0% encontró este documento útil (0 votos)
50 vistas56 páginas

Fundamentos de Moral y Ética en Filosofía

Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
50 vistas56 páginas

Fundamentos de Moral y Ética en Filosofía

Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

MORAL Y ÉTICA

Colegio
28s,
Filosofía

Moral y ética

E
ÍNDICE

MORALY ERICA =————n=nn ic


INTRODUCCIÓN A LA ÉTICA....
ÉTICA SOCRÁTICA.............
ÉTICA ARISTOTÉLICA......
Aristóteles: la felicidad y la virtud . 22
LA ÉTICA DE SANTO TOMÁS 26
ÉTICA KANTIANA .33
Introduccion
Fundamentación de la metafísica de las
costumbres... as IO
Crítica de la razón práctica
Clasificación de los actos con relación al
deber .............eeeeeeeneneere ee 50
MORAL Y ÉTICA

Las dos palabras son consideradas, por lo general,


como sinónimos.

deriva del griego

Ethos

Moralis
deriva del latín
En su significación mas antigua, Ethos indica
la morada, la residencia, el lugar donde se habita;
posteriormente, en su acepción más corriente,
tiene el significado de modo de ser, carácter: es
decir, modo de actuar acuñado por el hábito (y
éste nace, como ya decía Aristóteles, por la repeti-
ción de actos iguales).

Aunque las dos palabras —ética y moral- suc-


len ser empleadas indistintamente, moral en efec-
to, se refiere más precisamente al asunto de la
Ética, es decir a la moralidad, al conjunto de nor-
mas de acuerdo con las cuales los hombres orien-
tan sus vidas.

Hechos morales son tanto los de la conducta


y vida interior de cada ser humano individual —en
tanto persona responsable-, como los que se vin-
culan a fines, normas y conductas de grupos e
instituciones.

La palabra ética, en cambio, alude más bien al


planteo y tratamiento —teorizaciones y especula-
ciones- sobre los actos morales. La ética, pues, se
ocupa de los objetos morales en todas sus formas
y, definida especialmente como rama de la Filo-
sofía, puede caracterizársela como la disciplina
que indaga la esencia,
valor y fines de lo moral.

6
Las teorías éticas están construidas para ayu-
darnos a comprender los hechos morales: procu-
ran descubrir los principios implícitos en la vida y
en la acción moral. En tanto tiene por finalidad
proporcionar una teoría completa de lo moral, la
ética o filosofía moral puede caracterizarse sucin-
tamente como el tratamiento tceórico de los
fenómenos morales.

El término moral hace referencia al “conjunto


de prescripciones admitidas, en una cierta época y
en una sociedad determinadas”. La ética en tanto
disciplina crítica que se ocupa de lo moral, ha
recibido también algunas veces la denominación
de Teoría de las costumbres. Kant 1 dice en el
prologo a su libro "Fundamentación de la metafi-
sica de las costumbres”

! Kant, Immanuel (1724-1804) Filósofo alemán y uno de los


que mayor influencia ha tenido en la historia del pensamiento.
Nació en Kónigsberg. El sistema filosófico de Kant recibe el
nombre general de «criticismo» o «filosofía crítica» y se halla ex-
puesto, sobre todo, en las tres obras fundamentales de la Crítica de
la razón pura, Crítica de la razón práctica y Critica del juicio.
vez en dos. Porque las leyes son: o leyes de la naturaleza, o
leyes de la libertad. Las ciencia de las primeras se llama

Debe distinguirse sin embargo la ética como


disciplina filosófica de la ética en tanto estudio
puramente descriptivo de la conducta humana, es
decir, en tanto costumbres y de las representacio-
nes morales de los pueblos y sociedades, con in-
dependencia de los juicios de valor que puedan
merecer esos hombres, en cada caso, en razón de
sus conductas. Suele llamarse a esta disciplina
Ética descriptiva.

La naturaleza de la ética y su objeto como


disciplina filosófica es cuestión que ha sido y aún
es muy debatida. Si bien Sócrates, como ya lo
señalaban los antiguos, introdujo el tema ético en
la filosofía, fue Aristóteles el que sistematizó por
primera vez un estudio de las cuestiones éticas.
Finalmente, podemos decir que la ética no enseña
juicios acabados sino cómo juzgar. <

9
INTRODUCCIÓN A LA ÉTICA

La ética normativa es un conjunto de concep-


ciones diversas que se articulan en torno a princi-
pios y métodos en que se funda la vida moral.

Se distinguen básicamente en éticas teleoló-


gicas y éticas deontológicas.
Las primeras, también llamadas éticas conse-
cuencialistas, se estructuran en torno a fines o en
torno a la consideración de las consecuencias de
las acciones; las segundas, en torno a la considera-
ción del principio del deber. Ejemplo claro de
ética deontológica es la moral formal de Kant; de

10
... . — . 2
ética telcológica lo es el eudemonismo” de
Aristóteles.

Principio del deber

E ANCO PO Fines, o consecuencias


consecuencialistas - — 2
R TTT A | de las acciones

La ética griega de orientacion teleológica co-


mienza con Sócrates, fundador de la investigación
ética por medio del diálogo y la búsqueda de defi-

* Teoría que sostiene que el fin de la acción humana es


la felicidad, entendida ésta como la mejor vida que puede
vivir el hombre.

11
niciones y quien, con su «arte de ayudar a parir»,
saca a la luz los conceptos fundamentales de la
ética. Pero la ética de fines alcanza su punto cul-
minante con Atristóteles.

La felicidad, eudaimonía, es el fin de la vida, y


no puede consistir más que en una actividad del
alma, por lo que la felicidad perfecta ha de consis-
tir en la actividad «más excelente»: la vida de la
mente. De ahí que la ética griega -la de Sócrates,
Platón y Aristóteles, fundamentalmente- sea una
moral de virtudes .

La ética kantiana es el modelo de las teorí-


as deontológicas. Se estructura en torno al princi-
pio de actuar por deber, que la conciencia humana
-la razón práctica- se impone a sí misma mediante
el imperativo categórico: «obra sólo según aquella
máxima que puedas querer que se convierta, al
mismo tiempo, en ley universal». Kant sostiene
que ésta es la única ética racional digna del ser
humano, que no prescribe nada concreto, nada
material por tanto, y que sólo impone un motivo
formal a la voluntad, válido para todo hombre y
para cualquier ocasión (universal y necesario): no
hay intereses ni egoísmos, sino sólo la buena vo-
luntad de actuar de acuerdo con el deber.

12
El utilitarismo, oponiéndose al carácter formal
y rigorista de la ética kantiana, se sistematiza en
torno a la finalidad de las acciones humanas y la
valoración de sus consecuencias. Es, por tanto,
una ética finalista o consecuencialista. La finalidad
la define como utilidad, y ésta, como «el mayor
bien para el mayor número posible de personas»,
para lo que es necesario, mediante el cálculo utili-
tarista valorar la cantidad de placer y de dolor, de
felicidad e infelicidad, de satisfacción e insatisfac-
ción. El único criterio racional de que dispone-
mos para apreciar la moralidad de un acto es la
consideración de las consecuencias que se derivan
de él para la felicidad humana. <
ÉTICA SOCRÁTICA

Sócrates es el fundador

de una reflexión ética autónoma,

que tuvo lugar en la Atenas del siglo V a.C .y


estuvo posibilitada por el contexto socio-político
y moral del momento.

Sócrates ha dedicado su vida a la labor de

concebir y dar a luz «conceptos». A este proceso

lo llama “Mayéutica”, por tratarse de un arte pa-


recido al que ejerce su madre. La partera ayuda a
las mujeres a dar a luz cuerpos, Sócrates ayuda a

los hombres a dar a luz pensamientos. A partir de

14
sus diálogos, intenta dar respuesta a la pregunta
¿qué clase de cosa es “N”? , por ejemplo se acerca
a un general y le pregunta ¿qué es la valentía?, y
así va preguntando a quien le parece pertinente la
misma pregunta: ¿qué es....7, por ejemplo, la pic-
dad, la justicia, ete.

Así se constituye la primera teoría ética de


la humanidad basada en el análisis conceptual.

Platón deduciría de ella el conocimiento

de las esencias o ideas. Sócrates se limita a un tipo


de investigación, retórica, dialéctica y hasta con-

tradictoria, o por lo menos relativista, y cuyo obje-


tivo es el universal o la definición; esto es, un
concepto universal conseguido y aceptado por
todos.
n
_
Sócrates identifica el conocimiento de es-
tos conceptos éticos con la práctica de la virtud y
la consecución de la felicidad. Ver Cita * :

Sócrates pensaba, efectivamente, que las virtudes eran


razones (pues todas consistían para él en conocimiento);
nosotros pensamos que van acompañadas de razón . [...]
Se podría preguntar como es posible que un hombre
que juzgue rectamente se porte con incontinencia.
Algunos dicen que esto es imposible si se tiene co-
nocimiento: sería absurdo, pensaba Sócrates, que
existiendo el conocimiento, alguna otra cosa domina-
ra y arrastrara de acá para allá como a un esclavo.
Sócrates, en efecto, se oponía a esta idea, sostenien-
do que no hay incontinencia, porque nadie obra co-
ntra lo mejor a sabiendas, sino por ignorancia.

Identifica «saber» con «virtud» hasta el punto


de afirmar que «nadie hace el mal volunta-
riamente». Cita':

JAristóteles, Ética a Nicómaco, I, VI, 1144*, 1145b


(Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1985, p. 101-
103)
+ Platón, Protágoras, 345 ,Diálogos 1, Madrid, Gredos,
1981,p. 564.

16
Como si hubiera alguien que por propia voluntad obrara
mal. Yo, pues, estoy seguro de esto, que ninguno de los
sabios piensa que algún hombre por su voluntad cometa
acciones vergonzosas o haga voluntariamente malas
Obras; sino que saben bien que todos los que hacen cosas
vergonzosas y malas obran involuntariamente:

Pero vincula además la felicidad al obrar


bien, o a vivir bien; a la primera doctrina se la
llama intelectualismo ético y a la segunda, eude-
monismo. Ver cita:’

Yo afirmo que todo hombre virtuoso y toda mujer virtuosa


son felices, y, por el contrario, los injustos y malvados son des-
graciados. [...]
La vida más desventurada, pues, es la del que persevera en
la justicia y no se libra de ella.

> Platón, Gorgias, 470c, 479b ,Obras, Madrid, Aguilar,


1972, p. 373,379.

17
El filosofar socrático situó al hombre ante
la elección de una vida recta cuyo criterio de elec-
ción debía ser el bien. La conducta moral no se

reduce a canjear el dolor por placer, sino que la


felicidad consiste fundamentalmente en el
cuidado del alma, es decir, en saber sobre el

bien y en la fortaleza para vivir según él.

Platón, discípulo de Sócrates, se orientó


en un sentido parecido al de su maestro en los
primeros momentos de su reflexión filosófica.
Platón insistió en que la moralidad pertenece por
su propia naturaleza a la polis (ciudad). Las virtu-
des del individuo reproducen, en su escala, las de

la ciudad, conforme a un riguroso paralelismo.


Platón representa el intento de plena eticidad del
Estado.

La ética de Platón es una ética social, una éti-


ca política. Es la ciudad (polís), y no el individuo,

18
el sujeto de la moral. El bien del individuo está
incluido en el de la polis, y ambos en el de la physis
o cosmos. Precisamente por eso, la virtud suprema
es la virtud de la “dike” o “dikaiosiné”* que no
tienen simplemente un origen natural, sino que
por ser natural es también divino. «

* Término griego generalmente, se traduce por «usti-


cia». Originariamente, este término significaba camino o
senda, aunque pronto se usó para designar a la diosa de la
justicia.

19
ÉTICA ARISTOTÉLICA

El — objeto
de la Ética es
el bien supremo.
Es cierto que
todo lo que
los hombres
hacen es para
obtener algún
bien, y es cier-
to , también,
que muchos
son los bienes.
Pero si existie-
ra algo querido por sí mismo, y si esc algo no fue-
se querido como simple medio para obtener otro
bien, sino que, al contrario, todos los demás bie-
nes fuesen queridos por él, entonces, sería ése el
fin último de nuestras acciones y ese fin último

20
sería no sólo un bien sino el “soberano” bien.
Esto dice Aristóteles en la Ftica Nicomaquea -que
es el más importante de sus tratados sobre el te-
ma-.
Y“el conocimiento de ese bien resultará lo
más importante para la vida humana, pues en
posesion de él, como arqueros que apuntan a un
blanco, alcanzaremos mejor lo que corresponde
hacer “7

Ese bien final, último, autosuficiente, es la


felicidad, /a endaimonía”. Esa felicidad es, por su-
puesto, una felicidad humana y consiste en la aca-
bada y plena realización — según perfección o
virtud (aret¢), dice Aristóteles- de una cierta acti-
vidad del alma, actividad que es propia y distintiva
del hombre.

De las funciones del ser humano, 77 el vivir


—actividad del alma vegetativa, dice Aristóteles-,
que es común a hombres, animales y plantas, 77 ¢/
sentir —actividad del alma sensitiva-, constituyen lo
propio del hombre. Lo que realmente singulariza

7 Aristóteles, Ética Nicomaquea, 1094*,23


% Eudaimonia, felicidad, posesion por un demonio bueno.
Teoría que sostiene que el fin de la acción humana es la felicidad.

21
a éste frente al resto de los seres vivientes es la
razón —la actividad del alma racional-. En esa
actividad intelectiva reside la función propia del
hombre, y la actividad de esa parte racional del
alma, acabadamente realizada (es decir, según
virtud) constituiría la felicidad.
La vida propiamente humana es la vida ética y
ésta consiste en el cultivo de las virtudes éticas y
las dianoéticas”: en la actividad (praxis) conforme
a la virtud más excelente y según lo mejor que hay
en el hombre; (Ver Aristóteles: la felicidad y la
virtud) y también en ello consiste la felicidad y,
por esto, la ética y la política son la realización del
fin (tclos) de la naturaleza humana.

ARISTÓTELES: LA FELICIDAD Y LA VIRTUD

“La vida feliz es la que es conforme a la vir-


tud, vida de esfuerzo serio, y no de juego. Y de-
claramos mejores las cosas serias que las que
mueven a risa y están relacionadas con el juego, y
más seria la actividad de la parte mejor del hom-

9 Según Aristóteles, se refieren a la parte intelectual o pensan-


te del alma (Húca a Nicómaco, 1139 b).

22
bre y del mejor hombre, y la del mejor es siempre
la más excelente y la más feliz. [...]
Si la felicidad es una actividad conforme a la
virtud, es razonable que sea conforme a la virtud
más excelente, y ésta será la virtud de lo mejor
que hay en el hombre. Sea, pues, el entendimiento
O sea alguna otra cosa lo que por naturaleza pare-
ce mandar y dirigir y poscer intelección de las
cosas bellas y divinas, siendo divino ello mismo o
lo más divino que hay en nosotros, su actividad
de acuerdo con la virtud que le es propia es la
felicidad perfecta. Que es una actividad contem-
plativa, ya lo hemos dicho.
Esto parece estar de acuerdo con lo que antes
dijimos y con la verdad. En efecto, esta actividad
es la más excelente (pues también lo es el enten-
dimiento entre todo lo que hay en nosotros, y
entre las cosas cognoscibles, las que son objeto
del entendimiento); además, es la más continua,
pues podemos contemplar continuamente más
que hacer cualquier otra cosa. Y pensamos que el
placer debe hallarse mezclado en la felicidad, y la
actividad que se refiere a la sabiduría es, de co-
mún acuerdo, la más agradable de las actividades
conforme a la virtud; se considera, al menos, que
la filosofía encierra placeres admirables por su
pureza y por su firmeza, y es lógico que la exis-
tencia de los que saben sea más agradable que la
de los que buscan. [...]
Lo que es propio de cada uno por naturaleza
es también lo más excelente y lo más agradable
para cada uno; para el hombre lo será, por tanto,
la vida conforme a la mente, ya que eso es prima-
riamente el hombre. Esta vida será también, por
consiguiente, la más feliz.”

Esa actividad de esa parte racional del alma es


la contemplación (teoría) . Y esta actividad, teoré-
tica, del pensamiento, se funda en virtudes distin-
tas de las virtudes morales o éticas tales como: la
libertad, la templanza, ctc.; se funda en las vir-
tudes que Aristóteles llama dianoéticas, virtudes
de tipo intelectual, que corresponden a la activi-
dad de la razón o intelecto (nous), tales como
sabiduría, la comprensión, la prudencia, ctc.

Esta actividad contemplativa es la más alta, la


más fuerte y más vigorosa de todas las activida-
des, es la más continuada, la que produce más
satisfacciones, la más independiente, y todo ello
porque el 7015 es precisamente lo más alto e inde-
pendiente que hay en los hombres, de modo que
“el más deleitoso de todos los actos conformes

24
con la virtud- dice- Aristóteles —es el ejercicio de
la sabiduría (sophia)” .

La felicidad es así un estado remanente de


bienestar, una suerte de don divino que hace que
el hombre “contemple las cosas que son confor-
mes con la virtud, sobrelleve los caminos de for-
tuna con sumo decoro y guarde en todo una per-
fecta armonía, como varón verdaderamente es-
forzado” (Aristóteles, Etica Nicomaquea, 1100b,
20-23

Ética de Bienes (pues el bien supremo es


la felicidad), la ética aristotélica no es exactamente
un cudemonismo sino, más bien, un perfeccio-
nismo, porque exige la plena realización de lo
especificamente distinto del hombre, de su esen-
cia propia: la actividad racional. Por eso mismo,
desde el punto de vista del origen del conocimien-
to moral, es correcto incluir una doctrina como la
de Aristóteles dentro del llamado intelectualismo
ético porque, en efecto, se subordina lo moral a
un previo conocimiento de la realidad, es decir, se
sostiene que vivir moralmente consistiría en
hacerlo de acuerdo con el modo propio de ser del
hombre. En otros términos: lo ético reside en la
correspondencia de la conducta con el ser del
hombre. <
LA ÉTICA DE SANTO TOMÁS

La ética que propone Santo Tomás se

encuentra dentro de un sistema doctrinal, donde

cada disciplina se encuentra relacionada con las

otras, por lo que al referirnos a un ámbito en par-


ticular, como en este caso es la ética, nos encon-
traremos con elementos de la Antropología filo-

sófica, la Metafísica y la Gnoscología tomistas.

Santo Tomás sostiene, tal como lo hiciera

Aristóteles, que los hombres obran por un fin, y

que los diversos fines pueden ser, a su vez, me-


dios para la obtención de otro fin, formando una
cadena o una serie de cadenas que se unen en el
fin último, que es, para todos los hombres, la feli-
cidad.

Pero, como Santo Tomás parte de la reve-

lación cristiana, afirma que cl universo y el hom-


bre, han sido creados por un ser perfecto, eterno,
infinitamente poderoso e inteligente, y que es
Dios. Él es la causa primera de todas las criaturas,
v, como éstas sc orientan a su perfección, es decir,

a Dios, también Él es el fin último de la creación.

Ahora bien, como el hombre es ser más

elevado en la escala de la naturaleza, está dotado


de libertad, de modo que podrá decidir con sus
acciones si tenderá a su fin último o se apartará de

él. El hombre puede decir “no” a su propia per-


fección, a su fin último, a Dios. De esta manera,

puede decirse que no todos los hombres tenderán


a la verdadera felicidad, que es Dios.

27
Santo Tomás considera que la verdadera
felicidad está en alcanzar el fin último, Dios, que

es el supremo Bien; pero los hombres buscan,

erróneamente, la felicidad en otros bienes. Santo

Tomás analiza esos bienes, los clasifica, y señala


por qué no pueden brindar al hombre bienaventu-

ranza.

Hay bienes “finitos” propios del cuerpo,


como por ejemplo, la riqueza; no puede conside-

rarse más que un medio para obtener un fin. Lo


mismo sucede con la salud, o el placer, ya que
constituyen bienes para ¢l cuerpo, y éste es un
medio al servicio del alma.

También hay bienes propios del alma,


como el honor o la gloria, que no pueden consi-
derarse una perfección en sí mismos, sino que
suponen esa perfección en quien la recibe. Lo
mismo sucede con la inteligencia o la voluntad,
que al ser capacidades a desarrollar, o instrumen-

28
tos que posee el alma para realizar sus actos, de-
ben considerase medios y no fines en sí mismos.

De este modo, el único bien infinito e

increado es Dios, cuyo conocimiento brinda la


única y verdadera felicidad total para el hombre.

Esta es la primera vía que implementa


Santo Tomás para señalar que sólo Dios puede
constituir la felicidad para el hombre. La segunda
vía está relacionada con dos facultades que posee
el hombre: la inteligencia y la voluntad.

La voluntad es el deseo que tiende al bien,

pero no es capaz de conocer por sí mismo, sino

que desea aquello que la razón le muestra.

La razón, es capaz de conocer la esencia


de las cosas, es decir, conoce en forma universal

(conceptos). Este conocimiento es diferente del


que ofrecen los sentidos, que se refiere a cosas

29
ngulares.
singulares. 1 Los sentidos
ntid nocen
conocen “este
“este árbol
árbol”, la
razón conoce el concepto universal “árbol”.

A su vez, la razón práctica es la que es

capaz de conocer el bien, es decir, puede conocer


el Bien Universal. Pero, en realidad, la voluntad

del hombre desea el Bien, pero a su alrededor no


encuentra el Bien, sino distintos bienes, unos me-
jores que otros. La voluntad nunca queda satisfe-
cha, ya que desea el bien ilimitado y no lo encuen-
tra en el orden natural. Ese Bien existe, y es Dios.

El alma podrá gozar de la felicidad total


en la vida eterna; pero la vida contemplativa pue-

de, en esta vida, adelantarle al hombre algo de lo

que será su vida posterior, mediante el conoci-


miento de Dios. Y la mejor manera de encaminar-
se hacia Dios en esta vida, será a través de obrar

bien, repetidamente, de modo de adquirir un con-


ducta virtuosa, que fortalezca la voluntad.

30
Santo Tomás clasifica las virtudes en dos
grupos: virtudes intelectuales y virtudes mora-
les. Las primeras perfeccionan el intelecto y las
segundas, la voluntad y los apetitos. Las virtudes
morales, tal como lo sostenía Aristóteles, consti-

tuyen un término medio entre un exceso y un


defecto. Son tres: la justicia (lleva a obrar bien
dando a cada uno lo suyo), la fortaleza (modera
el temor y la audacia) y la remplanza (modera los
apetitos de la parte concupiscible'”). La virtud
intelectual más importante es la prudencia, que
permite determinar, en cada situación concreta,

dónde está el término medio. De este modo,

cuando se obra rectamente, la razón guía a la vo-

luntad.

En consecuencia, cuando el hombre obra

guiado por la razón, obra de acuerdo con la ley

10 Concupiscencia: deseo inmoderado de los bienes te-


rrenos y de los goces sensuales. Codicia

31
natural que orienta los actos humanos hacia el fin
último, es decir, hacia Dios.
ÉTICA KANTIANA

INTRODUCCIÓN

Immanuel Kant (1724 -1804) fue un pensador


que se interesó particularmente en cuestiones
referidas a la moral.

David Hume, filósofo empirista, sostuvo que


ni la razón ni los sentidos son los que permiten al
hombre determinar la diferencia entre el bien y el
mal sino, simplemente, los sentimientos. Este
fundamento pareció poco sólido a los ojos de
Kant, pues siempre creyó que había una diferen-
cia real entre el bien y el mal. En este punto, está
de acuerdo con los racionalistas, quienes habían
señalado que era inherente a la razón del hombre
el saber distinguir entre el bien y el mal. «Todo
ser humano sabe lo que está bien y lo que
está mal, no porque sea algo que haya apren-

33
dido, sino, porque es inherente a nuestra ra-
zón.»

Según Kant todos los seres humanos tienen


una “razón práctica”, es decir, una capacidad de
razonar acerca de lo que está bien y lo que está
mal en cada caso. La capacidad de distinguir
entre el bien y el mal es innata, como lo son las
demás cualidades de la razón. De la misma mane-
ra que todos los seres humanos tienen la mismas
formas de razón, como por ejemplo, el que
percibamos todo como algo determinado
causalmente, todos tenemos también acceso a
la misma ley moral universal.

Kant formula la ley moral como un impe-


rativo categórico. Con esto quiere decir que la ley
moral es “categórica”, es decir, válida en todas
las situaciones. Además, es un “imperativo”, es
decir, “prescriptiva”. Esto quiere decir que es
completamente ineludible.

Kant formuló este “imperativo categóri-


co” de varias maneras. En primer lugar, sostiene
que “siempre se debe actuar de modo que, al
mismo tiempo, se desee que la regla según la
que se actúa pueda convertirse en una ley
general”. Es decir, que cuando alguien hace
algo, debe actuar de la misma forma en la que
desearía que otra persona actuara en su caso.

También formuló el imperativo categórico


diciendo que: “siempre se debe tratar a las
demás personas como si fueran una finalidad
en sí y no sólo como un medio para conseguir
otra cosa”.

Según Kant, la ley moral es tan absoluta y


de una validez tan general como, por ejemplo, la
ley de la causalidad, que tampoco puede ser pro-
bada mediante la razón y que, sin embargo, era
totalmente ineludible. Cuando él describe la ley
moral, describe también la conciencia del hombre.
No podemos probar lo que dice la conciencia,
pero, aún así, lo sabemos.

A veces una persona es buena con los demás


porque le merece la pena, por conveniencia. Por
ejemplo, puede ser una forma de hacerse popular.
Pero si se comparte algo con los demás por el
sólo hecho de hacerse más popular, entonces no
se actúa por respeto a la ley moral. A lo mejor se
actúa de acuerdo con ella, lo cual no está mal,
pero para que algo pueda llamarse acto moral
tiene que ser el resultado de una superación per-
sonal.
Si se hace algo sólo porque se piensa que
es una obligación cumplir la ley moral, se
puede hablar de acto moral. Por eso, la ética de
Kant suele denominarse la ética de la obligación.

Immanuel Kant realiza el intento de fundar


autónomamente la moral y se propone construir
una ética que sea independiente, tanto de un pre-
vio conocimiento de la realidad, como de la orga-
nización psicofísica del hombre. Su ética se expo-
ne fundamentalmente en una de sus obras llama-
da: Crítica de la razón práctica (1788), pero él la inicia
en otra obra llamada: Fundamentación de la metafisica
de las costumbres (1785).

FUNDAMENTACIÓN DE LA METAFÍSICA DE LAS


COSTUMBRES

Immanuel Kant realiza el intento de fundar


autónomamente la moral y se propone construir
una ética que sea independiente, tanto de un pre-
vio conocimiento de la realidad, como de la orga-
nización psicofísica del hombre. Su ética se expo-
ne fundamentalmente en una de sus obras llama-
da: Crítica de la razón practica (1788), pero él la inicia

36
en otra obra llamada: Fundamentación de la metafisica
de las costumbres (1785)

1. Fundamentación de la metafísica de las cos-


tumbres

Esta obra se divide en tres secciones:


* En la primera de ellas, trata Kant del paso
de las ideas comunes de moralidad a las ideas filosóficas
sobre moralidad.

Todo el mundo tiene ideas acerca de la


moralidad; de lo que se trata es de analizar filosó-
ficamente el fundamento de la misma. Kant parte
de la afirmación de que la única cosa que merece
absolutamente la denominación de «bueno» es la
«voluntad buena» :

! Cita extraída de: “Fundamentación de la metafísica de las


costumbres”, cap. 1 (Madrid,Espasa Calpe,1994, 10* ed., p.
53).

37
La voluntad buena no sc define precisamente
como la simple intención de obrar bien, sino co-
mo un querer puesto en práctica, como voluntad
misma en cuanto es capaz de actuar determinada
por la razón. Si el fin propio de la vida humana
hubiera sido la obtención de la felicidad, nada más
inapropiado que la razón para conseguirla; la de-
terminación del instinto hubiera sido mejor medio
¢ instrumento. La felicidad es más bien un con-
cepto empírico y la razón no logra precisarlo de
un modo universal y necesario. De aquí que no
sea, propiamente, con vistas a la felicidad por lo
que está dotado el hombre de razón y voluntad.
La voluntad será buena cuando lleve a una acción hecha
por deber. No es buena por el fin que pretende, o
por ¢l bien que consigue; lo es en sí misma, por-
que quiere que lo que hace sea conforme al deber,
cosa que logra cuando actúa por respeto a la ley
moral.

12 Cita extraída de: “Fundamentación de la metafisica de las


costumbres”, cap. 1 (Madrid, Espasa Calpe,1994, 10* ed., p.
63).

38
Actuar por respeto a la ley, que Kant de-
nomina «representación de la ley en sí misma», es
lo que hace absolutamente buena a la voluntad y
lo que da valor moral a la acción.

* Este concepto del deber como valor moral en sí


mismo no puede sino fundarse en la misma naturaleza
humana, cosa que Kant demuestra en la segunda
sección titulada «Tránsito de la filosofía moral
popular a la metafísica de las costumbres».

La moralidad, entendida como obrar por de-


ber, ha de valer para todos los hombres, para to-
dos los seres racionales en general (universalidad)
, y ha de valer de un modo necesario, es decir, no
accidental (necesidad): ha de tener, por tanto, una
fundamentación a priori (independiente de la expe-
riencia) en la misma razón. El único concepto de
deber que puede basarse en la sola razón es el que
se presenta bajo la forma de imperativo. Porque el
hombre es razonable, actúa según los motivos
objetivos que el entendimiento propone a la vo-
luntad, pero sucede, además, que la voluntad po-
sec sus propios motivos subjetivos; sin embargo,
el hombre racional acepta que el entendimiento
fuerce a la voluntad a someterse a su mandato.
Tres son los tipos de mandatos, o imperativos,
que pueden imponerse a la voluntad:

los técnicos, esto es, aquellos que son reglas ne-


cesarias para llevar a cabo una habilidad (quien
quiera ser rico ha de ahorrar);
los pragmáticos, (quien quiera conservar la salud
debe vigilar su dieta; quien considere que su fin
último es el placer, que calcule bien el disfrute de
placeres) y, finalmente,
los morales, aquellos que hacen que algo sea ne-
cesariamente bueno.

Las dos primeras clases son ¿mperativos hipotéti-


(0s, puesto que sólo existen si alguien se decide a
obtener los objetivos que procuran (si quiero un
fin he de poner en práctica los medios adecua-
dos), mientras que los últimos (los morales) obli-
gan incondicionalmente: son categóricosy prescriben la
moralidad a modo de juicios sintéticos a priori; a
priori, porque no dependen ni de la experiencia ni
de las propias intenciones, y sintéticos porque re-
presentan algo más que la misma voluntad. Actú-
an como principios a priori constitutivos de mora-
lidad: no porque algo sea bueno se impone a la
voluntad, sino porque la voluntad se impone algo
a sí misma esto que se impone es necesariamente

40
bueno. Y así son los ¿mperativos categoricos, cuya

formulación primera es la siguiente:

La «máxima» se refiere a los principios subje-


tivos de la voluntad, a sus propios móviles que, de
no existir ¢l imperativo categórico impuesto por la
razón, se impondrían a la voluntad.

De este modo el ser racional puede otorgarse


a sí mismo una ley que no es la de la naturaleza y
en esto estriba su grandeza y su dignidad. Y en
esto consiste también la autonomía de la volun-
tad, que radica, según Kant, en actuar por principios
que puedan convertirse en leyes universales. La conclu-
sión de la explicación de Kant lleva a aclarar el
principio: sólo una buena voluntad es algo incon-
dicionalmente bueno. Y así, la voluntad es buena
porque se impone a sí misma la única ley que
puede compartir todo ser racional: la de actuar de
acuerdo con el imperativo categórico que no es
más que una forma de querer, una “forma”, sin
un contenido moral concreto.

41
* El fundamento de este imperativo categórico sólo
lo puede analizar una crítica de la razón pura
(práctica). De esto trata Kant en la sección terce-
ra: «Último paso de la metafísica de las costum-
bres a la crítica de la razón pura práctica». Se trata
del análisis de la razón práctica, de la voluntad,
como causa libre.

CRÍTICA DE LA RAZÓN PRÁCTICA

Immanuel Kant realiza el intento de fundar


autónomamente la moral y se propone construir
una ética que sea independiente, tanto de un pre-
vio conocimiento de la realidad, como de la orga-
nización psicofísica del hombre. Su ética se expo-
ne fundamentalmente en una de sus obras llama-
da: Crítica de la razón practica (1788), pero él la inicia
en otra obra llamada: Fundamentación de la metafisica
de las costumbres (1785)

En la Critica de la razón práctica parte del análi-


sis de la razón pura, e intenta hallar el fundamen-
to de la moralidad. De la misma manera que en la
Crítica de la razón pura expone el fundamento a
priori del conocer, en la Crítica de la razon prác-
tica expone Kant el fundamento a priori de la
acción moral. Sc divide esta Crítica en dos par-
tes:

M una doctrina de los elementos (se divide a


su vez, en Analítica y Dialéctica) y
M una doctrina del método;

El objetivo es mostrar que la razón pura


es práctica -que la racionalidad tiene un as-
pecto práctico o moral- y que obliga a la vo-
Juntad a autodeterminarse.

El análisis de los principios por los que se de-


termina la voluntad distingue entre máximas, o
principios subjetivosy leyes o principios objetivos, válidos
para todo ser racional. Unos y otros son princi-
pios prácticos, esto es, mueven a actuar a la vo-
luntad. Pero los primeros son empíricos, nacen
del egoísmo o tienden a la propia felicidad, mien-
tras que una ley moral se piensa como necesaria y
universal, por lo que sólo un principio práctico
formal, y no uno que tenga en cuenta objetos y
contenidos, puede considerarse como ley práctica
por la que deba conducirse todo ser racional.

“Cuando un ente racional pretende pensar sus máximas como le-


yes universales prátticas, sólo puede pensarlas como principios que no

43
por la materia sino sólo por la forma contienen el motivo determinante

de la voluntad.”

Ahora bien: sólo si la voluntad se determina a


sí misma, es decir, sólo si es libre, puede decidirse
a obrar por un principio formal. Y viceversa: sólo
si la voluntad se determina por un principio for-
mal puede ser libre. Es libre aquella voluntad que
no se determina por algo que pertenece al mundo
fenoménico, que tiene sus leyes necesarias, como
lo son los motivos de tipo sensible y, por la mis-
ma razón, sólo si el principio del obrar es formal
puede ser la voluntad libre.

Libertad y ley moral se condicionan una a


otra, de modo que la libertad es el primer objeto
inteligible, o cosa en sí, que nos manifiesta el
análisis de la obligación moral, así como la mora-
lidad es lo primero que nos hace patente la liber-
tad.

“Es la ley moral, de la cual adquirimos conciencia directamente

...], lo que se nos ofrece en primer lugar y [...] conduce francamente al


concepto de libertad. |...] y la moralidad es lo primero que nos descubre

13 Crítica de la razón práctica, $ 4 (Buenos Aires, Losa-


da, 1977, 4* ed., p. 32).
el concepto de libertad. |...] nunca se babria cometido la osadía de
. »
introducir la libertad en la ciencia de no haber sido por la ley moral.

Esta ley moral existe en el interior del hom-


bre: es el imperativo categórico y lo percibimos
como un «hecho de la razón». O lo que es lo
mismo, el análisis de la razón nos lleva a conside-
rarla como fuente de la moralidad, porque la ra-
zón es en sí misma práctica, es decir, moral.

Su análisis muestra que percibimos en ella el


«hecho» moral, que somos libres y que tanto la
moralidad como la libertad coinciden con la auto-
nomía del individuo: propiedad de la voluntad
que sc da la ley a sí misma. Así, mediante el análi-
sis de la razón -la analitica- sabemos que el hom-
bre pertenece al mundo fenoménico, de las leyes
causales necesarias, y también al mundo 70uménico,
las cosas en sí, el mundo inteligible de los seres
libres que son, ellos mismos, el origen último de
sus acciones.

La moralidad no aporta, sin embargo, ningún


conocimiento de tipo teorico. Sin contradecir lo

14 Crítica de la razón práctica, $ 6 (Losada, Buenos Ai-


res 1977, 4* ed., p. 35-36).
establecido por la Crítica de la razón pura, la Cri-
tica de la razón práctica afirma la existencia de la
libertad o de un sujeto moral libre y autónomo;
afirma su existencia, pero no ofrece de ello una
demostración teórica. Establecido el principio
práctico que rige en la razón pura (que somos
libres y que nos damos a nosotros mismos la ley
moral), trata Kant -en orden inverso al observado
en la Crítica de la razón pura-, de los conceptos
de la razón práctica («Analítica de los conceptos»),
es decir, de los conceptos que hay que aplicar a
aquello que es objeto de la razón práctica, a lo que
es moral.

Los objetos de la razón práctica son el Bien y


el Mal. Estos dos conceptos deben definirse de
acuerdo con el principio ya definido de la morali-
dad; por lo mismo, algo es bueno o malo, no
porque es percibido (o después de haberlo perci-
bido) como moralmente obligatorio, sino debido
a que la voluntad se lo impone tras percibir cuál
es su deber moral teniendo en cuenta el imperati-
VO categórico,

“Entiendo por un concepto de la razón práctica la representación


de un objeto como posible efecto mediante la libertad. |...] Los únicos
objetos de una razón practica son los del bien y del mal |...] El concep-

to del bien y del mal no tiene que determinarse antes de la ley moral (a

46
la cual, aparentemente, debería servir de fundamento), sino solamente
ella.” *
. I/I‘J/'l/l’.\ de ella y por medio de

No lo hicieron así los antiguos ni lo hace


tampoco la mayoría de moralistas, que ponen el
bien y el mal como objetivos o fines de la volun-
tad y que, por lo mismo, no fundamentan más
que una moralidad heterónoma y a posteriori.
Propiamente, «bien » y «maly son conceptos a
priori, pero que no se aplican a objetos conocidos
(como pasa con las categorías del entendimiento),
sino que son «efectos» de una única categoría
práctica, la causalidad libre, la libertad, que hace
que — las acciones humanas scan, por
autodeterminación, buenas o malas.

Ahora bien, ¿cómo la libertad humana


convierte en buena o mala una acción, que
pertenece al mundo fenoménico, es decir,
cómo puede algo concreto pasar a ser necesa-
ria y universalmente bueno o malo moralmen-
te?

15 Crítica de la razón práctica, cap. 2 (Buenos Aires, Lo-


sada, 1977, 4* ed., p. 64-69).

47
Para saber que algo empírico puede ser objeto
moral, o para saber cómo hemos de juzgar de un
hecho concreto, ha de haber un «vínculo» inter-
medio entre la ley moral y el mundo natural: este
vínculo (el equivalente del esquematismo en la
razón teórica) no puede ser otro que el procedi-
miento de imaginar una ley moral «como si» fuera
una dey de la naturaleza»

“La regla de la facultad de juzgar bajo leyes de la


razón práctica pura es ésta: pregúntate si la acción que
te propones, si sucediera según una ley de la naturale-
za de la cual tú fueras parte, podrías considerarla como
posible mediante tu voluntad. En realidad, cada cual
juzga por esta regla las acciones si son buenas o malas
moralmente. Así se dice: Si cada cual, creyendo lograr
ventaja, se permite engañar, o se considerara autoriza-
do a acortar su vida, no bien lo asaltara un completo
hastío de ella, o mirara con perfecta indiferencia la
afliccion de los demás, y tú formaras parte de tal orden
de cosas, ¿estarías sin duda en él con el asentimiento
de tu voluntad?™

16 Crítica de la razón práctica, cap. 2 (Buenos Aires, Lo-


sada, 1977, 4* ed., p. 76).

48
Kant insiste en que la moralidad de una ac-
ción reside en la autonomía de la voluntad: la vo-
luntad que se determina a obrar por respeto a la
ley. Todo otro motivo queda excluido; en espe-
cial, se excluye cualquier otro sentimiento que no
sea el respeto a la ley, que es el único sentimiento
moral admisible. Este sentimiento es el único
móvil o motivo de la acción moral, constitutivo a
la vez de la misma moralidad. Hacer algo por res-
peto a la ley significa que la acción humana, preci-
samente para ser moral, debe ser no sólo objeti-
vamente conforme a la ley, sino también subjeti-
vamente: hecha para respetar la ley: Si no fuera
así, la conducta humana podría ser conforme a la
legalidad, pero no conforme a la moralidad.

Al final de la Analítica, trata Kant de nuevo


del tema de la dibertad», en cuanto ésta precisa-
mente hace posible la existencia de la moralidad a
priori. La libertad, en efecto, puede definirse co-
mo la «ndependencia de la voluntad de toda otra
ley que no sea la ley moral».

La aparente contradicción que presenta el


hecho de que el hombre sea a la vez libre en sí
mismo y sometido a la ley natural, «respecto de la
misma acción en el mismo momento», se disuelve
cuando se le considera miembro de dos mundos:

49
del mundo fenoménico, del cual depende cuando
realiza algo que se sitúa en el tiempo, y del mundo
nouménico, donde es un sujeto que ejerce su cau-
salidad libre respecto de todo aquello que realiza
en el tiempo .

A la Analítica, sigue una «Dialéctica de la ra-


zón práctica». Lo prácticamente incondicionado
recibe el nombre de «bien supremo». Aunque la
razón humana no puede tener otro motivo de su
acción que la moralidad, no por eso renuncia al
bien al que toda voluntad debe tender; el bien
incondicionado, el bien supremo a que tiende una
persona no es otro que la «virtud y la felicidad
conjuntamente», la suma de moralidad y felicidad.
No podemos concebir la virtud sin la felicidad, y
viceversa y, además, la razón práctica nos impulsa
hacia este bien supremo, o a unir una cosa con
otra.

CLASIFICACIÓN DE LOS ACTOS CON RELACIÓN


AL DEBER

De acuerdo con la ética kantiana, no puede


decirse que una persona no obró bien, si tuvo la
intención de hacer una buena acción, pero no
logró llevarla a cabo, por razones que le eran aje-

50
nas. Tampoco puede decirse que sí obró bien
alguien que, por casualidad, realizó una buena
acción.

Muchas veces no obramos bien. “Sabe-


mos” que deberíamos hacer tal o cual cosa, pero
nos dejamos llevar por muestros intereses
personales, nuestros afectos, preferencias o
conveniencias. Y esto se debe, dice Kant, a que
los seres humanos estamos constituidos por la
razón (que nos permite tener conciencia de lo
que está bien y de lo que está mal), y también por
lo que él denomina inclinaciones. Cuando
sabemos lo que está bien pero nuestras
inclinaciones quieren hacernos actuar en sentido
contrario, la buena voluntad se convierte en
deber, y tiene carácter coercitivo, ya que surge
para oponerse y reprimir a la inclinación.

Clasificación de los actos en relación al deber.

contrario al deber
/ por inflinación inmediata

Acto, P de acuerdo con el deber


X
por deber por inclinación mediata
Veamos algunos ejemplos:

Un compañero te pide que lo ayudes a es-


tudiar para una evaluación de Matemática ya que
no entiende algunos temas importantes. Dispones
de tiempo para hacerlo y conoces muy bien los
temas, sin embargo prefieres quedarte mirando
televisión. En este caso estás obrando en forma
contraria al deber y tu acto habrá sido malo.

Un compañero te pide ayuda en Matemá-


tica, pero conoce muy bien los temas de Econo-
mía que tú conoces menos. Aceptas ayudarle pero
a cambio de que te ayude en Economía. Habrás
obrado en función de tu conveniencia. Tu acto
coincide con lo que el deber te indicaba, pero lo
hiciste por inclinación, ya que si él no hubiese
sabido Economía no lo habrías ayudado. Tu acto
habrá sido de acuerdo con el deber y por incli-
nación mediata, ya que tu compañero es sólo un
medio para lograr lo que tú deseas. En este caso
tu acto es moralmente neutro.

El que te pide ayuda es tu mejor amigo y


sólo lo ayudas porque lo aprecias mucho. Tu acto
será de acuerdo con el deber, pero por inclina-
ción inmediata, ya que es tu amigo el objeto de

52
tu inclinación. En este caso tu acto también es
moralmente neutro.

Un compañero te pide ayuda en Matemática;


dispones de tiempo para hacerlo, conoces bien los
temas y entonces te encuentras con él y le das las
explicaciones que necesita, hasta que se le aclaran
las dudas y está en condiciones de hacer frente a
la evaluación. Habrás obrado por deber. Tu acto
es moralmente bueno.

A través de estos ejemplos podemos darnos


cuenta de que Kant sostiene que debemos cum-
plir con lo que el deber nos manda, más allá de
que ello nos brinde o no un beneficio personal.

Aunque sabemos que debemos obrar bien, no


es sencillo determinar qué acción es buena y cuál
no lo es. Para discernir entre ambas, existe una
regla objetiva que podemos aplicar para saber si
debemos o no llevar a cabo una acción: los impe-
rativos categóricos.

Un imperativo es un mandato ético. Por


ejemplo, los diez mandamientos que legó Moisés
al pueblo judío, están expresados de modo impe-
rativo. Y es categórico porque manda en forma
absoluta, más allá de las circunstancias particula-
»
n
res en las que se encuentre la persona, o de los
beneficios que esa acción le pueda brindar. Dis-
tintos son los imperativos hipotéticos, que man-
dan en forma condicional, como sería decir: “Si
deseas ser ayudado por tus compañeros, debes
ayudarlos cuando ellos lo necesiten”.

Aquí podemos mencionar la objeción que


Kant hace a los sistemas éticos que indican al
hombre cómo debe actuar si quiere lograr un fin
o un bien,(como sería la felicidad). El que afirma
“debo ser prudente si quiero ser feliz”, o “debo
aceptar mi destino si quiero lograr tranquilidad
espiritual”, etc. no apuntan a la considerar el de-
ber como única norma para obrar.

El imperativo es el principio objetivo de la ac-


ción. Y aquí es necesario explicar el significado de
la palabra “máxima”. Esta designa al principio
por el cual se obra, por el cual se realiza una ac-
ción. Es un principio subjetivo.

Ahora puede presentarse la primera formula-


ción del imperativo categórico:

“Obra según una máxima tal que puedas querer al


mismo tiempo que se torne ley universal”
Con esta formulación Kant sostiene un prin-
cipio que, en otros términos, sería como decir:
“nunca hagas algo que no aceptarías que pudiera
ser hecho por todos”.

El propio Kant presenta un ejemplo: una per-


sona necesita dinero prestado, pero sabe que no
podrá devolverlo. Sin embargo, sólo obtendrá ese
préstamo si se compromete a devolverlo. De mo-
do que hace la promesa sabiendo que no la cum-
plirá.

Para analizar este caso debemos identificar


cuál es la máxima que guía la acción de esta per-
sona. La formulación sería así: “Faltaré a mis
promesas, cada vez que me convenga”. Y ahora
cabría preguntarse qué pasaría si esta fuera una ley
para todos, con lo cual se llegaría a la conclusión
de que si nadie las cumpliera dejarían de existir,
porque nadic creería en las promesas, lo cual no
sería deseable como consecuencia.

Si analizamos las acciones de todas las perso-


nas, advertimos que siempre se hacen por un fin.
Y csos fines se basan en nuestras inclinaciones,
son subjetivos. Ahora bien, si existe un imperati-
vo categórico, deben existir fines absolutos y ob-
jetivos, y estos fines absolutos y objetivos deben
wm
n
ser los seres humanos. De aquí se desprende en-
tonces la segunda formulación del imperativo
categórico:

“Obra de tal modo que no consideres a la


humanidad solamente como un medio — sino
siempre como un fin en sí mismo”

Si consideramos a una persona, 0 a nosotros


mismos, como medios al servicio de nuestras in-
clinaciones, entonces habremos obrado mal.

La existencia en el hombre de una conciencia


moral, del deber y la ley moral, suponen que en el
ser humano hay libertad. El hombre puede clegir
cómo obrar. Aunque en muchos aspectos del
hombre no reina la libertad. Sus procesos físicos y
también los psíquicos (como las inclinaciones),
están regidos por leyes causales, es decir, que tie-
nen causas que determinan al hombre en el orden
natural. Hay un aspecto, el racional, que corres-
ponde al orden nouménico (lo que la cosa es en
sí), en el cual no rige el determinismo de la ley
natural, sino la ley moral y la libertad. Este aspec-
to es el que Kant denomina razón práctica
(praxis=acción), que es la voluntad regida por el
deber y aplicada al actuar moral. El hombre sólo

56
es libre cuando puede actuar por deber, cuando
no depende de causas biopsíquicas que lo deter-
minan, sino que actúa en función de la ley moral.

En síntesis, hay dos tipos de leyes que corres-


ponden a dos órdenes de realidades y a dos aspec-
tos en el hombre:

Ley natural Ley moral

Orden de la naturaleza Orden nouménico


(mundo fenoménico) (mundo nouménico)

Aspecto físico y psíquico Aspecto racional


(inclinaciones) (razón práctica)

La felicidad para Kant, no puede ser el objeti-


vo del actuar ético del hombre, porque si la natu-
raleza hubiera querido hacernos felices (entiende
por “felicidad” la “satisfacción y contento del
propio estado”), nos habria dotado sólo de instin-
tos. Si el hombre está dotado de razón es para que
pueda ser moralmente bueno, y esto para Kant,
es mucho más importante que la felicidad.

También podría gustarte