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Blanqueo de Capitales: Conceptos y Tipos

El blanqueo de capitales es un delito regulado en el Código Penal español que ha evolucionado desde su inclusión en 1988, abarcando ganancias de cualquier delito, no solo del tráfico de drogas. Se protege tanto el orden socioeconómico como la administración de justicia, y se tipifican diversas conductas relacionadas con la ocultación de bienes de origen ilícito. La ley 10/2010 y posteriores reformas han ampliado las obligaciones de prevención y han incluido el autoblanqueo como delito autónomo.

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Blanqueo de Capitales: Conceptos y Tipos

El blanqueo de capitales es un delito regulado en el Código Penal español que ha evolucionado desde su inclusión en 1988, abarcando ganancias de cualquier delito, no solo del tráfico de drogas. Se protege tanto el orden socioeconómico como la administración de justicia, y se tipifican diversas conductas relacionadas con la ocultación de bienes de origen ilícito. La ley 10/2010 y posteriores reformas han ampliado las obligaciones de prevención y han incluido el autoblanqueo como delito autónomo.

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TEMA 7: BLANQUEO DE CAPITALES

1. INTRODUCCIÓN
a) Concepto de blanqueo de capitales
El delito de blanqueo de capitales se encuentra regulado en el Capítulo XIV, del Título XIII del Libro II, cuya
rúbrica tras la LO 5/2010, de 22 de junio, se denomina “De la receptación y el blanqueo de capitales”. De
hecho, el delito de blanqueo se incorporó a nuestro ordenamiento jurídico de manera similar a su actual
regulación y siguiendo las exigencias de la normativa internacional.

Se había incluido en 1988 en el Código penal, en consonancia con las posteriores indicaciones de la Convención
de las Naciones Unidas contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y Sustancias Psicotrópicas de 1988
(Convención de Viena), una figura delictiva que se ceñía a las ganancias procedentes del delito de tráfico de
drogas; posteriormente en 1992, se produjo una reforma que introdujo nuevas conductas típicas, pero también
limitadas al tráfico de drogas. Esta limitación desaparece en el Código penal de 1995, que sancionaba el
blanqueo procedente de cualquier delito grave, y tras la Ley 15/2013, también se eliminó la exigencia de que
debiera ser un delito grave, de manera que se puede apreciar blanqueo a partir de la previa comisión de
cualquier delito.

El blanqueo de capitales es un fenómeno internacional que ha sido sucesivamente regulado por distintas
organizaciones internacionales: el Convenio sobre el blanqueo, seguimiento, embargo y decomiso de los
beneficios económicos derivados del delito en 1990, después en 1991, la Comunidad europea aprueba la
Directiva del Consejo (Directiva 91/308/CE) sobre prevención de la utilización del sistema financiero para el
blanqueo de capitales; y, por último, la Directiva 2005/60/CE, del Parlamento Europeo y del Consejo, de 26 de
octubre, relativa a la prevención de la utilización del sistema financiero para el blanqueo de capitales y para la
financiación del terrorismo, desarrollada por la Directiva 2006/70/CE, de la Comisión, que ha sido transpuesta a
nuestro ordenamiento jurídico a través de la Ley 10/2010, de 28 de abril, de prevención del blanqueo de
capitales y de la financiación del terrorismo, desarrollada por el RD 304/2014, de 5 de mayo.
Esta ley 10/2010, considera que el objeto de protección lo constituye la integridad del sistema financiero y de
otros sectores de la actividad económica, para lo cual establece una serie de obligaciones respecto de
determinados sujetos (entidades de crédito, promotores inmobiliarios, abogados, notarios, etc.) a fin de prevenir
y detectar conductas de blanqueo.

Por último, se dio lugar a la reforma del mismo en la LO 5/2010, de 22 de junio, que incorporó a nuestro
ordenamiento penal el contenido de las mencionadas Directivas. Sin embargo, es preciso señalar que, con
posterioridad a la reforma de 2010, se han aprobado dos nuevas resoluciones de la Unión Europea relativas a la
prevención de la utilización del sistema financiero para el blanqueo de capitales, conocidas como Cuarta y
Quinta Directivas, esto es, la Directiva (UE) 2015/849, del Parlamento y del Consejo, de 20 de mayo de 2015, y
la Directiva (UE) 2018/843, del Parlamento y del Consejo, de 30 de mayo de 2018, aunque ninguna de ellas ha
determinado, hasta el momento, una reforma de la regulación penal.

El concepto de blanqueo de capitales a efectos de la intervención penal se pueden mantener dos posturas al
respecto, un concepto amplio, entendiendo que se trata del proceso de legitimación de los bienes de procedencia
ilegal que se han obtenido al margen del control, fiscalización y conocimiento de la Administración tributaria; y,
por otro lado, un concepto más restrictivo, que sería el proceso de reconversión de bienes de origen ilícito.
Sobre esta base, según doctrina consensuada, puede considerarse blanqueo de capitales el proceso de ocultación
de bienes de origen delictivo con el fin de dotarlos de una apariencia de legitimidad.

b) Bien jurídico protegido


Uno de los problemas que de inicio se plantean en la tipificación penal del delito de blanqueo de capitales lo
constituye la determinación de cual sea el concreto interés que se protege, un tema respecto del cual no existe
acuerdo doctrinal. Se mantuvo que el delito de blanqueo de capitales tenía como bien jurídico el orden
económico o socioeconómico, en tanto que las conductas realizadas pueden determinar una alteración o
afectación en la correcta circulación de los bienes lícitos en el mercado al incorporar, al mismo, bienes de
procedencia [Link] definitiva, mediante la tipificación de estas conductas lo que se está protegiendo es el
correcto funcionamiento del sistema económico y financiero de un país.

Ahora bien, resulta preciso reconocer que la técnica de tipificación utilizada por el legislador para describir el
delito, al dotarlo de una estructura basada esencialmente en la ocultación y el encubrimiento, parece otorgarle
naturaleza de delito contra la Administración de Justicia, y por ello, un sector doctrinal sostiene que el bien
jurídico protegido es la tutela de la Administración de justicia en su función de averiguación, persecución y
castigo de los delitos. Pero la doctrina mayoritaria aboga por considerar que nos encontramos ante un delito
pluriofensivo, mediante el cual se protege tanto el orden socioeconómico como el correcto funcionamiento de la
Administración de Justicia. De este modo se castiga:
- una alteración de la producción y distribución de bienes y servicios en el mercado;
- y la distorsión que para el correcto funcionamiento de la administración de justicia y la investigación de
los hechos previos, impliquen conductas como ocultación o transformación de bienes, e incluso la ayuda a las
personas que hayan realizado estos delitos que constituyen puros comportamientos de encubrimiento.

2. TIPO BÁSICO DE BLANQUEO DE CAPITALES (ART. 301 CP)


La figura delictiva contenida en el art. 301 CP prevé dos modalidades típicas diferenciadas en dos apartados:
- Consiste en adquirir, poseer, utilizar, transmitir o convertir bienes, o realizar cualquier otro acto para
ocultar o encubrir su origen ilícito, o ayudar a las personas que hayan participado en las infracciones previas
(apartado 1).
- Consiste en ocultar o encubrir la naturaleza, origen, ubicación, destino o derechos de esos bienes
(apartado 2).

2.1. Elementos comunes en el delito de blanqueo


1. Objeto material del delito
Por lo que se refiere al objeto material de este delito, viene representado por el término bienes, que se convierte
en el elemento nuclear alrededor del cual giran el resto de los elementos típicos. El primer paso es determinar a
qué bienes se refiere el precepto, y a fin de dar cobertura a todos los supuestos posibles, será preciso abogar por
un concepto amplio que permita incluir tanto los muebles como los inmuebles, corporales o incorporales,
derechos, valores y créditos. Estos deben poder ser valorados económicamente y susceptibles de ser
incorporados al patrimonio, pues en este delito lo que se sanciona es la incorporación de unos bienes al
patrimonio de un sujeto dotándolos de una apariencia de legitimidad.

Ahora bien, no cualquier bien con valor económico y susceptible de ser incorporado a un patrimonio, constituye
el objeto material de este delito, sino que debe tratarse de bienes que tengan su origen en una actividad delictiva.
De este modo, cabe incorporar dentro del objeto material del delito de Blanqueo tanto aquellos bienes que
procedan directamente del delito previo, como aquellos otros que se deriven de los mismos como beneficio,
utilidad o ganancias. La consecuencia inmediata es afirmar que es admisible tanto el blanqueo en cadena, en
aquellos casos en los que se refiere al mismo bien objeto del delito, como el blanqueo sustitutivo, donde se trata
de las ganancias, beneficios o utilidades que haya producido. No cabe otra interpretación distinta al establecer el
art. 301 CP que los bienes tengan su origen, dado que origen en la actividad delictiva tienen tanto los bienes
directamente obtenidos del delito previo, como los bienes sustitutivos.

Con relación a cómo o cuál debe ser ese delito previo, el texto penal no hace ninguna limitación (con excepción
de los tipos cualificados) respecto de ese requisito. Inicialmente, la LO 15/2003, eliminó la exigencia de que se
tratara de un delito grave, y posteriormente la LO 5/2010, cambió la expresión “tienen su origen en un delito”,
por la de tienen su origen en una actividad delictiva. Y ello implica dos consecuencias:
1. No existe ningún tipo de limitación respecto de la actividad delictiva de la que traiga causa el delito de
blanqueo, puede ser grave o no, y la posibilidad de que se refiera, sin restricción, a cualquiera de los delitos
contenidos en el Código penal.
2. No es necesaria la existencia de una sentencia penal firme que declare que los bienes proceden de un
delito, sino que basta con demostrar la existencia de una actividad delictiva previa, es decir, es suficiente con la
comprobación de la existencia de un hecho típico y antijurídico, previo y causal con el blanqueo.

Surge en relación con los bienes objeto material de este delito la posibilidad de si el delito fiscal puede ser
considerado como delito previo a efectos del blanqueo. Es decir, se trata de determinar si la cuota tributaria
defraudada, constitutiva de un delito fiscal, puede o no ser objeto material de este delito. Hay que señalar a este
respecto que la Ley 10/2010, de 28 de abril, sobre prevención del blanqueo de capitales y financiación del
terrorismo, en su art. 1.2 d) incluye como bienes procedentes de una actividad delictiva, la cuota defraudada en
el caso de los delitos contra la Hacienda Pública. Esta inclusión expresa determinó que un sector de la doctrina
considerara que era aplicable también al art. 301 CP, y, por tanto, consideraba que el delito fiscal era delito
previo y la cuota defraudada objeto material del delito de blanqueo de bienes. Pero, otro sector de la doctrina en
el cual nos incluimos, no acepta esta interpretación por varias razones:

1. porque el dinero no declarado, y por tanto defraudado a la Hacienda Pública, es de lícita procedencia
aunque sustraído del control y de la fiscalización de la Administración Pública;

2. porque la extensión en la interpretación de que las previsiones de la Ley 10/2010, afectan a la


regulación penal, no tiene sustento normativo, de hecho, la propia norma administrativa deja claramente
delimitado que la inclusión de la cuota defraudada como bien procedente de una actividad delictiva se realiza
sólo a los efectos de esa misma ley, con lo cual no puede hacerse extensiva al art. 301 CP pues no se configura
como una norma penal en blanco que necesite de complemento;

3. porque en nuestra opinión, el delito fiscal ya abarca todo el desvalor de la conducta, tanto la
defraudación, como la utilización o posesión posterior del dinero correspondiente a la cuota defraudada, lo que
impediría el castigo conjuntamente por el delito fiscal y el delito de blanqueo.

Afirmar lo contrario, determinaría que en todos los casos de comisión de un delito fiscal, habría que apreciar
necesariamente un delito de blanqueo, dado que el dinero no declarado o defraudado siempre es usado por el
autor del delito, con la consiguiente vulneración del principio ne bis in idem que ello conllevaría. Esta división
doctrinal, se traslada de igual forma a la jurisprudencia, de manera que hasta fechas relativamente recientes se
había entendido que el delito fiscal era apto para configurarse como delito previo del blanqueo, pero esta afirma
claramente que no se puede castigar por delito de blanqueo el uso del dinero correspondiente a la cuota
impagada de un delito fiscal para gastos ordinarios.

2. Sujetos
El delito de blanqueo de bienes se configura como un delito común, esto es, no hay restricción del círculo de
sujetos que pueden cometer el hecho típico, de manera que sujeto activo de este delito puede serlo cualquier
persona.

Surgía así una nueva controversia en relación a si quienes hubieran intervenido (como autores o partícipes) en el
delito previo podrían ser considerados sujetos activos del delito de blanqueo, es decir, si estaba o no tipificado el
autoblanqueo, sobre la base de que ninguna limitación se contenía en el tipo penal. En relación con los posibles
sujetos activos del delito de blanqueo de bienes existían dos corrientes tanto doctrinales como jurisprudenciales.
Las primeras, consideraba que debían quedar excluidos de la esfera quienes hubieran participado de cualquier
forma en la comisión del delito del cual provinieran los bienes que se blanqueaban, por 2 razones: porque se
trataba de un acto posterior copenado en el delito previo, abarcando éste la totalidad del desvalor de la conducta,
y, por otro, por aplicación del principio general de inexigibilidad de otra conducta, es decir, no se puede castigar
al delincuente por encubrir el origen ilícito de los bienes derivados de su actividad delictiva, dado que
equivaldría a exigirle que declarara contra sí mismo, encontraba su fundamento en el principio de impunidad del
autoencubrimiento.

Sin embargo, la mayoría de la doctrina consideraba perfectamente posible la consideración de todos los
intervinientes en el delito previo como sujetos activos del delito de blanqueo. Esta afirmación se avala, en
primer lugar, por la descripción típica, que no restringe el círculo de sujetos, ni excluye de manera expresa la
posibilidad de que los autores del delito previo respondieran también de manera separada del delito de blanqueo.
En segundo lugar porque nos encontramos ante un delito autónomo y partiendo de la base de que el delito de
blanqueo de capitales es un delito pluriofensivo, esto es, afecta a diversos bienes jurídicos, todos ellos deben ser
tenidos en cuenta a la hora de considerar el desvalor de los comportamientos realizados, por lo que el delito de
blanqueo no afecta al mismo bien jurídico que el delito previo, razón por la cual, no se establece una
vinculación entre las penas de ambas figuras delictivas, pudiendo ser superior la pena del blanqueo que la del
delito previo. Por último, y en relación con el principio de impunidad del autoencubrimiento, hay que señalar
que quedan exceptuados los casos en los que se cometa un nuevo delito, que es lo que precisamente ocurre
cuando se blanquean los bienes procedentes de la comisión de un delito. Ejemplo: una misma persona cometer
un delito de cohecho y un delito de blanqueo al obtener dinero de un origen ilícito al tráfico económico.

Esta discusión doctrinal ha sido solucionada tras la modificación realizada por la LO 5/2010, de 22 de junio, al
incorporar expresamente al tipo penal la cláusula cometida por él o por cualquiera tercera persona. Con lo cual
el legislador opta claramente por la aceptación del autoblanqueo como delito autónomo de los delitos previos,
en la misma línea que el art. 1.2 de la Ley 10/2010, de 28 de abril, al señalar que existirá blanqueo de capitales
aun cuando las conductas descritas en las letras precedentes sean realizadas por la persona o personas que
cometieron la actividad delictiva que haya generado los bienes. En definitiva los supuestos de autoblanqueo
estaban incluidos en el ámbito de aplicación del delito contenido en el art. 301 CP.

2.2. Modalidades típicas


2.2.1. Adquisición, posesión, utilización, conversión, transmisión de los bienes o realización de cualquier otro
acto para ocultar o encubrir su origen ilícito o para ayudar a la persona que haya participado en la infracción
(art. 301.1 CP)

a) Conducta típica
Existe controversia doctrinal en relación con la interpretación de la conducta típica de esta modalidad prevista
en el apartado primero del art. 301 CP. Un sector de la doctrina considera que se trata de una única conducta
consistente en ocultar o encubrir su origen ilícito o ayudar a la persona que ha participado en la infracción; sobre
esta base, la enumeración de acciones típicas que realiza el precepto, sería a modo meramente ejemplificativo de
descripción de cuales pudieran ser algunos de esos actos.

Por el contrario, el otro sector doctrinal sostiene que se pueden diferenciar dos conductas típicas:
- La adquisición, posesión, utilización, conversión o transmisión de los bienes a sabiendas de que
proceden de un ilícito previo respecto de la cual la finalidad que se persiga resulta irrelevante por cuanto no
constituye un elemento necesario para la misma
- La tipificación de los actos encaminados a la ocultación o encubrimiento de su origen o la ayuda a la
persona que haya participado en la infracción, respecto del cual, la concreta finalidad del sujeto activo configura
un elemento subjetivo del injusto.
Esta última concepción, 2 conductas, es coherente con la normativa internacional que propugna la incriminación
de la simple adquisición de bienes carente de finalidades concretas.

Dicho lo anterior, nos encontramos ante un tipo mixto alternativo, de manera que la realización de cualquiera de
las acciones del art. 301.1 CP dará lugar a la producción de un delito de blanqueo. Sin embargo, la descripción
es tan amplia que hace prácticamente imposible cualquier forma de participación, dado que cualquier
contribución al blanqueo de bienes constituirá autoría del mismo.

En relación con el primer grupo de acciones típicas señaladas en el inciso primero del art. 301.1 CP, no sólo es
criticable la amplitud que conllevan las mismas, sino la superposición que implican unas acciones típicas
respecto de otras. Así, por ejemplo, por adquisición, es preciso entender la obtención de los derechos sobre los
bienes de origen delictivo; y esta conducta se superpone de manera evidente con otra como la posesión, esta es
aquellos casos en los que el sujeto tiene los derechos sobre los bienes. Es evidente que quien adquiere también
posee, y que para poseer es necesario previamente adquirir.

Así, en primer lugar quedarían excluidos de su ámbito aquellos que adquieran los bienes procedentes de un
delito, esto es, aquellos que no hayan intervenido en el delito previo, por cuanto poseen porque adquieren, y
sobre esta base ya estarían cometiendo la acción de adquisición; pero, en segundo lugar, también deberían
quedar excluidos quienes poseen los bienes porque son autores del delito previo, dado que esta posesión (y
también su adquisición) constituye un acto posterior copenado que ya está abarcado por el desvalor del castigo
del delito previo. En este mismo sentido, y a fin de evitar la lesión del ne bis in idem, se pronunció el Consejo
General del Poder Judicial en su Informe sobre la reforma de 2010, en el que se mantuvo que sólo se podría
castigar la posesión en los casos de autoblanqueo, cuando no fuera posible castigar al autor o participe por el
delito previo.

Por lo que se refiere a la utilización, debe interpretarse como aprovecharse o emplear útilmente algo haciéndolo
provechoso. Esta utilización puede llevarse a cabo de diferentes formas, bien usando los bienes directamente, o
bien convirtiéndolos en otros o transmitiéndolos, lo cual se superpone con otras de las conductas previstas. Así,
la conversión se refiere a la transformación de los bienes procedentes de un delito, que puede ser tanto
inmaterial, mediante por ejemplo ingresos en cuenta o adquisición de bienes muebles o inmuebles con el dinero
procedente de un delito, como material, como serían los casos de fundir las joyas sustraídas en un delito contra
la propiedad. Mientras que la transmisión, consiste en la transferencia, cesión o traspaso de los derechos que se
poseen sobre los bienes procedentes de un delito mediante un cambio de titularidad de los mismos, lo que
determinaría que un simple cambio de ubicación de los bienes no se considerara acción típica a los efectos de
este delito. Pero, en realidad, ambos supuestos, conversión y transmisión, no son sino modalidades de la
utilización.

El segundo grupo de conductas típicas previstas en el inciso segundo del art. 301.1 CP, consiste en la
realización de cualquier acto para ocultar o encubrir el origen ilícito de estos bienes o para ayudar a la
persona que haya participado en la infracción a eludir las consecuencias legales de sus actos. La utilización de
una cláusula genérica tan amplia como la referencia a cualquier acto, sin determinar cuáles pueden ser los actos
aquí incluidos, ha sido criticado por la doctrina de forma unánime, siendo la única restricción al respecto la
exigencia de una finalidad específica en la actuación del sujeto activo. Se trata en realidad de la tipificación de
lo que son tentativas de los casos de favorecimiento real, cuya consumación se encuentra regulada en el
apartado segundo del art. 301 CP, con lo que nuevamente se produce una superposición de comportamientos
típicos.

Sería posible apreciar la comisión por omisión, en relación con los expresamente obligados al cumplimiento de
deberes específicos en el ámbito de la prevención y castigo de los supuestos de blanqueo, al configurar la Ley
10/2010 una posición de garantía respecto de los mismos, que además fundamenta, la responsabilidad por
imprudencia.

La consumación tendrá lugar cuando se produzca la efectiva adquisición, posesión, utilización, conversión o
transmisión de los bienes (inciso primero), o en el momento en que se realice cualquier otro acto con las
específicas finalidades descritas en el precepto (inciso segundo), sin que sea necesario constatar la existencia de
ningún resultado posterior como pudiera ser el beneficio efectivo. Ahora bien, más cuestionable es la
posibilidad de apreciar tentativa en el caso del inciso segundo del art. 301.1, pues las acciones típicas se
configuran en realidad como supuestos de tentativa de la conducta recogida en el art. 301.2 CP, lo que implicaría
aceptar la posibilidad de sancionar la tentativa de una tentativa.

b) Tipo subjetivo
El art. 301.1 CP regula comportamientos esencialmente dolosos. Ahora bien, en relación con las conductas
previstas en el inciso primero del mencionado precepto no concurre ningún elemento subjetivo del injusto, dado
que la expresión forma parte del dolo típico en el sentido de concretar que el sujeto debe conocer no sólo que
adquiere, utiliza, posee, convierte o transmite bienes, sino que éstos proceden de una actividad delictiva previa.
Distinto es el caso de los comportamientos regulados en el inciso segundo, donde además del dolo en el sentido
que acabamos de indicar, se exige la presencia de un especial elemento subjetivo del injusto, cual es, para
ocultar o encubrir su origen ilícito o para ayudar a la persona a eludir las consecuencias legales de su acción que
debe concurrir para poder afirmar que nos encontramos ante un delito de blanqueo. La primera consecuencia
directa de ello es la incidencia que tiene en relación con la posibilidad de imprudencia prevista en el apartado
tercero del art. 301 CP.

Efectivamente, se incorpora el castigo de la comisión imprudente de algunas conductas del delito de blanqueo,
sobre la base de los especiales deberes establecidos en la Ley 10/2010, que impone a determinados sujetos una
serie de obligaciones de actuar con diligencia debida en el ejercicio de sus actividades, y cuya infracción
configuraría la imprudencia grave sancionada en el apartado tercero del 301 CP. De este modo, si bien la
comisión imprudente se puede aplicar a conductas previstas en el inciso primero del art. 301.1 CP, no se puede
aplicar en el inciso segundo, dado que la necesidad de que concurra un especial elemento subjetivo del injusto,
determina su incompatibilidad con la imprudencia.

2.2.2. Ocultación o encubrimiento de la verdadera naturaleza, origen, ubicación, destino, movimiento o


derechos sobre los bienes o propiedad de los mismos (art. 301.2 CP)

a) Conducta típica
La utilización en la descripción típica de este apartado de la expresión “encubrimiento” da lugar a una nueva
controversia doctrinal en relación a como debe ser considerado el mismo. Así, un sector de la doctrina entiende
que este término tiene un contenido jurídico-penal específico en nuestra legislación, el regulado en el art. 451
CP, y que como tal debe ser interpretado, excluyendo los supuestos de favorecimiento personal. Sin embargo, la
doctrina mayoritaria, considera que el legislador ha reflejado casi literalmente las redacciones empleadas en los
textos normativos internacionales, y consecuentemente, el término encubrimiento no debe considerarse en
virtud de un contenido jurídico específico, sino como alternativa semántica a la ocultación. Es, por ello, preciso
dotar de contenido a cada una de las conductas especificadas en este apartado.
El encubrimiento, debe ser interpretado como simulación, disimulación o ficción, de manera que sería aplicable
a los casos en los que se les da a los bienes una apariencia distinta a la que tienen, simulando o fingiendo ser
otros objetos distintos de los que son, o bien cuando se modifican las manifestaciones externas de estos bienes.
Por su parte, la ocultación implica esconder, tapar o bien en callar alguna realidad o verdad. Ahora bien, es
preciso resaltar que tanto la ocultación como el encubrimiento van referidos a evitar que terceras personas
conozcan la naturaleza, origen, ubicación, destino, movimiento o derechos sobre los bienes o propiedad de los
mismos.
En este supuesto, la consumación requiere que se haya concretado la efectiva ocultación o encubrimiento; sería
posible apreciar tentativa, pero esta constituiría, en sí misma, el tipo autónomo regulado en el inciso segundo del
art. 301.1 CP. Respecto a todas las modalidades típicas previstas en el art. 301 CP se castigan los actos
preparatorios tal como prevé expresamente el art. 304 CP.

b) Tipo subjetivo
El apartado segundo del art. 301 CP, regula la comisión dolosa de esta concreta modalidad típica, que se deriva
de la exigencia de que la conducta típica se realice a sabiendas de que proceden de una actividad delictiva y que
forma parte del dolo típico. Pero también son susceptibles de sanción penal las conductas realizadas por
imprudencia grave, del art. 301.3 CP, que en este supuesto resulta plenamente aplicable.

3. TIPOS CUALIFICADOS DEL BLANQUEO DE CAPITALES


Se establecen dos grupos de cualificaciones respecto del delito de Blanqueo que determina la imposición de la
pena en su mitad superior respecto de las concretas modalidades del tipo básico al que sean aplicables.

3.1. Cualificaciones por razón de la procedencia del objeto material del delito
En estos casos el fundamento de la agravación radica en la concreta naturaleza del delito previo, diferenciándose
dos supuestos:
1. Aquellos casos en que los bienes tengan su origen en alguno de los delitos relacionados con el tráfico de
drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas que se encuentra regulado en el art. 301.1 párrafo
segundo, y opera esta cualificación con independencia de si se trata de drogas duras o drogas blandas, por
cuanto la reforma de la LO 15/2003 hizo desaparecer el requisito de la gravedad respecto del delito previo.
2. En segundo lugar, la LO 5/2010 introduce un nuevo tipo cualificado en el párrafo tercero del art. 301.1,
respecto de los casos en los que los bienes tengan su origen en los delitos de cohecho, tráfico de influencias,
malversación, fraudes y exacciones ilegales, negociaciones prohibidas a los funcionarios; y delitos contra la
ordenación del territorio y urbanismo; la razón de la introducción de este nuevo tipo cualificado se encuentra en
la necesidad del legislador de agravar la responsabilidad en los casos relacionados con el fenómeno de la
corrupción.

3.2. Cualificaciones por razón del sujeto activo


Se produce una agravación de la pena en el art. 302.1 CP, cuando el sujeto activo pertenezca a una organización
dedicada al blanqueo de capitales, y una hipercualificación que determina la imposición de la pena superior en
grado, en el caso de que se trate de los jefes, administradores o encargados de las referidas organizaciones.
Además, debe aplicarse el concepto de organización criminal contenido en el art. 570 bis CP, esto es, la
agrupación formada por más de dos personas con carácter estable o por tiempo indefinido, que de manera
concertada y coordinada se reparten diversas tareas y funciones con el fin de cometer delitos, y en este caso en
concreto, con el fin de obtener provecho propio o ajeno con los efectos o ganancias derivados de blanquear
capitales.

Dentro de este mismo grupo de cualificaciones, el art. 303 CP determina la agravación de la pena en virtud de la
condición del sujeto activo, respecto de aquellos casos en los que se abuse del ejercicio de una profesión o
cargo público.

4. CONCURSOS
El delito de blanqueo plantea problemas concursales complejos haciendo preciso diferenciar los caso de
concurso de normas, de aquellos que sean concurso de delitos, sancionando todas las infracciones realizadas.

Respecto al concurso de normas, los principales problemas de delimitación se plantean respecto de los delitos de
encubrimiento y de receptación:
1. En relación con el delito de encubrimiento del art. 451 CP, partiendo de la base de que configuramos el
delito de blanqueo como un delito pluriofensivo que abarca también la lesión del bien jurídico Administración
de Justicia (el mismo que el del encubrimiento) consideramos que la solución parte de la aplicación preferente
del delito de blanqueo en virtud del principio de consunción.
2. En relación con el delito de receptación, en este se restringe el ámbito de los delitos previos a los
patrimoniales y socioeconómicos, y que además se exige expresamente el ánimo de lucro, en virtud del
principio de especialidad será de aplicación preferente la receptación en aquellos casos en que se trata de delitos
contra el patrimonio y orden socioeconómico y concurra ánimo de lucro.
También se aplicaría el principio de consunción en relación con el art. 301.1 inciso segundo CP y el art. 301.2
CP, siendo éste de aplicación preferente por cuando constituiría el momento consumativo respecto de la
realización de los actos encaminados a ocultar o encubrir el origen ilícito de los bienes.

Distinta es la situación en el caso de la concurrencia con los delitos de los que procedan los bienes objeto de
blanqueo; al establecerse la total independencia y autonomía del delito de blanqueo respecto de aquel del que
trae causa, habrá de apreciarse necesariamente un concurso real de delitos en aquellos supuestos en los que el
autor del blanqueo sea también responsable del delito previo, el art. 301 CP no excluye el concurso real con el
delito antecedente. En definitiva, se castigarán separadamente ambos ilícitos.

5. RESPONSABILIDAD PENAL DE LAS PERSONAS JURÍDICAS


Se establece la responsabilidad penal de las personas jurídicas, en el apartado segundo del art. 302 CP, para el
caso de que concurriere el tipo cualificado previsto en el art. 302. 1 CP, esto es, cuando se trate de
organizaciones criminales. Así, se determinan una serie de sanciones para la persona jurídica que se encuentran
directamente conectadas con la penalidad de la persona física que actúa en su nombre y representación. Al
margen de ellos, los Jueces y Tribunales podrán imponer las penas recogidas en las letras b) a g) del apartado 7
del art. 33 CP, atendiendo a las reglas establecidas en el art. 66 bis CP.

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