Mauricio Ruiz · Marta Augé · Ana María Piattoni
(compiladores)
Discapacidad
Psicosocial
Una experiencia de inclusión en la comunidad
Mauricio Ruiz Marta Augé
Xoana Rivera Gisela Sayago
Ana María Piattoni Belén Marasco
Tatiana Traverso Santiago Paz
Florencia Amelotti Sergio Borrazás
Miriam Dinsmann Florencia Vázquez
Adriana Romeo Santiago Boscacci
Ana Paula Escudero Pablo Glassman
Laura Tarrab Gabriela Demichelis
Aníbal Sotelo Luis Catalán
Fundación Centro de Psicoterapias Integradas
Centro de Día
Ruiz, Mauricio
Discapacidad psicosocial : una experiencia de inclusión en la comunidad /
Mauricio Ruiz ; Marta Augé ; Ana María Piattoni ; compilado por Mauricio Ruiz ;
Marta Augé ; Ana María Piattoni. - 1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires :
Fundación CPI Editores, 2020.
Libro digital, PDF/A
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-47476-1-7
1. Discapacidad. 2. Atención a la Salud Mental. I. Augé, Marta, comp. II. Piattoni,
Ana María, comp. III. Título.
CDD 616.89
Arte de tapa: Daniel Scolnik
Diseño de cubierta: Gabriela Demichelis
Edición y diseño interior: Juan Carlos Ciccolella
1º edición: noviembre 2019
© Fundación CPI, 2019
Queda hecho el depósito que marca la Ley 11.723
Impreso en Argentina.
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta, puede
ser reproducida en manera alguna por ningún medio sin permiso previo de la
institución editora.
ISBN 978-987-47476-1-7
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TE: 4554-0673 / 4551-4782
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Índice
Prólogo
Ernesto Lentini...................................................................................... 7
Introducción
Ana María Piattoni............................................................................. 15
Discapacidad psicosocial. En la búsqueda de un lugar en el discurso
Mauricio Ruiz.............................................................................................. 19
Personas con discapacidad psicosocial
Marta Augé................................................................................................... 43
Yo ni loco
Xoana Rivera................................................................................................ 61
El Centro de Día y la discapacidad psicosocial: un lazo social posible
Gisela P. Sayago............................................................................................ 69
El Centro de Día de la Fundación CPI. Fundamentación, población,
objetivos, organización y dinámica de funcionamiento
Ana María Piattoni.................................................................................... 77
Proyectos personales: una mirada desde la Terapia Ocupacional
Luciana Belén Marasco, Tatiana Traverso............................................ 107
Sobre los apoyos en discapacidad psicosocial
Santiago Paz............................................................................................... 125
Desafíos de la intervención del trabajador social en el Centro de Día
Florencia Amelotti..................................................................................... 135
La función del referente en la Fundación CPI
Sergio Borrazás, Ana María Piattoni, Miriam Dinsmann.................143
Grupo de Integración: un recorrido hacia la inclusión
Florencia Vázquez.......................................................................................161
5
Taller de Malabares: una experiencia de aprendizaje con el cuerpo
Adriana Romeo...........................................................................................171
La música como herramienta para la inclusión social
Santiago Boscacci, Ana Paula Escudero, Pablo Glassman..................181
Fotógrafos, realizadores y representaciones sociales,
la experiencia en dos talleres del Centro de Día
Laura Tarrab...............................................................................................201
La experiencia creativa como acto transformador
Gabriela Demichelis...................................................................................215
Taller de Derechos
Aníbal Sotelo y otros...................................................................................225
Experiencias de inclusión social: Peña “El Reviro”
Luciana Belén Marasco, Aníbal Pablo Sotelo.........................................235
Taller de Cerámica: saber y hacer
Luis Catalán................................................................................................247
La inclusión laboral de personas con discapacidad psicosocial
en la institución: experiencias y abordaje
Santiago Boscacci, Tatiana Traverso........................................................261
Autoras/es...................................................................................................277
6
Prólogo
Ernesto Lentini1
El trabajo que los autores –integrantes del equipo de la Fundación
CPI– han sistematizado en estas páginas constituye, en varios aspectos,
un aporte clave para la configuración de una perspectiva sobre la cues-
tión de la discapacidad sustentada en la promoción y efectivización de
derechos. Quisiera, sin pretender abarcarlos en su totalidad, destacar al
menos dos motivos que considero centrales para dimensionar la rele-
vancia que tiene este libro, tanto en relación a las líneas de diálogo que
propone como en el modo en que invita a repensar el campo de las prác-
ticas que se despliegan cotidianamente en contextos institucionales.
En primer término, resulta crucial señalar que la mirada que los
trabajos contenidos en este libro proponen encuentra sus argumentos
en (o se potencia con) un marco normativo que tiene por principales
ejes la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad y
la Ley Nacional de Salud Mental. Tales herramientas, que adquirieron
en nuestro país fuerza de ley entre los años 2008 y 2010 –aun cuando
el pleno cumplimiento de sus alcances está todavía lejos de concre-
1. Ernesto Lentini es Lic. en Psicología (UBA) y Mg. en Ciencia Política y Socio-
logía (FLACSO). Autor del libro Discapacidad Mental: un análisis del discurso
psiquiátrico (Buenos Aires, Lugar Editorial, 2007) y de diversos capítulos, artículos
y ponencias sobre temas relacionados con discapacidad y abordajes institucionales.
Director del Centro de Día CETEI. Docente e investigador de la carrera de Psico-
logía de la Facultad de Psicología (UBA). Docente en la carrera de Terapia Ocupa-
cional de la Universidad de Quilmes (UNQ). Docente de la carrera de Psicología
de la Universidad Maimónides (UMAI).
7
Prólogo
tarse– han venido a dar aval a una serie de premisas acerca del esta-
tuto y significado de la discapacidad, del rol de los profesionales y las
instituciones, el derecho del sujeto a la información y decisión sobre su
salud que no ocuparon un lugar tan determinante hacia finales de los
años 90 del siglo pasado, cuando –en el contexto de la sanción de la
ley 24.901– se establecieron las pautas de definición y funcionamiento
de dispositivos tales como el de Centro de Día (así como también
de Centro Educativo Terapéutico, Hogar, Residencia y las restantes
modalidades prestacionales).
En esta perspectiva cabría postular que en la actualidad, en nuestro
país –en la medida en que se hallan situados en relación a un repertorio
normativo cuya convergencia no resulta evidente– los Centros de Día
(y, más ampliamente, los diferentes espacios institucionales destinados
a personas con discapacidad) expresan en sus prácticas, en sus enfo-
ques, en sus actividades cotidianas el modo en que piensan, habitan
y elaboran esa distancia, ese intervalo que se abre entre concepciones
diferentes sobre discapacidad. Podemos entonces conjeturar que,
frente a tal escenario de indeterminación, los posicionamientos a los
que recurren las instituciones constituyen al mismo tiempo una ilus-
tración acerca de los niveles de agenciamiento, de apropiación y de
apertura con que ponen en juego sus formas de abordar la cuestión de
la discapacidad.
Probablemente, para muchas instituciones el impacto que las nuevas
leyes generaron en su labor cotidiana haya sido mínimo, si no nulo:
en efecto, el modelo de diseño institucional y de intervención profe-
sional que la Ley 24.901 –y también el Marco Básico de Organización
y Funcionamiento de Prestaciones y Establecimientos de Atención a
Personas con Discapacidad– establece como criterio para la definición
y el funcionamiento de los Centros de Día tiene un grado tal de estan-
darización (y su cumplimiento, un grado tal de exigencia y de coer-
ción) que resulta sumamente difícil a las instituciones poder sustraerse
8
Discapacidad psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
a tales imperativos, explorar otras alternativas y variantes y delinear un
perfil propio y singular.
Es también probable que para muchas otras instituciones el impacto
del nuevo marco normativo se haya circunscripto a la mera incorpora-
ción, en un plano enunciativo –en sus proyectos institucionales, sus
páginas web, sus redes sociales, su folletería–, de contenidos puntuales
de la Convención, sin que ello implique ni traduzca ningún efecto de
interpelación respecto de la matriz en la que se apoya su actividad. Así,
algún grado de aggiornamiento del discurso –a partir de la incorpora-
ción de fórmulas que difícilmente sobrepasan el estatuto de slogans y
de clichés– puede aportar, por una parte, cierta ilusión de movimiento
y de actualización institucional, mientras que, por la otra, permite
relevar a la propia institución del desafío de revisar críticamente las
propias prácticas, sus fundamentos y sus efectos.
Pero más allá de la fisonomía que adopten en las diferentes institu-
ciones sus modos de afrontar –o también, de eludir– el intervalo entre
los diferentes entramados normativos, es preciso destacar que en las
condiciones de creación de los Centros de Día y de las restantes moda-
lidades prestacionales se halla presente en un grado considerable la
impronta de una concepción asistencial y medicalizante sobre la disca-
pacidad, así como también de una mirada sobre el funcionamiento y la
organización institucional cuya racionalidad se inspira en la figura de
la prestación de servicios. Si bien estos sesgos demandan de las insti-
tuciones unos modos de hacer y de pensar modelados mediante una
rígida adscripción a lo instituido (con la correspondiente prevalencia
de la reproducción del modelo impuesto, en detrimento de la inves-
tigación y la construcción), para muchas instituciones tales pautas
no tienen nada de restrictivo; al contrario, les proveen una seguridad
inmensa, que no hace más que retroalimentarse a través de un juego
de espejos en el que confluyen tres imágenes: la de la discapacidad
como patología y como problemática individual, la de los profesio-
9
Prólogo
nales como portadores –en su carácter de expertos– de un saber inex-
pugnable sobre la discapacidad y la de la institución como el ámbito
natural de aplicación y de provisión de unas formas de tratamiento que
se dirigen a revertir, atenuar o controlar los efectos y manifestaciones
de la discapacidad.
Considero, pues, que con lo expuesto podemos ya dimensionar en
su magnitud el nivel de problematización que los trabajos que integran
este libro han ido construyendo respecto de la propia práctica, la insti-
tución, la discapacidad, la comunidad. Se trata así de una expectativa
instituyente, en un contexto en el cual –quien trabaje en este campo
podrá seguramente dar fe de ello– la inercia de lo instituido no resulta
en absoluto desdeñable
El segundo motivo por el cual he destacado la importancia que
tienen los trabajos reunidos en esta obra tiene que ver con el hecho de
que en cada uno de ellos se advierte –y se propone así al lector– una
apropiación crítica y reflexiva de una práctica. Pero necesito precisar
mejor este punto para dar mayor visibilidad al tópico que este libro
ayuda a establecer; tal vez resulte de utilidad, para ello, recurrir a una
explicitación de los constreñimientos de índole estructural, así como
también de los de carácter coyuntural, que enmarcan la práctica que
los autores llevan a cabo en contextos institucionales.
En un plano estructural, cabe postular –en serie con los argu-
mentos que esbocé precedentemente– que el tipo de actividad que los
trabajadores desarrollan en instituciones tales como los Centros de
Día aparece caracterizada por una serie de rasgos recurrentes, y que
se conectan con el tipo de desempeño que el campo –en el sentido
en que Bourdieu delineó este concepto– reclama de y propone a sus
agentes. Fundamentalmente, esos desempeños se suelen caracterizar
por unas formas de actividad laboral fuertemente centradas en el hacer
(y rara vez en la conceptualización y teorización sobre ese hacer) ,
transitadas en circunstancias de intensa carga emocional, experimen-
10
Discapacidad psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
tadas desde una modalidad de entrega afectiva masiva y que muchas
veces encuentra en metáforas tales como las de poner el cuerpo, poner el
hombro o dar la vida por los concurrentes o por la institución –y otras
tantas– una descripción bastante precisa respecto de aquello que está
en juego para cada agente, en cada momento. No nos resultará difícil
discernir, solapada tras enunciados de ese tenor, la presencia de un nexo
de identificación con una cierta imagen idealizada acerca de la propia
labor y de la relación con la discapacidad. (Tampoco resultará difícil
calcular –nociones como la de mortificación aportada por Ulloa, o la
de sufrimiento planteada por Kaës lo ilustran con nitidez– el intenso
costo psíquico que cada sujeto terminará pagando en su intento por
sostener esa ficción.)
Ese entramado estructural, que tiene en los automatismos institu-
cionales su literalización, encuentra en cambio en el acto de la escritura
su interpelación más crucial. Más allá de la aportación específica de
cada texto, lo que hay en juego en el proceso mismo de su escritura es la
suspensión del sentido y la puesta en entredicho de aquellas imágenes y
representaciones sobre la propia praxis en las que el amor, el sacrificio,
el sacerdocio –y sus variables combinaciones–, suelen ocupar un lugar
central en la construcción argumental. Se trata así de la escritura como
condición de emergencia de nuevos guiones, de exploración de modos
diferentes de pensar y de habitar el proceso de trabajo con personas
con discapacidad.
El plano coyuntural no parece ocupar un lugar menor. En un
contexto como el que atraviesa nuestro país, en el cual las políticas
sobre discapacidad que la conducción del Estado ha impulsado desde
el inicio de su gestión han tenido como correlato la suspensión o elimi-
nación de pensiones por discapacidad, el desfinanciamiento del sistema
prestacional, el ajuste, la limitación y precarización de las coberturas,
las instituciones han pasado a destinar una importancia cada vez más
protagónica a la labor de sensibilizar, protestar, denunciar y visibilizar
11
Prólogo
a través de un reclamo que se ha ido generalizando y que se nuclea
en torno a la consigna “no al ajuste en discapacidad”. En esta
etapa, el trabajo de las instituciones tiene por aspiración más urgente
su subsistencia, ya que aspectos básicos, elementales, cotidianos, reque-
ridos para su continuidad no están hoy en absoluto garantizados.
Instituciones que cierran, otras que se comprimen, equipos que se
desmembran; en este contexto, el equipo de CPI produce. No puede
ser más bienvenido ni más oportuno su aporte…
El texto permitirá a sus lectores encontrar una amplia diversidad de
miradas y de temáticas, en todos los casos dando cuenta de la propia
implicación y de la intención de teorizar una práctica. Así, el trabajo
de Mauricio Ruiz ofrece una reconstrucción histórica de la institu-
ción, en la que se rastrea el proceso instituyente de discursos, miradas
y prácticas y a la luz del cual adquiere configuración el concepto de
discapacidad psicosocial. Marta Auge, por su parte, ofrece una porme-
norizada exploración de la distribución de las variables ligadas con la
definición de la discapacidad mental o psicosocial, en base a las trayec-
torias de vida de los concurrentes del Centro de Día. Los trabajos de
Xoana Rivera y Gisela Sayago proceden a un doble desmontaje: el de
los estereotipos acerca de la locura y el de la lógica del encierro, respec-
tivamente; desde allí, la producción de lazo exhibe su centralidad en
cuanto a la generación de prácticas de inclusión. En el texto de Ana
María Piattoni se presenta –y reconstruye– el proceso de organiza-
ción de la institución, su dinámica y los fundamentos de su encuadre.
Luciana Belén Marasco y Tatiana Traverso abordan, en base a la confi-
guración del espacio de proyectos personales e ilustrando mediante el
recurso a algunas viñetas, las condiciones de posibilidad de interven-
ciones singularizantes en Terapia Ocupacional. El texto de Santiago
Paz presenta y elabora el constructo de los apoyos en discapacidad
psicosocial, cuya especificidad resulta ilustrada a través de cada caso
propuesto. Florencia Amelotti ofrece una perspectiva de intervención
12
Discapacidad psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
desde Trabajo Social, que halla su base en la búsqueda de efectivización
de derechos. Por su parte, el trabajo de Sergio Borrazás, Ana María
Piattoni y Miriam Dinsmann emprende la definición de la figura del
referente y sitúa el ámbito específico de su intervención. En su texto,
Florencia Vázquez describe la configuración del Grupo de integración,
cuya operatoria intersecta con la noción de transicionalidad y con la
temática de la inclusión. Adriana Romeo, en su escrito, ubica desde un
enfoque psicomotriz el modo en que el Taller de malabares permite
al cuerpo proyectarse en el plano relacional, como vector de lazo.
Santiago Boscacci, Ana Paula Escudero y Pablo Glassman presentan
los talleres musicales (esos “dispositivos posibilitadores de una produc-
ción entretejida en conjunto”) como instancia de potencialidad salu-
dable, posibilitadora de experiencias intersubjetivas. Laura Tarrab, a
su vez, explicita la consistencia entre el Taller de Cine y el Taller de
Fotografía con la Convención, en tanto que lo que allí está en juego es
el derecho al acceso y a la participación en la vida social y cultural y a
la lucha contra los prejuicios y estereotipos. En el trabajo de Gabriela
Demichelis aparece localizado el arte como vector de autonomía y
como vertiente de subjetividad y de plasmación de derechos. El texto
de Aníbal Sotelo y concurrentes del Centro de Día ofrece una descrip-
ción del contexto de creación del Taller de derechos y de su funcio-
namiento. El trabajo de Luciana Belén Marasco y Aníbal Sotelo se
basa en la experiencia de la Peña “El Reviro” para abordar la temática
de la inclusión sociocultural de las personas con discapacidad. Luis
Catalán, por su parte, explora a través de la experiencia centrada en
la actividad cerámica el proceso de apropiación de un saber por parte
de los concurrentes de la institución. Finalmente, Santiago Boscacci y
Tatiana Traverso presentan algunas experiencias de inclusión laboral y
los diferentes dispositivos a cuya creación han contribuido.
Tanto mi recorrido y mi formación, como la experiencia trazada
desde el Centro de Día del que formo parte, muestran una enorme
13
Prólogo
afinidad con varios de los planteamientos que este libro propone;
también por ello, deseo fervientemente que esta obra –a través de
sus resonancias y sus interpelaciones– contribuya a la producción de
nuevas lógicas sobre la discapacidad.
A sus autores (entre quienes cuento amigos, compañeros, colegas
o todo eso a la vez) deseo transmitir mis felicitaciones por la calidad,
la claridad y la vividez de la obra que han generado. La tarea de prolo-
garla, por todo ello, representa para mí un motivo de orgullo inmenso,
que quiero también aquí agradecer.
Almagro, octubre de 2019.
14
Introducción
Ana María Piattoni
Nuestro proyecto de escritura de un libro sobre Discapacidad Psico-
social surgió a partir de ciertos interrogantes que se nos presentaban
en el contexto de diferentes situaciones, articuladas las mismas con
nuestras prácticas en el Centro de Día Fundación CPI, cuya población
mayoritaria se encuentra comprendida dentro del colectivo Personas
con Discapacidad Psicosocial.
Los interrogantes a los que hacemos referencia se manifestaban
fundamentalmente en relación a dos contextos: I) el de la bibliografía
(o los textos) que aborda(n) los temas de la discapacidad y de la disca-
pacidad mental y/o psicosocial; II) el de espacios, en nuestro país,
dedicados a la exposición y difusión de trabajos sobre discapacidad
(Conferencias, Jornadas, reuniones de representantes de instituciones
consagradas a la atención de PcD, entre otras).
En el primer caso observábamos ambigüedad y/o confusión en el
uso de algunos conceptos tales como “discapacidad mental”, el cual
aparece muchas veces refiriendo en forma indistinta tanto a personas
con padecimiento psíquico severo como a personas con discapacidad
intelectual; también términos como “personas con discapacidad
mental y/o psicosocial” como equivalente a “usuarios de servicios de
salud mental”. Algunos de los interrogantes que se nos presentaban
eran los siguientes: ¿Por qué se confunden ambos términos? ¿Por
qué al referir a personas con discapacidad intelectual se los nombra
como personas con discapacidad mental? ¿Es lo mismo ser “usuario
15
Introducción
de servicios de salud mental” que ser una persona con discapacidad
psicosocial? También se nos hacía evidente que casi toda la bibliografía
que encontrábamos sobre el tema provenía del campo del Derecho,
resultando muy reducida o prácticamente nula la existencia de textos
producidos desde otras disciplinas que trabajan con personas de este
colectivo.
En el segundo caso, a partir de nuestra participación en diversos
espacios como los mencionados, observábamos que la discapacidad
mental y/o psicosocial no es siquiera nombrada, o se habla de “disca-
pacidad mental” cuando en realidad se están refiriendo a personas
con discapacidad intelectual, dando cuenta del desconocimiento de
la problemática particular de las personas con padecimiento psíquico
severo y en consecuencia tornándolas invisibles. Aquí las preguntas
eran ¿A qué se debe que se desconozca esta problemática cómo factor
en juego en la discapacidad psicosocial? ¿Qué cuestiones hacen que se
invisibilice a tales personas como personas con discapacidad? ¿Por qué
cuando se habla de las barreras del entorno que actúan como factores
discapacitantes no se mencionan las barreras específicas que atraviesan
estas personas? También notábamos que se omitía nombrar los apoyos
diferentes que esta población requiere para lograr vivir de manera
autónoma en la comunidad.
Hubo, hay, otras preguntas que también nos atravesaron/atraviesan
en nuestra circulación por otros espacios por fuera del de la disca-
pacidad: en ciertos ámbitos ligados al campo de la salud mental, en
áreas académicas relacionadas a dicho campo; en el análisis de algunas
informaciones vertidas en comunicaciones periodísticas; en comenta-
rios y opiniones de ciudadanos ya sea en espacios públicos o privados.
En estos casos las cuestiones que observamos y las preguntas que nos
hacemos remiten a prejuicios y estigmas, de diferente contenido, según
de dónde o de quienes provengan.
16
Discapacidad psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
A partir de la consideración de los interrogantes que nos iban
surgiendo, y de la articulación de los mismos con nuestra práctica insti-
tucional, fue que comenzamos a pensar en la posibilidad de elabora-
ción de algunos textos que intentaran el esclarecimiento de algunos de
dichos interrogantes y contribuyeran a la difusión de la problemática
específica que atañe a las personas con discapacidad psicosocial.
En eso estábamos cuando se nos presentó la oportunidad de proponer
un proyecto ante la Comisión de Hábitat y Desarrollo Humano del
Gobierno de la Ciudad para acceder a un subsidio para concretar nues-
tras ideas. Dicho proyecto fue aprobado por la Comisión para la Plena
Inclusión de las Personas con Discapacidad (COPIDIS), organismo
estatal destinado a la promoción de los derechos de las personas con
discapacidad en la Ciudad de Buenos Aires.
Con la publicación de este libro esperamos contribuir a visibilizar la
singularidad de las problemáticas que atañen a las personas con disca-
pacidad psicosocial, en tanto las posibilidades de inclusión social de
las personas que integran este colectivo se asocian a barreras especí-
ficas del entorno, diferentes a las que enfrentan personas con otro tipo
de discapacidades, así como también requieren de apoyos diferentes
para el ejercicio de sus derechos. También apostamos a que se generen
políticas de sensibilización de la población acerca de las personas con
discapacidad en general y de las personas con discapacidad psicosocial
en particular.
Queremos consignar que cuando el subtítulo de este libro reza “Una
experiencia de inclusión en la comunidad”, no pretendemos connotar
que se trata de LA experiencia, como una experiencia única. Son las
experiencias que llevamos a cabo a diario –desde los diversos espacios
grupales e individuales que se ofrecen a los concurrentes1 al Centro
de Día de la Fundación Centro de Psicoterapias Integradas– aque-
1. Así llamamos a las personas que participan diariamente de las actividades del
Centro de Día.
17
Introducción
llas con las que intentamos generar espacios de inclusión en el afuera
institucional.
Nos parece importante señalar que, además de las perspectivas que
cada miembro del equipo interdisciplinario aporta desde las diversas
disciplinas, la lectura de la Convención Internacional sobre los Dere-
chos de las Personas con Discapacidad nos orientó y nos orienta en
nuestro trabajo cotidiano desde hace varios años. En relación a dicha
Convención, este libro, en tanto material de difusión, también pretende
contribuir en algunos aspectos para avanzar en el cumplimiento de los
compromisos internacionales asumidos por nuestro país a través de la
Ley 26.3782 para el logro de una verdadera inclusión.
2. Ley N° 26.378. (2008): Aprobación de la Convención sobre los Derechos de las
Personas con Discapacidad y su protocolo facultativo, aprobados mediante resolución
de la Asamblea General de las Naciones Unidas del 13 de diciembre de 2006. Senado
y Cámara de Diputados de la Nación Argentina reunidos en Congreso, sancionada
el 21/05/2008, promulgada el 06/06/2008 y publicada en el Boletín Oficial el
09/06/2008.
18
Discapacidad psicosocial
En la búsqueda de un lugar en el discurso
Mauricio Ruiz
El intento de este trabajo es el de poder transmitir cierto recorrido
a través del cual adoptamos la denominación de discapacidad psicoso-
cial para definir a un colectivo complejo, el cual por un lado comparte
todas las miradas históricas sobre la discapacidad en general y por otra
describe otras miradas particulares que le suman un peso más en direc-
ción a la exclusión.1
Emiliano Galende (1997) se refiere a la exclusión social como
resultante de las reglas del mercado: quienes se integran y participan
adquieren el carácter de individuos y ciudadanos, y quienes pretenden
estar al margen o no están en condiciones de participar no existen ni
como individuos ni como ciudadanos.
Esta población, en un gran porcentaje portadores de los efectos
discapacitantes que toda enfermedad mental crónica conlleva, cuenta,
dentro de sus principales problemáticas, con dificultades en relación
1. No quedó espacio para la solidaridad ni para la piedad en la ciudad industrial; la
competencia urbana (...) acabó con el espacio social mínimo de expresión de los
sentimientos fraternos y humanos, y la necesidad de un orden mínimo en ámbitos
reducidos de convivencia conflictiva de riqueza y miseria los metió en depósitos,
llamados prisión y manicomio. Detrás de los muros de unos encerró todo el mal y
detrás de los del otro toda la irracionalidad. Como caminamos por fuera de esos
muros, estamos seguros de que somos buenos y racionales. (Raúl Zaffaroni en el
prólogo del libro El sufrimiento mental, Galende y Kraut, 2006, p. 8).
19
Discapacidad psicosocial. En la búsqueda de un lugar en el discurso
al lazo social. Es decir, por un lado muchas veces la sociedad excluye
a todo lo que resulta diferente y desconocido y por otra parte existen
personas que por su estructura presentan severas dificultades para
hacer frente a las exigencias de la vida social.
En este sentido nos referiremos a la Convención sobre los Derechos
de las Personas con Discapacidad (en adelante CDPD o La Conven-
ción). Allí dice: “Las personas con discapacidad incluyen a aquellas
que tengan deficiencias físicas, mentales, intelectuales o sensoriales a
largo plazo que, al interactuar con diversas barreras, puedan impedir
su participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condi-
ciones con los demás” (CDPD, Artículo 1).
En nuestro recorrido como institución hemos participado de los
diversos cambios en la concepción de los tratamientos, abordajes,
propuestas y respuestas a lo que se dio en llamar enfermedad mental.
Compartimos incluso durante mucho tiempo por referencia a “lo
mental”, lo que ahora se denomina discapacidad intelectual.
El término “lo mental” funcionaba tanto para nombrar cuestiones
de la esfera psíquica como de la esfera intelectual. Esto terminaba gene-
rando confusión y falta de diferenciación, lo cual no permitía hacer
más adecuada la actuación en cada uno de esos campos.
En el año 2008 se publicó el libro Vidas Arrasadas, una investiga-
ción realizada por parte del Centro de Estudios Legales y Sociales
(CELS) y del Mental Disability Rights Internacional (MDRI). Se
trata de un testimonio contundente y desgarrador de la realidad de
las personas internadas en hospitales y clínicas psiquiátricas. Recién
a partir de entonces notamos que la comunidad del campo de la salud
mental comienza a tomar conocimiento de La Convención. En dicha
publicación se habla con mayor nitidez de derechos y se señala la mala
praxis y el atraso de innumerables prácticas vigentes para ese colectivo.
Al respecto Emiliano Galende señaló en un encuentro sobre desma-
nicomialización en la Facultad de Medicina de la Universidad de
20
Discapacidad psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
Buenos Aires (UBA, año 2010 aproximadamente) que algunos países
como Chile y Brasil se sorprendían de haber podido realizar la reforma
psiquiátrica (encontrar sistemas alternativos a la internación crónica),
mientras que en nuestro país todavía estábamos muy demorados, pese
al alto nivel de capacitación y formación profesional en el área.
Acerca de esta contradicción, se puede evocar la presentación del
libro Vidas Arrasadas. La misma se llevó a cabo en el Anexo de la
Cámara de Diputados. Esta fue la primera vez que el tema de la salud
mental asociado a los Derechos Humanos y al marco de la CDPD
cobró relevancia especialmente para los profesionales del área. Tanto
el CELS como el MDRI y la CDPD señalaban que el tema de las
personas que sufrían internaciones prolongadas resultaba en deten-
ciones injustificadas y carecían de alternativas en dirección a la salud.
También en el año 2010, la Ley Nacional de Salud Mental (en
adelante LNSM) vino a enmendar, por lo menos en alguna proporción,
muchos de los errores que se mantenían vigentes, como por ejemplo el
poder médico y el encierro injustificado de muchísimas personas.
Todavía no se sabe por medio de ningún documento oficial o inves-
tigación si las propuestas ofrecidas a lo que el campo de la salud mental
nombra como paciente psiquiátrico crónico o patologías residuales,
tienen la suficiente oferta prestacional. O sea, un programa adecuado
a su nueva situación de externado/a, que atienda su problemática de
vivienda, de alternativas laborales, de educación y de capacitación;
programa que permita pensar en una mayor inclusión social.
Hasta el momento las personas con discapacidad psicosocial siguen
siendo tratadas desde la oferta prestacional vigente en el campo de la
Salud Mental2, es decir con un ejercicio de derechos restringido. Si bien
se habla de propuestas alternativas al manicomio, observamos que no se
2. Dicha oferta difiere de las prestaciones que requieren las personas con discapa-
cidad. En estas el énfasis está puesto en el acceso a derechos, mientras que en las
prestaciones de Salud Mental el énfasis está puesto en los tratamientos.
21
Discapacidad psicosocial. En la búsqueda de un lugar en el discurso
diseña una propuesta en dirección a la promoción de derechos, ya que
se desconoce la CDPD y los recursos con los que se cuenta son escasos.
Parecería ser que por el temor a reproducir en algún tipo de dispositivo
nuevo las condiciones de aislamiento y encierro que se cuestionan, las
nuevas propuestas terminan siendo insuficientes desde la perspectiva
laboral, habitacional y principalmente de acceso a derechos.
Otra cuestión que apoya lo anterior, en el sentido del atraso del
campo de la salud mental en relación a la discapacidad es que, cuando
menos en la Facultad de Psicología de la UBA, en la oferta de forma-
ción de posgrado sobre discapacidad no se incluyen las problemáticas
de salud mental crónicas.
También en un texto de Alicia Faimblum, Discapacidad. Una pers-
pectiva clínica desde el psicoanálisis (2004), responsable en ese año de
la Cátedra Psicología de la Discapacidad en la UBA (texto previo a La
Convención), se da a entender la discapacidad como producto de una
noxa (orgánica). La autora dice: “Retomando la clasificación (...) de la
OMS (...) aclaramos que solo incluimos en el universo de la ‘discapa-
cidad’ a aquellos trastornos o déficits consecuencia de un compromiso
orgánico” (Faimblum, 2004, p. 76). Por lo tanto, desde esta perspec-
tiva, no habría nada para hacer desde el campo de la discapacidad con
personas cuya problemática principal reside en lo psíquico.
Las dos materias de Psicología de la Discapacidad que actualmente
se dan en la Facultad de Psicología de la UBA, si bien una incluye la
dimensión de La Convención, en ninguna de las dos se percibe en
sus programas con claridad un lugar para la discapacidad mental o
psicosocial.
También Marcelo Silberkasten en su texto La construcción imagi-
naria de la discapacidad sostiene:
…se suelen identificar posiciones que aluden como discapacidad a
severos trastornos de orden psíquico, que no son el resultado de
22
Discapacidad psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
factores orgánicos, tales como el autismo y la psicosis, posiciones
con las cuales disentimos pues se trataría de severos trastornos de
orden emocional (...) (Silberkasten, 2006, p. 11)
En esta breve enumeración y por los testimonios de trabajadores del
campo psi formados en la academia podemos concluir que no hay lugar
dentro de las discapacidades para las que tienen un origen psíquico.
Paradigma social y pérdida de poder
de los especialistas
En un intento de explicación de lo antes descrito queremos resaltar
que en muchos campos resultan difíciles ciertos cambios. Bachelard
en La formación del espíritu científico señalaba en relación al acceso
a ciertos conocimientos: “Se es muy apegado a lo que se ha conquis-
tado penosamente.” (Bachelard, 1979, p. 11). Esto es articulable con
lo expresado por Foucault respecto al poder psiquiátrico en diferentes
textos: “¿Cómo pudieron construir tanto poder con tan poco saber?”;
y “A partir de la medicalización de lo anormal, a partir de la puesta a un
lado de lo enfermizo y, por lo tanto, de lo terapéutico, la psiquiatría va
a poder atribuirse efectivamente una función que será meramente de
protección y de orden” (Foucault, 2000, p. 294). Estas ideas intentan
explicar el porqué del atraso que por años padeció el colectivo de las
personas con discapacidad mental o psicosocial.
El modelo médico céntrico o rehabilitador que comienza a perder
hegemonía a partir de La Convención, comienza progresivamente a
ser reemplazado por el paradigma social.
En el primero, tomando a C. Acuña y L. Bulit Goñi (2010), vemos
que la discapacidad está focalizada en lo patológico, en la deficiencia,
en la “anomalía” funcional, física, sensorial o intelectual que afecta a un
23
Discapacidad psicosocial. En la búsqueda de un lugar en el discurso
sujeto o un colectivo. Desde este modelo las respuestas siempre fueron
de “protección”, de “asistencia”, de “compensación”.
En el paradigma social se considera a la discapacidad como un hecho
social y plantea al corazón de la sociedad su capacidad o incapacidad
para dar respuesta a las necesidades de tal colectivo.
Nuestro recorrido
En nuestro recorrido nos encontramos con esos cambios, mantu-
vimos durante muchos años un modelo de asistencia apoyados en prác-
ticas de salud mental, hospital de día, acompañamiento terapéutico,
psicoterapias, etc., sin poder ampliar el espectro de intereses a otros
campos (trabajo, capacitación, entretenimiento, participación, etc.).
Respondíamos al modelo médico y psicoterapéutico que tenía
vigencia desde los 60 y 70 en Argentina. Sin embargo, con el tiempo
y no sin ciertas resistencias de nuestra parte, porque todos hemos sido
formados en esas escuelas, pudimos ir reformulando nuestras prácticas
y repensando nuestra tarea. Sin duda se abrió para cada persona con
discapacidad que asistió a la institución una perspectiva de derechos
que en el otro modelo no se veía favorecida.
Para el equipo de trabajo, mayoritariamente profesionales del campo
de la salud y especialmente del campo psi, significó de algún modo
reinventar nuestras propuestas, abrir las puertas a la construcción de
un hacer en constante revisión.
Ahora bien, esto significa adaptar nuestros instrumentos de lectura
para comprender la práctica o ciertos momentos de la misma. Justa-
mente, si hay algo que nos permite formular adaptaciones a nuestras
propuestas es conocer la influencia de lo subjetivo en la vida de cada
persona. En ese sentido esto permite revisar la tarea desde las caracte-
rísticas de cada concurrente.
24
Discapacidad psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
En nuestra historia como institución siempre acompañamos los
procesos de desmanicomialización y de creación de alternativas para
las personas excluidas del medio social a raíz de sus limitaciones y
también por el rechazo y/o desconocimiento que se genera alrededor
de las mismas. Las respuestas históricas a tales problemáticas fueron
el encierro y la restricción de derechos. Luego el psicoanálisis abrió el
acceso a la palabra y al reconocimiento de la dignidad subjetiva de esos
sufrientes. También Mauricio Goldenberg3 fundó ejes esenciales para
establecer una nueva mirada: la apertura del servicio a la comunidad,
el trabajo en equipo interdisciplinario y la concreción de sistemas
acordes con una concepción abierta del tratamiento (Hospital de Día,
Comunidad Terapéutica).
En 1985 fundamos la institución a la que llamamos Centro de
Psicoterapias Integradas, en el marco de una concepción abierta de
tratamiento. Los dispositivos fueron el Hospital de día y el Hostal. El
primero era una oferta asistencial ambulatoria y grupal para personas
con problemáticas mentales agudas y/o crónicas, y el segundo era una
residencia abierta en la ciudad que se transformó en un antecedente
que ahora se promueve desde la Ley Nacional de Salud Mental.
La concepción interdisciplinaria nos acompañó y nos acompaña
desde los inicios como equipo de trabajo y de gestión institucional.
El tema de la integración-inclusión siempre fue un tema central ya
que resulta una problemática ineludible del colectivo del que nos
ocupamos. Tanto es así que el nombre de la institución, Centro de
Psicoterapias Integradas, expresa en dos niveles la cuestión de la inte-
gración. Por un lado el reconocimiento y funcionamiento conjunto
de distintas disciplinas en dirección a objetivos comunes. El trabajar
con problemáticas tan complejas con cierta unidad de criterios y a
3. M. Goldenberg, en el año 1956, crea el primer Servicio de Salud Mental con Sala
de Internación Psiquiátrica en un Hospital General, el Policlínico de Lanús (luego
convertido en el “Hospital Zonal Evita”).
25
Discapacidad psicosocial. En la búsqueda de un lugar en el discurso
través de reconocer las diferencias entre cada concurrente permite un
apoyo fundamental para el crecimiento profesional y el sostén de una
identidad compartida. En este sentido consideramos que no habría
un único saber o saber hegemónico, sino que habría saberes diversos
que pueden ofrecer alternativas a las mismas cuestiones, con lo cual
es el sujeto quien decide qué es lo que le resulta de mayor utilidad o
claridad. Por otro lado hemos descubierto en nuestra práctica que simi-
lares respuestas dadas por distintos integrantes del equipo favorecen
ciertas certidumbres, generan confianza y focalizan algunas proble-
máticas. Parecería muy razonable ofrecer un marco de integración
para personas que tienen en muchos casos severas desorganizaciones y
además desde esta postura ofrecer los apoyos necesarios para que cada
persona pueda reordenar y encontrar cursos de acción diferentes a los
anteriormente sustentados. Ofrecer cierta posibilidad de unidad, de
articulación con otros, resulta un enorme sentimiento de bienestar.
De este recorrido inicial hay un testimonio escrito plasmado en
una publicación de 1993, El Hostal, una experiencia de tratamientos
sin encierro en psicopatologías graves (Augé, Alabarcez, Ruiz y otros, p.
119). En él describimos nuestra propuesta de trabajo al cual definimos
como “un tratamiento sin encierro”, ya que tanto a la salida de una
internación o para evitarla, el Hostal se convertía en un lugar de aloja-
miento subjetivo ( Jasiner, 2007, p. 175) que ofrecía un espacio donde
era escuchado y reconocido en su mirada. Esta propuesta despojaba
al sujeto de los procesos de estigmatización, desafiliación e iatrogenia
que el manicomio (público o privado) como dispositivo de encierro
proveía. De ese modo se posibilitaba que el sujeto se enfoque en los
motivos de las crisis y los recaudos a tomar para evitarlas, prevenirlas y
dar sostén a un tratamiento psicoterapéutico y psicofarmacológico que
permitiera retomar actividades interrumpidas (estudios, trabajo, vida
familiar y social). No se trataba entonces solo de considerar los fenó-
menos que la problemática expresaba (ideas no compartidas, extra-
26
Discapacidad psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
ñezas, desconfianza, etc.), sino de orientar al sujeto a revisar sus inte-
reses o acercarle otros. No solo pensar en sus dificultades, sino también
reconocer sus posibilidades.
Cuando la institución ya cursaba varios años de funcionamiento y a
raíz de la recepción de una persona derivada por el Servicio Nacional
de Rehabilitación inauguramos nuestra oferta prestacional diri-
gida específicamente a personas con discapacidad. Se trataba de una
persona que estaba en situación de calle y padecía una enfermedad
mental crónica. A partir de entonces fuimos progresivamente acomo-
dándonos a la reglamentación de las prestaciones dirigidas a personas
con discapacidad. Comenzaron a ingresar personas con certificado de
discapacidad que habían sufrido reiteradas internaciones sin encon-
trar propuesta viable para su situación. Comenzamos a partir de allí
un proceso lento de cambios en la concepción y en las prácticas.
En este sentido la lectura de La Convención, las formaciones que
fuimos haciendo y la interacción con otras instituciones del sector nos
permitieron rediseñar propuestas acordes a la perspectiva de derechos.
Concepciones, discursos y prácticas
Después de haber explicado muy sucintamente nuestro recorrido
histórico tenemos que nombrar ciertas propuestas y dificultades que
se plantean en nuestra labor.
¿Cuáles son los obstáculos que encontramos para la mejor o la
posible inclusión de la persona con discapacidad psicosocial a la comu-
nidad, al ámbito laboral y al ámbito educativo?
Podemos decir que esta población es leída desde dos sectores: el
campo de la salud mental (representado por el paradigma médico-
céntrico), con todos sus recorridos que van desde las internaciones a
la necesidad de limitar el uso de las mismas a períodos muy breves, y
27
Discapacidad psicosocial. En la búsqueda de un lugar en el discurso
el campo de la discapacidad con los obstáculos que se plantean para la
inclusión al medio social desde la perspectiva de derechos que aportan
La Convención y los marcos reguladores a los servicios y prácticas diri-
gidas a personas con discapacidad.
En el primer caso estamos hablando de tratamientos que se expresan
en esta población por medio de la rehabilitación psiquiátrica. Esta
concepción apunta a minimizar los efectos del déficit y no tanto a
potenciar el empoderamiento y participación del sujeto. El eje funda-
mental reside en la reinserción sociolaboral. La tarea se apoya en una
metodología educativa y psicopedagógica con el propósito de esta-
blecer hábitos y aprendizajes (con cierto espíritu normalizador) bajo
la creencia de que le van a permitir a la persona una posible incorpo-
ración al medio social (Fernández Bruno y Gabay, 2003). Las expec-
tativas de resultados residen en apoyarse en una secuencia de acciones
“rehabilitadoras” que parece impecable pero que resulta poco factible
de cumplir o bien ocurre solo en casos excepcionales.
En el segundo caso notamos que hay una serie de obstáculos cultu-
rales que invisibilizan a este colectivo restringiendo su participación
social. Es decir que operan sobre las personas con discapacidad psico-
social prejuicios, representaciones sociales (Abric, 2001) y una gran
desinformación que influyen sobre las posibilidades de autonomía y
empoderamiento de cada persona en relación a sus intereses y posibili-
dades de participación en la vida social.
Esto se explica porque antes de que fuera promulgada La Conven-
ción, las decisiones eran tomadas por jueces y psiquiatras, poder por
cierto hegemónico que resolvía sobre las posibilidades e imposibili-
dades de cada persona con discapacidad psicosocial.
Desde la Fundación CPI y en la perspectiva de lo que denominamos
discapacidad psicosocial, hablamos de propuestas que favorezcan la
inclusión de la personas con discapacidad a través de aprendizajes,
experiencias, capacitaciones y participación en actividades culturales,
28
Discapacidad psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
artísticas, productivas, expresivas y de reflexión, sobre cuestiones
personales articuladas a la vida social.
Desde este lugar lo que se privilegia es el acceso a derechos, que
también implica asumir responsabilidades en la medida de las posi-
bilidades de cada uno. En forma general podemos decir que nuestra
propuesta promueve la participación de la persona con discapacidad
en todas las actividades que le sean posibles dentro y fuera de la insti-
tución, así como la participación en discusiones y toma de decisiones
respecto de las reglas de convivencia y del funcionamiento institu-
cional y por supuesto respecto de su proyecto personal en el Centro
de Día (CDPD, Artículo 3). Por otra parte sostenemos la importancia
del acceso a la información para que las decisiones que la persona tome
estén articuladas a una elaboración propia a partir de la lectura de
documentos públicos y fuentes diversas (CDPD, Artículos 9 y 21).
Dentro de las propuestas del Centro de Día es central la participa-
ción en la comunidad. Esto se promueve de distintos modos: por vía de
las ventas de la producción de los talleres, la organización de las peñas4,
etc. Esta perspectiva favorece que los concurrentes accedan a una más
confiada circulación social (CDPD, Artículo 19).
Poder - Saber
Me parece, en todo caso, que todas las grandes sacudidas que estre-
mecieron la psiquiatría desde fines del siglo XIX pusieron esencial-
mente en cuestión el poder del médico. Su poder y el efecto que
producía en el enfermo, más que su saber y la verdad de lo que decía
sobre la enfermedad. (Foucault, 2005, p. 390)
4. Ver artículos: “Experiencias de Inclusión Social. Peña ‘El Reviro’” y “La inclusión
laboral de personas con discapacidad psicosocial en la institución: Experiencias y
abordajes”.
29
Discapacidad psicosocial. En la búsqueda de un lugar en el discurso
Derechos y acceso a recursos económicos son esenciales para la
dignidad de este colectivo: “Vimos que desde el momento en que
dábamos respuesta a la pobreza del internado, su posición cambiaba
totalmente, dejaba de ser un loco para transformarse en un hombre
con el cual podíamos entrar en relación” (Basaglia, 2008, p. 29).
En referencia a lo que se llama el dispositivo manicomial, extraemos
de Foucault (1985) su concepción acerca del dispositivo cuando
dice del mismo que “es en primer lugar un conjunto decididamente
heterogéneo, que comprende discursos, instituciones, instalaciones
arquitectónicas, decisiones reglamentarias, leyes, medidas adminis-
trativas, enunciados científicos (...) en resumen: los elementos del
dispositivo pertenecen tanto a lo dicho como a lo no dicho.” (p. 128).
Es decir que todas las decisiones que se tomen en ese ámbito estarán
altamente justificadas aunque vayan en contra de los derechos de
las personas. Justamente para referirnos a una cuestión de derechos,
Goffman en su libro Internados menciona a las instituciones totales
como el manicomio y señala: “El personal tiende a sentirse superior
y justo; los internos a sentirse inferiores, débiles, censurables y culpa-
bles” (Goffman, 2009, p. 23).
Un aporte muy importante para pensar la discapacidad, lo hace un
grupo de investigadores de la Universidad de Entre Ríos (UNER) a
través de experiencias y conceptualizaciones transmitidas en diversos
libros: “Seguir analizando la discapacidad desde la perspectiva médica
y pedagógica obtura la oportunidad de una mirada más compleja,
reafirma prácticas correctivas y legitima discursos normalizadores de
los sujetos discapacitados” (Vallejos et al., 2005, p. 31). Entienden la
discapacidad “no como un hecho natural, del orden de lo biológico,
una enfermedad, una tragedia personal, un problema del discapaci-
tado y de su familia” (Angelino, 2009, p. 46), sino del orden de las
relaciones sociales. Plantean que hay “un algo externo” que ‘discapa-
cita’ a quienes portan un déficit. Ese algo externo estaría dado por el
30
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
contexto de “un modelo económico, social, político y cultural opresivo
y desigual” (Angelino, 2009, p. 47).
En el libro Vidas Arrasadas (CELS y MDRI, 2008), se sintetiza
mucho de lo cuestionado por los autores antes citados. Referido a
la cuestión de las personas atendidas en instituciones manicomiales
dicen:
Al ser separadas de la sociedad, las personas pierden los lazos que
las unen a su familia, amigos y comunidades de referencia. Las
personas quedan sometidas al régimen custodial de las institu-
ciones psiquiátricas, y pierden las habilidades de vida esenciales que
necesitan para sobrevivir en la comunidad, lo que impide su rehabi-
litación. (CELS y MDRI, 2008, p. 12)
En este sentido discursos, prácticas y concepciones se condensan
en el manicomio como dispositivo que “da respuestas” a la locura.
La psiquiatría (el Poder Médico) y el Poder Judicial representaban
el poder hegemónico sobre este colectivo. Este saber hegemónico
impedía la posibilidad de autonomía y al surgir otro paradigma, el
modelo social, el anterior comienza a ser cuestionado. Surgen marcos
legales como la Ley de Salud Mental, la CDPD, el Código Civil, que
apoyan la postura de un sujeto más autónomo.
Desde el año 2008 (año en que Argentina adhiere a La Conven-
ción) hasta la actualidad se ha crecido en conciencia, conocimiento,
revisión de prácticas y formulación de propuestas. Sin embargo hay
otros obstáculos que este colectivo encuentra y que frenan sus posibili-
dades de autonomía. Se trata de los efectos discapacitantes de la enfer-
medad: en muchos casos no ha habido ejercicio de decisiones propias
por mucho tiempo así como tampoco práctica relacional. Por lo tanto
le es muy difícil al sujeto enfrentarse a ciertas exigencias de la vida
social. Por otra parte la estructura del cuadro de base que sobrelleva
31
Discapacidad psicosocial. En la búsqueda de un lugar en el discurso
la personas con discapacidad psicosocial, tiene entre otras cuestiones,
como problema central, las dificultades para el lazo social.
Barreras culturales
Hay una serie de situaciones de la cotidianeidad de los concurrentes
que nos ilustran sobre la cuestión de las barreras. Por ejemplo: habi-
tualmente al subir al colectivo y presentar “el Pase”5, son interpelados
por el conductor con comentarios del tipo: “Vos no sos discapacitado”
o simplemente “Bajate”, con un gesto de desconfianza acerca de la
validez de dicho documento.
¿Por qué se da esta situación? Porque no es localizable en términos
físicos el déficit, la “falla”, la “rareza”. No hay dificultad para el movi-
miento, ni ausencia de visión, etc. Se le suma a esta mirada la idea de
que las problemáticas mentales no son consideradas una característica
que puede ser discapacitante.
Estigma: la sociedad establece los medios para categorizar a las
personas. Si la persona muestra particularidades que no entran dentro
de ciertos rasgos esperables genera interrogantes en el interlocutor, y
en su desconocimiento asocia esta particularidad a un defecto, falla,
desviación.
Goffman (2009) señala tres tipos de estigmas: los físicos, los de
carácter y los de raza o religión. Lo que plantea es que ese atributo o
particularidad muchas veces logra convertirse en el centro de la iden-
tidad de la persona con discapacidad desde la mirada del interlocutor,
lo cual genera dificultades para la interacción y favorece el alejamiento.
5. Se nombra habitualmente en forma acotada “el Pase” (por Pase libre de Transporte
Público) al uso del Certificado Único de Discapacidad (CUD) como documento
que posibilita a las personas con discapacidad, entre otras prestaciones, el traslado
en transporte público en forma gratuita.
32
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
En el ejemplo anterior los choferes no detectan tales características
estigmatizables y reaccionan ante ello con desconfianza. Parecería que
se necesita contar con una marca visible para legitimar la condición de
persona con discapacidad.
En línea con esto, muchas veces estudiantes de distintas carreras
hacen visitas o pasantías en la institución y nos dicen “no me doy
cuenta lo que les pasa” o “son como nosotros” o “en el colectivo no
me daría cuenta de que asiste a un Centro de Día”. Por supuesto
que se trata de una primera mirada o de un tiempo breve de conoci-
miento. Luego ingresando en un proceso de trabajo se hacen visibles
las dificultades.
Muchas veces pareciera que necesitamos clasificar, etiquetar a las
personas, “sacarles la ficha”, para sentirnos más seguros, más tranquilos
o para ejercer alguna situación de poder.
Representaciones sociales
La representación funciona como un sistema de interpretación de
la realidad que rige las relaciones de los individuos con su entorno
físico y social, ya que determinará sus comportamientos o sus prác-
ticas. Es una guía para la acción, orienta las acciones y las relaciones
sociales. Es un sistema de pre-decodificación de la realidad puesto
que determina un conjunto de anticipaciones y expectativas. (Abric,
2001, 13)
Se percibe en los discursos periodísticos cierto desconocimiento ya
que se sigue hablando de “el discapacitado” y no de la “persona con
discapacidad”. En el decir popular escuchamos frecuentemente hablar
de “los chicos” cuando se están refiriendo a personas adultas. Incluso
en la academia existe desinformación ya que no hay capacitaciones que
33
Discapacidad psicosocial. En la búsqueda de un lugar en el discurso
permitan actualizar a los docentes y estudiantes en el conocimiento de
La Convención, por ejemplo.
Se visualizan prejuicios allí donde por ejemplo prima la idea de peli-
grosidad y de irracionalidad permanente. Otra mirada se suele apoyar
en la lástima y de allí suele hacerse un corto recorrido hacia la hiper-
compensación: se refieren entonces a las personas con discapacidad
en términos como “son unos genios”, “son mejores que nosotros”, “la
tienen reclara”, etc.
Desde la familia y también desde las instituciones a veces funciona
una actitud sobreprotectora, donde no se da lugar a que la persona con
discapacidad elija, decida, experimente, plantee, reformule, etc. Desde
los discursos instalados y especialmente del lado de la asistencia o pres-
taciones dirigidas a las personas con discapacidad predomina muchas
veces el “no hay nada para hacer” o “ya nada se puede hacer” como un
destino fatal y que solo se puede aguantar.
A partir de todo esto, y en dirección a la inclusión de las personas
con discapacidad psicosocial, es menester redirigir muchas prácticas
sociales que a raíz del desconocimiento, los prejuicios, los discursos
instalados y las representaciones sociales, se terminan convirtiendo en
barreras culturales que impiden la plena inclusión.
El cambio cultural debe implicar un cuestionamiento a cómo los
saberes están siendo transmitidos en las universidades, las direcciones
que toman las políticas públicas, qué reflexiones aparecen en el ámbito
de trabajo, en los medios de comunicación, etc.
El día a día
Sostener propuestas dirigidas a tales objetivos considerando la
complejidad de tal colectivo requiere tener en cuenta varias dimensiones.
34
Discapacidad psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
Una es la de salirse del lugar hegemónico: no somos jueces, no
operamos como psiquiatras, no se trata de una escuela, aunque haya
aprendizajes, capacitaciones y talleres, no ofrecemos medicación como
única solución a los problemas de la vida en común, no nos propo-
nemos abordajes individuales aunque consideramos las singularidades
y ofrecemos espacios de orientación y escucha. No ofrecemos recetas a
las familias sobre cómo solucionar los modos de relacionarse, aunque
sí los invitamos a participar en entrevistas, reuniones multifamiliares y
en todo el proceso de realización de actividades en que puedan apoyar
el desarrollo de proyectos para la inclusión social laboral.
Entonces... ¿cómo trabajamos, qué hacemos?
Establecemos un contrato con el concurrente al momento de
ingresar. Le explicamos la propuesta general, en donde lo invitamos
a elegir talleres vinculados a sus intereses y le aclaramos que pueden
hacerse cambios que atiendan a sus necesidades. Usamos el término
“concurrente” para diferenciarlo de “usuario” que es como se lo nombra
actualmente en el campo de la salud mental. Esta última nominación
pareciera acreditarle derechos que no termina de poder ejercer.
En principio trabajamos en grupos, predominantemente en talleres,
alrededor de algún saber convocante (fotografía, jardinería, canto,
computación, etc.). Como ya fue dicho anteriormente, la idea es
promover aprendizajes, experiencias, capacitaciones y participación
en actividades culturales, artísticas, productivas, expresivas y/o de
reflexión sobre cuestiones personales articuladas con la vida social.
Allí se apunta a recuperar intereses anteriores y fomentar la aparición
de otros nuevos, a través del desarrollo de experiencias que le permitan
apropiarse de registros personales, de espacios de interacción y parti-
cipación social. Cada concurrente arriba a la institución con historias
35
Discapacidad psicosocial. En la búsqueda de un lugar en el discurso
diversas en relación a lo laboral y lo educativo. En algunos casos han
podido tener experiencias fructíferas de trabajos o de aprendizajes, en
otros las dificultades del aislamiento indican la necesidad de apoyos
que tengan en cuenta propuestas más a largo plazo.
El libro Calidad de vida: aspectos teóricos y metodológicos de Victoria
García-Viniegras (2008) nos permite ordenar algunos ejes con los
cuales podemos trabajar. “La calidad de vida es un concepto multi-
dimensional que incluye las condiciones materiales de vida, la satis-
facción que de ellas se deriva, la situación económica, las oportuni-
dades de empleo. Esta siempre estará contextualizada (...).” (p. 15). “La
satisfacción de las necesidades permite: 1) la adaptación al medio para
poder vivir; 2) nuestro equilibrio psíquico; 3) el desarrollo, el mejora-
miento tanto físico como espiritual” (p. 17). “Aun cuando la calidad de
vida esté determinada por factores objetivos, su manifestación esencial
se aprecia en el orden subjetivo, lo cual nos habla de una relación dialé-
ctica entre lo objetivo y lo subjetivo” (p. 19).
Tener una cobertura de salud que permita sentirse seguro de poder
enfrentar la complejidad de las situaciones que se atraviesan, tener un
lugar a donde poder acudir, sentir que se es escuchado y respetado,
que se es invitado a participar en actividades (algunas de su interés y
otras que se le ofrecen para realizar aprendizajes y experiencias con
otros), son apoyaturas que permiten un sentimiento de bienestar
importante.
Luego de estas experiencias el sujeto podrá trasladar su sentimiento
de seguridad y de ejercicio de derechos a otros ámbitos: con su familia,
en su barrio, ante otras personas en otras actividades sociales.
Cumplir con compromisos, obtener resultados, obtener el recono-
cimiento de otros, animarse y autorizarse a disfrutar del tiempo libre,
de los eventos de la cultura y tener el sentimiento de esforzarse para
mantener el intercambio con otros, aleja los procesos de crisis e invita
a recorridos más estables.
36
Discapacidad psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
Algunas de estas experiencias serán descritas en este libro, pero lo
que cabe destacar es que la propuesta es la de incluirse en un espacio
de intercambios con otros. Esto supone la tarea y el aprendizaje de
descentrarse de sus requerimientos personales.
Por otra parte el reconocer algún saber, el reconocer que de eso no
se sabe y se quiere acceder a ello es de vital importancia porque saca al
sujeto de su aislamiento. Permite transitar la experiencia de estar con
otros y compartir la tarea e incluso la idea de aprender de otros.
Todas estas actividades implican un ejercicio de convivencia que
sirve para poner en práctica en otros espacios. De hecho lo primero
que aparece desde el propio concurrente o desde el entorno familiar es
que se han podido superar algunas dificultades que antes mantenían
aislada o rechazada a la persona.
El hecho de acceder a un cierto saber puede posicionar a la persona
en roles como fotógrafo/a, jardinero/a, trabajador, etc. Esto da lugar a
una identidad que se comienza a aceptar desde la persona y obtiene un
reconocimiento de otros. Por otra parte a veces en el equipo o en las
familias se genera un entusiasmo demasiado prematuro que no ayuda
a una adquisición progresiva y se convierte en exigencia y luego frus-
tración. En otras ocasiones, en cambio, cierto escepticismo “protector”
no funciona como estímulo ni genera la confianza y el compromiso de
la persona en el aprendizaje o la experiencia.
La tarea diaria reside en ofrecer los apoyos necesarios para que cada
persona desarrolle su proyecto de trabajo, aprendizajes y experiencias.
Para ello es indispensable manejarse constantemente en un doble plano;
por un lado el de las personas que componen el taller y sus circunstan-
cias, y por otro lado el de la tarea que se aborda. Ninguno puede dejar
afuera al otro y es el coordinador o tallerista quien podrá priorizar en
uno u otro momento a qué se le va a prestar mayor atención.
Es decir: la idea es que son personas con historias, dificultades y
posibilidades, pero resulta indispensable para el progreso del grupo
37
Discapacidad psicosocial. En la búsqueda de un lugar en el discurso
la generación de un clima de confianza y apoyo mutuo, así como de
responsabilidad frente a la tarea. Esto se hace indispensable para aque-
llos concurrentes que participan de los talleres del Programa de Inclu-
sión Laboral (Taller de Dulces y Conservas, Taller de Estampado y
Costura, Taller de Cerámica).
Es necesario para el desarrollo de la tarea en este campo realizar
adaptaciones. Por ejemplo: no es lo mismo un taller de fotografía en
un centro cultural que un taller de fotografía en un Centro de Día
dirigido a personas con discapacidad psicosocial. Las adaptaciones
tienen que ver con poder ir conociendo los tiempos, la necesidad de
explicaciones y/o reflexión sobre algunos temas, la tensión entre lo que
se ofrece como apoyo y los movimientos que se intentan para apro-
piarse de las experiencias, y la evaluación y/o reformulación de las
propuestas. De hecho la oferta de talleres a incorporarse tiene que ver
con temas que expresan intereses sociales, y que apunten a una mejor
calidad de vida y favorezcan la inclusión. Todos los talleres se dirigen
a que la apropiación de experiencias sea de utilidad para la vida social
y les permitan a los concurrentes adquirir instrumentos para vivir con
mayor confianza sus acciones como sujetos de derechos.
Por último quiero referirme a una corriente que en los últimos años
viene cobrando lugar en el sector discapacidad, a partir de cierta inter-
pretación de La Convención, que en su idealización haría posible que
todo se tramite sin ninguna mediación institucional. La idea que surge
de esta mirada es que a toda persona con discapacidad, contando con
prestaciones individuales y su propia autodeterminación, le alcanzaría
para obtener la mayor autonomía posible y alcanzar su mejor inclusión
social. En algunos casos podrá ser posible, pero no en todos.
En este sentido, desde nuestra experiencia podemos decir que el
camino hacia la autonomía es un camino complejo y difícil. No se trata
de tener una hoja de ruta o espacios de reconocimiento que siempre
vienen bien, sino de dimensionar que esos recorridos tienen idas y
38
Discapacidad psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
vueltas, y que no se trata solo de nuestra voluntad o de las condiciones
que ofrece el medio social que progresivamente se va disponiendo con
ayudas y explicaciones a incluir a las personas con discapacidad. Se
trata de que en muchos casos resulta difícil comprender estas comple-
jidades y acomodar el contexto a diferentes requerimientos, y también
de que la persona pueda modificar esa posición que lo ubica por fuera
de la toma de decisiones.
En muchos casos hay personas con discapacidad que no pueden
sostener ciertas ofertas laborales y de mayor inclusión por fuera de los
apoyos que le ofrece la propuesta del Centro de Día.
El sostén de sus actividades a diario y los pequeños movimientos de
apropiación de sus experiencias son aquello que le permite a la persona
con discapacidad mantener cierta calidad de vida. Esto no sería posible
sin el apoyo que ofrece una propuesta organizada como la del Centro
de Día. No debemos olvidarnos que algunos concurrentes han sufrido
procesos muy prolongados de aislamiento y exclusión.
Referencias bibliográficas
Abric, J. C. (2001). Prácticas sociales y representaciones. México DF: Ediciones
Coyoacán.
Acuña, C.H. y Bulit Goñi, L.G. (2010). Políticas sobre la discapacidad en
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41
Personas con discapacidad psicosocial
Marta Augé
Antecedentes
La forma de tratar a las personas con discapacidad mental ha sido
históricamente violenta y estigmatizante. Siempre han formado parte
de los grupos marginales que la sociedad tiende a excluir. La historia de
la locura y de la discapacidad se ha entrelazado a lo largo de los siglos,
siendo considerados ambos colectivos humanos como aquellos que
debieran ser eliminados o aislados de la sociedad con el fin de no ser
una carga para esta.
Durante siglos primó la visión religiosa en la cual estas personas eran
–según la sociedad– producto del castigo de los dioses o del diablo.
Ya antes del cristianismo se hace referencia a estas realidades
humanas. En Grecia aparecen los primeros relatos de cuidados y aten-
ción en asilos, a los que siguieron unos mil años donde se condenó a
los enfermos mentales. En la edad media fueron encerrados en barcos
y enviados con otros marginales a ultramar hasta la muerte. Durante el
siglo XVI se los aislaba fuera del ámbito de las ciudades. Tal vez esta
es una idea que persiste socialmente: se considera que los lugares con
grandes parques beneficiarían de por sí a las personas que sufren pade-
cimiento psíquico.
A partir de los siglos XVII y XVIII se comenzó a investigar las
razones –ya no mitológicas– de las enfermedades mentales, aunque la
43
Personas con discapacidad psicosocial
terapéutica se limitaba a tratamientos de shock como provocar infec-
ciones o utilizar agua fría, sangrías y contención física.
Hace muy poco tiempo –históricamente hablando– que la psiquia-
tría francesa, con Philippe Pinel (1745-1826) a la cabeza, propone la
liberación de los enfermos mentales de sus encierros y la humanización
en el trato de estas personas. Este es el comienzo del desarrollo teórico
de las enfermedades mentales, con Emil Kraepelin (1856-1926) y
Eugen Bleuler (1857-1939), quien introduce los términos “esquizo-
frenia” y “punto de quebradura”; a este último hoy lo llamamos “desen-
cadenamiento de la enfermedad”.
En la época del nacionalsocialismo hubo un considerable retroceso,
denominando a estas personas como “degenerados”, siendo asesinados
120.000 de ellos por esa razón.
En 1950, con la introducción de los psicofármacos, se comenzaron a
diseñar modelos de inclusión en la comunidad a través de tratamientos
ambulatorios, tratamientos psicoterapéuticos individuales y grupales,
hospitales de día, comunidades terapéuticas, etc., que les permitieron
a este colectivo llegar a tener más conciencia de su trastorno y poder
colaborar con sus tratamientos.
La discapacidad psicosocial en la actualidad
Para arribar al concepto de discapacidad mental o psicosocial, según se
lo entiende en la actualidad, partiremos de lo explicitado por la Conven-
ción Internacional de Derechos sobre las Personas con Discapacidad (en
adelante CDPD o La Convención) en su Artículo 1 en donde, al definir
qué se entiende por persona con discapacidad, expresa que:
Las personas con discapacidad incluyen a aquellas que tengan defi-
ciencias físicas, mentales, intelectuales o sensoriales a largo plazo
44
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
que, al interactuar con diversas barreras, puedan impedir su parti-
cipación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones
con las demás. [El destacado es nuestro]
Del texto de La Convención se desprende la existencia de la disca-
pacidad mental como un concepto definido e inequívoco, diferen-
ciándola de la discapacidad intelectual. En esta última la deficiencia
se asienta especialmente en trastornos cognitivos, mientras que en la
discapacidad psicosocial la deficiencia evoca la relación del sujeto con
el lenguaje, en su forma de vivir los vínculos con los semejantes. Según
María Teresa Fernández (2010) antes de La Convención
(…) sucedía que las personas con deficiencias mentales, bien no eran
consideradas personas con discapacidad sino “enfermas mentales”, bien
quedaban enmarcadas de manera inespecífica dentro de una amplia
categoría, a veces denominada “discapacidad mental” y otras “discapa-
cidad intelectual”, que indiferenciadamente agrupaba a ambas.
El reconocimiento por La Convención de que las personas con “enfer-
medades mentales” ahora son personas con discapacidad mental o
discapacidad psicosocial –cuyas características, manifestaciones y
requerimientos son distintos de los otros tipos de discapacidad– se
considera uno de los grandes logros, en muchos sentidos, de este revo-
lucionario instrumento internacional. (Fernández, 2010: 10-11)
A lo largo de la historia, según las concepciones científicas, sociales
y políticas de las diferentes épocas, los términos para nominar a este
colectivo han ido variando: loco, demente, enfermo mental crónico,
trastornado mental, enfermo mental severo, discapacitado psiquiá-
trico. Más tarde, en los años ochenta, con el movimiento de desmani-
comialización, se apeló al término “personas con sufrimiento psíquico”,
aminorando la estigmatización y el rechazo al que es sometida esta
población. No obstante esto, la cuestión aún queda depositada en las
45
Personas con discapacidad psicosocial
personas, sin tenerse en cuenta los efectos que las barreras1 sociales
operan sobre las mismas.
Estos conceptos han ido variando según los paradigmas que el cono-
cimiento fue incorporando; así se habla de discapacidad psíquica en
donde la deficiencia es tomada exclusivamente en las problemáticas
psíquicas personales, y de discapacidad psiquiátrica poniendo el acento
en la enfermedad mental tratada según modelo médico, con la conse-
cuente carga de prejuicios sociales que la enfermedad psiquiátrica
implica.
Ahora bien, ¿todo trastorno mental implica discapacidad psicoso-
cial? Pensamos que de ningún modo es así. Solo aquellos trastornos
que impliquen una limitación de larga duración en las actividades de la
vida diaria, higiene, trabajo y autonomía en la toma de decisiones, son
los que conllevan una discapacidad psicosocial.
Según De Fuentes (2006) la discapacidad mental o psicosocial es
definida por tres variables:
a) diagnóstico clínico
b) duración del trastorno
c) funcionamiento psicosocial
De tal modo, con el fin de dar cuenta de las tres variables antes
mencionadas, se realizaron encuestas a cincuenta concurrentes del
Centro de Día de la Fundación CPI. El objetivo de tales encuestas
fue el de recopilar información desde el punto de vista de las mismas
personas que son nominadas como personas con discapacidad psicoso-
cial, y poder dar cuenta de las barreras con las que se encuentran en la
sociedad.
1. Se entiende por barreras todas aquellas acciones o productos que limitan o impo-
sibilitan la participación de todas las personas en igualdad de condiciones con los
demás. Hay barreras físicas, comunicacionales y actitudinales.
46
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
A. El diagnóstico clínico
El diagnóstico clínico identifica la deficiencia a nivel psíquico,
implicando principalmente los siguientes cuadros: trastornos esquizo-
frénicos, trastorno bipolar, episodios depresivos graves con sintomato-
logía psicótica, trastornos depresivos recurrentes, trastornos obsesivos
compulsivos, autismo y trastorno generalizado del desarrollo.
La certificación de la discapacidad de una persona en nuestro país la
efectúan las Juntas Evaluadoras Interdisciplinarias dependientes de la
Agencia Nacional de Discapacidad emitiendo un diagnóstico en base
a la CIE-10, Clasificación Internacional de Enfermedades y Problemas
Relacionados con la Salud, 10º Revisión (Organización Mundial de
la Salud [OMS], 2003). Tal certificación y el diagnóstico referido
quedan plasmados en un Certificado Único de Discapacidad (CUD).
Figura I. Diagnósticos según Certificado Único de Discapacidad
47
Personas con discapacidad psicosocial
Los diagnósticos que constan en los CUD de las 50 personas inte-
grantes de la muestra dan cuenta de lo siguiente:
Se observa que los diagnósticos que prevalecen son de orden
psíquico, lo que podría generalizarse como “pacientes graves” desde el
punto de vista psiquiátrico. En el caso de las personas que fueron diag-
nosticadas con retraso mental moderado, hemos podido constatar, a
través de entrevistas con familiares y/o por estudios realizados en la
infancia, que en la totalidad de los casos habían padecido una psicosis
infantil.
Figura II. Sintomatología reconocida por los encuestados
Con respecto a la sintomatología que reconocen como limitante
y que forman parte del desencadenamiento de sus trastornos, persis-
tentes aún hoy en gran parte de ellos, se destacan: alucinaciones en
48
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
las distintas manifestaciones (visuales, auditivas, sensoperceptivas),
ideas no compartidas (ideas delirantes), desorganización, aban-
dono en edades tempranas de estudio y/o trabajo. Los problemas
de higiene suelen no ser reconocidos por los concurrentes pero son
preocupación del entorno familiar y/o social.
Figura III. Internaciones psiquiátricas
La cantidad de internaciones psiquiátricas marca una variable
importante. Como vemos en la Figura III, 27 personas han sufrido
entre 1 y 4 internaciones, mientras que 11 personas sufrieron entre 5 y
10 internaciones. Las 12 personas que no fueron internadas responden
al diagnóstico de retraso mental y trastorno generalizado del desa-
rrollo. Teniendo en cuenta lo señalado en la Figura I y considerando
que se trata de problemáticas que hacen su presentación en la infancia,
lo habitual es que sean abordados con tratamientos ambulatorios.
49
Personas con discapacidad psicosocial
B. Duración del trastorno
Figura IV. Edad de los entrevistados al momento de la primera crisis
En la Figura IV, 11 personas diagnosticadas actualmente con psicosis
infantil o TGD tuvieron dificultades en incluirse en la escolaridad
común entre los 6 y los 15 años. El resto de la población sufrió una
crisis de descompensación psicótica entre los 16 y los 50 años. Resulta
importante destacar que 25 personas (la mitad de los encuestados)
presentaron su primera crisis entre los 16 y los 20 años.
50
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
Figura V. Edad actual de los entrevistados
Como se puede observar en la comparación entre las figuras IV y
V, el tiempo transcurrido entre la primera internación, probablemente
primera crisis, y la edad actual del entrevistado, es de entre 10 y 30
años, lo que da cuenta de la duración del trastorno. Estas personas,
además de las internaciones psiquiátricas han realizado un sinnúmero
de tratamientos (psicológicos, psiquiátricos, psicopedagógicos) o
recorridos institucionales en el intento de incluirse socialmente, sin
haber logrado sus objetivos.
C. Funcionamiento psicosocial
El funcionamiento psicosocial de las personas con discapacidad
mental o psicosocial es deficitario debido, en cierta medida, a la proble-
mática de este colectivo y en gran parte a la falta de apoyos2 familiares
2. Es el acto de prestar ayuda o asistencia a una persona que la requiera para
realizar las actividades cotidianas y participar en sociedad. Documento ONU A/
HRC/34/98.
51
Personas con discapacidad psicosocial
y sociales que les permita y facilite construir vínculos, trabajar, vivir en
forma independiente y con autonomía.
Veremos a continuación las limitaciones que se les presenta a estas
personas con discapacidad en el orden de la vivienda y el trabajo.
Figura VI. Lugar de alojamiento
De la población consultada podemos ver que de las 50 personas
de edad adulta solo 8 viven en vivienda propia; 4 viven en Hoteles
Familiares, ya que carecen de vivienda y son asistidos por el Programa
Ciudadanía Porteña; 3 en Residencias Asistidas; y 35 con diferentes
familiares. Entre estos últimos observamos que 25 personas (la mitad
de la población encuestada) viven con la madre como responsable del
hogar. Lo observado muestra lo dificultoso que resulta para esta pobla-
ción procurarse una vivienda propia por la falta de recursos econó-
micos autogestionados.
52
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
Recorridos laborales
Respecto a este área fundamental en la vida de las personas encon-
tramos, a partir de la encuesta, que 15 personas no han trabajado en
ninguna de las modalidades que se investigaron, 35 se han incorpo-
rado, en algún período de sus vidas, a distintos trabajos tanto formales
como informales. Al momento del ingreso al Centro de Día todas las
personas encuestadas se encontraban inactivas.
Figura VII. Trabajos formales
Solo 8 personas de las 50 encuestadas han logrado trabajos formales
y solo 3 de ellas por períodos superiores a cinco años.
53
Personas con discapacidad psicosocial
Figura VIII. Trabajos informales o temporarios
Podemos apreciar que los intentos de incluirse en el ámbito laboral
son mayores en esta modalidad, aunque por tiempos limitados. Dada
la dificultad para lograr la incorporación en el mundo laboral y siendo
un área de interés por parte de los concurrentes al Centro de Día, se
crearon tres espacios de entrenamiento laboral con el fin de formar
hábitos e incentivar la búsqueda de espacios de inclusión fuera del
ámbito institucional.
Las personas con discapacidad psicosocial
en interacción con el entorno
“No estamos en un refugio de locos, producimos y el
barrio nos reconoce.”
Gerardo Faltum. Concurrente del Centro de Día.
En el Artículo 1 de La Convención se propone “proteger y asegurar
el goce pleno y las condiciones de igualdad de todos los derechos
54
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
humanos y libertades fundamentales por todas las personas con disca-
pacidad, y promover el respeto de su dignidad inherente”.
En el mismo artículo se aclara que dicho propósito incluye a todas las
personas que tengan deficiencias a largo plazo, entre ellas a las personas
con discapacidad mental. Se trata de reducir y/o anular las barreras
que impiden la participación plena y efectiva de estas personas en la
sociedad, en igualdad de condiciones con los demás.
El Artículo 5 de La Convención, titulado “Igualdad y no discrimi-
nación”, en su inciso 2, refiere a la prohibición de “toda discrimina-
ción por motivos de discapacidad”. También en los incisos h) e i) del
Preámbulo del mismo documento, reconociendo “la diversidad de las
personas con discapacidad”, se advierte “que la discriminación contra
cualquier persona por razón de su discapacidad constituye una vulne-
ración de la dignidad y el valor inherentes del ser humano”. Podemos
entender lo antes consignado en las vivencias de un concurrente
cuando dice: “La gente tiene miedo a acercarse, a algunos se les nota,
a otros no. También la familia, ellos no quieren que se note, pero ellos
también tienen problemas”. Si bien esta población no porta una marca
a nivel de la imagen, hay actitudes o modos de dirigirse a los demás que
evidencian una diferencia. Es esta diferencia lo que provoca el temor
con la consiguiente exclusión.
Estas diferencias son entendidas como disvalor, haciendo sufrir a
las personas con discapacidad situaciones invalidantes, trato ofensivo,
hostilidad, desconfianza o sobreprotección y paternalismo. Así, “ser
discapacitado supone experimentar la discriminación, la vulnerabi-
lidad, y los asaltos abusivos a la propia identidad y estima” (Barton,
1998, citado en Cobeñas, 2018:89).
En el Artículo 8, “Toma de Conciencia”, La Convención insta a
los Estados a tomar las medidas pertinentes para luchar contra los
estereotipos, prejuicios y prácticas nocivas que padecen las personas
con discapacidad, en este caso discapacidad psicosocial; y a tomar
55
Personas con discapacidad psicosocial
conciencia respecto de las capacidades y aportaciones de las personas
con discapacidad a través de campañas de sensibilización pública desti-
nadas a fomentar a nivel educativo y comunicacional una actitud de
respeto, tendiendo a formar actitudes receptivas sobre los derechos
de las personas con discapacidad. “La reacción que tienen cuando
mostramos el pase3 (en los medios de transporte público), nos despre-
cian y si no voy con acompañante no me dejan subir”. Esto es lo que
viven cotidianamente cuando tratan de incluirse socialmente, hechos
que en algunos casos retraen la participación social de las personas con
discapacidad psicosocial. Estas actitudes también vulneran el Artículo
20, “Movilidad personal”, que garantiza La Convención.
El Artículo 27, “Trabajo y Empleo”, garantiza a la persona con disca-
pacidad el derecho a trabajar, con los apoyos necesarios, pero aún no se
cumple el cupo que por ley obliga al Estado y a las empresas a ocupar
el 4% del personal con personas con discapacidad. Es así que se recurre
a distintas ofertas, como talleres de producción en Centros de Día,
resultando paliativos pero no verdaderos modos de inclusión laboral.
En palabras de concurrentes: “A veces simulaba trabajar para ser como
todos”; “Cuando puedo hacer algo tangible siento que no pierdo el
tiempo, eso es inclusión laboral”; “En el trabajo me echaban por las
voces, se asustaban y yo no podía cumplir”.
El Artículo 30 habla de la participación en la vida cultural, y en
recreación y deportes. Las personas con discapacidad psicosocial
tienden a mantenerse aisladas presentando graves dificultades en la
interacción con otros. Hay muy pocos lugares con ofertas inclusivas
de encuentros con otros, donde se contemple la particularidad de
estas personas, siendo las instituciones, Centros de Día o CET, los que
ofrecen, dentro de sus limitaciones, espacios de ocio, disfrute y acti-
3. A partir de ser otorgado el CUD las personas con discapacidad tienen el derecho
de viajar en los transportes públicos con un pase que les permite trasladarse en
forma gratuita.
56
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
vidades culturales. “La Peña me gusta porque viene gente distinta a
nosotros y bailamos todos juntos”, dirá un concurrente. El mismo se
refiere a la Peña “El Reviro”, organizada por el Centro de Día, que se
realiza desde hace unos años en el Polideportivo Colegiales. Además
de disfrutar, los concurrentes, con apoyo del Equipo Interdiscipli-
nario, logran organizar el evento. Del mismo participan artistas invi-
tados y asisten amigos, familiares y vecinos del barrio interesados en
la propuesta. Este espacio es muy difícil de mantener ya que no se
encuentran lugares públicos o privados que ofrezcan sus instalaciones.
Interesa particularmente que no sea en instituciones de salud, que
tienen la marca de la discapacidad.
El Preámbulo de La Convención, inciso n), expresa: “Reconociendo
la importancia que para las personas con discapacidad reviste su auto-
nomía e independencia individual, incluida la libertad de tomar sus
propias decisiones”; y el inciso o), expresa la necesidad de tener la opor-
tunidad de participar activamente en decisiones políticas y programas,
incluidos los que les afectan directamente.
La autonomía es uno de los principios universales en los que se
cimientan los derechos humanos. La Convención reconoce la auto-
nomía individual y la independencia de las personas con discapa-
cidad como el primero de sus principios rectores de acuerdo con
la noción de que la autonomía individual es la condición previa
para el ejercicio de derechos, un derecho universal inalienable que
no puede restringirse por motivos de discapacidad. (Fernández,
2010:14)
Tomando especialmente “la libertad de tomar sus propias deci-
siones” nos encontramos con que, a este colectivo (personas con
discapacidad psicosocial), se les niega el ejercicio de sus derechos al
impedirles, por falta de propuestas viables, elegir con quién vivir y/o
57
Personas con discapacidad psicosocial
hacerlo en forma independiente. En nuestra experiencia gran parte
de los concurrentes se encuentran en condiciones de lograr una vida
independiente, contando con apoyos económicos y mínimos apoyos
de personas.
Otra gran barrera que enfrentan las personas con discapacidad psico-
social es la sobreprotección familiar y algunas veces la de los propios
equipos tratantes que, ante la propuesta de un proyecto de vida del
concurrente, solemos intervenir en forma proteccionista impidiendo
la libertad de elegir con la consecuente posibilidad de equivocarse.
Hay personas a las que –a pesar del trabajo que se realiza con las
familias con el fin de que el concurrente pueda tomar sus propias deci-
siones– se les impide trasladarse en forma independiente suponiendo
que pudieran perderse o no saber responder a lo imprevisto. Desde el
equipo, dentro del ámbito del Centro de Día, estimulamos la planifi-
cación de una forma de vida autodirigida en lo que tiene que ver con
la grilla de actividades que realizan y la elección de amistades, parejas,
recreación.
Podemos concluir que el reconocimiento de la discapacidad mental
o psicosocial a partir de la diferenciación que hace la Convención en
su Artículo 1 nos permite hacer visible un modo particular de disca-
pacidad que tiene sus propias características y, en consecuencia, nece-
sidades distintas. Se caracteriza por sufrir deficiencias a nivel psíquico,
sus trastornos comienzan en la niñez o adolescencia preponderante-
mente, y le son vulnerados gran parte de sus derechos, siendo objeto de
discriminación y aislamiento.
58
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
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59
Yo ni loco
Xoana Rivera
Notad primeramente con cuánta solicitud ha provisto la
madre Naturaleza, creadora del género humano, para que
nunca faltase el aderezo de la necedad. Si es verdad, según
los definidores estoicos, que la sabiduría consiste en seguir la
razón, y la Necedad, por el contrario, en dejarse llevar por las
pasiones, ¿no lo es menos el que Júpiter, para que la vida no
fuera triste y amarga, nos dio más inclinación a las pasiones
que a la razón, lo que va de media onza a una libra?
Erasmo De Róterdam, 1511.
Introducción
En el presente artículo se relata una breve pero significativa expe-
riencia que tuvo lugar durante una jornada recreativa llevada a cabo en
un parque municipal de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
El objetivo del mismo es sensibilizar a la sociedad en la toma de
conciencia, respecto de los derechos y la dignidad de las personas
con discapacidad, aspecto promovido por la Convención sobre los
Derechos de las Personas con Discapacidad (en adelante CDPD o
La Convención), en el Artículo 8. El mismo lleva por título, preci-
samente, “Toma de conciencia”. En dicho artículo también propone
“luchar contra los estereotipos, los prejuicios y las prácticas nocivas
(…) en todos los ámbitos de la vida”; y “promover la toma de conciencia
respecto de las capacidades y aportaciones de las personas con discapa-
cidad” (CDPD, Art. 8.1.a), b) y c).
61
Yo ni loco
En la experiencia a la que se hará mención se pone de manifiesto
cómo los concurrentes del Centro de Día de la Fundación –personas
con discapacidad psicosocial– logran resolver colaborativamente una
situación de riesgo a la que se somete un grupo de personas sin discapa-
cidad que utilizaba el mismo espacio. De esta manera, se contrastará la
conducta manifiesta de ambos grupos, resaltando el valioso aporte que
tuvo, en esta oportunidad, la acción del grupo de concurrentes.
Como marco teórico se proponen referencias a la obra de Foucault
acerca del recorrido histórico de la conceptualización y tratamiento de
la locura, la que hoy puede vincularse, aunque no de manera lineal, con
la discapacidad psicosocial. Esto nos permitirá como conclusión inte-
rrogar y cuestionar el conjunto de las representaciones sociales sobre
las personas con discapacidad psicosocial.
Quizá llegue un día en que no se sepa ya bien lo que ha podido ser la
locura. Su figura se habrá cerrado sobre sí misma no permitiendo ya
descifrar los rastros que haya dejado. (Foucault, 1964)
La jornada recreativa a la que hicimos referencia anteriormente, se
encuentra dentro de las actividades que propone el Centro de Día, y
tiene como objetivos generales: propiciar la circulación social de los
concurrentes, acompañarlos en actividades recreativas en el afuera,
fomentar el uso del espacio público y promover su inclusión en el uso
de pautas sociales de comportamiento en la comunidad.
Durante las diversas jornadas recreativas se llevan a cabo tanto
actividades lúdicas, de esparcimiento y recreación, como actividades
físicas (caminatas, partidos de fútbol, vóley, etc.), en concordancia
con La Convención que, en su Artículo 30, propone “que las personas
con discapacidad puedan participar en igualdad de condiciones con
las demás en actividades recreativas, de esparcimiento y deportivas”
(CDPD, Art. 30.5). Y si es “en condiciones de igualdad”, no es de cual-
62
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
quier modo: hay pautas de comportamiento, que son compartidas por
las personas que conviven en un grupo social y marcan los modos de
hacer. Esto es así ya que “no hay una sola cultura en el mundo en que
esté permitido hacerlo todo” (Foucault, 1964). Todos los sujetos de esta
cultura estamos atravesados por ciertas normas en forma explícita y/o
implícita. Y cuando decimos “todos” incluye tanto a las personas con
discapacidad, como a las personas sin discapacidad. Así, por ejemplo,
en el caso de aquellas normas que regulan el uso del espacio público,
si el horario de visita de un parque está pautado, todas las personas
debemos respetarlo. Lo mismo sucede si está prohibido el acceso a una
de las zonas del espacio público: nadie puede acceder a ella.
En este punto, suele presuponerse que las personas con discapacidad
psicosocial, a causa de sus padecimientos, podrían tener dificultades en
la comprensión e interiorización de las pautas que regulan el compor-
tamiento de la vida social, y podrían no comportarse como se espera de
todas las personas que integran la sociedad.
Tal como fuera mencionado anteriormente, las personas que concu-
rren a la Fundación son personas con discapacidad psicosocial, a
quienes se los suele agrupar bajo el significante “locos”. La experiencia
que relataré a continuación tuvo lugar en una de las propuestas recrea-
tivas en el parque municipal mencionado al comienzo de este trabajo,
y es protagonizada por un grupo de “locos” a los que acompañé en una
caminata.
Eran cerca de las dos de la tarde cuando con los concurrentes de
la institución se comenzó una caminata hacia la cercanía del Río de
la Plata para disfrutar de él. Al llegar a su vera, se advirtió que era
un día muy caluroso ya que había mucho sol y no soplaba el viento.
Entonces, el grupo que se había aventurado a la caminata decidió
continuar buscando la sombra de los pinos mientras charlaban, entre
todos, de distintos temas que iban surgiendo en forma espontánea. En
este recorrido, buscando las sombras de los árboles, un concurrente a
63
Yo ni loco
quien llamaré Fabricio advierte que unos niños que estaban jugando
en el mismo parque tiran sin querer una pelota al río. Intrigados por
saber cómo se resolvería esa situación, el grupo se detuvo a observar
qué sucedía. A los pocos minutos se acercó un hombre a quien los
niños llamaban “tío”, quien decididamente y sin dudar cruzó la muralla
que nos protegía a todos de aquel río. Esta muralla, a la vez que nos
advertía de la presencia del río, estaba acompañada de un cartel que
decía “Prohibido bañarse”.
Mientras esto sucedía, esos “locos” que miraban, intentaban anti-
cipar, preocupados: “¡No se va a tirar!”, “¡No se va a arriesgar por una
pelota!”, ya que no solo por normativa nadie podía meterse al río,
sino que además eso implicaría arriesgar la vida por una pelota: “¡una
locura!”.
Sin embargo, ese hombre sin discapacidad evidente alguna, sino por
el contrario, “normal”, efectivamente, se tiró. Se zambulló en esa masa
de agua contaminada, en la que está “prohibido bañarse”, y cayó entre
el agua y las rocas.
El grupo de la caminata quedó anonadado y consensuó acercarse
a mirar qué pasaba con ese tío “responsable” que estaba a cargo del
cuidado de dos niños, y que no había ido al parque con un grupo de
personas con discapacidad psicosocial: “¡Era un hombre ‘normal’!”.
Como los concurrentes habían supuesto, no podía subir, ante lo cual
uno de sus sobrinos –un niño– saltó la muralla, se paró en la cornisa
e intentó ayudarlo. Viendo que el hombre caía tras cada intento, dos
de los concurrentes se acercaron para asistirlo, y sin cruzar la muralla,
estiraron sus manos y coordinaron entre ellos para poder ayudar a este
tío “responsable” y “sensato” que no podía salir del agua y tragaba de la
misma –contaminada– cada vez que caía en ella.
Tras varios intentos frustrados, estos dos concurrentes le mostraron
al hombre “normal” que sería conveniente que siguiera cierto camino
para poder salir, y de esta manera lo orientaron, sin pasar la muralla:
64
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
sería una locura hacerlo. Hecho esto, Fabricio le aconsejó al niño que
había cruzado para ayudar a su tío: “mejor venite para este lado, te podés
caer” y el niño respondió haciéndolo.
Luego de la ayuda brindada a estos otros miembros de la comu-
nidad, el grupo del Centro de Día decidió dar por finalizada la cami-
nata, y comenzó a volver con el resto de sus compañeros. Durante la
caminata de regreso, y tal como había sucedido antes, surgió una charla
amena y espontánea, pero esta vez acerca de la situación que habían
presenciado y en la cual habían colaborado. En esta charla, el grupo
logró llegar a algunas conclusiones. Entre ellas que no vale la pena
arriesgar la vida por una pelota, que lo que había hecho ese hombre
era peligroso y riesgoso, y que ese hombre era un “boludo”. La charla
culminó con una frase de un concurrente que pudo posicionarse en el
lugar del otro e imaginarse en esa situación1: “yo ni en pedo hago eso”.
Frase que no pude evitar traducir como “yo ni loco…”
Según la Real Academia Española la frase “ni loco” se utiliza colo-
quialmente “para reforzar un rechazo o una negativa”. Es decir, está
culturalmente establecido que “es de locos” hacer algo que debiera ser
rechazado en forma tajante, por ejemplo arriesgar la vida o la salud por
recuperar una pelota. En este sentido podemos analizar las conductas
más arriba descriptas, y así cuestionar la asociación, a veces irreduc-
tible, de la locura con la insensatez.
En este punto creo apropiado retomar conceptos de Foucault en los
que plantea que la sociedad no se reconoce en su locura y no puede
reconocer a la locura como parte de ella. De esta manera, a lo largo
1. A. Rivière (1996) refiere a la “Teoría de la Mente”, en relación a un subsistema
psicológico, una función mentalista que nos permite ponernos en el lugar del otro.
Esto es posible porque tenemos conciencia de nuestra mente, y por ende, de que los
otros tienen una mente similar a la propia, pero ajena. Esta función adaptativa nos
da la posibilidad, por un lado, de mentir, engañar, evitar ser engañado; y por otro
de empatizar, y poder ayudar a otro desde su punto de vista.
65
Yo ni loco
de la historia, hemos actuado defensivamente alejando a los locos de
distintas maneras, mediante distintas instituciones:
...se sabe bien que en el siglo XVII se han creado grandes inter-
nados […]. El poder absoluto ha hecho uso de lettres de cachet2 y
de medidas arbitrarias de detención; [ siendo ] La conciencia jurí-
dica que podía alentar semejantes prácticas. [ ] Los locos durante
un siglo y medio, han sufrido el régimen de estos internados, hasta
el día en que se les descubrió en las salas del Hospital General, o en
los calabozos de las casas de fuerza. [ ]
Desde la mitad del siglo XVII, la locura ha estado ligada a la tierra
de los internados, y al ademán que indicaba que era aquél su sitio
natural. (Foucault, El gran encierro, 1964)
Volviendo entonces a la experiencia relatada, caben las siguientes
preguntas: ¿quién cometió una locura ahí?; ¿qué hubiese pasado con
ese hombre si los “locos” fueran encerrados lejos de esa sociedad a la que
pertenecen?; ¿qué hubiese pensado ese hombre si hubiese sabido que
aquellos que le tendían la mano y lo guiaban a su salida eran personas
con discapacidad psicosocial?
Conclusión
El objetivo de este trabajo no es en absoluto minimizar los efectos
de los trastornos psiquiátricos en las personas que los padecen, ni
tampoco cuestionar las consecuencias positivas de las intervenciones
institucionales controladas y con fines únicamente terapéuticos, como
2. Durante el Antiguo Régimen en Francia, las lettres de cachet eran cartas que utili-
zaba el Rey para dar órdenes directas. De este modo, podía ordenar el encarcela-
miento, expulsión, destierro o reclusión de alguien.
66
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
pueden serlo las internaciones que respetan la normativa legal vigente
(Ley Nacional de Salud Mental).
Sin embargo creo oportuno, en vistas del Artículo 8 de la Conven-
ción Sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, cuestionar-
nos acerca de los supuestos construidos e instituidos históricamente,
a través de los siglos, acerca de las posibilidades/imposibilidades de
aquellos que pertenecen al colectivo de las personas con discapacidad
psicosocial. También sería oportuno reflexionar acerca de las posibili-
dades de recuperación e inclusión social, con el concomitante aporte
de estas personas a la comunidad toda, como sucedió en aquella expe-
riencia, cuando ayudaron a otro miembro de la comunidad a resolver
un problema en el que su integridad física estaba en riesgo.
Referencias bibliográficas
De Róterdam, E. (1511). Supremacía de la Necedad sobre la Razón. En:
Elogio de la locura. México, Océano Exprés.
Foucault, M. (1967). El gran encierro. En: Historia de la locura en la época
clásica, Tomo I. México DF, Fondo de Cultura Económica.
Foucault, M. (1964). La locura, la ausencia de obra. En: M. Foucault, Historia
de la locura en la época clásica, Tomo II. París, Éditions Gallimard.
ONU (2006). Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.
Real Academia Española (s.f.). Obtenido de http://dle.rae.es/srv/
fetch?id=NYFsSZ5.
Rivière, A. (1996). Investigaciones empíricas sobre las destrezas mentalistas.
En La mirada mental. Buenos Aires, Aique.
67
El Centro de Día y la discapacidad
psicosocial: un lazo social posible
Gisela P. Sayago
Es muy habitual escuchar entre los profesionales que trabajamos en
el ámbito de la discapacidad psicosocial que dicho concepto aparece
con poca frecuencia, cuando no nula, en los discursos de las prácticas
que se ocupan de trabajar con esta población. Es decir, muchas veces
se los denomina como pacientes psicóticos, con retraso mental, con
deterioro cognitivo, y con todos aquellos nombres que únicamente
acentúan lo que vendría a resultar deficitario. De este modo quedan
soslayados los aspectos que en dichos sujetos suelen quedar profunda-
mente perturbados respecto a su inserción y posibilidad de establecer
lazos sociales.
No resulta este un detalle menor siendo que este tipo de discapa-
cidad es de por sí “poco visible” incluso en el nivel de la imagen de
las personas mismas. O sea, resulta fácilmente ubicable de qué tipo de
discapacidad se trata cuando esta se patentiza a través de algún aspecto
corporal y/o material, por ejemplo, una sordera o una imposibilidad
para caminar. No ocurre lo mismo con sujetos con una discapacidad
psicosocial cuyo empobrecimiento no siempre se supone, a simple
vista, discernible.
Con la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas
con Discapacidad de la Organización de las Naciones Unidas (en
adelante La Convención), aprobada en el año 2006, se han logrado
69
El Centro de Día y la discapacidad psicosocial: un lazo social posible
sentar bases fundamentales en lo que el abordaje de las personas con
discapacidad requiere. Dicha conquista dio lugar a la introducción de
un paradigma novedoso a cuya transición asistimos en su coexistencia,
aún hoy, con el previo. Esta coexistencia alude, por un lado, al modelo
de atención basado en el encierro manicomial –con su consecuente
aislamiento social– y, por otro lado, al surgimiento de un nuevo para-
digma consistente en el reconocimiento del derecho de las personas
con padecimiento mental a vivir incluidas en su comunidad.
Situaremos brevemente algunos hitos que han sido bisagra en la
historia del tratamiento de personas con padecimiento mental para
dar cuenta de las modificaciones que introdujeron, en nuestro país, el
texto de La Convención junto con la Ley Nacional de Salud Mental
Nº 26.657 promulgada en el año 2010, entre otras legislaciones. Estas
últimas se inscriben en una política que va a contramano del encierro
y favorece la inclusión social subvirtiendo así la lógica asilar y de exclu-
sión fuertemente arraigada desde hace algunos siglos.
A principios del siglo XVII comenzó a instalarse una forma de
concebir como peligrosos a todos aquellos sujetos que por distintas
circunstancias no podían avenirse a comportarse de acuerdo a las
pautas y normas sociales. Esta concepción habilitó el ejercicio de
medidas de control, cuyos criterios abusivos y de exclusión no han
hecho más que otorgar consistencia a una estigmatización que termi-
naría legitimándose a sí misma con prácticas de encierro, margi-
nalización, privación de la libertad, e incluso castigos físicos en el
nombre de un disciplinamiento que ha sido denominado de distintas
maneras a lo largo de la historia.
Desde “La nave de los necios o de los locos” –Stultifera Navis– que
describe Foucault (1964), para referirse a la etapa que va desde el siglo
XIV al XVII, luego que la lepra dejara de existir en Europa, todos aque-
llos que habían sido leprosos, junto con los delincuentes, vagabundos,
y todo aquel que estuviera imposibilitado de ganarse la vida produ-
70
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
ciendo, eran recluidos y por ende excluidos de la sociedad enviándolos
a los hospitales generales. Estos últimos no constituían una institución
médica sino más bien un ente jurídico- policial.
En el siglo XVIII, en Francia, de la mano de Pinel, aunque no única-
mente a través suyo, se introdujeron las bases de lo que en el siglo XIX
se denominaría “tratamiento moral” (Foucault, 1964), con el objetivo
manifiesto de sustituir las prácticas inhumanas, hasta ese momento
imperantes, por un tratamiento médico más humanitario en los
manicomios.
A comienzos del siglo XX, el avance implacable del sistema capita-
lista, al cual el tratamiento de los enfermos mentales no quedó ajeno,
sustituyó los tratos inhumanos por una lógica de dominación en pos
de transformar a esta población en fuerza de trabajo que pudiera servir
al sistema; los que no pudieran, seguirían confinados al encierro y
exclusión, invisibilizando así las altas tasas de desempleo para el resto
de la sociedad.
Siguiendo a Foucault, él considera que estos cambios a nivel
discursivo no modificaron las prácticas institucionales y que todos
ellos encubrían una falacia en tanto estos paradigmas eran herederos
de un denominador común: la marginalización y la exclusión de los
enfermos mentales. Tal como sostiene el autor: “La hospitalidad que
lo acoge (al enfermo mental) va a convertirse –nuevo equívoco– en la
medida de saneamiento que lo pone fuera de circulación” (Foucault,
1964, p. 54).
Se fue instalando de esta manera un imaginario social en torno a la
figura del “enfermo mental” como depositario de todo lo que queda por
fuera de lo socialmente aceptable, personas desprovistas de cualquier
tipo de racionalidad, cuyo inexorable destino es el tutelaje perpetuo
por fuera de los circuitos sociales convencionales.
Ya a mediados del siglo XX, lo que se conoce como “reforma
psiquiátrica” (Foucault, 1964), ha sido un intento de aproximación
71
El Centro de Día y la discapacidad psicosocial: un lazo social posible
a la locura a partir de establecer posibilidades de tratamiento que
sustituyan los manicomios.
A nivel internacional se conocen las experiencias de Cooper (Ingla-
terra), quien propuso el dispositivo de comunidad terapéutica, Basaglia
(Italia) con la psiquiatría democrática y Oury en Francia con la psico-
terapia institucional.
En nuestro país, de las varias experiencias que se han hecho en el
campo de la Salud Mental, se destacan, por haber sido pioneras en
fundar dispositivos de atención distintos al manicomio: la creación
por parte de Mauricio Goldenberg del primer Servicio de Salud
Mental con Sala de Internación Psiquiátrica en un Hospital General, el
Policlínico de Lanús (luego convertido en el “Hospital Zonal Evita”),
en 1956, y en 1967 el Dr. García Badaracco crea el primer Hospital de
Día en el Hospital Dr. José T. Borda.
A la luz de La Convención, en el campo de la discapacidad, la crea-
ción de diversos dispositivos de atención, como los Centros de Día,
Centros Educativos Terapéuticos, Hogares, Hostales y Casas de medio
camino, es propulsada por coyunturas histórico-sociales que dan
sentido al discurso que de ellas emerge consistente en la necesidad
de instalar una respuesta alternativa al encierro como forma de trata-
miento de sujetos con padecimiento mental.
En el trabajo que realizamos en el Centro de Día de la Fundación
CPI, podemos ubicar que La Convención produce al menos dos despla-
zamientos que entendemos resultan cruciales para la atención de los
concurrentes que asisten. Digo cruciales en tanto supone un movimiento
dialéctico por el cual la concepción teórica que se tenga respecto a la
discapacidad psicosocial tendrá efectos en las intervenciones con los
concurrentes y, a la inversa, los concurrentes son quienes nos enseñan y
nos orientan respecto a la teoría y, por ende, al modo de intervenir.
El primer movimiento que produce La Convención es ubicar a la
discapacidad mental o psicosocial ya no únicamente como una insu-
72
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
ficiencia por parte del sujeto que no puede incluirse en la sociedad.
Esta concepción que parte de ubicar lo deficitario exclusivamente en el
sujeto solo puede llevar a instalar una vivencia de exclusión: sujetos que
son nombrados por lo que les falta en comparación con una persona
capaz de responder de un modo productivo quedan así confinados a
ocupar un lugar deficitario. En cambio, el concepto de discapacidad
mental o psicosocial, desde La Convención, supone que la mayor difi-
cultad para que un sujeto pueda tener una plena inclusión social no es
resultado de la discapacidad en sí misma sino, sobre todo, de las limita-
ciones que cada sociedad impone.
En un documental1 que se filmó sobre la Fundación en el año 2015, se
muestra un fragmento que podemos interpretar a la luz de esto último.
Ante la pregunta que la entrevistadora realiza a los concurrentes sobre
qué dificultades encuentran para la inclusión en actividades laborales,
uno de ellos responde: “¿De ellos o nuestra?”. Una respuesta equívoca
que deja indeterminado desde dónde provienen las dificultades más
resistentes, si de la discapacidad misma de los sujetos o de las barreras
que la sociedad erige.
En el Centro de Día Fundación CPI acompañamos a cada sujeto en
la construcción de sus propios recursos, poniendo el acento en lo que
sí es capaz de hacer y en los apoyos que necesita para recrearlo en su
vida cotidiana. Fundar una experiencia que reconozca en el otro a un
semejante, ubicando lo que resulta problemático para ese sujeto pero
suspendiendo una predicación sobre su ser. Para ello resulta imprescin-
dible dirigirse a la persona con discapacidad psicosocial no como un
“discapacitado” sino como un sujeto hablante que en tanto dice cons-
truye lazos sociales con sus recursos y no desde su discapacidad.
Entendemos que esto podría ser lo que subyace al tipo de vínculo
que varios concurrentes de la institución logran establecer; en tanto
1. “Con experiencia Previa”. Responsable del proyecto: Laura Tarrab. 2015. Dispo-
nible en YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=5w13LDGoNNo.
73
El Centro de Día y la discapacidad psicosocial: un lazo social posible
al tomar el lugar de participante de un taller –lugar de ceramista, de
vendedor de mermeladas, de cocinero, de cadete, etc.–, el estigma del
déficit queda eclipsado y se ilumina un modo distinto de estar que da
lugar a nominaciones imaginarias que permiten al sujeto situarse entre
significantes distintos de aquellos que designan la discapacidad.
En relación a esto último, respecto a las intervenciones del equipo,
es necesario estar advertidos de no hacerlo con la intención de querer
el bien del sujeto, lo cual solo reforzaría la exclusión ya padecida. A esta
exclusión que intentamos suprimir, podemos paradójicamente poten-
ciarla con una intervención desde nuestros propios ideales.
Es así como algunos concurrentes podrán eventualmente estudiar
y/o trabajar; otros no; otros incluso es conveniente que no lo hagan;
otros tendrán que inventarse algo inédito. Se trata de poder dejarse
tomar por lo que el concurrente nos va enseñando sin dejar nunca de
apostar a que emerja algo distinto de lo que el padecimiento ha hecho
de él. Para eso es necesario que un deseo haga de límite a las buenas
intenciones y permita la emergencia de lo que hay de singular en cada
quien y que se ponga en forma para hacer de eso una realidad más
vivible, menos mortificante, más creativa. Ninguna respuesta consti-
tuye una solución dada de una vez y para siempre, y muchas veces no se
logra, pero muchas otras sí.
Habíamos mencionado dos desplazamientos que se producen con
La Convención. El primero, como ya lo mencionamos, ubica la disca-
pacidad psicosocial tanto del lado del sujeto como de las barreras que la
sociedad impone. El segundo, solidario del primero, suprime el término
de “enfermos mentales” por el de “personas con discapacidad mental
o psicosocial”. Es decir, no enfermos, sino personas. Esto tiene toda su
relevancia respecto a los derechos humanos y a la plena inclusión social
a la cual toda persona ciudadana debe poder acceder. El resguardo y la
protección de sus derechos y el respeto ético a su dignidad constituyen
los pilares de base que orientan nuestras intervenciones.
74
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
Es frecuente escuchar a los concurrentes quejándose que son otros
los que toman decisiones por ellos, desde cómo vestir, hasta qué comer,
con quién juntarse y con quién no. En la Fundación priorizamos que
sean ellos mismos los protagonistas de su propio recorrido y quienes
puedan elegir a qué talleres les interesa asistir y a cuáles no. A excepción
de las “Asambleas de Convivencia”, a las cuales todos los concurrentes
tienen que asistir, y de los “grupos de reflexión”, cuyos participantes
son convocados por el Equipo en función de objetivos terapéuticos
específicos, los demás talleres se elijen por el lapso de un año cuando se
vuelve a realizar la elección. Es así como cada uno puede participar de
talleres que sean de su agrado e interés, a la vez que asumir un compro-
miso con la asistencia.
Dentro de la variedad de talleres que se ofrecen en el Centro de
Día de la Fundación CPI, se encuentran los denominados “Talleres
de Inclusión Laboral”. Estos tienen como objetivo la incorporación de
hábitos laborales a través de la producción de distintos objetos desti-
nados a la venta. Actualmente hay tres talleres que funcionan con
esta modalidad: Taller de Cerámica, Taller de Dulces y Conservas y
Taller de Estampado y Costura. Los concurrentes interesados en esta
propuesta pueden solicitar su ingreso a alguno de estos talleres para lo
cual atraviesan las instancias de armado de curriculum vitae y entre-
vista, tal como sucede en un empleo formal, pero dentro de un marco
que pueda oficiar de soporte para acompañar el proceso.
Muchas veces la inclusión por parte de un concurrente en los talleres
cuya modalidad es laboral tiene impactos, no solo en él mismo, sino
también en su entorno, en su familia, en sus compañeros y otros alle-
gados quienes suelen quedar sorprendidos respecto a lo que el concu-
rrente es capaz de producir haciendo piezas de cerámica, dulces y
mermeladas u objetos con estampados, según de qué taller se trate.
En este sentido, es a través de la actividad de los talleres que podemos
allanar un terreno fecundo para la transformación de un lazo social que
75
El Centro de Día y la discapacidad psicosocial: un lazo social posible
funcione como una solución, a veces más o menos duradera, variable-
mente resistente y singularmente construida, que constituye el funda-
mento sobre el cual el abordaje que se realiza en la Fundación CPI se
halla intrínsecamente sostenido.
Referencias bibliográficas
Congreso de la Nación Argentina (2010). Ley 26.657. Ley Nacional de Salud
Mental. Senado y Cámara de Diputados de la Nación Argentina reunidos
en Congreso. Publicada en el Boletín Oficial el 03/12/2010.
Foucault, M. (1967). Historia de la locura en la época clásica, Tomo I.
México DF: Fondo de Cultura Económica.
ONU (2006). Convención sobre los Derechos de las Personas con
Discapacidad.
76
El Centro de Día de la Fundación CPI
Fundamentación, población, objetivos,
organización y dinámica de funcionamiento
Ana María Piattoni
I. Fundamentación
El Marco Básico de Organización y Funcionamiento de Prestaciones
a Personas con Discapacidad, del Ministerio de Salud de la República
Argentina (en adelante Marco Básico), define conceptualmente al
Centro de Día como:
El servicio que se brindará al niño, joven o adulto con discapacidad
severa o profunda, con el objeto de posibilitar el más adecuado
desempeño en su vida cotidiana, mediante la implementación de
actividades tendientes a alcanzar el máximo desarrollo posible de
sus potencialidades.
La determinación de la discapacidad severa o profunda de los bene-
ficiarios deberá tener en cuenta el diagnóstico funcional de los
mismos, lo que implica la consideración de su desempeño en forma
integral. Es decir, evaluando las aptitudes, intereses y posibilidades
de la persona con discapacidad desde una perspectiva bio-psico-
social. (Ministerio de Salud de la República Argentina, Resolución
1.328/2006, ítem 4.6.1)
Más adelante, al referirse a quienes pueden recibir la prestación
mencionada, en el mismo Marco Básico se consigna: “El tipo de
discapacidad de los beneficiarios puede ser mental, motriz, sensorial
77
El Centro de Día de la Fundación CPI. Fundamentación, población, objetivos...
o visceral, pero en todos los casos el nivel de la misma será severo o
profundo o puede tratarse también de personas multidiscapacitadas”
(Resolución 1.328/2006, ítem 4.6.1, el resaltado es nuestro). Resulta
necesario aclarar que la Resolución referida –que es la misma que rige
en la actualidad– data del 01/09/2006, fecha en la cual aún no se había
promulgado la Convención sobre los Derechos de las Personas con
Discapacidad (en adelante la CDPD o La Convención) y menos aún
promulgado la Ley Nº 26.378 por la cual la Argentina ratifica su adhe-
sión a la misma. En estas últimas se distingue la discapacidad mental
de la discapacidad intelectual (CDPD, Artículo 1), mientras que en
la Resolución mencionada se abarca con un único término (mental)
ambos tipos de discapacidad.
En el Centro de Día de la Fundación CPI recibimos a personas
con discapacidad mental o psicosocial1, con quienes se llevan a cabo
diferentes modalidades de abordaje en forma ambulatoria. El hecho
de que sea ambulatorio implica que durante varias horas al día estas
personas conviven en la institución realizando diversas actividades, en
su mayoría grupales. Luego cada uno regresa a su hogar u otros lugares
de residencia.
Los ejes sobre los que se centran todas las actividades del Centro de
Día de la Fundación CPI son: promover el despliegue de la vida coti-
diana de los concurrentes con el más amplio nivel de independencia
y autonomía posible, contemplando las singularidades de cada uno;
y posibilitar situaciones que favorezcan el lazo con otros y la inclu-
sión social. Respecto de este último propósito, y en el marco de La
Convención, entendemos que tal inclusión no depende solamente de
las personas con discapacidad sino de las barreras que la sociedad les
impone y que obstaculizan e impiden el pleno ejercicio de sus dere-
chos. En tal sentido, desde hace varios años, la institución participa
1. Discapacidad mental o psicosocial: Ver el artículo: “Personas con Discapacidad
Psicosocial”.
78
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
en campañas de difusión y realiza actividades para promover en la
sociedad la toma de conciencia respecto de las formas en que la misma
discrimina y estigmatiza a las personas con discapacidad en general, y a
las personas con discapacidad psicosocial en particular.
II. Población2
En la actualidad asisten al Centro de Día aproximadamente 703
concurrentes: personas con discapacidad mental o psicosocial a causa
de padecimiento psíquico severo. Se trata de jóvenes y adultos cuyas
edades oscilan entre 18 y 65 años, la mayoría con diagnósticos de
esquizofrenias, psicosis con años de evolución, discapacidad intelec-
tual leve o moderada. Vale aclarar que en el caso de las personas con
discapacidad intelectual que asisten a la institución, generalmente
dicha discapacidad suele estar asociada a empobrecimiento cognitivo
en razón de una psicosis infantil.
En muchos casos, llegan al Centro de Día luego de varios años de
permanencia en sus hogares, sin realizar actividades, presentando difi-
cultades en los lazos sociales, en los vínculos familiares, en las posibili-
dades de insertarse laboralmente, sostener actividades de capacitación
o, en el caso de los más jóvenes, de sostener una actividad educativa.
Resulta recurrente escuchar, en las entrevistas de admisión, que los
familiares de los posibles futuros concurrentes expresen: “Buscamos
un lugar donde pueda realizar actividades, en casa no hace nada”. Se
trata de personas en quienes la apatía, la abulia, el desgano, suelen
presentarse como rasgos persistentes. Para muchos implica un gran
2. Realizamos aquí una breve descripción y caracterización de la población con la
que trabajamos. En el artículo “Personas con Discapacidad Psicosocial” se brinda
información más detallada al respecto.
3. Decimos “aproximadamente”, dado que la cantidad de personas que asisten varía
en función de ingresos y/o egresos que se suceden por motivos diversos.
79
El Centro de Día de la Fundación CPI. Fundamentación, población, objetivos...
esfuerzo levantarse por las mañanas, organizar su día, realizar tareas
en el hogar e higienizarse. En algunos de ellos esto ocurre debido a
vivencias corporales de disgregación, de fragmentación (al sentir que
el cuerpo se desarma necesitan una y otra vez ubicar las partes de su
cuerpo), fenómenos estos que producen intenso padecimiento4. Otros
pueden presentar ideas persecutorias o delirantes, o padecer alucina-
ciones auditivas, visuales, o cenestésicas. En la mayoría de los casos,
ya desde su juventud en el caso de los adultos, han tenido dificultades
para conseguir y/o sostener un trabajo y en consecuencia no han
podido llevar adelante un proyecto de vida independiente. El mayor
porcentaje de los concurrentes viven con algún familiar, otros en resi-
dencias u hogares para personas con discapacidad; algunos no tienen
vivienda propia ni familia, o no pueden contar con ella. En estos casos
suelen alojarse en hoteles familiares o de pasajeros en las cercanías de
la institución.
Algunos han asistido previamente y durante varios años a otros
dispositivos como Hospitales de Día o, los más jóvenes, a Centros
Educativos Terapéuticos. Muchos de ellos han atravesado en períodos
anteriores varias internaciones; sin embargo es de destacar que en el
transcurso de su asistencia al Centro de Día solo excepcionalmente
vuelven a requerir alguna internación psiquiátrica. Cuando esto ocurre
(una nueva internación) generalmente se encuentra asociado a episo-
dios de desestabilización relacionados con alguna situación personal/
familiar desencadenante, o bien a etapas de dificultad en la adherencia
al tratamiento psicofarmacológico motivada por diferentes circuns-
tancias (resistencias referidas a alguna ideación propia del cuadro de
base, creencia en que pueden prescindir de la misma, entre otras), falta
de apoyo familiar, y en el último tiempo, obstáculos para la adquisición
4. Para una mayor comprensión acerca de estos fenómenos se recomienda leer el
artículo “Sobre los apoyos en discapacidad psicosocial”.
80
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
de medicamentos por trabas en la provisión de los mismos por parte
del Estado.
II.1. Las admisiones
Tal como mencionamos anteriormente, un gran porcentaje de
consultas tratan de personas que han transitado por procesos de crisis
y de internaciones. Sus familias por lo general han pasado por expe-
riencias de decepción y es muy común que se mantengan escépticos o
medianamente desvinculados de la complejidad del estado de salud de
su familiar.
En las entrevistas de admisión se intenta ubicar algo del orden de
la historia de sus padecimientos, antecedentes familiares, tratamientos
recorridos, tratamientos actuales, situación de la persona en relación
a su medio laboral, sus estudios, sus experiencias de trabajo, sus amis-
tades, sus vínculos, etc.
También se les consulta por sus intereses, en pos de ofrecer alguna
propuesta acorde a los mismos. Se les informa acerca del programa
institucional (talleres y otras actividades), se los invita a conocer las
instalaciones y recorrer algún taller para que puedan ubicar espacios,
concurrentes y actividades.
Se les explica que en el proceso de inclusión en el Centro de Día
mantendrá entrevistas con un profesional de la institución denomi-
nado “Referente”5.
Una tarea, durante la admisión, es explicar que la propuesta intenta
contrarrestar el circuito de reinternaciones, ampliando los tiempos de
estabilidad, trabajando en dirección a que la persona recupere intereses
y ubique otras modalidades de vínculo a partir de las cuales pueda
mejorar el lazo con otros, a diferencia de los modos que lo llevaban
5. Ver artículo: “La función del Referente”.
81
El Centro de Día de la Fundación CPI. Fundamentación, población, objetivos...
al aislamiento o a la exclusión. La apuesta es que, progresivamente,
vaya reconociendo sus posibilidades y responsabilidades en la vida en
común.
II.2. El ingreso
Al momento de ingresar se le propone a la persona incorporarse
progresivamente (por ejemplo tres veces por semana o solo parte del
día). El objetivo es que pueda conocer y darse a conocer, asimilando
en forma paulatina actividades, compañeros, profesionales, dinámicas
institucionales, horarios, etc.
La presentación del ingresante al Equipo Interdisciplinario se realiza
en la reunión de equipo mensual, a través de la información recabada
durante la admisión. Se aportan preguntas para conformar una idea
más clara de su historia de vida y algunos temas que no hayan sido
suficientemente aclarados en la entrevista de admisión.
Dentro de la recepción a quien ingresa, se cuenta con la mejor
predisposición de los concurrentes que asisten desde hace tiempo al
Centro de Día, para orientar al ingresante y alojarlo dentro de las diná-
micas institucionales.
A veces sucede que quien ingresa todavía no está suficientemente
estabilizado en su cuadro de base. En esos casos hay que hacer algunas
excepciones y concesiones a ciertas reglas institucionales, así como
también dar las explicaciones pertinentes a todo el grupo de concu-
rrentes sobre estas modificaciones. Dado que el Centro de Día cuenta
con diferentes programas –los cuales serán detallados más adelante–,
también se evalúa cuál de ellos podrá facilitar el ingreso.
En todos los casos y en la perspectiva de lo que denominamos disca-
pacidad psicosocial, se trata de propuestas que favorezcan la inclusión
de la persona con discapacidad en el ámbito comunitario. Es decir
que, sin eludir la dimensión de la complejidad de la problemática a la
82
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
que se atiende, escucha y reorienta, las propuestas van en la dirección
de la adquisición de instrumentos (experiencias, aprendizajes, cono-
cimientos, prácticas), que puedan ser útiles para la vida en común.
Desde todos los espacios institucionales lo que se privilegia es el acceso
a derechos, reconociendo y asumiendo también las propias responsabi-
lidades que como sujetos sociales les cabe.
III. Objetivos
Nuestras intervenciones están orientadas a los siguientes objetivos
fundamentales:
• Favorecer el logro de una mejor calidad de vida por parte del
concurrente, concebida esta como una forma de posicionarse
en lo subjetivo y en lo social de modo autónomo.
• Propiciar la inclusión del concurrente en la comunidad, a
través de actividades expresivas, educativas y laborales que
rescaten sus potencialidades y respeten sus limitaciones.
• Evitar las internaciones y/o reinternaciones.
• Reducir al mínimo el uso de psicofármacos a fin de lograr el
bienestar del concurrente y su socialización.
• Concebir y abordar las distintas problemáticas desde una
visión interdisciplinaria.
• Promover el compromiso de la familia con el tratamiento y
con los proyectos de los concurrentes.
• Ofrecer un abordaje bio-psico-social de la discapacidad que
permita al concurrente:
• Acceder al mayor grado posible de constitución subjetiva a
partir de la resignificación de sucesos de su historia personal.
• Establecer y desarrollar capacidades de autovalimiento.
83
El Centro de Día de la Fundación CPI. Fundamentación, población, objetivos...
• Lograr una mejor organización de las actividades de su vida
diaria.
• Mejorar hábitos de convivencia.
• Conocer y asumir sus derechos y responsabilidades como
ciudadanos.
• Evitar el aislamiento fortaleciendo sus lazos con lo social
(compañeros, familia, barrio, comunidad).
• Identificar intereses singulares que permitan desarrollar
proyectos personales.
IV. Organización y dinámica de funcionamiento del
Centro de Día en la Fundación CPI
El abordaje en el Centro de Día de la Fundación CPI se funda
en el propósito de lograr la mejor calidad de vida posible para cada
uno de los concurrentes alojándolos en su singularidad y dando
lugar al despliegue de sus intereses en función de sus posibilidades y
limitaciones.
Decimos organización y dinámica de funcionamiento del Centro de
Día, resaltando los últimos términos, porque si algo caracteriza a la
organización de esta institución es que constantemente se está refor-
mulando y ajustando la propuesta en función de diferentes necesi-
dades que se observan en los concurrentes, en los grupos, o también de
requerimientos o propuestas de algunos de ellos.
El abordaje propuesto por este Centro de Día, es llevado a cabo por
un Equipo Interdisciplinario que se organiza en diferentes modali-
dades de trabajo:
84
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
-Espacios grupales: a través de diversos Talleres, Grupos de
Integración, Grupos de Reflexión, Asambleas de Convi-
vencia, Reuniones Multifamiliares6.
-Espacios individuales: a través de entrevistas con el Referente
institucional, entrevistas de orientación familiar, abordaje
individual en Terapia Ocupacional, entrevistas con traba-
jador social, psiquiatra, nutricionista.
-Espacios de inclusión social: a través de festejos de cumpleaños;
salidas recreativas y deportivas; visitas a muestras y exposi-
ciones de artes en diferentes salas, museos y cines; visitas a
espacios de capacitación; muestras de producciones de talleres
expresivos en Centros Culturales de la Ciudad de Buenos
Aires y en otros espacios públicos y/o comunitarios (expo-
sición del Taller de Fotografía en el Centro Cultural Carlos
Gardel y en la Embajada de Brasil; exposición de un libro de
producciones conjuntas de los Talleres Literario y de Arte,
conteniendo poemas y pinturas, en el Centro Cultural San
Martín; exposición del Taller de Cerámicas en el Bar Notable
“El Gato Negro”); participación en diferentes ferias comu-
nitarias (ofreciendo productos de los Talleres del Programa
de Inclusión Laboral); organización de peñas folklóricas
abiertas a la comunidad; elaboración de cortos y documen-
tales enfocados a la difusión de los derechos de las personas
con discapacidad; participación con dichas producciones en
el Festival de Cine Realizado por Personas con Discapacidad;
asistencia de un grupo de participantes del Taller de Jardi-
nería a un curso de jardinería de varias semanas de duración
en la Facultad de Agronomía de la UBA.
6 . Ver artículo “La función del Referente”.
85
El Centro de Día de la Fundación CPI. Fundamentación, población, objetivos...
IV. 1. Espacios grupales
Tal como se mencionó en el comienzo de este trabajo, la mayor parte
de las actividades que se llevan a cabo diariamente en el Centro de Día
tienen lugar en espacios grupales: los Talleres, los Grupos de Reflexión
y la Asamblea de Convivencia ocupan un lugar central en el funciona-
miento cotidiano de la institución.
IV. 1.1. Talleres
Los talleres ocupan un lugar preponderante dentro de la propuesta
institucional. A través de ellos se busca promover el intercambio y
la vinculación con otros y de este modo recrear algo del lazo social
–aspecto severamente perturbado en esta población–. También se
apunta a posibilitar la adquisición de herramientas que acompañan
la inserción en la comunidad, ya sea por el aprendizaje de diferentes
tipos de actividades (expresivas, artesanales, laborales, corporales, etc.)
o bien por la posibilidad de transferencia de lo vivido en cada taller a
otros espacios comunitarios.
Por otro lado, cuando es posible lograr centrar la atención de cada
participante en las actividades propuestas, al mismo tiempo suele
producirse un descentramiento de la problemática que cada uno sufre.
Incluso en ocasiones se suelen acotar momentos de desorganización
que esté atravesando algún concurrente.
La apuesta es a que algo del orden del deseo emerja en sujetos cuya
presentación más frecuente suele ser, tal como fuera mencionado ante-
riormente, la apatía, el desgano, la falta de motivación para hacer y
decir, para expresarse.
La diversidad de talleres ofrecidos apunta en ese sentido al surgi-
miento de intereses a partir de que el concurrente pueda conectarse
con la producción de un objeto, o con el desarrollo de alguna actividad
corporal o expresiva, o con la realización de algún producto.
86
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
En el marco de La Convención entendemos que, dando lugar a la
producción subjetiva, en cada concurrente se posibilita la apropiación
de un lugar diferente al que hasta entonces tenía, tanto en el ámbito
familiar como en la comunidad. A la mayoría de ellas y ellos hasta
el momento del ingreso a la institución no se les reconocía ninguna
capacidad, ya que en sus hogares “no hacían nada” según los relatos
familiares. A partir de su ingreso al Centro de Día, y en un tiempo
variable para cada uno, es notoria la adquisición de herramientas que
los posiciona de manera diferente ante la mirada (la valoración) de
los otros. De este modo es nuestra intención contribuir con nuestro
abordaje a “sensibilizar a la sociedad, incluso a nivel familiar, para que
tome mayor conciencia respecto de las personas con discapacidad y
fomentar el respeto de los derechos y la dignidad de estas personas”,
“fomentar actitudes receptivas respecto de los derechos de las personas
con discapacidad” y “promover percepciones positivas y una mayor
conciencia social respecto de las personas con discapacidad” (CDPD,
Artículo 8).
Cada concurrente hará su recorrido según sus tiempos y sus posi-
bilidades: algunos lograrán hacerse cargo del cuidado de su higiene y
arreglo personal, de tareas hogareñas, de las compras que requiere para
su manutención, cuestiones que antes estaban en manos de familiares;
otros llegarán a nombrarse como hacedores en alguna actividad (fotó-
grafo, ceramista, jardinero, etc.). Esto último representa un gran logro
en materia de inclusión social, ya que la persona consigue asumirse
con una identidad que, sin negar la discapacidad, la trasciende y de
este modo le permite sortear el estigma y los prejuicios sociales que
los piensan como seres pasivos que no tienen nada que aportar a la
sociedad.
En los espacios grupales se promueve el acuerdo con ciertas normas
o reglas que se construyen según la especificidad de la tarea que allí se
87
El Centro de Día de la Fundación CPI. Fundamentación, población, objetivos...
realiza. La aceptación de las mismas tiene el efecto de una terceridad7
que permite regular la convivencia y el trabajo con otros. Asimismo,
la transgresión de esas reglas posibilita la asunción de la responsa-
bilidad subjetiva por parte de cada concurrente al tener que hacerse
cargo de sus decisiones y elecciones ante situaciones que se generan en
el quehacer cotidiano de cada taller. Así por ejemplo, la ausencia de un
participante o el ingreso demorado al espacio que interrumpe u obsta-
culiza una actividad o un proyecto grupal, suele ser motivo de reclamo
de sus pares, ante quienes tendrá que dar cuenta de sus actos.
IV.1.1.1. Propuesta de talleres
El programa de talleres que se ofrece en el Centro de Día se actualiza
cada año. De este modo algunos talleres pueden dejar de funcionar,
otros se mantienen y también suelen crearse nuevos talleres.
Dicho programa se organiza articulando diversos factores. Por un
lado se tienen en cuenta las dimensiones de calidad de vida postuladas
por Schalock y Verdugo (2003). Estos autores plantean ocho dimen-
siones a tener en cuenta para apreciar la calidad de vida de las personas:
bienestar emocional, relaciones interpersonales, bienestar material, desa-
rrollo personal, bienestar físico, autodeterminación, inclusión social y
derechos. Estas dimensiones son consideradas constitutivas de una vida
de calidad. Cada uno de los talleres ofrecidos puede ser articulado a
una o varias de estas dimensiones.
Otro de los factores que se tienen en cuenta en el armado del crono-
grama de talleres son las propuestas de algunos concurrentes, quienes
manifiestan su interés en realizar alguna actividad que hasta entonces
no se había considerado. Tal interés es detectado a partir de manifes-
taciones espontáneas de algún concurrente ante miembros del Equipo
7. Entendemos “terceridad” en relación al encuadre, como un elemento de media-
ción neutral que con sus normas regula los comportamientos y los intercambios
entre los miembros de un grupo (Gratadoux, 2009).
88
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
Interdisciplinario, y también en encuestas que suelen realizarse a todos
los concurrentes para evaluar la satisfacción con las propuestas de la
institución. En esas encuestas se les ofrece sugerir algún taller que les
gustaría realizar y que no figura en la programación de talleres vigente
en ese momento.
En ocasiones la sugerencia de un nuevo taller suele partir de algún
miembro del Equipo Interdisciplinario quien, a raíz del trabajo con
diferentes grupos, ha localizado un interés por alguna temática parti-
cular, común a varios concurrentes.
IV.1.1.2. Cronogramas de talleres en la actualidad
En la actualidad, se ofrecen en el dispositivo tres programas de
Talleres:
-Programa General: abierto a todos los concurrentes con posibi-
lidades de participar de diferentes grupos, con gran diversidad de
talleres que abarcan diferentes ámbitos y tipos de actividad: activi-
dades corporales, expresivas, de habilidades manuales, de organi-
zación y/o de aprendizaje de herramientas para desenvolverse en
la vida diaria, etc. En este caso el concurrente circula por distintas
propuestas, coordinadores y compañeros de grupo.
-Programa de Inclusión Laboral8: abierto a concurrentes con cierto
tiempo de permanencia en la institución, que ya hayan realizado
un recorrido por los talleres del Programa General, que mues-
tren un interés por alguna de las actividades que se desarrollan en
estos talleres y tengan los recursos para sostener un compromiso
con la asistencia y una mayor carga horaria que en los talleres del
Programa General. Estos talleres se llevan a cabo en horarios de la
tarde, por lo cual en las mañanas participan de otras propuestas
del programa institucional.
8. Ver artículo “La inclusión laboral de personas con discapacidad psicosocial en la
institución: experiencias y abordajes”.
89
El Centro de Día de la Fundación CPI. Fundamentación, población, objetivos...
Grupo de Integración9: Se trata de un grupo cuyo objetivo primor-
dial es alojar a aquellos concurrentes en los cuales, desde el
momento de la admisión, se observan mayores dificultades para
incorporarse al Programa General de talleres. En este último caso
en cada taller participan aproximadamente diez concurrentes y
tanto la composición del grupo como la coordinación varían en
cada taller. En cambio el Grupo de Integración está compuesto
por cuatro o cinco participantes que comparten los mismos
talleres y son acompañados en todas las actividades por un mismo
coordinador. Algunos talleres de este grupo son co-coordinados
por el coordinador permanente al que hacíamos referencia más
un profesional de una determinada especialidad (terapista ocupa-
cional, psicomotrocista, musicoterapeuta), ofreciendo actividades
adaptadas para este grupo.
A continuación se muestra el cronograma semanal de talleres y otros
espacios grupales que se llevan a cabo diariamente en el Centro de
Día. En otros artículos de este libro se especifica el trabajo en algunos
de esos espacios: relatos de experiencias, modos de funcionamiento,
vivencias, testimonios, etc.
9. Ver artículo “Grupo de Integración. Un recorrido hacia la Inclusión”.
90
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
IV.1.1.2.1. Cronograma del Programa General y del Grupo de
Integración.
Centro de Día. Programa General y Grupo de Integración10
Cronograma de Actividades 2018
Hs. LUNES MARTES MIÉRCOLES JUEVES VIERNES
Recepción Recepción Recepción
Recepción Recepción
AVD AVD AVD
9:30 AVD AVD
Desayuno Desayuno Desayuno
Desayuno Desayuno
Seguimiento Seguimiento Seguimiento
familiar familiar familiar
T. de Expresión
Musical
T. de A.V.D. T. de Juegos de
T. de Act. Física
T. de Derechos T. de Cocina T. de Psico- Integración
Integral
T. de T. de Desarrollo motricidad T. de
T. de Expresión
Computación II Personal T. de Cine Computación III
Corporal
10 T. de Tejido T. de Cerámica T. de Cocina T. de Musico-
T. de Cerámica
a T. de Teatro T. Literario T. de Arte terapia
T. de Musico-
12 T. de Musico- T. de Arte T. de Cerámica T. de Tango y
terapia
terapia T. de Jardinería T. de Teatro folklore
T. de Activi-
Grupo de T. de Entrena- T. de Bijouterie Taller de Arte
dades socio-
Reflexión miento Laboral T. de Derechos
culturales
T. de Estampado
Grupo de
Reflexión
12
a Almuerzo Almuerzo Almuerzo Almuerzo Almuerzo
13
13
a Descanso Descanso Descanso Descanso Descanso
14
continúa en la página siguiente...
10. Grupo de Integración: En el cuadro aparecen escritos en negrita.
91
El Centro de Día de la Fundación CPI. Fundamentación, población, objetivos...
Hs. LUNES MARTES MIÉRCOLES JUEVES VIERNES
13:15
a 14:15 T. de Actividad T. de Arte
Grupo de Física T. de Expresión T. de Lecto-
T. de Jardinería
Reflexión T. de Derechos Corporal escritura
T. de Fotografía
Taller de T. de T. de T. de Bailes
T. de Tango y
14 Preparación de Computación II Computación I T. de Jardinería
Folklore
a Medicación T. de Proyectos T. de Malabares T. de Canto
T. de Act Física
16 Personales T. de Medios de T. de Expresión
Integral
T. de Bienestar Comu-nicación Corporal
14:30 T. de Música
Corporal Grupo de T. de Entrena-
a 16:00
Grupo de Reflexión miento Laboral
Asamblea de
Reflexión
Convivencia
16 Merienda Merienda Merienda Merienda Merienda
a
16:30 Cierre Cierre Cierre Cierre Cierre
92
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
IV.1.1.2.2. Cronograma del Programa de Inclusión Laboral
Programa de inclusión laboral
Cronograma de actividades 2018
Hs. LUNES MARTES MIÉRCOLES JUEVES VIERNES
Recepción Recepción Recepción
AVD Recepción Recepción AVD AVD
9:30 Desayuno AVD AVD Desayuno Desayuno
Seguimiento Desayuno Desayuno Seguimiento Seguimiento
familiar familiar familiar
10 Taller de Taller de Taller de Taller de
Grupo de
a Entrenamiento Programa Programa Programa
Reflexión
12 Laboral General General General
12
a Almuerzo Almuerzo Almuerzo Almuerzo Almuerzo
12:30
12:30
a Descanso Descanso Descanso Descanso Descanso
13
Taller de
T. de Dulces y Entrenamiento
T. de Dulces y T. de Dulces y
Conservas Laboral
Conservas Conservas
Taller de T. de Dulces y
13 Taller de Taller de
Asamblea de Cerámica Conservas
a Cerámica Cerámica
Convivencia Taller de Taller de
16:30 Taller de Taller de
Estampado y Cerámica
Estampado y Estampado y
Costura Taller de
Costura Costura
Estampado y
Costura
16:30
Merienda Merienda Merienda Merienda Merienda
a
Cierre Cierre Cierre Cierre Cierre
17
93
El Centro de Día de la Fundación CPI. Fundamentación, población, objetivos...
IV.1.1.3. Elección de talleres
En principio cabe aclarar que en los inicios del Centro de Día los
talleres no se elegían, sino que era el Equipo Interdisciplinario quien
decidía en qué talleres se incluiría a cada concurrente. Con el trans-
curso del tiempo esta modalidad se fue modificando. Es así que desde
hace ya varios años, una cuestión esencial que diferencia a nuestra
organización de la propuesta del Marco Básico, y que hace al dina-
mismo que mencionamos anteriormente, es que la conformación de
los grupos (excepto el Grupo de Integración), no está determinada por
el Equipo Interdisciplinario en base a “criterios de edad, diagnóstico
funcional, condiciones psicofísicas de los integrantes y actividades a
realizar” (Resolución 1.328/2006, ítem 4.6.4), sino que son los concu-
rrentes quienes eligen los talleres en los cuales quieren participar. Los
concurrentes que participan del Grupo de Integración no tendrán esta
opción hasta que adquieran los recursos para compartir espacios con
grupos más numerosos, sin que esto los vulnere. Esta modalidad de
elección que rige para la mayoría de los concurrentes, genera que cada
taller esté conformado por diferentes participantes. De este modo se
favorece una vinculación más dinámica y plural que si se mantuvieran
en un mismo grupo durante todas las actividades semanales.
La elección de los talleres se realiza una vez al año. El procedimiento
de elección de talleres se ha ido modificando con el tiempo, con
el propósito de que cada vez los concurrentes tengan mayores posi-
bilidades de elección y decisión. Dado que cada taller tiene un cupo
máximo de diez personas (según lo establece el Marco Básico), en la
actualidad el proceso se desarrolla en dos etapas: en la primera deben
contemplar más de una alternativa para prever la posibilidad de que
en la segunda etapa sus talleres favoritos ya hayan completado dicho
número de inscriptos.
94
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
En una primera instancia cada concurrente, en entrevista individual
con su Referente, elige tres opciones, dentro de los talleres disponibles
para cada franja horaria, hasta completar su grilla semanal.
La segunda instancia o etapa se realiza en un mismo día para todos
los concurrentes y consta de una breve entrevista a la cual asisten por
orden de llegada a la institución. Allí, con una terapista ocupacional
y una psicóloga se contrasta dicha elección con el cupo disponible al
momento de su llegada. Este formato favoreció el desarrollo de una
herramienta de inclusión social, dado que, a la manera de una búsqueda
de empleo, generó en los concurrentes la preocupación y el interés por
llegar temprano, incluso antes del horario habitual de ingreso, para
tratar de conseguir sus opciones favoritas de taller.
Por otro lado, el acto de elegir11 implica también renunciar a otras
opciones. Esto suele suceder especialmente en dos casos: cuando dos
de sus talleres favoritos se llevan a cabo en el mismo horario; y cuando
el día de la elección definitiva, al momento de llegar el concurrente
a la entrevista, alguno de los talleres seleccionados como su primera
opción ya se encuentran con el cupo agotado.
En cualquiera de los casos estas circunstancias exigen otra serie de
actos tales como evaluar, decidir, priorizar, ceder, aceptar ciertas limi-
taciones (como por ejemplo el cupo de integrantes para cada grupo),
postergar (en el caso que tengan que esperar hasta el año próximo para
ingresar a un taller al cual no llegaron a inscribirse en el presente).
Todas estas operaciones significan importantes conquistas en la esfera
subjetiva, en personas en quienes resultaba frecuente que fueran otros
11. Etimológicamente:
-“Elegir”: del latín eligere (escoger), propiamente “sacar, arrancar” (deriv. de legere,
recoger).
-“Seleccionar”: del latín seligere (escoger poniendo a parte, del mismo origen que
eligere, con otro prefijo). (Corominas, 1987)..
95
El Centro de Día de la Fundación CPI. Fundamentación, población, objetivos...
(generalmente padres, hermanos, hijos) los que decidían o resolvían
sobre diversas cuestiones de sus vidas.
La elección implica un deseo en juego y un compromiso. Luego de
realizada la elección, el concurrente ingresa en su propio proyecto de
actividades, las cuales se van a extender durante un año. Se trata de un
acuerdo con la institución que ordena un marco de legalidad. Se espera
que cada uno de los concurrentes se haga cargo de esto, y procure poner
en valor una serie de derechos y responsabilidades: asistir a los talleres
en los que se inscribió, cumplir con el horario, participar de ellos, apro-
piarse de las propuestas, tener la posibilidad de expresarse y hacerlo
adecuadamente, avisar cuando no puede concurrir, etc.
Las personas con discapacidad psicosocial suelen encontrarse vulne-
rables como sujetos de derecho. Es un ejercicio cotidiano el brindarles
apoyo y orientación para que progresivamente puedan llevar adelante
sus proyectos personales en pos de una vida cada vez más autónoma.
Esto conlleva la posibilidad de ejercer tanto sus derechos como sus
responsabilidades, como modo de inclusión social. Cuando logran
sostener sus propios proyectos, la persona puede comenzar a probar
elecciones en otros planos.
IV.1.1.4. La coordinación de los talleres
Los coordinadores de los talleres apelan, a partir de una actividad
convocante, al despliegue de la subjetividad de cada concurrente, propi-
ciando la toma de la palabra o la puesta en juego de su singularidad. Tal
actividad puede consistir en la práctica de algún medio expresivo (el
debate de ideas, la escritura, el baile, la expresión corporal, el teatro,
el canto, la expresión musical, la fotografía, el cine, entre otros); en
la apropiación de alguna herramienta que favorezca su autonomía
personal (por ejemplo usar la computadora para buscar información,
conectarse a través de las redes sociales, aprender a cocinar, organizar
96
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
sus actividades cotidianas, etc.); o el aprendizaje de algunas técnicas y
recursos del ámbito laboral (construir objetos en cerámica, estampar
telas, coser, tejer, fotografiar, elaborar dulces y conservas, cuidar y
reproducir plantas).
En todos los casos los coordinadores apuestan a propiciar la auto-
nomía, la capacidad de elegir y decidir. Intentan que cada partici-
pante pueda implicarse subjetivamente en las tareas y producciones,
y responsabilizarse y comprometerse con los proyectos individuales y
grupales. Vale aclarar que tal apuesta contempla los tiempos y posibili-
dades de cada concurrente.
Muchas veces transcurre un período prolongado para que algo de
las posiciones iniciales de los sujetos se conmueva y logren superar la
abulia y el desinterés con que se presentan al momento del ingreso. En
otros casos sucede que al comienzo muestran un entusiasmo desme-
dido que decae rápidamente. El coordinador de cada taller, advertido
de estas contingencias, buscará la manera de orientar y acompañar a
cada participante a través del quehacer específico de su espacio, para
que cada uno vaya encontrando su estilo propio de inclusión en la tarea
grupal.
Una de las funciones que resulta común a todos los coordinadores
de talleres, más allá de la actividad específica que se realice, es la de
regular la atención que se le brinda a cada participante de su espacio.
Esto no siempre resulta una tarea fácil dada la demanda excesiva que le
dirigen algunos concurrentes. Dar lugar a que cada participante tenga
la oportunidad de expresarse, de mostrar lo que está haciendo, de
recibir el apoyo que necesita pero sin acaparar la atención del coordi-
nador, requiere intervenciones constantes del mismo. En este sentido
es primordial conseguir que cada participante logre tolerar tiempos
de espera, tanto para ser escuchado, como para soportar los tiempos
diferentes que requieren algunos compañeros para realizar una misma
actividad.
97
El Centro de Día de la Fundación CPI. Fundamentación, población, objetivos...
Otra de las funciones habituales de los coordinadores es la de inter-
venir para posibilitar la convivencia ante situaciones de conflicto que
ocasionalmente puedan surgir entre algunos integrantes del grupo,
o ante transgresiones a las reglas que regulan su funcionamiento. En
ocasiones puntuales en que algún concurrente presenta una actitud
disruptiva, o se muestra desorganizado sin poder participar de las
actividades, se lo habilita a retirarse del espacio o a permanecer en el
mismo sin realizar la tarea a la que están abocados los demás.
IV.1.2. Grupos de Reflexión
Este tema será desarrollado en el artículo “La función del Referente”
IV.1.3. La Asamblea de Convivencia
La Asamblea de Convivencia es una reunión que se realiza sema-
nalmente los días lunes, en la cual participan todos los concurrentes y
miembros del equipo presentes ese día. Nos referimos a la convivencia
como la relación de los concurrentes entre sí, con los coordinadores
de los diferentes espacios, con otros miembros del Equipo Interdis-
ciplinario, con miembros del equipo directivo y con otras personas
que trabajan en la institución (administrativos, de mantenimiento, de
cocina, etc.).
La Asamblea de Convivencia tiene su antecedente en un tipo de
reunión que se realizaba anteriormente en la institución, cuando la
misma funcionaba como Hogar con Centro de Día y se realizaban
reuniones de convivencia para los residentes, quienes compartían la
mayor parte de las horas del día, inclusive el descanso nocturno.
Cuando la Institución pasó a ser solo Centro de Día, se adecuó el
encuadre de actividades a la modalidad ambulatoria. El concepto de
98
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
“convivencia” se modificó en función de las nuevas características, en
donde se comparte solo una parte del día.
Los concurrentes permanecen en la institución de lunes a viernes
desde las 9:30 hs. hasta las 16:30 hs. Durante la jornada, además de los
talleres y otras actividades grupales planificadas, comparten desayuno,
almuerzo, merienda y momentos de descanso y recreación.
Los tiempos en el comedor resultan apropiados para los inter-
cambios informales y para la asunción de algunas responsabilidades.
Debido a la cantidad de concurrentes, los almuerzos se realizan en dos
turnos determinados por el equipo. En cada uno de ellos cada cual elige
en qué mesa ubicarse en función de las afinidades con algunos compa-
ñeros. Organizarse entre quienes comparten las mesas para buscar las
bandejas con la comida, retirar los elementos utilizados (cubiertos,
vasos, jarras, bandejas vacías), dejar las mesas en condiciones de ser
ocupadas por otros, etc., son algunas de las responsabilidades mencio-
nadas. Todas esas circunstancias también brindan escenario para el
surgimiento de algunos conflictos: nunca falta algún concurrente que
intenta “colarse” en un turno que no le corresponde, otro que se queja
porque fue rechazado en alguna mesa o algunos que tienden a evadir
sus responsabilidades.
También suelen presentarse situaciones similares en los momentos
de descanso y recreación, sin actividades estructuradas, en que los
concurrentes circulan libremente por algunos sectores del edificio: los
que tienen mayor afinidad entre sí se juntan a tomar mate, a charlar,
otros miran televisión, otros deambulan por los patios o pasillos, otros
juegan al ajedrez, escuchan música o aprovechan a veces ese momento
para descansar hasta el inicio de las actividades de la tarde. Así como
son momentos propicios para algunos encuentros, también lo son
para los desencuentros: un chistes no compartido o fuera de contexto,
alguna burla, una mirada que incomoda, una música fuerte que inte-
rrumpe algún diálogo, alguien que habla mucho o en voz muy alta,
99
El Centro de Día de la Fundación CPI. Fundamentación, población, objetivos...
la negativa a compartir un mate, un pedido insistente de cigarrillos,
la falta de acuerdo en la elección de los programas para ver en televi-
sión, etc., son contingencias que dan lugar a que, en algunas ocasiones,
surjan malestares o alguna discusión.
Lo que se visualiza es que en los talleres y otras actividades grupales
hay ciertas reglas que ordenan la actividad –reglas que son propias del
encuadre de cada espacio–, y es el coordinador quien ayuda a sostener
ese encuadre; mientras que en los espacios por fuera de los talleres, no
existe un encuadre específico. En razón de esto último en las Asam-
bleas de Convivencia, entre otras cuestiones, se trata de establecer
pautas básicas de convivencia que regulen esos momentos, o se trabaja
sobre situaciones de conflicto que se hayan presentado cuando algunas
de esas pautas fueron transgredidas.
El cuidado de los espacios comunes, de los elementos que se utilizan
para las actividades, del orden de las diferentes salas y el uso adecuado
de los servicios sanitarios, son otros asuntos que se plantean en la
Asamblea.
Hay un punto central que articula el conjunto de propuestas insti-
tucionales y es que el trabajo, los espacios y los tiempos compartidos
deben acercar a la persona a una mejor calidad de coexistencia con
otros.
En ese sentido derechos y obligaciones están vinculados: a todos les
asiste el derecho pero también los compromete en responsabilidades.
Es decir que la Asamblea muchas veces se convierte en un espacio
de reflexión sobre derechos y obligaciones. Allí se trata de establecer
consensos y pautas de convivencia, así como de recordar y mejorar
las normas institucionales de funcionamiento. La propuesta general
intenta incluir y trabajar los malestares que estén dificultando la tarea,
la evolución de los proyectos individuales y colectivos, y el estar con
otros.
100
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
La invitación es a participar y aportar la mirada de cada uno sobre
asuntos en común: la organización del funcionamiento institucional;
los requerimientos y solicitud de mejoras de lo edilicio y de algunos
servicios; las propuestas de actividades extraprogramáticas y su orga-
nización; la preparación de los festejos de cumpleaños. También la
discusión sobre ciertas reglas de comportamiento social que se hace
necesario recordar, repensar y establecer para aunar criterios de convi-
vencia que permitan a cada concurrente apropiarse de ellos para su
vida comunitaria, encuentran en la Asamblea un espacio propicio.
IV.2. El Equipo Interdisciplinario
En este apartado haremos una breve reseña de la composición del
Equipo Interdisciplinario y de los espacios de intercambio entre miem-
bros de dicho equipo dentro de la organización institucional. No es
nuestra intención extendernos en otras consideraciones acerca del
mismo, dado que nuestro interés está centrado en mostrar una forma
posible de trabajo con las personas con discapacidad psicosocial, enfo-
cado a promover su inclusión en la sociedad, combatiendo de algún
modo el estigma y la marginación de la que suele ser objeto este colec-
tivo, aún en nuestros días.
La composición del Equipo Interdisciplinario ha ido variando a
través de la historia institucional. En los primeros tiempos estaba inte-
grado fundamentalmente por psicólogos/as, médicos/as psiquiatras
y otros profesionales de la salud mental, tales como terapistas ocupa-
cionales, musicoterapeutas y trabajadores/as sociales. Sin embargo, a
partir de sucesivas reformulaciones de los objetivos institucionales se
fueron incluyendo otros profesionales y trabajadores de otras disci-
plinas. Tales objetivos fueron enfocándose a brindar espacios con
formato de talleres similares a los que se ofrecen en centros culturales
u otros espacios abiertos a la comunidad. Esto les permite a los concu-
101
El Centro de Día de la Fundación CPI. Fundamentación, población, objetivos...
rrentes familiarizarse con actividades, herramientas y lenguajes que
en el futuro podrán posibilitarles incluirse en talleres u otros espacios
comunitarios por fuera del ámbito institucional. Lo que se privilegia
en los coordinadores de tales espacios es que dominen su actividad
específica. De tal modo que, además de los profesionales mencionados
anteriormente, desde hace algunos años se han ido incorporando al
equipo otros profesionales, profesores y especialistas de diferentes
disciplinas artísticas (teatro, fotografía, cine, tango y folklore, artes
visuales, cerámica, expresión corporal, música), profesora de educa-
ción física y psicomotricista, nutricionista, así como estudiantes avan-
zados de diversas carreras con dominio de algún área de actividad u
oficio (jardinería, cocina, tejido, computación, estampado, bijouterie,
entre otras).
Dada la articulación entre los diferentes miembros del Equipo Inter-
disciplinario en el trabajo cotidiano, este grupo de talleristas, algunos
sin formación “psi”, encuentra constantemente información, orien-
tación y seguimiento de sus intervenciones por parte de directivos y
diferentes profesionales del equipo. Estos últimos brindan apoyos a los
talleristas para que puedan resolver situaciones que se presentan con
los concurrentes en el desarrollo de los talleres y en otros momentos y
espacios no estructurados del quehacer institucional (comedor, patio,
tiempos de descanso). También se trabaja sobre esto en las reuniones
de equipo y en otros espacios grupales de supervisión.
IV.2.1. Composición del Equipo Interdisciplinario
En la actualidad el Equipo Interdisciplinario está compuesto por
los siguientes integrantes: Médico Psiquiatra; Psicólogos y Psicólogas;
Musicoterapeutas; Terapistas Ocupacionales; Nutricionista; Traba-
jadora Social; Psicomotricista y Profesora de Educación Física, estu-
diante avanzada de Lic. en Psicomotricidad; Profesores de Cerámica;
102
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
Profesora de Teatro; Fotógrafa y realizadora audiovisual; estudiante
avanzada de Lic. en Antropología; Profesora de Expresión Corporal;
Licenciada en Folklore y Tango; Técnica en Dibujo y Grabado; estu-
diante avanzada de Lic. en Artes Visuales; personas idóneas en Cocina;
estudiantes avanzados de Lic. en Musicoterapia. Auxiliares: estudiante
avanzado de Lic. en Trabajo Social; estudiantes de Lic. en Psicología,
estudiante de Lic. en Terapia Ocupacional12. La coordinación general
del Equipo Interdisciplinario está a cargo de los miembros del Equipo
Directivo.
IV.2.2. Espacios de intercambio y supervisión del Equipo Inter-
disciplinario
Los espacios de intercambio del Equipo Interdisciplinario, que se
llevan a cabo con diferentes frecuencias, son los siguientes:
-Interconsultas espontáneas cotidianas: participan diferentes miem-
bros del equipo según lo requiera cada caso. Estos intercambios
son originados por cualquiera de ellos ante alguna dificultad para
intervenir con algún concurrente o situación.
-Reuniones de Equipo Interdisciplinario: participan el Equipo
Directivo y todos los miembros del Equipo Interdisciplinario.
Frecuencia mensual.
-Supervisiones grupales de Referentes: participan la Coordinadora
del Centro de Día y los Referentes. Frecuencia mensual.
12. Según el Marco Básico de Organización y Funcionamiento de Prestaciones
a Personas con Discapacidad, se habilita a cumplir roles de Orientadores (para
nosotros Talleristas o Coordinadores ) a estudiantes avanzados de carreras afines;
y a cubrir roles de auxiliares de Orientadores (para nosotros Talleristas o Coor-
dinadores) a estudiantes de carreras afines (Ministerio de Salud, Resolución
1.328/2006, Ítem 4.6.5).
103
El Centro de Día de la Fundación CPI. Fundamentación, población, objetivos...
-Supervisiones grupales de coordinación de talleres: participan
los miembros del Equipo Directivo y los talleristas. Frecuencia
mensual.
-Supervisiones grupales de auxiliares: participan los miembros del
Equipo Directivo y los auxiliares. Frecuencia mensual.
Cabe aclarar que los miembros del Equipo Directivo, además de la
función de coordinación del Equipo Interdisciplinario, desarrollan
otras funciones, tales como las de gestión institucional, supervisión,
planificación institucional, planificación de proyectos, entre otras.
También se articulan reuniones con el personal de Administración,
de Secretaría, de Maestranza y Mantenimiento, quienes en diferentes
momentos de la jornada institucional interactúan con los concu-
rrentes. Con ellos se realizan supervisiones periódicas para orientarlos
en modos de intervenir en algunas circunstancias en que se encuentren
implicados.
En todos los casos es importante destacar que la fortaleza principal
de los intercambios rige en un principio de horizontalidad y recipro-
cidad. Cada miembro del equipo, dependiendo de la función o acti-
vidad que desempeñe, se expone a diferentes problemáticas y situa-
ciones. En estos espacios se da lugar a cada uno para expresar o plantear
problemáticas, dificultades, o bien posibles abordajes y modos de
intervención.
Para concluir, consideramos que el abordaje en un Centro de Día
para personas con discapacidad psicosocial, resulta ser una red de
apoyos para que estas personas puedan poner en juego sus deseos, plan-
tearse algún proyecto y elegir, dentro de las posibilidades de cada uno,
como llevarlo a cabo. También para que conozcan y ejerciten sus dere-
chos y responsabilidades como ciudadanos y de esta manera apunten
a lograr una mayor inclusión social. Cabe destacar que para muchos
concurrentes, en quienes el aislamiento era una constante antes de
104
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
ingresar a la institución, el Centro de Día hace posible el encuentro
con otros en donde se tejen lazos de compañerismo. En ocasiones esos
lazos logran trascender el espacio institucional generando vínculos
amistosos que posibilitan reuniones, salidas, paseos, momentos de
diversión y/o disfrute.
De todos modos, a pesar de los logros y mejoras en materia de
inclusión que se obtienen a través del trabajo en este Centro de Día
y en otras instituciones que comparten objetivos similares, aún queda
mucho por hacer. Es necesario continuar trabajando desde la sociedad
para tratar de eliminar paulatinamente las barreras a fin de lograr una
inclusión plena.
Referencias bibliográficas
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Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad y su proto-
colo facultativo, aprobados mediante resolución de la Asamblea General de
las Naciones Unidas del 13 de diciembre de 2006. Senado y Cámara de
Diputados de la Nación Argentina reunidos en Congreso. Publicada en el
Boletín Oficial el 09/06/2008.
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Gratadoux, E. (2009). El tercero y la terceridad en psicoanálisis. Revista
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Organización y Funcionamiento de Prestaciones a Personas con Disca-
pacidad. Recuperado de http://www.infoleg.gob.ar/infolegInternet/
anexos/115000-119999/119601/norma.htm
105
El Centro de Día de la Fundación CPI. Fundamentación, población, objetivos...
ONU (2006). Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad
y Protocolo Facultativo. Recuperado de http://www.un.org/disabilities/
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Schalock, R. y Verdugo, M.A. (2003). Calidad de vida. Manual para
profesionales de la educación, salud y servicios sociales. Madrid, Alianza
Editorial.
106
Proyectos personales: una mirada
desde la Terapia Ocupacional
Luciana Belén Marasco
Tatiana Traverso
Introducción
La temática abordada en el presente artículo se centra en la descrip-
ción del espacio institucional denominado Desarrollo Personal,
centrado en los Proyectos Personales de las personas con discapacidad
psicosocial. Dicho espacio surge en el año 2017, a partir de identificar
la necesidad de un encuadre que provea de oportunidades para trabajar
aspectos relacionados con el desempeño ocupacional.
El desempeño ocupacional se entiende como el resultado de la
interacción entre la persona, la ocupación y el medio ambiente. Estos
componentes son las dimensiones principales de interés en la profe-
sión de la Terapia Ocupacional (Polatajko, Townsend y Craik, 2007).
A continuación haremos referencia a cada una de ellas.
La persona está situada en el centro de nuestra intervención. Cada
individuo es un ser dinámico, motivado y en desarrollo, que interactúa
constantemente con su ambiente. La particularidad de cada individuo
depende de sus valores y creencias, de la motivación y significado que
le da a las ocupaciones, de sus destrezas y habilidades, así como de los
hábitos, rutinas, rituales y roles en los que se desempeña.
El ambiente es el entorno dentro del cual se encuentran los indivi-
duos y donde llevan a cabo sus ocupaciones. Dicho entorno puede ser
107
Proyectos personales: una mirada desde la Terapia Ocupacional
físico, social, cultural o institucional. El entorno influye en la persona
y en su ocupación de diferentes formas, teniendo efectos facilitadores
–es decir que apoyan la participación del individuo en las ocupaciones
significativas– o, por el contrario, obstaculizadores.
La ocupación se refiere a las actividades de la vida diaria en las que las
personas participan. El propósito, sentido y valor que se le asigna a la
ocupación es particular para cada individuo. En Terapia Ocupacional
se tiene como principio que la participación activa en la ocupación
promueve, facilita, apoya y mantiene la salud y la participación de la
persona (The American Occupational Therapy Association [AOTA],
2014).
Como bien se mencionó anteriormente, los tres componentes,
persona-ambiente-ocupación, se encuentran interrelacionados. Es decir,
un cambio en un componente da como resultado un cambio en las
otras dos dimensiones.
El espacio de Desarrollo Personal
El espacio de Desarrollo Personal tiene una modalidad de inter-
vención grupal o individual, dependiendo de los aspectos relevantes
a abordar.
El encuadre grupal se desarrolla en formato de taller, donde la
propuesta se orienta a la identificación por parte de los concurrentes
de Proyectos Personales que sean de su interés o identificados como
necesarios para su bienestar personal.
Si bien el encuadre individual comparte dicha propuesta, los obje-
tivos centrales se encuentran dirigidos a abordar dificultades en el
desempeño de las actividades de la vida diaria, que interfieren tanto en
la participación de las actividades del Centro de Día como en el desa-
rrollo de un Proyecto Personal.
108
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
Objetivos
• Propiciar un espacio de identificación de habilidades y limita-
ciones propias en el desempeño ocupacional.
• Promover la asunción de un rol activo en el desempeño de las
actividades de la vida diaria, favoreciendo la autonomía de
cada participante.
• Favorecer la elección y desarrollo de un Proyecto Personal,
acorde a sus intereses y necesidades.
• Evaluar la necesidad de apoyo de cada participante para el
desarrollo de su Proyecto Personal.
Ingreso
Dentro del marco institucional, se lleva a cabo la elección de los talleres
en los que cada concurrente participará a lo largo del año. La misma se
realiza, en primera instancia, junto con su referente institucional1. Si bien
el espacio de Desarrollo Personal se incluye como propuesta al igual que
los talleres expresivos, artísticos y corporales, evidenciamos una mayor
dificultad para la elección del mismo. Esto se debe no solo al desconoci-
miento acerca de las temáticas abordadas, sino también a las dificultades
de esta población para identificar problemáticas propias que interfieren
en su desempeño ocupacional.
Por tanto, el profesional de Terapia Ocupacional y/o su referente
institucional actúan muchas veces como principales promotores de
la incorporación de un concurrente a este espacio. No obstante, a lo
largo de los años se evidencia una mayor apropiación del mismo por
parte de los participantes, logrando incorporar las herramientas y
recursos que se movilizan en el encuadre. En ocasiones algunos inte-
1. Ver artículos “El Centro de Día de la Fundación CPI”, “Función del Referente”.
109
Proyectos personales: una mirada desde la Terapia Ocupacional
grantes deciden reiterar su elección y actúan como promotores para
la inclusión de otros pares.
Al espacio se convoca a aquellos concurrentes en los cuales se eviden-
cian destrezas y habilidades para la participación en las ocupaciones de
las diferentes áreas, pero con dificultades en la planificación y ejecu-
ción de las mismas, requiriendo de diversos apoyos para un desempeño
autónomo.
Evaluación
Para la incorporación de un concurrente es de fundamental impor-
tancia que el profesional a cargo conozca sus principales roles ocupa-
cionales y aspectos relevantes de su entorno socio-familiar, evaluando
si el espacio de Desarrollo Personal podría resultar favorecedor para su
desempeño. Para ello se recurre a las instancias de intercambio y super-
visión en el Equipo Interdisciplinario del Centro de Día2 .
En primera instancia se lleva a cabo una entrevista individual con el
concurrente, complementándolo con una observación de su partici-
pación en las actividades del Centro de Día. Luego se amplía la infor-
mación obtenida a través del intercambio con aquellos miembros del
equipo que tienen un conocimiento global del abordaje con dicho
concurrente. Además, de ser necesario, se establece una comunicación
con la familia u otros referentes de su entorno social. En la entrevista
se incluye:
• Datos personales del concurrente
• Información acerca de su participación en las diversas ocupaciones3
- Actividades de la vida diaria
- Actividades instrumentales de la vida diaria
2. Ver artículo “El Centro de Día de la Fundación CPI”.
3. Ver Tabla 1: Ocupaciones.
110
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
• Historia ocupacional (experiencia y participación en ocupa-
ciones educativas o laborales)
• Actividades de ocio y tiempo libre
• Actividades de participación social
• Intereses, necesidades y expectativas
• Características de su entorno real físico y social
• Apoyos y recursos con que cuenta
Planificación
Desde el marco institucional es requerimiento llevar a cabo una
planificación del espacio, estableciendo el encuadre y los objetivos
generales a trabajar. Sin embargo, es a partir del ingreso de los concu-
rrentes donde se inicia el proceso hacia la planificación definitiva. La
misma estará centrada en la persona, ya que se tendrá en cuenta la
información recabada en la etapa inicial de evaluación, las habilidades
y obstáculos identificados junto con el concurrente en su desempeño
ocupacional, así como también los intereses, necesidades y expecta-
tivas con las que llega al espacio.
La planificación incluye:
• Identificación de un Proyecto Personal
• Establecimiento de objetivos específicos
• Fijación de prioridades
• Definición de estrategias y actividades a realizar
• Seguimiento del plan
A partir del ingreso al espacio, luego de la etapa de evaluación,
se promueve y acompaña al concurrente en la identificación de un
111
Proyectos personales: una mirada desde la Terapia Ocupacional
Proyecto Personal que sea de su interés o identificado como nece-
sario para su bienestar personal. Para ello será necesario determinar,
en primera instancia, la ocupación a abordar (Tabla 1), para luego
fijar objetivos viables y específicos, y planificar los pasos a realizar para
concretarlos.
Surge entonces como pregunta inicial: ¿qué entendemos por Proyecto
Personal? Una pregunta disparadora que da cuenta de la coexistencia,
en un mismo grupo, de diferentes problemáticas. A continuación
algunas viñetas que dan cuenta de lo referido anteriormente. Cabe
aclarar que los nombres son ficticios, cuidando la privacidad de los
concurrentes.
–María logra identificar como proyecto realizar una actividad
deportiva durante el fin de semana, lo cual se relaciona con su historia
ocupacional. Refiere que ocupar su tiempo con una actividad deseada,
favorece a su bienestar corporal y emocional. Tiene en cuenta la nece-
sidad de que la misma sea gratuita, ya que no cuenta con los recursos
económicos para pagarla. María logra sostener su interés a lo largo del
tiempo.
–Juan ha permanecido por un largo período en el espacio, con difi-
cultad para comprender la noción de un proyecto. Juan suele mante-
nerse atento durante los encuentros, aunque solo realiza preguntas o
emite opiniones sobre los proyectos de sus pares. Juan no logra apro-
piarse de la información que circula en el espacio, que pudiera serle de
utilidad para un proyecto personal.
Al transcurrir un periodo del taller, Juan comenzó a asociar el
concepto de proyecto únicamente a la posibilidad de adquirir un
trabajo. Refiere que ha tenido una experiencia laboral que reco-
noce como negativa en su historia ocupacional, relacionándola a un
112
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
momento de descompensación psíquica. Ante esto tiende a anular la
idea de tener un proyecto diferente, asumiendo una postura rígida.
–Laura ingresa al espacio con el interés de completar la escola-
ridad primaria, siendo este su principal Proyecto Personal. Laura
posee la información necesaria y conoce los pasos que debe seguir
para comenzar con sus estudios, ya que ha intentado llevarlo a cabo
en reiteradas ocasiones. Refiere que le resultaba dificultoso participar
de las clases, ya que al no poseer lecto-escritura requería apoyo indi-
vidualizado de sus profesores. Comenta que en dichos momentos se
sentía nerviosa y angustiada, influyendo negativamente en su desem-
peño diario. En su historia ocupacional menciona experiencias previas,
en las cuales a pesar del apoyo de un otro, no ha logrado incorporar
conocimientos en el área educativa.
Intervención
La intervención de la Terapia Ocupacional se centra en brindar los
apoyos necesarios a fin de favorecer en los concurrentes el reconoci-
miento y visibilización de sus propias habilidades y destrezas. En el
espacio de Desarrollo Personal, se lleva a cabo la identificación de un
proyecto individualizado, la fijación de objetivos prioritarios y el esta-
blecimiento de acciones concretas. El rol del profesional consiste en
brindar los apoyos acompañando al concurrente en la identificación
y concreción de las diferentes etapas del plan, promoviendo el empo-
deramiento y fomentando la asunción de un rol activo. Es un proceso
continuo, ya que varía a lo largo del tiempo a medida que se vayan
alcanzando o modificando los objetivos establecidos.
Durante los encuentros se utiliza como recurso un registro personal,
donde cada concurrente plasma sus objetivos y los pasos a seguir, así
113
Proyectos personales: una mirada desde la Terapia Ocupacional
como también las acciones que ha ido realizando. De este modo se faci-
lita la planificación y organización del proyecto personal, y la posibi-
lidad de realizar un seguimiento de manera más autónoma, asumiendo
un rol activo a lo largo del proceso. Esto actúa como apoyo, permi-
tiendo visibilizar su evolución y evitando una posición más directiva
por parte del profesional. En algunos casos es sorpresivo el impacto
que les genera leer el seguimiento que ellos mismos han registrado,
permitiendo autoevaluarse en función de sus logros, los tiempos de
concreción de cada objetivo, aquellos que han quedado sin concretar o
también, por ejemplo, sus inasistencias al espacio.
Como bien se mencionó anteriormente, el espacio se dispone en
modalidad grupal o individual, teniendo en cuenta la ocupación a
abordar. A continuación se realiza una breve descripción de la particu-
laridad de cada una.
Modalidad Grupal
La modalidad de intervención grupal se lleva a cabo en un encuentro
semanal. Durante el mismo, con apoyo profesional, se promueve que
cada concurrente identifique, planifique y realice un seguimiento de
su Proyecto Personal. Se propicia la construcción de un entorno en
el que los concurrentes puedan expresar dificultades propias en su
desempeño diario, así como también en sus proyectos, habilitando la
reflexión grupal, el aporte y la recepción de opiniones, ideas o puntos
de vista diferentes por parte del coordinador y sus pares. Se promueve
el intercambio de experiencias, lo que permite, en ocasiones, la iden-
tificación entre pares, resultando enriquecedor de los procesos indi-
viduales. Posibilita, además, la circulación de información y recursos.
Dicha modalidad, provee oportunidades para la creación de un
lazo social con otros, fortaleciendo habilidades interpersonales como
114
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
escucha activa, empatía, cooperación y colaboración. Asimismo
permite tolerar tiempos de espera, respetando los momentos para
hablar y para escucharse.
A continuación se citan dos situaciones en las cuales al ser traba-
jadas grupalmente, se vio enriquecido el proceso y resultado de la
intervención.
Situación A
Del espacio de Desarrollo Personal con modalidad grupal parti-
cipan un grupo de concurrentes que refieren no realizar actividades
de interés en su tiempo libre. El relato de cada uno surge a partir de la
indagación de la coordinadora del espacio sobre dicha área. Algunos
relatan que, durante el fin de semana, suelen permanecer en su hogar
sin lograr mencionar una actividad que sea de su interés o de la que
disfruten. Otros relatan que permanecen durmiendo la mayor parte
del tiempo, a la espera del lunes para retomar el Centro de Día. Mien-
tras que un número considerable de participantes refieren que es en
esos tiempos “sin actividad” cuando padecen un mayor desgano, hasta
llegar a angustiarse o deprimirse.
Ante situaciones como las mencionadas nos encontramos con que
desde el quehacer profesional muchas veces el apoyo consiste en desna-
turalizar lo naturalizado. Cuestionar, plantear una duda, habilitar la
reflexión e impulsar la búsqueda son algunas de las estrategias utili-
zadas en dicho encuadre.
A lo largo de los encuentros, cada concurrente trabaja, con el
apoyo del profesional, en el seguimiento de su Proyecto Personal. Sin
embargo, desde la coordinación se intenta abordar además el Área de
Ocio y Tiempo Libre, que parece quedar por fuera de lo importante.
Lejos de ello, es el espacio sin actividad obligatoria el que habilita a la
115
Proyectos personales: una mirada desde la Terapia Ocupacional
identificación y despliegue de intereses personales, problemática signi-
ficativa en la población con discapacidad psicosocial.
Se comienza entonces a dialogar grupalmente sobre este tiempo,
hasta entonces sin sentido, donde el vacío propicia la aparición de
sentimientos reconocidos como negativos o malestares corporales. Es
a partir de allí que se comienza con el cuestionamiento sobre el uso del
mismo. Se inicia con la búsqueda de intereses personales y la planifica-
ción para llevarlos a cabo.
El grupo al que se hizo referencia ha ido trabajando en ello hasta
la actualidad, donde logran planificar y concretar de forma autónoma
actividades compartidas para el fin de semana, refiriendo disfrutar de
la experiencia. Utilizan el espacio como herramienta para la búsqueda
e intercambio de información sobre los recursos en la comunidad y
aspectos relevantes que hacen a la organización.
Situación B
Una problemática común a diversos concurrentes del Centro de
Día es poder sostener su asistencia regular al mismo, así como también
iniciar y sostener otras actividades, entre ellas las vinculadas al cuidado
de su salud.
Es a principios del año que se incorpora al espacio grupal un nuevo
participante al que llamaremos Pedro. Este concurrente posee un claro
registro de su propia dificultad en lograr iniciar y sostener las activi-
dades que se relacionan con el mantenimiento de su salud, como ser
solicitud y asistencia a turnos médicos, la ejecución de las indicaciones
clínicas, así como en el sostenimiento de los diversos tratamientos.
Pedro expone directamente dicha problemática, encontrando en
el grupo una respuesta amena y positiva. Esto permitió generar una
situación de mayor confianza, donde sus pares han relatado dificul-
tades similares a su ingreso al dispositivo del Centro de Día, y le han
116
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
sugerido a Pedro diversas estrategias para afrontar lo mismo. Frente a
dicha situación, desde la coordinación, se lleva a cabo un corrimiento,
promoviendo el intercambio entre pares que, en ocasiones, resulta ser
más impactante y eficaz que la palabra del profesional.
A continuación se expondrán algunos comentarios escritos por los
integrantes del grupo:
• “El taller de Desarrollo Personal a mí me sirve. Antes de
ingresar no sabía bien de qué se trataba y aparte no asistía casi
nunca por mi inconstancia. Hoy en día concurro bastante más
seguido al CPI y al taller. Me di cuenta que el taller me sirve
para plantear mis objetivos a lograr y mis metas a cumplir,
charlando con la coordinadora y organizándolas martes tras
martes. Tanto ella como mis compañeros me ayudan a llevar
a cabo mis metas porque me aconsejan. Me siento motivado.”
• “A mí este espacio me hace bien para hacer mis proyectos
personales, para mí misma y no para otros. Me ayuda a
pensar en el proyecto que tengo en adelante. Ahora quiero
empezar el gimnasio, si lo concreto sería feliz.” “A veces me
cuesta, pero lo tengo que lograr.” “No quiero estar todo el
día metida en mi casa, ahí me bajoneo. Los domingos a la
tarde me bajoneo mucho. Lo único que quiero es ponerme
el camisón y meterme en la cama. No quiero ni ver la tele-
visión. A veces lloro.” “Cuando salgo con mis compañeros
estoy feliz. Vuelvo a casa contenta.”
• “El Taller de Desarrollo Personal visto desde adentro. Por
convocatoria me interesó participar. Pude aprender a cana-
lizar los proyectos. Gracias a esto pude realizar el curso de
modelado en la Escuela de Cerámica. Agradezco a los coor-
dinadores por poner confianza en las personas, que a veces
nos cuesta desarrollar lo planeado. Es como soñar despierto.”
117
Proyectos personales: una mirada desde la Terapia Ocupacional
• “Yo tengo problemas en la memoria, y esto de venir y ver qué
escribí en el encuentro anterior me ayuda para organizarme.”
• “Es un espacio que me ha servido mucho para tener proyectos
de vida, y eso ha sido muy importante para mí. Para organizar
cosas de mi vida que de otra manera estarían muy desor-
denadas a nivel personal. Planificar viajes, aseo personal,
alimentación y muchas otras cosas más. Estoy agradecido de
este espacio, lo veo muy necesario para muchos pacientes que
quieren progresar.”
Modalidad Individual
En nuestro quehacer diario observamos, como una problemática
frecuente en muchas personas con discapacidad psicosocial, la difi-
cultad en la planificación y ejecución de las actividades de autocuidado
más elementales, como baño/ducha, vestido, alimentación, higiene/
arreglo personal y uso del inodoro. En ciertos casos se debe a los fenó-
menos corporales que algunos concurrentes suelen presentar, tales
como la despersonalización, disociación y carencia en el registro de
sensaciones corporales. En otros, la falta de interés, de iniciativa y la
abulia son los principales motivos. No dejamos de lado la ausencia, en
algunos casos, de un entorno que sea facilitador para el conocimiento
y despliegue de dichos hábitos.
En ocasiones, dicha problemática termina interfiriendo en la circu-
lación y el armado o sostenimiento de relaciones sociales. En el dispo-
sitivo del Centro de día se observa que a veces resulta ser un obstá-
culo para el ingreso y la participación del concurrente en los espacios
grupales. Es por ello que la propuesta individual surge a partir de iden-
tificar la necesidad, a nivel institucional, de disponer de un encuadre
118
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
que posibilite abordar dichas cuestiones que requieren de mayor inti-
midad y acompañamiento.
La intervención, en primera instancia, se focaliza en promover el
registro de las dificultades propias en el concurrente, y el impacto
que las mismas tienen en su participación social. Luego se abordan
puntualmente dichas problemáticas, promoviendo la incorporación
de hábitos de autocuidado en la rutina diaria.
A continuación una viñeta que dará cuenta de lo mencionado:
–Marcos concurre al Centro de Día desde hace varios años.
Menciona como proyecto participar del Taller de Conservas, que
pertenece al Programa de Inclusión Laboral del Centro de Día. Marcos
expresa interés tanto por incorporar habilidades en la temática, como
para hacer de ello una actividad laboral. Al momento de la admisión
al programa, se evidencian en Marcos considerables dificultades para
la incorporación de hábitos de autocuidado. Se presenta con higiene
personal insuficiente, notable olor corporal, vestimenta sucia y desali-
ñada. Se dialogó con Marcos sobre los requerimientos para participar
en dicha actividad. Al no lograr identificar o reconocer sus dificultades
para adecuarse a cuestiones fundamentales del encuadre de este taller,
como las condiciones de higiene, se suspende su participación en el
mismo. Se propone a Marcos la incorporación al espacio de Desarrollo
Personal, con modalidad individual, para poder trabajar sobre el reco-
nocimiento de sus dificultades, y posterior planificación y ejecución de
hábitos de autocuidado en su rutina diaria.
Cabe mencionar que Marcos reside en un entorno familiar en el que
carece de privacidad para realizar las actividades de la vida diaria y, en
ocasiones, de la posibilidad de llevarlas a cabo de forma autónoma.
Es por ello que resultó indispensable abordar junto con su referente
institucional dichas problemáticas, así como también intervenir con
119
Proyectos personales: una mirada desde la Terapia Ocupacional
la familia de Marcos para sostener la continuidad de las intervenciones
realizadas en el espacio.
Seguimiento
En ambas modalidades se lleva a cabo un seguimiento continuo
donde se acompaña al concurrente en la revisión de su plan, obje-
tivos alcanzados o fijación de nuevos. Sin embargo, es de fundamental
importancia la comunicación y el abordaje conjunto con su referente
institucional y con otros miembros del equipo profesional del Centro
de Día, así como también, de ser posible, incluir miembros de su
entorno familiar y/o social. Con ello se apunta a promover la conti-
nuidad de las intervenciones del espacio y proveer apoyos que posibi-
liten la mayor autonomía posible en el desempeño ocupacional.
Conclusión
A lo largo de este texto hemos descrito el espacio de Desarrollo
Personal, que coordinamos desde el Área de Terapia Ocupacional. El
mismo fue propuesto a partir de observar la necesidad de un espacio en
el que los concurrentes requieren trabajar aspectos relacionados con su
desempeño ocupacional. Así como también, un encuadre para identi-
ficar o llevar a cabo Proyectos Personales.
Cuando pensamos en la idea de un Proyecto Personal es necesario
desglosarlo en etapas con objetivos visibles y concretos. El Proyecto
Personal de cada integrante dependerá de sus necesidades o expec-
tativas, está influenciado por sus roles o rutinas y se desarrolla en
ambientes específicos que repercuten en ellos. Los tiempos para
concretarlos también varían de persona a persona.
120
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
Alberto, por ejemplo, logró concretar, luego de un año de planifica-
ción, las dos consultas médicas que propuso como objetivo a su ingreso
al espacio. Manuel, en cambio, ingresó con el deseo de realizar una acti-
vidad de circo durante su fin de semana, utilizando las herramientas
y recursos que circulan en el espacio para indagar sobre los recursos
barriales. Logró iniciar y sostener dicha actividad en un centro cultural
barrial, hasta la actualidad.
El encuadre propuesto se ajusta a las posibilidades, necesidades
y requerimientos de cada concurrente, con el objetivo principal de
realizar una intervención centrada en la persona. Se promueven y
fortalecen aspectos del desempeño ocupacional, a fin de potenciar el
empoderamiento y autonomía de cada concurrente. Es por ello que lo
pensamos como un espacio transitorio, que permite la adquisición de
apoyos para el despliegue y entrenamiento de habilidades en el desem-
peño ocupacional.
121
Proyectos personales: una mirada desde la Terapia Ocupacional
Tabla 1. Ocupaciones
Bañarse, ducharse
Actividades de la Ir al baño, higiene en el inodoro
rutina diaria Vestirse
Deglutir/comer
Actividades orientadas Alimentación
al cuidado del propio Movilidad Funcional
cuerpo Cuidado de los dispositivos de atención personal
Higiene y arreglo personal
Cuidado de otros
Actividades Instru- Facilitar la crianza de los niños
mentales de la rutina Gestión de la comunicación
diaria Movilidad en la comunidad
Actividades de apoyo Uso de la gestión financiera
a la vida cotidiana, en Gestión y mantenimiento de la salud
la casa y en la comu- Establecimiento y manejo del hogar
nidad Preparación de la comida y limpieza
Compras
Descansar
Descanso y Sueño Prepararse para el sueño
Participar del sueño
Exploración y participación
Educación
en la educación formal o informal
Trabajo Exploración y participación
Ocio y tiempo libre Exploración y participación
En la comunidad, con la familia,
Participación social
con compañeros y amigos.
The American Occupational Therapy Association (2014). Marco de Trabajo para la
Práctica de Terapia Ocupacional: Dominio & Proceso, 3ra. edición.
122
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
Referencias bibliográficas
Barrett, L. y Kielhofner, G. (2003). Teorías derivadas de las perspectivas del
comportamiento ocupacional. En: Crepeau, Cohn, Schell. Willard y Spac-
kman. Terapia Ocupacional. (Trad.: Diana Klajn). Buenos Aires, Médica
Panamericana, 10º Ed.
Polatajko, H.J.; Townsend, E.A.; Craik, J. (2007). Canadian Model of Occu-
pational Performance and Engagement (CMOP-E). En: E.A. Townsend
& H.J. Polatajko, Eds. Enabling Occupation II: Advancing an Occupa-
tional Therapy Vision of Health, Well-being, & Justice through Occupation.
Ottawa: CAOT Publications, pp. 22-36.
The American Occupational Therapy Association [AOTA] (2014). Marco
de Trabajo para la Práctica de Terapia Ocupacional: Dominio & Proceso,
tercera edición. Traducción por Martínez, S.L.; Muñoz, H.F.; Suazo, G.C.
y estudiantes de segundo año de la Escuela de Terapia Ocupacional de la
Universidad Mayor. Santiago de Chile, 2015.
123
Sobre los apoyos
en discapacidad psicosocial
Santiago Paz
El presente artículo pretende hacer un recorte de la experiencia en el
trabajo con personas con discapacidad psicosocial.
Los discursos que ubican a la persona con discapacidad psicoso-
cial como el portador de una limitación para la inclusión social, tiene
antecedentes que no pretendemos agotar en estos párrafos. El discurso
médico es un ejemplo de la objetalización. Las clasificaciones, las deli-
mitaciones de las potencialidades, la conceptualización de cronicidad
y el carácter permanente de una condición, ubican solo en el sujeto en
cuestión la responsabilidad de circular por los márgenes del conglome-
rado social.
El concepto de discapacidad psicosocial ofrece una alternativa de
deslizar el foco en el que habitualmente se construyen miradas y obstá-
culos sobreagregados a este colectivo.
El punto de partida de todo movimiento que propenda hacia la
inclusión social asume la forma de una pregunta que se actualiza en
cada instante y en el encuentro con cada persona. Y con especial énfasis
si hablamos de sujetos con discapacidad psicosocial.
Asistimos a un momento donde la Convención Internacional sobre
Derechos de las Personas con Discapacidad (2006) y La Ley Nacional
de Salud Mental (2010) abren paso a una serie de conceptualizaciones
125
Sobre los apoyos en discapacidad psicosocial
que tienen un impacto favorable en la calidad de vida de muchas
personas.
Sin embargo, la generalidad con la que son descriptos los diferentes
colectivos de personas con discapacidad merece ser revisada, dado que
quienes nos abocamos al trabajo con estas poblaciones encontramos
particularidades que son las que nos orientan acerca de los requeri-
mientos y la direccionalidad de los abordajes.
El acercamiento que se propone en este escrito parte de encrucijadas
en torno a la conceptualización de apoyos necesarios para el sector de
la población con discapacidad psicosocial.
La noción de apoyos en lo que respecta a recursos que se imple-
mentan con personas con discapacidad motriz, por ejemplo, remite
a objetos precisos que suplen cierta carencia, o al menos colaboran
con superar impedimentos propios y barreras materiales o físicas que
el entorno impone. Esto sin desentendernos de observar que muchos
Estados incumplen normativas relativas a la accesibilidad a diferentes
entornos y derechos, por considerar a las personas con discapacidad
como un gasto innecesario.
En el caso de la discapacidad psicosocial, y para no desviarnos de
la propuesta original, intentaremos delinear particularidades de esta
población con la ejemplificación del trabajo realizado con dos concu-
rrentes con el fin de acceder a ideas más concretas que se presentan
acerca de los apoyos necesarios1. Estas particularidades, complejizan
la interpretación sobre requerimientos y decisiones en torno a apoyos
que impacten favorablemente en la calidad de vida de estas personas.
La finalidad es la de poder acercarnos a una idea más precisa de este
intento de problematización de categorías dinámicas y fluctuaciones
1. Para acceder a una descripción pormenorizada de las particularidades de la
población que asiste al Centro de Día, ver el artículo “Personas con Discapacidad
Psicosocial”.
126
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
que, por su movilidad, imponen repensar y reactualizar los abordajes
necesarios en un equipo interdisciplinario.
La población de los concurrentes que perciben las prestaciones del
Centro de Día en la Fundación CPI acceden a propuestas grupales e
individuales de trabajo, luego de un proceso de admisión y evaluación
de las condiciones de estabilidad de su cuadro. Entre una oferta nume-
rosa de talleres, comienzan el proceso de elección de actividades, las
cuales están atravesadas por el objetivo general de generar las condi-
ciones necesarias para la inclusión social.
Para el acceso a una inclusión social plena, nos encontramos con
avatares que comenzamos a definir por una serie de aspectos específicos.
La noción de apoyos, en nuestra experiencia, es de difícil estanda-
rización, y diversos factores influyen en los lineamientos que asumen
las intervenciones del equipo de trabajo. Uno de estos factores es el
carácter dinámico que presentan las patologías, y otro responde a los
modos de estigmatización y barreras que se erigen desde la sociedad
ante este colectivo. Estos dos factores no agotan la complejidad de
las variables que intervienen en la segregación de estas personas, pero
al menos se proponen como modos introductorios para plantear un
debate prolífico con el fin de delinear políticas de salud en la recompo-
sición de lazos para estas minorías.
Las particularidades y dificultades de cada concurrente asumen
una variabilidad tal que sería imposible enumerarlas en este escrito.
Un modo que consideramos pertinente para graficar los párrafos
anteriores, es compartir la experiencia y el recorrido de un adulto que
asistió a los espacios que ofrece el abordaje de Centro de Día.
Hablaremos de un concurrente que ingresó a la Fundación hace
varios años, a quien llamaremos G. El diagnóstico según su certificado
de discapacidad es el de esquizofrenia paranoide. El recorte, en este
caso, apunta a ejemplificar las dificultades para sostener actividades en
127
Sobre los apoyos en discapacidad psicosocial
su vida social y, a la vez, las estrategias implementadas para posibilitar
un proyecto de vida independiente.
Ya en el viaje desde su domicilio hacia la Fundación, G. se ve compe-
lido a detenerse ante cada espejo que ubica en el recorrido. Al hacer
referencia a los momentos de mayor organización, sitúa que “el tema
de los espejos está más controlado”. Esto alude a que puede continuar
su marcha sin detenerse en cada uno de ellos. Es un vector que tiene en
cuenta a la hora de pensarse y que traduce como indicador de mejoría
o desmejoramiento de su cuadro. Respecto de esta experiencia dice lo
siguiente: “Tengo que parar frente a los espejos porque quiero ver si está
todo, si tengo todo en su lugar”.
La disgregación del cuerpo, órganos que dejan de funcionar, miradas
injuriantes que invalidan el movimiento o lo promueven, son referen-
cias a las que alude de manera constante.
G. se presenta estabilizado y fluctúa entre momentos de mayor orga-
nización y lapsos en los que queda a merced de la indeterminación o
de mecanismos que se le imponen y obstaculizan una adecuada circu-
lación social. Las imposiciones son irreductibles a pesar de que tiene
un registro parcial de conductas tales como pararse frente a los espejos,
soliloquios, comentarios ofensivos, rituales de extrema rigidez, etc.
Estas dificultades no le impiden mantener un proyecto de vida inde-
pendiente. Se maneja con autonomía en lo que respecta a la alimenta-
ción, administración de la medicación, uso de transportes, asistencia
a los tratamientos, cuidados médicos. Durante las mañanas desarrolla
una actividad grupal de encuadernación en el Centro de Día y, por
fuera de la Fundación, asiste a un curso de encuadernación que realiza
año tras año con la anuencia de la profesora con quien estableció a
lo largo de esos años un vínculo cercano. No arma relaciones consis-
tentes con sus compañeros de curso y pierde contacto con ellos luego
de egresados.
128
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
Esta actividad, además de ser una de sus preferidas, funciona como
un recurso que le ha permitido sostener una circulación social en la
etapa de estudios y en la interrelación con sus clientes.
Se destaca que en la historia de G. se han sucedido una extensa
cantidad de internaciones psiquiátricas y que los síntomas anterior-
mente descriptos se presentaban más radicalizados, conjugándose
con largos períodos de encierro, aislamiento y de una abulia y apatía
inconmovibles.
Uno de los objetivos de la propuesta del Centro de Día estuvo
centrado en posibilitar que sostenga la realización del curso de encua-
dernación que hemos descripto. Esta actividad que se repitió durante
más de una década, posibilitó la apertura a otra presentación clínica y
el acceso a otra modalidad de intercambio con los otros. G. recuerda
una y otra vez el inicio de esta actividad y el cambio que observó a
partir de reconocerse como “encuadernador que ofrece su servicio a sus
clientes”.
Esto le procuró un ordenamiento en los tiempos, un modo de presen-
tación ante los otros y la posibilidad de conectarse con una actividad
de su interés. Es durante el vínculo con su tarea donde se observa una
atenuación de la sintomatología que lo acucia de modo permanente.
Los apoyos que necesitó para mantener el proyecto de vida inde-
pendiente no fueron pocos. G. no contaba con un entramado familiar
continente y las dificultades en la autonomía se presentaban en varias
áreas de su cotidianeidad. Las estrategias de trabajo que posibilitaron
el sostenimiento de un mayor acceso a la comunidad no se supeditaron
a elaborar los problemas que se suscitaban en la convivencia dentro de
la propuesta del Centro de Día. El objetivo se centraba en sostener este
desenvolvimiento en un entorno más amplio y el recurso humano es
la apoyatura indispensable para la concreción de algún proyecto por
fuera de las puertas de la Fundación.
129
Sobre los apoyos en discapacidad psicosocial
Muchas son las áreas a partir de las cuales el equipo promueve inter-
venciones en pos de favorecer la inclusión social. No se trata de recrear
situaciones grupales ficticias que no se traduzcan en avances respecto
de este proceso. Los ejemplos que se pueden mencionar remiten al
trabajo en torno a aspectos de la vida diaria que muchos considera-
ríamos elementales, tales como la higiene, el aseo, la regulación de
ciclos del sueño, la alimentación, la administración de la medicación,
los cuidados médicos, la administración del dinero, entre otros.
La planificación y el modo de ejecutar los apoyos necesarios, se orga-
nizan en función de cada objetivo y cuando nos referimos a la discapa-
cidad psicosocial, el cumplimiento de un objetivo determinado no es
garantía de su sostenimiento. No se accede siempre a la inclusión social
de un modo progresivo que marque una evolución constante y lineal.
Los tropiezos y retrocesos en diferentes áreas son constantes.
Ser parte de un grupo primario de referencia, considerar el armado
de la identidad como un acto natural, nos lleva a perder de vista que
incluirnos en algún espacio implica apropiarnos de un cuerpo, de un
nombre y de reconocernos en otro pudiendo, a la vez, diferenciarnos.
Lo que se evidencia en la situación de G. y de otros concurrentes
es que la posibilidad de sostener la circulación social y la inclusión en
ciertos espacios de la comunidad, impacta favorablemente también en
la presentación clínica. Con esto queremos destacar que las estrategias
del equipo no se reducen al abordaje de la sintomatología, sino que se
amplía y focaliza en los emergentes que se generan en la interacción
social.
Otra experiencia remite al desempeño de un joven de 19 años que
llega con un diagnóstico de esquizofrenia paranoide y cuyo ingreso
al Centro de Día estuvo signado por una serie de dificultades en el
proceso de adaptación. Su asistencia se interrumpe en varias ocasiones
a partir de crisis y desbordes con episodios de violencia que imposi-
130
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
bilitaban la permanencia en la Fundación. Estas situaciones repetían
ciertas características.
Al inicio de este proceso, este joven a quien llamaremos R. se
mostraba asustado y expectante a los movimientos de la dinámica de la
institución. Se sucedían momentos en los que el joven infería burlas de
parte de sus pares y recurría a la figura de algún profesional para procu-
rarse cierto reaseguro respecto de un contexto vivido como amena-
zante. Como recurso para defenderse de estas ideaciones delirantes,
ponía en marcha una serie de conductas en las que supone instalar
cámaras o hacer llamados a figuras de autoridad para que lo protejan
(por ejemplo realizaba gestos con su teléfono celular, a modo de un
control remoto, haciendo de cuenta que activaba cámaras de seguridad;
también se mostraba manteniendo una supuesta conversación telefó-
nica con algún agente de seguridad). Repetía además una serie de ideas
de contenido similar entre las que decía ser integrante de alguna fuerza
de seguridad. Luego de hablar con algún profesional y ser contenido
a través de la palabra en el espacio de consultorios, podía retomar el
itinerario diario. Sin embargo este tipo de despliegues fueron aumen-
tando en frecuencia e intensidad. Reaccionaba a estas situaciones
rompiendo objetos y en una de sus crisis lastimó a una persona. En
cada reincorporación mostraba registro de lo ocurrido. A pesar de esto,
los mecanismos patológicos permanecían inconmovibles.
Ubico ahora las referencias que el joven hacía a esas situaciones,
subrayando las descripciones de su vivencia: “No sé qué me pasa en ese
momento, no lo puedo manejar, no soy yo”, y al hablar de una situación
en que rompió una puerta a patadas dice: “la pierna se me va en ese
momento, no me hace caso”. En este segundo momento, además de no
reconocerse en esas situaciones, las acusaciones a sus perseguidores se
deslizan a su pierna con quien mantiene una relación de total ajenidad
y extrañeza.
131
Sobre los apoyos en discapacidad psicosocial
Durante un período, las situaciones disruptivas se repetían sin posi-
bilidades de anticiparlas o darles un sentido que permitiera su abordaje
y, a la vez, atenuar la angustia del equipo tratante. Luego de un tiempo,
el joven llegó a proferir que era invadido por un miedo terrible ante la
situación de encontrar líquido en su pene y que no fuera pis. El hecho
de eyacular y desconocer esta manifestación del cuerpo, lo confron-
taba con un horror al que respondía rompiendo cosas. A partir de un
trabajo que le permitió anticipar y elaborar estos cambios que irrum-
pían en su cuerpo, pudo responder de otra manera a las afectaciones
que interpretaba de modo delirante.
En este abordaje descripto, a diferencia del anterior, entendimos
que lo prioritario respondía a elaborar y enfocar el trabajo en otra serie
de objetivos. Posibilitar la asistencia a un espacio exogámico, como
el Centro de Día, que ofrezca una versión diferenciada de lo fami-
liar, permitió enmarcar un espacio propio donde los mensajes que su
cuerpo vociferaba, no recayeran en la infantilización o el descrédito.
La experiencia del trabajo en el Centro de Día asume innumerables
variantes y los apoyos delineados por un equipo interdisciplinario se
ajustan a los emergentes singulares de cada concurrente.
Se destaca que los apoyos necesarios para la inclusión social, no
podrían implementarse sin asumir una posición ética que considere al
sujeto en su singularidad. El problema de suponer las necesidades de
otros conlleva el riesgo de replicar el mecanismo de arrasamiento de
las subjetividades.
Los ideales de adaptación y normalidad causan estragos en cada
grupo humano. En el contexto actual se acentuaron las barreras para el
acceso a la inclusión de un número más amplio de la población general
en Argentina. Y si particularizamos las situaciones de aquellos con
alguna discapacidad psicosocial, la realidad reduplica los obstáculos.
De un modo manifiesto, la segregación cobra formas inauditas e
insiste como un modo de defensa característico de estos tiempos. A
132
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
quienes no acceden a los estándares fomentados por esta cultura, les
queda ocupar el rol de una amenaza a las subjetividades que el neoli-
beralismo intenta moldear. Esta amenaza también involucra a los
procesos de constitución de una identidad y pertenencia.
Los “locos” en la comunidad aún asaltan con otro armado subjetivo
las categorías de lo normal y el (sin)sentido común.
Referencias bibliográficas
Congreso de la Nación Argentina (2010). Ley 26.657. Ley Nacional de Salud
Mental. Senado y Cámara de Diputados de la Nación Argentina reunidos
en Congreso. Publicada en el Boletín Oficial el 03/12/2010.
ONU (2006). Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapa-
cidad y Protocolo Facultativo. Recuperado de http://www.un.org/disabi-
lities/documents/convention/convoptprot-s.pdf.
133
Desafíos de la intervención del
trabajador social en el Centro de Día
Sujetos, autonomía y derechos en el escenario actual
Florencia Amelotti
Los científicos dicen que estamos hechos de
átomos, pero a mí un pajarito me contó que
estamos hechos de historias.
Eduardo Galeano
“¿Por dónde comenzar?” Así arrancó mi primer día en el Centro
de Psicoterapias Integradas o, como lo llamamos abreviadamente,
“Fundación CPI”. Un espacio nuevo de trabajo, un equipo nuevo, una
población nueva. En fin… un nuevo desafío. Como trabajadora social,
el propósito de este texto es poder compartir una experiencia de trabajo
e intervención profesional con personas con discapacidad psicosocial,
en el marco de un dispositivo de atención de Centro de Día.
La Fundación CPI cuenta con una población de aproximada-
mente 70 concurrentes, jóvenes adultos y adultos, tanto varones como
mujeres. Presentan un padecimiento de salud mental y se propicia su
tratamiento en un dispositivo con las características de “Centro de
Día”, de atención diurna, con un abordaje integral e interdisciplinario.
Nos encontramos en el cotidiano intercambiando ideas, opiniones y
sugerencias, entre directivos, equipo profesional, talleristas, adminis-
trativos, personal.
135
Desafíos de la intervención del trabajador social en el Centro de Día
Ahora bien: ¿qué hace el trabajador social? ...¡Sí, nos hemos enfren-
tado una y mil veces a esta pregunta! Intentaré en las siguientes páginas
dar cuenta de la intervención profesional y los aportes que desde
nuestra disciplina se pueden realizar para la población concurrente del
Centro de Día.
Respecto de la intervención con personas con discapacidad, cabe
señalar que la discapacidad tiene diversas implicancias en el campo
de lo individual, familiar, social, económico, laboral, cultural, etc.;
consecuencias que no solo tienen un impacto en la persona sino
también en su grupo familiar. La discapacidad tiene lugar en una
sociedad determinada, la que a su vez determina las posibilidades de
desarrollo de las personas, tanto por la posibilidad de dar respuesta
para ofrecer servicios y recursos acordes a las necesidades de los
sujetos, así como también por los valores y creencias que se reflejan
en la sociedad misma.
Por otra parte, la normativa jurídica vigente en materia de derechos
de las personas con discapacidad, se ha convertido en una importante
herramienta que instrumenta políticas tanto de salud como educativas,
de trabajo, accesibilidad y seguridad social. Hoy en día está amplia-
mente difundida en nuestro país la Convención Internacional sobre
los Derechos de las Personas con Discapacidad, adoptada en Asamblea
General de las Naciones Unidas en el año 2006 y ratificada en nuestro
país en el año 2008, a través de la Ley 26.378. La Convención plantea
un claro marco conceptual concibiendo a las personas con discapa-
cidad como sujetos activos y de derechos, y pone énfasis en la remo-
ción de barreras que impiden su participación plena y efectiva en los
distintos espacios sociales.
Desde las intervenciones profesionales se puede abordar la discapa-
cidad desde el ámbito individual, familiar, grupal o comunitario. Es
importante señalar que ni un ámbito de intervención u otro son exclu-
yentes entre sí; al contrario, se complementan. Así como también se
136
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
complementan las diferentes disciplinas y sus incumbencias profesio-
nales, y las diferentes instituciones y sus especificidades.
Todas las intervenciones que realizamos día a día pueden tener
diversos propósitos u objetivos. Uno de ellos, fundamental a mi
entender, gira en torno a la efectivización de los derechos vulnerados
de las personas con discapacidad, de los concurrentes que asisten a
nuestro Centro de Día. Y nótese que hablamos de “concurrentes” y
no de “pacientes”, porque consideramos que las personas son sujetos
activos –no pasivos– de su propia historia de vida.
El sentido de la acción profesional del trabajador social, en líneas
generales, se centraliza en contribuir a mejorar la calidad de vida de los
sujetos, en este caso, de los concurrentes que asisten a la Fundación,
tomando como referencia las condiciones materiales y simbólicas de
cada uno de ellos.
La intervención profesional en el Centro de Día puede devenir de
diferentes modalidades. Por un lado, los propios concurrentes pueden
realizar “demandas espontáneas”. Por otro lado, se puede intervenir
a partir de demandas de familiares de los concurrentes ante alguna
situación o algún aspecto puntual. Asimismo, gran variedad de situa-
ciones de intervención se dan a partir del intercambio con el equipo
profesional.
Para evaluar una situación de intervención, desde el trabajo social
utilizamos, como una de las herramientas básicas, la entrevista. Desde
la institución se pueden realizar entrevistas de primera vez y evalua-
ciones socio-familiares, así como entrevistas de seguimiento cuando se
detecta alguna situación de intervención. La realización de las entre-
vistas permite generar un espacio de escucha y contención a los concu-
rrentes y sus familiares, los cuales pueden expresar sus padecimientos,
preocupaciones y necesidades. La importancia de esta herramienta
radica en la posibilidad de “escucha del otro”, incorporando creencias,
saberes e historias. A partir de la entrevista se elabora un diagnóstico
137
Desafíos de la intervención del trabajador social en el Centro de Día
presuntivo de la situación (en otros términos, interpretación de los
hechos de la realidad social, que incorpora tanto las determinaciones
estructurales como también los componentes subjetivos), y se busca
poder determinar el objeto u objetos de intervención, es decir, el “sobre
qué” actuar. Tanto la elaboración diagnóstica como la construcción del
objeto de intervención son procesos dinámicos y cambiantes, suscepti-
bles de modificación a partir de las distintas y variadas aproximaciones
a la situación de intervención, y la consecuente profundización en su
proceso de conocimiento.
Ahora bien, ¿qué variables evaluamos en las entrevistas con los
concurrentes y/o familiares y/o equipo? En primera instancia, se
evalúa la situación socio-familiar del concurrente en cuanto a su diná-
mica familiar, problemáticas vinculares y/o de convivencia, interac-
ciones y relaciones interpersonales. También aspectos vinculados a la
dinámica diaria del sujeto y actividades que desarrolla en su vida coti-
diana, así como su grado de autonomía.
En el aspecto económico, se evalúa la situación del concurrente en
cuanto a ingresos y/o prestaciones que percibe, la problemática de
ingresos económicos y la gestión de los recursos asociados directa-
mente a la discapacidad (pensión no contributiva, certificado de disca-
pacidad, etc.).
Se evalúa también la situación habitacional del concurrente: si
hay inestabilidad en cuanto al lugar donde vive, si hay situación de
hacinamiento, condiciones precarias de vida y/o potencial situa-
ción de calle.
En el plano de la salud se evalúa si hay alguna problemática al
respecto –situación de enfermedad–, atención y tratamiento médico
tanto del concurrente como de su red familiar. Se evalúa también si
existen dificultades en el acceso a la atención, a los medicamentos e
insumos, y a diversas prestaciones que debería garantizar la cobertura
de salud. Asimismo, se pueden evaluar las problemáticas del concu-
138
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
rrente o de su grupo familiar en torno a situaciones de violencia, situa-
ciones de consumo problemático de sustancias, etc.
Todas estas variables a considerar nos permiten pensar en la elabora-
ción del diagnóstico social, el cual se encuentra en estrecha vinculación
con la construcción y selección de la/s estrategia/s de intervención que
orientan las líneas de acción profesional. Dichas estrategias, al igual
que el diagnóstico social y los objetos de intervención, también poseen
un carácter dinámico y cambiante en función de la realidad, así como
del análisis y desarrollo de la misma.
Cabe señalar que si bien hay un eje fuertemente acentuado en las
estrategias de intervención orientadas hacia el plano individual-fami-
liar y asistencial (comprendiendo aquí lo “asistencial” como el derecho
de las personas a ser asistidas ante una situación de vulneración), desde
el Trabajo social se pueden implementar también acciones grupales
y comunitarias, tendientes a la promoción y prevención en torno a
diversas temáticas de interés.
Asimismo, las estrategias de intervención posibilitan acciones con
sentido que se orientan hacia el logro de determinados objetivos, que
se constituyen en un intento de respuesta al problema objeto de inter-
vención, lo cual es un desafío permanente. Un objetivo central a la hora
de intervenir desde el trabajo social con personas con discapacidad,
se vincula a potenciar en los sujetos la inclusión tanto familiar como
social, así como también favorecer la construcción de redes socio-
familiares y/o restablecer o fortalecer las mismas, teniendo en consi-
deración, además, el alto impacto emocional y subjetivo que implica
en un seno familiar que haya una persona con discapacidad. Evaluar
los “sistemas de apoyos” en la vida cotidiana es fundamental, así como
generar estrategias de “cuidado” de los cuidadores.
Otro eje central de intervención es trabajar sobre la autonomía
progresiva del sujeto, considerando además sus potencialidades y
recursos simbólicos. Asimismo, es importante fomentar recursos para
139
Desafíos de la intervención del trabajador social en el Centro de Día
“sostener” al concurrente (recursos personales, familiares, sociales,
institucionales). Del mismo modo, la búsqueda de la accesibilidad y
romper con las barreras que obstaculizan la misma es otro eje de inter-
vención, a la hora de hacer efectivos los derechos de las personas con
discapacidad. Brindar asesoramiento y orientación en torno a acceso a
recursos, brindar espacios de escucha, atención y contención, y brindar
orientación para la organización familiar del cuidado son otros tantos
objetivos a considerar a la hora de la intervención con la población
concurrente del Centro de Día.
Finalmente, cabe señalar que la discapacidad, sin duda, solo puede
ser abordada tanto desde la interdisciplina como desde la intersectoria-
lidad, llevando a cabo acciones profesionales tanto intrainstitucionales
como interinstitucionales, tomando gran relevancia la articulación y el
trabajo en equipo, como se mencionó anteriormente.
Cabe destacar que el trabajo en equipo se presenta como una posibi-
lidad de construir una respuesta institucional acorde a lo complejo de
la problemática, en la medida en que se pueda incorporar, además, el
concepto de diálogo por encima del de imposición. Si bien se pueden
reconocer desde las diferentes disciplinas aspectos de incumbencia
específica, la comprensión de las situaciones que se abordan merece un
análisis complejo que ponga en juego las especificidades de los saberes
profesionales en clave de integralidad, para luego identificar las inter-
venciones particulares desde una perspectiva de complementariedad.
En las intervenciones intrainstitucionales se da una articulación con
los sujetos de intervención, sus redes y los miembros del equipo. En
el trabajo interinstitucional se da una articulación con instituciones
de diferentes sectores del campo de la política pública y de las organi-
zaciones de la sociedad civil. Al respecto, cabe señalar que se articula
predominantemente con organismos judiciales, tales como juzgados
civiles, curadurías públicas y defensorías de menores e incapaces, y se
realizan diversos intercambios y presentaciones de informes sociales,
140
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
a fin de comunicar la situación que atraviesa un sujeto con el cual se
interviene por medio de la acción profesional, donde se expone tanto
la vulneración de un derecho, concreta o potencial, de la persona con
la que el profesional trabaja, así como se exponen las acciones profe-
sionales y las posiciones desde las cuales se fundamenta la propia
intervención.
Para finalizar, los aportes aquí expuestos se basan en la experiencia
de trabajo cotidiano con los concurrentes, sus familias y un equipo
interviniente con una perspectiva de trabajo que favorece positiva-
mente a la construcción de nuevas miradas y formas de intervención,
ante un escenario social complejo que nos atraviesa, en pos de mejorar
la calidad de vida de las personas con padecimiento de salud mental,
y generando conjuntamente acciones que favorezcan la efectiviza-
ción de los derechos de los concurrentes y que fortalezcan su propia
subjetividad e involucramiento en su tratamiento. Citando a Eduardo
Galeano: “La energía creadora se desarrolla haciendo y haciendo
juntos”… Y como bien dice también el escritor uruguayo, “al fin y al
cabo, actuar sobre la realidad y transformarla, aunque sea un poquito, es
la única manera de probar que la realidad es transformable”.
141
La función del referente
en la Fundación CPI
Abordajes individuales y grupales
I. Abordaje Individual
Sergio Borrazás
El referente institucional constituye una instancia de atención indi-
vidual para los concurrentes del Centro de Día. Se trata de un profe-
sional, casi siempre licenciado en Psicología, designado para atender
las demandas y necesidades propias de cada uno de ellos. También
interviene en abordajes grupales tales como los Grupos de Reflexión y
las Reuniones Multifamiliares.
La Fundación CPI se dedica a la atención de personas con discapa-
cidad psicosocial, quienes a grandes rasgos se caracterizan por dificul-
tades para la construcción y sostenimiento de vínculos interpersonales,
manifestación de abulia, expresada en muchas oportunidades en el
desinterés para plantearse y buscar el cumplimiento de objetivos perso-
nales y realizar actividades de la vida diaria, así como también rigidez
en conductas que responden a motivos vinculados con el cuadro psico-
patológico de base.
Son diversas las funciones que ejerce el profesional referente:
143
La función del referente en la Fundación CPI
1. Realiza un seguimiento periódico sobre diversos aspectos que
atañen al concurrente.
2. Coordina Grupos de Reflexión y Reuniones Multifamiliares.
3. Interviene como nexo entre la institución y otros espacios de
socialización.
4. Brinda apoyo en la elección de los talleres del Centro de Día.
El seguimiento periódico se realiza a través de entrevistas indivi-
duales y otros modos de intervención en espacios informales. Está
centrado en aspectos tales como:
• asistencia (puntualidad, ausentismo, permanencia en la insti-
tución, etc.);
• vínculo con las actividades (participación, comprensión de
consignas, permanencia en los espacios de trabajo, interés
respecto de las tareas, aceptación del encuadre, etc.);
• vínculo con sus pares (afinidades y conflictos, participación
en los grupos, modos de relación, etc.);
• vínculo con los coordinadores (reconocimiento del rol del
coordinador y su tarea, intensidad y tipos de demanda, inter-
venciones efectivas ante las problemáticas de la participa-
ción, etc.).
Cada referente coordina grupos de reflexión de frecuencia semanal
en los que se establece un abordaje grupal de las problemáticas y se
propicia un intercambio entre pares que enriquecen las considera-
ciones a tener en cuenta ante dichas problemáticas y que muchas veces
son compartidas por varios concurrentes.
Por otra parte el referente constituye un nexo con el entorno signifi-
cativo del concurrente, establece comunicación con las familias u otros
vínculos que posea a fin de construir una línea de coherencia entre el
144
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
trabajo institucional y lo que sucede en otros ámbitos. Para ello se
realizan comunicaciones telefónicas dentro de la atención diaria en la
institución cuando alguna situación lo requiera. Asimismo se realizan
entrevistas con las familias; entrevistas vinculares en las que participa
el concurrente y las Reuniones Multifamiliares de frecuencia mensual,
en las que se reúnen familiares de diversos concurrentes y, en algunas
ocasiones, participan estos también.
Por último, centrándose en el conocimiento y el vínculo construido
con cada concurrente, el referente ofrece apoyo en la elección de
talleres y en la construcción de un proyecto vital relacionado con los
intereses y expectativas del mismo.
La elección de talleres se realiza en varios pasos y constituye un
proyecto de planificación para el plazo de un año, vinculando la elec-
ción con objetivos a cumplir en pos de mejorar la calidad de vida.
La búsqueda o continuación de un trabajo, el aprendizaje de un
oficio, comenzar o retomar los estudios, etc., constituyen la ocasión
para que el profesional referente intervenga atendiendo las dimen-
siones necesarias para que el concurrente tome la responsabilidad y
realice sus propias elecciones de vida.
Inclusión versus exclusión
Consideramos que una de las funciones primordiales del referente es
la de trabajar en pos del establecimiento del lazo social. En tal sentido
coincidimos con lo postulado por Apollon, Bergeron y Cantin (1997)
cuando sostienen que “el lazo social es el eje integrador de las inter-
venciones y estrategias que buscan negociar la satisfacción y la coexis-
tencia con otros en la lengua de la sociedad” (p. 72). El concurrente se
encontrará con otras demandas entre las que la suya estará en igualdad
de condiciones; se verá obligado a respetar turnos teniendo la ocasión
145
La función del referente en la Fundación CPI
de poder ayudar a los otros además de ser ayudado; podrá llamar la
atención del coordinador en la misma medida en que otros también lo
harán, tolerando la postergación y la frustración.
Asimismo resulta de mucha relevancia la inclusión del concu-
rrente en espacios de descanso y distensión, en los cuales no existe un
encuadre de actividades ni tampoco propuestas estructuradas desde el
equipo profesional.
El horario de almuerzo o el de las colaciones se plantean como ejer-
cicios de relación y vínculo donde el acto de alimentarse constituye
un hecho social en el que hay normas, actitudes y modos de compor-
tarse que son esperables y la exigencia de tener que constituir un nuevo
modo de lazo social.
El concurrente se ve convocado a ser “uno entre otros”, adecuando
sus particularidades con las particularidades de otros, tanto de pares
como con profesionales y talleristas, relaciones que tienden a plan-
tearse las primeras como simétricas y las otras como asimétricas por la
diferenciación de funciones en las dinámicas grupales.
El referente trabaja en la línea de construir un espacio de confianza
entre el concurrente y la institución, así como también entre esta y su
familia. Sus intervenciones apuntan también a facilitar la inclusión del
interesado en los espacios grupales en los que primará la interacción
con otros. De este modo se tratará que puedan deponer el aislamiento
social que afecta a las personas con discapacidad psicosocial para lograr
participar en un discurso grupal.
Modalidades de demanda
La demanda del concurrente hacia la institución es un aspecto
fundamental a tener en cuenta para acompañar su inclusión, conside-
rando si el mismo desea asistir a los talleres disponibles y a cuáles.
146
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
Desde que el concurrente ingresa a la institución resulta habitual
encontrarse con cuatro actitudes que se alternan a lo largo del tiempo
o se mantiene alguna de ellas en forma continua:
1. Por un lado, suele observarse lo que podría describirse como un
desinterés, generalmente relacionado con un estado de aplanamiento
emocional, en el que no logra comprometerse con la propuesta insti-
tucional. Cuando esto sucede, puede observarse una actitud genera-
lizada hacia las demás áreas vitales y una circulación social acotada,
restringida muy a menudo al ámbito familiar más íntimo o, si vive en
soledad, con vinculaciones ocasionales y esporádicas. Muchas veces el
inicio de la concurrencia está relacionado con una motivación ajena:
alguien del entorno decide sobre el concurrente, ya sea un profesional,
un familiar, etc. Dada esta situación se tratará de conmover el posi-
cionamiento subjetivo, en el que busca repetir una dinámica vincular
conocida que menoscaba su autonomía, y de este modo poder cons-
truir una demanda acorde a su nueva posición.
2. Otra actitud posible es la resistencia. El sujeto se opone a asistir,
manifiesta disgusto o afirma que desea o debiera estar haciendo otra
cosa. El trabajo del referente en el Centro de Día tiene como función
acompañar en la construcción de un proyecto de vida, función que
puede lograrse mediante un vínculo caracterizado por la confianza y
la empatía.
3. Interés y entusiasmo es otra postura posible; el concurrente reco-
noce necesitar la propuesta del Centro de Día porque responde a alguna
necesidad o interés propio. En este caso se aborda la naturaleza de esa
demanda, la adecuación de lo que espera con lo que es posible ofrecer
desde la institución. En ocasiones es necesario acotar esa demanda, por
ejemplo, cuando existen ideas inadecuadas con respecto a los recursos
disponibles para lograrlo.
147
La función del referente en la Fundación CPI
4. El concurrente que asiste con una demanda masiva, suele recurrir
a diversas instancias institucionales (psicólogos, psiquiatra, Asamblea,
Grupo de Reflexión, coordinadores de Talleres, compañeros, direc-
tivos, etc.), solicitando que se atienda algún o algunos requerimientos,
en forma insistente y volcando la responsabilidad total de su concre-
ción en sus interlocutores. Responder a estos requerimientos en la
forma en que son planteados podría reforzar esa posición y no contri-
buir a un logro del concurrente.
El referente, al centralizar la información, cumple la función de
acotar la demanda, además de ayudar al concurrente a establecer un
orden de prioridades y de este modo evitar que la masividad de la
demanda atente contra la concreción de sus aspiraciones, por perderse
en caminos inadecuados donde no pueden atenderse.
Autonomía versus dependencia
El referente aborda con cada concurrente algunos ejes que contri-
buyen al desarrollo de su autonomía e inclusión social. La problemática
de la autonomía/dependencia y de la inclusión/exclusión en el ámbito
de la discapacidad psicosocial, a la que históricamente se la ha abor-
dado mediante instituciones sociales construidas con fines de segrega-
ción y exclusión, resulta central; los modos de intervención y exclusión
han presentado características tales como la manicomialización, que
limita la participación en la comunidad, o la infantilización que tiende
a menoscabar los derechos de las personas con discapacidad.
Identificar un proyecto con objetivos centrados en la persona
requiere un trabajo en relación a los recursos disponibles, las posibi-
lidades del concurrente para acceder a los mismos y la diferenciación
de objetivos intermedios para concretar aquello a lo que aspira. Tanto
148
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
la fluctuación del interés o la ausencia del mismo como así también
la manifestación del deseo como aspecto subjetivo motorizador son
todos aspectos que se trabajan con el referente, quien puede servir de
sostén de los mismos cuando se encuentran afectados.
Ante las necesidades y expectativas del concurrente se observa a veces
inacción del mismo, lo cual podría convocar al interlocutor, en este
caso el referente, a tomar iniciativas por él. Incluso puede observarse
esa pasividad ante situaciones que podrían juzgarse como emergencias.
La posición activa del referente o cualquier otro miembro del equipo
interdisciplinario, ante el intento de brindar algún sostén o apoyo,
requiere el compromiso del concurrente para aceptar dicha asistencia y
responsabilizarse en alguna instancia de la concreción de sus proyectos
u objetivos. De no ser así el referente podría ofrecer una asistencia que
pierda la consideración sobre la autonomía y repetir los esquemas que
refuerzan la dependencia, rasgo frecuente en las personas con discapa-
cidad psicosocial. La siguiente viñeta puede ilustrar sobre ello:
Durante algunos años, una concurrente ha permanecido en
una situación habitacional que padecía intensamente. Atenta
a las lluvias, la evocación de esa posibilidad meteorológica la
mantenía en vilo y sufriente, pues el techo de su vivienda y, espe-
cialmente el de su habitación, se encontraban en pésimas condi-
ciones, con filtraciones de agua que empeoraban a medida que se
prolongaba en el tiempo esa problemática. Cuando la gravedad
del asunto llegó a lo que ella consideraba insostenible, pues ya
no encontraba refugio dentro de la habitación donde ponerse
a resguardo de la humedad y el agua, se realizó un trabajo de
asistencia desde la institución mediante el que se realizaron
diversas propuestas de solución. Recurriendo a la trabajadora
social que se desempeñaba en el Centro de Día se organizaron,
entre otras cosas, diversas visitas desde un servicio del Gobierno
de la Ciudad de Buenos Aires para la atención de emergencias
149
La función del referente en la Fundación CPI
habitacionales. En tres oportunidades concurrieron a su domi-
cilio un arquitecto junto con personal que atendería en forma
urgente la situación edilicia con la potencialidad de su resolu-
ción. En todas esas oportunidades, estando ella en su vivienda,
no los atendió refiriendo que no funcionaba el timbre y no se
dispuso a buscar una alternativa para poder recibirlos. Final-
mente, observando la repetición de esa situación, se retornó en
las entrevistas individuales a la premisa de que el problema era
suyo y ante su insistencia en no colaborar con las ayudas ofre-
cidas, quedaría en sus manos idear una solución para la que
podría solicitar colaboración. Fue entonces que la concurrente
recorrió diversas pensiones hasta dar con una a su alcance
económico y de su agrado, algo que no había podido emprender
cuando el referente se lo sugería en oportunidades previas.
Teniendo en cuenta lo ejemplificado a través de la anterior viñeta, y
considerando lo postulado por la Convención sobre los Derechos de
las Personas con Discapacidad (en adelante la CDPD), el referente,
en tanto uno de los profesionales encargados de brindar orientación
personalizada al concurrente, buscará la mejor forma de prestar tal
asistencia (CDPD, Artículo 4, inciso i). Para ello deberá reconocer los
apoyos que puede requerir cada persona con discapacidad mental o
psicosocial según su singularidad; también considerará la importancia
de respetar su autonomía, independencia y la libertad de tomar sus
propias decisiones (CDPD, Preámbulo, incisos i, j y n).
En muchos casos el referente busca conmover aquellas posiciones
del concurrente que obstaculizan su inclusión y autonomía, como por
ejemplo cuando intenta sacar rédito de su condición de persona con
discapacidad. Conmover no consistiría necesariamente en constituirse
en una fuerza contrapuesta a una tendencia en proceso sino en acom-
pañar la problematización del asunto de que se trate.
150
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
La apoyatura familiar resulta de vital importancia para acompañar
dichos propósitos dado que las intervenciones que apuntan en el
mismo sentido y guardan coherencia con la institución posibilitan
en el concurrente un reposicionamiento subjetivo más sólido para su
salud y bienestar.
Los aportes de la familia pueden consistir en la puesta a disposición
de recursos materiales que resulten necesarios o en un apoyo emocional
y actitudinal que funcione como red de contención para que el concu-
rrente pueda afrontar las situaciones con mayor confianza y seguridad.
Proyectos por fuera del Centro de Día
El Centro de Día busca constituirse en un espacio de socialización
pero no se trata de ejercer el monopolio para dicha función, porque
de ese modo se enquista el concurrente en un único espacio posible de
vinculación.
Las resistencias a buscar nuevos espacios de circulación social suelen
estar relacionadas con experiencias previas de intentos frustrados en
las experiencias educativas o laborales.
Se estimula desde la institución las concreciones de experiencias
laborales, de formación, educativas, deportivas o de alguna otra natu-
raleza, que constituyan un interés para el concurrente.
Desde el Centro de Día se ofrece un grupo de Talleres que forman
parte de un Proyecto de Inclusión Laboral en los que se trabajan
aspectos relacionados con habilidades necesarias para el sostenimiento
de actividades extrainstitucionales. Nos referimos a habilidades tales
como la regularidad en la asistencia, el cumplimiento de las tareas, la
asunción de responsabilidades sobre la propia conducta, los efectos
en los resultados individuales y grupales, etc. El ingreso a los talleres,
las problemáticas que surgen en el desempeño, la frustración de no
151
La función del referente en la Fundación CPI
cumplir los requisitos mínimos para poder participar, ofrecen la
oportunidad de trabajar sobre las ansiedades que se ponen en juego
al respecto, confrontándolas y procurando diseñar una metodología
enfocada al desarrollo de habilidades y competencias necesarias.
Un concurrente que en su adolescencia había experimentado
una descompensación de orden psíquico, vio postergada su esco-
laridad. Tras distintos tratamientos, con apoyo de su padre,
terminó la escolaridad, concurrió al Centro de Día y desa-
rrolló diversas capacitaciones técnicas con objetivos de desa-
rrollo laboral. Consiguió empleo y se encontraba en una notoria
mejoría respecto de su salud mental, logrando cumplir con sus
obligaciones con capacidad de disfrutar de los diversos aspectos
vitales en los que se desenvolvía, trascendiendo su inicial abulia
y desinterés. Al encontrarse con distintas personas que se habían
relacionado con él en el pasado, le transmitían su sorpresa y
contento por verlo mejor, con un progreso cumplido y enfocado
en su desarrollo personal. Al respecto, observaba que dichas feli-
citaciones se referían a una identidad que se había construido
respecto del consumo de drogas: “La dibujé”, comentaba en
retrospectiva; el consumo de drogas es una conducta que resulta
generalizada en el sitio donde vivía y, según su punto de vista,
resultaba menos extraño a los ojos de sus pares que la de alguien
que había sufrido una descompensación psicótica, permitiéndole
juntarse con otros con los que relacionarse. En la construcción
de su identidad desde su adolescencia se habría servido de las
herramientas a su alcance, aunque el acompañamiento de su
padre le permitió ir en busca de modelos posteriores a aquellos
ligados a las instituciones psiquiátricas y al consumo de drogas,
apropiándose de la identidad de trabajador, observada en la
figura paterna.
152
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
El referente acompaña en la construcción de estrategias para evitar
o minimizar la exclusión y evitar posibles internaciones. Estas ocurren
cuando no se cuenta con las herramientas terapéuticas necesarias para
la estabilidad del concurrente que contribuyan a fortalecer su calidad
de vida: el tratamiento psiquiátrico, el psicológico y las apoyaturas
institucionales necesarias.
II. Grupos de Reflexión
Ana María Piattoni
Los Grupos de Reflexión se realizan con una frecuencia semanal,
y tienen una hora de duración. En la actualidad funcionan cinco
grupos. La coordinación de cada grupo está a cargo de dos psicólogos/
as del equipo interdisciplinario, quienes desempeñan la función de
referentes.
A diferencia de los Talleres, los concurrentes no eligen en cuál de
estos grupos participar sino que los mismos están conformados por los
referidos de los coordinadores.
La dinámica del grupo consiste en el planteamiento de interro-
gantes o presentación de temas y situaciones por parte de los concu-
rrentes, adecuadas para ser abordadas a nivel grupal. En este sentido se
trabaja acerca de poder diferenciar temáticas que se pueden compartir
respecto de otras que corresponden al orden de lo íntimo.
El objetivo del Grupo de Reflexión es brindar un espacio en el cual,
a través del intercambio entre los integrantes, se pueda reflexionar
acerca de problemáticas personales y grupales. De este modo, a partir
153
La función del referente en la Fundación CPI
de compartir experiencias y/o vivencias de otros, se promueve la adqui-
sición de nuevas formas de comunicación y nuevas modalidades de
respuesta frente a las situaciones planteadas. Se apuesta a posibilitar un
posicionamiento más flexible respecto de las conflictivas personales, a
partir de una nueva mirada u otro punto de vista que pueden aportar
otros compañeros.
Cada grupo tiene una composición heterogénea. Coexisten inte-
grantes con tendencia al aislamiento, a mantenerse en silencio y evitar
expresarse; y otros con propensión a la verborragia y a monopolizar
el discurso pretendiendo ser escuchados con exclusividad. Las inter-
venciones de los coordinadores ante esas particularidades consiste en
tratar que la palabra circule, acotando a unos y alentando a otros a que
se expresen.
En todos los casos se tiende a favorecer el intercambio de opiniones
y perspectivas sobre diferentes temáticas traídas por los integrantes del
grupo: cuestiones vinculares con familiares, con compañeros, parejas
u otros significativos; asuntos que les preocupan o afectan en su vida
cotidiana, etc. Dicho intercambio entre pares suele resultar dificul-
toso en la mayoría de los participantes, dado que la tendencia es la de
dirigirse a los coordinadores. Teniendo en cuenta esas dificultades,
desde la coordinación se apunta a generar la posibilidad de que se escu-
chen entre sí y que puedan brindar alguna opinión o comentario al
compañero.
Así mismo cada encuentro es singular. No todos transcurren de la
misma manera ni se aborda el mismo tipo de temáticas. En algunas
oportunidades los temas son muchos y diversos. En tal caso desde la
coordinación se interviene organizando los intercambios.
En otras ocasiones el grupo se muestra apático, no surgen cuestiones
a trabajar, o lo planteado por algún integrante no tiene resonancia en
los otros; en ese caso los coordinadores, retomando algo de lo dicho
–aún de aquello que parezca trivial–, formula algún interrogante que
154
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
promueva alguna reflexión y produzca un mayor dinamismo en el
encuentro. A veces un encuentro que inicia de esta forma evoluciona
a un intercambio dinámico y rico en reflexiones y aportes. A modo de
ejemplo relataremos lo sucedido en uno de esos encuentros:
Al inicio del encuentro, uno de los participantes, de una edad
cercana a los 30 años, comenta en tono anecdótico que tiene que afei-
tarse porque tiene muy crecida la barba, y que para ello irá a una
barbería. Alguien del grupo le pregunta por qué no se afeita solo, a
lo cual responde dando detalles de las características de su barba y
de lo sensible de su piel que hacen que se pueda lastimar. El grupo se
detiene, nadie comenta nada más, tampoco se plantean otros temas.
Luego de un silencio de un par de minutos, uno de los coordinadores
le pregunta si ese es el único motivo por el cual no se afeita solo. En
ese momento dice: “También porque no me siento seguro, no me
tengo confianza”. Relata que hasta su adolescencia se afeitó solo pero
luego comenzó a afeitarlo su padre, situación que se extiende hasta el
presente. Una compañera define esa situación como “sobreprotección”
y cuenta experiencias propias, de ese estilo, vividas en su familia. Otro
integrante del grupo (de aproximadamente 50 años) lo asocia con su
situación actual: “Mi madre toda la vida hizo todo por mí, no me
dejaba hacer nada. Ahora, (ya anciana) está postrada en una cama y
yo me encuentro con que no sé hacer nada”.
Surge entonces un debate acerca de la diferencia entre protección y
sobreprotección, de los efectos negativos de esta última, de cómo algo
que resulta cómodo termina perjudicándolos. Otro refiere a las tareas
hogareñas como “obligatorias” para “el ama de casa” y agrega en tono
irónico y descalificador que por ser varón sería “amo de casa”. [Se
produce una breve digresión hacia cuestiones de género, decidiendo el
grupo que ese sería tema para otro encuentro].
Retomando la cuestión de lo obligatorio, desde la coordinación se
plantea la pregunta acerca de si es lo mismo obligatoriedad que
responsabilidad. El grupo continúa debatiendo hasta diferenciar lo
155
La función del referente en la Fundación CPI
obligatorio como algo impuesto desde los otros y responsabilidad como
aquello en lo que está en juego una decisión personal.
En este relato se pueden apreciar dos cuestiones: por un lado cómo
desde un comentario aparentemente trivial se pasó a conflictivas que
los afectan en sus vidas; y por otro lado el encuentro transitó desde una
situación particular a una problemática que afectaba a varios partici-
pantes y pudo ser trabajado entre todos al implicarse subjetivamente,
cada uno desde su experiencia, en el asunto abordado.
III. Reuniones Multifamiliares
Miriam Dinsmann
Las Reuniones Multifamiliares tienen una tradición que se remonta
a la década del sesenta del siglo pasado y fueron implementadas por
primera vez en Argentina por el Dr. García Badaracco.
La familia es la estructura elemental de la sociedad y la matriz simbó-
lica donde comienza el proceso de socialización de toda persona y su
participación en cualquier proceso psicoterapéutico constituye una
herramienta eficaz e imprescindible para un tratamiento que pretenda
ser inclusivo.
En el Centro de Día de la Fundación CPI la implementación de
Reuniones Multifamiliares tiene como objetivo lograr la inclusión de
la persona con discapacidad mental o psicosocial, y las estrategias apli-
cadas están centradas en favorecer la autonomía, la inclusión social, la
156
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
igualdad y el reconocimiento de las capacidades del concurrente y la
oportunidad para que expresen sus singularidades.
A los familiares los convoca una tarea: la de compartir logros,
inquietudes, angustias, experiencias y preocupaciones en torno a sus
familiares con discapacidad. Entre los aspectos de las personas con
discapacidad más difíciles de tolerar por sus familiares se encuentran
las perseverancias, las insistencias y la abulia.
En el grupo multifamiliar las resonancias en otros favorecen la
comprensión y el aprendizaje a través de las experiencias de los diferentes
participantes, posibilitando el cambio a través del juego de identifica-
ciones. A partir de dichas identificaciones cada uno puede empezar a
vivir situaciones que no ha vivido antes. A los familiares el hecho de
encontrarse con otras personas que presentan problemáticas similares
les permite hablar y transformar las propias perspectivas respecto de las
situaciones familiares que atraviesan, y pensar en la posibilidad de revertir
sus problemas y encontrar nuevas relaciones por fuera de la familia, y de
esa manera configurar nuevas identificaciones. El compartir experiencias
con otras familias permite repensar la propia.
García Badaracco (2000) expresa:
El paciente y la familia estimulados por una conducción participa-
tiva, se convierten en agentes activos de sus propios tratamientos
(…) El diseño multifamiliar puede preparar a las personas para estar
en condiciones de asumir comportamientos más solidarios con las
verdaderas necesidades del enfermo. (p. 323).
La evolución es favorable cuando hay una familia acompañante
y comprometida con el proceso psicoterapéutico; contrariamente,
estos procesos se obstaculizan en aquellos casos en que la familia está
ausente, favoreciendo la permanencia de necesidades y conductas de
157
La función del referente en la Fundación CPI
dependencia. Es notoria la disminución de sentimientos de angustia,
desamparo y sobrecarga en las familias comprometidas.
En los procesos dinámicos de intercambio emergen algunos temas
que constituyen las preocupaciones y miedos compartidos por la
mayoría de las familias: el temor por el futuro; la tensión entre el
agobio por las demandas y las dificultades para favorecer la auto-
nomía; la sobrecarga en la búsqueda de recursos; la falta de orienta-
ción temprana; las fallas en los apoyos; etc. Un temor muy frecuente es
el relacionado con la muerte del familiar a cuyo cargo está la persona
con discapacidad. Se patentiza en este miedo la dificultad para propi-
ciar la autonomía de su familiar con discapacidad, pensándolo en un
lugar de eterno niño. Nombrarlos como “los chicos” los deja inmovi-
lizados en un pasado sin dar cuenta de cómo son hoy ni cómo podrán
ser mañana. Es significativa la poca participación que se les permite
tener en su propio cuidado, en las tareas de producción doméstica y en
al ámbito comunitario.
En las familias con un integrante con discapacidad, los temores a los
que nos referíamos más arriba aparecen exacerbados cuando los orga-
nismos u organizaciones dedicados a llevar a cabo las políticas públicas
en materia de salud no dan respuestas adecuadas.
Cuando la red vincular entre los integrantes del grupo familiar y su
entorno es lábil, los temas son traídos como preocupaciones indivi-
duales y únicas.
Cuando quien participa de las Reuniones Multifamiliares es alguno
de los padres, se observan en forma recurrente la presencia de senti-
mientos de culpa, actitudes de sobreprotección, asimetría en el trato y
vínculo con respecto al resto de sus hijos, produciéndose una alteración
en la dinámica familiar. Es frecuente que participen de las Reuniones
Multifamiliares los hermanos o el/la hermano/a de la persona con
discapacidad, quienes suelen manifestar sentimientos contradictorios
hacia dicho hermano con discapacidad: culpa, rabia, compasión, etc.
158
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
En las Reuniones Multifamiliares al encontrar la posibilidad de
circulación de la palabra se producen efectos de enorme potencia tera-
péutica, aprendizajes a través de la búsqueda de alternativas superadoras
a las preocupaciones, logrando una adaptación activa a la realidad.
Referencias bibliográficas
Apollon, W.; Bergeron, D. y Cantin, L. (1997). Tratar la psicosis. Buenos
Aires, Polemos.
García Badaracco, J. (2000). Psicoanálisis Multifamiliar. Buenos Aires,
Paidós.
ONU (2006). Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapa-
cidad y Protocolo Facultativo. Recuperado de http://www.un.org/disabi-
lities/documents/convention/convoptprot-s.pdf.
159
Grupo de Integración:
un recorrido hacia la inclusión
Florencia Vázquez
Estoy solo en la ciudad extranjera, y a nadie conozco,
y no entiendo la lengua que aquí hablan. Pero alguien
brilla, de pronto, en medio de la multitud, como de
pronto brilla una palabra perdida en la página o un
pastito cualunque en el pelo de la tierra.
Eduardo Galeano
Ventana sobre la ciudad (II), Las palabras andantes
Las personas que ingresan a la Fundación CPI llegan de modos muy
diversos en lo que concierne a su presentación, su cuadro clínico, sus
recursos psíquicos y materiales, su historia personal, el apoyo familiar
con el que cuentan, entre otras características.
En las entrevistas de admisión, previas al ingreso del concurrente, se
realiza una evaluación integral de la persona, no solo en función de su
diagnóstico psiquiátrico, sino también de su situación global.
En algunos casos de concurrentes ingresantes, y de otros que
ya estaban asistiendo, se identificaron ciertas dificultades para la
circulación y la adaptación a los espacios que se proponen como
“comunes”, como por ejemplo: tendencia a deambular por los pasi-
llos y patios y dificultad para permanecer en el taller o para ingresar
a algunas salas por los fenómenos alucinatorios que algunos espa-
cios les suscitan. Con esto último nos referimos al surgimiento de
161
Grupo de Integración: un recorrido hacia la inclusión
alucinaciones visuales, auditivas o cenestésicas que se producen,
en ocasiones, en algunos concurrentes al ingresar en algún espacio
en particular. Otras dificultades tienen que ver con la posibilidad
de participación, ya sea por dificultades en la comprensión de las
consignas, o bien porque no han adquirido ciertos hábitos elemen-
tales para la socialización, así como notables obstáculos para esta-
blecer comunicación con otros, etc.
Se hacía visible entonces una necesidad de apoyos individualizados,
es decir, requerimientos de una mayor presencia del coordinador para
lograr la participación o la concreción de las actividades propuestas.
De modo que surgió hace tres años y medio la necesidad de generar un
dispositivo que consiste en un pequeño grupo de concurrentes que se
dio a llamar: Grupo de Integración (en adelante GI).
Sobre el trabajo con el grupo
Si entendemos la inclusión como el acto de eliminar las barreras que
impiden la participación de algunas personas en la sociedad, dicho
acto implica una transformación del entorno. Es la sociedad la respon-
sable de cambiar lo necesario e inventar nuevas formas para que nadie
quede excluido, para que todos tengan la posibilidad de un crecimiento
personal y una vida digna.
En función de las particularidades que se presentan en este grupo de
personas, ningún espacio se ajustaba a sus características, de modo que
se veía obstruida la posibilidad de su inclusión en el Programa General
de Talleres. Con la inclusión como objetivo y teniendo en cuenta la
situación planteada se pensó en crear una propuesta que se adaptara
a este grupo de personas. La misma consiste en brindar apoyos más
individualizados, que permitan a este grupo de concurrentes adquirir
herramientas que les posibiliten incorporarse gradualmente en la diná-
162
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
mica institucional. En razón de esta estrategia surge el GI como un
recorrido hacia la inclusión.
Queremos mencionar que no desconocemos ni pretendemos
salvar la controversia en relación a los conceptos de inclusión vs. inte-
gración sino que concebimos este grupo como una forma de apoyo
necesario y previo a la inclusión. De este modo se apuesta a favorecer
una primera integración dentro del grupo, para lograr luego su inclu-
sión con los demás concurrentes; pero es en sí el grupo como tal la
modalidad necesaria para promover este proceso gradual dentro del
Centro de Día.
En el GI la grupalidad es entendida como una resultante surgida a
partir de ciertos consensos y renuncias, lo cual permite el respeto por la
diferencia. Se puede percibir en el mismo que cada sujeto se transforma
en función de la interacción. De modo que en este grupo se prioriza la
experiencia compartida por encima de la actividad en sí.
El GI tiene un programa preasignado. Este encuadre intenta garan-
tizar la existencia constante de ciertas características que lo diferencia
del Programa General de Talleres. Nos referimos a la permanencia de
un coordinador fijo, los talleres que se realizan, los miembros del grupo
y el lugar donde se desarrolla.
En relación a este último, se trabaja en la demarcación de los límites
que constituyen un espacio. Es decir, se bordea un espacio físico para
que devenga en escenario sobre el cual cada quien tenga la posibi-
lidad de apropiárselo. Esto da lugar a la construcción de un espacio
en común. Dicha operación se materializa en el cuidado del lugar, el
guardado de los materiales y el uso que se da desde las diferentes activi-
dades. Algunas proponen un recorrido, caminatas previas a ejercicios,
observaciones, toma de fotografías, etc.
En relación a los talleres que se realizan y sus miembros, como se
había mencionado, el GI tiene un programa preasignado. Actualmente
los talleres son: Cocina, Arte, Psicomotricidad, Actividades de la vida
163
Grupo de Integración: un recorrido hacia la inclusión
diaria, Expresión Musical, Lectoescritura, Jardinería y Juegos de Inte-
gración. El grupo hace su recorrido por estos talleres siempre con los
mismos compañeros, a diferencia de lo que ocurre en el Programa
General de Talleres, donde los concurrentes eligen el taller en el que
van a participar, y hacen un recorrido semanal por diferentes talleres
con diferentes composiciones grupales.
Respecto a la coordinación, si bien está a cargo de distintos profesio-
nales (psicomotricista, terapista ocupacional, musicoterapeuta, entre
otros), cuenta además con una figura que acompaña la mayor parte
del tiempo, un coordinador fijo. Esta figura de referencia, funciona
como una apoyatura indispensable a la integración. Los concurrentes
que forman parte del grupo presentan una gran disgregación psíquica.
En ese punto esta presencia constante de un coordinador ofrece cierta
continuidad y previsibilidad.
La figura de un coordinador fijo brinda acompañamiento en la asis-
tencia y propone constituir la idea de temporalidad. Al presenciar los
diferentes espacios, cuenta con la información suficiente para tener
una lectura integral de las situaciones que se generan en los diferentes
talleres e intervenir de acuerdo a lo que va sucediendo en cada uno de
ellos. En este sentido, el coordinador actúa como un conductor que va
guiando, hilando y entramando el recorrido por los diferentes espacios
a lo largo de la semana.
Uno de los objetivos del GI es brindar un espacio continente,
donde la voz de cada uno sea escuchada y considerada. General-
mente al iniciar los talleres se dedica un tiempo al saludo, presen-
tación y a percibir cuál es el estado de ánimo de cada integrante. Se
intenta que cada participante exprese cómo se siente y, dentro de
las posibilidades de cada uno, puedan relatar algo de lo sucedido el
día anterior. En su relato los concurrentes, con el apoyo del coor-
dinador fijo, historizan algunos sucesos de su vida y aportan un
164
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
marco a la escena, lo que permite inventar una hoja de ruta a partir
del cual se orienta el trabajo de ese día.
La valoración del trabajo grupal
Entre los objetivos principales del GI destacamos la continuidad
en la asistencia y la asimilación de los hábitos de trabajo. El producto
que se deriva del trabajo grupal, puede adquirir diferentes formas: un
dibujo, una torta, una canción, etc. En línea con esto traemos a cuento
una experiencia en el taller de cocina. Esta actividad que aparenta ser
de fácil concreción, incluye una serie de aspectos elementales para la
socialización que contribuye a la calidad de vida de cada integrante.
Nos referimos a la adquisición de hábitos de higiene, autonomía,
registro del otro, tiempos de espera, hacer para un otro.
Se hace una división de tareas buscando generar distintas dinámicas,
donde los participantes van asumiendo diferentes roles. Se intenta
equilibrar la distribución de trabajo, es decir intervenir evitando que
algunos concurrentes adopten posiciones marcadamente pasivas o
posturas más acaparadoras. Dado que algunos concurrentes mues-
tran mayores dificultades para participar y otros en cambio quieren
realizar todo, se estimula a aquel concurrente que se queda por fuera
para que pueda hacer aportes, dándole el tiempo y apoyo que requiera.
Asimismo se trabaja acerca del respeto, la tolerancia y la empatía con
aquel compañero que en su entusiasmo quiera desarrollar todas las
tareas, sin dar lugar a un otro.
Al comenzar el taller, se trabaja sobre la higiene de la cocina, los
instrumentos, etc. La higiene de las manos y el cuerpo en general posi-
bilitan las condiciones para manipular el alimento. Este acto permite
introducir un mayor registro de lo corporal. Al cabo de un tiempo de
trabajo sobre estos hábitos de higiene el grupo ingresa y de forma autó-
165
Grupo de Integración: un recorrido hacia la inclusión
noma, se lava las manos y se coloca el delantal y el sombrero, sin la
necesidad de apoyo que en principio requerían.
La receta con la que se trabaja frecuentemente es un bizcochuelo
con frutas de estación. En la actualidad han podido aprender la receta,
saben el orden de los ingredientes, los pasos a seguir, se organizan por
turno, etc. Dicha autonomía fue adquirida tras meses de trabajo cons-
tante, estímulo, apoyo y seguimiento por parte de la coordinación.
Finalmente, la elaboración del taller es compartida en la merienda de
ese día con todos los presentes en la institución. De este modo se ha
logrado generar mayor visibilidad, vínculos de reciprocidad y comu-
nicación entre el GI y el resto de los concurrentes de la Fundación. Lo
mismo ocurre con otras producciones como panes o prepizzas, cuando
son llevadas a sus hogares para compartir con su familia.
La riqueza de la producción lograda reside en la valoración y el reco-
nocimiento que recibe por parte de los otros. Dicho reconocimiento
no sería significativo sino por haber trabajado en un proceso previo
de adquisición de herramientas y conductas elementales, que aportan
la autonomía necesaria para que el participante sea autor de este
producto. La adquisición de hábitos elementales en el trabajo grupal,
lejos de representarse como conductas estereotipadas y rígidas, son la
puerta que habilita a la socialización, y como mencionamos anterior-
mente, posibilitan la creación conjunta de un producto que adquiere
valor para los otros.
Las pequeñas intervenciones
Mediante los recursos que brindan las palabras sutiles y amables
pueden obtenerse resultados, como por ejemplo un posible movi-
miento que puede hacer un concurrente para acercarse a otro. Si el
coordinador quisiese avanzar velozmente, sin deponer expectativas
166
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
personales, circunstancias exteriores pueden conducir a la frustración.
A modo de ejemplo relatamos a continuación una experiencia con una
integrante del grupo a quien llamaremos M.
M. es una mujer de 41 años, concurre a la institución desde hace
cinco años. Durante los últimos tres años, formó parte del GI. Luego
de numerosos talleres compartidos y diversos trabajos realizados, M.
parece no registrar el nombre de ningún compañero y de ningún coor-
dinador. Cuando se le pregunta: “¿Sabes mi nombre?”, ella responde
con su propio nombre. Generalmente no mira a los ojos, se la percibe
ensimismada y tiende a aislarse. No responde a las consignas y se niega
a participar cuando es convocada. Para acercarse a M. es necesario
hacerlo con pequeños movimientos hacia ella, sutiles propuestas o
comentarios. Ella posee una gran virtud en el canto, lo hace cuando
quiere y cuando lo siente. Pedirle que cante una canción no tiene ningún
resultado. Estar a su lado y esbozar unas estrofas puede promover una
actitud más activa que las consignas concretas y directivas. Si ella lo
siente, acompaña con palmas, baila y canta.
Estas intervenciones producen un efecto que es pequeño, casi
imperceptible, y a su vez significativo en el proceso de socialización.
Estos pequeños movimientos dan cuenta de grandes cambios que es
necesario poder reconocer para orientar y reorientar las intervenciones
cada vez.
En este sentido, es fundamental sostener una modalidad de abordaje
que aloje las respuestas singulares de cada uno. La posibilidad de inicia-
tiva debe permanecer siempre cercana y tangible para el concurrente,
que va a avanzar cuanto pueda y en su justo momento. M. necesita
de un pequeño movimiento y mucho acompañamiento. Comparando
con tiempos anteriores, muestra una mayor conexión. De modo inter-
mitente, algo propio de M., se anuncia.
Esto se repite en los demás concurrentes del GI y es enriquecedor
identificar la importancia que yace en esos logros. La paulatina
167
Grupo de Integración: un recorrido hacia la inclusión
acumulación de estos efectos, sin importar cuánto, representan un
crecimiento cualitativamente notorio en la constitución subjetiva de
cada participante.
Luego de tres años y medio trabajando con el dispositivo del GI,
podemos destacar que algunos concurrentes, luego de un tiempo de
permanencia en este grupo, lograron integrarse al Programa General
de Talleres. En los concurrentes que aún permanecen se identifican
cambios significativos. Mencionaremos algunos de estos cambios
observados:
Uno de los concurrentes, que en sus inicios no podía acceder a
muchos espacios de la institución, logró apropiarse de algunos de
estos, pudiendo acceder a las áreas de trabajo, circular y recorrer pasi-
llos en búsqueda de algún objeto de otra sala, o en búsqueda de algún
compañero, sin necesidad de acompañamiento.
A otros que no se comunicaban con sus compañeros del grupo,
se los ve actualmente saludando, estableciendo breves diálogos. Esto
se observa también en los tiempos de descanso, en espacios que son
compartidos con otros concurrentes que no pertenecen al GI, interac-
tuando con ellos y evidenciando una mayor seguridad y confianza en
sí mismos.
También en el desarrollo de los talleres, a partir de los conflictos
que surgen en la cotidianeidad entre los mismos miembros del
grupo, cada integrante va modificando sus rasgos más difíciles de
abordar, a partir de reflexiones grupales, donde todos tienen lugar
para expresarse. En este punto se hace notar la adquisición de herra-
mientas para la comunicación y la resolución de conflictos, que han
mejorado la calidad de vida de este grupo de concurrentes, dentro
y fuera de la Fundación.
Para finalizar, es importante mencionar que este texto surge a
partir de considerar distintas miradas que los miembros del equipo
interdisciplinario tienen respecto al GI. Es el resultado de varios
168
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
debates, convergencias y divergencias que han sido enriquecedores
para la conceptualización de este dispositivo. No resulta casual que
haya sido necesaria una lectura que integre una pluralidad de voces
de profesionales, talleristas y auxiliares para dar cuenta de cómo se
trabaja en el GI.
169
Taller de Malabares: una experiencia
de aprendizaje con el cuerpo
Adriana Romeo
Introducción
La intención de este texto es armar una articulación posible entre las
observaciones realizadas en el Taller de Malabares y la práctica psico-
motriz. Este taller se desarrolla en el Centro de Día de la Fundación
CPI desde enero de 2016 con una frecuencia semanal y cuenta con la
presencia de diez concurrentes.
Antes de dar lugar a la reflexión realizada, la intención es trans-
mitir el marco teórico desde el cual ha sido pensado el taller y desde
el cual se realizan las reflexiones que aquí se proponen. Menciona-
remos entonces brevemente qué es la psicomotricidad, cómo entiende
al cuerpo y cuáles son las problemáticas visibles que afectan al cuerpo
de la persona con discapacidad psicosocial.
Cómo entiende al cuerpo la psicomotricidad
A diferencia del organismo, que es aquello que porta el sujeto
al nacer y que es del orden de la especie y como tal es comandado
por las leyes de la neurofisiología, la psicomotricidad mira al cuerpo
desde una dimensión vincular, es decir, el cuerpo como vehículo de
la relación con los otros. Desde esta perspectiva, la actitud postural,
171
Taller de Malabares: una experiencia de aprendizaje con el cuerpo
la gestualidad, el llanto, la mirada, la escucha, lo sonoro y la voz, la
palabra y el lenguaje, la prensión, las coordinaciones o el proyecto
motor, son las variables relacionales a través de las cuales se vehicu-
liza la relación del sujeto consigo mismo y con los otros (González,
2009). Es decir que es aquello del cuerpo con lo que cuenta el sujeto
para entrar en relación con el mundo, para hacer lazo social. El cuerpo
que mira la psicomotricidad es entonces el cuerpo de la experiencia
y de los aprendizajes compartidos, el cuerpo de la cultura y del mito
familiar, y como tal es portador de un saber hacer que se da a ver en
las praxias y los gestos.
De la mano con lo antedicho, la psicomotricidad mira al cuerpo de
un sujeto que es pulsional y erógeno porque ha sido atravesado por la
función del lenguaje, ya que la estructura neuroanatómica que porta
consigo el recién nacido (el organismo) no es suficiente para que se
construya un cuerpo. Sostiene Levin:
A la realidad neuromotriz del cuerpo se le sobreimprimen las
huellas y marcas del lenguaje; con ellas el cuerpo pasa a residir no
solo como un conjunto de músculos y nervios, sino también como
una posición inscripta por el deseo del Otro en la cultura. (Levin,
1991, p. 12)
En los orígenes de la vida fue el agente materno quien, a través de
la mirada y la palabra, significó y organizó el hacer corporal del niño.
Y quien, a través de los cuidados corporales, erogenizó su cuerpo y
creó allí agujeros, bordes, trazando un mapa corporal. En este largo
proceso en el que se teje la trama entre el cuerpo y el lenguaje, el
sujeto va apropiándose de su cuerpo. El espacio simbólico que se crea
entre ambos es constituyente del psiquismo. El lenguaje se inscribe
en el cuerpo ya que este funciona como superficie de inscripción. De
esta manera el lenguaje toma al cuerpo, al movimiento, los gestos, las
172
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
posturas, introduciéndolo en la historia familiar y tornándolo legible
para un otro (Levin, 1991).
En línea con todo lo antedicho, la psicomotricidad entiende al
cuerpo y a la psiquis como una unidad en la cual lo psíquico repercute
sobre lo motor y viceversa. Partiendo de esta mirada es que se pensó al
Taller de Malabares como un espacio de trabajo corporal destinado a
un grupo de adultos con discapacidad psicosocial. Al tratarse de una
discapacidad que compromete seriamente a la subjetividad es que se
observan diversas problemáticas a nivel del cuerpo, que dan cuenta,
precisamente, de las fallas en la construcción primaria del lazo entre
el cuerpo y el lenguaje: posturas fijas, rígidas, pobreza gestual y de
movimientos en el espacio, por ejemplo, en algunos casos. Además
suelen presentarse dificultades para organizar o detener el movimiento
continuo, dificultades para fluctuar tónicamente, para cambiar de
ritmo o para adaptarlo a la actividad, fallas en el esquema y la imagen
corporal, cuerpos sin deseos de moverse, de jugar, abúlicos, cansados.
El padecimiento compromete al cuerpo con tal severidad que lo inuti-
liza (Levin, 1991).
Dicho esto presentamos a continuación tres apartados dife-
rentes, en los que se articulan los acontecimientos o situaciones
cotidianas observadas en el Taller de Malabares con la mirada de la
psicomotricidad.
Primera parte: De la rigidez de la postura a otra forma
posible de organización tónico-postural y motriz
Luego de la conceptualización desplegada más arriba profundiza-
remos ahora en la fundamentación del taller, su dinámica y sus obje-
tivos. El taller tiene como propósito favorecer el despliegue del movi-
miento, el registro del propio cuerpo, la organización de la postura
173
Taller de Malabares: una experiencia de aprendizaje con el cuerpo
y la apropiación de nuevas praxias. Realizado con pelotas de tenis, el
taller propone además un trabajo de interacción entre los participantes
a través de juegos en parejas o grupales, en los cuales tiene lugar la
comunicación gestual y visual, el aprendizaje corporal, la atención,
la emoción propia del juego, la regulación de la tensión y distensión
muscular y el disfrute por la actividad. Se resalta en este momento la
importancia del trabajo grupal en este espacio de taller, es decir que
no ha sido pensado simplemente como un espacio de trabajo indivi-
dual en el que cada uno tiene la tarea de enfrentarse con las propias
dificultades en la coordinación y organización del movimiento. Por el
contrario, la riqueza de este taller proviene de aquello que se produce
en la interacción con los pares: acuerdos/desacuerdos, diferencias en
los ritmos de juego de cada uno, diferencias en el nivel de dificultad
que representa para cada uno el aprendizaje de las praxias, diferencias
también en el nivel de tolerancia a la frustración, etc. La idea inicial
estaba en marcha y al poco tiempo del comienzo del taller se observó
en la mayoría de los integrantes el siguiente panorama:
Falta de iniciativa para jugar, escasa tolerancia a la frustración,
resistencia a aprender juegos nuevos y dificultad para impro-
visar, sometimiento al pedido del coordinador, dificultad para
ligar el deseo (entendiéndolo como una inquietud interna que
motoriza el hacer con el cuerpo), con el aprendizaje de nuevas
praxias, etc. En el cuerpo se observaba lo siguiente: posturas fijas
en el espacio, a veces con los hombros rotados hacia adelante,
gestualidad facial pobre, fallas en la coordinación óculo manual,
prensión débil, posturas corporales fijas al nivel del eje de cuerpo
y no integradas a la acción de los miembros superiores que son los
que ejecutan el lanzamiento y la recepción en los juegos de mala-
bares. Posturas fijas que no favorecían la acomodación del cuerpo
en el espacio y por ende tampoco el despliegue del movimiento.
174
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
De esta manera y luego de tomar nota de estos observables se puso
de relieve la necesidad de trabajar con los participantes alrededor de
la asunción del propio cuerpo, en un trabajo activo de modificación
y reorganización de la postura, dinamizándola. Se explica esto: una
postura corporal tensa, ensimismada, las rodillas hiperextendidas, la
pelvis retraída, los hombros rotados hacia adelante, los miembros infe-
riores fijados al piso, no colaboran en la organización y el despliegue
del movimiento y tampoco en la capacidad del cuerpo para reaccionar
velozmente en los juegos de malabares. En estas condiciones los parti-
cipantes fracasaban en la realización de los juegos propuestos y esto
generaba frustración, aburrimiento, abandono del juego, resistencia a
aprender praxias nuevas y desánimo.
Fue así que se pensó para este grupo la realización de un trabajo
corporal activo, que posibilitara dinamizar la postura, separando los
apoyos de los miembros inferiores para aumentar la base de sustenta-
ción, llevando la articulación de las rodillas a la semiflexión y bajando el
centro de gravedad. Al realizar un trabajo sostenido en el tiempo y por
obra de la repetición, los participantes comenzaron a apropiarse de su
cuerpo y a organizar la postura de una manera más eficiente. La nueva
organización postural servía ahora de preparación para el movimiento
y este a su vez se adaptaba de manera más eficiente a la trayectoria de la
pelota. Se había dinamizado la postura y con ello el cuerpo estaba más
disponible para el movimiento. Esta nueva organización postural favo-
recía además la comunicación gestual, visual y verbal. La mirada estaba
atenta y el resultado era ahora diferente: los integrantes habían ganado
precisión en las praxias, con lo cual los juegos de malabares se sostenían
por más tiempo; esto generaba mayor motivación, una sensación grati-
ficante por haber vencido la dificultad y una actitud activa por parte
de los integrantes que ahora se organizaban por sí mismos para jugar
entre ellos sin la necesidad de esperar a que lo haga el coordinador.
175
Taller de Malabares: una experiencia de aprendizaje con el cuerpo
Para concluir con esta parte de la reflexión se quiere resaltar la impor-
tancia de que cada participante haya podido realizar un trabajo activo
consigo mismo, el cual implicó el registro de las posibilidades y obstáculos
alojados en el cuerpo, y la dinamización y reorganización de la postura. Si
nos remitimos a la Convención Internacional sobre los Derechos de las
Personas con Discapacidad (en adelante la CDPD), veremos que el Artí-
culo 8, inciso c, menciona precisamente la importancia de la toma de
conciencia de las capacidades y aportaciones de las personas con disca-
pacidad. Es entonces en esta dirección que ha sido pensado y llevado a
cabo el Taller de Malabares. Y el resultado de este trabajo sostenido en el
tiempo, posibilitó la apropiación de los participantes de un saber hacer
con el cuerpo, lo cual a su vez dio lugar a la emergencia y circulación del
deseo ligado al aprendizaje de nuevas praxias.
Segunda parte: Del primer contacto con una técnica de
malabares a la apropiación de un saber hacer
En esta segunda parte se presentan, desde la mirada de la psicomo-
tricidad, cuatro instancias o momentos (y sus implicancias) que están
presentes en el Taller de Malabares y que marcan un recorrido desde el
primer contacto con una técnica hasta la apropiación de la misma.
Momento 1.
Primer contacto con la técnica de juego. Implicancias
Tensión frente a lo nuevo. Fracaso en la realización de la actividad.
Frustración y esfuerzo por tolerar la frustración. Tensión. Encuentro
cara a cara con la dificultad. Búsqueda activa del sujeto para dominar la
praxia. Dificultad para organizar la postura y el movimiento. Torpeza.
Búsqueda de experiencias previas en la memoria del cuerpo. Sensación
de “No puedo, no me sale”.
176
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
Momento 2.
Instancias de Práctica. Implicancias
Apropiación gradual de las praxias por obra de un trabajo de repe-
tición. Mayor tolerancia a la frustración. Mayor disfrute en la medida
en que los intentos resultan exitosos. Menor dificultad. Regulación
de la tensión. Perseverancia. Alternancia entre el éxito y el fracaso de
la praxia que se está aprendiendo. Sensación de “¡Me sale!... ¡No me
sale!... ¡Me está saliendo!”
Esta es una zona de pasaje: es por obra de la repetición cargada de
sentido que un nuevo aprendizaje deviene en experiencia.
Momento 3.
Apropiación de un saber. Experiencia del cuerpo. Implicancias
La praxia aprendida se constituye en un saber y pasa a formar parte
de la integridad del sujeto. “Somos los malabaristas” o “sabemos hacer
malabares”. Hay apropiación, incorporación de un hacer. Mayor
distensión y disfrute. Nueva organización tónico-postural y motriz
más eficiente, más económica en términos de esfuerzo. Manejo de la
tensión y distribución más armónica del tono muscular a lo largo del
cuerpo. Satisfacción por la apropiación de un nuevo saber.
Momento 4.
Exploración de otras formas posibles de jugar a partir de
lo aprendido. Creación propia, improvisación, re-creación
de la técnica aprendida. Implicancias
Entrada en escena de la creatividad, que ubica al participante en un
lugar de autoría en relación a la actividad corporal, posibilitando la
circulación del deseo y el no quedar pegado a la técnica. Sujeto activo
que crea junto a otros, en contraposición a la tendencia a reproducir
una técnica con fidelidad y en contraposición también al sometimiento
177
Taller de Malabares: una experiencia de aprendizaje con el cuerpo
frente al pedido del coordinador. En este lugar de autoría y creación,
emerge un sujeto que dispone de los recursos lúdicos y corporales para
hacer y crear y recrear por sí mismo y junto a otros.
Es pertinente aclarar que estas cuatro instancias están presentes en
todo momento en el taller, ya que mientras algunos juegos de mala-
bares ya se dominan, otros se están ensayando por primera vez, con
lo cual el trabajo con la dificultad y las acomodaciones posturales es
continuo.
De esta manera y para concluir, se resalta el aspecto terapéutico de
este espacio de taller, ya que implica un trabajo de transición por los
propios obstáculos, para arribar finalmente a la apropiación de un saber
hacer con el cuerpo. En este camino, el participante parte de un lugar
de no saber, de algo que le es ajeno, para arribar a la incorporación de
una praxia, que además tiene un sentido lúdico y propicia la creati-
vidad y la interacción con los pares. De esta manera, lo que inicial-
mente hace obstáculo, deviene en posibilidad. Por este motivo y por
todo lo explicado en este segundo apartado, el Taller de Malabares se
constituye como un espacio de transformación de la persona que ahora
se ha adueñado de un saber y lo recrea en el intercambio con los pares.
Para finalizar, se quiere transmitir que este trabajo de apropiación de
un saber hacer con el cuerpo también se encuentra en la línea propuesta
por la CDPD en el Artículo 8, inciso c, citado más arriba, ya que se
trabaja justamente con las posibilidades y aportaciones de la persona
con discapacidad y, en este sentido, el taller se ofrece como facilitador
de nuevos aprendizajes que se ubican precisamente en el orden de lo
posible, y como facilitador además del despliegue de la creatividad, es
decir, de las propias aportaciones integradas al trabajo con los pares.
178
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
Tercera parte. Del ritmo propio a la construcción de un
ritmo en común
Como ya se dijo anteriormente, el Taller de Malabares no se centra
en un trabajo individual sino que promueve la interacción con los
pares. De manera que, cada vez que se realizan juegos de malabares en
parejas, tríos o grupos más grandes, se hace necesaria la construcción
de ritmo en común, sin el cual el juego fracasaría, dado que las diferen-
cias en los ritmos de acomodación de la postura y organización del
movimiento difieren de un participante a otro. Y aquí radica, una vez
más, la importancia de estas instancias de juego compartido, en el que
cada participante tendrá que realizar un trabajo activo, al resignar algo
de lo propio, es decir, algo del ritmo propio, para estar a la escucha y
recibir algo del ritmo que trae el otro en su cuerpo. Entonces: algo de
lo propio se deja atrás, para hacer lugar a otro/s.
Para terminar y a modo de conclusión de nuestro trabajo diremos
que, si tenemos en cuenta que las personas con discapacidad psico-
social muestran, la mayoría de las veces, dificultades para empatizar,
es decir para ubicarse en el lugar del otro, y para entablar y mantener
relaciones interpersonales, entonces se entenderá por qué este taller
tiene un sentido terapéutico: es en la construcción de un ritmo en común
donde se pone en juego el trabajo de dejar a un lado algo de lo propio, para
empezar a reconocer algo del otro. De esta manera se propicia la cons-
trucción del lazo con el otro, cuestión esta de suma importancia, si se
consideran las dificultades de la persona con discapacidad psicosocial,
para hacer lazo con otros en la vida en sociedad.
179
Taller de Malabares: una experiencia de aprendizaje con el cuerpo
Referencias bibliográficas
González, L. (2009). Pensar lo psicomotor. Buenos Aires: EDUNTREF.
Levin, E. (1991). La clínica psicomotriz. El cuerpo en el lenguaje. Buenos
Aires: Nueva Visión.
ONU (2006). Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad
y Protocolo Facultativo. Disponible en: http://www.un.org/disabilities/
documents/convention/convoptprot-s.pdf.
180
La música como herramienta
para la inclusión social
Santiago Boscacci
Ana Paula Escudero
Pablo Glassman
...canto, canto…
¿qué más hacer con palabras deshabitadas,
sino cantar?
Jorge Fandermole
“Canto versos” (fragmento)
Quien ingresa a la institución, si agudiza su oído, dará cuenta de un
entorno sonoro vivo, plagado de características que otorgan identidad
al espacio.
Una melodía un tanto desafinada, de cuerdas de guitarra, suena
desde el patio del medio. No tardan mucho en hacerse escuchar
ruidos de tazas, el golpe seco de la puerta de la cocina y algunos pasos
apurados. Sonidos.
Son las 9:30 de la mañana y cada vez son más las voces que conversan,
que saludan; hojas de diario que pasan rápido y la radio de siempre en
la misma frecuencia. El agua cae en los mates, los termos se llenan, una
canción es silbada en el pasillo y todos se preparan para un nuevo día
de trabajo.
Los sonidos que nos rodean diariamente son nuestros. En los talleres,
en los festejos de cumpleaños, en las peñas, la música es compañera
infaltable. A medida que el día avanza, sin uno que se parezca a otro,
181
La música como herramienta para la inclusión social
los sonidos singulares le dan identidad al espacio cuando actúan en
conjunto. Lo mismo sucede con nosotros: seres anónimos, que desde
la singularidad intentamos construir algo.
Más allá de lo cotidiano, ese material sonoro con el que cada uno
cuenta, la suma de recursos, se convierte en material expresivo que es
tomado en los talleres musicales para hacer algo con él.
A lo largo de la historia innumerables autores, antropólogos, musi-
cólogos, artistas, han teorizado acerca de las formas que las comuni-
dades han encontrado para acercarse al conocimiento del mundo. La
ciencia, la religión y el arte dan cuenta de esta búsqueda por definir,
moldear y dar sentido a lo que nos rodea.
A diferencia de la ciencia que intenta dar explicaciones universales, o
la religión, ligada a los fenómenos espirituales, el arte se presenta como
búsqueda de sentido de la existencia propia, de una verdad que no es
provisoria (como pueden serlo ciertos fenómenos culturales, políticos
o económicos), sino que representa lo que las comunidades sintieron,
crearon o expresaron en un momento determinado.
Del mismo modo, de este lado del mundo y en nuestro entorno
cercano o desconocido, los seres humanos buscamos maneras de
entender, de contar algo de nosotros, de dar sentido a lo que puede
presentarse muchas veces como algo caótico; creamos así nuevas
formas, estructuras sensibles que nos brindan cierto orden a nuestro
mundo interno. El arte, como modo expresivo, nos ofrece la posibi-
lidad de crear y recrear el mundo según nuestra propia forma de estar
en él, sorteando modos posibles de representación que nos otorgarán
siempre un lugar de singularidad.
A decir de Susanne Langer (1966) la expresividad en el arte se
consigue cuando un objeto o una imagen son dotados de significación
y cuando, a través de ellos, es posible comunicar el conocimiento que
el sujeto tiene acerca de la naturaleza de sus sentimientos, o en otras
palabras, su modo de estar en el mundo. En este sentido y llegando a lo
182
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
que nos interesa, la música, como una de las tantas formas expresivas, se
constituye como espejo de la propia experiencia subjetiva, como forma
de comunicación mediante un código irreductible al lenguaje ya que,
como sabemos, no en todos los casos y no todas las palabras pueden
transmitir lo que el sujeto es capaz de expresar.
Música, herramienta privilegiada en el proceso de reconocer la voz
de quienes la han perdido; hacer sonar eso que no puede ponerse en
palabras; denunciar juntos, al unísono. Con una función expresiva, su
uso en la Fundación CPI, se inserta dentro del conjunto de apoyos cuyo
objetivo es acompañar procesos de recuperación y adquisición de habi-
lidades, herramientas y roles necesarios para el desarrollo de una vida
plena en la comunidad, de modo que los concurrentes puedan desem-
peñarse de la manera más autónoma y digna posible tanto dentro como
fuera de las actividades del Centro de Día.
El paradigma actual que se plantea en la Convención sobre los
Derechos de las Personas con Discapacidad (en adelante la CDPD),
nos invita a pensar en las barreras que se levantan en nuestro medio
social, que no permiten visualizar al otro a través del lente de la diver-
sidad. Relaciones de poder que entran en juego, representaciones
que nos atraviesan pero que son, a su vez, moldeables mediante el
trabajo conjunto y sostenido, si no se pierde de vista que el foco esté
puesto siempre en la recuperación del respeto por la singularidad y
la autonomía.
En nuestra institución se llevan a cabo distintos talleres musi-
cales coordinados por musicoterapeutas y estudiantes avanzados de
la Licenciatura en Musicoterapia. Estos espacios son establecidos a
partir de objetivos particulares propios de cada grupo; esta subdivi-
sión de talleres1 no es azarosa sino que entran en juego las necesidades
y recursos de cada población abordada. A lo largo de este texto revi-
1. Nos referimos a aquellos espacios, dentro del Centro de Día de la Fundación CPI,
que utilizan la música como recurso primordial: Taller de Musicoterapia, Taller de
183
La música como herramienta para la inclusión social
saremos de qué manera es utilizada la música como herramienta de
inclusión en los talleres del Centro de Día, a partir de sus funciones
facilitadoras, comunicadoras y expresivas; así como también cuál es el
lugar que la misma ocupa dentro del marco institucional.
La expresión musical como
herramienta de accesibilidad
La experiencia en los talleres del Centro de Día nos muestra las
diferentes dificultades que se les presentan a los concurrentes para
construir herramientas básicas de convivencia, así como también para
tomar conciencia de la situación de cada uno como sujeto de derechos
y como agente activo en la sociedad.
La CDPD nos ofrece el marco para pensar horizontes a los cuales
esperamos llegar: la recuperación de la autonomía perdida bajo los
modelos tutelares, y la posibilidad de que cada persona pueda asumir
un rol social dentro de la ciudadanía a la cual pertenece.
Por su parte el Artículo N° 9 de la CDPD, en relación a la “accesi-
bilidad”, establece que los Estados Partes son quienes deben adoptar
medidas pertinentes para la eliminación de obstáculos y barreras de
acceso. La falta de recursos para el conocimiento de sí mismo y la cons-
trucción de lazos sociales, la falta de oportunidades para el desarrollo
de roles adecuados para vivir en comunidad y el poco acceso a los movi-
mientos culturales, se presentan como puntos de inflexión que direc-
cionan los objetivos de los talleres expresivos. En este sentido, estos
espacios, y en particular aquellos que trabajan con materiales posibles
de ser moldeados (como el material sonoro-musical), otorgan al parti-
cipante la posibilidad de construir un producto propio, que es singular
Expresión Musical, Taller de Música y Taller de Canto. En este artículo desarrolla-
remos los tres últimos.
184
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
pero que a su vez puede compartirse; que funciona como puente hacia
otros o hacia uno mismo; que posibilita la emergencia de palabras o de
silencios necesarios; que permite la toma de control o la posibilidad de
elegir ser guiado por otros.
Aquello que aparece como “imposibilidad” se convierte, bajo el
marco que nos ofrece la CDPD, en “forma de ser y estar” en nuestra
comunidad, que no será nunca igual a la forma de estar de otros. La
herramienta musical expresiva, en un encuadre de taller, ofrece la posi-
bilidad de ser portador de sonidos propios, de una manera de tocar o
de aportar ideas para componer una canción, aportes que muchas veces
son silenciados o no son tenidos en cuenta (en la mayoría de los casos,
por los entornos más cercanos), pero que se erigen como elementos de
identidad.
El derecho al desarrollo del potencial creativo
y a la participación cultural
El Artículo N° 30 de la CDPD presenta la necesidad de trabajar
en función de una participación inclusiva en la vida cultural de la
comunidad de pertenencia a partir de medidas para que la persona con
discapacidad pueda desarrollar y utilizar su potencial creativo, artístico
e intelectual, no solo en su propio beneficio sino también para el enri-
quecimiento de la sociedad.
En esta dirección, los talleres musicales se presentan como dispo-
sitivos posibilitadores de una producción entretejida en conjunto,
donde los aportes expresivos singulares son los hilos de un entramado
grupal. Este engranaje que utiliza la música como un material capaz de
otorgar infinitos sentidos, tiene como principal eje el derecho de cada
persona para la toma de decisiones acerca de sí mismo, el derecho a
que su voz sea escuchada, y la capacidad de incluirse de manera activa
185
La música como herramienta para la inclusión social
en las acciones socioculturales de su entorno de pertenencia, siempre
partiendo de sus propias posibilidades y preferencias.
El musicoterapeuta Gustavo Gauna (2008) plantea como punto
central para el encuentro musical con el otro, la toma de conciencia
de que cada sujeto cuenta con cierto núcleo potencialmente saludable,
que tiende hacia la salud. En este sentido, al momento de reconocer
los modos expresivos en cada participante, la mirada no se encuentra
puesta en la dificultad para realizar tareas “normalizadas” socialmente,
sino en las posibilidades de expresividad y comunicación, y en el modo
en que las mismas pueden ser expandidas según el interés. El potencial
creativo es inherente al género humano, por lo tanto, la eficacia del
proceso de inclusión radicará en la posición de escucha que el coor-
dinador del espacio adopte hacia las particularidades sonoras de los
participantes, ofreciendo variables a las emociones y representaciones
puestas en juego, partiendo de las individualidades hacia la construc-
ción colectiva de acciones saludables.
En la mayoría de los casos, la escasez de oportunidades generadas
por el entorno de la persona con discapacidad psicosocial suele aplacar
el desarrollo de dicho potencial, siendo imposible en muchas ocasiones
para estas personas el acceso a la vida cultural de su comunidad de refe-
rencia. En este sentido, sostenemos como necesario fomentar la confor-
mación de espacios para la puesta en juego de la capacidad expresiva,
creyendo firmemente en la existencia de un potencial creativo en todas
las personas en igualdad de condiciones, y en la posibilidad de expan-
sión de dicho potencial a fin de crear situaciones saludables.
186
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
La música como medio facilitador
de experiencias intersubjetivas
Nuestro recurso específico, la música, es una de las tantas formas
expresivas que dan significado a la vida humana, a través de un medio
polisémico, es decir, portador de múltiples sentidos (Ruud, 1998). La
música es una construcción humana formadora, transmisora y trans-
formadora de cultura, y por lo tanto una herramienta privilegiada a la
hora de poner en movimiento las relaciones interpersonales y fomentar
acciones participativas.
En lo específico de la metodología musicoterapéutica existen cuatro
tipos de experiencias musicales que atraviesan las actividades en estos
talleres, donde la música se encuentra en un plano central de acción.
Las mismas son: la improvisación, la recreación de canciones, la
composición y la escucha. Como sostiene el musicoterapeuta Kenneth
Bruscia (1998), cada tipo de experiencia “involucra un conjunto dife-
rente de comportamientos sensomotores, cada uno requiere diferentes
clases de habilidades perceptuales y cognitivas, evoca diferentes emociones,
y conlleva diferentes procesos interpersonales” (p. 97). De esta manera
se establece un campo de acción, reflexión e intervención para desa-
rrollar y sostener dinámicamente las configuraciones narrativas de la
identidad tanto a nivel personal como social.
Las experiencias están siempre dirigidas a brindar a los participantes
un medio a través del cual descubrir, reconocer, explorar y desarrollar
sus recursos personales y potencialidades. De esta manera se busca que
quien participa pueda apropiarse del espacio de expresión, ganando
confianza sobre el uso de los instrumentos musicales y su propia voz,
para propiciar el surgimiento de emociones y poder contrarrestar el
empobrecimiento subjetivo. Las escenas sonoras que surgen en cada
espacio de taller buscan ampliar el nivel de las producciones, para
que sea posible realizar el pasaje desde una exploración o búsqueda
187
La música como herramienta para la inclusión social
de organización interna, hacia un encuentro con los sonidos con una
intención comunicativa.
Las actividades musicales involucran aspectos subjetivos de los
participantes, como la toma de decisiones, expresiones de deseos y de
emociones. Cuando estos recursos subjetivos no aparecen, los obje-
tivos principales serán trabajar en pos de la emergencia de esos intereses
propios. De la misma forma que nuestro cuerpo “habla” por nosotros,
y nos dice el modo en que nos encontramos física o emocionalmente,
la música es capaz de cantar por nosotros, tocar por nosotros, decir por
nosotros. Sin embargo, una de las premisas fundamentales de quien
posee la música como una herramienta, es que la misma no actúa como
agente terapéutico independiente, como objeto externo a la persona;
sino que es la experiencia que el sujeto puede vivenciar con la música lo
que se encuentra en el foco de nuestra observación y acción; es decir:
los procesos solo son visibles a partir de la interacción entre la persona,
el producto y el contexto.
Es indispensable que los concurrentes puedan encontrar en la
música un medio de expresión seguro y es en este punto que la figura
del coordinador toma un rol central dentro de un espacio de taller,
ya que contiene y orienta los sucesos que allí ocurren. Su tarea será
favorecer la autopercepción del concurrente, en tanto los talleres de
música promueven que los participantes puedan elaborar la conciencia
de sí y del proceso grupal. Cuando el participante se encuentra en un
momento de mayor conocimiento personal, la participación de los
coordinadores girará en dirección a estimular la interacción social
entre pares y trabajar sobre las habilidades sociales para la comunica-
ción interpersonal. El trabajo por turnos, con tiempos de espera, de
imitación, de cooperación, de atención conjunta, así como también
la construcción de códigos de comunicación por fuera del lenguaje
verbal (gestos, lenguaje corporal, sonidos), son algunas de las situa-
ciones que aparecen de forma implícita dentro de las experiencias
188
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
musicales compartidas, y que permiten desarrollar las habilidades
sociales. La licenciada Marcela Lichtensztejn (2009) dice en relación
a este aspecto:
La música es esencialmente no-verbal. La dimensión psicosocial de
la interacción y la comunicación humana toma lugar en el hacer
musical con otros. La interacción personal surge espontáneamente
en el hacer musical compartido, sin necesidad de utilizar las pala-
bras, mientras se está presente en el aquí y ahora interactuando con
la música del otro, vivenciando singularidad en el todo, haciendo
contribuciones personales en la música vivenciando a la vez coope-
ración y pertenencia. (p. 21)
En este sentido, la improvisación musical permite a las personas
interactuar sin palabras y posibilita comprometerse desde los aspectos
más internos e irreductibles al lenguaje. La interacción musical entre
los participantes permite visualizar y elaborar aspectos tanto intramu-
sicales (la relación de uno mismo con la música) como intermusicales
(la relación con otros a través de la música). Al decir del licenciado en
Musicoterapia Diego Schapira (2011): “la focalización de la atención
en los aspectos relativos al vínculo nos permite percibir las maneras en
las que los improvisadores se relacionan a partir de sus producciones
sonoras” (p. 141).
No obstante, desde el taller también se busca incrementar el uso de
la palabra (ya que no olvidamos que somos seres hablantes), a través
de la composición de letras de canciones en grupo, promoviendo el
relato de los sucesos de la vida diaria y experiencias de vida, así como
también deseos y sentimientos, buscando puntos en común entre los
participantes y estimulando un trabajo cooperativo entre los mismos.
Una herramienta accesible a todos, como la música, permite que
sea posible el abordaje grupal de los recursos y de las dificultades,
189
La música como herramienta para la inclusión social
fomentando el establecimiento de una red vincular y promoviendo un
espacio de socialización, continente y saludable.
Los talleres musicales
Como un modo posible de evaluar el proceso de desarrollo personal
y social de los participantes, consideramos oportuno pensar en tres
niveles. Estos van desde la necesidad de reconocimiento propio e inte-
gración de los aspectos individuales, pasando por el despliegue de la
subjetividad, propiciando la posibilidad de establecer lazos y vínculos
afectivos con otros, hacia la inclusión en la comunidad a través del esta-
blecimiento de un rol social activo junto con semejantes.
Al formular los objetivos de cada taller, se tienen en cuenta las
características individuales de los participantes y se establece sobre
qué aspectos requiere mayor apoyo el grupo. A continuación haremos
una breve descripción acerca de los distintos talleres musicales que
funcionan actualmente dentro de la Fundación, y lo que cada uno de
estos se propone brindar a los participantes.
Taller de Expresión Musical (Grupo de Integración2)
En este espacio el foco está puesto en favorecer la organización de la
experiencia personal; es decir, en la integración de aquellos aspectos de
la personalidad y de la identidad que se encuentran indiferenciados y
no permiten el reconocimiento de lo propio y lo externo (Winnicott,
1965).
2. Ver características de este grupo en el artículo “Grupo de Integración: un recorrido
hacia la inclusión” de este mismo libro.
190
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
El trabajo con canciones, actividades de canto grupal, la escucha
de música editada, diferentes juegos de imitación rítmica y melódica,
la dedicatoria de canciones, la orquesta con director, el acompaña-
miento instrumental y vocal, la realización de cuentos con sonidos, la
composición de canciones, los diferentes tipos de improvisaciones, son
opciones disponibles a la hora de dar cuenta de la diferenciación entre
las producciones propias y de los otros, el límite entre lo que atañe al
cuerpo propio y al del otro.
Los objetivos que dan norte a las intervenciones y al trabajo manco-
munado en este espacio son:
• Favorecer el reconocimiento de la propia producción como
forma de reconocer las propias potencialidades.
• Favorecer la capacidad de proponer, respetando los tiempos
grupales e individuales.
• Diferenciar y conocer los diversos estilos musicales para poder
encontrar algo del orden de un gusto musical más propio.
Los mismos son valorados:
• En la capacidad de permanecer en el espacio respetando las
características del encuadre y la comprensión de consignas.
• En los modos más o menos rígidos de vinculación con los
diferentes aspectos que conforman el encuadre (espacio
físico, instrumentos, acuerdos de convivencia entre pares).
• A través de los modos expresivos musicales: el uso de la voz,
del cuerpo, de los instrumentos, aspectos rítmicos, meló-
dicos, capacidad creativa.
191
La música como herramienta para la inclusión social
A continuación compartimos una viñeta, a modo de ejemplo del
abordaje que se realiza:
SJ solía ingresar a los diferentes espacios que se le proponían
de la misma manera: enojado, irritado, poco tolerante ante la
propuesta. Era muy difícil convocarlo ya que las actividades que
realizamos en el taller eran novedosas para él. Poco a poco, con
el transcurrir de los encuentros comenzó a emerger un contenido
particular de SJ, que aún hoy lo identifica, lo emociona y lo
motiva: el rock clásico y el “heavy metal”. A partir de este detalle,
fue posible trazar una línea de acción: en algún momento del
comienzo del encuentro, cuando él ingresa, se hace mención a
alguna canción, a algún artista que es de su gusto, se toca en la
guitarra una pequeña frase que él conoce. Esta acción sirvió como
“gancho” para su participación en las actividades y un poste-
rior despliegue de sus propios intereses y creatividad. Apareció
primero una participación activa, dirigiendo al grupo, posicio-
nándose en cierto lugar de líder; comenzó a crear, a cantar, a
rapear cada vez más. Hoy en día seguimos trabajando la tole-
rancia hacia las producciones de los otros.
Taller de Música
Este taller pretende propiciar encuentros donde algo de lo propio
aparezca a partir del uso de la música y de lo sonoro, y del moldeado de
estos elementos: una canción preferida, un instrumento que elija tocar,
una historia que quiera contar.
En la mayoría de los casos, el estigma como barrera que la sociedad
le impone a una persona con discapacidad se convierte en el modo en
que se nombra a sí misma. El espacio expresivo busca contrarrestar los
signos de la despersonalización, brindando un medio seguro para que
192
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
el sujeto sea capaz de narrar su historia, de reconocer sus potenciales, y
de vincularse a partir de ellos.
Para ello se abordan diversas dinámicas de trabajo dirigidas al desa-
rrollo de las capacidades expresivas y comunicativas, construyendo
códigos propios del grupo. De esta manera, se busca propiciar un
espacio lúdico desde actividades musicales para fomentar la integración
y favorecer la creación-expresión desde el vínculo con un otro. Junto
con la emergencia de algún signo personal, de algún deseo o interés
propio, es posible construir nuevas redes identificatorias, acción que
favorece la asunción de roles sociales, aumento de la capacidad de ser
autónomos y de desarrollar pautas propias de convivencia.
Algunas de las propuestas que surgen tanto de los coordinadores
como de los participantes, incluyen: exploración sonora de los instru-
mentos, de la propia voz y los sonidos corporales, escucha de música
editada con diversos fines de intercambio grupal o con fines introspec-
tivos, la improvisación, la composición de canciones con letras signifi-
cativas y/o estructuras rítmicas, sonoras o melódicas.
Los objetivos propios abordados en este espacio son:
• Fomentar el aumento de la confianza en sí mismos y el desa-
rrollo de la identidad.
• Facilitar el reconocimiento y la valoración por las produc-
ciones propias y de los otros.
• Favorecer la capacidad de proponer y tolerar, respetando los
tiempos grupales e individuales.
• Promover creaciones colectivas desde el disfrute.
En cada encuentro, el coordinador pone especial atención en ciertos
aspectos:
193
La música como herramienta para la inclusión social
• El modo en que cada participante se conecta con las activi-
dades y con los demás integrantes del grupo.
• La utilización de los instrumentos y si es capaz de apropiarse
de ellos, si es autónomo en el uso de materiales o dependiente
de las elecciones grupales.
• El nivel de reconocimiento de la propia producción sonora y
la del otro.
• La capacidad de propuesta y de tolerar la diversidad grupal.
• Aspectos estructurales de sus expresiones sonoro-musicales:
recursos sonoros más utilizados y tendencias, niveles de orga-
nización y capacidad de expresarse de manera no-verbal.
• Aspectos interpersonales no musicales, es decir, elementos
que subyacen en la producción sonora: modos vinculares e
intencionalidad, cómo se relaciona con el grupo a partir de
la experiencia musical y con qué fin utiliza dicha producción.
La siguiente viñeta puede ilustrar lo que venimos sosteniendo:
Esa mañana había puesto mi atención en R., al darme cuenta
que hacía ya varios encuentros que no la escuchaba realizar
aportes acerca de qué podíamos hacer, qué tocábamos, qué
cantábamos, qué escuchábamos. A pesar de contar con muchos
recursos subjetivos, R. presentaba cierta tendencia pasiva ante
lo que otros proponían, y cuando se le daba el espacio para
decidir, prefería no hacerlo (“eligiendo” no elegir), negando
la oportunidad y afirmando que no iba a “elegir bien”. Les
propongo a los concurrentes improvisar en dúos, algo que
veníamos haciendo, y cuando llega el turno de R., mani-
fiesta el deseo de tocar conmigo. “Empezás vos”, me dijo, con
cierto tono de obviedad porque, claro, ella nunca empezaba.
Sin embargo, su seguridad para elegir nos había sorprendido
194
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
a todos. Comencé entonces a marcar un pulso firme y estable
en el pandero, y R. me imitaba. Después de unos segundos
me quedé en silencio y ella también se detuvo. Sin mucho
tiempo de espera, hice dos golpes y me detuve nuevamente,
como iniciando un diálogo que R. logra captar y responder.
En formato de pregunta y respuesta, yo preguntaba y R.
respondía, hasta que no respondí más. Envueltas las dos en un
silencio más largo, y quizás percibiendo R. cierto espacio que
la habilitaba, comenzó a inventar pequeñas células rítmicas,
que yo copiaba.
Sus sonidos se fueron complejizando y se volvía difícil
imitarla, los golpes sonaban firmes, certeros, y los daba sin
dudar y sonriendo de una manera que para mí era descono-
cida, satisfecha pero a la vez cómplice, como entendiendo el
sentido de un espacio compartido entre dos, donde se cede para
habilitar al otro, pero donde también es posible decir algo de
lo propio. Pude notar que algún movimiento subjetivo había
tenido lugar en ese momento, en el disfrute de recuperar una
sensación de control, aunque fuera solo por unos minutos.
No resultaba habitual que R. tomara decisiones ni aportara
opiniones, mucho menos que accediera a controlar improvisa-
ciones grupales. Esto se asemejaba en gran manera al rol en
que se la ubicaba dentro de su grupo familiar, donde ciertas
decisiones eran tomadas por otros en su lugar, a pesar de
contar con los recursos para decidir. A partir de ese momento
el trabajo con R., y con muchos de los participantes del taller,
estuvo centrado en la recuperación de roles de autonomía y de
la sensación de control aunque sea, por el momento, solo en
situaciones musicales.
195
La música como herramienta para la inclusión social
Taller de Canto
El objetivo principal del taller es la aproximación a la técnica
vocal y al canto como actividad expresiva, tanto a nivel individual
como grupal. Desde su comienzo, el espacio se mantiene abierto a
todos aquellos concurrentes que disfrutan del canto y desean parti-
cipar del aprendizaje de técnicas vocales según las posibilidades
y aspiraciones de cada uno, incluyendo en el proceso el entrena-
miento rítmico, respiratorio, corporal y expresivo. En este sentido,
se plantea con objetivos diferentes a los talleres nombrados ante-
riormente, ya que si bien el desempeño psicosocial es siempre la
meta, nos centramos en este caso en la adquisición de habilidades
artísticas partiendo de herramientas pedagógicas. La modalidad de
trabajo se construye en conjunto con todos los participantes del
taller, de modo que constantemente se revisa el repertorio musical
que los concurrentes traen al espacio, como también son cons-
truidas en conjunto las diferentes técnicas vocales, realizando una
suma de los saberes con los que cada uno cuenta.
Si bien la técnica vocal se asimila a nivel individual, se proponen
para el aprendizaje todo tipo de actividades donde es necesaria la inte-
gración grupal y el canto coral, brindando un acompañamiento indi-
vidual a quien necesita un mayor sostén vocal pero con el objetivo de
que sea posible luego el ensamble de voces. Algunas de las propuestas
elegidas para trabajar en el taller son: diferentes técnicas respiratorias;
vocalización individual y grupal; exploración vocal y corporal; proyec-
ción y modulación; improvisaciones sonoras y juegos rítmicos para
aumentar la capacidad expresiva; armado de repertorio musical y prác-
tica vocal sobre el mismo.
Dentro de los aspectos que se observan y que son revisados de
manera constante se encuentran: el respeto entre coordinadores y
participantes, la capacidad o la falta de adaptación y flexibilidad ante
196
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
las actividades propuestas, como así también ante los cambios que se
puedan vivenciar en la dimensión intra e interpersonal.
Se tiene en cuenta en qué medida cada participante puede adaptarse
al trabajo grupal y, al mismo tiempo, si pueden apropiarse de las expe-
riencias musicales y herramientas brindadas para lograr la expresión de
algo de sí mismos; también la capacidad para autoevaluarse a lo largo
de un proceso.
Con miras a un proyecto futuro, surge como posibilidad la idea de
que el taller se conforme como un coro que represente a la institución,
presentándose en centros barriales, casas culturales, peñas, etc. Aunque
con mucho aún por trabajar, la posibilidad de unirse con el fin de parti-
cipar de la vida cultural y social de la comunidad, se presenta como
una actividad promisoria en el marco de la visibilización y la plena
inclusión de las personas con discapacidad psicosocial. En relación a
la toma de conciencia, el Artículo N°8 de la CDPD plantea la adop-
ción de medidas para sensibilizar a la sociedad fomentando el respeto
y la dignidad de las personas con discapacidad, luchando contra los
estereotipos, prejuicios y prácticas nocivas contra ellos y, sobre todo,
“promover la toma de conciencia respecto de las capacidades y aporta-
ciones de las personas con discapacidad”.
A modo de ejemplo presentamos la experiencia de un concurrente a
quien llamaremos M.:
M. presenta algunas dificultades en la proyección, modulación
e intensidad de su voz, lo cual le impide mantener conversa-
ciones de forma fluida. Cuando comenzó el taller, M. expresó
su disfrute por la música y por cantar aquellas canciones signi-
ficativas para él. Solo encontraba interés en escuchar y cantar
canciones de Luis Miguel, su artista favorito, y si bien resul-
taba interesante la aparición de un deseo, esto mismo generaba
situaciones de intolerancia hacia las elecciones de sus compa-
197
La música como herramienta para la inclusión social
ñeros. Durante el tiempo transcurrido en el taller de canto,
hemos hecho hincapié en que el participante pueda incorporar
nuevas canciones a su repertorio, pudiendo flexibilizarse
ante los cambios, tomando una actitud de escucha. Al mismo
tiempo, su capacidad de expresión y proyección en la voz
cantada, ha tenido notables mejoras mediante los ejercicios de
vocalización creados por él y sus compañeros, cantando en dúos
o de manera grupal. M. pudo adaptarse a cantar grupalmente
canciones propuestas por sus compañeros, y también propone
canciones nuevas, distintas a las que solía repetir una y otra
vez. Al mismo tiempo ha logrado un gran avance a la hora de
cantar canciones de forma individual, respetando las indica-
ciones sugeridas por sus pares. Algunos de sus compañeros se
han mostrado sorprendidos al escuchar los avances de M. en
distintas oportunidades, como en ocasiones donde se realizan
karaokes en momentos festivos de la institución, o durante los
ensayos abiertos del taller de canto. En la última muestra de
fin de año, M. cantó junto a su grupo frente a los compañeros
de la institución, sus familiares y amigos, refiriendo luego una
gran satisfacción por los logros obtenidos durante los anteriores
meses de trabajo.
Más allá de lo que podemos observar para luego planificar líneas de
acción, el objetivo principal radica en la posibilidad de que el espacio
sea construido en conjunto, generando la participación colectiva desde
la suma de las individualidades. Se trata de acciones que modifican el
lugar pasivo donde, en la mayoría de los casos, es colocada la persona
que presenta dificultades para el desempeño de su función psicosocial.
198
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
Algunas reflexiones finales
A lo largo de este trabajo nos hemos propuesto transmitir cuál es el
lugar desde donde nos situamos a la hora de acompañar a los concu-
rrentes hacia la adquisición y fortalecimiento de habilidades sociales
para una mejor inclusión en la sociedad. Las posibilidades de expresión
y de comunicación de cada uno son punto de partida de un proceso
continuo que transita desde la necesidad de reconocimiento propio
e integración de los aspectos individuales, hacia el despliegue de la
subjetividad, propiciando la posibilidad de establecer lazos y vínculos
afectivos con otros para el establecimiento de un rol social autónomo y
activo junto con semejantes, en la comunidad de pertenencia.
La música, como portadora de múltiples sentidos, abre un conjunto
de oportunidades para que el sujeto encuentre diversos modos de reco-
nocimiento y conocimiento de pares. Ese material sonoro con el que
cada uno cuenta, se convierte en material expresivo que es tomado
en los talleres musicales como un producto, como una construcción
subjetiva, tan original como singular de cada sujeto.
La CDPD nos brinda un marco de contingencia, pero a su vez nos
convoca a repensar las prácticas cotidianas, situando las acciones en el
objetivo de ampliar las posibilidades con las que cuenta cada persona
para desarrollarse como ciudadano, como así también reflexionar
acerca de la responsabilidad que implica colocarse como agente activo
en el propio proceso de inclusión social.
El proceso para una autonomía plena de la persona con discapacidad
psicosocial no puede lograrse si no es desde el paradigma de la comple-
jidad, con acciones de la sociedad en conjunto, desde la visibilización
de lo logrado y con una clara certeza de avanzar a pesar de lo que falta.
***Nota: Queremos expresar nuestro agradecimiento a la musicoterapeuta
Cecilia Kruchoski por sus sugerencias y aportes de material bibliográfico.
199
La música como herramienta para la inclusión social
Referencias bibliográficas
Bruscia, K. (1988). Musicoterapia: métodos y prácticas. México: Pax.
Butera, C. (2012). Musicoterapia en Rehabilitación Psicosocial. Buenos Aires:
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VI y Anexo. Las personas con discapacidad psicosocial: del estigma y el
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Congreso de la Nación Argentina (2008). Ley N° 26.378. Aprobación de la
Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad y su proto-
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Boletín Oficial el 09/06/2008.
Gauna, G. (2008). Diagnóstico y abordaje musicoterapéutico en la infancia y la
niñez. Buenos Aires: Koyatun.
Langer, S. (1966). Los problemas del arte. Buenos Aires: Infinito.
Lichtensztejn, M. (2009). Música y medicina. Buenos Aires: Elemento.
Ruud, E. (1998). Music and the quality of life. Nordic Journal of Music
Therapy, Vol. 6; pp. 86-97.
Shapira, D. y otros (2011). Musicoterapia: abordaje plurimodal. Buenos
Aires: Ediciones Adim.
Winnicott, D. (1965). Los procesos de maduración y el ambiente facilitador.
Buenos Aires: Paidós.
200
Fotógrafos, realizadores y representa-
ciones sociales. La experiencia en dos
talleres del Centro de Día
Laura Tarrab
En este trabajo queremos dar cuenta de tres artículos de la Conven-
ción sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (en
adelante la CDPD o La Convención) como principios que ordenan
la práctica cotidiana en dos talleres expresivos del Centro de Día de
la Fundación CPI. Nos referiremos al derecho al acceso y a la parti-
cipación en la vida social y cultural y a la lucha contra los prejuicios
y estereotipos.
Sobre las producciones que se realizan en los talleres, nos interesa
dar cuenta de cómo trabajamos respecto a la autoría del material, inda-
gando sobre el dominio del sentido y el destino de la obra en lo refe-
rente a la inclusión social de las personas con discapacidad psicosocial.
Por último, queremos reflexionar sobre la necesidad de crear espa-
cios de comunicación que nos permitan acercarnos a las percepciones
de las personas con discapacidad psicosocial, en cuanto a aquellos
dispositivos, temáticas y problemáticas que los implican en su vida. Y
problematizar los valores que circulan en el material que realizamos
sobre estas personas y las actitudes que tomamos durante el proceso
de realización.
201
Fotógrafos, realizadores y representaciones sociales...
I.
En el Centro de Día de la Fundación CPI funcionan una variedad de
talleres artístico-expresivos y cuatro espacios laborales inclusivos, además
de espacios terapéuticos y de orientación que fomentan el tratamiento y
la inclusión social de las personas con discapacidad psicosocial. En este
trabajo nos ocuparemos de dos talleres expresivos que se realizan en la
institución, el Taller de Fotografía y el Taller de Cine.
El Taller de Fotografía funciona desde 2008 y el Taller de Cine comenzó
dos años más tarde. Ambos espacios han estado coordinados por dife-
rentes equipos y proyectos hasta la actualidad pero mantienen un espíritu
y objetivo común que no se ha modificado sustancialmente en estos años
de trabajo. En el marco de estos talleres, se desarrollaron además, en tres
oportunidades, proyectos subsidiados por la COPIDIS (Comisión para
la Plena Inclusión de las Personas con Discapacidad) que nos permitieron
realizar un Taller de Fotografía Estenopeica y dos documentales: Los locos
no mienten, nosotros tampoco y Con experiencia previa1.
Los talleres de fotografía y cine tienen objetivos generales compar-
tidos de carácter inclusivo. Aspiramos a que la herramienta visual/
audiovisual, la técnica fotográfica y el lenguaje cinematográfico se
vuelvan medio de expresión y de valoración de los participantes.
Queremos que puedan expresar sus inquietudes e intereses; fomen-
tamos una mirada individual que les permita posicionarse como crea-
dores, como fotógrafos o realizadores, independientemente de ser
personas con discapacidad.
Guiados por estos objetivos, en el Taller de Fotografía realizamos
proyectos personales que dan como resultado exposiciones fotográ-
1. Los locos no mienten, nosotros tampoco (2009); responsable del proyecto: Mg.
Eliana Depino. Con experiencia previa (2015); responsable del proyecto: Laura
Tarrab. Se puede acceder al material en YouTube: https://www.youtube.com/
channel/UCHvvPYBkR-kN0ykryUuNl-A/videos.
202
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
ficas todos los años. Los participantes identifican un tema de interés,
diseñan recursos para expresar sus ideas, realizan las tomas, selec-
cionan las imágenes finales, editan el material y definen el montaje de
la exposición. Además, en el taller, exploramos diferentes técnicas y
recursos expresivos, realizamos intervenciones fotográficas, fotomon-
tajes, collage, experimentamos con fotografía estenopeica y fotografía
en blanco y negro. Todos los años exponemos en la institución una
selección de lo producido y hemos expuesto también en el Centro
Cultural Carlos Gardel del barrio de Colegiales.
En el Taller de Cine se realizan grupalmente cortos documentales o
de ficción; se trata de experiencias compartidas por el carácter mismo
de la actividad cinematográfica. En ocasiones realizamos proyectos
que se imaginan, se filman y se editan tomando cada integrante un rol
diferente en el proceso. Un participante hará cámara, otro se ocupará
de la iluminación, otro del decorado. En estas experiencias las deci-
siones son compartidas. Y otras veces se trata de un proyecto personal
que se transforma en guión y grupalmente se asiste al realizador para
la concreción. Nos guía el objetivo de fomentar la construcción de
una mirada individual producto de un autor, pero además el de forta-
lecer la colaboración grupal y el esfuerzo colectivo para llevar a cabo
la idea. Pueden verse estas producciones en el canal de YouTube del
Taller. Durante los años 2012 y 2014 hemos participado del Festival
Nacional de Cortos Audiovisuales Realizado por Personas con Disca-
pacidad2, obteniendo en 2014 una mención del jurado.
2. Festival Nacional de Cortos Audiovisuales Realizados por Personas con Disca-
pacidad (2012, 2014), organizado por CETEI, Centro Terapéutico para la
Integración.
203
Fotógrafos, realizadores y representaciones sociales...
I.a. Autor, valor y destino del material
En ambos talleres se trabaja dándole especial importancia a la cate-
goría de autor. Queremos que aquellos que toman imágenes las reco-
nozcan como propias, como el resultado de un trabajo sostenido, con
un valor, independientemente de la discapacidad de la persona que lo
realizó, y que podría devolverle a esta reconocimiento social. Además,
queremos que sean los participantes del taller quienes dominen el
destino que tendrán sus imágenes en lo referido a la selección a mostrar,
los espacios de exposición y la difusión del material.
A nivel de las condiciones de producción, en general respetamos
cuando son historias personales asociadas a la discapacidad las que
motivan las temáticas en proyectos artísticos, pero también alentamos
todas aquellas experiencias que expresan una mirada propia sobre cual-
quier otra temática.
En cuanto a la recepción del material por parte del público en general,
trabajamos para alejarnos, por un lado, de la mirada de conmiseración
que valora diferencialmente los resultados de la producción de las
personas con discapacidad; y por otro, del prejuicio que los supone más
creativos, más libres, más productivos artísticamente. Consideramos
que podemos superar estos prejuicios, por una parte, si los concurrentes
logran dominar el sentido y el destino de lo que fotografían o filman
y se posicionan como autores de esa producción. Y por otra parte, si
la calidad del material habla por sí misma, despegando al autor de su
condición de persona con discapacidad, sin que sea necesario el dato de
la historia personal para la valoración de la obra.
I.b. Experiencias
Las experiencias que se describen tanto en el Taller de Fotografía
como en el Taller de Cine se realizan semanalmente, no sin dificul-
tades. Nos referimos tanto a cómo los participantes se apropian de la
204
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
propuesta de los talleres como a los logros alcanzados al finalizar cada
ciclo. En general, observamos menos dificultades cuando se trata de
realizar un proyecto personal fotográfico que un corto audiovisual:
históricamente el taller de cine siempre presenta más dificultades.
Descontando que una actividad se presenta más compleja que la
otra, creemos que los alcances diferenciales en ambos talleres podrían
vincularse con cómo es el posicionamiento subjetivo respecto a lo
social, y cómo es la experiencia vivida para los concurrentes, especí-
ficamente en relación con la fragmentación y la secuencialidad que
requieren la fotografía y el cine para vehiculizar el mensaje.
Creemos que, en el quehacer diario, las personas con discapacidad
psicosocial con las que trabajamos, probablemente a causa de la sinto-
matología asociada a sus padecimientos, tendrían una percepción del
mundo o un acercamiento al mundo aproximado a la experiencia frag-
mentada: de las acciones, del encuentro con los otros, de las cosas y
hasta de sus propios cuerpos.
Esto nos permite pensar que para algunos concurrentes la fotografía
podría ser un medio expresivo con más posibilidades de apropiación
que el lenguaje cinematográfico. Ya que, al enfrentarse a la tarea de
realizar un registro fotográfico, se requiere realizar operaciones simbó-
licas complejas, porque el arte fotográfico no lo es sin el ejercicio de la
síntesis o de la previsualización. Pero también el éxito de la realización
de un proyecto fotográfico se sostiene en la reiteración, en la multi-
plicación y en la unicidad. Inclusive, aunque no pudiéramos articular
varias imágenes bajo un mismo sentido para realizar una serie, la sola
fotografía ya sería un logro alcanzado y podría ser expuesta como pieza
única.
A diferencia de esto, el relato cinematográfico es resultante de una
sucesión de fragmentos ordenados en secuencias significantes que
cobran sentido en el conjunto. Nos referimos al encadenamiento
complejo, que por medio del montaje establecerá relaciones entre las
205
Fotógrafos, realizadores y representaciones sociales...
partes, por ejemplo de semejanza o contraste (Casetti, 1994). Quien
aspire a realizar un film, domina de antemano esos fragmentos, que se
filman desordenados y que por algún tiempo solo existen en los planes
del realizador. Esta es una tarea difícil para cualquier persona que sin
experiencia se proponga idear y realizar un film. Lo que observamos en
el taller de cine es la reiteración de esta dificultad que se sostiene inde-
pendientemente de la experiencia, inclusive luego de años de partici-
pación en el taller.
Proponemos considerar que algunas dificultades que encontramos
al trabajar en el espacio del taller podrían estar asociadas a que, en
tanto el cine es lenguaje y la cámara instrumento de discurso, la opera-
ción que requiere la realización de un film podría ser contradictoria
con el tipo de lazo que estas personas suelen establecer. La realización
de un film, en tanto apuesta comunicativa, los interpelaría en su lugar
de enunciadores en su inscripción en el discurso social.
Si bien hemos identificado algunas dificultades para acercarnos más
a comprender cómo es el trabajo en el Centro de Día, debemos, como
pauta general, entender que no necesariamente sea así para todos los
concurrentes. La apuesta que hacemos es la de habilitar el espacio para
favorecer la aparición de esas respuestas subjetivas inéditas. Solemos
estar tentados de explicar las dificultades que se presentan en el día a
día de los talleres por medio de la generalización y de este modo decir
que las personas con discapacidad psicosocial que asisten a la Funda-
ción tienen dificultades para comprometerse con un espacio, para
vincularse con sus pares, u otras dificultades. Sin embargo, de igual
forma que lo es hacia dentro de la categoría “discapacidad psicoso-
cial”, la heterogeneidad es la pauta reinante. La misma institución nos
propone este escenario, al trabajar con personas con diferentes tras-
tornos de orden psíquico. Se trata de una apuesta a la heterogeneidad
y, desde aquí, desde esta propuesta, se plantea el desafío de hacer juntos
desde y con la diversidad.
206
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
Trabajamos con personas con discapacidad que traen recursos
cognitivos e historias disímiles; a la vez, transversalmente, han tenido
un acceso diferente a la educación y a la cultura. Por lo dicho, en el
quehacer diario, las metas y las metodologías de trabajo se imponen
heterogéneas. El resultado en la práctica de ambos talleres –es decir, las
producciones en sí mismas, la valoración que traen consigo y el posi-
cionamiento subjetivo que esto habilita– depende del encuentro. Nos
referimos al encuentro de los participantes del taller entre sí y de estas
personas con la coordinadora, y de la comunicación con quienes ven el
material realizado. Esto produce un efecto de socialización productivo
y positivo en sí mismo, en las personas que asisten a los espacios y en la
comunidad en general.
I.c. Inclusión
Además de los efectos inclusivos que tiene lo antes mencionado, en
ambos talleres la consigna que nos guía es la participación, la circula-
ción y la visibilidad.
Considerando el Artículo 30 de La Convención, que se refiere al
acceso y a la participación en la vida cultural, a que las personas con
discapacidad “ puedan participar en igualdad de condiciones con las
demás en actividades recreativas “ y puedan “ desarrollar y utilizar su
potencial creativo, artístico e intelectual”, en ambos talleres regularmente
vamos al cine y visitamos las salas de exposición más importantes de
la ciudad. Nos resulta interesante esta propuesta porque plantea dos
rupturas que se vuelven inclusivas. Se trata de dos aislamientos: el
simbólico y el espacial. En primer lugar, creemos que se aprende a hacer
artes visuales apreciándolas. Por otro, esto los acerca a debates, tenden-
cias, modas, ideas en circulación. Creemos que incluirse es compartir
con el grupo social un conjunto de prácticas, saberes y sentidos.
207
Fotógrafos, realizadores y representaciones sociales...
Que los participantes de los talleres abran el diario o miren la tele-
visión y entiendan de qué se trata un debate actual sobre una expo-
sición que se está dando en la ciudad, los posiciona compartiendo el
mismo grupo de sentidos, independientemente de su discapacidad.
Por otra parte, les permite una circulación por la ciudad que de otro
modo muchos de los concurrentes no hubieran tenido ya que, algunos
de ellos, se manejan en transporte subsidiado por las obras sociales y
se movilizan únicamente de la institución a sus hogares, asistiendo a
pocas actividades de esparcimiento durante los fines de semana. El
acceso a estos espacios, conocer donde están situados y cómo llegar en
transporte público, les permite pensar en volver por fuera de las activi-
dades del taller durante los fines de semana y les abre un espacio antes
desconocido en la ciudad (hay varias experiencias positivas de este tipo
entre los concurrentes al Centro de Día de la Fundación CPI). Es un
nuevo saber que los acerca a la autonomía, a la posibilidad de lograr
una vida independiente y con ello a una mejor calidad de vida.
Por otra parte y respecto a la práctica, hacer fotografías o películas
tiene otro efecto inclusivo, especialmente si tenemos en cuenta que
muchas de las personas con las que trabajamos, cuando entraron en
la institución, no habían tenido ningún acercamiento a la computa-
ción, a los medios electrónicos o la fotografía. Actualmente, el mundo
visual y audiovisual tiene una altísima valoración y circulación social,
se piensa y se hace con una cámara en mano o frente a una pantalla. Por
lo tanto, a lo que aspiramos es a ayudarlos a integrarse en esas prácticas,
a ese mundo de ideas y de competencias que los dejan por dentro de su
grupo social. En palabras de un concurrente participante del taller, “es
como abrirse al mundo”.
208
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
II.
En los últimos años el concepto de discapacidad ha cambiado. Hoy
entendemos que la inclusión de las personas con discapacidad está
limitada, no solo por una carencia propia, sino por las barreras que
la sociedad les impone para el pleno ejercicio de sus derechos. Desde
esta perspectiva, es la sociedad la que debe integrar a la diversidad de
personas que habitan en ella, evitando toda barrera física o conductual.
La CDPD se funda en este cambio de perspectiva, en donde las causas
de la discapacidad son principalmente sociales, y compromete a los
países que a ella adhieren a actualizar su marco jurídico para orientar
políticas públicas inclusivas. En concordancia con la CDPD, en
nuestro país se sanciona la Ley Nacional de Salud Mental (en adelante
LNSM) en el año 2010.
Pero la necesidad de la renovación del marco jurídico da cuenta de la
enorme vigencia de barreras, no solo físicas sino de prejuicios y estereo-
tipos acerca de las personas con discapacidad, que devienen en discri-
minación y exclusión.
En el trato cotidiano, las personas sin discapacidad desenvuelven
todo un grupo de representaciones sociales sobre las personas con
discapacidad. Específicamente, la enfermedad mental se ve asociada a
lo atemorizante, a alguien que podría ser peligroso, a quien no puede
tomar decisiones o debe ser recluido (Del Águila, 2013). Las personas
con discapacidad psicosocial con las que trabajamos se enfrentan a
estos prejuicios diariamente y esas imágenes se traducen en actitudes
discriminatorias que impactan directamente en sus vidas. Al mismo
tiempo, estos prejuicios y estereotipos se ven cotidianamente reprodu-
cidos en los medios de comunicación, en una reiterada y evidentemente
inagotable visión negativa de la discapacidad, lo cual refuerza la estig-
matización. Inclusive, existiendo más de un manual de tratamiento
209
Fotógrafos, realizadores y representaciones sociales...
respetuoso3, es insuficiente la circulación de ideas que refuercen la
necesidad de la inclusión, el respeto a la diversidad de las personas y a
sus derechos. Al mismo tiempo, las personas con discapacidad siguen
siendo tratadas en los medios de comunicación en mayor medida como
“objetos de enunciado que como sujetos de enunciación” (Fernández-
Cid Enríquez, 2010, p. 110).
Nos interesa poner en cuestión esta temática porque en el Taller de
Cine, en el año 2015, trabajamos sobre la base de estas hipótesis en la
construcción de un relato documental. Considerábamos el proyecto
en concordancia con nuestra práctica diaria en los talleres y con La
Convención, en lo que se refiere a la toma de “…mayor conciencia
respecto de las personas con discapacidad”, la lucha contra los prejui-
cios y estereotipos y la promoción de percepciones positivas (CDPD,
Art. 8), y el ejercicio del “derecho a la libertad de expresión y opinión”
(CDPD, Art. 21).
El proyecto se llamó Nuestra Voz en Primer Plano, y pudimos hacerlo
gracias a un subsidio otorgado por la COPIDIS en 2015. Propusimos
realizar un documental sobre la inclusión sociolaboral de las personas
con discapacidad psicosocial. Lo realizamos en ocasión de un cambio
institucional; algunos talleres que realizaban actividades laborales se
reformularon e incorporaron a lo que dio en llamarse Programa de
Inclusión Laboral4, con una modalidad diferente a los talleres expre-
sivos, lo cual implicaba un régimen más cercano a la esfera del trabajo.
3. Guía de tratamiento respetuoso de la discapacidad en los medios audiovisuales:
https://defensadelpublico.gob.ar/tratamiento-respetuoso-y-responsable-de-la
discapacidad-en-los-medios-audiovisuales/.
Manual de comunicación inclusiva, buenas prácticas para comunicadores y comuni-
cadoras: http://inadi.gob.ar/contenidos-digitales/wp- content/uploads/2019/01/
discapacidad.pdf..
4. Para conocer antecedentes y funcionamiento actual de este programa ver el Capí-
tulo “La inclusión laboral de personas con discapacidad psicosocial en la institu-
ción: experiencias y abordajes”.
210
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
Teniendo en cuenta la historia de abandono, rechazo, dificultad de
algunos concurrentes y la inexperiencia de otros en este ámbito, estos
cambios prometían un movimiento que quisimos problematizar en
forma de registro documental.
El objetivo consistió en que fueran los concurrentes quienes apor-
taran sus opiniones y experiencias para integrarse con voz propia en
el debate sobre la inclusión laboral de las personas con discapacidad.
Creíamos que, exceptuando las experiencias de algunos grupos acti-
vistas que han logrado espacios de participación, por ejemplo en el
tratamiento de la LNSM, existe una ausencia de representación de los
actores en el discurso sobre la inclusión. En general, existe un discurso
construido colaborativamente desde la psicología, la psiquiatría, las
ciencias sociales, las terapias ocupacionales, pero los principales actores
no siempre son consultados sobre su propia lectura de los disposi-
tivos para la inclusión. Queríamos saber cómo ellos comprendían el
problema y cómo se les ocurría plasmarlo en un relato documental.
El resultado es un mediometraje de 40 minutos integralmente reali-
zado por un grupo de concurrentes al Centro de Día que diseñaron
el guión, las entrevistas, realizaron el rodaje y editaron el corte final5.
En el material pueden verse, tanto las experiencias cotidianas de los
concurrentes en los talleres laborales y sus reflexiones acerca de ellas,
así como también el enorme esfuerzo realizado por construir el relato
documental.
Rescatamos esta experiencia porque, respecto a los productos audio-
visuales sobre la temática de la discapacidad psicosocial, generalmente
las personas con este tipo de discapacidad no dominan el sentido ni el
destino del material que se realiza sobre ellos. Periodistas o documen-
talistas circulan –muchas veces con las mejores intenciones, muchas
veces no– y toman imágenes que les sirven para ilustrar hipótesis
5. Puede verse en YouTube Con Experiencia Previa, 38 min.: https://www.youtube.
com/watch?v=5w13LDGoNNo&t=3s
211
Fotógrafos, realizadores y representaciones sociales...
previamente construidas. Las personas con discapacidad psicosocial
habitualmente ilustran el documental o la nota periodística de otro,
pero no dominan el resultado de la interacción, a veces ni siquiera
llegan a conocerlo, poniendo el cuerpo y la historia pero siendo
negados del dominio del sentido. Por eso proponemos problematizar
los valores con los que cargamos el material que realizamos sobre estas
personas y las actitudes que tomamos como profesionales durante el
proceso de realización6.
Durante estos años de trabajo hemos tenido experiencias con
artistas que se han presentado con proyectos inclusivos en las formas
pero totalmente reproductivos en la práctica. Trabajando sin una
adecuada presentación de las intenciones, reproduciendo una relación
de asimetría con los concurrentes, realizando grabaciones y tomas
inconsultas y concentrando la atención en las imágenes más impac-
tantes que reforzaban, una vez más, una mirada estereotipada sobre la
discapacidad. De estas experiencias comprendemos que, aún desde las
mejores intenciones, se puede favorecer la reproducción de imágenes
estigmatizantes.
Lo dicho está dirigido a reflexionar tanto sobre la necesidad de crear
espacios de comunicación que nos permitan acercarnos a las percep-
ciones e intenciones de las personas con discapacidad psicosocial,
especialmente en cuanto a aquellos dispositivos, temáticas y problemá-
ticas que los implican en su vida. Pero también está dirigido a quienes
realizamos imágenes (periodistas, realizadores, artistas visuales, docu-
mentalistas) sobre una necesaria problematización del aspecto ético, a
la hora de proponernos producir imágenes sobre otros que descono-
cemos. Se trata de un espacio de encuentro que requiere la formulación
6. Nichols utiliza un neologismo derivado de la axiología, al que denomina axio-
grafía, “una tentativa de explorar la implantación de valores en la configuración
del espacio, en la constitución de una mirada y en la relación entre observador y el
observado” (Nichols, 1988, p. 117).
212
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
de algunas preguntas sobre cuáles son los valores que están circulando
en el material que estamos produciendo, y qué efecto puede producir
en la vida de las personas que están colaborando con nosotros.
Referencias bibliográficas
Casetti, F. (1994): Teorías del Cine 1945-1990. Madrid: Cátedra, Signo e
Imagen.
Congreso de la Nación Argentina (2010). Ley 26.657. Ley Nacional de Salud
Mental. Senado y Cámara de Diputados de la Nación Argentina reunidos
en Congreso. Publicada en el Boletín Oficial el 03/12/2010.
Del Águila, L. M. (2013): Estereotipos y prejuicios que afectan a las personas
con discapacidad. Las consecuencias que esto genera para el desarrollo de
políticas públicas inclusivas en cualquier lugar del mundo. En: Luis Miguel
Del Águila et al., Discapacidad, justicia y Estado: discriminación, estereo-
tipos y toma de conciencia. Buenos Aires: Infojus. Disponible en: https://
www.agro.uba.ar/sites/default/files/discapacidad/revista_nro_2_discapa-
cidad_justicia_y_estado_estereotipos_discriminacion_pdf_final.pdf.
Fernández-Cid Enríquez, M. (2010): Medios de comunicación, conforma-
ción de imagen y construcción de sentido en relación a la discapacidad.
Política y Sociedad, Vol. 47, Núm. 1, p. 105-113.
Guía de Tratamiento Respetuoso de la Discapacidad en los Medios Audio-
visuales. Recuperado de: https://defensadelpublico.gob.ar/tratamiento-
respetuoso-y-responsable-de-la-discapacidad-en-los-medios-audiovi-
suales/.
Manual de Comunicación inclusiva, Buenas Prácticas para Comunicadores
y Comunicadoras. INADI. Recuperado de: http://inadi.gob.ar/conte-
nidos-digitales/wp-content/uploads/2019/01/discapacidad.pdf.
Nichols, B. (1988): La representación de la realidad. Cuestiones y conceptos
sobre el documental. Primera Parte, cap. 3: “Axiografía: el espacio ético del
documental”. Barcelona: Paidós
213
Fotógrafos, realizadores y representaciones sociales...
Organización de las Naciones Unidas, ONU (2006): Convención sobre
los Derechos de las Personas con Discapacidad y Protocolo Facultativo.
Recuperado de: http://www.un.org/disabilities/documents/convention/
convoptprot-s.pdf.
214
La experiencia creativa
como acto transformador
Gabriela Demichelis
El arte es el camino que sigue el individuo
para retornar a la colectividad.
Ernst Fischer, 1986, La necesidad del arte.
Los talleres artísticos y expresivos del Centro de Día tienen como
objetivo general que los concurrentes puedan acceder a cierto grado
de constitución subjetiva a partir de la resignificación de sucesos de
su historia personal. Además se intenta fortalecer lazos con lo social
promoviendo cambios que tiendan al desarrollo de la autonomía.
A partir de estas dos líneas generales de pensamiento, se pensó en
el año 2016 la creación de un Taller de Arte como espacio formativo
donde los concurrentes se comprometan con el hacer artístico. Al
pensar en una planificación, las dificultades que surgieron fueron:
• ¿Cómo legitimar las subjetividades de sujetos históricamente
negados?
• ¿Cómo alcanzar el reconocimiento de derechos de las
personas con discapacidad en la comunidad social?
• ¿Cómo generar cambios que promuevan el desarrollo de la
autonomía en el hacer?
215
La experiencia creativa como acto transformador
Taller de Arte
El contenido del taller se piensa entonces como un espacio asistido
para la formación y la producción de obras y proyectos a partir del
aprendizaje de diferentes técnicas plásticas como la pintura, el dibujo,
las experiencias gráficas, la construcción objetual, etc., comprendidas
como experiencias que manifiesten la voz propia del concurrente y
aporten su visión del mundo. En esta producción de sentido se intenta
generar la posibilidad de vivenciar el proceso creativo como acto trans-
formador donde las obras elaboradas a través de intereses personales y
grupales otorguen las herramientas para poder pensarse como hace-
dores dentro de un espacio que favorezca las oportunidades. Se busca
lograr una experiencia en la que se puedan unir la técnica, la experi-
mentación y la identidad de la persona en la realización de produc-
ciones de calidad, comprendiendo las limitaciones y contemplando la
perspectiva temporal en la consolidación de los conocimientos.
Este espacio empezó a funcionar a mitad del año 2016, contando
con una buena asistencia al mismo; hay concurrentes que asisten desde
los comienzos que traen intereses y conocimientos antes adquiridos, y
otros que asistieron al taller en ciertos periodos durante estos dos años.
Esto genera que algunos de ellos posean nociones teórico-prácticas de
diferentes técnicas plásticas, permitiendo la transmisión del conoci-
miento asimilado en el proceso creativo y de aprendizaje que propone
el taller. Se intenta principalmente que sea un espacio en función del
desarrollo autónomo sobre el hacer artístico, gestionando las motiva-
ciones personales desde el apoyo. Además se busca que el taller sea un
espacio desprejuiciado donde se propicie el despliegue de los propios
intereses, entendiendo el arte como hecho comunicacional y expresivo.
Entendemos que el proceso que lleva el desarrollo de una obra esti-
mula la confianza en las capacidades para ejercer en libertad el poten-
cial creativo. A través de la práctica experimental se implementaron
216
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
ejercicios tendientes a formar conocimientos y resaltar lo emergente
(las posibilidades de expansión de una determinada forma) en la inte-
racción de los participantes.
Se plantearon entonces los siguientes objetivos generales:
• Motivar la sensibilización ante el hecho creativo y artístico.
• Potenciar el desarrollo de la sensibilidad, la creatividad y la
expresividad.
• Lograr adquirir el aprendizaje del trabajo artístico.
• Orientar el uso de los conceptos hacia la proyección individual.
• Propiciar un lugar de despliegue de los propios intereses,
entendiendo el arte como hecho comunicacional y expresivo.
• Descubrir las potencialidades de los concurrentes a través de
la capacidad creadora.
• Generar un espacio de taller desprejuiciado que fomente el
desarrollo del estilo personal como noción estética.
• Facilitar herramientas técnico-prácticas para poder vincu-
larse por fuera del marco institucional.
• Impulsar el desarrollo de artistas con discapacidad.
• Generar lazos a partir de la gestión y circulación de las produc-
ciones en ámbitos sociales y culturales.
Además, que los concurrentes logren:
• Aplicar la expresión plástica como herramienta de manifesta-
ción personal.
• Experimentar los procesos de un proyecto artístico.
• Reconocer intereses propios en cuanto al abordaje de la
imagen.
217
La experiencia creativa como acto transformador
• Adquirir habilidades del pensamiento reflexivo así como
habilidades propias de lo visual y plástico.
• Desarrollar experiencias estéticas.
• Vincularse entre los participantes a través de la reflexión
conjunta.
• Afianzar el proceso de aprendizaje a través de los diferentes
recursos propuestos por el taller.
• Identificar los diferentes elementos necesarios para la aplica-
ción de la técnica.
• Alcanzar la autonomía en la ejecución de sus producciones.
• Reflexionar sobre los circuitos de difusión cultural: circula-
ción de las obras de arte y los espacios de exposición.
A modo de desarrollo, se van a tomar algunos puntos centrales de lo
que fueron las líneas de trabajo en estos años de pensar un espacio que
favorezca las oportunidades: derecho a la formación plena, legitimar las
subjetividades, sujetos no negados, el acto transformador.
Derecho a la formación plena
Creemos que el arte, como fenómeno comunicacional y simbólico,
por ende significativo, es una herramienta para el desarrollo social y
que el derecho a la cultura es fundamentalmente político.
Los modos de intervención de la Fundación adhieren a los funda-
mentos de La Convención sobre los Derechos de las Personas con
Discapacidad, entendida como un instrumento de Derechos Humanos
para el desarrollo social. En dicha Convención se reconoce también el
Derecho a la Educación para el desarrollo del potencial humano, la
personalidad, los talentos y la creatividad; se propone que se preste el
218
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
apoyo necesario para facilitar la formación efectiva para aprender habi-
lidades para la vida y el desarrollo social, fomentando la plena inclu-
sión. También se hace referencia al derecho a la participación plena
en la vida cultural de la sociedad, creyendo necesaria la adopción de
medidas que desarrollen el potencial artístico para el enriquecimiento
de la sociedad y la participación en la vida cultural.
Los concurrentes de la Fundación Centro de Psicoterapias Inte-
gradas encuentran limitaciones en la inclusión en ámbitos de la comu-
nidad vinculados con áreas educativas y formativas, requiriendo deter-
minados apoyos para lograr el acceso a las mismas. La adaptación,
asimilación a dinámicas y códigos instituyentes y establecidos de esos
entornos, muchas veces no son posibles. Por eso son necesarias las
propuestas de acciones alternativas a los modos normativos de acceso
al conocimiento, donde el Centro de Día funcione como un espacio
facilitador para el desarrollo de habilidades y competencias necesarias
para el desenvolvimiento social en la comunidad.
Cuando comenzó el taller muchos de los conocimientos que
funcionan como base de una educación en arte general, estaban negadas
para ellos. A partir de estas realidades se entienden las dificultades que se
presentan para la construcción de un entorno social inclusivo.
Dentro del aprendizaje artístico se destacan los elementos del
lenguaje visual como necesarios para el reconocimiento del hecho
comunicacional, al brindar posibilidades para el desarrollo humano
a través de la expresión. Este desarrollo puede lograrse si además se
orienta hacia una mejor comprensión de la realidad, ya que este tipo
de conocimiento no debe pensarse fragmentado, sino que se busca que
forme parte de un modo de operar en donde se vinculen diferentes
relaciones de contexto en un conjunto, en un todo.
Cuando se trabaja con personas con discapacidad psicosocial es
necesario fomentar los modos de expresión y el desarrollo de la vida
sensible, porque se aplica la expresión plástica como herramienta
219
La experiencia creativa como acto transformador
de manifestación y construcción personal. Al comprender que las
imágenes son portadoras de contenidos, el trabajo del apoyo es el de
orientar el uso de los conceptos hacia la proyección individual dentro
de la sociedad y como un modo de activar la sensibilidad. Al propor-
cionar un conocimiento del mundo, la función del arte en la vida de las
personas y en el proceso educativo se convierte en un aporte único para
la experiencia individual.
Legitimar las subjetividades
Las problemáticas que se encuentran para poder trabajar respecto
a la plena inclusión se configuran también en las políticas de Estado.
Cuando el mismo selecciona, proporciona, homogeneiza y naturaliza
unos rasgos culturales para configurar y establecer determinadas iden-
tidades nacionales y culturales, toma posición sobre el lugar que ocupa
la discapacidad y su participación social en los asuntos culturales.
Considerando a la subjetividad como un aspecto importante de
cualquier fenómeno social, las estructuras vinculares como acciones
empáticas se hacen posibles por la presencia del otro. Y el otro, cuando
hablamos de inclusión, es entendido como el cuerpo social culturizado.
Se buscan instancias en donde legitimar las potencialidades creadoras
de los concurrentes, dar a conocer su visión sobre el mundo.
Tanto la apreciación como la creación del arte están atravesadas por
todos los aspectos de la personalidad humana. Estas experiencias rela-
cionadas con los procesos sensibles son las que legitiman las manifesta-
ciones diversas del impulso creador humano.
El objetivo de trabajar y formar desde el arte intenta contribuir con
la inclusión desde la igualdad de oportunidades. Recuperando el valor
de la subjetividad de las personas con discapacidad se trata de hacer
posible la adaptación activa a la realidad que “se construye a través
220
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
de los vínculos humanos y logra a su vez que nos constituyamos en
subjetividades que producimos y reproducimos a la sociedad en que
vivimos” (Pichon-Rivière, 2008).
El arte entonces establece proyecciones de la vida sensible y estos
modos de producción de sentido expresan desde lo humano lo que
cada uno tiene de individual.
Sujetos no negados
Al tener como objetivo promover la toma de conciencia respecto
de las capacidades y aportes del individuo al cuerpo social se intenta
deconstruir el término histórico-social de discapacidad: se intenta
situarlos como verdaderos sujetos de derecho. La posición de discapa-
cidad se erige cada vez que se niega el reconocimiento de la condición
de ser persona, de tomar decisiones, de participar en comunidad ya que
la singularidad carece de valor en el aislamiento. Es necesario fomentar
el fortalecimiento del capital social de la discapacidad, comprendiendo
que las interrelaciones sociales adquieren valor dentro de la comunidad
por su base afectiva, emotiva y cultural.
La capacitación en arte contribuye con el desenvolvimiento indi-
vidual dentro de la formación humana y desempeña un lugar impor-
tante en todas sus manifestaciones. Este desarrollo tiene que darse en
una persona no negada, sino integrada y valorada; la educación debe
contribuir en este proceso de reconciliación de la singularidad indi-
vidual con la sociedad. La persona produce en la obra “su experiencia
concreta, su vida interior, su espiritualidad inimitable, sus reacciones
personales en el ambiente histórico en el que vive, sus pensamientos,
sus costumbres, conocimientos, ideales, creencias, aspiraciones” (Eco,
1990). Dicha obra logra ser comprendida si se la entiende como un
acto de comunicación.
221
La experiencia creativa como acto transformador
La finalidad, cuando se habla de igualdad de oportunidades, es el
reconocimiento de la singularidad social del individuo. Concibiendo a
la comunidad como un universo cultural de individuos que se integran
por la comunicación, son necesarias acciones de participación social
de las personas con discapacidad en los asuntos y programas culturales,
ya que lo cultural nos conduce a lo social. De este modo se acerca la
experiencia del arte como hecho comunicacional y logra ser concebido
como expresión de un fin social.
El acto transformador
Dentro de las propuestas alternativas de participación el Taller de
Arte es pensado como un espacio para la producción de obra personal
que busca principalmente el desarrollo autónomo sobre el hacer
artístico gestionando las motivaciones personales. Además se intenta
que las obras puedan circular en espacios de inclusión sociocultural.
Se pretende así generar una participación en todo lo que implica el
proceso artístico y la circulación de obra en espacios culturales enten-
dida como una oportunidad para la inclusión en otros espacios de la
sociedad.
En el hacer artístico, la materia (medios expresivos, técnicas,
lenguaje visual, herramientas para la producción) se presenta
como resistencia ya que es necesario un diálogo con la misma para
avanzar. A través de una acción formativa que estimule la experi-
mentación se pueden superar estos impedimentos; la actividad de
experimentar con la materia se convierte en un acto de auténtica
libertad manifestando habilidades y capacidades. Esta resistencia
de la materia frente al hacer también es la que se presenta frente al
cuerpo social: cuando las formas sociales-políticas-culturales son
222
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
establecidas, el contenido de lo que se expresa y comunica es lo que
tiende a ser transformador.
La participación en todo lo que implica este proceso creativo se
convierte en un hecho transformador al desarrollar cambios que
mejoran la calidad de vida de los participantes, ya que promueve la
autoestima y la autonomía a través de la proyección de la realidad
futura y el poder productivo del ser humano. Se busca enfocar el conte-
nido del trabajo en el arte como integración de la realidad dentro del
elemento social.
El potencial humano de transformación es la capacidad creativa que
permite al individuo modificar su forma de comunicarse, otorgándole
nuevas maneras para conceptualizar las ideas que se tengan del mundo.
Al otorgar herramientas para transformar los modos de comunicar, se
trabaja sobre el vínculo de la persona con discapacidad con el entorno
social porque apoya el autoconocimiento y el reconocimiento del
entorno.
La cultura tiene el poder de contribuir a la transformación social y
poder cumplir con el derecho de este colectivo para la construcción
de mayor ciudadanía. Lo logra apuntando a la participación y la inclu-
sión porque los procesos de reflexión y reconocimiento son los que
permiten comprender lo que necesitamos modificar.
La cultura debe ser un recurso de cambio social y el Centro de Día
como agente de cultura es el medio que tiene el colectivo de personas
con discapacidad psicosocial para articular y vincularse, al brindar
posibilidades significativas de construcción simbólica del mundo
social.
Entender el hacer artístico como una forma particular de pensa-
miento materializado nos permite comprender que es posible trans-
formar las condiciones materiales del mundo.
223
La experiencia creativa como acto transformador
Referencias bibliográfícas
Eco, U. (1990). La definición del arte. Barcelona: Martínez Roca.
Fischer, E. (1986). La necesidad del arte. Barcelona: Planeta-Agostini.
Pichon-Rivière, E. (2008). El Proceso Grupal. Buenos Aires: Nueva Visión.
224
Taller de Derechos
Aníbal Sotelo y otros*
El Taller de Derechos es una de las diversas propuestas de activi-
dades del Centro de Día de la Fundación CPI. Actualmente funcionan
tres grupos en diferentes días y horarios. Son alrededor de 30, en total,
los concurrentes que participan de estos espacios semanalmente. La
propuesta del Taller de Derechos existe en la institución desde el año
2011. El actual coordinador desarrolla esta actividad desde hace cinco
años, lo cual permite registrar una adquisición paulatina de herra-
mientas de trabajo que diversifican, amplían y potencian la modalidad
de trabajo dentro del taller.
El espacio del Taller de Derechos es pensado en función de la nece-
sidad de los concurrentes que asisten al Centro de Día de conocer
aspectos legales respecto a sus derechos, en primer lugar como ciuda-
danos, y luego como personas con discapacidad, teniendo en cuenta la
importancia de la adquisición e internalización de derechos básicos,
relacionándolos con temas de actualidad y con situaciones cotidianas
que atraviesan los concurrentes día a día.
En el transcurso de los cinco años de desarrollo del taller bajo la coor-
dinación actual, teniendo en cuenta los objetivos principales (interna-
lización, apropiación, elaboración de pensamiento crítico), pudieron
apreciarse procesos de evolución tanto grupal como de cada uno de
los integrantes que han pasado por el taller. Adquirieron entre otras
225
Taller de Derechos
cosas nuevas modalidades de comunicación: tolerancia a los tiempos
de espera para hablar y escuchar, aceptación de las diferencias, posi-
bilidad de implicarse subjetivamente en los temas abordados, capa-
cidad para reafirmar o reformular criterios propios ante determinadas
temáticas. En simultáneo a estos cambios el coordinador también fue
adquiriendo experiencia y nuevos conocimientos que reorientaron sus
intervenciones en función de dicha evolución grupal.
Una de las características principales de la modalidad de trabajo de
este taller, es que se trabaja en ronda, con el propósito de que todos los
miembros del grupo puedan verse, facilitando así la comunicación no
solo verbal sino también gestual. La ronda predispone la circulación
horizontal de la palabra, iguala la distribución espacial anulando las
jerarquías e invita a los participantes a tomar la palabra, escucharse,
responderse, debatir, registrar las expresiones no verbales durante el
abordaje de la temática que se esté trabajando en ese momento.
La planificación de trabajo se ha ido modificando con una perio-
dicidad anual y en función de las características interpersonales de
la conformación de cada grupo. En el presente artículo nos enfoca-
remos en dos desarrollos: el trabajo de uno de los grupos conformados
durante el año 2017, y el proceso realizado a lo largo de los últimos
cinco años por el actual coordinador.
En este grupo se han tomado como objetivos principales el conoci-
miento y la internalización de los derechos de las personas con discapa-
cidad, que se amplía en los conocimientos de los Derechos Humanos
en general. En este marco se utilizan como materiales principales
diferentes elementos legales: la Convención Internacional sobre los
Derechos de las Personas con Discapacidad, la Ley Nacional de Salud
Mental Nº 26.657, la Constitución Nacional Argentina, el Código
Civil, el Código Penal, la Ley de Contrato de Trabajo, etc.
Respecto a la Convención sobre los Derechos de las Personas
con Discapacidad (en adelante CDPD) se han abordado de manera
226
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
más amplia los siguientes artículos: Artículo 3, Principios gene-
rales; Artículo 5, Igualdad y no discriminación; Artículo 8, Toma
de conciencia; Artículo 9, Accesibilidad, Artículo 13, Acceso a la
Justicia, entre otros.
Conforme a esto y teniendo en cuenta los procesos de “internaliza-
ción”, se apuesta a que el grupo no solo conozca cuáles son sus dere-
chos sino también sus obligaciones, apropiándose de ellos y logrando
hacer uso efectivo de los mismos. Luego de largos debates acerca del
carácter de dicho término, el grupo ha observado que es posible hacer
uso de los derechos a través de cuestionar las situaciones en las que los
mismos son vulnerados. En ese contexto el Taller de Derechos posibi-
lita un espacio de construcción de pensamiento crítico. Entendemos
por “pensamiento crítico” a un proceso cognitivo de carácter racional
orientado al registro, análisis y cuestionamiento de la construcción
subjetiva de la realidad, observando enunciados y discursos que se nos
presentan como verdades absolutas a través de la interacción social, en
los medios de comunicación y a través de las instituciones del Estado.
En el desarrollo de debates grupales, los miembros del grupo han
logrado polemizar acerca de los instrumentos legales y de los temas de
actualidad que se abordan en el espacio, como ser derechos humanos,
diversidad, economía, política y sociedad, entre otros.
Durante el transcurso de los cinco años de trayecto de este taller se
trabajó acerca de la importancia de la palabra, el valor semántico de la
selección léxica y las connotaciones culturales y sociales que devienen
del uso de determinadas terminologías.
A partir de esto el coordinador propone, como inicio de la actividad
anual, una reflexión grupal acerca de la naturalización de la palabra
“discapacitado”1 y los sentidos devenidos de su uso que generan la estig-
matización de las personas con discapacidad. La idea de estas reflexiones
1. Alude a que, aún en la actualidad, se utiliza este término para referirse a las personas
con discapacidad.
227
Taller de Derechos
es propiciar debates acerca de la presentación de la discapacidad antes
que de la persona y las dificultades que cada uno consigue expresar para
asumirse como “persona con discapacidad” y no como “discapacitado”.
“Nada sobre nosotros sin nosotros”2
A partir del inicio del taller, a principios del año 2017, se transmitió
al grupo los objetivos del mismo, la metodología de trabajo y el mate-
rial que se utilizará. Se proponen como objetivos:
• Elaborar conceptos centrales de la noción del Derecho así
como las diferentes instrumentaciones en esta y en otras
culturas. Abordaje de las nociones de justicia, inclusión,
diversidad, discriminación, accesibilidad, discapacidad y
otros temas emergentes de los documentos trabajados.
• Propiciar un espacio de debate, de expresión y de comunica-
ción entre los participantes.
• Lograr que el acceso a las temáticas desplegadas encuentre
alguna instrumentación en los espacios extrainstitucionales y
que lo elaborado oficie de herramienta para un mejor desen-
volvimiento en la cotidianeidad de cada concurrente.
2. “Nada sobre nosotros sin nosotros”. Esta frase comienza a utilizarse en la década
del 90 por el activista James Charlton, quien relata haber escuchado la frase por
parte de activistas sudafricanos por los derechos de las personas con discapacidad.
Desde entonces es el lema acuñado como bandera por el movimiento a favor de los
derechos de las personas con discapacidad, el cual impulsó con sus aportes la redac-
ción de la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Disca-
pacidad. Expresa la idea de que ninguna decisión que influya sobre las personas con
discapacidad puede tomarse sin su participación plena, posicionando a las mismas
como sujetos de derecho.
228
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
Al consultar acerca de los intereses individuales y grupales, el grupo
respondió favorablemente mostrando sumo interés. Durante los
primeros meses, se abordaron temáticas vinculadas a los derechos y
obligaciones de las personas, desentramando y analizando grupalmente
los aspectos y artículos más relevantes de la Constitución Nacional
Argentina, como ser el Preámbulo de la misma, los Artículos 14 y 14
bis, entre otros. Luego se trabajó con la CDPD, reflexionando indivi-
dual y grupalmente casi todos sus artículos, cuestionando cuán posi-
bles son de ser efectivos y por qué y cuáles de ellos son vulnerados o no
reconocidos.
Se observa en las personas con discapacidad psicosocial una notable
dificultad para reconocerse como parte de ese colectivo. Esto daba
como consecuencia que el grupo trabajaba de manera positiva pero sin
lograr implicarse subjetivamente.
Este proceso anual de trabajo ha ido atravesando una serie de
cambios. Se han abordado temas complejos tales como diversidad
cultural, justicia, actualidad política, diversidad de género, inclusión,
entre otros. Asimismo se han vinculado con los instrumentos legales
existentes, a través de una serie de debates que en muchas ocasiones se
han tornado conflictivos, dado que el grupo no lograba reflexionar ni
respetar las diversas opiniones y concepciones individuales.
Así mismo se han observado una serie de etapas por las que ha ido
atravesando el grupo. Una primera etapa de formación de grupo en
la que los miembros se han ido conociendo, cada uno con sus carac-
terísticas, intereses y motivaciones para el desarrollo de la actividad.
Y una siguiente etapa de trabajo que implica una actividad en la que
prima el intercambio de opiniones en torno a temáticas específicas,
se articula con que el grupo presentaba dificultades para escucharse
entre sí, hablándose por encima, en ocasiones mostrando molestia por
la opinión de los otros y hasta han llegado a levantar el tono de voz,
manifestando la no aceptación de la posición del compañero.
229
Taller de Derechos
Es así como se observa en una tercera etapa una identificación de
roles, en donde surge el liderazgo (miembro que busca aliarse al coordi-
nador), el rol boicoteador (miembro que irrumpe y descalifica perma-
nentemente no solo los temas abordados sino también las opiniones de
los compañeros), el rol del miembro pasivo (miembro del grupo que
permanece ajeno a la actividad pero presente en todo momento, en
absoluto silencio), entre otros.
Se han abordado temas que resultan complejos y difíciles de trabajar
no solo para la población que concurre al Centro de Día sino también
para la sociedad en general. Estos temas son: Ley de identidad de
género; Ley de matrimonio igualitario; Proyecto de Ley de muerte
digna; Proyecto de Ley por el aborto legal, seguro y gratuito; Prosti-
tución; Proyecto de ley por la despenalización del consumo de mari-
huana, entre otros. Es así como comienzan a desarrollarse una serie
de debates en donde los roles antes mencionados fueron asumiendo
cada vez más peso, dificultando el desarrollo de la actividad grupal,
con miembros que utilizan vocablos inadecuados, otros que monopo-
lizaban el discurso sin permitir la participación del resto del grupo y
miembros que mostraban un desinterés absoluto.
A través de varios encuentros estas situaciones se han ido modifi-
cando positivamente, adoptando el grupo una postura más reflexiva,
que favoreció la metodología de trabajo. En algunos casos los partici-
pantes pidieron retomar temas abordados con anterioridad llevando al
espacio reflexiones personales, realizando puestas en común y logrando
aceptar las diferencias en un marco de respeto.
Al inicio de la escritura de este artículo, las primeras preguntas que
surgieron fueron: ¿cómo pensar desde este espacio la inclusión?, ¿cómo
plasmarlo desde el desarrollo del taller? Los interrogantes surgen en
relación a las dificultades que suelen observarse tanto por las carac-
terísticas de este colectivo (falta de conciencia de sus limitaciones,
230
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
apatía, desinterés, etc.) como por las barreras que encuentran en los
contextos en los que circulan cotidianamente, como por ejemplo la
descalificación a la que se encuentran expuestos en diferentes ámbitos
tales como el familiar y el comunitario. A partir de lo mencionado, se
resuelve poner en conocimiento al grupo acerca del proyecto de escri-
tura del libro e invitarlos a proponer modos posibles de participación.
Es así que surge la idea de desarrollar una producción grupal en la que
cada uno aportaría experiencias propias o de otros, vinculadas a las
dificultades que atraviesan las personas con discapacidad psicosocial
para hacer valer sus derechos como personas.
Algunos integrantes del grupo plantearon la idea de dividir la
producción en tres segmentos: en el primero se hablaría acerca del taller
propiamente dicho, en el segundo de la propuesta de la Fundación y el
impacto que la misma genera en el concurrente y en el tercero las difi-
cultades que se les presentan para ser incluidos en la sociedad a partir
de situaciones que atraviesan en su cotidianeidad. Esta propuesta fue
consensuada por todos los participantes del grupo y el coordinador.
A continuación, se citarán brevemente algunas producciones de
los concurrentes de este grupo, respetando el orden de segmentos que
ellos han propuesto.
1) Taller de Derechos
• “Nos manifestamos política, social y culturalmente.”
• “El taller nos permite y nos estimula a conocer nuestros dere-
chos y la capacidad que tenemos para manifestarnos.”
• “Nos ayuda a abrir la cabeza, a realizar intercambios sociales
y culturales.”
• “Aprendemos a tener nuestra propia ideología política.”
231
Taller de Derechos
• “Nos despeja la mente de los problemas que tenemos en nues-
tras casas, y compartir y debatir nos ayuda a sacarnos los
miedos y las vergüenzas.”
• “Nos estimulan a asumirnos como personas y no como
discapacitados.”
2) Fundación CPI
• “En este lugar nos sentimos más protegidos que en nuestros
hogares, nos asesoran y orientan mejor que en nuestras casas
o familias.”
• “Nos promueven a hacer uso de nuestros derechos y obliga-
ciones, por ejemplo, como somos cada uno y el derecho que
tenemos a pensar diferente que el otro.”
• “Aprendí a superarme y a convivir con el problema, sin ser una
carga para mi familia.”
3) Sociedad/Comunidad
• “Nos sentimos discriminados cuando nos miran constante-
mente como si no fuésemos personas.”
• “Cuando subimos al colectivo, mostramos el pase y automáti-
camente nos dan el asiento, aunque no lo necesitemos.”
• “En las reuniones familiares nos cuesta mucho incluirnos ya
que no tenemos de qué hablar, todos hablan de la facultad,
del trabajo.”
• “Nos sentimos mal cuando el transportista nos pregunta
adónde vamos, terminamos mintiendo y diciendo que vamos
a trabajar.”
Además, expresaron textualmente y en términos generales:
232
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
• “No todas las personas con discapacidad necesitamos lo
mismo, nos molesta mucho que nos hagan chistes y que nos
digan locos.”
• “En el taller se formó un grupo crítico, podemos explayarnos
sin ser cuestionados y los temas abordados fueron muy inte-
resantes, las críticas fueron constructivas y siempre en un
marco de respeto más allá de estar de acuerdo o no, creo que
siempre hubo empatía (sic) con el otro al hablar de un tema
ya que también nos tocaba a cada uno en algún punto.”
• “Nos gustaría poder hablar de temas de actualidad, de polí-
tica, en otros lugares además del taller, sentimos que no nos
escuchan cuando intentamos hacerlo.”
• “La gente no sabe lo que es un Centro de Día y qué hacemos
acá, piensan que vamos a un centro de recuperación de adic-
ciones o a un lugar donde hay gente internada.”
El valor de la experiencia
La experiencia de trabajo del grupo del año 2017 fue sumamente
enriquecedora tanto para los miembros del taller como para el coordi-
nador, dado que se ha observado el posicionamiento que han adoptado
en otros contextos institucionales así como en contextos familiares y
sociales. Han logrado de manera espontánea realizar planteos en las
Asambleas de Convivencia de la institución, han debatido también los
temas abordados en pequeños grupos por fuera del espacio del taller
y hasta se han reunido algunos concurrentes los fines de semana para
escribir para este artículo, favoreciendo la interacción social por fuera
del ámbito institucional.
En cuanto a las estrategias utilizadas por el coordinador para
promover lo antes mencionado, una vez conformado el grupo y
233
Taller de Derechos
habiendo asumido un objetivo en común, fue la de retirarse momentá-
neamente del espacio del taller, proponiendo al grupo que siga traba-
jando y escribiendo grupalmente. En un principio fue durante unos
breves minutos, prolongando el tiempo con el correr de los encuen-
tros, observándose en una primera instancia una total desorganización
de la actividad grupal que fue modificándose favorablemente en los
siguientes encuentros a mediados del segundo semestre.
A fines del segundo semestre, tuvo lugar la siguiente situación: en
el despliegue de la estrategia mencionada, al reingresar el coordinador
a la sala, los concurrentes del taller le piden que se retire ya que se
encontraban trabajando en el objetivo grupal, anunciándole que ellos
mismos lo iban a convocar cuando se terminase la producción.
De este modo y en función de la experiencia, se puede decir que
se ha logrado el objetivo del trabajo grupal, que es que el grupo logre
trabajar sin la presencia e intervención del coordinador. Considerando
las características de la población que concurre a la Institución, es de
destacar cómo el grupo ha logrado apropiarse no solo de una tarea sino
también de un espacio y de un posicionamiento personal, reafirmando
de este modo su identidad como personas.
* Participaron en la escritura de este texto los siguientes concurrentes,
participantes del Taller de Derechos:
Cescón, Javier Fernández, Pablo
Franco, Eduardo Fragozo, Fernanda
García, Viviana Gorriarán, Valeria
Guzmán, Sebastián Moldovan, Pablo
Zotta, Mariana
234
Experiencias de inclusión social:
Peña “El Reviro”
Luciana Belén Marasco
Aníbal Pablo Sotelo
Introducción
En este artículo nos referiremos al evento Peña “El Reviro”, como
una experiencia de inclusión social en la comunidad. La Peña “El
Reviro” es un evento social, cultural y recreativo abierto a la comu-
nidad, organizado por personas con discapacidad psicosocial con el
apoyo de profesionales del equipo, dentro del marco del Taller de Acti-
vidades Socioculturales, llevado a cabo en el Centro de Día.
Taller de Actividades Socioculturales
El taller se lleva a cabo con una frecuencia semanal, coordinado por
una licenciada en Terapia Ocupacional y un estudiante avanzado de la
licenciatura en Trabajo Social. Participan del taller diez concurrentes,
aproximadamente.
El espacio se crea a partir de pensar nuestro accionar, guiados por
la Ley 26.378, que aprueba la Convención sobre los Derechos de la
Personas con Discapacidad. La misma, en el Artículo 30, refiere al
derecho de las personas con discapacidad a participar en la vida cultural,
las actividades recreativas, el esparcimiento y el deporte. En nuestro
235
Experiencias de inclusión social: Peña “El Reviro”
trabajo con las personas con discapacidad psicosocial que asisten a
la institución se observa como una de las problemáticas frecuentes la
ocupación de su tiempo libre. Es por eso que el taller se propone como
un espacio que, en un primer momento, promueve la exploración e
identificación de intereses socioculturales de los participantes.
Luego se lleva a cabo la búsqueda de recursos o servicios sociales,
culturales y recreativos presentes en la comunidad, con posibilidad de
participar de ellos (por ejemplo teatros, museos, cines, espacios verdes
o servicios turísticos), con el propósito de generar redes. Entendemos
a las mismas como las relaciones que se establecen entre un conjunto
de actores sociales, no solo con otras instituciones del ámbito de la
discapacidad sino también con diversos espacios y miembros de la
comunidad, como por ejemplo centros culturales, fundaciones, espa-
cios recreativos, entre otros.
La modalidad grupal facilita la circulación de la información con la
que cada uno llega al taller, así como también aquella que se obtiene
durante su participación en el mismo. Una vez realizado este proceso,
se comparte la información obtenida con los demás concurrentes del
Centro de Día, a través de la Cartelera de Recursos Socioculturales,
actualizada semanalmente, disponible en un espacio accesible a todos.
Además de lo mencionado con anterioridad, en el Taller de Acti-
vidades Socioculturales se lleva a cabo la organización de la Peña “El
Reviro”, que se describe a continuación.
Peña “El Reviro”
El proyecto tiene como objetivo promover la participación social y
cultural, a partir de la organización, difusión y realización de una peña.
Se convoca a participar a artistas de diversas ramas vinculadas a la
cultura, como ser música, danza, teatro y artes visuales. De tal modo, se
236
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
propicia un espacio de disfrute y encuentro con otros, ya sean compa-
ñeros del Centro, integrantes del equipo, familiares, amigos, vecinos,
conocidos, otras instituciones o cualquier miembro de la comunidad
en general.
Dicho evento se comenzó a llevar a cabo en el año 2013, a partir de
la aprobación de un proyecto y posterior otorgamiento de un subsidio
por parte de la COPIDIS (Comisión para la Plena Participación e
Inclusión de las Personas con Discapacidad). Dicho subsidio permitió
realizar la compra de insumos básicos, materiales y equipamiento para
su realización inicial. Esto permitió generar un impulso para poder
sostener su continuidad en el tiempo.
A lo largo de los años, la Peña ha sido coordinada por grupos de
concurrentes y diferentes miembros del equipo de la Fundación, se ha
trabajado en la realización y práctica de las diversas etapas que implican
la planificación, organización y participación durante el desarrollo del
evento, promoviendo la asunción de un rol activo por parte de los
concurrentes en cada una de ellas. Durante el proceso se interviene,
además, sobre aspectos inherentes al despliegue y fortalecimiento de
habilidades sociales.
Actualmente se realiza con una frecuencia aproximada de dos veces
al año. Se lleva a cabo en el Polideportivo Colegiales, dependiente del
Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, siendo una locación pertene-
ciente a un ámbito social, deportivo y recreativo, resultando accesible
a la comunidad en general. Se considera sumamente importante que
el evento se realice en un espacio físico por fuera del ámbito institu-
cional, dado que promueve la circulación social, la inclusión y partici-
pación en y de la comunidad.
Al inicio del proyecto surge la necesidad de asignarle un nombre que
la represente. Se elige entonces entre los concurrentes, en el contexto
de la Asamblea de Convivencia, y luego de largos debates, el nombre
votado por mayoría es “El Reviro”.
237
Experiencias de inclusión social: Peña “El Reviro”
Planificación de evento
La planificación y organización del evento se lleva a cabo en el Taller
de Actividades Socioculturales, el cual forma parte del Programa
General de Talleres.
La organización consta de diversas etapas en las que se promueve el
trabajo grupal, fortaleciendo el vínculo entre pares y promoviendo el
despliegue de habilidades interpersonales, como por ejemplo la comu-
nicación, la gestión y desempeño en diversas tareas, etc.
En un primer momento es fundamental la identificación y divi-
sión de las actividades, fomentando la asunción y fortalecimiento de
roles. Se ha evidenciado que, a lo largo de los años en que se realiza este
evento, los concurrentes han podido ir apropiándose cada vez más no
solo de dicho proceso, sino también del evento como espacio y acti-
vidad de recreación.
Dentro de las tareas a realizar se encuentra la confección de un
inventario que servirá como guía para la preparación de todos los
elementos, equipamientos y materiales necesarios. Se organiza,
entonces, la compra grupal de los insumos requeridos. Durante la
ejecución de las mismas, se favorecen y fortalecen habilidades para la
circulación en la comunidad como reconocimiento y orientación en el
barrio, identificación de recursos, realización de compras y manejo del
dinero, poniéndolas en práctica, además, para la vida cotidiana.
A lo largo de los años, se evidencia en los concurrentes un mayor
registro de los recursos barriales, logrando incrementar su autonomía
en dicha tarea. Así mismo, se observa un trato ameno por parte de los
comerciantes, quienes nos reconocen como clientes frecuentes, reci-
biendo un trato igualitario a los demás vecinos.
En esta etapa, se realiza la organización de los puestos y tareas a
cubrir el día del evento. En la etapa inicial del proyecto, se ha llevado
a cabo la capacitación en distintas funciones a fin de promover la
238
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
incorporación de habilidades y destrezas. Es así cómo se desarrolló un
curso sobre la utilización del equipamiento de sonido; manipulación
de alimentos y de prevención en el manejo de artefactos del buffet, a
cargo de personal idóneo en cada área.
Actualmente, si bien se observa en los concurrentes un alto grado de
apropiación y autonomía en la ejecución de las tareas mencionadas, es
necesarios continuar en el entrenamiento a fin de fortalecer las habi-
lidades adquiridas. Además se procura la incorporación de nuevos
participantes, con el objetivo de ampliar y renovar el grupo de trabajo.
Se propone, entonces, un espacio de práctica y role playing1 durante
la organización previa, que consiste en el entrenamiento y fortaleci-
miento de destrezas para la atención de la caja y manejo del dinero,
atención del buffet y manipulación de los alimentos, recepción de invi-
tados y ubicación en el espacio, así como también en la presentación
de artistas.
Difusión del evento
Un momento fundamental es la convocatoria y difusión del evento.
Surge entonces la pregunta: ¿por dónde empezamos? Construimos
así, con el grupo, un listado de lugares en donde realizar la difusión.
En el mismo figuran aquellas instituciones con las que hemos logrado
entablar redes, encontrándonos por ejemplo, con instituciones relacio-
nadas con el ámbito de la discapacidad o recursos barriales por los que
1. Técnica de dinámica de grupos utilizada frecuentemente como herramienta para
el aprendizaje. Del inglés “role-playing”: juego de roles. Consiste en que dos o más
personas representen una situación o caso concreto de la vida real; cada partici-
pante interpreta un papel que se le ha asignado. En nuestro caso se utiliza como un
aprendizaje práctico que permite a los participantes del taller anticipar situaciones
que se le puedan presentar en las diferentes funciones que desempeñarán y ensayar
cómo resolverlas.
239
Experiencias de inclusión social: Peña “El Reviro”
hemos circulado durante el año. Es así como los concurrentes realizan
el recorrido por los diversos sitios e instituciones de la comunidad,
entregando una invitación formal y contando acerca de la propuesta.
También se trabaja sobre cómo difundir la información en las redes
sociales de Facebook y la página web institucional, y quién se encargará
de llevar el material al Taller de Difusión, organizando previamente
cómo se entregará dicho material informativo.
La convocatoria a familiares es un aspecto relevante a mencionar.
Diversas situaciones dan cuenta de la dificultad de contar con la
presencia del entorno social más próximo de los concurrentes en el
evento. En ocasiones, son los propios concurrentes quienes rechazan
rápidamente la posibilidad de dialogar con sus familiares, contarles
sobre el proyecto e invitarlos a participar. Por dificultades comuni-
cacionales o anticipando las respuestas negativas a las que están habi-
tuados, prefieren no intentarlo.
Por otro lado, pese a una convocatoria general que se realiza a los
familiares, para contar con su colaboración en algunas funciones
durante la realización de la peña, nos encontramos con que solo un
grupo de familiares son los que suelen frecuentar el evento, apoyando
y acompañando en algunas tareas. Si bien resulta dificultosa la incor-
poración de nuevas figuras, contar con el apoyo de familiares es suma-
mente positivo, valorizando el esfuerzo que cada concurrente realiza.
Ya sea a partir de colaborar con el área del buffet, acompañar con la
cobertura de un puesto o simplemente estar presente, se propicia el
encuentro del concurrente con su familia, a partir del disfrute de una
actividad compartida. Es por ello que creemos necesario continuar
interviniendo desde el Taller de Actividades Socioculturales, junto con
los Referentes Institucionales, a fin de reforzar los vínculos familiares.
240
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
Construcción grupal
Si bien las tareas mencionadas se organizan desde el espacio del
Taller de Actividades Socioculturales, se convoca a todos los concu-
rrentes del Centro de Día a colaborar, desde los diferentes espacios en
los que participan, generando un proyecto en conjunto. Se ha obser-
vado que, cuanta mayor implicación tienen en la organización previa
del evento, mayor es la apropiación de dicho espacio, fortaleciendo el
compromiso y el interés por participar del mismo. Es así como, por
ejemplo, los integrantes del Taller de Cocina realizan aportes para el
buffet de la peña; desde el Taller de Computación se colabora con la
confección del flyer y volantes; los participantes del Taller de Medios
de Comunicación se encargan de la divulgación en las radios barriales,
así como el Taller de Difusión en las redes sociales; y desde el espacio
de Arte se colabora con la decoración del lugar. El día del evento la
circulación y exposición de producciones realizadas en talleres expre-
sivos y artísticos del Centro de Día, pertinentes a la Peña, permite enri-
quecer aún más el trabajo en equipo.2
Además de la colaboración y participación de los espacios antes
mencionados, se lleva a cabo la presentación y venta de los productos
elaborados artesanalmente por los talleres que forman parte del
Programa de Inclusión Laboral, favoreciendo su circulación social y
comercial. Actualmente se incluyen en el mismo los talleres de Dulces
y Conservas, Estampado y Costura y Cerámica.3
2. Ver el artículo “El Centro de Día de la Fundación CPI”.
3. Ver el artículo “La inclusión laboral de personas con discapacidad psicosocial en la
institución: Experiencias y abordajes”.
241
Experiencias de inclusión social: Peña “El Reviro”
Convocatoria de artistas
La convocatoria está a cargo de uno de miembros del Equipo Direc-
tivo de la institución, quien por su formación profesional está vincu-
lado al ámbito musical, gestionando los recursos artísticos, contactán-
dose con músicos, cantantes, bailarines. Resulta ser una tarea compleja
dado que hay que tener en cuenta horarios, duración de los números,
orden de los mismos y requerimientos de los artistas. Sin embargo,
durante las últimas peñas llevadas a cabo, se evidencia en los concu-
rrentes la posibilidad de asumir un rol más activo en la búsqueda de
propuestas artísticas, realizando los contactos iniciales para luego deri-
varlos a la persona que se encarga de la gestión y organización poste-
rior. Cabe destacar que algunos concurrentes, en la organización de las
últimas peñas, han contactado artistas de gran nivel profesional, no
solo derivando los contactos sino también ocupándose de contarles la
propuesta e invitarlos a participar del evento.
Respecto a los artistas, las disciplinas han ido variando a través del
tiempo: en los comienzos y conservando el espíritu de lo que es una
peña folklórica, se convocó a artistas del ámbito del folklore popular,
tanto músicos como bailarines. Sin embargo, durante las últimas
peñas realizadas, se pensó y se propuso la participación de artistas de
diversas disciplinas como por ejemplo, artistas teatrales o espectáculos
humorísticos. Así también, conjuntos y solistas de diversos géneros
musicales, como tango, rock, música latinoamericana, boleros y hasta
artistas plásticos en vivo. Es a partir de esta innovación que la peña
pasó a denominarse “Peña Varieté ‘El Reviro’”
242
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
El día del evento
El día del evento la organización implica una multiplicidad de
acciones. Entre las mismas se encuentra la gestión y realización del
traslado de materiales y equipamientos; acondicionamiento previo
al evento y con posterioridad al mismo el desarme del espacio; deco-
ración del salón; recepción de invitados y artistas; gestión del bono
contribución; administración del sector de buffet; presentación de
los números artísticos; organización de un sorteo y colaboración en el
sector del sonido.
Para ello previamente se trabaja en el taller sobre la cobertura de
cada puesto. A lo largo del tiempo observamos que la cobertura de
tales funciones se da de forma cada vez más autogestiva y espontánea.
Cada concurrente se postula para la función que quiere cubrir. Por lo
general, deciden ejercer aquella en la que ya tienen experiencia previa.
Es por lo mismo que, desde la coordinación, se tiende a promover que
se autoevalúen y se propongan para aquellas actividades en las cuales,
si bien no han participado con anterioridad, se animen a experimen-
tarlas. En dicho aspecto, se observa que, si bien algunos logran flexi-
bilizar su posición, otros en cambio presentan mayor dificultad para
reconocer sus propias habilidades y destrezas, teniendo que intervenir
en ello desde la coordinación continuamente.
Durante el evento el rol de los coordinadores consiste en brindar los
apoyos necesarios, promoviendo y fortaleciendo el desempeño autó-
nomo de los concurrentes. Dichos apoyos se manifiestan como inter-
venciones verbales, orientación cuando se evidencia alguna dificultad
puntual o brindar respuestas frente a las inquietudes de los partici-
pantes durante su desempeño. El hecho de estar cerca, estar disponi-
bles, la simple presencia ya resulta ser un gran apoyo.
243
Experiencias de inclusión social: Peña “El Reviro”
Funciones de los coordinadores
Desde nuestra función de coordinadores advertimos que la reali-
zación del proyecto promueve una experiencia de disfrute y recono-
cimiento, valorada por los concurrentes del Centro de Día y por las
personas que asisten al evento. Consideramos que, contando con el
apoyo y acompañamiento necesario, la ejecución de dicha propuesta
resulta favorable, permitiendo aminorar las dificultades en la creación
de un lazo social, problemática frecuente en la población con disca-
pacidad psicosocial con la que trabajamos a diario. De este modo
podemos dar cuenta en los concurrentes: de una mejoría del autocon-
cepto y de la autoestima a partir de una experiencia que resulta gratifi-
cante; de la asunción de mayor responsabilidad y compromiso con la
actividad en la que participan activamente; mayor flexibilidad en sus
posicionamientos subjetivos y más capacidad de tomar decisiones.
Al ser un proyecto social, compartido y realizado con otros, se
promueve y refuerza el despliegue de habilidades interpersonales, tales
como comunicación, empatía, respeto y flexibilidad.
La realización de esta propuesta, por fuera del ámbito institucional,
fomenta la circulación e inclusión social de las personas con discapa-
cidad psicosocial, buscando atenuar los prejuicios en torno a la disca-
pacidad, fomentando el reconocimiento de sus capacidades, necesi-
dades y posibilidades.
Algunas reflexiones
A continuación se citan algunos comentarios que fueron realizando
los concurrentes sobre su participación en las peñas:
• “Es un lugar de esparcimiento, nos relacionamos y compar-
timos con familiares y amigos.”
244
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
• “La Peña es cultura.”
• “Me sentí muy bien en mi función en el buffet.”
• “Hubo mucha concurrencia de familiares, cada vez viene más
gente de afuera.”
• “Me sentí muy a gusto con mis compañeros en otro lugar que
no es el CPI.”
• “La peña es muy socializadora y uno puede conocer otras
personas y no quedarse encerrado en la casa.”
• “La peña estuvo muy linda, la pasé muy bien, hubo muchos
familiares, más que en otras peñas.”
Conclusión
Teniendo en cuenta el recorrido y evolución que tuvo y tiene en la
actualidad el evento “Peña Varieté ‘El Reviro’”, se considera al mismo
como un evento de carácter socializador, que promueve la circulación
social de los concurrentes en un ámbito por fuera de la institución, posi-
bilitando compartir con sus pares y con otros miembros de la comunidad,
brindando la posibilidad de acceder a números artísticos de diversas
disciplinas y a la apropiación de una actividad y espacio de referencia.
Referencias bibliográficas
Congreso de la Nación Argentina (2008). Ley N° 26.378. Aprobación de la
Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad y su proto-
colo facultativo, aprobados mediante resolución de la Asamblea General de
las Naciones Unidas del 13 de diciembre de 2006. Senado y Cámara de
Diputados de la Nación Argentina reunidos en Congreso. Publicada en el
Boletín Oficial el 09/06/2008.
245
Taller de Cerámica: saber y hacer
Luis Catalán
El saber y el hacer son derechos de todas las personas. En este artí-
culo nos referiremos a una experiencia que crece cada año en el Taller
de Cerámica, en las dos modalidades que ofrece la institución: Taller
Expresivo de Cerámica y Taller Laboral de Cerámica.
La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapa-
cidad nos orienta en el trabajo en los talleres, en particular los artículos
24, 27 y 30, que iremos mencionando a lo largo de este trabajo.
Desde que se inició el Taller de Cerámica en la institución, se fue
transformando y adaptando la dinámica a las demandas, necesidades
y capacidades de los concurrentes que eligen participar del mismo,
dentro de un proyecto institucional flexible para generar dicho cambio.
Esta transformación se va dando de manera análoga a la modi-
ficación que sufre la arcilla en todo el proceso cerámico. El material
arcilloso nos da la posibilidad de modelarlo, transformarlo, generar
formas y colores. Pero para intervenir en todo este proceso debemos
conocer sus propiedades, beneficios y limitaciones. De igual manera
los concurrentes comienzan a transitar todo este proceso de saber y
hacer cerámica.
247
Taller de Cerámica: saber y hacer
La actividad cerámica en Fundación CPI
La creación del Taller de Cerámica en la Fundación se inicia hace
un par de años cuando se ve la posibilidad de desarrollar la actividad,
teniendo en cuenta los beneficios que ofrece la arcilla en sus dife-
rentes estados, desde procesos constructivos básicos de modelado,
hasta técnicas de mayor complejidad; adaptándolas a las capacidades
y destrezas de cada concurrente. También permite planificar y desa-
rrollar proyectos institucionales de índole expresivo, creativo y laboral.
La actividad cerámica invita a cada concurrente que participa del
taller a transitar una transformación única. No solo la que ellos ejer-
cerán sobre el material arcilloso, sino también la que, sorpresivamente,
experimentarán ellos mismos en la creación de sus propias piezas.
Podemos decir entonces que una pieza cerámica es el resultado de
diseño, técnica, conocimiento y creatividad. El conjunto de todos estos
componentes serán abordados de manera grupal e individual directa-
mente en la actividad, con técnicas pedagógicas y didácticas que se
adaptaran a las necesidades personales de cada concurrente. En caso de
que un concurrente carezca de conocimientos para hacer cerámica, en
el taller será trabajo de los coordinadores brindarle los conocimientos
y herramientas técnicas, en un marco de acompañamiento y conten-
ción necesarios para desarrollar su potencial creativo; promoviendo el
aprendizaje, incrementando el saber, a la vez que adquiere destrezas,
habilidades y autonomía. En algunas oportunidades algunos concu-
rrentes, a pesar de haber elegido el taller, al momento del ingreso al
mismo presentan desinterés y falta de motivación. En estos casos se los
estimula a experimentar con los materiales, dado que suele ser el temor
a lo nuevo lo que los inhibe.
Actualmente la institución cuenta con dos modalidades de talleres
de cerámica. Antes de describir las características de cada uno de ellos,
trataremos de hacer una definición simple y clara de cerámica.
248
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
¿Qué es la cerámica?
La arcilla es la materia prima de la cerámica. Este material se extrae
de la tierra y viene siendo utilizado por el hombre desde hace miles de
años.
Y así como el hombre se transforma a lo largo de la historia, es el
hombre el responsable de transformar la arcilla en cerámica. Esta trans-
formación se da, en primer lugar, modelando la arcilla en una pieza, y
luego a través de la acción del fuego (980° C), o de otros medios de calor
producidos por la electricidad, gas o leña. Podemos decir entonces que
la cerámica es barro cocido.
La cerámica conforma actualmente una de las disciplinas de las
Artes del Fuego, junto al vidrio, metales y cualquier otro material que
se transforma estructuralmente gracias a la acción del fuego.
Taller de Cerámica
En la institución se comienza trabajando con un taller de cerámica
que funda las bases para explorar una actividad muy amplia, en creati-
vidad, arte e inclusión laboral.
Actualmente se realizan dos talleres, por las mañanas el Taller de
Cerámica Expresivo, y por las tardes el Taller de Cerámica Laboral (uno
de los talleres que forman parte del Programa de Inclusión Laboral).
Cada uno de estos espacios posee sus propias particularidades, benefi-
cios y abordajes técnicos.
Podemos decir entonces que la primera diferencia entre ambas
modalidades se da en el estado de la materia prima (arcilla) que será
transformada en todo el proceso creativo y productivo.
249
Taller de Cerámica: saber y hacer
• En el Taller de Cerámica Expresivo se utiliza arcilla en pasta.
• En el Taller de Cerámica Laboral se utiliza arcilla líquida
(llamada barbotina).
Partiendo de esta diferencia, cada dispositivo tendrá un hacer y un
saber particulares, junto a:
• Su propio encuadre.
• Intervención técnica.
• Tiempos personales.
• Tiempos técnicos.
• Selección de proyectos.
• Habilidades, destrezas, creatividad, autonomía, etc.
En el desarrollo de ambos talleres de cerámica se toman en cuenta
los artículos 24, 27 y 30 de la Convención sobre los derechos de las
Personas con Discapacidad, en concordancia con algunos de los obje-
tivos de la institución. Dichos artículos promueven derechos en las
áreas de educación, trabajo y empleo, y participación en la vida cultural.
Algunos puntos que citan estos artículos son disparadores para plani-
ficar y trabajar con los concurrentes dentro del encuadre de la actividad
cerámica.
A continuación desarrollaremos las características principales
de cada taller y cómo algunos puntos de los citados artículos van
formando parte de la dinámica de la actividad.
250
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
Taller de cerámica expresivo
En este espacio los concurrentes tienen la posibilidad de concretar
proyectos personales, generalmente, con diversas técnicas de mode-
lado y construcción cerámica.
Se busca desarrollar al máximo la personalidad, los talentos y la crea-
tividad, así como sus aptitudes mentales y físicas (Artículo 24. 1. b.).
La arcilla les propone a los concurrentes explorar un arte multifacé-
tico que tiene que ver con la forma, el color y la textura, y sobre todo
con la creatividad.
En el taller se buscará desarrollar la capacidad creadora y adquirir las
destrezas y habilidades necesarias para que cada concurrente concrete
sus ideas, en un ambiente inclusivo.
No es necesario que los concurrentes tengan experiencia previa en la
actividad cerámica. El abordaje prevé esta carencia de conocimientos,
ofreciéndoles técnicas de construcción y modelado manual simples
con decoraciones estéticas acorde a sus proyectos. En los casos que
corresponda se evalúan las adaptaciones técnicas apropiadas para desa-
rrollar la actividad, haciendo los ajustes razonables en función de las
necesidades individuales (Artículo 24.2.c).
Otro objetivo del taller que comenzó a trabajarse con mayor énfasis
es la inclusión en la vida cultural, no solo como espectadores a exposi-
ciones, centros culturales, museos, etc., sino como personas que por su
potencial creativo, artístico e intelectual pueden enriquecer la cultura
de la sociedad (Articulo 30. 2).
En la institución se realizan muestras colectivas anuales, que cada
año tienen mayor cantidad de concurrentes, participando con piezas
de calidad y estética muy particulares. Dados estos logros se proyec-
taron muestras en centros culturales, galerías de arte y/o museos de la
ciudad. Finalmente se logró concretar dicho proyecto con la realiza-
ción de una exposición en el Bar Notable “El Gato Negro”: la Muestra
251
Taller de Cerámica: saber y hacer
Anual 2018 “Los Amigos del Gato Negro”. La misma está compuesta
por la producción de 19 gatos, creaciones individuales de los partici-
pantes del Taller de Cerámica Expresiva.
El Artículo 24 de la Convención sobre los Derechos de las Personas
con Discapacidad nos habla del derecho a la educación. Desde la insti-
tución y más particularmente desde el Taller de Cerámica, hace un
par de años que acompañamos a un concurrente a inscribirse, rendir
el examen de ingreso y terminar un curso de educación formal de cerá-
mica, en la Escuela de Cerámica N° 1 de la Ciudad de Buenos Aires.
En el año 2017, otro concurrente rindió satisfactoriamente el examen
de ingreso para, el año siguiente, realizar el curso en la misma escuela.
Desde el Taller de Cerámica se realizó el apoyo necesario para que
comience el curso y pueda finalizarlo.
Taller de Cerámica Laboral1
El Artículo 27 de la Convención sobre los Derechos de las Personas
con Discapacidad, aborda los derechos al trabajo y al empleo. Desde el
taller y la institución buscamos generar conciencia y posibilidades de
inclusión.
Este taller surge ante la necesidad de ofrecer un espacio de mayor
capacitación técnica a aquellos concurrentes que venían participando
del taller de cerámica expresivo y que por intereses personales y habili-
dades ocupacionales, podían adecuarse a un encuadre laboral. En esta
modalidad de taller se busca que cada concurrente pueda ejercitar y
vivenciar hábitos y habilidades comunes a cualquier trabajo, como por
ejemplo:
1. Llamamos así al Taller de Cerámica que forma parte del Programa de Inclusión
Laboral (PIL).
252
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
• Tolerancia temporo-espacial a la demanda del trabajo
(actividad).
• Capacitación acorde al rol que desempeña.
• Llegar a horario a su espacio de trabajo.
• Respeto en la convivencia laboral.
• Conciencia de higiene y seguridad.
• Autonomía operativa, con o sin ayudas técnicas.
Todos estos puntos son tomados en cuenta a la hora de planificar el
abordaje individual y grupal dentro del taller. También se realizan los
ajustes razonables en el lugar y rol específico para que el concurrente se
integre positivamente al trabajo.
Este taller tiene como característica de trabajo la producción en serie
de piezas a través de moldes de yeso. Si bien esto favorece la cantidad
seriada de productos, la dificultad y la capacitación constante se da en
la intervención manual sobre cada pieza: se busca buena calidad en la
terminación de las mismas. La creatividad se da primero en el diseño, y
por último en la decoración. En este paso, las técnicas decorativas son
muy variadas; en el taller se promueve la realización de aquellas que se
adecuen a las piezas, y sobre todo a la autonomía operativa que algunos
concurrentes pueden alcanzar dentro de la capacitación de la actividad
cerámica.
Podemos dividir la actividad en dos bloques: la producción, con
la orientación de los coordinadores de este taller, y la venta de los
productos elaborados, que se realizan en otro espacio coordinado por
otros profesionales. En cualquiera de estos bloques los concurrentes
tienen una participación activa, siendo ellos mismos los responsables
de comprar los insumos, producir las piezas y realizar la venta de sus
productos.
253
Taller de Cerámica: saber y hacer
Saber y hacer cerámica
La actividad cerámica es una disciplina que, desplegada dentro de
un programa de educación formal, está sujeta a cierta complejidad
por la cantidad de conocimientos que deben reunirse para conocer
la propiedades, beneficios y usos de los materiales, tanto individuales
como combinados entre varios de ellos, como arcillas, óxidos, esmaltes,
diferentes tipos de horneadas, etc.
Por el contrario, en la institución la actividad cerámica es plani-
ficada de manera tal que pueda adaptarse a las necesidades y capaci-
dades de cada concurrente que asiste al taller, tornándola íntegramente
inclusiva.
En la dinámica del taller aparecen diversas dificultades. La de mayor
frecuencia es el “no saber”. No desde la carencia de conocimientos para
involucrarse con la actividad, sino desde la actitud personal que puede
adoptar cada concurrente frente a la tarea y que puede hacer más o
menos dificultoso el abordaje.
Mencionaremos algunas actitudes que aparecen durante la acti-
vidad, particularmente en el Taller de Cerámica Expresivo, donde se
exponen aspectos más personales, llevando a los concurrentes a desa-
rrollar una tarea expresiva y creativa mayormente individual.
Algunos concurrentes se vinculan con la actividad desde la curio-
sidad, explorando de manera lúdica el material, “jugando” a trans-
formar la arcilla en objeto concreto, generalmente animales o figuras
humanas, desplegando un modelado casi infantil. Lamentablemente
esta actitud de creatividad espontánea se manifiesta en pocas personas.
Otros esperan las indicaciones y consignas técnicas del profesor;
cualquier otra opinión o sugerencia de sus pares no les parece válida ya
que piensan que carecen de los conocimientos que puede ofrecerle el
coordinador. En este caso se observa cierta cautela en el desarrollo de la
254
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
actividad, pero a la vez una permeabilidad que favorece el crecimiento
en la actividad cerámica.
Y están aquellos concurrentes que presentan una actitud negativa
ante la actividad, aún cuando hayan elegido participar del Taller. Esta
actitud de “no saber” los lleva a generar una dependencia particular
con el coordinador, con las herramientas y con todas las competencias
requeridas en la actividad. De alguna manera se obstaculiza la posibi-
lidad de aprender, el concurrente deposita todo “el saber” en el coordi-
nador, y será este quien elija el proyecto, la técnica, forma, color, etc. El
concurrente adopta una posición pasiva, solo hará lo que se le indique.
El problema de delegar todas estas elecciones en “el otro”, se profun-
diza cuando el concurrente pone en juego responsabilidades, apren-
dizajes, frustraciones, e incluso disfrute por los logros alcanzados, sin
permitirse aprehender la actividad como un proceso que le es propio
desde el momento que ingresó al Taller.
Estos casos son muy interesantes y complejos para abordar con la
actividad per se, donde convergen el “no saber” del concurrente, “el
saber” depositado en el coordinador como única fuente de consulta
y conocimientos; un “aprender” que fluye de diferentes maneras en
el taller, sumado a la complejidad y correlación de los pasos técnicos
de la actividad cerámica, la que presenta cortes que la fragmentan de
manera necesaria e inevitable. Estos cortes son tiempos cronológicos
en los cuales el concurrente no interviene de ninguna manera, por
ejemplo dejar secar una pieza para después lijarla, o dejar secar bien
una pieza para llevarla al horno, etc., en estos cortes o pausas solo se
debe esperar el tiempo necesario, luego retomar el trabajo y continuar
el paso siguiente. Pero no siempre en este tiempo de espera se genera
un espacio para pensar, diseñar e iniciar otro proyecto, por el contrario,
a veces se presenta confusión, aparece y se acentúa la ansiedad, entre
otras manifestaciones que requerirán un abordaje personalizado de
explicaciones técnicas.
255
Taller de Cerámica: saber y hacer
La experiencia en el desarrollo de la actividad cerámica nos convoca
entonces a realizar un abordaje desde “el hacer”. Pedagógica y didácti-
camente “el hacer” nos permite generar de manera directa un vínculo
con el concurrente que favorezca el desarrollo de la actividad. Desde
este concepto tan básico, como lo es el aprendizaje a través de la expe-
riencia y la imitación (“el hacer”), tal como lo viene experimentando
el hombre a lo largo de su evolución, se nos ofrece la posibilidad de
evaluar, dialogar, proponer y enseñar la actividad cerámica, con las
técnicas apropiadas para cada concurrente, con una sola meta: llegar al
“saber”. Dejando que la creatividad aparezca y fluya de la manera más
natural posible.
A continuación presentamos dos casos. Ambos pueden ser obser-
vados desde una doble óptica ya que sus historias cuentan particu-
laridades específicas de cada persona y al mismo tiempo encuentran
puntos en común con vivencias de otros participantes del taller.
Caso 1
M. es un joven de aproximadamente 23 años, con estudios secunda-
rios completos. Ingresa a la institución y entre las actividades que se le
ofrecen elige el Taller de Cerámica.
No tenía mucho interés, se mostraba ansioso y preocupado por su
falta de conocimientos en cerámica. Refería de manera reiterada que
no permanecería mucho tiempo en la institución, por lo que no estaba
dispuesto a hacer piezas grandes y complicadas.
Se le propone hacer una taza, para él o para su madre, con quien
tenía un vínculo muy importante. Este proyecto se limitaba, en primer
lugar, a diseñar la forma, tamaño y decoración de la misma. Una vez
comenzada y en estado avanzado, se le propone sacarle un molde de
256
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
yeso a “su taza”, y con el mismo podría reproducir al menos seis tazas
más. M. acepta y con todo este proceso ya proyectábamos un tiempo
de seis o siete meses de trabajo.
Las primeras tazas las regaló, y sus familiares le encargaron otras
más. El tiempo planificado había sido superado ampliamente.
A esta altura del abordaje, M. ya había creado vínculos con sus
compañeros. En el taller había adquirido destrezas y habilidades
suficientes para continuar con el proyecto de trabajo, compromiso y
creatividad.
Tiempo después manifiesta que quiere realizar alguna carrera o
curso de cerámica dentro de algún programa de educación formal. Se
le sugiere buscar información en la Escuela de Cerámica N° 1 de la
Ciudad de Buenos Aires. Con la información necesaria solicita que
el coordinador lo acompañe a inscribirse ya que no quería ir con sus
padres.
Se inscribe y rinde el examen de ingreso correctamente. Dentro del
taller se da el apoyo necesario una vez que inicia el curso. Luego de dos
años y medio obtiene el certificado.
Actualmente no concurre al Centro de Día, pero periódicamente
visita el taller y cuenta que está realizando cursos de capacitación en
temas de cerámica.
Caso 2
R. es un hombre de 45 años de edad, aproximadamente, al momento de
ingresar a la institución, con estudios en escuelas especiales en su infancia y
antecedentes de concurrir a otras instituciones a lo largo de su vida.
Cuando ingresa a la Fundación CPI, elige participar del Taller de
Cerámica, entre otras actividades ofrecidas por el Centro de Día. R.
manifiesta haber hecho cerámica en otras instituciones.
257
Taller de Cerámica: saber y hacer
En la actividad en sí misma se observaban destrezas básicas,
adecuadas a consignas simples; su creatividad es pobre, pero abierto a
las propuestas y sugerencias de los coordinadores.
Mantiene buen vínculo con los coordinadores y pares, y así transita
el primer año en el Taller de Cerámica Expresivo. Cuando se crea el
taller de Cerámica como parte del Programa de Inclusión Laboral, es
elegido a participar del mismo. El cambio en la actividad fue radical,
esto requería más tiempo en el taller, mayor compromiso, más exigencia
en la tarea, participación en eventos como ferias, compra de insumos,
etc.
El primer año del concurrente en este dispositivo no presentó
grandes dificultades, ya que el grupo debía adecuarse a un cambio
significativo en la tarea.
Con el paso del tiempo en el Taller de Cerámica Laboral R. no pudo
sostener la demanda requerida en este espacio. Comenzó a ausentarse
del taller de manera excesiva y también aparecen más dificultades en
la interacción con pares y coordinadores, dificultando su desempeño.
Después de varias intervenciones interdisciplinarias se acuerda con
él que deje de participar del Taller de Cerámica Laboral y se le ofrece
volver al taller de Cerámica Expresivo. R. acepta y retoma de manera
adecuada su participación.
En este caso en particular el dispositivo de Taller Expresivo se
adecua a las necesidades del concurrente. Volvió a participar de manera
apropiada, alcanzando satisfacción en su “hacer”, y sobre todo un
sentimiento de pertenencia al grupo de trabajo, y más aún sobre sus
producciones: con estas piezas R. se vincula, se expresa y despliega su
creatividad.
258
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
Conclusión
La conclusión de este artículo no es el cierre al trabajo que se viene
realizando año tras año en la institución y particularmente en el Taller
de Cerámica, sino la apertura de una puerta a la creatividad, al trabajo
y sobre todo al saber y hacer cerámica.
Los conceptos de saber y hacer se toman de manera dinámica, para
adecuarlos a los cambios que surgieran en cada espacio de la actividad
cerámica, tanto en la modalidad expresiva, o como parte del Programa
de Inclusión Laboral. En cada una de estas modalidades de Taller
de Cerámica, se planifican las actividades con objetivos, métodos y
recursos específicos. Pero no se deja de prestar atención, contención
y apoyo necesarios a cada concurrente como persona individual, que
trae consigo saberes, carencias, y productividad únicas.
Desde la actividad cerámica se buscará generar y potenciar habili-
dades, creatividad y productividad de cada concurrente. También se
considerará mantener e incrementar vínculos y lazos sociales dentro
del taller y en otros escenarios de la sociedad.
Técnicamente, la actividad brinda la posibilidad de integrar a cual-
quier concurrente para comenzar a recorrer un camino de “hacer”,
“saber” y, de este modo, crecer progresivamente en una actividad tan
rica.
Para los coordinadores, profesores de cerámica, la tarea de enseñar
cerámica es un desafío cotidiano al articular técnicas cerámicas y
técnicas pedagógicas de manera concreta, dinámica y eficaz, en un
grupo de concurrentes con características y necesidades particulares.
La actividad cerámica, entonces, no es el mero desarrollo de una o
varias técnicas, sino el vehículo que vincula personas en “un hacer”, a
la vez que da lugar a que las mismas puedan apropiarse de “un saber”.
259
La inclusión laboral de personas con
discapacidad psicosocial en la
institución: experiencias y abordajes
Santiago Boscacci
Tatiana Traverso
A modo de introducción
Como venimos sosteniendo en otros artículos de este libro, la
Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con
Discapacidad es la base a partir de la cual trazamos nuestros objetivos
de trabajo en pos de la participación e inclusión plena, la vida inde-
pendiente, la igualdad de oportunidades, la accesibilidad, la toma de
conciencia, el acceso a la información, así como también la inclusión
laboral de las personas con discapacidad psicosocial que acuden a
nuestra Fundación. A lo largo de este artículo trataremos de dar cuenta
de nuestro enfoque en torno a la inclusión laboral a partir de la imple-
mentación de los programas que hoy tienen lugar en la Fundación CPI.
En el artículo Nº 27 de dicha Convención se hace hincapié en la nece-
sidad concreta de “reconocer el derecho de las personas con discapa-
cidad a trabajar, en igualdad de condiciones con las demás; ello incluye
el derecho a tener la oportunidad de ganarse la vida mediante un
trabajo libremente elegido o aceptado en un mercado y en un entorno
laborales que sean abiertos, inclusivos y accesibles a las personas con
discapacidad” (ONU, 2006).
261
La inclusión laboral de personas con discapacidad psicosocial...
Otro instrumento relevante a tener en cuenta es la Encuesta Anual
de Hogares, realizada por la Dirección General de Estadística y Censo
de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires desde el año 2002. A partir
de la misma, se busca recabar datos para conocer y analizar la situación
socioeconómica y demográfica de la población y de los hogares de la
ciudad. A partir del año 2011, en este dispositivo de análisis se incor-
poró un módulo orientado hacia las personas con discapacidad, arro-
jando datos relevantes para entender la situación de empleo de estas.
Solo el 30% de las personas que dijeron tener algún tipo de discapa-
cidad se encontraban desarrollando alguna actividad laboral. El 70%
de desocupación en esta población da cuenta de la situación actual
y de la necesidad de crear e implementar dispositivos concretos que
aborden la inclusión laboral de personas con discapacidad.
Partimos de la idea de que el concepto de discapacidad no es estático:
los movimientos histórico-sociales fueron determinando una manera
de pensar, conceptualizar, y por ende, de actuar ante el mismo. Si bien
aún conviven y coexisten entre sí diferentes formas de pensar la discapa-
cidad, nuestra labor parte de un paradigma situado desde una perspec-
tiva de derechos humanos que tiene como pilar fundamental el respeto
y el reconocimiento de la autonomía de las personas para decidir sobre
sus propias vidas. En consecuencia, toda acción o producto que limita
o imposibilita la participación plena, en igualdad de condiciones con
los demás, es entendida como una “barrera”. Si la misma sociedad
promoviera entornos inclusivos, las barreras no existirían y todas las
personas se encontrarían incluidas, ya que contarían con iguales opor-
tunidades para formar parte y desarrollarse en la sociedad.
262
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
Antecedentes
Nuestro Programa de Inclusión Laboral cuenta con una vasta
trayectoria que sirve para pensar el funcionamiento, la coordinación
y los objetivos actuales de los talleres que se encuentran orientados a la
producción y venta de productos elaborados en los mismos. Los años
de experiencias, de espacios construidos y modificados, de ajustes y
replanteos, dan cuenta del camino andado en el posicionamiento que
hoy asumimos para llevar adelante el trabajo y la conceptualización del
rol de las personas con discapacidad psicosocial en el ámbito laboral. En
este apartado vamos a tratar de poner en el plano principal aquellos
hitos que hablan de nuestro presente: desde los primeros pasos direc-
cionados al interior de la institución, hasta la conformación del actual
Programa de Inclusión Laboral.
Para comenzar, nos remontamos al año 1989, cuando surge un taller
enfocado a pensar las propias ocupaciones “en respuesta a la demanda
formulada por aquellas personas que habían transitado por nume-
rosas experiencias terapéuticas y alcanzado cierta estabilidad psico-
lógica, como así también por aquellos que habían asistido a escuelas
especiales” (Alabarcez, 1993, p. 79). Este espacio surge como lugar de
entrenamiento y aprendizaje de situaciones laborales, rescatando las
habilidades y conocimiento de los concurrentes para proyectos labo-
rales de índole personal. Por ejemplo: trabajar en madera, accesorios y
bijouterie, retomar estudios anteriores o llevar a cabo búsquedas labo-
rales. Cabe destacar que en ese momento y hasta el año 2006, la insti-
tución funcionó como un Hogar de Puertas Abiertas con Centro de
Día, llevando adelante experiencias de este tipo.
En el año 2003, se forma un espacio de producción que resulta
importantísimo para este movimiento: la revista barrial CPI en Acción.
Este proyecto fue desandando un camino de nuevas experiencias e inte-
racciones cada vez más relevantes con el medio social: desde la nece-
263
La inclusión laboral de personas con discapacidad psicosocial...
sidad de expresar y difundir por fuera del marco institucional aque-
llas producciones y actividades realizadas en los diferentes talleres del
Centro de Día, a que la comunidad acudiera a la revista como recurso
para publicitar su propio trabajo. Dicha producción gráfica, que a lo
largo de los años logró tiradas bimestrales, era repartida en los comer-
cios de la zona de manera gratuita. Contaba con reportajes, poesías,
cuentos, relatos e información general de la comunidad generada por
los propios concurrentes. El sostenimiento del proyecto entonces, se
daba a partir de la búsqueda de auspiciantes y colaboradores, convir-
tiéndose en la primera experiencia generadora de una retribución econó-
mica en el medio social. Como en toda producción gráfica, se ponía en
juego la necesidad de conocer cada uno de los pasos del proceso que
implica tener una revista terminada en tiempo y forma: la producción
y discusión del contenido, la edición, la impresión y la futura distribu-
ción de este material. Estas cuestiones fueron profundizadas a partir
de la implementación del proyecto “La revista CPI en Acción, nuestra
forma de incluirnos” en el año 2009, a través de un subsidio otorgado
por la COPINE (Comisión para la Plena Participación e Integración
de las Personas con Necesidades Especiales).
Lo enriquecedor de este proyecto, sostenido a lo largo de nueve
años, fue el vínculo generado con la comunidad, con los productores y
comerciantes del barrio, y la gran interacción social establecida, obje-
tivo recurrente en las planificaciones institucionales.
Otro de los espacios que intentó formar parte de este movimiento
hacia la comunidad fue la apertura, en el año 2005, de “Pancitos del
Futuro”, un Taller de Panificación. Si bien el objetivo inicial fue la
comercialización de la producción, la dificultad para establecer un
sistema de ventas de forma ordenada por fuera del marco institucional,
generó que la misma se limitara a la provisión del Centro de Día. El
taller producía el pan para el desayuno, almuerzo y merienda, constitu-
yéndose así en otro de los primeros espacios con tintes laborales.
264
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
Paralelamente se abren nuevos talleres: Taller de Artesanías y Taller
de Cocina. Estos dos espacios, si bien no tenían un perfil laboral, se
constituyeron con el tiempo como espacios precursores de un sistema
de producción más organizado. El Taller de Artesanías fue un espacio
de experimentación con diferentes técnicas de trabajo: encuaderna-
ción, venecitas, cerámica, costura, dibujo, pintura, trabajos en madera
y cartapesta. Por su parte, en el Taller de Cocina se preparaba la comida
diaria para los profesionales, dulces, conservas y pizza un día a la
semana.
Para el año 2006 el perfil institucional había cambiado: ya no
ofrecía más el dispositivo de Hogar, funcionando solamente como
Centro de Día, y contaba con una mayor cantidad de concurrentes
y profesionales. En este contexto se evidencian nuevas demandas en
relación a la inclusión laboral, motivadas por la breve experiencia
en el ámbito laboral de los concurrentes y la relevante intención de
ampliar el trayecto recorrido en esta área. El objetivo: vehiculizar de
forma concreta dichos intereses buscando propuestas y productos que
puedan insertarse en la comunidad cercana.
En el año 2008 el Taller de Cocina, a raíz de un pedido externo de
80 frascos de dulce, se transforma en un taller diario, abocado exclusi-
vamente a la producción artesanal y venta de dulces y conservas. Para
el año 2010, la implementación del proyecto “Taller de Conservas, las
conservas del futuro”, a partir de un subsidio otorgado por la Comisión
para la Plena Participación e Inclusión de las Personas con Discapa-
cidad (COPIDIS), permitió la capacitación de los concurrentes para
mejorar la calidad e imagen del producto, aumentar la producción e
incentivar la venta barrial.
Hacia el año 2008 comienzan las primeras experiencias en el trabajo
de la cerámica dentro del marco del Taller de Artesanías. Hasta
entonces el taller estaba enfocado hacia un espacio artístico-expre-
sivo en el que se trabajaba con diferentes materiales. Un par de años
265
La inclusión laboral de personas con discapacidad psicosocial...
después se realizó una capacitación y disposición específica del espacio,
orientándose exclusivamente hacia el trabajo con la cerámica (compra
de insumos, organización del taller).
Con este andar a cuestas, en el año 2010 se realiza, por parte de
la dirección de la institución, una encuesta a los concurrentes y a los
familiares, para desarrollar un plan de transformación. Esto significó
replantear la dinámica de elección de actividades dentro del crono-
grama institucional así como también el nivel de aceptación o rechazo
hacia los diferentes talleres propuestos, y el vínculo con los pares, coor-
dinadores y terapeutas. Los resultados de esta experiencia pusieron
en juego la valoración positiva hacia los talleres con perfil laboral que
funcionaban en ese entonces en la institución. Se pudo dar cuenta del
creciente interés, por parte de algunos concurrentes, por la posibilidad
de conseguir cierta retribución económica a partir de la participa-
ción en estos espacios, así como también la necesidad de capacitación
y formación de los participantes. Ante esta demanda de la población
de la institución, se establece la apertura de un Taller de Orientación
Laboral y Educacional.
A raíz de la experiencia antes mencionada, se abre un nuevo espacio
de inclusión laboral orientado a la digitalización de material audio-
visual. Este nuevo taller inaugura el Programa de Inclusión Laboral
(PIL) que hasta el día de hoy se lleva a cabo en nuestra institución.
Inicialmente, el PIL brindaba capacitación en elementos técnicos
para la digitalización de videos y audio en formato analógico (VHS y
cassettes) a concurrentes tanto de la institución como externos. Con el
paso del tiempo, el taller se enfocó a trabajar solo con concurrentes de
la institución, y a la ampliación de recursos que permitieran la conso-
lidación del espacio como verdaderamente productivo y que brindara
un servicio a la comunidad.
266
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
Programa de Inclusión Laboral
Todas las experiencias hasta aquí mencionadas tienen en común la
búsqueda de consolidación de la producción para el crecimiento de
los propios espacios y la inclusión social y laboral de los concurrentes.
El año 2014 es un momento importante en la organización de los
talleres laborales en la institución ya que se establece el Programa de
Inclusión Laboral (PIL) como un marco general para todos los talleres
que tuvieran como objetivo la producción de objetos o servicios. Es
en este momento cuando se suman el nuevo Taller de Cerámicas y el
Taller de Dulces y Conservas. Se programan los tres talleres con obje-
tivos generales comunes dirigidos a: la incorporación de hábitos labo-
rales, la selección de los postulantes en base a entrevistas que evalúan
intereses y aptitudes para cada taller, y la retribución económica a los
participantes a partir de la venta de los productos elaborados. Además,
se establece una carga horaria mayor para estos talleres, respecto de los
talleres del Programa General del Centro de Día.
Si bien esta organización se mantiene, en líneas generales, hasta el día
de hoy, también se han realizado algunas modificaciones teniendo en
cuenta las necesidades de los grupos y la evolución de los propios espa-
cios. Durante el año 2016 se cierra el Taller de Digitalización a partir
de la falta de interés de los propios participantes y la poca demanda de
la comunidad a este tipo de servicios. Surge entonces la oportunidad de
establecer un nuevo espacio laboral. Desde el año 2014 se venía traba-
jando con distintas técnicas de estampado textil de manera expresiva
en el Taller de Serigrafía, y ante la gran demanda e interés de los parti-
cipantes, sumado a la incorporación de equipamiento para sublimar y
coser, se crea en el año 2016 el Taller de Estampado y Costura dentro
del marco del PIL.
267
La inclusión laboral de personas con discapacidad psicosocial...
Objetivos generales del Programa de Inclusión Laboral (PIL)
Al establecer el actual programa, se vuelve indispensable pensar
cómo orientar las acciones, actividades y proyectos en estos espacios de
forma conjunta, a pesar de las especificidades de las tareas en cada uno
de ellos. Siguiendo esta línea, podemos señalar como objetivos gene-
rales y comunes de los talleres que conforman el Programa de Inclu-
sión Laboral:
• Generar un espacio para que los concurrentes logren adquirir
el aprendizaje de una técnica de trabajo.
• Establecer hábitos laborales: cumplimiento de horarios,
compromiso con la tarea, responsabilidad con los pares y la
coordinación.
• Propiciar el despliegue de los propios intereses en función de
la temática del taller.
• Facilitar herramientas teórico-técnicas para una futura opor-
tunidad laboral por fuera del marco institucional.
• Fomentar el autosostenimiento del espacio a partir de la
distribución y venta de los productos.
• Administrar los recursos económicos realizando un registro
mensual.
• Establecer un sistema de retribución económica a los partici-
pantes a partir de la venta de los productos elaborados.
• Generar lazos a partir de la circulación de las producciones
en un ámbito social/comunitario a través de ferias y eventos.
• Promover la autonomía operativa en la producción seriada.
• Participar en reuniones semanales entre los espacios labo-
rales y entrenamiento laboral para planificar las actividades
y tareas en forma conjunta.
268
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
Modalidad de trabajo de cada Taller
Taller de Dulces y Conservas
Este espacio centra su trabajo en la elaboración de dulces y conservas
artesanales. Se trabaja en cada uno de los pasos necesarios para la
elaboración del producto final. Es así que en el taller no solo se realiza
la cocción y el empaquetado del producto, sino que se llevan adelante
todos los pasos necesarios del proceso productivo. Desde la compra de
frutas y verduras en puntos de ventas convenientes, el preparado de los
ingredientes, su lavado y corte adecuado, la esterilización y llenado de
los frascos, la pasteurización y el etiquetado para la correcta exposición
del producto. Se hace énfasis también en los cuidados y precauciones
a tener a la hora de cocinar, el seguimiento cronológico del stock de la
producción, así como también el manejo de ganancia y gastos.
Son objetivos de este espacio:
1. Identificar ingredientes y pasos a seguir a la hora de hacer un
dulce o una conserva. Dar cuenta de las diferencias que existe
entre una receta y otra.
2. Aprender sobre los cuidados y los aspectos a tener en cuenta
a la hora de manipular alimentos, para hacerlo de manera
higiénica.
3. Aprender los procesos de esterilización y pasteurización.
4. Elaborar y presentar un producto en condiciones para la
venta.
Metodología implementada:
269
La inclusión laboral de personas con discapacidad psicosocial...
1. Compra de frutas y verduras: búsqueda de precios accesibles,
acordes a los gastos de producción, y traslado de los insumos
al taller.
2. Preparado: lavado y corte adecuado, teniendo en cuenta los
distintos procedimientos que cada fruta o verdura demanda
y la utilización de los utensilios en forma correcta.
3. Cocción: Colocado de la fruta o verdura cortada en la olla,
agregado de los componentes correspondientes al dulce o
conserva. Control de la cocción.
4. Esterilización de frascos y tapas: preparado de frascos y tapas
para el correcto llenado de una forma higiénica y esterilizada.
5. Llenado de frascos de manera higiénica.
6. Pasteurización y almacenamiento de los frascos llenos.
7. Etiquetado: diseño y preparación de las etiquetas asegurando
la correcta colocación, de manera prolija. Chequeo de la
correcta fecha de vencimiento del producto.
8. Registro de ingresos y egresos: seguimiento cronológico de
los gastos del taller en la compra de materiales para trabajar
como así también de los ingresos por venta.
9. Seguimiento cronológico del stock del taller.
Taller de Cerámica
Este taller tiene como característica de trabajo la producción en serie
de piezas a través de moldes de yeso. Esta modalidad del trabajo de la
cerámica favorece la serialidad de la producción, posibilitando la repli-
cabilidad de los productos del stock, así como también una calidad
de terminación óptima. Se llevan a cabo en este espacio el diseño del
producto a realizar, la reflexión acerca de su funcionalidad, la elabora-
270
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
ción de los moldes, la utilización de arcilla líquida en el relleno de los
moldes, el trabajo de cocción de las piezas, y la decoración y prepara-
ción para la venta.
Son objetivos de este espacio:
1. Reconocer la materia prima y elementos necesarios en una
producción seriada.
2. Reconocer y discriminar los diferentes estados de material
arcilloso, y la transformación del mismo en todo el proceso
productivo.
Metodología implementada:
1. Utilización y manipulación de arcilla líquida (barbotina) y
moldes de yeso en la “colada”. Trabajo en los tiempos reque-
ridos para cada molde.
2. Manipulación adecuada de la barbotina, desarrollando los
conocimientos necesarios para acompañar los cambios del
material y por ende intervenir cuando sea el tiempo preciso
(la arcilla pasa de estado líquido a sólido, de húmedo a seco,
de crudo a bizcochado).
3. Las praxias de intervención en las piezas elaboradas con
moldes de yeso, son pasos repetitivos en cada objeto que sale
de los moldes, por ello, esta técnica favorece la autonomía en
la actividad.
271
La inclusión laboral de personas con discapacidad psicosocial...
Taller de Estampado y Costura
Este espacio tiene como característica la confección de objetos a
partir de la aplicación de técnicas de estampado textil y de costura.
Se llevan a cabo una numerosa cantidad de actividades que involucran
al proceso productivo en su totalidad: desde el diseño y moldería del
objeto a realizar, hasta el estampado, costura y terminación del mismo.
Se trabaja con maquinaria que requiere cierta atención, cuidado y
práctica como lo son la máquina termoestampadora y las máquinas de
coser.
Son objetivos de este espacio:
1. Identificar los diferentes elementos necesarios para la aplica-
ción de la técnica de sublimación.
2. Acercar conocimientos básicos de costura para la confección
de piezas textiles: armado de moldería, costura a mano, uso
de máquina de coser, sus diferentes modos de uso y partes.
3. Reconocer los diferentes insumos textiles necesarios para la
producción (tipos de tela, artículos de mercería, estampas,
complementos para la confección) y los lugares de comercia-
lización adecuados para cada uno.
4. Elegir y decidir acerca de la distribución y venta de las
producciones realizadas en el espacio a partir de las motiva-
ciones personales y el consenso grupal.
Metodología implementada:
1. Trabajo textil: reconocimiento y manipulación de diferentes
tipos de tela. El trabajo se orienta a la confección de moldería
y el uso adecuado del material. Se organiza el corte de la
272
Discapacidad Psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
tela, los usos específicos para diferentes productos a realizar,
analizando también el tipo de estampa. Conocer los provee-
dores de recursos textiles a nuestro alcance en la comunidad
cercana o en puntos específicos de la ciudad (barrio de Once,
Boedo, Parque Patricios).
2. Costura: la actividad consta de la correcta unión de las partes
de la moldería. Trabajamos con costura a mano, reconoci-
miento y utilización de los puntos específicos de la máquina
de coser, la correcta terminación de los productos, y los
cuidados en la manipulación de la tela y de la máquina de
coser.
3. Trabajo con la estampadora: usos correctos de la temperatura
para los distintos tipos de tela, organización y puesta de las
partes para estampar. Se hace hincapié en el cuidado nece-
sario para la manipulación de la maquinaria.
4. Diseño: idea y diagramación de los diseños a partir del uso
de programas de computación como Photoshop e Illustrator.
Se trabaja con formatos específicos de digitalización de
imágenes y se realiza el traslado de la información a medios
digitales y de almacenamiento.
5. Gráfica: conocer los proveedores de recursos gráficos a
nuestro alcance para el trabajo de impresión en papel de
sublimación de los diseños antes mencionados para la
producción.
273
La inclusión laboral de personas con discapacidad psicosocial...
ANEXO
Proyectos Laborales concretados a partir de subsidios otor-
gados por diferentes organismos del Gobierno de la Ciudad
Autónoma de Buenos Aires
• Proyecto: “Artesanías en barro” (Año 2008, otorgado). Desa-
rrollo Social, Fortalecimiento de las Organizaciones de la
Sociedad Civil.
• Proyecto: “La revista CPI en Acción, nuestra forma de
incluirnos” (2009, otorgado). COPINE, Comisión para la
Plena Participación e Integración de las Personas con Nece-
sidades Especiales.
• Proyecto “Taller de Conservas, Las conservas del Futuro”
(2010, otorgado) COPIDIS (Comisión para la Plena Parti-
cipación e Inclusión de las Personas con Discapacidad).
• Proyecto “Edición de video” (2011, otorgado). COPIDIS.
• Proyecto “Taller de capacitación en digitalización de videos,
imagen y sonido” (2013, otorgado). COPIDIS
• Proyecto: “Taller de Estampado y Costura” (2017, otorgado).
Desarrollo Social, Fortalecimiento de las Organizaciones de
la Sociedad Civil.
274
Referencias bibliográficas
Comisión para la Plena Participación e Inclusión de las Personas con Disca-
pacidad (2016): Manual de inclusión laboral de personas con discapacidad.
Alabarcez, M. (1993). “El taller laboral”. En El Hostal, una experiencia de
tratamientos sin encierros en psicopatologías graves (pp. 79-84). Buenos
Aires, Psicoterapias Integradas Editores.
Encuesta Anual de Hogares. Disponible en: https://www.estadisticaciudad.
gob.ar/eyc/?page_id=702.
ONU (2006). Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.
Revista CPI en Acción (2008). Nº26, año 5.
275
Autoras/es
Mauricio Ruiz. Musicoterapeuta (USAL). Miembro Fundador y Vice-
presidente de la Fundación Centro de Psicoterapias Integradas (desde 1985
hasta la actualidad). Ayudante de cátedra de la materia Musicoterapia en
Psiquiatría de la Carrera de Musicoterapia de la Universidad del Salvador
(1986-1990). Coautor del libro El Hostal. Una experiencia de tratamiento
de psicopatologías graves (1993). Miembro Organizador de las 1º Jornadas
de Hostales en Salud Mental (1993). Ayudante de Prácticos de la materia
Sociedad, Instituciones y Grupos de la Carrera de Musicoterapia de la UBA
(2001-2007). Profesor Adjunto Interino a Cargo de la Materia Teoría y
Técnica de Grupos de la Licenciatura en Musicoterapia de la UBA (2007
a la actualidad). Curso La Discapacidad en Argentina: ley 24.901 y 22.431,
Facultad de Derecho, UBA (2005). Curso Anual de Capacitación de Grupos
y Equipos de Trabajo en Instituto de Investigaciones Grupales (2015). Ex
Miembro del Comité Consultivo Honorario de COPIDIS (2015-2017).
Docente en el Curso de Asistente Domiciliario para Personas con Disca-
pacidad, en el Polo de Educación Superior del Partido de Escobar, Prov. de
Buenos Aires (2018-2019).
Marta Augé. Psicóloga Clínica (UNLP). Directora de Psicodrama (Escuela
Argentina de Psicodrama y Psicoterapia de Grupo). Egresada de la Escuela
de Psicoterapia para Graduados. Especialista en Gestión de Servicios para
la Discapacidad (Universidad Isalud). Psicóloga de Planta del equipo de
Hospital de Día del Hospital Italiano (1971-1976). Coordinación del
Hospital de Día de Clínica Témpora (1981-1985). Miembro Fundador y
Presidenta de Fundación Centro de Psicoterapias Integradas, Supervisión
de equipos de Salud Mental y Discapacidad Psicosocial (desde 1985 hasta
la actualidad). Coautora del libro El Hostal. Una experiencia de tratamiento
277
Autoras/es
de psicopatologías graves (1993). Miembro organizador de las 1º Jornadas
de Hostales en Salud Mental (1993). Ex Miembro del Comité Consultivo
Honorario de COPIDIS (2012-2017). Coordinadora y docente del Curso de
Asistente Domiciliario para Personas con Discapacidad en el Polo de Educa-
ción Superior del Partido de Escobar, Prov. de Buenos Aires (2018-2019).
Xoana Rivera. Licenciada en Psicología (UBA). Docente en la Univer-
sidad de Buenos Aires (desde 2008) e investigadora UBACyT (desde 2017).
Coordinadora de Grupos de Reflexión, Talleres de inclusión laboral, talle-
rista y psicóloga referente en Centro de Día Fundación Centro de Psicotera-
pias Integradas (2007-2018). Responsable de un Proyecto de capacitación e
implementación de un taller de producción de conservas caseras, destinado a
concurrentes de la Fundación CPI (2010-COPIDIS). Docente en el Curso
de Asistente Domiciliario para Personas con Discapacidad en el Polo de
Educación Superior del Partido de Escobar, Prov. de Buenos Aires (2018).
Atención de pacientes en consultorio particular. Coordinadora del equipo
interdisciplinario Espacio Terapéutico Lazos. Orientadora del Aprendizaje
en un Equipo de Orientación Escolar.
Gisela Sayago. Licenciada y Profesora en Psicología (UBA). Maestranda
de la Maestría en Psicoanálisis (UBA). Ex- concurrente y becaria honoraria
del Hospital Psicoasistencial Interdisciplinario “Dr. José T. Borda”. Docente
de curso de posgrado del mismo Hospital. Psicóloga referente en Fundación
CPI a cargo de realizar entrevistas de seguimiento psicológico individual
y familiar, reuniones multifamiliares y grupos de reflexión. Coordinadora
del Equipo de Acompañamiento Terapéutico “Construyendo Lazos AT”.
Psicoanalista en consultorio privado.
Ana María Piattoni. Licenciada en Psicología (UCA). Profesora en Psico-
logía (Instituto Superior del Profesorado Juan XXIII, de Bahía Blanca).
Formación en Clínica Psicoanalítica con Adultos del Dispositivo de Forma-
ción en Psicoanálisis para Graduados (Centro Dos). Posgrado de Psicoanálisis
con Práctica Clínica Institucional, con especificidad en adultos (Institución
278
Discapacidad psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
Fernando Ulloa). Asistente Terapéutica en el dispositivo de Hogar de la Funda-
ción Centro de Psicoterapias Integradas (2002-2005). Acompañamiento tera-
péutico con adultos, adultos mayores y gerontes (2006-2014). Atención de
pacientes adultos en equipo interdisciplinario Equipo M.E.M.O.RI.A, Avella-
neda, Prov. de Buenos Aires (2010-1012). Coordinadora de diversos talleres,
Psicóloga Referente a cargo de abordajes individuales, entrevistas familiares,
grupos de Reflexión y reuniones multifamiliares (2008-2018), Coordinadora
de Centro de Día (desde 2014 a la actualidad) en Fundación Centro de Psico-
terapias Integradas. Práctica clínica en consultorio privado.
Belén Marasco. Licenciada en Terapia Ocupacional (UBA). Curso de
posgrado teórico-práctico en Salud Mental: Hospitales de Día “Una cons-
trucción Interhospitalaria”, Dirección General de Docencia, Investigación
y Desarrollo Profesional del Ministerio de Salud. Abordaje individual a
personas con discapacidad psicosocial e intelectual en tratamientos privados
en consultorios y domicilio. Abordaje individual y grupal a personas con
discapacidad psicosocial e intelectual en dispositivos institucionales: Centros
de Día, Área de salud Mental en clínica privada, Hogar y taller comunitario
e Instituciones geriátricas (desde 2013 a la actualidad). Coordinación del
espacio de entrenamiento laboral, actividades socioculturales y organiza-
ción de eventos sociales inclusivos en Fundación Centro de Psicoterapias
Integradas. Docente en Curso de Asistente Domiciliario para Personas con
Discapacidad en el Polo de Educación Superior del Partido de Escobar, Prov.
de Buenos Aires (2018-2019).
Tatiana Traverso. Licenciada en Terapia Ocupacional (UBA). Diploma-
tura en políticas, planificación, gestión y administración de instituciones y
servicios de salud mental (AASM). Abordaje individual a personas con disca-
pacidad psicosocial e intelectual en tratamientos privados en consultorios y
domicilio. Abordaje individual y grupal a personas con discapacidad psico-
social e intelectual en dispositivos institucionales (Centro de Día, Centro
Educativo Terapéutico, Hogar y taller comunitario y taller protegido),
(desde 2015 a la actualidad). Coordinación del espacio de entrenamiento
279
Autoras/es
laboral y organización de eventos sociales inclusivos en Fundación Centro de
Psicoterapias Integradas. Docente en Curso de Asistente Domiciliario para
Personas con Discapacidad en el Polo de Educación Superior del Partido de
Escobar, Prov. de Buenos Aires (2018-2019).
Santiago Paz. Licenciado en Psicología (UBA). Postgrado en Clínica
Psicoanalítica con Adultos del Dispositivo de Formación en Psicoanálisis
para Graduados (Centro Dos). Maestrando en Maestría en Psicoanálisis
(UBA). Supervisor de Dispositivos residenciales de la Dirección de Salud
Mental de CABA. Docente en Maestría en Psicoanálisis (UCES). Docente
en Curso de Asistente Domiciliario en Discapacidad en el Polo de Educa-
ción Superior del Partido de Escobar, Prov. de Buenos Aires (2018-2019)
Coordinador de grupos de reflexión y atención individual a personas con
discapacidad psicosocial en Centro de Día de la Fundación Centro de Psico-
terapias Integradas (desde 2007 hasta la actualidad). Atención de niños,
adolescentes y adultos e interconsultor en clínica de la Discapacidad en la
Fundación Claudina Thevenet (Desde 2010 hasta la actualidad). Práctica
clínica en consultorio privado.
Florencia Amelotti. Licenciada en Trabajo Social (UBA). Formación en
el ámbito de la salud pública, Residencia completa de Servicio Social en
salud en Hospital General de Agudos Dr. I. Pirovano, Dirección General de
Docencia e Investigación, Ministerio de Salud del Gobierno de la Ciudad de
Buenos Aires (2011-2014). Trabajadora Social de planta del Servicio Social
del Hospital General de Agudos Dr. I. Pirovano (desde 2015 hasta la actua-
lidad). Trabajadora Social en Centro de Día Fundación CPI (2017-2019).
Sergio Borrazás. Licenciado en Psicología (UBA). Psicólogo Referente
Institucional de concurrentes y Coordinador de grupos de reflexión y
Reuniones Multifamiliares en Fundación Centro de Psicoterapias Integradas
(desde 2010 a la actualidad). Atención psicoterapéutica en consultorio
particular.
280
Discapacidad psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
Miriam Dinsmann. Licenciada en Psicología (UBA). Formación de
posgrado en Clínica psicoanalítica en Centro Psicoanalítico Mansilla. Ex
docente, profesora adjunta, en la Universidad de Buenos Aires (1998-2014).
Coordinadora de Grupo de Reflexión y referente en Centro de Día Funda-
ción CPI (desde 2012 a la actualidad). Atención psicoanalítica de pacientes
en consultorio particular.
Florencia Vázquez. Estudiante de Licenciatura en Psicología (UBA). Auxi-
liar, tallerista y coordinadora del Grupo de Integración en Centro de Día
Fundación Centro de Psicoterapias Integradas (Desde 2015 a la actualidad).
Adriana Romeo. Técnica en Psicomotricidad (UNTREF). Licenciatura
en Psicomotricidad, Ciclo de formación profesional finalizado, en instancia
de Trabajo Final de grado (UNTREF). Profesora Nacional de Educación
Física con especialización en actividad física adaptada a personas con disca-
pacidad física y psicosocial (Instituto Dr. E. Romero Brest). Diplomatura en
Violencia y Abuso sexual Infantil, en curso (Grupo Congreso). Formación en
técnicas corporales: esferodinamia, Feldenkrais, tango y folklore, acrobacia
aérea. Coordinadora de espacios grupales e individuales de trabajo corporal
en Centro Educativo-terapéutico, Centros de Día e Instituciones geriátricas
(desde 2005 a la actualidad). Coordinadora de espacios grupales de trabajo
corporal y abordaje individual de un joven con TGD en Centro de Día
Fundación Centro de Psicoterapias Integradas (desde 2016 a la actualidad).
Santiago Boscacci. Licenciatura en Musicoterapia, Ciclo de formación
profesional finalizado, en instancia de tesina de graduación (UBA). Coordi-
nador de diversos espacios grupales: Talleres de Expresión Musical, de Medios
de Comunicación, de Estampado Textil y del Taller de Estampado y Costura
del Programa de Inclusión Laboral de la Fundación Centro de Psicoterapias
Integradas (2016-2019). Docente en Curso de Asistente Domiciliario para
Personas con Discapacidad en el Polo de Educación Superior del Partido de
Escobar, Prov. de Buenos Aires (2018). Actualmente se desempeña en dife-
rentes Centros de Día de la ciudad de Rosario, Prov. de Santa Fe.
281
Autoras/es
Ana Paula Escudero. Licenciatura en Musicoterapia, Ciclo de formación
profesional finalizado, en instancia de tesina de graduación (UBA). Coordi-
nador de diversos espacios grupales: en la Fundación Centro de Psicoterapias
Integradas (desde 2016 hasta la actualidad). Abordaje individual en TEA
(2019). Docente en Curso de Asistente Domiciliario para Personas con
Discapacidad en el Polo de Educación Superior del Partido de Escobar, Prov.
de Buenos Aires (2018-2019).
Pablo Glassman. Licenciatura en Musicoterapia, Ciclo de formación
profesional finalizado, en instancia de tesina de graduación (UBA).
Espe-cialización en Musicoterapia y Trastornos del Espectro Autista
(Hospital Italiano). Coordinador del Taller de Expresión Musical en
Centro de Día Casabella (2016). Auxiliar y coordinador de Taller de
Canto en Centro de Día de Fundación Centro de Psicoterapias
Integradas (desde 2017 a la actualidad).
Laura Tarrab. Licenciatura en Ciencias Antropológicas, Ciclo de forma-
ción profesional finalizado, en instancia de tesis de graduación (UBA).
Formación en fotografía en Escuela de Fotografía Creativa Andy Goldstein.
Ha realizado cursos de especialización cinematográfica en el CFP del SICA
en las áreas de: dirección de fotografía, edición y arte. Se forma actualmente
en Artes Audiovisuales (UNA). Integró proyectos de investigación en antro-
pología rural, antropología audiovisual y fotografía. Se desempeña como
realizadora audiovisual independiente y editora. Desde 2009 coordina los
talleres de Fotografía y Cine de la Fundación CPI. Responsable del proyecto
“Nuestra Voz en Primer Plano” sobre la inclusión socio-laboral de las
personas con discapacidad subsidiado por COPIDIS en 2015, realizando el
documental “Con Experiencia Previa” que codirige junto a los participantes
del taller de cine de la Fundación CPI.
Gabriela Demichelis. Egresada de la carrera de Dibujo y Arte Impreso del
Instituto Municipal de Arte de Avellaneda. Licenciatura en Dibujo, Ciclo de
formación profesional finalizado, en instancia de tesina de graduación (UNA).
282
Discapacidad psicosocial. Una experiencia de inclusión en la comunidad
Formación orientada al diseño gráfico en cursos en la Escuela Multimedia Da
Vinci. Formación en seminarios de Guía como Mediador Cultural. Talle-
rista de diversos espacios vinculados con el Arte impreso. Coordinadora del
Taller de Arte y del Taller de Estampado y Costura del Programa de Inclusión
Laboral, realización de trabajos de diseño gráfico para los talleres e institucio-
nales en Centro de Día Fundación CPI (desde 2016 a la actualidad).
Aníbal Sotelo. Licenciatura en Trabajo Social, Ciclo de formación profe-
sional finalizado, en instancia de tesina de graduación (UMSA). Coordi-
nador de diversos espacios grupales, Taller de Derechos, Taller de Medios de
Comunicación, Coordinación del espacio de entrenamiento laboral, activi-
dades socioculturales y organización de eventos sociales inclusivos en Funda-
ción Centro de Psicoterapias Integradas (2014 hasta la actualidad). Docente
en Curso de Asistente Domiciliario para Personas con Discapacidad en el
Polo de Educación Superior del partido de Escobar, Prov. de Buenos Aires
(2018-2019).
Luis Catalán. Profesor de Cerámica Artística, Departamento Artes
Visuales (IUNA). Desempeño profesional en el ámbito de discapacidad,
en abordajes individuales y/o grupales (desde 1993 a la actualidad). Coor-
dinador de talleres de cerámica expresiva, adecuando diferentes técnicas de
modelado y decoración a las necesidades de las personas con discapacidad, en
Fundación CPI y otras instituciones del ámbito de la discapacidad. Coordi-
nador de taller de cerámica de producción seriada en Programa de Inclusión
Laboral, en Fundación CPI. Coordinador de talleres de diferentes técnicas
plásticas y/o artesanías con multiplicidad de materiales: juguetería, yeso,
vestuario (teatro), madera, etc., en diferentes instituciones.
283