José Andrés González Checo
Matrícula 2015-0100
Derecho Canónico I
Capítulo X: Jerarquía y diversidad en la Iglesia
Un gran sabio dijo en su tiempo y que ha servido para todos los tiempos,
‘para que haya armonía en la sociedad deben ser todos iguales/súbdito, pero cada
unos con funciones diferentes’. Así pues, en la Iglesia, su fundador no expresó que
un fiel sería más o menos que otro, sino que se amen los unos a otros1, y quien
quiera ser el primero que sea el servidor de los demás…2, por lo que se puede
afirmar que todos los bautizados, poseen la misma paridad, pero cada uno con
funciones diferentes. Pues el principio jerárquico y principio de variedad en la
constitución de la Iglesia, plantea que todos los bautizados en la Iglesia son iguales,
y que la diferencia está en la función que desempeña. Asimismo, para que la Iglesia
sea completa y armónica es necesario que se afirme la igualdad fundamental entre
todos los fieles, aunque a nivel jerárquico haya desigualdad de funciones, por el
papel o función que desempeñe esa persona en bien para la parádosis de la
enseñanza del Evangelio.
Por lo que se puede aseverar, que este principio jerárquico es en función al
orden de la administración de los medios de soteria3. En ese mismo orden, la
comunión del fiel no se expresa como homogeneidad, es decir, dentro de ella se da
una heterogéneidad de diversidad, -refiriéndose al camino a la santidad y en cuanto
al camino de lograr el fin de la Iglesia- enriqueciéndose la comunión entre ellos4.
En esta comunión, hay diversidad de carismas, vocaciones, espiritualidades5,
condiciones de vida6 y forma de apostolado7, dándose en designios divino8. De
igual modo, hay que hacer una peculiar diferencia entre clérigos y laicos, entre los
fieles que asumen una peculiar forma de vida consagrada y los que no9; esta
diferencia está en orden al servicio del consagrado al sacerdote común.
Por un lado, en la Iglesia están los ministros sagrados y los clérigos, estos
son consagrado por institución divina y que el Código de Derecho Canónico
denomina clérigos10, para pasar a ser ministro sagrado, debe ser únicamente por
el Sacramento del Orden11, iniciando por el tercer orden -diaconado- quedando
1
CF. 1Jn 4, 7; 3, 23; 2Jn 5; Jn 13, 34; 15,12-14. Las citas han de corroborarse de la siguiente Biblia (CONFERENCIA
EPISCOPAL ESPAÑOLA, Biblia de Jerusalén, Editorial Desclée De Brouwer, (Bilbao 42018).
2
CF. Mc 9, 30-37; Mt 20, 26-28; Jn 13, 4-5.
3
Cf. CONCILIO VATICANO II, LG, 10-11.
4
Cf. D. CENALMOR – J. MIRAS, El derecho de la Iglesia, “curso básico de Derecho Canónico”, 175.
5
Cf. CIC, c. 214.
6
Ibid., 219.
7
Ibid., 216.
8
Cf. CONCILIO VATICANO II, Op. Cit., 32.
9
Cf. CIC, c. 207 § 1 y 2.
10
Ibid.,
11
Ibid., 1008.
incardinado en una Iglesia particular o en una prelatura personal para cuyo servicio
fue promovido12; hay que mencionar solo son clérigos aquellas personas que han
recibido el Sacramento del Orden en algunos de sus tres grados -episcopado,
presbiterado y diaconado-13. También, la función eclesial de los ministros sagrados,
son consagrado o instituido, como Cristo el Señor instituyó los diversos ministerios
y que van orientados al bien del Cuerpo de la Iglesia de Cristo14. Algo que a veces
se olvida en el ejercicio del desempeño de las funciones de los ministros sagrados
es que ellos están al servicio de sus hermanos para que todos lleguen a la
salvación15.
Recalcando, su misión es hacer presente a Cristo, ejerciendo la función
específica que le corresponde a Cristo -siendo Cabeza y Pastor, para guiar, educar
y santificar la grey. Además, su función ministerial se basa en la Sagrada Potestad
de Cristo, siendo una acción sacramental que desempeña en nombre y persona de
Cristo, ejerciendo la acción de Cristo de instruir, santificar y gobernar16. En cuanto
a la Sagrada Ordenación, esta imprime en el sujeto un carácter indeleble,
configurándolo sacramentalmente con Cristo Cabeza17; esta potestad de orden lo
configura con Cristo y lo hace partícipe de su misión: enseñar, santificar y regir, o
sea, la consagración y la misión son intrínseco en los ministros ordenados y éstos
se encuentran ontológicamente capacitado para desempeñar la función de ser
enviado/misión18.
Asimismo, la consagración no infunde ciencia en los ministros sagrados, por
lo que se debe tener un espacio propicio que duren el tiempo requerido y así tengan
una basta formación de las principales áreas de la vida. En la formación de los
ministros sagrados, la Iglesia exige que ellos sean formados con una esmerada
preparación19 -derecho y deber exclusivo de la Iglesia20-. Pues desde el Concilio
Vaticano II, la Iglesia ha emitido unos documentos orientados a la formación
exclusiva de los que sienten la vocación de ser sacerdote, entre esos documentos
se pueden mencionar: Optatam Totius, Ratio Fundamentalis Institutiones
Sacerdotalis, Exhortación Apostólica Pastores Dabo Vobis21.
12
Ibid., 266 §1.
13
Ibid., 1009 §1; LG, 28.
14
Cf. D. CENALMOR – J. MIRAS, Op. Cit., 177.
15
Cf. CONCILIO VATICANO II, Op. Cit., 18.
16
Cf. c. 1008.
17
Ibid.,
18
Cf. D. CENALMOR – J. MIRAS, Op. Cit., 178.
19
Cf. c. 1027.
20
Ibid., 232.
21
Cf. cc. 242-243.
Estos son partes de los documentos que la Iglesia ha emitido para la
formación general de los que serán ministros ordenados, por lo que la Conferencia
Episcopal de cada país debe alinear la formación de su futuro clero por esa línea.
Los seminarios son justamente para la formación sacerdotal y no para otro fin22, allí
duraran el tiempo requerido23, estos jóvenes deben ser admitido por el obispo antes
de iniciar los estudios teológicos y habiendo comprobado su idoneidad. Pues es
recomendable que cada Diócesis tenga su Seminario Mayor y de no poderse, se
haga un interdiocesano, teniendo la debida aprobación por la Santa Sede
Apostólica24.
Igualmente, la formación sacerdotal debe integrar armónica y prudentemente
los aspectos humano, espiritual, pastoral y doctrinal o intelectual25 en la formación
de los futuros consagrados. En cuanto a la incardinación, todos los ministros
sagrados deben estar incardinado a una determina Diócesis, prelatura personal,
circunscripción, vida consagrada o en una sociedad26; para evitar la existencia de
clérigos vagos. Pues con la ordenación diaconal el clérigo queda automáticamente
incardinado en la circunscripción para cuyo servicio es promovido27. También, la
ley jurídica de los clérigos, en su ordenación lo configura ontológicamente, con
Cristo en orden al ministerio, concediéndoles una excelsa dignidad, pero esto no
quiere decir que es más superior que los demás fieles o que es más cristianos que
otro bautizado, por ser ordenado28.
En ese mismo tenor, los aspectos principales del estatuto jurídico de los
clérigos vienen contenido en los cánones 273-289. Entre ellos se puede mencionar;
las capacidades en lo que resalta que solo los clérigos pueden recibir oficios, en lo
que sus oficios requieran la potestad del orden29. Los deberes propios de los
clérigos consisten en precisos mandatos jurídicos que se limitan a indicar una línea
de conducta que debe ser concretada por el Derecho Particular y por el ministro
sagrado y sus exigencias rondan: en la santidad, disponibilidad y eficacia del
ministerio. Ha de cumplirse fielmente los encargos del Ordinario30, fomentar la
misión de los laicos -Iglesia y mundo-31, celebrar la liturgia de las horas y asistir a
los retiros espirituales mínimos una vez al año32, el deber del celibato….
22
Ibid., cc. 235ss.
23
Ibid., cc. 235, 250.
24
Ibid., 237 § 1.
25
Cf. OT, 8-20; PDV, 29; 43-59; c. 244; 245 § 1; cc. 245-246; 255-257; 248-254.
26
Cf. CIC, c. 265.
27
Ibid., 266.
28
Cf. D. CENALMOR – J. MIRAS, Op. Cit.,181.
29
Cf. CIC, c. 274 § 1.
30
Ibid., § 2.
31
Ibid., c. 275 § 2.
32
Ibid., c. 276 §§ 2, 3o, 4o.
En el derecho propio de los clérigos, se reconoce que los ministros sagrados
reciban una retribución conveniente y la necesaria asistencia social y tener un
tiempo suficiente de vacaciones anuales33. Igualmente, se le prohíbe al clérigo,
aceptar cargos públicos con potestad civil34, ejercer el comercio35, participar de
forma activa en partidos políticos36. En cuento a su pérdida de la condición jurídica
de clérigo, hay que resaltar que la ordenación válida imprime carácter indeleble -
nunca se anula-; lo que sí se puede perder es la condición jurídica de clérigo. A
esta pérdida se puede llegar por una sentencia o decreto judicial que declare que
la ordenación fue inválida o por una pena canónica37.
Por otro lado, los fieles consagrados por la profesión de los consejos
evangélicos, es una vocación distinta de los fieles normales de las parroquias, casi
siempre estas personas viven en comunidad y toman la opción de ser un hermano
de la comunidad. Asimismo, todos en la Iglesia son consagrado en el bautismo y
en la confirmación, pero el ministerio ordenado y la vida consagrada supone una
vocación distinta y una fuerza específica de consagración, debido a una misión
particular38. Así, la modalidad de vida da lugar la consagración a Dios por la
profesión de los consejos evangélicos es manifestación del principio de variedad,
no del principio jerárquico, aunque ellos no pertenecen a la estructura jerárquica de
la Iglesia pertenecen indiscutiblemente a su vida y santidad39.
En ese tenor, los fieles laicos son aquellas personas que son bautizada, pero
que no han recibidos las Órdenes Sagradas. Desde la jerarquía de la Iglesia, se
llama laico a todo fiel que no ha recibido el sacramento del orden40; los laicos son
los fieles corrientes, los bautizados que viven en las circunstancias comunes de la
existencia ordinaria en el mundo. Estos se caracterizan positivamente por la nota
de la secularidad, es decir, la índole secular es propia y peculiar de los laicos41. Con
esto, el Vaticano II busca la santidad y de participar en la misión evangelizadora de
la Iglesia, la forma peculiar que asume en los laicos la vocación cristiana.
Igualmente, corresponde a los laicos buscar el Reino de Dios ocupándose de las
realidades temporales y ordenándola según Dios.
También, la secularidad y eclesialidad de la vida y misión de los laicos, es
decir, la misión específica de ellos es santificar el mundo desde dentro, de modo
33
Ibid., c. 281; c. 283 § 2.
34
Ibid., c. 285 § 3; c. 289 § 2.
35
Ibid., c. 286.
36
Ibid., c. 287 § 2.
37
Ibid., c. 290.
38
Cf. JUAN PABLO II, Exh. Ap. Vita Consecrata, de 22/3/1996.
39
Cf. CONCILIO VATICANO II, Op. Cit., 44; cc. 207 § 2, 574 § 1.
40
Cf. CIC, c. 207 § 1.
41
Cf. CONCILIO VATICANO II, Op. Cit., 31; c. 225 § 2.
fermento y son partícipe de la misión de la Iglesia, que vivan plenamente inmersos
en las realidades temporales. En otro tenor, en cuanto a los estatutos jurídicos de
los laicos, la incorporación de principio de igualdad y la formación de la común
condición jurídica de fiel, su apostolado se puede resumir en: apostolado de los
laicos, refiriéndose al deber de hacer apostolado y reconocer el correspondiente
derecho de ellos, trabajando apostólicamente de modo personal o en asociación
con otros42. El matrimonio y la familia en la edificación de la Iglesia, refiriéndose a
la misión peculiar de aquellos laicos que viven en estado matrimonial43, debiendo
trabajar en la edificación del pueblo de Dios a través del matrimonio y la familia -
Iglesia doméstica-.
En cuanto a la formación doctrinal, es deber y derecho de los laicos de
adquirir conocimiento de la doctrina cristiana, de acuerdo con la capacidad y clase
de cada uno44. Se les da el permiso a los laicos preparado, a que puedan impartir
materia de Sagrada Escritura o de cualquiera que sea necesaria en la formación
del aspirante, siempre y cuando sea una persona capacitada y con los ideales claro
de lo que se busca en ese joven que se forma para las Sagradas Ordenes.
También, cualquier laico -varón o mujer- puede desempeñar la función de lector y
otras en las ceremonias litúrgicas45. Por último, quienes reciben estos cargos tienen
el deber de formarse para ejercerlos bien, y tienen derecho a una retribución
adecuada, de acuerdo con la legislación estatal.
En suma, lo que tiene repercusiones en la Iglesia de hoy: la jerarquía, no va con lo
que propone el CIC de que ellos están al servicio, más bien, ellos se presentan
como quienes al que servirle (algunos jerarcas), carismas y vocaciones siguen
teniendo un gran valor, la vida consagrada -clérigos-, solo hay varones admitidos a
las Sagradas Órdenes, la formación de los futuros clérigos, los clérigos no pueden
ocupar un cargo político activo ni presentarse para la milicia sin el permiso y
autorización del obispo u ordinario del lugar, no se ven en los clérigos su vestidura
clerical -una minoría usan clériman-, no está permitido que el sacerdote se adentre
al comercio lucrativo como personal, o sea, como persona particular no, pero sí, la
Iglesia puede erigir colegios u otro negocio como ayuda a la sociedad.
42
Cf. CIC, c. 211, 225 § 1.
43
Ibid., c. 226.
44
Ibid., c. 229 § 1; c. 217.
45
Ibid., c. 230 § 1. 20.