TEATRO NORTEAMERICANO
El Teatro norteamericano siguió siendo colonia inglesa aún después de la libertad de los Estados. El
Puritanismo en ciertas colonias fue una rémora para el teatro. En Boston hubo leyes contra las
representaciones teatrales y sus "vanidades pintadas". La prohibición duró hasta 1793. Otelo fue presentada
de este modo: "serie de diálogos morales, en cinco partes, que pintan el mal de los celos y otras bajas
pasiones".
Al acercarse la Revolución, el hecho de que casi todos los actores fueran ingleses creó una
animadversión hacia el teatro. Cuando comenzó la lucha armada, los actores británicos partieron por barco.
En l783 comenzaron a volver luego de un año de paz y por un tiempo tuvieron que enfrentar la hostilidad
puritana y la patriótica.
El Teatro norteamericano empezó a existir como tal, con fuerza autónoma y nacional, recién en el
siglo XX. Hasta entonces existió sólo en ocasiones esporádicas, generalmente con compañías de origen
inglés. Comenzó naturalmente en élites que buscaron una identidad norteamericana en la cultura, en la
literatura, en el teatro y en el arte en general. Durante el 1800 se representaron obras del repertorio europeo.
A principios de siglo comenzaron a surgir pequeños grupos surgidos de universidades como la de Harvard.
Así se fundó la Commimity Ars Association, el Atelier 47, el Chicago Little Theater, en síntesis los studios
surgen por todas partes y especialmente en Nueva York. Fueron estos pequeños teatros los que ayudaron a
surgir al original y máximo talento teatral norteamericano: Eugene O'Neill. Su temática fueron dramas
realistas (portuarios), dramas costumbristas o de sociedades en formación. Otros importantes dramaturgos
fueron Elmer Rice, William Saroyan, Tennessee Williams, Clifford Odets, que introdujeron una nueva
mentalidad sobre temas nuevos: racismo, pena de muerte (silla eléctrica), desesperanza, divorcio y
alcoholismo. Al principio fueron representaciones de obras europeas a cargo de diletantes inmigrantes; luego
se representaron obras por actores profesionales llegados de Europa. Finalmente se representaron las
primeras obras de autores norteamericanos con actores igualmente norteamericanos. El desarrollo del
verdadero Teatro norteamericano surgió después de la primera guerra junto con la afirmación de los Estados
Unidos como potencia occidental. Naturalmente el fenómeno fue paralelo al de la narrativa y todos por fin
sabemos que teatro, drama, novela y cine son diversas formas de divulgar una idéntica trama.
La historia del teatro en [Link]. fue durante el siglo XIX la historia del país mismo. El teatro es casi
tan nuevo como la Nación. Al principio ambos se desarrollaron penosamente y después con creciente
rapidez.
En cien años el teatro evolucionó hasta convertirse en una enorme máquina comercial con una gran
producción que se distribuía por todo su extenso territorio.
Hasta 1825 hubo muy pocos teatros; una sola sala en los principales centros poblados: Nueva York,
Filadelfia, Boston, que cambiaba a diario su programación. Desde esa época y durante setenta y cinco años el
teatro fue creciendo y expandiéndose. Primero, fueron aficionados, más tarde llegaron los profesionales.
Hubo teatros flotantes, barcos que llevaban sus propios escenarios por los ríos mayores, tarea que
continuaron realizando durante cien años.
Al aumentar en todo el país el número de ciudades y de población, aumentó también el número de
teatros. En 1800 había sólo un puñado de salas y apenas alrededor de ciento cincuenta actores; hacia 1900,
[Link]. tenía cinco mil teatros en por lo menos tres mil quinientas ciudades y entre cincuenta mil y setenta
mil actores.
En un principio los actores venían de Inglaterra, luego fueron los hijos de los actores británicos que
hicieron de los [Link]. su hogar. Muchos de estos también se hicieron empresarios teatrales, por ejemplo: la
Compañía de Laura Keen, actriz inglesa que, en gira por varios países, se estableció en Nueva York y en
Washington (estaba representando una obra en el Ford's Thea-ter de Washington cuando un conocido actor
de su Compañía, John Wilkes Booth, asesinó al
presidente Abraham Lincoln). Otro famoso actor de estas compañías fue el inglés Maurice Ba-rrymore
(padre de los notables John, Ethel y Lionel).
El siglo XIX asistió al desarrollo de excelentes compañías teatrales en Nueva York, Boston y
Filadelfia y también vio el fin del repertorio y el triunfo de las largas permanencias en cartel.
Antes que terminara el siglo aparecieron el empresario comercial y el agente de ventas; el sistema de
giras reemplazó a las compañías permanentes y Broadway se convirtió en una caja de muestras en la cual los
astros y los hits ganaban la reputación que los llevaría en la ruta de las giras por una temporada o más.
En síntesis, el crecimiento de la población dio lugar a que la permanencia prolongada en cartel
compitiera con el sistema de repertorio y a que finalmente lo reemplazara, y que el sistema de giras se
afianzara definitivamente.
Un éxito de Broadway o un astro muy conocido podían actuar en cientos de teatros a lo largo de casi
doscientos mil kilómetros de ferrocarriles, los empresarios de los principales teatros locales se convirtieron
así en meros contratistas de atracciones de Nueva York y no en productores o administradores de las
compañías residentes.
Para retomar la historia del drama norteamericano podríamos decir que florecieron los melodramas
de propaganda. Había dos temas favoritos: los males de la bebida y los males de la esclavitud. La Cabaña del
tío Tom, cuyo éxito llegó a Londres y a Paris, no fue la única obra que utilizó el problema de los negros, pero
fueron muchas más las que encararon el problema del alcohol.
También el drama nacional relacionado con los indios inspiró varias obras: La Princesa india llegó
diez años más tarde a Londres con el título de Pocahontas. Existieron también otras obras con el tema de los
indígenas.
El país que inventó el teléfono, la lamparilla eléctrica y la máquina de coser entre 1870 y 1880 no
podía dejar de crear maquinarias escénicas.
En 1869 el actor Edwin Booth, hermano del asesino de Lincoln, horadó la roca por debajo del
escenario de su nuevo teatro e instaló una maquinaria hidráulica que elevaba decorados íntegros a través de
trampas y hendiduras en el piso del escenario.
Steel Mac Kaye instaló en 1880 un dispositivo para cambios en el Madison Square Theater; se
trataba de una plataforma levadiza que se adelantó por treinta años a la maquinaria alemana. Concluida la
representación Mac Kaye mostraba al auditorio cómo funcionaba el mecanismo.
En el Lyceum Theater Mac Kaye presentó por primera vez en los [Link]. un escenario iluminado
con electricidad e instaló un ascensor en el foso de la orquesta para que la orquesta se retirara durante la
representación a la vista del público.
El genio de Mac Kaye concibió un teatro para doce mil personas destinado a la Feria Mundial de
Chicago y lo llamó Spectatorium. Para el Ciclorama planeó usar un enorme semicírculo de linóleo en vez de
género por ser éste muy propenso a las arrugas e inventó la primera máquina de nubes inundando el cielo de
vapores movedizos. Como la exposición se realizaba en conmemoración del descubrimiento de América,
Mac Kaye planeó llenar el escenario de agua y desplazar sobre rieles las tres carabelas de Colón. Además de
estas innovaciones mecánicas, la imaginación de Mac Kaye concibió el espectáculo El descubrimiento del
Nuevo Mundo y llevó a los [Link]. al compositor checo Antonin Dvořák para que escribiera la partitura
musical (Sinfonía del Nuevo Mundo).
Su muerte prematura hizo que este creador no llegara a ser el Reinhardt, el Appia o el Craig del
teatro norteamericano.
El teatro realista se desarrolló mucho más tarde en [Link]. que en Europa.
Muy espaciadamente, hasta después de 1915, se importaron ejemplos de la obra de los mejores
europeos; recién después de 1915 apareció por primera vez el talento de Eugene O'Neill en el grupo de los
Provincetowns players.
Muchos directores excelentes, formados en la tercera década de este siglo (ejemplo, Elia Kazan) y casi todos
los actores que podrían haber sido destacados actores teatrales, se dedicaron a la producción cinematográfica
en Hollywood. La escena neoyorkina quedó en manos de actores notables mientras la pantalla utilizó figuras
como John Barrymore, Charles Boyer, Katherine Hepburn, Edward Robinson, Leslie Howard, James Cagney
y Frederic March.
Lo que más distinguió a los Princetowns players es haber producido las primeras obras de O'Neill:
Más allá del horizonte y Anna Christie. Sin duda estas obras no hubieran encontrado productor en Broadway.
El espíritu de los trabajadores y del Auditorio del Princelowns players dio a O'Neill la confianza y el
estímulo que necesitaba cuando comenzó a escribir. Sin este grupo su genio tal vez no hubiera podido
expresarse. Otras obras de O'Neill: El Emperador Jones, Lázaro reía, A Electra le sienta el luto, El deseo bajo
los olmos, El gran dios Brown, Extraño interludio, Largo viaje de regreso, El mono velludo, La luna de los
Caribes.
Otra importante fuerza surgió de las Universidades que como la de Harvard crearon estudios teatrales y
dictaban Literatura dramática. Así surgieron los nombres más importantes del Teatro norteamericano:
Elmer Rice (La máquina de sumar, Escenas de la calle, The subway, Ver Ñapóles y morir, Dream
girl y El día del juicio).
William Saroyan (El momento de tu vida, La hermosa gente, Mi corazón está en las alturas y Viejo
canto de amor).
Thorton Wilder (Nuestro pueblo, La piel de nuestros dientes, El puente de San Luis Rey y Larga
cena de Navidad).
Maxwell Anderson (Desierto blanco, El precio de la gloria, Bajo los puentes de Nueva York, Juana
de Lorraine*.
Clifford Odets (Esperando al zurdo, El paraíso perdido*, Despiértate y canta, Hasta el día que yo
muera, El chico de oro y El bosque petrificado*).
Tennessee Williams (La batalla de los ángeles, El zoo de cristal, Un tranvía llamado deseo*, Verano
y humo, La noche de la iguana*, El gato sobre el tejado de zinc caliente*, La rosa tatuada* y Out cry).
Arthur Miller (La muerte de un viajante*, Las brujas de Salem*, Después de la caída* y Panorama
desde el puente).
Eugene O'Neill (El emperador Jones, El deseo bajo los olmos*, Llega el hombre del hielo, Anna
Christie, Los millones de Marco Polo, Lázaro reía, Más allá del horizonte, El gran dios Brown, A Electra le
sienta bien el luto, Extraño interludio*, Largo viaje del día hacia la noche*, El mono velludo y La luna de los
Caribes).
* Obras llevadas al cine.