EDUCACIÓN INCLUSIVA Actividad 5
Responsabilidad de
Universidades y Normales
Introducción
Uno de los grandes retos actuales de las sociedades modernas en materia de educación y
derechos humanos es el prevenir, evitar o superar la discriminación, rechazo o exclusión de
las personas con una condición de neurodesarrollo o una característica especial. En este
sentido, aunque se sabe que falta mucho camino por recorrer, se tiene mayor conciencia de
que las personas con limitaciones físicas o mentales pueden desarrollar sus capacidades y
potenciales más allá de las creencias o perjuicios que puedan tenerse.
En ese sentido, ¿cuál es la responsabilidad en materia de inclusión educativa que tienen las
universidades y escuelas normales?
Desarrollo
El derecho a la educación y sus distintos modelos han sido una lucha y una conquista de la
humanidad, así encontramos que los tratados de derechos humanos consagran la educación
como el derecho que garantiza el disfrute en igualdad de condiciones con los demás
derechos. Por esto la Declaración Universal de los Derechos Humanos afirma: “Los pueblos
de las Naciones Unidas han reafirmado en la Carta su fe en los derechos fundamentales del
hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana y en la igualdad de derechos de
hombres y mujeres;”
La educación desarrolla el valor, principio y derecho material de la igualdad, ya que en la
medida que la persona tenga igualdad de posibilidades educativas, tendrá igualdad de
oportunidades en la vida para su realización.
La educación inclusiva, como proceso ineludible en la sociedad, se viene implementando
paulatinamente y reconociéndose por la mayoría de los países del orbe, tanto jurídica, como
doctrinal y jurisprudencialmente. En el ámbito internacional, la legislación sobre la
discapacidad señala planteamientos específicos en relación con los derechos y deberes de
las personas con discapacidad, lo mismo que regulaciones para prevenirla, brindar atención
y generar condiciones de integración social, para superar cualquier forma de discriminación.
La idea de una educación inclusiva ha sido adoptada por organismos como la Organización
de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), que se refleja en
el desarrollo de estrategias que posibiliten una auténtica igualdad de oportunidades.
La educación superior es entendida como "un servicio público que puede ser ofrecido tanto
por el Estado como por particulares, y se realiza con posterioridad a la educación media o
secundaria y tiene por objeto el pleno desarrollo de los alumnos y su formación académica
o profesional".
A este nivel educativo deben tener posibilidades de acceso todas las personas sin distingos;
por esto, la falta de condiciones flexibles y adaptables en las instituciones educativas, hace
que surja la necesidad imperante de implementar procesos de educación inclusiva en la
educación superior: "Las personas con discapacidad -como las normales- no son iguales
entre sí sino que tienen necesidades muy distintas que deberán ser evaluadas, y
compensadas por el centro educativo haciendo uso de recursos e instrumentos varios". Para
ello es necesario fortalecer los procesos de educación inclusiva y las políticas y lineamientos
institucionales de inclusión de las personas con diversidad funcional en las IES,
propendiendo por incluir en ellos un enfoque diferencial.
Algunas propuestas de apoyo a la inclusión educativa con este enfoque diferencial son
innovaciones a los programas regulares que se vienen implementando con el fin de atender
las necesidades educativas individuales de este grupo poblacional vulnerable dentro de las
IES.
Ahora bien, el reto es complejo, y en la actualidad defendemos la idea de que la
educación inclusiva se encuentra entre el deseo de ser una propuesta educativa crítica,
y la realidad de encontrarse en una encrucijada de caminos que van desde la
segregación encubierta del alumnado con necesidades educativas especiales a la falta
de profesionales especializados, así como la escasa formación en educación inclusiva de
todo el profesorado y la comunidad educativa. En este sentido, todavía existe un enfoque
curricular compensatorio o deficitario en el tratamiento educativo del alumnado con
necesidades educativas especiales, lo cual es a todas luces reprochable no solamente por
el mundo académico comprometido, sino también por los profesionales de la educación
y la orientación educativa, así como por las familias que viven con malestar cómo el sistema
educativo no es capaz de garantizar una atención inclusiva y de calidad –en igualdad– a sus
hijos (Ainscow, 2001; Arnáiz, 2003).
En ese sentido, compartimos con el profesor López Melero (2004 y 2006) plantea la
necesidad de formar a los futuros docentes, los docentes del siglo XXI, en una cultura de la
diversidad que fundamenta la educación inclusiva, su concepción y sus prácticas
didácticas. Y es que plantea que, en un sistema escolar moderno, el alumnado, lejos de ser
un mero receptor pasivo de información y normas, aprende de manera activa
explorando, seleccionando y transformando el material de aprendizaje.
Dentro de esta visión moderna está el pensamiento del constructivismo piagetiano,
por un lado, que supone que el alumnado necesita de un entorno que le estimule
para la resolución de problemas y les permita desarrollar y practicar sus esquemas
mentales y, por otro, el pensamiento vygotskyano, que subraya que el hecho de que
el alumno sea capaz de aprender por su cuenta es más un resultado del proceso
educativo que un punto de partida del mismo.
Esto supone un cambio no sólo de mentalidad para el futuro profesorado, sino que en
su vivencia como alumnado puede suponer una nueva mirada a su propio ser y estar en
aulas universitarias que también promuevan la inclusión y el aprendizaje cooperativo
como elementos clave.
Vivimos en un mundo en constante cambio. Los procesos de transformación que hace unas
décadas podían alargarse durante años se suceden ahora vertiginosamente. Lo que hoy es
nuevo, mañana resulta anticuado. Así pues, nos encontramos con un nuevo mapa político,
social y cultural que se dibuja como inestable por su naturaleza altamente variable.
La escuela, como institución integrante de la sociedad y reflejo de ella, no puede
permanecer ajena al cambio de escenario y se ve obligada a renovarse para dar
respuesta a los desafíos que la sociedad del siglo XXI le presenta. La creciente
proporción de alumnado extranjero por clase, la disparidad de conocimientos, de
culturas, de estilos de vida... (todo ello sin disminución en la ratio de discentes por aula) dan
forma a un rompecabezas de difícil solución.
Por un lado, la sociedad nos exige una mayor preparación académica para afrontar una
realidad cada vez más compleja; por otro, la escuela intenta hacer frente a dicha
complejidad con estrategias que no siempre se corresponden con la diversidad imperante
en las aulas. Resulta evidente que este panorama educativo genera nuevas necesidades
de formación en los docentes encargados de desarrollar prácticas educativas capaces
de responder con garantías de éxito ante el desafío de una nueva educación para una nueva
sociedad. Son numerosos los autores que coinciden en señalar que el profesorado es el
agente clave para el cambio de cualquier sistema educativo y que de su actuación
depende el éxito de todo programa de innovación educativa. De ahí que la formación de los
docentes se convierta en un aspecto de especial atención dentro de la provisión
educativa.
Por ello, debemos de tener claro que las universidades juegan un papel fundamental en la
formación de futuros profesionales que puedan implementar y promover prácticas
inclusivas en diversas áreas. Para lograr esto, las universidades deben:
Desarrollar planes de estudio inclusivos: incorporar la educación inclusiva en el currículo
de todas las carreras, especialmente en aquellas relacionadas con la educación, la
psicología, el trabajo social y la salud. Los futuros profesionales deben comprender los
principios de la inclusión y estar capacitados para aplicarlos en su práctica.
Capacitación y sensibilización: ofrecer programas de capacitación continua para docentes
y personal administrativo sobre estrategias de enseñanza inclusivas y sensibilización sobre
la diversidad. Esto incluye la formación en el uso de tecnologías asistivas y adaptaciones
curriculares.
Investigación y desarrollo: fomentar la investigación en el campo de la educación inclusiva
para desarrollar nuevas metodologías y prácticas que puedan ser implementadas en
diversos contextos. Las universidades deben ser centros de innovación en este campo.
Infraestructura accesible: garantizar que las instalaciones universitarias sean accesibles
para todos los estudiantes, incluyendo aquellos con discapacidades físicas. Esto implica la
eliminación de barreras arquitectónicas y la provisión de recursos y tecnologías accesibles.
Por otra parte, las escuelas normales, encargadas de la formación de maestros, tienen una
responsabilidad clave en la promoción de la educación inclusiva a nivel básico y medio. Sus
funciones incluyen:
Formación inicial de docentes: integrar la educación inclusiva en la formación inicial de los
futuros maestros, asegurando que comprendan y puedan aplicar estrategias inclusivas en
sus aulas desde el comienzo de su carrera profesional.
Prácticas inclusivas: facilitar experiencias de práctica docente en entornos inclusivos,
permitiendo que los estudiantes normalistas se familiaricen con la diversidad del alumnado
y desarrollen habilidades para adaptarse a diferentes necesidades educativas.
Materiales y recursos: proveer materiales educativos que sean inclusivos y accesibles para
todos los estudiantes. Esto incluye la elaboración de guías didácticas, libros de texto y otros
recursos que consideren las diversas necesidades de aprendizaje.
Colaboración y apoyo: establecer redes de colaboración con otras instituciones educativas,
organizaciones no gubernamentales y agencias gubernamentales para apoyar la
implementación de la educación inclusiva en todos los niveles educativos.
Conclusión
La educación inclusiva es un deber moral y social que requiere el compromiso de todas las
instituciones educativas. Las universidades y las escuelas normales tienen un papel crítico
en la formación de profesionales que no solo hablen de inclusión en el término de la palabra,
sino que tienen que llevar a cabo acciones que denoten la existencia de inclusión. Además
de estar preparadas con las habilidades y el conocimiento necesarios para implementarla.
Al adoptar un enfoque proactivo hacia la educación inclusiva, estas instituciones pueden
contribuir significativamente a la creación de un sistema educativo más justo y equitativo
para todas y todos sus estudiantes.
Listado de referencias
Ainscow, M. (2005). Developing inclusive education systems: what are the levers for change?
Journal of Educational Change, 6(2), 109-124.
[Link]
[Link]
[Link]
[Link]