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High and Hopeless

Este capítulo introductorio presenta a los personajes principales Teddy y Liam. Teddy pasa tiempo con su novio Asher fumando hierba para olvidar sus problemas. Piensa en Liam, su mejor amigo de la infancia, y lucha contra sentimientos complicados. Liam trabaja duro para cuidar a las personas que le importan, pero se preocupa por Teddy que se aleja cada vez más.

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High and Hopeless

Este capítulo introductorio presenta a los personajes principales Teddy y Liam. Teddy pasa tiempo con su novio Asher fumando hierba para olvidar sus problemas. Piensa en Liam, su mejor amigo de la infancia, y lucha contra sentimientos complicados. Liam trabaja duro para cuidar a las personas que le importan, pero se preocupa por Teddy que se aleja cada vez más.

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Bailey Nicole Worthless Boys

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Bailey Nicole Worthless Boys

2
Bailey Nicole Worthless Boys

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Bailey Nicole Worthless Boys

Nota del staff


Esta traducción está hecha sin fines de lucro. Es un trabajo realizado de lectoras a
lectorxs a quienes les apasiona de igual manera la lectura MM.
Con esto no queremos desprestigiar a los autores que invierten su tiempo creando
estas obras que tanto amamos. Nuestro único fin es que la lectura llegue a más
personas.
Recuerden siempre apoyar a los autores comprando su material legal y dejando
reseñas en las plataformas como incentivo y demostrar lo mucho que los amamos.

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Bailey Nicole Worthless Boys

High1 and Hopeless


“En lo alto y sin esperanza”
“Chicos sin Valor” #2
Bailey Nicole

1
High también puede traducirse como “drogado”. De ahí el nombre de “en lo alto”
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Bailey Nicole Worthless Boys

Contenido
Lista de reproducción Capítulo 13
Advertencia sobre el contenido Capítulo 14
Dedicatoria Capítulo 15
Sinopsis Capítulo 16
Prólogo Capítulo 17
Capítulo 1 Capítulo 18
Capítulo 2 Capítulo 19
Capítulo 3 Capítulo 20
Capítulo 4 Capítulo 21
Capítulo 5 Capítulo 22
Capítulo 6 Capítulo 23
Capítulo 7 Capítulo 24
Capítulo 8 Capítulo 25
Capítulo 9 Epílogo
Capítulo 10 Agradecimientos
Capítulo 11 Sobre el autor
Capítulo 12

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Bailey Nicole Worthless Boys

Playlist
Fame on Fire—Without Me
A$AP Rocky (feat. Rod Stewart, Miguel, Mark Ronson)—Everyday
A$AP Rocky—L$D
Point North (feat. Kellin Quin)—Into The Dark
Slaves—Talk to a Friend
BONES—WhereTheTreesMeetTheFreeway
Ghostboi—Wishuwell
Brennan Savage, Killstation—Dreams of You
Brennan Savage—Badlands
The Devil Wears Prada—Chemical
A$AP Rocky (feat. BONES)—Canal St.
Jalen Santoy—Foreplay
Silverstein, Aaron Gillespie—Infinite
From Ashes to New—Panic
The World Alive—Why Am I Like This?
Sublime—Badfish
Highly Suspect—Lydia
Sleep Token—The Offering
Kid Cudi—Day ‘N’ Nite (nightmare)
Kina, (feat. Snøw)—Get You The Moon
Sleep Token—Sugar
Banks Arcade—Drown
A Day To Remember—If It Means A Lot To You
Grover Washington Jr. (feat. Bill Withers)—Just the Two of Us
Kid Cudi—Trapped In My Mind
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Bailey Nicole Worthless Boys

Advertencia
Hay algunos temas que pueden resultar incómodos para algunos lectores. Lenguaje
gráfico, uso de drogas y alcohol, escenas retrospectivas que implican el abandono
de un niño, referencias a la violencia doméstica y violencia con armas de fuego.
Este es un romance MM, por lo que hay sexo detallado entre dos hombres que
consienten.

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Bailey Nicole Worthless Boys

Dedicatoria
A todas las personas que se dieron cuenta de que tal vez sus circunstancias no
eran tan normales como habían pensado en un principio. Probablemente fue
difícil, pero seguro que los animó a hacerlo mejor. A salir adelante.
Eso es algo de lo que hay que estar orgulloso.

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Bailey Nicole Worthless Boys

Sinopsis
En mi cabeza, lo imagino. Mi mejor amigo heterosexual. El que nunca tendré.

Teddy
Nunca he sentido que encaje, pero eso cambió el día que lo conocí. Liam West. Era
alguien increíble... incluso cuando éramos niños. Me protegió de todas las cosas
horribles que la vida me lanzó, pero en algún momento mi fascinación por él se
convirtió en algo más. Algo lleno de dolor. He intentado poner distancia entre
nosotros, pero nunca funciona. Liam nunca me dejará alejarme demasiado de él.
Todo lo que puedo hacer es mantenerme lo suficientemente drogado como para
olvidar la desesperanza de todo esto.

Liam
Poner mi vida en orden no ha sido fácil. Trabajo duro y cuido de las personas que
me importan, pero la única persona que me importa se aleja de mí. Mi único y más
antiguo mejor amigo. Se está volviendo cada vez más autodestructivo y espera que
yo ofrezca la otra mejilla. No es así. Teddy siempre me ha necesitado, y estoy
empezando a darme cuenta de que yo podría necesitarlo tanto o más.

High and Hopeless es el segundo libro de la trilogía Worthless Boys y es


un romance MM entre amigos y amantes (NA2). Se puede leer como un
libro independiente. Por favor, lea la advertencia de contenido antes de
empezar, ya que hay temas oscuros que pueden ser desencadenantes
para algunos lectores.

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New adult.
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Bailey Nicole Worthless Boys

Prologo
Teddy

Mis dedos se mueven por sí solos, rompiendo los pegajosos brotes verdes.
Miro de cerca las pequeñas hojas que se desmenuzan en la bandeja. Son tan
hermosas. El olor a tierra, que sólo tiene la hierba, llena mis fosas nasales. Mi
favorito. Alargo la mano para apartar los rizos de mi frente, antes de recordar que
aún hay trocitos en las yemas de mis dedos: los pequeños cristales que te hacen llegar
más alto.

—¿Ya has terminado? ¿Por qué tardas tanto? —dice Asher desde su cama. Su
voz suena quejumbrosa y me molesta el buen humor.

—Casi. Sólo me tomo un momento para apreciar los brotes. —digo.

—¿Qué hay que apreciar? Recuerdo mi primera vez fumando hierba. —


bromea, burlándose. Ese es el problema de Asher. Está jodidamente bueno, pero es
un imbécil.

—Siempre deberías disfrutar de las cosas pequeñas, Ash. Toda la hierba


podría desaparecer del planeta mañana, y entonces desearías no haberlo dado por
sentado. —digo, tratando de mantener el ambiente ligero. No quiero empezar una
discusión innecesaria con él. Sólo llevamos un par de meses saliendo y parece que la
fase de luna de miel ya ha terminado. Al parecer, terminó hace mucho tiempo.

Estamos en dos longitudes de onda totalmente diferentes, pero me quedo de


todos modos. Asher hace que no piense en él. Sacudo la cabeza con desprecio y
aprieto la hierba rota en un papel de fumar, poniendo especial cuidado en que quede
uniforme. Una vez que estoy satisfecho, doblo el papel y empiezo a compactarlo,
enrollando el papel bajo mis pulgares.

Coloco el papel detrás de la hierba y lamo el adhesivo pegajoso, sellando el


porro con un movimiento fluido. Al levantarlo, me tomo un momento para admirar
mi trabajo. Siempre me deja armarlo por él; aunque él lo arma igual de bien, me deja
porque sabe que es mi parte favorita. Deja de pensar en él. Estás sentado frente a tu
novio, por el amor de Dios.

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Bailey Nicole Worthless Boys

—Por fin. —gime, como si hubieran pasado horas. En realidad, probablemente


no han pasado más de cinco minutos. Suelto un suspiro de fastidio. Me meto la mano
en el bolsillo y tomo mi mechero de la suerte; es rosa y lleva mi signo del zodiaco:
Piscis. Todavía recuerdo lo que me dijo cuándo me lo regaló en mi cumpleaños: —Te
gusta esa mierda de colores—. El pequeño regalo me hace sonreír cada vez que lo
veo.

Me gustan las mierdas de colores. Mis calzoncillos son de color amarillo neón
con conos de helado y llevo una camiseta de tirantes turquesa.

Me acerco el porro a la boca, enciendo la punta y doy una larga calada. Luego
otra. Y se lo paso a Asher. Una calada, otra calada, un pase. Fumo mucha hierba,
probablemente más que cualquiera de mis amigos. Mi sueldo de la pequeña tienda
de mierda en la que trabajo se destina principalmente a comprarla. No se me ocurre
ninguna otra cosa en la que preferiría gastar el dinero. No me importan mucho las
cosas materiales. Me compro ropa nueva cuando veo algo que destaca y eso es todo.

No es la primera vez que me doy cuenta de que debería ahorrar dinero para el
día en que mi madre me eche a la calle. Es una bala perdida. Una maldita psicópata,
por así decirlo. Evito ir a casa tanto como es humanamente posible, rotando entre
quedarme en casa de Asher, a veces en casa de Ant, y raramente en casa de Ben y
Damon. Están tan enamorados que a veces me da asco. No porque no deban estar
juntos. No, son perfectos. Sino porque tienen todo lo que siempre he anhelado. Algo
que nunca tendré.

Ash me agarra la barbilla y me gira la cara hacia la suya. Su tacto es extraño y


frío. Le da al porro por quinta vez, probablemente, porque no tiene respeto, y acerca
sus labios a los míos. Los separo ligeramente y aspiro el humo que sopla en mi boca.

Profundiza el beso y le dejo tomar la iniciativa. Me mete la lengua en la boca


con torpeza, nuestros dientes chocan entre sí, y el único pensamiento que tengo en
la cabeza es: ¿está dejando que se queme el porro? Qué desperdicio.

Me pasa la mano por la columna vertebral y sus dedos se introducen


directamente en mis vaqueros. Me roza el agujero y me pongo rígido, levantándome
de golpe.

—Todavía no, Ash. —gimo.

—Llevas diciendo eso desde que estamos juntos. ¿Cuál es el puto problema?
—responde él, con las cejas fruncidas.

—Es que aún no estoy preparado. Te dije que podría llevarme algún tiempo.
—le digo, manteniendo mi voz suave. Sin embargo, parece más molesto que de
costumbre.

—Nunca estarás preparado, eres un mojigato. Sigues siendo virgen a los


diecinueve años.
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Bailey Nicole Worthless Boys

Mi cara se calienta por la vergüenza. Me giro para que no pueda ver el rubor
que se extiende por mi piel. Ni siquiera está mintiendo, eso es lo peor. —¿Quieres
dejarlo ya? No quiero hacerlo, fin de la historia. Te haré una mamada. —intento.

—Tienes los labios más suaves que he visto nunca, mierda. Tráelos aquí,
precioso. —El cariñoso gesto me produce un escalofrío. Odio cuando me llama así.
Pero no debería. Debería amarlo; debería quererlo. Al fin y al cabo, es mi novio.
Vuelvo a decirme a mí mismo que sólo tengo que darle tiempo. Al final me enamoraré
de él. Tiene que haber alguien que me haga superarlo.

Me encuentro con sus ojos azules como el cristal y le doy un beso en los labios.
—Lo siento. Pronto, lo prometo. —susurro.

—Está bien, es mi culpa por frustrarme. Es que hace tanto tiempo que no follo.
Y me hace sentir que no me quieres.

—Sí te quiero. —No lo hago.

Le bajo el pantalón de chándal; él levanta las caderas para ayudarme. No lleva


nada debajo. La visión de su larga y dura polla no me hace mucha gracia. No me
abruma la lujuria. Puede que no haya tenido sexo, pero sé lo que se siente al
necesitarlo. Pero no siento eso con él, y eso me enfurece.

Acerco mis labios a la cabeza de su polla y lo doy todo. Lo chupo lentamente y


bombeo mi puño en la base. Lo lamo de arriba abajo y hago todo lo que se supone
que debo hacer.

Pero todo el tiempo, no es su cara lo que veo en mi cabeza. No es su voz la que


escucho gimiendo mi nombre.

En mi cabeza, lo veo a él. Mi mejor amigo heterosexual. El que nunca tendré.


Liam.

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Bailey Nicole Worthless Boys

Uno
Liam

Andar en skateboard3 por todas partes es un puto problema. Impulso mi pie


contra el pavimento para hacer avanzar mi skate. Hace un millón de grados aquí,
en el estado del sol4, y el sudor me cae por la cara, picándome los ojos. Por eso
nunca llevo una maldita camiseta.
Pero esta es mi única opción. No podré permitirme un coche pronto; hay
cosas mucho más importantes en las que necesito gastar mi dinero. Como el
alquiler de mi casa de mierda. Me mudé del hotel de mi madre a otro.
Sí. Mi madre vive en un hotel, y hasta el mes pasado, yo también vivía allí.
Gracias a que el padre de Ben me consiguió este trabajo de construcción, ahora me
pagan lo suficiente para pagar mi propia habitación de hotel con tarifa semanal. El
sur de Florida puede joderse. Nadie puede permitirse vivir aquí. Los mega-ricos se
quedan en otra parte de la ciudad y nuestros barrios están deteriorados, pero sigue
siendo demasiado caro.
Esa es una de las razones por las que mi madre eligió vivir en un hotel. Es
más asequible y no tuvo que preocuparse de pasar una verificación de crédito ni
nada de esa mierda.
Un tipo adulto como yo no tiene nada que hacer en un hotel de una
habitación con su madre. No funciona y hace que no tenga ganas de volver a casa.
Así que, en cuanto recibí mi primera paga, encontré un hotel a pocos minutos de la
suya y me mudé.
Los hoteles como este son pan comido aquí. Son una parte de la vida de la
que nadie habla. Hace que la gente se sienta incómoda al reconocer lo pobres que
son algunas personas.
Nos mudamos a ese hotel justo cuando empecé la escuela secundaria. No se
lo dije a nadie, porque me daba demasiada vergüenza. Me negué a tomar el autobús
a casa, para que los otros niños no lo vieran detenerse frente a la cadena de moteles

3
Es como una patineta pero más grande.
4
Estado de Florida, Estados Unidos.
14
Bailey Nicole Worthless Boys

de la avenida Federal. Durante un mes seguido, caminé kilómetros al día, hasta que
finalmente le pedí a mi madre que me comprara un skateboard.
Conseguir una bicicleta era caro, y el skateboard me parecía mucho más
guay por aquel entonces. Me costó un día entero de dar vueltas con él en el
aparcamiento para agarrarle el ritmo al skateboard, y desde entonces ha sido mi
principal medio de transporte.
Ese fue el día que vi por primera vez a Teddy. Incluso entonces, tenía el pelo
rubio y rizado de locura. Me resbalé del skate, me rasgue la rodilla y, cuando
levanté la vista, lo vi sentado en un bordillo. Parecía un niño pequeño, no de mi
edad.
Tomé mi skateboard y entré en mi estrecha habitación de hotel. Había una
pequeña posibilidad de que fuera realmente un niño de secundaria y tenía que
asegurarme de que no me reconociera.
Al día siguiente, me fui en skateboard hasta mi casa y me sentí jodidamente
bien. Era libre; sólo me caí del skate una o dos veces. Pero cuando me detuve frente
a mi habitación de hotel, me di cuenta de que el chico rubio volvía a estar sentado
en el mismo sitio. Esta vez tenía una mochila a su lado.
Todos los días después de la escuela, durante el resto de esa semana, estaba
allí. Y yo lo evitaba cuidadosamente. Hasta el viernes.
Al quinto día me sentía mucho más seguro con mi patinaje. Al doblar
rápidamente la esquina del aparcamiento, estaba a punto de parar el pie y
detenerme cuando levanté la vista y lo vi sentado en el bordillo de la acera frente a
mi habitación de hotel.
Mi pie no tocó el suelo y salí volando de mi skate, aterrizando sobre las
palmas de las manos.
—¡Carajo! — exclamé. —¿Qué haces delante de mi habitación? — le pregunté
mientras me quitaba la arenilla y la suciedad de las palmas.
Parecía aterrado, lo que me desconcertó un poco. Tenía los ojos muy
abiertos. —Lo siento—, tartamudeó. —Sólo pensé que tal vez podríamos ser amigos.
—¿Qué edad tienes? Parece que estás en la escuela primaria o algo así.
Se apretó el labio entre los dientes y miró al suelo. —Sé que soy pequeño,
pero vamos al mismo colegio. Te he visto en la cafetería.
Mierda. ¿Por qué pensé que nadie más en la escuela viviría aquí?
—De todas formas fue una idea estúpida—. Se puso de pie y rozó sus manos
en la parte posterior de sus pantalones cortos. —A partir de ahora te dejaré en paz.

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Bailey Nicole Worthless Boys

Se dio la vuelta para alejarse, pero lo agarré del hombro y lo hice girar. Por
fin pude ver su cara de cerca. Su piel era un poco más clara, las pecas estaban
repartidas por las mejillas y la nariz. Y unas gruesas pestañas adornaban sus
grandes ojos verdes. Lo hacían parecer una chica, pensé.
—¿Cómo te llamas? — le pregunté.
Me dirigió una mirada insegura. —Theodore. Pero mi madre me llama
Teddy.
Teddy. Como un maldito oso de peluche. De acuerdo entonces.
—Muy bien, Teddy. Me llamo Liam. Podemos ser amigos, supongo, pero
tienes que prometerme que no le dirás a nadie que vivo aquí—. Le puse el rostro
más serio que pude en aquel entonces, mucho menos intimidante que ahora. Pero
funcionó, no obstante.
Sus cejas se arrugaron y parecía realmente molesto. —¿Por qué iba a hacer
eso? ¿Crees que quiero que alguien sepa que yo también vivo en este agujero de
mierda?
Incluso entonces, no tenía ningún problema en llamarme la atención.
Me meto en el aparcamiento del infame parque que todavía frecuentamos.
No estaba seguro de si seguiríamos reuniéndonos aquí después de graduarnos del
instituto, pero resulta que nada ha cambiado realmente. Bueno, excepto Ben y
Damon. Ahora son bastante tranquilos. Siguen fumando hierba, pero no salen de
fiesta ni nada por el estilo. Y honestamente, mejor para ellos.
Subo la rampa de hormigón, directamente al pabellón, y me detengo
bruscamente, con el pecho agitado por el esfuerzo. Observo la escena que tengo
delante. Ant y Ben están sentados uno al lado del otro, y Teddy está sentado frente
a ellos con su novio, Asher. Nunca lo había traído al parque, pero supongo que
tenía que ocurrir.
Sólo para ser un imbécil, me acerco a Teddy, me inclino y me limpio la cara
sudada en su camiseta.
—¿Qué mierda, amigo? Vamos—, se queja, pero sé que no está realmente
enfadado. Ant y Ben empiezan a reírse a carcajadas, pero Asher no dice nada.
Una sonrisa de satisfacción se levanta de mis labios. —Bueno, ¿qué mierda
pasa chicos? Veo que tenemos un recién llegado aquí. No sé si nos conocemos
bien—, digo con todo el sarcasmo que puedo reunir. Hoy me siento un poco caótico,
así que, ¿por qué no?
—Cállate, Liam. Sabes que este es mi novio, Asher.
—Cierto. He estado esperando que lo trajeras. Es un placer conocerte por fin,
hermano—. Desplazo mi mirada hacia él. No es para nada agradable, en realidad...
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Bailey Nicole Worthless Boys

y apuesto a que se da cuenta por la sonrisa de loco que tengo en la cara ahora
mismo.
Teddy me ha contado todo sobre este sujeto. Conozco su tipo; sólo utiliza a
Teddy para meterse en sus pantalones. Es obvio para mí, pero no creo que sea lo
mismo para Teddy. Siempre ha tendido a ser ingenuo.
—¿Y tú quién eres?—, me dice. Mis cejas se juntan y mi sonrisa se hace aún
más grande. Probablemente parezco francamente sádico en este momento.
—Maldita sea, hombre. ¿No le has hablado de mí? Creía que éramos mejores
amigos—, bromeo, llevándome la mano al pecho desnudo en señal de ofensa.
—Liam está en uno de esos días —, dice Ben, con una risa.
—¿Cuándo no lo está? —. Ant pone los ojos en blanco.
—Lo que sea—. Me encojo de hombros. —Vengo con regalos—. Saco el
paquete de cigarrillos del bolsillo y agarro el porro que he metido ahí hoy mismo.
Me lo llevo a los labios, lo enciendo y le doy un par de caladas antes de entregárselo
a Ben. Asher puede ser el último en la rotación, porque, que se joda.
Saco del bolsillo una bolsita de hierba y el paquete de papel de aluminio para
envolver los canutos, y los pongo delante de Teddy. —¿Quieres enrollar esto
mientras el porro va por ahí? — le pregunto, bajando la voz para que sólo él pueda
oírlo. Sé lo mucho que le gusta enrollar la hierba, pero también le lleva una
eternidad.
Una sonrisa ilumina toda su cara, mostrando todos sus dientes. —¿Quieres
dejar de ser un idiota?—, bromea.
Una carcajada brota de mi pecho. —Claro que sí, amigo—, digo, y le doy una
palmada en el hombro. Se pone rígido de inmediato. ¿Qué mierda le pasa
últimamente? Retiro la mano.
En los últimos meses, he notado muchos cambios en él. Él y yo siempre
hemos tenido una amistad fácil a pesar de que seamos tan diferentes. Pero es como
si se estuviera alejando, separándose lentamente de mí.
Sin embargo, si cree que eso va a funcionar, se va a encontrar con un duro
descubrimiento. El hecho es que no hay nadie en todo el mundo que me conozca
como él. Ninguno de estos tipos, ni mi madre, nadie.
Y planeo mantenerlo así. La gente es muy falsa, pero yo encontré al único
bueno. Es el hijo de puta más puro que hay, con un corazón de oro. Es mi mejor
amigo.
Si esto es porque tiene un novio ahora, entonces no me preocupa. No
durarán -Asher no es lo suficientemente bueno para él, y si tengo que hacer algo al
respecto, lo haré.
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Bailey Nicole Worthless Boys

Mis pensamientos son interrumpidos por la voz de Ant. —¿Por qué nunca te
sientas? Siempre te quedas ahí de pie como un maldito bicho raro.
Ben se ríe. Me doy cuenta de que estoy de pie al frente de la mesa con los
brazos cruzados sobre el pecho. Me desconecto mientras observo los delgados
dedos de Teddy desenredando la hierba. Sin embargo, ellos saben cómo soy, así
que no les doy una respuesta. Hablan, sólo por hablar. Pero yo no.
—¿Por qué siguen sorprendiéndose de cualquier cosa que haga Liam? — dice
Teddy y sacude la cabeza hacia ellos, con una sonrisa jugando en sus labios. Son tan
llenos; sus rasgos nunca dejaron de ser femeninos. Su mandíbula es más afilada
ahora, pero no le crece ningún pelo.
Veo cómo su lengua rosa pálida sale y lame el envoltorio del cigarrillo justo
antes de sellarlo. Sin pensarlo dos veces, me acerco a la mesa y le doy el mechero.
Mientras se enciende, dirijo mi atención a Ben. —¿Dónde está Dame?
—Está en el colegio comunitario programando sus clases para el otoño. Yo
fui a hacer las mías ayer, pero ustedes estaban trabajando, así que él no pudo venir.
Pero debería llegar pronto—. Asiento con la cabeza, reconociendo sus palabras.
Damon no había mencionado nada al respecto. O tal vez lo hizo, y yo no estaba
prestando atención.
—Bien por ustedes, hombre. Haciendo que la mierda suceda. Aunque tendrá
mucho trabajo con las largas horas que trabajamos.
—Sí, eso es lo que le dije, pero insistió.
—Creo que yo también voy a solicitarlo allí—. Teddy interviene.
—Maldita sea. ¿Soy el único que aún no piensa en la universidad?
—Sí—, dice Ant. —Sin embargo, no hay nada malo en ello. Ya tienes un
trabajo con el padre de Ben. No todo el mundo necesita obtener un título.
Es cierto. Estoy perfectamente feliz trabajando para Luke. Gano un dinero
decente y realmente me gusta trabajar con mis manos. Instalamos ventanas y
puertas y construimos vallas. Puedo ponerme los auriculares y desconectar
mientras trabajo. Y Luke dice que en el futuro podría dirigir mi propio equipo, lo
que me haría ganar más dinero, pero no tengo ninguna prisa por tener más
responsabilidades.
Cuando me pasan el canuto, ya está casi terminado. Lo fumo un par de
veces, amando la forma en que el humo llena mis pulmones.
—¿Estás listo para irnos, cariño? — pregunta Asher a Teddy. Mi cara se
tuerce como si hubiera comido algo agrio, pero me abstengo de decir nada.
—Sí, supongo que sí—, murmura, obviamente mintiendo.

18
Bailey Nicole Worthless Boys

Asher se levanta del banco y me tomo un momento para evaluarlo. Está


claro que es corpulento, pero no más grande que yo. Tiene ese aire de chico guapo
con el pelo alborotado y los pantalones cortos de color pastel. Probablemente sus
padres tengan dinero.
Teddy se despide de todos, y luego de mí, dice: —Adiós, Liam—, antes de
pasar junto a mí.
Solía abrazarme. ¿Asher tiene algún problema con eso? ¿Se trata de eso? Es
la única razón racional que se me ocurre para explicar por qué ya no me mira a los
ojos.
Asher le agarra la mano mientras se alejan y se inclina hacia su oído para
susurrarle algo, pero no sabe que puedo oírlo. —¿Ese es Liam? Es un poco idiota.
—¿Qué fue eso? — Pregunto. Por favor, repítelo.
—¿Qué?—, dice, dándose la vuelta para mirarme.
Le devuelvo la sonrisa, una muy grande, además. —Bastante seguro de que
acabas de intentar hablar mal de mí a mi mejor amigo, justo delante de mí.
Hincha un poco el pecho, poniéndose más erguido. Teddy intenta sacar su
mano de la suya, pero noto que Asher la aprieta más fuerte, sin soltarlo. —Es mi
novio y puedo decirle lo que me dé la gana.
Apenas escucho su voz quejumbrosa, porque acabo de ver a Teddy hacer una
mueca de dolor.
La sonrisa se me cae de la cara. —Suéltalo—, grito, esperando realmente que
se dé cuenta de que no estoy jodiendo.
—¿Qué?
¿Este hijo de puta es sordo?
Sin pensarlo dos veces, atravieso la corta distancia que nos separa, cierro el
puño y se lo estampó en la cara. El fuerte chasquido resuena en el pabellón vacío
mientras su cabeza se tuerce hacia atrás y cae de culo.
La mandíbula de Teddy está prácticamente en el suelo y todo el color se le ha
ido de la cara.
—¿Qué mierda? — Asher chilla desde el suelo, sujetándose la mejilla.
En ese preciso momento, Damon entra a hurtadillas en el pabellón. —¿Qué
está pasando?—, pregunta. Ben va hacia él, probablemente para explicarle qué
carajo acaba de pasar.
—Vete—, ladro, mirando a Asher directamente a los ojos. Saco mis cigarrillos
y vuelvo a la mesa para tomar mi mechero.

19
Bailey Nicole Worthless Boys

No va a hacer una mierda, no con todos nosotros aquí, así que no me


preocupa darle la espalda.
Se pone de pie torpemente. —Vamos, Teddy. Ahora.
Teddy sigue con la boca abierta, pero me mira. Por fin. Me quito el cigarrillo
de la boca, sujetándolo entre los dedos mientras le hago un gesto.
—No va a ir a ninguna parte contigo, amigo—, murmuro sarcásticamente.
Se burla y se marcha como la perra que es. —Maldito psicópata—, murmura
como último esfuerzo.
Esa mierda me entra por un oído y me sale por el otro. Sé lo que soy.
—¿Estás bien ahora? ¿Por fin lo has sacado todo? — pregunta Ant, con una
sonrisa de complicidad en su rostro.
—Todo bien aquí.

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Bailey Nicole Worthless Boys

Dos
Teddy

Debería haber sabido que esto pasaría. Sé que su tolerancia a las idioteces es
nula, pero no esperaba que le diera un puñetazo a Asher en su primer encuentro. Se
intensificó tan rápidamente, que ni siquiera tuve tiempo de procesarlo. Liam estaba
al límite, eso era seguro.
Sin embargo, tenía esa sonrisa en la cara, la que lo hace parecer un animal
vicioso. Es tan grande que le parte la cara por la mitad, mostrando esos caninos
excepcionalmente afilados que tiene. Así que no estoy loco por pensar eso.
Siempre se pone así antes de darle una paliza a alguien, lo que ha ocurrido
más veces de las que puedo contar.
Incluso ahora, está de pie charlando con Ant como si nada hubiera pasado.
Suelto un suspiro y me dirijo de nuevo a la mesa. —¿Puedes al menos darme un
cigarrillo, ya que acabas de decidir hacerme la vida mucho más difícil?
Dejo caer la cabeza sobre mis manos, masajeando mis sienes.
—Estás mejor sin él, Teddy. Ese tipo es un puto imbécil—, dice, indiferente
como siempre. No tiene ninguna emoción, lo juro. Lo miro fijamente mientras saca
un cigarrillo y lo enciende con la punta del suyo antes de pasármelo.
Toda esta tarde ha sido una mierda. La verdad es que no quería llevar a
Asher, pero cuando le dije a dónde iba, afirmó que quería conocer a mis amigos.
Todo iba bastante bien -aunque me di cuenta de que Ant y Ben no congenian con
él, pero al menos eran amables-.
Entonces Liam llegó con el aspecto de todos los sueños húmedos que he
tenido desde el instituto. No tenía camisa y toda su piel marrón y cubierta de
tatuajes estaba a la vista. Su pecho musculoso brillaba con un sudor que quería
lamer.
Así que me he esforzado por evitar mirar del todo, porque cuando lo hago, el
calor me llega a la ingle.
No puedo evitarlo. Ya ni siquiera puedo controlar la reacción de mi cuerpo
ante él. Y no puedo arriesgarme a que Asher piense que hay algo entre él y yo; ya es
21
Bailey Nicole Worthless Boys

bastante controlador. Lo que no necesito es que alguien me diga que no puedo salir
o hablar más con mi mejor amigo. A pesar de que lo he estado evitando por mi
propia voluntad.
—¿Te importa explicar eso, Teddy?— pregunta Liam, levantando una ceja
perfectamente gruesa hacia mí en forma de pregunta.
—No—. Maldita sea. Estoy haciendo un mohín.
—¿En serio estás haciendo pucheros ahora mismo?
—Escucha. No quiero quedarme en casa de mi madre, ¿ok? Me dejaba
quedarme con él. Ahora estoy jodido. Y mis cosas siguen en su casa—. Eso es sólo la
mitad de mi problema. —¿Por qué hiciste eso? No era necesario.
Su boca está quieta en una línea dura. —No me gusta cómo te trata,
agarrando tu muñeca de esa manera. Faltarme al respeto descaradamente. Me ha
estado molestando desde que llegué aquí. Así que, ¿qué mierda esperabas que
hiciera?
En lugar de responder a la locura que acaba de decir, centro mi mirada en
los otros chicos. Están sentados en otra mesa dejando que hablemos de esta
mierda. Liam siempre ha sido protector conmigo. La gente me echó mucha mierda
mientras crecía hasta que descubrieron que él no lo toleraba. Pero antes de eso, no
tenía suerte.
Pero ya no necesito que me proteja así. No quiero que lo haga. Me da falsas
esperanzas. Sé que sólo me protege en exceso porque está loco por la gente que
quiere, que básicamente somos su madre y yo. Se preocupa por los otros chicos,
pero entre él y yo es diferente, siempre lo ha sido. Primero fuimos amigos, desde
sexto grado. Casi diez años. Pero he pasado los últimos cinco queriéndolo de una
manera diferente, y estoy casi en mi punto de ruptura.
—Admito que Asher no es genial. Bien, lo sé. Pero no tenías que hacerle eso.
Ojalá no lo hubieras hecho, porque realmente no quiero ir a casa esta noche.
Un escalofrío levanta el vello de mis brazos cuando pienso en ver a mi
madre.
—¿Por qué te estresas? Sabes que puedes venir a quedarte conmigo. Ni
siquiera tienes que pedirlo—. Lo dice como si fuera la cosa más sencilla del mundo,
pero en realidad no lo es.
Ni siquiera recuerdo la última vez que estuvimos juntos a solas porque me
he propuesto no hacerlo. No puedo arriesgarme a que me descubra, y cada vez es
más difícil ocultar mis reacciones ante él.
Sacudo la cabeza. —Me iré a casa, no es para tanto.

22
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Su cara se tuerce. —¿Prefieres irte tu casa que quedarte una noche en mi


casa? Estoy harto de esta mierda. Tienes que decirme qué está pasando. Sé que me
estás ocultando cosas—. Se levanta de la mesa como un rayo. —Vamos. No vas a
volver allí, y tampoco vas a ir a la casa de Asher.
Agarra sus cigarrillos del bolsillo y enciende uno. —Nos vamos a mi casa—,
informa a los chicos. Todos se despiden, pero noto que Ben me mira con
preocupación. Es la única persona a la que le he dicho que estoy enamorado en
secreto de Liam, mi mejor amigo. Le hago un gesto con la cabeza para asegurarle
que estoy bien, aunque no lo estoy.
—Mi longboard 5 está en casa de Asher—, le digo, sintiéndome como un
idiota.
—De acuerdo, te acompañaré. No lo sabes porque no has venido, pero no
está tan lejos de aquí
Es entonces cuando me doy cuenta de que está herido. No pensé que el que
no hubiera ido a su casa le molestara tanto. Qué bien. Ahora me siento aún más
mal. Acaba de darle un puñetazo a un tipo en mi honor, y ni siquiera he ido a su
nueva casa porque tengo miedo de que se me pare.
Sigue sin camisa, como siempre. Liam casi nunca lleva camiseta porque suda
mucho, pero lleva una encima la mayor parte del tiempo, por si tiene que entrar en
una tienda o algo así. Empezó a tatuarse en el instituto, así que ahora su torso, sus
brazos y sus manos están cubiertos de remolinos de tinta negra.
Sus vaqueros ajustados le llegan hasta las caderas y muestran sus
calzoncillos negros. Siempre lleva unos negros, nunca de colores ni con dibujos
divertidos como los que llevo yo.
Hoy lleva las rastas sueltas, que fluyen a la altura de los omóplatos.
Dejo de mirarlo, lo cual es mucho más difícil de lo que debería ser. Podría
mirarlo eternamente, siempre lo he hecho. Desde el día en que vi cómo intentaba
enseñarse a sí mismo a patinar, mis ojos están clavados en él. En nadie más. Al
principio, pensé que estaba tan obsesionado con él porque nunca había tenido un
amigo de verdad. Especialmente no uno tan genial como él. Era todo lo que yo
quería ser: valiente, alto y fuerte, y nadie jodía con él.
En algún momento del instituto, empecé a notar otras cosas en él. Como que
sus brazos empezaron a abultarse con la definición de sus músculos y la red de
venas que los envolvían. Su firme estómago se definió con un six pack, y su
mandíbula se hizo imposiblemente más ancha y afilada.
Noté estos cambios en muchos chicos mientras crecía, pero no me afectaron
como los de Liam. Por otra parte, no dormía junto a ellos la mayoría de las noches,
5
Otro tipo de patineta.
23
Bailey Nicole Worthless Boys

como lo hacía con él. No pude verlos recién salidos de la ducha con la toalla colgada
en las caderas.
El camino hacia el hotel es tenso y silencioso. Liam está enfadado, más de lo
habitual. Siempre tiene una compostura ligeramente molesta, pero esto parece
diferente. Supongo que nunca he sido el motivo de su desprecio hasta ahora.
Cuando veo el letrero de neón rojo del motel, se me revuelve el estómago y
me siento mal. Nos guía hasta su habitación, que está en el primer piso, justo
detrás de la escalera que lleva al nivel superior. Hay una única silla de plástico
junto a la ventana y un cenicero en el marco.
Abre la puerta y entra. Inmediatamente, su olor me envuelve mientras lo
sigo. El calor me llega a la ingle y sólo sirve para hacerme sentir peor.
La habitación es sencilla, como cualquier habitación de hotel. Sólo hay una
cama, pero hay un pequeño sofá junto a la ventana. La habitación está impecable,
no hay ni una sola prenda sucia a la vista, lo que no me sorprende. Aunque creció
en una habitación de hotel, su madre lo obligaba a hacer las tareas. Lo hacía pasar
como un hogar.
Abre la nevera, saca dos botellas de agua y me da una. Giro el tapón y bebo,
agradecido por tener algo que mantenga ocupadas mis temblorosas manos.
—Voy a darme una ducha rápida. Tú puedes ser el siguiente si quieres—,
refunfuña, yendo directamente al baño. Cuando cierra la puerta, el zumbido en mis
oídos alcanza un nivel ensordecedor.
Oigo cómo se abre la ducha mientras tomo asiento en el viejo sofá. Tiene una
manta que lo cubre todo, como hacía siempre su madre. Agarro otra manta que
está doblada en el brazo del sofá y me tapo. Estas habitaciones están muy frías
gracias a los enormes aparatos de aire acondicionado. Enciendo la televisión para
ahogar el sonido de la ducha, porque las imágenes del agua deslizándose por sus
clavículas y su pecho siguen asaltando mi mente. Me froto los ojos agresivamente.
Deja de ser un pervertido, Teddy. En un abrir y cerrar de ojos, oigo cómo se corta
la ducha. Los latidos de mi corazón se aceleran en mi pecho, golpeando contra mis
costillas. No mires. No mires.
La puerta se abre y mis ojos se dirigen a él. Que me jodan. Casi gimoteo al
verlo y sé que mis mejillas están rojas. Aparto rápidamente la mirada y subo la
manta hasta la barbilla, centrando la mirada en la televisión. Lo oigo abrir la puerta
del armario y su toalla cae al suelo.
¿No le molesta en absoluto estar desnudo cerca de un hombre gay? Por
supuesto que no, porque confía en que no soy un pervertido. No miro. De todos
modos, la imagen de su culo redondo y firme y su enorme y gruesa polla están
grabadas en mi memoria. Es el único en el que pienso cuando me masturbo, y así

24
Bailey Nicole Worthless Boys

ha sido siempre. Por eso no lo hago a menudo, rara vez, de hecho. Me hace sentir
como el peor amigo de la Tierra.
—¿Vas a ducharte? —, me pregunta, con su profunda voz retumbando en mí.
Ya está vestido: lleva pantalones de chándal grises y calcetines negros, como
siempre. Incluso el simple chándal gris me parece lo más sexy que he visto en él.
—No, estoy bien—. De ninguna manera.
—Sabes muy bien que no vas a dormir en mi cama sucio—, dice con una
mirada punzante.
—De todas formas iba a dormir en el sofá—, murmuro a través de la manta.
Sus cejas se arquean hacia adentro.
—¿Por qué ibas a hacer eso? El sofá es demasiado pequeño; hay mucho
espacio en la cama.
Y tiene razón. Ni siquiera mi pequeño cuerpo puede dormir cómodamente
en este sofá, pero no me importa.
—¿No te molesta? ¿Dormir a mi lado ahora? — Él sabe de lo que hablo.
Se burla. —Nunca me molestó antes de saber que eras gay, así que ¿por qué
iba a importar ahora?
Me aclaro la garganta. —Por nada. Tienes razón, supongo—. Me pongo de
pie y me apresuro a doblar la manta. Él sacude la cabeza y cruza la habitación para
salir. Probablemente para fumar un cigarrillo. Suelto un suspiro de alivio, como si
hubiera estado conteniendo la respiración todo este tiempo. Ni siquiera una hora a
solas con él y ya estoy agotado.
Atravieso la habitación y mis ojos se fijan en la ropa doblada que ha dejado
sobre la cama para mí. El calor se me enrosca en las tripas cuando la levanto. Sabía
que parte de mi ropa estaba en casa de su madre, pero no sabía que la había traído
aquí. Mis pantalones de chandal negros y mi camiseta rosa pastel con estampado
de corbata. Me acerco la suave tela a la nariz e inhalo; huelen igual que él. Un
gemido apenas contenido sale de mis labios.
El baño huele a productos de limpieza y a su jabón. Me desnudo y me miro
en el espejo. Estoy flaco y esbelto; tengo algo de musculatura definida, pero no
como la de Liam.
Aunque a él le gusten los chicos, no le gustaré yo. Podría tener algo mejor.
Me duele, mierda. Siempre me duele.
Me doy una ducha helada lo más rápido posible. Cuando retiro la cortina,
me asalta el aire helado, así que me seco a toda prisa y me visto.

25
Bailey Nicole Worthless Boys

Probablemente mis labios estén azules a estas alturas, así que salgo
corriendo del baño hacia la puerta principal. Liam está sentado en la silla mirando
su teléfono con la canción "Everyday" de A$AP Rocky a todo volumen. El aire es
cálido y húmedo a pesar de que el sol se ha puesto. Está oscuro, excepto por la
única luz fluorescente naranja que hay sobre nosotros. Me rodeo con los brazos y
espero a que diga algo.
Levanta sus ojos marrones y me observa desde mis pies descalzos. Un
escalofrío me recorre el cuerpo y desvío la mirada.
La forma en que está sentado con las piernas abiertas me hace desear
sentarme en el suelo entre ellas y apoyar la cabeza en su muslo.
Siempre he sido cariñoso con mis amigos, pero nunca con Liam. A él no le
gusta que nadie lo toque, pero siempre me dejaba a mí. Así que me aseguré de
respetar sus límites, para que no se sintiera incómodo. Sin embargo, ya no lo toco,
ni lo abrazo ni nada. Es demasiado doloroso estar tan cerca de él.
—Entonces, ¿qué está pasando realmente, T?—, me pregunta, usando su
apodo para mí.
He estado dándole vueltas a la pregunta, pero no me sale nada.
Se lame los dientes y sacude la cabeza. —¿Qué he hecho?
Echo la cabeza hacia atrás. —¿Qué? Nada. No has hecho nada. Sólo...
—Sólo qué, T. Dime por qué ya no estás conmigo. Por qué no llamas, ni
envías mensajes de texto. Te estremeciste cuando te toqué el hombro hoy. ¿A qué
mierda viene eso?
Me froto las manos arriba y abajo de los brazos, abrazándome más fuerte.
Mierda. No creí que se diera cuenta de eso. No puedo decirle la verdadera razón.
No se volverá gay de forma milagrosa. No, ya sé cómo va a salir y no es bueno.
Tengo que inventar algo. —Quería darte espacio, ya sabes. Después de
soltarte la bomba de 'soy gay', sentí que lo necesitabas.
Es algo cierto. Se lo tomó bien, demasiado bien.
Su frente se arruga por la confusión. —Te dije que no me molesta, y no
mentía—. Se nota que se está poniendo nervioso. Agarra un cigarrillo, lo coloca
entre sus labios carnosos y rodea la punta con la mano mientras lo enciende. Mis
ojos se fijan en los gruesos anillos que adornan sus dedos.
Me da el cigarrillo, pero cuando extiendo la mano para atraparlo, me agarra
de la muñeca y me acerca a él. Su agarre es firme, casi doloroso.

26
Bailey Nicole Worthless Boys

—Mírame—, me dice, con un tono uniforme pero exigente como siempre. Lo


hago. Miro sus ojos casi negros y veo dolor. Son un reflejo de los míos. Me tiembla
el labio una vez antes de tirar de el con los dientes, para que no se dé cuenta.
—No me importa con quién te acuestas o a quién amas, Teddy. Lo digo en
serio. Sigues siendo mi mejor amigo –la maldita persona número uno de mi vida–
no me importa lo que hagas.
Su mandíbula está dura. La intensidad de cada línea de su rostro es
asombrosa. —Sigues siendo el mismo Teddy. Nada tiene que cambiar entre
nosotros. No puedes desaparecer y no decirme por qué.
—Lo sé, lo siento. Lo siento mucho. Es que están pasando tantas cosas a la
vez ahora mismo, que es difícil de manejar—. Mis ojos comienzan a arder, así que
los parpadeo rápidamente. Ha sido muy solitario sin él.
—Bueno, tal vez si hubieras hablado conmigo, podría haberte ayudado. No
tienes que lidiar con todo esto solo.
Sin embargo, tengo que lidiar con esto solo. Esto es algo en lo que él no
puede ayudarme. En el momento justo, cae la primera lágrima.
Se levanta bruscamente y me atrae hacia sus brazos, abrazándome con
fuerza. Es mucho más grande que yo y parece que me envuelve en su calor. Por fin
me permito relajarme contra él, enterrando mi cabeza en la base de su cuello. Sólo
por esta vez. Inhalo su aroma limpio y aprieto los ojos con fuerza. Antes de ser mi
amor secreto, era mi mejor amigo. Lo he echado de menos más de lo que pensaba.
Soy el primero en romper el abrazo: su contacto me hace sentir demasiado
cómodo. Estoy agotado y me pesan los ojos.
—Termina el cigarrillo y vuelve, ven adentro—, me dice antes de volver a
entrar.
Me desplomo en la silla de plástico y doy una profunda calada. Quiero sentir
cómo el humo aprieta mis pulmones. Mirando al otro lado del aparcamiento, me
doy cuenta de que las hojas de las palmeras están teñidas de rojo por el cartel de
neón del motel. Se balancean con el viento, ya que estamos cerca de la playa. La
vida de la ciudad es bulliciosa, los coches vuelan por la ajetreada calle, pero yo sigo
sintiéndome en paz.
Apago el cigarrillo en el cenicero y me preparo para lo que va a ocurrir a
continuación.

27
Bailey Nicole Worthless Boys

Tres
Liam

La puerta se abre y Teddy entra. Es un alivio tenerlo de nuevo conmigo. Es la


única persona que me saca estos malditos sentimientos débiles. Ni siquiera puedo
evitarlo; dejé de intentarlo hace mucho tiempo.
Sin embargo, él me necesita tanto como yo a él. Así que puede que esta
relación de empuje y arrastre no termine nunca. Sus rizos están ya secos y parece
nervioso, sin encontrar mi mirada mientras se acerca a la cama. Retira las mantas y
se hace un ovillo de espaldas a mí.
No sé por qué eso me hace sentir que todavía hay una línea invisible en la
arena entre nosotros, pero me molesta. Nada de lo que ha dicho fuera me hace
sentir mejor. Algo no tiene sentido, pero no puedo precisar qué. Si cree que voy a
abandonarlo por ser gay después de todos estos años, entonces no me conoce en
absoluto.
Alargo la mano y apago la lámpara de la vieja mesita de noche de madera
antes de relajarme sobre la almohada. Teddy aún no está dormido, lo sé por su
rápida respiración.
Suspiro y me paso la palma de la mano por la cara. —Ven aquí—, le digo.
Su respiración se entrecorta cuando mi voz interrumpe el silencio de la
habitación.
—No pasa nada. Estoy bien—, susurra, con la voz flotando.
—Sólo ven aquí—. No le digo que soy yo el que no está bien, pero tal vez
pueda oírlo en la forma en que mis palabras suenan forzadas desde mi garganta.
Tras unos momentos de tensión, finalmente se da la vuelta y se acerca a mí,
apoyando la cabeza en mi pecho. Me rodea con el brazo y se le escapa un pequeño
ruido de dolor. Aprieto más su pequeño cuerpo, esperando que pueda sentir lo
mucho que necesito esto.
Tuve que abrazarlo así muchas veces mientras crecía. A veces, la excusa -de
mierda- de su madre hacía algo horrible y él venía corriendo a mi casa. O algún

28
Bailey Nicole Worthless Boys

otro imbécil del colegio lo jodía. Nunca me importó consolarlo así porque, por
alguna razón, también me ayuda a mí.
Probablemente sea mi cerebro retorcido y enfermo, pero me siento dueño de
él. Es mío. Mi persona. Mi cosa. Cuando está molesto, yo soy el que puede
mejorarlo
Y va a seguir siendo así para siempre.

Me despierto con una sensación de sudoración incómoda. Aunque esta


habitación siempre está helada, la temperatura de mi cuerpo es elevada, sobre todo
cuando duermo. Abro los ojos perezosamente y me detengo bruscamente. La
espalda de Teddy está prácticamente pegada a mi frente y mi brazo esta extendido
con firmeza en su costado. El corazón se me acelera en el pecho aunque me diga a
mí mismo que no es para tanto. Me muevo para separarme de él, pero se remueve.
Su culo empuja contra mí, girando un par de veces.
Oh, mierda. Mi polla está durísima, y la forma en que se amolda a mí hace
que descanse justo en la hendidura de su culo. Se desprenden más gotas de sudor
en mi frente y se me corta la respiración. Esto no está bien. ¿Ha sucedido esto antes
y no me he dado cuenta?
Sus respiraciones salen de su boca de forma suave y uniforme, lo que me
hace pensar que aún está durmiendo, por lo que se trata de una acción
inconsciente. Intento moverme de nuevo, pero se revuelve en cuanto levanto el
brazo, así que lo vuelvo a dejar caer rápidamente. Su culo, sorprendentemente
suave, vuelve a contonearse contra mí, y mi polla palpita furiosamente por la
fricción.
Puedo entender por qué me he despertado empalmado si me estaba
haciendo esto mientras dormía, pero eso no explica por qué mi erección no se ha
desinflado automáticamente al despertar. Un tipo nunca me la ha puesto dura, y no
soy tan estúpido como para pensar que es una reacción natural al ser frotado de
esta manera.
Soy un hombre, y él es un hombre. Y ahora mismo, estoy increíblemente
empalmado gracias a él. No tiene ningún sentido.

29
Bailey Nicole Worthless Boys

Su culo vuelve a girar contra mí y mis caderas se inclinan automáticamente


hacia delante. Se me cierran los ojos cuando el placer al rojo vivo me abrasa desde
dentro, y mis caderas vuelven a moverse lentamente, empujando contra él.
Oh, Dios. No puedo permitirme correrme ahora mismo. De ninguna manera.
Es demasiado jodido... demasiado espeluznante. No. Respiro un poco para
calmarme y me separo de él con un movimiento rápido, dándome la vuelta lo más
silenciosamente posible. Se me sube el corazón a la garganta al pensar en lo que
podría haber pasado hace un momento. He estado a punto de utilizar a mi mejor
amigo dormido para liberarme. ¿Qué carajo me pasa?

A la mañana siguiente, la pierna de Teddy se lanza sobre la mía y está... duro


contra mi muslo. Ya ha pasado antes. Es un poco perturbador sentir la polla dura
de otro tipo, pero me lo quito de encima. Obviamente, no puede evitar su erección
matutina. Me zafo de su agarre y me dirijo al baño. Me cepillo los dientes y me lavo
la cara, antes de secarla con una toalla. Mi madre me inculcó estos valores: la
limpieza y el cuidado personal.
La gente me juzga mucho por mi aspecto: todos los tatuajes y mis orejas
estiradas6, y la forma en que me desenvuelvo, supongo. Imagina lo que pensarían si
supieran cómo he crecido. Por eso he desarrollado un exterior duro. Sólo digo lo
necesario y tampoco soy amigable. Nada de esa mierda fingida y sonriente.
Cuando salgo del baño, Teddy se frota los ojos. No sé por qué sigo viéndolo
como ese niño solitario en mi cabeza. Ahora los dos somos adultos y él ha crecido
mucho. Ahora tiene toda una vida. Amigos aparte de mí. Un trabajo.
Abro mi mesita de noche y saco mi bandeja de hierba. —Toma. Haznos
algunos.— Se la doy.
—Buenos días a ti también—, bromea. Parece que no recuerda nada de
nuestra follada en seco en mitad de la noche, lo que significa que estaba dormido.
Suspiro aliviado, aunque eso me hace sentir peor por lo que hice.
—¿Así que prefieres no fumar? — Actúo como si fuera a retirar la bandeja,
con una sonrisa de oreja a oreja.

6
Tiene expansores en los oídos.
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Bailey Nicole Worthless Boys

Entorna los ojos hacia mí, molesto. Le devuelvo la bandeja y le doy una
palmadita en la cabeza. —Si las miradas pudieran matar...
—¡Tú eres el que habla! ¿Quién sonríe cuando golpea a alguien en la cara? —
Ahora los dos nos reímos. Pero tiene razón.
Desde mi lugar en el sofá, conecto mi teléfono a mi altavoz Bluetooth y
empiezo a poner la canción "Foreplay" de Jalen Santoy. No pongo el volumen
demasiado alto porque sé que la mujer de al lado tiene un niño pequeño.
Quiero que el ambiente de hoy sea relajado. No tengo que trabajar porque es
domingo y pienso relajarme.
—Tengo que recuperar mis cosas de Asher hoy. Necesito mi skate y mis
camisas de trabajo.
Bueno. Puede que hoy no sea tan relajante como pensaba. Dejo caer mi
cabeza hacia atrás contra el sofá. —Iré contigo, para que no te dé problemas.
Niega con la cabeza. —Su madre estará allí, así que no puede hacer una
mierda.
—De acuerdo—. Arrastro la palabra. —Vas a venir a quedarte conmigo,
¿verdad?
—Sí, supongo que sí. No te preocupes, pensaré en otra cosa lo antes posible.
—Puedes quedarte el tiempo que necesites, no me preocupa. Sabes que
siempre eres bienvenido aquí.
—Sí, pero los dos necesitamos nuestro espacio ahora. Ya no somos niños—,
reflexiona.
No sé qué quiere decir eso. No se siente como una intrusión. Me gusta
tenerlo cerca.
—¿No es hora de que te consigas una novia o algo así?—, continúa.
Oh. —¿Para qué necesito una novia? ¿Para qué me puedan putear por
quedarme dormido antes de tiempo y no enviar un mensaje de buenas noches?
Creo que paso.
Se ríe de mí. —Es bueno tener una persona que te quiera cerca y te eche de
menos y esas cosas. No tiene que ser una carga—, dice esto con cierta tristeza en
sus ojos.
Su expresión sombría me hace pensar en el hecho de que tal vez sí le arruiné
algo. Tal vez me excedí al golpear la mandíbula de Asher. Pero ese no parece ser el
problema. Apenas lo ha mencionado.

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Bailey Nicole Worthless Boys

—Escucha, si quiero ligar, lo haré en otro sitio. No es gran cosa. Sé que es un


espacio minúsculo, pero funcionará por ahora. Quizá después de un tiempo,
podríamos alquilar un apartamento juntos.
Teddy hace una mueca de dolor y mira hacia otro lado, sin encontrar mi
mirada. —Sí, tal vez.
No es la primera vez que me pregunto qué mierda está pasando. Solíamos
soñar con vivir juntos cuando éramos niños. Sé que hemos cambiado mucho desde
entonces, pero sigo sintiendo lo mismo. Empieza a parecer que él ya no quiere ser
mi amigo.
El dolor me atraviesa el pecho, pero lo aplaco rápidamente. Me levanto,
agarro el canuto de la bandeja y salgo. No dejaré que eso ocurra, así que no hay
necesidad de insistir en ello.

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Bailey Nicole Worthless Boys

Cuatro
Teddy

Ya puedo decir que estoy haciendo un trabajo de mierda. Sabe que algo va
mal, pero no sabe el qué, lo que me hace sentir aún más culpable.
Anoche fue agridulce; llevaba demasiado tiempo deseando que me
envolviera en sus brazos, pero los sentía como un alambre de espino. Cada punto
de contacto me cortaba la piel al saber que nunca me querrá como yo lo quiero a él.
Lo peor es que, en algún lugar de mi mente, me sentía bien por ello. De
aprovecharme de su afecto platónico. Secretamente lo adoraba. Tuve que
abstenerme de respirar demasiado fuerte su olor a cigarrillo. Tuve que controlar
mis manos en un punto y evitar que vagaran por los duros planos de su estómago.
Me resultó muy difícil evitar que mis caderas se enzarzaran con su costado.
Pero lo hice, y fue agonizante y eufórico a la vez.
Ese es el tipo de cosas que quiero evitar que vuelvan a suceder. No era mi
intención que ocurriera anoche, pero sonaba tan inseguro de sí mismo cuando
habló en la tranquilidad de la habitación del hotel. No es propio de él, y saber que
mi jodido problema está jodiendo su confianza es demasiado para mí.
Le envío un mensaje a Damon pidiéndole ayuda para sacar mis cosas de la
casa de Asher. Me siento mal por pedírselo, pero él tiene coche y yo tengo
demasiadas cosas para llevarlas hasta casa de Liam.
Damon: No te preocupes, amigo. Llegaré pronto.
Abro el armario donde Liam guardo mi ropa de anoche y busco unos
vaqueros. Encuentro fácilmente mi ropa porque es la única salpicadura de color en
el montón. Me visto rápidamente y me miro en el espejo. Mi pelo está alborotado
como siempre, así que intento ajustarlo un poco con los dedos, sin suerte. Lo que
sea.
Cuando abro la puerta principal, el dulce olor a tierra del humo de la hierba
me llena la nariz y me hace sonreír. Liam me tiende inmediatamente el canuto.
Aguanto el humo caliente en mis pulmones todo lo que puedo mientras observo la

33
Bailey Nicole Worthless Boys

franja de habitaciones a la luz del día. Otras personas están sentadas en sus sillas y
algunos niños andan en bicicleta por el aparcamiento.
Mi mente retrocede inmediatamente en el tiempo a la época en que Liam y
yo andábamos por los alrededores del hotel cuando éramos niños. Mi madre y yo
vivimos allí durante un año escolar y, cuando nos mudamos, me preocupaba
mucho que dejáramos de ser amigos. El miedo era agobiante. Pensaba que
seguramente no le importaría salir conmigo si no vivía allí. Que tal vez yo era sólo
un caso de caridad para él, uno que no podía ignorar, ya que yo estaba allí siempre.
Pero me equivoqué. El primer día después de la mudanza, se reunió conmigo
en nuestro lugar habitual junto a los aparcamientos de bicicletas de la escuela y me
dijo que lo llevara a mi nueva casa. Fuimos patinando hasta el apartamento, que se
las arregló para parecer aún más mierda que el hotel. Antes de irse, me dijo: —¿Nos
vemos mañana? —. Un calor se extiende por mi pecho al recordarlo.
—¿Por qué sonríes? — dice Liam, sacándome de mis pensamientos.
—¿Recuerdas cuando lloré porque pensé que ya no querías ser mi amigo
después de que me mudé? — digo entre risas.
Sus ojos oscuros se arrugan en las esquinas y sacude un poco la cabeza. —
Por supuesto. Te dije que dejaras de ser un idiota, porque ya estabas pegado a mí—.
Se ríe. —No ha cambiado mucho.
El fuerte estruendo que emiten los parlantes hace temblar la delgada
ventana que hay detrás de nosotros cuando el coche de Damon entra en el
aparcamiento.
—Le pedí a Dame que me llevara a recoger mis cosas, ya que tiene coche—.
Mis ojos se fijan en su pulgar e índice tirando de una de sus finas rastas. Su pelo es
como una melena alrededor de su cabeza. Incluso sentado en una silla de plástico
de mierda frente a una habitación de hotel, parece un rey.
Se levanta y se acerca al coche de Damon, los músculos de su ancha espalda
se agitan al moverse. Damon baja la ventanilla y Liam le entrega el cigarrillo.
Por fin salgo de mi estupor y me acerco al coche. Oigo el final de lo que le
dice Liam. —Avísame si intenta algo, que lo voy a joder.
Pongo los ojos en blanco, pero sé que habla muy en serio.

34
Bailey Nicole Worthless Boys

Llegamos a la casa de Asher. —Maldición, por supuesto que su familia está


forrada7—, dice Damon.
Es obvio que no pertenecemos a este lugar. Este perfecto vecindario
suburbano, donde todas las casas tienen el mismo aspecto y todos los jardines
están cuidados, sin una sola mancha marrón a la vista. Es el tipo de vecindario al
que íbamos a buscar los mejores caramelos de Halloween cuando éramos niños.
Respiro profundamente para tranquilizarme. Esto podría ir en cualquier
dirección. Podría volverse loco, o podría intentar reconquistarme.
—Quédate en el coche, yo sacaré las cosas.
—Claro que sí—. Dame suelta suspiro.
Llamo al timbre y oigo su eco en la casa demasiado grande. La alta puerta es
abierta por su madre en un momento. —Hola, señora Andrews, ¿está Asher aquí?
— pregunto.
Ella mira a mi alrededor hacia el coche negro en la entrada, sé que no puede
ver a través de los cristales tintados, pero una sola mano con un cigarrillo cuelga de
la ventana.
—Ese es mi amigo, Damon. No tardaré; me está esperando.
—Está bien, cariño. Está arriba—, dice, sonando ligeramente incómoda.
Mis mejillas redondas y mi pequeña estatura dan a la gente la impresión de
que soy joven e ingenuo por alguna razón. Antes me molestaba mucho, pero ahora
lo uso a mi favor. Alguien como la señora Andrews nunca me permitiría entrar en
su casa si supiera cómo soy en realidad.
Cuando subo las escaleras, veo que la puerta de Asher está abierta y él está
apoyado en el marco, con los brazos cruzados sobre el pecho. Mis ojos se fijan en el
hematoma de color púrpura oscuro que estropea su pómulo perfectamente
cincelado.
Vacilante, me acerco a él. Ni siquiera sé qué decir; nunca he tenido que
romper con alguien cara a cara de esta manera.
—Hola—, murmuro, ya con un mal comienzo.
—Tenemos que hablar—, dice con seguridad.

7
Expresión que significa tener mucho dinero.
35
Bailey Nicole Worthless Boys

—Sólo quería buscar mis cosas...— Me quedo sin palabras. Pero se da la


vuelta y vuelve a su cama.
—Es jodido que no te hayas ido conmigo ayer. Se supone que eres mi novio.
Toso y me tapo la boca para disimular la sonrisa que amenaza con aparecer.
No es tan gracioso, pero tiendo a sonreír o a reír cuando me siento incómodo de
esta manera.
Me esfuerzo por pegar una expresión seria en mi rostro. —Debo decir que le
faltaste el respeto a mi amigo y que estabas siendo un poco agresivo.
—Tu amigo me dio un puñetazo en la cara, ¿y dices que yo soy el agresivo? —
Se burla, y me doy cuenta de lo tonto que suena.
—Bueno, lo hizo después del hecho—, señalo, juntando las cejas con fastidio.
Quería romper con él de todos modos, y ahora intento utilizar esto como
catalizador. No es genuino, así que intento un enfoque diferente. —Sabes. Tú y yo
somos muy diferentes, no creo que vaya a funcionar entre nosotros.
Se levanta de repente y se acerca a mí. Me levanta la barbilla con el dedo, sus
ojos buscan mi mirada, probablemente tratando de medir mi seriedad.
—Creo que nos llevamos bien—, dice, con la voz baja y ronca. Pega sus labios
a los míos en un beso suave y gentil. El calor me inunda, a pesar de todo. Estoy
hambriento de contacto, no puedo evitarlo. Recorre con sus labios la comisura de
mi boca, baja por mi barbilla y llega a mi cuello.
Mi pecho se agita cuando pega sus labios a mi cuello y chupa.
Tengo que parar. Pero no lo hago. Entierro las manos en su pelo y tiro de él
para acercarme. Rompe la succión y me mira a los ojos medio cerrados.
—¿Ves? Todavía me quieres—, me dice con rudeza. Y no es cierto. No lo
quiero. Quiero que me toquen así, pero no él.
Doy un paso atrás para separarnos. —No puedo hacer esto. Simplemente no
puedo. Necesito espacio. He venido a por mis cosas; Damon me está esperando
fuera.
Vuelve a cruzar los brazos sobre el pecho y me mira de arriba abajo.
—¿Y a dónde vas a ir, Teddy? —, me dice.
—Con Liam—. Decirlo en voz alta hace que se me revuelva el estómago.
Sus fosas nasales se agitan. —Interesante. Bueno, cuando termines de
suspirar por un chico heterosexual, no vengas a llorar por ello.
Jadeo. Se me escapa toda la sangre de la cara y me tapo la boca con la mano.
Estoy muy jodido. Se lo dirá; sé que lo hará.

36
Bailey Nicole Worthless Boys

Endurezco mi expresión. —No sabes de qué estás hablando, Ash. Sólo es mi


amigo—. Agarro mi mochila del armario y empiezo a meter toda mi ropa en ella.
—No soy un maldito estúpido, sabes. Me doy cuenta de que hay algo raro
entre ustedes.
—Te equivocas—, suelto, intentando con todas mis fuerzas que suene a
verdad.
Una vez que todas mis cosas están empacadas, me dirijo hacia la puerta,
esperando que esta sea la última vez que lo vea ya que garantizo que no se guardará
esto para sí mismo la próxima vez.
—Me gustabas mucho, ¿sabes? —, dice desde la cama, finalmente resignado
a la situación.
—Ni siquiera me conoces—. Bajo las escaleras tan rápido como puedo con
todas mis cosas pesando. Por suerte, no veo a su madre cuando entro en el
vestíbulo. No sabría ni cómo explicarme.
Damon abre el maletero en cuanto me ve salir. Cargo mis cosas en él y me
deslizo en el asiento del copiloto. Mis pensamientos son como alarmas que suenan
en mi cabeza. No puedo soportarlo más. Debe ser bastante obvio porque no dice
nada, sólo sube el volumen de su equipo de música.
La canción "Panic" de From Ashes to New suena por los altavoces mientras
me hundo en el asiento, deseando desaparecer de la faz del planeta.

37
Bailey Nicole Worthless Boys

Cinco
Liam

Anoche, cuando Teddy volvió de casa de Asher, era obvio que no estaba bien.
De hecho, hace tiempo que no es el mismo de siempre. La mayor parte del tiempo,
está animado y excitado. Un rayo de sol sin ninguna maldita razón.
No lo he visto así en mucho tiempo. Lo drogué y vimos algo de televisión. No
dijo nada de lo que pasó, así que no lo molesté.
Pero es todo lo que pude pensar en el trabajo hoy. Le pregunté a Damon
sobre el tema, y pensó que Teddy también parecía bastante molesto cuando salió de
la casa de Asher. Lo que no me ayudó en absoluto.
Así que no sólo he estado trabajando bajo un sol abrasador todo el día, sino
que además estoy por demás malhumorado. Son las seis y Damon acaba de
dejarme en mi casa. Algunos días, salimos antes que esto, y otros, incluso más
tarde.
Paramos en la tienda de la esquina cercana, para que pueda agarrar una
botella de whisky barato porque es ese tipo de día. No hay manera de que pueda
relajarme sin licor esta noche, no con la ira que se acumula en mi interior. Todo se
acumula y no necesito causar ningún problema. Necesito llegar a casa, tomar unas
copas y dormir.
Me doy la mano con Dame antes de salir del coche y acercarme a mi
habitación. No hay luz que brille a través de las feas cortinas del hotel en la
ventana; probablemente Teddy esté durmiendo ya que tuvo que trabajar temprano
esta mañana.
Abro la puerta e inmediatamente me doy cuenta de que la cama sigue hecha
desde esta mañana y que Teddy no aparece por ninguna parte.
Por el amor de Dios. Golpeo la puerta con la suela de mi bota. ¿Dónde
mierda está? Todavía es un poco temprano; estoy seguro de que llegará pronto a
casa. Me siento, empiezo a desatar las botas y tiro la camisa de trabajo sudada al
cesto de la ropa sucia. No debería molestarme tanto que no esté aquí; no es su
trabajo decirme dónde está las veinticuatro horas del día, y no es mi
responsabilidad seguirle la pista.

38
Bailey Nicole Worthless Boys

En realidad, a la mierda. Escribo un mensaje.


Yo: ¿Dónde estás?
Sencillo. No hace falta estresarse tanto. Sin embargo, el leve dolor de cabeza
que me irradia desde la frente no parece haber recibido el memorándum.
Saco un refresco de la mininevera y destapo el whisky antes de dar unos
tragos a la botella. Normalmente, lo primero que haría al llegar a casa sería darme
una ducha, pero la ansiedad que corre por mis venas no me permite hacerlo
todavía.
Me pongo mis zapatillas Nike y agarro un porro ya enrollado de la mesita de
noche.
El aire húmedo me envuelve cuando salgo y dejo caer el culo en la silla,
dejando el whisky en el cemento debajo de mí.
Mientras enciendo el porro, veo a Roberto en el pasillo sentado fuera, como
de costumbre.
—¡Eh, Berto! — Le grito.
—¿Qué pasa? —, me grita él.
Me pongo de pie y camino hasta él, para no tener que gritar delante de las
habitaciones de todos. —¿Has visto a un chico en mi habitación hoy?
—Sí. Un tipo rubio. Vino y se fue bastante rápido.
Ahora estoy de pie frente a él, así que asiento con la cabeza y dejo que le dé
al porro un par de veces. —Muy bien, hermano. Gracias. ¿Quieres un par de
chupitos? No estoy bien acompañado esta noche, pero puedes darle a la botella.
Levanta el paquete de seis cervezas Modelo 8 que tiene a su lado. —Estoy
bien. Otro día, hombre.
Le doy una palmada antes de volver a mi sitio. He bebido al menos cinco
tragos más de la botella y me siento mucho más tranquilo antes de que mi teléfono
suene en mi bolsillo.
En la pantalla aparece la foto de su contacto: un signo de la paz con una gran
sonrisa en la cara. Está todo en tonos azules por las luces LED de la habitación en
la que estábamos en casa de Damon. Tomó la foto en mi teléfono y la puso como su
contacto. También hizo un esfuerzo adicional y cambió su nombre a "Mi persona
favorita".

8
Marca de cerveza.
39
Bailey Nicole Worthless Boys

Normalmente me hace sonreír, pero esta noche no. Contesto a la llamada. Lo


primero que oigo es a gente hablando en voz alta de fondo y luego el claro sonido
del viento que sopla en el altavoz.
—Hola—, dice, sonando alegre como siempre.
—¿Dónde estás? — Le respondo, sonando muy al contrario.
Su respiración se acelera. —Patinando a casa ahora. He ido a casa de Danny
un rato. ¿Qué hora es?
Me doy cuenta de que está al menos borracho, ya que habla a mil por hora.
La casa de Danny no está muy lejos, así que debería llegar pronto.
—Sólo son las ocho. Nos vemos pronto—, digo antes de colgar. Dios, me
vuelve loco. Si fuera cualquier otra persona, no reaccionaría así, pero por alguna
puta razón, no puedo evitar preocuparme por él. No soy su padre, y él ya no es un
niño pequeño. No sé cuándo me meteré esa mierda en la cabeza, pero obviamente
no será esta noche.
Cuando veo a Teddy entrar en el aparcamiento con su longboard, la sangre
me corre por las venas. Tengo la piel entumecida y me hormiguea por el alcohol.
Se baja de la skate y deja que choque con el bordillo delante de mí. Apoya las
manos en las caderas y respira entrecortadamente. Sé que no le gusta patinar por la
noche; lo pone nervioso, ya que por aquí hay mucha mierda sospechosa cuando se
pone el sol.
Se quita los auriculares de los oídos y deja que la música suene a todo
volumen: "Infinite" de Silverstein.
—Su voz es muy bonita, ¿verdad? —, pregunta entre jadeos.
Asiento con la cabeza, manteniendo mi expresión pétrea.
—¿Qué te tiene tan malhumorado esta noche? Quiero decir que siempre
estás ligeramente malhumorado, pero pareces más malhumorado que de
costumbre—, dice, hablando más rápido de lo humanamente posible. Seguramente
se ha tomado una molly 9o algo así.
—Deberías avisarme si no vas a estar en casa cuando llegue.
Ladea la cabeza. —Um, de acuerdo. ¿Pero por qué? No pensé que realmente
importara. Quiero decir que no quiero incomodarte en absoluto, ya que me dejas
quedarme aquí. Culpa mía.
Me hace falta una pizca de paciencia para no interrumpir sus divagaciones.
Alargo el brazo y le agarro por el hombro, haciendo que me mire a los ojos. Sus
9
La MDMA, usualmente conocida como éxtasis, es una droga empatógena perteneciente a la familia de las
anfetaminas sustituidas.
40
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pupilas están dilatadas y sus mejillas se tiñen de rosa. —Teddy. No se trata de eso.
Sólo me preocupo si no sé lo que está pasando. ¿De acuerdo?
Él traga y asiente con la cabeza repetidamente. Su lengua sale para mojar sus
labios y me sorprendo mirándolos. Son de color rojo oscuro, casi como si llevara los
labios pintados. Destacan sobre la piel dorada de su cara, así que, por supuesto,
siempre me fijo en ellos.
Se aclara la garganta y sale de mi agarre.
—Lo entiendo, pero ya no tienes que preocuparte por mí. Ya soy un niño
grande—. Se ríe torpemente, y no me hace ninguna gracia.
El problema es que sé que no debería preocuparme, pero lo hago de todos
modos; decirme que no lo haga no hace que desaparezca.
—Sólo avísame la próxima vez.
—Sí, señor—, dice con falsa seriedad. Aprieto los dientes. A día de hoy, sigue
siendo un mocoso conmigo. Es como si disfrutara presionando mis botones.
Se abalanza y atrapa la botella del suelo antes de beber y pasarse el dorso de
la mano por la boca. —Has bebido mucho esta noche, ¿verdad?—, pregunta. Su
sonrisa cae al ver mi cara. —Vamos. Anímate. Te mantendré informado a partir de
ahora, lo prometo—. Se muerde el labio inferior, que es más grueso, en un gesto de
puchero. Y no sé por qué, pero su súplica empieza a descongelarme un poco.
Siempre lo hace.
—Sí, acabo de comprar esa botella esta noche—, respondo.
Sus cejas se levantan detrás de su pelo alborotado y sus ojos se abren de
forma casi cómica. —No entiendo cómo nunca te descompones con lo que bebes.
Me encojo de hombros. No me quiebro; nadie me pillará nunca resbalando
así. —Simplemente, voy a mi ritmo.
Sonríe. —Siempre tienes el control de ti mismo y de tu entorno. Es
impresionante. Ojalá yo pudiera ser así.
—Bueno, por eso me tienes a mí.
Su expresión se suaviza un poco. —Sí... nos igualamos—. Suspira y gira la
cabeza hacia el cielo. —No voy a mentir, tomé un poco de molly esta noche. Me
siento un poco nervioso ahora mismo. Puedes irte a dormir si quieres, ya que tienes
trabajo por la mañana.
Compruebo mi teléfono. —Tengo tiempo.
Observo el perfil de su rostro mientras sus redondas mejillas se levantan con
una sonrisa. —Tenemos que conseguir una segunda silla para ti.

41
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Se sienta en su longboard apoyándose en la columna que tiene detrás. —Esto


está bien por ahora. De todos modos, todo se siente bien en este momento—,
susurra con una sonrisa tonta.
Hace que se me caliente la sangre. Me encanta cuando está así de feliz; es
contagioso. Parece tan pequeño y adorable sentado ahí.
Está sin camiseta y lleva su collar de conchas marinas. Nunca se lo quita, ni
siquiera para ducharse. No llega más allá de la línea recta de sus clavículas, casi
como una gargantilla. Mis ojos se centran en la marca de su cuello. Supongo que
Asher se la dejó allí cuando fue a buscar sus cosas ayer. No me gusta en absoluto.
Agarro dos cigarrillos del paquete y los enciendo antes de darle uno a Teddy.
—¿Por qué dejaste que te hiciera eso? — Señalo la mancha oscura de su
cuello.
—¿Qué? Oh. Simplemente lo hizo—, dice, pareciendo un poco incómodo. —
No quería romper, intentó que me quedara.
—¿No funcionó?
Sacude la cabeza. —No. Estoy aquí, ¿no?
Doy otro trago a la botella, mi visión está nublada ahora, todo es suave y
borroso en los bordes. —No me gusta.
Su ceja se arquea en señal de confusión. —¿Qué?
—La marca. No me gusta—. Y yo estoy tan confundido como él. Tal vez sea
por mis sentimientos enfermizos hacia él. Él no es mi posesión, en realidad no me
pertenece. Pero ese tipo de pensamientos racionales se niegan a ser registrados en
mi cerebro, que está borracho de whisky.
Me deslizo de la silla y me pongo en cuclillas frente a él. Me fijo en sus
respiraciones cortas y temblorosas. La forma en que su boca se separa ligeramente,
como si quisiera interrogarme. La pequeña arruga entre sus cejas.
—Deja que te queme—. Me mira con los ojos muy abiertos, examinando mi
cara. Sabe que no estoy bromeando, lo cual es bueno porque odio repetirme.
Aprieta los labios y un breve movimiento de cabeza me dice todo lo que
necesito saber.
—Sigues ido, ¿verdad? — Me doy cuenta de que sí, pero quiero asegurarme.
Mientras esté ido, apenas se sentirá como una picadura.
Otro asentimiento.
Me llevo el cigarrillo a la boca e inhalo profundamente, asegurándome de
que la brasa este lo suficientemente caliente.

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Bailey Nicole Worthless Boys

Miro sus ojos verdes y vidriosos y me inclino hacia delante. Aprieto el


cigarrillo contra la piel de su esternón, justo en medio del pecho. No se inmuta,
pero oigo su aguda respiración.
Toda su cara se enrojece y su pecho se agita contra la punta de mi cigarrillo,
que ya se ha apagado.
En una fracción de segundo, se echa hacia delante y pega sus labios a los
míos.

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Bailey Nicole Worthless Boys

Seis
Teddy

Arranco mis labios de los de Liam. Oh, mierda. Oh, mierda. Soy un idiota,
pero no pude evitarlo. Estaba actuando tan preocupado por mí. Sus ojos no dejaban
de examinar cada centímetro de mi cara. Siempre me hace sentir como si fuera el
único en la habitación, como si fuera el único digno de su atención.
Vi el momento exacto en que registró el chupón en mi cuello. Un destello de
algo brilló en sus ojos, pero tan rápido como apareció, desapareció.
—¿Qué mierda? —, murmura, con la mano levantada para limpiarse la boca.
Mortificado. Ese es el único sentimiento que corre por mis venas en este
momento. Con los ojos ardiendo y la boca abierta, me quedo unos segundos
buscando desesperadamente palabras. Cualquier cosa. Sólo tengo que decir algo.
—Lo siento—, susurro. —Es la molly. Ya sabes cómo hace que las cosas se
sientan bien. No quise hacer eso, sabes. Fue la euforia. Sólo la excitación de la
droga, lo juro...
—Para. Sólo para—, dice con calma. —Está bien, estoy seguro de que fueron
sólo las drogas. Te creo porque sé que no me joderías así. Sabes que no soy gay.
Sus últimas palabras fueron dichas con una mueca que hizo evidente el asco
que siente. Asqueado por mí, por lo que soy. El corazón me palpita en el pecho y no
se detiene. Me arde la cara. Nunca he sentido vergüenza y remordimiento de esta
magnitud. Mis ojos se niegan a encontrarse con los suyos. No puedo soportar ver la
expresión que sé que está escrita en su cara. Me destrozará, de una vez por todas.
Me levanto de mi posición sentado y agarro mi skate. —Lo siento, tengo que
irme—, murmuro.
Dejo caer la skate sobre el áspero cemento del aparcamiento y me subo antes
de que tenga la oportunidad de intentar detenerme. ¿A quién quiero engañar?
Probablemente le importe una mierda a estas alturas. No lo oigo decir nada
mientras salgo de allí, y me niego a mirar hacia atrás por encima del hombro.
Las luces de la calle proyectan una neblina naranja sobre el pavimento
mientras mis ruedas se deslizan por él. El viento sopla con fuerza esta noche, y el
44
Bailey Nicole Worthless Boys

sonido de las palmeras llena mis oídos junto a los motores de los coches que pasan
a toda velocidad.
Sólo hay un lugar al que puedo ir, ya que no estoy dispuesto a molestar a
ninguno de mis amigos a estas horas de la noche. El viaje es largo, pero finalmente
llego a mi lugar especial. Está bien escondido, eso es lo que lo hace tan especial. Ni
siquiera he traído a Liam aquí. No podría encontrarlo a menos que explore. Giro
hacia la calle, observando las lujosas casas a ambos lados de mí mientras paso
volando por delante de ellas. Esta calle tiene un callejón sin salida, pero es un
disfraz.
Al final, hay una entrada a un puerto deportivo a la derecha, y a la izquierda
no hay más que árboles y arbustos densos. Recojo mi skate y me dirijo a la
izquierda. No hay ningún rastro impreso en el suelo porque nadie pasa por aquí,
sólo yo ocasionalmente. Después de una corta distancia, la tierra da paso a la arena
y los árboles se convierten en manglares. El olor salado del océano llena mis fosas
nasales.
Debajo de mí hay una pequeña franja de playa, quizá sólo tres metros. Me
acerco al acantilado -no está muy alto, así que es fácil aventurarse por debajo-, pero
no lo hago, no esta noche. No quiero arriesgarme a que suba la marea mientras
estoy allí abajo.
Lo mejor de este lugar, aparte del hecho de que es todo mío, es la palmera.
Hay una sola palmera que está pegada a otra. Pero no es un árbol cualquiera, éste
creció horizontalmente para poder alcanzar la luz del sol. Llega hasta el acantilado
y es singularmente plana en la parte inferior del tronco, formando un lugar perfecto
para tumbarse.
El torrente de endorfinas que me recorre parece detenerse, haciendo que
mis miembros se vuelvan lentos y pesados cuando me subo al árbol. Me reclino
hacia atrás y apoyo la cabeza en el duro tronco, apoyando los pies en el árbol
contrario.
Mi pecho sigue subiendo y bajando y hay una especie de zumbido en mi
cerebro que parece exponencialmente más fuerte ahora que estoy rodeado de
silencio.
Levanto la mano temblorosa para limpiar la fina capa de sudor de mi frente
y miro al cielo oscuro.
Esta vez sí que la he cagado. No sé qué me ha pasado; nunca me había
lanzado a Liam de esa manera. Porque, como él dijo, no es gay, y no está bien
hacerle eso a alguien. Dios, soy un mal amigo, incluso una mala persona. Porque
fantaseo con hacer mucho más todo el tiempo. Desearía poder corromperlo con mi
cuerpo, sólo para mostrarle lo que se está perdiendo. A mí.
Sólo para, Teddy.
45
Bailey Nicole Worthless Boys

Nunca sucederá. Necesito dejar de vivir en este espacio cruel en mi cabeza


donde mi mente me engaña para que piense que podríamos ser más que amigos.
No es la primera vez que un pensamiento fugaz cruza mi mente insistiendo en que
no vuelva a ver a Liam. Nos beneficiaría a los dos: él no tendría que lidiar más
conmigo. No más preocupaciones, no más insinuaciones no deseadas, y tal vez
podría finalmente seguir adelante.
Pero no es posible. Liam es demasiado terco para admitir que su vida sería
más fácil sin mí, y yo soy demasiado blando para seguir adelante. Así que estamos
en un maldito punto muerto.
Voy a tener que poner algunos límites saludables entre nosotros. No más
afecto platónico, que es todo obra suya. No dejaré que me sostenga o me abrace
cuando esté enfadado nunca más. Eso es lo principal, porque me nubla la cabeza.
Y necesito echar un polvo. Incluso mientras me convenzo de estas cosas, el
pensamiento que no me deja en paz es la forma en que sus labios se sintieron
contra los míos. Gruesos y suaves, mucho más grandes incluso que los míos. Podría
consumir mi boca con la suya, rebozarla y magullarla. ¡Para!
Saco mi teléfono del bolsillo trasero de mis vaqueros. Mis ojos arden cuando
veo mi fondo de pantalla -Liam y yo- en una fiesta. Su brazo está echado sobre mi
hombro, con todos sus dientes cegadoramente blancos a la vista, mientras yo le
sonrío como un golden retriever10. Mierda. Ok, supongo que debería cambiar eso.
¿Quién más creo que está caliente como la mierda? Piensa. Piensa. Piensa.
Ah. Ian Somerhalder11. Tras una rápida búsqueda, encuentro la foto perfecta
y la pongo de fondo.
Bien... esto es bueno. Me esfuerzo por convencerme de ello aunque mi pecho
se siente un poco más hueco que antes. Pongo el teléfono sobre mi pecho antes de
que la idea de hacerle saber a Liam que estoy a salvo se apodere de mí, y cierro los
ojos, sin permitirme abrirlos. Necesito dormir.

10
Raza de perro.
11
Ian Joseph Somerhalder, es un actor y modelo estadounidense. Saltó a la fama por su actuación como
Damon Salvatore en The Vampire Diaries.
46
Bailey Nicole Worthless Boys

Una vibración en el pecho me sobresalta y, antes de darme cuenta, caigo en


picado al suelo. Aterrizo de espaldas con un fuerte golpe. —¡Mierda! — Resoplo. La
breve caída me ha dejado sin aire.
Mi teléfono sigue zumbando en la arena a mi lado. Lo miro con los ojos
entrecerrados, ya que el sol lo atraviesa como dagas. Es Liam, así que lo vuelvo a
tirar y me froto los ojos.
El inconfundible zumbido comienza de nuevo. Uf. Contesto a regañadientes.
—Ya era hora de que contestaras al maldito teléfono. ¿Para qué lo tienes si
no contestas?—, pregunta, con la voz alta por encima de las herramientas eléctricas
de fondo.
Gimoteo con fuerza. —Acabo de despertarme, relájate.
—¿Relajarme? Sí. Bueno, si quieres que me calme, intenta no irte por la
noche mientras estás jodidamente colocado y claramente molesto. Tal vez trata de
enviarme un mensaje de texto haciéndome saber que estás vivo, para que sepa que
no te han robado o asaltado o alguna mierda. Eso me ayudaría a estar más
tranquilo—, gruñe en el teléfono, en voz baja, para que nadie lo oiga actuar como
un psicópata.
—Bueno, estoy bien. Aparte del hecho de que tus incesantes llamadas me
hicieron caer metro y medio al suelo, pero eso no viene al caso...
—¿Qué? ¿De qué estás hablando?
—De nada. Vuelve al trabajo. Yo estoy bien. Estaré en el hotel cuando llegues
a casa. Adiós—. Cuelgo rápidamente el teléfono. Lo dejo sobre mi pecho y un
silbido de aliento sale de mi boca.
Casi me olvido de la quemadura del cigarrillo. Al incorporarme, me levanto
la camisa y veo la piel roja y fea en el centro de mi pecho. Levanto el dedo y lo rozo
por el pequeño círculo; no me duele realmente, sólo un sordo escozor. Ni siquiera
puedo empezar a entender por qué lo ha hecho. ¿Un extraño sentido de la
propiedad sobre mí? Si no, ¿por qué querría marcarme justo después de notar mi
chupón?
Me burlo. Ese es el tipo de cosas de Liam que me confunden: su posesividad
exagerada. Se siente como algo más. Algo más que amigos. Pero eso es solo la voz
desesperada de mi cabeza que me miente. Me hace sentir que tengo una
oportunidad.
Uf. Me levanto, me quito la arena de las palmas de las manos y empiezo a
quitarme la ropa. Ya que estoy aquí, podría darme un chapuzón en el agua. Siento
los granos de arena sobre mi piel sudorosa, así que es una buena oportunidad para
limpiarme un poco. Enfundado en mis calzoncillos rosas cubiertos de cerezas, me

47
Bailey Nicole Worthless Boys

dirijo hacia el acantilado, algo empinado, con toda la elegancia que puedo, y la
emoción crece en mi pecho cuanto más me acerco.
Atravieso a toda velocidad la estrecha franja de la playa hasta llegar al agua.
En cuanto es lo suficientemente profunda, respiro hondo y me sumerjo,
impulsándome hacia delante. Cuando no puedo aguantar más la respiración, salgo
a la superficie e instintivamente levanto las dos manos para apartar mi pelo rizado
de la cara.
El fondo del mar está muy por debajo de mis pies, así que me sumerjo un
poco en el agua, sintonizando con los trabajadores de la Marina al otro lado de los
árboles.
Mientras floto de espaldas en el agua, dos cosas resuenan con fuerza en mi
mente. No quiero dejar nunca esta playa, y me gustaría que Liam estuviera aquí
conmigo. Entonces, sería perfecto. Nunca tendría que irme.
Dejo que mi mente se desborde durante un rato, imaginando una vida con
él, hasta que es demasiado doloroso para soportarlo.
Mientras regreso a la orilla, recuerdo que hoy tengo que trabajar y no puedo
pasar todo el tiempo en mi lugar especial. Estúpidas responsabilidades. Gimiendo
en voz alta, me pongo los vaqueros sobre la piel mojada, lo que ha sido una mala
idea, pero no tengo tiempo de secarme al aire porque trabajo de once a siete en una
gasolinera de mierda.
Cuando vuelvo a los árboles, miro por encima del hombro y le doy un beso.
—Volveré a ti—, digo en voz alta.

48
Bailey Nicole Worthless Boys

Siete
Liam

No miento a nadie, así que seguro que no me miento a mí mismo. Me


gustaría poder explicar lo que pasó anoche, pero hay algunas cosas de las que me
he dado cuenta.
En primer lugar, quemé a Teddy con un cigarrillo porque quería hacerlo.
Quería ponerle una marca que no desapareciera. El estúpido chupón de Asher
desaparecerá mañana, ya que era muy débil, incluso yo podía hacerlo mejor. Pero
mi marca se quedará, como yo.
Y otra cosa. Teddy huyó después de besarme. Pero no huyó por el beso. No.
Vi la mueca de dolor y la agonía en sus ojos cuando lo ataqué por eso. Huyó porque
herí sus sentimientos. Pensando en ello, puedo ver cómo lo que le dije pudo ser
duro y ofensivo.
Quiero decir, no me asqueó el beso. No fue repulsivo para mí, pero ¿por qué
habría de serlo? Sólo fue un beso, uno de mierda. Golpeó su cara contra la mía,
golpeando mi nariz. Sin delicadeza.
Sin embargo, sólo porque sus labios tocaron los míos, no significa que soy
automáticamente gay. No es así como funciona; no es una enfermedad contagiosa.
Así que, tal vez, no debería haber explotado sobre él de esa manera.
Damon interrumpe mis pensamientos desde el asiento del conductor de su
coche. —¿Qué pasa por tu jodida cabeza?—, me pregunta.
Considero brevemente la posibilidad de contarle lo sucedido, pero desecho
la idea rápidamente. Dame está bien, pero no necesita saber nada de esto. No
necesito que le eche la bronca a Teddy por un error de borrachera.
—Lo mismo de siempre—, respondo.
Se ríe. —O algo te está estresando, o estás planeando la muerte de alguien.
Sinceramente, no lo sé.
Eso me hace sonreír. —Estresado, amigo. Anoche estuve despierto hasta
muy tarde. Apenas he dormido. El trabajo ha sido largo hoy.

49
Bailey Nicole Worthless Boys

Exhala un profundo suspiro mientras entramos en el aparcamiento de mi


hotel. —Es la verdad. No puedo esperar a ir a casa y hacer que Ben me dé un masaje
en la espalda—, bromea.
—Sí, voy a pedirte que te guardes eso para ti. Gracias—, hago una mueca.
Se detiene, sin molestarse en aparcar. Probablemente está muy ansioso por
recibir ese masaje. Niego con la cabeza y le doy una palmada en la mano, para que
se anime, antes de salir del coche.
Cuando entro en la habitación, me doy cuenta de que la ducha está en
marcha y de que la voz de Teddy sale por la puerta del baño. Está cantando su
horrible interpretación de "Badfish" de Sublime con la música que suena en su
teléfono.
Mientras me desabrocho las botas, oigo cómo se cierra la ducha y él sigue
cantando mientras sale con la toalla alrededor de la cintura. En cuanto se da cuenta
de mi presencia, grita y deja caer su teléfono. —¡Joder! No sabía que estabas aquí—,
jadea, con el pecho agitado por el susto.
—Literalmente vivo aquí. ¿Un ladrón se sentaría en el sofá y esperaría
pacientemente a que terminaras de ducharte antes de robar nuestra mierda? — Me
quedo sin palabras.
Él suelta una carcajada. —No. Supongo que no.
Mientras me dirijo al baño, me quito la camiseta sucia de Luke's
Construction y le digo: —Por cierto, si alguien intenta algo cuando no estoy, hay
una pistola en mi mesita de noche.
Lo oigo hacer una pausa mientras rebusca en el armario. —Sabes, ni siquiera
me sorprende.
Después de reflexionar aún más sobre todo mientras me ducho, en cuanto
abro la puerta, digo: —Tenemos que hablar.
Me sorprende verlo todo vestido, con unos pantalones cortos vaqueros
recortados que le llegan justo por encima de las rodillas y una camiseta de tirantes
holgada en la que se lee "gay as fuck12".
Levanto una ceja. —¿Vas a algún sitio?
Levanta la vista de la mesa donde se está armando un porro. — Fiesta en
casa de Danny, ya conoces el plan—. Lo miro expectante. —Sé que tienes trabajo
por la mañana, así que no pensé que quisieras venir.
—Voy a ir—, digo con rotundidad.

12
Gay como la mierda.
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Bailey Nicole Worthless Boys

—¿Estás seguro de ello? ¿No tienes que levantarte como a las seis de la
mañana? Puedo ir solo; he quedado con alguien allí.
—¿Ant? — Pregunto, caminando hacia el armario para elegir un conjunto.
—No, Ant no. Aunque probablemente él también estará allí.
—¿Entonces quién? — Vuelvo a preguntar, impaciente.
Se aclara la garganta y giro la cabeza hacia él. Parece nervioso por alguna
razón. Será mejor que no diga el maldito Asher.
—Se llama Travis, fue al colegio con nosotros. No estoy seguro de que lo
recuerdes.
—¿El Travis que jugaba al baloncesto con Damon?
Sus cejas se levantan con sorpresa. —Sí, es él.
—No sabía que eran amigos.
—No lo éramos, pero ahora lo somos... más o menos. Ha estado yendo a las
fiestas de Danny y hemos charlado un par de veces. Me dio su número anoche.
—Entonces, ¿van a enrrollarse?
Tose con fuerza. —¿Qué? —, chilla, con la cara roja.
Pongo los ojos en blanco. —No tienes que avergonzarte, T. Somos adultos,
no tienes que ser tan tímido al respecto.
Me lanza una mirada extraña, una que no puedo descifrar, antes de salir
prácticamente corriendo con el porro en la mano. Sacudo la cabeza. A veces es tan
jodidamente raro. Finalmente, vestido con unos vaqueros negros y una camiseta
negra lisa, salgo. —Vamos—, digo y dejo caer mi skate al suelo.

Para cuando llegamos, la fiesta ya es un auténtico aboroto. Teddy y yo nos


dirigimos directamente a la cocina, que está destrozada, como siempre. Las tazas
rojas de un solo uso están en todas las superficies y el suelo está cubierto de huellas
de zapatos sucios. Hay una espesa niebla de humo en el aire y un montón de gente
apiñada alrededor de la mesa de billar. Agarro una botella de whisky barato y me

51
Bailey Nicole Worthless Boys

sirvo un vaso hasta casi llenarlo, mientras Teddy saca una cerveza de la nevera. Los
dos tomamos un trago y nos dirigimos a la habitación.
—Esta noche quiero estar jodido—, dice Teddy con una sonrisa siniestra en
la cara. Genial.
—Intenta no hacer nada demasiado estúpido, ¿de acuerdo?
Su sonrisa no hace más que aumentar.
Estamos en la sala de estar charlando con un par de chicos y sus novias
cuando Teddy mira su teléfono. Luego se da la vuelta y sale por la puerta principal.
Supongo que Travis está aquí. Vuelvo a alzar mi copa y me la termino. Mierda, llevo
un rato por ahí; suelo depender de él para entablar conversación en las fiestas
porque odio hablar con la gente. Ni siquiera emborracharme me ayuda a ser más
sociable. Estoy empezando a aburrirme de estar aquí cuando la puerta se abre de
nuevo y Teddy entra metido bajo el brazo de Travis.
No lo recordaba con claridad, pero ahora definitivamente sí. Es enorme, por
lo menos una cabeza más alto que Teddy y tiene una cara cincelada a juego con sus
brazos. Supongo que puedo ver por qué a T le gusta este tipo. Un deportista total.
Veo cómo Travis lo lleva a la cocina para que pueda tomar algo, con una
sonrisa de oreja a oreja pegada en la cara. Supongo que este tipo será un rebote
rápido.
Una fuerte bofetada golpea mi espalda y rápidamente desvío mi mirada de
ellos, echando la cabeza hacia atrás, mis ojos se posan en Ant.
—¿Qué pasa, hombre? — Sigue mi línea de visión. —Oh, mierda, ¿es Travis?
Ni siquiera sabía que se columpiaba por ahí.
—Yo tampoco—, respondo encogiéndome de hombros.
—Huh. Bueno, bien por él. Pasó de Asher rápidamente—. Se ríe. —Vamos a
la parte de atrás. Quiero ver quién se pelea esta noche.
Se dirige hacia la puerta corredera de cristal. Recientemente, Danny ha
empezado a dejar que la gente se pelee en su patio trasero y pueden hacer apuestas
si quieren. Es una experiencia escalofriante, pero he visto a algunos imbéciles
borrachos acabar noqueados muchas veces.
En cuanto salimos, el sudor se adhiere a mi piel por la espesa humedad. Hay
una vieja valla que rodea el perímetro de su patio y que ha sido destruida por los
huracanes. La maleza cubre la mayor parte. Hay mucha más gente amontonada,
formando un gran círculo en el centro del patio donde tienen lugar las peleas, pero
también hay gente en la casa que no se preocupa de mirar. Miro hacia abajo justo a
tiempo para no tropezar con una chica tumbada de espaldas en la hierba, con los

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brazos extendidos hacia el cielo. Tiene una sonrisa de idiota en la cara. Es evidente
que está drogada con ácido o algo así.
La esquivo mientras Ant se abre paso entre la densa multitud de gente. El
propio Danny está en medio del foso con un porro en una mano.
—Muy bien. A continuación tenemos un novato—. Hace un gesto con la
mano detrás de él, y es Jasper, el mejor amigo de Damon. —¿Quién quiere pelear
con este tipo? Mira esa cara perfecta. ¿No quieres atravesarlo con tu puño?
Veo a un grupo de tipos excitados a mi izquierda que se empujan unos a
otros hacia delante, retándose a ir por ello.
—¡Aguanta! Yo me encargo—, grita Ant a mi lado. Observo con confusa
diversión cómo se va hacia el foso. Se acerca a Jasper y se quita la camiseta. —
Somos amigos, ¿verdad? Nada personal—. Le da un empujón en el hombro a
Jasper y el público estalla en vítores.
Basado en la mirada de Ant, parece increíblemente personal. Interesante.
Me pregunto qué habrá hecho Jasper para acabar en su lado malo.
Danny camina hacia atrás para colocarse junto a todos, todavía dando
caladas a su porro, mientras Jas se adelanta y empuja a Ant con más fuerza. —
¿Tienes algo que decir?—, pregunta, con las cejas fruncidas por la ira.
Ambos son iguales en tamaño y probablemente también en fuerza, aunque
Ant este hecho de material duro. Está acostumbrado a defenderse en estas calles, y
tengo entendido que Jasper lleva una vida pintoresca en los suburbios. Aunque
quién sabe. Ya nada me sorprende.
—Creo que sabes cuál es mi puto problema—, arremete Ant y, sinceramente,
me gustaría saber a qué se refiere. Da un paso adelante para enfrentarse a Jasper
cuando, de repente, el puño de Jasper se levanta y le golpea directamente en la
mandíbula. Ant retrocede unos pasos, pero se endereza. El público está ahora
jodidamente histérico, gritando "¡Pelea! ¡Pelea! Pelea!"
Escupe un poco de sangre y se limpia la boca con el dorso de la mano, antes
de cargar hacia delante y golpear con su puño la cara de Jasper. Jasper cae de
bruces, y lo siguiente que sé es que Ant está encima de él. Le da unos cuantos
puñetazos más antes de que Jas consiga darles la vuelta. Con las manos
inmovilizadas sobre su cabeza, Ant se levanta y le escupe a la cara. —Pedazo de
mierda—, dice con los dientes apretados.
Oh, mierda.
Para mi sorpresa, Jas se limpia el escupitajo y la sangre de la cara y se lo
unta en la propia cara de Ant antes de darle un par de bofetadas en la mejilla. Se
inclina con una sonrisa siniestra y le dice algo que no puedo oír por encima de la

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multitud estridente que me rodea. Lo único que sé es que la expresión de Ant pasa
de furiosa a aturdida, antes de liberar sus brazos y empujar a Jasper fuera de él.
Se abre paso entre la multitud y yo acelero para alcanzarlo. No se molesta en
atravesar la casa, sino que opta por la puerta.
—Espera, hermano. ¿Qué mierda ha sido eso? — le digo, agarrando su
hombro para detenerlo.
—No es de tu incumbencia—, escupe antes de zafarse de mi agarre y
marcharse hacia su coche.
Que se joda toda esta mierda. No tengo suficiente paciencia para intentar
descifrar sus estupideces, ya tengo bastante con Teddy. Envío un mensaje rápido a
Ben diciéndole que quizá quiera ver cómo está su amigo. Son casi las once y estoy
listo para salir de aquí.
Me pica la piel y tengo calor, así que me quito la camisa, me la meto en el
bolsillo trasero y enciendo un cigarrillo antes de volver a entrar a buscar a Teddy.
Me siento como un viejo malhumorado, pero he trabajado todo el día y
mañana tengo que volver a levantarme y hacer todo de nuevo. Por no hablar de que
apenas he dormido.
Cruzo el umbral de la casa y echo un vistazo. Hay mucha más gente aquí que
cuando llegamos. Sin embargo, reconozco a la mayoría, ya que en estas fiestas suele
haber la misma gente.
Me giro a la derecha para preguntar a alguien si ha visto a Teddy en algún
sitio cuando mis ojos se fijan en un tipo que, de espaldas, se parece mucho a Travis.
Y entonces lo veo: rizos rubios que se asoman por encima de su hombro desde
donde la cara de Teddy está enterrada en su cuello.
Mi cara se calienta, justo antes de decidir que definitivamente no debería
estar mirándolo así. Pero entonces me doy cuenta de que el brazo de Travis se
mueve de un lado a otro como si...
¿Qué mierda? Es imposible que T se deje masturbar por este tipo en medio
de una puta fiesta. El calor de mis mejillas se convierte en un completo infierno
cuando doy un paso adelante y oigo a Teddy emitir sonidos que nunca creí escuchar
salir de su boca. Pequeños y suaves.
En ese momento, tengo que decidir si me alejo o pongo fin a esta mierda.
Probablemente T esté borracho ahora mismo y se arrepentirá de esto por la
mañana. Lo sé. Se pasará toda la semana castigándose internamente por ello hasta
que tenga la oportunidad de volver a emborracharse y empezar de nuevo.
Una decisión sencilla para mí, ya que Travis me importa un carajo. Lo único
que me preocupa es Teddy, y algo en esto no me parece bien.

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Continúo mi camino hacia ellos y agarro al tipo por el hombro, haciéndolo


retroceder. —T, nos vamos a casa. Ahora.
—¡Qué mierda!—, me grita mientras se mete de nuevo en sus pantalones
cortos.
Miro a Travis y veo su mandíbula crispada y su frente en una línea dura.
—¿Quién eres? —, pregunta, a lo que yo me río porque ¿cómo es que todos
los tipos que se enrollan con T actúan como si no supieran quién carajo soy? Y casi
quiero darle las gracias a este tipo por haberme hecho reír esta noche, pero en lugar
de eso, agarro a Teddy del brazo y lo arrastro. Literalmente lo arrastro ya que se
resiste.
Cuando salimos de la casa, tira su brazo del mío, visiblemente enfadado. Lo
que sea. Me dirijo hacia el arbusto en el que escondimos los skate y las libero. Me
doy la vuelta para entregarle las suyas, pero sus pies siguen firmemente plantados
frente a la casa, con los brazos cruzados delante del pecho. Parece realmente
furioso y, por una fracción de segundo, considero el hecho de que podría haber
cometido un error, pero con la misma rapidez, lo descarto. Porque si el tal Travis
vale la pena, esto no lo disuadirá de estar con T, y si lo hace, entonces que así sea.
—Tienes que decirme por qué acabas de hacer eso. Ahora mismo—, dice. —
¡Por fin estaba consiguiendo algo, y tú llegaste y lo arruinaste!
—Mientras tú estabas allí dejando que ese tipo te masturbara delante de
todos los habitantes de la puta casa, Ant estaba fuera recibiendo una paliza de
Jasper—, digo con sorna. —Pero ese no es realmente el problema. El problema es
que no voy a dejar que hagas esa mierda delante de toda esa gente.
—¿Qué mierda?—, interrumpe. —¿Mierda gay? ¿Es ese el problema? Porque
parece que lo es. No creo que te importe que Ant esté ahí siendo chupado.
Me echo hacia atrás, momentáneamente sorprendido por su comentario.
—No parezcas tan jodidamente sorprendido. Me doy cuenta del asco que te
doy. Por lo que soy. Se te notaba en la cara anoche.
Está empezando a cabrearme. Mis puños se aprietan a mi lado por propia
voluntad. —Número uno, obviamente me importa un carajo lo que haga Ant, por
eso estoy aquí ahora mismo. Y número dos, el hecho de que no sea gay, no significa
que me des asco. Si lo fuera, una vez más, no estaría aquí ahora mismo. Saca tu
cabeza del culo, me lo agradecerás mañana.
Se limita a mirarme con tranquilidad. —Si lo supieras, mierda—, murmura,
—me dejarías en un santiamén.
—¿De qué mierda estás hablando? — pregunto, acercándome a él. —Sé
directo—. Lo miro de arriba abajo, su espalda está recta y trata de mantenerse

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Bailey Nicole Worthless Boys

firme. —Desde mi punto de vista, parece que sólo hablas de mierda, y ya sabes lo
que pienso de eso. Di lo que quieres decir—, lo animo, esperando que explote.
Sacude la cabeza y me da un empujón en el pecho. —Olvídalo. Vámonos.
—¡Oh! ¿Ahora quieres irte? No. Vamos a hablar de ello. Porque acabo de
ayudarte ahí dentro, y aquí estás intentando hacerme pasar un mal rato—. Lo hago
retroceder hasta que está presionado contra el coche de alguien. A la luz de las
farolas, puedo verlo con más claridad: sus mejillas están rojas y sus ojos están
pegados a la derecha, negándose a mirar los míos.
Respira hondo y se reafirma. —¿Sabes qué, Liam? No necesito que hagas de
niñera. Si quiero dejar que alguien me dé un orgasmo borracho en medio de una
fiesta, debería poder hacerlo. ¿De dónde sacas que tienes ser mi padre? Eres mi
mejor amigo, y eso es todo lo que siempre serás...—, dice, con la voz entrecortada.
Levanto los brazos a ambos lados de su cabeza, aprisionándolo. Su
respiración se entrecorta y su boca se abre ligeramente al ver mi mirada severa.
—No entiendo por qué todavía te cuesta entender esto. La cosa es así, T. Sólo
hay dos personas en este mundo que me importan como la mierda, y tú eres una de
ellas. Lo sabes y me conoces. Mejor que nadie. Así que haré lo que me dé la gana
cuando se trate de ti. Sólo acéptalo y sigue adelante.
—B-bueno, realmente deberías parar. Me lastima—, dice. Y la mueca de su
cara hace que parezca que tiene dolor físico. Mis cejas se fruncen mientras él
continúa: —Ese tipo de cosas hacen que alguien como yo se haga una idea
equivocada.
¿Alguien como él? ¿Qué demonios se supone que significa eso?
—Dios, soy un puto idiota—, dice, tapándose la cara con las manos.
Nunca he estado más confundido en mi vida mientras me acerco y le quito
las manos de la cara. —T. Mírame—, le exijo. Intento levantarle la barbilla y,
cuando por fin lo consigo, veo que sus ojos verde agua están vidriosos por las
lágrimas no derramadas. El calor me recorre el cuerpo y siento el impulso de
consolarlo, pero no sé ni para qué.
Acaricio su suave mejilla. —Oye, oye, oye. ¿Qué pasa?
Su boca se pone en una línea dura. —¿Por qué me tocas así? Nunca te he
visto tocar así a ningún otro chico—. Intenta liberarse de mi agarre. —Tienes que
parar. No puedo soportarlo más—. Las palabras apenas escapan de sus labios
mientras una sola lágrima se desliza por su mejilla, deteniéndose en mi dedo.
Hago una pausa y contemplo seriamente lo que ha dicho, pero me quedo sin
explicación. Siempre me ha parecido natural ser así con él. Como un cuidador.

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Bailey Nicole Worthless Boys

Como si pudiera acudir a mí en busca de orientación o consuelo. —Siempre ha sido


así entre nosotros—, digo, con un tono confuso.
Él se burla. —Bueno, odio tener que decírtelo, Liam, pero soy gay. Me atraen
los hombres. Y tú te comportas como un puto novio para mí, así que me resulta
difícil distinguir la diferencia contigo. Sólo detente.
Doy un paso atrás, mis manos se levantan para tirar de mi pelo. —No. Eso no
tiene ningún puto sentido. Los amigos pueden estar unidos así, lo he visto. Tú eras
exactamente igual con Ben, y nosotros somos mucho más cercanos de lo que
ustedes han sido alguna vez. Así que, inténtalo de nuevo—, digo, con el pecho
hinchado. —En realidad, no lo hagas. ¿Por qué estás haciendo esta mierda ahora?
No tiene ningún sentido. Parece que estás intentando separarnos. Últimamente la
mierda se acumula: intentas alejarme constantemente y ya no es lo mismo. ¿Qué
tal si me dices qué carajo está pasando, porque esto... sea lo que sea, duele? — Me
doy la vuelta rápidamente y me froto la cara con las manos. ¿Cómo hemos llegado
hasta aquí? La mayor desventaja de nuestra amistad es que me hace sentir
demasiado, mierda.

57
Bailey Nicole Worthless Boys

Ocho
Teddy

Incluso en medio de una de las peores discusiones que hemos tenido Liam y
yo, él no puede quitarme las manos de encima. Trata de tocarme, me manosea la
cara, me agarra de los brazos, empuja su frente contra la mía. Hace las cosas con
agresividad; cualquier espectador no pensaría que está siendo cariñoso, sólo
amistoso. Pero siento cómo sus ojos se clavan en mí con una intensidad que nadie
más podría entender. Cómo las yemas de sus dedos se clavan en la piel de mis
mejillas, pero su pulgar sólo roza mi mandíbula suavemente.
Es jodidamente confuso. No le encuentro sentido a todo. El dolor me
atraviesa el pecho cuando pienso en contarle mi mayor secreto, pero tengo que
hacerlo. ¿No es así? Porque, ¿cómo va a entender él por qué estoy abriendo esta
brecha entre nosotros? Y además de todo el dolor que estoy experimentando, sé
que él también está sufriendo. Nunca muestra tanta emoción por nada. Rara vez
levanta la voz. Pero, como soy un amigo de mierda, está fuera de la casa de alguien,
gritando y perdiendo la compostura, donde cualquiera podría salir y verlo. Sé que
eso es lo último que quiere.
Siempre ha tenido esta cosa de mantener un exterior estoico y tranquilo. Así
que todo el mundo que ha conocido no tiene ni idea de quién es realmente, no
dejará que se note.
—Vamos a casa... Te lo explicaré cuando lleguemos—, susurro. Un gran peso
se instala en mis entrañas mientras mi mente reproduce la cinta de lo que ocurrirá
esta noche. La historia de cómo perderé a mi mejor amigo.
—No. Vas a decírmelo ahora mismo, carajo. Estoy harto de esta mierda—,
dice entre dientes apretados.
No puedo soportar más esto. No puedo seguir actuando así mucho más
tiempo. Tomo aire, intentando estabilizarme porque siento que la bilis me sube a la
garganta.
—Por el amor de Dios, Teddy. No puede ser tan malo.
—¡Estoy jodidamente enamorado de ti, Liam! — Las palabras salen de mi
pecho en un fuerte grito, la saliva vuela de mi boca. —Mierda—, me ahogo en un

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Bailey Nicole Worthless Boys

sollozo. —¿Cómo no puedes verlo? Ya no puedo ni mirarte a los ojos porque me


duele mucho, maldita sea.
—De ninguna manera, Teddy. No hay manera—, dice, pasándose las manos
por el pelo agitadamente. —Es un error. Sólo estás mezclando tus sentimientos.
—¡¿De verdad?! ¿He estado mezclando mis sentimientos desde el octavo
grado? Sé lo que siento—. Me río sarcásticamente. —Créeme, no hay nada de lo que
estar equivocado.
No sabía qué esperar de esto, pero la negación definitivamente no lo era. La
expresión de su cara es agonizante. Parece que va a llorar, y nunca lo había visto
llorar. Nunca.
Me doy la vuelta, dispuesto a huir del peor momento de mi vida, cuando
intenta agarrarme del hombro para detenerme, pero rápidamente retira la mano. —
¡Mierda! —, grita.
Mi cara se desmorona. —Vaya, mira. ¿No puedes ni siquiera tocarme? —
Sacudo la cabeza. Ya no puedo detener la avalancha de lágrimas.
He pensado en este momento un millón de veces a lo largo de los años: el
momento en que finalmente se lo digo. Lo he representado con muchos finales
diferentes, pero ninguno de ellos se compara con el dolor que siento ahora mismo.
No se acercan a ello. Mi pecho está abierto, mi corazón al descubierto, y a él le
repugna la idea.
Empiezo a retroceder. Esto es realmente así. Diez años de amistad tirados a
la basura por culpa de mi estúpido corazón desesperado.
Me alejo patinando tan rápido como puedo, con la planta del pie dolorida de
tanto golpearla contra el suelo. No sé a dónde voy, pero necesito algo. Algo que me
quite todo esto.

¿Me estoy derritiendo en este sofá? ¿Huele a sudor viejo y quizá a semen? La
idea me hace estremecer, así que me esfuerzo por hacer que mi cerebro se
comunique con mi cuerpo para poder levantarme. Por suerte, aún no estoy
demasiado jodido. Cuando usas el ácido tanto como yo, creas una tolerancia al
material. Así que una pequeña dosis de un par de pastillas me hace ver mal y a

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Bailey Nicole Worthless Boys

veces es suficiente para hacerme olvidar que tengo un cuerpo. Y de todas las cosas
buenas.
Me rompieron el corazón.
Perdí a mi mejor amigo.
Decidí que tomar ácido en una casa literalmente de trampa 13era una buena
idea.
Mi vida es una maldita broma en este punto.
Sé que estoy fuera de lugar en esta fiesta, pero es la casa de Mad, uno de mis
mejores amigos. Ese no es su verdadero nombre, pero su verdadero nombre no
importa. Todo el mundo lo conoce como Mad. No estoy seguro de cómo he
conseguido acercarme tanto a un tipo como él. La mayoría de la gente ve sus
tatuajes en la cara y sus ojos de loco y mira para otro lado, pero una vez lo vi en una
fiesta. Estaba sentado solo en el frío acero de las vías del tren. Como estaba tan
embriagado, pensé que sería una buena idea hablar con el aterrador desconocido.
Sé lo que se siente al estar siempre rodeado de gente y seguir sintiéndose solo.
Hablamos de muchas cosas. Tiene dos hijos a los que ama con todo su ser.
Vende muchas drogas. Mucho más que cualquier otra persona que conozco, y
puede o no estar en una banda.
Pero la conversación que tuvimos fue intelectual. Es un tipo muy espiritual y
vio lo mismo en mis ojos que yo en los suyos. Debió hacerlo. Esa es la única
explicación de por qué siempre me invita a su casa de trampa y me trata como si
nos conociéramos de toda la vida.
Esquivo a todos los tipos de aspecto aterrador de la habitación y me dirijo al
exterior. A pesar del aire de peligro inminente, siempre me siento seguro aquí.
Todo el mundo sabe que no debe meterse conmigo por mi extraña amistad con
Mad.
Llego a la puerta trasera y entro en su patio trasero. Cada centímetro
cuadrado de su valla está cubierto de grafitis, y todo está hecho por Mad. Es una de
las cosas más sorprendentes de él: sus obras de arte.
Los colores se arremolinan en un patrón satisfactorio en mi visión nublada.
Se me dibuja una sonrisa en la cara y entonces lo veo. Está sentado en una silla de
oficina en medio del patio con un montón de otros tipos sentados también en sillas
extrañas. Parece que está a kilómetros de distancia. Cada vez que doy un paso, el
suelo parece estar mucho más lejos de lo que realmente está. Mi percepción de la
profundidad es un desastre.

13
Una casa de trama es donde se comercializa drogas, también se la puede asociar con un lugar donde se
reúnen para drogarse.
60
Bailey Nicole Worthless Boys

De repente, estoy de pie frente a él. —¿Qué tal el ácido? —, me pregunta. Su


voz suena diferente en mis oídos.
—Está haciendo lo que tiene que hacer—, respondo.
Me está entumeciendo.
No siento las piernas, pero sigo de pie de alguna manera. No siento el pecho,
pero sé que me duele.
—¿Quieres fumar? — Alarga la mano y me agarra del hombro.
Le devuelvo el gesto con la cabeza. No sabe lo que ha pasado antes, pero sabe
que no estoy bien. —Tráele una silla—. Le oigo decir a alguien y, antes de darme
cuenta, aparece una silla frente a mí. El tiempo es tan raro cuando uno se tropieza.
Me hundo en la silla. Mad está a un lado de mí y un tipo que no conozco está al
otro. Cuando Mad me pasa la bandeja, me pongo inmediatamente a trabajar. Sabe
que me encanta liar la hierba y, aunque estoy alucinando, puedo armar un canuto
perfecto.
En una esquina hay un montón de hierba ya molida y una pequeña bolsa de
polvo blanco al lado. La levanto y se la enseño a Mad. —¿Quieres que te lo líe? —.
Normalmente le gusta fumar porros con coca, pero quiero asegurarme antes de
consumir sus cosas. No tengo el hábito de meterme coca, pero esta noche no me
importa nada.
—Por supuesto. Sabes que no necesitas preguntar—, retumba. Su voz es
profunda y grave. Creo que se debe a una lesión, pero nunca le he preguntado.
Los sonidos de su conversación se desvanecen en un zumbido lejano
mientras me pierdo en el preciso arte de liar un canuto. Va a ser el más bonito que
he liado nunca con la concentración que tengo ahora. Pronto me llevo el canuto a
los labios y lo enciendo. Inhalo profundamente un par de veces y la coca me recorre
el cuerpo, haciendo que las cosas parezcan más claras.
Me acerco y apoyo mi brazo en la silla de oficina de Mad esperando que
agarre el canuto, pero entonces me doy cuenta de algo.
Tiene la cara dura mientras mira fijamente a un tipo que camina hacia
nosotros. —Mad, ¿quién es ese? — le pregunto.
—Alguien que no debería estar aquí, carajo.
Me quita el canuto de los dedos y lo fuma, y vuelvo a centrar mi mirada en el
tipo. —¿Qué ha hecho? — Las palabras apenas salen de mi boca cuando veo un
destello de metal y Mad me empuja el pecho con la palma de la mano. Mi silla se
inclina hasta caer al suelo con un ruido sordo.
¡POP! ¡POP! ¡POP! El sonido inconfundible de los disparos resuena en la
tranquila noche, seguido de gritos y alaridos. Me levanto de la silla manteniéndome
61
Bailey Nicole Worthless Boys

agachado en el suelo y miro por encima, tratando de distinguir lo que está pasando,
pero hay demasiada gente delante de mí.
Me gustaría poder decir que es la primera vez que lo veo hacer algo así.
Seguramente por eso le llaman Loco.
Empiezo a recuperarme del ácido, pero las cosas siguen viéndose un poco
borrosas y distorsionadas. Alguien me agarra del brazo y tira de mí para que me
levante. —Vete a casa, pequeño—, me dice. No hace falta que me lo diga dos veces;
me precipito al patio delantero, agarro mi skate y me alejo patinando cuando oigo
las sirenas de la policía a lo lejos. Decido girar por una calle más pequeña y tomar
el camino más largo, para que los policías no me vean. No he hecho nada, pero salir
en dirección a la escena del crimen probablemente no sea inteligente.
Sacudo la cabeza para mis adentros mientras mi pie golpea el hormigón.
Maldita sea. Espero de verdad que no lo arresten esta noche. ¿Qué pasará con sus
hijos? Seguro que están en casa de su madre, pero tengo entendido que él los
mantiene económicamente. La tristeza me abruma al pensar que crecerán sin él. Sé
que no es perfecto, pero realmente los ama. Son todo su mundo y la única razón
por la que no se ha volado los sesos: me lo dijo.
Me quito los pensamientos de la cabeza y acelero el paso. Las luces de neón
pasan por delante de mí en forma de rayas de colores y la brisa que viene del
océano asalta mi piel. Respiro profundamente. A veces hago las cosas en piloto
automático. Durante semanas, tomo decisiones irracionales y de repente me
despierto. En realidad nunca estuve dormido, pero así es como se siente, como si
me hubiera desconectado mentalmente.
Creo que vuelvo a estar despierto.

62
Bailey Nicole Worthless Boys

Nueve
Liam

Ni siquiera he podido procesar la mierda que me soltó después de esa fiesta


porque está desaparecido. Nadie ha sabido de él desde esa noche. Han pasado tres
días.
Durante tres días no ha respondido a los mensajes, ni a las llamadas, ni ha
estado activo en ninguna red social. Ni siquiera contesta a Ben, por eso sé que algo
va muy mal. Y después de la forma en que se fue esa noche, tratando de mantener
la compostura cuando claramente se estaba desmoronando, me preocupa que haya
hecho algo más estúpido de lo normal.
Soy un imbécil sin corazón. ¿Por qué tuve que actuar así? Fue mi reacción
visceral; no pude evitarlo. Después de todos estos años... después de haber dormido
juntos, incluso de habernos vestido juntos. Y todo el tiempo ha estado pensando en
mí de esa manera. Fuimos juntos a la iglesia con mi madre. Somos prácticamente
hermanos. Qué jodido lío.
Llamo a Ben, como todos los días, para ver si sabe algo de él. Contesta al
primer timbre.
—¿Alguna novedad? — Le pregunto.
—No... Pero... ¿Te has enterado de lo del tiroteo en casa de Mad? Sucedió la
misma noche...
No le he contado a Ben lo que pasó exactamente, pero le he dicho que
tuvimos una fuerte pelea.
—Sí, ¿y eso qué importa? Teddy no iría a la casa de Mad. Ni siquiera lo
conoce así.
—Um, sí, lo conoce, Liam. Son muy buenos amigos. Así que hay una
pequeña posibilidad de que haya estado allí esa noche.
Me burlo. Nunca me he sentido más inseguro sobre la relación que tenemos
Teddy y yo hasta ahora. Por supuesto que se ha hecho amigo del mayor traficante
de drogas de la puta ciudad.

63
Bailey Nicole Worthless Boys

—¿Por qué no me dijiste esta mierda antes? — Digo con los dientes
apretados, intentando con increíble esfuerzo usar la contención.
—No lo supe hasta hoy. Ni siquiera hice la conexión.
Sé dónde vive Mad, pero no me interesa precisamente presentarme sin
invitación en la casa de ese lunático. —¿Tienes el número de Mad?
—Mierda, no. ¿Por qué iba a tenerlo?— Pongo los ojos en blanco y respiro
profundamente. Uno. Dos. Tres. Bien, crisis evitada. No pasa nada.
—Ya lo resolveré—, me quejo y cuelgo.
Agarro mi pistola de la mesita de noche y enciendo un cigarrillo. No sé muy
bien en qué me voy a meter, pero espero que Mad pueda darme alguna maldita
buena noticia.
Cuando llego a la casa de Mad, ya está oscureciendo. Hay tres hombres
sentados en el porche jugando al dominó, y parecen estar de muy buen humor
hasta que me acerco.
—Necesito hablar con Mad—, les digo, manteniéndolo simple y directo.
—¿Para qué? —, dice el más grande antes de golpear una ficha de dominó
sobre la mesa.
—Estoy buscando a alguien: un chico rubio y blanco. Creo que podría haber
estado aquí el jueves por la noche.
Eso finalmente llama su atención. Sus ojos se dirigen a los míos y debe ver la
seriedad en mi rostro porque llama a Mad.
La puerta se abre de golpe un momento después y sale Mad. Lleva un jersey
blanco, una sudadera gris y unas zapatillas de deporte en los pies. Lleva el pelo
recogido en trenzas y la cara cubierta de tatuajes. Sólo he visto a este tipo en alguna
fiesta ocasional. No puedo entender qué tienen en común Teddy y él.
Levanto la cabeza hacia él. —¿Estuvo Teddy aquí la otra noche?
—¿Quién eres tú? —, pregunta, mirándome con curiosidad.
Niego con la cabeza. Ninguno de sus amigos sabe quién soy y eso empieza a
ser jodidamente molesto.
—Somos como una familia. Hemos crecido juntos. Los mejores amigos.
—Si estan tan unidos, ¿cómo es que no sabes dónde está? Se fue de aquí en
una pieza esa noche.
Mis orificios nasales se agitan. ¿Quién se cree este tipo que es?

64
Bailey Nicole Worthless Boys

—Nos peleamos antes de que viniera aquí, y nadie ha sabido nada de él


desde entonces. Así que cualquier información que tengas sería jodidamente útil en
este momento—, digo, dejando de lado la actuación de chico bueno.
Lanza la cabeza hacia un lado mientras los hombres que antes estaban
ocupados en sus asuntos me miran al unísono. Mad se acerca unos pasos a mí y yo
me mantengo firme. Me mira por debajo de la nariz a pesar de que tenemos la
misma altura.
—¿Qué le has hecho? Era un puto desastre cuando llegó aquí, y nunca he
visto a ese chico con nada más que una puta sonrisa en la cara—. Me gruñe. Siento
que mis tripas retroceden ante sus palabras porque sé que son ciertas. Me evalúa
detenidamente, sus ojos recorren mi cara.
—Oh—. Arrastra la palabra. —Sé quién eres. Sí. El amor es una cosa jodida,
¿no?
—¿Qué intentas decir?
Su rostro es sombrío. —Me lo contó todo, hace mucho tiempo. Y apuesto a
que también te lo dijo a ti. Así es como terminó aquí esa noche. Tengo razón, ¿no?
Mi mandíbula hace tictac mientras intento mantener la boca cerrada. Él ve a
través de mí.
—Tienes que arreglar las cosas con ese puto chico, es lo que estoy diciendo—,
declara, con la voz baja. Y de alguna manera suena como una amenaza. Retrocede
unos pasos, sin romper el contacto visual.
—No sé dónde está, pero voy a llamarlo. Sé que la policía no lo detuvo esa
noche; eso te lo puedo asegurar.
Asiento con la cabeza, con la cara fija en el suelo. No hay nada más que
pueda hacer en este momento. Me doy la vuelta y agarro mi skate. Durante todo el
camino a casa, las palabras de Mad resuenan en mi cabeza. El amor es una cosa
jodida, ¿no?
No puedo imaginar un mundo sin Teddy en él. Ha sido mi mejor y único
amigo desde que tengo uso de razón, y antes de eso, no había nadie. Y sí, hemos
hecho otros amigos a lo largo de los años, pero seguimos siendo sólo nosotros. Una
amistad y un vínculo que nadie ha podido romper.
A veces, creo que es demasiado. No es normal. Siempre he imaginado que él
y yo creceríamos y nos iríamos a vivir juntos, que viviríamos nuestra vida juntos.
Una mujer nunca ha entrado en esa imagen en mi cabeza. No creo que eso sea
normal para los amigos. Incluso para los mejores amigos.
Como yo lo veo, ninguna mujer -mierda, ninguna persona- podría llenar los
zapatos de Teddy. Nunca me ha importado mucho invertir tiempo y emociones en

65
Bailey Nicole Worthless Boys

las mujeres con las que me he enrollado, y creo que es porque simplemente no me
interesa. Teddy siempre ha sido mi roca. Mi hombro en el que apoyarme, y la
persona a la que acudo para todo. Incluso acudo a él para el afecto físico. Nunca me
he acurrucado con nadie más que con él, y no estoy del todo seguro de que la
mayoría de los tipos se acurruquen con sus amigos. A pesar de saber eso, seguía
pensando que estaba bien mostrarle ese tipo de afecto porque me parecía correcto,
así que ¿por qué iba a malgastar energía intentando establecer una conexión con
otra persona?
Ahora que sé que siente algo por mí, y que lo ha hecho durante mucho más
tiempo del que me gusta pensar, tiene sentido. Puedo mirar atrás y verlo todo,
cómo empezó a cambiar. Es cegadoramente obvio. Sólo sirve para hacerme sentir
peor por no haberme dado cuenta antes. No puedo ni empezar a imaginar el tipo de
dolor por el que pasó.
No puedo olvidar la imagen de su cara de agonía cuando finalmente me
confesó todo. Estaba seguro de que la confesión significaría el fin para nosotros, y
lo había sentido así durante tanto tiempo que nada podía convencerlo de lo
contrario. No puedo soportar verlo tan molesto por nada, especialmente por mí. Si
está molesto por mí, no puede acudir a mí para sentirse mejor. Y mira eso, otra
maldita cosa para separarnos.
El caso es que, después de que explotara y desatara años de angustia
acumulada, quise estrecharlo entre mis brazos y decirle que todo estaría bien.
Quería alisar su pelo e inhalar su aroma tranquilizador. Pero sabía que eso no era
suficiente para arreglarlo esta vez, y cuando se dio la vuelta y se fue patinando,
sentí que mi corazón se iba con él.
Saco mi teléfono y llamo a Ben. Él pasó por algo similar, ¿no? Él podría
ayudarme. Mierda. Odio hablar con la gente de cosas personales.
—Oye, ¿lo has encontrado?—, pregunta.
—No, pero Mad va a llamarlo. Esperemos que sólo sea que nos está
ignorando. Pero, eh, mira. Necesito preguntarte algo—, digo tentativamente.
—Um, bien. Dispara.
Agarro mi skateboard y entro en la estrecha habitación del hotel. Tras unas
cuantas respiraciones profundas, respondo: —¿Estoy enamorado de Teddy?
Él tose de forma odiosa al teléfono, y yo ya puedo sentir el impulso de decir
"a la mierda" y colgar.
—¿Cómo voy a responder a una pregunta así, Liam? ¿Quieres besarlo,
amarlo y pasar el resto de tu vida sólo con él?— dice, sonando confuso como
siempre.

66
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Me reafirmo y trato de hablar con sinceridad. —Me niego a no tenerlo en mi


vida para siempre, y por supuesto que lo amo. Lo quiero más que a nadie ni a nada
en este jodido planeta— ¿Quiero besarlo? La idea resuena en mi cabeza y,
sorprendentemente, no me repugna. Puedo imaginarme claramente presionando
mis labios contra los suyos y poseyendo su boca. Espera, ¿qué?
—Liam... Siento que tal vez tú sepas la respuesta a esta pregunta; no sé qué
idea puedo darte. Con Damon, siempre tuve una fijación. Sí, supongo que lo
llamaría así. No fue hasta que él se fijó en mí y actuó en consecuencia que cedí y
seguí mi corazón. Bueno, mi polla. Pero, eh, ya sabes. ¿Tal vez sólo probarlo? Como
besarlo o algo así.
Mis dedos se clavan en mis sienes. —Ben, qué mierda.
—Mira, tú eres el que me pidió ayuda. A mi, de todas las personas. Esta es mi
opinión. Creo que sí, sientes algo por Teddy. Ustedes siempre han sido como dos
cachorros persiguiéndose el uno al otro. Y lo miras como si no existiera nadie más.
Demonios, actúas como si nadie más existiera. Sólo dale una oportunidad. Esto es
tan incómodo para mí como para ti, así que te voy a colgar ahora—. Las palabras
salen de golpe antes de que cuelgue.
Creo que hay mucho de cierto en sus tonterías. ¿Qué daño haría intentarlo?
La forma en que mi sangre se precipitó a mi polla cuando me imaginé besándolo
hace unos minutos me hace querer intentarlo ahora mismo.

67
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Diez
Teddy

Sentado en el borde del acantilado, con las piernas colgando por debajo de
mí, observo cómo el sol adorna el horizonte. Me llevo la botella barata de vodka a
los labios. Estos últimos días han sido muy tranquilos. Sólo yo, el licor y mi
palmera favorita.
No tenía ningún otro sitio al que ir... No quería contárselo a nadie. Ni
siquiera a Ben. Es demasiado humillante, y aunque quisiera, no puedo revivir esa
noche. Me las he arreglado para permanecer lo suficientemente borracho como
para bloquearlo.
Me paso la mano por mi pelo arenoso. Probablemente ya parezco un
indigente. Así es, técnicamente soy un indigente. Me recuesto en el suelo y cierro
los ojos.
Voy a la deriva en un estado medio dormido cuando mi teléfono empieza a
sonar. Cada vez que alguien me llama o me envía un mensaje, me aseguro de
comprobar quién es. Esta vez, el nombre de Mad parpadea en la pantalla. Me
levanto como un rayo y respondo con tanta rapidez que casi se me cae el maldito
aparato.
—¿Estás bien? — Pregunto. —Gracias a Dios.
Se ríe al otro lado. —Yo debería decirte lo mismo, hombre. Al parecer, has
estado desaparecido...—, pregunta, sonando divertido.
—¿Qué? ¿Cómo lo has sabido?
—Un tipo grande con rastas llegó a mi casa preguntando por ti. Era Liam,
¿no?
Trago saliva. —Mhm. Sí, es él.
—Está bastante destrozado. Incluso trató de enfrentarse conmigo por un
segundo. Deberías al menos hacerle saber que estás vivo.
Me río. Liam es un hijo de puta loco por intentar luchar contra Mad.

68
Bailey Nicole Worthless Boys

—No te preocupes, no lo he tocado—, me asegura, bromeando. —De todas


formas, ¿dónde has estado?
—En la playa—, musito y doy otro trago de vodka.
—¿Todo este tiempo?—, pregunta sorprendido.
—Sí. No tenía otro sitio al que ir.
—Ven aquí y dúchate y solo ven. Te espero pronto, Teddy". Cuelga el
teléfono rápidamente, sin dejar lugar a discusiones.
Gimoteo y vuelvo a meter el teléfono en el bolsillo. ¿Por qué no puedo
quedarme aquí tumbado en mi pena y evitar mis problemas un poco más?
Estoy sudado y empapado de arena. Una ducha estaría bien y quizás un
canuto también. Sí, eso está bien.

Limpio, drogado y sólo ligeramente borracho, me detengo frente a la


habitación de hotel de Liam. La idea de ir a la casa de Ben pesa mucho en mi
mente. Lanzo un suspiro y cruzo la calle con fuerza, esquivando los coches que
pasan. Esto no tiene por qué llevarme mucho tiempo; simplemente agarro mis
cosas y me voy.
Llamo a la puerta tímidamente y oigo cómo se acerca arrastrando los pies.
Cada paso que da hacia mí me acelera los latidos del corazón. La puerta se abre con
una ráfaga de aire helado. Mi respiración se entrecorta cuando Liam me tira del
brazo, aplastándome contra su pecho. Sus dedos se enredan en mi pelo hasta el
punto de dolerme.
Me está tocando. La idea rebota en mi pecho como un dolor sordo. Intento
zafarme de sus brazos, pero él se repliega, apretando más fuerte.
—Para, Teddy—, exige. —Quédate quieto.
Los segundos pasan agónicamente. —Para, ¿bien? Estoy bien, todo está
bien—. Me zafo de sus brazos y esta vez me deja. Su frente se arruga con
preocupación.
—No está jodidamente bien; ¿en qué estabas pensando?—, brama. —¡No
tienes ninguna razón para estar en una puta casa de trampa!

69
Bailey Nicole Worthless Boys

Sacudiendo la cabeza, respiro con cansancio. —Mad es un buen amigo mío;


se preocupa por mí, y cuando le dije que no estaba bien, se aseguró de que lo
estuviera. Fin de la historia.
Esquivo su gran figura que obstruye la puerta y me dirijo hacia el armario.
—¿Qué estás haciendo? —,pregunta erráticamente.
—Empacando mis cosas—, murmuro.
Cruza la habitación y cierra el armario de golpe. —Al menos tenemos que
hablar de esto... no vas a ir a ningún sitio—, dice.
Me doy la vuelta. —¿De qué hay que hablar? — grito. —Estoy enamorado de
mi mejor amigo heterosexual, ¡me parece bastante claro! — Me tiembla la mano al
intentar abrir la puerta de nuevo. ¿Qué más quiere de mí?
La mano de Liam atraviesa el aire y me rodea la garganta con un apretón
contundente. Me empuja contra el armario y, en un abrir y cerrar de ojos, su boca
aplasta la mía. Mi cerebro sufre un cortocircuito durante una fracción de segundo,
y entonces él se mueve, deslizando sus labios sobre los míos con suavidad. Cuando
se separa, exhalo temblorosamente.
—Tenía que comprobarlo—, dice con los ojos vidriosos.
Mis cejas se levantan confundidas. El corazón palpita contra su mano sobre
mi garganta y pregunto —¿Qué?
Vuelve a juntar sus labios con los míos y esta vez me relajo y le permito
introducir su lengua en mi boca. Sus labios son más suaves de lo que esperaba,
pero siguen siendo firmes de una forma que asocio con él en su totalidad. Su lengua
explora mi boca, deslizándose lentamente contra la mía. Es un fuego envolvente.
¿Cómo se siente así? ¿Así de apasionado?
Gime y mi mente se pone a la altura de mi cuerpo. Me alejo por reflejo. —
Para. Tienes que parar. No me hagas esto—, murmuro.
Su mano cae a su lado y se aleja un paso de mí. —¿Por qué no me lo dijiste?
Me burlo. —Bueno, ya viste cómo fue la otra noche. Por eso.
Sacude la cabeza y alcanza la botella de whisky que hay sobre la mesa; mi
mirada se fija en la larga franja de su garganta mientras la levanta. Está hecho un
desastre, y me doy cuenta de lo preocupado y disgustado que probablemente ha
estado. Las cajas de comida para llevar están desparramadas por la mesa y su ropa
está esparcida por la habitación. Sus botas de trabajo ni siquiera están junto a la
puerta, como siempre.

70
Bailey Nicole Worthless Boys

Dejo que mi mirada se desvíe hacia la puerta del baño que hay detrás de él.
Mis ojos se desenfocan y se me nubla la vista mientras miro fijamente a la nada,
pasando por todas las formas de decir lo que necesito.
—¿Recuerdas cuando nos conocimos y te seguí como un cachorro perdido?
Fuiste mi primer amigo de verdad. La primera persona que me dio una
oportunidad, al niño raro y pobre. Y entonces llegaste tú, ya siendo el chico más
guay a los doce años, y no podía creerlo. Qué suerte tuve. Todavía no lo entiendo—.
Suspiro.
—Todas esas veces que los niños me intimidaban, o el novio de mi madre me
hacía daño. Siempre estabas ahí para defenderme. Traje un flujo interminable de
mierda a tu vida, pero lo tomaste con calma. Como con todo lo demás con lo que te
enfrentas. Nada te molesta—. Me escuecen los ojos y no recuerdo la última vez que
parpadeé. Oigo cómo el whisky chapotea en la botella mientras él vuelve a
inclinarla.
—Ni siquiera te afectó cuando me declaré gay. Para ti era lo de siempre. Pero
creo que esto te afectará. Creo que esto va a arruinar todo, y estoy asustado.
—No hay nada que temer—, me interrumpe. Su voz profunda me produce un
escalofrío.
Sacudo la cabeza y me paso las manos por la cara. —Siempre te he querido,
pero en algún momento ese sentimiento inofensivo se convirtió en algo totalmente
distinto, y no sé cómo hacer que se detenga. Te juro que, si lo hiciera, acabaría con
él. Me siento la persona más inútil del planeta—. Se me quiebra la voz y un sollozo
sale de mi garganta. —Lo siento. Lo siento mucho. Debería habértelo dicho.
Las palabras no se detienen. Siento que me ahogo en ellas: las mentiras y las
disculpas vacías, porque no me arrepiento. No me arrepiento de cada momento que
conseguí exprimir de nuestra amistad antes del inevitable final.
El chasquido de un mechero interrumpe mis pensamientos y miro a Liam
mientras da una larga calada a un cigarrillo. Nunca fuma dentro de casa; detesta
absolutamente que la gente lo haga, y yo me siento aún más enfermo por seguir
arruinándolo. La columna de su garganta está a la vista mientras levanta la cabeza
hacia el techo. Pero no tiene los ojos cerrados, sino muy abiertos. Y su pecho se
expande y se contrae uniformemente.
A pesar de que todo se desmorona a mi alrededor, me fijo en la forma en que
sus abdominales se introducen en el apretado elástico de sus bóxers, y en cómo
algunas cuerdas de su pelo caen sobre sus pronunciadas clavículas. No importa lo
que esté haciendo, siempre me embeleso con él.
—No se va a ir así como así. Incluso ahora...— Murmuro, con la voz
entrecortada.

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Bailey Nicole Worthless Boys

Me mira con ojos oscuros, con las cejas fruncidas. —Incluso ahora, ¿qué? —,
pregunta.
Suspiro. —Incluso ahora, en el peor momento de mi vida, sigo sintiéndome
atraído por ti. Es enfermizo. Tú no pediste esto—. Sacudo la cabeza, sabiendo que
nunca me lo perdonaré.
Se acerca a la cama. Se sienta en el borde y junta las manos. —¿Quién más lo
sabe?
—Aparte de Mad, sólo Ben. No podía guardármelo más, necesitaba ayuda.
—¿Y qué dijo?
Me río a pesar de que no es gracioso. —Más o menos me dijo que tenía que
empezar a salir con chicos para dejar de obsesionarme contigo.
Su cara se vuelve de piedra. —¿Y cómo te ha funcionado eso?
—Quiero decir, ayuda, sexualmente pero no mentalmente.
Se burla. —Me parece un consejo de mierda.
Me retraigo. —No, no lo fue. ¿Qué más se supone que iba a decir?
—Deberías habérmelo dicho. Debería haberte dicho que fueras sincero
conmigo. Pero no veo por qué no lo habrías sido en primer lugar. ¿De qué tienes
tanto miedo?
—¿Cómo no voy a tener miedo? Todo va a cambiar ahora.
—Nada va a cambiar—, dice con un aire de finalidad que me hace callar.
—Liam. ¿No entiendes que no puedo quedarme sentado viendo cómo estás
con otras personas? Apenas puedo abstenerme de tocarte. Es agonizante y
enfermizo.
—Entonces, tócame.
El calor recorre mi cuerpo desde la punta de las orejas hacia abajo. —¿Qué?
N-no.
—Ven. Tócame. Tócame—, me exige, con su voz grave.
Dios. Quiero hacerlo. Quiero, tanto que estoy pegado a mi sitio, con los ojos
muy abiertos y la boca abierta. Congelado. Nunca pensé que esto fuera a suceder.
Hay tantas cosas mal en toda esta situación, pero a mi polla no le importa lo más
mínimo. Está prácticamente estrangulada por mis ajustados vaqueros, deseando
salir.

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Bailey Nicole Worthless Boys

Echo una mirada furtiva a su cara y me arrepiento inmediatamente. Sus ojos


son más oscuros de lo que nunca he visto, y su mandíbula está tan marcada que me
pregunto cómo sus dientes pueden soportar la presión.
Cierro el pequeño espacio que nos separa. Con él sentado en la cama, ahora
estamos casi a la misma altura, y tengo que mirar sólo ligeramente hacia abajo.
Dios, es tan jodidamente perfecto. Su piel es rica y parece suave como una
almohada. Sin pensarlo demasiado, subo la palma de la mano y le toco la mejilla.
Le sostengo el lado de la cara y él inclina la cabeza hacia arriba. Sus gruesas
pestañas pueden ser lo único femenino que tiene, la forma en que se enroscan en
las puntas. Quiero arrastrar la punta del dedo por ellas. Quiero tocar cada parte de
él. Sigo mis dedos hacia sus labios carnosos y le miro a los ojos para tranquilizarle.
Luego arrastro el pulgar por su labio inferior, fascinado por su suavidad y su leve
cesión.
—¿No quieres besarme? —, me pregunta, atravesando mi confusión. Se me
entrecorta la respiración y me relamo los labios.
—Pero tú no eres gay.
Me agarra la mano con brusquedad y la empuja hacia la cremallera de sus
vaqueros. —¿Te basta con esa respuesta? —, dice con los dientes apretados.
Y una mierda. Está duro como una piedra, por mí. Por mi culpa.
—¿Pero cómo?
—Que me jodan si lo sé.
Lo siguiente que sé es que me agarra la cara con las dos manos y junta
nuestros labios. Su beso es duro y sus labios son mucho más grandes que los míos.
Me besa con tanta intensidad que parece que me están comiendo vivo. Un pequeño
gemido se escapa de mi garganta y él gime en mi boca. Sus manos se dirigen a mis
caderas y me acercan hasta que me siento a horcajadas sobre su regazo. Me aprieta
los huesos de la cadera con tanta fuerza que estoy seguro de que mañana habrá
hematomas. La idea hace que mi polla se retuerza.
No puedo evitar tirar de su labio entre los míos y chuparlo. Lo chupo con
tanta fuerza que le duele. Quiero que lo haga. Y creo que le encanta, porque sus
dedos se clavan más en mí, obligándome a ponerme encima de él. Y... Dios, lo
siento. Su dura longitud presiona contra la mía apenas. De repente, muevo las
caderas y mis muslos se aprietan alrededor de él por voluntad propia. Nunca me
había sentido así. Tan necesitado. Tan puta.
Siento un cosquilleo en la nuca mientras la vergüenza me invade. ¿Y si él
piensa que esto es asqueroso? Ni siquiera lo he consultado antes de empezar a
follar en seco su pierna como un animal. Mierda. Le suelto el labio y me retiro, con
el pecho agitado.

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Bailey Nicole Worthless Boys

—Lo siento—. Intento apartarme de su regazo, pero me mantiene quieto.


—¿Por qué?—, pregunta, con la voz ligeramente ronca.
—Esto es probablemente demasiado para ti. No suelo ser así, lo juro. Mierda.
—Mi polla está dura como una puta roca, Teddy. Créeme, no es demasiado—.
Me agarra la barbilla, la aprieta entre sus dedos y me acerca. —Creo que me gustas
así—, me susurra al oído.
—¿De verdad? — Tartamudeo. Mis caderas no dejan de balancearse contra
las suyas en un lento ritmo agonizante.
Me levanta la barbilla y me pasa la lengua desde la base de la garganta hasta
la oreja, provocándome escalofríos. —Encajas perfectamente en mi regazo. Los
pequeños sonidos que haces. Carajo. Puedo decir lo mucho que lo necesitas, y es
tan jodidamente caliente.
Un gemido bajo sale de mis labios.
—Ojalá pudieras verte ahora mismo. Parece que ya te han follado.
La lujuria es una pesada nube en mi cabeza, y apenas puedo procesar las
palabras que está diciendo. —¿Vas a follarme? Nunca he...— Mi voz se interrumpe.
—¿Qué? —, me interrumpe. —¿Qué pasa con Asher?
—Nunca tuvimos sexo. Sólo nos hacíamos mamadas, y se enfadaba mucho
que yo no cediera. Ni siquiera le dejaba meterme el dedo; no me parecía bien.
Su labio se curva en una mueca. —Qué mierda—, gruñe. Y entonces la
presión de mis vaqueros contra mi polla se alivia porque los ha desabrochado. Me
rodea la espalda con un brazo y me levanta un poco, usando la otra mano para
bajarme los vaqueros y los calzoncillos por debajo del culo. El aire frío asalta mi
piel encendida y jadeo.
De repente, sus dedos se acercan a mis labios.
—Chupa—, exige.
Oh, Dios mío. ¿Qué está pasando? Apenas tengo los ojos abiertos y mi
mente carece de toda lógica, así que rodeo sus dos dedos con los labios y chupo.
Mis caderas siguen tratando de frotarse contra él, pero la posición de mis vaqueros
me lo impide.
Retira sus dedos de mis labios con un gemido y se acerca a mi espalda,
deslizándolos por el pliegue de mi culo. Empiezo a respirar frenéticamente y
levanto las caderas.
—Ungh... ¿estás seguro? Normalmente la gente empieza con una paja o algo
así—. Tartamudeo, apenas capaz de formar palabras.

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Bailey Nicole Worthless Boys

Me empuja de nuevo hacia abajo y baja sus dedos hasta que se apoyan en mi
agujero. —¿Por qué iba a hacer eso? No voy a tratarte de forma diferente a
cualquier otra persona con la que haya estado. Ya hemos esperado bastante. Tienes
un agujero perfectamente bueno aquí, y quiero estar dentro de él. Ahora—.
Puntualiza la palabra con un duro roce contra el anillo de mi apretado músculo. Da
vueltas y vueltas hasta que empiezo a murmurar incoherencias. Me mete un dedo,
sólo la punta, pero me escuece un poco. Pero nada que no pueda soportar. Me
agarra por la barbilla y tira de mí, introduciendo su lengua en mi boca al mismo
tiempo que su dedo empuja hasta el fondo. Gimo contra su lengua y la envuelvo
con mis labios, chupándola con el mismo fervor que hice con su labio.
Entra y sale de mí hasta que apenas hay resistencia, y no tarda mucho
porque estoy en las nubes. Creo que nunca he estado más relajado. Me siento como
si estuviera en éxtasis, y podría fundirme con él.
—Por favor, fóllame. Por favor, estoy listo—, gimoteo contra su boca.
Deja escapar un gruñido bajo. —Lo suplicas tan jodidamente dulce. No lo
sabía, pero ojalá lo hubiera sabido antes—. Saca su dedo de mí, e inmediatamente
lo odio. —Quítate los pantalones.
Me aparto de él, empujando rápidamente mis pantalones al suelo. —
¿Necesitas lubricante?—, pregunta.
—Sí. Tengo un poco—. Me doy la vuelta y abro la cremallera de mi mochila,
sacando la pequeña botella.
—¿Por qué llevas lubricante en la mochila? —, pregunta, con el ceño
fruncido.
Mi cara se calienta de vergüenza una vez más. —¿Dónde iba a ponerlo si no?
Sacude la cabeza y se baja la cremallera de los pantalones hasta los muslos.
—No importa. Ven aquí.
Mi boca se llena de saliva mientras tomo su polla. Es la primera vez que
tengo permiso para hacerlo. Es jodidamente enorme. Nunca la había visto tan dura.
También es ancha. Joder.
Vuelvo a bajar a su regazo. Me tira de la camiseta por encima de la cabeza,
mostrándole mi desnudez. Inmediatamente me rodeo el pecho con los brazos,
sintiéndome inseguro, sobre todo porque él aún está completamente vestido. ¿Y si
odia que no tenga tetas? ¿Y si lo encuentra repulsivo?
Sus cejas se fruncen y me aparta los brazos. Se inclina y me lame el pezón,
llevándoselo a la boca. —Mira estas tetas—, gime.
Mis ojos se abren tanto que siento que se me van a salir de la cabeza.

75
Bailey Nicole Worthless Boys

—¿Qué? ¿No quieres que las llame así? A mí me parecen tetas. Sólo que más
pequeñas. Como tú—. Sonríe.
—¡No soy tan pequeño! — Le doy un falso empujón en el hombro.
—Bastante pequeño, como este agujerito que tienes—, me susurra en la boca
mientras lleva sus dedos lubricados al pliegue de mi culo. Los frota de un lado a
otro unas cuantas veces antes de introducir uno, acariciándome desde adentro.
Esta sensación, esta plenitud, nunca pensé que se sentiría tan bien. Pero
necesito más. Mucho más. Dejo caer la cabeza sobre su hombro y gimoteo en su
cuello: —Más, por favor.
—Bueno, ya que has dicho por favor.
Antes de darme cuenta, vuelvo a estar completamente vacío y su puño rodea
su propia longitud, cubriéndola de lubricante. Suena tan húmedo, y lo necesito. Me
pongo de rodillas y se la quito antes de que termine.
Una sonrisa depredadora se extiende por su cara, la de un loco. La que lleva
antes de ponerse violento. Y, Dios, me produce electricidad en el cuerpo.
—Maldita sea, tanto lo necesitas, ¿eh?
Lo ignoro porque, a estas alturas, ya no puedo aguantar más. Estoy fuera de
mi mente con la lujuria y el dolor en la polla. He esperado tanto tiempo para ello.
Ya me he contenido lo suficiente.
Presiono la oscura cabeza de su polla contra mi agujero y bajo lentamente.
En cuanto empieza a penetrarme, suenan las alarmas en mi cabeza. Oh, no. No va a
caber, no hay manera, así que me detengo. Pero, Liam se agarra a mis caderas y
empuja hacia arriba, y toda la cabeza se abre paso. El dolor me atraviesa, pero me
balanceo un poco hacia arriba y hacia abajo, hasta que llego más y más profundo.
La presión es intensa y parece que me ha abierto. Mi corazón late más rápido
de lo que jamás pensé que podría hacerlo y mis manos tiemblan.
Finalmente me siento hasta abajo, hasta que mis muslos tocan los suyos, y
un fuerte gemido sale de mi garganta.

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Bailey Nicole Worthless Boys

Once
Liam

Este hombre está tratando de matarme. Simplemente lo sé. Ni siquiera voy


a tratar de racionalizar cómo terminamos así ahora, pero, supe desde el momento
en que lo inmovilicé contra el armario que esto es lo que quiero.
Estoy metido hasta las pelotas en mi mejor amigo, un chico. Y por alguna
razón, mi polla está más dura que nunca. Y el fuerte gemido que acaba de soltar
casi me hace correrme. Nunca he experimentado algo así. Es tan... es todo. La
forma en que me necesita. La forma en que se retuerce en mi regazo tan
descaradamente. No entiendo por qué, pero me afecta. Me hace sentir que tengo
que dárselo; lo necesita tanto, y ahora que estoy aquí -enterrado dentro de él- sé
que nunca voy a dejar que otra persona lo toque de nuevo. De todos modos, ya no
tiene motivos para hacerlo.
Todo su cuerpo tiembla, puedo sentir cada escalofrío contra mi propia piel
cuando empieza a mecerse hacia arriba y hacia abajo. Con los ojos en blanco y sus
rizos rubios rebotando, parece un ángel depravado. Y me produce algo que no sabía
que necesitaba.
No dejaba de decir lo enfermo que está por sentir esto por mí, pero no quería
decirle que yo estoy tan enfermo como él. Mis sentimientos excesivamente
posesivos hacia él han sido más que amistosos desde hace un tiempo. Tener mi
polla dentro de él significa que estoy más cerca de él de lo que nadie ha estado
nunca. El hecho de que esté gimiendo y gimiendo incoherentemente sólo consolida
el hecho de que nunca necesitará a nadie más. Sólo a mí.
Me levanto bruscamente, me doy la vuelta y lo tiro en la cama. —Boca
abajo—, le ordeno, con voz baja y uniforme.
En cuanto se da la vuelta, su culo ya se levanta de la cama. Nunca esperé que
estuviera así, tan caliente y desesperado como si se estuviera muriendo por una
polla. Y soy yo quien va a ayudarlo. Me pongo de rodillas en la cama y me sitúo
sobre él, tocando los suaves globos de su culo. Están completamente sin pelo y
bronceados hasta un tono dorado, como todo lo demás en él. Es un puto ángel
dorado, y estoy a punto de estropear su piel perfectamente libre de imperfecciones.
Me inclino hacia delante y hundo mis dientes en la suave carne. Se estremece y

77
Bailey Nicole Worthless Boys

chilla, apartándose instintivamente, pero le acaricio el agujero con el pulgar y él se


relaja lentamente en el colchón, dejándome morder y chupar la piel ahora
magullada.
Cuando estoy satisfecho con el arte rojo y púrpura, me inclino hacia atrás y
alineo mi polla en su entrada. Su respiración se torna rápida y agitada mientras se
empuja contra mí. Empujo dentro, encontrando apenas resistencia, sólo una suave
y cálida opresión. Está tan apretado, más apretado que cualquier otro coño en el
que haya estado, y siento que me voy a correr antes de lo que quiero. Pero, a la
mierda. Empiezo a martillearlo con fuerza y rapidez. Empujando tan
profundamente como puedo. Mi ángel de oro está absolutamente ido, aturdido, y
murmurando cosas que no puedo entender. Ha renunciado a mantenerse sobre los
codos, así que está boca abajo, con la espalda arqueada todo lo que puede desde
esta posición.
Me fijo en el perfil de su cara y en cómo tiene los ojos cerrados, con las
largas pestañas abanicando sus mejillas. Sus labios, tan ridículamente carnosos,
parecen de color rojo oscuro, probablemente a causa de mis besos. Sus ojos se
abren y me mira... me mira de verdad. Y eso me lleva al límite, mis pelotas se
tensan y me libero dentro de él, sin apartar la vista ni una sola vez. Sé que nunca
me he corrido tan duro en mi vida. Me salgo lentamente y él hace una mueca de
dolor, siseando un poco entre los dientes.
—¿Estás bien? — Jadeo.
Su bello rostro se estira en una sonrisa. —Sí, tienes una puta polla enorme.
Monstruosamente grande, y me la acabas de meter hasta la semana que viene.
Apenas puedo contener una sonrisa mientras me inclino e inspecciono su
agujero. Está rojo e hinchado, así que presiono mis labios sobre él, y él jadea.
Mientras me alejo, veo que un hilo de mi semen sale de él, bajando por sus pelotas,
y mi polla empieza a endurecerse de nuevo. La idea de llenarlo de mi semen y
hacerlo salir en público con él goteando me inunda la mente, pero la reprimo.
Se da la vuelta y veo una mancha húmeda en la cama. —¿Te has corrido sin
que te haya tocado — le pregunto. No lo he visto acariciarse.
Se sonroja y se tapa la cara. —¿Qué esperabas que pasara? Me estabas
tocando la próstata como si te hubiera ofendido personalmente.
Me río a carcajadas. —Es cierto—, es todo lo que digo.
Abro la mesita de noche, saco un porro ya liado y me lo pongo en los labios.
No hay mejor sensación que fumar después de un orgasmo: mantiene esa
sensación de saciedad. Después de encenderlo, me tumbo en la cama. Teddy se
incorpora y vuelve a hacer una mueca de dolor. —¿Seguro que estás bien? ¿Puedo
hacer algo para ayudarte?

78
Bailey Nicole Worthless Boys

—No, está bien. No será tan malo mañana.


—Ven aquí—, le digo. Se acerca y le agarro la barbilla. Miro esos ojos verdes
mientras le doy al porro, y pongo mis labios contra los suyos, soplando el espeso
humo en su boca. Veo cómo se dilatan sus pupilas. Cuando intenta apartarse, lo
detengo y vuelvo a saborear el interior de su boca. Sus labios son tan suaves como
siempre me han parecido, y disfruto de cómo se sienten contra los míos.
Voy a poseer cada parte de él. Ahora que sé que puedo hacerlo, nada va a
detenerme.
Rompe el beso y le entrego el porro aún encendido. Le da unas cuantas
caladas y se desploma en la cama, el cansancio lo ha alcanzado. Doy una calada a la
hierba y veo cómo se duerme. Está tumbado boca abajo, con la cara pegada a mi
muslo, y su respiración se abanica sobre mi piel como nunca antes lo había hecho.
Pero me gusta que esté ahí. Es como cuando lo abrazo contra mi pecho.
Pero tengo que hacer algo, así que me levanto lentamente. Me meto en el
baño, sin molestarme en encender la luz, y agarro una toallita. Después de pasarla
por agua caliente, vuelvo a la cama y la pongo con cuidado sobre su tierno pliegue.
No sé si servirá de algo, pero espero que sí.
Cuando me acuesto en la cama con Teddy a mi lado, no me siento raro. No
se siente mal. Él siempre ha sido mi único punto débil.
Saber que siempre me ha querido así hace que muchas cosas encajen en mi
cabeza. Todo tiene sentido ahora. No es que la idea no se me haya pasado por la
cabeza, pero nunca tuvo mucho peso porque supuse que me lo haría saber.
Mentí cuando le dije que nada iba a cambiar. Todo lo hará. Ya puedo
sentirlo. ¿Somos una pareja ahora? Supongo que sí, porque no quiero que esté con
nadie más. Nunca. Para empezar, no me gustaba que estuviera con nadie más, así
que no es una gran sorpresa.
Pero si somos una pareja, tenemos que serlo también en público. Nunca he
sido de los que llaman la atención, pero esto no me va a dejar otra opción. Y eso no
me gusta nada.
Aunque no necesito que piense que me avergüenzo de él. No sé por qué, pero
siempre ha sido muy sensible al respecto. Cuando nos hicimos amigos por primera
vez, actuó como si no pudiera acercarse a mí en la escuela, como si no quisiera que
la gente supiera que salimos. Lo cual es jodido porque cualquiera sería afortunado
de llamarlo su amigo.
Voy a hacerle entender que me importa un carajo lo que los demás piensen
de mí. Sólo él.
Cuando pienso en las chicas con las que he estado, todas se difuminan y se
desvanecen juntas, y ninguna de ellas se acerca siquiera a incitar los mismos
79
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sentimientos que él. Nunca me ha importado mucho el sexo. Podría ir a una fiesta y
salir solo, y estaría perfectamente bien. Más feliz, quizás, por no tener que lidiar
con alguien. Sólo pensé que el sexo no era tan importante como otros tipos lo
hacían ver, y que podría ser asexual.
Pero no puede ser el caso porque la visión del culo desnudo de Teddy en mi
cama me hace querer volver a tirármelo, justo en este momento. Así que, encontré
a alguien sexualmente atractivo. Y ese alguien tiene una polla.
Me doy la vuelta y paso la mano por la mejilla del culo de T, la que está
cubierta de marcas rojas y moradas, y cierro los ojos. Deberíamos haber hecho esto
hace mucho tiempo.

—¿Tú, qué?
—Anoche me tiré a Teddy—, digo simplemente.
Damon actúa como si me hubieran crecido dos cabezas, pero no entiendo
por qué. Todo el mundo siempre ha bromeado sobre lo unidos que estamos T y yo.
—Ok, pero creía que eras hetero—. Le da un mordisco a su sándwich que
probablemente le ha preparado Ben, ya que suele llevar el almuerzo al trabajo.
—Por eso te cuento esto. No sé lo que soy y pensé que podrías ayudar.
—¿Crees que soy una especie de vidente LGBTQ+ o algo así?
Lo miro sin comprender, esperando a que saque todas sus risas.
—Oh, ¿estás hablando en serio?
—¿Alguna vez no lo hago?
Pone los ojos en blanco. —Quizá seas bisexual. Te has enrollado con muchas
chicas, ¿verdad?
—Sí, pero realmente no me importaba tener sexo. Sólo lo hacía por un
extraño sentimiento de obligación.
Él frunce una ceja en evidente confusión. —Eh, bueno. Puede que seas
demisexual. Sólo sientes atracción sexual cuando estás muy cerca de alguien.

80
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Dejo que esa idea dé vueltas en mi cabeza. Quiero decir, supongo que tiene
sentido. Nunca he estado cerca de nadie, excepto de Teddy, y él es la única persona
con la que me ha importado tener sexo. Sin embargo, sigue siendo extraño
etiquetarme de esa manera. —Tal vez—. Supongo que realmente no importa.
Asiente con la cabeza, aparentemente perdido en sus pensamientos. —
Entonces, ¿ya tienen algo?
Sonrío. —¿Qué te parece?
—Bueno, buena suerte con eso. Es un salvaje.
—Si alguien puede con él, soy yo.
Mi teléfono interrumpe nuestra conversación y "Mamá" parpadea en la
pantalla cuando lo saco del bolsillo. Deslizo el botón para contestar. —Hola, mamá.
—Hola, cariño—. El tono sureño de mi madre llena la línea. Nació y creció en
Georgia, y vivo en Florida durante los últimos veinte años no ha cambiado eso. —
¿Crees que podrías venir hoy? Hace tiempo que no te veo.
Por un tiempo, quiere decir dos semanas. —Sí, puedo hacerlo. ¿Necesitas
que te traiga algo? — Empieza a enumerar algunas cosas que necesita de la tienda.
No conduce. Suelo llevarle las cosas cuando puedo, así que no tiene que hacer el
viaje a pie muy a menudo.
—Asegúrate de traer a Teddy también. De acuerdo, te quiero. Adiós—. Y así,
sin más, cuelga el teléfono.
Mierda. No tuve en cuenta a mi madre en todo este descubrimiento sexual.
Es una bautista sureña inquebrantable. La quiero mucho, pero está tan consumida
por su religión. Hace todo tipo de comentarios fuera de lugar, sin darse cuenta de lo
mucho que ofende a la gente. Por eso Teddy ha evitado verla durante mucho
tiempo.
Mi madre siempre ha sido una pseudo-mamá para él. Él dependía mucho de
nuestro pequeño hotel mientras crecía, y el corazón de mi madre está tan lleno de
bondad que no podía evitar asumir esa responsabilidad. Pero, ¿cambiaría eso
ahora? Teddy se pinta las uñas y lleva colores pastel y delineador de ojos. ¿Lo
repudiará por algo así? ¿Le hará pasar un mal rato?
La idea hace que se me enrosque el malestar en las tripas. No quiero tener
que elegir nunca un bando entre los dos. Ni siquiera sé si podría hacerlo.
Lo único que puedo hacer es defenderlo, pero no voy a hablarle de mí. De
ninguna manera. Quizá dentro de un tiempo. O tal vez podría guardar el secreto
hasta el amargo final. Esa sería la mejor manera de hacerlo.

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Bailey Nicole Worthless Boys

Doce
Teddy

Liam: Mamá quiere que vayamos a cenar esta noche. Ven


directamente a casa. Tenemos que hacer algunas compras para ella.
Miro el teléfono con incredulidad. No. De ninguna manera voy a ir a ver a la
Sra. Janet después de que su hijo me jodiera hasta el olvido anoche. Lo sabrá, y en
cuanto se dé cuenta, le dará un ataque al corazón o algo igualmente catastrófico.
Ella no sabe que soy gay y planeé evitarlo durante todo el tiempo que
pudiera. Pero salir del armario y admitir que su hijo y yo tenemos... una relación
sexual, definitivamente no va a funcionar. ¿En qué estaba pensando al aceptar eso?
Cuanto más lo pienso, más sencilla es la respuesta.
Yo: No creo que sea una buena idea. Voy a tener que pasar de eso.
¿Tal vez en otra ocasión?
Envío el mensaje fuera de la vista de las cámaras aquí en el trabajo. Hay una
estricta "política de no llamar por teléfono" en esta gasolinera.
A Liam no le va a gustar mi respuesta, pero que así sea. No sé en qué
situación estamos él y yo ahora, ya que cuando me levanté esta mañana ya se había
ido a trabajar. Por lo que sé, se arrepiente de todo y no quiere volver a ver mi cara.
Sin embargo, anoche le gustó mucho. La idea me hace arder la sangre.
Maldita sea. Nunca esperé que fuera tan sucio. Quiero decir, él estaba en
todo. Podría haberle chupado la polla y ser feliz el resto de mi vida, pero no. Quería
tener sexo completo la primera vez que se enganchaba con un chico. No tiene
sentido, pero no puedo quejarme.
Todo el día me he estado volviendo loco. Considerando todas las
posibilidades que este día puede tener. La pobre piel que rodea mis uñas está hecha
jirones y mis mejillas están en carne viva de tanto morderlas. Ansioso es un
eufemismo.
El hecho de que me haya follado e incluso haya parecido disfrutar, no
significa que vayamos a salir corriendo a casarnos mañana. Probablemente no está

82
Bailey Nicole Worthless Boys

preparado para salir a la luz con todo este asunto. O tal vez prefiera ignorarlo para
siempre y tratar de seguir siendo mi amigo.
Si ese es el caso, entonces eso será todo para nosotros. Para siempre. Porque
ahora que lo he probado y sentido, no puedo volver a lo de antes. Incluso pensar en
ello me hace sentir dagas en el corazón.
Repongo todo lo que hay en la tienda y limpio todos los surtidores de la
fuente de soda, aunque esas son las tareas del personal nocturno. Necesito algo
para ocupar mi mente porque el silencio de Liam me está matando. No me ha
respondido a los mensajes ni me ha llamado.
Se acercan las cinco, el final de mi turno, cuando Damon y Liam entran en el
aparcamiento. Sé a ciencia cierta que son ellos por la música heavy metal que suena
tan fuerte que los enormes escaparates de mi tienda vibran por los bajos. Pongo los
ojos en blanco, pero cuando veo a Liam salir del coche con un aspecto tan sexy
como siempre, con sus rastas en una coleta y sin camiseta, el corazón me da un
vuelco.
Es la primera vez que nos encontramos cara a cara desde anoche. El timbre
suena cuando entra sin molestarse en ponerse la camisa.
—Sin zapatos, sin camisa, no hay servicio—, le grito, señalando el cartel de la
puerta. La sonrisa de mi cara se extiende mientras él me ignora y sigue entrando en
la tienda, dirigiéndose a la cerveza. Después de agarrar dos de un litro, se acerca a
mí y las deja sobre el mostrador con un fuerte golpe. —También necesito
cigarrillos, ángel.
El término me produce una sacudida en el cuerpo. ¿Ángel? Entorno los ojos
hacia él con confusión, pero me doy la vuelta y agarro sus cigarrillos. Marlboro
negros mentolados.
Empiezo a pasar por el lector sus artículos. —¿Angel? — Pregunto. Embolso
su cerveza y dejo los cigarrillos fuera. Empieza a golpear el fondo del paquete
contra la palma de la mano para que quede perfectamente sellado.
Tararea. —Pareces un ángel de oro cuando te follan—. Deja que su mirada
me recorra. —En realidad, siempre tienes ese aspecto.
Jadeo con incredulidad, con la boca abierta. ¡Realmente ha dicho eso en mi
trabajo! Antes de que tenga la oportunidad de decir nada, me da un golpecito en la
nariz, toma la cerveza y vuelve a sonar el tintineo mientras sale. Veo cómo
desenvuelve el celofán y saca un cigarrillo de la cajetilla fresca. Cuando entra en el
coche, baja la ventanilla y enciende el cigarrillo.
Y se quedan ahí sentados. Mierda. Me va a llevar a casa, probablemente para
obligarme a ir a casa de su madre. Me llevo los dedos a la nariz, frotando el lugar
donde acaba de golpear.

83
Bailey Nicole Worthless Boys

Sólo entran un par de clientes más antes de que la chica del turno de noche
venga a ocupar mi lugar. Hago un recuento de mi cajón y le cuento toda la mierda
que he limpiado de forma maniática para que ella no tenga que hacerlo. Luego
agarro mi skate y me voy. Cuando me deslizo en el asiento trasero del coche, Liam
me da un cigarrillo. —Puedes llevarme a tu casa, Damon. Necesito ver a Ben.
Él se encoge de hombros y dice: —De acuerdo.
Al mismo tiempo, Liam dice: —No.
Los dos se miran acusadoramente.
Pongo los ojos en blanco. —Hoy no voy a ver a la señora Janet y ya sabes por
qué, así que déjalo.
Después de unos momentos de silencio y de que él retuerza una rasta en sus
dedos sin cesar, finalmente vuelve a hablar: —Entonces, ¿sólo vas a salir con Ben
esta noche?
—Lo más probable es que sí. Ese es el plan. A menos que tengas algo más en
mente. Es viernes.
Como no dice nada más, Damon sube el volumen de la canción: "Into the
Dark" de Point North y Kellin Quinn, que suena muy bien en su coche.
Entramos en el aparcamiento cuando la canción está terminando. Liam ya
está fuera y abre la puerta de nuestra habitación sin decir nada más.
Mierda. Empiezo a morderme el labio inferior con ansiedad mientras salgo y
me deslizo en el asiento delantero. Damon sacude la cabeza mientras da marcha
atrás. —Deberías haber ido con él—, dice.
—No. No conoces a su madre. Verme como un auténtico homosexual podría
mandarla a la tumba antes de tiempo. Por no mencionar...— Cierro la boca antes de
decir algo estúpido.
—Oh, cuéntalo. Ya me lo ha dicho de todos modos—. Se ríe, con esa gran
sonrisa brillante que cautivó a Ben en primer lugar.
Le empujo el hombro. —¡No puedo creer que te lo haya dicho! — exclamo.
—Por supuesto que lo hizo. Somos mejores amigos.
Me río a carcajadas. —¿De verdad? ¿Desde cuándo?
Se rasca la cabeza en señal de burla. Dios, es un listillo.
—Bueno, si lo sabes, entonces puedes sumar dos y dos en cuanto a por qué
no voy a asistir a la cena familiar esta noche. Como no lo he hecho en meses.
—Supongo que lo entiendo, pero ustedes, tontos, van a tener que darse
cuenta en algún momento.
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Bailey Nicole Worthless Boys

Enfoco mi mirada hacia la ventana, observando el mismo paisaje que he


visto toda mi vida: las altas palmeras, la hierba crecida, las aceras desmoronadas.
Pobreza por todas partes. El otro lado de la vida en la gran ciudad; el lado que la
gente tiende a ignorar. Sin embargo, es lo único que conozco, y me recuerda a mi
madre y la miseria en la que vive. Tal vez debería ir a verla, hace tanto tiempo. Sé
que me va a joder, pero una vocecita en el fondo de mi cabeza me dice que es lo
correcto.
Sacudo la cabeza para mis adentros mientras aparcamos frente al
apartamento de Damon. Quizá en otro momento.
Los dos salimos del coche y me acuerdo de tomar mi skate para llevarla
conmigo. Damon agarra una bolsa de herramientas del maletero de su coche y me
guía. —Realmente necesito conseguir un camión—, piensa en voz alta.
Abre la puerta y el olor a hierba me golpea en la cara. —Cariño, estoy en
casa—, brama como si Ben no estuviera sentado allí mismo en el sofá.
—Hola, cariño, ¿cómo tienes el culo? — le pregunta Ben sin levantar la vista
de su portátil.
Intento aguantar la risa, de verdad, pero me estalla. Ben levanta la vista
sorprendido, mirándome boquiabierto.
—Sí, sí. Ríete. Creo que deberías hacerle esa misma pregunta a Teddy—.
Damon sonríe con complicidad y se va directamente al baño, dejándonos a los dos
atónitos.
Me dejo caer en el sofá junto a él y hago una pequeña mueca de dolor.
—Entonces, ¿cómo se siente tu trasero, Teddy? — dice Ben con curiosidad,
con una gran sonrisa en la cara. Creo que nunca había sonreído así antes de que
Damon se acercara a él.
—Destrozado, gracias a Liam.
—¡De ninguna manera!—, grita tan fuerte que oigo a Damon cacarear desde
el baño.
Suspiro dramáticamente y dejo caer la cabeza hacia atrás. —En la fiesta del
jueves, nos peleamos y le dije que estaba enamorada de él. Le dije todo.
—Y supongo que no se lo tomó bien, por eso desapareciste durante días.
Entonces, ¿cómo demonios llevó eso al sexo? — Juro que sus ojos van a saltar de
sus órbitas en cualquier momento. Le cuento todo, de principio a fin. Todos los
detalles sucios, ¿y sabes lo que dice este cabrón?
—¡¿Te ha besado el culo?!

85
Bailey Nicole Worthless Boys

—No puedo inventarme esta mierda—, respondo y le doy una calada a la


pipa de agua alta que tiene sobre la mesa de café.
Parece más angustiado de lo que yo me siento en este momento, con la
cabeza apoyada en el sofá y las manos restregándose a los lados de la cara. Le
entrego la pipa de agua y la chupa, aún completamente perdido en sus
pensamientos.
Exhala una gigantesca nube de humo y me mira con ojos vidriosos llenos de
preocupación. —¿Qué significa esto?
Me encojo de hombros. —Sinceramente, no lo sé. Pensaba que lo
hablaríamos hoy, pero su madre va a cenar esta noche y me he escapado, por
razones obvias—. Ben ha tenido el placer de conocer a la señora Janet, así que lo
sabe todo sobre su estilo de vida temerosa de Dios. Lo único que nunca he podido
relacionar con ella. Mi infancia fue sin religión, y me siento completamente
indiferente hacia ella. Excepto por la gente que se lo toma demasiado en serio,
convirtiendo algo bueno en algo malo, y así es ella.
—Mierda, amigo. Bueno, tienes que encontrar una oportunidad para hablar
de esto, más pronto que tarde. Liam es imprevisible como la mierda. Juro que
nunca sé lo que pasa por su cabeza. Definitivamente no vi venir esto.
Su afirmación me hace reflexionar, porque tiene razón. Nunca, ni en un
millón de años, vislumbré que lo de anoche iba a pasar como pasó, y lo conozco
mejor que nadie. Se me pone la piel de gallina y se me eriza el vello de los brazos.
Ahora podría pasar cualquier cosa. Todo esta en el aire.
Miro a Ben a los ojos y le digo: —Creo que es hora de emborracharme.
Él asiente con la cabeza lentamente. —Ten cuidado—. Y siento el peso de
esas palabras en mi pecho mientras recojo mi skate y salgo por la puerta.

86
Bailey Nicole Worthless Boys

Trece
Liam

La cena fue exactamente como esperaba que fuera; mamá cocinó mis cosas
favoritas. Tiene una placa de cocción, un horno convencional y hace poco compró
una olla a presión. Su cocina es pequeña, pero hace unas comidas increíbles con lo
que tiene. Eso siempre me ha sorprendido.
Hizo macarrones con queso caseros, chuletas de cerdo fritas y coles. Incluso
me envió a casa con extras para Teddy. Siempre pregunta por él, y también
sospecha que algo anda mal. No es normal que no venga por aquí durante tanto
tiempo. Intentó sacarme respuestas, y todo lo que pude decir fue: —Es su historia
la que tiene que contar.
Pero eso tampoco consiguió sacarla de mi asunto. Es como una maldita
lectora de mentes o algo así. Mantuve la misma compostura estoica durante todo el
tiempo que estuve allí, pero aun así me agarró del brazo con firmeza antes de que
me fuera y me dijo: —Cuando estés preparado para hablar de lo que sea, aquí
estoy—. Sus ojos estaban muy abiertos y llenos de compasión. Es una lástima,
porque creo que ella preferiría que nunca le hablara de esto.
Bueno, al menos la crisis se ha evitado por ahora. Sin embargo, presiento
que se avecina otra, porque es la una de la madrugada y Teddy aún no ha llegado.
Intenté llamarlo, pero no respondió. Le pregunté a Ben si todavía estaba allí, y me
dijo que se había ido poco después de llegar. Eso me molesta, mierda. Odio que lo
haga, pero no puedo evitarlo.
Tiene que decirme esta mierda. Debería decirme si va a una fiesta y dónde
es. Me preocupo por él y por su seguridad. Sé que no está acostumbrado a tener
que dar explicaciones a nadie porque su inútil madre nunca se preocupó por lo que
hacía o con quién estaba.
Agarro el whisky que ya casi se ha terminado y salgo. Estaré aquí, preparado
para cuando llegue a casa. Doy un trago al whisky de la botella y enciendo un
cigarrillo.
Sorprendentemente, oigo el roce de las ruedas de Teddy contra el áspero
pavimento del aparcamiento antes de que se acabe el cigarrillo, y él también está

87
Bailey Nicole Worthless Boys

acelerando. Se detiene bruscamente en la acera frente a mí y se desploma, con las


manos en las rodillas, jadeando.
—Mierda—, resopla. —Lo siento, perdí la noción del tiempo. Estaba en casa
de Mad.
Me echo hacia atrás. ¿Por qué mierda estaba con Mad otra vez?
—¿Por qué insistes en pasar el rato en una casa de trampa con uno de los
mayores traficantes de la zona? Sabes que es un puto psicópata.
—Sí, lo sé. Lo sé, ok. Pero él no actúa así conmigo. Es diferente de lo que
todo el mundo piensa.
—Literalmente, disparó a alguien hace unas noches. Esa persona podría
incluso estar muerta ahora—, digo con tono inexpresivo.
Comienza a pasearse de un lado a otro, ahuecándose la barbilla en señal de
reflexión. —Sólo necesita ayuda, Liam. Ha pasado por muchas cosas, sabes. No se
puso así de la noche a la mañana.
Teddy y su maldito corazón de oro. Realmente está tratando de justificar lo
que hace Mad. Roba, mata y jode a la gente. Vende armas, coches robados, y
cualquier droga que puedas necesitar. Un cañón totalmente suelto.
Y mi ángel de oro piensa que es un buen amigo.
Me di cuenta de que Mad parecía preocuparse por él, pero no es el tipo de
persona que Teddy debería tener cerca todo el tiempo.
Me mira y deja escapar un suspiro exasperado. —¿En serio, Liam? Tú
también eres un psicópata. La única diferencia entre tú y él es que tú no eres un
criminal.
—Eso ni siquiera es cierto, y lo sabes. Siento cosas, de vez en cuando.
—Él también las siente. Sólo que no se lo muestra a nadie. Igual que tú.
Me burlo. —Bien, lo que sea. Soy igual que Mad. ¿ Por qué no tengo un
apodo genial para la calle entonces?
Se detiene en seco, girando para mirarme. —¿En serio acabas de hacer una
broma sobre esto?
Me encojo de hombros y doy otro trago a mi whisky. —Ven aquí, Teddy—,
digo, bajando la voz a un susurro.
Su rápida inhalación me hace reflexionar. —¿Estás nervioso? — Ladeo la
cabeza hacia un lado. —¿Después de todo?
Da unos pasos hacia mí y se sienta en su skate como suele hacer. Hay una
cierta satisfacción que obtengo al ver su pequeña forma ahí abajo de esa manera.
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Bailey Nicole Worthless Boys

—Últimamente has hecho algunas tonterías, Teddy—, le digo, aunque no me


gusta ser un idiota con él. Tiene que entender la gravedad de sus decisiones, y nadie
más lo hará. —Fuiste a una casa de trampa, consumiste múltiples drogas que tienen
la capacidad de incapacitarte y no le dijiste a nadie dónde estabas. Es lo mínimo
que podías haber hecho. Si te hubiera pasado algo, nadie lo hubiera sabido. Podrían
haberte disparado. Yo no lo habría sabido. Y luego vuelves al mismo lugar otra vez.
Ni siquiera debería ser necesario decirlo a estas alturas, pero me preocupo por tu
terquedad. La gente se preocupa por ti.
La luz de la ventana detrás de mí se refleja en sus ojos vidriosos. Se limpia la
nariz y una sola lágrima rueda por su mejilla enrojecida. Es como una patada en las
tripas, pero tengo que hacerlo. Entiende el amor duro, es todo lo que sabe.
Se baja del skate y se pone de rodillas, limpiándose los ojos. —¿Puedo
tocarte? — Sus palabras son sólo un tembloroso susurro. Asiento ligeramente con
la cabeza y le tiendo los brazos. Él los agarra y se arrastra hacia delante,
rodeándome con sus brazos y enterrando su cabeza en mi muslo, justo al lado de
mi polla, que ya está tiesa.
—Lo siento, Liam—, dice en mi pierna. —Ni siquiera pensé. No he estado
pensando últimamente. Todo ha sido un borrón.
A veces se pone así. Me doy cuenta cuando pierde la cabeza y se desborda
durante un tiempo. Siempre lo ha hecho, pero nunca ha recibido ayuda por culpa
de su madre.
—Ya me siento mejor. Voy a hacerlo mejor ahora, lo prometo—. Acaricia su
cara en mi muslo, y el pantalón de chándal que llevo no impide sentirlo.
—¿Esta todo bien?—, pregunta, con una voz pequeña e infantil. El calor se
extiende por mi cuerpo al escucharlo. Sólo me habla así a mí. Me encantan todas
las cosas que se reserva para mis oídos y mis ojos. Le paso los dedos por el pelo y
miro hacia la luna. —Sí, ángel. Las cosas están bien. La mierda pasa.
Nos sentamos así durante un rato y empiezo a pensar que podría haberse
quedado dormido, cuando de repente dice: —Hueles muy bien aquí—. Miro su
cabeza rizada enterrada justo al lado de la base de mi polla completamente erecta.
—Como a jabón de lavandería y a polla—. Se ríe.
Utilizo la mano en su pelo para empujarlo más cerca. Abre la boca contra mí.
El calor y la humedad hacen que mis pelotas se aprieten. Me mira a través de las
pestañas, como un puto ángel sucio. Le sonrío. —¿Qué quieres? — Pregunto sólo
para oírlo de su inocente boca.
Aprieta la succión en la base de mi polla antes de apartarse. —Vamos a
entrar.
—¿Por qué?

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Bailey Nicole Worthless Boys

Pone los ojos en blanco. —Ya sabes por qué.


—No seas tímido ahora, T—. Me da igual.
Mira hacia otro lado, tirando de su labio entre los dientes. —Sólo quiero
probarte, ¿si? Realmente mucho—. Su puta voz suave y dulce hace que mis fosas
nasales se agiten. Le agarro la barbilla con brusquedad y deja escapar un grito de
sorpresa.
—Entra y desnúdate, ángel—, digo con los dientes apretados.
Sus ojos se abren de par en par, pero se levanta con piernas temblorosas y
entra en la habitación. Me tomo el resto del whisky y le doy unos minutos para que
se prepare para mí.
Cuando abro la puerta, está sentado en el borde de la cama, completamente
desnudo, con la cara enrojecida y la respiración agitada.
Me acerco para que sus ojos queden a la altura de mi polla. —Ponte a cuatro
patas— Deja caer la cara entre las manos y gime. —Sólo hazlo. No tienes nada que
ocultar de mí.
Se ajusta para estar sobre sus manos y rodillas, con un arco perfecto en su
espalda. —Separa las rodillas.
Lo hace, y tengo la vista perfecta de su anillo rosado de músculos entre los
suaves globos de su culo. El hematoma que le dejé en el lado derecho tiene un
aspecto horrible, un contraste tan feo con el resto de su cuerpo, y me encanta.
Mueve un poco el culo y hace un ruido de queja, lo que hace que mi atención
vuelva a centrarse en él. —Vamos, Liam.
—Estás impaciente por chuparme la polla, ¿verdad?
Asiente con la cabeza sin mirarme, la vergüenza nublando sus rasgos. Me
bajo el chándal hasta la mitad del muslo y le pongo la polla dura delante de la cara.
—Pues adelante—, le digo. Aprieto la base con mi puño y guío la cabeza hacia
sus labios, pintándolos con mi pre-semen. Debería haber sabido que me atraía
desde el primer día que hablamos.

90
Bailey Nicole Worthless Boys

Catorce
Teddy
Mierda. Debo estar soñando. La forma en que la cabeza redonda de la polla
de Liam se abre paso entre mis labios me hace sentir una gran emoción. Es casi
como si me estuviera utilizando para su placer, usando mi boca exactamente como
él quiere. Gimo a su alrededor cuando la piel aterciopelada de su polla roza mi
lengua lentamente. Mientras lo miro a los ojos, aseguro mis labios alrededor de la
dureza y tomo el control.
Puede que sea inexperto, pero sé que puedo hacer que esto sea bueno para
él. Me hundo en la base de su polla, dándole a mi garganta un momento para que
se adapte a la gran cabeza que obstruye mis vías respiratorias, pero sus caderas
sobresalen hacia delante provocándome una arcada. Me retiro y dejo que se hunda
de nuevo, enterrando mi nariz en la melena rizada que lo rodea. Me encanta su
olor. Considero la posibilidad de quedarme allí e inhalarlo durante un rato, pero
probablemente eso sería demasiado extraño.
Sus ojos se clavan en mí con un afecto tan lujurioso, y sus dedos me aprietan
el pelo, haciendo que me pique el cuero cabelludo mientras me guía de un lado a
otro.
—Dios—, gime. —Ojalá pudieras verte. Pareces un puto ángel sucio con tu
piel dorada y tu halo de pelo rubio, y tus labios oscuros e hinchados
envolviéndome—. Echa la cabeza hacia atrás, mostrando la amplia columna de su
garganta.
Gimoteo en torno a su polla, casi me ahogo sólo con sus palabras. Me quito
la polla y me apoyo en las piernas, sacando el labio inferior en un mohín. —¿Puedes
follarme ya, por favor?
Me retuerzo, incapaz de quedarme quieto ante la idea de que me llene de
nuevo. Arrastra su mirada sobre mí lentamente hasta encontrar mis ojos. Pone las
palmas de las manos en la cama, a ambos lados de mis muslos, y se inclina. Sus
labios rozan mi mejilla y descienden hasta detenerse en mi mandíbula. La piel de
gallina me levanta los pelos en cada centímetro de mi piel y mi respiración se agita.
Continúa su asalto, arrastrando tiernamente sus labios por mi garganta hasta la
clavícula, mordiéndola con sus dientes. Se me escapa un gemido estrangulado y
mis caderas se mueven hacia delante, rechinando contra la cama por sí solas.
91
Bailey Nicole Worthless Boys

Levanta la mano y me rodea el cuello, asegurándose de que lo miro a los


ojos. La confianza que desprende con ese simple movimiento hace que el calor me
recorra el cuerpo, y jadeo.
—Sabes que ahora eres mío, ¿verdad? ¿Lo entiendes? Todo esto—,
arrastrando de nuevo su mirada sobre mi piel desnuda, —me pertenece.
Es casi demasiado para soportar; me duele el corazón por la intensidad de
todo esto. —¿Cómo? — Tartamudeo, y él afloja su agarre sólo un poco. —Cómo
puedes decir eso cuando me dijiste que no eras gay—. Me tiembla el labio a la
espera de lo que va a decir. Es imposible que se sienta como yo en este momento,
como si el mundo pudiera explotar sobre sí mismo, pero mientras me contemplara
así, de esta manera, estaría bien.
Vuelve a apretar el agarre y se inclina, rozando sus labios contra mi oreja
mientras susurra: —Siempre me has pertenecido, es todo lo que importa—. Me
estremezco mientras el corazón se agita dolorosamente en mi pecho.
Se retira y me empuja a la cama, donde me tumbo con los pies muy
separados y las piernas abiertas. Sus rodillas chocan con la cama y se coloca entre
ellas, mirándome. Me empuja las piernas hacia atrás, forzando mis rodillas hacia el
pecho. Sujetándolas allí, me agarra la polla y le da unos cuantos bombeos bruscos.
—Esta es mi polla.
Su mano baja y se frota contra mi agujero. —¿Qué más da que no tengas un
coño? Este agujero puede ser mi coño si yo quiero, aunque es más estrecho que
cualquier coño que haya tenido antes.
Dios, por qué dice cosas así. Mi agujero palpita contra su palma y gimoteo.
Me cubro la cara con las manos, negándome a mirarlo a los ojos. Me quita las
manos de la cara y se cierne sobre mí, con su dura polla presionando mi ingle.
—Tú has preguntado, ángel. Sólo respondo a tu pregunta porque mereces
saberlo. Tus partes no me importan, siempre que sean todas mías. Si eso me
convierte en gay, que así sea.
Me atrapo el labio entre los dientes. —Sabes que ahora no podemos volver a
la normalidad, ¿verdad —. Respiro, aún sin estar seguro de que entienda del todo la
magnitud de esto.
Su ancha lengua sale y me lame los labios y la mejilla, hasta llegar a mi ojo;
se siente tan posesivo. —Esta es nuestra nueva normalidad, ángel. Esto es lo
nuestro, y lo sabes porque nunca he dejado que te alejes de mí, y nunca lo haré.
Es todo lo que siempre quise oírlo decir, pero de alguna manera, mi cerebro
no lo registra como la verdad. Es imposible que haya tenido tanta suerte; nunca me
sale nada bien.

92
Bailey Nicole Worthless Boys

Se acerca a la mesita de noche que tiene detrás y toma mi lubricante; no me


había dado cuenta de que lo había puesto ahí. Se lo unta por toda la polla y lo frota
alrededor de mi agujero, introduciendo un dedo, lo que hace que mis caderas se
sobresalten de la cama.
Retira el dedo y mi culo lo persigue. La sangre me sube a las mejillas al ver lo
avergonzadamente necesitado que estoy de él. No me hace esperar mucho, por
suerte. La gran cabeza de su polla sustituye rápidamente a su dedo, rozando mi
agujero. Cuando lo penetra, la punzada de calor blanco me hace jadear.
Pero ahora que está dentro, presiona con determinación.
El gemido que brota de su garganta es francamente primitivo. A partir de
ahora, sólo yo lo oiré. Soy él único que puede destrozarlo así.
Comienza a golpear dentro de mí, haciendo que mis gemidos sean cada vez
más fuertes.
—Ves—, gime, con la respiración agitada. —Estás más mojado que cualquier
otro coño. ¿Oyes esos sonidos? Tienes el coño más húmedo, ángel—. Las palabras
salen de sus labios con la misma rapidez con la que perfora sus caderas contra mí.
—Mi coño. Mi agujero. Mi todo.
No puedo aguantar más, agarro mi propia polla con fuerza y me masturbo
con la misma rapidez. Los gemidos que emiten mis labios son una súplica
vertiginosa mientras sus palabras resuenan en mi cabeza. El clímax me golpea sin
previo aviso, y me salpico un chorro sobre el estómago. Sin embargo, él sigue
follando dentro de mí y yo gimoteo. Es tan sensible. Casi dolorosamente.
Sus caderas se juntan con mi culo y se quedan ahí, presionando mientras
aprieta sus dientes perfectamente rectos y se derrama dentro de mí.
Permanecemos así durante unos instantes: sus caderas aún se agitan contra
mí mientras las últimas olas de su orgasmo lo bañan, mi pecho sube y baja
rápidamente. Se retira de mí lentamente y mi agujero protesta. Ya puedo sentir el
ligero ardor y el vacío total. Gimoteo: —Odio cuando no estás dentro de mí—. Y
entonces me pongo rígido al darme cuenta de que lo he dicho en voz alta. Sus ojos
se dirigen a los míos y me frota el pulgar en el agujero de forma relajante. —Quizá
te consiga un tapón o algo así—, responde, más suave que nunca.
—¿Un tapón? — Mis ojos casi vuelan de mi cabeza.
—¿No quieres que te llene de mi semen y luego te tape el agujero?
Podríamos ir a una fiesta y nadie sabría que técnicamente sigo dentro de ti—.
Sonríe con cariño.
Carajo, qué mierda. Me incorporo y salgo de la cama para, con suerte,
esconderme en el baño, pero me detengo bruscamente cuando algo me hace

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cosquillas en el interior del muslo. Arrastro la mano por la zona y lo encuentro


mojado con su semen.
—Inclínate.
—¿Qué? — Grito.
—Agáchate, con las manos en el sofá. Quiero verlo.
—Pero...
—Es mío y quiero verlo—, exige. Así que lo hago. Me inclino y él me separa
los muslos. El cuello me tiembla con escalofríos de vergüenza: estoy en plena
exhibición, con mi polla gastada colgando descaradamente entre las piernas y mi
agujero embarrado de semen y lubricante. Me agarra las dos mejillas con firmeza,
separándolas, y miro por encima del hombro para ver qué está haciendo.
Se queda mirando, observando cada centímetro, como si fuera un cuadro de
Picasso o algo así. Me retuerzo para zafarme de su agarre porque no puedo más y él
se ríe.
—Está todo rojo e hinchado como tus labios—. Canturrea.
Mis cejas se disparan y, mientras camino a toda velocidad hacia el baño, le
pregunto: —¿Siempre eres tan... sucio como ahora?
Estira los brazos por encima de la cabeza, haciendo que sus músculos se
abulten y ondulen. —No, sólo contigo, ángel. Supongo que me siento cómodo
contigo.
Tiene sentido después de tantos años de amistad, supongo.
—Y me gusta cómo te pones rojo por todas partes. Es gracioso porque ni
siquiera te das cuenta de lo sucio que eres.
Me encojo al recordar el desastre que era hace unos minutos. Agarro un
trapo y lo paso por agua caliente antes de limpiarme con él, asegurándome de que
no me vea. No es que importe. Preparo otra toalla y me acerco a Liam, que está
encendiendo un porro. Extiende el brazo para quitármelo, pero me echo hacia
atrás. —Quiero hacerlo.
Una amplia sonrisa ilumina su rostro. —De acuerdo, ángel—. Me observa
todo el tiempo que le limpio su suave polla, y luego me quita el trapo y lo tira al
cesto. Me desplomo en la cama sin contemplaciones y me acurruco a su lado,
inhalando su olor ligeramente sudoroso y varonil; el agotamiento hace que todas
mis preocupaciones habituales desaparezcan mientras me aferro a él.
—A mí tampoco me han gustado nunca los abrazos—, retumba,
interrumpiendo la calma.

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—Siempre nos hemos abrazado, pero con la ropa puesta—, murmuro a su


lado.
—Me gusta cómo me hablas en voz baja cuando estamos solos.
No sé por qué siempre adopto una voz ligeramente infantil cuando estoy
cerca de él, y es un poco embarazoso. Me aprieto más a él de lo humanamente
posible, escondiendo mi cara en su axila, y me quedo dormido sin más.

—Tu pelo está bien, Teddy. Sólo vamos a casa de Dame; no hace falta que te
pongas elegante.
Me alejo del espejo y me acerco a la puerta para ponerme los zapatos. —Es la
primera vez que alguien nos verá... como pareja—, murmuro la última parte.
Él se burla. —Damon y Ben ya lo saben. Ant es el único que no lo sabe, a
menos que Ben se lo haya dicho.
—No lo ha hecho.
—En ese caso, Ant puede estar un poco cabreado, pero da igual.
Últimamente está muy irritante—, reflexiona Liam.
Me pongo de pie y miro al objeto de mi deseo obsesivo. Va vestido con unos
vaqueros negros que le caen por las caderas y una camiseta que le cubre los
pectorales. Lleva su reloj de oro y sus largas rastas están sueltas. Está jodidamente
bueno.
—Estás tan jodidamente bueno, Liam—, digo antes de poder detenerme.
—¿Ah, sí? Puedes agradecérselo a mi madre—. Sonríe. Y esa simple
afirmación hace que el pánico me atraviese.
—Hablando de la Sra. Janet.
La sonrisa cae de su cara mientras agarra su skate. —¿Tenemos que
decírselo? —, gruñe.
—Quiero decir, yo no quiero más que tú. Pero tenemos que hacerlo en algún
momento. No podemos ser dos compañeros de piso solteros para siempre; se dará
cuenta antes de lo que crees.

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Bailey Nicole Worthless Boys

—Para siempre, ¿eh? Me gusta cómo suena eso.


Agarro mi skate, y simultáneamente las dejamos caer al suelo y nos ponemos
en marcha. Patinar junto a Liam es una de mis cosas favoritas, ya que tenemos una
buena relación de velocidad y habilidad. Es algo que siempre nos ha unido, es como
una segunda naturaleza para nosotros.
El aire cálido de la tarde nos golpea en el pelo y vamos a un ritmo tranquilo
durante todo el camino. Cuando llegamos, no nos molestamos en llamar a la
puerta, simplemente entramos. Dudo que lo oigan por la música a todo volumen
que suena en el apartamento. Además, es una buena canción: "Lydia" de Highly
Suspect.
La euforia me inunda y una enorme sonrisa me parte la cara por la mitad. Ya
no es habitual tener a toda la pandilla reunida en un mismo lugar, ya que todos
estamos muy ocupados con la universidad, el trabajo y la vida. Veo a Ben tumbado
en el sofá tras una espesa nube de humo rojo procedente de las luces LED, con una
sonrisa de bobo pegada a la cara. Me apresuro a acercarme a él y me dejo caer en su
regazo; inmediatamente me rodea con sus brazos desde atrás y apoya su barbilla en
mi hombro. Menos mal que Damon ha superado su estúpido problema de celos
porque nunca dejaré de actuar así con Ben. Somos así.
Obviamente, soy el blando del grupo.
Liam nos sacude la cabeza y se dirige a la nevera para agarrar una cerveza.
Al poco tiempo, todos estamos amontonados en los sofás y nos pasamos un
canuto. Damon y Liam están sentados juntos, probablemente hablando de trabajo,
que es como un idioma diferente para mí, así que no les prestó atención, y Ant está
junto a mí y Ben. Me fijo en el hematoma que apenas tiene en la mejilla y me
preocupa. —¿Vas a explicar a qué se debe eso? — Pregunto, señalándolo.
Él frunce el ceño con enfado.
—Sí. Por favor, compártelo con la clase, hombre—, interviene Liam.
Ant se frota las manos por la cara. —Jasper es un puto imbécil. Eso es todo.
—Quiero decir que definitivamente puede serlo, pero ¿qué te ha hecho? Ni
siquiera sabía que eran amigos—, dice Damon, sonando tan confundido como nos
sentimos todos.
—No lo somos—, refunfuña agitadamente, luego se levanta y toma el vodka
de la mesa y lo vuelca en su garganta.
Ben y yo nos miramos al mismo tiempo, con la sorpresa escrita en nuestros
rasgos. Está completamente alterado y es muy diferente a su forma de ser habitual.
Es el más fiable, el más tranquilo e inteligente de los dos; las cosas no suelen
afectarlo así.

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Bailey Nicole Worthless Boys

—¿Has dormido últimamente, amigo? — le pregunto, notando sus ojos


inyectados en sangre y las bolsas oscuras que los rodean.
Se burla. —Lo único que hago es trabajar e ir a la escuela. Apenas puedo
dormir. Y no ayuda que...— Se detiene en seco cuando se abre la puerta principal.
Y adivinen quién nos honra con su presencia. Jazz, que lleva un delineador
de ojos negro, como yo, y, maldita sea, le queda bien. En cuanto sus ojos
encuentran los de Ant, una sonrisa malvada se extiende por su cara y el ceño de Ant
se frunce. Se va corriendo y abre la puerta corredera del balcón llevándose la
botella de vodka. Ben se levanta y se precipita tras él.
—¿Qué has hecho esta vez, Jazz? — exige Damon como si estuviera hablando
con un niño.
Él levanta las manos en un gesto de aplacamiento. —En realidad no es
asunto mío contarlo. Es un niño grande, estará bien. No se preocupen en sus
bonitas cabezas—, dice sarcásticamente. —Gente alterada. Caramba.
Todavía no lo conozco muy bien, pero sí sé una cosa: es el tipo de hombre
que siempre me ha intimidado. Es un hombre de los que no tienen rival. Los chicos
y las chicas lo desean, y él se los coge a todos. Su familia es probablemente la más
acomodada de todos nosotros, así que siempre se viste muy bien, y puede que sea
un rumor, pero he oído que tiene un piercing en la polla. Hago una mueca al
pensarlo.
Ocupa el lugar que Ant acaba de dejar libre a mi lado.
—¿Es cierto que tienes un piercing en la polla? — Le pregunto enarcando
una ceja.
—¡Teddy! — reprende Liam.
—¿Te gustaría verlo? — Jazz sonríe. Pensaba que Liam tenía las sonrisas más
espeluznantes, pero este tipo parece un vampiro o algo así con su piel pálida como
la nieve y su rostro de ángulos pronunciados. Se agacha para bajarse la cremallera
de los pantalones.
—No. No. No. Estoy bien, solo me preguntaba, no tienes que enseñármelo—,
digo rápidamente.
—Definitivamente está perforado, lo he visto con mis propios ojos—, dice
Damon.
Liam no parece muy contento con el rumbo de esta conversación, así que le
sonrío disculpándome y encogiéndome de hombros. —¿Qué? Sólo tenía curiosidad.
—La curiosidad mató al gato, y tú eres como un gato, ¿no? Pequeño y lindo,
protegido de todo el mundo—, reflexiona Jazz, hasta que sus ojos se posan en la

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Bailey Nicole Worthless Boys

mueca de Liam. —¡Oh! ¿Me he perdido algo? ¿Tú y él?—, pregunta, mirando entre
nosotros.
Me quedo con la boca abierta de asombro. —¡No soy como un gato! Y sí. Ese
es mi novio—. Es la primera vez que digo las palabras en voz alta y una pequeña
sonrisa se dibuja en mi cara.
Liam se inclina hacia delante, apoyando los codos en las rodillas, mirando a
Jazz a los ojos. —Sé que estás acostumbrado a conseguir lo que quieres, pero no lo
vas a conseguir. Te sugiero que no vuelvas a hablarle así, ¿de acuerdo?
Aunque Liam intenta mostrarse tranquilo y amistoso con todo el asunto, es
muy obvio que no se anda con chiquitas. Su rostro es de piedra, sus cejas en una
línea dura.
Los labios de Jazz se curvan en otra sonrisa siniestra. —Oh, no tienes nada
de qué preocuparte, hombre. Tengo la vista puesta en otro lugar actualmente.
—Genial—, dice Damon con sarcasmo. —¿Quién es tu nueva víctima?
Jazz se agarra la barbilla en un flujo de pensamiento. —Hmm. Así que hay
un tipo. Me dio un puñetazo en la cara el otro fin de semana.
Jadeo, —¡Ant ni siquiera es gay!
El jodido loco se ríe como si hubiera una broma en la que no estoy metido.
—¡Por el amor de Dios, Jazz! Déjalo en paz. Juega tus juegos con otra
persona—, gime Damon.
Jazz sacude la cabeza, claramente divertido. —Supongo que no les ha
contado a ninguno de ustedes lo que ha pasado. Entonces me lo guardaré para mí.
Miro a Liam y me encuentro con que ya me está mirando, y debe de haberse
desentendido de la conversación porque la forma en que me mira es cualquier cosa
menos amistosa. Es una locura cómo puede hacer eso, cómo puede hacer que el
fuego lama mis venas desde el otro lado de la habitación con una simple expresión
facial.
Siempre me ha recordado a un león, con sus ojos angulosos y sus fuertes
pómulos. Su melena y su forma de comportarse, con la cabeza jodidamente alta.
Cualquiera podría sentir el dominio que emana constantemente de él.
Me humedezco los labios mientras mi corazón empieza a acelerarse. Deseo
que se abalance sobre mí y me ataque ahora mismo delante de todos.
La puerta corredera de cristal se abre de golpe y Ant entra pisando fuerte,
con cara de pocos amigos.
—Me voy—, es todo lo que dice antes de irse por la puerta principal. Jazz se
burla a mi lado.
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Bailey Nicole Worthless Boys

Liam se levanta y se bebe el resto de su cerveza. —A pesar de lo


esclarecedora que ha sido esta noche, T y yo también nos vamos a ir.
Me levanto rápidamente y me dirijo a Ben, que parece que acaba de ver un
fantasma, y le doy un fuerte abrazo. —¿Está bien? — susurro.
—No lo creo—, murmura.
Es muy inquietante ver a Ant así. Sólo espero que lo que sea que esté
pasando se arregle pronto. Todos le necesitamos.

99
Bailey Nicole Worthless Boys

Quince
Liam

Maldita sea, estoy agradecido de haber salido de allí. Es curioso que T


pensara que íbamos a ser el centro de todo el drama esta noche. Supongo que nadie
estaba realmente sorprendido por nosotros. No puedo creer que haya estado tan
jodidamente ciego todo este tiempo. Pensando en las cosas, parece que debería
haber sido obvio. La única razón que se me ocurre de por qué no me di cuenta es
porque pensé que era normal. Nuestra amistad excesivamente estrecha me
convenía porque quería que fuera así.
Ha sido un pequeño chihuahua constantemente bajo mis pies durante los
últimos diez años o más, el único que ha lidiado con mi mierda voluntariamente
durante todo ese tiempo.
No creo que nadie pueda detectar una sola vulnerabilidad en mí hasta que
me vean con Teddy cerca.
Salir en pareja esta noche fue revelador. Siempre he tenido una especie de
satisfacción enfermiza al saber que no importa con quién estemos, siempre soy la
persona más importante para él. Lo conozco mejor que nadie. Pero ahora es aún
mejor. Esta noche, mientras lo veía sonreír y reír con nuestros amigos, sólo podía
pensar en la forma en que tomó mi polla la noche anterior. Cómo perdió todo el
control y quedó completamente a mi merced. Nadie había hecho eso por él antes, y
nadie podría hacerlo nunca.
—Ángel—, grito, llamando su atención mientras vuela delante de mí en su
skate. —Vamos a hacer algo. No quiero ir a casa todavía. Vamos a la playa.
Ladea la cabeza hacia mí. —¿Quieres ver mi lugar secreto?
Sonrío. —Seguro que ya lo he visto, pero vale.
Su cabeza rizada se mueve de un lado a otro y sé que está poniendo los ojos
en blanco.
—Si te llevo allí, tienes que prometerme que no se lo contarás a nadie—, dice
con seriedad.

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Bailey Nicole Worthless Boys

—¿Con quién mierda voy a hablar, aparte de contigo? — Me río. No te


preocupes, T. No se lo diré a nadie.
Supongo que nuestro viaje acaba de hacerse más largo y el sudor ya hace que
mi camiseta se pegue a mi cuerpo de forma molesta, así que me la quito y se la tiro
a la cabeza. Se la arranca de la cabeza sin desviarse ni nada, y aun así se las arregla
para lanzarme una mirada amenazante. No deja de impresionarme lo bien que ha
llegado a patinar; le ha costado mucho más que a mí, pero no se nota al verlo ahora.
Mantiene mi camisa hecha una bola con su mano derecha durante el resto
del camino.
Finalmente, giramos por una calle bordeada de casas y, al final de la calle,
parece un callejón sin salida, pero él detiene su skate y la levanta del suelo.
—Tenemos que pasar por ahí—, dice, señalando hacia la izquierda, donde
hay un espeso bosque.
Frunzo el ceño, pero lo sigo de todos modos. El olor salado del océano me
llega a la nariz, así que sé que estamos cerca. Nos ilumina el camino con la linterna
de su teléfono y pronto atravesamos los árboles hasta llegar a un claro. Se queda
quieto, con una expresión de esperanza en su rostro mientras espera mi respuesta.
Me acerco al pequeño acantilado y miro hacia el agua. Hay enormes casas al otro
lado de la costa, con muelles y barcos en sus patios. El agua está muy negra, sólo
iluminada por la luna que cuelga del cielo.
—¿Cómo has encontrado este lugar?
—No lo sé, supongo que por casualidad—. Se encoge de hombros
tímidamente. —Aquí es donde estuve todo el fin de semana cuando pensaste que
había desaparecido.
Me doy la vuelta y lo miro fijamente. —¿Dormiste en la puta playa todo el
tiempo?
—Yo también estuve borracho todo el tiempo. Tuve un momento de Jack
Sparrow—, afirma con naturalidad. Se acerca a una palmera aplastada que
sobresale del acantilado. Metiendo la mano bajo ella, saca una botella de vidrio
arenoso. —¿Por qué siempre se acaba el ron?—, dice con un acento pirata de
mierda.
—Eso es vodka—, digo sin palabras, arrastrando una mano por mi cara.
Se encoge de hombros y lo mete en su mochila. —Tengo que acordarme de
tirar esto. Ten un poco de imaginación, Liam—. Se ríe.
Cruzo los brazos sobre mi pecho desnudo. —T, yo habría dejado el hotel
durante el fin de semana y me habría quedado en casa de Dame para que no
tuvieras que dormir en la playa. Eso es jodidamente ridículo.

101
Bailey Nicole Worthless Boys

—Me gusta este lugar. Vine aquí porque sabía que nadie podría
encontrarme, nadie podría molestarme—. Señala la palmera. —Dormí justo ahí.
—¿Bajo el árbol? — Pregunto, confusa.
—No. Sobre el árbol.
—¿Cómo... cómo mierda puedes hacer eso? Tu espalda debió estar
matándote.
—Para nada, no fue tan malo—. Se encoge de hombros.
Es un bicho raro. Mi bicho raro.
—Bueno, ¿qué te parece? ¿Te gusta? Nunca he traído a nadie aquí antes—,
murmura, metiendo las manos en los bolsillos.
Asiento con la cabeza. —No se lo enseñes nunca a nadie más.
—No pensaba hacerlo. No quiero desperdiciar este lugar, porque estoy
bastante seguro de que estamos invadiendo el terreno ahora mismo—. Se ríe.
Busco en el bolsillo mi paquete de cigarrillos y saco un porro. Prendo y le
hago señas con un dedo para que se acerque a mí. Lo agarro por la garganta y le
acerco la cara a la mía. Su respiración se agita al verme dar una larga calada al
porro. Apoyando mis labios en los suyos, soplo el humo en su boca. Introduzco mi
lengua entre sus labios, arrastrándola perezosamente. Su cara se afloja, sus piernas
se debilitan y se derrite contra mí.
Puedo paralizarlo con sólo un beso. La idea se instala en mi pecho y me hace
erguirme.
Con un rápido movimiento, lo levanto y él me rodea con las piernas al
instante, aferrándose con fuerza. Nos bajamos a la arena, de modo que él queda
firmemente plantado en mi regazo.
—Quítate la camiseta. Quiero ver esas tetas de oro—, le ordeno.
Gime y se tapa la cara. —¿Por qué dices esas cosas?
—Porque mira qué caliente te pones—. Arrastro mi mano por su entrepierna
y presiono su polla dura como una roca detrás del material.
—No puedo creer que esto esté sucediendo realmente—, respira.
Le bajo la cremallera del pantalón, liberándolo y tomándolo en mi mano. —
¿Esto no es lo suficientemente real para ti, ángel? — Sus caderas se mueven
automáticamente hacia delante y un gemido sale de sus dulces labios. Soltándolo,
me inclino hacia atrás, plantando mis manos en el suelo detrás de mí. —Tócame
como siempre has querido.

102
Bailey Nicole Worthless Boys

Él mira mi forma expuesta debajo de él. Sus ojos recorren mi piel antes de
inclinarse vacilante hacia delante. Pasa la palma de la mano abierta desde mi
esternón hasta la franja de pelo que hay bajo mi ombligo, y sigue recorriendo con el
dedo los pronunciados músculos que desembocan en mis vaqueros. —Eres tan
jodidamente perfecto, es una locura que alguien pueda tener este aspecto, como un
Dios o algo así.
Me burlo. —Lo dices tú. Tú eres el ángel. Yo soy un puto mortal a tus pies—.
Sus ojos se abren cómicamente. —¿Cuándo vas a ver por fin el poder que tienes
sobre mí?
Se lanza hacia delante, aplastando sus labios contra los míos
apresuradamente. Lo dejo tomar la iniciativa. Se mete el inferior en la boca,
lamiendo y mordisqueando. Sus caderas se balancean contra las mías, buscando la
fricción, así que me desabrocho los pantalones y alineo nuestras pollas. Él detiene
su asalto a mis labios y yo llevo mi mano a su boca. —Lame. Haz que se moje, para
que pueda hacernos sentir bien—. Sus mejillas se calientan, pero cierra los ojos y
arrastra la parte plana de su lengua por mi palma. Se pierde en ella, lamiendo de
arriba abajo y de un lado a otro. Retiro mi mano y la envuelvo con fuerza alrededor
de nuestras pollas, acariciándolas lentamente.
Se balancea encima de mí, girando las caderas, con la cabeza inclinada hacia
atrás, extasiado. Lo observo con los ojos entrecerrados y me pregunto cómo he
podido tener tanta suerte. La forma en que la luz de la luna se filtra a través de su
pelo como un halo dorado: parece un cuadro. Sus muslos comienzan a temblar a
mis lados, indicando su inminente liberación. Aprieta los ojos con más fuerza. Miro
hacia abajo y dejo que la saliva caiga de mi boca sobre las cabezas redondas de
nuestras pollas, y la utilizo para deslizar mi mano hacia arriba y hacia abajo más
rápido. Los gemidos salen de sus labios y aprieto los dientes con fuerza, dejando
que los mios se cierren cuando el placer alcanza su punto álgido. Unas manos
suaves me sacan de mi aturdimiento cuando Teddy me acaricia la cara y presiona
sus labios contra los míos. Me besa como si fuera el último beso que me diera:
suave y reverentemente. Un gemido ahogado sale de mi garganta cuando me arrojo
al borde y me libero por toda la mano. Teddy gime con fuerza en mi boca abierta y
jadeante mientras se libera también. Su semen se mezcla con el mío mientras
arrastro mi mano perezosamente sobre nuestras sensibles pollas. Mete la cabeza en
mi cuello, intentando calmar su acelerada respiración. Mis brazos lo rodean,
sujetándolo con fuerza mientras me inclino hacia atrás, tumbándome en la arena
que hay debajo de nosotros.
Su peso sobre mi pecho es tan relajante como el cielo índigo que nos cubre
desde arriba. La respiración de Teddy empieza a estabilizarse y la mía también,
pero el corazón me retumba dolorosamente en el pecho. Lo aprisiono entre mis
brazos tan fuerte como puedo, de repente consumido por sentimientos mucho más
pesados de lo que estoy acostumbrado.

103
Bailey Nicole Worthless Boys

Tengo que protegerlo. Tengo que mantenerlo a salvo de toda la mierda de


este mundo cruel.
Se merece sentirse siempre así: necesitado y deseado. Alguien tan puro y
etéreo como él debería ser atesorado y elevado por encima de cualquier otra cosa.
Me comprometo en silencio a hacer eso por él para siempre.
—Vamos, ángel. No quiero dormir en la playa, vamos a casa—, murmuro.
—Pero está tan lejos—, gime suavemente, acercándose a mi cuello.
—Entonces será mejor que nos pongamos en marcha—. Le doy una palmada
en el culo con la mano limpia y lo empujo juguetonamente. Se despega de mí y se
pasa una mano por la cara agotado.
Me dirijo a la orilla y me enjuago las manos y la cara rápidamente. —El agua
está muy fría, te despertará.
Él gime: —Vámonos.
Resoplo ante su malhumor y agarro mi skate, siguiéndolo. Cuando llegamos
a la acera, deja caer el skate al suelo y nos ponemos en marcha. Patina como si se le
encendiera el fuego bajo el culo, y yo le sigo a la misma velocidad.
Cuando llegamos al hotel, estamos sudados, pegajosos y jadeantes. En
cuanto abro la puerta, el aire frío nos golpea y suelto un suspiro.
—Quítate los zapatos fuera, no vayas a meter arena—, le recuerdo.
Pone los ojos en blanco. —No me atrevería, Liam.
Nos quitamos los zapatos y eliminamos la arena que queda en ellos antes de
meterlos dentro. Me dirijo directamente a la ducha. —Vamos—, le digo.
—¿Quieres que nos duchemos juntos? —, pregunta dubitativo.
—Sí, vamos. Estoy listo para dormir.
—Yo también, pero eso hará que se alargue aún más porque no podré
quitarte las manos de encima.
—No te preocupes. Tengo suficiente autocontrol para los dos—, le aseguro.
Me sigue, murmurando algo sobre lo malvado que soy, y empieza a quitarse
la ropa. Pongo el agua al máximo y me meto primero, y cuando me doy la vuelta,
me encuentro a T mirándome con los ojos muy abiertos.
—Nunca me acostumbraré a poder mirarte así—. Suspira.
Mi polla está medio dura y pesada entre las piernas, así que la agarro con
firmeza y le doy una larga caricia. —¿Qué tal así?

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Bailey Nicole Worthless Boys

Se queda con la boca abierta en un gemido: —Eso no es justo—. Se mete en


la ducha, e inmediatamente agarro el jabón y empiezo a lavarlo, sin perder el
tiempo. Sus ojos me lanzan dagas cuando me paso un poco de tiempo alrededor de
su culo, enjabonando su pliegue con dos dedos.
Ignorando sus frustraciones, me lavo con rápida eficacia mientras él me
observa embelesado, con su labio rojo oscuro firmemente sujeto entre los dientes.
En cuanto termino, cierro el grifo y le doy una toalla. Nos secamos al mismo tiempo
y puedo ver el cansancio en sus ojos. No se molesta en ponerse la ropa y se acuesta
boca abajo bajo las mantas, con una pierna pegada al pecho. Me meto en la cama,
meto mi pierna bajo la suya y veo cómo se duerme. Los suaves ángulos de su cara
se relajan y sus mejillas se hinchan, haciendo que parezca que hace un mohín. No
puedo evitar sonreír al verlo.
Mi jodido ángel dorado.

105
Bailey Nicole Worthless Boys

Dieciséis
Teddy

Hace tiempo que no hablo con mi madre. Meses.


La mudanza de su casa ha sido gradual. Nunca me acerqué a ella y declaré
oficialmente que me iba. No. Comenzó hace años, cuando conocí a Liam.
Rápidamente pasé de salir sólo a patinar después de la escuela, a quedarme en su
pequeña habitación de hotel todos los fines de semana. Era difícil para mí porque
sabía que se los estaba imponiendo a él y a su madre, pero esa sensación era mejor
que la que tenía en casa.
Por aquel entonces, cuando los minutos se acercaban al toque de la campana
final, que indicaba el fin de la jornada escolar, la mayoría de los niños estaban
entusiasmados por volver finalmente a casa. Preparaban sus mochilas antes de
tiempo, molestando al profesor al interrumpir el silencio de la clase con el odioso
sonido de las cremalleras y los libros al cerrarse.
Yo lo temía; mi estómago se hundía en un pozo negro de ansiedad. Era
físicamente doloroso y muy agotador después de días y años de lidiar con ello.
Estaba constantemente agotado por estar al límite. Aprovechaba cualquier
oportunidad para no volver a casa, o al menos para aplazarla. Así que, cuando
conocí a Liam, por supuesto que me aferré a él como a un salvavidas porque eso es
lo que era para mí. Mi última esperanza.
Mi madre trató de jugar a estar molesta al principio. Me preguntaba dónde
había estado y con quién. Me decía que debía estar mintiendo porque no tenía
amigos. Me castigaba. Aunque mis castigos eran su forma de utilizarme como su
esclavo personal. Frega todos los azulejos de la cocina con este cepillo de dientes.
No es suficiente. ¿Eres jodidamente estúpido o crees que lo soy? Hazlo de nuevo. Y
otra vez. Y otra vez.
Ella se sentaba allí borracha y drogada con cocaína y me miraba fregar
durante horas, y yo tenía que mirar sus ojos inyectados en sangre y su rostro
relajado y mostrarle respeto. No se lo merecía, pero lo hacía de todos modos. De
joven aprendí rápidamente que lo mejor que podía hacer era no decir nada en
absoluto. Sí, señora. No, señora. Eso era todo. No importaba que fuera la una de la
mañana y que tuviera que levantarme para ir al colegio en unas horas. No

106
Bailey Nicole Worthless Boys

importaba que tuviera que hacer los deberes, simplemente tendría que hacerlos
antes o después de clase.
Llegar a casa terminaba en dolor y quedarse fuera también terminaba en
dolor; era un ciclo agotador. Sin embargo, con el tiempo, pareció empezar a
ignorarme por completo. Creo que se dio cuenta de que si nunca estaba en casa, su
vida era más fácil de alguna manera. Fue entonces cuando se puso mucho peor. Los
hombres empezaron a entrar y salir, y tuve que preocuparme por su seguridad y la
mía. Es muy extraño detestar a alguien pero preocuparse instintivamente por su
seguridad, un pequeño tirón que se siente constantemente en el fondo de tu mente,
por mucho que quieras que desaparezca. ¿Cómo podía seguir preocupándome por
alguien que me hacía desear no haber existido nunca?
Muy pronto, los fines de semana en casa de Liam se convirtieron también en
noches entre semana, y durante el verano, prácticamente vivía allí. Pasaba todo el
tiempo que podía durante el día y también las noches. Es la razón por la que acabé
saliendo tanto de fiesta. Me colaba en cualquier fiesta y me quedaba toda la noche o
me iba a casa de alguien y dormía allí. Ese estilo de vida siempre me ponía en
situaciones incómodas, pero me hacía sentir mejor porque molestaba menos a
Liam y a su madre. Ellos no pidieron un niño perdido al que cuidar, pero su madre
me trataba como si fuera suyo de todos modos.
Liam fue la única razón por la que aguanté; odio pensar en lo que habría
hecho si él no hubiera estado a mi lado en todo momento.
Lo miro desde mi lugar en su pecho. Me invade un abrumador sentimiento
de gratitud que me aprieta el corazón y le planto un beso en la comisura de los
labios.
—Creo que es hora de ver cómo está mi madre—, murmuro sin querer
decirlo.
Él estrecha su mirada hacia mí con preocupación. —No creo que debas
hacerlo, ángel. Ya sabes cómo va a ser.
Trago con fuerza, tratando de humedecer mi garganta que se seca
rápidamente. —Lo sé, pero necesito asegurarme de que, como mínimo, está viva.
No tienes que venir conmigo—. Me despego de su calor de mala gana y me dirijo al
armario, sacando ropa. Cuando me doy la vuelta, la espalda de Liam está apoyada
en el cabecero, con los brazos cruzados sobre el pecho. Sus músculos pectorales
parecen aún más grandes cuando hace eso. Me relamo los labios y empiezo a
ponerme la ropa.
—Voy a ir contigo—, dice con firmeza.
—Está bien, de verdad...

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—Para—. Me detengo saltando torpemente dentro de mis jeans ajustados,


casi cayéndome. —Voy contigo porque quién carajo sabe lo que te vas a acabar
encontrando en la casa de ese pedazo de mierda. Sé cómo te pones.
Mis ojos se abren de par en par y la sangre me sube por el cuello. Me encanta
cuando se pone así de gruñón y dominante. Asiento con la cabeza porque discutir
con Liam es inútil.
Tuvimos que tomar un autobús y patinar un poco para llegar a casa de mi
madre. En cuanto nos detenemos frente a ella, el aire húmedo y espeso se vuelve
sofocante sin el viento constante del monopatín. La cara de Liam se queda fija en la
casa en la que vive mi madre. No ha tenido la oportunidad de verla desde que ella
se mudó la última vez, y definitivamente es una monstruosidad. Me levanto la
camisa y me limpio el sudor de la frente para que no me caiga en los ojos y avanzo
con paso firme.
La casa es un poco más grande que un cobertizo. Es un estudio, así que sólo
hay una habitación grande y un baño. He visto algunos estudios bonitos, pero éste
se parece más a un montón de mierda. La hierba y la maleza casi me llegan a las
rodillas, y el hedor de la basura caliente y podrida asalta mi nariz a medida que nos
acercamos. Justo al lado de la puerta principal, hay bolsas de basura que han sido
destrozadas, probablemente por gatos o roedores callejeros, y su contenido está
esparcido por todo el patio.
A Liam se le debe erizar la piel y aún no hemos visto el interior. Un
escalofrío me recorre la columna vertebral cuando pruebo el pomo de la puerta y se
abre de golpe. Sacudo la cabeza con tristeza, un millón de malos pensamientos
pasan por mi mente en un abrir y cerrar de ojos. Cualquiera podría entrar. Podrían
violarla, golpearla, robarle. Vuelvo a tener esa sensación en la boca del estómago,
como si una mano con garras la hubiera agarrado, apretando dolorosamente.
El interior es mucho peor que el exterior. Jadeo con horror. Cada centímetro
cuadrado del suelo está cubierto de basura y ropa. El único mueble de verdad es un
colchón cubierto de manchas en el extremo de la habitación. Mis ojos observan las
innumerables jarras de vodka de plástico. Es la misma marca que siempre ha
bebido porque tiene la mayor cantidad de vodka por la menor cantidad de dinero.
Están por todas partes. Liam aparta la mierda de su camino sólo para revelar un
enjambre de cucarachas. Me dan arcadas, casi vomito, pero consigo tragarlo de
nuevo. El zumbido de lo que deben ser cientos de moscas es el único sonido en la
habitación.
—¿Qué carajo, T?—, dice Liam con la boca abierta.
—No sabía que se había puesto tan mal—, tartamudeo y me aclaro la
garganta.

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Sintiéndome un poco mareado por tratar de aguantar la respiración todo lo


posible, me aprieto las fosas nasales con los dedos. Respirando superficialmente
por la boca, lo sigo por detrás mientras se abre paso. Ella no está en la cama y la
puerta del baño está abierta de par en par, así que nos guía hacia ella.
—Mierda—, dice bruscamente, y se da la vuelta. —No mires.
—¿Qué quieres decir?
De todos modos, miro alrededor de su amplio pecho y veo su pierna cubierta
de hematomas envuelta en medias de red y tacones de 15 centímetros. Jadeo y me
llevo la mano a la boca, con el corazón golpeando mi caja torácica. Paso por delante
de Liam y la veo allí, tirada en el suelo mugriento, con la cabeza en un charco de
vómito. Mis ojos se nublan rápidamente de lágrimas mientras caigo de rodillas. —
M-mamá. Mamá—. Las palabras salen a borbotones de mi dolorida garganta. Me
inclino hacia delante y presiono con mis dedos la pálida piel de su cuello.
Está viva.
Me ahogo en un sollozo y me separo de ella. —Su corazón late—, resoplo y
me limpio los ojos. Liam me atrae hacia su pecho, presionando sus labios contra mi
pelo y haciéndome callar durante largos minutos hasta que dejo de temblar
incontroladamente.
—¿Qué hacemos? — pregunto, alejándome de él. Cuando mis ojos se posan
de nuevo en ella, me estremezco.
—Tenemos que intentar despertarla—, dice, sonando inseguro.
Se mueve a mi alrededor y pone los pies a ambos lados de su cuerpo,
agachándose. Empieza a sacudirla suavemente. Ella no se mueve, así que él dice su
nombre y se vuelve más enérgico. —Diana. Diana. Diana—. Cada vez lo hace más
fuerte.
Me quedo de pie inútilmente, mordiéndome un agujero en la mejilla,
sintiéndome más agradecido que nunca de que haya venido conmigo. No tengo
fuerzas para hacerlo, para levantar la voz y sacudirla violentamente. Le tengo
miedo incluso mientras duerme.
Tengo mucha hambre; siento que mi estómago se está comiendo a sí
mismo. Es el fin de semana, así que no puedo desayunar y almorzar en el colegio
como suelo hacer. Los demás niños hablan de lo asqueroso que es, pero yo no veo
nada malo en ello.
La desesperación me lleva a su puerta que ha estado cerrada durante los
últimos dos días. Puede que tenga comida ahí, tal vez algún McDonalds viejo o
algo así. Ya he mirado en todos los armarios de la cocina, usando una silla para
subirme a la encimera y ver en ellos. No hay nada. Normalmente hay al menos
arroz; sé cómo cocinarlo por mi cuenta, pero supongo que ya no hay nada.
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Mi corazón se acelera al girar el pomo. Está durmiendo, sus ronquidos me


hacen saber que probablemente no se despertará si hago demasiado ruido. En la
oscuridad, veo una bolsa de papel en la mesita de noche junto a su cama y se me
hace la boca agua. Atravieso la habitación de puntillas; la excitación me supera y
mi pie golpea algo, haciéndolo chocar contra la mesita de noche. El sonido de una
jarra de plástico.
Mamá se sobresalta de su sueño y alarga los dedos para rodear mi
muñeca. Sus uñas se clavan en mi piel y yo siseo de dolor. "Lo siento, mamá, sólo
tenía hambre", tartamudeo, apenas capaz de respirar.
Me aprieta más la muñeca, pero no me mira. Mira más allá de mí, hacia el
armario abierto del otro lado de la habitación. Se queda con la boca abierta,
asombrada. "Cariño, ¿qué es eso?", pregunta confundida.
El miedo me recorre la espina dorsal mientras sigo su mirada y estiro el
cuello para ver. "No es nada, solo tu armario", susurro.
Sus ojos se abren de par en par, asustados. "No, no lo es. No. No. Ve a
mirar".
Parece aterrorizada y eso hace que me asuste. Se me erizan todos los pelos
del cuerpo mientras doy unos pasos cautelosos hacia el rincón oscuro. Trago
profundamente y extiendo mi mano temblorosa, cerrando la puerta con un
suspiro de alivio.
"Ves, mamá. No es nada, está bien", la tranquilizo indeciso.
"Está ahí arriba", dice ella, señalando el techo. "Lo veo".
Miro hacia arriba y no veo nada.
"Agarralo", exige, con voz severa.
Oh, no. "Mamá, no soy lo suficientemente alto, no puedo llegar tan alto",
murmuro.
"¡Entonces ve a buscar una puta silla! Sácala de mi habitación!", grita, con
la cara torcida por la ira.
Jadeo y salgo corriendo de la habitación tan rápido como puedo. Agarro la
silla a la que me subí y la arrastro hasta su habitación. Es demasiado pesada y
estoy tardando demasiado. Se va a enfadar aún más. Me esfuerzo por llevar la
silla a su habitación rápidamente, pero cuando por fin vuelvo, está dormida de
nuevo.
Mis hombros se relajan y calmo mi respiración acelerada para que no se
despierte de nuevo. Cierro la puerta suavemente y arrastro la silla hasta la
cocina. El miedo me hace callar como un ratón mientras me dirijo a mi
habitación. Cierro la puerta y me tumbo en la cama, tapándome la cabeza con las
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sábanas. Todavía no es hora de dormir, pero si me acuesto ahora, ya no tendré


hambre.
Una tos fuerte y húmeda me devuelve al presente. Mi madre se agarra el
pecho mientras se levanta del suelo. Me tiembla el labio inferior y ya no me siento
aliviado, sino enfermo.
—Ya era hora—, le dice Liam. La agarra de la mano y tira de ella para que se
siente. —¿Qué demonios has estado haciendo, Diana?
Ella parpadea sin saber qué es lo que la rodea. —No sé qué ha pasado.
Recuerdo que llegué a casa del trabajo por la mañana... y eso es todo—, dice, con la
voz ronca.
Liam sacude la cabeza. —Tienes que ducharte—. Le señala los mechones de
pelo empapados de vómito.
Ella asiente con la cabeza. —Sí. Tienes razón.
Me aclaro la garganta. —¿Necesitas ayuda, mamá?
—Por favor.
Me apresuro a tirar de ella para que se ponga de pie y la guío en el estrecho
espacio para que se siente en el inodoro. —Tráeme un trago, Liam—, gime ella.
—¿Ya? — Se burla.
—Me pondré enferma si no bebo pronto, así que tráeme un puto trago o lo
haré yo misma—, grita, con una voz fría como el hielo.
Me estremece el tono, una respuesta automática que no puedo controlar.
Incluso ahora. Se da la vuelta, murmurando en voz baja, y rebusca entre los
montones de basura que hay cerca del colchón, buscando una botella en la que
quede algo. Abro la ducha dejando que el agua se caliente y le desabrocho los
tacones. Liam vuelve, agitando una botella en la mano. —Toma—, gruñe,
acercándosela a ella. Ella lo mira fijamente, pero la agarra de todos modos, la
destapa y se bebe el resto del contenido. Me sube la bilis a la garganta al ver cómo
bebe el vodka como si fuera agua.
Se da la vuelta y se apoya en la pared del exterior del baño. Mamá deja caer
la botella al suelo, y el sonido del plástico al chocar con las baldosas me hace
estremecerme de nuevo. Aprieto los dientes, tratando de alejar la sensación.
Se desprende del sujetador y se quita el tanga. Mantengo la mirada fija en la
pared para darle algo de intimidad. —Ayúdame a ducharme—, dice. Me inclino y
dejo que me pase el brazo por encima del hombro mientras su otro brazo le cubre el
pecho. Su piel es tan pálida que parece transparente y fina como el papel; puedo ver
la red azul de venas de su pecho y cada hueso de su caja torácica. Sobresalen con
fuerza, casi como si fueran a desgarrar la frágil capa de piel que lo cubre.
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El dolor me golpea en la parte posterior de los ojos, pero parpadeo y la


ayudo a entrar en la ducha. Se apoya en la pared, utilizándola como soporte. —Lo
tengo desde aquí, Teddy—, respira.
Trago saliva y asiento con la cabeza, dando los pocos pasos que hay que dar
para salir del estrecho cuarto de baño.
Liam arrastra su mirada sobre mí como si estuviera evaluando si tengo
heridas. Sin embargo, sólo están en el interior, y él lo sabe. Cuando me mira a los
ojos, su expresión severa se suaviza. Me agarra la cara con manos firmes y roza sus
labios con los míos. Cierro los ojos y me da un beso en cada uno de ellos.
—Voy a comprobar si tiene bolsas de basura e intentaré recoger un poco.
Puedes esperar fuera si quieres—, murmuro. Me mira como si fuera un estúpido. —
O puedes ayudar—. Me encojo de hombros.
Hay una pequeña encimera con un fregadero y dos armarios debajo de ella
junto a la puerta principal. Siempre los guarda bajo el fregadero y, por suerte, eso
no ha cambiado. Le doy uno a Liam y agarro uno para mí. Nos ponemos manos a la
obra, recogiendo la basura y tirando toda la ropa en una pila en la esquina de la
habitación. Todo está infestado de cucarachas y grito cada vez que una me toca la
mano. Es tan jodidamente desagradable, que no entiendo cómo puede vivir así;
nuestra casa siempre estaba impecable mientras crecía. Por suerte, es un espacio
pequeño, así que no lleva mucho tiempo. Hemos llenado un par de bolsas de basura
cada uno, así que a regañadientes las ponemos fuera con las otras arrancadas. Es
mejor que apesten aquí dentro.
El suelo está limpio, así que agarro la escoba y empiezo a barrer. Liam está
de pie en la puerta principal, dando una calada a un cigarrillo, girando
ansiosamente entre las puntas de los dedos un canuto. No estoy del todo seguro de
que haya visto tanto desorden en su vida, ya que tanto él como su madre son unos
maniáticos de la limpieza. Mamá sale del baño envuelta en una toalla. Parece
mucho más despierta, pero no viva. Deja escapar un "Oh" sorprendido mientras
cruza el umbral del baño.
—¿Tienes un trapeador? He visto cloro debajo del fregadero.
Se sienta en el colchón y arrastra un cepillo por su pelo rubio enmarañado.
—No, no hay un trapeador—, dice.
—No pasa nada. He visto una toalla que puedo usar—, murmuro y rebusco
entre la pila de ropa sucia. Cuando por fin la encuentro, me doy la vuelta y la veo
mirándome con ojos cansados. No parece avergonzada en absoluto. Eso me dice
todo lo que necesito saber: ha tocado fondo y no creo que se haya dado cuenta
todavía. Eso, o que no le importa. Lamentablemente, lo único que puedo pensar es
que me alegro de no tener que depender de ella para nada más.

112
Bailey Nicole Worthless Boys

Agarro el cloro y la echo directamente de la botella al suelo y tiro la toalla al


suelo. Me pongo de pie sobre ella y la arrastro por las baldosas con los pies. No es la
mejor manera de limpiar el suelo, pero es mejor que nada. Cuando llego a la puerta
principal, tiro la toalla a un lado y salgo al porche junto a Liam.
—Sólo vine a ver cómo estabas. ¿Qué vas a hacer el resto del día? — Pregunto
vacilante.
—Probablemente voy a volver a dormir. Tengo trabajo esta noche—, gime
mientras vuelve a apoyar la cabeza en la almohada.
—¿El mismo club?
—El mismo club—, confirma.
Asiento con la cabeza porque no hay nada más que decir en este momento y
cierro la puerta.
—Necesita un poco de ayuda, joder—. Liam suspira.
Agarramos nuestro skate y nos ponemos en marcha en dirección a la parada
del autobús. —No hay nada que podamos hacer. Es una mujer adulta y si no quiere
ayuda, no puede obtenerla. No podemos forzarla; eso no funcionaría de todos
modos.
Asiente con la cabeza. —Sí, lo sé. Nunca la he respetado por lo que te ha
hecho, pero sigue siendo una mierda ver a una persona tan hundida en la trinchera.
—Yo tampoco pensé que la vería así. Tal vez pueda ponerme en contacto con
algún familiar o algo así. No lo sé. Sólo quiero irme a dormir y olvidar que esto ha
pasado.
Gira la cabeza para mirarme y dice: —Ya lo resolveremos.
O bien soy la persona más mierda del mundo o así es como manejo los
traumas, pero a estas alturas. Quiero lavarme las manos y no volver a verla. Sería
más fácil que verla deteriorarse lentamente.

113
Bailey Nicole Worthless Boys

Diecisiete
Liam

—¿Ángel? — Susurro.
—¿Hmm?
—¿Quieres darle a este porro? — Se da la vuelta y se frota los ojos
adormecidos, luego extiende la mano a ciegas. Me río y se lo pongo entre los dedos.
Rodea el porro con sus labios rojo cereza e inhala profundamente. —¿Qué
hora es? —, ronca.
—Las ocho. Has dormido como siete horas.
Abre los ojos por completo y se pasa una mano por el pecho. —Maldita sea—,
dice sorprendido.
—Pero lo necesitabas.
Asiente con la cabeza y me doy la vuelta, apoyándome en su pecho. —
Mierda, qué pesado eres—, bromea.
Sonrío y le paso la lengua por el pezón, que se pone al rojo vivo. Me tira del
pelo para acercarme, así que lo ayudo y subo por su cuerpo. Separo sus carnosos
labios con mi pulgar y él lo atrapa, encerrándolo entre ellos. La sangre llega a mi
polla, haciendo que se engrose contra él. La chupa juguetonamente. Dejo caer mi
frente sobre la suya y saco el pulgar de su boca.
—No juegues así conmigo—, gimo.
—Oh... ¿realmente pensaste que eso era sexy? Pensé que era una cosa cursi
de estrella porno...
Presiono mis labios sobre los suyos y meto mi lengua en su boca,
arrastrándola de mejilla a mejilla como me gusta. Gime alrededor de mi lengua,
esta vez de verdad. Sus piernas me rodean y me acercan mientras frota su dura
polla contra la mía.
Rompo el beso y recorro con mis labios su mandíbula, bajo su cuello y le
pellizco la clavícula. Vuelve a encender el porro, e instintivamente sello mis labios

114
Bailey Nicole Worthless Boys

con los suyos, dejando que me pase el humo en la boca. Exhalo el humo sobre su
cuello, todavía húmedo con mi saliva. Él jadea y se acerca a la mesita de noche
poniendo el porro en el cenicero.
—Apuesto a que nunca me he sentido así con nadie más—, le susurro
acaloradamente al oído. Se le pone la piel de gallina y se estremece.
—Sabes que no—, gime, sus caderas se mueven hacia arriba en busca de
fricción.
—Lo sé, cariño—. Me vuelvo a sentar sobre mis piernas y deslizo sus
calzoncillos arco iris por sus piernas. —Ábrelas bien para mí—. No hay ninguna de
las habituales vacilaciones de él.
Le aprieto las pelotas, las acaricio y tiro de ellas, y presiono la boca en el
interior del muslo. Chupo y tiro de la piel con los dientes, lo bastante fuerte como
para dejar una marca. Sisea por el dolor que le produce el placer. Aunque es un
ángel, no me lo tomo con calma. Nunca lo haré porque sé que lo quiere todo. No
querría que retuviera el torrente de deseo que provoca en mí.
Suelto la piel magullada y desciendo hasta su cadera, arrastrando mi lengua
por la piel suave y dorada hacia su polla. Nunca había estado tan cerca de ella, ni de
ninguna otra polla. Pero no me importa; voy a hacer que se sienta increíble después
de hoy.
Lo está bloqueando todo, pero sé que hoy ha sido uno de los peores días de
su vida hasta ahora. Ambos lo recordaremos el resto de nuestras vidas, y me
gustaría poder quitárselo todo. Nadie debería tener que ver a su propia madre así;
no estamos hechos para ese tipo de mierda. Mis fosas nasales se encienden de rabia
sólo de pensarlo. ¿Por qué las peores cosas le ocurren a las mejores personas? Mi
ángel no se merece nada de esa mierda.
—Te la voy a chupar ahora, T—, le digo.
Él jadea: —¿Estás seguro?
Sonrío y lo agarro con la mano. La cabeza rosa oscura está goteando pre-
semen. —Siempre estás tan mojado para mí, ángel.
Sus cejas se levantan en señal de sorpresa y gime cuando cierro la boca en
torno a él. Hago girar mi lengua alrededor de la cabeza, centrándome en su raja y
en el punto sensible que hay debajo de ella. Sus piernas se cierran reflexivamente a
mi alrededor, encerrando mi cabeza entre sus muslos. Eso me impulsa a seguir
adelante, haciéndome tomar más profundamente. Deslizo mis labios por su pene
hasta que llega al fondo de mi garganta.
Gime y se retuerce debajo de mí mientras subo y bajo hasta que mis labios
llegan a su base. Me quedo ahí un momento para que mi garganta se adapte.

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Bailey Nicole Worthless Boys

—Oh, Dios mío, Liam—, grita, y siento que su polla se endurece y palpita
contra mi lengua como si estuviera a punto de correrse. Me retiro rápidamente y lo
aprieto con la mano, impidiendo que se corra.
—Todavía no, ángel. Yo también quiero comerme este coño.
Sus manos vuelan para cubrir su cara en un largo gemido, pero cede,
agarrando la parte trasera de sus muslos tirando de ellos hacia su pecho.
—Te encanta que te hable así, ¿verdad?
Se niega a mirarme a los ojos, pero tararea en señal de acuerdo. Me río
contra la carnosa piel de su culo y la atraigo entre mis dientes. Sus caderas se
levantan de la cama, empujándome hacia donde realmente me quiere. Entonces, le
doy lo que quiere. Arrastro mi lengua plana desde el fondo de su pliegue hasta la
parte superior.
Presiono mis labios contra su agujero, mordisqueándolo y lamiéndolo, y eso
lo vuelve loco. De sus labios surgen ruidos indescifrables y su culo me recibe con
cada empuje de mi lengua. A mi ángel de oro le encanta que le coman el coño.
Su agujero está blando, así que deslizo mi dedo junto a mi lengua trabajando
en él.
—Más, cariño. Dame dos—, me suplica. El cariño despierta algo en mí y le
doy lo que quiere. El segundo dedo sólo encuentra una ligera resistencia, pero creo
que le gusta el estiramiento porque gime de alivio. Lamo alrededor de su agujero
mientras meto y saco los dedos. Muevo los dedos dentro de él para alcanzar su
próstata, y mis rápidos movimientos lo aniquilan. Es un desastre de gemidos
debajo de mí, tirando de mi pelo hasta el punto de que le duele.
Me encanta, mierda. Completamente a mi merced.
Agarro mi propia polla con una mano, y con la otra sigo empujando dentro
de él, golpeando su punto una y otra vez.
—Córrete por mí, T—, gimo. Mi mano sube y baja por mi polla dura como
una roca y él sostiene la suya, dándole unos cuantos tirones antes de que el semen
salga disparado de su perfecta cabeza. Todo en él es tan perfecto.
—Te quiero... tanto—, gruño mientras mi clímax me golpea, haciéndome
caer. Me desplomo sobre su tonificado vientre mientras me desahogo sobre él. Sus
abdominales se ondulan debajo de mí con sus jadeos estremecedores. —Eres... lo
eres todo—, jadeo contra su piel sudorosa.
Levanto la cabeza para mirarlo. Está rojo por todas partes, desde el pecho
hasta el cuello, pasando por las mejillas y los hombros. Tiene los ojos vidriosos
mientras me mira a través de los pesados párpados.
—¿A qué te refieres? —, tartamudea, embelesado.
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Mis dedos siguen enterrados en su culo, pero los dejo allí, girándolos. Sus
piernas tiemblan en un gemido. —Quiero decir que voy a estar a tu lado hasta el
final de los tiempos. Nunca volverás a estar solo; nunca te librarás de mí.
—No quiero que te vayas nunca—, murmura, con un afecto desinhibido en su
tono.
Sus palabras me hacen calentar el corazón. Le creo, y es tan aterrador como
gratificante. Vuelvo a girar los dedos y los separo de él. Inclinándome hacia atrás,
inspecciono la zona. Su agujero es de un rojo intenso, a juego con las marcas que he
dejado en sus muslos con mis manos y mi boca, y unas cuantas manchas de mi
semen lo decoran allí. Un sonido de satisfacción retumba en mi pecho.
—Ugh—, gime. —¿Por qué siempre tienes que mirar? Es muy embarazoso—.
Su agujero se aprieta y se relaja con sus palabras.
—Me gusta ver lo que te hago. Me gusta saber que tienes estas marcas bajo la
ropa, que pase lo que pase, sigues sintiéndome.
—Raro—, se eriza, pero sus ojos están oscuros de lujuria.
Agarra su teléfono de la mesita de noche y empieza a hojearlo mientras yo
recojo las cosas para limpiarnos los dos. Una sonrisa de satisfacción se dibuja en mi
cara cuando él abre más las piernas y sigue mirando su teléfono mientras yo lo
limpio con un paño húmedo.
—¿Quieres ir a casa de Danny? Por lo visto, esta noche hay una gran fiesta—,
reflexiona sin compromiso.
Me tumbo a su lado en la cama y él se da la vuelta, colocando su pierna sobre
la mía, pegado a mi costado. —¿Es eso lo que realmente quieres hacer esta noche?
— le pregunto, sólo para estar seguro.
Mueve la cabeza contra mí. —No. No quiero moverme de este sitio. Ahora
que lo pienso, no creo que mis piernas funcionen de todos modos.
Le aprieto las nalgas con brusquedad y se balancea contra mí. —¿Así que eso
es todo lo que he tenido que hacer para que te quedes en un sitio durante más de
una hora? — Digo mientras sacudo la cabeza.
—Cállate—. Él bosteza. —Me vuelvo a dormir. Pon un programa que pueda
escuchar—. Su voz suave y somnolienta está en todo su esplendor.
Pongo los ojos en blanco. Siempre ha dormido con la televisión encendida.
Necesito que la habitación esté completamente negra cuando duermo, así que la
dejo encendida hasta que empieza a roncar ligeramente y la apago.

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—No creo que deba ir—, gime Teddy desde el sofá, con la cara blanca de
miedo. Acaba de pintarse las uñas de negro, y sus estrechos dedos están extendidos
mientras espera a que se sequen.
—Es solo un almuerzo, T. Estará de buen humor; siempre lo está después del
servicio dominical, ya lo sabes—, le recuerdo mientras me acomodo el reloj a la
muñeca.
—El servicio dominical fue probablemente un buen recordatorio para que
ella odiara a los homosexuales—, murmura en voz baja.
—Somos tú y yo para siempre, ¿verdad? — pregunto, clavándole la mirada.
—Sí.
—Entonces, ¿qué diferencia hay?
Muerde su labio inferior pensativo. No tengo intención de contarle lo
nuestro hoy, pero en algún momento tendré que hacerlo. Nunca he sido un
cobarde, y no voy a empezar ahora. —Vístete—, le digo y salgo.
El pequeño autobús escolar que utiliza la iglesia está aparcado y la gente se
ha reunido a su alrededor. Parece que están regalando mochilas llenas de material
escolar junto con el pan y las pastas que suelen repartir. No me había dado cuenta
de que la escuela estaba empezando de nuevo. Maldita sea, a dónde va el tiempo.
La mujer que vive en la habitación de al lado sigue a su hijo mientras
rebusca con entusiasmo en su nueva mochila que es casi del mismo tamaño que él.
—Vamos, Mikey—, le dice. —Puedes mirarlo todo cuando entremos.
—Bien—, dice dramáticamente.
Ella se da cuenta de que los miro y sonríe. —Este año va a empezar
preescolar—. Suspira.
Nunca he visto de buen humor al niño, pero su pelo rubio y salvaje me
recuerda al de Teddy. Asiento con la cabeza. —Parece que está emocionado. He
querido decírselo, no dude en avisarme si alguna vez somos demasiado ruidosos o
algo así.

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Me mira con aprecio. —¡Oh, para nada! Aquí todo el mundo es bastante
respetuoso, por suerte. El otro en el que estaba quedándome no era para nada así—
, hace una mueca.
—Sí, hay algunos lugares sombríos por aquí. Pero avísame si alguna vez
necesitas algo. ¿Quieres mi número? Trabajo mucho, así que sería más fácil
ponerse en contacto de esta manera.
Parpadea un par de veces. —Eh, sí. Claro. Vaya, lo siento. Es muy amable de
tu parte.
—No hay problema.
La puerta se abre detrás de mí y Teddy sale con la ropa más aburrida que lo
he visto nunca. Sacudo la cabeza y tecleo mi número en su teléfono.
Lo mira. —Gracias, Liam. Por cierto, soy Maddy.
—Encantado de conocerte, oficialmente. Recuerda, llámame si necesitas
algo.
Se despide de nosotros con la mano y lleva a su hijo a su habitación. —¿Qué
fue eso? — Teddy pregunta con curiosidad.
—Es una madre soltera y su hijo va a empezar el colegio este año. Pensé en
hacerle saber que estoy cerca si alguna vez necesita ayuda con algo—. Me aclaro la
garganta. —Hay algunas personas que están en mi memoria, personas que
ayudaron a mi madre cuando yo crecía en un hotel como él. Me cuidaban para que
ella pudiera tomar otro turno en el trabajo, o comprar cosas de la tienda para
nosotros. Probablemente les parecía tan insignificante en ese momento, pero
significaba todo para nosotros.
—Eres un blandengue—, se burla. —Me sorprende que le hayas tendido la
mano; ella debió hablar contigo primero—. Se ríe.
—Bueno, ésa es toda mi amabilidad por hoy—, digo, poniendo los ojos en
blanco.
—Será mejor que guardes algo de ese buen humor porque estamos a punto
de entrar en una tormenta de mierda de proporciones épicas.
—No tienes que cambiar tu apariencia por mi madre. Lo sabes, ¿verdad?
Puedes llevar toda tu mierda de colores, no importa lo que ella o cualquiera
piense—, digo.
—Normalmente no me importa, pero es tu madre. No quiero que me
odie...—, murmura.
—Teddy, no creo que nadie pueda odiarte nunca—. Lo miro directamente a
los ojos, para que vea lo mucho que quiero decir con esas palabras. Toda su vida ha

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luchado con esta mentalidad de autodesprecio, y no entiendo por qué. Seguro que
se metían con él cuando era un niño, pero eso es sólo porque los matones se
aprovechan de los que no se defienden. Nunca hubo nada malo en él, y nunca lo ha
habido. Actúa como si yo fuera tan perfecto; puedo decir que me pone en un
pedestal, pero estar a su lado me hace sentir pequeño. Nunca podría iluminar una
habitación de extraños como él, su compasión y empatía superan con creces las
mías, que son casi inexistentes. Siempre me ha inspirado para salir de mi
caparazón y ser lo mejor que pueda para él, y ahora eso abarca más que la amistad.
Nos acercamos al restaurante, un local de tacos al que llevamos yendo desde
que tengo uso de razón. La puerta está abierta de par en par y el aire del interior es
tan cálido como el del exterior. El gran ventilador industrial del fondo no ayuda
mucho a refrescar el lugar.
—Hola Liam—, grita la señora Gloria desde detrás del mostrador. —¡Oh!
Teddy también está aquí. Por supuesto—, dice bromeando.
—Hola, señora Gloria—, responde él con una brillante sonrisa mientras nos
dirigimos hacia la mesa en la que está mi madre.
—Ya era hora, Teddy—, le reprende mi madre antes de que pueda sentarse.
Sin embargo, lo mira con cariño.
—Lo sé. Lo sé. Lo siento—, chilla él.
—Hoy estás muy guapa, mamá. Llevas un vestido y todo.
Ella se ríe. —Los halagos no te ayudarán esta vez. Quiero saber qué han
estado haciendo que se han mantenido alejados durante tanto tiempo.
—¡Acabo de verte la semana pasada! — Exclamo exasperado.
—Mhm—. Ella tararea. —¿Y qué hay de ti? — Se vuelve hacia Teddy. Sus ojos
son duros de una manera que dice que no quiere más excusas de ninguno de los
dos.
Teddy se rasca la piel de las uñas debajo de la mesa, golpeando el pie
salvajemente. Abre la boca para decir algo y la vuelve a cerrar.
—Mamá, acaba de…
—¡Soy gay! —, me interrumpe, las palabras salen de su boca de forma
precipitada. Se me cae el estómago durante una fracción de segundo y me arriesgo
a mirar a mi madre. Se queda completamente quieta, con los labios fruncidos y las
cejas marcadas en una línea dura.
—Lo siento. Me voy a ir—, balbucea, y yo, por reflejo, lo agarro por el
hombro y lo empujo a su asiento. Su expresión de ojos abiertos es como un
puñetazo en las tripas y vuelvo a mirar a mi madre.

120
Bailey Nicole Worthless Boys

Se aclara un poco la garganta. —Supongo que ya lo sabías.


—Sí, señora—, digo, siendo respetuoso pero directo. A Teddy le tiembla la
mano donde se apoya en el muslo, y la palidez le ha chupado hasta el último gramo
de oro de la piel.
Mis cejas se fruncen de rabia. —¿Qué? ¿Cambia esto lo que sientes por él? Es
como un hijo para ti—. Permanece tensa y agarra su vaso de agua como si yo no
hubiera dicho nada. No me extraña que sea tan idiota. Bebe un par de sorbos y me
mira a los ojos.
—No vuelvas a hablarme así; soy tu madre—, dice con severidad. —Necesito
tiempo para procesar todo esto... todo esto.
Me burlo. —Entonces nos excusaremos—. Apretando los dientes para no
decir nada más, me levanto al mismo tiempo que Teddy. Sus ojos están
permanentemente clavados en el suelo mientras salimos del restaurante lleno de
gente: toda su luz de sol está ahora atenuada por las nubes de la tormenta, y eso no
me gusta una mierda. No me gusta en absoluto.

121
Bailey Nicole Worthless Boys

Dieciocho
Teddy

La Sra. Janet... es dura. Sé esto sobre ella. No es una persona que tome
decisiones precipitadas o diga cosas que no quiere decir. Tiene un aire dominante;
supongo que puede ser porque siempre ha sido una figura materna para mí. Tiene
ese mismo poder sobre mí, y lo utiliza como una cuchilla. Supongo que lo peor es
que no puedo saber realmente cómo se sentía, es desconcertante. Tanto ella como
Liam tienen máscaras impenetrables que se ponen con un chasquido de dedos. Lo
que sí sé, sin embargo, es que la reacción no fue buena. Las perspectivas de que me
acepte a mí o a nosotros parecen sombrías.
Lanzo un suspiro, sintiendo que me desinflo junto con él.
—Toma—, dice Liam bruscamente, entregándome un cigarrillo encendido.
Lo agarro con agradecimiento y le doy una profunda calada. — Ella entrará en
razón, T. Es imposible que no lo haga, y esto es algo que ya no cambiará nada
Miro el sol que se filtra entre las palmeras. Estamos de nuevo en mi lugar
especial. Me alejé de ese lugar tan rápido como pude, con Liam siguiéndome, y
acabé aquí. —¿No es así? Quiero decir que no fue la peor reacción posible, pero
definitivamente no fue prometedora.
—No me importa lo que ella piense. Soy un adulto, y no necesito su
aprobación—, dice uniformemente. Es una mentira. Puede que se haya convencido
a sí mismo de eso, pero sé que lo destriparía.
—Ella es la persona más importante para ti. Por supuesto, su opinión es
importante, Liam, y no te culpo por ello—. Digo, con mi expresión relajada y
tranquila, pero puedo sentir un peso de plomo hundiéndose en la boca del
estómago. No es nada nuevo, sin embargo... todo en esta situación ha sido precario.
Ni siquiera me parece real, tiene que haber sido una especie de sueño febril. ¿Liam
me quiere de la misma manera que yo a él? Ni siquiera suena bien en mi cabeza.
Se levanta, se quita la camiseta por encima de la cabeza y empuja los
pantalones hacia el suelo, dejando al descubierto kilómetros de piel morena
cubierta de tinta negra de tatuajes. —Puedes seguir diciéndote esa mierda o puedes

122
Bailey Nicole Worthless Boys

venir a nadar conmigo. Esta conversación no tiene sentido. He dicho exactamente


lo que quiero decir, y se acabó—. Se da la vuelta y baja hacia la orilla.
A veces es tan exasperante. Puede que quiera decir lo que dice ahora, pero
las cosas cambian. Lo bueno nunca dura, todo el mundo lo sabe. Sin embargo, hay
algo que se me queda grabado en la memoria: me defendió allí. Muchos chicos se
habrían escondido, pero Liam adoptó un tono con su madre que nunca antes había
oído de él. Me di cuenta de lo enfadado que estaba por mí; siempre ha sido así,
rápido para defenderme. Pero tengo que preguntarme si mantendría la misma
energía si su reproche estuviera dirigido a él.
Me froto las manos contra los ojos y me levanto de la arena, deshaciéndome
de mi ropa antes de ir tras él. El agua está lo suficientemente caliente como siempre
aquí abajo. Liam ya está completamente sumergido, muy lejos, hacia el centro del
cauce. Me sumerjo, atravesando el agua con elegancia y me impulso hacia él.
Cuando salgo a la superficie, me aliso el pelo de la cara.
—Ven aquí—, me exige, y por supuesto, obedezco al instante. Le echo los
brazos al cuello y lo rodeo con los muslos. Como era de esperar, se las arregla para
mantenernos a flote con poco esfuerzo. Es impresionante y sólo sirve para que lo
admire más de lo que ya lo hago. Lo miro a través de las pestañas húmedas. Es
impresionante la profundidad que tienen los ojos marrones a la luz del sol.
—Te dije que seríamos tú y yo hasta el final, y lo dije en serio—, dice, con un
tono de determinación que se hace más intenso. —No importa lo jodido que sea
nuestro camino, llegaremos a él.
Me inclino hacia atrás y le paso los pulgares por las cejas, limpiando las
gotas de agua que residen allí. —No puedes culparme por desconfiar de las cosas—,
respondo suavemente.
—Se supone que debes confiar en mí. Nunca te he hecho mal, nunca.
Tiene razón, como siempre. —Sí confío en ti—, murmuro, poniendo los ojos
en blanco.
—Entonces mantén la calma y estaremos bien—. La intensa mirada que me
dirige hace que se me agite la respiración y, en ese mismo momento, pega sus
labios a los míos. Sus grandes manos presionan mi espalda y nos acercan mientras
se desliza por el agua. Su beso es suave, pero no por ello deja de reclamar,
mordiendo mis labios, burlándose de mí. Todo se vuelve borroso en mi mente
mientras me pierdo en él.
Rompe el beso, enterrando su cabeza en mi cuello. — ¿Te haría sentir mejor
si me adelanto y me deshago de esto? Se lo diré ahora mismo. No quiero que esto se
interponga entre nosotros.

123
Bailey Nicole Worthless Boys

Me quedo con la boca abierta al darme cuenta. Realmente lo haría. Si dijera


que sí ahora mismo, la llamaría y se lo diría en este mismo momento.
Lo aprieto un poco más. —Creo que ya hemos tenido suficiente estrés estos
últimos días... podemos esperar por ahora.
Los problemas se han ido acumulando a nuestro alrededor últimamente, y
siento que me estoy acercando a otro punto de ruptura. No hay ninguna razón real
para provocar esto antes. El saber que él se lo diría a la primera de cambio es
suficiente para mí. Hay esperanza en eso, y se asienta firmemente en mi corazón
como una pequeña semilla. Tal vez, sólo tal vez, las cosas no son tan desesperadas
como siempre han parecido.

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Bailey Nicole Worthless Boys

Diecinueve
Liam

—Hace unos malditos mil grados aquí afuera—, se queja Damon. Después de
vivir aquí toda la vida, uno pensaría que ya estaríamos acostumbrados. —Estoy
convencido de que cada año hace más calor. El cambio climático es una mierda—,
continúa.
Me despojo de la camiseta que se me ha pegado como una segunda piel
durante las últimas horas. Todos los días me pongo una nueva a la hora de comer
porque se empapan muy rápido. Limpiamos la basura y cargamos en el remolque
de Luke las ventanas que retiramos de la casa del cliente mientras él discute con
alguien por teléfono. No se encuentra de humor y por supuesto el calor no ayuda a
su estado de ánimo.
—Muy bien, jefe. Nos vamos—, le dice Damon. Nos hace un gesto para que
nos vayamos, con las cejas fruncidas mientras se ocupa de la mierda que alguien le
está soltando por teléfono. Nos instalamos en el coche de Damon, que pone el aire
acondicionado a tope. Me aseguro de inclinarme hacia delante para que mi espalda
no se pegue al asiento de cuero.
—Creo que es hora de hacerse un nuevo tatuaje—, pienso. La idea lleva
tiempo gestándose en mi interior y me siento obligado a sacarla y plasmarla en mi
piel hoy mismo.
—¿Ah, sí? Ya sabes que Jazz hace cosas muy buenas.
—No, no lo sabía. ¿Desde cuándo? Nunca he oído nada sobre él—. De todas
formas, no es que le haya prestado mucha atención, pero sigue siendo una
sorpresa.
—¡Sí, hombre! Lo mantiene en secreto sobre todo porque sus padres son
unos capullos, pero en realidad tiene mucho talento. He visto algunos de sus
trabajos y debería estar trabajando en una tienda de tatuajes de verdad con esa
calidad. Llámalo, estoy seguro de que te dará un buen trato.
—Ni siquiera nos conocemos así—. Pienso en el último encuentro que
tuvimos: básicamente lo amenacé de la manera más amable que pude.

125
Bailey Nicole Worthless Boys

—No importa. Nada le excita más que tatuar a alguien. Te digo que lo llames.
Tienes su número, ¿verdad?
—¿Por qué iba a tener su número, Damon? No todo el mundo es tan
jodidamente amable como tú—, bromeo.
—Oh sí, lo olvidaba. Tu amabilidad sólo se extiende a Teddy—. Pone los ojos
en blanco con una sonrisa burlona en la cara.
—Sólo dame su maldito número de teléfono—, le corto antes de que pueda
empezar a echarme en cara lo de Teddy. Ya es viejo, después de tantos años,
escuchar la misma mierda sobre él y yo. Me molesta aún más que todo el mundo lo
haya visto venir antes que yo.
Entra en mi aparcamiento como un loco, como de costumbre, y me quiere
arrancar el teléfono con la mano.
—Sólo dime el número—, le digo mientras empiezo a añadir la nueva
información de contacto.
—Eres tan jodidamente raro—, refunfuña antes de recitarme los dígitos.
Saco algo de dinero de mi cartera y se lo doy. —Dinero para la gasolina.
—¿Cuántas veces tengo que decirte que no quiero tu dinero? Ni siquiera está
fuera del camino—. Es cierto, pero que me condenen si le debo algo a alguien. No
tiene que llevarme y traerme del trabajo todos los días, pero lo hace porque al fin y
al cabo, Damon es una persona genial.
—Pierdes el tiempo—, digo mientras deposito el dinero en su consola central
con una sonrisa de satisfacción, y cierro la puerta tras de mí antes de que pueda
volver a rechazarla.
Cuando entro en nuestra habitación, no puedo evitar las ganas de tumbarme
y dormir hasta mañana. El cansancio de la semana me está golpeando con toda su
fuerza, y sin duda sería un momento mejor que el de entablar una conversación
trivial con Jazz mientras arrastra agujas por mi piel durante horas. Dejo de lado la
idea porque este tatuaje es mucho más importante. Una vez tomada la decisión, le
envío un mensaje a Jazz.
Yo: Soy Liam. He oído que haces tatuajes. ¿Te apetece hacer uno
hoy?
Me siento y me desato las botas antes de dejarlas junto a la puerta. En el
momento justo, mi teléfono suena.
Jazz: Siempre dispuesto a un poco de acción de aguja en la piel.
Estoy libre en una hora.

126
Bailey Nicole Worthless Boys

Le sigue otro mensaje suyo en el que me indica una dirección. La busco


rápidamente en mi teléfono. Que me jodan. Es un largo camino sin coche. Ya puedo
sentir la irritación en mi interior. He ahorrado mucho dinero desde que trabajo
para Luke, pero no es suficiente para un apartamento y un coche. O me quedo con
una cosa o con la otra, y por mucho que quiera salir de esta mierda de hotel con
paredes finas como el papel, ahora mismo un coche me parece mucho más
importante. Tomo nota mentalmente de que hablaré con Teddy de ello más tarde,
cuando vuelva, y le envío un mensaje diciéndole que no estaré aquí cuando salga
del trabajo.
Me doy una ducha rápida y me apresuro a salir por la puerta para no perder
el próximo autobús. De ninguna manera voy a cruzar la ciudad patinando, sobre
todo después de la agotadora semana de trabajo que he tenido.
Me bajo en mi parada y hago rodar el skate. Conozco esta zona, pero sólo
vagamente. Es una parte más bonita de la ciudad, con grandes casas, patios
cuidados y coches brillantes que adornan cada entrada perfectamente lavada a
presión. Patino por la acera evitando por los pelos los sistemas de riego que
parecen funcionar en todos los jardines y me detengo frente a su casa.
Una cosa que aprendí hace tiempo es a no dejar que este tipo de cosas me
incomoden. Siempre hay que mantener la confianza. Aunque me sienta fuera de
lugar aquí, y no sepa lo que es vivir tan cómodamente, no significa que deba sentir
celos u odio por ello. Según mi experiencia, las familias que parecen perfectas
desde fuera suelen ser las que tienen las cosas más jodidas de puertas adentro. Eso
es lo que me digo. Todos somos humanos.
Llamo a la puerta con fuerza, porque la casa es tan grande que quién sabe si
puede oírme. La puerta es abierta por Jazz.
—Mierda, hombre, ¿has venido patinando hasta aquí?—, me pregunta,
mirándome enloquecido. —Te habría traído en coche—. Nunca aceptaría que me
trajera, pero sería ofensivo decirlo.
—No es gran cosa. He tomado un autobús—, respondo y lo sigo escaleras
arriba. Trabajo en casas como ésta todo el tiempo, así que no me sorprende que el
interior sea tan grandioso y caro como el exterior. Me lleva a una habitación al final
del pasillo y mis ojos se fijan inmediatamente en todos los carteles y obras de arte
que cubren las paredes. Luego, me doy cuenta de que hay un enorme televisor de
pantalla plana y un ordenador de juegos completo.
Debe notar que estoy mirando sus cosas porque me dice: —¿Juegas?
—No. Nunca me he metido en eso—. Lo que no menciono es que mi madre
no podía permitirse nada de eso, así que nunca insistí en el tema.
Me evalúa con una mirada demasiado intensa. —Entonces, ¿qué quieres
hacer hoy?—. Le explico con detalle lo que quiero, y él se engancha a la idea
127
Bailey Nicole Worthless Boys

enseguida, mostrándome diferentes ideas de fuentes que tiene para ello. Hablar
con él en este momento contrasta con la percepción que siempre he tenido de él. Ya
no es el bromista. Es todo seriedad y profesionalidad.
—De acuerdo, siento no tener una silla para tatuajes, pero puedes tumbarte
en mi sofá si te parece bien—, la forma en que lo dice me hace saber que es un
punto débil para él. No es de mi incumbencia, y por lo que dijo Dame, estoy seguro
de que tiene algo que ver con sus padres.
—Sí, no te preocupes—, lo tranquilizo y me quito la camiseta antes de
acostarme. Comienza a preparar todo, y por lo que veo, sigue todos los
procedimientos adecuados que suelo ver que se hacen en las tiendas. Tiene guantes
y vasitos para meter la tinta y una lámpara alta detrás del sofá que se ajusta sobre
mi torso.
Mi pecho está cubierto casi por completo, pero hay un hueco justo encima
del esternón y ahí es donde quiero conseguirlo. Mi pecho estará por fin completo
después de esto. Hace el diseño a mano alzada con un rotulador y queda impecable.
—Maldita sea, Jazz. Esto es jodidamente bueno—, digo, y no puedo evitar la sonrisa
permanentemente pegada a mi cara después de verlo.
—No parezcas tan sorprendido—, bromea, cruzando los brazos sobre el
pecho. —Vuelve a tumbarte y empecemos.
Al principio, sólo se oye el fuerte zumbido de la máquina de tatuar y el fuego
lamiendo mi carne. Dejo que mis ojos se desvíen, observando todo lo que hay en las
paredes. —¿Dibujaste todo eso? — Pregunto.
Limpia la piel en carne viva de mi pecho y levanta la vista, recorriendo con
anhelo las paredes, y asiente con la cabeza. Vuelve a entintar mi piel, y la
concentración marca los rasgos de su rostro con líneas duras. Parece casi enfadado.
—¿De qué va este tatuaje? —, pregunta con curiosidad, intentando
claramente cambiar de tema. Lo miro durante un minuto, sin saber si realmente
quiero hablar con él de ello. Hay algo en los tatuajes que siempre me hace querer
hablar, es terapéutico en cierto modo, lo cual es extraño, porque ¿quién quiere
hablar de cosas profundas mientras una aguja le está clavando la piel?
—Es para Teddy—, digo simplemente. Y más vale que no me eche la bronca
por ello. Sus gruesas y negras cejas se levantan y me lanza una mirada expectante.
—Sé que da mala suerte o lo que sea hacerse un tatuaje para una persona con la que
estás saliendo—. Odio decir salir con alguien, suena tan infantil. Ni siquiera
empieza a abarcar todo lo que hay entre él y yo, pero continúo de todos modos. —
Hemos sido amigos durante diez años y ahora estamos juntos. Todavía es nuevo,
todo esto, quiero decir. Pero sé que nunca podría arrepentirme de este tatuaje.
Nunca podría arrepentirme de él.

128
Bailey Nicole Worthless Boys

Me limpia y levanta la vista, encontrando mi mirada. —Te creo. Aunque no


puedo decir que nunca haya sentido eso por nadie. Probablemente nunca lo haré.
Es curioso, porque yo nunca haría algo así, marcar mi cuerpo por alguien para
siempre. Pero, sinceramente, no puedo mirarte y decir que lo que haces está mal o
es estúpido—, dice pensativo. Frunzo las cejas porque, una vez más, me resulta
extraño que pueda mostrar esa profundidad. Siempre ha actuado como un tipo
misterioso y genial.
—Nunca digas nunca. Puede que algún día te sorprenda cómo una persona
puede entrar en tu vida y cambiarla para siempre—. Pienso en aquellos primeros
días en los que vi a Teddy sentado en la acera, observándome como si fuera mi
propio acosador. Mi corazón se siente cálido y pesado bajo mi pecho, justo donde
Jazz está grabando el tatuaje más significativo que jamás me haré.
Una sonrisa de satisfacción ilumina su rostro. —Nunca te tomé por un tipo
ñoño—. Y supongo que ahora vuelve a tener la máscara. Se ha transformado
delante de mis ojos, pasando de ser un tipo frío a ser un idiota.
—Nunca te tomé por un artista secreto con problemas—, le respondo.
—No deberías hablar de mierda con el artista problemático que pone tinta en
tu piel. Nunca se sabe lo que puede pasar—, reflexiona, pero tengo la sensación de
que se toma su negocio de tatuajes encubiertos demasiado en serio como para
ponerle algo malo a alguien.
Tras unos instantes de cómodo silencio, le pregunto: —¿Has arreglado la
mierda que hay entre Ant y tú?
Se burla. —¿Qué hay que arreglar? Tuvimos un trío...
—¿Tú, qué? — Lo interrumpo. Vaya por Dios.
Su frente se arruga con agravante. —Oh, ¿todavía no te lo ha dicho? Creía
que eran los mejores amigos—, se burla, poniendo los ojos en blanco. —Lo que sea.
Pregúntale a él. Aunque sea un puto imbécil, no me interesa compartir una mierda
que tan obviamente quiere que se mantenga en secreto.
Entorno los ojos hacia él. Por un segundo, me planteo perder la cabeza, ya
que cree que está bien hablar mal de uno de mis amigos a mi alrededor, pero algo
me hace morderme la lengua. Me doy cuenta de que hay algo más, algo personal.
Jazz se muestra siempre imperturbable, nunca se pone así de nervioso. Decido
dejarlo estar.
Ensaya sus rasgos y vuelve a la carga, dando los últimos retoques al tatuaje,
y finalmente anuncia que está hecho. —Echa un vistazo—, dice.
Me acerco al espejo. El corazón me late más rápido cuanto más me acerco, y
cuando mis ojos se posan en él, arden. El tatuaje es sencillo, pero también
hermoso: dice —Mi ángel de oro—, en una letra de estilo de tatuaje con sombreado
129
Bailey Nicole Worthless Boys

negro y gris alrededor de las letras. Es perfecto. No hay ni una sola línea que se
tambalee. —Es mejor de lo que imaginaba—, digo, sin poder evitar la emoción en
mi voz.
Jazz deja de limpiar y me mira a los ojos. —Me alegro de que te guste y de
haber podido hacerlo para ti—. Sus ojos se suavizan sólo ligeramente, pero el
significado está ahí en la profundidad de su mirada.
—Quizá la próxima vez te deje hacer uno de esos dibujos espeluznantes—,
digo, señalando sus paredes.
Él sonríe. —Tendrías mucha suerte si te pusieras uno de ellos en la piel.
Un intercambio de dinero y un choque de puños después, y me voy a casa.

130
Bailey Nicole Worthless Boys

Veinte
Teddy

—¡Ya está! Lo tienes! — grito emocionada mientras el niño de al lado, Mikey,


se desplaza en mi longboard.
Me puse nervioso cuando recibí el mensaje de Liam; él no es de los que
hacen planes esporádicos. Hace lo mismo todos los días, cumpliendo con un
horario preciso, especialmente durante los días de la semana cuando está
trabajando. Así que hice lo mejor para calmar mis nervios. Me fumé hasta caer en
un coma de hierba en nuestro pequeño porche delantero. Mientras me sentaba
aturdido mirando las palmeras y el ruidoso tráfico, con el cuerpo envuelto en la
cálida y reconfortante manta de la hierba, el pequeño se acercó a mí, de la mano de
su madre.
Enseguida se fijó en el skate que había estado utilizando como reposapiés y
se agarró a ella. Le dije que podía jugar con ella siempre que su madre estuviera de
acuerdo. Ella parecía aliviada y más que feliz de tener un tiempo para sí misma. Lo
atrajo para abrazarlo y me miró por encima del hombro diciendo: —Si se vuelve
demasiado, mándalo adentro.
He estado observando a este niño correr de un lado a otro, saltar de un lado
a otro, hablar y hablar sin parar durante casi dos horas, y he llegado a la conclusión
de que así es como debe sentirse la gente cuando está cerca de mí. Algunos lo verán
como algo malo, yo siempre lo he hecho, pero una cosa que puedo decir con certeza
es que no he dejado de sonreír desde que llegó. Y eso vale la pena, creo.
Oigo el áspero rasguño de las ruedas al chocar con el asfalto y mis ojos
siguen inmediatamente a Liam cuando se detiene frente a mí. Agarra su skate y me
rodea la garganta con la otra mano, acercándome para darme un beso abrasador.
Me lame la boca con tal posesividad que mis rodillas empiezan a temblar.
—Te amo, ángel—, dice, con palabras llenas de adoración, mientras me
suelta. Casi me derrumbo tras la intensidad de ese saludo. Trago saliva y trato de
recuperar la compostura.
—¿Dónde has estado? — pregunto, con la voz quebrada.

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Bailey Nicole Worthless Boys

—Estaba en casa de Jazz—. Mis cejas se fruncen en confusión. Ni siquiera


creía que le gustara Jazz, desde luego no lo suficiente como para patearla como
amigos. —Me hizo un tatuaje. Nunca supe que los hacía, pero Dame me recomendó
que le diera una oportunidad, y maldita sea. Me alegro de haberlo hecho.
Sus ojos son brillantes, y hay una cualidad eléctrica en sus movimientos.
Entrecierro los ojos porque está actuando de forma inusual en este momento. —
Bueno, ¡vamos a verlo! — digo expectante.
—Manda al niño a casa, entra y te lo enseño—. Tiene una sonrisa secreta en
la cara mientras se dirige a nuestra habitación.
De acuerdo entonces. —Oye, Mikey, voy a acostarme por esta noche. Aunque
podemos volver a jugar pronto.
—¡Ah, hombre! —, se queja, pero agarra el skate y se acerca a trompicones.
Lo acompaño unos pasos hasta su casa y llamo a la puerta mientras la abre de un
tirón, hablando de lo bien que se lo ha pasado.
Cierro la puerta tras él y me apresuro a volver a mi habitación, ansioso por
ver ese tatuaje que ha hecho que Liam se comporte como una persona diferente,
una persona alegre. La idea ni siquiera me cuadra en el cerebro.
Empujo la puerta y encuentro a Liam en el baño, sin camiseta, mirándose el
pecho en el espejo. Lo rodeo con los brazos por detrás y apoyo mi mejilla en su
ancha y dura espalda. Él me abraza por encima de los brazos antes de darse la
vuelta. —Mira—, me dice, con voz áspera y grave.
Mis ojos encuentran fácilmente la piel brillante y se ensanchan mientras mi
boca se abre en un fuerte jadeo. —¡Dios mío, Liam! De ninguna manera.
—De ninguna manera—. Se muerde un poco el labio inferior, la única señal
de que puede estar un poco nervioso.
Mi ángel de oro.
Las palabras se hacen más fuertes en mi cabeza, al igual que los rápidos
latidos de mi corazón. Asumo cada detalle del tatuaje hasta que se me nublan los
ojos y me tiembla la barbilla. Para mí. Se ha tatuado por mí. Porque soy su ángel de
oro y me ama. Las lágrimas que brotan de mis ojos caen en cascada por mis
ardientes mejillas. Le miro con los ojos acuosos. —¿Esto es de verdad? Siento que
esto es una broma—, digo entre los sollozos que me sacuden el pecho.
—Es real. Es permanente, como nosotros. Te dije que nunca me iba a ir, y lo
dije en serio—, dice las palabras con seguridad, sin encontrar una duda persistente.
Me atrae hacia él, abrazándome a su lado, dejando que me desahogue.
Todos estos años, he anhelado esto: que me ame de la misma manera que yo
siempre lo he amado. Durante mucho tiempo, he soportado el dolor de amar a

132
Bailey Nicole Worthless Boys

alguien, totalmente convencido de que nunca podría corresponderme. Tuve que


verlo follar con otras personas, tuve que ver cómo otras personas le daban las
sonrisas y las risas que yo tanto deseaba darle. Había aceptado el hecho de que lo
nuestro nunca ocurriría. Intenté seguir adelante, intenté entregarme a otras
personas, pero nunca funcionó. Nada podía sacarlo de mi corazón, y secretamente
no quería que se fuera. Y ahora, aquí está, abrazándome como si fuera precioso.
Como si yo fuera lo más importante de su vida, mi recuerdo grabado en su piel para
siempre. Es jodidamente surrealista. Las cosas así de perfectas no me pasan a mí.
Simplemente no lo hacen. Pero estoy viendo la encarnación de mis esperanzas y
sueños, ahora mismo, en carne y hueso. Por fin lo tengo.
Mis sollozos se convierten en gemidos. Finalmente, con una sonrisa de oreja
a oreja, digo: —Mira, tengo uno a juego—. Me levanto la camiseta y señalo la
pequeña cicatriz circular de la quemadura de cigarrillo. —Probablemente se
desvanecerá pronto, pero puedo hacerme un tatuaje que diga que Liam estuvo aquí.
Se ríe a carcajadas y mi sonrisa se amplía. —Sí, no. Por favor, no lo hagas.
—Intenta detenerme—. Le lanzo una sonrisa malvada. Estoy bromeando, por
supuesto, bueno, al menos eso creo. No me importaría ponerme “propiedad de
Liam West” en la frente si soy sincero conmigo mismo. Él niega con la cabeza.
—No creo que eso haya resultado tan amenazador como pretendías—,
bromea.
—¡Cállate!
—Vamos, quiero hablar contigo de algo serio—. Se acerca a la cama y se deja
caer sobre las almohadas. Cierra los ojos y exhala profundamente.
Lo sigo y me acurruco a su lado, aspirando su aroma picante y varonil
abiertamente, sin preocuparme por nada. —¿No podemos simplemente dormir? —.
Hago un mohín.
—No. Tenemos que hablar de esto, me preocupa mucho, ángel—. Suspira
agotado. —He estado viviendo en habitaciones de hotel toda mi maldita vida, y creo
que por fin podré salir de aquí. He estado ahorrando dinero, con la esperanza de
que si llego a tener suficiente dinero para pagar el alquiler durante unos meses, no
importará mi falta de solvencia. No hay nada malo en que alguien se aloje en un
hotel hasta que pueda ponerse en pie, pero no quiero convertirlo en un hogar como
siempre hizo mi madre. Quiero un lugar de verdad al que llamar mío, uno en el que
pueda comprar muebles, y no tener que preocuparme nunca de cuántas personas
han dormido en mi cama o se han sentado en mi sofá antes que yo—. Se encoge
visiblemente, pero continúa. —Y tú vas a venir conmigo. Te vas a mudar conmigo y
nunca más tendrás que preocuparte por no tener un lugar donde apoyar la cabeza.
Se acabó el dormir en la playa o el quedarse en las casas de la gente. Nunca más

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Bailey Nicole Worthless Boys

tendrás que lidiar con esa mierda—. Su respiración es dificultosa al final, las
palabras salen con fuerza.
Ni siquiera necesito considerarlo, y no me importa que me diga lo que voy a
hacer. Siempre he dejado que me diga lo que tengo que hacer porque sólo quiere lo
mejor para mí. Siempre me ha parecido bien seguir su ejemplo. —Por supuesto, iré
contigo. Pero no gano tanto dinero como tú, así que no sé cómo quieres repartir las
facturas. Podemos arreglarlo cuando llegue el momento. Pero tengo una
condición—, digo, apoyándome en un codo.
Él abre sus ojos cansados. —¿Y cuál sería, T?
—Tienes que dejarme decorar como yo quiera. Quedará muy bien, dame
rienda suelta.
Las comisuras de su boca se curvan hacia arriba en la más bonita de las
sonrisas. —Puedes poner toda la mierda de colores que quieras en nuestra casa.
Mientras estés allí, no me importa.
Las cortinas, las mantas, las mesas y las alfombras pasan por mi mente, y la
emoción burbujea en mi pecho.
—Puedo oírte pensar desde aquí. Duérmete, T—, gime Liam y me abraza más
fuerte.

La última semana ha pasado volando en completa calma; cada noche que he


pasado, rodeado de Liam, me aleja cada vez más de la sensación de que esto es
demasiado bueno para ser verdad, y me lleva firmemente al territorio de lo que
parece correcto. Él me adora. Me doy cuenta por la forma en que lo sorprendo
observándome cuando me río o incluso cuando bostezo. Lo sé porque envuelve uno
de mis rizos en su dedo, jugueteando con él mientras se duerme. Me llama su ángel
de oro cuando me folla. He oído esas palabras deformadas por gruñidos, gemidos y
lamentos. El calor se extiende en lo más profundo de mi pecho mientras los
recuerdos resuenan detrás de mis ojos.
La puerta suena, interrumpiendo mis pensamientos. Miro hacia arriba para
saludar y una sonrisa se dibuja en mi cara. —¡Mad! — Se acerca al mostrador con
ese perezoso paseo suyo, y yo doy la vuelta para recibirlo con un abrazo. Aprieta
con fuerza antes de soltarme. —¿Qué haces aquí?

134
Bailey Nicole Worthless Boys

—Bueno, necesitaba unos envoltorios y cigarrillos—, dice socarronamente,


con una sonrisa en la cara.
—Bueno, mierda, pensé que habías venido a ver a tu persona favorita—. Me
encojo de hombros. Sé que ha venido por una razón, pero le seguiré la corriente a
sus bromas tontas. Es muy agradable volver a verlo. Cada vez que pasamos un
tiempo sin hablar, asumo que está en la cárcel o algo así.
—Sabes que sí, Teddy. Aunque necesito esas cosas—. Se ríe. Me doy la vuelta,
agarro sus cigarrillos y me dirijo a los envoltorios.
—Quieres una caja entera, ¿verdad? — Pregunto.
—Mhm—. Cuando vuelvo hacia él con todo el material, evalúa mi cara con
atención. —¿Cómo está la situación de Liam? —, me pregunta. El peso de sus
palabras me sorprende; me cuesta creer lo unidos que nos hemos vuelto Mad y yo
con el tiempo. Más cerca de lo que jamás hubiera esperado.
—Las cosas están mejor de lo que nunca pensé que podrían estar—. Puedo
oír el tono soñador de mi voz, y la sangre se me sube a las mejillas. Él sonríe y
choca con sus ojos, haciendo que las esquinas se vuelvan hacia arriba; es raro verlo
sonreír así.
—Bien. Sin embargo, el hecho de que ahora estés tan tranquilo no significa
que no puedas hacerme una visita de vez en cuando—, dice mirándome fijamente.
—He planeado una fiesta en la mansión el próximo fin de semana para el final del
verano. Espero verte allí—. No he oído nada al respecto, lo que demuestra lo bien
que estoy últimamente. Sin embargo, la idea de una fiesta en una mansión es
atractiva, y conociendo a Mad, será del siguiente nivel.
—Definitivamente estaré allí. Y te prometo que iré a verte pronto—, le
aseguro. Toma sus cosas y él sigue su camino. Unos minutos después, recibo un
mensaje suyo con la dirección. Me guardo el teléfono y aguanto con ansiedad el
resto de mi turno.
Después del trabajo, tomo una ruta diferente para ir a casa y comprarle a
Liam algo que vi en el escaparate de una tienda el otro día. Había pasado
patinando, con la música a todo volumen en mis auriculares, cuando me di cuenta.
Inmediatamente, entré y comprobé el precio, pero por supuesto. No tenía
suficiente. Sin embargo, hoy era día de pago, así que abro la puerta con entusiasmo
y el espeso y terroso aroma del incienso me rodea. Sin molestarme en mirar nada
más en la tienda, agarro el collar de la vitrina. Es un cristal de citrino con forma de
corazón anatómico en una sencilla cadena. Miro la etiqueta que lleva. "El citrino
contiene la energía del sol. Felicidad, valor, esperanza". Es perfecto. Lo pago y me
pongo en camino lo antes posible, con una estúpida sonrisa en la cara durante todo
el trayecto.

135
Bailey Nicole Worthless Boys

Cuando abro la puerta, el humo de la hierba me golpea y una densa niebla se


arremolina en la habitación. En el altavoz de la mesa suena un solo de saxofón muy
malo y reconozco inmediatamente la canción: "Just the Two of Us", de Grover
Washington Jr.
Y entonces veo a Liam, recostado en el sofá, con las piernas abiertas y la
cabeza inclinada hacia atrás. Su mandíbula parece más afilada que nunca de esa
manera. Toda su piel morena se extiende sobre unos músculos tonificados. Mis
pasos se detienen mientras lo recorro con la mirada de pies a cabeza. Juro que
podrían quemar su piel con lo que siento ahora mismo con solo verlo. Es tan
jodidamente hermoso en todos los sentidos; mi cerebro se convierte en papilla a su
alrededor, todo pensamiento lógico sale volando por la ventana.
Abre los ojos ligeramente; o está agotado por el trabajo o increíblemente
colado. —Ven aquí, ángel.
—Tengo algo para ti—. Mi voz es débil y jadeante. Por el amor de Dios,
Teddy. Contrólate. Doy los pocos pasos hacia él, con el pulso palpitando sin cesar.
No entiendo por qué estoy tan nervioso, es sólo un regalo. Me arrodillo en el suelo
entre sus piernas y apoyo la cabeza en uno de sus fuertes muslos, suspirando
mientras lo inhalo. El confort me invade en cuanto siento su piel contra la mía. Su
mano se adentra en mi pelo, recorre mis rizos y se posa posesivamente en el dorso,
mi mente se vuelve brumosa y suave en los bordes.
—¿Vas a enseñarme? —, pregunta y yo levanto la vista. Me mira con una
sonrisa que sólo yo puedo ver. Me separo de él con pesar y agarro la pequeña caja
marrón de mi mochila. Sus rodillas se acercan a mis hombros cuando se inclina
hacia delante, y su largo pelo cae alrededor de su cara mientras me mira. Abre la
caja y se me corta la respiración. Puedo ver el parpadeo y el ligero ensanchamiento
de sus ojos cuando la ve. Su nuez de Adán se balancea al sacarla de la caja.
—Es Citrino—, murmuro. —Se supone que es para la esperanza y la
felicidad... contiene la energía del sol. También se supone que trae abundancia y
prosperidad. Eso es lo que dicen—. Las palabras salen de mi garganta de forma
frenética. Entrelazo los dedos sobre mi regazo con ansiedad.
Me mira a los ojos y la intensidad de su mirada oscura me araña por dentro.
—¿Te he dicho alguna vez por qué te llamo mi ángel de oro? Creo que no—, dice.
Niego con la cabeza.
Se aclara la garganta. —En mi cabeza, eres como el sol. Un faro de luz al que
nadie puede evitar sentirse atraído. Eres cálido, amable y risueño. Es embriagador.
Para alguien como yo, que siempre se siente aburrido, eres como un milagro: la
forma en que siempre me has hecho sentir tanto cuando nada más lo hace. Nada ni
nadie tiene una oportunidad en comparación. Brillas demasiado.

136
Bailey Nicole Worthless Boys

Si antes pensaba que mi cerebro era una papilla, ahora parece que no existe.
Me tiembla la barbilla y su rostro se vuelve borroso mientras las lágrimas llenan
mis ojos. No sabía... no me daba cuenta.
—Es un puto regalo perfecto, ángel. No podrías haber elegido nada mejor
que esto. Nunca me lo quitaré.
Parpadeo hacia él y dejo que las lágrimas caigan en cascada por mi cara. —B-
bien—, tartamudeo.
Me sostiene la cara con las dos manos y me limpia las lágrimas con los
pulgares. No con delicadeza, como si fuera frágil o débil, como siempre he sentido.
No. Me agarra con firmeza y es el toque de tierra que necesito.
—Pónmelo—, me ordena, y me pongo en acción. Me pongo de rodillas y él
recoge sus rastas con una mano, escapando algunas por delante. Lo agarro por
detrás del cuello, y el corazón queda justo encima de su nuevo tatuaje.
Una sonrisa diabólica se dibuja en su rostro mientras lo mira. —Y pensar que
alguna vez intentaste alejarte de mí—. Se ríe. —No vas a ir a ningún puto sitio, T—.
Un escalofrío recorre mi cuerpo ante la finalidad de sus palabras.
—En la puta cama. Ahora.

137
Bailey Nicole Worthless Boys

Veintiuno
Liam

Este hombre nunca podrá entender lo que me ha hecho. Cómo llegó a mi


vida hace tantos años y se abrió camino en mi corazón. Puso mi mundo patas
arriba, y desde entonces sólo orbita en torno a él. Aunque siempre ha cuestionado
su importancia para mí y lo mucho que importa, siempre ha sido el número uno.
Mi mayor prioridad. Mi persona. Siempre ha sido difícil para la gente leerme, no
transmito mis emociones para que nadie las vea, y sé lo mucho que él siempre
necesita que lo tranquilicen. Sus ojos contienen incredulidad hasta cierto punto.
Pero no hay nada que confundir cuando se trata de nosotros. Es algo seguro y
siempre lo ha sido.
—Completamente desnudo—. Veo cómo se desviste y se sube a la cama, con
su esbelta figura frente a mí, esperando ser devorada. —Maldita sea. Ojalá pudieras
verte—, gimo. Su lengua rosada recorre su afelpado labio inferior y mis ojos no
pueden mirar a otra parte. —Saca la lengua, ángel—. Sus cejas se juntan
confusamente, pero hace lo que le digo.
Me subo a la cama y le agarro la barbilla entre los dedos, manteniéndolo
firme y bien abierto mientras le lamo la lengua. Mi lengua se arremolina sobre la
suya antes de introducirse en su boca, lamiéndola de mejilla a mejilla. Lo devoro de
adentro hacia afuera. Sus ojos se cierran y su cara se relaja en mi agarre mientras
me deja explorar su boca como si fuera la mía. —Estoy tan feliz de que esto sea
mío—, le susurro al oído. —Voy a llenarlos de mi polla ahora—. Se le pone la piel de
gallina y asiente con entusiasmo en mi mano. Agarro mi pesada polla con una
mano y le paso la cabeza por los labios antes de metérsela en la boca. Cuando el
calor húmedo me envuelve, los ojos se me van a la nuca. No puede cubrir sus
dientes como es debido, ya que aún le mantengo la boca abierta, pero el ligero roce
de los mismos me produce un escalofrío. Me encanta, me encanta cómo mi polla
invade su boca, cómo apenas se estira a su alrededor. Pero se esfuerza mucho por
mí.
Me retiro y suelto su mandíbula. Sus ojos sombríos se abren y recorren
lentamente mi cuerpo, deteniéndose en mi nuevo tatuaje y en el mejor regalo que
me han hecho. No es que me hayan regalado muchas cosas en mi vida, pero este

138
Bailey Nicole Worthless Boys

collar es más de lo que podría desear. Ahora tengo un trozo de él, su calor, conmigo
en todo momento.
Agarro el lubricante de mi mesita de noche. —Dame tu mano—. Lo hace y le
pongo un poco en la palma de la mano. Después de empujar sus piernas hacia
atrás, le echo un poco directamente en el borde. —Ábrete para mí, ángel.
Traga saliva y parece dudar al principio, pero sigue y pasa la mano por su
agujero antes de meter un dedo. Me inclino hacia atrás sobre mis muslos y uso mi
mano lubricada para acariciar mi polla, larga y lentamente. La frente de Teddy se
arruga por la concentración cuando introduce otro dedo y su agujero se cierra con
avidez. Su pecho enrojecido sube y baja rápidamente mientras bombea dentro y
fuera. Me mira con el labio atrapado entre los dientes mientras me aprieto la polla.
—Por favor, fóllame ya—, ruge desesperado.
—¿Está ese coño lo suficientemente húmedo y suave para mí?
Gime y asiente frenéticamente. No puedo aguantar mucho más así, por lo
que me rindo y me acerco a él. Retira sus dedos rápidamente y me agarra de las
caderas, empujándome hacia delante. Dios, nunca podría tener suficiente de él. La
forma en que me necesita. Alineo la cabeza redonda de mi polla con su entrada y
presiono hacia delante. Un grito ahogado sale de sus labios y me atrae hacia él,
buscando mis labios. Muy pronto, estoy golpeando dentro de él. Siempre intento ir
despacio al principio, y es una gran hazaña teniendo en cuenta que mi cerebro está
conectado para querer estar tan dentro de él como pueda. En todos los agujeros. Le
meto la lengua por la garganta y toco fondo en su culo.
Con ambas manos clavadas en el colchón a ambos lados de él, mi collar
cuelga entre nosotros. Me toma por sorpresa y atrapa el corazón de citrino entre
sus dientes, mirándome a través de sus pestañas. Sus cejas se inclinan y jadea
mientras su mano trabaja su polla con furia. Un gemido sale de su garganta cuando
el clímax lo atraviesa.
—Oh, mierda, ángel. Oh, mierda. Soy tuyo, todo tuyo—, jadeo y mis caderas
tartamudean mientras me libero dentro de él. Mis brazos tiemblan y me derrumbo
sobre él, enterrando mi nariz en su cuello. Me rodea con los brazos y las piernas,
abrazándome mientras el corazón me late dolorosamente en el pecho. A veces es
demasiado. Demasiado abrumador para alguien como yo.
Después de un rato, su suave voz se abre paso entre mi confusión. —Vamos a
ducharnos, cariño.
Nos separamos y llegamos a la ducha. Se toma su tiempo para lavarnos a los
dos, tierna y metódicamente. Nos quedamos allí, bajo el agua caliente y humeante,
abrazados durante un rato. Nunca había tenido a nadie que me cuidara antes de él.

139
Bailey Nicole Worthless Boys

Me doy cuenta de que confío en él lo suficiente como para dejar de lado el


férreo control que mantengo sobre todo. Le confío todo, sin dudarlo. La cabeza de
Teddy descansa ahora sobre mi pecho y sostiene el collar, su pulgar suavizando su
superficie tallada. —¡Oh! Casi se me olvida decírtelo—, dice emocionado. —Mad ha
venido hoy a mi tienda y nos ha invitado a su fiesta de fin de verano. ¡Es en una
mansión! Le dije que iríamos.
—¿Seguro que es una buena idea? Después de la última fiesta que hizo...
—Eso no fue una fiesta, sólo una reunión en su casa. Fue una tontería por mi
parte, pero esto debería estar bien. Probablemente habrá cientos de personas—,
racionaliza. Todavía me siento inseguro, pero la verdad es que no me hubiera
planteado ir a esta fiesta antes del incidente del tiroteo. Así que tal vez tenga razón
y yo esté siendo demasiado protector.
—De acuerdo, iremos—, acepto. —Pero tenemos que tener mucho cuidado.
Siento que los problemas siguen a ese tipo a donde quiera que vaya.
—Me quedaré contigo todo el tiempo—, me asegura. —Hace tiempo que no
salimos, ni siquiera como pareja, así que esto debería ser interesante.
Lo aprieto un poco más mientras me duermo.

140
Bailey Nicole Worthless Boys

Veintidós
Teddy

Llevo toda la semana esperando este día. Nunca he estado en una fiesta en
una mansión, sólo he oído hablar de ellas porque, sinceramente, es cosa de niños
ricos. Realmente no sé qué esperar, pero anticipo toneladas de gente y toneladas de
alcohol. ¿Qué más se puede pedir? Le digo esto a Liam mientras se fuma un canuto
entero hasta la cabeza.
—No me gusta mucho la gente—. Se encoge de hombros. —Y tengo alcohol
aquí—. Pongo los ojos en blanco, pero sé que es cierto. Prefiere sentarse en silencio
durante toda la eternidad; no trata bien con la gente. Espero que nadie empiece
una mierda con él esta noche, sólo quiero pasar un buen rato e irme.
—Bueno, no hables con nadie entonces, excepto conmigo, por supuesto.
Habla conmigo—. Me río. Veo venir el autobús y le hago señas. Apaga el canuto y
desliza el resto en su paquete de cigarrillos. Encontramos asientos en el autobús y
la mano de Liam se posa en mi muslo. La mano de Liam se posa posesivamente
sobre mi muslo durante todo el trayecto. Es un largo viaje desde el lado pobre de la
ciudad hasta el lado rico, pero finalmente llegamos a nuestra parada. Nos subimos
a los skates y patinamos hasta que oímos el bajo retumbante de la música que viene
de detrás de unos árboles.
La anticipación se agolpa en mis entrañas mientras nos acercamos y
pasamos por delante de los coches alineados en la calle. Están por todas partes,
aparcados en la acera e incluso en la hierba de al lado. No quiero ni imaginarme el
espectáculo que habrá cuando toda esa gente decida abandonar la fiesta porque la
mayoría de los coches están bloqueados. Nos movemos entre la gente y los
vehículos, y una emoción me atraviesa. Esta parece la mayor fiesta en la que he
estado nunca.
Recogemos nuestros skates y, cuando llegamos a la larga y sinuosa entrada,
que parece ser el lugar donde se encuentra la mayoría de la gente, me sorprende la
cantidad de personas que reconozco. Por lo que puedo ver, hay gente de ambos
lados de las vías. Chicos de instituto, estudiantes universitarios e incluso gente que
parece demasiado mayor para estar en esta fiesta, pero entonces recuerdo que Mad
tiene al menos treinta años.

141
Bailey Nicole Worthless Boys

A la izquierda del camino de entrada hay un gran estanque con fuentes en el


centro y se ha montado un escenario improvisado detrás del muelle, así que la
gente está reunida alrededor del estanque bailando y saltando. El humo de la
hierba llena el aire y básicamente todo el mundo se está emborrachando o
drogando. Acabo de ver a un tipo esnifando una raya de algo en la espalda de una
chica.
—Mierda—, digo con la boca abierta.
—Mierda—. Liam asiente. Todavía no hemos llegado a la mansión y este
lugar se está volviendo una locura. Una mano se posa en mi hombro y me detengo
bruscamente.
—¡Oye, hombre! Teddy, ¿verdad? ¿Quieres hacer un bong de cerveza?—,
14mepregunta excitado un tipo cualquiera -cuyo nombre no recuerdo-. Miro a
Liam, que se encoge de hombros.
—Claro, por qué no—. Sonrío y lo sigo hasta donde se ha reunido un círculo
de personas con un único propósito: beber cerveza. Observo cómo una chica se
termina su cerveza como una campeona, sin arcadas ni nada, sólo un sonoro
eructo. —¡Claro que sí! — Grito y le doy un golpe de puño mientras se pasa la otra
mano por la boca.
—¡El siguiente es Teddy!—, dice alguien. ¿Cómo es que todos saben mi
nombre? Sé que soy extrovertido y que voy a un montón de fiestas y demás, pero
nunca tengo la sensación de impresionar a nadie. Me hacen pasar y me dan un tubo
conectado a un gran embudo. El tipo que me ofreció la cerveza me la sostiene y
vierte toda la cerveza en el embudo. Giro la válvula y me pongo el tubo en los labios
justo a tiempo para que la cerveza se precipite en mi boca. La engullo en unos tres
segundos con facilidad, y mis ojos buscan automáticamente a Liam. Está de pie con
una sonrisa orgullosa en la cara, con los brazos cruzados delante del pecho.
Me agarra del brazo y me tira hacia él. Me golpeo contra su pecho y me besa
con fuerza. —Garganta GOAT—, dice.
—¿Garganta qué? — pregunto confuso. ¿Qué mierda significa eso? Se le
escapa una carcajada que me hace sonreír. Me gusta pensar que puedo recordar
todas las veces que le he hecho reír.
—GOAT significa el mejor de todos los tiempos, T, y tú eres definitivamente
el GOAT de la garganta.15
Mis mejillas se enrojecen y le empujo el hombro. —¡Cállate!
Sólo se ríe más fuerte, y mi polla empieza a llenarse de calor mientras me
atraviesan por la cabeza todas las mamadas que le he hecho. Nos quedamos

14
Es un dispositivo donde se une un embudo con mangueras.
15
Esto es exactamente lo que significa. El mejor de todos los tiempos/El mejor del mundo, etc.
142
Bailey Nicole Worthless Boys

alrededor de este grupo, y siguen lanzando cervezas en mi mano cada vez que
termino una y, antes de darme cuenta, estoy definitivamente borracho. Mi vista se
nubla y los duros bordes de Liam parecen muy suaves, y no puedo evitar seguir
tocándolo. Me deja que me aferre a él y que pase mi mano por su piel siempre que
quiero, que es a menudo.
—Creo que deberíamos ir a buscar a Mad y hacerle saber que estamos aquí—
, le susurro-grito al oído. Quiero verlo antes de que esté demasiado jodido, y creo
que llevamos aquí al menos una hora. Si tuviera que adivinar, diría que
probablemente esté en la propia mansión o junto al escenario. No lo veo
mezclándose mucho aquí afuera. Así que tomo la mano de Liam y le indico el
camino.
Mientras mis ojos escudriñan a la multitud -por si acaso- veo todo tipo de
locuras. Una chica está sentada en la hierba mientras alguien está delante de ella
con unos guantes luminosos; le hace girar los dedos en la cara formando todo tipo
de patrones intrincados. Probablemente esté tomando algún tipo de alucinógeno,
así que sé que le parece magnífico.
Estoy seguro de que he visto a unas cuantas personas follando literalmente
en las sombras junto al bosque. Creo que yo también follaría con Liam en el
bosque, si soy sincero conmigo mismo.
Conseguimos llegar a la mansión sin que nos detengan demasiadas veces.
Miro a mi alrededor y veo a Mad sentado en unos muebles de patio rodeado de su
habitual séquito de gente, pero hay una cinta de precaución que nos impide pasar
por allí. —¡Mad! — grito y agito la mano. Su cabeza se levanta y nos hace un gesto
para que nos acerquemos a él. Pasamos por encima de la cinta y le doy un abrazo
de oso.
—No sabía si lo conseguiríais, reflexiona.
—Teddy es muy persuasivo—, dice Liam desde mi lado. —Esta es una puta
fiesta muy seria, hombre—. Es agradable ver a Liam hablando con Mad como una
persona normal cuando sé que alberga cierto nivel de resentimiento hacia él. Lo
agradezco, porque realmente me importa Mad.
Mad se lanza a dar una larga explicación sobre todo lo que ha planeado y
cómo ha pagado a un niño rico para que use la mansión de sus padres durante la
noche. Es un poco preocupante porque me da la sensación de que dichos padres no
son conscientes de la enorme fiesta que se está celebrando en su propiedad en estos
momentos. Observo la expresión de Mad, que no parece tan entusiasmado como
creía.
—¿Va todo bien? No parece que lo estés pasando bien—, le pregunto.
Suspira y mira más allá del escenario, al otro lado del estanque, hacia donde
está la mayoría de la gente. —Estoy bien. Sólo siento que toda esta mierda ya no es
143
Bailey Nicole Worthless Boys

tan divertida como antes. Ya no siento la misma emoción, y las cosas que solían
excitarme ahora me parecen jodidamente molestas.
Liam habla a mi lado: —Yo también lo siento. Empiezo a pensar que este ya
no es mi público. Es decir, entiendo el atractivo, pero ya no me atrae como antes.
Prefiero esforzarme en el trabajo y hacer movimientos para que Teddy y yo
tengamos un mejor futuro. Esta mierda parece una pérdida de tiempo. No te
ofendas—. Mi corazón revolotea en mi pecho ante sus palabras. No sé por qué me
sorprende después de todo, pero sigue haciéndolo. Quizá siempre lo haga.
Mad se ríe. —No me ofendo. Me alegro de que tengas la cabeza bien puesta.
Teddy se merece el mundo, ya sabes—. Y ahora hablan de mí como si no estuviera.
—Y yo siempre se lo he dado.
Mad le lanza una mirada evaluadora como si midiera la verdad de sus
palabras. Dice algo, pero pierdo un poco la concentración. Una oleada de náuseas
me sacude; la siento crecer desde el estómago hasta la garganta. Vomito en seco un
par de veces, pero se me pasa, y cuando me llevo la mano a la frente, la siento rara.
Parece más ido de lo que debería, y un rastro la sigue. ¿Alguien me ha drogado? No,
no pienses así. Probablemente alguien pensó que me estaba haciendo un favor y
deslizó una pastilla de LSD en mi bebida. Seguro que se siente como LSD. La
mayoría de la gente sabe que me encantan las drogas alucinógenas... bueno, solía
hacerlo. Hace tiempo que no las tomo.
Supongo que Liam ha empezado a cambiarme para bien. Me doy cuenta de
que ni siquiera me he planteado tomar ninguna droga durante toda esta fiesta. Por
lo general, a estas alturas ya me habría puesto a cien por hora.
Ok, tengo que ponerme serio. No me atrevería a tomar ácido en una fiesta
tan grande, hay demasiadas posibilidades de que la mierda salga mal, y lo último
que quiero es un mal viaje de ácido. Necesito ir a un lugar relajante y tranquilo.
Liam y Mad están inmersos en una conversación, así que me dirijo a un lado de la
mansión, donde encuentro una piscina azul brillante. Está cambiando de color y
supongo que es por las luces de la piscina y no por el ácido. Creo que es por las
luces de la piscina y no por el ácido. Observo la piscina con atención antes de
tumbarme en el suelo junto a ella. Hay un montón de gente reunida por aquí,
saltando al agua y saliendo de ella. Haciendo cosas que se hacen en las piscinas. Un
montón de mujeres en topless. Tetas por todas partes. Los cuerpos de las mujeres
son realmente hermosos; ni siquiera puedo creer que hagan más humanos debajo
de la piel del vientre. Me estremezco internamente. Vale, quizá no pienses en eso,
Teddy.
Vuelvo la mirada al cielo, eso siempre es seguro. Podría mirar las estrellas
por siempre y para siempre. Alguien salta al agua cerca de mí y un poco de agua me
salpica las piernas. Es una sensación extraña, la forma en que el agua fría se siente
contra mi piel caliente, haciéndome cosquillas en los pelos de las piernas. Mi

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Bailey Nicole Worthless Boys

respiración es agitada, como si sintiera el peso del cielo contra mi pecho. Estoy
respirando la atmósfera. ¿Hay estrellas en mis pulmones? Creo que las siento titilar
en mi pecho.
Una forma alta y oscura aparece sobre mí. Después de enfocar mi mirada en
ella, me doy cuenta de que es Liam. Su boca está marcada en una línea dura. No
creo que esté muy contento.
—Cariño—, digo, o al menos eso creo, no estoy seguro de si me he oído decir
la palabra o no. Tal vez, sólo lo pensé, pero le hago señas para que baje con las
manos. Ni siquiera las siento pegadas a mi cuerpo, así que me sorprende que hayan
cooperado. Se sienta en el suelo a mi lado y eso me hace feliz. Sé que preferiría no
ensuciarse los vaqueros así, pero haría cualquier cosa por mí.
—¿Estás bien? ¿Por qué te has alejado?—, me pregunta. —¿Recuerdas
cuando dijimos que estaríamos juntos toda la noche?
—Alguien me drogó con ácido—, murmuro. —No lo sabía, debieron echarlo
en una cerveza o algo así. Lo único que sé es que estoy muy drogado, y no he
tomado drogas de nadie—. Mis palabras suenan entrecortadas y extrañas,
cambiando de octava y acelerando y ralentizando.
—¿Hablas en serio? ¿Alguien te drogó sin preguntar? Creo que recuerdo a la
mayoría de las personas con las que hablamos. Voy a averiguarlo, ángel. No te
preocupes—, le dice a gruñidos.
—No, está bien. Probablemente pensaron que me estaban haciendo un favor.
Estoy seguro de que eso es lo que pensaron. Estate tranquilo, no quiero tener un
mal viaje—, respondo en voz baja, apenas un susurro. —Quédate aquí conmigo y
cuéntame cosas bonitas.
Oigo su risa de sonido decadente desde la distancia o podría estar justo al
lado de mi oído, no puedo estar seguro. Siento que algo me hace cosquillas en la
cara y abro los ojos. ¿Cuándo los he cerrado? Se ha tumbado a mi lado y acerca su
cara a la mía. Sus rastas rozan mis mejillas y siento una sensación de cuerpo
entero.
—Estás muy guapo así, totalmente relajado en el suelo cuando cientos de
personas se arremolinan para festejar. ¿Quieres oír una historia? —, me pregunta, y
su voz me envuelve como la manta más acogedora que existe. Está tan cerca que
nuestras narices casi se tocan cuando asiento con la cabeza con entusiasmo. —
Empieza un poco triste, pero hay belleza en los pequeños comienzos. Tiene un final
feliz—. Presiona sus labios contra mi frente y la electricidad se dispara desde el
lugar hasta mi cerebro. —Dos pobres chicos que vivían en el mismo hotel se
encontraron un día fuera. Parecían muy diferentes desde fuera: uno pequeño, otro
alto. El más alto le echó un vistazo y decidió que era suyo. Sería su persona favorita

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Bailey Nicole Worthless Boys

para siempre—. Cuando hace una pausa para darme otro beso en la mejilla, me
quedo boquiabierto.
—Eres un buen contador de historias—, digo con rudeza. Me besa la otra
mejilla y, cada vez que lo hace, parece que me absorbe todo el aire. El ruido de
fondo parece aumentar, y Liam también lo nota. Levanta la cabeza y un escalofrío
me hiela la piel. Veo cómo la expresión de su rostro se vuelve confusa y luego
molesta. Liam me agarra de la mano y me pone de pie, pero los siento como
gelatina.
—Vamos, voy a llevarte a Mad. Tengo que ir a comprobar algo—, dice. Me
encojo de hombros y me pasa el brazo por el hombro, llevándome al patio donde
veo a Mad. Se me dibuja una sonrisa en la cara y me siento al lado de Mad. Mi
percepción de la profundidad está muy lejos de la realidad. Liam le susurra algo a
Mad y se aleja a toda prisa.
—¿Qué pasa?—, le pregunto. Las cosas están sucediendo demasiado rápido
de repente. Parece que la gente está cada vez más frenética. Creo que ahora hay
mucha más gente aquí, pero no puedo estar seguro. Todos se mezclan y se
confunden entre sí.
—Nada. Todo está bien—, me tranquiliza y me da una botella de agua.

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Bailey Nicole Worthless Boys

Veintitrés
Liam

Esto tenía que pasar. Escuché a la gente mencionar que la policía está fuera
de la propiedad, registrando los coches de la gente. Aparentemente, cada vez que
alguien se detiene, la policía lo hace. La fiesta llamó demasiado la atención al tener
cientos de coches aparcados por toda la autopista, y puede que sea hora de que
Teddy y yo nos vayamos de aquí.
Todavía me jode mucho que alguien lo haya drogado sin su permiso, pero he
hecho un excelente trabajo para no encontrarlos y clavarles los dientes en el puto
cráneo. Me modero. Lo hago por T, no quiero arruinar su mente con toda esa
negatividad.
La fiesta se ha triplicado fácilmente desde que llegamos, así que me
sorprende que la gente siga filtrándose por la puerta aunque pueda ver las luces
azules intermitentes de los coches de policía. ¿Por qué no se apresuran a cerrar la
fiesta? Tal vez el problema sea que los coches bloquean la carretera, pero
sinceramente, buena suerte con eso. Estos idiotas han metido sus coches en
cualquier pequeño espacio que han podido encontrar.
Sí, creo que deberíamos irnos antes de que las cosas se vuelvan más locas de
lo que son. No pasará mucho tiempo antes de que la policía se abra paso dentro.
Me doy la vuelta para volver y oigo el ruido de los helicópteros. Mis ojos se dirigen
al cielo y, efectivamente, hay dos helicópteros volando por encima de nosotros con
sus focos escaneando la fiesta. Oh, mierda. Saco mi paquete de cigarrillos y tiro al
suelo los restos de mi cigarrillo de antes. Aunque un policía me detenga, no tendrá
ningún motivo real para detenerme.
Todo el mundo parece enloquecer al ver los helicópteros. La gente empieza a
correr en todas direcciones como si fueran hormigas. Acelero el paso y vuelvo a
subir por el camino de entrada para buscar a Teddy, pero cuando llego, me doy
cuenta de que el patio está vacío. ¿Qué carajo? Paso por encima de la cinta de
precaución y me dirijo hacia la puerta que da acceso a la mansión. Las brillantes
luces de aquí me queman los ojos, cegándome por un segundo. Me los froto y miro
a mi alrededor. Entonces lo oigo, un grito que viene de mi derecha.

147
Bailey Nicole Worthless Boys

El pulso se me acelera en la garganta. Por favor, sólo necesito encontrar a


Teddy y marcharme. Por favor, que esté bien. No he podido estar fuera más de
quince minutos. No entiendo qué ha podido pasar en ese corto espacio de tiempo.
Sigo el ruido hacia unas puertas francesas cerradas. —¡Al suelo! —, grita
alguien, y su voz suena apagada como si llevara una máscara. Oh, mierda. Oigo
cómo se abre la puerta principal y cómo las botas pisan el suelo de mármol. Me doy
la vuelta y me encuentro con al menos cinco policías. ¿Pueden estar aquí ahora
mismo? ¿Tienen una orden judicial? Nada de eso importa.
—Creo que mi novio está ahí dentro, está pasando algo—, grito entre jadeos,
y se abalanzan sobre mí pateando las puertas directamente. Mi mente está nadando
y desearía no haber bebido. Todo me confunde mucho más de lo que debería, y mis
reacciones son lentas y perezosas. No me había dado cuenta de lo borracho que
estaba hasta este mismo momento. Me doy la vuelta y sigo a los agentes.
—¡Todo el mundo al suelo ahora! ¡Suelten el arma! Que nadie se mueva.
¿Arma? La palabra resuena en mi cabeza, rebotando dolorosamente. Paso
por delante de un oficial y mi corazón se detiene. Teddy está de pie con las palmas
de las manos hacia arriba, con una confusión absoluta escrita en su pálido rostro, y
a unos tres metros de él, una persona con un pasamontaña negro lo apunta con una
pistola. Mad está a un lado, con los ojos mirando entre ellos. El sudor brota de su
rostro agonizante.
—Déjalo fuera de esto—, razona Mad. —Él no tiene nada que ver con esta
mierda, déjalo ir. Ni siquiera lo conozco.
El enmascarado no tiene oportunidad de decir nada porque me precipito
hacia delante. Corro hacia Teddy. Ni siquiera pienso en lo inteligente o tonta que es
esa decisión llena de adrenalina. Tan pronto como mis pies se mueven, lo oigo: los
disparos estallan y resuenan en la gran sala. Se produce un torbellino de caos
cuando caigo encima de Teddy, haciéndonos caer. Los gritos y los golpes se
convierten en un fuerte zumbido en mis oídos. Miro los ojos azules de Teddy,
congelados por el miedo. Pero entonces se mueven, catalogándome, y veo dónde se
detienen. En mi hombro.
Él jadea y su cara se transforma en miedo. Un grito espeluznante lo
atraviesa, perforando mis oídos. Miro hacia abajo y mi aliento muere en mi
garganta. Sangre. Mi mano se dispara por reflejo para presionar la herida y detener
la hemorragia, pero no se detiene. Empiezo a hiperventilar. Unas manos fuertes me
agarran por los hombros y me mueven. Empiezo a forcejear para zafarme de su
agarre, pero la voz de Teddy me detiene.
—Le han disparado. Le han disparado. Está sangrando—, balbucea, y eso es
lo último que oigo antes de que la negrura se deslice desde los bordes de mi visión y
me sumerja en la oscuridad.

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Bailey Nicole Worthless Boys

Veinticuatro
Teddy

El hecho de que te ocurra lo peor imaginable no significa que el viaje se


detenga por arte de magia. Un viaje de LSD puede durar hasta doce horas en la
mayoría de los casos, y el mío lo hizo.
Liam estaba sin camiseta, como siempre. Cuando mis ojos se centraron en la
herida de bala, el pánico iluminó todas las terminaciones nerviosas de mi cerebro.
Mi mente drogada se aferró a la realidad. Pensé que era una alucinación. No es
real. No puede serlo. Pero incluso ahora, es todo lo que puedo ver. La sangre
carmesí oscura. La herida abierta. Sus dedos mientras se aferraban a ella tratando
de detener la hemorragia.
Y luego se fue. Sus ojos revolotearon detrás de los párpados mientras su peso
muerto me aplastaba contra el duro suelo, y lo único que pude hacer fue gritar. Mi
cerebro no pudo procesar ninguna de las mierdas que pasaron anoche, y todavía se
mezclan y se transforman. Casi como si fuera una pesadilla.
El pitido constante de la máquina me recuerda que sí ocurrió, al igual que la
forma de Liam durmiendo en la cama del hospital. No he dormido. Mis ojos arden
y se nublan, incapaces de seguir enfocando. Después de que le dispararan, creo que
mi cara se congeló por el shock, incapaz de parpadear o moverse. Cierro los
párpados a la fuerza, pero los vuelvo a levantar rápidamente. No puedo quedarme
dormido. Necesito estar despierto cuando vuelva en sí. Mi mente no estará
tranquila hasta entonces.
La señora Janet está sentada en la silla junto a su cama. No le ha soltado la
mano, no ha dejado de susurrar oraciones en voz baja y tampoco me ha dicho una
palabra. Estoy un poco agradecido, teniendo en cuenta que siento la garganta como
si me hubieran atravesado con cuchillas de afeitar, y no estoy seguro de poder
mantener la compostura delante de ella. El flujo constante de lágrimas en este
punto es razonable para un mejor amigo, pero no podría disimular mis verdaderos
sentimientos por él si tuviera que hablar. El dique se rompería y todo se
derrumbaría.
Por lo que mi cerebro frito ha deducido, la bala le atravesó directamente, así
que no está alojara en algún lugar de su hombro. El médico dice que sólo tienen

149
Bailey Nicole Worthless Boys

que vigilar la infección el próximo par de días y luego es libre de ir a casa. Así que
está bien. No se va a morir como pensé cuando me caí. El pensamiento se repitió
una y otra vez enterrándome en el viaje más siniestro y oscuro que jamás haya
experimentado. No volveré a tomar ácido -no es que lo hiciera por voluntad propia
anoche-, pero, aun así. La oportunidad de una mierda como esa nunca volverá a
suceder.
Estar convencido de que el amor de mi vida estaba muerto durante horas fue
insoportable. Completamente catastrófico. Estaba atrapado en mi mente. Gritando.
Gritando. Trago y mi garganta seca arde. Nunca. Nunca más.
Me gustaría poder tocarlo. Me siento como un imbécil porque quiero decirle
que se mueva de ese asiento y me deje sentirlo. Sentir su pulso en la muñeca. Ver
su pecho subir y bajar con cada respiración. Pero es su hijo y no se lo voy a quitar.
Ni siquiera estoy seguro de cuál es nuestra posición en este momento.
La puerta se abre y entran Ant, Ben y Damon. Supongo que las horas de
visita han empezado por fin. Ben me envuelve inmediatamente en un abrazo, que
no sabía que necesitaba. Enterrando mi nariz en su cuello, un silencioso sollozo
escapa de mi garganta. Me dice que está bien, que todo va a salir bien. Las palabras
que nadie quiere oír cuando está destrozado así. Oigo a Ant hablar con la señora
Janet, le hace las preguntas importantes. ¿Cómo se está recuperando? ¿Necesita
algo? Me hace sentir culpable, pero la niebla de mi cerebro apenas empieza a
despejarse. En serio, necesito dormir.
Ben se sienta a mi lado, tomando mi mano entre las suyas y apoyando su
cabeza en mi hombro. Damon se posa a su lado. La señora Janet se levanta de su
silla y nos recorre a todos con la mirada. Se detiene donde la mano de Damon está
agarrando el muslo de Ben. Un parpadeo de dolor me enciende el pecho. Liam y yo
estaremos condenados para siempre a sus ojos.
—Voy a buscar algo de comida y a darles un poco de tiempo con él—,
murmura agotada. En cuanto la pesada puerta se cierra detrás de ella, me levanto
del sofá y me abalanzo sobre Liam. No me importa que nuestros amigos estén
mirando detrás de mí. Agarro la mano de Liam, la acerco a mi mejilla y la
mantengo ahí, girando mi cara hacia su palma. Las lágrimas caen continuamente
de mis ojos, pero ningún ruido sale de mis labios.
Sus cejas se juntan y yo jadeo. Parpadea con dificultad e intenta lamerse los
labios, pero tiene la boca demasiado seca. Me limito a mirarlo con ojos suplicantes,
temiendo romper el silencio de la habitación.
—Liam—, digo finalmente, con la voz más ronca de lo que esperaba. —Liam,
está bien. Estamos todos aquí, estoy aquí.
Su mano se estrecha en torno a la mía, apretándola, mientras él finalmente
abre los ojos. —¿Qué está pasando? — Intenta sentarse pero sisea y se vuelve a

150
Bailey Nicole Worthless Boys

tumbar. —Esta mierda arde—, gruñe. Mis ojos se abren de par en par y casi me río
de lo jodidamente despreocupado que está ahora.
—Voy a llamar a la enfermera—, anuncia Ant. Lo ignoro y sigo mirando los
ojos oscuros de Liam. Creo que los dos estamos demasiado agotados como para que
nos salgan las palabras, pero no importa. Puedo sentir la intensidad de su mirada.
Una enfermera entra rápidamente y trae un vaso de agua. Acerca la pajita a
los labios de Liam y bebe lo que puede. La enfermera le da los antibióticos y le
sugiere que tome algún medicamento para el dolor. Liam no parece muy
entusiasmado con esa idea, pero acepta de todos modos.
Cuando se va, Liam gira la cabeza hacia mí y me pregunta: —¿Arrestaron a
esos hijos de puta o se escaparon?
—No se escaparon, pero realmente no estaba en el estado adecuado para
entender lo que estaba pasando—, digo. —No he tenido noticias de Mad, así que
asumo que también lo arrestaron—. Mis labios se fruncen aún más al pensarlo.
Ojalá arreglara su vida de una vez.
—No más Mad—, me dice. —Casi te disparan por su culpa, otra vez. Podrías
haber muerto. Si no hubiera corrido cuando lo hice, habrías sido tú el que hubiera
recibido una bala. Y podría no haber sido en tu hombro como el mío.
Me muerdo el labio porque tiene razón. Por supuesto, la tiene. Pero no
quiero culpar de todo a Mad. Conozco sus malos rasgos y toda la mierda horrible
que ha hecho, pero sé, en el fondo, que puede cambiar. Lo hará. Sin embargo, tal
vez no pueda acompañarlo en el camino. Otra lágrima rueda por mi mejilla por la
pérdida de un amigo.
Apoyo mi cabeza en su muslo y descanso en él. Nos sentamos en silencio
durante un rato hasta que Damon habla. —¿Así que ahora se van a convertir en
ancianos y se van a quedar en casa todo el tiempo como Ben y yo?—. Era su forma
de aliviar la tensión en la habitación, pero me pesa.
—Ya habíamos parado. Estábamos bien, pero le rogué que fuera a ésta. Ni
siquiera quiso—, grazno. La culpa vuelve a enroscarse en mis entrañas.
—No empieces con esa mierda, T. No es tu culpa que me hayan disparado.
Son cosas que pasan. A la gente le disparan todo el tiempo por aquí, y tú lo sabes—.
Sé que no es mi culpa, pero sigue doliendo saber que esta mierda no habría
ocurrido si no me hubiera preocupado tanto por ir a una estúpida fiesta en una
mansión. Sé que me gusta socializar, y que necesito estar rodeado de gente para
mantenerme cuerdo. Pero hay otras formas de hacerlo.
La enfermera vuelve a entrar y justo detrás de él viene la madre de Liam.
Ella ve el lugar donde mi cabeza se apoya en su muslo, inmediatamente. Su rostro

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Bailey Nicole Worthless Boys

se tuerce en señal de disgusto o confusión, no estoy seguro. Intento separar mi


mano de la suya y moverme, pero me aprieta más.
Se traga las pastillas que le da la enfermera. Cuando la enfermera se va, la
señora Janet se acerca a nosotros. Le toma la otra mano y le besa los dedos. —
Gracias a Dios que estás bien. Te quiero mucho. Eres muy fuerte, cariño—. Las
palabras salen rápidamente de sus labios, una y otra vez.
—Está bien, mamá. Me han dicho que debería salir de aquí enseguida—, la
tranquiliza. Su barbilla tiembla mientras toma aire y sus ojos se encuentran con los
míos.
—¿Y cómo estás tú, Teddy? ¿Estás bien?—, pregunta y las palabras suenan
bastante sinceras. Me quedo con la boca abierta por la confusión y sus ojos se abren
de par en par. —¿Qué? ¿Crees que dejaría de preocuparme por ti y de quererte sólo
por tu sexualidad? —. Se burla, pero las lágrimas rebosan en sus ojos ya vidriosos.
Me quedo sin palabras, abriendo y cerrando la boca como un idiota.
—Sé que no lo manejé tan bien como podría haberlo hecho ese día; sólo
necesitaba tiempo para pensar. Quería entenderlo y entenderte a ti, pero no me
planteé ni una sola vez repudiarte.
—Estamos juntos, mamá—, dice Liam con cansancio. —No voy a ocultarlo
más a ti ni a nadie. Significa demasiado para mí.
Mis dientes muerden el labio dolorosamente para mantenerme con los pies
en la tierra en este momento en el que todo parece estar en el aire. La miro con
indecisión y veo cómo un millón de emociones diferentes cruzan su rostro. Se
aclara la garganta. —Me alegro de que estes a salvo. Ahora no es el momento de
hablar de nada de esto. Ambos necesitan descansar—. Me doy cuenta de que está
molesta, porque las palabras suenan forzadas desde su garganta. —Voy a ir a casa a
descansar yo también. Volveré a primera hora de la mañana.
Me aclaro la garganta. —Probablemente me quedaré aquí y dormiré en el
sofá.
—Probablemente sea lo mejor—. Ella asiente.
—¿Necesita que la lleven, señorita Janet? — Damon se ofrece, poniéndose de
pie y palmeando su bolsillo en busca de sus llaves.
—Claro, gracias.
Y así como así, hay un torbellino de abrazos y sonrisas tristes antes de que
todo el mundo se vaya, y me quedo con el odioso pitido y el sonido de las
respiraciones constantes de Liam.

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Bailey Nicole Worthless Boys

Veinticinco
Liam

Después de tres días de hospitalización y una abultada factura, nunca he


estado más contento de estar en mi propia cama de hotel de mierda. Tengo que
seguir tomando antibióticos, pero se acabaron los analgésicos para mí. Estoy harto
de dormir y no hacer una mierda en todo el día.
De alguna manera, recibir un disparo en el hombro ha puesto muchas cosas
en perspectiva para mí. Aunque no fue fatal ni nada parecido, si las cosas hubieran
sucedido de forma diferente, el resultado podría haber sido mucho peor. Teddy y yo
estamos de acuerdo en que estamos bien con dejar esa vida atrás. Es fácil. Para
empezar, a ninguno de los dos nos importaba tanto.
Antes de que todo pasara, tuve una larga conversación con Mad. Hablamos
de muchas cosas: sus hijos, sus metas y sueños. Algunas cosas profundas. Entendí
entonces por qué a mi ángel le gusta tanto; es complejo. Lo que ves es un criminal
peligroso, pero hay más debajo de la superficie. Es una persona genuina que sólo
intenta salir adelante como el resto de nosotros.
Por desgracia, lo hace por cualquier medio necesario. Vive una vida
consumida por la ansiedad sobre en quién puede confiar. Yo no puedo vivir así, y
como dice el refrán: si te acuestas con perros, te levantas con pulgas. No me dejaré
arrastrar por sus tonterías nunca más y tampoco lo hará Teddy.
Mi mirada baja hasta donde su cabeza rizada se acurruca bajo mi brazo. No
puedo deshacerme de la mirada de puro terror en su cara cuando me derrumbé
sobre él. Está grabada en mi memoria. Incluso cuando finalmente me desperté en
el hospital, parecía que apenas podía creerlo.
Tuve suerte.
Si no hubiera estallado el caos, tal vez no hubiera salido con una simple
herida en el hombro.
Lo aprieto un poco más. Cada vez que pienso que esa noche podría haber
sido la última vez que lo viera, mi corazón se contrae dolorosamente. Mucho peor
que cualquier dolor que una bala pudiera siquiera esperar causar. Eso fue lo que
finalmente me empujó a salir y contarle a mi madre lo nuestro. ¿Cuál es el puto

153
Bailey Nicole Worthless Boys

punto de esconderse y vivir tu vida sólo para complacer a todos los que te rodean?
Voy a sacudir el barco si es necesario, y eso es todo lo que hay que hacer.
Esta es mi vida. Y Teddy no va a ir a ningún puto sitio. Así que, todos de aquí
en adelante tendrán que lidiar con ello. Él y yo vamos a crecer y a abrirnos camino
fuera de esta ciudad que tanto quiere mantenernos abajo.
Suena un golpe en la puerta y mis cejas se fruncen inmediatamente. ¿Quién
mierda llama a la puerta tan temprano? Nunca viene nadie a nuestra habitación.
Sacudo un poco a Teddy y le digo que se ponga unos pantalones. Me dirijo hacia la
puerta, con las piernas pesadas por el desuso. Otro golpe.
La abro y me quedo con la boca abierta.
—Buenos días, cariño—. Mamá sonríe. Nunca había venido antes. Tengo la
idea de que tal vez no estaba preparada para que me mudara cuando lo hice porque
no me ayudó ni vino a visitarme ni nada por el estilo. A mi madre le gusta ignorar
los problemas, casi como si no los viera, no tuviera que ocuparse de ellos.
Un pensamiento que sonó con fuerza durante mis tres días de estancamiento
fue que, si me hubiera pasado algo peor, el último recuerdo que mi madre habría
tenido de mí no habría sido bueno. Ni mucho menos. Siempre la he valorado y he
trabajado para no dejar las cosas en mal lugar, pero la única vez que lo hice...
No me gusta pensar en ello.
—Hola, mamá. ¿Entras?
Ella asiente con la cabeza y me sigue detrás, tomándose un momento para
mirar el lugar. —Bonito y limpio—. Sonríe.
—¿Pensabas que me convertiría en un vago en cuanto me mudara o algo así?
— Abro la mini nevera y le doy una botella de agua. Teddy fue a trompicones al
cuarto de baño en cuanto lo desperté; puedo oír cómo se cepilla los dientes.
—¿Es Teddy el que está ahí? —, pregunta en voz baja.
—Sí, señora. Vive aquí.
Su nariz se arruga, pero permanece callada, tomando asiento en la pequeña
mesa. Teddy abre la puerta y yo le acaricio la cara, depositando un dulce beso en
sus labios. El calor se extiende por mis venas por el simple contacto. Se sobresalta
por la sorpresa y sus ojos se dirigen a mi madre. —Hola, señora Janet—, dice,
tratando de sonar confiado, pero sin lograrlo.
Sus ojos se vuelven hacia abajo en las esquinas. —Buenos días, Teddy.
Escucha, quiero hablar con ustedes dos—. Armándome de valor, agarro a Teddy de
la mano y lo conduzco al borde de la cama, para que podamos estar frente a ella.
Respira con tranquilidad a mi lado y parece tener cierta determinación.

154
Bailey Nicole Worthless Boys

—Sólo quiero empezar diciendo lo mucho que los quiero a los dos. Liam, mi
único hijo. Has estado a mi lado y me has apoyado desde que eras pequeño, y sé
que a veces ha sido difícil. Pero siempre lo hiciste. Siempre me mostraste respeto, y
estoy orgullosa de ti—. Sus palabras llegan a algún lugar en un rincón lejano de mi
cerebro. No es propio de mi madre hablar abiertamente de cualquier cosa, y mucho
menos de sus propios errores.
—Y Teddy. Eres como un hijo para mí, siempre lo has sido. Te he visto crecer
desde que eras una pequeña cosa hasta convertirte en un adulto, y la mayor parte
de ese tiempo lo pasaste bajo mi techo. Así que, por supuesto, cuando saliste a la
luz -de forma bastante abrupta, debo añadir- mi primera pregunta fue ¿qué hice
mal? Sin embargo, he llegado a comprender algunas cosas. Hablé con mi pastor y
con algunos amigos. Sé lo perjudicial que es esa línea de pensamiento, porque al
decir eso, estoy insinuando que hay algo malo en ti—. Ella lo mira a los ojos
intensamente. —No hay nada malo en ti, Teddy. Has lidiado con muchos traumas
desde una edad tan temprana, y no eres más que brillo. Iluminas cualquier
habitación en la que entras. Ninguna de las cosas horribles por las que te hizo pasar
Diana ha agriado tu perspectiva, y eso es increíble. Algo de lo que estar orgulloso.
Me arriesgo a mirarlo y veo que sus ojos están llenos de lágrimas, con la cara
roja. —Nunca querría que pensaras que pienso menos en ti. Me pregunto cómo no
me he dado cuenta. Entiendo que probablemente no sea un descubrimiento nuevo
para ninguno de los dos.
—Ser homosexual no siempre es algo que se pueda prever, mamá—,
interrumpo.
Ella asiente con la cabeza. —Ahora lo entiendo. También entiendo que tú y
Teddy han estado más cerca que los amigos durante mucho tiempo, y podría haber
visto esto venir si hubiera prestado un poco más de atención.
—Yo salí del armario como gay primero, lo he sabido desde algún momento
de la escuela secundaria. No se lo dije a Liam hasta este año. La forma en que la
sociedad reacciona ante la homosexualidad me hizo tener miedo de ser quien
realmente soy. La idea de que alguien que una vez te amó pueda repudiarte por
completo de la noche a la mañana es aterradora—, susurra Teddy. Una vez más, me
duele el corazón por todo el dolor que pasó solo. Nunca podría repudiarlo. No por
nada.
—Bueno, no creo que mi hijo pudiera hacer eso aunque quisiera. Todo su
mundo ha girado en torno a ti desde el día en que se conocieron. No entiendo por
qué alguien miraría algo tan hermoso y puro y lo condenaría. Creo que Dios
también lo verá—, dice con seguridad.
Me quedo apretando la mano de Teddy con fuerza, y veo cómo las lágrimas
ruedan por su cara. —Te agradezco que te hayas tomado el tiempo de venir aquí y

155
Bailey Nicole Worthless Boys

aclarar las cosas. Significa mucho para los dos; más de lo que podrías saber. Pero
no necesitamos hablar más de esto, mamá.
—Es curioso que digas eso porque me gustaría saber qué demonios estaban
haciendo ustedes dos en una fiesta con armas—. Su voz calmada se eleva a un grito,
y me estremezco.
—No hay que preocuparse por eso. Ya no vamos a salir de fiesta. Nos
estamos abrochando el cinturón: Teddy va a empezar la universidad y estamos
buscando un apartamento—, empiezo, pero T me interrumpe.
—Yo arrastré a Liam a la fiesta, fue mi culpa que fuéramos allí. Debería
haberlo escuchado cuando me expresó su preocupación por el tipo de gente que
podría estar allí. Así que lo siento, señora Janet—, dice con sinceridad en su tono.
Ella le sacude la cabeza.
—Está bien, Teddy. No es culpa de nadie más que de los que le hicieron un
agujero en el hombro. No te castigues por ello, sobre todo si has aprendido una
lección de ello. Y parece que ustedes dos lo han hecho.
Ella se acerca a él, envolviéndolo en un fuerte abrazo, y las emociones que ha
estado reprimiendo durante todo este tiempo se desvanecen. Sus hombros se
relajan y sus nudillos se vuelven blancos contra su espalda. Sé lo mucho que
significa para él su aceptación, y no quería perderla, su única figura materna. Ayer
se armó de valor para llamar a su propia madre y contarle lo que nos había pasado,
y ella le dijo que era un maldito idiota y que yo también lo era. Cómo le quitó la luz
de los ojos en una llamada de cinco minutos. Ambos acordamos que hasta que ella
consiga ayuda, no habrá más contacto entre ellos. A veces tienes que poner tu
propia cordura primero.
—Ven a darme un abrazo, Liam. No me obligues a forzarte—, canturrea mi
madre, volviéndose hacia mí.
No esperaba que estuviera bien de la noche a la mañana, y me doy cuenta de
que todavía está molesta por todo. Es evidente que está haciendo todo lo posible
para no ser ofensiva y para comprender. Después de toda una vida creyendo que
ser gay es un pecado y que estamos condenados, me sorprende que incluso intente
aprender y cambiar sus creencias. No es una mala persona, nunca lo ha sido. Y está
claro que ahora. Ella nos está poniendo en primer lugar.

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Bailey Nicole Worthless Boys

Epilogo
Teddy

—¿Dónde guardas las pinzas? — Damon grita desde la cocina. Nuestra


cocina. Ahora tenemos una cocina de verdad con una nevera de tamaño completo,
un horno y un lavavajillas. Nuestro propio apartamento. Bueno, Ant también vive
aquí, somos compañeros de piso. Pero no importa, nunca está aquí con todo el
trabajo y las clases de la universidad.
—Están en el cajón a la izquierda de la nevera—, responde Liam. Toda la
pandilla está aquí, y él ha estado en vilo todo el tiempo. De pie, asegurándose de
que nadie lleve zapatos en la casa y tiren lo que ensucien. Incluso le ha dicho a
Damon que mantenga sus sucias manos lejos de nuestras paredes. Me reí mucho,
jadeando. Se alegra de que todo el mundo esté aquí en nuestra fiesta de
inauguración, pero en lo que a él respecta, somos una panda de sucios paganos.
—Liam, ¿por qué no te sientas y te tomas una cerveza conmigo? — le
pregunto, con la esperanza de calmarlo.
Me mira distraído. —Sí, en un minuto. Dame, ¿por qué tardas tanto ahí
dentro? —. Se distrae y va hacia la cocina.
—Nunca podrías vivir con nosotros—. Ben se ríe. —Tendrías un paro
cardíaco el primer día. Damon deja sus calcetines sucios y su camisa de trabajo
sudada junto a la puerta cuando llega a casa todos los días.
—El horror—, jadeo, y mis ojos se abren cómicamente. Vienen corriendo
desde la cocina con bandejas de comida en la mano. Me levanto de un salto y les
abro la puerta del porche trasero. Veo cómo cargan una gran variedad de cosas en
la parrilla. Me cuesta creer que por fin tengo un lugar al que llamar hogar. Un lugar
que espero con ansias todos los días. No tengo que temer que me lo quiten o que
pueda acabar durmiendo en la calle. No tengo que preocuparme por tener las cosas
que necesito porque Liam y yo trabajamos juntos para conseguirlo. Incluso
conseguimos cosas que queremos, como la brillante tostadora roja de época que vi
en la tienda el otro día.

157
Bailey Nicole Worthless Boys

Todavía no tenemos coche, pero no importa. Es una meta más que podemos
alcanzar juntos y, mientras tanto, tenemos un grupo increíble de amigos a nuestro
alrededor que siempre están dispuestos a ayudar.
—¿Alguien sabe si Ant va a venir? — Pregunto.
—Dice que está estudiando en la biblioteca, y que vendrá después—, dice
Ben. —Me gustaría que fuera más despacio; es demasiado duro consigo mismo—.
Es cierto. No se da un respiro. Siempre me ha inspirado, pero al mismo tiempo,
puedo ver cómo lo quema.
Al crecer, nunca me di cuenta de lo jodida que era mi vida hasta que vi cómo
vivía Liam. Nunca antes había pasado la noche en casa de nadie, y aunque él vivía
en un hotel como yo, era una experiencia totalmente diferente. Su casa estaba
limpia, su madre cocinaba la cena y lo dejaba comer cuando quería, tenía la ropa
limpia y bien doblada, y hablaban. Hacían cosas juntos. Ella sólo se ausentaba por
trabajo o para hacer recados. Es fácil volverse ciego ante lo que te rodea cuando no
conoces nada mejor. Aunque Liam tuvo una infancia normal en la mayoría de los
aspectos que cuentan, finalmente comprendió que podía hacerlo mejor. Puede
tener un apartamento y sus propios muebles y no tener que preocuparse de que los
bichos raros le causen problemas. Puede estar en paz. Y sé que eso significa mucho
para él.
Me acerco a él y le rodeo la cintura con mis brazos. —Estoy muy orgulloso de
ti. Mira todo esto—, le susurro suavemente.
—Nunca lo habría hecho si no fuera por ti, ángel—. Se gira y me abraza
contra su pecho.
—Eso no es cierto—, le digo y le pincho la cicatriz plateada del hombro. No
sé por qué me gusta meterme en ella, pero él siempre me deja. —Puedes conseguir
todo lo que te propongas.
Con la forma en que vivimos nuestras vidas ahora, es difícil creer que
hayamos terminado en medio de un tiroteo. Los dos trabajamos y yo tomo clases
online; pasamos mucho más tiempo con Damon y Ben porque son cercanos.
Para mi sorpresa, Mad salió de la cárcel bastante rápido después del
incidente, y una de las primeras cosas que hizo fue comprobar cómo estábamos.
Liam estaba cabreado por todo el asunto, pero Mad nos lo explicó. Al parecer,
después de que Liam se fuera a buscar a la policía, nosotros entramos. Pensó que
sería mejor alejarme de toda la gente, ya que estaba tropezando. No creía que
tuviera nada de qué preocuparse, las cosas habían ido muy bien toda la noche. Los
tipos enmascarados entraron por una puerta lateral en cuanto se dieron cuenta de
que estaba dentro; no sabía quiénes eran. Dijo que podían ser una multitud de
personas. Pero exigían dinero, eso sí lo recuerdo.

158
Bailey Nicole Worthless Boys

Las cosas se intensificaron porque empecé a enloquecer. No podía mantener


la calma. En el momento en que vi la pistola, me puse histérico, así que el pistolero
dirigió su atención hacia mí. Me exigió que me callara y me tirara al suelo, pero el
problema fue que en ese momento perdí el control del pensamiento racional y me
quedé paralizado. Fue entonces cuando la policía irrumpió.
Es bueno tener el resto de las piezas del rompecabezas, pero no hace que la
experiencia sea menos traumática. He renunciado a cualquier tipo de fiesta y limito
mi contacto con Mad a intercambios de texto de vez en cuando, por desgracia. Pero
es mejor que nada.
Al final, Damon empieza a repartir hamburguesas y perritos calientes a todo
el mundo y todos volvemos a entrar para sentarnos a comer. Todavía no tenemos
suficientes sillas en la mesa de la cocina para todos, así que Liam opta por quedarse
de pie en la barra de la cocina.
La puerta principal se abre bruscamente y entra Ant, con la mochila en la
mano. —¿Qué me he perdido? Mmm, huele bien aquí.
—En realidad, nada. Sólo que Liam es un raro maniático de la limpieza—,
bromea Damon, lanzando a Liam una sonrisa irónica.
—No es tan malo—. Se ríe. —Es como si todavía viviera con mi madre—. Sé
que su casa siempre estaba impecable y que tampoco se nos permitía llevar zapatos
dentro de ella. Así que ha sido una adaptación sencilla para él.
—¡Deja las cosas del colegio y ven a comer! — grito con entusiasmo. Nada
me hace más feliz que tener a todos juntos en un mismo lugar.
Nos metemos la comida en la boca durante un rato y luego decidimos beber
unas cervezas y poner una película. Me acurruco junto a Liam en el cómodo sofá
que encontré en una tienda de segunda mano. Ninguno de nuestros sofás hace
juego, pero creo que le da carácter. Creo que mucha gente podría echarnos un
vistazo y decir lo mismo: no hacemos juego. Al menos, no desde fuera. Pero
simplemente no es cierto. Liam es mi roca, y yo soy su sol. He llegado a aceptar
que lo inspiro de la misma manera que él me inspira a mí, y eso es algo a lo que vale
la pena aferrarse.
Prácticamente me pego a él, pero a él no le importa. Es exactamente donde
me quiere. —Te amo, Ángel—, susurra, y le doy un beso en el cuello.
—Te amo mucho.
Miro a mi alrededor y lo único que siento es una oleada de orgullo. Orgulloso
de cada uno de mis amigos por hacer algo con nuestras vidas, vidas que mucha
gente ignora. La sociedad ignora a la gente como nosotros como si no tuviéramos
valor o algo así. El hecho de que hayamos crecido en la pobreza o que nuestros

159
Bailey Nicole Worthless Boys

padres sean drogadictos no significa que estemos destinados al mismo destino.


Podemos hacerlo mejor, y lo estamos haciendo.

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Bailey Nicole Worthless Boys

Agradecimientos
Hay mucha gente a la que agradecer. Tantas personas que han hecho todo esto
posible. En primer lugar, mi prometido y mis dos hijos. Mis compañeros
constantes. Mis rocas. Me impulsan cada día y me hacen esforzarme para hacerlo
mejor.
Un enorme agradecimiento a mi lector alfa, Sam, que escuchó toneladas de
mensajes de voz de mí trabajando en este libro. Sin ti, me habría perdido en mi
cabeza. En serio, no puedo agradecerte lo suficiente por todo. También a mis
lectores beta. Nick y Michelle, siempre aprecio su completa honestidad y sus ojos
críticos. Son insustituibles.
A mi editora, Zainab, eres muy atrevida. Sin ti este libro sería un auténtico
montón de basura. Tu dedicación para que esta historia sea lo mejor posible es algo
que aprecio mucho. Cada vez aprendo más de ti.
Ashley, Anna, Allie, Nick, Nina, Marshay, Michelle, Sam. Mis mejores
amigos. Saben que mi ansiedad social está por las nubes, y a veces me alejo de las
redes sociales durante largos periodos de tiempo. Nunca me echan mierda por ello.
Ni siquiera entiendo cómo me aguantan, pero se quedan conmigo para siempre. Lo
siento. Todos ustedes significan más para mí de lo que podrían saber.
Marie, nos hemos vuelto tan cercanas en los últimos meses, y estoy tan feliz
por ello. Me ayudaste a superar mucho del estrés que me produjo este libro. Pase lo
que pase, siempre tienes algo positivo o tranquilizador que decir, incluso cuando
soy un disco rayado.
Todos los amigos que he hecho en esta comunidad. Hay demasiados para
enumerar, pero los valoro a todos y cada uno de ustedes. Y todos los lectores que
siguen leyendo mis libros... Ni siquiera entiendo cómo es eso, pero los aprecio
mucho a cada uno de ustedes. Cada mensaje. Cada comentario. Cada vez que
recomiendan mis libros pervertidos y tóxicos a alguien. Ustedes hacen que todo
esto valga la pena. Gracias desde el fondo de mi extraño corazón.

161
Bailey Nicole Worthless Boys

Sobre la autora
Bailey es una autora a la que le encanta escribir libros románticos LGBTQ+.
Prefiere escribir sobre mundos y personajes de ficción que sobre ella misma, pero
le encanta interactuar con sus lectores.

162

Bailey Nicole
 
Worthless Boys 
 
 
1
Bailey Nicole
 
Worthless Boys 
 
 
2
Bailey Nicole
 
Worthless Boys 
 
 
3
Bailey Nicole
 
Worthless Boys 
 
 
4 
 
Nota del staff 
 
Esta traducción está hecha sin fines de lucro. Es un trabajo reali
Bailey Nicole
 
Worthless Boys 
 
 
5 
 
High1 and Hopeless 
“En lo alto y sin esperanza” 
“Chicos sin Valor” #2 
Bailey Nico
Bailey Nicole
 
Worthless Boys 
 
 
6 
 
Contenido 
 
Lista de reproducción 
Advertencia sobre el contenido 
Dedicatoria 
Sin
Bailey Nicole
 
Worthless Boys 
 
 
7 
Playlist 
 
Fame on Fire—Without Me 
A$AP Rocky (feat. Rod Stewart, Miguel, Mark Ronso
Bailey Nicole
 
Worthless Boys 
 
 
8 
Advertencia 
 
Hay algunos temas que pueden resultar incómodos para algunos lectores.
Bailey Nicole
 
Worthless Boys 
 
 
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Dedicatoria 
 
A todas las personas que se dieron cuenta de que tal vez sus circunstan
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Sinopsis 
 
En mi cabeza, lo imagino. Mi mejor amigo heterosexual. El que nunca tendr

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