0% encontró este documento útil (0 votos)
8K vistas502 páginas

Love at First Fright

Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
8K vistas502 páginas

Love at First Fright

Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

¡Importante!

¡Esta traducción fue hecha sin ánimo de lucro!

Ningún miembro de este foro recibe compensación


económica por esto.

Por lo que te pedimos que no vayas a la página de la


autora a comentar que ya has leído esta historia. Si no
hay una traducción oficial de la misma. No subas
screenshots de este libro. No comentes que existe esta
versión en español.
Las autoras y sus fans no les gusta ni apoyan esto. Así
que por favor no lo hagas. No subas nuestras
traducciones ni otras a Wattpad.

De esta manera podremos seguir dándote a conocer más


historias, que no están en nuestro idioma.
Apoya a los foros y blogs siendo discreta.

Disfruta de la lectura…

Just Read.
Love at First Fright
UNA ANTOLOGÍA DE MATONES EN HALLOWEEN
Halloween.
El momento perfecto para que un matón ataque... y se
ponga de rodillas.
Trece autoras bestseller se han reunido para ofrecerte
una deliciosa colección de romances de matones para
que te prepares para la víspera de Halloween.
Estas historias cortas, nunca antes publicadas, te
garantizan que sonreirás y te desmayarás cuando
estos matones caigan.
Silence
Laces
FMK
Grave Mask
Her Betrayal
Cross the line
Faze
Striker
Trick or Treat
Vicious Games
Wicked King
Condemn Us
Silence
Yo era su oscura fantasía.
Él era mi sueño más salvaje.
Juntos, estábamos destinados a hacer arder el mundo.
Austin
Frenando de golpe, detengo mi Range Rover con más fuerza de la que
pretendía en el oscuro estacionamiento.
Demi, una de mis mejores amigas, deja escapar un gruñido cuando su
cinturón de seguridad se ciñe sobre su pecho, y Brynn golpea con las manos
la consola central estando sentada en el asiento central de atrás.
—Lo siento —murmuro, metiendo el todoterreno en el estacionamiento.
—No pasa nada —Los ojos plateados de Brynn se encuentran con los míos en
el espejo retrovisor y me dedica una sonrisa tranquilizadora.
Apago el motor y salgo, cerrando la puerta tras de mí. Respiro profundamente
el aire fresco de la noche. Cierro los ojos y trato de no perder la cabeza.
Estoy enojada con Cole. No me sorprende. Ese hombre tiene el poder de hacer
que a veces quiera prenderle fuego a su culo. Puedo aborrecerlo tanto como
amarlo. Y eso es mucho. Durante los últimos dos días, lo he ignorado. Sabe
que estoy enojada, pero no ha preguntado qué ha hecho. A los ojos de Cole,
él no hace nada malo.
Abro los ojos y veo a Brynn y Demi de pie ante mí. Se miran la una a la otra
y luego a mí. No saben qué hacer ni qué decir. Demi ya ha visto esta faceta
mía. Sabe que cuando me enfado, necesito espacio. Pero Brynn no me conoce
tan bien. Ella es nueva en estar con un gran white shark. Ella no sabe que
mi locura supera su locura. Demi está en segundo lugar.
Esto es lo que obtengo, sin embargo, por enamorarme de un hombre que
asustaría incluso al diablo. Cole Reynolds es conocido como un asesino. Yo
también lo soy. Hemos hecho lo que hay que hacer sin arrepentirnos. Nadie
es perfecto.
Sin decir nada más, se giran y caminan hacia la entrada de Silence. Las sigo.
Silence, que en su día fue un manicomio cerrado en los años ochenta, es
ahora la casa encantada más terrorífica de Texas. Y lo mejor es que algunas
atracciones permanecen abiertas todo el año. El año pasado vinimos aquí
unas semanas antes de Halloween, pero acabamos marchándonos de forma
abrupta. Cole prometió traerme de vuelta, pero el maldito nunca lo hizo.
La mayoría de las chicas saldrían a tomar unas copas cuando están
enfadadas con su hombre. Tal vez ir a cenar. Pero yo no. No mis chicas. Demi
siempre está dispuesta a cualquier cosa que dé miedo, y Brynn trabaja aquí.
Así que esta noche, después de conseguir una niñera para Lilly, llamé a mis
chicas y les dije que venía a buscarlas, y aquí estamos.
—Toma —Brynn me da unos billetes—. Tenía una extra en mi bolso. Y
también tengo pases para la atracción Blackout…
Dejo de caminar.
—¿Qué? —Eso es lo que quería hacer el año pasado. Te dan palos luminosos
para que intentes salir de los túneles subterráneos que antes se usaban para
transportar los cadáveres de una instalación a otra. Y tienes que firmar una
exención porque se les permite tocarte. Suena muy bien para mí.
Perfecto.
Pasando mi brazo por encima de sus hombros, finalmente sonrío por primera
vez en dos días.
—Eres la mejor.
Me gusta. No hace mucho que la conocemos. Pero desde que empezó a salir
con Shane, uno de los mejores amigos de Cole, Demi y yo pasamos mucho
tiempo con ella.
Saco mi teléfono y dejo que mis dedos vuelen sobre las teclas, sabiendo lo que
debo hacer. Cole sabe exactamente cuál de mis botones debe pulsar para
ponerme en marcha, y yo conozco el suyo. Una vez hecho esto, levanto el
teléfono.
—Digan Silence —Me hago un selfie cuando terminan de reírse y la subo.
—Espera… —Demi mira lo que estoy haciendo—. Pensé que Cole había
desactivado su Facebook.
—Lo hizo —Sonrío—. Acabo de reactivarlo.
Las cejas de Brynn se levantan. —Shane dijo que Cole no usa las redes
sociales. Que la única razón por la que tiene la suya era por un reto.
Algo así. Etiqueto a Demi, ya que aún no soy amiga de Brynn, y me guardo el
teléfono.
—Él no, pero Deke sí.
Y tal como esperaba, el teléfono de Demi empieza a sonar. Ella lo sostiene
para mostrarme que dice Mi Sucio Shark en la pantalla. Tiene una foto de
él y ella besándose. Lo apaga y se guarda el teléfono.
Brynn abre la boca para hablar, pero su teléfono suena.
—¿Vas a responder a eso? —pregunta Demi con una sonrisa.
—No.
Atravesamos el estacionamiento de grava, pasamos por la entrada y nos
dirigimos a los túneles, rellenando las exenciones que eximen a Silence de
cualquier responsabilidad. Supongo que en caso de que un tipo vestido como
Jason nos siga y una de nosotras se caiga, rompiéndose un tobillo, no quieren
ser responsables. Probablemente ya ha ocurrido antes. También pidieron
nuestro número de licencia de conducir y número de placa. No estoy segura
de para qué es eso, pero da igual.
—¿Cuántas son en su grupo? —pregunta el hombre, de pie en la entrada de
las puertas dobles negras con dos portapapeles en las manos.
—Las tres —responde Brynn.
El tipo mira por encima de nuestras cabezas y levanta una mano, indicando
a los demás de la fila que se unan a nosotras. Miro por encima de mi hombro
y veo a tres chicos que parecen tener poco más de veinte años acercarse a la
entrada. Uno de ellos tiene los ojos puestos en el culo de Demi, vestido con
jeans. El otro está escribiendo en su teléfono y el tercero me guiña un ojo.
—Irán contigo —afirma el hombre.
Al volverme, me enfrento al trabajador vestido de payaso, uno horrible, debo
añadir. Ni siquiera tiene los característicos labios rojos. Y por no mencionar
que le falta la peluca. No se merece este trabajo. Podría asustar a esta gente
sólo con las decoraciones de Halloween que tengo en mi ático. Sé que hacen
el trabajo cuando se trata de Deke, el otro mejor amigo de Cole, porque los
odia. Me hace mucha gracia cuando llega a casa y chilla como una perrita.
Escondí mi bruja bajo su cama después de Halloween. Estoy deseando que
llegue el día en que mire debajo y la encuentre.
Yo pregunto.
—¿Podemos ir las tres juntas?
—No… —Mira el papeleo en su mano—. Austin —Lee mi firma—. Hacemos
seis u ocho a la vez.
—Pero…
—¿Qué pasa, nena? No te vamos a morder —dice uno de los chicos detrás de
nosotras. Sus amigos se ríen.
Se me tensa la mandíbula y suelto un largo suspiro. No te vuelvas loca,
Austin. Estás aquí para divertirte, no para que te metan en la cárcel. ¿No sería
esa mi suerte? ¿Tener que llamar a Cole para que venga a recogerme? ¡Que
le den por culo a esa mierda! Llamaría a Deke antes que a Cole para que
pague la fianza.
Brynn termina de firmar su exención y se la entrega al payaso. Él asiente y
se aparta.
—Tendrás que conocer la palabra de seguridad —dice.
—Nunca he usado una palabra de seguridad —Brynn sonríe
dulcemente—. Lo prefiero rudo.
Demi y yo nos reímos de eso. Dejo que Brynn aligere mi mal humor.
—Es difícil gritar una palabra de seguridad cuando estás
amordazado —añade un tipo desde detrás de nosotras, y sus compañeros se
ríen.
Y mi estado de ánimo se agrava de nuevo. Joder, a veces odio a los hombres.
¿Qué le hizo pensar que estábamos hablando con ellos?
Incluso la patética excusa de un payaso se ríe con él.
—Toma un palo luminoso del cuenco cuando entres —Echa su cara pintada
de blanco hacia atrás, dando un horrible intento de su impresión de una risa
malvada—. Y asegúrense de permanecer juntos.
Atravieso las puertas y entro en un estrecho pasillo. Éste te lleva a bajar unas
escaleras poco iluminadas. Cuento quince pasos antes de llegar al rellano. A
la derecha hay una mesa con un mantel negro y un cuenco de cristal en el
centro. Me recuerda a la que utilizaban los tiburones para sacar sus dardos
en Collins, Oregón. Antes de que supiera quiénes eran en realidad: un grupo
de chicos del equipo de natación a los que se conocía como los Grandes
Sharks Whites que jugaban a juegos mortales.
Demi y Brynn toman los suyos, y uno de los chicos se acerca a mí.
—Aquí tienes, nena —Me da un palo luminoso. Lo miro fijamente a los ojos
marrones mientras lo rodeo y tomo el mío.
—Me gustan las mujeres que quieren hacer las cosas por sí mismas —Se ríe.
—Seguro que las llaman feministas —Otro resopla—. Y quieres mantenerte
alejado de ellas. Quieren igualdad y esa mierda.
—Sí, por favor. Aléjate de nosotras —le dice Demi con esa sonrisa de “jódete”
que tan bien le sale.
Brynn se ríe y yo no puedo evitar sonreír a Demi. La quiero muchísimo.
Enganchamos nuestros brazos. La exención que firmamos decía que no
necesitaríamos los palos luminosos hasta que nos acercáramos al final de la
atracción. Por supuesto, ni siquiera era lo que yo pensaba que iba a ser. Decía
atracción de blackout en línea. Quiero la mierda negra y aterradora. Esto es
prácticamente un pasillo con luces.
—¿Acaso quiero saber lo que hizo Cole? —pregunta Demi mientras
caminamos por el silencioso túnel. No hay música de Halloween sonando
suavemente como había en la casa encantada cuando estuvimos aquí la
última vez. Eso me irrita aún más. La casa encantada más terrorífica de
Texas, una mierda.
—No —Suspiro. La verdad es que ella ya lo sabe. Fue ella quien me lo dijo,
aunque no se dé cuenta. Y no quiero que se sienta mal por sacar a relucir
algo que creía que yo ya sabía.
—Bueno, espero que se lo hagas pagar —dice Brynn.
Oh, está pagando ahora mismo. Cole odia ser ignorado. Odia ser superado. Y
sabe que incluso en mis días malos, puedo enfrentarme a él.
A medida que nos adentramos en el túnel, éste se vuelve más oscuro. Las
luces blancas que recorren el techo se convierten en luces rojas que cuelgan
de las paredes. El humo llena el espacio reducido, cubriendo nuestros pies
como si viniera del suelo, haciendo que la visibilidad sea inexistente.
Las luces rojas comienzan a parpadear y luego todo se vuelve completamente
negro.
—Hijo de puta —siseo, deteniéndome.
—Más vale que esto no sea como la última vez —Demi suspira—. Brynn, ¿se
supone que esto va a pasar?
—No estoy segura. Siempre lo cambian, y esta es mi primera vez este año.
—Decía al final —gruñe Demi—. No puede haber terminado ya…
Se oye el siseo de la máquina de humo al soltar más humo, y un frío recorre
mi espalda. Las luces azules se encienden, iluminando el estrecho pasillo.
Brynn jadea y salta hacia atrás cuando vemos a los hombres alineados contra
las paredes. Cinco a cada lado. Todos están vestidos con capas negras y
capuchas. Una máscara negra cubre sus caras y permanecen perfectamente
inmóviles.
Uno de los chicos de nuestro grupo corre hacia mi espalda, empujándome
hacia delante.
—Oye, fíjate por dónde vas —digo, mirando por encima del hombro.
El tipo levanta las manos y me sonríe.
Cuadrando los hombros, empiezo a caminar hacia delante. Uno de los tipos
con capa salta hacia mí, sus manos golpean mis hombros y me empuja hacia
atrás.
—¿Qué…?
Golpeo al tipo que está detrás de mí, y sus manos agarran mis caderas.
—¡No me toques, joder! —grito.
—Oye, te has topado conmigo —empieza, pero no se quita de encima.
Demi me agarra del brazo y me suelta.
—Bastardo —sisea.
—Hijo de puta —murmuro.
—Firmaste la exención a que pudieran tocarte —dice el tipo.
—A ellos. A ti no —digo con brusquedad.
Llegamos al final de los hombres que se alinean en ambas paredes a ambos
lados, y el túnel toma una curva cerrada hacia la derecha. La escena cambia
de humo y luces azules a bombillas verde oscuro y cadenas que cuelgan del
techo, ahora muy bajo. Voy a apartarlas de mi camino, pero no se mueven.
Miro hacia abajo y veo que están tensadas y atornilladas al suelo de
hormigón. Hay que girar de lado a lado de izquierda a derecha para poder
maniobrar a través de ellas.
Algo me toca el muslo y mi cabeza se gira para ver al tipo que está sobre mi
culo. Le empujo en el pecho.
—Oye… —Vuelve a tropezar.
Mis ojos se estrechan sobre él. ¿Está borracho?
—No voy a decirte otra vez que dejes de tocarme, joder —Este tipo me está
poniendo a prueba. Y hoy no es el día.
Se lame los labios y sus ojos marrones se dirigen a mis muslos. Llevo unos
pantalones de yoga negros con una camiseta blanca que tiene una boca de
tiburón abierta en la que se lee “cómeme” en rojo. Me la regaló Deke por
Navidad. No voy maquillada y llevo el cabello recogido en un moño
desordenado. No he salido esta noche para impresionar a nadie. He salido
con mis amigas porque estoy enfadada con mi marido, y este tipo está a punto
de ganarse mi pie en su culo.
—¡Oye! ¡Estoy hablando contigo!
Sus ojos marrones se dirigen a los míos.
—Lo sé, pero con un cuerpo así, no puedo resistirme.
¡Este hijo de puta!
—Tú…
—Vamos, Austin —Demi me interrumpe y me agarra del brazo. Luego me
susurra al oído—: Vamos a perderlos.
Brynn toma mi otra mano y me saca de esa escena. Sus risas se extienden
por el túnel hasta que se detienen.
Llegamos a una abertura; el estrecho pasaje se ensancha hasta lo que
parecen ser las paredes de hormigón originales del túnel. Con cosas escritas
en la pared con sangre falsa.

Morirás aquí.
No mires detrás de ti.
El infierno te está esperando.
Resoplo ante esto último. Si supieran que me casé con el diablo.
Una mano me agarra por el culo y me rechinan los dientes. Ya he tenido
suficiente. Me doy la vuelta, levanto la mano y voy a abofetear al hijo de puta,
pero él es más rápido. Me agarra la muñeca y sus dedos se tensan. Miro a
unos ojos azules que me resultan familiares.
—¿Qué mierda, Cole? —grito y me zafo de su agarre.
No dice nada. Miro a mi alrededor y no veo a los tres imbéciles que estaban
detrás de nosotros, pero sí veo a Shane y a Deke. Sacando la cadera, cruzo
los brazos sobre el pecho.
—¿Por qué están aquí?
Shane va a abrazar a Brynn, pero ella da un paso atrás.
—Estoy enfadada contigo —afirma.
—¿Qué he hecho? —pregunta entre risas.
Ella mira a Cole y luego vuelve a mirar a Shane.
—Suficiente.
Pone los ojos en blanco, la toma de la mano y la arrastra por un pequeño
pasillo a la izquierda que tiene telas de araña en la entrada. Su risa le sigue,
y sé que la he perdido.
Cole está ante mí con unos jeans azules y una camiseta negra lisa. Tiene el
cabello oscuro en punta y la cara bien afeitada. Tiene las manos metidas en
los bolsillos de los jeans. Su cara carece de toda emoción, pero sé que está
enfadado conmigo. El tic de su cincelada mandíbula le delata. Lástima que
me importe un carajo.
Demi engancha su brazo al mío y nos hace girar. Se echa el cabello por encima
del hombro y empezamos a caminar de nuevo.
—Bonito, princesa —le dice Deke con una risita.
Ambas lo ignoramos. Hay una abertura a la derecha, y la tomamos. Las
paredes parecen hechas de huesos humanos. Demi extiende su mano libre y
pasa sus dedos por ellas.
Miro por encima del hombro y no veo nada. No nos siguen, lo que sólo puede
significar una cosa. Están tramando algo.
—Hijo de puta —siseo.
—¿Qué? —pregunta Demi.
—Están aquí para jodernos —suspiro. No estoy de humor. Estoy furiosa con
Cole y él quiere jugar a un estúpido juego. Típico.
Demi me mira y una sonrisa cubre su rostro suavemente iluminado.
—Entonces vamos a jugar —Me suelta el brazo y se da la vuelta. Caminando
hacia atrás, agarra su largo cabello rubio blanqueado y comienza a recogerlo
en una coleta desordenada con el lazo de cabello alrededor de su
muñeca—. Nos vemos en la salida.
Entonces quedó una.
Me sitúo solo en el centro del túnel y cierro los ojos. Escucho cualquier señal
de movimiento, pero no oigo nada. Al abrirlos, doy un paso adelante, pero me
detengo. Lo siento. Como una soga alrededor de mi cuello, tirando de mí. Cole
tiene esa forma de ser que, por muy enojado y destructivo que sea, puede ser
peor. Puede aguantar más tiempo. Puede ser implacable. Y a los dos nos gusta
la lucha. Es como un juego previo para nosotros.
—¿Por qué estás aquí? —Vuelvo a preguntar, sin molestarme en girarme.
Me encuentro con el silencio.
Mis manos se cierran en un puño.
—Bueno, lo que sea que planees hacer es una pérdida de tu tiempo. Vete a
casa.
La parte delantera de su cuerpo presiona mi espalda. Su brazo sube y me
rodea la cintura. Entonces su aliento golpea mi oreja.
—Sabes que me pone cachondo cuando estás furiosa, cariño —Su voz es
apenas un susurro.
Me hace temblar, y eso lo odio aún más. Esa es la perdición del amor; saben
que no puedes seguir enfadada con ellos. Saben exactamente qué hacer para
ser perdonados. Incluso cuando no lo merecen.
—¡Vete a la mierda, Cole!
Sus caderas presionan mi espalda, haciéndome saber que está disfrutando
de esto.
—Siempre pudiste leer mi mente.
—Yo…
Me suelta de la cintura, me agarra del brazo y me empuja a un estrecho
pasillo que conduce a una pequeña habitación. Este lugar es como un puto
laberinto. No es de extrañar que dijera que podía tardar horas en atravesar
los túneles. Cierra la puerta de golpe tras nosotros. Las paredes están
cubiertas de salpicaduras de sangre falsa. Un gran fardo cuadrado de heno
se encuentra en la esquina con un espantapájaros sentado sobre él. Su mano
derecha sostiene un machete que gotea sangre sobre el suelo de piedra. Cole
se acerca a él, mete la mano en el bolsillo trasero y abre su cuchillo negro.
Luego apuñala al espantapájaros en la pierna.
—¿Qué carajo, Cole? —Tras un momento de silencio, exijo—: ¿Y si hubiera
sido un hombre de verdad?
—Entonces habría gritado como una perra —La saca de un tirón y se gira
para mirarme.
Miro el cuchillo en su mano y luego hacia atrás y entrecierro los ojos hacia él.
—¿Y si te apuñalo en la pierna? —Quiero apuñalarlo en el cuello ahora
mismo. Maldito bastardo apareciendo aquí cuando sabe que estoy furiosa y
no quiero tener nada que ver con él en este momento—. Probablemente te
excite —escupo.
Las comisuras de sus labios se curvan hacia arriba.
—Sabes lo que me hace el dolor.
Al bastardo le encanta.
Cierra la navaja y la vuelve a guardar en el bolsillo antes de empujar su
cuerpo contra el mío.
—Cole —gruño.
—¿Prefieres que sea una persona real? ¿Hmm? ¿Quieres una audiencia? No
parecía importarte que ese tipo te tocara.
Oh, este bastardo… Voy a darle un rodillazo, pero él es más rápido y me
bloquea.
Se ríe de mí. Se ríe.
—¿Por qué tengo un trato especial?
—Porque te odio —digo.
Su risa se desvanece rápidamente. Se inclina y coloca sus labios en mi cuello.
Me rodea la cintura con una mano y la otra se enreda en mi moño
desordenado.
—Cole…
—¿Dónde te tocó? —exige.
Mi cuerpo se tensa. ¿Cuánto tiempo lleva siguiéndome?
—¿Aquí? —Su mano se desliza hacia abajo para ahuecar mi culo por encima
de mis pantalones de yoga—. ¿Qué tal aquí? —Su mano libre suelta mi moño
y me aprieta el pecho.
—No —gruño y lo alejo de un empujón—. ¿Crees que voy a dejar que eso
ocurra?
Su mano me rodea la garganta y me empuja contra una pared cubierta de
sangre. Mi ira aumenta mientras mi piel se pone de gallina. Me aprieta y sus
ojos azules se estrechan sobre los míos. Ese fuego que conozco demasiado
bien arde con intensidad, haciendo que la habitación se caliente.
—Más vale que no lo haya hecho —gruñe—. ¿Sabes por qué? —No me permite
responder—. Porque este culo es mío. Esas tetas son mías —Se inclina más
cerca, nuestros labios casi se tocan—. Ese puto coño es mío. Cada parte de ti
me pertenece, cariño —Entonces me besa a la manera de Cole Reynolds. Es
agresivo. Posesivo. Exigiendo mi atención. Mi cuerpo cobra vida para él como
siempre lo hace cuando me besa. Ahora es cuando siento quién es realmente.
Su ira. Su miedo. Este hombre se esconde mucho del mundo, pero no puede
esconderse de mí. Sus demonios me llaman, exigiendo ser alimentados. Y yo
le permito de buena gana que se dé un festín conmigo.
Su mano me tira el cabello y yo gimo en su boca. Me sujeta contra la pared,
dejándome sin aliento. Su rodilla se abre paso entre mis piernas y yo gimoteo.
Mis manos caen sobre sus jeans. Mis dedos se mueven tan rápido como
pueden para desabrocharlos. Justo cuando meto la mano en sus boxers, se
aparta de mí. Me agarra del brazo, me arranca de la pared y me pone de cara
al espantapájaros. Me baja de un tirón los pantalones de yoga y la tanga de
encaje negro. Luego, sus manos empujan mi espalda para inclinarme.
Mis manos golpean el heno. Estoy jadeando, encorvada mirando al
espantapájaros con una camisa de cuadros y un mono empapado de sangre.
Tiene la cabeza cubierta de arpillera con alambre de púas negro alrededor del
cuello y puntadas negras para los ojos. Junto con su amplia y malvada
sonrisa. Si no hubiera visto a Cole apuñalarlo, juraría que se acaba de mover.
Si no supiera que está hecho de paja, juraría que puedo sentirlo respirar en
mi rostro. Eso hace que esto sea aún más emocionante.
Mi corazón late, pero mi coño se tensa. Vamos a hacerlo de verdad. Aquí y
ahora.
—Estoy enfadada contigo —consigo soltar, aunque me tiemblan las rodillas
por la anticipación.
Se ríe por detrás de mí.
—¿Cuándo me ha detenido eso, cariño?
Su mano se posa en mi espalda, manteniéndome en su sitio, y sé que está
preparado. No hay juegos previos. Sin perder el tiempo. Está a punto de
follarme en este túnel embrujado, en una habitación que huele a sangre falsa
y a heno. Y estoy totalmente mojada por él.
Mi Cole.
Mi diablo.
Mi maldita condena.
Le he demostrado una y otra vez que seré lo que necesite.
Mi cabeza cae hacia delante y aspiro un largo suspiro cuando me mete un
dedo en el coño.
—Sí que te gusta la lucha —reflexiona cuando me encuentra mojada.
—Vete a la mierda …
Agarrándome del cabello, me tira de la cabeza hacia atrás, haciéndome gritar
y cortando mis palabras.
Se inclina hacia delante, colocando sus labios junto a mis orejas.
—No te preocupes si lo hago —Me penetra con un solo movimiento duro desde
atrás.
Mis ojos se cierran, mis dedos se clavan en el heno y se me corta
momentáneamente la respiración. Ni siquiera me deja recuperarme antes de
empezar a follarme. El sonido de mis gemidos y de nuestros cuerpos
golpeándose llena la pequeña habitación.
—Cole… —Me suelta el cabello, me rodea la garganta con la mano y me
aprieta, quitándome el aire
Austin
Se está abrochando los jeans mientras yo me subo los pantalones de yoga y
la tanga por los temblorosos muslos.
—¿Quieres jugar? —me pregunta.
Arqueo una ceja.
—¿Jugar? —Sé exactamente lo que quiere decir. Nadie toca lo que pertenece
a Cole Reynolds y se sale con la suya. Empujo mi cadera hacia fuera—. No he
traído mi martillo —Él y el resto de los white skark tienen una broma sobre
mí y mi martillo que he usado para romper huesos.
Echa la cabeza hacia atrás y suelta una carcajada. Le tiembla el pecho y,
aunque sigo enfadada con él, sonrío y disfruto de este raro momento. Cole
nunca se ríe. No así. Tan despreocupado. El hombre del que me enamoré es
frío y ajeno a todas las emociones excepto la ira. Un asesino. Un hombre que
quería hacerme daño. Nunca quise cambiarlo, pero eso no significa que no
disfrute de estos raros momentos en los que me muestra un lado diferente.
El hombre que creo que sería si su vida no hubiera sido tan jodida. Pero, de
nuevo, no creo que ame otra versión de Cole que la que tengo ahora.
Cuando me mira, su sonrisa sigue iluminando su cincelada cara. Sus ojos
son tan azules como el cielo en un día soleado. Suelen estar nublados por la
ira. Alberga mucho odio hacia sí mismo, hacia el mundo, y odio que no se vea
a sí mismo como yo. Lleva el mundo sobre sus hombros, y aunque es el
hombre más fuerte que conozco, eso le afecta.
—Esa es mi dulzura —Me aparta del rostro el cabello que se me ha caído del
moño—. Preciosa y malvada —Luego, tan rápido como apareció, desapareció.
Inclina la cabeza hacia un lado, frunciendo las cejas—. ¿Estás bien?
—Sí —Le rodeo el cuello con los brazos.
Se inclina y me besa suavemente la frente.
—Lo digo en serio, Austin. Pagarán por tocarte.
Al retirarme, lo miro. No esperaba menos de Cole. Mientras sus ojos buscan
en mi rostro, observo el tic de su mandíbula mientras sus perfectas facciones
se vuelven duras como la piedra. Veo al Cole Reynolds que conozco. La sed
de sangre que anhela. Necesita tomar, y yo siempre estoy dispuesta a dársela.

Cole
Intento no pensar en ese hombre tocando a mi mujer. Sé que no fue su culpa,
y no estoy enojado con ella en lo más mínimo. Pero la necesitaba. Desde que
conocí a Austin Lowes, necesitaba reclamarla y marcarla como mía. Aunque
suene horrible y animal, es lo que ella me hace. Y vine aquí para hacer eso.
Salimos de la pequeña habitación y volvemos al túnel principal, en dirección
a la salida. Me doy cuenta de que está enfadada conmigo de nuevo. El
momento que compartimos en la habitación hace tiempo que desapareció.
—¿Por qué estabas enojada conmigo en primer lugar? —pregunto.
Lleva un par de días enfadada conmigo, pero he estado muy ocupado con las
clases y el equipo de natación, así que lo dejé pasar y pensé que se le pasaría
lo que fuera. Deke y yo acabábamos de terminar el entrenamiento y nos
dirigíamos a casa desde la Universidad de Texas cuando vio que Austin había
etiquetado a Demi en una foto de Facebook con Brynn. Al principio, intentaba
entender por qué demonios había reactivado su página, y luego me enojé
cuando ignoró mis llamadas. Había apagado su teléfono. Austin tiene una
manera de desconectarte completamente cuando está enojada. Y aunque lo
entiendo, no voy a dejar que se salga con la suya. No esta vez.
—Ya sabes por qué —responde rotundamente.
La agarro por el brazo superior y le doy un tirón para que se detenga en medio
de una escena en el patético túnel.
—No te lo voy a preguntar dos veces, Austin.
Cruza los brazos sobre el pecho.
—Bien. Me molesta que pongas un rastreador en mi camioneta.
Casi me rio.
—No puedes hablar en serio…
—Eso es una violación de mi privacidad.
Me paso una mano por el cabello.
—Te ha salvado la vida.
Se queda con la boca abierta.
—¿Así es como lo justificas?
—No necesito justificación para mis acciones.
—¡Eres un puto imbécil! —grita ella, empujando sus manos.
Un hombre vestido de vampiro salta de un ataúd abierto que se apoya en una
pared, y ambos lo ignoramos.
—Y tú estás siendo poco razonable.
Ella jadea.
—¿Poco razonable? Te sientas y me observas día tras día, sabiendo
exactamente dónde estoy en todo momento —Sus ojos se abren de par en
par—. ¿Así es como has llegado aquí tan rápido? ¿Comprobaste mi
GPS? —exige.
No respondo. Principalmente porque se equivoca.
—Estúpida. Por supuesto. Soy tan jodidamente estúpida —susurra para sí
misma.
Arqueo una ceja, ignorando eso.
—¿Estás yendo a lugares donde no deberías estar? —pregunto. Ella también
se equivoca en eso. No me siento a comprobar dónde está ella.
—¿Me estás acusando de engañarte? —exige ella.
Mataré a un hombre sin pensarlo. Pero yo digo:
—¿Ahí se te fue la cabeza, cariño?
—¿Quizás en todos esos entrenamientos nocturnos, no estás realmente en
una piscina? —desafía
Me acerco a ella, mis ojos se clavan en los suyos, pero ella no retrocede. No
es ese tipo de mujer. Mi metro ochenta y cinco contra su metro setenta y cinco
no la asusta en absoluto.
—No me acuses de ser infiel —digo apretando los dientes. Esta mujer sabe
exactamente qué decir para molestarme.
—Entonces no me espíes —Se da la vuelta y pasa a toda velocidad por delante
del tipo vestido de vampiro que se queda parado.
Corro detrás de ella.
—Ese rastreador te ha salvado la vida —escupo.
Se detiene bruscamente y se vuelve hacia mí. Levantando el dedo, va a
insultarme, pero se detiene. Su rostro se retuerce con una mezcla de
emociones y luego deja escapar un resoplido. Después de un largo segundo,
suspira.
—Estaba bien.
Mis ojos se desorbitan ante sus palabras. La mujer es tan testaruda.
—No estabas bien.
—Cole…
—Tuviste una conmoción cerebral —Lo cual descubrimos cuando la hice ir al
hospital al día siguiente.
—Los jugadores de fútbol americano sufren conmociones cerebrales todo el
tiempo —argumenta, poniendo los ojos verde oscuro. Gira el rostro hacia otro
lado y la luz azul golpea el diamante de su nariz.
—No son secuestrados. Ese tipo iba a violarte, Austin —le digo.
—Tenía un plan —argumenta—. Tenía un cuchillo en mi mesita de noche.
Sólo necesitaba llegar a él.
—Y si no lo hubieras hecho, ¿entonces qué?
Su cuerpo se pone rígido.
Odio sacar el tema. Hacerla pensar qué hubiera pasado si los sharks y yo no
hubiéramos llegado a la casa de su padre cuando lo hicimos. Si hubiéramos
estado dos minutos más… Las cosas habrían sido muy diferentes esa noche.
Y eso me aterra.
Se mira las zapatillas de tenis y arrastra los pies. Levanto la mano para
acariciar su mejilla. Sus hermosos ojos verdes vuelven a mirar los míos.
—Sí, hice poner un rastreador en tu Range Rover, pero no me arrepiento de
esa decisión. Casi te he perdido dos veces. Las dos veces fue culpa mía —Mi
otra mano se acerca a su otra mejilla, acunando suavemente su hermoso
rostro. Sus labios carnosos se separan mientras aspira profundamente—. No
puedo imaginar mi vida sin ti, cariño. Y si quieres, haré que pongan uno en
mi auto para que siempre sepas dónde estoy.
Ella suelta un largo suspiro.
—Sabes que confío en ti, Cole. Pero esto no tiene nada que ver con eso.
—¿Entonces qué tiene que ver?
—Es que… me hubiera gustado que me lo dijeras —responde ella.
Asiento con la cabeza.
—Me disculpo por habértelo ocultado.
Se separa de mí para mirar alrededor del túnel y devuelve la mirada al
vampiro que sigue observándonos como si fuéramos la atracción principal.
—Este túnel es un asco —Saca el labio inferior, haciendo un mohín—. Ni
siquiera he podido usar mi bastón luminoso —Lo saca del bolsillo lateral de
sus pantalones de yoga.
Me río.
—¿Y si lo hago mejor?
Me mira con escepticismo.
—¿Y cómo vas a hacer eso?
—Vamos —La tiro de nuevo por el camino que acabamos de recorrer.
—Cole, la salida es por el otro lado.
—Lo sé.
Permanece en silencio mientras volvemos junto al Conde Drácula. Saludo al
hombre con la cabeza y él saluda como un idiota. Ella suspira fuertemente
por su falta de compromiso con los requisitos de su trabajo.
—¿Cole…?
—Ya casi llegamos.
—¿A dónde?
No respondo. Volvemos a donde estaban los tipos a ambos lados del túnel
vestidos con capas. Ya se han ido. No hay mucha acción aquí un lunes por la
noche, sobre todo porque no es Halloween. Eso es lo que pasa cuando se abre
todo el año.
Giro a la derecha y la llevo a una habitación. En una esquina hay una bolsa
de basura negra. La cinta adhesiva que la rodea en varios lugares muestra
las dimensiones de un cuerpo en su interior.
—Me preguntaba cuándo ibas a llegar —dice Deke, volviéndose hacia
nosotros. Se hace a un lado y vemos al hombre encadenado a la pared del
fondo.
—¿Qué demonios? —pregunta Austin, al darse cuenta de su presencia.
Miro al tipo que tocó a mi esposa. Cuando vimos su post en Facebook, nos
dirigimos directamente aquí. Shane se ha estado tirando a Brynn desde hace
unos meses, y tienen esta adicción a tener sexo en lugares públicos. Uno de
ellos es aquí, en su trabajo. No me hablo muy bien con Shane ahora, pero
Deke insistió en que lo llamáramos para que nos ayudara. Afortunadamente
el imbécil era útil y sabía exactamente dónde y cómo podíamos colarnos en
el túnel. Sabía que Austin estaría aquí ya que no la traje la última vez. En el
momento en que entramos en el túnel y le oí llamarla nena, quise arrancarle
la cabeza. Entonces oí que le decía que la dejara en paz, que dejara de tocarla,
y eso fue todo. Había sellado su destino de la peor manera.
—¿Esto es… parte del recorrido? —pregunta, sus ojos marrones se abren y
se cierran mientras trata de concentrarse en algo. Está de espaldas a la pared.
Una cadena que rodea sus muñecas las mantiene unidas por encima de su
cabeza y sujetas con un gancho en el techo.
Deke se ríe y mete la mano en el bolsillo delantero del tipo, sacando una
petaca. La desenrosca y la vuelca.
—Está vacía —anuncia cuando no sale nada.
Me hago a un lado y miro a mi mujer.
—Te toca, cariño.
Se queda de pie ante nosotros, mirándolo fijamente. Me apoyo en la pared
opuesta y Deke cruza los brazos sobre el pecho. Ambos esperamos a que ella
haga su movimiento y decida su destino.
Sus ojos vidriosos la miran de arriba abajo, y una sonrisa de borracho se
extiende por su cara. Se lame los labios.
—Sí, nena. ¿Qué vas a hacer conmigo?
Inclina la cabeza hacia un lado.
Su sonrisa se amplía. Mira de ella a mí y luego de nuevo a ella. Cree que voy
a dejar que se lo folle aquí mismo, delante de mí. Lo voy a joder sin duda,
pero no de una manera que le beneficie.
—Esto debería ser al revés, nena. Deberías ser tú la que estuviera atada…
Se acerca a él y levanta la rodilla, dándole un rodillazo en las bolas.
Se dobla como puede con las manos encadenadas sobre la cabeza. Su cara
se enrojece y aspira un largo suspiro.
Deke se golpea el muslo, riendo.
—Una vez la vi usando una taser en un hombre en sus bolas. Me reí durante
días —Se ríe.
—¿Qué mierda…? —grita el tipo entre ataques de tos—. Puta…
Le da un puñetazo en la cara, echándole la cabeza hacia atrás, y le grita:
—Eso es por tocarme.
Apartándome de la pared, me acerco a ella y le rodeo los hombros con los
brazos. Su cuerpo tiembla de rabia contra el mío. Mi mujer es dura, pero ha
sufrido mucho para tener solo diecinueve años. Abuso físico y mental. Odio
haber contribuido a ello, así que cada vez que puedo devolverle la pelota, lo
hago.
—¿Estás bien? —La hago girar. Se lleva la mano al pecho. La alejo y la miro.
Se ha abierto la piel y está sangrando.
—Está bien —Retira su mano de mi mano y se aleja de mí.
—¿Qué mierda, tío? —grita el tipo—. Tu perra…
Le doy un puñetazo en las costillas. Él echa la cabeza hacia atrás, golpeando
el muro de hormigón, y enseña los dientes. Esta vez lo golpeo en la cara,
haciéndole caer la cabeza hacia un lado. De su labio roto sale sangre. Luego
le doy un puñetazo en el estómago. Sus manos se cierran con un puño por
encima de la cabeza mientras lucha contra la cadena.
—Detente. Detente —Escupe sangre—. Lo siento…
Deke se acerca a la esquina de la habitación y arranca un trozo de cinta
adhesiva de la bolsa de basura y se lo pone en la boca al tipo. La sangre gotea
de su nariz, junto con la barbilla rota.
Comienza a gritar detrás de ella mientras lucha contra sus ataduras.
Le doy una suave palmada en la cara.
—Diviértete siendo una atracción esta noche —digo, echando el brazo por
encima de mi mujer, y ella me sonríe con orgullo.
Nuestro matrimonio está lejos de ser normal. Puede que me haya enamorado
de Austin Lowes, pero ella no me ha ablandado lo más mínimo. Todavía
anhelo la sangre, y ella nunca trata de detenerme.
—¿Dónde está Demi? —pregunta, mirando a su alrededor.
Deke se encoge de hombros.
—Pensé que estaba contigo, honestamente.
—Mierda —Ella suspira—. Probablemente noqueó a un vampiro, se untó con
su sangre falsa y ya ha secuestrado un ataúd.
Arquea una ceja.
—¿Está solicitando un trabajo o algo así?
Ella sacude la cabeza.
—Pensamos que estaban aquí para joder —admite—. Así que quería
asustarlos antes de que pudieran hacerlo con ella.
Se pasa el dedo por el labio inferior.
—Oh, sí que puedo joder con ella —Luego sale de la habitación con una
sonrisa en la cara.
Me vuelvo hacia Austin.
—¿Dónde están sus amigos? —me pregunta—. Eran tres.
Soy muy consciente de cuántos eran.
—Shane se encargó de ellos —Aunque hicieron algunos comentarios que no
me importaron, nunca tocaron a ninguna de las chicas.
La veo llevarse la mano al pecho y sé que es hora de irse. Me acerco a ella y
acaricio su hermoso rostro.
—¿Podemos ir a casa?
Mira al tipo que murmura tonterías detrás de la cinta adhesiva que le cubre
la boca. Alguien lo encontrará antes de que cierren esta noche. Tal vez. Si no
es así, apesta ser él.
—Sí —Ella suspira—. Vamos a casa.

Este relato pertenece a la Serie Dare, se encuentra en español.


Gabrielle Evans, hijastra del fiscal del distrito de Charlotte, Joseph Evans, fue
declarada mentalmente inestable por el juez el jueves por la mañana. La joven
de diecinueve años fue detenida poco después de las diez de la mañana y se la
llevaron en un auto patrulla de la policía mientras una multitud de cincuenta
personas observaba desde el juzgado. Esta noticia llega exactamente un día
después de que un gran jurado desestimó los cargos de asesinato contra el fiscal
de distrito, por la muerte de su hijastra, Elizabeth Evans, quien fue encontrada
en la cama, inconsciente, en la propiedad de la familia en Charlotte seis meses
antes.
“Independientemente del hecho de si Gambrielle estaba diciendo la verdad sobre
lo que vio esa noche, o si fue algo que su mente evocó para lidiar con la pérdida
traumática, es posible que nunca sepamos lo que realmente sucedió. Lo que sí
sabemos es que la declaración que proporcionó a la fiscalía no coincide con la
evidencia”, dijo el Sheriff Thompson en una rueda de prensa. Cuando se le
preguntó por un reportero para desarrollar la última parte de su declaración, el
Sheriff Thompson no se contuvo. “La evidencia no miente. La gente hace”.
La Sra. Evans inicialmente afirmó que estaba escondida en el armario de su
hermana durante el asesinato, pero luego se retractó de su declaración cuando
su madre le dijo a los fiscales que estaban juntas ese día visitando a un amigo
cercano. Las fuentes dicen que el amigo cercano incluso validó la declaración, lo
que no ayudó a la fiscalía cuando llegó el momento de obtener una acusación.
El abogado de Joseph Evans, Thomas Newman, emitió esta declaración hoy:
El abogado Joseph Evans es un miembro destacado y valioso de nuestra
comunidad aquí en Charlotte. Ha ido más allá durante sus veinte años de servicio
público, y las acusaciones que se le hicieron de ninguna manera reflejan quién es
ni el trabajo que ha realizado para la comunidad. Está ansioso por volver al
trabajo y volver a la normalidad. Le gustaría agradecer a todos por su apoyo
durante este momento difícil y les pide que respeten la privacidad de su familia
mientras intentan avanzar en las próximas etapas de curación.
Aunque los funcionarios de Charlotte no lo han confirmado, fuentes
estrechamente relacionadas con el caso dicen que la Sra. Evans será admitida en
Hawthorne Asylum en los próximos días. El hospital psiquiátrico es bien
conocido por albergar a pacientes notorios de alto perfil, como los Tres
Legendarios, y a menudo ha sido criticado por sus métodos de tratamiento poco
ortodoxos.

Comentarios en la web (2.513)


MattAtYou
Maldita sea. O_O El juez Wexler le arrojó el libro. Implacable.
Pumpkin_bliss
Nada que ver aquí. Solo otra chica rica pidiendo atención a gritos.
XJordanSkiesX
¿Alojada con Los tres legendarios? Actúas como si fuera un verdadero castigo.
¡LAS MUJERES DE EE. UU. LO SABEN MEJOR! ROTFLMAO
453 me gusta
Marie7210
¡Me ofrezco como voluntaria para estar encerrado con Laces!
Gemma_Light12
¡Los Laces son tan jodidamente calientes!
Marie7210
¡Sí lo es! Me acostaría con los tres IDGAF.
DarwinB89
Es extraño lo que las mujeres encuentran atractivo en estos días …
KellyDCloveX
¿Proporcionan condones en el manicomio? Pregunta una amiga…
347 me gusta
Marie7210
ESO.
Gambrielle
Siempre pensé que la primera vez que me desnudaría sería para un hombre.
Nada grande. Un poco de decoración aquí y allá, un par de ropa interior sexy
y la dulce voz de Usher para llevarlo a casa.
—Pantalones. Camisa. Zapatos. Todo tiene que irse —dijo la enfermera Kline,
sonando indiferente mientras miraba por encima de su tablet.
Conmocionada, todavía estaba de pie en el mismo rincón de la pequeña
habitación, encorvada hacia adelante, con los ojos saltones y la boca abierta.
¿He llegado realmente a esto?— ¿Me escuchaste, Evans?
Su boca, podía verla moverse, la expresión de enojo se extendía por sus poros,
pero todavía no podía encontrarle sentido a todo.
Ella quiere que te desnudes.
Si.
Quítate todo.
¿Para qué?
Cualquier otro día habría podido conectar los puntos.
Poniendo la tablet debajo de un brazo, la enfermera Kline inclinó la cabeza
hacia un lado y me examinó de pies a cabeza, arqueando una ceja cuando no
obedecí inmediatamente su orden.
—Eres Gambrielle Evans, ¿correcto? —ella preguntó.
Yo no respondí.
La tablet volvió a estar en su mano tan rápido, su dedo se desplazó hacia
abajo.
—Esto sería mucho más fácil si al menos reconocieras mis preguntas. —Ella
me miró rápidamente—. ¿Eres Gambrielle Evans correcto? El juez Wexler le
ordenó quedarse aquí hasta que los médicos del personal consideren que ya
no es una amenaza para la sociedad.
Todo lo que pude hacer fue asentir. Síp.
Sus ojos estaban de vuelta en su tablet mientras articulaba, essssta
bien. Señalando una bolsa de plástico vacía cerca de la puerta, dijo:
—Pon tu ropa y zapatos allí.
¿¿¿Perdón??? Mi padrastro, Joe, probablemente estaba haciendo bromas en
ese mismo momento y recordando con orgullo mi derrota con todos sus
amigos abogados
La imagen de él tomando un trago de su whisky y brindando con los ricos
bastardos que me habían ayudado en mi inevitable caída era casi
insoportable.
—¿Evans?
... No perteneces aquí.
—¿EVANS?
Frunciendo los labios, aparté los ojos de la tablet y miré directamente a la
mirada curiosa de la enfermera Kline. Mi dilema actual no era culpa suya, lo
sabía en el fondo, pero eso no detuvo los pensamientos que corrían por mi
cabeza. Ella me estaba admitiendo en el infierno y, por lo tanto, era parte del
problema.
—Él lo hizo. —dije finalmente con convicción. Si ella sabía o no a qué me
estaba refiriendo, yo no lo sabía ni me importaba. Necesitaba aclarar mi
situación.
Ignorándome, volvió a señalar con la barbilla hacia el bolso.
—Pon todas tus cosas ahí.
Poniendo los ojos en blanco, me incliné y comencé a quitarme uno de mis
zapatos, pero me detuve cuando vi a la enfermera Kline poniéndose un par
de guantes blancos de látex. Oh no… Mis cejas se arquearon. Podía escuchar
mi corazón latiendo a través de mis oídos, sentí mis manos temblar en el
aire… solo cuando ella procedió a agarrar el gel, finalmente hablé.
—Espera, espera, espera, ¿qué estás haciendo? ¿Para qué lo necesitas? —Ya
lo sabía, pero me aferraba a la esperanza de que tal vez yo fuera la excepción.
—Es protocolo. Nadie entra en Hawthorne sin pasar la inspección. —Como
pasta de dientes, vertió una generosa cantidad del líquido transparente en
dos dedos huesudos y me sonrió—. Será rápido.
No pensé.
Yo no hablé. Solo actué.
Un segundo estaba parada frente a la enfermera Kline, contemplando la
integridad de mi región inferior, y al siguiente era una estrella de fútbol,
fingiendo a izquierda y derecha, serpenteando alrededor de su pequeño
cuerpo y lanzándome hacia la puerta de madera.
—¡Cálmate Evans! ¡Relájate!
Pero fue demasiado tarde. Ya había abierto la puerta de golpe y estaba
corriendo por el pasillo blanco y estéril, con los brazos moviéndose hacia
adelante y hacia atrás, mis años de pista de atletismo puestos a prueba.
—Código rojo, piso B. —El intercomunicador sonó cuando pasé a toda
velocidad por lo que parecía ser la estación de enfermeras. Tres enfermeros
se levantaban de sus sillas de cuero y el líder del grupo gritaba instrucciones
rápidas:
—¡Toma un tranquilizante!
Todo era deslumbrantemente blanco: el piso, las paredes, el techo, los
escritorios… el olor a amoníaco se estrelló contra mis pulmones, tomándome
brevemente con la guardia baja, pero me adelanté como un animal salvaje,
zigzagueando por el largo pasillo.
—Código rojo, piso B.
—¡Ella no está metiendo esas salchichas en mi trasero! —Rugí al techo,
esperando que, si hubiera una cámara, quienquiera que estuviera detrás
pudiera verlo—. ¡Ella. No. Me. Violará!
Admito que fui un poco melodramática, pero mi trasero estaba en juego.
Literalmente.
Todo se desarrolló en cámara lenta. Podía verme corriendo, ver a los pacientes
lanzándome miradas de curiosidad, sus ojos se abrieron cuando vieron en
qué dirección me dirigía: la puerta agrietada al final del pasillo. Era mi
destino, la libertad estaba más allá de esas puertas. Lo había identificado
como mi lugar seguro en el momento en que vi a los tres enfermeros
pisándome el culo.
—¡Mierda, va a ir a Laces! —Escuché a uno de los enfermeros gritar justo
cuando mis zapatos negros se deslizaban por el suelo. Agarré el pomo de la
puerta, tropezando en un intento por recuperar el equilibrio—. ¡Oye, no! ¡No
quieres hacer eso! Escúchame...
¿Y meterme dos dedos en el culo? Paso. La elección fue obvia para mí. Una
vez que logré orientarme, me abalancé en la habitación y cerré la puerta
detrás de mí, mi espalda se deslizó por el frío metal mientras mis rodillas
comenzaban a colapsar. Mis manos se colocaron sobre mi nariz.
—Shhh… respira… eres el pequeño abejorro de mamá… eres un abejorro, sí
lo eres. Eres un abejorro para las estrellas. Eres un abejorro, sí lo eres. Eres
el pequeño abejorro de mamá.
Tarareé la canción al menos tres o cuatro veces mientras imaginaba el
armario secreto en mi antiguo sótano. A salvo. Aislada.
Siempre que mis nervios se apoderaban de mí, esa pequeña habitación
escondida detrás de una bodega se convertía en mi refugio de cualquier caos.
Me había ayudado a atravesar algunos días oscuros.
No deberías estar aquí.
No.
Repetí el mismo coro un par de veces más, hasta que mi corazón encontró un
ritmo constante, y luego abrí los ojos. Los enfermeros llamaban a la puerta,
las vibraciones de sus puños golpeando contra la madera me sacudieron
hasta la médula mientras la enfermera Kline me rogaba que saliera, pero
apenas escuché nada debido a él. Estaba recostado en su cama gemela en el
rincón más alejado, con los ojos azules mirando por encima del bloc de dibujo
que tenía en la mano. Había visto muchos hombres en mi vida, muchos
hombres atractivos… El tipo que estaba sentado en esa cama no era un
hombre. No. La misma palabra parecía ofensiva para alguien de su calibre.
Parecía un modelo que acababa de salir de la pasarela en París: largos y
sedosos mechones negros caían sobre sus ojos, labios gruesos y un cuerpo
delgado y tenso. Sus brazos estaban bien definidos, cada músculo se curvaba
suavemente hacia el siguiente… Era una visión, como uno de los hombres de
las novelas románticas favoritas de mi abuela.
Y me gustaría decir que me porté bien, que me puse de pie y expuse mis
mejores modales sureños, extendí la mano y me presenté como el paciente
más nuevo del asilo más notorio de Asheville…
Pero mis ojos comenzaron a vagar… y los bocetos que colgaban alrededor de
la habitación de repente aparecieron a la vista. Mujeres muertas… Mujeres
muertas por todas partes. Mi garganta se contrajo. Oh Dios… Mis ojos volaron
en todas direcciones, asimilando la escena que tenía ante mí, todos los
bocetos al estilo de Hannibal-Lecter exhibidos con orgullo alrededor del
pequeño espacio confinado.
Ups…
Había elegido la habitación equivocada. De repente me sentí mareada y
acalorada. Por el rabillo del ojo vi a Hannibal Sketcher mientras se levantaba
de la cama. La sombra de su cuerpo de seis pies se elevó sobre mí mientras
me apresuraba a encontrar el pomo de la puerta detrás de mí. No, no, no…La
palabra ¨ayuda¨ estaba en la punta de mi lengua, pero nunca salió. Mi
corazón estaba en un nuevo estado de pánico, mi respiración, entrecortada…
Mis ojos se volvieron hacia atrás y mi cuerpo de repente se volvió inerte. Lo
último que vi antes de que la oscuridad se apoderara de mí fue el suelo que
se apresuraba a saludarme.
Laces
Ella parecía como un gatito asustado que acaba de escapar de un posible
aguacero. Sus grandes ojos marrones estaban llenos de miedo, sus brazos y
piernas temblaban involuntariamente. Había visto ese tipo de miedo antes, el
“mi vida ha terminado, cuál es el sentido de intentarlo” que parecía llenar el
aire cuando no se podía encontrar ninguna luz brillante al final del túnel.
Durante cuatro años había visto cómo le quitaba la vida a mi madre, la había
visto morir ante mis ojos, y aunque sabía que era inútil, luché con uñas y
dientes para recuperar solo una onza de su luz.
Eso fue lo que me atrajo ella en primer lugar.
La necesidad de protegerla, de guiarla a través de este infierno, parecía
dominar los muros que había construido a mí alrededor para mantener a raya
mis instintos humanos. La urgencia de extender la mano y tocarla, de
preguntarle -no, exigirle- qué estaba mal, me paralizó. En los dos años previos
a su llegada, hice las paces con mi situación; No era la vida que me había
imaginado, pero definitivamente era mejor que la vida en la que había crecido
y me vi obligado a aceptar.
La punta de mi lápiz había perforado mi bloc de dibujo, creando un pequeño
agujero en el brazo de mi último boceto, parecido a un lunar, pero me
importaba un comino. Al menos hoy no. Sus ojos vagaron por mi cuerpo,
deteniéndose en el lápiz presionado profundamente contra mi dedo índice.
Me preguntaba si ella empezaría a cantar de nuevo, o romper en oración, lo
cual era habitual para los novatos. Ambos parecían plausibles. Pero en
cambio, sus ojos se desviaron lentamente hacia la pared, hacia una tierra de
muerte y desesperación, y el miedo con el que había entrado en mi dominio
se intensificó a proporciones catastróficas.
Joder.
Levantando mis palmas, me levanté con cuidado de la cama, mi bloc de dibujo
y mi lápiz cayeron al suelo con un eco ensordecedor. Mi boca se abrió, la
palabra “tranquila” estaba en la punta de mi lengua, pero antes de que
pudiera pasar por mis labios, sus ojos se pusieron en blanco y su cuerpo sin
vida cayó al suelo.
—¿Estás bromeando? —murmuré en voz baja. Normalmente las mujeres se
lanzaban sobre mí, proponiendo un maldito matrimonio, pero no ésta. Esta
extraviada se había acobardado y cerrado por completo.
—¿Dónde hay una cámara cuando la necesitas? —Mi amigo, Reyes, se rio
entre dientes por detrás. Miré por encima del hombro para verlo acurrucado
en un rincón oscuro, con una manzana en la mano. Tomando un bocado,
señaló con la barbilla la escena que se mostraba ante él—. Fácil. Muy fácil.
Puse los ojos en blanco. —Vete a la mierda.
—Te vio venir desde una milla de distancia. “No, no quiero tu autógrafo,
sácame de aquí”. —Reyes se rio—. Ella es una chica inteligente. Me gusta.
Le lancé una sonrisa arrogante.
—¿Quizás se desmayó por mi culpa? ¿Alguna vez has pensado en eso? —Lo
desafié, sabiendo muy bien que ese no era el caso. Mi ego había recibido un
gran golpe y estaba agarrando cada pajilla del bar—. Probablemente nunca
haya visto tanto hombre. No sabía qué hacer con toda esta masculinidad.
Los ojos de Reyes volaron por encima de mi hombro, hacia el cuerpo sin vida
de la desconocida. Él sonrió con suficiencia.
—Oh, ella sabía exactamente qué hacer, créeme. —Imbécil. Hizo un gesto
hacia su cuerpo, que ahora estaba extendido como un contorno de tiza en la
escena de un crimen—. Será mejor que te aproveches de tu musa antes de
que Kline envíe a sus lacayos, disparando las pistolas tranquilizantes.
—¿Cómo puedes pensar en el arte en un momento como este?
—¿Cómo no pudiste? —Y cuando no salté para tomar mi bloc de dibujo,
sacudió la cabeza consternado, una sonrisa de complicidad se extendió por
sus labios. Se había caído al suelo de costado, con ambos brazos agarrándose
el pecho, una pierna extendida, como alguien que hubiera intentado correr.
Si hubiera sido cualquier otra persona, me habría dejado caer y habría
empezado a dibujar, dejando que los trazos me llevaran a un lugar que tuviera
sentido, pero no podía hacer eso con ella. Yo no quise. Por primera vez en
mucho tiempo quería sentir algo. Cualquier cosa. Quería incrustar este
recuerdo en mi cerebro para un día lluvioso, en caso de que en el futuro
tuviera un pelo salvaje en mi trasero y quisiera sentirlo de nuevo. Cuando
cerré el espacio entre nosotros, las voces en mi cabeza comenzaron sus
súplicas provocadoras, exigiendo que lo apagara, pero no pude. Me había ido
demasiado lejos. Arrodillándome a su lado, tomé nota mental de retener esto
en mi memoria; sus jeans, zapatos planos negros y blusa de botones a
cuadros. Incluso el cabello suelto que había quedado atrapado en la comisura
de sus labios llenos, memorizado. Con dedos nerviosos me acerqué para
quitar el mechón suelto, pero me contuve cuando Reyes advirtió desde atrás:
—Perderás puntos.
Miré a mí alrededor en la habitación vacía.
—¿Quién se lo va a decir? ¿Las mujeres en mis paredes? Ya están
muertas. —Todos tenían un amigo, el que no podía vivir solo para vivir, que
no podía correr riesgos sin evaluar todos los pequeños detalles. Ese fue
Reyes. Pero Laces, ¿y si te la follas y ella termina embarazada y da a luz a tu
primogénito en el manicomio? Había dicho esa misma frase en un bucle
constante cuando comencé a invitar mujeres a mi habitación por un poco de
diversión. Siempre estaba preocupado por las consecuencias y no podía ver
las oportunidades dignas cuando se presentaban.
Como ahora.
Tuve la oportunidad de acercarme a un novato desde fuera, y lo único que le
preocupaba a Reyes eran unos malditos puntos.
Una sonrisa depredadora apareció en mis labios.
No se nos permitió tocar a otros pacientes en el asilo. Estaba justo en la parte
superior de la lista de reglas que no debes hacer, junto con tratar de cortarte
la muñeca con un tenedor de plástico o llamar a tu amigo de afuera para
idear un plan de escape para sacar tu trasero. Nunca me importaron un
carajo las reglas o tratar de obedecerlas, así que empezar a importarme un
carajo ahora parecía inútil.
Volví a mirar a Reyes. Sus ojos curiosos se enfocaron en mí con una pizca de
confusión que no entendí en silencio. Momentos atrás me había estado
instando a dibujar, pero ahora estaba en silencio.
—¿No vas a intentar detenerme? —pregunté. De los tres -Reyes, Thorne y
yo-, Reyes era el más cercano a cuerdo, según nuestros gráficos. Él era el
paranoico. El serio. El que siempre trata de mantenernos fuera de problemas.
Él era la conciencia que nunca tuvimos, y en momentos como este dependía
de él para devolverme a mi humanidad. Pero no parecía tener prisa por hacer
eso.
Tomó otro bocado de su manzana y masticó, mirando en silencio mientras yo
cedía a mis impulsos y acariciaba un mechón de su suave y rizado cabello
castaño. Era estúpido, necesitar la supervisión de Reyes para lo que la
mayoría pensaba que era una tarea básica. Necesitaba la aprobación de
alguien, pero era una necesidad. Lo único que nunca había aprendido en la
vida era cómo detenerme, cómo tirar la toalla y rendirse, seguir adelante. Mi
cerebro no sabía cómo procesar el fin. No podía aceptar la derrota. Todo lo
que sabía era cómo seguir luchando, como lo había hecho con mi madre. Fue
un rasgo que apliqué en todos los aspectos de mi vida y este momento no fue
diferente. Esa era parte de la razón por la que estaba en Hawthorne para
empezar, obsesionado con estupideces. Y en ese momento estaba
obsesionado con la textura de la hebra rizada entre mis dedos.
—Déjalo ir. —Escuché a Reyes susurrar—. No pienses en lo que quieres,
piensa en lo que ella quiere. Está inconsciente, Laces.
—Todo irá bien. Puedo manejarlo. —Una mentira, una gran, pero de todos
modos valió la pena. Al menos para mí. Quería dejarla ir, de verdad. Sabía
que dejarla ir era lo correcto, lo humano. Las mujeres como ella y los hombres
como yo no iban juntos. Fui valiente, descuidado y, sobre todo, imprudente.
Y, sin embargo, cada vez que trataba de soltar un rizo, de liberar el dulce y
embriagador aroma que la eludía, algo me hacía retroceder. La hebra rizada,
la forma en que estaba firmemente enrollada alrededor de mis dedos, obligó
a que salieran a la luz otros impulsos.
Mis ojos se posaron en sus manos apretando su pecho, sus pálidos dedos
protegiéndose los pechos como si supieran que venía. Reyes tenía razón: chica
inteligente.
—Quiero ver sus palmas —dije, volviendo a mirar a Reyes. Sus ojos se habían
ensanchado, y juré que saldrían en cualquier momento, como una de esas
muñecas estresadas que tienen todos los psiquiatras—. Su cabello no es más
que una burla, ¿de acuerdo? Si voy a hacer esto, quiero comprometerme por
completo. —De nuevo, problemas obsesivos.
—Hablado como un verdadero psicópata. —Reyes reflexionó.
Le lancé una mirada de vete al infierno. De todos modos, mi trasero nunca
saldría de Hawthorne, así que bien podría hacer que valiera la pena. Era una
mentalidad terrible, una que el Dr. Young había pasado los últimos tres
meses acosándome en terapia, pero en ese momento no me importaba una
mierda. Como un hombre de las cavernas que acababa de descubrir su primer
coño, le abrí los brazos y lo asimilé todo: su piel blanca y lechosa y las venas
azuladas que suben por sus antebrazos. En algún lugar del camino a mi
habitación se cortó la muñeca y un charco de sangre comenzó a formarse en
la curva de su codo. Fue entonces, mientras trataba de buscar la fuente del
sangrado, que noté las iniciales de la marca JE en su muñeca.
—¿Cómo te marcaste a ti misma? —Le susurré. Había visto pasar muchos
cortes y quemaduras por el manicomio, pero nunca una marca. La marca era
para el ganado, una forma permanente de mostrar lo que era tuyo. Pasando
mi dedo sobre la roncha, mi corazón se aceleró un poco al pensar en esta
mujer menuda sentada en su habitación, con el calcetín metido en la boca, el
olor a carne quemada…
Como un hobbit leal, Reyes dijo:
—¿Qué estás esperando? Déjala ir.
—Ella se marcó a sí misma —murmuré.
Reyes dejó su manzana en el suelo y se puso de pie de un salto, y se dirigió
hacia mí en dos pasos rápidos.
—Ese es su problema.
Dos golpes rápidos llegaron a mi puerta, seguidos por la voz de la enfermera
Kline:
—¿Gambrielle? Sal, cariño.
¿Gambrielle?
Reyes maldijo.
Ignorando a la enfermera Kline, agarré apresuradamente la muñeca derecha
de Gambrielle y le di la vuelta, inspeccionándola como había hecho con la
izquierda. No había marcas, lo cual era extraño. Un brazo era hermoso, el
otro atormentado.
—¿Por qué se marcaría a sí misma con JE? No tiene sentido. —Negué con la
cabeza—. Los que se cortan son salvajes. No les importa un carajo.
—¡Deja de obsesionarte! —me siseó Reyes. Con una mano agarró un puñado
de la parte de atrás de mi sudadera con capucha y tiró de mí para ponerme
de pie. Mi cerebro seguía siendo una confusa maraña de pensamientos de las
emociones que pasaban por mi mente: la extraña, mi madre, la enfermera
Kline, la marca. Poniendo ambas manos sobre mis hombros, Reyes apretó
con fuerza—. Escúchame. La enfermera Kline está fuera de NUESTRA puerta.
Parpadeé dos veces.
—Bueno. —Pero la marca…
Reyes me dio unos golpecitos en un lado de la cabeza.
—Tienes una verdadera biblioteca de Revista Playboy tumbada alrededor de
tu habitación.
Mi corazón se detuvo en seco, mis ojos se abrieron.
—Oh, mierda.
—Oh, mierda, es correcto, amigo mío.
Mi miedo a la soledad superó mi necesidad de aferrarme a Gambrielle, sí, pero
me negué a irme con las manos vacías. Cuando Reyes comenzó a empujar las
revistas debajo de mi cama, serpenteé un par de tijeras que había escondido
dentro de mi colchón e hice un trabajo rápido para separar el cabello de
Gambrielle.
—¿Qué estás haciendo? —Reyes susurró con un siseo. Arrojó otra revista
debajo de la cama—. ¡El cuarto de aislamiento está esperando fuera de tu
puerta! ¡No tenemos tiempo para esta mierda! ¡Maldito culo loco!
Sí, sí lo estaba.
—¡Lo tengo bajo control! —Le respondí.
—¡Mierda! ¡Déjala ir!
—¡Voy a! Tan pronto como corte esto. —Lo juré—. Tienes que ver esto desde
mi punto de vista: ¿y si ella no me habla, hmm? ¿Qué haré
entonces? —Burlándome de mi amigo, me volví hacia Gambrielle y, como un
barbero enloquecido, usé mis dedos para tirar del mechón rizado en un
ángulo uniforme—. Esto me atará hasta que pueda decidir mi próximo
movimiento.
Las manos de Reyes volaron a su cabeza.
—Tranquilo, Sweeney Todd. ¿Te estás escuchando a ti mismo ahora mismo?
Con las tijeras listas, corté un mechón grueso y rizado de su cabello y
rápidamente lo metí en mi bolsillo.
Otro golpe llegó a la puerta, junto con un ultimátum final.
—¿Gambrielle? Si no sales, tendremos que enviar a seguridad. —No sentí el
menor remordimiento por cortarle el cabello a Gambrielle. De hecho, todo lo
que pude hacer fue sonreír. Sonrisa de mierda. Incluso después de que los
enfermeros atravesaron la puerta como el servicio secreto y me inmovilizaron
la cara contra el suelo, mis labios besaron el trasero de la superficie raspada,
todo lo que pude hacer fue sonreír.
Gambrielle
—¡Parece una muñeca!
—Pero una hermosa muñeca. —Mi madre señaló, alcanzando el gran lazo rojo
en la parte superior de mi tocador blanco. Lo había encontrado en una tienda
de segunda mano a principios del verano y lo estaba guardando para esta
ocasión especial. Mirando fijamente mi reflejo de cuatro pies, vi como mi madre
apartaba algunos mechones castaños de mi rostro de porcelana y sonreía ante
su obra—. Las primeras impresiones son importantes, Gambrielle. Es tu primer
día en una nueva escuela, necesitas verte bien.
Me crucé de brazos y resoplé.
—¡Quiero usar mi remera brillante!
Mi madre se había arreglado esa mañana. No sabía de dónde lo había sacado,
pero el vestido rojo que llevaba parecía costar un millón de dólares. Su cabello
castaño, una vez difuso, ahora era rizado y brillante; su rostro maquillado como
una de esas mujeres que siempre veíamos entrar en las tiendas de carteras
caras. Nunca pudimos permitirnos comprar nada de allí, pero eso nunca nos
impidió estar fuera de la ventana y señalar las diferentes carteras que
compraríamos cuando ganáramos la lotería. O en el caso de mi madre, ganó un
hombre rico.
Incluso cuando era una niña ingenua de diez años, seguía notando su deseo
por las cosas buenas de la vida. La forma en que recogió mi nueva mochila de
mi vieja y andrajosa cama, sus dedos recorrieron el logotipo de LV impreso en
el cuero blanco como si fuera una joya rara. Y supongo que para ella lo era.
—Ya te lo dije: no puedes ponerte la remera brillante. Esta escuela es diferente.
Tienen una política de uniformes. —Me estudió a través de sus largas
pestañas— Por eso pareces una muñeca.
La falda plisada azul marino me picaba y me colgaba justo por encima de las
rodillas. Mi madre dijo que complementaba el blazer azul marino y el polo
blanco que también me vi obligada a usar, pero no lo vi. Todo lo que vi fue una
de mis muñecas disfrazadas preparándose para interpretar un papel.
—Muy bien, pongámonos esto y, —los ojos de mi madre se iluminaron mientras
enganchaba las correas de mi mochila a través de mis brazos— es perfecto. Te
ves perfecta.
—No me siento perfecta —murmuré a mi reflejo.
Mi madre me quitó el polvo de los hombros.
—Bueno, tienes que empezar. Habrá muchos cambios positivos por aquí
durante las próximas semanas y necesito tu apoyo, ¿de acuerdo? —Asentí. Se
arrodilló a la altura de los ojos y empujó un rizo castaño rojizo detrás de mí
oreja—. No más ropa de segunda mano, ¿entiendes? No más baños fríos, ni
frijoles para la cena. —Su sonrisa era grande, pero triste mientras golpeaba mi
pequeña nariz—. Vas a tener la vida que nunca tuve.
Mis labios se arquearon.
—Ahora —mi madre se puso de pie y aplaudió dos veces, la pintura blanca
fresca en la punta de sus uñas brillando como un diamante nuevo— llevemos
a la princesa a su nuevo castillo, ¿de acuerdo?
—¡Sí! —Su entusiasmo fue contagioso.
La agarré de la mano y atravesamos nuestro pequeño apartamento de un
dormitorio.
—También tengo otra sorpresa para ti. —Mi madre dijo mientras abría la puerta
principal— Mamá tiene un nuevo amigo que ha sido lo suficientemente amable
como para llevarnos hoy. ¡Necesito que te portes bien!
Asentí.
Salimos al porche de madera y mis ojos volaron inmediatamente hacia la
camioneta roja brillante estacionada a unos metros de distancia. Dentro había
de un hombre mayor, tal vez en sus cuarenta y tantos, con el cabello
salpimentado y una sonrisa tensa, me saludó con la mano. No había felicidad
en sus ojos oscuros, ni bondad en la forma en que se presentó.
El hombre se llamaba Joe y, pronto supe, que nos daría todo lo que nuestro
corazón deseaba.
También mató nuestros corazones en el proceso.

El amoniaco, la ropa de cama limpia y el sonido de un envoltorio al abrirse


me sacó de cualquier estado comatoso en el que había estado. Desorientada,
todavía podía escuchar sus pies acolchados por toda la habitación,
instrumentos cayendo contra una bandeja de metal… ¿Dónde estoy? Y la
pregunta aún más urgente, ¿qué me estaban haciendo?
Alguien soltó una maldición en voz baja y un instrumento cayó sobre una
bandeja. Oh Dios. ¿Qué me hizo Hannibal Sketcher? Tragué saliva
lentamente, esperando que nadie me viera, fuera de la vista, fuera de la
mente, seguí repitiendo esa frase una y otra vez en un intento por mantener
la calma.
Todo lo que podía recordar era ver su rostro que se acercaba, los dibujos
demoníacos de mujeres, algunas vestidas, otras no, apéndices
ensangrentados en abundancia, extremidades apenas colgando. Solo pensar
en eso fue suficiente para enviarme a un ataque de pánico en toda regla. Nací
y crecí en un pequeño pueblo rural donde todo el mundo conocía a todo el
mundo, y la fábrica de chismes corría desenfrenada. La comidilla de la ciudad
generalmente giraba en torno a los embarazos de menores de edad o la última
prostituta en tomar la esquina de Broad Street. Eso fue lo más cercano a la
mierda que cualquiera de nosotros haya visto. Hasta que lo vi, es decir…
—¿Viste el caso? —preguntó una voz femenina.
Una voz profunda sonó segundos después:
—¿Estás bromeando? Todos en Estados Unidos vieron ese caso —Sentí un
fuerte tirón sobre mi ceja.
—¿Crees que estaba diciendo la verdad?
—¿Qué te parece? —La voz profunda preguntó sarcásticamente.
Él lo hizo. No importa lo que creyera cualquiera en este mundo abandonado
por Dios, él lo hizo. Sé que lo hizo. Y me había fijado como objetivo de toda la
vida demostrarlo, para que nadie más tuviera que soportar lo que hizo mi
familia.
Hubo un momento de silencio y luego la mujer murmuró:
—Creo que si estuviera diciendo la verdad no estaría aquí.
—Exactamente.
Unos minutos después escuché cerrarse una puerta y entrar un par de pasos
diferente. El sonido de una bata de laboratorio rozando el mostrador y una
carpeta al abrirse me obligó a abrir los ojos. La brillante luz del techo me cegó
por un segundo y entrecerré los ojos, vislumbrando a un anciano que
arrastraba un taburete hacia mi cama. ¡No, no, no, no! No perdió el tiempo
para ponerse cómodo, apoyando sus mocasines en la barandilla de la cama.
—Sé que estás despierta, Gambrielle. Las cámaras te capturaron moviéndote
mientras te suturaban —dijo con total naturalidad—. Tuviste una caída un
poco desagradable cuando te desmayaste, pero no importa. En una semana
estarás como nueva.
Entonces eso es lo que estaban haciendo… No queriendo sentirme como una
idiota más grande, abrí los ojos por completo y estudié al Dr.… ¿Qué dice su
etiqueta con su nombre? ¿Folton?
—Dr. Folton —respondió como si leyera mis pensamientos—. Puedes
llamarme Dr. Folton, Folton o Doc. No me importa. Con lo que te sientas
cómoda. —Echando un vistazo a la carpeta que ahora estaba extendida en mi
cama, dijo—. La corte ordenó que se sometiera a una evaluación psicológica.
Fallaste, obviamente… o de lo contrario no estarías aquí.
—Él lo hizo. —Solté, y el Dr. Folton no reconoció mi declaración mientras
continuaba hojeando página tras página, buscando algo de vital
importancia—. Oye, ¿me escuchaste? —pregunté después de que pasaron
diez segundos. Normalmente era una chica sureña de buen comportamiento,
mis modales impecables, pero después de todo lo que había sucedido en los
últimos seis meses, mi paciencia se había agotado un poco. La forma en que
el Dr. Folton me ignoró, prácticamente descartándome antes de que tuviera
la oportunidad de defenderme, no… Mi cuerpo se levantó de la cama como
un vampiro, mi mano derecha golpeó un papel específico que mantuvo su
interés— ¡Deja de leer esas mentiras y escúchame! Joe quiere deshacerse de
mí, ¿de acuerdo? ¡Yo sé la verdad! ¡Asesinó a mi hermana! —Hice un gesto
hacia los papeles desordenados—. Todo esto es, es un encubrimiento para
salvar su propio trasero.
El Dr. Folton ofreció una sonrisa tensa, sus pobladas cejas grises se elevaron.
—¿Está bien? —Y fue la forma en que lo dijo, como si yo fuera una niña
mentirosa que provocó una furia en lo profundo de mis huesos—. ¿Y quién
es Joe? ¿Está aquí?
—¿Qué?
—¿Joe es un amigo imaginario? —continuó, sacando un bolígrafo de tinta del
bolsillo del pecho de su bata blanca de laboratorio. Todo el humor se había
ido, sus ojos grises se habían vuelto serios—. ¿Hablas con él todos los días, o
solo vuelve cuando tu ansiedad alcanza su punto máximo?
Parpadeé.
—Joe es mi padrastro…
—El hombre al que acusaste de asesinar a tu hermana,
¿correcto? —Continuó, sin atreverse a mirar hacia arriba—. ¿Sabes que no
es agradable mentir, Gambrielle?
—No estoy mintiendo.
—El estado de Carolina del Norte no está de acuerdo.
Sus palabras, tan desprovistas de emociones, fueron como un cuchillo en mi
pecho. Quería llorar, parecía una respuesta razonable por la que nadie me
habría avergonzado, pero no lo hice. Porque tuve la sensación de que eso era
lo que él quería, verme débil y usarlo como fuerza motriz para confirmar lo
que el juez Wexler ya creía. No. No le estaba dando la satisfacción.
Cerrando mi expediente con un chasquido, el Dr. Folton descruzó las piernas
y se puso de pie.
—En los cuarenta y ocho años que llevo ejerciendo la medicina, he tratado
con muchos de tu especie, niña. Eres egoísta, tienes derecho. Puedes intentar
convencerme de tu inocencia, pero creo que ambos sabemos que tus palabras
caerán en oídos sordos por aquí. —Una sonrisa victoriosa se deslizó por sus
labios—. Aquí en Hawthorne, le brindaremos las herramientas para ayudarlo
a navegar a través de la vida. Nuestro objetivo principal es lograr que estés lo
suficientemente estable mentalmente como para volver a entrar en la
sociedad —Su labio se curvó—. Sin embargo, no puedo hacer ninguna
promesa.
—No necesito ninguna ayuda. —Cada sílaba goteaba ácido. No sabía nada del
Dr. Folton, excepto que era médico y, si su comportamiento era un indicio,
un idiota. Era como los demás: el juez Wexler, mi abogado e incluso mi propia
madre. Todos pensaron que me había perdido, por así decirlo, y sentían que
era la única manera de hacer que volviera en si era tenerme internada. Todo
porque dije la verdad sobre la persona equivocada: Joe.
—La mayoría de las personas con enfermedades mentales no saben que lo
son —dijo el Dr. Folton mientras salía por la puerta—. A veces se necesita
más que un diagnóstico para que los pacientes vean el panorama
general. —Ahora en el pasillo, miró por encima del hombro—. ¿Tiene alguna
pregunta para mí antes de que la enfermera la acompañe a su habitación?
Mis emociones estaban por todos lados. Una parte de mí estaba encantada
de haberme alejado de Joe, y una parte de mí estaba enojada porque se había
escapado de la justicia. Probablemente estaba en nuestra finca de seis
habitaciones, reclinado en su mullido sillón reclinable, bebiendo una cerveza
mientras celebraba su victoria y contaba sus millones. Y yo estaría aquí. Todo
porque dije la verdad.
¿Y dónde estaba Elizabeth?
Dos metros bajo tierra...
Porque había intentado decir la verdad.
Cuando no hablé, el Dr. Folton se alejó y la enfermera Kline entró segundos
después, con un par de batas marrones bajo el brazo. La última vez que la vi,
su cabello rubio platino había sido recogido en un apretado moño en la parte
superior de su cabeza, mostrando la encantadora estructura ósea de su rostro
en forma de corazón. Pero desde entonces había soltado el moño y sus rizos
platino estaban extendidos sobre sus pequeños hombros. No parecía tener
más de treinta años y era hermosa, recordándome a la pianista, Charlene, en
el club de campo al que mi madre siempre me arrastraba todos los domingos
después de la iglesia.
—Tú no vas a huir de nuevo, ¿verdad? —preguntó, entrecerrando los
ojos—. Te di un poco de holgura anoche porque aún no estabas
completamente en el sistema, pero si te escapas de nuevo, me veré obligada
a sedarte y ponerte en aislamiento.
¿Sedarme… por huir? Mis ojos se abrieron un poco al pensar en una aguja
gigante atravesando los músculos de mi trasero. Tomando la bata marrón de
la enfermera Kline, negué con la cabeza y murmuré un patético
—No.
—Es lo que pensaba.
Diez minutos más tarde me encontré detrás de la enfermera Kline, vestida
con la horrible bata que se consideraba obligatoria para separarnos del
personal médico. Joe le había inculcado a mi madre desde el principio que
las mujeres sofisticadas usaban faldas y vestidos, y que mi madre, siendo la
mujer débil que era, se había conformado con sus demandas, asegurándose
de que yo había seguido esa regla durante los últimos ocho años. Por eso no
estaba preparada para que la tela subiera por mi entrepierna cuando hice el
temido paseo de la vergüenza por el pasillo principal de Hawthorne.
—Sigue, Evans. —La enfermera Kline lo regañó en voz baja.
Observé la escena para asegurarme de que la costa estuviera despejada y tiré
de la tela que abrazaba mi entrepierna.
—No estoy acostumbrada a estos pantalones —dije.
—¿Padres religiosos?
Tiré de la tela de nuevo:
—Algo así.
El rostro de la enfermera Kline se arrugó, pero no insistió más en el tema,
y de inmediato me sentí como una idiota por mencionarlo en primer lugar.
Estúpida, estúpida, estúpida.
En mi muñeca derecha había un brazalete de identificación médica con mi
nombre, fecha de nacimiento, medicamentos actuales (ninguno) y el número
de mi habitación. Ver mi información debajo de HAWTHORNE ASYLUM fue
la guinda de unas veinticuatro horas que ya eran horribles.
—Hay tres pisos en Hawthorne: Piso A, Piso B y Piso C. El Piso A es para
pacientes con diagnóstico leve. El piso B es para pacientes con síntomas de
moderados a severos —la enfermera Kline hizo una pausa y miró por encima
de su hombro hacia mí—, y el piso C está reservado para pacientes graves
que posiblemente podrían ser un peligro para los demás o para ellos mismos.
Estarás en el piso B.
Que adorable….
Como ayer, todo era blanco: los pisos, las paredes, los puestos de enfermería,
las batas de enfermería. La única excepción fue un guardia de seguridad
aficionado, que vestía su típico atuendo de policía azul. En el centro de la
puerta de cada paciente había números de habitación. Mi corazón comenzó a
latir con fuerza cuando nos acercábamos a la habitación N.º 19; la habitación
en la que me había refugiado anoche. Durante los últimos veinte minutos del
“recorrido por los pacientes” de la enfermera Kline, me había aferrado a la
esperanza de que Hannibal Sketcher y yo estaríamos en pisos diferentes. Ese
barco había zarpado, aparentemente.
Aparte de su extraña fascinación por los bocetos morbosos, no tenía ninguna
razón para despreciar al paciente N.º 19. Pero durante mis tres o cuatro
minutos atrapada en su habitación, había mostrado debilidad, miedo. Podría
haber mantenido la calma y abrir la puerta, liberarme, pero no lo hice. Había
elegido dejar que el miedo me consumiera, tal como lo había hecho cuando
mi padrastro, Joe, estalló en uno de sus alborotos. Lo triste de todo fue que
el paciente N.º 19 no me había estado gritando ni arrojándome cosas; todo lo
que había estado haciendo era caminar hacia mí; un acto simple que hizo
sonar las alarmas en mi cabeza.
Esto realmente no podría ser peor…
¿O podría?
Al detenerse en la estación de enfermeras, la enfermera Kline lanzó un brazo
hacia la derecha:
—El lado derecho del pasillo es para pacientes masculinos —su brazo
izquierdo se movió hacia la izquierda— el lado izquierdo es para nuestras
pacientes femeninas. Todas las puertas de los pacientes deben estar abiertas
durante el día en todo momento. No se le permite entrar a las habitaciones
de otros pacientes sin su permiso. —La enfermera Kline destacó la última
parte—. Si te dan permiso para hacerlo, no debes tocar nada dentro de su
habitación a menos que te digan que está bien. El espacio personal es muy
importante por aquí, como pronto lo descubrirás.
Bueno. Eso parecía justo. Me gustó mi espacio personal tanto como la
próxima persona. Mi mirada se dirigió al enorme pizarrón de borrado en seco
clavado en la pared detrás de ella. Había veinticuatro números en orden
numérico, con fechas y estrellas amarillas en cajas cuadradas. Contuve un
bufido.
—¿Para qué es eso? —Tenía una idea, pero necesitaba la confirmación de que
estaba a punto de ser tratada y recompensada como a un niño de cinco años.
La enfermera Kline miró por encima del hombro.
—¿Oh eso? Esa es la placa de HP —Ella me miró—. Todos los días, si te
comportas y participas, recibirás una estrella.
—Al igual que el jardín de infantes… —reflexioné.
—Algo. Pero los niños de kindergarten no pueden irse a casa después de un
mes de estrellas seguidas —asintió con la cabeza en dirección al tablero de
HP— sí lo hacen.
¿Hogar? Estuve a punto de bostezar, pero de repente me intrigaron las
estrellas amarillas infantiles. Al ver la esperanza entrar en mis ojos, la
enfermera Kline dejó escapar un profundo suspiro.
—Solo se le permitiría salir durante el fin de semana —ella respondió—. Se le
asignará un pase de dos días para pasar con su familia.
Familia… ¿Pasar un fin de semana con la misma familia que me puso aquí
en primer lugar? ¿Pasar el fin de semana con Joe? Esas estrellas
representaban la libertad, pero ¿a qué precio? ¿Mi sanidad? Por eso estaba
aquí en primer lugar, porque todos pensaban que había perdido la cabeza…
¿Y la recompensa por recuperar mi mente sería perderla de nuevo? Parecía
un poco desordenado desde donde estaba parada.
Lo único bueno que saldría de eso sería investigar, algo que había querido
hacer durante seis meses, pero no había tenido la oportunidad. Después del
asesinato, Joe había puesto un pestillo en la puerta del dormitorio de
Elizabeth, impidiendo que todos, incluso mi madre, entraran. Afirmó que era
para facilitar la transición, pero yo sabía mejor. Había algo en la antigua
habitación de Elizabeth que no quería que nadie viera, o encontrara.
Simplemente no sabía qué.
La enfermera Kline señaló al paciente n.° 18 en el tablero de HP. —Ese eres
tú, Evans. N.°8. Puedes empezar a coleccionar estrellas mañana.
Tengo que entrar en esa habitación. Cerré los puños y asentí, mis ojos cayeron
al suelo debajo de mí. Todo lo que necesitaba era un pase, una oportunidad
para rebuscar en las cosas de Elizabeth en busca de algo que la policía
pudiera haber pasado por alto.
Y lo iba a conseguir.
Oh si…
Y luego Joe obtendría el suyo.
—Bien. —La enfermera Kline aplaudió una vez, sacándome de mis
pensamientos—. Te llevaré a tu habitación y podrás instalarte. Estoy segura
de que quieres descansar un poco antes de tu primer día de mañana.
Mi habitación estaba al final del pasillo de la izquierda, directamente frente a
la de Hannibal Sketcher. Por supuesto… Los destinos no estaban satisfechos
con mi humillación pública del día anterior, por lo que habían hecho su
misión recordarme dicha humillación todos los días.
Poniendo los ojos en blanco, arrastré los pies detrás de la enfermera Kline,
negando con la cabeza ante la ironía de todo. Podría haber sido el número 13
o el número 2, pero no…
Mi habitación era pequeña, de unos dos metros y medio por tres, con paredes
blancas y una cama individual. Había algunos estantes clavados en la pared
más cercana a la puerta para poner mis cosas. Lo que sea que me permitieran
guardar.
—Antes de que me olvide —la enfermera Kline palmeó su blusa médica y sacó
una nota doblada—. Aquí está tu horario diario. Parte de su terapia requiere
una rutina. Si tiene alguna pregunta, pase por la estación de enfermeras.
Asentí.
—Bien.
Según las reglas, la puerta de mi habitación seguía abierta mucho después
de que la enfermera Kline se hubiera marchado. Pasé la mayor parte de mi
primera noche yendo y viniendo, acostumbrándome a mi nuevo entorno. El
verdadero alcance del castigo del juez Wexler no llegó hasta que apagaron las
luces por el intercomunicador y segundos después mi puerta se cerró de
golpe. Ansiosa, me arrastré a la cama y cerré los ojos brevemente e intenté
relajarme, pero la sensación fue fugaz cuando mi dedo rozó un pedazo de
papel debajo de mi almohada.
Muy bien… Recuerda estar tranquila, Evans. Si. Relájate.
Por lo que sabes, podría ser basura.
Correcto.
Quizás el conserje se había olvidado de tirarlo después de que dieron de alta
al último paciente. Sacando el trozo de papel de mi almohada, me acerqué a
la puerta y me agaché. Hubo una pequeña rendija de luz, no mucha, pero lo
suficiente para ver lo que había en ella.
Mierda.
No era basura.
Pero seguro que se sentía así.
Lo que originalmente pensé que era papel resultó ser un grueso trozo de
pergamino. Papel de dibujo.
Todo el viento se fue de mí.
Los trazos fueron tan precisos y dibujados con un propósito. Una chica, que
se parecía mucho a mí, estaba tendida frente a una puerta, con una espada
clavada en su pecho. Mis manos empezaron a temblar.
Su boca estaba apenas abierta, la sangre se derramaba por las comisuras y
bajaba por su cuello. Estaba vestida, gracias a Dios, pero eso no me hizo
sentir mejor. Sus manos extendidas se estaban acercando a alguien, algo,
que obviamente no la había ayudado. Se me formó un nudo en la garganta e
intenté tragarlo, pero no pude. Me sentí fría y entumecida, desnuda para que
todo el mundo lo viera…
… Y, sobre todo, me sentí débil.
«Relato de la serie Boys Of Hawthorne Asylum #1 Laces, Tempi Lark»
Hasta el momento solo hay 1 libro publicado y no está en español.
FMK
Dahlia Darlington es una asquerosa mentirosa, y yo voy a exponerla.
Todo el mundo piensa que ella es Perfecta.
Pura e intacta.
Pero yo sé la verdad.
La escucho a altas horas de la noche en su habitación gimiendo mi nombre.
Ella dice que no me quiere. Que ella me odia. Mi querida muñeca tiene
secretos, y la forzaré a confesar hasta el último.
Este Halloween estamos jugando a un juego antiguo con nuevas reglas.
Follar. Casar. Matar.
La elegí para jugar los tres.
Solamente uno de nosotros saldrá ileso, y yo soy el rey por aquí. Dahlia se
inclinará para mí y Besara mi corona si es lo último que hace.
Kyson
—¿Follar, casar o matar? —Gauge sujeta su palma a mi hombro y me da una
sacudida, asintiendo con la cabeza hacia Taylor. Se quita el cabello castaño
del hombro y se ríe cuando nos sorprende mirándonos.
—Matar. —Tomo otro sorbo de mi petaca, vuelvo a poner la tapa y me la meto
en el bolsillo de la chaqueta. La perra es demasiado molesta para mi gusto.
Escaneo la cafetería para ver mis opciones desde que dejé a Britney. Estoy
harto de esta ciudad. Siempre es la misma mierda un día diferente.
—Te escucho. Ella es una perra engreída.
—Me la follaría —dice Remy encogiéndose de hombros.
—Meterías tu polla en cualquier cosa, incluida la abuela de Gauge.
—Come mierda —gruñe Gauge, y todos nos reímos.
—No puedo esperar a la universidad. Será una mezcla heterogénea de coños.
—Hay más en la vida además de echar un polvo —murmuro. Eso es todo lo
que hemos hecho durante toda la escuela secundaria: festejar y echar un
polvo. No es que no haya sido divertido, pero tiene que haber algo más además
de perseguir traseros todo el maldito tiempo. Se vuelve viejo.
—Eso es porque ya te has follado cualquier culo por aquí que valga la pena
tocar. Puede que sea el momento de cambiar de equipo al ritmo al que estás
yendo. —Remy se ríe mientras le muestro el dedo medio.
—Tu hermana pequeña se está llenando muy bien. —sonrío. Todavía me las
debe. Se follo a Britney. Claro, lo desafié a que lo hiciera, pero no pensé que
ninguno de los dos lo haría realmente.
—Eso no está bien, hermano. Retira esa mierda.
—Ella es una estudiante de primer año este año, ¿verdad? —Empiezo a
moverme de mi asiento cuando me empuja hacia abajo.
—No hables así de Penelope.
—Está bien. Está bien. Relájate. No me la follaré… todavía.
Gauge ruge de risa y Remy me da un puñetazo en el hombro tan fuerte como
puede, pero finjo que no me dolió. Las puertas de la cafetería se abren y mi
frecuencia cardíaca se acelera. La chica más hermosa que he visto en mi vida
está frente a mí.
—Está bien. ¿Qué hay de ella? —Remy se olvida por completo de lo que dije
sobre follar a su hermana. Como Gauge y yo, está atrapado en la hermosa
criatura que acaba de entrar en nuestro reino.
—Mi próxima conquista —le digo.
—Es temporada abierta —Remy me recuerda que también otra novedad es
que los tres estamos solteros. Hicimos un pacto de que dejaríamos a nuestras
amigas pegajosas. Sin ataduras. Último año. La manada de lobos está al
acecho. Y así se olvidan todos los pensamientos que tenía sobre haber
terminado de perseguir traseros.
Esta chica es toda mía.
—¿Follar, casarse o matar? —Gauge comienza.
—Los tres —murmuro.
Mis mejores amigos me miran. Desde que comenzamos este estúpido juego,
nunca he respondido con más de una opción para nadie.
—De ninguna manera. No te acercaras a sus bragas. Mírala. Ella es una de
esas chicas buenas que conoces.
Oh. Veo bien. Sí, tiene esa vibra de chica dulce y buena. Suéter rosa bebé
combinado con una falda a cuadros a juego. Jugueteando con el collar de
perlas alrededor de su delgado cuello. Cabello rubio pálido peinado para
abrazar los hombros en elegantes ondas. Piel inmaculada y labios rosados.
Sin maquillaje más que brillo de labios. Una belleza natural. Curvas en los
lugares correctos. Calcetines hasta la rodilla que me gustaría quitarle. Mi
mirada golpea sus zapatos. Converse negro.
Imagen perfecta. Una chica totalmente estadounidense. Apuesto a que hace
todo lo que le dicen.
—Mírame.
—No tienes ninguna oportunidad.
—¿Quieres apostar? —pregunta Remy.
Miro al otro lado de la cafetería donde ella está de pie, luciendo como un
pájaro incapaz de volar que no está listo para dejar la seguridad del nido.
Pura y tentadora. El tipo de chica que con mucho gusto quemaré en el infierno
por arruinarla.
—Nombra tus términos.
—Quinientos dólares dirán que ninguna de sus pollas mojadas se meterán
entre sus piernas para Halloween. Prueba de video o no cuenta —dice Gauge.
—Estoy dentro. —Miro a Remy y antes de que termine de aceptar, me levanto
de la silla y me paro frente a mi objetivo.
—Hola.
Sus bonitos ojos azul grisáceo se nublan.
—Oye.
—¿Quieres sentarte conmigo?
—¿Sentarme contigo?
—¿Por qué no? —Le paso un brazo por encima del hombro. Sus ojos se
oscurecen, esos dientes blancos nacarados se hunden en su labio inferior
regordete—. Quédate conmigo. Yo soy el rey por aquí y si juegas bien tus
cartas, lil ‘bird1*. Tal vez te convierta en reina.

1 Pequeño pájaro
—Oferta tentadora. —Ella sonríe y la guío hacia nuestra mesa. Britney me
dispara dagas, pero la ignoro. Ella es la noticia de ayer. Tengo un juguete
nuevo.
—¿Necesitas un lugar para sentarte? Puedes empezar con mi cara —le dice
Remy.
Sus mejillas se llenan de color.
—Bruto.
—No te preocupes Remy, aún no lo han domesticado. —Le muestro mi sonrisa
con hoyuelos.
—No lo haré.
—Soy Gauge y ese payaso es Remy. Somos los Wolfpack2.
—¿Los Wolfpack? —La comisura de su boca se contrae—. ¿Eres como una
pandilla o algo así?
—Manejamos las cosas por aquí. Si quieres encajar, ser invitada a las
fiestas… tú te mantendrás en nuestro lado bueno.
—¿Se supone que eso es una amenaza?
—Sólo una advertencia. Tenemos una cierta forma de hacer las cosas por
aquí.
—Estoy segura que sí.
—Oye, decidiste quedarte. Vamos, te guardé un asiento. —Lauren, una de las
nerds más grandes del planeta interrumpe, entrelazando los brazos.
Remy se inclina hacia adelante y pellizca a la nueva chica en el trasero. Su
cuerpo se retuerce. Zas. Su mano azota su mejilla.
Oh, mierda.
La cafetería se queda en silencio. Las lágrimas no derramadas amenazan con
caer mientras nos mira con el ceño fruncido a los tres.

2 Manada de lobos.
—Mi oficina. Ahora —resuena el subdirector Kipling.
—Te alcanzaré más tarde, Lo.
—¿Estás segura de que no quieres que vaya contigo? —Su cabeza se mueve
con un ligero movimiento que indica que no.

—Señorita Darlington, entre. —llama Kipling. Miro en su dirección notando


que su rostro se ponía rojo. Su mirada se encuentra con la mía y le disparo
un guiño que me hace ganar una sonrisa que pasa desapercibida para los
demás. Nuestro primer secreto. Hay algo familiar en su sonrisa y detrás de la
sombra de sus ojos. Me siento como si fuéramos viejos amigos. Ella no está
diciendo una mierda. No si sabe lo que le conviene.
—Así se hace, perdedores. —Gauge niega con la cabeza mientras esperamos
fuera de la puerta de Kipling.
—Cállate —advierte Remy.
—Solo tenías que agarrarle el culo, ¿no?
Se encoge de hombros.
—Buena manera de probar lo fácil que será romperla.
No se equivoca, pero si mi madre recibe una llamada sobre esto, me llevara
al infierno.
—Ella se quedará callada.
—De ninguna manera —argumenta Gauge—. La perra es una rata.
—Ustedes tres. —Kipling extiende su brazo y nos hace señas para que
entremos en su oficina.
Sus huellas digitales todavía marcan la mejilla de Remy y una parte de mí
está celoso por el hecho de que ella lo tocó. Me cabrea, pero mis pensamientos
se dirigen a nuestra sonrisa secreta. Le quitaré las bragas antes del sábado.
Se sienta en una silla a un lado, formal y adecuada, con las piernas cruzadas
a la altura de los tobillos. Lo único que la delata son las lágrimas que
manchan sus mejillas. Ella nos delató.
—No tolero el acoso sexual en esta escuela. Una falta más y ninguno de
ustedes caminará en la graduación. Si lo arruinas una fracción de pulgada,
te prohibiré el baile de graduación, el viaje de último año. La escuela militar
no está descartada. ¿Debo continuar o se lo he dicho lo suficientemente claro
para ti?
—No, señor —responde Gauge.
—Detención después de la escuela. Todos ustedes. Tú también. —Su mirada
se desplaza hacia la nueva chica.
Su labio inferior tiembla. Apuesto a que nunca ha estado en problemas ni un
día en su vida.
—Si bien el Sr. Young pudo haber merecido esa bofetada, no puedo tolerar la
violencia ni recompensarla.
—Remy. Gauge. Ambos son libres de irse.
Excelente. Supongo que no hemos terminado.
Mis amigos se ríen entre dientes mientras me dejan para enfrentar a mi
padrastro por mi cuenta. Pendejos. ¿No mencioné que el Sr. Kipling está
casado con mi madre?
La puerta se cierra y me mira con los ojos entrecerrados.
—¿Recordarás que te dije que mi sobrina vendría a vivir con nosotros?
—¿Qué pasa con eso? —En el segundo en que las palabras abandonan mi
boca su registro. Su sobrina. Miro a la chica nueva. No me esperaba eso.
—Kyson. ¿Te acuerdas de Dahlia? —La Dahlia que recuerdo no se veía así.
Era bajita, regordeta, tenía acné, tirantes y cabello fibroso. No hay forma de
que la hermosa chica que se sonroja bajo mi mirada sea a la que le mugí
cuando teníamos diez años. De ninguna maldita manera es ella la chica que
fue mi primer beso—. Tengo un equipo de debate que se reunirá como
anfitrión y llamaron a tu madre al hospital, así que necesitaré que lleves a
Dahlia a casa, y no quiero que tus amigos perdedores estén en el auto con
ella. Han hecho suficiente daño por el día.
—Sí señor.
—¿Supongo que no tendré más problemas en lo que respecta a Dahlia?
—No señor.
—Bien. Los veré a los dos esta noche para cenar. Y, Kyson sea un buen
anfitrion y muéstrele a Dahlia la ciudad y la casa. Han pasado algunos años
desde que ella nos visitó.
—Usted puede contar conmigo.
Le mostraré todo bien.
Dahlia
Es incluso es peor de lo que imaginaba. Kyson Allen es incluso más lindo de
lo que recordaba. El hijastro de mi tío. El niño que me torturó durante un
verano completo cuando tenía diez años y algunos antes.
Cabello oscuro que se ve perfectamente desordenado sobresaliendo en
cincuenta direcciones diferentes. Leve rastrojo tapizando sus mandíbulas.
Solo el cabello suficiente para que sepas que creará algo de fricción. Ojos
azules profundos en los que podría ahogarme. Una sonrisa que haría que las
chicas más débiles se derritieran en la palma de su mano. Por suerte para
mí, no he olvidado lo malvado que es.
Me dije a mí misma que las cosas serían diferentes. Que tal vez sería gordo y
feo para poder reírme de él como lo hizo una vez conmigo, pero eso es difícil
de hacer cuando el tipo parece que probablemente tiene miles de seguidores
en Instagram. Lo busqué cuando tenía trece años, una vez que comencé a
perder el peso de bebé, me deshice de los aparatos ortopédicos y me crecieron
los senos.
Nunca encontré su perfil, pero ya no importa. Estoy sentada frente a la
versión viva y respirando. Un verdadero Adonis adolescente. Probablemente
sea un cliché. Apuesto a que es el capitán del equipo de fútbol y sale con la
animadora principal. Parece el tipo. Él y sus amigos idiotas que están
sentados a dos filas de mí detenidos.
Mi primer día en mi nueva escuela y ya estoy en problemas. No fue culpa mía
y no puedo creer que el tío John me esté castigando.
Supongo que las cosas podrían ser peores. Puede que esté atrapada aquí con
estos idiotas, pero es mejor que la alternativa. No hay forma de que vaya a
vivir con mi madre biológica o mi ex-madrastra monstruo-paso. La donante
de óvulos, como me refiero a mi madre, nos abandonó a mi padre ya mí
cuando tenía siete años. Dudo que siquiera piense en mí. Mi padre se divorció
de mi madrastra hace dos años cuando descubrió que ella lo había estado
engañando la última vez que lo desplegaron. Ella vino al funeral, pero en
realidad no hablamos más que cuando ella me dijo que lamentaba mi pérdida.
La muerte de mi padre fue repentina e inesperada. Un accidente de tala en el
trabajo. Siempre supe que su trabajo era peligroso y él conocía el riesgo que
conllevaba su considerable sueldo. Mi casa ha estado cerrada hasta que tenga
la edad suficiente para ocuparme de ella o decida venderla. Mi padre tenía
una gran póliza de seguro de vida, pero preferiría tenerlo a él. Todo el dinero
del mundo no puede reemplazar a ese hombre.
Todavía no puedo creer que se haya ido.
Mi vida cambió en cuestión de segundos. Un árbol me quitó todo lo que
conocí. Miro el reloj deseando que las manecillas se muevan más rápido de lo
que están. Cada segundo que pasa parece una hora.
Kyson y su manada de lobos siguen sonriéndome. La forma en que me miran
como si fuera carne fresca me hace dar vueltas en el estómago. Estos tipos
no me parecen del tipo que acepta un no por respuesta. Sé que necesito tener
esto bajo control. No quiero problemas con ellos.
Solía pasar parte de mis veranos con Kyson. Siempre estuve enamorada de él
a pesar de que me trataba como una mierda. Pero mira al chico. Es un regalo
de Dios para las adolescentes de todo el mundo.
Miro al maestro que parece más viejo que la suciedad. Cabeza abajo en su
escritorio, no nos está prestando ni un poco de atención. A decir verdad, estoy
segura de que el viejo cuervo está dormido.
Me doy la vuelta en mi asiento para mirar a Kyson. Voy a tener que llevarme
bien con el chico ya que vivo en su casa y asistimos a la misma escuela.
—Oye, no te delaté con el tío John. Abrió la cámara de seguridad.
—Lo que sea. —Kyson me pone los ojos en blanco.
El tipo que me pellizcó en el trasero resopla.
—Nena, puedes golpearme en cualquier momento.
Suena la campana antes de que pueda formar una respuesta. Remy me lanza
un beso y sale disparado por la puerta seguido de Gauge. Puaj.
—Entonces, ¿dónde has estacionado? —Me vuelvo hacia Kyson, pero se ha
ido. ¿¡Seriamente!? Este chico tiene algo de descaro. Agarro mis cosas y
camino penosamente por el pasillo y a través de las puertas de entrada.
Remy y Gauge se suben a una gran camioneta roja. Escaneo el
estacionamiento y mi mirada aterriza en mi objetivo apoyado contra la puerta
del lado del conductor de un auto deportivo negro.
Por supuesto que conduce un auto caliente. Siempre lo ha tenido todo.
Levanta la barbilla y se sube. Cuando me dirijo hacia él, enciende el motor y
baja la ventanilla.
—Perdón. No hay tiempo para llevarte. Tengo planes.
—Oh vamos. —Levanto el brazo y golpeo con el pie mientras él enciende la
radio y hace chirriar las llantas, luego salgo del estacionamiento—. Estúpido.
—suspiro.
Espero recordar mi camino a la casa del tío John. Empiezo a bajar por la
acera cuando un auto azul se detiene a mi lado. Miro y veo a Lauren, la chica
que conocí en la oficina del consejero vocacional hoy.
—¿Necesitas un aventón?
—Sí, por favor. —Me lanzo al lado del pasajero y entro—. Muchas gracias.
—Seguro. No hay problema. ¿Dónde vives?
—¿Sabe dónde vive el Sr. Kipling?
Ella frunce la nariz.
—Sí.
—Ahí es donde vivo.
—¿Eres su hija?
—Sobrina.
—Entonces … ¿Kyson es?
—No es pariente mío —termino por ella.
—No te envidio. Ese tipo es…
—Un idiota.
—Iba a decir caliente. Como si tuvieras que vivir con él, y sus amigos siempre
están con él. Me voy a quedar a cenar —Ella sonríe y gira a la izquierda. Mi
tío vive en uno de los vecindarios más agradables en un edificio de dos pisos
con revestimiento blanco con una hermosa vista de la costa. Lauren se
estaciona al costado de la calle y apaga su auto.
—Gracias por el aventón.
—En cualquier momento.
Empiezo a salir del auto cuando Kyson pasa volando a mi lado sin apenas
perder la puerta.
—Idiota —siseo.
—¿Quieres que me quede? Quiero decir que no me importa —Veo un destello
de sus dientes. Parece dulce, pero no necesito que alguien intente hacerse
amiga mía para acercarse a los wolfpack.
—En otro momento. De hecho, aún no he visto mi habitación. Mi tía me
recogió en el aeropuerto y me dejó en la escuela cuando la llamaron al trabajo.
—Es genial. Intercambiemos números.
—Si seguro. —Saco mi teléfono de mi mochila, se lo doy a Lauren y ella me
da el suyo. Intercambiamos números e intercambiamos teléfonos.
—¿Necesitas que te lleve mañana? No me importa.
—Suena bien. Gracias. Pronto debería tener mis propias ruedas. Se supone
que el tío John me llevará de compras este fin de semana.
—Bonito.
Le saludo con la mano y cierro la puerta.
El auto de Kyson está en el camino de entrada y detrás de él están Remy y
Gauge.
Puaj. Solo quiero encontrar mi habitación y tomar una siesta.
—¿Qué estás haciendo aquí? —Las cejas de Gauge se disparan cuando sale
de la bestia de una camioneta. No es tan lindo como Kyson o Remy, pero eso
es solo porque tengo algo por los chicos con cabello oscuro. Sin embargo,
tiene ese encanto de chico a su favor.
—Yo vivo aquí.
Remy empieza a reírse.
—Ella es graciosa. Me encanta esta chica. Pero no, de verdad… ¿quieres
acecharme ahora? —Pasa una mano por su cabello oscuro hasta la barbilla.
—Sigue soñando. —Paso junto a ellos tomando el camino de dos piedras a la
vez.
—Amigo, no creo que esté bromeando —escucho la voz de Gauge cada vez
más cerca detrás de mí.
Mi pulso se acelera porque me doy cuenta de que estoy sola no solo con Kyson
sino con Remy y Gauge. Entro a la casa y trato de cerrar la puerta y trabarla
antes de que entren, pero la puerta se engancha en el gigantesco pie de Remy.
—¿Qué tenemos aquí? —Kyson está apoyado contra la entrada que va desde
el vestíbulo a la cocina por las escaleras.
Han pasado años desde la última vez que estuve aquí, pero todavía recuerdo
que el dormitorio de invitados en el que me quedé cuando era niña está arriba
y tres puertas a la izquierda. Ojalá sea ahí donde Regina, la esposa de mi tío
John, quiere ponerme porque no me detengo a responder a Kyson. Mis pies
golpean las escaleras y corro mientras su risa resuena detrás de mí.
Cuento las puertas al pasar junto a ellas y giro el pomo de la tercera.
Corriendo hacia adentro, cerrándola rápidamente detrás de mí, no puedo
recuperar el aliento. Mi corazón está en mi garganta mientras me encorvo
contra la parte trasera de la puerta y me deslizo hasta el suelo. Dejo escapar
un suspiro de alivio cuando abro los ojos y veo mis cajas apiladas en la
esquina junto a mi equipaje.
Probablemente debería desempacar y buscar algo para comer, pero no hay
forma de que vuelva abajo mientras están aquí. No puedo creer que Kyson
esperara que caminara como cinco millas. Mi teléfono suena con un mensaje
de texto.
Lo: Acabo de llegar a casa. Todavía no puedo creer que vivas con Kyson Allen.
Dalia: No entiendo cuál es el problema, es un idiota total.
Lo: Solo el culo más popular y fino de todo Sweetwater.
Escucho lo que suena como la puerta principal cerrándose y luego una
camioneta acelerando.
Suenan pasos pesados en las escaleras de madera. Una puerta se cierra de
golpe y dejo escapar un suspiro.
Supongo que esto significa que la cocina es segura. Hoy no pude almorzar y
no desayuné nada más que una barra de granola.
Abajo, en la cocina, abro la nevera para tomar una botella de agua.
Cuando cierro la puerta, casi salgo de mi piel. Kyson está justo en mi rostro.
—Bien. Todavía tienes los zapatos puestos. Vamos.
—¿Ir a dónde?
—Nadie está en casa para una cena familiar en esta casa. Así que, si quieres
comer, vámonos.
—¿Por qué, para que puedas dejarme varada de nuevo?
—Parecías haber llegado aquí de una pieza. —Agarra un mechón de cabello y
tira de él. Aparto su mano de un golpe y me agarra de la muñeca—. ¿Estás
comprometida o algo así? —la yema de su pulgar roza el diamante en forma
de corazón en mi dedo anular.
—Es un anillo de pureza.
Sus labios se contraen.
—¿Qué, como si fueras virgen o algo así?
—No es asunto tuyo.
—Lo que sea. ¿Quieres ir a buscar comida o no? Mamá está en una de sus
diversiones de salud, así que a menos que planees sobrevivir con aire y agua,
yo soy tu boleto al paraíso de la pizza grasienta.
Mi estómago gorgotea en respuesta.
—Bien. Solo necesito tomar mi teléfono y mi billetera.
—No los necesitas. Mi regalo para compensar por dejarte en la escuela.
Estaba enojado y me desquité contigo. Déjame compensarlo.
Soy escéptica de por qué está siendo tan amable de repente. Tal vez tenga
miedo de que lo delate por deshacerse de mí. De cualquier manera, me muero
de hambre.
Dahlia
Subo en el lado del pasajero del Dodge Charger. El aroma de sus asientos de
cuero rojo llena mis sentidos. Kyson alcanza el asiento trasero y agarra una
gorra negra lisa y ajustada y me la pone en la cabeza hacia atrás.
—No quiero que tu cabello vuele por todas partes —murmura y enciende el
auto. Rock pesado se filtra a través de los altavoces mientras retrocede por el
camino de entrada hacia la carretera. El auto se dispara hacia adelante y
busco mi cinturón de seguridad. No planeo morir hoy, y tengo la sensación
de que conduce este auto con fuerza y rapidez.
Nos lleva al malecón sin conversar. La tranquilidad es agradable después del
día que he tenido. El auto se apaga y le echo un vistazo. Sus nudillos están
agarrando el volante de una manera que me hace preguntarme cuál es su
problema. Cejas dibujadas hacia adentro, labios inclinados hacia abajo, su
mirada se encuentra con la mía.
—Te importa si damos un paseo primero. Mi ex está aquí y no quiero lidiar
con su mierda básica de perra en este momento.
—Seguro. —Tiro su gorra de béisbol en el asiento trasero.
—Bien. —Sale del auto y saca un paquete de cigarrillos y un encendedor del
bolsillo derecho de su chaqueta de cuero roja y blanca. Doy un paso junto a
él mientras enciende uno.
Quiero comentar lo desagradables que son los cigarrillos, pero probablemente
me diga que sueno como un especial después de la escuela, así que me
abstengo. Estamos a punto de llevarnos bien ahora mismo, y no quiero
arruinar el momento. La brisa que sopla desde el océano es fría, pero a finales
de septiembre no es inusual.
Kyson aspira una fuerte calada de su Marlboro y se detiene para mirar el
océano.
—¿Cuándo se separaron tú y tu novia?
—La semana pasada.
—¿Ella guarda rencor o algo así?
—Algo como eso. Brit dice que me arrepentiré, pero honestamente desearía
haber terminado antes.
—Lo entiendo. Rompí con Max cuando descubrí que me mudaría con el tío
John.
—Siento lo de tu papá, por cierto.
Me encojo de hombros. Entiendo el sentimiento, pero nunca entendí esa frase.
Lo siento por tu pérdida. ¿Por qué tienen que lamentarse? No hicieron nada
por lo cual lamentarse.
—Todo eso en la escuela hoy la mierda de la manada de lobos. ¿De qué va
todo eso?
—Es una mierda. La supervivencia del más apto y todo eso.
—Así que eso no es lo que eres en realidad. ¿Es un espectáculo para todos
los demás?
—Deja de analizarme. —Arroja la colilla de su cigarrillo al agua. Froto mis
manos arriba y abajo de mis brazos.
—Estas fría. Aquí. —Kyson se encoge de hombros y se quita la chaqueta y me
la pone sobre los hombros.
—Gracias. —Empujo mis brazos a través de las mangas. El aroma de su
cigarrillo y su colonia me envuelve, y lo respiro, odiándome por las mariposas
que revolotean en la boca de mi estómago ante el olor embriagador. ¿Por qué
los idiotas y los chicos malos siempre son tan irresistibles? No sé qué hacer
con Kyson. Un segundo, es grosero y al siguiente puede ser increíblemente
dulce. Tengo latigazo cervical y solo ha sido un día.
¿Cómo sobreviviré un año escolar completo?
—¿Te gusta la sala de juegos?
—Duh. ¿Quién no?
—La mayoría de las chicas —murmura, pasando un brazo por mis hombros
y guiándome hacia el muelle.
—Entonces te has estado juntando con las equivocadas.
Eso me hace ganarme una sonrisa y es la primera sonrisa real que creo que
Kyson me ha dado.
Su estado de ánimo va de cero a sesenta segundos después de entrar en la
sala de juegos de pizza. Remy y Gauge están aquí acompañados por una chica
con cabello negro azabache y puntas verde neón. Su mandíbula cae cuando
su mirada se posa en el brazo de Kyson alrededor de mi cuello. Sin mencionar
que estoy usando su chaqueta. Tengo la sensación de que Kyson acaba de
pintar una diana roja gigante en mi frente. Esta chica parece lista para
arrancarme la cabeza.
—Déjame adivinar. Esa es tu ex.
—Sí. No le prestes atención a Britney. Ignorarla.
—Planeo.
—¿No quieres salir con tus amigos?
—Follador de primas —dice Remy en una tos y Gauge y esa chica de aspecto
emo se echa a reír.
—¿Que amigos? —El niega con la cabeza—. Venga, tomemos una mesa.
Claramente me perdí algo, porque ni siquiera hace una hora eran parte de su
manada de lobos. No importa. No es de mi incumbencia, y sé que, si le
pregunto, solo me cerrará.
—Ellos saben que no estamos relacionados, ¿verdad?
—Te dije que los ignoraras.
—Bien entonces. —Me deslizo en la cabina y Kyson se sienta frente a mí. Me
quito la chaqueta y trato de devolvérsela.
—Quédatela.
—Mira, si estás tratando de usarme para poner celosa a esa chica…
—La dejé. Y no es eso.
—Entonces, ¿qué es esto?
—¿No puedo ser amable contigo sin que me preguntes por qué?
—No. ¿Cuándo has sido amable conmigo, excepto en los últimos veinte
minutos?
—Eso es justo.
Miro hacia arriba para ver a una mujer con su bloc de notas esperando que
hagamos el pedido.
—Bienvenido a Monkey Mike’s Pizza Paradise. Mi nombre es Jana y seré tu
mesera esta noche. ¿Quieres el especial de los amantes de los juegos?
—Sí. Claro —responde Kyson—. Solo pepperoni. Tomaremos Pepsi.
—Ya viene. Traeré tus bebidas y tus fichas para que puedas jugar mientras
esperas.
—Me olvidé por completo de este lugar. ¿Todavía tienen el escenario con los
animatronics?
—Sí, pero la mayoría de ellos no funcionan, por lo que rara vez los encienden.
—¿Por qué?
—Sin razón.
—Así es… vinimos aquí, y estabas aterrorizado. ¿No lloraste y vomitaste sobre
el mono?
—No tengo idea de lo que estás hablando —miento, pero el leve rubor que
mancha mis mejillas me delata. Esos animales cantantes daban miedo. No
me importa lo que digan los demás.
La mesera trae nuestras bebidas y fichas de juego en dos vasos de plástico.
Uno para Kyson y otro para mí.
—¿Qué quieres hacer primero? —Tomo un sorbo de mi refresco y salgo de la
cabina dejando su chaqueta en mi asiento.
Lo observo escudriñando a la multitud. Probablemente buscando a sus
amigos y a su ex novia para evitarlos. Terminamos en una máquina de garras.
—Elige algo. —Me muestra su encantadora sonrisa.
—Mmm. —Toco mi barbilla examinando mis prospectos—. El oso panda con
una calabaza en la cabeza es lindo.
—Es tan bueno como tú. Te haré saber que por aquí me llaman el maestro de
las garras.
—Y aquí pensé que eras de la realeza. —Agarro su boca y aprieto sus
labios—. Yo soy el rey por aquí —me burlo, y él pone los ojos en blanco.
—Sueno como un idiota, ¿eh?
—Bastante.
Agarra el joystick y apunta a mi panda. Es una falta total. Las garras ni
siquiera tocan mi oso. Varias fichas más tarde, no estoy más cerca de ser la
feliz dueña de un panda de peluche que lleva una calabaza en la cabeza.
—Muévase y déjeme mostrarle cómo un hombre de verdad opera la
maquinaria. —Remy empuja a Kyson a un lado.
—Está bien. Creo que nuestra pizza está en nuestra mesa —Agarro la mano
de Kyson antes de que golpee a su supuesto amigo.
—¿No es tan dulce? Se toman de la mano —comienza Gauge.
Voy a soltar la mano de Kyson, pero él aprieta la mía con más fuerza.
—Vete a la mierda, Remy.
—Como sea, follador de primas.
—Te das cuenta de que no somos parientes. Así que tu insulto se parece
mucho a ti. Insignificante.
—Lo que. Este lugar es genial —Remy patea la máquina de garras y sale
pisando fuerte.
—No deberías haber hecho eso —dice Kyson, tirándome de regreso a nuestra
mesa.
—¿Qué? ¿Defenderme? —pregunto, deslizándome hacia atrás en mi asiento.
—Lo desafiaste. Eres un desafío. Remy no se detendrá.
—¿No parará?
—Persiguiéndote para llegar a mí.
—Pero no soy nadie importante. No te preocupas por mí. Quiero decir que ni
siquiera te agrado. Solías llamarme gorda y hacerme ruidos de animales de
granja.
—¿Sabes por qué hice esas cosas?
—Porque necesitaba bajar de peso y te molestaba o lo que sea.
—No. —Hace una pausa para comer una rebanada de pizza—. Fuiste la única
persona que nunca me dio mi camino e hizo todo lo que dije. Te despreciaba
por eso, pero extrañamente me atraías por eso y no sabía cómo manejar mis
emociones encontradas.
No tengo ni idea de qué decirle. Es abierto y honesto. Crudo incluso. Algo que
nunca esperé de Kyson Allen.
—No tengo derecho a preguntar esto, pero prométeme que te mantendrás
alejada de Remy. Solo te usará para lastimarme. Está enojado conmigo por
algo y hará cualquier cosa para vengarse de mí.
Con una débil sonrisa, agarro la pizza.
—Vuelvo enseguida. Necesito ir al baño.
—Seguro. —En el momento en que se va, la chica de cabello oscuro se desliza
en su asiento.
—Entonces eres el nuevo sabor de la semana. No te pongas demasiado
cómoda.
—Creo que ha habido un malentendido. Eres Britney, ¿verdad?
Sus ojos plateados brillan como la luna que brilla intensamente por la noche.
—¿Me mencionó?
Oh chico. Ella todavía siente algo por él.
—Ehh… dijo que rompió con su novia. Lo siento, eso es todo lo que dijo.
—Toma mi consejo. No creas nada de lo que salga de su boca. Él hará o dirá
cualquier cosa para meterse en tus pantalones y luego te dejará.
—Parece que lo sabes por experiencia.
—Lo dejé.
—Entonces no debería importarte que él esté aquí conmigo —señalo.
Britney envuelve sus uñas pintadas de rojo alrededor del vaso de Kyson y me
lanza el contenido.
—¿Hablas en serio ahora mismo? —La miro boquiabierta preguntándome qué
diablos le he hecho a esta chica. Ni siquiera la conozco desde hace cinco
minutos.
Una sombra cae sobre la mesa. Kyson arrastra su labio inferior entre sus
dientes. El acto me pone caliente y pegajosa en el centro de mi vientre a pesar
de estar empapada en su bebida. Sonrío grandemente cuando me doy cuenta
de que está sosteniendo a mi oso panda.
—¿No deberías estar chupando la polla de Remy junto a los contenedores de
basura?
—Que te jodan, Kyson.
—Tú deseos. —Saca un clip de dinero de su bolsillo trasero y arroja un fajo
de billetes sobre la mesa. Agarrando mi vaso casi lleno, lo arroja directamente
sobre la cabeza de Britney y luego golpea el vaso sobre la mesa—. Vamos, lil´
bird —dice, tendiéndome una mano.
—Esto no ha terminado. —Ella se enfurece cuando tomo su chaqueta y corro
hacia la salida mientras él se ríe.
—Amigo, ¿cuál diablos es su problema? —pregunto una vez que estemos
afuera.
—Está amargada porque la dejé y celosa de que esté aquí contigo.
—Pero no somos… —No consigo terminar mi oración. Kyson me empuja
contra el costado del restaurante y choca sus labios con los míos. Con un
sabor a puro problema, su lengua se sumerge entre la parte de mis labios.
Retrocede una fracción de pulgada.
—No somos qué. —Me sonríe y mi vientre se agita.
Dahlia
¿Qué mierda está pasando? ¿Por qué Kyson me besa y por qué me gusta
tanto? Se supone que debo odiarlo, no caer bajo el hechizo de su encanto. La
última vez que me besó me hizo llorar. No busco repetir errores del pasado o
involucrarme con él, sin importar cuán dulces y calientes sean sus labios.
Empujo ambas palmas contra su pecho.
—Detente.
—¿Detener Qué? No actúes como si no quisieras esto, Dahlia —Su boca cae
con fuerza sobre la mía y nuestros dientes chocan. Mi cabeza golpea contra
el edificio y sus dedos se enredan en mi cabello dándole un tirón mientras
muerde mi labio. Tiene razón en que lo quiero, pero no debería.
Cierro la boca y detengo sus avances.
—Deberíamos volver a la casa. Necesito desempacar.
—Puedes fingir todo lo que quieras, pero ambos sabemos que cuando me
deslice en tu habitación más tarde, me rogarás que te haga correrte. —Mis
mejillas arden ante sus crudas palabras. Nadie me ha hablado nunca así.
Grosero y sucio. Debería darle una bofetada por eso, pero me quedo mirando
mis zapatos.
—Vamos.
En silencio, lo sigo hasta el auto y ni siquiera me mira.
—Kyson. Escúchame, por favor. No puedo hacer nada para arruinar la vida
aquí. El tío John es mi último recurso. No puedo irme a vivir con mi madre.
Dudo que ella me quiera de todos modos, pero si esto no funciona, me verán
forzado a un hogar de acogida hasta que llegue mi herencia y puedo estar
sola. No sabes lo que es para mí. No tengo a nadie. Mi papá era la única
persona que se preocupaba por mí. John solo me acogió por obligación.
Kyson continúa ignorándome, acelerando su motor para ahogarme. Es un
idiota, pero no puedo quitarme ese estúpido beso de la cabeza. Empujando
un cigarrillo entre sus labios, se dirige momentáneamente con la rodilla para
buscar su encendedor.
Le quito el cigarrillo de su boca y lo rompo en dos.
—Me gustaría no morir solo para que pueda darte cáncer. Muchísimas
gracias.
—Mi auto, mis reglas. Si no te gusta… —frena hasta detenerse—. Sal y
camina a casa.
—Bien por mí. —Terminé con sus juegos. Le enviaré un mensaje de texto a
Lauren. Estoy segura de que puede llevarme. Cuando salgo del auto, me doy
cuenta de que no tengo mi teléfono porque Kyson dijo que no lo necesitaría.
Gran error de mi parte al pensar que puede ser decente durante más de cinco
minutos. Es como un niño pequeño que hace un berrinche por no recibir una
galleta extra. Los escalofríos suben y bajan por mis brazos mientras empiezo
a caminar, sin molestarme en mirar hacia atrás para ver si todavía está
detenido o si se dio la vuelta para perseguir a Britney o para pasar el rato con
sus amigos cabezas de chorlito. Realmente no me importa en este momento.
Quizás venir aquí a vivir con mi tío fue una idea terrible, pero la alternativa
es mucho peor que cualquier cosa que Kyson Allen me pueda arrojar.
El ronroneo de su motor acelera detrás de mí y luego un borrón de velocidades
negras pasa junto a mí. Lo que sea. Sigo paseando por el costado de la
carretera fingiendo que no me molestan. Fingir que no soy un idiota por elegir
ahora para defenderme. Pero Kyson necesita saber que no puede andar
haciendo estas acrobacias y tratando a la gente como quiera. Dejando escapar
un profundo suspiro, me detengo y miro hacia la costa deseando estar de
vuelta en casa con mi padre. Extraño a Max. Extraño que la vida tenga
sentido. La puesta de sol es una hermosa distracción. Tonos de oro, rosa y
naranja, sirven como un hermoso telón de fondo para el sol cuando
desaparece. Tengo que caminar mucho si voy a llegar a casa antes de la
medianoche.
Despego en lo que espero sea la dirección que me llevará finalmente a lo del
tío John.
Algunos autos intentan detenerse, pero yo sé que es mejor no tomar paseos
de extraños.
No han pasado ni diez minutos cuando Kyson pasa a mi lado y se detiene
abruptamente, tirando su auto en reversa y chirriando sus llantas en el
proceso. Al mismo tiempo, Remy se detiene detrás de mí en su gran
camioneta. La ventanilla del lado del pasajero se baja.
—¿Necesitas un paseo, princesa? —me lanza un guiño.
Kyson tira su auto en el estacionamiento y pisa fuerte hacia mí.
—Vamos. Entra en el auto.
—Creo que me arriesgaré con Remy.
—Sube. En. El. Maldito. Auto. —Prácticamente me gruñe las palabras como
una bestia salvaje.
—No. —Apenas consigo curvar mis dedos debajo de la manija de la puerta de
la camioneta de Remy cuando Kyson agarra mi muñeca.
—Si Kipling te ve en esta camioneta, no será mi culo el que esté en
juego —advierte.
Sé que el tío John es un poco severo, pero hay algo en la mirada de Kyson
que me hace pensar.
—Gracias por la oferta. Quizás la próxima vez —le digo a Remy.
Sacude la cabeza, pero se retira.
Regreso al auto de Kyson. Sube la radio tan alto que mi asiento vibra. El
tempo tamborilea a través de mi piel. No intento mantener una conversación
con él, y sigue conduciendo en la dirección opuesta a casa. Terminamos en
lo que creo que es el otro lado de la ciudad estacionado afuera de una vieja
iglesia que a la vista parece estar abandonada. Kyson apaga el motor y sale
del auto sin decir palabra. Todavía estoy toda pegajosa, pero mi ropa se ha
secado casi por completo. Me gustaría llegar a casa y cambiarme, pero
sospecho que me trajo aquí por una razón. No se detiene a esperarme y
desaparece por una fuerte puerta de metal negro haciendo ruido. El cielo se
oscurece, el sol desapareció por completo y no hay luces en el camino. Me
agarro a unas rocas y casi me llevo a Kyson cuando me lanzo hacia adelante.
Sostengo sus hombros como apoyo.
—Cuidado —se agacha y toma una de mis manos—. Por aquí.
—¿Qué estamos haciendo aquí? —Miro a mi alrededor y observo las estatuas
de ángeles, cruces y lápidas.
—No estás sola. Yo también perdí a mi papá. Está enterrado aquí. Murió en
un atropello y fuga un día cuando salía a trotar.
Empiezo a decir que lo siento y quiero abofetearme. Odio cuando lo escucho.
Es una estúpida frase cliché que no significa nada. La gente dice que es
agradable porque no saben qué más decir, supongo. Ahora entiendo por qué
la gente me lo dijo, pero todavía lo odio de todos modos.
—¿Cuándo él …?
—Tenía cinco. No lo recuerdo. Es lo que es.
No lo es, pero creo que ambos lo entendemos. Lo último que Kyson necesita
de mí es lástima.
—¿Tienes fotos de él? Apuesto a que te pareces a él. ¿Es él de donde sacas
esos hoyuelos y hermosos ojos azules? —Se vuelve para mirarme y siento que
mis mejillas se ponen calientes y rojas de nuevo.
—¿Crees que soy hermoso? —Hay un tono peligroso en su voz.
—Creo que deberíamos irnos a casa para poder quitarme esta ropa.
—Ahora hay una bonita imagen. —Se acerca y no puedo respirar. No sé si
podré soportar que me vuelva a besar. No debería sentirme culpable porque
Max y yo estemos separados, pero lo hago. Mi mano va a su mejilla y se desliza
por su vello facial—. Te voy a besar, Dahlia. Te voy a besar mucho.
Mi única respuesta es la ligera inclinación de mi cabeza invitándolo a entrar,
sabiendo que estoy siendo estúpida e incapaz de detenerme. Labios rozando
los míos, esta vez viene suave, lento y dulce. El mundo que nos rodea
desaparece. Todo lo que existe es el latido constante de nuestros corazones y
el agarre que tiene en mi cadera.
Con la lengua recorriendo la mía, Kyson me muestra que puede ser gentil y
no solo tomar. El timbre de su teléfono celular desde su bolsillo trasero
termina el momento. Me aparto y él deja escapar un bufido.
—¿Qué? —chasquea—. Salimos a comer pizza porque no había nada para
comer allí y no había nadie en casa. Sí. Nosotros estamos en camino. —Vuelve
a guardar el teléfono en el bolsillo.
—¿Todo bien?
—Sí. John se preguntó dónde estaríamos. Olvidé dejar una nota.
Normalmente no le importaría dónde estoy o qué estoy haciendo, pero parece
que está vigilando a su preciosa sobrina.
—¿No se llevan bien chicos?
—No. Él siempre quiso tener un hijo propio, y bueno, todo lo que tuvo fue a
mí, así que está amargado. El sentimiento es mutuo.
—Eso tiene que apestar. —No te preocupes. Yo no lo hago
Dahlia
En el momento que llegamos a casa. Fui directo a mi habitación y recogí mis
cosas para la ducha. El agotamiento me golpea como una tonelada de
ladrillos. Apenas puedo mantener los ojos abiertos mientras el agua caliente
me cae encima. Eso es hasta que lo que pensé que era la puerta del armario
del baño se abre, miro por la cortina y veo a Kyson.
—Fuera —le susurro a gritos, no queriendo que nadie más nos escuche.
—Ambos sabemos que no quieres que me vaya.
—Sí. Vete. Ahora. Antes de que grite un maldito asesino tan rápido, tu cabeza
dará vueltas.
—Deberías cerrar la puerta la próxima vez. Esta puerta conduce a mi
habitación. Ven cuando hayas terminado. —Me lanza una sonrisa de mierda
y se va.
Puaj. Puedo matarlo. Probablemente mi papá se esté revolcando en su tumba.
Giro el anillo de pureza en mi dedo recordando la promesa que hice de
guardarme para el matrimonio. En ese momento solo había empezado a
hablar con Max y papá estaba muy preocupado de que me quedara
embarazada o algo así. No sé. Me dio el anillo en mi decimoquinto
cumpleaños. Realmente solo estuve de acuerdo porque el gesto le parecía
importante. No es que tenga prisa por tener sexo, pero definitivamente lo he
pensado mucho. Especialmente cuando las cosas se ponían intensas con Max
en el asiento trasero de su auto.
Termino mi ducha, me seco con la toalla, me visto para la cama y me lavo los
dientes. La casa está en silencio y espero que Kyson me deje en paz para que
pueda dormir un poco. Desempacar tendrá que esperar hasta mañana. Mi
teléfono celular está parpadeando con llamadas y mensajes perdidos. Todos
de Max. Acordamos que tendríamos una ruptura limpia. Un nuevo comienzo
para los dos. Está en su primer año en la universidad y es mi último año en
la escuela secundaria. No es como si alguna vez pudiéramos vernos.
Max: Oye, solo estoy revisando las cosas. ¿Tu vuelo salió bien? ¿Tu tío te trata
bien?
Max: Sé que dijimos que nos daríamos espacio, pero te extraño. No hemos
hablado mucho desde el funeral y la forma en que terminaron las cosas…
Necesito verte.
Max: Descanso de Acción de Gracias. Puedo llevarte aquí o llegar allá. ¿Qué
piensas?
Me dejo caer en la cama y dejo escapar un suspiro mientras reviso sus
mensajes.
Dalia: Yo también te extraño. ¿Cómo van las clases? ¿Estás estudiando
mucho?
Max: Va genial, pero desearía que estuvieras aquí.
Dalia: Necesito irme a la cama. Hablamos luego. xoxxo
Acurrucándome entre las mantas, no me toma mucho tiempo para que el
sueño reclame o para que me despierte y me sumerja en la cama bajo el peso
del intruso.
—Te dije que me metería a hurtadillas en tu cama. Si no quisieras que lo
hiciera, habrías cerrado la puerta con llave —susurra Kyson contra el
caparazón de mi oído.
—¿Qué demonios estás haciendo? —Intento sentarme, pero él me empuja
hacia abajo en la cama, cerniéndose sobre mí. Su aliento mentolado se
abanica en mis labios. Mi pulso salta a mi garganta mientras sus dedos se
enroscan alrededor de la esbelta columna.
—Shh. Sígueme el rollo.
—Fuera —siseo, mi súplica muriendo en su boca cuando sus labios se
encuentran con los míos. Entre nosotros pasan respiraciones profundas. Sé
que está mal desearlo. Que debería darle un rodillazo en las nueces y gritar,
pero no quiero. En cambio, le devuelvo el beso y cuando su mano flota por mi
costado y se desliza por debajo de mi camiseta hacia arriba, tampoco lo
termino aquí. Doy la bienvenida a su toque mientras palmea mi pecho. Me
encantaba odiar a Kyson Allen desde que estábamos en la escuela primaria.
Pasando un pulgar sobre mi pezón, continúa provocando la piel sensible.
Suena un ligero golpe en la puerta de mi habitación. Santo cielo. Si Kyson
está atrapado en mi habitación con la puerta cerrada y las luces apagadas,
ambos estaremos muertos.
—Dahlia —llama Helen en voz baja. Mis ojos se mueven, pero Kyson ya está
rodando debajo de mi cama.
—Está abierto —respondo mientras rezo para que no encuentre a su hijo
escondido debajo de la cama.
La luz entra en mi habitación desde el pasillo. Helen asoma la cabeza por la
abertura.
—Lo siento, tuve que dejarte y correr antes. Tenía la esperanza de estar en
casa antes. ¿Te estás adaptando bien?
—Sí. Estoy bien gracias.
—John dijo que Kyson te invitó a cenar. ¿Se llevan bien chicos? Recuerdo que
ustedes dos siempre se estaban peleando el uno al otro cuando venías de
visita. Siempre lo perseguías y él se escapaba. Le dije que era un flechazo en
ese entonces.
—Sí. —Me río torpemente—. Estamos bien. —No sé qué me impulsa, pero le
pregunto—: ¿Crees que estaría bien que Max viniera para el Día de Acción de
Gracias?
—¿Max?
—Mi novio de casa. Bueno, él está en la universidad, pero quería que yo viera
si podía venir a visitarme.
—Un chico mayor —reflexiona. Hablaré con John. Estoy seguro de que
podemos solucionar algo.
—Gracias.
—Por supuesto. Queremos que se sienta como en casa, y si mi hijo le causa
algún problema, no tengas miedo de hablar.
—Creo que puedo manejar a Kyson. Somos mucho mayores y diferentes
ahora.
—Ustedes, niños, han crecido demasiado rápido. Ojalá tu padre y John no se
hubieran distanciado tanto. Kyson me mataría si te dijera esto, pero solía
esperar tus visitas.
—Me parece difícil de creer, pero agradezco que lo digas de todos modos.
—Te veo en la mañana. Desayunamos a las siete.
La puerta se cierra y miro debajo de la cama. Kyson no está ahí. Antes de que
pueda buscarlo, los dedos se clavan en mis caderas y esos labios tortuosos
rozan el caparazón de mi oreja.
—Dijiste que no tenías novio.
—¿No deberías estar en tu habitación en caso de que tu mamá te esté
buscando?
Mordisquea mi cuello.
—Ella pensará que estoy en la ducha. Dejé el agua corriendo y la luz
encendida, lil´birth. Hablemos de por qué me mentiste.
—Yo no mentí. Todavía estamos separados.
—¿Intentas ponerme celoso entonces?
—No —juro mientras chupa mi cuello, y dejo de discutir.
—Tienes que admitir que hay algo interesante en casi ser atrapado. —No se
equivoca.
—Creo que tienes que ir a tu habitación y dejarme descansar mi sueño de
belleza.
—¿Crees que puedes manejarme?
—Kyson —murmuro cuando chupa más fuerte en mi cuello—. No me des un
moretón.
—Lo quiero justo donde todos puedan verlo. Quiero que sepan que me
perteneces ahora.
—Yo no lo creo. No podemos estar haciendo esto. Es arriesgado y ni siquiera
me gustas.
—Ya lo veremos. —Me besa una vez más y luego sale de mi habitación.

Kyson ha pasado la mayor parte del desayuno ignorándome completamente,


que es lo por lo mejor. Eso es hasta que mi tío menciona a Max de visita para
el Día de Acción de Gracias.
—¿Qué edad tiene este personaje de Max? —En el momento en que lo
menciona, Kyson pone su mano en mi muslo, debajo del mantel de la mesa.
—Casi diecinueve —grito cuando se acerca demasiado a un lugar donde no
debería tocarme.
—Si viene de visita, puede dormir en el estudio en el sofá cama. ¿Estaba tu
padre de acuerdo con tu diferencia de edad?
—Por supuesto. El padre de Max trabajaba en el mismo equipo que él para la
empresa maderera. Estaba allí cuando… bueno, ya sabes.
—¿Significa esto que puedo invitar a un invitado a una fiesta de pijamas?
—Sabes que Britney no es bienvenida en esta casa después. Bueno, no es
una conversación cortés para la mesa del desayuno o cualquier mesa —dice
Helen.
No puedo evitar preguntarme qué hizo para que la prohibieran. Aunque
considerando que Kyson no puede mantener las manos quietas, no necesito
preguntarme demasiado.
—Tengo que ir a la escuela. ¿Quieres viajar conmigo? —Ofrece el tío John.
—Gracias, pero se supone que Lauren me recogerá.
—Bien entonces. Me alegro de que ya estés haciendo amigos. Helen trabaja
en un turno medio esta noche y tengo una reunión con mi equipo de bolos.
Kyson y ustedes tendrán que valerse por sí mismos nuevamente esta noche,
me temo. No te quedes fuera después de las once —Besa a su esposa, agarra
su maletin y sale por la puerta.
—Nos enfocamos en hacer el desayuno ya que rara vez nos vemos para cenar,
pero prometo que este fin de semana estaré preparando algunas cosas para
el congelador y lo único que tendrán que hacer es meterlo en el horno la
semana que viene.
—Suena bien. Quería preguntarle al tío John, pero ¿crees que pronto podrá
llevarme a buscar un auto? Me gustaría poder conducir yo misma lo antes
posible.
—Por supuesto. Le recordaré. Quizás podamos ir el domingo. Ese es mi día
libre.
—Excelente. —Mi teléfono suena con un mensaje de texto de Lauren. Miro su
mensaje que dice que está al frente—. Mi vehículo está aquí. Hasta
luego. —Empujo mi silla hacia atrás, y Kyson mueve su mano rápidamente,
apresurándose a agarrar sus llaves, luego me sigue afuera.
Saludo a Lauren y voy a entrar en su auto cuando Kyson trota para alcanzar
y cerrar la puerta mientras trato de abrirla.
—Oye. ¿Uh muy grosero?
—Ven conmigo. Te dije que quiero que todos sepan que ahora estás
conmigo —Me muestra esos hoyuelos irresistibles con una sonrisa que llega
hasta sus celestiales ojos azules.
—Y te dije que no estoy contigo. Viajo con Lauren.
—Sube a ese auto y les diré a todos que te metiste en mi cama anoche y me
hiciste una mamada.
—Tus amenazas no me asustan.
—¿Crees que estoy jugando? Les mostraré la prueba y se la enviaré también
a tu pequeño novio Max.
—¿Qué? Eso es una locura.
—Es asombroso lo que se puede hacer con la tecnología. —Sostiene su
teléfono y tiene una foto alterada que se parece a nosotros involucrados en
un acto sexual.
—Eres un psicópata.
—Siempre obtengo lo que quiero.
—Oye —grita Lauren, abriendo la ventana—. ¿Vienes o qué?
—Sigue. Te veré en el almuerzo —Miro a Kyson con el ceño fruncido y pisando
fuerte hacia su auto. Ni siquiera sé por qué me estoy metiendo en cualquier
juego que esté jugando. No es como si la gente le creyera. Max sabría que es
un mentiroso porque yo nunca… nunca llevamos las cosas tan lejos cuando
estábamos juntos.
Puede que ya no seamos pareja, pero nunca querría hacerle daño así.
Dahlia
He sobrevivido a mi primer mes en Sweetwater High, pero fue todo menos
dulce. No en lo que respecta a Kyson Allen. Me atormenta a cada paso. Él y
sus amigos la manada de lobos. Incluso Lauren, que pensé que sería una
buena aliada, está obsesionada con ellos y pertenece a su tripulación, pero
ella es todo lo que tengo. He estado esperando que ella viniera. Se supone que
debemos hacer cupcakes, repartir dulces y ver películas de terror para
Halloween. El tío John y Helen se han ido todo el fin de semana a algún retiro
por su trabajo. La mujer siempre está en su trabajo cuando estoy aquí o
durmiendo.
No es de extrañar que Kyson corra como un psicópata haciendo lo que quiera.
Lo escuché haciendo planes para ir de campamento con sus amigos idiotas
este fin de semana, así que no me preocupa que esté cerca para molestarme
cada cinco segundos con sus estúpidas amenazas de mostrarles a todos esa
estúpida foto que tiene en su teléfono. Intenté robarle su teléfono para
borrarlo, pero la estupidez usa el reconocimiento facial. Además de conocerlo,
tiene copias de seguridad en su computadora o algo así.
Eufóricamente lo vi cargar su auto con equipo de campamento y partir hace
unos diez minutos.
No he sabido nada de Max, lo cual es extraño porque parecía muy emocionado
de visitarnos el próximo mes. Intenté llamarlo y enviarle mensajes de texto,
pero no obtuve respuesta. Es como si me estuviera evitando. Mirando mi
teléfono por millonésimo vez que suspiro cuando veo que es un mensaje de
texto de Lauren para decirle que no vendrá. Puedo manejar algunos cupcakes
y trucos o travesuras por mi cuenta. No hay problema. Termino de mezclar la
masa y ponerla en la bandeja. Suena el temporizador de precalentamiento del
horno y los introduzco. Mientras se hornean, puedo ponerme el disfraz. Max
y yo siempre nos vestíamos bien juntos. Este año íbamos a ser Caperucita
Roja y El lobo feroz.
Me puse mi vestido blanco combinado con mi capa roja con capucha y botines
negros. Me peino el cabello en una trenza para mantenerlo fuera del camino
de los cupcakes. El toque final es mi labial rojo favorito. Para cuando bajo las
escaleras, es hora de enfriar los cupcakes. Mientras espero, reviso mis
cuentas de redes sociales en mi teléfono para ver qué están haciendo todos
mis amigos de casa.
Max publicó una nueva foto hace cinco minutos. Está con una pelirroja que
está vestida con un disfraz de diablo sexy. Mi corazón se aprieta con fuerza y
se hunde en mis pies mientras observo sus cuernos a juego y el agarre que
tiene en su cadera. No debería estar molesta, pero verlo con alguien que no
soy yo duele. Cayendo por la madriguera del conejo reviso todos sus mensajes
y fotos preguntándome si ya estaban juntos a mis espaldas.
¿Por qué quiere pasar las vacaciones conmigo si se mudó? Necesito
controlarme y dejar de preguntarme qué pasaría si. Tengo cupcakes para
decorar y afuera está oscureciendo. La actividad de dulce o travesura
deberían empezar a tocar el timbre en cualquier momento. Mezclando mi lista
de reproducción con los clásicos de Halloween, empiezo con el glaseado y las
chispas. Monster Mash juega mientras bailo por la cocina, lamiendo el
glaseado de mi espátula. Una puerta que se cierra de golpe en el piso de arriba
me congela en seco. Quizás el tío John o Helen se olvidaron de algo. Mirando
por la ventana de la sala, no veo ningún automóvil en la entrada. Quizás estoy
escuchando cosas.
Regreso a la cocina y Kyson está apoyado en la encimera comiendo uno de
mis cupcakes.
—¿Pense que te habías ido a acampar?
—Los planes cambiaron. Mamá no se sintió bien dejándote aquí sola todo el
fin de semana.
—Bueno, no necesito que te quedes. Puedes ir a hacer lo que quieras.
Agarra mi teléfono del mostrador y salta algunas canciones. Caperucita Roja
de Sam The Sham & The Pharos juega. Kyson me sonríe y se lame los dedos
luciendo muy parecido a un lobo feroz.
—Ven aquí, lil´birth.
—¿Por qué? —Doy un paso atrás mientras él da un paso adelante.
—Porque yo lo digo por eso.
—No recibo órdenes tuyas.
—¿Has tenido noticias de Max últimamente? —Toma otro cupcake mientras
desabrocha la cremallera de sus jeans.
—¿Qué estás haciendo?
Kyson se pasa la lengua por los labios obteniendo el exceso de glaseado de
naranja.
—Tal vez le envié esa foto.
—¿Hiciste qué?
—Si quieres que le diga que era falso, te costará. —Me muestra los dientes.
—No voy a jugar a estos juegos contigo. Si Max quiere creer tus mentiras,
entonces no me importa.
—¿No?
—No. —Rechino los dientes.
—¿Qué pensará John cuando accidentalmente lo envíe desde su correo
electrónico de la escuela a todos en su lista? Toda la facultad, los padres, los
estudiantes, las universidades… —se apaga dejando escapar un silbido.
—Eso le costaría su trabajo. ¿Qué sucede contigo?
—Te dije. Siempre obtengo lo que quiero. Ponte de rodillas.
—No.
—Leí sobre ti en tu antigua escuela. Eras la presidenta del club de la pureza.
Caminabas mostrando tu anillo, presumiendo de cómo tú y Max se estaban
reservando para el matrimonio. Pero eso no es cierto, ¿verdad, Dahlia?
—Cállate.
Pellizcando mi barbilla con sus dedos, inclina mi cabeza obligándome a
mirarlo a los ojos.
—Dime, lil´birth. ¿Cuánto tiempo le hiciste esperar antes de dárselo?
—No sabes de lo que estás hablando.
—¿Pensaste que nadie se enteraría? ¿Qué Max no presumiría? ¿Qué te
amaba? ¿Que eras especial? Sé por qué usas ese anillo, pero quiero que lo
digas.
—Te dije que mi papá me lo dio.
—Eres una asquerosa mentirosa, Dahlia.
—No sé de dónde sacaste tu información, pero quienquiera que hayas estado
hablando te mintió.
—Eres un fraude. Fingiendo ser una buena chica. Realmente deberías
guardar tu diario en un lugar más seguro.
Mi rostro palidece.
—¿Leíste mi diario?
—Algo de eso. Me gustó especialmente la parte que escribiste sobre cómo no
podías dejar de pensar en mí. Cómo te tocas susurrando mi nombre en tus
sucios labios mentirosos.
—Te odio.
—Odio es una palabra fuerte. —Intento retroceder, pero Kyson me arrincona
contra el mostrador al lado del refrigerador—. Dime. En el espíritu de
Halloween, ¿qué quieres primero un truco o un regalo?
—Creo que estás loco.
—¿Qué tal un truco? Puedo hacer desaparecer dos de mis dedos —Su mano
se desliza por mi muslo, avanzando poco a poco hacia mis bragas.
Me quedo sin aliento en la garganta y me odio a mí misma por disfrutar de
su toque.
—¿Quieres verlos desaparecer? —Sus labios se encuentran con los míos y
empuja dos dedos dentro de mí. Jadeo ante la intrusión, pero no le digo que
no. Lo odio, pero amo la forma en que se siente. No sé qué dice eso de mí. En
este momento no me importa. Le devuelvo el beso mientras continúa
moviendo sus dedos hacia adentro y hacia afuera como un pistón.
Mis cupcakes salen volando del mostrador y aterrizan boca abajo en el suelo.
Kyson me levanta, colocando mi trasero en el espacio del que acaba de dejar
mis productos horneados, continuando torturándome con sus toques
burlones y besos hambrientos. Envuelvo mis piernas alrededor de su cintura
y me rindo a la atracción que nos ata.
—Dime que no me quieres, lil´birth. Dime que no has estado pensando en mí
desde que descubriste tu clítoris.
Debería avergonzarme de que haya leído mis pensamientos más profundos y
oscuros, pero no se equivoca. Siempre pensé en él e imaginé cómo serían las
cosas cuando nos volviéramos a encontrar. Nunca pensé que sería así.
Intenso.
Caliente.
Explosivo.
Kyson se baja los pantalones hasta los tobillos. Sus labios se arrastran a lo
largo de mi mandíbula y mi garganta mientras busca a tientas las cuerdas de
mi capa de seda roja.
—A la mierda. —Dirigiendo su atención a otra parte, empuja entre mis
muslos, tirando de la entrepierna de mis bragas a un lado y frotando la cabeza
de su polla contra el único lugar que prometí proteger de los chicos malos
como Kyson Allen que solo buscan una cosa.
Se lo doy gratuitamente.
Dientes hundidos en mi labio inferior, grito mientras él empuja más adentro.
Sé que estoy siendo estúpida. Pero una vez que consigue lo que quiere, ambos
podemos seguir adelante. Podemos detener este complicado juego
desordenado que le encanta jugar. Él gana. Soy suya. Me clava los dedos en
las caderas una y otra vez. La parte de atrás de mi cabeza golpea contra los
gabinetes de la cocina. Con el cuerpo temblando y estremeciéndose, le aruño
la espalda con las uñas hasta que se pone rígido y se sacude dentro de mí.
Rozando sus labios sobre los míos, acaricia mi mejilla con la punta de su
dedo. Luego dirige mi cabeza hacia una ventana donde puedo ver a Gauge
sosteniendo una videocámara.
—No tenía nada contigo, pero ahora sí. Soy tu dueño, lil´ bird —Me da un
golpecito en la nariz y se retira—. Gracias a ti soy mil dólares más rico.
Dejé que mi mano volara, azotando mi palma sobre su mejilla y conectándome
con un sonoro golpe.
—Ese es gratis. La siguiente te costará —Guiña un ojo y luego se sube los
pantalones.
—Yo era una apuesta. Todo era solo un juego de qué, ¿divertirse a mis
expensas con tu pequeña manada de lobos?
—Estamos jugando mi juego favorito. Follar. Casar. Matar. Parece que te
acabo de follar, pero no te pongas tan triste, cariño. Recién estamos
comenzando. Tú eres esos tres.

Hasta la fecha la autora no ha publicado nada relativo a esta historia.


Grave Mask
Hace dos meses, me enviaron al alma mater de mi madre y me cortaron el
dinero de mis padres.
Hace un mes y medio, me aceptaron en Zeta Delta Beta, la hermandad con
las chicas más calientes del campus.
Nuestra presidenta resultó ser la hermana del presidente de Alpha Sigma
Sigma, la fraternidad con los chicos más atractivos del campus. Yo lo llamé
algo más, novio.
Hace un mes, el desapareció sin dar pistas a nadie… excepto a mí. ¿Ahora?
Su hermano se ha hecho cargo y está decidido a averiguar exactamente Qué
pasó. Y lo que yo sé.
Mera
Halloween. Mi próxima oportunidad de emborracharme y olvidarme de la
pesadilla que ha sido la universidad hasta ahora. Esta noche, valdría la pena
este último mes. Es curioso cómo, cuando quieres algo, parece que tarda una
eternidad en llegar.
—Apúrate, no podemos hacer esperar a Su Majestad —dice Mallory mientras
se apresura a cruzar nuestra pequeña habitación.
Nunca dejaré de irritarme de que la gente se refiera a ella como Su Majestad.
Yo soy quien realmente será Su Majestad algún día. Pero eso es un maldito
tiempo a partir de ahora. Por ahora, soy un lacayo. Soy un miembro humilde
de la hermandad de mujeres más popular del campus, y no estoy porque soy
una princesa. No, estoy dentro porque ella quería la oportunidad de hacer
que una princesa se inclinara ante su autoridad. Entonces, me inclinaré, pero
mostraré que soy una ventaja para ella y demostraré que mis padres están
equivocados subiendo a la cima.
Por supuesto, nunca seré presidenta de este capítulo de Zeta Delta Beta, pero
me conformaré con vicepresidenta. Algo que mi madre nunca pudo hacer.
Mallory resopla y se cruza de brazos.
—¿Quieres que lleguemos tarde y nos quedemos atrapadas en el equipo de
limpieza toda la noche?
—No.
Pero apostaría cualquier cosa, sin importar cuán rápidas seamos, de todos
modos, seremos encargadas de ello. Limpiar el vómito, los vidrios rotos, los
condones usados y cualquier otra cosa, ya que ella odia nuestras tripas.
—Entonces vámonos, Mera. —Su largo y suelto cabello azabache cae en
cascada por su espalda mientras saca las horquillas. Se desliza en la única
silla en la habitación frente a nuestro tocador compartido.
De mala gana, me levanto y busco en nuestro armario compartido para
encontrar mi disfraz de Halloween. Soy una princesa todos los días, ¿por qué
no ser diferente para Halloween? Cada año lo cambio, y este año es mi año
de Blancanieves.
Sé que tomé la decisión correcta ahora, pero en esa tienda de Halloween
estaba tan cerca de elegirlo, el otro disfraz que él quería que me pusiera. Pero
no pude hacerlo porque una disculpa debe ser lo primero. Además, tuvimos
que inscribirnos para los disfraces de Halloween porque, por orden de Su
Majestad, no habría disfraces repetidos.
En un instante, estoy en el vestido amarillo y azul con mangas abullonadas
y tacones amarillos. Ojalá me hubiera teñido el cabello este año, pero con
todo lo que pasaba, no estaba de humor. Me conformaré con la peluca.
Después de arreglarme el cabello de la manera correcta para evitar que los
mechones rubios sobresalgan debajo de la peluca oscura, me la pongo y
coloco el artilugio en mi cabeza. No se parece en nada a las pelucas que he
usado antes. Tan increíblemente barato, pero honestamente, ¿qué puede
hacer una princesa en quiebra?
Ahora solo pasaré un rápido toque de lápiz labial y listo.
Empiezo a sacar un rojo brillante de mi bolso, pero una mano me detiene y
me quita el tubo rápidamente.
—No lo puedes hacer. Tenemos que hacernos lucir lo más calientes posible
para mantener la buena reputación de la hermandad. Yo te maquillaré. Tal
vez algún día aprendas a hacerlo tú misma.
Ella no estaba equivocada. El rostro intensamente maquillado de Mallory es
brillante. No literalmente, pero su trabajo es casi tan bueno como el de la
gente que hizo el mío en mi hogar. Su lápiz labial púrpura y delineador de
ojos negro combinados con un ojo ahumado la convierten en la bruja más
sexy de esta hermandad y probablemente en el campus.
Tomando mi mano, me lleva hacia nuestro tocador y me hace sentarme en la
silla blanca transparente frente a él. Quince minutos después y mi rostro está
tan impecable como el de ella. El rubor sutil, el delineador de ojos en gel y el
lápiz labial rojo brillante hacen que mis ojos azul océano se destaquen
perfectamente.
—Hecho con quince minutos de sobra. ¡Vamos! —Lo único que llevo conmigo
es mi teléfono, que apenas cabe en el pequeño bolsillo de mi vestido.

Entramos en la alineación de la planta baja en la gran sala con las demás


chicas de nuestra hermandad de mujeres. Brandie mira en nuestra dirección
mientras nos ponemos en fila. Es nuestra única forma de reconocernos sin
llamar la atención sobre nosotras mismas. Está vestida con un disfraz de
sirvienta sexy.
Las tres miembros de la junta directiva de la hermandad de mujeres ya están
sentadas en sus respectivas sillas. Un ciervo, un hada y un pirata. No se les
permite ser amistosas con nadie más que con ellas mismas y Su Majestad.
Dos emparejadas en un lado y una en el otro, con una silla vacía a su lado.
Esa silla será mía antes de graduarme. La silla más bonita y más grande del
medio está vacía. Ella todavía debe estar preparándose. Las tres están
consumidas con sus teléfonos.
A medida que pasan los minutos, se acerca la hora de la fiesta. Para cuando
el reloj marca las siete, toda nuestra hermandad está en fila y esperando.
Todavía no se dice ni un pío. Moviéndome torpemente, tiro de los bordes de
mi vestido hasta que escucho un cambio repentino en el silencio. El sonido
suave y delicado de Su Majestad bajando las escaleras. Dejo de moverme
cuando los miembros de inmediato dejaron sus teléfonos y miraron hacia la
puerta de la habitación.
Unos segundos más tarde, ella entra con gracia, vestida con el mismo disfraz
de Halloween que usa todos los años según Mallory. Nadie más en nuestra
hermandad tiene permitido usar su disfraz. De hecho, no creo que haya una
chica en el campus que se atrevería a usarlo. Su disfraz es una variación de
lo que usa durante innumerables horas a la semana de forma regular. Un
tutú de bailarina y zapatillas.
Collette Hardington, con su perfecto cabello castaño recogido en un apretado
moño, se detiene frente a la fila. Ella nos escanea a fondo, buscando la más
mínima imperfección. Su sonrisa dice que todos somos sus queridas amigas,
pero sus ojos ven claramente que no somos más que el chicle en la suela de
sus zapatillas de ballet. Estudiante de primer año, estudiante de segundo
año, estudiante de tercer año, mayor. No importa en qué año te encuentres,
ella te dirá sin rodeos con la voz más suave que no pensarías que es serio al
escucharla por primera vez, pero no te equivoques, ella es mortalmente seria.
Y perfeccionista hasta la médula.
—Necesitas más delineador de ojos —le murmura a una chica.
—Lápiz labial de diferente color.
—Tus labios son demasiado brillantes.
—Todo tu rostro necesita ser rehecho.
—Demasiada sombra de ojos.
Solo unas pocas chicas escaparon a sus mordaces sugerencias.
—Más rubor en tus mejillas, Wil —dice cuando finalmente me alcanza.
Escuchar ese nombre salir de sus labios muele mis malditos nervios. Si hay
algo que más deseo es no volver a escuchar esa parte de mi nombre. Pero
parece que no podré escapar de eso, porque ella y todos los demás, excepto
Mallory y Brandie, se deleitan en llamarme así.
Hace una pausa frente a Mallory.
—Usa menos laca para el cabello la próxima vez, Mal.
Supongo que no pudo encontrar nada malo con el maquillaje de Mallory.
Por el rabillo del ojo, veo el rostro impasible de Mallory cambiar a una
pequeña sonrisa.
Unos minutos más tarde, termina su inspección.
—Señoritas, después de que hayan arreglado lo que les he dicho que arreglen,
abriremos la puerta y comenzaremos la fiesta. Tienes cinco minutos para
hacerlo. Y recuerde, puede que lleguemos tarde, pero la fiesta nos esperará.
Ella sonríe ampliamente y se sienta en su trono de reina.
—¡Ahora vayan! —Con un aplauso, obedientemente corremos de regreso a
nuestras habitaciones.

No es una sorpresa para mí cuando Collette deja que Mallory, Brandie y yo


sepamos tan pronto como bajemos las escaleras que nos quedaremos toda la
noche en Zeta Delta Beta. Nuestro trabajo no es limpiar. Estoy segura de que
a otras chicas se les asignó ese delicioso deber. Nuestro trabajo es observar y
asegurarnos de que nada se destruya por completo. Lo que significa mirar a
todos y no poder divertirnos. Un destino peor que la limpieza en mi opinión.
Al menos tenemos una de las fiestas más calientes aquí y hay mucho alcohol.
La única otra fiesta a la que vale la pena ir es en Alpha Sigma Sigma. Todas
las chicas del campus verían a los chicos con sus trajes atractivos.
Pero no nosotras tres. Estaremos atrapadas aquí en el infierno de la
hermandad. Ni siquiera puedo quedarme en la misma zona que Brandie y
Mallory porque tenemos que vigilar toda la casa. Brandie está mirando el área
de arriba y Mallory y yo nos turnamos con las partes delantera y trasera del
área de abajo. Ahora mismo, estoy en la parte trasera de la casa donde está
la cocina.
Al menos tengo acceso rápido al alcohol.
Con amargura, voy a la cocina, tomo un poco de tequila y me sirvo un trago.
Esa ardiente quemadura me recuerda a mi hogar. En Trellonia mis amigos
siempre traían tequila cuando queríamos beber. Es tan fácil verter otro, y
otro, y otro.
Y luego, así como así, desaparece. Vacío. Agotado. El zumbido en mi cabeza
crece e ignoro por completo las fuertes voces de mis compañeros mientras
beben la nociva cerveza en el otro extremo de la cocina.
Eso no le sienta bien a mi paladar más refinado.
Apoyada en el mostrador, miro la larga fila de alcohol frente a mí y agarro mi
próximo favorito. Whisky. Ni siquiera me voy a molestar con el vaso de chupito
esta vez. Al abrirla, tomo un trago y siento que lo mismo me quema la
garganta.
—Esto es lo bueno.
Después de otro sorbo, la música en la otra parte de la casa parece hacerse
más fuerte. Todavía hay mucho camino por recorrer antes de alcanzar mi
límite de alcohol. Dejando la botella, encuentro a Mallory en la esquina
bailando con un chico disfrazado de Zorro. ¿Ese es Brett? Ella está
sacudiendo su trasero contra él para poder enfrentarse a la multitud. Sus
ojos se encuentran con los míos cuando me ve y agita su mano.
Es necesario maniobrar un poco alrededor de la gente, pero finalmente la
alcanzo y descubro que es él, un miembro de Alpha Sigma Sigma.
—No es hora de cambiar todavía, ¿verdad? —dice en voz alta sobre la música.
—No, pero necesitaba un descanso de los imbéciles de la cocina que siguen
derramando la cerveza.
Ella ríe.
—Bien, pero no te alejes demasiado. Lo último que necesitamos es que ocurra
un accidente mientras una de nosotras no está mirando.
Asintiendo, la dejo para que siga haciendo lo suyo con Brett, quien apenas
mira en mi dirección. Completamente diferente de cómo habría actuado
cualquiera en mi propio país. Todos los muchachos se acercan a mí, como
polillas a una llama, rogándome que elija su compañía en un día en
particular.
Pero no aquí. Aquí, todavía me conocen como la princesa mimada y
arruinada. Puede que quieran follarme, pero eso es todo. Parece que lo único
que le interesa a Brett es empujar su entrepierna contra el trasero de Mallory.
Él y su amigo Emerson no son diferentes del resto de los chicos de Alpha
Sigma Sigma.
Quieren acostarse con tantas chicas como puedan.
Qué montón de imbéciles.
Tejiendo entre la multitud de cuerpos danzantes, miro todos los disfraces,
pero no encuentro el que realmente espero ver.
La maldita broma es mía por creer realmente que lo vería esta noche.
Si iba a ver a alguien, sería a su hermana. ¿O su hermano? No yo, la chica
con la que estuvo durante qué, ¿dos segundos?
Volviendo al alcohol, tomo una botella alta nueva de Absolut Vodka. Nada lo
supera en mi libro. Saliendo por la puerta por el lado más cercano a mí, lejos
de los chicos que todavía beben cerveza, entro en nuestra pequeña sala de
estar con una de las puertas que dan a la parte de atrás. El exterior es tan
ruidoso como el interior. Y aunque es octubre y Halloween, todavía hay un
montón de personas en nuestra piscina, alcohol en mano.
La única silla en la que estoy interesada en sentarme está sola. No hay otras
sillas a su alrededor. Lo que significa que nadie puede sentarse a mi lado y
molestarme. Puedo beber en paz, un poco.
Tomo otro mini trago de la botella y lo apoyo en mi pierna. Mirando alrededor
de la multitud, lo único que veo son parejas besándose. Parejas rechinando
al ritmo de la música a todo volumen desde el estéreo exterior.
Parejas en la piscina. Parejas riendo.
Su risa profunda resuena en mi cabeza cuando un trozo de papel sale flotando
de la nada. Casi creo que solo estoy viendo cosas, hasta que veo cómo llega
al suelo y se queda en él.
Parpadeando, me levanto de mi silla rápidamente y agarro el papel. Mis ojos
se abren ante las palabras y me doy la vuelta y miro hacia atrás. No noté que
nadie se me acercaba por ninguno de los lados y el respaldo de la silla estaba
contra los arbustos. Una pequeña burbuja de esperanza llena la frialdad
dentro de mí. Tal vez estaba equivocada.
Mirando la nota, la leo muchas veces, pensando que podría desaparecer y ser
un producto de mi imaginación casi borracha.
¿Por qué no te disfrazaste como Jane? Soy tu Tarzán. Ven a buscarme,
princesa.
En algún lado. Está aquí en alguna parte. Esperándome.
Inmediatamente, dejo mi silla de refugio seguro con la botella de vodka en la
mano y salgo en busca de un Tarzán. Primero, necesito buscar afuera. Voy al
césped alrededor de la casa hasta que llego a la puerta que conduce al frente
del edificio.
No, primero debería revisar el patio trasero.
Retrocediendo, me apresuro a regresar, caminando por toda la zona,
esperando desesperadamente ver a un Tarzán, pero ni un solo avistamiento
de uno en la parte de atrás. Debe estar dentro de la casa. Después de todo,
hay más gente allí y menos personas lo notarían.
Me toma un tiempo, pero barro toda el área de la planta baja, pasando junto
a Mallory, que ahora se está besando completamente con Brett.
Completamente ajena a mí cuando me deslizo junto a ella. Pero no Tarzán.
—Al diablo con las reglas —murmuro, y voy por la elegante escalera, subiendo
el primer tramo, y luego saltándome cada dos escalones en el segundo tramo.
No hay tanta gente aquí como pensé que habría. Mientras camino por cada
pasillo, escucho algunos ruidos que hacen que un rubor se encienda en mis
mejillas. La frustración aumenta mientras camino por el último pasillo en el
nivel de arriba y encuentro a Brandie al final en el regazo de Emerson. No es
una puta sorpresa en lo más mínimo. Su blusa ya está quitada y sus
pantalones están fuera. Yo diría que están a segundos de follar.
Y no Tarzán. Él no está aquí. O lo está y me está jodiendo. Mirándome ir a
donde él ya ha estado. Pero que se joda. Ya no perseguiré su trasero. Por eso
no me disfracé de Jane. Juega demasiados juegos y ya terminé.
Y que se joda Collette también y su estúpido culo de reglas.
Dirigiéndome directamente por el pasillo hacia mi habitación, la abro y cierro
la puerta. Me alivia descubrir que no hay nadie dentro y me dejo caer en mi
cama.
Qué pésimo Halloween.
Cuando cierro los ojos, casi puedo verlo sonriéndome como siempre lo hace.
La sonrisa que hace que todas las chicas se vuelvan pegajosas. A la mierda.
Eso.
Arrugo su nota jodida en mi mano izquierda y bebo de la botella en mi
derecha. Lentamente, lo dreno por completo. La botella se me cae de la mano
a mi cómoda colcha cuando mi cabeza comienza a dar vueltas.
—Idiota, lo odio, maldita sea —balbuceo, tratando de hacer la nota lo más
pequeña posible en mi mano.
Mi cuerpo casi se siente como si se balanceara, pero eso no es posible porque
estoy acostado. La habitación se mueve. Supongo que eso significa que
finalmente llegué a mi límite.
Y de repente, todo se vuelve negro.
El sonido de la puerta al abrirse me hace saltar.
Y la persona en la puerta me hace sentar. O al menos intenta sentarte.
—¿Heath? —grito.
Me mira con una expresión extraña en su rostro y luego sonríe.
—Princesa, eres un desastre. Has estado exagerando con las bebidas, ¿no es
así?
—Sí, pero… —Comienzo mientras lucho por levantar la cabeza.
Sacude la cabeza y se lleva un dedo a los labios.
—Shhhh. No digas una palabra. Solo sé que te amo. Siempre estoy a la vuelta
de la esquina.
—¡Pero Heath!
Heath cierra la puerta antes de que pueda sacar mi cuerpo de la cama.
—Maldita sea. No. ¡Heath! —grito, esperando que vuelva.
La puerta permanece firmemente cerrada.
—¡Heath! —Se ha ido, supongo. Ninguna cantidad de palabras de mis labios
lo traerán de vuelta. Cierro los ojos con frustración y, de repente, todo cambia
y parece desaparecer. Intento abrir los ojos, pero todo se siente pesado.
Finalmente, me las arreglo para lograrlo.
En el momento en que se abren, me siento completamente sola. Débilmente,
puedo escuchar el sonido de la música que sigue sonando. Entonces no debe
ser demasiado tarde. Sin embargo, se supone que la fiesta durará hasta las
3 a. m.
¿Estaba Heath realmente aquí? ¿O era solo una esperanza borracha y mi
mente enloquecida? Deben haber sido las bebidas. No he bebido tanto alcohol
desde la fiesta de bienvenida.
De repente, la puerta se abre y la ráfaga de luz que entra en la habitación me
ciega por un segundo. Tirar de mi brazo hacia arriba para bloquear mis ojos
parece tomar un tiempo extra largo para cubrir mis ojos.
Es la silueta de un hombre. Cabello castaño claro alto.
—Heath, ¿eres tú? — digo mal.
—Que carajo ¿dijiste? —Sus ojos están ardiendo de ira.
Parpadeando con fuerza, trato de distinguir la forma en la puerta y luego
finalmente entra claro. No es Heath en absoluto. Es su hermano menor,
Callan. No lleva disfraz, solo su ropa normal.
—Princesa perra, ¿escuchaste lo que dije o estás demasiado borracha?
Una risa maliciosa estalla detrás de él y una chica con cabello naranja asoma
su cabeza.
—¿Ella te acaba de llamar por tu hermano? ¿Es tonta o qué?
Mi estómago comienza a gorgotear y la bilis comienza a subir por mi garganta.
Intento tragarlo sin que se den cuenta.
—Oh, mira, la perra parece enferma. Bueno, adelante, vomita Wil, lo
grabaremos en video —dice la perra de cabello naranja.
—Cállate, Ginger, quiero saber por qué pensó que era inteligente llamarme
por mi hermano.
Supongo que no me dejarán en paz hasta que diga algo y me disculpe. Alguien
como yo no debería tener que disculparse.
—Mi maldito error. Bebí mucho. ¿Puedes dejarme sola ahora?
—Oh, mira, la princesa remilgada quiere estar sola ahora. ¿Herimos sus
sentimientos? —pregunta Ginger, sacando el labio inferior y mirando de
Callan a mí.
La ira de Callan parece desvanecerse cuando una lenta sonrisa aparece en su
cara.
—Creo que lo hicimos cariño. —Da dos pasos gigantes hacia mí, bebida en
mano, y antes de que pueda siquiera alejarme, vierte su bebida sobre mi
cabeza. Se me mete en la nariz y en la boca cuando la abro para respirar.
Arde un poco al entrar en mi cavidad nasal.
Puedo olerlo y saborearlo. Cerveza. Espabilando y sentándome rápidamente,
uso ambas manos, limpiándome el rostro y manchando algo de maquillaje en
el proceso. Sigue goteando por mi rostro y cuello.
—Eres un puto desastre, perra. ¿Cómo te sentiste? —Ginger pregunta
sarcásticamente mientras se acerca a él. Escucho el repugnante clic de la
cámara de su teléfono celular mientras toma fotos.
Callan mira a su lado y tiene una mirada casi molesta en su cara.
—Oye, tráeme otra cerveza y encuéntrame en la puta habitación al final del
pasillo. Esa habitación siempre está vacía.
Se detiene de inmediato y responde con un tono de alegría exagerado:
—Claro, nene —Dándose la vuelta, camina de regreso a la puerta, subiendo
su falda de animadora. Pero antes de dejar mi vista, mira por encima del
hombro y me fulmina con la mirada. Ella dice “perra” y desaparece de la vista.
Callan se aleja de mí y se dirige a la puerta, cerrándola silenciosamente. Hay
una energía que emite de él con la que no quiero tener nada que ver.
Volviendo su atención a mí, se acerca a la cama y yo me alejo lo más rápido
que puedo. Si quiere saber sobre Heath, no tengo nada que decirle. No sé
nada. En mi prisa por escapar, el edredón se mueve y veo cómo se cae la
mancha blanca de mi cama.
—¿Qué diablos es esto? —pregunta Callan—. ¿Papel?
Tomando una respiración profunda, rezo para que no abra el papel. La bilis
sube de nuevo a mi garganta. Estoy demasiado borracha para tener esta
discusión con él ahora mismo. Al menos no hay nombre en el papel si decide
leerlo.
Lo miro mientras lo abre con cuidado y espero su reacción.
Probablemente lo hará pedazos.
Parpadea un par de veces y se echa a reír. No en el buen sentido, pero de una
forma estúpida que me hace odiar a este imbécil aún más. Esa nota significó
mucho y cree que es graciosa.
—Aw, qué dulce. Tienes un noviecito al que no le importa lidiar con una
princesa malcriada. Incluso te llama princesa. Que en su sano juicio ¿Incluso
querrías combinar disfraces con una perra engreída como tú? Jane y Tarzán
eso es…
La risa en sus ojos se desvanece.
—Tarzán. —Sus ojos castaños claros se abren cuando la comprensión se
percata de sus rasgos y luego brillan con ira—. Perra. Maldita perra. —Sacude
la nota en el aire—. Esto es de mi hermano. Me dijo… me dijo que este año
iba a ser Tarzán. Todos los años, la novia que tenga se viste elegante para
complementar su disfraz. Fred y Wilma. Barbie y Ken. Ricky y Lucy. Y este
año, quería hacer Tarzán y Jane. ¿Dónde está el?
Retroceder hacia la esquina de la habitación es lo único que puedo hacer.
Cuando mi espalda golpea la pared, he llegado tan lejos como puedo.
Acechando hacia mí con enojo, pregunta con una voz aterradora y tranquila:
—¿Dónde está mi hermano? ¿Se esconde en algún lugar por aquí?
De cerca, su rostro se parece mucho al de Heath. El cabello de Heath es un
poco más oscuro y sus ojos son de un tono marrón más claro. He evitado
tener ninguna interacción con Callan por esta misma razón. Su hermano fue
una mala noticia, y él también es una mala noticia. Estoy atrapada con su
hermana, así que no hay forma de escapar de ella. Esta familia te atrae y
nunca te deja ir.
—No lo sé —respondo honestamente.
—¿No lo sabes? No sabes Entonces explica esta maldita nota. No soy
estúpido. No te escribirías esto a ti misma. ¿Es este un juego que tú y tus
malditas amigas juegan? ¡Mierda! —Camina hacia mi mesita de noche y tira
la lámpara gris barata, provocando que se estrelle y se rompa.
—No —digo con un gemido mientras mi estómago continúa revolviéndose sin
descanso—. Lo obtuve esta noche. Estaba afuera y flotó en mi regazo.
—¿Y lo encontraste? —pregunta, buscando en mis ojos el indicio de una
mentira.
—No. No sé dónde está. No lo he visto.
—¿Y esta es la única nota que has recibido?
—Sí —miento. Me niego a compartir los demás con él.
Entrecerrando los ojos, se acerca, elevándose sobre mí mientras coloca sus
manos en lados opuestos de mi cabeza.
—Si descubro que estás mintiendo, haré de tu vida un infierno. Te arruinaré.
Serás expulsada de esta escuela. Puede que tengas todo el poder en Trellonia,
pero aquí no tienes ningún poder. De ahora en adelante, te estaré observando
de cerca.
Su aliento huele como la cerveza que cubre mi piel. Instintivamente, mis
brazos suben y empujan su pecho. No lo mueve ni un centímetro y, lo que es
peor, todo lo que siento es un músculo fuerte debajo de mis manos. Mis
manos caen sin fuerzas a mi lado. Quizás si no estuviera tan borracha, podría
hacer más. Con desdén, sus ojos me recorren de la cabeza a los pies.
—Ya eres un desastre, pero esto no es nada comparado con lo que puede
pasar.
Esto debe significar que soy la única que recibe notas.
—Bien, ahora sal de mi maldita habitación.
—Seguro. Tengo una cita con Ginger y la cama en 215, pero no creo que esto
haya terminado —Él retrocede, frunciendo el ceño mientras me mira con
disgusto y sale de mi habitación sin decir una palabra más.
Estúpido. Como si todas las respuestas estuvieran conmigo. Conocí a su
hermano por primera vez hace dos meses en la orientación. Conoce a su
hermano desde hace dieciocho años. Si alguien supiera dónde está, debería
ser él.
Deslizándome hacia el tocador, miro mi rostro y veo que parezco un payaso.
En ninguna parte tan bonita como me veía antes. Mis ojos parecen nublados
y sé que es el alcohol. Al oler el aire, está claro que el hedor a cerveza está
rondando porque ahora está empapado en mi ropa.
Necesito darme una ducha.
Pero también necesito alejarme de este maldito lugar.
Quiero irme a casa y olvidarme de todo. A la mierda las órdenes de Collette,
ya las rompí volviendo a mi habitación de todos modos.
Agarro la nota del suelo y la coloco con las demás en mi mesita de noche.
Corriendo hacia el tocador de maquillaje, tomo una toallita del cajón y me
froto el rostro rápidamente. Solo quedan pequeños trozos, pero no tengo
tiempo para irme sobre eso de nuevo. Tengo que ir. En el momento en que
salgo de mi habitación, escucho los no tan sutiles sonidos de gemidos.
Arrumbándome, casi vomito allí mismo en el pasillo, pero me las arreglo para
contenerme mientras bajo las escaleras, salgo del edificio y me alejo de todos.

Resulta que era tan solo la 1 a.m. cuando me desperté. Deje el área de la casa
completamente. ¿Quedan las otras dos horas para la fiesta? Me paso vagando
por el campus, buscando desesperadamente un lugar para estar sola. Sin
embargo, dondequiera que voy, todos toman pastillas, beben. Podría haber
agarrado uno o dos vasos extraviados.
El único lugar tranquilo parece ser un lugar en el que no he estado en un
mes. El lago en el lado sur del campus. El lugar que conecté por primera vez
con Heath. Pensé que sería demasiado extraño ir sin él, pero ahora es el único
lugar al que puedo ir.
Los árboles que lo rodean se sienten más oscuros de lo que suelen ser. Sus
hojas llenas apenas estaban comenzando a caer. ¿Ahora? Están mucho más
desnudos.
Lentamente, cruzo la última raíz enorme del árbol, doblando la esquina hacia
la zona de césped alrededor del lago.
El agua no parece tan clara como antes. Es turbio, como si estuviera
contaminado de alguna manera.
Dejándome caer, me acosté en el mismo borde de la hierba, justo antes del
borde del agua.
De repente, las palabras de Callan resuenan en mi cerebro. “¿Dónde está mi
hermano? ¿Se esconde en algún lugar por aquí? “
Si lo fuera, creo que ese lugar sería aquí.
Heath… ¿por qué entraste y dejaste mi vida tan rápido? ¿Por qué te irías sin
decir una palabra a nadie?
Me pregunto si alguna vez lo sabré.
Era la única persona con la que podía hablar. Y ahora… estoy sola.
A mis padres no les importo, Mallory y Brandie me hablan de seguro, pero ya
sabes lo que dicen, la compañía de dos, tres, es una multitud.
La calma y la tranquilidad del lago me envuelven rápidamente. Lo siguiente
que sé es que todo mi cuerpo está flotando bajo el agua y las hojas y las ramas
no me sueltan. No hacen nada más que engancharse en mi vestido sucio. Es
una lucha desesperada por sacar mi cabeza del agua. Nunca aprendí a nadar.
Mis brazos caen inútilmente a mi lado.
Tal vez él estaba tan acabado con su vida como yo con la mía. Es inútil. Y
luego, en un instante, siento que un brazo me rodea la cintura.
Callan
Un brazo largo va alrededor de mi hombro.
—Vamos, señor presidente. Únete a nosotros. —Los chicos gritan y gritan,
animándome a participar en el concurso de cerveza.
Aparto su brazo de mi hombro y tomo una cerveza.
—Bien, beban —les digo a los otros veinte chicos.
En un abrir y cerrar de ojos, lo trago y coloco el vaso vacío en la mesa,
golpeando por poco a dos de último año y un de primer año.
—Joder, hombre. Bebes casi tan rápido como… —el joven comienza con una
sonrisa que se desvanece lentamente cuando se da cuenta de lo que estaba a
punto de decir.
—Lo siento —murmura, negándose a mirarme a los ojos y rápidamente se
sirve otro.
Solo ha pasado un mes desde que mi hermano desapareció, pero parece que
ha pasado mucho más tiempo. Nunca hemos estado separados tanto tiempo
en todo el tiempo que ha sido adulto. Claro, se ha ido durante una semana o
dos con algunas novias algunas veces, pero nunca ha ido a ningún lado sin
decirme adónde iba.
Le encantaba presumir de ser mayor, así que podía hacer cosas que yo no
tenía permitido. ¿Pero esta vez?
Ni una maldita palabra. Debido a que se fue, alguien tuvo que ocupar el lugar
del presidente de Alpha Sigma Sigma. Algunos de los chicos mayores estaban
menos entusiasmados con que yo asumiera el papel, pero ¿qué pueden decir
cuando mi padre es el decano? ¿Y los otros miembros de la fraternidad? Sin
inconvenientes. No es que mi hermano no supiera lo que estaba haciendo con
los tipos que eligió para los puestos, pero prefiero trabajar con personas en
las que confío. La gente que conozco no me despreciará por ser un estudiante
de primer año. Esos lugares fueron para los tres tipos que se han quedado a
mi lado durante todo este asunto. Mi tiempo como presidente puede no ser
algo permanente durante el resto del año. Heath regresará de la nada antes
de fin de año y se alegrará de que mantuviera su silla caliente para él.
Pero por ahora, es hora de que comience esta fiesta. Los chicos me abren el
camino hacia la puerta principal y la abro para encontrarme con una larga
fila de chicas esperando. Chillan y gritan en el momento en que aparezco. Ha
sido peor desde que desapareció mi hermano. Cada vez son más las chicas
que se me lanzan. Pero, ¿qué es peor que eso? La chica más ambiciosa está
al frente de la fila.
Ginger.
Ella ha estado tratando de meterse en mis pantalones durante años. Sé por
qué quiere mi puta polla, pero maldita sea. Ella se lanza hacia mí y no tengo
más remedio que atraparla, obligándome a tocarla. Esta noche, su cabello
naranja está recogido en coletas y ella está vestida con un traje corto de
animadora azul, negro y blanco. La dejo de nuevo en el suelo y ella se cruza
de brazos y saca el labio inferior.
Mirando a su alrededor, me dirijo al resto de la línea.
—Pueden entrar, señoritas.
Entran lentamente, algunas miran tímidamente en mi dirección y otras
asoman el pecho y el culo. Agradezco el desfile, pero no me interesa. Aprendí
que se necesita mucho más que un buen culo y un par de tetas alegres para
mantenerme satisfecho. Trina me enseñó eso en la escuela secundaria.
Parpadea con sus ojos verde oscuro hacia mí, dándome una mirada que
claramente dice que quiere que la folle esta noche. Puede que no quiera que
sea mi novia, pero me vendría bien un buen polvo. Este año ya es una mierda
y necesito liberarme del estrés.
—Vamos a Zeta Delta Beta —murmuro—. Este lugar estará lleno en unos
minutos —Deja escapar un chillido molesto que me hace arrepentirme de
haberle prestado la más mínima atención. Además, me gustaría ver cómo va
la fiesta de mi hermana. Si la conozco, y la conozco, esa fiesta se desarrolla
sin problemas.
—En realidad, dame un momento —le digo a Ginger, y me voy antes de que
pueda protestar y pedir que me acompañe. Regresando al interior, me dirijo
directamente a la parte trasera de la casa y abro la puerta del patio trasero.
Al menos uno de mis amigos debería venir conmigo para no acaparar toda la
atención.
Tan pronto como salgo, veo a Tyrell con su disfraz de vampiro rodeado de
algunas chicas en una silla de piscina. No pestañea en ninguna de sus
direcciones. No creo que lo haya visto nunca con una novia. Parpadea en mi
dirección cuando me detengo frente a él.
—Si me vas a preguntar si quiero ir a la estúpida hermandad de mujeres de
tu hermana, no lo haré. Hay muchas chicas aquí que quieren mi polla y toda
la bebida que pueda desear. Me niego a ir allí de nuevo.
La última vez que asistimos a uno de los eventos de ZDB fue la fiesta de
bienvenida. ¿A qué se debe el rechazo?
Paso a la bañera de hidromasaje, donde Noel se relaja con una chica en su
regazo.
—¿Qué pasa? —pregunta enérgicamente—. ¿No ves que estoy un poco
ocupado aquí, hombre?
—¿No puedes tomarte un descanso del jacuzzi y venir a ver a las chicas
calientes en Zeta Delta Beta?
La chica en su regazo se vuelve y me frunce el ceño. Ella es la tercera esta
semana.
—No te preocupes, caramelo. Sabes que eres la única para mí —miente,
acariciando su mejilla. Volviéndose hacia mí, se encoge de hombros—. Lo
siento, tal vez la próxima vez.
Eso fue jodidamente inútil. Una vez que se mete en ese jacuzzi, no le gusta
irse por nada. Es donde nunca deja de ligar. Ya sea su jacuzzi, este jacuzzi,
el jacuzzi de mi familia. Nunca falla.
Eso solo deja…
Una mano me da una palmada en la espalda y me doy la vuelta rápidamente.
—¿Toma suficiente cerveza, hombre? ¿Y dónde está tu dama elegida? Tú…
elegiste a una dama, ¿verdad? Solo recuerda…
—No metas la polla en la locura —decimos al mismo tiempo. Vince nunca
deja de decirlo. Este año es un dios griego con una toga blanca y un tocado
de laurel dorado en su cabello castaño oscuro.
—¿Vas a quejarte como Noel y Ty?
Se echa a reír.
—Depende de lo que quieras que haga.
—Vamos a Zeta Delta Beta.
—Hombre. No. No puedo hacerlo. Sé que esa perra está ahí. Si no fuera así,
con mucho gusto me uniría a ti. Disfruta tu noche. —Él se despide con la
mano y se aleja, lo más probable es que encuentre un poco de cerveza.
Ashlynn se convirtió en su hermanastra hace dos años y todavía no se llevan
bien. ¿Por qué? ¿Quién sabe? Nunca hablará con nadie sobre eso, y siempre
odiará a su padre por casarse con la madre de Ashlynn.
Supongo que entonces estoy solo.
En el momento en que abro la puerta, Ginger aparece frente a mí.
—¿Listo? — Sus ojos verdes me estudian con atención, como si pensara que
le voy a decir que no. Sí, estoy listo… para rascarme el puto picor y volver.
Esa chica sabe algo sobre Heath, puedo sentirlo. ¿Y por qué me llamo por su
nombre? Mi perfecto hermano mayor que ahora ha desaparecido. La puerta
de Wil cruje cuando la cierro detrás de mí. Camino por el pasillo hasta la 215
y la abro para encontrar a Ginger completamente desnuda y en la cama. Sus
manos cubren sus turgentes tetas y sus piernas están abiertas.
—Ven y fóllame ya —ronronea y guiña un ojo.
Si dice una palabra más, me lo arruinará.
Moviéndome hacia la cama, me arrastro encima de ella, manteniendo mi
ventaja fuera de mis manos a ambos lados de ella. Inclinándome hacia su
oído, le digo:
—No digas otra maldita palabra hasta que esto esté hecho. ¿Entiendo?
Ella asiente, e inmediatamente tiro sus manos hacia abajo y agarro sus tetas.
Deja escapar un fuerte gemido que solo crece cuando juego con sus pezones.
Ni siquiera les he puesto la boca.
De repente, por encima de su fuerte gemido, lo escucho. El crujido de esa
puerta. ¿Su compañera de cuarto volvió a su habitación?
—Dame un segundo —murmuro, me levanto de la cama y corro hacia la
puerta. Solo noto vagamente el pequeño resoplido de frustración de la boca
de Ginger.
Me asomo justo a tiempo para ver el borde del vestido azul y amarillo de Wil
desaparecer a la vuelta de la esquina. Ella está en movimiento. Mierda. ¿Y si
va a encontrar a Heath? Pasando una mano por mi cabello, pienso en el mejor
camino a seguir. A la mierda todo el estrés con una chica que ni siquiera me
gusta o sigue a la princesa malcriada hasta mi posible hermano desaparecido.
Cuando lo digo de esa manera, es una elección fácil.
—En otra ocasión, Ginger —digo y salgo.
Detrás de la puerta, la escucho rugir:
—¡No! Vuelve y métete dentro de mí. ¡Decídete!
Descubrir lo que le pasó a mi hermano significa más para mí que un polvo
rápido que puedo conseguir en cualquier momento. Ahora solo espero que
esto no sea por nada.

Dos horas. Dos malditas horas de nada. Ese es el tiempo que la he estado
siguiendo. Antes estaba borracha, pero ahora parece muy borracha. Peor
aún, sigue tomando vasos y botellas al azar y bebiéndolos. Cualquiera de ellos
podría tener drogas. Qué idiota de mierda.
Su camino cambia repentinamente, rompiendo el círculo que ha estado
haciendo alrededor del campus y yendo hacia el sur. ¿A dónde podría ir?
Entra en la zona boscosa, tropezando con ramas y raíces, pero se agarra a los
árboles.
Lo único cerca de aquí es el lago. ¿Por qué va al lago?
Manteniéndome en las sombras, la veo moverse borracha hasta la orilla del
lago y sentarse. Ella no hace ningún sonido. ¿Heath va a aparecer aquí?
Pasan los minutos y nada cambia.
¿Voy a tener que esperar aquí toda la puta noche?
De repente, se levanta. Balanceándose mientras camina y camina… ¿hacia el
lago?
Ese lago probablemente esté congelado en este momento, pero la forma en
que se mueve no la ha afectado en absoluto. Ni un escalofrío. Ella sigue
caminando con el menor balanceo. Más y más adentro, hasta que no queda
nada de ella. Ella está completamente debajo de la superficie.
—¿Qué. Mierda? —Accidentalmente pregunto en voz alta.
Miro y espero unos segundos, pero su cabeza no vuelve a levantarse. ¿Ella
está nadando? Pasa un minuto y todavía no hay rastro de ella. ¿Qué diablos
está haciendo ella?
¿Está intentando… ahogarse? Qué jodido dolor en mi trasero.
Corriendo alrededor de los últimos árboles, corro hacia el césped y me quito
la camisa. Camino directo al lugar donde ella entró y con una respiración
profunda, me sumerjo. Se necesita de todo en mí para ignorar la temperatura
helada del agua. Empujando mis brazos, busco su vestido de algodón o
incluso esa peluca falsa que llevaba, pero todo lo que obtengo son ramas,
hojas y otros escombros que probablemente han estado en este lago durante
años.
El ardor en mis pulmones me obliga a regresar a la superficie y después de
tomar un respiro rápido, vuelvo a hundirme. Posiblemente esta vez más
profundo y sentir algo diferente. ¿Es esta ella? Tiro de él, para encontrar que
es algo largo y fluido. Su vestido. Rápidamente, envuelvo mi brazo alrededor
de su cintura y la levanto. Algo la atrapa e intenta mantenerla sepultada en
el lago. Yo uso mi otra mano para investigar y encontrar ramas y un trozo de
sólo Dios sabe lo que engancha el borde de su vestido. Con toda la fuerza que
puedo reunir, la tiro. Una, dos, tres veces, y luego está libre. Mis pulmones
están en llamas y parece que nos lleva una eternidad salir a la superficie. Su
cabeza se arrulla contra mi pecho.
Sus padres pueden despreciarla, pero si muriera, estoy seguro de que sus
padres no se detendrían hasta que cerraran esta universidad. Sin mencionar
cómo se sentiría Heath cuando regresara y encontrara muerta a su novia.
Puse ambos brazos debajo de ella, sosteniéndola contra mí. Su frialdad
contrasta con la calidez de mi piel. Mientras la llevo al césped, farfulla y arroja
el agua turbia del lago sobre su vestido.
Tosiendo, finalmente parpadea y abre los ojos y me encuentro con un vívido
azul océano. Debajo de eso, hay algo más. Algo tan dolorosamente familiar en
sus ojos. Y se ve, joder, más hermosa sin todo el maquillaje que cubre su
rostro. Su boca forma una delgada línea cuando la dejo en la hierba.
—¿Qué diablos estabas pensando? Tienes suerte de que estuviera aquí.
—Bueno, ¿por qué estás aquí? —pregunta con un gruñido y se cruza de
brazos.
Me quedo sin palabras.
—Bueno… eso no importa. Tal vez, solo me gusta venir aquí y te vi hundirte.
—Deberías haberme dejado quedarme ahí abajo.
—¿Y tus padres demandaron a mi padre? Oh no.
Parpadea y se cruza de brazos.
—Lo que sea. Déjame en paz.
—Después de que regreses a la hermandad de mujeres. Se acabó la fiesta.
Ella mira.
—Lo haré cuando esté lista.
—Entonces supongo que estaremos aquí toda la puta noche. —Lo último que
necesito es que vuelva a intentar hacer algo estúpido—. ¿Y por qué
aquí? —Ella no responde, lo que me frustra muchísimo.
Mientras estemos aquí, también podría hablar de Heath. Tal vez algo de lo
que diga la hará cometer un desliz.
—¿Estás segura de que no sabes nada sobre mi hermano? No lo vi mucho esa
noche. La noche en que desapareció.
Suspira y grita entrecortada:
—¡No lo sé! Créame, si supiera dónde encontrarlo, te lo diría. Extraño hablar
con alguien que realmente disfruta de mi compañía.
Alejo la molesta punzada de mi corazón. Ella todavía podría estar mintiendo.
Ella es una princesa. Estoy seguro de que sus padres le enseñaron a ser una
buena mentirosa desde el útero.
—Si ayuda, te diré lo mismo que le dije a la policía. Nos estábamos divirtiendo.
Estábamos bebiendo. Fuimos a mi habitación para alejarnos de todos y nos
besamos. Bebí un poco más y perdí el conocimiento incluso más tiempo que
esta noche. Cuando volví en sí, se había ido. Su teléfono estaba en mi cama
y la fiesta había terminado. No lo he vuelto a ver.
Nadie lo vio salir de su habitación. En algún lugar, alguien sabe algo. Alguien
tiene la pieza que falta. Heath tenía demasiadas cosas para él como para
desaparecer.
—Vamos, te llevaré de regreso a Zeta Delta Beta. —Esta vez, la agarró del
brazo y la levanto. Su piel todavía está fría, pero no el frío que hacía cuando
la saqué del lago.
Ella tira su brazo fuera de mi agarre.
—Bien. Simplemente no me toques.
—Me viene muy bien. —Maldita princesa malcriada. Agarro mi camisa del
suelo y la sigo lejos del área del lago.
Cuando nos acercamos a Zeta Delta Beta, pasamos por encima de todas las
personas que se desmayaron en la acera cercana.
Da un paso frente a mí y camina hacia la puerta y gira la manija. Gira
levemente, pero ella lo mueve.
—Está cerrada. —Golpea la puerta y, para mi absoluta no sorpresa, nadie
responde.
—Nadie va a venir porque esté cansado o desmayado. Creo que no tienes
suerte.
Ella gime.
—Me duele la cabeza y solo quiero dormir.
—Bueno, esperaste demasiado. Siéntate en el porche y vete a dormir.
—Iré por el patio trasero. —Sale corriendo del porche y da la vuelta a la puerta
lateral. La puerta alta de hierro forjado que es más alta que yo. Me encantaría
verla intentar superarlo.
Gira la manija y la encuentra bloqueada también.
—A la mierda. Dormiré aquí, frente a esta puerta.
Ella se desliza hacia abajo y abre las piernas. Sus muslos cremosos salen a
la vista y bragas rosa claro. Una imagen de sus muslos envueltos alrededor
de mi cintura aparece en mi cabeza. Desagradablemente, mi polla comienza
a endurecerse. Mierda. No.
Cualquiera menos ella. Cualquiera menos la princesa mimada y malcriada
que piensa que todos los estadounidenses son estúpidos. Ella es la novia de
mi hermano. Mi hermano podría haber querido algo de eso, pero yo no.
—Collette se va a enfadar si me ve sentada aquí por la mañana como una
puta. No volveré a pedirte nada, pero por favor, déjame pasar la noche en
Alpha Sigma Sigma. Dormiré en el sofá.
Si estuviera con otra persona, podría no ser un problema. ¿Pero dormir sola
en el sofá de la gran sala? Es solo pedirle a algunos de estos tipos que la
acosen.
—No se puede hacer. A menos que…
—¿A menos que qué?
—Pídeme que te deje quedarte en nuestro dormitorio.
Pude ver la indecisión en sus ojos claramente bajo la bruma del alcohol. Pero
si la llevo de vuelta, necesito algo. Necesito ver a esta princesa de rodillas en
sentido figurado.
—Por favor, déjeme quedarme en Alpha Sigma Sigma. No quiero que me echen
de Zeta Delta Beta después de luchar tan duro para entrar.
Una ola de satisfacción me invade.
La voz de mi hermano resuena en mi cabeza. “Si tengo novia, la tratas con
jodido respeto, ¿me escuchas?”
Supongo que lo haré.
—Bien. Solo esta vez. Esto no es por ti, es por Heath.
Subimos por la carretera y pasamos a la siguiente calle. La puerta de Alpha
Sigma Sigma también está cerrada, pero siendo el presidente, resulta que
tengo una llave brillante. Abriendo la puerta, entramos y subimos las
escaleras de la derecha. Al final del pasillo más largo, llegamos a 240. Al abrir
mi puerta, encuentro todo adentro exactamente como debería ser y aún
mejor, nadie más decidió hacer de mi habitación su choza temporal del amor.
Esta habitación es la única en la fraternidad con una cama y un baño
adornado. Cierra la puerta y mira mi habitación, hasta que sus ojos se posan
en el baño.
—Deja tu disfraz en el baño y ponte esto. —Le tiro la camisa que estaba
usando antes y ella levanta la nariz—. Bien.
Después de que ella entra al baño, me pongo otra y me acuesto en mi cama.
Unos minutos más tarde, ella sale con su cabello normal recogido en una
coleta suelta. Ella no me mira ni me reconoce y se acuesta en el suelo.
—Duerme en la cama, Wil.
—No —responde con firmeza.
—No voy a volver a decirlo. La próxima vez, te pondré en la cama.
Suspira y se mueve hacia el lado derecho de la cama y se acuesta de lado, de
espaldas a mí.
Demasiado para que ninguna chica se quede a pasar la noche en mi
habitación.
Cuando me vuelvo de lado, noto los números rojos brillantes en el reloj de mi
mesita de noche. Son casi las 4:30. Y luego, de repente, el cansancio
finalmente me golpea y el sueño me hunde.

TOCK TOCK.
Aturdido, abro un ojo. ¿Quién diablos está llamando tan temprano en la
maldita mañana?
Miro el reloj y veo que las 11:15 me devuelven la mirada. No es de extrañar
que esté llamando.
Y ahí es cuando noto el calor en mi pecho. Mirando hacia abajo, encuentro
una cabeza rubia desordenada, un brazo alrededor de mi pecho y una pierna
envuelta alrededor de la mía.
Santa mierda.
No dejo que las chicas se queden dormidas y…
El recuerdo de anoche me golpea como un tren. Oh mierda, esta es Wil.
Vuelven a sonar los golpes en la puerta.
—¡Despierta, carajo! Tenemos cosas que hacer hoy, amigo —oigo gritar a
Vince.
Froto la mano que no está inmovilizada debajo de la chica en mi cama sobre
mi cara.
—Wil, Wil —murmuro y me las arreglo para sacar mi pierna de la suya.
—¿Qué…? —Abre los ojos y parpadea, mirando lentamente alrededor de la
habitación hasta que descansan sobre mí.
Sus ojos se abren cuando se da cuenta de la posición en la que está.
—¿Qué diablos, Callan?
—¿Todo bien, hombre? —Vince pregunta desde afuera.
Rápidamente se aparta y mira mi camisa.
—Realmente no estaba pensando anoche.
—No jodas —digo rodando los ojos.
—Bueno, ya he hecho el camino de la vergüenza antes. Esto no será nada
nuevo.
—Y no follamos anoche. ¿Lo entiendes?
Ella no responde. En cambio, abre la puerta y desaparece de la vista.
Saltando de la cama, me asomo por la puerta para ver a todos los chicos en
el pasillo, detenerse y mirar, y luego estallan.
—El presidente lo consiguió anoche.
—¿Pensaba que no dejaba que las chicas se quedaran a pasar la noche?
—La Princesa parece que es una buena follada.
—No follamos —rugí, y me encontré con el silencio, hasta que empezaron de
nuevo.
—En ese caso, déjame ir tras ella.
—Quiero un poco de su dulce trasero.
—Dice que no le gustan los estadounidenses, pero tal vez cambie de opinión
una vez que tenga mi polla dentro.
Maldito infierno.
La veo desaparecer a la vuelta de la esquina con casi todos los chicos
siguiéndola.
—¿Así que te vas a preparar, amigo? —Vince pregunta desde el lado de la
puerta.
—Necesito hacer algo primero. —Por Heath.
Agarro un par de zapatos, me los pongo rápidamente y bajo las escaleras justo
cuando ella sale por la puerta. Dos chicos están con ella. Aclarando mi
garganta, giran en mi dirección y rápidamente se detienen en seco.
Caminando entre ellos, la alcanzo mientras camina hacia la acera.
No me presta atención en el camino de regreso, aunque sé que sabe que estoy
allí. Ella no reconoce las burlas ni los comentarios. Mira al frente y regresa a
su hermandad.
Cuando llegamos, mi hermana y sus tres mejores amigas están en el porche,
hablando animadamente sobre algo.
Wil pasa junto a ellas sin decir una palabra o sin mirar en su dirección. Eso
seguramente las cabreará a todas. Una cosa que nunca se hace es faltarle el
respeto a Collette Hardington.
Collette mira en la dirección en la que Wil fue y murmura algo a sus amigas.
Miran en mi dirección con expresiones ilegibles y entran, mientras ella
camina hacia la acera, acercándose a mí.
—¿Por qué debo ver a mis dos hermanos adular a esa perra? —pregunta ella
con una burla.
—Ella sabe algo sobre Heath. Recibió una nota de él anoche. Por eso estaba
conmigo.
Sus ojos se agrandan.
—Entonces haz lo que quieras. Lo que sea que nos ayude a averiguar adónde
fue.
—Lo hare.
Volviéndose hacia la casa, murmura:
—Y yo también la vigilaré. Lo que sea necesario.
—Tengo una mierda que hacer, así que más tarde.
Ella asiente y salgo por la acera.
Los secretos son difíciles de guardar. Las mentiras son fáciles de contar. Pero
de una forma u otra, eventualmente salen. Es solo cuestión de tiempo.
Continuará…
The Princess and The Bully, se encuentra disponible en español.
Her Betrayal
“El amor y el odio son dos caras de la misma moneda. En cualquier
momento puede darse la vuelta. Uno puede convertirse en el otro”.
Sadhguru
Tasha
No voy a llorar, no voy a llorar…
Un dolor familiar se arraiga en la boca de mi estómago agitado mientras
permanezco inmóvil, con la barbilla temblorosa, mirando los trozos de
calabaza de cerámica que ensucian el suelo de mi aula, con sus bordes
dentados brillando bajo la dura luz fluorescente que parpadea sobre mí,
coincidiendo con el ascenso y descenso errático de mi pecho agitado.
Mis ojos color avellana se llenan de lágrimas, unas que no puedo retener
mucho más tiempo gracias al desastre que he provocado, coloco la palma de
la mano bañada en sudor sobre el punto en el que mi corazón palpita con
creciente ira y me arrodillo para inspeccionar los daños.
Ignorando los pinchazos de dolor que me recorren la rodilla cuando un trozo
de lo que había sido mi proyecto artístico de Halloween me raspa la piel
desnuda, paso las temblorosas yemas de los dedos por los restos de la arcilla
vidriada que había pasado horas esculpiendo y pintando a mano, hasta que
quedó en su punto.
Perfecto, de hecho.
Incluso la señora Lawrence, mi bruja profesora de arte, se ha entusiasmado
con la pieza terminada, ofreciéndose a mostrarla en la codiciada vitrina que
hay junto a la entrada principal de la escuela, un lugar por el que había
estado luchando para que se expusiera uno de mis proyectos desde el primer
año.
Pero ahora eso no es posible.
Y aunque no tengo pruebas concretas de quién lo ha arruinado, no hay duda
en mi mente acelerada de que es él, ZaneAdams, quarterback estrella, matón
despiadado y mi ex mejor amigo, el probable culpable.
Me arde la piel al pensarlo.
Durante más de diez años, Zane y yo habíamos sido inseparables. Pero en el
espacio de una sola noche, una que llegó una semana antes de que
empezáramos el instituto, la tragedia nos golpeó, y la cuerda que ataba su
corazón al mío se rompió, cortándose sin remedio.
Desde entonces, me odia, y con razón o sin ella, cuando Zane te odia, hace
de tu vida un infierno. No importa quién eres o qué hubieras hecho para
invocar su ira. Si te tatúa una diana en la espalda, estas jodido.
Y yo estoy más que jodida.
Han pasado más de tres años desde aquella fatídica noche, y desde entonces
he pasado todos los días recibiendo su incesante tormento.
Las burlas, la humillación y el abuso ininterrumpido a manos de los
aduladores, que parecen zombis, que siguen todas sus órdenes, son todas las
armas que esgrime para quebrarme, poco a poco.
Tampoco se detendrán nunca.
Puede que una vez fuera la mejor amiga que lo amaba con cada latido de su
inocente corazón -y que aún lo ama con cada fragmento de su corazón roto-,
pero él ya no ve eso cuando me mira.
En cambio, ve…
A la chica que lo había traicionado.
—¿Se te cayó algo, cariño?
Los vellos de la nuca se me ponen de punta cuando una voz burlona, que
conozco demasiado bien, llega a mis oídos, haciendo que mi corazón, que ya
está latiendo, entrara en un frenesí caótico.
Con la garganta repentinamente más seca que el Sáhara, me levanto del lío
en el que todavía estoy arrodillada, y me giro, encarando al deportista que
está en la puerta abierta, con uno de sus anchos hombros apoyado en el
marco, de frente.
Me niego a acobardarme ante el imbécil que estoy noventa y nueve por ciento
segura de que había sido enviado por Zane para encontrarme, cruzo los
brazos sobre el pecho, ocultando mis manos temblorosas de su vista.
—¿Qué quieres, Berkley? —Dios, lo odio—. Porque si estás aquí para hacerme
pasar un mal rato, entonces ahorra tu energía. No tengo ni tiempo ni
paciencia para ello. Berkley no me contesta. Se limita a mirarme fijamente,
con sus ojos de villano quemándome el rostro.
Totalmente por encima de sus tonterías, junto con todo lo que representa,
recojo mi bolsa del suelo, donde la he dejado caer segundos antes, y me la
cuelgo del hombro, asegurándola firmemente en su sitio.
Miro por última vez mi proyecto destruido, aspiro un poco de aire, me doy la
vuelta y me dirijo a la puerta, decidida a escapar de cualquier espectáculo de
mierda que la mano derecha de Zane esté a punto de darme.
Pero la huida no está permitida.
Nunca.
La furia se apodera de mí cuando Berkley me rodea el brazo con su mano
musculosa y me acerca, enviando rayos de dolor hacia la muñeca y el
hombro.
Este imbécil…
Me niego a mostrar ni miedo ni incomodidad, reprimo un grito y lo miro con
los labios apretados, mostrando mis dientes blancos y rectos.
—Suéltame, imbécil —exijo, sabiendo perfectamente que no tengo fuerzas
para escapar de su implacable agarre. No sin reventarle las bolas primero,
algo que estoy muy cerca de hacer—. O de lo contrario, derribaré la escuela a
gritos.
El imbécil tiene el descaro de sonreír.
—Adelante. No te servirá de nada.
Como si fuera una señal, el Sr. White, un profesor de matemáticas de noveno
grado, sale de la clase al otro lado del pasillo. Sus ojos se abren de par en par,
de forma cómica, cuando levanta la vista de la pila de papeles que tiene en la
mano y ve el agarre con los nudillos blancos de Berkley que sostiene mi brazo,
que pronto estará magullado.
Con los ojos suplicándole ayuda, contengo la respiración y elevo una oración
silenciosa para que haga algo para detener lo que está sucediendo.
Es un esfuerzo inútil.
Después de lanzarme una media sonrisa comprensiva, el Sr. White deja caer
su mirada al suelo y se aleja sin decir ni una sola palabra. No debería
haberme sorprendido por su reacción -o más bien por su falta de reacción-
ante lo que está ocurriendo delante de él, pero no puedo evitarlo.
Por una vez, quiero que alguien de un paso adelante y me ayude, pero nadie
-los profesores en particular- lo hace. Pero, ¿por qué habrían de hacerlo?
Zane, Berkley y el resto de los jugadores de fútbol son considerados dioses
por todos en la Preparatoria Toluca; estudiantes y personal incluidos.
Son intocables.
En cuanto a mí, soy una estudiante de arte, una fanática de la banda y una
orgullosa miembro del club de teatro. Para empezar, no soy nadie, pero estar
en la lista de mierda de Zane lo hace todo cien veces peor.
Ser odiada por el Rey de la Preparatoria Toluca te hace más que un don nadie;
te hace invisible, que es exactamente en lo que me he convertido.
Las lágrimas no derramadas me escuecen los ojos una vez más, y me alejo de
aquel simio descerebrado que me tiene como rehén.
La sorpresa me llena las venas cuando me suelta. Tropezando a la izquierda,
mi costado cubierto de jersey se estrelló contra la puerta abierta, atascando
la palanca en mis costillas.
Berkley se ríe al oír el grito ahogado que se me escapa.
—Cuidado —susurra, con sus ojos color jade beben el dolor que se refleja en
mis facciones—. No quiero que te hagas daño.
Sus palabras llenas de sarcasmo me hacen enojar. Es una cosa tan retorcida
para él decirlo, cuando Zane y la mitad de la clase de último año se desvivían
cada día por darme mierda, haciendo de mi vida un ciclo interminable de
tortura.
Todo lo que quieren es hacerme daño. Mentalmente, emocionalmente, a veces
físicamente.
Todos y cada uno de ellos.
Más que harta, me mantengo firme, fingiendo una valentía que no tengo.
—Hazme un favor, Berkley —La sonrisa sacarina que curva hacia arriba mis
labios llenos y recubiertos de Chapstick es más falsa que un billete de tres
dólares—. Vete a la mierda.
Antes de que pueda reaccionar, hago mi movimiento.
Con la sonrisa aún grabada, le meto la mano en la ingle, con los nudillos por
delante, tomándolo por sorpresa.
Con la cara de un hermoso tono carmesí, el abusivo imbécil se deja caer como
un saco de patatas y se aferra con fuerza a sus bolas aplastadas mientras
jadea.
—No vuelvas a tocarme, sobre todo si valoras esas nueces del tamaño de una
bellota que dices que son bolas.
Lanzándome una mirada mordaz que promete retribución, lucha por ponerse
en pie, balanceándose de un lado a otro como si acabara de tomarse un par
de cervezas.
Los ojos asesinos se llenan de intención, sus fosas nasales se ensanchan
mientras se acerca a mí, pero no voy a dejar que me ponga las garras encima
otra vez.
Si lo hace, probablemente me hará más daño.
Me niego a correr ese riesgo.
Agarrando con fuerza la correa de mi bolso, corro por el pasillo vacío hacia la
biblioteca, el único lugar que, aparte de la clase de arte, me sirve de refugio
en medio de los siete niveles del infierno que era el instituto.
Lo que no imaginaba es que estaba equivocada.
Eso es evidente en el momento en que atravieso las pesadas puertas dobles
de la biblioteca y vi nada menos que a la pesadilla de mi existencia sentada
en una mesa -mi mesa- arrimada a la pared del fondo.
Tampoco está solo.
Al detenerme a trompicones, miro a Zane y a la risueña chica sentada en su
regazo, con sus tonificados brazos rodeando elegantemente su bronceado
cuello.
Centrada solo en el imbécil que la sostiene en sus musculosos brazos,
Cassandra, la reina de la brigada de las perras, ni siquiera se da cuenta de
que yo estoy allí.
Zane, sin embargo, se fija en mí enseguida.
Lo mismo de siempre.
Una parte de mí odia que, por muy llena que este la habitación, sus ojos
siempre me encuentran en cuanto entro.
Pero una segunda parte, una que eclipsa a la primera, aprecia que aún exista
una conexión entre nosotros, aunque ahora gotea de amarga traición y
angustia interminable.
Abrumada por las olas de emociones contradictorias que se abaten sobre mí
como un tsunami, me aferro a la rabia que se cocina a fuego lento bajo mi
piel y avanzo a pasos agigantados, sin importarme que estoy a punto de
provocar al oso rabioso que tengo ante mí con un palo humeante y al rojo
vivo.
El chacal me había roto el corazón y me había arrancado la seguridad que me
proporcionaba la amistad que una vez compartimos; no hay nada más que
pudiera hacerme.
No cuando ya se ha llevado todo.
—¡Eres un imbécil! —Mi voz alzada llama la atención de la media docena de
estudiantes dispersos por la biblioteca, en su mayoría silenciosa—. ¡Y no sé
cómo, pero juro por Dios y por todo lo sagrado, que te haré pagar por esto!
Lanzo el guante.
Zane está muy feliz de aceptarlo.
Debería haberlo sabido…
Deja a una sorprendida Cassandra en el asiento contiguo, se pone en pie,
enderezando su escultural cuerpo -tan tentador como letal- hasta alcanzar
su metro ochenta de estatura.
—¿Sí? —Rodea la mesa, cierra el espacio entre nosotros. Su aroma picante
me asalta, haciendo que mi corazón idiota de un salto en respuesta a su
proximidad—. ¿Y cómo vas a hacer eso?
Con la lengua paralizada, me quedo mirando sus ojos azul cobalto, sin
reconocer apenas a la persona en la que se ha convertido. ¿Cómo se ha
convertido en un hombre tan cruel el hermoso muchacho con un corazón de
oro que una vez amé con todo mi ser?
Ya sabes por qué, responde una voz en mi cabeza.
Él es como es gracias a ti.
Aparto de mi mente los pensamientos crueles pero verdaderos, doy un
pequeño paso atrás, poniendo espacio entre el monstruo y yo que, sin saberlo,
he ayudado a crear.
Luchando contra las lágrimas, una vez más, trago saliva.
—Has roto mi calabaza de cerámica, maldito idiota. O eso, o has enviado a
una de tus subordinadas zorras —Le doy una desagradable mirada a
Cassandra— para que lo hiciera.
Intento enmascarar el dolor que me posee, pero fallo cuando mi voz se quiebra
en la última palabra, demostrando lo molesta que estoy.
» Sé que no debería esperar nada diferente de ti ya que eres un idiota y todo
eso, pero valía la mitad de mi nota y…
Mi boca se cierra con un ruido metálico audible cuando su mano sale
disparada y me agarra la barbilla, apretándola de forma incómoda.
—Tasha —gruñe como advertencia—. Tienes que recordar con quién estás
hablando. Tú lo sabes bien, joder.
Mis ojos acuosos se entrecierran.
¿Piensa que soy un perro? Obviamente sí, ya que me habla como si lo fuera.
Bueno, tengo noticias para él, puede tomar su estupidez y tragársela.
Con el impulso de quitarle la furia de su hermosa cara, rodeo su gruesa
muñeca con los dedos y le clavo las uñas en la piel, con la esperanza de
extraerle sangre.
—Oh, sé exactamente con quién estoy hablando —respondo, despreocupada
por las consecuencias que pueda tener enfrentarme a él. Primero Berkley,
ahora Zane. Hoy estoy en racha—. Y ese es el problema.
La mandíbula de Zane se tensa.
—Estúpida como siempre, según veo.
Ante su despiadado insulto, me sacudo en el sitio como si me hubieran
abofeteado. La ira me quema la lengua, recorriendo mi boca.
Necesito darle un pedazo de mi mente antes de que la presión que crece en
mi pecho me haga combustionar, me preparo para darle los latigazos verbales
que se merece.
Lástima que nunca tengo la oportunidad.
—¿Crees que voy a perder mi valioso tiempo destruyendo tu proyecto artístico
cuando tengo algo mucho más importante que terminar de
romper? —pregunta, dejándome sin aire.
Acerca su cara y desliza su mano hacia mi cabello negro azulado, apretando
mis mechones alisados.
Esta mal, pero tenerlo tan cerca, su boca a menos de un centímetro de la mía,
revive sentimientos que he luchado tanto por enterrar, y antes de que pueda
sacudirme de la niebla en la que siempre me envuelve, me pongo de puntillas,
borrando casi todo el espacio que queda entre nosotros.
Perdida en el recuerdo de lo que una vez fuimos, y embriagada por el sueño
de lo que siempre pensé que un día llegaríamos a ser, necesito estar más
cerca.
Es lo que pedía la niña rota que llevo dentro, por muy estúpida, por no decir
peligrosa, que fuera esa medida.
—No te equivoques, cariño… —Mis ojos pesados se cierran cuando su nariz
roza la mía, y el olor de su aftershave con aroma a coco invade mis pulmones.
Con su cálido aliento bailando sobre mi acalorada piel, me agarra de la
cadera, apretándola hasta el punto del dolor.
—Para cuando termine contigo, todo lo que significa algo para ti estará en la
ruina… —Hace una pausa—. Pero una mierda de calabaza de cerámica de
Halloween no está en lo alto de mi lista.
Sus palabras venenosas apagan el fuego de mi alma, y el hechizo al que me
ha sometido se rompe, permitiendo que la niebla que enturbia todo mi sentido
común se disperse.
Mi estomago cae a mis pies, mis párpados se abren mientras me muerdo el
labio inferior para evitar que tiemble. Justo cuando pensaba que los cortes no
podían ser más profundos…
Impulsada por la necesidad de infligir una o dos heridas propias, pongo mis
manos sobre su pecho sólido como una roca y lo empujo con toda la fuerza
que mi metro sesenta y cinco puede reunir.
Tomado por sorpresa, retrocede a trompicones, soltando el firme agarre que
tiene sobre mi cabello y mi cadera.
—No te equivoques, cariño —repito, dándole una dosis de su propia medicina
tóxica—. No queda nada de mí para que lo arruines, porque hace tres años
destruiste lo más importante que he poseído.
Mis lágrimas eligen ese momento para caer, y un vacío se forma en mi
garganta, amenazando con robar el aliento de mis pulmones.
Aun así, no me detengo.
Ya me he censurado bastante cuando se trata de él en el pasado; me niego a
hacerlo ahora.
Dando otro paso atrás, me señalo el pecho con un dedo tembloroso.
—Mi corazón, imbécil. Me has destrozado el corazón —Para mí consternación,
un sollozo se libera y resuena por toda la biblioteca, poniendo efectivamente
mi angustia a la vista de todos los presentes—. Y te odio por ello.
Es la mentira más grande que he dicho.
No lo odio.
Ni siquiera cuando debería haberlo hecho.
Con las fosas nasales ensanchadas en lo que supongo que es pura rabia,
imita a un toro preparándose para embestir. En cuanto a su objetivo, que soy
yo. Pero no estoy dispuesta a quedarme para ver lo que haría o diría a
continuación.
Así que hago lo único que puedo.
Me doy la vuelta y corro.
Zane
Si Tasha cree que puede escapar de mí corriendo, esta jodidamente
equivocada. Es una verdad que he demostrado repetidamente, pero
evidentemente necesita que se lo recuerde.
Una retorcida diversión que solo un puto enfermo como yo es capaz de sentir
me inunda las venas al pensarlo, acelerando mi pulso y alimentando al
monstruo que acecha bajo mi piel.
Perseguir a mi propio Judas es uno de mis pasatiempos favoritos, es un hecho
que nunca he intentado ocultar, pero no es solo la caza lo que ansío.
No, es la agonía teñida de rabia que vislumbro nadando en sus pupilas cada
vez que acorralo a mi pequeña presa de boca lista, haciendo que su corazón
traidor entre en un frenesí de terror que me enciende la sangre,
embriagándome más que cualquier trago de licor de alta graduación.
Como mi propia marca personal de heroína, presenciar su dolor calma
momentáneamente el océano de tormento que se arremolina en mi pecho,
ahogando la pequeña cantidad de bien que queda dentro de mí.
El problema es que quiero hacer algo más que ver su furia y su dolor.
Quiero consumir el miedo que ella intenta camuflar desesperadamente con
sus comentarios de sabelotodo y su falsa fuerza, y al mismo tiempo absorber
en mis pulmones cada gramo de arrepentimiento que sé que posee, de modo
que cada vez que respiro, su dolor aplastante entierra el mío.
Es la única manera de encontrar la paz.
Al menos, esa es la vieja mentira que me digo a mí mismo cada vez que miro
sus ojos llenos de lágrimas y escucho sus descaradas amenazas, seguidas de
susurros para que deje de cobrarme la traición que nunca le perdonaré.
—Zane…
Aprieto la mandíbula al oír el sonido chirriante de la voz aguda de Cassandra,
seguido por el olor abrumador de su sensual perfume de diseñador cuando
se pone delante de mí, liberándome brevemente de los peligrosos
pensamientos que han empezado a agitarse, despertando al despiadado
depredador que hay en mí.
Mirándome fijamente con ojos ahumados, el mayor dolor en el culo con el que
he cometido el error de enrollarme me rodea con sus huesudos brazos,
abrazándome con fuerza. La piel me arde al tacto.
—¿Por qué tienes el ceño fruncido, guapo? ¿Es por ella?
Torciendo la boca en una fea mueca que hace juego con su horrible alma,
aprieta sus inexistentes tetas contra la parte superior de mi estómago y se
acerca aún más, luchando por anclar su pequeño cuerpo al mío, que no cede.
Tomando mi silencio como una afirmación a su pregunta, no pierde tiempo
en continuar.
—No sé por qué dejas que Tasha te afecte. Quiero decir, todo el mundo sabe
que ella no es más que una gran pérdida…
Como no quiero oír la mierda de celos que está a punto de soltar, le quito los
brazos de encima, librándome de su indeseado abrazo, y presiono con mi
pulgar calloso su boca pegajosa y demasiado brillante, deteniendo su veneno
a mitad de la frase.
—No —gruño, con la sangre hirviendo—, ni siquiera pienses en terminar lo
que ibas a decir. Si lo haces, te juro por mi vida que te arrepentirás.
Con las facciones contraídas, retrocede un paso y cruza los brazos a la
defensiva sobre el pecho. Con los ojos llenos de lágrimas de cocodrilo, hace
todo lo posible por parecer dolida por la amenaza que le he hecho, pero no
tengo una mierda que decir.
Cassandra no significa nada para mí -lo he dejado muy claro desde el primer
día-, pero Tasha lo significa todo y más. Nadie podría compararse con la chica
que una vez fue ni con la zorra traicionera en la que se había convertido.
—Entonces, ¿qué? —Cassandra se echa el cabello rubio dorado hacia atrás
por encima del hombro— ¿vas a saltarme al cuello por una chica que todo el
mundo en esta escuela sabe que odias?
Se burla y levanta la nariz en el aire como la snob de culo altivo que siempre
ha sido.
—Porque si es así, no lo entiendo —La confusión genuina sustituya a la
mueca de desprecio que tenía segundos antes—. En serio, ¿cuál es tu
fascinación por ella? Sé que tienes alguna venganza contra ella que te pone
la polla dura, pero Tasha ni siquiera es tan linda.
Cassandra es una maldita tonta si realmente cree la mierda que sale de sus
labios sobredimensionados. Tasha nunca lo había creído, pero es la chica
más hermosa que jamás ha adornado el agujero de mierda que es el condado
de Toluca, Georgia.
Eso es un hecho.
—Y, sin embargo —continúa dicha snob, sin perder el ritmo—, de alguna
manera se las ha arreglado para atraer tanto a ti como a Berkley bajo su
hechizo, haciendo que se encaprichen con ella.
Mi temperamento se enciende hasta un nivel peligroso.
El maldito Berkley Moore.
Escuchar su nombre en la misma frase que el de Tasha me hace perder el
control.
A pesar de lo que todo el mundo piensa en la escuela, Berkley no jode a Tasha
porque es uno de mis seguidores descerebrados.
No, cuando se trata de mi pequeña y hermosa Judas, el pedazo de mierda
tiene su propia agenda. No sé exactamente lo que es, pero puedes estar seguro
de que lo descubriría, de una forma u otra.
Sin perder de vista mi reacción, Cassandra se pone firme, con sus brillantes
ojos azules encendidos por la molestia.
—Quiero decir que la obsesión de Berkley por ella difiere de la tuya, por
supuesto, pero…
Su voz de pizarra se desvanece mientras el inconfundible sonido de mi pulso,
avivado por mi rabia desbordada, llena mis oídos, ahogando el mundo que
me rodea.
Perdido en la neblina roja que se extiende por los campos de mi visión al ver
lo que ella está deduciendo, rodeo a una Cassandra que sigue ladrando y
corro hacia las puertas cerradas de la biblioteca, decidido a cazar a Tasha
antes de que suene la campana de la mañana.
Solo espero que Berkley no este con ella cuando la encuentre, porque si lo
está, lo mataré.
En pocas palabras.

No puedo encontrar a Tasha en ningún puto lugar.


He buscado por toda la escuela, incluso en sus escondites favoritos, pero se
las ha arreglado para ocultarse de mí, algo que nunca ha hecho antes.
A Berkley, sin embargo, lo encuentro en la sala de pesas del gimnasio,
rodeado de un pequeño grupo de jugadores del JV que están pendientes de
cada una de sus palabras llenas de mierda.
Cuando llego, levanta la vista, con una sonrisa de niño bonito.
—¿Qué pasa, hombre? Pensé que estabas ocupado con Cass…
Antes de que pueda terminar, estoy sobre él.
Con las manos apretando la parte delantera de su camiseta gris, lo golpeo
contra la pared detrás de él. Cuando su espalda choca contra el bloque de
hormigón con un golpe seco, la rabia se refleja en sus rasgos. El imbécil
parece estar más que preparado para dar un puñetazo o dos, pero su culo
cobarde no se mueve.
Berkley es estúpido, eso es un hecho conocido, pero él y todos en la sala
saben que será su funeral si hace un movimiento.
El sudor gotea de mi frente mientras me acerco, con las manos retorcidas por
el deseo de romperle la cabeza, solo para recordarle quién dirige la mierda por
aquí.
—Tengo una pregunta, y si me mientes, te romperé los dos brazos. Dudo que
los reclutadores te den una segunda mirada si estás escayolado.
Congelado en su lugar, no dice nada.
No pierdo tiempo en hacer la pregunta que determinará si vive para ver el
segundo período.
—Tasha… —Mi pecho arde al mencionar su nombre—. ¿La quieres? ¿O
simplemente disfrutas jodiendo con ella?
Es evidente que Berkley tiene deseos de morir. Eso se hace más evidente
cuando me dirige una sonrisa como si yo no estuviera a punto de romperle el
cuello como una ramita.
—Sí, la quiero —responde, haciendo que mi menguante control se
resquebraje, astillándose como una cuerda deshilachada y demasiado
tensa—. Y la tendré también.
Detrás de mí, alguien suelta un fuerte resoplido.
Saben que Berkley acaba de meter la pata.
Lástima que su culo estúpido no se diera cuenta.
—No te preocupes, Z —añade el jodido pronto muerto, claramente sin
importarle si le arranco las tripas, destripándolo en el acto—. En cuanto
termine de llenarla con mi polla, te la devolveré.
Es un error lo que dijo.
Esta vez él lo sabe.
Pasando inmediatamente a la ofensiva, me empuja el pecho, haciéndome
retroceder. El movimiento es una tontería por su parte. Con el espacio
añadido entre nosotros, esta exactamente donde lo necesito.
Dejo que mi rabia se apodere de él, le golpeo la cara con mi mano, rompiéndole
la nariz recta y haciéndolo sangre con el primer golpe. Como esperaba, el
imbécil se dobla como una silla de jardín y cae al suelo de cemento con un
golpe seco.
Pero no he terminado con él.
Todavía no.
Me agarro a su cabello rubio y desgreñado y le empujo la cabeza hacia atrás,
obligándolo a mirarme. La sangre le corre por la cara, alimentando la rabia
que me sale por los poros.
—¡Tasha no es tuya para tocarla! —grito, a medio segundo de arrancarle los
brazos y matarlo a golpes con ellos—. ¡Aléjate de ella, o juro por mi maldita
vida que te mataré!
Quise decir cada palabra.
Tasha es mía.
Mía para burlarse, torturar y tocar.
Pero lo más importante es que es mía para mantenerla.
Zane
Horas después, encuentro a Tasha en el almuerzo.
Sentada en una mesa cerca del fondo de la abarrotada cafetería, está sola,
picoteando su pastel de carne con un tenedor.
A medida que me acerco, mis sienes palpitan con la necesidad de levantar su
bonito culo y arrastrarla fuera, lejos de las docenas de miradas embobadas
que están evaluando cada uno de mis movimientos.
Con la noticia de la pelea matutina entre Berkley y yo, que el entrenador ha
terminado demasiado pronto, la gente está en mis asuntos más de lo habitual,
lo que ya es mucho decir.
—¡Eh, Zane!
Tasha levanta la cabeza al oír a un jugador de primer año sin nombre gritar
mi nombre. Qué demonios quiere, no lo sé. Tampoco me importa averiguarlo.
En este momento, lo único que importa es llegar a ella.
Cuando su mirada de ojos grandes se encuentra con la mi mirada de enojo,
mi pequeña Judas hace una mueca y deja caer su tenedor de plástico sobre
la bandeja roja que tiene delante.
—¡Por el amor de Dios! —se queja, revelando el fuego interior que una vez
había amado.
Que todavía me encanta…
—¿Qué quieres ahora, imbécil? —pregunta ella, con las cejas
arqueadas—. Porque en caso de que no hayas captado la indirecta durante
nuestra charla de esta mañana, cuando se trata de ti, he dicho todo lo que
pienso decir, y…
—Levántate.
Si las miradas pudieran matar, yo habría muerto.
—¿Perdón?
—Ya me has oído —suelto—. Levántate. Levántate. Tú y yo tenemos que
hablar.
Como no se mueve, doy la vuelta a la mesa y la agarro del brazo antes de
levantarla del asiento de plástico en el que tiene el culo redondo y cubierto de
jeans.
—Supongo que vamos a hacer esto de la manera difícil.
—¡Claro que sí! —Luchando por liberarse de mi agarre, tira del brazo hacia
atrás con todas sus fuerzas. Con las mejillas enrojecidas, gruñe cuando
aprieto mi agarre, negándome a dejarla escapar—. ¡Lo digo en serio,
psicópata, suéltame! No estoy de ningún modo de humor para cualquier
locura que hayas conjurado en esa retorcida cabeza tuya.
—Qué ruda.
—Estás completamente loco —responde ella, clavando las uñas en la mano
que aún la sujeta con fuerza—. Si crees que voy a ir a algún sitio contigo, el
mayor imbécil de este planeta, entonces es que has perdido lo que te queda
de tu mente conmocionada. Te juro, Zane, que creo que te has dado
demasiados golpes en la cabeza en los últimos dos años. Puede que quieras
que te revisen porque, por lo que me dijo papá, los traumatismos repetitivos
pueden volverte salvaje y, bueno, tú siempre has sido…
Ya he escuchado más que suficiente.
Inclinándome hacia delante, empujo mi ancho hombro contra su suave
vientre, rodeo con mi brazo la parte posterior de sus gruesos muslos y la
levanto en el aire.
—En nombre del dulce bebé Jesús, ¿qué estás haciendo? —grita, su voz es
una mezcla embriagadora de terror y furia—. ¡Zane Adams, estoy siendo tan
seria como un ataque cardíaco masivo! Bájame ahora mismo, maldito chacal,
o te daré un puñetazo en los huevos como hice con tu mejor amigo esta
mañana.
No tengo ni idea de qué mierda está hablando, pero lo averiguaré.
Siempre lo hago.
Ignorando a los espectadores que se han reunido para ver el espectáculo,
agarro la bolsa de Tasha, manchada de pintura, de la mesa del almuerzo y
me dirijo a la salida más cercana, mientras ella golpea continuamente sus
manos contra mi espalda con toda la fuerza que puede.
—¡Bájame! —grita—. Bien. Ahora.
—No te voy a bajar, y no te voy a dejar ir —Apretando los dientes traseros, mi
brazo se aprieta como una banda alrededor de ella—. No hasta que termine
contigo.
Bloqueando la serie de palabrotas que salen de su boca, llevo su culo traidor
fuera, por la acera, y a través del estacionamiento para mayores hasta donde
estaba estacionado mi todoterreno en la última fila.
Alcanzando la puerta del lado del conductor, dejo caer su bolsa de mierda al
asfalto y deslizo su suave cuerpo por mi parte delantera, permitiendo que sus
pies cubiertos de Converse encuentren apoyo en el suelo.
Con las manos pegadas a sus redondeadas caderas para ayudar a
estabilizarla, la miro con odio mientras ella me mira con lo mismo, mientras
un espeso silencio desciende, rodeándonos a ambos.
—Tasha —gruño, apenas conteniendo mi mierda—. Quiero que te mantengas
jodidamente alejada de Berkley Moore, o de lo contrario acabaré en la cárcel
por asesinarlo con mis propias manos —Sus ojos se abren de par en par, casi
saliéndose de su precioso rostro—. ¿Me entiendes?
Arrugando la frente, exhala una pequeña bocanada de aire.
—No es que me importe especialmente que acabes en la cárcel —me da una
mirada cortante— pero no tengo ningún deseo de acercarme voluntariamente
a menos de 30 metros de ese imbécil malcriado. Al igual que no tengo ningún
deseo de estar cerca de un matón sin corazón como tú.
Eso es una mierda, y ella lo sabe.
Incluso cuando está muy enfadada, como ahora, Tasha no puede evitar
inclinarse hacia mí, absorbiendo el consuelo que le da tenerme cerca.
Puede que su enrevesada mente la haya convencido de que me odia, pero su
corazón, junto con su cuerpo, recuerda precisamente a quién mierda
pertenece.
Yo debería saberlo; a mí me pasa lo mismo.
A pesar de mi aversión por la chica que me había traicionado y destruido mi
vida en una sola noche, tenerla allí, a menos de un metro de distancia, me
está jodiendo la cabeza.
Su calor, su olor… todo ello causa estragos en mis sentidos, socavando el
muro que he construido para mantenerla fuera, junto con los recuerdos de lo
que había sido.
No puedo dejar que vuelva a entrar. Si lo hago…
—¿Qué te pasa? —grita de repente, rompiendo el silencio, junto con mis
pensamientos—. Jesús, María y José, ni siquiera puedo almorzar sin
ustedes…
Mi control se rompe, y detono.
—¡No mereces comer! —Mi mandíbula se tensa, mi cabeza está a punto de
estallar mientras mi desprecio por ella sale a borbotones—. ¡No después de lo
que hiciste, y sobre todo cuando ella ya no puede!
No necesito aclarar quién.
Tasha lo sabe.
Ella lo sabe.
Una mirada a la inconfundible angustia que se refleja en sus delicadas
facciones es prueba de ello.
Por un segundo, la vergüenza se apodera de mí por el dolor que le he causado
con mis palabras, pero demasiado rápido desaparece, y mi odio interminable
regrese, abriéndose paso de nuevo en mi pecho vacío.
—¿Crees que después de lo que hiciste, después de lo que le causaste, que
deberías poder almorzar en paz como si nada hubiera pasado?
Mi alma herida se ensaña con mi boca abusiva cuando las lágrimas llenan
sus bonitos ojos antes de derramarse por sus mejillas sonrojadas.
Mi estúpido corazón odia hacerle daño, pero el monstruo que ruge dentro de
mí, exigiendo venganza por su traición y todo lo que vino después, no se calla.
No sin destruirla primero.
—Hace tres veranos, te dije que te ocuparas de tus asuntos y mantuvieras la
boca cerrada —Hago una pausa, mi furia cegadora aumenta con cada golpe
de mi pulso—. Y juraste por nuestra amistad que lo harías.
Ese es el punto de quiebre de Tasha. Al recordarle lo que había hecho, y todo
lo que había causado, un sollozo se desprende de su pecho.
—Zane, yo no…
—Tú jodidamente mentiste, Tasha —Las palabras escuecen cuando salen de
mi lengua. En todos los años que hemos pasado al lado del otro, nunca me
había faltado a la verdad. Pero la única vez que lo hizo…
¡Maldita sea!
» ¡Me has traicionado! —Mi voz se quiebra mientras tantas emociones que no
puedo descifrar una de la otra siguen saliendo de mí en una ola
interminable—. ¡Y ahora se ha ido por tu culpa!
Con la cabeza caída hacia adelante, sus hombros se sacuden mientras
empieza a sollozar, el recuerdo de lo que ha hecho es demasiado para ella.
Un ciego podría haber visto que lo sentía, que se arrepentía de lo que había
hecho, pero ninguna de esas cosas es suficiente.
No cuando no la traen de vuelta.
—Lo juro —tartamudea entre gritos desgarradores—. Si hubiera sabido lo que
iba a pasar, no habría…
—No importa —interrumpo, dejando caer mis manos temblorosas de sus
caderas—. Ninguna de tus inútiles excusas importa… ya no.
—Lo sé —Aferrándose a cualquier fuerza que alberga en sus entrañas de
cobardía, vuelve a levantar la vista lentamente, y nuestras miradas se
cruzan—. La herí… y te herí a ti también.
—No —susurro, pasando un nudillo cicatrizado por su mejilla húmeda—.
Hacernos daño no fue lo que hiciste —Con el labio inferior temblando, observa
mi cara, con una confusión clara en sus rasgos afligidos—. Me rompiste… —
Su rostro cae, desmoronándose ante el mío, pero aún no he terminado con
ella. Ni mucho menos—. Y tú la asesinaste.
Tasha retrocede como si le hubiera dado un puñetazo en el rostro. A decir
verdad, le habría dolido mucho menos si lo hubiera hecho, porque las jodidas
palabras que acabo de pronunciar la han cortado profundamente, desollando
su carne hasta los huesos.
Con los brazos rodeando su centro, se abraza a sí misma con fuerza, casi
como si tratara de evitar desmoronarse.
—No solo te r-rompí —susurra, sus lágrimas cayendo más rápido—. Yo
también me rompí a mí misma.
Oírla decir esa mierda me destroza.
Todo en mi interior me grita que vaya hacia ella, que la consuele, pero la
negrura que vive en mi pecho, anidada detrás de mi esternón, se niega a
permitir tal movimiento.
Por lo que hizo, merece sufrir…
Hoy, mañana y siempre.
Aferrándome a la oscuridad, doy un paso adelante y ahueco la barbilla de
Tasha, forzando su mirada a sostener la mía.
—Hoy es Halloween, su fiesta favorita.
Se estremece y luego jadea mientras sus llantos comienzan a asfixiarla,
haciéndole difícil respirar.
» Pero por tu culpa, no está aquí para celebrarlo.
Astillándose en las costuras, hunde las manos en su cabello mientras su
rostro se retuerce de tanta vergüenza que apenas la reconozco.
—¡Lo sé! —grita—. ¡Y lo siento, Zane! ¡Lo siento muchísimo! Si pudiera
retractarme, lo haría, ¡pero no puedo!
En eso tiene razón.
Acercando mi cara, llevo mi boca a la suya.
—No, no puedes —Un grito desgarrador, el suyo, resuena en el aire.
Su dolor es palpable.
Y me deleito con ello.
Recordando los comentarios mordaces que me había lanzado esa misma
mañana, curvo los labios en una sonrisa maliciosa y me preparo para
asestarle un último golpe, uno que sé que la pondrá de rodillas.
—Hace tres años destruiste lo más importante que poseía.
Su expresión decae.
—Zane, no… por favor, no quería…
—Mi corazón, Judas —interrumpo, clavando una estaca directamente en su
alma angustiada—. Has destruido mi corazón —Mi agarre en su barbilla se
tensa—. Y te odio por ello, joder.
Es una de las mayores mentiras que he dicho.
Y una que seguramente llegaré a lamentar.
Continuará…
His to keep: tomo unico High School bully romance.
Cross the line
“Es mejor cruzar la línea y enfrentar las consecuencias que simplemente
mirar esa línea por el resto de tu vida”.
Desconocido
Cross the Line – yetep, Vincent, Danni Carra
Sick Boy – The Chainsmokers
I Don’t Want To Want You – Phoenikz Avtaniz
Control – Zoe Wees
Bad Reputation – Shawn Mendes
To Die For – Sam Smith
Midnight – Alesso, Liam Payne
Next To Me – Imagine Dragons

Encuentra esta playlist en Spotify


Preston
Presionando el interruptor de las luces LED de mi máscara para apagarlas,
me derretí profundamente en las sombras de la casa embrujada, sin ser
detectado, mirándolo acercarse sigilosamente detrás de una chica.
Ella gritó de terror, luchando contra su cuerpo. Los celos ardientes me
quemaban las venas, y apreté los dientes, forzándome a no reaccionar cuando
mi compañero/antagonista murmuró algo a la chica antes de levantar su
máscara, pasando sus labios sobre la piel expuesta de su cuello.
El pasillo resonó con el ruido de pasos pesados, y Carter se acercó detrás de
él, lo apartó de la chica y al mismo tiempo le dio un empujón, en dirección a
mi escondite. Lo escuché gruñir, “No estás jugando limpio” antes de que
Carter y la chica desaparecieran.
Actué por instinto, antes de que pudiera pensar en ello. Saltando de las
sombras, arrojé mi cuerpo contra el suyo, enviándonos a ambos
tambaleándonos contra la pared. Su máscara todavía estaba levantada,
colocada en la parte superior de su cabeza, y me arranqué la mía antes de
llevar mis labios a su oído.
—Hola, Kian.
Todo su cuerpo se puso rígido y escuché que su respiración se aceleraba
mientras pasaba mi nariz por su mandíbula.
Cuando habló, solo dijo una palabra, pero su voz salió como un rasguño bajo
y torturado que hizo que mi polla se tensara en mis jeans.
—Preston.
Preston
Una semana antes
—Buen trabajo. Tenía toda la fe en ti, hijo. —El entrenador me dio una
palmada en la espalda cuando me detuve en el borde del campo, secándome
el sudor de la frente. Una gran sonrisa se extendió por mi cara. Yo era un
forastero en este lugar, pero aquí en el campo, pertenecía. ¿Marcar tres goles,
ganarme los elogios de mis compañeros? Nada puede superar eso.
—No está mal, compañero. —Carter Blackthorne, capitán del equipo de fútbol
y mediocampista, extendió la mano para golpear el puño, que acepté. La
sonrisa permaneció en mi cara mientras se alejaba trotando en dirección al
vestuario con el resto de mis compañeros de equipo, sus felicitaciones
dejándome en lo alto.
Dirigiéndome hacia un lado del campo, tomé una botella de agua de la pila
que descansaba sobre la mesa, la destapé y la llevé a mi boca, luego me
detuve, la botella a medio camino de mis labios.
Kian Courtland, delantero legendario, actualmente suspendido del equipo,
me miraba desde la línea de banda con una mirada oscura y enojada en sus
ojos verde pálido.
Supongo que todavía estaba enojado porque fui yo quien recibió los elogios.
Fue culpa suya que se las hubiera arreglado para que lo suspendieran del
equipo. ¿Ser atrapado con hierba en su casillero? Sí, se lo merecía. Levanté
una ceja, burlándome de él, y su mirada se entrecerró, sus puños apretados,
probablemente imaginando sus manos alrededor de mi garganta.
Mi polla se agitó en mis pantalones cortos y gemí. No otra vez. Ya era bastante
difícil ser el chico nuevo en Alstone High, y mucho menos un estadounidense
en un país extranjero. ¿Agrega ser gay y sentirse atraído por alguien que no
solo me guarda rencor, sino que es decididamente heterosexual basado en las
chicas de las que siempre se rodeaba?
Apestaba.
¿Qué era de él? Él era mi opuesto en todos los sentidos. Cabello negro
despeinado a mi rubio perfectamente peinado, inclinado a mi complexión más
voluminosa y una actitud abrasiva hacia mi naturaleza generalmente
tranquila. Y su labio perforado. No podía olvidar eso. Lo único que teníamos
en común era nuestra habilidad en el campo de fútbol.
Mierda. Iba a venir.
—¿Crees que eres jodidamente especial, verdad, Golden Boy3?— Se detuvo
frente a mí, la hostilidad irradiaba de él mientras estaba de pie, con los brazos
cruzados, disparando dagas de sus ojos.
Puse los ojos en blanco ante su apodo juvenil para mí.
—Sé que soy especial. ¿Cómo era la vista desde el costado, delincuente?
Un músculo hizo tic en su mandíbula cuando dio un paso amenazante hacia
mí.
—Te dije que nunca volvieras a usar esa palabra en relación conmigo. Y vete
a la mierda. Eres solo el juguete nuevo y brillante. Cuando vuelva, volveré a
ser el máximo goleador, el equipo MVP4.
Dejé que mi mirada se clavara en la suya, sin retroceder. Si le das a alguien
como Kian una pulgada, te llevarán una milla. Estábamos nariz con nariz,
ambos más o menos de la misma altura, por lo que estaba agradecido porque
significaba que no podía usar su altura para intimidarme.
—Deja de referirte a mí como Golden Boy y podría considerarlo.
—¿Parezco recibir órdenes tuyas? —Se enfureció, empujando contra mi
pecho—. Sal de mi cara.

3 Chico dorado.
4 Jugador más valioso.
—Tú eres el que está en mi cara —comenté suavemente, lo que hizo que él
mostrara los dientes en un gruñido. Mi mirada se posó en sus labios, su
piercing brillando bajo el sol. Hombre, quería pasar mi lengua por ese
piercing. Me lamí los labios y sus ojos se oscurecieron mientras seguían el
movimiento de mi lengua. La tensión entre nosotros crepitó con energía,
transformándose de hostil a… algo más.
Luego, empujó contra mi pecho de nuevo y tropecé hacia atrás, tomado por
sorpresa. Deje escapar una risita burlona, me dio un codazo y salió del
campo.
De regreso a la casa, dejé mi mochila junto a la puerta principal y seguí el
olor a hornear hasta la cocina para encontrar a mi madre en medio de
transferir una bandeja de galletas, recién sacadas del horno, a una rejilla para
enfriar.
—Justo a tiempo. —Sonreí y me abalancé sobre la rejilla.
Mi mamá apartó mi mano.
—Todavía no, te quemarás la boca. Ten paciencia. —Suavizó sus palabras
con una sonrisa mientras me miraba—. ¿Cómo estuvo la práctica?
—Bien. —Le devolví la sonrisa. Como de costumbre, se veía completamente
elaborada, toda elegancia rubia: la esposa perfecta de Stepford a primera
vista, aunque era todo menos servil. Ella y mi papá formaron un gran equipo
y tuve la suerte de tenerlos como padres.
—Tu padre llegará tarde a casa esta noche; se ha puesto al día en el
trabajo. —Se desató el delantal, lo colgó de un gancho en la parte trasera de
la puerta y luego comenzó a sacar cacerolas de los armarios.
Asentí. El papel de mi padre como analista financiero a menudo lo hacía
trabajar muchas horas. Sus empleadores con sede en Estados Unidos lo
habían elegido a dedo para mudarse a Londres, como parte de un pequeño
equipo que dirigía la nueva sucursal que habían abierto durante el verano.
Acostumbrados a estar en la costa, ninguno de nosotros había querido vivir
en Londres, así que terminamos aquí en Alstone. Por lo que había visto hasta
ahora, estaba bien, aparte del hecho de que todo era tan jodidamente pequeño
en comparación con lo que estábamos acostumbrados. Carreteras, casas,
autos… Aun así, supongo que tenía sentido, ya que estábamos en una isla
diminuta. Echaba de menos Estados Unidos: la sensación de espacio, mi
antiguo hogar cerca de la playa en Stamford, Connecticut, y mi escuela. Sin
embargo, sobre todo extrañaba a mi grupo de amigos: su aceptación casual
de que yo era abiertamente gay y la forma en que todos nos cuidamos unos a
otros.
Había pasado mi decimoctavo cumpleaños aquí solo, ya que había tenido
lugar antes de comenzar en Alstone High, y todavía no conocía a nadie. Ese
había sido un punto bajo para mí, pero las cosas habían mejorado desde
entonces. Gracias a mis habilidades futbolísticas, rápidamente me volví
popular en la escuela, aunque todavía me sentía como el chico nuevo, el
forastero. De ahí el hecho de que todavía no había comentado mi orientación
sexual. No estaba avergonzado, y no iba a negarlo si me preguntaban, pero
supongo que el traslado al extranjero me había dejado inseguro sobre mi lugar
en este nuevo mundo. Quería estar más tranquilo antes de anunciarlo.
Había tenido suerte en el pasado, pero mi exnovio, Blake, había ido a una
escuela diferente… y digamos que un brazo roto fue el menor de sus
problemas cuando salió al frente de todo el equipo de fútbol.
Suspiré. Necesitaba darle tiempo. Mudarse de casa era bastante estresante y
me había mudado al otro lado del mundo. No podía esperar que todo encajara
de inmediato.
Mi mamá interrumpió mis pensamientos melancólicos, deslizando un plato
frente a mí. Agradeciéndole, tomé el plato y me dirigí a mi habitación.
Después de haber devorado las galletas, me acosté en mi cama, pensando en
la práctica de fútbol de hoy, y el calor del cuerpo de Kian presionado contra
el mío mientras nos miramos el uno al otro.
Mi polla reaccionó como siempre lo hacía cuando pensaba en él, y me obligué
a concentrarme en las formaciones de fútbol en mi cabeza, sacándolo de mi
mente.
Los ojos verde pálido invadieron mis pensamientos de nuevo y gemí en voz
alta.
Es hora de probar otra cosa. Mentalmente comencé a enumerar sus puntos
negativos.
Arrogante.
Maleducado.
Brusco.
Alborotador.
Delincuente.
Heterosexual (99% seguro).
Me odia.
A mitad de camino, las cosas cambiaron de alguna manera.
Ojos verdes en los que quiero perderme.
Piercing de labios.
Mandíbula cincelada.
Caliente. Jodidamente caliente.
Mío.
Estaba tan jodidamente jodido.
Preston
Carter Blackthorne, Xavier Wright y Kian Courtland. Miré hacia arriba, mi
mirada atraída hacia los tres reyes de Alstone High mientras caminaban hacia
nosotros con su típica arrogancia casual y confiada. Kian sacó una silla y se
dejó caer en ella, sin importarle nada mientras miraba a la gente que se
agolpaba a su alrededor con desinterés. Era como si fueran moscas,
zumbando a su alrededor y, sin embargo, no podía molestarse en
ahuyentarlas.
Aclaré mi garganta, actuando como si no hubiera notado el ceño fruncido que
estaba dirigiendo en mi dirección, y volví mi atención a la conversación sobre
nuestro próximo juego contra Highnam Academy. Después de asegurarles a
los muchachos que lo tenía todo bajo control, sin importar el hecho de que
no tenía idea de cómo era Highnam Academy como equipo, discutimos las
tácticas para el próximo juego. Finalmente, las miradas de muerte de Kian se
volvieron demasiado directas como para ignorarlas, y me puse de pie,
estirando todo mi cuerpo. No me perdí la forma en que sus ojos se enfocaron
directamente en la tira de piel que estaba expuesta cuando levanté mis
brazos, mi camisa desabrochada subiendo. ¿Me estaba imaginando el destello
de calor en sus ojos? Probablemente.
—Ah, guárdalos, amigo. —La broma juguetona vino de Chris, uno de mis
compañeros de equipo, y sonreí.
—¿No quieres ver estos músculos? —A propósito, levanté más mi camisa,
flexionando mis abdominales. Los gemidos resonaron alrededor de la mesa,
excepto por uno persona que estaba notablemente silenciosa.
Kian.
Ahora estaba seguro de que no estaba imaginando el calor en su mirada
mientras me miraba.
Fue demasiado. Después de meterme la camisa de nuevo y enderezarme la
chaqueta de la escuela, me eché el bolso al hombro.
—Te veo luego.
Me alejé tranquilamente de la mesa y regresé al edificio principal de la
escuela, engañosamente casual, pero mis piernas amenazaban con ceder.
Joder con Kian Courtland.
¿A dónde ir? Los baños estaban demasiado ocupados; Necesitaba estar solo.
Cambiando de dirección en el último minuto, me dirigí por el pasillo y atravesé
las puertas dobles que daban al gimnasio y a los vestuarios que eran
utilizados exclusivamente por los equipos deportivos.
Usé mi pase para entrar al edificio silencioso. Si hubiera estado aquí diez
minutos antes, probablemente habría estado repleto de atletas de la escuela,
pero en este momento, hacia el final del período del almuerzo, la mayoría
había desaparecido para alimentarse antes de la tarde.
Dirigiéndome al vestuario, bajé mi bolso al suelo y me hundí en uno de los
bancos de madera frente al grupo de casilleros, colocando mi cabeza en mis
manos.
No sé cuánto tiempo estuve sentado allí, inhalando y exhalando, pero
finalmente me di cuenta de una presencia en la habitación. Bajé las manos y
volví la cabeza, sabiendo ya a quién vería.
Kian.
Mirándome con arrogante desprecio, caliente y melancólico, él era un príncipe
oscuro, y yo era su súbdito.
No. Necesitaba recordarle a él y a mí mismo que éramos iguales. Él podía
haber estado en la cima de la cadena alimentaria, pero eso no le dio el derecho
de dominarme. Saltando tan rápido que casi me mareo, me moví para
apoyarme en los casilleros, el banco entre nosotros me da un poco de espacio
para respirar.
El aire que nos rodeaba se espesó, mi polla traidora se agitó cuando nuestros
ojos se encontraron y tomé la expresión oscura en su rostro. Mierda.
Esperaba que no se diera cuenta.
Rodeó el banco y se detuvo a unos metros de mí.
—¿Cuál es tu trato, Golden Boy? ¿Tratando de tomar mi lugar? ¿Entras como
un gusano con mis amigos? Recuerda, eres nuevo y he pagado mis deudas.
Ni siquiera sueñes con intentar reemplazarme.
—No estoy tratando de causar problemas —le dije con sinceridad.
Su labio se curvó y dio un paso amenazador más cerca.
—Entonces deja de intentar tomar mi maldito lugar. Si lo haces, te
arrepentirás.
—¿En realidad? ¿Quieres apostar por eso? Parece que les agrado a tus
amigos. Le gusto al entrenador. Me dijo que yo era parte integral del equipo
—lo incité—. Todos son reemplazables. Incluso el poderoso Kian Courtland.
Necesitaba dejar de provocarlo, pero él me irritaba y parecía que no podía
evitar correr la boca cada vez que me confrontaba.
Por primera vez, un destello de incertidumbre apareció en sus ojos, y sentí
una punzada de pesar.
—Oye, no quise decir…
Me interrumpió.
—¿Por qué me miras así? ¿Eres gay o algo así?
Su pregunta en voz baja pareció resonar a nuestro alrededor, y tragué
nerviosamente. Ahora era el momento de la verdad.
—Sí, lo soy.
Hubo un completo silencio en la habitación. Se limitó a mirarme, chupándose
el labio inferior con la boca y jugando por el piercing de sus labios. Tomando
una decisión rápida, que esperaba que no terminara conmigo recibiendo un
puñetazo, de nuevo, Me acerqué más de lo que jamás me había atrevido.
Nuestros cuerpos se tocaban ahora, mi polla se frotaba contra su muslo
mientras cambiaba de posición, tratando de mostrarse indiferente a pesar de
que había un infierno furioso que nos tragaba enteros. Inclinando la cabeza,
bajé la voz para hablar en su oído, intentando mantener mi tono controlado.
—¿Y tú?
—No. —Su enfática negación salió demasiado rápido, pero no se había movido
de su lugar, y cuando presioné mis caderas contra las suyas, las capas de
material entre nosotros no hicieron nada para ocultar la rigidez de su polla
contra la mía.
Sonreí, hundiendo la cabeza en su cuello e inhalando la sutil y embriagadora
especia de su adictivo aroma.
—Podrías haberme engañado —murmuré.
—Te odio, joder. No eres nada para mí. Nada.
Sin embargo, aun así, no se movió.
—¿Es eso así? Entonces, ¿por qué no te mueves? Cualquiera podría entrar
aquí y atraparnos así.
Mis palabras de repente lo pusieron en acción, y empujó mi pecho con tanta
fuerza que me tambaleé hacia atrás, chocando contra la hilera de casilleros.
—Mantente jodidamente alejado de mí. —Se dirigió hacia las puertas, las
abrió y desapareció de la habitación.
Me enderecé con un suspiro, frotando la parte de atrás de mi cabeza donde
me había estrellado contra el casillero. Lo había presionado demasiado lejos
y ahora se había ido.
Sin embargo, una cosa que sabía con certeza ahora era que Kian me deseaba,
aunque no quería desearme.
Con eso, podría trabajar.
Preston
Halloween
Tomo la máscara que Xavier me entregó, deslizándola sobre mi cara y
presionando el interruptor para activar las luces. De repente, todo se bañó en
un resplandor amarillo, y levanté mi teléfono para tomar una selfie.
Me reí entre dientes ante la imagen. Las barras de color amarillo neón en
forma de X cubrían ambas áreas de los ojos, y la boca estaba delineada en
aún más barras, aproximándose a una enorme y siniestra sonrisa. Después
de subir la imagen a mis redes sociales para que mis amigos en casa pudieran
verla, me puse la capucha en la parte superior de la cabeza y me fundí entre
la multitud de chicos.
Al principio, me sentí un poco decepcionado cuando Alstone High no parecía
estar planeando nada para Halloween. De regreso a casa en los Estados
Unidos, toda mi escuela habría estado celebrando y todo el vecindario habría
hecho todo lo posible con las decoraciones. Aquí, todo parecía
decepcionantemente discreto en comparación.
Ahora, sin embargo, de pie en la parte trasera de la casa embrujada con los
sonidos del carnaval de la Noche del Terror organizado por el consejo del
condado resonando en el aire de la noche, las cosas estaban mejorando.
Escuché a medias como Carter comenzó a gruñir instrucciones, mis ojos se
desviaron constantemente hacia el tipo de la máscara roja que estaba a su
derecha.
Kian.
Nos habíamos evitado durante el resto de la semana en la escuela. Sí,
terminamos sentados en la misma mesa durante el almuerzo y compartimos
algunas de las mismas clases, pero ninguno de los dos había hablado. Sin
embargo, lo había sorprendido mirándome, su mirada siempre oscura y
desdeñosa, pero había un calor que no había estado allí antes.
Carter desgranó una lista de lo que se debe y no se debe hacer en relación
con algunas cosas relacionadas con la captura de chicas, pero como no iba a
hacer eso, no presté atención. En cambio, permanecí obsesionado con Kian.
Como si fuera consciente de mi escrutinio, volvió la cabeza en mi dirección.
Respiré profundamente cuando el grupo de chicos comenzó a moverse hacia
el frente de la casa embrujada, encabezados por Carter, Xavier y Kian.
Cuando Kian se acercó a mí, hizo una pausa por un momento, su voz un
acento burlón.
—Una máscara amarilla para el Golden Boy. Apropiado. Es una pena que
tengas que sentarte fuera de este pequeño juego, ¿eh?
Inclinándome más cerca, susurré mis palabras solo para sus oídos.
—Quizá participe en la persecución. Tal vez voy atrapar a un delincuente.
—Ni siquiera lo pienses, joder —gruñó, pasando junto a mí.
Una sonrisa se extendió por mi cara. Hombre, era tan fácil de irritar. Lo sirvió
y yo se lo devolví. Había algo en meterse debajo de su piel que era tan
malditamente satisfactorio.
El sonido de la sirena de The Purge reverberó alrededor del parque, y esperé
hasta que los ecos se apagaron antes de dar la vuelta al frente de la casa
encantada.
Iluminado por las amplias luces de colores, vi a los chicos con sus máscaras
LED de neón correr entre los puestos y los paseos en busca de su presa.
Sacudiendo la cabeza, me volví en dirección a la casa encantada, pasé por la
boca abierta y me adentré en la oscuridad del interior.
Un tipo vestido de payaso con la cara pintada de blanco y una sonrisa
distorsionada y ensangrentada corrió hacia mí, pero lo esquivé y seguí por los
pasillos. Al doblar una esquina, me encontré en un espacio abierto con poca
luz, con una bruja riendo, agitando un caldero.
Me llamó en voz baja y ronca, pero mi atención se desvió. Por el rabillo del ojo
vi un destello rojo, y me detuve, cambiando de dirección y dirigiéndome por
el pasillo a mi izquierda.
Pulsando el interruptor de las luces LED de mi máscara para apagarlas, me
fundí profundamente en las sombras de la casa embrujada, sin ser detectado,
mirándolo acercarse sigilosamente detrás de una chica. Ella gritó de terror,
luchando contra su cuerpo. Los celos ardientes me quemaban las venas, y
apreté los dientes, forzándome a no reaccionar cuando mi
compañero/antagonista murmuró algo a la chica antes de levantar su
máscara, pasando sus labios sobre la piel expuesta de su cuello.
El pasillo resonó con el ruido de pasos pesados, y Carter se acercó detrás de
él, lo apartó de la chica y al mismo tiempo le dio un empujón, en dirección a
mi escondite. Lo escuché gruñir, “No estás jugando limpio” antes de que
Carter y la chica desaparecieran.
Actué por instinto, antes de que pudiera pensar en ello. Saltando de las
sombras, arrojé mi cuerpo contra el suyo, enviándonos a ambos
tambaleándonos contra la pared. Su máscara todavía estaba levantada,
colocada en la parte superior de su cabeza, y me arranqué la mía antes de
llevar mis labios a su oído.
—Hola, Kian.
Todo su cuerpo se puso rígido y escuché que su respiración se aceleraba
mientras pasaba mi nariz por su mandíbula.
Cuando habló, solo dijo una palabra, pero su voz salió como un rasguño bajo
y torturado que hizo que mi polla se tensara en mis jeans.
—Preston.
Kian
Mierda. Un minuto, tenía un cuerpecito de mujer caliente presionado contra
mí, todas curvas exuberantes y suaves y tetas llenas, y al siguiente, ella se
había ido, y yo estaba siendo inmovilizado contra la pared por seis pies y dos
de rubio, todo masculinidad estadounidense. En lugar de suavidad, todo fue
duro. Tan jodidamente duro.
Preston volvió a acercar la boca a mi oído. Estaba congelado en el lugar, como
antes, cuando habíamos estado casi en esta posición exacta en los vestuarios.
—¿Qué quieres? —Su voz era un acento seductor que hizo que mi polla
saltara.
Puse mi labio entre mis dientes, concentrándome en el mordisco del esmalte
contra el metal y la piel, en lugar de la forma en que él estaba apretando sus
caderas lentamente contra las mías.
—¿Qué quieres? —repitió, su respiración se volvió más áspera mientras
mantenía sus movimientos, y mi polla se alargó, el tortuoso placer de la
fricción contra mis jeans me hizo querer empujar mis propias caderas contra
las suyas.
Apreté los puños a los costados para evitar hacer algo de lo que me
arrepentiría, como tocarlo.
Yo no era gay. Me gustaban las chicas. No me gustaban los chicos. La mayor
parte del tiempo.
Especialmente no los chicos estadounidenses ridículamente guapos y
boquiabiertos que estaban tratando de tomar mi posición.
Sin esa posición no era nada.
Con ese pensamiento, finalmente obtuve la fuerza para empujarlo lejos de mí.
—Quiero que me dejes solo. —Tratar de salir corriendo con una erección
furiosa fue mucho más difícil de lo que piensas, y mi estado de ánimo se agrió
cuando pasé por delante de la enorme noria de neón, hacia las puertas del
parque.
La combinación del latido palpitante de la música que se reproduce desde el
sistema de sonido y las brillantes luces estroboscópicas que parpadean a mi
alrededor hizo que mi cabeza palpitara. Olvídate de ligar con una chica, ya no
estaba de humor. Era hora de pasar a mi siguiente tarea de la noche, antes
de dirigirme a la cala.
Una mano que agarraba mi bíceps detuvo mi trayectoria, y me di la vuelta
para ver a Preston mirándome con lo que parecía aprensión o remordimiento
en su cara de niño bonito.
—Pensé que te había dicho que me dejaras en paz. —Le enseñé los dientes.
—Quería disculparme. —Se encogió de hombros, hundiendo los
hombros—. Sé que estaba fuera de lugar. No volverá a suceder.
¿Por qué diablos sentí una sensación de decepción por sus palabras?
Levantando mis ojos hacia los suyos, lo estudié por un momento, tirando de
mi labio entre mis dientes, antes de rendirme y permitir que las palabras
salieran.
—¿Quieres ser un delincuente por la noche, Golden Boy? Vuelve a ponerte la
máscara y sígueme.
Preston
—¿A dónde vamos? —Deslizándome en el asiento del pasajero del auto de
Kian, lo miré. Su máscara todavía estaba levantada en la parte superior de
su cabeza, y sus ojos brillaban con malvada intención.
—Cállate y déjame conducir. —Encendió el motor y el auto cobró vida con un
gruñido. Cambió de marcha con movimientos suaves y confiados, y el auto
aceleró a medida que avanzábamos por la carretera.
—Maldita sea, te ves sexy cuando estás conduciendo —murmuré,
arrepintiéndome inmediatamente de las palabras—. Perdón.
Su mirada se volvió hacia la mía, sus ojos brillaban bajo el resplandor de las
farolas. Sorprendentemente, no hizo ningún comentario. Cuando pensé en lo
que había sucedido en la casa encantada, me sorprendió que incluso me
hubiera invitado a ir con él.
—Nunca antes había conducido uno mecánico. —Llené el incómodo silencio
con el primer comentario que me vino a la cabeza. Los ojos de Kian estaban
de vuelta en la carretera, pero los vi abrirse.
—¿Nunca? —Sus manos se flexionaron sobre el volante cuando tomamos a
la izquierda hacia una calle bordeada de árboles por un lado y un alto muro
de piedra por el otro.
—Nunca.
—Tenemos que rectificar eso —dijo con decisión.
—Nosotros ¿lo haremos? ¿Somos amigos ahora?
Sus ojos se entrecerraron.
—¿Alguna de nuestras interacciones hasta ahora te hace pensar que lo
somos?
Un recuerdo pasó por mi mente.
Estaba en lo alto. Primer partido después de la sanción de Kian Courtland el
delantero estrella, y había logrado marcar cuatro goles y una asistencia, lo que
nos llevó a una victoria por 5-1 que nos colocó en la cima de la clasificación. Me
había llevado una eternidad escapar después, todos querían felicitarme.
Frases como -toque de Midas-, -Golden Boy- y -jugador estrella- habían sido
anilladas y la atención era abrumadora. De la mejor manera.
Después de abrir el maletero de mi auto y colocar mi bolso de gimnasio dentro,
me enderecé y me di la vuelta, dándome cuenta de que no estaba solo. Kian se
quedó allí, duro y amenazador, con los labios fruncidos y sus ojos verde pálido
brillando de ira.
—Golden Boy.
Me escupió las palabras. Abrí la boca para responder, pero no había terminado.
—No te hagas a la idea sobre ocupar mi lugar como jugador estrella.
—¿Te sientes amenazado? Quizás no deberías haber traído drogas a la
escuela, delincuente.
Gruñó y luego, sin previo aviso, me golpeó con un puñetazo directo al estómago.
Jadeando, me doblé de dolor, con lágrimas en los ojos. Fui vagamente
consciente de que él se alejaba mientras yo colapsaba contra mi auto.
Volviendo al presente, negué con la cabeza.
—Nop. —Luego agregue— ¿Y ahora qué?
—No somos amigos. —Apretó la mandíbula y puse los ojos en blanco. Este
tipo estaba lanzando tantas señales contradictorias que me sorprendería si
siquiera supiera lo que está pasando dentro de su cabeza. Rindiéndome por
ahora, me alejé de él para mirar por la ventana.
Kian redujo la velocidad del automóvil cuando llegamos a una calle tranquila
y arbolada con casas muy espaciadas, de estilo escandinavo con marcos de
madera y enormes ventanas de vidrio. Se salió de la carretera junto a un
pequeño grupo de pinos altos y se volvió hacia mí.
—Puedes esperar aquí si quieres.
—¿Por qué? ¿Qué pasa?
No me respondió.
—Me pregunto si me arrestarán, esta vez. —Había una mirada distante en
sus ojos, la dureza desapareciendo, reemplazada por una mirada casi
nostálgica.
La inquietud se apoderó de mi estómago y mi decisión fue simple.
—Yo voy.
—Máscara y capucha. Y no digas una maldita palabra. —Deslizó su máscara
en su lugar, y yo hice lo mismo, saliendo del auto. Observé cómo se metía
dentro, sacando algo del asiento trasero, y luego estaba trotando por la
carretera y girando por uno de los caminos que conducían a las amplias
casas. Esta casa estaba oscura y silenciosa, ni siquiera una sola decoración
de Halloween afuera.
Sonó un pitido y la puerta del garaje se cerró, suave y silenciosamente.
—¿De quién es esta casa? —siseé.
—Mía. Deja de hablar.
Ante su áspero susurro, cerré la boca con fuerza. Mis preguntas tendrían que
esperar.
Se dirigió al interior del garaje con pasos largos y decididos, balanceando el
bate de béisbol con las yemas de los dedos. Sin detenerse en su paso, se
acercó y golpeó su mano sobre un botón en la pared y la puerta volvió a su
lugar cuando las luces del techo parpadearon automáticamente.
Miré a mí alrededor. Este lugar era como una sala de exhibición de autos.
Relucientes máquinas de metal se sentaban en ordenadas filas. Tenía que
haber al menos veinte autos aquí, todos del mismo tono de plata pulida.
Arqueé una ceja. Extraño, pero como sea.
Un fuerte estruendo hizo eco a través del espacio cavernoso, y vi con horror
como Kian balanceaba el bate justo en el centro del parabrisas del auto frente
a él. La alarma del auto comenzó a sonar cuando la golpeó una y otra vez, y
las telarañas se extendieron por el cristal. Luego volvió su atención a la
capota, derribando el bate con un grito de rabia.
Finalmente tomé acción, corrí hacia él y le arranqué el bate.
—¿Qué diablos, hombre? ¿Cuál es la mierda aquí?
Su cuerpo se estremeció mientras luchaba con él, ambos más o menos
igualados en fuerza. Seguí hablando con él, deseando que saliera de lo que
fuera que estaba pasando.
—Kian. Háblame.
De repente, sus luchas se detuvieron.
—Si hago esto, es posible que vuelvan a casa.
Mierda.
Esas nueve palabras, dichas con tanta desesperación, me dijeron todo lo que
necesitaba saber por ahora.
Apreté sus hombros antes de soltarlo. La alarma seguía sonando a nuestro
alrededor cuando dejé a Kian desplomado contra el auto y me dirigí a un lado
del garaje, donde una cadena de bloqueo gruesa y pesada colgaba de la pared
sobre una motocicleta. Levantándola de su gancho, probé el peso en mi
palma, pasando mi pulgar por el candado adjunto, antes de que una lenta
sonrisa se extendiera por mi cara. Crucé el garaje de regreso a Kian corriendo,
saltando sobre el capó del auto y balanceando la cadena con todas mis
fuerzas, aplastándola contra el techo.
Todo mi enfoque se redujo a la oscilación de la cadena, y el ruido sordo
cuando golpeó el techo del auto una y otra vez, estropeando y abollando el
metal, hasta que me convertí en consciente de Kian, en el capó del auto
conmigo. Extendió la mano, agarró mis brazos y detuvo mis movimientos.
—Tenemos que irnos. Alguien ya habrá llamado a la policía.
Le permití tomar la cadena de mis manos y tirarme hacia el suelo, la
adrenalina abandonó mi cuerpo en una ráfaga repentina. En piloto
automático, di un paso hacia la puerta del garaje, pero él me llevó en la
dirección opuesta, a una puerta interior con un panel al lado.
Cuando nos detuvimos frente a la puerta y Kian colocó su mano derecha en
el sensor de huellas digitales, me di cuenta de que su otra mano sostenía la
mía.
La puerta se abrió con un clic y dejó caer mi mano, empujándome hacia lo
que parecía un cuarto de servicio. Me volví a tiempo para verlo frente a la
cámara de seguridad parpadeante en el garaje. Se subió la máscara en la
parte superior de la cabeza y apagó la cámara, luego se dio la vuelta y cerró
de golpe la puerta del garaje detrás de él.
—Saldremos por la parte de atrás. —Dio un paso hacia mí. Luego otro.
Extendiendo la mano, levantó mi máscara, sus ojos buscando los míos. Las
comisuras de sus labios se alzaron en una sonrisa torcida, y sentí mi propia
sonrisa de respuesta tirando de mis labios—. ¿Cómo se sintió? ¿Rompiendo
las reglas?
—¿Contigo? —Mi sonrisa se ensanchó—. Creo que me gusta.
Inclinó la cabeza hacia adelante, solo un poquito, pero fue suficiente para que
su nariz rozara la mía. Su aliento golpeó mis labios cuando sus palabras
salieron con un ronco tono.
—Creo que me gusta corromperte, Golden Boy.
Preston
—Nunca subimos nuestra broma. —Kian soltó las palabras casualmente
mientras bajábamos por el sinuoso sendero del acantilado que conducía a la
cala.
—Espera. —Deteniéndome en seco, agarré su bíceps—. Todo el concurso de
bromas de Halloween fue idea tuya, ¿no?
Raspó el camino de tierra con la punta del pie.
—Sí, mía y de Carter. Pero no es importante. Ya no. —Su cabello azabache,
alborotado por la brisa del mar, cayó sobre su frente mientras se volvía y me
sonreía—. Podría haber tomado una o dos fotos de ti haciendo todo Rambo
en el Bentley de mi papá. Tal vez suba uno como mi entrada.
Le di una mirada de advertencia.
—Ni siquiera lo pienses. —Empujando su hombro juguetonamente mientras
pasaba junto a él para continuar por el camino, agregué—: En todo caso,
sería mi entrada, ya que soy el de la foto.
No respondió porque ya habíamos llegado al fondo del acantilado y estaba
siendo llevado lejos de mí hacia la multitud de gente. Alguien me puso una
cerveza en la mano y abrí la tapa y me la llevé a la boca.
Mientras bebía, miré a mí alrededor con curiosidad. Estábamos en una
pequeña cala de arena, a la que se accede por un diminuto sendero de
acantilado. A mi izquierda pude ver el contorno de lo que parecía ser una gran
entrada de cueva en el acantilado rocoso, y más allá había un arco natural
donde el acantilado se había erosionado, conduciendo a lo que supuse que
podría ser otra playa. La gente estaba agrupada alrededor de una gran
hoguera, la música y las conversaciones se mezclaban con el sonido de las
olas rompiendo en la orilla. Varillas luminosas de colores cubrían la playa y
decoraban los cuerpos de las personas, la mayoría (aparte de los chicos que
habían sido parte de nuestros planes de la Noche de miedo) vestidos con
disfraces, al más puro estilo de Halloween.
—¿Desean compañía? —Anastasia Egerton, una de las chicas más calientes
y populares de Alstone High, se paró frente a mí, vestida con una especie de
catsuit5 de cuero, con barras de luz alrededor de su rubia cabeza como un
halo.
Dándome una sugerente sonrisa, presionó su cuerpo contra el mío,
deslizando su mano por mí pecho.
Oh hombre.
—Perdón. —Puse mi mano sobre la de ella y la aparté de mi cuerpo—. Soy,
eh, gay.
Su boca cayó en una O.
—No tenía idea.
—Sí, bueno… —Me encogí de hombros—. No lo he divulgado. Ser el chico
nuevo y todo eso.
Ella asintió.
—No tienes que dar explicaciones. No diré nada, a pesar de lo que puedas
pensar de mí. No compartiría algo así.
Observé su mirada seria. Era muy consciente de su reputación de ser perra
y difundir rumores, pero confiaba en mis instintos y estaba seguro de que
estaba diciendo la verdad en este momento.
—Creo… creo que estoy listo para que la gente lo sepa. —Había llegado el
momento de ser valiente. Mis razones que había tenido para mantenerlo en
secreto de repente no parecían tan importantes.

5 Traje de gato sexy


—En ese caso… —Una sonrisa tortuosa se extendió por su rostro—. Ven y
conoce a los chicos.
¿Qué chicos?
Me llevó hacia un pequeño grupo de chicos y chicas, todos disfrazados,
sentados sobre mantas en la arena, y me señaló a todos.
—Tom, Louis, Bilal, Emma, Claire. Todos, este es Preston Montgomery
III. —No reconocí a ninguno de ellos, y estaba a punto de preguntarle si
asistían a Alstone High, cuando se volvió hacia mí. —Todos nos conocemos
de nuestro club de polo.
—¿Polo acuático?
—No. —Ella puso los ojos en blanco y se rio—. Polo. Con caballos. ¿Sabes?
Ah, ese polo.
—Sí lo sé.
—De todos modos, Tom y Louis son solteros y están estudiando una
licenciatura en arquitectura, así que, ya sabes… obtienes inteligencia además
de belleza. —Ambos me miraron con curiosidad cuando me paré a su
lado—. Y sé que Louis es muy bueno con su lengua, —ronroneó.
—Oh, maldita infierno, Ana. Por favor detente. —El tipo vestido como Thor,
pasando por la capa roja y el martillo que yacía en la arena junto a él, hizo
una mueca, sus mejillas se sonrojaron levemente mientras me
miraba—. Ignórala, te lo ruego.
Me derrumbé sobre la manta junto a él mientras los demás volvían a
conversar, y él miró su botella de cerveza, recogiendo la etiqueta.
—Louis. Encantado de conocerte, Preston. ¿Puedo deducir de tu acento que
no eres de por aquí?
—Gusto en conocerte también. Y no. —Después de colocar mi propia botella
en la arena, estiré las piernas frente a mí y me apoyé en los codos—. Nacido
y criado en Estados Unidos. Me mudé aquí durante el verano.
Sus ojos me recorrieron con aprecio y aproveché la oportunidad para
estudiarlo. Cabello castaño suave y ondulado, ojos castaños cálidos y cuerpo
largo y ágil; él podría haber sido mi tipo, alguna vez. Antes de que sucediera
esta noche.
Antes de Kian.
—¿Cómo haz encontrando el Reino Unido hasta ahora? Si estás libre este fin
de semana, ¿podría llevarte a ver algunos de los lugares de interés? Hay un
castillo en ruinas en los acantilados que podría ser divertido de explorar. Un
montón de rincones ocultos para conocer de cerca y en persona.
Mi atención fue temporalmente desviada por la mirada de alguien que
perforaba un lado de mi cráneo. Girando mi cabeza, mis ojos se encontraron
con un par de verdes pálidos que se estaban oscureciendo por la ira mientras
me miraba sentado con Louis.
Levantando una ceja desafiante, ladeé mi cabeza hacia él. Me miró antes de
bajar la mirada a la arena.
Reprimí la decepción que me embargaba mientras volvía mi atención a Louis.
—No estoy interesado en salir con nadie en este momento. Pero si quieren
pasar el rato como amigos, estoy totalmente de acuerdo.
—Si amigos es todo lo que estás ofreciendo, lo aceptaré. Sin embargo, es una
vergüenza —murmuró. Su voz bajó y se inclinó más cerca de mí—. Podría
haberte mostrado mis legendarias habilidades con la lengua.
Hubo un silencio por un momento, y luego ambos comenzamos a reír al
mismo tiempo.
—Preston.
Me detuve en medio de la risa, levantándome de golpe para ver a Kian
elevándose sobre mí. Su rostro era una máscara cuidadosamente en blanco,
pero sus ojos… podía ver la confusión en ellos.
—¿Qué quieres, Kian? —Lo jugué casual.
—¿Puedo hablar contigo?
—Parece que ya lo estás. —Mirándolo, no pude evitar burlarme de él con mis
palabras.
—Joder, olvídalo —murmuró. Girando sobre sus talones, se alejó en dirección
al acantilado.
—Incómodo. —Louis tosió falsamente a mi lado.
Por el amor de Dios. Será mejor que vaya tras él. Poniéndome de pie, me dirigí
al grupo.
—Fue un placer conocerlos, chicos. Te veo luego. —Me saludaron con la
cabeza y sonreí antes de dirigirme hacia los acantilados.
Más adelante, vi a Kian deslizarse a través del arco de roca y desaparecer de
la vista. Aumenté mi ritmo, no queriendo perderlo aquí en este tramo de playa
oscurecida.
—Kian —grité mientras me agachaba por el arco y llegaba a la pequeña franja
de playa del otro lado—. ¿Kian? —Una sombra oscura se materializó en la
pared de la roca, y luego fui empujado contra el acantilado, y los labios de
Kian descendieron sobre los míos, duros y hambrientos.
Kian
Preston quedo en estado de shock por un segundo, pero se recuperó casi al
instante. Su piel suavemente afeitada rozó mi propia barba áspera mientras
nuestras bocas chocaban, sus labios acariciaban los míos con confianza,
firmes y seguros.
Desde el primer bocado, quise más.
Lo ataqué con una necesidad agresiva, mi lujuria por él estaba fuera de
control ahora que había dejado de luchar contra eso. Mi polla era como el
acero contra su rígida longitud mientras apretábamos nuestros cuerpos el
uno contra el otro.
—Mierda. —Arranqué mi boca, mi corazón latía con fuerza—. Preston.
—¿Quieres parar? —Me miró fijamente, la duda entró en sus hipnóticos ojos
azules.
—Joder, no.
—Bien. Porque quiero hacer esto —Agarró mi mandíbula y acercó mi cara a
la suya. Chispas de calor se dispararon directamente a mi polla mientras
arrastraba su lengua sobre mi perforación del labio, luego tomó mi labio
inferior entre sus dientes.
—Me preguntaba cómo se sentiría ese piercing de labios contra mi polla. —El
timbre bajo de su voz envió un estremecimiento de lujuria a través de mí, y
reprimí un gemido. Todo lo que estaba diciendo y haciendo me estaba
volviendo completamente loco, joder.
—Te deseo. —Presioné mi cuerpo contra el suyo, mi boca en su cuello,
succionando lo suficientemente fuerte como para romper la piel y dejar mi
marca allí. No fue suficiente. Mis manos buscaron a tientas la hebilla de su
cinturón mientras soltaba mi boca de su cuello, jadeando contra él mientras
su mano se deslizaba debajo de mi ropa, pasando sus dedos por las crestas
de mis abdominales.
—Kian… joder. —Su gemido torturado mientras desabrochaba sus jeans me
dio confianza.
—No sé lo que estoy haciendo, pero haré todo lo posible para que te sientas
tan jodidamente bien. —Bajé sus jeans y agarré su polla a través de sus
bóxers.
Siseó, hundiendo sus dientes en mi cuello, su control se deslizó cuando le di
a su polla una caricia experimental. Era un poco extraño tocar una polla
desde este ángulo, pero seguí con lo que sabía que me gustaba, pensando que
me diría si hacía algo mal. Bajando sus bóxers, tomé su polla en mi mano de
nuevo.
Sus manos fueron a mis jeans, pero negué con la cabeza.
—Quiero concentrarme. Si me tocas, voy a correrme.
Él gimió, su cabeza cayó hacia atrás contra la roca detrás de él, y me agarré
a su cuello de nuevo, chupando y lamiendo su piel mientras lo acariciaba de
arriba a abajo, lento y seguro. —Nunca antes había tocado la polla de otro
chico.
Se le escapó una risa grave antes de que volviera a gemir.
—No te detengas. Maldita sea, Kian. Tú me vuelves loco.
—El sentimiento es mutuo. —Dar placer a otra persona nunca se sintió tan
bien. Empujó hacia arriba en mi mano y yo aceleré un poco el paso. Lo sentí
ponerse rígido, y luego se corrió con un rugido, chorros calientes de semen
cubriendo mi mano y empapando mi sudadera.
—Mierda, lo siento. —Respirando pesadamente, miró hacia abajo entre
nosotros.
—No es gran cosa. —Me encogí de hombros, me aparté de él y me quité la
sudadera—. Úsalo para limpiar si quieres.
—Eres tan sexy. —Sus ojos recorrieron mi cuerpo y mi polla golpeó contra
mis jeans—. ¿Puedo tocarte?
—¿Estás pidiendo mi permiso ahora, después de que no solo me inmovilizaste
contra la pared, dos veces, pero te corriste por toda mi mano? —Levanté una
ceja y él me dio una sonrisa torcida mientras se abrochaba los jeans.
—Sí. Más vale tarde que nunca, ¿eh?
Tragando saliva, lo miré directamente a los ojos, mortalmente serio.
—Realmente, realmente quiero que me toques. Muéstrame tus habilidades,
Golden Boy.
Su sonrisa se desvaneció. Me quitó la sudadera con capucha de las manos y
la tiró al suelo.
—Prepárate para dejar volar tu mente.
—Escucho muchas conversaciones, pero no veo ninguna acción —me burlé
de él, y sus ojos se oscurecieron cuando se acercó. Lamió el piercing de metal
de mi labio de nuevo, atrayéndome hacia él.
—Puedo sentir cuánto me deseas. —Empujó sus caderas contra las mías,
ambos respirando con dificultad mientras pasaba sus manos por mi pecho y
mis abdominales, deteniéndose en la parte superior de mis jeans. Sus dedos
hicieron un trabajo rápido para deshacerlos, y finalmente, liberó mi dolorida
polla y envolvió su mano alrededor de mí.
En su primer toque, gemí, chocando contra su mano.
—Más duro.
—¿Qué tal esto en su lugar? —Reclamó mi boca con un beso salvaje. Luego,
apartando su boca de la mía, cayó de rodillas en la arena.
Me miró por un momento con una mirada pesada y lujuriosa, antes de
envolver sus labios alrededor de mi polla. Mis dedos agarraron su cabello
corto mientras se lanzaba hacia adelante, tomando toda mi longitud en su
garganta.
—Oh, Mierda. —Mis bolas se tensaron y bajé por su garganta, mi polla se
sacudió en su boca mientras se tragaba todo lo que le di.
Soltó mi polla y se enderezó, limpiándose la boca mientras yo colapsaba
contra la pared rocosa con piernas temblorosas. Una vez que recuperé el
aliento, lo atraje hacia mí.
—Nunca me he… joder, Preston. Nunca me he corrido tan rápido en mi vida.
No pude aguantar. Tan pronto como pusiste tu boca sobre mí, se acabó el
juego.
Una lenta y satisfecha sonrisa se extendió por su cara y me dio un beso en la
mandíbula.
—Lo tomaré como un cumplido. Te puse tan tenso que estabas a punto de
explotar.
—Sí, quizás. Sin embargo, es algo vergonzoso —murmuré.
—Oye, no duré mucho más. —Su boca se movió hacia mi cuello, y lamió mi
piel, haciéndome temblar—. Ese fue el mejor maldito trabajo manual que he
tenido.
—¿Sí?
Levantó la cabeza para mirarme.
—Sí. Lo dije antes y lo diré de nuevo. Me vuelves loco, Kian
Courtland —Extendiendo su mano, tomó la mía y la presionó contra el bulto
que se tensaba contra sus jeans—. ¿Ves lo que me haces?
Mi propia polla se agitó cuando lo apreté ligeramente a través de sus jeans,
extrayendo un gemido bajo de su boca. Me incliné más cerca de él.
—No sé qué diablos estoy haciendo, pero no quiero parar.
—¿Quieres venir a casa conmigo? Tendremos la casa para nosotros solos toda
la noche —dijo las palabras contra mis labios, su voz un sugestivo estruendo
que me hizo subir la cremallera de mis jeans a una velocidad récord y volar
hacia donde mi sudadera estaba tirada en la arena. Lo recogí, sacudí la arena
y me lo metí debajo del brazo. Volviéndome hacia Preston, encontré su mirada
hambrienta.
Nos miramos el uno al otro durante un largo y cargado momento.
—Vamos.
Preston
Kian había estado en silencio en el camino de regreso a mi casa, pero cuando
estábamos parados junto a la puerta principal, finalmente habló.
—¿Supongo que te gusta Halloween?
Mi mirada recorrió el patio delantero: el camino bordeado de calabazas, la
corona de marrones y naranjas colgando de la puerta, y las guirnaldas a juego
cubriendo el porche y las columnas a ambos lados.
—Sí. Esto no es nada comparado con las decoraciones que teníamos en casa,
pero queríamos hacer algo. Mi mamá vive para estas cosas; ella decora para
todas las estaciones —Señalé la puerta—. Esta es su corona de otoño. Tan
pronto como llegue diciembre, lo cambiará por la corona de invierno. Ella está
obsesionada —Girando mi cabeza, lo vi mirándome con una
expresión extraña—. ¿Qué?
Sacudió la cabeza, soltando una carcajada.
—Nada. Así como llamas al otoño ‘otoño’ con tu acento sexy… joder es tan
caliente.
Lo miré fijamente.
—Dice el tipo con el acento británico caliente. No hay nada especial en mi
forma de hablar.
—Aceptemos estar en desacuerdo —dijo, entrecerrando los ojos hacia mí, y
me reí mientras me alejaba de él para abrir la puerta.
—Seguro. Pasa. ¿Quieres un trago o algo? —Atravesé la puerta y salí al
pasillo, dejé caer mis llaves en el cuenco y me quité la sudadera con
capucha—. ¿Kian?
Fuertes brazos me rodearon por detrás, y el aliento de Kian me atravesó el
lóbulo de la oreja.
—¿Por qué no nos saltamos la charla cortés y me enseñas tu habitación?
Maldita sea, cuando me hablaba de esa manera… haría cualquier cosa que
me pidiera.
—Okey.
Cerrando la puerta de mi dormitorio detrás de nosotros me volví hacia él.
Se paró contra la pared, jugueteando con el piercing de sus labios.
—No tenemos que hacer nada que no quieras.
Me atrajo hacia él, sus brazos rodearon mi cintura.
—Lo quiero. Solo… necesito un minuto. Es mucho para procesar.
Inclinándome hacia adelante, pasé mi nariz por su mandíbula, sintiendo el
rasguño de la barba incipiente en mi piel.
—Podemos tomar las cosas tan despacio como sea necesario. —Toda la noche
hasta ahora me había dejado la cabeza dando vueltas, así que no me
sorprendió que tuviera problemas para entender todo.
—Mis padres no volverán hasta mañana por la tarde. Tómate todo el tiempo
que necesites. Tú eres el que tiene el control aquí.
—¿Sí? —dijo con voz ronca, dejando un rastro de besos calientes por mi
cuello—. ¿Qué pasa si quiero que me controles?
Apreté mis caderas contra las suyas.
—Te gusta eso, ¿eh?
—No sé. Pero me gustas tú. —Su voz tembló levemente y mi estómago dio un
vuelco ante sus palabras. Estábamos en la misma página. No fue solo química
sexual entre nosotros. Había algo más.
Esperé hasta que levantó la cabeza, y luego pasé mi lengua por su piercing
de labios de nuevo, antes de besarlo.
—Sabes que me gustas, ¿verdad?
Nuestras miradas se encontraron y él asintió lentamente.
—La forma en que no has podido apartar la vista de mí desde el primer día
que nos conocimos fue una especie de revelación. —Él sonrió y me incliné
hacia él, tirando de su lóbulo entre mis dientes.
—¿Qué puedo decir? Eres agradable a la vista. Tienes esa vibra de chico malo
caliente a tu favor.
—Lo soy y lo hago.
—Arrogante también.
—Algunas veces.
Ambos estábamos sonriendo ahora, y la aprensión había desaparecido de sus
ojos. Después de dejar un ligero beso en sus labios, le hice una sugerencia.
—¿Quieres una ducha? Empezar despacio.
Él frunció el ceño.
—Una ducha conmigo —aclaré.
—Oh. Ducharse juntos es empezar despacio, ¿verdad? —Mordió mi labio
inferior.
—Tengo una habitación húmeda.
—Lidera el camino.
Riéndome del entusiasmo en su voz, lo señalé hacia mi baño.
—Adelante, haz que la ducha funcione. Conseguiré algunas toallas limpias.
Me tomé mi tiempo para conseguir las toallas y desvestirme, pensando que le
daría algo de espacio. No estaba seguro de cómo se desarrollaría todo esto,
pero seguiría mis señales y lo seguiría. Tendríamos que discutir las cosas en
algún momento, pero todavía no. En este momento, tenía a un chico caliente
como una mierda, desnudo y mojado en mi ducha, y me estaba esperando.
El vidrio que separaba el área de la ducha del resto del baño estaba lleno de
vapor, oscureciendo mi visión, pero lo que pude distinguir hizo que mi polla
se moviera. Mientras rodeaba el costado del vidrio, aspiré con fuerza, mi polla
se elevó hasta el mástil completo mientras disfrutaba de la vista más erótica
que jamás había visto en mi vida.
Kian Courtland, todo delgado, duro, perfección masculina, con la cabeza
inclinada bajo el chorro de la ducha, una mano apoyada en la pared y la otra
empuñando su polla erecta.
Volvió la cabeza cuando entré. El agua le pegaba el cabello oscuro a la cabeza
y le corría por la cara. Seguí los riachuelos de agua que corrían por su cuerpo,
sobre los músculos esculpidos, a través del ligero rastro de cabello que
conducía a su erección. De repente se me secó la boca y lo ansiaba.
—Joder, Golden Boy. —Se humedeció los labios y me recorrió con su mirada
ardiente—. Tu cuerpo es una locura.
—Kian. —Mi gemido hizo eco a través de la habitación húmeda. Crucé hacia
él—. Estás… —Me quedé sin palabras por primera vez en mi vida—. Eres
increíble —dije finalmente, extendiéndome entre nosotros y alineando mi
dureza con la de él. Envolví mi mano alrededor de nuestras dos pollas, y él
flexionó sus dedos debajo de los míos, estirando su mano para abarcar mi
polla y la suya, siguiendo mi dirección.
—Esto se siente increíble. —Miró hacia abajo entre nosotros, sus ojos
pesados, sus pupilas hinchadas, siguiendo nuestros movimientos
combinados. La fricción de su polla deslizándose contra la mía, y su mano
sobre mí, fue el mejor tipo de tortura. Si la respiración entrecortada de Kian
era algo para seguir, él estaba sintiendo lo mismo.
—¿Sí? Te gusta eso, ¿eh?
—Demasiado. No sé si voy a durar. —Él miró hacia arriba para encontrarse
con mi mirada, antes de inclinar la cabeza para besarme—. Me estás matando
aquí.
Una sonrisa se extendió por mi cara. Soltando mi agarre, detuve sus
movimientos con mi mano.
—Vamos a ralentizarlo. Date vuelta.
—¿Date vuelta? —Su voz se alarmó de repente y le sonreí. Agarré la botella
de gel de ducha del estante y la agité en el aire. El alivio cruzó su
rostro—. Pensé…
—Sé lo que pensaste. No te preocupes, no te voy a follar. No voy a hacer nada
que no quieras —Agarrándolo por los hombros, lo giré, lo dirigí debajo del
rociador y tomé una esponja. Se lo pasé por la espalda con movimientos lentos
y circulares, tomándome mi tiempo.
—No estoy diciendo que no quiera que lo hagas. —Su leve murmullo era
apenas perceptible por encima del sonido del agua corriendo—. Tal vez.
Quiero decir, creo que sí. Sin embargo, necesito trabajar para ello.
Dejé lo que estaba haciendo y deslicé mis brazos alrededor de él.
—Lo que quieras. —Mi voz bajó mientras me presionaba contra él, mi polla
dura contra su trasero—. Tu trasero es espectacular. Pero no tengo ninguna
expectativa aquí. Tú tienes el control, recuerda.
Empujó su trasero hacia mí y gruñí, mordiendo su hombro.
—Pero ahora mismo, realmente me estás tentando. —Escuché una risa baja
salir de él, el bastardo—. Te gusta ser un calienta pollas, ¿verdad?
—Yo y mi espectacular trasero.
Las comisuras de mi boca se tensaron en una sonrisa.
—Eres diferente. Diferente a cómo pensaba.
Se volvió en mis brazos, enfrentándome con sus cejas oscuras juntas.
—¿Que se supone que significa eso?
—En el buen sentido. No eres el chico malo enojado que parecía querer
apuñalarme mientras dormía.
Su rostro se aclaró y me miró con una sonrisa maliciosa.
—Creo que te gusta cuando soy malo. —Torciendo sus brazos alrededor de
mí, pasó sus dedos por la parte de atrás de mi cuello y por mi cabello
mojado—. Me gusta cuando eres malo. Cuando te enfrentas a mí y no te echas
atrás —Me besó con fuerza—. Cuando me enojas.
—¿Te gusta eso?
—Mmm sí. Toda esa tensión sexual —Flexionó las caderas y ambos gemimos.
—Kian…
—Date la vuelta, Golden Boy, y déjame lavarte.
Obedecí, y mientras pasaba sus grandes manos sobre mis hombros con
movimientos firmes y seguros, cerré los ojos. ¿Cómo estaba pasando esto?
Esta…cosa… entre nosotros, se sentía tan… correcto. Todo lo que podía hacer
era esperar que él sintiera lo mismo.
Cada pensamiento salió volando de mi mente cuando presionó toda la
longitud de su cuerpo contra mi espalda, apretando su polla contra mi
trasero. Me acercó a él y me rodeó con los brazos. Pasando sus manos por mi
pecho y abdominales, se detuvo, justo encima de mi polla.
Lo escuché exhalar con dureza, antes de que llevara su boca a mi oído.
—Quiero follarte.
Girando mi cabeza, capturé su boca en un beso duro y lujurioso, antes de
apartarme de mala gana.
—No sabes cuánto quiero eso. —Tragué con dificultad—. Pero creo que
deberíamos tomarlo con calma.
La decepción brilló en su mirada, pero luego asintió de mala gana.
—Tienes razón. Pero, joder, Preston. Yo solo…Mierda. —Él apretó su polla
contra mi trasero de nuevo—. Quiero esto. A ti. Todo.
—Puedes tenerme. Simplemente no quiero que te arrepientas de nada.
—Lo único de lo que me arrepiento es la forma en que actué contigo antes de
esta noche. —Inclinó la cabeza hacia mi garganta, besando, chupando y
lamiendo su camino hasta mi mandíbula.
—Olvidémonos de eso. —me las arreglé para jadear, mientras mordía mi
mandíbula, pasando su mano por los músculos de mis pectorales y rodeando
mis pezones.
—Está olvidado. —Su respiración se hizo más áspera y su voz era un ronquido
cuando sus siguientes palabras salieron—. Si no vas a dejar que te folle,
¿puedo chuparte la polla?
Kian
Seguí a Preston a su habitación, incapaz de apartar mis ojos de su firme
trasero, los músculos se flexionaban mientras caminaba. Joder, estaba
caliente. Cuando estuve presionado contra él en la ducha, sintiendo su
cuerpo duro y fuerte contra el mío, todo lo que podía pensar era que quería
mi polla dentro de él.
Todavía lo quiero. Probablemente tenía razón al hacerme esperar, pero sus
intenciones estaban equivocadas. Si pensaba que me arrepentiría de todo lo
que habíamos hecho o íbamos a hacer, estaba completamente equivocado.
Se detuvo en el borde de su cama, se volvió hacia mí y me tomé un minuto
para admirarlo. Cabello rubio, todavía húmedo por la ducha, y el agua todavía
brillaba en su piel. Sus músculos estaban muy definidos, tallados por horas
de fútbol y tiempo dedicado al gimnasio. Sí, podría admitir ahora que lo había
observado mientras estábamos entrenando. Y su polla… mi boca se hizo agua
mientras bebía la vista de su erección larga y gruesa, con líquido preseminal
en la punta.
—¿Vas a quedarte ahí parado o me vas a chupar la polla? —Levanté una ceja
y negué con la cabeza.
—Alguien está impaciente.
—Kian.
La forma en que gruñó mi nombre, como si apenas se estuviera refrenando,
envió un escalofrío de lujuria por mi espalda. Merodeé hacia él, mirando sus
ojos color zafiro oscurecerse a negro, su nuez de Adán meciéndose mientras
tragaba.
Deteniéndome justo en frente de él, pasé mi mano por su pecho, sintiendo su
corazón latiendo bajo mi palma.
—En la playa, dijiste que te preguntabas cómo se sentiría el piercing de mi
labio contra tu polla.
Gimió bajo en su garganta.
—Recuéstate y lo descubrirás.
Nunca lo había visto moverse tan rápido. Un minuto estaba frente a mí, al
siguiente estaba en la cama, con la cabeza apoyada en las almohadas,
mirándome con ojos hambrientos.
Mi erección fue realmente jodidamente dolorosa en este punto, pero la ignoré
por ahora. Si me saliera con la mía, lo estaría follando más temprano que
tarde. Arrodillándome en la cama, tomé su polla en mi mano, escuchando
una maldición estrangulada pasar por sus labios. Bajé la cabeza, tomándome
mi tiempo para prolongar la tortura, y su mano apretó la sábana junto a él.
Una vez más, no tenía ninguna experiencia, pero tenía confianza en la forma
en que reaccionaba a todo lo que le estaba haciendo.
Le di una lamida lenta y experimental a la punta, probando su sabor salado
por primera vez.
—Oh, mierda —gimió, levantando las caderas. Retrocediendo, lo miré
mirándome y sonreí.
—¿Tienes lubricante?
Sus ojos se abrieron y sus dientes se hundieron en su labio inferior. Él asintió
con la cabeza, y le di un lento deslizamiento de mi mano a lo largo de su polla,
luego la solté.
—Dámelo.
Rodando hacia un lado, buscó a tientas en el cajón de su mesita de noche,
entregándome una botella de plástico con un dispensador de bomba. Me cubrí
los dedos, notando la forma en que miraba cada movimiento como un halcón,
su pecho subía y bajaba con respiraciones inestables.
Bajé la cabeza de nuevo, y esta vez arrastré mi labio sobre la cabeza de su
polla, el suave metal de mi piercing se deslizó por su sensible punta.
—Kian. —Su súplica torturada fue directamente a mi polla, y cambié de
posición, bajando mi cabeza para abarcar más de él en mi boca mientras mi
mano se dirigía a mi propia erección. Tentativamente aplasté mi lengua en la
parte inferior de su eje, y movió sus caderas de nuevo, enviando su polla a la
parte posterior de mi boca. Retrocediendo, reprimí el impulso de toser y luego
volví a entrar, tomando más de él en mi boca, usando sus reacciones para
guiarme. Agarré mi polla, acariciando arriba y abajo, y Preston gimió de
nuevo—. Esta es la cosa más caliente que he visto en mi vida. Tu boca
alrededor de mi polla mientras te tocas. —Sus piernas se pusieron
rígidas—. Joder, no creo que pueda…
Lo solté, sentándome, y él me miró fijamente, sus ojos salvajes.
—¿Qué estás haciendo?
—Experimentando. —Sonreí y él me miró. Sí, eso no le gustó mucho. Me
incliné sobre él para morderle levemente la mandíbula, y luego, de repente,
nos volteó a los dos para que estuviera acostado encima de mí, nuestros
cuerpos presionados juntos.
—Eres exasperantemente sexy —dijo con voz áspera en mi oído,
balanceándose contra mí. Desplazándose más abajo por mi cuerpo, besó su
camino por mi cuello y hasta mi pecho, donde tiró de mi pezón entre sus
dientes, haciéndome sisear. Lo soltó, besando cada vez más abajo, su lengua
arrastrándose sobre las crestas de mis abdominales—. Estoy obsesionado con
esto, aquí mismo —Sus dedos fueron al pequeño rastro de cabello oscuro que
conducía a mi polla, y acarició hacia abajo, envolviendo su mano alrededor
de mi dura longitud. Mierda.
Lentamente movió su mano hacia arriba y hacia abajo, luego me llevó a su
boca y agarró ligeramente mis bolas.
—Maldito infierno, Golden Boy. —Ahora era yo quien empujaba mis caderas
hacia su boca, y un brillo de satisfacción entró en sus ojos mientras trabajaba
con su boca sobre mí. Con un esfuerzo, tomé un puñado de su cabello entre
mis dedos y tiré.
Me soltó, arqueando una ceja.
—¿Problema?
—Recuéstate. Quiero probar algo. —Agregué otra generosa cantidad de
lubricante a las yemas de mis dedos, y cuando estaba acostado de espaldas,
me arrastré entre sus piernas abiertas—. ¿Cómo te sentirías si yo hiciera
esto? —Deslizando mi dedo en su pliegue, lo presioné contra su agujero.
Su boca se abrió, y lo tomé como asentimiento, empujando mi dedo hacia
adentro en pequeños y lentos incrementos. Joder, estaba apretado. No tenía
experiencia con esto, pero sabía que, si quería que mi polla encajara dentro
de él, tenía que estar listo.
Una cadena de maldiciones salió de sus labios cuando introduje mi dedo
dentro de él y bajé la cabeza hacia su polla, llevándolo a mi boca de nuevo.
Sus manos bajaron para agarrar mi cabello y acarició con sus dedos mi cuero
cabelludo.
—Eres increible. —Tragó con dificultad—. Tu dedo se siente tan bien. Y tu
boca. Quiero más.
Lentamente, con cuidado, metí otro dedo dentro, esperando a que se relajara
de nuevo antes de empezar a moverlos. Levanté la cabeza de su polla.
—¿Esta bien? ¿Te estoy lastimando?
—Duele un poco, pero se siente tan jodidamente bien —jadeó, su agarre en
mi cabello se apretó. Trabajé mis dedos dentro de él, estirándolo. Sus gemidos
bajos y sus jadeos llenaron la habitación, y no pude soportarlo más.
—Necesito mi polla dentro de ti. Ahora.
Sus ojos se encontraron con los míos, su expresión torturada.
—No sabes cuánto te quiero en mí, pero no quiero apresurar esto.
—Lo quiero. Te deseo. —Retiré los dedos casi por completo y luego los volví a
meter. El lubricante y el trabajo que había hecho estirándolo ayudaron a que
mis dedos se deslizaran fácilmente esta vez, y jadeó cuando los empujé hasta
el fondo.
—Si. Justo ahí. —Sus ojos se pusieron en blanco—- Fóllame, por favor.
Finalmente.
Preparado con un condón y lubricante, me tome un momento para apreciar
la vista de Preston tendido contra las sábanas, caliente y listo para mí.
Inclinándome sobre él, pasé mis manos por sus muslos, sus músculos se
tensaron bajo mis palmas.
—¿Listo? —El asintió—. Ponte de rodillas, Golden Boy.
Me coloqué detrás de él, pasando mis manos por su trasero abierto. Su
poderosa espalda se arqueó, los músculos se flexionaron mientras se apoyaba
en sus manos y rodillas.
—Voy a hacer que los dos nos sintamos tan jodidamente bien —prometí,
alineando la cabeza de mi polla con su agujero.
—Ve lento. —Su voz era un susurro ronco.
Empujé hacia adelante, encontrando la resistencia de su cuerpo, pero él se
balanceó hacia atrás, metiendo la punta dentro.
Ambos gemimos.
—Mierda, Preston. Esto ya se siente jodidamente increíble. —Extendí la mano
para acariciar su polla, manteniéndome en su lugar. Mi polla palpitaba,
desesperada por estar completamente dentro de él, pero me contuve.
—Más —siseó—. Dame más.
Flexioné mis caderas, empujando más hacia adentro, y él se balanceó hacia
atrás de nuevo, hasta que finalmente fui enterrado dentro de su caliente y
estrecho agujero.
Nunca nada se había sentido tan bien. Nada.
—Joder —murmuré, mirando hacia abajo a la vista de mi polla dentro de él.
Retirándome casi por completo, me detuve por un segundo y luego empujé
hasta el fondo.
—Kian, joder. —La voz de Preston era cruda y tan jodidamente caliente que
gemí—. Justo ahí. Más duro.
Fue entonces cuando realmente comencé a moverme, mis caderas empujaban
hacia adelante, hacia adentro y hacia afuera, mientras él empujaba hacia
atrás contra mí. Estiré la mano para agarrar su polla de nuevo, mi mano
acariciando más fuerte y más rápido mientras lo follaba.
—No quiero parar nunca —susurré con dureza—. Te sientes muy bien.
Miró por encima del hombro y nuestras miradas se encontraron.
—No pares.
Soltando su polla, apreté mis caderas aún más fuerte. Presionó la parte
superior de su cuerpo contra el colchón, sus gemidos ahogados por la
almohada mientras yo me sostenía con mis brazos a ambos lados de él.
Agachándose, comenzó a bombear su polla mientras lo follaba, y estaba
acabado.
—Mierda, Preston —Mis bolas se tensaron y mi liberación se derramó dentro
de él, enviándolo al límite. Se apretó a mí alrededor, el semen caliente salió
disparado de su polla hacia las sábanas mientras gritaba mi nombre.
Jadeando, salí de él y lo dejé rodar sobre su espalda antes de bajarme sobre
su cuerpo. Nuestras respiraciones mezcladas se volvieron rápidas y
desiguales, y el sudor goteó de mi cabello sobre su cara.
Hice una pausa, tratando de calmar mi corazón acelerado, y nuestras
miradas se encontraron.
Extendió la mano y me apartó el cabello de los ojos, luego tiró de mí hacia él
para que nuestras frentes se juntaran. Su bajo estruendo vibró contra mi
pecho.
—Yo tampoco quiero parar nunca. —Una sonrisa se extendió por mi cara y
presioné un beso en sus labios, sintiendo su sonrisa de respuesta mientras
sus brazos se apretaban a mi alrededor. Levanté la cabeza para poder mirarlo
a los ojos.
—Eres jodidamente mío ahora, Golden Boy.
Preston
Estirándome, giré hacia la derecha, con los ojos nublados, para revisar mi
teléfono. 7:06 am, demasiado temprano. Gemí en voz baja, rodando hacia el
centro de la cama.
Un par de ojos verde pálido me parpadearon somnolientos.
—¿Qué hora es? —Su voz era ronca por la falta de sueño y
sonreí—. Demasiado temprano. Vuelve a dormir.
Sus párpados se cerraron revoloteando y suspiré de alivio. Quería quedarme
en esta burbuja para siempre.
Mi mirada recorrió su cabello revuelto, su cara y su pecho expuesto.
—Estás mirando.
—Perdón.
Sus ojos se abrieron de nuevo y bostezó.
—Siento que solo he dormido dos horas.
—Eso es probablemente porque lo has hecho. —Después de todo lo que había
pasado entre nosotros anoche, nos duchamos y cambié las sábanas, y luego
nos quedamos despiertos durante horas, hablando hasta que uno o los dos
finalmente sucumbimos a dormir alrededor de las cinco de la mañana.
Nos miramos en silencio por un momento, luego las preguntas que habían
estado rodando en mi cabeza salieron rápidamente.
—¿Qué sucederá ahora? ¿Qué es esta cosa entre nosotros?
Se frotó la cara, luego se puso de costado y se apoyó en el codo.
—Primero que nada, me gustas. Quiero ver a dónde va esto. —Su mano trazó
un patrón sobre mi pecho—. Nunca había estado con un chico antes, pero…
me ha interesado. Todo lo que hemos hecho, se siente bien. Como estaba
destinado a ser. Nunca antes había tenido eso con una chica.
Levanté la mano y le aparté el cabello de los ojos mientras seguía hablando,
con la voz en voz baja.
—Ni siquiera creo que sea porque eres un chico. Creo que es porque eres tú.
Tragando saliva alrededor del nudo en mi garganta, lo miré.
—Quiero esto. ¿Qué pasara en la escuela?
Su mirada se puso seria.
—Joder, no lo sé. ¿Podemos tomarlo con calma, ver qué pasa? No quiero
esconderme, pero quiero… tiempo, supongo.
—Tiempo. Puedo darte eso.
—¿Estás seguro de que quieres estar con un delincuente? Podría ser una
mala influencia para ti. —Él sonrió y lo acerqué a mí.
—¿Estás seguro de que quieres estar con un estadounidense que pueda
patearte el trasero en el campo de fútbol?
—Llamar al fútbol ‘football’ podría ser un factor decisivo —gruñí ante eso,
mordiendo su labio inferior, y él se rio en respuesta—. Espera hasta que
regrese de mi suspensión. Tú y yo, seremos imparables. El equipo de
ensueño.
—Solo si no intentas acaparar el centro de atención.
—Nunca.

—¿Te has mirado en el espejo hoy? —Kian me pregunto alrededor de un


bocado de tostadas.
—No ¿por qué? —Lo miré fijamente por encima de mi taza de café.
Terminó de masticar y luego me sonrió.
—Quizás quieras revisar tu cuello.
Tomé mi teléfono y encendí la cámara selfie.
—¿Qué diablos, hombre? —Mi cuello estaba cubierto de chupones
morados—. No puedo salir de la casa con este aspecto.
—Ponte una bufanda —sugirió con una sonrisa, recogiendo su café y tomando
un gran trago, antes de colocarlo de nuevo en la isla de la cocina. El bastardo
estaba disfrutando con esto—. Me gustan mis marcas en ti.
—¿Sí? ¿Y si te dejo una?
—Adelante. —Se encogió de hombros, inclinando la cabeza hacia un lado, sus
ojos brillando con diversión.
Me deslicé del taburete de la barra y crucé la isla hacia él. Mi brazo serpenteó
alrededor de su cintura y puse mi boca en su cuello, lamiendo su piel.
—Ven aquí. —Bajó la voz y tiró de mí entre sus piernas. Olvido el desayuno,
me agarró la mandíbula y me besó.
Besos calientes y embriagadores, su lengua contra la mía, sus manos
agarrándome con fuerza… No podía tener suficiente de este tipo. Rompió el
beso, jadeando, y fui a por su garganta, chupando la piel mientras él gemía,
su mano bajando entre nosotros hasta mis pantalones de chándal.
—Tan jodidamente duro ya —dijo—. Quiero… —Su teléfono de repente sonó
fuerte, vibrando contra la superficie de madera de la isla.
—Mierda. Es mi papá.
Fui a alejarme de él, pero me mantuvo en su lugar mientras respondía a la
llamada. Solo pude escuchar su versión, pero la voz del otro lado sonaba
enojada.
—¿Sí?… Bien… Lo que sea, no es que te importe… ¿No vas a volver a
casa? —Sus hombros se hundieron y mis brazos se apretaron a su alrededor.
Escuchó atentamente la voz, con la mandíbula apretada y los ojos
oscureciéndose.
Luego habló, bajo y furioso.
—¿No te gustó verme agarrado de la mano con un hombre? ¿Adivina
qué? —Tomó un duro respiro, luego gruñó las palabras que me dejaron
tambaleante—. Ese es mi novio, así que acostúmbrate. —Con eso, terminó la
llamada, arrojando su teléfono a la isla. Su cabeza cayó sobre mi hombro, y
me aferré a él con fuerza hasta que su respiración se hizo más lenta y sus
brazos se aflojaron.
Se echó hacia atrás para mirarme.
—Siento que tuvieras que escuchar eso. —Su voz era cruda y derrotada—. Mi
papá… es un puto imbécil. Mis dos padres lo son. No sé por qué sigo
intentándolo. Ni siquiera se molestaron en presentarse para mi decimoctavo
cumpleaños.
—¿Qué? —No pude evitar la sorpresa en mi tono.
—Sí. Dijeron que saldríamos, aprovecharíamos al máximo mi condición de
adulto legal en algún restaurante increíble con estrellas Michelin, pero
ninguno de los dos se molestó en aparecer —Su voz se quebró, y me rompió
jodidamente.
—Me tienes, ahora. —Incliné mi cabeza para besarlo—. Sabes, solo pude
celebrar mis dieciocho con mis padres. No pasó mucho tiempo después de
que nos mudamos aquí, y todavía no conocía a nadie. ¿Qué dices que
planeamos una fiesta épica? Celebrar nuestros dos cumpleaños, o cualquier
otra excusa que quieras. ¿Compensarlo?
—Sí. —El asintió—. Sí. Joder, sí. Vamos a hacerlo. —Sus labios se estrellaron
contra los míos.
Cuando se apartó, estaba sonriendo.
—Gracias por hacerme sentir mejor.
Le devolví la sonrisa.
—Cualquier momento. —Mis ojos buscaron los suyos y respiré
hondo—. ¿Querías decir lo que le dijiste a tu papá por teléfono, por cierto, o
fue solo para irritarlo?
Arqueó una ceja. Me dio una sonrisa de complicidad.
—Oh sí. Lo dije en serio, novio. Puede que nos estemos tomando las cosas
con calma, pero solo te quiero a ti.
—Y estoy seguro de que no quiero a nadie más.
—Entonces eso está arreglado. —Su sonrisa se volvió satisfecha—. Creo que
tenemos que celebrar nuestro nuevo estado civil.
—¿Sí? ¿Qué tenías en mente? —Mis palabras se convirtieron en un susurro
ronco, cuando su boca fue a mi garganta.
Echándose hacia atrás, se lamió los labios, lenta y deliberadamente, mientras
su ardiente mirada recorría mi cuerpo.
Se agachó hasta la cintura de mis pantalones de chándal.
—Tengo algunas ideas…

Puedes leer mas de Kian y Preston en “Trick Me Twice”. Disponible en español.


Faze
Ashton
Mirando alrededor de la lujosa casa que nunca quise visitar, la ira corre por
mis venas.
Este es el último lugar del mundo en el que quería estar.
Debería estar en casa en el apartamento de mierda donde mamá y yo vivimos
en Seattle, pero no lo estoy. Estoy dentro de su casa, el imbécil que arruinó
nuestras vidas.
Han pasado más de cinco años desde que se fue, dejándonos con todo, solo
el sabor amargo de su traición.
Mamá dijo que estaba bien, que era lo mejor. Pero todo es una mierda. Ella
trató de poner una cara valiente, trató de convencerme de que su relación
realmente había terminado y que él no rompió todas sus esperanzas y sueños
para el futuro.
Pero la conozco mejor de lo que cree. Veo las sombras en sus ojos. La frialdad,
la soledad, que se instaló después de que se fue. Tampoco extraño la cantidad
de botellas que se depositan en nuestro reciclaje semanalmente. Parecen
multiplicarse semana tras semana, y no tengo ni puta idea de cómo ayudarla.
Ser suspendido de nuevo de la escuela por pelear probablemente no fue lo
mejor que se pudo hacer para ayudar, pero ese idiota lo ha tenido por mucho
tiempo.
Pienso en Jonathon estúpido Parker y en la forma en que nos miraba a todos
como si fuera algo jodidamente especial.
Mis puños se curvan una vez más como si estuviera a una distancia de
contacto. Si pudiera acabar con él de nuevo, lo haría.
Mis nudillos rotos se abrieron, el aguijón del dolor fue un recordatorio de que
no necesito dónde estoy ahora.
Me había pedido una y otra vez a lo largo de los años que viniera a visitar su
nuevo hogar, su nueva familia. Pero cada vez me negué. No tenía ningún
interés en conocer a la perra que lo alejó de nosotros ni a la chica por la que
tenía que jugar hacer papá, mientras que en su mayoría se olvidó de que yo
existía.
Mis dientes rechinan al pensar en todo lo que perdí el día que se fue. Mi mejor
amigo de mierda. Eso es lo que perdí.
Pero esta vez era diferente. No fue él quien me pidió que viniera. Fue mamá.
Y por mucho que quisiera rechazar su solicitud, no podía. Una mirada a sus
ojos cansados y estresados y supe que probablemente necesitaba el descanso
tanto como yo.
No se lo he puesto fácil en los últimos años. Me han suspendido más veces
de las que puedo recordar. He estado en mi última advertencia en esa mierda
de la escuela durante meses, pero el director es un puto imbécil, así que dudo
que alguna vez me eche. Le dará demasiado papeleo que hacer, y todos
sabemos cuánto odia hacer cualquier trabajo real.
“Por favor, Ash. Ve y pasa la semana con él. Despeja tu cabeza. Puede ser un
nuevo comienzo cuando regrese”. Sus palabras resuenan en mi mente como
si estuviera a mi lado teniendo la conversación.
No podía decirle que no. Nunca he podido. Habiendo experimentado cuánto
daño le ha causado. Odiaría hacer lo mismo. Sé que soy una constante
decepción para ella, pero no importa cuánto trate de no serlo, sucede de todos
modos.
Mi temperamento siempre me supera. Mi odio se apodera de mí. Mi furia se
apodera de mí. Es correcto que lo haga. Después de todo, es mi nombre. Lo
único que tengo y que todavía me conecta con el hombre que pasa sus días
bajo este techo.
La casa familiar perfecta para todos los estadounidenses. Porche envolvente,
la enorme cocina con una isla en el centro, el jardín prístino y la piscina
reluciente. Está a un millón de millas del lugar donde mamá y yo llamamos
hogar ahora.
Me paro en la ventana esperando a que ella se detenga. Lisa, mi madrastra,
me dijo emocionada que podía esperarla en cualquier momento antes de que
ella y papá desaparecieran poco después de recogerme en el aeropuerto. No
puedo esperar a conocer a mi hermanastra. Ha tardado mucho en llegar, eso
es seguro.
He visto alguna foto de ella cuando necesitaba torturarme y miré su
Facebook. Cada vez todo lo que hace es aumentar la ira que vive dentro de mí
cuando veo imágenes de ellos juntos jugando a la familia feliz.
Debería estar haciendo eso con nosotros. Su verdadera familia. No sus
reemplazos.
Mis dientes rechinan cuando un pequeño auto azul se detiene frente a la casa.
Me inclino un poco hacia la ventana, tratando de verla mejor antes de que
estemos cara a cara. Necesito leer sobre ella, tratar de hacer un plan de juego.
No sé nada de ella, aparte del hecho de que contribuyó a arruinar mi vida.
Que la eligió a ella y a su madre antes que a mí y a la mía. Su hijo y su esposa.
Aquellos cuyas mejores intenciones debería haber tenido en el corazón.
La decepción se instala en mi estómago cuando ella no sale inmediatamente
del auto. En cambio, mira hacia abajo, supongo que a su celular.
Después de unos minutos, mira hacia la casa y exhala un largo suspiro.
¿Ella está nerviosa? ¿Te preocupa conocerme? Si no es así, debería estarlo.
Esta casa, que solo puedo asumir que es su santuario, su hogar, está a punto
de convertirse en el lugar de las pesadillas vivientes porque mi querida
hermanastra nunca antes había conocido a alguien como yo, se lo puedo
garantizar.
Después de lo que parece toda una vida, empuja la puerta para abrirla y un
par de piernas emergen antes de ponerse de pie.
Su cabeza apenas asoma por encima de la puerta. Ella es tan pequeña, tan
frágil. Me froto las manos mientras mi plan para mi tiempo aquí flota en mi
cabeza.
Arruinaste mi vida, estoy a punto de poner la tuya patas arriba, hija de puta.
En el segundo en que cierra la puerta, una sonrisa se dibuja en las comisuras
de mi boca.
Lleva el par de pantalones cortos más pequeños, que solo puedo imaginar,
tiene un corte alto en el trasero, y un top corto que muestra su pequeña
cintura y sus más que amplias tetas.
Oh, sí, definitivamente está luciendo algo con lo que puedo trabajar.
Caminando hacia el otro lado de la habitación, espero fuera de la vista a que
ella entre. Lo hace tan rápido, pero no es hasta que escucho que su bolso
golpea la mesa que salgo de mi escondite.
Ruby
Miro fijamente hacia la casa y exhalo un largo suspiro, esperando que los
nervios que revolotean en mi estómago se calmen.
Ashton está adentro.
No tenía ni idea de que vendría, aunque no creo que nadie lo supiera hasta
hace unas horas.
Mamá y Stephen podrían haber estado juntos durante años, incluso casados,
pero nunca conocí a mi escurridizo hermanastro.
La tensa relación entre él y Stephen no es un secreto, su negativa a asistir a
la boda fue solo la punta del iceberg.
Lo que no sé es por qué. Por qué odia tanto a su padre. Stephen es un buen
hombre. Quiero decir, él no es mi papá, nadie podría reemplazarlo, pero en lo
que respecta a los padrastros, me considero bastante afortunada.
Sin embargo, todo eso podría estar a punto de cambiar.
Tomando un respiro y, con suerte, un montón de confianza con él, abro la
puerta y me dirijo a la casa.
Me duelen los músculos por la dura práctica que Chelsea nos ha hecho pasar.
Pero me encantó. Amo el dolor, el conocimiento de que me esforcé.
Quería estar en el equipo desde que tengo uso de razón. El día en que se
anunció que estaba fue uno de los mejores de mi vida. Estoy decidida a
demostrar mi valía en los próximos meses, quiero mostrarles a las de último
año que soy tan buena como ellas, que hicieron bien en elegirme, que no los
defraudaré.
Tirando mi bolso sobre mi hombro y agarrando un par de libros contra mi
pecho, me dirijo a la casa.
Está en silencio mientras entro, haciéndome preguntarme si él está aquí.
Necesitando comer algo antes de comenzar con mi tarea, dejo mi bolso en la
mesa en el pasillo y doy un paso hacia la cocina solo cuando lo hago, una
figura oscura emerge de la sala de estar.
Mi corazón se desploma y un grito espeluznante sale de mi garganta.
Debería correr, debería salir de la casa tan rápido como entré, pero mi cuerpo
no responde a las instrucciones. Se congela cuando mis miembros tiemblan
de miedo y mi visión se vuelve borrosa.
Todo lo que veo es la figura frente a mí, de la cabeza a los pies vestida de
negro con la capucha que proyecta su rostro en la oscuridad.
Mientras mi sangre pasa por mis oídos y mi corazón late como un maldito
tambor, levanta la cabeza.
Lo primero que veo son sus labios curvados en una sonrisa lograda, pero eso
es suficiente para saber quién es.
—¿Qué diablos te pasa? —gruño, mi voz me traiciona y tiembla ligeramente
con cada palabra.
Da un paso hacia mí y se baja la capucha.
Sus ojos oscuros, casi negros como la tinta se fijan en los míos y un escalofrío
recorre mi espalda. Su olor golpea mi nariz y joder si el olor no me hace la
boca agua.
Maldito sea.
Apartando mis ojos de los suyos, observo el resto de su rostro, un rostro que
solo he visto en alguna foto.
Su nariz está ligeramente torcida, tiene una cicatriz en la mejilla y su
mandíbula es definida, más definida de lo que debería permitírsele a alguien
que claramente es tan imbécil, pero nada de eso realmente capta mi atención,
son sus labios que me hipnotizan. Están llenos, casi demasiado llenos para
un tipo. Apuesto a que besa muy bien.
No es hasta que hunde los dientes en el de abajo que me las arreglo para
sacudir los pensamientos locos de mi cabeza y mirar de nuevo a sus ojos.
Cierra aún más el espacio entre nosotros.
Mi cabeza es un desastre después de casi tener un maldito ataque al corazón,
pero no importa cuán distractores sean sus labios, mi lado sensible habla y
doy un gran paso hacia atrás, solo cuando lo hago, mi espalda golpea la
pared, deteniendo cualquier retroceso.
Sus labios se contraen en una sonrisa, sabiendo que me tiene.
—¿Qué quieres, Ashton?
Lo intento de nuevo, harta rápidamente de su tratamiento aterrador,
melancólico y silencioso.
Sus ojos recorren mi rostro una vez más.
—Necesito las llaves de tu auto.
—Vete al infierno.
Sus ojos se abren ante mi negativa. ¿Realmente esperaba que me doblegara
a su demanda y se los entregara?
Una risa sale de sus labios, es baja, sin gracia, incluso malvada, y hace que
algo en mi estómago se apriete de miedo.
¿Es así como actúan los asesinos antes de sacarte de tu miseria?
—Llaves, niñita. —Extiende su mano, pero mi única reacción es levantar una
ceja e inclinar mi barbilla en desafío.
—¿Niñita? Vete a la mierda, Ashton.
Empujo para moverme a su alrededor, pero él no tiene nada de eso. Su gran
mano aterriza en mi hombro y me empuja hacia donde estaba.
—Ow —me quejo cuando mi omóplato se conecta con la pared.
Sus ojos merodean a lo largo de mi cuerpo y de repente desearía haberme
cambiado después de la práctica de porristas. Me siento desnuda bajo su
mirada con mi diminuta ropa deportiva.
—¿De verdad quieres jugar a este juego, niña?
—No soy una niña pequeña, Ashton. Soy unos meses más joven que tú, no
seas engreído.
—Así lo veo. —Sus ojos se fijan en mi pecho. Por mucho que quiera
encubrirme, no quiero que él piense que su actitud de imbécil tiene algún
efecto en mí.
Sus ojos se levantan una vez más, y algo cruje entre nosotros. ¿Odio? Tiene
que ser porque no puede ser otra cosa. Este tipo es un idiota de proporciones
épicas.
¿Quién cree que está parado aquí exigiendo las llaves de mi auto como si
fuera el dueño del lugar?
Hemos vivido en esta casa durante casi cuatro años, ni una sola vez se ha
esforzado por venir de visita, pasar tiempo con su padre y conocer a su nueva
familia.
Realmente no puedo decir que esté tan decepcionada si este es el tipo de
persona que es. No es de extrañar que Stephen nunca se haya esforzado
mucho en visitar a su único hijo.
—¿Te importa? Tengo una mierda que hacer que no implica estar contigo en
el pasillo.
Me trago los nervios cuando sus manos aterrizan a ambos lados de mi cabeza,
enjaulándome efectivamente.
—Dame tus llaves y podrás seguir con tu patética vida.
—Eres un idiota —escupo, agachándome bajo su brazo y corriendo a su
alrededor.
Podría haber escapado, pero en el segundo en que gira y se da cuenta de que
miro directamente a mi bolso, se mueve.
Ambos nos lanzamos al mismo tiempo, pero como no es un enano, me gana.
—Ashton —le advierto, en voz baja.
Me mira por un momento antes de abrirlo y rebuscar.
Me paro con las manos en las caderas, sintiéndome totalmente violada. Diría
algo, pero siento que en este punto probablemente caiga en oídos sordos.
Ashton claramente no le importa nada, o cualquier cosa, al parecer, siempre
que se salga con la suya.
Cuanto antes se largue de nuevo con su madre en Seattle, mejor.
Con una amplia sonrisa que deja al descubierto unos dientes blancos
perfectamente rectos, imbécil, agita mis llaves en el aire.
—Mira, eso no fue tan difícil, ¿verdad?
—Eres un idiota.
—Me han llamado peor, pequeña. Me voy de aquí.
—No dejes que la puerta te golpee en el trasero al salir.
Se va con el sonido de su risa divertida llenando el pasillo.
—Argh —grito en el segundo en que sé que está fuera del alcance del oído.
Durante años he querido conocer a mi hermanastro. Ahora me pregunto por
qué le dediqué siquiera un pensamiento.
Ashton Fury es un idiota, y creo que Stephen podría estar mejor sin él. Solo
se quedará unos días. Solo unos cuantos días. Me digo a mí misma mientras
recojo mi bolso desechado y me dirijo a la cocina.
Ashton
Mierda como odio las redes sociales. Todos los idiotas publicando mierdas al
azar sobre sus vidas que a nadie más le importa una mierda. Aunque les
gusta cada publicación solo para que parezca que les importa.
A la mierda. Todo ello.
Dicho esto, sin embargo, es el lugar perfecto para encontrar exactamente lo
que necesito.
Mientras pongo la dirección en el GPS, casi espero que salga corriendo de la
casa para intentar sacarme de su auto. Pero cuando miro hacia la puerta
principal, la encuentro cerrada como la dejé.
No tenía idea de qué esperar de mi hermanastra. Todo lo que sabía era su
nombre y edad. Obviamente, tenía la esperanza de que ella no fuera una
completa perdedora, pero solo podría haber deseado el cuerpecito caliente
que emergió de este mismo auto antes.
Me gusta su lado combativo. Si no la odiara, podría pensar que es linda. Solo
hay una cosa que siento por mi hermanastra. Indignación.
Ella ha vivido la vida perfecta aquí con mi padre y la puta de su madre,
mientras mamá y yo fuimos olvidados.
Mis nudillos se ponen blancos, partiéndose una vez más con la fuerza de mi
agarre en el volante mientras salgo del camino de entrada.
La dirección que me dieron en línea parece estar al otro lado de la ciudad.
Menos mal que tiene el tanque lleno de gasolina. Me habría cabreado
seriamente si tuviera que gastar el poco dinero que tengo en gasolina en lugar
de algo que me ayude a pasar los próximos días.
El chico que había acordado encontrarme me estaba esperando en el
estacionamiento desierto al que me había indicado, y después de un poco de
alboroto, me dirijo hacia la casa en la que no quiero estar con exactamente lo
que necesito en mi bolsillo trasero.
Todavía no hay otros autos en el camino de entrada, no es que me sorprenda.
Papá dijo que estarían fuera la mayor parte de la noche. Alguna mierda sobre
ir a un club de golf local o algo así. No puedo decir que realmente estuviera
escuchando. Acepté el dinero que me ofreció, asentí con la cabeza cuando me
sugirió que pidiera comida para llevar y le di la espalda.
No lo quería bajo la ilusión de que realmente quería estar aquí. Que vine
porque pensé que su sugerencia era una buena idea. Jodidamente
difícilmente. Si hubiera pensado que venir de visita sería divertido, lo habría
hecho hace años.
Todo lo que estaba haciendo era intentar hacerle la vida más fácil a mamá.
Si mi ausencia por un tiempo le diera espacio para respirar, casi lo haría de
buena gana.
Cualquier cosa por ella. La mujer que ha dado toda su vida para cuidarme,
para darme todo lo que necesito. No es que el imbécil de esta casa haya
ayudado desde el día en que se fue y nos dejó drogados y secos.
Miro hacia la casa, preguntándome si me ha escuchado regresar y está
esperando con un cuchillo de cocina en la mano. ¿O se va a esconder?
Curiosamente, ese pensamiento es más atractivo.
Llegué a ella antes, sé que lo hice. Casi quiero verla tratando de ignorarme,
tratando de fingir que no estoy aquí, no volviéndola loca. Hará que este juego
sea mucho más entretenido para mí.
Tengo toda la intención de que esta sea mi primera y última visita aquí. Mi
plan es pasar el año, graduarme… tal vez, y luego conseguir un trabajo.
Quiero empezar ganar algo de dinero real para que mamá y yo podamos
conseguir un lugar mejor, un lugar con calefacción que funcione en invierno
y aire acondicionado para el verano. Quiero poder mirar por al menos una
ventana y no mirar directamente al apartamento de otro cabrón.
Con un suspiro, salgo del auto con mi compra haciendo un agujero en mi
bolsillo. Estoy más que listo para relajarme y aprovechar al máximo la cama
tamaño queen en lugar de la litera a la que estoy acostumbrado.
La casa está en un maravilloso silencio mientras me dirijo a la cocina para
tomar algo de comida y subo las escaleras hacia la habitación a la que papá
me indicó después de recogerme en el aeropuerto antes.
No pude evitar sonreír cuando descubrí que me pondría junto a su preciosa
Ruby. Pasé todo el recorrido por la casa teniendo fotos felices y sonrientes de
los tres metidos en mi cara. Cualquiera que no lo supiera pensaría que son
la pequeña familia perfecta. A la mierda las vidas anteriores de nuestros
padres, los que se quedaron atrás. Habían sido olvidados hace mucho tiempo
y esto era todo lo que les importaba.
Empujando a través de mi habitación temporal, cierro la puerta de una
patada antes de quitarme los zapatos, abrir la ventana y sumergirme en la
cama.
Saco la bolsita de hierba, mi encendedor y el celular de mi bolsillo y me pongo
cómodo.
Después de reiniciar mi música, me puse a rodar mi primer blunt 6.
Se me hace la boca agua por probar, por algo que hará que este infierno sea
mucho más llevadero.
El primer arrastre llega exactamente donde lo necesitaba. Lo chupo
profundamente y mantengo el humo en mis pulmones hasta que comienza a
arder.
¡Joder, sí!
Deslizándome un poco en la cama, recibo golpe tras golpe, sin importarme un
carajo que esta sea su casa. No dio ninguna regla básica, así que lo tomo
como que no hay ninguna.

6 Cigarrillo de marihuana.
Estoy a punto de empujarme de la cama en mi necesidad de encontrar dónde
está el gabinete de licor de ese hijo de puta cuando la puerta de mi habitación
se abre de golpe. Parece que esta noche podría haberse vuelto interesante.
Ruby
Todavía estoy echando humo de nuestra interacción anterior y el hecho de
que robó mi maldito auto mientras me acostaba en mi cama horas más tarde,
AirPods y mi música tratando de sacarme de mi cabeza mientras trato de
concentrarme en lo que debería estar haciendo. Lamentablemente, lo único
que estoy haciendo en realidad es reproducir nuestra breve interacción de
antes.
No debería intrigarme como lo hace. Especialmente después de la forma en
que me habló, la forma en que actuó. La forma en que invadió totalmente mi
privacidad al hurgar mi bolso como si fuera el dueño de la maldita cosa.
Stephen no ha tenido más que cosas buenas que decir sobre su ex esposa,
así que me cuesta creer que lo haya criado para ser un idiota tan arrogante y
egoísta.
Mis dedos aprietan el lápiz que sostengo hasta que me preocupa que esté a
punto de partirse por la mitad.
Son solo unos días. Sólo pocos días.
No es de extrañar que lo hayan suspendido de la escuela si actúa así en un
día normal. Me pregunto qué hizo.
Mis pensamientos inapropiados sobre el chico que ocupaba la habitación de
al lado se frustran cuando la vibración de la puerta principal al cerrarse me
golpea.
Me siento con la espalda recta, sacando uno de mis AirPods de mi oído para
escuchar lo que podría estar haciendo.
Después de unos minutos, el sonido de sus pasos subiendo las escaleras hizo
que mi corazón latiera más rápido de lo que debería.
No debería importarme que esté en casa. Debería alegrarme que regresara
con mi auto, con suerte, de una pieza.
Afortunadamente, no llega a mi puerta, suponiendo que sepa qué habitación
es la mía, por supuesto. En cambio, otra puerta se cierra de golpe mientras
él se encierra en su habitación.
Bueno. Y espero que te quedes ahí dentro. Seguro que tengo toda la intención
de esconderme aquí hasta que tenga que irme.
Desafortunadamente, su horrible música comienza casi de inmediato,
enviando mis niveles de irritación por las nubes.
Pensamientos de empacar una maleta y mudarme con Harley por unos días
revolotean por mi mente. A su mamá no le importaría, eso es si ella está ahí.
Podría inventar una historia sobre Harley que necesita compañía, mamá ni
siquiera se inmuta.
Es una idea sólida. Me alejaría de esta casa y, lo que es más importante, de
él. Entonces, ¿por qué no hago ningún movimiento para hacer la maleta y
marcharme lo más rápido que puedo?
Parece que soy una glotona del castigo porque hay una gran parte de mí que
quiere saber más sobre mi hermanastro enojado. Quiero saber por qué estaba
como antes. Me cuesta creer que sea porque está aquí. Stephen dijo que
estuvo de acuerdo felizmente después de que se hizo la sugerencia.
Pienso en eso por un momento. Eso no puede ser correcto. Se negó cada vez
que Stephen había intentado que lo visitara. ¿Por qué está aquí ahora? ¿Y por
qué aparentemente estaba tan feliz de venir?
Mis pensamientos se detienen cuando un olor familiar golpea mi nariz.
¿Quién diablos está fumando un porro fuera de mi casa? Si Harley y Poppy
han aparecido para tener una fiesta improvisada, no me impresionaré mucho
después de que les dije específicamente que volvería a casa para ponerme al
día con la tarea.
Empujándome de la cama, me acerco a la ventana y miro hacia abajo. Espero
encontrar a las chicas merodeando por la parte trasera de la casa, tratando
de no dejarse atrapar y reprimiendo las risas. Solo que eso no es en absoluto
lo que encuentro porque no hay nadie a la vista.
Mis puños se curvan cuando la realización me golpea.
Sin pensarlo, salgo de mi habitación y me dirijo a su puerta cerrada. No hay
forma de que sepa que voy con el volumen de su música. La mitad de la
maldita calle probablemente no puede oírse pensar en ello.
Abriendo su puerta, entro mientras el fuerte olor de su porro me golpea a
pesar de que la ventana está abierta, haciéndome querer toser.
Descansando mis manos en mis caderas, espero dentro de su habitación a
que abra los ojos y me vea.
Pasan largos segundos mientras continúa y lanza repetidos anillos de humo
en la habitación.
Estoy a punto de marchar hacia él y arrancarle el porro de los dedos cuando
se sienta.
Se me corta el aliento mientras me preparo para que me mire. Pero cuando lo
hace, me doy cuenta de que ninguna cantidad de tiempo podría haberme
preparado para mirar esos ojos oscuros y fríos una vez más.
Una sonrisa se enrosca en un lado de sus labios mientras recorre sus ojos a
lo largo de mi cuerpo. Los hormigueos estallan a su paso y cuando mis
pezones se tensan bajo su mirada, recuerdo que solo estoy usando una
camiseta sin mangas delgada y un par de pantalones cortos para dormir.
Mierda. Que se jodan él y sus pendejadas.
Cruzando los brazos sobre mi pecho en un intento de ocultar en qué está
haciendo una mierda mi ropa, levanto la cadera y espero a que termine.
—¿Estás a punto de terminar? —Me burlo cuando sus ojos encuentran los
míos una vez más. Se pone de pie, su mano libre recorre su cabello oscuro y
lo empuja desde su frente mientras la otra continúa sosteniendo su porro.
—Oh, pequeña. Ni siquiera he empezado.
Trago, cuadro los hombros y enderezo la espalda, lista para enfrentarme a él
de nuevo.
—No se puede fumar en esta casa. De ningún tipo.
—¿Oh sí? —pregunta, dando una calada y lanzando el humo directamente a
mi rostro.
—Será mejor que te deshagas de él antes de que vuelva tu padre —sugiero,
para su diversión, si su risa ladrada es algo por lo que pasar.
—Y dime, niña, ¿qué va a hacer al respecto, eh? —Se dobla a la altura de las
rodillas y se pone a mi nivel.
Abro la boca para responder, pero no tengo palabras. Aprovecha al máximo
mis labios entreabiertos para soplar una bocanada de humo a través de ellos.
—Basta —escupo.
—¿Por qué? ¿Eres una niña demasiado buena para disfrutar de un golpe?
—Jódete.
—Hmm … —Sus ojos vagan sobre mí una vez más—. Quizás. Es bueno saber
que estarías dispuesta a hacerlo.
—¿Cómo? No. Eso no fue… —Mis palabras se cortan cuando él extiende la
mano por encima de mi hombro.
Mi corazón late con fuerza y mi cabeza da vueltas mientras trato de averiguar
qué está haciendo. Al segundo, la puerta se cierra de golpe. Empiezo a entrar
en pánico. No quiero quedarme atrapada en una habitación con este imbécil.
Da un paso adelante, el calor de su cuerpo fluye hacia el mío.
—Aquí —dice, ofreciéndome su porro. Es la primera cosa buena que ha hecho
o dicho desde que nos conocimos. Aunque no estoy segura de que ofrecerle
drogas a su hermanastra más joven se considere realmente algo agradable.
Quizás de donde es.
Apartando mi rostro de él, rechazo silenciosamente la oferta.
—Ah, ¿eres demasiado buena para esto? No me digas, también eres
animadora y estás en el consejo escolar haciendo campaña por una vida de
abstinencia y veganismo.
Mi cabeza vuelve a la suya en estado de shock. Puede que sea un imbécil,
pero tampoco lo tenía por ser crítico.
—No finjas que me conoces. Sabes todo jodidamente sobre mí.
—Oh, niña —dice, su voz profunda retumbando a través de mí mientras toma
mi barbilla entre sus dedos—. Te conozco mejor de lo que piensas.
Quiero deshacerme de él, pero lo agarra con tanta fuerza que en realidad
comienza a pellizcarme.
—Eso duele —espeto.
—¿Y?
Me empuja hasta que mi espalda choca con la puerta.
—Soy una animadora, ¿y qué?
Él sonríe, es presumido y malvado.
—Joder, lo sabía. Tienes la preparación para la escuela secundaria escrita
por todas partes.
—En este momento, todo lo que tengo sobre mí eres tú.
Él gruñe, en realidad gruñe jodidamente justo en mi rostro.
—Oh, pequeña, confía en mí cuando te digo que cuando esté encima de ti, me
sentirás en más lugares que solo en tu barbilla.
Mis ojos se abren en estado de shock por sus palabras. Tampoco extraño el
hecho de que dice cuándo, no sí. Y odio que la imagen que esas palabras
evocan en mi cabeza haga que la parte inferior del estómago se apriete de una
manera que no había sentido antes.
Me mira fijamente como si quisiera que mi cerebro funcionara correctamente
con él tan cerca. Huele a hombre sexy y hierba, es una combinación
embriagadora. Aunque esa podría ser solo la hierba que está causando ese
efecto.
—Vamos, pensé que eras una buena chica, Rosy.
—Estoy bastante segura de aceptar eso. —Asiento con la cabeza hacia el porro
que todavía me está sosteniendo—. Me convertiría en cualquier cosa menos
en una buena chica. Y, —agrego bruscamente—. Mi nombre es Ruby.
Ruby —repito, enunciando cada sílaba con claridad para que el estúpido
tenga la oportunidad de entenderla.
Da otra calada, haciendo una demostración de sostenerlo profundamente
antes de soplarlo una vez más sobre mí.
—Eh, mira eso, parece que ya estás sucio. ¿Y sabes qué?
Alzo una ceja, tratando de parecer totalmente desinteresada en cualquier
cosa que pueda tener que decir, aunque sé en el fondo que estoy desesperada
por escuchar su voz de nuevo.
—Me gustan mis chicas sucias.
Cada músculo debajo de mi cintura se aprieta.
Con su porro entre los labios, usa mi momento de debilidad a su favor. Sus
dedos calientes se envuelven alrededor de mis muñecas y levanta mis brazos
por encima de mi cabeza, sujetándolos allí con una de sus grandes manos.
Dejando caer su otro brazo, pasa sus nudillos rotos por mi mejilla. Se me
pone la piel de gallina y miro hacia un lado, no queriendo que vea lo que sea
que pueda leer en mis ojos. No tengo ninguna duda de que mis pensamientos
traidores serán claros en sus profundidades color avellana.
Lo odio. Es un idiota. Entonces, ¿por qué su toque se siente tan bien? Incluso
uno tan simple.
Metiendo sus dedos debajo de mi barbilla, me obliga a mirarlo. Solo que, para
su disgusto, mantengo la mirada baja.
—Mírame —gruñe. Sus dedos se envuelven alrededor de mi cola de caballo y
mi cabeza se levanta. Mis ojos se cierran, mi necesidad de desafiarlo es
demasiado fuerte para negarlo.
Me resisto por un momento, pero su fuerza no tiene nada que ver con mi
control que se desmorona rápidamente.
Arrastrando mis párpados abiertos, jadeo cuando encuentro su rostro
increíblemente cerca del mío con sus ojos oscuros clavados en los míos.
—Ashton, ¿qué estás…? —Aprovecha al máximo mis labios entreabiertos y
coloca su porro entre ellos.
La ira explota en mi vientre. Furia al rojo vivo corriendo por mis venas. No
debería preocuparme por este imbécil, pero se está metiendo debajo de mi
piel más rápido de lo que sé qué hacer con él.
Escupiéndolo de mis labios, miro como golpea su hombro antes de caer al
suelo.
Su agarre en mi cabello se aprieta mientras su otra mano ahora libre se
envuelve alrededor de mi garganta expuesta. No aprieta, pero no detiene mi
pulso contra su agarre.
—Tienes que mantenerte fuera de mi camino —advierte, su nariz casi rozando
la mía, su respiración corriendo sobre mi rostro.
—¿O qué? —Soy descarada, no estoy dispuesta a renunciar a mi lucha contra
este idiota.
—O… no seré responsable de mis acciones.
—¿Qué diablos se supone que significa eso? —Mi voz es entrecortada y la
odio.
Su mano suelta mi cabello, pero con la otra todavía envuelta alrededor de mi
garganta, no puedo moverme. Sin embargo, dejó escapar un pequeño chillido
cuando me toma entre las piernas.
—Significa, pequeña, que tomaré lo que quiera, cuando quiera, y no me
importará un carajo las consecuencias.
—N-no puedes. No lo harías. —Mi cabeza da vueltas tanto con su advertencia
como con su toque. Sus palabras deberían ser una prueba de la realidad,
deberían desanimarme, pero con su mano sobre mí, todo lo que puedo pensar
es en él dándome más.
Está incorrecto. Tan jodidamente mal.
Se inclina, sus labios rozan la concha de mi oreja.
—Quieres más, ¿no es así? Tal vez me equivoqué acerca de que eras una
animadora santurrona, y la verdad es que solo eres una zorra animadora.
—No —grito, sacudiéndome contra su agarre. Solo que no lo sacude, solo hace
que sus dedos me presionen más fuerte.
El calor me inunda a medida que se eleva la temperatura.
Me mira fijamente, sus ojos oscuros llenos de odio y disgusto. Nunca me
había sentido tan pequeña y vulnerable en mi vida, y lo odio.
Podría hacer lo que quisiera en esta situación, y lo sabe. Es por eso que
disfruta tanto de este viaje de poder.
Incapaz de hacer algo físicamente al respecto, utilizo mis palabras con la
esperanza de que me saquen de su habitación y me alejen de su épica cogida
de cabeza.
—¿Por qué quieres tocarme de todos modos? Me odias, ¿recuerdas?
Sus dientes rechinan y sus hombros se tensan.
—¿Y por qué es eso exactamente? ¿Porque he estado viviendo aquí con Papito
mientras te han olvidado en Seattle? —Es un tiro en la oscuridad, pero uno
en el que confío. Pero cuando sus labios se presionan en una línea delgada,
sé que di en el clavo.
Sus dedos se aprietan ligeramente alrededor de mi cuello, pero la advertencia
no es suficiente para detenerme.
—Me trata como a su propia hija, ¿sabes? Me da todo lo que pueda desear.
Me compra lo que quiera. Él…
—Suficiente —ruge, directamente en mi rostro. Su respiración es irregular,
sus ojos están llenos de ira—. Deja de hablar, niña, antes de decir algo de lo
que te arrepientas.
Antes de que tenga la oportunidad de hablar, sus labios chocan contra los
míos. El shock me deja inmóvil mientras su beso se magulla y su agarre sobre
mí se hace más fuerte.
—Ashton, no —lloro contra él después de unos momentos de agotamiento
cerebral. Mis manos golpean su pecho mientras trato de alejarlo. Pero parece
que tiene otras ideas porque antes de que me dé cuenta de que me he
mudado, salgo de su habitación y tropiezo con mis propios pies.
Aguanto la respiración mientras espero que mi cuerpo choque con algo, y solo
momentos después mi hombro golpea la pared en el pasillo, y me deslizo hacia
abajo hasta que estoy de culo.
Él está encima de mí. La ira y el desprecio vibraban en cada centímetro de él.
—No eres nada, niña. La única razón por la que te soporta es por la puta de
tu madre.
—No —lloro—. Ella no es.
—No. —Me despide antes de agacharse en cuclillas—. Parece que hay muchas
cosas que no sabes, pequeña. Sin embargo, deberías saber algo —Él mira por
encima de mí mientras me aferro a mi hombro dolorido—. Voy a arruinarte y
dejarlos a ambos con los pedazos rotos que dejo atrás. Ya sabes, solo un
pequeño agradecimiento por tenerme un regalo.
Mi cabeza da vueltas cuando sus palabras se registran. ¿Realmente me acaba
de decir esas cosas, o son los efectos de la hierba de segunda mano que se
mete en mi cerebro?
Cuando miro hacia arriba, encuentro que estoy sola en el pasillo y que el dolor
en mi hombro es muy real. Maldito imbécil.
Ruby
La música de Ashton continúa toda la maldita noche.
Mamá y Stephen llegaron a casa poco después de la medianoche, aunque no
los escuché llegar gracias al retumbante bajo del otro lado de la pared. No fue
hasta que sonaron los fuertes gritos mientras Stephen intentaba que su hijo
fuera respetuoso y lo rechazara que descubrí que habían regresado.
Mientras yacía allí mirando al techo, desesperada por irme a dormir con la
esperanza de que me ayudara a olvidar todo lo que había sucedido desde que
llegué a casa de la escuela esta tarde, no puedo evitar preguntarme por qué
Stephen se está molestando. Parece un desperdicio de energía tratar de
decirle a Ashton que haga algo que los demás puedan considerar reflexivo.
Puede que solo haya pasado un tiempo muy limitado con él esta noche, pero
realmente dudo que se dé la vuelta y esté de acuerdo en hacer cualquier cosa
que le digan, especialmente si esa solicitud proviene de la boca de su padre.
Estoy descubriendo algo de mala sangre entre los dos, aunque estoy segura
de que es totalmente unilateral.
He visto el amor que ilumina los ojos de Stephen cuando habla de su hijo.
Pueden haber pasado años desde que pasó una cantidad de tiempo decente
con él, pero recuerda con cariño al niño que ayudó a traer a este mundo.
Aunque después de las últimas horas, me pregunto si ese niño ya no existe.
Pienso en las historias del chico amante de Lego del que nos ha contado con
cariño y me doy cuenta de que hay una muy buena posibilidad de que
Stephen no sepa nada sobre su hijo ahora exaltado y muy enojado.
Dejo escapar un suspiro de frustración mientras continúa la discusión. Uno
de ellos ganará pronto, y no tengo ninguna duda de que cuando esa persona
lo haga, la música continuará y que ninguno de nosotros dormirá esta noche.
Como se predijo, menos de cinco minutos después, la puerta del dormitorio
se cierra de golpe, pero la música no se apaga, de hecho, creo que en realidad
se pone más fuerte.
Después de tener que levantarme temprano para reunirme con el equipo para
una sesión de entrenamiento matutina, paso el día medio dormida. No
importa lo que estemos haciendo en cada clase a la que arrastro mi cuerpo
exhausto, mis párpados se vuelven cada vez más pesados mientras trato
desesperadamente de concentrarme.
—¿Qué pasa contigo? —Harley, mi mejor amiga, pregunta cuando se sienta a
mi lado con su propia bandeja de almuerzo en la mesa de las porristas.
—Uf, no preguntes.
—Bueno, lo hice, así que…
Poniendo los ojos en blanco, aparto la bandeja y apoyo el codo en la mesa.
—Ashton ha venido de visita.
Sus cejas se juntan mientras piensa. —¿Ashton como tu hermanastro al que
nunca has conocido, pero al que deseo cada vez que publica una foto en
Instagram?
No puedo evitar gemir. —Sí, ese. Sin embargo, puedo asegurarte que esa
belleza es solo superficial.
—Está bien por mí, no tengo ninguna intención de convertirlo en mi nuevo
mejor amigo.
—Jesús —murmuro—. Él es… argh. Es una pesadilla. Su música estuvo en
auge toda la noche. Estaba fumando marihuana en su dormitorio. Lleva aquí
menos de un día y quiero matarlo.
—¿Por qué él está aquí? Pensé que siempre se negó.
Me encojo de hombros, no teniendo realmente la respuesta a su pregunta.
—Lo suspendieron de la escuela, eso es todo lo que sé.
—Estará allí después de la práctica, ¿verdad? Necesito para hacer frente a
este enigma.
—No, Harley. Realmente no creo que sea una buena idea —argumento,
aunque mientras lo hago, no puedo evitar preguntarme por qué estoy tan en
contra.
Ella está interesada, siempre lo he sabido, pero asumí que nunca se acercaría
más que a su Insta. Ahora que está bajo el mismo techo que yo, la forma en
que me miró anoche, la forma en que sus labios presionaron los míos, no
estoy segura de quererla cerca de él.
No es que lo quiera a él, por supuesto. Es un idiota. Pero amo a Harley y me
niego a presentarle a un idiota como él sabiendo que, si algo sucediera, ella
solo terminaría con el corazón roto.
—Oh, cállate, solo vendré un rato. Muéstrale lo que se está perdiendo —Ella
guiña un ojo, moviendo su cabello rojo brillante sobre su hombro—. Sabes lo
que dicen, una vez que se ligan a un rojo, nunca regresan.
—¿Y quién dice eso exactamente? —pregunto con curiosidad, sabiendo que
lo más lejos que Harley había llegado con un chico fue un beso torpe y
descuidado en la ceremonia de verano hace unos meses.
Ella se encoge de hombros.
—Alguien, estoy segura.
Algunos otros miembros del equipo se unen a nosotras y, afortunadamente,
nuestra conversación anterior se olvida. Solo hay un puñado de juniors en el
equipo, y tanto Harley como yo tuvimos la suerte de pasar el corte no hace
mucho tiempo.
He pasado años en clases de gimnasia y baile con la esperanza de llegar a la
universidad. El orgullo me invade mientras pienso en todo mi arduo trabajo
dando sus frutos.
Mis ojos vagan por el equipo, asimilando su perfección antes de detenerme
en Chelsea, nuestra capitana, y Shelly, nuestra capitana asistente, sentada
a su lado. Esa es mi próxima misión. Quiero demostrar lo suficiente como
para tener la oportunidad de ser capitana el año que viene una vez que el
Chelsea se gradúe.

La práctica es la muerte, no sé si es porque estoy agotada o que Chelsea es


muy dura con nosotras hoy, pero siento que arruino cada movimiento que
hago.
—Ruby, cierra tus malditas rodillas —ladra Chelsea—. Si no te enderezas y
mantienes la posición, terminarás en tu trasero.
Me tambaleo mientras Krissy y Victoria intentan mantenerme estable.
—Joder, hay muchas otras chicas nuevas a las que les encantaría probar
esto. Recompónganse —espeta Krissy mientras trato de hacer que mi cuerpo
responda.
Eventualmente logro moverme al requisito de Chelsea antes de que una de
las chicas debajo de mi agarre se resbale y el mundo se derrumbe debajo de
mí.
Mi mejilla se conecta con algo, tal vez la cabeza de alguien, un codo, mientras
caigo, enviando un dolor ardiente a través de mi rostro y mi cuello antes de
colapsar en el piso, aterrizando en mi hombro ya doloroso, estoy segura de
que solo lo empeora.
—Joder, Ruby —dice Chelsea, corriendo y mirándome junto con un grupo de
las otras chicas, incluida Harley—. ¿Estás bien? —Liberando mi mejilla, giro
mi hombro. Duele, pero está bien.
—Sí.
Pongo mi mano en la de Chelsea mientras se acerca para tirar de mí. Todas
las demás se dispersan, volviendo a lo que estaban haciendo antes de que
comenzara el drama.
—¿Está todo bien? No eres tu yo habitual esta tarde —pregunta Chelsea.
Tiene la reputación de ser una perra épica, pero si bien eso puede ser cierto,
es una capitana increíble y, de vez en cuando, como hace un momento,
demuestra que tiene un lado más suave.
—Si estoy bien. Solo cosas familiares, ya sabes cómo es.
—Sí, claro. Pero necesito que encierres esa mierda aquí. ¿Lo tienes? —Asiento
con la cabeza, a pesar de que ella no me está mirando.
Afortunadamente, el resto de la práctica pasa sin más drama. Renuncio a
ducharme en el vestuario tras rechazar una vez más la oferta de Aces con la
plantilla y el equipo de fútbol. Sé que debería irme, no solo porque necesito
asegurarme de ser parte del grupo, sino más aún porque no quiero ir a casa
en caso de que él esté allí, pero todavía tengo un montón de tarea que es sólo
se ha ido añadiendo a medida que avanzaba el día.
Siempre pensé que el tercer año estaba destinado a ser la calma antes de la
tormenta, por así decirlo, pero hasta ahora no ha sido más que un trabajo
duro.
Con mi mochila y mi bolso al hombro, me despido y me dirijo al
estacionamiento.
Si tengo suerte, hoy habrá robado el auto de otra persona y no estará en casa.
Decidiendo revisar mi celular antes de presentarme en casa hoy, lo saco de
mi bolso en el segundo en que estoy en el auto. Mi corazón se hunde en el
segundo en que veo un mensaje de mamá. ¿Ahora qué?
Mamá: Comida familiar esta noche. 7 p.m. No llegues tarde.
Gruñendo, dejo caer la cabeza en el reposacabezas y cierro los ojos.
Todo lo que quiero hacer es ir a mi casa tranquila y dormir. ¿Por qué tengo la
impresión de que eso no sucederá pronto? Soltando un largo suspiro, acelero
el motor y me dirijo a casa para ver qué delicias puede depararme esta noche.
Ashton
Ha sido un largo día de culo con solo lo que queda de mi hierba y los recuerdos
de cómo reaccionó ante mí anoche llenando mi mente.
Joder si su cuerpecito curvilíneo no me hablaba de una manera que no
debería. Si sus pezones atrevidos que se escondían detrás de esa fina tela no
estuvieran simplemente rogándome que los llevara a mi boca.
Me pregunto si alguien la ha tocado alguna vez como lo hice yo anoche. Me
pregunto si cumplir con mi amenaza de tomar lo que quiera cuando quiera
podría ser más importante para la princesita de papá que para los demás. La
forma en que sus ojos se abrieron cuando la toqué me lleva a creer que no es
algo que haya sucedido con tanta frecuencia.
Una sonrisa se dibuja en mis labios. Tomando eso de ella seguro que sería
una forma de probar un punto.
Tenía esperanzas de cómo sería mi hermanastra. Y resulta que ella es
exactamente con lo que estaba soñando. Caliente, inocente y totalmente
desprevenida.
Frotándome las manos, me levanto de la cama y me pongo el jersey por la
cabeza. Miro mi nombre en la parte de atrás y me pregunto si alguna vez
podré volver a jugar después de esto. Probablemente no. El fútbol es lo único
que me ha mantenido en esa escuela de mierda tanto tiempo. Sin él, no tengo
ninguna razón para estar allí cuando podría estar trabajando y ayudando a
mantener a mamá ya mí.
Dejándolo caer al lado de mi bolso, me quito el sudor de las caderas y camino
hacia el baño conectado para ducharme antes de esta deliciosa comida
familiar que Lisa me interceptó para hablar antes. Solo quería un maldito
sándwich, pero en lugar de eso terminé teniendo que soportar a mi demasiado
feliz madrastra queriendo saber mis preferencias por la comida de esta noche.
Soy un chico de dieciocho años, pon cualquier cosa comestible delante de mí
y me la comeré. Claramente, no está acostumbrada a tener chicos cerca. El
pensamiento me hace sonreír y me lleva de vuelta a mis reflexiones anteriores
sobre su hija posiblemente inocente.
Después de una ducha rápida, me pongo un conjunto de ropa limpia y me
paso un poco de gel por el cabello. Eso es todo el esfuerzo que van a sacar de
mí para este inevitable espectáculo de mierda.
No quiero bajar temprano y dar la impresión de que estoy deseando que llegue
esto a pesar de que estoy jodidamente hambriento, tampoco quiero quedarme
aquí esperando. Decidiendo que necesito algo de entretenimiento, abro la
puerta y me giro hacia el que tiene mi juguete adentro.
Sé que ella está allí, ha estado en casa un par de horas. Ha sido necesario
más moderación de lo que pensé posible para permanecer encerrado en mi
habitación tanto tiempo, sabiendo que ella solo está del otro lado de la puerta.
Algo parecido a la emoción me hormiguea en el estómago cuando pongo la
mano en el pomo de la puerta y giro.
Espero que ella me vea de inmediato y que intente arrancarme una nueva,
pero para mi deleite, la habitación está vacía. La única evidencia de dónde
está proviene del vapor que sale de su baño.
Miro su cama con todos sus deberes esparcidos por ella, tratando de decidir
cuál será mi próximo movimiento.
Estoy caminando de regreso por la ventana cuando ella aparece en la puerta,
agarrando una toalla mullida alrededor de su cuerpo.
—Vete a la mierda —grita lo suficientemente fuerte como para alertar a
nuestros padres de abajo.
Corriendo, presiono mi palma contra su boca para evitar que lo vuelva a
hacer. Continúo empujándola hasta que está apoyada contra la pared.
Sus ojos enojados me miran fijamente mientras su pecho comienza a palpitar.
—Pareces estar en una posición vulnerable en este momento, ¿no
crees? —Ante mis palabras, su agarre en la toalla se aprieta. Es divertido que
crea que tiene algún poder en este momento. Si quisiera arrancarlo de su
cuerpo, podría hacerlo con un movimiento rápido, de eso no tengo ninguna
duda.
La tensión entre nosotros crepita mientras nos miramos, el único sonido que
se puede escuchar es el de nuestro aumento de la respiración.
Rompiendo nuestra conexión, paso la mirada por su rostro. Un moretón cada
vez más oscuro en su mejilla me llama la atención y levanto mis dedos para
recorrerlo, liberando su boca una vez que estoy seguro de que no volverá a
gritar.
Ella se estremece como si le doliera a pesar de que apenas hago contacto.
—Parece que no soy el único al que le gusta pelear sucio.
Sus cejas se juntan.
—Crees que yo… —Ella se apaga con un movimiento de cabeza—. Nunca he
estado en una pelea en mi vida. Aunque mi necesidad de lastimarte está
empezando a dominarme.
No puedo evitar sonreír. La idea de que ella desate sus pequeños puños sobre
mí es demasiado divertida para ignorarla.
—Oh, sí, ¿y exactamente cómo crees que eres capaz de lastimarme?
—Puede que sea pequeña, pero no me subestimes.
Mi mandíbula estalla mientras la miro, preguntándome exactamente qué está
pensando, qué cree que podría hacerme y causarme más dolor. Ella ya
arruinó mi vida, se llevó a mi padre, no estoy seguro de que haya mucho más
que pueda hacer para empeorar mi vida.
—Ruby, Ashton, la cena está lista. —El sonido de la dulce voz de Lisa es como
clavos en una pizarra, y me estremezco visiblemente cuando suena a nuestro
alrededor.
—Uh oh, salvado por la campana.
Doy un paso atrás mientras ella exhala un suspiro de alivio y deja caer sus
manos. Decisión equivocada.
En una fracción de segundo, extendí la mano y tiré de la tela que cubría su
cuerpo.
El shock la vuelve inútil porque para cuando su cerebro se pone al día con lo
que he hecho y alcanza la toalla, ya es demasiado tarde.
La tela esponjosa revolotea hasta el suelo, lo que me permite unos segundos
para sentirme satisfecho de su cuerpo desnudo. Es la puta perfección. Sus
pezones rosados se animan y ruegan que los toquen. Su estómago tonificado,
el pequeño mechón de vello antes del vértice de sus muslos, la curva de sus
caderas.
Mierda.
Esto probablemente fue un gran error porque antes quería poner mis manos
sobre ella para demostrar un punto, ahora estoy casi desesperado por
descubrir si ella es igual de luchadora cuando está boca arriba con las piernas
abiertas. Mucho antes de que me haya saciado, se inclina y se cubre una vez
más.
—¿Feliz ahora? —pregunta, tratando de parecer confiada, pero fallando
miserablemente—. Has tenido un buen vistazo, puedes guardarlo en tu jodido
banco de azotes para más tarde o lo que sea, hijos de puta sádicos como
tú. —Le sonrío, el hecho de que piense que estoy remotamente interesado me
divierte.
—¿Crees que te quiero? Vete a la mierda, niña. Si necesito un coño dispuesto
para pasar la noche, buscaré una mujer que sepa lo que está haciendo,
muchas gracias.
Sus mejillas se ponen carmesí antes de que me mueva hacia la puerta. Estoy
casi en el pasillo cuando vuelve a encontrar su voz.
—¿Quién dice que no sé lo que estoy haciendo? La dejo ahí parada con solo
mi risa llenando sus oídos.
Ruby
—Ahí estas. Pensé que íbamos a tener que enviar un grupo de
búsqueda —dice mamá cuando finalmente me uno a ellos en el comedor.
Mi piel hormiguea con sus miradas, haciéndome mirar hacia arriba.
Encuentro a Stephen en su lugar habitual en la cabecera de la mesa, con
mamá a su lado y Ashton en lo que suele ser mi asiento. Por supuesto que lo
es. Sin siquiera saberlo, me está volviendo loca.
Ignorándolo y tratando de eliminar mi vergüenza de no hace mucho tiempo,
me dirijo hacia la silla más alejada de él y me siento.
—¿Rubí? ¿Todos hemos hecho algo para ofenderte? —Stephen pregunta
mientras me acomodo en el extremo opuesto de la mesa.
—Creo que me estoy enfermando con algo, odiaría difundirlo entre
todos —miento, mal.
—No seas tonta, cariño. Ven y siéntate junto a Ash, estoy seguro de que le
encantaría conocerte mejor.
No lo miro, no necesito saber que tiene una sonrisa de come mierda en su
rostro en este momento.
A regañadientes, muy a regañadientes, me levanto y camino hacia la silla a
su lado. Podría negarme y provocar una escena sobre no querer sentarme a
su lado. ¿Pero cuál sería el punto? Nuestros padres querrían saber por qué y
apenas puedo decirles que es porque después de intentar presionarme para
que fumara un porro con él -en la casa, debo añadir si aún no lo han
descubierto- que luego procedió a besarme, echarme y luego, hace sólo unos
momentos, desnudarme para su propio placer enfermizo. Mientras estoy en
eso, también podría intentar explicar que una parte retorcida de mí disfrutó
cada minuto. Pero decido no decir todo eso y simplemente me siento en
silencio a su lado, manteniendo mis ojos en la mesa y mis manos en mi
regazo.
—Le sugerí a tu mamá que tuviéramos tu favorito —explica Stephen mientras
mamá desaparece de la habitación y Ashton ahoga un gemido—. Pensamos
que Ash probablemente también lo aprobaría —agrega, volviendo la mirada
hacia su hijo.
Ash abre la boca para responder, pero debe tener otras ideas porque apenas
separa los labios, se vuelven a cerrar.
Mis ojos se mueven entre los dos mientras se miran el uno al otro. La
confusión y la preocupación cubren el rostro de Stephen, mientras que todo
el cuerpo de Ashton está bloqueado por la tensión y rezumando ira.
Mirando hacia abajo, veo sus puños enroscados alrededor del borde de la
silla, sus nudillos blancos por la fuerza.
Claramente, hay muchas cosas que no se han dicho entre estos dos. Solo
puedo esperar que algo bueno realmente venga de la estadía de Ashton aquí
y se las arreglen para solucionar lo que sea que esté roto entre ellos.
Ashton puede ser un idiota, pero aún merece tener una relación con su padre.
Mis pensamientos vagan hacia el mío y no puedo evitar sonreír. Puede que
ahora no viva bajo el mismo techo que yo, pero todavía estamos bastante
unidos, cuando él está en la ciudad, por supuesto. Creo que sus viajes
regulares de trabajo podrían haber sido una de las cosas que se sumaron a
los muchos problemas que pusieron fin a su relación con mamá.
—Aquí vamos —canta mamá, ajena a la tensión en la habitación. Es tan
jodidamente grueso que podrías cortarlo con un cuchillo, pero mientras
coloca platos cargados con todo para hacer tacos, o lo pierde o simplemente
elige ignorarlo.
—No estábamos seguros de lo que te gustaba, Ash, así que recogí todo lo que
se me ocurrió.
—Es genial… gracias —dice, en voz baja y desconcertante.
Por lo general, me sumerjo directamente en los tacos como si mi vida
dependiera de ello, pero hoy, con el miedo en el estómago y la tensión
presionando mis hombros, comer es lo último que quiero hacer.
—¿Estás lista para la gran fiesta de mañana por la noche? —Stephen me
pregunta después de un largo y doloroso minuto de silencio.
—Eh… sí, supongo.
—¿Partido? —Ashton habla.
—Oh sí. Es Halloween. Cada año, los estudiantes de Rosewood asisten a una
fiesta en una casa encantada en las afueras de la ciudad en una antigua
mansión. Es una tradición que lleva años, ¿verdad? —Mamá dice, mirando a
Stephen con una suave sonrisa mientras recuerda su vida anterior juntos.
Cuando miro a Ashton, él está mirando entre los dos, los músculos de su
cuello y hombros tensos.
—Esas fueron grandes fiestas, ¿eh?
No es ningún secreto para mí que nuestros padres fueron novios de la infancia
en el pasado, pero me sorprende pensar en ambos haciendo las mismas cosas
que yo ahora, creyendo que estaban destinados a pasar la vida juntos.
Supongo que solo demuestra que no sabes por dónde te llevará la vida. Sin
embargo, es reconfortante ver que han vuelto a estar juntos y se han vuelto
a conectar.
—¿Has arreglado tu disfraz? —Stephen pregunta, volviendo sus ojos hacia
me.
—Sí.
—¿De qué vas? —Ashton pregunta, hablando por primera vez en la eternidad.
—Animadora zombi.
—Vaya, qué original.
—Lo siento, ¿quién te nombró policía de Halloween? —digo bruscamente,
volviendo mi mirada entrecerrada hacia él.
Abre los ojos, pero no responde. Si es posible, su silencio me molesta más que
si gritara un insulto.
Stephen intenta mantener una conversación poco estimulante en la que
Ashton claramente no tiene interés en participar, sin embargo, eso no le
impide intentarlo.
La comida es agonizante y lo único en lo que puedo pensar es en escapar.
—Debes estar enfermando con algo. Apenas has tocado tu cena —señala
amablemente mamá algún tiempo después.
—Deberías tomar un poco más, podría hacerte sentir mejor —dice Ashton,
volviendo sus ojos oscuros hacia mí—. Te dará algo de energía al menos.
Todo mi cuerpo se estremece cuando su mano ardiente aterriza en mi muslo.
Mis labios se fruncen con frustración mientras trato de alejarlo sin ser obvio,
no es que nuestros padres estén prestando atención, están demasiado
perdidos en su propia conversación una vez más.
—Suéltame —le susurro, poniendo más esfuerzo en apartarlo de mí.
Tristemente, parece disfrutar mi intento porque cuando una sonrisa tira de
sus labios, su mano solo se desliza más arriba de mi muslo, sus dedos se
sumergen bajo la tela de mi falda.
—Deja de pelear, pequeña. Sabes que te pusiste esto para tentarme.
—Como la mierda que lo hice. —La verdad es que fue lo primero que encontré
abandonado en la silla de mi habitación después de que me dejara antes.
Sabía que llegaba tarde y que mamá empezaría a hacer preguntas, así que
me puse lo que fuera y me dirigí hacia abajo, sin pensar más en ello.
—¿Incluso estás usando bragas?
De pie bruscamente, la silla chirría en el suelo de baldosas, volviendo todos
los ojos hacia mí.
—¿Está todo bien, cariño?
—Lo siento, realmente necesito ir a tomar un poco de aire.
—Por supuesto. Te guardare algo de esto en caso de que tengas hambre más
tarde.
Quiero decirle que no se moleste, que mientras él esté bajo este techo, no
estoy segura de que vuelva a comer. Pero en lugar de eso, asiento con la
cabeza y salgo rápidamente de la habitación, afortunadamente inhalando
profundas bocanadas de aire ahora que no estoy rodeada por su olor.
Empujando las puertas traseras, cruzo la terraza hasta llegar a una de las
tumbonas que da a la casa.
Descanso la cabeza hacia atrás y cierro los ojos.
¿Cómo se complicaron las cosas tan rápido?
Sacando mi celular de mi bolsillo, ignoro el mensaje de Harley
supervisándome después de mi caída y en su lugar encuentro mi
conversación con papá.
Ruby: Oye, ¿estás en la ciudad?
Presiono enviar y espero con la respiración contenida con la esperanza de que
él esté y esté dispuesto a tener un intruso durante unos días.
Ir a quedarme con él no es algo inaudito, simplemente nunca lo he hecho
porque necesitaba escapar de mi propia casa.
Papá: Lo siento, nena. Estoy en Colorado en un rodaje. ¿Todo bien?
Soltando un suspiro a través de los labios fruncidos, giro los hombros con la
esperanza de que afloje la tensión que tira de ellos. Lamentablemente, lo hace
todo, solo hace que el que ahora he caído duele mucho más.
Respondo para decir que todo está bien y que lo extraño. No es una mentira
total.
Dejando mi celular en la tumbona a mi lado, descanso y cierro los ojos. Estoy
casi dormida cuando una sombra cae sobre mí y un escalofrío de miedo
recorre mi espalda.
Por el amor de Dios. Déjame en paz. Quiero gritar, pero sé que sería inútil.
—¿Qué? —gruño sin siquiera molestarme en abrir los ojos. Probablemente
sea un movimiento estúpido, debería estar en guardia con él en todo
momento, pero estoy demasiado cansada.
Se deja caer en la tumbona a mi lado, obligando a mis piernas a apartarse en
el proceso.
—Claro, puedes unirte a mí.
—No recuerdo haber pedido permiso.
Arrastrando mis ojos para abrirlos, mis labios se separan listos para escupirle
un poco más de abuso, pero no tengo la oportunidad, porque su palma
caliente aterriza una vez más en mi muslo expuesto.
—Quítame las putas manos de encima.
Todo mi cuerpo se congela y él lo empuja más alto, sus dedos desaparecen
bajo la tela, dirigiéndose a un territorio peligroso.
—No puedes tocarme, joder. —Intento alejarme, pero sus dedos aprietan mi
muslo.
—Puedo hacer lo que quiera. Y ahora mismo, quiero jugar con mi juguete.
—No soy un jodido juguete, no soy tu pequeño juguete, soy una jodida
persona. Una persona que después de apenas veinticuatro horas no soporta
verte. Así que quítame las manos de encima y déjame en paz.
Cuando termino mi pequeña perorata, pronto se vuelve obvio que el único
efecto que ha tenido en el imbécil es divertirlo.
—¿Terminaste? —pregunta con una sonrisa de satisfacción.
—No, eres un puto – argh. —Agarra mi brazo antes de que mi mano pueda
conectar con su mejilla.
—Cuidado ahora, pequeña. No quieres causarte más lesiones.
—Jódete.
—Hmm… como dije antes, ciertamente es una opción. ¿Qué opinas que Papito
diría si corrompiera a su princesita? Quizás podríamos hacerlo aquí, hacer
que mire. Obligarlo a verme partirte en dos, obligarlo a verte disfrutar hasta
el último segundo.
—No yo...
—Oh, vamos, pequeña. Sabes que lo disfrutarías. Apuesto a que estás mojada
para mí ahora mismo solo de pensar en mi polla.
—Nunca —digo, pero aparentemente mis palabras, mi enojo, no son
suficientes para él. Antes de que me dé cuenta, empujó su mano aún más
alto y me pasó la punta del dedo por encima.
Algo parecido al placer me atraviesa con su toque, pero me niego a
reconocerlo.
—Tsk, tsk, tsk, estoy decepcionado, pequeña. Pensé que te iba a encontrar
desnuda para mí aquí abajo. Pensé que me lo ibas a poner fácil.
—¿Qué diablos te pasa? —Empujo su brazo, tratando de alejarlo de mí y,
afortunadamente, después de un segundo, concede y elimina todo contacto
de mí.
Una risa amenazante sale de sus labios.
—Tantas cosas, pequeña, que he perdido la cuenta. Que tengas una buena
noche y que disfrutes terminando tu tarea. —Con esas palabras de despedida,
se empuja de la tumbona y se aleja, dejando mi cabeza dando vueltas y mi
cuerpo temblando.
Descansando mi cabeza hacia atrás una vez más, miro hacia el cielo que se
oscurece.
¿Cuál es el problema de ese idiota? ¿Qué le hice para merecer este tipo de
tortura?
Después de unos minutos, empiezo a sentirme vulnerable sentada aquí sola,
además sé con certeza que él tiene una vista perfecta de mí desde la ventana
de su habitación si es ahí donde acaba de desaparecer.
Moviéndome hacia adelante en la tumbona, me preparo para subir las
escaleras para tratar de hacer un poco más de trabajo. Solo, antes de
moverme, algo flotando en la piscina me llama la atención.
Mirando alrededor en el patio trasero, veo más papeles esparcidos alrededor.
Qué… oh no… No, no, no.
Corriendo hacia el papel en el borde de la piscina, lo saco y encuentro
exactamente lo que temía.
Mi tarea casi terminada, el papel se empapó y la tinta corrió por todas partes.
—Maldito imbécil —grito en la noche silenciosa.
Girando sobre mis talones, miro hacia la ventana de su habitación y seguro
como una mierda, ahí está él con una puta y orgullosa sonrisa firmemente en
su lugar.
Con mi corazón amenazando con salirse de mi pecho, corro por el jardín,
recogiendo lo que puedo antes de agarrar la red de la piscina y pescar algunas
otras piezas sueltas.
Miro el papel empapado, está totalmente arruinado.
Mis dientes rechinan mientras subo a mi habitación. Reduzco la velocidad
cuando llego a su puerta. Mi necesidad de irrumpir y arrancarle uno nuevo
es casi demasiado para ignorarlo, pero un hilo de realidad se filtra y me dice
que no importa lo que intente hacer, él ganará. Se asegurará de que siempre
gane.
Puedo contraatacar todo lo que quiera, pero lo que sea que haya entre
nosotros solo terminará de una manera.
Obligando a mis piernas a seguir moviéndose, dejo todo en mi escritorio y
aliso algunos de los pedazos de papel menos dañados, pero no tiene sentido.
Todo está jodido.
Como si me estuviera esperando, su música comienza al otro lado de la pared.
Grito contra eso, pero no soy rival para el bajo en auge. Sacando mi celular
de nuevo, le envió un mensaje a mi segundo salvador.
Ruby: Estoy luchando con esta tarea. ¿Quieres hacerla juntas?
Harley: Claro. Mamá salió, ¿quieres venir? ¿Puedes quedarte a pasar la
noche?
—Sí —grito cuando la pregunta exacta que esperaba se ilumina en mi
pantalla.
Rápidamente preparo una bolsa con todo lo que voy a necesitar en el futuro
previsible, incluido todo para la fiesta de mañana por la noche.
Me imagino que lo guardaré todo en mi auto en caso de que no pueda volver
aquí por un tiempo.
Después de decirle a mamá adónde voy, salgo de la casa lo más rápido que
puedo, dando un gran suspiro de alivio cuando salgo del camino.
—Adiós, hijo de puta.
Ashton
Alejarse de ella sabiendo que su cuerpo estaba completamente a bordo con
los pensamientos que tenía corriendo por mi cabeza fue una de las cosas más
difíciles que creo que he hecho.
Su piel era tan suave bajo mi mano, sus bragas tan jodidamente mojadas
cuando pasé mi dedo sobre ellas, el aroma floral de su cabello. Joder, todo en
lo que podía pensar era en apartar sus bragas y descubrir exactamente qué
tan húmeda estaba para mí.
Agachándome, froto la longitud que me cubre el sudor mientras la veo correr
por el patio trasero recogiendo su tarea. Cada vez que se inclina, se le levanta
la falda y solo tengo una pista del trasero que se esconde debajo.
Podría haberlo tomado más fácilmente. Yo debería.
—Joder —gruño, golpeando mi mano contra el marco de la ventana con
frustración.
Imágenes de ella debajo de mí retorciéndose y gimiendo mientras la empujo
hacia el borde llenan mi mente y solo hace que mi polla sea más dura para
ella.
La quiero jodidamente rota para poder devolvérsela a papá y alejarme
sabiendo que lo jodí como lo hizo con nosotros.
Coño de mierda egoísta.
Mi piel hormiguea por la conciencia y cuando miro hacia arriba, ella me mira
fijamente.
Empujando mi mano dentro de mi sudor, envuelvo mis dedos alrededor de
mi longitud y aprieto. Mis párpados se agitan de placer.
Me pregunto cómo se sentiría su pequeña mano. ¿Qué tan caliente podría
estar su boca?
—Joder —le grito, dando un paso atrás de la ventana cuando ella desaparece.
La tentación de seguirla a su habitación y descubrir la respuesta a esas
preguntas es fuerte, pero me detengo, al menos por ahora. No puede salir
nada bueno de ir tras ella cuando estoy tan desesperado que apenas puedo
pensar con claridad.
En el momento en que ella está a salvo en su habitación, o eso podría pensar,
enciendo mi música y caigo en mi cama, empujando el sudor de mis caderas,
tomo mi polla en mi mano con imágenes de su cuerpecito caliente llenando
mi mente.
Toma un tiempo vergonzosamente corto antes de que sienta el familiar
hormigueo en la base de mi columna vertebral. Dos bombas más y gruño
cuando me acerco a mi mano.
Esperaba que me trajera algo de alivio, pero incluso antes de que la euforia
de mi orgasmo se haya desvanecido, sé que necesito más. Y con más, no me
refiero a entregado por mi propia mano.
La necesito.
Después de limpiar, salgo de mi habitación y me paro junto a la de ella,
escuchando lo que podría estar haciendo dentro. Mi mano descansa en el
pomo de la puerta, pero al final, decido no hacerlo.
La dejaré cociendo un poco más. Además, parece que mañana por la noche
habrá una fiesta medio decente. Supongo que tengo un disfraz que organizar
porque no hay forma de que le permita pasar la noche con otro hijo de puta,
incluso si es su novio el que aún no he sabido que existe o no.

De alguna manera me las arregle para permanecer en mi habitación por el


resto de la noche y afortunadamente después de ese momento forzoso de la
familia en la cena, mi papá me permite la noche para esconderme. Sin
embargo, sé que se me está acabando el tiempo para evitarlo.
Ha querido que lo visite durante años y la única vez que lo hago, parece que
pasa todo su tiempo trabajando. No me quejo, sino todo lo contrario. Si puedo
pasar mi tiempo aquí escondiéndome en esta habitación y solo salgo para
atormentar a Ruby, entonces me iré a casa contando como una victoria sin
intención de volver pronto.
Con suerte, mamá habrá tenido unos días de descanso y seremos capaces de
volver a sumergirnos en nuestro jodido racimo normal de una vida rebotando
de un día para otro y con la esperanza de que una lotería nos saque del
infierno que llamamos hogar.
Solo podemos soñar, ¿verdad?
—Buenos días cariño. —La dulce voz de Lisa me pone los dientes al borde.
Dejé mi habitación hasta lo más tarde posible con la esperanza de que ella se
hubiera ido, parece que no tuve tanta suerte.
—Buenos días —gruñí, pasando junto a ella y directo a la máquina de café.
—Puedo hacer eso si me dices cómo te gusta.
La miro por encima del hombro y veo como su sonrisa flaquea ante la
expresión de mi cara.
No estoy seguro de en qué momento decidió que la necesitaba para ser de
mami, pero realmente necesita detenerse.
—Soy más que capaz de prepararme una taza de café.
—O está bien, bueno … ¿te gustaría desayunar?
—¿Te preocupas tanto por tu hija? —pregunto.
—Um… bueno … no, pero eres nuestro invitado.
—Puff. —Y eso no lo dice todo.
Esta no es mi casa y nunca lo será. Mi padre entregó su título como parte de
mi familia el día que se alejó de nosotros y entró en los brazos de esta mujer
irritantemente felices.
—No pasará mucho tiempo y pueden reanudar sus vidas como la familia más
feliz del mundo sin que yo baje el tono —murmuro.
—Ashton, ¿qué te hace decir eso? Nos encanta tenerte aquí.
Giro y apoyo mi espalda baja contra el mostrador mientras la máquina de
café hace su trabajo.
Traga saliva nerviosamente mientras mis ojos se clavan en los suyos. Me llena
una pequeña sensación de logro. Bien, me alegro de que esté asustada.
—¿En verdad? —pregunto.
—Por supuesto. Tu papá me dijo que te dijera que ha desocupado su agenda
para el fin de semana para que ustedes dos puedan pasar un tiempo juntos.
Te extraña muchísimo.
—Bueno, debería haber pensado en eso antes de empezar a follarte y dejarme
entonces, ¿no? Si me permites. —Agarro mi taza de la máquina y paso junto
a ella antes de que se recupere de mi comentario y dé una respuesta.
No pongo mi música al nivel de los últimos dos días, y tengo una muy buena
razón. Espero una entrega.
Una vez que sé que Lisa se ha ido y tengo el lugar para mí solo, salgo de mi
habitación y aprovecho al máximo el resto de la casa.
Papá tiene un gimnasio en casa que utilizo durante un par de horas antes de
pasar la mayor parte del día en el sofá viendo su jodidamente enorme TV.
A medida que comienza a acercarse lentamente al momento en que Ruby ha
regresado de la escuela los últimos dos días, no puedo evitar sentir que un
poco de emoción comienza a brotar.
Solo que ella nunca lo hace. Parece que voy a tener que tomar el asunto en
mis propias manos si quiero verla esta noche.
Ruby
En el segundo que Harley me miró, sabía que algo andaba mal, pero por
mucho que suplicara, me negué a decirle qué me había hecho salir corriendo
de mi propia casa.
Le dije que había estado trabajando en la mesa exterior y todo se fue volando
con una ráfaga de viento. Era totalmente inviable ya que no había ni una
brisa afuera, y mucho menos una ráfaga, pero pronto se dio cuenta de que
sus súplicas caían en oídos sordos antes de darse por vencida. Eso no impidió
que me lanzara miradas preocupadas cada vez que me veía en la escuela hoy.
Afortunadamente, dormir con ella en el dormitorio silencioso significó que
tuve una noche de sueño mucho mejor y no caminaré como un maldito zombi.
Necesito mi energía para la fiesta.
Recuerdo el año pasado, fue una locura. Técnicamente, Harley y yo éramos
demasiado jóvenes para ser invitadas, pero como ya éramos porristas de JV,
logramos que nuestros nombres estuvieran en la lista de invitados. Mamá y
Stephen no estaban tan impresionados hasta que les dije cómo se deleitan en
contarme todo sobre las fiestas en las que se habían colado cuando eran más
jóvenes y les recordé lo buenas chicas que Harley y yo éramos. Por supuesto,
me reía por dentro mientras decía las palabras. Puede que sea una buena
chica, pero Harley tiene sus momentos en serio.
Como se predijo, durante el almuerzo, Harley anuncia que debería
prepararme para la fiesta en la de ella y luego pasar la noche nuevamente.
Eso está más que bien para mí, así que una vez que termina la práctica de
porristas, la sigo de regreso a su casa para que la fiesta comience temprano.
Ella agarra una botella de vodka que su hermano Zayn había escondido en
su guarida y nos turnamos para tomar un trago mientras nos preparamos.
—Aquí —dice, entrando en su habitación con dos enormes cajas de pizza en
sus manos—. Pedí comida para absorber un poco de eso.
—Oh dame —digo con manos agarradas. Mi cabeza ya da vueltas y aún no
hemos salido de casa.
—Zayn —grita desde la puerta de su dormitorio—. Cena.
Me miro a mí misma usando solo una camiseta sin mangas y un pequeño par
de bragas.
—Har… —digo en pánico, señalándome a mí misma mientras los pasos se
dirigen hacia nosotras.
—Oh, cállate. Mi hermano es un perro, probablemente ya sea inmune a un
par de tetas.
—Escuché eso —grita mientras entra en la puerta.
—Se suponía que debías, idiota. Aquí. —Ella empuja una caja en su dirección,
pero él ni siquiera se da cuenta.
—Oye, Ruby, cariño. ¿Cómo estás?
Los nervios estallan en mi vientre. No es ningún secreto que me he enamorado
de Zayn desde que tengo uso de razón. Sus ojos oscuros me llaman de una
manera que otros pares no lo hacen. Mientras que el que ni siquiera será
pensado tiene unos ojos oscuros aterradores, los de Zayn son como chocolate
derretido en el que solo quiero sumergirme. Agregue eso a su cálida piel
bronceada y no puedo evitar querer descubrir más.
Lamentablemente, solo me ve como la amiga de su hermana pequeña. Él
podría coquetear, pero sería estúpido si pensara que es algo más que bromas.
Me acurruco en una bola con la esperanza de ocultar lo que no es mi ropa
mínima.
—E-es bien. ¿Y tú? —Tartamudeo como un idiota.
—Mucho mejor después de verte, bebé. —Me guiña un ojo y mis mejillas se
calientan.
—Ahora que lo tienes, puedes irte a la mierda. Tenemos una fiesta para la
que prepararnos —le grita Harley.
—Ugh, ¿de verdad van a ir?
—Um … por supuesto que sí. No eres el único que se divierte.
—Sin embargo, podrías esperar hasta el próximo año, cuando esté en la
universidad —se queja.
—¿Y cuál sería la diversión en eso? No desaprobarías mi atuendo ni a los
chicos que elijo besar.
Él da un paso hacia ella, su dedo sale para regañarla. —Harley, no habrá
besos.
—Oh, tómate un día libre. Sé a ciencia cierta que estabas haciendo más que
besar cuando eras un junior, así que no puedes comentar. A menos que
quieras que le diga a mamá que te pillé follando…
—Suficiente.
Harley se echa a reír.
—Así que pensé. Ahora vete a la mierda.
—Eres un dolor en mi trasero, Harley Hunter.
—Sí, sí. El sentimiento es mutuo, idiota —grita mientras él se dirige por el
pasillo.
Su broma es cómo debería ser una relación de hermano y hermana. Pienso
en las últimas cuarenta y ocho horas con Ashton. No hay ningún vínculo de
hermanos entre nosotros. Pero entonces, ¿por qué debería haberlo? Somos
extraños reunidos por nuestros padres. No hay ninguna razón para que
tengamos ningún tipo de conexión.
Aunque lo hay. Hay algo que cruje entre nosotros cada vez que estamos a una
distancia de contacto. Pero es cualquier cosa menos bromas divertidas. Es
puro odio.
Lo veo en sus ojos. Lo siento en su toque.
No importa cuánto pelee con él, ambos sabemos que él tiene todo el poder y
necesito mantener la guardia en alto antes de que logre su misión de
romperme.
—Whoa, cálmate. Me gustaría llegar a la fiesta antes de que te
desmayes —dice Harley, deslizando la botella de la que estaba bebiendo.
—Solo dejarlo ir. Ha sido una semana larga.
—Lo sabía —anuncia, dándose una palmada en la rodilla—. ¿Qué hizo para
que huyeras de tu propia casa?
—Es solo la música. Deberíamos vestirnos.
Empujándome desde el borde de su cama mientras saca su primera rebanada
de pizza humeante, hurgo en la bolsa que empaqué para sacar mi atuendo.
Consiste en mi uniforme de animadora y un poco de pintura facial. Ashton
tenía razón, no es exactamente creativo, pero odio los disfraces, o más
específicamente las máscaras, así que es todo lo que estoy dispuesto a hacer.
—Joder —murmuro, hurgando hasta el fondo.
—¿Qué?
—No empaqué un sostén blanco.
—Entonces, simplemente ve sin. Dale a los muchachos un pase libre a la
segunda base esta noche —Mirándola, entrecierro los ojos en su dirección.
Puede que mis tetas no sean enormes, pero prefiero tenerlas contenidas. Al
menos no estoy animando esta noche, supongo.
—O pedir prestado uno de los míos —sugiere encogiéndose de hombros.
—Eso probablemente sería peor. —Miro su pecho.
—Está bien, no es necesario señalar lo que me estoy perdiendo.
—Solo ponte tu blusa. Cualquier tipo que tenga la suerte de tener una mano
esta noche pensará que todas sus Navidades han llegado a la vez.
Pienso en los chicos de la escuela, en Zayn y con quién podría terminar esta
noche, pero cada vez que lo hago, sus rostros se funden con los de otra
persona. Niego con la cabeza. Necesito más vodka.
Ruby
Al igual que el año pasado, la casa embrujada se ve horripilante como la
mierda mientras caminamos hacia ella. Afortunadamente, Zayn nos ayudó a
levantarnos, aunque expresó su molestia en todo momento. No es que a
ninguno de los dos nos importara una mierda. Harley está demasiado lista
para la fiesta y yo estoy demasiado lista para pasar una noche lejos del drama
y esos ojos y palabras malvadas.
En el segundo que salimos del auto, Harley, vestida de Catwoman, toma mi
mano y me arrastra hacia la casa.
Inmediatamente nos sumerge en la multitud que se cierne junto a la entrada.
Ella se apresura a localizar las bebidas antes de que tomemos una cada una
y encontremos al resto del equipo.
La mayoría de ellas están en la pista de baile, así que sin pensarlo dos veces
nos unimos a ellas.
La música retumba, mis amigos felices, si no un poco borrachos, me rodean
y finalmente suspiro de alivio mientras levanto los brazos por encima de la
cabeza y muevo las caderas al compás de la música.
Una canción se funde con otra, siguen apareciendo diferentes miembros del
equipo con más tragos y a medida que pasa el tiempo, mi cabeza se aclara y
empiezo a olvidarme de todo y simplemente a divertirme. Incluso las máscaras
de algunos de los estudiantes que me rodean dejan de molestarme tanto.
En algún momento, un par de manos cálidas se deslizan alrededor de mi
cintura desnuda y un cuerpo firme y caliente se presiona contra mi espalda.
—Realmente estás tratando de torturarme esta noche, ¿no es así, bebé? —La
suave voz de Zayn llena mi oído mientras se mueve contra mí.
El alcohol me da una confianza que no tendría en un día normal y empujo mi
trasero hacia él y él gime de placer.
—Eres una bromista, bebé.
—¿Quién dijo que solo bromeo? —Disparo por encima de mi hombro mientras
sus manos comienzan a rozar vacilantemente mi estómago.
Está a una pulgada de descubrir que estoy desnuda debajo cuando de repente
se ha ido.
—¿Qué…? —Me doy la vuelta, la habitación parece moverse conmigo,
diciéndome cuánto he bebido, pero no veo a Zayn, no veo a nadie más que
gente divirtiéndose.
Pasan dos segundos mientras trato de averiguar qué diablos acaba de pasar
cuando lo escucho.
—¿Truco o trato, pequeña?
Un estremecimiento violento recorre mi cuerpo mientras su gran mano se
agarra a mi cadera. El otro patina por mi cuerpo, sobre mi pecho hasta que
está alrededor de mi garganta.
Trago y la risa baja que llena mi oído me dice que él no extrañaba mi miedo.
La longitud de su cuerpo presiona contra mi espalda, pero a diferencia de
Zayn, no me relajo de inmediato en él.
—¿Qué? Así que bailarás felizmente con ese chupapollas, ¿pero no lo harás
conmigo? Si me importara, pequeña, me ofendería.
Algo fuerte golpea la parte de atrás de mi cabeza, pero mi cerebro confuso por
el alcohol no puede registrar lo que es.
—Baila —exige y mientras rueda sus caderas contra mi trasero, no tengo más
remedio que seguir el movimiento.
Miro a todos los que nos rodean, pero nadie nos presta atención, están
demasiado perdidos en divertirse.
Mi cabeza sigue dando vueltas, y su olor y la fuerza de su agarre sobre mí no
me ayudan en absoluto. Es posesivo, dominante y joder si no me hace querer
someterme.
Su mano deja mi cadera y se desliza por mi estómago. A diferencia de Zayn,
no hay vacilación cuando sus dedos desaparecen debajo de la tela.
En segundos, sus dedos encuentran mis pechos desnudos. Mis pezones se
pegan contra la tela de mi top momentos antes de que uno sea cubierto por
su mano gigante.
—Oh Dios, —gimo, mi cabeza cayendo hacia atrás contra su hombro mientras
él aprieta.
Girando mi cabeza hacia él, espero encontrar sus ojos oscuros clavados en
mí, solo cuando abro los ojos, todo lo que registro es la máscara y grito
sangriento asesinato. Salto lejos de él, pero su agarre es demasiado fuerte y
me veo obligada a mirar fijamente mi peor pesadilla. Una maldita máscara de
Jason. Por supuesto que eso es lo que eligió para esta noche, supongo que
encajando ya que está convirtiendo mi vida en una pesadilla viviente.
—Vamos —exige, quitando su mano de mi parte superior y entrelazando sus
dedos con los míos. Por un segundo, creo que el movimiento es demasiado
dulce para pertenecerle, pero eso pronto se olvida cuando me tira con fuerza
detrás de él.
Nadie mira en nuestra dirección, así que nadie ve el miedo que está escrito
en mi rostro mientras sigo al mismísimo diablo a donde lo considere
adecuado.
Subimos dos tramos de escaleras antes de que empuje una puerta muy
chirriante para abrirla y se deslice adentro. La habitación está oscura y sucia,
uno de los cristales de la ventana está roto, lo que permite que entre la brisa
nocturna y se me ponga la piel de gallina. La luz de la luna es la única luz y
resalta el polvo que flota en el aire y que perturbamos al entrar.
Sí, no es para nada espeluznante. Estoy en una casa abandonada, en una
habitación abandonada con Jason volviendo loco a Voorhees 7. Nada bueno
puede salir de esto.
Me suelta, y por mucho que quiera darme la vuelta y correr, no lo hago. Mi
fascinación enfermiza por lo que va a hacer a continuación me deja congelada
en el acto. Eso y el vodka que me llena las venas.
Caminando hacia la ventana, se arranca la máscara de la cabeza y la deja
caer sobre las tablas del suelo. El ruido sordo me hace saltar y mi corazón ya
palpitante golpea contra mis costillas.
Estoy segura de que solo me da la espalda por unos segundos, pero se siente
como si hubiera pasado toda una vida cuando finalmente me mira con su
oscura mirada.
Algo crepita y lo siento hasta los dedos de los pies. Abro la boca para decir
algo, pero no tengo la oportunidad de averiguar qué podría ser porque cierra
el espacio entre nosotros. En segundos, sus dedos están alrededor de mi
garganta y sus labios en los míos.
Su lengua exige entrada y separa mis labios en su necesidad de más. Mi
cerebro falla cuando trato de seguirle el ritmo.
Un segundo está buscando la entrada y al siguiente mi espalda está contra
la pared y mi pierna está enganchada alrededor de su cintura. Su ya dura
longitud presiona contra mí y no puedo evitar moverme contra él.
Su lengua se sumerge en mi boca, enredándose con la mía, tomando todo lo
que necesita. Aunque, no estoy segura de sí está tomando cuando yo me
entrego voluntariamente.
Tenía razón sobre sus labios la primera vez que los miré. Joder, ¿puede besar?
Me consume por completo.

7 Personaje de una película de terror


Su mano aprieta mi garganta mientras pierde el control, pero en ningún
momento me preocupa, en todo caso, solo me hace desear más. Más de su
toque, más de su gusto, solo más de él.
Mis dedos toquetean su chaqueta de cuero hasta que se la quito de los
hombros. Golpea el suelo con un ruido sordo, pero no lo detiene.
Su otra mano se desliza por la parte inferior de mi muslo hasta que está
palmeando mi trasero. Cuando lo encuentra desnudo, gime en mi boca. Sus
dedos continúan bajando hasta que los esté pasando por el pequeño trozo de
tela empapada que me cubre.
Arrancando mis labios de los suyos, mi cabeza cae hacia atrás, golpeando
contra la pared mientras un sentimiento desconocido me atraviesa.
—Solo puedes esconder lo que realmente quieres durante un tiempo,
pequeña. Dime que quieres esto. Dime que quieres que te mire destrozarte.
—Ashton. —Su nombre está destinado a ser una advertencia, pero suena
como un lloriqueo necesitado.
Deslizando el encaje a un lado, pasa sus dedos por mi calor.
—Joder, pequeña. Sabía que estabas desesperado por mí, pero mierda.
—Oh Dios, oh Dios —canto mientras él se burla de mí.
Justo cuando comienza a ponerse aún más intenso, deja de tocarme y se
aparta.
Incluso con la luz limitada, puedo ver su pecho palpitar.
Observo cómo inclina la cara hacia el techo por un momento, pero solo tengo
un segundo para preguntarme a qué diablos está jugando porque apenas
parpadeé, regresó.
Sus dedos se envuelven alrededor del dobladillo de mi blusa y tira de ella
hacia arriba por mi cuerpo.
Soy impotente, pero tengo que levantar los brazos y permitir que me exponga.
En el momento en que me libero de la tela, sus manos ahuecan mis pechos.
Aprieta y un fuerte suspiro sale de mis labios.
Tan jodidamente bueno.
—Mira —gruñe, y me gusta la buena niña que soy. Mi cabeza se levanta por
sí sola y observo con fascinación cómo sus labios hinchados por los besos se
abren para chupar mi pezón.
En el segundo en que se conecta con mi piel sensible, todo mi cuerpo se
estremece de placer.
Sus ojos permanecen fijos en los míos y chupa, lame y muerde, haciéndome
chillar con la extraña mezcla de dolor y placer.
Lo sigo, totalmente perdida en él mientras se mueve hacia el otro lado.
Justo cuando creo que eso es todo lo que va a hacer, cae de rodillas y
comienza a besar mi estómago.
Oh joder, oh joder. Él va a…
Sus dedos se envuelven alrededor de mi falda y antes de que termine el
pensamiento, lo tiene alrededor de mis tobillos, dejándome solo con mi tanga
de encaje blanco.
—Oh, pequeña. Eres demasiado inocente para gente como yo. Voy a
arruinarte, joder.
El desgarro de la tela llena la habitación mientras él arranca mis bragas de
mi cuerpo.
Me mira fijamente por un momento y mis mejillas se calientan al saber que
está al nivel de los ojos con mi lugar más íntimo.
Incapaz de mirarlo, aparto los ojos.
—¿Qué dije? —Mi barbilla está en su agarre en un instante y me veo obligada
a mirar. Lo encuentro de pie una vez más, sus ojos oscuros y hambrientos
clavados en los míos—. Mi. Ra. Me.
Pasando su lengua a lo largo de su labio inferior, me mira fijamente. Sus ojos
son increíblemente oscuros, pero hay más en ellos que solo sus malas
intenciones normales.
—¿Qué …
—No hables —exige antes de asegurarse de que no puedo responder llenando
mi boca con su lengua una vez más.
Su beso es doloroso mientras nuestras lenguas se pelean y nuestros dientes
chocan. Doy todo lo que puedo mientras sus manos recorren mi cuerpo como
si no supiera dónde tocar primero.
Necesitando hacer algún contacto por mi cuenta, deslizo mis manos debajo
del dobladillo de su camisa. Sus abdominales saltan bajo mi toque, pero no
puedo disfrutar arrastrando mis dedos por las hendiduras por mucho tiempo.
Sus dedos se envuelven alrededor de mi muñeca y me aparto.
—Te diré cuándo puedes tocarme. Y créeme cuando digo que lo que tocarás
será algo más bajo.
Debería haber perdido la excitación, pero joder si cada músculo al sur de mi
cintura no se aprieta de deseo.
Sus dos manos se agarran a mi cintura y grito cuando me levantan hacia su
cuerpo y me aparto de la pared.
Sus labios se arrastran por mi cuello mientras nos movemos, y mientras
desciende hacia mis pechos una vez más, pierdo el hilo de mis pensamientos
y la preocupación de que pueda estar dirigiéndose hacia la puerta para
exponerme a toda la escuela. Algo me dice que él no es alguien para compartir
si la forma en que eliminó a Zayn antes es algo por lo que pasar.
Me tenso cuando pienso en él. Realmente espero que Ash no lo lastime.
Ashton se detiene y pone fin a mis preocupaciones, estira la mano y mueve
algo que lanza otra columna de polvo al aire y cuando miro por encima del
hombro, veo que ha revelado un piano viejo.
Mis cejas se juntan mientras me pregunto qué va a hacer, pero la frialdad de
la madera del instrumento muerde mi espalda mientras me tiende sobre él.
—Se aplican las mismas reglas. Mi. Ra. Me.
Siguiendo órdenes, me apresuro a apoyarme sobre mis codos mientras él
empuja mis muslos lo más ancho posible y coloca mis pies sobre la vieja
madera. Mi barbilla cae ante la expresión hambrienta de su rostro mientras
me mira.
—¿Alguien te ha hecho esto antes, pequeña? —Su voz es profunda y más
áspera de lo normal y mientras retumba a través de mí, siento que mi centro
se humedece.
Reprimo un gemido de frustración. No estoy del todo segura de lo que necesito
que haga en este momento, pero sé que necesito que me toque, que haga algo
en lugar de simplemente mirarme.
—N-no.
Una sonrisa malvada se encrespa en sus labios.
—Bien. Entonces siempre me recordarás.
Quiero decirle que es un idiota que probablemente no sea posible de todos
modos, pero no tengo la oportunidad porque envuelve sus manos alrededor
de mis caderas mientras fija sus labios sobre mí.
Su lengua casi de inmediato comienza a rodear mi clítoris y grito ante la
sensación.
—Joder.
No tengo ni idea de si necesito acercarlo o alejarlo, la sensación es tan intensa.
Mierda. Ni siquiera sé mi maldito nombre mientras lame, chupa y roza los
dientes contra mí.
Mi espalda se arquea, empujando mis pechos en el aire mientras lucho por
hacer lo que me dijeron y lo miro.
Sus ojos permanecen en mí mientras lucho por quedarme quieta y sube la
apuesta, rodeando mi entrada con un dedo.
—Ashton —grito mientras empuja el dedo profundamente dentro de mí. La
sensación extranjera es demasiado buena para negarla.
No debería estar haciendo esto. No deberíamos estar haciendo esto. No
debería querer que continúe tanto.
Con un dedo dentro de mí y sus labios pegados a mi centro, extiende su otra
mano y pellizca mi pezón.
—Oh Dios.
Caigo sobre el piano con tanta fuerza que grita su propia melodía por un
segundo.
Mis dedos de una mano se enrollan alrededor de la madera mientras la otra
se lanza a por el cabello de Ashton. Me agarro a él, manteniéndolo en su lugar
y asegurándome de que no va a detener lo que sea que me está haciendo.
Todo a mí alrededor desaparece y siento que estoy flotando mientras las
sensaciones surgen por mi cuerpo.
Añadiendo otro dedo, se vuelve cada vez más intenso y me aferro a él con más
fuerza.
—Córrete —susurra contra mí, las vibraciones de su voz profunda solo se
suman a sus ministraciones.
—Oh Dios, oh Dios —canto mientras la bola que ha estado creciendo dentro
de mí se vuelve tan grande que todo lo que puede hacer es romperse—. Oh
Dios. Ashton —grito mientras exploto.
Las luces blancas brillan detrás de mis ojos mientras todo mi cuerpo se
contrae y convulsiona contra su rostro.
—Oh Dios mío, oh Dios mío —continúo susurrando mientras él disminuye la
velocidad y los sentimientos comienzan a disminuir.
Mi pecho se agita mientras trato de arrastrar el aire que necesito, y mis
párpados se vuelven pesados.
La habitación gira a mí alrededor mientras la abrumadora necesidad de
dormir me golpea como un camión. Lo último que recuerdo es que Ashton se
paró a mi lado y presionó sus labios contra los míos. Recuerdo haber pensado
en lo caliente que estaba que sabía a mí, pero luego todo se vuelve negro.
Ruby
Me despierto con lo que se siente como un maldito tambor golpeando en mi
cabeza.
Gruñendo, me doy la vuelta y mi estómago se revuelve.
Me quedo inmóvil de inmediato y trato de recordar por qué me siento tan
horrible.
Entonces la razón me golpea con toda su fuerza.
Sentándome apresuradamente, mi estómago se revuelve de nuevo y agarro
las sábanas, lista para tirarlas hacia atrás y correr hacia el baño.
Afortunadamente, desaparece y abro los ojos.
—¿Eh?
Estoy en mi dormitorio.
Levantando las sábanas de mi cuerpo, miro hacia abajo y descubro que estoy
usando mi uniforme de animadora una vez más, solo que pronto noto que
falta una prenda.
La imagen de Ashton arrancándome las bragas de mi cuerpo llena mi mente
y mi cuerpo traidor se calienta mientras continúo recorriendo los eventos de
la noche anterior en mi cabeza.
—Oh, Dios mío —murmuro, dejando caer mi cabeza entre mis manos.
Por favor, dime que es una pesadilla y que no dejé que mi hermanastro me
follara encima de un piano.
Mierda. Mierda. Mierda.
Pero incluso a pesar de lo avergonzada que estoy por cómo actué, no puedo
negar que no fue un jodido subidón. Al diablo con su porro del otro día, eso
era otra cosa.
No, no, no. Ni siquiera lo pienses.
Dejándome caer en la cama, me cubro la cabeza con las sábanas y hago que
mi cuerpo se vuelva a dormir. Pero no puedo, tengo demasiadas preguntas
dando vueltas en mi cabeza.
Por ejemplo, ¿cómo pasé de estar desnuda en un piano a estar casi vestida
de nuevo y en mi propia cama? ¿Qué me hizo después de desmayarme? ¿Me
desmayé o hay partes de anoche que me estoy olvidando? Mierda, ¿dejé que
me follara? Muevo mis caderas y no siento nada inusual. Seguramente, sabría
si llegara tan lejos, ¿verdad?
—Joder, maldita sea, Ruby. ¿Qué estás haciendo? —Me pregunto antes de
echar las sábanas hacia atrás una vez más y empujarme de la cama.
Mi cabeza da vueltas y palpita, y mi estómago se siente menos seguro
mientras camino pesadamente hacia mi baño, quitándome el uniforme
mientras lo hago.
Después de usar el inodoro, me paro con las manos en el lavabo y me miro
en el espejo.
—Mierda —jadeo cuando veo mi pintura facial manchada, pero eso no es nada
comparado con mi sorpresa cuando miro mi pecho. Está cubierto de marcas
rojas, algunas de las cuales parecen sospechosamente marcas de
mordeduras—. ¿Qué diablos he hecho?
Después de una larga ducha caliente, me pongo un par de sudaderas y una
camisa de gran tamaño y salgo de mi habitación a regañadientes, sabiendo
que difícilmente puedo esconderme aquí para siempre.
Extrañamente, no sale música de la habitación de Ashton. Debe ser la
primera vez desde que llegó que no lo ha tenido en auge solo para enojarme.
Cuando bajo, encuentro a mamá y Stephen sentados a la mesa desayunando.
—Oye cariño. ¿Pensé que te quedarías en lo de Harley? —pregunta con el
ceño fruncido.
—Uh … ¿cambio de plan? —Se ve aún más confundida cuando lo que debería
haber sido una declaración pasa por mis labios como una pregunta.
—O-está bien. Bueno, ¿pasaste una buena noche?
—Uh … sí … fue … memorable —murmuro, incapaz de encontrar una palabra
mejor.
—¿Estás bien? —pregunta, luciendo aún más preocupada.
—Demasiado vodka —admito, para su horror—. Lo siento. Sé. Me dejé llevar
un poco.
—Y ese es el final de mi solidaridad. Sabes lo que siento por beber tan joven.
—Lo sé, mamá. Fue algo de una vez, lo prometo.
—Bien. Y espero que duela. Puede que te impida volver a hacerlo.
—¿Te detuvo una resaca? —pregunto, arrepintiéndome en el segundo en que
me mira con sus ojos críticos.
Abre la boca para responder, pero debe decidir no hacerlo.
—Por favor, sé prudente, Ruby. No queremos que te arrepientas de tus
acciones —dice Stephen, cubriendo la incapacidad de mamá para mentir
sobre cómo eran cuando eran jóvenes.
Asiento con la cabeza, apenas evitando señalar que ya es demasiado tarde.
—Voy a llevar esto de vuelta a mi habitación —digo, levantando mi taza de
café para mostrárselas.
—¿Podrías llamar a Ash al pasar? Saldremos en diez.
Mi estómago se aprieta incómodo ante la idea de tener que enfrentarlo una
vez más, pero sabiendo que no tengo otra opción, salgo de la habitación y me
dirijo a las escaleras.
Al detenerme frente a su puerta, exhalo un largo suspiro.
Simplemente golpea, grita y escóndete en tu habitación.
Asintiendo con la cabeza, levanto la mano y golpeo la madera con los nudillos.
—Ash, tu papá quiere que estés lista en diez. —El silencio me saluda.
Apoyando mi oído en la puerta, me esfuerzo por escuchar cualquier
movimiento dentro, pero cuando no hay nada, mi corazón comienza a
acelerarse.
Stephen lo está esperando, seguro que no se ira sin él.
Poniendo mi mano en el pomo de la puerta, lo levanto de nuevo, sin decidir
qué hacer, pero algo me dice que empuje la puerta para abrirla.
—¿Ash? —Lo intento de nuevo, golpeando más fuerte en caso de que esté en
el baño y no pueda oírme.
Frustrada, finalmente giro la perilla y abro la puerta. Respirando hondo, miro
la habitación prístina y vacía antes de me.
Doy un paso adentro, pero no lo necesito. Ya lo sé. Él se fue.
Levantando mis manos, tiro de mi cabello, dando vueltas para buscar
evidencia de que alguna vez estuvo aquí. Lo único que encuentro es su
máscara de Jason sobre el tocador. Es un recordatorio espeluznante no
deseado de la noche anterior y, por alguna extraña razón, la vista hace que
las lágrimas me abrasen los ojos.
Realmente se ha ido.
Continuará…
Faze pertenece a la serie Rosewood High la cual no está en español.
Striker
No me vieron.
No pudieron hacerlo.
Está oscuro, y el bajo retumba a través de los pisos desde la fiesta de abajo
tan fuerte que ni siquiera puedo oír mis propios pies moviéndose. No hay
forma de que puedan oír mis pasos mientras camino con paso firme por el
pasillo, con cuidado de no tropezar con mis propios pies.
Miro detrás de mí para asegurarme de que nadie me sigue. No sirve de mucho,
teniendo en cuenta que la oscuridad es total. Solo puedo concentrarme en el
tamborileo de mi corazón en el pecho. ¿Pueden oírlo? Juraría que es más
fuerte que la música, pero de nuevo, está dentro de mi propio pecho.
No pueden oírlo.
Un pequeño destello de luz procedente de la escalera da paso a mi sombra al
doblar la esquina. Apoyando la espalda en la pared por miedo, trago con
fuerza, pero lentamente, mientras el nudo en la garganta amenaza con
quedarse alojado en mi esófago. Quienquiera que sea el idiota que me ha
dicho que use el baño aquí arriba es precisamente eso, un idiota. Con los ojos
puestos en la escalera del otro lado del pasillo, le doy unos segundos para
asegurarme de que nadie va a saltar y agarrarme antes de bajarlas a toda
prisa. Justo cuando estoy a punto de escapar, una puerta se cierra de golpe
y se oyen voces por el pasillo. Se acercan cada vez más. No puedo oír lo que
dicen. Me concentro únicamente en no hacer ningún ruido. Contengo la
respiración cuando se acercan y cierro los ojos.
—Encontraremos a quienquiera que haya estado aquí, y cuando lo hagamos,
nos encargaremos de él también —Esa voz. Es tan familiar. No puede ser.
¿Talon Porter? ¿Es uno de ellos? Eso solo puede significar una cosa, los otros
son Lars, Zed y Tommy. Ni siquiera tengo que verlos para saber que son ellos.
Donde hay uno, hay cuatro.
¿Qué querían decir con que se encargarían de ellos? Saben que alguien estuvo
aquí, pero no saben quién fue, al menos no todavía.
Cuando oigo que bajan las escaleras, saco el teléfono del bolsillo y acudo a la
linterna. Alumbrando el pasillo de arriba abajo, se me cae el estómago.
Cámaras.
Por supuesto, hay cámaras en ambos extremos del pasillo. Talon tiene
suficiente dinero para comprar todo el estado, por qué no iba a invertir en un
sistema de seguridad.
Es solo cuestión de tiempo hasta que me descubran. Sabrán que los he
escuchado en cuanto vean la grabación. Lo que planean hacer con ese
conocimiento me da escalofríos. A menos que yo llegue a ellos primero. Ahora
tengo la ventaja. Su secreto me pertenece ahora, lo que significa que ellos
me pertenecen a mí.
Congelada en el lugar, le doy un minuto para estar segura de que se unieron
a la fiesta de abajo. Mientras mi respiración se estabiliza, pienso en mi
siguiente movimiento.
¿Cómo puedo acceder a las imágenes de seguridad antes que ellos? Mejor aún,
¿cómo puedo encontrarlas?
Piensa, Marni.
Al doblar la esquina y volver a salir al estrecho y oscuro pasillo, vuelvo a
encender la linterna y la dirijo directamente a la cámara. Es similar a las que
tenemos. Nuestro sistema va directamente a un almacenamiento en la nube
que solo pueden ver y borrar quienes tienen la contraseña.
Joder.
Dejando caer mi teléfono a un lado, apago la linterna.
¿Por qué no podía haber simplemente una sala con monitores y una de esas
antiguas cintas de casete como las que había en las películas antiguas? ¿Por
qué la tecnología tiene que ser tan condenadamente avanzada? No me quejo
precisamente, me compro todos los iPhone nuevos en cuanto salen al
mercado, pero maldita sea, renunciaría a todas mis posesiones solo para salir
de este lío.
Eso es. Su teléfono. Tengo que conseguir el teléfono de Talon. Estoy segura
de que tiene la aplicación, y la contraseña está probablemente guardada. Solo
tengo que entrar en él y borrar las imágenes. No puede ser tan difícil. No sé
mucho sobre estos tipos, pero sí sé lo que les gusta: la destrucción, la bebida
y el sexo.
No hay manera de que estos chicos tengan ningún papel en mi vida. No soy
exactamente una Susie Do-gooder8, pero estoy segura de que no estoy en su
nivel de juego. Juegan duro, y siempre ganan. Si creen que alguien conoce su
secreto, no pararán hasta silenciar a esa persona. Y tengo la suerte de que
esa persona soy yo.
Unos pasos lentos y firmes me conducen por la escalera de treinta peldaños.
Mis dedos se deslizan ligeramente por la barandilla de madera pegada a la
pared. La casa de Talon es un enorme y lujoso apartamento de soltero. Zed y
Lars viven aquí con él. Al parecer, todos han abandonado el instituto. He oído
que Talon está terminando en línea, pero dudo mucho que eso le funcione
bien. Tommy todavía va a la escuela, y todavía vive con sus padres. Al menos
uno de ellos tiene objetivos en la vida.
En el lado este de la casa hay paredes envolventes de cristal con una puerta
automática que se abre al resplandor fluorescente de la piscina subterránea.
Compró esta casa hace seis meses, tras regresar de un retiro de limpieza
mental. Todos sabemos que fue rehabilitación, pero él no lo hace público. Él
y su hermana recibieron millones cuando sus padres desaparecieron de la faz
de la tierra. Se rumorea que su padre mató a alguien y que su madre fue una
auténtica zorra con los niños. No es de extrañar que el chico carezca de
brújula moral.
No conozco bien a Talon; no estoy segura de que nadie lo haga. Mantiene su
círculo reducido, pero todos lo miran como si fuera una especie de dios. Tiene
el mundo en la palma de sus manos con dinero, poder y cero orientación ya

8 Si describe a alguien como un bienhechor, quiere decir que hace cosas que cree que ayudarán a
otras personas, aunque usted crea que está interfiriendo
que sus padres se han ido y su hermana es solo unos años mayor que
nosotros.
La música se acerca, y el bajo es tan fuerte que ni siquiera puedo distinguir
la letra de la canción de heavy metal. Hay gente por todas partes, cuerpo a
cuerpo. Algunos bailan, otros intentan mantener una conversación por
encima del ruido, y la mayoría lleva una bebida en la mano. Todos menos yo.
Pasan un par de chicas y le arrebato un vaso de las manos a una chica
menuda con coletas rubias.
—Gracias —Sonrío.
Cuando se queda mirando con confusión, hago un movimiento, golpeando el
suelo con el pie y actuando como si fuera a matar. Chillando, retrocede con
los ojos clavados en mí. Sus amigas parecen que se van a mear encima.
Talon Porter puede ser un dios por aquí, pero yo no estoy muy por debajo de
él en ese tótem. Tengo influencia en esta ciudad. Principalmente por mi padre
y su influencia en la comunidad. También por mi hermano mayor, Axel. Era
una leyenda en el instituto Redwood. No por los deportes o los honores, sino
por su mantra “no jodas conmigo o con mi familia”. Él inculcó un nivel de
respeto y miedo en la residencia de este pueblo cuando se trata de nuestra
familia. Talon puede tener dinero y conexiones, pero nosotros también las
tenemos. Nosotros, los Thorns, no nos acobardamos ante las amenazas, y si
llega el momento, nos defenderemos.
Pero eso no importa, todavía no. Todavía tengo tiempo para poner fin a esto.
Ahora que tengo una bebida en la mano y me estoy mezclando, veo a Talon
sentado en una silla con dos chicas en su regazo, y se me revuelve el
estómago.
Matar o ser matado.
Solo tengo que tirarle este trago encima y quitarle el teléfono mientras intento
quitármelo de encima con una disculpa exagerada. No puede ser tan difícil.
Tropezando como si estuviera a tres velas, utilizo mis cuatro años de clase de
teatro a mi favor.
—Una fiesta salvaje, Talon —Levantando mi copa en forma de vítores, me
ignora por completo.
Lars se acerca por detrás, se inclina con una mirada de agitación y le susurra
algo al oído que hace que la cara de Talon se llene de ira. Lars vuelve a
acercarse, me mira fijamente a los ojos, provocándome escalofríos, y se da la
vuelta.
Las chicas que están en el regazo de Talon se giran hacia atrás, una le babea
todo el cuello, mientras la otra le pasa el dedo índice por la mejilla. Ambas
llevan vestidos ajustados que no dejan nada a la imaginación.
—Llevemos esta fiesta arriba —Ella se inclina más, con el rostro pegado al de
él, mientras le agarra la polla con la mano y la aprieta con fuerza.
Mis ojos se mueven desde su mano, hasta su cara y me doy cuenta de que
me está mirando.
—¿Puedo ayudarte? —Su voz es severa, con una fina capa de color rosa que
sombrea el blanco de sus ojos y que me indica que está drogado o que ha
bebido demasiado. Es difícil saberlo con él.
Acerco mi vaso a mi pecho y miro a mi alrededor para ver si hay alguien más
cerca al que se esté dirigiendo en este momento.
—¿Yo?
Levantándose, deja que las chicas caigan al suelo. Se sacuden y observan sus
pasos mientras se acerca a mí. Sus botas negras de combate golpean el suelo
como un mazo a cada paso. Sus dedos se revuelven en su desordenado cabello
castaño oscuro, los mechones caen en su sitio cuando su mano cae a su lado.
Talon tiene un misterio que lo hace muy sexy. Mide al menos 1,80 metros y,
aunque no tenga el cuerpo de un atleta, es evidente que hace ejercicio. Su
camiseta blanca lisa se ajusta a sus bíceps y las crestas de sus abdominales
son evidentes a través de la fina tela.
Al ser el final del verano, su piel está besada por el sol. Y yo que pensaba que
era un vampiro que solo salía por la noche.
Mete la mano en el bolsillo y saca un zippo rectangular de metal con sus
iniciales grabadas. TJP. Talon Joseph Porter. No debería saberlo, pero lo sé.
Sé mucho sobre Talon, incluso más de lo que me importa.
—Si es la hermana pequeña de Axel Thorn —dice mientras se detiene justo
delante de mí. El olor a hierba que desprende invade mi espacio.
Abrazo el vaso contra mi pecho con más fuerza:
—También conocida como Marni —Dios, estoy tan cansada de vivir a la
sombra de Axel—. Me llamo Marni.
—Sé quién eres. Pero tu apellido es más importante que tu nombre.
Compartes sangre con un hombre que odio; por lo tanto, quiero saber qué
demonios estás haciendo en mi casa.
—En serio —me río—, Talon, hemos ido juntos al colegio toda la vida. He
estado en al menos una docena de fiestas aquí. ¿Cuál es el problema? —
Extiendo las manos, agitando el contenido del vaso. Instintivamente, casi
tomo un sorbo, antes de recordar que alguien más estaba bebiendo esto, y no
tengo idea de a quién le habrá chupado la polla esta noche.
Enarcando una ceja, empieza a agitar el zippo. Una vez que se apaga la llama,
lo acerca a mi rostro. El calor me calienta el costado de la mejilla, e inclino la
cabeza hacia otro lado, por miedo a lo lejos que pueda llegar con este juego.
—¿Te ha enviado aquí?
—¿Enviarme aquí? —pregunto. No tengo ni idea de lo que está hablando.
Congelada en su sitio, mi mente dice que tire el vaso, pero mi cuerpo no
escucha.
Sus ojos se detienen en la llama mientras empieza a mover su mano de un
lado a otro frente a mi rostro. Metiendo la mano en el bolsillo de sus jeans
negros, saca un porro. Mis ojos recorren su brazo y observan un pequeño
tatuaje negro en su antebrazo. Acerca el porro y lo pone en la llama.
—No estás en condiciones de hacerte la tonta conmigo —Con los dedos índice
y pulgar, da una larga calada al porro. Su boca forma una O mientras sopla
hacia mi rostro.
—¿Qué demonios? —Muevo la mano de un lado a otro frente a mi rostro,
barriendo el humo.
La llama disminuye mientras él se inclina hacia delante, sus labios casi rozan
mi oreja y su aliento es cálido en mi cuello mientras el humo aún persiste en
el pequeño espacio que nos separa.
—Parece que tienes algo que me pertenece, la hermana pequeña de Axel.
A mi izquierda, veo a Lars y Zed. Tommy está a mi derecha. Los tres dan
pasos simultáneamente mientras se acercan a mí.
Talon rodea mi codo con su mano. Sus dedos callosos se sienten como papel
de lija en mi suave piel desnuda. Cuando intento apartarme, refuerza su
agarre. Apretando los dientes, siseo:
—Te vendrá bien recordar que, de hecho, soy la hermana pequeña de Axel.
—De aquí en adelante, sólo tienes un propósito que importa —Su boca se
acerca a mi oído mientras las yemas de sus dedos se clavan en mi brazo—, el
nuestro.
Después de que Talon y sus groupies intentaran reclamarme mientras me
echaban humo al rostro, me escabullí de su alcance y salí de la casa hacia
atrás, lentamente, con los ojos puestos en él para asegurarme de que no
hiciera ningún movimiento. La casa está llena, hay demasiados testigos. Es
lo que planea hacerme en la oscuridad lo que hace que mis rodillas se golpeen
mientras corro hacia mi auto. El miedo no es fácil, pero ellos crearon lo
suficiente en mí con una sola palabra que me hizo correr hacia las colinas.
Cada crujido de las tablas del suelo, cada portazo de nuestra ama de llaves
Ruby, hacen que se me suba el corazón a la garganta. Es solo cuestión de
tiempo que me busquen. Tengo algo que no debería. Un secreto que podría
destruir toda su vida.
Me paseo por el dormitorio y rozo con los dientes las uñas recién pintadas.
Debería ir por todas. Exponerlo todo, admitir que lo sé y utilizarlo a mi favor.
Después de todo, soy yo quien sabe lo que hicieron. Deberían temerme a mí,
no al revés.
Dejo caer el culo sobre la cama y tomo el móvil de la mesita de noche. Mi
pulgar pasa por encima del nombre de Talon mientras contemplo si debo o
no llamarlo y decirle que tenemos que hablar. Al inclinarme hacia atrás, noto
algo debajo del edredón de mi cama perfectamente hecha. Escarbando con la
mano bajo él, busco hasta que mis dedos encuentran algo duro y de forma
rectangular, con un cierre en la parte delantera; ¿tal vez una caja? Saco la
mano de debajo del edredón y miro la caja de madera. En la parte superior
hay unas esquinas con plumas, un grabado artesanal de un símbolo de
infinito parecido a una serpiente, y un pequeño cierre en la parte delantera,
un atractivo muy vintage y encantador. Papá debió de recogerlo para mí en
uno de sus viajes. Sonriendo por el gesto, desbloqueo el broche y abro la tapa.
En cuanto veo lo que hay dentro, la caja sale volando de mi mano y atraviesa
la habitación. Mi estómago se retuerce en nudos apretados mientras la lengua
se desliza por la pared, dejando un rastro de sangre fresca.
—Dios mío —Me tapo la boca con la mano. Con el ritmo cardíaco al máximo
y la respiración entrecortada, me pongo de pie y camino lentamente hacia la
caja. Mantengo la mano sobre la boca para no oler la carne fresca. La caja
está abierta en el suelo y de ella sobresale un papel doblado y empapado de
sangre. Respirando hondo, tomo la nota y empiezo a abrirla, con cuidado de
no romperla.
Los secretos son para los silenciosos.
Briarwood a las 8 de la tarde de mañana o serás silenciada.
Al tirar la nota, doy un paso atrás con lágrimas en los ojos.
¿Qué se supone que significa eso? ¿Piensan cortarme la lengua?
Tragándome la bilis que me sube a la garganta, me precipito hacia la puerta,
la abro de un tirón y la cierro de golpe cuando salgo al pasillo. Con la espalda
pegada a la puerta de mi habitación, me deslizo lentamente hacia abajo hasta
doblar las piernas delante de mí. Entierro el rostro entre las manos encima
de las piernas y me devano los sesos para saber a quién puedo pedir ayuda.
No puedo llamar a la policía, es mi palabra contra la suya. No puedo llamar
a Axel porque lo empeorará todo. Wyatt, mi mejor amigo, no tiene un hueso
de lucha en su cuerpo, así que no es de ayuda.
Estoy sola en esto.
Soy yo contra ellos, y no hay nada que pueda hacer al respecto.

Es la noche de Halloween, y debería estar saliendo con mis amigos, gastando


bromas inocentes y divirtiéndome. En lugar de eso, estoy aquí, con este
inquietante peso sobre mis hombros y un malestar en la boca del estómago.
Al estacionar el auto justo delante de Briarwood, miro a mi alrededor en busca
de los autos de los chicos, pero parece que soy la única que está aquí. Esto
es simplemente genial. Decirme que viniera aquí es probablemente una
especie de broma de mal gusto.
Al notar el parpadeo de las linternas en el nivel superior, supongo que están
dentro. Alguien está dentro. Es muy posible que sea un psicópata y eso casi
suena más atractivo.
Sorprendiéndome al cerrar la puerta de mi propio auto, con mis propias
manos, se cierne la oscuridad. Todo en las últimas veinticuatro horas me
tiene en vilo. Anoche dormí con un ojo abierto, es decir, no dormí nada.
Después de convencerme de que, de hecho, tengo la sartén por el mango,
planeé entrar en este lugar llena de exigencias, pero ahora que estoy aquí, de
repente me siento débil e intimidada, y ni siquiera he puesto los ojos en ellos
todavía.
Entra y diles que mantendrás la boca cerrada a cambio de que sigan con sus
vidas. No es tan difícil. Lo único que les importa es mi silencio, pues lo tienen.
Una sensación de inquietud me invade mientras doy unos pasos sobre el
hormigón roto que conducen a unos escalones hechos de más hormigón roto.
Briarwood se asienta en cien acres de tierra desértica a las afueras de
Redwood. A principios del siglo XX, el edificio se utilizaba como manicomio, y
se rumorea que en su interior se torturaba a los pacientes. Los gritos se oían
incluso fuera de la propiedad. Una chica, de mi edad, escapó y casi llegó a la
ciudad cuando fue atropellada por un auto y murió justo antes del límite del
condado. Hay historias de que el lugar está embrujado por esa chica y algunas
de las otras. Por otra parte, todo esto son solo historias. Yo soy más del tipo
“ver para creer” y no tengo ningún interés en averiguar la verdad esta noche.
Pensaba que el lugar iba a ser demolido hace un par de años, pero aquí está,
todavía en pie.
De vez en cuando vienen grupos de chicos para intentar cagarse de miedo. Al
parecer, una chica se cagó encima cuando un grupo de chicos intentaba
hacerse el gracioso y se escondió en un armario para asustarla. Esperemos
que eso no me pase a mí.
Al acercarme a la fachada del edificio en ruinas, mis dedos recorren la puerta
de madera desgastada y me fijo en el grabado. Es el mismo símbolo que había
en la caja que pusieron en mi cama. ¿Coincidencia? Tiene que serlo. No es
que hayan tallado a mano esta puerta o esa caja ellos mismos. Puede que
Talon tenga dinero, pero no creo que estos chicos sean astutos o simbólicos.
Al acercarme al eje de la manilla metálica, noto que está fría. Es octubre, pero
incluso por la noche, todavía hay ochenta grados fuera.
—Talon —digo, en un tono bajo—. Tommy. ¿Alguien? —Maldición, realmente
no quiero entrar en este lugar.
Justo cuando me doy la vuelta para volver a mi auto, dando solo unos pasos
para alejarme mientras tengo la oportunidad, la puerta cruje al abrirse, la
estructura de madera raspando contra el suelo. Me doy la vuelta en un
instante y veo que está abierta de par en par mientras miro hacia la negrura
de la casa. En el interior no se ve ni siquiera un destello de luz. Dando pasos
lentos y firmes, grito, esta vez un poco más fuerte.
—¿Talon? ¿Tommy? ¿Hay alguien aquí?
Soy una idiota por estar aquí, y una idiota aún más grande por lo que estoy
a punto de hacer. Subo los escalones que acabo de bajar y respiro
profundamente.
Algo se está quemando.
Huele a papel recién quemado, o tal vez a hojas. Un fuego con estas
temperaturas, junto con la sequía, no puede ser algo bueno. Tragando con
fuerza, paso a la entrada.
—Talon —Lo intento una vez más—. Por favor, que alguien me responda —Mi
voz se eleva unas cuantas octavas, la agitación y los nervios se apoderan de
mí—. Muy bien, idiotas, tienen un minuto para dar la cara o me iré y les diré
a todos su…
Unos dedos fuertes y callosos me rodean con fuerza la muñeca. Me empujan
hacia el interior de la casa, mientras la puerta se cierra tras de mí. La piel de
gallina cae en cascada por mis brazos.
—¿Quién está ahí? —Intento apartarme de un tirón. Lo único que oigo es mi
respiración agitada y la persona que me sujeta.
—Shh —susurra, su aliento cálido y pesado en mi cuello.
Extiendo mi mano libre y la golpeo en el aire, con la esperanza de atrapar a
alguien o algo. No puedo ver nada.
—Talon, ¿eres tú?
—¿Quieres cerrar la boca? —aprieta entre los dientes. Me acerca la espalda a
su pecho y me tapa la boca con una mano mientras me rodea con el otro
brazo.
Impulsivamente, agacho la cabeza y muerdo la carne de su pulgar. El sabor
del sudor-sal, golpea mi lengua.
—¡Puta! —grita, haciéndome girar y llevando mis manos a la espalda.
—Muéstrame tu cara —exijo.
—¿Podrías cerrar la maldita boca durante dos segundos? —Puedo oír el tic de
su mandíbula mientras me levanta por detrás y me lleva, paso a paso,
sujetándome con fuerza, hasta que me encuentro con una ventana rota que
da al patio delantero.
Los faros brillan en la entrada, justo al lado de mi auto.
—Es eso…
—El sheriff. Seguro que sí —dice. Después de oírlo hablar con más calma, me
aseguro de que es Talon quien me sujeta como si fuera su prisionero especial.
—¿Crees que lo sabe?
Su mano me tapa la boca mientras su otro brazo sigue apretando mi cuerpo
contra el suyo.
—He dicho que cierres la boca.
Con el corazón martilleándome en el pecho, permanezco inmóvil. Viendo como
el sheriff camina alrededor de mi auto con una linterna, mirando dentro de
cada ventana, como si esperara encontrar algo… o a alguien.
Las tablas del suelo crujen por encima de nosotros e, instintivamente, intento
mirar hacia arriba, pero el agarre de Talon me obliga a oponer demasiada
resistencia. Tienen que ser los otros tipos. Son los que vi en la ventana.
Sabían que estaba aquí todo el tiempo y me observaban en el patio delantero
desde la ventana. En lugar de bajar, tuvieron que infundirme un poco más de
miedo primero. Bravo por ellos, lo lograron. Nunca debería haber venido aquí.
Debería haber ido a la policía. ¿En qué demonios estaba pensando?
Mi ritmo cardíaco se acelera cuando el sheriff comienza a iluminar con su
linterna en nuestra dirección. Talon retrocede un par de pasos cuando el haz
de luz me da en el rostro. Me planteo intentar liberarme, salir corriendo hacia
el sheriff y contárselo todo, pero no puedo zafarme de sus brazos.
Su aliento áspero golpea el pliegue de mi cuello.
—Si sabes lo que te conviene, te quedarás aquí y te callarás como una buena
chica —Su firme agarre me rodea con los brazos aún en la espalda. Unos
dedos huesudos golpean la piel de mi cintura mientras el otro sigue
protegiendo mi boca para que no diga una palabra.
Levantándome de nuevo, continúa caminando hacia atrás, hasta que lo único
que puedo ver por la ventana es un pequeño destello de luz que se asemeja a
una luciérnaga. Lentamente se desvanece en la distancia, y desaparece. Es
probable que el sheriff siga allí, pero su presencia desaparece de mi vista
cuando Talon me hace girar para mirarlo.
—Vas a subir estas escaleras, lentamente y en silencio. Si dices una sola
palabra, me veré obligado a usar esto —Sostiene un rollo de cinta adhesiva.
Mis ojos se abren de par en par.
—Esto tiene que ser una especie de broma de Halloween. Vamos, Talon. No
estarás hablando en serio… —Me detengo cuando empieza a sacar la cinta
gris del rollo. Arranca un trozo largo y el sonido de la cinta al romperse me
hace saltar.
—Camina —Su voz es exigente y llena de advertencia.
Tragándome el nudo en la garganta, respiro profundamente y empiezo a subir
la escalera de madera. Está tan oscuro que no tengo ni idea de a qué estoy
subiendo exactamente. Por lo que sé, podría haber agujeros en estas escaleras
y un paso en falso podría lanzarme a una cueva.
Caminando directamente detrás de mí, Talon coloca ambas manos a ambos
lados de mi cintura, guiando mis pasos y enviando oleadas de escalofríos por
todo mi cuerpo. Si me detuviera bruscamente, su cara se plantaría justo en
mi culo. Cuanto más me acerco a la cima, más noto ese olor a quemado de
nuevo.
—¿Qué hay aquí arriba? —murmuro en voz baja.
No responde. En cambio, gira mi cuerpo cuando llegamos a lo alto de la
escalera, señalándome a la izquierda, en dirección a un dormitorio que
muestra un destello de luz procedente de un farol.
Una gruesa sábana negra cuelga sobre la única ventana de la habitación y,
aparte del farol en el centro, está completamente vacía. En las cuatro paredes
hay pintas de colores. Tanto, que no puedo saber qué color de pintura hay
debajo de ellos.
—¿Qué es este lugar y por qué estoy aquí? —pregunto, mirando a mi
alrededor las obras de arte. Se ve que es el trabajo de muchos porque está
todo disperso y cada pieza es diferente.
—Hablas demasiado. Por eso estás aquí.
Una pequeña brisa golpea mis piernas desnudas, llevando ese olor a la
habitación. Al darme la vuelta para mirar la puerta, veo una habitación
enfrente de nosotros con las ventanas abiertas de par en par, y ahí están.
Tommy, Lars y Zed. Los tres de pie, perfectamente alineados, con los brazos
cruzados sobre el pecho, mirándome fijamente.
—Entren, chicos —Talon agita su mano en el aire. Cuando se reúnen con
nosotros, Talon lanza algo al aire a Lars, que lo toma con los ojos todavía
clavados en mí.
Una vez que lo hace girar y empieza a presionar con los dedos, el brillo
púrpura me llama la atención.
—Oye, ese es mi teléfono —Salto hacia él, pero los brazos de Zed me rodean.
—Cálmate, pequeña Thorn —Me pasa los dedos por el cuello, moviendo
cualquier mechón suelto detrás de mi oreja—. He oído que eres una cosita
luchadora. Tal vez puedas demostrarme lo luchadora que puedes llegar a
ser. —Su tono tranquilo alarma cada poro de mi cuerpo.
Miro a Talon, que nos observa atentamente. En lugar de concentrarse en lo
que sea que esté haciendo Lars en mi teléfono, su mirada se fija en los dedos
de Zed que se deslizan por debajo de mi capucha, rozando la piel que cubre
mi caja torácica. El miedo me invade, más intensamente que el miedo a estar
en esta casa con estos tipos: el miedo a lo que planean hacer conmigo. Podrían
hacer lo que quisieran y nadie lo sabría. Podrían violarme, matarme y
enterrarme en esta propiedad, y yo solo sería considerada una persona
desaparecida para siempre.
Lars le devuelve el teléfono a Talon.
—Está hecho —dice con el teléfono en el aire. Talon se gira justo a tiempo
para atraparlo.
—¿Qué está hecho? —Levanto la voz—. ¿Podría alguien decirme qué
demonios está pasando?
Talon revisa mi teléfono. Cuando pulsa el botón lateral para apagarlo,
supongo que va a devolvérmelo, pero en lugar de eso, lo mete en el bolsillo
trasero de sus pantalones negros.
—Ve a comprobar el fuego —dice, mirando a Tommy, que asiente con la
cabeza.
Lars y Zed siguen de pie.
—Vayan con él, idiotas, y cierren la puerta al salir —suelta.
Es obvio quién es el titiritero en el grupo.
Todo mi cuerpo salta cuando la puerta se cierra de golpe.
—Talon, te juro que no pienso contarle a nadie lo que he oído. Tienes mi
palabra. Ahora, ¿puedo irme?
—Marni. Marni. Marni —Da vueltas a mi alrededor—. Te jodiste de verdad
cuando decidiste ser una mierdecilla entrometida —Su dedo índice pasa por
mi mejilla, sobre mi nariz y alrededor de mi cabeza. Tirando de mi coleta, me
quita el coletero negro y mi cabello cae sin cuidado alrededor de mi rostro. Mi
cuerpo se tensa y cierro los ojos—. ¿Qué voy a hacer contigo?
—Te dije…
—Cállate —grita, enviando mis cejas a la frente y el contenido de mi estómago
a mi garganta—. No tienes que decirme nada. Vas a escucharme —Me agarra
la barbilla entre el pulgar y el índice, sosteniéndola con fuerza—. Puedes
pensar que tienes algo sobre todos nosotros, pero no es así. ¿Me entiendes?
Asintiendo, trago con fuerza.
—Bien, porque no sabes nada. Pero nosotros sí. Sabemos de tu relación
secreta con Josh Moran.
—¿Josh Moran? ¿Como el Josh Moran que está obsesionado conmigo?
Apenas conozco al tipo —Realmente no lo conozco bien. Soy consciente de
que está enamorado de mí desde hace un par de años. Incluso me invitó a
salir un par de veces, pero lo rechacé de una manera no muy amable. Hace
un par de meses, empezó a actuar de forma muy extraña. Apareciendo en mi
casa sin avisar. Incluso una vez lo sorprendí en mi patio en medio de la noche.
Papá estaba fuera de la ciudad y yo me sentía muy incómoda con toda la
situación, así que me fui y me quedé en Los Ángeles un par de semanas. Josh
es espeluznante, y es un imbécil que trata a las mujeres como si él fuera un
regalo para ellas, aunque no nos interese el paquete.
Me coloca el cabello detrás de las orejas y sus manos caen sobre las mías.
Tomando mis dos manos entre las suyas, comienza a trazar su dedo índice
sobre mi palma. Siguiendo cada línea grabada en mi mano como si fuera una
especie de rompecabezas.
—Ese es él —Su uña empieza a clavarse en mi piel mientras la arrastra por
la superficie de mi vena.
Chillando por el dolor, me alejo de un tirón. Esta vez, me deja. Me paso la
mano por la muñeca y noto la línea roja que ha dejado. Talon mete la mano
en su bolsillo trasero y saca mi teléfono, luego lo golpea contra mi pecho.
—¿Qué le has hecho a mi teléfono?
—Adelante, mira tus mensajes de texto —Se acerca a la ventana. Ya no me
preocupa que pueda hacer una escapada o gritar a todo pulmón.
Algo me dice que me tiene justo donde quiere.
Algo me dice que estoy atrapada aquí, y no hay nada que pueda hacer al
respecto.
Desbloqueo mi teléfono y saco mis mensajes de texto.
—Yo no los he enviado —digo, cuando veo que hay mensajes de Josh. Pulso
el número y no lo reconozco—. ¿De quién es este número?
—Pensé que habías dicho que apenas lo conocías. Es curioso que tu teléfono
diga lo contrario.
—Es Josh. Es de quien hablabas en la habitación cuando dijiste que te
deshiciste del cuerpo. Mataste a Josh Moran —Se me cae el estómago.
Sintiéndome repentinamente mareada, caigo de rodillas y entierro el rostro
entre las manos, antes de levantar la mirada—. Y tú estás intentando
tenderme una trampa.
—Camina —ordena Talon, mientras cierra la puerta tras nosotros al tiempo
que alumbra con una linterna hacia las escaleras.
Mis ojos se fijan en el fuego ardiente que se ve a través de la ventana abierta
de la habitación de enfrente. ¿Qué están quemando? ¿Es Josh? ¿Es así como
planean deshacerse de su cuerpo? La bilis me sube a la garganta al pensarlo.
Me siento repentinamente mal y dejo de caminar.
—¡He dicho que camines! —ladra, dándome un codazo por detrás.
—No puedo. Necesito saber qué está pasando. Me estás asustando, Talon —
admito. Por mucho que sepa que tengo que mantenerme fuerte y no dejar que
vean el miedo que está empapado en mis poros, en este momento, con gusto
lo expondré todo con tal de salir de aquí.
Talon me da otro empujón y empiezo a caminar de nuevo.
Bajo la escalera con pasos de bebé y tengo cuidado de no tocar la desvencijada
barandilla de madera. Lo último que necesito son mis huellas dactilares por
todo el lugar. Si están intentando tenderme una trampa, como sospecho que
es, tengo que cubrir mejor mis huellas.
—¿Por qué lo mataste? —pregunto en voz baja—, Sé que era un acosador,
pero quitarle la vida, ¿por qué?
—Josh no era solo un idiota; era un monstruo. Se merecía lo que le pasó,
aunque fuera un accidente.
—Si fue un accidente, estoy segura de que la policía lo entenderá. ¿No puedes
explicar lo que pasó?
Me dice de golpe:
—Deja de hablar.
Llegamos al fondo y Talon ilumina un pasillo largo y estrecho. Las viejas
tablas rotas del suelo traquetean bajo nosotros. Las paredes están cubiertas
de todo menos de pintura fresca. Hay más grafitis, huellas de manos sucias
y algunos extraños símbolos ocultos en el centro. Una sensación de pavor me
invade, los escalofríos se extienden como pequeñas arañas por mi columna,
y una brisa fresca se siente en el lado derecho de mi cuerpo al pasar.
—¿Qué es este lugar? —murmuro en voz baja.
No esperaba que respondiera, pero me sorprende cuando lo hace.
—Es un santuario de secretos. Nada queda entre las paredes de este edificio.
Almas vacías, deseos oscuros, últimos deseos. Quedan atrapados en este
edificio para la eternidad.
—Suena espeluznante —digo, cruzando los brazos sobre el pecho y
abrazándome con fuerza.
Al llegar a una puerta en la parte trasera de la casa, Talon enciende su luz e
inclina la cabeza con el ceño fruncido, indicándome que salga. Con la manga
de mi sudadera envuelta en la mano, empujo la manilla metálica de la puerta
de malla, abriéndola. El olor del fuego se intensifica en la noche seca y
tranquila. Los tres chicos están de pie alrededor de un gran barril en el centro
del patio trasero. Al menos, creo que es un patio. Es más bien un espacio
abierto que parece no haber recibido atención de jardinería en años. Lo único
que hay aquí atrás es un viejo cobertizo a un lado, un granero bastante grande
y el barril lleno de llamas ardientes que se extienden al menos un metro por
encima de las cabezas de los chicos.
—Acabemos con esto. Estoy listo para emborracharme y echar un
polvo —refunfuña Lars con agitación en su voz.
Tommy está tecleando en su teléfono y Zed me mira con la mirada perdida.
No hay nada detrás de sus ojos oscuros. Siempre parece tan enfadado y frío.
Como si pudiera estar en una habitación llena de gente y siguiera solo en sus
propios pensamientos. Nunca he hablado realmente con el tipo, pero no
siento que me esté perdiendo mucho. No lo considero del tipo que mantiene
conversaciones con facilidad. Hubo momentos en la clase en los que lo
observaba mientras miraba fijamente al frente, sin cambiar su expresión.
También hubo momentos en los que quise meterme en su cabeza, solo para
saber qué estaba pensando porque nunca ha dado luz a ninguna emoción.
Aunque me imagino que da mucho miedo estar dentro de sus pensamientos.
Los cuatro tipos son fáciles de ver. Cada uno tiene su propio atractivo. No
tienen ese atractivo atlético, de deportista. Son más grunge y oscuros.
Misteriosos y seductores. Hay una oscuridad en ellos. Una actitud más que
confiada de “me importa un carajo” que todos desearían tener alguna vez. La
gente los sigue, pero nunca camina a su lado. Son solitarios, y por una buena
razón: tienen secretos, secretos oscuros y peligrosos.
—De acuerdo —Tommy lanza el teléfono con el que estaba jugando a
Talon—. Vamos a hacer esto.
Con sus ojos pegados a los míos, Talon camina lentamente detrás de mí y me
rodea con sus manos y el teléfono delante de nosotros.
—Tira esto al fuego —Después de que lo toma, da un par de pasos hacia atrás.
Mirando a mi alrededor de una persona a otra, mi cuerpo se estremece.
Incluso con el calor, siento que el frío me recorre la espalda como si el
fantasma de mi futuro estuviera de pie directamente detrás de mí.
—¿Por qué? —se me quiebra la voz.
Talon responde:
—Porque yo te lo dije. Ahora hazlo.
—¿De quién es el teléfono? —Miro a Zed, que parece estar grabándome.
Capta mi mirada.
—Tienes dos opciones. Tiras el teléfono al fuego, o te tiramos a ti al fuego.
¿Qué va a ser, Pequeña Thorn?
Apretando los labios con fuerza, agarro el teléfono y cierro los ojos. Sin
siquiera mirar, lo arrojo delante de mí. Cuando oigo a Talon soltar un suspiro
de alivio detrás de mí y luego apretar mis caderas, sé que ha entrado.
Tommy comienza a aplaudir.
—Buena chica.
Abriendo los ojos, me alejo de Talon agresivamente.
—¿Qué? ¿No te gusta abrazar? —Sonríe.
Poniendo los ojos en blanco, me doy la vuelta para alejarme lo más rápido
posible, pero alguien corre detrás de mí, me agarra y me levanta en el aire.
—Suéltame —Empiezo a patear las piernas—. He hecho lo que querías, ahora
me voy a casa.
—Oh, no, no lo harás.
Talon.
—¿Crees que eso fue el final? Eso fue solo el principio, nena. Haces lo que te
decimos que hagas. Vas donde te decimos que vayas —Me pone de nuevo
junto al fuego, donde los chicos están mirando y encontrando humor en esta
situación de locura—. Ahora estamos celebrando, y tú estás celebrando con
nosotros.
—¿Celebrando qué exactamente? ¿Salir impune de mi asesinato? —Me trago
mis palabras de inmediato cuando Talon atrae mi cuerpo hacia el suyo.
Agarrándome el rostro con la mano, empuja sus dedos tan adentro de mis
mejillas que podría morder y sentir el espacio que están invadiendo en mi
boca.
Aprieta los dientes con tanta fuerza que me parece oír el crujido de un diente.
—No vuelvas a decir eso, ¿me oyes? No hemos asesinado a nadie. Josh era
un psicópata y fue un accidente. Hicimos lo que teníamos que hacer, y ahora
vas a hacer lo que tienes que hacer y mantener la boca cerrada, ¿me
entiendes? —Presiona más fuerte.
Lo único que puedo hacer es asentir. Con un rápido movimiento, me empuja
el rostro hacia atrás. Me froto las dos manos en las mejillas, donde estoy
segura de que ha dejado la huella de sus dedos. Sintiéndome al borde de un
ataque de nervios, me ahogo:
—¿Era su teléfono?
—Sí. Y acabas de tirarlo al fuego. Acabas de deshacerte de las pruebas poco
después de intercambiar mensajes de texto —Talon se asombra—. ¿De verdad
tenías que amenazarlo así?
—¿Amenazarlo? ¿Es eso lo que has hecho parecer? —Niego la cabeza con
incredulidad—. ¿Cuál era el objetivo? Su teléfono no está. Puedo borrar los
mensajes del mío —Encendiendo mi teléfono, empiezo a desplazarme hasta
la conversación. Sin siquiera leerla, borro el mensaje.
—Puedes borrar lo que te dé la gana, pero si crees que los forenses no pueden
recuperar tus registros telefónicos, bienvenida al siglo XXI, nena —Me da una
palmada en la espalda.
—¿Por qué haces esto? —pregunto, con la voz baja. Agachando la cabeza, la
sacudo lentamente—. Te dije que no pensaba decirle nada a nadie.
—Estás en lo cierto. Y no es así. —Zed viene a mi lado, enganchando un brazo
alrededor de mi hombro—. Vamos, vamos a conseguirte un trago —Comienza
a guiarme hacia la casa. Mirando por encima de mi hombro, veo a Talon
observándonos con fuego detrás de su mirada.
Siguiendo su ejemplo, volvemos a entrar en el oscuro edificio. Tan pronto
como escapamos del resplandor anaranjado del fuego, la sensación
inquietante regresa. Los escalofríos recorren cada centímetro de mi cuerpo.
Estar en este lugar -estar aquí con ellos- se siente siniestro. Mi mente está en
un estado constante de lucha o huida.
—Zed, sé que apenas nos conocemos —Me vuelvo hacia él mientras entramos
en una pequeña habitación a la izquierda de la salida trasera. Enciende una
pequeña linterna que debe llevar en el bolsillo—. Si pudieras dejarme ir a
casa. Podemos fingir que esto nunca ha ocurrido. Por favor, te lo ruego.
En su cara se dibuja una sonrisa amenazante y llena de intención. Me pasa
el dedo índice por un lado de la mejilla y luego lo pasa por el centro donde se
encuentran mis labios. Contengo la respiración, intentando no percibir el olor
a cigarrillo rancio en su piel.
—Quizá —observa mis labios mientras habla—, pero, ¿qué vas a hacer por
mí? —Sus ojos se deslizan hacia arriba, encontrándose con los míos mientras
su dedo presiona agresivamente entre mis labios. Aprieto los dientes
rápidamente para no dejarlo entrar más, pero su otra mano me agarra la
mandíbula y me hace abrir la boca.
—¡Detente! —exijo, con la mandíbula bloqueada por su agarre. Intento
zafarme, pero él solo presiona más, manteniéndome en su sitio. Con mis
labios en forma de O, desliza su dedo lenta y suavemente. Aprieto los ojos y
trato de no atragantarme con el sabor metálico.
—No podemos dejar que esos bonitos labios se desperdicien. Apuesto a que
sabes cómo usarlos —Mis ojos se abren de golpe ante sus palabras. Continúa
deslizando su dedo dentro y fuera de mi boca, observándolo como una especie
de maldito psicópata—. Muéstrame cómo los usas, Pequeña Thorn.
Levantando mi rodilla, con fuerza y rapidez, le clavo justo en los huevos,
sintiendo cómo su dura polla golpea el hueso de mi rodilla. En un rápido
movimiento, sus manos caen y se cubren la entrepierna.
—¡Puta de mierda!
Intentando alcanzarme, me muevo más rápido. Corro detrás de él y salgo de
la habitación hacia la oscuridad. Mi cuerpo choca violentamente contra algo,
o más bien contra alguien.
—¿A dónde crees que vas? —Talon envuelve su mano alrededor de mi muñeca
y comienza a tirar de mí por el pasillo, lejos de Zed. Gracias a Dios. Quién
sabe lo que ese tipo me habría hecho si Talon no hubiera aparecido.
Quién sabe lo que Talon me hará ahora que me tiene.
Con sus dedos como garras alrededor de mi muñeca, me lleva por el oscuro
pasillo.
—¿Qué ha hecho? —pregunta Talon, sin rodeos.
—No ha hecho nada —digo bruscamente, apartándome de su alcance y
caminando con pasos apresurados delante de él—. Como si te importara lo
que me hubiera hecho —No tengo ni idea de adónde voy. No veo nada. Pero
oír sus pasos golpeando el suelo de madera detrás de mí me tranquiliza y me
dice que me atrapará antes de dejarme caer hacia la muerte. Por alguna
razón, tengo un propósito con estos tipos. Saben que no le diré a nadie que
mataron a Josh. Podrían dejarme ir, pero no lo harán.
M estrello el rostro contra la pared, jadeo.
—Hijo de puta —Mis manos se tapan la nariz y luego se frotan para buscar
sangre.
Las risas resuenan detrás de mí mientras Talon encuentra humor en mi dolor.
—¿Estás lista para dejar de intentar ser tan malditamente ruda y dejarme
guiar el camino? —Un haz de luz brilla frente a mí cuando Talon enciende su
linterna.
—¡No! —Estirando las manos delante de mí, camino lentamente. Al notar una
puerta abierta que se balancea de un lado a otro, la curiosidad se apodera de
mí—. ¿Hay alguien ahí dentro? —susurro.
—Vamos a averiguarlo —Me roza y se dirige a la puerta abierta. No sé por
qué, pero lo sigo. Qué mejor manera de asustarse en la noche de Halloween
que atravesar un manicomio embrujado con los muertos, aunque parece que
los vivos con los que estoy atrapada son los que hacen el embrujo.
Pegada a la espalda de Talon, dispuesta a extender la mano si es necesario,
lo sigo por unas escaleras andrajosas. Alargando la mano, agarro el dorso de
su camisa y lo cierro en un puño. Cuando llegamos al final, enciende la luz
en el centro de la habitación.
—¿Qué demonios? —suelto— ¿Es eso un columpio? —Acercándome, veo
mejor el accesorio que cuelga del techo. Es una especie de caja de madera sin
tapa unida a un poste con correas en su interior.
—En su día, esto se utilizaba para estimular el vértigo en los niños. Al parecer,
provocaba la risa. Y nosotros pensábamos que teníamos todos los juguetes
divertidos cuando éramos niños —Talon se ríe, antes de hacer estallar la
pequeña linterna entre sus dientes. Sus manos me agarran por la cintura, y
antes de que pueda reaccionar, mi culo está sentado dentro de la caja de
madera.
—¡Bájame, ahora! —grito—. Esta cosa está muy sucia. Probablemente haya
arañas bebé incubándose en mí mientras hablo —Pataleo y me retuerzo, pero
su mano solo me empuja más adentro. Antes de que me dé cuenta de lo que
está haciendo, las correas están sobre mis hombros. Mi cuerpo se estremece
al oír el chasquido de un candado. Tomando una mano, la pega a un lado de
la caja y cierra una abrazadera que no había notado antes. Luego hace lo
mismo con la otra mano—. Talon, lo digo en serio. Sácame de esta cosa ahora
mismo —El pánico se apodera de mí. Me va a dejar aquí. Va a salir y dejarme
en esta cosa en la oscuridad—. Por favor, te lo ruego.
—Los niños no tienen toda la diversión, ya sabes. Los adultos también
jugaban. Simplemente accionando esa palanca de ahí unas cuantas
veces —Mis ojos se dirigen a la palanca de la derecha que está
conectada—. Podría hacer girar esta cosa seiscientas veces en un minuto.
Podrías vomitar o cagarte encima, probablemente te desmayes. En cuyo caso,
podría hacer lo que me diera la gana con tu cuerpo sin vida.
—No lo harías —niego con la cabeza, mi tono cambia—, sé que no me harías
daño.
Alumbrando su cara con la linterna mientras habla, sus cejas se hunden.
—Tu primer error de la noche sería creer eso.
—Lo creo. No eres un monstruo, Talon, sé que no lo eres. Tienes un corazón.
Avanzando, su mano se introduce entre mis muslos, separándolos. Con las
muñecas ancladas en su sitio, no puedo ni siquiera intentar luchar contra él.
—No me reduzcas a un hombre con un corazón que late. Solo porque esté
ahí, no significa que lata con buena intención.
Mis piernas se abren de par en par, pateando mis pies una y otra vez.
—¡Sácame de esta mierda!
Cuando se acerca, un momentáneo lapso de esperanza me hace suspirar de
alivio. Hasta que su cálido aliento golpea mi cuello y sus dedos se mueven
entre mis piernas.
—Eres peor que Zed. Aquí pensé que estaría a salvo con ustedes. Son una
banda de enfermos —escupo, mis sentimientos cambian rápidamente de
miedo a ira. Mis pies vuelven a patalear, intentando golpearle donde pueda.
Grito—. Los odio a todos.
Cuando dejo de patalear, me doy cuenta de que Talon se queda parado
mirándome. Su respiración es entrecortada e insatisfecha. Me fijo en cada
inhalación y exhalación.
—Dijiste que no había hecho nada en esa habitación —Pronuncia las palabras
como si cada una fuera una frase por sí sola.
La derrota me domina.
—Solo quiero ir a casa, Talon.
Su mano se retira de mis pantalones cortos y se agarra con fuerza a mi rostro.
Su movimiento característico para llamar mi atención.
—¿Qué mierda ha hecho Zed?
—Nada. Ya te he dicho que no ha hecho nada. Puede que lo haya hecho si no
hubieras entrado en la habitación, pero joder, Talon, quizás hubiera sido
mejor. Al menos no me sujetó ni me agredió.
—No te he agredido.
—Entonces, ¿cuál es exactamente tu objetivo aquí, hmm? No parece que estés
intentando hacerme reír en esta silla de la risa.
—Fuiste curiosa. Quizá la próxima vez te lo pienses dos veces antes de
seguirme a una sala de tortura —Comienza a iluminar la habitación con la
linterna.
Mis ojos recorren la habitación, siguiendo la luz. Eso es exactamente lo que
es este lugar. Es una sala de tortura. En una de las paredes hay una hilera
de cajas de madera que parecen haber sido utilizadas como jaulas. Hay viejas
camas de hospital en otro lado, y un montón de equipos mecánicos que
rodean una silla. Ni siquiera tengo que preguntar; sé exactamente para qué
se utiliza esa silla.
—¿Puedes, por favor…? —Me interrumpe el sonido de las pinzas abriéndose.
Una mano se suelta y luego la otra. Respirando profunda y audiblemente, me
froto los dedos alrededor de las muñecas. Una vez que me suelta las correas
sobre los hombros, me tiro al suelo, sin pensarlo dos veces.
—Eres un imbécil —Le doy un manotazo con las dos manos—. Lo digo en
serio. Te odio, Talon Porter —Sus dedos agarran mi muñeca, deteniendo mis
movimientos. Su cuerpo se aprieta contra el mío mientras toma mis dos
brazos con una mano y me empuja contra un espacio abierto en la pared.
Con una de sus manos libres, desliza su palma abierta por mi costado y luego
hacia mi culo, agarrándolo con fuerza. Su tacto me hace sentir una descarga
de adrenalina.
—¿Adivina qué, nena? —murmura en el aire entre nosotros—. Yo también me
odio.
—¿Por qué haces esto? —Me ahogo—. ¿Por qué no me dejas ir?
Mi cabeza se inclina instintivamente cuando sus labios rozan mi cuello.
—Shhhh —susurra—, no más preguntas.
Cerrando los ojos, lucho con fuerza contra las sensaciones que inundan mi
cuerpo. Lucho contra las huellas de su tacto en mi piel, cada cosquilleo, cada
entumecimiento y cada deseo de más. Tragando con fuerza, intento no sentir.
Ni la ira, ni el miedo, ni el odio, ni el deseo anhelante de volver a tener su
mano entre mis muslos. Me odio a mí misma incluso más de lo que lo odio a
él, porque la forma en que su cuerpo me está envolviendo en este momento
me hace desear invitarlo a tomar todo de mí. Que me posea. A corromperme:
mente, cuerpo y alma.
—Talon, yo… —Mi voz se quiebra. En voz baja, casi irreconocible, digo—: Creo
que deberíamos volver con los demás.
—¿Desde cuándo eres un gato asustado? La Marni que recuerdo es
dura —Sus labios siguen bajando, rozando mi clavícula—. No temblaría bajo
ningún hombre —Sus ojos encuentran los míos. Apenas puedo ver el color en
ellos, solo el contorno negro de sus orbes.
—Soy dura. Y no te tengo miedo.
Unos dedos fríos me rodean la cintura por debajo de la sudadera. Los siento
como hielo en mi piel desnuda, subiendo por mi caja torácica.
—Si eres tan dura, ¿por qué sigues aquí? ¿Por qué no luchas contra mí y te
vas?
Respiro entrecortadamente.
—No puedo irme hasta que sepa que esto ha terminado. Que no encontraré
otra caja misteriosa en mi habitación o un policía en mi puerta. Quiero saber
que me dejarán en paz.
—¿Eso es todo? ¿O tienes miedo de que te ate a esa silla y dé una descarga a
las partes de tu cuerpo que ansían la electricidad? —Su pecho me aprieta con
más fuerza, aprisionándome entre él y la pared.
Incluso si tratara de escapar ahora mismo, fracasaría. Debería intentarlo.
Pero no lo hago. Odio que a una parte de mí le guste la forma en que su tacto
me entumece la piel y sus palabras me calientan las entrañas.
Su dedo índice recorre la línea de mi mandíbula, luego se desliza por mi cuello
hasta el pecho y después baja lentamente por mi costado. Inspirando
profundamente, no estoy segura de cuánto tiempo he aguantado.
—Podría hacerte sentir tan jodidamente bien.
Llevando los labios hacia dentro, los muerdo, sujetándolos entre los dientes.
Mis respiraciones son entrecortadas e insatisfechas mientras me cuestiono
mi propia cordura. Mi mente le ruega que continúe mientras recorre con sus
dedos la cintura de mis pantalones cortos. Inclinando la cabeza hacia atrás,
dejo que me tenga a su merced.
—¿Crees que podría hacerte sentir bien, nena?
Sí.
—No.
Se ríe.
—Podría hacerte ver putas estrellas si me dejaras.
Te dejaré. Enséñamelas. Le ruego en silencio.
—¿Quieres que te haga sentir bien, Marni? —Su voz es ruda y llena de
lujuria.
Sí.
Solo que no lo digo. Admitir la derrota no es algo que pueda hacer. Si supiera
lo mucho que deseo que me meta los dedos, tendría todo el poder.
Levantando mi pierna, se apoya en su fuerte antebrazo. Su mano me presiona
contra la pared, sujetándome mientras su otra mano se desliza por la pierna
de mis pantalones cortos. Cierro los ojos con fuerza, rogándole internamente
que haga algo. Cualquier cosa que satisfaga este innegable deseo de perderme
en él. Ni siquiera estoy segura de sí es a él a quien quiero o simplemente a
alguien que me haga sentir bien. Podría ir a casa y correrme.
Dos dedos empiezan a rozar las costuras de mis bragas y luego, sin previo
aviso, caen con fuerza dentro de mí. Mi cuerpo se sacude mientras suelto un
gemido. Cada empujón me hace subir más y más mientras me folla con sus
dedos.
—Oh, Dios —Gimo, llevando mis manos detrás de su cabeza y agarrando su
cabello con mis puños. No hay nada suave y gentil en sus movimientos. Es
tan áspero que resulta doloroso, pero ansío más dolor.
—Oh, joder —Jadeo, incapaz de controlar mi arrebato.
—¿Te gusta eso, nena? —dice, empujando tan profundamente que puedo
sentirlo en mi abdomen.
—Uh huh —Mete otro dedo.
—Dime que te hago sentir bien.
Cuando no respondo, enrosca sus dedos dentro de mí y profundiza.
—¡Dime! —me insta.
Sucumbiendo a sus exigencias, me ahogo:
—Me haces sentir bien.
Su polla roza contra mí mientras me folla en seco la pierna que sigue
firmemente plantada en el suelo. Completamente descontrolada, empiezo a
jadear mientras me penetra. Tan rápido, tan duro y tan increíblemente
satisfactorio. Mis paredes se contraen al sentir la evidencia de mi orgasmo
alrededor de la mitad de su mano que está metida dentro de mí.
Mi pierna empieza a temblar en su agarre, pero él no se detiene. Incluso
cuando empujo mi pierna hacia abajo con fuerza para soltar su brazo, sigue
metiéndome los dedos con la misma potencia, empujando su polla con más
fuerza contra mí.
—Joder —gruñe—, estás empapada.
Sus gruñidos rítmicos se intensifican cuando echa la cabeza hacia atrás y
saca los dedos mientras mi propio líquido gotea por mi pierna desnuda. Las
yemas de sus dos dedos comienzan a frotar mi clítoris con un movimiento
circular, enviando nuevas ondas de electricidad que recorren cada centímetro
de mi cuerpo. Flexionando la parte inferior de mi cuerpo, me empujo más
hacia él mientras me frota más rápido. Levanto la pierna y aprieto la rodilla
contra su sólida polla.
—¿Preparada para ver esas estrellas, nena? —murmura entre sus
embriagadoras respiraciones. Antes de que pueda pensar en responder, sus
dedos empiezan a vibrar contra mi clítoris. Sacudiendo las caderas, pierdo
todo el control y empiezo a gemir. Lucho contra la electricidad que me recorre
el cuerpo, el voltaje es tan alto que no puedo soportarlo. Me retiro, pero quiero
más. Empujo hacia él, pero pierdo el aliento.
—Oh, Dios —Gimo, antes de alcanzar el cielo y volver a bajar flotando.
Abriendo los ojos, que ni siquiera sabía que estaban cerrados, miro hacia
abajo cuando oigo el sonido de la cremallera de Talon. Todavía está muy
oscuro, pero puedo distinguir su mano alrededor de su polla mientras la
bombea un par de veces, antes de disparar su semen por toda mi pierna, que
todavía está en su poder.
Una vez que me suelta la pierna, y mi respiración se estabiliza, una ráfaga de
culpa me golpea. Al menos, creo que es culpa. Sea lo que sea, me siento sucia.
Hacer esto aquí, con él. Un hombre que ha estado burlándose de mí,
amenazándome y tratando de apresarme.
Cuando se sube de nuevo la cremallera, se inclina hacia delante y, por un
momento, creo que podría besarme:
—Nunca hables de esto con nadie. ¿Me entiendes? Ni a una sola persona.
—Como si fuera a contarle esto a alguien. No estoy precisamente orgullosa de
lo que acaba de pasar.
—Bien —Me da una palmadita en la mejilla como si fuera un maldito niño.
Toma una especie de tela del suelo y me la lanza—. Límpiate con esto.
Retrocedo rápidamente, sin dejar que el trapo me toque.
—Qué asco. No voy a tocar esa cosa —No se puede decir para qué se usó ese
trapo.
Se encoge de hombros:
—Como quieras.
»Vamos, tenemos cosas que hacer.
—Diviértete con eso —Lo empujo para que pase—. Me voy a casa.
Antes de que pueda llegar a los escalones, me sigue. Una vez más, me agarra
por la muñeca, su característico movimiento posesivo e imbécil.
—Tienes que dejar de decirme lo que vas a hacer y hacer lo que yo diga.
—Dime por qué —exijo dando un paso más hacia él.
—¿Quieres decir por qué tienes que escucharme? Porque puedo hacer de tu
vida un infierno.
—No es eso lo que quería decir. Además, ya te he dicho que no te tengo miedo.
No me confundas con una chica débil. Puedo tener la ventaja en esto si
realmente lo quisiera.
—¿Qué te hace estar tan segura de que no te haré daño?
Apartándome, estiro mi mano hacia abajo entre nosotros, consiguiendo un
firme agarre de sus bolas debajo de su ahora suave polla.
—Porque puede que me tengas contra la pared, pero yo tengo tus bolas en mi
mano. Tenlo en cuenta —Aprieto más fuerte, haciendo que su cuerpo se
sacuda. Apretando aún más fuerte, empieza a reírse—. Te gusta el dolor,
¿no? Te recuerda que estás vivo. Ilumina tu oscuridad —Girando las uñas
hacia dentro, me clavo en él a través de la tela de sus jeans.
—Nada de lo que hagas me hará daño, cariño. Lo he visto todo y lo he sentido
todo.
He oído los rumores. Sé de lo que habla. Todo el pueblo sabe que el padre de
Talon solía golpearlo como si fuera un pedazo de carne en una tabla de cortar.
Nunca lo tuvo fácil, y todo el dinero del mundo no puede cubrir sus cicatrices
internas.
—No quiero hacer esto, Talon. Solo quiero terminar mi último año de
instituto. Alejarme y fingir que nada de esto ha sucedido. Así que, solo dime
que termina esta noche.
Con un rápido movimiento, me agarra de la muñeca, me hace girar y me
sujeta los dos brazos sobre el pecho. Con la espalda pegada a él, noto los
latidos de su corazón imitando los míos. Puede actuar con calma y serenidad,
pero su pulso y el hecho de que hace cinco minutos me estaba follando la
pierna demuestran que su cuerpo reacciona ante mí.
—Me temo que no puedo hacerlo, porque esta noche es solo el principio de la
diversión que vamos a tener juntos —Su barbilla se apoya en mi hombro. Su
mandíbula presionando mi omóplato con cada palabra—. ¿Realmente quieres
saber lo que viene después?
Asiento con la cabeza.
—Hay unas cinco docenas de personas celebrando la fiesta de Halloween más
épica en mi casa ahora mismo. Vamos a subir las escaleras, subir a mi auto
e ir a divertirnos un poco. Mañana, te llevaré a tu casa, empacarás todas tus
cosas y te instalarás en tu nueva casa.
Mis ojos se abren de par en par.
—¿Casa nueva? ¿De qué demonios estás hablando?
Se endereza detrás de mí, deja mis manos libres y empieza a peinar con sus
dedos mi largo cabello negro.
—Te vas a mudar conmigo.
Inspirando profundamente, exhalo entre risas.
—Estás loco de remate.
—La fiesta está esperando, vamos —Me agarra de la mano y empieza a forzar
mis pasos detrás de los suyos.
Tomándolo desprevenido, me alejo bruscamente.
—No voy a ninguna parte contigo —Ni siquiera puedo ver a dónde voy, pero
me las arreglo para encontrar los escalones—. Realmente estás
loco —murmuro en voz baja. Puedo sentir su cuerpo directamente detrás de
mí, pero sigo mi camino. Camino tan rápido como puedo en la dirección por
la que vinimos, esperando encontrar la puerta principal.
Necesito salir de este lugar.
Talon
Podría recorrer el laberinto de esta casa con una venda en los ojos y saber
exactamente dónde estoy. Marni, en cambio, no distingue la puerta principal
de la trasera.
Acelerando el paso, la agarro por la cintura, justo antes de que esté a punto
de chocar con la pared.
—Puedes intentar ser toda independiente aquí, pero la verdad es que me
necesitas ahora mismo.
—Eso crees —dice ella—, todos ustedes piensan que todas las mujeres los
necesitan. Bueno, una noticia, todos ustedes no son más que escoria. Los
otros simplemente no lo saben, todavía.
La hago girar bruscamente y la acerco.
—Escúchame bien, estás malgastando tu aliento con estas amenazas
despreocupadas, y si crees que algo de esto va a funcionar a tu favor, te
equivocas… jodidamente mal —Nuestras caras están tan cerca que puedo
oler el miedo en su cálido aliento. Su corazón golpea las paredes de su pecho.
El sonido y el olor me excitan. Hay algo que hace que una chica se estremezca
con la maravilla de lo desconocido, sintiendo que se aferra a ti por miedo.
Incluso si eres el que más teme.
—Me voy. Puedes intentar detenerme, pero de una forma u otra, me voy de
aquí.
Dándole un suave empujón, dejo que piense que va a salir por la puerta
principal y se va a ir. La dejo aferrarse a esa esperanza por ahora.
Saco el paquete de cigarrillos del bolsillo trasero y el zippo del delantero, me
meto uno en la boca y le doy una vuelta al mechero. Ella me mira un momento
y yo observo sus ojos a través de las llamas mientras doy una calada al
cigarrillo.
—¿No me vas a detener? —pregunta ella, sorprendida.
Manteniendo la llama viva, la sostengo delante de mí y le hago un gesto con
la cabeza hacia la puerta que tenemos delante. Sus cejas se entrecierran en
señal de confusión. Me quedo mirando cómo sale por la puerta, sin molestarse
en cerrarla.
Cinco.
Cuatro.
Tres.
Dos.
—¡Hijos de puta!
Una sonrisa se dibuja en mi cara. El vértigo me invade. La forma en que uno
puede sentirse cuando hace algo bueno. La forma en que la felicidad recorre
tu cuerpo, golpeando cada nervio.
Marni Thorn no tiene ni idea de lo que tenemos planeado para ella. Los
Renegados tienen una nueva promesa. Solo que ella aún no lo sabe.
—¿Dónde diablos está mi auto?
Doy una larga calada a mi cigarrillo con una sonrisa, exhalando una nube
llena de risas.
—¿No está ahí fuera? Hmmm, qué raro.
Sus largas piernas se dirigen hacia mí con ambición, su mano se balancea,
con la palma abierta, y se encuentra con el lado de mi mejilla.
—¡Estúpido hijo de puta! ¿Dónde diablos está mi maldito auto?
Suenan más risas. El escozor de su huella en mi mejilla se nota, pero no de
forma dolorosa. En lugar de molestarme, hace exactamente lo contrario.
Empiezo a encontrar sus pequeños arrebatos muy sexys. Mi polla se endurece
al instante mientras la agarro por la cintura y la acerco.
—Vas a pagar por eso, nena.
Las manos continúan agitándose, golpeando mi pecho.
—¡Te odio, joder! ¡Ahora, déjame ir!
—¿Dónde vas a ir? ¿Piensas correr diez millas hasta la ciudad?
—¡Tommy! Lars! —Empieza a gritar a todo pulmón mientras sigue cayendo
como un pez muerto en mis brazos.
—Es inútil, nadie puede oírte —Me inclino hacia delante, rozando con mis
dientes el lóbulo de su oreja—. Se han ido. Estamos solos tú y yo.
Mis palabras acallan sus movimientos, su cuerpo congelado entre mis brazos.
El latido de su corazón golpeando contra mi pecho.
—¿Adónde han ido todos? —Su voz se quiebra.
Deslizo mis labios por el pliegue de su cuello y me detengo cuando nuestras
narices se tocan.
—Te lo he dicho. Hay una fiesta y vamos a ir. Ahora, si dejas de actuar como
una niña desobediente y haces lo que te digo, podemos ir a divertirnos un
poco mientras la noche aún es joven.
Exhala un suspiro, reaccionando como si el simple hecho de respirar le
resultara doloroso en este momento.
—¿Por qué haces esto?
—Sé que nada de esto tiene sentido ahora, pero algún día lo tendrá. Lo que
tienes que hacer es dejar de hacer preguntas, hacer lo que te dicen y mantener
la boca cerrada.
—Hiciste un comentario ridículo sobre que me mudara contigo. ¿Por qué?
—Oh, no es ridículo. Te vas a mudar.
—¿Y si me niego?
—¿Es una pregunta? Porque, eso no es una opción. Te vas a mudar conmigo.
—No te tengo miedo, Talon. Crees que puedes sembrar el miedo dentro de mí
y mantenerme atada para que no vaya a contar tu secreto. No puedes. No se
lo diré a nadie, pero no por esto —Ella mira el pequeño espacio entre
nosotros—. Es porque me importa una mierda. Josh Moran era un loco
obsesivo. Quizá se merecía lo que le pasó. Personalmente, no es mi asunto, y
me importa un carajo él. Y me importa un carajo tú y tu banda de amigos.
Así que, déjame ir —Tomándome desprevenido, dos manos se encuentran con
mi pecho, y me empuja hacia atrás.
En un rápido movimiento, vuelve a estar en su sitio con sus pechos apretados
contra mi pecho. Su agilidad es casi más de lo que mi hambrienta polla puede
soportar. Me cuesta mucho no tumbarla y follarla en compañía de todos los
espíritus de este lugar. Agarrando su culo con ambas manos, la levanto. Sus
piernas me rodean. El azul de sus ojos brilla en la oscuridad y se posa en los
míos. Esta vez, no se balancea ni patea. Me rodea el cuello con los brazos.
—Adivina qué, nena, yo tampoco te tengo miedo.
Sus dedos me recorren el cabello antes de que me apriete un puñado y me
eche la cabeza hacia atrás.
—Entonces, ¿por qué no me dejas ir? —Aprieta los dientes.
—Al contrario de lo que podría pensarse, esto no se trata de lo que hicimos.
Se trata de por qué lo hicimos. Así que deja tu maldita actitud y acompáñame
a mi auto, para que podamos ir a casa.
—Si voy, quiero respuestas. Todas ellas.
—Con el tiempo. Sabrás todo lo que necesitas saber. ¿Tenemos un trato?
—No. No tenemos un trato. Pero iré contigo. Porque no voy a llamar para que
me lleven y responder a una docena de preguntas sobre por qué estoy en este
lugar sola.
—A mí me sirve —La dejo caer, y sus piernas la atrapan en su caída. Cuando
empieza a dirigirse a la puerta principal, la agarro de la mano y tiro de ella en
la dirección correcta—. Mis autos están aquí atrás.
—¿Y mi auto? —pregunta—. Te juro que, si hay un solo rasguño en él, estás
pagando para que lo repinten entero.
—No te preocupes. Nadie rayó tu precioso BMW. Tommy fue a recogerlo del
depósito, y puedes tenerlo de vuelta mañana.
Su mano se aleja bruscamente.
—¡Confiscado!
—¿Por qué otra cosa pensabas que el sheriff estaba aquí? Recibió una llamada
sobre un intruso del dueño de este lugar. Le dije que lo remolcara.
—¿Fue todo esto parte de tu elaborado plan para silenciarme?
Agarrando su mano una vez más, tiro de ella hacia delante y seguimos
caminando.
—Digamos que, con los mensajes de texto, el vídeo y el hecho de que tu auto
fue incautado en una propiedad privada, no tenemos ninguna duda de que
todas las sospechas podrían dirigirse hacia ti con solo decir tu nombre.
—¿Dónde está? Quiero decir, su cuerpo. ¿Dónde… te deshiciste de él?
—No te preocupes por eso. Nos hemos encargado de todo. Nadie sospechará
que mataste a Josh si haces lo que se te dicen.
Por primera vez esta noche, se queda en silencio. Me da la oportunidad de
recordar mis pensamientos y los eventos de esta noche. He aprendido que
esta chica puede convertirme de blando a duro con solo abrir su boca.
También he aprendido que ella no tiene idea de su parte en la muerte de Josh.
Esperemos que siga siendo así.
—¿Espera un minuto? ¿Eres el dueño de este lugar? ¿Por qué demonios ibas
a comprar este montón de basura? —escupe, como si hubiera tenido una
epifanía.
—El lugar iba a ser demolido. No podía dejar que eso sucediera. Es uno de
mis lugares favoritos en esta ciudad. Está lleno de misterio, oscuridad y
secretos. Mientras que algunos pueden creer que esta casa alberga la muerte,
a mí me da vida. Es un recordatorio de que las cosas siempre podrían ser
peores.
En lugar de hablar, se limita a asentir con la cabeza y a seguir caminando.
Sin luchar, sin resistirse.
Esperemos que por fin se dé cuenta de que no va a ninguna parte.
No a menos que esté allí con ella.

Esta pequeña fogosa copiloto no tiene ni idea de lo mucho que va a cambiar


su vida. La mayoría de los hombres se sentirían culpables por lo que estamos
haciendo, pero los chicos y yo no somos la mayoría de los hombres. Todos
hemos crecido en una oscuridad que ha jodido cualquier sentimiento de
empatía, arrepentimiento o compasión. Un par de nosotros peor que los
demás.
Miro por encima y vuelvo a vislumbrar su inocencia. Su cabeza se apoya en
el reposacabezas mientras mira al mundo.
Sospechaba que me iba a hacer una docena de preguntas, que me iba a
insultar y que incluso iba a intentar huir del vehículo en marcha, pero, para
mi sorpresa, se ha quedado callada durante el viaje de vuelta. No me gusta
hablar de cosas sin importancia y no tengo nada que decirle a la chica, así
que dejo que el sonido de Breaking Benjamin suene demasiado fuerte para
que ninguno de los dos pueda decir una palabra.
Cuando llegamos a la casa, giro por el camino privado a través de la puerta
abierta. Los autos rodean la curva y unas cuantas personas merodean fuera
con bebidas en la mano. Al llegar a la entrada de la casa, le doy un golpecito
en la pierna para llamar su atención y bajo el volumen de la música. Me mira
con ojos cansados.
—Recuerda todo lo que he dicho. Ni una palabra sobre Josh o sobre esta
noche. Te acompaño al baño y puedes ir a asearte, luego te reúnes conmigo
abajo con una sonrisa en el rostro. —Curvo el labio—. Es hora de la fiesta,
nena.
Cierra los ojos y deja escapar un suspiro de agotamiento.
—Lo que sea. Solo sácame de este maldito auto —Alcanza la manilla mientras
yo pulso el botón de desbloqueo. Salimos los dos a la vez y dejo el auto en
marcha.
Le lanzo las llaves a Stan, el valet, y acelero el paso para alcanzarla.
—¿Cuál es la prisa? Tenemos una eternidad —Le paso un brazo por el
hombro, pero ella se lo quita de encima enseguida.
—No puedo quitar tu semen de mi pierna lo suficientemente rápido. Esa es la
prisa.
—Eres una pequeña cosa sarcástica. Será mejor que dejes esa mierda o te
meteré mi otra mano en el coño más tarde.
Sus ojos se ponen tan en blanco que temo que no vuelvan a bajar.
—Vete a la mierda, enfermo.
Tirando de ella hacia atrás con mi brazo sobre su hombro, aprieto mis labios
en su mejilla.
—¿Lo prometes?
—¡Nunca!
Cuando entramos, suelto el brazo inmediatamente. No quiero que nadie en
esta casa se haga una idea equivocada.
—¡Porter! —Jameson me da una palmada en la espalda—, ya es hora de que
aparezcas en tu propia fiesta —Sus ojos recorren a Marni, que sigue a mi
lado.
Me inclino y le susurro al oído:
—Sube y límpiate. Subiré en un minuto —Una vez que se ha ido, me giro
hacia Jameson—. He estado por aquí. ¿Has visto a Zed?
Sus ojos recorren la fiesta.
—Sí, ese cabrón está por aquí en alguna parte. Probablemente mojando
cabezas en el retrete.
Suena como algo que Zed haría. Solo que la mayoría lo hace como una broma,
él lo haría para intentar ahogarte.
—Muy bien, te veo luego.
Layla y Cara hicieron un trabajo estelar en la decoración de este lugar. Estoy
muy impresionado. Esta mañana les puse unos cuantos cientos en las manos
y les dije que organizaran una fiesta de Halloween épica, y lo consiguieron.
La mitad de los invitados llevan disfraces, la otra mitad no. Busco a Zed en
la sala, pero veo a Marni participando en lo que parece una conversación muy
seria con un par de amigas. No me sorprende, por supuesto que tiene amigas
aquí. Todos vivimos en la misma pequeña ciudad. Sin embargo, no me siento
cómodo con ella interactuando con la gente, sin mí, tan temprano en el juego.
Es demasiado arriesgado.
—Vamos —La agarro de la mano y empiezo a apartarla de las tres chicas con
las que estaba hablando. Ni siquiera miro su reacción, ni me importa lo que
piense ninguna de ellas—. Te dije que subieras. ¿Por qué sigues aquí abajo?
—Basta. Me estás avergonzando —Intenta escabullirse de mi alcance, sin
éxito.
—Me avergüenzas cuando no haces lo que te digo. Deja de pelearte conmigo
o arrastraré tu pequeño culo por estas escaleras. ¿Cuánto te avergonzaría
eso?
Una vez que llegamos arriba, suelto su mano.
» Sabes dónde está el baño, ¿verdad? —Señalo con la cabeza hacia el final del
pasillo—. Después de todo, eso es lo que te metió en este lío.
La observo mientras empieza a caminar, pero se detiene y se da la vuelta.
—Espera, ¿cómo sabías que estaba usando el baño esa noche?
Mordiéndome la comisura del labio, miro a la cámara que está justo encima
de mí y luego vuelvo a mirarla a ella.
Esto satisface su curiosidad, así que continúa su camino.
Con la espalda pegada a la puerta del baño, espero. Y espero. Y espero.
—¿Qué demonios estás haciendo ahí?
El grifo del fregadero ha estado abierto durante diez minutos. Es cierto que
no me he reventado un huevo en unas semanas, pero no ha podido ser un
desastre tan grande de limpiar.
—Necesito otro par de pantalones cortos —grita desde el otro lado de la
puerta.
—¿Qué tienen de malo los que tienes puestos?
La puerta se abre lentamente, haciendo que me enderece. Su cabeza asoma
por la rendija.
—Están todo mojados.
—Así que sécalos y date prisa.
—No puedo, Talon. Los he empapado de verdad. No puedo ir bajar con esto.
—Vamos —La tomo de la mano y la acompaño hasta el otro extremo del
pasillo, hasta la puerta del siguiente nivel. Pongo la mano alrededor del
teclado, introduzco el código y abro la puerta.
—Nunca había subido aquí —dice, cuando llegamos a la cima.
—Nadie lo ha hecho.
Este nivel es mi espacio. Nadie sube aquí. Aparte de una vez que Blakely
subió a ver cómo estaba porque pensó que estaba a punto de suicidarme -lo
cual no era así-, nadie más ha visto mi guarida. Los chicos, las chicas, los
invitados, pueden tener el resto. Esto es mío.
—Vaya. Esto es bonito —dice, mirando a su alrededor y observando mi propio
apartamento privado dentro de mi casa—. Ni siquiera sabía que existía esta
parte de la casa.
—Bien. Porque esta es la primera y última vez que la verás —Entro en el
dormitorio y la dejo allí de pie. Tomo un par de bóxers del cajón superior de
mi cómoda, vuelvo a salir y se los tiro—. Ponte esto.
Ella los sostiene.
—Umm, no estoy usando tu ropa interior.
—Están limpios. Deja de quejarte y póntelos. De nada.
—Esperas que te dé las gracias —Se ríe sarcásticamente—. No hay manera
de que me ponga esto y vuelva a bajar a una casa llena de gente —Los bóxers
vuelven a volar hacia mí.
—Como quieras. Supongo que estarás de bragas en la fiesta. Eso, o tus
pantalones cortos empapados de semen. Tú eliges.
Unos pasos firmes la conducen hacia mí mientras gruñe y gime de agitación
con cada movimiento.
—En serio, estoy muy cansada. ¿Puedo irme a la cama?
Ha pedido en lugar de exigir. Arrastro los dientes sobre el labio inferior
mientras ella se queda de pie con una mano en la cadera, con solo un par de
bragas y la sudadera con capucha que ha llevado toda la noche. Una
expresión de súplica y agotamiento en su rostro.
—Bien. Esta noche dormirás en mi habitación. Hay demasiada gente aquí y
no quiero que nadie te joda. No necesito deshacerme de otro cuerpo pronto.
Ni siquiera pienses en tratar de salir. La puerta estará cerrada, y la alarma
estará activada. He mantenido a la gente fuera de esta parte de la casa
durante un año, puedo mantenerte en ella —Me agacho y tomo los bóxers y
los empujo suavemente hacia su pecho—. Las camisetas están en el cajón de
abajo. Haré que el ama de llaves lave tu ropa sucia, ponla en el cesto —Le
dirijo una última mirada antes de salir. Cerrando la puerta tras de mí, bajo
las escaleras y salgo al pasillo principal, antes de poner la alarma.
—¿Dónde está ella? —Zed viene acechando hacia mí. Sus botas pesan sobre
el suelo de madera.
—Ella está aquí. No te preocupes —Lo empujo y empiezo a caminar hacia la
escalera cuando veo a Tommy y a Lars.
—Una fiesta de muerte, hombre —Tommy sostiene su cerveza. Ya está muy
borracho, no es sorprendente.
Zed se une a nosotros en lo alto de la escalera.
—¿Por qué está ahí arriba? —pregunta. Demasiado preocupado por la forma
en que estoy manejando la situación.
—Ella está a salvo allí arriba. No puede salir y nadie puede tocarla.
—Incluido tú —Zed me clava un dedo en el pecho—. O ese fue tu plan todo el
tiempo. Crees que la vas a tener toda para ti.
Mis manos se encuentran con su pecho, empujándolo con fuerza hacia atrás.
—Vete a la mierda.
—Woah, woah. Déjenlo ya, ustedes dos —Lars interviene—. Solo es la primera
noche. No puedes empezar esta mierda ya. Tenemos un trato. Nadie la toca.
—Mira entre los dos—. ¿Entendido?
—Nadie la va a tocar, incluyéndome a mí. Un trato es un trato —Le tiendo el
puño a Zed, que me lo devuelve.
—Trato hecho —acepta.
Me aseguraré de que nadie ponga un dedo en la bella durmiente. Si lo hacen,
los mataré con mis propias manos.
—¿Crees que sospecha algo? —pregunta Tommy, mientras se balancea de un
lado a otro con una botella de cerveza ya vacía.
—Ella no sabe nada. Y nunca lo sabrá.
Continuará…
Lee más en “Striker” (Redwood Rebels) no se encuentra en español.
Trick or Treat
Calliope James prefiere vivir la vida a través de un lente que bajo los focos.
Por eso, cuando acepta a regañadientes ir con su mejor amiga a una fiesta,
no espera encontrarse al otro lado de la cámara.
Zachary Messiah abandonó el instituto Bay View sin decir ni una palabra.
Ahora ha vuelto.
Él no es el chico que ella recuerda, pero ella es exactamente la chica que él
se ha esforzado por olvidar.
Deberían mantenerse alejados el uno del otro.
Pero es la Noche del Diablo... y esta noche, incluso las buenas chicas
podrían verse tentadas por el lado oscuro.
—Oh, Dios mío —Madison salta delante de mí mientras sale de la
clase—. ¿Adivina lo que he oído?
—¿Descubrieron que la Tierra es, de hecho, plana?
—No —Ella sonríe, dando una gran chupada a su paleta de cereza—. Adivina
otra vez.
—¿Tupac no está muerto?
—Equivocada.
Me doy un golpecito en el labio para darle efecto.
—¿Tilly Myers es realmente virgen y no se acostó con la mitad del equipo de
fútbol durante el verano?
Madison resopla ante eso.
—Todos sabemos que a Tilly le encantan las pollas de los deportistas.
No se equivoca.
Fútbol. Baloncesto. Voleibol. No importa. Si un chico lleva una camiseta, es
un juego justo para el HBIC de la Escuela Secundaria Bay View.
—Bien —Le sigo el juego—. Me rindo.
Nos detenemos en mi casillero para poder intercambiar algunos libros de
texto. Ya estamos a finales de octubre y el último año me está dando una
patada en el culo. Mi nota media es buena, pero todavía tengo que aprobar
mi solicitud si quiero que me acepten en el programa que me interesa.
—Zach Messiah está en la ciudad este fin de semana y Amelia se enteró por
Brendon, que se enteró por su mamá, que va a estar en la fiesta de la Noche
del Diablo.
Me quedo helada al oír su nombre, mi corazón cae en picado mientras respiro
entrecortadamente. Por suerte, aún tengo la cabeza metida en mi taquilla
para que Madison no pueda verme el rostro. Porque sé que me delataría.
—¿Ah sí? —Me recompongo, cerrando la puerta—. Qué bien.
Su ceño se frunce.
—¿Que bien? ¿Eso es todo lo que tienes que decir? Calli, vamos. Es Zach.
—¿Qué quieres que te diga?
Zachary Messiah está en mi pasado, donde debe estar. Da igual que mi
corazón lata un poco más fuerte o que mi cuerpo se agite ante la mención de
su nombre. Solo importa la rabia. La profunda sensación de traición que aún
siento por el chico que me había prometido el mundo y luego me sacó la
alfombra de debajo de mí y me vio caer como si nada.
Como si yo no fuera nada.
Así que sí, eso es todo lo que tengo. En lo que a mí respecta, Zach Messiah
puede pudrirse en el infierno.
—Pensé que estarías más… No sé… ¿Intrigada? —Me da una mirada de
recelo.
—Zach no forma parte de mi vida desde hace casi dos años —Maldita sea. El
hecho de recordar eso me enfurece.
—Lo sé —Su expresión se suaviza—. Solo pensé… no importa.
—¿No me digas que sigues alentándonos? —Dios, es una romántica sin
remedio.
—Pero ustedes estaban tan bien juntos.
—Sí, hasta que se convirtió en el Sr. Popular y decidió jugar con los chicos
populares.
En lugar de la chica rara resentida. La chica que prefería hacer fotos a
protagonizarlas.
Siempre tuve una extraña fascinación por la fotografía, por ver la vida a través
de un lente. Los chicos todavía se burlan de mí por eso. Pero no Zach. Decía
que me hacía interesante.
Había dicho que nuestras esperanzas, sueños y pasiones nos hacían
especiales.
Había dicho que yo era especial.
Hasta que un día, no lo fui.
Todavía no sé qué pasó. Yo estaba en décimo grado y Zach en la secundaria,
y teníamos el mundo entero a nuestros pies.
Y entonces todo cambió.
Así de fácil, Zach me dejó de lado como si no fuera nada, y floreció mientras
yo me hundía en las sombras.
Entonces llegó el tercer año, y Zach y su familia se fueron.
Más tarde me enteré de que había obtenido suficientes créditos para
graduarse antes de tiempo y que se había ido a la universidad a jugar al
baloncesto.
No había visto ni sabido nada de él desde entonces.
Zachary Messiah es una persona más en una larga lista de tipos que me han
abandonado.
Así que no, no me intriga que esté en la fiesta anual de la Noche del Diablo.
Ni siquiera un poco.
Nunca fui una buena mentirosa.

—Oh, mira, es Clickope —Tilly enuncia cada sílaba, sonriendo mientras sus
amigas, también conocidas como los Clones, se burlan mientras yo paso por
delante de su mesa en la cafetería.
—Eso era lamentable cuando estábamos en octavo curso —digo
secamente—. Ahora es simplemente patético.
—Oh, lo siento —Se aprieta el pecho y finge sorpresa—. Tengo toda una
plétora de insultos; ¿quieres oír otro?
—¿Plétora? —bromeo—. ¿Alguien ha estado leyendo el diccionario otra vez?
—Sé lo que significa la plétora, Calli.
—Seguro que sí, Tilly.
—Eres tan jodidamente molesta. No me extraña que no tengas amigos.
—Hoy estás sacando toda la artillería pesada, ¿no?
—Como sea —murmura antes de volver su atención a los Clones.
Sonrío para mis adentros mientras me abro paso entre las mesas para unirme
a la cola del almuerzo. Hubo un tiempo en que las palabras de Tilly me
habrían dolido. Pero ya no tenemos trece años, y por fin me he dado cuenta
de que prefiero ser la chica de la cámara un poco rara y estrafalaria a ser una
zorra insípida cualquier día.
—Ahí estás —Madison me alcanza—. He visto a Tilly molestándote otra vez.
—Oh, no lo sé. He llegado a disfrutar de nuestras sesiones de sparring verbal.
—Añado a mi bandeja un sándwich preenvasado y una manzana.
—No me perderé esto —Su nariz se arruga mientras examina las opciones
menos apetecibles para el almuerzo.
—Siete meses —No es que estuviera contando.
—Y luego la libertad —dice con una sonrisa—. Aunque todavía no puedo creer
que estés aplicando a SU.
—No voy a dejar que mi hermano me dicte dónde puedo o no puedo ir a la
escuela. Siempre he querido estudiar en Steinbeck.
Tienen un excelente programa de fotografía y arte, uno de los mejores del
estado.
—Lo sé —suspira Madison—, ¿pero no será raro, estar en el campus con
Callum?
—Ni siquiera sabrá que estoy allí —Salvo alguna que otra conversación
telefónica tensa y los obligatorios mensajes de texto de cumpleaños y felices
fiestas, mi hermano y yo no hemos hablado en casi tres años.
Callum James es un jugador.
Una de las estrellas emergentes de la Universidad Steinbeck.
Él vive con mi padre en Steinbeck, y yo vivo con mi madre aquí en Bay View.
Una familia desgarrada por los secretos, las traiciones… y el baloncesto.
Pero es mejor así. Puedo confiar en mamá. No me empuja a ser alguien que
no soy, y a diferencia de papá, no se ha pasado toda mi infancia
comparándome con Callum.
—Me quedaré en Bay View y conduciré de ida y vuelta para las
clases —añado.
La universidad solo está a treinta minutos de tráfico. Pienso quedarme en
casa el primer año y trabajar a tiempo parcial para ahorrar algo de dinero
para mi propio apartamento.
El divorcio ha sido complicado, y mamá ya trabaja bastante para mantener
un techo sobre nuestras cabezas y comida en la mesa. Yo ya ayudo en la
tienda de cámaras del centro el fin de semana para contribuir.
—¿Estás segura de que es la decisión correcta? —Madison me sigue mientras
pagamos nuestro almuerzo y encontramos una mesa vacía—. Podrías obtener
ayuda financiera y vivir en el campus.
—¿Con toda esa gente? —Finjo un estremecimiento.
—No todos son tan malos como Tilly. Además, es la universidad, una
oportunidad para extender tus alas y todo eso.
—No quiero desplegar mis alas —digo las palabras al aire.
—Es la universidad, Calli. No el apocalipsis. Encontrarás a tu gente allí.
Porque solo Dios sabe, seguro que no los he encontrado aquí.
—Tengo a mi gente, tú —Le sonrío mientras doy un mordisco a mi manzana.
—Me alegro de que pienses así, porque yo… —Duda, la culpabilidad baña su
expresión—. Yo como que le dije a Finn que iríamos a la fiesta de la Noche del
Diablo con él.
—¿Qué dijiste? —Me desconcierto.
Finn es buena gente. Él y Madison se conocen desde siempre, y aunque juega
al baloncesto en los Bay View Vipers, no es como la mayoría de los chicos del
equipo.
Estoy bastante segura de que tiene algo que ver con el hecho de que ha estado
enamorado de mi mejor amiga desde octavo grado. Justo cuando se deshizo
de su ortodoncia y le empezaron a crecer las tetas.
—Deberías ir —digo, ignorando el hecho de que había dicho que iríamos.
—Nooo, Calli. Tienes que venir. Es el último año, nuestro último año para
hacer recuerdos —Hace un mohín—. Todos los chicos que se gradúan de Bay
View han estado en la Noche del Diablo al menos una vez. Tenemos que ir.
La fiesta de la Noche del Diablo se celebra anualmente la noche antes de
Halloween en la Casa Travers, una vieja casa de playa abandonada en las
afueras de la ciudad. Se rumorea que el tipo que vivía allí en los años setenta
había matado a su mujer y a sus hijos antes de dispararse a sí mismo con la
escopeta. Pero nunca encontraron sus cuerpos, solo el arma y las manchas
de sangre. Era un misterio local y exactamente el tipo de excusa que los
chicos necesitan para salir de fiesta.
—Todavía no puedo creer que no hayan derribado ese lugar todavía.
—De ninguna manera. Es una atracción turística local. La gente vive para
esas cosas. Además, la fiesta no es en la casa, es en la playa. Solo los valientes
entran —Mueve las cejas—. Apuesto a que serían unas fotos increíbles para
tu portafolio.
Levanto la cabeza y entrecierro los ojos.
—No estás jugando limpio.
—Lo sé —Ella sonríe—. Pero realmente quiero ir a la fiesta, y sé que la única
manera de llevarte allí es si puedes traer a tu fiel amiguito.
Cuando lo dice así, me parece raro. Pero a lo largo de los años, he aprendido
que las mejores fotos se encuentran a menudo cuando menos las esperas.
Algunas de mis fotos favoritas son de personas en la comunidad, en su vida
cotidiana. Una pareja sentada en un banco del parque admirando el sol de la
mañana, un paseador de perros disfrutando de un paseo por la playa antes
de que lleguen las multitudes, o gente haciendo su trabajo. Hay tanta belleza
en lo mundano.
—Tengo suficientes fotos para mi portafolio —Miento. Todavía le falta algo.
Me he esforzado mucho en los últimos meses y, sin embargo, sigo
sintiéndolo… insuficiente.
El Sr. Gómez, mi mentor, me ha sugerido que me aleje de mi afición a
fotografiar a gente al azar y que mire con introspección mi vida. Mis
experiencias.
“El arte es una forma de expresión” había dicho. “La junta de admisiones
querrá hacerse una idea de Calliope James a partir de su portafolio”.
Sé que tiene razón.
Aunque sea una mierda.
—Calli, coopera conmigo —Madison deja escapar un suspiro
exasperado—. Sabes, un montón de gente siempre acaba entrando en la casa.
Podrías colarte y hacer unas cuantas tomas.
—Nadie me querrá allí.
—¿Te ha detenido alguna vez? Además, a la gente le gusta quejarse de que
andes con la cámara, pero en secreto, les encanta. Todo el mundo quiere sus
cinco minutos de protagonismo.
Pongo los ojos en blanco ante eso.
—Lo pensaré.
La fiesta me daría una rara oportunidad de fotografiar la casa con el telón de
fondo de un espíritu adolescente imprudente. Puede ser la adición perfecta a
mi portafolio.
—¡Sí! —Madison golpea su mano sobre la mesa, demasiado complacida por
mi concesión—. Será divertido, ya verás. Quién sabe, tal vez incluso
encuentres un chico guapo para…
La miro con dureza. Eso es lo último que quiero.
—Al menos, si Zach aparece, sabrá que no sigues deprimida tras él.
—No me he deprimido.
—Lo hiciste, solo un poco —Su expresión se suaviza, una nota de tristeza se
aferra a sus palabras—. Pero estaba totalmente justificado. Era un imbécil.
—Realmente no me importa Zach —Levanto los hombros en un pequeño
encogimiento de hombros—. Solo éramos niños, y él ha seguido con su vida
ahora. Probablemente ni siquiera se acuerde de mí.
Pero al decir las palabras, mi corazón voluble se aprieta.
Zachary Messiah puede haberse olvidado de mí.
Pero nunca olvidaré su traición.
Odio el espíritu escolar.
Desde una edad temprana, cuando fue evidente que no iba a ser una atleta
como mi hermano, toda la institución me parecía innecesaria. Tal vez fuera
mi aversión a las grandes multitudes o al ruido, o el simple hecho de que no
podía soportar el culto divino que mis compañeros de clase otorgaban a los
chicos que podían lanzar/patear/regatear un balón.
A lo largo de los años, Tilly y sus amigas dijeron que era porque yo estaba
celosa. Que estaba amargada porque nunca atraería la atención de un
jugador. Mi padre decía que era porque nunca entendería lo que se necesitaba
para ser un atleta profesional, que no podía entender el nivel de habilidad y
determinación que se requiere para lograrlo.
Porque el aprendizaje de la fotografía fue, obviamente, un paseo por el parque.
Tal vez estaba amargada y celosa. Al fin y al cabo, me había pasado toda mi
infancia compitiendo con mi hermano y su afinidad natural para manejar un
balón de baloncesto. Nuestro padre se había perdido recitales, bailes de padre
e hija, conferencias de profesores y padres, incluso se había perdido mi
primera exposición en la galería local, todo para apoyar a Callum en su sueño
de jugar algún día en la NBA.
Es difícil amar lo que había sido un recordatorio constante de que nunca
serás lo suficientemente buena.
Los chicos no entendían de fotografía; entendían de concentraciones y fiestas,
celebrando la última victoria de su equipo o compadeciéndose de una derrota
aplastante. El instituto Bay View es el hogar de los poderosos Vipers,
cualquiera que fuera alguien los apoyaba, ¿y si no lo hacías…? Bueno,
entonces no eres nadie.
Madison suelta un gritito mientras el equipo entra corriendo en el gimnasio.
Le doy una mirada socarrona.
—¿Qué? —Hace una mueca—. Es difícil no dejarse llevar por ello. Es un gran
año para Finn.
—Sí, lo sé —refunfuño. Incluso yo sé que los Vipers tienen una oportunidad
de llegar hasta el final esta temporada. Y Finn se lo merece, de verdad, pero
aun así me duele estar aquí sentada y escuchar el discurso del director Garth
sobre cómo los Vipers son el orgullo de nuestra querida escuela.
—Un aplauso para su capitán y el hombre del momento, Finn Hopple.
Madison esta ahora fuera de su asiento, animando como una chica poseída,
junto a todas las demás chicas de la escuela.
—Hopple, Hopple, Hopple —Su nombre se elevó por encima de la multitud,
un ruido monótono. Como si su nombre fuera el latido del equipo.
Pongo los ojos en blanco, apretando los puños contra la barbilla mientras veo
al equipo botar, espolear a mis compañeros, como si ya hubieran ganado el
maldito campeonato.
—¿Qué pasa Bay View? —Finn dice en el micrófono—. ¿Están listos para
jugar?
El ruido es ensordecedor, tanto que me pongo la capucha y aprieto los
cordones. No hay nada como una concentración escolar para ponerme de mal
humor.
Estoy a punto de salir, pero después de pasar la mitad de mi vida luchando
por la atención de mi padre, y fracasando, tengo lo que mi último terapeuta
denominó una personalidad exagerada. Es una forma agradable de decir que
su constante abandono, mi sensación de inutilidad y mi baja autoestima se
habían unido en la irritante necesidad de evitar el juicio negativo del resto de
los adultos de mi vida. Me gusta trabajar duro, me gusta sacar buenas notas
y estoy más que orgullosa de mi impecable registro de asistencia.
Pero a veces… Dios, a veces solo quiero liberarme de las constantes dudas
sobre mí misma y de la ansiedad que me corroe por dentro.
A veces, a pesar de mi buen juicio, solo quiero vivir.
Madison me da un codazo y me siento erguida, tratando de entender qué
pretende Finn con su discurso motivacional. Finn no es un mal tipo;
simplemente ha tomado algunas malas decisiones en su vida al decidir que
el baloncesto es su deporte.
—Y no olviden que este fin de semana es Halloween… así que todos saben lo
que eso significa —Nos sonríe y Madison suelta otro grito. Es tan evidente. No
puedo entender por qué se hace la difícil.
Porque sabe lo que significará para ti. Ignoro el pequeño resquicio de duda.
—Fiesta de la Noche del Diablo en la playa —grita alguien y el director Garth
arrebata el micrófono de la mano de Finn.
—Bien, bueno, gracias Finn por ese fascinante discurso. Y buena suerte a los
Vipers por otra excelente temporada. Por favor, manténganse a salvo este fin
de semana —Un murmullo colectivo de gemidos llena el gimnasio—. Soy
consciente de que es Halloween y quieren celebrarlo, pero el lunes hay clase.
Están advertidos. Cualquier informe sobre comportamiento antisocial,
imprudencia de los adolescentes o consumo de alcohol por parte de menores
de edad será tratado con rapidez.
—Es un pesado —Se ríe Madison.
—Solo está haciendo su trabajo —Me encojo de hombros. Todos sabemos que,
cuando llegue la noche, la advertencia del director Garth sería un susurro
olvidado en la cálida brisa del mar.
Diablos, incluso Garth lo sabe. Solo siente, como nuestro mayor y director,
que es su obligación moral y ética decir lo correcto.
La fiesta de la Noche del Diablo es un rito de paso, entretejido en la tela del
instituto Bay View durante las últimas cuatro décadas. Por supuesto, a
medida que los tiempos cambian, los retos se vuelven más atrevidos y las
fiestas más salvajes.
Pero durante una noche al año, los adultos miran hacia otro lado y dejan que
sus jóvenes experimenten la Noche del Diablo con el ominoso telón de fondo
de la Casa Travers.
Madison me agarra la mano y me sonríe.
—Esta noche va a ser muy divertida.
Y eso, justo ahí, sería siempre la diferencia definitoria entre nosotras.
Madison quiere la experiencia del instituto. Ella quiere tener un último año
épico, para hacer recuerdos y ser un poco imprudente.
¿Y yo?
Solo quiero sobrevivir.

—Hola, cariño —Entra mamá en la cocina, con las manos llenas de bolsas de
la compra—. Un poco de ayuda.
—Claro que sí —Me bajo del taburete y comienzo a ayudarla a desempacar.
—¿Cómo fue la escuela?
—Oh, ya sabes, el director Garth nos dio una lección sobre la importancia del
espíritu escolar.
—Ooh, sé cómo te gustan esos —Se ríe y le guiño un ojo.
—Mi favorito.
—¿Lograste terminar tu portafolio?
—Todavía no. Todavía falta algo. Madison quiere que vaya a lo de la Noche
del Diablo. Cree que me dará las tomas que necesito.
—Calliope James, ¿una fiesta? —Sus ojos brillan—. ¿Quién eres y qué has
hecho con mi hija?
—Oh, confía en mí, mamá. Todavía está aquí. Una fiesta es el último lugar al
que quiero ir, pero… —Me quedo sin palabras.
—¿Estás intrigada?
—No sé, es una tontería —Me aparto de ella y empiezo a añadir conservas en
el armario superior.
—No es una tontería querer tener una experiencia adolescente normal,
cariño. Quién sabe, tal vez lo disfrutes.
—No nos adelantemos —Volviendo a mirarla, sonrío—. Además, ambas
sabemos que no encajo en su molde.
—¿Quién? ¿Tilly y los Clones? Por favor —Una sonrisa cómplice inclina la
esquina de su boca.
Y por eso amo a mi madre. Ella siempre me cubre la espalda sin importar lo
que pase.
—No me querrán allí.
—Por eso exactamente deberías irte. Nadie, y quiero decir nadie, puede decirte
cómo vivir tu vida, Calli.
—Gracias, mamá. Eres la mejor.
—¿Y qué vas a ponerte?
—Jeans y una sudadera con capucha, supongo —No es que vaya a
impresionar a nadie.
Mis ojos se cierran cuando su cara aparece en mi cabeza. Ya no te importa
Zach Messiah, ¿recuerdas?
—¿Calli? —Mis ojos se abren ante la mirada preocupada de mamá—. ¿Qué
pasa, cariño?
—Nada —Sigo desempacando los víveres.
—¿Así que no te has enterado de que cierto hermano Messiah está en la
ciudad el fin de semana?
—¿Lo sabes? —Mis cejas se levantan.
—Me encontré con Julia en la tienda. Ella y Zach están visitando a su prima.
Ella acaba de tener el bebé.
—Eso está bien.
—¿Cómo te sientes… al verlo de nuevo? —Finge estar ocupada, pero siento
que me observa.
—No me importa de ninguna manera.
—Calli, vamos. Es Zach —Mamá piensa que sabe lo mal que me había hecho,
pero no lo sabe.
Nadie lo sabe.
Porque Zach y yo teníamos secretos. Del tipo íntimo. Del tipo que no le decías
a nadie porque eran sagrados.
—Éramos niños, mamá —Controlo mi expresión, negándome a darle a ese
chico ni siquiera una pizca de poder sobre mí—. Las cosas cambian.
—Es una pena. Los dos compartían un vínculo especial y era un chico tan
bueno.
—Eso es lo que siempre dicen —murmuro.
Había crecido escuchando esas palabras. Callum, mi hermano, era una
mariposa social. La gente gravitaba hacia él. Era popular pero amable.
Talentoso pero humilde.
Qué buen chico.
Hasta que eligió a nuestro padre en la separación. Eligió a un narcisista,
mentiroso y tramposo rompehogares antes que a mamá.
Sobre mí.
No puedo aceptarlo.
—Bueno, quién sabe, tal vez se dé cuenta del error que cometió cuando vea
en qué chica tan bonita e interesante te has convertido.
El calor se apodera de mis mejillas. No me llaman linda a menudo, y aunque
sea mi madre, no estoy acostumbrada a escuchar esas palabras.
—Estoy bastante segura de que ni siquiera estaré en su radar, mamá.
—¿Tal vez deberíamos arreglar eso, entonces?
—¿Qué…?
—¿Confías en mí? —Una sonrisa traviesa se extiende por su rostro.
—No, no con esa mirada que llevas —Mis ojos se entrecierran
—No parezcas tan preocupada, cariño. Sabes que siempre te apoyaré a ti y a
las decisiones que tomes, pero eso no significa que no haya estado esperando
durante mucho tiempo el día en que aceptaras ir a una fiesta.
—¿Qué has hecho, mamá? —El miedo me recorre.
—Vamos, es mejor que te lo enseñe.

—¿Qué es eso? —suelto mientras estamos en su habitación.


—Es un vestido, Calliope. Sé que prefieres los jeans, pero seguro que…
—Muy graciosa —Le lanzo una mirada mordaz—. Sé lo que es, pero ¿por qué
lo tienes?
—Lo vi el año pasado en esa boutique que te gusta.
—¿Alara’s? —Es una de las pocas tiendas del centro en las que compro algo.
Tienen una sección de segunda mano, pero también tienen algunas piezas
únicas muy lindas, todas hechas a mano por la propietaria, Alara.
Ella asiente. —Lo vi y supe que tenía tu nombre. Solo necesitabas una razón
para usarlo.
—La fiesta no es de disfraces, mamá —me burlo.
—Lo sé, solo pensé… lo odias —Ella deja escapar un fuerte suspiro y su
expresión cae.
—No, no lo odio —Me acerco a su armario y paso los dedos por el corpiño de
encaje. Tiene medias mangas y un escote corazón, y una gruesa banda de
cuero que se ciñe a la cintura y desemboca en una falda. Tiene un atractivo
gótico con un toque femenino.
—No puedo imaginarme en el —digo.
Mi armario está formado por jeans o pantalones y camisetas y jerséis
sencillos. La mayoría de los días llevo zapatillas de deporte raídas y Chucks
manchados de barro.
Un vestido no es para mí.
—Pruébatelo —me insta mamá, con una leve sonrisa en la boca.
—No sé…
—¿Nunca has querido ser una adolescente por una noche?
—No es justo, mamá.
—Un vestido no te cambiará, Calli —Me dedica una sonrisa
tranquilizadora—. Pero tal vez podrías verlo como una capa o una máscara.
Quizá llevar el vestido te permita salir de tu zona de confort.
—¿Así que es un disfraz? —Mi ceño se frunce y ella suelta una carcajada.
—Solo póntelo. Todo el mundo puede ser un poco salvaje y temerario en la
Noche del Diablo.
Hace que suene como algo bueno.
Mi mirada se dirige de nuevo al vestido. Es hermoso sin ser demasiado bonito
o brillante. Es algo que puedo imaginar llevan las cantantes de mi infancia:
April Lavigne. Hayley Williams. Pink. Gwen Stefani. La actitud femenina
angustiosa había sido la banda sonora de mi juventud, y este vestido es
adecuado para todas y cada una de ellas.
—De acuerdo —Tomo la percha de la puerta del armario—. Pero solo me lo
estoy probando.
—Oh. Dios mío —Los ojos de Madison se abren de par en par—. Te ves…
—¿Ridícula? —Tiro del dobladillo de la falda. Es más corta de lo que esperaba.
Estoy casi segura de que se puede ver la curva de mi culo, pero mamá ha
insistido en que me queda muy bien y me sacó de casa antes de que tuviera
tiempo de pensar en cambiarme.
—Calli, estás increíble. Tus piernas… Creo que no las había visto desde…
—Has visto mis piernas.
—Sí, en la clase de gimnasia. Santo cielo, Finn va a volverse loco.
—Sabes que no soy yo la que se muere por él en secreto, ¿verdad?
—No estoy… —Aprieta los labios, sofocando una pequeña sonrisa.
—Eso es lo que pensaba —Sonrío, antes de colgarme la cámara del cuello.
—¿Has traído la Canon? —pregunta Madison, dirigiendo su mirada a la
cámara.
—Sí, no iba a arriesgar la Nikon —Me he dejado la piel por esa cosa y aun así
solo he podido permitirme un modelo usado y más barato. Tengo mi corazón
puesto en la crème de la crème de las cámaras un día, la Nikon D780, pero
esa cosa esta muy fuera de mi rango de precios.
—Bueno, te ves jodidamente caliente. Creo que deberías dejar la cámara en
casa y disfrutar de toda la atención que vas a recibir.
Mis ojos se posan en el suelo mientras me acomodo un rizo suelto detrás de
la oreja. Mamá ha insistido en darme todo el trabajo. El vestido, el peinado y
el maquillaje. Me siento como una muñeca viviente. Quería que me pusiera
unos tacones, pero me negué a ello y había optado por mis Chucks negros de
caña alta.
—Oh, no, no lo harás, Calliope James. Serás la dueña de esta noche. No te
escondas más detrás de esa lente tuya.
—Madi…
—No. No hay vuelta atrás. ¿Tienes idea de cuánto tiempo he esperado para
que finalmente aceptes venir a una fiesta conmigo?
—Técnicamente —levanto un dedo en el aire mientras empezamos a caminar
hacia la playa—, no dije que sí.
Tampoco había dicho que no.
—Bueno, ya es demasiado tarde para echarse atrás —Señala hacia la hoguera
en la distancia. Figuras sin rostro se apiñan en torno a ella, con la música y
las risas arrastradas por la brisa otoñal.
Me detengo, deslizando mi cámara por el cuello y miro por el visor. Madison
mira hacia atrás, lanzándome una mirada de “¿en serio?”.
—Sigue caminando —digo, ajustando el objetivo para enfocarla. Hago un par
de disparos, comprobando la iluminación.
—¿Se ve bien mi culo? —Se burla cuando la alcanzo.
—Tu culo siempre se ve bien. Al menos, Finn parece pensarlo.
El ceñido traje de gata se amolda a sus curvas y se ha dibujado los más
bonitos bigotes en el rostro.
—Finn y yo estamos…
—Así que esta noche se pone en marcha. —Levanto una ceja y me detengo
para hacer otro par de fotos. La hoguera es un gran punto focal, el reflejo de
las llamas brilla en la superficie del océano en la distancia.
—No lo sé. Es tan… Finn.
—¿Qué significa eso?
—Somos amigos desde siempre. Nuestras madres solían tener citas de juego
cuando éramos bebés. Lo he visto desnudo. Es raro.
—Solo es raro si dejas que sea raro —Mi pecho se contrae. Zach y yo habíamos
sido amigos. Los amigos se convirtieron en algo más que amigos. No era raro,
había sido lo más natural del mundo.
Hasta que no lo fue.
Aparto de mi mente todos los pensamientos sobre Zach. Ya es bastante malo
que este aquí esta noche. No necesito desenterrar viejos recuerdos de
nosotros antes de que él decidiera que yo ya no encajaba en su vida.
Nos detenemos en el borde de la arena. La fiesta está en pleno apogeo, y
reconozco a la mayoría de nuestra clase de último año, y también a algunos
juniors. Las chicas vestidas de vampiros sexy y brujas malvadas bailan en
pequeños grupos, moviendo y sacudiendo las caderas, tratando de llamar la
atención de los chicos que están en las sombras, bebiendo cerveza en vasos
rojos. Incluso alguien se ha tomado la molestia de tallar calabazas y forrar
con ellas el camino hacia Travers House.
—Damas —dijo una voz profunda, y Finn engancha su brazo alrededor de la
cintura de Madison, levantándola en el aire. Sus gritos de risa se elevan por
encima de la música.
—Dios, Finn, bájame —Ella le golpea el pecho juguetonamente, los dos ya
perdidos en su propio pequeño mundo.
Genial. He conseguido ser la tercera rueda en menos de un minuto.
—Estaré… —No miro a ninguna parte en particular y me dirijo a la orilla del
agua.
—¿Es Clickope? —La voz de Tilly suena, haciéndome parar—. ¿Qué demonios
lleva puesto?
Las risas estallan, pero no espero a escuchar sus otros insultos. Mis Chucks
se hunden en la arena hasta que ésta se hace más firme donde el suave regazo
de las olas besa la orilla.
Fue una idea estúpida venir aquí, tratar de encajar cuando nunca lo había
hecho. Pero ahora estoy aquí, irse no es una opción.
Tomo mi cámara y me enfrento a la hoguera, pero esta vez utilizo la Casa
Travers como punto de referencia. Hay algo íntimo en observar la vida a través
de una lente. Como una lupa, ofrece una rara visión más allá de la superficie.
Me hubiera gustado tomar algunas fotos de mis compañeros, pero sé que para
ello tengo que pedirles permiso, así que me limito a hacer fotos oscuras.
Mientras los sujetos no fueran identificables, podría utilizarlas para mi
portafolio.
Hago una foto tras otra, moviéndome a lo largo de la playa para añadir una
perspectiva diferente de la casa. El tiempo se detiene cuando tengo la cámara
en mis manos, y nada importa excepto capturar esa toma perfecta. Hasta que
una sombra oscura llena el visor, borrando el fuego.
—¿Qué…? —Bajo la cámara, preparada para la avalancha de burlas de Tilly
o de alguna de sus amigas animadoras.
Pero mi aliento se atasca en la garganta cuando me encuentro con unos ojos
tan oscuros que me hacen estremecer.
—¿Zach? —Su nombre sale de mis labios con una respiración agitada.
Pasa un rato mientras sigue mirándome fijamente. Es más alto que la última
vez que lo he visto, y por la forma en que su camiseta con estampado de
calaveras se amolda a sus anchos hombros y bíceps, la altura no es lo único
que había ganado.
El aire crepita entre nosotros mientras lo observo, lleno del dolor de nuestro
pasado, de la traición. Siempre he imaginado lo que le diría si volvía a verlo,
pero ahora que está aquí, no tengo nada.
La gente habla de segundas oportunidades, de cerrar y despedirse, pero
quizás algunas cosas se quedan enterradas donde deben estar. El tiempo te
cambia, cose los malos recuerdos. No quiero abrir viejas heridas.
Pero he subestimado el efecto que tendría en mí verlo de nuevo.
Voy a decir algo, cualquier cosa para romper el asfixiante silencio. Pero sus
ojos se entrecierran y sus labios comienzan a moverse.
—¿Qué mierda estás haciendo aquí?
Sus palabras me golpean como una bola de demolición. Han pasado dieciocho
meses desde la última vez que lo vi, casi dos años desde que me sacó de su
vida, y con eso me saluda. Como si yo no fuera más que una suciedad en la
suela de su zapatilla.
—¿Perdón? —La ira sube por mi columna.
—Ya me has oído, James.
No Calliope.
James.
He quedado reducida a mi apellido.
¿Es eso lo que somos ahora?
Dios, ¿por qué me duele tanto?
¿Por qué, después de toda su traición, me importa la forma en que Zach
Messiah me habla?
No ha sido nadie para mí en tanto tiempo. Sin embargo, mi corazón -mi tonto
y voluble corazón- aún no ha captado el mensaje.
—¿Qué? —se burla—. ¿El gato te comió la lengua?
—¿Quién eres tú? —susurro, las lágrimas queman mi garganta. Pero no
quiero llorar.
Hace tiempo que dejé de llorar por los chicos.
En cambio, la emoción se convierte en ira. Me recorre como un incendio, un
infierno que ninguna disculpa podría apagar.
No es que espere una.
—¿Yo? —Se mete en mi espacio, dejándome verlo bien. Tengo que inclinar el
cuello para ver su cara.
Zachary Messiah.
Mi mejor amigo.
Se convirtió en más.
A su vez nada.
El odio se arremolina en sus ojos de tinta, ardiendo de desprecio.
—Oh, dulzura, creo que sabes exactamente quién soy —Se inclina hacia
abajo, llenando mi espacio. Me quedo paralizada. Demasiado fascinada por
sus palabras, por el apodo que me había puesto tantas veces—. Tengo que
preguntarme —su cálido aliento golpea mi piel y un escalofrío me
recorre—, ¿todavía sabes tan dulce?
Zach me da un solo beso en el cuello y mi corazón se detiene. No puedo
moverme, no puedo hablar mientras sus labios permanecen en mi piel. Me
ha hechizado por completo con unas pocas palabras y un beso.
Esto es malo.
Esto es muy jodidamente malo.
—Estás temblando —añade, con esa voz baja y seductora que tiene.
—¿Calliope? —grita alguien, sobresaltándome. Zach se echa hacia atrás como
si lo hubieran abofeteado y me mira con desprecio.
—¿Qué? —Me atraganto, llevando una mano a donde sus labios han marcado
mi piel.
Y entonces dice cuatro pequeñas palabras que destrozan cualquier semilla de
esperanza que aún pudiera llevar, de que, algún día, mi mejor amigo volvería
a mí.
—Aléjate de mí, carajo.

—¿Él dijo eso? —pregunta Madison mientras nos sentamos alrededor de una
de las hogueras más pequeñas.
Asiento con la cabeza, todavía entumecida después de mi encuentro con
Zach.
¿Qué demonios ha pasado?
Todavía no puedo procesarlo.
Zach no se alegró de verme, eso es evidente, pero cuando sus labios tocaron
mi piel, una quietud nos invadió a ambos.
Me sacudo los ridículos pensamientos de mi cabeza. Es solo el pasado,
envolviendo sus dedos alrededor de nosotros y sujetándose con fuerza.
No queda nada entre Zach y yo.
Me rompió el corazón, traicionó mi confianza y me dejó de lado como si no
fuera nada. Pasé un año entero viendo cómo crecía en su nueva popularidad.
Una vez que me dejó, los chicos de Bay View lo recibieron con los brazos
abiertos. Salía con las chicas más populares, se juntaba con los chicos más
populares. Se convirtió en todo lo que siempre nos habíamos prometido que
nunca seríamos.
Zach se vendió al sueño adolescente americano y me dejó en la cuneta con el
corazón hecho jirones, preguntándome qué había hecho yo para merecer
semejante traición.
Tomo un sorbo de la bebida que me ha dado Madison. El sabor amargo me
hace estremecer, pero necesito algo que me alivie el nudo en el estómago.
—Parecía… diferente —reflexiono, observando desde las sombras cómo Zach
se queda cerca de la hoguera más grande. Tilly se ha dirigido hacia él,
pegándose a su lado como un mono araña. La mano de él se dirige casi
instantáneamente a su cintura, y mi corazón se hunde en los dedos de los
pies.
Como si sintiera que le observo, levanta la vista, sus ojos encuentras los míos
en la oscuridad.
—Oh, mierda —dice Madison.
No desvío la mirada. Puede que no pertenezca a este lugar, pero no me
acobardaré.
Una leve sonrisa se dibuja en su boca y siento que debo estar viendo cosas…
hasta que acerca a Tilly a su lado y mete la mano bajo su falda, apretando su
culo.
—Qué completo idiota.
—Me pasé todo el primer año viéndolo con otras chicas —Me encojo de
hombros, ignorando la punzada de dolor.
—Sí, pero, esa es Tilly. Tu archienemiga. Podría haber elegido a cualquier otra
chica.
—Él no lo sabe —digo. Pero me parece una mentira.
Parece que sabe exactamente lo que está haciendo.
¿Pero por qué?
¿Por qué Zach estaba tratando de sacarme de quicio?
Yo no soy nadie para él.
Me lo ha demostrado más de una vez.
La fiesta se alarga.
Una parte de mí quiere irse. Pero la otra parte, la que está decidida a
probarme, se queda.
Cuando Finn y un par de sus amigos del equipo se unen a nosotras, me
escabullo y voy a tomar algunas fotos más. Los adolescentes son cosas
inconstantes. Sobrios, me miran a mí y a mi cámara como si fuera el flagelo
de la escuela, pero si les metes suficientes bebidas, y Madison tenía razón,
todos querían sus cinco segundos delante de la lente.
—Clickope —alguien llama—. Ven a buscarnos a Mayer y a mí haciendo saltos
de rana —Dos tipos se tambalean por la playa, empujándose unos a otros.
Pongo los ojos en blanco y me alejo de la hoguera principal mientras me
acerco a ellos. Negarlos solo atraería más atención.
Casi lo consigo cuando una mano sale disparada de las sombras y me
engancha la muñeca.
—¿Qué…?
—¿Qué estás haciendo, dulzura?
—Suéltame —Me encojo de hombros con Zach y lo miro fijamente.
—Vamos, Clickope, estamos esperando —Sus risas se extienden por el aire,
pero Zach no sonríe. Tiene una mirada asesina.
—¿Dejas que te hablen así?
—Porque, ¿Tú me hablas mucho mejor? —Me quejo—. No somos amigos,
Zach. Lo dejaste perfectamente claro cuando… —Me trago las palabras,
desviando la mirada.
Su presencia es confusa.
Él es confuso.
Unos dedos largos se deslizan bajo mi barbilla, acercando mi rostro al suyo.
—Mírame, Calli —Su voz se suaviza, pero cuando por fin levanto los ojos hacia
los suyos, lo único que veo es odio.
Pasa un tiempo.
Otro.
Hasta que el aire se vuelve espeso y pesado a nuestro alrededor.
—Clickope —vuelve a gritar el tipo.
Zach aspira con fuerza y tensa la mandíbula.
—Debería…
—No —dice, como si la palabra fuera dolorosa de decir—. Solo…
—¿Solo qué, Zach? ¿Qué estás haciendo?
—Vete a casa, Calliope —Me suelta la mano mientras un suspiro frustrado
retumba en su garganta.
—Sabes, siempre me pregunté cómo sería volver a verte —La tristeza envuelve
mi corazón—. Me preguntaba qué sentiría, y tengo que decir que Messiah,
superaste todas las expectativas.
Sus ojos se entrecierran, pero no le doy ninguna explicación. Al soltarme de
su mano, tropiezo en la arena.
—Cal… —Sus palabras se pierden con el rugido de la sangre entre mis oídos
mientras corro hacia los dos chicos que siguen haciendo el tonto cerca de la
orilla del agua. No pierdo el tiempo, me quito la cámara del cuello y me pierdo
en el momento. Pero mientras pulso el botón de disparo, una y otra vez, clic,
clic, clic, estoy segura de haber oído sus palabras en la brisa.
—Puedes correr, Sweet pea, pero no puedes esconderte.
Madison esta borracha. Tiene esa sonrisa bobalicona y esa risita molesta.
Finn está aprovechando al máximo su estado de ánimo de “quiero a todos y
a todo”. Los dos se sientan acurrucados mientras tostamos malvaviscos en el
fuego. Me he tomado un par de copas, el zumbido del licor en mis venas es
mejor que el constante estado de inquietud que siento al saber que Zach está
cerca. No ha vuelto a hablarme; ni siquiera me ha mirado.
Una vez más, yo no soy nada para él.
Pero lo prefiero así, al menos sé a qué atenerme.
—¿Quieres otra copa, Calli? —Byron, uno de los amigos de Finn me pregunta.
—Sí…
—No, no quiere —Zach se cierne sobre mí, un príncipe oscuro que viene a
arruinar toda mi diversión.
—Vete —murmuro, aplastando un malvavisco pegajoso entre dos galletas
graham.
—Messiah, mi hombre —dice Finn—. ¿Cómo va todo?
Zach lo ignora y me mira fijamente.
—¿Qué? —siseo, lamiendo la suciedad pegajosa de mis dedos.
—Mierda, eso está caliente —gime Byron—. Amigo, ¿quieres otra
cerveza? —le pregunta a Zach.
—Tomaré uno. Tráele a Calli un refresco.
—Sí, por supuesto —Byron asiente.
—En realidad —digo, con la indignación ardiendo en mí—. Tomaré una
cerveza.
—Tomará un refresco —Zach mira a Byron con dureza.
—Sí, claro —Se escabulle y Zach se deja caer en la arena a mi lado, sin
molestarse en sentarse en los troncos volcados en los que estamos sentados
los demás.
—¿Cómo es jugar al baloncesto en la universidad? —Finn no pierde el tiempo
bombardeándolo con preguntas.
¿Cómo es el nivel de competencia?
¿Cómo son las fiestas?
¿Cómo es el coño?
Esa última pregunta le cuesta un duro codazo en las costillas de Madison.
—Vamos, nena —Le sonríe—. Es la universidad. Todo el mundo sabe que los
coños universitarios son…
—Y por eso nunca entrarás en mi coño —Le sonríe, pero él explota de risa.
—Oh Dios —La sangre se drena de su rostro—. ¿Realmente acabo de decir
eso?
—Seguro que sí, Mads —digo alrededor de una fina sonrisa—. Quizá
deberíamos irnos —Parece algo borracha y la presencia de Zach se está
volviendo demasiado para mí.
—¿Qué? De ninguna manera —Madison me hace señas para que no me
vaya—. Todavía no hemos subido a la casa.
—¿No me digas que vas a entrar ahí en serio? —Finn se resiste.
—¿No me digas que tienes miedo? —Aprieta su rostro contra el de él, sus
labios prácticamente se tocan.
La lengua de Finn sale disparada, saboreándola. El calor me recorre al verlos
hundirse en el beso.
—¿Te gusta mirar, dulzura? —La voz de Zach es un susurro áspero en mi
oído.
—Vete a la mierda, Messiah —Encuentra su fría mirada con la mía. La lujuria
se arremolina en sus ojos y me pregunta si recuerda. Besos robados y toques
torpes en la oscuridad.
Su labio se curva en una sonrisa de complicidad.
Oh, lo recuerda perfectamente.
¿Pero por qué?
¿Por qué lo hace ahora?
—Calli, yo…
—Ahí estás —La voz sacarina de Tilly me eriza la piel. Me ignora por completo,
haciendo un ademán de posarse junto a Zach y rodearle el hombro con sus
dedos cuidados—. Algunos de nosotros vamos a ir a ver la Casa Travers más
tarde. ¿Te apuntas?
—¿Para qué crees que he venido? —responde fríamente.
—¿Tal vez tú y yo podamos encontrar un rincón tranquilo y volver a
conocernos? —Me lanza una mirada llena de veneno.
—Eres bienvenida a ello —digo, poniéndome de pie y quitando la arena de mi
vestido—. Voy a echar un vistazo.
Madison apenas se separa de los labios de Finn mientras murmura: —Bien,
cuídate.
—No tienes lo que hay que tener —se burla Tilly mientras me muevo alrededor
de ella y de Zach.
—¿Perdón?
—¿Vas a entrar ahí, sola? —se burla—. No engañas a nadie, Clickope, con tu
pobre intento de jugar con los chicos cool.
—Lo siento —Escudriño la zona, haciendo un alarde de mirar arriba y abajo
de la playa—. No veo a ningún chico cool por aquí.
Empieza a maldecirme mientras me retiro, alejándome del banco de arena
hacia la casa.
No miro atrás. No les daré la satisfacción.
Pero siento que los ojos de Zach me siguen todo el camino.
La Casa Travers es un gran lugar con vistas a la playa. En otro tiempo, había
sido acordonada y convertida en un lugar inaccesible para el público. Pero,
con el paso de los años, la valla se había derribado y un grupo de residentes
locales ayudaba a mantener el lugar relativamente limpio y ordenado. La casa
no tenía puerta delantera y las ventanas habían sido retiradas, pero la
estructura original se conservaba en su mayor parte.
Me contengo, queriendo hacer unas cuantas fotos del exterior. El clic, clic,
clic de mi cámara atraviesa el silencio. Comprobando la iluminación de la
pantalla, hago otras cuantas fotos, acercándome y arrodillándome para
cambiar la perspectiva. La casa se cierne sobre mí, oscura y premonitoria.
Pero también hay algo triste en el lugar.
Al llegar a la puerta, el corazón me late desbocado en el pecho. No tengo
miedo. Las historias sobre este lugar no son más que cuentos de fantasmas
contados para infundir miedo en los corazones de los niños. No creo en los
cuentos del viejo Travers que ronda su casa, advirtiendo a los intrusos. Pero
eso no impide que un hilillo de miedo recorra mi columna cuando entro.
—¡Bu!
Me tambaleo hacia atrás, cayendo de culo.
—¡Te tengo! —Dos tipos salen corriendo de la casa en un torbellino de risas y
chocando los cinco.
—Imbéciles —murmuro mientras me pongo en pie y compruebo si mi cámara
esta dañada. Mirando por encima de mi hombro, no veo señales de que nadie
más se acerque.
Tal vez deberías irte. Pero irse se siente como una derrota. Se siente como
dejarlos ganar.
Sin pensarlo demasiado, me meto dentro dejando que la oscuridad me
envuelva. Sacando el móvil, enciendo la linterna y me guío por ella hasta la
escalera. Si pudiera subir las escaleras, podría hacer unas fotos increíbles de
la hoguera. Tal vez incluso unas cuantas fotos geniales del océano.
Las escaleras crujen bajo mis Chucks al subirlas. Las paredes están casi
desnudas, cubiertas de grafitis y de años de declaraciones de amistad y amor
y de esperanzas y sueños adolescentes. Pongo los ojos en blanco cuando veo
el nombre de mi hermano garabateado en un tosco corazón. Incluso en
décimo curso había sido popular entre las chicas.
Una risa lejana se desliza en la brisa, y yo me calmo. No quiero estar aquí
cuando aparezcan los demás. Acelerando el paso, me fijo en lo que hago
mientras navego por la casa abandonada. La oscuridad es aún mayor aquí
arriba, solo el tono plateado de la luna y la luz de mi teléfono móvil iluminan
el camino.
Me acerco a una de las ventanas de la habitación, con vistas a la playa. La
emoción se apodera de mí mientras guardo el móvil y empiezo a preparar la
primera foto. Quiero captar la fiesta, centrarme en la naturaleza temeraria y
salvaje de la juventud.
Hay algo apropiado en inmortalizar a mis compañeros mientras beben y
bailan con el telón de fondo de las llamas en la Noche del Diablo. El parpadeo
del fuego proyecta sus sombras, retorciéndolas y deformándolas hasta
convertirlas en monstruos distorsionados. Parecen tan descuidados, tan
libres. Pero yo sé que todos llevamos máscaras, y no solo los terroríficos
disfraces de esta noche. Sé que todos dejamos que la gente vea lo que
queremos que vea. También sé que esto es todo, la última adición a mi
portafolio, y me invade una sensación de logro.
Mi madre y Madison quieren que este allí abajo, experimentando una noche
de libertad adolescente. Pero yo estoy mucho más cómoda aquí arriba, en las
sombras. Observando, pero nunca participando. No siempre había sido así.
Cuando era una niña, había tenido amigos. Me divertía. Pero cuando crecí,
me di cuenta de que la amistad era inconstante. Las chicas no jugaban
conmigo porque les importaba, jugaban conmigo para usarme para llegar a
Callum. Y cuando Callum se fue, siguieron adelante, sin mí.
No era lo suficientemente interesante. No me gustaba ir de compras ni trenzar
el cabello ni hablar de chicos. Y estaba triste, tan jodidamente triste.
Maldito seas, Callum.
El aire se mueve detrás de mí y me quedo helada, con el corazón chocando
violentamente contra mi caja torácica.
—¿Hola? —Miro por encima de mi hombro y llamo en la oscuridad.
Silencio.
Nada más que un silencio ensordecedor.
Es solo tu mente jugándote una mala pasada. No hay nadie aquí arriba, los
habría oído acercarse. El par de copas que he tomado antes probablemente
fueron una mala idea, el zumbido persistente en mis venas me enturbia la
mente.
Paso los dedos por el anillo de enfoque, obligándome a volver a la tarea que
tengo entre manos. Unas cuantas fotos más y habría terminado, entonces
podría abandonar la fiesta y no mirar atrás.
Pero cuando siento una ráfaga de aire caliente revoloteando sobre mi hombro,
sé que no estoy sola. El miedo se apodera de mí, clavándome en el sitio
mientras me aferro a mi cámara para salvar mi vida.
—Te lo dije, cariño —las palabras de Zach son ásperas, como si se estuviera
tambaleando al borde del control—. Puedes correr, pero no puedes
esconderte.
—Zach, ¿qué…?
Curva su mano alrededor de mi mandíbula, cubriendo mi boca.
—Ssh, ya vienen.
¿Vienen? ¿Qué diablos quiere decir?
Pero entonces las risas llenan el piso de abajo.
—Ella está aquí en alguna parte —Es Tilly—. Sepárense y encuéntrenla. Ya
es hora de que le demos a Clickope un poco de su propia medicina.
Intento zafarme del agarre de Zach, pero su otro brazo me rodea la cintura y
me aprieta contra su duro cuerpo.
Oh, Dios. Cada terminación nerviosa cobra vida, vibrando ante su
proximidad. Quiero odiarlo. Una parte de mí lo odia.
¿Pero cómo es que odias al único chico que te había visto? ¿El chico que te
había dado tu primer beso? ¿Qué te dio algo más que tu primer beso?
Cuerpo estúpido, tonto y traidor.
—No está aquí abajo —grita alguien.
—Prueba arriba —responde Tilly—. Ella todavía está aquí. Vi el flash de su
estúpida cámara.
Sus pasos se acercan. Ahora están en las escaleras.
—No digas nada —Zach respira contra mi oído mientras empieza a tirar de
mí hacia las sombras. Mis Chucks chirrían contra las tablas del suelo,
haciendo que mi corazón caiga en picada.
La oscuridad nos envuelve mientras me mete en una especie de armario
empotrado. El brazo de Zach sigue rodeando mi cuerpo y su mano se extiende
por mi boca, tragándose mi agitada respiración. Quiero protestar, pero el
miedo me tiene asfixiada. Tilly es la chica mala original en un día normal,
pero alimentada por el licor es una perra malvada, y sé que, si intento escapar
del agarre de Zach, solo estaría cambiando un atormentador por otro.
Los pasos llegan al pasillo más allá del dormitorio.
—No puedo ver nada —dice alguien—. Dame tu linterna.
El haz de luz rebotó en las paredes. A partir de la pizca de luz, pude distinguir
que estábamos en la esquina de la habitación, metidos en una especie de
hueco.
La respiración de Zach se endurece cuando su pulgar empieza a rozar mi
cadera. Se me corta la respiración cuando su mano baja, moviéndose
silenciosamente por mi cuerpo hasta llegar a la piel desnuda de mi muslo.
—¿Qué…? —Aprieta su mano contra mi boca con más fuerza.
Esto no puede estar pasando. Estoy en un armario sucio y húmedo con Zach
Messiah, y él me acaricia la piel como si tuviera todo el derecho a tocarme.
La vergüenza me quema. Necesito salir de aquí. Necesito…
—¿Algo? —Tilly entra en la habitación, y juro que mi corazón deja de latir.
—Nada —dice un tipo—. Revisamos toda la casa.
—Ella tiene que estar aquí. La vi entrar.
—Este lugar me da escalofríos. Me voy de aquí.
—Drake, no puedes irte —se queja—. Ella está aquí. Sé que está.
—Así que quédate y encuéntrala. No sé cuál es tu extraña fascinación por ella
de todos modos.
Tilly refunfuña algo en voz baja. Algo que probablemente no quiero oír.
—Bien —concede—. Quiero encontrar a Zach de todos modos. Se acaba de ir.
Siento que sus labios se curvan contra mi hombro cuando empieza a besarme
allí. El calor me inunda. Una tormenta de fuego se extiende por mí mientras
él sigue acariciando mi muslo, subiendo más y más mientras sus labios
marcan mi piel.
En el momento en que sus pasos desaparecen, me zafo de su agarre y me
giro.
—¿Qué demonios fue eso?
—No finjas que no te ha gustado tener mis manos encima, dul…
—No me llames así —siseo—. No puedes llamarme así.
Se acerca a mí como un depredador al acecho de su presa. Retrocedo, el aire
sale disparado de mis pulmones cuando mi espalda choca con la pared.
—Zach…
—¿Me has echado de menos? —Sus ojos están entrecerrados, y una sonrisa
perezosa adorna su cara irritantemente atractiva.
Zach siempre ha sido fácil de ver, pero ha crecido durante los últimos
dieciocho meses. Su nariz, ligeramente torcida, es como una línea que
conduce a sus labios perfectos y a su mandíbula cincelada. Sus hombros
enmarcan una cintura afilada y su cuerpo está lleno de músculos. Es una
obra de arte. Todo líneas duras y ángulos agudos.
Y esta aquí, en una vieja casa abandonada, conmigo.
—No me importas —suelto.
—Podrías haberme engañado, Clickope —dice, con el olor a licor en su aliento,
mientras se inclina y pasa su nariz por mi cuello—. Hueles jodidamente bien.
—Zach, detente —Mis dedos se retuercen en su camiseta.
—Oblígame.
Su desafío me hace vibrar. Este no es el Zach que conocí cuando éramos
niños. Es alguien diferente. Hay algo en sus ojos, una oscuridad que no puedo
descifrar.
—¿Qué te ha pasado, Zach? —susurro. Sus ojos se abren de par en par por
la sorpresa, pero luego se estrechan hasta convertirse en peligrosas rendijas.
—Puedo recordar, ¿sabes? Puedo recordar lo mucho que me deseabas. Lo
desesperada que estabas por mi contacto —Su mano sube por mi vientre,
sumergiéndose entre el valle de mis pechos antes de rodear mi garganta—. Lo
recuerdo todo.
—¿Qué es lo que…?
Su boca se estrella contra la mía, su lengua se introduce entre mis labios,
deslizándose con rudeza contra los míos.
Intento apartarlo, pero su cuerpo se cierra a mi alrededor, atrapándome
contra la pared. Sus dedos se deslizan por un lado de mi cuello y se entierran
en mi cabello, inclinando mi rostro hacia el suyo, dejando que profundice el
beso.
Y yo estoy a su merced.
Mi conciencia me grita silenciosamente que me detenga, que le dé un rodillazo
en las bolas y salga corriendo. Pero mis recuerdos, la chica de quince años
encaprichada con Zach, se suben a la ola de lujuria en la que él me ha
arrastrado. Su beso es posesivo, su tacto como el fuego. Mi cuerpo empieza a
temblar mientras me lame y succiona la boca, saboreándome.
—Joder —gime, presionando más cerca. Lo siento duro en mi estómago.
Grueso y largo y listo. Y mi cuerpo responde.
Le dije a todo el mundo que no me importaba. Que Zach Messiah no era nadie
para mí, pero la verdad es que nunca lo he superado. Llevo su traición como
una armadura, negándome a dejar entrar a nadie. No coqueteaba con los
chicos y ciertamente no salía con ellos, no es que tuviera opciones.
La última persona a la que había besado, la última persona que me había
tocado así… era Zach.
Es casi como si los dos últimos años no hubieran pasado y estuviéramos
retomando el camino donde lo dejamos. Excepto que Zach es más grande y
más fuerte y yo estoy más confundida que nunca.
—Zach, detente… —Respiro, logrando romper el beso lo suficiente para
hablar.
El hambre se arremolina en sus ojos.
—Oblígame —Sus dedos se extienden a un lado de mi garganta mientras se
lanza de nuevo a por mí.
Quiero hacerlo, quiero poner fin a esta locura, pero tal vez es el hecho de que
es la Noche del Diablo, una noche para la inhibición temeraria y la travesura;
o tal vez es el hecho de que estoy cansada de no bajar nunca la guardia; o tal
vez es simplemente porque es Zach. El único chico al que he amado.
El único chico que siempre había querido.
Esta aquí, y me besa como si me necesitara del mismo modo que el oxígeno.
Primitivo.
Necesario.
Vital.
Es una sensación embriagadora ser tan deseada, tan querida. Y, al final, mi
veleidoso y tonto corazón se impone. Obliga a mi conciencia a volver a su
pequeña caja y toma las riendas.
Agarro a Zach con más fuerza, tratando de escalar su cuerpo y aliviar el dolor
que se acumula en mi interior.
—Mierda, dulzura, no pensé que lo dejarías tan fácilmente —Sus dedos se
sumergen bajo mi falda, encontrando la suave carne de mis muslos.
Me quedo quieta, con la respiración entrecortada. ¿Qué demonios estoy
haciendo?
¿Realmente voy a hacer esto?
—Estás temblando —Se burla, sus labios se curvan en una sonrisa perversa
mientras roza mis bragas—. ¿Tienes miedo, Calliope? —La forma en que mi
nombre sale de su lengua suena tan sucia.
—Necesito recuperar el aliento —digo, aplastando mis manos contra su
pecho.
—Vete —Se tensa—. Las chicas buenas como tú no saben jugar con tipos
malos como yo.
—¿Qué te ha pasado, Zach? —repito mis palabras de antes.
Su expresión se ensombrece.
—A menos que vayas a abrir las piernas para mí como una buena niña, te
sugiero que corras.
Algo dentro de mí se rompe y lo aparto del camino con el hombro, tropezando
con la oscuridad. Pero Zach engancha la correa de mi cámara y tira
bruscamente.
—No, por favor…
—Todavía tan obsesionada con mirar —Se burla, tirando con fuerza. La correa
se desprende de la lengüeta y me arrebata la cámara.
—Zach, por favor —Observo con horror cómo se la lleva a la cara y apunta la
lente justo hacia mí. El flash casi me ciega y levanto el brazo para protegerme
los ojos.
—Sonríe, dulzura —Ahora se está burlando de mí, dándole la vuelta a la
tortilla. Sabe que no me gusta que me hagan fotos. Lo sabe, pero lo hace de
todos modos.
Mi Zach nunca habría hecho algo tan cruel.
—¿Por qué? —Mi voz tiembla.
—¿Por qué? —Su ceja se levanta mientras me mira por encima de la
cámara—. ¿Por qué hacemos las cosas que hacemos?
—Zach… —Mi nariz se arruga.
—Sí, Calliope…
—Me estás asustando —Es un juego. Ahora lo entiendo. Un juego enfermizo
en el que me ha atrapado.
El flash vuelve a sonar y aspiro una respiración temblorosa.
—Ese vestido te queda muy bien, dulzura —Avanza con pasos lentos y
medidos. El aire cruje con la tensión, haciendo que mi corazón se acelere.
Más fuerte.
—Deberías volver a la fiesta —digo sin poder disimular el temblor de mi voz.
—Sí, ¿y por qué debería hacerlo?
—Tilly parecía más que dispuesta a…
—No me interesa.
—Antes parecías estar muy cerca.
—¿Estabas mirándome, dulzura? ¿Estabas sentada ahí deseando que fueras
tú con mi mano bajo tu falda?
Zach está casi encima de mí. Sostiene la cámara a un lado, con el dedo justo
en el botón de disparo.
—¿Estabas celosa?
Clic, clic, clic, el flash se dispara en rápida sucesión.
—Si querías que te tocara, solo tenías que pedirlo —Me ha acorralado de
nuevo, inclinándose y rozando sus labios sobre los míos.
—No lo hagas —suplico.
Necesito mantener la cabeza recta, y no puedo hacerlo con Zach tan cerca.
—Todavía me deseas —suelta las palabras contra mi piel—. Prácticamente
puedo sentir lo excitada que estás.
Oh, Dios.
Ahogo un gemido.
Zach se inclina, dejando que su boca se cierna sobre la mía. El flash vuelve a
sonar. Nos está haciendo fotos, juntos. Besándonos.
—¿Qué estás…?
Su lengua se introduce en mi boca, enroscándose en la mía. Pero esta vez no
cedo. Muerdo con fuerza y su gruñido de dolor llena el espacio entre nosotros.
—Joder, Calli.
Aprovecho el momento y me escabullo entre él y la pared.
Zach se lanza tras de mí, pero yo salgo corriendo, directamente a través del
pasillo hacia otra habitación. Está vacía, sin armarios empotrados ni
escondites en los que pueda desaparecer.
—He echado de menos esto, Calli —La voz de Zach resuena en el espacio
desolado—. Te he echado de menos. Joder, te he echado de menos.
También podría haber metido la mano en mi pecho y haberme apretado el
corazón. Zach no me había echado de menos, no podía hacerlo.
No cuando se ha pasado un año entero ignorándome.
Sin embargo, oírlo decir esas palabras me hace sentir algo, algo en lo más
profundo de mi ser.
—Sal, sal de donde sea que estés —Su voz rebota en las paredes—. Creo que
deberíamos jugar a un pequeño juego… ¿Truco o trato, cariño?
Parece que se está alejando, pero no quiero arriesgarme a que me sorprenda
de nuevo. Me aprieto en el rincón más oscuro y espero. Lo más inteligente
habría sido irme, pero Zach sabe que no me iré sin mi cámara. Por eso me la
había arrebatado, para usarla como palanca.
Una moneda de cambio.
Pero la pregunta es: ¿por qué?
El silencio es ensordecedor. Solo el ruido sordo de mi corazón latiendo bajo
mi pecho suena en mis oídos mientras espero que Zach me encuentre.
Porque lo hará.
Porque no saldré de esta casa olvidada de Dios sin mi cámara, y él lo sabe.
Maldita sea Madison y sus brillantes ideas. Desde que me dijo que Zach iba
a estar en la fiesta, supe que era una mala idea.
Solo que no había previsto lo malo que sería.
Dejé que me besara.
Le había devuelto el beso.
Pero Dios, sus labios se sentían tan bien moviéndose contra los míos. Sin
embargo, sus besos son traicioneros.
Él es traicionero.
Tengo que mantener la cabeza despejada y no dejar que se acerque
demasiado, porque estar cerca de Zach es como montar en las tazas voladoras
de la feria. Me desarma por completo, me da vértigo. Me atrae a una falsa
sensación de seguridad antes de arrancarme el suelo.
—Sé que estás aquí en alguna parte, Calli. Y cuando te encuentre… —Las
palabras quedan suspendidas en el aire, enviando una onda a través de mí.
Casi parece enfadado… pero no sé por qué. No fui yo quien lo había dejado
de lado y había borrado su corazón.
Eso fue todo por su cuenta.
Entonces, ¿por qué lo siento como algo personal? ¿Como si tuviéramos
asuntos pendientes?
Le siento entrar en la habitación antes de verlo. Se mueve como un gato con
una agilidad silenciosa. Probablemente es todo el entrenamiento y el
acondicionamiento que hacía para el baloncesto.
—Sé que estás aquí —dice las palabras en voz baja.
—Quiero recuperar mi cámara —Endureciendo mi columna, salgo de las
sombras. Se gira ligeramente, fijando sus ojos tormentosos justo en mí.
—Quizá no quiera devolverla, quizá quiera negociar —Me hace otra foto, el
flash ilumina el espacio oscuro.
—No voy a jugar a tus juegos.
Si lo hago, tengo la sensación de que Zach me destruiría.
Y no podía dejar que lo hiciera de nuevo, por muy bien que se sintieran sus
labios en los míos.
—¿Así que no escuché tu respiración agitada cuando te toqué? —Se acerca
más—. ¿No vi el brillo de la lujuria en tus ojos? —Siento su cálido aliento
revolotear sobre mi rostro— ¿No sentí que me tirabas de la camiseta, que me
acercabas?
Estamos casi pecho con pecho, mi cámara a un lado de nosotros. La sube
mientras me mira fijamente, con su sonrisa burlona.
Clic, clic, clic.
—Todavía me miras con estrellas en los ojos. Incluso después de lo que te
hice. Incluso después de lo que me hiciste.
—¿Qué…? —La pregunta muere en mis labios cuando su mano se desliza por
el lado de mi cuello. Un escalofrío me recorre, pero no es miedo. Es algo más,
algo mucho peor.
Odio sus palabras crueles, su toque engañoso, pero no tanto como me odio a
mí misma por desearlo también.
Dios, estoy jodida.
Porque ellos te dejaron así.
Porque mi padre me descuidó, porque me hizo sentir inútil todos los días de
mi vida, y luego, cuando demostró la mierda que era, Callum lo eligió. Lo
eligió a él y nunca miró atrás.
Las lágrimas me queman el fondo de los ojos, pero las reprimo.
—¿Fue todo una mentira? —susurro en la oscuridad—. ¿Alguna vez
lo…? —Mi columna se endereza mientras me corrijo—. ¿Alguna vez te
preocupaste por mí?
—¿Importa? —Sus dedos se mueven hacia mi mejilla, acariciando la piel allí.
—No —la tristeza brota en mi pecho—, supongo que no.
Se inclina, acercando sus labios a los míos, pero yo aprieto los míos,
negándome a dejarlos entrar.
—Ábrete, dulzura—Las palabras retumban en su pecho—. Déjame probarte.
Necesito probarte de verdad, joder.
La desesperación en la voz de Zach me envuelve y se niega a dejarme ir. Está
perdido, luchando en una guerra invisible que yo no entiendo.
—Calliope, por favor, dame esto —Su súplica rompe algo dentro de mí.
Me rompe.
—Buena chica —Su lengua se hunde entre mis labios y entonces sé que he
perdido lo que sea que fuese esto.
No puedo resistirme y no quiero hacerlo. Quiero recordar lo que se siente al
ser deseada, al ser adorada y venerada.
Dios, quiero recordar.
—Zach —susurro mientras me arrincona contra la pared, con su boca sobre
la mía. Duro y contundente. Implacable.
La cámara vuelve a apagarse, pero eso no me impide devolverle el beso,
enroscar mis dedos en su cuello y arrastrarlo más cerca.
—Una noche —murmuro—. Tienes una noche.
Ni siquiera sería una noche. Sería un momento.
Un único momento de locura en el que dejo de luchar contra la guerra
constante dentro de mi cabeza.
—Necesito sentirte, ahora, Calli —Sus dedos recorren mi muslo. Pero
entonces se aparta y se agacha, colocando mi cámara en el suelo. Cuando
vuelve a levantar la cabeza, lo veo. La rabia que cruza sus ojos como
relámpagos en una tormenta. Zach me odia. Casi tanto como yo lo odio.
Tal vez incluso más.
Solo que no sé por qué.
—¿De verdad vas a dejarme hacerlo? —Su voz era fría de nuevo—. ¿Follarte
en la oscuridad mientras tus amigos están de fiesta en la playa?
—No son mis amigos —Decido ignorar su pregunta a pesar de la forma en
que reverbera en mí, destrozando mi corazón.
—No, nunca has jugado bien con los demás, ¿verdad? —Zach me acaricia el
costado del cuello mientras su otra mano desaparece más arriba de mi falda,
hasta que está allí. Acariciándome. Presionando su pulgar contra mi clítoris
de una manera que hace que mi cabeza caiga contra la pared.
—¿Estás mojada para mí, dulzura?
—¿Por qué no lo averiguas? —Mi ceja se arquea, un rayo de confianza me
atraviesa.
—Eres diferente —dice resignado.
—Tú también.
Una mirada oscura cruza su expresión.
—Oh, no sabes ni la mitad.
—Yo… —La palabra se atasca en mi garganta cuando sus dedos se enganchan
dentro de mis bragas húmedas y se deslizan a través de la humedad.
—Jesús, Calli —Se inclina hacia mí y me muerde el lóbulo de la oreja. Zach
empuja lentamente un dedo dentro de mí—. Estás tan jodidamente apretada.
¿No has dejado entrar a nadie más aquí? —Se aparta para mirarme y yo
aprieto los labios, forzando las lágrimas—. Joder, no lo hiciste… No me
extraña que lo desees tanto.
Sus palabras duelen, pero ni de lejos son tan abrasadoras como sus manos
sobre mí.
Apoyando una mano en la pared junto a mi cabeza, Zach me mira fijamente
mientras empieza a trabajar en mi con sus dedos. Su pulgar traza lentos y
tortuosos círculos sobre mi clítoris hasta que me retuerzo, perdida en una
sensación devastadora.
Siempre he sabido que mi corazón pertenece a Zach Messiah. Solo que no me
había dado cuenta de que lo rompería más de una vez.
Pero se lo permito.
Lo dejo tomar lo que necesita porque yo también lo necesito.
Necesito hasta el último toque antes de que me deje fría y vacía una vez más.
—Sí, eso es, Calli, monta mi mano —Es más rápido, más fuerte, bombeando
dentro y fuera de mí como si quisiera verme destrozada.
—Dios —gimo—. Se siente…
—Lo sé, cariño. Lo sé —Zach arrastra su lengua por mi mejilla antes de
besarme con hambre. Pero no puedo respirar, es demasiado.
Es demasiado.
Y justo cuando creo que no puedo aguantar más, salgo volando por el borde,
apretándome a su alrededor mientras grito su nombre en la oscuridad.
Sin embargo, Zach no me deja recuperar el aliento, no me da tiempo a pensar
mientras su mano se dirige a sus jeans y se desabrocha el botón,
empujándolos hacia abajo sobre sus caderas. Sus grandes y fuertes manos
pasan por debajo de mi culo y me levantan, presionándome contra la pared.
Lo siento en mi centro, duro y preparado, y medio esperaba que me penetrara
sin previo aviso. Pero en el último segundo, se calma y su expresión se
suaviza.
—¿Estás segura?
¿Lo estaba?
No.
Tal vez.
No quiero ser esa chica, la que deja que su ex, lo que sea que seamos, se la
folle en un frío y oscuro edificio abandonado.
Pero tampoco quiero decir que no.
—¿Estás. Segura? —grita cuando no respondo.
No puedo decirlo.
Por un segundo, mientras Zach me mira fijamente, con los músculos de su
mandíbula esforzándose, creo que debería detener esta locura. Me imagino
que me bajaría al suelo, me devolvería la cámara y se disculparía por haber
dejado que las cosas fueran demasiado lejos.
Pero mi Zach hace tiempo que ha desaparecido, y no me sorprende cuando
gime:
—A la mierda —Y se abalanza sobre mí.
Mis tobillos se fijan a su espalda, saboreando su sensación. Una lujuria
líquida me recorre. Me siento drogada. Embriagada de él. Excitada por la
sensación de él moviéndose dentro de mí.
—Zach… —jadeo.
—¿Sí, cariño? —canturrea contra mi hombro mientras empuja con más
fuerza. Más rápido. Sin importarle que mi espalda roce la pared desnuda.
—¿Por qué se siente tan bien? —Me ahogo.
—Porque eres mía, Calliope —Su mano se dirige a mi garganta,
inmovilizándome allí—. Siempre has sido mía.
Mentiras.
Más mentiras.
Fui suya una vez antes de que se aburriera de mí. Antes de que decidiera que
yo no era lo que quería.
Pero no hay más palabras entre nosotros mientras sigue follándome contra
la pared en la oscuridad de Travers House mientras mis compañeros de clase
se divierten en la playa de abajo.
—Joder, Calli… —gime, sus dedos se clavan en mi cadera. Me dejará
moretones, pero al menos entonces sabré que esto es real. Al menos mañana,
cuando salga el sol y la vida continue, sabré que, solo por un segundo, he
experimentado lo que es ser el centro del mundo de Zach Messiah de nuevo.
Olas de placer se acumulan en mi estómago, extendiéndose por cada
terminación nerviosa hasta que me estremezco sobre él.
—Zach, estoy…
—Ssh, Calli, cariño, sé lo que necesitas —Me baja el escote del vestido y
empieza a besarme los pechos, atrayendo un pezón a su boca caliente. Grito,
apenas capaz de soportar la intensidad de su contacto.
—Córrete para mí, dulzura. Ahora —Raspa sus dientes contra la piel sensible
y muerde con fuerza, y yo me desgarro—. Jesús… —dice con voz ronca,
todavía metiéndose dentro de mí con profundas caricias—. Joder, Calli…
joder —sisea mientras su cuerpo se tensa y se sacude dentro de mí.
Nos quedamos allí, yo atrapada sobre él, él quieto y silencioso, nuestros
pechos agitados entre nosotros. Mi piel está húmeda, mis muslos doloridos
de la mejor manera.
—Zach —susurro, rompiendo la tensión que nos envuelve.
—Joder —grita, saliendo de mí y dejándome caer al suelo. Un hilillo caliente
me recorre el muslo.
—No usamos condón.
—No me digas —Sus ojos permanecen entrecerrados en los míos mientras se
pasa una mano por el cabello.
—No pasa nada. Estoy en control de la natalidad.
Pero no está bien. Esta en la universidad. Yo sé lo que eso significaba. Sé que
probablemente tiene una fila de chicas que querían su oportunidad con el
jugador estrella.
—Me haré la prueba —digo, mi cerebro ya cambiando al modo de
autoconservación.
—Mierda, Calli. Crees que… —Su mandíbula se tensa—. No suelo hacer eso.
—¿Quieres decir que no tienes la costumbre de tirarte a tus ex amigas contra
la pared sin condón? Es bueno saberlo —siseo, reajustando mi falda e
intentando limpiarme con el material.
Dios, ¿qué había estado pensando?
No lo pensaste. Nunca lo hacía mucho cuando Zach estaba cerca.
Me agacho para recoger mi cámara.
—Calli —Zach me agarra la muñeca—. Mírame.
Lentamente, levanto mis ojos hacia los suyos y espero.
—Esto fue…
—Un error —Mi estómago se hunde—. Sí, creo que recibí el memo.
Me suelta la mano como si le hubiera quemado físicamente, lo que resulta
irónico teniendo en cuenta que es él quien rompe corazones esta noche.
—Así que eso es todo, ¿eh? —Sus palabras me hacen reflexionar al llegar a la
puerta.
—¿Hay algo más? —Miro hacia atrás, encontrando su mirada tormentosa por
última vez.
—No, supongo que no hay.
Salgo de allí con la cabeza bien alta, aunque mi corazón esté destrozado.
Venir aquí esta noche ha sido un error. Pero mientras me alejo de la Casa
Travers, no puedo evitar que una leve sonrisa curve mis labios.
Zach me ha herido esta noche.
Ha dicho cosas. Hizo cosas. Cosas que han abierto viejas heridas y hecho
otras nuevas.
Pero tengo la extraña sensación de que no seré la única que saldrá de esta
noche con nuevas cicatrices.
—¿Dónde diablos te has metido? —Madison suena medio dormida.
—Te envié un mensaje para decirte que me iba.
—Estaba un poco preocupada —Escucho la sonrisa en su voz.
—No me digas. ¿Tú y Finn…?
—Lo siento, Calli —susurra.
Frunzo el ceño ante eso —¿Perdón? No hace falta que te disculpes.
—Lo sé —Su voz es dócil—, pero si Finn y yo estamos juntos… tú estarás…
—Bien, Madison —dejo escapar un suspiro resignado—. Estaré bien.
Mi estómago se siente hueco, y no solo porque Madison hubiera cedido
finalmente a sus sentimientos por Finn.
Había pasado la última hora agonizando sobre si subir o no las fotos de
anoche. Pero no quiero verme a mí misma. No quiero ver el rubor de mis
mejillas, la lujuria que se arremolinaba en mis ojos.
La noche anterior había sido obra del Diablo.
Una noche de locura.
Una pesadilla.
Excepto que no fue así.
Tengo las marcas de los moretones para demostrarlo.
—Me alegro por ti —digo, sacando de mi cabeza todos los pensamientos sobre
Zach Messiah.
Fue una noche, un grave error de juicio. Uno que no volverá a ocurrir.
—¿De verdad? Te prometo que no te abandonaré. Es el último año.
—Madison, está bien —No puede sacrificar su oportunidad de ser feliz por mí,
aunque tenga un gusto horrible para los chicos—. Solo no me pidas que vaya
a sus juegos —digo—. Yo trazo la línea en eso.
—Calli, tú…
—Hablo en serio, Mads. Sé que te gusta Finn —Diablos, incluso a mí me
gustaba—. Pero no puedo hacerlo —Especialmente, no después de la última
noche.
—¿Qué pasó contigo y con Zach, de todos modos? Los vi hablando.
—No ha pasado nada —Controlo la emoción en mi voz.
—¿Estás segura? Te fuiste a la casa y él simplemente… desapareció. Tilly
pasó el resto de la noche quejándose de ello.
—¿Se fue? —No sé por qué eso me llena de alivio.
Excepto que lo hace.
Si se hubiera ido, al menos no habría vuelto con Tilly. No estoy segura de que
hubiera sobrevivido a escuchar eso.
—¿Zach hizo algo…?
—No, ¿por qué preguntas eso?
—No lo sé. Solo pareces… fuera de lugar.
—Estoy cansada es todo y estresada por el portafolio. El Sr. Gómez tiene
razón. Tengo que hacerlo.
—Relájate, lo tienes. Lo vas a conseguir.
—Eso espero —Nadie entiende realmente por qué quiero ir a SU. Hay otras
escuelas, a las que mi hermano no asiste. Pero SU siempre ha sido mi sueño
también. No se trata de seguir a mi hermano allí, ni de demostrar nada -
aunque con el tiempo, eso se ha convertido en parte de ello-, sino que lo
quiero.
Siempre lo he querido, y que me condenen si dejo que mi padre o mi hermano
me lo quiten.
—¿Noche de chicas más tarde? —pregunta, sacándome de mis
pensamientos.
—Claro. Quiero subir estas fotos y ver con qué tengo que trabajar.
—Por supuesto que sí —Madison ríe—. Ya sabes, está bien relajarse de vez
en cuando.
—Lo sé, solo me gusta…
—Seguir algo a través—dice—. Estoy orgullosa de ti, sabes. Por venir anoche,
aunque me hayas abandonado.
—Yo no… —Me trago las palabras.
—¿Calli?
—Sí, todavía estoy aquí —suelto en voz baja.
—¿Por qué tengo la sensación de que no me estás contando todo?
—No hay nada que contar.
Dios, odio mentirle. Odio la vergüenza que siento en la boca del estómago.
Pero si se lo digo, solo le daría una excusa para fastidiarme con Zach. Y lo
último que quiero es que me recuerde a él día tras día.
Hace dieciocho meses, se fue de Bay View sin siquiera despedirse, pero me
había dejado mucho antes.
Anoche no fue una vuelta atrás. No fue el comienzo de algo.
Fue el cierre.
Fueron casi dos años de angustia, dolor y rabia encendiendo una cerilla
debajo de nosotros. No sabía las razones de Zach para lo que había pasado
anoche, pero sí las mías.
Necesitaba una noche más con él. Necesitaba la confirmación de que lo que
había pasado entre nosotros, lo que había sentido por él entonces, no era solo
un sueño.
Madison no lo entendería.
Diablos, yo no lo entendí.
Pero ya estaba hecho, y aunque no quería volver a ver a Zach Messiah, no me
arrepentí de la noche anterior.
—Bien, guarda tus secretos, Calliope James. Te llamaré más tarde cuando
termine de cuidar a los niños de los Krogers.
—Hasta luego.
Colgamos y coloco el móvil en la mesita de noche, arrastrando el portátil sobre
mis muslos. La tarjeta de memoria casi había terminado de importar las
imágenes.
La anticipación rebota en mi estómago cuando abro la carpeta y las cargo
como una presentación de diapositivas. Aunque ya he visto todas las
imágenes la noche anterior, al asimilarlas fue como si las viera por primera
vez. Me pierdo en el resplandor ámbar de la hoguera, las figuras borrosas
bailando y riendo. Mi boca se curva, una sensación de orgullo se instala en
mis huesos cuando llego a las fotos de Travers House y la playa de abajo.
Había acertado; las tomadas desde la ventana de la habitación, son algo más.
Pero son las que aún no he visto, las que Zach había tomado de mí, las que
me roban el aliento.
Foto tras foto, mi rostro llena la pantalla. Había captado mis emociones más
crudas: la conmoción, la irritación, la ira… la lujuria, todo estaba pintado en
mi rostro. Está en el rubor de mis mejillas, en la leve separación de mis labios,
en el deseo que se arremolinaba en mis ojos. Mi estómago se aprieta cuando
llego en los que me está besando, nuestras bocas fusionadas. Los dedos de
Zach se demoran en mi cuello. En ese momento, me pareció agresivo, una
marca de posesión. Pero la fotografía cuenta una historia diferente. Muestra
a un chico besando a una chica con tanta pasión, tanta ternura, que me da
vueltas en la cabeza. Nos vemos bien juntos. Sí.
Parecemos dos personas enamoradas.
Ese pensamiento es como un puñetazo en el estómago.
Eso no es lo que fue anoche.
Zach no me quiere. Después de la forma en que me ha tratado, no estoy
segura de que alguna vez lo hubiera hecho.
Pero la foto pinta mil palabras.
Me hundo contra las almohadas, dejando escapar un suspiro exasperado. Mis
dedos revolotean hacia mis labios, recordando cómo se sentía al besarlo.
Estaba tan enfadado, tan contundente. Y había dicho cosas, cosas que no
tenían sentido.
Frotándome el talón de las palmas de las manos contra los ojos, intento
apartar de mi cabeza todos los pensamientos sobre Zach. Fue una noche.
Un momento de locura.
Él volvería a la universidad y yo seguiría aquí, contando los días para la
graduación.
La vibración de mi móvil sobresalta mis pensamientos y lo tomo de la mesilla
esperando ver el nombre de Madison. Pero es un número desconocido. Me
tiemblan las manos al pulsar abrir.
Todavía puedo saborearte.
El calor me inunda al leer las palabras.
¿Zach?
Le doy a enviar, esperando. Su respuesta llega directamente.
¿Dejaste que otra persona te follara anoche?
Sus palabras pican. ¿Es eso lo que realmente piensa de mí?
¿Qué quieres?
Me debes algo…
???
Una foto.
Mis cejas se fruncen. Seguramente, no quiere decir…
¿Quieres que te envíe una foto?
Quiero una de las fotos que te hice anoche.
No, en absoluto.
Esta alucinando. Completa y totalmente delirante.
Envíame la foto, Calli, o le diré a todo el mundo cómo dejas que los
chicos malos te follen en los rincones oscuros de las casas embrujadas.
No lo harías…
Pero lo haría. Porque el Zach con el que había estado anoche no es mi Zach.
No era el chico con el que una vez compartí mis más oscuros secretos.
No era ese chico.
¿Quieres correr ese riesgo?
¿Cómo sé que no vas a compartir la foto por ahí?
No puedo creer que esté considerando negociar con él. Pero si la gente se
entera, no vale la pena pensarlo.
Supongo que tendrás que confiar en mí.
Como si eso fuese a suceder. Claramente, anoche había estado bajo algún
tipo de hechizo o atrapada en una especie de Twilight Zone deformada.
¿Por qué?
Porque puedo… porque quiero recordar la noche en que la correcta
Calliope James se me entregó.
Estás enfermo.
Mi cuerpo tiembla de indignación, las lágrimas se acumulan en mis ojos.
Anoche no te quejaste.
No respondo de inmediato, tratando de averiguar cómo diablos salir de este
lío. Pero él está claramente impaciente, con otro texto sonando.
Última oportunidad dulzura…
¿Una foto?
Me muerdo el labio inferior, esperando no estar cometiendo un error
gigantesco.
Una foto tuya de anoche, sí.
Sin pensarlo demasiado, tomo mi portátil y me envío por correo electrónico la
foto de Zach y yo besándonos. La guardo en el rollo de la cámara de mi
teléfono, abro un nuevo mensaje de texto y la adjunto. Le doy a enviar,
royendo mi pulgar mientras espero su respuesta.
Estúpidamente, espero que la foto de nosotros juntos reavive algunos de sus
recuerdos de nosotros. De mí. No porque quisiera retomar las cosas, sino
porque quiero entender qué ha salido mal. Quiero saber qué he hecho para
merecer su traición.
Pero nunca llega.
Pasa un minuto.
Y otro.
Hasta que me siento durante diez minutos mirando mi teléfono, deseando
que suene.
Cuando me doy cuenta de que Zach no va a devolverme el mensaje, me seco
los ojos y respiro hondo.
Zachary Messiah me ha herido ya dos veces.
Pero seguro que no tendrá una tercera oportunidad.
Continuará...
Este relato pertenece a “On The Rebound”, no está en español.
Vicious Games
Salgo por la puerta principal de la escuela después del primer día de mi último
año. Alrededor del veinte por ciento de mi clase abandonó después del primer
año. Una de esas deserciones fue mi mejor amiga, Tish. Es una pena no
tenerla aquí hoy porque ha sido mi persona desde el primer año. El sol me da
en los ojos y los entrecierro, mirando a mí alrededor. Los chicos están de pie,
en grupos, fumando cigarrillos al otro lado de la acera, lo que significa que no
están en la escuela. Hay una fila de autos de policía alineados a lo largo de la
calle. Me pongo los auriculares en los oídos y subo la música de mi iPod. La
canción “If I ruled the World” de Nas llena mi mente, y la ironía no se me
escapa. Estoy en el fondo de la cadena alimenticia. No tengo ninguna
posibilidad de gobernar el mundo. Entre la pobreza de mi padre y una
educación de mierda, estoy estancada. Sin embargo, una chica puede soñar
con cómo sería el mundo si gobernara. Para empezar, habría exigido a mis
padres que fueran padres de verdad y asumieran responsabilidades. Recibiría
una educación en la escuela y no tendría que enseñarme todo lo que sé a
través de los libros de la biblioteca. Pediría una sanidad universal y mejores
programas de tratamiento para ayudar a los adictos a las drogas.
Me muevo al ritmo de la canción de Nas. Estoy en el equipo de baile de hip
hop de mi escuela. Al menos puedo ponerlo en mi solicitud para la
universidad. Eso, si es que termino calificando para una beca.
El sol está caliente hoy. Michigan es conocido por sus veranos calurosos y
húmedos y sus inviernos más fríos que el infierno. No lo odiaría tanto si
hubiera crecido aquí. Soy una chica californiana por dentro, pero nadie lo
sabe por aquí. No quería exactamente que me patearan el culo en el primer
año porque era una chica rica y presumida que bajaba de categoría. Tenía
que interpretar el papel. Por suerte, soy adaptable. Como un animal, me
adapté a mi nuevo entorno sin problemas. Bueno, en realidad no fue
impecable. Pasar de rico a pobre tiene sus desventajas. Como tener hambre
todo el maldito tiempo y tener que cuidar de tu padre drogadicto. Mientras
que, en mi vida anterior, mi mayor preocupación era la pintura astillada en
mis uñas.
Un auto pasa junto a mí al doblar la esquina. Conozco a los tipos que van
dentro poniendo música a todo volumen. Son algunos de los muchos
traficantes locales. Siento que me observan, pero no levanto la vista. He
aprendido a mantener la cabeza baja y a ocuparme de mis propios asuntos.
Paso por delante de la pizzería. Hay una fila de autos de policía estacionados
fuera. Decido comprarme un trozo de pizza porque lo más probable es que no
tengamos comida en la nevera.
Me saco los auriculares.
—Hola, Liv —El dueño, Mario, sonríe. Se ha portado muy bien conmigo a lo
largo de los años. Incluso cuando no tengo dinero me da de comer.
—Hola —respondo—. ¿Qué pasa con todos los autos de policía?
Se encoge de hombros.
—No tengo ni idea. Vi a un grupo de policías pasar por aquí.
Un momento después, llega una ambulancia. Las sobredosis no son tan
inusuales por aquí.
—Algo malo debe haber pasado —dice Mario, seguido de un silencio. Yo
también guardo silencio. Es como si presentáramos nuestros respetos a lo
que sea que haya pasado—. En fin. ¿Qué puedo ofrecerte, chica?
—Sólo una rebanada simple, por favor —digo.
—Enseguida —responde con una cálida sonrisa. Mario’s Pizza es un negocio
familiar. Mario trabaja aquí con su mujer y, en ocasiones, sus dos hijos
adolescentes también ayudan—. ¿Qué tal el primer día de tu último
año? —pregunta.
—Lo que esperaba que fuera. Un grupo de niños a los que no les interesa
estar allí. La profesora se pasó la mayor parte del tiempo llamando su
atención. Para cuando lo hizo, repartió el programa de estudios, repasó la
mitad y sonó la campana.
Mario no vive en este barrio. Vive en un barrio de clase media con buenas
escuelas.
—Sabes, Tommy se ha ofrecido a darte clases particulares gratis cuando
quieras —dice. Sé que tiene buenas intenciones, pero no creo que Tommy,
que también está en el último año, esté interesado en ser solo mi tutor. Al
menos, no me ha dado esa impresión. Tal vez sea porque la última vez que
estuve aquí, me ofreció llevarme en su asiento trasero. Acentuó las palabras
asiento trasero con un guiño.
—Gracias, Sr. López. Le agradezco la oferta, pero iré a la biblioteca y utilizaré
sus libros de texto en línea. Soy un autodidacta. —Suspiro.
—Tienes una buena cabeza sobre los hombros. Vas a estar bien —dice. Se
aleja hacia el horno de la pizza y saca mi porción. La coloca en un plato de
papel y veo el vapor que sale del queso pegajoso. Mi estómago gruñe. Busco
en el pequeño bolsillo de mi mochila donde sé que tengo un billete de cinco
dólares.
—No, no te molestes. Hoy invita la casa —dice Mario.
—Por favor, déjeme pagarle —Suspiro. Es una buena persona, pero me hace
sentir mal, como si me estuviera aprovechando de su naturaleza amable.
—Tu dinero no sirve aquí, Liv. Además, puede que necesites comprarte un
café si te quedas estudiando hasta tarde —dice. No se equivoca.
—Muchas gracias. Quizá pueda pasarme el sábado y ayudarlos a
limpiar —digo. Todos los sábados hacen una gran limpieza del local después
del cierre. Vengo a ayudar y luego como bocadillos de ternera con toda la
familia López.
—Suena bien —Sonríe.
Tomo la pizza para llevar, pensando en comérmela arriba en nuestro
apartamento. Papá no ha estado en casa desde ayer. Debería asegurarme de
que no nos han robado. No es que haya mucho que llevarse, pero hemos
tenido algunos robos a lo largo de los años, ya que papá es un conocido
consumidor en nuestro barrio, y a veces la gente entra por las drogas.
Papá no es un tipo horrible. Aceptó acogerme después del séptimo grado
cuando mi vida en casa se volvió insoportable. En ese entonces, él era un
músico a tiempo completo. Tocaba en clubes de toda la ciudad. Con los años,
su consumo empeoró y perdió un concierto tras otro. Ahora no sé de dónde
saca el dinero. A veces parece que puede estar vendiendo drogas. Pero prefiero
hacer la vista gorda. Sólo necesito terminar este año y marcharme a la
universidad. Entonces podré empezar mi propia vida.
Me dirijo al lado del edificio y abro la puerta. Es entonces cuando oigo voces.
Subo las escaleras rápidamente. Nuestro apartamento está justo encima de
Mario’s Pizza. ¿Cómo no me di cuenta de que la policía se dirigía hacia aquí?
Cuando llego a lo alto de las escaleras, se me doblan las rodillas. Hay una
camilla en nuestra sala de estar con un cuerpo sobre ella, una sábana blanca
cubriéndolo.
—¿Es usted Olivia Kent? —me pregunta un oficial alto con ojos amables.
Asiento con la cabeza.
—Sra. Kent. Lamento informarle del fallecimiento de su padre —dice el oficial
con cuidado.
Mi corazón se acelera y las lágrimas me pican los ojos. No era el padre del año
ni mucho menos, pero era el único que tenía.
—¿Qué ha pasado? —pregunto.
—Todavía no estamos seguros. Lo encontramos con una aguja en el
brazo —dice el oficial, y tiene la gracia de hacer una mueca de dolor.
—Ya veo. —Me acerco al sofá y miro fijamente el espacio que tengo delante.
Una parte de mí ha sabido durante mucho tiempo que esto podría suceder.
Egoístamente, esperaba que papá esperara a que me graduara.
—Nos pusimos en contacto con tu escuela, pero dijeron que ya te habías
ido —explica el oficial—. Tienes a Walter y Sophia Grant como parientes
cercanos. ¿Podemos llamarlos? Teniendo en cuenta que todavía eres menor
de edad, necesitarás un lugar donde quedarte —explica el oficial.
—Son mis abuelos, pero viven en California —explico.
—La escuela se pondrá en contacto con ellos —responde el oficial—. ¿Tienes
algún sitio al que ir por el momento? —pregunta.
Asiento con la cabeza.
—Llamaré a mi amiga, Tish.
No es una mentira. Llamaré a Tish, pero no puedo quedarme con ella. Vive
en un estudio con su novio, que es cinco años mayor que ella y que acaba de
dejarla embarazada. Es la razón por la que dejó la escuela.
—Eso sería estupendo, Srta. Kent. Estaré encantado de llevarla hasta allí
ahora —dice el oficial.
Llamo a Tish, pero no responde.
El oficial me mira expectante. No puedo decirle exactamente que su
controlador novio la ha alejado de mí y que realmente no tengo un lugar donde
quedarme.
—Podemos encontrarle un lugar temporal para quedarse. —Los labios del
oficial se aprietan y bajan.
—Gracias, eso sería genial. —Hago una mueca.
Miro la camilla una vez más y me duele el pecho. Luego sigo al oficial por las
escaleras y subo a su auto. Nos lleva a la comisaría y espero mientras uno de
los agentes se pone en contacto con unos padres de acogida.
Casi dos meses después
Este es el último lugar en el que esperaba estar, pero mientras estoy frente a
la Academia Havergale, una parte de mí siente que tal vez siempre estuve
destinada a terminar aquí en The Colony. Es el lugar más rico de todo Los
Ángeles. Mansiones extensas a lo largo de la playa con vistas pintorescas.
Aunque esto puede sentirse como mi destino, también se siente tan mal. Para
empezar, ya no soy una chica de The Colony. Soy una chica del centro de la
ciudad que ha tenido que valerse por sí misma los últimos cuatro años. Mis
uñas están torcidas, mi piel no tiene el brillo de antes. Mi cabello tiene un
extraño tono rosado porque el año pasado intenté teñirlo de rojo con un tinte
barato que acabó siendo un fracaso total, y mis dientes no están rectos
porque nunca me pusieron los aparatos que mi madre encargó después de
séptimo curso.
—Cariño, ¿vas a estar bien? —pregunta la abuela Sophia. Sus ojos se arrugan
en las esquinas mientras me observa con calidez. Giro la cabeza y miro el
viejo edificio. Parece una versión falsa de un castillo medieval inglés. Digo
falsa porque está hecho de la mejor piedra y tiene las mejores instalaciones y
aulas del país. Aquí van a la escuela los hijos de los diplomáticos y de los
famosos actores de Hollywood. La seguridad es estricta, y la mayoría de los
profesores alardean de sus doctorados en sus respectivas materias.
Cuando no respondo, la abuela se inclina y me roza la mejilla con el dorso de
la mano. Después de pasar un mes y medio en un centro de acogida estatal,
se hicieron los arreglos para llevarme a California a vivir con mis abuelos. Los
Grant son una de las familias más ricas del país. Se dedican al sector textil,
al inmobiliario y a la bolsa. Lo que se te ocurra y probablemente poseen una
parte. No tengo idea de cómo terminaron con un hijo como mi padre. Siempre
fue un rebelde. Nunca quiso aceptar ninguna responsabilidad. Dejó a mi
madre embarazada a los 20 años y ella tuvo que dejar la universidad. En
lugar de quedarse, nos dejó para vivir viajando por el mundo. Finalmente se
instaló en Michigan cuando mis abuelos le dejaron.
—Estaré bien —respondo—. Siempre lo estoy.
Ella frunce el ceño.
—El director Westin prometió que te ayudaría a ponerte al día. Han asignado
a un estudiante para que te enseñe todo. Deberías recibir un tratamiento de
la realeza.
—Gracias —digo.
Ella ha sido buena conmigo. Cuando las cosas se torcieron hace años, me
rogó que me fuera a vivir con ella y el abuelo Walter, pero yo quería alejarme
lo más posible de este lugar. Vivir con papá era mi manera de dejar todo atrás.
La abuela se ofreció a enviarme dinero, pero yo era una niña enfadada. Creía
que papá cuidaría de nosotros, aunque nunca lo hizo. Además, en ese
entonces, el problema de drogas de papá estaba controlado.
—Por supuesto, Olivia —dice. Odio que me llamen Olivia, pero no la corrijo.
Me pagó el billete de avión y me trajo hasta aquí. Está pagando un brazo y
una pierna para que asista a esta escuela y me da un techo.
Me fuerzo a sonreír, pero no llega a formarse del todo.
—Aquí vamos —Abro la puerta de su Rolls Royce y respiro profundamente.
—Aquí no tienen equipo de baile, pero sí de animadoras —me recuerda la
abuela. Soy una bailarina de hip hop. De ninguna manera voy a hacer de
animadora.
—Gracias.
—De acuerdo, entonces —dice. Cierro la puerta. La abuela es dulce. Se
preocupa. Una parte de mí está enfadada conmigo misma por haber
aguantado las locuras de mi padre estos últimos cuatro años, cuando podría
haber vivido una vida fácil. Entonces recuerdo que hubo una razón por la que
me fui en primer lugar.
Química es mi primera clase del día. Me dirijo al fondo del aula y tomo asiento.
Sólo hay unas pocas caras conocidas que recuerdo de la escuela secundaria.
—Tenemos una nueva estudiante en nuestra escuela. Srta. Olivia Grant,
¿podría saludar y quizás contarnos algo sobre usted? —dice el Sr. Collins, mi
profesor de química.
Mi estómago se hunde. ¿Es en serio? Esto es tan de segundo grado.
—Me llamo Liv Kent —corrijo al profesor. Nunca adopté el apellido de mi padre
porque él no estaba cuando era pequeña. Siempre he usado el apellido de
mamá, aunque también odio que me asocien con ella. Miro alrededor de la
clase, y algunas chicas están susurrando entre ellas mientras algunos de los
chicos me miran y sonríen. Después de vivir con un bajo presupuesto para
alimentos, diría que estoy definitivamente en el lado más delgado, con una
piel pálida y lechosa y unos ojos grandes y azules. A veces siento que soy
transparente cuando me miro en el espejo. O quizás soy como el aire, o una
ola, o algo completamente insignificante.
—¿Puede decirnos algo sobre usted? —Insta el Sr. Collins.
Que me jodan.
—Me acabo de mudar aquí desde Michigan —digo. Lo hago sonar como una
pregunta.
El Sr. Collins levanta las cejas.
—Bien. Gracias, Srta. Kent. Ya hemos establecido los compañeros de
laboratorio para el año. Tendré que añadirla a uno de los grupos de
dos —dice. Luego continúa dando una lección sobre termodinámica. Así es
como la otra mitad recibe educación. Muy bien. Abro mi cuaderno y tomo
notas.
Después de la clase, estoy caminando hacia mi casillero.
—Hola —Un chico alto y delgado se acerca a mí—. Soy Evan. También soy
nuevo en la escuela. Bueno, llevo aquí desde el pasado septiembre, pero quién
lleva la cuenta —dice con lo que creo que es un acento británico.
—Soy Liv —digo.
Sigo caminando hacia mi casillero. Todo el mundo en la Academia Havergale
lleva uniforme. Las chicas llevan falditas cortas a cuadros con blusas blancas
abotonadas y una chaqueta de traje con el emblema de Havergale. Los chicos
llevan una camisa blanca abotonada, pantalones azul oscuro y una chaqueta
de traje con el emblema. Es evidente que nadie lleva la chaqueta puesta todo
el día. La mía me la quité esta mañana.
—No eres muy amigable, ¿verdad? —dice Evan—. Maldición, esperaba que lo
fueras —Su comportamiento me tiene intrigada.
Me detengo porque, en realidad, es la única persona que ha intentado
conversar conmigo.
—Lo siento. No, supongo que no soy muy amigable —Omitiendo la parte de
que vengo de un barrio en el que sonreír demasiado puede hacer que te
peguen o, peor aún, que te disparen.
—Bueno, no tengo ningún amigo aquí. Mi padre trasladó a nuestra familia
aquí durante un par de años. Como no estaba preparado para empezar la
universidad, me obligó a venir —explica.
—Ya veo —respondo. ¿Qué pasa con este tipo? Es todo TMI9.
Evan me mira de arriba abajo.
Oh, diablos, no.
Me muevo para pasar a su lado.
—Espera. —Pone su mano en mi brazo.
—¿Qué? —Suelto.

9 too much Information, no quiere o necesita escuchar pues es algo privado o vergonzoso.
—Nada. No quise decir nada. Simplemente me gusta tu estilo —dice
tímidamente.
Debe estar bromeando. La abuela se ofreció a llevarme de compras antes de
que empezaran las clases, pero sentí que ya había hecho demasiado por mí,
así que decliné educadamente, lo que significa que llevo puestas mis Doc
Martens de primer año. Tengo las piernas desnudas porque llevo calcetines
blancos que se esconden en mis zapatos, y me he hecho un nudo en la camisa
abotonada para darle un poco de aire a mi atuendo. Llevo un moño
desordenado en la cabeza, lo que me convierte en una paria por aquí porque
todas las chicas parecen acabadas de salir de la peluquería con su cabello
brillante y peinado.
—No puedo decir si me estás jodiendo o tratando de ligar conmigo —digo.
—Ninguna de las dos cosas —Evan se encoge de hombros— En primer
lugar —se inclina más hacia mí y susurra—, soy gay. En segundo lugar, no
te follaría —Es auténtico y algo divertido. Saber que no quiere meterse en mis
pantalones es también un alivio. Los chicos de Michigan pueden ser
implacables.
—Me gusta tu acento, Evan —digo. No voy a mentir y decir que me gusta su
estilo.
—Gracias —sonríe—. ¿Cuál es tu próxima clase?
—Um… tengo que comprobarlo. Sígueme —le digo mientras me dirijo a mi
casillero. Lo abro y compruebo el horario que he colgado en la puerta—. Tengo
cálculo y luego…
Miro a Evan, que me mira con los ojos muy abiertos.
—¿Qué? —suelto.
—Eres de humor cambiante —dice.
—Bueno, me estás mirando como si estuviera loca de remate —digo.
—No es eso. Es sólo que se rumorea que has venido de la selva. Bueno, ese
era un rumor. Otro rumor era que venías de alguna escuela del centro de la
ciudad en la que no habías recibido educación —dice.
—Jodidamente genial. ¿Así que la gente ya está hablando de mí? —pregunto.
Evan tiene la decencia de fruncir el ceño:
—Sí, no te sientas mal. Estoy bastante seguro de que soy uno de los dos gays
de toda la escuela, y estoy bastante seguro de que el otro no se ha revelado
todavía porque probablemente tiene miedo de que le pateen el culo, como me
pasa a mí casi a diario.
—Mierda. Lo siento —Hago una mueca de dolor.
—No, está bien —Me hace una seña con la mano restándole importancia.
—Eso es una mierda, Evan. No deberías tener que aguantar el acoso —digo.
—Bienvenida a The Colony, Liv —dice—. Si vienes de un sitio peligroso, puedo
garantizarte que este será más peligroso. Los ricos son unos bastardos
malvados.
—La verdad. No sé qué esperaba al volver aquí —admito. Pero supongo que
debería haber esperado que la fábrica de rumores estuviera viva y saludable.
Siempre ha sido así.
—Rebobina —pregunta—. ¿Te has criado aquí? —El labio de Evan se tuerce
en un lado.
—Crecí en las afueras de The Colony, pero fui a las escuelas de aquí. Mis
abuelos han vivido aquí durante eones —digo.
—¿Así que vienes de Michigan? —me pregunta. Debe haber estado en química
conmigo.
—Sí. Y después de vivir en Michigan durante los últimos cuatro años, pensé
que este lugar sería pan comido para volver a casa. Supongo que estaba muy
equivocada —digo.
—Sí, un grave error de cálculo por tu parte. Estar lejos debe haberte hecho
bloquear este lugar. Estoy deseando salir de aquí —dice y mira su
reloj—. Vamos. Yo también estoy en cálculo. Deberíamos caminar juntos.
Agarro mi libro de texto y camino con Evan.
—Entonces, ¿qué más necesito saber sobre este lugar?
—Jamie Tucker y sus amigas son el grupo de moda, pero Jamie es la abeja
reina —dice. Jamie y yo fuimos juntas a la escuela primaria. Me pregunto por
qué Evan no menciona a su hermana, Lauren. Ella y yo éramos mejores
amigas.
—Entendido. —Asiento con la cabeza. Menos mal que tengo a Evan conmigo,
porque no tenía ni idea de dónde estaba cálculo.
—Jamie es la capitana del equipo de animadoras, y todas sus secuaces están
en el equipo. Jackson Walt es el quarterback estrella. Es el más guapo de la
escuela, pero puede que no estés de acuerdo. —Se encoge de
hombros—. También está Marco Ricci, es el capitán del foo*-perdón, el equipo
de fútbol. Todavía me estoy acostumbrando a que ustedes le digan fútbol en
este país. *En inglés británico se le dice Football.
Me río. Sorprendentemente, Evan me parece un soplo de aire fresco. Allá en
Michigan, las cosas eran muy serias todo el tiempo, y todo el mundo tenía
esa actitud pesada en la escuela. El hambre y el empobrecimiento te hacen
luchar por las necesidades de la vida.
—Será mejor que nos sentemos al fondo, ya que todo el mundo ya tiene un
asiento —dice.
—Claro —Tomo asiento y Evan se sienta a mi lado. Los chicos siguen
entrando en el aula.
Jamie entra. Su mirada se estrecha sobre mí y se acerca a mi escritorio.
—Tienes valor para mostrar tu cara por aquí —dice.
—Veo que sigues siendo el mismo nivel de perra —digo.
Sus ojos se abren de par en par. Puede que me haya ido de The Colony con
el rabo entre las piernas, pero vivir en el centro de la ciudad me ha
endurecido.
Jamie resopla y se aleja hacia el frente de la clase donde le susurra al oído a
una chica. Las dos se dan la vuelta, me miran y se ríen.
—Como sea, —murmuro.
—No dejes que te afecten, —dice Evan.
—Gracias. No pienso hacerlo.
El profesor entra en la sala y me veo obligada a presentarme de nuevo. Oigo
risas de fondo mientras digo mi nombre y de dónde soy.
Después de la clase, me agacho para agarrar mi mochila y me la pongo al
hombro.
—¿Quieres que almorcemos juntos? —pregunta Evan.
—Por qué no —digo.
—Genial. No tengo que comer solo —dice, y sus ojos brillan.
—¿Dónde se come por aquí? —pregunto.
—¿Tienes crédito en la cafetería? —pregunta.
—Sí —respondo. La abuela insiste en que pague por adelantado mis
almuerzos para el año. Cree que estoy demasiado delgada y quiere que
engorde un poco.
—Perfecto. Podemos agarrar nuestra comida y sentarnos fuera en el patio.
Odio comer en la cafetería. Es tan malditamente cliché —Pone los ojos en
blanco—. Oh, y oye, tal vez pueda darte algunos consejos para tu cabello.
Utilizo un champú estupendo que le da a mi cabello este fino brillo —Se lo
toca muy ligeramente.
Quiero decirle que realmente no me importa mi cabello, pero no tengo el valor
de hacerlo porque es muy amable.
Estamos haciendo cola para conseguir nuestra comida en la cafetería. Es
extraño, pero siento que todo el mundo me mira. Algunos chicos susurran y
miran fijamente. Algunas caras son conocidas de la escuela primaria, pero la
mayoría son nuevas.
Pido un trozo de lasaña y Evan pide una pechuga de pollo con verduras a la
parrilla.
—¿No te preocupan los carbohidratos? —Evan pregunta mientras nos
dirigimos a pagar la comida.
—En realidad no —le digo. Mis costillas sobresalen demasiado. La abuela
tenía razón cuando dijo que tenía que engordar un poco.
—Qué suerte. Si me comiera esa lasaña me hincharía mucho —dice.
—Te ves bien, Evan. No creo que puedas parecer hinchado. Supongo que hay
un six pack debajo de esa camisa blanca —digo.
Pone los ojos en blanco y se sonroja.
—Gracias, chica.
—Sólo digo lo que veo, —digo.
Con nuestras bandejas de comida en la mano, pasamos por delante de un
montón de mesas cuando alguien choca conmigo. Pierdo el equilibrio y me
agarro a una silla, pero mi bandeja con la lasaña se inclina y salpica toda mi
camisa perfectamente blanca.
—Disculpa —gruño a la persona que acaba de chocar conmigo.
La persona se gira y veo que es Jamie.
—Estás disculpada —Ella inclina la cabeza hacia un lado y ladea las dos
cejas.
—No me estoy disculpando. Acabas de tirarme la comida encima —le digo. Si
hay algo que aprendí viviendo en Michigan fue a defenderme.
—¿Y qué? Tienes mucho valor para volver aquí —me dice.
—¿Cuál es tu problema? —pregunto. Han pasado años desde que las cosas
se agriaron entre Jamie, su hermana y yo. De todos modos, ¿dónde está
Lauren?
—Tú eres mi problema. No deberías haber vuelto a la ciudad. No te
quieren aquí —dice.
—Perra, —tose Evan detrás de su mano.
La mirada de Jamie se dirige a él.
—Perdedor.
Me hierve la sangre. Una cosa es que tenga algo contra mí, pero otra es que
se meta con Evan. Él no le ha hecho nada.
Alargo la mano y le jalo del cabello. El movimiento debe ser inesperado porque
sus ojos se abren de par en par.
—¿Qué demonios estás haciendo, perra loca? —balbucea.
—Poniéndote en tu lugar, perra. No le digas así a mi amigo y aléjate de mí.
Una chica se levanta y se acerca a mí.
—Suéltala, Tarta de Fresa —dice y me empuja en el hombro. En realidad, no
es más que un pequeño empujón con el dedo, pero hace que mi ira aumente.
De repente, veo a un tipo que se abre paso hacia nosotros.
—Bien, es suficiente —Me mira y dice—: Déjala ir.
—No —replico.
—Ese es Marco. Capitán del equipo de fútbol —susurra Evan, pero es obvio
que todos le han oído.
—¿No? —dice Marco, y parece un poco sorprendido.
—Esta zorra me ha hecho tropezar y mi almuerzo me ha salpicado toda la
camisa —digo. Sigo sujetando el cabello de Jamie con fuerza. Una rápida
mirada a ella y veo que su rostro se retuerce de dolor.
—Mira, en esta escuela hay tolerancia cero con la violencia. Si un profesor
entra por esa puerta, te suspenderán a ti, no a ella —explica.
Le suelto el cabello y la empujo.
—Perra loca —murmura Jamie, frotándose la cabeza.
—Vámonos —le digo a Evan. Vuelvo a caminar hacia la entrada de la
cafetería, pero me giro y miro a Jamie con una sonrisa socarrona. Su cabello
estaba recogido en una especie de coleta y ahora parece un maldito desastre.
Ya no está perfectamente arreglada. Ella resopla. Me giro para ver que una
multitud se ha reunido a su alrededor. Supongo que las peleas no son la
norma por aquí. En Michigan, las peleas estallaban en la escuela cada hora.
—Eso ha sido una barbaridad —Evan se ríe—. No le hagas caso. Es una perra
y una matona. Todo el mundo aguanta su mierda porque le tienen
miedo —dice.
—Bueno, no estoy asustada —digo, todavía irritada por la interacción.
—Claramente —Se aclara la garganta y mira mi camisa.
—Mierda. No puedo andar así —digo.
—No te preocupes, tengo una extra en mi casillero —dice.
Coloca su bandeja en una papelera y le sigo hasta su casillero. Saca una
camisa limpia.
—Me gusta ponerme una camiseta limpia por la tarde. Sobre todo, si tenemos
gimnasia. El sudor me produce granos en la espalda —me dice.
—Gracias. Deja que me cambie un momento —digo. Miro por el pasillo,
preguntándome dónde está el baño de las chicas.
Evan ve mi expresión y dice:
—Justo ahí a la derecha —Señala una puerta.
—Gracias —respondo. Me dirijo al baño y me cambio. La camisa me queda
enorme, pero me remango y la anudo por delante.
Cuando salgo del baño, Evan silba.
—Te ves bien, chica.
Sonrío. No recuerdo cuándo fue mi última sonrisa genuina, pero esta es real,
y algo pesado en mi pecho se levanta.
—Me gustas, Evan —digo.
Sus ojos se abren de par en par.
—No de esa manera. —Me río.
Se palpa el corazón.
—Bien. Tú también me gustas, cariño.
Evan es guapo con su cabello rubio y sus ojos azules. Su acento es sexy, y su
físico es delgado pero fuerte. No sé por qué no ha encajado por aquí.
—¿Deberíamos conseguir algo fresco para comer? —dice.
—Sí, vamos a comer —digo.
—¿Así que estás dispuesto a volver a la cafetería? —dice, sonando
sorprendido.
—¿Por qué no iba a estarlo? —pregunto.
—Porque probablemente Jamie, la bravucona, siga ahí —dice.
—Me lo imaginaba. Puedo manejarla. El barrio y la escuela donde vivía eran
mucho más duros que The Colony —digo.
Levanta la ceja derecha.
—En serio, entiendo que viniste de una escuela del centro de la ciudad, pero
no puedo imaginar que ningún barrio sea más despiadado que The Colony.
La gente de aquí está dispuesta a triunfar, sólo se preocupa por sí misma y
no le importa a quién perjudica en el proceso —dice.
—Tienes razón. Pero si pude sobrevivir a una jungla, puedo sobrevivir a
otra —digo.
—Realmente tienes que enseñarme cómo —dice.
—Te cubro la espalda, Evan. No te preocupes —digo. Espero que no sea una
mentira. No entiendo si estás mierdas son una banda de homofóbicos o si es
otra cosa.
Entramos en la cafetería y pedimos más comida. Los dos pedimos la misma
comida que antes. Todavía hay muchos cuchicheos a nuestro alrededor. Me
fijo en pasar junto a Jamie de la misma manera que antes. Está sentada en
una mesa con un grupo de chicos y chicas. Todos nos miran a Evan y a mí
con asco.
¿A quién demonios le importa?
Atravieso un par de puertas dobles y sigo a Evan al exterior, a lo que se conoce
como el patio. Es una zona verde con bancos y mesas en el centro del edificio.
Incluso tiene una gran zona con un campo. Evan y yo nos sentamos en una
de las mesas. Empiezo a comer enseguida.
—Esto está delicioso —digo después de dar el primer bocado—. ¿No se supone
que la comida de la cafetería es asquerosa?
—Por aquí no. La escuela contrata a los mejores chefs —explica Evan.
—Por supuesto que sí —digo mientras me sirvo otro bocado. Me detengo al
ver el aplomo de Evan y trato de frenar.
—Sinceramente, no sabía a qué te referías cuando decías “vamos a
sumergirnos*” casi me tiro al suelo. Suerte que no seguí mi instinto
inicial —Se ríe mientras corta su pechuga de pollo. *Let’s dip (original en
inglés) también se entiende como vámonos.
También me rio.
—¿Estás bromeando? Sumergirse es irse. Me alegro mucho de que no te
hayas tirado al suelo. Esos imbéciles se habrían reído y a mí me habrían
suspendido por darles una patada en el culo —digo, y me meto más lasaña
en la boca. Trago—. Por cierto, ¿quién era el tal Marco? —pregunto.
—Es el capitán del equipo de fútbol. Es súper guapo. Llegó a la escuela en
segundo año. Ahora está en el último año. Aparentemente, su padre es un
gran hombre de negocios de Italia. Se rumorea que es de la mafia, pero quién
sabe. Marco pasa los veranos en Italia. Le entrenan algunos de los mejores
entrenadores del mundo —dice Evan.
Veo a Marco de lejos. Está dando patadas a un balón con unos amigos. La
forma en que hace trucos con el balón es impresionante.
—Le llaman el Semental Italiano —dice Evans— Tengo que estar de acuerdo.
El tipo parece una comida. ¿Has visto su cuerpo? —Observo a Marco con su
piel bronceada, sus profundos ojos marrones y su cabello oscuro que le cae
en los ojos.
—Sí, él… no está mal —digo y como más lasaña. Pero no es mi tipo.
—No está mal es un eufemismo —dice Evan.
—Oye, cada uno tiene derecho a opinar —digo, y mi mirada se desvía hacia
el oeste.
Mis ojos se posan en Jackson Walt. Está lanzando un balón de fútbol con
algunos chicos. Tiene las mangas de la camisa enrolladas en los antebrazos
y la forma en que su camisa abotonada le abraza el pecho debería ser ilegal.
Sus hombros son anchos y perfectos y cortan su impresionante torso hasta
una cintura estrecha.
—Tierra a Liv —dice Evan, agitando su tenedor en mi rostro.
Gira la cabeza y sigue mi línea de visión.
—Escandalosamente sexy —dice.
—Dímelo a mí —Suspiro.
—Ese chico está hecho de acero. Lástima que no sea gay —dice Evan.
—Nunca tendría una oportunidad con él —digo. Uy. ¿Acabo de decir eso en
voz alta?
—Eres preciosa, tienes que saberlo —dice Evan.
Sé que estoy bien en el departamento de apariencia. En la escuela primaria
era algo popular. Era amiga de los chicos populares. Jackson y yo incluso
coqueteábamos en las fiestas y en la escuela, pero me hacía la difícil. Ahora
soy una don nadie, y los chicos como Jackson sólo salen con la gente de
moda.
Me encojo de hombros.
—Realmente ya no encajo aquí.
—Podemos cambiar eso —dice Evan—. Deberías venir a mi casa después de
la escuela. Puedo llevarte a mi estilista y luego podemos ir de compras juntos.
Sería muy divertido —Se sienta con la espalda recta y aplaude, como si yo ya
hubiera aceptado.
—Um… —Hago una pausa a mitad de bocado—. No hago compras.
—¿A quién no le gusta ir de compras? —dice Evan. Considero lo que está
diciendo. Yo solía ser esa chica con el cabello rubio bonito y pulido, la ropa
bonita y perfecta. Mi aspecto siempre fue muy importante para mamá. Era
madre soltera y le gustaba tener citas, así que siempre tenía buen aspecto
también.
Ahora que he vuelto aquí, ¿realmente quiero encajar? Michigan me ha
cambiado, pero tal vez me ha cambiado para mejor. Soy más fuerte de lo que
solía ser.
—Tienes razón. Deberíamos ir de compras y arreglarme el cabello. Al menos
haría feliz a mi abuela —digo. Ella se ha portado bien conmigo. Debería tratar
de estar bien con ella también.
—¿Por qué pareces tan desanimada? —pregunta Evan.
—No lo sé. No es por las compras. Cambiar mi apariencia me hace pensar en
mi vida en Michigan. Era una mierda allí, pero…
—¿Qué? —pregunta Evan en voz baja. Sus cejas se fruncen y me escucha
atentamente.
—Mi padre acaba de morir. Siento que, si cambio mi apariencia, me olvidaré
de mi vida en Michigan y lo olvidaré a él —digo. Sacudo la cabeza—. No tiene
sentido lo que estoy diciendo.
Evan se acerca a la mesa.
—No he perdido a un padre, pero imagino que es muy duro. Lamento tu
pérdida. Recuerdo cuando murió mi abuela. Fue horrible. Fue la primera
persona a la que le dije que era gay. Ella me aceptó. Me preocupaba que mis
padres no fueran tan comprensivos como ella. Mi padre tiene una imagen que
mantener, y mi madre se dedica a apoyar las ambiciones de mi padre —dice.
—¿Y qué pasó? —pregunto.
—Bueno… —Inclina la cabeza de lado a lado—. Realmente no fue bien. Mi
padre intentó convencerme de que no me atraían los chicos. Luego lo
trasladaron a Washington. No quería trasladar a toda nuestra familia a
Washington, así que él vive allí y yo aquí con mi madre y mis hermanos.
Sinceramente, creo que mi padre quiere estar lo más lejos posible de
mí —admite Evan.
—Lo siento. Eso suena horrible. Si te sirve de consuelo, mi padre era una
mierda de padre, pero a pesar de todos sus defectos, le quería —digo, y se me
quiebra la voz.
—A pesar del rechazo de mi padre, yo también le quiero. Pero no creo que me
acepte nunca —dice con tristeza.
Me levanto de la mesa y me acerco a darle un abrazo a Evan. Se siente como
mi alma gemela.
—¿No se supone que eres gay? —dice la voz de una chica.
Levanto la vista para ver a Jessie Taylor. Ella y Jamie habían sido mejores
amigas en la escuela primaria. La reconozco al instante, a pesar de que ha
crecido un palmo y tiene grandes pechos y el cuerpo de una supermodelo.
—Vete a la mierda —siseo.
—Oh, he oído que has vuelto como una psicópata —dice ella.
—Felicidades —gruño.
—También he oído que ahora te comportas como una basura —Ella levanta
su hombro e inclina su barbilla hacia mí.
—La única basura de aquí eres tú —replico.
Se queda boquiabierta y emite un resoplido. Hay tres chicas detrás de ella.
Todas me miran mal. Cada una de ellas tiene una cara de asco. Que se jodan
todas.
—Vámonos —ordena Jessie y se aleja.
Sus tres secuaces la siguen.
—Si no fuera gay, querría casarme contigo —Evan se ríe.
Le doy un ligero puñetazo en el hombro y vuelvo a sentarme en el banco. Me
zampo mi lasaña.
Evan se come el pollo.
—¿Qué clases tienes esta tarde? —me pregunta, como si ese encuentro no
hubiera ocurrido. Se me revuelve el estómago. Nadie en esta ciudad me va a
recibir con los brazos abiertos. Bueno, nadie excepto mi abuela. No sé qué
pensar de eso. Intento volver a centrarme.
—Si no recuerdo mal, estoy cursando historia del arte AP, psicología AP y
macroeconomía AP10 —digo.
—Genial. Estoy en microeconomía AP. Quería hacer historia del arte, pero
mis padres no estaban de acuerdo —dice—. ¿Dónde planeas aplicar el
próximo año?
—No tengo ni idea. No sé qué quiero ser ni qué quiero hacer. En Michigan,
estaba tan concentrada en entrar en la universidad que nunca pensé en lo
que quería hacer, aparte de salir de allí —digo.
—Supongo que entonces puedes tachar eso de tu lista de deseos —dice Evan.

10Advanced Placement: un programa para estudiantes que ofrecen cursos que son iguales a cursos
universitarios.
—¿Qué? —pregunto confundida.
—Saliste de Michigan —dice.
—Sí, es cierto —digo solemnemente. Sin embargo, me siento enfadada con mi
padre por hacer que eso ocurra demasiado pronto—. Estoy tomando un poco
de todo hasta que descubra lo que me gusta. Sé que me gusta bailar, pero
aparte de eso, no estoy muy segura
Evan asiente con la cabeza, pero parece que está pensando profundamente.
—¿Debo preguntar qué pasa por tu cabeza? —Me he acostumbrado a que él
inicie la conversación. Tengo que admitir que es bueno para hacerme hablar.
Tal vez porque se siente como un libro abierto.
—Acabo de tener la mejor maldita idea —Extiende las manos a su lado.
—Me da miedo preguntar qué es —me burlo juguetonamente.
—Deberías probar en el equipo de animadoras —dice.
Resoplo.
—¡Ah! Ni de broma. Yo era una bailarina de hip hop. No hay manera de que
haga un extraño baile pretencioso.
—Si puedes bailar hip hop, puedes hacer de animadora. Es tu forma de entrar
en los círculos sociales de aquí, y quedaría bien en la solicitud de la
universidad. El trabajo en equipo y todo eso —dice.
—¿Por qué tienes que hacer que todo suene tan correcto y
perfecto? —pregunto.
—Porque soy británico. Nos enseñan a pronunciar bien las palabras, a
diferencia de ustedes los americanos —dice en tono de broma—. Entonces,
¿qué dices? Puedo ayudarte con tus rutinas
—¿Bailas? —pregunto.
—Bueno… frente al espejo sí. —Se ríe.
También me río.
—Eres muy gracioso.
Se sopla las uñas.
—Eso me han dicho. Ahora, hablo en serio. ¿Te apuntas? Porque si lo estás,
digo que hagamos tu pequeño cambio de imagen esta noche. Vas a ver al
director Westin después de la escuela y le dices que te gustaría formar parte
del equipo de animadoras. Puede que ni siquiera te haga probar. Sabes que
todo en esta escuela depende de tu apellido, y el tuyo es Grant. Tus abuelos
son grandes donantes. Diablos, hay un ala con su nombre.
—Me llamo Kent, no Grant —corrijo.
—Patata, papa. Es lo mismo —dice.
Pongo los ojos en blanco con falsa irritación.
—Eres molesto, ¿lo sabías?
—Sinceramente, si vas a ser mi mejor amiga, tienes que saber que soy un
maestro de la planificación —dice.
—Bien, ¿y cuál es tu plan maestro? —pregunto, ya que ha despertado mi
curiosidad.
—Para que tú y Jackson estén juntos. He visto cómo se te caía la baba
mientras le mirabas —dice.
—Eres increíble —digo.
—Tengo razón. Quieres a Jackson, y si no puedo tenerlo, podría ayudarte a
conseguirlo —dice, enderezando los hombros—. Así que dime. ¿Te apuntas?
—Me apunto —digo. Mi vida no ha sido más que una tormenta de mierda,
también puedo divertirme mientras estoy en ello.
Mis clases pasaron volando. Era muy extraño estar sentada en una clase en
la que todo el mundo se comportaba bien. Claro, había algunos comentarios
sarcásticos a los profesores y gente que se levantaba de sus asientos, pero no
era nada comparado con lo que era las clases en Michigan, donde el nivel de
ruido era tan fuerte que los profesores acababan por abandonar el intento de
calmar la clase.
Me dirijo al despacho del director Westin y su recepcionista me hace pasar.
—¿En qué puedo ayudarla, Sra. Grant? —pregunta el director Westin.
Quiero corregirle y decir que es Kent, pero creo que Evan tiene razón en que
el apellido de mi padre me favorece.
—Esperaba hacer una prueba para el equipo de animadoras —digo con una
dulce sonrisa.
El director Westin se acaricia la barba.
—Ya veo —dice—. Señorita Grant, la temporada de animadoras ya ha
comenzado. No creo que pueda ponerse al día con las rutinas —Cuando
termina de hablar, su mirada se desvía hacia mi cabello rosa.
—Aprendo rápido. Probablemente pueda ponerme al día. Estaba en el equipo
de baile de hip hop en mi antigua escuela. Havergale no tiene ningún tipo de
equipo de baile por lo que he oído, y me gustaría tener algunas actividades
extracurriculares para ponerlas en mis solicitudes universitarias —explico,
sentada con las piernas cruzadas por los tobillos y las manos apoyadas en mi
regazo. Es curioso lo rápido que he vuelto a los viejos hábitos. Estaba segura
de que esa parte de mí había terminado y desaparecido. Sin embargo, desde
que Evan sugirió el equipo de animadoras y llamar la atención de Jackson,
es lo único en lo que puedo pensar. Salí con algunos chicos en Michigan, pero
todos eran unos imbéciles. Intentan tener sexo contigo en la primera cita, y
yo nunca quise hacerlo. Jackson, sin embargo, me hace babear.
—Aprecio lo que dices. Sabes, aquí en la Academia Havergale intentamos
mantener una determinada imagen. Estar en el equipo de animadoras
significaría que tendrías que ir a otras escuelas para los
partidos —explica. Apuesto a que esto es por mí cabello.
—Estoy dispuesta a ir donde el equipo necesite —digo.
—Tenemos una clase de danza moderna. Son realmente muy avanzadas y su
coreografía lírica es de primera categoría —sugiere. Supongo que la clase de
danza moderna no sale de la escuela.
—No me gusta mucho la danza moderna, —digo.
—Bueno, vayamos al quid de la cuestión. Tus abuelos son miembros
respetados de la comunidad y ex alumnos de Havergale. Apreciamos todo lo
que tu familia hace por nuestra escuela, y por ello nos inclinamos a mirar
hacia otro lado cuando uno de los Grant necesita algo. Sin embargo, el color
de tu cabello plantea un pequeño dilema —dice, y supongo que tengo que leer
entre líneas cuál podría ser ese dilema.
—En realidad, esta tarde iba a ir a un estilista para que me peine y me
tiña —digo con demasiada educación. Olvidé cómo funciona la mierda en The
Colony. El dinero habla y la mierda camina.
—Bueno, entonces está decidido. Tendré una charla con la Sra. Mazel y le
diré que te gustaría animar —dice.
—¿Entonces estoy en el equipo? —pregunto, necesitando una aclaración. Eso
fue demasiado fácil, y la vida no es fácil, al menos la mía no lo es.
—Sí, señora Grant —dice lentamente.
—Gracias, director Westin —Sonrío y me pongo de pie—. Que tenga una
buena noche.
—Usted también, Sra. Grant —dice.
Salgo de su despacho con ánimo.
Camino por el pasillo donde me espera Evan.
—¿Y bien? —me pregunta.
—Estoy en el equipo —digo alegremente. Incluso doy un pequeño salto en el
aire.
Evan me choca los cinco.
—Oh, esas perras están a punto de recibir un pastel en la cara —dice.
Mi expresión decae.
—¿Qué quieres decir?
—No son el grupo más acogedor. Estarán enfadadas, pero puedes soportarlo.
Puedes soportar cualquier cosa —dice.
No sé si eso es cierto. Puedo parecer dura como un diamante por fuera, pero
por dentro soy arena movediza. Sin embargo, no comparto eso con Evan.
Tomo mi mochila y sigo a Evan fuera. Suena un celular mientras nos
dirigimos a la fuente de la escuela.
—Creo que el sonido viene de tu mochila —dice Evan.
—Olvidé que mi abuela me regaló un celular —digo tímidamente. No he tenido
uno desde séptimo curso.
Contesto y digo hola.
—Srta. Grant —dice un hombre.
—Sí —respondo, porque parece que estas personas se sienten firmes en que
soy un Grant. Aunque no me sienta ni un Kent ni un Grant.
—La estoy esperando frente a la escuela. Pensaba que ya habría
salido —dice.
—Lo siento, pero ¿quién es? —pregunto.
—Gerard. Soy el mayordomo de Sophia Grant. Su abuela me dijo que la
llevara al colegio y la recogiera de aquí en adelante —dice.
Cuando la abuela me dejó en el colegio esta mañana no sabía qué esperar.
Nunca hicimos un plan sobre cómo iba a llegar a casa. En el peor de los casos,
pensé en ir andando. No pueden ser más de veinte minutos.
—Hice planes para ir a casa con un amigo —digo—. Lo siento. No sabía que
mi abuela había hecho arreglos para mí.
—No hay problema. ¿Sabe cuándo estará en casa, para que pueda avisar al
chef a qué hora debe servirse la cena? Sé que su abuela quería cenar con
usted esta noche.
—Oh, um… ¿puedes esperar un segundo? —Me quito el celular de la oreja.
Después de toda la amabilidad y la ayuda que me ha dado la abuela, no me
siento bien abandonándola en la cena.
Miro a Evan.
—¿Podemos hacer lo del estilista hoy? Mi abuela quería que estuviera en casa
para la cena y no quiero decepcionarla.
—Por supuesto. A mí tampoco me gusta decepcionar a las abuelas —Guiña
un ojo.
—Estaré en casa sobre las ocho —le digo a Gerard.
—Bien, Srta. Grant. Cuídese —La llamada telefónica termina.
Miro a Evan. —Bien, ¿a dónde vamos?
—Mi chofer está ahí mismo —dice.
—¿Me estás tomando el pelo? ¿Acaso nadie conduce su propio auto por
aquí? —bromeo.
—Algunos lo hacen —Asiente con la cabeza—. Ya me he puesto en contacto
con la peluquería, así que ya podemos ir allí —dice—. Puede que me haga
algunas puntas más oscuras
—Suena bien —digo.
Sigo a Evan hasta el asiento trasero de un auto elegante. El chofer le saluda
por su nombre y nos ponemos en marcha.
—¿Cómo te fue con el director Westin? —Evan pregunta.
—De la forma en que se puede esperar que las cosas vayan en The Colony.
Insinuó no muy sutilmente que necesito cambiar mi color de cabello y tendría
un lugar en el equipo.
—Ves, te lo dije. ¿No es genial conseguir todo lo que quieres? —pregunta.
Una opresión me oprime el pecho.
—No estoy ni cerca de conseguir lo que quiero —admito, porque puedo confiar
en Evan. Creo que juzgo bien el carácter, y aunque sólo conozco a Evan desde
hace un día, espero que no me apuñale por la espalda. La verdad es que me
cuesta confiar en la gente, tal vez porque las personas en las que se suponía
que podía confiar sin dudar me han decepcionado. Ahora soy un pato
sacudiéndose.
—¿Siquiera sabes lo que quieres? —pregunta, y no lo dice de forma
sarcástica. Su tono es suave y sus ojos parecen llenos de preocupación.
Solía querer comida suficiente para comer y una cama cómoda para dormir.
Quería tener unos padres de los que pudiera depender. Una mejor amiga con
quién compartir mis secretos y que no me abandonara como hizo Tish. Solía
querer amor y estabilidad.
—Tierra a Liv —dice.
—Lo siento. No lo sé. Quiero salir con Jackson. ¿Es un comienzo? —digo. Las
otras cosas en mi vida parecen montañas demasiado altas para escalar.
—Claro que sí. Hay una tienda justo al lado del salón. Tal vez podamos
comprarte algo de ropa nueva también —sugiere.
Mi abuela me dio su tarjeta de crédito y me rogó que la usara, pero no me
parece bien. Incluso dio un golpe bajo y dijo que era su culpa que mi padre
hubiera sido el inútil que era y que quería compensarme. ¿Qué podía decir a
eso?
—Me vendría bien algo de ropa nueva —acepto con indiferencia.
Probablemente me vendría bien un armario entero, pero no me siento cómoda
hablando de mi vida de pobreza con Evan. Después de unos veinte minutos,
el chofer se detiene frente a un salón de belleza en Beverly Hills.
—Franco es el mejor —jura Evan cuando entramos por la puerta.
Un tipo con cabello oscuro y puntas rubias se acerca a nosotros.
—¿Cómo está mi apuesto semental inglés?
—Bien, gracias —Evan se sonroja—. He traído a mi amiga, Liv. Necesita un
cambio de look.
El tipo que supongo que es Franco camina en círculo a mi alrededor,
viéndome de pies a cabeza mientras hace ruidos extraños que suenan algo
así como “hmm” y “mmmm” y “eh”. Intento no pensar mucho en eso, pero es
un poco difícil. Así que me veo un poco desastrosa. Si él tuviera mi vida, dudo
que le fuera mucho mejor.
Franco nos sienta uno al lado del otro.
—Los haré juntos —dice.
—Liv es mi nueva bestie —le dice Evan.
—Fabuloso —dice Franco. Se pone a trabajar para quitarme el rosa del
cabello. De repente siento que todo en mi vida se mueve demasiado rápido.
Me siento aturdida. Primero me mudé a una nueva ciudad hace unos días.
Empezando en una nueva escuela hoy. Haciendo un nuevo bestie, uniéndome
al maldito equipo de animadoras, y ahora cambiando toda mi imagen. Me
estoy ahogando y no sé por qué.
Tres horas después, salgo de la peluquería. Mi cabello rubio ha vuelto con
algunos reflejos. Franco me ha hecho un alisado con rizos en la parte inferior.
Por primera vez en eones, mi cabello brilla.
—La chica de California está en la casa —aclama Evan.
—Friki —Juego a darle un puñetazo en el hombro y él bromea con que le
duele.
—¿Podemos ir a buscarte algo de ropa? —pregunta.
Miro mi reloj.
—Sólo tengo una hora.
—Chica, podemos hacer mucho daño en una hora —dice.
—Tengo que salir a las siete y cuarenta. No quiero llegar tarde con la
abuela —aclaro, porque en realidad no tenemos una hora para comprar.
Pienso en mi vida en Michigan. Cómo pasaba la mayoría de las noches
aprendiendo en la biblioteca y cómo pasaba la mayoría de los días bailando
en la escuela en el patio, incluso en invierno.
—Voy a enviar un mensaje de texto a mi chofer ahora —dice Evan.
Me lleva a una tienda. Compruebo las etiquetas de los precios y se me hace
un nudo en la garganta. Tiene que ser una broma. Hace dos meses no tenía
suficiente dinero para comprar un trozo de pizza. Es imposible que me gaste
esta cantidad de dinero en un vestido.
—¿No hay otras tiendas a las que podamos ir? —pregunto, con un tono un
poco agudo—. ¿Ya sabes, que tengan precios normales en la ropa?
—Esta tienda es perfecta —dice. Saca un vestido de la estantería—. Pruébate
este. Creo que te quedará perfecto —Me pasa un vestido rojo ceñido.
—Yo no me pongo ropa así —digo.
—No, tal vez no, pero te va a quedar muy bien. Quieres llamar la atención de
Jackson, ¿no? —dice Evan, esperando una respuesta.
—Sabes que sí, pero no de esta manera —admito.
Sus hombros se desinflan y sostiene el vestido contra su frente.
—Mira, lo entiendo. Quieres que te quiera por la persona que eres por dentro,
pero, chica, este es el mundo real. Primero, necesitas que se fije en ti. Luego,
que te conozca —dice.
Eso tiene sentido.
Me rindo y le quito el vestido.
—Bien, me lo probaré —digo.
Me dirijo a un vestuario.
—Disculpe —oigo decir a Evan. La señora que trabaja en la tienda le
responde—. Mi amiga va a necesitar lencería para su vestido. Supongo que
una 32C —dice.
Mierda. Acaba de adivinar mi talla de sujetador.
Me callo y me pongo el vestido.
Estoy a punto de salir del vestuario cuando la señora coloca tres sujetadores
y unas bragas de encaje sobre la puerta.
—Aquí tiene, señorita.
No digo nada y tomo los sujetadores y las bragas. Me vendrían bien unos
nuevos, los míos están en las últimas.
Me pruebo el sujetador color piel que da un poco de vida a mis pechos y luego
deslizo sobre él el vestido ceñido. Utilizo un par de zapatos de tacón que hay
en el vestuario y salgo, respirando profundamente.
La mandíbula de Evan se afloja y se palpa el pecho.
—Muy dramático, —digo. —No, chica, te arreglas muy bien —dice—. Jackson
Walt va a ser masilla en tus manos.
Si las cosas fueran según lo planeado. Mis clases son buenas. Mis profesores
son agradables, pero el equipo de animadoras es un infierno. Las chicas no
me incluyen en sus rutinas. Ninguna está dispuesta siquiera a enseñarme
cuál es la rutina.
—Reúnete conmigo aquí después de la escuela, Olivia. Yo misma te enseñaré
las rutinas —dice la señora Mazel. Parece estar al final de sus veinte años y
estar en buena forma física. Las chicas del equipo parecen respetarla mucho.
—De ninguna manera —interviene Jessie.
—¿Perdón? —Dice la Sra. Mazel.
—Si ella va a animar a los Wildcats, nosotras no —dice Jessie, cruzando los
brazos sobre el pecho—. Ni siquiera es justo. Ella no hizo la prueba para
entrar al equipo— dice. No puedo discutirlo. No es justo.
Justo entonces, los chicos entran en el gimnasio. Nuestro entrenamiento ha
terminado y el suyo acaba de empezar.
Jackson entra con unos compañeros y empieza a estirar.
—Yo tampoco voy a animar —dice Jamie.
Me suelto el cabello de la coleta y lo balanceo para soltar a las chicas de
nuevo. Cuando miro a Jackson, nuestros ojos se encuentran.
—Jamie, eres la capitana del equipo. Tienes que dar ejemplo a las demás
chicas. La Srta. Grant ha recibido una amplia formación como bailarina.
Podría ser buena para nuestro equipo, ya que podemos añadir más trucos a
las rutinas —dice la Sra. Mazel.
Tiene buenos argumentos.
—No voy a animar con ella. Es ella o yo —dice y se gira y me mira a los ojos.
Perra estúpida.
Cuando miro al resto de las chicas del equipo, sé que no tendré ninguna
amiga aquí. No tengo elección. Tengo que retirarme. Esto no va a lograr nada.
—Me largo —digo. Me doy la vuelta y me voy.
—¿Qué acaba de decir? —Oigo a Jamie preguntar a alguien—. La chica habla
como si se hubiera criado en la calle. Es una aspirante —dice. Oigo las risas
de las otras chicas retumbar en el gimnasio.
Justo cuando estoy a punto de llegar a los vestuarios, la señora Mazel me
detiene.
—Olivia —dice.
—Puedes llamarme Liv —digo.
—No tienes que renunciar. Esas chicas son duras, pero tú perteneces aquí
tanto como ellas —dice.
—Gracias, señora Mazel, pero realmente no sé cuál es mi sitio —digo.
Sus labios se fruncen en una mueca.
—Si necesitas hablar, mi puerta está siempre abierta. Y si quieres seguir en
el equipo, te enseñaré las rutinas y te daré un solo —dice.
—Se lo agradezco, pero no será necesario —digo.
—De acuerdo. Te veré en Educación Física mañana entonces —dice.
—Sí —Me giro una vez más, porque no puedo resistirme a ver a Jackson
haciendo sus ejercicios con pantalones cortos de gimnasia y una camiseta
que deja ver sus anchos hombros y sus musculosos brazos. De nuevo
nuestras miradas se cruzan brevemente.
—No toques lo que es mío, perra —dice Jamie, empujándome hacia el
vestuario.
¿Qué? ¿Está con Jackson Walt? Simplemente genial. Este día no puede ser
peor.
Me recojo el cabello, tomo una toalla, las sandalias y el gel de ducha de mi
casillero y me dirijo a la ducha. El entrenamiento de las animadoras ha sido
un gran entrenamiento y no quiero andar sudada toda la tarde.
Me meto en una de las duchas y me enjabono con el gel de ducha.
—Oh dios mío. No puedo creer que esa perra pensara que iba a animar a mi
equipo. No tiene derecho a estar aquí —Estoy noventa y nueve punto nueve
por ciento seguro de que es la voz de Jamie la que oigo.
—En serio. ¿Y has visto cómo miraba a Jackson? —dice otra chica. Supongo
que es Jessie—. Ella quiere a tu hombre. Será mejor que tengas cuidado.
—No es su hombre. Lo perdió cuando se enrolló con Christian —dice otra
chica.
—Cállate —Creo que Jessie dice—. De ninguna manera voy a dejar que le
ponga las garras a Jackson.
—Como si tuvieras el control de eso —dice la chica cuya voz no puedo
identificar.
—Pienso arreglar las cosas con él en Halloween —dice Jamie.
—Eso es mañana —dice otra chica.
Termino de limpiar mi cuerpo, pero no quiero salir del cubículo porque está
claro que no sabían que estaba aquí. Las puertas de cristal son opacas.
Espero a que se vayan y salgo de la ducha. Como he sido la última persona
en reclamar un casillero, el mío está en el otro lado del vestuario.
Me visto rápidamente y llego justo a tiempo para empezar mi clase de
microeconomía. Cuando entro en la clase, el profesor no está allí, y suelto un
suspiro. No necesito ningún problema en mi primera semana de clase,
aunque parece que los problemas me han encontrado a mí.
—Parece que alguien tuvo un cambio de imagen —dice el tal Marco.
—Sí, así es —respondo a la defensiva.
Levanta las manos.
—Oye, relájate. Me gustabas más como Tarta de Fresa.
No sé qué pensar de su comentario. ¿Es un cumplido o me está preparando
para más acoso?
—Claro —Paso junto a él y tomo asiento al fondo de la clase. Me pregunto
dónde estará Evan.
—Oye, ¿cuál es tu problema? —pregunta, tomando asiento en el escritorio
frente a mí. Se gira para mirarme.
—No tengo ninguno. ¿Cuál es tu problema? —digo.
—Estoy tratando de ser amable contigo —dice.
—No soy amable —digo, porque hay algo en él que me desagrada.
—Bien —se burla. Se da la vuelta y le miro fijamente la nuca. No sé si estoy
loca o si acabo de rechazar la posibilidad de tener otro amigo. Tacha eso. Evan
dijo que ese tipo es de la realeza de The Colony, no hay manera de que quiera
ser amigo mío.
Evan entra al mismo tiempo que nuestro profesor. Está sin aliento cuando se
deja caer en la silla a mi lado. Parece… ¿un poco alterado?
Lo miro.
—¿Estás bien?
—Sí —Me hace señas para restarle importancia—. No es nada —Se ajusta la
camisa y el cabello.
El profesor empieza la clase y yo escucho, porque es lo que mejor se me da.
Cuando aprendo cosas nuevas, es como si el resto del mundo se desvaneciera.
Sólo me ocupo del material que tengo delante. Es real, y tener el conocimiento
me llevará a lugares, y sin embargo no sé dónde quiero estar. Me siento como
un árbol sin raíces, o un cachorro sin familia que lo proteja. Mi abuela se
acercó y me acogió, pero no nos conocemos. Vuelvo a centrarme en el
profesor. Desconectar en una clase como ésta puede costarme las notas.
Los setenta y cinco minutos pasan volando y Evan y yo salimos del aula.
Marco no me mira, y eso está bien.
Papeles anaranjados ensucian el pasillo.
—¿Qué es todo esto? —Le pregunto a Evan.
—La fiesta de Halloween. Es una especie de tradición de Havergale. Los
Johnsons siempre organizan una gran fiesta. Todo el colegio está invitado.
Bueno, excepto los novatos —explica.
Me agacho y recojo un folleto.
—¿Sabes quién es este Johnson? —Le pregunto a Evan.
—Forma parte de los populares. Su casa está en la playa y tiene una gran
piscina. Va a ser una fiesta salvaje —dice, pero lo dice como si no pensara ir.
—¿Qué planes tienes para Halloween? —pregunto, mirando de Evan al folleto.
—No estás considerando ir a esta cosa. ¿Verdad? —Sus ojos se abren de par
en par alarmados.
—En realidad, sí. Deberíamos ir juntos —digo.
Evan se pasa una mano por el cabello.
—No estoy seguro de que sea una buena idea que vayas conmigo.
—Bueno, estoy segura de que no voy a ir sin ti —digo.
—Eso es dulce —Asiente con la cabeza—. Mira… um…
—¿Qué te pasa? —Le pregunto. Se está comportando de forma muy extraña.
¿Está harto de mí? ¿Ya no quiere que seamos amigos? Eso fue rápido—. ¿Por
qué has llegado tarde a clase? —Entorno los ojos hacia él.
—Mira, Nancy Drew. No es gran cosa —se burla.
—¿Qué no es un gran cosa? Si no quieres que seamos amigos, sólo dilo. Lo
entenderé —digo. No espero una respuesta cuando empiezo a alejarme.
Evan extiende la mano y me tira del hombro.
—No es eso. Caramba. Realmente no tienes tan buena opinión de ti misma.
—Puedo decir lo mismo de ti —le espeté.
—De acuerdo —Levanta las manos—. Retrocede. Definitivamente quiero que
seamos amigos. La razón por la que llegué tarde a la clase fue… —se detiene.
—¿Fue qué? —pregunto un poco ansiosa.
—Mira, algunos de los chicos me estaban maltratando cerca del patio. Ocurre
de vez en cuando. Intento asegurarme de no estar solo, pero a veces no se
puede evitar —No me mira a los ojos. Su mirada está fija en el suelo.
—Bueno, ¿quién jodidos fue? Les voy a dar una patada en el culo —digo.
Evan resopla de risa.
—Eres adorable, pero son una banda de atletas. Es imposible que una chica
de tu tamaño pueda con ellos.
—Evan, sólo dame sus nombres y deja que me encargue de ello —digo.
—No sabía que mi mejor amiga era un jefe de la mafia —dice, y los dos nos
echamos a reír. Caminamos hacia nuestros casilleros.
—Ven conmigo a la fiesta de Halloween. No te dejaré solo. Si esos tipos están
allí, puedes señalármelos y les haremos pagar —digo con un gesto cortante.
Los labios de Evan se mueven hacia un lado y sus ojos parecen llenos de
emoción.
—Con una oferta así, ¿cómo puedo negarme?
Bien. Haremos pagar a esos tipos, y encontraré una manera de llamar la
atención de Jackson. Mañana por la noche será todo sobre la venganza. ¿Esas
zorras pensaron que podían echarme del equipo de animadoras y que no les
devolvería el golpe? Bueno, estaban muy equivocadas.
Tras otro día mediocre en el colegio, me dirijo a casa con Gerard. Me ofrece
un bocadillo cuando entramos por la puerta, pero estoy demasiado ansiosa
por ponerme el disfraz. Evan tuvo la amabilidad de ir a una tienda de disfraces
anoche y comprar disfraces a juego para nosotros. Nunca antes un amigo se
había involucrado tanto en una amistad. Tish era genial. Compartíamos el
amor por el hip hop, y ambas teníamos una vida hogareña jodida, pero no
creía del todo que me cubriría las espaldas, pasara lo que pasara. No es que
crea que Evan lo hará porque, demonios, sólo han pasado unos días, pero veo
que el chico tiene potencial.
Estoy a punto de dirigirme a mi habitación en el segundo piso cuando la
abuela dice:
—Hola, Olivia. Me alegro de haberte encontrado.
Me detengo a mitad de camino y me doy la vuelta.
—Hola, abuela.
Vuelvo a bajar los escalones. Mi abuela es una mujer elegante. Lleva un
pantalón de vestir azul marino y una blusa blanca. Es alta, de huesos
pequeños y no tiene ni un gramo de grasa en el cuerpo, a pesar de tener unos
sesenta y cinco años. Lleva el cabello recogido con una pinza de perlas y no
lleva maquillaje en el rostro. Aparte de los diamantes que lleva en las orejas
y en el dedo, es una representación perfecta de la elegancia sencilla.
—Me alegro de haberte pillado. ¿Por qué no vienes a sentarte conmigo en el
salón? —dice.
—Claro —digo.
Gerard se acerca a mí.
—¿Puedo poner esto en su habitación? —me ofrece, refiriéndose a mi traje.
—Eso no es necesario —digo.
—Por favor, señorita Grant. Será un placer —insiste.
—Gracias —Le paso el traje a Gerard y sigo a la abuela al salón.
Tomamos asiento en las sillas con respaldo que están situadas una al lado de
la otra. La postura de la abuela es perfecta. Todo en esta casa es perfecto.
—¿Cómo estás, Olivia? —pregunta.
—Estoy bien —respondo—. ¿Cómo estás tú? —pregunto a su vez, porque,
aunque ella y mi padre estaban distanciados, seguía siendo su hijo.
—Lloré la pérdida de David hace mucho tiempo. Tu abuelo y yo sabíamos que
iba por un camino peligroso y nos sentíamos impotentes para detenerlo. Lo
tuvimos en rehabilitación en Los Ángeles en un momento dado, después de
que dejara a tu madre, pero se marchó antes de terminar el tratamiento. No
era lo suficientemente fuerte como para seguirlo —dice ella.
Hablar de mi padre hace que se me retuerza el estómago y jugueteo con los
dedos.
—Quiero que sepas que puedes hablar conmigo de cualquier
cosa —dice—. Sé que parezco una vieja pomposa, pero también fui joven una
vez.
—N-no creo que sea así —murmuro.
—Asistí a la Academia Havergale. Puede que sea de otra generación, pero sé
cómo son los chicos de allí —dice.
—¿De verdad? ¿Cómo era cuando estabas allí? —pregunto.
—Había una multitud. Eran jóvenes y estúpidos. Pensaban que gobernaban
el mundo, y quizás en cierto nivel lo hacían, porque sus padres eran
poderosos —dice, inclinando la cabeza de lado a lado—. Odio admitir que yo
era una de esas chicas populares. Pensaba que era intocable. Venía de una
familia rica y me casé con un hombre igual de rico, y juntos tuvimos un
imperio, pero en el camino me enseñaron algunas lecciones crueles.
—¿Cómo qué? —pregunto, interesada. Mamá siempre estaba demasiado
ocupada, así que nunca tenía tiempo para charlar conmigo, y papá se pasaba
los días durmiendo y las noches trabajando. Tampoco tenía tiempo para mí.
—Aprendí que el viejo dicho es cierto. El dinero no puede comprar el amor.
Tu abuelo y yo éramos una pareja poderosa. Por fuera parecíamos los novios
de América, pero no había amor real entre nosotros. Y tu padre, creció en ese
ambiente. Yo era una mujer solitaria. Odio admitirlo, pero me encerré en mí
misma. Tu padre fue criado por la servidumbre. No fui una buena madre,
pero aquí en The Colony las cosas se hacían así —dice.
Mamá y yo vivíamos en un barrio a las afueras de The Colony. Había casas
preciosas, que supongo que pagaron mis abuelos, pero no teníamos ayuda.
Siendo sólo mamá y yo, no era necesario.
—Lo entiendo. Todo el mundo vive así por aquí —digo.
—Es cierto —asiente ella, y sus ojos se llenan de lágrimas—. Tu padre llegó a
odiar todo lo que representaba esta vida. Era el heredero de un imperio que
no le interesaba. Tu abuelo lo presionó mucho y eso lo alejó. No quiero
cometer los mismos errores contigo. Sé que tu vida con David debe haber sido
dura.
No quiero responder lo difícil que fue. Ella se acercó a mí a lo largo de los
años, pero sentí que, si venía aquí, estaría traicionando a papá.
—No pasa nada. Lo entiendo —dice, comprendiendo mi silencio.
—Me siento culpable de estar aquí, incluso ahora —admito, sorprendiéndome
a mí misma.
—Gracias por compartirlo. Sé que no es fácil —dice.
Bajo la mirada hacia mis dedos, que están entrelazados, y de repente me dan
ganas de llorar.
—Se enfadaría conmigo, seguro —digo.
La abuela se inclina y pone su mano sobre la mía. Su piel es suave y frágil.
—Él no tiene derecho a tener ninguna culpa sobre ti ahora. Tenía una
responsabilidad contigo y falló. Ninguna nieta mía va a quedarse sin
hogar —dice.
—Gracias por acogerme —digo en voz baja.
—Dulce niña. No necesitas agradecerme. Soy yo quien te ha fallado. Quiero
que sepas que sólo quiero apoyarte. No te sientas como si fueras la única
heredera de la fortuna de los Grant. Nada de eso importa. Quiero que hagas
la vida a tu manera. Encuentra algo que te apasione y ve tras
ello —dice—. Si tuviera una segunda oportunidad en la vida, eso es lo que
haría —Sonríe con tristeza.
—¿Y si no sé lo que quiero hacer? —pregunto, mirándola.
—Eso también está bien. Eres joven. Tienes tiempo para tomar las grandes
decisiones —dice.
—Gracias, abuela. Te lo agradezco mucho —digo.
—Por favor, no me lo agradezcas, sólo debes saber que estoy aquí para
ti —dice.
—De acuerdo —Me pongo de pie y me acerco a ella. Se pone rígida, pero me
inclino y la abrazo.
—Oh —dice con sorpresa en su voz mientras se ríe. Mantengo el abrazo
durante unos segundos antes de que ella lo devuelva con una palmada en la
espalda—. Creo que tengo que darte las gracias —dice—. No crecí en una
familia en la que mostráramos nuestro afecto. Ese abrazo me sentó muy bien.
—Creo que a veces todos necesitamos un abrazo, ya sabes —digo.
Me alejo.
—No lo sé, pero estoy dispuesta a aprender e incluso a practicarlo a
diario —dice, y algo en su comportamiento parece más relajado. Tal vez
incluso más feliz.
—Tengo que ir a prepararme para la fiesta de Halloween de esta noche —digo.
—Sí, el famoso evento de Halloween —dice ella—. ¿De qué te vas a disfrazar?
—Evan y yo llevamos disfraces iguales. Él va a ser Drácula y yo su hija,
Mavis —digo.
—Qué trágico —La abuela se ríe, pero luego sus rasgos se
endurecen—. Olivia —dice.
—Por favor, llámame Liv —digo.
Sus ojos se arrugan en las esquinas y sonríe.
—Liv, odio sacar el tema, pero tu madre ha llamado. Al parecer, el hospital la
llamó para notificarle el fallecimiento de tu padre —dice.
—De acuerdo —respondo.
—Ella preguntó por ti. Quiere verte —dice.
—Es bonito que sólo se acuerde de mí ahora —digo—. Pero no me interesa.
—Llamó a lo largo de los años para comprobar que estuvieras bien —dice la
abuela.
—Abuela, no sé lo que implica ser madre, pero estoy segura de que implica
algo más que comprobar —digo mientras me hierve la tensión.
—Lo entiendo. Sólo quería que lo supieras —dice.
—Ahora lo sé —respondo.
—No quiero molestarte. Sal y pasa una buena noche. Sólo ten cuidado, Liv.
Esas fiestas pueden volverse un poco locas —dice—. Y si necesitas que te
traigan a casa puedes llamarme… a cualquier hora de la noche.
—Gracias, abuela —digo con una sonrisa. Sea lo que sea lo que está
ocurriendo, se siente bien, pero vamos a ver cuánto dura.
—Por supuesto —responde ella.
Salgo del salón y paso junto a Gerard. Juro que parece que tiene los ojos
rojos. ¿Estaba escuchando?
—Hágame saber si necesita algo, Srta. Grant —dice.
—Por favor, llámame Liv —respondo.
—De acuerdo.
—Estoy bien, gracias —digo—. No me quedaré a cenar esta noche.
—¿Puedo prepararle un sándwich rápido entonces? —pregunta.
—Eso sería perfecto —digo.
—¿Qué le gustaría, Srta. G… Liv? —pregunta.
—Sorpréndeme, —digo.
—Lo haré —Sonríe.
Me dirijo al piso de arriba. Tengo que ducharme y afeitarme las piernas para
esta noche, además de secarme el cabello, aunque lo tengo cubierto con una
larga peluca negra. Me relajo en el baño y escucho algo de música con los
AirPods que me ha regalado la abuela. Luego me tomo un tiempo para
secarme el cabello y vestirme. Evan me manda un mensaje de texto diciendo
que su chófer me recogerá a las diez, para que podamos beber. La verdad es
que no bebo, pero no se lo digo a Evan. De todos modos, me alegro de que me
lleve.
El chofer de Evan no puede entrar en el largo camino de entrada que lleva a
la extensa mansión de los Johnson, así que salimos a la calle y le damos las
gracias. Evan tiene un aspecto épico con su capa negra, su peluca negra y su
cara blanca con sangre chorreando por un lado de la boca. Yo también añadí
un pequeño toque extra de sangre en el lado de mi boca, así que coincidimos.
—Ese traje es sexy —dice Evan, mirándome. Mira mi vestido negro de arriba
abajo. Me abraza en todos los lugares adecuados, aunque las únicas curvas
que tengo son mis pechos, que se mantienen en su sitio con mi nuevo
sujetador push-up.
—Eres gay —le recuerdo.
—Es cierto, pero no estoy ciego —dice.
—Gracias —Hago una reverencia. Tengo cuidado cuando lo hago porque este
vestido es un poco corto.
Me ofrece su brazo y caminamos hacia la casa. El suelo vibra por el sonido
de la música. Bajamos por un camino que lleva al patio trasero. La fiesta ya
está en pleno apogeo. Hay gente en la gran piscina infinita. Incluso hay gente
de pie encima de la gran fuente que desemboca en la piscina.
—¿Has traído un traje de baño? —pregunta Evan.
—No, sólo mi ropa interior —digo.
—Perfecto —responde Evan.
La mansión es tan impresionante como la que vivo ahora con mis abuelos.
Hay mesas preparadas con comida. Chicos y chicas se pasean con los
disfraces más locos. Nos dirigimos a la pista de baile, donde un grupo de
personas vestidas con disfraces de La Casa de Papel y máscaras en la cara
bailan en círculo. Evan nos guía hasta una mesa que tiene todos los licores
imaginables.
—¿Cuál es tu veneno? —pregunta.
—Oh, yo no bebo —digo.
Se encoge de hombros.
—De acuerdo, entonces —Se sirve una buena ración de vodka con un poco
de soda.
—Eso no puede saber bien —digo.
—No lo hace, pero al menos estoy cuidando mis calorías —Sonríe y toma un
trago, luego pone una cara como si hubiera comido algo agrio.
—Asqueroso.
—¿Bailamos? —pregunta.
—Oh, diablos, no. Mira lo que ha arrastrado el gato —dice una voz detrás de
mí. Me giro para ver a Jamie y su grupo. Todas están vestidas con trajes
ceñidos y tacones altos. Una de ellas tiene orejas de perro, otra tiene orejas
de gato, Jamie tiene orejas de conejita y otra chica parece un conejo.
—Vete a la mierda —digo y paso junto a ella.
—Esta vez no te vas a librar de mí —dice, caminando tras de mí.
—Sí, lo voy a hacer. Apártate de mi camino, perra. No quieres empezar
conmigo —gruño.
La gente que nos rodea emite sonidos de admiración.
—Ella no vale la pena. Vamos —dice Evan.
—Ella no vale la pena, pero no me voy a ir. Esta fiesta era de invitación
abierta —digo.
Jamie se adelanta y me empuja en el hombro. Está claro que intenta
presionar todos mis botones, pero no dejaré que me afecte esta noche, porque
tengo mis propios planes.
Miro a Evan.
—¿Qué tal si vamos a ver la casa encantada?
—Me gusta tu forma de pensar. —Sonríe.
Tomo a Evan de la mano y paso junto a Jamie y su grupo. Se quedan atrás,
pero no voy a dejar que me desanime.
—Ojalá tuviera tus pelotas. —Evan se ríe.
—Mis pelotas de mujer fueron ganadas a pulso —digo.
Nos dirigimos a una gran tienda que está decorada con todo tipo de
esqueletos. Incluso tiene muñecos que se mueven por un camino que parecen
zombis y vampiros.
—Esto es realmente genial —digo.
—El año pasado no vine a la fiesta, pero todo el mundo estuvo hablando de
ella como una semana en el colegio después.
—Puedo entender por qué —digo mientras entramos en la tienda. El lugar
está oscuro con una iluminación roja que le da una sensación inquietante.
Hay flechas fluorescentes a lo largo del suelo que nos indican el camino a
seguir porque algunos lugares son demasiado difíciles de ver.
Me agarro con fuerza al brazo de Evan.
—Ya no estamos en Kansas, Dorothy —dice.
—Esperemos que el mago no sea un zombi loco que no mantiene sus manos
para él —murmuro. La verdad es que estoy completamente asustada. No soy
fan de la oscuridad ni de las sorpresas inesperadas y esto entra dentro de
ambas.
De repente, las luces parpadean y un zombi aparece de la nada. Grito a todo
pulmón y jalo de Evan para que vaya más rápido. Él acelera a mi lado.
—Mierda, eso parecía demasiado real —dice.
Continuamos siguiendo las flechas cuando empieza a sonar una música.
Suena como una canción catastrofista de una película de terror. Las luces
rojas parpadean y entonces dos esqueletos caen delante de nosotros, seguidos
por un ogro gigante. El ogro camina a cámara lenta y tiene espuma en la boca.
—Santa mierda —Agarro el brazo de Evans con tanta fuerza que mis uñas
rompen la carne.
—Ah, duele —grita.
—Lo siento —Suelto ligeramente mi agarre—. ¿Por qué acepté venir aquí?
Seguimos por la tienda y me pregunto qué pesadilla será la siguiente. Una
chica colgada de una cuerda se balancea frente a nosotros, y mis nervios
están en su último hilo.
—Eso es todo. Acelera. Necesito salir de aquí —digo.
Jalo de Evan en la oscuridad. Cuando tropiezo con algo, o con alguien, mis
nervios están tan crispados que grito.
—Oye, lo siento por eso —la voz es profunda y suave y definitivamente
masculina. Quienquiera que sea me pone las manos sobre los hombros para
tranquilizarme. Cuando mi cabeza se despeja del miedo, alzo la vista para ver
unos orbes azul oscuro que me miran.
—No, e-está b-bien. Sólo estoy asustada —le digo a Jackson.
—Sí, este año lo han hecho super genial —responde—. Pero quizá se han
pasado un poco.
—¿Un poco? —digo, con un tono un poco agudo. Jackson tiene puesta su
camiseta de fútbol. No es muy creativa, pero, no obstante, está superguapo.
—¿Quieres tomar un trago conmigo? —pregunta.
Miro a Evan. Le prometí que no lo dejaría.
—Estoy aquí con mi amigo —digo.
Jackson mira hacia Evan.
—Hola, amigo. Encantado de conocerte. Soy Jackson —Jackson extiende su
mano a Evan, pero éste no se mueve.
Al principio, creo que Evan no ve la mano de Jackson en la oscuridad, pero
luego me doy cuenta de que está congelado. Le doy un golpe en el costado y
grita antes de extender la mano a Jackson.
—Evan, encantado de conocerte —dice.
—Sí, igualmente, amigo —dice Jackson.
Mira entre Evan y yo.
—¿Qué tal si vamos todos a tomarnos algo? —sugiere.
—Me parece bien —respondo también por Evan. De ninguna manera voy a
dejar pasar esta oportunidad.
Salimos de la tienda y mi ritmo cardíaco se relaja.
Miro a Evan y le lanzo una mirada de Oh dios mio, porque santo cielo,
Jackson quiere tomar un trago conmigo.
Salimos de la tienda y Jackson nos está esperando.
—Es Liv, ¿verdad? —dice.
Intento contener mi sonrisa.
—Sí.
—Fuimos juntos a la escuela secundaria —dice, y no es una pregunta.
Asiento con la cabeza.
—Genial —dice.
Quiero decir algo que suene genial y significativo o, al menos, divertido, pero
me quedo muda ante su magnífico rostro y cuerpo.
—Sí, estoy tan feliz de que Liv haya decidido volver —dice Evan.
Él me salva.
—Esta fiesta es algo —digo finalmente.
—Es una locura cómo los Johnson se esfuerzan por organizar esta fiesta. Es
como si cada año se superaran a sí mismos —dice Jackson.
—Realmente lo han hecho —estoy de acuerdo.
—¿Quieren ir al bar a tomar algo? —Jackson pregunta.
Miro a Evan.
—Sí, claro —dice.
Seguimos a Jackson por un camino.
—He visto a Jamie molestándote. No le hagas caso —dice—. Esa chica no
puede vivir sin drama en su vida.
—¿No son tú y Jamie algo? —pregunto. No sé de dónde viene mi repentino
ataque de valentía, pero tengo curiosidad después de toda la charla que
estaba soltando en el vestuario. Además, no voy a ir a por Jackson si está
tomado.
Jackson me mira de arriba a abajo, y puedo decir que le gusta lo que ve.
—Estuvimos una y otra vez, pero ahora estamos definitivamente separados.
He terminado con su mierda —dice.
—Genial —Asiento con la cabeza y sonrío.
Sonríe y nuestros ojos se fijan, y una sacudida de electricidad recorre mi
cuerpo.
Llegamos a una mesa de alcohol y Jackson se dirige a mí.
—¿Qué puedo ofrecerte? —me pregunta.
—Um… ¿qué recomiendas? —pregunto.
—Tomaré un cooler —digo.
—¿Eres una chica de vodka con arándanos o quieres un cooler? —pregunta.
Jackson agarra uno y sonríe mientras me lo pasa. Nuestros dedos se rozan.
Evan se acerca a la mesa para servirse otro vaso, y se toma dos shots de una
vez. Le pido que me sirva uno a mí también, y él frunce el ceño. Le pido con
los ojos que se calle y me sirva el maldito trago. Y lo hace.
El shot arde cuando baja y tomo un trago del cooler.
Evan, Jackson y yo nos quedamos hablando un poco más. Jackson está
siendo amable con Evan, lo que me gusta.
Es entonces cuando Jackson mira a Evan.
—Amigo, ¿te importaría si te robo tu cita para bailar un poco? —Supongo que
es de dominio público que Evan es gay.
—Sí, adelante —Nos hace señas para que nos vayamos.
Miro a Evan, y con mis ojos, vuelvo a preguntarle en silencio, ¿estás de
acuerdo con esto?
Asiente con la cabeza.
—Vete de aquí y diviértete —dice. Parece estar en camino de estar borracho.
Jackson me tiende la mano y la tomo. Nos guía hasta una pista de baile
improvisada en la que los cuerpos chocan y se mueven a nuestro lado. Se
mantiene a una distancia respetuosa y empezamos a bailar.
—Tengo que admitir que entré en esa casa encantada buscándote —dice.
—¿De verdad? —El shock en mi voz es real.
—Sí…
Está a punto de decir algo cuando Jamie y su grupo se acercan a él y ella le
toca el hombro. Hablando de mal momento.
Jamie le susurra algo al oído. Ojalá supiera lo que le está diciendo. Le pasa
las mano por sus anchos hombros y luego presiona sus pechos en el pecho
de él mientras sigue diciéndole quién sabe qué.
Luego se retira y Jackson me mira.
—Lo siento… tengo que… eh… irme. Me necesitan en casa.
—Um, ¿qué? —Miro a Jamie y la cabeza me da vueltas. Mi instinto es darle
un puñetazo en la maldita cara, sólo que esto no es Michigan. Esto es la
maldita Colony. Tengo que vengarme haciendo algo tan turbio como lo que
ella hizo.
Jackson se va y Jamie me sonríe.
—Es hora de sacar la basura —dice, mirándome.
—Vete a la mierda —digo, y me acerco a Evan, que ha visto todo lo que ha
pasado.
—Es una perra —dice—. Le gustabas, lo vi.
—No lo sé —digo. La decepción me cubre. ¿Cuándo voy a tener la oportunidad
de volver a estar con Jackson o de que se fije en mí? Nunca.
Pasamos por la piscina.
—Mierda. No llevan ropa —digo.
—Sí, he oído que eso pasa —dice Evan.
Nos quedamos en el césped fuera de la zona de la piscina cerrada. La zona
está lo suficientemente bien iluminada como para que podamos ver la ropa
esparcida por toda la cubierta de la piscina y las sillas. Debe haber al menos
veinte cuerpos desnudos en esa piscina.
—Tengo una idea —dice Evan, y sus ojos brillan.
—Te escucho —digo.
—Esos tipos son los que me golpean todo el tiempo en la escuela. Yo digo que
les robemos la ropa —dice. Está claro que está borracho, pero estoy dispuesta
a vengarme.
—Eso es jodidamente brillante —digo—. ¿Pero cómo conseguimos su ropa sin
que nos vean?
—Amiga, están borrachos hasta el culo —dice.
Sigo a Evan a lo largo de la acera exterior de la piscina, donde hay una larga
varilla enganchada. Hay una red en un extremo de la varilla, que supongo
que se utiliza para limpiar la piscina. También hay varias zonas de árboles y
arbustos alrededor de la cera. Evan sugiere que nos escondamos entre los
arbustos y levantemos la ropa poco a poco, pieza a pieza.
—Sabía que éramos amigos por una razón —le digo.
—Sí, creo que tus pelotas de mujer se me están pegando —dice, y yo intento
no pensar en la burda implicación literal de eso. En cambio, me río. Estoy
orgullosa de mi amigo por tomar las riendas, y esto es una buena distracción
después de lo ocurrido con Jackson.
Estamos barriendo lentamente la ropa de la cubierta de la piscina y tirándola
a los arbustos cuando oímos a alguien aclararse la garganta.
Mis ojos se abren de par en par y le lanzo a Evan una mirada de ciervo
atrapado en los faros. Él me devuelve el gesto. Estamos jodidos.
—Ya pueden salir —dice la voz de un tipo.
Bajo lentamente la vara en el suelo y salgo de los arbustos.
Marco está de pie con los brazos cruzados sobre el pecho. Lleva un uniforme
de fútbol. Estos deportistas no tienen una pizca de creatividad.
—Esto no es lo que parece —digo.
Evan me pasa el brazo por encima del hombro.
—Esto es exactamente lo que parece. Mi chica y yo estábamos ocupados ahí
abajo cuando nos interrumpiste —dice Evan en voz baja. Está más borracho
de lo que pensaba.
Marco me mira, sus ojos oscuros evaluando. Luego me examina y mira a
Evan.
—Lo digo con todo el respeto, amigo, pero pensaba que no te gustaban las
vaginas —dice Marco.
Evan se desinfla y quita su brazo de mi hombro.
—Atrapado —Se ríe. Sí, definitivamente está borracho.
Marco baja los brazos.
—Bien, volvamos al trabajo —dice.
Evan y yo nos miramos, totalmente confundidos. Marco toma la varilla y
vuelve a acercarse a los arbustos.
—¿Van a venir? Tenemos mucho más que robar.
Evan y yo estallamos en carcajadas y seguimos a Marco hacia los arbustos.
Robamos el resto de la ropa. Nadie se da cuenta. Las dejamos en los arbustos
y nos alejamos.
—Pronto habrá gente molesta —dice Marco.
—Se lo merecen —digo.
Marco se calla mientras me observa. No sé lo que quiere.
—Tengo una propuesta —dice.
—¿Perdón? —Balbuceo. ¿Qué tipo de propuesta podría tener para mí?
—Una propuesta. Ya sabes. Como un trato de negocios —Me mira de arriba
abajo.
—No soy ese tipo de chica —le digo.
Marco estalla en carcajadas. Sus hombros tiemblan con el movimiento.
—No es de ese tipo —Mueve la cabeza hacia mí. No sé qué decir, pero hay
rumores en la escuela de que su familia es de la mafia en Italia, así que no
estoy tan lejos.
—¿Qué tienes en mente? —El alcohol en mis venas debe ser la única razón
por la que lo entretengo.
—Creo que deberíamos fingir que estamos juntos —dice.
Resoplo de risa.
—Espera, escúchame —dice. Me quedo callada mientras Evan se queda a mi
lado, riendo tan fuerte que se desploma—. Quieres a Jackson Walt. Es
evidente. Puedes darle celos estando conmigo. Además, estar conmigo
también te dará crédito en la escuela. Es una buena oferta para ti en
general —dice, seguro de sí mismo.
—¿Y qué consigues con ello? —pregunto.
—Mi novia acaba de romper conmigo. ¿Qué mejor manera de enfadarla que
salir con la chica más odiada del colegio? —dice.
Sus palabras se sienten como un puñetazo, aunque no deberían. Puede que
mi abuela me haya acogido de nuevo en The Colony con los brazos abiertos,
pero el resto de la escuela me ha etiquetado como enemigo número uno.
—Entonces, ¿qué dices? —Alza su barbilla y me observa, esperando mi
respuesta.
Continuará...
Hasta la fecha la autora no ha publicado la historia.
Wicked King
Cara
Dicen que los chicos malos están hechos para romper corazones. No sabía lo
suficiente sobre los chicos como para saber si eso era cierto. Lo que sí sabía,
podía resumirlo en el hecho de que mi amor de la infancia me odia, mis padres
están muertos y me queda un año para ser libre y tomar mis propias
decisiones.
Me meto la camisa de vestir blanca en la cintura de mi falda de cuadros
negros y dorados. Está suelta, demasiado suelta, pero mi apetito no ha estado
presente desde el 4 de julio. Ya es septiembre y estoy en el último año, pero
no voy a mi instituto habitual, donde conozco a todo el mundo. No estoy en
un lugar familiar, esta casa, esta ropa, incluso la costosa mochila que cuelga
del respaldo de mi silla es extraña. Me tumbo en la cama y miro el techo.
Echo de menos mi dormitorio color rosa claro con cortinas de encaje y
muebles con espejo. Era bonito y decadente, no como los pesados muebles de
caoba, las paredes blancas y la ropa de cama de mi nueva habitación. La
habitación de invitados.
Eso es porque mis padres se han ido. Un accidente de bote en el lago George.
De milagro me sacaron del agua con sólo un golpe en la cabeza. Estaba
enfadada por haberme quedado huérfana en un momento tan inoportuno de
mi vida y acribillada por la culpa de no haberme preocupado más. No es que
mis padres fueran mezquinos y crueles, sino que yo era más bien un accesorio
de moda que pasó de moda cuando dejé la ropa de bebé y empecé a formar
mis propias opiniones sobre política.
Así que ahora vivo con mi tutor y su hijo, que ha estado extrañamente ausente
desde mi llegada. El dolor de cabeza detrás mis ojos palpitan y hoy es el
primer día de mi último año en la Academia Kingston.
Llevo una semana aquí y aún no he visto al misterioso heredero de Kingston.
Pensé que seguramente Ryan se acordaría de mí. Su padre Ronin ha sido
amable, pero no lo conozco muy bien. La última vez que los vi a ambos, era
una niña de ocho años con los dientes torcidos y amante de los ponis y las
muñecas. Ahora soy una extraña que deambula por pasillos de baldosas de
mármol, y mi única compañía son los ecos solitarios de mis botines de tacón
y el tintineo de la pulsera de plata de mi madre.
Me obligo a salir de la cama. Mientras estoy fuera, alguien vendrá a ordenar
como si nunca hubiera estado aquí en primer lugar. Pretende ser un gesto
amable, pero sólo sirve para que me sienta cada vez más como la extraña que
soy. El reloj antiguo de mi tocador hace clic en otro minuto.
La Academia Kingston no espera a nadie, y menos a una niña rica huérfana.
No es la clase de escuela a la que se llega tarde. Nunca. Mi tutor movió los
hilos para que asistiera. El dinero y la reputación hacen eso. Es amable,
aunque un poco extraño. Su hijo es un misterio y mis recuerdos fugaces de
él son buenos incluso en su actual ausencia. Echaba de menos al chico que
me hacía bromas y luego desaparecía de repente. Un verano estaba allí y al
siguiente ya no estaba. Me dijeron que asistía a un campamento deportivo de
natación. Simulacro de las Naciones Unidas. Cursos de idiomas extranjeros
en el extranjero. Parecía que mi tutor llenaba el tiempo de su hijo con
experiencias para evitar traerlo desde el verano en que cumplí ocho años.
Otro misterio a la altura de esta gran casa solitaria y de los ocupantes de su
interior.
Agarro mi chaqueta de lana negra superfina, un elemento básico de mi
uniforme escolar, y me la pongo sobre los hombros. Agarro mi cabello largo
de la espalda y me hago una trenza francesa rápidamente tras leer el código
del uniforme de las chicas. Me quito una pelusa del hombro y toco el emblema
bordado. Un león dorado sobre un campo negro con una espada en el centro.
Los adornos lo hacen más elegante, pero no más llamativo. Esta es mi nueva
vida y será mejor que me acostumbre a ella.
—¿Cara? ¿Estás lista, cariño? —me llama Ronin, mi reacio guardián. Miro al
techo y recito una rápida oración para pasar el día. No quería hacer esto. No
me sentía preparada para hacerlo, pero significaba algo para mis padres, a
quienes amaba y había perdido. Si no podía hacerlo por mí, podía hacerlo por
ellos.
—Ya voy —grito recogiendo mi mochila y mi celular. Echo un último vistazo
a mi austera habitación y me prometo encontrar una forma de darle vida,
como si eso fuera a poner en marcha todo lo demás.
Ryan
Se infiltró en mi casa. Mi santuario. Mi cordura. La pequeña bruja de ojos
profundos como el océano y cabello oscuro como la medianoche. Solíamos ser
compañeros de juegos. Nuestras madres nos dejaban dormir la siesta en la
misma cuna mientras bebían mimosas con champán e intercambiaban
recetas para nuestros chefs personales.
Si no hubiera sido porque ese verano cumplí nueve años y ella ocho, habría
seguido viéndola todos los veranos. Era la forma en que se hacían las cosas
en nuestros círculos sociales y nunca se cuestionó. Niñeras, tutores,
entrenadores personales, lo que sea, lo teníamos.
Y entonces me pillaron haciendo las cosas curiosas que hacen los chicos y
me desterraron. Eso es lo que pasa cuando tu padre te pilla viendo a tu
enamorada ponerse el traje de baño por una rendija del armario. Ya entonces
estaba en la vía rápida para ser una mierdecilla, a pesar de que era un reto
de mi mejor amigo Christian. Quería saber si las chicas de nuestra edad
tenían tetas como las adultas.
¿Qué puedo decir?
Me encanta la ciencia.
Pero las cosas son diferentes ahora. Me habían dado el sermón de no ser un
pervertido mientras ella estuviera aquí y de ser amable. Sea lo que sea que
signifique eso. Además, había visto muchas tetas desde entonces, y hasta
ahora no había nada impresionante en las pequeñas B de Cara Benson en lo
que a mí respecta.
Oh sí, la rendija en el armario, todavía está allí.
Simplemente estaba siguiendo esa hipótesis científica porque soy un
investigador dedicado. A Cara le sigue gustando ducharse y luego correr por
su habitación desnuda para secarse, lo cual sé porque lo compartíamos todo
hasta ese verano. ¿Quién más deja la ropa en perfecto estado sobre su cama
cuando hay una suite entera pegada al baño de uno?
Para eso está la ciencia: para catalogar comportamientos, encontrar patrones
en las anomalías y averiguar por qué las mujeres hacen las cosas raras que
hacen.
Puede que mi padre se viera obligado a acogerla porque mi tío Joshua no
podía, pero no tenía por qué gustarme ni cómo su sola presencia trastocaba
mis planes cuidadosamente trazados. Se suponía que debía estar en
California terminando mi último año en la Academia Kingston de la costa
oeste, no aquí, no con ella. Tenía una beca completa para ir a Stamford en el
equipo de natación; no es que la necesitara, pero me la había ganado.
Salí de casa antes de lo habitual para nadar antes del amanecer. Como
capitán del equipo de natación, tenía que mantener un récord y una
reputación que mantener. No tenía tiempo para pasear a la Señorita Nadie.
Ella podía encontrar su casillero por sí misma y encontrar su propio grupo
de nerds con el que pasar el rato. Papá dijo que ella quería estudiar pre-
medicina y como la Academia Kingston de la costa este tenía cursos
especiales de preparación, y el tío Joshua estaba demasiado ocupado, tenía
que venir aquí.
Ella tenía que arruinar mi año.
Debería haberse hecho examinar la cabeza antes de venir aquí.
Después de nadar, me duché y me dirigí a la sala principal. Efectivamente, la
carne fresca había llegado. No éramos una escuela grande porque éramos
exclusivos, pero nada era más emocionante que ver las caras aterrorizadas
de los estudiantes de primer año que llegaban. Hay setenta estudiantes en
cada clase, lo que significa la fecha de inicio de la escuela, 1870. Gracias a
los capitalistas inescrupulosos, los titanes de la industria y mis descendientes
directos, la escuela albergaba a los chicos más ricos del mundo. Podríamos
derrocar un país con los recursos que disponíamos, pero los toques de queda
y las hormonas nos mantenían ocupados mientras nuestros padres jugaban.
Yo sólo conocía las consecuencias de esto demasiado bien.
—¡Saluden al Rey! —Albie Ellsworth inicia el cántico mientras unos cuantos
alumnos de primer año se unen a él. Hice un simulacro de reverencia al
posarme en lo alto de la escalera de entrada. Todos aquellos alumnos de
primer año con los ojos muy abiertos tendrían que levantar la vista y verme,
y prácticamente hacerme una reverencia para poder entrar. Me encantaba.
—Bueno, mira eso, no es una novata —Christian Speck, mi pervertido mejor
amigo desde nuestros días de niñeras, rodea al grupo señalándola. Figúrate.
—Se ve positivamente deliciosa, ¿no crees? —Blair, la hermana melliza de
Albie, se lame los labios mirando a Cara como si fuera una piruleta. No es
muy exigente en sus gustos y se une a nuestro grupo porque no me parece
bien soltarla entre la población masculina sin supervisión.
—Suficiente Blair —Albie resopla antes de mirar mal a Christian. Esos dos
habían sido muy unidos antes del final de la escuela el año pasado, y ahora
apenas se toleran. Algo pasó, pero como siempre, soy el último en ser
informado de su espectáculo de mierda.
Pero puedes estar seguro de que tendré que arreglar cualquier problema que
surja.
—Vamos Albie, no hay nada como mirar las vidrieras, ¿eh? —Christian rodea
con su brazo a Blair abrazándola bajo su brazo. Así que así son las cosas. No
es de extrañar que Albie tenga una mirada homicida en su dirección.
Christian por fin se ha follado a Blair. Ya era hora por la forma en que bailan
alrededor del otro. Tal vez esto controle a Blair y mantenga a Christian fuera
de problemas, o nos explote épicamente en la cara. Voto por lo último.
—Deja de tocar a mi jodida hermana —Albie gruñe y yo le aprieto el hombro.
Va a tener que esperar hasta después de clase para patearle el culo a
Christian hoy. Tenemos un encuentro de natación y necesito que los dos
aplasten a la Preparatoria Paltzon.
—Voy a presentarme. No todos los días tenemos un estudiante transferido.
Chicos —Blair nos guiña un ojo con un tímido saludo y baja los escalones.
La vemos presentarse a Cara y rodear su brazo con el de ella.
—Esto va a terminar mal —Albie murmura antes de caminar hacia nuestra
primera clase, Ética Empresarial.
—¿Crees que debería hablar con él? —pregunta Christian, con los ojos
clavados en la dirección de Albie.
Suspiro tratando de decidir cuán involucrado quiero estar en este lío. No
mucho es mi decisión.
—Creo que deberías dejar de follarte a su hermana sólo para joderle. No es
divertido, amigo.
Christian se encoge de hombros a su manera y lo dejo pasar. Tengo otras
cosas de las que ocuparme, incluido un molesto huésped.
Las chicas suben los escalones y me fijo en la trenza apretada y la blusa
abotonada de Cara. Tengo ganas de desordenarla, de ensuciarla. Tal vez
levantarle la falda de cuadros y arrancarle las medias oscuras. Nunca había
tenido una reacción tan visceral ante una chica como ésta y no sólo porque
no me guste.
Ella tiene la alegría de vivir.
Quiero hacer algo más que odiarla. Aplastarla. Poseerla.
—Ryan, no me dijiste que tu invitada era estudiante de medicina —Blair atrae
mi atención diciendo dulcemente, aferrándose a su nueva mejor amiga de la
semana. Ella dejará a Cara una vez que consiga algo de ella, ya sea una tarea
copiada, un beso o su humillación. A Blair le gusta jugar con sus juguetes y
su comida por igual. Es divertido de ver hasta cierto punto y podría ser útil
más tarde. Si fuera un hombre mejor, advertiría a Cara, pero no lo soy y
estaba enfadado con ella por arruinar mi semestre de otoño.
Así que usé la munición que pude.
—Nunca será doctora, Blair. Una chica como ella no está preparada para
ello —Paso por delante de las dos caminando hacia el interior. El rostro de
Cara se cae. ¿Creía que sería un comité de bienvenida?
Absolutamente no.
Cara
—Ah, ignora a Kingston. Es un verdadero encanto —Blair murmura tirando
de mí hacia nuestra primera clase, Bioética Avanzada. Me dejo guiar por las
aulas llenas de estudiantes y subo las escaleras. Pasamos por las salas de
conferencias y nos deslizamos dentro de un laboratorio de ciencias dejando
nuestras mochilas en un carrito junto a nuestra mesa. Todo parece normal
hasta que deja de serlo. Me doy cuenta de que los demás estudiantes me
miran. Algunos son más evidentes que otros y está claro que alguien les ha
señalado sobre mi existencia.
Resoplo.
Ryan Laurent Kingston tendría que esforzarse más que esto para asustarme.
Encanto no es la palabra que estoy buscando. Más bien imbécil. Compañero
de casa del infierno. Se burló de mí alejándose. ¿Quién es él para pensar que
no puedo lograr algo? ¿Dónde se había ido el chico guapo con el cabello suave
y ondulado y los ojos grandes? En su lugar hay un bastardo cínico y engreído.
Blair me da un codazo después de que el profesor pase lista.
—Muéstrame tu horario para el resto de la semana.
Le paso mi hoja impresa en la que se destacan mis clases. Coro. Cálculo. Más
cursos de ciencias y una optativa de arte de la vida. Blair está en el coro
conmigo y en arte de la vida. Sus cursos no parecen estar centrados en un
conjunto de asignaturas en particular, sino más bien en lo que a ella le
apetece. Kingston considera que las clases de preparación para la universidad
son suficientes para un grado de artes liberales de dos años. Blair planea
viajar después de la graduación y trabajar para la compañía Ellsworth, así
que no es que necesite la universidad.
Debe ser agradable.
Todo mi dinero está inmovilizado en mi herencia que no puedo tocar hasta
los veinticinco años, y mientras asista a la universidad, saldrá en una
cantidad vivible hasta entonces. De ahí el tutor.
Ronin me dijo que esta noche cenaríamos todos para ponernos al día. Ha
estado trabajando mucho y desde que Ryan decidió ausentarse, esta sería la
primera vez que estaríamos todos juntos en la casa. Lo medito y desearía
poder inventar una excusa, desaparecer, tomar un vuelo a Siberia, cualquier
cosa menos tener que sentarme ante la presencia malhumorada de Ryan.
La alegría de las alegrías.
Suspiro.
—Háblame de la Academia Kingston —Insto a Blair a que me ponga al
corriente de cómo funcionan las cosas por aquí. No soy tonta ante la jerarquía
obvia que se me echa en cara y lo último que necesito es que me agarren
desprevenida.
Blair me informa que Ryan básicamente gobierna la escuela. No me
sorprende. Ella también tiene un hermano gemelo llamado Albie que es amigo
de Ryan. Menciona a Christian, su actual amigo con quien se acuesta. No le
da la menor vergüenza decirlo y lo recuerdo vagamente de aquellos pocos
veranos en Lake George, pero dejé de verlo el año en que Ryan dejó de asistir
con sus padres.
—Básicamente, no te metas con Ryan. Puede hacer la vida difícil o puede
hacerla divertida.
—De momento, parece empeñado en lo primero —Murmuro tomando notas
en mi cuaderno. Si puedo averiguar cuál es su problema, entonces tal vez
podamos llegar a una tregua de algún tipo. Eso espero.
Las clases se alargan y, aunque no veo a Ryan al final del día, su padre me
envía un mensaje preguntando si puedo encontrar quien me lleve a casa. Le
respondo que sí, y le ruego a Blair que me lleve. Lo bueno de los chicos ricos
es que la mayoría tiene auto. Odio conducir, pero no me quedo tirada porque
los chicos tienen una reunión de natación y Blair está libre para llevarme a
casa.
De vuelta a la gran casa vacía para no hacer más que los deberes y esperar.
Ryan
La reunión de natación es un cierre. La Preparatoria Paltzon no tuvo nada
contra nosotros y yo estoy en la cresta de la ola por haber ganado todas mis
pruebas. Se supone que tengo que volver a casa después para una cena
familiar, pero lo dejo pasar. ¿Qué es lo peor que puede hacer mi padre? No
tiene mucho control sobre mí desde que mi madre murió cuando yo tenía
once años. Tengo una beca completa esperándome y dinero que él no puede
tocar. La cena es un gran mierda que no me importa.
Vuelvo a la casa después de las ocho y está oscuro. La cena ha terminado, no
es que haya esperado que esperaran por mí y me alegro de que no lo hayan
hecho. No me apetece hablar de tonterías y me dirijo a la cocina y encuentro
que la criada Rosie me ha dejado un plato cubierto. Lo caliento y agarro un
tenedor para comer lo que pueda. Tengo un trabajo que escribir y un examen
para el que estudiar.
—Oh, no pensé que hubiera alguien aquí —Cara entra en la cocina todavía
con su uniforme, lo que me sorprende. Tímidamente toca el botón abierto de
su cuello.
—¿Necesitas algo, princesa? —gruño metiéndome el pollo a la parmesana y la
pasta en la boca masticando ruidosamente.
—Un vaso de agua, algunas de esas galletas que Rosie horneó —Ella se encoge
de hombros y yo dejo mi plato habiendo perdido el apetito.
—Vamos a dejar una cosa clara. Las galletas son mías. Esta casa es mía. La
escuela es mía.
—Son tres cosas —Cara cruza los brazos levantando el pecho. Dios, es
exasperante.
La saco de la cocina obligándola a salir. Vuelve a caminar en dirección a su
habitación, que está en la misma planta que la mía. No dejo de seguirla. La
acorralo hasta que entra en mi habitación.
—Crees que puedes hipnotizar a todos con tu aspecto de muñeca de
porcelana y tus maneras inocentes.
Ella resopla.
—No entiendo qué quieres de mí, Ryan.
El depredador que hay en mí se desata. Claro que hemos tenido años de
historia y una década de nada. Me pican las manos y la hago girar para no
tener que mirar sus ojos de abismo. Mis dedos se enredan en sus rizos
ofensivamente perfectos y me apoyo en su espalda mientras la presiono
contra la pared. Mi mano encuentra el borde inferior de su falda plisada y
perfectamente planchada.
No debería hacer esto. Si mi padre nos descubriera, yo sería el culpable, pero
quería desbaratarla y deshacer su fría compostura. Levanto lentamente la
falda de cuadros negros con corazones dorados y carmesí que piden ser rotos.
Mis uñas cortas suben por la parte posterior de su muslo, provocando el
deseoso siseo que tanto me gusta. Cara se contonea bajo mis atenciones y me
excita aún más oírla gemir y luchar contra mí.
Vuelve a repetir:
—¿Qué demonios quieres, Ryan?
—Quiero lo que siempre he querido. Tu conformidad. Tu sumisión. El
reconocimiento de que me perteneces.
—No eres dueño de una mierda, Ryan Kingston —Cara da una patada hacia
atrás, pero yo bloqueo el movimiento y meto la mano entre sus piernas
ahuecando su dulce y empapado sexo desde atrás.
—Soy dueño de este coño como todo lo demás. Soy un Kingston, es lo que
hacemos.
Ella resopla. Está claro que esta chica no tiene ni idea de quién y qué soy.
—Detente —gruñe mientras presiona su coño contra mis dedos.
Ella se empuja más cerca de mi toque. Para ser una persona tan
desagradable, sigue presionando hacia adelante. Puede que proteste
verbalmente, pero su cuerpo pide más.
—Cuidado chica, podría pensar que te gusta —Deslizo mis dedos por sus
pliegues empapados de miel hacia adelante y hacia atrás hasta que sus
caderas siguen mi ritmo.
—Te odio —Ella grita frotándose contra mí como si fuera su hierba para gatos
personal.
—El odio es lo mismo que el amor, Gatita Cara. Una moneda, dos
caras. —Me río.
—No me llames así.
—Creo que te llamaré lo que me dé la gana. De hecho, cock-slut11 suena
bastante bien.
—Ryan, no —Ella gime mientras presiono mi dedo dentro de su apretada
vaina.
—Estás muy apretada, nena. Relájate —Cubro su cuerpo con el mío besando
su cuello, chupando, mordiendo sintiendo que su coño me aprieta más. Es
sólo un dedo, una punta, lo sumo frotando su punto blando, pero veo puntos
en mi visión imaginando mi polla empujando a través de su resistencia.
—Ryan —Ella gime sacudiéndose más rápido en mi dedo.
—Buena gatita. Puedo sentir tu cuerpo ronroneando contra mí. Córrete como
una buena chica para que pueda comerte. —Quiero atarla en mi cama
extendida como un águila y lamerla de adelante hacia atrás dejando que la
conmoción la gane. Me deleito en la fantasía de follarla profundamente hasta
que grite mi nombre como la sucia chica del coro que sé que es.
Sus manos dejan de sujetarse a la pared y las extiende hacia atrás
enredándose en mi cabello y frotándose hacia arriba y hacia abajo. Me

11 Anhela una polla dura dentro de ella en todo momento


encanta hasta que sus uñas me rozan el cuero cabelludo y me tiran de la
oreja.
—Joder —La empujo contra la pared y retrocedo arrancando mi dedo de su
coño para acariciar el lado de mi cara. La mocosa me ha hecho sangrar y
pienso devolverle el favor una vez que me asegure de que no me ha
desfigurado.
—No tienes una pizca de benevolencia en ti, ¿verdad? —Ella pregunta.
Me miro la cara en el espejo y sacudo la cabeza negando.
Su mano se mete entre sus muslos como si pudiera limpiar mi contacto.
Buena suerte con eso, cariño. Su mano libre aferra su delicado collar de
perlas y juro que se lo arrancaré de la garganta. Reconozco que el colgante
entre sus pechos es un león antiguo con ojos de rubí rojo sangre sobre una
cresta de esmalte negro.
—Mi madre tenía un colgante como ese. —digo, con los ojos entrecerrados
examinándolo.
—La mía también —Cara lo aprieta más y quiero verlo, excepto por los
pesados pasos que resuenan en el pasillo acercándose a mi puerta.
Mi padre está en casa después de todo.
—Tienes que irte, princesa —La agarro del brazo y la arrastro hasta la puerta
secreta de mi armario.
—¿Qué? A dónde me llevas.
—Entra —La empujo a través de la puerta y le doy una palmada en el culo.
Podría haber llegado a ella en cualquier momento y ahora lo sabe una vez que
le doy las indicaciones para volver a su dormitorio.
—¡Ryan, espera!
—Sigue el pasaje hasta la T y luego gira a la izquierda. Llegarás al fondo del
armario. Empuja la puerta una vez y se abrirá. Ahora vete —Cierro la puerta
en su rostro lleno sorpresa. Tiene suerte de que la luz de la luna esté alta esta
noche y pase por las falsas ventanas del interior del pasadizo iluminando su
camino. Todas las demás veces que utilizo el túnel, es de noche y tengo que
usar la luz de mi celular para no tropezar con las tablas sueltas.
Una vez que se ha ido, me recompongo y abro la puerta fingiendo no haberme
dado cuenta de que mi padre estaba a punto de llamar. Entra caminando de
un lado a otro.
—No has venido a casa a cenar —dice, con un tono de voz molesto.
—Reunión de natación —Me encojo de hombros con la certeza de que esto
será una discusión constante ahora. Mi paradero, su horario de trabajo y un
invitado que no pedí ni quiero.
Efectivamente, va por ello.
—Ryan, tu odio por Cara está completamente fuera de lugar.
—¿Lo es? ¿Lo es realmente? Ella es en parte la razón por la que mi madre no
está aquí —Abro la caja de Pandora. No pasó mucho tiempo después de mi
destierro, mi madre enfermó y dos años después se fue.
—No hijo, no lo es. Tu madre no estaba bien. Sufrió mucho y no fue culpa de
nadie. Se negó a recibir tratamiento varias veces y si tu… —Hace una pausa
y vuelve a empezar—, si Joshua y yo lo hubiéramos sabido, habríamos tenido
mucho más cuidado.
—Quieres decir que no habría nacido. Lo sé todo sobre tus inclinaciones.
—Dudo que lo hagas. —Mi padre, el hombre responsable de mí, se atreve a
parecer agraviado.
—Oh, vamos, papá. Es la misma razón por la que dejamos California.
Eso y porque me impide tener acceso a mi tío. Esa es otra dinámica familiar
complicada que es mejor dejar bajo la alfombra.
—Lo dejaré pasar, pero será mejor que no vuelva a oír que atormentas a esa
chica —Mi padre sale dando un portazo. No me importaba mucho su opinión
estos días. En cuanto me gradúe, me iré a California. Puede fingir todo lo que
quiera, pero lo único que le importa es guardar las apariencias y parecer el
hombre honrado que ha hecho creer a todo el mundo. Puede que tenga amigos
en la junta directiva de la Academia Kingston de la costa oeste que influyan
en mi asistencia, pero todo lo que tenía que hacer es aguantar este año.
Cara
Cómo se atreve. Cómo jodidamente se atreve. A duras penas he conseguido
volver a mi habitación, con el corazón palpitando, con el sudor acumulándose
entre mis pechos y con el cabello convertido en una maldita pesadilla de rizos
revueltos. Mis piernas están empapadas desde el centro hasta las rodillas,
bien podría haberme orinado, oliendo como una prostituta recién follada y
devastada.
Ryan Kingston no es un príncipe.
Es el maldito rey y toma lo que quiere hasta dejarme seca. Me froto la palma
de la mano sobre mi pecho dolorido apretándolo con fuerza. Nada funciona.
En todo caso, me pone más caliente, más loca, más deseosa de que termine
este juego que hemos empezado.
Esto ha estado sucediendo durante semanas desde que llegué aquí.
Desde la noche en que me persiguió desde la cocina hasta su habitación
mostrándome el pasaje secreto. Ryan se burla de mí y yo respondo. Cada
encuentro entre nosotros se intensifica. Ha conseguido que todo el alumnado
se burle de mí, estoy segura. Las chicas me miran con odio mientras me hacen
bromas infantiles como quitarme la ropa en el vestuario durante el atletismo
o haciéndome tropezar cuando voy a la basura con mi bandeja del almuerzo.
Cada día hay algo nuevo que él les hace hacer.
La única amiga que tengo es Blair. Ella guarda un juego extra de ropa para
mí en su casillero para cuando la mía se arruina. Me deja en casa después
de la escuela. Dejo que el padre de Ryan piense que todo está bien. Él no sabe
que después de dejarme, lo que sólo ocurre porque Ryan ha tomado la
práctica de natación hasta horas infames para evitarme, el resto de mi
jornada académica es una mierda.
A estas alturas, no me importaba que Ryan utilizara su polla de dragón para
follar con odio mi cereza en llamas. Necesito la liberación y el suave chorro de
su semen para absolverme de mis pecados y calmar al demonio que llevo
dentro. Me da ganas de gritar por su comportamiento bestial, y aunque no
quería nada, absolutamente nada de él, había una pequeña parte de mí a la
que no le importaba en absoluto su atención. Debería aterrorizarme, pero en
lugar de eso, alimenta mi adicción. La angustia entre nosotros se desvanecerá
como un cometa moribundo, estoy segura de ello. Todo lo que tenemos que
hacer es follar y se acabará. Podré volver a ser Cara, la chica estudiosa con
planes de asistir a Stanford, y él podrá volver a su reino dominado por el
libertinaje.
Eso es lo que me digo a través de la ducha fría que no hace nada para
disminuir mi ardor por el chico malvado que duerme al lado.
No sé cómo voy a pasar las próximas semanas, meses, hasta junio. Ni siquiera
tengo un plan de verano hasta que empiece la universidad en otoño. Somos
como gatos dando vueltas, siseando y peleando de mentira cuando nadie mira
y me temo que nos vamos a estrellar en un trágico choque de trenes del que
no podremos regresar.
Lo único que tengo a mi favor es que estoy esperando mi carta de aceptación
en la única escuela a la que solicité. Simplemente no tengo un plan de
respaldo, bueno o malo.
Ryan
Un fuerte golpe en mi pecho me hace girar hacia el agresor. Christian está de
mal humor. Aunque una mejor pregunta suele ser cuándo no está de mal
humor el muy imbécil. Culpo a Blair de eso tanto como a Albie. Todos
sabemos que se follan el uno al otro, pero Albie parece creer que puede dictar
quién se folla a su hermana melliza.
Noticia de última hora.
No lo hace.
—Ryan, ¿vienes al Festival de Halloween? —me pregunta Christian, con un
ceño fruncido que empaña su buen aspecto de modelo.
—Mi padre está enfadado conmigo por ignorar a nuestra
encantadora huésped —Explico mi ausencia como si estuviera castigado. Es
una mentira total, pero el festival de Nochebuena del año pasado no fue más
que una orgía de borrachos en el bosque que me aburrió hasta las lágrimas.
Mi padre está realmente enfadado porque me niego a darle a Cara la hora del
día, pero ni siquiera un castigo me haría entrar en razón. Intentó revocar mi
asignación, pero el tío Joshua lo sabría y lo llamaría. En lugar de eso, irrito a
mi padre obligándole a dejarla en el colegio o a llevarla en auto con Blair. No
tiene ni idea, Blair me pone al día de su triste estado mientras sale con ella a
diario. Papá le compraría un auto, pero a la pobre mocosa le aterra conducir.
Papá tampoco la deja tomar pastillas para la ansiedad como si fueran
caramelos después de la sobredosis de mi madre, así que se ha convertido en
su chófer y farmacéutico personal. La única amabilidad que le he mostrado
es dejarle un frasco en su mesita de noche. No sé si lo ha encontrado y trato
de que no me importe.
—¿Eso es un sí o un no? —Levanta una ceja.
—Ya conoces la regla, el traje es obligatorio.
—Y me enteré por una palomita que tu invitada asiste como cierta princesa.
—Cierra la boca —Empujo a Christian hacia atrás. Es imposible que Cara
vaya a este evento. Me habría enterado. Su habitación está al lado de la mía
y lo oigo todo, incluso sus pobres intentos de excitarse por la noche.
—Claro que sí, amigo mío. Blair la va a llevar a ella y a la chica con curvas,
Sandra, a recoger disfraces en el almuerzo.
—¿Qué princesa? —Contemplo qué cosa cruel puedo hacer a continuación
para atormentarla.
—La de traje dorado. Cabello oscuro. Se casa con una bestia —Se ríe.
—Conozco a esa —También sé que mi padre tiene un armario en el ático lleno
de mierda de cosplay, extrañamente apropiado para algo así.
—¿Así que vas a venir?
—Sin duda —Sonrío. Si Cara cree que va a aparecer con un aspecto inocente
y bonito, obtendrá otra cosa. A estas alturas vivo y respiro para arruinarla.
—¿Qué estás planeando, Ry?
Me encojo de hombros mientras se forma una idea en mi retorcida mente.
Cara
—Estás increíble, Cara —Blair sonríe y vuelve a tocar mi vestido. Agita su
mano en el aire esparciendo su caro perfume. Me veo obligada a girar de
nuevo. El hipnótico despliegue de mi vestido en el espejo es satisfactorio.
Estoy hermosa. Más que hermosa, y mi cabello oscuro está recogido en rizos
a medias y asegurado con una pequeña corona dorada. Siento que podría
gobernar el mundo por un breve momento, o al menos este rincón de
Kingston.
—¿Estás segura de que no es demasiado? Quiero decir, con todos los eventos
planeados —Todo el alumnado de último año estará presente esta noche para
la Noche de Brujas. Hay un baile en el salón principal, un paseo en heno y
un laberinto a través de un campo de maíz lleno de estudiantes que dan
miedo. Es una tradición de la Academia Kingston como despedida formal del
otoño. La mayoría de los estudiantes ya saben a qué universidad asistirán.
Se han enviado las solicitudes y se han engrasado los pagos de la matrícula
con grandes donaciones. O para otros, becas deportivas que se parecen más
a sobornos que a otra cosa. Todavía estoy esperando la universidad que he
elegido. No he presentado ninguna otra solicitud y ahora no sé si me
arrepiento de esa decisión.
Blair me toma del brazo y me guía hacia su auto. Nos lleva al colegio, donde
nos unimos a todos los demás vestidos con lujosos disfraces para la
celebración de Noche de Halloween.
—Ya vuelvo, sólo sube al carruaje de heno —Me empuja hacia adelante.
—Blair, no estoy segura. Estoy muy nerviosa.
—¿Te has tomado la medicación? —me pregunta echando el cabello hacia
atrás. Intento pensar y abro mi pequeño bolso buscando el frasco de pastillas.
Ronin me da una pastilla por la mañana para la ansiedad, pero hace unas
semanas encontré un frasco en mi mesita de noche y lo he mantenido cerca
por si acaso. Esta noche, no puedo encontrarlo por más que mi mano escarbe
en lo más profundo.
—Mierda —Pisoteo el suelo con el pie molesta conmigo misma. No tengo a
nadie a quien culpar por mis nervios, excepto a mí. Aunque el médico me dijo
que podía tomar una píldora cuando fuera necesario, pensé que lo estaba
haciendo mejor. Toda la semana, junto con menos interacciones con Ryan y
yo estaba más tranquila
Blair sonríe mordiéndose el labio mirando a su alrededor.
—Escucha, estoy segura de que todo irá bien. Una vueltecita en el carro de
heno y unos cuantos fantasmas juveniles saliendo del campo de maíz bajo la
luna llena. Sólo tengo que orinar y vuelvo enseguida. Guárdame un asiento,
¿bien? —Se aleja lentamente dejándome allí antes de salir trotando hacia el
baño.
Suelto una bocanada de aire de mis pulmones y subo los escalones
encontrando una paca de heno en el centro. Los jóvenes no pueden subir al
interior y no pueden tocarnos. Estaré bien me repito numerosas veces, incluso
cuando se tira de la cadena para cerrar la puerta y el carruaje se aleja del
estacionamiento sin Blair.
Hago todo lo posible por ignorar la sensación de hundimiento en mi estómago
mientras el carruaje se tambalea hacia el campo detrás de la escuela. Aprieto
los ojos para bloquear las luces, la máquina de niebla y el puñado de
pasajeros que van conmigo en el carruaje. Practico mi respiración meditativa
hasta la cresta de la colina cuando el carruaje se detiene y todas las luces se
apagan.
—¿Qué demonios? —murmuro mientras suena un estallido. Me tapo los oídos
y cierro los ojos para abrirlos un segundo después y descubrir que todos los
que estaban en el carruaje han desaparecido. Es como si se hubieran
deslizado por debajo de las cuerdas y estuviera sola—. ¡Oigan! ¡Oigan! ¿Hay
alguien? —Vuelvo la cabeza hacia el carruaje, pero incluso el chofer se ha ido.
Espero cinco segundos antes de salir a toda prisa desenganchando la cadena
y saltando al camino de tierra. No es así como me imaginaba la noche.
Linternas se encienden y se apagan a mi izquierda.
—¿Hola? ¿Hay alguien ahí? —Levanto la mano tratando de enfocar el poco de
luz que puedo ver—. ¿Blair? Esto no es divertido. Vamos —Ahora la odio. Me
doy cuenta de que Blair sólo fue amable conmigo para llegar a mí. Después
de todo es una Ellsworth.
Las sombras emergen. Un grito horrible suena a mi derecha y tropiezo
intentando huir. Suena una motosierra y me digo que todo esto forma parte
del paseo hasta que el zombi sale del bosque.
Doy un suspiro de alivio.
—Oh, qué bien. Estaba tan preocupada de estar aquí arriba sola.
El zombi no dice nada. Es más que espeluznante. Me doy la vuelta y aparece
un payaso, luego un jugador de fútbol americano sin cabeza y una animadora
con el estómago vaciado con un bebé muerto. ¿Qué le pasa a esta gente?
—Oye, ¿alguien puede conducir el carruaje de vuelta? ¿Por favor? —No creo
que mi súplica caiga en los oídos adecuados. No puedo identificar a esta gente
y una vocecita molesta en mi cabeza me dice que Ryan se va a vengar de mí
por arruinar su último año. ¿Tal vez sea esto?
Empiezo a acechar hacia el carruaje y el grupo me sigue. Empiezo a trotar,
con el estómago ya acalambrado y ellos me siguen más rápido haciendo
ruidos terribles. Ahora tengo miedo. Empiezo a correr y ellos me siguen casi
a los talones.
Sé que me atraparán y las lágrimas empiezan a caer. Me dirijo a un sendero
que creo que puede llevar a una carretera, o a una casa, no estoy segura.
Antes de que pueda llegar allí, siento que mi cuerpo es impulsado fuera del
suelo.
Grito todo lo que puedo y caigo de costado. Oigo cómo se desgarra mi precioso
vestido y ya no me siento la Bella del Baile.
Los gruñidos me llegan al oído y me levantan del suelo. Al principio estoy
demasiado conmocionada para luchar, pero recupero la calma después de
unos diez segundos.
—¡No! ¡Déjame ir! —Me retuerzo contra el cuerpo alto y grueso que me ha
subido al hombro. El rebote me pone enferma y me muerdo el labio para no
vomitar. Doy puñetazos y patadas hasta que un golpe en el trasero me
tranquiliza. Él, supongo que es un hombre, se ríe con desprecio como si yo
no fuera más que una mosca a la que hay que aplastar.
—¿Por qué haces esto?
—Te dije que me iba a vengar —Siento que su mano se entierra bajo la falda
de mi vestido y aprieta mi sedoso culo vestido con bragas de encaje. Sus
cortas uñas recorren la piel provocando un escalofrío que no debería
gustarme.
—¿Ryan? —Me siento llena de un extraño alivio y terror a partes iguales.
—No estoy aquí para salvarte, Cara. No soy un buen tipo. Me trago las
siguientes palabras porque tiene razón. No es un buen tipo en absoluto.
Ryan
Llevo mi premio sobre el hombro hasta la cabaña que lleva en pie casi tanto
tiempo como la escuela. El edificio original de los dormitorios se construyó en
1890, mucho después de que la escuela abriera sus puertas, y luego se quemó
hasta los cimientos en 1911. Esta estructura más nueva, si se puede llamar
así, es de piedra y tiene más de cien años de antigüedad. No se ha utilizado
como tal desde los años setenta. Ahora es un edificio abandonado perfecto
para la próxima generación Kings.
Tres de nosotros tenemos llaves, pero yo seré el único que la use esta noche.
El acceso a este edificio es como un derecho de paso. Mi padre y mi tío tenían
llaves, al igual que Albie, Christian y muchos otros antes que nosotros.
Cara patalea y gime sobre mi hombro.
Hará mucho más de eso antes de que termine la noche.
Abro la puerta y no me molesto en cerrarla tras de mí. Mis amigos no tardarán
en llegar y entonces empezará la fiesta.
La llevo al segundo piso, a la habitación que he designado como mía. Ya me
he alojado aquí antes, así que el espacio está equipado con una cama y
algunas comodidades. Como la electricidad todavía funciona, hay luces y una
televisión, pero no enciendo ninguna.
La dejo en la cama y su vestido flota a su alrededor como un encaje dorado
en obscenos volantes.
Es jodidamente hermoso.
Y muy irónico.
—¿Me estás tomando el pelo? ¡Imbécil! —Cara se esfuerza por salir de la
cama, pero yo me abalanzo sobre ella para enjaularla.
—¿No te gusta mi disfraz? —Sonrío.
Ella golpea y se agita debajo de mí.
—¡Eres una bestia! —Exclama mientras me río maníacamente. Tengo que
reconocer el mérito de Christian y Blair. Me dijeron lo que iba a ser y mi
objetivo es complacerla.
—Pero yo soy tu Bestia —Deslizo mis brazos por debajo de ella subiendo el
vestido y pasándolo por la cintura. Voy a devorar su propio ser.
—Estaba aterrorizada, ¿y tú haces esto?
Hago un chasquido desaprobatorio ante su boca abierta con sorpresa.
—Venganza, niña bonita.
Me meto la mano en el bolsillo y saco un puñado de pinzas para la ropa del
tendedero donde Rosie estaba secando al aire la ropa blanca. Tenemos una
lavadora y una secadora en perfecto estado, pero así es como el ama de llaves
de mi padre elige hacer las cosas. De la manera más difícil.
—Ryan, por favor —Su pequeño pecho se agita. Unos senos perfectos se
hinchan por encima de las flores doradas cosidas en su escote. Sus manos
empujan mi pecho antes de agarrar las solapas de mi chaqueta de terciopelo
y acercarme. Puede resistirse todo lo que quiera, pero esto es inevitable.
—No te preocupes, me encanta cuando suplicas —Le arranco las bragas. Se
deshacen en mi mano, el encaje amarillo pálido, frágil y ahora arruinado sin
remedio. Deslizo la primera pinza hacia abajo trazando sus labios con la
suave madera dejando que la pellizque ligeramente.
—¿Qué estás haciendo? —Su elegante garganta se arquea y yo deposito un
beso en el hueco lamiendo un camino hacia su escote.
—¿Estás diciendo que no? ¿Piensas salir de mi casa y quitarte de en
medio? —pregunto con la esperanza de que diga que sí, pero con el conflicto
de que yo también la quiero.
La respuesta que obtengo es un gemido.
—Cara —digo su nombre exigiendo una respuesta.
—No me voy a ir, Kingston —Ella sisea de vuelta.
—Bueno, entonces, voy a hacer lo que me dé la gana. ¿Vas a decir tu palabra
de seguridad? ¿Volver a casa con mi padre y rogarle que te envíe a tu
abrumada tía en Milwaukee?
—Dices Milwaukee como si fuera una palabra sucia —Cara se pone a jadear,
con la piel bañada en sudor.
—Porque lo es, señorita Benson —Abro la pinza y le pellizco los labios del lado
derecho.
—Oh, Ry —No puede decir mi nombre sin gemir, su necesidad es evidente y
no tiene ni idea de lo que le espera.
—Quiero que te sientas tan expuesta y vulnerable como yo. Quiero que te
sientas arruinada —Le pellizco el lado izquierdo de sus pliegues y tiro de las
pinzas de la ropa.
—No sabía que yo era la razón por la que tenías que quedarte aquí.
Puede ser cierto, pero ahora no me importa la semántica.
—Pero ahora sí, y es hora de que te inicies en mi reino —Le pellizco el
capuchón del clítoris y aprieto bien las pinzas. Su coño está rosado y agitado.
Me inclino y la huelo. Almizclado. Dulce. Limpio. Mía hasta que yo diga lo
contrario.
—¿Qué me vas a hacer?
—Creo que la pregunta seria, ¿qué vamos a hacer contigo? —Me levanto
inspeccionando mi obra. No está lo suficientemente mojada como para recibir
mi polla, pero lo estará antes de que acabe la noche. De buena gana.
Completamente.
—Siempre empezando la diversión sin nosotros —Christian entra con el brazo
alrededor de Blair, que parece igualmente emocionada.
—Ryan, no. ¿Qué? —Cara se levanta y yo la empujo hacia abajo.
Me encojo de hombros.
—Comparto con mis súbditos. Puedo ser, ¿cuál es la palabra que usaste? Ah,
sí. Benévolo —La agarro por el cuello y la levanto lo suficiente para
decir—: No te preocupes. Todas tus primicias seguirán siendo
mías —Christian se acomoda a su izquierda y Blair se acurruca a su derecha
haciendo un rápido trabajo en el corpiño de su vestido.
Le doy un fuerte beso en los labios antes de lamer la lágrima de su mejilla.
Sus ojos se muestran desafiantes y le recuerdo:
—Siempre puedes salir a salvo.
Sus labios hacen una mueca de una forma muy extraña. Me alejo de la cama
y observo con atención cómo Blair le acaricia el cuello susurrándole cosas al
oído. Christian le agarra el vestido y rompe la parte superior para que Blair
pueda hacer un rápido trabajo con las cuerdas del corsé. La mano de él se
desliza hasta la rodilla de ella levantándola ligeramente y haciendo patinar
sus dedos sobre su centro. Los ojos de ella siguen los míos mientras observo
su perezoso examen del interior de sus muslos.
La puerta se abre de golpe sorprendiéndolos a todos. Me doy la vuelta y veo
que es sólo Albie. Un poco borracho entra tambaleándose y le ayudo a
acercarse a la cama.
—Temía que te perdieras el espectáculo, amigo —Le doy una palmadita en la
espalda. Me da una botella de vodka y le doy un trago.
—¡Nunca! Aunque esto es jodidamente raro —Agita una mano borracha hacia
la orgía supervisada en mi cama—. Mira, mi hermana chupando sus tetas y
Christian tocando su coño como un violonchelo. Es el maldito concierto de
Dvorak en si menor —Se le escapan las palabras.
Albie está definitivamente borracho, pero no es una razón para que no se una
a la diversión mientras su boca siga funcionando.
—Pruébala entonces, Albie. Cántale un coro entre sus muslos —Me burlo de
él y de su amor por la música. Su hermana mayor es cantante de ópera con
una compañía en Italia que recorre el mundo. Albie tropieza con la cama y
aparta la mano de Christian. Le rodea las caderas con los brazos y gruñe
mientras se da un festín con su coño. Juro que sólo sale a tomar aire, e
incluso eso es breve.
Quizá sea bueno que todos hayamos practicado a contener la respiración en
el equipo de natación.
Me muevo a la cabecera de la cama, del lado de Blair. Ahora le está agarrando
los senos, pellizcándolo y chupándolo hasta alcanzar su punto máximo. El
extremo distendido pide ser besado. Las mejillas de Cara son de color rosa
brillante, pero no está luchando por alejarse. Prácticamente se ha clavado en
la cama y se ha puesto de rodillas para pasar un buen rato.
—Eso es pórtate bien Bella. Tómalo todo ahora para que puedas tomarme
después —Acaricio su cabello suavemente. Las suaves hebras se enredan en
mis dedos. Vuelve su mejilla hacia mi palma y me lame la mano como en
agradecimiento. Su boca se abre en un grito silencioso de éxtasis cuando
Christian la agarra por el cuello y la arrastra para darle un beso en la boca.
Extrañamente, descubro que no me gusta. Su boca es mía, al igual que sus
senos turgentes y su coño empapado.
Oigo los sonidos de Blair chupando sus pezones, una pinza de la ropa
pellizcando el otro. Christian le destroza el cuello a mordiscos y Albie se da
un festín con su núcleo interno, probablemente adormecido por la cantidad
de alcohol que ha consumido. Idiota.
—Suficiente —Rujo despegándolos para tirarlos al suelo. Ruedan hacia las
esquinas de la habitación olvidadas. Blair y Christian se emparejan sin
importarle Albie para follar entre polvo y telarañas. Veo a Albie
desabrochándose los pantalones y agarrando su propia polla para correrse.
Me arrodillo en la cama y me arrastro sobre el cuerpo desordenado y las
extremidades salvajes de Cara.
—¿Palabra de seguridad? —Le acaricio el cuello y toco su coño empujando la
punta de mi dedo. Está empapada y apretada como una cerradura que
intenta encajar una llave. Mi llave.
—Da lo mejor de ti, Kingston —Me pellizca el lóbulo de la oreja y decido que
así será. A pesar de que quiero ser amable, también me invade la lujuria por
esta irrespetuosa chica que me hace sonreír cuando no quiero.
—Te lo advertí, Cara —Retiro las capas deshilachadas de su vestido. Ya no es
una princesa, tal vez una reina en ciernes, pronto lo sabré. Sujeto sus
muñecas por encima de su cabeza y ella se arquea hacia mí. Mi mano libre
se encarga de quitarme el cinturón y me abro los pantalones, liberando mi
dura polla caliente. Estoy más duro que un clavo de ferrocarril que hizo que
mi familia fuera sinónimo de capitalistas inescrupulosos y, si la historia me
ha enseñado algo, es que siempre consigo lo que quiero.
Le quito las pinzas de la ropa que quedan. La sangre corre hacia sus pezones
y pliegues y presiono dejando que mi polla rebote en su suave vientre.
Ella gime y yo estoy encantado de complacerla.
Su desgarrador gemido es mi nombre y nada más.
—Ryan.
—Eres mía. Sólo mía —Avanzo sin molestarme en ponerme un condón con
mi jodida virgen. Me digo que me correré sobre su vientre y pintaré mi nombre
en su piel, pero si lo olvido convenientemente, también soy lo suficientemente
rico como para que no me importe. Es egoísta y soy un verdadero rey
bastardo, pero ella es mía. En ese momento desgarro su inocencia y ella grita
condenándome.
Poseo una parte de su alma.
—Ryan —Su lamento se convierte en un grito y me apoyo en un codo sintiendo
el aleteo de sus paredes que me ordeñan a pesar del dolor que sé que debe
sentir por mi intromisión.
—Mía, nena —gruño empujando profundamente, no porque quiera herirla
más, sino porque quiero que me recuerde, que me sienta, que sepa que soy
el único que puede darle esto. Siempre.
Beso sus mejillas, saboreo sus lágrimas, y muevo su rostro para que esté
frente al mío.
—Eres mía, Cara. Incluso cuando vamos a ir juntos a Stanford. Toda
mía —Beso el impacto de su aliento. Es una gran noticia que dar y qué mejor
manera que hacerlo con mi polla dentro de ella, pegándola a mí como una
mariposa bajo el cristal.
Así es.
Abrí su correo en cuanto vi la carta, porque cuando vaya a California, ella
vendrá conmigo.
Continuará...
Hasta la fecha la autora no ha publicado la historia.
Condemn Us
Kiera
Sterling Heights es exactamente como la recuerdo: oscura, desolada y tan
jodidamente deprimente que ya puedo sentir que me chupa el alma por
dentro.
Y, sin embargo, me siento más a gusto aquí -mientras acecho las sombras
hacia los sonidos de la música y las risas estridentes- que en Calenta.
Puede que Sterling Heights sea una ciudad fracasada donde los sueños de la
juventud vienen a morir, pero es mi ciudad.
Mi casa.
Y se siente bien estar de vuelta.
Mis botas golpean la acera mientras me dirijo hacia el edificio que se
vislumbra en la distancia. Está alejado de la hilera principal de casas,
escondido entre un dosel de árboles y el telón de fondo del cielo nocturno. Es
el lugar perfecto para salir de fiesta, aunque a nadie le importe una mierda
en un lugar como Heights. Además, el tipo que vive aquí, Nate Jenner, y su
hermana, se han criado solos desde que dejé el barrio hace cinco años.
La música se cuela por las ventanas mientras la gente se reúne en el
descuidado césped, bebiendo en vasos rojos y fumando. El amargo aroma de
la hierba me llena la nariz, inhalo profundamente y una sensación de calma
me invade.
Aquí es donde debo estar.
No he puesto un pie en los Heights desde el día en que mamá tiró todas
nuestras pertenencias en su destartalado Ford y me dijo que nos íbamos. Dijo
que quería algo mejor para mí, algo más. Pero aquí, empapándome del
ambiente, sé ahora más que nunca: puedes sacar a la chica de Heights… pero
no puedes sacar a Heights de la chica.
Un par de chicos vestidos de vampiros me miran de reojo, probablemente
preguntándose de dónde demonios me conocen, mientras me adentro en la
fiesta. La casa de los Jenner se encuentra en un gran terreno en las afueras
de Heights y, al rodear el lateral de la casa, no me sorprende ver a tantos
chicos. Parece que todas las clases de secundaria y superior del instituto
Sterling Heights están aquí para festejar la víspera de Todos los Santos.
—Bueno, mierda —dice una voz, y me vuelvo hacia la amplia sonrisa de Gina
Devroe—. ¿Es Kiera Hughes? —Sonrío alrededor de un pequeño asentimiento
y ella rebota hacia mí, tirando en un abrazo—. Me alegro de verte.
—Yo también me alegro de verte, G. —Me desenredo de sus brazos y me quito
mis largos cabellos rubios de los hombros.
—¿Qué demonios estás haciendo aquí? —Me echa un vistazo, una de sus
finas cejas se levanta con sospecha—. Han pasado como cuatro años.
—Cinco.
—Mierda, chica. El tiempo se ha portado bien contigo. Me encanta el cabello.
El rubio se ve increíble. —Una sonrisa levanta la esquina de su boca, y sé lo
que está pensando.
Ya no soy la niña escuálida de doce años que dejaba que mis amigos libraran
mis batallas.
—Tú también tienes buen aspecto —digo.
Su sonrisa crece mientras recorre su cuerpo con las manos. Lleva un traje de
gato negro que se amolda a sus bien formadas curvas, sus tetas se
desprenden del escote y unas orejas de gato de terciopelo ancladas en sus
rizos. —Hay que trabajar lo que Dios te dio, ¿no?
Se me contrae el pecho, pero disimulo el destello de dolor con una risa.
—Entonces, ¿qué ha pasado? Este lugar no ha cambiado nada.
—Oh, no lo sé. Si te fijas bien, verás la diferencia —dice crípticamente. Estoy
a punto de preguntarle a qué se refiere, pero Gina me agarra la mano y
empieza a tirar de ella—. Ven, vamos a tomar algo y luego me cuentas qué
demonios te ha pasado.
Aprieto los labios y me trago un gemido.
Tal vez venir aquí no fue una buena idea después de todo.

—Esta fiesta es otra cosa —grito por encima del ruido.


Gina se limita a sonreír, dando un sorbo a su bebida y moviendo las caderas
al ritmo de la música. Cuando crecí, había oído hablar de las fiestas de los
Heights. Los chicos de nuestro barrio no vivían para las buenas notas y el
espíritu escolar, sino que prosperaban con las fiestas y el caos. Pero yo sólo
era una niña, y lo más cerca que estuve de ir a una de esas fiestas fue cuando
Levi y yo seguimos a su primo mayor y nos escondimos en la parte trasera de
su auto.
El recuerdo me golpea como una bola de demolición.
Levi Miller.
Mi mejor amigo.
Ex-mejor amigo.
Mis ojos vuelven a escudriñar el patio en busca de él. Cuando tomé la decisión
de venir aquí, una parte de mí se preguntó si lo volvería a ver. Al crecer, él y
Nate se odiaban, así que supuse que las posibilidades eran escasas. Pero, aun
así, eso no me impide buscar entre la multitud un atisbo del chico que una
vez fue dueño de mi corazón. Sin embargo, el mar de máscaras y caras
pintadas hace difícil distinguir a un chico de otro.
—Estará aquí —dice Gina, y yo entrecierro los ojos hacia ella—. Oh, no me
mires así —se ríe—, no has dejado de buscarlo desde que llegaste.
—Eso no es… —Mi argumento muere en la punta de mi lengua y Gina se ríe.
—¿Todavía enamorada de Levi Miller después de todo este tiempo? Quién lo
hubiera pensado —Algo destella en su expresión.
—¿Qué demonios se supone que significa eso? —Mis defensas suben al
instante.
Me agarra del brazo y me acerca, inclinándose para susurrar:
—Ten cuidado, ¿sí? Levi es… no es el chico que dejaste atrás.
Me echo hacia atrás, parpadeando. Quiero preguntar más, pero se arma un
revuelo y alguien grita:
—¡Pelea!
Dos tipos -una calavera muy rara y un gran hombre lobo peludo- empiezan a
golpearse mutuamente, con sus gruñidos de dolor y rabia llenando el aire.
—Oh, mierda —sisea Gina a una de sus amigas, una chica llamada Jenna,
creo—. Deacon debe haber descubierto lo de Truly y Jayden.
No tengo ni idea de qué o quiénes están hablando, pero todo el mundo parece
ansioso por ver al hombre calavera dar una paliza al hombre lobo, hasta que
una voz ruge:
—¿Qué mierda?
Una onda de energía desciende sobre la multitud y todos miran hacia la casa,
donde se encuentra un Nate Jenner muy grande y muy enfadado. Lleva el
mismo maquillaje de calavera que el tipo que lucha, pero lo reconozco
inmediatamente. El mismo cabello oscuro, los mismos ojos oscuros y la
misma postura de guardia. Sólo que ya no es un niño. Se ha llenado su
cuerpo. Sus gruesos bíceps sobresalen por debajo de la camiseta negra que
le cubre los hombros, y mide al menos 1,80 metros, con tinta que le sube y
baja por los brazos como si fueran lianas.
Nate Jenner creció y se desgarró.
—Chica —Gina me da un codazo—, estás babeando. —Su boca se curva con
una sonrisa de complicidad.
Es difícil no babear por semejante bombón. Pero entonces el tipo que está a
su lado llama mi atención, y el aire sale limpio de mis pulmones. Mis ojos se
entrecierran, segura de que debo estar equivocada. También lleva la cara
pintada de calavera, pero reconocería esos ojos en cualquier parte.
Todo se ralentiza a nuestro alrededor, la fiesta, la pelea, la multitud pendiente
de la palabra de Nate.
Levi Miller.
El chico de mi infancia.
Mi mejor amigo.
Mi mayor arrepentimiento.
La emoción me inunda el pecho, pero me la trago. Sabía que podría estar
aquí. Lo sabía, y vine de todos modos. Sólo que no había previsto que
estuviera al lado de Nate Jenner, con todo el aspecto del oscuro y peligroso
hombre calavera.
Se acercan a la pelea y, lo juro, la multitud se abre para ellos como Moisés
abriendo el Mar Rojo. El aire crepita con expectación, espeso y pesado
mientras se arremolina a nuestro alrededor, palpitando a través de mí. La
música se interrumpe y el hombre de la calavera y el lobo se separan. Los dos
están bastante jodidos, los moratones y la sangre ya cubren sus nudillos y
sus caras.
—¿Estás bien? —Nate pregunta al hombre de la calavera.
Asiente con la cabeza, pasándose el dorso de la mano por el labio, manchando
de sangre roja oscura su cara pintada de blanco y gris.
—Sí, estaba de puta madre hasta que ese imbécil decidió acercarse a mí.
—Como si no te lo merecieras —grita el hombre lobo, lanzándose hacia
delante. Pero otro tipo lo detiene, manteniéndolo a una distancia segura de
Nate, Levi y su amigo—. Eres un astuto hijo de puta, Jayden. Truly es mía y
tú…
—Verdaderamente se abre de piernas para cualquiera que le muestre, aunque
sea una pizca de interés —Nate resopla—. Como yo lo veo, si la mantuvieras
satisfecha no habría dejado que mi hombre aquí…
El hombre lobo arremete de nuevo, sólo que esta vez, logra liberarse.
—Di eso de nu…
El puño de Nate se clava en la cara del hombre lobo antes de que nadie se dé
cuenta, y cae como un saco de ladrillos.
—¿Alguien más tiene algo que necesite desahogarse? —ruge, con la fuerza
que desprende. Levi sonríe y luego golpea con el puño a Jayden, los dos se
empujan como si todo fuera normal.
—No lo creo —añade Nate, señalando con la cabeza al tipo en el suelo—. Que
alguien saque su lamentable culo de aquí. Keller, sube la música y vamos a
divertirnos.
Una ronda de aplausos estalla, la pelea se ha olvidado hace tiempo, ya que
todos hacen caso a las palabras de su anfitrión y vuelven a sus bebidas y a
su conversación.
—Mierda, eso fue caliente —Gina se abanica—. Nate es…
—¿Demente? —Le lanzo una mirada socarrona y ella estalla en carcajadas.
—¿Me estás diciendo que no subirías eso y tendrías el paseo de tu vida? Perra,
por favor. Nate Jenner es el rey de Heights High, y todas las chicas de la
escuela quieren probarlo.
Era difícil creer que era el mismo Nate que había conocido en su día. Pero
sólo tenía ojos para el tipo que estaba a su lado.
—Levi y Nate, ellos… —No termino mi pregunta, porque no estoy muy segura
de lo que estoy preguntando.
—Mierda, por supuesto. Antes de que te fueras, no se soportaban —Ella
mueve sus ojos en su dirección. Cuando me mira de nuevo, veo un destello
de duda.
—¿Qué? —pregunto.
—Como he dicho, han cambiado muchas cosas —Su expresión se
suaviza—. Es realmente bueno verte de nuevo, Kiera.
Gina lo hace muy fácil. Después de la discusión con mi madre, necesitaba
salir de casa. Diablos, necesitaba salir de Calenta. Estar allí, viviendo en la
bonita casa con las perfectas hermanastras, era una carga bastante grande
para soportar en un buen día. Pero últimamente, algo es diferente. Mamá está
actuando con cautela, y Keith, su novio, está cada vez menos cerca. Algo pasa,
pero cuando le pregunté, me regañó. Dijo algunas cosas… Yo dije algunas
cosas, y luego tomé mi bolso y las llaves del auto de mi hermana y me fui.
No había planeado volver a los Heights, pero antes de darme cuenta, el paisaje
se me hizo familiar y estaba en el antiguo barrio. Me dije que sólo daría una
vuelta y comprobaría algunos de mis viejos lugares, pero entonces vi el rastro
de los chicos que se dirigían a casa de los Jenner y, bueno, la curiosidad me
ganó.
—Yo también me alegro de verte, G. —Levanto mi vaso y lo golpeo contra el
suyo, antes de tragar el resto.
—Tranquila, chica. Pensé que habías dicho que estabas en una visita
relámpago.
No le había contado todo, sólo lo suficiente para mantener a raya sus
preguntas. Y tenía razón, se lo había dicho. Pero ahora… ahora que había
visto a Levi y probado la vida en los Heights, quería más.
A la gente de aquí no le importaba la ropa que llevabas o cuánto dinero tenías
en la cartera o qué auto conducías. No les importaba si maldecías o te ponías
un poco salvaje en una fiesta. Sólo llevaba una hora aquí, pero ya sentía que
podía respirar mejor.
—Quizá me quede por la noche. —Mis hombros se levantan en un pequeño
encogimiento de hombros.
—Diablos. Sí —Los ojos de Gina brillan con aprobación—. Siempre puedes
quedarte en mi casa, a menos que Nate decida que quiere una compañera de
cama para la noche —Guiña un ojo.
—Oh, mierda —se une a nosotros Jenna, con los ojos muy abiertos de
asombro, o tal vez de miedo. Es difícil decirlo a través del maquillaje de bruja
que lleva—. No mires ahora —dice, lanzando una mirada furtiva por encima
de mi hombro—, pero Levi se dirige hacia aquí.
Lo siento, siento sus ojos ardiendo en la parte posterior de mi cabeza. He
imaginado este día durante tanto tiempo que ahora, no estoy segura de querer
hacerlo. Pero estoy aquí, y nunca he sido una persona que se eche atrás ante
nada. Inhalando una respiración temblorosa, me armo de valor y me doy la
vuelta lentamente. El corazón me da un vuelco en el pecho cuando veo a Levi
acercarse a nosotras. Sus pasos fuertes y seguros le dan la impresión de ser
un tipo con una misión, y mi estúpida mente voluble evoca imágenes de él
tomándome en brazos y haciéndome girar mientras entierra su cara en mi
cuello y me dice lo mucho que me ha echado de menos.
—Levi… —empiezo a decir, sin darme cuenta hasta ese momento de lo mucho
que necesitaba verle. De explicarle.
Pero entonces dice cinco pequeñas palabras que destrozan cualquier
esperanza que tenga de un dulce reencuentro.
—¿Qué mierda estás haciendo aquí?
Levi
Estaba dispuesto a participar en esta fiesta hasta que Nate hizo que el equipo
de animadoras nos atacara con un montón de maquillaje. Intentaron
convencerme de que era pintura para la cara, pero no lo acepté. Una máscara
me habría servido para esta noche.
Pero como siempre, cuando se trata de Nate, consigue lo que quiere y todo el
equipo quedó pintado con calaveras espeluznantes.
Por suerte, hay mucho alcohol que me ayuda a olvidar.
El alcohol y la hierba. Mis dos mejores amigos cada jodido fin de semana. Son
las únicas cosas que me ayudan a olvidar… bueno, esas y algún coño por el
camino.
—¿Qué demonios te pasa esta noche? —Nate gruñe—. Intenta sonreír por una
vez. Sé que es Halloween, pero joder, amigo. No hace falta que parezca que
vas a matar a alguien.
Su frívola mención de la muerte sólo hace que mis ya tensos músculos se
tensen incómodamente.
Todo el mundo, aparte de mí, parece haber olvidado lo que significa esta
fecha. Es como si aquella noche de hace cinco años no hubiera ocurrido.
Entiendo por qué no está en sus mentes como lo está en la mía. Ellos no
vivieron el horror como yo.
En mi cabeza aparecen imágenes que no quiero ni necesito. Extiendo la mano,
saco una botella de vodka que está junto al resto del alcohol para esta noche
y giro la tapa. El primer trago arde. Hasta ahora sólo había tomado cerveza,
pero, joder, necesito el dolor. Aunque, como siempre, no es suficiente.
Nada es suficiente.
La casa se llena rápidamente hasta que casi todos los estudiantes de último
año y de tercer año del instituto Sterling Heights están aquí. Nadie quiere
perderse una de las famosas fiestas de Nate Jenner. Como es habitual, hay
más de una cara que no reconozco, parásitos y chicos mayores que han
aparecido para colarse. A Nate nunca parece importarle, siempre que no
causen problemas. Además, no es que vayamos a quedarnos sin alcohol con
la cantidad que hay ahora mismo en todas las superficies de la cocina.
—¡Pelea! —grita alguien. Es la única palabra que detendrá a los estudiantes
de Heights en su camino y les hará prestar atención. No hay nada como un
poco de sangre para acelerar el corazón de la gente.
Sigo a Nate al exterior junto con el resto del equipo para ver qué demonios
está pasando, aunque para ser sincero, apenas me interesa. Lo único que
quiero es emborracharme y olvidar.
Mis ojos se dirigen al instante a Jenna. Su cabello largo y oscuro me hace
desearla de una forma que no es saludable. No estoy seguro de que sea
consciente de que cada vez que me la follo, me imagino que es otra persona.
Alguien a quien quiero castigar, herir… arruinar.
Después de que Nate separe la pelea y exija orden, dejo a los chicos atrás y
me dirijo hacia ella, sabiendo que siempre está dispuesta a pasar un buen
rato. He acortado casi la mitad de la distancia que nos separa cuando mis
ojos se posan en la chica de su izquierda. Unas largas rastas rubias le cuelgan
por la espalda, una chaqueta de jean de gran tamaño le cubre el cuerpo y
lleva los pantalones cortos más cortos que creo haber visto nunca.
Me muerdo el labio inferior mientras contemplo su culo redondo y lleno. Tal
vez Jenna no sea la que me rasque la picazón esta noche si puedo tener un
culo así en su lugar.
Sigo recorriendo sus piernas torneadas hasta llegar a las botas de motorista
que lleva en los pies. Desde atrás, me doy cuenta de que no es mi tipo
habitual, pero, aun así, hay algo en ella. Algo que ya me está poniendo la
polla dura.
Jenna le dice algo, pero no escucho nada. Todo lo que sé es que, sea lo que
sea, hace que la Chica Nueva se dé la vuelta.
En cuanto veo sus ojos, todo mi mundo se desmorona a mis pies.
Es una sensación a la que me estoy acostumbrando, y es la segunda vez que
ocurre por su culpa.
Su rostro está tranquilo, pero puedo ver la vacilación dentro de sus ojos.
Siempre pude ver más allá de lo que ella creía. Yo, en cambio, mantengo mi
máscara bien ensayada, no la que me han pintado, sino la que me han
obligado a llevar en los últimos cinco años.
Mis ojos la recorren de nuevo, pero no lo necesito. Ya sé que ha hecho todo lo
posible por ocultar a la niña inocente que conocí. Sus ojos son igual de grises
que siempre, y me pregunto si todavía se vuelven plateados cuando está
excitada. Su cabello ya no es oscuro y su rostro ya no está maquillado. Pero
maldita sea, le queda bien.
Luego está su cuerpo. Todas esas curvas me hacen preguntarme cuánto
queda de la dulce e inocente Keira porque, joder, si queda un poquito, tengo
toda la intención de arruinarlo.
Un poco de esperanza es evidente en sus ojos cuando vuelvo a mirar hacia
arriba.
¿De verdad cree que va a ser un reencuentro feliz? ¿Qué puede volver a
aparecer y que todo será igual? ¿Que nosotros seremos los mismos?
—¿Qué mierda estás haciendo aquí?
Su rostro decae al instante. Si intentaba parecer imperturbable ante la
pregunta, fracasa estrepitosamente.
—Yo, eh…
—Como sea, en realidad no me importa la respuesta. Tienes que irte.
Extendiendo una mano, Jenna se acerca corriendo. Ella conoce el
procedimiento entre nosotros dos. Su mano se desliza entre las mías antes de
apretarse contra mi costado.
—Hola, cariño —ronronea, presionando con sus labios la parte inferior de mi
mandíbula.
Ella no tiene forma de saber que hay algo, que hubo algo, entre Keira y yo.
Jenna sólo se mudó a los Heights en segundo año. Si sabía de Keira antes de
esta noche, habrá sido por Gina, no por mí. No he dicho su nombre a nadie
desde el día en que me abandonó.
Sus ojos grises se tornan tormentosos y se mueven entre los dos. Si hay una
pizca de celos, es un poco demasiado tarde.
Tuvo la oportunidad y se marchó, literalmente.
Todo lo que hubo entre Keira y yo se acabó hace tiempo.
—¿Bailas conmigo? —pregunto lo suficientemente alto como para que tanto
Keira como Gina lo oigan antes de tirar de Jenna hacia el borde de la multitud
reunida alrededor de los altavoces exteriores.
En el momento en que jalo del brazo de Jenna, ella prácticamente cae en mi
cuerpo. Su suavidad presionada contra mis duros planos, pero no puedo decir
que el deseo que siento tenga que ver con tenerla tan cerca. Es por la mirada
de odio que me atraviesa de quien acabamos de alejarnos.
La música late a nuestro alrededor mientras se mezcla con el alcohol en mis
venas, y es casi suficiente para olvidar su repentina reaparición en mi vida.
Quiero darle la espalda, cortar con Kiera y demostrarle que ya no me afecta.
Pero mi deseo de herirla es mucho más profundo que mi necesidad de ser
indiferente.
Todavía se preocupa. Lo vi en la profundidad gris de sus ojos. Me hace
preguntarme si soy la razón por la que está aquí. ¿Descubrió de alguna
manera lo que pasó y sintió la necesidad de venir a mí después de todos estos
años? Es muy poco probable. Pero si no, ¿por qué está aquí?
¿Por qué ahora?
Dejó este lugar hace algo más de cinco años y, por lo que sé, nunca ha mirado
atrás.
—Por si no te has dado cuenta desde antes —dice Jenna con una voz áspera
y llena de deseo—, me gusta tu aspecto de hombre calavera sexy —Me pasa
las manos por el pecho antes de entrelazarlas detrás de la nuca.
—¿Sí? —pregunto. Al menos a uno de nosotros le gusta.
Ella, en cambio, está vestida actualmente de bruja sexy. Aunque no se parece
en nada a lo que recuerdo de los Halloweens de mi infancia. La falda apenas
le cubre el culo y las tetas casi se le salen. Si quería llamar la atención de los
chicos esta noche, creo que podemos decir con seguridad que lo ha
conseguido.
—Tú también tienes un aspecto alucinante. —Es lo mejor que se me ocurre
porque ahora mismo, incluso con su cuerpo pegado al mío, no hace nada por
mí.
—Todo para ti, cariño —susurra, poniéndose de puntillas y presionando sus
labios contra los míos.
Cualquier persona normal cerraría los ojos y se perdería en su beso. Pero
incluso cuando su lengua se desliza por mis labios, no puedo entregarme a
él. En su lugar, la busco a ella, a algún tipo de castigo enfermizo que necesito
más que a Jenna en este momento.
Una parte de mí espera encontrar a Kiera ignorándome y disfrutando de la
fiesta. Y, aunque puede haberla encontrado con un vaso en la mano, no me
cabe duda de lo mucho que está disfrutando ahora mismo porque sus ojos
me están taladrando.
En el momento en que se da cuenta de que la estoy observando, aparta la
mirada, fingiendo que no le afecta verme besando a alguien. Pero sólo dura
unos segundos. Su curiosidad es excesiva y sus ojos vuelven a encontrarme.
Te has ido por años, cariño. He hecho mucho más que besar, y ha sido con
todas menos contigo.
Nuestras miradas permanecen fijas mientras mi lengua baila con la de Jenna
y ella desliza su mano bajo mi camiseta para burlarse de mis abdominales.
Gina debe notar lo que tiene la atención de Keira, porque nuestra crepitante
conexión se rompe cuando la arrastra en dirección a la casa.
Aprovechando la situación, atraigo a Jenna hacia mí y dejo caer mis manos
sobre su culo. Su sabor, su tacto, nada de eso me afecta como suele hacerlo.
Mi cabeza no está en ello. Todavía está atascada en el pasado, recordando
cuando me sinceré con Kiera y le dije lo que realmente sentía… y lo que
sucedió inmediatamente después.
Mi necesidad de ir detrás de ella acaba por vencerme y empujo a Jenna,
probablemente con demasiada dureza si sus ojos abiertos son un indicio.
—Levi, ¿qué demonios? —jadea, con sus ojos hambrientos clavados en los
míos.
—Necesito un jodido trago —es todo lo que digo antes de girar sobre mis
talones y marchar hacia la casa.
La descubro en cuanto entro en la cocina y me invade una rabia intensa
cuando la veo de pie con el brazo de Nate alrededor del hombro. Ella lo mira
con confusión, pero me importa una mierda lo que ella piense de esta
situación. Él no tiene derecho a tocarla.
Sólo yo puedo tocarla.
Sólo yo puedo herirla, castigarla.
Saliendo de la habitación, atravieso la sala de estar para llegar detrás de ellos.
No hay nada como el elemento sorpresa, especialmente en Halloween. Una
sonrisa se me dibuja en los labios; no podría haber elegido una noche mejor
para mostrar su rostro, porque estoy más que preparado para desatar el
diablo que llevo dentro y que ha estado supurando desde que se convirtió en
fantasma hace tantos años.
Cuando vuelvo a entrar en la habitación, él sigue tocándola. Sus dedos se
aferran a su cadera mientras la mira fijamente con sus ojos vidriosos.
No lo creo, imbécil.
Puede que Nate y yo hayamos entablado una improbable amistad después de
haber sido enemigos mortales durante años, pero eso no significa que vaya a
chasquear sus dedos como si fueran putas ramitas por tocar lo que es mío.
Me detengo detrás de ella. Por suerte, nadie me ha visto. Pero todo se acaba
cuando presiono la longitud de mi cuerpo contra su espalda. Ella se tensa al
mismo tiempo que Nate me mira.
—Lev… —No le permito continuar, o si lo hace, no escucho las palabras.
—Vamos —le gruño al oído.
Kiera gira la cabeza, casi como si fuera a besarme, pero en lugar de eso sus
ojos tormentosos me miran fijamente. Se estrechan como si pudieran leer lo
que hay detrás de los míos. Parpadeando, me muevo hacia atrás, temiendo
que ella pueda hacer precisamente eso. Enrollo mi mano alrededor de su
brazo, la agarro un poco más fuerte de lo necesario y la saco de la habitación.
Es hora de que aprenda lo que me hizo aquel día que me dejó atrás.
Kiera
Levi me arrastra fuera de la habitación y por el pasillo, prácticamente
arrojándome al baño. La puerta se cierra de golpe tras él y se acerca a mí
como un depredador a su presa.
Frío.
Hábil.
Mortal.
—Te lo preguntaré de nuevo. ¿Qué mierda estás haciendo aquí? —dice, con
la mandíbula apretada y los puños apretados a su lado.
Inhalo una respiración temblorosa, tratando de dar tiempo a mi corazón y a
mi cabeza para reconciliar lo que acaba de suceder.
Levi está aquí… me vio.
Me habló.
Y entonces besó a Jenna sin dejar de mirarme, burlándose de mí mientras la
tocaba.
Dios, había querido arrancarle los dedos. Arrancarla de sus brazos y tirarla a
un lado.
No había esperado la explosión de posesividad que sentí por el chico que ya
no conocía.
Porque Levi ya no es un niño. Es alto, por lo menos 1,80 metros, con hombros
anchos y músculos delgados pero definidos. Incluso debajo de la pintura del
cráneo, su cara es todo bordes afilados y ángulos duros, y sé que es un
espectáculo para la vista.
Pero mi ensueño se marchita rápidamente y muere en mi pecho cuando me
mira fijamente con tanto odio que apenas puedo encontrar una respuesta.
—Yo…
—Escúpelo, Kiera —sisea mi nombre como si fuera veneno en su lengua.
—¿Cuál es tu maldito problema? —Las palabras finalmente salen de mis
pulmones.
—¿Mi problema? —Se queda boquiabierto—. ¿Mi maldito problema? —Los
ojos de Levi están desorbitados, su pecho sube y baja mientras me mira
fijamente—. Cinco años… Cinco. Jodidos. Años. ¿Y crees que puedes volver a
la ciudad y que todo estará bien?
Sus palabras me llueven como gotas de lluvia de cristal mellado. Está muy
enfadado. No tiene ningún sentido. Han pasado años…
—Levi, basta —Me acerco a él, pero gruñe y me agarra la muñeca con un
apretón de muerte.
—No. Me. Toques. —Su voz es un susurro peligroso.
—Oye, necesito orinar —grita alguien, golpeando la puerta.
—Vete a la mierda —gruñe Levi.
—Vamos, Miller. Termina con tu chica y sal de aquí. Jenna está pateando
una tormenta buscándote.
La sola mención de su nombre me hiela la sangre. Alejó mi brazo de la mano
de Levi y pongo distancia entre nosotros.
—Deberías ir a terminar con tu chica —Las palabras salen amargas.
Levi frunce el ceño, dándole un aspecto aún más mortífero con su maquillaje
de calavera.
—No deberías haber vuelto.
—No he vuelto, sólo… —La verdad está en la punta de mi lengua, pero me la
trago.
La puerta vuelve a sonar y Levi murmura en voz baja.
—Sólo vete —suspiro. Su presencia es mucho, demasiado confusa. Mi
corazón es un tren desbocado en mi pecho, y el licor que bebí antes es como
lava fundida en mis venas.
O tal vez sea Levi. Su presencia. Sus ojos. Su toque.
Me mira fijamente durante un segundo y creo que va a decir algo más, pero
entonces se dirige a la puerta y la abre de un tirón. Un tipo entra en la
habitación con una sonrisa tonta en la cara.
—Que me jodan, Miller —Sus ojos me recorren y me estremece el brillo que
hay en ellos—. ¿Quién es la chica nueva? Está caliente.
Levi me devuelve la mirada con un brillo de desdén en sus ojos oscuros y dice:
—Eres bienvenido a estar con ella —Sale del baño como si nunca hubiera
estado allí.
—Así que tú y Miller, no estaban…
—Vete a la mierda —gimo, moviéndome a su alrededor hacia la puerta. Su
mano sale disparada y me agarra.
—Whoa, relájate, nena. Podemos divertirnos —Se acerca, presionando su
cuerpo detrás de mí como lo había hecho Levi. Sólo que esta vez, no estoy
paralizada por los recuerdos. Me invade la ira.
Giro en sus brazos y subo mi rodilla, con fuerza, clavándola directamente en
sus bolas.
—Maldita perra —gruñe, tambaleándose hacia atrás y agarrándose las bolas.
Ignorando sus gemidos de dolor, salgo del baño y busco a Levi por el pasillo.
Un par de chicas me lanzan indirectas. Sé lo que han visto: entré con un tipo
y salí con otro. No tiene buena pinta.
Pero realmente me importa una mierda lo que piensen. Sé quién soy.
La música suena en toda la casa, la fiesta está en pleno apogeo. Los cuerpos
se retuercen en los rincones oscuros, las manos se tocan y las caderas se
mueven, el aroma del sexo flota en el aire. Mis hermanastras, Charlotte y
Caydence, se pondrían furiosas si estuvieran aquí, aunque nunca las traería
a una fiesta como esta. Se las comerían vivas. No son como yo; no crecieron
en los Heights. Son puras y buenas y encajan con los niños ricos y engreídos
que van a la Academia Calenta.
Nunca me he sentido como uno de ellos. No es que me haya esforzado
especialmente en encajar en el molde.
Casi llego a la cocina cuando una voz me detiene en seco y me presiono contra
la pared.
—Joder, son los gemelos Jagger.
Al quedarme allí, veo cómo Nate, Jayden y Levi se acercan a dos tipos. Aunque
han pasado años, los reconozco al instante.
Dudo que haya una sola persona en los Heights que no lo haga.
De niña, había oído sus nombres susurrados en los pasillos del Sterling
Heights Junior High. Ace Jagger y sus hermanos gemelos menores, Conner y
Cole.
Mi estómago se revuelve con algo que no quiero reconocer mientras observo
discretamente a los cinco.
—No esperaba ver lo mejor de Sterling Prep aquí esta noche —Nate sonríe,
cruzando los brazos sobre el pecho y poniéndose a su altura. Es una
advertencia. Un mensaje.
Este es el reino de Nate Jenner, y él es el rey.
—Pensé en venir a los barrios bajos con los chicos. —Conner da un paso
adelante, extendiendo su puño. Nate le corresponde—. Siempre has sido un
bastardo, Con. Y tú, —dirige su atención a Cole—, te veré en el campo.
—Tengo que decirlo, amigo —añade Jayden—, nunca pensé que vería el día
en que Cole Jagger se pusiera una camiseta de los Seahawk.
—Sólo estás celoso de que los Sabers vayan a quedar con el culo al aire esta
temporada —Conner sonríe como un tonto, y por un segundo, la tensión se
agita a su alrededor. Pero luego se disuelve y los cinco caen en una
conversación fácil.
Estoy a punto de pasar desapercibida cuando una mano me atrapa por la
cintura.
—¿Quién es tu amiga? —Conner me atrae hacia su lado y aprieto los labios
en una fina línea. Levi me perfora el costado del rostro con su mirada, pero
no lo reconozco, no cuando tengo la atención de otros cuatro chicos.
—Espera un jodido minuto… —Nate me estudia, su fría mirada recorre mi
piel como el hielo—. Sí te conozco. Es Kiera, ¿no? ¿Kiera Hughes? —dice mi
nombre como si me conociera.
No lo hace.
Al menos, no lo hizo. No cuando aún vivía aquí.
Nate es un senior como Conner y Cole, y Levi y yo somos juniors. Los conocía,
pero no andábamos en los mismos círculos.
Intento zafarme del agarre de Conner, pero él me aprieta más contra su
costado.
Mierda.
Esto no debía ocurrir. No se suponía que estuvieran aquí. ¿Y de qué hablaba
Nate, de que asistían a la elegante escuela preparatoria de Sterling Bay?
No tiene ningún sentido.
Nate le dedica a Levi una expresión oscura, y el temor me recorre.
—¿Vas al instituto Heights? —Conner me pregunta. Si es consciente de la
energía que late entre Levi, Nate y yo, no lo hace. O tal vez lo percibe y quiere
joderlos.
—Ya no, —digo.
—¿Pero conoces a estos chicos? —Inclina la cabeza hacia donde están Nate,
Levi y Jayden.
Mi silencio es ensordecedor.
Conner frunce el ceño, pero capto el destello de interés en sus ojos. Sabe que
hay una historia; solo espero que no haga algo con ella.
Fue un error venir aquí.
Pero había estado tan enfadada con mi madre, tan desesperada por
despojarme de la piel que me obliga a llevar cada día mientras intento encajar
con mis hermanastras y sus vidas perfectas.
Echo de menos mi vida aquí.
El lugar, la gente.
Lo echo de menos todo.
Un torbellino de emociones se agita en mi interior.
—Esto ha sido divertido y todo —me zafo del agarre de Conner con un poco
de fuerza—, pero tengo que irme —Sin mirar atrás, me paso las rastas por el
hombro y salgo hacia la puerta.
—Joder, eso fue caliente —dice alguien, pero no miro atrás para ver quién.
—¿Cuál es su historia, de todos modos? —Eso suena a Conner.
—Pregúntale a Miller —responde Nate.
—No, amigo —La voz de Levi me hace hacer una pausa y se me corta la
respiración mientras voy más despacio, esperando lo que sea que tenga que
decir esta vez—. Apenas la recuerdo.
—Seguro que no —Alguien se ríe—. ¿Así que no vi a los dos desaparecer en el
baño?
—Sólo estaba sacando la basura.
La basura.
El dolor me escuece en los ojos, pero me lo quito de encima.
Levi tiene razón, no somos nada para el otro.
Ya no importa lo que piense de mí.
Pero mientras salgo en busca de Gina y más licor, sé que es sólo otra mentira
que me digo a mí misma.

—Bebe, luego habla —Gina me entrega el vaso. Cuando la encontré, me echó


una mirada y me arrastró por el patio hasta el taller de los Jenner. No es un
taller como los que tiene la gente en Sterling Bay para guardar sus costosas
herramientas; es más bien un viejo edificio destartalado donde el papá de
Nate solía guardar sus trastos. Pero alguien -probablemente Nate y sus
chicos- lo han vaciado y lo ha llenado con un viejo sofá y algunos mostradores.
Un saco de boxeo cuelga en una esquina y hay una mesa de ping pong que
se utiliza actualmente para una partida de beer pong.
Me trago la bebida mezclada y me estremezco ante lo fuerte que está.
Probablemente sea una mala idea, emborracharse en una fiesta en la que
claramente no soy bienvenida, pero no es como si pudiera volver a casa.
No esta noche, al menos.
Sólo quiero olvidar. Escapar del espectáculo de mierda que es mi vida sólo
por un segundo.
Por eso, cuando un tipo vestido de Freddie me ofrece un porro, lo tomo,
inhalando una profunda bocanada de humo.
—Mierda, chica —Gina me da una mirada recelosa. Voy a dar otra inhalada,
pero ella me lo quita de los dedos—. Tómatelo con calma. La mierda de
Maddox es muy fuerte. No quiero acabar haciendo de niñera toda la noche.
Pongo los ojos en blanco y dejo caer la cabeza contra la pared. Me siento en
uno de los mostradores, con las piernas balanceándose debajo de mí.
—Oye —digo, sintiendo que las drogas hacen efecto en mi sistema, como una
manta cálida que se desliza sobre mi piel—. ¿Sabes por qué Cole y Conner
Jagger dejaron el instituto Heights?
—¿Es en serio? —Se queda boquiabierta—. Todo el mundo lo sabe. Su madre
tuvo una sobredosis y su tío rico vino, los acogió y se los llevó a su casa en la
bahía. Ahora van a Sterling Prep. ¿Puedes creerlo?
¿Qué posibilidades había? Me habían sacado de los Heights y a ellos también.
Sin embargo, a diferencia de mí, Conner y Cole parecían no tener problemas
con su nueva vida. Bueno, Conner. Cole era como un libro cerrado. Apenas
había dicho una palabra cuando los vi hablar con Nate.
—¿Por qué estás tan interesada en los hermanos Jagger?
—Por nada —me encojo de hombros, con los músculos pesados y relajados.
Gina se muerde el labio, sus ojos se dirigen al patio.
—Así que probablemente debería haberte avisado de que Jenna y Levi tienen
una especie de algo.
—Está todo bien —Mis ojos se abren y se cierran mientras me sumerjo en mi
subidón.
—Yo no estaría tan segura de eso. —Se sube al mostrador junto a mí y le da
otra calada al porro antes de devolvérselo a Freddie.
—¿Ah sí? —Mi cabeza gira hacia un lado—. ¿Y eso por qué?
—Porque cuando te vio, realmente te vio, parecía…
—¿Como si quisiera matarme con sus propias manos?
—Eso, o tirarte al suelo y follarte con odio delante de todos.
Un rayo de lujuria me atraviesa y ahogo un gemido.
—Levi no me quiere.
Ese barco hace tiempo que zarpó.
—Supongo que sólo el tiempo lo dirá. —Deja escapar un pequeño suspiro.
—Menos mal que sólo estoy en la ciudad por esta noche, ¿no?
Levi
Me encuentro con una cerveza en la mano, sentado en el estudio de Nate con
el resto del equipo y los gemelos Jagger mientras todos se burlan de Cole por
haberse convertido en un Seahawk. Puede que le tomen el pelo, pero todos
sabemos que cuando nuestros equipos se reúnan dentro de unas semanas,
seremos nosotros a los que nos den por el culo. Nunca hemos ganado un
partido contra los Sterling Prep Seahawks, y tengo poca confianza en que este
año vaya a ser el año.
—¿Qué demonios te pasa? —Jayden pregunta, chocando con mi hombro.
—N-nada. Sólo escuchando cómo ustedes hablan mierda.
—¿En serio? —pregunta, sus cejas se levantan con sospecha—. Parece que
estás disfrutando tanto como un vegano en un mercado de carne.
—Me estoy divirtiendo —argumento, llevando mi cerveza a los labios.
—Bien. ¿Así que tu estado de ánimo no tiene nada que ver con cierta chica
con rastas que está muy buena, entonces?
Le hago un gesto con la mano, esperando que sea suficiente para poner fin a
sus pensamientos. Por desgracia, sus ojos no dejan de clavarse en mi cabeza.
—Deberías follártela.
—Disculpa, ¿qué? —pregunto, atragantándome con mi cerveza.
—Follártela. Sácala de tu sistema. Has estado suspirando por ella durante
mucho tiempo.
—Estoy bien, gracias. Tengo a Jenna para eso.
—Pero no es lo mismo, ¿no?
No, jodidamente no lo es. Y si ese no es todo el puto problema.
—Jay, ¿has oído eso, amigo? —Nate dice, afortunadamente desviando su
atención de mí y volviendo a lo que sea que el resto del equipo esté hablando.
—Necesito algo más fuerte que una jodida cerveza —me empujo fuera del sofá
y salgo de la habitación. No tengo ni idea de si alguien se da cuenta, pero si
lo hacen, no intentan detenerme.
Encuentro otra botella de vodka en la cocina, giro la tapa y me la llevo a los
labios. Agradezco el ardor y me trago unos cuantos tragos para conseguir una
buena borrachera. Cualquier cosa que me ayude a olvidar que ella está aquí.
Estoy a punto de salir cuando un grito espeluznante llena el aire. Mis ojos se
entrecierran en la dirección de la que procede antes de ensancharse por la
conmoción.
Keira tiene a Jenna agarrada por el cabello y la mira fijamente mientras la
inclina sobre la piscina descuidada.
—Pelea de perras —grita alguien, y yo gimo.
Ya hay una multitud reunida alrededor de las dos, pero mientras Jenna sigue
gritando, agitando los brazos mientras intenta ponerse de pie de alguna
manera, cada vez aparecen más chicos para ver el espectáculo.
—¿Qué mierda crees que estás haciendo? —grito, asaltando el lugar.
Una sonrisa malvada aparece en los labios de Keira mientras me mira antes
de volver a mirar a Jenna.
—Acuérdate de esto la próxima vez que me hables así —escupe, con una voz
grave que no recuerdo haber oído antes.
El tiempo parece ralentizarse cuando veo que los dedos de Keira se sueltan
del cabello de Jenna antes de que la expresión de ésta se transforme en una
de puro horror mientras empieza a caer. Sucede a cámara lenta mientras
corta el aire, su grito me hace estremecer un poco, antes de que haya un
fuerte chapoteo y su miedo sea cortado por el agua verde estancada mientras
la engulle.
Un fuerte grito retumba entre la multitud cuando se hunde. Algunos chicos
avanzan como si fueran a ayudar, mientras que otros se quedan parados,
riéndose a su costa. Muchos, sin embargo, tienen sus ojos puestos en Keira,
como si trataran de ubicar de donde la conocen. Entiendo que estén
confundidos; no se parece en nada a la chica que asistió a Sterling Heights
Junior High.
Yo, sin embargo, no siento más que furia mientras me quedo mirando a la
chica que solía ser toda mi vida.
¿Cómo se atreve a aparecer así, sin avisar, y pensar que puede hacer de las
suyas? ¿Qué le da derecho a ponerle un solo dedo encima a Jenna después
de la forma en que desapareció de mi vida sin una jodida preocupación en el
mundo?
Ignorando a mis compañeros, avanzo hasta que tengo la parte superior de
sus brazos en mis manos. La hago girar hasta que está frente a mí y puedo
mirar fijamente sus ojos grises y brillantes.
—¿Qué mierda crees que estás haciendo? —Escupo, poniéndome tan cerca
que el calor de su cuerpo me quema la piel y el amargo aroma de la hierba
me llena la nariz.
—¿Yo? —pregunta incrédula—. Yo no estaba haciendo jodidamente nada. Ella
vino por mí —Echa un vistazo por encima de su hombro, donde unos cuantos
miembros del equipo de animadoras están sacando a una Jenna empapada
del agua asquerosa.
—Sí, tú —Mis labios se fruncen con frustración mientras sus ojos rebotan
entre los míos.
Los suaves ojos grises que recuerdo, los que solían alegrarme el día, no son
los que me miran. Keira es diferente, y no sólo por fuera.
Supongo que han cambiado muchas cosas en los últimos cinco años, porque
yo tampoco soy el mismo chico que ella conocía.
Mis dedos se clavan en la parte superior de sus brazos y la empujo hacia
atrás. Ella da un pequeño paso antes de darse cuenta de dónde está y planta
sus botas firmemente en el suelo. Continúo empujándola hasta que está
colgando sobre el borde de la piscina, igual que Jenna no hace mucho.
Las miradas de todos los que nos rodean se clavan en mí, pero ni siquiera
levanto la vista. Lo que hay entre nosotros dos no implica a nadie más.
Ninguno de ellos entiende por lo que he pasado. Ninguno de ellos aprecia la
soledad. El vacío. Y sólo es culpa de una persona.
La suya.
Los ojos de Kiera se estrechan mientras la inclino aún más hacia atrás. Estoy
casi impresionado de que ella no parece molesta. Tal vez lo estaría, si me
importara. Pero no lo hago. Ese barco zarpó hace mucho tiempo.
—Hazlo entonces. Sácame de mi miseria —Un lado de su boca se curva en
una sonrisa, y casi lo hago. Estoy tan cerca de soltarla y dejar que se sumerja
en el agua viscosa. Pero cuando me duelen los músculos para soltarla, me
doy cuenta de que no es suficiente. Verla caer ahora mismo no enfriará el
fuego que arde en mi interior.
Podría haber pensado que era el castigo perfecto para Jenna, pero tengo otras
cosas en mente para mi ex mejor amiga.
—Vamos —exijo.
Para decepción de los que nos observan, vuelvo a jalar de ella y la empujo
delante de mí. Ella tropieza, pero se las arregla para ponerse de pie antes de
que caiga de cara sobre el concreto. Dando un paso hacia ella, agarro a Kiera
por la parte posterior de su cuello, usando la suficiente presión para que ella
sepa que no hay nada sentimental en el agarre, y la empujo hacia la casa.
Miradas curiosas siguen cada uno de nuestros pasos, pero cuando ella se
mueve delante de mí, mi mirada permanece fija en su culo. Qué desperdicio
estar sobre alguien a quien no soporto mirar.
—¿A dónde vamos?
—¿Dije que podías hablar?
—No has dicho que no pueda, —dice con sorna.
Mi agarre se hace más fuerte por la frustración cuando me contesta, pero en
ningún momento intenta encogerse de hombros. Se limita a hacer lo que se
le dice.
Esto va a ser demasiado fácil.
—Cierra la boca, K. Ya estás metida en suficiente mierda.
—Ohh, que miedo tengo —se burla, convirtiendo el fuego ardiente de mi
vientre en un puto infierno.
Inclinándome hacia ella, le susurro al oído.
—Bueno, entonces, eso te haría muy, muy estúpida. Ese buen chico que
recuerdas hace tiempo que se fue.
—Ya veo. Me parece que ha sido sustituido por un jodido imbécil. Ay —se
queja Kiera cuando aprieto mi agarre para empujarla hacia las escaleras. Sin
embargo, ella todavía no trata de alejarse.
O estoy en lo cierto y ella es realmente estúpida, o es más valiente de lo que
le estoy dando crédito.
Abro la puerta de uno de los dormitorios y la empujo dentro. Se aleja de mí a
trompicones y acaba cayendo sobre el tocador, mientras cierro la puerta de
golpe y echo el cerrojo detrás de nosotros.
Kiera se mantiene erguida, levantando la barbilla en señal de desafío,
mientras yo empiezo a merodear hacia ella, cerrando el espacio entre
nosotros. De repente, la habitación se siente más pequeña de lo que recuerdo,
y lo único en lo que puedo concentrarme es en ella. Las suaves curvas de su
cuerpo, su olor, la forma en que su respiración se entrecorta cuando me
acerco a ella. La forma en que se estremece cuando la toco.
Me observa con una sonrisa en el rostro. Una que pienso borrar en cualquier
momento.
—Has cometido un gran error al venir aquí esta noche.
—¿Es eso cierto? —Ella levanta la cadera y pone la mano sobre ella.
Sacudiendo la cabeza, cierro el espacio entre nosotros antes de tomar su
barbilla entre mis dedos.
—Realmente te crees algo, ¿no? Crees que puedes dejar los Heights,
embarcarte en una vida de privilegios y luego volver y actuar como si fueras
mejor que nosotros —No se me escapa su grito de sorpresa cuando admito
que sé cómo ha sido su vida. No ha sido precisamente difícil
averiguarlo—. No eres mejor que nosotros. Eres peor. ¿Sabes por qué?
Apenas consigue sacudir la cabeza con mi fuerte agarre, aunque sus ojos
entrecerrados no se apartan de los míos. El desafío en ellos es imperdible,
pero aquí sólo habrá un ganador. Y puedo garantizar que no va a ser ella.
—Porque eres una traidora —Sus cejas se fruncen, pero no dice nada—. ¿Y
sabes lo que hacemos a los traidores en los Heights? —Esta vez, Kiera es
incapaz de responder de ninguna manera. Mi agarre es demasiado fuerte
cuando cierro el espacio que queda entre nosotros y presiono la longitud de
mi cuerpo contra el suyo, inmovilizándola contra el tocador—. Los
castigamos. Los torturamos. Y no paramos hasta que sepan al cien por cien
lo equivocados que estaban —gruño, conteniendo a duras penas mi control
con su cuerpo bajo el mío, su dulce aroma llenando mi nariz.
Apartándome de ella, vuelvo a caminar a la habitación, sin querer que sienta
lo que su mera presencia me provoca. Al menos, todavía no.
Kiera despierta cosas dentro de mí que Jenna nunca fue capaz de despertar.
—Entonces, ¿qué vas a hacer, Levi? —El desafío arde en sus ojos—. ¿Cómo
vas a hacerme daño?
Hago un alarde de recorrer su cuerpo con la mirada, pero la chaqueta sobre
sus hombros me impide saciarme.
—Quítate la chaqueta —exijo.
Quiere discutir, casi puedo oír las palabras en la punta de su lengua, pero
nunca salen de su boca. En cambio, por una vez, Kiera hace lo que se le dice
y se encoge de hombros. La tela de jean ligera cae al suelo con un suave golpe.
Levantando los ojos de ella, contemplo su cuerpo, notando la tinta que se
enrosca en su brazo. La emoción me obstruye la garganta, pero trago saliva.
Dejo que mis ojos se detengan en la curva de sus tetas.
Una sonrisa se me dibuja en la comisura de los labios al contemplar su amplio
escote, que casi desborda la parte superior de la camiseta.
—Bueno, bueno, bueno, parece que la pequeña Keira Hughes realmente ha
crecido.
Un par de botones del escote están abiertos, mostrando exactamente lo que
lleva debajo, y se me hace la boca agua. Extiendo la mano, engancho el dedo
alrededor de la tela y tiro de ella. Prácticamente se derrite al tocarla, revelando
el sujetador negro que lleva debajo.
—¿En serio? —se burla ella—. Entonces qué, ¿planeas arruinar toda mi ropa
y enviarme de nuevo a la calle para avergonzarme? Por favor, puedes hacerlo
mejor —Pone los ojos en blanco y veo rojo.
En un instante, vuelvo a estar frente a ella con su garganta en la mano. Su
pulso se agita salvajemente bajo mis dedos, y la idea de que esto pueda estar
excitándola tanto como a mí me enfada.
Ella no debería estar disfrutando de esto.
—¿Así que estás enojado porque me fui? ¿Es eso?
—Algo así, —digo con sorna.
—No es que tuviera elección. Mamá dijo que nos íbamos y tuve que seguirla.
Era una niña.
—Hmmm, es cierto. Eras una niña —Levanto la mano que me sobra para
agarrar uno de sus pechos y apretarlo. Se le corta la respiración y sus ojos se
oscurecen visiblemente—. Pero parece que ya no lo eres, y eso significa que
puedo divertirme de verdad contigo.
Sus ojos se posan en mis labios durante un instante y, cuando vuelven a los
míos, el color se apodera de sus mejillas al saber que la he atrapado.
—Adelante, entonces, campeón. Haz lo que te dé la gana —se atreve, y yo no
puedo más que inclinarme hacia delante y tomar sus labios con los míos.
Kiera
Me está besando.
No, eso no hace justicia a la forma en que los labios de Levi magullan y
castigan. Su lengua envuelve la mía mientras sus dedos me aprietan la
garganta.
No me está besando, me está consumiendo, follando mi boca con lánguidas y
sucias caricias. Sus dientes muerden y rozan, marcándome.
Es una combinación peligrosa: el licor en mi torrente sanguíneo, el
persistente subidón… y Levi.
Levi en toda su gloria dominante y contundente.
—Joder, qué bien sabes —gruñe contra mi boca—. Se supone que no debes
saber tan bien.
—Menos hablar y más besar —Le agarro por los hombros y le acerco. Su
cuerpo está caliente y duro contra el mío, aprisionándome contra la pared.
Probablemente sea algo bueno, ya que sus besos me arruinan por completo.
Cuando me arrastró desde el patio hasta la casa, supuse que lo haríamos,
que exorcizaríamos cualquier historia que aún exista entre nosotros. Esto no
es lo que tenía en mente, y sé que probablemente me hace tan retorcida como
él, pero lo deseo.
Dios, lo deseo.
Mis manos se deslizan por su estómago, encontrando el dobladillo de su
camiseta negra, y sumergiéndose por debajo.
—Jodderrr —sisea mientras trazo sus abdominales con mis dedos. Es una
obra de arte esculpida, todo planos suaves y crestas duras. Pero necesito más.
Necesito sentirlo todo.
Bajando la mano, recorro el bulto de sus pantalones, y un rayo de lujuria me
atraviesa al sentir lo mucho que me desea.
Pero Levi no me da la oportunidad de explorar. Se aparta como si mi contacto
le quemara.
—Esto es una mala idea —dice, pasándose una mano por el cabello y
aspirando con dificultad.
Lo observo con los ojos entrecerrados mientras camina.
—Todavía te importa —susurro.
Su cabeza se levanta, su mirada vuelve a ser fría.
—No sabes nada de lo que siento.
—Entonces habla conmigo…
No debería importar. Mañana me iré de nuevo. Pero hace tiempo, Levi era el
centro de todo mi mundo. He echado de menos eso.
Lo he echado de menos.
Me estudia, sus ojos me perforan. Tengo miedo de que sea capaz de ver lo
más profundo de mí.
Espero… y espero.
Espero hasta que el aire se enfríe a nuestro alrededor, la conexión se
desvanece hasta convertirse en nada más que calor en el aire.
Finalmente, dejo escapar un suspiro de decepción.
—Supongo que tienes razón. Quizá sea una mala idea. Adiós, Levi —Me dirijo
a la puerta y agarro el pomo, pero él me jala para atrás.
—¿Crees que puedes dejarme otra vez? —Levi me mira fijamente, su agarre
en mi brazo es doloroso.
—¿Qué te ha pasado? —pregunto, porque nadie puede estar tan enfadado por
una chica que conoció hace cinco años. Aunque hayamos hecho promesas,
sólo éramos niños.
Me presiona contra la pared de nuevo, golpeando su mano junto a mi cabeza
e inclinándose hacia mi espacio.
—He crecido —Sus dedos se deslizan por mi garganta, apretando
suavemente, y un gemido sale de mis labios—. ¿Te gusta eso? ¿Te gusta lo
rudo?
Aprieto los labios en señal de desafío y entrecierro los ojos.
—Oh, es así, ¿eh? —Levi me suelta y deja caer su mano a mi estómago,
encontrando la cintura de mis pantalones cortos—. Te hice una pregunta, K…
—Jódete.
—Oh, pequeña traidora, será un placer —Sin previo aviso, empuja su mano
dentro de mis pantalones y me frota el clítoris.
—Oh, Dios —respiro, apretando los muslos.
—No Dios, K —me lame la mejilla antes de morderme el lóbulo de la
oreja—, tu peor jodida pesadilla.
Levi no me da la oportunidad de responder. Me arranca las bragas y me mete
dos dedos. Mi cabeza cae hacia atrás contra la pared mientras el aire sale de
mis pulmones. Se siente tan bien.
Es implacable mientras profundiza sus dedos, enroscándolos y frotando el
lugar dentro de mí que tiene mis piernas temblando.
—Más —le ruego, montando su mano descaradamente.
—Jesús, K… —Me agarra la garganta de nuevo, besándome tan fuerte que no
puedo respirar.
Puedo sentir su tormento con cada golpe de su lengua, cada presión de sus
dedos.
—Siempre supe que te sentirías como masilla en mis manos —Me muerde el
labio inferior, sacando sangre, el sabor cobrizo llenando mi boca.
Es demasiado.
Su fuerza.
Su odio.
Sus jodidos dedos mágicos que me hacen desmoronar.
—Buena chica —canturrea, tragándose mis gemidos mientras cabalgo sobre
las olas de puro éxtasis que me recorren.
Levi retrocede y yo me deslizo por la pared, sin huesos y sin aliento. Una
sonrisa perversa levanta la comisura de su boca mientras se chupa los dedos,
lamiéndolos.
—Ahora, qué hago contigo —Su mirada oscura recorre mi cuerpo,
desnudándome mientras se pellizca el labio inferior, como si yo fuera una
comida exquisita y él un hombre hambriento.
—¿A qué esperas? —Arqueo una ceja, cada vez más inquieta.
—¿Qué fue eso de ahí atrás, con Jenna? —Es lo último que espero que me
pregunte, pero no me asusta la verdad.
—Ella tocó lo que es mío.
Porque a pesar de los años, a pesar de la distancia que nos separa, una parte
de mí siempre ha considerado que Levi es mío.
—Pero no lo soy, ¿verdad? —Vuelve a merodear hacia mí—. Perdiste tu
derecho a llamarme así cuando me dejaste de lado como si no fuera
nada —Su voz es un gruñido bajo, pero juro que oigo un rastro de dolor.
—Levi, yo…
Su mano vuela de nuevo hacia mi garganta.
—Deja de… hablar —Me jala hacia delante, me hace girar y me empuja sobre
la cama—. He esperado mucho tiempo para esto, pequeña traidora.
Levi se pasa la camiseta por la cabeza, revelando su perfecto torso con la piel
bronceada, la cintura afilada y esa deliciosa V que desaparece dentro de los
pantalones. Camina hacia adelante y yo me subo a la cama, quitándome las
botas antes de apoyarme en los codos.
Probablemente debería correr.
Debería correr y no mirar atrás.
Pero el lazo que nos une es inquebrantable.
Se abre el botón, desliza la mano dentro y se toca la polla. Por Dios, ver a
Levi, el Levi adulto, tocarse así es hipnotizante.
—He imaginado este día, sabes —dice con un gemido—. Imaginé lo que te
diría si alguna vez te atrevieras a aparecer aquí de nuevo. He imaginado lo
que te haría —Una advertencia recubre sus palabras, pero estoy demasiado
drogada para que me importe la lujuria líquida que corre por mis venas, mejor
que cualquier droga sintética.
Mis dedos bajan por mi estómago, hundiéndose en mis pantalones cortos,
pero Levi se lanza por mí, con su cuerpo inmovilizándome contra la cama. Me
agarra bruscamente de las muñecas, me las clava por encima de la cabeza y
me gruñe:
—Jodidamente no te atrevas.
Un gruñido se desgarra en mi garganta, y él se ríe sombríamente.
—¿Crees que tienes el control aquí? —Me pasa la lengua por el cuello, me
suelta las muñecas y me abre el resto de la camiseta, la parte en dos.
Mirándome fijamente, su expresión se ensombrece.
—¿Qué? —pregunto, notando su repentina quietud.
—¿Cuántos tatuajes tienes?
—Unos cuantos
Su boca se curva en señal de disgusto, pero no hay tiempo para preguntar
cuál es su problema, ya que inclina la cabeza y sus dientes marcan la suave
piel de mi pecho. Lame y lame, provocándome hasta el borde de la locura.
—Levi —su nombre sale como una súplica estrangulada, sólo que ya no estoy
segura de lo que estoy rogando—. No lo hagas. No así.
Sacude la cabeza, ignorándome.
—¿Pensaste en mí, pequeña traidora? ¿Te acostaste despierta en tu gran
cama con sábanas suaves y de seda y soñaste con ser ensuciada por tu chico
malo de los Heights?
Tu.
La palabra retumba en mi cráneo.
Esto está mal. Sucio, malo y equivocado. Pero se siente tan bien.
Parece que la historia por fin se endereza.
—Porque pensé en ti —Sus labios se acercan de nuevo a mi oído—. Pensé en
ti hasta que te convertiste en una mancha en mi alma. Una cicatriz
permanente. Me condenaste a… a esto —El desprecio arde en sus ojos
mientras me mira fijamente, el maquillaje de la calavera es adecuado para el
monstruo en el que se ha convertido—. Ahora es mi turno de
condenarte —Ataca mi boca, robando el aire de mis pulmones y el alma de
mi cuerpo.
Levi se hace a un lado y su boca no se aparta de la mía mientras me quita los
pantalones y las bragas. Sus pantalones y bóxers son los siguientes. Mi
sujetador y mi camiseta. Hasta que no somos más que piel sobre piel,
cicatrices sobre cicatrices, y cinco años de arrepentimiento y odio crepitando
entre nosotros.
—¿Qué pasa ahora? —pregunto, mi voz se quiebra, pero soy incapaz de
ocultar la lujuria en ella. No he venido aquí para esto. Pero en cuanto puse
los ojos en Levi, supe que teníamos asuntos pendientes. Quizás
inconscientemente es por lo que he vuelto.
—Ahora, te follo —Me penetra sin previo aviso y sin protección. No quiero
reaccionar, demostrarle que me afecta de alguna manera, pero mis labios se
separan y grito cuando me abre.
Gruñe de placer mientras sale casi completamente antes de volver a empujar
con más fuerza que la primera vez.
Me reclama, me marca como suya.
—Mierda, K, estás tan jodidamente apretada —No se detiene a comprobar si
estoy bien o a preguntar si soy virgen. Sólo toma lo que necesita y me da lo
que quiero.
Lo que siempre he querido.
Le rodeo con las piernas y le dejo que se mueva más profundamente, más
fuerte, más rápido. La culpa me corroe por dentro, pero no la dejo entrar. No
puedo, no cuando Levi cabalga sobre mi cuerpo como si quisiera destruirme,
romperme en pedacitos para poder reconstruirme a su imagen y semejanza.
O quizás no lo haga.
Tal vez sólo quiere romperme.
Deslizando una mano alrededor de mi cadera, Levi clava sus dedos en mi
suave carne, marcándome. Reclamándome.
—Te sientes como el cielo en la tierra, pequeña traidora —Chupa la piel debajo
de mi mandíbula—. Algo tan traicionero no debería sentirse tan bien.
Intento tocarle, pero Levi me sujeta las muñecas al colchón, extendiéndome
ante él.
—Nunca olvidaré esto. Cuando me folle a Jenna, será a ti a quien imagine
corriéndose sobre mi polla.
Me hierve la sangre al mencionar su nombre, y un gruñido bajo retumba en
mi pecho.
—¿Celosa, nena? —Levi ralentiza el ritmo, balanceándose dentro de mí con
perezosos círculos de sus caderas.
—¿De esa perra? Nunca —Muestro los dientes y él vuelve a reírse.
—Joder, oírte así me la pone muy dura —Empuja más profundamente.
—Jódete —me retuerzo contra su agarre.
—Será un placer —Levi se separa de mí y me pone boca abajo, obligándome
a ponerme a cuatro patas. Sus manos me tocan el culo hasta el punto que
me duele. Pasa su polla por mi humedad, burlándose de mí—. ¿Quieres esto?
—Levi… —Jadeo, perdida en la locura.
—Suplica, pequeña traidora. Si quieres correrte en mi polla, entonces
jodidamente ruega.
La rebeldía arde en mi interior. No me gusta la autoridad ni que me digan lo
que tengo que hacer, nunca lo he hecho y probablemente nunca lo haré. Pero
Levi me tiene tan atada que no puedo pensar con claridad.
—Estoy esperando —Introduce dos dedos dentro de mí, haciendo que mis
ojos giren hacia mi cabeza, se siente tan jodidamente bien.
—Sí —respiro—. Dios, sí. Por favor.
Se abalanza sobre mí, meciéndome hacia delante. Grito, con su nombre
atrapado entre el dolor y el placer cuando sale de mi lengua. Las lágrimas me
escuecen, pero no es solo porque Levi castigue mi cuerpo como si fuera su
propio recipiente para usarlo a su antojo.
—Joder, K… voy a llenarte muy bien —Su cuerpo grande y fuerte se curva
sobre el mío para poder rodear mi garganta con una mano y empujar hacia
atrás contra su pecho. Es más profundo, demasiado profundo, pero no se
detiene. Sólo toma y toma y toma, empujándome más cerca del borde.
—Levi…
—Sí, di mi nombre —Me obliga a acercar mi rostro al suyo, besándome con
furia. Una de sus manos se desliza por mi cuerpo, encontrando mi clítoris, y
me derrumbo.
—Oh, joder… joder… —Las palabras salen de mis labios en un torrente de
pura felicidad.
Levi me suelta y me deja caer en la cama mientras sigue empujando dentro
de mí. Sus gruñidos de placer llenan la habitación y luego se tensa,
derramándose dentro de mí en un rugido sordo. Todo queda en silencio. No
hay nada más que el sonido de los latidos de mi corazón y la fuerte respiración
de Levi detrás de mí. Miro hacia atrás, grabando su imagen en mi memoria.
Se ve en paz, sus ojos de calavera negra llenos de asombro. Pero rápidamente
cae, su máscara fría como una piedra se desliza en su lugar.
Levi sale de mí y se tambalea hacia atrás como si no pudiera creer lo que
acaba de suceder.
—¿Qué? ¿Sin acurrucarse? —Me burlo, pero me sale estrangulado.
—Vístete —dice—, y luego lárgate de aquí. Lo digo en serio, Kiera. Vuelve a tu
pequeña vida perfecta y olvida que esto ha sucedido. Porque puedes estar
segura de que lo haré.

“Condemn Us” es un spin off de la serie Rebels at Sterling Prep. No está


en español.

También podría gustarte