0% encontró este documento útil (0 votos)
196 vistas18 páginas

Autonomía Cientifica 2022 Cap 9

Cargado por

lucan2204
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
196 vistas18 páginas

Autonomía Cientifica 2022 Cap 9

Cargado por

lucan2204
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Capítulo 9

Flax, Javier y Pulley Romina, Autonomía científica, interdisciplina y derechos


humanos. Lo que la pandemia nos dejó. Buenos Aires, Apagogué, 2022.

La especificidad de las ciencias sociales

La ampliación del dominio de problemas que abarca cada


disciplina no es sólo un requerimiento de la problemática
ambiental. Como ya hemos puesto de manifiesto, esta última
está actuando como detonante de una situación de crisis en las
ciencias sociales, en lo que concierne a su capacidad para
tratar los problemas estructurales que afectan particularmente
a los países del llamado Tercer Mundo.
Creemos absolutamente necesario que la enseñanza
universitaria de las respectivas disciplinas se modifique en ese
sentido.
Rolando García

1. Introducción
En este capítulo vamos a enfocarnos en la fundamentación epistemológica de las
ciencias sociales, es decir, en la reflexión sobre las condiciones de posibilidad como
ciencias, su alcance y sus modos de validación. Pero también en la necesidad de un
enfoque interdisciplinario en las investigaciones sociales concretas, particularmente
cuando están orientadas a realizar alguna intervención en la realidad, como puede ser el
caso de un plan económico, por ejemplo.
Atendiendo a que existe una pluralidad de métodos en ciencias sociales, vamos a tener
en cuenta dos enfoques de fundamentación epistemológica: el naturalista y el
comprensivista –que a su vez incluye el enfoque crítico–, los cuales además se combinan
y abarcan de diferentes modos las plurales metodologías de las diferentes ciencias
sociales.
En consecuencia, tendremos en cuenta más de un enfoque y consideraremos que,
más que un dualismo epistemológico, existe una complementariedad epistemológica en el
marco de una especificidad de las ciencias sociales con respecto a las otras ciencias
fácticas, las naturales.
Para realizar esta fundamentación, vamos a recapitular algunos temas previos que
tenemos que hacer converger para contextualizar la cuestión.

2. Naturalismo, comprensivismo y teoría crítica: conocimiento e interés En el


capítulo 1 nos referimos a algunos aspectos de la ciencia moderna y su proyecto de
dominación de la naturaleza a través de algunos aforismos de Bacon:

La ciencia del hombre es la medida de su potencia, porque ignorar la causa


es no poder producir el efecto. No se triunfa sobre la naturaleza sino
obedeciéndola. (Aforismo 3)
No hay para las ciencias otro objeto verdadero y legítimo que el dotar a la
vida humana de descubrimientos y recursos nuevos. (Aforismo 81)

Como vemos, la ciencia moderna aparece con un claro interés técnico desde su
aparición. Las ciencias sociales, para algunos autores, deben tomar como modelo de
fundamentación epistemológica a las ciencias naturales. Es decir, deben establecer reglas
generales que expliquen la acción social. Este tipo de ciencia social cuasinatural, como
veremos, frecuentemente está orientada por un interés técnico, no ya de
instrumentalización de la naturaleza, sino de instrumentalización del hombre e, incluso, de
su control y disciplinamiento.
Actualmente hay autores como Ernst Nagel (en La estructura de la ciencia) que
sostienen una perspectiva que pretende asimilar las ciencias sociales a la metodología de
las ciencias naturales, estableciendo relaciones causales o buscando reglas invariantes
que permitan explicar la acción subsumiéndola bajo una regla –que funciona como
premisa mayor– de manera deductiva. Es lo que se denominará postura naturalista, la
cual no atiende plenamente la especificidad de los objetos de las ciencias sociales que
estudian desde diferentes perspectivas el fenómeno humano, atendiendo al lenguaje, a la
libertad, a la cultura. Mientras la naturaleza está dada, el mundo cultural es construido por
el hombre y la subjetividad del hombre es moldeada por su mundo cultural. El
conocimiento del hombre, la cultura, la sociedad, el poder, supone un enfoque
comprensivista que analiza las diferentes motivaciones de la acción de los agentes,
atendiendo a su naturaleza significativa. El mundo social tiene carácter simbólico y la
interacción comunicativa está mediada por el lenguaje.
Es interesante tener en cuenta la comparación que realizan Gregorio Klimovsky (1922-
2009) y Cecilia Hidalgo (n. en 1954) en La inexplicable sociedad con respecto a tres
enfoques posibles sobre las ciencias sociales: “Ensayemos ahora una ilustración sucinta
de las diferencias que conlleva plantear una investigación social desde la óptica de los
tres enfoques que acabamos de caracterizar [naturalista, interpretativista o comprensivista
y crítico]. Tomemos como ejemplo el caso de la Revolución Francesa. Nuestro naturalista,
interesado en cuestiones susceptibles de figurar en generalizaciones acerca de lo social,
podría enfocar quizá el tema del comportamiento humano ante las hambrunas, que así
categorizado denota una situación recurrente y transcultural. Nuestro interpretativista, por
el contrario, apuntará a señalar acciones y creencias específicas vinculadas con la
Revolución Francesa e intentará comprenderlas en el marco de los deseos, razones y
metas de los agentes. En el estudio aparecerán motivaciones y significaciones
particulares de actos; se dirá, por ejemplo, que el comportamiento disoluto y corrupto de
la aristocracia francesa, previo al episodio, despertó en la población sentimientos de
desprecio, de injusticia y de indignación. Estas apreciaciones, puestas en conjunción con
las reglas sociales y de significado vigente en ese preciso momento histórico, permitirían
comprender la acción de los protagonistas de la revolución. Finalmente, quien adhiera al
enfoque crítico pretenderá analizar, por ejemplo, cómo surgió y se expandió la ideología
burguesa en Inglaterra y en Francia durante el siglo XVIII y qué fuerzas desencadenaron la
toma de conciencia de toda una clase social en ascenso para culminar, precisamente, en
la Revolución Francesa”.1 Los autores plantean que en su obra mostrarán cómo los
enfoques se complementan y que el enfoque crítico se reduce a las otras dos escuelas.
Coincidiremos en la complementación de los enfoques, pero no en la reducción del
enfoque crítico, dado que no sólo se caracteriza por sus planteos metodológicos sino por
su interés emancipatorio.
Efectivamente, para autores como Jürgen Habermas (n. en 1929) –perteneciente a la
corriente crítica de la Escuela de Frankfurt– las ciencias sociales tienen un interés
1
G. Klimovsky y C. Hidalgo, La inexplicable sociedad, Buenos Aires, A-Z, 2001, p. 24.
práctico, en el sentido de comprender o interpretar las motivaciones de la praxis o acción
social. Pero como la acción social puede estar motivada tradicionalmente y encubrir
relaciones sociales opresivas o de sumisión, a su juicio, las ciencias sociales tienen que
tener un interés emancipatorio, para lo cual deben realizar una crítica de la ideología
dominante y, a la vez, establecer criterios que orienten la acción social en el sentido de la
emancipación (Jürgen Habermas, Conocimiento e interés).

3. Cuestiones a tener en cuenta para atender la especificidad


de las ciencias sociales

3.1. El problema de la insuficiencia de los datos iniciales


Si en algunas ciencias naturales, como la mecánica newtoniana, los datos iniciales
constituyen una dificultad, en las ciencias sociales, que deben tener en cuenta una mayor
cantidad de variables, sean actores, factores, relaciones, procesos, etc., el problema de
los datos iniciales se complica. Es imposible relevar todos los datos iniciales y se requiere
realizar un recorte desde los criterios de relevancia de la propia teoría.
Cuando se estudia el falsacionismo, se observa que, si se siguiera al pie de la letra la
perspectiva de Karl Popper (1902-1994) debería haberse desechado la teoría newtoniana
porque no se verificó el perihelio de Urano:

m1.m2
(aplicación de la fórmula F = G. a los datos iniciales)

Recordemos que, al aplicar esta fórmula –que se convertiría en la ley de la gravitación


universal– a los datos iniciales conocidos del Sistema Solar, la trayectoria calculada de
Urano no correspondía con la trayectoria observada del planeta. Esto significa que la
consecuencia observacional fue falsada y, si se siguiera al pie de la letra el planteo
popperiano, se debería falsar la hipótesis. Pero el problema no estaba en la hipótesis,
sino en los datos iniciales: estaban incompletos.
Los ya mencionados Adams y Le Verrier, cada uno por su lado, plantearon la hipótesis
auxiliar de una masa gravitando que, unos cien años después, posibilitó el descubrimiento
de Neptuno. Como sabemos, el problema no estaba en la teoría, sino en los datos
iniciales a los que se aplicó la fórmula de la gravitación. Desde la perspectiva falsacionista
popperiana, debería abandonarse la teoría. Para el falsacionismo sofisticado de Lakatos y
su concepción de los programas de investigación científica (PIC), la falsación de una
consecuencia observacional no debe dar por tierra con el núcleo de un programa de
investigación científico progresivo y coherente.
Pensemos entonces la dificultad que puede significar no haber tenido en cuenta un
dato inicial en una ciencia social como la economía, no porque no se lo conocía, sino
porque desde el marco epistémico no se estimó relevante tenerlo en cuenta.

3.2. Indeterminación
Esto se complica si, además de la multiplicidad de datos iniciales, se agrega el
problema de la indeterminación. Debe tenerse en cuenta que el paradigma determinista
newtoniano-laplaciano quedó seriamente cuestionado y reapareció el problema de la
indeterminación de dos maneras:

1) Desde la física cuántica, a través del principio de incertidumbre de Werner Heisenberg


(1901-1976) formulado en 1925. Para la observación de las partículas subatómicas, el
observador debe bombardear el átomo, es decir, debe modificar el objeto para
observarlo; en consecuencia, lo observa modificado. Sin embargo, atendiendo a
cuestiones operativas no queda en cuestión el determinismo causal y en términos
teóricos es algo en discusión.
2) Desde la termodinámica, a través de los sistemas dinámicos complejos. Por su parte,
la termodinámica puso de manifiesto que los sistemas tienen una pérdida de energía y
tienden al desorden. Como decía el propio Popper, ya no podemos pensar el universo
en términos de relojería, de una manera determinista, sino como nubes.

Aparece entonces la perspectiva de los sistemas dinámicos complejos.2 Un ejemplo de


sistema dinámico complejo es el clima, y son conocidos por todos –cada vez que los
pronósticos meteorológicos fallan– los problemas que tiene una ciencia natural como la
meteorología para realizar predicciones. Ya no se trata solamente de un sistema complejo
determinístico, sino de un sistema inestable. En este caso, los diferentes factores
involucrados son la temperatura, la humedad, la presión, los campos magnéticos de la
atmósfera, la radiación, pero deben considerarse a su vez esos fenómenos en diferentes
capas de la atmósfera. Si en la física determinística pequeños cambios en los datos
iniciales producen pequeños cambios en los resultados, en los sistemas complejos
inestables pequeños cambios en los datos iniciales producen grandes cambios en los
resultados.
Nuevamente aparece el problema de la complejidad de los datos iniciales, de los
instrumentos de observación e incluso del cálculo. Edward Lorenz (1917-2008) propone
en los años 70 la teoría del caos. Muestra que un sistema dinámico con sólo tres
variables independientes se comporta de manera caótica. Ni con las mejoradas
observaciones, ni con las nuevas posibilidades que le presta la informática a la
matemática mediante los métodos de cálculo numérico, se puede llegar a predicciones
que no sean más que aproximaciones. Los métodos de pronóstico numérico mejoraron
mucho las previsiones, las cuales llegan a alrededor del 85% de acierto en cinco días,
mientras que antes no llegaban a más de tres días con ese nivel de acierto. Luego ya se
recurre a estimaciones probabilísticas muy inciertas.3
A pesar de los avances en los instrumentos de observación y medición satelital y en el
cálculo matemático al instante, la meteorología avanza, pero el huracán Charlie –para
2
A partir de la nueva perspectiva, aparecen teorías de la sociedad como la teoría sistémica de Niklas
Luhmann (1927-1998), para quien un sistema se define con relación a un entorno con respecto al cual
establece una clausura para diferenciarse y organizarse hacia adentro. Asimismo, los sistemas, en la
medida en que van creciendo, se van diferenciando en subsistemas, lo cual aumenta su complejidad. Si un
sistema no establece canales de comunicación entre sus subsistemas, se genera confusión, desorden,
desequilibrio, dentro del sistema. En general, se denomina entropía a esa tendencia al desorden de los
sistemas, aunque técnicamente es la medida del desequilibrio. Estos esquemas conceptuales son de amplia
aplicación en ciencias sociales, teorías de la organización, de las instituciones, etc., como vimos en el
capítulo anterior con respecto a la metodología interdisciplinaria que elabora Rolando García.
3
Una explicación muy clara y pormenorizada puede encontrarse en el artículo “Pronóstico numérico”,
Boletín del Servicio Meteorológico Nacional, Nº 15, 2007. Recomendamos su lectura a quien se interese por
estos temas. Por cuestiones de extensión sólo podemos hacer referencia a un aspecto: “Existe una gran
diferencia entre los cálculos necesarios para la previsión de los sistemas meteorológicos y los
correspondientes, por ejemplo, a un suceso astronómico como un eclipse. En este último caso intervienen
los movimientos de sólo tres cuerpos: el Sol, la Tierra y la Luna. La atmósfera en cambio es un fluido
tridimensional continuo y aun una representación aproximada requiere conocer un enorme número de
parámetros […] Se observa una tendencia en aumentar la calidad de los pronósticos y la predictibilidad de
los mismos […] Aun con un modelo perfecto la previsión numérica del tiempo no podrá ser totalmente
exacta debido a los errores en la indeterminación del estado inicial y a las fuentes de error externas que
surgen de la discrepancia entre la dinámica del modelo numérico y la atmósfera real. Pero además existe un
mecanismo interno de crecimiento del error que impone un límite fundamental a la previsión de la
atmósfera. Este crecimiento interno del error no es una consecuencia del modelo numérico sino de la
inestabilidad inherente a la dinámica de la atmósfera”, pp. 4-6.
tomar un ejemplo– no pudo ser previsto en 2004 por ninguno de los diferentes modelos
matemáticos combinatorios que se utilizaron. No sólo modificó su rumbo, sino que pasó
de 2 a 4 grados de magnitud, causando un desastre.4

4. Para comprender la especificidad de las ciencias sociales: la economía Teniendo


en cuenta los problemas mencionados, vamos a entrar en la especificidad de las ciencias
sociales. Para ello tendremos en cuenta las cuestiones anteriores a fin de establecer
algunas comparaciones con la economía, atendiendo a que es una ciencia social que se
construye como ciencia positiva, sostiene leyes cuasinaturales, que en el momento de las
predicciones y de las intervenciones políticas, puede resultar catastrófica. Simplificaremos
la exposición en dos alternativas epistemológicas: la naturalista y la comprensivista.
La naturalista plantea que la economía se puede constituir como ciencia cuasinatural,
estableciendo leyes desde la cuales se deducen enunciados observacionales que se
pueden contrastar. Además de describir y explicar, considera posible predecir.
La comprensivista establece la especificidad de la economía como ciencia social, lo
cual implica la necesidad de la convergencia interdisciplinaria con otras ciencias sociales
como la historia, la política, la sociología, la antropología, precisamente para evitar
errores en los que incurren modelos que no tienen en cuenta esa especificidad.
Nuestra exposición concluirá en mostrar la especificidad de las ciencias sociales, pero
no de un modo dualista sino estableciendo posibilidades de complementación con
métodos naturalistas, es decir, que pueden encontrarse regularidades de alcance limitado,
aun cuando hay que tener en cuenta las regularidades específicas de cada cultura, su
configuración simbólico-cultural, su sistema de integración social, sus formas de poder y
sus procesos históricos.
Finalmente, vamos a ejemplificar la confluencia de ambas perspectivas con un caso, el
que plantea el texto de Joseph Stiglitz “Lo que aprendí de las crisis económicas
mundiales”.

4.1. La perspectiva naturalista: la economía como ciencia cuasinatural Vamos a


enfocarnos entonces en la economía, algunos de cuyos teóricos intentaron formular sus
leyes como si fueran cuasinaturales, es decir, como si tuvieran una capacidad explicativa
y predictiva similar a las ciencias naturales.
Para construirse como ciencia cuasinatural –como ciencia positiva–, la economía tuvo
que reducir la diversidad de los modos de motivación social a la del homo economicus.
Esto supone considerar que hasta las elecciones colectivas se reducen a elecciones
individuales (individualismo metodológico) y que las elecciones individuales deben
considerarse “como si” fueran motivadas únicamente por un cálculo de costos y beneficios
que tiende a lograr una maximización de sus utilidades en el contexto de las leyes de
oferta y demanda. De esta manera, si la única motivación es la maximización de
beneficios, se pueden establecer leyes causales del comportamiento humano, como si
fueran correlaciones regulares como las de la física.
Si bien es cierto que esa autocomprensión se halla naturalizada en nuestra cultura,
economistas liberales y epistemólogos de la economía como John Stuart Mill (1806-1873)
y, actualmente, James Buchanan (1919-2013) aceptan que sólo se trata de una
modelización metodológica reductiva para construir la economía como ciencia con

4
Al respecto se refiere el ex decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales Pablo Jacovkis en su
artículo “Computadoras, modelización matemática y ciencia experimental”, Revista Iberoamericana de
Ciencia, Tecnología y Sociedad, 2 (5), pp. 51-63.
capacidad explicativa y predictiva.5
De esta manera lograron –modelización mediante– hacer de la economía una ciencia
causal, establecer una serie de leyes de tendencia y disponer de algunos criterios de
selección de variables en función de una teoría reduccionista, que deja el resto de las
variables bajo la cláusula ceteris paribus.6 Es decir, se considera que esas variables
permanecerán constantes o, a lo sumo, se las considera factores distorsivos (distorsivos
de las tendencias que establecen las leyes), en cualquier caso secundarios y no
necesariamente atendibles.
La presentación del homo economicus como una modelización fue realizada por
primera vez por John Stuart Mill en su escrito Sobre la definición de la economía política
(1836), anterior a sus Principios de economía política:

La ciencia […] procede […] bajo el supuesto de que el hombre es un ser


destinado por naturaleza a preferir en todos los casos más riqueza que menos
riqueza, sin otra excepción que las contramotivaciones ya mencionadas [la
aversión al trabajo y el deseo de goce presente de costosos placeres]. Y no es
que economista alguno haya sido nunca tan absurdo como para suponer que la
humanidad está constituida por tales seres, sino porque ésta es la forma en
que la ciencia ha de proceder necesariamente […] De esta forma se obtiene
una aproximación más cercana al orden real […] Esta aproximación debe, por
tanto, corregirse de forma que tenga en cuenta los efectos de cualesquiera
impulsos de otro tipo, cuya interferencia con los resultados obtenidos pueda
demostrarse en cada caso particular […] Las conclusiones de la economía
política dejarán de ser aplicables a la explicación o predicción de los
acontecimientos reales, hasta que sean modificadas de forma que se pueda
tener en cuenta el grado de influencia ejercido por estas otras causas.7

En otros términos, la modelización del hombre como homo economicus permite


establecer una serie de leyes de tendencia en la economía. Para aproximarnos al estudio
5
Si bien existe una corriente ideológica que considera que el hombre es naturalmente un homo economicus,
Rousseau ya señalaba en su Discurso sobre el origen y naturaleza de la desigualdad entre los hombres que
el tipo de subjetividad propia del homo economicus se constituyó como tal en una estructura social
particular, la de la sociedad mercantil. No corresponde a una naturaleza humana y, en consecuencia, no
debe naturalizarse. La prioridad de la motivación pecuniaria o de la maximización de utilidades es
contingente para Rousseau, quien es considerado por Claude Lévi-Strauss el primer etnólogo.
6
Ceteris paribus significa “lo demás permanece igual”. Esto permite ir analizando una variable por vez,
dejando el resto constante. Por ejemplo, la demanda de equipos de aire acondicionado depende de su
precio, de los ingresos de la gente, del precio de otros bienes que pueden cumplir funciones similares o no,
de las preferencias de la gente. Todas esas variables determinan la demanda. Para conocer el efecto de un
cambio de precios en la demanda de los equipos, entonces dejo todas las demás variables constantes o
ceteris paribus. Puedo considerar –ceteris paribus– que la demanda aumentará si bajan los precios de los
equipos. Ahora bien, si aparece una suba enorme de una variable que ni siquiera tuve en cuenta, como el
valor de la energía eléctrica, puede ocurrir que mis previsiones de producción de equipos hayan sido
desmesuradas.
Entonces, el problema es cuando la propia teoría ignora determinadas variables o cuando algunos que
se hacen llamar economistas las ocultan para tener a su favor las asimetrías de información a fin de operar
en el mercado, como ocurre con algunos denominados gurúes de la city. Al respecto puede verse el capítulo
7 de J. Flax, Ética, política y mercado, denominado, precisamente “Incertidumbre y desconfianza, los gurúes
económicos: ¿predicción o lobbying?”. En el caso de los consultores es una suerte de reserva, porque le
dan a la cláusula el significado de “en la medida en que lo demás permanezca constante”. Entonces relevan
una serie de variables que consideran importantes y las que no elijen, las consideran como permaneciendo
inmóviles. Si las previsiones no se cumplen, se adjudica a alguna variable fortuita, no previsible, cuando
puede haber sido simplemente no prevista. En estos casos, lo correcto sería al menos enumerar qué
variables se consideran inmóviles o poco significativas.
7
Los párrafos de esta obra de Mill –difícil de encontrar– fueron tomados de Mark Blaug, La metodología de
la economía o cómo explican los economistas, Madrid, Alianza, 1985.
de una situación económica, recurrimos a esas leyes, pero luego se requiere su
complementación mediante los otros factores o motivaciones que Mill denomina “factores
distorsivos”.
Sin embargo, las recomendaciones metodológicas de Mill no suelen ser tenidas en
cuenta por la corriente científica dominante, la economía neoclásica que, como veremos,
“desprecia” cualquier otra motivación, particularmente aquellas correspondientes a otras
formas de vida. Es así como cualquier expresión cultural diferente aparece como carente
de relevancia para una autocomprensión meramente mercantil y para la ciencia
económica construida desde una epistemología nomológico-deductiva que no pone sobre
la mesa los supuestos valorativos de su marco epistémico.

4.2. La especificidad de las ciencias sociales (a través de la economía) La libertad


de los actores. Tracemos ahora una analogía con la meteorología, disciplina que
presenta problemas por la indeterminación en la interacción de los factores. En la
interacción social se desenvuelven actores, infinidad de factores, y la estructura
institucional que es el mercado no condiciona de manera determinista el desenvolvimiento
de los actores. Es decir, los sujetos no están completamente sujetados por la lógica de
una estructura que los determina completamente, sino que son portadores de una
voluntad que puede establecer una sobredeterminación.
Kant ya mostró que la libertad no es incompatible con la causalidad determinista. Un
agente, mediante su iniciativa, puede agregar un eslabón a la cadena causal y reorientarla
con sus decisiones o elecciones. Puede empezar una cadena causal a partir de su
iniciativa. La libertad es propia de la condición humana y a partir de ella los hombres
pueden orientar éticamente sus comportamientos. A modo de ejemplo, Immanuel Kant
plantea un imperativo moral que expresa: “Obra de tal modo que uses a la humanidad,
tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo
tiempo y nunca solamente como un medio”.8 Esta formulación se funda en la dignidad de
la persona humana, en tanto el hombre es un fin en sí mismo y debe ser tratado como tal
y no debe ser meramente usado o instrumentalizado. Por ejemplo, en un contexto laboral
debe tratarse a un empleado como un fin en sí mismo cuando presta un servicio o realiza
una labor. Si no lo hacemos, nos degradamos nosotros mismos. Al mismo tiempo, cuando
nosotros brindamos un servicio o cumplimos una labor, no debemos olvidarnos de nuestra
dignidad.
Los sujetos son libres, a veces previsibles, a veces imprevisibles. No son reductibles a
un modelo causal-eficiente. La motivación opera teleológicamente, es decir, como causa
final. En este punto podemos tener en cuenta la teoría de los juegos: que hay juegos
cooperativos, hay competitivos y hay juegos mixtos; hay juegos de suma 0 (uno gana y
otro pierde), de suma positiva (todos pueden ganar), de suma negativa (todos pueden
8
Los imperativos categóricos (mandatos incondicionales) propuestos por Kant tienen diferentes
formulaciones. Cf. I. Kant, Fundamentación de la metafísica de las costumbres, Madrid, Espasa-Calpe,
1980, p. 38 ss. Primera formulación: “Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad pueda elevarse a
principio de una legislación universal”. “Máxima de la voluntad” significa de la propia voluntad, es decir, la
autonomía. Esta formulación expresa el principio de universalización. La mentira es inmoral porque no es
universalizable. Si se universalizara la mentira, se eliminaría la veracidad y nadie creería en nadie, con lo
cual al mismo tiempo se haría imposible mentir (porque nadie creería en nada). En un contexto tal sería
imposible coordinar la acción social por la ausencia de confianza en la palabra de los otros. Para que sea
posible transgredir la norma, expresa Kant, ésta debe existir y ser reconocida como tal. En otras palabras,
unos pocos pueden transgredir algunas normas y beneficiarse con ello (si no son descubiertos) en la
medida en que el cumplimiento o la eficacia de las normas sea alto. Pero si la transgresión aumenta, se
incurre en el fenómeno que Carlos Santiago Nino (1943-1994) denominó “anomia boba”. En esa situación la
mayoría tiende a incumplir las normas generándose imprevisibilidad, incertidumbre y desconfianza. En un
contexto tal, la coordinación de la acción social se deteriora y se vuelve más ineficiente. El límite es la
parálisis.
perder). Si los juegos cooperativos son bajo certeza, los juegos competitivos son bajo
incertidumbre. No sabemos la estrategia del contrincante, por ejemplo. A lo sumo,
sabemos qué reglas no puede no cumplir (game) y el cumplimiento de las reglas es una
forma de cooperación básica que posibilita luego jugar a la competencia, en el futbol o en
el mercado. La libertad de los jugadores establece la principal especificidad de las
ciencias sociales (play).
El comportamiento de los actores económicos, estructurados como sujetos en el
mercado, puede responder a diferentes motivaciones, no sólo a la maximización de
beneficios. Desde el marxismo, Louis Althusser (1918-1990) reconoce que el vector
material (dominante en la etapa histórica de las necesidades) puede ser sobrepasado por
otros vectores como el estético, el cultural o el religioso. Pero aún para un liberal como
Amartya Sen (n. en 1933), por ejemplo, se hace un uso reiterativo, deformado por
descontextualizado, de la frase de Adam Smith según la cual “no es la benevolencia del
carnicero, el cervecero o el panadero lo que nos procura nuestra cena, sino el cuidado
que ponen ellos en su propio beneficio. No nos dirigimos a su humanidad sino a su propio
interés y jamás les hablamos de nuestras necesidades sino de sus ventajas”, o “Ninguno
se propone, por lo general, promover el interés público, ni sabe hasta qué punto lo
promueve […] sólo piensa en su ganancia propia; pero en éste como en otros casos, es
conducido por una mano invisible a promover un fin que no entraba en sus intenciones”. 9
Pero la realización del autointerés supone para el propio Adam Smith virtudes sociales
como la confianza, el respeto recíproco e instituciones como la justicia: el autointerés
limita el propio autointerés, diría Hume. El refrán popular dice: “La codicia rompe el
saco”.10

Los problemas de la predicción por la libertad, la confianza y la desconfianza: el


teorema de Thomas.
Resulta interesante al respecto tener en cuenta las predicciones suicidas y las
profecías autorrealizatorias que Ernst Nagel (1901-1985) toma de Robert Merton (1910-
2003). Una predicción suicida consiste, por ejemplo, en que se lanza el rumor de que un
banco está por declararse insolvente. La gente retira desesperada los depósitos y el
banco entra efectivamente en una situación de insolvencia. Una profecía autorrealizatoria
sería prever que se está entrando en un mediano plazo en una recesión. Pero entonces
los diferentes actores económicos tomarán las medidas para evitarla y, en consecuencia,
se evitará entrar en recesión.
En rigor, bajo ambas situaciones –como expresa Merton– opera el teorema de Thomas:
“Si se considera que algo es real, aunque no lo fuera, será real en sus consecuencias”. 11
Esto genera un problema a la hora de realizar predicciones.
Ahora bien, en rigor, lo que está condicionando las creencias en el teorema de Thomas
es la mayor o menor confianza o desconfianza que atraviesa a la sociedad. Y la confianza
es un valor. Curiosamente, la perspectiva cuasinatural se considera neutralmente
valorativa. Pero el mercado no funciona sin dos valores fundamentales: la libertad y la
confianza. Para ampliar en alguna medida el espectro de las motivaciones de la acción
social, debemos considerar los planteos de Max Weber (1864-1920).

Los diferentes tipos de motivación social y las valoraciones.


Como decía Weber (filósofo, economista y sociólogo fundador de la sociología
9
A. Smith, Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, México, FCE, 1958, p.
402.
10
Amartya Sen se refiere al respecto en varios lugares, por ejemplo, en “Ética de la empresa y desarrollo
económico”, en A. Cortina (comp.), Construir confianza, Madrid, Trotta, 2003, pp. 41 ss. 11 R. Merton, Teoría
y estructura sociales, México, FCE, 1995, p. 505.
comprensiva), las ciencias sociales son Wertfrei, lo cual quiere decir libres de valoración y
no “neutralmente valorativas”. Sostenía que hay un pluralismo valorativo, pero que la
economía –como ciencia– no puede pretender establecer juicios prácticos de valor,
porque los valores no se pueden reducir a la racionalidad científica pues, a su juicio, eso
implica confundir los valores con fines, como hace la tecnocracia. Como el propio Weber
menciona, la maximización de beneficios es una perspectiva reduccionista. Existen otras
motivaciones sociales que no son tenidas en cuenta.
Asimismo, Weber es consciente del pluralismo cultural y la influencia de las
valoraciones en la economía, y que hay que ponerlas sobre la mesa. Ni qué decir de sus
consideraciones sobre le ética protestante y su influencia en la construcción del mercado
(sobre todo en el opúsculo “Las sectas protestantes”, previo a La ética protestante y el
espíritu del capitalismo). Allí expresa que se hacían transacciones comerciales entre
personas que pertenecían a tal o cual secta protestante, porque eso las hacía confiables.
Weber, fundador de la sociología comprensiva –e inspirador, junto con Karl Marx, de
algunas de las posiciones de la Escuela de Frankfurt–, plantea en Economía y sociedad
tres tipos puros de motivación de la acción social, que se corresponden con tipos de
legitimidad y de dominación política. Los tipos puros son esquematizaciones para realizar
una aproximación interpretativa a la realidad, pero no existen puros en la realidad. Los
tres tipos de motivación social son:

1) Tradicional
2) Carismático valores
3) Racional con respecto a
fines

La acción social puede ser motivada de manera tradicional, de manera carismática y


de manera racional o mediante una combinación de tipos. La motivación tradicional
expresa los valores y las costumbres de una cultura, así como sus creencias religiosas. Si
bien está más presente en culturas tradicionales cerradas, no por eso deja de estar
presente en la cultura moderna. La motivación carismática corresponde a períodos de
transición en los que se requieren liderazgos aglutinadores para llevar adelante las
transformaciones de una situación a otra. La acción racional, inicialmente, fue acción
racional con respecto a valores (libertad, igualdad, solidaridad, etc.) pero luego se fue
convirtiendo en mera acción racional con respecto a fines y los fines son medios para otra
cosa, como la maximización de las ganancias. Es decir, se transformó en acción
instrumental.
Weber considera que la racionalidad es solamente la racionalidad deductiva, inductiva
o instrumental. Su pensamiento no puede aprovechar los aportes del giro lingüístico a los
efectos de la fundamentación: ni la teoría de la acción comunicativa, ni la racionalidad
abductiva. Por ello considera que no es posible la fundamentación de los valores. Como
los valores son instancias últimas, no se pueden deducir de una premisa mayor, tampoco
pueden resultar de una inducción porque ello sería pretender convertir lo meramente
vigente en válido, pues sería incurrir en una falacia naturalista. Sería como decir que,
como en muchos lugares está vigente la explotación laboral de los seres humanos,
entonces ésta es válida. Finalmente, dados unos valores, la racionalidad instrumental sólo
puede establecer unos medios para alcanzarlos.
A pesar de que para Weber los valores no se pueden fundamentar racionalmente, él
mismo estableció un método para realizar una crítica racional de los valores a los efectos
de su comprensión. Desde esta perspectiva, dio un gran paso en el sentido de una teoría
social crítica.
Crítica racional de los valores: crítica ideológica y crítica empírica. En esta actividad
crítica se pone en juego el esclarecimiento de los propios valores, en el doble sentido de
la ética de la convicción –basada en principios y valores– y su complementaria ética de la
responsabilidad –que atiende a las consecuencias de nuestra acción–. Ese es un paso
que la economía debería dar para poner sobre la mesa los valores subyacentes. El
esclarecimiento, para Weber, supone una doble crítica:

a) Una crítica reflexiva o dialéctica o crítica de la ideología (vinculada a la “ética de la


convicción” o a los propios principios), que supone comparar los valores de la propia
cultura con valores de otras culturas. Esta actividad posibilita un diálogo con enfoques
alternativos y el esclarecimiento de los propios valores. Propia del diálogo intercultural,
esta crítica se puede extender a las diferencias en la misma sociedad. Incluso, se
pueden comparar valoraciones que derivan de priorizaciones diferentes de los mismos
valores: priorizar la igualdad sobre la libertad conduce a políticas diferentes que
priorizar la libertad con respecto a la igualdad. Como los valores están naturalizados
porque uno vive en su propia cultura como si fuera su naturaleza, la comparación con
otras culturas es un movimiento de reflexión: me reflejo en la otra cultura como en un
espejo. Al poder comparar las diferencias con la otra cultura, soy autoconsciente de la
peculiaridad y de los valores de mi propia cultura, es decir, los desnaturalizo.12
b) Una crítica empírica, que supone: 1) Evaluar la coherencia entre los diferentes valores
que sostengo o su prioridad. No se trata meramente de la coherencia lógica, sino de la
coherencia práctica. En qué medida los valores que sostengo se plasman en actitudes,
comportamientos y prácticas. ¿Quiero realmente mejorar la educación y la salud
públicas si al mismo tiempo trato de eludir el pago de impuestos? ¿Quiero realmente
que todas las personas sean incluidas en los beneficios de la sociedad en un contexto
de desempleo forzoso y al mismo tiempo me opongo al pago de impuestos progresivos
a la renta que permita financiar el acceso a una renta de ciudadanía para los que no
pueden insertarse en el trabajo asalariado? 2) Evaluar las posibles consecuencias
deseables o indeseables de mis acciones (vinculada a la ética de la responsabilidad).
Esto vale para las acciones individuales, pero mucho más para las políticas y las
implementaciones de políticas, las cuales pueden adolecer del defecto de no prever
consecuencias indeseables previsibles si se aplica una metodología interdisciplinaria y
se realizan audiencias públicas, como se verá en el Capítulo 10. 3) Evaluar la
factibilidad y sustentabilidad de lo que pretendemos. En la medida en que no se realice
esta evaluación, se puede iniciar una acción irrealizable, que además puede ser
contraproducente si no se midieron los medios para su realización. Luego hay que
evaluar qué otros recursos se requieren para hacerlo sustentable en el tiempo.
4.3. Las variables relevantes:
configuraciones singulares y reglas culturales
Si bien en economía se recurre a la inducción, al método hipotético-deductivo y al
falsacionismo, vamos a considerar estos últimos. Si en el ejemplo que vimos de Newton el
problema estaba en que se desconocían algunos datos iniciales que hacían incorrectas
las consecuencias observacionales a contrastar, en el caso de la economía los datos
iniciales resultan sumamente difíciles de precisar. La propia teoría conduce a seleccionar
las variables relevantes para la propia teoría. De ahí que se dejen de lado o se pongan
bajo la cláusula ceteris paribus variables que pueden ser sumamente relevantes –como
las históricas y culturales– en contextos culturales particulares. Si ello es así, no sólo las

12
Los valores están actualmente plasmados en derechos fundamentales. Resulta un ejemplo muy
recomendable de ejercicio de crítica reflexiva, la que realiza el documentalista Michel Moore en “¿Qué
invadimos ahora?”, un documental disponible en internet, sumamente entretenido y esclarecedor.
predicciones desde la economía positiva, sino también las previsiones y los planes que se
implementen desde la economía normativa serán erróneas y muy probablemente
producirán efectos previsibles indeseables. Ésta es la perspectiva naturalista insuficiente
en la que –veremos en el caso– incurrió el Fondo Monetario Internacional (FMI) en la crisis
de Asia oriental, Rusia, y otras crisis que no pudo predecir por su enfoque limitado.

Subsistemas sociales e interdisciplinariedad. Un economista como Karl Polanyi (1886-


1964), autor de La gran transformación, considera que los modelos de mercados
autorregulados –que responden al modelo de la economía cuasinatural– son
insuficientes. Se requiere tener en cuenta las instituciones del sistema político, las
relaciones fácticas de poder; entre ellas, las posiciones de dominio en el mercado –es
decir, monopolios y oligopolios que para el modelo reductor son meras fallas–, el sistema
de integración social, los estudios de la antropología económica, etc. En ese sentido, las
ciencias sociales deben converger interdisciplinariamente para evitar efectos indeseables
previsibles.

5. Estudio de un caso: los organismos multilaterales


de crédito y la crisis de Indonesia
Para exponerlo a través de un caso, recurriremos al texto de un economista reconocido
como Joseph Stiglitz. Su artículo ya célebre “Lo que aprendí de las crisis económicas
mundiales” permite ilustrar la insuficiencia y el riesgo que significa el enfoque
metodológico reduccionista anteriormente presentado.13
Stiglitz se refiere a una disputa en el interior de los organismos multilaterales de
crédito, a saber, dos enfoques dentro de la misma matriz neoclásica: uno que podríamos
denominar enfoque nomológico-deductivo, representado por los macroeconomistas del
FMI, y el enfoque institucionalista, representado por economistas del Banco Mundial, el
caul recoge aspectos comprensivitas. Como veremos, el enfoque del FMI no es
meramente metodológico, sino que responde a una intencionalidad política, lo cual no
invalida las críticas de Stiglitz. La discusión se produjo en 1997 con respecto a cómo
encarar la crisis asiática –que, dicho sea de paso, el FMI no pudo prever– primero en
Tailandia, luego en Indonesia y más tarde en Rusia. Vamos a aislar algunos pocos
enunciados del texto. Expresa Stiglitz:

a) “Estos economistas [del FMI] se caracterizaban por su poco conocimiento de la historia


o las singularidades de la economía rusa y lo peor es que no creían necesitar esos
conocimientos. La gran fortaleza y la definitiva debilidad de las doctrinas económicas
en las que confiaban es que, según ellos, las doctrinas eran –o se supone que deben
ser– universales. Las instituciones, la historia, o incluso la distribución del ingreso,
simplemente no importaban.”
b) “[Los institucionalistas, por el contrario], enfatizaban la importancia de la infraestructura
institucional”, las peculiaridades históricas y culturales. De lo contrario, se podrían
generar políticas recesivas que tendrán un efecto destructivo previsible sobre la
actividad económica, el empleo y la gente.
c) “Se sabe de «misiones» que redactaron esbozos del informe final antes de visitar la
nación. Me contaron un desdichado incidente en el que los miembros del equipo
copiaron grandes secciones del texto del informe de un país y las trasladaron tal cual a
otro”.
13
J. Stiglitz, “Lo que aprendí de las crisis económicas mundiales”, artículo escrito originalmente para The
New Republic en abril de 2000. Los números de páginas a los que haremos referencia corresponden a la
versión publicada en A. Borón et al., Mundo global, ¿guerra global?, Buenos Aires, Continente-Peña Lillo,
2002.
d) Además, se requiere la construcción de consensos y de confianza, al menos de
consultas amplias, para que las políticas puedan dar los resultados esperados: “El
Fondo rara vez concede tiempo suficiente para la construcción de consensos amplios o
siquiera consultas amplias a los parlamentos o a la sociedad civil”.
e) “Cuando la crisis se extendió a Indonesia”, afirma Stiglitz, “me inquieté aun más.
Estudios recientes del Banco Mundial demostraban que la recesión en un país con
conflictos étnicos profundos podría desencadenar trastornos sociales y políticos de
toda índole”.
f) El desconocimiento de cuestiones específicas condujo a que el entonces presidente del
FMI, Michel Camdessus, dijera que “Asia oriental tendría que aguantar como lo hizo
México. Y continuó señalando que gracias a las penurias a corto plazo México había
salido fortalecido de la experiencia”. Esto muestra que no tuvo en cuenta dos variables
fundamentales, ocultas bajo la cláusula ceteris paribus: 1) una que responde a las
leyes de la economía: México le vendía a Estados Unidos, que incrementó sus
importaciones desde ese país “gracias al boom económico estadounidense”. Es decir,
había una mayor demanda. “En contraste, el principal socio comercial de Indonesia es
Japón, que en aquel momento estaba, y hasta ahora sigue, atascado en el
abatimiento.” Es decir, Japón retrajo las importaciones e Indonesia tenía que disminuir
su oferta. 2) La otra variable corresponde a la especificidad histórica, política y cultural
de Indonesia, que era un país políticamente más inestable, y una renovación de los
conflictos étnicos conduciría a una fuga masiva de capitales. “El FMI no sólo no estaba
restaurando la confianza económica en Asia oriental, sino que estaba desgarrando el
tejido social de la región.”
g) Lamentablemente la postura del FMI se llevó a cabo y se produjeron los efectos
indeseables, previstos por los economistas institucionalistas. Peor aún, la crisis se
extendió luego a Rusia.
h) “De hecho Tailandia, que siguió al pie de la letra las recetas del FMI, ha tenido peores
resultados que Malasia o Corea del Sur, que siguieron cursos más independientes.”

Viendo las cosas retrospectivamente con la información disponible y más acá de


cualquier teoría conspirativa, actualmente resulta claro que el FMI no tuvo en cuenta las
advertencias del Banco Mundial porque sus objetivos consistían en una “destrucción
creadora” –propiciada por la Escuela de Chicago– para imponer el neoliberalismo en los
“tigres asiáticos”, cuyo desarrollo extraordinario se basó en una concepción económica de
capitalismo orientado por el Estado. Pero aun así, ello no invalida el planteo metodológico
representado por Stiglitz. Más aún, incluso teniendo por objetivo la destrucción de la
institucionalidad de esos países –primero mediante presiones de la OMC para permitir el
ingreso de capitales volátiles que generaron la crisis al retirarse y luego mediante la
imposición de las metarregulaciones denominadas genéricamente “reglas del Consenso
de Washington” para permitir el acceso a capitales extranjeros a la propiedad de las
prósperas y competitivas empresas surasiáticas–, aun así no pudieron prever efectos
indeseables para sus propios intereses por desconocer las peculiaridades culturales. Al
respecto expresa la economista canadiense Naomi Klein en el capítulo “La doctrina del
shock”, dedicado a la crisis del sudeste asiático:

Al más puro estilo de un interrogador de prisioneros, el FMI había utilizado el


extremo dolor provocado por la crisis para doblegar la voluntad de los tigres
asiáticos, para reducirla a la sumisión total. Pero los manuales de interrogación
de la CIA ya advierten de que ese es un proceso que puede irse de las manos:
si aplican demasiado dolor directamente, en vez de regresión y obediencia, los
interrogadores pueden estimular la determinación y la rebeldía de sus
interrogados. En Indonesia se sobrepasó esa línea, lo cual constituye todo un
recordatorio de que la terapia del shock puede llevarse demasiado lejos y
provocar una especie de rechazo que pronto resultaría muy familiar por su
repetición en diversos escenarios (desde Bolivia hasta Irak).14

Si quiere profundizar, puede verse en la nota abajo que las previsiones de los
economistas institucionalistas, con respecto a las peculiaridades de Indonesia, requieren
la concurrencia de otros campos de saber que los de la mera ciencia económica
cuasinatural.15
Pero parecería que tener en cuenta interdisciplinariamente la historia, la política, la
geografía, las diversidades étnicas y religiosas, etc., significaría para la ciencia económica

14
N. Klein, La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre, Buenos Aires, Paidós, 2008, p. 375.
15
La obviedad de las peculiaridades de Indonesia.
Indonesia se considera el país con mayor diversidad étnica después de la India. Se reconocen trescientos
grupos étnicos diversos. Quizá el caso de Indonesia sea un caso extremo de diversidad cultural y
complejidad política de un país supuestamente exótico para Occidente, aunque no tanto. Por ello, no se
puede dejar de pensar que no se necesita de la sutileza de una metodología comprensivista sofisticada
para prever que se trata de una realidad tan inestable como la nitroglicerina. En casos como el tratado
existen aspectos de la cultura que deben tenerse en cuenta y cuyo conocimiento no resulta tan complejo.
Prueba de ello es que los economistas del Banco Mundial lo tenían en cuenta. No se puede aducir
obstáculos epistemológicos, por ejemplo, para comprender la importancia que tiene la motivación religiosa
en el mundo islámico. En el caso tratado, se requiere armar abductiva e interdisciplinariamente un
rompecabezas cuyas piezas son proporcionadas por disciplinas que concurren en un programa común, con
un objetivo previamente establecido.
Cuando se realiza una lectura de la historia y la geografía de Indonesia, se encuentra una organización
política fundada sobre un territorio atípico sobre el cual constituir un Estado. Se trata de un archipiélago que
alberga una diversidad de etnias y religiones bajo la hegemonía de la isla de Java, con un pasado colonial y
una serie de luchas independentistas atravesadas por la Guerra Fría que produjeron transformaciones
políticas y económicas en un contexto de diversidad religiosa y cultural irreductible. Su población de 200
millones de habitantes constituye, en consecuencia, una unidad política sumamente delicada y se requiere
atender permanentemente a esa diversidad, en la que una economía diversificada con un alto desarrollo
industrial y la explotación de recursos naturales convive con formas tradicionales de producción.
Por eso llama la atención la necedad de quienes piensan políticas económicas sin atender
interdisciplinariamente a los aspectos políticos, culturales y religiosos que atraviesan la economía indonesia,
cuyas instituciones políticas no pueden considerarse con la misma capacidad para implementar políticas
que los Estados consolidados de otras latitudes, a pesar de tratarse de una “democracia tutelada” o un
Estado autoritario en términos de la denominada “tesis de Lee”. Así fue como las recetas unidimensionales
del FMI y la política de shock devaluatorio produjeron recesión, un altísimo desempleo y, a la vez, un
proceso de alza de precios y escasez de productos básicos que desencadenó una ola de protestas,
disturbios, estado de emergencia y represión que en poco tiempo pusieron de manifiesto la endeblez
política sobre la que se estaba construyendo el proceso de transformaciones económicas de Indonesia.
El caso de Indonesia es sumamente interesante porque, si padecieron históricamente injerencias
colonialistas, también las pretensiones históricamente hegemónicas de la isla de Java intentan arrasar a su
vez con toda la diversidad cultural y religiosa del archipiélago para imponer el Islam como religión
aglutinadora. Esas pretensiones se ejemplifican mediante procesos migratorios internos compulsivos para
descomprimir algunas regiones y ocupar y explotar económicamente otras. Durante estos procesos, en los
cuales el modelo de mercado se fue imponiendo a las economías domésticas y a las economías de
reciprocidad, no se respetaron leyes agrarias que establecen derechos consuetudinarios sobre la tierra para
las comunidades locales, lo cual es fundacional de cualquier unidad en un país con tanta diversidad étnica y
cultural si se pretende una convivencia pacífica. En consecuencia, no sólo se produjeron estallidos violentos
en diversas regiones, sino incluso el retorno de prácticas violentas ancestrales. Por ejemplo, luego de
décadas de haberlas abandonado, los dayaks de Borneo retornaron a las prácticas de decapitación y
canibalismo al ser despojados de sus tierras comunales y sus modos tradicionales de producción que les
permitían sostener su estilo de vida. A su vez, los dayaks comenzaron a ser ejecutados extrajudicialmente si
eran encontrados con un machete, su herramienta de producción, con lo cual se generó una espiral de
violencia evitable. Por su parte, en las islas Molucas se generó una guerra civil atravesada por conflictos
religiosos que se realimentó cuando el gobierno central de Java se propuso como “solución final” una
“guerra de limpieza” religiosa en 1999 y 2002, bajo la dominación islámica. Y podríamos proseguir con los
ejemplos de la matanza y el desplazamiento poblacional que se desencadenaron por pretender imponer un
programa económico “enlatado” en un contexto político y cultural cuyo equilibrio inestable llevó décadas
construir.
dominante perder su poder, es decir, su preeminencia como ciencia social.

Aculturación económica, discusión pública e interdisciplina. Lamentablemente, este


tipo irrupciones violentas del capitalismo bajo la complicidad de los Estados con respecto
a las políticas neoliberales de mercados “autorregulados” impacta dañinamente en países
con menor complejidad que la de Indonesia, pero con peculiaridades que requieren un
abordaje que excede la ciencia económica. En consecuencia, no hace falta ir a países
exóticos para observar fenómenos análogos de aculturación económica. No hay más que
observar el proceso de sojización de que nos ocupamos en el Capítulo 10, atendiendo al
corrimiento progresivo de la frontera agrícola y al desplazamiento y la muerte por
inanición de las poblaciones originarias de las selvas a partir del acaparamiento de tierras
sin respetar los títulos tradicionales y los modos de producción previos y alternativos.
También los peones rurales –superfluos para este modo de producción tecnificada de
manera sofisticada– son desplazados de los campos sojeros y condenados a la
pauperización en los cinturones precarios de las grandes urbes. Los datos mencionados
son más que suficientes para plantear que se requiere una investigación interdisciplinaria,
en los términos y con la aproximación metodológica que propone Rolando García.
Asimismo, en el momento de definirse unas políticas, se requiere de procesos públicos
de decisión superadores de las previsiones proporcionadas por la investigación
interdisciplinaria, la cual es condición necesaria, superadora de los enfoques
unidimensionales, pero sigue siendo insuficiente. Stiglitz pone de manifiesto que en buena
medida muchas de estas situaciones se podrían prever si fueran sometidas al escrutinio
público en las instituciones democráticas correspondientes y en instancias de
participación de los afectados: “Con frecuencia me preguntan cómo personas inteligentes,
incluso brillantes, habían podido diseñar políticas tan desastrosas. Una razón es que esas
personas no utilizaban una ciencia económica correcta […] La otra es que las personas
inteligentes corren más riesgo de hacer estupideces cuando se cierran a la crítica y los
consejos del exterior […] Si el FMI y el Departamento del Tesoro hubieran aceptado el
escrutinio público [el cual incluye los elementos históricos, políticos, culturales, de
integración social, valorativos, etc.], es posible que su demencia hubiera quedado
esclarecida mucho antes”.16 En otros términos, la perspectiva de los organismos
multilaterales de crédito consiste en un enfoque tecnocrático y autoritario sustentado en
una racionalidad instrumental que desconoce las diferencias, las posibilidades del respeto
y el reconocimiento recíproco, la importancia de las instituciones democráticas como
marco institucional para canalizar las diferencias y las preferencias basadas en los estilos
de desarrollo y en la pluralidad histórica y cultural que pueden expresarse a través de
esas instituciones. Mirando hacia nuestra propia realidad argentina, la investigación
interdisciplinaria y la discusión pública sobre la sojización transgénica y sus
consecuencias es una asignatura pendiente.
No podemos perder de vista que la racionalidad estratégico-instrumental imperante en
el pensamiento económico se nutre de una tradición de pensamiento naturalizada en
nuestra cultura. Por ello, se debe realizar una suerte de crítica de la ideología que permita
poner de manifiesto los valores que constituyen el marco epistémico de la corriente
económica dominante que reduce el hombre a un homo economicus.
Como expresa Rolando García:

Quizá sea la economía la disciplina donde más claramente se pone de


manifiesto el papel fundamental que juega el marco epistémico. Las

16
J. Stiglitz, “Lo que aprendí de las crisis económicas mundiales”, pp. 59-60.
implicaciones para la vida de la sociedad son enormes.17

Como veremos en el Capítulo 10, ese marco epistémico no es meramente


epistemológico, sino que supone valoraciones que no siempre son clarificadas. Por ello
agrega García:

Sin embargo, en muchos países –particularmente en Latinoamérica– son los


ministerios de economía (erigidos en verdaderos superministerios) quienes
establecen y aplican las normas que afectan profundamente a la sociedad. Si
no son ellos quienes las generan, son ellos quienes proveen la “racionalidad
económica” de las medidas que aplican. ¿Quiénes sino ellos justifican el
comportamiento del país en su conjunto frente a los problemas de la deuda, a
las privatizaciones, a las políticas de inversiones, a la utilización de los
recursos, a las políticas de precios y salarios? Las justificaciones que ofrecen
obedecen a cierta concepción de la economía. Allí la normatividad juega a dos
puntas: por un extremo, está implícita en el marco epistémico a partir del cual
se genera la teoría, pero luego la teoría se utiliza para fundamentar la
“legitimidad” o “racionalidad” de las normas que se aplican.

Cuando García escribía esas líneas, estaba vigente en América Latina el


neoliberalismo. Como sabemos, muchos países de nuestro continente están haciendo lo
imposible por dejarlo atrás. Por lo pronto, se subordinó la economía a la política y la
democracia comenzó a democratizarse en términos de acceso efectivo a más derechos.
Sin embargo, permanecen muchas de las instituciones y relaciones de producción
neoliberales y, lo que es más grave, permanece la naturalización de muchas nociones del
ideario neoliberal que pueden llevar a incurrir en prácticas no deseadas. Por eso es
necesario que la economía en general, incluso la que se autodenomina heterodoxa,
realice el movimiento reflexivo de clarificar los supuestos valorativos que constituyen un
marco epistémico que el marco teórico.

6. ¿Existen leyes de tendencia valorativas?


Actualmente se hace referencia a los diferentes tipos de economías de mercado y
estos diferentes capitalismos responden a configuraciones valorativas diferentes, cuya
especificidad no se debe desconocer.18 Tenerlo en cuenta posibilita cuestionar el
paradigma neoliberal dominante, expresado en el texto que analizamos.
Precisamente, desde una perspectiva crítica, John Gray expresa que la ley de
tendencia que condiciona hoy la globalización es una “nueva ley de Gresham”. 19 Esta

17
R. García, “La investigación interdisciplinaria de los sistemas complejos”, p. 21.
18
En este trabajo se da por supuesto que a nivel mundial hay una aceptación de la economía de mercado,
frente a las experiencias de economías dirigidas de manera centralizada de los países del llamado
“socialismo real”. Sin embargo, el socialismo es compatible con las economías de mercado. Probablemente
debería reservarse la denominación capitalismo a un tipo de economía de mercado, a saber, la de las
corporaciones monopólicas. Si bien hay tipificados diferentes tipos de economía, hoy en día la economía de
mercado es aceptada como aquella más eficiente para la generación de riqueza. Pero la economía de
mercado puede recurrir a formas cooperativas de organización de la acumulación, de la producción y del
intercambio. Asimismo, diferentes Estados con economías de mercado sostienen valores diferentes en
cuanto a la justicia distributiva. Hay economías de mercado que sostienen motivaciones diferentes a las del
homo economicus, que derivan de las antiguas economías de la reciprocidad en las que el estatus social no
se basaba en quien tiene más, sino que quien brinda o aporta más a su comunidad. Mientras las economías
de mercado en general son compatibles con la antigua economía doméstica, el capitalismo monopólico y
predatorio las arrasa.
19
Cf. J. Gray, Falso amanecer. Los engaños del capitalismo global, Buenos Aires, Paidós, 2000, p. 103 ss.
nueva ley de Gresham, establece que el mal capitalismo desplaza al buen capitalismo y el
buen capitalismo es definido como el que se hace responsable social y ambientalmente. 20
El problema es que, al no hacerse responsable social y ambientalmente, el denominado
mal capitalismo tiene ventajas competitivas espurias que ponen en jaque lo que queda de
Estado de bienestar y el cuidado del ambiente.
Obsérvese que esta “Nueva Ley de Gresham” es una ley de tendencia sustentada en
valores en tanto el buen capitalismo supone un desarrollo sustentable social y
ambientalmente, y el mal capitalismo, un desarrollo predatorio. En cualquier caso, se trata
de una ley con carácter explicativo. Las denominadas leyes de las ciencias sociales
pretenden tener un carácter explicativo y predictivo, y efectivamente lo tienen, aunque de
manera restringida, con lo cual coincidimos con Anthony Giddens (en Nuevas reglas del
método sociológico) en que la ciencia social también debe tenerlas en cuenta. Por ello se
requiere complementar el enfoque naturalista con el enfoque “comprensivista” para poder
intervenir de manera correcta, evitando efectos indeseables previsibles. En cualquier
caso, para no perder el rumbo, debe tenerse en claro que el desarrollo debe ser un
desarrollo sostenible (sustainable development) con las implicancias sociales, culturales,
económicas y ambientales que supone. La definición que adopta Naciones Unidas de
desarrollo sostenible consiste en “satisfacer las necesidades de las generaciones
presentes sin comprometer las posibilidades de las generaciones futuras para atender sus
propias necesidades”.

7. A modo de conclusión

En casos como el tratado existen aspectos de la cultura que deben tenerse en cuenta y
cuyo conocimiento no resulta tan complejo. No se pueden aducir obstáculos
epistemológicos, por ejemplo, para comprender la importancia que tiene la motivación
religiosa en el mundo islámico.
En el momento de elaborar una política se debe tener en cuenta ese conocimiento
atendiendo a:

• Las leyes de tendencia de la economía de mercado. Pero existen todavía otros tipos de
economías (domésticas, de reciprocidad en culturas más sencillas) y, a la vez, no se

20
La antigua ley de Gresham establecía que la mala moneda desplaza a la buena moneda. La moneda
originalmente tenía valor por el metal valioso, luego se le agrega el signo estatal. Después, cuando el
Estado tiene recursos escasos, rebaja el oro con metales menos preciados dejando el mismo signo.
Entonces, la gente prefiere ahorrar las monedas buenas, es decir, las de oro puro. Más allá de la moneda,
Gray alude que el dinero fácil o mal habido desplaza al buen dinero. Esto se verifica, por ejemplo, con las
inversiones provenientes de operaciones de lavado de dinero, las cuales no sólo vienen del narcotráfico,
sino de la evasión y elusión impositiva, las coimas, etc. En términos de pequeña escala, está claro que un
comerciante que vende mercadería robada, no paga impuestos, tiene a sus empleados en negro, tira la
basura en la calle, tiene ventajas competitivas, por espurias que éstas sean. Así ocurre con el mal
capitalismo.
La nueva ley de Gresham cuestiona principalmente el “principio de las ventajas comparativas” de
Ricardo. En la gran escala, el capitalismo que se desresponsabiliza de lo social y de lo ambiental (el
capitalismo que externaliza costes que los regímenes responsables internalizan) genera ventajas
comparativas espurias que desplazan a la economía social de mercado. Por lo tanto, el aumento alarmante
del desempleo no se debe meramente a las nuevas tecnologías, sino al libre mercado global y a la
disminución de la responsabilidad social del mercado y de los Estados.
Frecuentemente, la solución que encuentran algunos capitalismos avanzados –frente a la competición
con empresas basadas en economías con pocas regulaciones– para conservar la calidad de sus
instituciones sociales, de su ambiente y de sus formas de vida, es desplazar el problema hacia aquellos
países receptores de capitales con escasas o nulas condiciones. En términos de Gray: “Los países
avanzados pueden seguir limpios a expensas de otras partes del mundo, que se vuelven más sucias”.
puede desconocer que hay diferentes tipos de economías de mercado, que se
distinguen por sus peculiaridades culturales y prioridades valorativas diferentes (no es
lo mismo el capitalismo anglosajón que el japonés, que el renano, que el escandinavo,
etcétera).

Por lo tanto, es necesario comprender:

• Las reglas particulares y contingentes de una cultura, en tanto prácticas sociales


arraigadas, que se expresan en el mismo lenguaje.
• Las reglas constitutivas del game en términos de David Hume, retomado por John
Rawls, John Searle, François Ost.
• Mantener un diálogo intercultural a los efectos de conocer los valores de otra cultura y
clarificar los de la propia, en el sentido planteado por la crítica racional de los valores
de Max Weber.

Queda claro que las ciencias sociales son posibles en un sentido nomológico-deductivo
de alcance limitado y en un sentido comprensivista suficiente.
Independientemente de las disquisiciones y las controversias epistemológicas sobre el
método y el alcance de ese conocimiento, parece claro que lo mejor es considerar –con
Mark Blaug– que existe un pluralismo metodológico y que se requiere un enfoque
interdisciplinario que recurra a las cajas de herramientas conceptuales de las diversas
disciplinas sociales para implementar políticas que puedan alcanzar los objetivos
deseables y evitar las consecuencias previsibles indeseables. Particularmente, que
posibiliten ampliar el campo de lo posible en términos emancipatorios.

También podría gustarte