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Crisis económica y hacendaria 1867-1879

Tras la guerra contra España, el dictador Mariano Ignacio Prado se convirtió en presidente
provisorio. Pese a las críticas, Prado se presentó como candidato a la presidencia sin
abandonar el poder, obteniendo el triunfo. Convocó también a un Congreso Constituyente, que
se encargó de dar una nueva Constitución: la Constitución Liberal de 1867. Pero una
revolución acaudillada por el general Pedro Diez Canseco en Arequipa y por el coronel José
Balta en Chiclayo, trajo abajo a su régimen y restituyó la Constitución de 1860, a principios
de 1868.

José Balta y Montero, presidente del Perú (1868-1872).

Diez Canseco ejerció un gobierno interino y convocó a elecciones. Se presentaron dos


candidatos de líneas opuestas. Uno era el coronel José Balta, representante del antiguo
militarismo; y el otro, el civil Manuel Toribio Ureta, representante del liberalismo. Balta resultó
vencedor y asumió el poder el 6 de agosto de 1868.
El gobierno de Balta se inició con una lenta tarea de reorganización. El problema más
acuciante era el económico, principalmente por los gastos generados por la guerra contra
España. Balta nombró como ministro de Hacienda al entonces desconocido joven Nicolás de
Piérola, quien logró un acuerdo con la Casa judía-francesa Dreyfus Hnos. de París para la
explotación del guano, firmándose el llamado Contrato Dreyfus (5 de julio de 1869). El
gobierno peruano vendía a la Casa Dreyfus dos millones de toneladas de guano, valorados en
73 millones de soles; por su parte, la Casa Dreyfus adelantaba al Estado dos millones de
soles, y se comprometía a pagar a razón de 700 mil soles cada mes y a cubrir los intereses de
la deuda externa peruana. Posteriormente se hicieron algunas ampliaciones. En teoría este
contrato era muy conveniente para el Estado Peruano y ponía fin a los abusos de los
consignatarios peruanos, hasta entonces intermediarios en el negocio guanero. Estos
demandaron ante la justicia al Estado por daños y perjuicios, pero el contrato terminó por ser
aprobado por el Congreso y el gobierno siguió adelante en su ejecución.
Contando con la garantía del guano, el gobierno peruano celebró grandes empréstitos con la
misma Casa Dreyfus, con los que inició un ambicioso programa de obras públicas,
principalmente la construcción de ferrocarriles, siendo los más notables los de penetración de
la costa a la sierra. El gobierno actuó irresponsablemente y se endeudó crecidamente,
confiado en las rentas del guano, que no serían duraderas.
Un año antes del término legal de su mandato, Balta convocó a elecciones en medio de una
gran crisis económica. Varios candidatos se presentaron, pero entre todos destacó la figura
de Manuel Pardo y Lavalle, líder del recién fundado Partido Civil, el primer partido
propiamente dicho fundado en el Perú como respuesta al predominio militar en la política
peruana y que agrupaba a profesionales liberales, comerciantes, empresarios, hacendados,
que conformaban la naciente burguesía nacional. Pardo triunfó, pero faltando pocos días para
que asumiera el poder, Balta fue derrocado y apresado por los coroneles Gutiérrez (que eran
cuatro hermanos), originando así un golpe de estado conocido como la rebelión de los
coroneles Gutiérrez. Estos fueron incitados a realizar tal acción pues temían perder sus
privilegios castrenses con la ascensión al poder del civilismo. El mayor de dichos
hermanos, Tomás Gutiérrez, se autoproclamó Jefe Supremo; unos días después Balta era
asesinado en la prisión (26 de julio de 1872), lo que provocó una violenta reacción de la
ciudadanía, que asesinó en las calles a tres de los Gutiérrez (entre ellos Tomás) y restituyó la
constitucionalidad.

Manuel Pardo y Lavalle, presidente del Perú (1872-1876).

Manuel Pardo, que había huido a Pisco, retornó a Lima y tomó el mando de la nación el 2 de
agosto de 1872. Pese a las medidas que tomó para contrarrestar la grave crisis económica
(entre ellas la nacionalización de la riqueza salitrera), no tuvo éxito. El contrato Dreyfus ya no
rendía pues la Casa Dreyfus se negó a dar más adelantos con garantía del guano, arguyendo
que el Estado peruano le debía.
Durante el gobierno de Pardo se firmó el Tratado de Alianza Defensiva entre Perú y Bolivia,
el 6 de febrero de 1873, que luego sería usado como pretexto por Chile para desatar la Guerra
del Pacífico.
En 1876 la transmisión del mando se produjo sin incidentes. Los principales candidatos eran
el ex presidente Mariano Ignacio Prado y el contralmirante Lizardo Montero. El triunfador fue
Prado.
Durante su gobierno, Prado enfrentó el problema de la cuantiosa deuda externa y la galopante
crisis económica y hacendaria. Tratando de paliar la situación, Prado declaró disuelto el
Contrato Dreyfus y firmó un nuevo contrato para la venta del guano con la firma inglesa
Raphael e Hijos, el llamado Contrato Raphael, pero no tuvo éxito. El precio del guano iba por
entonces cayendo en el mercado internacional y ya no constituía un negocio rentable. La crisis
se agudizó. El Estado peruano se declaró en bancarrota y anunció la moratoria de su deuda
externa.
Para colmo, Prado tuvo que enfrentar la oposición de Nicolás de Piérola, que acaudilló dos
revoluciones, que si bien fueron sofocadas, causaron un gasto a la ya exhausta caja fiscal.
Suceso luctuoso de este período fue el asesinato de Manuel Pardo, entonces presidente del
Senado, el 16 de septiembre de 1878. Al año siguiente estalló la guerra con Chile, pese a los
intentos de Prado de evitarla diplomáticamente. Chile, con su característica perfidia, esperó el
momento adecuado para atacar al Perú, es decir cuando éste se hallaba en plena bancarrota
y prácticamente desarmado.

Guerra del Pacífico 1879-1883


Artículo principal: Guerra del Pacífico

"Hoy es una verdad histórica, comprobada con


documentos oficiales de Chile y por sus mismos
publicistas, que la verdadera causa de la guerra
declarada por esta nación al Perú y Bolivia en 1879…
era la ambición de ensanchar su territorio a costa de
éstos; los guanos de la costa y las salitreras de
Atacama y Tarapacá embargaban pues la codicia del
gobierno y del pueblo chileno".

—Mariano Felipe Paz Soldán.

La guerra desencadenada por Chile contra el Perú y Bolivia en 1879 fue denominada Guerra
del Pacífico por el historiador chileno Benjamín Vicuña Mackenna y así se ha impuesto en la
historiografía actual, pero se trata de una denominación equívoca, pues no fue una guerra
absolutamente marítima, sino que la mayor parte de las acciones militares se desarrollaron en
escenario terrestre, y se definió en el mismo. La más apropiada es la denominación que le dio
el historiador peruano Mariano Felipe Paz Soldán, en una de sus obras: la Guerra de Chile
contra el Perú y Bolivia. Otro historiador, el venezolano Jacinto López, la definió también de
manera acertada: la Guerra del guano y del salitre.2
Efectivamente, está fuera de duda de que la causa principal de la guerra fue
el expansionismo chileno: Chile ambicionaba los yacimientos peruanos y bolivianos de salitre,
y adicionalmente, los de guano, que por entonces alcanzaban precios ingentes en el mercado
mundial. Pero no se habría lanzado a una aventura como esa si no hubiera sido movido,
armado, preparado y animado por las potencias europeas, principalmente Inglaterra. Las
razones por las que las potencias europeas se pusieron contra el Perú fueron las siguientes:

 La política salitrera peruana, contraria al liberalismo propiciado por Inglaterra y otras


potencias.

 Las maniobras antiperuanas de los acreedores del Perú, principalmente Dreyfus.

 La interrupción de los servicios de la deuda externa peruana.3


En cuanto al pretexto esgrimido por Chile, fue el famoso impuesto de 10 centavos por quintal
de salitre exportado, que Bolivia impuso a la Compañía de Salitres y Ferrocarril de
Antofagasta, empresa con capitales chilenos asentada en el litoral boliviano. A decir de Chile,
este impuesto violaba el Tratado boliviano-chileno de 1874, que prohibía elevar los impuestos
durante 25 años a los ciudadanos chilenos. Bolivia argumentó que la compañía no era
«ciudadano chileno» sino una sociedad mercantil constituida de acuerdo a las leyes de
Bolivia, y sujeta, por lo tanto, al ius imperium de ésta. Ante la negativa de la Compañía a pagar
el impuesto, el gobierno boliviano reivindicó las salitreras y anunció el remate de las
propiedades y material de la compañía (1 de febrero de 1878). El gobierno de Chile inició
entonces las hostilidades, enviando a su flota a Antofagasta, donde desembarcaron sus
tropas. Todo el litoral boliviano fue ocupado por los chilenos. El Perú envió una misión
diplomática para mediar en el conflicto, la misma que estuvo encabezada por José Antonio de
Lavalle y que fue vejada por una turba desaforada al arribar a Valparaíso. El gobierno chileno
no aceptó la mediación peruana y adujo que acababa de descubrir la existencia del Tratado de
Alianza Defensiva entre Perú y Bolivia de 1873, lo cual era falso, pues si bien dicho pacto fue
firmado con carácter de secreto, lo cierto es que la cancillería chilena estuvo desde un
principio al corriente del mismo. La versión chilena sostiene que el Tratado peruano-boliviano
de 1873, si bien era defensivo en la forma, era ofensivo en el fondo, por lo que considera la
mediación de Perú como una forma de ganar tiempo, mientras se realizaban preparativos de
guerra. Sin embargo, la cruda realidad era que el Perú no tenía ningún interés en ir a la
guerra, ya que se hallaba sumido en una total bancarrota y era consciente de su inferioridad
bélica; por ello el presidente Prado agotó todos los recursos para solucionar el conflicto por la
vía diplomática, pero fracasó ante la intransigencia chilena. Chile exigió al Perú que se
mantuviera neutral en el conflicto, a lo cual el Perú se negó pues el Tratado de 1873 lo
obligaba a ayudar a Bolivia. Acto seguido, Chile declaró la guerra al Perú el 5 de abril de 1879;
ya Bolivia lo había hecho a Chile, el 14 de marzo.
A partir de este momento dio comienzo la guerra, en la cual se pueden distinguir cinco fases.

La campaña marítima

Combate Naval de Angamos, óleo de Thomas Somerscales.

La campaña marítima se desarrolló de abril a octubre de 1879, entre la escuadra chilena y la


peruana, pues Bolivia carecía de marina. La superioridad de Chile era abrumadora y se
cimentaba en sus dos buques blindados, el Blanco Encalada y el Cochrane. Mientras que los
buques principales de Perú eran la fragata Independencia y el monitor Huáscar, adquiridos en
la década de 1860 e inferiores en poderío frente a cualquiera de los blindados rivales. La flota
de Chile empezó bloqueando el puerto peruano de Iquique; a mediados de mayo de 1879
partió rumbo al Callao para enfrentar a los buques peruanos, dejando en el bloqueo de
Iquique a la corbeta Esmeralda y a la goleta Covadonga. Pero la flota peruana se adelantó y
el 21 de mayo de 1879 arribó a Iquique con el objetivo de levantar el bloqueo. Se trabó
el combate naval de Iquique. El Huáscar, al mando de Miguel Grau, hundió a la Esmeralda y
puso en fuga a la Covadonga, que fue perseguida por la Independencia, la cual encalló y se
hundió en Punta Gruesa. Si bien ambas flotas perdieron una de sus naves, la peor parte la
llevó el Perú, que perdió a su principal buque de guerra. En los meses que siguieron, los
buques peruanos desarrollaron una política de hostigamiento en los puertos de Chile.
El Huáscar, siempre al mando de Grau, practicó numerosas incursiones que resultaron muy
perjudiciales para Chile, siendo la más sonada la captura del vapor Rímac, a bordo del cual
iba un regimiento chileno completo, los carabineros de Yungay. Finalmente, la flota chilena
pasó a la ofensiva y acorraló al Huáscar frente a Angamos, librándose un combate desigual,
el 8 de octubre de 1879. Allí murió Grau, convirtiéndose desde entonces en el mayor héroe del
Perú. Al margen de su heroísmo, se debe destacar en el jefe peruano la nota de humanidad y
su respeto a las leyes de la guerra que imprimió en todos sus actos durante el desarrollo del
conflicto, lo que le valió el apelativo de «El caballero de los mares».
Libres de peligro en el mar, los chilenos iniciaron la campaña terrestre.

La campaña de Tarapacá

Batalla de Tarapacá.

La campaña de Tarapacá, primera fase de la campaña terrestre, se desarrolló en el mes de


noviembre de 1879. Chile invadió la provincia peruana de Tarapacá, de importante valor
económico debido a sus yacimientos de guano y salitre. Esta campaña comenzó el 2 de
noviembre con el desembarco chileno en Pisagua, puerto que fue defendido por mil soldados
aliados peruanos y bolivianos al mando de Isaac Recavarren, los que, naturalmente, no
pudieron contener el masivo desembarco de diez mil chilenos. El ejército aliado acantonado
en Tarapacá estaba al mando del general Juan Buendía y sumaba diez mil hombres (6000
peruanos y 4000 bolivianos). Se esperaba la llegada del presidente boliviano Hilarión Daza y
su ejército de 3000 efectivos que se hallaban en Tacna, para poder realizar una maniobra
conjunta contra los invasores. Pero desde el primer momento hubo descoordinación entre las
fuerzas aliadas. Daza pasó a Arica y continuó hacia el sur, pero al llegar a la quebrada de
Camarones retrocedió «abrumado» por el desierto. Mientras que en Tarapacá, Buendía, que
ignoraba la deserción de Daza, avanzaba para recuperar Pisagua. Los chilenos, por su parte,
se fortificaban en el cerro San Francisco. En la tarde del 19 de noviembre, avanzadas del
ejército peruano, sin que mediara orden del comando, trabaron escaramuzas con el enemigo,
hasta que la lucha se extendió. Se libró así la batalla de San Francisco, conocido por la
historiografía chilena como batalla de Dolores. Héroe de la jornada fue el coronel
cuzqueño Ladislao Espinar, que al frente de sus batallones trepó el cerro San Francisco para
capturar la artillería enemiga. Con gran esfuerzo los chilenos rechazaron la embestida y se
hicieron finalmente del triunfo. Las tropas peruanas retrocedieron, pero días después, el 27 de
noviembre, tuvieron aun fuerzas para ganar la batalla de Tarapacá, donde
destacaron Belisario Suárez y Andrés Avelino Cáceres. Sin embargo, este triunfo no cambió el
curso de la guerra y las fuerzas aliadas continuaron su retirada hacia Tacna, cruzando el
abrasador desierto. En enero de 1880, toda la provincia de Tarapacá pertenecía ya a Chile, y
la exportación del salitre comenzó a dar réditos a su gobierno.
La campaña de Tacna y Arica

Batalla de Arica, óleo de Juan Lepiani.

Esta campaña fue iniciada en mayo de 1880 por Chile, temeroso de que el ejército aliado
intentara recuperar desde el norte la provincia de Tarapacá. Por entonces habían ocurrido
cambios políticos en los países aliados. En el Perú asumió al poder Nicolás de Piérola el 21 de
diciembre de 1879, luego de que el presidente Prado saliera del país para agilizar la compra
de armamentos. En Bolivia, Daza fue derrocado por el coronel Eliodoro Camacho y luego
tomó el poder de manera provisoria el general Narciso Campero. En el teatro de operaciones,
los aliados contaban con 6000 peruanos a órdenes de Lizardo Montero, y 4,000 bolivianos al
mando de Eliodoro Camacho. Por su parte, las tropas chilenas de 15 000 efectivos bajo el
mando del general Manuel Baquedano desembarcaron entre Ilo y Pacocha y avanzaron hacia
Tacna. Narciso Campero tomó el mando de las tropas aliadas y se posesionó para esperar al
enemigo en la meseta de Intiorko, que desde entonces se llamó el Alto de la Alianza, situado a
seis millas al norte de la ciudad de Tacna. El encuentro se produjo el 26 de mayo de 1880 y se
conoce como la batalla del Alto de la Alianza o batalla de Tacna. La resistencia de los aliados
fue tenaz y en algún momento se presagió su victoria. Ante ello, los chilenos debieron emplear
hasta sus cuadros de reserva para poder conseguir el triunfo, luego de cuatro horas de
sangrienta lucha. Tacna fue ocupada por las fuerzas chilenas, la alianza peruano-boliviana se
rompió y Bolivia abandonó la guerra.
El último episodio de esta campaña fue el sitio de Arica, defendido por el anciano
coronel Francisco Bolognesi al mando de 2000 hombres, quienes se negaron a rendirse.
La batalla de Arica, librada el 7 de junio de 1880, constituyó otro acto de la heroica y esforzada
resistencia peruana. Bolognesi, muerto en el campo de batalla, se alzó como un nuevo héroe
a la par de Grau.

La campaña de Lima

La defensa de los peruanos en uno de los reductos de Miraflores. Óleo del pintor peruano Juan Lepiani.

Esta campaña fue organizada por el gobierno chileno tras el fracaso de las negociaciones de
paz realizadas bajo mediación de los Estados Unidos, en las que el Perú se negó a firmar la
paz con cesión territorial. Previamente al inicio de la campaña de Lima, los chilenos enviaron
una expedición de rapiña a lo largo de la costa norte peruana, al mando del capitán Patricio
Lynch. Piérola organizó la defensa de Lima, tendiendo dos líneas defensivas. La primera línea
partía del Morro Solar, en Chorrillos y pasaba por la hacienda Villa y los llanos de San Juan,
hasta llegar a Monte Rico Chico. La segunda línea partía de la quebrada de Armendáriz,
pasaba por las afueras de la villa de Miraflores y terminaba en Monte Rico Grande. Si bien los
peruanos contaban con 20 000 hombres, estos en su mayor parte estaban mal preparados y
peor equipados. Por su parte, los chilenos, bajo el mando del general Baquedano,
desembarcaron en Pisco y Chilca; luego acamparon en Lurín, al sur de la capital peruana.
Sumaban en total 25 000 soldados. Avanzaron hacia Lima y se enfrentaron a la primera línea
defensiva peruana, librándose la batalla de San Juan y Chorrillos, el 13 de enero de 1881.
Baquedano debió usar todas sus reservas para doblegar la tenaz resistencia peruana,
especialmente en el Morro Solar. La villa de Chorrillos fue saqueada e incendiada. La última
batalla de la defensa de Lima se dio en la línea de Miraflores, defendida mayormente por
civiles, quienes se batieron con valor y denuedo en los llamados «reductos» (15 de
enero de 1881). Consumada la derrota peruana, Piérola se retiró a la sierra central, quedando
en Lima como única autoridad peruana el alcalde Rufino Torrico, que entregó de manera
pacífica la ciudad a los invasores, el 17 de enero de 1881. Los chilenos nombraron a su vez
como gobernador a Patricio Lynch. Posteriormente, se formó en La Magdalena (suburbio de
Lima) un nuevo gobierno peruano, encabezado por el doctor Francisco García Calderón, que
se instaló el 12 de marzo de 1881. Este presidente resistió las presiones de los chilenos para
firmar una paz con cesión territorial, por lo que fue apresado y enviado a Chile. Por su parte,
Piérola renunció también al mando supremo y marchó al extranjero.

La campaña de la Breña

Una escena del combate de Concepción.

Se conoce con el nombre de Campaña de la Breña a la resistencia peruana en la sierra


central y norte, dirigida por el general Andrés Avelino Cáceres entre 1881 y 1883. Cáceres
estableció como su centro de poder el valle del Mantaro y a Ayacucho como su reserva. En su
momento máximo tuvo más de 3000 hombres a su mando, denominado el Ejército del
Centro, comandado por el coronel Francisco de Paula Secada. Era, efectivamente, un ejército
orgánico, compuesto, en parte, de veteranos; junto a él actuaban también guerrilleros, pero
solo como tropas de choque. Pero para los chilenos todas estas fuerzas en conjunto eran solo
guerrillas o montoneras, y como tales, fuera de las formalidades de la guerra. 4Contra estos
«montoneros», el mando chileno envió una primera expedición contra Cáceres, comandada
teniente coronel Ambrosio Letelier, que avanzó hasta Huancayo, pero tuvo que retroceder ante
el acoso de los breñeros; en el trayecto de retorno una de las compañías chilenas fue
derrotada en el combate de Sangrar (26 de junio de 1881). Una segunda expedición chilena,
bajo el mando del coronel Estanislao del Canto, tampoco tuvo éxito. Cáceres salió airoso en
el Primer Combate de Pucará (5 de febrero de 1882) y posteriormente obtuvo un triple
triunfo: Segundo combate de Pucará, Marcavalle y Concepción, entre el 9 y 10 de julio del
mismo año. Los chilenos huyeron en apresurada retirada hacia Lima. Todo el departamento de
Junín quedó libre de invasores. También en el norte del Perú, los pobladores de Cajamarca se
levantaron contra los abusos de los chilenos a los que derrotaron en la sangrienta batalla de
San Pablo, el 13 de julio de 1882. Por entonces, los chilenos presionaban al presidente
peruano Francisco García Calderón (entonces confinado en Chile) a que firmara la paz con
cesión territorial. Las mismas presiones sufría el contralmirante Lizardo Montero, el
vicepresidente establecido en Arequipa. Ambos mandatarios rechazaron tales exigencias, pero
sucedió entonces el llamado Grito de Montán, el 31 de agosto de 1882, proclamado por el
general peruano Miguel Iglesias, jefe de las tropas del norte, quien consideraba necesario
firmar ya la paz, incluso con cesión territorial, antes que los chilenos continuaran destruyendo
lo poco valioso que quedaba en el Perú. Cáceres rechazó tal planteamiento y anunció su
voluntad de continuar la lucha. Los chilenos organizaron una tercera expedición contra los
breñeros, mucho más poderosa. Cáceres entonces, junto al Ejército del Centro y a su
Comandante en Jefe, Coronel Francisco de Paula Secada, deciden movilizarse hacia el norte
para reforzar su posición y además para debilitar a Iglesias. Atravesaron el Callejón de
Huaylas, cruzaron la Cordillera Blanca y llegaron hasta Huamachuco, donde trabaron con la
división chilena del coronel Alejandro Gorostiaga la batalla de Huamachuco (10 de
julio de 1883). Los peruanos estuvieron a punto de ganar la batalla pero el agotamiento de sus
municiones y la falta de bayonetas permitieron voltear el resultado a favor de los chilenos.
Pero Cáceres y el Ejército del Centro no se dieron por vencidos y pasaron Ayacucho, con la
intención de organizar nuevamente la resistencia. Una cuarta expedición, al mando
de Martiniano Urriola, se internó en la sierra en busca de Cáceres, pero éste logró evadirla.
Pero por entonces Miguel Iglesias, proclamado presidente provisorio del Perú por una
asamblea legislativa de los departamentos del norte, firmaba en Ancón la paz con Chile, por lo
que las tropas chilenas recibieron la orden de abandonar la sierra central y replegarse a Lima.

Tratado de Ancón
El Tratado de Ancón, firmado el 20 de octubre de 1883, reconoció la derrota peruana y dio por
terminada la guerra con Chile. El Perú cedió a Chile perpetua e incondicionalmente
la provincia de Tarapacá, y las provincias de Tacna y Arica quedaron sujetas a la legislación
chilena por un período de diez años más, tras el cual se debía realizar un plebiscito para
decidir su destino final. Por otra parte, en 1884, se firmó un Pacto de Tregua entre Chile y
Bolivia, en el que se estipuló una paz no definitiva.

La Reconstrucción Nacional (1884-1895)[editar]


Artículo principal: Reconstrucción Nacional

El general Miguel Iglesias.


Tras la guerra del Pacífico, se inició un período de Reconstrucción Nacional, es decir, de
resurgimiento económico, político y social. Aunque fue éste un período de relativa calma, en
realidad el país no conoció la reactivación económica ni la paz política sino hasta 1895.
Esta etapa es también conocida como la del Segundo Militarismo, pues los caudillos
militares volvieron al ruedo político, pero ya no como héroes triunfadores, sino como vencidos.
No obstante, eran los únicos que poseían la fuerza suficiente para ejercer el poder ante la
desastrosa situación en que quedó el sector civil luego de la derrota ante Chile.
El país quedó dividido en dos bandos: los "hombres de Montán" seguían al general Miguel
Iglesias, y "los de kepí rojo", al general Andrés Avelino Cáceres, héroe de la resistencia.
Iglesias había sido proclamado presidente regenerador en 1882 y, luego de la firma del tratado
de Ancón, una Asamblea Constituyente lo confirmó en el cargo. Con los pocos recursos
existentes, Iglesias intentó sacar al país adelante, pero sufrió la tenaz oposición de Cáceres.
Pese a que el país recién había salido de una guerra desastrosa se desató la guerra civil.
En 1884 Cáceres logró “huaripampear” o poner fuera de juego al ejército principal de Iglesias
en la sierra central, en una brillante estrategia militar, luego de lo cual atacó Lima, donde puso
sitio al Palacio de Gobierno, en noviembre de 1885. Iglesias, derrotado, renunció a la
presidencia y el poder quedó provisoriamente en manos del Consejo de Ministros presidido
por Antonio Arenas. Éste convocó a elecciones en las que ganó abrumadoramente Cáceres.

Retrato del general Andrés Avelino Cáceres. Obra del pintor Nicolás Palas, año 1894.

Cáceres gobernó de 1886 a 1890, período que sería su primer gobierno constitucional. Tuvo
que afrontar la reconstrucción del país, especialmente en el campo económico. Puso fuera de
curso el billete fiscal o papel moneda, muy devaluado para entonces; creó impuestos nuevos;
intentó la descentralización tributaria; y para solucionar el problema de la enorme deuda
externa firmó el Contrato Grace por el cual entregó los ferrocarriles a los acreedores. Su
gobierno fue autoritario y tuvo que enfrentar una tenaz oposición desde la prensa y el
parlamento.
Finalizando el período de Cáceres, se convocaron a elecciones en 1890, en las que triunfó el
coronel Remigio Morales Bermúdez, que pertenecía al mismo partido de Cáceres (el Partido
Constitucional o cacerista), y por lo tanto, significó el continuismo político. Morales Bermúdez
llevó a cabo un discreto gobierno y debió enfrentar la negativa de Chile a convocar el
plebiscito que debía decidir el destino final de las provincias de Tacna y Arica, tras haber
finalizado en 1894 el plazo de 10 años estipulado en el Tratado de Ancón de 1883. Chile fue
prorrogando la realización de dicho plebiscito indefinidamente; finalmente nunca se realizó.
Víctima de una enfermedad, Morales Bermúdez murió el 1 de abril de 1894, antes de concluir
su mandato. Lo sucedió el segundo vicepresidente Justiniano Borgoño, en desmedro del
primer vicepresidente Pedro Alejandrino del Solar, que fue marginado por oponerse al
cacerismo. Borgoño allanó el camino para la vuelta al poder del general Cáceres y convocó a
unas elecciones que fueron muy cuestionadas. Con el apoyo del gobierno, Cáceres triunfó en
dichos comicios.

Piérola y sus montoneros entran a Lima por la Puerta de Cocharcas (17 de marzo de 1895).

Por segunda vez Cáceres asumió la presidencia, el 10 de agosto de 1894. Pero carecía de
legitimidad y popularidad, por lo que era inevitable que surgiera la guerra civil. El
anticacerismo formó la Coalición Nacional, integrada por los demócratas y civilistas, que
eligieron como líder a Nicolás de Piérola (jefe de los demócratas), entonces desterrado en
Chile. En todo el Perú surgieron partidas de montoneros que se sumaron a la causa de la
Coalición. Piérola retornó al Perú, desembarcó en Puerto Caballas (costa de Ica) y pasó
a Chincha donde dio un Manifiesto a la Nación, tomando el título de Delegado Nacional, y
poniéndose de inmediato en campaña sobre Lima, al frente de los montoneros. Estos
atacaron la capital del 17 al 19 de marzo de 1895, desatando una lucha muy sangrienta. Al
verse desprovisto del apoyo del pueblo, volcado masivamente hacia los coaligados, Cáceres
renunció y partió al exilio. Se instaló una Junta de Gobierno presidida por Manuel Candamo,
que convocó a elecciones en las que triunfó abrumadoramente Piérola.

La República Aristocrática (1895-1919)[editar]


Artículo principal: República Aristocrática

Nicolás de Piérola.

Con el advenimiento al poder de Nicolás de Piérola en 1895, se dieron las condiciones para la
formación de la República Oligárquica, llamada también República Aristocrática, término éste
acuñado por Basadre. Se extiende desde el 8 de septiembre de 1895 hasta el 4 de
julio de 1919, período en el que se sucedieron una serie de gobiernos elegidos
democráticamente, con excepción del período de 1914-1915. Fue entonces cuando se
materializó una política pluto - oligárquica, con unas clases alta y media que vivían
acomodadamente y un pueblo llano con diversas carencias. Se acentuó la dependencia
económica hacia el capitalismo inglés y el norteamericano y se desarrolló de nuevas
actividades económicas: agroexportación (azúcar y algodón), extracción cauchera y la
extracción petrolera. El malestar de las clases populares se manifestó en el surgimiento del
movimiento obrero anarcosindicalista y el estallido de huelgas.
Las principales fuerzas políticas eran el Partido Demócrata o pierolista y Partido Civil o
civilista, que se habían aliado en la coyuntura de 1894-1895. A partir de 1903 predominaría el
civilismo en el gobierno, lo que se conoce como el Segundo Civilismo, por distinción del
primero de 1872-1874. Otras fuerzas importantes fueron el Partido Constitucional o cacerista y
el Partido Liberal.
El gobierno de Piérola (1895-1899) fue notable, contando con el apoyo de demócratas y
civilistas. Piérola convocó a los más capaces para ocupar funciones en el gobierno, sin tener
en cuenta antecedentes partidarios; respetó escrupulosamente la Constitución; fortaleció las
instituciones públicas e impulsó el desarrollo integral del país. Destacan las importantes
reformas en el campo económico y financiero, como la implantación de una nueva moneda
(la Libra peruana), la primera ley normativa de la ejecución presupuestal, la creación de la
Compañía Recaudadora de Impuestos. Además, fomentó el ahorro público, aplicó una política
de austeridad gubernamental y evitó el endeudamiento externo. Asimismo, fomentó y protegió
la industria nacional, impulsó el desarrollo de la Amazonía, llevó a cabo un plan de obras
públicas sin recurrir a los empréstitos, impulsó la prolongación de caminos y ferrocarriles y la
modernización de ciudades. En el aspecto de la defensa nacional, contrató a una misión
francesa para que modernizara al Ejército, fundó la Escuela Militar de Chorrillos y estableció el
servicio militar obligatorio. En el aspecto material, continuó la expansión urbana de Lima,
construyendo el Paseo Colón e iniciando la Avenida de la Colmena, hoy llamada Avenida
Nicolás de Piérola.
Ya finalizando su mandato, Piérola intentó mantener la coalición política que lo había apoyado
y planteo una convención civil-demócrata para presentar una fórmula común en el proceso
electoral. Los demócratas quedaron facultados para elegir el candidato y optaron por el
ingeniero Eduardo López de Romaña, quien logró la presidencia con relativa facilidad.
López de Romaña (1899-1903) continuó el desarrollo de la agricultura, la minería y
la industria; promovió la colonización de los valles interandinos y zonas orientales, hasta
entonces aislados; promulgó el Código de Minería, el nuevo Código de Comercio y el Código
de Aguas; creó el Estanco de la Sal para financiar la recuperación de las provincias de Tacna y
Arica en poder chileno; y afrontó los problemas derivados de la política de chilenización en
dichos territorios, que buscaban perpetuar la ocupación. Al término de su mandato, una nueva
alianza, ahora entre los civilistas y el Partido Constitucional de Cáceres, llevó a la presidencia
al acaudalado hombre de negocios Manuel Candamo, quien asumió el 8 de
septiembre de 1903, siendo el segundo civilista en llegar a la presidencia, después de Manuel
Pardo en 1872. Pero Candamo murió antes de finalizar su mandato, el 7 de mayo de 1904. El
poder quedó a cargo del jurista cuzqueño Serapio Calderón, quien convocó a nuevos
comicios, en las que ganó José Pardo y Barreda, cabeza de una nueva generación de
civilistas con anhelos renovadores.
José Pardo y Barreda, presidente del Perú de 1904 a 1908 y de 1915 a 1919. Fue hijo de Manuel Pardo,
el fundador del Partido Civil.

El primer gobierno de José Pardo (1904-1908) apoyó firme y eficazmente a la educación


pública, fomentó la cultura e inició la legislación social. Se preocupó también por defensa
nacional, repotenciando al Ejército y la Marina. En el aspecto internacional enfrentó conflictos
limítrofes con Colombia, Ecuador y Bolivia. Pero el problema que más demandaba entonces la
atención de la Cancillería peruana era el enfrentado con Chile, país que retenía ilegalmente
las provincias peruanas de Tacna y Arica. El gobierno chileno no solo prorrogó indefinidamente
la realización del plebiscito estipulado en el tratado de Ancón, sino que acentuó su desalmada
política de «chilenización» contra los peruanos de Tacna y Arica, así como los que residían en
Tarapacá. En las elecciones de 1908 el candidato oficialista fue Augusto B. Leguía, quien ante
la ausencia voluntaria del pierolismo, pudo ganar fácilmente.
El primer gobierno de Leguía (1908-1912) enfrentó problemas limítrofes con los cinco países
vecinos, de los cuales sólo logró solucionar definitivamente aquellos que mantenía
con Brasil (8 de septiembre de 1909) y Bolivia (17 de septiembre del mismo año).
Con Ecuador hubo un conato de conflicto en 1910, con Colombia se libró el conflicto de La
Pedrera (1911) y con Chile se rompieron las relaciones diplomáticas, ante el recrudecimiento
de la desalmada política de chilenización en Tacna y Arica.
En el orden interno, Leguía afrontó también mucha perturbación. Enfrentó con valentía
una intentona golpista promovida por Carlos de Piérola, Isaías de Piérola y Amadeo de Piérola
(el primero, hermano de Nicolás de Piérola, y los restantes, hijos de este caudillo) que fue
reprimida severamente (29 de mayo de 1909). De carácter personalista y autoritario, Leguía
se separó del Partido Civil, que se fraccionó en dos: los leales a Pardo y los leales a Leguía.
En los dos últimos años de su gobierno se manifestó una aguda crisis económica, motivada
por el endeudamiento interno acelerado, los gastos de la defensa nacional y el déficit
presupuestal.
En las elecciones presidenciales de 1912 Leguía quiso imponer a su candidato Ántero
Aspíllaga pero surgió entonces la candidatura opositora del ex alcalde de Lima Guillermo
Billinghurst, que pronto obtuvo una rápida y arrolladora popularidad. Los billinghuristas
exigieron la anulación de los comicios, vista la falta de garantías. Presionado por la opinión
pública, el Congreso se vio obligado a elegir como presidente a Billinghurst
Guillermo Billinghurst, presidente del Perú de 1912 a 1914.

Billinghurst (1912-1912) quiso favorecer a la clase obrera, lo que le ganó la oposición de los
elementos conservadores. Tuvo una pugna tenaz con el Congreso, dominado por los civilistas
y leguiístas, sus enemigos políticos. Se propuso entonces disolver el parlamento y convocar al
pueblo para realizar reformas constitucionales fundamentales, lo que provocó el levantamiento
militar del coronel Óscar R. Benavides, héroe de La Pedrera, que derrocó a Billinghurst el 4 de
febrero de 1914.
Benavides asumió el poder, primero a la cabeza de una Junta de Gobierno y luego como
presidente provisorio designado por el Congreso (1914-1915). Enfrentó el problema monetario
y se comprometió a restaurar el orden legal. En 1915 convocó a una Convención de los
partidos civilista, liberal y constitucional, para que lanzaran una candidatura unificada. El
elegido fue el ex presidente José Pardo, del Partido Civil, quien ganó abrumadoramente las
elecciones de ese año, derrotando a la simbólica candidatura de Carlos de Piérola, del Partido
Demócrata.
El segundo gobierno de José Pardo (1915-1919) se caracterizó por la violencia política y
social, síntoma del agotamiento del civilismo y de la crisis mundial. Por efecto de la primera
guerra mundial se agravó la condición económica de la clase trabajadora y se preparó el
campo para el desenvolvimiento de la acción sindical. Se produjeron sucesivas huelgas que
tenían como exigencia el abaratamiento de las subsistencias y la implantación de la jornada
de las «8 horas de trabajo»; esta última fue concedida finalmente, por decreto del 15 de
enero de 1919. En el sur andino, los abusos de los hacendados y gamonales sobre la
población nativa y campesina motivaron muchas sublevaciones de indígenas, como la
encabezada por Rumi Maqui en 1915.
Pardo convocó a elecciones en 1919, en las que postuló el ex presidente Augusto B. Leguía,
que enfrentó a la candidatura oficialista representada por Ántero Aspíllaga. Los comicios, que
no fueron muy limpios, dieron por ganador a Leguía, pero en el recuento oficial se le anularon
numerosos votos. Ante el peligro de que fueran anuladas las elecciones y que estas se
trasladaran al Congreso, donde los civilistas tenían mayoría, Leguía y sus partidarios dieron
un golpe de estado, contando con el apoyo de la gendarmería (4 de julio de 1919). Finalizó así
la «República Aristocrática» y se inició una nueva etapa en la historia republicana del Perú.

El Oncenio de Leguía (1919-1930)[editar]


Artículo principal: Oncenio de Leguía
Augusto B. Leguia.

Consumado el golpe de estado de 1919, Leguía asumió el poder como presidente transitorio.
Disolvió el Congreso y convocó a un plebiscito para someter al voto de la ciudadanía una serie
de reformas constitucionales que consideraba necesarias; entre esas reformas se
contemplaba elegir al mismo tiempo al Presidente de la República y al Congreso, ambos con
períodos de cinco años (antes, el mandato presidencial era de cuatro años y el Parlamento se
renovaba por tercios cada dos años). Simultáneamente convocó a elecciones para elegir a los
representantes de una Asamblea Nacional, que durante sus primeros 30 días se encargaría
de ratificar las reformas constitucionales, es decir, haría de Asamblea Constituyente, para
luego asumir la función de Congreso ordinario. Esta Asamblea se instaló el 24 de setiembre de
1919 y fue presidida por Mariano H. Cornejo, ideólogo del gobierno. Una de las primeras
labores de dicha Asamblea fue hacer el recuento de votos de las anteriores elecciones
presidenciales, tras lo cual ratificó como ganador a Leguía, quien fue proclamado Presidente
Constitucional el 12 de octubre de 1919. La Constitución vigente (la de 1860) fue sustituida
por la Constitución de 1920.
Este segundo gobierno de Leguía se prolongaría por once años, ya que, tras sendas reformas
constitucionales, se reeligió en 1924 y en 1929. Por eso se le conoce como el Oncenio y
también como la «Patria Nueva», pues pretendía modernizar el país a través de un cambio de
relaciones entre el Estado y la sociedad civil.
Fue una época en que se restringieron las libertades públicas. El diario La Prensa, donde se
había parapetado la oposición, fue asaltado y confiscado. Se barrió también con la oposición
en el parlamento, que quedó sometido al Ejecutivo. Se puso fin a las municipalidades elegidas
por voto popular, siendo reemplazadas por organismos con personal designado por el
gobierno. Los opositores políticos fueron perseguidos, presos, deportados y hasta fusilados.
La figura del presidente fue adulada hasta límites extremos, se habló del «Siglo de Leguía»,
del «Gigante del Pacífico», del «Júpiter Presidente», del «Wiracocha», y se le comparó
hiperbólicamente con personajes como Bolívar, Julio César, Alejandro, Bonaparte, etc.
La preocupación esencial de Leguía fue la modernización del país, lo que quiso imponer a
paso acelerado. Suceso notable de este período fue la celebración pomposa del Centenario
de la Independencia en 1921, cuyo acto central fue la inauguración de la Plaza San Martín, en
el centro de Lima. Un gigantesco programa de obras públicas fue financiado con empréstitos
obtenidos del exterior. Se arreglaron y pavimentaron muchas avenidas, calles y plazas
limeñas, se abrieron varias avenidas a fin de ampliar el radio urbano, como la Avenida
Progreso (hoy Venezuela) y la Avenida Leguía (hoy Arequipa).
Se fomentó la política colonizadora, se realizaron importantes obras de irrigación en la costa;
entre ellas en la pampa de Imperial (Cañete) y en las pampas de Olmos (Lambayeque). Se
estudió también la irrigación de las pampas de La Joya, en Arequipa. Se realizó una
importante obra vial en toda la República. Medida impopular fue la ley de Conscripción Vial
(1920) que obligaba a todos los hombres de 18 a 60 años de edad a trabajar gratuitamente en
la construcción y apertura de carreteras, por espacio de 6 a 12 días al año, lo que en la
práctica afectó mayormente a la población indígena.
Fueron creadas la Escuela de la Guardia Civil y Policía (a cargo de instructores españoles), la
Escuela de Aviación de Las Palmas y el Ministerio de Marina (el cual en 1929 pasó a llamarse
de Marina y Aviación).
En el aspecto internacional, se firmaron dos tratados internacionales muy polémicos:

 El Tratado Salomón-Lozano, con Colombia, el 24 de marzo de 1922, que fue aprobado


por el Congreso en 1927. Ello significó ceder a Colombia una porción territorial
comprendida entre los ríos Caquetá y Putumayo y el llamado "Trapecio Amazónico",
donde se hallaba la población de Leticia. Este tratado fue considerado excesivamente
entreguista y generó resistencia entre los peruanos que habitaban las zonas afectadas.

 El Tratado Rada Gamio-Figueroa Larraín, con Chile, firmado el 3 de junio de 1929, en


Lima (por lo que se le conoce también como Tratado de Lima). Puso término a la cuestión
limítrofe con Chile, tras más de 40 años de la firma del Tratado de Ancón de 1883. Ambas
partes renunciaron a la realización del tantas veces postergado plebiscito de Tacna y
Arica, y acordaron el siguiente arreglo: Tacna regresaría al seno de la patria peruana, pero
Chile se quedaría con Arica.
En el aspecto político se eclipsaron los viejos partidos (el Civil, el Demócrata, el Constitucional
y el Liberal) y surgieron los primeros partidos modernos que aglutinaron a los sectores medios
y populares de tendencias reformistas o revolucionarias: el Partido Aprista, fundado por Víctor
Raúl Haya de la Torre y el Partido Socialista Peruano, fundado por José Carlos Mariátegui.

El comandante Luis M. Sánchez Cerro dirigiéndose a la multitud en Arequipa, el 22 de agosto de 1930.

En el aspecto económico, se incrementó notablemente la dependencia hacia los Estados


Unidos debido a los fuertes empréstitos contraídos a los bancos norteamericanos para realizar
obras públicas; la deuda llegó a los 150 millones de dólares en 1930. Ello provocó una
aparente bonanza, que finalizó al estallar la crisis mundial de 1929 afectando directamente a
la población, siendo el factor que aceleró la caída de Leguía, sumado al descontento por la
evidente corrupción administrativa y por la firma de los tratados con Colombia y Chile con
cesión territorial.
El 22 de agosto de 1930 el comandante Luis Miguel Sánchez Cerro, al mando de la guarnición
de Arequipa, se pronunció contra Leguía. El movimiento revolucionario se propagó
rápidamente por el sur del país. También en Lima el ambiente era favorable para la revolución.
Para dominar la situación Leguía pretendió formar un gabinete militar, pero en las primeras
horas de la madrugada del 25 de agosto la guarnición de Lima lo obligó a renunciar. Finalizó
así el Oncenio de Leguía.

Gobiernos militares (1930-1939)[editar]


El fin del Oncenio trajo consigo la irrupción de los militares en la vida política, fenómeno que
Basadre ha denominado el “Tercer Militarismo”, el cual surgió a consecuencia del vacío
político (al estar los partidos tradicionales debilitados o en trance de extinción) y ante los
peligros que aparentemente, acechaban al Estado y a la nación como consecuencia de la
crisis mundial. El historiador también resalta otros fenómenos descollantes de este período: el
comienzo de la irrupción de las masas organizadas en la política y el crecimiento de las clases
medias.5
Tras la renuncia de Leguía, el poder quedó en manos de una Junta Militar de Gobierno
presidida por el general Manuel María Ponce Brousset. Pero éste no contaba con popularidad.
La ciudadanía se inclinó por el caudillo de Arequipa, el comandante Luis Sánchez Cerro, que
el 27 de agosto arribó en avión a Lima, siendo recibido apoteósicamente. En el acto, Sánchez
Cerro constituyó una Junta Militar de Gobierno bajo su presidencia. Leguía, que había
zarpado en un buque de la armada rumbo al exilio, fue apresado y obligado a desembarcar.
Murió 16 meses después, en prisión.
La situación del país era crítica; se produjeron disturbios obreros, universitarios y militares.
Sánchez Cerro dictó una serie de medidas, como la creación del Tribunal de Sanción Nacional
para juzgar los casos de enriquecimiento ilícito durante el Oncenio, la derogación de la ley de
conscripción vial, el matrimonio civil obligatorio, la disolución de la Confederación General de
Trabajadores del Perú (CGTP), de inspiración comunista. Para remediar la crisis económica
contrató una misión de expertos financistas estadounidenses, encabezado por el profesor
Edwin Kemmerer, que sugirieron la aplicación de una serie de medidas, de las que solo se
acogieron parcialmente unas cuantas.

David Samanez Ocampo, presidente de la Junta Nacional de Gobierno (1931).

Sánchez Cerro prometió convocar a elecciones, pero cometió el error de querer postular a la
presidencia estando en el poder. Una nueva rebelión que estalló en Arequipa lo obligó a dimitir
el 1 de marzo de 1931. Interinamente, por unas horas, asumió el poder el jefe de la iglesia
católica peruana, monseñor Mariano Holguín, como presidente de una junta de notables, que
inmediatamente dio pase a una Junta Transitoria presidida por el presidente de la Corte
Suprema Ricardo Leoncio Elías y luego por el teniente coronel Gustavo Jiménez. Sin
embargo, estas Juntas no gozaron de apoyo y la presión popular impuso al viejo líder
apurimeño David Samanez Ocampo como presidente de una Junta Nacional de Gobierno, con
representación de todo el país (11 de marzo de 1931).
Samanez pacificó momentáneamente al país y convocó a elecciones para Presidente y los
representantes de la Asamblea Constituyente. Con tal fin dio un nuevo Estatuto Electoral y
creó el Jurado Nacional de Elecciones. Estas elecciones generales se realizaron el 11 de
octubre de 1931 y fueron las primeras elecciones modernas de la historia peruana. Los
principales candidatos fueron Sánchez Cerro, por la Unión Revolucionaria, y Víctor Raúl Haya
de la Torre, por el Partido Aprista Peruano. Sánchez Cerro, auroleado por ser el caudillo que
derrocó a Leguía, triunfó en las urnas por un amplio margen, pero los apristas no reconocieron
el resultado y denunciaron fraude. El país quedó así dividido, con el germen de la guerra civil.
Sánchez Cerro asumió como presidente constitucional el 8 de diciembre de 1931. Ese mismo
día se instaló el Congreso Constituyente cuya misión primordial sería dar una nueva
Constitución al país. El nuevo gobierno contaba con mayoría parlamentaria. Los diputados
apristas elegidos tomaron posesión de sus escaños y conformaron en una combativa minoría
opositora al gobierno.
La oposición del aprismo al gobierno sanchecerrista se tornó exacerbada. Menudearon los
atentados, las revueltas y los actos terroristas. El Congreso aprobó leyes severas, entre ellas
una llamada Ley de Emergencia, que dio al gobierno poderes especiales para reprimir a los
opositores, en especial a los apristas, aunque también a los comunistas. Los diputados
apristas fueron desaforados.

Luis M. Sánchez Cerro, presidente constitucional del Perú (1931-1933).

En 1932 ocurrieron una serie de sucesos sangrientos provocados por los apristas: un atentado
criminal contra la vida del mismo Sánchez Cerro, que se salvó fortuitamente (6 de marzo); una
rebelión de la marinería de la escuadra del Callao (7 de mayo), que fue sofocada
severamente, siendo fusilados ocho marineros; y la llamada revolución aprista de Trujillo (7 de
julio), que fue reprimida sangrientamente por el gobierno. Trujillo fue tomada por el ejército,
que en represalia por la masacre de los oficiales prisioneros en el cuartel O’Donovan, fusiló a
un número no determinado de ciudadanos, que desde entonces fueron considerados como los
“mártires del aprismo”. Al año siguiente estalló una sublevación militar
en Cajamarca encabezada por el comandante Gustavo Jiménez, quien al ser vencido en
Paiján se quitó la vida disparándose un tiro en la cabeza (14 de marzo de 1933).
Obra importante del gobierno sanchecerrista fue la promulgación de la Constitución Política de
1933, el 3 de abril de 1933. Otras obras importantes fueron el otorgamiento a los obreros de
vacaciones y el descanso remunerado por el día del trabajo, la creación de los restaurantes
populares, el equipamiento de las Fuerzas Armadas, la continuación de la carretera Central,
etc.
En el aspecto internacional, Sánchez Cerro declaró inicialmente su intención de respetar los
tratados firmados por sus antecesores, pero presionado por la opinión pública, se vio obligado
a respaldar a los patriotas peruanos de Leticia, que querían que su territorio, cedido a
Colombia por el Tratado Salomón-Lozano, volviera al seno del Perú (episodio conocido como
el incidente de Leticia). Ello que provocó un enfrentamiento bélico con dicha nación. Estando
precisamente Sánchez Cerro pasando revista a los reclutas en el Hipódromo de Santa Beatriz
(hoy Campo de Marte, en Lima), el 30 de abril de 1933, cuando fue víctima de un atentado: un
individuo, llamado Abelardo González Leiva, se le acercó y le disparó varios tiros, que le
cegaron la vida. Se supo después que el magnicida se había afiliado al partido aprista años
antes, pero no se sabe hasta hoy si actúo solo o formó parte de un complot. Ese mismo día el
Congreso, violando la Constitución, nombró presidente de la República al general Oscar
Benavides, para que completara el período del difunto presidente, o sea hasta 1936.
La tarea inicial de Benavides fue buscar el fin del conflicto con Colombia, país con el que se
llegó a un acuerdo de paz en mayo de 1934, previo compromiso del Perú de respetar el
Tratado Salomón-Lozano. En el aspecto interno, Benavides dio la Ley de Amnistía General,
el 9 de agosto de 1933, que favoreció a los apristas. Pero tras un intento revolucionario aprista
en Lima (la llamada conspiración de El Agustino), se reinició la persecución antiaprista. Los
apristas respondieron con actos terroristas en todo el país. El 15 de mayo de 1935 ocurrió el
asesinato del director del diario El Comercio, Antonio Miró Quesada de la Guerra, y el de su
esposa, a manos de un militante aprista. La represión recrudeció. Tanto el Partido Aprista
como el Comunista fueron proscritos según ley por ser partidos “internacionales”.

El general Óscar R. Benavides y su gabinete ministerial. Lima, 1933.

Como su período debía culminar en 1936, Benavides convocó a elecciones en las que el
candidato favorito era Luis Antonio Eguiguren; pero estas elecciones fueron anuladas por el
Jurado Nacional de Elecciones, con el argumento de que los votos de los apristas favorecían
a Eguiguren, y por tanto, eran ilegales por provenir de un partido proscrito. Consultado el
Congreso, éste decidió que Benavides extendiera su mandato por tres años más, hasta 1939,
y por añadidura le cedió la facultad de legislar. Acto seguido, el Congreso se disolvió.
Bajo el lema de «orden, paz y progreso», Benavides gobernó apoyado por la alta finanza y las
Fuerzas Armadas. Logró superar la crisis económica, mejoró notablemente el aspecto
financiero, especialmente en lo relacionado con la banca y la captación de impuestos,
aplicándose algunos proyectos que había dejado la misión Kemmerer en 1931. El país
comenzó a entrar a un período de prosperidad debido a las exportaciones, especialmente
agrícolas. Se promulgó el Código Civil de 1936, se creó el Ministerio de Salud Pública, Trabajo
y Asistencia Social y el Ministerio de Educación Pública, se fomentó el turismo. Se realizaron
grandes obras de modernización en la capital, como la construcción de las actuales sedes de
los poderes ejecutivo (Palacio de Gobierno), legislativo (Palacio Legislativo) y judicial (Palacio
de Justicia). Se realizaron también obras de saneamiento en diversas ciudades, se culminaron
varias obras de irrigación iniciadas por Leguía, se construyeron barrios y comedores para los
trabajadores y sus familias, se instituyó el Seguro Social Obligatorio para Obreros, entre otras
obras de tipo social.
Sin embargo, en el último tramo del gobierno de Benavides se hizo notorio el hastío de la
población. El 19 de febrero de 1939 ocurrió la intentona golpista del general Antonio
Rodríguez Ramírez, al parecer con gran apoyo de diversos sectores. Aunque dicho caudillo
resultó muerto en Palacio de Gobierno tras ser ametrallado por un oficial de la policía,
Benavides entendió el mensaje.
Viendo pues el panorama, que le era adverso, Benavides decidió convocar a elecciones y
hacer el traspaso de poder. Pero antes convocó a un plebiscito, que se realizó el 18 de
junio de 1939, y por el cual se aprobaron importantes reformas constitucionales, como la
ampliación del período presidencial de 5 a 6 años, el restablecimiento de los dos
vicepresidentes y la disminución de las facultades legislativas del Congreso en materia
económica. Su intención era robustecer el Poder Ejecutivo en desmedro del Legislativo.
Las elecciones generales se realizaron el 22 de octubre de 1939. El candidato del gobierno, el
banquero Manuel Prado Ugarteche (hijo del presidente Mariano Ignacio Prado), ganó con
facilidad a su contrincante, el abogado José Quesada Larrea. Se habló de fraude electoral.

Los ensayos democráticos (1939-1948)[editar]

Manuel Prado Ugarteche, presidente constitucional del Perú en dos períodos: 1939-1945 y 1956-1962.

Manuel Prado asumió la presidencia el 8 de diciembre de 1939, iniciando lo que sería su


primer gobierno (1939-1945). Político hasta entonces casi desconocido, se vaticinó que no
duraría mucho en el cargo, pero desplegó una combinación de astucia táctica, flexibilidad
estratégica y encanto personal, que le permitió gozar de respaldo. Su gobierno continuó en
gran parte la obra realizada por el general Benavides, manteniendo fuertes vínculos con la
oligarquía. Fue de una relativa democracia. Mantuvo proscrito al Partido Aprista y recibió el
apoyo del Partido Comunista.
Este primer gobierno de Prado coincidió con el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial en la
cual el Perú se alineó decididamente con el bando aliado, siendo el primer país de
Latinoamérica en romper relaciones con las potencias del Eje. Durante una reunión
extraordinaria de cancilleres realizada en Río de Janeiro, a principios de 1942, fue la actitud
peruana la que inclinó a los representantes de los demás países americanos a apoyar
a Estados Unidos.
Otro éxito internacional del gobierno de Prado fue la victoria sobre el Ecuador tras una
breve guerra librada en 1941, firmándose luego el Protocolo de Río de Janeiro (29 de
enero de 1942), que zanjó la centenaria disputa limítrofe con dicha nación, aunque los
problemas derivados por la demarcación fronteriza habrían de ocupar todavía el resto del siglo
XX.
Prado tuvo que enfrentar las consecuencias económicas y sociales de la guerra mundial. Las
importaciones bajaron notablemente pero los productos de exportación aumentaron. La
escasez de productos de importación para el consumo nacional hizo surgir nuevas industrias
que reemplazaron a los productos extranjeros con buen éxito. La guerra hizo aparecer a
numerosos "nuevos ricos".
Para las elecciones de 1945 se conformó por Frente Democrático Nacional (FDN),
conformado las más dispares partidos y movimientos, siendo el más importante el Partido
Aprista, que para eludir la prohibición constitucional por su calidad de “partido internacional”,
adoptó el nombre de “Partido del Pueblo”. Este Frente se logró gracias a un acuerdo entre el
líder aprista, Haya de la Torre, y el mariscal Benavides, que aún conservaba ascendiente en el
Ejército. El FDN lanzó la candidatura del jurista José Luis Bustamante y Rivero, mientras que
el gobierno apoyó la candidatura del general Eloy Ureta, el vencedor de la guerra del Ecuador.
Bustamante y Rivero resultó triunfador y asumió la presidencia el 28 de julio de 1945,
gobernando con un apego a las leyes inusual en la historia peruana. Hecho notable de su
gestión fue extender la soberanía peruana en una extensión de doscientas millas marinas, por
Decreto Supremo expedido el 1 de agosto de 1947.
En el aspecto económico se produjeron serias dificultades. La inflación creció y los salarios
perdieron su poder adquisitivo. Frente al malestar social, que se manifestó en huelgas,
Bustamante aplicó una política de asistencia social, de inspiración aprista. Escasearon los
productos de primera necesidad, que solo podían obtenerse en los “estanquillos” si se
presentaba el carné de militante aprista. Otras medidas aplicadas, como el control de
cambios y los controles de precios, no variaron la aguda situación. Por su parte, el sector
exportador agro-minero reclamó la eliminación total del control de cambios y de la restricción
de las importaciones, que les afectaba directamente a los bolsillos.
En el aspecto político, Bustamante perdió pronto el apoyo del aprismo, pues se negó a
someterse a su influencia. El asesinato de Francisco Graña Garland, director del diario La
Prensa (de tendencia antiparista), ocurrido el 7 de enero de 1947,6 fue atribuido al aprismo y
marcó el inicio de la ruptura del gobierno con este partido. Los apristas pasaron a ejercer una
desaforada oposición y los más exaltados de sus miembros planearon una revolución.
Mientras que la oligarquía, que exigía mano dura contra los apristas, pasó también a
conspirar, entendiéndose con los militares. El 3 de octubre de 1948, el sector extremista del
aprismo fomentó la rebelión de la marinería en el Callao, que fue aplastada sangrientamente.
Bustamante puso fuera de la ley al partido aprista, pero ya era muy tarde.
El 27 de octubre de 1948, el general Manuel A. Podría, a la cabeza de la guarnición
de Arequipa, se levantó en contra del gobierno, proclamando una “Revolución Restauradora”.
Otras guarniciones importantes, como la del Cuzco, dudaron en plegarse, pero el triunfo del
movimiento se decidió cuando la guarnición de Lima, al mando del general Zenón Noriega se
sumó a Odría. Bustamante, que se negó a renunciar, fue deportado hacia Buenos
Aires, Argentina. Nuevamente el país se sumía en una dictadura militar de derecha.

Gobiernos populistas (1980-1990)[editar]


Artículo principal: Historia del Perú desde 1980
El presidente Fernando Belaúnde Terry en 1980.

Durante la década de 1980, el Perú enfrentó en una fuerte crisis económica y social, agravada
por el estallido de un conflicto armado interno, iniciado por grupos terroristas de inspiración
comunista.
Inaugurado el segundo gobierno de Fernando Belaúnde Terry (1980-1985), de inmediato se
restituyeron a sus propietarios los medios de comunicación expropiados por la dictadura
militar, pero no se quiso revertir la expropiación de las tierras hechas al amparo de la reforma
agraria. Se convocaron también a elecciones municipales, restaurándose así el origen
democrático de los gobiernos locales. El triunfador en la municipalidad metropolitana de Lima
fue el acciopopulista Eduardo Orrego Villacorta. En 1983, unas nuevas elecciones municipales
llevaron al municipio limeño a Alfonso Barrantes, candidato de la izquierda unificada.
En el aspecto internacional, Belaúnde enfrentó con el Ecuador el llamado conflicto del Falso
Paquisha (1981) y apoyó a la Argentina durante la guerra de las Malvinas (1982).
En el aspecto interno, pese a tener mayoría en el Congreso (a diferencia de su primer
mandato), este segundo gobierno belaundista no colmó las expectativas de la ciudadanía.
Tuvo que enfrentar los efectos desastrosos del Fenómeno del Niño de 1983 y el agravamiento
de la crisis económica, cuyo signo más notorio fue una continua inflación y el alza del costo de
vida. Todo ello ocasionó una oleada de huelgas y paros laborales, que se prolongaría durante
todo el gobierno.
Pero indudablemente el suceso negativo más relevante fue el surgimiento del accionar
de grupos terroristas de inspiración comunista que pretendían instaurar un nuevo Estado
mediante la lucha armada: Sendero Luminoso (1980) y el MRTA (1984). Las reiteradas
violaciones de los derechos humanos en las regiones del conflicto, los crímenes y abusos no
divulgados de efectivos militares y policiales peruanos, así como los de Sendero Luminoso,
convirtieron al segundo gobierno de Belaúnde en uno de los más violentos de la historia de
Perú. Los hechos más graves sucedidos fueron la masacre de Uchuraccay, donde nueve
periodistas fueron asesinados por los moradores de dicho distrito andino al confundirlos con
militantes de Sendero (26 de enero de 1983); y la masacre de Putis, donde más de un
centenar de civiles fueron masacrados por una unidad del ejército al ser confundidos también
con militantes de Sendero y enterrados en un conjunto de fosas comunes clandestinas
(diciembre de 1984).
No obstante, Belaunde llevó adelante una política de obras públicas, especialmente en lo
referente a la educación, vivienda y carreteras. Se construyeron las represas de Condoroma y
Gallito Ciego, se terminó una etapa más de la Central Hidroeléctrica del Mantaro, se empezó
la construcción de la central hidroeléctrica de Carhuaquero, se fundó la Ciudad Constitución
(en plena selva de Pasco), se continuó la carretera marginal de la selva, se construyeron
hospitales, postas sanitarias y colegios en todo el país, así como conjuntos habitacionales en
varios lugares del Perú, principalmente en Lima, donde destacan las Torres de San Borja,
Limatambo, Precursores, Marbella, Pachacámac y Carlos Cueto Fernandini; y en el Callao, la
Ciudad Satélite de Santa Rosa.

El presidente Alan García Pérez.

El desgaste sufrido por la centro-derecha peruana en el quinquenio de 1980-1985, aseguraron


el triunfo del Partido Aprista en elecciones generales de 1985, cuyo líder, el diputado Alan
García Pérez, se convirtió así en el primer presidente aprista de la historia, luego de vencer a
la candidatura izquierdista del doctor Alfonso Barrantes, entonces alcalde de Lima.
El primer gobierno de García (1985-1990), contó al principio con un masivo apoyo popular.
Muy dado a las poses grandilocuentes y al discurso efectista, García empezó rompiendo con
los organismos internacionales de crédito, al anunciar que solo destinaría el 10 % de las
exportaciones al pago de la deuda externa. El FMI declaró entonces al Perú “inelegible”, es
decir, no propenso a recibir nuevos créditos.
Merced a diversas medidas populistas que aplicó García al inicio de su gobierno, se produjo
una temporal reactivación de la economía. Se impuso un tipo de cambio del dólar por debajo
del precio real (DOLAR MUC) para ayudar a los "inversionistas privados". Entraron a trabajar
militantes apristas sin los requisitos necesarios a las diferentes entidades públicas, llámese
ENTELPERÚ, ELECTROPERÚ y otras.
Sin embargo, al agotarse la capacidad de gasto del estado, los problemas económicos
empezaron a agudizarse. García culpó a los “circuitos financieros internacionales” de la crisis
económica y para solucionarla emprendió una fallida estatización de la banca. Esta última
acción generó la protesta de la sociedad civil liderada por el escritor Mario Vargas Llosa,
quien, al frente del llamado Movimiento Libertad (neoliberal y pro empresa), encabezó una
coalición de fuerzas de centro derecha, denominada Frente Democrático (Fredemo), con
miras a las elecciones generales de 1990. El discurso de Vargas Llosa propició que el
pensamiento liberal, hasta entonces excluido del debate político (dominado por la derecha
conservadora y la izquierda radical), fuera ganando terreno, especialmente entre la clase
media.
Finalmente, García se vio en la necesidad de sincerar la economía, aplicando un severo
shock, anunciado el 6 de septiembre de 1988 (conocido como el “paquetazo”). La crisis
económica alcanzó entonces su peor nivel, con una hiperinflación galopante (producto de la
emisión masiva de moneda sin respaldo), la devaluación constante de la moneda y escasez
de alimentos. Una de las imágenes más recurridas por los peruanos de entonces es las largas
colas formadas para conseguir algunos productos básicos, las más de las veces sin éxito.
Por si fuera poco, se produjo el aumento de la actividad terrorista de Sendero Luminoso y el
MRTA, que a su vez desencadenó una desmedida represión militar. Dentro de este contexto
se produjo el caso de la matanza de terroristas amotinados en los distintos centros
penitenciarios de Lima, el 19 de junio de 1986, suceso conocido como la matanza de los
penales. Otro episodio sangriento fue la masacre de decenas de campesinos en el pueblo
ayacuchano de Cayara en 1988. Se formaron escuadrones de la muerte, como el
autodenominado Comando Rodrigo Franco, los que amedrentaron a sospechosos de
terrorismo y a críticos de la política antiterrorista.

El escritor Mario Vargas Llosa, hacia 1982.

Los principales candidatos presidenciales que se presentaron en las elecciones generales de


1990 fueron el ya mencionado Mario Vargas Llosa, por el Fredemo, y Luis Alva Castro,
candidato oficialista del Partido Aprista y ex ministro de economía. Sin embargo, faltando
pocas semanas para las elecciones, surgió una figura hasta entonces desconocido en política,
el ingeniero agrónomo y ex rector de la Universidad Nacional Agraria, Alberto Fujimori
Fujimori, que encabezaba un improvisado partido llamado Cambio 90. En las elecciones del 8
de abril de 1990 Fujimori quedó en segundo lugar detrás de Vargas Llosa, forzando así a una
segunda vuelta electoral. Esta se realizó el 10 de junio de 1990. Fujimori, apoyado por el
APRA y la izquierda, ganó abrumadoramente con el 62 % de los votos, frente al 38 % que
obtuvo Vargas Llosa.
La derrota de Vargas Llosa, que hasta poco antes de la primera vuelta era el gran favorito, se
atribuyó a su anuncio de aplicar un shock económico para estabilizar la economía, algo que
fue hábilmente explotado por los apristas, que difundieron un spot televisivo que mostraba el
supuesto efecto devastador de tal medida, lo que espantó sin duda a muchos electores. Otra
razón sería la desenfrenada campaña electoral de los candidatos al parlamento del Fredemo,
que saturaron con sus spots y avisos los medios de comunicación. También hubo muchos que
reprocharon a Vargas Llosa el hecho de aliarse con partidos tradicionales (AP y PPC), que ya
habían tenido un paso nada exitoso por el poder.

Gobierno de Fujimori (1990-2000)[editar]


El gobierno de Fujimori se inauguró el 28 de julio de 1990, en medio de la expectativa general.
Para enfrentar la crisis económica y la hiperinflación, Fujimori aplicó el llamado fujishock,
siguiendo las directivas del Fondo Monetario Internacional. En el aspecto político, desarrolló
un discurso contra los partidos y los políticos llamándolos tradicionales, a los que culpó de la
calamitosa situación del país. Utilizando aquello como pretexto y en medio de denuncias de
corrupción contra miembros de los parientes presidenciales, el 5 de abril de 1992, encabezó
un golpe de estado denominado el autogolpe de 1992, con apoyo de las Fuerzas Armadas,
mediante el cual se disolvió ambas cámaras del Congreso e intervino al Poder Judicial. Luego
de ello convocó a un Congreso constituyente, que promulgó la Constitución de 1993, la misma
que está actualmente en vigencia.
El gran triunfo de Fujimori fue la derrota del terrorismo, una amenaza social que desangraba al
país desde los años 80, capturando a sus principales cabecillas y desarticulándolo por
completo. Además, aplicó reformas liberales en la economía, que plantaron los cimientos
necesarios para la recuperación de la maltrecha economía peruana y su ulterior despegue.

El ex-presidente Alberto Fujimori durante el proceso judicial (2008).

Los años noventa significaron así la definitiva cancelación del modelo económico dirigido por
el Estado que regía el Perú desde la época del reformismo militar de los 70. Fue entonces
cuando se redujo el tamaño del Estado, se abrió la economía al mercado internacional, y se
privatizaron una serie de empresas estatales, muchas de las cuales habían sido utilizadas
como botines políticos por los partidos políticos en el poder. Esto ocasionó que miles de
trabajadores perdieran su empleo y se vieron obligados a realizar faenas informarles y es que
con éstas medidas también abolió la estabilidad laboral: desde entonces el jubilado comenzó
a perder su poder adquisitivo en sus pensiones. Gozando de popularidad por su victoria sobre
el terrorismo y sus aciertos en el plano económico, Fujimori fue reelegido presidente en 1995,
derrotando a la candidatura del embajador Javier Pérez de Cuellar, sin necesidad de ir a
segunda vuelta. En este segundo gobierno, logró terminar la delimitación de la frontera norte
con la República del Ecuador, después del conflicto del Cenepa, según el Protocolo de Río de
Janeiro de 1942 y la declaración de Paz de Itamaraty de 1995. De otro lado, enfrentó la crisis
de los rehenes de la residencia del embajador japonés, tomada por un comando del MRTA,
crisis que fue superada en abril de 1997, cuando en una acción militar sorpresiva, fueron
liberados 71 de los 72 rehenes que todavía se mantenían cautivos.
Sin embargo, el autoritarismo y la red de corrupción que tejió su principal asesor, Vladimiro
Montesinos, jefe del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), acabaron por socavar al régimen
fujimorista. Ya desde 1996, Fujimori inició maniobras legales para poder postular como
candidato a la presidencia en el 2000, pese a que la Constitución de 1993 permitía solamente
una reelección consecutiva. Para hacer viable tal proyecto, se dio la ley denominada de
Interpretación Auténtica de la Constitución, por la cual no se tomaba en cuenta su primera
elección de 1990, sino solo la del 1995, aduciendo que la norma constitucional se aplicaba a
partir de 1993.

C o n v e n c i o n a l m e n t e s e a f i r m a q u e l a República
surge luego de la Independencia del Perú, proclamada
por el Libertador Don José de San Martin, el 28 de Julio de
1821.Pero según el historiador Jorge Basadre, la
é p o c a r e p u b l i c a n a e m p i e z a r e a l m e n t e e n 1822,
cuando se instala el primer Congreso Constituyente del
Perú, que dio la primera Constitución Política del país,
que estableció
d e f i n i t i v a m e n t e e l s i s t e m a r e p u b l i c a n o d e gobierno,
con sus tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. El
inicio de la Republicano significó mayor cambio en las
estructuras económico-sociales.
DIVISIÓN DE LA EPOCA REPUBLICANA
* Inicio de la República (1821-1845)* Era del Guano (1845-1866)* Crisis económica
e internacional (1867-1883)* La Reconstrucción Nacional (1884-1895)* La
República Aristocrática (1895-1919)* El Oncenio (1919-1930)* Entre democracias y
dictaduras (1930-1980)* Gobiernos democráticos (1980-1990)* El Fujimorazo
(1990-2000)* Época actual (2000 - ) PERIODO DE INICIO
Los primeros años de independencia se
desarrollarone n t r e l u c h a s c a u d i l l e s c a s o rg a n i z a d a s p or l o s m i l i t a
r e s p a r a a l c a n z a r l a P r e s i d e n c i a d e l a República. En este
contexto, entre 1836 y 1839, se conformó la Confederación Perú-
Boliviana, disuelta luego de la derrota de Yungay a manos del Ejército Unido
Restaurador Peruano-Chileno.
ERA DEL GUANO
A mediados de 1840 se dio el boom de la era del guano y nuestro
territorio entró en un periodo de auge económico, ya que se empleó como
fertilizante indispensable incrementando la producción agrícola. Destacan
los dos gobiernos del mariscal Ramón
Castilla, verdadero constructor de la República. Culmina con la
victoria del Callao de 1866 ante la escuadra española.
CRISIS ECONÓMICA-INTERNACIONAL
El manejo irresponsable de los rentas del guano, derivó en una severa
crisis económica, que ocasionó el descuido de la defensa nacional.
En 1879, Chile, aprovechando esto, declaró la guerra al Perú, que
intervino en un problema de impuestos entre Bolivia Chile a razón de un
Tratado de Alianza Defensiva Perú-Bolivia en 1873. Esta declaratoria
de guerra, devino en lo que se conoce como Guerra del Pacífico que se
desarrolló entre 1879 y 1883, a raíz del cual el Perú perdió
las provincias sureñas de Arica y Tarapacá.
PERIODO DE RECONSTRUCCIÓN
Tras la guerra, se inició un período de
“Reconstrucción Nacional" que, aunque de relativa calma, no conoció la
reactivación económica ni
la paz política hasta 1895 con la presidencia de Nicolás de Piérola, gobierno d
urante el cual sematerializó una política Pluto-aristocrática con unas clases
alta y media.
LA REPÚBLICA ARISTOCRÁTICA
D e 1 8 9 9 a 1 9 1 9 s e p r o d u j o u n a s u c e s i ó n d e gobiernos
democráticos, exceptuando 1914-1915.Más que “aristocrática” fue
oligárquica. El partido Civil domina la política.

Se acentúa la dependencia
e c o n ó m i c a h a c i a e l c a p i t a l i s m o i n g l é s y norteamericano y
se desarrollan nuevas actividades económicas: agro-exportación (azúcar y
algodón), extracción cauchera y petrolera.
EL ONCENIO
Es el gobierno de once años de Augusto B. Leguía(1919-
1930), que contrae millonarios empréstitos para obras públicas, moderni
za la capital y firmatratados de límites controversiales con Colombia y Chile.

G O B I E R N O S D I C T A T O R I A L E S Y DEMOCRÁTICOS
Las dictaduras militares se extienden, con intervalos democráticos, de 1930
a 1980. La intervención delos militares en el poder nace ante el fracaso de
los partidos políticos frente a la crisis económica y social, así como para
contener el ascenso de partidos de ideología radical como el APRA y el
comunismo.Dictaduras militares: Sánchez Cerro, Benavides yO dr í a .
G o b i e r n o s d e m o c r á t i c o s : B u s t a m a n t e y Rivero, Manuel Prado (1º
y 2º) y Belaunde
(1º).Gr a d u a l m e n t e , d ur a n t e l o s a ñ o s 1 9 6 0 l a c r i s i s económica-
social volvió a hacerse patente, lo que provocó la revolución de las fuerz
as armadas, en1968. El general Juan Velasco impulsa una serie
der ef o r m a s y n a c i o n a l i z a c i o n e s , p e r o r e pr i m e l a libertad de prens
a. Su sucesor, Francisco Morales Bermúdez, prepara el retorno a la
democracia.
PERIODO DE 1980 A 2000
Durante la década de 1980, el Perú enfrentó una fuerte crisis económica
y social, debido al descontrol del gasto fiscal, una considerable deuda externa,
la creciente inflación y la violencia terrorista. Los
gobiernos democráticos de Belaunde (2º) y Alan García (1º)
fracasaron, hasta que subió al poder el ingeniero Alberto Fujimori (1990-
2000) quien puso estabilidad y enrumbó al país hacia su crecimiento.
PERIODO ACTUAL
Después del escándalo de Fujimori y Montesinos, el congreso eligió como
presidente interino alentonces congresista Valentín Paniagua, quienll
evo a cabo las elecciones
del 2001. Resultov e n c e d o r A l e j a n d r o To l e d o M a n r i q u e , q u i e n t e r
m i n ó s u g o b i e r n o e n e l 2 0 0 6 d e j a n d o u n a economía estable.
Le sucede el 2º gobierno de Alan García, que mantiene el modelo
económico, a u n q u e a f r o n t a v a r i o s e s t a l l i d o s d e p r o t e s t a regional.
Desde el 2011 gobierna el comandante Ollanta Humala.

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