sistema.165
4.7. SELECCIÓN DE JURISPRUDENCIA
4.7.1. Nacional
I. La acción de amparo no puede ser utilizada como accesorio
de una demanda iniciada o que corresponda iniciar [CSJN, en
autos “Compañía de Perforaciones de Río Colorado S.A. c/ Di-
rección General Impositiva s/ recurso de hecho”, Sent. Nº C471,
del 24-08-1993. Fuente: SAIJ, sumario Nº A0026712 ].
II. No existe óbice legal para que el juicio de amparo tenga por
finalidad la suspensión de los efectos de un acto administra-
tivo en situaciones excepcionales en que la ejecutoriedad de
éste ocasione, por sí misma, agravio irreparable al derecho
constitucional cuya tutela se procura [Cám. Nac. Fed. Cont.
Adm. Capital Federal, Sala III, en autos “Hughes Tool
Company S.A. c/ Gobierno Nacional - Ministerio de Economía”,
resolución del 17-09-1984. Fuente: LL, 1984-D-363].
165
Gambier, Beltrán, “El peligro de la demora en la medida cautelar en el jui-
cio de amparo”, op. cit., p. 70.
PRÁCTICA DEL AMPARO 191
III. Es improcedente el dictado de una medida cautelar cuyo
contenido coincida con el objeto principal de del amparo soli-
citado, pues la celeridad de este último obsta en principio a la
configuración del peligro en la demora [Cám. Nac. Fed. Cont.
Adm. Capital Federal, Sala III, en autos “A.P.E. Enterprises
Inc. c/ Comisión Nacional de Telecomunicaciones”, resolución
del 19-07-1996. Fuente: LL, 1997-A-69].
IV. Los términos del art. 15 de la ley 16.986 no autorizan a
entender que una medida de no innovar dispuesta en un
amparo subsista después del fallo final que rechaza la demanda
por el hecho de que en éste se haya “guardado silencio” sobre
dicha medida. Ello es así, pues las medidas cautelares carecen
de autonomía y, por lo mismo, son sólo el presupuesto de las
definitivas que se adoptan en el pronunciamiento que pone fin
al pleito [CSJN, en autos “Luis Velázquez c/ Ministerio de
Cultura y Educación s/ acción de amparo y medida de no inno-
var”, sentencia del 31-05-1984. Fuente: Camps, “Medidas cau-
telares en el amparo”, JA, 1999 -I-950].
V. Es procedente el amparo al solo fin de obtener una medida
cautelar autónoma innovativa [Cám. Nac. Civ., Sala C, en
autos “Ybáñez, Juan A. c/ Municipalidad de Buenos Aires”,
resolución del 15-02-1996. Fuente: LL, 1996-E-109].
VI. La prohibición de innovar en el amparo tiende a que no se
modifiquen las circunstancias de hecho imperantes en un
momento determinado, resultando en principio inobjetables
las modificaciones operadas hasta su notificación [Cám. Fed.
Rosario, Sala A, en autos “Jozami, Alberto”, resolución del 13-
04-1971. Fuente: JA, Reseñas. Serie Contemporánea, 1972-
123].
VII. Es procedente la medida cautelar pedida en una acción de
amparo para que la Nación haga cesar su omisión en remitir
los fondos destinados por ley a una provincia, si los mismos
están destinados a solventar comedores escolares e infantiles,
siendo de público y notorio conocimiento que en la actual si-
tuación de crisis resulta necesario dar estricto cumplimiento
a los citados programas asistenciales a fin de evitar daños de
muy dificultosa o imposible reparación ulterior [CSJN, en
192 LUIS R. CARRANZA TORRES
autos “Provincia de Salta c/ Estado Nacional”, resolución del 19-
09-2002. Fuente: LLNoroeste, 2002, p. 109].
VIII. Cuando se rechaza un amparo, por ser improcedente, la
misma suerte corre la medida de no innovar, ya que siendo una
medida cautelar, subsidiaria, accesoria y provisoria, por su
naturaleza queda supeditada a la procedencia del amparo [Cám.
Fed. Rosario, Sala B, en autos “Chort, Rodolfo”, resolución del 18-
06-1971. Fuente: JA, Reseñas. Serie Contemporánea, 1972-122].
IX. En el régimen de la ley 16.986, las resoluciones que dispo-
nen medidas cautelares son susceptibles del recurso de apela-
ción (art. 15). Una interpretación literal de la norma llevaría
a la conclusión de que la impugnación debe concederse “en
ambos efectos”, vale decir, la interposición suspende la ejecu-
ción de la medida. Esta interpretación puede significar una
frustración del adecuado servicio de justicia [Cám. Fed. La
Plata, Sala 4, en autos “Cipriano, Marcela S. y otros c/ Presi-
dente de la Univ. Nac. de La Plata”, resolución del 17-03-1992.
Fuente: JA, 1993-II-128].
X. La diversidad de lo cautelar no tolera una suspensión en la
efectivización del aseguramiento; de allí que se entienda que
el art. 15 de la ley 16.986, cuando menciona la concesión del
recurso en ambos efectos, ha podido referirse a la apelación
deducida contra la sentencia definitiva o las providencias
denegatorias mentadas en el art. 3º, mas no a las cautelares,
pues estas últimas poseen una regulación especial, particular
y propia que excluye aquel tratamiento [Cám. Fed. La Plata,
Sala 4, en autos “Cipriano, Marcela S. y otros c/ Presidente de
la Univ. Nac. de La Plata”, resolución del 17-03-1992. Fuente:
JA, 1993-II-128].
XI. Los recursos deducidos en el proceso de amparo, por su
trámite sumario y por la naturaleza de la acción dirigida pre-
suntivamente a restablecer la vigencia de derechos subjetivos
públicos, elevados al rango de garantía constitucional, deben
concederse en relación y al solo efecto devolutivo [Cám. Fed.
La Plata, Sala 4, en autos “Cipriano, Marcela S. y otros c/
Presidente de la Univ. Nac. de La Plata”, resolución del 17-03-
1992. Fuente: JA, 1993-II-128].
PRÁCTICA DEL AMPARO 193
XII. No corresponde acceder a la medida cautelar solicitada,
pues en casos como el presente, la misma constituye un anti-
cipo de jurisdicción e implica un juzgamiento sobre el fondo
del asunto [Juzg. Fed. Nº 1 Bahía Blanca, 04-02-2002, en au-
tos “S., C. R. c/ Poder Ejecutivo Nacional s/ amparo”. Fuente:
Sánchez, “Indisponibilidad de los depósitos bancarios. Corralito
financiero y corralito judicial”, ED, edición del 21-02-2002,
p. 3].
XIII. Corresponde rechazar la medida cautelar que solicita se
ordene al Banco demandado la devolución de la imposición
efectuada en billetes dólares estadounidenses, o en su defec-
to, en pesos argentinos al valor del dólar libre en el mercado
de cambios argentino, dado que la materia debatida remite,
en definitiva, al examen sobre la procedencia misma del dere-
cho material alegado y la concesión de la cautelar pretendida
comprometería expresa garantías constitucionales como ser
la defensa en juicio y la igualdad de las partes en el proceso
[Juzg. Cont. Adm. Fed. Nº 5 Capital Federal, 13-02-2002, en
autos “B., C. A. y otro c/ Poder Ejecutivo Nacional - Ministerio
de Economía - Resols. 918 y 23-02 y otro - incidente medida
cautelar - s/ amparo ley 16.986”. Fuente: Sánchez, “Indisponi-
bilidad de los depósitos bancarios. Corralito financiero y
corralito judicial”, ED, edición del 21-02-2002, p. 3].
XIV. No corresponde hacer lugar a la medida cautelar solici-
tada a fin de que se suspenda aplicación de los decretos 1570-
01 y 1606-01 hasta tanto se resuelva sobre su validez, pues
para interferir judicialmente en las conmocionantes decisio-
nes que el Poder Ejecutivo está tomando con el fin de paliar la
grave situación financiera en que se encuentra el Estado Na-
cional, resulta absolutamente imprescindible alcanzar una
profunda convicción que sólo puede lograrse, con seriedad,
luego de analizar los elementos y documentos que el Estado
puede invocar en la causa. La insensatez de disponer aquello
inaudita parte es evidente [Juzg. Cont. Adm. Fed. Nº4 Capital
Federal, 17-12-2002, en autos “Sindicato Argentino de Televi-
sión c/ Poder Ejecutivo Nacional - Dtos. 1570-01 y 1606-01 s/
amparo ley 16.986”. Fuente: Sánchez, “Indisponibilidad de los
depósitos bancarios. Corralito financiero y corralito judicial”,
ED, edición del 21-02-2002, p. 3].
194 LUIS R. CARRANZA TORRES
XV. No corresponde hacer lugar a la medida cautelar solici-
tada a fin de que se suspenda la aplicación del Decreto 1570-
01 hasta tanto se resuelva sobre su validez, pues tal como el
suscripto decidió en la causa “Sindicato Argentino de Televi-
sión c/ Poder Ejecutivo Nacional - Dtos. 1570-01 y 1606-01 s/
amparo ley 16.986”, sin correr traslado de la demanda al Es-
tado Nacional y permitir que éste instruya al tribunal sobre
las causas que llevaron al dictado de dicha normativa, la más
elemental de las prudencias obliga al juzgador a preferir la
manutención de la decisión estatal, no sólo porque los actos
administrativos gozan de presunción de validez, sino porque,
fundamentalmente, el autor del acto tomó una decisión valo-
rando elementos todavía desconocidos tanto por el actor como
por el suscripto [Juzg. Cont. Adm. Fed. Nº 4 Capital Federal,
28-12-2001, en autos “K., M. L. y otros c/ Estado Nacional -
Poder Ejecutivo Nacional - Dto. 1570-01 s/ amparo ley 16.986”.
Fuente: Sánchez, “Indisponibilidad de los depósitos bancarios.
Corralito financiero y corralito judicial”, ED, edición del 21-02-
2002, p. 3].
XVI. Se halla acreditado el peligro en la demora, para la me-
dida cautelar innovativa pedida en la acción de amparo, a fin
de que una obra social efectivice ciertas prestaciones por
discapacidad, si el peticionante padece enfermedades con do-
lencias físicas y afecciones de orden espiritual, de urgente
atención y susceptibles de agravarse de no recibir tales pres-
taciones, máxime cuando la medida no ocasiona perjuicios
graves al demandado [Cám. Nac. Civ. Com. Fed., Sala de
Feria, 22-01-2002, en autos “C. A. c/ Obra Social de Docentes
Privados”. Fuente: LL, 2002-A-194]
XVII. No se puede obviar la naturaleza tuitiva del amparo en
orden a salvaguardar derechos fundamentales. Esta cobertu-
ra constitucional se desnaturalizaría si la medida cautelar
dictada por el juez a quo quedara sin efecto por la declaración
de incompetencia, especialmente si se advierte que el conflic-
to se plantea ante tribunales de un mismo fuero, pero distin-
ta jurisdicción territorial [Cám. Fed. Córdoba, Sala A, en autos
“Corpus Agrupación de Colaboración Empresaria c/ INSSJP -
amparo”, Sent. Nº 195, del 18-09-2000. Fuente: Foro de Cór-
doba, Nº 67, Síntesis de Jurisprudencia, p. 228].
PRÁCTICA DEL AMPARO 195
XVIII. El efecto devolutivo que dispone el art. 198 del CPC
para la concesión de los recursos contra medidas cautelares,
no alcanza a las medidas dictadas dentro de procesos de am-
paros donde la apelación tiene efecto suspensivo también en
tales supuestos (Cons. III) [Cám. Nac. Cont. Adm. Fed., Sala III,
18-03-1998, en autos “Queja en autos ‘D’ Angiuli, Pascual c/
Estado Nacional - Poder Ejecutivo Nacional - Secretaría de
Energía y Comunicación - Decreto 92-97 s/ amparo’”, causa
Nº 24.659-97. Fuente: Secretaría de Jurisprudencia de la
Cám. Cont. Adm. Fed. Capital].
4.7.2. Provincial
I. Si la vía sumarísima del amparo es un remedio excepcional,
más lo es todavía la posibilidad de acordar alguna de las
medidas a que hace referencia el art. 15 de la ley 4915, cuyo
otorgamiento debe analizarse con carácter restrictivo, máxi-
me cuando se cuestionan actos administrativos, dado el inte-
rés colectivo que en éstos se reputa ínsito. No es dable olvidar,
en esa inteligencia, que el mismo recurso de amparo partici-
pa de las características de un proceso cautelar de donde se si-
gue que la medida de no innovar es una prevención que opera
ya dentro de un trámite precaucional muy célere [Cám. 6ª Civ.
Com. Córdoba, en autos “Saranz, María A. y otras c/ Provincia
de Córdoba”, resolución del 03-05-1988. Fuente: LLCba., 1988,
p. 453].
II. El art. 15 de la ley 4915 sólo autoriza, por la vía impugna-
tiva de la apelación contra las sentencias definitivas, las reso-
luciones previstas en el art. 3º (desestimación de la demanda)
y las que dispongan medidas de no innovar o la suspensión de
los efectos del acto impugnado. En el caso, la resolución por
la que no se hace lugar a la medida cautelar solicitada —guar-
dias mínimas en cada juzgado u oficina judicial del Poder
Judicial, por la huelga de los empleados— de ser acogida fa-
vorablemente aparece como improcedente, habida cuenta que
hacer lugar a ella importaría adelantar, previo a toda sustan-
ciación del recurso, el resultado buscado por los actores, en
violación del derecho de defensa en juicio en el que debe exis-
tir equilibrio entre las partes. Ello pues no surge prima facie
196 LUIS R. CARRANZA TORRES
al momento de decidir la cuestión, que existe ilegalidad o ar-
bitrariedad manifiesta [Cám. Acus. Córdoba, en autos “Acción
de amparo presentada por Ricardo Martínez (presidente del
Colegio de Abogados de Córdoba) c/ s/ acción de amparo”, I. Nº
82, del 12-06-1995. Fuente: SAIJ, Sumario Nº R14331].
III. La suspensión de los efectos del acto impugnado del art.
15 de la ley 4915, participa de las características de la del art.
18 del Código Contencioso Administrativo (ley 7182), ya que
este tipo de cautelar se da en dicho proceso, en tanto se impug-
na un acto administrativo. Por su propia naturaleza es una
medida cautelar propia del contencioso administrativo, de allí
que alguna doctrina traslada los requisitos y características
de esta medida cautelar al amparo, en tanto se impugnan por
arbitrariedad e ilegitimidad actos administrativos. Aquí cua-
dra distinguir, según que la medida asegurativa esté‚ dirigi-
da en contra de un simple hecho material de la administración
o de repeticiones en el marco de un amparo promovido en con-
tra de un verdadero acto administrativo [Cám. Apel. Civ. Com.
Bell Ville, en autos “Municipalidad de Bell Ville c/ Caja de Ju-
bilaciones, Pensiones y Retiros de Córdoba s/ amparo”, I. Nº 82,
del 12-06-1995. Fuente: SAIJ, Sumario Nº R0013923].
IV. Si prima facie el acto u omisión enjuiciado no son osten-
siblemente repugnantes a la ley, si no zahieren palmariamente
derechos o garantías raigalmente fundamentales, si no cons-
tituyen en suma, una verdadera tropelía, la medida de no
innovar no puede decretarse. Ello sin perjuicio de que a la
postre la acción sea acogida, en función de los elementos de
convicción colectados en el marco cognoscitivo breve de que
la preceptividad específica ha instituido [Cám. 6ª Civ. Com.
Córdoba, en autos “Saranz, María A. y otras c/ Provincia de
Córdoba”, resolución del 03-05-1988. Fuente: LLCba., 1988, p.
453].
V. Si la celeridad del amparo —que para algunos es una suer-
te de interdicto de inconstitucionalidad— resulta idónea para
satisfacer su finalidad tuitiva, y el cumplimiento de la even-
tual sentencia favorable está asegurado, sin que por otra par-
te se atisbe la posibilidad de agravio irreparable, la cautelar no
puede prosperar [Cám. 6ª Civ. Com. Córdoba, en autos “Saranz,
PRÁCTICA DEL AMPARO 197
María A. y otras c/ Provincia de Córdoba”, resolución del 03-05-
1988. Fuente: LLCba., 1988, p. 453].
VI. La realidad judicial nos demuestra que muchas veces el
objeto mismo de la acción de amparo es la obtención de la
cautelar, y que una vez otorgada, la misma actúa durante lap-
sos más o menos extensos, como un sentencia favorable anti-
cipada. Dicha práctica no puede cohonestarse, porque
inficiona el remedio extraordinario que la ley ha conferido
para la tutela de los derechos y garantías constitucionales
[Cám. 6ª Civ. Com. Córdoba, en autos “Saranz, María A. y otras
c/ Provincia de Córdoba”, resolución del 03-05-1988. Fuente:
LLCba., 1988, p. 453].
VII. Corresponde conceder al solo efecto devolutivo la apelación
deducida contra la medida de no innovar ordenada en el mar-
co de una acción de amparo —ley 4915 de Córdoba—, toda vez
que existe riesgo cierto de que mientras se sustancia el recurso
se consume el acto administrativo —en el caso, una contrata-
ción— que la cautelar procura evitar, con lo cual la resolución
a dictar devendría necesariamente abstracta [TSJ, en autos
“Cooperativa de Promoción y Desarrollo Regional Ltda. c/ Mu-
nicipalidad de Río Tercero”, resolución del 03-04-2001. Fuente:
LLCba, 2001, ps. 652 y 653].
VIII. El art. 15 de la ley 4915 de Córdoba al establecer que la
apelación en el amparo será concedida en ambos efectos —lo
cual significa efectos suspensivos— no hace distinciones, ra-
zón por la cual ello abarca también a las medidas de no inno-
var o a la suspensión de los efectos del acto impugnado [De la
sentencia de Cámara, voto de la mayoría, TSJ, en autos “Coo-
perativa de Promoción y Desarrollo Regional Ltda. c/ Munici-
palidad de Río Tercero”, resolución del 03-04-2001. Fuente:
LLCba., 2001, p. 653].
IX. El art. 15 de la ley de amparo 4915 de Córdoba al estable-
cer que el recurso de apelación debe concederse en ambos efec-
tos, refiere a las sentencias definitivas y las resoluciones
referidas al rechazo in limine del recurso, pero no a aquellas
que conceden medidas cautelares [De la sentencia de Cámara,
voto en disidencia del Dr. Benedetti, TSJ, en autos “Cooperati-
198 LUIS R. CARRANZA TORRES
va de Promoción y Desarrollo Regional Ltda. c/ Municipalidad
de Río Tercero”, resolución del 03-04-2001. Fuente: LLCba.,
2001, p. 653].
X. En circunstancias excepcionales y con el objeto de evitar da-
ños manifiestamente no subsanables después, podrá ordenarse
si la situación así lo exige, la prohibición de innovar el estado de
la litis o de la cosa hasta que recaiga la decisión pertinente sobre
el recurso [TSJ, en autos “Cooperativa de Promoción y Desarro-
llo Regional Ltda. c/ Municipalidad de Río Tercero”, resolución del
03-04-2001. Fuente: LLCba., 2001, p. 653].
XI. Las medidas cautelares innovativas están previstas en el
art. 19 del CPCA (ley 7182). De manera que la suspensión de
los efectos del acto impugnado del art. 15 de la ley 4915, par-
ticipa de las características del art. 19 antes mencionado, ya
que este tipo de cautelares se da en dicho proceso, en tanto se
impugna un acto administrativo. Por su naturaleza es una
medida cautelar propia del contencioso administrativo, de allí
que alguna doctrina traslada los requisitos y características
de esta medida al amparo, en tanto se impugnen por arbitra-
riedad e ilegitimidad actos administrativos [Cám. Civ. Com.
Bell Ville, en autos “Cuadernillo de fotocopias en autos ‘Muni-
cipalidad de Bell Ville c/ Caja de Jubilaciones, Pensiones y
Retiros de Córdoba - amparo’ ”, A.I. Nº 5, del 07-03-1998. Fuente:
Foro de Córdoba, Nº 53, Síntesis de Jurisprudencia, p. 353].
XII. La medida cautelar de no innovar y la innovativa han
sido claramente distinguidas en la doctrina: en el primer
caso se trata de conservar una situación de hecho, para
impedir que su cambio frustre el resultado práctico del pro-
ceso principal. En el segundo, la técnica consiste en disponer
desde el inicio un determinado cambio en el estado de hecho
[Cám. Civ. Com. Bell Ville, en autos “Cuadernillo de fotocopias
en autos ‘Municipalidad de Bell Ville c/ Caja de Jubilaciones,
Pensiones y Retiros de Córdoba - amparo’ ”, A.I. Nº 5, del 07-
03-1998. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 53, Síntesis de Juris-
prudencia, p. 353].
XIII. Las medidas cautelares al solicitarse se proveen o se de-
niegan siendo una característica del proceso cautelar la uni-
PRÁCTICA DEL AMPARO 199
lateralidad y la no contradicción, ya que se proveen inaudita
parte (art. 458, primera parte, CPC) cayendo dentro del ám-
bito del art. 117, inc. 2, del CPC, puesto que se dictan sin sus-
tanciación. Dicha característica está dada por la propia
naturaleza de las medidas cautelares. La providencia de una
medida cautelar, aun cuando fuere denegada, merece funda-
mentación (art. 117, inc. 2, CPC) [Cám. Civ. Com. Bell Ville,
en autos “Cuadernillo de fotocopias en autos ‘Municipalidad de
Bell Ville c/ Caja de Jubilaciones, Pensiones y Retiros de Cór-
doba - amparo’ ”, A.I. Nº 5, del 07-03-1998. Fuente: Foro de Cór-
doba, Nº 53, Síntesis de Jurisprudencia, p. 354].
XIV. No es aplicable aquí el temperamento restrictivo para de-
cretar las medidas cautelares o asegurativas en el amparo en
tanto se impugnen actos administrativos, trasladando al
juicio de amparo el criterio restrictivo que rige en materia de
medidas cautelares dentro del proceso administrativo [Cám.
Civ. Com. Bell Ville, en autos “Cuadernillo de fotocopias en
autos ‘Municipalidad de Bell Ville c/ Caja de Jubilaciones,
Pensiones y Retiros de Córdoba - amparo’ ”, A.I. Nº 5, del 07-03-
1998. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 53, Síntesis de Jurispru-
dencia, p. 354].
XV. El amparo ostenta autonomía procesal y sustancial. No
se puede confundir la acción de amparo con las medidas pre-
cautorias, que en su desarrollo se pueden decretar. Las medi-
das cautelares (en su versión clásica o propia) sólo se dan para
asegurar la providencia definitiva de otro proceso. Éstas se
otorgan ante la simple verosimilitud de un derecho, en tanto
que el amparo procede cuando se demuestra inequívocamen-
te la lesión. Aquéllas no hacen cosa juzgada y su existencia
depende de la suerte del juicio principal; el amparo, en cam-
bio, puede adquirir la autoridad de cosa juzgada (ver art. 13,
ley 4915) [Cám. Civ. Com. Trab. Bell Ville, en autos “López
Ballesteros, Horacio Luis c/ Municipalidad de Bell Ville - am-
paro”, A.I. Nº 77, del 10-09-1997. Fuente: Repertorio Foro de
Córdoba, Año 1998, p. 28].
GRÁFICO III
CAUTELARES POSIBLES EN EL AMPARO
⎩ ⎩
Medida de no innovar
⎪ Expresamente establecidas ⎪⎨Suspensión de los efectos
⎪ (art. 15, ley de amparo) ⎪ del acto
⎪ ⎩
⎪
MEDIDAS ⎨ ⎩
⎪ Las establecidas en la
⎪ Implícitas ⎪
⎪ (art. 17, ley de amparo) ⎨ legislación supletoria,
⎪ ⎪ incluso de forma genérica
⎩ ⎩
5. DEMANDA, INFORME Y PRUEBA
5.1. FORMA Y CONDICIONES DE LA DEMANDA
La acción de amparo se interpone a través de un escrito
ante la correspondiente sede judicial, que revestirá la forma de
una demanda. Además de los requisitos propios de tal, deberá
contender la misma, para introducir la cuestión del amparo: a)
individualización del accionante (nombre, apellido, domicilio
real y procesal); b) individualización del autor del acto u omi-
sión que se impugnan. Respecto del requisito de la identidad
del autor, éste debe individualizarse siempre que fuera posi-
ble. Se ha mirado esta exigencia con elasticidad desde la doc-
trina y la jurisprudencia, habida cuenta de que “el amparo
atiende preferentemente al acto lesivo y sólo accesoriamente a
su autor”166; c) una relación circunstanciada de los extremos
que hayan producido o estén en vías de producir la lesión del
derecho amparado, y d) la petición, que deberá ser formulada
en términos claros y precisos. Tal precisión obedece a que tal
petitium será la materia sobre la cual se dictará la sentencia.
Tales requisitos apuntan a que la autoridad judicial tenga
un panorama claro respecto de la situación traída a su conoci-
miento, necesidad ordinaria de todo pleito que en el amparo,
en virtud de la celeridad de la acción y lo reducido de sus posi-
166
Salgado, Alí Joaquín, op. cit., p. 92.
202 LUIS R. CARRANZA TORRES
bilidades de prueba, da una capital importancia a la presenta-
ción clara y completa de los hechos en el escrito de su inicio.
5.2. LA TASA DE JUSTICIA EN EL AMPARO FEDERAL
La eximición del pago de la tasa de justicia nacional al in-
terponer una acción de amparo, dispuesta por la ley de tasas
judiciales167, sólo queda diferida en el tiempo al resultado que
se obtenga en dicho pleito, ya que la norma declara sólo exen-
tos a los “recursos”168 cuando éstos no fueren denegados, es
decir que nos hallamos frente a un derecho (de no pago de tasa)
sometido a una condición resolutoria (la procedencia de la ac-
ción), que se trata de un hecho futuro, incierto y que escapa a
la volición de la parte (decisión de fondo del juez en el caso).
Surge pues con claridad de su lectura que el actor no tiene
obligación de ingresarla hasta tanto se verifique tal hecho
disvalioso a su pretensión (rechazo de lo pretendido), situación
que opera únicamente a partir de que la sentencia de tal tenor
quede firme.
El fundamento de la eximición de la tasa en las condiciones
expresadas con anterioridad, en las propias palabras de la
Corte, se deriva de la circunstancia de que teniendo las accio-
nes de amparo como objeto la preservación de la vigencia de la
ley fundamental, se ha buscado que el mismo pueda promover-
se sin que ello genere a quien lo hace la obligación de pagar la
tasa de justicia. Hay aquí, prima facie, una consideración a fa-
vor de quien acciona por tal vía, que merece un resguardo juris-
diccional sin dilaciones.
No se trata por tanto de un beneficio a favor de la acción,
sino tan sólo de quien debe recurrir a ella por un daño en sus
derechos esenciales que no debe soportar jurídicamente. Dis-
167
Art. 13, inc. b, de la ley 23.898.
168
Propiamente debería hablarse de acción. Al respecto vide Bidart Campos,
Germán, Régimen legal y jurisprudencial del amparo, p. 338; Salgado, Alí Joa-
quín, op. cit., p. 20, y lo dicho en el punto 1.3 del presente.
PRÁCTICA DEL AMPARO 203
tinto es el caso de quien ha accionado por tal vía sin razón, si-
tuación en la que no se aprecia la razonabilidad de eximir del
pago cuando su actitud fue errada. Es por ello que la Corte ha
establecido respecto de la cuestión, por una parte, que la exen-
ción no es objetiva y absoluta sino subjetiva y condicional, y por
otra que la obligación de abonar sólo se exige en el supuesto de
que el amparo fuese rechazado, y con posterioridad a la senten-
cia que así lo decida.
Vemos así que en cuanto a la cargas económicas procesales
en el amparo a nivel nacional, la cuestión podría reducirse a la
siguiente regla: se da a favor de las personas que accionan, no
del proceso, pero no en beneficio de todas ellas, sino respecto
de quienes han debido acudir a la instancia judicial por haber
sido verdaderamente agraviados en sus derechos, y no por
cuestiones de humor o para provocar dispendio jurisdiccional.
5.3. LA TASA DE JUSTICIA EN EL AMPARO PROVINCIAL
En nuestro ámbito provincial, y a diferencia de lo expuesto
en el punto anterior, las acciones de amparo se encuentran exi-
midas del pago de la tasa de justicia, en razón de su propia natu-
raleza e independientemente del resultado final del pleito.
Ello surge del art. 252, inc. 9, del Código Tributario, que de-
clara exentas del pago de la tasa judicial a las actuaciones vin-
culadas a acciones o recursos que busquen la protección de
derechos y garantías esenciales de las personas.
5.4. INCIDENTES Y RECURSO DE REPOSICIÓN
En consonancia con el carácter de celeridad que debe pre-
sentar la tramitación del amparo, y en razón de la importancia
de los intereses a preservar, la ley veda la vía incidental den-
tro del proceso de conocimiento del mismo y la posibilidad de
articular las partes excepciones de previo y especial pronun-
ciamiento (art. 16, ley nacional 16.986 y ley provincial 4915).
204 LUIS R. CARRANZA TORRES
Ello no obsta para que puedan ser expresadas en el informe del
art. 8º, dentro del detalle y fundamentos del mismo, o en la
misma demanda de amparo, situación rara pero que también
podría darse en unos pocos supuestos, y que puedan en ambos
casos ser resueltas por el juez en la sentencia definitiva.
Queda claro que lo impuesto por la norma es la sustancia-
ción del amparo por una vía única y rápida, que no admite tra-
mitaciones en paralelo ni la articulación de discusiones que
detengan el curso del asunto principal (respecto de esta últi-
ma cuestión, véase supra punto 3.12).
Es por ello que podrán expresarse todas las cuestiones cuya
deliberación permita el marco reducido de la vía, y sean condu-
centes a la resolución del amparo. Podrá incluso ofrecerse
prueba sobre ellos, y el juez resolverá en la sentencia para no
demorar el curso del trámite.
Encuadramos dentro de la prohibición de los artículos an-
tes mencionados el denominado por alguna doctrina y legisla-
ción “recurso de reposición”, habida cuenta de que se trata en
realidad de un incidente (a favor, Sagüés; en contra, pronun-
ciándose por su aceptación, Salgado, Morello y Palacio).
Si bien dicho medio impugnativo tiene a su favor su trámi-
te rápido y el resolverse ante la misma instancia de su interpo-
sición, también es cierto que resulta difícil que el juez actuante
modifique su criterio en cuestiones de importancia, por lo que
su utilidad quedaría relegada a los aspectos menores del trá-
mite, los que, por la misma naturaleza del amparo y lo acotado
de los recursos posibles, difícilmente podrían considerarse
susceptibles de impugnación alguna. Debe destacarse también
que cualquier defecto de entidad en el trámite podría ser ata-
cado al dictado de la sentencia, desde que los planteamientos
de nulidades son de articulación posible en el recurso de ape-
lación.
Asimismo, el concepto de vía “única y rápida”, que hemos
puntualizado precedentemente, supone también una concen-
tración de las resoluciones del juzgador, luego de asumida la
jurisdicción y dictado de cautelares si fuese el caso, en la sen-
tencia. Tal nota distintiva acarrea, consecuentemente, una
PRÁCTICA DEL AMPARO 205
concentración recursiva hacia tal etapa procesal, a favor de la
apelación.
Todo ello nos lleva a desestimar la posibilidad de articular
reposiciones o revocatorias en el trámite del amparo.
5.5. ACEPTACIÓN O DESESTIMACIÓN JURISDICCIONAL
Presentada la demanda, “Si la acción fuese manifiestamen-
te inadmisible, el juez la rechazará sin sustanciación, ordenan-
do el archivo de las actuaciones” (art. 3º, ley nacional 16.986 y
ley provincial 4915). Lo previsto en la norma como manifies-
tamente inadmisible sólo opera cuando se dan, respecto de la
acción incoada, algunos de los supuestos establecidos por los
arts. 1º o 2º. La ley no prohíbe el rechazo liminar por motivos de
fondo, pero exige que tal vicio sea manifiesto, es decir, debe sur-
gir con toda claridad y de forma indiscutible de la presentación.
En caso de duda se estará a favor de la admisión del amparo.
El juez sólo podrá resolver por el rechazo in limine inme-
diatamente después de interpuesta por el accionante la de-
manda, en el primer examen de la misma, antes de darle curso.
Sagüés sostiene que tal examen del juez no es una mera facul-
tad, debiendo ser indiscutible la inadmisibilidad de la acción.
Si entra a la cuestión de fondo, deberá sustanciar la demanda
bajo pena de nulidad. En contra, Bidart Campos.
La resolución que rechaza la acción en los términos del art. 3º
es apelable ante la instancia superior (véase infra el punto 6.2
al respecto).
Es un punto controvertido en la doctrina la naturaleza de
cosa juzgada o no de este rechazo. Bidart Campos entiende que
no hace cosa juzgada. Sagüés la acepta, negando la posibilidad
de que, rechazada la pretensión, pueda reproponerse por me-
dio de otro amparo (en el mismo sentido, Rivas). “Si se trata de
un descarte liminar en razón de darse alguno de los supuestos
de inadmisibilidad del amparo del art. 2º de la ley 16.986, nada
parece impedir que el asunto se discuta por otra vía procesal. Si
el amparo naufraga in limine porque el juez considera que no
206 LUIS R. CARRANZA TORRES
hay acto lesivo o derecho constitucional vulnerado por la Admi-
nistración Pública, lo decidido asumiría cosa juzgada material
si el agraviado no probase en juicio ordinario posterior que el
décifit cognoscitivo del amparo le causó perjuicio. Por último, si
el rechazo liminar es porque el acto lesivo no es ‘manifiestamente’
arbitrario o ilegal (pero sí puede analizarse tal posible vicio
mediante otro trámite), lo resuelto no obstaría a ensayar este
último”.169
La Corte Suprema ha equiparado la resolución que deses-
tima in limine un amparo con una sentencia definitiva, a los fi-
nes de la interposición del recurso extraordinario (art. 14, ley
nacional 48), siempre que lo decidido cause gravamen irrepa-
rable.
De aceptar la procedencia de la acción, el juez deberá re-
querir a la autoridad pertinente (o al particular, de ser el caso,
en la ley provincial 4915) un informe circunstanciado del hecho
que motiva la presentación (infra, punto 5.6).
En lo referente al juicio de admisibilidad inicial del ampa-
ro170, no debe perderse de vista que tal examen no es solamen-
te formal sino también sustancial, en razón de su naturaleza de
instrumento protector de derechos constitucionales, lo que lo
diferencia de otros juicios de admisibilidad procesales que tie-
nen finalidades distintas a las del juicio de admisibilidad en el
amparo.
A los fines de resolver respecto de la admisibilidad, en la
opinión de Rivas se deberá ver:
a) Si el derecho aparece cierto.
b) Si la conducta imputada como lesiva no aparece como in-
discutiblemente fundada en derecho, pues razones de econo-
mía procesal imponen no seguir el juicio para culminar en un
rechazo (por ejemplo, si se dice que hubo confiscación de bie-
nes pero se expresa que medió expropiación con el consiguiente
pago).
169
Sagüés, Néstor P., Derecho procesal constitucional, t. 3, p. 310.
170
Rivas, Adolfo, “Perspectivas del amparo después de la reforma constitucio-
nal”, op. cit., ps. 48-49.
PRÁCTICA DEL AMPARO 207
c) Si no se pretende un objeto distinto del amparo que no es
sino restitutorio del derecho cierto.
d) Si la amenaza o la afectación no se dicen superadas.
e) Si no existe otro medio protector de mayor eficacia por su
especificidad, caso en el que se reconvertirá el trámite.
Si esta situación se confirma con lo actuado corresponde-
rá una sentencia protectora, pero en tanto, visualizada prima
facie, deberá comenzar a operar la función tuitiva: el juez asu-
mirá la dirección del proceso y la conducción de la prueba,
dictará las medidas cautelares del caso, impedirá maniobras
dilatorias del poder, entre otras.
La norma respecto del rechazo liminar, tal como nos dice
Palacio de Caeiro171, fue criticada severamente por la doctri-
na y muchas veces obviada por la jurisprudencia, que la enten-
dió como una facultad excepcional, sólo ejercitable cuando el
amparo presentado careciera claramente de requisitos forma-
les o sustanciales cuya ausencia fuera un obstáculo insalvable
para el ejercicio de la acción. Dicha carencia debe presentar-
se indubitadamente sin necesidad de mayor análisis, ni de pon-
derar otros elementos de juicio.
En el caso de amparo contra particulares, tal facultad es
aún más excepcional, desde que los actos contra los que se di-
rige no gozan de la presunción de legitimidad que en principio
ostentan los de naturaleza pública, ni tampoco pueden encua-
drar en la mayoría de los supuestos del art. 2º de la ley (nacio-
nal 16.986; provincial 4915). Palacio de Caeiro, por su parte,
entiende que es inadmisible pensar en el rechazo liminar de la
acción, por conspirar esa postura contra el denominado dere-
cho a la jurisdicción, cuya cobertura fue siempre garantizada
por la Constitución Nacional.
De nuestra parte, entendemos que en los términos en que
se halla redactada la norma, en caso de duda acerca de su pro-
cedencia, corresponderá dar curso a la acción, desde que si su
procedencia resulta dudosa no es estonces manifiestamente
171
“El amparo y la acción declarativa de inconstitucionalidad en la realidad ju-
rídica argentina”, op. cit., p. 205.
208 LUIS R. CARRANZA TORRES
inadmisible en los términos del art. 3º (ley nacional 16.986; ley
provincial 4915), por lo que no correspondería su desestima-
ción.
5.6. INFORME CIRCUNSTANCIADO
El informe circunstanciado a que la ley hace referencia
(art. 8º, ley nacional 16.986 y ley provincial 4915) constituye una
verdadera contestación de demanda que satisface, dentro del
concepto de bilateralidad del proceso en que se actúa la acción
general de amparo, el derecho de defensa del imputado. Es por
ello que su omisión en pedirlo causa la nulidad del proceso, y
que es de aplicación analógica respecto del cumplimiento de tal
acto procesal lo establecido para el traslado de la demanda. En
el pedido de informe deberá, entonces, acompañarse copia de
dicha demanda, a fin de posibilitar el ejercicio real del derecho
de defensa.
El informe resulta ser una carga procesal, y no una obliga-
ción del demandado, que puede no presentarse, acarreando tal
omisión las consecuencias procesales de rigor (por analogía, en
el orden nacional, art. 356, inc. 1, CPCCN).
Con la presentación podrá acompañarse la prueba que se
estime conveniente, a fin de probar los dichos del mismo, ya que
tal acto forma parte del ejercicio del derecho de defensa. Tal es
la oportunidad procesal para ofrecer elementos probatorios de
parte del demandado, a fin de situar a las partes en iguales
condiciones procesales.
El plazo para contestar el informe en la ley nacional se deja
al “prudencial” arbitrio judicial. En general, se dan cinco días.
En el orden provincial, la ley 4915 fija en tres días el plazo máxi-
mo para evacuarlo (art. 8º).
En cuanto a su contenido, se halla constituido por la noti-
cia detallada del hecho u omisión que da origen al amparo. No
alcanza con una somera exposición de hechos, desde que debe
revestir el carácter de “circunstanciado”. Debe, por tanto,
ubicar lo sucedido u omitido en un completo contexto, sin omitir
PRÁCTICA DEL AMPARO 209
elementos de provecho para el entendimiento de la situación,
ni las razones en que se funda el actuar de la autoridad.
Asimismo, y por imperativo del derecho de defensa, podrán
oponerse a la acción todas aquellas cuestiones formales (cadu-
cidad, necesidad de mayor debate o prueba, legitimación, etc.)
o sustanciales (inexistencia de agravio en el derecho, por caso)
que quien conteste el informe estime convenientes.
La no presentación del informe no implica la concesión del
amparo, lo que será materia decisoria en la sentencia de acuer-
do con una valoración integral del caso. Vencido el plazo para in-
formar sin que tal acto se hubiera cumplido, se pasará a producir
la prueba del actor, o a dictar sentencia si no la hubiera, dentro
del tercer día (art. 11, leyes nacional 16.986 y provincial 4915).
Entiende Rivas172, en sentido contrario a lo que hemos ex-
puesto, que dicho informe no es una contestación de demanda,
difiriendo de ésta en que no es una carga sino un deber del ór-
gano requerido, ya que el Estado al informar no puede sino ajus-
tarse a la verdad, sin silencios ni retaceos, al punto de que sin
ampararse en el nemo tenetur edere contra se, debe acompañar
los antecedentes administrativos del caso. En tal contexto, el
magistrado opera como si fuera el superior jerárquico del es-
calón cuya conducta se impugna y al que no se le puede ocultar,
ni mentir. Va asimismo, en abono de tal postura, el fin ético su-
premo del Estado y el propio interés del poder, que no es ava-
sallar sino hacer que todos sus estamentos se conduzcan
respetando lo que deben respetar. De tal manera, hay una co-
incidencia de intereses finales cuando se trata de una “situa-
ción de amparo”. Claro que al informar nada impide que se le
señale al juez aquello que éste puede no haber advertido, por
ejemplo, falencias de lo pretendido por la actora, falta de legi-
timación o de personería, caducidad del amparo, constitucio-
nalidad de normas.
En definitiva, en el amparo solamente está en discusión si
la conducta del poder es o no ajustada a Derecho, y para ello, en
172
“Perspectivas del amparo después de la reforma constitucional”, op. cit.,
ps. 46-47.
210 LUIS R. CARRANZA TORRES
el contexto señalado, basta con la oportunidad del informe y
con el saber del juez para resguardar al Estado.
Antes hemos sentado nuestra posición en el sentido de
equiparar este informe a una contestación de demanda, pero
tal equiparación es a los fines de su consideración procesal, y
no en cuanto a su contenido, el que presenta, a más de lo dicho
por nuestra parte, las particularidades que Rivas explicita y so-
bre las que concordamos. El Estado, por aplicación del princi-
pio de legalidad, siempre se ubica en una posición procesal
especial, sin tener algunas de las libertades de los particulares
en tal campo. Y ello no obsta a que el instituto del informe sea
revestido de las formas y regulaciones propias de la contesta-
ción de demanda (vgr., que en su solicitud se acompañe copia
de la demanda de amparo, que deban establecerse categórica-
mente los hechos sobre los cuales se delimita la litis, que deba
acompañarse la documentación del caso con la producción del
mismo y constituirse domicilio procesal, etc.), que en definiti-
va ayudan a un mejor y más rápido encarrilamiento de la ac-
ción, y a que el juez cuente con los elementos del caso para
decidir el mismo.
5.7. PRUEBA
En relación a los hechos a probar en el amparo, Rivas173 en-
tiende que la comprobación reposa exclusivamente en dos
extremos:
a) Existencia del derecho.
b) Existencia y características de la conducta lesiva.
En lo referente al derecho, entiende el autor previamente
citado que el actor puede probar pero en la medida correspon-
diente al sentido del amparo, es decir, para que el juez verifi-
que la existencia cierta del derecho que se pretende defender.
No más allá, pues no se puede pretender amparo para un dere-
173
“Perspectivas del amparo después de la reforma constitucional”, op. cit., ps.
44-45.
PRÁCTICA DEL AMPARO 211
cho cuya existencia es dudosa. Por eso es que el instituto jue-
ga con relación a derechos que se demuestran por sí (derecho
a la vida, a la salud, al aire puro, etc.), o cuya existencia se pre-
sume por la condición humana (a aprender, a transitar, a ejer-
cer el culto libremente), o por una especial situación en que se
ubica el sujeto (a ejercer determinada profesión, a enseñar) o
por títulos incuestionables (propiedad).
Las especiales características de la legitimación activa en
el amparo (véase supra puntos 3.2 y 3.13) lleva a que en ocasio-
nes no deba probarse respecto de un derecho propio, sino de
uno frente al cual el actor se halla autorizado por el ordena-
miento legal a procurar su defensa.
En lo referente a la prueba de la conducta lesiva, en tanto
la misma surge —salvo por el supuesto de las vías de hecho—
de la actuación previa del órgano estatal y en definitiva del acto
administrativo, Rivas entiende que no se necesitará de mucha
prueba a tal respecto, máxime cuando ésta, casi en todos los
casos, obrará en las tramitaciones administrativas que el órga-
no estatal del caso debe remitir junto a la producción del infor-
me.
Puede darse también el caso de tratarse de una confronta-
ción directa y manifiesta entre el acto considerado lesivo y el
ordenamiento constitucional, extremo frente al que no será ne-
cesario abrir a prueba el amparo.174
5.7.1. Disposiciones generales
La prueba debe ser ofrecida por el actor junto con la de-
manda, y por el demandado al contestar su informe. Sigue ella
los lineamientos de los procesos rápidos o abreviados. Se ha
prohibido la de naturaleza confesional, por ser de escaso re-
sultado práctico, al decir de Salgado. El ofrecimiento de tes-
timoniales se limita al número de cinco testigos por parte,
174
Cám. Nac. Cont. Adm. Fed., Sala V, en autos “Navarro, Patricio c/ Estado
Nacional”, ED, Boletín de Jurisprudencia del Fuero, Nº 1/99, ficha 9982, citado
por Díaz Solimine, Omar Luis, op. cit., p. 352.
212 LUIS R. CARRANZA TORRES
siendo a cargo del proponente todo lo referente a su compa-
recencia.
Podrán ser desestimadas las pruebas manifiestamente im-
procedentes, superfluas o meramente dilatorias (arts. 364,
CPCCN, y 199, CPCC). Las resoluciones que adopte el juez so-
bre la producción, denegación y sustanciación de las pruebas
son irrecurribles (arts. 379, CPCCN, y 198, CPCC). Pueden de-
cretarse, asimismo, medidas para mejor proveer (arts. 36, inc. 2,
CPCCN, y 325, CPCC) si el juzgador lo estimara necesario para
formar opinión, de acuerdo con la legislación supletoria apli-
cable.
Las pruebas deberán producirse de manera inmediata, luego
de su proveído. La audiencia a que hace mención la norma se
relaciona tan sólo con aquellas probanzas que indispensable-
mente deben recibirse para la causa mediante audiencia, funda-
mentalmente las declaraciones (careos, reconocimientos, etc.).
En la etapa probatoria del amparo, resultan de aplicación,
con las particularidades de la figura, en especial sus caracte-
res de celeridad y concentración de actos, la legislación proce-
sal supletoria aplicable en virtud de la remisión del art. 17 de
la ley (nacional 16.986; provincial 4915). Al respecto, véase
infra punto 6.9).
5.7.2. Audiencia
De fijarse la audiencia, debe ser notificada a las partes en
salvaguardia del derecho de defensa, para asegurar la bilate-
ralidad procesal y para que se les puedan imponer las conse-
cuencias de la no comparecencia que prevé el art. 10 de las leyes
nacional y provincial sobre amparo.
El plazo de la prueba, si debe producirse en audiencia, es de
tres días. Podrá ser ampliado por el juez si por razones ajenas
a la diligencia de las partes quedara prueba pendiente (art. 11,
ley nacional 16.986 y ley provincial 4915), por igual plazo, esta-
bleciendo en este supuesto un término total de seis días.
Asimismo el juzgador, en tanto director del proceso y de
estimar que la prueba aportada por las partes es insuficiente
PRÁCTICA DEL AMPARO 213
para resolver, podrá ordenar las medidas probatorias que en-
tienda conducentes, luego de haber recibido éstas.
Si bien la producción de tales medios estará a cargo del
propio tribunal, en atención a la celeridad del trámite y la je-
rarquía de los valores en juego podrá encargarse su realización
a una de las partes, si ello fuera en el mejor interés para la
conclusión de la causa.
5.7.3. Incomparecencia a la audiencia
Si el autor no concurre a la audiencia por sí o por apodera-
do, tal omisión procesal trae aparejado el desistimiento del
amparo. Consecuentemente, deberá el magistrado archivar la
causa e imponer las costas al desistido.
La doctrina discute si tal desistimiento opera sobre la ac-
ción o sobre el derecho. Nos pronunciamos por lo primero, aten-
to a la importancia de los derechos constitucionales en juego y
al carácter restrictivo con que debe apreciarse toda renuncia.
“Claro está que al tratarse de un desistimiento sin la confor-
midad de la contraparte podría sostenerse que el actor, unilate-
ralmente podría imponer tal tesitura con la finalidad de
entablar un nuevo proceso mejor fundado, en detrimento del de-
recho del demandado a obtener una sentencia de mérito. Sin em-
bargo, estando en juego derechos constitucionales, optamos por
la solución menos perjudicial para su tutela, sin contar con que
la promoción de un segundo proceso encontrará generalmente
el escollo del art. 2º, inc. e”.175 Tal desistimiento no es gratuito
para el actor, que carga con las costas y la limitación temporal
a que se hace referencia, que en nuestra opinión no corre para
los agravios de naturaleza continua, por lo que no sería, en ta-
les circunstancias, escollo alguno. Con tales salvedades, con-
cordamos con el autor citado pronunciándonos en el sentido de
que lo que se desiste resulta ser la acción, sin perjuicio para el
derecho a salvo.
175
Salgado, Alí Joaquín, op. cit., p. 98.
214 LUIS R. CARRANZA TORRES
Distinta es la sanción con que carga en idéntica situación la
parte accionada. Su incomparecencia le acarrea únicamente la
pérdida de la posibilidad de producir su prueba. No importa,
por tanto, su omisión de concurrir, allanamiento ni reconoci-
miento de los hechos alegados por el actor.
Siendo el amparo un medio de protección de los derechos
de los débiles frente, principalmente, al poder público, perso-
na de derecho público que comparece desde una posición de
fuerza (vgr., presunción de legitimidad de sus actos, derecho
a la no intromisión de los otros poderes en su esfera propia), no
nos explicamos esta consagración legal de un trato tan disímil
respecto de una y otra parte frente a un mismo hecho.
Entiende a este respecto Díaz Solimine que debe tenerse en
cuenta que la naturaleza urgente del amparo exige a su actor
que debe mantener el interés en su prosecución, a través de su
impulso general o imponiendo su presencia en determinados
actos procesales, como el que nos ocupa, debiendo entenderse,
de no cumplimentarse con tal actividad, que se ha perdido tal
interés en la urgencia presumida.176
Es por ello que, más allá de nuestra opinión ya expuesta
acerca de la cuestión, es claro que la norma, en virtud de ese
“mantenimiento del interés” que impone a la parte actora, crea
una presunción de desestimiento en su no comparecencia a la
audiencia; presunción, claro está, que podrá desvirtuarse jus-
tificando la inasistencia, pues entendemos que sólo un supues-
to de omisión voluntaria es susceptible de acarrear dicho
desestimiento, no configurándose el mismo frente a casos de
fuerza mayor (enfermedad, etc.), máxime si se han denuncia-
do con antelación en el expediente.
5.8. LA CADUCIDAD O PERENCIÓN DE INSTANCIA EN EL AMPARO
La caducidad o perención de instancia resulta ser un modo
anormal de extinción del procedimiento, al sobrevenir en el
176
Díaz Solimine, Omar Luis, op. cit., p. 351.
PRÁCTICA DEL AMPARO 215
curso del mismo la inacción absoluta de las partes por el tiem-
po fijado en la ley, sin que el demandante haya instado dentro
de ese término su persecución.
La caducidad no es un acto jurídico sino un hecho objetivo
con consecuencias jurídicas: la paralización del trámite del pro-
ceso por un lapso determinado.
Los efectos de la declaración de la misma perjudican, en la
generalidad de los casos, a la parte actora, siendo la perención
la consecuencia procesal de la omisión de ésta de instar la pro-
secución del trámite, pues la carga procesal del impulso está
en cabeza de la actora, que intenta el amparo. Ello no es óbice,
claro está, para que las restantes partes la detenten como sim-
ple facultad. Pues ellas pueden también tener un interés en la
prosecución del juicio.
“En cuanto al fundamento de la caducidad, se han formula-
do dos teorías: la subjetiva y la objetiva. De acuerdo con la teoría
subjetiva, la caducidad constituye un remedio procesal destina-
do a sancionar la inactividad culpable del demandante que fal-
tó al deber legal de proseguir el juicio hasta su terminación por la
sentencia. La teoría objetiva funda la caducidad en la necesidad
de evitar una duración excesiva de los procesos y los peligros que
derivarían para la seguridad jurídica. El Estado tiene interés,
después de un prolongado período de inactividad del proceso, de
liberar a sus propios órganos de las obligaciones derivadas por
la existencia de la relación procesal”.177
En razón de que las leyes del amparo (nacional 16.986 y pro-
vincial 4915) no contienen normativa específica al respecto,
cabrá remitirse a la procesal supletoria que ellos mismos dis-
ponen, es decir al código de rito del fuero en donde se encuen-
tre sustanciándose el mismo.
Por caso, de aplicarse el Código Procesal Civil y Comer-
cial de la Nación, habrá de estarse a lo dispuesto en su art. 310,
inc. 2, por resultar el amparo un proceso sumario, operando
dicha caducidad al transcurrir un plazo de tres meses sin im-
pulsión del proceso.
177
Diez, Manuel María, op. cit., p. 166.
216 LUIS R. CARRANZA TORRES
De ser vigente el Código Procesal Civil y Comercial de la
Provincia, será de aplicación lo dispuesto en el art. 339, incs. 1
y 2, operando la caducidad al año en primera instancia y a los
seis meses en segunda o ulterior instancia.
5.9. SELECCIÓN DE JURISPRUDENCIA
5.9.1. Nacional
I. Si la cuestión planteada ha devenido en abstracta al momento
de sentenciar, no corresponde que esta Corte Suprema se pro-
nuncie respecto del amparo intentado [CSJN, en autos “Acin-
dar c/ Gobierno Nacional, resolución del 06-08-1985. Fuente: LL,
1985-D-538].
II. Si bien la relativa inacción de la interesada en defensa de
sus intereses —ante la actividad de la administración en su
favor— no se compadece con una situación de extrema nece-
sidad, no es menos cierto que el órgano administrativo reque-
rido sólo se limita a cuestionar la procedencia formal del
amparo, sin aludir a los hechos invocados por la beneficiaria,
ni a la existencia de soluciones alternativas, cuya eficacia de-
bió haber sido objeto de comprobación [CSJN, en autos “Fer-
nández, Encarnación Pilar c/ Secretaría de Seguridad Social s/
recurso de hecho”, Sent. Nº F216, del 04-05-1993. Fuente: SAIJ,
sumario Nº A0025844].
III. La acción de amparo no puede ser utilizada como acce-
soria de una demanda iniciada o que corresponda iniciar
[CSJN, en autos “Compañía de Perforaciones de Río Colo-
rado S.A. c/ Dirección General Impositiva s/ recurso de he-
cho”, Sent. Nº C471, del 24-08-1993. Fuente: SAIJ, sumario
Nº A0026712].
IV. La queja vertida con relación a que la posibilidad de recha-
zar in limine la acción, halla precluido por cuanto el a quo dejó
avanzar la litis, no es admisible en vista de que el magistrado
no había requerido el informe previsto por el art. 8º de la ley
16.986[Cám. Nac. Civ. Com. Fed., Sala 3, 22-04-1999, en autos
PRÁCTICA DEL AMPARO 217
“Eli Lilly and Company”. Fuente: Barbado, “Jurisprudencia
agrupada”, JA, 2001-IV-32].
V. El extremo que determina el rechazo in limine de la acción
de amparo debe ser notorio, indudable, palmario, patente y
claro, dado que trátase de un proceso de naturaleza constitu-
cional, que por la importancia de las cuestiones sometidas a
juicio no puede ser abortado por formalismos en su fase limi-
nar [Cám. Fed. La Plata, Sala III, 11-10-2001, en autos “Caja
de Previsión Social para Abogados de Buenos Aires c/ P.E.N.”.
Fuente: LLBA, 2002-488].
VI. El rechazo in limine de la acción de amparo debe quedar
reservado a aquellos supuestos en los que no quede duda algu-
na respecto de su inadmisibilidad, por resultar manifiesta como
para ser declarada en forma categórica y sin necesidad de la ve-
rificación de supuestos de hecho. Sin perjuicio de lo que en de-
finitiva se decida sobre el derecho invocado en la sentencia
definitiva, luego de establecido el contradictorio, cabe concluir
que no se presentan aquí los extremos suficientes como para des-
estimar in limine la acción de amparo promovida [Cám. Nac.
Civ. Com. Fed., Sala 1, 25-03-2000, en autos “Márquez, Santia-
go J. y otros c/ Ministerio de Desarrollo Social y Medio Ambien-
te y otros”. Fuente: Barbado, “Jurisprudencia agrupada”, JA,
2001-IV-32].
VII. El control de admisibilidad previsto en el art. 3º de la ley
de amparo debe ser efectuado con suma cautela y prudencia.
Cabe destacar al respecto que el rechazo in limine de la acción
de amparo procede sólo de modo excepcional y siempre que
exista una absoluta certeza en cuanto a la interpretación de las
normas, los hechos o actos que allí se cuestionen. Pues encon-
trándose en juego garantías y derechos previstos en la Cons-
titución Nacional, un tratado o una ley, deben extremarse los
recaudos a efectos de examinar su procedencia, pues una so-
lución contraria sin el cumplimiento de los trámites previstos
en la ley que rige la materia puede llevar a la conculcación de-
finitiva de los derechos o garantías presuntamente lesionados
[Cám. Fed. Cont. Adm. Capital, Sala 3, 17-07-1997, en autos
“Mordeglia c/ DGI”; Sala 4, 24-04-1997, en autos “Galli c/ Mi-
nisterio de Cultura y Educación”; Sala 5, 19-03-1997, en autos
218 LUIS R. CARRANZA TORRES
“Grecco c/ Ministerio de Economía, Obras y Servicios Públicos”.
Fuente: Seró, “Acción de amparo”, en Revista de Derecho Pro-
cesal, Nº 4, Sección de Jurisprudencia Temática, ps. 407-408].
VIII. La decisión de rechazar in limine una acción de amparo,
procede sólo de forma excepcional, y requiere un control de
admisibilidad realizado en función de características de
ostensibilidad que por definición presuponen que la imposibi-
lidad de acceder a dicha vía resulte tan manifiesta que pueda
ser declarada de forma categórica y sin necesidad de debate
alguno entre las partes [Cám. Fed. Cont. Adm. Capital, Sala
V, 19-03-1997, en autos “Muñoz, Ricardo y otro c/ M.E.O. y
S.P.”. Fuente: LL, 1997-E-561].
IX. No obstante que el amparo reviste un carácter excepcional
y por ende, su procedencia debe declararse con carácter res-
trictivo, el peraltado objetivo que persigue al tutelar los dere-
chos y garantías fundamentales de la persona humana,
requiere en los jueces un prudente y mesurado ejercicio de la
facultad, igualmente excepcional, de rechazar in limine la
demanda, lo que sólo podrá ocurrir cuando ésta carezca en
forma manifiesta de elementales requisitos formales o sustan-
ciales. El funcionamiento del art. 3º de la ley 16.986, debe con-
dicionarse a la inexistencia de cualquier duda sobre el derecho
cuestionado o sobre la norma aplicable. Debe ser básicamen-
te indiscutible la inadmisibilidad de la acción para posibilitar
su rechazo liminar [Cám. Fed. Córdoba, Sala B, en autos “Ro-
mero Vázquez, Santiago Segundo c/ Estado Nacional (Ministe-
rio de Justicia y Derechos Humanos y otro) - amparo”, Sent. Nº
36, del 26-03-2001. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 71, Síntesis
de Jurisprudencia, ps. 242-243].
X. Corresponde revocar el proveído que rechazó in limine la
demanda, si el actor fue puesto en función como encargado del
Registro Seccional de la Propiedad Automotor luego de trans-
currido un año y sesenta y tres días desde su designación, y
fue abruptamente suspendido de sus funciones cuatro días
después, con lo cual, aparecerían fundadas las causales que
tiene en cuenta el art. 43 de la CN, para que la cuestión sea tra-
mitada por la vía del amparo [Cám. Fed. Córdoba, Sala B, en
autos “Romero Vázquez, Santiago Segundo c/ Estado Nacional
PRÁCTICA DEL AMPARO 219
(Ministerio de Justicia y Derechos Humanos y otro) - amparo”,
Sent. Nº 36, del 26-03-2001. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 71,
Síntesis de Jurisprudencia, p. 243].
XI. En relación con el examen preliminar de la procedencia
de la vía del amparo y la exigencia del tránsito de las vías ad-
ministrativas internas, se ha expresado por esta Sala que rea-
lizada la integración normativa del art. 43 de nuestra carta
magna y la ley de amparo, se advierte que aquél —en princi-
pio— no altera el régimen de recaudos exigibles para la pro-
cedencia del amparo. Su apertura requiere circunstancias de
muy definida excepción, tipificadas por la presencia de arbi-
trariedad, irrazonabilidad e ilegalidad manifiestas que con-
figuren, ante la ineficiencia de los procesos ordinarios, la
existencia de un daño concreto y grave sólo eventualmente
reparable por esa acción urgente y expedita. También se ha
sostenido la improcedencia del amparo, cuando la acción exi-
ge un mayor debate y prueba [Cám. Fed. Córdoba, Sala A, en
autos “Yoma S.A. c/ AFIP - acción de amparo y medida cau-
telar”, Protocolo 54 - “A”, del 12-10-2000. Fuente: Foro de Cór-
doba, Nº 67, Síntesis de Jurisprudencia, p. 227].
XII. No se ha acreditado que el actor observara las resolucio-
nes pertinentes, ni que se haya efectuado un reclamo ante las
autoridades administrativas de la AFIP, mediante los medios
impugnativos que prevé la reglamentación interna. Existien-
do pues el camino administrativo apropiado y siendo faculta-
des propias de la AFIP, la ponderación de los extremos
económicos adecuados para establecer si la situación de la
actora permite encuadrarla en el régimen de excepción a la
obligatoriedad de constituir garantías, previsto en la Resolu-
ción General Nº 93-98, no resulta posible soslayar la previa
revisión que debe hacer el propio organismo recaudatorio acer-
ca de sus decisiones. Tampoco puede dejar de considerarse
que frente a la complejidad económica de las ecuaciones nu-
méricas que deben ponderarse, una reclamación como la pro-
puesta requiere de un examen y profundidad que la vía
sumarísima del amparo no posee [Cám. Fed. Córdoba, Sala A,
en autos “Yoma S.A. c/ AFIP - acción de amparo y medida cau-
telar”, Protocolo 54 - “A”, del 12-10-2000. Fuente: Foro de Cór-
doba, Nº 67, Síntesis de Jurisprudencia, p. 227].
220 LUIS R. CARRANZA TORRES
XIII. Debe ser rechazada in limine la acción de amparo presen-
tada en base en agravios meramente coyunturales, desde que
el accionante efectúa planteos genéricos sin aporte de elemento
probatorio alguno concreto sobre los extremos que aduce, no
precisando en qué modo se lesiona su derecho [Cám. Fed. Cór-
doba, Sala A, en autos “Plaza Olmos S.R.L. c/ AFIP s/ ampa-
ro”, Sent. Nº 176, del 14-11-2001. Fuente: Foro de Córdoba, Nº
76, Síntesis de Jurisprudencia, p. 260].
XIV. No se configura en el proceso la “causa judicial” que ha-
bilita el ejercicio de la jurisdicción, dado que de manera gené-
rica se impugna en su validez constitucional un acto emanado
de la autoridad administrativa, en ejercicio de sus fines pro-
pios, sin indicar, el actor, la existencia de un acto administra-
tivo en ciernes, que pueda determinar una causa concreta
[Cám. Fed. Córdoba, Sala A, en autos “Plaza Olmos S.R.L. c/
AFIP s/ amparo”, Sent. Nº 176, del 14-11-2001. Fuente: Foro
de Córdoba, Nº 76, Síntesis de Jurisprudencia, p. 260].
XV. Si no media disputa entre las partes acerca del modo en
que acaecieron los hechos, ni respecto del alcance de las nor-
mas, es admisible la vía del amparo para considerar cuestio-
nes relacionadas con la determinación y cálculo de las tarifas
públicas[CSJN, 31-08-1999, en autos “Guadalupe Hernández,
Simón”. Fuente: JA, 2000-III-637].
5.9.2. Provincial
I. El informe (art. 8º, ley 4915) no sólo no conforma un medio
de aportación de datos, sino que equivale sustancialmente al
acto de contestación de la demanda. Es por ende la oportuni-
dad adecuada para que la demandada ejercite su derecho y
oponga las excepciones y defensas que a su juicio caben contra
la pretensión del actor. Estas defensas que puede oponer la de-
mandada es lo que configura un verdadero responde, pueden
ser tanto de orden sustancial como de orden formal [Cám.
Apel. Civ. y Com. Bell Ville, en autos “Carbonetti, Domingo A.
c/ Tribunal de Disciplina del Colegio de Abogados s/ amparo”,
Sent. Nº 67, del 27-05-1993. Fuente: SAIJ, sumario Nº
R0009663].
PRÁCTICA DEL AMPARO 221
II. Quien afirma que un determinado acto lesiona derechos
constitucionales y promueve en consecuencia acción de ampa-
ro, asume la carga de probar de modo concluyente que aquél
es sustancialmente arbitrario en los términos mencionados.
Cuando la resolución implicada exhibe respaldo legal y en el
pleito no queda desmentida la realidad fáctica que en ella se
afirma como sustento de lo ordenado, corresponde concluir
que la decisión consagrada importa un acto de razonable res-
tricción, que no es ilegítimo, ni ilegal, ni arbitrario y no justi-
fica, por lo tanto, la vía sumaria del amparo [Cám. Civ. Com.
Villa Dolores, en autos “Ramallo de Zárate, Silvia Ofelia c/ Di-
rección de Vialidad de la Provincia de Córdoba - amparo (y acu-
mulados)”, Sent. Nº 1, del 21-02-2000. Fuente: Foro de
Córdoba, Nº 65, p. 174].
III. El hecho de que la parte actora haya presentado el escrito
acusando la perención del recurso de apelación ante el juez de
primera instancia no compromete la admisibilidad formal de
la pretensión incidental, en virtud de las siguientes razones.
Primero, porque apenas presentado el escrito los obrados
fueron elevados al tribunal de alzada con competencia para
entender en la apelación, donde se admitió, tramitó y decidió
el incidente de perención. Segundo, porque de todas maneras
el planteamiento del incidente ante el juez de primer grado
estaba justificado y se explicaba en razón de que el expediente
estaba todavía radicado en primera instancia pues el recurso
de apelación de cuya perención se trata acababa de ser conce-
dido, por lo que aún no había sido elevado a la Cámara. Y
tercero, porque en definitiva ningún principio o norma de ley
fue quebrantado, ni se menoscabó la garantía de defensa en jui-
cio de la apelante [TSJ, Sala Civ. y Com., en autos “Rodríguez,
Luis Cecilio y otros c/ Gobierno de la Provincia de Córdoba y otra
- amparo - recurso de casación”, A.I. Nº 83, del 05-04-2000.
Fuente: Foro de Córdoba, Nº 61, ps. 162-163].
IV. El instituto procesal de la perención de instancia es apli-
cable en el juicio de amparo, pese a las particularidades que
esta clase de procesos revisten frente a los procesos comunes.
Ello es así porque el art. 17 de la ley 4915 dispone que en el
juicio de amparo son de aplicación supletoria “las disposicio-
nes del Código de Procedimiento Penal, Código de Procedi-
222 LUIS R. CARRANZA TORRES
miento Civil y de la ley 4163 (hoy 7987) según corresponda en
razón del fuero ante quien se haya promovido la acción”. Tra-
mitándose el amparo en el fuero civil y comercial, rige la regla
que sujeta el impulso del proceso a la instancia de parte, cuya
contrapartida necesaria es la caducidad de instancia, frente
al incumplimiento de esa carga procesal. No obsta a esa con-
clusión lo dispuesto en el art. 16 de la ley 4915, en cuanto dis-
pone que en el amparo no podrán articularse incidentes. Esa
regla procura evitar dilaciones en el desarrollo del juicio, pero
no impide la operatividad de uno de los modos anormales de
conclusión del litigio, como lo es la caducidad de instancia
(arts. 339 a 348, CPC). Esto debe considerarse tanto en la
primera instancia del juicio, como en la segunda instancia
habilitada por un recurso de apelación interpuesto por el ac-
cionado contra la sentencia estimatoria del primer juez [TSJ,
Sala Civ. y Com., en autos “Rodríguez, Luis Cecilio y otros c/
Gobierno de la Provincia de Córdoba y otra - amparo - recurso
de casación”, A.I. Nº 83, del 05-04-2000. Fuente: Foro de Cór-
doba, Nº 61, p. 163].
V. Es preciso destacar que la proscripción de incidentes en el
juicio de amparo se justificase por la naturaleza sumaria del
procedimiento y por la necesidad de asegurar una rápida
tutela de los derechos constitucionales vulnerados. Vale de-
cir que atiende fundamentalmente al interés del amparista,
cuya pretensión se procura satisfacer en forma expedita y efi-
caz. De aquí que la prohibición del art. 16, ley 4915, no resul-
ta aplicable cuando es el mismo amparista quien articula el
incidente en el curso del juicio, renunciando de tal modo a la
celeridad que la sumariedad del trámite implica con miras a
obtener una ventaja de otra índole en su posición procesal.
Además las normas procesales de la caducidad de instancia,
aplicadas al recurso de apelación que pende sobre la sentencia
estimatoria dictada por el juez de primer grado, propenden a
agilizar y acelerar el trámite del recurso, y con ello tienden al
agotamiento de la acción de amparo promovida, de tal mane-
ra que resultan compatibles con la destacada naturaleza suma-
ria de esta clase de procesos judiciales [TSJ, Sala Civ. y Com.,
en autos “Rodríguez, Luis Cecilio y otros c/ Gobierno de la Pro-
vincia de Córdoba y otra - amparo - recurso de casación”, A.I. Nº
83, del 05-04-2000. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 61, ps. 163-164].
PRÁCTICA DEL AMPARO 223
VI. La segunda instancia de una acción de amparo debe repu-
tarse susceptible de perimir en los términos de la ley procesal,
y por lógica consecuencia debe entenderse que el amparista
está habilitado para plantear el incidente destinado a hacer
efectiva esa institución procesal. La segunda instancia comien-
za y es por consiguiente susceptible de perimir, en el momento
en que se dicta el decreto que concede el recurso de apelación,
siendo indiferente la notificación de ese decreto y la elevación
del expediente al tribunal de alzada. De manera que la inacti-
vidad procesal en que incurran los interesados a partir de ese
instante y durante el plazo de seis meses que prevé el inc. 2 del
art. 339 será siempre idónea para causar la caducidad del recurso
que pende sobre la sentencia del primer juez [TSJ, Sala Civ. y
Com., en autos “Rodríguez, Luis Cecilio y otros c/ Gobierno de la
Provincia de Córdoba y otra - amparo - recurso de casación”, A.I.
Nº 83, del 05-04-2000. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 61, p. 164].
VII. La circunstancia de que la ley imponga al órgano jurisdic-
cional o a sus dependientes el deber de ejecutar determinados
actos de procedimiento, no libera al litigante interesado de la
carga de instar por su lado el cumplimiento de esas actuacio-
nes, so pena de que su pasividad durante el plazo legal conlle-
ve la caducidad de la instancia pendiente. Temperamento que
incluso se ha aplicado concretamente cuando la diligencia que
sigue en la secuela del procedimiento es la elevación del expe-
diente al tribunal de alzada como consecuencia de la concesión
de un recurso de apelación. Tal como la pendencia de una
resolución que no es sentencia definitiva o incidental no sus-
pende el plazo de caducidad pese a que se trata de un acto que
el tribunal debe practicar sin nueva instancia del interesado;
del mismo modo, la morosidad del actuario en elevar el expe-
diente al superior no legitima la pasividad del recurrente ni,
por lo tanto, obsta a la caducidad de instancia [TSJ, Sala Civ.
y Com., en autos “Rodríguez, Luis Cecilio y otros c/ Gobierno de
la Provincia de Córdoba y otra - amparo - recurso de casación”,
A.I. Nº 83, del 05-04-2000. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 61, ps.
164-165].
VIII. La constitución de nuevo domicilio ad litem por parte de
la co-demandada en el juicio, como el proveído de avocamiento
dictado por el nuevo titular del juzgado, no fueron actos inte-
224 LUIS R. CARRANZA TORRES
rruptivos del plazo de perención. La notificación de la conce-
sión del recurso y la elevación del expediente a la Cámara de
Apelaciones, que son las actuaciones que seguían en la secue-
la del procedimiento, son actos ajenos a la actuación del juez
(arts. 146 y 369, primer párrafo), de modo que el avocamien-
to era inútil para conseguir la radicación de los autos ante el
tribunal de alzada [TSJ, Sala Civ. y Com., en autos “Rodríguez,
Luis Cecilio y otros c/ Gobierno de la Provincia de Córdoba y otra
- amparo - recurso de casación”, A.I. Nº 83, del 05-04-2000.
Fuente: Foro de Córdoba, Nº 61, p. 165].
IX. No debe confundirse el juicio de admisibilidad de la ac-
ción de amparo con el de la procedencia sustancial, porque
el rechazo in limine corresponde frente a una evidente impro-
ponibilidad objetiva o subjetiva de la pretensión y no cuan-
do aparecen cumplidos, en principio, los presupuestos
fácticos y jurídicos exigidos por el ordenamiento normativo
[Del voto en disidencia del Dr. Flores, Cám. 1a Civ. Com. Cór-
doba, en autos “Asociación Bancaria Seccional Córdoba c/ Ban-
co Provincia de Córdoba y otro - amparo”, A.I. Nº 106, del
22-04-1998. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 58, Síntesis de Ju-
risprudencia, p. 227].
X. Es deber del órgano jurisdiccional, frente a cualquier su-
puesto de amparo, hacer un balance de los méritos del caso y
de sus consecuencias para decidir si ellos autorizan o no, en
la emergencia, la protección jurisdiccional directa y sumaria
que aquel remedio significa. Tal balance es ineludible a la hora
de juzgar sobre la mera admisión de la acción. Dejar “en comi-
sión” implica el quiebre de la estabilidad, facultando al emplea-
dor para mutar y alterar la relación laboral, cuestión que, ante
la mera posibilidad de que se pueda ver afectada la garantía
constitucional de los trabajadores, merece un examen sustan-
cial [Del voto en disidencia del Dr. Flores, Cám. 1a Civ. Com.
Córdoba, en autos “Asociación Bancaria Seccional Córdoba c/
Banco Provincia de Córdoba y otro - amparo”, A.I. Nº 106, del
22-04-1998. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 58, Síntesis de Juris-
prudencia, p. 227].
XI. En la ley 4915, el art. 16 establece que “no podrán articu-
larse cuestiones de competencia, excepciones previas ni inci-
PRÁCTICA DEL AMPARO 225
dentes”. La Corte Suprema de justicia, en relación a una nor-
ma similar contenida en la ley 16.986, ha sostenido a partir del
precedente “Fernández Bedoya, Juan y otros s/ acción de
amparo” (08-05-1968, Fallos 270:346) que la declaración de
incompetencia puede ser efectuada oficiosamente por el tribu-
nal pero se encuentra vedada la articulación por las partes en
virtud de una regla expresa la cual “tiende a impedir el plan-
teamiento de defensas o excepciones previas, que obstaculicen
la celeridad del trámite que debe imprimirse a estas causas”.
En el ordenamiento supletorio, que es el que rige en defecto de
reglamentación específica en la ley 4915, esto es el Código Pro-
cesal Penal, la falta de competencia ha sido reglada como una
excepción de previo y especial pronunciamiento (art. 17, inc.
1). De tal modo, la posibilidad jurídica de introducir la cues-
tión se circunscribe a las vías recursivas como vicio anulatorio
de la sentencia dictada (art. 185, inc. 1, CPP) [TSJ, Sala Penal,
en autos “Acción de amparo interpuesta por Simeone, Javier c/
Municipalidad de Las Perdices y/o OIBCA - recurso de casa-
ción”, Sent. Nº 55, del 13-08-1998. Fuente: Repertorio Foro de
Córdoba, Año 1998, p. 28].
XII. La exigencia ritual, común a toda demanda, de indicar los
hechos y el derecho (art. 175, inc. 4, CPCC) adquiere singular
significación tratándose de un proceso de amparo, pues su
observancia responde a los consabidos postulados teleológi-
cos de garantizar el derecho de defensa y la ulterior realización
del principio de congruencia (arts. 328 y 330, CPCC) y, además,
al cumplimiento de tener que afirmar cuál es el derecho fun-
damental comprometido. Es carga del amparista señalar
precisamente el derecho que denuncia lesionado, cometido
que no se satisface con la mera individualización del precep-
to o norma (art. 6º, inc. c, ley 4915), lo que se compadece ade-
más con el carácter excepcional y sumario y la dinámica
garantizadora del proceso de amparo. Resulta inviable que
dicho recaudo pueda ser introducido in itinere litis, pues la
acción de amparo presupone la existencia de un derecho o
garantía incontrovertido, cierto, lo que a su vez supone, su
previa y precisa afirmación en el escrito inicial de la causa
[Cám. Civ. Com. Cont. Adm. Villa Dolores, en autos “Acción de
amparo presentada por el presidente de la Fundación Cóndor
Sr. Carlos Obdulio Fabián Ramallo c/ Dirección Provincial de
226 LUIS R. CARRANZA TORRES
Vialidad”, Sent. Nº 2, del 21-02-2000. Fuente: Foro de Córdo-
ba, Nº 68, Síntesis de Jurisprudencia, ps. 251-252].
XIII. La doctrina y la jurisprudencia relativizan el principio
de que la cita de la norma constitucional que corresponda sea
“exigencia mínima de todo amparo”, ya que en virtud del iura
novit curia la omisión del recaudo o la errónea invocación de
la cláusula pertinente no autoriza por sí sola a desestimar la
acción instaurada postulan sin ambages que si no surge con
claridad el derecho que se pretende lesionado tampoco resulta
la ilegalidad manifiesta del acto, situación que provoca la
inadmisibilidad del amparo. Según lo entendido por el más
alto tribunal de la Nación, los principios generales del dere-
cho no deben considerarse excluidos por la circunstancia de
que el amparo constituya una vía excepcional, sino que por
el contrario es preciso que sean respetados especialmente. La
sentencia viola el principio de congruencia, pues admite el
amparo con relación a un derecho que no sólo no ha sido
indicado, sino que tampoco es posible individualizar o
visualizar en la demanda [Cám. Civ. Com. Cont. Adm. Villa
Dolores, en autos “Acción de amparo presentada por el presiden-
te de la Fundación Cóndor Sr. Carlos Obdulio Fabián Ramallo
c/ Dirección Provincial de Vialidad”, Sent. Nº 2, del 21-02-2000.
Fuente: Foro de Córdoba, Nº 68, Síntesis de Jurisprudencia,
p. 252].
XIV. El juez puede y debe analizar por sí la concurrencia de los
presupuestos procesales, es decir, de los requisitos de
procedibilidad de la pretensión (admisibilidad extrínseca), en
cuanto a los sujetos (competencia del juez, legitimación ad
processum de las partes), al objeto si fuere inidóneo (objeto in-
mediato) con relación al tipo de proceso en que la pretensión
se dedujo y a la causa. Concordantemente, se faculta al juez
a declarar su incompetencia ab initio, si ésta surgiera mani-
fiesta, ya que lo contrario conduciría a admitir que la compe-
tencia, que importa una distribución de la actividad
jurisdiccional entre los distintos jueces con arreglo a determi-
nados criterios y, por lo tanto, una cuestión de orden público,
se encontraría en todos los casos sujeta a la disponibilidad de
las partes, principio que resulta inaceptable. Determinar si
existe o no, un conflicto municipal, implica conocer sobre el
PRÁCTICA DEL AMPARO 227
fondo de la cuestión, lo que cae dentro de la órbita de compe-
tencia del órgano llamado por la ley para decidir (TSJ) y de allí
la improcedencia para dirigirse a un órgano judicial distinto,
pretendiendo sortearse la vía legal idónea o apta mediante la
utilización del proceso de amparo [Cám. Civ. Com. Trab. Bell
Ville, en autos “López Ballesteros, Horacio Luis c/ Municipa-
lidad de Bell Ville - amparo”, A.I. Nº 77, del 10-09-1997. Fuen-
te: Repertorio Foro de Córdoba, Año 1998, p. 24].
XV. El amparo no puede constituir el medio más idóneo, aun-
que sea el procedimiento más rápido, si el caso se caracteriza
por la complejidad probatoria o fáctica [Cám. 5ª Civ. Com.
Córdoba, en autos “Aita Tagle, Eduardo y otra c/ Municipalidad
de Villa del Totoral - amparo”, Sent. Nº 92, del 13-08-2001.
Fuente: Foro de Córdoba, Nº 76, Síntesis de Jurisprudencia,
ps. 258 y 259].
GRÁFICO IV
PROCEDIMIENTO DEL AMPARO
LN 16.986 y LP 4915 (mod. ley 5770)
Demanda
Prueba Referencias
——— Procedimiento ordinario
— — Actos eventuales
Nac.: Procedimiento ley 16.986
Prov.: Procedimiento ley 4915,
SÍ Rechazo mod. ley 5770
Manifiestamente
inadmisible in limine
(48 hs.)
↓
Apelación
NO
Requerimiento
informe
circunstanciado
(Prov.: 3 días) (Nac.: plazo prudencial)
Contesta NO
↑
informe
SÍ
Informe ↓
Prueba
Prueba Prueba
de las
SÍ
← SÍ
del
↑
partes actor
↓
Producción de
NO pruebas NO
(Prov.: 3 días) (Nac.: 48 hs.) ↓ ↓ (3 días) (Prov.: 3 días) (Nac.: 48 hs.)
De oficio Fijación de
audiencia ↓
DEL DEL
DEMANDADO Inasistencia ACTOR Desistimiento
con costas
↑
de las partes
Pérdida de la (archivo)
↓ prueba ↓
↓ NO
↓ ↓
Audiencia
(3 días)
←
↑
↓
Sentencia
(48 hs.)
↓
Apelación
GRÁFICO V
REQUISITOS DE LA DEMANDA DE AMPARO
DEMANDA
↓ ↓
Requisitos Requisitos
generales específicos:
art. 6º, ley de amparo
↓
↓
- Por escrito
- Firma del letrado - Nombre, apellido, domicilio real y
domicilio constituido del
accionante.
- Individualización del autor del
acto u omisión (lo más precisa
posible).
- Relación circunstanciada de los
extremos ocurridos o que estén por
ocurrir, y que causan gravamen
constitucional.
- La petición, expresada en forma
clara y precisa.
6. SENTENCIA, RECURSOS Y COSTAS
6.1. SENTENCIA
La sentencia del proceso en el que se interpuso el amparo, en
el caso de hacer lugar a éste, deberá contener, además de los re-
quisitos formales propios de tal instrumento de expresión juris-
diccional, los siguientes específicos del amparo (art. 12, leyes
nacional 16.986 y provincial 4915): a) mención concreta de la au-
toridad contra cuya resolución, acto u omisión se concede el
amparo (respecto de la individualización, véase lo expresado
en los puntos 3.8 y 5.1); b) determinación precisa de la conduc-
ta a cumplir, con las necesarias especificaciones para su debi-
da ejecución, es decir, todas aquellas instrucciones, límites o
similares que el juzgador dictará a fin de asegurar la realización
del acto ordenado de acuerdo con la intención y voluntad que el
tribunal expresa en la sentencia. “Si la violación de un derecho
constitucional no ha pasado de una amenaza, bastará ordenar el
cese de tal conducta, pero si ya se ha producido el daño, habrán
de restituirse las cosas a su estado anterior. Para el caso de omi-
siones, se ordenará cumplir la conducta. El resarcimiento de da-
ños y perjuicios que pudo producir la actividad u omisión estatal,
o los delitos que pudieron producirse por tal conducta, deberán ser
entablados por otras vías, por ser cuestiones ajenas al objeto del
amparo”178, y c) fijación de un plazo para el cumplimiento de lo
resuelto, que deberá ser de la mayor brevedad posible, atento
178
Salgado, Alí Joaquín, op. cit., p. 101.
232 LUIS R. CARRANZA TORRES
al carácter de urgencia que caracteriza al amparo. De nada val-
dría la celeridad del procedimiento si en la sentencia se impu-
siera un plazo de amplitud irrazonable.
En el dictado de la sentencia de amparo se consideran pri-
meramente los presupuestos procesales, si no existen obstácu-
los a la constitución del proceso o acerca de las condiciones de
viabilidad de la acción. Ello en cuanto al aspecto formal del
proceso. En una segunda etapa comprenderá los aspectos
fácticos y jurídicos desarrollados en el curso del trámite (objeto,
hechos, derecho, cuestiones esenciales, prueba). En tal forma
el juez se halla en condiciones de resolver conforme a derecho
el amparo.179
Tal sentencia reviste los caracteres de ser “una verdadera
sentencia de condena, ya que impone a un sujeto determinado
una conducta a cumplir y un plazo para el cumplimiento”180.
El decisorio de condena no podrá exceder el marco del art. 1º
de la ley de amparo, pudiendo ordenar a la autoridad (o par-
ticular, en el caso del amparo provincial) demandada que: a)
no adopte medidas lesivas para el derecho respecto del cual
se otorga amparo; b) suspenda los efectos de un acto en ejecu-
ción, y c) restablezca las cosas al estado anterior al acto que se
declara arbitrario o ilegítimo.181
La sentencia deberá ser dictada, si sólo se ha acompañado
prueba instrumental, a las cuarenta y ocho horas de produci-
do el informe, o vencido el plazo para hacerlo. Si se hubiera rea-
lizado audiencia, será de tres días a partir de la conclusión de
la misma.
En la norma provincial (art. 11, ley provincial 4915, modi-
ficada por ley 5770), el plazo para dictar la sentencia es siem-
pre de tres días.
El incumplimiento de los plazos antes referidos no tiene
sanción, y alguna jurisprudencia182 ha rechazado planteamien-
179
Díaz Solimine, Omar Luis, op. cit., ps. 353/356.
180
Salgado, Alí Joaquín, op. cit., p. 100.
181
Díaz Solimine, Omar Luis, op. cit., p. 358.
182
Cám. Nac. Fed. Cont. Adm., Sala I, 09-10-1979.
PRÁCTICA DEL AMPARO 233
tos de nulidad basados en tal hecho. Si bien el demandado no
podrá accionar sobre tal base fáctica por nulidad, entendemos
que la demora excesiva o injustificada por parte del juez fren-
te a tan importante acción de protección de derechos constitu-
cionales, es causal para la imputación de mal desempeño en
ejercicio de sus funciones (art. 53, CN; art. 159, CCba.).
¿Cuál es el alcance de la sentencia en un amparo de derecho
de incidencia colectiva?, se pregunta Rossi183. La Constitución
Nacional no resuelve el punto. Doctrinalmente encontramos
dos posturas: autores como Quiroga Lavié, Morello y Vallefín
se pronuncian por el efecto erga omnes de la sentencia. El pri-
mero, por ejemplo, destaca la irrazonabilidad de que puedan
plantearse innumerables procesos idénticos y el alto costo que
ello supone para el país.
Salgado y Verdaguer sostienen que más allá de lo positivo
de esta solución, en la actualidad no existe un texto normati-
vo que la respalde. Una de las soluciones que estos últimos
autores plantea para otorgar efecto erga omnes a la sentencia
en el amparo colectivo, es la de dar citación al Defensor del
Pueblo de la Nación, en los términos del art. 94 del CPCCN, o
que éste intervenga por el art. 90, inc. 2.
En esos casos, dado que la legitimación procesal del Defen-
sor ha sido instituida para la defensa de toda la comunidad, el
efecto de la sentencia podrá extendérsele al cuerpo social.
6.2. RECURSOS DE APELACIÓN Y QUEJA
Atento a la celeridad característica del proceso, la vía re-
cursiva está expresamente limitada, disponiendo la ley en
forma taxativa las resoluciones que son susceptibles del recur-
so de apelación: a) la sentencia definitiva; b) la que dispone el
rechazo in limine del amparo (art. 3º, ley nacional 16.986 y ley
provincial 4915), y c) la que disponga medidas de no innovar o
183
“El Defensor del Pueblo y el amparo colectivo en defensa de los usuarios y
consumidores”, op. cit.
234 LUIS R. CARRANZA TORRES
suspenda los efectos del acto. Fuera de ellas, todo otra decisión
dentro del proceso revestirá carácter de inapelable.
Respecto de la vía de la nulidad, la estimamos implícita en
la de apelación, no obstante el silencio que la ley guarda sobre
tal cuestión.
Como los errores que dan lugar al pedido de nulidad deben
ser sustanciados por vía incidental durante el curso del proce-
so (arts. 179/187, CPCCN) y ello resulta inadmisible a tenor del
art. 16 de la ley de amparo, la única posibilidad restante es la
de agraviarse por vía de apelación184. Ello, claro está, si la de-
ficiencia no ha sido resuelta ya en la sentencia.
Además, tanto el art. 253 del Código Procesal de la Nación
como el art. 362 del código de rito de Córdoba entienden a la nu-
lidad comprendida dentro del recurso de apelación.
El plazo para interponer la apelación es de cuarenta y ocho
horas, computables a partir de la hora en que se realizó el acto
de notificación, siéndole de aplicación las normas referentes
a los plazos por horas, salvo que en la diligencia se hubiera omi-
tido tal dato, en cuyo caso el término será computable desde la
medianoche del día en que la parte recibió la notificación del
acto susceptible de ser recurrido (art. 24, CC)185. La remisión
a la ley procesal, con carácter supletorio (art. 17, leyes nacio-
nal y provincial) en cuanto al cómputo de los términos, hace que
se dejen de lado en el cálculo los días inhábiles.
La apelación debe fundarse conjuntamente con la interpo-
sición del recurso. La omisión de la misma, atento a la carga le-
gal que supone, equivale al desistimiento del recurso. Sagüés
pone de manifiesto186 que la inexistencia de un traslado al ape-
lado, debiendo ser el recurso fundado, implica situar al mismo
en desventaja, por lo que auspicia en este punto un traslado
breve.187
184
Gozaíni, Osvaldo Alfredo, El derecho de amparo. Los nuevos derechos y garan-
tías del art. 43 de la Constitución Nacional, p. 112.
185
Salgado, siguiendo jurisprudencia de la Cám. Nac. Civ., Sala D.
186
“Reflexiones críticas sobre la ley nacional de amparo”, EDLA, 1982.
187
En igual sentido, Salgado, Alí Joaquín, op. cit., p. 107.
PRÁCTICA DEL AMPARO 235
“El recurso se concederá con efecto suspensivo, o con ambos
efectos, como dice la norma, es decir, hasta que recaiga la reso-
lución en el tribunal de alzada, la sentencia estimatoria no po-
drá ejecutarse. Si bien se ha propugnado que la concesión del
recurso debería haberse legislado con efecto no suspensivo o al
solo efecto devolutivo, dada la urgente preservación del derecho
lesionado, cabe señalar que esa incongruencia aparece aún más
manifiesta en el caso de las medidas cautelares […]”188.
Lo delicado de las cuestiones que se deciden en el amparo
y su posibilidad de entorpecer la actividad estatal, han lleva-
do al legislador a supeditar su ejecución a la conformidad de la
parte obligada por ella (al no presentar el recurso) o a la deci-
sión adicional de un tribunal de alzada. En tal forma, de arti-
cularse recurso deberá expedirse una segunda instancia
judicial en modo concordante con la primera instancia, para que
lo resuelto pueda ejecutarse.
La norma ha sido particularmente criticada en cuanto dis-
pone que la concesión de los recursos interpuestos contra las
medidas de no innovar o de suspensión del acto impugnado
debe realizarse con efecto suspensivo, desde que contraviene
la teoría imperante sobre estas medidas, cuyas apelaciones se
otorgan, por lo común, con efecto devolutivo, a fin de no causar
perjuicios irreparables.189 Respecto de la apelabilidad de las
cautelares, véase supra punto 4.6.
Es de destacar, a este respecto, que una parte de la juris-
prudencia ha entendido de modo restrictivo lo establecido en
el art. 15, dejando fuera de la aplicación del mismo a las medi-
das cautelares, a fin de conceder su apelación únicamente con
efecto devolutivo (al respecto, remitimos al punto 4.6).
También la concesión del recurso deberá darse en relación;
si bien la ley no lo aclara en forma expresa, ello surge de los
principios análogos de la ley ritual, a los que debemos remitir-
nos por imperativo de lo prescripto en el art. 17.
188
Salgado, Alí Joaquín, op. cit., p. 106.
189
Vallefín, Carlos A., “El recurso de apelación en la acción de amparo y la cues-
tión de la validez constitucional de los efectos con que se concede”, op. cit., p. 53.
236 LUIS R. CARRANZA TORRES
La principal consecuencia respecto de tal naturaleza en la
apelación es que demarca un campo cognoscitivo estricto al ad
quem, restringido a las constancias del expediente hasta el mo-
mento de su elevación, imponiéndole a la alzada fallar sobre
la base de las actuaciones producidas en primera instancia.
Como correlato de ello, cuando el recurso ha sido concedido en
relación, a más de ser fundado ante la instancia inferior, no pro-
cede recibir nuevos elementos de juicio y, por categórica pres-
cripción legal, no se admite la alegación de hechos nuevos, de
conformidad con lo establecido por el art. 275 del Código Pro-
cesal Civil y Comercial de la Nación.
Otra consecuencia del carácter en relación de la apelación
es la imposibilidad de replantear ante la alzada la prueba que
le hubiese sido denegada en la primera instancia.190
El juez a quo tiene el plazo de cuarenta y ocho horas, a par-
tir de recibir el recurso, para decidir sobre el mismo, ya sea pro-
nunciándose por su concesión, en cuyo caso deberá remitir los
autos a la instancia de alzada dentro de las veinticuatro horas
de tal decisión, o denegándolo, en cuyo caso el recurrente cuen-
ta con la vía directa a la instancia superior, la que deberá ser
articulada dentro de las veinticuatro horas de notificada la
denegatoria.
Resulta aplicable a la queja la normativa procesal pertinen-
te, si bien su merituación deberá tener cierta flexibilidad,
habida cuenta de lo exiguo del plazo.
La alzada tendrá tres días para el dictado de la sentencia
definitiva sobre la resolución recurrida.
En cuanto a los plazos recursivos, en opinión de Obal191 la
ley de amparo contiene dos clases de plazos o términos: el es-
tablecido en el art. 2º, inc. e, por una parte, y todos los otros —
especialmente los del art. 15— que se refieren a los recursos de
apelación de la sentencia y de queja o directo por apelación de-
negada. El primero, es decir el del art. 2º, inc. e, es un plazo legal
190
Díaz Solimine, Omar Luis, op. cit., ps. 419 y 420.
191
“Los plazos para apelar en la acción de amparo. Ley 16.986”, LL, 1983-C-829
y 831.
PRÁCTICA DEL AMPARO 237
y además sustancial, por estar directamente vinculado al ejer-
cicio constitucional de la defensa en juicio. Todos los otros son
igualmente legales, pero son además de carácter procesal. El
plazo para interponer la acción se cuenta en días hábiles. Los
plazos procesales, en cambio, han suscitado criterios dispares
en la doctrina y en la jurisprudencia cuando se trata de térmi-
nos fijados en horas. No ha sido así, desde el dictado de la ley,
para los términos establecidos en días, ya que siempre se ad-
mitió que éstos corrían sólo para los hábiles, salvo habilitación
expresa de los inhábiles.
Es criterio doctrinario y jurisprudencial afianzado larga-
mente, que los plazos a computarse por horas en el art. 15 de la
ley 16.986 corren fatalmente y perentoriamente “hora a hora”,
contándose horas hábiles e inhábiles corridamente y sin plazo
de gracia alguno. Ese criterio, que ha respetado ponderada-
mente el principio de celeridad en el trámite, puede lesionar
otro principio tan importante como es el de la seguridad en el
procedimiento, no suficientemente tenido en cuenta en tal pos-
tura.
Tanto la ley nacional 16.986 como la provincial 4915, han es-
tablecido términos en horas, pero sin distinguir ni aclarar la ha-
bilitación de las horas inhábiles. Disponen, igualmente, en su
art. 17, que son supletorias de sus normas las disposiciones
procesales en vigor. Por su parte, el art. 152 de la ley procesal
nacional, así como los arts. 142 y 157 del Código Procesal Civil
y Comercial de Córdoba declaran la nulidad de las diligencias
que no se practiquen en días y horas hábiles.
En cuanto al cómputo de los plazos en horas que establece
la norma, ni en la ley de amparo (nacional 16.986; provincial
4915) ni en los ordenamientos procesales a los que remite en
su art. 17 se hallan reglas al respecto. A nuestro modesto en-
tender, tal omisión nos remite hacia las fuentes del derecho
común. La cuestión debe ser resuelta, de acuerdo con las nor-
mas del Código Civil, respecto de los términos de tiempo, o de
acuerdo con el espíritu de la ley y los principios generales del
derecho, si éstas no contemplan la situación de modo expreso
(art. 16, CC).
238 LUIS R. CARRANZA TORRES
El art. 24 del Código Civil deja sentada tres formas de cóm-
puto: a) por día; b) por horas; c) de momento a momento. Exis-
ten otras, además (por meses, por años). Pero para lo que nos
ocupa en el presente es de destacar que marca una clara dife-
rencia y distingue perfectamente con tal enumeración, los pla-
zos por horas de los que se realizan de momento a momento y
de los de días.
En el orden procesal provincial (también ante la orfandad
de normas en el federal) encontramos una valiosa ayuda a tal
tarea, en la prescripción del Código de Procedimientos Civil y
Comercial de la provincia de Santa Fe, contenida en su art. 71
in fine que dispone al respecto que “los términos de horas se
cuentan desde la siguiente a la notificación, y correrán aun en
días inhábiles”.
Así como para los plazos contados bajo la unidad de medida
de días, no se tiene en cuenta la hora de la notificación, sino
que principia a computarse desde el fenecimiento del día en
que se realizó, igual temperamento debe adoptarse respecto
a los plazos bajo la unidad de medida en horas, sin conside-
rar, en consecuencia, el tiempo en minutos dentro de la hora
en que se realizó la notificación. Tal como acertadamente lo
prescribe el código de rito santafesino y el proyecto de códi-
go civil y comercial unificado, actualmente en trámite en el
Congreso.
El cómputo por horas, en consecuencia, debe realizarse de
hora en hora, a partir del final de aquella en que se realizó la no-
tificación, tal como surge del art. 24 del CC. Esto se debe a que
en nuestro sistema jurídico, los plazos tienen análogas reglas
de cómputo, y su diferencia fundamental no es la distinta for-
ma de contar el intervalo temporal, sino la diferente unidad de
medida con la que se realiza tal operación.
Entender que el cómputo por horas debe realizarse de ma-
nera continua —como se ha realizado en el amparo a nivel na-
cional—, tomando también en cuenta los minutos, importa un
error, ya que de ese modo se mide el tiempo de momento a mo-
mento y no por horas, como marca la ley. También, la de trans-
formar en días los plazos de horas, como también se ha hecho
PRÁCTICA DEL AMPARO 239
a nivel provincial. Es claro que, tal como lo expusimos, las mis-
mas resultan dos categorías de cómputo distintas de la por
horas, en razón de la propia enumeración del art. 24 del CC, al
que debe recurrirse obligadamente, por no haber legislación
procesal específica sobre el punto.
De no mediar habilitación de horas, el cómputo se realiza-
rá observando al respecto las horas hábiles para realizar actos
judiciales. Pero ello lleva al cómputo por horas, a extenderse
más allá de la cantidad equivalente una vez hecha la conversión
a días, lo cual tampoco resulta lógico.
La posición mayoritaria de la jurisprudencia, apoyándose
principalmente en Sagüés, es conteste en negar el plazo de
gracia de los dos primeras horas del día siguiente al del plazo.
Alguna jurisprudencia ha entendido que si la notificación se ha
practicado fuera del horario de tribunales, o en días inhábiles
o feriados, resulta de aplicación a tales casos el plazo de gracia
que legisla el art. 124 del Código Procesal Civil y Comercial de
la Nación.
Por nuestra parte, entendemos que el plazo del art. 124 de
la normativa nacional, así como el del art. 53 del Código Proce-
sal de Córdoba, en su estricta redacción, son aplicables al cóm-
puto general de los plazos, y por tanto resultan procedentes
también respecto de los por horas del amparo.192
No dejamos de tener claro que toda esta tarea de retrotraer-
nos, principalmente a las normas del derecho común de alcance
general, y elaborar tales razonamientos, que como los demás
que se han ensayado para tratar de encuadrar jurídicamente
la cuestión de los plazos por horas, no descansa sobre las bases
más firmes ni claras; ello en razón de tener su raíz común en la
omisión del tratamiento del tema, tanto por parte de la ley
procesal común como en la de amparo general, que en aras de
procurar la celeridad en el trámite de la acción instituyen este
tipo de cómputo por horas, apartándose de los plazos de días,
sin regular acabadamente sus particularidades. Laguna que los
ordenamientos procesales no han remediado en lo absoluto,
192
En contra Sagüés, Néstor P., Derecho procesal constitucional, t. 3, p. 498.
240 LUIS R. CARRANZA TORRES
por lo que cualquiera sea la solución que se intente dar al pun-
to, estará siempre sujeta a debate. Queda por ello, la cuestión,
en el haber de la actual ley, y a cuenta para una futura reforma.
Transformar los plazos de horas en días o su cómputo de
momento a momento han sido soluciones dadas a la cuestión a
nivel provincial y nacional, respectivamente. A ninguna obsta
que se considerara el lapso de gracia previsto procesalmente
por la legislación supletoria, ni se contrapondría a la celeridad
del amparo. Tampoco obstaría que a nivel nacional se iniciara
el cómputo al comienzo de la hora posterior en que acaeció la
notificación, contribuyendo con ambas medidas a flexibilizar
lo exiguo del plazo, en beneficio del derecho a recurrir, y sin
desmedro de la naturaleza de la figura.
6.3. RECURSO EXTRAORDINARIO ANTE LA CORTE SUPREMA
La sentencia definitiva dictada sobre una cuestión de am-
paro, ya fuere admitiendo o desestimando la pretensión adu-
cida, habida cuenta del carácter de cosa juzgado formal de la
misma, en principio no resulta hábil a los efectos de acudir a la
vía extraordinaria prevista en el art. 14 de la ley nacional 48.
Sin embargo, como veremos seguidamente, la Corte Suprema
ha receptado diversos supuestos en que resulta procedente di-
cho recurso respecto de lo decidido en el proceso de amparo.
En este orden de cosas, la Corte Suprema ha entendido que
resulta procedente el recurso extraordinario en los casos de
amparo, cuando la resolución que lo rechaza causa un perjui-
cio de imposible o difícil reparabilidad ulterior. Tal es la regla
de valoración a la luz de la cual podrá transitarse la vía extraor-
dinaria, la que, en principio, habida cuenta del carácter de lo
decidido, le estaría vedada.
El fundamento de la equiparación a sentencia definitiva de
las resoluciones dictadas en los procesos de amparo, nos dice
Palacio de Caeiro, reside en la particular naturaleza de las
cuestiones allí debatidas, o en la posibilidad de que éstas sean
aptas para causar un agravio irreparable. La Corte Suprema ha
PRÁCTICA DEL AMPARO 241
expresado que “La sentencia que rechaza el amparo es asimi-
lable a definitiva cuando se demuestra que lo decidido causa un
agravio de imposible o muy dificultosa reparación posterior”.193
En tales supuestos, de agravio de imposible o difícil repa-
ración a posteriori, nuestra Corte Surpema ha encontrado
procedente habilitar la vía extrordinaria para entender res-
pecto de lo decidido en el mismo, equiparando la sentencia de
amparo a las definitivas (aquellas sentencias que dirimen la
controversia poniendo fin al pleito o haciendo imposible su con-
tinuación), que resultan propias del recurso extraordinario
federal.
Otro supuesto que permitiría acceder a tal vía, no obstan-
te no existir un perjuicio de muy difícil reparación, resulta ser
el de gravedad institucional. Esta creación pretoriana de la
Corte puede ser definida en términos muy generales como
comprensiva de aquellas cuestiones que exceden el mero inte-
rés de las partes presentes en el proceso, y afectan al de la co-
munidad toda, la cual resulta agraviada por lo decidido en el
mismo. La misma jurisprudencia de la Corte no es clara acer-
ca de las consecuencias de su configuración respecto de la vía
extraordinaria, pues “mientras la doctrina prevaleciente en las
diversas composiciones del tribunal [...] hacen jugar el estándar
de la gravedad institucional siempre que medie en la causa una
cuestión federal, algunos agrupamientos lo erigieron en causal
autónoma de acceso a la instancia de excepción”.194
Tratándose de supuestos configurativos de dicha gravedad
institucional las cuestiones relacionadas con la preservación
de derechos y garantías constitucionales, puede advertirse que
existe en la cuestión un fuerte punto de conexión con lo trata-
do en la materia del amparo, que de acuerdo a la entidad del
agravio y al grado de su incidencia social, autorizaría en el caso
“superar, sea la inexistencia o la irregularidad de ciertos requi-
193
Palacio de Caeiro, Silvia B., Recurso extraordinario federal, Córdoba, Alvero-
ni Ediciones, 1997, p. 127.
194
Palacio, Lino Enrique, El recurso extraordinario federal. Teoría y técnica, 2ª
ed. act., Buenos Aires, Abeledo-Perrot, 1997, p. 270.
242 LUIS R. CARRANZA TORRES
sitos particularmente formales del recurso extraordinario fede-
ral, o bien el carácter procesal del tema decidido por el tribunal
de la causa”.195
En cuanto a la acción de amparo fundada en la legislación
impositiva, el alto tribunal ha considerado que la resolución allí
recaída resulta equiparabe a sentencia definitiva, en forma
excepcional cuando “lo decidido es susceptible de incidir en la
percepción de la renta pública, lo que revela un factor de retar-
do y perturbación en el desarrollo de la política económica del
Estado, con menoscabo de los interes de la comunidad”.196
Con la salvedad de lo expreado supra respecto de la senten-
cia, a los efectos de la admisibilidad del recurso, serán consi-
derados todos los presupuestos típicos normados para la vía
extraordinaria, en especial que haya surgido de la cuestión del
amparo una cuestión federal suficiente, oportunamente intro-
ducida al proceso y mantenida en todas y cada una de sus eta-
pas. Respecto de tal cuestión, no llega a configurarse la misma,
haciendo inviable la interposición del recurso, si el motivo de
agravio versare sobre cuestiones de derecho local, de hecho, de
procedimiento o de derecho común.
Respecto de los amparos consagrados en los ordenamien-
tos locales, en los autos “Pasenti, Otelo A. c/ Municipalidad de
Tres de Febrero”, la Corte Suprema ha entendido que las cues-
tiones referentes a los requisitos y alcance del amparo en el or-
den provincial, es por principio ajena a su cuestionamiento ante
el alto tribunal por la vía del recurso extraordinario.197
Es de remarcar que el efecto suspensivo de la vía recursi-
va se extiende hasta la resolución acerca de la procedencia de
la vía extraordinaria intentada, quedando a salvo el derecho
del actor de iniciar la ejecución, caución mediante, si su preten-
195
Palacio, Lino Enrique, El recurso extraordinario federal. Teoría y técnica, p.
271.
196
En autos “Compañía de Perforaciones Río Colorado S.A. c/ DGI, Sent. C-
471-XXIV”; Palacio de Caeiro, Silvia B., Recurso extraordinario federal, p. 127.
197
Salgado, Alí Joaquín, op. cit., p. 108.
PRÁCTICA DEL AMPARO 243
sión hubiera sido acogida por la primera y segunda instancia
de manera uniforme.
Si el tribunal desestimara el recurso extraordinario fede-
ral, queda al recurrente una última opción: recurrir en queja o
recurso directo ante la Corte Suprema, a fin de que se le otor-
gue el recurso denegado.
A través de ella, el más alto tribunal de la Nación efectúa
una revisión del juicio de admisibilidad realizado al negarlo,
que de resultar favorable al quejoso importa el entrar a enten-
der en el recurso extraordinario denegado.
6.4. SITUACIÓN DEL DEPÓSITO PREVIO EN LAS QUEJAS POR AMPARO
En el particular de las quejas por rechazo del recurso ex-
traordinario, en relación a procesos de amparo, en virtud de la
remisión efectuada por el propio art. 286 del Código Procesal
de la Nación198, resulta aplicable la previsión del art. 13 de la
ley 23.898, que exime del pago de la tasa de justicia nacional a
las acciones de amparo que no fueran rechazadas (véase lo
expuesto supra en el punto 5.2).
De ello se sigue que frente al depósito previo surge inequí-
vocamente el deber de integrar el mismo cuando se acude en
virtud de un amparo que ha sido rechazado. No hay otra solu-
ción, desde que uno de los requisitos de apertura de la vía ex-
traordinaria es la definitividad de la sentencia, frente a la cual
debe pagarse la tasa, y consecuentemente realizarse también
el depósito para abrir la queja.
Se reafirma en la consideración de esta cuestión lo referen-
te a que la vía extraordinaria no integra propiamente el juicio.
Se da respecto de un determinado proceso, pero sin incluírse-
le. Ello es especialmente vivible en la queja por denegatoria del
recurso extraordinario, la cual se tramita independientemen-
te de los actos ulteriores del proceso por el que se acude. Por
198
“No efectuarán este depósito los que estén exentos de pagar sellado o tasa
judicial, conforme a las disposiciones de las leyes nacionales respectivas”.
244 LUIS R. CARRANZA TORRES
ello, debe ser autosuficiente y estar acompañada de todas las
piezas relevantes de tal litigio.
6.5. VÍA EXTRAORDINARIA PROVINCIAL
A fin de concentrar en un ámbito único de actuación los
recursos que se deducirán ante el Tribunal Superior, con mo-
tivo de las acciones de amparo provenientes de la aplicación de
la ley 4915, incluidas las de hábeas data por acuerdos regla-
mentarios 596 y 597, serie “A”, se resolvió asignar a la Sala
Electoral, de Competencia Originaria y Asuntos Instituciona-
les, su tramitación y resolución.
Sin embargo, por acuerdo reglamentario 612, Serie “A”, y en
razón de que tales recursos poseen una conexión directa con
normas constitucionales, se estimó adecuado someterlos a la
competencia del Tribunal Superior en pleno, sin perjuicio de
continuar su tramitación a través de la Secretaría y Relatoría
de la Sala Electoral, de Competencia Originaria y Asuntos
Institucionales. Ello, a los fines de posibilitar un mayor apor-
te reflexivo y protagónico para abordar y decidir cuestiones
que revisten gran trascendencia institucional.
En cuanto a los recursos en el orden provincial, contra sen-
tencias definitivas de los tribunales de cámara procede el re-
curso de casación ante el Tribunal Superior de Justicia de la
provincia.
“[…] El recurso de casación es el remedio instituido para uni-
formar la jurisprudencia dentro del ámbito territorial donde se
aplica un mismo derecho.
”Aun cuando dentro de un país [provincia para nuestro caso]
exista una legislación uniforme, por razón de las diversas juris-
dicciones territoriales en que el país [provincia] está dividido,
hay el peligro de que la teórica uniformidad legislativa resulte
de hecho fraccionada en tantas diversidades como distritos ju-
diciales puedan existir”.199
199
Garrone, José Alberto, op. cit., t. III, p. 252.
PRÁCTICA DEL AMPARO 245
Resulta procedente el recurso de casación en materia civil
cuando: a) se hubiera arribado a la decisión judicial del tribu-
nal de segunda instancia violando los principios de congruen-
cia o fundamentación lógica legal, o se lo hubiere dado violando
formas o solemnidades del procedimiento, a excepción de que
el recurrente haya contribuido a producirla, la hubiera consen-
tido, o que el acto irregular hubiese logrado la finalidad para
la cual estaba destinado, o no se hubiera afectado con ello la de-
fensa en juicio; b) se hubiese violado con la decisión de la cáma-
ra la cosa juzgada, dentro de las particularidades que asume
ésta en el amparo; c) el fallo se funde en una interpretación de
la ley que sea contraria a la realizada, dentro de los cinco años
anteriores a la resolución recurrida, por el propio tribunal de
la causa, por el Tribunal Superior de Justicia, por un tribunal
de apelación en lo Civil y Comercial u otro tribunal de apela-
ción o instancia única de la provincia, y d) el fallo contraríe la
última interpretación de la ley hecha por el Tribunal Superior
de Justicia, en ocasión de un recurso fundado en el inciso pre-
cedente (art. 383, CPCC).
Son recurribles por esta vía las sentencias de cámara defi-
nitivas o autos asimilables a tales por poner fin al proceso, ha-
cer imposible su continuación o causar gravamen irreparable.
En los casos de los apartados c y d pueden recurrirse senten-
cias o autos no definitivos.
La última parte del art. 384 aclara que no se entenderán por
sentencias definitivas las que se dicten en juicios que “después
de terminados, no obsten a la promoción de otros sobre el mismo
objeto”, categoría en la que resultaría comprendido el proceso
por amparo, lo que no obsta para la promoción del recurso por
diversa interpretación de la ley de los apartados c y d expues-
tos supra.
El plazo para la interposición del recurso es de quince días
a partir de ser notificado el acto que se quiere recurrir. Bajo
pena de inadmisibilidad, deberá ser fundado conjuntamente
con la interposición, y cumplir las demás exigencias que esta-
blece el art. 385. Del recurso se correrá traslado a la parte
contraria por el plazo fatal de quince días. El recurso, salvo en
246 LUIS R. CARRANZA TORRES
los casos de interpretación de la ley, se concede con efecto sus-
pensivo.
El procedimiento del recurso se encuentra reglado por
los arts. 383 a 390 del Código Procesal Civil y Comercial. Re-
mitimos al mismo para un mayor detalle.
Puede igualmente resultar procedente en el proceso de
amparo el recurso de inconstitucionalidad previsto a partir
del art. 391 del Código Procesal Civil y Comercial de la Pro-
vincia, cuando haya habido en el mismo una discusión de in-
constitucionalidad. Pero en la práctica, no ha sido interpuesto
hasta el presente para los casos de amparo.
Frente a la denegación de la apertura de la vía extraordi-
naria, podrá interponerse recurso directo ante el Tribunal
Superior de Justicia, en los términos de los arts. 402 y si-
guientes del Código Procesal Civil y Comercial.
En materia penal, la casación procede por: a) inobser-
vancia o errónea aplicación de la ley sustantiva, y b) inobser-
vancia de las normas que se establecen en dicho Código, bajo
pena de inadmisibilidad, caducidad o nulidad, si el recurren-
te hubiera reclamado oportunamente la subsanación del de-
fecto, o hubiera hecho protesta de acudir la casación. No rige
tal requisito para los casos de nulidad absoluta.
Sólo podrá deducirse el recurso en el ámbito penal contra
las sentencias definitivas o autos que pongan fin a la pena, o
hagan imposible que continúe, o que denieguen la extinción,
conmutación o suspensión de la pena (art. 469, CPP Cba.).
La casación penal se encuentra regulada en el respectivo
Código Procesal Penal a partir del art. 468. Remitimos a su
lectura para mayor detalle.
6.6. LA COSA JUZGADA EN EL AMPARO
El proceso de amparo concluye, de no hacerse uso de la vía
recursiva, con una sentencia del tribunal ante el cual se deman-
dó protección. Tal sentencia, una vez firme, hace cosa juzgada
respecto de la declaración de existencia o inexistencia de la le-
PRÁCTICA DEL AMPARO 247
sión, alteración o amenaza, arbitraria o manifiestamente ile-
gal, del derecho o garantía que hubiera sido formulada en la de-
manda. Sin embargo, quedan subsistentes el ejercicio de otras
acciones o recursos que puedan corresponder, con independen-
cia del amparo (art. 13, leyes nacional 16.986 y provincial 4915,
mod. ley 5770).
“El proceso de amparo, de conocimiento limitado, nacido
como una necesidad frente a la urgente protección de derechos
y garantías constitucionales, sacrifica parte del conocimiento
del juez respecto de la totalidad del conflicto”.200
Sagüés se inclina a favor de la cosa juzgada formal, posición
que compartimos, en los siguientes términos: “[…] el juicio de
amparo es (dentro de la ley 16.986) bilateral, pero no de conoci-
miento pleno, dado su corte sintético y las restricciones que con-
lleva en cuanto a pruebas, términos, trámite y defensas. Se
presenta, por tanto, como un procedimiento sumario en sentido
estricto, o ‘sumario propio’, que como norma general no puede
desembocar en una cosa juzgada material o sustancial”.201
Esto significa que la misma cuestión no puede volver a ser
planteada en un proceso incoado en virtud de la acción de am-
paro, pero deja en libertad a las partes para promover dicha
cuestión por una vía judicial distinta. Igual posibilidad le asiste
a quien ha sido rechazado en el ejercicio de su acción por fal-
tar a su pretensión alguno de los requisitos intrínsecos de la
misma (por ejemplo, que sea necesaria mayor amplitud de la
prueba, etc.; véase a este respecto lo dicho supra, puntos 2.3 y
siguientes).
Asimismo, la naturaleza de cosa juzgada formal de la sen-
tencia dada en un amparo, tiende a derivar a cosa juzgada
material si el agraviado por ella no acredita en el juicio ordina-
rio posterior que el déficit cognoscitivo o el particular y restrin-
gido marco de actuación de la figura, perjudicó a su pretensión,
pues carecería de sentido conferir cosa juzgada, aun formal, al
amparo, si el agraviado pudiese reeditar, en el proceso poste-
200
Salgado, Alí Joaquín, op. cit., p. 129.
201
Derecho procesal constitucional, t. 3, p. 477.
248 LUIS R. CARRANZA TORRES
rior, alegaciones o defensas en idénticos términos y extensión
a los planteados y plenamente tramitados en la acción de am-
paro.
Por ello, en cada caso en concreto será materia de análisis
si el planteo realizado en el proceso ordinario repite el recla-
mo ya agotado en el trámite del amparo, a efectos de estable-
cer si opera la cosa juzgada de este instituto.
Siendo que la cosa juzgada alcanza tan sólo a lo debatido en
el proceso, podrá interponerse amparo por otros actos que no
fueron materia de la pretensión del amparista, siempre que se
trate de actos nuevos o ajenos al proceso ya sentenciado.
6.7. COSTAS DEL AMPARO
En el proceso de amparo, las costas del mismo se imponen
a la parte vencida. Si la demanda es acogida favorablemente,
declarando el tribunal en la sentencia la existencia del acto
dañoso arbitrario o ilegal, cargará con las costas la autoridad
pública que lo produjo, por comisión u omisión. Si, por el con-
trario, el pronunciamiento en la sentencia fuera de inexisten-
cia del acto dañoso, las costas recaerán sobre quien introdujo
la acción.
Fija así la ley, tanto nacional cuanto provincial, como prin-
cipio general en esta materia, al hecho objetivo de la derrota
como criterio para distribuir las costas en el proceso de amparo.
“Nadie mejor que Chiovenda ha puesto de manifiesto el ver-
dadero fundamento de la condena en costas al vencido, al expre-
sar que la justificación de este instituto encuéntrase en que la
actuación de la ley no debe representar una disminución patri-
monial para la parte a favor de la cual se realiza; siendo de
interés del comercio jurídico que los derechos tengan un valor
puro y constante”.202
202
Garrone, José Alberto, op. cit., t. I, ps. 554-555.
PRÁCTICA DEL AMPARO 249
Si bien la noción de vencido a que alude la norma ha provo-
cado discusiones, entendemos de nuestra parte que debe ser
interpretado teleológicamente y no en su sentido literal. A fin
de lograr que quien se vio obligado a defender en sede judicial
un derecho o facultad de actuación no se vea disminuido en su
patrimonio, o afectadas las arcas públicas, por tal causa.
Si la autoridad pública cesara en la actividad u omisión
objeto de la demanda antes de la culminación del plazo fijado
para la contestación del informe solicitado por el tribunal, no
se le impondrán costas; tal remisión tiene como fin instar a la
autoridad pública a cesar en su actividad u omisión dañosa, sin
que tal cese acarree una consecuencia gravosa para los cauda-
les públicos. Se facilita de esta forma la rectificación de la ac-
titud estatal antes de finalizar el proceso, con el consiguiente
pronto restablecimiento del derecho conculcado, finalidad
principal de la sumaria acción de amparo.
La rectificación se asimila a un allanamiento de proceso co-
mún, debiendo revestir la misma los caracteres de ser real,
efectuada de manera incondicionada, oportuna (dentro del
plazo), total (cesando todos los aspectos de la actividad denun-
ciada por el amparista) y efectiva (eficaz para el restableci-
miento del derecho).
Cabe destacar que si bien la ley de amparo consagra como
regla el principio objetivo de la derrota, ella debe ser aplicada
conjuntamente con las normas procesales del fuero, por apli-
cación del art. 17. Lo que supone que no sólo el vencimiento
puro y simple determina quién carga con las costas, sino tam-
bién que el juez podrá apreciar las circunstancias de hecho y de
derecho, estableciendo una distribución distinta en mérito de
ellas.203
Entendemos que para apartarse del criterio de la derrota es
necesario que el juzgador pondere circunstanciadamente los
hechos del proceso y funde apropiadamente la consecuente
203
Gozaíni, Osvaldo Alfredo, Costas procesales, 2ª ed. ampl., Buenos Aires,
Ediar, 1998, p. 337.
250 LUIS R. CARRANZA TORRES
decisión, toda vez que se aparta de la regla general que tiende a
resguardar la integridad del derecho de la parte vencedora.
6.8. LA REGULACIÓN DE HONORARIOS EN EL AMPARO
A nivel nacional, respecto de la cuestión, encontramos el
art. 36 de la ley 21.839, modificada por ley 24.432 (ley de aran-
celes y honorarios de abogados y procuradores), la que estable-
ce que en los procesos de hábeas corpus, amparo y extradición,
el honorario no podrá ser inferior a la suma de pesos quinien-
tos, salvo pacto en contrario.
Es decir que la presente ley sólo impone un piso a la regu-
lación, y esto siempre que no medie pacto en contrario entre el
profesional interviente y su cliente.
En la misma normativa (art. 6º) se fijan como pautas en la
determinación del monto a regular a los profesionales intervi-
nientes en el proceso, las siguientes: a) el monto del asunto o
proceso, si fuere suceptible de apreciación pecunaria; b) la
naturaleza y complejidad del asunto o proceso; c) el resultado
que hubiere obtenido y la relación entre la gestión profesional
y la probabilidad de efectiva satisfacción de la pretensión re-
clamada (art. 12, inc. d, según ley 24.432); d) el mérito de la la-
bor profesional, apreciada por la calidad, eficacia y extensión
del trabajo; e) la actuación profesional con respecto a la aplica-
ción del principio del celeridad procesal, y f) la trascendencia
jurídica, moral y económica que tuviere el asunto o proceso
para casos futuros, para el cliente y para la situación económi-
ca de las partes.
El art. 7º, por su parte, establece que los honorarios de los
abogados por la tramitación de los procesos en primera instan-
cia, cuando la cuestión fuese susceptible de apreciación pecu-
niaria, se fijarán entre el once y el veinte por ciento del monto
del proceso. En el caso del abogado de la parte vencida, se gra-
duarán entre el siete y el diecisiete por ciento de dicho monto.
Respecto de la segunda o ulteriores instancias, el monto se
fijará entre el veinticinco y el treinta y cinco por ciento del de
PRÁCTICA DEL AMPARO 251
los honorarios de primera instancia. En caso de ser revocada
la sentencia a favor del apelante, se tomará para la determina-
ción de los mismos el tope mayor.
A nivel provincial, la materia de los honorarios para los
procesos de amparo se encuentra regulada en el Código Aran-
celario para Abogados y Procuradores de la Provincia de Cór-
doba, ley 8226, la que en la Sección 2 (Procesos constitucionales)
de su Capítulo VI (Especialidades en función del fuero), bajo el
título “Amparo y hábeas corpus” contiene al art. 90, que esta-
blece que en los “interdictos de constitucionalidad sobre dere-
chos disponibles o libertad ambulatoria”, la pauta principal
para regular los honorarios resulta ser la estimación que el
tribunal realice respecto del grado de significación de la lesión
restrictiva por la que se impetra la acción. La misma nunca
puede ser inferior a cuarenta jus, magnitud que obra a modo de
tope mínimo, en iguales términos de la cantidad señalada por
el art. 36 de la ley nacional. Asimismo, establece la norma que
cuando haya base regulatoria susceptible de apreciación pecu-
niaria, se aplicará la escala general del art. 34.
“La directiva fundamental para la regulación de los hono-
rarios por el amparo es la significación de la lesión restrictiva
que a tal efecto debe ser materia de estimación por el tribunal.
Lesión equivale a agravio o detrimento y significación supone la
determinación de su importancia, gravedad o extensión. Hay
que determinar qué significación tenía la lesión y cómo afecta-
ba, en cada caso, la propiedad, posesión o un determinado dere-
cho [...] la estimación del magistrado no puede quedar reservada
a su fuero interno sino que debe dar razones que se sustenten en
elementos objetivos y de vida inocultable dentro del proceso”.204
Influye asimismo en tal determinación la importancia del
valor afectado dentro de nuestro sistema constitucional, y la
repercusión social de tal hecho.
204
Martínez Crespo, Mario, Código Arancelario para Abogados y Procuradores
de la Provincia de Córdoba, 2ª ed., Córdoba, Advocatus, 1993, p. 125.
252 LUIS R. CARRANZA TORRES
6.9. NORMAS SUBSIDIARIAS
El art. 17 de la ley de amparo realiza una remisión al dere-
cho adjetivo (la norma nacional de modo general, y la norma
provincial a los códigos de procedimiento o leyes procesales,
de acuerdo con el fuero). “Cualquier ‘recepción’ acarrea venta-
jas e inconvenientes. Reduce y acelera la actividad legislativa,
pero también produce el problema de la compaginación (en la
letra y en el espíritu) de la norma nueva con la norma reprodu-
cida”. 205
La remisión a la normativa procesal, si fuese realizada de
manera lisa y llana, haría correr el riesgo de desnaturalizar el
amparo. En todos los casos, dicha remisión deberá hacerse te-
niendo en cuenta los principios y fines que rigen el proceso de
amparo. En principio, se deberá estar, por fuero, al procedi-
miento que más similitud presente con el amparo, para integrar
con las normas del mismo las faltantes del proceso del amparo.
Tal operación debe ser llevada a cabo de forma atenta y
completa, sopesando el contexto de la situación, la razonabili-
dad del concepto y su compatibilidad con la naturaleza y carac-
teres del amparo, obrando con la mayor prudencia, a fin de que
la solución dada no desnaturalice los fines a cumplir por la fi-
gura del amparo.
6.10. SELECCIÓN DE JURISPRUDENCIA
6.10.1. Nacional
I. Es improcedente el recurso extraordinario impuesto contra
la sentencia que rechazó el recurso de amparo, tendiente a
obtener que se obligue a la administración provincial a resol-
ver el recurso de reconsideración deducido por el actor contra
el decreto por el cual se lo daba de baja por razones de servi-
cio de su empleo público. Ello es así, pues las conclusiones del
205
Sagüés, Néstor P., Derecho procesal constitucional, t. 3, p. 529.
PRÁCTICA DEL AMPARO 253
tribunal a quo en punto a los alcances que cabe atribuir al si-
lencio de la administración remiten a una cuestión de índole
no federal irrevisable en la instancia de excepción, al igual que
las vertidas en torno al vencimiento del plazo computable al
efecto de la procedencia de la acción ejercida [CSJN, en autos
“Jorge Hugo Gardella c/ Provincia de Córdoba s/ amparo por
mora”, Sent. Nº G161, del 26-03-1985. Fuente: SAIJ, sumario
Nº A0000083].
II. El fallecimiento del actor ha tornado inoficioso que la Cor-
te resuelva el recurso extraordinario interpuesto por el Esta-
do demandado contra la sentencia que hizo lugar al amparo
por mora de la administración, pues la reposición de aquél en
su cargo, perseguida por medio de los recursos incoados con-
tra el acto administrativo que dispuso su cese, ha devenido en
cuestión abstracta [CSJN, en autos “Orozco, Héctor c/ Estado
Nacional - Poder Ejecutivo Nacional s/ amparo por mora”, Sent.
Nº D458, del 01-12-1988. Fuente: SAIJ, sumario Nº A0017420].
III. Es equiparable a sentencia definitiva la decisión que recha-
zó un amparo, si ocasiona un agravio de insuficiente, dificul-
tosa o tardía reparación ulterior [CSJN, en autos “Bodegas
Galardón de Galanterik Hnos. S.A. s/ amparo”, Sent. Nº B197,
del 24-03-1992. Fuente: SAIJ, sumario Nº A0019595].
IV. Incurre en un exceso de rigor formal la decisión que apli-
ca los plazos previstos en el art. 15 de la ley de amparo respec-
to de los recursos interpuestos por el Banco Central ante la
cámara, ya que dicha norma sólo se refiere a la apelación de
la sentencia definitiva, del auto que desestime in limine el am-
paro y de las resoluciones que dispongan medidas cautelares
[CSJN, en autos “Cerro, Francisco Eduardo c/ Banco Central
de la República Argentina s/ recurso extraordinario”, Sent. Nº
C1437XXXI,del10-10-1996.Fuente:SAIJ,sumarioNºA0037118].
V. Configuran cuestión federal los agravios dirigidos contra
la sentencia que desconoció personería a los letrados de la
Dirección General Impositiva y, en consecuencia, consideró fir-
me la medida de no innovar dictada en una acción de ampa-
ro, si el tribunal ha incurrido en un excesivo rigor formal con
evidente menoscabo del derecho de defensa en juicio del recu-
254 LUIS R. CARRANZA TORRES
rrente [CSJN, en autos “Papel de Tucumán S.A. c/ Dirección
General Impositiva s/ recurso de amparo”, Sent. Nº P424, del
10-06-1992. Fuente: SAIJ, sumario Nº A0020442].
VI. En los juicios de amparo resulta necesario que el apelan-
te, al interponer el recurso extraordinario, demuestre que la
sentencia impugnada causa un agravio de imposible o muy di-
ficultosa reparación ulterior [Voto en disidencia, Dr. Fayt,
CSJN, en autos “Louzán, Carlos Alberto c/ Ministerio de Eco-
nomía y Obras y Servicios Públicos de la Nación s/ recurso de
hecho”, Sent. Nº L448, del 17-11-1994. Fuente: SAIJ, sumario
Nº A0031223].
VII. Para la admisión del remedio excepcional del amparo
resulta indispensable que quien solicita la protección judicial
demuestre, en debida forma, la inexistencia de otras vías le-
gales idóneas para la protección del derecho lesionado, o que
la remisión a ellas produzca un gravamen serio insusceptible
de reparación ulterior [CSJN, en autos “Freca S.A. c/ SENASA
- Estado Nacional s/ amparo”, Sent. Nº F489, del 16-06-1994.
Fuente: SAIJ, sumario Nº A0030144].
VIII. El art. 15 de la ley 16.986 que establece que debe conce-
derse en ambos efectos el recurso de apelación interpuesto con-
tra las resoluciones que disponen medidas de no innovar o de
suspensión de los efectos del acto impugnado, alude inequívo-
camente a los recursos ordinarios de apelación y no al extraor-
dinario de competencia de la Corte [Voto en disidencia, Dr.
Petracchi, CSJN, en autos “Romero Feris, José Antonio c/ Es-
tado Nacional - Poder Ejecutivo Nacional s/ amparo - inciden-
te de medida cautelar y su acumulado ‘Miguel Ángel Rossi
Cibilis y otros c/ Estado Nacional s/ amparo - incidente de me-
dida cautelar’ ”, Sent. Nº R247, del 08-09-1992. Fuente: SAIJ,
sumario Nº A0029440].
IX. En los juicios de amparo debe fallarse con arreglo a la si-
tuación fáctica y jurídica existente a la fecha de la sentencia,
teniendo en cuenta no sólo los factores iniciales sino también
los sobrevinientes, sean agravantes o no, que resulten de las
actuaciones producidas [CSJN, en autos “Colegio Público de
Abogados de la Capital Federal c/ Estado Nacional - Poder Eje-
PRÁCTICA DEL AMPARO 255
cutivo Nacional y Poder Judicial de la Nación s/ recurso de
hecho”, Sent. Nº C121, del 22-09-1993. Fuente: SAIJ, sumario
Nº A0026901].
X. No alcanza a fundar el recurso extraordinario intentado,
señalar que el requisito de la sentencia definitiva puede ser
suplido en el amparo, si para ello se limita a teorizar sobre la
naturaleza de esta acción, con citas doctrinarias y jurispruden-
ciales, pero sin demostrar con el rigor indispensable la concre-
ta irreparabilidad de los daños de no admitirse esa acción
[CSJN, 03-10-1983, en autos “Bonis, Pedro y otros”. Fuente: LL,
1990-B-599].
XI. Dado que se ha concedido el recurso parcialmente, por exis-
tir cuestión federal en juego y atendiendo a las características
del proceso de amparo, donde se reclama el cese del compor-
tamiento omisivo del Estado Nacional con relación al cierre
de edificios donde funcionaban las dependencias del poder ju-
dicial, que torna aconsejable la celeridad de juzgamiento, co-
rresponde que en el mismo pronunciamiento se resuelva
integralmente la causa, decidiendo simultáneamente dos ex-
pedientes [CSJN, en autos “Colegio Público de Abogados de la
Capital Federal c/ Estado Nacional - Poder Ejecutivo Nacional
y Poder Judicial de la Nación s/ recurso de hecho”, Sent. Nº
C121, del 22-09-1993. Fuente: SAIJ, sumario Nº A0026907].
XII. Procede el recurso extraordinario si, no obstante existir
óbices decisivos a la procedencia de la demanda de amparo —
incisos a y c del art. 2º de la ley 16.986—, la cámara ha orde-
nado conductas que constituyen una evidente intromisión en
las facultades de fiscalización y percepción de los tributos que
la ley ha otorgado al organismo recaudador, con evidente per-
turbación de los intereses de la comunidad [CSJN, en autos
“Compañía de Perforaciones Río Colorado S.A. c/ Dirección Ge-
neral Impositiva s/ recurso de hecho”, Sent. Nº C471, del 24-08-
1993. Fuente: SAIJ, sumario Nº A0026714].
XIII. En los juicios de amparo resulta particularmente nece-
sario que, al interponerse el recurso extraordinario, el apelante
demuestre que el pronunciamiento impugnado tenga carác-
ter definitivo, en el sentido de que el agravio alegado sea
256 LUIS R. CARRANZA TORRES
insuficiente, imposible o de tardía reparación ulterior, preci-
samente porque no habría oportunidad en adelante para vol-
ver sobre lo resuelto [CSJN, en autos “Cocco, Daniel Enrique
y otro s/ amparo”, Sent. Nº C576, del 27-08-1993. Fuente: SAIJ,
sumario Nº A0026747].
XIV. Es descalificable el pronunciamiento que, al revocar la
decisión que hizo lugar al amparo, propuso “equivalentes” ju-
risdiccionales sin fundarse en razones serias y concretas, ni
considerar las motivaciones de la sentencia de primera instan-
cia, que atendió a que los decretos impugnados no contaban
con la debida fundamentación, con las consiguientes lesiones
constitucionales [Voto en disidencia, Dr. Fayt, CSJN, en au-
tos “La Porta, Norberto Luis c/ Poder Ejecutivo Nacional s/ am-
paro, ley 16.986”, Sent. Nº L738 XXXI, del 19-03-1996. Fuente:
SAIJ, sumario Nº A0034917].
XV. Corresponde hacer lugar al recurso extraordinario en el
caso en que una jubilada interpuso acción de amparo —y la
sentencia hizo lugar al reclamo— a fin de que se prescindiera
de las modalidades de pago contempladas en la ley federal
23.982 y su decreto reglamentario 2140/91, si la comprensión
efectuada por el a quo excede el marco de sus posibilidades y
se apoya en fundamentos que soslayan el examen en cuestio-
nes relevantes para la correcta decisión de la causa [CSJN, en
autos “Fernández, Encarnación Pilar c/ Secretaría de Seguri-
dad Social s/ recurso de hecho”, Sent. Nº F216, del 04-05-1993.
Fuente: SAIJ, sumario Nº A0025828].
XVI. Tiene el carácter de sentencia definitiva el pronuncia-
miento que desestimó el amparo si decidió, con los atributos
de la cosa juzgada, si el actor poseía o no la estabilidad en el
cargo que invoca, lo que no podría ser replanteado en un even-
tual juicio ordinario posterior [CSJN, en autos “Reyes, Alfredo
José s/ amparo”, Sent. Nº R206, del 13-08-1992. Fuente: SAIJ,
sumario Nº A0021802].
XVII. Aun considerando el carácter de cosa juzgada formal de
la resolución de amparo, por la posibilidad de replanteamiento
de otras cuestiones independientes que entre las partes pue-
dan suscitarse, es evidente que la sentencia que lo resuelva, una
PRÁCTICA DEL AMPARO 257
vez firme, puede lograr status de cosa juzgada que imposibi-
lite la discusión posterior de la materia debatida en dicha
acción [Cám. Fed. Apel. Córdoba, en autos “Aninat Solar, Au-
gusto y Zofracor S.A. c/ Estado Nacional s/ amparo”, 08-07-
1999. Fuente: Archivo del autor].
XVIII. No puede dejar de advertirse que, más allá de las pos-
turas doctrinarias, y del momento en que fue sancionada, la
ley referida no fue objeto de modificación alguna por el H.
Congreso de la Nación hasta la fecha, por lo que resulta de-
mostrativo de una firme voluntad legislativa en su manteni-
miento [Cám. Nac. Cont. Adm. Fed., Sala IV, 28-03-1994, en
autos “Álvarez, Carlos c/ Ministerio de Economía s/ amparo”,
referidos a la apelación en ambos efectos de las medidas caute-
lares. Fuente: Vallefín, “El recurso de apelación en la acción de
amparo y la cuestión de la validez constitucional de los efec-
tos con que se concede”, en Revista de Derecho Procesal, Nº 5,
p. 56].
XIX. Si bien el pronunciamiento que —al hacer lugar al am-
paro— ordenó a la DGI que se abstuviera de efectuar contra
la actora cualquier procedimiento destinado al cobro de im-
puestos que supusiera tener por configurado un incumpli-
miento del contrato de promoción industrial hasta tanto la
controversia sobre su interpretación no estuviese resuelta
por sentencia firme, no reviste el carácter de sentencia defi-
nitiva a los efectos del recurso extraordinario, corresponde
hacer una excepción, toda vez que lo decidido es susceptible
de incidir en la percepción de la renta pública, lo que revela
un factor de retardo y perturbación en el desarrollo de la po-
lítica económica del Estado, con menoscabo de los intereses
de la comunidad [CSJN, en autos “Compañía de Perforacio-
nes Río Colorado S.A. c/ Dirección General Impositiva s/ re-
curso de hecho”, Sent. Nº C471, del 24-08-1993. Fuente: SAIJ,
sumario Nº A0026707].
XX. Si con posterioridad a la promoción de la demanda de
amparo cesó la omisión lesiva de derechos constitucionales
que la originó, tal circunstancia torna inoficioso un pronun-
ciamiento sobre la cuestión [CSJN, 22-09-1993, en autos
“C.P.A.F. c/ E.N.”. Fuente: ED, 158-148].
258 LUIS R. CARRANZA TORRES
XXI. El derecho a la vida del accionante resulta comprensivo
tanto de la integridad psicofísica como de los aspectos
atinentes a la calidad y dignidad con que se desenvuelven las
condiciones vitales del sujeto, por lo que, dada la edad y la en-
fermedad que padece el actor, la periodicidad del medicamen-
to y tratamiento que debe efectuarse, el INSSIP deberá dar
acabado cumplimiento a su obligación de proporcionarle todo
medicamento, estudios y tratamientos prescriptos por el
médico que lo atiende, y la debida atención y cobertura mé-
dica que sea necesaria en función de la enfermedad que pa-
dece [Cám. Nac. Civ. Com. Fed., Sala 3, 28-03-2000, en autos
“Rodríguez, Jorgelina A. c/ Instituto Nacional de Servicios
Sociales para Jubilados y Pensionados”. Fuente: Barbado, “Ju-
risprudencia agrupada”, JA, 2001-IV-34].
XXII. La arbitrariedad o la ilegalidad del proceder de la obra
social (negativa de prestar cobertura de tratamiento psiquiá-
trico) debe desestimarse, en tanto ella se encuentra ampara-
da en normativa legal y reglamentaria que no ha sido tachada
de ilegal o inconstitucional y debe presumirse conocida por la
afiliada al tiempo de su afiliación [Cám. Nac. Civ. Com. Fed.,
Sala 1, 17-07-1997, en autos “Almeida, Arnaldo R. c/ Ministe-
rio de Justicia Servicio Penitenciado Federal”. Fuente: Barba-
do, “Jurisprudencia agrupada”, JA, 2001-IV-34].
XXIII. Para la resolución del amparo es necesario ponderar
tanto la magnitud de la ilegitimidad en que la administra-
ción ha incurrido como el interés público involucrado en la
ejecución de la resolución administrativa impugnada [Cám.
Nac. Cont. Adm. Fed., Sala III, 17-10-1984, en autos “Hughes
Tool Company S.A. c/ Gobierno Nacional”. Fuente: LL, 1984-
D-363].
XXIV. Toda vez que nadie tiene derecho al mantenimiento in-
alterable de leyes o reglamentaciones, el amparo no es la vía
eficaz ni adecuada para dejar sin efecto la decisión de un ór-
gano administrativo que ha sido dictado dentro o en ejercicio
de sus atribuciones legales, por lo que la disconformidad con
ella , que no excedan el marco de lo opinable, no es fundamento
para desplazar los medios ordinarios de solución de las con-
troversias por el remedio de excepción de la demanda de
PRÁCTICA DEL AMPARO 259
amparo [Cám. Nac. Civ. Com. Fed., Sala 2, 30-12-1998, en
autos “Amin, Nadine y otros c/ Obra Social de Seguros”. Fuen-
te: Barbado, “Jurisprudencia agrupada”, JA, 2001-IV-37].
XXV. El debate en torno a cuestiones técnicas complejas, re-
sulta insusceptible de ser decidido por la vía excepcional del
amparo [Cám. Nac. Civ. Com. Fed., Sala 3, 05-10-1999, en au-
tos “Vinokur, Sergio E. c/ Telecom de Argentina”. Fuente: Bar-
bado, “Jurisprudencia agrupada”, JA, 2001-IV-38].
XXVI. Corresponde declarar la nulidad de la sentencia judi-
cial que hizo lugar a la acción de amparo sin haber pedido el
informe del art. 8º a la Administración Pública, ya que tal
sanción se ha previsto a los efectos de resguardar el principio
de bilateralidad procesal y de defensa en juicio [Cám. Nac. Seg.
Soc., Sala I, 12-10-1999, en autos “Suárez, José c/ ANSES”.
Fuente: DT, 2000-B-1710].
XXVII. Lo atinente a la revisión de obligaciones contractuales
propone una problemática de carácter meramente patrimonial,
de solución opinable que requiere una discusión insusceptible
de ser resuelta por la vía excepcional intentada [Cám. Nac. Civ.
Com. Fed., Sala 2, 25-09-1997, en autos “Molino Navarro S.R.L.
c/ Banco de la Nación Argentina”. En el mismo sentido, Cám.
Nac. Civ. Com. Fed., Sala 2, 04-02-1999, en autos “Martínez
Cáceres, Herminio c/ Conar S.R.L.”, y Cám. Nac. Civ. Com.
Fed., Sala 1, 17-06-1999, en autos “Dutra, Carlos M. c/ Banco de
la Nación Argentina”. Fuente: Barbado, “Jurisprudencia agru-
pada”, JA, 2001-IV-38].
XXVIII. La acción de amparo es inadmisible cuando no me-
dian arbitrariedad o ilegalidad manifiestas, y la determina-
ción de la eventual invalidez del acto requiere mayor amplitud
de debate y prueba [Cám. Fed. Córdoba, Sala A, en autos “Pla-
za Olmos S.R.L. c/ AFIP s/ amparo”, Sent. Nº 176, del 14-11-2001.
Fuente:Foro de Córdoba, Nº 76, Síntesis de Jurisprudencia, p.
260].
XXIX. La vía del amparo resulta en principio admisible en si-
tuaciones extremas que revelen una imprescindible necesidad
de ejercerla para lograr una adecuada tutela de derechos fun-
260 LUIS R. CARRANZA TORRES
damentales y no para proporcionar resguardo a intereses per-
sonales o económicos, máxime en aquellos casos cuya mate-
ria compete exclusivamente a la Administración Pública [Cám.
Fed. Córdoba, Sala A, en autos “Plaza Olmos S.R.L. c/ AFIP s/
amparo”, Sent. Nº 176, del 14-11-2001. Fuente: Foro de Cór-
doba, Nº 76, Síntesis de Jurisprudencia, p. 260].
XXX. La emergencia autoriza al Estado a restringir el ejerci-
cio normal de algunos derechos patrimoniales tutelados por
la Constitución, pues todos los derechos están limitados por
las leyes reglamentarias. Su restricción debe ser razonable,
limitada en el tiempo, un remedio y no una mutación en la
sustancia del derecho adquirido por sentencia o contrato, y
está sometida al control jurisdiccional, toda vez que la situa-
ción de emergencia, a diferencia del estado de sitio, no suspen-
de las garantías constitucionales [Cám. Fed. Córdoba, Sala B,
en autos “Casa Paviotti S.R.L. y Serv. Soc. Paviotti S.R.L. s/
amparo”, Sent. Nº 314, del 14-11-2002. Fuente: Foro de Cór-
doba, Nº 82, Síntesis de Jurisprudencia, p. 276].
XXXI. A los efectos de la resolución del amparo, debe conside-
rarse que entre dos intereses de semejante entidad, debe en
principio prevalecer el general sobre el particular [Cám. Nac.
Cont. Adm. Fed., Sala III, 17-10-1984, en autos “Hughes Tool
Company S.A. c/ Gobierno Nacional”. Fuente: LL, 1984-D-
363].
XXXII.Es improcedente la acción de amparo para impedir que
la demandada ejerza las prerrogativas que le brinda el mar-
co normativo vigente [Cám. Nac. Civ. Com. Fed., Sala 1, 29-
10-1998, en autos “Borrás, Hugo J. c/ Telefónica de Argentina”.
Fuente: Barbado, “Jurisprudencia agrupada”, JA, 2001-IV-39].
XXXIII. Corresponde revocar la sentencia que hizo lugar a una
acción de amparo respecto de la intervención de otras asocia-
ciones provinciales que adhirieron a la demanda promovida
por la asociación salteña, pues el a quo excedió los límites de
su competencia territorial al extender los efectos del decisorio
a otras jurisdicciones [Cám. Fed. Salta, 20-11-2001, en autos
“Asoc. de Esclerosis Múltiple de Salta c/ Ministerio de Salud”.
Fuente: NOA, 2002-802; Lexco LLCba., Jurisprudencia].
PRÁCTICA DEL AMPARO 261
XXXIV. Como regla general, las acciones u omisiones que se
sustentan en una norma de alcance general no exhiben arbitra-
riedad o ilegalidad notorias necesarias para ser resueltas por
la vía del amparo [Cám. Nac. Civ. Com. Fed., Sala 2, 15-10-1999,
en autos “Federico Lacroze 4106 S.A. c/ Metrogas S.A.”. Fuen-
te: Barbado, “Jurisprudencia agrupada”, JA, 2001-IV-39 y 40].
XXXV. Si la pretensión presentada en la demanda de ampa-
ro fue satisfecha, ello implicó el agotamiento de su objeto, por
lo que la accionante no puede requerir una sentencia de con-
dena, pues ésta implicaría ordenar el cumplimiento de ciertos
actos que ya se han ejecutado [Cám. Nac. Civ. Com. Fed., Sala
1, 10-10-1995, en autos “Chenquelof de Roberts, María S. c/
Metrogas S.A.”. Fuente: Barbado, “Jurisprudencia agrupada”,
JA, 2001-IV-40].
XXXVI. La resolución que resuelve la competencia del tribu-
nal en una acción de amparo resulta inapelable, en virtud de
no estar comprendida en la enumeración taxativa contempla-
da en el art. 15 de la ley 16.986 [Cám. Nac. Civ. Com. Fed., Sala
1, 04-04-1995, en autos “Consorcio de Propietarios Libertad
964-966-968-970 y otro c/ Aguas Argentinas S.A. s/ amparo”.
Fuente: Barbado, “Jurisprudencia agrupada”, JA, 2001-IV-40;
respecto de resoluciones desestimatorias de la competencia, en
igual sentido Cám. Nac. Civ. Com. Fed., Sala 2, 23-12-1999, en
autos “Cablevisión s/ recurso de queja”. Fuente: Barbado, “Ju-
risprudencia agrupada”, JA, 2001-IV-41].
XXXVII. La resolución que declaró la causa como de puro de-
recho, no resulta apelable, habida cuenta de que no se trata de
ninguna de las previstas en el art. 15 de la ley 16.986 [Cám. Nac.
Civ. Com. Fed., Sala 1, 13-05-1997, en autos “Arzamendia
Ocampo, Claudio y otros c/ Instituto de Obra Social”. Fuente:
Barbado, “Jurisprudencia agrupada”, JA, 2001-IV-41].
XXXVIII. La sentencia de amparo y la autoridad de cosa juz-
gada que trae consigo sólo tienen efecto entre las partes y nunca
erga omnes, no pudiendo la sentencia, de acuerdo al principio
de bilateralidad, alcanzar a quien no ha sido oído en juicio
[Juzg. Nac. Civ. Nº 54, 02-09-1997, en autos “Dalbón, Gregorio
c/ G.C.B.A.”. Fuente: LL, 1997-F-291].
262 LUIS R. CARRANZA TORRES
XXXIX. Existe cosa juzgada material provocada por la senten-
cia que en el marco de un amparo decidió la ilegalidad del pro-
ceder de un banco y la rehabilitación de una cuenta corriente
y del amparista, no siendo posible revisar ni discutir en juicio
posterior ordinario lo relativo a su alcance [Cám. Nac. Civ.
Com. Fed., Sala I, 20-12-2001, en autos “E.C.H. c/ B.C.R.A. y
otro”. Fuente: LL, 2002-C-378].
XL.El instituto de la cosa juzgada, en tanto es de orden público
y constituye un presupuesto ineludible de la seguridad jurídi-
ca, debe ser ponderado por los jueces aun cuando las partes no
lo hayan planteado como defensa [Cám. Nac. Cont. Adm. Fed.,
Sala I, 02-11-1999, en autos “Asociación Civil Movimiento
Cristiano y Misionero c/ E.N.”. Fuente: JA, 2001-III-37].
XLI. Si el recurso de apelación es denegado, la parte deberá ar-
ticular el correspondiente recurso de queja ante el tribunal de
alzada dentro de las veinticuatro horas (contadas a partir de
la denegatoria) [Cám. Nac. Civ. Com. Fed., Sala 2, 08-05-1997,
en autos “Almaraz, Oscar y otros c/ Banco Hipotecario Nacio-
nal”. Fuente: Barbado, “Jurisprudencia agrupada”, JA, 2001-
IV-41].
XLII. El plazo para interponer la apelación en el amparo corre
de hora en hora desde que la sentencia se notifica por cédula
[Cám. Nac. Civ., Sala E, 08-11-1996, en autos “López, María c/
M.C.B.A. y otro”. Fuente: LL, 1998-C-934].
XLIII. Cuando el plazo de cuarenta y ocho horas para apelar
vence en hora inhábil, resulta procedente su interposición en
las dos primeras horas de gracia del día siguiente a aquel en que
se operó el vencimiento [Cám. Fed. Cont. Adm. Capital, Sala I,
en autos “Calderón Porturas c/ Dirección de Migraciones s/ am-
paro”, resolución del 10-06-1999. Fuente: JA, 1999-IV-59].
XLIV. Siendo de aplicación la Ley Nacional de Amparo, el ré-
gimen recursivo se rige por las expresas disposiciones en ella
establecidas sin que quepa su integración con las normas del
Código Procesal, en tanto existe un precepto específico que
establece las resoluciones susceptibles de apelación [Cám. Nac.
Civ. Com. Fed., Sala 2, 23-12-1999, en autos “Cablevisión s/
PRÁCTICA DEL AMPARO 263
recurso de queja”. Fuente: Barbado, “Jurisprudencia agrupa-
da”, JA, 2001-IV-41].
XLV. La naturaleza de la acción de amparo obliga al órgano
jurisdiccional a emitir pronunciamiento con la mayor celeri-
dad que la complejidad del asunto y la atención de los demás
sometidos a él permitan [Cám. Nac. Crim. Correcc., Sala II,
30-10-1984, en autos “Franco, Carlos H.”. Fuente: LL, 1984-D-
550].
XLVI. El art. 15 de la ley de amparo exige que la interposición
y la fundamentación de la apelación se operen en un mismo
acto [Cám. Nac. Civ. Capital, Sala F, en autos “Losilla, Ma-
ría c/ Ciudad de Buenos Aires”, resolución del 03-03-1998.
Fuente: LL, 1998-E-772].
XLVII.La resolución por la cual se decretó la caducidad de ins-
tancia en un amparo es inapelable [Cám. Nac. Civ. Com. Fed.,
Sala 3, 18-12-1997, en autos “Sapia, Cosme c/ Obra Social
Unión Personal Civil de la Nación”. Fuente: Barbado, “Juris-
prudencia agrupada”, JA, 2001-IV-41].
XLVIII.La apreciación de la cosa juzgada material en la acción
de amparo requiere ponderar en cada caso en particular, pu-
diendo existir o no, de acuerdo al objeto perseguido en la ac-
ción, a la profundidad del análisis realizado y al resultado del
pleito. Tales pautas son las a considerar a los efectos de pro-
yectar o no, sobre una acción posterior, la rigidez y oponibi-
lidad de lo decidido [Cám. Nac. Civ. Com. Fed., Sala I,
20-12-2001, en autos “E.C.H. c/ B.C.R.A. y otro”. Fuente: LL,
2000-C-378].
XLIX. El art. 15 de la ley 16.986 dispone la materia apelable
en el amparo, quedando pues, fuera del recurso de apelación
las demás providencias que pueda dictar el magistrado, ya
que la ley ha limitado en este tipo de procesos, hasta el máxi-
mo compatible con el derecho de defensa, a la facultad de ape-
lar [Cám. Nac. Civ. Com. Fed., Sala 3, 25-02-1999, en autos
“Maree, Juan c/ Estado Nacional - Instituto Nacional de Ser-
vicios Sociales para Jubilados y Pensionados”. Fuente: Bar-
bado, “Jurisprudencia agrupada”, JA, 2001-IV-41].
264 LUIS R. CARRANZA TORRES
L. El art. 15 de la ley 16.986 en cuanto establece que el plazo
para interponer el recurso de apelación es de cuarenta y ocho
horas se debe entender en el sentido que aquel plazo comien-
za a correr desde la hora en que se practicó la notificación y se
computa hora por hora, es decir, se opera en forma continua,
y salvo que concurran circunstancias como ser que la notifi-
cación se hubiera practicado fuera del horario de tribunales
o en días inhábiles o feriados o si el oficial al notificar hubiera
omitido consignar en la cédula la hora en que se practicó la no-
tificación, no rige el plazo de gracia que legisla el art. 124 del
Código Procesal [Cám. Nac. Cont. Adm. Fed., Sala V, 06-04-
1998, en autos “Aurosur S.A. - RQU- c/ Aduana Nacional s/
queja”, causa Nº 4.434-98. Fuente: Secretaría de Jurispruden-
cia de la Cám. Cont. Adm. Fed. Capital].
LI. La defensa de la salud es una consecuencia de la protección
del derecho a la vida, valor supremo en un Estado de Derecho,
que “en la escala de prerrogativas humanas ocupa el primer
puesto” (Marienhoff, Miguel S., “El derecho a la libertad inte-
gral del ciudadano”, publicado en Anales de la Academia
Nacional de Derecho, Año XII, segunda época, Nº 9). Por lo que
el accionar del Estado de incumplir o cumplir mal con su deber
de proveer de medicamentos a enfermos de SIDA, constituye
una omisión que roza la violación de los derechos humanos re-
conocidos en la Constitución Nacional, ante la que este reme-
dio excepcional del amparo asume, en principio, el perfil del
remedio judicial adecuado (cons. 6º) [Cám. Nac. Cont. Adm.
Fed., Sala I, 05-03-1998, en autos “Asociación Benghalensis y
otros c/ Ministerio de Salud y Acción Social - Estado Nacional s/
amparo ley 16.986”, causa Nº 33. 629-96. Fuente: Secretaría de
Jurisprudencia de la Cám. Cont. Adm. Fed. Capital].
LII. El recurso de apelación contra la sentencia definitiva en
un proceso de amparo debe ser deducido dentro de las cuarenta
y ocho horas de notificada la resolución impugnada, plazo que
corre de hora en hora, es decir, en forma continua y sin regir
el plazo de gracia. El tribunal de apelación está facultado para
examinar de oficio la admisibilidad del recurso, pues no está
ligado ni por la conformidad de las partes ni por la resolución
del juez de grado, aun cuando se encuentre consentida [Cám.
Nac. Civ., Sala A, 31-03-1998, en autos “Lanzillota c/ Ciudad
PRÁCTICA DEL AMPARO 265
Autónoma de Buenos Aires”. Fuente: Seró, “Acción de amparo”,
en Revista de Derecho Procesal, Nº 4, Sección Jurisprudencia
Temática, p. 420].
LIII. Lo decidido en la sentencia de amparo sólo tiene efectos
entre las partes, por lo que no puede resolver válidamente res-
pecto de la extinción de contratos celebrados con terceros no
traídos a juicio [Juzg. Nac. Civ. Nº 54, 02-09-1997, en autos
“Dalbón, Gregorio c/ G.C.B.A.”. Fuente: LL, 1997-F-291].
LIV. No obstante que en materia de costas, tanto en la ley de
amparo como en el Código Procesal Civil de la Nación, impe-
ra el principio de la derrota, que hace cargar a quien ha perdi-
do las costas producidas por el proceso incoado, pero tal
principio no es absoluto, permitiéndose que el juzgador se
aparte del mismo cuando encuentre razones fundadas para tal
fin [Cám. Fed. Cont. Adm. Capital, Sala 5, 02-06-1997, en autos
“Grecco y otros c/ Aguas Argentinas S.A.”. Fuente: Seró, “Ac-
ción de amparo”, en Revista de Derecho Procesal, Nº 4, Sección
Jurisprudencia Temática, p. 421].
LV. A pesar de que la cuestión devino abstracta, siendo la con-
ducta del organismo la que dio lugar a la articulación de la
litis, a éste corresponde imponerle las costas [Cám. Fed. Cont.
Adm. Capital, Sala V, en autos “Grecco y otros c/ Estado Nacio-
nal”. Fuente: Seró, “Acción de amparo”, en Revista de Derecho
Procesal, Nº 4, Sección Jurisprudencia Temática, ps. 421-422].
LVI. Cuando en la acción de amparo no existe un valor patri-
monial específico y determinado, la retribución de las tareas
cumplidas se debe formular con arreglo a las pautas generales
consignadas en el art. 6º de la ley de aranceles, no resultando
tal carencia un óbice que interfiera en una delimitación de la re-
tribución que resulte acorde con la dignidad del trabajo profe-
sional [Cám. Fed. Cont. Adm. Capital, Sala V, 11-08-1997, en
autos “Otero c/ Consejo de Administración y Sind. de Coop. Riel
Ltda.”. Fuente: Seró, “Acción de amparo”, en Revista de Dere-
cho Procesal, Nº 4, Sección Jurisprudencia Temática, p. 422].
LVII. Si bien es cierto que los derechos y garantías constitu-
cionales no son absolutos y están sujetos a las leyes que regla-
266 LUIS R. CARRANZA TORRES
mentan su ejercicio, no lo es menos que el art. 12 del decreto
214/2002, en cuanto suspende por un plazo de 180 días todos
los procesos judiciales en los que se accione en razón de los cré-
ditos, deudas, depósitos, etc., afectados por las disposiciones
contenidas en el decreto 1570/01, por la ley 25.561, el decre-
to 71/02, el decreto 214/02 y sus respectivas resoluciones,
por su generalización trasgrede los límites del art. 26 de la
Constitución Nacional y violenta el apartado 1º del art. 21 de
la Convención Americana sobre Derechos Humanos, y en
consecuencia, debe ser declarado inconstitucional. Declara-
ción, ésta, que solo resulta aplicable, al caso concreto, pues el
juez no tiene el poder de derogar una ley, de modo que ésta,
luego de ser declarada inconstitucional, sigue siendo ley hasta
que el congreso la derogue [Juzg. Fed. Nº 1 Bahía Blanca,
04-02-2002, en autos “S., C. R. c/ Poder Ejecutivo Nacional s/
amparo”. Fuente: Sánchez, “Indisponibilidad de los depósitos
bancarios, corralito financiero y corralito judicial”, ED, edición
del 21-02-2002, p. 2].
LVIII. El art. 12 del decreto 214/02 es inconstitucional, ya que
durante la declaración de emergencia económica efectuada
por el Congreso Argentino, no se suspende el derecho a la ju-
risdicción pues si no sus efectos serían mayores que los resul-
tantes de la declaración del estado de sitio [Cám. Fed. La Plata,
05-02-2002, en autos “A., A. S. B. c/ Poder Ejecutivo Nacional
s/ amparo”. Fuente: Sánchez, “Indisponibilidad de los depósi-
tos bancarios, corralito financiero y corralito judicial”, ED,
edición del 21-02-2002, p. 2].
LIX. Corresponde hacer lugar al pedido de declaración de in-
constitucionalidad del art. 12 del decreto 214/02, pues no
cumple con el requisito de razonabilidad que consagra el art.
28 de la ley fundamental, al impedir a los ciudadanos la posi-
bilidad de cuestionar cualquier medida relacionada con las
normas que en la misma disposición se indican, habida cuenta
que vulnera el derecho de tutela judicial efectiva, que si bien
no se halla declarado expresamente en nuestra Constitución,
se encuentra consagrado en diversos Tratados Internaciona-
les, con jerarquía constitucional en virtud del art. 75, inc. 22,
y no limita a la posibilidad de acudir a un órgano jurisdiccio-
nal en procura de justicia, sino comprende y debe considerar-
PRÁCTICA DEL AMPARO 267
se satisfecho con la obtención de una resolución fundada ya sea
admitiendo o desestimando la pretensión. Por otra parte,
dicha norma violaría la garantía volcada en el art. 43 de la CN
[Juzg. Cont. Adm. Fed. Nº 5, 13-02-2002, en autos “B., C. A. y
otro c/ Poder Ejecutivo Nacional - Ministerio de Economía -
Resols. 918 y 23-02 y otro - incidente medida cautelar s/ ampa-
ro ley 16.986”. Fuente: Sánchez, “Indisponibilidad de los depó-
sitos bancarios, corralito financiero y corralito judicial”, ED,
edición del 21-02-2002, ps. 2-3].
LX. Dado que el art. 12 del decreto 214/02 colisiona frontal-
mente con los principios, garantías y derechos constituciona-
les básicos, entre ellos, el derecho al acceso a la justicia y a una
tutela judicial efectiva reconocida en el Preámbulo Nacional
y los arts. 14, 18, 28, 23 y 43 y cc. de la CN, así como las pre-
visiones contenidas en los Tratados Internacionales que tie-
nen jerarquía constitucional (art. 75, inc. 22); y en particular
en el caso, donde la naturaleza del proceso —amparo— impor-
taría tanto como suspender la garantía establecida en el art.
43, lo cual resulta inadmisible, corresponde declarar su in-
constitucionalidad [Juzg. Cont. Adm. Fed. Nº 2, en autos “E.
de la G., A. N. c/ Poder Ejecutivo Nacional - Dec. 1570-01 y otro
s/ amparo ley 16.986”. Fuente: Sánchez, “Indisponibilidad de
los depósitos bancarios, corralito financiero y corralito judicial”,
ED, edición del 21-02-2002, p. 3].
LXI. El art. 12 del decreto 214/02 es inconstitucional, pues si
bien no cercena directamente la posibilidad de incitar el accio-
nar de la justicia, en los hechos, la restricción temporaria
decretada —suspensión en la tramitación de los procesos
judiciales, medidas cautelares y ejecutorias—, en el caso de
autos, viola, no sólo el art. 18 de la Constitución Nacional, sino
también el art. 8º de la Convención Americana de Derechos
Humanos. Por otra parte, dicha disposición desconoce el
principio de división de poderes e independencia de los mis-
mos, pretendiendo el Poder Ejecutivo mediante su dictado
arrogarse funciones judiciales que no le competen [Juzg. Fed.
Nº 2 Mar del Plata, 08-02-2002, en autos “G., B. y otra s/ am-
paro”. Fuente: Sánchez, “Indisponibilidad de los depósitos ban-
carios, corralito financiero y corralito judicial”, ED, edición del
21-02-2002, p. 3].
268 LUIS R. CARRANZA TORRES
LXII. Cabe hacer lugar al pedido de declaración de incons-
titucionalidad del art. 12 del decreto 214/02, ya que el mis-
mo no resiste la más elemental confrontación con la
Constitución Nacional, pues, vedar en forma generalizada la
posibilidad de los ciudadanos de cuestionar la medida rela-
tiva al llamado “corralito” implica el avasallamiento del
derecho de la tutela judicial efectiva. Máxime que la mayor
garantía de preservación de la paz social —a contrario sensu
de lo sostenido por el considerando 18 del decreto— se en-
cuentra en el Estado de Derecho capaz de hacer efectivas las
garantías constitucionales, y sobre esta base dicha norma
tampoco se configura como un medio idóneo al fin que pro-
cura, no respetando la frontera de la razonabilidad que
jaquea la aplicación de toda norma jurídica [Juzg. Cont. Adm.
Fed. Nº 9, 08-02-2002, en autos “M., M. c/ Poder Ejecutivo
Nacional - Dto. 1570-01 - ley 25.561 y otro s/ amparo”. Fuen-
te: Sánchez, “Indisponibilidad de los depósitos bancarios,
corralito financiero y corralito judicial”, ED, edición del 21-02-
2002, p. 3].
LXIII. Valorados los antecedentes de la causa, es correcto afir-
mar que el amparista tuvo razones suficientes como para
demandar de la manera que lo hizo, habiendo logrado satis-
facción a la postura procesal sostenida. De allí entonces que
por aplicación del 2º párrafo del art. 68 del Código Procesal,
las costas deben imponerse en el orden causado [Cám. Fed.
Córdoba, Sala A, en autos “Cámara de Comercio Exterior de
Córdoba c/ Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP)
- amparo”, Protocolo 271 - “A”, del 21-10-1999. Fuente: Foro de
Córdoba, Nº 60, Síntesis de Jurisprudencia, p. 276].
LXIV. Si bien no se acompañó en autos el acuerdo transaccio-
nal, no corresponde en el caso la imposición de costas al accio-
nante, ya que el desistimiento de la acción por parte de la
Cámara de Comercio Exterior de Córdoba se debió a las nego-
ciaciones mantenidas con la demandada, logrando llegar a un
entendimiento sobre la base de aclaraciones, modificaciones
y actos administrativos posteriores que tornaron abstracta la
cuestión [Cám. Fed. Córdoba, Sala A, en autos “Cámara de
Comercio Exterior de Córdoba c/ Administración Federal de
Ingresos Públicos (AFIP) - amparo”, Protocolo 271 - “A”, del 21-
PRÁCTICA DEL AMPARO 269
10-1999. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 60, Síntesis de Jurispru-
dencia, p. 276].
LXV. Las costas deben correr por su orden si el rechazo al
amparo se debe al acatamiento que hace el tribunal al criterio
fijado por la Corte Suprema, contrario al suyo [Cám. Nac. Fed.
Cont. Adm., en autos “Flores Silva de Panthou s/ amparo”,
resolución del 16-04-1968. Fuente: ED, 25-214].
LXVI. No concurren los extremos que tornan viable la exen-
ción de costas que prevé la ley de amparo, pues no puede en-
tenderse que existió cesación del acto arbitrario de inminente
adopción, cuando la autoridad requerida insistió en la lega-
lidad de llevarlo a cabo, lo que resultó impedido por la me-
dida de no innovar dispuesta judicialmente [Cám. Nac.
Penal Econ., Sala A, resolución del 20-03-1995. Fuente: ED,
164-95].
LXVII. Es ajustada a derecho la imposición de costas conte-
nida en la sentencia que hizo lugar a la acción de amparo, no
obstante los argumentos expuestos por la demandada, toda
vez que con su actitud dio lugar a la promoción del proceso, a
la vez que no se advierte motivo alguno para apartarse del prin-
cipio objetivo de la derrota [Cám. Nac. Civ., Sala C, en autos
“Rodríguez, Isidoro”, resolución del 16-06-1970. Fuente: ED, 41-
592].
LXVIII. Cabe hacer excepción al principio que consagra el art.
14 de la ley 16.986, por tratarse de materia regida por normas
de reciente sanción, correspondiendo imponer las costas por
su orden, a pesar de rechazarse la acción de amparo [Cám.
Nac. Fed. Capital, Sala Cont. Adm, en autos “Von Kaull, Eduar-
do c/ Dirección Nacional de Aduanas”, resolución del 04-04-
1968. Fuente: ED, 31-954].
LXIX. Las costas correrán por el orden causado en ambas ins-
tancias, en consideración a las particularidades del caso, y al
propósito que animó al demandante a deducir demanda, no
obstante su improcedencia era advertible, y teniéndose en
cuenta que consintió igual distribución en la sentencia apela-
da, lo que permite descartar un ánimo de lucro en su proceder
270 LUIS R. CARRANZA TORRES
[Cám. Fed. Salta, 07-11-1994, en autos “Pérez Alsina, Juan c/
PEN s/ acción de amparo”. Fuente: ED, 161-545].
LXX. El art. 13 de la ley de amparo al definir la cosa juzgada
alude a las cuestiones materiales del art. 1º, no permitiendo
inferir que el rechazo con base en uno de los supuestos del art.
2º habilita el volver a plantear la cuestión por vía de un nuevo
amparo [Cám. Nac. Fed. Cont. Adm. Capital, Sala I, en autos
“Asociación Civil Movimiento Cristiano c/ Estado Nacional s/
amparo”, resolución del 02-11-1999. Fuente: JA, 2000-III-37].
LXXI. Las normas impugnadas —dec. 1570/01 y concordan-
tes— agreden simultáneamente los derechos de libertad y de
propiedad privada, como derechos esenciales de la persona hu-
mana, enunciados en el Preámbulo y consagrados en los arts.
17, 19 y 16 de la Constitución Nacional, pues se lo hace al “igua-
lar” indiscriminadamente, diferentes situaciones objetivas
[Juzg. Cont. Adm. Fed. Nº 10 Capital Federal, 14-01-2002, en
autos “M., S. c/ Poder Ejecutivo Nacional”. Fuente: Sánchez,
“Indisponibilidad de los depósitos bancarios, corralito financie-
ro y corralito judicial”, ED, edición del 21-02-2002, p. 3].
6.10.2. Provincial
I. Habiendo planteado el demandante promover la acción de
amparo, la inconstitucionalidad del art. 2º, inc. d, de la ley
4915, que prohíbe juzgar la inconstitucionalidad de las leyes
en esa clase de procesos, es nula por ausencia de motivación
la sentencia que rechaza la demanda sin examinar esa cues-
tión en forma explícita. La afirmación del tribunal de que el
texto de la norma impugnada es expreso, en el sentido de que
el amparo no procede si los actos que se atacan se han realiza-
do en virtud de disposiciones legales, es apenas plantear la
cuestión pero no resolverla, porque estando en tela de juicio
la constitucionalidad de aquella norma, no cabe apelar a ella
misma para descartar el planteo. Tampoco resuelve el proble-
ma la afirmación de que el texto legal cuestionado goza de la
presunción de válido que se reconoce a los actos de las auto-
ridades legítimamente constituidas. Independientemente de
que las leyes no gozan de presunción de validez, sino que son
PRÁCTICA DEL AMPARO 271
válidas mientras no se resuelva lo contrario, porque son leyes,
lo cierto es que esta respuesta es tan tautológica como la an-
terior, pues rechaza el cuestionamiento de la actora apelando
a la propia norma cuestionada. Ambos razonamientos dejan
imprejuzgada la cuestión, pues nada deciden sobre la consti-
tucionalidad del inc. d del art. 2º de la ley 4915 [TSJ, en autos
“Video Visión S.R.L. c/ Municipalidad de Córdoba s/ amparo”,
Sent. Nº 73, del 23-12-1986. Fuente: SAIJ, sumario Nº
R0000649].
II. El art. 14 de la ley 4915 dispone la eximición de costas si
antes del plazo fijado para la contestación del informe cesara
la omisión que sustentó el amparo, no lo es menos, que si se
aplicara tal principio al amparo por mora, previsto en el art.
52 de nuestra Carta Magna provincial, se desvirtuaría la obli-
gación del ente administrativo de satisfacer la solicitud del in-
teresado, ya que si tiene posibilidad de eximirse de las costas
hasta antes del vencimiento del plazo para informar, nada le
impediría aguardar la iniciación de la acción y posterior reque-
rimiento del juez para que presente el informe previsto en la
ley [Cám. 6ª Civ. y Com. Córdoba, en autos “Suárez, Gladis del
Pilar s/ amparo”, Sent. Nº 30, del 04-05-1992. Fuente: SAIJ, su-
mario Nº R0006218].
III. En el amparo, las resoluciones apelables, dada la sumarie-
dad del trámite procesal, quedan circunscriptas a las enume-
radas en el art. 15, sin que se pueda impugnar por vía de
apelación la admisibilidad formal del amparo, objeción que la
demandada puede producir en el responde. Tampoco pueden
promoverse por la vía de este recurso las cuestiones que hacen
a la competencia material o territorial del juez de primer gra-
do. El art. 16 veda expresamente la articulación de cuestiones
de competencia, de excepciones dilatorias y previas o de inci-
dentes. Tampoco pueden plantearse declinatorias o inhibito-
rias. Estas cuestiones quedan reservadas para la resolución
definitiva, debiendo articularse como excepciones o defensas
en la oportunidad procesal que señala el art. 8º. Son irredu-
cibles los pronunciamientos judiciales que de oficio y con an-
terioridad a la sentencia definitiva, puedan haber decretado
los jueces en el trámite del amparo [Cám. Apel. Civ. y Com. Bell
Ville, en autos “Carbonetti, Domingo A. c/ Tribunal de Disci-
272 LUIS R. CARRANZA TORRES
plina del Colegio de Abogados s/ amparo”, A.I. Nº 67, del 27-05-
1993. Fuente: SAIJ, sumario Nº R0009664].
IV. Si la sentencia que puso fin al amparo no resuelve sobre el
fondo sino que se limita a su rechazo in limine, o lo desestima
por carecer de presupuestos formales, o por inexistencia de las
condiciones propias de la acción, el decisorio hace cosa juzgada
formal, y, en principio, no reviste el carácter de sentencia de-
finitiva, impugnable por vía de los remedios extraordinarios
locales [TSJ, 23-10-1996, en autos “Cataldi, María y otra”.
Fuente: LLCba., 1997-1052].
V. Si bien la interpretación de las leyes procesales debe ser res-
trictiva frente a una vía excepcional como la del amparo, ello no
significa que deba efectuarse con prescindencia del sistema legal
considerado como un todo. Corresponde analizar la ley en su
conjunto, con respecto a las demás leyes y frente a la Constitu-
ción misma. La ley de amparo 4915 —y su modificatoria— no
han previsto el recurso extraordinario provincial agotándose
la vía recursiva local en la apelación (art. 15). El procedimien-
to regulado en dicho ordenamiento legal es, por su naturaleza,
sumarísimo y urgente, y está previsto como único, integral e in-
tegrado. Pretender una instancia extraordinaria ulterior a la
apelación mencionada, según lo establecido en la ley procesal
de cada fuero, implica ordinarizar dicho procedimiento a mé-
rito de una supletoriedad inaplicable, porque desnaturaliza el
fin del instituto y constituye, en definitiva, una negación de su
esencia. El trámite procesal de la casación, tal como está legis-
lado en la ley 4163, conlleva mayor amplitud temporal que el
propio instituido en el ordenamiento de que se trata. Además,
ésta resultaría contraria al principio de igualdad ante la ley (art.
16, CN), ya que la suerte de cada recurso quedaría librada a la
mayor o menor amplitud de criterio que haya tenido el legisla-
dor procesal en materia de recursos extraordinarios. Por otra
parte, el derecho público provincial da cuenta de dos sistemas
legislativos en el tema en cuestión, con un denominador común:
dos únicas instancias, siendo característica de la alzada la bre-
vedad de sus términos. La conclusión a que se arriba no obsta-
culiza la viabilidad del recurso extraordinario de la ley 48, tal
como lo pretende el impugnante con base del caso “Strada”. En
este fallo; el máximo tribunal deja librado al orden procesal lo-
PRÁCTICA DEL AMPARO 273
cal la determinación del último tribunal de la causa, no siendo
indispensable que el que se expida en último término lo haga re-
solviendo un recurso extraordinario. Tal lo que ocurre en la le-
gislación procesal del amparo en el orden provincial [TSJ, en
autos “Aguirre de Boido, Nélida Haydeé y otros c/ Municipali-
dad de Luque s/ amparo - recurso directo - casación laboral - sen-
tencia definitiva - acción de amparo - recurso extraordinario
para ante la CSJN”, Sent. Nº 137, del 29-06-1987. Fuente:
SAIJ, sumario Nº R0000936].
VI. Es equiparable a sentencia definitiva la resolución que
rechaza el amparo cuando ocasiona un agravio de imposible,
insuficiente o tardía reparación ulterior, por no haber posibi-
lidad de volver sobre la cuestión, resultando procedente la vía
extraordinaria local [TSJ, 23-10-1996, en autos “Cataldi, Ma-
ría y otra”. Fuente: LLCba., 1997-1052].
VII. Tratándose de una sentencia definitiva que da conclusión
al pleito, aunque no haya sido dictada en procedimiento oral
—por tener esta acción una regulación establecida en la pro-
pia ley—, debe admitirse la procedencia formal del recurso de
casación, en concordancia con los supuestos que para su ad-
misibilidad regula el ordenamiento local. Al tiempo de la san-
ción de la ley 4163, el mal llamado recurso de amparo no
existía, por lo que tal régimen no podía contemplarlo. Corres-
ponde, en consecuencia, analizar una integración de la norma
para resolver el tema en función del principio de relación de las
leyes, el que comenzando por el orden constitucional nacional,
deriva en las leyes nacionales y provinciales (art. 31, CN, y 16,
CC). Frente al silencio de la ley 4915 en la materia, y en fun-
ción de lo normado por el art. 1344 del CPC, de la aplicación
supletoria, el juez debe arbitrar la tramitación que correspon-
da observar, de acuerdo con el espíritu que la domina y los
principios que rigen en materia de procedimiento. Siendo una
y única la acción de amparo, no puede ser distinto el trata-
miento recursivo que se le otorgue, según el fuero ante el cual
se haya interpuesto la demanda. Ello atenta contra el princi-
pio de igualdad dispuesto en el orden constitucional (art. 16,
CN) [TSJ, en autos “Aguirre de Boido, Nélida Haydeé y otros c/
Municipalidad de Luque s/ amparo - recurso directo - casación
laboral - sentencia definitiva - acción de amparo - recurso ex-
274 LUIS R. CARRANZA TORRES
traordinario para ante la CSJN”, Sent. Nº 137, del 29-06-1987.
Fuente: SAIJ, sumario Nº R0000937].
VIII. La omisión de correr traslado de la expresión de agravios
constituye un defecto de entidad suficiente para invalidar el pro-
cedimiento en segunda instancia. Responder al recurso del
adversario y defender la sentencia del primer juez dando los
fundamentos que se consideran indispensables para pedir su
confirmación, es una facultad legítima del apelado tutelada por
una norma expresa de la Constitución Nacional, que garanti-
za a todos los habitantes de la república el derecho de hacerse
oír antes de ser juzgados. La demandada no tiene razón para
negar este derecho afirmando que en el juicio de amparo la ape-
lación no tiene sustanciación. Si la ley concede al apelante la po-
sibilidad de expresar agravios contra el fallo del primer juez, no
puede suponerse que niegue al apelado el derecho correlativo de
contestar el recurso, tanto menos si no existe una disposición
expresa de la cual pueda inferirse semejante interpretación. A
falta de ella, la necesidad de asegurar el debido proceso hace
necesario reconocer al apelado el derecho de ser escuchado an-
tes de que la cámara conozca el recurso de su adversario. La
oportunidad para ejercer esa facultad no puede ser otra que la
establecida en el art. 1310 del CPC, cuya aplicación supletoria
resulta justificada por la falta de normas específicas de la ley de
amparo y por la remisión expresa que hace el art. 17 de esa ley
al código de procedimientos [TSJ, Sala Civ. y Com., en autos
“Pacheco, Marcelo (h.) s/ recurso de amparo - derecho de autos
- notificación - demanda - ampliación - daños y perjuicios”, Sent.
Nº 23, del 20-05-1986. Fuente: SAIJ, sumario Nº R0001225].
IX. La mera alegación del art. 1274, inc. 1, no basta para ha-
bilitar, sin más, la jurisdicción constitucional de este tribunal
frente a un pronunciamiento debidamente fundado, que ha
declarado legítimo el acto administrativo objetado a través de
un amparo [TSJ, Sala Civ. y Com., en autos “Faure de Barre-
ra, María Teresa s/ amparo - inconstitucionalidad - acción de
amparo”, Sent. Nº 93, del 13-04-1987. Fuente: SAIJ, sumario
Nº R0001531].
X. La resolución final en el amparo no constituye sentencia
definitiva a los fines de la revisión, pues ese decisorio no hace
PRÁCTICA DEL AMPARO 275
cosa juzgada material, ya que deja a las partes en libertad de
promover las acciones y recursos que puedan corresponder-
les, con independencia del amparo (arts. 1º y 3º, ley 4915, mod.
ley 5770), de suerte que no posee la calidad de sentencia defi-
nitiva que es indispensable para que pueda ser examinada en
esta sede [TSJ, Sala Civ. y Com., en autos “Mussa, Jorge D. c/
Municipalidad de Villa María s/ recurso de revisión - sentencia
definitiva - acción de amparo”, Sent. Nº 17, del 14-02-1986.
Fuente: SAIJ, sumario Nº R0001615].
XI. El art. 15 de la ley de amparo (4915 modificada por la 5770)
exige para que el recurso de apelación sea admitido que se en-
cuentre fundado, esto es, expresando las razones o motivos de
hecho y de derecho en virtud de los cuales se sostiene el ataque
a la resolución que se pretende abatir. En otras palabras, se debe
expresar en forma concreta, el juicio lógico en que se funda el
agravio que la decisión apelada ocasiona [Cám. Acus. Córdoba,
en autos “Campos, Emilio c/ Dirección General de Transporte de
la Provincia de Córdoba s/ recurso de amparo”, Sent. Nº 20, del
22-03-1990. Fuente: SAIJ, sumario Nº R0004447].
XII. La norma específica que prevé la apelación contra el pro-
veído denegatorio del amparo es el art. 15 de la ley 4915, y no
la genérica del art. 1240 del CPC, ordenamiento este último
al que sólo es lícito recurrir ante la ausencia de una previsión
expresa en la ley respectiva (art. 17 de la ley 4915) [TSJ, Sala
Civ. y Com., en autos “González Pedraza, E. c/ Telecom Argen-
tina STET - Telecom S.A. s/ amparo”, Sent. Nº 130, del 17-04-
1991. Fuente: SAIJ, sumario Nº R0007074].
XIII. No se advierte que el “Acuerdo de complementación em-
presaria” —suscripto entre el Banco Social de Córdoba y el
Banco de la Provincia de Córdoba, por el cual se encomienda
a este último la administración por cuenta y orden del primero
“de todos los activos y pasivos, incluidos los financieros y las
restantes medidas adoptadas en su consecuencia [...]” que se
impugna— pueda ocasionar lesión que afecte el derecho sub-
jetivo o el interés legítimo de los trabajadores de los bancos
cuya representación aduce el amparista [Del voto de la mayo-
ría, Dres. Álvarez de Varas y Rampini, Cám. 1a Civ. Com.
Córdoda, en autos “Asociación Bancaria Seccional Córdoba c/
276 LUIS R. CARRANZA TORRES
Banco de la Provincia de Córdoba y otro - amparo”, A.I. Nº 106,
del 22-04-1998. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 58, Síntesis de Ju-
risprudencia, ps. 226-227].
XIV. La Corte Suprema de Justicia de la Nación y tribunales
ordinarios han declarado que el poder de policía no puede lle-
gar al extremo de suprimir el derecho bajo el pretexto de regla-
mentarlo y que los tribunales de justicia están habilitados para
rectificar los impedimentos o restricciones reglamentarias
cuando ultrapasen los límites de los derechos y garantías
fundamentales, siendo inválidos los actos cuando sean arbi-
trarios, desiguales, de índole persecutoria o carentes de fun-
damentación legal [Cám. Civ. Com. Bell Ville, en autos “Las
Repetto y Cía. S.R.L. c/ Municipalidad de Bell Ville - acción de
amparo - apelación”, Sent. Nº 8, del 14-05-1999. Fuente: Foro
de Córdoba, Nº 59, Síntesis de Jurisprudencia, p. 268].
XV. El orden público es un conjunto de principios extrajurídi-
cos que califica ciertas leyes, exigiendo su imperatividad: es la
resultante del respeto, por todos los habitantes del país, de
aquellos principios o normas fundamentales de convivencia,
siendo uno de sus efectos, que no puede prevalecer por sobre
él, el principio de la autonomía de la voluntad. La violación
de este principio permite la intervención judicial para subsanar
tal anomalía [Cám. Civ. Com. Río Tercero, en autos “Nivoli,
Alejandro Antonio - amparo”, Sent. Nº 6, del 30-03-1999. Fuen-
te: Foro de Córdoba, Nº 59, Síntesis de Jurisprudencia, p. 269].
XVI. Tanto la ley de cooperativas, como el estatuto de la enti-
dad accionada y el contrato marco del servicio de salud opor-
tunamente suscripto deben ceder frente a la ineludible
primacía de la ley 24.754. Aun cuando los convenios suscrip-
tos entre las partes sean anteriores a la ley de marras, ello no
es óbice para la aplicación de ésta pues si la mutual conside-
rara que no debía o no podía hacer frente a las erogaciones de
esa naturaleza o destinadas a esas prestaciones, debió aclarar-
lo en oportunidad de la sanción de dicha normativa, ponién-
dolo en conocimiento de sus afiliados [Cám. Civ. Com. Río
Tercero, en autos “Nivoli, Alejandro Antonio - amparo”, Sent.
Nº 6, del 30-03-1999. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 59, Sínte-
sis de Jurisprudencia, p. 269].
PRÁCTICA DEL AMPARO 277
XVII. El término principia al producirse la puesta en conoci-
miento, y corre sin solución de continuidad por el tiempo orde-
nado, en el caso, cuarenta y ocho horas [Del voto de la mayoría,
Dres. Sársfield Novillo y Rampini, Cám. 1a Civ. Com. Córdoba,
en autos “Recurso directo interpuesto por las Dras. Cuello y
Carranza en autos ‘Negrette, Susana Elvira c/ Provincia de
Córdoba y otra - amparo’ ”, A.I. Nº 91, del 23-03-1999. Fuente:
Foro de Córdoba, Nº 60, Síntesis de Jurisprudencia, p. 274].
XVIII. En el supuesto en que venciera fuera de las horas hábi-
les de oficina debe aplicarse la disposición del art. 53 del CPC,
por lo que si la notificación se practicó el día 17 de diciembre
de 1998 sin que conste la hora en que se llevó a cabo, el lapso
debe computarse desde la última hora hábil de ese día y con-
cluye cuarenta y ocho horas después, es decir en la última hora
hábil del 19 de diciembre, que al haber sido sábado extiende
el período hasta las dos primeras horas del primer día hábil
siguiente, o sea el lunes 21 de diciembre de 1998. No correspon-
de aplicar en este supuesto el código ritual, toda vez que la ley
de amparo prevé el cómputo de los plazos procesales en horas,
estableciendo de esa manera un régimen especial, en conse-
cuencia, debe computarse el día en que se practica la notifica-
ción [Del voto de la mayoría, Dres. Sársfield Novillo y Rampini,
Cám. 1a Civ. Com. Córdoba, en autos “Recurso directo inter-
puesto por las Dras. Cuello y Carranza en autos ‘Negrette,
Susana Elvira c/ Provincia de Córdoba y otra - amparo’ ”, A.I.
Nº 91, del 23-03-1999. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 60, Sínte-
sis de Jurisprudencia, p. 274].
XIX. El plazo de horas es procesal, y no hay una norma de ese
tipo que regle el modo de contarlo, por lo que hemos de recu-
rrir a los principios generales del derecho [Del voto en disiden-
cia, Dra. Álvarez de Varas, Cám. 1a Civ. Com. Córdoba, en
autos “Recurso directo interpuesto por las Dras. Cuello y Ca-
rranza en autos ‘Negrette, Susana Elvira c/ Provincia de Cór-
doba y otra - amparo’ ”, A.I. Nº 91, del 23-03-1999. Fuente: Foro
de Córdoba, Nº 60, Síntesis de Jurisprudencia, p. 275].
XX. La ley procesal ha adoptado un sistema para el cómpu-
to de todos los plazos judiciales, que es el de exclusión del día
a quo o inicial. No existe razón para apartarse de él, no sólo
278 LUIS R. CARRANZA TORRES
por no encontrar fundamento legal, sino porque aparece
como mejor garantía de derecho de defensa al dar mayor se-
guridad de conocimiento del acto por el interesado, sin que
pueda causar perjuicio a los derechos del contrario [Del voto
en disidencia, Dra. Álvarez de Varas, Cám. 1a Civ. Com. Cór-
doba, en autos “Recurso directo interpuesto por las Dras. Cue-
llo y Carranza en autos ‘Negrette, Susana Elvira c/ Provincia
de Córdoba y otra - amparo’ ”, A.I. Nº 91, del 23-03-1999. Fuen-
te: Foro de Córdoba, Nº 60, Síntesis de Jurisprudencia, p.
275].
XXI. La ley procesal civil establece que las actuaciones judi-
ciales sólo pueden practicarse en días y horas hábiles bajo
pena de nulidad (art. 42); el art. 46 dispone que en el plazo de
días se computarán sólo los hábiles, siendo inhábiles los sá-
bados, domingos y feriados o los declarados inhábiles por
leyes, decretos y resoluciones del Tribunal Superior (art. 43,
primer párrafo). Horas hábiles se entienden las comprendi-
das entre las siete y las veinte horas (art. 43, último párra-
fo) [Del voto en disidencia, Dra. Álvarez de Varas, Cám. 1a Civ.
Com. Córdoba, en autos “Recurso directo interpuesto por las
Dras. Cuello y Carranza en autos ‘Negrette, Susana Elvira c/
Provincia de Córdoba y otra - amparo’ ”, A.I. Nº 91, del 23-03-
1999. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 60, Síntesis de Jurispru-
dencia, p. 275].
XXII. El plazo de horas debe computarse en corridas y no
hábiles. Si el plazo vence después de la hora de apertura del
Tribunal, es razonable y justo que se prorrogue hasta el fene-
cimiento de las dos primeras horas de oficina del día hábil si-
guiente, adoptando lo dispuesto en el art. 53 del CPC para el
plazo por días. Contando el plazo en horas corridas, nos acer-
camos a la interpretación común, aun de los letrados, que dan
el plazo de horas, cuando son proporcionales a las que contie-
ne un día, un significado equivalente al de los días que las
contienen [Del voto en disidencia, Dra. Álvarez de Varas, Cám.
1a Civ. Com. Córdoba, en autos “Recurso directo interpuesto por
las Dras. Cuello y Carranza en autos ‘Negrette, Susana Elvira
c/ Provincia de Córdoba y otra - amparo’ ”, A.I. Nº 91, del 23-03-
1999. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 60, Síntesis de Jurispru-
dencia, p. 275].
PRÁCTICA DEL AMPARO 279
XXIII. Computar las horas corridas, a partir de las cero horas
del día siguiente al de cumplimiento del acto —notificación—
y prorrogando el término a las dos primeras horas de apertu-
ra de oficina, da a la norma un sentido que aprehende la rea-
lidad y propende mejor a asegurar un proceso justo. Teniendo
en cuenta que la notificación de la sentencia se realizó el 17 de
diciembre de 1998, que los días 19 y 20 fueron sábado y domin-
go, debe computarse el plazo desde la 0 hora del día 19 hasta
las 24 hs. del día 21, prorrogándose a las dos primeras horas
del 22 de diciembre [Del voto en disidencia, Dra. Álvarez de
Varas, Cám. 1a Civ. Com. Córdoba, en autos “Recurso directo
interpuesto por las Dras. Cuello y Carranza en autos ‘Negrette,
Susana Elvira c/ Provincia de Córdoba y otra - amparo’ ”, A.I.
Nº 91, del 23-03-1999. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 60, Sínte-
sis de Jurisprudencia, p. 276].
XXIV. Esta Sala ha sostenido sobre la base del anterior or-
denamiento ritual (art. 907, ley 1419 y sus modificatorias)
que las disposiciones legales al establecer vgr. el término de
“24 horas” para la interposición del recurso, deben ser inter-
pretadas como un día completo y no de hora en hora. Ese es
el sentido que, de ordinario, por razones de seguridad,
practicidad y buena fe procesal se debe acordar a la locución
“horas”, de modo tal que cuando la ley alude a “veinticuatro”
o “cuarenta y ocho horas” refiere a un día o dos, respectiva-
mente [TSJ, Sala Civ. y Com., en autos “Allende Pinto, Adol-
fo y otros c/ Provincia de Córdoba - amparo - recurso directo”, A.I.
Nº 260, del 17-05-1999. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 55, Fallos,
p. 137].
XXV. Establecido que los plazos por horas deben interpretar-
se como un día completo y no de hora en hora, cabe sostener
también que corresponde excluir del cómputo al día de la
notificación (arg. art. 45, ley 8465, último párrafo, aplicable por
remisión del art. 17 de la ley 4915), ya que en nuestro sistema
procesal se excluye el día inicial, que no ingresa en el cómpu-
to de ningún tipo de plazo, por lo que el plazo para la interpo-
sición del recurso debe correr desde la cero hora del día
siguiente al que se efectuó la notificación de la resolución de
primera instancia [TSJ, Sala Civ. y Com., en autos “Allende
Pinto, Adolfo y otros c/ Provincia de Córdoba - amparo - recur-
280 LUIS R. CARRANZA TORRES
so directo”, A.I. Nº 260, del 17-05-1999. Fuente: Foro de Cór-
doba, Nº 55, Fallos, p. 137].
XXVI. El decr. 611/96 dictado por la administración accio-
nada, deviene absolutamente inaplicable respecto de la am-
parista, al lesionar en forma actual y con arbitrariedad e
ilegalidad manifiesta sus derechos adquiridos, es decir su
“estado docente en pasividad permanente”, incorporado a su
patrimonio y amparado por expresas normas constituciona-
les. Ello resulta entonces motivo suficiente para la proceden-
cia del amparo. El acto atacado constituye una manifiesta
violación al derecho de la actora a la estabilidad —como
consagra el Estatuto del Docente Primario y Preprimario—; a
su derecho a la salud —seriamente lesionada con el cambio
de horario y de función, que también reconoce protección
constitucional (arts. 33, CN, y 59, inc. a, Const. Pcial.)— y
a su remuneración —que con la aplicación del decreto cues-
tionado se ha visto reducida—. Si el Gobierno de la Provin-
cia de Córdoba consideró después que la actuación de la
autoridad educativa había sido consecuencia de un error y
resultaba lesiva para los intereses públicos, debió recurrir
temporáneamente —siendo que contenía una declaración o
reconocimiento de derechos— a la acción de lesividad pre-
vista por el art. 8º, segundo párrafo de la ley 7182, procuran-
do la anulación. Pero no habiéndolo hecho, la situación
generada por la referida resolución se consolidó, y los dere-
chos emergentes de ella a favor de la amparista quedaron así
incorporados definitivamente a su patrimonio [Cám. 2a Civ.
Com. Cont. Adm. Río Cuarto, en autos “Di Santo, María Ester
c/ Gobierno de la Provincia de Córdoba - acción de amparo”,
Sent. Nº 69, del 29-10-1998. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 56,
Síntesis de Jurisprudencia, ps. 303-304].
XXVII. El consumidor como el usuario gozan de la protección
constitucional y el prestador del servicio tiene la obligación de
brindarlo en condiciones de trato equitativo y digno. Tal de-
ber se viola cuando en forma arbitraria se niega el servicio de
que se trata (art. 42 de la Constitución Nacional). Sin embar-
go, el amparo debe rechazarse por cuanto no es la demanda-
da concesionaria la autora de la violación o restricción a la
garantía constitucional. Es el Estado Provincial concedente
PRÁCTICA DEL AMPARO 281
quien, de existir, habría producido la lesión constitucional y
no el concesionario. Además no se expuso ni se probó la ecua-
ción que demuestre la irrazonabilidad y confiscatoriedad de
la tarifa [Cám. Civ. Com. Fam. Trab. Marcos Juárez, en autos
“Saggiorato, Juan Pedro c/ Ente Intermunicipal Ruta Provin-
cial Nº 6 - acción de amparo”, Sent. Nº 1, del 11-02-1997. Fuente:
Semanario Jurídico, t. 76, 1997-A-641].
XXVIII. De la interpretación armónica de los arts. 1º, 2º, 6º,
incs. c y d de la ley 4915, se desprende que en la acción de am-
paro es de indudable aplicación el principio según el cual el juez
no puede proceder de oficio, debiendo atenerse a las cuestio-
nes que las partes someten a su conocimiento como materia
de debate. Así, en la demanda es preciso determinar el “acto
u omisión” lesivas y la relación circunstanciada de los extre-
mos que hayan producido o estén en vías de producir la lesión
del derecho o garantía constitucional. De manera concordan-
te, se impone al órgano jurisdiccional que la sentencia con-
tenga: a) La mención concreta de la autoridad contra cuya
resolución, acto u omisión se concede el amparo; b) La deter-
minación precisa de la conducta a cumplir, con las especifi-
caciones necesarias para su debida ejecución; c) El plazo para
el cumplimiento de lo resuelto (art. 12, ley citada). Una vez
que la resolución quede firme, quedará configurada la cosa
juzgada y, en su caso, será pasible de ejecución. Esta última
deberá referirse a lo que concretamente ha sido materia de
debate y resolución, pues sólo respecto de los mismos suje-
tos, objeto y causa podrá oponerse la cosa juzgada [TSJ, Sala
Cont. Adm., en autos “Gavier, Enrique y otros c/ Provincia de
Córdoba - amparo - recurso directo - ejecución”, A.I. Nº 88, del
26-03-1997. Fuente: Semanario Jurídico, t. 76, 1997-A-543].
XXIX. El amparo resuelve sobre situaciones de hecho y no
tiene por objeto declarar la existencia de derechos. La intan-
gibilidad de las remuneraciones de los magistrados y funcio-
narios del Poder Judicial está consagrada en la Constitución
Nacional y en la Constitución Provincial, y no necesita de
declaración jurisdiccional alguna; existe por sí misma. Lo que
los jueces deben resolver es si ciertos actos u omisiones lesio-
nan esas garantías y en el caso concreto, restituirla [TSJ, Sala
Cont. Adm., en autos “Gavier, Enrique y otros c/ Provincia de
282 LUIS R. CARRANZA TORRES
Córdoba - amparo - recurso directo - ejecución”, A.I. Nº 88, 26-
03-1997. Fuente: Semanario Jurídico, t. 76, 1997-A-543].
XXX. El art. 42 del Reglamento General de Clientes de Servi-
cios de Comunicación Móviles prevé la posibilidad de la
prestadora a negarse a la prestación del servicio cuando la
terminal móvil, por cualquier causa, haya sido inhabilitada
constando en los registros o banda negativa que a tal efecto
lleve ésta. No resulta irrazonable la cláusula cuestionada pues
si se la relaciona con el fin perseguido el derecho de las pres-
tatarias de brindar un servicio adecuado con terminales que
reúnan los requisitos de habilitación exigidos por ellas, no
surge palmaria violación a norma alguna de rango superior
que autorice acudir a la facultad excepcional de declarar la in-
constitucionalidad solicitada [Cám. 2a Civ. Com. Córdoba, en
autos “Montoya, Gustavo Hugo c/ CTI Norte Cía. de Teléf. del
Interior s/ amparo”, Sent. Nº 22, del 24-02-2000. Fuente: Foro
de Córdoba, Nº 68, Síntesis de Jurisprudencia, p. 250].
XXXI. Existe obligación de los prestadores de llevar los regis-
tros correspondientes incluyendo en ellos la causa de inhabi-
litación de la terminal ya sea robada, hurtada, extraviada o
inhabilitada por cualquier razón, obligación que no sólo no se
encuentra en flagrante violación a normas constitucionales
sino que podía y debía ser conocida por el usuario con antela-
ción [Cám. 2a Civ. Com. Córdoba, en autos “Montoya, Gustavo
Hugo c/ CTI Norte Cía. de Teléf. del Interior s/ amparo”, Sent.
Nº 22, del 24-02-2000. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 68, Sínte-
sis de Jurisprudencia, p. 250].
XXXII. El usuario tuvo la posibilidad, al solicitar el servicio, de
interiorizarse, de su inclusión en el registro de inhabilitación
pertinente, a los fines de determinar la posibilidad de acceder
al servicio en los términos contratados. Habiendo tenido a su
alcance los medios para evitar la interrupción del servicio, el
amparista no puede invocar una conducta de arbitrariedad o
ilegalidad manifiesta por parte de la demandada con idoneidad
para lesionar efectivamente sus derechos esenciales. Es requi-
sito indispensable para la apertura de un amparo que aparez-
ca de manera clara y manifiesta que lo que da motivo consista
en una restricción ilegítima a alguno de los derechos constitu-
PRÁCTICA DEL AMPARO 283
cionales o en amenaza inminente y grave de que aquello pueda
ocurrir. El amparo es una medida excepcional y sólo se utiliza
en las delicadas y extremas situaciones en las que se exija la
salvaguarda de derechos esenciales [Cám. 2a Civ. Com. Córdo-
ba, en autos “Montoya, Gustavo Hugo c/ CTI Norte Cía. de Te-
léf. del Interior s/ amparo”, Sent. Nº 22, del 24-02-2000. Fuente:
Foro de Córdoba, Nº 68, Síntesis de Jurisprudencia, p. 250].
XXXIII. No resulta irrazonable y arbitraria la negativa de la
empresa demandada a prestar el servicio de telefonía móvil en
terminal inhabilitada por falta de pago del anterior propieta-
rio y que obra registrada en la banda negativa confeccionada
al efecto, ya que ésta es un derecho impuesto reglamentaria-
mente en miras a la adecuada prestación del servicio a la co-
munidad y a cuyos términos el usuario se comprometiera
ajustarse en oportunidad de contratar con la demandada
[Cám. 2a Civ. Com. Córdoba, en autos “Montoya, Gustavo Hugo
c/ CTI Norte Cía. de Teléf. del Interior s/ amparo”, Sent. Nº 22,
del 24-02-2000. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 68, Síntesis de Ju-
risprudencia, p. 251].
XXXIV. El actor no ha pretendido en ningún momento una
usurpación de títulos, ni la obtención en su virtud de ventaja
alguna. No constituye una “corruptela social” el habitual tra-
tamiento como “doctor” en ámbitos ajenos al académico, que
suele otorgarse inclusive a quien únicamente ha obtenido el tí-
tulo de abogado, sin acceder a la aprobación de una tesis doc-
toral. Es, simplemente, muestra de respeto, de cortesía, de
usos protocolares y de una costumbre si se quiere solemne,
pero inocua jurídicamente y valiosa en cambio como una
manera de comunicación considerada, tal cual a veces se tra-
ta como “señora” en lugar de “señorita” a una mujer no casa-
da, pero que reviste méritos o ha alcanzado cierta edad [Cám.
8a Civ. Com. Córdoba, en autos “Schvartzman, Alejandro c/
IPAM - amparo”, Sent. Nº 17, del 21-02-2001. Fuente: Foro de
Córdoba, Nº 71, Síntesis de Jurisprudencia, p. 242].
XXXV. La medida de autoridad que excluye a la amparista
del concurso para acceder a los cuadros superiores del cuer-
po profesional y técnico de la Policía de la Provincia ha sido
tomada en resguardo de su persona y teniendo especialmente
284 LUIS R. CARRANZA TORRES
en cuenta su estado de embarazada. La decisión implica la
protección de la persona y por lo tanto no se advierte lesión,
amenaza o restricción a derecho alguno [Del voto de la mayo-
ría, Dres. Rampini y Sársfield Novillo, Cám. 1ª Civ. Com.
Córdoba, en autos “Ovelar, Silvana Andrea c/ Superior Gobierno
de la Provincia - amparo”, Sent. Nº 63, del 18-05-2000. Fuen-
te: Foro de Córdoba, Nº 71, Síntesis de Jurisprudencia, p. 241].
XXXVI. El llamado a concurso interno para acceder a los cua-
dros superiores del cuerpo profesional y técnico de la Policía
de la Provincia no preveía pruebas prácticas de tiro y manejo
de armas para los concursantes. La exigencia de examen prác-
tico de uso tiro y uso de armas aparece arbitraria, por falta de
norma legal que la haya dispuesto, violatoria del derecho
constitucional de igualdad ante la ley, porque coloca a la mujer
embarazada en condiciones de no poder acceder a la prueba y
por lo tanto quedar fuera del concurso cercenándole su dere-
cho a participar [Del voto en disidencia, Dra. Álvarez de Varas,
Cám. 1ª Civ. Com. Córdoba, en autos “Ovelar, Silvana Andrea
c/ Superior Gobierno de la Provincia - amparo”, Sent. Nº 63, del
18-05-2000. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 71, Síntesis de Juris-
prudencia, p. 241].
XXXVII. Acorde con lo previsto en el art. 14 de la ley 5350 (t.o.
por ley 6658) de procedimiento administrativo, “tendrán acce-
so al expediente durante todo su trámite” no sólo la parte inte-
resada o su apoderado, sino también su letrado patrocinante.
Impedir el acceso al expediente a quien reviste la calidad de le-
trado patrocinante, a pesar de no ser apoderado, implica un acto
manifiestamente ilegal y al lesionar el derecho a ejercer libre-
mente un trabajo profesional, así como, correlativamente,
menoscabar el de defensa en juicio del asistido (arts. 14 y 18 CN)
torna procedente el amparo en las condiciones previstas por el
art. 43 de la ley fundamental [Cám. 1ª Civ. Com. Córdoba, en
autos “Ovelar, Silvana Andrea c/ Superior Gobierno de la Pro-
vincia - amparo”, Sent. Nº 63, del 18-05-2000. Fuente: Foro de
Córdoba, Nº 71, Síntesis de Jurisprudencia, ps. 241-242].
XXXVIII. Corresponde tener por acreditada la condición de
letrado patrocinante del actor si tal cuestión ha quedado es-
clarecida en ocasión de labrarse el acta notarial agregada en
PRÁCTICA DEL AMPARO 285
autos que no ha sido tachada de falsedad, pues en ella quien
la gestiona invoca su carácter de letrado patrocinante y al pe-
ticionar mediante la escribana que se requiera vista del expe-
diente administrativo, no sólo tal calidad no es negada, sino
expresamente admitida por el asesor síndico de la demanda-
da [Cám. 1ª Civ. Com. Córdoba, en autos “Ovelar, Silvana
Andrea c/ Superior Gobierno de la Provincia - amparo”, Sent.
Nº 63, del 18-05-2000. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 71, Sínte-
sis de Jurisprudencia, p. 242].
XXXIX. El ejercicio de la potestad disciplinaria en materia
educativa es privativo de los órganos educacionales, de modo
tal que resulta exenta, en principio, del control jurisdiccional,
salvo caso de gravísima y evidente arbitrariedad. Son atribu-
ciones delegadas por el Estado Provincial y controladas por
éste, de manera que las actuaciones administrativas que la-
bran y las resoluciones que disponen, participan, en alguna
medida, de las características de los actos administrativos
estatales, en cuanto se los presume legítimos hasta que no se
pruebe y se declare lo contrario por la autoridad competente
[Cám. 6ª Civ. Com. Córdoba, en autos “Malbrán, Sofía y otras
c/ Colegio Madres Escolapias y otros - amparo”, Sent. Nº 90, del
11-06-2001. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 69, p. 205].
XL. Atento que no se advierte arbitrariedad manifiesta en la
constatación de los hechos, la individualización de las auto-
ras, ni en la valoración de las conductas por las cuales se
amonestó a las alumnas actoras, no procede introducirse en
la revisión jurisdiccional de las sanciones impuestas porque
se actuó ejerciendo facultades discrecionales dentro de lo
razonable (art. 1º, ley 4915) [Cám. 6ª Civ. Com. Córdoba, en
autos “Malbrán, Sofía y otras c/ Colegio Madres Escolapias y
otros - amparo”, Sent. Nº 90, del 11-06-2001. Fuente: Foro de
Córdoba, Nº 69, p. 205].
XLI. La acción de amparo presupone la existencia de un dere-
cho o garantía incontrovertido, cierto. Este extremo no se halla
sujeto a un amplio debate o prueba sino a la mera verificación
de la conducta u omisión lesiva y el agravio consiguiente. Por
lo tanto, se frustra la procedencia del amparo cuando la arbi-
trariedad o ilegalidad que se invoca, no surge con total nitidez,
286 LUIS R. CARRANZA TORRES
resultando ajenas a esta vía todas aquellas cuestiones que sean
opinables o bien requieran de un mayor debate y aporte pro-
batorio, excediendo las posibilidades cognoscitivas propias de
esta acción (art. 2º, inc. d, ley 4915). La acción de amparo no
tiene por finalidad facultar a los jueces a sustituir los trámi-
tes y procesos ordinarios, en tanto no se verifiquen los recau-
dos condicionantes para su procedencia [TSJ en pleno, en autos
“Acción de amparo presentada por Marta Edith Chaar de Flo-
res, Laura A. Guell de Dottori y otros - recurso de inconstitu-
cionalidad”, Sent. Nº 75, del 11-12-1997. Fuente: Repertorio
Foro de Córdoba, Año 1998, p. 27].
XLII. Por otro lado y con arreglo a la norma de remisión con-
tenida en el art. 17 de la ley 4915, debe entenderse que el im-
pulso del juicio de amparo que se sustancia en sede civil
incumbe, siempre a las partes del proceso, de suerte que la
inactividad de ellas durante el plazo que prescribe la ley del
fuero acarrea la caducidad de la instancia pendiente. La pecu-
liar naturaleza del juicio de amparo no empece a la aplicación
de este principio del derecho procesal civil. No obstante la
sumariedad de su trámite y la calidad constitucional de los
derechos cuya tutela jurisdiccional se persigue con la acción,
siempre se ventilan intereses puramente particulares pertene-
cientes a las partes involucradas en la litis, de modo que el
desenvolvimiento y progreso del juicio —o en el caso, del re-
curso de apelación— depende de la iniciativa de los propios in-
teresados, cuya situación jurídica personal está comprometida
en el juicio [TSJ, Sala Civ. y Com., en autos “Rodríguez, Luis
Cecilio y otros c/ Gobierno de la Provincia de Córdoba y otra -
amparo - recurso de casación”, A.I. Nº 83, del 05-04-2000. Fuen-
te: Foro de Córdoba, Nº 61, p. 164].
XLIII. La contaminación ambiental no tiene fronteras de sim-
ple vecindad y no se resuelve indemnizando como autoriza el
art. 2618 del CC, por lo cual es necesario adoptar soluciones
que en tiempo razonable restablezca el equilibrio ecológico,
indispensable para el equilibrio psico-físico del hombre. Por
consiguiente, en el evento denunciado, es menester recurrir
al trámite sumarísimo reglado por la ley 4915, pues siendo
distinto el objeto de la acción impetrada, a la que informa el
art. 2618 del CC, no corresponde la vía del juicio verbal, por
PRÁCTICA DEL AMPARO 287
correr riesgo de brindar protección judicial posterior al agra-
vamiento de las enfermedades que se denuncian [Cám. Civ.
Com. Villa María, en autos “Zuchetti, Héctor H. c/ Coop.
Agropecuaria Pozo del Molle Lda. - amparo”, A.I. Nº 82, del 10-
07-1994, Semanario Jurídico, t. 71, 1994-B-441].
XLIV. El recurso de casación es formalmente admisible, por-
que la sentencia contra la cual se interpuso el recurso de ape-
lación cuya declaración de caducidad se controvierte debe
reputarse definitiva, no obstante haberse pronunciado en un
proceso de amparo. Carácter definitivo éste que a su vez se
comunica al auto interlocutorio que declaró la perención,
pues la extinción del recurso de apelación deja firme aquélla,
produciendo cosa juzgada material sobre los derechos discu-
tidos en el juicio. La interpretación armónica de los arts. 13
y 15 de la ley 4915 suministra base normativa para concep-
tuar como sentencia definitiva a la resolución judicial que
declara la existencia o inexistencia de una lesión, restricción,
alteración o amenaza arbitraria o manifiestamente ilegal de
un derecho o garantía constitucional [TSJ, Sala Civ. y Com.,
en autos “Rodríguez, Luis Cecilio y otros c/ Gobierno de la Pro-
vincia de Córdoba y otra - amparo - recurso de casación”, A.I.
Nº 83, del 05-04-2000. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 61, p. 162].
XLV. Para juzgar la procedencia del recurso no es necesario
evaluar la suficiencia de los fundamentos de la resolución ni
la regularidad formal de éstos. Ello en razón de que la cuestión
discutida es eminentemente procesal, en cuanto pone en en-
tredicho la aplicación de normas que conciernen a la
perención de la segunda instancia. El error atribuido al auto
interlocutorio configura un supuesto vicio de actividad, aun
cuando la motivación fuese formalmente válida, lo que per se
basta para abrir la instancia de casación por quebrantamien-
to de formas [TSJ, Sala Civ. y Com., en autos “Rodríguez, Luis
Cecilio y otros c/ Gobierno de la Provincia de Córdoba y otra -
amparo - recurso de casación”, A.I. Nº 83, del 05-04-2000. Fuen-
te: Foro de Córdoba, Nº 61, p. 162].
XLVI. La eximición de costas, prevista en el art. 14, segunda
parte, ley 4915, habría exigido coherente reconocimiento en el
juicio de que cuando se interpuso el amparo, la pretensión era
288 LUIS R. CARRANZA TORRES
justa. Por el contrario, ésta ha sido resistida al alegarse un
sustento fáctico del todo diverso al vertido por el actor. En
su mérito, la accionada debe reputarse como vencida y apli-
carse la primera parte del citado art. 14 de la ley de amparo
[Cám. 1ª Civ. Com. Córdoba, en autos “Ovelar, Silvana Andrea
c/ Superior Gobierno de la Provincia - amparo”, Sent. Nº 63, del
18-05-2000. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 71, Síntesis de Juris-
prudencia, p. 242].
XLVII. Es jurisprudencia de este Tribunal que, aun cuando no
esté expresamente previsto en el sistema de la ley 4915 un
traslado al “apelado” para que conteste la apelación deducida,
éste se impone en respeto al principio del contradictorio, asen-
tado en la garantía de defensa en juicio [TSJ, Sala Civ. y Com.,
en autos “Allende Pinto, Adolfo y otros c/ Provincia de Córdoba
- amparo - recurso directo”, A.I. Nº 260, del 17-05-1999. Fuen-
te: Foro de Córdoba, Nº 55, Fallos, p. 137].
XLVIII. El traslado deberá ordenarse por el plazo de cuaren-
ta y ocho horas, ya que de aplicarse el de diez días previsto re-
gularmente (art. 371, CPC) se alongaría innecesariamente el
trámite, al tiempo que se presentaría desproporcionado fren-
te al concedido al apelante para expresar agravios. De tal modo
se resguarda, también, la igualdad de tratamiento de las
partes en el proceso” [TSJ, Sala Civ. y Com., en autos “Allen-
de Pinto, Adolfo y otros c/ Provincia de Córdoba - amparo - re-
curso directo”, A.I. Nº 260, del 17-05-1999. Fuente: Foro de
Córdoba, Nº 55, Fallos, p. 137].
XLIX. La instancia de apelación no es un estadio procesal
hábil para reeditar la discusión de litis en idénticos términos
a los vertidos en la primera instancia, debiendo, para fundar
su recurso, expresar los agravios de manera razonada y fun-
dada que el resolutorio emitido le produce, no bastando para
ello la sola muestra de disconformidad con lo sentenciado
[Cám. 6ª Civ. Com. Córdoba, en autos “Mujeres por la Vida
Asociación Civil c/ Provincia de Córdoba (Ministerio de Sa-
lud)”, resolución del 31-10-2003. Fuente: Archivo del autor].
L. En el limitado ámbito de la acción de amparo la inconsti-
tucionalidad sólo puede ser declarada cuando media una
PRÁCTICA DEL AMPARO 289
manifiesta u ostensible violación de los derechos y garantías
consagrados en la carta magna [Cám. 6ª Civ. Com. Córdoba,
en autos “Mujeres por la Vida Asociación Civil c/ Provincia de
Córdoba (Ministerio de Salud)”, resolución del 31-10-2003.
Fuente: Archivo del autor].
LI. No puede avisorarse una flagrante violación a norma cons-
titucional alguna, por cuanto el Estado provincial sólo ha re-
glamentado de manera razonable un programa establecido por
ley [Cám. 6ª Civ. Com. Córdoba, en autos “Mujeres por la Vida
Asociación Civil c/ Provincia de Córdoba (Ministerio de Salud)”,
resolución del 31-10-2003. Fuente: Archivo del autor].
GRÁFICO VI
VÍA RECURSIVA DEL AMPARO
Rechazo Sentencia Medidas de no innovar o
in limine suspensivas del acto
↓
Apelación
fundada
Admite (48 hs.)
juez NO
Denegación
apelación
↓ (24 hs.)
(48 hs.) SÍ
↓
Concesión Recurso directo
(24 hs.)
↓
Elevación (3 días)
(3 días) ↓ ↓
↓
Sentencia de
segunda
instancia
Provincia Nación
(caso federal)
↓ ↓
Recurso de Recurso
casación extraordinario
federal
SEGUNDA PARTE
AMPAROS ESPECIALES
7. Amparo por mora de la Administra-
ción Nacional; 8. El amparo por mora
en la provincia de Córdoba; 9. Amparo
previsional; 10. Amparo por mora tri-
butaria; 11. Amparo contra actos de
particulares; 12. Amparos electorales;
13. Amparo gremial; 14. Hábeas data a
nivel nacional; 15. El hábeas data pro-
vincial.
7. AMPARO POR MORA DE LA
ADMINISTRACIÓN NACIONAL
7.1. OBJETO PERSEGUIDO
Garrone expresa respecto de la administración del Estado
que: “Toda forma política impone al poder un mínimo de activi-
dad en relación con el orden social deseable. Esa actividad se
traduce en funciones orientadas a dar satisfacción a los reque-
rimientos y demandas sociales, organizando la cooperación so-
cial territorial, mediante la realización del derecho”.206
Estamos frente a un caso de mora administrativa cuando la
autoridad pública ha dejado vencer los plazos establecidos nor-
mativamente, o, en caso de inexistencia de éstos, ha dejado
transcurrir un tiempo que excede de lo razonable sin emitir
resolución acerca de la cuestión o cuestiones sobre las que el in-
teresado le hubiera requerido una decisión.
Ello es así en razón de que los plazos del trámite admi-
nistrativo son obligatorios para la Administración y el ad-
ministrado (art. 1º, inc. e, apartado 1, ley nacional 19.549, de
procedimientos administrativos), y aquélla, presentado un re-
querimiento por parte del interesado, está obligada a decidir
sobre todas las peticiones formuladas (art. 7º, inc. c, ley nacio-
nal 19.549), lo que no es sino una consecuencia necesaria del
derecho de petición a las autoridades reconocido constitucio-
nalmente a todos los habitantes de la Nación.
206
Op. cit., t. I, p. 103.
294 LUIS R. CARRANZA TORRES
Se trata por tanto de una acción judicial autónoma, institui-
da dentro de la ley procedimental administrativa, que se inter-
pone ante el órgano jurisdiccional competente. Constituye una
especie del amparo, al cual le es aplicable lo previsto en las res-
pectivas leyes generales de amparo en forma supletoria.
En el amparo por mora de la Administración, el objeto per-
seguido por la acción es el de obtener, por parte de la autoridad
pública, un pronunciamiento expreso respecto de lo requeri-
do a ella por los interesados.
7.2. NATURALEZA Y FUNDAMENTO
A nivel nacional, el amparo por mora de la Administración
se encuentra regulado en el art. 28 de la ley nacional 19.549 de
procedimiento administrativo. Se da a favor de todo adminis-
trado afectado por el retardo de la Administración, contra todo
acto omisivo de la misma, de fondo o trámite, a fin de obligarla
a un pronunciamiento expreso respecto de lo requerido.
Su fundamento constitucional resulta idéntico al del ampa-
ro general (véase el punto 1.2). Dromi lo liga asimismo con la ga-
rantía de la defensa en juicio y debido proceso (art. 18, CN),
“integrado por el derecho de peticionar, recurrir y accionar —en
este caso— contra la inactividad o morosidad administrativa,
que virtualmente opera como una denegación de justicia en sen-
tido amplio”.207
Se diferencia del amparo general por su objeto más reduci-
do y el carácter en principio unilateral del trámite de prime-
ra instancia (ya que se bilateraliza en forma indefectible recién
a partir de una eventual apelación), cosa que surge del mismo
art. 28, en el cual no se habla de intervención ni de producir
prueba alguna por parte de la Administración. Resulta ser la
consecuencia obligada, en materia procesal, de llegar a dar una
rápida solución a la mora.
207
Derecho administrativo, p. 729.
PRÁCTICA DEL AMPARO 295
7.3. EL AMPARO POR MORA RESPECTO DE OTRAS VÍAS PROCESALES
El amparo por mora está previsto como un instrumento al-
ternativo al de la negación tácita establecida por el art. 10 de
la ley 19.549. El administrado debe elegir entre la conversión
de la mora en silencio, lo cual conlleva la denegación tácita de
lo solicitado, o interponer un requerimiento de pronuncia-
miento expreso, ya sea por la vía reclamativa administrativa
de la queja o judicial del amparo.
Para cierta parte de la doctrina (entre ellos Dromi), la in-
terposición del pronto despacho del art. 10 hace perder la fa-
cultad de articular la vía de la queja o el amparo. Otros
entienden que primero debe operar el pronto despacho, y tan
sólo luego de fracasar éste puede ser intentado el amparo por
mora. Es la posición de Sagüés para el supuesto de que media-
ra un plazo determinado para que el órgano administrativo se
pronunciase, pero no en el caso de que no hubiera tal término.
Pearson adopta una tercera postura, sosteniendo que ambos
institutos tienen esferas distintas de actuación, no siendo
excluyentes entre sí.208
En cambio, si se solicitara un pronunciamiento expreso,
puede acumularse o ejercerse en forma alternativa o indistinta
la reclamación en queja o la interposición del amparo ante sede
judicial.
De nuestra parte entendemos que frente a la ausencia de
resolución puede optarse por el pronto despacho o el amparo
por mora, pero de hacerse uso del primero, no podrá interpo-
nerse el segundo hasta transcurrir el plazo conferido a la Ad-
ministración para resolver el pronto despacho.
7.4. PROCEDENCIA
Para la interposición del amparo por mora no es necesaria
la reclamación del art. 30 de la ley 19.549, ni la intimación, tam-
208
“El amparo por mora de la Administración Pública nacional”, LL, 1975-B-
423.
296 LUIS R. CARRANZA TORRES
bién de manera previa, con el objeto de constituir en mora a la
Administración, ya que la misma opera en forma inmediata con
el vencimiento de los plazos o la irrazonabilidad del tiempo
transcurrido. “La acción es procedente ante la mera situación
objetiva de mora administrativa acaecida en la tramitación,
sustanciación o resolución de un procedimiento administrativo,
en el que sea parte un particular. El acto omitido, como activi-
dad estatal cuestionada o requerida, puede ser un dictamen, in-
forme, resolución de mero trámite o resolución de fondo”.209
La prueba de la tardanza o inactividad corre a cargo del
actor. En la generalidad de los casos surge de la fecha de recep-
ción estampada por la Administración en la solicitud del caso,
o del cotejo de actuaciones del propio expediente administra-
tivo.
7.5. LEGITIMACIÓN
La ley habla de todo aquel “que fuere parte en un expedien-
te administrativo”, enunciando de esta forma a quienes
detentan la legitimación activa en el proceso.
No es necesario que el legitimado activo acredite algún per-
juicio específico para la promoción del amparo, ya que el mis-
mo se presume de la no obtención de un pronunciamiento
expreso de la Administración.
La “autoridad administrativa” de la Administración Públi-
ca nacional, centralizada o descentralizada, incluso los entes
autárquicos, resultan ser los legitimados pasivos contra quie-
nes se dirige la acción. Gordillo considera también alcanzadas
por la legitimación pasiva a las sociedades del Estado.
Sagüés se pronuncia por la viabilidad del amparo por mora
incluso contra las omisiones del Poder Ejecutivo, ya que no con-
sidera un requisito esencial la existencia de una instancia su-
perior jerárquica ante quien poner en conocimiento la eventual
desobediencia de la orden judicial de pronto despacho, si exis-
209
Dromi, Roberto, Derecho administrativo, p. 730.
PRÁCTICA DEL AMPARO 297
ten órganos dentro del marco institucional con capacidad su-
ficiente para sancionar tal conducta omisiva, como lo es el Con-
greso a través de la vía del juicio político. En el mismo sentido
se expiden Gordillo210 y Dromi211.
7.6. PLAZOS
La ley pertinente (ley nacional 19.549) no establece plazo
alguno para interponer el amparo. Por tratarse de una conduc-
ta omisiva, entendemos que podrá plantearse en cualquier
tiempo, en tanto tal conducta se mantenga, ya que el transcur-
so del tiempo, lejos de remediar nada, agravia aún más la pre-
tensión del administrado de obtener una respuesta concreta
por parte de la autoridad administrativa, que está obligada
a expedirse, ya que el valor negatorio dado al silencio por el
art. 10 resulta una ficción interpretativa en favor del adminis-
trado, a la cual éste es libre de acogerse o no.
7.7. DEMANDA. CONTENIDO
Si bien la norma (art. 28, ley nacional 19.549) habla de un
petitorio, entendemos que son aplicables en lo pertinente las
normas de la ley de amparo general al respecto, individuali-
zando al órgano en mora, describiendo los hechos que motivan
la presentación (tipo de trámite realizado, clase de pronuncia-
miento que requiere de parte de la autoridad administrativa,
tiempo transcurrido en mora o desde qué fecha está en condi-
ciones de dictarse una resolución, si se estuviera en la hipóte-
sis de irrazonabilidad del tiempo transcurrido sin que hubiera
plazo expreso) y realizando la petición correspondiente. A los
efectos de una mayor celeridad y abundamiento de datos para
210
Tratado de derecho administrativo, t. 2, Buenos Aires, Ediciones Macchi,
1982, p. XIV-21.
211
Derecho administrativo, p. 730.
298 LUIS R. CARRANZA TORRES
que el juez resuelva, el sujeto activo podrá indicar las normas
aplicables al caso, pero ello no es un requisito esencial, habida
cuenta del principio iura novit curia que rige en la actuación ju-
risdiccional. Barra212 estima que debe acompañarse a la misma
la documentación que certifique la situación de mora y el cum-
plimiento de los requisitos para acceder a la instancia judicial.
7.8. PROCEDIMIENTO
La sustanciación de la acción es de naturaleza sumaria.
Presentado el amparo por mora, primeramente el juez hará un
examen sobre su procedencia, análogo al del art. 3º de la ley de
amparo, “teniendo en cuenta las circunstancias del caso”, pu-
diendo darle curso o rechazarlo in limine si resultara su impro-
cedencia manifiesta. Si lo admitiera, deberá requerir a la
autoridad administrativa un informe sobre las causas de la de-
mora sobre la cual versa la demanda. Aun cuando de la norma
en cuestión (art. 28) pareciera inferirse que tal requerimiento
es una facultad del juez213, creemos que este informe debe pe-
dirse en todos los casos, atento a que constituye un verdadero
ejercicio del derecho de defensa que la unilateralidad del pro-
ceso por mora no llega a descartar. Junto al pedido de informe,
el juez fijará el plazo para la contestación del mismo. Sus deci-
siones, en este punto, tienen el carácter de inapelables.
Siendo la mora estatal el motivo de la acción en forma espe-
cífica, la autoridad deberá remitirse a explicar en el informe,
como punto central, las causas de la demora, ya que su objeto
principal es aportar pruebas al juez, sin perjuicio de ingresar
otras cuestiones, siempre que guarden conexión con el tema y
hagan al ejercicio de la defensa. La presentación del informe es
una carga procesal que la Administración podrá no realizar,
212
“El amparo por mora de la Administración”, ED, 59-797.
213
“[…] si lo estimare pertinente requerirá a la autoridad administrativa intervi-
niente […]”; de acuerdo, Pearson, Marcelo, “La acción judicial contra la Admi-
nistración Pública”, LL, 1982-D-912; Rivas, Adolfo, El amparo, Buenos Aires,
La Rocca, 1987, p. 390.
PRÁCTICA DEL AMPARO 299
pero tal actitud hará que el juez sentencie sobre la base de la
apreciación de lo presentado por el actor.
Queda librado a criterio de la Administración tildada de
morosa tan sólo contestar el informe, manteniendo la unilate-
ralidad del trámite, o presentarse en autos pidiendo participa-
ción en carácter de parte, la que no podrá ser negada.
Si hubiere hechos controvertidos, estimamos posible que el
juez abra a prueba la causa, rigiendo para este particular los
plazos y modos de producción de la ley general de amparo. Tal
facultad judicial debe ser apreciada en forma restrictiva, atento
al carácter particular del objeto de la acción y la naturaleza su-
maria del proceso.
7.9. SENTENCIA
Si en la sentencia se acogiese lo peticionado por el actor, en
la misma se librará orden de pronto despacho a la autoridad ad-
ministrativa responsable, a fin de que despache las actuacio-
nes en el plazo prudencial que se le establezca, de acuerdo con
la naturaleza y complejidad del trámite. “El mandamiento
judicial de pronto despacho es el contenido de la parte resoluti-
va de la sentencia. El acto jurisdiccional por el que normalmente
concluye este proceso judicial versará sobre si se despacha (en
caso favorable) o no se despacha (en caso desfavorable) el man-
damiento judicial de pronto despacho administrativo”214. Si la
Administración no estuviese en mora, ya fuera porque no se
han cumplido los plazos o porque no ha transcurrido un tiem-
po razonable (criterio que, en definitiva, queda librado a la ló-
gica racional del juzgador), corresponde rechazar la demanda.
Si la sentencia es condenatoria, la Administración no pue-
de volver a plantear la existencia o inexistencia de “la mora, la
justificación o no de ella, la veracidad de la documentación en
que se funda, la exigüidad del plazo fijado por el juez, etcétera.
Si la sentencia desestima la acción por no haberse tipificado la
214
Dromi, Roberto, Derecho administrativo, p. 731.
300 LUIS R. CARRANZA TORRES
mora, ello no impide que pueda replantearse el amparo una vez
que aquélla efectivamente se tipifique, ya que en tal caso habría
de juzgarse sobre una situación diversa”.215
El incumplimiento de la Administración del mandamien-
to judicial que le impone emitir el acto, dictamen o resolución
dentro del plazo impuesto judicialmente, le acarreará al fun-
cionario responsable una denuncia por desobediencia que está
obligado a presentar el juez que dictó la sentencia (art. 17, de-
creto-ley 1285/58), ante quien fuese el superior del incumplien-
te, a fin de que éste tramite e imponga la sanción disciplinaria
que corresponda. Entendemos que estas medidas no desplazan
la posible responsabilidad penal que pudiere caber (art. 249,
CP).
El accionante, frente al hecho del incumplimiento, podrá
requerir ante el juez la aplicación de sanciones conminatorias
o astrientes, ya que la sentencia implica una obligación de ha-
cer, y tal facultad, a pesar de no estar regulada en la ley de pro-
cedimientos, surge del derecho común, tanto de fondo como
procesal216; podrá igualmente considerar incursa a la Adminis-
tración en una negativa tácita, transcurridos treinta días desde
que culminó el plazo para dar cumplimiento al dictamen judi-
cial.
Respecto de la apelabilidad de la sentencia, la Cámara Fe-
deral en lo Contencioso Administrativo de la Capital Federal,
en sesión plenaria del 5 de febrero de 1985, resolvió por la ad-
misibilidad de la apelación respecto de la sentencia de prime-
ra instancia que declara la inexistencia de la mora por parte de
la Administración, en los amparos promovidos en virtud del
art. 28 de la ley de procedimientos administrativos 19.549.
La imposición de las costas resultará de la desestimación
o aceptación de la demanda, siguiendo la regla general del art.
14 de la ley nacional de amparo (véase supra el punto 6.7).
215
Salgado, Alí Joaquín, op. cit., p. 167, siguiendo a Gordillo.
216
Para mayor especificidad sobre el tema, véase Dromi, Roberto, Derecho ad-
ministrativo, p. 732.
PRÁCTICA DEL AMPARO 301
7.10. SELECCIÓN DE JURISPRUDENCIA NACIONAL
I. Lo atinente a no hallarse cumplidos en el caso los recaudos
exigidos por el art. 28 de la ley 19.549, remite al examen de
cuestiones de hecho y prueba ajenas a la instancia extraordi-
naria, máxime si se tiene en cuenta que la sentencia apelada
cuenta con fundamentos suficientes que impiden su descali-
ficación en los términos de la doctrina de la arbitrariedad
[CSJN (tribunal de origen: Cám. Nac. Apel. Civ. y Com., Sala
A), en autos “Jorge Ernesto de Donato c/ Comisión Municipal
de la Vivienda s/ procedimiento administrativo - amparo por
mora de la Administración - recurso extraordinario - proceden-
cia - derecho al acceso a una vivienda digna”, Sent. Nº D348, del
03-04-1986. Fuente: SAIJ, sumario Nº A0001666].
II. Reviste un rigor formal injustificado, y corresponde dejar
sin efecto el pronunciamiento que rechazó la demanda de
amparo por mora de la administración, pues frente a las ra-
zones dadas por el apelante con relación a sus condiciones fa-
miliares, a sus dificultades para conseguir vivienda, a las
políticas enunciadas por la autoridad competente y a su ins-
cripción en los planes correspondientes a la Comisión Muni-
cipal de la Vivienda, la demanda no debió ser rechazada in
limine y sin requerir un informe a la autoridad competente,
ya que la necesidad de respuesta sobre un problema de vital
importancia para el demandante —poseedor de una familia
numerosa que aspira a la utilización de un plan oficial para
lograr acceso a una vivienda digna— no puede ser desatendi-
da por completo sobre la base de consideraciones procesales
insuficientes [CSJN (tribunal de origen: Cám. Nac. Apel. Civ.
y Com., Sala A), en autos “Jorge Ernesto de Donato c/ Comi-
sión Municipal de la Vivienda s/ procedimiento administrativo
- amparo por mora de la Administración - recurso extraordi-
nario - procedencia - derecho al acceso a una vivienda digna”,
Sent. Nº D348, del 03-04-1986. Fuente: SAIJ, sumario Nº
A0001667].
III. Los agravios relativos a la improcedencia del amparo por
mora de la administración (art. 28 de la ley 19.549) remiten al
examen de cuestiones de hecho y derecho procesal, irreversi-
bles en la instancia pertinente ante la denegatoria del recur-
302 LUIS R. CARRANZA TORRES
so interpuesto fundado en la supuesta arbitrariedad del fallo
apelado [CSJN, en autos “Matadero y Frigorífico Antártico
SAIC c/ Estado Nacional - Secretaría de Comercio Interior s/
amparo”, Sent. Nº M106, del 12-02-1987. Fuente: SAIJ, suma-
rio Nº A0016186].
IV. Corresponde devolver los autos al tribunal de su proceden-
cia para que se expida acerca de si el caso ha sido definitivamen-
te resuelto mediante una resolución de la Secretaría de
Comercio Interior, que había interpuesto el recurso extraor-
dinario contra la sentencia que, haciendo lugar al amparo por
mora de la administración (art. 28 de la ley 19.549), la conmi-
nó a resolver en diez días los pedidos de aumento de precio, en
razón de que podrán tornarse abstractas las cuestiones que se
pretenden someter a decisión de la Corte Suprema [CSJN, en
autos “Matadero y Frigorífico Antártico SAIC c/ Estado Nacio-
nal - Secretaría de Comercio Interior s/ amparo”, Sent. Nº M106,
del 12-02-1987. Fuente: SAIJ, sumario Nº A0016187].
V. Si el incumplimiento que llevó al actor a iniciar el juicio de
amparo por mora de la administración (art. 28 de la ley 19.549),
no se relaciona sino de modo indirecto con la obligación de pagar
astreintes, pues ella tiene causa directa en la falta de cumpli-
miento de la obligación de hacer impuesta a la demanda con
posterioridad en la sentencia, en la decisión de fecha 16 de sep-
tiembre de 1991, resulta inaplicable el régimen de la ley 23.982,
pues es posterior a la fecha de Corte prevista en la misma [CSJN,
en autos “Parrilla, Francisco c/ Ministerio de Salud y Acción
Social de la Nación s/ amparo por mora”, Sent. Nº P419, del 10-
08-1993. Fuente: SAIJ, sumario Nº A0026627].
VI. No encuentra sustento legal la sentencia que descartó la
procedencia del amparo por mora con fundamento en que la
cuestión de fondo aparecía referida al cumplimiento de un con-
trato ya que el art. 28 de la ley 19.549 no excluye su aplicabi-
lidad en el ámbito contractual sino que constituye una opción
otorgada a favor del particular que no puede ser cercenada o
limitada por una interpretación jurisprudencial que desvirtúe
los alcances de la norma [Voto en disidencia, Dres. Moliné O’
Connor y Boggiano, CSJN, en autos “DHA. Empr. Constr. -
Ingeco S.A. - Viluco S.A. - Arg. Asoc. y otro c/ Entidad Binacional
PRÁCTICA DEL AMPARO 303
Yaciretá s/ amparo por mora”, Sent. Nº V286 XXIV, del 21-05-
1996. Fuente: SAIJ, sumario Nº A0035502].
VII. La acción de amparo por mora prevista por el art. 28 de
la ley 19.549 tiene un restringido marco de conocimiento
—verificación de la demora administrativa por vencimien-
to de los plazos legales o reglamentados para resolver o por
exceder lo razonable sin emitir el dictamen o la resolución re-
querida—, y dentro de ese marco toca al juzgador decidir —en
ausencia de plazos legales para resolver—, la razonabilidad
del tiempo transcurrido sin que la administración resuelva
acerca de la petición que haya efectuado el particular. En
ejercicio de esa facultad, se autoriza al tribunal a controlar
jurisdiccionalmente el procedimiento administrativo du-
rante la etapa de su producción y el tiempo insumido por el
trámite [Cám. Nac. Civ. Com. Fed., Sala 1, 05-10-1999, en
autos “Warrier Lambert Company c/ Instituto Nacional de la
Propiedad Industrial”. Fuente: Barbado, “Jurisprudencia
agrupada”, JA, 2001-IV-35].
VIII.La presunta irrazonabilidad de la conducta administra-
tiva, no puede ser juzgada por la vía elegida, ya que la accio-
nante cuenta con las vías correspondientes para intentar que
se revoque una decisión que entiende le causa gravamen.
(cons. 5º) [Cám. Nac. Cont. Adm. Fed., Sala I, 21-04-1998, en
autos “Kank y Costilla S.A. c/ Ministerio de Defensa de la
Nación s/ amparo por mora”, causa Nº 26. 344-97. Fuente:
Secretaría de Jurisprudencia de la Cámara Contencioso Admi-
nistrativa Federal].
IX. La acción que autoriza el art. 28 de la ley de procedimien-
tos administrativos tiende a remediar la omisión de pronun-
ciamiento del órgano administrativo frente a un reclamo
concreto del particular, por lo que resulta exceptuado de la
competencia del juzgador el análisis del fondo de la cuestión
debatida, la procedencia de la solicitud, o la mayor o menor
legalidad con que se expida la autoridad competente (conf.
Sala II, in re “Basigaluz Saez, Laura c/ Estado Nacional (Mi-
nisterio de Educación)”, 27-12-1985, en ED, 117-522) (cons. 3º)
[Cám. Nac. Cont. Adm. Fed., Sala I, 21-04-1998, en autos
“Kank y Costilla S.A. c/ Ministerio de Defensa de la Nación s/
304 LUIS R. CARRANZA TORRES
amparo por mora”, causa Nº 26. 344-97. Fuente: Secretaría de
Jurisprudencia de la Cámara Contencioso Administrativa Fe-
deral].
X. Alegar la pérdida del expediente no resulta idóneo para
justificar la mora en resolver, ya que no es posible hacer car-
gar sobre el administrado la desorganización administrativa
[Cám. Nac. Cont. Adm. Fed., Sala I, 26-02-1998, en autos
“Genoud de Camus, Ana María c/ Estado Nacional - Ministe-
rio del Interior s/ amparo por mora”, causa Nº 18.256-97. Fuen-
te: Secretaría de Jurisprudencia de la Cámara Contencioso
Administrativa Federal]
XI. Lo solicitado judicialmente no ha sido a su vez previamente
peticionado en sede administrativa. El actor solicita se lo
informe acerca de diversas circunstancias referidas a concur-
sos docentes, pero en ningún momento insta el trámite admi-
nistrativo de dichos concursos. Mal puede el actor solicitar
amparo por mora cuando la administración no ha sido colo-
cada en esta situación. No ha habido requerimiento concreto
sobre el tema por parte del accionante para que la administra-
ción emitiera dictamen o resolución, presupuesto ineludible
para la habilitación de la vía judicial por medio del amparo
especial estatuido en el art. 28 de la ley 19.549 [Cám. Fed.
Córdoba, Sala B, en autos “Macagno, Roberto Andrés Cr. c/
Universidad Nacional de La Rioja - Depto. de Ciencias Socia-
les - amparo por mora”, Sent. Nº 110, del 03-07-1998. Fuente:
Foro de Córdoba, Nº 52, Síntesis de Jurisprudencia, p. 203].
XII. Desde que la naturaleza del reclamo del art. 28 de la ley
19.549 no encuadra en ningún proceso regulado por el CPCCN,
corresponde aplicar de modo supletorio lo previsto en la ley
general de amparo 16.986 [Cám. Nac. Fed. Cont. Adm., Sala
II, en autos “Fluvialco Nav. S.A. c/ ST y OP s/ amparo por mora”,
resolución del 22-04-1976. Fuente: ED, 60-293].
XIII. Corresponde imponer las costas del amparo por mora a
la Administración, si ella dio motivo a la acción por su actitud
reticente [Cám. Nac. Civ., Sala E, en autos “René c/ Municipa-
lidad de Buenos Aires s/ amparo por mora”. Fuente: Gozaíni,
Costas procesales, p. 337].
PRÁCTICA DEL AMPARO 305
XIV. Quien es parte en un expediente administrativo puede
solicitar al juez sólo una orden de pronto despacho, no pu-
diendo determinar el Poder Judicial la forma en que la Admi-
nistración debe expedirse [Cám. Nac. Cont. Adm. Fed., Sala
V, en autos “Orazi c/ Confer s/ amparo por mora”, resolución del
10-02-1999. Fuente: ED, Boletín de Jurisprudencia de la Cáma-
ra Contencioso Administrativa Federal, 1/99, ficha 9920, citado
por Díaz Solimine, Juicio de amparo, p. 446].
XV. El art. 10 de la ley 19.549 frente al art. 28 del mismo or-
denamiento, importa una interpretación de carácter faculta-
tivo para el administrado [Cám. Nac. Apel. Civ. Com. Fed.,
Sala I, en autos “Gutnisky S.A. c/ Estado Nacional”, resolución
del 29-12-1998. Fuente: LL, 1999-E-935].
XVI. Es apelable la sentencia de primera instancia sobre la
existencia o no de mora de la administración, en los amparos
del art. 28 de la ley 19.549 [Cám. Nac. Fed. Cont. Adm. en ple-
no, en autos “Zubdesa S.A. c/ Ferrocarriles Argentinos”, reso-
lución del 05-02-1985. Fuente: JA, 1985-II-341].
XVII. El principio de responsabilidad del vencido en materia
de imposición de costas del art. 63 del CPCCN es compatible
con el régimen del amparo por mora, lo que impide remitir a
la norma de excepción del art. 14 de la ley de amparo [Cám.
Nac. Fed. Cont. Adm., Sala I, en autos “De Abreu de Beronio c/
Estado Nacional”, resolución del 20-10-1988. Fuente: DJ, 1989-
I-12].
XVIII. En el amparo por mora se aplica el siguiente orden de
prelación de normas: 1) las contenidas en el art. 28 de la ley
19.549; 2) las normas del CPCCN que no estén en pugna con
el régimen de amparo por mora; 3) frente a soluciones incom-
patibles de las normas supletorias cabrá aplicar por analogía
lo previsto en la ley 16.986 [Cám. Nac. Fed. Cont. Adm., Sala
I, en autos “De Abreu de Beronio c/ Estado Nacional”, resolu-
ción del 20-10-1988. Fuente: DJ, 1989-I-12].
XIX. No procede la acción de amparo por mora si al momen-
to de su deducción existe la resolución de fondo que requiere
el interesado [Cám. Nac. Fed. Cont. Adm., Sala I, en autos “En-
306 LUIS R. CARRANZA TORRES
rique, Luis c/ EMGE”, resolución del 08-11-1995. Fuente: LL,
1998-E-86].
XX. Es inaplicable al amparo por mora —art. 28, ley 19.549—
el plazo de caducidad para interponer la acción de amparo —
art. 2º, inc. e, ley 16.986—, ya que es incompatible con su
naturaleza [Cám. Nac. Civ. Com. Fed., Sala 1, 13-03-2001, en
autos “Centro Terapéutico El Árbol Familiar c/ Servicio Nacio-
nal de Rehab. Prom. de la Persona Discapacitada y otro”. Fuen-
te: DJ, 2001-3-664].
8. EL AMPARO POR MORA EN LA PROVINCIA
DE CÓRDOBA
8.1. CARACTERIZACIÓN
El amparo por mora de la Administración se encuentra re-
ceptado en el art. 52 de la Constitución de la Provincia de Cór-
doba, el cual establece que cuando la misma Constitución, una
ley u otra norma imponga a un funcionario, repartición o ente
público administrativo, un deber concreto a cumplir en un pla-
zo determinado, toda persona puede demandar su cumpli-
miento por la vía judicial, peticionando la ejecución inmediata
de los actos que el funcionario, repartición o ente público ad-
ministrativo se hubieran rehusado a cumplir.
Su fundamento constitucional resulta idéntico al del ampa-
ro por mora nacional, si bien mantiene con el mismo diferen-
cias procesales.
Como su homólogo federal, se da a favor de todo adminis-
trado afectado por el retardo de la Administración, contra todo
acto omisivo de la misma, de fondo o trámite, a fin de obligarla
a un pronunciamiento expreso respecto de lo requerido, acae-
ciendo la mora administrativa en igual forma que lo ya expre-
sado respecto del orden federal (véase supra punto 7.1).
Asimismo, también en el orden provincial los plazos del trá-
mite administrativo son obligatorios para la Administración y
administrados (art. 63, ley 6658), y la Administración, presen-
tado un requerimiento por parte del interesado, está obligada
308 LUIS R. CARRANZA TORRES
a decidir sobre todas las peticiones formuladas por razones
análogas a las expresadas anteriormente (véase supra punto
7.1).
La justicia provincial217 hizo mención de un derecho de los
particulares a “ser administrados” por parte de la autoridad
estatal, perseguible por la vía del amparo por mora. En nues-
tra provincia, como antes hemos dicho, este tipo de amparo se
halla establecido a nivel constitucional en virtud del art. 52 de
la carta magna provincial. El mismo expresa: “Para el caso de
que esta Constitución, una ley u otra norma impongan a un fun-
cionario, repartición o ente público administrativo un deber
concreto a cumplir en un plazo determinado, toda persona afec-
tada puede demandar su cumplimiento judicialmente y peticio-
nar la ejecución inmediata de los actos que el funcionario,
repartición o ente público administrativo se hubiera rehusado
a cumplir. El juez, previa comprobación sumaria de los hechos
enunciados, de la obligación legal y del interés del reclamante,
puede librar mandamiento judicial de pronto despacho en el
plazo que prudencialmente establezca”.
Entendemos que la Administración siempre tiene a su car-
go el deber de expedirse de manera expresa, deber que surge
correlativo del derecho reconocido por la Constitución de
Córdoba a todas las personas de la provincia de obtener res-
puesta de las autoridades respecto de las peticiones que le
formularen (art. 19, inc. 9, derechos enumerados).
Como surge de los debates de la Constituyente de 1987, el
instituto del amparo por mora fue ideado como un procedimien-
to con la nota distintiva de la celeridad, procurando de este
modo asegurar una respuesta ágil a la petición de los particu-
lares respecto de “las dilaciones exageradas generadas en el
ámbito de la Administración Pública provincial”218.
217
Cám. 2ª Cont. Adm. Córdoba, en autos “ Gómez Ochoa, Juan Carlos y otro c/
Provincia de Córdoba s/ amparo por mora”, Sent. Nº 49, del 07-06-1993.
218
Cfr. Diario de Sesiones, Honorable Convención Provincial Constituyentes, t.
II, p. 1615.
PRÁCTICA DEL AMPARO 309
En octubre de 1995, la Legislatura provincial dictó la ley
8508 sobre el particular, la cual fue promulgada el 13 de noviem-
bre y publicada el 17 del mismo mes en el Boletín Oficial.
Constituye la misma una especie particular del género del
amparo, por lo cual le es aplicable lo previsto en la ley gene-
ral de amparo (ley 4915) en forma supletoria, en todo lo que no
se haya normado de manera expresa, tal como se establece en
su art. 17. Empero, tal primer grado de reenvío no suple, en la
práctica de las cosas, mucho que digamos. Esto ya que la ley de
amparo por mora ha sido concebida sobre el molde de la 4915,
con lo cual mantiene en la generalidad sus mismas virtudes
y defectos. En el orden siguiente de prelación supletoria se
encuentran el Código de Procedimiento Contencioso Admi-
nistrativo y el Código Procesal Civil y Comercial de la provin-
cia.
Asimismo, dentro del género de los diferentes amparos
por mora, el de la provincia de Córdoba presenta rasgos carac-
terísticos que lo distinguen de la acción homóloga nacional.
Pasaremos a explicitar su trámite y a marcar tales diferen-
cias.
8.2. PROCEDENCIA. LEGITIMACIÓN ACTIVA. CUESTIÓN DE LOS
INTERESES DIFUSOS
Como expresáramos supra (punto 8.1), entendemos que la
regla es que la Administración debe expedirse de manera ex-
presa, no sólo por el derecho reconocido por la Constitución de
Córdoba a todas las personas de la provincia de obtener res-
puesta de las autoridades sino también porque surge de la
propia forma republicana de gobierno.
No nos convence entonces la redacción del art. 1º de la ley
8508, que pareciera exigir una norma que establezca la obliga-
ción de expresarse de la Administración. Deja la confusión de
suponer que, por regla general, a la Administración le resulta
facultativo responder a lo que solicitan los ciudadanos, a quie-
nes ella debe, por razón de ser, servir.
310 LUIS R. CARRANZA TORRES
En todo caso, la normativa constitucional es clara al res-
pecto, y atento a su nivel superior, resulta el camino legal a se-
guir respecto de esta cuestión.
Para tornar procedente la acción se necesita, asimismo,
que tal omisión provoque un perjuicio a quien accione respec-
to de un derecho subjetivo o un interés legítimo.
No aclara la norma si resulta posible accionar en virtud de
intereses colectivos y difusos. Aun cuando a primera vista pa-
reciera negarse en la norma tal posibilidad, los principios cons-
titucionales y la doctrina han definido en otra dirección tal
cuestión.
El art. 52 de la Constitución cordobesa habla de “toda per-
sona afectada”, no aclarando si tal afectación debe ser indivi-
dualmente diferenciable o puede ser en virtud de un perjuicio
colectivo. Como se puede apreciar, la norma constitucional
contiene una redacción más amplia que el art. 28 de la ley na-
cional de procedimientos administrativos, que no puede ser
desconocida en una norma de nivel inferior.
El art. 53 por su parte establece, con carácter de principio
general, que “La ley garantiza a toda persona, sin perjuicio de
la responsabilidad del Estado, la legitimación para obtener de
las autoridades la protección de los intereses difusos, ecológicos
o de cualquier índole, reconocidos en esta Constitución”. El am-
paro por mora, como especie del amparo general, es una ley de
garantía constitucional que no puede pasar tampoco esta pres-
cripción por alto.
La Cámara 5ª de Apelaciones en lo Civil y Comercial de la
Ciudad de Córdoba entendió que la expresión “toda persona
que se considere afectada”, contenida en el art. 5º de la ley 4915
de amparo general, comprendía asimismo a la afectación res-
pecto de los intereses difusos.219
Entendemos entonces procedente, en virtud de todo lo
antes dispuesto, que se accione por esta vía cuando la mora
219
En autos “Vaggione, Rafael c/ Superior Gobierno de la Provincia de Córdo-
ba”, Sent. Nº 71, del 12-08-1994.
PRÁCTICA DEL AMPARO 311
estatal comprometa los intereses enunciados en el art. 53 de
nuestra Constitución Provincial, a consecuencia de la demora
en resolver respecto de un trámite administrativo.
8.3. LEGITIMACIÓN PASIVA
La presente normativa legal determina la legitimación
pasiva tomando por base la referencia a un concepto funcio-
nal (función administrativa estatal), en idéntica forma a lo es-
tablecido en la ley de procedimientos administrativos y el
Código de Procedimiento Contencioso Administrativo: “Son
funcionarios, reparticiones o entes públicos administrativos, a
los fines de la presente ley, los del Estado provincial, cualquie-
ra fuera el poder, y de los municipios y comunas, centralizados
o descentralizados, y cualquier otro órgano o persona de derecho
público estatal o no estatal, dotado de potestad pública, en todos
los casos en que actúen en ejercicio de la función administrati-
va” (art. 2º, ley 8508).
Concordamos con la amplitud que establece el presente
artículo, especialmente en cuanto abre las puertas a fin de
mejorar las posibilidades de atención respecto de los derechos
de los usuarios y consumidores, en estos tiempos de descon-
centración estatal.
8.4. SUPUESTO DE INADMISIBILIDAD
El art. 3º de la ley 8508 expresa que no será admisible la ac-
ción de amparo por mora de la Administración cuando la inter-
vención judicial comprometa directa o indirectamente la
regularidad o continuidad de un servicio público o de activida-
des estatales esenciales.
La norma, de idéntico alcance y propósito al del art. 2º, inc.
c, de la ley 4915, trata de compatibilizar el interés general con
el individual en materias indispensables para la vida en co-
munidad.
312 LUIS R. CARRANZA TORRES
Remitimos, por tanto, a lo expuesto en tal parte (véase punto
2.6.3). Empero, no apreciamos, en el caso del amparo por mora,
cuál puede resultar el obstáculo que su ejercicio presente a la “con-
tinuidad” o “regularidad” de cualquier servicio público, máxime
cuando el objeto de ella resulta que la Administración resuelva
frente a una petición dada, sin imponerle en lo más mínimo direc-
triz alguna para hacerlo en un sentido determinado.
8.5. COMPETENCIA. CRÍTICA DE LA DOCTRINA
La norma, en su art. 4º, atribuye competencia para enten-
der en los amparos por mora, a los tribunales competentes
contencioso administrativos del lugar de cumplimiento del
acto o del domicilio de la parte demandada. Esta elección re-
sulta ser una facultad propia de quien acciona.
Con anterioridad a la sanción de la presente ley, todo juez
de primera instancia podía conocer en los amparos por mora,
por aplicación analógica de lo preceptuado por la ley general
de amparo.
Se decía entonces, de parte de la doctrina, que: “se debe
otorgar a la jurisdicción contencioso administrativa competen-
cia para resolver los juicios de amparo por mora de la Adminis-
tración y aquellos que se refieren a la protección de los intereses
difusos y ecológicos reconocidos en nuestra nueva Constitución
Provincial, por su especialidad, fijándose un procedimiento
adecuado a la naturaleza y protección requerida”.220
Empero, otra parte de la doctrina ha criticado este cambio,
al tratar idéntico supuesto respecto del amparo provincial, por
entender que restringe el acceso a la justicia, especialmente en
las regiones más apartadas del territorio provincial.
220
Altamira Gigena, Julio Isidoro, “El contencioso administrativo, ayer, hoy,
mañana”, Anales de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de
Córdoba, Córdoba, Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Cór-
doba, 1990, p. 119.
PRÁCTICA DEL AMPARO 313
“Todos los jueces ejercen el control de constitucionalidad y
están habilitados para conocer en la protección de derechos
constitucionales, por eso siempre los jueces de primera instan-
cia, de cualquier fuero, entendieron en los amparos. Para evitar
que los jueces controlen los actos y omisiones de las autoridades,
se eligió a las cámaras contencioso Administrativas, como pri-
mera instancia obligada, seguramente porque el gobierno
supone que, al estar integradas las mismas por vocales que
fueron —antes de ser magistrados— en todos los casos abogados
del Estado, actuarán [...] como jueces adictos. Igual pensamiento
inspiró la ley 8508 al darle a estas cámaras competencia en los
amparos por mora de la Administración. Esta acumulación de
causas en las que el Estado es parte, en las cámaras en lo Con-
tencioso Administrativo, no responde entonces a razones de es-
pecialización, ya que el amparo, contra el Estado o particulares
—incluso el por mora de la Administración— es materia ‘proce-
sal constitucional’ y no ‘contencioso administrativo’, y pretende
transformar a estas cámaras en un fuero personal para enten-
der en juicios contra el Estado”.221
Barrera Buteler, por su parte, afirma que “El amparo, por
su naturaleza, debe ser una acción a la que el afectado en sus
derechos ha de poder ocurrir con facilidad y con la celeridad
necesarias; de allí que originariamente se estableció jurispru-
dencialmente el principio de la ‘competencia indiscriminada’;
esto es que la persona que viere afectados de manera manifies-
tamente ilegítima sus derechos pudiera acudir ante ‘el juez
más inmediato’ para obtener la pronta restauración de su de-
recho conculcado”.222
“Al prohibirles a los jueces de primera instancia intervenir
se les crea dificultades a los litigantes del interior que no podrán
pedir amparo en los juzgados ubicados en ciudades donde no
hay cámaras, como Alta Gracia, Carlos Paz, Río Segundo, etc.
221
Gentile, Jorge Horacio, “Córdoba al borde del desamparo”, en Vivencias po-
líticas y constitucionales, Córdoba, Alveroni Ediciones, 2000, p. 241.
222
“Proyecto de ley que modifica la ley 4915 de amparo”, en Tribuno, Año IV, Nº
18, diciembre de 1998, p. 19.
314 LUIS R. CARRANZA TORRES
—sus jueces naturales— y que con esta ley se verán obligados a
ir a Córdoba o a las ciudades sedes de las cámaras de competen-
cia múltiple”.223
Entendemos que el principal problema de este artículo se
genera, no en los centros urbanos de importancia de nuestra
provincia, donde existe un tribunal con competencia contencio-
so administrativa al que se puede introducir con una razona-
bilidad de distancia la acción de amparo por mora, sino en los
más alejados de los asientos de tales cámaras, en donde la dis-
tancia entre un juzgado de primera instancia respecto de las
mismas resulta considerable para el cómputo. En tales casos
concretos, la protección de los derechos constitucionales debe
primar (como no puede ser de otra forma) respecto de las cues-
tiones de especialización de fueros, máxime cuando, en la rea-
lidad de los hechos, a la demora estatal le agregamos la
imposición de litigar en jurisdicción lejana, con lo que recarga-
mos el tiempo de la mora. Asimismo, la redacción del presen-
te artículo resulta contradictoria, pues la adjudicación de
competencia a las cámaras hace ilusoria la posibilidad real de
optar por el domicilio del demandante, cuando éste no cuenta
en un radio cercano al mismo de un tribunal de tales caracte-
rísticas.
Llegado el caso concreto, en tales supuestos podría plan-
tearse una violación del derecho a la efectiva jurisdicción, por
lo que nos parece saludable postular la reforma del presente,
estableciendo la competencia indiscriminada por parte de los
tribunales de primera instancia, para los casos de amparo por
mora, en aquellos radios territoriales alejados de una sede de
cámara con competencia contencioso administrativa.
8.6. REQUISITOS DE LA DEMANDA
La acción de amparo se interpone a través de un escrito
ante la correspondiente sede judicial, que revestirá la forma de
223
Gentile, Jorge Horacio, “Córdoba al borde del desamparo”, op. cit., p. 242.
PRÁCTICA DEL AMPARO 315
una demanda. Además de los requisitos propios de tal, deberá
contender la misma, para introducir la cuestión del amparo por
mora:
a) Individualización del accionante: tal requisito se
cumple expresando en el escrito, en la forma de estilo, nombre,
apellido, estado civil, número de identificación individual,
domicilio real o social, según sea el caso, y el procesal; nombre
de sus representantes y datos de la inscripción registral co-
rrespondiente para el caso de ser una persona colectiva.
b) Individualización de los extremos de la omisión
sobre la que se pretende se pronuncie el tribunal: lo que
se solicita a la Administración, el derecho o interés que se halle
afectado por causa de la mora, el vencimiento del plazo para
expedirse o que halla pasado un tiempo razonable, el órgano o
autoridad morosa y la normativa en concreto que resulta apli-
cable al caso. Respecto del alcance sólo a derechos subjetivos
o intereses legítimos, y respecto de la existencia de una norma
concreta que implique el deber de expresarse por parte de la
Administración, remitimos a lo dicho supra en el punto 8.1.
c) Ofrecimiento de toda la prueba y acreditación de
personería: Barra224 estima que debe acompañarse a la mis-
ma la documentación que certifique la situación de mora y el
cumplimiento de los requisitos para acceder a la instancia ju-
dicial. Asimismo, quien no actúa por derecho propio deberá
acreditar su personería con los instrumentos del caso. Toda la
prueba documental deberá ser acompañada en la demanda.
Sobre el particular de la prueba véase infra punto 8.10, y la
remisión que allí se hace.
8.7. EXAMEN DE ADMISIBILIDAD
Presentada la demanda, el tribunal tiene veinticuatro ho-
ras para expedirse sobre la admisibilidad de la misma: “Si la
224
“El amparo por mora de la Administración”, op. cit., p. 797.
316 LUIS R. CARRANZA TORRES
acción fuese manifiestamente inadmisible, el juez la rechazará
sin sustanciación, ordenando el archivo de las actuaciones”. No
es un examen sólo sobre el supuesto de inadmisibilidad del art.
3º, ya que la ley no prohíbe el rechazo liminar por motivos de
fondo, pero exige que tal vicio sea manifiesto, es decir, que sur-
ja con toda claridad y de forma indiscutible de la presentación.
En caso de duda, se estará a favor de la admisión del amparo.
Resulta de aplicación aquí lo dicho en el punto 5.5 de la
primera parte, referida a la acción de amparo general.
Cuando la demanda adoleciera de defectos o resultase os-
cura, se emplazará al demandante para que la subsane en el
término de veinticuatro horas, bajo pena de rechazarla. Subsa-
nada, se resolverá lo que corresponda sobre su admisibilidad
en igual plazo. Respecto de esta última parte de la norma,
Dromi entiende que establece “[...] un verdadero deber de sa-
neamiento a cargo del tribunal respecto de las demandas
irregulares, por aplicación del principio informalista al proceso
administrativo”.225
Desestimada por no cumplir el emplazamiento respecto de
los defectos señalados en la demanda, el accionante podrá
promover otra, cumpliendo con todos los requisitos y presu-
puestos de la misma, atento al carácter formal del rechazo.
8.8. CITACIÓN Y PEDIDO DE INFORME. PARTICIPACIÓN O NO EN EL
JUICIO POR PARTE DE LA ADMINISTRACIÓN
De aceptar la procedencia de la acción el juez deberá reque-
rir a la autoridad un informe circunstanciado del hecho que
motiva la presentación.
Informar, en su acepción común, resulta ser la acción de
entender o dar noticia respecto de una cosa. En el sector jurí-
dico que analizamos, podemos arriesgar un concepto de infor-
me como la explicación en detalle, tanto fáctica cuanto jurídica,
que la Administración se encuentra obligada a remitir al tribu-
225
Derecho administrativo, p. 846.
PRÁCTICA DEL AMPARO 317
nal respecto del estado de la tramitación objeto del litigio, y la
adecuación o no de la misma a los plazos legales o de razonabi-
lidad procedentes.
Sólo ello debe consignar en el informe. Toda otra cuestión
que estime conveniente introducir al proceso deberá realizarse
a través del acto procesal de comparecer en juicio y contestar
demanda en la forma de estilo del fuero.
Es a opción de la Administración, entonces, bilateralizar el
proceso, solicitando participación en el mismo, o limitarse a la
producción del informe, siendo en este caso el procedimiento
de naturaleza unilateral. Como se ve, no necesariamente la
Administración resulta parte de la sustanciación de la presen-
te acción de amparo por mora.
8.9. IMPROCEDENCIA DE CUESTIONES PREVIAS, INCIDENTALES Y
RECUSACIÓN SIN CAUSA
Es aquí de aplicación lo dicho supra en los puntos 5.4 y 3.12
de la primera parte.
8.10. PRUEBA
Remitimos a lo dicho en el punto 5.7 de la primera parte.
8.11. SENTENCIA. CONTENIDO DE LA MISMA. COSTAS
La sentencia que admita el amparo contendrá el manda-
miento de cumplir el deber dentro de un término prudencial.
Podrá también disponer se notifique al superior jerárquico de
la autoridad administrativa que hubiera incurrido en mora, a
los efectos que hubiere lugar.
En caso de desobediencia al mandato de pronto despacho
que contuviera la sentencia, el tribunal girará los anteceden-
tes al órgano judicial competente en materia penal.
318 LUIS R. CARRANZA TORRES
El incumplimiento de la Administración del mandamien-
to judicial que le impone emitir el acto, dictamen o resolución
dentro del plazo impuesto judicialmente, acarreará la denun-
cia penal por desobediencia (art. 249, CP), girando los antece-
dentes del caso al órgano de aquel fuero correspondiente para
entender en tal cuestión.
Respecto de la imposición de las costas, lo previsto en el art.
10 sigue en principio la regla general de su imposición al venci-
do de acuerdo al art. 14 de la ley general de amparo, dejando em-
pero, en su segunda parte, un marco de actuación más o menos
amplio al tribunal respecto del tema para adoptar fundadamen-
te otro criterio frente a situaciones particulares. Suele reducir-
se la condena o imponerse por el orden causado en diversos
supuestos (cuando la mora haya cesado antes de dictar senten-
cia, o el asunto respecto de la existencia de la misma fuese dis-
cutible, etc.). Resulta aquí de aplicación lo dicho en el punto 6.7.
8.12. VÍA RECURSIVA
Las resoluciones serán irrecurribles. Contra la sentencia
las partes podrán interponer solamente los recursos extraor-
dinarios previstos por ley 7182, es decir, los de casación, in-
constitucionalidad, revisión y queja.
El presente implica una marcada restricción al acceso de la
vía recursiva para el amparo por mora. Recoge una doctrina al
respecto sustentada por el Tribunal Superior de Justicia (véa-
se infra capítulo 5, puntos III y VIII de la jurisprudencia).
Adviértase, sin embargo, que no guarda correspondencia
alguna con lo previsto por el Código de Procedimiento Conten-
cioso Administrativo respecto de las causas en que la Provin-
cia fuere parte.
Aun cuando desde antiguo, la Corte Suprema de la Nación
ha entendido que la doble instancia no es requisito constitucio-
nal de la defensa en juicio226, no nos resulta feliz la presente nor-
226
Fallos 115:96; 187:79; 298:252, entre otros.
PRÁCTICA DEL AMPARO 319
ma, tanto por lo anteriormente dicho cuanto por la omisión en
cuanto a la posibilidad de recurrir en los casos del art. 6º (su-
puesto de rechazo in limine). Con todo entendemos que tal po-
sibilidad es viable, atento a que la segunda parte de la norma
declara recurribles las sentencias, sin acotar respecto de las
que tratan el fondo de la cuestión, y el rechazo in limine, más
allá de la denominación con que pueda emitírsela, resulta ser
una sentencia de rechazo de la pretensión llevada a conoci-
miento del magistrado.
Abona tal posición una pacífica jurisprudencia de la Corte
Suprema de Justicia de la Nación, que entiende equipara, a los
efectos recursivos, a la calidad de sentencia definitiva a “[...] la
decisión que rechazó un amparo, si ocasiona un agravio de in-
suficiente, dificultosa o tardía reparación ulterior”.227
Resulta interesante considerar que respecto del amparo
por mora federal, cuya normativa incurre en idéntica omi-
sión, la Cámara Federal en lo Contencioso Administrativo de
la Capital Federal, en sesión plenaria del 5 de febrero de 1985,
resolvió la admisibilidad de la apelación respecto de la sen-
tencia de primera instancia que declara la existencia o inexis-
tencia de la mora por parte de la Administración en los
amparos promovidos en virtud del art. 28 de la ley de proce-
dimientos administrativos.
Atento no tratarse de un recurso, las sentencias en los
amparos por mora resulta susceptible de aclaratoria.228
8.12.1. Recurso de casación
Procede el recurso de casación (arts. 46 y ss., CCAPCba.)
sólo contra las sentencias definitivas o contra los autos que
227
CSJN, en autos “Bodegas Galardón de Galanterik Hnos. S. A. c/ inv. s/ acción
de amparo”, Sent. Nº B197, del 24-03-1992.
228
Carranza Torres, Luis, Procedimiento y proceso administrativo en Córdoba,
vol. 2: El proceso administrativo, ps. 229 y 230.
320 LUIS R. CARRANZA TORRES
pongan fin a la acción, dictados por la Cámara Contencioso
Administrativa y fundados en los siguientes motivos:
a) Inobservancia o errónea aplicación de la ley sustantiva
o la doctrina legal, incluso en caso de sentencias contradicto-
rias de las cámaras.
b) Quebrantamiento de las formas sustanciales estableci-
das para el procedimiento, o la sentencia, excepto cuando el
acto motivo de la nulidad hubiese sido consentido o producido
por el recurrente.
Resulta ser aquel “[...] que se interpone ante el Tribunal
Supremo contra fallos definitivos [...] en los cuales se suponen
infringidas leyes o doctrina legal, o quebrantada alguna garan-
tía esencial del procedimiento”.229
Germaert Willmar230 entiende que los fines de la casación
resultan ser:
a) Asegurar la uniformidad en la interpretación de la ley
sustantiva (y en nuestro ordenamiento, la doctrina legal y la no
contradicción de las sentencias de las cámaras), preservando
de ese modo la vigencia del principio constitucional de igual-
dad ante la ley.
b) Controlar, el órgano jurisdiccional supremo del Estado,
el cumplimiento de las formas esenciales del juicio estableci-
das constitucionalmente.
Como puede verse, nuestra casación por infracción de la ley
resulta ser más amplia que en otros ordenamientos procesales
(vgr., Provincia de Buenos Aires). Por doctrina legal debe com-
prenderse la que se derive de la letra o espíritu de la ley231 en
un plano de igualdad con la norma legal, a los efectos de su pro-
cedencia. Conectado a esto se halla la cuestión de si el tribunal
—al sentenciar— debe atenerse solamente a la ley o puede in-
corporar a su decisorio consideraciones de otro origen (costum-
bre administrativa, doctrina, etc.). Subsume también lo que se
229
Ossorio, Manuel, Diccionario de ciencias jurídicas, políticas y sociales, Buenos
Aires, Heliasta, 1994, p. 835.
230
Op. cit., ps. 116 y 117.
231
Gernaert Willmar, Lucio, op. cit., p. 125.
PRÁCTICA DEL AMPARO 321
ha dado en llamar “recurso de inaplicabilidad de la ley” en el
ámbito nacional y de la provincia de Buenos Aires.
Se ha entendido a la casación derivada de esta causal como
el recurso que “[...] con carácter extraordinario, contra senten-
cias definitivas y por las causas taxativamente enumeradas en
la ley procesal [...] contra el supuesto desconocimiento de dere-
chos [...]”232. Es un recurso que trata el fondo de lo resuelto. Su
fin es mantener la uniformidad legal (en sentido amplio) en todo
el ámbito de la jurisdicción provincial.
Respecto de la casación por quebrantamiento de formas,
“[...] sólo cabe en los casos y en el modo determinado legalmen-
te y por quebrantamiento (violación, infracción, desconocimien-
to, omisión o negación) de alguna forma (trámite, escrito, prueba
u otro medio del procedimiento) que pueda tener importancia en
la decisión de la causa y siempre que se haya reclamado opor-
tunamente su cumplimiento y señalado la falta”233. En esta cau-
sal, es un recurso que trata sobre la forma con que fue resuelto
el litigio. Apunta a resguardar la garantía del debido proceso,
incluyendo los derechos y garantías conexos al mismo.
El plazo de interposición, en ambos supuestos, es de diez
días a contar desde la notificación de la resolución materia de
agravio.
La interposición del recurso debe ser escrita y fundada,
expresando en tales términos por separado cada motivo de
agravio, con concreta manifestación de la normativa aplicable
al punto y de lo requerido por el recurrente respecto de tal
punto de agravio.
Las exigencias guardan relación con el carácter extraordi-
nario de la vía, que implica un ingreso estrecho a la misma y un
conocimiento limitado de la alzada.
El acto de presentación del recurso es la única oportunidad
del recurrente para fijar la materia del agravio e individuali-
zarla.
232
Ossorio, Manuel, op. cit., p. 836.
233
Ídem.
322 LUIS R. CARRANZA TORRES
El tribunal realiza, dentro de los tres días, un primer exa-
men de admisibilidad de la casación. En caso de encontrarla
formalmente procedente, la remitirá al superior tribunal y
emplazará a las partes a comparecer en él. Contra su desesti-
matoria podrá articularse recurso de queja.
Dentro del tercer día de arribados los autos a la respectiva
sala del tribunal superior, el recurrente deberá comparecer
ante él. “Aparecer ante el juez de la causa, cumpliendo natural-
mente con las formalidades que la ley exige”234. Implica para el
trámite de la casación contencioso administrativa un reafir-
mar su interés por mantener activo el recurso.
La ley presume una falta de interés ante la no presentación
en plazo, por lo que impone la desestimación de oficio.
Luego de efectuada la comparecencia, la sala realiza, en
igual término que la cámara, un segundo examen de admisibi-
lidad formal.
Si lo encontrase procedente, correrá traslado a las partes por
nueve días, siendo facultativo que las mismas presenten infor-
me sobre su derecho. La sentencia se dictará dentro de los treinta
días siguientes a la conclusión de los plazos de traslado.
Respecto al tema del reenvío o no en caso de hacerse lugar
al recurso, nuestro ordenamiento adopta una posición inter-
media en relación a los sistemas francés y español. La sala dic-
tará un nuevo procedimiento si la materia se refiriera a
cuestiones de fondo, sin reenvío, y “devolverá” la causa a la
cámara que sigue en el turno contencioso administrativo (la
remitirá, en realidad, por ser envío a un nuevo tribunal) en caso
de errores de procedimiento, para que juzgue nuevamente. Lo
dicho nos parece lo indicado, tanto a fin de no recargar la ya
profusa tarea del tribunal superior, cuanto para no remplazar
hacia arriba funciones de grado, con la consiguiente alteración
del curso procesal ordinario.
234
Garrone, José Alberto, op. cit., t. III, p. 416.
PRÁCTICA DEL AMPARO 323
8.12.2. Recurso de revisión
El recurso de revisión (art. 48, CCAPCba.), de carácter
excepcionalísimo, procede contra la sentencia firme:
1) Si la sentencia ha recaído en virtud de pruebas que al
tiempo de dictarse aquélla, ignorarse una de las partes o estu-
vieran reconocidas o declaradas falsas, o se reconocieran o
declarasen falsas después de la sentencia.
2) Si después de pronunciada la sentencia se recobrasen
documentos decisivos ignorados hasta entonces, extraviados
o detenidos por fuerza mayor o por obra de la parte a cuyo fa-
vor se hubiere dictado aquélla.
3) Si la sentencia hubiera sido pronunciada a consecuencia
de prevaricato, cohecho, violencia u otra maquinación fraudu-
lenta, cuya existencia se hubiere declarado en fallo posterior
irrevocable.
El mismo procede por motivos que se encuentran fijados de
manera taxativa en los tres incisos del presente, “para atacar
sentencias pasadas en cosa juzgada. Lo extraordinario de los
motivos fundamentadores de esta demanda consiste en que
deben materializarse por medio de circunstancias extrínsecas
con referencia al proceso donde recayó la sentencia impugnada
[...] no se trata de los errores de hecho o de violaciones de la ley
que fluyan del material histórico o del elenco jurídico considera-
do o que pudo considerarse en la sentencia, o que debió observar-
se en el trámite del proceso y para el pronunciamiento de la
sentencia”.235
Su admisibilidad resulta excepcional, atento a ser una ex-
cepción al principio de irrevocabilidad de la cosa juzgada. Es
a cargo de quien lo intenta demostrar que se halla en la situa-
ción prevista por alguno de los incisos. En los casos del primer
y segundo inciso, lo ignorado debe tener la entidad suficiente
como para haber podido cambiar el resolutorio del proceso, en
el caso de haberse conocido en el tiempo procesal oportuno.
235
Gernaert Willmar, Lucio, op. cit., p. 159.
324 LUIS R. CARRANZA TORRES
Respecto al caso del tercer inciso, debe mediar sentencia pe-
nal firme, sin posibilidades de que tal fallo sea atacado de algu-
na manera.
Si el recurso triunfa se revoca la sentencia correspondien-
do dictar un nuevo pronunciamiento. Entendemos que a este
respecto resulta de aplicación la última parte del art. 47 del
Código Contencioso Administrativo.
“El valor justicia, finalidad de este recurso, debe prevalecer
sobre el de seguridad jurídica, que contiene como nota dominante
la cosa juzgada; pues la protección que el Estado le concede a su
propia verdad procesal debe ceder ante el más alto interés de la
justicia material, en este caso extraño al proceso mismo, por que
aquel se desvió de su fin específico y último”.236
Es de muy difícil aplicación respecto de los procesos de
amparo por mora, por la especial naturaleza del objeto proce-
sal perseguido. No obstante ello, y pese a nuestras dudas sobre
su aplicabilidad en este tipo de procesos, lo hemos incluido,
atento a que lo comprende el alcance de la norma que estable-
ce la vía recursiva en el amparo por mora.
8.12.3. Recurso de inconstitucionalidad
El recurso de inconstitucionalidad (art. 49, CCAPCba.) re-
sulta ser la reclamación de carácter extraordinario que se otor-
ga ante el Tribunal Superior de Justicia, cuando la decisión
judicial definitiva o equiparable a ella se haya pronunciado
rechazando la tacha de inconstitucional aducida por el recu-
rrente respecto de una norma, a fin de mantener incólume la
supremacía normativa constitucional provincial (art. 161,
CCba.).
Procede respecto de sentencias definitivas o autos interlo-
cutorios equiparables a tales, en razón de poner término, en
sentido amplio, al proceso. Las mismas deben haber sido dic-
tadas en un proceso de instancia única, es decir en aquellos en
236
Gernaert Willmar, Lucio, op. cit., p. 160.
PRÁCTICA DEL AMPARO 325
que la provincia no resulta ser parte y resolver de manera
adversa la tacha de inconstitucionalidad aducida.
“Este recurso, que es un medio extraordinario de impugna-
ción, comporta en sí mismo la casación por errores in iudicando
de linaje constitucional, ya que pretende corregir aquellos erro-
res contenidos en la sentencia que decida un caso constitucio-
nal”.237
El objeto del recurso es el análisis de la validez constitucio-
nal de la norma atacada respecto de la Constitución Provincial.
No procede contra violaciones de la Constitución Nacional
o leyes nacionales, desde que se halla limitado a la considera-
ción de materias regidas por la Constitución local. En tales
casos deberá acudirse por la vía de la casación por infracción
de la ley (art. 45, inc. a). En caso de haber omitido resolver la
cuestión, la vía es el art. 45, inc. b.
Son de aplicación, en virtud del art. 13 del Código Conten-
cioso Administrativo, las normas sobre el particular reguladas
en el Código Procesal Civil y Comercial de la provincia.
8.12.4. Recurso de queja por denegación del recurso
Si la Cámara denegase un recurso ante la alzada contencio-
so administrativa, el recurrente que considere indebida tal
denegación podrá recurrir en queja ante la Sala pertinente del
Tribunal Superior, a fin de que se otorgue el recurso denega-
do.
La Sala ante la cual se interpone efectúa una revisión del
juicio de admisibilidad formulado por la Cámara, a fin de des-
estimar lo peticionado o, por el contrario, encontrar mérito en
la queja, disponiendo la sustanciación del recurso interpues-
to ante la instancia inferior.
Lo dicho, ya que “[...] el juicio definitivo sobre la admisibili-
dad del recurso incumbe al Tribunal Superior, pues de otro modo
quedaría en manos de los jueces o tribunales inferiores la posi-
237
Gernaert Willmar, Lucio, op. cit., p. 148.
326 LUIS R. CARRANZA TORRES
bilidad de frustrar la vigencia misma del sistema de la instan-
cia plural admitido por la ley”.238
8.13. PERENTORIEDAD. IMPULSO PROCESAL
En el proceso de amparo por mora de Córdoba, todos los
plazos establecidos en la presente ley son de carácter perento-
rio. El tribunal ejerce la dirección del proceso y su trámite será
impulsado de oficio (art. 12, ley 8508).
En la naturaleza de los términos el amparo por mora se
aparta diametralmente respecto del amparo general, que si
bien nada dice al respecto, se entiende en la generalidad de la
doctrina que de no estarles atribuida específicamente tal cali-
dad por la norma propia del fuero (vgr. art. 47, CPCC), no pue-
de considerárselos de naturaleza perentoria o fatal.239
La dirección del proceso atribuida al tribunal determina no
sólo la amplitud de sus facultades, sino que revela el tipo y
naturaleza de proceso en que se sustancia la acción de ampa-
ro por mora. No resulta el mismo de naturaleza dispositiva,
atento al interés público que, a la par del personal, se encuen-
tra en él comprometido: el de asegurar un Estado republicano
que responda a las peticiones de sus ciudadanos, tal como ga-
rantizan las constituciones Nacional y de la Provincia.
“El poder de conducción o de dirección del proceso, el poder
de esclarecer la verdad de los hechos del proceso, etcétera, inde-
pendientemente de su categorización dentro de los poder-debe-
res, son manifestaciones del principio de autoridad, cuya
conceptualización dependerá de la respuesta que se dé sobre
238
Garrone, José Alberto, op. cit., t. III, p. 256.
239
Voto de la mayoría, Dres. Álvarez de Varas y Rampini, Cám. 1ª Civ. Com.
Córdoba, en autos “Unión del Personal de Administración Pública Provincial c/
Provincia de Córdoba - acción de amparo”, A.I. Nº 345, del 07-10-1997, Sema-
nario Jurídico, t. 78, 1998-A-285.
PRÁCTICA DEL AMPARO 327
cuáles son los límites de la función del juez en el derecho proce-
sal”. 240
Director es quien manda y organiza241. Es su deber impul-
sar el proceso al vencimiento de los términos establecidos en
el proceso, así como realizar todos los actos que estime condu-
centes a un mejor juzgamiento de la cuestión traída a su cono-
cimiento, con independencia de las peticiones de las partes.
8.14. NORMAS SUPLETORIAS
La remisión al derecho adjetivo del art. 13 de esta ley guar-
da idéntica línea conceptual que el art. 17 de la ley general de
amparo: “en todo lo no previsto por la presente ley y en cuanto
resulte compatible con las disposiciones precedentes y con el
carácter sumarísimo del trámite, serán de aplicación supleto-
ria la ley que reglamenta la acción general de amparo, el Códi-
go Contencioso Administrativo y el Código Procesal Civil, en ese
orden”.
La remisión es de la especie al género, y luego de acuerdo
a la normativa procesal aplicable al fuero llamado a entender
y decidir.
Remitimos respecto del particular a lo ya dicho en la par-
te general (véase punto 6.9).
8.15. NORMA TRANSITORIA
El art. 14 determina el alcance temporal de la presente ley,
disponiendo su aplicación tan sólo a las causas comenzadas con
posterioridad a su trámite. La solución adecuada es la razona-
ble, habida cuenta de que con anterioridad, por aplicación su-
240
Garrone, José Alberto, op. cit., t. III, p. 145.
241
Garrone, José Alberto, op. cit., t. I, p. 776.
328 LUIS R. CARRANZA TORRES
pletoria de la ley general de amparo, el amparo por mora se
instrumentaba en doble instancia, con una vía recursiva de más
fácil acceso. Asimismo, la competencia respecto de los jueces
que podían entender en tales temas era mayor que con la pre-
sente. Difícilmente la presente ley se hubiera podido aplicar
a los procesos en curso sin que ello trajera aparejado la viola-
ción de garantías constitucionales, y entre ellas la del juez na-
tural determinado en forma previa.
El hecho determinante de la aplicación de la presente no
resulta la fecha en que se peticionó, o que la administración se
constituyó en mora, sino la del inicio de la causa, es decir la que
figura en el cargo de la demanda presentada.
8.16. SELECCIÓN DE JURISPRUDENCIA SOBRE EL AMPARO POR MORA
PROVINCIAL
I. Un acto administrativo, para surtir efectos, no sólo debe
ser válido, sino también eficaz, pues sólo así adquirirá ejecu-
toriedad y podrá ser puesto en práctica. El acto administra-
tivo, se hace eficaz, adquiriendo ejecutoriedad, mediante su
publicidad o comunicación a los interesados, y mientras esto
no se haya producido, se consideran que dichos interesados
ignoran la existencia del acto, para quienes es como si no exis-
tiese. Con todo acierto se ha dicho que crear el derecho “secre-
tamente” carecería de sentido (Marienhoff, Tratado de derecho
administrativo, t. 2. p. 336). Quedaría en letra muerta la obli-
gación de la administración pública no sólo de pronunciarse
dentro de los plazos previstos en la ley de procedimiento ad-
ministrativo, sino también de hacer conocer su decisión al
interesado, al omitir cumplir con este último deber, enerván-
dose de esta forma la finalidad del amparo por mora [Cám. 5ª
Civ. Com. Córdoba, en autos “Cía. de Tierras y Contribuciones
S.R.L. c/ Provincia de Córdoba s/ amparo de mora”, Sent. Nº 48,
del 12-08-1993. Fuente: SAIJ, sumario Nº R0009533].
II. Resulta obligación inexcusable de quien inicia acción de
amparo por mora, acreditar su interés jurídico en el pronun-
ciamiento expreso de la administración y la única oportuni-
PRÁCTICA DEL AMPARO 329
dad que le acuerda el procedimiento sumarísimo establecido
por la ley (art. 52, de la Constitución Provincial) es al presen-
tar su demanda [Cám. 2ª Cont. Adm. Córdoba, en autos “Gó-
mez Ochoa, Juan Carlos y otro c/ Provincia de Córdoba s/
amparo por mora”, Sent. Nº 49, del 07-06-1993. Fuente: SAIJ,
sumario Nº R0010077].
III. La teleología del amparo por mora es la de dotar al titular
de un derecho subjetivo o interés legítimo, de un instrumento
eficaz para obtener de la Administración una decisión expresa
en un determinado plazo, y con ello dotar a eventuales propo-
siciones jurídicas, de la adecuada fundamentación, la más de
las veces inasequible a través de la ficción de la denegatoria pre-
sunta, finalidad que se desnaturalizaría si se permitiera que la
cuestión se debatiera en una doble instancia como consecuen-
cia de la interposición de un recurso. Ello, por cuanto se trata
de un proceso unilateral y sumarial de la norma constitucional,
comprensivo por finalidad y objeto a una instancia jurisdiccio-
nal, compatible con un adecuado y eficiente servicio de justicia
[TSJ, Sala Cont. Adm., en autos “Rodríguez de Zorzenon,
Liverata Catalina c/ Caja de Jubilaciones, Pensiones y Retiros
de Córdoba s/ amparo por mora - recurso directo”, Sent. Nº 126,
del 10-10-1995. Fuente: SAIJ, sumario Nº R0010530].
IV. Nuestra Constitución Provincial ha receptado, en forma
expresa y separadamente, una garantía de pronto despacho a
favor de los administrativos que se vean afectados por la mora,
omisión o inactividad de un funcionario, repartición o ente
público administrativo a quien la constitución, la ley u otra
norma imponga un deber concreto a cumplir en un plazo de-
terminado (art. 52, CCba.); facultad ésta independiente de la
existencia de otros remedios administrativos o judiciales y
cuyo ejercicio, frente al retardo, hasta incurrir al destinata-
rio en incumplimiento del deber de proveer.
El instituto procura de este modo asegurar una respuesta ágil
a la petición de los particulares, titulares de derechos subje-
tivos o intereses legítimos superando, como se puso de mani-
fiesto al tiempo de su sanción, las dilaciones exageradas
generadas en el ámbito de la administración pública provin-
cial (cfr. Diario de Sesiones, Honorable Convención Provin-
cial Constituyentes, t. II, p. 1615).
330 LUIS R. CARRANZA TORRES
El remedio no está, pues, orientado a obtener una decisión de
fondo de la autoridad judicial, sustituyendo a la administra-
tiva, sino a constatar, sumariamente, una situación anóma-
la y a imponer la debida conclusión de la misma, obligando a
la administración pública a resolver dentro del plazo pruden-
cial que se le conceda.
El amparo por mora reconoce, así, un alcance propio; de allí
su especificidad. Difiere del amparo general, el que procede
sólo ante la ausencia, como regla, de otras vías idóneas para
la protección del ciudadano, “cuando en forma actual o in-
minente se restrinjan, alteren, amenacen o lesionen, con
arbitrariedad ilegalidad manifiesta, derechos o garantías
reconocidos” (art. 48, CCba.), por lo que asume un carácter re-
sidual.
En tanto que para el primero nuestra Constitución señala los
presupuestos objetivos de procedencia, y de pautas procesales:
“[...] El juez, previa comprobación sumaria de los hechos enun-
ciados, de la obligación legal y del interés del reclamante puede
librar mandamiento judicial de pronto despacho en el plazo
que prudencialmente establezca [...]” (art. 52, Constitución
Provincial), para el segundo sólo remite a la ley (en el caso de
la ley 4915).
Sin embargo, las diferencias entre uno y otro instituto no son
óbice para la aplicación analógica, al amparo por mora, de las
normas procesales de la ley 4915 en tanto sean compatibles con
su naturaleza y espíritu. Serán, en todo caso, los jueces quie-
nes aprecien la conveniencia de adoptar la forma instrumen-
tal de la misma; pero, claro está, sin conculcar, en esta elección,
la ratio legis de la propia garantía constitucional [TSJ, Sala
Civ. Com., en autos “Compañía de Tierras y Construcciones
Sierras de Córdoba S.R.L. c/ Provincia de Córdoba s/ amparo
de mora -recurso de revisión”, Sent. Nº 7, del 06-06-1994. Fuen-
te: SAIJ, sumario Nº R0009749].
V. El art. 52 de la Constitución de la Provincia de Córdoba
expresamente establece que el pronto despacho que debe dic-
tar el juez como consecuencia de la acción ejercida, lo es cuan-
do el funcionario administrativo hubiera dejado vencer el
plazo determinado. Ahora bien, cuando no existiera uno espe-
cíficamente en la ley, debe considerarse plazo vencido al tiem-
po transcurrido que excediera lo razonable sin emitir
PRÁCTICA DEL AMPARO 331
dictamen o la resolución que de mero trámite de fondo requiera
el interesado. De no ser así, se darían muchísimas situaciones
en que el propósito del constituyente plasmado en la norma en
análisis, quedaría como letra muerta, lo que nos lleva a un re-
sultado disvalioso [Cám. 5ª Civ. Com. Córdoba, en autos “Com-
pañía de Tierras y Construcciones S.R.L. c/ Provincia de
Córdoba s/ amparo por mora”, Sent. Nº 48, del 12-08-1993.
Fuente: SAIJ, sumario Nº R0009531].
VI. Tanto la doctrina como la jurisprudencia son contestes en
que la finalidad del amparo por mora no es subrogar a la
autoridad administrativa por la judicial, haciendo que esta
última provea a aquélla, sino exigirle que se pronuncie. Con-
forme a lo dispuesto por el art. 19, inc. 9, de la Constitución de
la Provincia, la administración pública tiene el deber de pro-
nunciarse expresamente ante las peticiones de los particula-
res. Es decir que, cuando se pide a la administración pública
una declaración de derecho, el orden jurídico exige que se
otorgue o se deniegue. Por eso es que, en los casos de silencio
o inactividad prolongada de la administración, existe una falta
de cumplimiento a un deber jurídico que pesa sobre ella [Cám.
5ª Civ. Com. Córdoba, en autos “Compañía de Tierras y Cons-
trucciones S.R.L. c/ Provincia de Córdoba s/ amparo por mora”,
Sent. Nº 48, del 12-08-1993. Fuente: SAIJ, sumario Nº
R0009532].
VII. Nuestra Constitución Provincial ha receptado, en forma
expresa y separadamente, una garantía de pronto despacho a
favor de los administrados que se ven afectados por la mora,
omisión o inactividad de un funcionario, repartición o ente
público administrativo a quien la constitución, la ley u otra
norma imponga un deber concreto a cumplir en un plazo de-
terminado (art. 52); facultad ésta independiente de la existen-
cia de otros remedios administrativos o judiciales y cuyo
ejercicio, frente al retardo, hará incurrir al destinatario en
incumplimiento del deber de proveer.
El instituto procura de este modo asegurar una respuesta ágil
a la petición de los particulares, titulares de derechos subje-
tivos o intereses legítimos superando como se puso de mani-
fiesto al tiempo de su sanción las dilaciones exageradas
generadas en el ámbito de la administración pública provin-
332 LUIS R. CARRANZA TORRES
cial (cfr. Diario de Sesiones, Honorable Convención Provin-
cial Constituyente, t. II, p. 1615).
No está orientado a obtener una decisión de fondo de la auto-
ridad judicial, sustituyendo a la administrativa, sino a cons-
tatar sumariamente una situación anómala y disponer debida
conclusión a la misma: obligar a la administración pública a
resolver dentro del plazo prudencial que se entienda correspon-
der [TSJ, en autos “Compañía de Tierras y Construcciones
Sierras de Córdoba S.R.L. c/ Provincia de Córdoba s/ amparo
por mora - recurso de revisión”, Sent. Nº 73, del 30-12-1992.
Fuente: SAIJ, sumario Nº R0007397 ].
VIII. Los principios de celeridad y especificidad que subyace
en la norma constitucional en estudio (art. 52, CP) repelen en
el caso puntual la idea de admitir el control de la doble instan-
cia, ya que ello implica desnaturalizar la garantía que expresa
y separadamente ha querido asegurársele al administrativo,
de obtener “previa comprobación sumaria” la ejecución inme-
diata de los actos que el órgano administrador se ha rehusa-
do a cumplir.
Proceder en forma contraria conduciría en el tiempo, a trans-
formar el instituto sub examine en una acción de amparo
común, despojada de los principios orientadores que lo susten-
tan, cuando no avanzar sobre presupuestos y pautas de pro-
cedencia, establecidos en la misma, adosándoles exigencias
incompatibles con su finalidad, en desmedro del propio inte-
rés del reclamante que se ha querido resguardar.
La decisión que recae en una acción de tal naturaleza, se limita
a comprobar “sumariamente” la situación denunciada por el
requirente y ordenar —en su caso—, en un plazo prudencial,
el dictado del acto del que se ha visto privado; por ello, la re-
visión de tal pronunciamiento en instancias ulteriores de la
primera no está exenta de la eventualidad de agravamiento de
la situación de quien, afectado por la demora de la respuesta
que compete al órgano administrador, se encontraría supedi-
tado a una análoga situación ante el órgano judicial por el
retardo que frecuentemente conllevan las articulaciones ordi-
narias.
De allí que faltando en el precepto constitucional una disposi-
ción expresa sobre el particular, no obstante la existencia en
el mismo de otros presupuestos de procedencia, lo razonable
PRÁCTICA DEL AMPARO 333
es obrar con prudencia, absteniéndose de efectuar interpreta-
ciones extensivas que incorporen mayores exigencias y atener-
se —hasta tanto se dicte la reglamentación legal— a lo
estatuido básicamente en la norma constitucional de que se
trata y sólo a las disposiciones procesales que le sean compa-
tibles.
La mayor garantía de orden procesal que ofrece la permisibi-
lidad de una doble instancia —resorte principal de la funda-
mentación que la sostiene— debe sopesarse con la garantía de
protección jurisdiccional que el constituyente ha querido brin-
darle de un modo diferencial al particular afectado en sus
intereses, no ya por el acto en sí a cumplirse sino, justamen-
te, por la falta de celeridad de la administración en su expedi-
ción, con el consiguiente perjuicio que ello irroga [TSJ, Sala
Civ. Com., en autos “Compañía de Tierras y Construcciones
Sierras de Córdoba S.R.L. c/ Provincia de Córdoba s/ amparo
por mora - recurso de revisión” (Hechos: el núcleo de la cuestión
consiste en determinar la procedencia o improcedencia de ape-
lar la sentencia final dictada en el llamado “amparo por mora”),
Sent. Nº 7, del 06-06-1994. Fuente: SAIJ, sumario Nº R0009750].
IX. Mediante la incorporación del instituto del amparo por
mora en la reciente Constitución Provincial se ha ampliado
la protección del administrado frente a la demora de la ad-
ministración. Es siempre deber insoslayable de la adminis-
tración resolver expresamente la petición de los interesados.
El art. 19, inc. 9, de la nueva Constitución Provincial garan-
tiza el “derecho a peticionar ante las autoridades y obtener
respuestas”. El amparo por mora presupone una situación
objetiva de demora en cumplir un deber concreto en un pla-
zo determinado y que quien lo intente se encuentre legitima-
do por ante la administración aun cuando el interesado haya
instado y obtenido el acto denegatorio presunto, lo mismo le
asiste el derecho a acudir al amparo por mora, desde que
resultan plenamente aplicables los principios enunciados:
obligación de la administración es resolver expresamente y
silencio administrativo sólo en favor del administrado [Cám.
Apel. Cont. Adm., en autos “Carranza Vaca S.A. c/ Dirección
Provincial Hidráulica s/ amparo por mora - fundamentos -
requisitos - procedencia”, Sent. Nº 8, del 18-09-1987. Fuente:
SAIJ, sumario Nº R0002354].
334 LUIS R. CARRANZA TORRES
X. La Administración se encuentra obligada a adoptar todas
las medidas necesarias a fin de producir dentro de los plazos
legales, las resoluciones expresas requeridas por los adminis-
trados, satisfaciendo así el derecho de éstos a “ser administra-
dos” que se encuentra tutelado constitucionalmente por la
acción de amparo por mora [Cám. 2ª Cont. Adm. Córdoba, en
autos “Gómez Ochoa, Juan Carlos y otro c/ Provincia de Córdoba
s/ amparo por mora”, Sent. Nº 49, del 07-06-1993. Fuente:
SAIJ, sumario Nº R0010076].
XI. La legitimación del interesado para promover el proceso de
amparo por mora administrativa, deberá hacerse sobre la base
de una situación jurídica subjetiva, proveniente de un derecho
exclusivo, de una situación particular concurrente lesionada
por el procedimiento de la administración; y también puede
legitimarse como tercero, pero siempre presupuestado por una
lesión particular a su situación y el recurrente estimare la con-
ducta administrativa que pretende como legítima para sus
derechos e intereses, expresión que cualifica bien que el ampa-
rista debe tener un interés o un derecho particular, personal o
como se le quiera denominar y que el acto que procura le sea
beneficioso al cambiar su situación jurídica. No hay legitimidad
de la acción si no expresa y justifica en forma directa o indirec-
ta los agravios que la conducta administrativa le produce al
demandante. La llamada acción popular queda excluida en
forma total [Cám. 2ª Cont. Adm. Córdoba, en autos “Risso, Carlos
Saúl Enrique y otro s/ amparo por mora”, Sent. Nº 4, del 18-02-
1998. Fuente: Repertorio Foro de Córdoba, año 1998, p. 29].
XII. No existe legitimación en el caso por el solo hecho de que
cualquier ciudadano quiere que la Administración Pública
y el Poder Legislativo, a través de sus cámaras, obre conforme
a la ley. No se puede admitir, dice Manuel M. Diez, el simple
interés en la legalidad. Ese simple interés a la legalidad no
constituye el derecho subjetivo ni el interés legítimo que los
amparistas deben indicar precisamente en la relación cir-
cunstanciada del deber omitido por la administración, como
requisito insoslayable de la demanda (art. 52, inc. 2, ley 8508)
[Cám. 2ª Cont. Adm. Córdoba, en autos “Risso, Carlos Saúl
Enrique y otro s/ amparo por mora”, Sent. Nº 4, del 18-02-1998.
Fuente: Repertorio Foro de Córdoba, Año 1998, p. 29].
PRÁCTICA DEL AMPARO 335
XIII. Frente a la obligación de la administración de resolver,
el constituyente ha consagrado una garantía jurisdiccional
específica, a través de la cual procura conservar el orden ju-
rídico imperante. Esta acción judicial integra el régimen ga-
rantista establecido con anterioridad a favor de los
administrados, quienes hasta ese momento no contaban con
una vía jurisdiccional alternativa para la obtención de una
decisión expresa, pudiendo actuar un instrumento de natu-
raleza procedimental cual es el pronto despacho (art. 70, ley
6658). Ambos remedios, aun cuando se diferencian por diver-
sas propiedades que los caracterizan, en especial, por los
distintos ámbitos en los que se desenvuelven, tienen en co-
mún la virtualidad o aptitud genérica de alcanzar el mismo
objeto —revertir la inactividad administrativa—, quedando
por lo tanto en manos de los particulares acudir a cualquie-
ra de ellos [Voto de los Dres. Tarditti y Lafranconi, TSJ, Sala
Cont. Adm., en autos “Arcidiacono, Clotilde N. s/ amparo por
mora - recurso de casación”, Sent. Nº 78, del 04-08-1998.
Fuente: Foro de Córdoba, Nº 53, Fallos, p. 167].
XIV. Desde el punto de vista de las “costas”, el amparo por mora
de la administración, puede ser caracterizado como un ‘pro-
ceso jurisdiccional subsidiario’ a la instancia administrativa
que se pone en práctica mediante el pronto despacho, aun
cuando este último remedio administrativo no haya sido con-
templado por el legislador provincial como un presupuesto de
admisibilidad de la acción [Voto de los Dres. Tarditti y Lafran-
coni, TSJ, Sala Cont. Adm., en autos “Arcidiacono, Clotilde N.
s/ amparo por mora - recurso de casación”, Sent. Nº 78, del 04-
08-1998. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 53, Fallos, p. 167].
XV. La aplicación del principio de la “necesidad del proceso”
que, en parte, se halla implícito en la decisión del Tribunal a
quo de imponer las costas por su orden, no puede prescindir
de un hecho objetivo denunciado por la accionante y no con-
trovertido por la demandada, en orden a la imposibilidad ju-
rídica del accionante a optar por la interposición del pronto
despacho, ya que a la fecha de deducir el amparo por mora, el
plazo para incoar el primero, había vencido dos años antes
[Voto de los Dres. Tarditti y Lafranconi, TSJ, Sala Cont. Adm.,
en autos “Arcidiacono, Clotilde N. s/ amparo por mora - recur-
336 LUIS R. CARRANZA TORRES
so de casación”, Sent. Nº 78, del 04-08-1998. Fuente: Foro de
Córdoba, Nº 53, Fallos, p. 167].
XVI. En el amparo por mora de la administración no se veri-
fica una hipótesis de “vencimiento” cuando con anterioridad
a la emisión del pronunciamiento por el órgano jurisdiccional,
el poder administrador emite el acto objeto de la acción, co-
brando operatividad la segunda parte del tercer párrafo del
art. 10 ley 8508, pues la “sustracción de materia justiciable”
puede ser razonablemente asumida por el Tribunal como un
criterio fundado de “distribución” de costas que reposa sobre
un hecho objetivo, que la doctrina admite como una excepción
al “principio de congruencia” que impone al juez la obligación
de resolver con arreglo al momento en que se integró la rela-
ción procesal, esto es con base en los hechos afirmados en la
demanda y su contestación, dándose preferencia en este caso
a los “principios de economía y celeridad procesal” [Voto de los
Dres. Tarditti y Lafranconi, TSJ, Sala Cont. Adm., en autos
“Arcidiacono, Clotilde N. s/ amparo por mora - recurso de casa-
ción”, Sent. Nº 78, del 04-08-1998. Fuente: Foro de Córdoba,
Nº 53, Fallos, p. 168].
XVII. El art. 14 de la ley 4915 prevé la exención de costas por
sustracción de materia, limitándola temporalmente al mo-
mento anterior al vencimiento del plazo fijado para la contes-
tación del informe del art. 8º ib., procurando así alentar la
cesación del acto u omisión en que se fundó el amparo, en sal-
vaguarda de los derechos constitucionales, en lugar de insis-
tir con los gastos procesales (confr. Sagüés, Néstor Pedro,
Derecho procesal constitucional, Acción de amparo, Astrea,
Bs. As., 1995, t. 3, p. 484) [Voto de los Dres. Tarditti y Lafran-
coni, TSJ, Sala Cont. Adm., en autos “Arcidiacono, Clotilde N.
s/ amparo por mora - recurso de casación”, Sent. Nº 78, del 04-
08-1998. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 53, Fallos, p. 169].
XVIII.Mediante la incorporación del amparo por mora del art.
52 de la Constitución Provincial se ha ampliado la tutela ju-
risdiccional del administrado. Frente a la ausencia de un pro-
nunciamiento expreso de los órganos públicos pertinentes el
particular cuenta con dos remedios diversos. Uno consiste en
obtener la denegatoria por silencio de la pretensión esgrimi-
PRÁCTICA DEL AMPARO 337
da a través de los pasos procedimentales impuestos por las
normas en vigor. El otro implica instar la emisión de la volun-
tad expresa de la administración mediante la acción de ampa-
ro por mora” [Voto del Dr. Sesin, TSJ, Sala Cont. Adm., en
autos “Arcidiacono, Clotilde N. s/ amparo por mora - recurso de
casación”, Sent. Nº 78, del 04-08-1998. Fuente: Foro de Córdo-
ba, Nº 53, Fallos, p. 169].
XIX. La denegatoria presunta es una ficción legal que la ley
establece para que el administrado tenga acceso a una revi-
sión ulterior. Es a él a quien le corresponde decidir entre
esperar la resolución administrativa expresa o bien provocar
la presunción denegatoria en razón de que la ley le acuerda
determinados efectos en ciertas circunstancias sólo en su be-
neficio. Es deber insoslayable de la administración resolver
expresamente la petición de los interesados (art. 19, inc. 9,
CCba.) [Voto del Dr. Sesin, TSJ, Sala Cont. Adm., en autos
“Arcidiacono, Clotilde N. s/ amparo por mora - recurso de ca-
sación”, Sent. Nº 78, del 04-08-1998. Fuente: Foro de Córdo-
ba, Nº 53, Fallos, p. 169].
XX. El objeto del amparo por mora es una resolución expresa.
El amparo por mora presupone una situación objetiva de
demora en cumplir un deber concreto en un plazo determina-
do. De allí no deriva la obligación de una intimación previa o
de interponer un pronto despacho. Sólo basta el transcurso del
plazo máximo para resolver y que quien lo pida tenga “interés”
al respecto [Voto del Dr. Sesin, TSJ, Sala Cont. Adm., en autos
“Arcidiacono, Clotilde N. s/ amparo por mora - recurso de casa-
ción”, Sent. Nº 78, del 04-08-1998. Fuente: Foro de Córdoba,
Nº 53, Fallos, p. 170].
XXI. La imposición de costas por su orden podría desvirtuar
la obligación de la administración de resolver dentro de los
plazos previstos por la ley, ya que al no haber condena en cos-
tas si no se interpone pronto despacho, bastaría que la admi-
nistración esperase su presentación para recién apurarse
emitiendo el acto. Es decir que por vía implícita se estarían
limitando los alcances de este novel instituto constitucional
que pretende ser el único instrumento idóneo a cargo del ad-
ministrado para que la administración actúe dentro de los
338 LUIS R. CARRANZA TORRES
plazos predeterminados [Voto del Dr. Sesin, TSJ, Sala Cont.
Adm., en autos “Arcidiacono, Clotilde N. s/ amparo por mora
- recurso de casación”, Sent. Nº 78, del 04-08-1998. Fuente:
Foro de Córdoba, Nº 53, Fallos, p. 170].
XXII. Si la inactividad administrativa es la que ha dado lugar
al ejercicio del remedio que autoriza el art. 52 Const. Pcial.,
aun cuando la cuestión justiciable se tome abstracta porque
la administración dictó el acto objeto de la acción en momen-
to anterior a que el tribunal se expida sobre la procedencia de
la pretensión deducida, en principio, no hay mérito para apar-
tarse del principio objetivo del vencimiento [Voto del Dr. Sesin,
TSJ, Sala Cont. Adm., en autos “Arcidiacono, Clotilde N. s/
amparo por mora - recurso de casación”, Sent. Nº 78, del 04-08-
1998. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 53, Fallos, p. 170].
XXIII. La finalidad del amparo por mora no es subrogar a la
autoridad administrativa por la judicial, haciendo que ésta
provea por aquélla, sino obligarla a resolver. Por el contrario,
el amparo genérico y la protección de los intereses difusos
(arts. 48 y 53, CCba.), imponen al juez fijar la conducta a se-
guir por la Administración, estableciendo de esta manera el
alcance que concretamente ha de tener su actividad. En la
acción de amparo por mora, el juez debe limitarse a librar man-
damiento judicial de pronto despacho en el plazo que pruden-
cialmente establezca.
La especificidad constitucional y legal del amparo del art. 52
de la carta magna provincial, exige un sujeto afectado con
interés como reclamante, lo cual implica necesariamente que
le afecte un derecho subjetivo interés legítimo como estable-
ce el art. 19 “legitimación activa” de la ley reglamentaria Nº
8508; situación jurídica que el amparista deberá indicar con
precisión como requisito de admisibilidad de la acción (arts.
5º y 6º ibid.) [Cám. 2ª Cont. Adm. Córdoba, en autos “Risso,
Carlos Saúl Enrique y otro s/ amparo por mora”, Sent. Nº 4, del
18-02-1998. Fuente: Repertorio Foro de Córdoba, Año 1998,
p. 29].
XXIV. Cualquier pretensión que exceda el concreto manda-
miento de pronto despacho, como puede ser el cumplimiento
de otras obligaciones, de dar, de hacer o de no hacer, incluso
PRÁCTICA DEL AMPARO 339
aquellas que devienen como consecuencia de la ejecución de
una resolución ya adoptada, resultarán ajenas a esta acción
de amparo específica.
La acción de amparo por mora no resulta procedente a los fines
de ordenar el pago de haberes supuestamente adeudados
[Cám. 2ª Cont. Adm. Córdoba, en autos “Rodríguez, Laura
Cecilia y otras s/ amparo por mora”, A.I. Nº 255, del 26-01-1997.
Fuente: Repertorio Foro de Córdoba, Año 1998, p. 29].
XXV. Si bien es cierto que el amparo por mora presupone una
situación objetiva de demora en cumplir un deber concreto
en un plazo determinado, sin embargo, no cualquier miem-
bro de la colectividad puede interponerlo en razón de que,
como la misma norma lo exige, es menester que quien lo
haga, se encuentre legitimado para ello. La legitimación
activa constituye una aptitud para ser demandante en un
proceso concreto. La misma configura un requisito procesal
que no debe confundirse con el simple acceso a la tutela ju-
risdiccional que tiene cualquier miembro de la colectividad.
La llamada también “legitimatio ad causam” se relaciona di-
rectamente con la situación o posición en que se encuentra el
actor en el marco normativo de la relación jurídico-pública
Administración-administrado. Tal temática se encuentra
íntimamente vinculada con una de las dos situaciones jurídi-
cas que puede invocar el accionante: derecho subjetivo o inte-
rés legítimo; el mero interés no se encuentra jurídicamente
tutelado [TSJ, Sala Cont. Adm., Sent. Nº 51, del 21-11-1996.
Tribunal de origen: Cám. 2ª Cont. Adm. Córdoba, en autos
“Molina Herrera, Adonis R. s/ amparo por mora de la Adminis-
tración (Fiscal de Estado) - recurso directo - hoy casación”.Fuen-
te: Semanario Jurídico, t. 76, 1997-A-318 y 319].
XXVI. Cuando el art. 52 de la Constitución exige la acredita-
ción del “interés del reclamante” o que sea una “persona afec-
tada” quiere significar que sea titular de un derecho subjetivo
o interés legítimo respecto de lo impetrado. Es decir, que el acto
expreso que solicita emita la Administración sea susceptible
de lesionar por sí alguna de las enunciadas situaciones jurí-
dicas subjetivas. Ello implica que debe acreditarse el interés
“personal” y “directo”, susceptible por ende de afectar una si-
tuación diferenciada al resto de la comunidad. La ley 8508 que
340 LUIS R. CARRANZA TORRES
reglamenta el art. 52 de la Constitución clarifica aún más el
tema en cuestión, ya que expresamente dispone que poseen
legitimación activa en esta acción aquellos a quienes se les
afecte un “derecho subjetivo o un interés legítimo” (art. 1º)
[TSJ, Sala Cont. Adm., Sent. Nº 51, del 21-11-1996. Tribunal
de origen: Cám. 2ª Cont. Adm. Córdoba, en autos “Molina
Herrera, Adonis R. s/ amparo por mora de la Administración
(Fiscal de Estado) - recurso directo - hoy casación”. Fuente:
Semanario Jurídico, t. 76, 1997-A-319].
XXVII. La ratio legis del amparo por mora es sólo procurar el
pronto despacho del obrar demorado. No es objeto de decisión
en este contexto ninguna otra cuestión. La concurrencia de los
requisitos formales o sustanciales de lo peticionado, reclama-
do o recurrido por el administrado ante la Administración no
constituye en modo alguno objeto de decisión del amparo por
mora, por cuanto su análisis y resolución expresa sólo le com-
pete al administrador en su ámbito funcional respectivo. En
el sub examine no se pide el simple dictado de una resolución
expresa cualquiera fuere el sentido de la misma, sino que por
el contrario, se pide un comportamiento determinado de la
autoridad pública, cuya valoración y resolución concreta
corresponde privativamente a la misma [TSJ, Sala Cont.
Adm., Sent. Nº 51, del 21-11-1996. Tribunal de origen: Cám. 2ª
Cont. Adm. Córdoba, en autos “Molina Herrera, Adonis R. s/
amparo por mora de la Administración (Fiscal de Estado) -
recurso directo - hoy casación”. Fuente: Semanario Jurídico,
t. 76, 1997-A-319].
XXVIII. En la Provincia de Córdoba, los denominados intere-
ses difusos han sido tutelados por el art. 53 de la Constitución,
y reglamentada su operatividad mediante la ley 7741. El art.
11, ap. 1 de la misma le acuerda al Defensor del Pueblo la
defensa de tales intereses. Empero, dicho funcionario tiene
una competencia limitada a lo expresamente facultado por la
ley, careciendo de una legitimación efectiva para estar en jui-
cio en defensa de los mismos. La Constitución Nacional vie-
ne a completar su tutela con motivo del art. 43 [TSJ, Sala Cont.
Adm., Sent. Nº 51, del 21-11-1996. Tribunal de origen: Cám. 2ª
Cont. Adm. Córdoba, en autos “Molina Herrera, Adonis R. s/
amparo por mora de la Administración (Fiscal de Estado) -
PRÁCTICA DEL AMPARO 341
recurso directo - hoy casación”. Fuente: Semanario Jurídico,
t. 76, 1997-A-319].
XXIX. El instituto del amparo por mora de la Administración,
en tanto acción constitucional consagrada en el art. 53 de la
Constitución Provincial, supone una situación objetiva de de-
mora de parte del funcionario, repartición o ente público ad-
ministrativo, en el deber de cumplir un deber concreto en un
plazo determinado y que sea ejercido por quien tiene interés
al respecto [Cám. Civ. Com. Cont. Adm. San Francisco, en
autos “Petrodual S.R.L. c/ Municipalidad de San Francisco -
amparo por mora”, Sent. Nº 46, del 08-08-2001. Fuente: Foro
de Córdoba, Nº 76, Síntesis de Jurisprudencia, p. 260].
XXX. El objeto del amparo por mora es tutelar el derecho de
peticionar a las autoridades de obtener respuesta (art. 19, inc.
9, Const. Prov.), esto es, decisión o resolución, la que obliga-
toriamente debe ser expresa. La Administración tiene el deber
de pronunciarse; el silencio o inactividad prolongados impli-
can una falta de cumplimiento a un deber jurídico que pesa
sobre ella [Cám. Civ. Com. Cont. Adm. San Francisco, en autos
“Petrodual S.R.L. c/ Municipalidad de San Francisco - ampa-
ro por mora”, Sent. Nº 46, del 08-08-2001. Fuente: Foro de
Córdoba, Nº 76, Síntesis de Jurisprudencia, p. 261].
XXXI. El amparo por mora posee una finalidad diferente a la
del amparo genérico —regulado en el art. 48 de la CP—, por
cuanto en este último, a más de protegerse en forma amplia los
derechos y garantías reconocidos constitucionalmente, la
sentencia que se emita deberá determinar con precisión “la
conducta a cumplir”, con las especificaciones necesarias para
su debida ejecución (ley 4915, art. 12, inc. b) [Voto de la Dra.
Garzón de Bello, Cám. 1ª Cont. Adm. Córdoba, en autos “Agrelo,
Rodrigo María y otros s/ amparo por mora”, Sent. Nº 50, del 19-
11-1996. Fuente: Semanario Jurídico, t. 76, 1997-A-668].
XXXII. La terminología empleada tanto en el art. 52 de la CP
cuanto en la ley 8508 (arts. 1º, 2º, 5º y 10) evidencia que el bien
jurídico protegido es el “derecho a ser administrado”, circuns-
crito a las taxativas situaciones jurídico subjetivas de carác-
ter administrativo que señala —derecho subjetivo o interés
342 LUIS R. CARRANZA TORRES
legítimo— ocurridas en las relaciones del administrado con
la Administración, en ejercicio de función administrativa
[Voto de la Dra. Garzón de Bello, Cám. 1ª Cont. Adm. Córdoba,
en autos “Agrelo, Rodrigo María y otros s/ amparo por mora”,
Sent. Nº 50, del 19-11-1996. Fuente: Semanario Jurídico, t. 76,
1997-A-668].
XXXIII. La conducta lesiva que puede dar lugar a la acción de
amparo por mora de la Administración consiste en la omisión
de emitir decisión definitiva expresa —última o no— por parte
de un órgano del Estado en ejercicio de función administra-
tiva, frente a peticiones en general y/o recursos del interesa-
do, resultando ajena a esta acción de amparo específica, toda
pretensión destinada a obtener tanto el cumplimiento de otras
obligaciones de dar, de hacer o de no hacer, como aquellas que
devienen como consecuencia de la ejecución de una resolución
ya adoptada [Voto de la Dra. Garzón de Bello, Cám. 1ª Cont.
Adm. Córdoba, en autos “Agrelo, Rodrigo María y otros s/
amparo por mora”, Sent. Nº 50, del 19-11-1996. Fuente: Sema-
nario Jurídico, t. 76, 1997-A-668].
XXXIV. La primera regla del art. 10, tercer párrafo, de la ley
8508, es la imposición de las costas al vencido, de modo que en
tanto lo haya y no concurran motivos para aplicar la segunda
parte, así debe hacerse [Cám. Civ. Com. Cont. Adm. San Fran-
cisco, en autos “Petrodual S.R.L. c/ Municipalidad de San Fran-
cisco - amparo por mora”, Sent. Nº 46, del 08-08-2001. Fuente:
Foro de Córdoba, Nº 76, Síntesis de Jurisprudencia, p. 261].
XXXV. El art. 52 de la CP ha puesto en manos del administra-
do la potestad de seleccionar —según su interés— el mecanis-
mo a través del cual llegará a obtener una respuesta de la
Administración. Así, puede conformarse con la fórmula que
le permite acceder a la jurisdicción por denegatoria tácita en
caso de silencio —ficción legal— o bien obtener un acto expre-
so a través del amparo por mora. Ambos institutos han sido
regulados e instituidos a favor del administrado y es dentro
de la órbita de sus potestades que está su utilización [Voto de
la Dra. Parés, Cám. 1ª Cont. Adm. Córdoba, en autos “Agrelo,
Rodrigo María y otros s/ amparo por mora”, Sent. Nº 50, del 19-
11-1996. Fuente: Semanario Jurídico, t. 76, 1997-A-668].
PRÁCTICA DEL AMPARO 343
XXXVI. No se advierte derecho subjetivo de carácter adminis-
trativo o interés legítimo a favor de cada sujeto que plantea el
amparo por mora por derecho propio —en su calidad de dipu-
tado— toda vez que los mismos no se encuentran vinculados
con el Poder Ejecutivo demandado mediante una relación ju-
rídico subjetiva de derecho administrativo (Administración
- administrado), sino que la vinculación —en el supuesto de
admitir que existiera— tiene, además de indirecta, un típico
carácter institucional entre distintos poderes del Estado [Voto
del Dr. Sánchez Gavier, Cám. 1ª Cont. Adm. Córdoba, en au-
tos “Agrelo, Rodrigo María y otros s/ amparo por mora”, Sent.
Nº 50, del 19-11-1996. Fuente: Semanario Jurídico, t. 76, 1997-
A-668].
XXXVII. Tanto cuando la Cámara de Diputados pide infor-
mes conforme al art. 108 de la CP, como cuando el Poder Eje-
cutivo omite responderlos, actúan en ejercicio de un poder
político de fuente directamente constitucional, que no resulta
justiciable a través de la acción de amparo por mora (art. 2º,
inc. a, de la ley 7182, aplicable supletoriamente en virtud del
art. 13 de la ley 8508) que está destinada a proteger las situa-
ciones jurídicas derivadas del ejercicio de la función admi-
nistrativa [Voto del Dr. Sánchez Gavier, Cám. 1ª Cont. Adm.
Córdoba, en autos “Agrelo, Rodrigo María y otros s/ amparo por
mora”, Sent. Nº 50, del 19-11-1996. Fuente: Semanario Ju-
rídico, t. 76, 1997-A-668].
XXXVIII. El instituto del amparo por mora de la adminis-
tración, constituye un instrumento puesto a disposición del
administrado tendiente a remediar la mora, inercia o inac-
tividad de la administración ante una conducta debida en
ejercicio de función administrativa, con la pretensión de sal-
vaguardar el derecho que tiene todo administrado a obtener
del Estado una respuesta concreta frente a una petición o
reclamación, derecho que encuentra sustento en el de peti-
cionar a las autoridades y obtener respuesta (art. 19, inc. 9,
Constitución de la Provincia de Córdoba) [TSJ en pleno, en au-
tos “Grigioni, Horacio Antonio c/ Provincia de Córdoba - ordi-
nario - cuestión de competencia”, A. Nº 33, del 22-12-2000.
Fuente: Foro de Córdoba, Nº 68, Síntesis de Jurisprudencia,
p. 252].
344 LUIS R. CARRANZA TORRES
XXXIX. Con el ejercicio de la acción de amparo por mora el ad-
ministrado persigue obtener una decisión jurisdiccional que
contenga una orden o mandamiento de “pronto despacho” di-
rigida a la autoridad administrativa obligada a emitir una
resolución frente a una petición, reclamo o recurso, para que
dicte en el tiempo que prudencialmente fije el juez, el acto admi-
nistrativo que corresponda con relación a dicha presentación
[TSJ en pleno, en autos “Grigioni, Horacio Antonio c/ Provin-
cia de Córdoba - ordinario - cuestión de competencia”, A. Nº 33,
del 22-12-2000. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 68, Síntesis de
Jurisprudencia, ps. 252 y 253].
XL. La decisión jurisdiccional que contenga el emplazamien-
to al funcionario o ente administrativo no podrá efectuar nin-
guna referencia con respecto al sentido, dirección o alcance
con el que la administración deberá expedirse respecto a la
cuestión de fondo a que alude el planteo del particular, pues
es indudable que el objetivo de este remedio constitucional
se circunscribe única y exclusivamente a obtener un medio
o mandamiento a fin de exigir al funcionario, repartición o
ente público administrativo a que cumpla su obligación legal
de expedirse mediante acto expreso y fundado, sin efectuarle
a la administración indicación alguna respecto a la “conduc-
ta a cumplir” en el caso particular [TSJ en pleno, en autos
“Grigioni, Horacio Antonio c/ Provincia de Córdoba - ordinario
- cuestión de competencia”, A. Nº 33, del 22-12-2000. Fuente:
Foro de Córdoba, Nº 68, Síntesis de Jurisprudencia, p. 253].
XLI. El juez a los fines de proveer favorablemente a la petición
contenida en la acción de amparo por mora, sólo deberá repa-
rar en la comprobación de tres requisitos, a saber: a) una si-
tuación objetiva de demora por parte de la administración en
cumplir una determinada conducta en un plazo prefijado; b)
que quien ejerza esta acción ostente un derecho subjetivo o
interés legítimo en obtener una decisión fundada respecto a su
petición; y c) por último, que obviamente la demora sea impu-
table al funcionario, repartición o ente público administrati-
vo [TSJ en pleno, en autos “Grigioni, Horacio Antonio c/
Provincia de Córdoba - ordinario - cuestión de competencia”, A.
Nº 33, del 22-12-2000. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 68, Sínte-
sis de Jurisprudencia, p. 253].
PRÁCTICA DEL AMPARO 345
XLII. El instituto del amparo por mora de la administración,
constituye una garantía instituida de forma novedosa en el
ordenamiento jurídico público de nuestra provincia, producto
del esfuerzo del constituyente provincial por ampliar el régi-
men garantista de los derechos y libertades constitucionales
de los ciudadanos, en particular, del administrado.
El constituyente provincial ha valorado como un bien jurídi-
co tutelable con jerarquía constitucional, no sólo el derecho del
administrado a peticionar y obtener respuesta (art. 19, inc. 9,
CCba.) sino también el factor “tiempo”. En orden a esto últi-
mo, es a todas luces indiscutible la importancia del tiempo en
el accionar administrativo tendiente a la inmediata consecu-
ción del tan preciado interés público [TSJ en pleno, en autos
“Grigioni, Horacio Antonio c/ Provincia de Córdoba - ordinario
- cuestión de competencia”, A. Nº 33, del 22-12-2000. Fuente:
Foro de Córdoba, Nº 68, Síntesis de Jurisprudencia, ps. 253
y 254].
XLIII. El objeto de la acción de amparo por mora de la admi-
nistración se agota en la exigencia dirigida al funcionario pú-
blico para que cumpla con su deber legal de expedirse ante la
petición formulada por el administrado. El ámbito acotado de
esta acción prevista en el art. 52 de la Constitución Provincial,
conlleva a sostener que se trata simplemente de un “pronto
despacho administrativo”, en tanto su finalidad está circuns-
cripta a obtener un medio o mandamiento judicial a fin de que
el funcionario, repartición o ente público emita el acto que
corresponda en forma expresa y fundada, sin que deba efectuar
recomendación o referencia alguna respecto a qué resolución
debe adoptar la administración frente a una petición concre-
ta de un particular, por cuanto la intimación sólo pretende que
el Estado cumpla su deber inexorable de pronunciarse ante un
reclamo presentado [TSJ en pleno, en autos “Grigioni, Horacio
Antonio c/ Provincia de Córdoba - ordinario - cuestión de com-
petencia”, A. Nº 33, del 22-12-2000. Fuente: Foro de Córdoba,
Nº 68, Síntesis de Jurisprudencia, p. 254].
XLIV. La acción de amparo por mora establecida en el art. 52
de la Constitución Provincial constituye un instrumento ins-
tituido en protección del administrado en su relación con la
administración, cuando ésta ejerce función administrativa,
346 LUIS R. CARRANZA TORRES
cuyo objeto es tutelar el derecho a peticionar a las autoridades
y a obtener respuesta (art. 19, inc. 9, CCba.), la que debe ser
expresa, resultando irrelevante que el tenor del acto satisfa-
ga o no al interesado quien, en su caso, podrá hacer uso de los
remedios administrativos y judiciales pertinentes.
El objeto de la acción de amparo por mora constituye un ins-
tituto específico, cuya finalidad y objeto se limita a obtener un
“mandamiento judicial de pronto despacho” dirigido al “fun-
cionario, repartición o ente público administrativo” para que,
en el plazo que se le fije, emita el acto expreso y fundado que co-
rresponde, sin indicación alguna acerca de su contenido. Es
en definitiva, un pronto despacho judicial [Cám. 1ª Cont. Adm.
Córdoba, en autos “Navarro, Pedro Eliseo c/ Provincia de Cór-
doba - amparo por mora”, Sent. Nº 5, del 21-02-2001. Fuente:
Foro de Córdoba, Nº 71, Síntesis de Jurisprudencia, p. 243].
XLV. Para su procedencia se requiere que la omisión de ese
deber en un plazo determinado afecte un derecho subjetivo o
un interés legítimo (art. 1º) y que sea imputable a un funcio-
nario, repartición o ente público administrativo que actúe “en
ejercicio de la función administrativa”.
Resulta ajena a esta acción toda pretensión a obtener el cum-
plimiento de obligaciones de dar, de hacer o de no hacer, y de
aquellas derivadas de la ejecución de una resolución ya adop-
tada” [Cám. 1ª Cont. Adm. Córdoba, en autos “Navarro, Pedro
Eliseo c/ Provincia de Córdoba - amparo por mora”, Sent. Nº 5,
del 21-02-2001. Fuente: Foro de Córdoba, Nº 71, Síntesis de
Jurisprudencia, p. 244].
GRÁFICO VI
CARACTERES DEL AMPARO POR MORA PROVINCIAL
Resulta una especie del amparo general
↑ ↑ ↑↑ ↑
En nuestra provincia, se halla regulado en una legislación autónoma
Su proceso es de naturaleza inquisitiva y sumaria
Se desarrolla en instancia única
Se interpone ante el tribunal con competencia contencioso-administra-
tiva
Puede ser unilateral o bilateral, dependiendo del actuar de la Admi-
↑
nistración
Plazos perentorios
↑ ↑
El tribunal actuante tiene el deber de impulsar el proceso
9. AMPARO PREVISIONAL
9.1. LEY 23.473
La ley 23.473, que creó la Cámara Nacional de Apelaciones
de la Seguridad Social, le otorgó a la misma competencia exclu-
siva “en los recursos de queja por apelación denegada y en los pe-
didos de pronto despacho de conformidad con el art. 28 de la ley
19.549” (art. 8º, inc. f). Tal ley fue criticada por la doctrina en
cuanto a la reglamentación de las características acerca de
cómo debía interponerse el “recurso”, remitiendo por un lado
a la ley nacional de procedimientos administrativos, y, por el
otro, marcando en el art. 9º sensibles diferencias con lo estable-
cido en tal regulación. El art. 28 de la ley 19.549 determinaba
la interposición del amparo por mora en sede judicial, mien-
tras el art. 9º de la ley 23.473 establecía la presentación en sede
administrativa o ante el juez federal del domicilio, si se residie-
se en el interior del país. Las anomalías de la norma llevaron
a decir a Sagüés: “En rigor de verdad, todo es aquí complejo. Por
un lado, la ley 23.473 dispuso diligenciar el amparo por mora,
en cuanto la cuestión de fondo sea la seguridad social, en instan-
cia única, cuando el art. 28 de la ley 19.549 lo previó en doble
instancia”.242
242
Derecho procesal constitucional, t. 3, p. 617.
350 LUIS R. CARRANZA TORRES
9.2. LEY 24.463
La denominada (“curiosamente”, al decir de Sagüés) “ley de
solidaridad previsional” vino a dar razón en los hechos a la
parte de la doctrina que impugnaba la aplicación de lo precep-
tuado en el art. 9º de la ley 23.473, reformando este último a fin
de sustraer de su ámbito al amparo, que se regirá para su inter-
posición en los términos de la ley de procedimientos adminis-
trativos. En tales amparos intervendrá la anterior Cámara
Nacional de Apelaciones de la Seguridad Social, renombrada
por la presente norma como Cámara Federal de la Seguridad
Social.
9.3. FUNDAMENTO Y NATURALEZA
Se trata de un amparo por mora vinculado a la materia pre-
visional en la órbita administrativa, debiendo ser articulado
contra las demoras irrazonables o vencimientos de plazo que
provengan de organismos previsionales nacionales.
Luego de la reforma de la ley 24.463, este tipo de amparo
resulta ser en realidad una variante mínima del amparo por
mora de la Administración, diferenciable de este último única-
mente por su interposición ante el tribunal colegiado de la se-
guridad social.
No sabemos a ciencia cierta si la antedicha ley que “instau-
ra un novedoso [e inconstitucional para algunos] procedimiento
judicial sin precedentes en la historia previsional argentina”243,
o la práctica jurisprudencial de la ahora Cámara Federal de la
Seguridad Social, dejarán huellas en este amparo, permitién-
dole una mayor diferenciación respecto del amparo por mora
administrativa, con base en características propias.
243
Pandis, Juan, Solidaridad previsional, Buenos Aires, AZ Editora, 1996, p. 9.
PRÁCTICA DEL AMPARO 351
9.4. REQUISITOS DE ADMISIBILIDAD
Los requisitos de admisibilidad del amparo previsional se
hallan establecidos por Acta Nº 132 de la Cámara Federal de la
Seguridad Social, de fecha 30 de agosto de 1995, resultando los
siguientes:
1) Que haya relación directa entre el objeto del recurso y la
petición formulada al organismo, a cuyo efecto se acompañará
copia de la petición administrativa. En los casos en que se tra-
te de petición inicial de beneficio —circunstancia que deberá
ser declarada bajo juramento por el presentante— se acompa-
ñará constancia de recepción de la que surjan los datos del ti-
tular, fecha y número asignado al trámite y su naturaleza.
2) Declaración jurada del recurrente sobre eventual pre-
vención de cualquier tribunal de justicia, indicándose en su
caso los datos pertinentes, sala que intervino, número de cau-
sa y si se dictó sentencia definitiva, en cuyo caso se acompaña-
rá copia.
3) Denuncia, en la presentación, de los números del expe-
diente administrativo y del documento de identidad del titular.
4) Acreditación fehaciente de haber intimado pronuncia-
miento al organismo previsional sobre el punto respecto del
cual versa el recurso, acompañándose la documentación per-
tinente.
Asimismo, deberá acompañarse copia de la petición admi-
nistrativa, del pedido de pronto despacho y del recurso para el
traslado a la repartición.
5) Tirilla de informe expedida por el organismo previsional
referida al estado del expediente motivo de la queja, con copia,
cuya fecha de emisión no deberá exceder los treinta días hábi-
les anteriores a la presentación del amparo por mora.
Dicha Acta a su vez establece que no se sortearán las actua-
ciones que no cumplan con los requisitos establecidos.
En lo referente al requisito prescripto en el punto 5 de la
presente reglamentación, por Acta Nº 174 del 17 de diciembre
de 1997 se dispuso suspender la exigencia del mismo a los fines
de la admisibilidad del amparo previsional.
352 LUIS R. CARRANZA TORRES
9.5. PROCEDIMIENTO
La Cámara, que aún mantenía su anterior denominación
de Cámara Nacional de la Seguridad Social, por Acordada Nº
25 requería —desde la vigencia de la ley 23.473— la interpo-
sición de un pronto despacho en los términos del art. 10 de la
ley 19.549, previo al amparo por mora, como condición de via-
bilidad de la misma, lo que fue objeto de críticas por parte de
la doctrina. No obstante que a nuestro entender resulta inne-
cesario tal requisito previo, en razón de resultar la figura una
particularización del amparo por mora de la Administración,
en donde tal acto no resulta en modo alguno exigible, actual-
mente la presentación del pronto despacho resulta un requi-
sito de admisibilidad (véase supra punto 9.4).
Por lo demás, es aplicable luego de la reforma lo dicho res-
pecto del procedimiento del amparo por mora de la Adminis-
tración en el orden nacional (véase supra capítulo 7), con las
particularidades del trámite previsional.
9.6. ORDEN PROVINCIAL
El amparo ante la mora de los organismos previsionales de
la Provincia de Córdoba no cuenta con regulación específica al-
guna, debiendo regirse por lo referente al amparo por mora de
la Administración provincial (véase supra capítulo 8).
9.7. SELECCIÓN DE JURISPRUDENCIA
I. La queja por mora en que habría incurrido el ex Instituto
Nacional de Previsión Social al no pronunciarse sobre un recla-
mo previsional, deberá ser encuadrada en el inc. e del art. 39
bis del decreto-ley 1285/58 (arts. 26 y 24, ley 24.463), por lo que
es la Cámara Federal de Apelaciones de la Seguridad Social
el órgano competente para conocer en las actuaciones [CSJN,
en autos “Garugatti, Pedro Oscar c/ INPS - Caja Nacional de
Previsión para el Personal de la Industria, Comercio y Activi-
PRÁCTICA DEL AMPARO 353
dades Civiles s/ ejecución previsional”, A.I. Nº 74 XXX, del 23-
11-1995. Fuente: SAIJ, sumario Nº A0033568].
II. La ley 23.473, a través del amparo por mora, consagra la
habilitación de una instancia judicial siempre que se hallen en
juego derechos, relaciones o intereses vinculados a la materia
previsional en la órbita administrativa, para que los mismos
no se sustraigan al conocimiento de los jueces ordinarios sin
amparo constitucional [Del dictamen del fiscal que el tribunal
hace suyo, Cám. Nac. Seg. Soc., Sala I, resolución del 13-02-
1990. Fuente: ED, 137-643].
III. Es competente la Cámara Nacional de Apelaciones de la
Seguridad Social para entender en la acción de amparo por
mora intentada por quien tramita un beneficio previsional, en
virtud de lo dispuesto en el art. 8º, inc. f, de la ley 23.473 [CSJN,
en autos “Fongaro de Biaggini c/ Caja Nacional de Previsión”,
resolución del 04-12-1990. Fuente: DT, 1991-B-1295].
IV. Si el tribunal solicita informes al organismo previsional y
éste no contesta, resulta procedente intimar a dicho organis-
mo a dictar la resolución solicitada, dentro del plazo perento-
rio que se le fije, bajo apercibimiento de poner el hecho en
conocimiento de la autoridad que corresponda, a fin de apli-
car las sanciones disciplinarias y multa diaria, compulsiva y
progresiva [Cám. Nac. Seg. Soc., Sala II, en autos “Márquez,
Juan c/ Caja Nacional Previsional del Personal del Estado y
Servicios Públicos”, resolución del 16-12-1991. Fuente: DT,
1993-A-367].
V. A los fines de la admisibilidad del recurso, el interesado
debe acreditar documentalmente, haber previamente intima-
do al organismo previsional a pronunciarse sobre el objeto del
amparo [Cám. Nac. Seg. Soc., Sala II, en autos “Paiva Delfor
c/ ANSES”, resolución del 06-11-1997. Fuente: ED, 178-13].
VI.La Cámara Federal de la Seguridad Social tiene competen-
cia originaria en los pedidos de amparo por mora (conf. art. 26,
inc. e, ley 24.463) [Cám. Nac. Seg. Soc., Sala II, en autos
“Roldán, Silvio c/ ANSES”, resolución del 22-11-1995. Fuente:
DJ, 1996-I-767].
354 LUIS R. CARRANZA TORRES
VII. El Tribunal Fiscal de la Nación es incompetente para
entender en los amparos intentados ante las demoras en la
devolución de saldos a favor relativos a contribuciones desti-
nadas al régimen de la seguridad social [TFN, Sala D, 18-04-
2000, en autos “Ascensio, E.”. Fuente: Guzmán - Sánchez
Succar - Cereijo - De Marco - Judkouski, Procedimiento tribu-
tario, p. 111].
10. AMPARO POR MORA TRIBUTARIA
10.1. CARACTERIZACIÓN
Este tipo de amparo resulta ser similar al que se interpo-
ne por mora de la Administración, con la diferencia de que se
interpone no en sede judicial, sino ante un órgano de la propia
Administración con funciones cuasijurisdiccionales (art. 141,
inc. e, ley nacional 11.683), tal como lo es el Tribunal Fiscal de
la Nación. Se encuentra regulado por las leyes 11.683 y 22.415,
para instar la actuación de la Dirección General Impositiva o
de la Dirección Nacional de Aduanas, en procura de remediar
los casos de demora excesiva en la realización de trámites o di-
ligencias a cargo de dichos organismos públicos.
Se trata así de un instituto de menores pretensiones, que
es normado a través de la ley nacional de amparo, hecho con el
que la doctrina concuerda, en general. Rubens y Rojo lo juzgan
como un simple recurso de queja, con ciertas modalidades sui
generis. Bidart Campos lo entiende como un amparo de pron-
to despacho. Sagüés impugna su denominación de recurso de
amparo por ser “algo presuntuoso” tal como ha sido legisla-
do. 244
De acuerdo con su misma jurisprudencia, el Tribunal Fis-
cal de la Nación se ha declarado incompetente para entender
en amparos en virtud de la ley nacional 16.986, lo que por otra
parte resulta elemental, atento al hecho de que la acción gene-
244
Sagüés, Néstor P., Derecho procesal constitucional, t. 3, p. 631.
356 LUIS R. CARRANZA TORRES
ral de amparo no puede tener otro juzgador que un magistra-
do judicial.
En el amparo tributario, su fundamento resulta similar al
del amparo por mora, si bien mantiene con el mismo diferen-
cias de admisibilidad, además de las referidas a su distinta for-
ma de sustanciación.
Se da a favor de todo administrado afectado por el retardo
de la Administración Fiscal o Aduanera, contra todo acto omi-
sivo de la misma, de fondo o trámite, que procura asegurar una
respuesta ágil por parte de la Administración a la petición de
los particulares, titulares de derechos subjetivos o intereses
legítimos dentro de un trámite fiscal, afectados por la demora.
No está orientado a obtener una decisión de fondo, sustitu-
yendo a la autoridad fiscal encargada de resolver, sino a cons-
tatar sumariamente una situación anómala y disponer en tal
caso la debida conclusión a la misma, obligando al órgano del
caso a resolver lo que se ha peticionado.
Es un excepcional remedio de protección de los derechos
de los individuos incorporado a la legislación tributaria con el
claro objetivo de agilizar los trámites pendientes y evitar que
ciertas facultades discrecionales de los organismos recauda-
dores puedan ser ejercidas arbitrariamente. Tiene un alcance
más restringido que el amparo, tanto en su ámbito de aplica-
ción (sólo procede frente al organismo fiscal y aduanero) como
—y fundamentalmente— por su finalidad, objeto y resolu-
ción.245
Debe entenderse su existencia tanto en el marco del parti-
cularismo de la materia fiscal y aduanera, como en la tenden-
cia de dichos sectores del derecho de lograr una autosuficiencia
de instrumentos jurídicos sin tener que recurrir a normas no
propias de su ámbito, circunstancia que lo lleva a “importar”
tales elementos y reelaborarlos en su incorporación.
245
Conf. Gadea, María de los Ángeles - Guzmán, Laura A., “Tribunal Fiscal de
la Nación. Recursos. Ejecución fiscal”, Cuadernos de Procedimiento Tributa-
rio, 2ª ed., Buenos Aires, Ediciones Nueva Técnica - Errepar, 1998, p. 56.
PRÁCTICA DEL AMPARO 357
10.2. AMPARO DE LA LEY 11.683
En su art. 182 (anteriormente 164), la ley nacional 11.683 es-
tablece que toda persona, individual o colectiva, perjudicada
en el normal ejercicio de sus derechos o actividades por causa
de la demora excesiva de los empleados administrativos (el con-
cepto de “empleado administrativo” debe entenderse de mane-
ra amplia, abarcativa de todo miembro del plantel de tales
organismos) de la Dirección General Impositiva, en resolver
cualquier trámite o diligencia a cargo de dicho organismo o de
la Administración Nacional de Aduanas, podrá recurrir ante
el Tribunal Fiscal de la Nación (un órgano administrativo) me-
diante el “recurso de amparo” de sus derechos.
A los fines de su procedencia, presupone una situación
objetiva de demora excesiva en cumplir un deber concreto en
un plazo determinado, y que quien lo intente se encuentre le-
gitimado por ante la Administración. En este punto, para la ca-
lidad de accionante, a más de ser parte en el trámite, como en
el amparo por mora común, la norma tributaria le exige que la
demora perjudique el normal ejercicio de un derecho o una
actividad suya.
Por lo dicho, la omisión fiscal, para tornar procedente el am-
paro, debe reunir dos condiciones:
a) Ser excesiva.
b) Perjudicar el normal ejercicio de un derecho o una acti-
vidad propia.
En cuanto al acaecimiento de la mora, la doctrina adminis-
trativa246 es pacífica en el sentido de que el solo incumplimiento
de la obligación de decidir en plazo la torna incursa en ella a la
Administración.
246
Creo Bay, Horacio D., Amparo por mora de la Administración Pública, 3ª ed.
act. y amp., Buenos Aires, Astrea, 2002, p. 65; Barra, Rodolfo, “El amparo por
mora de la Administración”, op. cit., p. 797; Hutchinson, Tomás, Ley nacional
de procedimientos administrativos, t. 1, Buenos Aires, Astrea, 1988, ps. 527 y
ss.; Carranza Torres, Luis, “Caracterización de la mora administrativa”, en
Diario Judicial, edición del 07-11-2001, sección Artículos, en http://www.diario
judicial.com/default.asp?Estilo=2&Pagina=articulo.asp?ID=8877.
358 LUIS R. CARRANZA TORRES
Si no hubiera plazo fijado, será cuando el tiempo exceda de
lo razonable para dictar un pronunciamiento. Habrá que estar
entonces a la naturaleza y circunstancias de la decisión247, para
ponderar si existe o no mora en cada caso en particular.
Es de destacar que la norma tributaria no utiliza la palabra
“mora”, sino “demora excesiva”, por lo que cabe preguntarse si
ambos términos tienen un significado jurídico idéntico o pre-
sentan matices de diferencia.
En este sentido, Gadea y Guzmán248 entienden que no bas-
ta con que los organismos dejen de actuar en los plazos legales
establecidos, sino que la demora debe ser excesiva, concepto
que en definitiva, expresan las autoras, es una cuestión de
hecho cuya apreciación corresponde al juzgador, debiendo
tenerse en cuenta la naturaleza o contenido del trámite en
cuestión, atento a que ni la ley ni la jurisprudencia han dado
pautas objetivas para su calificación.
De nuestra parte, entendemos que como parámetro de
apreciación posible puede tomarse el tiempo que normalmente
insume la gestión al fisco, y no el que se halla contemplado en
la norma.
Claro está que si para tales temas la Administración Fiscal
demuestra una demora excesiva crónica en despachar tales
asuntos, tal estándar valorativo, lejos de satisfacer al contribu-
yente, sólo legitima una inercia estatal que a nadie resulta de
provecho.
Frente a ello, un parámetro más objetivo puede ayudar: el
considerar como demora excesiva aquel lapso omisivo que
supere el doble o el triple del plazo legalmente previsto, depen-
diendo de la complejidad de la tarea administrativa.
Referido a la segunda condición que debe reunir la mora
fiscal o demora excesiva que torna procedente al amparo tribu-
tario, no basta que los organismos dejen de actuar en los plazos
legales, sino que tal falta de impulso debe ser causa de un per-
juicio al ejercicio de un derecho o una actividad.
247
Carranza Torres, Luis, “Caracterización de la mora administrativa”, op. cit.
248
“Tribunal Fiscal de la Nación. Recursos. Ejecución fiscal”, op. cit., p. 57.
PRÁCTICA DEL AMPARO 359
Respecto de ello, debe ponerse de resalto que el derecho o
actividad a que se hace referencia es el que debe realizarse o
ejercerse sobre la base del resultado del trámite o diligencia
que debe efectuar el ente recaudador, pues no se ampara la de-
bida diligencia puesta en el trámite, sino que se protege al de-
recho o actividad que no se puede ejercer en tanto el mismo no
se haya cumplido.249
Vemos entonces que en materia tributaria es más reduci-
do el elenco de actuaciones respecto de las que cabe interponer
este instituto especial de resguardo, que en la mora general.
10.3. AMPARO POR MORA CONTRA LA ADMINISTRACIÓN
NACIONAL DE ADUANAS
No obstante estar mencionado este último organismo den-
tro de lo previsto en la ley 11.683, en el Código Aduanero se
encuentra contemplado otro “recurso de amparo” de naturale-
za análoga al de la antedicha ley: “La persona individual o co-
lectiva perjudicada en el normal ejercicio de un derecho o
actividad por demora excesiva de los empleados administrati-
vos en realizar un trámite o diligencia a cargo del servicio adua-
nero podrá ocurrir ante al Tribunal Fiscal mediante recurso de
amparo de sus derechos” (art. 1160, ley 22.415). La legislación
supletoria a aplicar resulta ser el Código Procesal Civil y Co-
mercial de la Nación, atento a la remisión del art. 1174 del
Código Aduanero.
Atento a la identidad en sus alcances, será tratada de modo
conjunto con lo previsto en la ley tributaria.
10.4. PROCEDIMIENTO
No surgen de la normativa especiales puntualizaciones
acerca de los requisitos que debe reunir la presentación del
249
Gadea, María de los Ángeles - Guzmán, Laura A., “Tribunal Fiscal de la Na-
ción. Recursos. Ejecución fiscal”, op. cit., p. 57.
360 LUIS R. CARRANZA TORRES
amparo, por lo que entendemos que en la misma los recurren-
tes deben acreditar primeramente la fecha en que los trámites
se iniciaron. El pedido de amparo debe ser lo suficientemente
explícito y completo en cuanto a los instrumentos de los que
surjan aquellas circunstancias, toda vez que el fisco no partici-
pa de esta primera ponderación acerca de su admisibilidad, por
lo que la decisión del tribunal sobre su procedencia y compe-
tencia debe apoyarse fundamentalmente en los términos del
escrito de inicio y en la documentación que se acompañe. Por
ello, a más de los requisitos formales comunes a todo recurso
administrativo, en los casos del presente amparo deben consig-
narse de modo claro e inequívoco los extremos de los cuales de-
pende su admisibilidad.250
Admitida la presentación, el Tribunal, si lo juzgare proce-
dente en atención a la naturaleza del caso concreto, requerirá
del funcionario a cargo en el organismo correspondiente (Di-
rección General Impositiva o Administración Nacional de
Aduanas) que informe, “dentro de breve plazo”, la causa de la
demora e indique la forma de cesar en la misma. Contestado tal
requerimiento, o vencido el plazo para efectuar tal acto, el tri-
bunal resolverá “lo que corresponda para garantizar el ejerci-
cio del derecho del afectado, ordenando en su caso la realización
del trámite administrativo, o liberando de él al particular, me-
diante el requerimiento de la garantía que estime suficiente”.
El trámite estará a cargo en esta parte de un vocal instruc-
tor, que deberá sustanciar los trámites de la primera parte del
art. 183 (pedido de informe del organismo del caso), dentro de
los tres días de recibidos los autos, debiendo el secretario de-
jar constancia de su recepción y dar cuenta inmediata a aquél.
Cumplimentados tales actos, se elevarán los autos a la sala co-
rrespondiente en forma inmediata, procediendo la misma al
dictado de las medidas para mejor proveer que estime necesa-
rias dentro de las cuarenta y ocho horas de la elevatoria, que
deberá ser notificada a las partes. Las resoluciones sobre la
250
Gadea, María de los Ángeles - Guzmán, Laura A., “Tribunal Fiscal de la Na-
ción. Recursos. Ejecución fiscal”, op. cit., p. 57.
PRÁCTICA DEL AMPARO 361
cuestión serán dictadas sin llamamiento de autos y dentro del
plazo de cinco días de haberse producido la elevación de los au-
tos por parte del vocal instructor, o de que la causa haya que-
dado en estado, en su caso (art. 183, ley nacional 11.683, y art.
1161, Código Aduanero, ambos de un idéntico contenido).
10.5. AMPARO POR MORA DEL FISCO PROVINCIAL
Antes de la reforma de la ley 9068 al Código Tributario
provincial, la solicitud de amparo se interponía ante el Tribu-
nal Fiscal de Apelaciones; en la actualidad se sustancia ante la
Secretaría de Ingresos Públicos, a mérito del art. 1º, incs. 32 y
33, de la antes mencionada ley.
Con tal salvedad, no ha variado lo referente a su tramita-
ción, prevista en los arts. 118 y 119 del Código Tributario. Para
la interposición de este recurso tampoco es necesario que se
haya presentado solicitud de pronto despacho, ni se detallan
especiales puntualizaciones acerca de los requisitos que debe
reunir el mismo, por lo que entendemos que, al igual que en el
ámbito nacional, basta con que el pedido de amparo sea lo su-
ficientemente explícito, reuniendo las formas comunes a una
presentación administrativa y los extremos que hacen a su
admisibilidad.251
Asimismo, por aplicación del principio de informalismo en
favor del administrado, cuando la petición adoleciera de defec-
tos o resultase oscura, deberá emplazarse al demandante para
que la subsane en término perentorio. Una vez subsanada la
petición, se resolverá lo que corresponda sobre su admisibili-
dad. 252
En caso de que la petición sea desestimada por no cumplir
el emplazamiento respecto de los defectos señalados en la
251
Gadea, María de los Ángeles - Guzmán, Laura A., “Tribunal Fiscal de la Na-
ción. Recursos. Ejecución fiscal”, op. cit., p. 57.
252
Carranza Torres, Luis, Derecho tributario en Córdoba luego de la reforma,
Córdoba, Alveroni Ediciones, 2003, p. 112.
362 LUIS R. CARRANZA TORRES
demanda, el accionante podrá promover otra que cumpla con
todos los requisitos y presupuestos de la misma, atento al ca-
rácter formal del rechazo.
Admitida la presentación, la Secretaría de Ingresos Públi-
cos, si lo juzgare procedente en atención a la naturaleza del
caso concreto, requerirá que el funcionario a cargo en el orga-
nismo correspondiente informe, dentro del plazo de diez días,
respecto de la causa de la demora imputada, e indique la forma
de cesar la misma253.
Siendo el específico motivo de la acción la demora excesi-
va y perjudicial de la autoridad fiscal frente a un caso en con-
creto, en el informe la autoridad deberá, y como punto central
del mismo, remitirse a explicar las causas de la demora, ya que
su objeto principal es aportar pruebas a la autoridad que va a
resolver, sin perjuicio de ingresar a otras cuestiones, siempre
que guarden conexión con el tema y hagan al mejor entendi-
miento de la cuestión254. A diferencia del amparo por mora ju-
dicial, en que la presentación del informe es una carga procesal
que puede no realizarse, actitud que hace que el tribunal sen-
tencie sobre la base de la apreciación de lo presentado por el ac-
tor, tal como se halla legislado el presente recurso, en virtud
del principio de organización jerárquica de la Administración
Pública, en todos los casos el fisco deberá elevar el informe,
siendo la omisión o demora injustificada en esta actuación una
infracción administrativa interna.
Contestado tal requerimiento, o vencido el plazo para efec-
tuar tal acto, la Secretaría de Ingresos Públicos resolverá lo que
corresponda para garantizar el ejercicio del derecho del afecta-
do, dentro de los diez días siguientes255: a) ordenando la reali-
zación del trámite administrativo, o b) liberando de la carga de
esperar tal realización al particular, previo requerimiento de
garantía suficiente.
253
Art. 119 del Código Tributario conforme ley 9068.
254
Carranza Torres, Luis, Procedimiento y proceso administrativo en Córdoba,
vol. 2: El proceso administrativo, p. 218.
255
Art. 119 del Código Tributario conforme ley 9068.
PRÁCTICA DEL AMPARO 363
Como puede verse, la norma asigna a la autoridad resolu-
toria la facultad de decidir en uno u otro sentido, atendiendo
a lo que sea más provechoso al contribuyente, según las cir-
cunstancias del caso.
10.6. SELECCIÓN DE JURISPRUDENCIA
I. En el procedimiento establecido en la ley 11.683 resulta aje-
na al limitado ámbito de la competencia del Tribunal Fiscal
la calificación de la conducta de la administración pública en
orden a la supuesta arbitrariedad de su cometido o la existen-
cia de vías paralelas, puesto que dicho tópico pertenece a la es-
fera de la ley 16.986, constituyendo un supuesto distinto al que
tratan las normas aludidas en la ley fiscal, que apuntan a va-
lorar la irrazonabilidad de la conducta administrativa en jue-
go [CSJN, en autos “Comatter S.A. s/ amparo - IVA”, Sent. Nº
C1073, del 27-12-1990. Fuente: SAIJ, sumario Nº A0013807].
II. Tratándose de una acción de amparo interpuesta en los tér-
minos de la ley 11.683, el requerimiento al Tribunal Fiscal, que
condene a la Dirección General Impositiva al pago de las sumas
solicitadas, con más su actualización e intereses, resulta impro-
cedente pues excede el propósito de que se realice un mero trá-
mite[CSJN, en autos “Comater S.A. s/ amparo - IVA”, Sent. Nº
C1073, del 27-12-1990. Fuente: SAIJ, sumario Nº A0013809].
III. La sentencia que rechaza el amparo regulado por la ley
11.683 es asimilable a la definitiva cuando lo decidido causa
un agravio de imposible o muy dificultosa reparación ulterior
[CSJN, en autos “Comater S.A. s/ amparo - IVA”, Sent. Nº
C1073, del 27-12-1990. Fuente: SAIJ, sumario Nº A0013810].
IV. Toda persona individual o colectiva perjudicada por la de-
mora excesiva en un trámite del fisco puede ocurrir ante el TFN
mediante recurso de amparo de sus derechos [TFN, Sala B, 11-
11-1994, en autos “Magalcuer S.A.”. Fuente: ED, 162-424].
V. Puede efectuar la presentación de un recurso de amparo
haciendo uso de la franquicia legal del art. 48 del CPCCN,
364 LUIS R. CARRANZA TORRES
desde que ambos institutos persiguen objetivos de defensa de
derechos que pueden considerarse coincidentes en su finalidad
[TFN, Sala A, 08-05-2001, en autos “Zaccardi y Cía.”. Fuente:
LL, 2001-F-251].
VI. En este recurso queda excluida toda posibilidad de que
se condene a la Administración a decidir en un sentido o a
resolver de determinada manera [TFN, Sala C, en autos “Be-
nedetti”, resolución del 21-11-1997. Fuente: Impuestos, 1998-
A-674].
VII. El hallarse paralizado el trámite durante más de un año
desvirtúa la complejidad invocada en el responde desde que
no motivó la realización de diligencia alguna durante ese
lapso [TFN, Sala C, 03-03-1999, en autos “Sánchez y Carrari
S.H.”. Fuente: Guzmán - Sánchez Succar - Cereijo - De Marco
- Judkouski, Procedimiento tributario, p. 110].
VIII. No es la función del Tribunal entender en el fondo de una
controversia tributaria, ni analizar eventuales causas de
nulidad que puedan presentarse en el transcurso del trámite
administrativo cuya pronta resolución se intenta, ya que ello
implicaría exceder la finalidad del recurso de amparo tal como
ha sido previsto en los arts. 164 y 165 de la ley 11.683 (arts. 182
y 183, t. v.) [TFN, Sala D, 27-06-1995, en autos Wainar S.A.”.
Fuente: Guzmán - Sánchez Succar - Cereijo - De Marco - Ju-
dkouski, Procedimiento tributario, ps. 110-111].
IX. Si la petición del demandante no se halla dirigida a obte-
ner el pronunciamiento del fisco en orden a alguna solicitud
suya, excede el ámbito del recurso de amparo, resultando éste
improcedente [CSJN, 27-12-1990, en autos “Comater S.A.”.
Fuente: DJ, 1991-I-969].
X. Procede el amparo por mora si desde el pedido de la actora
de devolución de IVA por exportaciones y de saldos a favor de
libre disponibilidad, transcurrieron veintitrés meses respec-
to del primero y cuatro años del segundo, mediando solicitu-
des de pronto despacho por lo que resulta configurada la
demora excesiva [TFN, Sala A, en autos “Zaccardi y Cía.”,
resolución del 08-05-2001. Fuente: LL, 2001-F-250].
PRÁCTICA DEL AMPARO 365
XI. La vía intentada requiere inexcusablemente que con-
curra en la especie demora excesiva por parte de los emplea-
dos de la Administración Fiscal [TFN, Sala B, en autos
“Magalcuer S.A.”, resolución del 11-11-1994. Fuente: ED,
162-425].
XII. A fin de tener por configurada la demora excesiva que re-
quiere el amparo tributario, se debe tener en cuenta no sólo la
inacción del fisco en la realización de los trámites a su cargo,
sino también el tiempo total transcurrido desde la fecha de la
solicitud por parte del contribuyente [TFN, Sala A, en autos
“Zaccardi y Cía.”, resolución del 08-05-2001. Fuente: LL, 2001-
F-250].
XIII. El amparo no resulta procedente para remediar demo-
ras del organismo fiscal producidas en cuestiones que, por su
materia, son manifiestamente ajenas al derecho tributario,
como por ejemplo la ejecutoriedad de una resolución adminis-
trativa firme [TFN, Sala A, 23-12-1997, en autos “Industrias
Alimentarias Mendocinas S.A.”. Fuente: Guzmán - Sánchez
Succar - Cereijo - De Marco - Judkouski, Procedimiento tribu-
tario, p. 111].
XIV. Estando en curso un plazo previsto en la normativa para
que el fisco se pronuncie, no existe la demora imputable a la
Administración Fiscal [TFN, Sala B, en autos “Magalcuer
S.A.”, resolución del 11-11-1994. Fuente: ED, 162-424].
XV. No obsta a la configuración de la demora excesiva, la for-
mulación de requerimientos efectuados a lo largo del tiempo,
pues sostener lo contrario implicaría la posibilidad de exten-
der dilatadamente las tramitaciones más allá de lo razonable
[TFN, Sala A, 08-05-2001, en autos “Zaccardi y Cía.”. Fuente:
LL, 2001-F-252].
XVI. Si bien el organismo de verificación y control debe efec-
tuar en un trámite los recaudos correspondientes en el mar-
co de un adecuado cumplimiento de sus funciones, ello no
puede significar la postergación indebida de una resolución
[TFN, Sala A, 08-05-2001, en autos “Zaccardi y Cía.”. Fuente:
LL, 2001-F-253].
366 LUIS R. CARRANZA TORRES
XVII. Por orden lógico de precedencia, corresponde expedir-
se en primer término al resolver un amparo tributario respecto
de las defensas de falta de acción e improcedencia formal ar-
ticuladas por el fisco nacional [TFN, Sala A, 08-05-2001, en
autos “Zaccardi y Cía.”. Fuente: LL, 2001-F-251].
XVIII. No todo acto u omisión de la DGI habilita al amparo tri-
butario, sino tan sólo aquellos casos en que existiendo un trá-
mite pendiente de realización, haya transcurrido un plazo que
excediera de lo razonable [TFN, Sala C, en autos “Benedetti”,
resolución del 21-11-1997. Fuente: Impuestos, 1998-A-674].
XIX. El perjuicio real o potencial al normal desenvolvimien-
to de un derecho debe provenir de una conducta administra-
tiva arbitraria o ilegítima que sea capaz de sustentar el recurso
impetrado, encuadrando en tal concepto las demoras excesi-
vas e injustificadas y aquellos casos donde, existiendo un trá-
mite pendiente de resolución haya transcurrido un plazo que
excediera lo razonable y el particular pretenda una definición
expresa del Fisco Nacional [TFN, Sala A, 28-10-1998, en au-
tos “Suarko S.R.L.”. Fuente: Guzmán - Sánchez Succar - Ce-
reijo - De Marco - Judkouski, Procedimiento tributario, p. 112].
XX. Es improcedente el amparo pues no obstante la amplitud
hermenéutica que debe otorgársele a la expresión “demora
excesiva”, se entiende que el administrado debe llevar a cabo
un mínimo de diligencia tendiente a lograr un pronunciamien-
to del ente recaudador, por cuanto la inactividad de aquél sig-
nifica una tolerancia o aceptación tácita a los lapsos en que el
fisco nacional llevó a cago las tramitaciones realizadas [TFN,
Sala A, en autos “González y Quevedo S.H.”, resolución del 04-
10-1999. Fuente: Impuestos, 2000-B-1960].
XXI. El perjuicio causado a la actora por esa morosidad de-
riva de la imposibilidad en la que se encuentra de conocer si
sus solicitudes serán admitidas o denegadas por el organis-
mo administrativo, con la consecuente perturbación del nor-
mal ejercicio de su actividad económica [TFN, Sala D,
19-04-1998, en autos “Acifer S.A.”. Fuente: Guzmán - Sánchez
Succar - Cereijo - De Marco - Judkouski, Procedimiento tri-
butario, p. 112].
PRÁCTICA DEL AMPARO 367
XXII. Corresponde hacer lugar al recurso de amparo inter-
puesto toda vez que no surgen constancias que la labor inves-
tigadora del Fisco haya sido impulsada en los últimos cinco
(5) meses [TFN, Sala D, 04-05-1998, en autos “Fábrica Austral
de Productos Eléctricos S.A.”. Fuente: Guzmán - Sánchez
Succar - Cereijo - De Marco - Judkouski, Procedimiento tributa-
rio, p. 113].
XXIII. El recurso previsto en el art. 182 de la ley 11.683 (t.o.
1998) y mod., tiene por finalidad la protección de personas,
sean o no contribuyentes, frente a la demora excesiva del fis-
co en la realización de un trámite o diligencia a su cargo [TFN,
Sala A, 08-05-2001, en autos “Zaccardi y Cía.”. Fuente: LL,
2001-F-251].
XXIV. El proceso sumarísimo a que da lugar el recurso de
amparo no puede perseguir otra cosa que obligar a la DGI a
realizar un trámite, o si éste pudiera obviarse, para liberar al
particular afectado de realizarlo [TFN, Sala de Feria, en au-
tos “Stefanel de Argentina S.A.”, resolución del 23-01-2001.
Fuente: Impuestos, 2001-5-74].
XXV. La expresión “demora excesiva” no debe interpretarse en
el caso como un mero cómputo de tiempo desde una petición
hasta la interposición del recurso de amparo. De tal forma que
no puede ignorarse la irregularidad del trámite desde sus
orígenes que provocaron una demora inusual en rechazar el
pago, así como la actual situación de indecisión de la adminis-
tración fiscal, su ignorancia de que los fondos habían sido
acreditados, junto a la remisión de una oficina a otra y de esta
a la anterior, que configuran perfectamente, en el caso parti-
cular la necesidad del recurso planteado y de un pronuncia-
miento que exija la clarificación de la situación en aras de los
derechos que pretende proteger el instituto que también apun-
ta a la certeza en las relaciones jurídicas [TFN, Sala B, 21-12-
1998, en autos “Compañía Azucarera Concepción”. Fuente:
Guzmán - Sánchez Succar - Cereijo - De Marco - Judkouski,
Procedimiento tributario, p. 113].
XXVI. Cuando la actividad desplegada por el Fisco es constan-
te, aunque pausada, y el contribuyente no cumple totalmen-
368 LUIS R. CARRANZA TORRES
te con los requerimientos formulados, se inhiben las posibili-
dades de atribuir demora al organismo recaudador en los
términos del art. 182 y 183 de la ley ritual para hacer proceden-
te el recurso intentado [TFN, Sala B, 10-05-1999, en autos
“Tileye S.A.”. Fuente: Guzmán - Sánchez Succar - Cereijo - De
Marco - Judkouski, Procedimiento tributario, p. 113].
XXVII. Para que el amparo tributario resulte procedente de-
ben concurrir los siguientes extremos: a) demora en la reali-
zación del trámite por parte de los empleados del órgano
recaudador; b) tal demora debe ser excesiva; c) debe provocar
perjuicio actual en el amparado, esto es, la perturbación o
afectación en el ejercicio de una actividad o un derecho, y d)
inexistencia de otro remedio procesal [TFN, Sala C, en autos
“Benedetti”, resolución del 21-11-1997. Fuente: Impuestos,
1998-A-674].
XXVIII. Si el pronunciamiento que se busca con el amparo
interpuesto ante el TFN ya ha sido obtenido a través de la
sentencia dictada por el juez en lo contencioso administra-
tivo, quien ordenó la realización del trámite a cargo de la
DGI, no se trata de un supuesto de demora sino de incum-
plimiento de una resolución judicial, razón por la cual se de-
clara improcedente el amparo intentado [TFN, Sala B,
08-11-1999, en autos “Sifred S.A.”. Fuente:Guzmán - Sánchez
Succar - Cereijo - De Marco - Judkouski, Procedimiento tri-
butario, p. 113].
XXIX. En el recurso de amparo no procede la imposición de
costas toda vez que no siendo el fisco nacional parte en la causa,
puesta ni formal, no cabe hablar propiamente de vencimiento
[Voto del Dr. Martínez, TFN, en autos “Astral”, resolución del
27-02-1979. Fuente: Impuestos, 1979-755]
XXX.Para que resulte procedente el amparo intentado, resulta
necesario que el perjuicio real o potencial al normal desenvol-
vimiento de un derecho, provenga de una conducta adminis-
trativa arbitraria o ilegítima, encuadrando en tal concepto las
demoras excesivas e injustificadas [TFN, Sala A, en autos
“González y Quevedo S.H.”, resolución del 04-10-1999. Fuen-
te: Impuestos, 2000-B-1960].
PRÁCTICA DEL AMPARO 369
XXXI. A efectos de la procedencia del recurso de amparo, para
ponderar la demora excesiva se deberá tener en cuenta la
razonabilidad y la justificabilidad de la demora según la na-
turaleza o contenido del trámite que debe producir el orga-
nismo administrativo, siendo razonable adoptar un criterio
más elástico para calificar la demora en una situación com-
pleja cuando se trate de una situación simple o meros trámi-
tes formales [TFN, Sala A, 20-09-2000, en autos “Limpioquim
San Juan S.A.”. Fuente: Guzmán - Sánchez Succar - Cereijo
- De Marco - Judkouski, Procedimiento tributario, p. 114].
XXXII.Es necesario —para la procedencia del amparo tributa-
rio— que haya transcurrido un plazo que exceda lo razonable,
y que el particular pretenda una resolución expresa del fisco na-
cional[TFN, Sala A, en autos “González y Quevedo S.H.”, reso-
lución del 04-10-1999. Fuente: Impuestos, 2000-B-1960].
XXXIII. Corresponde el amparo y no la repetición de impues-
tos si existen trámites pendientes de resolución (solicitud de
devolución de saldos de IVA) [TFN, Sala A, en autos “Gonzá-
lez y Quevedo S.H.”, resolución del 04-10-1999. Fuente: Impues-
tos, 2000-B-1960].
XXXIV. Si a la DGI le está prohibido demorar injustificada-
mente la ejecución de un determinado trámite, con mayor
razón no le está permitido abstenerse de hacerlo, legitiman-
do tal extremo la intervención del tribunal fiscal [TFN, en
autos “Astral”, resolución del 27-02-1979. Fuente: Impuestos,
1979-755].
XXXV. Corresponde rechazar un recurso de amparo plantea-
do por la inactividad del organismo fiscal en resolver el recur-
so que autoriza el art. 74 del Decreto Nº 1397-79, frente a un
pedido de pronto despacho, pues resulta de aplicación la ley Nº
19.549, en razón de estar planteada la controversia dentro de
la órbita administrativa [TFN, Sala D, 27-06-1995, en autos
“Wainar S.A.”. Fuente: Guzmán - Sánchez Succar - Cereijo - De
Marco - Judkouski, Procedimiento tributario, p. 114].
XXXVI. La procedencia de la acción de amparo por mora no
está sujeta a la inexistencia de otro remedio legal para la re-
370 LUIS R. CARRANZA TORRES
paración del perjuicio que la demora importa, pues además de
tratarse de un requisito que no se encuentra previsto en los
arts. 182 y 183 de la ley 11.683, ni puede inferirse de sus tér-
minos u otra parte de la ley, privaría de todo contenido útil al
recurso[TFN, Sala A, en autos “Zaccardi y Cía.”, resolución del
08-05-2001. Fuente: LL, 2001-F-250].
XXXVII. Para la procedencia de la vía del amparo no es requi-
sito la presentación de pronto despacho ante la Dirección Ge-
neral Impositiva [TFN, Sala A, 07-01-1997, en autos
“Wagalcuer S.A.”. Fuente: Guzmán - Sánchez Succar - Cerei-
jo - De Marco - Judkouski, Procedimiento tributario, p. 114].
XXXVIII. El perjuicio exigido por la ley de rito se configura en
la demora en la resolución del pedido de devolución de im-
puestos, y la consecuente incertidumbre sobre la disponibili-
dad de los importes correspondientes [TFN, Sala A, 08-05-2001,
en autos “Zaccardi y Cía.”. Fuente: LL, 2001-F-253].
XXXIX. Procede el amparo por demora excesiva si ha trans-
currido más de un año sin que se adopte ninguna decisión
[TFN, Sala D, en autos “Alba Cía. de Seguros”, resolución del
13-06-2002. Fuente: Impuestos, 2002-B-71].
11. AMPARO CONTRA ACTOS
DE PARTICULARES
11.1. ORDEN NACIONAL
Si bien desde el fallo “Kot” de la Corte Suprema había que-
dado claro que el amparo extendía su radio de acción a los
menoscabos de derechos provenientes de sujetos no estatales,
la ley de amparo contempló sólo el supuesto de lesión por au-
toridad pública en el orden nacional. Tal aptitud de la figura
del amparo ha venido a ser reafirmada tras la reforma de 1994,
al contemplarse de modo expreso en el texto constitucional su
procedencia contra actos de particulares.
El amparo contra actos de particulares se encuentra legis-
lado a nivel nacional en el Código Procesal Civil y Comercial de
la Nación, ley nacional 17.454, modificada en la parte que nos
concierne por las leyes nacionales 22.434 y 25.488.
A este respecto, Salgado ya expresaba: “Este método defi-
ciente, no corregido por la ley 22.434, ha dejado sin regulación
aspectos fundamentales de la acción de amparo, que en ciertas
facetas no aparece cubierta por la regulación del proceso suma-
rísimo (art. 498). A su vez deja sin regulación el amparo que se
tramita ante fueros que no aplican dicho Código y que, en cam-
bio, entienden en acciones de amparo (vgr., laboral, penal)”.256
Entendemos que en este último supuesto que plantea Salgado
es de aplicación analógica lo preceptuado por el Código Proce-
256
Op. cit., p. 137.
372 LUIS R. CARRANZA TORRES
sal Civil y Comercial, a falta de norma propia en tales fueros y
atendiendo tanto al nivel constitucional en que está instituido
el amparo contra particulares, como al carácter supletorio que
el ordenamiento procesal civil tiene respecto de los otros fue-
ros.
En el mencionado Código Procesal se legisla a nivel nacio-
nal al amparo dentro del proceso sumarísimo (que resulta ser
un proceso con ciertas particularidades en vistas de la agiliza-
ción de todo el trámite procedimental), a partir del art. 321,
que establece que tal tipo de proceso será aplicable “cuando se
reclamase contra un acto u omisión de un particular que, en
forma actual o inminente, lesione, restrinja, altere o amenace
con arbitrariedad o ilegalidad manifiesta algún derecho o ga-
rantía explícita o implícitamente reconocidos por la Constitu-
ción Nacional, un tratado o una ley, siempre que fuere
necesaria la reparación urgente del perjuicio o la cesación in-
mediata de los efectos del acto, y la cuestión, por su naturale-
za, no deba sustanciarse por alguno de los procesos establecidos
por este Código u otras leyes que le brinden tutela inmediata y
efectiva a que está destinada esta vía acelerada de protección”
(art. 321, inc. 2, conforme ley 25.488). La norma guarda mar-
cada similitud con el art. 1º de la ley nacional de amparo, lo que
facilita aplicar la jurisprudencia de dicha acción general a los
supuestos entre particulares.
En relación a la anterior redacción de la ley 22.434, la figu-
ra ha experimentado una extensión en las categorías de dere-
chos susceptibles de activarla, a los provenientes de tratados
o leyes, en consonancia con la redacción del art. 43 de la Cons-
titución Nacional. Por otra parte, ha acentuado su caracteriza-
ción como acción residual, que ya la anterior redacción
postulaba, si bien no de un modo tan concreto.
Si la pretensión deducida por el actor no llenara los requi-
sitos del art. 321, inc. 2, no será procedente el trámite del jui-
cio sumarísimo, resolviendo el juez cuál es la clase de proceso
que le corresponde. Tal decisión será irrecurrible.
Entendemos que el juez competente, estando previsto
este tipo de amparo dentro de un código procesal, debe deter-
PRÁCTICA DEL AMPARO 373
minarse con base en las normas que rigen la cuestión en dicho
ordenamiento que, por lo demás, es el que brinda mayor capa-
cidad de elección al actor, que al aplicar de manera analógi-
ca las normas del amparo general le permite optar entre el
juez del lugar del hecho y el del domicilio del demandado (art.
5º, inc. 4, CPCCN). En principio, tales acciones corresponden
al fuero común, salvo que se estuviera ante cuestiones de dis-
tinta vecindad, extranjería o asuntos particulares de deter-
minados funcionarios consulares extranjeros, en que será
procedente el fuero federal. La Corte Suprema podrá conocer
originariamente en las cuestiones particulares de las perso-
nas sometidas constitucionalmente a tal tipo de competencia,
como por ejemplo en lo concerniente al personal diplomáti-
co extranjero.
11.2. PROCEDENCIA. LEGITIMACIÓN
La jurisprudencia ha sido conteste en poner de relieve el
carácter de excepción del proceso sumarísimo, excluyendo del
mismo cuestiones que por su necesidad de mayor debate deban
ser tramitadas en procesos ordinarios. La Corte Suprema, por
su parte, ha descartado la presente acción de amparo para tu-
telar los derechos nacidos de fuentes contractuales.
Por otro lado, la última parte del inc. 2 del art. 321 claramen-
te establece una vocación residual en la norma, por lo que la
figura del amparo a particulares sólo procederá ante la inexis-
tencia de otro proceso que brinde tutela equivalente.
Respecto del plazo, entendemos que aun cuando el art. 321,
inc. 2, no lo prevé, ni resulta de aplicación el plazo de caducidad
del art. 2º, inc. e, de la ley general de amparo, debe existir una
cierta inmediatez en la reclamación frente al hecho u acto agra-
viante, ya que el transcurrir de un tiempo significativo entre
ambos induce a presumir que la cuestión carece de la nota de
urgencia para la protección del derecho, necesaria y esencial
para dar curso al amparo, y que se puede pedir su reparación
ante las vías ordinarias de justicia.
374 LUIS R. CARRANZA TORRES
En cuanto a la ponderación de su admisibilidad formal, la
arbitrariedad o ilegalidad de los hechos, entendemos que debe
ser analizada con un criterio más flexible que el que correspon-
de al dictar el pronunciamiento definitivo, desde que los actos
de los particulares carecen de la presunción de legitimidad
propia del actuar de la Administración, debiendo rechazarse
la acción sólo en aquellos casos en que la improponibilidad ob-
jetiva de la demanda es clara y manifiesta.
La legitimación activa que corresponde al afectado deberá
ser apreciada con carácter restrictivo, atento al carácter excep-
cional del instituto. Quien haya afectado por sus actos u omi-
siones particulares un derecho explícita o implícitamente
reconocido por la Constitución Nacional, un tratado o una ley,
en los términos del art. 321, inc. 2, del Código Procesal de la
Nación, carga con la legitimación pasiva.
El alcance del concepto de “particular” debe ser entendido
en el sentido de abarcar a toda persona que haya agraviado a
otra en sus derechos estando desprovisto de toda potestad pú-
blica. Alcanza por tanto a los actos de funcionarios o empleados
públicos que no guarden relación con la función o empleo pú-
blico que ejerce. Asimismo, desde que la procedencia de la ac-
ción se halla únicamente asentada, en cuanto a la legitimación,
que se dirija contra un sujeto, en virtud de hechos en que la au-
toridad pública se halle ausente, en nada obsta que el legitima-
do activo sea una persona de derecho público, incluso de
naturaleza estatal.
11.3. TRÁMITE DEL AMPARO
Promovida en forma de demanda la acción por el actor, éste
deberá ofrecer en el mismo acto toda la prueba de la que vaya
a valerse, y agregarla a la documental en su poder, o indicar en
dónde se encuentra la misma y su contenido, si no la tuviese
consigo.
El juez, de acuerdo con la naturaleza de la cuestión y con la
prueba ofrecida, resolverá como primera providencia, de ofi-
PRÁCTICA DEL AMPARO 375
cio, si corresponde sustanciar la controversia presentada por
el proceso sumarísimo (art. 498, CPCCN). De tomar una deci-
sión en tal sentido, el procedimiento a seguir será el estable-
cido por el Código para el proceso sumario, con las siguientes
particularidades: a) no podrá reconvenirse, ni se admitirán las
excepciones de previo y especial pronunciamiento ni la recu-
sación sin causa del magistrado actuante (art. 14, CPCCN); b)
se unificarán todos los plazos en tres días, con excepción del de
contestación de la demanda y el que se otorga para fundar la
apelación y para contestar el traslado del memorial, los cuales
se establecen en cinco días; c) para la prueba que sólo pueda
producirse en audiencia, tal acto deberá ser fijado dentro de los
diez días de contestada la demanda o vencido el plazo para
hacerlo, y d) no se presentarán alegatos.
Tanto Palacio como Díaz Solimine entienden procedente la
articulación de cuestiones respecto a la competencia, por no
existir prohibición al respecto en el art. 498 del Código Proce-
sal Civil y Comercial de la Nación.257
Los letrados patrocinantes, interpuesta la demanda, po-
drán requerir la prueba documental que se halle en poder de
terceros particulares, de manera directa, sin necesidad de pre-
via petición judicial. Los que se encuentren en poder de docu-
mentos necesarios para el litigio están obligados a exhibirlos
o designar en dónde se hallan los originales.
En la contestación de la demanda, el compareciente sopor-
ta las cargas de negar o reconocer en forma categórica cada uno
de los hechos expuestos en la demanda, así como de reconocer
o negar la veracidad de la documental que la acompaña. Debe-
rá también acompañar en dicha contestación, el ofrecimiento
de toda la prueba de la que pretenda valerse e introducir la do-
cumental.
El actor podrá, dentro de los tres días de haber sido notifi-
cado de la contestación de la demanda, ampliar prueba sobre
hechos nuevos deducidos por el demandado.
257
Díaz Solimine, Omar Luis, op. cit., p. 404.
376 LUIS R. CARRANZA TORRES
Para el caso de no existir hechos controvertidos, correspon-
de la declaración de puro derecho. Tal decisión es inapelable.
La audiencia sólo procede para receptar la prueba que no
puede ingresarse en otra forma al proceso (vgr., declaraciones,
fundamentalmente), debiendo el juez diligenciar en forma in-
mediata las demás.
Únicamente será apelable en este tipo de proceso la sen-
tencia definitiva y las providencias que decreten o denieguen
medidas precautorias. Dicha apelación se concederá en rela-
ción, en efecto devolutivo por regla general, y en forma ex-
cepcional en efecto suspensivo, cuando el cumplimiento de la
sentencia pudiera ocasionar un perjuicio irreparable (art. 495,
inc. 5). El pedido de apelación deberá fundarse ante el mismo
órgano dentro de los cinco días de notificada su concesión. Si
así no se hiciere, se declarará desierto el recurso por la primera
instancia. Del fundamento de la apelación se correrá traslado
por cinco días a la contraria.
La caducidad de instancia se opera en el plazo de tres me-
ses en cualquier caso.
Respecto de las pretensiones resueltas en el amparo con-
tra particulares, podrán reproducirse únicamente si tuviese
lugar un nuevo acto, y la reparación de los efectos del mismo no
pudiera obtenerse por la vía de ejecución de sentencia (art. 498,
inc. 6).
11.4. ORDEN PROVINCIAL. REMISIÓN
En el orden provincial se ha legislado conjuntamente la ac-
ción de amparo contra actos de particulares, ya sea que actúen
de manera individual o colectiva, fueren personas físicas o ju-
rídicas (art. 1º, ley provincial 4915, mod. ley 5770), con la que
preserva a los ciudadanos de los actos de autoridad pública ar-
bitrarios o ilegales, por lo que remitimos a lo ya expresado para
la acción general de amparo a nivel provincial.
Ello en cuanto al trámite, siéndole aplicable a tales casos lo
dicho aquí en el punto 11.2 respecto de las consecuencias que
PRÁCTICA DEL AMPARO 377
acarrea la falta de presunción de legitimidad de los actos de los
particulares.
11.5. SELECCIÓN DE JURISPRUDENCIA
I. No hay nada que autorice la afirmación de que el ataque
ilegítimo, grave o manifiesto contra cualquiera de los derechos
que integran la libertad lato sensu, carezca de protección cons-
titucional adecuada, por la sola circunstancia de que ese ata-
que emane de otros particulares o de grupos organizados de
individuos. Además de los individuos humanos y del Esta-
do, hay ahora una tercera categoría de sujetos, con o sin per-
sonalidad jurídica, que sólo raramente conocieron los siglos
anteriores: los consorcios, los sindicatos, las asociaciones pro-
fesionales, las grandes empresas, que acumulan casi siempre
un enorme poderío material y económico. A menudo sus fuer-
zas se oponen a las del Estado, y no es discutible que estos entes
colectivos representan, junto con el progreso material de la so-
ciedad, una nueva fuente de amenazas para el individuo y sus
derechos esenciales. Si, en presencia de estas condiciones de
la sociedad contemporánea, los jueces tuvieran que declarar
que no hay protección constitucional de los derechos huma-
nos frente a tales organizaciones colectivas, nadie puede en-
gañarse de que tal declaración comportaría la de la quiebra de
los grandes objetivos de la Constitución y, con ella, la del orden
jurídico fundamental del país [CSJN, en autos “Kot, Samuel”,
sentencia del 05-09-1958. Fuente: Archivo del autor].
II. Para la procedencia de una acción de amparo contra actos
de particulares, es requisito básico que el acto impugnado
lesione o amenace con arbitrariedad e ilegalidad manifiestas
algún derecho constitucional [Cám. Nac. Civ. Com. Fed., Sala
3, 25-08-1998, en autos “Desplats de Desplats, Raquel c/ Tele-
fónica de Argentina”. Fuente: Barbado, “Jurisprudencia agru-
pada”, JA, 2001-IV-33].
III. Resulta improcedente la acción del art. 321, inc. 2, del
CPCCN, si en el escrito de inicio no se individualiza a la per-
sona autora del acto lesivo, desde que deviene imprescindible
una parte demandada, por no ser posible en tal proceso pro-
378 LUIS R. CARRANZA TORRES
nunciamientos judiciales inaudita pars [Cám. Nac. Civ., Sala
A, en autos “Curtiembre General Paz”. Fuente: ED, 28-29].
IV. Aparte del aspecto relativo a la persona contra la cual se
deduce y que la ley de amparo prevé un supuesto de caducidad
(art. 2º, inc. e), la naturaleza del proceso sumarísimo, deman-
da, defensa (art. 8º, ley 16.986), prueba, sentencia y recursos,
previstos en el art. 498 del CPCCN, no permiten advertir
distingos sustanciales entre el amparo general y el amparo
contra particulares [Cám. Nac. Civ. Com. Fed., Sala I, 13-07-
1995, en autos “Merino, Herminia c/ Instituto de Obra Social”.
Fuente: Barbado, “Jurisprudencia agrupada”, JA, 2001-IV-40].
V. En materia de amparo el art. 43, primer párrafo, de la Cons-
titución Nacional, sigue la línea de la ley 16.986, al sostener
la admisibilidad de la acción contra todo acto u omisión de au-
toridades o de particulares viciada de arbitrariedad o ilegali-
dad manifiesta [Cám. Fed. San Martín, Sala 1, en autos
“SADEMEC S.A.”, resolución del 13-02-1996. Fuente: JA,
2000-I-Síntesis. CD JA, documento Nº 139919].
VI. El amparo contra actos de particulares es un remedio
excepcional que sólo procede cuando se carece de otras vías le-
gales que permitan proteger los derechos o garantías consti-
tucionales que se estiman afectadas [Cám. Nac. Com., Sala C,
14-11-1997, en autos “Souza c/ Swiss Medical Group”. Fuente:
Seró, “Acción de amparo”, en Revista de Derecho Procesal, Nº
4, Sección de Jurisprudencia Temática, p. 384].
VII. El proceso sumarísimo previsto para la acción de ampa-
ro contra actos de particulares establecido en el Código Pro-
cesal Civil de la Nación, art. 321, inc. 2, debe ser interpretado
a la luz de la Constitución Nacional, art. 43, para evitar que
un excesivo apego a normas de inferior jerarquía tome intran-
sitable tal garantía, que procura facilitar una respuesta juris-
diccional rápida y eficaz que auxilie un derecho constitucional
lesionado en forma arbitraria o ilegítima [Cám. Nac. Civ., Sala
I, 17-03-1998, en autos “Monteforte c/ Club Argentino de Cria-
dores del Perro Ovejero Alemán”. Fuente: Seró, “Acción de
amparo”, en Revista de Derecho Procesal, Nº 4, Sección de
Jurisprudencia Temática, p. 384].
PRÁCTICA DEL AMPARO 379
VIII. La admisibilidad formal de la acción debe interpretar-
se de un modo más flexible cuando se dirige contra particu-
lares, desde que los actos de éstos carecen de la presunción
de legitimidad que gozan los actos de la Administración,
debiendo reservar sólo para los casos en que objetivamente
su inadmisibilidad sea manifiesta [Cám. Nac. Civ., Sala H, 03-
02-1999, en autos “Texeira, Adrián G. c/ Organización Veraz
S.A.”. Fuente: JA, 1999-IV-84].
IX. Son aplicables a las acciones de amparo interpuestas con-
tra particulares los impedimentos previstos por el art. 2º de la
ley 16.986 y la facultad del juez de rechazar la acción de sus-
tanciación cuando fuera manifiestamente inadmisible, esta-
blecida en el art. 3º de la ley de amparo [Juzg. Nac. Civ. Nº 89,
en autos “Dalbon c/ Responsables Crash”, resolución del 28-11-
1996. Fuente: LL, 1997-B-546].
X. La concurrencia de los supuestos de procedencia de la ac-
ción de amparo contra particulares debe ser apreciada con
criterio restrictivo, para no violentar la norma del 321 del
Código Procesal mediante la decisión de cuestiones que re-
quieren mayor amplitud de debate y prueba [Cám. Nac. Com.,
Sala E, en autos “Pertile, Beatriz c/ Banco Caseros”, resolución
del 25-10-1996. Fuente: LL, 1997-B-797].
XI. La ley 7166, que regula el recurso de amparo en la provin-
cia de Buenos Aires no prevé el mismo contra actos de parti-
culares, pero tal exclusión no puede negar por ley el amparo
contra el acto lesivo de un particular, ya que se trata de una
garantía constitucional, y como tal resulta operativa sin ne-
cesidad de ley que la reglamente [Trib. Trab. Quilmes Nº 1, en
autos “Leiva, Pedro y otro c/ Unión del Personal de Panaderías
Quilmes - Berazategui”. Fuente: DT, 1997-B-2095].
GRÁFICO VII
EL AMPARO CONTRA PARTICULARES
A NIVEL NACIONAL Y PROVINCIAL
Nacional Juicio sumarísimo
Amparo (art. 321, inc. 2, CPCCN) (art. 498, CPCCN)
contra actos de
particulares Provincial Amparo de trámite
(art. 1º, ley 4915) idéntico al contra
actos del Estado
12. AMPAROS ELECTORALES
12.1. NATURALEZA ESPECIAL
A nadie escapa la esencial importancia de todo lo relaciona-
do con la materia electoral dentro del Estado de Derecho. Tan
es así que algunos autores hablan de un “poder electoral” distinto
de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Esta capital im-
portancia justifica la especial protección para dichos derechos
de los ciudadanos mediante una figura específica de amparo.
12.2. CONDICIÓN DE ELECTOR
Los amparos electorales se dan a favor no de cualquier per-
sona, sino de electores. La calidad de elector ha sido tradicio-
nalmente inherente a la condición de ciudadano (y en nuestra
organización jurídica, única calidad de derechos que poseen
exclusivamente los nacionales respecto de los extranjeros),
aunque de un tiempo a esta parte se nota una apertura cada vez
mayor a los extranjeros para poder elegir dentro de algunos
ámbitos políticos (por ejemplo, elecciones municipales).
El vocablo elector258 proviene del latín (elector, órem), y está
referido a la persona que, de acuerdo con las leyes de natura-
258
De la Vega, Julio César, Diccionario consultor político (rojo), Buenos Aires,
Librex, 1988, p. 158.
382 LUIS R. CARRANZA TORRES
leza electoral vigentes en el país, tiene el derecho y/o el deber
de votar para elegir autoridades.
El marco reducido del instituto, a más de su legitimación
activa, se evidencia en lo exiguo de sus márgenes temporales
de posible utilización, limitados al período comicial.
12.3. AMPARO DE DERECHOS ELECTORALES
El art. 10 del Código Electoral Nacional determina un ampa-
ro en favor del ciudadano elector afectado en sus inmunidades,
libertad o seguridad, o privado del ejercicio del sufragio. El
mismo puede ser solicitado por el elector o por intermedio de
cualquier persona en su nombre. La ley dispensa de todo tipo de
formalidades para su interposición, dejando a elección del afec-
tado o de quien actúe en su nombre la opción de presentarla en
forma escrita u oral. Puede interponerse ante el juez electoral
o el magistrado más próximo, o ante cualquier funcionario nacio-
nal o provincial. La elección dependerá de las circunstancias de
tiempo y un criterio de eficacia respecto de cuál es la autoridad
que está en mejores condiciones de hacer cesar el evento daño-
so. Entendemos que en casos de urgencia puede actuarse sobre
jurisdicción extraña a la propia autoridad, ante la ausencia o im-
posibilidad de las autoridades o de las magistraturas natural-
mente competentes. Es lo que surge del espíritu de la ley y de una
interpretación amplia del art. 128 de la Constitución Nacional
respecto a este tema.
Sagüés259 cuestiona la amplitud del término “cualquier fun-
cionario nacional o provincial”, que podría comprender a agen-
tes de la Administración que carecen de imperio o pertenecen
a áreas ajenas al comicio, abriendo la posibilidad para inciden-
tes y equívocos. Entendemos que la elección del afectado, o
quien actúe en nombre suyo, debe ser realizada de acuerdo con
un criterio de razonabilidad, y que únicamente si no existe en
259
Ley de amparo, p. 456.
PRÁCTICA DEL AMPARO 383
el lugar un juez electoral o es sumamente dificultoso presen-
tarse ante él u otro magistrado, podrá acudirse a funcionarios
de otro tipo. En todo caso, la ley pone por encima de los proble-
mas de competencia el asegurar a toda costa el ejercicio del
sufragio.
La objeción a la carencia de imperio por su parte, entende-
mos que se supera con el deber que la propia norma impone.
La ley señala que tales funcionarios están obligados, y de
manera urgente, a adoptar todas las medidas necesarias para
hacer cesar el impedimento ilegal o arbitrario que afecte las
inmunidades, libertad, seguridad o ejercicio de los derechos
electorales. Como se puede apreciar, es un mandato legal am-
plio que necesariamente lleva implícita la habilitación de facul-
tades para su cumplimiento, cuyo uso deberá graduarse de
acuerdo con las circunstancias específicas de cada caso.
12.4. AMPARO POR RETENCIÓN DE DOCUMENTO CÍVICO
El art. 11 del Código Electoral incluyó también un amparo
en favor del elector al que un tercero le hubiera retenido inde-
bidamente su documento cívico. A diferencia del anterior, sólo
puede ser promovido ante el juez electoral.
La justificación de este tipo tan específico de amparo se
encuentra en la circunstancia de que la posesión del documen-
to cívico resulta imprescindible para el ejercicio de los dere-
chos del sufragante.
Para que proceda este amparo la retención del documento
debe haber sido realizada en forma ilegal por un tercero. Se
excluyen así las retenciones que hayan sido realizadas en vir-
tud de una norma legal, por ejemplo a personas condenadas o
bajo bandera. Resulta indiferente que el tercero sea una per-
sona pública o privada, siempre que la retención tuviera carác-
ter de indebida. La retención, para que proceda el amparo, debe
ser realizada sobre un documento necesario para que el elec-
tor ejerza los derechos fijados por el Código Electoral u otra ley
de igual materia.
384 LUIS R. CARRANZA TORRES
12.5. PROCEDIMIENTO
En sus arts. 147 y 148, el Código Electoral Nacional dispo-
ne el procedimiento a seguir para la sustanciación de los am-
paros ya descriptos en los puntos 12.3 y 12.4. Se establece allí
un procedimiento sumarísimo y verbal. La ley no estipula en
cuanto al trámite, contradicción, informe previo o formalida-
des especiales. Impone la obligación, al magistrado o funciona-
rio interviniente, de resolver en forma inmediata y oral. El juez,
para la verificación del acto lesivo, puede utilizar cualquier
procedimiento que fuese lícito, “siendo el procedimiento, pues,
básicamente unilateral”260. Tales decisiones se cumplirán sin
más trámite, por intermedio de la fuerza pública si fuese nece-
sario, y en su caso serán comunicadas de inmediato al juez elec-
toral que corresponda. Este último supuesto debe cumplirse
para el caso de amparos interpuestos ante jueces o funciona-
rios distintos del magistrado electoral competente. Si tal comu-
nicación no fuera posible de realizar en forma contemporánea
a la resolución del amparo o a la ejecución de lo resuelto, deberá
hacerse inmediatamente después.
La frase “ ‘se cumplirán sin más trámite’ parece indicar que
no son apelables, no siendo factible interponer recursos”, en
opinión de Sagüés261 que compartimos, ya que es la única con-
gruente con la naturaleza celerísima del proceso.
La ley establece una jurisdicción sucesiva, en caso de me-
diar imposibilidad de ejercicio, de los magistrados federales y
los provinciales. De esta forma, para aplicar las resoluciones
en los casos de amparo, los jueces electorales deben seguir el
siguiente orden de prelación: 1) jueces federales de sección; 2)
magistrados provinciales; 3) funcionarios de la justicia federal,
y 4) funcionarios provinciales. Sólo en casos excepcionales pue-
den apartarse de dicho orden.
Respecto de la competencia, Rivas piensa que no obstante
la prelación expuesta en el párrafo anterior, “los funcionarios
260
Sagüés, Néstor P., Derecho procesal constitucional, t. 3, p. 636.
261
Ídem.
PRÁCTICA DEL AMPARO 385
requeridos se podrán negar a intervenir cuando el elector tenga
la posibilidad de fácil acceso a magistrados judiciales o funcio-
narios delegados del juez electoral. A la vez, los jueces harán lo
propio cuando sin desmedro del derecho del elector y teniendo en
cuenta la urgencia de protección conforme al caso de que se tra-
te, puedan obtener eficaz y rápido amparo ante el juez electo-
ral”. 262
Coincidimos con Rivas en que los funcionarios habilitados
para conocer el amparo deben tener cierta representatividad
oficial (por ejemplo, directores de correos, de escuelas, funcio-
narios policiales). Entendemos también que deben ser prefe-
ridos quienes puedan disponer de la fuerza pública en forma
rápida. Si bien la ley no hace tales distinciones, resultan esen-
ciales tales prevenciones, en vistas de que aseguran la inme-
diata ejecución de lo decidido.
La premura de procedimiento obedece al corto lapso (por
lo general diez horas) del proceso electoral. A fin de asegurar
el mismo, es obligación de los jueces pertinentes al acto elec-
toral mantener abiertas sus oficinas durante el curso de dicho
acto, pudiendo designar funcionarios, ya del juzgado o ad hoc,
para transmitir las órdenes que se emitieran y velar por su
cumplimiento, dentro de su jurisdicción.
12.6. EL AMPARO ELECTORAL EN CÓRDOBA
En virtud de lo previsto por el art. 4º, inc. 3, de la ley provin-
cial 8643, que asigna competencia al juez Electoral para resol-
ver las acciones de amparo electoral, las que se sustanciarán
conforme lo establece el art. 8º de tal norma, de acuerdo con el
procedimiento que al efecto se regule en la legislación electo-
ral.263
262
El amparo, p. 396.
263
Seguimos, en cuanto a la exposición del marco de la figura en Córdoba, en lí-
neas generales, el desarrollo conceptual formulado en el dictamen Nº JEP64,
en autos “Molina Herrera, Adonis - acción de amparo”, expte. M01/2000 por el
Fiscal Electoral de la provincia.
386 LUIS R. CARRANZA TORRES
A su vez, el art. 10 del Código Electoral Provincial (ley 8767)
prevé además del magistrado electoral, la competencia de las
juntas electorales del caso o los magistrados judiciales más
próximos, respecto del amparo de derechos electorales; o del
magistrado judicial que fuera más próximo al domicilio del elec-
tor, en los casos de retención indebida de documento cívico.
Tal Código Electoral ha regulado en único artículo al ampa-
ro electoral, aunque de modo análogo en sus alcances, a lo esta-
blecido en la legislación nacional; procede en caso de: a)
afectación de derechos, inmunidades, seguridad o privación del
ejercicio del sufragio, para hacer cesar la conducta ilegítima, y
b) retención de documento cívico al fin que le fuera entregado.
Tales supuestos resultan ser los únicos viables para promo-
verlo, sustanciándose la figura por el trámite especial del art.
114 del Código, no correspondiendo sino una interpretación
restrictiva en cuanto a su procedencia, en virtud de su especia-
lidad y excepcionalidad.
Dicha tramitación presenta rasgos análogos a los estable-
cidos en la normativa nacional. Frente a la presentación del
amparo, habrá de resolverse de forma inmediata y verbal, cum-
plimentándose sin más trámite, con aviso al juez Electoral si
emanare de otra autoridad.
Fazio264 entiende que deben cumplimentarse aun de modo
mínimo los requisitos de una demanda, conforme al Código
Procesal Civil y Comercial y la ley de amparo, respecto de la
identificación del actor, detalle de hechos y constitución de
domicilio.
De nuestra parte entendemos que basta con la noticia de-
tallada de la conducta ante el magistrado, quien en su caso, con
su actuación identificará al responsable del hecho lesivo.
La verosimilitud del acto lesivo que se trae al conocimien-
to oficial determina la obligación de actuar, sin que pueda obs-
tar el no cumplimiento de los requisitos procesales normales
en una demanda de amparo; ello habida cuenta de los valores
264
“Amparo electoral”, en Foro de Córdoba, Suplemento de Derecho Adminis-
trativo y Constitucional, Año I, Nº 3, Córdoba, Advocatus, 2000, ps. 44/46.
PRÁCTICA DEL AMPARO 387
superiores en juego, lo particular de la acción y el escaso tiem-
po del que se dispone para resguardar el derecho o reparar el
agravio, antes de que el caso devenga en abstracto por el cierre
comicial.
En cuanto a su recurribilidad, Fazio la estima teóricamente
posible (de las del juez Electoral, en los términos del art. 112 de
la ley 8767 o las vías de la 8643; de las juntas electorales loca-
les por las establecidas en la Ley Orgánica Municipal, y de los
magistrados judiciales, según las reglas procesales del fuero),
aunque difícil de suceder en la práctica, por el reducido ámbi-
to temporal de la figura.
En nuestra opinión, tal como se halla redactada la norma
(“[...] se cumplen sin más trámite [...]”: art. 114, Código Electoral
provincial), la decisión que se adopte en un amparo electoral re-
sulta irrecurrible, sin perjuicio de la posibilidad de reeditar la
cuestión por otras vías, por aplicación de lo preceptuado en el
art. 13 de la ley de amparo, la que entendemos procedente en vir-
tud de la relación género-especie (un tanto particular esta últi-
ma) que hay entre ambas figuras.
12.7. SELECCIÓN DE JURISPRUDENCIA
12.7.1. Nacional
I. Los procedimientos reglados por la ley 16.986 resultan idó-
neos en la materia electoral, cuando se procura la tutela de
derechos subjetivos [Cám. Nac. Electoral, en autos “Povich,
Carlos y otra”, resolución del 23-11-1998. Fuente: LL, 1999-F-
616].
II. El amparo no viene a sustituir los cauces regulares o espe-
ciales de la tutela jurisdiccional, sino que configura un auxilio
al sistema procesal común únicamente cuando éste no puede
dar una respuesta eficaz [Cám. Nac. Electoral, en autos “Parra,
José”, resolución del 02-09-1999. Fuente: LL, 2000-B-710].
III. La acción de amparo fundada en una ley provincial resul-
ta inaplicable en el fuero electoral federal [Cám. Nac. Electo-
388 LUIS R. CARRANZA TORRES
ral, en autos “Galván, Segundo”, resolución del 24-05-1999.
Fuente: LL, 2000-D-864].
12.7.2. Provincial
I. Cuando la cuestión no trata acerca de la aplicación de la ley
electoral, la ley orgánica de los partidos políticos y la que re-
gula los institutos de democracia semidirecta, queda atrapa-
da por las previsiones de la ley 4915, no siendo procedente el
amparo electoral [TSJ en pleno, en autos “Molina Herrera,
Adonis s/ acción de amparo”, resolución del 23-06-2000. Fuen-
te: Fiscalía Electoral de la Provincia].
II. El cuestionamiento de la decisión (o no) de convocar a elec-
ciones es un hecho institucional ajeno al ámbito de proceden-
cia del amparo electoral [TSJ en pleno, en autos “Molina
Herrera, Adonis s/ acción de amparo”, resolución del 23-06-
2000. Fuente: Fiscalía Electoral de la Provincia].
III. El legislador ha delimitado con toda claridad un ámbito
material para el ejercicio de la acción de amparo electoral,
ciñéndola a aquellas ocasiones en que se presente un obstáculo
que impida a cualquier ciudadano habilitado ejercer su dere-
cho a voto; de tal regulación deriva inexorablemente también
un ámbito temporal igualmente acotado obviamente al día de
los comicios, desde que una acción interpuesta —o aun resuel-
ta— con posterioridad al cierre del acto eleccionario torna abs-
tracta la cuestión [TSJ en pleno, en autos “Molina Herrera,
Adonis s/ acción de amparo”, resolución del 23-06-2000. Fuen-
te: Fiscalía Electoral de la Provincia].
GRÁFICO VIII
TIPOS Y SUSTANCIACIÓN DE AMPAROS ELECTORALES
Amparo de derechos Ante cualquier
autoridad PROCEDIMIENTO
electorales (art. 10) - Sumarísimo
Código estatal
- Verbal
Electoral - Unilateral
Nacional Amparo por retención Ante el juez
de documento cívico - Decisiónirrecurrible
(art. 11) electoral y ejecutoria
⎩
⎪
Ante juez ⎪
Amparo de derechos Electoral, ⎪ - Por sí o por tercera persona
electorales (art. 10, junta Electoral ⎪ - Por escrito o verbalmente
primer párrafo) o magistrado
⎪ - Obligación de la autoridad
⎪
Código judicial ⎨ de adoptar medidas condu-
Electoral ⎪ centes de modo urgente
Provincial Amparo por retención Ante juez ⎪ - Verbal
de documento cívico Electoral o ⎪ - Resoluciones irrecurribles e
(art. 10, magistrado ⎪ inmediatamente ejecuto-
segundo párrafo) judicial ⎪ rias
⎩
13. AMPARO GREMIAL
13.1. GENERALIDADES
Instituido dentro del texto de la ley denominada de asocia-
ciones sindicales, como se ha establecido, “el trámite del ‘am-
paro sindical’ no abarca a todos los derechos emergentes de la
ley 23.551: las cuestiones referentes a la práctica desleal, como
el cobro de indemnizaciones y salarios caídos por el trabajador
que prefiere dar por extinguido el vínculo laboral al ser despe-
dido o suspendido en infracción a sus derechos a la tutela sindi-
cal, tendrán que reclamarse por la vía del juicio sumario”.265
Puede dividirse el amparo sindical en dos tipos: el amparo
tutela (art. 47) y el amparo exclusión (art. 52). Seguidamente
pasaremos a analizar cada uno de ellos.
Ambos tipos de este amparo específico se regulan por el trá-
mite de proceso sumarísimo, vigente en el Código Procesal Ci-
vil y Comercial de la Nación (véase supra el punto 11.3).
El amparo sindical es un mecanismo protectorio de la liber-
tad sindical que tutela los derechos individuales y colectivos
que surgen de la agremiación, y tiene por fin impedir ataques
a tales derechos, hacer cesar los iniciados o reestablecer el goce
de los derechos negados. El sujeto pasivo de la acción puede ser
el Estado, los empleadores y los propios sindicatos si incurren
en el acto violatorio de dicha libertad. La tutela sindical se en-
265
Sagüés, Néstor P., Derecho procesal constitucional, t. 3, p. 644.
392 LUIS R. CARRANZA TORRES
tiende como la protección especial que otorga la ley de asocia-
ciones profesionales tanto a los trabajadores como a quienes
ocupan cargos electivos o representativos en las entidades gre-
miales, para evitar modificaciones en sus condiciones de tra-
bajo, suspensiones, despidos o abusos que impliquen acciones
antisindicales por parte de los empleadores. Se sustenta en el
art. 14 bis de la Constitución Nacional y en el art. 47 de la ley
23.551, que dispone el establecimiento de una acción especial
a fin de evitar prácticas antisindicales que impidan el ejercicio
de los derechos pertinentes.266
13.2. AMPARO TUTELA
13.2.1. Naturaleza
El amparo tutela es aquel dado en pro de un trabajador o
una asociación sindical que se ve obstaculizada o impedida de
ejercer en forma regular cualquiera de los derechos que se des-
prenden de la libertad sindical consagrada constitucionalmen-
te (art. 14 bis). Se encuentra receptado en el art. 47 de la ley
23.551, que expresa: “Todo trabajador o asociación sindical que
fuere impedido u obstaculizado en el ejercicio regular de los de-
rechos de la libertad sindical garantizados por la presente ley,
podrá recabar el amparo de estos derechos ante el tribunal ju-
dicial competente, conforme al procedimiento sumarísimo esta-
blecido en el art. 498 del Código Procesal Civil y Comercial de la
Nación o equivalente de los códigos procesales civiles provincia-
les, a fin de que éste disponga, si correspondiere, el cese inmedia-
to del comportamiento antisindical”.
13.2.2. Procedimiento
Resulta ser el proceso sumarísimo del Código Procesal Ci-
vil y Comercial de la Nación, establecido en la norma del art. 47.
266
Grisolia, Julio A., Derecho del trabajo y de la seguridad social, 4ª ed., Buenos
Aires, Depalma, 2001, ps. 845 y 846.
PRÁCTICA DEL AMPARO 393
El juicio sumario a que hace mención el art. 63 es un “error le-
gislativo”, como lo explica Sagüés: “[…] El error surge con bas-
tante facilidad: si bien en el art. 47 el legislador mencionó
puntualmente el trámite del art. 498 del Código Procesal Civil
y Comercial de la Nación, para el amparo sindical, y si bien el
art. 52 aludió a la vía sumaria para la acción por reinstalación
o restablecimiento, esta descripción específica, plasmada al di-
señar las acciones de referencia, tiene que triunfar sobre la re-
gla del art. 63, inc. 2, concebida después en un tratamiento global
de normas de procedimiento”.267 No es otra la solución que la
aplicación del principio de que las normas específicas preva-
lecen sobre las de carácter general.
La competencia la deposita el art. 63 en los jueces o tribu-
nales laborales. Los legitimados activos para interponerla son
todo trabajador o toda organización sindical que haya sido
perjudicada en sus derechos a la libertad sindical, emanen és-
tos de la Constitución o de un texto legislativo. Resultan legi-
timados pasivos quienes vulneren tales derechos, sea el
Estado, los empleadores o las mismas organizaciones sindica-
les. Aun cuando alguna doctrina sostiene que si el acto lesivo
proviene del Estado debe plantearse solamente a través de la
ley 16.986, entendemos incorrecta tal postura, atento al hecho
de que la acción de amparo general resulta ser, por sus carac-
teres, una acción de naturaleza residual, que cede ante otro
amparo de tipo más específico, como resulta ser en este caso.
El fin de este tipo especial de amparo es el cese inmediato “del
comportamiento antisindical”, así que la resolución judicial
podrá suspender tales actos, restituir la situación al estado
anterior a tales hechos, o imponer la ejecución de un acto cuya
no realización resulte perjudicial.
Mientras se tramite resulta factible el requerimiento de
medidas cautelares, de acuerdo con la ley procesal respectiva.
Sagüés se pronuncia en contra de la corriente jurispruden-
cial que enmarca el ámbito de la admisibilidad del amparo sin-
dical dentro de los principios generales de la ley 16.986: “Esta
267
Derecho procesal constitucional, t. 3, p. 646.
394 LUIS R. CARRANZA TORRES
asimilación […] es muy discutible, ya que el art. 47 de la ley
23.551 no define a aquél explícitamente como vía residual o he-
roica, con lo que, prima facie, si un mismo acto lesivo podía
objetarse por medio de una acción o recurso procesal o adminis-
trativo, y también por el amparo sindical, el interesado habría
podido optar por uno u otro conducto. La Corte ha dicho que no,
que el amparo sindical es excepcional y sólo opera supletoria-
mente, ante la falta de eficacia o idoneidad de las otras rutas
procesales ya existentes, o ante la inexistencia de ellas”.268
13.3. AMPARO EXCLUSIÓN
13.3.1. Naturaleza
Al igual que el anterior, el amparo exclusión se encuentra
regulado por la ley 23.551, y tiene por fin privar a ciertos tra-
bajadores, tales como delegados de personal, dirigentes o re-
presentantes de determinadas asociaciones sindicales, de la
estabilidad especial que les otorga la ley, con la finalidad de que
la parte empleadora pueda suspenderlos, despedirlos o modi-
ficar sus condiciones de trabajo.
La ley, para determinar contra quiénes puede dirigirse
este peculiar tipo de amparo, habla de “Los trabajadores am-
parados por las garantías previstas en los arts. 40, 48 y 50 de la
presente ley” (art. 52, primera parte), es decir que alcanza a: a)
los delegados de personal, los integrantes de comisiones inter-
nas u organismos similares (art. 40); b) “Los trabajadores que,
por ocupar cargos electivos o representativos en asociaciones
sindicales con personería gremial, en organismos que requieran
representación gremial, o en cargos políticos en los poderes pú-
blicos, dejaran de prestar servicios […]” y los “[…] representan-
tes sindicales en la empresa elegidos de conformidad con lo
establecido en el art. 41 […]” (art. 48, primer y tercer párrafo),
y c) quienes se postularan para cargos de representación gre-
268
Derecho procesal constitucional, t. 3, p. 648.
PRÁCTICA DEL AMPARO 395
mial de cualquier tipo, oficializada su candidatura según las
respectivas normas electorales, dentro de los seis meses de su
postulación.
Se ha discutido la constitucionalidad o no de esta acción,
disputa doctrinaria y jurisprudencial que no concluye aún.
“El amparo sindical opera aquí como amparo exclusión, y el
animus de la ley [...] es afianzar el efectivo e ininterrumpido cum-
plimiento de la gestión sindical, en tanto no recaiga sentencia
firme que declare procedente el apartamiento de aquellas pre-
rrogativas”.269
13.3.2. Procedimiento
El amparo exclusión se tramita por el proceso sumarísimo
establecido en la pertinente normativa de rito, al igual que el
amparo tutela. Las particularidades procesales de esta acción
están contempladas en el art. 52. Durante la realización de tal
procedimiento, tal norma de la ley 23.551 habilita como medi-
da cautelar la suspensión de la prestación laboral, otorgable a
requerimiento de la parte empleadora, cuando se dé el supues-
to fáctico de que cuando la permanencia del cuestionado en su
puesto o el mantenimiento de las condiciones de trabajo pudiere
ocasionar peligro para la seguridad de las personas o bienes de
la empresa (art. 52, primer párrafo). El juez cuenta con un pla-
zo de cinco días para expedirse sobre el particular.
La decisión del juez respecto de la exclusión no resulta me-
ramente cautelar, estando obligado tal magistrado a conocer
y resolver sobre el fondo del asunto, es decir, si hay mérito su-
ficiente para despedir, suspender o variar las condiciones de
trabajo, “de modo sumarísimo pero pleno”.270
En relación al juicio de exclusión de tutela, el empleador
debe iniciar la acción correspondiente que funciona mediante
el proceso sumarísimo, donde debe detallar los hechos y expo-
269
Sagüés, Néstor P., Derecho procesal constitucional, t. 3, p. 650.
270
Ídem.
396 LUIS R. CARRANZA TORRES
ner el derecho. En la misma pueden intervenir los trabajado-
res representados por el que se pretende excluir y la entidad
sindical, en atención a tratarse de terceros interesados por el
aspecto sectorial en juego.271
Debe tenerse presente también que todo acto del emplea-
dor que soslaye este juicio sumarísimo previo de remoción es
nulo. Así, pues el acto del empleador que dispone el despido,
suspensión o modificación de las condiciones de trabajo de un
representante gremial sin previa resolución judicial de exclu-
sión de la tutela es un acto nulo (arts. 18 y 1044, CC) e ilícito
(arts. 1056 y 1066, CC), asimilable a las simples vías de hecho.
La promoción del juicio sumarísimo de exclusión de la garan-
tía es un requisito formal ineludible exigido por la ley, y su
omisión convierte en nulo el acto.272
13.4. EL AMPARO SINDICAL EN EL ORDEN PROVINCIAL
De acuerdo con lo dispuesto por el art. 47 in fine, en las pro-
vincias se tramitarán tales amparos cuando sea de su compe-
tencia, por el proceso equivalente que se hubiera establecido
en sus “códigos procesales civiles y comerciales”, al sumarísi-
mo del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación. Enten-
demos que en el caso de la Provincia de Córdoba, tales acciones
deberán interponerse por la ley provincial de amparo, habida
cuenta de que la vía procedimental aplicable contra los actos
de particulares, que es en definitiva aquella a la que remite la
ley 23.551, se encuentra legislada conjuntamente con la proce-
dente para los actos provenientes de la autoridad pública en tal
norma. Su interposición deberá ser realizada ante el fuero del
trabajo, sin corresponder su asignación por el turno de ampa-
271
Capón Filas, Rodolfo, El nuevo derecho sindical argentino, 2ª ed., La Plata,
Platense, 1993, p. 221.
272
Etala, Carlos A., Derecho colectivo del trabajo, Buenos Aires, Astrea,
2001, p. 237.
PRÁCTICA DEL AMPARO 397
ros (véase supra punto 3.14), habida cuenta de resultar, como
el electoral o por mora, un instrumento específico de una ma-
teria determinada, la del trabajo, en este caso.
Como regla aplicable a las jurisdicciones provinciales po-
demos entonces decir que ante la ausencia de un proceso espe-
cial en el código de rito, corresponderá sustanciarlo por las
normas del amparo, desde que el presente resulta una especie
de éste, y atento a su carácter de garantía de derechos, que la
torna operativa aun no teniendo una vía procesal designada en
específico.
13.5. SELECCIÓN DE JURISPRUDENCIA
13.5.1. Nacional
I. El recurso extraordinario contra la sentencia que, al revo-
car la dictada en la primera instancia, rechazó el amparo sin-
dical deducido con el apoyo en el art. 47 de la ley 23.551, es
inadmisible: art. 280 del Código Procesal Civil y Comercial de
la Nación [CSJN, en autos “Garay, Francisco Digno y otros c/
Universidad Nacional de Formosa s/ amparo sindical, arts. 47
y 50, ley 23.551”, Sent. Nº G799, del 09-05-1995. Fuente: SAIJ,
sumario Nº A0032257].
II. El amparo sindical previsto en el art. 47 de la ley 23.551 no
implica alterar las instituciones vigentes ni justifica la exten-
sión de la jurisdicción legal y constitucional de los jueces de
la Nación [CSJN, en autos “Unión Obrera Metalúrgica de la Re-
pública Argentina c/ Estado Nacional - Ministerio de Trabajo
y Seguridad Social s/ juicio sumarísimo”, Sent. Nº U10 XXXII,
del 03-04-1996. Fuente: SAIJ, sumario Nº A0035018].
III. No parece posible que el desenvolvimiento normal del
procedimiento administrativo, previsto en la ley Nº 23.551,
pueda considerarse como un instrumento susceptible de
impedir u obstaculizar el ejercicio de la libertad sindical, pre-
supuesto de hecho de la acción regulada en el art. 47 de di-
cho ordenamiento legal [CSJN, en autos “Unión Obrera
Metalúrgica de la República Argentina c/ Estado Nacional -
398 LUIS R. CARRANZA TORRES
Ministerio de Trabajo y Seguridad Social s/ juicio sumarí-
simo”, Sent. Nº U10 XXXII, del 03-04-1996. Fuente: SAIJ,
sumario Nº A0035029].
IV. El art. 47 de la ley de asociaciones gremiales, al legislar
el amparo sindical, proporciona a todo trabajador una vía
rápida y segura para reclamar el cese de toda conducta pa-
tronal o eventualmente estatal que se traduzca en un entor-
pecimiento u obstrucción de la actividad sindical [CSJN, en
autos “Garay, Francisco Digno y otros c/ Universidad Nacio-
nal de Formosa s/ amparo sindical, arts. 47 y 50, ley 23.551”,
Sent. Nº G799, del 09-05-1995. Fuente: SAIJ, sumario Nº
A0032259].
V. La vía recursiva pertinente para la impugnación de un
convenio colectivo de trabajo no puede ser soslayada me-
diante la interposición del amparo sindical previsto en el art.
47 de la ley 23.551 [CSJN, en autos “Unión Obrera Metalúr-
gica de la República Argentina c/ Estado Nacional - Ministe-
rio de Trabajo y Seguridad Social s/ juicio sumarísimo”, Sent.
Nº U10 XXXII, del 03-04-1996. Fuente: SAIJ, sumario Nº
A0035028].
VI. La sola y genérica calificación de la conducta de la admi-
nistración como contraria a la ética de las relaciones labora-
les es una premisa dogmática que no resulta fundamento
suficiente para la pretendida aplicación del art. 47 de la ley
23.551, por el que se regula el “amparo sindical” ya que, como
surge con claridad del texto de este artículo, para aplicarlo se
exige que se haya impedido u obstaculizado el ejercicio regu-
lar de los derechos que garantiza aquel ordenamiento [CSJN,
en autos “Asociación de Trabajadores del Estado c/ Estado Na-
cional - Poder Ejecutivo de la Nación - Ministerio de Salud y Ac-
ción Social s/ práctica desleal”, Sent. Nº A418 XXVIII, del
30-04-1996. Fuente: SAIJ, sumario Nº A0035168].
VII. La declaración judicial de exención de la tutela sindical
conforme al procedimiento del art. 47 de la ley 23.551, es una
condición para modificar la situación del representante gre-
mial [Cám. Nac. Trab., Sala 3, 25-07-1988, en autos “Caballe-
ro, José O. c/ Ormas S.A.”. Fuente: JA, 1990-I-332].
PRÁCTICA DEL AMPARO 399
VIII. La exclusión de tutela prevista por el art. 52 de la ley
23.551 participa de las características propias de los procedi-
mientos de “desafuero” y de los sistemas de “propuesta de
despido” [Cám. Nac. Trab., Sala IV, en autos “Bord, Mauricio
c/ Fe.Me. S.A.”, resolución del 05-07-1996. Fuente: DT, 1997-
A-953].
IX. Toda decisión del empleador que no se ajuste a las circuns-
tancias de haber obtenido la exclusión de la garantía previs-
ta en la ley 23.551 para el trabajador con representación
sindical es nula y no produce los efectos jurídicos deseados de
separación del trabajador [Cám. Nac. Trab., Sala 3, 25-07-
1988, en autos “Caballero, José O. c/ Ormas S.A.”. Fuente: JA,
1990-I-332].
X. Las graves razones invocadas por la empleadora para jus-
tificar el despido del trabajador que ejercía representación sin-
dical sólo pueden acreditarse en el proceso de exención de
tutela y no procede alegarla en el proceso sumarísimo promo-
vido por el trabajador en los términos de los arts. 47 y 52,
primer párrafo, de la ley 23.551 a fin de obtener el cese inme-
diato del comportamiento antisindical sin que corresponda
tampoco analizar las razones de urgencia alegadas [Cám. Nac.
Trab., Sala 3, 25-07-1988, en autos “Caballero, José O. c/ Ormas
S.A.”. Fuente: JA, 1990-I-332].
XI. Durante el trámite del juicio de exclusión de tutela el em-
pleador puede requerir el dictado de una medida cautelar
destinada a obtener la suspensión de la prestación laboral,
cuando la permanencia del cuestionado en su puesto o el
mantenimiento de las condiciones de trabajo pudiere ocasio-
nar peligro para la seguridad de las personas o bienes de la
empresa, conforme lo prevé el art. 52 de la ley 23.551, deci-
sión que debe ser dictada inaudita pars, con carácter provi-
sional [Cám. Nac. Trab., Sala III, en autos “Institutos
Antártida S.A. c/ Soria, Berta y otros”, resolución del 28-03-
1994. Fuente: DT, 1994-B-1748].
XII. La norma contenida en el art. 47 de la ley 23.551 referida
a la tutela del trabajador con representación sindical median-
te el procedimiento sumarísimo, constituye una reglamenta-
400 LUIS R. CARRANZA TORRES
ción razonable de la CN, art. 14 bis [Cám. Nac. Trab., Sala III,
25-07-1988, en autos “Caballero, José O. c/ Ormas S.A.”. Fuen-
te: JA, 1990-I-332].
XIII. El juicio de exclusión de tutela, aunque se adopta en un
proceso sumarísimo, no constituye una medida cautelar, sino
una decisión de carácter pleno y definitivo [Cám. Nac. Trab.,
Sala III, en autos “Institutos Antártida S.A. c/ Soria, Berta y
otros”, resolución del 28-03-1994. Fuente: DT, 1994-B-1748].
XIV. La ley 23.551 referida a asociaciones sindicales estable-
ce un procedimiento rápido para que el juez, previa acredita-
ción de los hechos y el debido acatamiento del principio de
defensa en juicio, decrete la remoción transitoria del delega-
do que perturbe la normal marcha de la empresa o ponga en
peligro la vida de las personas o pueda causar daños sobre las
cosas [Cám. Nac. Trab., Sala III, 25-07-1988, en autos “Caba-
llero, José O. c/ Ormas S.A.”. Fuente: JA, 1990-I-332].
13.5.2. Provincial
I. La ley 23.551 y el decreto reglamentario 467/88 establecen
una proteción especial en favor del trabajador que desempe-
ña legítima representación sindical, no con el objeto de conferir
un privilegio personal repugnante como tal al principio de
igualdad plasmado en el art. 16 de la CN, sino con la expresa
finalidad de garantizar el libre ejercicio de la función gremial
y de ponerla a cubierto de eventuales arbitrariedades patro-
nales susceptibles de obstaculizarla [Cám. Civ. Com. Río Cuar-
to, 22-03-1990, en autos “Ercoreca, Norman P.”. Fuente: JA,
1990-IV-233].
II. El art. 47 de la ley 23.551 autoriza a recabar amparo judi-
cial para lograr el cese inmediato del comportamiento
antisindical, mediante procedimiento sumarísimo, y si bien
el texto legal hace referencia al art. 498 del Código Procesal de
la Nación, nada obsta a que el interesado pueda acudir a la vía
de la acción de amparo en tanto se configuren los requisitos de
procedencia [Cám. Civ. Com. Río Cuarto, 22-03-1990, en au-
tos “Ercoreca, Norman P.”. Fuente: JA, 1990-IV-233].
PRÁCTICA DEL AMPARO 401
III. La suspensión preventiva con goce de haberes, por un plazo
no mayor de noventa días y al solo efecto de llevar a cabo una
adecuada investigación de presuntas irregularidades en el
área cuya dirección —en la especie— ejerce el demandante, no
configura acto susceptible de lesionar, restringir, alterar o
amenazar con arbitrariedad o ilegalidad manifiesta los dere-
chos y garantías constitucionales de que goza el accionante en
su carácter de representante gremial, por lo que debe recha-
zarse la acción de amparo de conformidad con lo prescripto a
contrario por el art. 1º de la ley 4915 [Cám. Civ. Com. Río Cuar-
to, 22-03-1990, en autos “Ercoreca, Norman P.”. Fuente: JA,
1990-IV-233].
IV. El empleador sólo puede acreditar que la medida adopta-
da tiene justa causa y por lo tanto no es fruto de un acto dis-
criminatorio antisindical, en el respectivo proceso de exención
de tutela [Trib. Trab. Bahía Blanca, en autos “Silvani, Juan c/
Coop. Eléctrica y Servicios Públicos”. Fuente: LLBA, 1994-
908].
GRÁFICO IX
TIPOS Y SUSTANCIACIÓN DEL AMPARO SINDICAL O GREMIAL
Trabajador o asociación
sindical impedida u
Amparo tutela obstaculizada
(art. 47) de ejercer sus
Ley de derechos sindicales
Asociaciones Amparo
Sindicales sindical Amparo Privará a autoridades
Nº 23.551 exclusión sindicales de la
(art. 52) estabilidad laboral
especial establecida
en la ley
Se sustancia por el
procedimiento sumarísimo
del CPCCN o equivalente
en sede provincial (ley de
amparo en el caso de
Córdoba)
14. HÁBEAS DATA A NIVEL NACIONAL
14.1. LA PERSONA HUMANA Y SUS DATOS
El derecho a la autodeterminación informativa hunde sus
raíces en la dignidad, el respeto, el libre desarrollo y la invio-
labilidad de la persona humana, formando parte de los dere-
chos fundamentales del hombre o derechos humanos.
Dicho derecho se construye a partir de la noción de intimi-
dad, privacy, riservatezza o vie privée, y en el derecho europeo
se encamina, fundamentalmente, a dotar a las personas de co-
bertura jurídica frente al peligro que supone la difusión de as-
pectos de su vida personal.
Se ha interpretado por ello el concepto de intimidad de una
forma amplia, centrada especialmente en la voluntad de cada
individuo afectado. De esta manera, el derecho a la intimidad
vedaría, en principio, toda intromisión en aquellas esferas de
la vida que el titular quiere reservar para sí.
Si el derecho a la intimidad incluye la facultad de restringir
la recolección y utilización de información personal, así como el
control sobre esta última cuando se consienta o se realice por
mandato legal, entonces no habrá excesiva dificultad en incluir
dentro del contenido de tal derecho la tutela frente al uso de la
informática u otra forma automatizada o masiva de acopio de
datos.
Tal recopilación de datos acerca de las personas no es algo
nuevo, y si consideramos a nuestra mente como —entre otras co-
404 LUIS R. CARRANZA TORRES
sas— un archivo de datos, debemos concluir que la actividad de
almacenamiento, clasificación y tratamiento de datos acerca de
otros es tan antigua como la especie humana misma. La inven-
ción de la escritura le dio tangibilidad a la actividad, mucho
después. Sin embargo, no es sino hasta la irrupción de la era
tecnológica y su tremendo impacto transformador de las rela-
ciones humanas, que el fenómeno comenzó a interesar a los es-
pecialistas del derecho.
La revolución tecnológica a la que asistimos y en la que esta-
mos inmersos en el presente, merced a los continuos progresos
en el campo de las ciencias informáticas, ha hecho posible,
entre otras cosas, la creación, el acceso y el entrecruzamiento
de enormes bancos de datos con todo tipo de informaciones;
siendo el sustrato cultural del cual surge la necesidad de con-
tar los ciudadanos con un medio de protección sobre lo que se
almacene como información de su vida y los más diversos aspec-
tos de su personalidad.
Asimismo, tal orden de cosas trae aparejado un nuevo con-
cepto de poder a través de la vigilancia, información y control.
El inmenso arsenal de datos que la informática pone a dispo-
sición de la Administración acrecienta hasta límites insospe-
chados los mecanismos de control social con base en la
información acerca de las personas.
Frescos en los recuerdos del pasado siglo XX está la apari-
ción de las más terribles formas de totalitarismo que la huma-
nidad haya conocido, que hicieron uso de los recursos de la
técnica (mucho más limitada que en el presente) en materia de
acopio y difusión de información para el so juzgamiento de
millones de personas.
Pero los riesgos para los derechos de las personas por el uso
indebido de los datos e informaciones acerca de ellas no sólo
provienen de los gobiernos, sino también de empresas que a
una escala nunca antes conocida se dedican a la recolección y
difusión de datos, o guardan íntima relación con su problemá-
tica por el dominio tecnológico que detentan en un área sensi-
ble o esencial de las telecomunicaciones. Ya no se trata de las
clásicas empresas multinacionales que operan desde un país
PRÁCTICA DEL AMPARO 405
central en diversas naciones, sino de empresas o grupos de
empresas globales, con múltiples centros de dirección en distin-
tas partes del mundo y con un alcance universal en sus operacio-
nes. El poder de las mismas, sobre todo en las áreas de la alta
tecnología, ha llevado a los gobiernos a tomar medidas activas
para restringir o controlar el inmenso poder que detentan.273
Autores como Orwell274, Huxley275 y Harris276, entre otros,
han alertado en sus ficciones antiutópicas sobre el peligro que
entraña para la dignidad de las personas algunas facetas del
progreso tecnocientífico llevadas al extremo, en especial en lo
que respecta a los métodos de opresión basados en la acumu-
lación y procesamiento de la información respecto de las per-
sonas.
Aún hoy, en los Estados indudablemente democráticos,
cada día es mayor el caudal de datos referentes a los habitan-
tes del país que se almacena en bancos de datos estatales y
privados. También, con el correr del tiempo, cada vez son más
las posibilidades de acceder y cruzar datos de múltiples fuen-
tes de almacenamiento. De este incremento en magnitud y
calidad surge la posibilidad de que tales datos sean incorrec-
tamente asentados, procesados o difundidos, con el correspon-
diente menoscabo para la intimidad o imagen personal.
Más aún, de la reunión y procesamiento de los datos que a
diario dejamos respecto de nuestra vida, ya sea al realizar un
trámite ante un organismo estatal, pedir un crédito, abrir una
cuenta corriente, suscribirnos a una publicación, inscribirnos
en una institución del tipo que fuere (política, deportiva o pro-
fesional), navegar por internet, se puede establecer con un alto
grado de detalle un perfil de nuestra personalidad y de sus
caracteres, llevando a conocimiento de terceros nuestras vir-
tudes y defectos.
273
Carranza Torres, José, “El juicio a Microsoft: un ejemplo de las leyes anti-
trust en los Estados Unidos”, en Semanario Jurídico, Nº 1287, p. 488.
274
Orwell, George, 1984, trad. Rafael Vázquez Zamora, Barcelona, Ediciones
Destino, 1949.
275
Huxley, Aldous, Un mundo feliz, Madrid, Plaza y Janés, 1999.
276
Harris, Robert, Fatherland, Buenos Aires, Atlántida, 1992.
406 LUIS R. CARRANZA TORRES
Y no sólo ello: quien puede elaborar tales perfiles también
puede difundirlos a terceros. De allí la sorpresa a la hora de
sacar un crédito u realizar otra operación económica, de saber-
nos analizados y juzgados por quién sabe quien. Lo dicho cons-
tituye, por decir, una de las situaciones más comunes y que
llegan al conocimiento del afectado. Existen otras, mucho más
sigilosas, de las que nunca llega a enterarse, pues la agresión
informática a los derechos de las personas es casi siempre fría,
aséptica y silenciosa, sin percibirse en nuestra vida diaria.
14.2. CONFORMACIÓN DEL CONCEPTO JURÍDICO DE INTIMIDAD
Los diversos componentes de la intimidad de las personas
(sentimientos, recuerdos, hogar, vida privada, interioridad
humana, daño moral, aspectos corporales o incorporables,
relaciones familiares, paz y sosiego personal y familiar, honra,
domicilio, honor, buena imagen, nombre, etc.) o de lo que pos-
teriormente se concibió como derecho a la intimidad, se hallan
presentes en el hombre desde sus primeros tiempos, aunque
tal cognoscibilidad no supusiera un concepto o un derecho
subjetivo en los términos en que hoy lo entendemos, como lo
explica Fariñas Matoni.277
Así, en la Edad Antigua el “sentimiento de la personalidad”
constituía un valor moral; la conciencia que el hombre occiden-
tal tiene del propio ser como un fin en sí mismo, como un cen-
tro autónomo de identidad y de vida. Para los griegos la esencia
del hombre era el “ser político”.
En los romanos, según von Ihering, el hogar doméstico era
importante y cobraba un valor moral. La idea de paz de la casa
fue reconocida en la inviolabilidad del domicilio, que era, ade-
más, un lugar santo o sagrado. De ahí el aforismo latino, que nos
277
El derecho a la intimidad, Madrid, Trivium, 1983, ps. 315 y ss. Seguimos a
tal autor, junto a los trabajos de Cuervo Álvarez, respecto de la evolución histó-
rica del concepto.
PRÁCTICA DEL AMPARO 407
expresa Gayo, respecto de que la casa es para cada cual segu-
rísimo refugio y acogida.
Y no sólo ello; en el llamado ius imaginum romano, consis-
tente en la práctica por parte de las familias patricias de tomar
una máscara de cera para poder exhibirla en el atrio de las ca-
sas y que se llevaba en público en los cortejos públicos, podemos
hallar los orígenes mismos de la noción del derecho a la ima-
gen.278
En la Edad Media se avanza en el reconocimiento de pro-
yecciones legales respecto de aspectos puntuales de lo que hoy
entendemos como intimidad. Así, los “males” contra la tranqui-
lidad de las personas debían ser indemnizados, y se reconoce
en el siglo XIV la “responsabilidad por agresión y difamación”.
La Edad Moderna, hacia el siglo XVI, inicia la reglamenta-
ción de la propiedad literaria. Cobra asimismo mucha mayor
importancia jurídica la protección del hogar de las personas,
y se plantea la dicotomía de “lo público y lo privado”. En el si-
glo XVIII, los ciudadanos intentan definir lo que era “vida
pública” y lo que no tenía esa calificación. “Mientras el hombre
se hacía a sí mismo en público, realizaba su naturaleza en el
dominio privado, sobre todo en experiencias dentro del núcleo
familiar”. No obstante ello, las declaraciones de los derechos
del hombre formuladas en el siglo XVIII no contienen mención
alguna al derecho a la intimidad, quizá por la falta de una
amenaza de entidad.
La glorificación del hogar en nuestra cultura occidental se
alcanzó en Inglaterra, en el siglo XIX. Eduard Shils llamó a la
era victoriana “la edad de oro de la intimidad” (the golden age
of privacy), estableciendo una relación entre el culto victoriano
a la intimidad y la urbanización decimonónica de la vida. La
concepción victoriana de la intimidad fue un medio de defen-
278
Basterra, Marcela, “Los derechos tutelados por el hábeas data: doctrina y
jurisprudencia”, en Gozaíni, Osvaldo Alfredo (compilador), La defensa de la
intimidad y de los datos personales a través del hábeas data, Buenos Aires, Ediar,
2001, p. 242.
408 LUIS R. CARRANZA TORRES
sa contra el código puritano de la época. Incluso, en ciertos as-
pectos, la intimidad llegó a ser concebida no sólo como un de-
recho, sino también como un deber: por ejemplo, el de ocultar
ciertas partes del cuerpo.
El derecho a la intimidad, en su origen angloamericano,
denominado the right to privacy, surgió a finales del siglo XIX.
En 1873, el juez Thomas A. Cooley, en su obra “The elements of
torts”, lo definió como “the right to be let alone”, es decir, el de-
recho a ser dejado en paz o a ser dejado solo. Sin embargo, la
formulación orgánica y completa del concepto se debió a dos
por entonces jóvenes juristas norteamericanos, Warren y
Brandeis, quienes lo definieron en 1890 en un artículo publica-
do en la Harvard Law Review. El objetivo que perseguían los
autores de este trabajo era establecer un límite jurídico que ve-
dase las intromisiones de la prensa en la vida privada.279
El mismo resulta el punto de partida para comenzar a de-
linear the right to privacy como un derecho de la persona huma-
na, diferente a los demás derechos existentes (patrimoniales
o extrapatrimoniales), aunque se vale de elementos y caracte-
rísticas de algunos otros como el de propiedad, el derecho a la
vida o valores constitucionales como la inviolabilidad y digni-
dad de la persona, para estructurarse.280
Para definir este derecho parten del análisis de uno de los
fundamentales principios del common law, que sostiene: “todo
individuo debe gozar de total protección en su persona y en sus
bienes”, principio que debía adaptarse en sus derivaciones
específicas por los constantes cambios políticos, sociales y eco-
nómicos que surgen y se imponen en la misma sociedad que tu-
vieron origen para responder a sus nuevas demandas.
279
Cuervo Álvarez, José, “La intimidad informática del trabajador”, en http://
www.websamba.com/derecho.
280
Riascos Gómez, Libardo Orlando, “La conceptualización de la visión ius-in-
formática del derecho fundamental de la intimidad de las personas”, Lleida
(esp.), 1999, en http://www.libardo.50megs.com/derecho publico. Seguimos a
este autor en cuanto a la exposición de la tesis de Warren y Brandeis.
PRÁCTICA DEL AMPARO 409
Respecto a la intimidad, tal adaptación significó el recono-
cimiento de protección legal a las sensaciones, los pensamien-
tos y las emociones humanas, tras reconocer paulatinamente
la extensión de la protección contra daños físicos de la mera
prohibición de causarlos a la de poner a otro en peligro de
sufrirlos (acción de amenazas, y mucho más tarde la protección
del individuo contra los ruidos y olores desagradables: el de-
recho sobre actividades nocivas y molestas tomaba cuerpo).
En esta forma, las emociones humanas se ampliaron al ám-
bito de la inmunidad personal más allá del propio cuerpo. Se
comenzó a tomar en consideración jurídica la buena fama y la
protección social (leyes de difamación y libelo). De la propie-
dad material surgieron los derechos inmateriales que resultan
de ésta, los llamados productos y procesos de la mente, tales
como las obras literarias y artísticas, los secretos industriales
y las marcas comerciales.
Sin embargo, inicialmente la principal amenaza e invasión
de la intimidad provino de los periódicos, circunstancia que ya
se refleja en un escrito de Godkin de julio de 1890. Un mes
atrás, un tribunal de New York había reconocido la prohibición
de la circulación de retratos sin el consentimiento del fotogra-
fiado281. En vistas de ello es que Warren y Brandeis entienden
que se impone la necesidad de una protección más amplia de la
persona. “La prensa está traspasando, en todos los ámbitos, los
límites de la propiedad y la decencia. El chismorreo ha dejado
de ser ocupación de gente ociosa y depravada, para convertir-
se en una mercancía, buscada con ahínco e, incluso, con desca-
ro”.
Frente a tal situación, entienden que el Derecho garantiza
a cada persona el derecho a decidir hasta qué punto pueden ser
comunicados a otros pensamientos, sentimientos y emociones.
Jamás se podrá forzar a alguien a expresarlos (salvo en virtud
de una carga pública, como al ser testigo), e incluso cuando ha
elegido expresarlos retiene por regla general el poder de fijar
los límites de la publicidad que les podrá dar. La existencia de
281
Caso “Marion Manola vs. Stevens & Myers”, fallado en junio de 1890.
410 LUIS R. CARRANZA TORRES
este derecho no depende del medio concreto de manifestación
utilizado, ni tampoco de la naturaleza o valor del pensamien-
to o de la emoción, ni de la calidad de los medios empleados en
su expresión.
Warren y Brandeis concluyen que la protección otorgada a
los pensamientos, sentimientos y emociones, manifestadas por
escrito o en forma artística, en tanto y en cuanto consistan en
impedir su publicación, no es más que un ejemplo de aplicación
del derecho más general del individuo a no ser molestado,
derecho que contiene otros derechos de parecida estructura-
ción y efectos. Volveremos sobre esto un poco más adelante.
Siguiendo con nuestro raconto, debemos poner de manifies-
to que en Europa, a finales del siglo XIX Engels se refiere a la
familia privada como la expresión del carácter capitalista. La
privacidad era el realismo de la expresión interactiva, era una
cultura donde los extraños podían inferir el carácter de uno a
partir de cómo lucía y cómo vestía. Y aquí está el punto clave:
la creencia de que el secreto es necesario cuando la gente
interactúa plenamente, brinda la clave de un barómetro de la
angustia psíquica en la sociedad: el deseo de despojarse del sen-
timiento a fin de no mostrar involuntariamente los sentimien-
tos de los demás. En 1877, Gareis proclamó el derecho del
individuo a organizar su vida como deseare, así como el dere-
cho al nombre y el derecho al honor. Kohler (1880), defensor de
los derechos de la personalidad, proclamó el derecho a una “es-
fera de intimidad”, y en 1907 definió el derecho al secreto.282
A lo largo de casi la centuria que siguió a dicha formulación,
tanto el common law como el derecho continental lo desarro-
llaron como un derecho de exclusión de terceros respecto de
determinadas facetas de la vida de las personas.
Valgan como ejemplo de ello las afirmaciones de Alton B.
Parker, presidente de la Corte Estatal de Apelaciones de
Nueva York, en 1901, en el sentido de que un hombre tiene de-
recho de atravesar este mundo, si él lo desea, sin ver su foto pu-
282
Fariñas Matoni, Luis, op. cit., ps. 315 y ss.
PRÁCTICA DEL AMPARO 411
blicada, sus negocios comerciales discutidos, sus experiencias
exitosas escritas en beneficio de otros, o sus excentricidades
comentadas en periódicos, revistas, folletos o panfletos283. El
propio Louis D. Brandeis, años más tarde de la publicación de
su artículo junto a Warren, como juez de la Corte Suprema de
los Estados Unidos, entroncó este derecho en la IV enmienda
de la Constitución, en el voto particular que formuló a la sen-
tencia Olmstead vs. United States, fallada en 1928. A su juicio,
dicho precepto debía ser interpretado extensivamente, de
manera que se exigiera un límite que impidiese las intromisio-
nes gubernamentales en la vida privada.284
Sin embargo, pese a éste y otros pronunciamientos seme-
jantes, el tribunal supremo estadounidense no afirmará hasta
1965 la existencia de un específico derecho a la intimidad,
dotado de una sustantividad propia. Recién en la sentencia
Griswold vs. Connecticut consideró inconstitucional, por lesio-
nar el derecho a la intimidad, la prohibición de vender, distri-
buir y utilizar contraceptivos.
Para advertir la evolución del concepto en el sistema jurí-
dico estadounidense, basta con comparar lo antes referido con
la actual posición de la Corte Suprema de Justicia de los Esta-
dos Unidos, que en el caso Gerard La Forest vs. Duarte, falla-
do en 1990, expresó: “Ha sido reconocido desde hace ya mucho
tiempo, que el derecho de las personas a no ser obligadas a com-
partir su intimidad con otros, es el sello mismo de una sociedad
libre”.
14.3. DE LA INTIMIDAD CLÁSICA AL DERECHO DE ACCESO Y
CONTROL DE LOS PROPIOS DATOS
Tal como puede apreciarse, de la formulación inicial de la
intimidad por Warren y Brandeis se desgajaron, a partir de
283
Carranza Torres, Luis, Hábeas data. La protección jurídica de los datos perso-
nales, Córdoba, Alveroni Ediciones, 2001, p. 17.
284
Cuervo Álvarez, José, “La intimidad informática del trabajador”, op. cit.
412 LUIS R. CARRANZA TORRES
entonces y hasta al presente, una serie de derechos más espe-
cíficos, todos los cuales han apuntado o tenido el objetivo común
de proteger a las personas de las variadas intrusiones con que
la forma de la vida moderna ha puesto en jaque a la intimidad.
Por ello se dice que el concepto moderno de la privacidad
engloba una “colección” de intereses jurídicamente protegidos,
tales como la privacidad de las ideas, la protección de la ima-
gen personal, la privacidad en el domicilio y la protección del
honor, entre otros.285
Riascos Gómez286 entiende que los antecedentes más próxi-
mos del mismo a la época en que vivimos surgen en el common
law norteamericano, al abrigo del ensayo sociojurídico de
Warren y Brandeis sobre the right to privacy en 1890, al igual
que de las directrices, normas y recomendaciones universales
como la Declaración de Derechos Humanos de 1948, las legis-
laciones internacionales de ámbito europeo, como el Conve-
nio de Derechos Humanos de Roma de 1950, el Convenio de
Estrasburgo de 1981, las Directivas de la Unión Europea 95-46-
CE y 97-66-CE, principalmente, y las legislaciones internacio-
nales en el ámbito de los Estados miembro de la ONU, en
particular el Pacto de San José y el Pacto de New York.
La Declaración Universal de los Derechos del Hombre, del
10 de diciembre de 1948, adoptada y promulgada por la Asam-
blea General de las Naciones Unidas en su Resolución 217A
(III), declara expresamente a la vida privada o intimidad como
derecho al que debe brindarse protección estatal por parte de
los Estados miembros. En igual sentido, los diversos tratados
y acuerdos internacionales sobre derechos humanos que si-
guieron a dicha declaratoria, reconocían la protección y tute-
la tanto respecto del Estado como de particulares del derecho
a la intimidad personal, familiar y del menor.
285
Phillips, Bruce, “The Evolution of Canada’s Privacy Laws”, discurso pronun-
ciado el 28 de enero de 2000 en el Ontario Institute 2000, perteneciente a la
Canadian Bar Association.
286
“La conceptualización de la visión ius-informática del derecho fundamental
de la intimidad de las personas”, op. cit.
PRÁCTICA DEL AMPARO 413
Esta visión universalista ha ido creciendo en forma paula-
tina y ha evolucionado cada vez más en la sociedad de la prime-
ra mitad del siglo XX, teniendo como horizonte el precedente
doctrinal del ensayo de Warren y Brandeis: las reiteradas de-
cisiones de los tribunales americanos sobre la privacy que si-
guieron a éste (basadas en la circulación no autorizada de
fotografías, del nombre, de la vida pasada o la publicación de
imágenes o comentarios, opiniones o descripciones periodís-
ticas sin el consentimiento de su titular); la IV enmienda a la
Constitución de los Estados Unidos de América y la urgente
necesidad de proteger y garantizar el derecho a la intimidad en
las normas jurídicas de los diferentes Estados del mundo occi-
dental. Necesidades devenidas, entre otras causas, por la sen-
sible vulnerabilidad de aquel derecho, representada por los
avances tecnológicos de la información y la comunicación, que
cada día resultaban más comprometidos en develar la vida
particular y pública de las personas (hechos, actos, imágenes,
texto o audio), con o sin su consentimiento, así como los que re-
presentaba la informática en sus primigenios e incipientes
contactos con el derecho.
La Declaración Universal de Derechos del Hombre esta-
blece al derecho a la intimidad personal y familiar como un
“derecho fundamental del hombre”. En su art. 12 dispone que
nadie será objeto de injerencias en su vida privada, su familia,
su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o
a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de
la ley contra tales injerencias y ataques.
La interdicción de intromisiones en la intimidad de las
personas se toma en la Declaración Universal de Derechos
Humanos más que como un posible concepto primario de la
misma, en la traducción literal del término privacy, empleado
por la jurisprudencia norteamericana, y en particular en el en-
sayo sociojurídico de Warren y Brandeis. El derecho a la inti-
midad personal y familiar, protegido por la ley contra toda
“injerencia o ataque”, surge como un “derecho fundamental del
hombre”, cuyo fundamento está, por una parte, en “la dignidad
y el valor de la persona humana y en la igualdad de derechos de
414 LUIS R. CARRANZA TORRES
hombres y mujeres”, y por otra en la acción de los Estados en
“promover el progreso social y elevar el nivel de vida dentro de
un concepto más amplio de la libertad”.287
De modo concordante a la Declaración Universal de Dere-
chos Humanos, el Convenio Internacional sobre Derechos
Civiles y Políticos, la Convención Europea sobre Derechos
Humanos y la Convención Americana de Derechos Humanos,
han reconocido al derecho a la intimidad del hombre como uno
de los derechos humanos esenciales de base.
Sin embargo, tales normas internacionales no sólo se pre-
ocupan por definir los contornos y alcances del derecho que
reconoce, sino que instituye la obligación de los Estados fir-
mantes de asegurar los medios legales para procurar su res-
guardo en caso de ser desconocido. Es precisamente de esa
segunda parte de la norma que surge el fundamento jurídico
internacional de, entre otros institutos, el del hábeas data.
El Convenio Internacional sobre Derechos Civiles y Polí-
ticos sigue en sus normas, respecto del reconocimiento jurídica
de la intimidad como derecho, una línea similar a la que acaba-
mos de comentar de la Declaración Universal. Por su parte, la
Convención Europea de Derechos Humanos habla también del
respeto a la vida privada y familiar, del hogar y la correspon-
dencia, como lo hace la Convención Americana de Derechos
Humanos.
Tal como podemos apreciar, la forma de regulación jurídi-
ca de lo relacionado con el derecho a la intimidad, en el dere-
cho internacional, parte de entender al mismo como un derecho
multidimensional, que en definitiva agrupa a otros que par-
tiendo de su contenido de base, desarrollan de modo más espe-
cífico las distintas facetas que el mismo adquiere en contacto
con la realidad. Lo reconocen los instrumentos internaciona-
les mencionados, en tal carácter, como un derecho humano
básico, expresando la obligación que cabe a los Estados de dic-
tar las leyes del caso para asegurar su protección.
287
Riascos Gómez, Libardo Orlando, “La conceptualización de la visión ius-in-
formática del derecho fundamental de la intimidad de las personas”, op. cit.
PRÁCTICA DEL AMPARO 415
Dicho reconocimiento potenció la adopción, en sede nacio-
nal, de reglas de protección respecto de la misma en diversos
países (por citar sólo algunas: la Constitución Griega del 1 de
enero de 1952 (art. 14); la Constitución Portuguesa del 2 de abril
de 1976 (art.14); la Constitución Española del 28 de diciembre
de 1978). Repasando las mismas, es de observar cómo el con-
cepto de protección, con el transcurso del tiempo, fue amplian-
do su contenido para englobar la protección de otros aspectos
análogos de la persona que resultaban de necesaria protección,
en razón del avance tecnológico o cultural.
La percepción de la insuficiencia de la noción tradicional de
intimidad ante los riesgos actuales vino, ya desde hace muchos
años, acompañada por la exigencia de que a ella se le incorpo-
rara la intimidad informativa, en razón de las cada vez mayo-
res repercusiones sobre la información referente a las personas
que producía la avalancha tecnológica, de la que ya hemos dado
cuenta en el punto anterior (vide 14.1).
Se pasó así de un concepto negativo del derecho a la inti-
midad a uno de naturaleza positiva, que pretende no la exclu-
sión de terceros de la esfera privada de la persona, sino dar
a la persona, a la cual se refieren los datos, la posibilidad ju-
rídica de acceder a la información propia que se halle en po-
der de terceros, a los fines de verificarla y poder corregirla en
caso que sea errónea o susceptible de ocasionarle algún daño
o perjuicio.
En efecto, ya en 1959 De Cupis, tomando los elementos de
conceptualización de la privacy inmersos en el ensayo Warren
y Brandeis, y la ampliación institucional vertida por la Decla-
ración Universal, define la intimidad “como aquel modo de ser
de la persona que consiste en la exclusión del conocimiento
ajeno de cuanto hace referencia a la propia persona o también
como la necesidad consistente en la exigencia de aislamiento
moral, de no comunicación externa de cuanto concierne a la
persona individual”. Toma el derecho de la intimidad sólo
como el derecho a salvaguardar la ajenidad de la persona (the
right to let alone), como sujeto individualmente considerado
(física y moralmente).
416 LUIS R. CARRANZA TORRES
De tal forma, el reconocimiento de un derecho de la perso-
na encaminado a reivindicar la protección jurídica frente a la
captación y utilización no autorizada de información personal,
surge en la doctrina en los años sesenta, en diversos autores
como Alan F. Westin (Privacy and Freedom, 1967), Arthur R.
Miller (Personal privacy in the computer age: The challenge of
new technology in a information oriented society, 1971), Guido
Alpa (Privacy e estatuto dell´informazione) y Richard F. Hixson
(Privacy in a public society).288
En el año 1968, Charles Freíd definió a la privacy, concep-
to jurídico semejante al nuestro de intimidad, como el control
que se tiene sobre los propios datos. Tal definición fue de acep-
tación general en la doctrina. Posteriormente, Laurence Tribe,
en su obra “American Constitucional Law”, habla de un dere-
cho a controlar la masa de información por la que se define la
identidad de una persona, como parte del derecho a preservar
la identidad de lo que cada persona desea mostrar a la socie-
dad. 289
A partir de estas elaboraciones doctrinarias es que se cons-
truyó el sistema de protección de datos en Gran Bretaña. En
efecto, durante el largo período de trabajos preparatorios —que
duraron varios años— se elaboró, entre otros, el Informe Youn-
ger. En este documento, publicado en 1972, se distinguen dos
facetas de la intimidad: a) la intimidad “física”, que supone la
“libertad frente a toda intromisión sobre uno mismo, en su casa,
su familia o relaciones”, y b) la intimidad informativa, que es “el
derecho a determinar personalmente cómo y en qué medida se
puede comunicar a otros información sobre uno mismo”.
Por su parte, la doctrina alemana habla de la libertad del
ciudadano para determinar quién, cuándo, qué y con qué oca-
sión (wer, wann, was und bei welcher Gelegenheit) puede cono-
cerse sobre su persona, como contenido positivo del derecho a
288
Cuervo Álvarez, José, “Autodeterminación informativa”, en http://www.geo-
cities.com/Silicom Valley/Horizon/4299/index.html.
289
Palazzi, Pablo, “El hábeas data en el derecho argentino”, en http://www.ul-
piano.com, p. 5.
PRÁCTICA DEL AMPARO 417
la intimidad, que también ha recibido el nombre de derecho a
la autodeterminación informativa.290
En este sentido, la sentencia del Tribunal Constitucional
Alemán del 15 de diciembre de 1983 reviste la importancia del
ser el primer pronunciamiento judicial donde se reconoce el
concepto de la autodeterminación informativa como uno de los
derechos fundamentales del hombre.
Como contenido de tal derecho entendió que cada persona
posee un derecho de libre decisión y libre disposición sobre sus
datos personales, y que puede decidir qué es lo que otros pue-
den saber sobre él.
Las limitaciones a este derecho a la autodeterminación
informática sólo son admisibles en el marco de un interés ge-
neral superior y suscitan un fundamento legal basado en la
Constitución. El legislador, en su regulación, debe observar el
principio de proporcionalidad, y tiene que adoptar, asimismo,
precauciones de índole organizativa y de derecho procesal
susceptible de contrarrestar el peligro de vulneración del
derecho a la salvaguardia de la personalidad.
También para el Supremo Tribunal Constitucional Espa-
ñol, la garantía de la intimidad adopta hoy un contenido posi-
tivo en forma de derecho de control sobre los datos relativos a
la propia persona. La llamada “libertad informática” es así
también derecho a controlar el uso de los mismos datos inser-
tos en un programa informático.291
En el derecho comparado podemos encontrar interesantes
muestras de este instituto, como el Convenio Europeo del 28
de enero de 1981, que postula “garantizar en el territorio de
cada parte a cualquier persona física, sea cual fuere su nacio-
nalidad o residencia, el respeto por sus derechos o libertades
fundamentales, concretamente el derecho a la vida privada”.
290
Oliver-Lalana, Daniel - Almudevar, Natalia, “Seminario de Informática y
Derecho-Filosofía del Derecho”, EULISP, 1999-2000, Curso 1999-2000, pri-
mer cuatrimestre, Asignatura troncal: Protección de datos.
291
Oliver-Lalana, Daniel - Almudevar, Natalia, “Seminario de Informática y
Derecho-Filosofía del Derecho”, op. cit.
418 LUIS R. CARRANZA TORRES
Sesin recapitula los avances de Europa sobre este punto en los
siguientes: “1) El derecho de acceso a los datos personales regis-
trados o archivados. 2) El derecho de solicitar la rectificación,
o que se contemplen o borren los datos incompletos o inexactos.
3) El derecho a una instancia de control administrativo y judi-
cial, mediante una comisión especializada o en definitiva del Po-
der Judicial”.292
Igual determinación del derecho a la intimidad, en donde
se advierte la influencia de los tratados internacionales de
derechos humanos, la encontramos en las constituciones euro-
peas de fecha posterior a los mismos, y en especial en la Espa-
ñola de 1978, que en su art. 18, inc. 4, incorpora al concepto de
la intimidad el resguardo respecto de las interferencias que
puedan provenir del uso de la informática. La importancia de
este texto constitucional, para nosotros, radica en el hecho de
haber sido una de las fuentes de derecho extranjero más utili-
zadas en el ciclo constituyente provincial que se abre en nues-
tro país a partir de 1985, y que precedió y sirvió de fuente a la
reforma constitucional nacional de 1994.
Tal ciclo de reformas constitucionales repite en líneas ge-
nerales la forma de regulación de la cuestión adoptada por sus
fuentes. Por su parte, las provinciales contemporáneas o pos-
teriores a la reforma nacional de 1994 han receptado de un
modo mucho más expreso, y siguiendo las líneas generales del
texto nacional, lo referido al hábeas data.
14.4. CONTENIDO DEL CONCEPTO
Seguimos en este punto a Westin, que entiende que la inti-
midad (privacy) puede manifestarse en cuatro situaciones
básicas293:
292
Sesin, Domingo, “Nuevo remedio constitucional contra el abuso del poder
informático, de los registros y de los bancos de datos: el hábeas data”, en Sema-
nario Jurídico, t. 72, 1995-A-610.
293
Cuervo Álvarez, José, “La intimidad informática del trabajador”, opus
citatus.
PRÁCTICA DEL AMPARO 419
a) Soledad: de orden físico, excluye cualquier contacto ma-
terial; es el último y más estricto estadio de la “privacy”.
b) Intimidad (intimacy): sin aislamiento, que se circunscri-
be a un ámbito de relaciones restringidas. Se define porque el
individuo actúa como parte de una pequeña unidad que recla-
ma y está preparada para ejercer una segregación corporativa
que permita alcanzar una relación franca, relajada y cerrada
entre dos o más individuos.
c) Anonimato: que implica la falta de identificación, pero
que se produce dentro del grupo.
d) Reserva: el estado más sutil de la intimidad, que supone
la erección de una barrera psicológica frente a intromisiones.
14.5. UN NOVEL INSTRUMENTO DE PROTECCIÓN
El continuo progreso tecnológico ha hecho posible la dis-
posición de amplias informaciones acerca de las personas,
sustrato cultural del cual surge la necesidad de contar los ciu-
dadanos con un medio de protección sobre lo que se almacene
como información de su vida y los más diversos aspectos de su
personalidad.
Sesin habla frente a tal realidad de un conflicto “privacidad
vs. información”, que obliga a buscar respuestas adecuadas con
vistas a asegurar una convivencia armónica. El uso de la infor-
mación almacenada se encuentra tutelado por las normas cons-
titucionales (derechos de trabajo, de comerciar, de propiedad
intelectual, etc.), pero en el uso de tal información “deben
impedirse las intromisiones perturbadoras y la inadecuada
difusión de datos procesados mediante los modernos adelantos
tecnológicos cuando se afecta la esfera íntima, tanto familiar
como personal, haciendo ilusorias las garantías constituciona-
les”. Como medio de protección a fin de impedir y remediar
tales situaciones es que surge el hábeas data.294
294
“Nuevo remedio constitucional contra el abuso del poder informático, de los
registros y de los bancos de datos: el hábeas data”, op. cit., p. 609.
420 LUIS R. CARRANZA TORRES
Consagrado en forma expresa en nuestro ordenamiento
jurídico por la reforma constitucional de 1994 al tercer párra-
fo del art. 43, el cual, tal como lo expresa Sagüés, “[…] da las
bases sustanciales del hábeas data, concibiéndolo como una es-
pecie del amparo, ya que lo presenta como una variante de esta
acción, después de describir a la del amparo”.295
14.6. NATURALEZA Y LIMITACIONES
La Constitución Nacional ha instituido al hábeas data como
una acción de amparo especial. Dice al respecto Dromi: “El
constituyente ha optado por el diseño de una vía especial, den-
tro de la más genérica del amparo. La garantía del hábeas data
está vinculada al derecho a la intimidad y al derecho a la vera-
cidad de la propia imagen”.296
No toda la doctrina concuerda con la decisión constitucio-
nal de configurar al hábeas data como una especie del amparo.
Almark y Molina Quiroga entienden que “Al consagrar el
hábeas data, asimilándolo a la acción de amparo, se corre el
serio riesgo de desvirtuar la finalidad del instituto. Mientras el
amparo como remedio o vía procesal de naturaleza excepcional,
requiere que exista ‘ilegalidad o arbitrariedad manifiestas’, el
‘hábeas data’, en cambio, tiene una finalidad muy específica,
que es otorgar a toda persona un medio procesal eficaz para
proteger su intimidad, o evitar que terceras personas hagan un
uso indebido de información de carácter personal que le concier-
ne”.297
No obstante su amplitud, la norma constitucional ha im-
puesto límites a esta acción, con miras a resguardar la vigen-
cia de otros derechos constitucionales. Es así que en su
ejercicio, el hábeas data no podrá afectar el secreto de las fuen-
tes periodísticas. Entendemos que también quedan excluidos
295
Elementos de derecho constitucional, t. 1, p. 255 in fine.
296
Derecho administrativo, p. 729.
297
Régimen jurídico de los bancos de datos, Buenos Aires, Depalma, 1998, p. 165.
PRÁCTICA DEL AMPARO 421
del radio de acción de la misma, aun cuando la Constitución no
lo prevé en forma expresa, las informaciones relacionadas con
el secreto impuesto por razones de interés público, tal como el
profesional o, especialmente, el de Estado, aunque no de ma-
nera absoluta, y en todos los casos manteniendo el Poder Judi-
cial un control de razonabilidad; en el caso de los secretos de
Estado, a fin de que no se tornen en actos arbitrarios, de mero
capricho, o encubran otros fines. “El control judicial de esta de-
cisión administrativa [la que declara el secreto de la informa-
ción por razones de Estado] debe profundizar con energía los
requisitos que hacen a la juridicidad, y respetar con prudencia
la libre determinación administrativa (apreciación de la opor-
tunidad, mérito o conveniencia). Cabe recordar que el juez no
sólo controla los límites externos relacionados con las reglas
formales (competencia, forma, procedimiento, etc.), sino que tam-
bién fiscaliza algunas fases del decisorio interno, como la logi-
cidad, razonabilidad, coherencia, concordancia, paridad de
tratamiento, justicia, buena fe, porque en definitiva integran la
juridicidad. El juez termina su cometido al comprobar que los
hechos han sido apreciados conforme a una pauta ‘razonable-
mente tolerable’, por lo que en modo alguno puede sustituir la va-
loración administrativa efectuada, por su libre convicción
personal”.298
Tal como surge del propio art. 43, la Constitución Nacional
ha instituido, en virtud de dicha cláusula, al hábeas data como
una acción de amparo especial que permite a toda persona to-
mar conocimiento de los datos o informaciones a ella referidos
o que lo afecten o puedan afectarla, alterando o restringiendo
indebidamente sus derechos, especialmente de intimidad y a
la veracidad de su imagen, y una vez comprobada la inexacti-
tud, falsedad, carácter discriminatorio o lo indebido de la di-
fusión a terceros de los mismos, otorga al afectado la potestad
298
Sesin, Domingo, “Nuevo remedio constitucional contra el abuso del poder
informático, de los registros y de los bancos de datos: el hábeas data”, op. cit.,
p. 611.
422 LUIS R. CARRANZA TORRES
de exigir su supresión, rectificación, modificación, actualiza-
ción o confidencialidad, según fuere al caso.
Por tanto, puede verse que la mera asimilación del hábeas
data a la figura del amparo no alcanza a cubrir importantes
aspectos de su realidad jurídica, siendo su naturaleza uno de
ellos, ya que resulta una característica de nuestro sistema de
amparo que los amparos especiales muchas veces se alejan
notablemente, en cuanto a sus caracteres, tramitación y requi-
sitos, de los del amparo general, circunstancia en que necesa-
riamente incide la naturaleza de cada instituto en particular.
Por ello, no ha sido un punto mayormente discutido la ne-
cesidad de una reglamentación de la figura. El Congreso Nacio-
nal dictó entonces la ley Nº 24.745, sancionada en diciembre de
1996, referente a la protección de datos, que fue vetada en su
totalidad por el Poder Ejecutivo, por lo que hubo que esperar
hasta la sanción de la ley 25.326 para contar con una normati-
va reglamentaria, no sólo del hábeas data, sino de la materia de
los datos personales.
La ausencia de una norma específica a nivel de ley durante
todo este tiempo, no invalidó en modo alguno la directa ope-
ratividad del instituto, en razón de lo dispuesto en la norma
constitucional, recayendo sobre los actuarios de la realidad
forense la tarea de hacer funcionar tal instituto protectivo, a
través de su labor y la de los trabajos de la doctrina y la juris-
prudencia de los tribunales, que a lo largo de todo este tiem-
po han ido perfilando las características distintivas de la
acción. En esto, la figura del hábeas data ha recorrido un ca-
mino semejante al que en su momento transitó la acción de
amparo.
14.7. OBJETO DEL HÁBEAS DATA
La misión del hábeas data es proteger los derechos de las
personas de los abusos e intromisiones que puedan afectarlas
y que nazcan de la manipulación de la información personal que
se relaciona con ellas.
PRÁCTICA DEL AMPARO 423
Particularmente resguarda el derecho a la intimidad y a la
correcta imagen de las personas. Dromi entiende que tal dere-
cho está integrado por “la tranquilidad, la autonomía y el con-
trol de la información personal”.299
Esta acción especial de amparo, de rango constitucional,
permite a toda persona tomar conocimiento de los datos o in-
formaciones a ella referidos, que la afecten o puedan afectar-
la, alterando o restringiendo indebidamente sus derechos,
especialmente de intimidad y a la veracidad de su imagen.
El presupuesto fáctico que habilita su ejercicio es la posi-
bilidad de que en un registro conste información sobre su per-
sona que pudiese afectarla indebidamente para el ejercicio de
sus derechos (para la toma de conocimiento), o que existiendo
tal registro éste contenga información inexacta, desactualiza-
da o discriminante (para pedir su rectificación o eliminación).
Dichos datos pueden constar en registros públicos o priva-
dos, no importando su forma de recolectar, almacenar o distri-
buir. Entendemos que para que sea procedente el pedido de
toma de conocimiento, tales registros deben proveer a terce-
ros los informes de que disponen, no importando a quién.
A la facultad de conocer se le une, como una necesaria con-
secuencia, la de modificar dicha información en caso de ser
inexacta, discriminatoria o simplemente invasiva de la esfera
de intimidad personal. También, si fuera el caso, de asegurar
su actualización o confidencialidad, si debiera permanecer en
tal estado (por ejemplo, datos estadísticos).
La promulgación parcial de la ley 25.326, con el veto del
Ejecutivo a un artículo y parte de otro, no ha afectado la parte
referente a la reglamentación de la autodeterminación infor-
mativa.
Dentro de la norma, los aspectos principales de la posición
de los ciudadanos a quienes pertenecen los datos se hallan
recogidos en los capítulos II y III300. El primero de ellos se re-
299
Derecho administrativo, p. 728.
300
Véase al respecto Carranza Torres, Luis, Hábeas data. La protección jurídi-
ca de los datos personales, ps. 57/80 y 89/107.
424 LUIS R. CARRANZA TORRES
fiere a los “Principios generales relativos a la protección de da-
tos”. El segundo, en cambio, lleva el epígrafe de “Derechos de
los titulares de datos”. Ahora bien, pese a la sistemática seguida
por el legislador, no cabe duda de que esos derechos de las
personas no se reducen a los consignados en los artículos que
comprenden tales capítulos, sino que han de integrarse con las
restantes partes de la norma.
Los preceptos del Capítulo II se dedican más bien a definir
el marco en el que han de moverse quienes deseen operar con
datos de carácter personal, y la forma en la que pueden recoger-
los, tratarlos, conservarlos y cederlos. No obstante, es evidente
que, al configurarlo, incorporan como elementos fundamenta-
les del mismo aspectos tan esenciales como el consentimiento
de los afectados (art. 5º), o lo que el art. 6º denomina derecho a
la información en la recogida de datos, a los efectos de conocer
para qué, dónde y el carácter y consecuencias de proporcionar
o no los mismos.
También son derechos del titular de los datos el acceso a la
información de sus datos personales incluidos en los bancos de
datos públicos o privados destinados a proveer informes (art.
14.1). Tal información debe serle brindada dentro de los diez
días de requerida (art. 14.2), de modo claro, exento de codifica-
ciones y en su caso acompañada de una explicación, en lenguaje
accesible al conocimiento medio de la población, de los térmi-
nos que se utilicen (art. 15.1).
En caso de ser estos datos erróneos, desactualizados, cadu-
cos o que deban ser sometidos a un estatuto de confidenciali-
dad, el titular podrá hacer uso de su derecho a la rectificación,
actualización o supresión de los mismos (art. 16). El responsa-
ble o usuario del banco de datos debe proceder a la rectificación,
supresión o actualización de los datos personales del afectado,
realizando las operaciones necesarias a tal fin en el plazo
máximo de cinco días hábiles de recibido el reclamo del titular
de los datos o advertido el error o falsedad. Durante el proce-
so de verificación y rectificación del error o falsedad de la in-
formación que se trate, el responsable o usuario del banco de
datos deberá o bien bloquear el archivo, o consignar, al proveer
PRÁCTICA DEL AMPARO 425
la información relativa al mismo, la circunstancia de que se en-
cuentra sometida a revisión.
Asimismo, puede solicitar que el órgano de control estatal
le informe respecto de los bancos de datos o similares que pu-
dieran almacenar datos personales, características respecto
de su funcionamiento, tipo de datos que almacenan, titular res-
ponsable y dirección de los mismos, a los fines de poder viabi-
lizar el ejercicio de los antes expuestos derechos (arts. 29.1, inc.
a, y cc.).
Frente a las situaciones de violación de los derechos antes
explicitados, la acción de protección de datos personales o
hábeas data, reglamentada de los arts. 33 a 43 de la ley, se cons-
tituye en un cauce procesal para salvaguardar la libertad de la
persona en la esfera informática.
Se ha dicho que cumple una función paralela en el seno de
los derechos humanos de la tercera generación, a la que en los
de la primera generación correspondió al hábeas corpus res-
pecto a la libertad física o de movimiento de la persona. No es
difícil establecer un marcado paralelismo entre la “facultad de
acceso” a las informaciones personales que conciernen a cada
ciudadano en que se traduce el hábeas data, y la acción exhibi-
toria del hábeas corpus.301
Ello pues, siguiendo a Cuervo Álvarez, los distintos insti-
tutos protectores de las libertades ahondan su raíz histórica en
previas situaciones de violación o carencia, a cuyo remedio
precisamente se dirigen. Por ello, la genealogía remota de la
institución puede cifrarse en el famoso interdicto romano de
homo libero exhibiendo, y en una época posterior en el recurso
medieval aragonés de manifestación de personas, que tenía
como finalidad prioritaria proteger la libertad personal fren-
te a los desafueros del poder. La génesis próxima del Great and
efficacious writ of hábeas corpus, como lo denominó Blackstone,
se debe situar en el paulatino perfeccionamiento consuetudi-
nario del common law inglés durante los siglos XIV y XV, que
alcanzará su plasmación legislativa en la célebre Habeas Cor-
301
Cuervo Álvarez, José, “Autodeterminación informativa”, opus citatus.
426 LUIS R. CARRANZA TORRES
pus Act de 1679. El hábeas corpus aparece, a partir de esas
fuentes, como un recurso procesal por el que se solicita al juez
que se dirija al funcionario que tiene una persona detenida y la
presente ante él. Se trata de una garantía judicial específica
para la tutela de la libertad personal. Por ello, al cotejar el
hábeas corpus y el hábeas data se comprueba una inicial coin-
cidencia en lo referente a su naturaleza jurídica.
Sin embargo, nuestra ley, más allá de tal similitud en lo
referente a la acción de conocimiento que marca el estudioso
español, encausa al instituto dentro de los carriles del ampa-
ro, sin perjuicio de reconocerle una amplia especificidad
propia. Tal situación se muestra a las claras en la redacción del
art. 37 (procedimiento aplicable), donde al lado de las regula-
ciones contenidas en la ley 25.326, pone a las de la ley de “am-
paro común” en pie de igualdad, sin expresar supletoriedad
alguna, como sí lo hace con el Código Procesal Civil y Comer-
cial de la Nación en lo referente al juicio sumarísimo.
El hábeas data o acción de protección de datos es la vía que
opera frente a las situaciones de violación de los derechos de
acceso a datos, o de rectificación, supresión o confidencialidad,
ya fuere de las personas individuales o colectivas, que la mis-
ma ley reconoce y reglamenta (arts. 14, 16 y 29, entre otros).
Tal como se ha diseñado en la presente ley, resulta ser el
hábeas data un instrumento procesal complejo, capaz de viabi-
lizar de modo sucesivo diversas pretensiones, cada una de ella
consecuencia de la efectivización o realización de la anterior:
a) La de conocer en donde se hallan sus datos (right to know).
b) La de acceder a los mismos (right to access).
c) La de corregir tales datos (right to correct).
14.8. LEGITIMACIÓN
Pueden articular esta acción las personas individuales y las
colectivas. Tal amplitud para la legitimación activa se des-
prende de la generalidad de la norma constitucional. Si bien en
el caso de las colectivas no podemos hablar de un derecho a la
PRÁCTICA DEL AMPARO 427
intimidad, por ser ésta una característica exclusiva de los se-
res humanos, sí detentan un derecho a la imagen, y ciertamen-
te no cabe duda de que pueden verse afectados por un manejo
indebido, discriminatorio o malicioso de las informaciones re-
lacionadas con ellas.
La legitimación pasiva corresponde a toda persona, indivi-
dual o colectiva, u órgano investido de potestad pública, que
disponga de registro o base de datos de naturaleza pública o
destinada a producir informes.
La acción de protección de los datos personales o hábeas
data podrá ser ejercida por el afectado, sus tutores o curadores
y los sucesores de las personas físicas, sean en línea directa o
colateral hasta el segundo grado, por sí o por intermedio de
apoderado (art. 34, ley 25.326).
Cuando la acción sea ejercida por personas de existencia
ideal, deberá ser interpuesta por sus representantes legales o
apoderados que éstas designen al efecto.
La ley adopta un criterio amplio en cuanto a la legitimación
activa, pero tal amplitud en la admisibilidad de quien puede
resultar parte activa en los procesos de hábeas data no la tor-
na una acción de las denominadas “populares”. Se sigue requi-
riendo, para la promoción de la misma, de un grado de
afectación personal individualizable del común de la sociedad.
Debe haber una afectación cierta (ya fuere ésta actual o
inminente) en quien acciona, pero no necesariamente directa
a su persona. Con ello, recepta el texto en calidad de legitima-
dos a las personas colectivas y a las individuales que se hallen
vinculadas por grados cercanos de parentesco al titular de los
datos, si éste hubiese fallecido. Se consagra así una suerte de
resguardo de la “intimidad familiar”.
Procede asimismo la interposición de la acción por parte de
los representantes de las personas por nacer302. Tal amplitud
para la legitimación activa se desprende de la generalidad de
la norma constitucional.
302
Gelli, María Angélica, “El hábeas data: la garantía y los derechos sustanti-
vos”, en Revista de Doctrina del Colegio Público de Abogados de la Capital Fede-
ral, Año 1, Nº 1, edición de enero de 2000, p. 37.
428 LUIS R. CARRANZA TORRES
El Defensor del Pueblo tiene legitimación procesal dentro
del ámbito de sus funciones, en virtud del art. 86 de la Consti-
tución Nacional, y por si esto no fuera suficiente, el propio art. 43
expresamente reconoce su legitimación procesal en cuanto al
amparo (véase supra punto 3.2.4).
La norma que comentamos le asigna, además, con carácter
facultativo (“podrá”), la posibilidad de integrar la relación pro-
cesal como coadyuvante de la parte actora. Tal autorización es
en virtud de que muchas veces, más allá de la afectación perso-
nal, atento a la importancia de los valores jurídicos en juego,
existe un interés social mediato en la materialización de lo pre-
tendido en la acción.
Es por este interés, y en tal medida, que se justifica la par-
ticipación del Defensor del Pueblo colaborando con la gestión
procesal de la parte actora.
En cuanto a la legitimación pasiva (art. 35, ley 25.326), la
acción procederá respecto de los responsables y usuarios de
bancos de datos públicos y de los privados destinados a proveer
informes. Por lo dicho, puede verse que la norma no hace ma-
yores puntualizaciones que lo previsto en la propia norma
constitucional.
No es procedente, a mérito de la redacción constitucional,
respecto de aquellos de simple almacenaje de datos (vgr., archi-
vos científicos, periodísticos, etc.), no destinados a registrar de
modo especial y particularizado datos sobre personas, destina-
dos al conocimiento de terceros.
En este sentido, la expresión “registros o bancos públicos”
que utiliza la norma constitucional en el tercer párrafo del art.
43, está referida a la calidad del titular de los mismos, y no al
hecho de que la información contenida en los mismos sea de
naturaleza pública.
Respecto de ello, entendemos que no obsta a la proceden-
cia de la acción que los informes no se distribuyan de modo
indiscriminado o al público en general. Perfectamente podrá
interponerse la acción contra un registro que, sin estar abier-
to al público en general, informe a los socios adheridos al mis-
mo cuando por la entidad o magnitud social o económica de los
PRÁCTICA DEL AMPARO 429
mismos pueda inferirse al sujeto un perjuicio en sus derechos
constitucionalmente protegidos.
Ello en razón de que la calidad de público no hace alusión,
a nuestro entender, a la personalidad del titular del registro
de que se trate, ni a la circunstancia de que se brinden a terce-
ros de modo amplio, sino que debe ponderarse a la luz de los va-
lores afectados o susceptibles de serlo303. No dejamos de
entender que tales parámetros, en una sociedad de masas como
en la que nos hallamos inmersos, puede presentar dificultades
para un deslinde preciso entre lo público y lo privado, pero no
hemos hallado otro modo de ponderar la cuestión que tenga a
la vez la flexibilidad y precisión para no constituirse en óbice
a la efectiva operatividad de la garantía constitucional.
14.9. PROCEDIMIENTO
La acción de hábeas data tramitará según las disposiciones
de la ley 25.326 y por el procedimiento que corresponde a la ac-
ción de amparo común, y supletoriamente por las normas del
Código Procesal Civil y Comercial de la Nación en lo atinente
al juicio sumarísimo (art. 37, ley 25.326).
La aplicación de estas normativas deberá estar en conso-
nancia con las particularidades de este amparo especial y de
los objetivos y fines previstos para el mismo por el legislador
constitucional al establecerlo (tomar conocimiento sobre sus
datos, y poder rectificarlos o suprimirlos en caso de falsedad
o discriminación).
La ley faculta al actor (art. 36, ley 25.326) para elegir, en
cuanto a la interposición de la acción, al juez de su domicilio, al
del domicilio del demandado o al del lugar donde se exteriori-
ce o pudiera tener efecto el acto, siguiendo la regulación del
amparo.
303
Conf. Carranza Torres, Luis, “El límite de lo público y lo privado”, LLCba.,
Año 17, Nº 2, edición de marzo de 2002, ps. 241 y 242.
430 LUIS R. CARRANZA TORRES
Deben ser tramitados en la jurisdicción federal los hábeas
data relacionados con archivos de datos públicos de organis-
mos nacionales, o en los que la Nación fuera parte, y cuando los
archivos de datos se encuentren interconectados en redes in-
terjurisdiccionales, nacionales o internacionales, lo que no es
sino una aplicación en específico a la materia de los datos de lo
dispuesto por el llamado “fuero de distinta vecindad”.
Respecto a la admisibilidad, se requiere el haber intimado
de modo previo y forma fehaciente a quien puede resultar
parte pasiva del proceso, a brindar o modificar la información,
según fuere el caso, y que el mismo se haya negado o no haya
brindado en tiempo y forma los datos del caso.
Al interponer la demanda, el actor podrá solicitar como
medida cautelar que se difunda el dato con el aviso que se ha-
lla en litigio o que se impida su difusión. Este bloqueo podrá
asimismo ser dispuesto de oficio por el juez si el dato fuera
manifiestamente erróneo, discriminatorio o de naturaleza
sensible.
En cuanto a su sustanciación, la acción de protección de
datos o de hábeas data se tramita en dos fases sucesivas y se-
cuenciales, una subsidiaria de la otra: una de información, y la
segunda de conocimiento y ejecución.
La pretensión primaria es a los efectos de conocer la infor-
mación a la que se le ha negado acceso. La misma se introduce
en forma de demanda en la forma prevista en el art. 38. Lo allí
dicho no limita la posibilidad de modificar o ampliar las peti-
ciones luego de que se han conocido los datos. Allí es, en defi-
nitiva, cuando el actor decidirá, frente a la información
brindada en autos, sus pretensiones procesales definitivas.
En el caso de estimarse procedente la acción, se especifica-
rá si la información debe ser suprimida, rectificada, actualiza-
da o declarada confidencial, estableciendo un plazo para su
cumplimiento.
Asimismo, y habida cuenta del marco cognoscitivo del
hábeas data, el rechazo de la misma no constituye presunción
en orden a la responsabilidad en que hubiera podido incurrir
el responsable del archivo. Pero, a contrario sensu, la redacción
PRÁCTICA DEL AMPARO 431
de la norma pareciera indicar que la procedencia del amparo
sí crea una presunción en tal sentido.
Las sentencias, por disposición legal, deben ser comunica-
das además de a las partes, a la autoridad de control, que debe-
rá asentarla en un registro específico del tema. Entendemos
ésta una iniciativa destinada a sistematizar la jurisprudencia
respecto del tema, a fin de brindarla al público interesado en
el particular. Guarda relación, además, con los datos necesa-
rios para cumplimentar dicho organismo, con la función asig-
nada por el art. 29, primer párrafo, inc. a.
En virtud de lo preceptuado por el art. 37, la vía recursiva del
hábeas data se sustanciará por el procedimiento del amparo
(véase supra puntos 6.2 y 6.3).
14.10. SELECCIÓN DE JURISPRUDENCIA NACIONAL
I. Para la procedencia del hábeas data no se requiere de la ar-
bitrariedad o ilegalidad manifiestas necesarias para admitir
el amparo, sino el dato objetivo de una información falsa o
agraviante registrado en un archivo que afecta a la honorabi-
lidad o actividad de una persona [Cám. Nac. Cont. Adm. Fed.,
Sala II, 14-03-2000, en autos “Cabañas, Adrianita S.A. c/
B.C.R.A. y otro”. Fuente: DJ, 2001-II-613].
II. 1. No es procedente la acción de hábeas data para tomar co-
nocimiento de los datos insertos en una historia clínica me-
diante la obtención de una fotocopia de la misma ante la
negativa del sanatorio que la conserva en su poder. 2. Dentro
de las facultades jurisdiccionales de los jueces se encuentra la
calificación jurídica de las pretensiones esgrimidas por los li-
tigantes, sin estar obligados a sujetarse a los esquemas jurí-
dicos que éstos les proporcionen […] 4. Si lo que la actora
pretende es que se le informe sobre el contenido de su historia
clínica, corresponde que, aplicando analógicamente el inc. 3
del art. 323 del CPN, se ordene el secuestro de dicho documen-
to, se expida copia certificada y luego se devuelva al sanatorio
demandado[Cám. Nac. Civ., Sala F, en autos “Bianchi de Sáenz,
432 LUIS R. CARRANZA TORRES
Delia A. c/ Sanatorio Greyton S.A.”, sentencia del 06-07-1995.
Fuente: Mooney, Derecho público provincial, p. 304].
III. Corresponde a la justicia provincial atender en la acción
de amparo y de hábeas data (art. 43 de la Constitución Nacio-
nal) que inició el peticionante contra Cablevisión S.A. con el
fin de conocer los datos personales y antecedentes que dicha
entidad posee, a fin de defender su honor y privacidad a raíz
de un documental que se emitió públicamente, ya que no se
está poniendo en tela de juicio ninguna materia relativa a cues-
tiones regidas por la ley 19.798 de telecomunicaciones, ni el
accionar de la entidad compromete eventualmente la respon-
sabilidad del Estado [CSJN, en autos “Steintensand, Egbert
Friederich Kaspar c/ Cablevisión S.A. s/ amparo”, Sent. Nº 459
XXXI, del 19-12-1995. Fuente: SAIJ, sumario Nº A0033761].
IV. El art. 43, inc. 3, de la Constitución Nacional prevé que
toda persona puede interponer acción expedita y rápida de
amparo para tomar conocimiento de los datos a ella referidos
y de su finalidad, que consten en registros o bancos de datos
públicos, o los privados destinados a proveer informes, en caso
de falsedad o discriminación, para exigir la supresión, recti-
ficación, confidencialidad o actualización de aquéllos [Cám.
Nac. Fed. Cont. Adm., Sala IV, en autos “Farell Desmond c/
BCRA”, resolución del 05-09-1995. Fuente: LL, 1995-IV-350].
V. El hábeas data se explica en virtud del desarrollo del llama-
do poder informático. Es una acción que tiende a proteger los
derechos de los registrados en los archivos o banco de datos,
que pueden contener información equivocada, antigua, falsa
o con potenciales fines discriminatorios o lesivos del derecho
a la intimidad de las personas [Cám. Nac. Civ., Sala F, en
autos “B. de S.D.A. c/ Sanatorio Greyton S.A.”, resolución del
06-07-1995. Fuente: LL, 1996-C-472].
VI. La acción de hábeas data se encuentra alcanzada por la
exención establecida en el art. 13, inc. b, de la ley de tasas ju-
diciales 23.898 (ADLA, L-D-3751) —norma aplicable a la ac-
ción de amparo y de hábeas corpus—, ya que aquélla es una
subespecie del amparo [Cám. Nac. Civ., Sala E, setiembre de
PRÁCTICA DEL AMPARO 433
1998, en autos “Cosentino, Ricardo C. y otro c/ Organización
Veraz S.A.”. Fuente: LL, edición del 12-10-1999, p. 7].
VII. La titularidad del bien jurídico protegido por la garantía
del hábeas data —derecho a la intimidad—, a los fines de su
ejercicio, puede trasladarse a otra persona, pero ello queda
circunscripto a la imposibilidad del propio sujeto legitimado
activamente frente a su presunta muerte y a que, quien la de-
duzca por él, sea un miembro de su grupo familiar directo
[CSJN, 16-09-1999, en autos “Ganora”. Fuente: Seró, “Hábeas
data”, en Revista de Derecho Procesal, Nº 5, Sección de Juris-
prudencia Temática, p. 352].
VIII. Para la procedencia del hábeas data requiere ineludible-
mente la existencia de una información objetivamente falsa o
agraviante, y su registro en un archivo que, por ser fuente de
información pública o circulación restringida, afecte la hono-
rabilidad o actividad de una persona [Cám. Nac. Cont. Adm.
Fed., Sala II, 09-11-2000, en autos “Ponchon, Jesús c/ M.I.”.
Fuente: LL, 2001-D-154].
IX. El promotor del hábeas data tendrá que alegar, para tener
un buen resultado procesal a su pretensión, que los registros
del caso incluyan información que es inexacta, o que puede pro-
vocarle discriminación [Cám. Nac. Civ., Sala F, en autos “B.
de S.D.A. c/ Sanatorio Greyton S.A.”, resolución del 06-07-
1995. Fuente: LL, 1996-C-472].
X. El art. 53 de la ley 25.065 de tarjetas de crédito reserva o
veda la información de los datos creditorios-moratorios pro-
venientes de deudas con tarjetas de crédito [Cám. Fed. Córdo-
ba, Sala A, en autos “M.E.T. c/ Tarjeta Provencred y/o Citibank
N.A.”, sentencia del 09-11-2001. Fuente: Foro de Córdoba, Nº
76, Síntesis de Jurisprudencia, p. 261].
XI. En los juicios de hábeas data cuyo objeto es la supresión de
cierta información que se aduce inexacta, es procedente el dic-
tado de una medida cautelar tendiente a que la demandada se
abstenga de brindar el dato en cuestión, pues de mantenerse la
situación de hecho aparentemente irregular, la ejecución de una
sentencia favorable puede convertirse en ineficaz en virtud de
434 LUIS R. CARRANZA TORRES
la difusión del dato anterior a su dictado [Cám. Nac. Com., Sala
B, en autos “Yusin, Mauricio c/ Organización Veraz”. Fuente:
Palazzi, Reseña de Jurisprudencia: Hábeas data, p. 16].
XII. En principio, la obtención de información sobre datos
personales obrantes en los organismos y fuerzas de seguridad
halla adecuación legal en la acción de hábeas data, sin perjui-
cio de que el suministro de esa información pueda, eventual-
mente, afectar la seguridad, la defensa nacional, las relaciones
exteriores o una investigación criminal, cuestión que en cada
caso deberá ser invocada por el titular de la respectiva insti-
tución [CSJN, 16-09-1999, en autos “Ganora”. Fuente: Seró,
“Hábeas data”, en Revista de Derecho Procesal, Nº 5, Sección
de Jurisprudencia Temática, p. 353].
XIII. Resulta seria y no susceptible de rectificación en el ám-
bito del hábeas data la información sobre el carácter de deu-
dor del reclamante que se sustenta en comprobantes emitidos
por la acreedora y suscriptos por el supuesto deudor [Cám.
Nac. Com., Sala E, 29-10-1999, en autos “Corniola, Daniel c/ Or-
ganización Veraz S.A.”. Fuente: JA, 2000-III-38].
XIV. La vía del hábeas data no es apta para el tratamiento de
la supresión de la anotación de un pedido de quiebra recha-
zado en el Registro de Juicios Universales, si se encuentra
admitido que los datos inscriptos se corresponden con las
constancias del expediente [CSJN, en autos “Matimport S.A.”,
resolución del 09-03-1999. Fuente: JA, Nº 6194, edición del 17-
05-2000, p. 23].
XV. El hábeas data integra en la actualidad, juntamente con el
amparo y el hábeas corpus, la trilogía de las principales garan-
tías que con el fin de resguardar los derechos individuales re-
conoce la Constitución Nacional mediante la norma expresa del
art. 43 incorporado luego de la reforma del año 1994 [CSJN, 15-
10-1998, en autos “Urteaga c/ Estado Mayor Conjunto de las FF.
AA.”. Fuente: Seró, “Hábeas data”, en Revista de Derecho Pro-
cesal, Nº 5, Sección de Jurisprudencia Temática, p. 344].
XVI. Para su admisibilidad, el hábeas data exige la configura-
ción de una hipótesis de falsedad o de desactualización, ya que
PRÁCTICA DEL AMPARO 435
con ello se persigue la actualización de la información para
hacer cesar también el agravio proveniente de una informa-
ción que, aunque cierta en su origen, pudo quedar desvirtua-
da por el transcurso del tiempo [Cám. Nac. Com., Sala A,
10-09-1997, en autos “Munditol y otros c/ Allianz”. Fuente: ED,
176-562].
XVII. El hábeas data tiene cinco objetivos principales: a) que
una persona pueda acceder a la información que sobre ella
conste en un registro o banco de datos; b) que se actualicen
datos atrasados; c) que se rectifiquen los datos inexactos; d)
que se asegure la confidencialidad de cierta información legal-
mente obtenida para evitar su conocimiento por terceros, y e)
la supresión del registro de la llamada información sensible
(vida íntima, ideas políticas, religiosas o gremiales) [Cám. Nac.
Fed. Cont. Adm. Capital, Sala IV, 05-09-1995, en autos “Farrel
c/ BCRA”. Fuente: Seró, “Hábeas data”, en Revista de Derecho
Procesal, Nº 5, Sección de Jurisprudencia Temática, p. 345].
15. EL HÁBEAS DATA PROVINCIAL
15.1. LA CUESTIÓN DEL HÁBEAS DATA A NIVEL PROVINCIAL
En relación a las provincias, la ley nacional de protección
de datos es, en cuanto a la normativa referente a datos, de
aplicación obligatoria (art. 44, primer párrafo, ley 25.326). No
puede ser de otro modo, pues reglamenta derechos contenidos
en la Constitución Nacional. Pero nada obsta a que, respetan-
do ese piso mínimo y obligatorio de protección, de consonan-
cias con lo establecido en sus constituciones provinciales, las
provincias dicten leyes en relación a datos de los archivos, ban-
cos o similares que actúen en sus territorios, o que creen orga-
nismos de control de los mismos.
Respecto del hábeas data, por ser éste un instituto de na-
turaleza procesal, y por tanto una facultad reservada de las
provincias, la normativa de la ley alcanza únicamente a los
procesos que se instauren ante la justicia federal o nacional
ordinaria.
La ley deja abierta la puerta para que los gobiernos provin-
ciales adhieran a la misma (art. 44, segundo párrafo, ley 25.326),
pero ello desde luego no obsta a que regulen de modo autóno-
mo, si bien respetando lo dispuesto en la Constitución Nacio-
nal, a la figura.
De no tener una regulación propia, deberá estarse a lo que
digan los textos constitucionales locales. De no contener éstos
la regulación de la figura, o pauta alguna respecto de la faz
438 LUIS R. CARRANZA TORRES
procesal de la misma, cabrá la aplicación de lo preceptuado
para el amparo, o la figura de protección de derechos constitu-
cionales que sea más eficaz frente al caso concreto.
15.2. EL HÁBEAS DATA EN LA PROVINCIA DE CÓRDOBA.
CARACTERIZACIÓN GENERAL
Tanto la Constitución Nacional cuanto la de la Provincia de
Córdoba receptan en sus textos la problemática de la que el
hábeas data pretende erigirse en solución jurídica (arts. 43,
tercer párrafo, y art. 50, respectivamente). Pero de la lectura
de los mismos salta a la vista las diferencias en cuanto a la
regulación de la cuestión.
El art. 50 de la Constitución de la Provincia de Córdoba
intenta dar la regulación normativa a nivel de principios gene-
rales de esta problemática, reconociendo el derecho que toda
persona posee a conocer lo que de él conste en forma de regis-
tro, en los términos siguientes: “Toda persona tiene derecho a
conocer lo que de él conste en forma de registro, la finalidad a
que se destine esa información, y a exigir su rectificación y ac-
tualización. Dichos datos no pueden registrarse con propósitos
discriminatorios de ninguna clase, ni ser proporcionados a ter-
ceros, excepto que tengan un interés legítimo. La ley reglamen-
ta el uso de la informática para que no se vulneren el honor, la
intimidad personal y familiar y el pleno ejercicio de los dere-
chos”.
Los derechos consagrados en este campo por la norma pro-
vincial, en forma análoga al nivel federal, a favor de los parti-
culares son: a) el de tomar conocimiento de los datos con él
relacionados que se encuentren almacenados en cualquier tipo
de registro; b) el de saber la finalidad real de tal información,
y c) el de exigir su rectificación en caso de ser incorrecta, o ac-
tualización si los datos relacionados con su persona no fueran
incorrectos pero tampoco reflejan una situación actual.
La norma constitucional proscribe asimismo cualquier for-
ma de utilización discriminatoria de la información almacena-
PRÁCTICA DEL AMPARO 439
da; sienta como principio la confidencialidad de la misma (so-
bre datos personales de los sujetos) y establece como límites al
uso de la informática, a ser reglamentado por ley, el honor, la
intimidad personal y familiar, y el ejercicio pleno de los dere-
chos.
A casi veinte años de la inclusión en el texto de nuestra
Constitución Provincial de tales derechos, la cual se anticipó
y sirvió de fuente a la recepción de la garantía en la Constitu-
ción Nacional, todavía no se ha dictado en la provincia de Cór-
doba la pertinente legislación reglamentaria que garantice los
mismos, a través de la regulación del instituto jurídico del
hábeas data.
Si bien queda claro que tal ausencia de una norma especí-
fica a nivel de ley no invalida en modo alguno su directa opera-
tividad, en razón de lo dispuesto en la norma constitucional, sí
plantea, a los efectos de su tramitación procesal, una serie de
incertidumbres, las que deben de ser superadas “atendiendo a
las modalidades y finalidades previstas en la Constitución”.304
Respecto de la cuestión de su naturaleza procesal, podemos
distinguir en la doctrina dos posturas: la primera, que en aten-
ción a la regulación de la Constitucional Nacional la entiende
como una especie particular, dentro del género del amparo, sin
que resulte alcanzada, a mérito de tal especificidad, por lo dis-
puesto en la primera parte del art. 43. En tanto, la segunda
diferencia la figura por entero del amparo, dotándola de per-
files propios.
Más allá de la diferencia de posturas, como es observable,
la diferencia entre ellas no es tal, para que en la práctica de las
cosas, la adopción de una u otra lleve a soluciones diametral-
mente opuestas. Sin embargo, entendemos que en el presente
estadio de formulación de la acción resulta prudente no escin-
304
Conclusión Nº 4 del Tema B de la Comisión de Derecho Procesal Constitu-
cional y Administrativo del XX Congreso Nacional de Derecho Procesal, reali-
zado en San Martín de los Andes, en octubre de 1999, y publicada en JA, Nº
6176, edición del 12-01-2000.
440 LUIS R. CARRANZA TORRES
dirla por entero del amparo, a fin de posibilitar la considera-
ción y la aplicación a la resolución de problemas que se presen-
ten, la pródiga doctrina y jurisprudencia de la materia del
amparo.
No obsta asimismo a la procedencia de la acción, de igual
forma que en el nivel federal, que los informes no se distribu-
yan de modo indiscriminado o al público en general. Perfecta-
mente podrá interponerse la acción contra un registro que, sin
estar abierto al público en general, de su actividad informati-
va pueda inferirse al sujeto un perjuicio en sus derechos cons-
titucionalmente protegidos.
Por otra parte, lo dicho debe entenderse en el sentido de que
la calidad de público es enfatizada por la Constitución Nacio-
nal y se halla ausente en la provincial de Córdoba.
Asimismo, en razón de la consagración constitucional en
nuestra provincia de la legitimación de los ciudadanos para
accionar en virtud de la afectación de sus derechos difusos, en
el art. 53 de la Constitución Provincial, entendemos que resul-
ta procedente a nivel provincial lo que podemos denominar
“hábeas data difuso”, que en la doctrina nacional resulta un
tema en discusión al día de hoy.
De no darse los supuestos antes expresados, no estaremos
en presencia de un interés difuso, sino de un simple interés,
que no proporciona legitimidad alguna para accionar a su
detentante.
Respecto de la legitimación pasiva, remitimos a lo ya expre-
sado sobre el hábeas data nacional (véase supra punto 14.8).
En cuanto a su comparación con el hábeas data a nivel fe-
deral, la Constitución Nacional ha instituido al hábeas data
como una acción de amparo especial, y la de Córdoba, si bien
no lo establece de forma expresa y habla del derecho a cono-
cer, rectificar, actualizar y suprimir información, resulta
obvio que alude de modo implícito y necesario a una acción de
tipo procesal.
Asimismo, de la ubicación y forma del tratamiento del tema
por el constituyente provincial, surge de modo claro la autono-
mía de la materia del hábeas data respecto del amparo, en vir-
PRÁCTICA DEL AMPARO 441
tud del criterio de regulación diferenciada seguido en nuestro
texto constitucional provincial.
Es igualmente un rasgo distintivo el que la carta magna
provincial deje librada la determinación concreta de la misma
a la regulación legal reglamentaria, sin fijar carácter alguno
respecto de ella. Da así al legislador un amplio margen de
maniobra, sólo limitado por la eficacia del instituto que se
proyecta respecto de la función constitucional de aseguramien-
to a cumplir, y el respeto del piso mínimo establecido por la
Constitución Nacional.
No debe olvidarse al respecto que, en esta materia, el art. 43
de la Constitución Nacional establece un piso que no pueden
desconocer los ordenamientos provinciales, siendo inconstitu-
cional todo lo que se disponga en contrario. Quedan las provin-
cias en libertad de establecer un plus sobre tal marco. Este piso
se refiere más a la efectividad de la protección que se dispense
a los derechos constitucionales establecidos en el marco nacio-
nal, que a la estructuración propiamente dicha de tal sistema,
sobre el cual, a condición de respetar la efectividad del piso
nacional, gozan de amplitud para determinar, especialmente en
cuanto se trata de institutos de garantía de derechos, pues las
“[...] garantías que dan cobertura a derechos admiten ser más
amplias y mejores cuando se destinan a funcionar en los tribuna-
les de provincias, porque estamos en el ámbito propio del derecho
procesal que es de competencia provincial”.305
Entendemos por tanto que las diferencias entre ambos orde-
namientos resultan perfectamente compatibles, atento a que la
norma constitucional nacional tan sólo fija un piso mínimo res-
pecto de lo que debe ser el hábeas data, admitiéndose, en tanto
se cumpla con el mismo (como lo cumple nuestra Constitución
Provincial), la posibilidad de una diferente regulación, en todo
cuanto no afecte el “núcleo duro” de la figura, constitucional-
mente asegurado por el art. 43, tercer párrafo, de la Constitución
de los argentinos. Tal posibilidad, por otra parte, surge de la
305
Bidart Campos, Germán, Manual de la Constitución reformada, t. I, Buenos
Aires, Ediar, 1998, p. 511.
442 LUIS R. CARRANZA TORRES
propia forma federal de gobierno adoptada por nuestro país
(arts. 1º, 5º, 75, inc. 12, 121, 122 y 126 a contrario sensu, CN).
15.3. RECEPCIÓN DE LA ACCIÓN EN LA JURISPRUDENCIA LOCAL
En cuanto a sus antecedentes en los estrados judiciales de
nuestra provincia, el hábeas data bien puede jactarse de no poca
antigüedad. Nos relata Tinti306 que entre los casos fallados du-
rante el gobierno de Pueyrredón, en la segunda década del siglo
XIX, se hallaba la demanda interpuesta por Luis de Orueta so-
bre informes de facultativos para conocer la gravedad de su en-
fermedad.
Contemporáneamente, la recepción jurisprudencial del
hábeas data en la provincia de Córdoba se produce al fallarse
en el caso “García de Llanos”307, cuya resolución determina, en
ausencia de reglamentación, los caracteres de la acción en la
provincia, los que hemos procurado sintetizar en los siguien-
tes términos:
a) La acción de hábeas data es una modalidad de amparo
que permite a toda persona interesada acceder al conocimiento
de los datos que consten en registros o bancos de datos públi-
cos o privados destinados a proveer informes, y a exigir su
supresión, rectificación, confidencialidad o la actualización de
aquéllos en caso de falsedad o discriminación.
b) El presupuesto fáctico que habilita el ejercicio de la ac-
ción es cuando los registros incluyen información inexacta,
desactualizada o discriminante.
c) Los objetivos de la acción son: 1) acceder a la información;
2) conocer su finalidad (a fin de fundamentar con precisión el
hipotético agravio); 3) exigir la supresión (cuando consten datos
306
“Desde la conquista a la Asamblea de 1820”, en Córdoba y su justicia 1573-
1926, Córdoba, Poder Judicial de Córdoba - Centro de Perfeccionamiento Ri-
cardo C. Núñez, 2001, p. 85.
307
Cám. 1ª Cont. Adm. Córdoba, en autos “García de Llanos, Isabel R. c/ Caja
de Jubilaciones, Pensiones y Retiros de Córdoba”, Sent. Nº 9, del 29-03-1995.
PRÁCTICA DEL AMPARO 443
absolutamente privados que puedan lesionar la intimidad o
trasuntar discriminación); 4) exigir la rectificación (corrección
de la información: si figura con sanciones en su legajo personal
cuando nunca fue sancionado); 5) actualizar la información (por
ejemplo, cuando pagó su deuda y sigue figurando como deudor),
o 6) exigir su confidencialidad (cuando la información suminis-
trada por la persona debe permanecer en reserva: secreto fis-
cal, médico, bancario, etcétera).
d) Toda persona física o jurídica interesada, a quien el
dato concreto afecte un derecho subjetivo, interés legítimo o
interés difuso, de carácter público o privado, tiene legitima-
ción activa para interponer la acción de hábeas data. Legiti-
mada pasiva es toda persona individual o jurídica privada y
los órganos que ejerzan la potestad pública, cuando tengan a
su cargo registros o bases de datos destinados a suministrar
informes.
e) El hábeas data es de carácter excepcional, sumario y
rápido, pudiendo regularse por la ley de amparo hasta tanto
tenga una reglamentación específica. No obstante, atento a su
fácil acreditación objetiva, tiene una mayor semejanza con el
amparo por mora cuando se discute una actuación administra-
tiva. Por ello, cuando se interponga contra la Administración
Pública podrían resultar de aplicación los principios del trámi-
te que rigen el amparo por mora del art. 52 de la Constitución
Provincial, y la pacífica jurisprudencia de los tribunales en la
materia. Todo ello en la medida en que tales pautas no desna-
turalicen la peculiaridad del hábeas data.
f) El agotamiento de la vía administrativa no es necesario
como paso previo al hábeas data. Tal proceder no se concilia con
lo normado por la Constitución, al considerarlo como un tipo
de “amparo”; no obstante, sería aconsejable, en virtud de los
principios de buena fe, que previo a la interposición de la acción
se solicite a la Administración tanto el suministro de la infor-
mación necesaria, de su finalidad, como de su rectificación y/
o demás aspectos abarcativos de este nuevo instituto. No ha-
cerlo no implica la inadmisibilidad formal de la acción, corres-
pondiendo al tribunal analizar el fondo de la cuestión, pero tal
444 LUIS R. CARRANZA TORRES
comportamiento bien puede ser tenido en cuenta al momento
de la imposición de costas.
g) Si el objeto de la acción se relaciona con situaciones re-
guladas por el derecho privado y el registro o base de datos
pertenece a un particular, correspondería la jurisdicción ordi-
naria sobre el derecho común. Cuando, en cambio, la situación
jurídica a tutelar se relacione con el ejercicio de la función
administrativa y los registros o bases de datos pertenezcan a
la autoridad pública, el fuero competente debería ser, por su
propia naturaleza, el contencioso-administrativo.
15.4. LEGISLACIÓN LOCAL EN RELACIÓN AL TEMA308
En virtud de las facultades que le son propias, en 1999 la
Legislatura sancionó la ley 8803, de acceso a la información del
Estado, estableciendo un procedimiento administrativo bre-
ve y expedito para procurarse los mismos de parte de toda per-
sona interesada, e instituyendo la vía del amparo en caso de
denegatoria infundada de tal requerimiento de acceso.309
Asimismo, las leyes 8835 y 8836, sancionadas en marzo de
2000 como parte del marco jurídico con que debía encararse la
reforma del Estado provincial, reglamentaron derechos espe-
cíficos a la información en materia de salud, educación, segu-
ridad, asistencia social, así como el establecimiento de nuevas
formas de acceso y publicidad de los actos de gobierno bajo
soporte informático.310
308
Tomado de Carranza Torres, Luis, “El sistema de protección de datos en Cór-
doba”, en Derecho y Nuevas Tecnologías, Año 3, número especial 4-5: “Derechos
personalísimos”, Buenos Aires, Ad Hoc, 2003.
309
Para mayor detalle de dicha norma, véase Carranza Torres, Luis, Hábeas
data. La protección jurídica de los datos personales, ps. 187/212.
110
Para un mayor detalle véase Carranza Torres, Luis, Hábeas data. La protec-
ción jurídica de los datos personales, ps. 215/224.
PRÁCTICA DEL AMPARO 445
Por último, con fecha 25 de octubre de 2000, la Legislatura
provincial sancionó la ley 8891, que regulaba la materia de la
protección de datos personales. La misma seguía en casi todo
su texto a la norma nacional, salvo que remplazaba el sistema
del consentimiento de los titulares de datos por el de la noti-
ficación de los responsables del registro a los mismos, a partir
del cual se disponía de un plazo para oponerse.
La regulación respecto de los derechos y deberes de ti-
tulares de datos y responsables de registros se superponía
con la ya establecida en la ley nacional Nº 25.326, que resul-
taba de aplicación nacional a tales temas, por lo que eran de
esperarse problemas en cuanto a la compatibilización de
ambos ordenamientos, especialmente cuando en el presen-
te las bases de datos en red informatizadas no se hallan en
un lugar físico determinado, y a la vez actúan en diversas
jurisdicciones.
Respecto de la acción de hábeas data, la misma se limitaba
a declarar aplicables al respecto las normas del amparo, a re-
gular los requisitos de la demanda, alguna cautelar específica,
y el contenido de la sentencia, dejando por lo demás sin regu-
lación los demás aspectos específicos de la figura.
Por misiva del 10 de noviembre de 2000, a la que se indi-
vidualizó administrativamente como 3205N-00, el Poder Eje-
cutivo provincial comunicó al órgano legislativo que había
vetado la ley antes citada en los términos de los arts. 112, 114,
144, inc. 5, y concordantes de la Constitución Provincial.
En la fundamentación de la medida se exponía que la nor-
ma provincial debía tener plena armonía con la legislación
nacional, y que la reciente vigencia de la ley nacional imponía
un tiempo prudencial de análisis (máxime cuando en su art. 44
la ley 25.326 invita a las provincias a adherirse a las normas que
fuesen de aplicación exclusiva en jurisdicción nacional). Resal-
taba en este sentido que resultaba incuestionable la conve-
niencia de aplicar una legislación única y uniforme en todo el
país, por lo cual hasta tanto concluyera el tiempo de evaluación
y análisis de la ley nacional, consideraba conveniente observar
totalmente el proyecto remitido.
446 LUIS R. CARRANZA TORRES
15.5. LA REGULACIÓN POSIBLE DEL INSTITUTO
La promulgación de la ley nacional 25.326 redunda por tan-
to en un afianzamiento del instituto del hábeas data en nues-
tro sistema jurídico. Encarrila al mismo dentro de la senda del
amparo, y vuelve al concepto de unicidad de la acción y plura-
lidad de pretensiones, en lugar del fraccionamiento procesal
que el proyecto de diputados contenía.
Ello resulta en una acción que, a nuestro entender, resul-
ta más cercana al modelo constitucional general, y más amplia
en cuanto a sus posibilidades procesales, lo que en definitiva
redunda en el acrecentamiento de su eficacia protectora de los
derechos, que se ha tenido en miras proteger con su reglamen-
tación.
Asimismo, deja librado a las provincias el establecimiento
de acciones análogas para sus respectivas jurisdicciones, con
lo que se avientan los nubarrones de inconstitucionalidad que
podíamos esperar en el proyecto de diputados que establecía
un alcance nacional de la figura, que por ser de naturaleza
procesal entraría en colisión con los poderes reservados por las
provincias en virtud de los arts. 75, inc. 12, y 121, de la Consti-
tución Nacional.
Por otra parte, el veto de la ley provincial 8891 nos brinda
la posibilidad de estudiar la aplicación de la norma nacional
por parte de nuestros tribunales, y a partir de ello y de la doc-
trina que surja, elaborar una ley que contemple una acción de
hábeas data a la medida de nuestras necesidades e idiosincra-
sia jurídica.
Lo dicho máxime cuando en la norma nacional han queda-
do aspectos de importancia sin regular, tales como la vía recur-
siva, y que por remisión al amparo se nutre de sus carencias,
por citar un solo ejemplo.
El camino de adherir por ley a lo procesalmente normado
en la ley nacional 25.326 supone quedarse a mitad de camino en
la elaboración de una acción acabada de hábeas data, e in-
directamente, es un renunciamiento al ejercicio de la autono-
mía provincial en la materia, el que si bien puede reasumirse
PRÁCTICA DEL AMPARO 447
en cualquier momento, no deja de resultar el abandono de una
facultad reservada.
A mérito de lo antes expresado es que entendemos se jus-
tifica plenamente la regulación a nivel provincial de la figura
del hábeas data. No sólo porque se trata de una facultad que la
provincia ha reservado al momento de organizar el Estado
Nacional, sino para avanzar en el logro de un sistema eficaz y
eficiente de protección en materia de protección de los datos
de las personas.
Imaginamos para Córdoba una ley de hábeas data breve y
de estricto corte procesal, similar en su estructura a las sancio-
nadas por las provincias de Chaco y Formosa.
Pero a diferencia de estas normas, en cuanto a su conteni-
do, no debe quedarse en una mera adaptación del molde
procesal del amparo, sino avanzar en el diseño de las particu-
laridades procesales propias que la especificidad de la acción
requiere. En lo que sea idéntico al amparo bastará con remitir-
se a las normas ya vigentes.
Entendemos asimismo que a los fines de la elaboración de
la misma deberían contemplarse los siguientes aspectos311:
a)Establecer de modo expreso el principio in dubio pro
accione en materia de admisibilidad.
b)Respecto del tribunal que debe entender en el proceso,
una competencia territorial determinada en razón del domici-
lio del afectado, y una material razonablemente elástica, como
en la ley nacional, y no totalmente indiscriminada como en la
ley de amparo provincial.
c) Si el objeto de la acción se relaciona con situaciones regu-
ladas por el derecho privado y el registro o base de datos per-
tenece a un particular, o siendo de naturaleza pública no se
halla comprometido el accionar de la función administrativa
del Estado, correspondería la jurisdicción ordinaria sobre el
derecho común. Cuando, en cambio, la situación jurídica a tu-
311
Conf. Carranza Torres, Luis - Carranza Torres, José, “Perfiles de la acción
de hábeas data”, en Semanario Jurídico, t. 83, 2000-B-1.
448 LUIS R. CARRANZA TORRES
telar se relacione con el ejercicio de dicha función administra-
tiva, el fuero competente debería ser, por su propia naturale-
za, el contencioso administrativo.
d) Adoptar en su trámite los principios de rapidez, simpli-
ficación y abreviación de actos procesales, concentración de los
mismos, inmediatez y economía en el trámite del proceso.
e) La posibilidad de disponerse, al incoar la acción, como
medida cautelar, la suspensión de difundir los datos objeto de
la litis, la que puede ser dictada de oficio por el juez en caso de
resultar necesario para salvaguardar derechos esenciales.
Asimismo, la interposición de la acción debe generar en todos
los casos la obligación, por parte del responsable del registro,
de acompañar la difusión de los datos con un “aviso de datos en
litigio”.
f) El tribunal a cargo debe estar dotado de las facultades de
dirección suficientes para poder impulsar el proceso de modo
ágil y disponer de los elementos de juicio necesarios para fallar
de acuerdo a un criterio de verdad real.
g)Establecer que, en caso de incontestación del pedido ju-
dicial de acceso a los datos, puede realizarse la procura de los
mismos por la fuerza pública, o fallarse de acuerdo a los dichos
del actor.
h) En cuanto a la prueba, disponer la recepción de la misma
en audiencia, siguiendo el método de la ley de amparo, estable-
ciendo un principio de cargas probatorias dinámicas y la facul-
tad del tribunal de disponer probanzas de oficio, si es de
necesidad para formar su criterio resolutivo.
i) Establecer un sistema recursivo acotado durante el pro-
ceso; respecto de la sentencia, entendemos que la vía de la
apelación debe ser en relación y con efecto devolutivo, debien-
do ser formulada y fundada en un único acto, en un plazo de
cinco o seis días, en razón de que no se aprecia la ventaja de im-
ponerle a la cuestión los exiguos términos del amparo, atento
a la naturaleza más compleja que puede presentar el hábeas
data.
j) Respecto de la cosa juzgada, nos inclinamos por conside-
rarla de carácter formal, y en brindar la posibilidad, en caso de
PRÁCTICA DEL AMPARO 449
rechazo, de plantearla nuevamente por aplicación del rebus sic
stantibus o la aparición de nuevos elementos probatorios.
k) El rechazo de la acción, tal como se ha legislado en el
orden federal, no debe acarrear consecuencia alguna respec-
to de la acciones de responsabilidad civiles o penales que pu-
dieran intentarse.
15.6. SELECCIÓN DE JURISPRUDENCIA PROVINCIAL
I. El orden jurídico vigente no acepta sanciones [en la admi-
nistración pública provincial] implícitas o solapadas, tampo-
co prevé que puedan incorporarse en el legajo personal
inconductas no comprobadas que afecten el buen nombre y
honor del agente. En definitiva, la información contenida en
el legajo personal de la actora, al no adecuarse en modo al-
guno a tales requisitos impuestos por la juricidad, debe ser
tenida por falsa, por lo que corresponde su rectificación
[Cám. 1ª Cont. Adm. Córdoba, en autos “García de Llanos, Isa-
bel Rita del Valle c/ Caja de Jubilaciones, Pensiones y Retiros
de la Provincia de Córdoba s/ hábeas data”, Sent. Nº 9, del 29-
03-1995. Fuente: Mooney, Derecho público provincial, ps. 304
ss.].
II. Costas por su orden, atento a la novedad de la acción de
hábeas data incoada y a la circunstancia de que la administra-
ción cumplió en parte con el objeto de la misma al suministrar
la información requerida y expresar su finalidad [Cám. 1ª Cont.
Adm. Córdoba, en autos “García de Llanos, Isabel Rita del Va-
lle c/ Caja de Jubilaciones, Pensiones y Retiros de la Provincia
de Córdoba s/ hábeas data”, Sent. Nº 9, del 29-03-1995. Fuen-
te: Mooney, Derecho público provincial, ps. 304 ss.].
III. El incumplimiento material del deudor sólo es jurídica-
mente relevante si promedia su constitución en mora, extre-
mo éste que no se ha acreditado en autos, pero si se ha
demostrado que los actores de la presente hábeas data han
demandado por incumplimiento contractual en otro juicio a
la sociedad que los informara como morosos a Seven S.R.L.
Por tanto, se está en presencia de “demoras” recíprocas, has-
450 LUIS R. CARRANZA TORRES
ta tanto se dilucide la exigibilidad de las obligaciones recípro-
cas y ello puede derivar en el dictado de la sentencia que deter-
mine las responsabilidades emergentes del contrato
incumplido o en el desistimiento de las acciones emprendidas,
con motivo de múltiples negocios jurídicos, como la transac-
ción (art. 832, CC) o la compensación de créditos (art. 828, CC),
entre otros. Por ello, resulta por demás evidente la responsa-
bilidad de Seven S.R.L., al registrar a los actores como “mo-
rosos”, sin verificar responsablemente la comunicación
recibida, y que al ser advertida de la situación, no procede a
la debida supresión o rectificación, pese a que ello le fue reque-
rido en forma fehaciente por los actores [Cám. 7ª Civ. Com.
Córdoba, en autos “Delgado, Néstor Rubén y otros c/ Seven
S.R.L. - amparo (hábeas data)”, Sent. Nº 112, del 27-10-1998.
Fuente: Semanario Jurídico, t. 80, 1999-A-427].
IV. Hábeas data significa, por analogía con el hábeas corpus,
que cada persona “tiene sus datos” y que no hay dudas de que
el objeto tutelado coincide con la intimidad o privacidad de la
persona, ya que todos los datos a ella referidos que no tienen
como destino la publicidad o la información innecesaria a ter-
ceros deben preservarse. Y en tal entendido, la norma previs-
ta en el art. 43 de la CN habilita la acción intentada por los
actores cuando los registros privados destinados a proveer
informes para nada figura el registro de deudores en litigio,
sino de morosos, calificación que en la especie no se ha acre-
ditado, ni puede derivarse del mero informe con tal califica-
ción que le remitiera una empresa a seven S.R.L., ya que la
institución en mora debe estar fehacientemente acreditada
por los clientes de seven S.R.L. [Cám. 7ª Civ. Com. Córdoba,
en autos “Delgado, Néstor Rubén y otros c/ Seven S.R.L. -
amparo (hábeas data)”, Sent. Nº 112, del 27-10-1998. Fuente:
Semanario Jurídico, t. 80, 1999-A-427].
V. Interpretando literal y contextualmente los textos consti-
tucionales, parece razonable que toda persona física o jurídi-
ca interesada, que el dato concreto afecte su derecho subjetivo,
interés legítimo o difuso, de carácter público o privado, tiene
legitimación activa para interponer la acción de hábeas data
[Cám. 1ªCont. Adm. Córdoba, en autos “Guayquifil, Timoteo c/
Caja de Jubilaciones, Pensiones y Retiro de Córdoba - hábeas
PRÁCTICA DEL AMPARO 451
data”, Sent. Nº 49, del 09-04-1999. Fuente: Foro de Córdoba,
Nº 58, Síntesis de Jurisprudencia, p. 227].
VI. En tanto, legitimada pasiva es toda persona individual o
jurídica y los órganos que ejerzan la potestad pública, cuan-
do tengan a su cargo registros o bases de datos destinados a
suministrar informes [Cám. 1ªCont. Adm. Córdoba, en autos
“Guayquifil, Timoteo c/ Caja de Jubilaciones, Pensiones y Re-
tiro de Córdoba - hábeas data”, Sent. Nº 49, del 09-04-1999.
Fuente: Foro de Córdoba, Nº 58, Síntesis de Jurisprudencia,
p. 227].
APÉNDICE NORMATIVO
1. NORMAS CONSTITUCIONALES (NACIONAL Y PROVINCIAL)
SOBRE AMPARO
1.1. Constitución Nacional
Amparo. Hábeas data. Hábeas corpus
Art. 43 - Toda persona puede interponer acción expedita y rápida de
amparo, siempre que no exista otro medio judicial más idóneo, contra todo
acto u omisión de autoridades públicas o de particulares, que en forma
actual o inminente lesione, restrinja, altere o amenace, con arbitrariedad
o ilegalidad manifiesta, derechos y garantías reconocidos por esta Consti-
tución, un tratado o una ley. En el caso, el juez podrá declarar la incons-
titucionalidad de la norma en que se funde el acto u omisión lesiva.
Podrán interponer esta acción contra cualquier forma de discrimina-
ción y en lo relativo a los derechos que protegen al ambiente, a la compe-
tencia, al usuario y al consumidor, así como a los derechos de incidencia
colectiva en general, el afectado, el defensor del pueblo y las asociaciones
que propendan a esos fines, registradas conforme a la ley, la que determi-
nará los requisitos y formas de su organización.
Toda persona podrá interponer esta acción para tomar conocimiento
de los datos a ella referidos y de su finalidad, que consten en registros o
bancos de datos públicos, o los privados destinados a proveer informes, y
en caso de falsedad o discriminación, para exigir la supresión, rectificación,
confidencialidad o actualización de aquéllos. No podrá afectarse el secre-
to de las fuentes de información periodística.
Cuando el derecho lesionado, restringido, alterado o amenazado fue-
ra la libertad física, o en caso de agravamiento ilegítimo en la forma o
condiciones de detención, o en el de desaparición forzada de personas, la
454 LUIS R. CARRANZA TORRES
acción de hábeas corpus podrá ser interpuesta por el afectado o por cual-
quiera en su favor y el juez resolverá de inmediato, aun durante la vigen-
cia del estado de sitio.
1.2. Constitución de la Provincia de Córdoba
Amparo
Art. 48 - Siempre que en forma actual o inminente se restrinjan, al-
teren, amenacen o lesionen, con arbitrariedad o ilegalidad manifiesta,
derechos o garantías reconocidos por esta Constitución o por la Constitu-
ción Nacional, y no exista otra vía pronta y eficaz para evitar un grave daño,
la persona afectada puede pedir el amparo a los jueces en la forma que de-
termine la ley.
Hábeas data
Art. 50 - Toda persona tiene derecho a conocer lo que de él conste en
forma de registro, la finalidad a que se destina esa información, y a exigir
su rectificación y actualización. Dichos datos no pueden registrarse con
propósitos discriminatorios de ninguna clase ni ser proporcionados a ter-
ceros, excepto cuando tengan un interés legítimo.
La ley reglamenta el uso de la informática para que no se vulneren el
honor, la intimidad personal y familiar y el pleno ejercicio de los derechos.
Amparo por mora de la administración
Art. 52 - Para el caso de que esta Constitución, una ley u otra norma
impongan a un funcionario, repartición o ente público administrativo un
deber concreto a cumplir en un plazo determinado, toda persona afectada
puede demandar su cumplimiento judicialmente y peticionar la ejecución
inmediata de los actos que el funcionario, repartición o ente público admi-
nistrativo se hubiera rehusado a cumplir. El juez, previa comprobación
sumaria de los hechos enunciados, de la obligación legal y del interés del
reclamante, puede librar mandamiento judicial de pronto despacho en el
plazo que prudencialmente establezca.
Protección de los intereses difusos
Art. 53 - La ley garantiza a toda persona, sin perjuicio de la responsa-
bilidad del Estado, la legitimación para obtener de las autoridades la pro-
tección de los intereses difusos, ecológicos o de cualquier índole, reconocidos
en esta Constitución.
PRÁCTICA DEL AMPARO 455
2. EXPOSICIÓN COMPARATIVA. LEY NACIONAL
DE AMPARO-LEY PROVINCIAL DE AMPARO
El propósito del presente es mostrar la marcada similitud
entre ambas normas, así como resaltar los puntos de diferen-
cia (señalados en bastardilla). Ambas normas deben ser com-
patibilizadas con el texto constitucional del nuevo art. 43 de la
Constitución Nacional (véase supra el punto 1.1), y en el caso
de la ley provincial, con lo normado en la Constitución de la Pro-
vincia de Córdoba, ya que ambas constituciones han sufrido mo-
dificaciones luego de la sanción de ambas leyes.
Leyes de amparo nacional y provincial
Art. 1º [ley nacional 16.986] - La acción de amparo será admisible
contra todo acto u omisión de autoridad pública que, en forma actual o
inminente, lesione, restrinja, altere o amenace, con arbitrariedad o ilega-
lidad manifiesta, los derechos o garantías explícita o implícitamente re-
conocidos por la Constitución Nacional, con excepción de la libertad
individual tutelada por el hábeas corpus.
Art. 1º [ley provincial 4915, mod. ley 5770] - La acción de amparo
será admisible contra todo acto u omisión de autoridad pública o de parti-
culares —ya sea que actúen individual o colectivamente y como personas
físicas o jurídicas— que, en forma actual o inminente lesione, restrinja,
altere o amenace con ilegalidad manifiesta las libertades,derechos y garan-
tías reconocidos y acordados por las Constituciones de la Nación y de la Pro-
vincia, con excepción de la libertad individual tutelada por el hábeas corpus.
Art. 2º [ley nacional 16.986] - La acción de amparo no será admisi-
ble cuando:
a) Existan recursos o remedios judiciales o administrativos que per-
mitan obtener la protección del derecho o garantía constitucional de que
se trate;
b) El acto impugnado emanara de un órgano del Poder Judicial o haya
sido adoptado por expresa aplicación de la ley 16.970;
c) La intervención judicial comprometiera directa o indirectamente la
regularidad, continuidad y eficacia de la prestación de un servicio públi-
co, o el desenvolvimiento de actividades esenciales del Estado;
d) La determinación de la eventual invalidez del acto requiriese una
mayor amplitud de debate o de prueba o la declaración de inconstituciona-
lidad de leyes, decretos u ordenanzas;
e) La demanda no hubiese sido presentada dentro de los quince días
hábiles a partir de la fecha en que el acto fue ejecutado o debió producirse.
456 LUIS R. CARRANZA TORRES
Art. 2º [ley provincial 4915] - Ídem.
Art. 3º [ley nacional 16.986] - Si la acción fuese manifiestamente
inadmisible, el juez la rechazará sin sustanciación, ordenando el archivo
de las actuaciones.
Art. 3º [ley provincial 4915] - Ídem.
Art. 4º [ley nacional 16.986] - Será competente para conocer de la
acción de amparo el juez de primera instancia con jurisdicción en el lugar
en que el acto se exteriorice o tuviere o pudiere tener efecto.
Se observarán, en lo pertinente, las normas sobre competencia por
razón de la materia, salvo que aquéllas engendraran dudas razonables
al respecto, en cuyo caso el juez requerido deberá conocer de la acción.
Cuando un mismo acto u omisión afectare el derecho de varias perso-
nas, entenderá en todas esas acciones el juzgado que hubiese prevenido,
disponiéndose la acumulación de autos, en su caso.
Art. 4º [ley provincial 4915] - Será competente para conocer de la
acción de amparo el Juez de Primera Instancia, con jurisdicción en el lugar
en que el acto se exteriorice o tuviere o pudiere tener efecto, y cualquiera
fuere su competencia por materia y que esté de turno.
Cuando un mismo acto u omisión afectare el derecho de varias perso-
nas, entenderá en todas esas acciones el Juzgado que hubiese prevenido,
disponiéndose la acumulación de autos, en su caso.
Art. 5º [ley nacional 16.986] - La acción de amparo podrá deducir-
se por toda persona individual o jurídica, por sí o por apoderados, que se
considere afectada conforme los presupuestos establecidos en el artículo 1º.
Podrá también ser deducida, en las mismas condiciones, por las asociacio-
nes que sin revestir el carácter de personas jurídicas justificaren, mediante
la exhibición de sus estatutos, que no contrarían una finalidad de bien pú-
blico.
Art. 5º [ley provincial 4915] - La acción de amparo podrá deducir-
se por toda persona, individual o jurídica, por sí o por apoderados, que se
considere afectada conforme los presupuestos establecidos en el art. 1º. En
estos casos, los apoderados podrán actuar mediante poder “apud-acta”.
Podrá también ser deducida, en las mismas condiciones, por las aso-
ciaciones que sin revestir el carácter de personas jurídicas, justificaren,
mediante la exhibición de sus estatutos, que no contrarían una finalidad
de bien público.
Art. 6º [ley nacional 16.986] - La demanda deberá interponerse por
escrito y contendrá:
a) El nombre, apellido y domicilio real y constituido del accionante;
b) La individualización, en lo posible, del autor del acto u omisión
impugnados;
PRÁCTICA DEL AMPARO 457
c) La relación circunstanciada de los extremos que hayan producido
o estén en vías de producir la lesión del derecho o garantía constitucional;
d) La petición, en términos claros y precisos.
Art. 6º [ley provincial 4915] - La demanda deberá interponerse por
escrito y contendrá:
a) El nombre, apellido y domicilio real y constituido del accionante;
b) La individualización, en lo posible, del autor del acto u omisión
impugnados;
c) La relación circunstancial de los extremos que hayan producido o
estén en vías de producir la lesión del derecho o garantía constitucional;
d) La petición, en términos claros y precisos.
Art. 7º [ley nacional 16.986] - Con el escrito de interposición, el accio-
nante acompañará la prueba instrumental de que disponga, o la individua-
lizará si no se encontrase en su poder, con indicación del lugar en donde se
encuentre.
Indicará, asimismo, los demás medios de prueba de que pretenda va-
lerse.
El número de testigos no podrá exceder de cinco por cada parte, sien-
do carga de éstas hacerlos comparecer a su costa a la audiencia, sin per-
juicio de requerir el uso de la fuerza pública en caso de necesidad.
No se admitirá la prueba de absolución de posiciones.
Art. 7º [ley provincial 4915] - Ídem.
Art. 8º [ley nacional 16.986] - Cuando la acción fuera admisible, el
juez requerirá a la autoridad que corresponda un informe circunstancia-
do acerca de los antecedentes y fundamentos de la medida impugnada, el
que deberá ser evacuado dentro del plazo prudencial que fije. La omisión
del pedido de informe es causa de nulidad del proceso.
El requerido deberá cumplir la carga de ofrecer prueba en oportunidad
de contestar el informe, en la forma establecida para el actor.
Producido el informe o vencido el plazo otorgado sin su presentación,
no habiendo prueba del accionante a tramitar, se dictará sentencia fun-
dada dentro de las cuarenta y ocho horas, concediendo o denegando el
amparo.
Art. 8º [ley provincial 4915] - Cuando la acción fuera admisible, el
juez requerirá a la autoridad o particular que corresponda un informe
circunstanciado acerca de los antecedentes y fundamentos de la medida
impugnada, el que deberá ser evacuado dentro de un plazo que no podrá
exceder de tres días. La omisión del pedido de informe es causa de nulidad
del proceso.
El requerido deberá cumplir las cargas de ofrecer pruebas en oportu-
nidad de contestar el informe en la forma establecida para el actor.
458 LUIS R. CARRANZA TORRES
Producido el informe o vencido el plazo otorgado sin su presentación,
no habiendo pruebas de las partes a tramitar, el Tribunal dictará sentencia
dentro del término establecido en el art. 11.
Art. 9º [ley nacional 16.986] - Si alguna de las partes hubiese ofre-
cido pruebas, deberá ordenarse su inmediata producción, fijándose la
audiencia respectiva, la que deberá tener lugar dentro del tercer día.
Art. 9º [ley provincial 4915] - Si alguna de las partes hubiese ofre-
cido pruebas, deberá ordenarse su inmediata producción, fijándose la
audiencia respectiva, que deberá tener lugar dentro del tercer día.
Art. 10 [ley nacional 16.986] - Si el actor no compareciera a la au-
diencia por sí o por apoderado, se lo tendrá por desistido, ordenándose el
archivo de las actuaciones, con imposición de costas. Si fuere el accionado
quien no concurriere, se recibirá la prueba del actor si la hubiere, y pasa-
rán los autos para dictar sentencia.
Art. 10 [ley provincial 4915] - Ídem.
Art. 11 [ley nacional 16.986] - Evacuado el informe a que se refiere
el artículo 8º o realizada, en su caso, la audiencia de prueba, el juez dicta-
rá sentencia dentro del tercer día. Si existiera prueba pendiente de produc-
ción por causas ajenas a la diligencia de las partes, el juez podrá ampliar
dicho término por igual plazo.
Art. 11 [ley provincial 4915] - Ídem.
Art. 12 [ley nacional 16.986] - La sentencia que admita la acción
deberá contener:
a) La mención concreta de la autoridad contra cuya resolución, acto
u omisión se concede el amparo;
b) La determinación precisa de la conducta a cumplir, con las especi-
ficaciones necesarias para su debida ejecución;
c) El plazo para el cumplimiento de lo resuelto.
Art. 12 [ley provincial 4915, mod. ley 5770] - La sentencia que
admita la acción deberá contener:
a) La mención concreta de la autoridad o del particular o particulares
contra cuya resolución, acto u omisión se concede el amparo;
b) La determinación precisa de la conducta a cumplir, con las especi-
ficaciones necesarias para su debida ejecución;
c) El plazo para el cumplimiento de lo resuelto.
Art. 13 [ley nacional 16.986] - La sentencia firme declarativa de la
existencia o inexistencia de la lesión, restricción, alteración o amenaza
arbitraria o manifiestamente ilegal de un derecho o garantía constitucio-
nal, hace cosa juzgada respecto del amparo, dejando subsistente el ejerci-
cio de las acciones o recursos que puedan corresponder a las partes, con
independencia del amparo.
PRÁCTICA DEL AMPARO 459
Art. 13 [ley provincial 4915] - Ídem.
Art. 14 [ley nacional 16.986] - Las costas se impondrán al vencido.
No habrá condena en costas si antes del plazo fijado para la contestación
del informe a que se refiere el art. 8º cesara el acto u omisión en que se fundó
el amparo.
Art. 14 [ley provincial 4915] - Ídem.
Art. 15 [ley nacional 16.986] - Sólo serán apelables la sentencia
definitiva, las resoluciones previstas en el art. 3º y las que dispongan
medidas de no innovar o la suspensión de los efectos del acto impugnado.
El recurso deberá interponerse dentro de cuarenta y ocho horas de notifi-
cada la resolución impugnada y será fundado, debiendo denegarse o con-
cederse en ambos efectos dentro de las cuarenta y ocho horas. En este
último caso se elevará el expediente al respectivo tribunal de alzada den-
tro de las veinticuatro horas de ser concedido.
En caso de que fuera denegado, entenderá dicho tribunal en el recurso
directo que deberá articularse dentro de las veinticuatro horas de ser
notificada la denegatoria, debiendo dictarse sentencia dentro del tercer
día.
Art. 15 [ley provincial 4915] - Ídem.
Art. 16 [ley nacional 16.986] - Es improcedente la recusación sin
causa y no podrán articularse cuestiones de competencia, excepciones
previas ni incidentes.
Art. 16 [ley provincial 4915] - Ídem.
Art. 17 [ley nacional 16.986] - Son supletorias de las normas prece-
dentes las disposiciones procesales en vigor.
Art. 17 [ley provincial 4915] - Son supletorias de las normas pre-
cedentes las disposiciones del Código de Procedimiento Penal, Código de
Procedimiento Civil y de la Ley 4163, según corresponda en razón del
Fuero ante quien se haya promovido la acción.
Art. 18 [ley nacional 16.986] - Esta ley será de aplicación en la
Capital Federal y en el Territorio de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del
Atlántico Sur.
Asimismo, será aplicada por los jueces federales de las provincias en
los casos en que el acto impugnado mediante la acción de amparo proven-
ga de una autoridad nacional.
Art. 18 [ley provincial 4915] - La presente ley será aplicada por los
Tribunales Ordinarios en todo el territorio de la Provincia, en sus respec-
tivas jurisdicciones.
En los casos de que el acto impugnado mediante la acción de ampa-
ro provenga de una autoridad nacional, será de aplicación lo dispuesto
en el art. 18 de la ley nacional 16.986/1966.
460 LUIS R. CARRANZA TORRES
Art. 19 [ley nacional 16.986] - La presente ley comenzará a regir
desde el día de su publicación en el Boletín Oficial.
Art. 19 [ley provincial 4915] - Ídem.
Art. 20 [ley nacional 16.986] - Comuníquese, publíquese, dése a la
Dirección Nacional del Registro Oficial y archívese.
Art. 20 [ley provincial 4915] - Comuníquese, etcétera.
3. AMPARO POR MORA
3.1. Nacional (art. 28, ley 19.549, mod. 21.686)
Art. 28. Amparo por mora de la Administración. El que fuere parte en
un expediente administrativo, podrá solicitar judicialmente se libre orden
de pronto despacho. Dicha orden será procedente cuando la autoridad
administrativa hubiere dejado vencer los plazos fijados y en caso de no
existir éstos, si hubiere transcurrido un plazo que excediere de lo razona-
ble sin emitir el dictamen, o la resolución de mero trámite o de fondo que
requiera el interesado. Presentado el petitorio, el juez se expedirá sobre su
procedencia, teniendo en cuenta las circunstancias del caso, y si lo estimare
pertinente requerirá a la autoridad administrativa interviniente que, en
el plazo que le fije, informe sobre las causas de la demora aducida. La de-
cisión del juez será inapelable. Contestado el requerimiento o vencido el
plazo sin que se lo hubiere evacuado, se resolverá lo pertinente acerca de
la mora, librando la orden si correspondiere para que la autoridad admi-
nistrativa responsable despache las actuaciones en el plazo prudencial que
se establezca según la naturaleza y complejidad del dictamen o trámites
pendientes.
Art: 29. La desobediencia a la orden de pronto despacho tornará apli-
cable lo dispuesto por el art. 17 del decreto-ley 1285/58.
3.2. Provincial (ley 8508 de acción de amparo por
mora de la Administración)
Artículo 1º - Procedencia. Legitimación activa. Toda persona
tiene derecho a interponer Acción de Amparo por Mora de la Administra-
ción contra Funcionarios, Reparticiones o Entes Públicos Administrati-
vos que no hubieran cumplido debidamente dentro de un plazo determinado
un deber concreto impuesto por la Constitución, una ley u otra norma,
siempre que la omisión afecte un derecho subjetivo o un interés legítimo.
PRÁCTICA DEL AMPARO 461
Artículo 2º - Legitimación pasiva. Son funcionarios, reparticio-
nes o entes públicos administrativos, a los fines de la presente ley, los del
Estado provincial, cualquiera fuera el poder, y de los municipios y comu-
nas, centralizados o descentralizados, y cualquier otro órgano o persona de
derecho público estatal o no estatal, dotado de potestad pública, en todos los
casos en que actúen en ejercicio de la función administrativa.
Artículo 3º - Obstáculos. No será admisible la acción de amparo por
mora de la administración cuando la intervención judicial comprometa
directa o indirectamente la regularidad o continuidad de un servicio pú-
blico o de actividades estatales esenciales.
Artículo 4º - Competencia. Conocerán en la acción de amparo por
mora de la administración, en instancia única, los tribunales con compe-
tencia en materia contencioso administrativa correspondientes al domi-
cilio de la demandada o, a elección del demandante, al lugar donde debió
cumplirse el deber cuya mora se invoca.
Artículo 5º - Demanda. Requisitos. La demanda se interpondrá
por escrito y deberá contener:
1) Nombre, apellido, domicilio real, y constituido del accionante. Si se
tratare de persona jurídica, su denominación, domicilio social, domicilio
constituido, el nombre de sus representantes y datos de inscripción regis-
tral cuando correspondiera.
2) Relación circunstanciada del deber omitido por la administración,
con indicación precisa del derecho subjetivo o interés legítimo afectados,
de la norma que predetermine en concreto la obligación y de la autoridad
administrativa involucrada.
3) El ofrecimiento de la prueba de que pretendiera valerse el accionante.
Siempre que se invoque representación legal o mandato de terceras perso-
nas, se acompañarán con la demanda los instrumentos legales que lo
acrediten.
Artículo 6º - Admisibilidad. El tribunal deberá pronunciarse so-
bre la admisibilidad de la acción dentro de las veinticuatro horas de pre-
sentada.
Si ésta fuera manifiestamente inadmisible, la rechazará ordenando
su archivo.
Cuando la demanda adoleciera de defectos o resultase oscura, se em-
plazará al demandante para que la subsane en el término de veinticuatro
horas, bajo pena de rechazarla. Subsanada, se resolverá lo que corresponda
sobre su admisibilidad en igual plazo.
Artículo 7º - Citación y pedido de informe. Admitida la deman-
da, el tribunal emplazará a la administración involucrada para que en el
término de cinco días produzca informe sobre la mora objeto del amparo.
462 LUIS R. CARRANZA TORRES
En ese mismo término la administración podrá solicitar participación
y contestar la demanda, sin perjuicio de su obligación de producir el infor-
me requerido.
Artículo 8º - Cuestiones previas. Recusación. No se admitirá la
recusación sin invocación de causa, la reconvención, la articulación de
incidentes ni el planteamiento de cuestiones previas.
Artículo 9º - Pruebas. Las pruebas deberán ofrecerse y las documen-
tales acompañarse con la demanda, con su contestación o con el informe.
Solamente se admitirán aquellas medidas de prueba que sean perti-
nentes y que resulten compatibles con el carácter sumarísimo del proce-
so. No se admitirá la absolución de posiciones y el número de testigos no
podrá exceder de tres por cada parte.
Cuando las pruebas documentales no estuvieren disponibles para la
parte que las ofrece, bastará que las individualice indicando el lugar don-
de se encuentran a los fines de ser requeridas.
Si alguna de las partes hubiera ofrecido prueba, deberá ordenarse su
inmediata producción, fijándose la audiencia respectiva, que deberá tener
lugar dentro del tercer día a contar desde el vencimiento del plazo del ar-
tículo 7º. Si existiera prueba pendiente de producción por causas ajenas a
la diligencia de las partes, el juez podrá ampliar dicho término por igual
plazo, por única vez.
Artículo 10 - Sentencia. Costas. El tribunal dictará sentencia no
más allá de cuarenta y ocho horas de vencido el término del artículo 7º o,
si se hubiera abierto a prueba la causa, de vencido el plazo del artículo 9º.
La sentencia que admita el amparo contendrá el mandamiento de
cumplir el deber dentro de un término prudencial. Podrá también dispo-
ner se notifique al Superior Jerárquico de la Autoridad Administrativa que
hubiera incurrido en mora, a los efectos que hubiere lugar.
Las costas se impondrán al vencido, sin perjuicio de que el tribunal
hallare mérito suficiente para disponer un criterio diferente de distribu-
ción, de acuerdo con las particularidades del caso, debiendo fundar suficien-
temente su resolución en el último supuesto.
En caso de desobediencia al mandato de pronto despacho que contuvie-
ra la sentencia, el tribunal girará los antecedentes al órgano judicial com-
petente en materia penal.
Artículo 11 - Recursos. Las resoluciones serán irrecurribles. Con-
tra la sentencia las partes podrán interponer solamente los recursos extra-
ordinarios previstos por Ley Nº 7182.
Artículo 12 - Perentoriedad. Impulso procesal. Todos los plazos
establecidos en la presente ley son de carácter perentorio. El tribunal ejerce
la dirección del proceso y su trámite será impulsado de oficio.
PRÁCTICA DEL AMPARO 463
Artículo 13 - Normas supletorias. En todo lo no previsto por la
presente ley y en cuanto resulte compatible con las disposiciones preceden-
tes y con el carácter sumarísimo del trámite, serán de aplicación supleto-
ria la ley que reglamenta la Acción General de Amparo, el Código
Contencioso Administrativo y el Código Procesal Civil, en ese orden.
Artículo 14 - Norma transitoria. La presente ley será de aplica-
ción a las causas iniciadas con posterioridad a su entrada en vigencia.
Artículo 15 - Comuníquese al Poder Ejecutivo.
4. OTRAS NORMAS REFERIDAS AL AMPARO
4.1. En el orden nacional (ley 21.839, mod. 24.432)
Art. 36. En los procesos de habeas corpus, amparo, y extradición, el
honorario no podrá ser inferior a la suma de pesos quinientos, salvo pacto
en contrario.
4.2. En el orden provincial
Código Arancelario para Abogados y Procuradores de la
Provincia de Córdoba (ley 8226)
Art. 90. Amparo y hábeas corpus. En los interdictos de inconstitucio-
nalidad sobre derechos disponibles o libertad ambulatoria, los honorarios
son regulados teniendo en cuenta la estimación que efectúe el tribunal sobre
la significación de la lesión restrictiva. La regulación no será inferior a
cuarenta (40) Jus. Cuando haya base regulatoria susceptible de aprecia-
ción pecuniaria, se aplica la escala del art. 34.
5. AMPARO ELECTORAL
5.1. Amparo electoral nacional
Código Electoral Nacional
Art. 10 - Amparo del elector. El elector que se considere afectado en sus
inmunidades, libertad o seguridad, o privado del ejercicio del sufragio podrá
solicitar amparo por sí, o por intermedio de cualquier persona en su nom-
bre, por escrito o verbalmente, denunciando el hecho al juez electoral o al
magistrado más próximo, o a cuaquier funcionario provincial o nacional,
464 LUIS R. CARRANZA TORRES
quienes estarán obligados a adoptar urgentemente las medidas conducen-
tes para hacer cesar el impedimento, si fuere ilegal o arbitrario.
Art. 11 - Retención indebida de documento cívico. El elector también
puede pedir amparo al juez Electoral para que le sea entregado su documen-
to cívico retenido indebidamente por un tercero.
5.2. Amparo electoral provincial
Código Electoral Provincial
Art. 10 - Amparo. El elector que se considere afectado en sus inmuni-
dades, libertad o seguridad, o privado del ejercicio del sufragio, puede so-
licitar amparo por sí o por intermedio de cualquier persona en su nombre,
por escrito o verbalmente, denunciando el hecho al juez Electoral, a la Junta
Electoral Municipal, a la Junta Electoral Comunal o al magistrado judi-
cial más próximo, quienes están obligados a adoptar urgentemente las
medidas conducentes para hacer cesar el impedimento, si fuere ilegal o
arbitrario
Asimismo, el elector también puede pedir amparo al juez Electoral o
al magistrado judicial más próximo a su domicilio, para que le sea entre-
gado su documento cívico retenido indebidamente por un tercero.
Art. 114 - Procedimiento especial en la acción de amparo del elector.
Sustanciación. Al efecto de sustanciar la acción de amparo a que se refie-
re el art. 10 de la presente ley, los funcionarios y magistrados resuelven
inmediatamente en forma verbal. Sus decisiones se cumplen sin más trá-
mite por intermedio de la fuerza pública, si es necesario, y en su caso son
comunicadas en forma inmediata al juez Electoral. A este fin los magistra-
dos judiciales mantienen abierta sus oficinas durante el transcurso del acto
electoral.
Juzgado Electoral Córdoba (ley 8643)
Art. 4º - El juez Electoral resolverá:
[...]
3) De las acciones de amparo electoral [...].
6. AMPARO SINDICAL
Ley de Asociaciones Sindicales
Art. 47 - Todo trabajador o asociación sindical que fuere impedido u
obstaculizada en el ejercicio regular de los derechos de la libertad sindi-
PRÁCTICA DEL AMPARO 465
cal garantizados por la presente ley, podrá recabar el amparo de estos de-
rechos ante el tribunal judicial competente, conforme al procedimiento
sumarísimo establecido en el art. 498 del Código de Procedimiento Civil
y Comercial de la Nación o equivalente de los códigos procesales civiles
y comerciales provinciales, a fin de que éste disponga, si correspondiere,
el cese inmediato del comportamiento antisindical.
Art. 52 - Los trabajadores amparados por las garantías previstas
en los artículos 40, 48 y 50 de la presente ley, no podrán ser despedidos,
suspendidos ni con relación a ellos podrán modificarse las condiciones
de trabajo, si no mediare resolución judicial previa que los excluya de
la garantía, conforme al procedimiento establecido en el art. 47. El juez
o tribunal interviniente, a pedido del empleador, dentro del plazo de
cinco (5) días podrá disponer la suspensión de la prestación laboral con
el carácter de medida cautelar, cuando la permanencia del cuestiona-
do en su puesto o el mantenimiento de las condiciones de trabajo pudiere
ocasionar peligro para la seguridad de las personas o bienes de la em-
presa.
La violación por parte del empleador de las garantías establecidas en
los artículos citados en el artículo anterior, dará derecho al afectado a
demandar judicialmente, por vía sumarísima, la reinstalación en su
puesto, con más los salarios caídos durante la tramitación judicial, o el
restablecimiento de las condiciones de trabajo.
Si se decidiere la reinstalación, el juez podrá aplicar al empleador que
no cumpliere con la decisión firme las disposiciones del art. 666 bis del
Código Civil, durante el período de vigencia de su estabilidad.
El trabajador, salvo que se trate de un candidato no electo, podrá op-
tar por considerar extinguido el vínculo laboral en virtud de la decisión
del empleador, colocándose en situación de despido indirecto, en cuyo caso
tendrá derecho a percibir, además de indemnizaciones por despido, una
suma equivalente al importe de las remuneraciones que le hubieren co-
rrespondido durante el tiempo faltante del mandato y el año de estabili-
dad posterior. Si el trabajador fuese un candidato no electo, tendrá derecho
a percibir, además de las indemnizaciones y de las remuneraciones im-
putables al período de estabilidad aún no agotado, el importe de un año
más de remuneración.
La promoción de las acciones por reinstalación o por restableci-
miento de las condiciones de trabajo a las que se refiere los párrafos
anteriores interrumpe la prescripción de las acciones por cobro de in-
demnización y salarios caídos allí previstas. El curso de la prescripción
comenzará una vez que recayere pronunciamento firme en cualquiera
de los supuestos.
466 LUIS R. CARRANZA TORRES
7. AMPARO TRIBUTARIO
7.1. En el orden nacional
Ley de Procedimiento Tributario
Art. 182 - La persona individual o colectiva perjudicada en el normal
ejercicio de un derecho o actividad por demora excesiva de los empleados
administrativos al realizar un trámite o diligencia a cargo de la Adminis-
tración Federal de Ingresos Públicos, podrá ocurrir ante en Tribunal Fis-
cal de la Nación mediante recurso de amparo de sus derechos.
Art. 183 - El Tribunal Fiscal de la Nación, si lo juzgare procedente en
atención a la naturaleza del caso, requerirá del funcionario a cargo de la
Administración Federal de Ingresos Públicos que dentro de breve plazo
informe sobre la causa de la demora imputada y forma de hacerla cesar.
Contestado el requerimiento o vencido el plazo para hacerlo, podrá el Tri-
bunal Fiscal resolver lo que corresponda para garantizar el ejercicio del
derecho del afectado, ordenando en su caso la realización del trámite ad-
ministrativo, o liberando de él al particular mediante el requerimiento de
la garantía que estime suficiente.
El vocal instructor deberá sustanciar los trámites previstos en la
primera parte del presente artículo dentro de los tres (3) días de recibidos
los autos, debiendo el Secretario dejar constancia de su recepción y dando
cuenta inmediata a aquél.
Cumplimentados los mismos, elevará inmediatamente los autos a la
Sala, la que procederá al dictado de las medidas para mejor proveer que
estime oportunas dentro de las cuarenta y ocho (48) horas de la elevatoria,
que se notificará a las partes.
Las resoluciones sobre la cuestión serán dictadas prescindiendo del lla-
mamiento de autos, y dentro de los cinco (5) días de haber sido elevados los
autos por el vocal instructor o de que la causa haya quedado en estado, en
su caso.
Código Aduanero
Art. 1160 - La persona individual o colectiva perjudicada en el normal
ejercicio de un derecho o actividad por demora excesiva de los empleados
administrativos en realizar un trámite o diligencia a cargo del servicio
aduanero podrá ocurrir ante el tribunal fiscal mediante recurso de ampa-
ro de sus derechos.
Art. 1161 - 1. El tribunal fiscal, si lo juzgare procedente en atención a
la naturaleza del caso requerirá del administrador Nacional de aduanas
PRÁCTICA DEL AMPARO 467
que dentro de breve plazo informe sobre la causa de la demora imputada
y forma de hacerla cesar.
2. Contestado el requerimiento o vencido el plazo para hacerlo podrá
el tribunal fiscal resolver lo que corresponda para garantizar el ejercicio
del derecho afectado ordenado en su caso la realización del trámite admi-
nistrativo o liberando de él al particular mediante el requerimiento de la
garantía que estimare suficiente.
7.2. En el orden provincial
Código Tributario de la Provincia
Art. 118 - Casos en que se procede. El contribuyente o responsable
perjudicado en el normal ejercicio de un derecho o actividad por demora
excesiva de los empleados administrativos en realizar un trámite o dili-
gencia a cargo de la Dirección u otra cualquiera de las reparticiones
recaudadoras de tributos provinciales, podrán requerir la intervención
de la Secretaría de Ingresos Públicos en amparo de su derecho [modifi-
cado por ley 9068].
Art. 119 - Procedimiento. La Secretaría de Ingresos Públicos, si los
juzgare procedente en atención a la naturaleza del caso, requerirá del
funcionario a cargo de la Dirección o repartición recaudadora, informe
dentro del término de diez (10) días sobre la causa de la demora imputada
y forma de hacerla cesar. Contestado el requerimiento o vencido el plazo
para hacerla, podrá la Secretaría de Ingresos Públicos resolver lo que
corresponda dentro de los diez (10) días de recibida la información a fin de
garantizar el ejercicio del derecho o actividad del afectado, ordenando en
su caso la realización del trámite administrativo o liberando de él al con-
tribuyente o responsable, mediante el requerimiento de la garantía que
estime suficiente [modificado por ley 9068].
8. LEY DE PROTECCIÓN DE DATOS PERSONALES Nº 25.326
Capítulo I
Disposiciones Generales
Art. 1º - Objeto. La presente ley tiene por objeto la protección integral
de los datos personales asentados en archivos, registros, bancos de datos,
u otros medios técnicos de tratamiento de datos, sean éstos públicos, o
privados destinados a dar informes, para garantizar el derecho al honor y
a la intimidad de las personas, así como también el acceso a la información
468 LUIS R. CARRANZA TORRES
que sobre las mismas se registre, de conformidad a lo establecido en el
artículo 43, párrafo tercero de la Constitución Nacional.
Las disposiciones de la presente ley también serán aplicables, en cuan-
to resulte pertinente, a los datos relativos a personas de existencia ideal.
En ningún caso se podrán afectar la base de datos ni las fuentes de
información periodísticas.
Art. 2º - Definiciones. A los fines de la presente ley se entiende por:
- Datos personales. Información de cualquier tipo referida a personas
físicas o de existencia ideal determinadas o determinables.
- Datos sensibles. Datos personales que revelan origen racial y étni-
co, opiniones políticas, convicciones religiosas, filosóficas o morales, afilia-
ción sindical o política e información referente a la salud o a la vida sexual.
- Archivo, registro, base o banco de datos. Indistintamente, designan
al conjunto organizado de datos personales que sean objeto de tratamien-
to o procesamiento, electrónico o no, cualquiera que fuere la modalidad de
su formación, almacenamiento, organización o acceso.
- Tratamiento de datos. Operaciones y procedimientos sistemáticos,
electrónicos o no, que permitan la recolección, conservación, ordenación,
almacenamiento, modificación, relacionamiento, evaluación, bloqueo,
destrucción, y en general el procesamiento de datos personales, así como
también su cesión a terceros a través de comunicaciones, consultas,
interconexiones o transferencias.
- Responsable de archivo, registro, base o banco de datos. Persona
física o de existencia ideal pública o privada, que es titular de un archivo,
registro, base o banco de datos.
- Datos informatizados. Los datos personales sometidos al tratamien-
to o procesamiento electrónico o automatizado.
- Titular de datos. Toda persona física o persona de existencia ideal con
domicilio legal o delegaciones o sucursales en el país, cuyos datos sean
objeto del tratamiento al que se refiere la presente ley.
- Usuario de datos. Toda persona, pública o privada, que realice a su
arbitrio el tratamiento de datos, ya sea en archivos, registros, o bancos de
datos propios o a través de conexión con los mismos.
- Disociación de datos. Todo tratamiento de datos personales de ma-
nera que la información obtenida no pueda asociarse a persona determi-
nada o determinable.
Capítulo II
Principios generales relativos a la protección de datos
Art. 3º - Archivo de datos. Licitud. La formación de archivos de
datos será lícita cuando se encuentren debidamente inscriptos, observando
PRÁCTICA DEL AMPARO 469
en su operación los principios que establece la presente ley y las reglamen-
taciones que se dicten en su consecuencia.
Los archivos de datos no pueden tener finalidades contrarias a las leyes
o a la moral pública.
Art. 4º - Calidad de los datos.
1. Los datos personales que se recojan a los efectos de su tratamiento
deben ser ciertos, adecuados, pertinentes y no excesivos en relación al
ámbito y finalidad para los que se hubieren obtenido.
2. La recolección de datos no puede hacerse por medios desleales, frau-
dulentos o en forma contraria a las disposiciones de la presente ley.
3. Los datos objeto de tratamiento no pueden ser utilizados para fina-
lidades distintas o incompatibles con aquellas que motivaron su obtención.
4. Los datos deben ser exactos y actualizarse en el caso que ello fuere
necesario.
5. Los datos total o parcialmente inexactos, o que sean incompletos,
deben ser suprimidos y sustituidos, o en su caso completados por el respon-
sable del archivo o base de datos, cuando se tenga conocimiento de la inexac-
titud o carácter incompleto de la información de que se trate, sin perjuicio
de los derechos del titular establecidos en el artículo 16 de la presente ley.
6. Los datos deben ser almacenados de modo que permitan el ejercicio
del derecho de acceso de su titular.
7. Los datos deben ser destruidos cuando hayan dejado de ser necesa-
rios o pertinentes a los fines para los cuales hubiesen sido recolectados.
Art. 5º - Consentimiento.
1. El tratamiento de datos personales es ilícito cuando el titular no
hubiere prestado su consentimiento libre, expreso e informado, el que
deberá constar por escrito, o por otro medio que permita se le equipare, de
acuerdo a las circunstancias.
El referido consentimiento prestado con otras declaraciones, deberá
figurar en forma expresa y destacada, previa notificación al requerido de
datos, de la información descripta en el art. 6º de la presente ley.
2. No será necesario el consentimiento cuando:
a. Los datos se obtengan de fuentes de acceso público irrestricto;
b. Se recaben para el ejercicio de funciones propias de los poderes del
Estado o en virtud de una obligación legal;
c. Se trate de listados cuyos datos se limiten a nombre, documento
nacional de identidad, identificación tributaria o previsional, ocupación,
fecha de nacimiento y domicilio;
d. Deriven de una relación contractual, científica o profesional del
titular de los datos, y resulten necesarios para su desarrollo o cumpli-
miento;
470 LUIS R. CARRANZA TORRES
e. Se trate de las operaciones que realicen las entidades financieras y
de las informaciones que reciban de sus clientes conforme las disposicio-
nes del artículo 39 de la ley 21.526.
Art. 6º - Información. Cuando se recaben datos personales se debe-
rá informar previamente a sus titulares en forma expresa y clara:
a. La finalidad para la que serán tratados y quiénes pueden ser sus
destinatarios o clase de destinatarios;
b. La existencia del archivo, registro, banco de datos, electrónico o de
cualquier otro tipo, de que se trate y la identidad y domicilio de su respon-
sable;
c. El carácter obligatorio o facultativo de las respuestas al cuestiona-
rio que se le proponga, en especial en cuanto a los datos referidos en el
artículo siguiente;
d. Las consecuencias de proporcionar los datos, de la negativa a hacerlo
o de la inexactitud de los mismos;
e. La posibilidad del interesado de ejercer los derechos de acceso, rec-
tificación y supresión de los datos.
Art. 7º - Categoría de datos.
1. Ninguna persona puede ser obligada a proporcionar datos sensibles.
2. Los datos sensibles sólo pueden ser recolectados y objeto de trata-
miento cuando medien razones de interés general autorizadas por ley.
También podrán ser tratados con finalidades estadísticas o científicas
cuando no puedan ser identificados sus titulares.
3. Queda prohibida la formación de archivos, bancos o registros que
almacenen información que directa o indirectamente revele datos sensi-
bles. Sin perjuicio de ello, la Iglesia Católica, las asociaciones religiosas y
las organizaciones políticas y sindicales podrán llevar un registro de sus
miembros.
4. Los datos relativos a antecedentes penales o contravencionales sólo
pueden ser objeto de tratamiento por parte de las autoridades públicas
competentes, en el marco de las leyes y reglamentaciones respectivas.
Art. 8º - Datos relativos a las salud. Los establecimientos sanita-
rios públicos o privados y los profesionales vinculados a las ciencias de la
salud pueden recolectar y tratar los datos personales relativos a la salud
física o mental de los pacientes que acudan a los mismos o que estén o
hubieren estado bajo tratamiento de aquéllos, respetando los principios del
secreto profesional.
Art. 9º - Seguridad de los datos.
1. El responsable o usuario del archivo de datos debe adoptar las me-
didas técnicas y organizativas que resulten necesarias para garantizar
la seguridad y confidencialidad de los datos personales, de modo de evi-
PRÁCTICA DEL AMPARO 471
tar su adulteración, pérdida, consulta o tratamiento no autorizado y que
permitan detectar desviaciones, intencionales o no, de información, ya
sea que los riesgos provengan de la acción humana o del medio técnico
utilizado.
2. Queda prohibido registrar datos personales en archivos, registros
o bancos que no reúnan condiciones técnicas de integridad y seguridad.
Art. 10 - Deber de confidencialidad.
1. El responsable y las personas que intervengan en cualquier fase del
tratamiento de datos personales están obligados al secreto profesional
respecto de los mismos. Tal obligación subsistirá aun después de finaliza-
da su relación con el titular del archivo de datos.
2. El obligado podrá ser relevado del deber de secreto por resolución
judicial y cuando medien razones fundadas relativas a la seguridad pública,
la defensa nacional o la salud pública.
Art. 11 - Cesión.
1. Los datos personales objeto de tratamiento sólo pueden ser cedidos
para el cumplimiento de los fines directamente relacionados con el interés
legítimo del cedente y del cesionario y con el previo consentimiento del
titular de los datos, al que se le debe informar sobre la finalidad de la cesión
e identificar al cesionario o los elementos que permitan hacerlo.
2. El consentimiento para la cesión es revocable.
3. El consentimiento no es exigido cuando:
a. Así lo disponga una ley;
b. En los supuestos previstos en el artículo 5º, inciso 2;
c. Se realice entre dependencias de los órganos del Estado en forma
directa, en la medida del cumplimiento de sus respectivas competencias;
d. Se trate de datos personales relativos a la salud, y sea necesario por
razones de salud pública, de emergencia o para la realización de estudios
epidemiológicos, en tanto se preserve la identidad de los titulares de los
datos mediante mecanismos de disociación adecuados;
e. Se hubiera aplicado un procedimiento de disociación de la informa-
ción, de modo que los titulares de los datos sean inidentificables.
4. El cesionario quedará sujeto a las mismas obligaciones legales y
reglamentarias del cedente y éste responderá solidaria y conjuntamente
por la observancia de las mismas ante el organismo de control y el titular
de los datos de que se trate.
Art. 12 - Transferencia internacional.
1. Es prohibida la transferencia de datos personales de cualquier tipo
con países u organismos internacionales o supranacionales, que no propor-
cionen niveles de protección adecuados.
2. La prohibición no regirá en los siguientes supuestos:
472 LUIS R. CARRANZA TORRES
a. Colaboración judicial internacional;
b. Intercambio de datos de carácter médico, cuando así lo exija el tra-
tamiento del afectado, o una investigación epidemiológica, en tanto se
realice en los términos del inciso e del artículo anterior;
c. Transferencias bancarias o bursátiles, en lo relativo a las transac-
ciones respectivas y conforme la legislación que les resulte aplicables;
d. Cuando la transferencia se hubiera acordado en el marco de trata-
dos internacionales en los cuales la República Argentina sea parte;
e. Cuando la transferencia tenga por objeto la cooperación internacional
entre organismos de inteligencia para la lucha contra el crimen organizado,
el terrorismo y el narcotráfico.
Capítulo III
Derechos de los titulares de datos
Art. 13 - Derecho de información. Toda persona puede solicitar
información al organismo de control relativa a la existencia de archivos,
registros, bases o bancos de datos personales, sus finalidades y la identi-
dad de sus responsables. El registro que se lleve al efecto será de consulta
pública y gratuita.
Art. 14 - Derecho de acceso.
1. El titular de los datos, previa acreditación de su identidad, tiene
derecho a solicitar y obtener información de sus datos personales inclui-
dos en los bancos de datos públicos, o privados destinados a proveer infor-
mes.
2. El responsable o usuario debe proporcionar la información solicita-
da dentro de los diez días corridos de haber sido intimado fehacientemen-
te. Vencido el plazo sin que se satisfaga el pedido, o si evacuado el informe,
éste se estimara insuficiente, quedará expedita la acción de protección de
los datos personales o de hábeas data prevista en esta ley.
3. El derecho de acceso a que se refiere este artículo sólo puede ser ejer-
cido en forma gratuita a intervalos no inferiores a seis meses, salvo que se
acredite un interés legítimo al efecto.
4. El ejercicio del derecho al cual se refiere este artículo en el caso de
datos de personas fallecidas le corresponderá a sus sucesores universales.
Art. 15 - Contenido de la información.
1. La información debe ser suministrada en forma clara, exenta de
codificaciones y en su caso acompañada de una explicación, en lenguaje
accesible al conocimiento medio de la población, de los términos que se
utilicen.
2. La información debe ser amplia y versar sobre la totalidad del regis-
tro perteneciente al titular, aun cuando el requerimiento sólo comprenda
PRÁCTICA DEL AMPARO 473
un aspecto de los dato personales. En ningún caso el informe podrá reve-
lar datos pertenecientes a terceros, aun cuando se vinculen con el intere-
sado.
3. La información, a opción del titular, podrá suministrarse por escri-
to, por medios electrónicos, telefónicos, de imagen u otro idóneo a tal fin.
Art. 16 - Derecho de rectificación, actualización o supresión.
1. Toda persona tiene derecho a que sea rectificados, actualizados y,
cuando corresponda, suprimidos o sometidos a confidencialidad los datos
personales de los que sea titular, que estén incluidos en un banco de datos.
2. El responsable o usuario de un banco de datos, debe proceder a la
rectificación, supresión o actualización de los datos personales del afecta-
do, realizando las operaciones necesarias a tal fin en el plazo máximo de
cinco días hábiles de haber recibido el reclamo del titular de los datos o
advertido el error o falsedad.
3. El incumplimiento de esta obligación dentro del término acordado
en el inciso precedente, habilitará al interesado a promover sin más la
acción de protección de los datos personales o de hábeas data prevista en
la presente ley.
4. En el supuesto de cesión, o transferencia de datos, el responsable o
usuario del banco de datos debe notificar la rectificación o supresión al
cesionario dentro del quinto día hábil de efectuado el tratamiento del dato.
5. La supresión no procede cuando pudiese causar perjuicios a derechos
o intereses legítimos de terceros, o cuando existiera una obligación legal
de conservar los datos.
6. Durante el proceso de verificación y rectificación del error o falsedad
de la información que se trate, el responsable o usuario del banco de datos
deberá o bien bloquear el archivo, o consignar al proveer información re-
lativa al mismo la circunstancia de que se encuentra sometida a revisión.
7. Los datos personales deben ser conservados durante los plazos pre-
vistos en las disposiciones aplicables o en su caso, en las contractuales entre
el responsable o usuario del banco de datos y el titular de los datos.
Art. 17 - Excepciones.
1. Los responsables o usuarios de bancos de datos públicos pueden,
mediante decisión fundada, denegar el acceso, rectificación o la supresión
en función de la protección de la defensa de la Nación, del orden y la segu-
ridad públicos, o de la protección de los derechos e intereses de terceros.
2. La información sobre datos personales también puede ser denega-
da por los responsables o usuarios de bancos de datos públicos, cuando de
tal modo se pudieran obstaculizar actuaciones judiciales o administrati-
vas en curso vinculadas a la investigación sobre el cumplimiento de obli-
gaciones tributarias o previsionales, el desarrollo de funciones de control
474 LUIS R. CARRANZA TORRES
de la salud y del medio ambiente, la investigación de delitos penales y la
verificación de infracciones administrativas. La resolución que así lo dis-
ponga debe ser fundada y notificada al afectado.
3. Sin perjuicio de lo establecido en los incisos anteriores, se deberá
brindar acceso a los registros en cuestión en la oportunidad en que el afec-
tado tenga que ejercer su derecho de defensa.
Art. 18 - Comisiones legislativas. Las Comisiones de Defensa
Nacional y la Comisión Bicameral de Fiscalización de los Organos y Ac-
tividades de Seguridad Interior e Inteligencia del Congreso de la Nación
y la Comisión de Seguridad Interior de la Cámara de Diputados de la Na-
ción, o las que las sustituyan, tendrán acceso a los archivos o bancos de
datos referidos en el artículo 23, inciso 2, por razones fundadas y en
aquellos aspectos que constituyan materia de competencia de tales Co-
misiones.
Art. 19 - Gratuidad. La rectificación, actualización o supresión de
datos personales inexactos o incompletos que obren en registros públicos
o privados se efectuará sin cargo alguno para el interesado.
Art. 20 - Impugnación de valoraciones personales.
1. Las decisiones judiciales o los actos administrativos que impliquen
apreciación o valoración de conductas humanas, no podrán tener como
único fundamento el resultado del tratamiento informatizado de datos
personales que suministren una definición del perfil o personalidad del
interesado.
2. Los actos que resulten contrarios a la disposición precedente serán
insanablemente nulos.
Capítulo IV
Usuarios y responsables de archivos,
registros y bancos de datos
Art. 21 - Registros de archivos de datos. Inscripción.
1. Todo archivo, registro, base o banco de datos público, y privado
destinado a proporcionar informes debe inscribirse en el Registro que al
efecto habilite el organismos de control.
2. El registro de archivos de datos debe comprender como mínimo la
siguiente información:
a. Nombre y domicilio del responsable;
b. Características y finalidad del archivo;
c. Naturaleza de los datos personales contenidos en cada archivo;
d. Forma de recolección y actualización de datos;
e. Destino de los datos y personas físicas o de existencia ideal a las que
pueden ser trasmitidos;
PRÁCTICA DEL AMPARO 475
f. Modo de interrelacionar la información registrada;
g. Medios utilizados para garantizar la seguridad de los datos, debiendo
detallar la categoría de personas con acceso al tratamiento de la información;
h. Tiempo de conservación de los datos;
i. Forma y condiciones en que las personas pueden acceder a los datos
referidos a ellas y los procedimientos a realizar para la rectificación o ac-
tualización de los datos.
3. Ningún usuario de datos podrá poseer datos personales de natura-
leza distinta a los declarados en el registro.
El incumplimiento de estos requisitos dará lugar a las sanciones ad-
ministrativas previstas en el capítulo VI de la presente ley.
Art. 22 - Archivos, registros o bancos de datos públicos.
1. Las normas sobre creación, modificación o supresión de archivos,
registros o bancos de datos pertenecientes a organismos públicos deben
hacerse por medio de disposición general publicada en el Boletín oficial de
la Nación o diario oficial.
2. Las disposiciones respectivas, deben indicar:
a. Características y finalidad del archivo;
b. Personas respecto de las cuales se pretenda obtener datos y el carác-
ter facultativo u obligatorio de su suministro por parte de aquéllas;
c. Procedimiento de obtención y actualización de los datos;
d. Estructura básica del archivo, informatizado o no, y la descripción
de la naturaleza de los datos personales que contendrán;
e. Las cesiones, transferencias o interconexiones previstas;
f. Órganos responsables del archivo, precisando dependencia jerár-
quica en su caso;
g. Las oficinas ante las que se pudiesen efectuar las reclamaciones en
ejercicio de los derechos de acceso, rectificación o supresión.
3. En las disposiciones que se dicten para la supresión de los registros
informatizados se establecerá el destino de los mismos o las medidas que
se adopten para su destrucción.
Art. 23 - Supuestos especiales.
1. Quedarán sujetos al régimen de la presente ley, los datos persona-
les que por haberse almacenado para fines administrativos, deban ser
objetos de registro permanente en los bancos de datos de las fuerzas arma-
das, fuerzas de seguridad, organismos policiales o de inteligencia; y aqué-
llos sobre antecedentes personales que proporcionen dichos bancos de datos
a las autoridades administrativas o judiciales que los requieran en virtud
de disposiciones legales.
2. El tratamiento de datos personales con fines de defensa nacional o
seguridad pública por parte de las fuerzas armadas, fuerzas de seguridad,
476 LUIS R. CARRANZA TORRES
organismos policiales o inteligencia, sin consentimiento de los afectados,
queda limitado a aquellos supuestos y categoría de datos que resulten
necesarios para el estricto cumplimiento de las misiones legalmente asig-
nadas a aquéllos para la defensa nacional, la seguridad pública o para la
represión de los delitos. Los archivos, en tales casos, deberán ser específi-
cos y establecidos al efecto, debiendo clasificarse por categorías, en función
de su grado de fiabilidad.
3. Los datos personales registrados con fines policiales se cancelarán
cuando no sean necesarios para las averiguaciones que motivaron su al-
macenamiento.
Art. 24 - Archivos, registros o bancos de datos privados. Los
particulares que formen archivos, registros o bancos de datos que no sean
para un uso exclusivamente personal deberán registrarse conforme lo
previsto en el artículo 21.
Art. 25 - Prestación de servicios informatizados de datos
personales.
1. Cuando por cuenta de terceros se presten servicios de tratamiento
de datos personales, éstos no podrán aplicarse o utilizarse con un fin dis-
tinto al que figure en el contrato de servicios, ni cederlos a otras personas,
ni aun para su conservación.
2. Una vez cumplida la prestación contractual los datos personales
tratados deberán ser destruidos, salvo que medie autorización expresa de
aquél por cuenta de quien se prestan tales servicios cuando razonablemente
se presuma la posibilidad de ulteriores encargos, en cuyo caso se podrá
almacenar con las debidas condiciones de seguridad por un período de hasta
dos años.
Art. 26 - Prestación de servicios de información crediticia.
1. En la prestación de servicios de información crediticia sólo pueden
tratarse datos personales de carácter patrimonial relativos a la solvencia
económica y al crédito, obtenidos de fuentes accesibles al público o procedentes
de informaciones facilitadas por el interesado o con su consentimiento.
2. Pueden tratarse igualmente datos personales relativos al cumpli-
miento o incumplimiento de obligaciones de contenido patrimonial, faci-
litados por el acreedor o por quien actúe por su cuenta o interés.
3. A solicitud del titular de los datos, el responsable o usuario del ban-
co de datos, le comunicará las informaciones, evaluaciones y apreciacio-
nes que sobre el mismo hayan sido comunicadas durante los últimos seis
meses y el nombre y domicilio del cesionario en el supuesto de tratarse de
datos obtenidos por cesión.
4. Sólo se podrán archivar, registrar o ceder los datos personales que
sean significativos para evaluar la solvencia económico-financiera de los
PRÁCTICA DEL AMPARO 477
afectados durante los últimos cinco años. Dicho plazo se reducirá a dos años
cuando el deudor cancele o de otro modo extinga la obligación, debiéndose
hacer constar dicho hecho.
5. La prestación de servicios de información crediticia no requerirá el
previo consentimiento del titular de los datos a los efectos de su cesión, ni
la ulterior comunicación de ésta, cuando estén relacionados con el giro de
las actividades comerciales o crediticias de los cesionarios.
Art. 27 - Archivos, registros o bancos de datos con fines de
publicidad.
1. En la recopilación de domicilios, reparto de documentos, publicidad
o venta directa y otras actividades análogas, se podrán tratar datos que
sean aptos para establecer perfiles determinados con fines promocionales,
comerciales o publicitarios; o permitan establecer hábitos de consumo,
cuando éstos figuren en documentos accesibles al público o hayan sido
facilitados por los propios titulares u obtenidos con su consentimiento.
2. En los supuestos contemplados en el presente artículo, el titular de
los datos podrá ejercer el derecho de acceso sin cargo alguno.
3. El titular podrá en cualquier momento solicitar el retiro o bloqueo de
su nombre de los bancos de datos a los que se refiere el presente artículo.
Art. 28 - Archivos, registros o bancos de datos relativos a en-
cuestas.
1. Las normas de la presente ley no se aplicarán a las encuestas de
opinión, mediciones y estadísticas relevadas conforme a la ley 17.622,
trabajos de prospección de mercados, investigaciones científicas o médicas
y actividades análogas, en la medida que los datos recogidos no puedan
atribuirse a una persona determinada o determinable.
2. Si en el proceso de recolección de datos no resultara posible mante-
ner el anonimato, se deberá utilizar una técnica de disociación, de modo que
no permita identificar a persona alguna.
Capítulo V
Control
Art. 29 - Órgano de control.
1. El órgano de control deberá realizar todas las acciones necesarias
para el cumplimiento de los objetivos y demás disposiciones de la presen-
te ley. A tales efectos tendrá las siguientes funciones y atribuciones:
a. Asistir y asesorar a las personas que lo requieran acerca de los al-
cances de la presente y de los medios legales de que disponen para la defensa
de los derechos que ésta garantiza;
b. Dictar las normas y reglamentaciones que se deben observar en el
desarrollo de las actividades comprendidas por esta ley;
478 LUIS R. CARRANZA TORRES
c. Realizar un censo de archivos, registros o bancos de datos alcanza-
dos por la ley y mantener el registro permanente de los mismos;
d. Controlar la observancia de las normas sobre integridad y seguri-
dad de datos por parte de los archivos, registros o bancos de datos. A tal
efecto, podrá solicitar autorización judicial para acceder a locales, equipos
o programas de tratamiento de datos a fin de verificar infracciones al
cumplimiento de la presente ley;
e. Solicitar información a las entidades públicas y privadas, las que
deberán proporcionar los antecedentes, documentos, programas u otros
elementos relativos al tratamiento de los datos personales que se le requie-
ran. En estos casos, la autoridad deberá garantizar la seguridad y confi-
dencialidad de la información y elementos suministrados;
f. Imponer las sanciones administrativas que en su caso correspon-
dan por violación a las normas de la presente ley y de las reglamentacio-
nes que se dicten en su consecuencia;
g. Constituirse en querellante en las acciones penales que se promo-
vieran por violaciones a la presente ley;
h. Controlar el cumplimiento de los requisitos y garantías que deben
reunir los archivos o bancos de datos privados destinados a suministrar
informes, para obtener la correspondiente inscripción en el Registro creado
por esta ley.
1. El órgano de control gozará de autonomía funcional y actuará
como órgano descentralizado en el ámbito del Ministerio de Justicia de
la Nación.
2. El órgano de control será dirigido y administrado por un Director
designado por el término de cuatro (4) años, por el Poder Ejecutivo con
acuerdo del Senado de la Nación, debiendo ser seleccionado entre personas
con antecedentes en la materia.
El Director tendrá dedicación exclusiva en su función, encontrándo-
se alcanzado por las incompatibilidades fijadas por ley para los funciona-
rios públicos y podrá ser removido por el Poder Ejecutivo por mal desempeño
de sus funciones.
Art. 30 - Códigos de conducta.
1. Las asociaciones o entidades representativas de responsables o
usuarios de bancos de datos de titularidad privada podrán elaborar códi-
gos de conducta de práctica profesional, que establezcan normas para el
tratamiento de datos personales que tiendan a asegurar y mejorar las
condiciones de operación de los sistemas de información en función de los
principios establecidos en la presente ley.
2. Dichos códigos deberán ser inscriptos en el registro que al efecto lleve
el organismo de control, quien podrá denegar la inscripción cuando consi-
PRÁCTICA DEL AMPARO 479
dere que no se ajustan a las disposiciones legales y reglamentarias sobre
la materia.
Capítulo VI
Sanciones
Art. 31 - Sanciones administrativas.
1. Sin perjuicio de las responsabilidades administrativas que corres-
pondan en los casos de responsables o usuarios de bancos de datos públi-
cos; de la responsabilidad por daños y perjuicios derivados de la
inobservancia de la presente ley, y de las sanciones penales que correspon-
dan, el organismo de control podrá aplicar las sanciones de apercibimien-
to, suspensión, multa de mil pesos ($1000) a cien mil pesos ($100.000),
clausura o cancelación del archivo, registro o banco de datos.
2. La reglamentación determinará las condiciones y procedimien-
tos para la aplicación de las sanciones previstas, las que deberán gra-
duarse en relación a la gravedad y extensión de la violación y de los
perjuicios derivados de la infracción, garantizando el principio del de-
bido proceso.
Art. 32 - Sanciones penales.
1. Incorpórase como artículo 117 bis del Código Penal, el siguiente:
“1º. Será reprimido con la pena de prisión de un mes a dos años el que
insertara o hiciera insertar a sabiendas datos falsos en un archivo de datos
personales.
2º. La pena será de seis meses a tres años, al que proporcionara a un
tercero a sabiendas información falsa contenida en un archivo de datos per-
sonales.
3º. La escala penal se aumentará en la mitad del mínimo y del máxi-
mo, cuando del hecho se derive perjuicio a alguna persona.
4º. Cuando el autor o responsable del ilícito sea funcionario público en
ejercicio de sus funciones, se le aplicará la accesoria de inhabilitación para
el desempeño de cargos públicos por el doble del tiempo que el de la conde-
na.”
2. Incorpórase como artículo 157 bis del Código Penal el siguiente:
“Será reprimido con la pena de prisión de un mes a dos años el que:
1º. A sabiendas e ilegítimamente, o violando sistemas de confidencia-
lidad y seguridad de datos, accediere, de cualquier forma, a un banco de
datos personales;
2º. Revelare a otro información registrada en un banco de datos perso-
nales cuyo secreto estuviere obligado a preservar por disposición de una ley.
Cuando el autor sea funcionario público sufrirá, además, pena de
inhabilitación especial de uno a cuatro años.”
480 LUIS R. CARRANZA TORRES
Capítulo VII
Acción de protección de los datos personales
Art. 33 - Procedencia. La acción de protección de los datos persona-
les o de hábeas data procederá:
a. Para tomar conocimiento de los datos personales almacenados en
archivos, registros o bancos de datos públicos o privados destinados a pro-
porcionar informes, y de la finalidad de aquéllos;
b. En los casos en que se presuma la falsedad, inexactitud, desactua-
lización de la información de que se trata, o el tratamiento de datos cuyo
registro se encuentra prohibido en la presente ley, para exigir su rectifi-
cación, supresión, confidencialidad o actualización.
Art. 34 - Legitimación activa. La acción de protección de los datos
personales o de hábeas data podrá ser ejercida por el afectado, sus tutores
o curadores y los sucesores de las personas físicas, sean en línea directa o
colateral hasta el segundo grado, por sí o por intermedio de apoderado.
Cuando la acción sea ejercida por personas de existencia ideal, debe-
rá ser interpuesta por sus representantes legales, o apoderados que éstas
designen al efecto.
En el proceso podrá intervenir en forma coadyuvante el Defensor del
Pueblo.
Art. 35 - Legitimación pasiva. La acción procederá respecto de los
responsables y usuarios de bancos de datos públicos, y de los privados
destinados a proveer informes.
Art. 36 - Competencia. Será competente para entender en esta
acción el juez del domicilio del actor; el del domicilio del demandado; el del
lugar en el que el hecho o acto se exteriorice o pudiera tener efecto, a elec-
ción del actor.
Procederá la competencia federal:
a. Cuando se interponga en contra de archivos de datos públicos de
organismos nacionales, y
b. Cuando los archivo de datos se encuentren interconectados en redes
interjurisdiccionales, nacionales o internacionales.
Art. 37 - Procedimiento aplicable. La acción de hábeas data tra-
mitará según las disposiciones de la presente ley y por el procedimiento que
corresponde a la acción de amparo común y supletoriamente por las nor-
mas del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación, en lo atinente al
juicio sumarísimo.
Art. 38 - Requisitos de la demanda.
1. La demanda deberá interponerse por escrito, individualizando con
la mayor precisión posible el nombre y domicilio del archivo, registro o
PRÁCTICA DEL AMPARO 481
banco de datos y, en su caso, el nombre del responsable o usuario del
mismo.
En el caso de los archivos, registros o bancos públicos, se procurará
establecer el organismo estatal del cual dependen.
2. El accionante deberá alegar las razones por las cuales entiende que
en el archivo, registro o banco de datos individualizado obra información
referida a su persona; los motivos por los cuales considera que la informa-
ción que le atañe resulta discriminatoria, falsa o inexacta y justificar que
se han cumplido los recaudos que hacen al ejercicio de los derechos que le
reconoce la presente ley.
3. El afectado podrá solicitar que mientras dure el procedimiento, el
registro o banco de datos asiente que la información cuestionada está so-
metida a un proceso judicial.
4. El Juez podrá disponer el bloqueo provisional del archivo en lo refe-
rente al dato personal motivo del juicio cuando sea manifiesto el carácter
discriminatorio, falso o inexacto de la información de que se trate.
5. A los efectos de requerir información al archivo, registro o banco de
datos involucrado, el criterio judicial de apreciación de las circunstancias
requeridas en los puntos 1 y 2 debe ser amplio.
Art. 39 - Trámite.
1. Admitida la acción el juez requerirá al archivo, registro o banco de
datos la remisión de la información concerniente al accionante. Podrá
asimismo solicitar informes sobre el soporte técnico de datos, documenta-
ción de base relativa a la recolección y cualquier otro aspecto que resulte
conducente en la resolución de la causa que estime procedente.
2. El plazo para contestar el informe no podrá ser mayor de cinco días
hábiles, el que podrá ser ampliado prudencialmente por el juez.
Art. 40 - Confidencialidad de la información.
1. Los registros, archivos o bancos de datos privados no podrán alegar
la confidencialidad de la información que se les requiere salvo el caso en que
se afecten las fuentes de información periodísticas.
2. Cuando un archivo, registro o banco de datos público se oponga a la
remisión del informe solicitado con invocación de las excepciones al dere-
cho de acceso, rectificación o supresión, autorizadas por la presente ley o
por una ley específica; deberá acreditar los extremos que hacen aplicable
la excepción legal. En tales casos, el juez podrá tomar conocimiento personal
y directo de los datos solicitados asegurando el mantenimiento de su con-
fidencialidad.
Art. 41 - Contestación del informe. Al contestar el informe, el
archivo, registro o banco de datos deberá expresar las razones por las cuales
incluyó la información cuestionada y aquéllas por las que no evacuó el
482 LUIS R. CARRANZA TORRES
pedido efectuado por el interesado, de conformidad a lo establecido en los
artículos 13 a 15 de la ley.
Art. 42 - Ampliación de la demanda. Contestado el informe, el
actor podrá, en el término de tres días, ampliar el objeto de la demanda
solicitando la supresión, rectificación, confidencialidad o actualización de
sus datos personales, en los casos que resulte procedente a tenor de la
presente ley, ofreciendo en el mismo acto la prueba pertinente. De esta pre-
sentación se dará traslado al demandado por el término de tres días.
Art. 43 - Sentencia.
1. Vencido el plazo para la contestación del informe o contestado el
mismo, y en el supuesto del artículo 42, luego de contestada la ampliación,
y habiendo sido producida en su caso la prueba, el juez dictará sentencia.
2. En el caso de estimarse procedente la acción, se especificará si la
información debe ser suprimida, rectificada, actualizada o declarada con-
fidencial, estableciendo un plazo para su cumplimiento.
3. El rechazo de la acción no constituye presunción respecto de la res-
ponsabilidad en que hubiera podido incurrir el demandante.
4. En cualquier caso, la sentencia deberá ser comunicada al organis-
mo de control, que deberá llevar un registro al efecto.
Art. 44 - Ámbito de aplicación. Las normas de la presente ley
contenidas en los Capítulos I, II, III y IV, y el artículo 32 son de orden público
y de aplicación en lo pertinente en todo el territorio nacional.
Se invita a las provincias a adherir a las normas de esta ley que fue-
ren de aplicación exclusiva en jurisdicción nacional.
La jurisdicción federal regirá respecto de los registros, archivos, ba-
ses o bancos de datos interconectados en redes del alcance interjurisdiccio-
nal, nacional o internacional.
Art. 45 - El Poder Ejecutivo Nacional deberá reglamentar la presen-
te ley y establecer el organismo de control dentro de los ciento ochenta días
de su promulgación.
Art. 46 - Disposiciones transitorias. Los archivos, registros,
bases o bancos de datos destinados a proporcionar informes, existentes al
momento de la sanción de la presente ley, deberán inscribirse en el regis-
tro que se habilite conforme a los dispuesto en artículo 21 y adecuarse a lo
que dispone el presente régimen dentro del plazo que al efecto establezca
al reglamentación.
Art. 47* - Los bancos de datos presentadores de servicios de informa-
ción crediticia deberán suprimir, o en su caso, omitir asentar, todo dato
* Vetado por el Poder Ejecutivo.
PRÁCTICA DEL AMPARO 483
referido al incumplimiento o mora en el pago de una obligación, si ésta
hubiere sido cancelada al momento de la entrada en vigencia de la pre-
sente ley.
Art. 48 - Comuníquese al Poder Ejecutivo.
9. DECRETO PROMULGACIÓN Y VETO PARCIAL DE LA LEY DE
PROTECCIÓN DE DATOS PERSONALES
DECRETO 995/2000
Buenos Aires, 30 de octubre de 2000
Visto
El Expediente Nº 020-003060/2000 del Registro del Ministerio de Eco-
nomía y el Proyecto de Ley registrado bajo el Nº 25.326, sancionado por el
Honorable Congreso de la Nación el 4 de octubre de 2000, y
Considerando:
Que el referido Proyecto de Ley dispone la protección integral de los
datos personales, de conformidad a lo establecido en el artículo 43, párra-
fo tercero de la Constitución Nacional.
Que el artículo 29 del Proyecto de Ley establece la constitución de un
órgano de control que deberá realizar todas las acciones necesarias para
el cumplimiento de los objetivos y disposiciones emanados del referido
Proyecto.
Que en el punto 2 del citado artículo se establece que el órgano de con-
trol gozará de autonomía funcional y actuará como organismo descentra-
lizado en el ámbito del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos.
Que el punto 3 del artículo 29 del Proyecto de Ley norma sobre la con-
ducción y administración del órgano de control. Que la constitución del
órgano de control como organismo descentralizado habrá de implicar,
como toda incorporación de una estructura organizativa de este tipo, un
incremento en las erogaciones del Estado Nacional para atender su fun-
cionamiento.
Que el presente Proyecto de Ley no prevé el financiamiento del órgano
de control y la Ley Nº 25.237 del Presupuesto de la Administración
Nacional para el ejercicio 2000 y el Proyecto de Ley de Presupuesto Na-
cional para el ejercicio 2001 no contienen previsiones crediticias para su
atención.
484 LUIS R. CARRANZA TORRES
Que la legislación vigente en materia de Administración Financiera
Pública determina que todo incremento de gastos debe prever el financia-
miento respectivo.
Que sin perjuicio de lo indicado, se considera pertinente la consti-
tución de un órgano de control, pero que reúna las características or-
ganizativas que determine el Poder Ejecutivo Nacional de conformidad
con la autorización conferida por el artículo 45 del presente Proyecto de
Ley.
Que el artículo 47 del Proyecto de Ley dispone que los bancos de datos
prestadores de servicios de información crediticia deberán suprimir, o en
su caso, omitir asentar, todo dato referido al incumplimiento o mora en el
pago de una obligación, si ésta hubiere sido cancelada al momento de la en-
trada en vigencia de la presente ley.
Que esta decisión generaría la pérdida de la información histórica res-
pecto al cumplimiento crediticio de muchos deudores del sistema, lo que
podría producir un encarecimiento de las operaciones de crédito bancario
originado por el mayor riesgo provocado por la incertidumbre.
Que por los fundamentos expuestos corresponde observar el artícu-
lo 29, puntos 2 y 3 y el artículo 47 del Proyecto de Ley registrado bajo el
Nº 25.326.
Que la medida que se propone no altera el espíritu ni la unidad del
Proyecto sancionado por el Honorable Congreso de la Nación.
Que la Dirección General de Asuntos Jurídicos del Ministerio de Eco-
nomía ha tomado la intervención que le compete.
Que el Poder Ejecutivo Nacional se encuentra facultado para dictar el
presente en virtud de lo dispuesto por el artículo 80 de la Constitución
Nacional.
Por ello,
El Presidente de la Nación Argentina, en acuerdo general de ministros
decreta:
Artículo 1º - Obsérvase el artículo 29, puntos 2 y 3 del Proyecto de Ley
registrado bajo el Nº 25.326.
Artículo 2º - Obsévase el artículo 47 del Proyecto de Ley registrado
bajo el Nº 25.326.
Artículo 3º - Con las salvedades establecidas en los artículos prece-
dentes, cúmplase, promúlgase y téngase por Ley de la Nación el Proyecto
de Ley registrado bajo el Nº 25.326.
Artículo 4º - Dése cuenta al Honorable Congreso de la Nación.
Artículo 5º - Comuníquese, publíquese, dése a la Dirección Nacional
del Registro Oficial y archívese.
PRÁCTICA DEL AMPARO 485
10. REGLAMENTACIÓN DE LA LEY DE PROTECCIÓN DE DATOS
PERSONALES
Buenos Aires
Visto el expediente Nº 128.949/01 del registro del Ministerio de Justi-
cia y Derechos Humanos, la Ley Nº 25.326 y,
Considerando:
Que el artículo 45 de la mencionada ley establece que el Poder Ejecu-
tivo Nacional deberá reglamentar la misma y establecer el órgano de con-
trol a que se refiere su artículo 29 dentro de los ciento ochenta (180) días
de su promulgación.
Que el artículo 46 de la ley citada establece que la reglamentación fijará
el plazo dentro del cual los archivos de datos destinados a proporcionar
informes existentes al momento de la sanción de dicha ley deberán inscri-
birse en el registro a que se refiere su artículo 21 y adecuarse a lo que es-
tablece el régimen dispuesto por la ley.
Que el artículo 31, inciso 2, de la Ley Nº 25.326 dispone que la regla-
mentación determinará las condiciones y procedimientos para la aplica-
ción de sanciones, en los términos que dicha norma establece.
Que la Dirección General de Asuntos Jurídicos del Ministerio de Jus-
ticia y Derechos Humanos, la Dirección de Asuntos Jurídicos de la Secre-
taría Legal y Técnica de la Presidencia de la Nación y la Procuración del
Tesoro de la Nación han tomado la intervención que les compete.
Que la presente medida se dicta en uso de las facultades conferidas por
el artículo 99, inciso 2 de la Constitución Nacional.
Por ello,
El Presidente de la Nación Argentina decreta:
Artículo 1º - Apruébase la reglamentación de la Ley Nº 25.326 de Pro-
tección de los Datos Personales, que como anexo I forma parte del presen-
te.
Artículo 2º - Establécese en ciento ochenta (180) días el plazo previs-
to en el artículo 46 de la Ley Nº 25.326.
Artículo 3º- Invítase a las Provincias y a la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires a adherir a las normas de exclusiva aplicación nacional de
esta reglamentación.
Artículo 4º - Comuníquese, publíquese, dese a la Dirección Nacional
del Registro Oficial y archívese.
486 LUIS R. CARRANZA TORRES
ANEXO I
REGLAMENTACIÓN DE LA LEY Nº 25.326
Capítulo I
Disposiciones preliminares
Artículo 1º - A los efectos de esta reglamentación, quedan compren-
didos en el concepto de archivos, registros, bases o bancos de datos priva-
dos destinados a dar informes, aquellos que exceden del uso exclusivamente
personal y los que tienen como finalidad la cesión o transferencia de datos
personales, independientemente de que la circulación del informe o la in-
formación producida sea a título oneroso o gratuito.
Artículo 2º - Sin reglamentar.
Capítulo II
Principios generales relativos a la protección de datos
Artículo 3º - Sin reglamentar.
Artículo 4º - Para determinar la lealtad y buena fe en la obtención de
los datos personales, así como el destino que a ellos se asigne, se deberá
analizar el procedimiento efectuado para la recolección y, en particular, la
información que se haya proporcionado al titular de los datos de acuerdo
con el artículo 6º de la Ley Nº 25.326.
Cuando la obtención o recolección de los datos personales fuese logra-
da por interconexión o tratamiento de archivos, registros, bases o bancos
de datos, se deberá analizar la fuente de información y el destino previsto
por el responsable o usuario para los datos personales obtenidos.
El dato que hubiera perdido vigencia respecto de los fines para los que
se hubiese obtenido o recolectado debe ser suprimido por el responsable o
usuario sin necesidad de que lo requiera el titular de los datos.
La Dirección Nacional de Protección de Datos Personales efectuará
controles de oficio sobre el cumplimiento de este principio legal, y aplica-
rá las sanciones pertinentes al responsable o usuario en los casos que co-
rrespondiere.
La Dirección Nacional de Protección de Datos Personales procederá,
ante el pedido de un interesado o de oficio ante la sospecha de una ilegalidad,
a verificar el cumplimiento de las disposiciones legales y reglamentarias en
orden a cada una de las siguientes etapas del uso y aprovechamiento de
datos personales:
a) legalidad de la recolección o toma de información personal;
b) legalidad en el intercambio de datos y en la transmisión a terceros
o en la interrelación entre ellos;
PRÁCTICA DEL AMPARO 487
c) legalidad en la cesión propiamente dicha;
d) legalidad de los mecanismos de control interno y externo del archi-
vo, registro, bases o bancos de datos.
Artículo 5º - El consentimiento informado es el que está precedido de
una explicación, al titular de los datos, en forma adecuada a su nivel social
y cultural, de la información a que se refiere el artículo 6º de la Ley Nº 25.326.
La Dirección Nacional de Protección de Datos Personales establece-
rá los requisitos para que el consentimiento pueda ser prestado por un
medio distinto a la forma escrita, el cual deberá asegurar la autoría e in-
tegridad de la declaración.
El consentimiento dado para el tratamiento de datos personales puede ser
revocado en cualquier tiempo. La revocación no tiene efectos retroactivos.
A los efectos del artículo 5º, inciso 2 e, de la Ley Nº 25.326 el concepto
de entidad financiera comprende a las personas alcanzadas por la Ley Nº
21.526 y a las empresas emisoras de tarjetas de crédito, los fideicomisos
financieros, las ex-entidades financieras liquidadas por el Banco Central
de la República Argentina y los sujetos que expresamente incluya la au-
toridad de aplicación de la mencionada ley.
No es necesario el consentimiento para la información que se descri-
be en los incisos a), b), c) y d) del artículo 39 de la Ley Nº 21.526.
En ningún caso se afectará el secreto bancario, quedando prohibida la
divulgación de datos relativos a operaciones pasivas que realicen las enti-
dades financieras con sus clientes, de conformidad con lo dispuesto en los
artículos 39 y 40 de la Ley Nº 21.526.
Artículo 6º - Sin reglamentar.
Artículo 7º - Sin reglamentar.
Artículo 8º - Sin reglamentar.
Artículo 9º - La Dirección Nacional de Protección de Datos Personales
promoverá la cooperación entre sectores públicos y privados para la elabo-
ración e implantación de medidas, prácticas y procedimientos que susciten
la confianza en los sistemas de información, así como en sus modalidades
de provisión y utilización.
Artículo 10 - Sin reglamentar.
Artículo 11 - Al consentimiento para la cesión de los datos le son
aplicables las disposiciones previstas en el artículo 5º de la Ley Nº 25.326
y el artículo 5º de esta reglamentación.
En el caso de archivos o bases de datos públicas dependientes de un
organismo oficial que por razón de sus funciones específicas estén destina-
das a la difusión al público en general, el requisito relativo al interés legí-
timo del cesionario se considera implícito en las razones de interés general
que motivaron el acceso público irrestricto.
488 LUIS R. CARRANZA TORRES
La cesión masiva de datos personales de registros públicos a registros
privados sólo puede ser autorizada por ley o por decisión del funcionario
responsable, si los datos son de acceso público y se ha garantizado el res-
peto a los principios de protección establecidos en la Ley Nº 25.326. No es
necesario acto administrativo alguno en los casos en que la ley disponga
el acceso a la base de datos pública en forma irrestricta. Se entiende por
cesión masiva de datos personales la que comprende a un grupo colectivo
de personas.
La Dirección Nacional de Protección de Datos Personales fijará los están-
dares de seguridad aplicables a los mecanismos de disociación de datos.
El cesionario a que se refiere el artículo 11, inciso 4, de la Ley Nº 25.326,
podrá ser eximido total o parcialmente de responsabilidad si demuestra que
no se le puede imputar el hecho que ha producido el daño.
Artículo 12 - La prohibición de transferir datos personales hacia
países u organismos internacionales o supranacionales que no proporcio-
nen niveles de protección adecuados, no rige cuando el titular de los datos
hubiera consentido expresamente la cesión.
No es necesario el consentimiento en caso de transferencia de datos
desde un registro público que esté legalmente constituido para facilitar
información al público y que esté abierto a la consulta por el público en
general o por cualquier persona que pueda demostrar un interés legítimo,
siempre que se cumplan, en cada caso particular, las condiciones legales
y reglamentarias para la consulta.
Facúltase a la Dirección Nacional de Protección de Datos Personales
a evaluar, de oficio o a pedido de parte interesada, el nivel de protección
proporcionado por las normas de un Estado u organismo internacional. Si
llegara a la conclusión de que un Estado u organismo no protege adecua-
damente a los datos personales, elevará al Poder Ejecutivo Nacional un pro-
yecto de decreto para emitir tal declaración. El proyecto deberá ser
refrendado por los Ministros de Justicia y Derechos Humanos y de Rela-
ciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto.
El carácter adecuado del nivel de protección que ofrece un país u orga-
nismo internacional se evaluará atendiendo a todas las circunstancias que
concurran en una transferencia o en una categoría de transferencias de
datos; en particular, se tomará en consideración la naturaleza de los da-
tos, la finalidad y la duración del tratamiento o de los tratamientos previs-
tos, el lugar de destino final, las normas de derecho, generales o sectoriales,
vigentes en el país de que se trate, así como las normas profesionales, có-
digos de conducta y las medidas de seguridad en vigor en dichos lugares,
o que resulten aplicables a los organismos internacionales o supranacio-
nales.
PRÁCTICA DEL AMPARO 489
Se entiende que un Estado u organismo internacional proporciona un
nivel adecuado de protección cuando dicha tutela se deriva directamente
del ordenamiento jurídico vigente, o de sistemas de autorregulación, o del
amparo que establezcan las cláusulas contractuales que prevean la pro-
tección de datos personales.
Capítulo III
Derechos de los titulares de los datos
Artículo 13 - Sin reglamentar.
Artículo 14 - La solicitud a que se refiere el artículo 14, inciso 1, de la
Ley Nº 25.326, no requiere de fórmulas específicas, siempre que garanti-
ce la identificación del titular. Se puede efectuar de manera directa, pre-
sentándose el interesado ante el responsable o usuario del archivo, registro,
base o bancos de datos, o de manera indirecta, a través de la intimación fe-
haciente por medio escrito que deje constancia de recepción. También
pueden ser utilizados otros servicios de acceso directo o semidirecto como los
medios electrónicos, las líneas telefónicas, la recepción del reclamo en pan-
talla u otro medio idóneo a tal fin. En cada supuesto, se podrán ofrecer pre-
ferencias de medios para conocer la respuesta requerida.
Si se tratara de archivos o bancos de datos públicos dependientes de un
organismo oficial destinados a la difusión al público en general, las condi-
ciones para el ejercicio del derecho de acceso podrán ser propuestas por el
organismo y aprobadas por la Dirección Nacional de Protección de Datos Per-
sonales, la cual deberá asegurar que los procedimientos sugeridos no vulne-
ren ni restrinjan en modo alguno las garantías propias de ese derecho.
El derecho de acceso permitirá:
a) conocer si el titular de los datos se encuentra o no en el archivo,
registro, base o bancos de datos;
b) conocer todos los datos relativos a su persona que constan en el
archivo;
c) solicitar información sobre las fuentes y los medios a través de los
cuales se obtuvieron sus datos;
d) solicitar las finalidades para las que se recabaron;
e) conocer el destino previsto para los datos personales;
f) saber si el archivo está registrado conforme a las exigencias de la Ley
Nº 25.326.
Vencido el plazo para contestar fijado en el artículo 14, inciso 2, de la
Ley Nº 25.326, el interesado podrá ejercer la acción de protección de los
datos personales y denunciar el hecho ante la Dirección Nacional de
Protección de Datos Personales a los fines del control pertinente de este
organismo.
490 LUIS R. CARRANZA TORRES
En el caso de personas fallecidas, deberá acreditarse el vínculo median-
te la declaratoria de herederos correspondiente, o por documento fehaciente
que verifique el carácter de sucesor universal del interesado.
Artículo 15 - El responsable o usuario del archivo, registro, base o
banco de datos deberá contestar la solicitud que se le dirija, con indepen-
dencia de que figuren o no datos personales del afectado, debiendo para ello
valerse de cualquiera de los medios autorizados en el artículo 15, inciso 3,
de la Ley Nº 25.326, a opción del titular de los datos, o las preferencias que
el interesado hubiere expresamente manifestado al interponer el derecho
de acceso.
La Dirección Nacional de Protección de Datos Personales elabora-
rá un formulario modelo que facilite el derecho de acceso de los interesa-
dos.
Podrán ofrecerse como medios alternativos para responder el reque-
rimiento, los siguientes:
a) visualización en pantalla;
b) informe escrito entregado en el domicilio del requerido;
c) informe escrito remitido al domicilio denunciado por el requirente;
d) transmisión electrónica de la respuesta, siempre que esté garanti-
zada la identidad del interesado y la confidencialidad, integridad y recep-
ción de la información;
e) cualquier otro procedimiento que sea adecuado a la configuración e
implantación material del archivo, registro, base o banco de datos, ofreci-
do por el responsable o usuario del mismo.
Artículo 16 - En las disposiciones de los artículos 16 a 22 y 38 a 43 de
la Ley Nº 25.326 en que se menciona a algunos de los derechos de rectifi-
cación, actualización, supresión y confidencialidad, se entiende que tales
normas se refieren a todos ellos.
En el caso de los archivos o bases de datos públicas conformadas por
cesión de información suministrada por entidades financieras, adminis-
tradoras de fondos de jubilaciones y pensiones y entidades aseguradoras,
de conformidad con el artículo 5º, inciso 2, de la Ley Nº 25.326, los dere-
chos de rectificación, actualización, supresión y confidencialidad deben
ejercerse ante la entidad cedente que sea parte en la relación jurídica a
que se refiere el dato impugnado. Si procediera el reclamo, la entidad
respectiva debe solicitar al Banco Central de la República Argentina, a
la Superintendencia de AFJP o a la Superintendencia de Seguros de la
Nación, según el caso, que sean practicadas las modificaciones necesa-
rias en sus bases de datos. Toda modificación debe ser comunicada a
través de los mismos medios empleados para la divulgación de la infor-
mación.
PRÁCTICA DEL AMPARO 491
Los responsables o usuarios de archivos o bases de datos públicos de
acceso público irrestricto pueden cumplir la notificación a que se refiere
el artículo 16, inciso 4, de la Ley Nº 25.326 mediante la modificación de
los datos realizada a través de los mismos medios empleados para su di-
vulgación.
Artículo 17 - Sin reglamentar.
Artículo 18 - Sin reglamentar.
Artículo 19 - Sin reglamentar.
Artículo 20 - Sin reglamentar.
Capítulo IV
Usuarios y responsables de archivos, registros y bancos de
datos
Artículo 21 - El registro e inscripción de archivos, registros, bases o
bancos de datos públicos, y privados destinados a dar información, se
habilitará una vez publicada esta reglamentación en el Boletín Oficial.
Deben inscribirse los archivos, registros, bases o bancos de datos públi-
cos y los privados a que se refiere el artículo 1º de esta reglamentación.
A los fines de la inscripción de los archivos, registros y bases de datos
con fines de publicidad, los responsables deben proceder de acuerdo con lo
establecido en el artículo 27, cuarto párrafo, de esta reglamentación.
Artículo 22 - Sin reglamentar.
Artículo 23 - Sin reglamentar.
Artículo 24 - Sin reglamentar.
Artículo 25 - Los contratos de prestación de servicios de tratamien-
to de datos personales deberán contener los niveles de seguridad previstos
en la Ley Nº 25.326, esta reglamentación y las normas complementarias que
dicte la Dirección Nacional de Protección de Datos Personales, como así tam-
bién las obligaciones que surgen para los locatarios en orden a la confiden-
cialidad y reserva que deben mantener sobre la información obtenida.
La realización de tratamientos por encargo deberá estar regulada por
un contrato que vincule al encargado del tratamiento con el responsable
o usuario del tratamiento y que disponga, en particular:
a) que el encargado del tratamiento sólo actúa siguiendo instrucciones
del responsable del tratamiento;
b) que las obligaciones del artículo 9º de la Ley Nº 25.326 incumben
también al encargado del tratamiento.
Artículo 26 - A los efectos del artículo 26, inciso 2, de la Ley Nº 25.326,
se consideran datos relativos al cumplimiento o incumplimiento de obli-
gaciones los referentes a los contratos de mutuo, cuenta corriente, tarje-
tas de crédito, fideicomiso, leasing, de créditos en general y toda otra
492 LUIS R. CARRANZA TORRES
obligación de contenido patrimonial, así como aquellos que permitan co-
nocer el nivel de cumplimiento y la calificación a fin de precisar, de mane-
ra indubitable, el contenido de la información emitida.
En el caso de archivos o bases de datos públicos dependientes de un
organismo oficial destinadas a la difusión al público en general, se tendrán
por cumplidas las obligaciones que surgen del artículo 26, inciso 3, de la
Ley Nº 25.326 en tanto el responsable de la base de datos le comunique al
titular de los datos las informaciones, evaluaciones y apreciaciones que
sobre el mismo hayan sido difundidas durante los últimos SEIS (6) meses.
Para apreciar la solvencia económico-financiera de una persona, con-
forme lo establecido en el artículo 26, inciso 4, de la Ley Nº 25.326, se ten-
drá en cuenta toda la información disponible desde el nacimiento de cada
obligación hasta su extinción. En el cómputo de cinco (5) años, éstos se
contarán a partir de la fecha de la última información adversa archivada
que revele que dicha deuda era exigible. Si el deudor acredita que la últi-
ma información disponible coincide con la extinción de la deuda, el plazo
de reducirá a dos (2) años. Para los datos de cumplimiento sin mora no
operará plazo alguno para la eliminación.
A los efectos del cálculo del plazo de dos (2) años para conservación de
los datos cuando el deudor hubiere cancelado o extinguido la obligación, se
tendrá en cuenta la fecha precisa en que se extingue la deuda.
A los efectos de dar cumplimiento a lo dispuesto por el artículo 26, inciso
5, de la Ley Nº 25.326, el Banco Central de la República Argentina deberá
restringir el acceso a sus bases de datos disponibles en Internet, para el caso
de información sobre personas físicas, exigiendo el ingreso del número de
documento nacional de identidad o código único de identificación tributa-
ria o laboral del titular de los datos, obtenidos por el cesionario a través de
una relación contractual o comercial previa.
Artículo 27 - Podrán recopilarse, tratarse y cederse datos con fines
de publicidad sin consentimiento de su titular, cuando estén destinados a
la formación de perfiles determinados, que categoricen preferencias y
comportamientos similares de las personas, siempre que los titulares de
los datos sólo se identifiquen por su pertenencia a tales grupos genéricos,
con más los datos individuales estrictamente necesarios para formular la
oferta a los destinatarios.
Las cámaras, asociaciones y colegios profesionales del sector que dis-
pongan de un Código de Conducta homologado por la Dirección Nacional
de Protección de Datos Personales, al que por estatuto adhieran obligato-
riamente todos sus miembros, junto con la autoridad de aplicación, imple-
mentarán, dentro de los noventa (90) días siguientes a la publicación de
esta reglamentación, un sistema de retiro o bloqueo a favor del titular del
PRÁCTICA DEL AMPARO 493
dato que quiera ser excluido de las bases de datos con fines de publicidad.
El retiro podrá ser total o parcial, bloqueando exclusivamente, a requeri-
miento del titular, el uso de alguno o algunos de los medios de comunica-
ción en particular, como el correo, el teléfono, el correo electrónico u otros.
En toda comunicación con fines de publicidad que se realice por correo,
teléfono, correo electrónico, Internet u otro medio a distancia a conocer, se
deberá indicar, en forma expresa y destacada, la posibilidad del titular del
dato de solicitar el retiro o bloqueo, total o parcial, de su nombre de la base
de datos. A pedido del interesado, se deberá informar el nombre del respon-
sable o usuario del banco de datos que proveyó la información.
A los fines de garantizar el derecho de información del artículo 13 de
la Ley Nº 25.326, se inscribirán únicamente las cámaras, asociaciones y
colegios profesionales del sector que dispongan de un Código de Conducta
homologado por la Dirección Nacional de Protección de Datos Personales,
al que por estatuto adhieran obligatoriamente todos sus miembros. Al
inscribirse, las cámaras, asociaciones y colegios profesionales deberán
acompañar una nómina de sus asociados indicando nombre, apellido y
domicilio.
Los responsables o usuarios de archivos, registros, bancos o bases de
datos con fines de publicidad que no se encuentren adheridos a ningún
Código de Conducta, cumplirán el deber de información inscribiéndose en
el Registro a que se refiere el artículo 21 de la Ley Nº 25.326.
Podrán tratarse datos sensibles obtenidos legalmente, a los fines de
realizar ofertas de bienes y servicios, cuando ello no cause discriminación
y de acuerdo a los parámetros que fije la autoridad de aplicación. Estos
datos no pueden ser cedidos a terceros sin el consentimiento previo de su
titular.
Artículo 28 - Los archivos, registros, bases o bancos de datos mencio-
nados en el artículo 28 de la Ley Nº 25.326 son responsables y pasibles de
las multas previstas en el artículo 31 de la ley citada cuando infrinjan sus
disposiciones.
Capítulo V
Control
Artículo 29 -
1. Créase la Dirección Nacional de Protección de Datos Personales,
en el ámbito de la Secretaría de Justicia y Asuntos Legislativos del Mi-
nisterio de Justicia y Derechos Humanos, como órgano de control de la
Ley Nº 25.326.
El Director tendrá dedicación exclusiva en su función, ejercerá sus
funciones con plena independencia, no estará sujeto a instrucciones.
494 LUIS R. CARRANZA TORRES
2. La Dirección Nacional de Protección de Datos Personales se inte-
grará con un Director Nacional Nivel “A” con función ejecutiva I, desig-
nado por el Poder Ejecutivo Nacional, por el plazo de cuatro (4) años,
debiendo ser seleccionado entre personas con antecedentes en la materia,
a cuyo fin facúltase al ministro de Justicia y Derechos Humanos, o a quien
lo sustituya en sus funciones, a efectuar la designación correspondien-
te, como excepción a lo dispuesto por el Anexo I del Decreto Nº 993/91 y
sus modificatorios.
En el plazo de treinta (30) días hábiles posteriores a la asunción de su
cargo, el Director Nacional presentará un proyecto de su estructura orga-
nizativa y reglamentación interna, para su aprobación por el Poder Eje-
cutivo Nacional y publicación en el Boletín Oficial.
3. La Dirección Nacional de Protección de Datos Personales se finan-
ciará a través de:
a) lo que recaude en concepto de tasas por los servicios que preste;
b) el producido de las multas previstas en el artículo 31 de la Ley Nº
25.326;
c) las asignaciones presupuestarias que se incluyan en las previsiones
anuales del gobierno a partir del año 2002.
Transitoriamente, desde la entrada en vigencia de la presente regla-
mentación y hasta el 31 de diciembre de 2001, el costo de la estructura será
afrontado con el crédito presupuestario correspondiente al Ministerio de
Justicia y Derechos Humanos para el año 2001, sin perjuicio de lo dispuesto
en los subincisos a) y b) del párrafo anterior.
4. La Dirección Nacional de Protección de Datos Personales contará
con un Consejo Consultivo, que se desempeñará “ad honorem”, encarga-
do de asesorar al Director Nacional en los asuntos de importancia, integra-
do por:
a) un representante del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos;
b) un magistrado del Ministerio Público Fiscal con especialidad en la
materia;
c) un representante de los archivos privados destinados a dar informa-
ción designado por la cámara que agrupe a las entidades nacionales de
información crediticia;
d) un representante de la Federación de Entidades Empresarias de
Informaciones Comerciales de la República Argentina;
e) un representante del Banco Central de la República Argentina;
f) un representante de las empresas dedicadas al objeto previsto en el
artículo 27 de la Ley Nº 25.326, designado por las Cámaras respectivas de
común acuerdo, unificando en una persona la representación;
g) un representante del Consejo Federal de Consumo;
PRÁCTICA DEL AMPARO 495
h) un representante del IRAM, instituto argentino de normalización
con especialización en el campo de la seguridad informática;
i) un representante de la Superintendencia de Seguros de la Nación;
j) un representante de la Comisión Bicameral de Fiscalización de los
órganos y Actividades de Seguridad Interior e Inteligencia del Honorable
Congreso de la Nación.
5. Son funciones de la Dirección Nacional de Protección de Datos Per-
sonales, además de las que surgen de la Ley Nº 25.326:
a) dictar normas administrativas y de procedimiento relativas a los
trámites registrales y demás funciones a su cargo, y las normas y procedi-
mientos técnicos relativos al tratamiento y condiciones de seguridad de los
archivos, registros y bases o bancos de datos públicos y privados;
b) atender las denuncias y reclamaciones interpuestas en relación al
tratamiento de datos personales en los términos de la Ley Nº 25.326;
c) percibir las tasas que se fijen por los servicios de inscripción y otros
que preste;
d) organizar y proveer lo necesario para el adecuado funcionamiento
del Registro de archivos, registros, bases o bancos de datos públicos y pri-
vados previsto en el artículo 21 de la Ley Nº 25.326;
e) diseñar los instrumentos adecuados para la mejor protección de los
datos personales de los ciudadanos y el mejor cumplimiento de la legisla-
ción de aplicación;
f) homologar los códigos de conducta que se presenten de acuerdo a lo
establecido por el artículo 30 de la ley 25.326, previo dictamen del Consejo
Consultivo, teniendo en cuenta su adecuación a los principios reguladores
del tratamiento de datos personales, la representatividad que ejerza la aso-
ciación y organismo que elabora el código y su eficacia ejecutiva con rela-
ción a los operadores del sector mediante la previsión de sanciones o
mecanismos adecuados.
Artículo 30 - La Dirección Nacional de Protección de Datos Persona-
les alentará la elaboración de códigos de conducta destinados a contribuir,
en función de las particularidades de cada sector, a la correcta aplicación
de las disposiciones nacionales adoptadas por la Ley Nº 25.326 y esta re-
glamentación.
Las asociaciones de profesionales y las demás organizaciones represen-
tantes de otras categorías de responsables o usuarios de archivos, registros,
bases o bancos de datos públicos o privados, que hayan elaborado proyectos
de códigos éticos, o que tengan la intención de modificar o prorrogar códigos
nacionales existentes, podrán someterlos a consideración de la Dirección
Nacional de Protección de Datos Personales, la cual aprobará el ordenamien-
to o sugerirá las correcciones que se estimen necesarias para su aprobación.
496 LUIS R. CARRANZA TORRES
Capítulo VI
Sanciones
Artículo 31 -
1. Las sanciones administrativas establecidas en el artículo 31 de la
ley 25.326 serán aplicadas a los responsables o usuarios de archivos, re-
gistros, bases o bancos de datos públicos, y privados destinados a dar in-
formación, se hubieren inscripto o no en el registro correspondiente.
La cuantía de las sanciones se graduará atendiendo a la naturaleza de
los derechos personales afectados, al volumen de los tratamientos efectua-
dos, a los beneficios obtenidos, al grado de intencionalidad, a la reinciden-
cia, a los daños y perjuicios causados a las personas interesadas y a terceros,
y a cualquier otra circunstancia que sea relevante para determinar el grado
de antijuricidad y de culpabilidad presentes en la concreta actuación
infractora. Se considerará reincidente a quien habiendo sido sancionado
por una infracción a la Ley Nº 25.326 o sus reglamentaciones incurriera
en otra de similar naturaleza dentro del término de tres (3) años, a contar
desde la aplicación de la sanción.
2. El producido de las multas a que se refiere el artículo 31 de la Ley Nº
25.326 se aplicará al financiamiento de la Dirección Nacional de Protec-
ción de Datos Personales.
3. El procedimiento se ajustará a las siguientes disposiciones:
a) La Dirección Nacional de Protección de Datos Personales iniciará
actuaciones administrativas en caso de presuntas infracciones a las dis-
posiciones de la Ley Nº 25.326 y sus normas reglamentarias, de oficio o por
denuncia de quien invocare un interés particular, del Defensor del Pueblo
de la Nación o de asociaciones de consumidores o usuarios.
b) Se procederá a labrar acta en la que se dejará constancia del he-
cho denunciado o verificado y de la disposición presuntamente infrin-
gida.
En la misma acta se dispondrá agregar la documentación acompañada
y citar al presunto infractor para que, dentro del plazo de cinco (5) días
hábiles, presente por escrito su descargo y ofrezca las pruebas que hacen
a su derecho.
Si se tratare de un acta de inspección, en que fuere necesaria una com-
probación técnica posterior a los efectos de la determinación de la presun-
ta infracción y que resultare positiva, se procederá a notificar al presunto
responsable la infracción verificada, intimándolo para que en el plazo de
cinco (5) días hábiles presente por escrito su descargo. En su primera pre-
sentación, el presunto infractor deberá constituir domicilio y acreditar
personería.
PRÁCTICA DEL AMPARO 497
La constancia del acta labrada conforme a lo previsto en este artícu-
lo, así como las comprobaciones técnicas que se dispusieren, constituirán
prueba suficiente de los hechos así comprobados, salvo en los casos en que
resultaren desvirtuados por otras pruebas.
c) Las pruebas se admitirán solamente en caso de existir hechos con-
trovertidos y siempre que no resulten manifiestamente inconducentes.
Contra la resolución que deniegue medidas de prueba sólo se concederá
recurso de reconsideración. La prueba deberá producirse dentro del térmi-
no de diez (10) días hábiles, prorrogables cuando haya causas justificadas,
teniéndose por desistidas aquellas no producidas dentro de dicho plazo por
causa imputable al infractor.
Concluidas las diligencias sumariales, se dictará la resolución defini-
tiva dentro del término de veinte (20) días hábiles.
Artículo 32 - Sin reglamentar.
Capítulo VII
Acción de protección de los datos personales
Artículos 33 a 46 - Sin reglamentar.
11. LEY DE ACCESO A LA INFORMACIÓN PÚBLICA Nº 8803
Derecho de acceso al conocimiento de los actos del Estado
Art. 1º - Toda persona tiene derecho, de conformidad con el principio
de publicidad de los actos de gobierno, a solicitar y a recibir información com-
pleta, veraz, adecuada y oportuna, de cualquier órgano perteneciente a la
Administración Pública provincial, municipal y comunal, centralizada y
descentralizada, de entes autárquicos, empresas y sociedades del Estado,
sociedades anónimas con participación estatal mayoritaria, sociedades de
economía mixta y todas aquellas otras organizaciones empresariales donde
el Estado provincial, las municipalidades o las comunas tengan participa-
ción en el capital o en la formación de las decisiones societarias, del Poder
Legislativo y del Judicial, en cuanto a su actividad administrativa, y del
Defensor del Pueblo, Tribunal de Cuentas, Concejo Económico y Social y
Ministerio Público Fiscal.
Alcances del derecho de acceso a información pública
Art. 2º - Alcances. Se considera como información a los efectos de esta
ley, cualquier tipo de documentación que sirva de base a un acto adminis-
trativo, así como las actas de reuniones oficiales.
Debe proveerse la información contenida en documentos escritos, fo-
tografías, grabaciones, soporte magnético o digital, o en cualquier otro
498 LUIS R. CARRANZA TORRES
formato y que haya sido creada u obtenida por el órgano requerido que se
encuentre en su posesión y bajo su control.
Los límites del acceso a la información
Art. 3º - Límites. No se suministra información:
a) Que afecte la intimidad de las personas, ni bases de datos de domi-
cilios o teléfonos.
b) De terceros que la Administración hubiera obtenido en carácter
confidencial y la protegida por el secreto bancario.
c) Cuya publicidad pudiera revelar la estrategia a adoptarse en la de-
fensa o tramitación de una causa judicial, o de cualquier tipo que resulte
protegida por el secreto profesional.
d) Contenida en notas internas con recomendaciones u opiniones pro-
ducidas como parte del proceso previo a la toma de una decisión de autori-
dad pública que no formen parte de los expedientes.
e) Cuya difusión comprometa la seguridad de la Provincia, la paz y el
orden público.
f) Cuya publicidad pudiera revelar estrategias empresariales.
g) Sobre materias exceptuadas por leyes específicas.
Información parcial
Art. 4º - Información parcial. En caso que exista un documento que
contenga en forma parcial información cuyo acceso esté limitado en los
términos del artículo anterior, debe suministrarse el resto de la informa-
ción solicitada.
Gratuidad
Art. 5º - Gratuidad. El acceso a la información es gratuito en tanto no
se requiera la reproducción de la misma. Los costos de reproducción son
a cargo del solicitante.
Formalidad
Art. 6º - Formalidad. La solicitud de información debe ser realizada por
escrito, con identificación del requirente, sin estar sujeta a ninguna otra
formalidad. No puede exigirse la manifestación del propósito de la requi-
sitoria. Debe entregarse al solicitante de la información una constancia del
requerimiento.
Procedimiento
Art. 7º - Plazos. Toda solicitud de información requerida en los térmi-
nos de la presente ley debe ser satisfecha en un plazo no mayor de diez (10)
días hábiles. El plazo se podrá prorrogar en forma excepcional por otros diez
(10) días hábiles de mediar circunstancias que hagan difícil reunir la in-
formación solicitada. En su caso, el órgano requerido debe comunicar, antes
del vencimiento del plazo de diez (10) días, las razones por las cuales hará
uso de la prórroga excepcional.
PRÁCTICA DEL AMPARO 499
Silencio. Denegatoria. Habilitación de la vía del amparo
Art. 8º - Silencio. Denegatoria. Si una vez cumplido el plazo previsto
en el artículo anterior, la demanda de información no se hubiera satisfe-
cho se considera que existe negativa en brindarla, quedando habilitada la
acción de amparo por mora de la Administración. Si la resolución fuere
denegatoria, procederá la acción de amparo cuando se hubiere resuelto en
exceso de las previsiones del art. 3º o la fundamentación fuere arbitraria,
insuficiente o aparente.
Denegatoria fundada
Art. 9º - Denegatoria fundada. La denegatoria de la información debe ser
dispuesta por un funcionario de jerarquía equivalente o superior a director
general, en forma fundada explicitando la norma que ampara la negativa.
Responsabilidades
Art. 10 - Responsabilidades. El funcionario público o agente responsable
que en forma arbitraria obstruya el acceso del solicitante a la información
requerida, o la suministre en forma incompleta u obstaculice de cualquier
modo el cumplimiento de esta ley, es considerado incurso en falta grave.
Art. 11 - Comuníquese al Poder Ejecutivo.
12. APÉNDICE DE ACUERDOS Y RESOLUCIONES DEL TSJ
12.1. Acuerdo Reglamentario Nº 540, Serie “A”
En ciudad de Córdoba, a seis días del mes de abril del año dos mil, con
la Presidencia de su titular Dr. Domingo Juan Sesin, se reunieron para
resolver los Señores Vocales del Tribunal Superior de Justicia, Doctores
Berta Kaller Orchansky, Hugo Alfredo Lafranconi, Adán Luis Ferrer, Aída
Lucía Teresa Tarditti, y Luis Enrique Rubio, con la intervención del Se-
ñor Fiscal General de la Provincia Dr. Miguel Ángel Ortiz Pellegrini y la
asistencia del Señor Director General de Superintendencia Interino Dr.
Miguel Ángel Depretris, y acordaron:
Y Visto: Lo dispuesto en el art. 4º de la 4915, en orden a la competen-
cia acordada a los jueces de primera instancia para entender en las accio-
nes de amparo.
Y Considerando:
1 - Que en el marco de la atribución conferida por el art. 12, inc. 25, de
la Ley Orgánica del Poder Judicial Nº 8435, corresponde al Tribunal
500 LUIS R. CARRANZA TORRES
Superior de Justicia reglamentar los turnos para la distribución de cau-
sas entre los tribunales con idéntica competencia material y territorial.
2 - El turno judicial constituye un orden interno preestablecido de
distribución de causas, destinado a determinar un reparto equitativo,
ordenado y rígido entre los jueces de un mismo fuero y competencia, a fin
de establecer un equilibrio del trabajo judicial, de manera tal que unos no
se vean sobrecargados de tareas en tanto que otros permanezcan ociosos.
3 - En el caso particular de las acciones de amparo, el legislador local
ha seguido el criterio de la competencia “difusa, desconcentrada y amplia”,
cuando dispone que será competente para conocer en la acción de amparo
el juez de primera instancia, con jurisdicción en el lugar en que el acto se
exteriorice o tuviere o pudiere tener efecto y cualquiera fuera su competen-
cia por materia y que esté de turno. Se diferencia, en nítido contraste, del
diseño de “especialidad” plasmado en la jurisdicción federal, en donde la Ley
16.986 (art. 4º) impone la intervención del magistrado con especialidad en
la materia que haga sustancialmente al amparo judicial; modalidad que
reproduce el derecho procesal constitucional federal en materia de hábeas
corpus (art. 8º de la Ley 23.098).
4 - La amplitud del precepto local y la ausencia de un sistema de tur-
nos entre los tribunales competentes han generado a favor del accionante
la alternativa de escoger, a su criterio y conveniencia, el tribunal que ten-
drá a su cargo la resolución de la causa, opción que no se condice con las ra-
zones de orden y disciplina interna, ni con el criterio de que el ingreso de
causas no es institución disponible para las partes.
La doctrina constitucional, desde los albores mismos del amparo, ha
pergeñado la idea de que “[...] Resulta más objetivo que sea juez competente
el que se halla de turno a la fecha de interposición del amparo, y no uno
cualquiera a elección del actor; ya es suficiente conque éste pueda acudir
ante cualquier fuero; la no observancia del turno nada añade a su favor,
y sí algo en detrimento de la predeterminación del órgano judicial. El
amparo debe incoarse ante el juez predeterminado, es decir, ante el que está
previamente señalado —cualquiera sea— porque ello apareja mayor segu-
ridad de imparcialidad. Es común que de antemano se conozca la posición
de los magistrados con relación a la procedencia o improcedencia del am-
paro, y si bien ello no es de por sí objetable, nos parece que la parte intere-
sada no ha de poder elegir por sí mismo aquél de entre ellos que le parezca
más favorable a su pretensión. El principio del juez natural tiende, preci-
samente, a eliminar la posibilidad de que entienda en el proceso un juez
especialmente designado o escogido para el caso, el juez —en cuanto órga-
no estatal— debe ser anterior y predeterminado a la causa, y el orden del
turno es uno de los modos eficaces de señalar objetivamente con antelación,
PRÁCTICA DEL AMPARO 501
cuál es el que ha de intervenir en el proceso. Se argüirá que en muchos
casos, la parte elige su juez, sea aguardando el momento en que por turno
le cabe entender, o de cualquier otra manera lícita; pero en el amparo ello
no es conveniente, ni en sí mismo justo, ya que por un lado, como antes
dijimos, el autor del acto lesivo —a quien alcanza la sentencia— no se hace
parte en el proceso; y por el otro, carece de posibilidad de recusar, con lo que
la voluntad de otra persona lo emplaza a su arbitrio y opción ante un juez
determinado. Y si bien es innegable que esa determinación procede en lo
fundamental de la competencia preestablecidas, también lo es que resul-
ta provocada especialmente por la parte interesada. A nuestro juicio, queda
así afectada la integridad de la defensa de quien, sin posibilidad de hacer-
se parte en el juicio de amparo, se ve alcanzado por sus efectos. Con la
sujeción al turno, este aspecto se supera” (Derecho de amparo, de Germán
José Bidart Campos, Ediar S.A. Editores, Bs. As., 1961, ps. 304 y ss. A di-
cha posición adhiere Néstor Pedro Sagüés, Acción de amparo, 2ª ed.,
Astrea, Bs. As., 1988, p. 311).
Con esta orientación conceptual, se ha señalado que “[...] Habiendo
jueces competentes por razón del turno, determinados para recibir las
causas que se inician, son ellos los únicos que pueden conocer del amparo
impetrado, y de ninguna manera otro juez, con jurisdicción, pero incom-
petente al efecto. La inobservancia del turno no trae beneficio alguno para
el amparo; en cambio se quiebra la objetividad que significa el juez de turno
mediante la elección por el recurrente de otro magistrado, que trae apare-
jada una discriminación que no podemos decir que beneficie a la justicia
ni a los fines de la acción [...]” (José Luis Lazzarini, El juicio de amparo,
La Ley, Bs. As., 1967, ps. 300 y ss.).
El derecho judicial se ha perfilado en igual sentido, tal como lo demues-
tra la decisión adoptada por la Cámara de Apelaciones del Trabajo de la
Ciudad de Buenos Aires (en pleno) en autos “Sonzini, Osvaldo E. contra
Banco Central de la República Argentina s/ recurso de amparo” (ver De-
recho del Trabajo, t. XXII, p. 74, con nota de Bidart Campos).
5 - El dato estadístico permite orientar las siguientes conclusiones: Los
operadores judiciales han encaminado sus acciones de amparos hacia cier-
tos sectores o parcelas de la magistratura local, existiendo otros en los
cuales, de hecho, no se presentan pretensiones de esa naturaleza. Tal el caso
de los juzgados de familia, electoral, de concursos y sociedades y menores.
Excluirlos del amparo, significará por un lado, aliviarlos en la tarea de alta
especialización, requeridas las más de las veces, por la premura que im-
pone procedimientos de oficio, con plazos perentorios o fatales, situaciones
de alto riego y premura en la decisión. Permitirá que los órganos judicia-
les aborden con exclusividad las competencias materiales propias del fue-
502 LUIS R. CARRANZA TORRES
ro y de desviar su atención hacia cuestiones puntuales en materia de
amparo. Todo ello sin mengua de los derechos de los amparistas desde que,
según ha sido dicho, se trata de juzgados que, de hecho no son elegidos
habitualmente para la promoción de acciones de amparo.
En el caso de los Juzgados de Instrucción (nominación conforme al
A.R.Nº 402/99) dichos órganos judiciales se encuentran compelidos por las
prórrogas para resolver las causas anteriores a la puesta en vigencia in-
tegral del CPP (ley 8123). Eximirlos de la atención y resolución de las
causas de amparos les permitirá abordar con exclusividad la tarea residual,
sin perjuicio de las causas que le corresponda intervenir en días y horas
inhábiles.
6 - Precisados los tribunales excluidos del cronograma interno, se
estima adecuado que el resto de la magistratura habilitada de la Capital
permanezca de turno a los fines de receptar las acciones de amparos pro-
movidas en períodos de siete (7) días corridos por tribunal, con excepción
de los recesos judiciales de enero y julio.
La puesta en marcha del sistema de turnos especiales precisará ade-
más, el orden y modalidad en que los tribunales involucrados se ubicarán
en cada ciclo.
El diagrama de distribución, por último, deberá imponerse con las
adaptaciones de rigor, al resto de los Centros Judiciales de la Provincia.
Por ello y la atribución conferida por el art. 12, inc. 24, de la Ley Or-
gánica del Poder Judicial de la Provincia Nº 8435 en cuanto faculta a este
Cuerpo a “asignar a Tribunales, Salas o Juzgados, dentro de la competen-
cia general atribuida por la Ley y conforme a las necesidades de especia-
lización, competencia excluyente para conocer la materia o materias
determinadas dentro de cada Circunscripción Judicial”.
Se resuelve:
Artículo 1º - Asignar a la Cámaras Contencioso Administrativas, a
los Juzgados en lo Civil y Comercial, de Conciliación y de Control (A.R.Nº
402 Serie “A” del 10-02-98) competencia exclusiva y excluyente para enten-
der en las acciones de amparo reguladas por el Art. 48 de la Constitución
provincial y la Ley 4915.
Los turnos que correspondan a los Juzgados de Control, lo son sin
perjuicio de la actuación por subrogación en días y horas inhábiles de los
Juzgados de Instrucción.
Artículo 2º - Establecer un turno especial de siete (7) días corridos por
tribunal a los fines de la recepción de dichas acciones. Dicho régimen no
será de aplicación durante los recesos de enero y julio.
PRÁCTICA DEL AMPARO 503
Artículo 3º - Disponer que el turno especial para las acciones de
amparo se inicie, por nominación, con el siguiente orden de afectación: a)
Juzgados en lo Civil y Comercial, b) Juzgados de Conciliación, c) Juzgados
de Control y d) Cámaras en lo Contencioso Administrativas.
Artículo 4º - Las Delegaciones de Superintendencia de los restantes
Centros Judiciales de la Provincia, con excepción de aquellos que cuenten
con un solo magistrado actuante, determinarán mediante resolución, un
diagrama de distribución de causas de amparos de conformidad a las pre-
visiones precedentes y a las características de la estructura orgánica lo-
cal. Dicha resolución deberá ser remitida en copia a la Dirección de
Servicios Judiciales.
Artículo 5º - La Dirección de Servicios Judiciales será la autoridad
de aplicación y contralor de las presentes disposiciones.
Deberá confeccionar anualmente los cronogramas de turno pertinen-
tes y distribuirlos a los tribunales y entidades involucradas con el queha-
cer judicial.
Artículo 6º - La presente acordada entrará en vigencia a partir del
02-05-2000.
Artículo 7º - Publíquese en el Boletín Oficial de la Provincia. Comu-
níquese a la Federación de Colegios de Abogados de la Provincia de Córdo-
ba, Colegio de Abogados de Córdoba, a los tribunales involucrados,
Delegaciones de Superintendencia, Dirección de Servicios Judiciales y dése
la más amplia difusión periodística.
8.2. Acuerdo Reglamentario Nº 592, Serie “A”
En la ciudad de Córdoba, a diez días del mes de abril del año dos mil uno,
con la Presidencia de su titular Doctora Berta Kaller Orchansky, se reunie-
ron para resolver los Señores Vocales del Tribunal Superior de Justicia,
Doctores Adán Luis Ferrer, Aída Lucía Teresa Tarditti, María Esther
Cafure de Battistelli, Domingo Juan Sesin y Luis Enrique Rubio, con la in-
tervención del Señor Fiscal General de la Provincia, Dr. Oscar Marcelo
Brito y la asistencia del Director General de Superintendencia Dr. Miguel
Angel Depetris, y acordaron:
Y Visto: La situación planteada en las Circunscripciones Judiciales
del interior de la Provincia con motivo de la aplicación del régimen de turnos
en materia de amparos, en el marco de las previsiones establecidas por
Acuerdo Reglamentario Nº 540 Serie “A” de fecha 06/04/2000 (aclarado
mediante A.R. Nº 548, de fecha 27/06/2000).
504 LUIS R. CARRANZA TORRES
Y Considerando:
1 - Dicha resolución asigna a la Cámaras Contencioso Administrati-
vas, junto a otros tribunales, competencia exclusiva y excluyente para
entender en las Acciones de Amparo reguladas por el Art. 48 de la Consti-
tución Provincial y la Ley 4915 (art. 1º, ib.).
Asimismo, el artículo cuarto de ese cuerpo normativo impone a las
Delegaciones de Superintendencia de los restantes Centros Judiciales de
la Provincia la determinación mediante resolución, de un diagrama de
distribución de causas de Amparos con ajuste a las reglas de competencia
establecidas y a las características de la estructura orgánica local.
2 - Así, pues, es del caso que en las Circunscripciones Judiciales Segun-
da a Décima tienen competencia en materia de Amparo aquellas Cámaras
que simultáneamente la ostentan en otras materias (Civil y Comercial,
Familia y del Trabajo) las que son incluidas en tanto intervienen además
como Cámaras Contencioso Administrativas en función de las previsiones
de las leyes 7182 y 7818. Para esos cometidos judiciales tales órganos
actúan como tribunal de primera instancia, en un pie de igualdad respec-
to de los tribunales unipersonales que integran el sistema de reparto. Dicha
aptitud jurídico procesal ha sido admitida, vale recordarlo, por este Tribunal
Superior de Justicia.
En estas circunstancias, las decisiones emanadas de dichos cuerpos
colegiados determinan inexorablemente la intervención de este Alto Cuerpo
como órgano de alzada. Extremos de tal naturaleza resultan inadecuados
en orden a la celeridad y agilidad que deben presidir la tramitación de los
procesos de Amparo, generando inconvenientes de índole práctico toda vez
que la instancia recursiva obliga al desplazamiento de la causa fuera del
ámbito territorial pertinente, con las consecuentes dificultades y mayores
recaudos que ello obliga.
3 - Por tal razón se impone la corrección de la situación planteada,
disponiendo que en las Circunscripciones Judiciales Segunda a Décima
deberán excluirse del diagrama de distribución de turnos en materia de
Amparo a las Cámaras con competencia en lo Contencioso Administrati-
vo, al tiempo que la Delegación de Superintendencia local deberá ajustar
el cronograma establecido para el presente ejercicio; sin perjuicio de las
actuaciones judiciales cumplidas por aplicación de los Acuerdos Reglamen-
tarios Nº 540 y 548.
Por ello,
Se resuelve:
Artículo 1º - Disponer que en el diagrama de distribución de turnos
en materia de Amparo establecido mediante Acuerdo Reglamentario Nº
PRÁCTICA DEL AMPARO 505
540 del 06-04-2000 y Nº 548 de fecha 27-06-2000, ambos de la Serie “A”,
quedan excluidas en las Circunscripciones Judiciales Segunda a Décima
las Cámaras con competencia en materia Contencioso Administrativa
(ley 7818).
Artículo 2º - Las Delegaciones de Superintendencia de dichos Cen-
tros Judiciales determinarán mediante resolución, un nuevo diagrama de
distribución de causas de Amparo de conformidad a las previsiones prece-
dentes para contemplar en lo que resta del presente ejercicio judicial la
modificación establecida.
Artículo 3º - La presente acordada entrará en vigencia a partir del
02/05/2001; sin perjuicio de las actuaciones judiciales cumplidas por apli-
cación de los Acuerdos Reglamentarios Nº 540 y 548.
Artículo 4º - Publíquese en el Boletín Oficial de la Provincia. Comu-
níquese a la Federación de Colegios de Abogados de la Provincia de Córdo-
ba, a los distintos Colegios de Abogados, a los tribunales y dependencias
involucradas de la Provincia y dése la más amplia difusión interna.
8.3. Acuerdo Reglamentario Nº 609, Serie “A”
En la ciudad de Córdoba, a veinticinco días del mes de junio del año dos
mil uno, con la Presidencia de su titular Doctora Berta Kaller Orchans-
ky, se reunieron para resolver los Señores Vocales del Tribunal Superior
de Justicia, Doctores Hugo Alfredo Lafranconi, Adán Luis Ferrer, Aída Lu-
cía Teresa Tarditti, María Esther Cafure de Battistelli, Domingo Juan
Sesin y Luis Enrique Rubio, con la intervención del Señor Fiscal General
de la Provincia, Dr. Carlos Alberto Baggini y la asistencia del Director Ge-
neral de Superintendencia Dr. Miguel Ángel Depetris y acordaron:
Y Vista: La experiencia recogida con motivo de la implementación del
sistema de turnos en materia de amparos (Acuerdo Reglamentario Nº 540
del 06-04-2000 aclarado por As. Rs. Ns. 548 y 592 de fecha 27-06-2000 y 10-
04-2001, todos de la Serie “A”).
Y Considerando:
1 - Que en el marco de la atribución conferida por el art. 12, inc. 25, de
la Ley Orgánica del Poder Judicial Nº 8435, corresponde al Tribunal
Superior de Justicia reglamentar los turnos para la distribución de cau-
sas entre los tribunales con idéntica competencia material y territorial. Es
de su atributo, además, asignar a Tribunales, Salas o Juzgados, dentro de
la competencia general atribuida por la Ley y conforme a las necesidades
de especialización, competencia excluyente para conocer la materia o
506 LUIS R. CARRANZA TORRES
materias determinadas dentro de cada Circunscripción Judicial (art. 12,
inc. 24, ib.).
2 - La evaluación de la información estadística a disposición de este
Tribunal en la etapa de elaboración de la norma permitió a este Cuerpo
advertir que los operadores judiciales encaminaban sus pretensiones de
amparo hacia ciertos sectores o parcelas de la magistratura local; existien-
do otras en las cuales, de hecho, no se presentan requerimientos de esa na-
turaleza, tales los casos de los juzgados de familia, electoral, de concursos
y sociedades y menores.
El dato actual revela a otros ámbitos jurisdiccionales que afectados
potencialmente a dicho sistema de reparto de la labor judicial, no son re-
queridos por los justiciables, tal el caso, de los tribunales encargados de
control judicial de la función administrativa de los Poderes del Estado
Provincial y demás personas jurídicas públicas o privadas habilitadas.
Excluirlas del amparo, significará por un lado, aliviarlos en la tarea
de alta especialización, requeridas por los altos índices de litigios que ob-
servan, permitiendo que los órganos judiciales aborden con exclusividad
las competencias materiales propias del fuero. Por otro, implicará asimi-
lar el sistema de la Primera Circunscripción Judicial al vigente en todas
las otras, en las cuales las Cámaras con competencia Contencioso Admi-
nistrativa no actúan como tribunales de primera instancia en juicios de
amparo (Acuerdo Nº 592 “A” de fecha 10/04/2001). Ello al margen de la
mayor agilidad operativa de un tribunal unipersonal, que resulta conve-
niente en la atención de casos que a menudo requieren resoluciones urgen-
tes, en horas o días inhábiles.
Todo ello sin mengua de los derechos de los amparistas desde que, según
ha sido dicho, se trata de Tribunales que, de hecho no son elegidos habitual-
mente para la promoción de acciones de amparo.
Por ello y normas legales citadas,
Se resuelve:
Artículo 1º - Modificar el art. 1º del Acuerdo Reglamentario Nº 540
Serie “A” de fecha 06-04-2000 el que quedará redactado de la siguiente
manera: “Asignar a los Juzgados en lo Civil y Comercial, de Conciliación
y de Control del Centro Judicial de la Capital competencia exclusiva y
excluyente para entender en las acciones de amparo reguladas por el Art.
48 de la Constitución provincial y la Ley 4915”.
Artículo 2º - La presente acordada entrará en vigencia a partir del
01-07-2001.
Artículo 3º - Oportunamente formúlese el texto ordenado de las dis-
posiciones en vigencia.
PRÁCTICA DEL AMPARO 507
Artículo 4º -Publíquese en el Boletín Oficial de la Provincia. Co-
muníquese a la Federación de Colegios de Abogados de la Provincia de
Córdoba, Colegio de Abogados de Córdoba, a los tribunales involucrados,
Delegaciones de Superintendencia, Dirección de Servicios Judiciales y dése
la más amplia difusión periodística.
8.4. Acuerdo Reglamentario Nº 612, Serie “A”
En la ciudad de Córdoba, a treinta días del mes de julio del año dos mil
uno, con la Presidencia de su titular Doctora Berta Kaller Orchansky, se
reunieron para resolver los Señores Vocales del Tribunal Superior de
Justicia, Doctores Hugo Alfredo Lafranconi, Adán Luis Ferrer, Aída Lu-
cía Teresa Tarditti, María Esther Cafure de Battistelli, Domingo Juan
Sesin y Luis Enrique Rubio, con la asistencia del Director General de Su-
perintendencia Dr. Miguel Ángel Depetris, y acordaron:
Y Vista: La presentación efectuada por los Señores Vocales inte-
grantes de la Sala Electoral del Tribunal Superior de Justicia, Docto-
res Adán Luis Ferrer, Luis Enrique Rubio y Domingo Juan Sesin, en
la que fundamentan y destacan la conveniencia de que las cuestiones
sometidas a conocimiento de la Sala sean tratadas y resueltas por el
Tribunal en Pleno.
Y Considerando:
Que en efecto, los recursos previstos en materia electoral, amparos y
hábeas data poseen conexión directa con normas constitucionales, razón
por la cual se estima adecuado la presencia plena del Cuerpo, a los fines del
aporte reflexivo y protagónico para abordar y decidir cuestiones que revisten
gran trascendencia institucional.
Por ello,
Se resuelve:
Artículo 1º - Someter a la competencia del Tribunal en Pleno, los
recursos que se deduzcan en materia electoral, amparos y hábeas data; ello
sin perjuicio de la continuidad de la tramitación a través de la Secretaría
y la Relatoría de Sala Electoral, de Competencia Originaria y Asuntos Ins-
titucionales.
Artículo 2º - La presente Acordada entrará en vigencia a partir del
día de la fecha.
Artículo 3º - Publíquese en el Boletín Oficial de la Provincia. Comu-
níquese a la Federación de Colegios de Abogados de la Provincia de Córdo-
508 LUIS R. CARRANZA TORRES
ba, a los distintos Colegios de Abogados, a los tribunales y dependencias
involucradas de la Provincia y dése la más amplia difusión interna.
8.5. Acuerdo Reglamentario Nº 596, Serie “A”
En la ciudad de Córdoba, a dos días del mes de mayo del año dos mil uno,
con la Presidencia de su titular Doctora Berta Kaller Orchansky, se reunie-
ron para resolver los Señores Vocales del Tribunal Superior de Justicia,
Doctores Hugo Alfredo Lafranconi, Adán Luis Ferrer, Aída Lucía Teresa
Tarditti, María Esther Cafure de Battistelli, Domingo Juan Sesin y Luis
Enrique Rubio, con la asistencia del Director General de Superintenden-
cia Dr. Miguel Ángel Depetris, y acordaron:
Y Visto: Que se estima adecuado concentrar en un único ámbito de
actuación, los recursos ordinarios o extraordinarios locales que se deduz-
can ante este Cuerpo, con motivo de la tramitación y resolución de las
distintas incidencias emergentes de las acciones de amparo previstas en
el Art. 48 de la Constitución Provincia y Ley 4915 y sus modificatorias.
Y Considerando:
Que este Tribunal Superior de Justicia cuenta en su estructura de
asistencia jurisdiccional con un ámbito que observa una plena correspon-
dencia y vinculación con el derecho constitucional local, cual es la Relatoría
de la Sala Electoral, de Competencia Originaria y Asuntos Instituciona-
les conformada por Acuerdos Reglamentarios Nº 515 de fecha 28 de sep-
tiembre de 1999 y 526 “A” del 30 de diciembre de igual año. Siendo ello así
corresponde disponer la concentración en dicho ámbito de apoyo de los
recursos emergentes de dichas acciones y en los que deba intervenir este
Cuerpo. Por ello y lo dispuesto por los Arts. 164 de la Constitución Provin-
cial, 10 y 11 inc. 3º de la Ley Orgánica del Poder Judicial Nº 8435,
Se resuelve:
Artículo 1º - Asignar a la Relatoría de Sala Electoral, de Competen-
cia Originaria y Asuntos Institucionales del Tribunal Superior de Justi-
cia la tramitación y resolución de los recursos ordinarios o extraordinarios
locales que se deduzcan ante este Cuerpo emergentes de los procesos de
amparo regulados por la Ley 4915 y sus modificatorias, incluido el Hábeas
data (Art. 43, 3º párrafo de la Constitución Nacional y Art. 50 de la Cons-
titución de la Provincia).
Artículo 2º- Oportunamente, dispóngase la formulación del texto or-
denado de los cometidos a cargo de dicha Relatoría de Sala.
PRÁCTICA DEL AMPARO 509
Artículo 3º - La presente entrará en vigencia a partir del 14 mayo del
corriente año y será de aplicación respecto de las causas ingresadas con
posterioridad a dicha fecha.
Artículo 4º - Publicar el presente acuerdo en el Boletín Oficial de la
Provincia. Comuníquese a la Federación de Colegios de Abogados de la Pro-
vincia de Córdoba, a los distintos Colegios de Abogados y dése la más amplia
difusión interna entre las salas del Cuerpo.
8.6. Acuerdo Reglamentario Nº 597, Serie “A”
En la ciudad de Córdoba, a quince días del mes de mayo del año dos mil
uno, con la Presidencia de su titular Doctora Berta Kaller Orchansky, se
reunieron para resolver los Señores Vocales del Tribunal Superior de
Justicia, Doctores Hugo Alfredo Lafranconi, Adán Luis Ferrer, Aída Lu-
cía Teresa Tarditti, María Esther Cafure de Battistelli, Domingo Juan
Sesin y Luis Enrique Rubio, con la asistencia del Director General de Su-
perintendencia Dr. Miguel Ángel Depetris, y acordaron:
Y Visto: La asignación de competencia atribuida por acuerdo Regla-
mentario Nº 596 Serie “A” de fecha 02-05-2001 y los errores materiales que
se observan en su texto.
Y Considerando:
Que ha sido intención del Cuerpo asignar a la Sala Electoral, de Com-
petencia Originaria y Asuntos Institucionales, con intervención de su
secretaría y relatoría, la tramitación y resolución de los recursos que se
deduzcan en acciones de amparo. Sin embargo, la referencia a la relatoría
de dicha sala que se formula en el acuerdo citado, permite inferir que es sólo
ésta (la relatoría) la que debe abocarse a los casos de amparo, mantenién-
dose la competencia de cada una de las otras salas para la resolución de cada
recurso. Por ello y con el objeto de expresar clara y fielmente el alcance de
la resolución dictada.
Se resuelve:
Artículo 1º - Modificar el art. 1º del Acuerdo Reglamentario Nº 596
- Serie “A” de fecha 02-05-2001 el que quedará redactado de la siguiente
manera: “Asignar a la Sala Electoral, de Competencia Originaria y Asun-
tos Institucionales del Tribunal Superior de Justicia la tramitación y re-
solución de los recursos ordinarios o extraordinarios locales que se deduzcan
ante este Cuerpo emergentes de los procesos de amparo regulados por la Ley
4915 y sus modificatorias, incluido el Hábeas data (Art. 43, 3º párrafo de
la Constitución Nacional y Art. 50 de la Constitución de la Provincia).
510 LUIS R. CARRANZA TORRES
Artículo 2º - Oportunamente, dispóngase la formulación del texto or-
denado de los cometidos a cargo de dicha Sala.
Artículo 3º - Publicar el presente acuerdo en el Boletín Oficial de la
Provincia. Comuníquese a la Federación de Colegios de Abogados de la Pro-
vincia de Córdoba, a los distintos Colegios de Abogados y dése la más amplia
difusión interna entre las salas del Cuerpo.
MODELOS DEL PRESENTACIONES EN EL
PROCESO DE AMPARO
1. DEMANDA DE AMPARO CONTRA ACTOS ESTATALES CON SOLICITUD
DE CAUTELAR
PROMUEVE DEMANDA DE AMPARO. SOLICITA MEDIDA
DE NO INNOVAR. RESERVA CASO FEDERAL
Sr. Juez:
.......... (Nombre), abogado, .......... (datos de la matrícula),
constituyendo domicilio a los efectos procesales de la presen-
te en calle .......... Nº .......... de la ciudad de .........., me presento
a V.S. y respetuosamente digo:
I. PERSONERÍA (se suprime si se está actuando por dere-
cho propio).
Que conforme lo acredito con la copia adjunta, soy apode-
rado de .........., con domicilio legal en calle .........., y en tal carác-
ter solicito ser tenido por parte en los presentes autos.
II. OBJETO
A) Que en legal tiempo y forma, vengo a interponer la pre-
sente acción de amparo, en los términos del art. 43, párrafo se-
gundo, de la Constitución Nacional, y de la ley nacional Nº 16.986
(o ley provincial, según corresponda), contra .........., a fin de evi-
tar el perjuicio inminente respecto de mis derechos y garantías
constitucionales, que su actitud arbitraria e ilegítima me ocasio-
512 LUIS R. CARRANZA TORRES
naría, en razón de los fundamentos que en el punto siguiente
expondré.
B) Asimismo, solicito de V.S. dicte una medida de no inno-
var sobre la cuestión presentada en autos, a fin de evitar la
concreción de una lesión en mis derechos y garantías, en tan-
to V.S. no se expida en la cuestión mediante sentencia.
C) Todo ello, con imposición de costas en los términos de la
ley general de amparo.
III. FUNDAMENTOS DE LA ACCIÓN INTENTADA
III.1. Individualización del sector estatal contra el que se
dirige el amparo.
De acuerdo a lo requerido por el inc. b del art. 6º de la ley
nacional 16.986 (o ley provincial), entiendo que la presente
acción debe ser dirigida contra .........., por emanar de tal orga-
nismo las conductas lesivas de los derechos y garantías que la
Constitución y leyes dictadas en su consecuencia reconocen a
mi parte.
III.2. Relación de los hechos (art. 6º, inc. c, leyes 16.986 o
4915)
(Aquí se detalla la conducta o conductas respecto de las
cuales se solicta el amparo.)
III.3. Arbitrariedad e ilegalidad manifiesta del proceder de
.......... (nombre del organismo estatal)
(Se funda aquí tal causal. Véase al respecto el punto 2.3.2 del
presente.)
III.4. Derechos y garantías de mi parte ya agraviados y de
inminente agravio.
(Se individualizan los derechos afectados, y qué forma re-
viste dicha afectación.)
IV. SOLICITA MEDIDA DE NO INNOVAR
En resguardo de mis derechos constitucionales, y a fin de
evitar mayores perjuicios sobre los mismos, es que solicito a
V.S. que disponga, inaudita parte y de manera previa al acto
procesal del art. 8º de la ley 16.986 (o ley provincial), una me-
dida de no innovar respecto a los hechos de autos, es decir sobre
cualquier aspecto de .......... (conductas objeto del amparo).
(Para fundar el presente, véase capítulo 4 de la obra.)
PRÁCTICA DEL AMPARO 513
Es por todo ello que solicito de V.S., en los términos seña-
lados supra, la imposición de la presente medida provisoria de
protección sobre mis derechos constitucionales ya agraviados,
a fin de evitar ulteriores, serios e inmenentes perjuicios de muy
difícil reparabilidad ulterior, en tanto dure el proceso.
V. OFRECE PRUEBA. ACOMPAÑA DOCUMENTAL
Ofrezco como prueba de lo expresado por mi parte:
1. DOCUMENTAL
2. INFORMATIVA
a) Solicito se oficie a .......... a fin de que remita a este tribu-
nal todas las actuaciones administrativas que obraran en su
poder respecto del tema de autos.
3. TESTIMONIAL
a) .........., de profesión .........., con domicilio en calle .......... de
la ciudad de ..........
De conformidad con lo prescripto en el art. 7º de la ley ge-
neral de amparo, acompaño con la presente la prueba docu-
mental en poder de mi parte individualizada como 1.a); 1.b).
VI. REALIZA RESERVA DE CASO FEDERAL
Atento estar en juego la aplicabilidad y vigencia de cláusu-
las de nivel constitucional (detallar las mismas) es que formu-
lo en la presente reserva de caso federal, en los términos del
art. 14 de la ley nacional 48.
VII. PETITORIO
1)Me tenga por presentado, por acreditada la personería (si
corresponde), y por constituido el domicilio.
2) Admita la presente acción de amparo, imprimiéndole el
trámite de rito a la misma.
3) Tenga por ofrecida la prueba, y acompañada la documen-
tal en poder de mi parte.
4)Inaudita parte, y en forma previa a toda otra medida, en
aseguramiento de la eficacia del proceso y para resguardo de
mis derechos y garantías constitucionales amenazados, decre-
te la medida de no innovar respecto del hecho traído a los pre-
sentes autos.
5)Tenga presente la reserva del caso federal, que introdu-
ce de mi parte la cuestión federal en los presentes autos.
514 LUIS R. CARRANZA TORRES
6)Oportunamente, haga lugar a la presente acción, dispo-
niendo lo necesario a fin de restablecerme en los derechos que
me son propios, y evitar comportamientos lesivos hacia mi parte
por .......... (nombre del organismo estatal), que se aparten del
bloque de legalidad vigente.
7) Imponga las costas en la forma prevista por la legislación
específica.
SERÁ JUSTICIA
Firmas
2. CONTESTA INFORME DEL ART. 8º
CONTESTA DEMANDA DE AMPARO. INFORME DEL
ART. 8º, LEY 16.986
Sr. Juez:
.......... (nombre), abogado, .......... (datos de la matrícula), en
representación del Estado .......... (se individualiza el organis-
mo al que representa), constituyendo domicilio en calle ..........
de esta ciudad, en los autos caratulados: “.......... S/ ACCIÓN DE
AMPARO”, a V.S. me presento y respetuosamente digo:
I. PERSONERÍA
Conforme a la resolución .........., cuya copia debidamente
certificada acompaño, he sido designado apoderado del Esta-
do .........., por lo que solicito ser tenido por parte en los presen-
tes autos en virtud de la ley 17.516 (o su respectiva provincial)
y su decreto reglamentario.
II. OBJETO
En legal tiempo y forma vengo a cumplimentar ante V.S. lo
ordenado en relación a lo normado en el art. 8º de la ley 16.986
(o 4915) en los presentes autos, informado sobre la acción inten-
tada por el actor.
III. INFORME
III.1. ACCIÓN INTENTADA
(Se hacen las consideraciones del caso respecto de la acción
intentada por el actor en cuanto a su procedencia formal.)
PRÁCTICA DEL AMPARO 515
III.2.HECHOS ALEGADOS
(Se delimita la situación fáctica del amparo.)
III.3.ANTECEDENTES RECABADOS
(Se informa aquí sobre todo lo referente a la cuestión del
amparo que se halla en poder de la autoridad estatal, o haya
llegado a su concimiento.)
IV. IMPROCEDENCIA SUSTANCIAL DEL AMPARO IN-
TERPUESTO
(Se rebaten aquí las consideraciones de derecho expuestas
por el actor.)
V. OFRECE PRUEBA
Ofrezco como prueba de lo expresado por mi parte:
1. DOCUMENTAL: 1.a) ..........
2. INFORMATIVA
b) Solicito se oficie a .......... a fin de que remita a este tribu-
nal todas las actuaciones administrativas que obraran en su po-
der respecto del tema de autos.
3. TESTIMONIAL
a) .........., de profesión .........., con domicilio en calle .......... de
la ciudad de ..........
De conformidad con lo prescripto en el art 7º de la ley gene-
ral de amparo, acompaño con la presente la prueba documen-
tal en poder de mi parte individualizada como 1.a); 1.b).
VI. INTRODUCE CUESTIÓN FEDERAL
Atento estar en juego la aplicabilidad y vigencia de cláusu-
las de nivel constitucional (detallar las mismas) es que formu-
lo en la presente reserva de caso federal, en los términos del
art. 14 de la ley nacional 48.
VII. PETITORIO
Por lo antes expuesto, solicito a V.S.
1) Me tenga por presentado, por parte y por constituido el
domicilio legal indicado.
2) Tenga por cumplimentado el informe del art. 8º de la ley
16.986 (o 4915), con el presente escrito de contestación de la ac-
ción impetrada.
3) Tenga por ofrecida la prueba de mi parte y acompañada
la documental.
516 LUIS R. CARRANZA TORRES
4) Se tenga presente la introducción de la cuestión federal
planteada.
5) Oportunamente, rechace el amparo intentado, con costas.
Provea de conformidad
SERÁ JUSTICIA
Firmas
3. INTERPONE RECURSO DE APELACIÓN
INTERPONE RECURSO DE APELACIÓN (art. 15, ley de amparo)
Sr. Juez:
.......... (nombre), abogado, .......... (datos de la matrícula),
constituyendo domicilio a los efectos procesales de la presen-
te en calle .......... Nº .......... de la ciudad de .........., me presento
a V.S. y respetuosamente digo:
I. OBJETO
Que en legal tiempo y forma vengo a interponer recurso de
apelación fundado, en los términos del art. 15 de la ley de
amparo, contra la sentencia de fecha ..../..../.... notificada a mi
parte el día ..../..../...., a las .......... horas.
II. FUNDAMENTOS
(Deben exponerse aquí los agravios por los que se apela, con
fundamentación de los mismos.)
III. MANTIENE CASO FEDERAL
A todo evento, mantenemos la reserva de caso federal
oportunamente introducida en el proceso, en los términos del
art. 14 de la ley 48, para el supuesto de una resolución contra-
ria a los derechos de mi parte, (detallar los derechos afectados),
y consecuentemente acudir a la Corte Suprema de Justicia de
la Nación por la vía del Recurso Extraordinario Federal y por
arbitrariedad.
IV. PETITORIO
Por lo antes expuesto,
PRÁCTICA DEL AMPARO 517
Al Sr. Juez solicito:
1) Tenga por interpuesto y fundado en legal tiempo y forma
el presente recurso de apelación.
2) Tenga presente la reserva federal mantenida.
3) Disponga su elevación al superior en la forma de estilo.
A la Exma. Cámara:
4) Tenga presente la reserva federal mantenida.
5) Oportunamente, revoque en todas sus partes la resolu-
ción apelada, haciendo lugar al amparo solicitado por nuestra
parte.
Proveer de conformidad
SERÁ JUSTICIA
Firmas
4. DEMANDA DE AMPARO POR MORA
4.1. Amparo por mora nacional
PROMUEVE DEMANDA DE AMPARO POR MORA
Sr. Juez:
.......... (nombre del accionante), con domicilio real en calle
.......... Nº .......... de la ciudad de .........., por derecho propio, con
el patrocinio letrado del Dr. .......... (nombre), abogado, ..........
(datos de la matrícula), constituyendo domicilio a los efectos
procesales de la presente en calle .......... Nº .......... de la ciudad
de .........., me presento a V.S. y respetuosamente digo:
Por poder:
.......... (nombre), abogado, .......... (datos de la matrícula),
constituyendo domicilio a los efectos procesales de la presen-
te en calle .......... Nº .......... de la ciudad de .........., me presento
a V.S. y respetuosamente digo:
I. PERSONERÍA (se suprime si se está actuando por dere-
cho propio.)
518 LUIS R. CARRANZA TORRES
Que conforme lo acredito con la copia adjunta, cuya actual
vigencia declaro bajo juramento, soy apoderado de .........., con
domicilio legal en calle .........., y en tal carácter solicito ser te-
nido por parte en los presentes autos.
II. OBJETO
Que en legal tiempo y forma vengo a interponer la presen-
te acción de amparo por mora, en los términos del art. 43 de la
Constitución Nacional, y de la ley Nº 19.549, a fin de que V.E.
condene al .......... (autoridad que debe dictar el acto), con do-
micilio legal en calle .......... Nº .......... de la ciudad de .........., a
expedirse sobre .......... (cáracter de la petición o reclamo), ar-
ticulada por mi parte.
III. HECHOS
(Aquí debe hacerse una relación circunstancia de lo solici-
tado y de la conducta omisiva de parte de la Administración.)
IV. OFRECE PRUEBA. ACOMPAÑA DOCUMENTAL
Ofrezco como prueba de lo expresado por mi parte:
1. DOCUMENTAL: expte. administrativo Nº .........., que
adjunto.
Pedido de pronto despacho del ..../..../...., que adjunto.
2. INFORMATIVA
c) Solicito se oficie a .......... a fin de que remita a este tribu-
nal todas las actuaciones administrativas que obraran en su
poder respecto del tema de autos.
3. TESTIMONIAL
a) .........., de profesión .........., con domicilio en calle .......... de
la ciudad de ..........
V. DERECHO
Fundamento el derecho que asiste a mi parte en lo dispues-
to por la ley 19.549 de procedimiento administrativo federal.
VI. PETITORIO
1)Me tenga por presentado, por acreditada la personería (si
corresponde), y por constituido el domicilio.
2)Admita la presente acción de amparo, imprimiéndole el
trámite de rito a la misma.
3) Tenga por ofrecida la prueba, y acompañada la documen-
tal en poder de mi parte.
PRÁCTICA DEL AMPARO 519
4) Oportunamente, haga lugar a la presente acción, dictan-
do pronto despacho para que se expida respecto del objeto del
presente el demandado, con costas.
Proveer de conformidad
SERÁ JUSTICIA
Firmas
4.2. Amparo por mora provincial
PROMUEVE DEMANDA DE AMPARO POR MORA
Excma. Cámara:
.......... (nombre del accionante), DNI Nº .........., estado civil
.........., con domicilio real en calle .......... Nº .......... de la ciudad
de .........., por derecho propio, con el patrocinio letrado del Dr.
.......... (nombre), abogado, .......... (datos de la matrícula), cons-
tituyendo domicilio a los efectos procesales de la presente en
calle .......... Nº .......... de la ciudad de .........., me presento a V.S.
y respetuosamente digo:
Por poder:
.......... (nombre), abogado, .......... (datos de la matrícula),
constituyendo domicilio a los efectos procesales de la presen-
te en calle .......... Nº .......... de la ciudad de .........., me presento
a V.S. y respetuosamente digo:
I. PERSONERÍA (se suprime si se está actuando por dere-
cho propio.)
Que conforme lo acredito con la copia adjunta, soy apode-
rado de .........., con domicilio legal en calle .........., y en tal carác-
ter solicito ser tenido por parte en los presentes autos.
II. OBJETO
Que en legal tiempo y forma, vengo a interponer la presente
acción de amparo por mora, en los términos del art. 52 de la
Constitución Provincial, y de la ley Nº 8508, a fin de que V.E.
condene al .......... (autoridad que debe dictar el acto), con domi-
cilio legal en calle .......... Nº .......... de la ciudad de .........., a ex-
520 LUIS R. CARRANZA TORRES
pedirse sobre .......... (cáracter de la petición o reclamo), articu-
lada por mi parte.
III. FUNDAMENTOS DE LA ACCIÓN INTENTADA
III.1. Deber omitido por la administración
(Debe ser una relación circunstancia: art. 5º, inc. 2, de la ley
de amparo por mora. Véase respecto a ello lo dicho en los capí-
tulos 7 y 8 de la segunda parte de la obra.)
III.2. Derecho subjetivo (o interés legítimo) afectado
(Se individualizan los derechos o intereses afectados, y qué
forma reviste dicha afectación.)
IV. OFRECE PRUEBA. ACOMPAÑA DOCUMENTAL
Ofrezco como prueba de lo expresado por mi parte:
1. DOCUMENTAL
2. INFORMATIVA
d) Solicito se oficie a ................. a fin de que remita a este
tribunal, todas las actuaciones administrativas que obraran en
su poder respecto del tema de autos.
3. TESTIMONIAL
a) .........., de profesión .........., con domicilio en calle .......... de
la ciudad de ..........
De conformidad con lo prescripto en el art. 9º de la ley de
amparo por mora, acompaño con la presente la prueba documen-
tal en poder de mi parte, individualizada como 1.a); 1.b); 1.c).
V. PETITORIO
1) Me tenga por presentado, por acreditada la personería
(si corresponde), y por constituido el domicilio.
2)Admita la presente acción de amparo, imprimiéndole el
trámite de rito a la misma.
3)Tenga por ofrecida la prueba, y acompañada la documen-
tal en poder de mi parte.
4)Oportunamente, haga lugar a la presente acción, dictan-
do pronto despacho para que el demandado se expida respec-
to del objeto del presente.
5)Imponga las costas en la forma prevista por la legislación
específica.
Proveer de conformidad
SERÁ JUSTICIA
Firmas
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ÍNDICE
Presentación ........................................................................................ 9
Prefacio a la segunda edición ............................................................ 11
Prefacio a la primera edición ............................................................ 13
INTRODUCCIÓN
EL AMPARO COMO GARANTÍA GENERAL
DE LOS DERECHOS
1. DERECHOS Y GARANTÍAS ..................................................................... 15
2. EVOLUCIÓN DEL AMPARO EN EL DERECHO ARGENTINO ............................ 17
3. SUBSISTENCIA O NO DE LAS LEYES DE AMPARO
POSTERIORES A LA REFORMA CONSTITUCIONAL ...................................... 18
4. EL AMPARO EN EL DERECHO COMPARADO E INTERNACIONAL ..................... 19
5. AMPARO GENERAL Y AMPAROS ESPECIALES ............................................ 24
6. EL FUTURO DEL AMPARO .................................................................... 24
PRIMERA PARTE
ACCIÓN GENERAL DE AMPARO
(NACIONAL Y PROVINCIAL)
1. CARACTERIZACIÓN DEL INSTITUTO ........................................................ 31
1.1. Concepto de amparo .............................................................. 31
1.2. Fundamento constitucional del amparo ................................ 32
1.3. Naturaleza jurídica del amparo ............................................ 33
1.4. Caracteres del amparo .......................................................... 37
1.5. Amparo nacional, amparos provinciales. Ámbitos
de aplicación de los mismos .................................................... 40
1.6. Selección de jurisprudencia ................................................... 41
536 LUIS R. CARRANZA TORRES
2. SU OBJETO Y CONDICIONES DE EJERCICIO ............................................. 45
2.1. Presupuestos sustanciales para el amparo ........................... 45
2.2. Acto u omisión ....................................................................... 45
2.3. Características que debe revestir la conducta agraviante .... 46
2.3.1. Lesión, restricción, alteración o amenaza ..................... 46
2.3.2. Arbitrariedad o ilegalidad manifiesta ........................... 47
2.3.3. Actualidad o inminencia ............................................... 49
2.4. Alcance del concepto de autoridad pública ............................ 49
2.5. Naturaleza de los derechos protegidos. Jerarquía ................. 50
2.5.1. Constitucionales ............................................................ 51
2.5.2. Derechos subconstitucionales supralegales ................... 52
2.5.3. Derechos subconstitucionales de origen legal ............... 54
2.5.4. Derechos especialmente contemplados .......................... 54
2.5.5. Derechos de incidencia colectiva (colectivos y difusos) .. 55
2.6. Supuestos de improcedencia .................................................. 56
2.6.1. Existencia de otras vías o remedios .............................. 56
2.6.2. Actos judiciales y en virtud de la ley de defensa
nacional .............................................................................. 59
2.6.3. Si comprometiera servicios públicos y actividades
esenciales del Estado ........................................................... 61
2.6.4. Necesidad de mayor amplitud de debate y prueba
y de declarar la inconstitucionalidad de normas ................ 64
2.6.5. Interposición fuera del plazo de quince días hábiles
a partir de cometido o que debió cometerse el acto ............. 66
2.7. El amparo y el estado de sitio u otros estados
de emergencia ......................................................................... 68
2.8. El amparo general en el orden provincial ............................. 71
2.9. Selección de jurisprudencia ................................................... 73
3. LEGITIMACIÓN Y COMPETENCIA ......................................................... 113
3.1. Bilateralidad o unilateralidad ............................................. 113
3.2. Legitimación activa ............................................................. 115
3.2.1. Damnificado ................................................................ 117
3.2.2. Organizaciones de bien público ................................... 120
3.2.3. Legitimación respecto de derechos difusos .................. 122
3.2.4. Defensor del Pueblo ..................................................... 126
3.3. Pluralidad de actores .......................................................... 129
3.4. Apoderados .......................................................................... 129
3.5. Gestores sin personería ....................................................... 130
3.6. El Estado como actor en el amparo ..................................... 131
3.7. Terceros .............................................................................. 132
PRÁCTICA DEL AMPARO 537
3.8. Legitimación pasiva ............................................................ 133
3.9. Intervención del Ministerio Público .................................... 134
3.10. Competencia ...................................................................... 135
3.11. Cuestiones de competencia ................................................ 137
3.12. Recusación sin causa y cuestiones previas ........................ 137
3.13. Legitimación en el orden provincial .................................. 139
3.14. Competencia en el orden provincial ................................... 139
3.15. Selección de jurisprudencia ............................................... 145
4. MEDIDAS CAUTELARES POSIBLES ....................................................... 171
4.1. Relación entre el amparo y las cautelares .......................... 171
4.2. Amparo y remisión a la legislación procesal común.
Importancia del tópico ........................................................... 175
4.3. Cautelares explícitas y cautelares implícitas ...................... 175
4.4. Solicitud y despacho ............................................................ 179
4.5. Presupuestos ....................................................................... 181
4.6. Apelabilidad de las cautelares ............................................. 185
4.7. Selección de jurisprudencia ................................................. 190
5. DEMANDA, INFORME Y PRUEBA .......................................................... 201
5.1. Forma y condiciones de la demanda ................................... 201
5.2. La tasa de justicia en el amparo federal ............................. 202
5.3. La tasa de justicia en el amparo provincial ........................ 203
5.4. Incidentes y recurso de reposición ....................................... 203
5.5. Aceptación o desestimación jurisdiccional .......................... 205
5.6. Informe circunstanciado ..................................................... 208
5.7. Prueba ................................................................................. 210
5.7.1. Disposiciones generales ............................................... 211
5.7.2. Audiencia .................................................................... 212
5.7.3. Incomparecencia a la audiencia .................................. 213
5.8. La caducidad o perención de instancia en el amparo .......... 214
5.9. Selección de jurisprudencia ................................................. 216
6. SENTENCIA, RECURSOS Y COSTAS ....................................................... 231
6.1. Sentencia ............................................................................. 231
6.2. Recursos de apelación y queja ............................................. 233
6.3. Recurso extraordinario ante la Corte Suprema .................. 240
6.4. Situación del depósito previo en las quejas por amparo ...... 243
6.5. Vía extraordinaria provincial .............................................. 244
6.6. La cosa juzgada en el amparo ............................................. 246
6.7. Costas del amparo ............................................................... 248
538 LUIS R. CARRANZA TORRES
6.8. La regulación de honorarios en el amparo .......................... 250
6.9. Normas subsidiarias ........................................................... 252
6.10. Selección de jurisprudencia ............................................... 252
SEGUNDA PARTE
AMPAROS ESPECIALES
7. AMPARO POR MORA DE LA ADMINISTRACIÓN NACIONAL ........................... 293
7.1. Objeto perseguido ................................................................ 293
7.2. Naturaleza y fundamento ................................................... 294
7.3. El amparo por mora respecto de otras vías procesales ........ 295
7.4. Procedencia ......................................................................... 295
7.5. Legitimación ....................................................................... 296
7.6. Plazos .................................................................................. 297
7.7. Demanda. Contenido ........................................................... 297
7.8. Procedimiento ..................................................................... 298
7.9. Sentencia ............................................................................. 299
7.10. Selección de jurisprudencia nacional ................................ 301
8. EL AMPARO POR MORA EN LA PROVINCIA DE CÓRDOBA .......................... 307
8.1. Caracterización ................................................................... 307
8.2. Procedencia. Legitimación activa.
Cuestión de los intereses difusos ........................................... 309
8.3. Legitimación pasiva ............................................................ 311
8.4. Supuesto de inadmisibilidad ............................................... 311
8.5. Competencia. Crítica de la doctrina .................................... 312
8.6. Requisitos de la demanda .................................................... 314
8.7. Examen de admisibilidad .................................................... 315
8.8. Citación y pedido de informe. Participación o no
en el juicio por parte de la Administración ........................... 316
8.9. Improcedencia de cuestiones previas, incidentales
y recusación sin causa .......................................................... 317
8.10. Prueba ............................................................................... 317
8.11. Sentencia. Contenido de la misma. Costas ........................ 317
8.12. Vía recursiva ..................................................................... 318
8.12.1. Recurso de casación ................................................... 319
8.12.2. Recurso de revisión ................................................... 323
8.12.3. Recurso de inconstitucionalidad ................................ 324
8.12.4. Recurso de queja por denegación del recurso ............ 325
8.13. Perentoriedad. Impulso procesal ....................................... 326
8.14. Normas supletorias ........................................................... 327
PRÁCTICA DEL AMPARO 539
8.15. Norma transitoria ............................................................. 327
8.16. Selección de jurisprudencia sobre el amparo
por mora provincial ............................................................... 328
9. AMPARO PREVISIONAL ............................................................. 349
9.1. Ley 23.473 ........................................................................... 349
9.2. Ley 24.463 ........................................................................... 350
9.3. Fundamento y naturaleza ................................................... 350
9.4. Requisitos de admisibilidad ................................................. 351
9.5. Procedimiento ..................................................................... 352
9.6. Orden provincial ................................................................. 352
9.7. Selección de jurisprudencia ................................................. 352
10. AMPARO POR MORA TRIBUTARIA ........................................................ 355
10.1. Caracterización ................................................................. 355
10.2. Amparo de la ley 11.683 .................................................... 357
10.3. Amparo por mora contra la Administración Nacional
de Aduanas ............................................................................ 359
10.4. Procedimiento ................................................................... 359
10.5. Amparo por mora del fisco provincial ................................ 361
10.6. Selección de jurisprudencia ............................................... 363
11. AMPARO CONTRA ACTOS DE PARTICULARES ......................................... 371
11.1. Orden nacional .................................................................. 371
11.2. Procedencia. Legitimación ................................................ 373
11.3. Trámite del amparo .......................................................... 374
11.4. Orden provincial. Remisión ............................................... 376
11.5. Selección de jurisprudencia ............................................... 377
12. AMPAROS ELECTORALES ................................................................. 381
12.1. Naturaleza especial ........................................................... 381
12.2. Condición de elector ........................................................... 381
12.3. Amparo de derechos electorales ......................................... 382
12.4. Amparo por retención de documento cívico ....................... 383
12.5. Procedimiento ................................................................... 384
12.6. El amparo electoral en Córdoba ........................................ 385
12.7. Selección de jurisprudencia ............................................... 387
13. AMPARO GREMIAL .......................................................................... 391
13.1. Generalidades .................................................................... 391
13.2. Amparo tutela ................................................................... 392
540 LUIS R. CARRANZA TORRES
13.2.1. Naturaleza ................................................................ 392
13.2.2. Procedimiento ........................................................... 392
13.3. Amparo exclusión .............................................................. 394
13.3.1. Naturaleza ................................................................ 394
13.3.2. Procedimiento ........................................................... 395
13.4. El amparo sindical en el orden provincial ......................... 396
13.5. Selección de jurisprudencia ............................................... 397
14. HÁBEAS DATA A NIVEL NACIONAL ..................................................... 403
14.1. La persona humana y sus datos ....................................... 403
14.2. Conformación del concepto jurídico de intimidad .............. 406
14.3. De la intimidad clásica al derecho de acceso y control
de los propios datos ............................................................... 411
14.4. Contenido del concepto ...................................................... 418
14.5. Un novel instrumento de protección ................................. 419
14.6. Naturaleza y limitaciones ................................................. 420
14.7. Objeto del hábeas data ...................................................... 422
14.8. Legitimación ..................................................................... 426
14.9. Procedimiento ................................................................... 429
14.10. Selección de jurisprudencia nacional ............................... 431
15. EL HÁBEAS DATA PROVINCIAL .......................................................... 437
15.1. La cuestión del hábeas data a nivel provincial ................. 437
15.2. El hábeas data en la provincia de Córdoba.
Caracterización general ........................................................ 438
15.3. Recepción de la acción en la jurisprudencia local .............. 442
15.4. Legislación local en relación al tema308 ........................... 444
15.5. La regulación posible del instituto .................................... 446
15.6. Selección de jurisprudencia provincial .............................. 449
APÉNDICE NORMATIVO
1. NORMAS CONSTITUCIONALES (NACIONAL Y PROVINCIAL) SOBRE AMPARO ... 453
1.1. Constitución Nacional ......................................................... 453
1.2. Constitución de la Provincia de Córdoba ............................. 454
2. EXPOSICIÓN COMPARATIVA. LEY NACIONAL DE AMPARO - LEY
PROVINCIAL DE AMPARO ................................................................... 455
3. AMPARO POR MORA .......................................................................... 460
3.1. Nacional (art. 28, ley 19.549, mod. 21.686) ........................ 460
3.2. Provincial (ley 8508 de acción de amparo por mora
de la Administración) ............................................................ 460
PRÁCTICA DEL AMPARO 541
4. OTRAS NORMAS REFERIDAS AL AMPARO ............................................... 463
4.1. En el orden nacional (ley 21.839, mod. 24.432) ................... 463
4.2. En el orden provincial ......................................................... 463
5. AMPARO ELECTORAL ........................................................................ 463
5.1. Amparo electoral nacional ................................................... 463
5.2. Amparo electoral provincial ................................................ 464
6. AMPARO SINDICAL ........................................................................... 464
7. AMPARO TRIBUTARIO ........................................................................ 466
7.1. En el orden nacional ........................................................... 466
7.2. En el orden provincial ......................................................... 467
8. LEY DE PROTECCIÓN DE DATOS PERSONALES Nº 25.326 .................... 467
9. DECRETO PROMULGACIÓN Y VETO PARCIAL DE LA LEY DE PROTECCIÓN
DE DATOS PERSONALES ................................................................... 483
10. REGLAMENTACIÓN DE LA LEY DE PROTECCIÓN DE DATOS PERSONALES ... 485
11. LEY DE ACCESO A LA INFORMACIÓN PÚBLICA Nº 8803 ...................... 497
12. APÉNDICE DE ACUERDOS Y RESOLUCIONES DEL TSJ .......................... 499
12.1. Acuerdo Reglamentario Nº 540, Serie “A” ......................... 499
12.2. Acuerdo Reglamentario Nº 592, Serie “A” ......................... 503
12.3. Acuerdo Reglamentario Nº 609, Serie “A” ......................... 505
12.4. Acuerdo Reglamentario Nº 612, Serie “A” ......................... 507
12.5. Acuerdo Reglamentario Nº 596, Serie “A” ......................... 508
12.6. Acuerdo Reglamentario Nº 597, Serie “A” ......................... 509
MODELOS DEL PRESENTACIONES
EN EL PROCESO DE AMPARO
1. DEMANDA DE AMPARO CONTRA ACTOS ESTATALES CON SOLICITUD
DE CAUTELAR ................................................................................. 511
2. CONTESTA INFORME DEL ART. 8º ....................................................... 514
3. INTERPONE RECURSO DE APELACIÓN ................................................... 516
4. DEMANDA DE AMPARO POR MORA ....................................................... 517
4.1. Amparo por mora nacional .................................................. 517
4.2. Amparo por mora provincial ............................................... 519
BIBLIOGRAFÍA ..................................................................................... 521
Se terminó de imprimir en el mes de marzo de 2004,
en los talleres de Multi Graf,
Argensola 1942 de la ciudad de Córdoba.