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El Silencio: Lenguaje y Comunicación

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El «SILENCIO»: juego de lenguaje

Francesc Torralba – EUSS, 7 de octubre 2009


Según Ludwig Wittgenstein, filósofo e ingeniero austríaco (1889-1951), el SILENCIO es una
modalidad del lenguaje, nos permite decir o mostrar estados de ánimo, deseos, sentimientos...
que no podríamos expresar con palabras. El hombre para comunicarse, aparte de la palabra,
puede usar el silencio en muchas y diversas situaciones. No es lo mismo “decir” que “mostrar”
y matiza:

Decir: el hombre puede “decir” muchas cosas a lo largo de la vida, pero tiene
muchas vivencias que no puede “decir”, el “decir” le es insuficiente.
Por ejemplo: en el enamoramiento; en la muerte de alguien amado.

Mostrar: nos ayuda en aquellos estados de ánimo que no podemos “decir” y que
podemos “mostrar” a través del arte, la música, la poesía, la pintura.
Otro filósofo, Martin Heidegger (1889-1976), en su obra “Ser y tiempo” también habla sobre las
cualidades del SILENCIO y dice que con el SILENCIO, a veces, expresamos mucho más que con
muchas palabras. El SILENCIO es muy significativo, es muy relevante.
Erich Fromm hablaba del “exilio del SILENCIO”. El olvido del SILENCIO es la pobreza, la
indigencia de nuestro tiempo. Marginarlo es una pérdida extraordinaria...

Hoy estamos en la sociedad del “ruido” y tenemos que preguntarnos ¿“Por qué es tan sumamente
grave el exilio del SILENCIO” en la vida contemporánea? ¿“Qué aporta el SILENCIO”?

La pedagogía ha centrado su interés en la articulación de la palabra: en la escuela se aprende a


leer y escribir, es decir, se aprende a interpretar la realidad a través de signos lingüísticos, y
a utilizar estos signos para manifestar la propia perspectiva de lo real (a construir a través
del verbo una realidad ficticia e imaginaria).

El SILENCIO es el gran ausente de la pedagogía. No se contempla ni como instrumento de


comunicación, ni como experiencia fundamental del ser humano. La escuela no enseña la
riqueza inherente al silencio. En el aula no se aprende a callar, ni a compartir la experiencia
de silencio con los compañeros. Hay que reivindicar un lugar y un espacio para al silencio.

RAZONES para vivir y fomentar el SILENCIO


1.- Es el prolegómeno de toda palabra SIGNIFICATIVA.
La palabra que no proviene del silencio no pesa, no es significativa, no dice nada...
como decimos comúnmente: “habla mucho pero no dice nada”.
Para “decir” alguna cosa se tiene que haber practicado mucho silencio.
- el silencio es la cuna de la palabra... sólida y firme;
- el silencio es la fuente del discurso con sentido... coherente y revelador.
Lao-Tsé: “Quien sabe, calla”. (¡quizá porque ya ha sido “dicho”!)
Jesús antes de sus 3 años de prédica (Palabra), estuvo “40 días” en el desierto.
Pitágoras exigía “5 años” de silencio a quien quería estudiar con él...
Después del silencio la palabra es más importante..., tiene más fuerza, es consistente.
2.- Es la condición de la posibilidad de la ESCUCHA. Es “conditio sine qua, non”.
Y ¿por qué debo escuchar?... Porque la escucha es la única posibilidad para “crecer”:
Somos, gracias a lo que hemos escuchado. -a nuestra madre; -a los maestros; etc
Sin silencio no hay ESCUCHA, y sin escucha no hay DIÁLOGO.
El diálogo es la alternancia de silencio y palabra.
Los cuatro fundadores del diálogo son: Sócrates, Jesús, Confucio y Buda.
Los grandes maestros, siempre “escuchan”..., porque practican el silencio.

3.- Es la condición de la posibilidad de (fruición de) CONTEMPLACIÓN.


No se puede gozar de un cuadro, de un paisaje…, sin silencio.
Material 1_S2 – El silencio: juego de lenguaje
Aristóteles contempla el mundo porque ha hecho silencio y en este silencio es donde
nacen “infinitas” preguntas. Preguntas que son reflexiones ligadas al acto
contemplativo..., y éste pide silencio.
Contemplar un cuadro pide silencio-contemplación y, entonces, se entra en el cuadro, y,
entonces, “el cuadro y yo somos uno”.
El olvido -crisis- de silencio hace que no podamos gozar: -gozamos con menos intensidad;
-vivimos con menos intensidad.
Tenemos que aprender a “maravillarnos”, tenemos que aprender, pues, el silencio.
La autocontemplación silenciosa está llena de misterio. La visión prolongada de uno
mismo ante un espejo nos absorbe completamente. Uno tiene la sensación de estar
totalmente perdido y abandonado en el mundo, de no conocerse en lo más mínimo,
de ser un extraño para sí mismo. La mirada silenciosa y prolongada sobre el
propio rostro nos desnuda totalmente, depura las máscaras, los maquillajes sociales
y nos re-encontramos desnudos ante la propia identidad personal. Este
re-encuentro a través del espejo produce una sensación de vértigo. Entonces la
pregunta “¿QUIÉN SOY YO?” repica con contundencia en la intimidad del YO.

4.- Es la condición de la posibilidad de VALORACIÓN y de DISCERNIMIENTO.


Silencio y “discontinuidad”: el silencio abre una “PARADA en el tiempo”.
Yo... “puedo” valorar (¡otra cosa es que lo haga!), pero sin silencio no puede haber
valoración. - el PASADO -
Huimos del silencio por “miedo” a valorar, descubrir que yo no soy buen padre…
Huimos de toda valoración negativa: - y, por tanto, no podemos “rectificar”.
Yo... “puedo” discernir (¡otra cosa es que lo haga!), pero sin silencio no puede haber
discernimiento. - el FUTURO -
Necesito de la PARADA del silencio para: - poder “explorar” el futuro, y así
- poder ejercer la LIBERTAD.
Los jóvenes, en la “encrucijada” del DECIDIR:
¿Qué debo hacer de mi vida, la única que tengo? Necesito SILENCIO.
En el SILENCIO se dan valoración del pasado y discernimiento del futuro.

5.- Es un juego de lenguaje que expresa profunda COMUNIÓN con el otro.


El silencio se hace “violento” con los desconocidos y “rico” con los seres queridos.
El silencio tiene la impresionante cualidad de poder decir alguna cosa a una
persona de gran confianza sin mediar palabras.
El silencio del corazón (amor) es silencio de “plenitud”: “no es necesario decir nada, ya nos
entendemos”: - un beso; - un abrazo; - los cuidados paliativos terminales.
Y uno se da cuenta del poder significativo que tiene el silencio.
El silencio expresa COMUNIÓN; expresa EMPATÍA.
El silencio permite ver la red de relaciones humanas desde otra perspectiva, desde el
punto de mira más profundo y enigmático.
Bonhoeffer: “Después de ’un período de silencio, nos situamos frente al otro de
una manera completamente nueva”: - la esposa se nos revela como interrogante...;
- el amigo de siempre, como una pregunta sin respuesta...
El misterio nunca se revela en la exterioridad, sino sólo en la interioridad del individuo.

6.- Es el prolegómeno del acto de PENSAR... FILOSOFAR. La METAFÍSICA.


Todo ser humano está llamado a ser filósofo... pensador (lo vemos ya en el niño).
1- Porque el silencio es experiencia de “vértigo”.
Es inquietante, suscita muchas preguntas.
2- Porque el silencio es un “campo de interrogación” sin límite.
Es fuente de preguntas inagotable
Como mecanismo de defensa uno prefiere huir. (¡mal asunto!)
El verdadero silencio, tarde o temprano, suscita “LA” pregunta: el SENTIDO
- el pasmo; - el misterio; - la sorpresa...
El silencio - “pone en movimiento” la maquinaria del pensar.
- “hace aparecer” preguntas que merecen una respuesta.
Material 1_S2 – El silencio: juego de lenguaje
7.- Es la condición de la posibilidad de la EXPERIENCIA RELIGIOSA.
De lo SAGRADO; de DIOS.
Del silencio: interioridad, angustia, temor, MISTERIO, divinidad...
El silencio - es la condición de escucha de “la” Palabra.
- es experiencia que puede propiciar un “encuentro”.
- es la ocasión propicia para abrirse al “transcendente”... a Dios.
Quien ha hecho experiencia de Dios, ha practicado el silencio.

Material 1_S2 – El silencio: juego de lenguaje

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