TERAPIA EN LÍNEA-CURVA
CAPÍTULO III
Dramaturgia Colectiva Última Fila-cinécdoque films
- EL BAR -
GONZALO: …Entonces cuando veo el león frente a mí le hace: (imita el sonido de un león) y yo
que grito: ¡AAAAAAHHHHH!
AMALIA: Cuida...
GONZALO: (Gonzalo derrama por accidente cerveza sobre Amalia) Perdón, perdón, lo siento, qué
pena. Es que estaba contando un chiste y pues… (Se queda sin habla).
AMALIA: ¿Y así iba el chiste? ¿Aventar la cerveza a todos lados? (Gonzalo no contesta) Ash ya
adiós.
GONZALO: No, no. Es que me emocioné. Espera, voy por servilletas o algo.
AMALIA: Típico. Tirar la cerveza para romper el hielo. ¿Qué formas son esas?
GONZALO: Ten, son pocas, pero igual sirven de algo. Cuánto lo siento. No es algo que me pase
todos los días.
AMALIA: ¿Todos los días vienes al bar?
GONZALO: No, no. Bueno, solo en vacaciones. No es cierto, es broma, es broma. O tal vez no. (Él
ríe pero ella no).
AMALIA: Sí claro. Bueno, adiós.
GONZALO: Espera por favor. Déjame te invito una cerveza.
AMALIA: No tomo.
GONZALO: Pero esto es un bar.
AMALIA: También sirven refresco en un bar, ¿sabías?
GONZALO: Bueno, déjame te invito un refresco.
AMALIA: No tomo refresco.
GONZALO: Ok, ok, entiendo. Este… Gonzalo, me llamo Gonzalo.
AMALIA: Hasta luego Gonzalo, regreso con mis amigos.
GONZALO: Pensé que ahí había terminado todo. Dio media vuelta y se fue. No la seguí porque no
quería ser el terco borracho acosador… pero me valió y fui… a veces en la vida uno debe buscar
sus segundas oportunidades. Por destino, en la mesa de sus amigos había un viejo amigo mío. Me
vio y me invitó a su mesa. Claro que aprovecharía el momento. Llego yo, ella me ve raro, mi amigo
me presenta a sus amigos y al final, a ella.
Amalia, te llamas Amalia.
AMALIA: Hola que tal. Perdona que este así, un idiota me arrojó su cerveza.
GONZALO: Hay gente que se pone muy imbécil cuando toma mucho.
AMALIA: También cuando no toman. Y luego andan por la vida escondiendo su tontés con una
sonrisa. Una sonrisa de tonto que se ve a varios metros o incluso frente a uno. Ok
GONZALO: (se ríe) Ok, ok. Si lo dices por mí, esta sonrisa es por otra cosa.
AMALIA: ¿Ah sí?, ¿y por qué entonces?
GONZALO: Porque un simple accidente como aventar cerveza a mi espalda me acerco a algo único.
Uno nunca sabe lo que puede suceder. Deberías intentarlo un día. Aunque sea con agua.
AMALIA: Pero el agua no tiene olor. No tendría el mismo impacto que oler a cerveza.
GONZALO: Pudiera ser la entrada al alcoholismo. ¿Y a qué te dedicas? Además de insultar a las
personas.
AMALIA: Estudio Administración de empresas. Me sirve para administrar insultos.
GONZALO: Qué noble es tu labor.
AMALIA: ¿Tú qué haces?
GONZALO: Además de recibir insultos. Estudio diseño gráfico.
AMALIA: Qué raro eres.
GONZALO: Qué, qué tiene.
AMALIA: Quién vive del diseño gráfico. Hacer logos, carteles y esas cosas.
GONZALO: No, espera. No es solo eso. Yo quiero diseñar personajes de video juegos, ¿sabes
cuánto ganan esos tipos? Tú podrías administrar mi negocio.
AMALIA: Videojuegos. ¿Te sigo diciendo lo raro que eres o ya lo tienes claro?
GONZALO: Qué es ser raro. A ver, defínelo.
AMALIA: Raro… (Aparte) Lo raro es que la verdad, no me molestó que Gonzalo me tirara su
cerveza, nunca se lo he dicho pero yo fui quien me acerqué a él para escuchar el chiste que
contaba. Algo de su voz me atrajo enseguida, de cierta forma me gustó ver su cara disculpándose,
me gustó él y punto, y yo esperaba que fuera a la mesa a buscarme para seguir platicando…y lo
hizo. A simple vista parecía otro “freaky” fanático de los videojuegos. Igual me puede gustar
cualquier otra persona, de aquí o de otro lado. Pero existe ese momento en que vez a alguien y se
siente diferente. Sabes que quieres sentir eso por más tiempo. Esa extrañeza y emoción de
conocer a alguien y que quieres que esté en tu vida por mucho tiempo. Todo en un milisegundo.
¿Eso es raro no creen?
- EL PARQUE DEL POR SIEMPRE -
Amalia y Gonzalo están recostados a la sombra de un árbol. Juegan a encontrarle formas a las
nubes. Gonzalo está sobre el regazo de Amalia.
G: Mira… esa parece barco.
A: (Se ríe)… claro que no, más bien un conejo que va saltando.
G: Bueno… tal vez sí… si te volteas de cabeza parece un poquito a conejo.
A: Mira esa otra se parece a… (Ambos contestan al mismo tiempo). ¡Una luciérnaga!
Los dos callan y se me miran. Reacomodan sus cuerpos para estar frente a frente.
A: Pregúntame algo.
G: ¿Cómo qué?
A: Algo. Lo que quieras.
G: No sé…. ¿Qué marca de shampo usas? Mira ese pelo está divino. (Ambos ríen)
A: Que tonto eres. No, ya en serio, pregúntame algo.
G: Ok, deja pienso…
A: Mis papás jugaban a esto. A hacerse preguntas, las escribían en hojas que luego convertían en
aviones de papel. Decían que era para conocerse mejor, porque uno nunca termina de conocer a
las personas. No conocí a nadie que sintiera tanta admiración el uno por el otro. Siempre tuve
curiosidad de leer lo que escribían. Cuando murieron quedaron un montón de avioncitos
guardados en una cajita, en eso se convirtieron. Recuerdos en vuelo suspendido.
G: ¿Nunca los has leído?
A: No.
G: ¿Por qué?
A: Porque me da miedo saber si hubieron preguntas sin responder. ¿Y tu pregunta?
G: Ya la tengo… ¿Crees que nos amemos para siempre?
A: ¿Cuánto dura un para siempre?
G: Sabes a lo que me refiero. Así… como en la historia de tus papás.
A: Sinceramente creo que esas historias suceden una en un millar, menos ahora. Además, creer y
que suceda son cosas muy distintas. Supongo que si ambos así lo queremos pues entonces sí,
podríamos estar juntos para siempre. Mis padres así lo quisieron, pero su época fue distinta a la
nuestra. A mi edad mi mamá ya se había casado con mi papá y habían tenido a mi hermano. Yo…
no puedo ni terminar la Universidad.
G: Tú pregúntame algo.
A: (Lo mira con extrañeza)… ¿Tú quieres amarme siempre?
G: …Sí, sí lo quiero. No me preguntes cómo lo sé, pero lo sé. ¿Sabes con cuántas personas he
pensado y dicho la misma palabra al mismo tiempo? Hasta ahora, solo contigo. Ya sé que suena
ultra cursi, pero es que cuando se te presenta una persona extraordinaria así como tú, creo que el
Universo en verdad funciona, que todo está conectado y que nos teníamos que conocer de la
manera en que lo hicimos… todo lo veo brillante. Lo merecemos. Porque ya estuvimos perdidos y
por eso nos encontramos. Para hacerte de comer, para que me cuentes por qué no te gustan los
videojuegos, para platicarte del futuro y tú me cuentes del pasado; y así comencemos nuestro
presente. (Ambos reacomodan sus cuerpos entre abrazos)
A: ¿Cuándo nos conocimos en verdad pensaste todo eso?
G: Sí. Bueno, no tal cual como lo digo ahora, pero sí.
A: Yo también. Desde lo del bar, les platiqué a todas mis amigas. No suelo hacer eso, sabes.
Platicar de los tipos que conozco.
G: ¿Soy nada más un tipo?
A: Sabes a lo que me refiero. La mayoría son unos idiotas. Pero cuando hablaba de ti, no se me
quitaba la sonrisa de los labios.
G: Sí, la mayoría somos unos idiotas. Yo también lo he sido. Pero también existe ese otro extremo
en donde la balanza se ajusta.
A: Me gusta eso, que nos veamos como una balanza que debe encontrar el punto medio. No ser
más…
G: No ser menos… ¿Quieres ser mi balanza-nube-luciérnaga?
A: Sí, sí quiero, ser nube y ser luciérnaga.
G: Después de ese día pasamos los siguientes dos años viéndonos todos los días.
- EL CAMPAMENTO DE LUCIÉRNAGAS –
A: Dicen que cuando disfrutamos algo el tiempo vuela. Para nosotros ha sido un abrir y cerrar de
ojos.
Un abrir y cerrar de ojos.
¿Les ha pasado eso?
Para mi enamorarme de él fue así, casi de inmediato. Fue tan intenso como ir corriendo y
estrellarme en un muro. Como cuando te subes a una montaña rusa y sientes que la sangre se va
del estómago. ¿Llegará al corazón? Es ese algo que se mueve dentro de uno. Como un arcoíris que
brincando en el pecho y nos llena de color.
G: Y a veces es tan extraño, confuso y bello a la vez. Seguro les ha pasado que cuando ven a esa
persona, sienten el corazón bailando de alegría mientras que el cerebro les implora jugar a las
estatuas de marfil para no demostrar nada. Pero sientes esa sonrisa de tonto. ¿Cómo contener
una avalancha?
A: Enamorarse es muchas cosas. Un torbellino. Un relámpago que ilumina todos los caminos.
G: Es nadar en mar abierto sin rumbo definido, pero con la confianza de que hay otra persona ahí y
no estás solo.
A: Es un dulce cuando todo es amargo. Una caricia en la mirada cada vez que le miras.
G: Un suspiro cálido y silencioso.
A: Es sudor en las manos.
G: Son cientos de luciérnagas decorando la noche.
A: Es compartir todo, hasta lo que creemos que no tiene importancia.
G: Me gustaría dormir contigo. Me refiero a solo dormir, abrazarte y estar juntos.
A: Fue aquella noche de campamento donde realmente me enamoré de él.
G: Un abrir y cerrar de ojos. Un dormir con ella y despertar abrazados.
A: Desperté con luces de luciérnagas brillando en mi corazón.
************************** Podría omitirse toda esta sección **************************
A: Recuerdo que ese día me preguntaste por qué no les contábamos que ya andábamos,
decidimos que no porque nos iban a empezar a molestar, iba a ser rarísimo, ni siquiera no
hablábamos. Te acercaste a mí para ver si la luciérnaga que me tragué mientras corríamos a
escondernos dentro de la casa de campaña brillaba dentro de mí. Me dio vergüenza porque sentí
que olía a insecto.
G: Te pregunté si sabías quién había inventado las casas de campaña, me dijiste que no, y te conté
un poco acerca de eso. Ese día te diste cuenta que soy de los que dan información innecesaria. Te
pregunté por qué a veces eras tan fría. Para mí era importante cada palabra que compartía
contigo. Incluso esa información irrelevante que nunca antes le había dado a nadie.
A: Dijiste que con nadie habías querido compartirlo todo y yo te dije que seguramente eso le
decías a todas las personas que conocías.
G: Te respondí que no, aunque no me lo creyeras. Tú no sabías qué pensar de todo eso de estar
conmigo… besarnos… de ese revoltijo en la boca del estómago cada vez que nos veíamos…
G: Imagínate que abrieran
A: Nadie sería capaz de abrir, les dije que me dolía la cabeza…
G: ¿Te gustaría que durmieramos juntos?
A: sí, me gustaría
G: Cuando todos estén dormidos me haces una señal con la luz de tu celular, si la enciendes 5
veces, es que puedo entrar.
A: Ok… ¿Cuál es tu canción favorita?
G: ¿Canción? Nadie tiene una canción favorita, no así, como tal, te puede gustar algún grupo, no
sé.
A: Yo tengo canción favorita
G: ¿Cuál es? A ver, canta un poquito…
A: No
G: Ándale
A: Que no
G: ¿Cuántas veces hablaremos de estas cosas?
A: ¿Qué cosas?
G: Las cosas que nos gustan, nuestra canción favorita, esas cosas.
A: No sé, ¿Tú crees que dure?
G: Yo creo que sí
A: Yo no espero nada… o eso creo…
G: Tengo un poema favorito.
A: Dilo
G: Me da vergüenza.
A: Anda
G: Lo hago, pero en la oscuridad.
A: Ven.
G: Te estuve llamando desde una ventana mientras cruzaba la calle.
Mientras bebía la última cerveza, te llamé con un grito mudo, con una sonrisa que aguarda el
momento justo.
Te llamé, como los lobos se llaman, a aullidos a llantos. A solas. Te esperé y llegaste.
De ti me quedo con la ansiedad que se esfuma entre tus manos pequeñas, los párpados abultados,
brazos pálidos y el pálpito que llega cada vez.
Te doy mis labios delgados y la complicidad que no has de hallar en ningún otro sitio. Te doy un
pequeño espacio tibio donde puedas todo, incluso vivir.
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- EL CAFÉ DE CADA VIERNES -
Gonzalo. – ¿Te había contado que a este café venía cada viernes? me tomaba dos cafés
americanos, siempre sin azúcar.
Amalia. – Pero ahora sí le pones azúcar
Gonzalo. – Fue justo después de conocerte, todo comenzó a ser un poco más dulce, dejé de ser el
café amargo
Amalia. – Es que no lo sé, a veces pienso que en las relaciones, pensamos demasiado en el otro,
tratamos de darle gusto todo el tiempo.
Gonzalo. – Creo que eso es parte del amor.
Amalia. – ¿Pero qué tipo de amor? Me parece que nunca deberíamos olvidar lo que somos en
soledad.
Gonzalo. – Tengo que confesar que quizá a veces me da miedo, no vernos de la misma manera.
Amalia. – ¿De qué manera?
Gonzalo: Pues yo por ejemplo cambié el hábito de tomar café sin azúcar.
Amalia: ¿Y sugieres entonces que cambie algo de mí por ti?
Gonzalo: Sí. Bueno osea no así. Mejor olvídalo.
Amalia: No, quiero que hablemos de esto. Creo que nunca lo habíamos hecho y me parece
importante que ambos digamos qué pensamos. Me estabas diciendo que quieres que cambie
algo…
Gonzalo: No lo tomes así. Es como yo veo el amor: hacer sacrificios por el otro.
Amalia: Estar con alguien no debería ser un sacrificio. Debería ser una alegría.
Gonzalo: Lo es, lo eres. Es solo que…
Amalia: ¿Qué? Dílo.
Gonzalo: Pues nada solo me gustaría que fueras más abierta.
Amalia: ¿Abierta?
Gonzalo: Sí, yo he tratado de ser lo más transparente que me ha sido posible. Te presenté a mi
mamá y mi casa donde crecí. Es más, ni siquiera conozco a tu hermano.
Amalia: Ya te expliqué la situación entre mi hermano y yo y no pienso hablar de nuevo de ese
tema. ¿Qué quieres?, ¿que traiga a mis papás muertos para que te los presente?
Gonzalo: Lo estás tomando muy a la defensiva. Solo quiero que no haya secretos entre nosotros.
Amalia: Pues los va a haber. Pero eso no tiene nada que ver con el cariño que te tengo.
Gonzalo. – Lo sé. Aunque hay días en que me da miedo generar recuerdos a tu lado. Siento que
no me quieres contar quién eres en realidad.
Amalia:… Soy un avión de papel suspendido.
Gonzalo: Amalia… yo...
ÚLTIMA ESCENA
A: ¿Qué estás leyendo? Dame eso... ¿es un avión de papel? ¿por qué estás leyendo eso?
G: Perdón, no debí hacerlo.
A: Claro que no, son mías, de mis padres. Sus secretos.
G: Bueno ya, ya, aquí están tus aviones.
A: ¿Y esa otra qué? ¿Por qué la escondes?
G: Es que yo… bueno. Aquí está.
A: No puedo creer que las hayas leído. Te dije que no lo hicieras. ¿Es tanta tu curiosidad por saber
mi pasado? o ¿Qué quieres encontrar?
G: No debí. Perdón. Quería saber del amor de....
A: No es asunto tuyo. Ahora me obligas a leerlas. Algo que ya había decidido no hacer.
G: No, no tienes que.
A: ¿Por qué no? Tú ya las leíste. ¿Quién tiene más derecho sobre lo que dicen?
G: Perdón Amalia.
A: (Lee el avión de papel) Necesito estar sola, Gonzalo.
G: Después de ese día nuestras líneas paralelas se alejaron unos centímetros. Lo pude sentir
cuando caminé de regreso a casa.
A: Después de ese día ya no pude ser la misma, no solo con él, sino también conmigo misma. Algo
entre el mundo y yo se fragmentó.
Fin.