CUENTOS TERAPEUTICOS
La Tristeza y la Furia
En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres
transitan eternamente sin darse cuenta...
En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas...
Había una vez... un estanque maravilloso.
Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes
y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente...
Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía,
la tristeza y la furia.
Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque.
La furia, apurada (como siempre esta la furia), urgida -sin saber por qué- se baño rápidamente
y mas rápidamente aun, salió del agua...
Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y
apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró...
Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza...
Y así vestida de tristeza, la furia se fue.
Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la
tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del
tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.
En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba.
Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se
puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.
Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible
y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos
es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad... está escondida la tristeza.
Relato ganador
Había una vez una niña que se llamaba Julia. Julia tenía miedo de muchas cosas. Tenía miedo
en la oscuridad, tenía miedo de quedarse sola, también tenía miedo cuando veía a mucha
gente, tenía miedo de los perros, de los gatos, de los pájaros, de los desconocidos, tenía miedo
al agua de la piscina y de la playa, tenía miedo del fuego, de los truenos, de las tormentas,
tenía miedo de los monstruos de los cuentos, tenía miedo de ponerse enferma, o de que su
mamá enfermara, tenía miedo de ir al cole, de caerse o hacerse daño jugando…
Tenía tanto miedo que nunca salía de casa para no caerse, enfermar, encontrarse con algún
perro o persona desconocida. Pasaban los días y Julia miraba por la ventana, veía jugar a los
niños y niñas, veía como corrían y se divertían. Su mamá le decía: “¿por qué no vas a jugar con
ellos?” Pero Julia se sentía muy triste porque tenía mucho miedo y no quería salir de casa.
Llegaba la noche y Julia temblaba de miedo en su cama, todo estaba muy oscuro y no se oía
nada, le daba miedo el silencio y la oscuridad de la noche, así que se levantaba y, sin hacer
ruido, se metía en la cama de sus papás, allí se sentía protegida.
Una noche, mientras dormía entre mamá y papá, la cama comenzó a temblar, se movía tanto
que Julia se despertó sobresaltada. ¡Terremoto, hay un terremoto! Sus papás parecían no
notarlo. Julia se puso de pie en la cama, comenzó a saltar y gritar para despertar a sus papás,
entonces un gran agujero se abrió en el centro. Julia cayó dentro y bajo por un tobogán que le
dejó en un bosque tenebroso y oscuro. Se levantó del suelo y miró a su alrededor: “¿dónde
estoy? Está muy oscuro, tengo miedo. ¡Mamá! ¡Papá! ¡Venir a por mí!”
Nadie parecía oírla, así que Julia pensó que tenía que salir de ahí, se levantó y comenzó a
andar. Enseguida encontró un camino y decidió seguir andado por él para ver dónde le llevaba.
“¡Qué silencio, no se oye nada! ¡Tengo miedo!” Julia se acordaba de mamá y papá, se sentía
sola y tenía más miedo aún. Cansada de andar se sentó junto a un árbol, se sentía tan triste
que empezó a llorar.
Entonces oyó un ruido “¡uuhhhh! ¡ohohoho! ¡uuuhhhh!” Julia miraba a un lado y a otro y no
conseguía ver nada, un gran pájaro volaba sobre su cabeza, Julia temblaba de miedo. El pájaro
desapareció, volvió el silencio. Por un momento Julia dejó de temblar, pero entonces oyó
ladrar a un perro, parecía que estaba furioso, luego otra vez volvió el silencio… Julia cerró los
ojos y se dijo a sí misma: “no tengo miedo, no tengo miedo, no tengo miedo, no tengo miedo,
no tengo miedo…” Cuando abrió los ojos, tenía delante de ella un gran perro negro. Julia se
quedó paralizada, el miedo no le dejaba ni parpadear, tenía ganas de gritar, de llorar, de pedir
ayuda, pero el miedo no le dejaba moverse, ni hablar, ni gritar, ni siquiera podía llorar.
El perro se acercó aún más, se sentó frente a ella y le dijo:
- ¡Me tienes harto! Estoy cansado de que seas una miedica, nunca he conocido a una niña con
tantos miedos. ¡Eres la Reina del Miedo!
Julia seguía paralizada y con la boca abierta, pero no de miedo sino de asombro, ¡le estaba
hablando un perro! O, mejor dicho, ¿le estaba regañando por tener miedo? Julia no daba
crédito a lo que veía y oía.
- ¿Es que no vas a decir nada? ¿Se te ha comido la lengua un gato? ¡Ah, se me olvidaba que
también te dan miedo los gatos!
- ¿Quién eres tú?
- ¿Qué quién soy? Soy Dog, el guardián de tu bosque.
- ¿Mi bosque? – Julia miraba a su alrededor, observando el bosque en el que se encontraba.
- Sí, tu bosque, el bosque de tus miedos. Aquí viven todos tus miedos: los perros, los gatos, los
pájaros, los monstruos, la oscuridad, el silencio, los ruidos, la soledad, las tormentas, el agua,
los truenos… ¡Este es el bosque más grande que conozco! ¡Me das demasiado trabajo! ¡No
puedo controlar un bosque tan grande! Tienes que hacer algo.
- Pero, no entiendo, ¿quién ha creado este bosque?, ¿por qué dices que es mío? y ¿que yo te doy
mucho trabajo?
- Te lo voy a explicar más despacio… ¡Hola! Soy Dog, soy el perro que guarda el bosque de tus
miedos, este bosque lo has creado tu solita, aquí vas metiendo todas las cosas, animales y
personas que te dan miedo. Es un bosque muy grande, demasiado grande, porque tienes miedo
de demasiadas cosas. ¿Quieres que te lo enseñe? Sígueme.
Dog y Julia recorrieron el bosque y Julia pudo ver todas las cosas, animales y personas que le
daban miedo. Después de haberlo visto todo, se sentó en un claro del bosque. A su alrededor
tenía nubes negras, perros, gatos, pájaros, tormentas, desconocidos, fuego y tantas cosas que
le daban miedo.
- Estoy cansada de que me sigan todas estas cosas. ¿Puedes decirme qué tengo que hacer para
no tener miedo?
- ¡Al miedo hay que asustarle! – le dijo Dog.
- ¿Asustar al miedo? ¿Y eso cómo se hace?
- Muy fácil. ¿Tú cómo asustas a un amigo?
- Me escondo y, cuando no se lo espera, salto y con cara de monstruo le grito: ¡¡Buuuuhhh!!
- ¡Muy bien! Pues eso mismo tienes que hacerle al miedo.
- Pero, ¿dónde está el miedo?
- Espera, que ahora mismo te lo traigo.
Dog desapareció entre los árboles y al poco rato apareció trayendo consigo algo muy grande
que venía tapado con una tela negra. Julia se quedó con la boca abierta.
- ¡Que me trae el miedo! –pensó.
Y al instante se puso a temblar. Dog colocó delante de ella aquel bulto tan grande y le dijo:
- ¡Prepárate!– Julia volvió a quedarse paralizada.– ¡He dicho que te prepares! ¡Confía en mí!
Pon cara de monstruo y prepárate para darle un buen susto al miedo. Cuando estés lista,
dímelo y le descubro.
Julia se armó de valor, puso la cara más fea que había puesto nunca, levantó las manos como si
fueran garras y gritó muy muy fuerte “¡¡¡¡Buuuuuhhhhh!!!!” Al instante Dog retiró la tela que
cubría al miedo y ¡sorpresa! Julia se vio reflejada en un gran espejo, como se vio tan fea y
haciendo de monstruo, le dio un ataque de risa
- ¡Jajajaja Jajajaja! ¿Pero qué broma es ésta? ¡Si soy yo!
- No es ninguna broma, Julia – le dijo Dog.– El miedo no existe, lo creas tú misma. ¿Volverás a
tener miedo?
- ¿Miedo? ¿De quién? ¿De mí misma? ¡No!, pero si yo no doy miedo. ¡Buuuhhh! –gritaba Julia
frente al espejo.– ¡Jajajajajaja! Nunca me había reído tanto.
Mientras decía esto, los animales empezaron a desaparecer, las tormentas, el fuego, el agua, y
también el bosque; el bosque empezó a hacerse pequeño, muy pequeño.
- ¡Gracias, Julia! – le dijo Dog.
- ¡No! ¡Gracias a ti, Dog! Por enseñarme al miedo.
A la mañana siguiente, Julia se despertó en su habitación, su mamá extrañada fue a buscarla
- ¡Julia, no has venido esta noche a nuestra cama!
- Sí, mamá, pero ahora soy valiente y pensé que podía dormir sola en mi cama.
A partir de aquel día, Julia dejó de tener miedo y volvió a ser feliz, a salir a la calle, a jugar
con sus amigos e incluso llegó a tener varias mascotas. Recuerda: al miedo hay que asustarle.
Paco López Muñoz
Cuenta una vieja leyenda de los indios Sioux que una vez llegaron hasta la tienda del viejo
brujo de la tribu, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes
guerreros, y Nube Alta la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu.
- Nos amamos - empezó el joven.
- Y nos vamos a casar - dijo ella.
- Y nos queremos tanto que tenemos miedo. Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán.
Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos. Que nos asegure que estaremos
uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú el día de la muerte.
- Por favor - repitieron - ¿hay algo que podamos hacer?
El viejo los miró y se emocionó de verlos tan jóvenes, tan enamorados, tan anhelantes
esperando su palabra.
- Hay algo...- dijo el viejo después de una larga pausa -. Pero no sé...es una tarea muy difícil y
sacrificada.
- No importa - dijeron los dos-. Lo que sea - ratificó Toro Bravo.
- Bien -dijo el brujo-. Nube Alta, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo
sola y sin más armas que una red y tus manos, y deberás cazar el halcón más hermoso y
vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna
llena. ¿Comprendiste?
La joven asintió en silencio.
- Y tú, Toro Bravo - siguió el brujo - deberás escalar la Montaña del Trueno; cuando llegues a
la cima, encontrarás la más brava de todas las águilas y, solamente con tus manos y una red,
deberás atraparla sin heridas y traerla ante mi, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta...
¡salgan ahora!.
Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la
misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur.... El día establecido, frente a la tienda
del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves
solicitadas.
El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas. Los jóvenes lo hicieron y
expusieron ante la aprobación del viejo las aves cazadas. Eran verdaderamente hermosos
ejemplares, sin duda lo mejor de su estirpe.
- ¿Volaban alto?- preguntó el brujo.
- Sí, sin duda. Como lo pediste... ¿y ahora? - preguntó el joven- ¿los mataremos y beberemos
el honor de su sangre?
- No - dijo el viejo-.
- Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne - propuso la joven-.
- No - repitió el viejo-. Harán lo que les digo: Tomen las aves y átenlas entre sí por las patas
con estas tiras de cuero... Cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres.
El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros. El águila y el halcón
intentaron levantar vuelo pero solo consiguieron revolcarse en el piso. Unos minutos después,
irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre si hasta lastimarse.
Este es el conjuro...
-Jamás olviden lo que han visto. Son ustedes como un águila y un halcón; si se atan el uno al
otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o
temprano, empezarán a lastimarse uno al otro.
Si quieren que el amor entre ustedes perdure, vuelen juntos pero jamás atados
Moraleja
Libera a la persona que amas para que ella pueda volar con sus propias alas
Esta es una verdad en el matrimonio y también en las relaciones familiares, amistades y
profesionales. Respeta el derecho de las personas de volar rumbo a sus sueños.
La lección principal es saber que solamente libres las personas son capaces de amar.
Toda dependencia o adicción enferma, castra, incapacita, elimina criterios, degrada, somete,
deprime, genera estrés, asusta, cansa, desgasta y, finalmente, acaba con todo residuo de
humanidad disponible. (Walter Riso)
Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste
a este mundo, llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un
trabajo personal aprender a vivir sin él. (Paulo Coelho)
L AS 2 RANAS
Había una vez dos ranas que andaban de paseo. Atraviesan una calle, rodean un jardín y llegan a
un patio donde encuentran una enorme olla de cocina. La miran, la miden y ¡hop! La Primera
Rana, para mostrar sus habilidades, salta hacia el interior. La Segunda Rana: ¡hop! La sigue, por
curiosidad. Para su sorpresa, la olla estaba llena de crema de leche. Ante semejante
contrariedad, sin dejarse llevar por el pánico, la Primera Rana saca su milímetro, su centímetro,
su metro, su barómetro, su regla de calcular, su ábaco« y se pone a medir: la altura de la olla, la
densidad y el nivel de la crema de leche, la fuerza de sus patas« y, tras un cálculo bastante
complicado, en cuánto se da cuenta hasta qué punto la situación es irremediable, estoica mente
se deja morir. La Segunda Rana, por el contrario, se pone a dar patadas. Sí, ¡patadas! Las
patadas más absurdas, ridículas e irracionales que se puedan ustedes imaginar y resulta que, a
fuerza de dar patadas, la crema de leche, debajo de sus patas, se vuelve mantequilla y ella
encuentra el punto de apoyo que necesitaba para saltar y salir.
L O S 3 L E O N E S
En la selva vivían tres leones. Un día el mono, el representante electo por los animales, convocó
a una reunión para pedirles una toma de decisión:
Todos nosotros sabemos que el león es el rey de los animales, pero para una gran duda en la
selva: existen tres leones y los tres son muy fuertes. ¿A cuál de ellos debemos rendir obediencia?
¿Cuál de ellos deberá ser nuestro Rey?
Los leones supieron de la reunión y comentaron entre si: -Es verdad, la preocupación de los
animales tiene mucho sentido. Una selva no puede tener tres reyes.
Luchar entre nosotros no queremos ya que somos muy amigos... Necesitamos saber cual será el
elegido, pero ¿Cómo descub rirlo?.
Otra vez los animales se reunieron y después de mucho deliberar, le comunicaron a los tres
leones la decisión tomada:
Encontramos una solución muy simple para el problema, y decidimos que ustedes tres van a
escalar la Montaña Difícil. El que llegue primero a la cima será consagrado nuestro Rey.
La Montaña Difícil era la más alta de toda la selva. El desafío fue aceptado y todos los animales
se reunieron para asistir a la gran escalada.
El primer león intentó escalar y no pudo llegar.
El segundo empezó con todas las ganas, pero, también fue derrotado.
El tercer león tampoco lo pudo conseguir y bajó derrotado.
Los animales estaban impacientes y curiosos; si los tres fueron derrotados, ¿Cómo elegirían un
rey?
En este momento, un águila, grande en edad y en sabiduría, pidió la palabra: ¡Yo sé quien debe
ser el rey! Todos los animales hicieron silencio y la miraron con gra n expectativa.
¿Cómo?, Preguntaron todos. Es simple... dijo el águila. Yo estaba volando bien cerca de ellos y
cuando volvían derrotados en su escalada por la Montaña Difícil escuché lo que cada uno dijo a la
Montaña.
El primer león dijo: - ¡Montaña, me has vencido!
El segundo león dijo: - ¡Montaña, me has vencido!
El tercer león dijo: - ¡Montaña, me has vencido, por ahora! Pero ya llegaste a tu tamaño final y yo
todavía estoy creciendo.
La diferencia, completó el águila, es que el tercer león tuvo una actitud de vencedor cuando sintió
la derrota en aquel momento, pero no desistió y quien piensa así, su persona es más grande que
su problema: él es el rey de si mismo, y está preparado para ser rey de los demás
L A S C O S A S N O S O N C O M O P A R E C E N
Dos Ángeles viajeros se pararon para pasar la noche en el hogar de una familia muy adinerada.
La familia era ruda y no quiso permitirles a los Ángeles que se quedaran en la habitación de
huéspedes de la mansión. En vez de ser así, a los Ángeles le dieron u n espacio pequeño en el
frío sótano de la casa. A medida que ellos preparaban sus camas en el duro piso, el Ángel más
viejo vio un hueco en la pared y lo reparó. Cuando el Ángel más joven preguntó ¿por qué?, el
Ángel más viejo le respondió, "Las cosas no s iempre son lo que parecen."
La siguiente noche, el par de Ángeles vino a descansar en la casa de un señor y una señora, muy
pobres, pero el señor y su esposa eran muy hospitalarios. Después de compartir la poca comida
que la familia pobre tenía, la pareja le permitió a los Ángeles que durmieran en su cama donde
ellos podrían tener una buena noche de descanso.
Cuando amaneció, al siguiente día, los Ángeles encontraron bañados en lágrimas al Señor y a su
esposa. La única vaca que tenían, cuya leche había si do su única entrada de dinero, yacía
muerta en el campo. El Ángel más joven estaba furioso y preguntó al Ángel más viejo : "¿Cómo
pudiste permitir que esto hubiera pasado? El primer hombre lo tenía todo, sin embargo tú lo
ayudaste"; el Ángel más joven le acusaba. "La segunda familia tenía muy poco, pero estaba
dispuesta a compartirlo todo, y tú permitiste que la vaca muriera. "
" 'Las cosas no siempre son lo que parecen,' " le replicó el Ángel más viejo. "Cuando estábamos
en aquel sótano de la inmensa mansió n, yo noté que había oro almacenado en aquel hueco de la
pared. Debido a que el propietario estaba tan obsesionado con avaricia y no dispuesto a
compartir su buena fortuna, yo sellé el hueco, de manera tal que nunca lo encontraría."
"Luego, anoche mientras dormíamos en la cama de la familia pobre, el ángel de la muerte vino en
busca de la esposa del agricultor. Y yo le di a la vaca en su lugar. 'Las cosas no siempre son lo
que parecen.' "
L AS VAS IJ AS
Un aguatero en la India tenía dos grandes vasijas, cada una colgaba de cada extremo de un palo
que llevaba a través del cuello. Una de las vasijas tenía una rajadura en ella, y mientras que la
otra estaba perfecta y siempre entregaba una porción completa de agua al final de una larga
caminata desde el arroyo a la casa del patrón, la vasija desvencijada llegaba solamente medio
llena. Por dos años enteros esto pasó diariamente, con el aguatero entregando solamente una
vasija y media de agua al patrón de la casa. De hecho, la vasija perfecta estaba orgullosa de sus
logros, perfectos para el final al cual había sido hecha. Pero la pobre vasija desvencijada estaba
avergonzada de su propia imperfección, y miserable de que era capaz de solo lograr la mitad para
lo que había sido hecha.
Después de dos años de lo que percibió como una amarga falla, habló al aguatero un día por el
arroyo. "Yo estoy avergonzada de mi misma, y quiero disculparme con Usted." "¿Por qué?,"
preguntó el aguatero. "¿De qué está avergonzada?" "He sido capaz, por e stos dos años pasados,
de entregar solamente la mitad de mi carga porque esta rajadura en mi costado causa que el
agua se fugue hacia afuera a lo largo de la vía hasta el regreso a la casa de su patrón. A causa
de mis fallas Usted ha tenido que hacer todo este trabajo y no consigue el valor completo de sus
esfuerzos," la vasija dijo. El aguatero se sintió triste por la vieja vasija desvencijada, y en su
compasión dijo, "Como retorne a la casa de mi patrón, quiero que note las hermosas flores a lo
largo del camino."
Evidentemente, a medida que fueron escalando el monte la vieja vasija desportillada notó al sol
calentando las hermosas flores silvestres al lado del sendero, y esto la alegró algo. Pero al final
de la senda, aún se sintió mal porque estaba f ugándose la mitad de su carga, y de nuevo se
disculpó ante el aguatero por su falla. El aguatero dijo a la vasija, "¿Notó que había flores
solamente en su lado de la vía, pero no en el lado de la otra vasija? Eso era porque yo siempre
he sabido de su falla, y saqué provecho de ella. He plantado semillas de flores en su lado del
camino, y cada día mientras que caminamos de regreso del arroyo, Usted las ha regado. Por dos
años he estado recogiendo estas hermosas flores para decorar la mesa de mi patrón. Si n ser de
la forma como es, él no hubiera tenido esta belleza para agraciar su casa."
Moraleja: Cada uno de nosotros tenemos nuestra propias y únicas fallas. Todos somos vasijas
desportilladas. Pero son las fallas que cada uno de nosotros tenemos las que hacen las vidas
juntas muy interesantes y remuneradoras. Solo tienes que tomar a cada persona por lo que ella
es, y mirar lo bueno en ella.
E L V U E L O D E L H A L C O N
Un rey recibió como obsequio dos pequeños halcones y los entregó al maestro de cetrería para
que los entrenara. Pasado unos meses, el maestro le informó al rey que uno de los halcones
estaba perfectamente, pero que al otro, no sabía que le sucedía pues no se había movido de la
rama donde lo dejó, desde el día que llegó.
El rey mandó a llamar a curanderos y sanadores para que vieran al halcón, pero nadie pudo
hacerlo volar.
Al día siguiente el monarca decidió comunicar a su pueblo que ofrecería una recompensa a la
persona que hiciera volar al halcón. A la mañana siguiente, vio al halcón volando ágilmente por
los jardines. El rey le dijo a su corte:
²Traedme al autor de este milagro.
Su corte le llevó a un humilde campesino. El
rey le preguntó:
²¿Tú hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo hiciste? ¿Eres acaso un mago?
Intimidado el campesino le dijo al rey:
²Fue fácil, mi Señor, sólo corté la rama y el halcón voló, se dio cuenta de que tenía alas y se
largó a volar
C O M O A R R E G L A R E L M U N D O
Un científico vivía preocupado con los problemas del mundo y estaba resuelto a encontrar medios
para disminuirlos. Pasaba días encerrado en su laboratorio en busca de respuestas para sus
dudas. Cierto día, su hijo, de siete años, invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar. El
científico, nervioso por la interrupción, intentó hacer qu e el hijo fuera a jugar a otro sitio. Viendo
que sería imposible sacarlo de allí el padre procuró algo para darle al hijo con el objetivo de
distraer su atención...
De repente tomó un planisferio de una revista, y, con una tijera, recortó el mapa en varios
pedazos. Junto con un rollo de cinta adhesiva lo entregó al hijo diciendo:
² ¿A ti te gustan los rompecabezas? Entonces voy a darte el mundo para arreglarlo. Aquí está
el mundo todo roto. ¡Mira si puedes arreglarlo bien! Hazlo todo solo.
Calculó que al niño le llevaría días para recomponer el mapa. Algunas horas después, oyó la voz
del hijo que le llamaba calmamente:
²Padre, padre, ya he hecho todo. ¡Conseguí terminar todo!
Al principio el padre no dio crédito a las palabras del hijo: "¿Sería imposible a su edad haber
conseguido recomponer un mapa que jamás había visto?" Entonces el científico levantó los ojos
de sus anotaciones seguro que vería un trabajo digno de un niño. Para su sorpresa el mapa
estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocado s en sus sitios. ¿Cómo sería posible?
¿Cómo el niño había sido capaz?
²Tú no sabías cómo era el mundo, hijo mío. ¿Cómo lo conseguiste?
²...Padre, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando tú quitaste el papel de la revista para
recortar, yo vi que del ot ro lado había la figura de un hombre... Cuando tú me diste el mundo para
arreglarlo, yo lo intenté pero no lo conseguí. Fue entonces que me acordé del hombre, di vuelta a
los recortes y empecé a arreglar el hombre, que yo sabía cómo era. Cuando conseguí ar reglar el
hombre, di vuelta a la hoja y encontré que había arreglado al mundo...
La clave: Cambiar yo para que cambie el mundo
¿PORQUE LA GENTE SE GRITA?
Un sabio preguntó a sus seguidores lo siguiente:
¿Por que la gente se grita cuando está enojada?
Los hombres pensaron unos momentos:
Porque perdemos la calma dijo uno por eso gritamos.
Pero, ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado? Preguntó el sabio. ¿No es posible hablarle en voz
baja? ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado? Los hombres dieron algunas otras respuestas pero
ninguna de ellas satisfacía al sabio.
Finalmente él explicó:
Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar, para
poder escucharse. Mientras más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través
de esa gran distancia.
Luego el sabio preguntó:
¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran?, ellos no se gritan sino que se hablan suavemente, ¿por qué?
Sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña.
El sabio continuó:
Cuando se enamoran más aún, ¿qué sucede? No hablan, sólo susurran y se vuelven aún más cerca en su amor.
Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo. Así es cuan cerca están dos personas
cuando se aman.
Luego el sabio dijo:
Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien
más, llegará un día en que la distancia sea tanta que no encontrarán más el camino de regreso .
Caminaba con mi padre, cuando él se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me
preguntó:“Además del cantar de los pájaros, ¿escuchas alguna cosa más?” Agudicé mis oídos y
algunos segundos después le respondí: “Estoy escuchando el ruido de una carreta…”
“Eso es” -dijo mi padre- “es una carreta vacía”. Pregunté a mi padre: “¿Cómo sabes que es una
carreta vacía si aún no la vemos?” Entonces mi padre respondió: “Es muy fácil saber cuándo una
carreta está vacía, por causa del ruido. Cuánto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace”.
Me convertí en adulto y hasta hoy, cuando noto a una persona hablando demasiado, interrumpiendo
la conversación de todos, siendo inoportuna, presumiendo de lo que tiene, sintiéndose prepotente y
haciendo de menos a la gente, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo: “Cuanto más
vacía la carreta, mayor es el ruido que hace”.
La humildad consiste en callar nuestras virtudes y permitirle a los demás descubrirlas. Y recuerden
que existen personas tan pobres que lo único que tienen es dinero. Nadie está más vacío, que aquel
que esta lleno del ‘Yo mismo’. Seamos lluvia serena y mansa que llega profundamente a las raíces, en
silencio, nutriendo.
¿Cuando brillan más las estrellas? Escritora Argentina.
Tema del cuento: La muerte
Dindón era un duendecito alegre y preguntón. Todo lo conmovía y maravillaba.
Era sensible y muy curioso además. Preguntaba todo el tiempo y no sólo eso, si
la respuesta no le conformaba, preguntaba una y otra vez, una y otra vez.
Dindón vivía con sus papás, dos hermanitas y su abuelo Dondón.
El abuelo era muy, pero muy viejito. Tenía muchísimos más años de los que
Dindón podía imaginar pues –se dice- los duendes viven mucho.
Como era tan viejito, Dondón casi no veía, a pesar de sus gruesos anteojos y
caminaba con muchísima dificultad por más que se ayudara con su bastón.
Nieto y abuelo eran grandes amigos. El pequeño notaba que su abuelo cada día
podía hacer menos cosas. Sentía que, muy de a poquito, Dondón se iba
apagando.
Aunque no quería, muchas veces Dindón pensaba que su abuelo algún día ya
no estaría con él y algo le decía que no faltaba mucho para que ese momento
llegara.
Triste y preocupado habló con su mamá.
Su mami, tratando de encontrar las palabras justas le explicó al duendecito que
en este mundo en el que todos vivimos, nada dura para siempre. Las flores un
día se marchitan, las hojas de los árboles pasan de ser verdes a ser marrones y
caen, los ríos pueden secarse, y las personas mueren.
Eso era justo lo que Dindón no quería escuchar, pero era la verdad y su mamá
no podía, ni quería mentirle.
- Hay pocas cosas Dindón que siempre nos acompañarán. Una de ellas es el
alma de las personas que amamos y se han ido, el amor que les hemos tenido y
ellos nos han tenido a nosotros y otra cosas son las estrellas. No es que sean
eternas, pero su brillo pareciera eterno y lo es para nuestra corta existencia
respecto de la de ellas.
Dindón entendió muy bien lo que su mamá le quería decir, pero no le gustó
escucharlo. En otro momento hubiese preguntado algo, pero esta vez prefirió no
hacerlo.
– Nada es eterno Dindón, la naturaleza cambia, las personas se van, por eso es
tan importante aprovechar cada momento. Cada pequeño detalle de la vida hay
que disfrutarlo, hay que apreciar el brillo de las estrellas cada noche que nos da
la vida.
El duendecito guardó en su corazón las palabras de su mamá. Mientras tanto,
acompañaba cada momento a su abuelo y compartía todo lo que podía con él.
Quería hacerle caso a su mamá y disfrutar cada pequeño momento con su gran
amigo del alma, aunque se daba cuenta que esa estrella se iba apagando poco a
poco.
No es fácil entender que alguien no va a estar nunca más con nosotros y más
para un niño, pero es así, la muerte es parte de la vida. Para poder comprender
ciertas cosas, hay que verlas con amor, por más que duelan.
Lo que realmente debemos entender es que la persona que nos deja, lo hace
sólo físicamente y que su amor, su alma y su brillo seguirán por siempre en
nuestro corazón. No es que por eso no los vayamos a extrañar, pero sin duda un
poquito menos dolerá su ausencia.
El tan temido día llegó. Dondón partió de este mundo, dejando a Dindón con
un gran vacío en su corazón.
Dondón no se fue triste, por el contrario, había vivido una muy larga y linda
vida. Había amado, se había sentido amado por los demás, había apreciado el
aroma de las flores, la frescura del césped y el brillo de las estrellas también.
Al duendecito le costó mucho aceptar la ausencia de su abuelo, pero intentó
ayudarse con las palabras que su mamá le había dicho y él había atesorado en su
corazón.
Cada noche, desde que su abuelo había muerto, Dindón miraba el cielo. Cada
noche, desde que Dondón se había ido, notó lo mismo: había una estrella que
brillaba más que las demás, como si fuera nuevita, recién estrenada.
El pequeño no entendía que tenía que ver esa estrella nueva con la muerte de su
abuelo y le preguntó a su mamá:
– ¿Cuándo brillan más las estrellas?
Su mamá parecía que podía leer el corazón de Dindón y con su dulce voz le
explicó.
– Hijito, hay muchas clases de estrellas, todas bellas y cada cual con un brillo
particular. Cada persona en sí es una estrella, su alma lo es. A veces la vida, con
sus idas y venidas, no nos permite brillar con toda nuestra plenitud. Sin
embargo, cuando un alma buena se ha ido, no hay otro lugar posible para ella
que no sea el cielo y allí es donde puede brillar más que nunca.
Dindón jamás dejó de pensar en su abuelo, ni de extrañarlo tampoco, pero
cierto es que cada noche, al ver esa estrella tan particular que brillaba como
ninguna, su tristeza se confundía con un poco de alegría.
Comenzaba a entender algo que no es fácil y lo hacía de la mejor manera, a
través del amor.
Fin