LA PRONUNICACIÓN
1- Introducción
La pronunciación de los andaluces es una de las más características del español.
Como hemos venido apuntando, muy pocos son los fenómenos fonéticos
andaluces que no aparezcan también fuera de la región.
Hay, al menos, 2 rasgos lingüísticos que dotan a las hablas andaluzas de un
carácter diferenciado: el ceceo-seseo y las transformaciones de las vocales que
produce la caída de la –s.
Ambos fenómenos tienen una extensión geográfica considerable, no abarcan
toda la región.
Ambivalencia en el uso de términos como “andaluz”, “hablas andaluzas”,
“español hablado en Andalucía”: las fronteras políticas no coinciden con las
fronteras lingüísticas.
RASGOS PROPIOS DEL ANDALUZ: seseo-ceceo, vocales proyectadas.
2- Seseo-ceceo
Como vimos, tanto el seseo como el ceceo son dos caras del mismo fenómeno:
el reajuste de las sibilantes medievales.
Este reajuste produce resultados muy variados e implican, por una parte, una
reducción del catálogo de unidades capaces de distinguir palabras y, por otro
lado, el sonido resultante adopta multitud de variantes.
Este tipo de reducciones producen que algo se pierda en el proceso: el
castellano mantiene la distinción “s” y “z,c” para diferenciar unidades
lingüísticas de rango superior (palabras plenas): cocer/coser, caza/casa,
cenador/sendor, hace/ase.
Ahora bien, las lenguas son sistemas que se autorregulan y en los que la
pérdida de estos mecanismos se compensa de otras formas:
- Por ejemplo, las palabras anteriores rara vez aparecen aisladas sino
apoyadas en otras que guían en la interpretación; la situación comunicativa.
- Además, es suficiente para disipar la posible ambigüedad significativa.
- A veces, es la propia construcción sintáctica la que dispersa la ambigüedad:
Juan está comiendo en el cenador / Juan está comiendo con el senador.
(solamente en muy pocos casos podrían darse equívocos)
A pesar de que ambos fenómenos son el mismo, existe una clara conciencia
lingüística actualmente que los entiende como dos fenómenos diferentes ¿por
qué sucede esto?
La evolución posterior del español aumentó la distancia entre la –s y la –ç (que
termina en interdental), así al proyectar ese resultado castellano, se
identificaron los restos dentales y asibilados con la –s castellana y los restos no
asibilados con la –c o –z.
3- Geografía fonética
Seseo y ceceo no se encuentran en la totalidad de la actual Andalucía, sino que
la solución castellana distinguidora penetra en algunos de sus territorios. Por
ello, es necesario diferenciar entre una Andalucía distinguidora y una Andalucía
confundidora.
Andalucía distinguidora: zonas más septentrionales de la región Ej.: Jaén,
casi toda Almería, algunos enclaves de Sierra Morena, etc.
No todo este espacio distinguidor es lingüísticamente homogéneo: dentro de
este terreno podemos diferenciar dos tipos de –s.
- Zonas distinguidoras con –s castellana: norte de Huelva y Córdoba, sierras
de Cazorla y Segura (Jaén), la hoya de Baza y el norte de Almería.
- Zonas distinguidoras con –s andaluza: resto de zonas.
La diferencia entre la –s castellana y la andaluza es cuestión de la posición que
adopta la lengua: cóncava (elevación del ápice de la lengua hacia los alveolos
dentales), plana (apenas hay elevación) o convexa (prácticamente, la lengua
está en reposo) > es la tensión de la posición de la lengua la que nos permite
distinguir entre las diferentes articulaciones.
La confusión seseante ocupa una franja discontinua situada hacia el centro de
Andalucía: oeste de Huelva, norte de Sevilla, toda la campiña cordobesa, el
centro de la provincia de Jaén hasta Baza, etc.
En esta zona seseante, tenemos que distinguir, de nuevo, entre el seseo con
ese coronal plana (cordobesa), y el seseo con ese predorsal convexa (sevillana).
El ceceo ocupa una franja prácticamente continua que se desarrolla en paralelo
a la costa andaluza desde el tercio sur de la provincia de Huelva, la totalidad de
la de Cádiz, ¾ de Sevilla y Málaga, toda la Vea y parte de la Alpujarra y las
costas de Granada, con prolongación de la de Almería hasta la altura de
Roquetas. Existen otros enclaves aislados donde encontrar el ceceo, en áreas
básicamente seseantes.
En el interior de la zona ceceante hay núcleos que presentan una articulación
muy variable del sonido dental. Esto no solo ocurre en puntos donde conviven
el seseo y el ceceo, sino que los mismos individuos articulan unas veces un
sonido y otros (polimorfismo).
En las áreas de ceceo puro: encontramos sonidos que oscilan entre una
articulación dental e interdental (como la castellana).
- Zonas de distinción y seseo: suelen ser excluyentes.
- Zonas de ceceo: suelen convivir ceceo y seseo de modo espontáneo y
condicionado por factores sociolingüísticos.
4- Perspectiva sociolingüística
La lengua es un hecho básicamente social y, como tal, permeable no solo a la
variación geográfica, sino también a las diferencias internas que se observan
entre los grupos humanos, cuyos orígenes son sociales: el grado de instrucción,
la diversidad ocupacional, el sexo, la edad, etc. son factores que determinan
estratificaciones sociales diferentes en el seno de cada comunidad.
Ejemplo de ello son los entornos rurales frente a los grandes núcleos urbanos
(en los últimos años, las ciudades se han convertido en receptáculos de una
masa importante de población rural, dando lugar a la convivencia de modelos
lingüísticos diferentes, sin olvidar la actual fluidez de las comunicaciones, los
mass media)
Teniendo en cuenta lo anterior, en Andalucía se encuentras hasta 8 patrones
de posibles comportamientos lingüísticos en torno al seseo-ceceo/distinción:
- Distinción con –s castellana (modelo estándar)
- Distinción con –s cordobesa
- Distinción con –s sevillana
- Seseo con –s cordobesa
- Seseo con –s sevillana
- Ceceo
- Confusión con sonido intermedio entre la asibilación y la interdentalización.
- Confusión con alternancia entre la variante asibilada y dentro-interdental.
5- Distinción con –s castellana
Esta distinción, que no existe en ningún núcleo urbano andaluz, se presenta por
tres vías: la emigración rural, la afluencia de población de fuera de Andalucía y
la presión del español normativo a través de la escuela y de los medios de
comunicación.
Pertenece, sobre todo, al vernáculo de Jaén capital, donde puede coexistir con
s
Castellana procedente del norte de la provincia.
Una situación similar se da en Almería, con distinción con s de tipo cordobés.
Supone un sistema clarísimo de transición y se da, por ejemplo, en Sevilla en
hablantes de nivel cultural medio-alto, en los que la distinción es consecuencia
de la presión normativa, y en Huelva, Cádiz, Granada y Málaga, bajo idénticas
circunstancias.
Lo que varía en cada caso es la proporción de hablantes que se acogen a este
modelo (incluso, a veces, solo se produce en determinadas situaciones
comunicativas, como los registros más cuidados).
6- Seseo con s cordobesa
Predomina en Córdoba y en los núcleos importantes del sur de la provincia,
como Lucena o Priego.
7- Seseo con s sevillana
El seseo predorsal, de tipo sevillano, tiene sus núcleos fundamentales en Sevilla
capital; también en Antequera, donde coexiste con otras soluciones
intermedias, y en casi todos los núcleos urbanos importantes englobados en el
dominio geográfico del ceceo, ya que este suele estar afectado de una
consideración social negativa.
8- Ceceo
Como hemos apuntado, el ceceo goza de menos aceptación social: ej.: en
Sevilla capital afecta en torno al 6% de la población, en el nivel popular.
9- La confusión con variante intermedia entre “s” y “c”
Granada y Málaga son los únicos núcleos urbanos importantes de los que
tenemos noticias al respecto.
Importancia de la Alpujarra.
10- Las vocales proyectadas del andaluz oriental
La naturaleza y estructura de las vocales andaluzas constituye otro de los
rasgos que individualizan las hablas de Andalucía.
A diferencia del fenómeno anterior, este apenas ha transcendido a la
conciencia lingüística de los hispanohablantes, a lo que se suma la falta de
noticias históricas sobre él y, por tanto, la imposibilidad de establecer la fecha
de su aparición.
El fenómeno se produce tras la aspiración de –s en posición final de palabra y la
posterior pérdida de la aspiración (a consecuencia de ello).
El relajamiento en la articulación de –s obliga a modificar la energía
articulatoria de la vocal precedente y su desaparición deja un “hueco” en la
cadena hablada: la vocal absorbe la totalidad de la energía articulatoria de la
aspiración, aumentando su duración, su intensidad y su apertura (vocales
abiertas).
También sucede, en ocasiones, en vocales interiores (metafonía), aunque sus
causas son diferentes.
¿Tiene este fenómeno repercusiones gramaticales?
- Lo importante de estas vocales abiertas o proyectas es determinar si tiene
repercusiones funcionales en la lengua: es decir, si podemos atribuir a ellas
la carga significativa que en español tiene la s final que distingue el singular
del plural, así como diferencias la segunda de la tercera persona verbal
(habla/hablas).
- La diferenciación del número y de persona verbal soportan una gran carta
sintáctica en español: la primera marca la concordancia de elementos
integrantes en un sintagma nominal, y la segunda marca la concordancia
entre sujeto y predicado.
Por ello, es lógico pensar que si esa –s final que tan importantes funciones
desempeña en español desaparece, la lengua proceda a su reemplazo con otros
mecanismos, como las vocales abiertas.
La distinción singular/plural y tercera/segunda persona verbal estaría soportada
en andaluz por la oposición entre vocales no proyectadas y vocales
proyectadas; ello implica un sistema vocálico diferente del sistema del español
común: de 5 vocales en español común, el andaluz oriental para a 10, dado que
las 5 primeras se desdoblan en dos, una normal y otra proyectada.
En el caso de la “a” hay una cuestión añadida: la “a” andaluza de las
terminaciones “-as” no solo es más abierta que la castellana, sino que además
adelanta ligeramente hacia el paladar el punto de articulación (“a”
palatalizada”).
Con todo, tenemos que ser conscientes de que la abertura es un rasgo que se
encuentra en muchas lenguas para diferenciar vocales. Además, no todos los
especialistas están de acuerdo sobre esa carga funcional de la abertura vocálica
en andaluz oriental.
El argumento más importante que suele esgrimirse contra ello es el principio de
“economía de lenguaje”: las lenguas son sistemas económicos ya que tienden a
conseguir el máximo rendimiento con el mínimo coste, es decir, con el menor
esfuerzo articulatorio y de memoria. Si uno se atiende a este principio parece
claro que las lenguas preferían los sistemas más simples (como lo es el sistema
vocálico estándar).
Existe, además, otro argumento que tiene que ver con la distribución geográfica
del fenómeno en contra del pretendido valor significativo de estas vocales
abiertas, como veremos a continuación.
11- Andaluz oriental y andaluz occidental
El fenómeno de la proyección vocálica se distribuye con la geografía andaluza
de una forma bastante homogénea: viene a ocupar todo el oriente andaluz
Almería, Jaén, Málaga, penetra además en zonas centrales de Málaga y
Córdoba, e, incluso, en algunas localidades sevillanas.
El fenómeno de la proyección vocálica no se presenta de la misma forma en
todas las zonas señaladas existen variables que dan lugar a 11 pautas
diferentes de comportamiento lingüístico:
- Abertura y metafonía sistemática
- Abertura con metafonía esporádica
- Abertura sin metafonía
- Abertura, alargamiento y metafonía
- Abertura, alargamiento y metafonía esporádica
- Abertura, aspiración y metafonía
- Abertura, aspiración y metafonía esporádica
- Abertura, alargamiento y aspiración constante
- Abertura, alargamiento y aspiración esporádica
- Alternancia entre abertura e igualación de las vocales finales, con
predominio de la primera solución
- Alternancia entre abertura e igualación con predominio de la segunda
solución
Ahora bien, delinear la distribución geográfica de estos 11 modelos es
extremadamente complicado ya que no se configuran como áreas
homogéneas, sino zonas entremezcladas.
No obstante, si un andaluz del occidente es capaz de diferenciar y construir
singular y plural sin necesidad de la –s final, ni de ningún tipo de modificación
de vocales, es obvio que un andaluz oriental también puede hacerlo, por lo que
la “proyección vocálica” sería una mara superflua en la mayoría de los casos.
Por todo, la proyección vocálica puede considerarse como un resto mecánico,
producto de la redistribución de la energía articulatoria consecuencia de la
pérdida de la aspiración de –s castellana y no tendría, por tanto, valor
funcional.
12- La Andalucía de la E
La “a” final de las terminaciones del plural sufre un proceso de proyección en el
que se produce un adelantamiento en el punto de su articulación.
La “a” es la vocal de máxima abertura porque se articula justo en el centro de la
boca: cualquier modificación aquí supone inevitablemente un cierto grado de
cerramiento, que se acercará a la “o” (por retracción” o a la “e” (por
adelantamiento).
Sucede en ciertos lugares de Andalucía el adelantamiento de la articulación es
tan intenso que la “-a” final de las terminaciones “-as” se confunden con una
“e” muy abierta: berenjenas / berenjene.
Estas pronunciaciones no son predominantes ni sistemáticas, pero
encontramos estas soluciones palatalizadas con relativa frecuencia en casi toda
Andalucía oriental, principalmente en la Vega y las Alpujarras granadinas, así
como en las proximidades de Motril; en el campo de Níjar en Almería y, más al
occidente, en el Treviño en que se unen las provincias de Córdoba, Sevilla y
Málaga. En esta zona, confluye, además, la solución palatalizada para las
palabras terminadas en “-al” y “-ar” (Hospital/Hospité).
¿Por qué se extiende esa palatización a las terminaciones –al y –ar? Se han
dado algunas explicaciones, si bien ninguna es plenamente satisfactoria:
- En andaluz existe una acusada tendencia que se concreta en el
debilitamiento de todas las consonantes que terminan en sílaba, por medio
de su aspiración y posterior pérdida o asimilación de la consonante
siguiente. En el caso de “r” y “l” ese debilitamiento se traduce en la
confusión de ambas, pero, en posición final el resultado es la desaparición
de la consonante, acabando en un proceso similar al de la –s (analogía).
- La –r y la –l se confunden en posición final en muchos lugares de Andalucía
y Extremadura, dando lugar a pronunciaciones cacuminales de la –l (similar
a la catalana) la cual propicia el adelantamiento de la vocal anterior.
Tradicionalmente, se viene afirmando que esta forma de articular las palabras
acabadas en –as, -ar, -al era algo exclusivo de los niños y de las mujeres de
generaciones más avanzadas y de menor nivel sociocultural. De este modo, se
ha pronosticado su extinción.
No obstante, aproximaciones más recientes han revelado dos sorprendentes
circunstancias:
- En Estepa no hay una diferencia acentuada entre hombres y mujeres, pero
sigue siendo algo propio de las clases económicas más bajas.
- La palatalización se observa en los niños, pero también se mantiene entre
los jóvenes y solo decae una vez entrada la madurez.
Esta diferencia de comportamiento puede explicarse por los cambios sociales
ocurridos entre mediados del siglo pasado y el momento presente. Tales
cambios habrían producido ente los jóvenes una modificación de la actitud ante
la palatización, que habría pasado a ser considerado como rasgo identitario del
habla de la zona, necesario, por tanto, para integrarse plenamente en esa
comunidad social (adquiriendo lo que se conoce como “prestigio encubierto”).
La aparición de consonantes oclusivas sordas aspiradas es un fenómeno muy
esporádico del español andaluz, con la peculiaridad de que cada una de las
consonantes implicadas presenta zonas diferentes.
La aspiración de las 3 solo se da en el sudeste de Córdoba; “t” y “k” se aspiran
en el este de Málaga; “k” lo hace de forma dispersa por toda Andalucía.
Algo más definida es la distribución geográfica de la “ch” fricativa: la costa de
Cádiz, el sur de Sevilla, el occidente de Málaga, la Vega y Granada capital, costa
de Almería.
También sucede que la “ch” fricativa suele compartir su dominio con la
africada, muchas veces en clara desventaja para la fricativa. Lo curioso en este
punto es la diversificación sociolingüística que la alternancia entre ambos tipos
de “ch” ofrece, por ejemplo, en el habla granadina: la “ch” fricativa se revela
como rasgo casi exclusivo de los hombres, frente a las mujeres.
Se ha venido admitiendo que en las comunidades rurales el habla femenina
suele tomar un carácter ligeramente más conservador que la masculina, hecho
que obedece a causas sociales: el rol social de las mujeres en zonas rurales
supone un modo de vida más retraído y de menos contacto con el mundo
exterior y de ahí que mantengan mejor las pautas tradicionales de
comportamiento lingüístico.
En las comunidades urbanas la situación es diferente: en ellas, las mujeres unas
veces adoptan rasgos innovadores con más frecuencia que los hombres.
Al margen de esto, lo que sí se observa, en términos generales, las mujeres
suelen mostrar más apego hacia aquellos rasgos lingüísticos dotados de mayor
prestigio social, de manera que, si estos son innovadores, tenderán a asumirlos
y, si son conservadores, los rechazan con más frecuencia que los hombres.
¿Puede esto deberse a una cierta inseguridad entre la población femenina
todavía manifiesta en su proceso de adquisición de igualdad de sexos?
13- Las hablas andaluzas y el español meridional
El español hablado en Andalucía viene siendo considerado como la
manifestación prototípica de una gran subvariedad del español conocida como
“español meridional” o “español atlántico” frente al “español septentrional”.
La única forma de fundamentar esta división en basarla en rasgos en que al
menos mayoritariamente ambos difieran.
SE suele señalar 4 fenómenos lingüísticos como los fundamentales para
caracterizar el “español meridional” frente al septentrional: el seseo-ceceo, el
yeísmo, las transformaciones habituales en las consonantes implosivas y la
peculiar pronunciación de la J castellana.
- El yeísmo
Se entiende por yeísmo la igualación en pronunciación de las consonantes
que gráficamente se representa como “y” y “ll” en favor de la primera: no
distinción entre sonidos palatales centrales y laterales en favor de los
centrales.
El fenómeno contrario, el lleísmo, pero este es muy esporádico.
¿Por qué se produce este fenómeno? La lengua posee una masa muscular
más fuerte en los bordes que en el centro, razón por la que resulta menos
trabajoso endurecer estos, propiciando así la salida del aire por el centro. A
esto hay que sumar que la capacidad para distinguir palabras por la
diferencia entre ambos fonemas es mínima: cayó/calló, poyo/pollo.
Actualmente, es un fenómeno cada vez más generalizado.
Geografía andaluza de la distinción y el yeísmo:
El yeísmo está muy extendido en Andalucía, pro todavía no ha alcanzado la
totalidad de andaluces.
En general, son las provincias occidentales (Huelva, Sevilla, Cádiz y Málaga)
las que mantienen con más apego la tradición distinguidora.
Repartición sociolingüística:
La distinción no se mantiene en todos los núcleos y enclaves referidos con
la misma vitalidad. En casi todos ellos, la igualación yeísta compite con
ventaja con la conservación distinguidora y también, en casi todos ellos,
esta aparece como rasgo característico del habla femenina (mujeres
mayores y de menor nivel sociocultural).
- El derrumbamiento de las consonantes implosivas
Conocimientos genéticos
La revolución meridional y andaluza del consonantismo implosiva
castellano parece ser la culminación actual del gusto o preferencia por
la llamada sílaba abierta, es decir, sílabas que acaban en vocal que el
castellano viene manifestando desde antiguo.
La sílaba en español necesita de forma obligatoria una vocal y dos
márgenes que puedan aparecer o no. Al margen inicial de la vocal se
llama “ataque silábico” (pueden ser elementos consonánticos o
semiconsonánticos –ié/-ué); al margen final, se llama “coda” o
“distensión silábica” (que puede estar integrado por semivocales –ai/au-
y por consonantes)
La distinción existente entre ambos márgenes es doble:
Hay consonantes que solo aparecen en el margen inicial, como las
representadas por “ch”, “ll” o “y” y, en gran medida, también la “j” (son
muy pocas las palabras en español terminadas en esta consonante:
reloj, carcaj, boj).
En la coda o margen final algunos de los caracteres que individualizan a
las consonantes en el ataque silábico dejan de ser operativos. Mientras
en posición inicial “p” de diferencia de “b”, “t”, de “d” y “c” de “g”
(peso, beso, dato, dado, casa, gasa), es posición final la pronunciación
de cada una de las parejas pude confundirse sin distorsionar su
significado (apto, atleta, acto).
Algo similar a lo anterior sucede entre “m”, “n” y “ñ”. Su alternancia en
el ataque silábico produce palabras diferentes (cama, cana, caña), pero
en la coda viene condicionada por la naturaleza de la consonante
siguiente y, por tanto, no es significativa (empezar, enseñar, ancho).
Cuando el final de la sílaba coincide también con final de palabra, el
inventario de consonantes posibles se reduce notablemente: el
castellano solo admite “d”, “z”, “s”, “l”, “r” y “n”.
No se puede perder de vista que este sistema de consonantes
implosivas, dentro del mismo castellano, está sometida a una serie de
actores de desestabilización:
a) La parte final de la sílaba suele pronunciarse mucho más
relajadamente que el principio, debido a que los elementos iniciales
suelen aportar indicios suficientes para que el oyente deduzca la
información que el hablante quiere transmitir.
b) La mayoría de consonantes implosivas tiene escasa capacidad para
diferenciar palabras y solo la “s” parece hacer tal cometido
(gato/gasto, peco/pesco)
c) Históricamente, el castellano ha tendido a deshacerse de las
agrupaciones de consonantes que acababan una sílaba con la inicial
de la sílaba siguiente (NOCTE > noche, SENSU > seso)
En el español antiguo, aun cuando se respetara la grafía latina, no
parece que esta modificara la pronunciación, de manera que voces
cultas como “indigno” o “nocturno” debieron pronunciarse como
“indino”, “nocturno”, según podemos desprender de las frecuentes
ocasiones en que estas palabras se escribían sin la consonante final de
sílaba.
En el siglo XVIII, la RAE optó en estos casos por mantener la ortografía
más próxima a la forma etimológica, restaurando también la
pronunciación latinizante como norma del español culto. Pero, por más
presión normativa que exista, no se ha podido impedir el desgaste
progresivo de estas consonantes y de ahí, pasamos al relajamiento y
pérdida de la tensión de su articulación, haciendo que sean
indiferenciables –p de –b, -t de –d, y –c de –g.
La consonante final de sílaba
El español meridional ha avanzado algunos pasos más en este proceso
de degradación del consonantismo implosivo en interior de palabra o
entre palabras enlazadas: por un lado, iguala los resultados de –s y –s y,
por otro los de –l y –r.
Este fenómeno se produce de forma bastante generalizada al sur de las
hablas que confunden en –z, -p, -b, -t, -d, - y –g (ozjeto, traztor,
oztubre), es decir, hablamos de Extremadura, sur de Castilla la Mancha,
Murcia y Andalucía.
a) –s y –s
Estas dos consonantes se suman a la tendencia general de las
consonantes finales de sílaba de convertirse en un leve soplo
espiratorio (aspiración), igualándose en un sonido diferente.
La aspiración, asimismo, es muy inestable y tiende a sufrir
alteraciones condicionadas por los sonidos del entorno lingüístico.
Cuando la aspirada implosiva va seguida de vocal: p. ejemplo “las
aguas”, “los hombres”, se llega en el español meridional a 2
soluciones:
1) Recuperación de la consonante original
2) Mantenimiento de la aspiración
La preferencia por una u otra solución dependerá de factores
geográficos y socioculturales:
1) Hablantes con más nivel cultural > tienden a recuperar la
consonante.
2) Hablantes de menor nivel cultural > entra en juego la geografía:
Andalucía occidental se inclina por la reposición de la
consonante mientras que el oriente prefiere mantener la
aspirada.
Cuando una de estas dos consonantes implosivas precede a una
consonante de cualquier tipo, la aspiración inicia un proceso de
adaptación a ella, conocida como asimilación, que, a su vez, tiene
resultados diferentes:
1) Ante oclusivas sordas (p,t,k): o se mantiene la aspiración (“los
toros” > /lohtoroh/); o se gemina (caspa > /cappa/; asco / acco/)
2) Ante consonantes fricativas sordas (f, s/z, j, g): la consonante
implosiva se aspira o se queda en una consonante única que
puede perder parte de su energía articulatoria: resfriado >
rehfriao, reFriao: descender > dehcender o deCender.
3) Ante las consonantes oclusivas sonoras (b, d, g/gu): el proceso
asimilatorio es más completo: junto a soluciones aspiradas
tenemos también soluciones en que la aspiración adopta la
configuración de la consonante siguiente: desván > debbán,
disgusto >digguhto. Sucede también al producir una
modificación de la consonante implosiva que consiste en que se
funden las dos consonantes en una distinta (pertenencia a la
serie fricativas sordas: f, z, j): desván > defán; desdeñar >
deceñar.
4) Ante “ch” y “ll” (en enclaves sin yeísmo) o “y”: la aspirada de la
–s implosiva se asimila a estas consonantes por completo las
llaves > laYaveh
5) Cuando la aspirada va seguida de “rr” o “l” la asimilación
también es completa, si bien culmina en la duplicación o
germinación de la consonante: los lunes > lol.luneh; Israel >
Irrael.
6) Si la aspirada va antes de la serie nasal (m, n y ñ), se llega a una
duplicación consonántica similar a la de “l”: asma>ahma/am.ma;
asno > ahno/ an.no
Con todo, la asimilación a la consonante siguiente es un proceso, es
decir, un continuo en el que se dan multitud de soluciones
intermedias entre el punto inicial (la aspiración) y el final (la fusión
de dos consonantes en una sola o la geminación).
Este proceso es parecido en todo el territorio que abarca el español
meridional y, en Andalucía todas las soluciones y todos los pasos
intermedios se encuentran en todas partes, aunque su grado es
diverso.
Serán los factores geográficos y la diversificación sociolingüística las
que condicionen el fenómeno y sus resultados finales.
Por ejemplo, hay hablantes andaluces, o zonas concretas, en los que
este proceso de aspiración ni siquiera se ha iniciado, esto es,
mantienen la –s implosiva (áreas marginales de Andalucía).
De otro lado, también existen zonas donde la aspiración se mantiene
intacta (sin iniciar procesos de asimilación a la consonante
siguiente): casi toda córdoba y Jaén, y el norte del resto de
provincias.
Podría decirse que, geográficamente, en grandes líneas, la mitad de
Andalucía mantiene la aspiración y la otra mitad la aspiración inicia
el proceso de asimilación o geminación con la consonante siguiente.
Este panorama se vuelve más complejo cuando queremos tener en
cuenta el registro o situación comunicativa en la que se produce el
fenómeno:
1) En situaciones comunicativas familiares favorecen la duplicación
en todas partes.
2) En situaciones comunicativas más formales, que requieren un
control, se suelen mantener la aspiración e, incluso,
eventualmente, se repone la –s implosiva.
Para la serie fricativa (f,z,s,j), la solución mayoritaria en Andalucía en
contextos informales es la asimilación a la consonante siguiente; en
registros más cuidados se mantiene solo la aspiración, e incluso, una
mayor fuerza articulatoria (sobre todo con la “f”).
La aspiración ante las consonantes oclusivas sonoras, como hemos
dicho, las soluciones son muy variadas, tanto geográfica como
socialmente. Por ejemplo, el grupo –sb-, cuando sufre un proceso de
asimilación, el resultado es “f”, pero socialmente, es tenida como un
rasgo de habla rústica (defán “desván”, refalar “resbalar”). No
sucede dicha valoración con las combinaciones –sg- (disgusto >
dihuhto).
b) –r y –l
Forma parte del estereotipo andaluz el hecho de que –r y –l finales
se confunden en –r (Velera: “sordao, barcón y mardita sea tu arma
se escribe con “l”).
No obstante, esta idea es un tanto simplista: primero porque no
todos los hablantes confunden sistemáticamente ambas
consonantes (los hablantes con un nivel cultural medio o alto
mantienen la distinción, al menos, en los registros cuidados), en
segundo lugar, los hablantes andaluces que confunden no siempre
lo hacen en –r, sino en –l o en aspirada (h).
La conversión en aspirada suele producirse con cierta
sistematicidad, solo en algunos puntos aislados del sudeste de
Huelva y del este de Sevilla: pierna > piehna o pienna.
La confusión en –l lucha con la confusión en –r en casi todo el
territorio andaluz (aunque los resultados en –l están en claro
retroceso, que se dan sobre todo en personas de mayor edad y
menor nivel sociocultural, y, además, está fuertemente
estigmatizado).
Otro punto a destacar son los resultados que se producen de –r final
de un infinitivo con la l- inicial de un pronombre personal (posición
enclítica): quererle, quererlo, quererlas, etc.
En estos grupos, a diferencia de lo que sucede en otros contextos, la
solución mayoritaria en Andalucía es en –l, por cuestiones de
asimilación anticipatoria (aunque también convive con resultados en
–r o en aspiración e incluso la asimilación completa en una única “l”
> decilo, hacelo).
La solución en –l se encuentra muy difundida en el habla rural
espontánea de casi toda Andalucía.
En las hablas urbanas la solución en –l es menos conocida, salvo
entre los hablantes menos cultos.
Las otras soluciones apuntadas son mucho más esporádicas.
El interés que despierta la asimilación de –rl- en –ll- es sobre todo
histórico: era muy frecuente en el español medieval y clásico,
desapareciendo del español hablado común hacia el XVIII.
En Andalucía ese grupo –ll- ha pasado en buena medida a
pronunciarse como –y-, nada raro teniendo en cuenta la enorme
extensión del yeísmo.
Este fenómeno en los infinitivos es, pues, un claro arcaísmo que
viene a desmentir el tópico del carácter innovador y revolucionario
que suele aparejarse a la fonética andaluza.
Con todo, la confusión fonética entre –r y –l de final de sílaba
provoca la pérdida de algunas distinciones significativas: arma/alma,
suerte/suelte (de soltar) (lo mismo sucedía en el caso del seseo-
ceceo).
El proceso de confusión de –r y –l puede explicarse como
consecuencia de un encadenamiento de relajaciones: la –r vibrante
relaja su articulación hasta perder el punto de vibración, dando lugar
a una –r más fricativa, sonido que no entraría en conflicto con
ningún otro. La –l debió de sufrir un proceso similar; en cualquier
caso, el intercambio de “r” y de “l” ha sido siempre bastante común
en el español hablado, dado que son sonidos en los que intervienen
los mismos órganos articulatorios con la realización de movimientos
similares.
Las consonantes finales ante pausa (-d, -s y –z, -l y –r, -n)
a) La –d final
Esta –d final desaparece sin dejar ningún tipo de rastro en casi todo
el español meridional y de manera particularmente intensa en
Andalucía, al menos en el habla espontánea e incluso en registros
algo cuidados, ni siquiera los hablantes más cultos la mantienen:
palabras como “pared”, “red”, “verdad”, “voluntad” se pronuncian
de forma bastante uniforme como “paré”, “re”, “verdá” o “voluntá”.
Solo de forma muy ocasional queda un resto de esta consonante
plasmado en una leve abertura de la vocal final; esa abertura ha
dado pie a pensar que, antes de desaparecer pasó por una fase de
aspiración. No obstante, esto se suele rechazar porque no se
encuentra en ningún punto de Andalucía restos de esa supuesta
aspiración (pareh) y porque esa leve abertura de la vocal no coincide
con el área de las vocales proyectadas.
b) La –s y la –z finales
El resultado de estas consonantes, ya sea en áreas seseantes,
ceceantes o distinguidoras, es la oscilación entre el mantenimiento
de las dos como aspiradas o s desaparición absoluta. Si la
desaparición es absoluta, se produce una modificación en la vocal
precedente en el andaluz oriental (vocales abiertas).
No obstante, existen zonas marginales donde estas consonantes
finales se conservan.
De otro lado, la aspiración y la pérdida de –s y –z se reparten por el
resto de Andalucía conformando un paisaje más complejo donde las
diferentes soluciones se entrecruzan.
Aquí, los porcentajes de mantenimiento de la aspiración son
superiores en el área oriental que coincide con el de la proyección
vocálica.
En el occidente andaluz la aspiración se mantiene con consistencia
en zonas de Huelva y se pierde sistemáticamente en casi toda Sevilla
y Cádiz. En la zona oriental, predomina la aspiración, aunque
también alterna con la pérdida.
Una posible explicación sería la siguiente: la aspiración y posterior
pérdida de –s final pudo iniciarse antes en la zona occidental, por
eso, en esa zona, la pérdida total ha llegado más lejos que en la zona
oriental.
c) La –l y la –r finales
La –l y –r en posición final, al igual que en posición implosiva
interior, tienden a borrar la diferencia existente entre ambas en el
habla espontánea, confluyendo en una solución única que se
presetna de forma diversificada en Andalucía.
En este caso, tenemos una nítida distinción entre el oriente y el
occidente andaluz:
1) El andaluz occidental ha eliminado la diferencia entre ambas
consonantes y, además, pierde cualquier resto de ellas: papel >
papé; comer >comé.
2) En el andaluz oriental ambas consonantes finales suelen confluir
en –l: papel > papel; comer > comel (esa “l” se pronuncia con un
grado muy variable de relajación en su pronunciación: desde una
articulación my nítida hasta con un ligero soplo).
La solución occidental (desaparición) alcanza hasta el sur de
Córdoba, la costa granadina y el sudeste de Almería.
La igualación en –l (solución oriental) alcanza la sierra de Córdoba
por el norte y reaparece en las sierras de Huelva.
Resulta curioso que la distribución geográfica de este fenómeno
coincide con la tendencia observada en el occidente andaluz de la
pérdida de la aspiración, frente a su mantenimiento en el oriente. Si
esto es así, la hipótesis acerca de que el español de Andalucía
occidental es evolutivamente más avanzado, se vería reforzada.
d) La –n final
De todas las consonantes que pueden aparecen en posición final en
español, la “n” es la que mejor se mantiene.
No obstante, aunque en menor medida, también esta consonante se
ve sometida al mismo proceso de debilitamiento, proceso que suele
manifestarse en dos fases sucesivas: en un primer momento el ápice
de la lengua se eleva hacia los alveolos dentales, sin llegar a tocarlos,
por lo que la resonancia nasal se produce en una parte muy trasera
de la boca > la consonante adquiere un timbre más velar; en la
segunda fase la consonante se absorbe en la boca a la anterior
(virgen > virge).
Cuando la nasal final se presenta en sílaba tónica, el territorio
andaluz presenta como solución mayoritaria la nasal velarizada /ŋ/ y
cuando va en sílaba átona, en la zona occidental, la consonante se absorbe
a la vocal anterior, a la que nasaliza; la zona oriental presenta más la
velarizada.
14- La pronunciación de la J
La pronunciación de la J castellana es como un soplo espiratorio desde la faringe o
laringe. Caja, ajo, reja > caha, aho, reha.
1) Reparto geográfico
Este rasgo es uno de los que permiten establecer una distinción nítida ente el
oriente y el occidente andaluz: la articulación correspondiente a “j” castellana:
- En el andaluz occidental se pronuncia aspirada.
- En el andaluz oriental se mantiene la fricación velar propia del español
septentrional.
Con todo, es uno de los límites más nítidos que existen en el andaluz.
2) Variantes de pronunciación
En el interior de cada zona señalada existe formas diferentes de
pronunciación:
- Aspiración faríngea sorda. occidente andaluz
- Aspiración faríngea sonora. es frecuente cuando la “j” va entre vocales;
no obstante, la sonorización de la consonante se hace extensiva al resto de
posiciones, como sucede en algunas zonas de Huelva o Cádiz.
Asimismo, la alternancia entre las dos aspiraciones obedece a motivaciones
socioculturales: en Cádiz capital los hablantes incultos sonorizan la
aspiración, pero no los cultos. Esto ocurre también el habla urbana de
Córdoba.
Granada capital presenta otra situación: la aspiración sorda se presenta en
hablantes de clases bajas, mientras que en las clases altas prefieren la
fricación velar. En Málaga, los varones cultos son los que presentan
soluciones sonorizadas.
- Sonido intermedio entre la aspiración y la fricación velar, en el que, a su
vez, es posible distinguir 2 subvariedades: un sonido más inclinado hacia la
aspiración y otro sonido en el que predomina la fricación velar. aparece
en zonas fronterizas.
De las tres variantes señaladas, la primera es la más frecuente en el
occidente andaluz.
3) A nivel social:
No tiene esta aspiración una valoración social negativa en casi ningún sitio,
hasta el punto de que su ausencia llama la atención en zonas andaluzas que
no la tienen (Jaén).
15- El “heheo”
Fenómeno relacionado con el debilitamiento de la fricción velar y con la
aspiración de –s implosiva, además de con el seseo-ceceo.
No obstante, el heheo es un fenómeno mucho más marginal desde el punto de
vista geográfico y demográfico, aunque muy interesante históricamente: se
trata de la aspiración de s- o c- inicial de sílaba o de palabra que da lugar a
pronunciaciones como “hí” (sí), “heñó” (señor) o “peheta” (peseta).
El fenómeno se encuentra al sur de Huelva, centro y sur de Sevilla, Cádiz,
Málaga y Granada.
A diferencia del seseo-ceceo, el heheo no es sistemático, es decir, tiene todas
las características de un proceso de cambio lingüístico incipiente que no ha
podido desarrollarse en su totalidad > permanece bajo la forma de variación
(afectando solo a la pronunciación de determinadas palabras o en el habla de
personas muy localizadas, con menor instrucción).
Aunque no se tengan datos estadísticos precisos de este fenómeno, parece que
hay cierto crecimiento, que seguramente será frenado por la valoración social
negativa que tiene.
16- Otros “dialectismos” del andaluz
La diferencia esencial entre los vulgarismos y los rasgos dialectales que
aparecen en amplias zonas es que los vulgarismos no tienen una determinada
circunscripción geográfica, sino que pueden aparecer en el habla familiar de
hablantes con poca cultura de cualquier procedencia.
En cambio, los dialectismos tienen una localización geográfica precisa, más allá
de que se valoren positiva o negativamente.
De entre todos los dialectismos, solo unos pocos afectan con cierta extensión y
constancia a la pronunciación andaluza.
1) Restos de la aspiración de F- inicial latina
Ya vimos que las palabras latinas con F- inicial la perdieron en castellano,
pasando por una fase previa de aspiración.
Esa aspiración, en un primer momento, fue bastante generalizada en la
Edad Media para, posteriormente perderse en castellano.
La pérdida de esa aspiración fue un proceso gradual y, en cierta medida, no
culminado, como sucede en la zona occidental de Andalucía.
- Geografía de las F- > h en Andalucía
La aspiración o no aspiración de la “h” que viene de F- inicial latina
(umo/humo) establece en andaluz una línea clara que separa la zona
occidental de la oriental.
Esa línea que separa los restos aspirados de F- vienen a coincidir en el norte
con el límite administrativo que separa la provincia de Córdoba de la de
Jaén; al sur se inclina hacia el este, estando del lado de la aspiración las
comarcas granadinas de La Vega, las Alpujarras y la costa (quedan fuera
Guadix y Baza);
Finalmente llega hasta el Mediterráneo en la provincia de Almería.
En Almería se produce una peculiaridad: desde la cuenca de Almanzora
hasta el Cabo de Gata, no es una aspiración lo que se presenta en palabras
que tenían F- latina, sino una pronunciación velar fricativa sorda (jota).
Este fenómeno también se encuentra en asturiano.
- Variantes de pronunciación y altura social
La /h/ > F- es articulatoriamente un fenómeno más estable que la
articulación velar fricativa sorda, si bien, de nuevo, no son extrañas las
variantes intermedias entre la articulación aspirada y la velar en zonas de
Huelva y Granada.
La mayor diferencia entre la aspiración de “j” y la aspiración de la F- latina
radica en la altura social que ambos fenómenos tienen (la primera afecta a
todas las realizaciones de la consonante castellana, con la segunda, ni todos
los hablantes la aspiran, ni los que aspiran lo hacen de forma sistemática).
La presencia o no de aspiración de la F- en andaluz occidental puede
deberse a factores de naturaleza y peso desigual:
a) El estatus sociolingüístico de los individuos.
b) El cariz patrimonial de las voces implicadas.
c) El contexto expresivo.
El primero de los factores es, sin duda, el que tiene mayor peso: hablantes
de más edad, menos nivel cultural, y las mujeres más que los hombres, es
decir, la presencia o ausencia de esta aspiración se debe más a criterios de
tipo cultural.
El segundo factor delimita las palabras que presentan aspiración entre el
total de formas que provienen de la F- inicial en latín: son siempre palabras
patrimoniales. A veces se da esta aspiración en palabras que, en castellano,
por ser voces cultas, mantienen la F-, de ahí que en toda la Andalucía
aspirante alternen formas como “hechuría/fechoría”, “humar/fumar”;
además, a veces, la aspiración se hace extensible a palabras que no tienen
etimológicamente la F- (hoz, hocino, horca).
El tercer factor puede determinar la aparición de esta aspirada en hablantes
que, a priori, por su nivel cultural, no la usarían, por ello se dice que es
“expresiva” (“una hartá de comer”).
2) Modificación de L agrupada
El rotacismo (conversión en –r-) de la “l” que forma grupos consonánticos
que la tienen como segundo elemento (“branco” por “blanco”) es un
fenómeno conocido en las hablas noroccidentales (gallego-portugués,
variedades asturleonesas).
En Andalucía, la distribución geográfica y social es muy irregular: los únicos
restos sistemáticos de este rotacismo (prata, branco, crabel, frama, gromo)
se encuentran el sudeste: la vega de Granada, Sierra Nevada, La Alpujarra.
Fuera de estas zonas, el fenómeno solo alcanza a las personas más mayores
y menos instruidas.
Este fenómeno, es, de nuevo, ya conocido en gallego-portugués y en los
dialectos occidentales del español: nasalización de “l” inicial del artículo
cuando va precedido de una preposición que termina en “n” (en la, en los).
En Andalucía sucede, además, una pérdida ocasional de esa “n” por
asimilación a la consonante siguiente (tendencia del español meridional) e,
incluso su aspiración: naraha (naranja), moha (monja).
17- Vulgarismo en el español de Andalucía
El español de Andalucía presenta una serie de rasgos lingüísticos propios de los
hablantes con menor nivel cultural, pero no pueden considerarse
dialectalismos, dado que aparecen en este tipo de hablantes en todas las zonas
hispanohablantes.
De todos los fenómenos que se podrían señalar, el más notable es la supresión
de determinados sonidos situados entre dos vocales, que afecta, sobre todo, a
la “d”, “g” y “r”, si bien u grado y estimación social es diferente.
1) Pérdida de la –d- intervocálica
La pérdida de –d- de los participios en –ado es un fenómeno ya general en
el español vulgar de casi todas las regionales, incluso, está alcanzando un
considerable grado de penetración social (hasta el punto de que la
pronunciación /ao/ sea la más frecuente en todo el español). Lo vemos en
los medios de comunicación, en políticos, intelectuales, artistas: andao,
volao, etc. (solo en la escritura se restituye la –d-).
En Andalucía, esa pérdida de –d- no se limita a esas situaciones, sino que se
extiende a una gran variedad de contextos y tiene gran estimación social.
La pérdida de la –d- intervocálica en Andalucía es un fenómeno
sociolingüísticamente complejo, mal conocido todavía.
a) Las terminaciones –ado
El contexto lingüístico que más favorece la pérdida de –d- es la
terminación en –ado de los participios de la 1ª conjugación, hasta el
punto de que no se conservan restos de esa –d- en casi ningún sitio de
Andalucía (en contextos de habla espontánea).
No se observan diferencias aquí ni por generaciones ni por sexo,
tampoco, incluso, en lo referente al nivel cultural.
Cuando –ado corresponde no a participios o adjetivos, sino a
sustantivos como “cuidado”, “nublado”, “enfado” la situación es algo
más compleja: la –d- se pierde menos (sus porcentajes son inferiores) y
hay mucha diferencia según el grupo social y edad (mayor pérdida en
mayores que en jóvenes), y más frecuente en hombres que en mujeres.
b) Las terminaciones en –ada
Las terminaciones femeninas de participios y sustantivos en –ada
presentan un comportamiento análogo al del masculino en el sentido
de que la diferencia morfológica participio/sustantivo determina una
mejor incidencia de la pérdida de la –d- en los segundos que en los
primeros.
Las terminaciones femeninas de los participios de la 1ª conjugación
pierden la –d- en el 53% de los casos; cuando esta terminación
corresponde a un sustantivo, el mantenimiento de la –d- supera a la
pérdida.
c) Las terminaciones en –ido
La –d- de los participios de la segunda y tercera conjugación se pierde
también de la manera sistemática en las hablas rurales de toda
Andalucía, así como en el habla familiar y descuidada de la urbe.
Se observa un grado mayor de retenciones que en el caso de los
participios de la 1ª conjugación. Entran en juego, además, otros
factores: por niveles socioculturales, en los niveles más bajos la pérdida
alcanza al 31%, 27% en el nivel intermedio y se queda en el culto en un
22%. Por edades: 39% entre jóvenes, 25% para los adultos y el 19%
entre los más mayores; por sexo, la pérdida es mayor en hombres que
en mujeres.
Cuando esta terminación corresponde a un sustantivo (vestido, cocido,
partido, sentido) la pérdida es mucho menor en frecuencia.
d) La terminación en –ida
Los porcentajes de pérdida de los participios femeninos de la 2ª y 3ª
conjugación son similares a los vistos para el masculino.
EN los sustantivos del tipo “comida”, “caída”, la pérdida de la –d- está
muy reducida en términos globales.
e) La –d- intervocálica en otros contextos
Podemos establecer que la caída de la –d- intervocálica tiene mayor
intensidad cuando esta es un sufijo, ya sea en la forma de las
terminaciones verbales de los participios o ya sea en otro tipo de sufijos.
Por ejemplo, el sufijo –dura en los hablantes de nivel popular suele
perderse en todo el ámbito geográfico andaluz: asaúra (asadura),
escalabraúra (escalabradura).
El sufijo agentivo –dor presenta una pérdida bastante generalizada
cuando su base lleva una vocal temática “a” (bailaor, cantaor), se
mantiene con mucha más frecuencia cuando esa vocal es “e” o “i”
(corredor, recogedor).
Menos frecuente es la pérdida de la “d” en el sufijo “-udo/a” (peludo,
moñuda, veyudo), si bien se produce bastante entre los hablantes
menos instruidos.
Lo mismo le sucedió al sufijo “-dero/a”: pariera, tocaero.
Los totalizadores “todo” y “nada” > to, na (incluso cuando se le añaden
sufijos diminutivos: toíto, naíta).
En el habla popular y rural de toda Andalucía, en los registros más
relajados son frecuentes formas como: deo (dedo), vía (vida), ruea
(rueda), roílla (rodilla).
2) Pérdida de –g-
La pérdida de la –g- intervocálica tiene mucha menor intensidad que la de
la “d”.
Solo afecta a palabras aisladas: miaja (migaja), aúja (aguja).
3) Pérdida de –r-
Menos incidencia todavía tiene la pérdida de la –r- intervocálica.
Afecta a ciertas unidades lingüísticas frecuentas como “pa” (para), “kié”
(quiere), “tié” (tiene), “mia” (mira).
4) Otros vulgarismos
a) El trueque b/g
El trueque entre la consonante labia (b) y la velar (g) se produce con
mucha frecuencia en el español hablado a causa de la equivalencia
acústica de ambas consonantes (ambas son sonoras y oclusivas, solo se
diferencian en un rasgo).
. Palabras que etimológicamente llevan “b” pasan a “g”: agüelo.
. Palabras que etimológicamente llevan “g” pasan a “b”: “abujero”,
“abuja” > agujero y aguja.
Ligado a este fenómeno se inserta también la generación de un
elemento consonántico de carácter velar sonoro (g) en palabras que
empiezan por el diptongo /ué/: güeso, güevo // hueso, huevo.
b) Confusión g- y c- iniciales de palabra
Este fenómeno se produce con cierta frecuencia en algunas palabras:
gabina (cabina), cangrena (gangrena), carrucha (garrucha), garraspera
(carraspera).
18- El andaluz y la emigración
1) La emigración interna
Los movimientos migratorios internos ofrecen dos patrones definidos: por un
lado, la afluencia desde el interior hacia las costas (turismo) y, por otro, desde
los núcleos rurales a los urbanos (economía).
Este segundo tipo de movimiento es el que ha tenido mayores consecuencias
lingüísticas: la concentración urbana los modos de vidas de hablantes que antes
se encontraban dispersos en cortijadas, aldeas, caseríos.
Este cambio de vida ha contribuido a nivelar formas de hablar antes
diferenciadas, ello ha afectado al gran polimorfismo que presentaba la
pronunciación andaluza hace cuarenta años.
Por supuesto, otros factores como la educación y el contacto con el español
estándar a través de los medios de comunicación, han ayudado a conseguir esa
nivelación en la pronunciación.
La afluencia de masas de población ha sido, básicamente, hacia las capitales de
provincias y principales núcleos urbanos.
Por ejemplo: según el censo de 1989, el 27% de habitantes mayores de 15 años
habían nacido en la provincia (no solo en la capital, más de 60.000 personas).
En Granada: la distinción entre “s” y “c” ha revelado al ya antiguo seseo
generalizado, a causa de recibir a gentes distinguidoras y a la presión de la
lengua estándar.
2) La emigración externa
Este tipo de movimiento migratorio es mucho más difícil de evaluar en cuanto a
consecuencias lingüísticas.
En primer lugar, existe un claro desequilibrio ente la zona oriental y la
occidental en términos demográficos.
La población andaluza occidental ha tenido todo el siglo XX un crecimiento
sistemático mayor que el que se observa en la oriental. Su población crece más
de un 200% con respecto a la que había en 1900.
La población andaluza oriental ha crecido más lentamente (en torno a un 150%
con respecto a 1900).
Por otro lado, ese crecimiento también tiene matices tanto en la zona
occidental como en la oriental. Por ejemplo, en la zona oriental, Granada ha
crecido más que Almería en términos de población.
Todos estos datos demográficos del siglo XX, no se entienden en Andalucía sin
incorporar los movimientos migratorios externos.
El saldo migratorio entre 1900 y 1951 fue negativo, es decir, Andalucía era ya
una región de emigrantes, aunque sin impedir el crecimiento general. Afectó
sobre todo a la zona oriental.
Entre 1951 y 1970 la emigración se hace más intensa en las dos Andalucías
(unos 800.00 habitantes de pérdida en el oriente y 600.000 en el occidente).
El destino de todos esos andaluces fue muy variado y, desde el punto de vista
lingüístico, interesa distinguir 3 situaciones: emigrantes en zonas monolingües
de habla española, emigrantes en zonas monolingües de habla no española y
emigrantes en zonas bilingües, una de sus lenguas es el español y la otra, la
correspondiente a la comunidad.
El problema que subyace a estas tres situaciones es uno: la identidad de los
emigrantes, la imagen que tienen de sí mismos, de dónde consideran que son y
cuál es su nivel de pertenencia e integración en cada lugar posible: Estos
factores son los que inciden en el comportamiento lingüístico.
a) El andaluz en zonas españolas monolingües:
La comunidad Autónoma ha sido receptora de un número significativo
de andaluces. Los primeros emigrantes; que portaban modalidades
andaluzas que delataban su condición o naturaleza: el uso de ciertos
rasgos funcionaba como una especie de “estigma de origen” dado
que la emigración se asocia a los niveles más bajos de la pirámide
poblacional, pronto, el uso de esos rasgos lingüísticos se asociaba a las
clases bajas.
Ante una situación así, caben diferentes reacciones en el hablante
andaluz y su necesidad de integrarse en la sociedad y, por ello, puede
hablarse de diferentes grados de lealtad y deslealtad lingüística
(fenómenos fonéticos como el heheo o el ceceo, la aspiración
procedente de F-, etc. se ven abandonados pronto).
En los andaluces emigrantes de segunda y tercera generación ese
abandono de ciertos rasgos tiene un carácter mucho más asentado.
b) Andaluces fuera de España
Los emigrantes de primera generación no suelen presentar problemas
de identidad, pues su deseo de integrarse al 100% en esas comunidades
era escaso, se consideraba que esa situación iba a durar poco en el
tiempo. Los hábitos lingüísticos de este tipo de emigrantes sufren pocas
alteraciones.
Para los emigrantes de segunda generación el problema es más
complejo: la alternancia se plantea entre 2 códigos lingüísticos
diferentes, a los que se han visto expuestos en un proceso de
aprendizaje. Las interferencias se hacen inevitables y su dominio del
español será muy variado. Si su integración en el país receptor es
grande, el español que hablen verá recogido muchos fenómenos que,
incluso en Andalucía, se consideran desprestigiados. Si esos emigrantes
han tenido más contacto con otros hispanohablantes, la situación
cambia.
c) El andaluz en zonas españolas bilingües
Conflicto entre la lengua autóctona de la comunidad y la lengua
española, al haberse convertido las primeras en signo de identidad.
El problema de la identidad lingüística de los emigrantes andaluces en
estas zonas, vuelve a ser el de la lealtad o deslealtad hacia sus formas
dialectales.
Por otro lado, la coexistencia de las variedades andaluzas con las
castellanas, o las propias de un catalán al hablar español, produce una
situación similar a la emigración andaluza en zonas monolingües: los
rasgos más marcados que denotan el origen del emigrante ligado a un
estatus cultural bajo. Así, de nuevo, fenómenos como el heheo o el
ceceo son pronto abandonados, así como la aspiración de consonantes
implosivas o la confusión “l” y “r” (el seseo se mantiene con más
firmeza, así como el yeísmo).
Además, los hablantes andaluces no adoptan ninguno de los rasgos del
español que se habla en Cataluña (como la “l” velarizada).