Hechos
Programa No. 0357
Capítulo 2:13 - 47
Continuamos hoy estudiando el capítulo 2 de los Hechos de los apóstoles. Y en nuestro
programa anterior estábamos hablando de la venida del Espíritu Santo. Y vimos como todos los que
estaban reunidos fueron llenos del Espíritu Santo. Y vimos también cómo se juntó una multitud y
estaban todos confusos porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. Y estaban todos atónitos
y perplejos, como dice el versículo 12. Se preguntaban “qué quiere decir esto.” Es decir, no entendían
lo que estaba ocurriendo. Y el versículo 13 dice: “. . . Mas otros, burlándose decían: Están llenos de
mosto.” Es decir, que creían que estos hombres estaban ebrios, borrachos.
Recuerde usted que Pablo escribió lo siguiente allá en su carta a los Efesios capítulo 5, versículo
18: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu.” ¿Ha notado
usted amigo oyente, que, al parecer, un borracho tiene más fuerza? Ciertamente, es más locuaz.
Quizá muchos de nosotros necesitamos la plenitud del Espíritu Santo hoy en día, para ser más
locuaces. No necesitamos hablar en lenguas, sino hablarles el evangelio a otros. Esa es la clase de
movimiento de lenguas que necesitamos hoy en día. Y a propósito, necesitamos un movimiento de
lenguas, es decir, un movimiento de nuestras lenguas para dar el evangelio en el idioma que el hombre
puede comprender. Esto es de suma importancia. ¡Qué día maravilloso fue este de Pentecostés! Fue
el día cuando el Espíritu Santo vino para llamar un cuerpo de creyentes. El día antes de Pentecostés,
no había ninguna Iglesia. El día después de Pentecostés, ya había una Iglesia. Así como la fiesta de
Pentecostés en el Antiguo Testamento siguió cincuenta días después de la fiesta de las primicias, de
la misma manera, cincuenta días después que el Señor Jesús resucitó de los muertos, el Espíritu Santo
vino para llamar a un cuerpo de creyentes.
Llegamos ahora, a la respuesta de Simón Pedro que constituye el primer sermón en la edad de
la iglesia. Y Pedro se para y contesta la mofa que dice que “Están llenos de mosto.” Veremos que tomó
su texto del libro del profeta Joel. Leamos los versículos 14 y 15 de este capítulo 2 de los Hechos:
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Hechos 2:14-15 “. . . puesto que es la hora tercera del día.”
Ahora, creemos que necesitamos volver y reconocer a los que estaban en la congregación. Estos
eran los hombres de Judea y todos los que vivían en Jerusalén. En aquel entonces Jerusalén era una
ciudad completamente judía. Pilato y su gente tenían su centro de operaciones en Cesarea, y no en
Jerusalén. Esta Iglesia primitiva era completamente judía. Estaba integrada por israelitas. Y nunca
debemos olvidarlo. Nuestro Señor había dicho que el evangelio debía ser predicado en Jerusalén,
luego en Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra, según leímos allá en el capítulo 1, versículo
8 de este libro de los Hechos.
Debemos reconocer una vez más que este ha sido el movimiento de la Iglesia desde aquel día
hasta el presente. En el Antiguo Testamento fue a Jerusalén a donde tenían que ir para adorar. Se les
mandó ir a Jerusalén para entonces llevar este mensaje desde allí hasta lo último de la tierra.
Pedro pues, responde a los que se burlan diciéndoles que esto que ocurría no era resultado de
la embriaguez. Está hablándole al cínico, y le señala la hora del día. Esta no era hora de estar ebrios.
Pedro ahora les habla a los judíos usando la propia Escritura de ellos y les dice aquí en el versículo 16:
Hechos 2:16 “Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:”
Pedro hace uso de esta profecía como una respuesta a los burladores cínicos. Note usted que
dice: “. . . esto es lo dicho.” es decir, esto es similar y semejante a aquello que todavía ha de venir. No
dice que este es el cumplimiento de lo que fue dicho por el profeta Joel. Está diciendo: “¿Creen que
esto es algo raro o extraño? Pues bien, tenemos una profecía que dice que estas cosas pasarían.”
Y Pedro sigue hablando desde la profecía de Joel. Y nos alegramos de que Simón Pedro citara
tanto de este texto como lo hizo, porque deja en claro que no trataba de decir que esta profecía se
había cumplido allí en ese entonces. Ahora, ¿qué es lo que ha de venir. Leamos los versículos 17 al 21
de este capítulo 2 de Hechos:
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Hechos 2:17-21 “. . . y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”
No creemos que alguien alegará que en el día de Pentecostés la luna se convirtió en sangre, ni
que el sol se convirtió en tinieblas. Cuando Cristo fue crucificado, hubo tinieblas por tres horas, pero
no en el día de Pentecostés. Ni hubo prodigios arriba en el cielo, ni señales abajo en la tierra. Tampoco
hubo sangre y fuego y vapor de humo. Simón Pedro les cita de este pasaje a estos burladores para
mostrarles que el derramamiento del Espíritu de Dios no es algo enteramente extraño, sino algo que
ya ha sido cumplido. Si leemos el libro del profeta Joel, notaremos que tiene mucho que decir en
cuanto al día de Jehová. El día de Jehová principia con el período de la gran tribulación. Sigue por
todo el milenio. En tres capítulos del libro de Joel, el día de Jehová es mencionado cinco veces. Joel
habla del hecho de que es un tiempo de guerra, un tiempo de juicio sobre la tierra. Esa profecía
todavía no ha sido cumplida. No fue cumplida en el día de Pentecostés.
Ahora recuerde usted que Simón Pedro está hablando a los judíos. Y hace uso de un texto de
sus Escrituras, para mostrarles que lo que había pasado no era extraño. Pero vendrá el día cuando la
profecía de Joel se cumplirá. Y en el día de Pentecostés los judíos estaban viendo algo que era similar
a lo que todavía había de venir.
Aquí simplemente se trata del principio de la Iglesia en el día de Pentecostés. Este es el
comienzo de la Iglesia. Ahora Pedro continúa diciendo: “Varones israelitas, . . .” Note usted que no
dice: “Varones latinoamericanos o varones de cualquier otro lugar. Está hablando a los israelitas.
Dice: “varones israelitas, oíd estas palabras.” Y ahora sí llega al tema en los versículos 22 al 24:
Hechos 2:22-24 “. . . por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.”
En verdad el tiempo no nos permite entrar en cada una de estas maravillas, prodigios y señales.
Personalmente creemos que todos son diferentes. Creemos que los milagros se hacían para sanar a
los enfermos de una manera sobrenatural. Ciertas cosas que Jesús hizo sirvieron como señales. Hizo
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maravillas para llamar la atención. Nuestro Señor obró en las esferas de las maravillas, los prodigios
y las señales.
Pedro está diciendo que lo que ha pasado no fue en oposición al programa de Dios. Esto no es
algo que cogió por sorpresa a Dios. Sin embargo, deja en claro que esto no descarga a los hombres de
su responsabilidad. Quizá usted amigo oyente, se esté preguntando: Bueno, “¿Y quién es responsable
de la crucifixión de Cristo?”
Las autoridades religiosas fueron los que principiaron el movimiento. Diríamos que ellos
tuvieron la culpa mayormente. Persuadieron a la multitud y promovieron alborotos. También
persuadieron al gobierno romano. Pero, recuerde usted amigo oyente, que fue el gobierno romano el
que lo juzgó, y que fue crucificado sobre una cruz romana. Pero es inútil discutir en cuanto a quién
fue responsable de la muerte de Jesús allá en aquel entonces. ¿Sabe usted quien es responsable de
la muerte del Señor Jesucristo? ¡Usted amigo oyente, es responsable! ¡Y yo también soy responsable!
Fue por mis pecados y por sus pecados, amigo oyente, que El murió. Escuche las palabras de Jesús
mismo allá en el evangelio según San Juan, capítulo 10, versículos 15, 17 y 18. Dijo el Señor Jesús: “. .
. pongo mi vida por las ovejas. . . versículo 17: Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para
volverla a tomar. – versículo 18: Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para
ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.”
Pedro pues se dirige a hombres que estaban implicados directamente en el complot de la
crucifixión, y él les dice: “. . . prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole.” Sin embargo,
esta no es la parte más importante de su mensaje. Sigue diciéndoles: “. . . al cual Dios levantó, sueltos
los dolores de la muerte.” Predica aquí Pedro la resurrección de Jesucristo. Este es el primer sermón
que jamás fue predicado en la Iglesia. Este es el principio. Este es el día de Pentecostés. ¿Cuál es el
tema del sermón? No es la profecía de Joel, amigo oyente. Es la resurrección del Señor Jesucristo.
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Ahora, cuando Pedro habla de la resurrección, se refiere a un texto del Antiguo Testamento. Cita
allá el Salmo 16, versículos 8 al 10. Y nos alegramos de que hubiera hecho esto porque nos ayuda a
entender el Salmo 16. Leamos los versículos 25 al 28 de este capítulo 2 de los Hechos:
Hechos 2:25-28 “. . . me llenarás de gozo con tu presencia.”
En el Salmo 16 David está hablando en cuanto a la resurrección de Cristo. Esta ahora ha sido
cumplida. La interpretación de este Salmo es dada por Simón Pedro, quien es lleno del Espíritu Santo.
Continuemos con el versículo 29. Dice Pedro:
Hechos 2:29 “. . . y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy.”
Al parecer, Pedro se paró en el área del Templo y pudo señalar con el dedo el sepulcro de David.
Usted mismo puede pararse hoy en esa área del Templo y desde allí puede señalar con el dedo la
cumbre del monte Sión donde David fue sepultado. Y Pedro está diciendo: “Es obvio señores que
David no hablaba de sí mismo porque sus huesos están allí mismo en la cumbre del monte. Su
sepulcro está allí. No habla de sí mismo, sino de Alguien al cual vosotros conocéis y al cual yo conozco.
De Alguien que no vio corrupción, sino que resucitó de los muertos.” Continuemos con los versículos
30 y 31 de este capítulo 2 de los Hechos:
Hechos 2:30-31 “. . . Hades, ni su carne vio corrupción.”
Fue de esto que David habló allá en el Salmo 16. Habló de la resurrección de Jesucristo. Usted
dirá: “Pero, yo leo el Salmo 16 y allí no dice que Jesucristo resucitará de los muertos.” Amigo oyente,
usted tiene que esperar hasta llegar al capítulo 2 de los Hechos, y luego el Espíritu Santo interpreta
este Salmo para usted. Entonces usted puede volver y leer el Salmo 16, sabiendo que se refiere a la
resurrección del Señor Jesús.
Ahora, ¿De qué habla Pedro? Su sermón trata de la resurrección de Jesucristo. El primer sermón
que jamás fue predicado en la Iglesia fue un sermón acerca de la resurrección. Todo sermón en la
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Iglesia primitiva trató de la resurrección. Continuemos con el versículo 32 de este capítulo 2 de los
Hechos:
Hechos 2:32 “. . . Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.”
Estos hombres habían estado hablando en lenguas. Ahora, Pedro le dice a la multitud que se
juntó allí aquel día: “Esto que habéis visto, ha tenido lugar porque Jesús fue levantado de los
muertos.” Y continúa en los versículos33 al 35 diciendo:
Hechos 2:33-35 “. . . hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.”
Los santos del Antiguo Testamento no fueron a los cielos. Si había alguno de ellos que pudiera
ir al cielo, de cierto que ese era David. Pero, David no ha subido a los cielos amigo oyente. Porque los
santos del Antiguo Testamento serán levantados algún día para vivir acá en la tierra. ¿Ve usted? Es la
Iglesia la que será levantada a la Nueva Jerusalén. Se dice en cuanto a los creyentes hoy en día, que
cuando mueren, están “ausentes del cuerpo, y presentes al Señor,” según lo dice el apóstol Pablo en su
segunda carta a los Corintios capítulo 5, versículo 8. Pedro pues expone con claridad que David no
subió a los cielos.
Luego, cita del Salmo 110, versículo 1. Y les está mostrando que Jesús está a la diestra de Dios.
Estará allí hasta que vuelva para establecer Su reino. Pero mientras está a la diestra de Dios, todavía
obra en el mundo. Continúa Pedro hablando en el versículo 36 y dice:
Hechos 2:36 “. . . Dios le ha hecho Señor y Cristo.”
Pedro está predicando la resurrección de Jesucristo amigo oyente. Cristo murió por nuestros
pecados, pero resucitó. Y veamos entonces lo que ocurre aquí en los versículos 37 y 38 de este capítulo
2 de los Hechos:
Hechos 2:37-38 “. . . y recibiréis el don del Espíritu Santo.”
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Tenemos aquí una gente que tenía las Escrituras del Antiguo Testamento. Habían oído el
mensaje, y habían recibido las profecías. Han estado prosiguiendo en una sola dirección, pero
alejándose de Dios, aunque tenían una religión que les había sido dada por Dios mismo. Y ahora se
les dice que tienen que arrepentirse. Es decir, necesitan dar media vuelta. Necesitan cambiar de
dirección y entrar en el camino de Dios.
Tenían también que ser bautizados. El bautismo en agua sería la evidencia de que se habían
arrepentido, de que habían acudido a Cristo y habían colocado su confianza en El. No debían ya traer
un sacrificio para ofrecerlo en el Templo. Debían dar evidencia visible de que habían confiado en
Cristo para la remisión de sus pecados. El bautismo amigo oyente, es también esta misma evidencia
para usted. Por medio del bautismo usted da evidencia de que está confiando en Cristo como el
Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, y personalmente el pecado suyo.
Note usted que dice que también recibirían el don del Espíritu Santo. Cualquiera que crea, que
ponga su confianza en Jesucristo, recibirá el don del Espíritu Santo. Y continúa Pedro hablando en los
versículos 39 y 40 y dice:
Hechos 2:39-40 “. . . sed salvos de esta perversa generación.”
Hace más de dos mil años, usted y yo estábamos bastante lejos. Sin embargo, está hablando de
nosotros aquí. La promesa es para el judío, pero también es para el gentil que estaba lejos. Vuélvase
amigo oyente. Vuélvase ahora mismo. Confíe en Cristo como su Salvador personal. El versículo 41
dice:
Hechos 2:41 “. . . y se añadieron aquel día como tres mil personas.”
Ahora, este no es un cálculo de algún predicador. Estos fueron creyentes que genuinamente
habían sido renacidos. Aquí el cálculo del número de convertidos es absolutamente exacto. Leamos
ahora el versículo 42:
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Hechos 2:42 “. . . en el partimiento del pan y en las oraciones.”
Tenemos aquí cuatro marcas visibles de la Iglesia local, y son:
Primero, Perseverancia en la doctrina de los apóstoles. Dice aquí que estas personas
perseveraban en la doctrina de los apóstoles. La marca de una Iglesia no es cuán alta es su torre, ni el
sonido de su campana, ni es si el púlpito queda en el centro o no; ni dónde están los bancos en la
Iglesia. Lo importante amigo oyente, es si se adhiere a la doctrina de los apóstoles, o no. Esa fue una
de las marcas de la Iglesia visible.
En segundo lugar, tenemos la Comunión. Compartían las cosas de Cristo.
En tercer lugar, se menciona El partimiento del pan. El partimiento del pan es más que
simplemente celebrar la Cena del Señor. Significa que hemos sido traídos a un compañerismo y una
relación con Cristo, y una relación el uno con el otro en el nombre de Cristo.
Y en cuarto lugar tenemos las Oraciones. Eso también es una marca. Tememos que, en la Iglesia
ordinaria hoy en día, esta sea una marca que casi se pasa por alto. La perseverancia en la oración sólo
se conoce por su ausencia, lamentablemente. Leamos ahora el versículo 43:
Hechos 2:43 “. . . y señales eran hechas por los apóstoles.”
Note usted que fueron los apóstoles, los que tenían los dones de las señales. Leamos ahora los
versículos finales de este capítulo 2 de los Hechos, versículos 44 al 47:
Hechos 2:44-47 “. . . Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.”
Amigo oyente, nunca ha sido la Iglesia tan fuerte espiritualmente, como lo fue en ese entonces.
Ahora, esta clase de vivir que se menciona aquí casi no podría resultar hoy en día porque hay
demasiados cristianos que son carnales, lamentablemente. Ahora, fíjese usted que fue el Señor, quien
añadía a la Iglesia los que habían de ser salvos y no algún truco o artimaña publicitaria.
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Bien, amigo oyente, en esta forma concluimos nuestro estudio de este capítulo 2 de los Hechos
de los apóstoles. Dios mediante en nuestro próximo programa entraremos a estudiar el capítulo 3,
donde tenemos el primer milagro de la iglesia y el segundo sermón de Simón Pedro. Le invitamos
pues a sintonizarnos. Será hasta entonces amigo oyente, quiera el Señor bendecirle
abundantemente.
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