Minerva Hurtado Requejo. Arqueología Bíblica III. Tema 3.
NAZARENOS, EBIONITAS Y “LAS BIENAVENTURANZAS”.
Introducción: aclaración terminológica.
Antes de empezar siquiera a abordar el tema me gustaría explicar la diferencia entre los
términos “nazareo” y “nazareno”.
Nazareo era el nombre con el que se designaba a cualquier hombre o mujer que estuviera
dedicado a Dios con un voto de servicio especial. En el capítulo 6 del libro de Números
tenemos los requisitos del nazareato. A modo de resumen diremos que los zanareos no
podían tomar bebidas embriagantes, hasta el punto de evitar la uva o cualquier producto
procedente de la misma; no debían cortarse el cabello; ni tocar cuerpo muerto alguno.
Existía tanto el voto temporal de nazareato como nazareos de por vida. Las Escrituras
aclaran que el nazareato era un voto de “separación” o “singularización” directamente
relacionado con la adoración a Yavé Dios y nunca una muestra pública de falsa modestia
o exacerbación ascética (Números 6:2, 8; Génesis 49:26). La palabra hebrea utilizada para
“nazareo” (na·zír) es utilizada en el texto bíblico para designar vides no podadas (Levítico
25:5,11), lo cual concuerda con la idea de una cabellera por la que no ha pasado la navaja .
Así mismo, la palabra utilizada para la corona o diadema que usaban los reyes ungidos (2
Samuel 1:10; 2 Reyes 11:12) de Israel (né·zer) deriva de la misma raíz que na·zír que, a
su vez, recuerda la idea de separación, ungimiento, designación o singularización.
Nazareno es un gentilicio que designa a todo aquel que procede o es identificado con la
ciudad de Nazaret. De hecho, Jesucristo fue conocido como “el Nazareno” (Mateo 26:71).
Si bien Jesús no era nacido en esta ciudad, vivió allí gran parte de su vida, por lo que llegó
a ser conocido con este apelativo. Nazareno probablemente procede de la palabra hebrea
né·tser, que significa “brote”, “retoño” o “rama”. De ahí que ciertos pasajes de las
escrituras hebreas se hayan considerado proféticos a la hora de designar al Mesías (léase
Isaías 11:1) tomando como base la etimología.
Tanto a Jesús como, posteriormente, a sus discípulos se les conoció como los nazarenos.
En hechos 24:5 se registra lo siguiente en lo referente al apóstol Pablo: “Porque hemos
hallado que este varón es un individuo pestilente y que promueve sediciones entre todos
los judíos por toda la tierra habitada, y es vanguardia de la secta de los nazarenos”1 . Se
observa, claramente, como a los primeros cristianos se les considera una secta o facción
judía, más que una nueva religión.
Nazarenos y ebionitas como supuestas facciones judeocristianas.
La literatura acerca de estas dos supuestas facciones judeocristianas es muy escasa;
incluso se discute el origen de su denominación, existiendo varias teorías. Apuntamos la
que tiene en cuenta el significado dela palabra ebionim, que significa “pobres” o
“necesitados”. Previo a la exposición de una nueva hipótesis y su defensa, se hará una
breve exposición de las fuentes que citan a estos grupos.
1Todas las citas, si no se especifica lo contrario, son tomadas d e la Traducción del Nuevo Mundo de las
Santas Escrituras.
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La primera mención de los ebionitas aparece en el siglo II EC en el manual “Contra las
herejías” de Ireneo de Lyon Describe a un grupo cristiano (es decir, reconocen a Jesús
como el Mesías) que solo aceptan el evangelio según Mateo y rechazan al apóstol Pablo
por considerarlo un apóstata de la Ley Mosaica. Aparecen menciones posteriores, más
detalladas, de los ebionitas y /o nazarenos por Orígenes de Alejandría (considerado uno
de los primeros “padres” de la iglesia católica2 ) y Eusebio de Cesarea a principios del
siglo III EC, Jerónimo de Estidrón y Epifanio de Salamina ya en los siglos IV y V EC.
De todas estas referencias se deduce que tanto ebionitas como nazarenos3 son judíos
convertidos al cristianismo. Aceptan a Jesús como el Mesías, así como sus enseñanzas,
pero han sido incapaces de desvincular su identidad judía de su antigua forma de
adoración. Es decir, no encuentran contradicción aparente en ceñirse a las nuevas
exigencias del cristianismo sin abandonar las prácticas judías, especialmente las relativas
al día de descanso, la dieta o la circuncisión. Este hecho podría pasar inadvertido o
haberse convertido en una elección personal si el cristianismo se hubiera quedado
circunscrito al Israel natural. No obstante, el carácter universal de esta nueva religión, su
apertura a “toda nación, lengua y tribu” (Apocalipsis 5:9,10), puso a los judíos naturales
ante una situación muy comprometida. ¿Exigirían a los gentiles (los no judíos)
convertidos al cristianismo a sujetarse a los requisitos de la Ley de Moisés? Parece que
eso pretendieron (Hechos 15). Aquellos que no habían entendido la esencia misma de la
Ley, sino que se sujetaban de forma rutinaria, orgullosa y distintiva a sus rituales y
preceptos no fueron capaces de aceptar la ley del amor, la ley del Cristo. Tercamente
insistían en que los gentiles cumplieran una Ley ya superada (Romanos 10:4).
Los prejuicios entre cristianos de origen judío y los de origen gentil tenían raíces mucho
más profundas que una mera discusión en cuanto a requisitos legales. Los judíos se sabían
una nación escogida, apartada y santificada (Éxodo 19:3-6). Eran los herederos del Pacto
de Dios. Sus reyes se sentaban sobre el trono mismo del Dios Soberano (1 Reyes 1:17).
El mero contacto con personas de otras naciones estaba prohibido. Los judíos no debían,
por ejemplo, entrar en la casa de un gentil (Hechos 11:1-3) y muchísimo menos casarse
con alguien de otra nación. Esta medida hizo que muchos israelitas fueran orgullosos,
altivos y desconfiados con las personas de otros orígenes. Aquellos judíos que aceptaron
a Jesús como el Mesías no se deshicieron inmediatamente de dichos prejuicios. Un corpus
ideológico fraguado durante siglos no quedaría superado por la presencia breve, por muy
carismática que fuera, de Jesús. Es lógico pensar, entonces, que a medida que el
cristianismo fue aumentando en número, formándose congregaciones más heterogéneas 4
y los primeros discípulos envejeciendo y muriendo, surgieran grupos que justificaran sus
formas de actuar en interpretaciones varias de las enseñanzas de Jesús y en el rechazo de
algunos de los escritos y escritores de las llamadas Escrituras Griegas Cristianas.
2 Es importante distinguir denominaciones dentro de la “cristiandad” porque esto puede ayudar a los
investigadores a entender el paradigma ideológico en el que el escritor plasma sus ideas. El catolicismo, no
por ser la facción más extendida debiera ser considerada el cristianismo modelo.
3 en lo sucesivo serán tratados en este texto como un solo grupo, aunque no se descarte que se tratase de
dos facciones con diferencias ideológicas que, presumiblemente, con el tiempo fueron haciéndose mayores .
4 Este fue el caso de Pela, donde ya existía una comunidad cristiana gentil para cuando los judíos
convertidos al cristianismo llegaron buscando refugio tras huir de Jerusalén antes de su caída en el 70 EC.
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Por las razones que se han apuntado y otras de índole más práctica, se sugiere la hipótesis
de que tanto ebionitas como nazareos fueran grupos de cristianos sinceros (en este caso,
de origen judío) que, como tantas otras facciones e incluso religiones mayoritarias, fueron
con el tiempo “adaptando” y modificando convenientemente sus creencias para ajustarse
a sus necesidades y reafirmar sus opiniones e identidades.
“Las bienaventuranzas”.
El capítulo 6 del evangelio según Lucas contiene las popularmente conocidas como
“bienaventuranzas” (Lucas 6:20-26) que, a su vez forman parte del también ampliame nte
difundido Sermón del Monte de Jesús. Si bien, puede afirmarse que este pasaje es tan
conocido como malinterpretado. Muchos han tomado estas palabras como un alegato de
Jesús al ascetismo, la austeridad y el conformismo. Nada más lejos de la realidad. No
obstante, sin entrar en muchos detalles a este respecto, aclarar que muchas traducciones
bíblicas han “teñido” estas líneas de cierto misticismo no falto de segundas intencio nes.
El contexto de este discurso nos aclara las verdaderas intenciones de Jesús. En una lección
magistral, ante un auditorio formado por gente común, el Gran Maestro explicó en qué
radica la verdadera felicidad. Al mismo tiempo, desenmascaró con claridad tendencias
que perjudican a los seres humanos y dio claves para una convivencia pacífica.
Aquellos que, tomando este u otros fragmentos semejantes, justifican una vida de
negación extrema, austeridad exagerada, rechazo a los bienes materiales o a quienes los
poseen, e incluso pereza o desidia, caen en un error que es tan frecuente como histórico
en los anales de las religiones.
FUENTES
Tabor, James D. "Ancient Judaism: Nazarenes and Ebionites", The Jewish Roman World
of Jesus. Department of Religious Studies at the University of North Carolina at Charlotte
(1998).
Whatch Tower Bible and Tract Society of Pennsylvania (1991) Perspicacia para
comprender las Escrituras. Volumen 1. Brooklyn, New York, USA.
Whatch Tower Bible and Tract Society of Pennsylvania (1991) Perspicacia para
comprender las Escrituras. Volumen 2. Brooklyn, New York, USA.