Contexto y Crisis en la Guerra del Pacífico
Contexto y Crisis en la Guerra del Pacífico
Pasada la etapa del Apogeo de nuestra vida republicana con las presidencias del mariscal
Ramón Castilla y la victoria del 2 de Mayo de 1866 en el Callao, el Perú entró en un
momento de grave crisis económica que se fue agravando paulatinamente hasta derivar en
la bancarrota. Dos riquezas nacionales entonces en auge, el guano y el salitre, no fueron
racionalmente explotadas ni aprovechadas. Quiso el destino que, paralelamente a esta
crisis económica, que privó el país de seguir cumpliendo su programa de defensa nacional,
se acentuara la crisis política interna por la actitud de desunión de los caudillos militares y
civiles, y se fuera agravando el panorama internacional por los problemas que surgían entre
Chile y Bolivia y Chile y Argentina por la iniciación de la nefasta política expansionista
chilena, crisis que, en forma sorprendente para nosotros, derivó en la guerra que nos
declaró Chile el 5 de abril de 1879. En esta nueva etapa de nuestra vida republicana
desaparecen los llamados "Mariscales de Ayacucho".
Durante todo el año 1866 y mayormente después de la victoria del 2 de mayo en el Callao, el
gobierno de la Dictadura del Coronel Prado haciendo uso del omnímodo poder que se
disponía, abordado fundamentalmente reformas en el aspecto económico, educacional,
jurídico, y financiero del país, pretendió proseguir la guerra contra España y mandar a la
escuadra peruana para que atacara las posesiones españolas en las Filipinas, y realizo una
firma política internacional de tendencia americanista apoyado por los lauros que había
conseguido el 2 de Mayo. Creo el Departamento de Ica por Decreto de 30 de enero de 1866.
Bien pronto el Presidente Provisional entró en serios desacuerdos con el Congreso. En mayo
de ese año, el mariscal Castilla, que había sido deportado Chile, inició en Tarapacá su última
revolución. El viejo caudillo, anciano y enfermo, se rebeló contra el régimen del Presidente
Prado y emprendió desde tan lejanos desiertos su marcha revolucionaria hacia la capital; pero
atacado por el soroche y una fuerte gripe que derivó en neumonía, el 30 de mayo de 1867,
estando en plena campaña, falleció en el desierto, cerca de Tiliviche con lo que terminó la
rebelión y la existencia de este gran peruano.
La Asamblea Constituyente promulgó a los pocos meses una nueva Constitución, que no fue
aceptada por los pueblos de la República. En Arequipa el Vice-Presidente despojado del
mando general Pedro Diez Canseco, se puso al frente de los sublevados. La rebelión cundió
en el Norte apareciendo como jefe de ella el coronel don José Balta. En la imposibilidad de
debelarla, el general Prado renunció al mando el 5 de enero de 1868 y se embarcó rumbo al
extranjero. El poder pasó a manos del Vice-Presidente general Pedro Diez Canseco.
El general Diez Canseco llamó a elecciones para Presidente y Congreso. Durante su breve
gobierno ordenó el traslado a la capital de los restos del mariscal Castilla dándoseles solemne
sepultura. Diez Canseco realizo un acto de gobierno importante al ordenar la construcción de
ferrocarril de Arequipa al mar, dando lugar a la aparición de Puerto de Mollendo, encomendado
la Construcción de la Obra al Ingeniero Norteamericano Don Enrique Meiggs. Durante su
Realizadas las elecciones resultó elegido el coronel don José Balta, el caudillo del momento.
Ya por entonces habían desaparecido •estaban en decadencia los viejos caudillos militares de
la época de la Emancipación. Balta representa, junto con el coronel Prado, el nuevo militarismo
surgido a raíz de la guerra contra España. Frente a la candidatura de Baila, se presentó, en un
inútil intento de hacer triunfar la corriente liberal que había auspiciado don José Gálvez, el viejo
liberal don Manuel Toribio Ureta. El coronel Balta asumió la Presidencia el 2 de agosto de 1868
y su gobierno es uno de los más interesantes de la historia republicana. Representa la
preocupación por las grandes obras públicas de trascendencia nacional.
Por 1860 la venta del guano había empezado a disminuir y el Estado empezó a entrar en una
etapa de crisis económica. Las rentas no alcanzaban para cubrir los gastos procediéndose a
pedir prestado, empeñándose las rentas futuras del país para satisfacer las necesidades del
presente. Los préstamos se hacían con los consignatarios del guano a cambio de que se les
prorrogara los contratos de ventas a consignación. El Estado entró así en una etapa de
progresivo endeudamiento, que se aumentó con los empréstitos de 1865 destinados a la
guerra con España.
Para conjurar la crisis, el Ministro de Hacienda de Balta, don Francisco García Calderón, se
propuso mejorar la organización de la Hacienda Pública, para obtener una mejor recaudación
de las rentas, al tiempo que pidió autorización al Congreso para realizar un empréstito de dos
millones de soles con los consignatarios, el cual se gastó en menos de dos meses.
El Congreso de 1868 se interesó vivamente en solucionar la crisis existente, pero la política del
Ministro de Hacienda era, pues, la de realizar préstamos con los consignatarios y prorrogarles
los contratos de Consignación. El Congreso era contrario a esta política y su fórmula fue "nada
de prórrogas", El Presidente Balta se mostró disconforme con la política de su Ministro y el 22
de diciembre el Dr. García Calderón renunció al Ministerio.
El 5 de enero de 1869, día de su cumpleaños, (cumplía 30), don Nicolás de Piérola fue
nombrado Ministro de Hacienda del gobierno de Balta. Su gestión ministerial es una de las
más interesantes de la historia republicana. Originó tremendas polémicas, agudas críticas y
apasionados ataques, pero por encima de todo, Piérola, con corajuda decisión, llevó adelante
su plan trazado y salió airoso en la contienda.
De acuerdo con las ideas del Presidente, Piérola se propuso terminar con política de los
consignatarios y buscar un mejor comprador en Europa para el guano peruano. Para ello
necesitaba una amplia autorización del Congreso.
Ella le fue dada el 25 de enero de 1869, después de que el Cuerpo Legislativo escuchó las
ideas del joven Ministro. El 27 de marzo Piérola fijó las bailes conforme a los cuales debía de
obtenerse la venta de 2'000.000 de toneladas de guano, para salvar el déficit y terminar con los
consignatarios. Lanzada la propuesta en los mercados europeos, por los comisionados del
gobierno señores Toribio Sanz y Juan Martín Echenique, fue aceptada la que hizo la casa judía
francesa "Dreyfus Hermanos', y el 5 de julio de 1869 fue firmado en País el contrato. Por él,
Dreyfus, se comprometía a comprar dos millones de toneladas de guano, debiendo pagar al
gobierno S/. 36.50 por tonelada efectiva de guano que se recibiera en las guaneras a bordo de
los buques fletados por Dreyfus. También se fijaba el precio de S/. 35.50 por tonelada que se
recibiera de los buques fletados por los antiguos consignatarios y S/. 60.00 por las que
existieran en los depósitos de los consignatarios fuera del Perú al tiempo de terminar sus
contratos. Se consideró que era un buen precio el que obtenía el gobierno puesto que los
anteriores consignatarios sólo le pagaban S/. 31.00 por tonelada.
Desde que se firmó el contrato en París el ambiente periodístico se exaltó tremendamente y los
ataques y defensa al gobierno y su Ministro de Hacienda fueron asunto de todos los días. La
libertad de prensa funcionaba en toda su amplitud.
Los capitalistas nacionales, señores Goyeneche y Gamio, Denegri Hnos., Unanue, Sancho
Dávila. Oyague, Dorca, Ayulo y Cía., Canseco, Barreda y Althaus, protestaron ante el gobierno
alegando que una autorización legislativa de 6 de noviembre de 1849 mandaba dar preferencia
a los nacionales en los contratos de venta del guano. El gobierno les dió oportunidad para que
mejoraran las impuestas de Dreyfus, pero al no poder hacerlo, Piérola siguió adelante,
alegando que el Estado no podía perjudicarse. Los capitalistas nacionales se presentaron
entonces ante la Corte Suprema de la República, presentando querella de despojo contra el
gobierno, y una demanda de retracto, amparados en la mencionada disposición legislativa.
Después de un memorable juicio público en que Piérola y el abogado de la Casa Dreyfus, don
Luciano Benjamín Cisneros, defendieron el Contrato, mientras que don Manuel M. Pérez
defendía a los capitalista y nacionales, juicio que agitó intensamente el ambiente nacional, la
Corte Suprema fallo a favor de los capitalistas nacionales y en contra del gobierno.
Los debates por el Contrato Dreyfus provocaron varias crisis ministeriales llegando hasta
producir la renuncia del Ministro Piérola, pero a los pocos meses volvió al gobierno y decidió
llevar adelante el Contrato presentándolo al Congreso de 1870 para su aprobación. Grandes
debates hubo en él, y Piérola, con singular oratoria, contestó los ataques de una desenfrenada
oposición y defendió el punto de vista del gobierno. El 11 de noviembre de 1870 el Congreso
Nacional por Resolución Legislativa N° 562 aprobó el Contrato Dreyfus y el gobierno lo llevo a
su total realización. Había triunfado el punto de vista de Piérola y del Presidente Balta.
Por aquel entonces la situación económica de Europa era de verdadero apogeo. Era la edad
del oro y de la locomotora. La fiebre del oro se había esparcido por el mundo y había impreso
un ritmo desconocido a las operaciones bursátiles. El ferrocarril y el desarrollo de las vías de
comunicación en general cobraban inigualada importancia. En 1869 se había realizado la
apertura del Canal de Suez; Europa se veía surcada de ferrocarriles, y en Estados Unidos,
terminada la guerra de Secesión en 1865, ocurría igual fenómeno, concibiéndose por entonces
la empresa gigantesca de construir el ferrocarril interoceánico, del Atlántico al Pacifico. Era
Por ley de 15 de enero de 1869 el Congreso autorizo al gobierno para que, previos estudios,
procediera a la construcción de los ferrocarriles de Arequipa a Puno y Cusco; de Chimbote a
Huaraz; de Trujillo a Pacasmayo y Cajamarca; de Lima a Jauja, y demás que necesitara la
Republica.
Dando cumplimiento a esta Ley, el gobierno de Balta contrató en Paris, (el 19 de mayo de
1870), con la Casa Dreyfus Hnos. y Cia., un empréstito por 59’600. Soles oro valor de los
ferrocarriles del Callao a La Oroya y de Arequipa a Puno, las vías troncales de penetración
más importantes del Perú, quedando afectadas todas las rentas públicas y en especial las de
aduanas, y la propiedad de los ferrocarriles en construcción.
El buen éxito que tuvo la colocación de este empréstito alentó a los poderes públicos a pedir
otros con que poder proseguir el programa de las obras que se había propuesto realizar. El 24
de enero de 1871 el Congreso autorizó al gobierno para contratar un nuevo empréstito por
15'000,000 de Libras Esterlinas (o sea 75'000,000 de soles), de las cuales 13 millones se
dedicarían a la construcción de ferrocarriles y el resto a la irrigación de la costa. Este segundo
empréstito fue pactado también con la Casa Dreyfus, en Lima, el 7 de julio de 1871, pero solo
fue aprobado en 1872 y fue un fracaso, aumentando la crisis económica y financiera.
El progreso material que significó para el Perú el gobierno de Balta, en su afán de que nuestra
patria gozara de los beneficios de los grandes inventos por entonces en boga en el mundo, tuvo
su expresión elocuente, además de la construcción de ferrocarriles, en la Gran Exposición
Nacional realizada entonces.
Para realizar la Exposición se construyó un local especial llamado desde entonces “Palacio de
la Exposición “, en las afueras de la ciudad, hacia el lado del Sur, (Lima tuvo hasta el gobierno
de Balta las murallas de la época colonial) y fue rodeado de vistosos jardines. Se inauguró el 1
o. de julio de 1872 y constituyó un resonante éxito. Se exhibieron productos naturales, agrícolas
y manufacturados de todo el país; plantas y animales de todas clases; maquinarias diversas y
otros objetos. Allí, se exhibió el famoso cuadro del artista nacional Luis Montero, "Los Funerales
de Atahualpa", la piedra de Chavín y el reloj que señalaba las horas, los minutos, los segundos,
las semanas, los meses, los años, los siglos, las fases de la Luna y las relaciones entre el día y
la noche, tocaba el himno nacional e izaba la bandera, notable obra del inventor nacional don
Pedro Ruiz. En este Palacio de la Exposición funciona hoy en Lima el Museo de Arte.
En 1870 hubo un nuevo entorpecimiento en las relaciones con Bolivia debido a ciertos
atropellos cometidos por soldados bolivianos contra ciudadanos y soldados peruanos en la
frontera. Gobernaba en aquellos tiempos a Bolivia el tirano Melgarejo, uno de los "caudillos
bárbaros" que asumieron mando de aquella República en el siglo pasado, y los actos de
ferocidad cometidos en su gobierno llegaron a traspasar las fronteras. Felizmente Melgarejo,
enemigo declarado del Perú, se avino a dar las satisfacciones solicitadas por el gobierno
peruano y el conflicto fue resuelto.
Por aquel entonces, la Isla de Cuba, que todavía seguía siendo colonia de España, inició la
guerra por su independencia. El gobierno del Perú, fiel a su política internacional de sincero y
noble ideal americanista, fue el prime-ro que reconoció tal independencia y al gobierno
republicano establecido en ella. (Decreto de 13 de agosto de 1869). Voluntarios peruanos,
El Presidente Balta tuvo noticia a Enes de 1871 que el gobierno chileno iniciaba una alarmante
política armamentista, y que entre otras cosas había dispuesto se mandase construir en
Europa dos buques de guerra blindados de gran poder. En consulta con altos jefes de la
marina, acordó en reunión de su Gabinete el 14 de febrero de 1872, mandar construir en
Inglaterra los buques blinda-dos necesarios y dos cañoneras para el servicio de guardacostas,
destinándose tres millones de soles. Para cumplir con esta disposición se mandó a Europa una
Comisión de marinos presidida por el Capitán de Navío Manuel Ferreyros. Pero el gobierno del
coronel Balta llegaba ya a su fin, y el nuevo gobierno del señor Manuel Pardo no llevó, a feliz
término este patriótico propósito, como veremos a continuación. Las cañoneras se mandaron
a construir y arribaron al Callao en enero de 1875. Fueron la Chanchamayo que naufragó en
nuestra costa Norte en 1876 y la Pilcomayo que tuvo importante acción en la guerra.
j. Las Elecciones de 1872. Surgimiento del Partido Civil formado por miembros de la
burguesía criolla. Elección de Manuel Prado.
Próximo a terminar el periodo constitucional del Coronel Balta (4 años según la Constitución de
1860), arreció la lucha política por la sucesión presidencial. Los caudillos militares que produjo
la Guerra de la Independencia y que habían sido las figuras principales de la política hasta
entonces, o habían fallecido, o estaban en decadencia. Sólo uno de ellos, el general José
Rufino, ya anciano se arriesgó a presentarse como candidato contando con la simpatía oficial.
Un viejo liberal, don Manuel Toribio Ureta, Fiscal de la Corte Suprema de Justicia, que había
sido candidato en anteriores oportunidades, se presentó nuevamente. Frente a ellos surgió
potente la candidatura de un joven hombre de negocios, de recto carácter, esmerada
educación y distinguida alcurnia, que ha había sido Ministro de Hacienda, Alcalde de Lima y
Presidente de la Sociedad de Beneficencia Pública, habiendo demostrado tener ideas
renovadoras don Manuel Pardo, candidatura lanzada por un nuevo Partido político
recientemente formado por abogados y hombres de negocios, el Partido Civil, del cual don
Manuel Pardo era fundador y jefe. La candidatura de don Manuel Pardo era la candidatura de
oposición y no era vista con buenos ojos por Balta y los militares que le secundaban.
La campaña eleccionaria fue violenta. Los periódicos "El Comercio", "El Nacional", "La Patria",
"La República", "La Sociedad" y "El Heraldo" • terciaron en la lucha haciendo uso de una
amplia libertad de imprenta. El Partido Civil hizo dos demostraciones públicas en. Lima de su
gran popularidad.
Era Ministro de Guerra del Presidente Balta el coronel Tomás Gutiérrez, El coronel Gutiérrez
tenía tres hermanos más, Marcelino, Marceliano y Silvestre, también coroneles, quienes
estaban al mando de sendos batallones en la capital. Estos cuatro hermanos, gente ruda y de
escasos conocimientos, se pusieron de acuerdo para impedir la proclamación de don Manuel
Pardo. Pardo era en realidad el primer Presidente civil elegido en la República y su partido
tenía un cierto matiz antimilitarista.
La rebelión de los Gutiérrez no contó con apoyo en el pueblo así como tampoco en el resto del
ejército ni en la marina. El Congreso que se alcanzó a reunir precipitadamente aprobó una
valiente protesta contra el atentado y los Puso fuera de ley. Durante los días, 23, 24 y 25 de
julio Lima vivió momentos de gran incertidumbre. Las casas comerciales, las actividades
bancarias y otras se vieron interrumpidas, al tiempo que ocurrían pronunciamientos de algunos
batallones en favor de don Manuel Pardo, y el 25, el pueblo del Callao se amotinó contra la
dictadura. El 26 Lima contemplo escenas atroces y sangrientas. El coronel Silvestre Gutierrez
estando en espera del tren del Callao, en la Estación de San Juan de Dios (actual Plaza de
San Martín=, provocó un incidente con el pueblo y fue muerto a balazos; luego su cadáver fue
Pasado el peligro, desembarcó en el Callo, don Manuel Prado y fue recibido. Como faltaban
pocos días para el término del periodo presidencial del coronel Balta, se hizo cargo del mando
el Vice-Presidente de Herencia Zevallos.
"En América, México vive en paz desde junio de 1867 en que el Emperador Maximiliano es
vencido y fusilado en Querétaro por las tropas de Benito Juárez. La Guerra de Secesión entre
los Estados del Norte y del Sur ha durado cuatro años concluyendo en 1865, con centenares
de miles de hombres que mueren. Fue el triunfo de los federalistas del Norte contra los
separatistas del Sur. La esclavitud desaparece acompañada de un millón de víctimas. Pero la
Gran República del Norte se recupera pronto. En 1868 el General Grant, vencedor de los
separatistas triunfa en las elecciones presidenciales, iniciando una época de verdadera paz y
"Balta, sigue, pues, la corriente mundial panorámicamente descrita. El Perú es un país virgen,
pletórico de posibilidades, pero cortado a hachazos con grandes desigualdades topográficas y
dificilísimas vías de comunicación. Nuestra costa es extensa y escasa de agua; la sierra
inaccesible y la montaña que sólo se conoce por su descripción geográfica”.
"José Balta está decidido a capitalizar el país, destruyendo la leyenda de que el Perú es un
mendigo sentado en banco de oro, y concibe un grandioso plan ferrocarrilero. "Gastaré en
ferrocarriles, dic. lo que otros han dilapidada en guerras civiles". .
"SIGNIFICADO DE MEIGGS"
"Meiggs había sido testigo presencial de que el progreso de Estados Unido después de la
guerra de Secesión había dependido, en gran parte, de los medio; de comunicación y obraba
bajo la certeza de que en América del Sur no sólo serían ellos símbolo de progreso, sino
también sepultura de las guerras civiles. Su fe en la industrialización estuvo unida al espíritu de
empresa, a la capacidad para idear y ejecutar, al afán de llegar a la meta de todos modos, a la
concepción de grandes planes para lograr rápidamente pingües ganancias, a la actividad
incansable que en sí misma veía un goce y que no concebía el ocio. Fue así un mensajero de
la raza dominadora, voraz y espléndida de los Astor, los Venderbilt, los Brady, caído en un país
donde el estatismo social de coloniaje había sobrevivido en parte, debajo de las turbulencias
políticas y en medio de las prodigalidades de la abundancia guanera. Sirvió como modelo para
Dreyfus, si bien éste no se radicó en el país y no corrió su suerte".
"Amó el dinero, pero más que nada el poder y la influencia, sin gustar de exhibirlos. En el
banquete que celebró los comienzos del ferrocarril de Arequipa a Moliendo pudo distinguírsele
en un rincón, rodeado por sus ingenieros. Siempre sencillo, amable, en la calle era el primero
en saludar a sus conocidos. Influyó decisivamente en la vida peruana, no sólo en el plano
económico o hacendario, sino también en el social, si bien procuró no mezclarse en política.
Cuando en 1868 enfermó con la fiebre amarilla, sumaron cientos las personas que fueron a
preguntar por su salud; en la calle donde él vivía quedó paralizado el tráfico v hasta las
campanas de la iglesia vecina dejaron de tocar".
“debele esta capital con cuya propiedad inmueble comenzó hacer negocios, pues compró a
precio bajo para vender a precio mayor, adelantándose a lo que ha ocurrido en la época
contemporánea, la destrucción de las murallas con el plan de acercarla al mar por medio de
“bulevares” orlados por árboles, en dirección al Callao y a Chorrillos, plan que fracasó entonces
y que muchos años más tarde se convirtió en realidad. La construcción de casas pequeñas e
higiénicas para gente pobre fue otro de sus proyectos. Meiggs también anunció el futuro
esplendoroso del Callao como puerto máximo del Pacífico sudamericano, le interesaron el
carbón, el cobre y la plata del Perú y creó Chimbote como centro destinado a gran desarrollo
portuario e industrial”.
"José Manuel Osores, en una conferencia pronunciada en 1886 explicaba las características
de este período de la siguiente manera. "La idea generalmente aceptada era que el valor que
representaban, nuestras guaneras se trasladase en Continente en vías de comunicación, para
impedir de ese modo que se gastase un capital que debíamos conservar, limitando nuestros
gastos a los intereses que debió redituarnos con la buena colocación que se le iba a dar... Las
pingües utilidades que obtuvieron los contratistas de estas obras (los ferrocarriles
mencionados), y el inesperado éxito en la colocación de nuestro papel en los grandes
mercados europeos, despertaron, la codicia de cuantos podían intervenir en estos negocios, se
"El siglo XIX fue el siglo del curvan y del ferrocarril. Pero el Perú no sabía que tema carbón; y
el ferrocarril encontró en su territorio el tremendo obstáculo de las alturas y de las distancias.
Las líneas de acero que tendió "hacia las nubes", lo arruinaron; fueron el anuncio, no de la
regeneración y del progreso como se dijo en tantos discursos, sino de la bancarrota y de la
catástrofe internacional”.
“Una vez más vivió el Perú la alegría de la riqueza inmediata; de las soluciones fáciles. Impero
una mentalidad de jugador de lotería. En cierto sentido cabe hablar también del predominio de
una mentalidad minera, en el sentido en que lo fue de la Colonia afanosa de extraer aunque
hiera o deteriore, imprevisora, sin sensibilidad; en contraste con la mentalidad agricultura que
recoge el producto sólo cuando está en sazón y cuida y ama la tierra, mentalidad paciente,
laboriosa, con sentido de continuidad y de profundidad. Simbólico fue entonces que se hiciera
muy poco por las irrigaciones y mucho por los ferrocarriles''.
"El Perú de los grandes empréstitos y de las fantásticas vías férreas, fue culpable en algunos
casos por hechos delictuosos; pero, en general, pecó, sobre todo, por atolondramiento,
ligereza, frivolidad, olvido del mañana".
"No asombra que a la escena peruana llegara entonces un hombre del tipo de Meiggs; sino
que hallase tan escasos contrapesos que pudieran encauzar o moderar sus planes. El país se
lanzó (en una actitud muy similar a la que surgió entre 1920 y 1930) a las más arriesgadas
operaciones hacendarias v de obras públicas, sin calcular que no iba a poder pagar todos los
''Meiggs mismo no murió rico. El Perú lo arrastró en su crisis económica; y si él hubiera podido
salvarse, el Perú se hubiera salvado. Antes de cerrar los ojos para siempre, el 30 de setiembre
de 1877, murmuró: “¡Quisiera morir!”.
A LA NACION
*El inaudito abuso de fuerza con que el día ha sido escandalizada la capital de la República,
debía encontrar contra en efecto ha sucedido el rechazo más completo de parte de los Jefes v
Oficiales de la Armada que suscriben quienes, ajenos a toda liga personal, no reconocen otra
regla de conducta que la emanada o dirigida al fiel cumplimiento de las instituciones patrias.
'Aurelio García y García - Samuel M. Palacios - Camilo N. Carrillo. Grau - Carlos Ferreyros -
Amaro G. Tizón - Julio & Sagasti - Manuel Carbajar- Manuel Villavicencio - Simón Cáceres -
Ezequiel Oroya - Carlos I. Arrieta - Francisco M. Frías - Manuel M. Carrasco - Rómulo G. Tizón
- Ruperto Gutiérrez - Manuel L Espinoza - José C. Valencia - Ramón Freyre - Enrique Canseco
- José Raygada - Darío Gutiérrez – Alvarado - Alberto de la Barrera - Luis Felipe Salaverry -
Manuel L. Gómez - Cristóbal Lastres - José Rosas - Octavio Cavero Fermín Diez Canseco
Manuel Antaneda - Aurelio Gaviria - José de la Quintana - Eduardo Hidalgo - Eulogio Saldias -
Juan [Link] Balta - Rafael Egusquiza - Rosendo Pardo.
Comandancia del monitor "Huáscar". Al ancla, Callao Agosto 1° de 1872. Señor Ministro de
Estado en el Despacho de Guerra y Marine.
S.M.
"El 22 del próximo pasado, tan pronto como se recibió en el Callao la noticia de los
acontecimientos que nacieron lugar ese día en la capital, me constituí en el buque de mi
mando, procedió tomar las medidas más convenientes para evitar tina sorpresa a bordo, y
mandé alistar el buque a fin de zarpar en caso necesario. A las 8h. p. ni. fui convocado a la
comandancia general junto con los densas comandantes de los buques, en donde el Sr.
comandante general nos leyó una comunicación oficial del coronel D. Tomas Gutiérrez,
participándole que el ejército lo había proclamado jefe supremo de la nación, y necesitaba
saber inmediatamente si la marina secundaba su movimiento. Como no era prudente emitir
una opinión bajo la presión de las fuerzas que guardaban el Arsenal, y necesitábamos discutir
libremente para ponernos de acuerdo y ganar tiempo para ulteriores procedimientos, algunos
de los jefes reunidos allí salvamos nuestra opinión y nos excusamos de emitirle hasta ver más
claro. En este sentido se contestó dicha comunicación y yo, de acuerdo con el señor capital de
"No terminaré, Señor Ministro, sin manifestar á US. que el capitán de navío graduado D.
Aurelio García y García, que se presentó a bordo del "Marañón" en los momentos que los jefes
de los buques celebrábamos nuestra primera conferencia y contribuyendo con su entusiasmo e
inteligencia y conocimiento práctico que tiene de la "Independencia" al buen éxito de nuestros
movimientos la noche del 22; y me es muy satisfactorio decir a US. que todos los jefes,
oficiales y dotaciones tanto de los buques, como agregados, han cumplido con los deberes
impuestos al militar y al patriota."
"Los comisionados fiscales del Perú, don Toribio Sanz y don Juan Echenique, autorizados
suficientemente por el Supremo Gobierno de esa República en 27 de marzo de este año, para
que, a nombre de la Nación y representándola en toda forma como tales comisionados
fiscales, procedan manco dos y solidariamente a negociar las operaciones de empréstito y
venta de guano en virtud de la autorización dada por la ley de 25 de enero del presente año, y
los señores Dreyfus hermanos y Compañía establecidos en París, en la calle Thevenot,
número 25, hemos convenido en celebrar con arreglo a las instrucciones y órdenes que se ha
servido expedir el Supremo Gobierno del Perú, el siguiente contrato.
"Art. 2°. Los compradores enviarán, por su cuenta y riesgo a los depósitos guaneros en la
República los buques necesarios para el transporte del guano, y éste será colocado, por
cuenta y riesgo del Gobierno, a bordo de las lanchas destinadas a la carga de dichos buques,
o directamente a bordo de los buques pasando por este acto a ser de cuenta y costo de los
compradores.
El Gobierno ordenará que los plazos concedidos para cargar los buques los depósitos
guaneros sean cuando más, los que se emplean actualmente por la empresa del cargo,
quedando responsable dicho Gobierno a pagar el valor de las sobre-estadías que la demora de
esta operación causare.
"Art. 3o. Los contratos de fletamento que para cargar guano hagan los compradores,
contendrán las mismas condiciones que los que hoy se hacen por los consignatarios actuales,
en todo lo que tenga relación con el Gobierno, las variaciones que se quieran introducir en
ellos, solo podrán tener lugar con autorización del Gobierno, o de sus representantes en
Europa.
"Art. 4o. Los compradores empezarán la venta parcial de estos dos millones de toneladas de
huaso en los mercados de Mauricio y de Europa y SUS colonias, a excepción tan solo de las
islas de Cuba y Puerto Rico, tan pronto como terminen los actuales contratos de consignación:
ya sea porque el Congreso del Perú desapruebe dichos contratos, no aprobados hasta la
fecha, ya sea porque se anulen, o rescindan por autoridad judicial o mutuo convenio, ya,
finalmente, porque expiren sus plazos, fijados en las siguientes fechas:
"Los compradores tendrán el derecho de abrir nuevos mercados al consumo del guano, y, en
este caso, principiarán la venta en ellos tan pronto como lo crean conveniente.
"Art. 5°. Los compradores pagarán al Gobierno treinta y seis soles cincuenta centavos ($ 36-50
c.), por cada tonelada efectiva de guano que reciban en las guaneras a bordo de los buques
fletados por ellos: treinta y cinco soles cincuenta centavos ($ 35-50 c.), por las que reciban de
buques fletados por los actuales consignatarios hasta la terminación de sus contratos; y
sesenta soles ( 60), por las que existan en los diferentes depósitos de los consignatarios el día
en que expiren sus ya mencionados contratos.
"El Gobierno será responsable por las cantidades á que esté afecto el articulo depositado
hasta su venta, por anticipaciones, fletes, comisiones, almacenaje Sotos de toda naturaleza;
pues los compradores lo recibirán libre de todo gravamen
ii. CAPITULO II: GOBIERNO DE DON MANUEL PARDO (1872 – 1876); INICIACION DEL
SEGUNDO GOBIERNO DEL GENERAL MARIANO IGNACIO PRADO (1876 – 1878)
Los grandes empréstitos de 1870 y 1871, y las grandes obras públicas emprendidas durante el
gobierno de Balta crearon una pasajera y artificial bonanza. Los gastos públicos crecieron
enormemente aumentando el Presupuesto, y para satisfacer estos nuevos gastos, se pidieron
adelantos a cuenta de la renta futura del guano que el Estado tenía según el Contrato Dreyfus.
Por otra parte, después de 1870, ocurrió que la venta del guano en Europa empezó a
En esta situación la política económica del Perú fue una política de reajuste, tratando de
amoldar las necesidades de la nación a sus propios recursos. No pudo realizar ninguna gran
obra, sino tan sólo continuar las emprendidas por Balta, en la medida de lo posible, y no pudo
tampoco proseguir la política armamentista iniciada por Castilla y continuada durante la guerra
con España, mientras en el Sur, un vecino ambicioso se armaba silenciosamente.
Pardo se propuso conseguir los recursos que faltaban para cubrir los gastos de la nación, de la
siguiente manera:
Las medidas tomadas no produjeron los resultados esperados. Solo el aumento de las tarifas
aduaneras tuvo algún éxito, pero en el nuevo Presupuesto para el bienio de 1875-76 el déficit
aumentó. Además la crisis financiera trajo consigo la crisis monetaria, y la moneda de oro y
plata empezó a desaparecer dc la circulación y de los Bancos viéndose obligado el gobierno a
decretar la inconvertibilidad del billete. El país entraba por los caminos de la bancarrota
económica.
Al gobierno de don Manuel Pardo le tocó afrontar, en medio de la crisis económica en que se
debatía, una delicada situación internacional. La política de solidaridad continental, tan en boga
durante la preponderancia de Castilla, estaba en crisis, y el Perú en trance de perder su
superioridad marítima en el Pacífico. Dos de los antiguos aliados de 1866, Chile y Bolivia, se
encontraban envueltos en tremendas disputas territoriales motivadas por la existencia de la
riqueza salitrera en el desierto de Atacama, al tiempo Chile demostraba inequívocos designios
de pretender adquirir por la fuerza la hegemonía en el Pacífico, al tiempo que también
demostraba la República del Sur tendencias a un expansionismo territorial hacia el Norte.
Al Perú le interesaba vivamente el litigio entre Chile y Bolivia, y la diplomacia peruana estaba
discretamente al lado de la República del Altiplano por tener intereses comunes que defender
frente al posible expansionismo chileno. Este interés común llevó a dos países a firmar en Lima
un Tratado de Alianza de carácter estrictamente defensivo, el 6 de febrero de 1873, entre el
Plenipotenciario boliviano señor Bustamante y el Ministro de Relaciones Exteriores del Perú Sr
Enrique de la Riva-Agüero. Según el tratado: "Las altas partes contratantes se unen y ligan
para garantizar mutuamente su independencia, su soberanía, y la integridad de sus territorios
respectivos, obligándose en los términos del presente tratado a defenderse de toda agresión
Aprobado el tratado por el Congreso del Perú y por el de Bolivia, empezó a gestionar la
adhesión de la República Argentina. La República del Plata estaba entonces gobernada por
don Domingo F. Sarmiento y se encontraba en litigios de frontera con Chile. Después de hacer
algunas observaciones al tratado terminó por aceptarlo y lo sometió a la aprobación de su
respectivo Congreso. Ese mismo año la Cámara de Diputados la aprobó, pero el Senado
argentino, en pugna entonces con el Presidente Sarmiento, pospuso su aprobación hasta la
legislatura siguiente, pero el año siguiente la adhesión no se produjo porque Chile inició una
política de acercamiento hacia Argentina, perdiéndose la oportunidad de realizar la alianza
defensiva entre Perú, Bolivia y Argentina. El gobierno chileno conoció el tratado el mismo año
que fue firmado.
Las leyes nacionalistas que hemos visto dictó el gobierno de Manuel Pardo en defensa de la
industria del salitre, provocaron el disgusto de la plutocracia chilena que en gran parte formaba
parte de ese gobierno, así como de los políticos profesionales.
Los chilenos en Tarapacá habían acudido unos como trabajadores en las tareas de extracción
y elaboración del salitre, y otros como hombres de empresa a desarrollar el comercio o a ser
empresarios en la explotación del salitre. El número de chilenos había llegado a ser muy
importante en el puerto de Iquique, el principal de Tarapacá, así como en toda la Provincia
Litoral, elevada a Departamento por Ley promulgada el 17 de agosto de 1878. En ese año el
capital chileno invertido en la industria del salitre controlaba cerca del 19% del total de la
producción. Era pues, un verdadero peligro para el Perú.
Las leyes de Pardo estancando primero y nacionalizando después esta importante riqueza
nacional, causaron el desagrado de los plutócratas y políticos chilenos, que empezaron a
bosquejar planes para la expansión y conquista de esos territorios. La política nacionalista de
Pardo debió de haber sido seguida por una conveniente política armamentista, que fue la que
siguió Chile para arrebatarnos esos territorios.
Explicamos anteriormente, que el coronel José Balta al tener conocimiento que Chile había
mandado construir en Europa dos poderosos blindados, además de otros buques y comprar
armamento, dispuso la adquisición de dos guardacostas y los buques blindados necesarios. El
gobierno de don Manuel Pardo, al recibir el valioso informe del capitán de navío Manuel
Ferreyros sobre los blindados que Chile había mandado construir en Inglaterra y debido al
interés demostrado por el capitán de navío Lizardo Montero, Senador de la República, obtuvo
que el Congreso autorizase el gasto de cuatro millones de soles para la adquisición de los
buques. En el Presupuesto de 1873 se puso la partida correspondiente, pero el dinero no fue
aportado y el contrato no llegó a firmarse. Posteriormente en 1874, la partida fue retirada del
Presupuesto, con las consiguientes tremendas consecuencias para la vida nacional. Se afirma
que la crisis económica y los gastos que ocasionaba al gobierno el sofocar las continuas
sublevaciones impidieron ese gasto, y el Perú perdió el dominio del mar.
Castilla había sido el primer gobernante que se había preocupado por la organización de la
educación en el país. Pardo continuó esta obra por medio del "Reglamento General de
Instrucción Pública" que promulgó el 18 de marzo de 1876. Este Reglamento estableció la
instrucción primaria obligatoria y gratuita en su primer grado. Para hacer extensiva la
educación a todo el país se creó un impuesto especial o contribución personal, de un sol al
semestre en la sierra y dos soles en la costa a todos los ciudadanos entre los 21 y 60 años. La
instrucción primaria, según este Reglamento, quedaba a cargo de las Municipalidades, y la
instrucción media, que no era obligatoria, a cargo de los Consejos Departamentales.
Otras obras importantes realizadas durante el gobierno de Pardo fueron las siguientes:
Don Manuel Pardo había subido al gobierno en medio de una gran popularidad, pero también
en medio de una pequeña pero tenaz oposición que tuvo su expresión en la rebelión de los
Gutiérrez. Esta oposición contra Pardo fue en aumento debido a la crisis económica que día a
día se agravaba por la paralización parcial de las obras públicas y el desempleo consiguiente
así como por la disminución del Presupuesto que aumentó la desocupación.
Fueron estos sucesos, el ocurrido en el lugar llamado ocatara en que unos trabajadores
chilenos atacaron a un campamento del ferrocarril central cometiendo atropellos; y en vez de
ser sometidos al juzgado de los tribunales de la República, estos delincuentes chilenos fueron
embarcados rumbo a su patria, lo que dio lugar para que la oposición hiciera duras críticas al
gobierno por tan insólito proceder. El otro de los sucesos desgraciados fue el ocurrido en el río
Chinchao, en donde los coroneles Herencia Zevallos (el Vicepresidente en tiempos de Balta) y
Domingo Gamio, que se habían sublevado contra el gobierno y que eran conducidos a la
guarnición de la frontera con el Brasil fueron asesinados por la patrulla que los conducía. El
gobierno fue ajeno a este asesinato que fue motivado por la enemistad del jefe de la tropa
mayor Cornejo, pero Pardo tuvo que soportar terribles críticas en el Parlamento y la prensa.
Una de las rebeliones más importantes que tuvo que soportar Pardo fue la de Piérola, que en
unión de sus partidarios se sublevó en un buque llamado el "Talismán", y ocupó Moquegua. El
"Talismán" fue apresado en Pacocha por el "Huáscar" al mando de Miguel Grau. Para debelar
la sublevación el propio Presidente Pardo se puso en campaña con autorización del Congreso
y derrotó a los sublevados en Los Ángeles, Moquegua.
El 2 de agosto de 1876 entregó don Manuel Pardo la insignia presidencial ante el Congreso
reunido, al general don Mariano Ignacio Prado.
Al general Prado le tocó gobernar en el momento más grave de nuestra vida independiente, en
que la crisis económica y la internacional llegaron a su punto culminante; la crisis económica
devino en la bancarrota, y la crisis internacional en la guerra, la más cruenta que hasta
entonces tuvo el Perú.
El 5 de octubre de 1876 ocurrió en Pacocha una sublevación pierolista secundada luego por el
pueblo de Moquegua. A poco el caudillo apareció en la ciudad sublevada, pero los rebeldes
fueron derrotados en Yacango viéndose Piérola obligado a huir.
Otra rebelión pierolista ocurrió al año siguiente. El domingo 6 de mayo de 1877, un grupo de
marinos, mañaneros y civiles pierolistas apoderaron del monitor "Huáscar" surto en la bahía del
Callao y se hicieron a la mar. Después de hacer provisiones en Quilca el barco rebelde siguió
rumbo al Sur pare recoger a su caudillo en Antofagasta.
Don Manuel Pardo después de entregar el poder al general Prado se retiró a Chile de donde
regresó a fines de 1878 convencido del peligro inminente de una invasión chilena. Se incorporó
al Senado, de donde era miembro, siendo elegido su Presidente.
A las dos de la tarde del 16 de noviembre de dicho año, Pardo entraba al local del Senado en
compañía de dos amigos suyos para iniciar las sesiones. Estaba formada la guardia con tropa
del batallón "Pichincha" que le rindió los honores correspondientes. No bien Pardo había
terminado de pasar ante la guardia, cuando el sargento Melchor Montoya disparó su arma
sobre él, por la espalda, hiriéndole mortalmente. Al poco rato, don Manuel Pardo fallecía,
víctima de tan horrendo asesinato.
En las declaraciones del sargento Montoya y otros en el juicio que se siguió, dijeron que
planearon el asesinato porque el Congreso iba a promulgar una ley relativa a ascensos
militares que les desfavorecía y de la cual hacían responsable a don Manuel Pardo. Seguido el
juicio, Montoya fue condenado a muerte y fusilado en la Plaza del Cementerio de Lima en
octubre de 1880. Los demás comprometidos sufrieron diversas penas de prisión.
''La vida financiera del Perú desde la inauguración del gobierno de prado en 1876 hasta la
declaratoria de la guerra con Chile, no fue sino un constante descenso a la bancarrota y al
desprestigio por el incumplimiento de nuestras obligaciones externas y el desequilibrio cada
Sabemos perfectamente que desde los primeros años de su vida independiente, Chile,
pequeño país surgido entre el río Salado o Paposo (al sur del Departamento boliviano de
Atacama), el Estrecho de Magallanes, la Cordillera de los Andes y el Océano Pacífico, orientó
su política internacional con un propósito expansionista, contrariando los principios de
fraternidad y solidaridad americana por los que se había luchado en la guerra de la
Independencia.
Cuando en 1836, gobernando el Perú el general Luis José Orbegoso y Bolivia el Gran
Mariscal Andrés Santa Cruz se estableció la Confederación Perú-boliviana,
reconstituyéndose así una realidad histórica, geográfica, social y económica, el gobierno de
Chile lo miró con disgusto. Su primer Ministro, el conservador don Diego Portales, se propuso
destruir la Confederación. Le declaró la guerra y envió una primera Expedición Restauradora,
como se ha estudiado antes, al mando del almirante Blanco Encalada, y en las instrucciones
b. El Conflicto entre Chile y Bolivia por la Explotación del guano, el salitre, y otros
minerales en el territorio boliviano de Atacama.
Al iniciarse la República el Perú no tenía por el Sur límites con Chile sino con Bolivia. El límite
entre el Perú y Bolivia por la costa Sur era el rio Loa, al Sur de la Provincia Litoral de
Tarapacá, que pertenecía al Perú. El límite entre Perú y Bolivia era el Paposo, un poco al sur
de los 25º.
Así, se inició el conflicto entre Chile y Bolivia. Se sucedieron una serie de incidencias entre
chilenos y bolivianos por el carguío de guano, acompañadas de las protestas diplomáticas
consiguientes. Iniciadas las negociaciones entre los dos países para fijar sus límites precisos,
éstas fracasaron porque Bolivia propuso corno límite el paralelo 25 y Chile el paralelo 23.
Ocurrió en 1871 la caída de Melgarejo, y el nuevo gobierno boliviano declaré nulas las
concesiones anteriormente hechas. Las relaciones entre Chile Bolivia entraron por senda
espinosa nuevamente. Para arreglar la situación se iniciaron negociaciones entre los dos
países, al tiempo, que Chile iniciaba su carrera mandando construir en Inglaterra los
blindados "Cochrane" y “Blanco Encalada”, además de otros buques menores. Fue en esta
situación que Bolivia solicito la alianza con el Per, porque nuestro país veía también
amenazadas sus riquezas de guano y salitre en la Provincia Litoral de Tarapacá por el
expansionismo chileno. Lo que hay que lamentar es que esta alianza defensiva no fuera
seguida de una prudente política armamentista de los dos países que le sirviera de apoyo, y
el que no ingresara a ella Argentina.
c. El Pleito de los diez centavos entre Bolivia y Chile y la Reivindicación de las salitreras
de Bolivia.
Para la exploración del salitre de Antofagasta se había constituido la "Compañía Anónima del
Salitre y Ferrocarril de Antofagasta", formada en su mayor parte por capitales chilenos que
tenían intervención en la política de su país.
En 1874 se firmó un nuevo tratado entre Chile y Bolivia, por el cual ratificaba como límite
entre los dos países cl paralelo 24; Chile renunciaba a participar en los beneficios de la
explotación de los minerales de Atacama pero Bolivia se comprometía a no aumentar los
impuestos existentes durante 25 años sobre los intereses chilenos dedicados a la explotación
del salitre.
Ocurrió en mayo de 1876 en Bolivia una revolución que llevó al poder al general don Hilarión
Daza. El gobierno de Daza se perfiló netamente anti chileno, y el 14 de febrero de 1878,
después de varios litigios con la Compañía del Salitre de Antofagasta, el gobierno de Bolivia
dio una ley por la cual establecía un impuesto de diez centavos por quintal de salitre
exportado por el puerto de Antofagasta. Ante esta ley el gobierno chileno protestó
considerándola violatoria del Tratado de 1874, y el gobierno boliviano convino en suspender
su ejecución por el momento. Pero a fines de dicho año de 1878 el gobierno boliviano ordenó
Al invadir Bolivia con la intención de invadir inmediatamente después el Perú, Chile definía su
política expansionista, que desde 1842, al mismo tiempo que se apoderaba de los guanos en
Mejillones, iniciaba también su expansión hacia el este, apoderándose en 1843 del Estrecho
de Magallanes y disputándole a la Argentina la Patagonia. Por considerar a esta región
improductiva, los políticos chilenos decidieron en 1879 iniciar la expansión hacia el Norte, en
el Pacífico, para apoderarse de las riquezas de Bolivia y el Perú. Años después reiniciaría su
reclamo ante Argentina.
"En el tiempo necesario para recibir los avisos de invasión v recorrer la distancia entre el
Callao y Valparaíso, se presentó en ese puerto el enviado peruano Lavalle con la instrucción
precisa de impedir la propagación. Lavalle pisó tierra chilena el 4 de marzo, y debió hacer el
recorrido desde el muelle Consulado peruano entre dos filas de soldados alineados a su paso
para simular que se impedía, oficialmente, todo desmán del populacho, siendo así que en
realidad era el mismo elemento oficial el que había excitada a la población, por medio de
volantes que circularon con profusión tan luego como se anunció la llevada del diplomático
mediador. En la noche del 4 de marzo la muchedumbre asaltó el Consulado peruano en
Valparaíso y arranco y quemo el escudo. Las provocaciones a los peruanos, el saqueo de
sus propiedades, y el ultraje a sus personas, sucedieron al asalto al Consulado”, dice el
historiador, general don Carlos Dellepiani.
El Plenipotenciario peruano pidió al gobierno del Chile la desocupación del litoral invadido
para entregarlo a un protectorado de los 3 países, lo que Chile no acepto. El gobierno chile
acepto pregunto a Lavalle sobre el tratado secreto con Bolivia, contestando el enviado que
ignoraba su existencia. En esta situación Chile exigió por medio de su representante
diplomático en Lima, don Joaquín Godoy, que el Perú se declarara neutral en la guerra con
Bolivia, a lo que el gobierno peruano se negó.
La misión de paz del señor Lavalle fracasó por la obstinación chilena de extender la guerra
hacia el Perú. Chile por entonces hacia preparativos de guerra contra el Perú concentrando
en Antofagasta tropas y material bélico y preparando su escuadra para atacar puertos
peruanos.
Por otro lado, Bolivia había solicitado al Perú el cumplimiento del Tratado de Alianza, dado el
hecho de haber sido atacada por Chile. Chile, a su vez, exigió al gobierno peruano, por
intermedio de su Plenipotenciario en Lima don Joaquín Godoy, que el Perú declarara su
neutralidad en la guerra entre Chile y Bolivia, a lo que el Perú se negó. El 3 de abril Chile
rompió sus relaciones diplomática con el Perú; el señor Godoy pidió en Lima sus pasaportes,
el mismo dia fueron entregados los suyos al señor Lavalle en Santiago, y el sábado el 5 de
Abril de 1879 Chile declaro la guerra al Perú. El mismo día la escuadra chilena amaneció
frente al puerto peruano Iquique, el principal del Departamento de Tarapacá, declarando que
La guerra entre Chile y Bolivia había prácticamente terminado con la ocupación chilena de
Atacama en Febrero y Marzo. La guerra entre el Perú y Chile le sería más larga y tendría
como primera fase la campaña por el dominio completo del Pacifico.
Ni Chile ni el Perú tenían comunicación por tierra (caminos o ferrocarriles) con la zona teatro
de la guerra, localizada al principio en Tarapacá. Se ha visto que para invadir Atacama, Chile
utilizo su escuadra, porque no había comunicación por tierra entre atacama y la zona de
Valparaíso – Santiago, convertida en cuartel general de guerra. El Perú, por su parte, para
auxiliar a la guarnición de Tarapacá, tenía que utilizar también el mar. En consecuencia, la
batalla por el dominio del mar y la libertad de comunicaciones fue la fase inicial de la guerra
entre el Perú y Chile. Una vez más, el porvenir del Perú se decidió en el mar. Como Bolivia
no tenía escuadra, la contienda fue entre las del Perú y Chile, cuya conformación era la
siguiente:
La primera división de la escuadra peruana estaba mandada por capitán de navío Miguel
Grau y la componían la fragata “Independencia" de 2004 toneladas, el monitor ''Huáscar", con
1,130 tns., y el transporte "Chalaco”, Otros buques de la escuadra eran la corbeta "Unión", la
cañonera “Pilcomayo", los transportes "Oroya" y "Limeña" y los viejos monitores “Atahualpa” y
"Manco Cápac" utilizados más como baterías flotantes por tener máquinas en mal estado. Él
'Manco Cápac" fue enviado a Arica.
En su travesía se cruzaron en alta mar con la escuadra chilena, que después de haber
dejado bloqueando Iquique a la "Esmeralda" y "Convadonga", se dirigía al Callao con el
objeto de sorprender a los dos mejores buques peruanos que suponían permanecían en el
puerto. Cuando llegaron al Callao encontraron con que la escuadra peruana estaba en Arica.
Efectivamente, el 20 de mayo los dos buques peruanos llegaron al puerto de Arica en donde
desembarcaron al Presidente y a los refuerzos y materiales, y se dirigieron a Iquique con el
objeto de levantar el bloqueo de ese puerto. Llegaron allí el 21 de mayo, e inmediatamente
emprendieron operaciones contra los dos buques chilenos. El "Huáscar" se hizo cargo de la
"Esmeralda" y la "Independencia" de la "Covadonga". El "Huáscar" después de cañonear a la
“Esmeralda", la atacó con su espolón y la "Esmeralda" se hundió. Al ocurrir el primer choque,
el Comandante de la "Esmeralda", don Arturo Prat, por efecto de la colisión, saltó de su torre
de mando y fue a caer en la cubierta del “Huáscar”, en donde siguió hasta que fue abatido, lo
que ha servido a los historiadores chilenos para decir que Prat abordó el "Huáscar" en el
momento del choque.
Las proezas del "Huáscar" tuvieron prácticamente detenidas las acciones militares de los
chilenos durante los primeros meses de la guerra, terminando por producir una violenta
indignación popular en Chile contra el Presidente y sus Ministros. Los Ministros se vieron
obligados a renunciar así como el jefe de la escuadra W. Rebolledo. El nuevo Ministro de
Guerra don Rafael Sotomayor, ordenó a los buques de la escuadra chilena reunirse en
Valparaíso en donde fueron sometidos a minuciosa limpieza y reajuste de sus máquinas;
estableció un servicio constante de comunicaciones entre Valparaíso y Antofagasta; organizó
un servicio de pescadores a lo largo de la costa para que dieran noticia apenas divisaran al
"Huáscar", y a principios de octubre la escuadra chilena formada en dos divisiones al mando
de don Galvarino Riveros, zarpó de Valparaíso con órdenes precisas y terminantes de acabar
con el "Huáscar". En esos momentos la guerra no era entre Chile y Perú. Era la guerra entre
Chile y un hombre y un barco. Era la guerra de Chile contra el Huáscar y contra Miguel Grau.
Del cuerpo del contralmirante Grau, el teniente primero Pedro Garezon solo encontró entre
los escombros de la torre de comando "un trozo pierna blanca y velluda, sólo desde la mitad
de la pantorrilla al pie, que esta calzado con un botín de cuero". Colocado en una caja y
debidamente identificado, este resto de Grau fue conducido a tierra. El 14 de octubre por
orden expresa del gobierno chileno, fueron conducidos a Valparaíso en el "Blanco Encalada".
El Capitán de Fragata Oscar Viel comandante de la "Chabuco", casado con una hermana de
la esposa de Grau, sepultó estos restos en el mausoleo de la familia en Santiago. En julio de
1890 Chile devolvió al Perú muchos restos de los caídos en Angamos, Pisagua, San
Francisco, Tarapacá, Tacna y Arica. En esta oportunidad llegaron los mencionados restos de
Grau junto con los de otros defensores de la Patria y fueron sepultados en una tumba
provisional en el Cementerio Presbítero Maestro. En 1908 fueron trasladados a Ia CRIPTA
PARA LOS HEROES DE LA GUERRA DEL PACIFICO, que el 8 setiembre de ese año
inauguró el Presidente José Pardo en el Cementerio Presbítero Maestro, monumento a los
héroes de la Patria mandado construir por Ley de 3 de setiembre de 1906. Pero en Chile
quedo un fragmento de la tibia de Grau que era exhibido en un Museo de Santiago, junto con
una gorra y otros objetos personales del héroe. Este resto del Contralmirante fue devuelto el
20 de marzo de 1958, en solemne ceremonia realizada en Santiago con la presencia del
Para completar estos datos sobre el héroe de Angamos, diremos que al iniciarse la guerra y
tomar el mando de la primera división naval, Grau tenía la clase de Capitán de Navío. Por sus
méritos obtenidos en la grandiosa campaña naval, fue ascendido a la clase de Contralmirante
de la Armada Nacional, Grau por motivos personales no hizo uso de esta clase, y continuó
como Comandante del "Huáscar" en la clase de Capitán de Navío. Con ocasión de
inaugurarse en la Capital de la República en 1946, el monumento que la gratitud nacional ha
levantado en la plaza de su nombre, obra del escultor español Victorio Macho, el Congreso
de la República expidió la Ley 10869 promulgada el 26 de octubre de ese año por el
Presidente Constitucional de la República, Dr. José Cuis Bustamante y Rivero, por la cual,
por voluntad nacional se ascendió al contralmirante Grau a la alta clase de Almirante.
En uno de los últimos homenajes que recibió del pueblo de Lima su gloriosa campaña naval,
Grau dijo: "Todo lo que puedo ofrecer en retribución de estas manifestaciones abrumadoras,
es que si el "Huáscar" no regresa triunfante al Callao, tampoco yo regresare y como hombre
de honor cumplió con su palabra.
Terminada la campaña naval con la pérdida de los dos buques poderosos que tenía el Perú;
dueños los chilenos del mar y teniendo libre las comunicaciones hacia el Norte, iniciaron la
tan anhelada invasión del territorito peruano. Los aliados (peruanos y bolivianos) habían
concentrado en el Sur dos ejércitos de regular poderío, uno en Tarapacá y otro entre Tacna y
Arica, Dos campañas emprendieron los chilenos para ocupar estos territorios: La Tarapacá y
la de Tacna y Arica.
a. La campaña de Tarapacá
Al amanecer del 2 de noviembre de 1879 los chilenos aparecieron frente pequeño puerto de
Pisagua. Los aliados tenían allí una guarnición de 1000 hombres a órdenes del teniente
coronel peruano don Isaac Recavarren, comandante Militar de la Plaza. Los atacantes
empezaron por bombardear ferozmente las pocas defensas del puerto con los poderosos
cañones de sus buques de guerras. Los dos primeros intentos de desembarco fueron
rechazados por los defensores. Ante un tercer intento, y en vista del incendio de quintales de
salitre que encontraban listos para ser exportados, los defensores empezaron a ceder terreno
al mediodía. Los chilenos pudieron así desembarcar el grueso de sus fuerzas aniquilando a la
pequeña guarnición que comandaba Recavarren (2 de noviembre de 1879) y ocupar Pisagua
en la tarde. En los días siguientes desembarcaron mayores fuerzas.
La captura de Pisagua por los chilenos venía a encerrar al ejército de Buendía en la zona de
Iquique y alrededores, tornando su situación un tanto crítica. Pero, por otra parte, los aliados
observaron que el ejército chileno se había colocado entre el ejército de Tarapacá y el
acantonado en Tacna y Arica; y elaboraron un plan para atacarlo con estas dos fuerzas. Al
efecto, el general Buendía concentró todas sus fuerzas en el lugar denominado Pozo Almonte
para luego emprender la marcha hacia Pisagua, y de Arica, se dispuso la partida rumbo al
Sur de una fuerza de 3,000 bolivianos a los chilenos al mando en Pisagua de su general en
Jefe Don Hilarión Daza para atacar también a los chilenos en Pisagua.
Pero ocurrió que el general Daza, demorando de Arica, su de marcha en lo posible, llego solo
a la quebrada de Camarones, al sur de Arica, de donde, desobedeciendo a las órdenes del
alto comando aliado, hacia y en Arica dejando que abandonado al ejército de Tarapacá.
Buendía, mientras tanto, reuniendo todas sus fuerzas que alcanzaron a 7,000 hombres,
emprendió su marcha hacia el Norte llegando el 18 hasta el sitio denominado El Porvenir,
mientras los chilenos lo habían hecho hasta el lugar llamado Dolores, teniendo delante el
cerro San Francisco en donde se habían atrincherado. En la mañana del 19 se supo en el
campamento de Buendía la retirada de Daza y el desconcierto cundió entre los aliados. Se
acordó entonces demorar la acción hasta el día siguiente, pero un disparo casual hecho por
Las tropas peruanas que se salvaron en la acción de San Francisco, se retiraron hacia la
quebrada y ciudad de Tarapacá con el objeto de reponerse para luego proseguir su retirada
hacia Arica. El jueves 27 de noviembre poco después de las ocho de la mañana se
presentaron en el campamento peruano unos arrieros con la alarman te noticia de que
poderosas fuerzas chilenas de infantería, caballería y artillería se acercaban a la quebrada.
Inmediatamente el Jefe de Estado Mayor coronel Belisario Suárez dispuso el plan de ataque,
ordenando a la Segunda División que mandaba el coronel Andrés A. Cáceres que escalara
las alturas del Oeste para hacer frente a las tropas chilenas que se divisaban en la planicie. A
la Tercera División que mandaba el coronel Francisco Bolognesi le ordenó escalar las
pendientes del cerro Tarapacá, al Este; a la división Ríos, las del Cerro Redondo, quedando
otras fuerzas en la quebrada, en la cuesta de Visagra. Luego envió un mensajero hacia el
pueblo de Pachica, ordenando que regresaran las divisiones mandadas por los coroneles
Herrera y Dávila que ya habían emprendido la marcha hacia Arica.
Mientras la división Cáceres se empeñaba en la planicie en una firme y sangrienta lucha con
las fuerzas chilenas de la Primera División, en la quebrada la batalla no dejó de tener menos
intensidad, con la presencia en la aldea de Huarasiña de la Segunda División chilena al
mando del comandante Eleuterio Ramírez. Este jefe chileno tuvo que emplear dos compañías
para cubrir su flanco derecho con su ataque a las tropas que mandaba el coronel Emilio
Castañón y que ocupaban la cuesta de Visagra. Luego Ramírez tuvo que emplear otras
fuerzas en su ataque al cerro Tarapacá, en donde se habían concentrado la división Ríos y el
batallón AYACUCHO de la división Bolognesi que hacía vivo fuego sobre sus fuerzas.
Ramírez desembocó en la población de Tarapacá, pero al doblar el espolón que cubre el
pueblo por el sur, fue cogido por los fuegos del batallón AREQUIPA y por parte de las fuerzas
que se encontraban en la población, logrando sin embargo llegar hasta la Plaza de Armas
con grandes pérdidas. Pronto tuvo que retirarse precipitadamente frente al poderos ataque de
la división Bolognesi que lo persiguió al fondo de la quebrada, defendiéndose valientemente
Mientras tanto en la planicie la lucha continuaba, y ante un recibido por las tropas chilenas,
Suárez ordenó que fuera en ayuda de Cáceres la división Ríos que había quedado libre en la
quebrada, el batallón al mando del coronel Alfonso Ugarte, y otras fuerzas. En esta situación
“Ordené —dice el coronel Cáceres en sus Memorias— el avance "a de carga” mis tropas a su
encuentro y comenzó un segundo combate volvieron al empeño alentados por sus oficiales,
que hacían prodigios de valor para contener nuestro empuje. Mis efectos, pequeños
relativamente, no permitieron sino un ataque frontal, en el que, sin embargo, los chilenos,
obligada varias veces a perder terreno, se rehicieron otras tantas con porfiada Después de
sucesivos empujes, llevados a cabo con brío por nuestras tropas logramos al fin arrojarlos
hacia la altura de San Lorenzo, donde, dándome la mano con las tropas que combatían en la
quebrada, pude emprender un envolvente por la izquierda del contrario, y arremetiendo con
bravura, desconcertar su orden de combate y empujarlos hacia el sur".
Cerca de las cuatro de la tarde el combate se detuvo en la planicie por falta de municiones,
así como también en la quebrada en donde las fuerzas de Bolognesi pasaban por una
situación igual. Pero minutos antes de las de la tarde, estando virtualmente paralizado el
encuentro, hicieron su aparición las tropas peruanas al mando de los coroneles Herrera y
Dávila que se encontraban en Pachica, y que acudían presurosas al llamado del coronel
Suárez. Las tropas que mandaba el coronel Dávila reforzaron a las fuerzas que combatía en
la planicie a órdenes de Cáceres, y las que mandaba Herrera reforzaron ala de Bolognesi en
la quebrada. El ataque se reemprendió por todas partes y el desbande de los chilenos fue
general. A las cinco y media las tropas enemigos que con tanto desplante quisieron
"encerrar" y tomar prisionero al ejército peruano en Tarapacá, huían por la pampa de Isluga,
Pero esta incidental victoria de las fuerzas peruanas no cambió el curso de la campaña de
Tarapacá. Sin probabilidades de ser auxiliados, emprendieron su retirada hacia Arica por
terrenos sumamente difíciles. Después de 20 días de marchas heroicas 3,500 peruanos
llegaron al puerto de Arica. Tarapacá estaba perdido, y los chilenos comenzaron a explotar el
guano y salitre contando con la colaboración de los capitalistas ingleses, lo que les permitió
financiar las siguientes campañas que emprendieron.
A fines de 1879 la situación política en el Perú se tornaba crítica las censuras al gobierno por
los desastres de la campaña naval y la campaña de Tarapacá, lo hacían perder terreno, al
tiempo que su enemigo, Piérola aumentaba sus partidarios cada día.
Al saberse el viaje del Presidente la situación política empeoró. Varios cuerpos de ejército se
negaron a obedecer las órdenes del gobierno, al tiempo que el ambiente popular se
pronunciaba por la elevación de Piérola al gobierno. El 21 de diciembre algunos batallones de
la guarnición de Lima se rebelaron contra el gobierno. El 22 siguió la sublevación en Lima y
Piérola se fue al Callao con algunas fuerzas. El día 23 una reunión de vecinos en la
Municipalidad presidida por el Alcalde don Guillermo Seoane, invistió a Piérola con el carácter
de Jefe Supremo de la República, asumiendo personalmente todas las funciones ejecutivas y
legislativas del gobierno con el carácter de Dictador. Promulgó su propio Estatuto para
normar los actos de la Dictadura y firmó un pacto de unión con Bolivia.
Casi al mismo tiempo ocurrían cambios políticos en Bolivia. En la tarde del 28 de diciembre
de 1879 un comicio popular realizado en La Paz depuso al general Daza de sus funciones de
Presidente nombrando una Junta de Gobierno. El día anterior, 27 de diciembre, las tropas
bolivianas en Tacna se habían rebelado también contra la autoridad de Daza aprovechando
un viaje que había hecho al puerto de Arica. En vista de lo sucedido, de Arica se dirigió a
Mollendo, en donde enterado del motín de La Paz, se embarcó para Europa.
La junta nombrada no duro mucho tiempo. El 14 de enero un nuevo motín en La Paz llevaba
a la Presidencia de la Republica contra sus deseos, al general don Narciso Campero.
Campero termino por aceptar, y sus primeras medidas fueron reforzar las fuerzas bolivianas
en Tacna y Arica saliendo él personalmente a ponerse al frente de ellas.
Tres meses después de terminada la Campaña de Tarapacá, los chilenos iniciaron otra para
aniquilar al ejército acantonado en Tacna y Arica y apoderarse de territorios. El ejército aliado
estaba compuesto por 5,500 peruanos al mando del contralmirante don Lizardo Montero, y
4,000 bolivianos al mando del coronel Eleodoro Camacho, acampados en Tacna, más una
pequeña guarnición en el puerto de Arica al mando del coronel don Francisco Bolognesi
fuerzas debido al bloqueo del puerto de Arica hacía mucho tiempo que no recibían n
abastecimientos encontrándose escasas de material y municiones pero ante las reiteradas
peticiones del Jefe de dicho ejército al Dictador Piérola se dispuso que la corbeta "Unión"
llevara tales refuerzos tratando de burlar el bloqueo chileno efectivamente el 17 de marzo de
1880 la corbeta “Union” al mando del comandante, Manuel Villavicencio, en un acto de
audacia y pericia admirable burló a las naves de guerra chilenas y se presentó en el a
desembarcar rápidamente los materiales y municiones que llevaba. Al darse cuenta los
buques chilenos de que habrían sido burlados, iniciaron un violento cañonero sobre la
corbeta y el puerto en son de represalia de la tarde audazmente la Corbeta burló nuevamente
a los buques a la chilenos, a la luz del día se dirigió al Sur, luego al Oeste y finalmente al
Norte perseguida por los buques chilenos que no pudieron darle alcance, regresando
victorioso al Callao.
Plan de los chilenos para apoderarse de Tacna y Arica consistía en desembarcar al Norte de
este ejército, cortarle toda comunicación con el resto del país y luego caer sobre el en
Teniendo en cuenta la superioridad de los chilenos, los aliados decidieron escoger una buena
posición defensiva y esperar allí al ejército invasor. Con tal objeto ocuparon la Meseta de
Intiorco, al N.O. de la ciudad de Tacna, lugar bautizado desde entonces con el nombre de
"Alto de la Alianza". El ejército aliado estaba mandado por el Presidente de Bolivia general
Campero.
De Moquegua los chilenos avanzaron hacia Tacna, sin que los aliados lo supieran por su
deficiente servicio de avanzadas. En la noche del 25 de mayo los chilenos acamparon a 6
millas de la posición aliada y sólo entonces éstos tuvieron noticia, por unos arrieros, de la
presencia del enemigo. Los aliados decidieron sorprender al enemigo e intentaron un avance
nocturno, pero el avance fracasó. En esta situación los sorprendió las primeras horas del 26
de mayo, en que el general Baquedano ordenó el ataque abriendo mortífero fuego con sus
poderosos cañones Krupp que desorganizaron un tanto las posiciones aliadas. A
continuación lanzó su infantería para arrollar las posiciones aliados pero éstas resistieron
bravamente. La lucha, violenta en un principio, decayó un tanto al medio día. El ala izquierda
aliada que había sido la más castigada consiguió parar el golpe, y convenientemente
reforzada por Campero, emprendió la ofensiva, seguida por el centro. En esos momentos la
victoria pareció, sonreírles a los aliados, pero Baquedano lanzó oportunamente todas sus
reservas ataque, decidiendo la victoria a su favor. La batalla duró cuatro horas y fue
extremadamente sangrienta. Los muertos y heridos se calcularon en 2,130 chilenos y 3,150
aliados. Los chilenos ocuparon Tacna cometiendo muchas atrocidades.
Después de la derrota el general Campero consiguió retirarse ordenadamente con sus tropas
en dirección a Bolivia, mientras el contralmirante Montera se retiraba con los sobrevivientes
II. Batalla de Arica. Heroísmo de Bolognesi y los defensores de Arica. (7 junio de 1880).
En Arica había quedado una pequeña guarnición de 1,800 hombres al mando del coronel don
Francisco Bolognesi con encargo de defender la Plan El punto central de la defensa de Arica
era el famoso Morro, a orilla del mar, al que se pretendió reforzar con una red de minas que
se empezó a tender en torno a esta posición, pero el proyecto fracasó.
Para defender Arica había ordenado Bolognesi la construcción de tres baterías o fuertes en la
playa, que eran "San José", "Santa Rosa" y "Dos de Mayo", y en el Morro, por el lado Este,
otros dos fuertes que eran el “Ciudadela” y el "Este", para defenderlo de un posible ataque
por ese lado. Entre fuertes de la playa y los del Morro se ordenó levantar una muralla con
sacos llenos de arena, los mismos que se habían empleado en la construcción de fuertes.
Muy de mañana del sábado 5 de junio de 1880, el coronel Bolognesi recibió al parlamentario
chileno mayor José de la Cruz Salvo, quien es nombre del General en Jefe del Ejército
Chileno le ofrecía una honrosa capitulación. La respuesta que dio el coronel Bolognesi al
parlamentario chileno, después de conferenciar con los jefes de la defensa de Arica en
presencia del parlamentario, fue la siguiente, según relata el mismo mayor Salvo: "Tengo
deberes Sagrados que cumplir v los cumpliré hasta quemar cl último cartucho". De regreso el
parlamentario al campamento chileno, Baquedano ordenó el bombardeo de las defensas
peruanas, que intensamente se realizó hasta las primeras horas de la tarde, siendo
contestado certeramente por las baterías peruanas que causaron muchos estragos a los
chilenos. Al día siguiente, Baquedano ordenó un segundo bombardeo, esta vez con la
colaboración de la escuadra que duró hasta las 5 de la tarde, siendo averiados algunos
buques chilenos y causándoles varios muertos. Por el lado de tierra, los destrozos por las
En la madrugada del lunes 7 de junio de 1880, más de 7.000 chilenos al mando del
sanguinario coronel Pedro lagos se lanzaron al asalto del Morro. Lo hicieron por el lado Este
y amparados por la oscuridad y la neblina del amanecer. Los defensores del fuerte Este al
mando del coronel Marcelino Varela, fueron los primeros en descubrir en el claro oscuro de la
mañana, la presencia del enemigo “A las cinco más o menos, dice el parte del coronel Varela
cuando principiaban los primeros albores de la mañana, notamos en medio de una densa
niebla una línea negra que apenas se distinguía, Ia que examinada con prolijidad, conocimos
que era una fuerza enemiga formada en batalla, la que por su extensión calculamos que
pasaba de 1,000 hombres y que se encontraba a una distancia de 700 a 800 metros y por
consiguiente al alcance de mi armamento peabody”. Al grito de “enemigo a la vista”, se
rompieron los fuegos siendo contestados en el acto por un nutrido fuego del enemigo, dando
lugar a una encarnizada lucha en ese lugar por espacio de media hora. Alertados los
defensores al disparar sus cañones reglados a la que se encontraban los atacantes no
consiguieron el objetivo de la defensa y al quedar neutralizados por la proximidad del
enemigo hizo perder a la posición peruana gran parte de su poderío. El número abrumador
de las tropas que se lanzaban al asalto en sucesivas e de ataque, les hizo comprender que
no quedaba otra que sacrificarse por el honor nacional. Los chilenos llegados al pie de los
parapetos de las filas inferiores, consiguiendo que se desmoronaran las de las filas de arriba.
Por las brechas abiertas ingresaron en tropel al interior de la defensas, generalizándose la
lucha cuerpo a cuerpo.
En la defensa del Ciudadela, murió heroicamente el jefe del “Granaderos de Tacna” coronel
Justo Arias y Aragüez y el Jefe del “Cazadores de Piérola” teniente coronel Francisco
Cornejo. En el fuerte Este murió el José Joaquín Inclan ante la ofensiva chilena que era
constantemente alimentada, los quedaron con vida se retiraron combatiendo hacia la
plazoleta del Morro. Los integrantes de la Octava División al mando de Alfonso Ugarte, con
los 'batallones de “Iquique” y "Tarapacá" mandados por los tenientes coroneles R. Sáenz
Peña y Ramón Zavala acudieron presurosos a la defensa del Morro, muerto Zavala y herido
Sáenz Peña. Fue en esos momentos supremos en y concentrados Jefe de las Baterías del
Morro capitán de navío Juan Guillemo More, el Jefe de la Octava División coronel Alfonso
Ugarte, y el coronel Bolognesi con otros jefes de la defensa, tuvieron que sufrir la avalancha
de los regimientos chilenos, que en proporción de 5 a I por lo menos, atacaban en todas las
direcciones, generalizándose una violenta lucha cuerpo a cuerpo en que pedía ni daba
"Eran las 8.59 A.M, dice el parte oficial peruano, cuando todo estaba perdido; muertos casi
todos sus jefes, prisioneros los únicos que quedaban y arriada por mano del vencedor
nuestra bandera". "A las 9 A.M., dice el parte oficial chileno, la plaza era completamente
nuestra, y la bandera de Chile se ostentaba en los fuertes y en los edificios públicos". Habían
pasado más de tres horas y media desde que se inició la lucha en los fuertes del Este, en que
la guarnición sitiada tuvo que luchar contra un enemigo más de cinco veces superior en
número y armamento. Sucumbieron casi todos -los jefes de alta graduación y la mayor parte
de la oficialidad, lo que al mismo tiempo que constituye uno de los casos de mayor heroísmo
en el mundo, también, por desgracia, uno de los mayores casos de barbarismo e
insensibilidad. Según los partes de ambos bandos, la mortandad en el ejército sitiado fue de
las dos terceras partes de los efectivos, lo que indica que se cumplió con la consigna de que '
'hoy no hay prisioneros". Arica fue defendida por batallones de tacneños y tarapaqueños que
murieron o fueron heridos casi en su totalidad.
Deseamos terminar este relato transcribiendo el final del parte oficial peruano que encierra
una profunda filosofía nacional: "Quiera Dios y la Patria aceptar el sacrificio de tantas
víctimas, de tantos patriotas de corazón, como un holocausto ofrecido en aras del honor
nacional para la salvación del país, y plugiera la Divina Providencia, por tanta sangre
generosa vertida, que nuestro Gobierno sea siempre bien inspirado, y retemplado de valor, la
fe y el entusiasmo en nuestro pueblo que, una vez por todas, debe mostrarse unido y viril
hasta verse realizados sus nobles propósitos". El mensaje de Francisco Bolognesi y sus
compañeros en la defensa de Arica, debe vivir permanentemente en el corazón y en el
recuerdo de todos los peruanos.
Los restos del coronel Francisco Bolognesi, del capitán de navío Guillermo More v del
teniente coronel Ramón Zavala, fueron traídos a Lima por gestiones de la Cruz Roja Peruana,
casi al mes de la batalla de Arica. El 4 de julio a bordo del transporte "Limeña" llegaron al
Callao, y después de solemnes honras fúnebres en la Iglesia Matriz del puerto, el día 7 fueron
conducidos a Lima y sepultados provisionalmente en el Cementerio Presbítero Maestro el
mismo día 7 con grandes honores. En 1908 serían trasladados a la Cripta de los Héroes en el
Cementerio.
f. Nuevo Cambio Político: Gobierno del Dr. García Calderón. Negociaciones para la paz
con la intervención de Estados Unidos. Prisión de García Calderón.
Piérola estableció su gobierno en Ayacucho. Uno de sus primeros actos fue ascender a
general al coronel Andrés A. Cáceres nombrándolo Jefe Político Militar del Centro para que
prosiguiera la resistencia contra el invasor. En el Norte actuaba don Lizardo Montero con el
cargo de Jefe político y militar, siendo comandante de sus fuerzas el coronel Miguel Iglesias a
quien después se ascendió a general; mientras en el Sur actuaba el Dr. Pedro A. del Solar
con igual cargo.
Para dar contenido legal al gobierno de García Calderón se reunió en Chorrillos, el 10 de julio
de 1881, en el local de la Escuela de clases, uno de los pocos edificios que no habían sido
destruidos, un Congreso, el cual ratificó al Dr. García Calderón en su cargo de Presidente
autorizándolo para entrar en negociaciones de paz con los chilenos, pero sin cesión territorial.
El Dr. García Calderón había solicitado la intervención del gobierno argentino y del de
Estados Unidos para llegar a la paz con los chilenos. En el curso de 1881, la intervención de
Estados Unidos se tornó favorable al Perú. El Presidente García Calderón se mostró firme en
este punto de vista de hacer Paz sin cesión territorial, y entonces los chilenos, considerando
peligroso su gobierno, decidieron eliminarlo. El Dr. García Calderón y el Sr. Gálvez fueron
tomados prisioneros, y el 6 de Noviembre del 1881 embarcados presos para Chile. Allí fueron
víctimas de prisiones y de la hostilidad del enemigo pero en Perú, Garcia Calderon siguió
siendo reconocido como Presidente de la Republica, asumiéndola en su ausencia el
contraalmirante Montero en Arequipa.
El 31 de agosto de 1882, el general Iglesias, considerando que una victoria sobre Chile era
imposible, y ante el fracaso de las negociaciones de paz con la intervención de Estados
Unidos del año anterior, decidió que había llegado el momento de hacer la paz con Chile por
nuestro propio esfuerzo, y con tal motivo lanzó una proclama a la Nación, en el lugar llamado
"Montán", y convocó a la reunión de una Asamblea Legislativa.
El pronunciamiento de Iglesias en Montan y su deseo de hacer la paz con Chile fue recibido
con hostilidad por Cáceres, Montero, y los partidarios del doctor García Calderón en Lima. En
enero de 1883 los chilenos de haber observado la sinceridad de los propósitos de Iglesias,
decidieron reconocerlo y entraron con él en negociaciones de paz.
Para los chilenos, las negociaciones de paz se veían entorpecidas por el curso triunfante de
la campaña de Cáceres en la sierra, que daba un motivo para que los negociadores peruanos
reclamaran condiciones de paz menos severas. Decidieron pues eliminar definitivamente a
Cáceres.
Ante la fuerte y enérgica ofensiva chilena iniciada en abril de 1883, Cáceres decidió retirarse
de Tarma hacia el Norte con el objeto de establecerse en el Callejón de Huaylas, uniendo sus
fuerzas con las que allí estaban a órdenes del general Recavarren. El curso de la campaña
se tornó desfavorable para Cáceres. El guerrillero se vio encerrado en el Callejón de Huaylas
por las fuerzas chilenas al mando de Arriagada que lo perseguía por el Sur desde la sierra
central, y por las que en el Norte mandaba Gorostiaga. Pretendiendo burlar a sus
perseguidores, Cáceres se vio rodeado en Huamachuco y la batalla se generalizó (10 de julio
de 1883) siendo extremadamente sangrienta. La batalla, favorable en un principio a las
fuerzas de Cáceres, se tornó adversa al final por la escasez de armamentos y los chilenos
quedaron dueños del campo. Cáceres y el resto de las tropas salvadas se retiraron hacia
Ayacucho.
Allí en Huamachuco fue herido y tomado prisionero el coronel Leoncio Prado, hijo del ex
presidente general don Mariano I. Prado. Estando herido y. teniendo los chilenos que
retirarse, el 15 de julio fue fusilado dando él mismo la orden al pelotón de ejecución.
Este Tratado fue aprobado por cl gobierno del general Iglesias establecido en el Balneario de
Ancón cl 22 dc octubre, ordenándose fuese remitido a la Asamblea Constituyente,
denominándose por este hecho "Tratado de Ancón”.
Luego el general Iglesias convocó a una Asamblea Constituyente para que ratificara el
Tratado de Paz. La Asamblea se reunió en Lima el 1º de Marzo de 1884 y ante ella Iglesias
renunció el mando, pero la Asamblea Io nombró Presidente Provisorio de la República. La
Asamblea procedió n ocuparse del Tratado de Paz, cl que fue aprobado el 8 de marzo de
1884, promulgando Iglesias la Ley el 11 de marzo y canjeándose las Ratificaciones en Lima
el 28 de marzo de 1884.
Las consecuencias de la guerra con Chile fueron tremendas. La pérdida del Departamento de
Tarapacá con sus obras públicas y la gran riqueza del salitre que Chile empezó a explotar
desde fines de 1879; la pérdida posterior de la Provincia de Arica; la venta que realizó Chile
por su propia cuenta y en su provecho del guano peruano durante el tiempo que duró la
ocupación; el importe de los derechos de importación y exportación recaudados en las
aduanas del Perú durante los cinco años de la ocupación; el producto de los cupos y
contribuciones de guerra impuestos a la población y a las industrias del Perú: los impuestos y
contribuciones percibidos por Chile en los territorios de Tacna y Arica; el valor de los
innumerables objetos de arte, ciencia e históricos de propiedad pública y privada de los
Además de la pérdida de lo anteriormente anotado, la guerra con Chile tuvo para el Perú las
siguientes nefastas consecuencias:
Pérdida total de la riqueza del salitre y parte de la del guano, privando al Estado de los
ingresos que le proporcionaron durante muchos años esos productos;
Depresión general de la producción y del comercio nacionales por cinco años de
bloqueo de los puertos;
Destrucción de las principales haciendas costeñas y los ingenios de azúcar allí
establecidos, base de la incipiente economía nacional;
Destrucción de muchos puertos y obras públicas nacionales;
Desaparición de la moneda, porque el Perú quedó con un depreciado billete fiscal;
Ruina del crédito exterior;
Desaparición de muchas fortunas privadas nacionales provenientes de la época de
auge del guano;
Desaparición de nuestra escuadra;
El Perú tuvo fronteras con Chile;
Posterior incumplimiento de la cláusula 3a. del Tratado de Ancón por parte de Chile,
que dio lugar a cerca de cuarenta años de intranquilidad internacional y agresividad
de Chile con los peruanos en Tacna y Arica hasta que se firmó el Tratado de 1929.
Todos los pueblos de la tierra pasan a lo largo de su vida por momentos difíciles y de peligro
en que se ve amenazada la existencia misma de la nación. El Perú había pasado por ellos en
el corto tiempo de su existencia republicana y los había sabido vencer. Pero en 1879 se
encontró en el momento más terrible de todos. Se encontró frente a las ambiciones de un
vecino astuto que se había preparado expresamente para la contienda, al tiempo que sufría
nuestro país una aguda crisis económica. En esta situación, nuestra Patria fue vencida. Pero
no por ello se vaya a creer que el Perú fue vencido para siempre. Muchos grandes Pueblos
de la tierra han sufrido terribles derrotas. Allí están los ejemplos de Francia después de la
guerra del 70 y de Alemania después de la guerra del 14; como también Alemania y Japón
después de la segunda guerra mundial. Sin embargo, renacieron por esfuerzo abnegado de
sus hijos. Es que los pueblos demuestran su capacidad de vida por su capacidad de las
derrotas y de las miserias sufridas. El Perú empezó demostrar después de 1884 que era un
pueblo capaz de reponerse de la derrota y de las miserias sufridas en esta guerra. Inició,
paciente y heroicamente el periodo de la Reconstrucción Nacional.









